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El iconostasio

El iconostasio es una pared más o menos sin interrupciones que va desde la parte
septentrional a la meridional del templo, y en la cual, en un orden delimitado, se colocan
los iconos. Esta pared separa el santuario de la parte central del templo ortodoxo. En el
iconostasio hay tres puertas. La puerta central, con dos hojas, recibe el nombre de puerta
santa, y está prohibido que entre por ella nadie que no sea clérigo. A la derecha se
encuentra la puerta meridional, llamada también puerta diaconal, y a la izquierda la
puerta septentrional.

Los iconostasios no han estado siempre en la iglesia; en los primeros siglos, el santuario
era visible para todos los que rezaban y la única separación consistía en una celosía.
Aún hoy la puerta santa muchas veces está adornada por una celosía, y el iconostasio
casi nunca llega hasta el techo. Esto es así para que la voz del sacerdote se pueda
escuchar en todo el templo.

Contemplemos ahora los iconos. El iconostasio está adornado exclusivamente por


diferentes filas de iconos.

La fila de abajo. Hay algunos momentos importantes; si se conocen, es sencillo


comprender la difícil simbología del iconostasio. Cuando entras en un templo que no
conoces, vale la pena mirar las imágenes de la fila de abajo: en ella se encuentran
siempre los iconos más grandes.

Comencemos por la imagen exterior a la derecha. Es un icono propio del templo, y en él


se destaca en honor de qué festividad o a cuál santo se dedica la iglesia en la que te
encuentras. En este mismo lugar, a la izquierda, está “el icono del orden local”. Al
verlo, sabrás cuál es el santo más venerado en tal lugar, ciudad o país.

Al acercarte a las puertas santas, verás sobre


ellas los iconos, no muy grandes, de la
Anunciación y de los cuatro evangelistas:
Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Sobre las
puertas santas se encuentra “La Última
Cena”: el símbolo del sacramento de la
Eucaristía.
A la derecha de las puertas santas hay un
gran icono del Salvador; a la izquierda, el
icono de la Madre de Dios con el Niño en
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las manos. Sobre las puertas septentrional y meridional, los arcángeles Gabriel y
Miguel.

La segunda fila. Veamos los iconos de la siguiente fila. Si la fila más baja nos muestra
los momentos más importantes de la enseñanza ortodoxa y las características de la
veneración de los santos de aquel lugar, la segunda fila (también llamada orden de la
Deesis) es más compleja: el número de iconos es mayor y su tamaño es más pequeño.
Toda esta fila simboliza la oración de la Iglesia a Cristo, la súplica que se eleva ahora y
que se concluirá en el momento del Juicio Final. En el centro de esta fila (directamente
encima de las puertas santas y sobre el icono de la Última Cena) se encuentra el “Spas
(Salvador) entre las potencias”. Cristo, sentado en el trono con el libro, está
representado sobre el fondo de un cuadrado rojo con los ángulos prolongados (la tierra),
de un círculo azul (el mundo espiritual) y de un rombo rojo (el mundo invisible). Esta
imagen presenta a Cristo como juez severo de toda la creación. A la derecha se
encuentra la imagen de Juan el Precursor, que ha bautizado al Señor; a la izquierda, el
icono de la Madre de Dios. No por casualidad la Virgen es intercesora. Se la representa
en toda su estatura, mirando hacia la izquierda y llevando un rollo en la mano. A
derecha e izquierda de estos iconos están las imágenes de los ángeles, profetas y santos
más conocidos, que muestran con su vida la santa Iglesia de Cristo.

La tercera fila. Esta fila recibe también el nombre de “orden de las festividades” o fila
histórica: nos muestra los acontecimientos de la historia evangélica. El primer icono de
esta fila es la Natividad de la Santísima Virgen María; vienen después la Presentación
de la Madre de Dios en el templo, la Anunciación, la Natividad de Cristo, la
Presentación de Cristo en el templo, el Bautismo, la Trasfiguración, la Entrada en
Jerusalén, la Crucifixión, la Resurrección, la Ascensión, la Venida del Espíritu Santo y
la Asunción.

La cuarta fila. Si los iconos de la tercera fila son ilustraciones del Nuevo Testamento,
los de la cuarta nos llevan a los tiempos de la Iglesia veterotestamentaria. Aquí están
representados los profetas que predicaban lo que habría de suceder: la venida del
Mesías, la aparición de la Virgen que dará a luz a Cristo. No por casualidad en el centro
de esta fila se encuentra el icono de la Madre de Dios, “la Orante”, que muestra a la
siempre pura Virgen con las manos alzadas hacia el cielo en postura de oración y con el
Niño en su seno.

La quinta fila. Esta fila se llama el “orden de los patriarcas”. Los iconos de esta fila nos
remiten a los acontecimientos más primitivos en el orden del tiempo. Aquí se
encuentran las imágenes de los antiguos padres, desde Adán hasta Moisés. En el centro
de la fila se encuentra el icono de la “Santísima Trinidad veterotestamentaria”, símbolo
del eterno acuerdo de la Trinidad con respecto al sacrificio del Dios-Verbo para la
Redención del hombre tras la caída de éste.
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La cima del iconostasio la coronan los iconos de la Crucifixión.


Este esquema del iconostasio no se reproduce en todas las iglesias. En los tiempos de la
antigua Rus, el iconostasio de cinco filas era el más común, pero a veces la cantidad de
filas podía reducirse hasta una con la necesaria imagen de la Última Cena sobre las
puertas santas