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Literatura Argentina B.

Alumna: Evangelina Dugo


Comisión: martes 8-10hs. Fecha de entrega: 22-05-99

Sobre la multitud de versiones y


la resignificación de los nombres propios en un cuento de Borges.

"Entre todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas
alternativas, opta por una y elimina las otras..."1, afirma el narrador de "El jardín de senderos
que se bifurcan"2, y ésta es también la hipótesis a partir de la cual Pierre Macherey, enfrenta la
obra de Jorge Luis Borges.
Es inevitable trasladar esta lectura al cuento que nos ocupa, "Tres versiones de
Judas",3cuando vemos claramente realizada esta apuesta teórica: 1º- en el nivel propuesto por
el autor, 2º- en un nivel que si bien deja traslucir el autor, depende en gran medida de la
actuación del lector real del cuento.
En el primer nivel Borges nos presenta a Dios como un personaje de cualquier ficción
literaria, que sufre la posibilidad de representar efectivamente la realidad, pero que a su vez,
como todo autor de ficciones se vale de ese mecanismo para cumplir su objetivo, en este caso,
constituirse en el revés de Jesús, Judas, símbolo de la traición para la comunidad cristiana.
No cabe duda de que Borges embiste a la figura del autor con un disfraz de autoridad
tal vez imposible de superar. Dios-autor conoce una historia que no escribe en las Sagradas
Escrituras, que serían a partir de este hecho un gran simulacro de verdad. El hombre no
accede más que a loque el signo representa, o sea, la palabra aparece como un velo a través
del cual se observa la realidad. En palabras de Rest:

"...el lenguaje difícilmente pueda enlazarse con plenitud a la realidad, ya que su naturaleza lo impulsa
con preferencia a suscitar espejismos y ensueños que se imponen por la eficacia de una simetría o
4
proporción intrínseca, de un equilibrio primordialmente nominal."

Dios sufre como autor las barreras que le impone el lenguaje, los hombres padecen como
lectores la falta de recursos para descifrar las verdades ocultas entre las palabras, las otras

1
Borges, Jorge Luis: "El jardín de senderos que se bifurcan", en Ficciones, Buenos Aires, Emecé, 1956,
pág. 107.
2
Borges, Jorge Luis: Ibídem cita anterior.
3
Borges, Jorge Luis: Ibídem cita anterior; pág. 168.
4
Rest, Jaime: "El universo de los signos"; en Borges y la crítica; Bs. As. ; Centro Editor de América
Latina; 1981; pág. 14.
posibilidades que genera un discurso que al pasar por el espacio de la letra se convierte en
ficción.
Así, en "Tres versiones de judas" no son tres sino más las interpretaciones que
convoca el texto de la Biblia. El narrado propone en ese breve espacio las tres lecturas de Nils
Runeberg, a las que se suman otras muchas opiniones que como refutación de las primeras, se
sustentan como nuevas posibilidades de lectura.
Runeberg parte de una hipótesis de De Quincey que especulaba que "Judas entregó a
Jesucristo para forzarlo a declarar su divinidad y a encender una basta rebelión contra el yugo
de Roma"5 y propone como su primera lectura que "para identificar un maestro que
diariamente predicaba en la sinagoga y que obraba milagros ante el concurso de miles de
hombres, no se requiere la traición de un apóstol."6 Nuevamente Borges critica la pasividad
del lector, en este caso, el lector de los hechos que el Dios-autor va creando para constituir la
supuesta realidad: "Imputar su crimen a la codicia (como lo han hecho algunos, alegando a
Juan 12:6) es resignarse al móvil más torpe."7 Esto es lo que frecuentemente hace el lector,
detenerse en los signos presentados por el autor y aceptarlos por la autoridad que este le
inspira. Sin embargo Runebrg asciende un peldaño en su escala hacia la verdad, y postula su
segunda teoría: "Nils Runeberg propone el móvil contrario: un hiperbólico y hasta ilimitado
ascetismo. El asceta para mayor gloria de dios envilece y mortifica la carne. Judas hizo lo
propio con el espíritu. (...) Judas eligió aquellas culpas no visitadas por ninguna virtud: el
abuso de confianza y la delación. Judas buscó el infierno porque la dicha de señor le bastaba.
"8 Tres años más tarde, presenta su tercera teoría: "Dios se rebajó a ser hombre para la
redención del género humano. (...) Para salvarnos pudo elegir cualquiera de los destinos que
traman la perpleja red de la historia: pudo ser Alejandro o Pitágoras o Rurïk o Jesús, eligió un
ínfimo destino: fue Judas."9
Más allá de que su lectura sea una más de las que pasan a engrosar la lista de
interpretaciones de las Sagradas Escrituras, Borges propone en Runeberg a un lector astuto,
que sabe leer entre signos, que desprecia la autoridad del nombre de Dios: "Así Runeberg
intuyó en esa indiferencia ecuménica una casi milagrosa confirmación."

5
Borges, Jorge Luis: "Tres versiones de Judas", en Ficciones; Bs. As.; Emecé; 1956; pág.170.
6
Borges, Jorge Luis: Ibídem cita anterior.
7
Borges, Jorge Luis: Ibídem cita anterior; pág. 172.
8
Borges, Jorge Luis: Ibídem cita anterior; pág. 172.
9
Borges, Jorge Luis: Ibídem cita anterior; pág. 172-173.
¿Será tal vez este modelo de lector al que alude Borges, como opuesto de un lector cuya
característica principal es "una holgazana incapacidad para tantear las pruebas que el escritor
aduce y una borrosa confianza en la honradez del mismo."?10

Damos un salto y pasamos al segundo punto a analizar, donde los lectores no son ya
los personajes sino nosotros y donde el autor ya no es Dios sino Jorge Luis Borges.
Es en este punto donde nuestra intervención determina las posibilidades del cuento y es aquí
donde los factores centrales pasa a ser 1º) la resignificación de los nombres propios y 2º) el
engañoso nivel de la nota al pie.
Judas no es más que un símbolo que el Dios-autor ha elegido para representar la figura
del traidor que nunca existió más que en su propio espacio de creación. Borges autor, nos
tiende una nueva trampa: nos impulsa (a través de estos nombres propios tan caros al
imaginario cristiano) a una referencia rápida, directa, casi inconsciente. Esa es la actitud del
lector desprevenido al que Borges manipula. Sin embargo no podemos pasar por alto que: "A
Borges lo seduce contemplar como la literatura - el universo de las palabras - devora los
fragmentos de la realidad que le son arrojados y los transforma en su propia sustancia."11
Cuando dos nombres propios como judas y Dios entran en contacto con el resto del
cuento, si bien se hace más difícil que en otras ocasiones por un lado, por otro, el valor
espiritual que se le confiere a estos signos complica la lucidez del lector, que muchas veces
entra en un juego de tensiones con el autor, sin reconsiderar que el cuento es tan sólo
literatura, y que el nombre propio ha sido "devorado" por la ficción, a partir de allí, es
productor de múltiples formas interpretativas, al punto de producir en esta caso un
movimiento especular en el que Dios pasa a vestir el disfraz de Judas.
Pero así como introduce nombres propios a los que vacía del contenido referencial
tradicional para otorgarles un nuevo valor, de la misma manera utiliza nombres que son claros
productos de sus creaciones literarias: el propio Runeberg comparte su apellido con el espía
alemán asesinado por Madden en "El jardín de senderos que se bifurcan", Víktor Runeberg.
Una vez más queda en manos del lector acceder a este espacio virtual que la literatura
hace posible, siempre y cuando mantenga los ojos abiertos al engaño tramado por el autor.
En el análisis de "Tres versiones..." como consecuencia de la importancia de la
resignificación del nombre propio surge otra cuestión de jerarquía para la que cabe citar a
Silvia Molloy:

10
Borges, Jorge Luis: "La nadería de la personalidad"; en Inquisiciones; Bs. As.; Seix Barral; 1993; pág.
94.
"Así como tambalean el narrador, el personaje y el texto reescrito, deberían correr peligro las citas
erudita, las alusiones literarias. Lamentablemente no siempre es el caso. Se lee la erudición de Borges
en su letra, como aval que asegura la autenticidad del texto - ficción o ensayo - desatendiendo su función
12
primordial, la de inquietar básicamente a través de la risa, señalando a la vez su falsía y su verdad."

Así ocurre en "Tres versiones..." donde en el nivel de la nota al pie surge como
autoridad que justifica una cita, Jaromir Hladik y su obra Vindicación de la eternidad, personaje
éste aparecido en el cuento inmediatamente anterior, "El milagro secreto."
Es a través de este artificio que Borges nos reubica en el espacio ficcional del que
podríamos habernos alejado al establecer la referencia de los nombres Dios y Judas. "Los
llamados a pie de página al lector, - incesantes e indiscretos- indican una profunda dificultad
del cuento para desarrollarse, para avanzar."13 En este caso, a mi juicio, los llamados a pie de
página son una más de las pistas que nos proporciona el autor, pistas que podemos utilizar
para encontrarnos como lectores avezados de los engaños borgeano, o para perdernos en la
linealidad aparente de un cuento que esconde secretos entre los renglones.
Son treinta y cinco los nombres propios que van minando el texto, entre ellos se
hallan Dante, Alejandro, Pitágoras, San Lucas, San Pablo, De Quincey, Robertson, Axel Borelius,
Maurice Abramowich.
Lo sorprendente es como los nombres de la realidad que penetran en la literatura se
transforman en sustancia literaria, mientras que los nombres surgidos en el espacio ficcional
funcionan como un llamado de atención al lector, que le permite reubicarse en el ámbito de la
ficción, del que nunca debió haber salido.
Para finalizar este análisis es importante recordar que más allá de cualquier punto
alrededor del cual se centre un análisis, no debemos olvidar que estamos ante todo, en
contacto con una creación que nace del ingenio de un hombre, ingenio que por sobre todas las
cosas pretendió hacer literatura. Sin la convicción, como lectores, de que estamos ante la
posibilidad de embarcarnos en una aventura ficcional (más allá de que esta aventura requiera
o no de nuestro trabajo para llevarse a cabo) sin esta convicción, decía, cualquier análisis
resultaría estéril.
A este respecto, Rest, en parte citando a Borges, declara:

11
Rest, Jaime: "El universo de los signos"; en Borges y la crítica; Bs. As.; Centro Editor de América
Latina; 1981; pág. 19.
12
Molloy, Silvia: Las letras de Borges; Bs. As.; Sudamericana; 1976; pág. 61.
13
Macherey, Pierre: "Borges y el relato ficticio"; en Nuevos Aires; 1971; pág. 48.
"...en el problema literario "existe un misterio" y "cuando Stevenson dice que los personajes del arte sólo
son una serie de palabras, al instante sentimos que esto no es cierto", ya que en su trato con nosotros
todo signo exhibe un poder evocativo que sobrepasa en mucho su modesta labor enunciadora; si no
admitimos la "voluntaria suspensión de la incredulidad" (...) y nos mostramos reacios a percibir que los
seres imaginarios instalados en la obra de ficción poseen una vida propia y hasta secreta, entonces la
ilusión que hace posible el advenimiento de la poesía, se desvanece y el texto queda desprovisto de
14
sentido."

14
Rest, Jaime: "El universo de los signos"; en Borges y la crítica; Bs. As. ; Centro Editor de América
Latina; 1981; pág. 17.