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“AÑO DEL DIALOGO Y LA RECONCILIACION NACIONAL”

FACULTAD DE EDUCACIÓN Y HUMANIDADES

ESCUELA ACADÉMICA PROFESIONAL DE DERECHO Y


CIENCIAS POLÍTICAS

INFORME FINAL DEL EXPEDIENTE JUDICIAL 2018

CURSO :

DERECHO PROCESAL PENAL III

CICLO :

IX

ALUMNAS :

 CORNEJO AGUILAR ANTONELLA


 GIRON FERRER STEFANY
 SABANA SANTIAGO CINTHIA
 RODRIGUEZ ESCUDERO RAFAELA
 VEGA CARLIN ANDRE

DOCENTE :

DR. CABRERA

2018

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“AÑO DEL DIALOGO Y LA RECONCILIACION NACIONAL”

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Derecho y ciencias políticas

PRESENTACION

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DEDICATORIA

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INTRODUCCION

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INDICE
I. CARATULA
II. PRESENTACION
III. DEDICATORIA
IV. INDICE
V. INTRODUCCION
VI. DESARROLLO
CAPITULO I
LA PRISION PREVENTIVA EN EL CODIGO PROCESAL PENAL PERUANO
1.1. Las medidas de coerción personal
1.1.1. Definición
1.1.2. Presupuestos materiales
a. Fumus bonis iuris
b. Fericulim in mora
c. Regla de proporcionalidad
1.1.3. Principios de las medidas de coerción
personal
a. Principio de debida motivación de las
resoluciones judiciales
b. Principio de legalidad
c. Principio de jurisdiccionalidad
d. Principio de provisionalidad
e. Principio variabilidad o reformabilidad
f. Principio de excepcionalidad
g. Principio de presunción de inocencia
1.2. Antecedentes históricos de la prisión
preventiva
1.2.1. Antecedentes universales
1.2.2. Antecedentes sudamericanos
1.2.3. Antecedentes nacionales
a. Código de Enjuiciamiento en Materia
Penal de 1863
b. Código de enjuiciamiento en materia
criminal de 1920
c. Código de procedimientos penales de
1940
d. Código Procesal de 1991
e. Código Procesal Penal del 2004

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f. Ley Nº 30076
1.3. Naturaleza jurídica
1.4. Definición de la prisión preventiva
1.5. Presupuesto materiales de la prisión preventiva
a. Existencia de fundados y graves elementos
de convicción
b. La sanción a imponerse sea superior a
cuatro años de pena privativa de libertad
c. Peligro procesal
1.6. El desarrollo de la audiencia de prisión
preventiva
1.7. El plazo razonable en la prisión preventiva
1.8. La prolongación de la prisión preventiva
1.9. La cesación de la prisión preventiva
1.10. Análisis del tribunal constitucional sobre la
prisión preventiva

CAPITULO II
ANALISIS DE LA CASACION N° 01-2007 HUARA
2.1. Descripción de los hechos
2.1. Descripción de los fundamentos de derecho
2.2. Descripción del proceso
2.3. Institución jurídica objeto de la controversia
2.4. Razonamiento del tribunal
2.5. A modo de conclusión

VII. CONCLUSIONES
VIII. BIBLIOGRAFIA

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INDICE
IX. CARATULA
X. PRESENTACION
XI. DEDICATORIA
XII. INTRODUCCION
XIII. INDICE
XIV. DESARROLLO
CAPITULO I
LA PRISION PREVENTIVA EN EL CODIGO PROCESAL PENAL PERUANO
1.11. Las medidas de coerción personal
1.11.1. Definición
antonella 1.11.2. Presupuestos
materiales
d. Fumus bonis iuris
e. Fericulim in mora
f. Regla de proporcionalidad

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1.1.3. Principios de las medidas de coerción personal

h. Principio de debida motivación de las resoluciones judiciales.

El deber de la motivación de las resoluciones judiciales que limitan las medidas

de coerción, y en especial el derecho fundamental a la libertad individual, es

una garantía frente a la deducción irracional, absurda o manifiestamente

caprichosa de los operadores de justicia. Con ello, se solicita que cualquier

medida de coerción personal este sustentada en datos objetivos que

proporciona el ordenamiento jurídico. Este derecho también debe alcanzar a

las disposiciones, requerimientos y conclusiones del Ministerio Publico,

conforme lo establece el artículo 64° inciso 1 del Nuevo Código Procesal Penal.

Ésta exigencia ha sido incorporada de modo expreso en el artículo 286.2°


del CPP modificado por Ley N° 30076 de fecha 19 de agosto de 2013, que
establece como obligación el deber del juez de motivar los fundamentos de
hecho y de derecho que sustenten su decisión para los casos en que no
concurran los presupuestos de la prisión preventiva, situación que también
se extiende para los casos en que se declare fundada la prisión preventiva

De modo tal que, todas las resoluciones judiciales que emitan o resuelvan

dictar una medida de coerción personal deben tener en cuenta que estas

necesitan una correcta motivación para que sean válidas. Miranda (2014) nos

dice:

En igual sentido, el Tribunal Constitucional peruano ha confirmado que dos


son las características que debe tener motivación: En primer lugar, tiene
que ser suficiente esto es, debe expresar por si misma las condiciones de

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hecho y de derecho, que sirven para dictarla o mantenerla. En segundo


jugar debe ser razonada es decir que en ella se observe la ponderación
de la medida cautelar pues de otra forma no podría evaluarse si es
arbitraria o injustificada. (p.22)

i. Principio de legalidad

Este principio se configura como una exigencia máxima a nivel normativo entre

los principios informadores del ordenamiento jurídico, en tanto que la

Constitución exige como principio básico, que la actuación de los poderes

públicos se desarrolle conforme a ley y al Derecho y es que este principio

prohíbe el poder absoluto del ius pudendi del Estado sobre los ciudadanos

constituimos en una garantía frente a la arbitrariedad de los órganos

jurisdiccionales.

En el ámbito infraconstitucional observamos la configuración procesal del

principio de legalidad penal en el artículo VII del Título Preliminar del Código

Procesal Penal del 2004, donde se establece que.

1. La ley procesal penal es de aplicación inmediata, incluso al proceso

en trámite, y es la que rige al tiempo de la actuación procesal. Sin

embargo continuaran irguiéndose por la ley anterior, los medios

impugnatorios ya interpuestos, los actos procesales con principio de

ejecución y los plazos que hubieran empezado.

2. La ley procesal referida a derechos individuales que sea mas

favorable al imputado, expedida con posterioridad a a la actuación

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procesal se aplicara retroactivamente incluso para los actos ya

concluidos si fuera posible.

3. La ley que coacte la liberta o el ejercicio de los derechos procesales

de las personas, así como la que limite un poder conferido a las

partes o establezca sanciones procesales, será interpretadas

restrictivamente. La interpretación extensiva y la analogía quedan

prohibida mientras no favorezcan la libertad del imputado o el

ejercicio de sus derechos.

4. En caso de duda insalvable sobre la ley aplicable de estarse a lo más

favorable al reo.

j. Principio de jurisdiccionalidad.

En la cual tenemos que las medidas cautelares penales están sometida al

principio de jurisdiccionalitas, es decir que solo pueden ser adoptada por el

órgano jurisdiccional competente, ya que el ius pudendi, le corresponde

únicamente al juez, conforme lo establece el artículo 139.10 de la Constitución.

La primera enunciación legal referida a este principio la encontramos en el

artículo 39 de la Magna Carta ingles de 1216, que reza: “Ningún hombre libre

será detenido y preso, ni desposeído de sus derechos ni posesiones, ni

declarado fuera de la ley, ni exiliado, ni modificado su posición de cualquiera

otra forma, ni procederemos con fuerza contra el ni mandaremos a otros

hacerlo, a no ser por un juicio legal de sus iguales o por la ley del país.

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En un sentido amplio jurisdicción los órganos de los tres poderes del


Estado, sin embargo en un sentido estricto, se reserva la palabra
jurisdicción para designar la atribución que ejercen los órganos encargados
de administrar justicia a la que han llamado actividad jurisdiccional y
especificado como aquella que se ejerce por un órgano independiente
cuando resuelve conforme a Derecho un conflicto entre partes o aplica las
sanciones previstas en la ley para quien infringe sus mandatos.(Miranda,
p.43)

k. Principio de provisionalidad

Este principio afirma que las medidas coercitivas de carácter personal que se

adopten en el transcurso de un proceso penal deben estar ligadas a la finalidad

que perciben.

El tribunal Constitucional no ha sido ajeno al análisis de cómo debe


aplicarse dicho principio, pues ha señalado “Cuando se dicta la medida, el
magistrado debe ponderar básicamente dos intereses sumamente
importantes, que tiene toda sociedad, que son indispensables para la
convivencia en sociedad y que son garantizados por el Estado, como la
eficacia procesal, el cual genera confianza en el derecho y la protección de
los derechos fundamentales, que es vital en un Estado Democrático Social
y de Derecho, ambos deben estar en un justo equilibrio para no
menoscabar la protección de uno frente al otro, prefiriendo el segundo por
ser la libertar la regla y la detención la excepción, el Tribunal Constitucional
distingue los intereses como a) La garantía a un proceso penal eficiente
que permita la sujeción al proceso penal de la persona a quien se
imputa un delito y b) La garantía a la protección de los derechos
fundamentales del imputado.(Miranda, 2014, p.35)

Ahora bien, se sabe que el principio de proporcionalidad está conformado por

tres subprincipios: Idoneidad, necesitad y proporcionalidad en sentido

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estricto. En caso de las medidas cautelares personales, el juez penal también

debe controlar la subsidiaridad de la medida restrictiva de la libertad personal.

1. Idoneidad:

Este sub principio exige, en primer término identificar un fin de relevancia

constitucional y una vez determinado verificar si la medida es idónea o

adecuada para lograr tal fin, es decir que se debe adecuar la medida restrictiva

de un derecho fundamental a la consecución de un resultado por esta razón se

le llama también de adecuación. La decisión judicial de la diligencia de

investigación cumplirá este requisito si virtualmente esta medida debe ser

coherente ente el fin perseguido y el medio empleado.

Exige que la prisión preventiva se aplica cuando no existe otra medida


cautelar menos lesiva del derecho a la libertad, que cumpla con la función
de sujetar al imputado al proceso o para evitar la frustración del mismo. La
medida menos gravosa entra precisamente en consideración a efectos de
determinar el medio suficientemente apto y a su vez el menos excesivo
para satisfacer la necesaria previsión cautelar.(Carrión, 2016, p.19)

2. Necesidad:

Con este sub principio se busca poner freno a la tendencia inquisitiva de los

operadores de justicia de emplear medios contunden para supuestamente

alcanzar objetivos de manera eficaz.

(…) la prisión preventiva debe justificarse objetivamente para obtener el


cumplimiento de los fines constitucionales que la legitiman. La necesidad,
desde esta perspectiva, entraña, de un lado, considerar que la prisión
preventiva es excepcional –la prisión preventiva es la excepción frente a la
regla general de la libertad de las personas, de esperar el juicio en estado

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de libertad, o en su caso mediante la restricción de la libertad en cualquier


de sus manifestaciones que no comporte la privación de la misma- y, por
ello, debe adoptarse cuando se cumplan escrupulosamente los fines que la
justifican; y, de otro lado, entender que sólo se impondrá si no existe
alguna otra alternativa menos gravosa para el derecho a la libertad
personal (subsidiaridad), al punto que si estas exigencias no se mantienen
a lo largo de todo el procedimiento, es del caso que se disponga su
excarcelación inmediata, que importa la vigencia de la cláusula rebus sic
stantibus. (Ore, 1993, p.106)

En este sentido, podemos visualizar un concepto amplio del sub principio de

necesidad, del cual los entes máximos de interpretación de nuestra carta

magna se han pronunciado.

Al respecto el Tribunal Constitucional ha sometido que el Principio de


necesidad significa que para que una injerencia en los derechos
fundamentales sea necesaria significa que no debe existir ningún otro
medio alternativo que revista por lo menos la misma idoneidad para
alcanzar el objetivo propuesto y que sea más benigno con el derecho
afectado. Re quiere analizar de un lado la idoneidad equivalente o mayor
del medio alternativo y de otro el menor grado en que este intervenga en el
derecho fundamental. (Miranda. 2014, p.37)

3. Subsidiariedad.

La aplicación de la medida cautelar personal de la prisión preventiva para

asegurar el adecuado curso de las investigaciones y la plena ejecutabilidad de

una eventual sentencia condenatoria, debe ser la última ratio entre las opciones

que dispone un juez para asegurar el éxito del proceso penal. El artículo 9°

numeral 3 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos señala al

respecto que la prisión preventiva de las personas que han de ser juzgadas no

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debe ser la regla general. Lo propio se expone en la regla 6.1 de las

denominadas reglas mínimas de la Naciones Unidad sobre las medidas

privativas de la libertad. (Reglas de Tokio), precisa que solo se recurrirá a la

prisión preventiva como último recurso.

4. Proporcionalidad en sentido estricto.

Este sub principio también conocido con el nombre de ponderación. En el caso

de las medidas cautelares, cabe precisar que la prisión preventiva debe

aplicarse unidamente cuando sea indispensable para los fines del proceso

penal.

De este modo, a proporcionalidad strictu sensu obliga a que la medida


considerada suficiente para el fin perseguido no suponga un tratamiento
excesivo en relación, no ya con el riesgo para el proceso sino con el
interés que la justifica teleológicamente (Ore, 1993, p.108)

De acuerdo con este principio, el tribunal ha señalado que para una injerencia

en los derechos fundamentales sea legitima el grado e realización del objetivo

de esta debe ser por lo menos equivalente o proporcional al grado de

afectación del derecho fundamental comparándose dos intensidades o grados,

el de la realización del fin de la medida examinada y el de la afectación del

derecho fundamental al representar una valoración ponderativa de intereses

contrapuestos, permitiendo la observación de todas las circunstancias

relevantes para el caso.

l. Principio variabilidad o reformabilidad

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El artículo 255 del Código procesal de 2004, indica que el Ministerio Publico y

el imputado pueden solicitar al juez la reforma, revocatoria o sustitución de las

medidas de carácter personal. Asimismo estable que los autos que se

pronuncien sobre esta media son reformables aun de oficio. Sobre este asunto

el autor española Sra Aragoneses expliqué que la variabilidad de la medida

cautelar hace referencia a la posibilidad de modificar o deja sin efecto, la

medida cautelar de variarse alguno de los presupuestos materiales que

justificaron su implementación.

Conforme a lo precisado con anterioridad, es menester precisar que las


medidas cautelares de carácter personal no gozan de la garantía de la
cosa juzgada debido a que el carácter inmutable, vinculante y definitivo
solo es atribuible a los pronunciamientos jurídicos referidos al mérito del
asunto mientras que las medidas cautelares decretadas en el auto de abrir
instrucción pueden variar en cualquier momento, de acuerdo a los
supuestos establecidos en la ley (Miranda, p.46)

m. Principio de excepcionalidad.

Las medidas de coerción personal por su naturaleza procesal, no pueden tener

los mismos fines que la pena, y su imposición solo se justificara cuando exista

el riesgo de que el imputado eluda la acción de la justicia o entorpezca las

investigaciones, Esta característica de las medidas cautelares personales

deriva del principio de inocencia.

En un auténtico Estado de Derecho privar la libertad ambulatoria a una

persona, antes de dictarse la sentencia condenatoria solo puede revestir

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carácter opcional. Y es que una lógica consecuencia del derecho a la

presunción de inocencia, indica que la prisión preventiva se debe regir por el

principio de excepcionalidad, a lo que suma la prohibición de aplicar una pena

que elimine totalmente el derecho a la libertad persona. De esta manera

conforme al principio de excepcionalidad, ordenar la detención judicial se halla

supeditado a la condición indispensable de que el peligro en concreto no puede

ser neutralizado con medidas menos graves a la libertad personal

El nuevo Código Procesal Penal de 2004 busca proteger al imputado de forma

más eficiente, teniendo como base el diferente tratado que ha suscrito el Perú

con distintos organismos internacionales, en los que se protege en extremo al

principio de presunción de inocencia

Con lo anotado se colige que en el principio de presunción de inocencia


subyace el propósito delas garantías judiciales, cuando se afirma la idea
que una persona es inocente hasta que su culpabilidad es demostrada. Lo
que impide que se trate como culpable a la persona sospechosa de haber
cometido un presunto delito mientras no haya sido declarado judicialmente
su culpabilidad. En tal sentido, resulta inconsistente detener
preventivamente a una persona, y justificar dicha medida en los fines
retributivos y preventivos de la pena, los cuales buscan la resocialización
del condenado (Miranda. 2014,p..90).

n. Principio de presunción de inocencia

El nuevo Código Procesal Penal de 2004 busca proteger al imputado de forma

más eficiente, teniendo como base el diferente tratado que ha suscrito el Perú

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con distintos organismos internacionales, en los que se protege en extremo al

principio de presunción de inocencia

Con lo anotado se colige que en el principio de presunción de inocencia


subyace el propósito de las garantías judiciales, cuando se afirma la idea
que una persona es inocente hasta que su culpabilidad es demostrada. Lo
que impide que se trate como culpable a la persona sospechosa de haber
cometido un presunto delito mientras no haya sido declarado judicialmente
su culpabilidad. En tal sentido, resulta inconsistente detener
preventivamente a una persona, y justificar dicha medida en los fines
retributivos y preventivos de la pena, los cuales buscan la resocialización
del condenado (Miranda, 201r4, p.90).

1.2. Antecedentes históricos de la prisión preventiva

La prisión preventiva se remota desde la antigüedad, y es importante analizar

su origen. El origen de las prisiones es algo remoto, sin embargo vemos que el

origen de la privación de la libertad es una sanción antigua. Así vemos que en

derecho romano la prisión no se estableció para castigar a los delincuentes,

sino solo para custodiar a los procesados hasta que se dictara alguna

especifica sentencia. De esta forma es que la prisión preventiva se anticipó a la

prisión efectiva en sentido estricto.

La historia nos dice que los hombres primitivos no pensaron en construir

cárceles para las personas que transgredían las leyes, sino que más bien

tenían la idea de vengarse. Para el autor García (1993)

La prisión desde la etapa primitiva, hasta finales del siglo XVI pasando por el
Derecho técnico germánico, se ha utilizado fundamentalmente para guardar

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delincuentes, incluso con ulteriores fines antrofagicos, no como medio


represivo en sí y ello es resultado de la concepción que sobre el delito y
delincuente tiene la época; el hecho sancionable es un mal, y el culpable un
perversus homo, no susceptible de enmienda sino de castigo rápido y capital.
Es esta situación la cárcel custodia se impone frente a la prisión entendida y
aplicada como pena. (p.169).

El autor también refiere que históricamente la cárcel no ha sido inventada con

la finalidad de reclusión, su razón originaria es la de una medida cautelar apta

para asegurar la disponibilidad del reo a los fines del juicio.

Así mismo, entre los AZTECAS igualmente las cárceles se utilizaron como

cárceles de custodia y no como instituciones penales. En la colonia según

referencias de fuero juzgo, en las leyes de estilo y en las partidas, la cárcel fue

un lugar para contener a los hombres y no para imponerles castigo.

1.2.1. Antecedentes universales

En cuanto hacemos una referencia histórica universal de la prisión preventiva,

podemos decir que en GRECIA no se registra el uso de la prisión preventiva,

esto puede deberse a que, en ese tiempo, la cultura jurídica griega fundamentó

su idea de dignidad humana en la identidad del cuerpo físico con el concepto

persona, lo cual estimuló una práctica en el proceso penal de un respeto

absoluto a la libertad del imputado.

(…) en Grecia, donde desde el punto de vista jurídico se identificaba a la


persona con el cuerpo, y la libertad era concebida esencialmente como la
libertad corporal, la justicia penal, aunque administrada de manera arbitraria

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por los éforos, que fungían al mismo tiempo como acusadores y jueces en
todos los asuntos penales, nunca llego a imponer la pena de prisión por
considerar que afectaba a la libertad, sustituyendo aquélla por penas
pecuniarias. Por tanto, puede inferirse que en Grecia la detención preventiva
no tuvo ninguna aplicación. (Rodríguez, 1981, p.18).

En referencia a ROMA, la república permitió a los jueces penales acordar la

prisión preventiva discrecionalmente, pero en vista de la degeneración en el

uso abusivo de esta medida cautelar, fueron dictadas regulaciones y sanciones

para contrarrestar dicha práctica, sin embargo, con la madures científica del

derecho romano, contenido en la Ley de las Doce Tablas, y en atención al

principio de igualdad de oportunidades, la libertad del acusado, en el transcurso

de la causa penal, comienza a recibir un notable respeto, que terminó

proscribiendo la prisión preventiva en la mayoría de casos, decretándose ésta

solamente contra delitos relacionados a la seguridad del Estado, a las capturas

en flagrancia, y a los reos confesos.

En época del Imperio, (…) esta medida revistió las modalidades siguientes: in
carcelum (…) militi traditio (…) y custodia libera (…) La conveniencia,
oportunidad y elección de la medida a aplicar quedaba a la discreción del
magistrado, quien, para decretarla, tomaba en cuenta la gravedad de la
acusación y la personalidad del inculpado. Salvo en los casos de crímenes
graves y de flagrante delito, no podía detenerse al inculpado sino en virtud de
una orden emanada de un magistrado superior o del defensor de la ciudad
(…); ya admitidos los principios de que la detención preventiva no debía
significar una pena ni mucho menos un suplicio, y de que nadie debía ser
encarcelado sin estar convicto, aún en el caso de los delitos graves (…) era
imprescindible contar con evidencias concretas; igualmente se procuró reducir

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la duración de la detención preventiva; la libertad provisional era de derecho.


(Rodríguez, 1981, pp.19 - 20).

Por otro lado en la EDAD MODERNA, la revolución francesa de 1789

constituye el principal referente histórico del derecho moderno eurocentrista,

que marca la pauta del origen de la mayoría de sistemas jurídicos

latinoamericanos; dicha revolución promulgó la Declaración de los Derechos

del Hombre y del Ciudadano en ese año, y en 1793 realizó una segunda

versión de la misma; luego, con los principios científicos del derecho romano,

fue creado en 1804 el célebre Código Civil, y en 1808 el célebre Código de

Instrucción Criminal.

La primera Declaración Francesa de 1789 estipuló en su artículo 7 la


obligación de decretar la detención conforme a la ley; esta primera
Declaración fue incorporada en la Constitución francesa de 1791, la cual
reguló en su artículo 10, unos mandatos para proceder a la detención del
presunto culpable de un delito. Por su lado, en el Código de Instrucción
Criminal de 1808 la detención preventiva se decretaba a discreción del
juzgador, permitiendo a los delincuentes primarios mantener la libertad
provisional bajo caución, siempre y cuando estuvieran acusados por delitos
castigados con pena correccional (Rodríguez, 1981, pp. 21- 22).

Cabe indicar que también existió la prisión preventiva por deudas en la edad

moderna, esta prisión preventiva se adoptó en el pasado con la finalidad de la

ejecución forzada de las obligaciones civiles y mercantiles, la cual se convertía

en prisión por deudas. Su utilización para dichos fines se remonta hasta el

derecho romano, llegando incluso a períodos comprendidos en la edad

moderna, por lo que, a continuación se elabora una sucinta historia jurídica de

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esta peculiaridad del uso de la prisión preventiva, examinando su regulación en

tres países europeos y tres latinoamericanos.

Asi mismo en FRANCIA, ALEMANIA Y ESPAÑA la prisión preventiva por

deudas también era un hecho. En Francia, fue cuestionada la prisión por

deudas principalmente por el movimiento humanista insertado en la revolución

francesa de 1789, calificando como afrenta contra la libertad y dignidad

humana, el encarcelamiento del deudor por motivos de deudas civiles o

mercantiles.

En Alemania, el uso de la detención provisional y prisión por deudas subsistió

hasta muy entrada la edad moderna durante el siglo XIX, su abolición formal en

este país se decretó hasta el 29 de mayo de 1868; decreto que tuvo efectos

retroactivos beneficiando a las personas detenidas con anterioridad a su

promulgación; lo anterior estaba expresado en los artículos 1º y 3º,

respectivamente.

En España, la prisión por deudas es regulada reiteradamente a lo largo de los

siglos XI, XII y XIII; estableciéndose condiciones específicas en las cuales

debían mantenerse a las personas castigadas con este tipo de prisión,

decretándose hasta la muerte del deudor. La prisión provisional por deudas

subsiste en este país, hasta durante los siglos XVIII y XIX, regulada en

ordenanzas, en el Código de Comercio de 1829 y en la Ley de Enjuiciamiento

Civil. Sin embargo, en esta otra etapa la finalidad no fue el aseguramiento de la

deuda económica por la cual se procedía contra el demandado en el proceso

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civil, sino la prisión preventiva se aplicaba para asegurar a la persona del

deudor en caso se procediera en su contra en un proceso penal.

1.2.2. Antecedentes sudamericanos

Pero en Sudamérica también vamos a encontrar prisión preventiva por deudas,

este es el caso de los países de CHILE, ARGENTINA Y NUESTRO QUERIDO

PERU. En Chile, la prisión por deudas se decretó en 1837; luego, en 1868 se

restringió a cuatro casos, hasta después de la segunda década del siglo XX.

Durante el anterior tiempo la prisión preventiva por deudas se basaba en la

simple declaratoria en quiebra del deudor, situación declarada inconstitucional

por la jurisprudencia chilena después de 1925, en el sentido de exigirse en

adelante como requisito para decretar dicha medida precautoria haberse

calificado la quiebra de culpable o fraudulenta, adhiriéndose de esta manera al

criterio de la jurisprudencia española del siglo XIX sobre esta materia.

“(…) Por decreto-ley de 1837, firmado por Prieto y Portales, se estableció


(…) la prisión por deudas. Pero después, en una ley dictada el 23 de junio
de 1868, se la suprimió, dejándose a manera de pena sólo en (…) 4 casos
(…) Un decreto-ley 778 establecía que por la sola circunstancia de ser
declarada en quiebra una persona se le sometía a prisión preventiva, por si
la quiebra llegaba a ser culpable o fraudulenta (…) La jurisprudencia
declaró que era inconstitucional, por dictarse después de 1925 (…) la
situación existente hoy en cuanto a la prisión es la siguiente: Declarada la
quiebra, se inicia el procedimiento de calificación de la quiebra, que tiene
por objeto ver si la quiebra es fortuita, culpable o fraudulenta; y sólo

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después que se comprueba que es culpable o fraudulenta se la reduce a


prisión. (Rodriguez y Somarriva, 1971, p.171 – 172)

En Argentina, la prisión por deudas fue derogada en 1872 por la Ley 514,

dejando en esa época su aplicación solamente en los casos donde se

comprobará el dolo o fraude del deudor en lo mercantil, entonces podía el juez

acordar la prisión preventiva hasta por el plazo máximo de un mes, mientras se

determinaba la existencia del mérito para procesar penalmente al deudor.

(…) la humanización del derecho en la Argentina (…) comienza en el año


1872 al sancionarse la ley 514 cuyo art. 1º suprime “la prisión por deudas
en toda las causas civiles y mercantiles que se tramiten ante los tribunales
nacionales” (…) su art. 2º sólo exceptúa de tal abolición a los casos de
insolvencia en que, por información sumaria, se acredite que no hubo dolo
o fraude por parte del deudor (inc. 2º), aclarándose en su art. 3º que en
ambos supuestos de excepción la prisión preventiva no podrá durar más
de un mes pasado el cual el deudor será puesto en libertad, si no hubiese
mérito para proceder criminalmente contra él. (Novelina, 2006, p.307)

1.2.3. Antecedentes nacionales

En el Perú el artículo 2.24, literal c) de la Constitución Política establece que

“no hay prisión por deudas”, lo cual implica una declaración con evidentes

repercusiones en el ámbito jurídico penal. Es que la jerarquía normativa que

tiene la Constitución como carta fundamental, y la ubicación y trascendencia

que dentro de ella tiene el artículo 2, en virtud a su condición de derecho

fundamental, plantea un imperativo categórico dirigido tanto al legislador como

a los operadores de la justicia penal.

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Este imperativo categórico al que se hace alusión y que da plasmación a dos

derechos fundamentales de primera generación como la libertad y seguridad,

contiene un mandato que imposibilita al legislador y al operador de justicia

penal recurrir al instrumento punitivo más intenso, la prisión, para satisfacer

intereses particulares de carácter meramente patrimonial.

En América latina, durante los últimos 20 años se inició un proceso de reforma

a la justicia criminal que afectó con diversa intensidad y grado a los distintos

países del continente.

Las razones que motivaron el proceso de transformación a la ley procesal

penal fueron los abusos contra los derechos fundamentales en el contexto del

proceso penal inquisitivo y la poca eficiencia de éste sistema en la persecución

penal, siendo la prisión preventiva la institución que más motivó a dichos

cambios, entre otras.

Perú, es un país que ha estado en constante reforma de su ordenamiento

jurídico, en el ámbito de la prisión preventiva este ha pasado por un historia

interna de códigos y reformas.

a. Código de Enjuiciamiento en Materia Penal de


1863

Es el primer código en materia procesal penal, que rigió desde el 1 de mayo de

1863; el cual regulaba el presente tema que es materia de investigación, en el

Titulo VI, denominado DE LA CAPTURA, DETENCIÓN Y PRISIÓN DE LOS

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REOS, comprendiendo del art. 70º al 76º; siendo el artículo 73º el que regulaba

la Prisión de Formas, por el cual “se tenía efectuada la captura y puesto a

disposición del Juez, si éste, de las primeras diligencias lo consideraba

inocente lo pondrá en libertad, y si por el contrario del sumario resulta probada

la existencia del delito y la culpabilidad del enjuiciado se librará mandamiento

de prisión en forma. Librado mandamiento de prisión, no podía ponerse en

libertad al reo sin que el auto que así lo resuelva sea aprobado por el Superior

Tribunal”.

b. Código de enjuiciamiento en materia criminal de


1920
Esta normatividad se promulgó por Ley 4919 el 2 de enero de 1920, por el ex

presidente Augusto B. Leguía y entro en vigencia el 18 de marzo de 1920 hasta

el 17 de marzo de 1940; en el cual se regulaba, el tema objeto del presente

estudio, en el Título V del Libro Primero, denominado PRINCIPIO DE LA

INSTRUCCIÓN Y DETENCIÓN DEL ACUSADO

c. Código de procedimientos penales de 1940


Mediante Ley Nº 9024 promulgada el 23 de noviembre de 1939, y según lo

establecido en la propia Ley, entró en vigencia el 18 de marzo de 1940, el cual

establecía la detención provisional del imputado, en el Art. 81 de la citada

norma.

No obstante, con el transcurso del tiempo esta normatividad ha sufrido una

serie de modificaciones.

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d. Código Procesal de 1991

A fines del siglo XX se aprueba el Código Procesal de 1991, mediante Decreto

Legislativo Nº 638, el cual en su artículo 135 prescribe el mandato de

detención, en base a determinados parámetros que se tenían que cumplir, para

declarar fundada una prisión preventiva.

No obstante, dicha norma fue modificada por la Ley 27226 del 17 de diciembre

de 1999 y la Ley 27753 del 09 de junio del 2002, esta modificatoria estableció

el hecho que "no constituía elemento probatorio suficiente la condición de

miembro de directorio, gerente, socio, accionista, directivo o asociado cuando

el delito imputado se haya cometido en el ejercicio de una actividad realizada

por una persona jurídica de derecho privado".

Lo que en realidad se buscó con esta norma era determinar la responsabilidad

penal personalísima, siendo que miembro de directorio, gerente, socio,

accionista, directivo o asociado, serán responsables en la medida que tengan

una participación criminal en el hecho delictivo, solo si existen otros elementos

que vinculen al imputado con la autoría del hecho delictivo; así mismo cerró el

marco de amplitud respecto al peligro procesal, exigiendo en la determinación

del peligro de fuga la existencia de "suficientes elementos probatorios que lo

determinen", eliminando del texto originario "otras circunstancias".

Asimismo mediante Ley 28726, publicada el 09 de mayo del 2006 modificó el

Inc.2 del Art.135 del Código Procesal de 1991, en el que para ordenar una

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detención preventiva, la pena probable debe superar a un año de pena

privativa de libertad y ya no cuatro años; o que existan elementos probatorios

sobre la habitualidad del agente del delito.

Si bien la norma procesal penal anterior exigía la concurrencia de tres

elementos para que se dicte un mandato de detención: la existencia de

pruebas suficientes, que la pena a imponerse supere los 4 años y que hubiera

peligro de fuga, con la ley 28726 se modificó sustancialmente el inciso 2 del

artículo 135°, al establecer que se podía dictar detención cuando “la sanción a

imponerse o la suma de ellas sea superior a un año de pena privativa de

libertad o que existan elementos probatorios sobre la habitualidad del agente al

delito”.

Sin embargo mediante Ley 29499 (19 de enero de 2010) se modificó el artículo

135 del Código Procesal Penal de 1991 (vigente en los distritos judiciales

donde no se aplicaba el NCPP) y se estableció como requisito de la detención

preventiva, que la sanción a imponerse sea superior a los 4 años de pena

privativa de libertad (y ya no una pena probable superior a un año, como lo

establecía la Ley 28726), con lo que se equiparó el marco de la prognosis de

pena superior a cuatro años prevista para la prisión preventiva en el art. 268 del

NCPP, permitiendo que ambos ordenamientos tengan exigencias similares.

e. Código Procesal Penal del 2004

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Finalmente, el NCPP en su Art.268, refiriéndose a los presupuestos materiales

de la prisión preventiva, se evidencian que se exige la presencia de "fundados

y graves elementos de convicción” para estimar razonablemente la comisión de

un delito que vincule al imputado como autor o participe del mismo, y, vuelve a

la redacción original del Art.135 del Código Procesal Penal de 1991; empero

introduce en los Arts.269 y 270, pasos para determinar claramente en cada

caso la existencia del peligro procesal de fuga o de perturbación de la actividad

probatoria.

f. Ley Nº 30076
Ley que modifica el Código Penal, Código Procesal Penal, Código de Ejecución

Penal y el Código de los Niños y Adolescentes y crea registros y protocolos con

la finalidad de combatir la inseguridad ciudadana, publicada el 19 de agosto de

2013; y entre otros artículos del NCPP modificó los artículos 268 y 269

referentes a la prisión preventiva y el peligro de fuga, respectivamente,

suprimiendo el segundo párrafo del artículo 268, referente a la pertenencia del

imputado a una organización criminal o su reintegración a las mismas, dejó de

ser considerado como un presupuesto material para dictar un mandato de

prisión preventiva, y se incorporó como un supuesto que el juez tendrá en

cuenta para evaluar el peligro de fuga

1.3. Naturaleza jurídica


1.4. Definición de la prisión preventiva
1.5. Presupuesto materiales de la prisión preventiva
cinthia d. Existencia de fundados y graves elementos
de convicción

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e. La sanción a imponerse sea superior a


cuatro años de pena privativa de libertad
f. Peligro procesal

1.6. EL DESARROLLO DE LA AUDIENCIA DE PRISIÓN PREVENTIVA

El artículo 271° del Nuevo código procesal civil hace referencia acerca de la

audiencia de prisión preventiva, en el cual nos dice textualmente:

Artículo 271°.- Audiencia y resolución

1. El Juez de la Investigación Preparatoria, dentro de las cuarenta y ocho horas

siguientes al requerimiento del Ministerio Público realizará la audiencia para

determinar la procedencia de la prisión preventiva. La audiencia se celebrará

con la concurrencia obligatoria del Fiscal, del imputado y su defensor. El

defensor del imputado que no asista será reemplazado por el defensor de

oficio.

2. Rige en lo pertinente, para el trámite de la audiencia lo dispuesto en el

artículo 8°, pero la resolución debe ser pronunciada en la audiencia sin

necesidad de postergación alguna. El Juez de la Investigación Preparatoria

incurre en responsabilidad funcional si no realiza la audiencia dentro del plazo

legal. El Fiscal y el abogado defensor serán sancionados disciplinariamente si

por su causa se frustra la audiencia. Si el imputado se niega por cualquier

motivo a estar presente en la audiencia, será representado por su abogado o el

defensor de oficio, según sea el caso. En este último supuesto deberá ser

notificado con la resolución que se expida dentro de las cuarenta y ocho horas

siguientes a la conclusión de la audiencia.

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3. El auto de prisión preventiva será especialmente motivado, con expresión

sucinta de la imputación, de los fundamentos de hecho y de derecho que lo

sustente, y la invocación de las citas legales correspondientes.

4. El Juez de la Investigación Preparatoria, si no considera fundado el

requerimiento de prisión preventiva optará por la medida de comparecencia

restrictiva o simple según el caso

En primer lugar debemos de entender que en el sistema acusatorio con rasgos

adversariales, el cual nos rige desde el primero de diciembre del dos mil nueve,

el mayor número de audiencias que se vienen desarrollando son las de prisión

preventiva, por ser el primer paso después de formalizada la investigación

preparatoria por parte del fiscal; tal como lo establece el artículo 3° del código

procesal penal, en lo que respecta a la comunicación por parte del Ministerio

público de la continuación de la investigación preparatoria (terminada la

investigación preliminar), el cual a la letra señala; “El Ministerio Público

comunicará al juez de la investigación preparatoria su decisión de continuar

con la investigación preparatoria”, del mismo modo cuando en el numeral

336.1° reseña; cuando se han satisfecho los requisitos de procedibilidad como

son; que aparecen indicios reveladores de la existencia de un delito, que la

acción penal no ha prescrito; y, que se ha individualizado al presunto autor,

“(…) se dispondrá la formalización de la continuación de la investigación

preparatoria” es decir producida la formalización de la continuación de la

investigación preparatoria, es que se produce en otras palabras el inicio del

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proceso, y como paso siguiente será el de delimitar el mandato judicial que

tendrá el imputado durante el desarrollo del proceso investigatorio, siendo las

medidas a adoptar de diferente magnitud, siendo una de ellas la de recortarle la

libertad lo que se llamaría en el código de procedimientos penales (mandato de

detención) que emitía el juez instructor, y que con el nuevo ordenamiento

procesal es lo que se conoce como la prisión preventiva, claro está podrán

darse otras alternativas como son la comparecencia restrictiva o también la

comparecencia simple.

Pues bien; continuando ahora con el examen normativo tenemos, que el

numeral 271.1° NCPP enseña; si el Fiscal considera que debe ordenarse una

prisión preventiva, efectuará el requerimiento o en otras palabras una solicitud

por ante el juez de la investigación preparatoria, el cual dentro de las 48 horas

realizará la audiencia para determinar la procedencia o no de la prisión

preventiva; queremos detenernos unos momentos en éste punto a fin de dejar

establecido, que si bien la norma señala 48 horas, eso no significa que siempre

el juzgador deberá de señalarlo dentro de dicho plazo, el argumento lo

encontramos en el texto constitucional cuando señala como plazo de detención

no mayor de 24 horas o en el término de la distancia que debe ser puesto a

disposición el detenido ante la autoridad jurisdiccional a fin de resolverse su

situación jurídica, y mas aún cuando el supremo intérprete de la constitución

reseña “…el plazo que la constitución establece para la detención es

solamente un límite del límite temporal prescrito con carácter general, sobre el

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cual se superpone sin reemplazarlo, el plazo estrictamente necesario” es decir

el límite máximo de la detención debe ser establecido en atención a las

circunstancias de cada caso concreto, tales como las diligencias necesarias a

realizarse, la particular dificultad para realizar determinadas pericias o

exámenes, el comportamiento del afectado con la medida entre otros; que,

igualmente se recoge lo expuesto en la sentencia del Tribunal Español, cuando

habiendo sido detenido una persona y que si bien se encontraba dentro del

plazo establecido para ponerlo a disposición de la autoridad jurisdiccional,

indica; que si bien no se había sobrepasado el plazo máximo absoluto que

marca la constitución, sin embargo es insuficiente para apreciar si se han

respetado los márgenes constitucionales, la detención no puede durar más allá

del plazo estrictamente necesario; y, agrega desde el momento en que las

averiguaciones tendentes al esclarecimiento de los hechos fueron finalizadas, y

no contando la existencia de otras circunstancias, la detención policial del actor

quedó privada de fundamento constitucional, pues bien, ahora entendiendo que

ya el fiscal a formalizado la continuación de la investigación preparatoria; y

solicita el requerimiento de la prisión preventiva.

La pregunta a responder consistiría en ¿sería factible que se prolongue la

detención sin resolver su situación jurídica de un imputado durante 48

horas? Considero, que la respuesta sería que como regla no debe permitirse

que se produzca, sino por el contrario debería de realizarse en el tiempo mas

próximo posible; y, que solo como excepcionalmente de darse alguna

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complejidad tal vez por el número de procesados se podría realizar dentro de

las 48 horas establecida en nuestro ordenamiento procesal, claro está

respetando los principios de contradicción y defensa, por consiguiente si nos

colocamos en un proceso regular, a nuestro entender la posibles dificultades

entre otras sería el del emplazamiento para que se presenten los sujetos

procesales y se pueda producir el debate, es decir entre el persecutor del delito

como de la defensa, requisito esencial para que el juez de la investigación

preparatoria pueda dilucidar producido el contradictorio y con la debida

información emitida por los actores, determinar si resulta procedente la prisión

preventiva.

Pues, señalada la fecha de la audiencia el siguiente paso es la concurrencia de

las partes, si bien se señala que la concurrencia es obligatoria del fiscal, del

imputado y el defensor de su elección, así como de no presentarse el defensor

del imputado deberá ser reemplazado por el abogado defensor de oficio; el

tema vertido es en cuanto de no presentarse el imputado a la audiencia, si es

que está permitido el de llevarse a cabo la audiencia programada, ésta

interrogante a sido materia de análisis por la Corte Suprema cuando señala el

de tomar atención a lo preceptuado en el artículo 271.2° referido a que si el

imputado se niega por cualquier motivo a estar presente en la audiencia, será

representado por su abogado de libre lección o el defensor de oficio, por lo que

concluye no deviene en necesaria la presencia del imputado en la audiencia de

prisión preventiva, pero hay que tener en cuenta, que sí resulta imprescindible

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la debida notificación para la audiencia en su domicilio real o procesal, si lo

hubiese señalado, con lo expuesto se soluciona tanto la presencia o no del

imputado como de su abogado defensor; ahora nos ponemos en el caso si no

se presenta el Fiscal, que tratamiento se le debe de dar, o que salida debe

optar el juez para suplir dicha deficiencia, considero que debe estar dirigido a

evitar nulidades que se podrían presentar sobre todo teniendo en cuenta el

artículo 150°.c el cual señala “…y a la participación del Ministerio Público en

las actuaciones procesales que requieran su intervención obligatoria” en otras

palabras es nulo un acto procesal cuando se lleva a cabo sin la participación

del Ministerio Público es decir cuando su intervención es obligatoria; ahora si

nos trasladamos a la audiencia de prisión preventiva.

La pregunta a responder consistiría; ¿Es obligatoria la participación del

Fiscal en la audiencia de Prisión preventiva? La respuesta sería afirmativa,

pues la norma señala claramente “…se celebrará con la concurrencia

obligatoria del fiscal, de …” entonces, para dicha diligencia la concurrencia del

fiscal es obligatoria, por consiguiente deberá de agotarse todos los medios

necesarios para que la diligencia se produzca; debiéndose realizar todos los

actos tendentes para su logro ya sea comunicándose con el Fiscal en forma

directa por parte del aparato administrativo (administrador del módulo y el

asistente de audiencias) de ser necesario e incluso comunicándose con el

coordinador de la fiscalía corporativa o del coordinador de los fiscales a nivel

superior, es decir emplear todos los medios para asegurar la concurrencia del

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fiscal requiriente o en su defecto para que designe a otro fiscal (caso de

producirse algún imprevisto del Fiscal a cargo, que imposibilite su

concurrencia) ahora; si se continúa con la ausencia del fiscal, deberá de

procederse conforme al tercer párrafo del artículo 271.2 cuando señala: el fiscal

y el abogado defensor serán sancionados disciplinariamente si por su causa se

frustra la audiencia” de producirse dicha figura inmediatamente el juez de la

investigación preparatoria señalará en el acta la fecha de audiencia la misma

que deberá de ser en el tiempo más próximo posible, es decir el tiempo que

pueda necesitar para la notificación debida y con las sanciones impuestas y/o

remisión de copias ante los superiores del fiscal y coordinador por la frustración

de la audiencia.

Es necesario dejar sentado, que lo expuesto no debe significar que de nada

debe valer la notificación efectuada a la Fiscalía, para llevarse a cabo la

audiencias, sino por el contrario solo es tratar de llevar a cabo la diligencia;

claro está debiendo entenderse que el fiscal una vez constituido en la audiencia

deberá de dar las explicaciones debidas por su inconcurrencia, lo cual el

juzgador deberá de evaluar y disponer lo conveniente vale decir deberá

entenderse el de tener en cuenta si fue por causas no imputables al fiscal o de

lo contrario a faltas funcionales.

Hay que tener en cuenta, que la norma de la prisión preventiva se remite al

artículo 8° lógico es entender en lo que sea pertinente pues nos encontramos

que dicho numeral es el trámite para los medios de defensa, siendo así

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compete detenerse en el numeral 8.3° es decir a la forma de desarrollo de la

audiencia, la cual especifica; se escuchará al requiriente, en el caso que

analizamos sería al Fiscal, pues es el sujeto procesal que está solicitando la

prisión preventiva, seguidamente al defensor del imputado, lo cual ya lo hemos

aclarado de producirse su inconcurrencia en la audiencia será representado por

su abogado o el defensor de oficio por cuanto en un plano de igualdad

necesaria para que se produzca el debate judicial entre fiscal y defensa es

imprescindible la presencia del abogado cuya misión será exponer hechos

convenientes a favor de su defendido

Prosiguiendo con el análisis del numeral ocho hay que tener en cuenta en la

parte in fine del inciso tercero cuando indica “Si asiste el imputado tiene

derecho a intervenir en último término” pues bien; encontrándonos en una

audiencia de prisión preventiva y con presencia del imputado, éste tendrá el

derecho al uso de la palabra en último término, a decir del maestro Roxin la

última palabra es, por un lado la concreción del derecho a ser oído conforme a

la ley, pero, por otro, va mas allá de ésta garantía mínima del derecho

constitucional a favor del acusado, producido ésta los jueces deben retirarse a

la sala de deliberaciones con la impresión reciente y última de su persona y de

su visión de lo sucedido, siendo así resulta de extrema importancia que el

imputado pueda manifestar lo que considere para su defensa, incluso no puede

estar de acuerdo a lo expuesto por su defensa y declararse culpable o también

dar visos de su disconformidad con lo vertido por su abogado defensor y

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solicitar el cambio del mismo, por consiguiente siempre se deberá respetar el

derecho del imputado a la última palabra, verbigracia; si ocurriera conforme al

poder disciplinario y discrecional (art. 364°) el de apartarlo de la audiencia al

imputado, el magistrado está en la obligación de hacerlo retornar para que

expresa su última palabra, lo cual denota la relevancia jurídico penal que tiene

el dicho del procesado que refleja la naturaleza de su actitud (expresión y

forma).

Es necesario dejar sentado, que no hay que confundir, en cuanto al tratamiento

del imputado al momento de la audiencia, pues si bien es cierto el juez de la

investigación preparatoria puede solicitar aclaraciones sobre los hechos, lo cual

resulta natural, pues necesita de suficiente información para poder resolver el

hecho controvertido, también lo es que no significa el de efectuar un exhaustivo

interrogatorio, hay que entender que ya ha prestado su declaración por ante el

Ministerio Público; y que las aclaraciones que puede solicitar el juez de la

investigación preparatoria deben estar referidas a lo que el abogado de la

defensa no ha podido esclarecerle al juez, pero nunca ha tratar de delimitar el

resultado de la audiencia sólo con lo expuesto por el imputado, queda claro

entonces que no hay que confundir en cuanto a la última palabra que tiene el

imputado y a las aclaraciones que se puede efectuar a éste producto de los

debates, pero nunca proceder como un interrogatorio, de lo contrario

estaríamos con las malas prácticas del viejo sistema, en donde llegado el

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detenido muchas veces se le interrogaba para luego decidir si se dictaba

mandato de detención o comparecencia.

Igualmente; hay que anotar que todos sus datos y plena identificación ha sido

llevada a cabo por el Fiscal e incluso al hacer su requerimiento se encuentra

plenamente identificado el imputado, por lo que consideramos nada acertado la

forma como en algunos juzgados de la investigación preparatoria se viene

realizando como es el de ser acuciosos en forma extrema como es el de

examinarle los tatuajes y cicatrices entre otros, cuando lo rescatable sería

contar con una debida identificación, datos generales, documento de identidad

entre otros; hay que precisar que nos encontramos ante una medida cautelar y

no un juzgamiento.

Concluido los debates orales, teniendo toda la información el juez de la

investigación preparatoria, deberá de proceder conforme a la primera parte del

artículo 271.2 ° mediante la cual ordena al juez de la causa a tener que

pronunciar la resolución en la audiencia, no pudiendo realizar postergación

alguna, lo cual tiene su razón de ser, pues si ha escuchado los argumentos de

ambas partes (oralidad) efectuada los debates (contradictorio) así como las

aclaraciones tanto de los intervinientes como del imputado (inmediación) para

que esperar para resolver si el conocimiento de todo lo actuado lo tiene en su

delante, he ahí que la norma ha establecido que su pronunciamiento deberá de

ser inmediato, claro está no podemos dejar de lado el hecho que el imputado

se resuelva su situación jurídica, pues no podría mantenerse sin orden judicial

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máxime si del ámbito fiscal ya ha pasado al órgano judicial y se hace necesario

el tener que existir una resolución que determine ya sea su internamiento en un

centro carcelario o por el contrario el de otorgársele una comparecencia con

restricciones o simple.

Igualmente es necesario precisar que como es de conocimiento todas las

resoluciones sobre todo las que resuelvan una controversia o una situación

(autos y sentencias) deberán de ser debidamente motivadas, tal y como lo

especifica el artículo VI del título preliminar del código procesal penal; sin

embargo el legislador tanto en las instituciones de la detención o de la prisión

preventiva materia del presente artículo ha hecho mención expresa a la

motivación así lo podemos observar en el numeral 262° y 271.1° en donde a la

letra dispone “ El auto de prisión preventiva será especialmente motivado, con

expresión sucinta de la imputación, de los fundamentos de hecho y de derecho

que lo sustente, y la invocación de las citas legales correspondientes”

Claro está consideramos a decir del Tribunal Constitucional en cuanto a la

motivación no debe determinarse por una extensión de la motivación, sino a la

existencia de la fundamentación jurídica, congruencia entre lo pedido y lo

resuelto; y, la existencia de justificación suficiente de la decisión adoptada aún

si ésta es breve o concisa, o en otras palabras la motivación debe de ser

razonada y suficiente tal y como lo ha desarrollado el máximo intérprete de la

constitución en la motivación oral de las resoluciones; es decir deberá de

especificarse la norma aplicable al caso, los hechos facticos y la congruencia

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que debe existir entre ambos, para poder justificar la medida a dictar, como es

la prisión preventiva si el caso lo amerita.

1.7. El plazo razonable en la prisión preventiva

El artículo 272° del código procesal penal hace mención a la duración de la

prisión preventiva, este textualmente nos dice:

Artículo 272°.- Duración

1. La prisión preventiva no durará más de nueve meses.

2. Tratándose de procesos complejos, el plazo límite de la prisión preventiva no

durará más de dieciocho meses

En primer lugar, vamos a definir el PLAZO RAZONABLE, Gorigliano (citado

por Torres, s/a) nos dice que:

Desde un punto de vista dogmático un proceso penal cuya tramitación


supera el plazo razonable, esto es de duración excesiva, no sólo lesiona el
derecho del imputado a ser juzgado rápidamente sino que también afecta a
todos y cada uno de sus derechos fundamentales y sus garantías
procesales reconocidas en la Constitución. Como consecuencia, si el
proceso se prolonga indebidamente todas sus reglas de funcionamiento
acabarán distorsionando su derecho a un juicio rápido y los principios
elementales de la actuación legítima del Estado. (p.2)

Además, el plazo razonable (proveniente del Sistema Europeo de Protección

de Derechos Humanos, posteriormente acogido por el Sistema Interamericano

de Protección de Derechos Humanos y así también, por el Tribunal

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Constitucional peruano), se encuentra implícitamente inmerso en el derecho al

debido proceso o proceso regular.

Así también, conviene referir los criterios establecidos para determinar el

desarrollo de un plazo razonable, fueron dados por el Tribunal Europeo de

Derechos Humanos (TEDH) y también compartidos por el sistema y tribunal

señalados en el párrafo anterior, a saber: i) la complejidad del caso, ii)

comportamiento del procesado, y iii) la manera en que fue llevado por las

autoridades y judiciales.

Por otro lado, tenemos, que el Fundamento 8., establece: “(…) el plazo

establecido actúa solamente como un plazo máximo y de carácter absoluto,

pero no impide que puedan calificarse como arbitrarias aquellas privaciones de

la libertad que, aún sin rebasar dicho plazo, sobrepasan el plazo estrictamente

necesario o límite máximo para realizar determinadas actuaciones o

diligencias. En tales casos, opera una restricción a la libertad personal que la

norma constitucional no permite. Un claro ejemplo de ello es la prolongación

injustificada de la privación de la libertad personal en aquellos casos en que se

requiere solamente de actuaciones de mero trámite, o que las diligencias ya

han culminado, o que de manera injustificada no se han realizado en su debida

oportunidad, esperando efectuarlas ad portas de vencerse o incluso ya vencido

el plazo preestablecido”.

Tenemos que dejar constancia que, en relación al plazo razonable de la prisión

preventiva o del proceso, fue el TEDH el que sentó las bases del término plazo

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razonable, atribuyéndole al mismo una novísima naturaleza de atemporidad no

prevista abstractamente en la ley (denominada por la doctrina por el “no

plazo”), si no mas bien, por el de la indicación que el juzgador evalúe la

duración del caso para estimar, a través de diversos criterios, si es que

efectivamente se cumplió o no con el plazo razonable.

Además, cabe señalar que en el caso que lo referido no haya sido

probadamente observado- es decir, que el plazo haya devenido en irrazonable-

, queda solicitar la compensación correspondiente, a efectos de reparar la

vulneración del derecho fundamental invocado.

Es imprescindible tomar en consideración que el incumplimiento de plazo

razonable de una medida de restricción de la libertad, como lo es la prisión

preventiva, definitivamente genera un abanico de vulneraciones de derechos

fundamentales del procesado.

Así, dejamos constancia que resulta imperioso supervigilar el correcto accionar

de las partes en el proceso. En tal sentido, no olvidemos que todos los plazos

impuestos en la ley procesal para con el imputado son fatales, y en este

sentido el solo transcurso del tiempo determina la caducidad del derecho si no

ha sido utilizado en el tiempo apropiado. En cambio los jueces pese a estar

sujetos también a plazos ordenatorios pueden extender temporalmente

discrecionalmente- el dictado de sus resoluciones. A tenor de lo dicho es

posible agregar que para que el imputado no sea tenido como negligente, que

no sólo debe preservar y cumplir sus propios términos, también debe exigir que

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los jueces cumplan con los que procesalmente pesan sobre ellos, su

incumplimiento colaborará con el desajuste procesal que se invoca

1.8. La prolongación de la prisión preventiva

La prolongación de la prisión preventiva también se encuentra regulado en el

Nuevo código procesal penal en su artículo 274° que dice textualmente:

Artículo 274°.- Prolongación de la prisión preventiva

1. Cuando concurran circunstancias que importen una especial dificultad o

prolongación de la investigación o del proceso y que el imputado pudiera

sustraerse a la acción de la justicia u obstaculizar la actividad probatoria, la

prisión preventiva podrá prolongarse por un plazo no mayor al fijado en el

numeral 2) del artículo 272°. El fiscal debe solicitarla al juez antes de su

vencimiento.

2. El juez de la investigación preparatoria se pronunciará previa realización de

una audiencia, dentro del tercer día de presentado el requerimiento. Esta se

llevará a cabo con la asistencia del Ministerio Público, del imputado y su

defensor. Una vez escuchados los asistentes y a la vista de los autos, decidirá

en ese mismo acto o dentro de las setenta y dos horas siguientes, bajo

responsabilidad.

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3. La resolución que se pronuncie sobre el requerimiento de prolongación de la

prisión preventiva podrá ser objeto de recurso de apelación. El procedimiento

que se seguirá será el previsto en el numeral 2) del artículo 278°.

4. Una vez condenado el imputado, la prisión preventiva podrá prolongarse

hasta la mitad de la pena impuesta, cuando esta hubiera sido recurrida

Es de advertir que en términos de prolongación de prisión preventiva, tanto el

derecho supranacional americano como el europeo (que por cierto este último

no nos resulta vinculante, pero ha sido citado varias veces por el Tribunal

Constitucional) coinciden en el sentido de que la negligencia o incompetencia

del aparato estatal para realizar sus diligencias de investigación, entre ellas las

pericias, no pueden servir de elementos a tomar en cuenta para prolongar la

prisión preventiva. El investigado no puede perjudicarse por la ineficiencia del

Estado; sin embargo el Juez deberá ponderar en la audiencia correspondiente

hasta qué punto la demora es atribuible efectivamente a la negligencia o

ineficiencia del Estado y en qué casos se produce por una efectiva complejidad

de la actuación pendiente o realizada o por circunstancias fortuitas no

imputables al aparato Estatal.

1.9. La cesación de la prisión preventiva

La forma en cómo se da por concluida la prisión preventiva, lo encontramos

regulado en el artículo 283° del código procesal penal que textualmente nos

dice:

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Artículo 283°.- Cesación de la Prisión preventiva

1. EI imputado podrá solicitar la cesación de la prisión preventiva y su

sustitución por una medida de comparecencia las veces que lo

considere pertinente.

2. El Juez de la Investigación Preparatoria decidirá siguiendo el trámite

previsto en el artículo 274°.

3. La cesación de la medida procederá cuando nuevos elementos de

convicción demuestren que no concurren los motivos que determinaron

su imposición y resulte necesario sustituirla por la medida de

comparecencia. Para la determinación de la medida sustitutiva el Juez

tendrá en consideración, adicionalmente, las características personales

del imputado, el tiempo transcurrido desde la privación de libertad y el

estado de la causa.

El Juez impondrá las correspondientes reglas de conductas necesarias para

garantizar la presencia del imputado o para evitar que lesione la finalidad de

la medida

1.10. Análisis del tribunal constitucional sobre la prisión preventiva

El tribunal constitucional tiene una ardua tarea que se suscribe en resguardar la

Constitución y que esta sea respetada por todos. En materia de habeas corpus

el tribunal constitucional ha resuelto y ha dejado doctrina sentada al respecto.

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Para ello, es importante saber como es que el tribunal constitucional interpreta

la presión preventiva y sus presupuestos.

La prisión preventiva es sin duda la más grave y polémica de las resoluciones

que el órgano jurisdiccional puede adoptar en el transcurso del proceso penal.

Mediante su adopción se priva al imputado de su derecho fundamental a la

libertad, en un prematuro estadio procesal en el que, por no haber sido todavía

condenado, se presume su inocencia.

El derecho subjetivo a la presunción de inocencia del imputado, como regla


de tratamiento del proceso penal, comporta la prohibición de que la prisión
preventiva pueda ser utilizada como castigo. La contradicción material,
consistente en privar de libertad a un imputado antes de que se le
condene, solo puede salvarse si se le considera como una medida cautelar
y no como una pena. (Vega, 1993, p.98)

De ahí que el factor fundamental para que la prisión preventiva respete el

derecho a la presunción de inocencia radica en los fines o funciones que se

le atribuyen. La prisión preventiva solo puede ser utilizada con objetivos

estrictamente cautelares: asegurar el desarrollo del proceso penal y la

eventual ejecución de la pena. Objetivos que solo pueden ser alcanzados

evitando los riesgos de fuga y de obstaculización de la averiguación de la

verdad. Al respecto nuestro tribunal constitucional dice lo siguiente:

(..) En la medida en que la detención judicial preventiva [prisión preventiva]


se dicta con anterioridad a la sentencia condenatoria, es una medida
cautelar. No se trata de una sanción punitiva, por lo que la validez de su
establecimiento a nivel judicial depende que existan motivos razonables y
proporcionales que lo justifiquen. Por ello, no solo puede justificarse en la

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prognosis de pena que, en caso de expedirse sentencia condenatoria, se


aplicará a la persona que hasta ese momento tiene la condición de
procesado, pues ello supondría invertir el principio de presunción de
inocencia por el de criminalidad (…) [STC 0791- 2002 - HC, de 21 de
junio: (Caso «Riggs Brousseau»)].

En esta Sentencia, el Tribunal Constitucional vincula de manera clara la

presunción de inocencia y el carácter instrumental de la prisión preventiva. Es

cierto que el fumus boni iuris o apariencia de buen derecho (tema que hemos

estudiado en el segundo capítulo) configura un presupuesto adicional de la

prisión preventiva; pero si se considera dicho presupuesto en forma aislada,

entonces el único criterio en el que se apoya la privación cautelar de libertad es

en el de un alto grado de probabilidad de sancionar luego al imputado como

autor o partí- cipe del hecho. Si eso sucede, es decir, si la medida no se aplica

con el propósito de neutralizar el peligro procesal, desaparece su función

cautelar-instrumental.

En un sentido similar se expresa la STC 1260 - 2002 - HC, de 9 de julio (Caso

«Domínguez Tello»):

(…) A juicio de este Colegiado, la satisfacción de tal exigencia [el peligro


procesal] es consustancial con la eficacia del derecho a la presunción de
inocencia y con el carácter de medida cautelar, y no con la de una sanción
punitiva que [no] tiene la prisión preventiva. Por ello, habiéndose justificado
la detención judicial preventiva únicamente con el argumento de que
existirían elementos de prueba que incriminan a los recurrentes y que la
pena aplicable, de ser el caso, sería superior a los cuatro años, el Tribunal
Constitucional considera que la emplazada ha violado el derecho a la

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presunción de inocencia y, relacionalmente, la libertad individual de los


recurrentes. (…)

Por otro lado, La necesidad de la prisión preventiva requiere evaluar que se

está ante un instrumento que «convive» con otras medidas cautelares

destinadas, también, a proteger el desarrollo y resultado del proceso penal

(comparecencia simple y restringida, detención domiciliaria, impedimento de

salida, suspensión preventiva de derechos). Por lo que siendo la prisión

preventiva la medida limitativa más grave del ordenamiento procesal, el

principio de proporcionalidad exige una aplicación excepcional y subsidiaria.

Debe ser la última ratio o último recurso para salvaguardar el resultado y

desarrollo del proceso penal. El TC señala respecto a la prisión preventiva

como último recurso lo siguiente:

(…) Si bien la detención judicial preventiva [prisión preventiva] constituye


una medida que limita la libertad física, por sí misma, esta no es
inconstitucional. Sin embargo, por el hecho de tratarse de una medida que
restringe la libertad locomotora, dictada pese a que, mientras no exista
sentencia firme, al procesado le asiste el derecho a que se presuma su
inocencia; cualquier restricción de ella siempre debe considerarse la última
ratio a la que el juzgador debe apelar, esto es, susceptible de dictarse solo
en circunstancias verdaderamente excepcionales y no como regla general.
Ese pues es el propósito del art. 9.3 del Pacto Internacional de Derechos
Civiles y Políticos, según el cual la prisión preventiva de las personas que
hayan de ser juzgadas no debe ser la regla general (…) [STC 1091-2002-
HC de 2 de agosto «Caso Vicente Ignacio Silva Checa»].

La presunción de inocencia no es más o menos afectada según la intensidad

de la medida que se elija, cuando el ordenamiento jurídico regula distintas

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medidas cautelares que implican una limitación de la libertad personal, y todas

ellas respetan la presunción de inocencia (en razón a los fines que persiguen)

La sentencia del TC que probablemente mejor ha desarrollado el criterio de

necesidad respecto a la prisión preventiva es la 1091-2002/HC, de 2 de agosto

(Caso «Silva Checa»). En ella, se dice:

(..) Su aplicación [se refiere a la prisión preventiva] no debe ser la medida


normal u ordinaria, sino que solo puede dictarse en casos particularmente
graves y siempre que sea estrictamente necesaria para los fines que se
persigue en el proceso penal. (…). El principio de favor libertatis impone
que la detención judicial [prisión preventiva] tenga que considerarse como
una medida subsidiaria, provisional y proporcional (…). El carácter
subsidiario de la medida impone que antes de que se dicte, el juez deba
considerar si idéntico propósito al que se persigue con el dictado de la
detención judicial preventiva [prisión preventiva] se puede conseguir
aplicando otras medidas cautelares no tan restrictivas de la libertad
locomotora del procesado (…). La existencia e idoneidad de otras medidas
cautelares para conseguir un fin constitucionalmente valioso, deslegitima e
invalida que se dicte o mantenga la medida cautelar [de prisión preventiva].

El fumus boni iuris o apariencia de buen derecho indica que para decretar la

prisión preventiva debe llevarse a cabo un juicio de verosimilitud sobre el

derecho cuya existencia se pretende declarar en una sentencia definitiva. Juicio

que debe estar asentado en criterios objetivos que permitan identificar los

elementos que conducen a una razonada atribución del hecho punible. El Juez

debe valorar un alto grado de probabilidad de sancionar al imputado como

autor o partícipe del delito y esto se acredita cuando se verifica que hay

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razones que justifican la imposición de la condena y no existen razones que

justifiquen una sentencia absolutoria.

Sin duda, la sentencia del tribunal constitucional más polémica en el desarrollo

del concepto de fumus boni iuris ha sido la 0139-2002/HC de 29 de enero,

(Caso «Bedoya de Vivanco»), en la que se afirma:

(…) En el caso de autos, al peticionario se le acusa de haber participado


en el delito doloso de peculado, por lo que, para que proceda la detención
[prisión preventiva], deben existir suficientes elementos probatorios de ese
delito, y de su participación en él. Sin embargo, durante la actuación de las
pruebas, apareció información que disminuye el grado de certeza de las
pruebas existentes en un primer momento. En efecto, tanto el Fiscal
Superior (…), como el juez admiten que no se ha probado si el dinero
recibido por el peticionario provenía de fondos públicos o eran de fuente
privada. La duda nace, porque parece que Vladimiro Montesinos recibía
dinero de ambas fuentes, que confluían en un pozo común. El delito de
peculado, para quedar tipificado, requiere necesariamente, entre otros, el
elemento de la calificación de los fondos utilizados como públicos, no
pudiendo configurarse el tipo penal si se tratase de dinero de fuente
privada: al existir duda razonable en cuanto al origen del dinero recibido
por el peticionario, existe también duda en cuanto a la tipificación del delito
de peculado y por ende, de la incursión del presente caso en los incisos 1)
y 2) del Artículo 135° del Código Procesal Penal, que exigen la comisión de
un delito doloso y una pena mayor de cuatro años para que proceda el
mandato de detención: debe prevalecer, en consecuencia, el principio
constitucional de in dubio pro reo. (…). En consecuencia, se ha vulnerado
el principio del debido proceso, al no meritarse los hechos a la luz de los
alcances del artículo 135º del Código Procesal Penal y del principio
constitucional in dubio pro reo (…).

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Se requiere una probabilidad alta de sancionar al individuo a una pena superior

a cuatro años de pena privativa de libertad, lo que siempre acarrea un

pronóstico. El Tribunal Constitucional no ha dudado en sostener que el peligro

procesal es el elemento más importante para valorar la aplicación de la prisión

cautelar de libertad. Así afirma que:

(…) el principal elemento a considerarse en el dictado de [una] medida


cautelar debe ser el peligro procesal que comporte que el procesado ejerza
plenamente su libertad locomotora, en relación con el interés general de la
sociedad para reprimir conductas consideradas como reprochables
jurídicamente. (…) [SSTC N.° 1091-2002-HC/TC, de 12 de agosto (Caso
«Silva Checa»); 1565- 2002-HC/TC, de 5 de agosto (Caso «Chumpitaz
González»); y, 376-2003- HC/TC, de 7 de abril (Caso «Bozzo Rotondo»)].

En sentido idéntico se pronuncia la STC 0791-2002/ HC, de 21 de junio: (Caso

«Riggs Brousseau»). Además añade lo siguiente:

(…) La inexistencia de un indicio razonable en torno a la perturbación de la


investigación judicial o a la evasión de la justicia por parte del procesado,
terminan convirtiendo el dictado o el mantenimiento de la detención judicial
preventiva [prisión preventiva] en arbitrario, por no encontrarse
razonablemente justificado (…).

En otras sentencias también intentan precisar el contenido del concepto de

peligro procesal. Así, sostienen:

(…) En particular, el peligro de que el procesado no interferirá u


obstaculizará la investigación judicial o evadirá la acción de la justicia.
Tales fines deben ser evaluados en conexión con distintos elementos que,
antes y durante el desarrollo del proceso, puedan presentarse y, en forma
significativa, con los valores morales del procesado, su ocupación, bienes
que posee, vínculos familiares y otros que, razonablemente, le impidan

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ocultarse o salir del país o sustraerse a una posible sentencia prolongada


(…). [SSTC 1091-2002-HC/TC, de 12 de agosto (Caso «Silva Checa»);
1565-2002-HC/TC, de 5 de agosto (Caso «Chumpitaz González»); y, 376-
2003-HC/TC, de 7 de abril (Caso «Bozzo Rotondo»)].

En este sentido, el Tribunal constitucional desarrolla los elementos que a su

juicio deben ser evaluados antes y durante el desarrollo del proceso para

determinar la existencia del peligro procesal. Concretamente, menciona 1) los

valores morales del procesado, 2) su ocupación, 3) los bienes que posee, 4) los

vínculos familiares, y 5) otros elementos que impidan ocultarse, salir del país o

sustraerse de una sentencia prolongada.

Lo primero que debe apuntarse es que el TC no los enuncia en una formula

taxativa («en forma significativa»), sino que insiste en que, siempre que sean

racionales, existe un ámbito de discrecionalidad del juzgador para elegir los

elementos que a su juicio confirman la existencia de un peligro de fuga u

obstaculización.

CAPITULO II
ANALISIS DE LA CASACION N° 01-2007 HUARA

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2.1. Descripción de los hechos


2.2. Descripción de los fundamentos de derecho
2.3. Descripción del proceso

En cuanto la descripción del proceso, este se inicia mediante el

pedido de la señora fiscal adjunta superior de Huaura, y es admitido

el 17 de mayo del año 2007, en la cual la Corte suprema emite el

primer auto de calificación del recurso de casación.

La recurrente interpone recurso de casación invocando las causales

previstas en el artículo 429° numeral 3 y 4 del Código procesal penal

(…)

3.- Infracción de ley; y

4.- Manifiesta ilogicidad de la motivación del auto


recurrido.

Sin embargo, la Corte suprema, desestimo ambas modalidades.

Sobre el pedido mismo del recurso de casación a fin de que se deje

sin efecto la resolución cuestionada, la suprema manifestó que dicha

resolución era IMPUGNABLE EN CASACION, toda vez que un auto

expedido en APELACIÓN POR LA SALA PENAL SUPERIOR que se

pronuncia sobre una medida coercitiva personal, no se trata de una

resolución que ponga fin al procedimiento penal y por ende tampoco

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causa un gravamen irreparable, en tanto que no resuelve sobre el

objeto procesal.

En tanto la causal de INFRACCION DE LA LEY, esta no cabría en el

presente caso, porque la impugnación no está enderezada a

cuestionar una errónea interpretación de la ley penal material,

causante de anulación judicial, sino más bien a denunciar la

inobservancia de una norma procesal penal, como son los

preceptos sobre prisión preventiva

Respecto del segundo motivo invocado, MANIFIESTA ILOGICIDAD

DE LA MOTIVACIÓN DEL AUTO RECURRIDO, se pronuncia la corte

que esa causal, sólo procede respecto de la valoración de la prueba,

pues es un control externo de la exigencia de motivación racional de

la prueba, es decir, su finalidad es controlar el sentido lógico mediante

el cual el juez arribo a la decisión; por lo que no cabe extenderla al

examen de las normas jurídico procesales, a cuyo efecto el cauce

idóneo, es el de “indebida aplicación, errónea interpretación o una

falta de aplicación” de la norma procesal.

Por lo antes dicho, la Corte Suprema pudo declarar INADMISIBLE el

recurso planteado, no obstante, haciendo uso de la facultad que le

concede el apartado 4 del artículo 427º del citado Código, que le

permite excepcionalmente admitir el recurso cuando la Corte

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Suprema, discrecionalmente lo considere necesario para el

desarrollo de la doctrina jurisprudencial, lo admitió a trámite

Posteriormente, se llevó a cabo a cabo la audiencia y se emitió

sentencia el día 26 de julio del año 2007, en donde se dejaron claro

los parámetros adecuados a la aplicación de la medida de coerción

personal, llámese prisión preventiva.

Se determinó que el objeto procesal del recurso de casación es la

procedencia del mandato de prisión preventiva, (tema que será

analizada más adelante), y que sobre ello se llevó a cabo el recurso

de casación.

2.4. OBJETO DE LA CONTROVERSIA

La institución jurídica en controversia es la prisión preventiva, siendo

el fundamento para el recurso de casación la inobservancia de la

norma procesal (Inciso 2 del Articulo N°429 del Código Procesal

Penal) sobre los artículos siguientes:

Inciso 2 del artículo 264 del CPP

La detención policial de oficio o la detención preliminar sólo durará un

plazo de veinticuatro horas, a cuyo término el Fiscal decidirá si ordena

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la libertad del detenido o si, comunicando al Juez de la Investigación

Preparatoria la continuación de las investigaciones, solicita la prisión

preventiva u otra medida alternativa.

Artículo 268 del CPP

El juez, a solicitud del Ministerio Público, podrá dictar mandato de

prisión preventiva, si atendiendo a los primeros recaudos sea posible

determinar la concurrencia de los siguientes presupuestos: a) Que

existen fundados y graves elementos de convicción para estimar

razonablemente la comisión de un delito que vincule al imputado como

autor o partícipe del mismo. b) Que la sanción a imponerse sea

superior a cuatro años de pena privativa de libertad; y c) Que el

imputado, en razón a sus antecedentes y otras circunstancias del caso

particular, permita colegir razonablemente que tratará de eludir la

acción de la justicia (peligro de fuga) u obstaculizar la averiguación de

la verdad (peligro de obstaculización

Inciso 2 del artículo 271 del CPP

Rige en lo pertinente, para el trámite de la audiencia lo dispuesto en el

artículo 8°, pero la resolución debe ser pronunciada en la audiencia

sin necesidad de postergación alguna. El Juez de la Investigación

Preparatoria incurre en responsabilidad funcional si no realiza la

audiencia dentro del plazo legal. El Fiscal y el abogado defensor serán

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sancionados disciplinariamente si por su causa se frustra la audiencia.

Si el imputado se niega por cualquier motivo a estar presente en la

audiencia, será representado por su abogado o el defensor de oficio,

según sea el caso. En este último supuesto deberá ser notificado con

la resolución que se expida dentro de las cuarenta y ocho horas

siguientes a la conclusión de la audiencia.

Sobre los artículos antes señalados, la controversia versa

específicamente en los siguientes puntos: a) si es necesario que

previamente al requerimiento de prisión preventiva se haya solicitado

y obtenido un mandato de detención preliminar; b) si como

presupuesto material de la prisión preventiva se encuentra que el

sujeto debe estar sujeto a alguna medida de detención; c) si como

presupuesto para la audiencia de prisión preventiva se requiere la

presencia del imputado o en su defecto de negarse debe encontrarse

detenido

2.5. Razonamiento del tribunal

2.6. A modo de conclusión


Que el razonamiento del Tribunal de Alzada, así como del Juez de

Investigación preparatoria se encontraba enfocado en trazar una vinculación

estricta entre detención y esta figura en controversia.

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Desde esta perspectiva se origina un concepto sobre la necesidad

imprescindible de la medida de detención para la aparición de la prisión

preventiva, la cual dicho forma de pensamiento llega a ser equivoco. Puesto

que se menciona “La detención, si bien es una privación de libertad

provisionalísima (…) de naturaleza estrictamente cautelar y dispuesta por la

policía o por el Juez de la Investigación Preparatoria, cuya función es tanto

asegurar a la persona del imputado cuanto garantizar la futura aplicación del

ius puniendi mediante la realización inmediata de actos de investigación

urgentes o inaplazables, NO ES en principio una medida necesaria o

imprescindible para que se dicte, ulteriormente, mandado de prisión

preventiva”.

La cual, siguiendo estos parámetros, dicha medida cautelar será necesaria

según las características del caso concreto y su pedido judicial debe estar

ligada a la estrategia el planteamiento de la investigación dada en dicho caso.

Un punto a mencionar, es respecto a lo dicho en dicha casación “No es pues

absoluta la necesidad de presencia del imputado en la audiencia de prisión

preventiva, es si necesaria su debida citación en su domicilio real o procesal o

su conducción al Juzgado cuando este efectivamente detenido. Si el

IMPUTADO se niega a asistir, sea porque huyo, porque no es habido, o porque

sencillamente no quiere hacerlo, la audiencia se lleva a cabo con la

representación técnica del abogado defensor, de confianza o de oficio

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En conclusión, el error cometido por el Juez de la Investigación preparatoria así

como del Tribunal de Alzada, fue la inobservancia de las exigencias

establecidas por el artículo 268 del NCPP y tergiversaron los alcances de los

artículos 261 del NCPP 264 del NCPP. La cual simplemente se limitaron y

obviaron decidir sobre el fonfo del asunto, sobre los temas más indispensables.

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CONCLUSIONES

1. Los principios de las medidas de coerción personal nos ayudan a

determinar los parámetros por las cuales debe regir cualquier

medida cautelar que involucre a la persona humana, y estos

debido a su carácter de obligatoriedad deben cumplirse en

conjunto.

2. La prisión preventiva, por su propia naturaleza es una medida que

origina diversos debates, referentes al contacto que puede o no,

tener con ciertos derechos. Puesto que existe cierta parte de la

doctrina que sostiene; dicha medida no confronta ningún Derecho

Fundamental (ligado al derecho de la Libertad y libre tránsito),

empero la comunidad jurídica contraria opina que si agrava

relativamente ciertos derechos del individuo.

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