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Los setenta y ocho grados de sabiduría del

Rachel Pollack

Los 78 grados de sabiduría


del Tarot
Arcanos Mayores

EDICIONES URANO
Título original: Seventy-Eight Degrees o f Wisdom. A Book o f Tarot.
Part I: The Major Arcana
Editor original: Uitgeverij-Antiquariaat, Schors, Holanda
Traducción: Marta I. Guastavino

Reservados todos los derechos. Queda ri­


gurosamente prohibida, sin la autoriza­
ción escrita de los titulares del Copyright,
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esta obra por cualquier medio o procedi­
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miento informático, así como la distribu­
ción de ejemplares mediante alquiler o
préstamo públicos.

© 1980 by Rachel Pollack


© 1980 by Uitgeverij W. N. Schors-Amsterdam, Holanda
© 1987 by EDICIONES URANO, S. A.
Enrique Granados, 113, pral. 1.a - 08008 Barcelona

ISBN: 84-86344-38-7 (tomo I)


ISBN: 84-86344-40-9 (obra completa)
Depósito legal: B. 20.897-93

Fotocomposición: Buky Torres - Villarroel, 15 - 08011 Barcelona


Impreso por Puresa, S. A. - Girona, 139 - 08203 Sabadell

Printed in Spain
A Marilyn, la alumna de quien tanto aprendí.
Y a Edie, el m ejor lector que conozco.
/

Indice

Introducción 11

1. La pauta de cuatro cartas 23


2. La visión general 33
3. Los triunfos iniciales: símbolos y arquetipos 39
4. La secuencia mundana 63
5. El viraje hacia adentro 99
6. El gran viaje 151
Introducción

Los orígenes del Tarot

Hacia mediados del siglo xv, no mucho después de que


aparecieran en Europa las primeras referencias escritas a
cualquier tipo de naipes, un artista llamado Bonifacio Bem­
bo pintó, para la familia Visconti de Milán, un mazo de car­
tas sin título ni número. Esas imágenes forman el mazo clá­
sico de un juego italiano conocido como Tarocchi: cuatro
palos formados cada uno por catorce cartas, más veintidós
cartas que muestran diferentes escenas y que más adelante
fueron llamadas triomffi: en castellano, «triunfos».
Ahora bien, muchas de estas veintidós imágenes pue­
den ser interpretadas simplemente como un catálogo de
tipos sociales del medievo, tales como «el Papa» o «el Em­
perador» (para designarlas con los nombres que tuvieron
luego), o bien como amonestaciones morales comunes por
entonces, como «la Rueda de la Fortuna». Algunas repre­
sentan virtudes, como la «Tem planza» o la «Fortaleza». En
otras se ven escenas religioso-mitológicas, como los muer­
tos que, al clamor de la trompeta, se levantan de la tumba
para acudir al «Juicio Final». Hay incluso una carta que re­
presenta una herejía popular: la imagen de una papisa, que
podemos describir como un chiste sobre la Iglesia, con una
significación bastante más profunda de lo que general­

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mente alcanza el humor eclesiástico. Así y todo, podemos
considerar a esta imagen herética como algo profunda­
mente arraigado en la cultura popular, y por ende obvio
para alguien que se propusiera representar «tipos» medie­
vales.
Hay, sin embargo, una figura que se destaca como bas­
tante extraña. Es un hombre joven, colgado cabeza abajo,
por la pierna izquierda, de un simple marco de madera.
Tiene las manos puestas detrás de la espalda con descuido,
de manera que forman un triángulo con la cabeza en el án­
gulo inferior, y la pierna derecha está doblada detrás de la
rodilla, de manera que la figura recuerda una cruz, o bien el
número cuatro. El rostro parece relajado, e incluso se diría
extático. Se pregunta uno de dónde sacó Bembo esta ima­
gen, que ciertamente no representa a un criminal colgado
en la horca, como han supuesto después algunos artistas.
La tradición cristiana consigna que san Pedro fue cruci­
ficado cabeza abajo, ex profeso para que no se pudiera decir
que copiaba a su Señor. Sin embargo, en el Antiguo Edda
se cuenta que el dios Odín estuvo nueve días con sus no­
ches colgado cabeza abajo del Arbol del Mundo, no como
castigo sino con el fin de alcanzar la iluminación, el don de
la profecía. Pero esta escena mitológica se deriva a su vez
de la práctica concreta de los chamanes, hombres y mujeres
médicos, en lugares tales como Siberia y América del Norte.
En la iniciación y capacitación, a los candidatos al chama­
nismo se les dice a veces que se cuelguen cabeza abajo,
precisamente como lo muestra el naipe de Bembo. Aparen­
temente, al invertir la posición del cuerpo se produce una
especie de beneficio psicológico, de la misma manera que
el hambre y el frío extremos pueden inducir resplandecien­
tes visiones. Los alquimistas — que, junto a las brujas, fue­
ron posiblemente los sobrevivientes de la tradición del cha­
manismo en Europa— se colgaban también de la misma
manera, creyendo que de esa forma los elementos en el es­
perma vitales para la inmortalidad descenderían hacia los
centros psíquicos situados en lo alto de la cabeza. Además,
ya desde antes de que Occidente empezara a tomarse en

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serio el yoga, todo el mundo conocía la imagen del yogui
cabeza abajo.
¿Quiso Bembo simplemente representar a un alqui­
mista? ¿Por qué no usó entonces la imagen, más común,
del hombre barbudo revolviendo un caldero o mezclando
diversas sustancias? La imagen, que en mazos posteriores
se llamó el Colgado, y que más adelante hizo famosa T. S.
Eliot en La tierra baldía, no se parece tanto a un alquimista
como a un joven iniciado en alguna tradición secreta. ¿Sena
el propio Bembo un iniciado? Así parece sugerirlo la forma
especial de cruzar las piernas, un signo esotérico de las so­
ciedades secretas. Y si el artista incluyó una referencia a
prácticas esotéricas, ¿no podría ser que las otras imágenes,
aunque superficialmente parezcan un comentario sobre la
sociedad, en realidad representen todo un cuerpo de cono­
cimientos ocultos? ¿Por qué, por ejemplo, el mazo original
contenía veintidós cartas y no, digamos, veintiuna o veinti­
cinco, números que resultan más significativos por lo co­
mún en la cultura occidental? ¿Fue por casualidad, o sería
que Bembo (o quizás otros a quienes Bembo se limitó a co­
piar) deseaba representar con disimulo los significados eso­
téricos relacionados con las veintidós letras del alfabeto he­
breo? Y sin embargo, si en alguna parte hay alguna prueba
que relacione a Bembo o a la familia Visconti con un grupo
ocultista, nadie la ha presentado para que sea examinada
públicamente.
Una rápida mirada a las asombrosas correspondencias
entre el Tarot y el cuerpo de misticismo y conocimiento
oculto de los judíos, llamado colectivamente la Cébala, de­
mostrará de qué manera los naipes de Bembo parecen casi
exigir una interpretación esotérica, a pesar de la falta de
pruebas en firme. La Cábala se explaya extensamente y de
modo muy profundo sobre el simbolismo del alfabeto he­
breo. Las letras están relacionadas con las vías del Arbol de
la Vida, y a cada una de ellas se le dan sus propios significa­
dos simbólicos. Ahora bien, el alfabeto hebreo contiene,
como ya señalamos, veintidós letras, el mismo número que
los triunfos del Tarocchi. La Cábala profundiza también en

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el significado de las cuatro letras del nombre impronuncia­
ble de Dios, YH V H , que representan los cuatro mundos de
la creación, los cuatro elementos básicos de la ciencia m e­
dieval, las cuatro etapas de la existencia, los cuatro métodos
de interpretar la Biblia, y así sucesivamente. Y en cada uno
de los cuatro palos de Bembo hay cuatro cartas que repre­
sentan personajes cortesanos.
Finalmente, la Cábala funciona con el número diez: los
Diez Mandamientos y las diez sephiroth (estadios de la ema­
nación) en cada uno de los cuatro Arboles de la Vida. Y los
cuatro palos contienen cartas numeradas del uno al diez.
¿Hemos de asombrarnos, entonces, de que los comentaris­
tas del Tarot hayan afirmado que el mazo se originó como
una versión pictórica de la Cábala, sin sentido alguno para
las masas, pero poderosísima para los elegidos? Y sin em ­
bargo, en todos los millares de páginas de la bibliografía ca­
balística no aparece ni una palabra siquiera sobre el Tarot.
Los ocultistas han reclamado para las cartas fuentes se­
cretas, tales como una gran conferencia de cabalistas y otros
maestros, realizada hacia 1300 en Marruecos, pero nadie
ha presentado jamás pruebas históricas de que tal confe­
rencia haya tenido lugar. Y lo que es aún más irrecusable:
hasta el siglo xix los propios comentaristas del Tarot tam­
poco mencionan la Cábala. Por último, naturalmente, la se­
cuencia de los nombres y de los números, tan vital para sus
interpretaciones, vino después de las imágenes originales.
Si aceptamos la idea de Cari Jung sobre los arquetipos
espirituales básicos estructurados en la mente humana,
quizá podamos decir que Bembo bebió inconscientemente
en vertientes ocultas del conocimiento, lo que permitió que,
más adelante, otras imaginaciones establecieran las relacio­
nes conscientes. Sin embargo, correspondencias tan exac­
tas y tan completas como los veintidós triunfos, las cuatro
cartas «cortesanas» y las diez restantes que integran los
cuatro palos, o la posición y el rostro extático del Colgado,
parecían ser un esfuerzo excesivo incluso para una fuerza
tan poderosa como el inconsciente colectivo.
Durante años se consideró los Ta rocch i principal­

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mente como un juego y, en menor medida, como un re­
curso adivinatorio. Más adelante, en el siglo xvm, un ocultis­
ta llamado Antoine Court de Gebelin declaró que el Tarot
(como los franceses llamaban al juego) era un vestigio del
Libro de Tot, creado por el dios egipcio de la magia para
transmitir a sus discípulos la totalidad del conocimiento. La
idea de Court de Gebelin parece mucho más fantasiosa que
verosímil, pero en el siglo xix otro francés, Alphonse Louis
Constant, conocido como Eliphas Lévi, estableció el vínculo
de las cartas con la Cábala, y desde entonces se ha profun­
dizado cada vez más en el Tarot, con el resultado de que en
él se han ido hallando cada vez más significados y más sa­
biduría e incluso, mediante el estudio intenso y la medita­
ción, se ha encontrado la iluminación.
En la actualidad vemos en el Tarot una especie de senda,
una vía hacia el crecimiento personal mediante el conoci­
miento de nosotros mismos y de la vida. Para algunos, el
origen del Tarot sigue siendo una cuestión de importancia
vital; para otros, lo único que importa es que a lo largo de
los años se han ido sumando a las cartas más y más signifi­
cados.
Pues Bembo creó, de hecho, un arquetipo, ya sea cons­
cientemente o de manera profundamente instintiva. Más
allá de cualquier posible sistema o explicación detallada,
son las imágenes mismas, modificadas y elaboradas con el
correr del tiempo por diferentes artistas, lo que nos fascina
y se adueña de nosotros. Y de esa manera nos atraen al in­
terior de ese mundo misterioso, que en última instancia es
imposible de explicar: sólo se puede vivenciarlo.

Las diferentes versiones del Tarot

La mayor parte de los Tarots modernos difiere muy poco


de aquellos mazos de naipes del siglo xv. Siguen conte­
niendo setenta y ocho cartas, divididas en los cuatro palos,
Bastos o Varas, Copas, Espadas y Oros o Pentáculos, llama­
dos' en su conjunto los «Arcanos Menores», y los veintidós

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triunfos, conocidos como los «Arcanos Mayores» (la palabra
«arcano» significa «conocimiento secreto»). Es verdad que
algunas imágenes han cambiado considerablemente, pero
las versiones se atienen, por lo general, al mismo concepto
básico. Por ejemplo, hay varias versiones bastante diferen­
tes del Emperador, pero todas representan alguna idea de
lo que es un Emperador. En general, los cambios han ten­
dido a hacer las representaciones más simbólicas y más
místicas.
Este libro usa como fuente principal el Tarot de Arthur
Edward Waite, cuyo conocidísimo mazo Rider (por el nom­
bre del editor inglés) apareció en 1910. Waite fue criticado
por haber modificado la versión aceptada de algunos de los
triunfos. Por ejemplo, la imagen corriente del Sol muestra a
dos niños tomados de la mano en un jardín. Waite la reem­
plazó por la de un niño que, montado a caballo, sale de un
jardín. Los críticos sostuvieron que estaba alterando el sig­
nificado del naipe para adaptarlo a su visión personal: es
muy probable, puesto que Waite creía más intensamente en
sus propias ideas que en las de ningún otro. Pero muy pocos
se detuvieron a considerar que la primera versión del Sol, la
de Bembo, no se parece en modo alguno a la supuesta­
mente «tradicional», e incluso que parece aproximarse más
a la de Waite: la imagen muestra un solo niño milagroso
que vuela por el aire, sosteniendo un globo dentro del cual
se ve la imagen de una ciudad.
El cambio más notable que introdujeron Waite y Pamela
Colman Smith, la artista que trabajó con él, fue incluir una
escena en todas las cartas, incluso en los naipes numerados
de los Arcanos Menores. Prácticamente todos los mazos an­
teriores, lo mismo que muchos posteriores, tienen simples
dibujos geométricos para las cartas numeradas. Por ejem ­
plo, el diez de Espadas muestra diez espadas, dispuestas en
un dibujo que se asemeja mucho al de su descendiente, el
diez de picas. El mazo Rider es diferente. El diez de Espa­
das de Pamela Smith muestra un hombre que yace bajo
una nube negra con la espalda y las piernas atravesadas por
diez espadas.

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En realidad, no sabemos quién dibujó estas cartas. Es
decir, no sabemos si las concibió (como sucedió indudable­
mente con los Arcanos Mayores) el propio Waite, o si sim­
plemente indicó a Smith las cualidades y las ideas que él
quería expresar, y dejó que ella inventase las escenas. En el
libro de Waite sobre el Tarot, The Pictorial Key to the Tarot
[La clave pictórica del Tarot], casi no se usan realmente las
imágenes. En algunos casos, como sucede con el seis de Es­
padas, la imagen sugiere mucho más significados de los que
expresa Waite, en tanto que en otras, especialmente el dos
de Espadas, la figura casi contradice el significado que él
le atribuye.
Independientemente de que haya sido Waite o Smith
quien diseñó las imágenes, éstas ejercieron una poderosa
influencia sobre los posteriores diseñadores de Tarots. En la
mayoría de los mazos con escenas en todas las cartas hay
una fuerte influencia de las imágenes del mazo Rider.
Waite llamó a su baraja el «Tarot rectificado». Insistió en
que sus imágenes «restablecían» los verdaderos significa­
dos de las cartas, y en su libro desdeñó las versiones de sus
predecesores. Ahora bien, mucha gente entiende que lo de
«rectificado» alude a la pertenencia de Waite a sociedades
esotéricas que le dieron acceso a los secretos del Tarot «ori­
ginal». Lo más probable es que simplemente haya querido
decir que sus imágenes daban a las cartas sus significados
más profundos. Cuando alteró en forma tan drástica la car­
ta de los Enamorados, por ejemplo, lo hizo porque la anti­
gua imagen le parecía insignificante, y sentía que la suya,
nueva, simbolizaba una verdad profunda.
No es mi intención sugerir que las cartas de Waite sean
simplemente una construcción intelectual, com o cuando
algún erudito vuelve a ordenar un discurso de Hamlet de
una manera que para él tiene más sentido. Waite era un
místico, un ocultista y un estudioso de las prácticas mágicas
y esotéricas. Su Tarot se basaba en una profunda vivencia
personal de la iluminación, y si él creía que éste era el ver­
dadero, en tanto que los otros estaban equivocados, es por­
que representaba aquella vivencia.

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En cuanto a mí, he elegido como fuente el mazo Rider
por dos razones. En primer lugar, porque muchas de sus in­
novaciones me parecen sumamente valiosas. La versión
Waite-Smith del Loco me impresiona como más significa­
tiva que ninguna de las anteriores. En segundo lugar, me
parece que el cambio revolucionario en los Arcanos M eno­
res nos libera de las fórmulas que durante tanto tiempo do­
minaron este segundo grupo de cartas. Antes, com o la
imagen era muy poco sugerente, una vez que uno había
leído y memorizado los significados establecidos para un
naipe Menor, ya realmente no le podía añadir nada. En el
mazo Rider podemos dejar que la imagen actúe en niveles
subconscientes, y podemos también aplicarle nuestra pro­
pia experiencia. En pocas palabras, Pamela Smith nos ha
dado algo para interpretar.
Escribí antes que había escogido el mazo Rider como
fuente «principal». La mayor parte de los libros sobre el
Tarot usan solamente un mazo para las ilustraciones; se
trata de una autolimitación derivada quizá del deseo de re­
presentar el «verdadero» Tarot. Al escoger un mazo en vez
de otro, en realidad estamos declarando que uno de ellos
es correcto y el otro falso. Tal declaración es muy impor­
tante para aquellos autores, como Aleister Crowley o Paul
Foster Case, que consideran que el Tarot es un sistema sim­
bólico de conocimiento objetivo. Sin embargo, este libro ve
en las cartas, más bien, un arquetipo de la experiencia, y a
partir de esta visión ningún mazo es correcto ni falso, sino
simplemente un complemento adicional del arquetipo. El
Tarot es a la vez el total de todas las versiones diferentes a
lo largo de los años, y una entidad aparte de cualquiera de
ellas. En los casos en que una versión distinta de la de Waite
permita profundizar en el significado de una carta especí­
fica, tendremos en cuenta ambas imágenes. En algunos
casos — el Juicio, por ejemplo, o la Luna— , las diferencias
son sutiles; en otros, como los Enamorados o el Loco, la di­
ferencia es tajante. Al considerar varias versiones de la
misma experiencia intensificamos la percepción que de ella
tenemos.

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La adivinación

H oy la mayoría de las personas ven en el Tarot un medio de


decir la buenaventura, o de «adivinación». Lo extraño es
que sobre este aspecto de las cartas históricamente sabe­
mos menos que sobre ningún otro. A juzgar por las relativa­
mente escasas referencias históricas a la adivinación, por
oposición al juego de azar, la práctica adivinatoria no llegó
a difundirse hasta pasado algún tiempo de la introducción
de las cartas. Posiblem ente los zíngaros o gitanos trop e­
zaron en sus viajes por Europa con el juego de Tarocchi y
decidieron usar los naipes para decir la buenaventura. O
bien el concepto fue desarrollado por individuos (las prime­
ras referencias escritas son interpretaciones individuales,
aunque podrían haberse derivado de algún sistema ante­
rior, no escrito, pero difundido en el uso general) de quie­
nes lo tomaron, a su vez, los zíngaros. También se ha dicho
que los propios gitanos trajeron las cartas de Egipto. De
hecho es probable que los zíngaros provinieran de la India,
y que llegaran a España más de cien años después de la in­
troducción del Tarot en Italia y en Francia.
En la sección de consultas consideraremos con preci­
sión en qué consiste la adivinación, y cómo es posible que
funcione una práctica tan sorprendente. A qu í podemos
anotar simplemente que la gente puede decir la buenaven­
tura —y la dice— con cualquier cosa: las entrañas de los
animales del matadero, las trayectorias de los pájaros en el
cielo, las piedras de colores, arrojando monedas, con cual­
quier cosa. La práctica surge del simple deseo de saber por
anticipado lo que va a suceder, y más sutilmente, de la ín­
tima convicción de que todo está relacionado, de que todo
tiene significado y de que nada sucede por azar.
La idea misma de aleatoriedad es, en realidad, muy m o­
derna. Se originó a partir del dogma de que la relación en­
tre causa y efecto es la única conexión válida entre dos
acontecimientos. Los acontecimientos entre los cuales no
se da esta unión lógica son aleatorios, es decir, no tienen
sentido. Antes, sin embargo, la gente pensaba en función de

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«correspondencias». Los acontecimientos o pautas que se
daban en un ámbito de la existencia se correspondían con
pautas pertenecientes a otros ámbitos. La pauta del zodíaco
se corresponde con la pauta de la vida de una persona. El
dibujo que forman las hojas de té en el fondo de una taza
corresponde al resultado de una batalla. Todo está relacio­
nado. La idea ha contado siempre con partidarios, y en ép o­
ca reciente incluso algunos hombres de ciencia, impresio­
nados por la forma en que los acontecimientos se suceden
en serie (como una «racha de mala suerte»), han empezado
a considerarla seriamente.
Si podemos usar cualquier cosa para decir la buenaven­
tura, ¿por qué recurrir al Tarot? La respuesta es que cual­
quier sistema nos dirá algo; el valor de ese algo depende de
la sabiduría intrínseca al sistema. Com o las imágenes del
Tarot son, por sí mismas, portadoras de una profunda signi­
ficación, las pautas que forman en las consultas o lecturas
pueden enseñarnos muchísimo sobre nosotros mismos, y
sobre la vida en general. Lamentablemente, a lo largo del
tiempo la mayor parte de los adivinos han hecho caso omi­
so de estos significados profundos, y han preferido las fór­
mulas simples («un hombre moreno que está dispuesto a
ayudar al consultante»), que son fáciles de interpretar y que
el cliente digiere rápidamente.
Con frecuencia, los significados de las fórmulas son a la
vez burdos y contradictorios, y no proporcionan indicios de
cómo hay que escoger entre ellos. Esta situación es espe­
cialmente válida para los Arcanos Menores, que constitu­
yen la mayor parte del mazo. Hay muy pocas obras sobre el
Tarot que traten a fondo este tema. La mayoría de los estu­
dios serios — los que se ocupan de los significados profun­
dos de los Arcanos Mayores— no mencionan siquiera los
naipes Menores, o si lo hacen se limitan a darnos simple­
mente otro conjunto de fórmulas, a modo de renuente con­
cesión a los lectores que insisten en usar la baraja para decir
la buenaventura. Incluso, como ya dijimos, el propio Waite
da sus propias fórmulas a las notables imágenes que dibujó
Pamela Smith.

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Además de ocuparse extensamente de los conceptos
que las cartas encarnan, este libro ha de considerar tam­
bién, con detenimiento, la aplicación de dichos conceptos a
la lectura del Tarot. Muchos autores, y especialmente Waite,
han denigrado la adivinación, a la que consideran un uso
bastardo de los naipes. Pero el uso adecuado de las lecturas
puede estimular muchísimo nuestra captación intuitiva de
los significados de las cartas. Una cosa es estudiar el simbo­
lismo de una carta determinada, y otra es ver esa misma
carta en relación con las otras. Muchas veces he visto cómo
una lectura específica permitía que emergieran significados
importantes que de otra manera no habrían podido ver la
luz.
Las lecturas nos dan también una lección general, muy
importante. De una manera que posiblemente ninguna ex­
plicación podrá igualar, demuestran que ninguna carta, nin­
guna manera de encarar la vida, es buena ni mala, a no ser
en el contexto del momento.
Finalmente, las consultas y las lecturas dan a cada per­
sona una probabilidad de renovar su propio sentimiento in­
tuitivo de las imágenes com o tales. T od o el simbolismo,
todos los arquetipos, todas las explicaciones que ofrece este
libro — o cualquier otro— no pueden hacer otra cosa que
prepararte, lector o lectora, para que al mirar las imágenes
puedas decir:
— Esta carta me sugiere...

21
1

La pauta de cuatro cartas

La unidad y la dualidad

A través de su larga historia, los Arcanos Mayores han sido


objeto de múltiples interpretaciones. En la actualidad ten­
demos a considerar los triunfos como la expresión simbó­
lica de un proceso psicológico, que nos muestra a nosotros
mismos a través de diferentes etapas de la existencia hasta
alcanzar un estado de evolución plena; un estado que, por
el momento, podem os describir como de unidad con el
mundo que nos rodea, o quizá de liberación de debilidades,
confusiones y miedos. El conjunto de Arcanos describe deta­
lladamente este proceso, pero para alcanzar cierta com­
prensión de él en cuanto totalidad necesitamos atender so­
lamente a cuatro cartas, cuatro arquetipos básicos, dispues­
tos en una pauta gráfica de evolución y de toma de con­
ciencia espiritual.
Si tenemos nuestro propio mazo de cartas del Tarot
Rider,* apartaremos el Loco, el Mago, la Suma Sacerdotisa
y el Mundo, y dispondremos los cuatro naipes formando un
rombo, como se ve en la página siguiente. Mirémoslos du-

* En otros m azos, especialm en te en los anteriores al d e W aite, el L o c o se


presenta en form a m uy d iferen te a la qu e m ostram os aquí. El capítulo
d e d ic a d o al sim bolism o del L o c o (página 3 9 ) se ocu p ará d e esta tradi­
ción alternativa.

23
rante un rato. Veremos que, en tanto que el Loco y el Mundo
muestran figuras jubilosas que danzan, el Mago y la Suma
Sacerdotisa están completamente inmóviles, cada uno en
su postura. Si ahora echamos un vistazo al resto de los A r­
canos Mayores, observaremos que todos los triunfos, salvo
el 0 y el 21, están dibujados como si posaran para una foto­
grafía, y no, digamos, como un fotograma de una película.
Se presentan como estados fijos de la existencia.
Pero entre los dos bailarines hay una diferencia. Presu­
roso, el Loco avanza ricamente ataviado; la figura que ve­
mos en el Mundo está desnuda. El Loco mira en torno de sí,
está a punto de entrar de un salto en el mundo inferior y

24
proviene de algún país alto y distante; el Mundo, paradóji-
<ámente, parece estar fuera del universo material, suspen­
dido el danzarín en una mágica corona de victoria.
Fijémonos también en los números de las cuatro cartas.
I 1 1 términos estrictos, el 0 no es de ninguna manera un nú­
mero; representa más bien la ausencia de cualquier número
específico, y por consiguiente podemos decir que contiene
dentro de sí todos los números. Es el símbolo de la poten­
cialidad infinita. Todas las cosas siguen siendo posibles,
porque todavía no se ha asumido ninguna forma definida.
I I 1 y el 2 son los primeros números auténticos, la primera
realidad; una vez más, un estado fijo. Forman los arqueti­
pos «impar» y «par», y representan por ende a todos los
opuestos: macho y hembra, luz y oscuridad, pasivo y activo,
etcétera. Pero el 21 combina estos dos dígitos en una sola
cifra.
Observemos las posturas. El Mago levanta hacia el cielo
una varita mágica. Además de las ideas de espíritu y de uni­
dad, la vara fálica simboliza la masculinidad. La Suma Sa­
cerdotisa está sentada entre dos pilares: a la vez un símbolo
vaginal y un símbolo de dualidad. Estos dos pilares vuelven
a aparecer en repetidas ocasiones en los Arcanos Mayores,
en lugares tan evidentes como el templo en el Hierofante, y
también de maneras más-sutiles, como los dos enamorados
en el naipe 6, o las dos esfinges uncidas al Carro. Pero ahora
fijémonos en el Mundo. El bailarín, que es una figura fem e­
nina (aunque algunos mazos la presentan como hermafro­
dita), tiene dos varitas mágicas, una en cada mano. Lo mas­
culino y lo femenino están unificados, y más aún, sus dife­
rentes cualidades se hallan subordinadas al júbilo y a la li­
bertad superiores que se trasparentan en la levedad con
que el danzarín sostiene esos poderosos símbolos.
Está claro, pues, que en tanto que la línea horizontal
—el Mago y la Suma Sacerdotisa— muestra una dualidad de
opuestos, la línea vertical, 0 y 21, muestra una unidad en la
que el Loco es una especie de estado perfecto anterior a la
dualidad, y el Mundo nos ofrece un atisbo del jubiloso y es­
timulante sentido de la libertad que sólo es posible si p o­

25
demos reconciliar los opuestos ocultos en nuestra psique.
1.1 ’l'arot, de la misma manera que muchos sistemas de
pensamiento, e incluso que muchas mitologías, simboliza la
dualidad como la separación entre macho y hembra. Los
cabalistas creían que Adán era originariamente hermafro-
dita y que Eva sólo llegó a separarse de él como resultado
de la Caída. En la mayor parte de las culturas, en mayor o
menor grado, los hombres y las mujeres se ven unos a otros
como sociedades muy distintas, casi separadas. Actual­
mente, mucha gente piensa que en cada persona coexisten
cualidades masculinas y femeninas, pero tiempos hubo en
que semejante idea sólo se encontraba en las doctrinas eso­
téricas de la unificación.
Así como representamos la dualidad en forma palmaria
como macho y hembra, o como blanco y negro, en nuestra
vida ordinaria tenemos también la vivencia de escisiones
más sutiles, especialmente entre nuestras esperanzas, es
decir lo que imaginamos com o posible, y la realidad de lo
que logramos. Con mucha frecuencia resulta que las accio­
nes que emprendemos no responden a las esperanzas que
depositábamos en ellas. El matrimonio no llega a darnos la
felicidad total que esperábamos, del trabajo o la carrera ob­
tenemos más frustraciones que logros. Muchos artistas han
dicho que el cuadro que ven sobre la tela no es nunca el
cuadro que soñaron; nunca llegan a expresar lo que real­
mente querían decir. Sin que sepamos cómo, la realidad de
la vida es siempre menos que su promesa potencial. Abru­
madas por una aguda conciencia de esta dualidad, muchas
personas se angustian ante cada decisión, grande o pe­
queña, porque no son capaces de aceptar que, una vez que
se emprende una acción en tal o cual sentido, se pierde la
probabilidad de optar por ninguna de las otras direcciones
que hasta ese momento se han abierto ante uno. No son ca­
paces de aceptar las limitaciones de la acción en el mundo
real.
A veces se equipara la escisión entre potencialidad y
realidad con la separación entre mente y cuerpo. Tenemos
la sensación de que nuestros pensamientos y emociones

26
son algo distinto de nuestra presencia física en el mundo.
La mente es ilimitada, capaz de recorrer el universo todo,
de avanzar o retroceder en el tiempo. El cuerpo es débil,
está sometido al hambre, al cansancio, a la enfermedad. En
el intento de resolver esta separación, el hombre ha llegado
a posiciones filosóficas extremas. Los conductistas han sos­
tenido que la «m ente» no existe; lo único real es el cuerpo y
los hábitos que éste va formando. En el extremo opuesto,
muchos místicos han tenido la vivencia del cuerpo como
una ilusión — o más bien un delirio— , que es obra de nues­
tro limitado entendimiento. La tradición cristiana define el
«alma» como el «verdadero» yo inmortal, que existe antes y
después del cuerpo que la contiene. Y muchas religiones y
sectas, como los gnósticos y algunos cabalistas, han visto en
el cuerpo una prisión, creada por los pecados o errores de
nuestros antepasados caídos.
En la raíz de todas estas dualidades está la convicción
de que no nos conocemos. Sentimos que en lo más pro­
fundo de nuestra verdadera naturaleza hay algo que es más
fuerte y más libre, que está dotado de más sabiduría y de
más poder; o bien, un ser de pasiones violentas y furiosos
deseos animales. De cualquiera de las dos maneras, sabe­
mos que ese ser verdadero se oculta, o quizá yace profun­
damente sepultado dentro de nuestra personalidad normal,
condicionada por las restricciones sociales. Pero, ¿cómo p o­
demos llegar a él? Si suponemos que nuestro ser esencial
es una entidad de poder y belleza, ¿cómo podemos libe­
rarla?
Las disciplinas que llamamos «ciencias ocultas» se ini­
cian con una profunda conciencia de todas estas dualida­
des y limitaciones. De allí pasan, sin embargo, a otra idea, la
de que existe una clave o un plan que nos permitirá llegar a
la unión de todo, unificar nuestra vida con nuestras espe­
ranzas, y a la vez liberar la fuerza y la sabiduría latentes
dentro de nosotros. La gente confunde con frecuencia los
propósitos de las disciplinas espirituales. Muchos piensan
que el Tarot es para decir la buenaventura, que los alqui­
mistas quieren enriquecerse convirtiendo el plomo en oro,

27
que para hacer sus conjuros los cabalistas pronuncian pala­
bras secretas, y otras cosas semejantes. En realidad, estas
disciplinas apuntan a la unificación psicológica. El «metal
bajo» que el alquimista desea transformar en oro no es otro
que él mismo. Al aceptar la doctrina de que hemos caído de
un estado perfecto a otro limitado, el ocultista no cree que
debamos simplemente esperar en forma pasiva una reden­
ción futura, operada en nosotros por un agente externo.
Por el contrario, considera que es responsabilidad nuestra
alcanzar esa redención, y que para ello hemos de encontrar
la clave de la unidad.
El Tarot representa una versión de esa «clave». N o es ¡a
clave, de la misma manera que no es realmente una doc­
trina secreta. Representa un proceso, y una de las cosas que
nos enseña es que cometemos un error cuando suponemos
que la unificación adviene por mediación de alguna clave o
fórmula sencilla. Nos llega, más bien, mediante un proceso
de crecimiento e incremento de la conciencia, a medida
que recorremos paso a paso las veintiuna etapas de los Ar­
canos Mayores.
El Loco representa la verdadera inocencia, una especie
de estado perfecto de libertad y júbilo, el sentimiento de ser
en todo momento uno con el espíritu de la yida; en otras
palabras, es nuestro ser «inmortal» que, en nuestro sentir,
quedó atrapado en las confusiones y los compromisos del
mundo ordinario. Quizás ese ser radiante no haya existido
jamás. Sin saber cómo ni por qué, la vivencia intuitiva que
tenemos de él es la de algo perdido. Virtualmente todas las
culturas han cultivado el mito de una Caída desde un pa­
raíso primigenio.
«Inocencia» es una palabra que con frecuencia se en­
tiende mal. No significa «sin culpa», sino más bien una liber­
tad y una apertura totales hacia la vida, una completa falta
de miedo, que se origina en una fe total en el vivir y en el
propio ser instintivo. Inocencia no significa «asexualidad»,
como creen algunos. Es la sexualidad expresada sin miedo,
sin culpa. Es la sexualidad que se expresa espontánea y li­
bremente, como expresión del amor y del éxtasis de la vida.

28
El Loco lleva el número 0 porque todas las cosas son
posibles para la persona que está siempre dispuesta a ir en
cualquier dirección. El Loco no «pertenece» a ningún lugar
específico; no está fijo como las otras cartas. Su inocencia
hace de él una persona sin pasado, y por ende, con un fu-
luro infinito. Cada momento es un nuevo punto de partida.
En la numeración arábiga, el 0 tiene la forma de un huevo,
para indicar que de él emergen todas las cosas. Originaria­
mente, el cero se escribía con un punto; en la tradición her­
mética y cabalística, el universo emergía de un único punto
de luz. Y en la Cábala se describe con frecuencia a Dios
como «nada», como lo que no es ninguna cosa, porque des­
cribir a Dios como una cosa, la que fuere, sería limitarlo a
algún estado fijo y finito. Los comentaristas del Tarot que
discuten si el Loco debe estar antes o después de los otros
naipes, o bien ocupar algún lugar entre ellos, dan la impre­
sión de no haber entendido bien el punto principal. El Loco
es movimiento, cambio, el salto constante a través de la
vida.
Para el Loco no hay diferencia entre posibilidad y reali­
dad. 0 significa un vacío total de esperanzas y temores, y el
Loco no espera nada ni planea nada. Reacciona en forma
instantánea ante la situación inmediata.
Otras personas serán los receptores de su total esponta­
neidad. Nada calculado, nada retenido. Y no lo hace delibe­
radamente, como alguien que decide conscientemente ser
sincero sin reservas con un amigo o con un amante. El Loco
brinda naturalmente a todos su sinceridad y su amor, sin
pensarlo siquiera, jamás.
Generalmente hablamos del Loco en masculino y del
danzarín del Mundo en femenino, debido a la apariencia
que tienen en las imágenes, pero en realidad, sin ningún
cambio ambos pueden ser hombre o mujer. Así como no se
siente separado respecto del mundo físico, el Loco, ya sea
él o ella, no tiene vivencia alguna de aislamiento en rela­
ción con el «sexo opuesto». El Loco y el danzarín del Mun­
do son hermafroditas psíquicos, y expresan en todo mo­
mento, por su naturaleza misma, su total humanidad.

29
Volvamos ahora a mirar el diseño de las cuatro cartas.
Fijémonos cómo el Loco se escinde en el Mago y la Suma
Sacerdotisa, que deben volver a estar unidos para formar el
Mundo. Los dos naipes representan la partición o escisión
de la inocencia del Loco, que origina la ilusión de los opues­
tos. El Mundo nos muestra una unidad restaurada, pero es
una unidad superior y más profunda, que se logra mediante
el crecimiento bosquejado en los otros dieciocho naipes. El
Loco es la inocencia, pero el Mundo es la sabiduría.

Inocencia y libertad

El Loco nos enseña que la vida es simplemente una conti­


nua danza de experiencias. Pero para la mayoría de noso­
tros es imposible mantener, ni siquiera durante breves mo­
mentos, una espontaneidad y una libertad semejantes. D e­
bido a los miedos y al condicionamiento, o simplemente, a
los muy reales problemas de la vida cotidiana, inevitable­
mente permitimos que el yo nos aísle de la experiencia. Y
sin embargo, en nuestro interior podemos percibir oscura­
mente la posibilidad de ser libres, y entonces, llamamos a
esa vaga sensación de pérdida una «caída» de la inocencia.
Una vez que hemos perdido esa inocencia, sin embargo, no
podemos simplemente volver a trepar hasta el nivel del
Loco. Debemos, en cambio, luchar y aprender, mediante la
madurez, el descubrimiento de uno mismo y la conciencia
espiritual, hasta que podamos alcanzar esa libertad mayor
que es la del Mundo.
El Mago representa la acción, la Suma Sacerdotisa la
pasividad, el Mago la condición masculina, la Suma Sacer­
dotisa la condición femenina, el Mago la conciencia, la Suma
Sacerdotisa el inconsciente.
Al hablar de «conciencia» no hacemos referencia a la
conciencia superior del Mundo, sino a la poderosa, aunque
limitada, conciencia del yo, en cuanto creadora de un uni­
verso exterior de límites y formas. Esta descripción no se
propone en modo alguno denigrar ni menospreciar la fuer­

30
za creativa del Mago. ¿Qué mayor creatividad puede haber
que dar forma al caos de la experiencia? Es el Mago quien
da su significado y su propósito a la vida. Sanadores, artis­
tas y ocultistas se han colocado bajo el patrocinio de la carta
del Mago. Y sin embargo, su poder representa un aisla­
miento respecto de la libertad del Loco o del entendimiento
del Mundo.
De la misma manera, la Suma Sacerdotisa indica, en su
inconsciente, un estado muy profundo de captación intui­
tiva. Y sin embargo, su conocimiento interior no pertenece
a ese radiante centro de nada que permite al Loco actuar
tan libremente.
La Suma Sacerdotisa representa el arquetipo de la ver­
dad interior, pero como se trata de una verdad inconsciente
e inexpresable, ella sólo puede mantenerla mediante una
pasividad total. Esta situación se nos presenta de numero­
sas maneras en la vida. Todos llevamos dentro un confuso
sentimiento de quiénes somos, de un ser interior auténtico
que los demás nunca ven y que es imposible de explicar.
Pero es frecuente que las mujeres y los hombres que se lan­
zan a la lucha por la vida, que asumen carreras y responsa­
bilidades, sin ocuparse al mismo tiempo de conocerse más
a sí mismos, descubran llegados a cierto punto que han per­
dido el sentimiento de quiénes son y de qué era lo que una
vez quisieron en la vida. Ahora bien, en contraposición, los
monjes y monjas budistas se retiran del mundo porque el
más leve compromiso con él podría apartarlos del centro de
sus meditaciones.
Tanto el Mago como la Suma Sacerdotisa transmiten
una pureza arquetípica. En cierto sentido, no han perdido el
resplandor del Loco; simplemente, lo han escindido en luz y
oscuridad. En la escisión tradicional en la religión de Occi­
dente y de Oriente, el Mago representa a Occidente, con el
énfasis en la acción y en la salvación histórica, y la Suma
Sacerdotisa a Oriente, la senda de la separación del mundo
y del tiempo. Sin embargo, quienes más han profundizado
en estas tradiciones tienden a combinar estos elementos.
La Suma Sacerdotisa está sentada entre los pilares de la

31
luz y la oscuridad. Aunque ella, como tal, simboliza el lado
oscuro y pasivo, su intuición puede alcanzar un equilibrio
entre los dos. Esto es menos paradójico de lo que parece. Si
sentimos que nuestra vida está llena de opuestos imposi­
bles de resolver, podemos reaccionar de dos maneras: o
bien corriendo incesantemente, precipitándonos de un ex­
tremo al otro, o bien no haciendo absolutamente nada.
Podemos sentarnos en el medio, sin dejarnos seducir por
ninguna dirección, y permanecer pasivos, dejando que los
opuestos sigan existiendo a nuestro alrededor. Excepto, na­
turalmente, que también esto sea una opción, y que termi­
nemos por perder ese equilibrio y ese conocimiento interior,
porque, en torno de nosotros, la vida continúa.
En la iconografía cabalística la Suma Sacerdotisa repre­
senta el Pilar de la Armonía, una fuerza que reconcilia a los
Pilares opuestos de la Misericordia y del Juicio; de ahí que
esté sentada entre los dos pilares del templo. Pero sin la
capacidad de integrarse en la fuerza activa del Mago, el sen­
tido de la armonía de la Suma Sacerdotisa desaparece.
Com o arquetipos, el Mago y la Suma Sacerdotisa no
pueden, lo mismo que el Loco, existir en nuestra vida. Inevi­
tablemente, a estos elementos los mezclamos (en vez de
integrarlos), y en consecuencia de ello vivenciamos sus for­
mas inferiores como una acción confusa o bien com o una
pasividad insegura y teñida por la culpa. Dicho de otra ma­
nera: la pureza de los dos polos se pierde porque la vida
introduce el desorden en ellos.
El propósito de los Arcanos Mayores es doble. En pri­
mer lugar, al aislar los elementos de nuestra vida dándoles
forma de arquetipos, nos permiten que los veamos en sus
formas puras, como aspectos de la verdad psicológica. En
segundo término, nos ayudan a resolver verdaderamente
esos elementos diferentes, nos llevan paso a paso por las
diferentes etapas de la vida hasta conducirnos a la unidad.
En realidad, es probable que la inocencia simbolizada por el
Loco jamás haya existido; la vivencia que tenemos de ella
es la de algo perdido. Los Arcanos Mayores nos dicen cómo
recuperarla.

32
2

La visión general

Las cartas como secuencia

1.a mayoría de los intérpretes de los Arcanos Mayores optan


por uno de dos puntos de vista: o bien consideran las cartas
como entidades aparte, o las toman como una secuencia. El
primero de estos enfoques ve en cada carta algo que repre­
senta diferentes cualidades o situaciones de importancia
para el desarrollo espiritual de una persona. La Emperatriz
i (¡presenta el alma glorificada en la naturaleza, el Empera­
dor el dominio de sí, etcétera. Este sistema considera que
los números que llevan las cartas son parte de su lenguaje
simbólico. El número 1 no pertenece al Mago porque éste
sea el que viene primero en la serie, sino porque ese nú­
mero significa ideas — la unidad, el poder de la voluntad—
apropiadas al concepto del Mago.
El segundo enfoque considera los triunfos como una
progresión. El Mago es el número 1 porque sus cualidades
lorman el punto de partida de la pauta de crecimiento re-
pii-sentada por el resto de los naipes. El lugar de la carta
numero 13 es precisamente ése — entre el Colgado y la
I cmplanza— y no ningún otro. Cada nuevo triunfo se afir­
ma sobre el anterior y abre el camino al que le sigue.
Me he atenido, en general, al segundo método. Aunque
ni) es cuestión de descuidar el simbolismo del número, es

33
liliinlnuMite Importante ver dónde encaja cada carta en la
I m i ilii general. Las comparaciones establecidas con otros
números también pueden ayudarnos a ver tanto las limita­
ciones como las virtudes de cada carta. Por ejemplo, de la
número 7, el Carro, se habla con frecuencia com o de una
carta de «victoria». Pero preguntémonos qué clase de victo­
ria. ¿Es la liberación total del Mundo, o se trata de un con­
cepto más estrecho, pero aun así de gran valor? Una mirada
a la posición de la carta puede responder estas preguntas.
Los intérpretes que han adoptado este punto de vista
han buscado, por lo general, un lugar por donde dividir los
naipes para facilitar su comprensión, y la elección más co­
mún es la Rueda de la Fortuna, que como es el número
10, simboliza la conclusión de un ciclo y el com ienzo de
otro. Además, si colocamos al Loco al comienzo, esto divide
las cartas exactamente en dos grupos de once. Y, lo que es
más importante, la idea de una rueda giratoria simboliza un
cambio de mirada, de perspectiva, el paso de una preocu­
pación por las cosas externas, como pueden ser el éxito y el
romance, a un enfoque más interior, como el que se repre­
senta en cartas tales como la Muerte y la Estrella.
Pese al valor que tiene ver los Arcanos Mayores como
dos mitades, yo encuentro que se logra una división más
orgánica dividiendo los triunfos en tres partes. Si se separa
el Loco, tomándolo realmente como una categoría en sí
mismo (y ponerlo a un lado nos permite ver que pertenece
a todas partes y a ninguna), eso nos da veintiún cartas, es
decir, tres grupos de siete.
El número siete tiene una larga historia en el simbo­
lismo: los siete planetas de la astrología clásica, el siete como
combinación de tres y cuatro, que son a su vez números
arquetípicos, los siete pilares de la sabiduría, las siete esta­
ciones inferiores del Árbol de la Vida, las siete aberturas de
la cabeza humana, los siete chakras y, por cierto, los siete
días de la semana.
Un aspecto particular del siete lo relaciona directamente
con el Tarot. La letra griega pí representa la proporción que
existe en el círculo entre la circunferencia y el diámetro.

34
Independientemente de cuál sea el tamaño del círculo, los
dos darán siempre la misma fracción, 22/7. Y los Arcanos
Mayores con el Loco suman veintidós, así como sin el Loco
quedan reducidos a tres grupos de siete. Además, veintidós
veces siete es igual a ciento cincuenta y cuatro (que suman­
do los dígitos se reduce a diez, lo que lo relaciona con la
Rueda), y ciento cincuenta y cuatro dividido por dos — por
los dos grupos de Arcanos— da setenta y siete, es decir, el
Tarot entero, otra vez con el Loco puesto aparte.
En la concepción cabalística de Dios el punto es nada, y
sin embargo de él irradia el círculo entero. Y el número del
Loco, 0, ha sido representado tanto con un círculo como
con un punto.
Las mejores razones para la división en tres grupos son
inherentes al conjunto mismo de los Arcanos Mayores.
Consideremos primero el simbolismo de la imagen. Distri­
buyamos los tres grupos en tres líneas horizontales y mire­
mos el primer naipe de cada línea. Evidentemente, tanto el
Mago como la Fuerza son cartas de poder, pero también lo
es el Diablo. El Mago y la Fuerza están ligados por el signo
de infinito que llevan sobre la cabeza, en tanto que el Dia­
blo muestra un pentáculo invertido. Si se fija uno en la pos-
lura del Diablo, con un brazo levantado y el otro hacia
abajo, verá que la imagen es en algún sentido una parodia
del Mago, con la antorcha que apunta hacia abajo en vez de
la vara que apunta hacia arriba. En algunos mazos, la carta
número 15 lleva el título de «el Mago Negro». (En muchas
barajas, el número 8 es la Justicia, no la Fuerza. Si se ob­
serva la postura de la figura que representa la Justicia se
verá una semejanza aún más estrecha con el Mago y con el
Diablo.) El mismo tipo de correspondencias verticales se
aplica a las tres líneas en su totalidad.

I.os tres ámbitos de la experiencia

I a división en tres nos permite ver que los Arcanos Mayo­


res tratan de tres ámbitos distintos de la experiencia, a los

35
que brevemente podemos llamar conciencia, o las preocu­
paciones exteriores de la vida en sociedad; subconsciente, o
la búsqueda interior para descubrir quiénes somos en reali­
dad; y superconsciente, es decir, el desarrollo de una con­
ciencia espiritual y una liberación de la energía arquetípica.
Los tres niveles no son categorías forzadas, sino que se de­
rivan de las cartas mismas.
La primera línea, con su concentración en asuntos tales
como el amor, la autoridad social y la educación, resume las
preocupaciones principales de la sociedad. En muchos sen­
tidos, el mundo que vemos reflejado en nuestras novelas,
películas y escuelas es el que halla expresión en las siete
primeras cartas de los Arcanos Mayores. Una persona pue­
de vivir y morir, y es posible que todos los que la rodean la
consideren una triunfadora, sin que haya pasado jamás más
allá del nivel del Carro. Y muchas son, de hecho, las que no
llegan siquiera a ese nivel.
La moderna psicología profunda se centra en la se­
gunda línea de triunfos y en sus símbolos: el retiro, a la ma­
nera de un ermitaño, al interior de la conciencia de sí mis­
mo, seguido por una Muerte y un renacimiento simbólicos.
Al final de la línea, el ángel de la Templanza representa
aquella parte de nosotros mismos cuya realidad esencial
descubrimos después de haber permitido que se extinguie­
ran las falaces ilusiones del yo, el espíritu defensivo.
Y finalmente, ¿qué hay de la última línea? ¿Qué es lo
que puede ir más allá del encuentro con nuestro ser verda­
dero? Para expresarlo en forma simple, estas siete cartas
representan una confrontación, y finalmente una unidad,
con las grandes fuerzas de la vida misma. Las otras cartas,
que antes se aparecían como tan importantes, terminan por
ser una mera preparación para el gran descenso a la oscuri­
dad, la liberación de la luz y el retorno de esa luz al mundo
soleado de la conciencia.
A la mayoría de los lectores, la última línea les parecerá
demasiado vaga y fantasiosa. Ya podemos llamar «mítico»
o «religioso» a este tema; incluso estas palabras siguen
siendo difíciles de captar.

36
Esa vaguedad de nuestra mente dice quizá más sobre
nosotros mismos y sobre nuestra época que sobre el tema
que nos ocupa. Cualquier sociedad enseña automática­
mente a sus miembros, ya desde el lenguaje mismo que
usan, a partir de ciertos supuestos referentes al mundo. En
nuestra cultura, serían ejemplos de ellos el valor y la unici­
dad de los individuos, la realidad y la importancia suprema
del amor, la necesidad de libertad y justicia social y, más
complejo pero igualmente fuerte, la individualidad de cada
persona. «Solos nacemos y solos morimos.» Nuestra socie­
dad, edificada sobre los cimientos materialistas de los si­
glos xvm y xix, no se limita a rechazar las nociones de «su-
perconciencia» o de «fuerzas universales»: en realidad, no
sabemos siquiera qué significan.
Cuando trabajamos con la última línea de los Arcanos
Mayores estamos, pues, trabajando con un ámbito que para
la mayoría de nosotros es incómodo, y eso hará que la tarea
de entender esas cartas sea más difícil... y quizá más gratifi­
cante. El trabajo con estas antiguas imágenes puede apor­
tarnos un conocimiento que ha sido descuidado en nues­
tra educación.

37
3

Los triunfos iniciales:


símbolos y arquetipos

(a) Figura 1 (b)

El Loco

Hemos visto ya un aspecto del Loco, como la imagen de un


espíritu totalmente libre. Pero también podem os mirarlo

39
desde otro ángulo, el del salto que nos lleve al interior del
mundo arquetípico de los triunfos.
Imagínese el lector adentrándose en un paisaje extraño.
Un mundo de magos, de gentes colgadas cabeza abajo y de
danzarines suspendidos en el aire luminoso. Allí se puede
entrar dando un salto desde una cumbre, atravesando una
caverna oscura o un laberinto, o incluso descendiendo por
una conejera en persecución de un conejo Victoriano que
lleva un reloj de bolsillo. Pero de cualquier manera que lo
haga, tiene que estar loco para hacerlo. ¿Por qué mirar al
interior del mundo profundo de la mente, cuando puede
permanecer seguro en el paisaje habitual del trabajo, el
hogar y la familia? En Moby Dick, Hermán Melville advirtió
a sus lectores que no dieran ni siquiera un paso fuera de la
senda ordinaria fijada por la sociedad. Podría ser que no
regresaran.
Y sin embargo, a los que estén dispuestos a correr e
albur, el salto puede aportarles júbilo y aventura, y final­
mente, a quienes tengan el coraje de seguir avanzando
cuando el país de las maravillas se vuelve más temible que
jubiloso, el salto puede llevarlos al conocimiento, la paz y la
liberación. Lo interesante es que el arquetipo del Loco apa­
rece más en la mitología que en la religión estructurada.
Una Iglesia institucionalizada difícilmente puede instar a la
gente a que se aventure más allá de los límites de las institu­
ciones. Las iglesias nos ofrecen, en cambio, un puerto se­
guro para protegernos de los temores de la vida. La mitolo­
gía nos lleva directamente al corazón mismo de esos mie­
dos, y en todas las culturas el paisaje mitológico contiene la
imagen del Truhán, el que empuja, provoca y aturde con su
discurso ininteligible a héroes y reyes, toda vez que estos se
apartan del mundo interior de la verdad.
En las leyendas del Rey Arturo, Merlín figura no sola­
mente como un hechicero y un sabio, sino también como
un truhán. Constantemente en presencia de Arturo aparece
disfrazado, de niño, de mendigo, de viejo campesino. El
joven rey, seducido ya por la pompa de su alta posición
social, jamás reconoce a Merlín hasta que sus compañeros

40
Ir señalan que una vez más ha sido víctima de sus tretas.
Más importante que conocer las leyes o dominar la estrate­
gia militar es la capacidad de ver a través de las ilusiones.
I i >s maestros taoístas eran famosos por las jugarretas que
hacían a sus discípulos.
Ln cuanto arquetipo, el Loco ha encontrado incluso ex­
plosión social en el bufón de corte. Todos conocemos la
Imagen del bufón a quien le está permitido decir al rey ver­
dades que nadie más podría atreverse a expresar. Y en la
actualidad, nuestros comediantes y poetas satíricos disfru­
tan en alguna medida de igual privilegio.
En muchos países, el carnaval libera año tras año el de-
.•nfreno que durante los trescientos sesenta días restantes
permanece reprimido. La vida sexual es más libre, algunas
leyes suspenden su vigencia, la gente se disfraza, y un per­
sonaje simbólico se convierte en Rey del Carnaval. Actual­
mente, en Europa y América, el 28 de diciembre es un día
ieservado para jugarretas y bromas pesadas.
La imagen que vemos junto al naipe del mazo Rider nos
muestra la figura del Loco tal com o lo concibió Oswald
Wirth. Perteneciente a una tradición más antigua que la de
Waite, representa al arquetipo como un vagabundo gro­
tesco. Esta imagen ha sido interpretada de diversas mane­
ras: como el alma antes de la iluminación, como un recién
nacido que entra en el mundo de la experiencia, como el
principio de la anarquía. Elizabeth Haich ofrece una inter­
pretación interesante de la grotesca imagen del Loco que
nos da Wirth. Colocándolo entre el Juicio y el Mundo, des­
cribe al Loco como lo que ve el mundo exterior cuando se
encuentra frente a alguien que es un verdadero iluminado.
( 'orno el Loco no sigue las reglas ni comparte las debilida­
des del mundo, se le aparece de esa manera, feo y defor­
mado. Haich ve en el rostro del Loco una máscara, pero esa
máscara no se la ha puesto él, sino el mundo exterior. La
ultima carta, el Mundo, presenta al mismo iluminado, pero
visto desde adentro, es decir, desde sí mismo.
En algunos de los primeros mazos de Tarot el Loco apa­
recía como un gigantesco bufón cortesano, que sobresalía

41
por encima de las cabezas de la gente que lo rodeaba. Su
título era «el bufón de Dios». El término se ha aplicado tam­
bién a idiotas, locos inofensivos y epilépticos graves; de
todos ellos se pensaba que estaban en contacto con una
sabiduría mayor, precisamente porque estaban fuera de co­
municación con el resto de nosotros.
El arquetipo perdura también en la mitología popular
moderna. Con frecuencia, por su naturaleza fantástica y pri­
mitiva, los libros de historietas reflejan los temas mitológi­
cos mejor que las novelas. En Batman, el principal enemigo
del héroe es el Guasón, un personaje que no tiene pasado y
que aparece siempre con el atuendo extravagante del com o­
dín de un mazo de naipes; una figura, por cierto, que des­
ciende directamente del Loco de los tarocchi. La rivalidad
entre Batman y el Guasón transmite a sus lectores un men­
saje clarísimo: no os rebeléis contra los valores sociales.
Apoyad la ley y el orden. En los últimos años, la revista ha
cambiado la descripción del Guasón, presentándolo más
bien como insano que como criminal. Para la sociedad, la
actitud del Loco, que sigue el camino del instinto, no el de
las reglas, es una peligrosa locura.
Hasta el momento hemos considerado al Loco como el
«otro», el que con sus chistes y sus disfraces nos arranca de
nuestra complacencia. En cuanto «sí mismo», representa la
larga tradición del hermano (o hermana) tonto, a quien sus
hermanos mayores desprecian, pero que finalmente, gra­
cias a su bondad y su ingenio instintivo, es quien se casa
con la princesa (o con el príncipe).
Lo curioso es que la imagen del Loco como el sí mismo
aparece más en los cuentos de hadas que en los mitos.
Vemos éstos como la representación de fuerzas demasiado
grandes para nosotros; el cuento de hadas, que es más sim­
ple, nos da margen para expresar nuestra propia tontería y
nuestra locura.
Como esos personajes de los cuentos de hadas que van
siempre acompañados de diversos animales que los ayu­
dan, en casi todos los mazos el Loco aparece con un com­
pañero. En el de Waite es un perro que salta, en otros un

42
(¡ato, e incluso un cocodrilo. El animal simboliza las fuerzas
de la naturaleza y el lado animal del hombre, en armonía
con el espíritu que actúa a partir del instinto. Los perros
mitológicos suelen ser terroríficos, como el Mastín del In­
fierno, que persigue a las almas perdidas, pero en realidad
se trata de la misma bestia; lo único que cambia es nuestra
actitud. Si niegas tu ser interior, se volverá feroz. Obedé­
cele, y se mostrará benigno.
El Loco de Waite lleva en la mano una rosa blanca. Las
rosas simbolizan la pasión, pero aquí el blanco, color tradi­
cional de la pureza, unido a la delicadeza con que es soste­
nida la flor, indica que las pasiones se han elevado a un
nivel superior. Los griegos veían a Eros, el dios del amor,
como un bromista que fuerza a las personas más mesura­
das a hacer ridiculeces. Pero a los que son ya capaces de
expresar su locura y su bufonería no los desquiciará el amor.
I os griegos también hablaban de Eros, en otras formas,
como la fuerza que anima el universo.
El hato que el Loco carga a la espalda son sus experien­
cias. No las abandona, no las olvida; simplemente ellas no
lo controlan, tal como frecuentemente los recuerdos y los
traumas del pasado controlan nuestra vida. El hato muestra
l.i cabeza de un águila, símbolo del espíritu que asciende.
Su instinto superior impregna y transforma toda experien­
cia. El águila es también el símbolo de Escorpio elevado a
un nivel superior, es decir, de la sexualidad elevada a la
condición de espíritu. Esta idea de la relación entre sexo y
espíritu volverá a aparecer con la carta del Diablo.
Como un vagabundo, el Loco anda con un palo al hom­
bro; pero el palo es en realidad una vara, símbolo de poder.
I .unbién el Mago y el auriga del Carro llevan varas, pero
'.osteniéndolas conscientemente y con deliberada firmeza.
I I Loco y el danzarín del Mundo sostienen sus varas de ma­
nera tan descuidada que apenas si las advertimos. ¿Qué
I niede haber más tonto que tener una varita mágica y usarla
p.ira llevar la bolsa al hombro? Bien podemos imaginar un
i liento de hadas en que el hermanito tonto se encuentra un
| m Io al borde del camino y se lo lleva, sin darse cuenta de

43
que es la varita mágica que perdió el hechicero, y que por
eso no se encamina a la destrucción, como sus dos herma­
nos mayores, que la buscaban para usarla en provecho
propio.
La vara del Loco es negra; las otras dos son blancas.
Para la inconsciencia del Loco, la fuerza espiritual perma­
nece siempre en estado potencial, siempre lista, porque él
no la dirige conscientemente. Tenemos tendencia a inter­
pretar erróneamente el color negro, a verlo com o malo,
como una negación de la vida. El negro significa más bien la
potencialidad de todas las cosas, la energía infinita de la
vida antes de que la conciencia haya erigido límite alguno.
Cuando tememos al negro o a la oscuridad, tememos a la
propia y profunda fuente inconsciente de la vida.
Com o el comodín, el Loco puede ocupar realmente
cualquier lugar en el mazo, en combinación con y en com­
pañía de cualquier otra carta. Es la fuerza de animación que
da vida a las imágenes estáticas. En los Arcanos Mayores, el
lugar del Loco está allí donde hay una transición difícil. De
ahí su posición al comienzo, donde se da la transición del
mundo cotidiano de los Arcanos Menores al mundo de los
arquetipos. El Loco nos ayuda también a saltar la brecha
que hay entre cada línea y la siguiente, es decir, desde el
Carro a la Fuerza, desde la Templanza al Diablo. Para llegar
al Carro o a la Templanza se necesita gran esfuerzo y cora­
je, y sin la fácil disposición del Loco para adentrarse de un
salto en territorio nuevo nos detendríamos probablemente
en lo que ya hemos logrado.
El lugar del Loco está también con aquellas cartas don­
de se hace difícil el paso, como la Luna y la Muerte (obsér­
vese el camino serpenteante que aparece en cada una de
ellas), y donde él nos insta a seguir avanzando a pesar de
nuestros temores.
En los Arcanos Menores, el Loco se relaciona en primer
lugar con todas las Varas: acción, impaciencia ilusionada,
movimiento sin pensamiento. Pero se relaciona también con
las Copas, con la insistencia de éstas en la imaginación y el
instinto. El Loco, en realidad, combina estos dos palos. Más

44
adelante veremos que esta combinación — fuego y agua—
representa el camino de la transformación.
Finalmente, se plantea la cuestión del lugar del Loco en
las consultas destinadas a la adivinación. He hablado ya de
la importancia de las lecturas para alcanzar un entendi­
miento más cabal de las cartas. Más aún: nos ayudan a apli­
car a nuestra vida cotidiana la sabiduría de las cartas. En las
lecturas, el Loco nos habla de coraje y de optimismo, nos
insta a tener fe en nosotros mismos y en la vida. En los
momentos difíciles, cuando la gente que nos rodea nos pre­
siona para que seamos prácticos, el Loco nos recuerda que
quien mejor puede decirnos qué hacer es nuestro propio
ser interior.
Con frecuencia, el Loco puede simbolizar comienzos,
i nomentos en que uno se aventura valientemente, de un
salto, en una nueva fase de la vida, en particular cuando ese
■.alio se da a partir de un sentimiento profundo, no de una
I tlanificación cuidadosa.
Lo que llevamos dicho se refiere al Loco en su posición
normal, pero debemos tener en cuenta también los signifi­
cados «invertidos», es decir, los que son válidos cuando la
lorma en que hemos mezclado las cartas hace que el Loco
aparezca cabeza abajo. Los significados invertidos son mo-
llvo de controversia entre los comentaristas del Tarot. Los
que expresan los significados con fórmulas se limitan por lo
común a invertir la fórmula: un método simplista que ha
Ix-cho que muchos intérpretes renunciaran a trabajar con la
Idea de los significados invertidos. Pero también podemos
considerar que las inversiones profundizan el significado de
la carta en cuanto totalidad. En general, una carta invertida
Indica que las cualidades que esa carta simboliza se encuen-
lian bloqueadas, deformadas o encauzadas en otra direc­
ción.
Cuando el Loco aparece invertido, eso significa ante todo
Incapacidad del consultante para seguir sus instintos. Qui-
as haga alusión a no correr un riesgo en un momento deci-
•*lvo, ya sea por miedo o por confiar demasiado en planes
previos y en el consejo práctico de otras personas.

45
Otro significado del Loco, cuando se nos presenta inver­
tido, al principio puede parecer contradictorio con el que
acabamos de dar. La temeridad, la extravagancia, los planes
delirantes, parecen todo lo contrario al exceso de cautela, y
sin embargo se originan en la misma debilidad, en una inca­
pacidad para actuar «desde adentro». La persona temeraria
imprime a su vida un atolondramiento artificial y cons­
ciente, no sólo porque no confía en su inconsciente para
que le sirva de guía, sino también porque tiene miedo de
estar sin hacer nada.
Este segundo significado invertido hace pensar en otra
dimensión del Loco: la conciencia de que los grandes ries­
gos sólo se han de correr en el momento adecuado. Des­
pués de todo, son muchas las veces que se necesita cautela,
y también aquellas en que lo mejor es no hacer absoluta­
mente nada. El principio básico que nos enseña cualquier
oráculo es que no hay ninguna acción ni ninguna actitud
que esté bien ni mal, a no ser en su contexto adecuado.
A medida que nos adentremos más en el Tarot, veremos
no sólo que las cartas están impregnadas de este concepto
del momento adecuado, sino que él constituye, en verdad,
la clave correcta para usarlas. El naipe del mazo Rider que
ocupa exactamente el punto medio de las tres líneas, es
decir, la Justicia, significa una respuesta adecuada.

46
THE M AGICIAN.

Figura 2

El Mago

El Mago se deriva en forma muy directa del Loco en su ima­


gen del truhán-hechicero. Com o ya mencioné antes, Merlín
desempeña estos dos papeles (lo mismo que el de maestro
y el de sabio), y muchos otros mitos establecen la misma
relación. Algunos mazos anteriores de Tarot presentaban el
triunfo número uno como un ilusionista antes que como un
mago, o incluso como un juglar que arrojaba al aire bolas
de colores. Charles Williams lo describió como un juglar
que manipulaba estrellas y planetas.
La mayoría de las imágenes modernas siguen la del he­
chicero de Waite, que levanta una vara mágica para atraer a
la realidad la fuerza espiritual, la energía de la vida en su
forma más creativa. El Mago sostiene cuidadosamente la
vara, con plena conciencia de ese poder psíquico que el
Loco llevaba con tanta ligereza al hombro. Así el Mago,

47
como comienzo propiamente dicho de los Arcanos Mayo­
res,Representa la conciencia, la acción y la creación. Simbo­
liza el concepto de manifestación, esto es, de hacer que
algo real emerja de las posibilidades a la vida. Por consi­
guiente, dispuestos sobre una mesa, frente a él, vemos los
cuatro emblemas de los Arcanos Menores. El Mago no sólo
se vale del mundo físico para sus operaciones mágicas (los
cuatro emblemas son objetos que los hechiceros usan en
sus rituales), sino que también crea el mundo, exi..elsentido
de dar a la vida un significado y una dirección.
El Mago está rodeado de flores para recordarnos la ne­
cesidad de que el poder emocional y creativo que sentimos
en nuestra vida se afirme en la realidad física para que p o­
damos sacar algo valioso de él. A menos que hagamos algo
de nuestras potencialidades, éstas no existen realmente.
«En el comienzo, Dios creó el cielo y la tierra.» La Biblia
comienza en el momento en que el espíritu desciende a la
realidad física. Pues nosotros, en el mundo físico, no pode­
mos hablar de nada previo a este momento. Cuando se
establece el vínculo del Tarot con el alfabeto hebreo, al Loco
se le asigna con frecuencia la primera letra, Aleph. (Aleph
no tiene ningún sonido; es un silencioso portador de voca­
les, y por ende simboliza la nada. Es la primera letra de los
Diez Mandamientos.) Esto asignaría la segunda letra hebrea,
Beth — la primera con sonido efectivo— , al Mago. Beth es la
primera letra del Génesis.
Fijémonos en la imagen que da Waite del Mago: no está
practicando un hechizo ni conjurando los demonios. Sim­
plemente está de pie, con una mano elevada al cielo mien­
tras la otra señala la tierra verde. El Mago es un pararrayos.
Al abrirse al espíritu, lo atrae hacia sí, y después esa mano
que apunta hacia abajo, como un pararrayos hundido en el
suelo, hace que la energía descienda a la tierra, a la rea­
lidad.
Encontramos muchos relatos del «descenso del espí­
ritu» en la Biblia, en otros textos religiosos y en la experien­
cia religiosa contemporánea. En las reuniones evangélicas
de las iglesias de Pentecostés, la gente habla «lenguas extra-

48
Has», grita, llora y se arroja al suelo. El sacerdote que da la
■umunión se considera a sí mismo como un «receptáculo»
i . i .mal del Espíritu Santo. Pero podemos ver la misma ex-
ii.'iicncia en términos mucho más simples y no religiosos.
I . 1 ijente tiembla de excitación en los acontecimientos de­
portivos. «¡Me siento a punto de estallar!» Cuando inicia­
mos una relación amorosa o una carrera, sentimos la pre-
.•■ncia de un poder que nos llena. A veces ve uno personas
que están al comienzo de una fase importante en su vida y
i|iie dan golpecitos con los pies en el suelo, no pueden es­
tarse quietas en su asiento, llenas de una energía que no
pueden acabar de descargar. Y es común que escritores y
artistas, cuando su trabajo va bien, tengan la sensación de
ser canales casi pasivos de una fuerza espiritual. «Inspira­
ción» significaba originariamente «lleno de un aliento sagra­
do» y se deriva de la misma raíz que la palabra «espíritu».
Observemos que, salvo el sacerdote y el artista, todos los
protagonistas de estos ejemplos son presas de un frenesí. El
feligrés poseído, lo mismo que el aficionado que se siente a
punto de estallar en un espectáculo deportivo, comparten
la sensación de que su cuerpo está abrumado por un poder
demasiado grande. Lejos de ser grata, esa invasión de ener­
gía puede ser casi dolorosa. La persona que es presa del
fervor religioso salta y grita para liberar una energía que se
le hace insoportable.
* La fuerza vital que llena el universo no es suave ni be­
nigna. Es menester descargarla, afirmarla en algo real, por­
que ni nuestro cuerpo ni nuestro ser psíquico están hechos
para almacenarla, sino solamente para transmitirla. Por eso
el artista no precisa unirse al frenesí físico: porque descarga
ese poder en el cuadro. De manera similar, el sacerdote
pasa el poder al pan y al vino.
Funcionamos meior como canales de energía. A menos
que sigamos la senda de la Suma Sacerdotisa, retirándonos
del mundo, vivimos con más plenitud la vida cuando somos
creadores o estamos activos. Y «crear» no se refiere simple­
mente al arte, sino a cualquier actividad que produzca algo
real y valioso fuera de nosotros mismos.

49
<^Para muchas personas, la experiencia de sentirse pode­
rosas es tan poco frecuente que tratan de aferrarse a esos
sentimientos. Tienen la esperanza de que si no hacen nada
podrán preservar esos momentos mágicos. Pero la única
forma en que realmente podemos aferramos al poder en la
vida es estar constantemente descargándolo. Al liberar el
poder creativo nos abrimos para recibir un caudal nuevo.
En cambio, si intentamos aferramos a él bloqueamos los
canales, y el sentimiento del poder — que es en realidad la
vida misma— se marchita dentro de nosotros. El especta­
dor que presencia el partido de fútbol, el mismo feligrés
poseído, se encontrarán con que, una vez pasado el aconte­
cimiento que la desencadenó, su excitación ha desapare­
cido. Pero el artesano, el científico y el maestro — o, para el
caso, el lector o lectora de Tarot— se encontrarán con que
el poder se incrementa con los años, cuanto más lo descar­
gan en la realidad física*>
Cuando miramos al Mago, quienes padecemos alguna
carencia o no encontramos sentido a nuestra vida nos senti-
remos atraídos por la vara q ue se eleva hacia el cielo, pero
la verdadera magia reside en ese dedo que apunta hacia la
tierra. Esa capacidad de crear es lo que le confiere su título.
Su imagen no se deriva solamente del truhán-ilusionista,
sino también del héroe arquetípico, que en nuestra cultura
sería Prometeo, el que trajo el fuego del cielo a la débil y
helada humanidad.
En Occidente tendemos a ver a los hechiceros como
manipuladores, que aprenden técnicas secretas o hacen
pactos con Satán para así obtener poder personal. Esta
imagen, un tanto decadente, proviene en parte de los pro­
pios magos, puesto que ellos hacen ensalmos para encon­
trar tesoros ocultos, pero también de la Iglesia, que ve a los
magos — personas que tratan directamente con el espíritu
en vez de pasar por el clero— como competidores. El Tarot
y todas las ciencias ocultas son en ciérto sentido revolucio-
narias, porgue enseñan la salvación directa, en esta vida.
mediante e l propio esfuerzo.
Podemos llegar a un concepto diferente del Mago mer-

50
* t’d a la imagen del chamán o médico brujo. Como no ha
.nisido ninguna Iglesia jerárquica que proscriba a los cha­
manes, éstos no se han visto aislados de su comunidad. Sir­
ven como sanadores, maestros y directores del alma des­
pués de la muerte. Com o los hechiceros, los chamanes
estudian y aprenden complicadas técnicas. Su vocabulario
mágico suele ser mucho más amplio que el vocabulario co­
tidiano de las gentes que los rodean. Sin embargo, su saber
jamás es usado para manipular al espíritu, ni con fines per­
sonales. Por el contrario, el chamán sólo procura conver­
tirse en un canal apropiado, tanto para sí mismo, porque así
no se verá abrumado, como para la comunidad, porque así
podrá servirla mejor. Sabe qué gran poder se adueñará de
«•I en los momentos de éxtasis, y quiere estar seguro de que
ese poder no ha de destruirlo y despojarlo de toda utilidad
p.ira la gente que lo rodea.
Como el hechicero, el chamán ha cultivado su voluntad
hasta el punto de ser capaz de dirigir el fuego que lo anima.
Al mismo tiempo se mantiene abierto, permitiendo que su
ego se disuelva bajo la violenta arremetida directa del espí­
ritu. Dice algo acerca de nuestra cultura el hecho de que
nuestros hechiceros se queden dentro de círculos mágicos
para estar seguros de que los demonios no pueden tocar­
los.
Podemos aplicar la actitud del chamán a todo nuestro
trato con el mazo del Tarot. Estudiamos las cartas, aprende­
mos el lenguaje simbólico, incluso las fórmulas específicas,
para ser capaces de imprimir una dirección a los sentimien­
tos que todo esto moviliza en nosotros. Pero no debemos
olvidar que la verdadera magia reside en las imágenes mis­
mas, no en las explicaciones.
Los significados adivinatorios del Mago se derivan de
ambas manos, la que recibe el poder y la que lo dirige. La
carta significa, antes que nada, una conciencia del poder en
l.i propia vida, un darse cuenta del espíritu o de la simple
emoción que nos posee. También puede significar, según
cuál sea la posición de la carta y la reacción del consultante
ante ella, el poder de algún ser que afecta al sujeto. Com o el

51
Loco, esta carta se refiere a los comienzos, pero aquí la
referencia es a los primeros pasos efectivos. Puede aludir
tanto a la inspiración para iniciar algún nuevo proyecto o
fase de la vida, como al entusiasmo que nos sostiene a lo
largo del duro trabajo q ue ha de conducirnos a nuestro
o bjetivo. Para mucha gente, el Mago puede convertirse en
un fuerte símbolo personal de la fuerza creativa que acom­
paña toda su vida.
En segundo lugar, el Mago representa el poder de la .
voluntad; la voluntad unificada y orientada hacia objetivos.
Significa tener gran fuerza porque toda nuestra energía está
canalizada en una dirección específica. La gente que da.
siempre la impresión de conseguir todo lo que quiere en la
vida suele ser gente que simplemente sabe lo que quiere, y
es capaz de dirigir su energía. El Mago nos enseña que tanto
la fuerza de voluntad como el éxito se derivan de la con­
ciencia que tengamos de ese poder accesible a todos. La
mayoría de la gente rara vez actúa; se limita a reaccionar, a
ser llevada de una experiencia a otra. Actuar es dirigir nues-
tra fuerza, mediante la voluntad, al sitio a donde queremos
que vaya.
Cuando aparece al revés, el Mago significa que de algu­
na manera la corriente de energía se ha visto perturbada o
bloqueada. Puede aludir a una debilidad, una falta de v o ­
luntad o una confusión de propósitos que es causa de que
no hagamos nada. El poder está ahí, pero no tenemos ac­
ceso a él. La carta invertida puede señalar la apatía letárgica
que caracteriza a la depresión.
Este triunfo, invertido, también puede aludir a un abuso
de poder, a una persona que se vale de un carácter muy
fuerte para ejercer una influencia destructiva sobre otras. El
ejemplo más directo sería ciertamente la agresión psíquica
de la «magia negra».
Finalmente, cuando sale invertido, el Mago indica inquie­
tud mental, alucinaciones, miedo, y especialmente miedo a
la locura. Este problema surge cuando la energía o el espí­
ritu del fuego se adueña de una persona que no sabe cómo
canalizarla hacia una realidad exterior. Si no lo descarga-

52
ii ios a tierra, el rayo puede quedar atrapado en el cuerpo e
imponerse a la conciencia, asumiendo la forma de angustia
«i de alucinaciones. Cualquiera que haya pasado por un
linimento de pánico total sabrá que la angustia mental agu-
i l.i es una experiencia muy física, una sensación de que el
■uerpo se enloquece, como un incendio fuera de control.
I . 1 palabra «pánico» significa «poseído por el dios Pan», que
i", a su vez un símbolo de las fuerzas mágicas.
Volvamos a pensar en el pararrayos, que no sólo atrae
•■I tayo, sino que lo conduce a tierra. Sin esa conexión a tie-
na, el rayo incendiaría la casa.
Varios autores han señalado la relación existente entre
i'l chamanismo y lo que en Occidente llamamos «esquizo-
Iirnia». Con frecuencia, a un chamán no se lo elige; se lo
encuentra. Si, en nuestra cultura, un adolescente o un joven
lim e visiones y alucinaciones, no sabemos qué hacer con
tales experiencias, a no ser tratar de hacerlas desaparecer,
con fármacos y ejercicios de autodominio. Pero en otras
* ulluras, a esas personas se las entrena. Eso no quiere decir
i|iie en las culturas arcaicas la locura no exista o que no
■.rail capaces de reconocerla, sino más bien que el entrena­
miento se orienta a la prevención de la locura mediante la
■analización de tales experiencias en una dirección produc­
tiva.
Mediante el estudio con un chamán establecido, y gra-
i las a técnicas físicas como puede ser el ayuno, los iniciados
aprenden a entender y estructurar estas experiencias visio­
narias, y finalmente, a ponerlas al servicio de la comunidad.
< liando aparece invertido, al Mago no hay que negarlo des­
terrándolo o confinándolo; en cambio, debemos encontrar
la manera de volver a ponerlo en su posición correcta.

53
THE H1GH PRIESTESS

Figura 3

La Suma Sacerdotisa

En su libro The Definltive Tarot [El Tarot definitivo], Bill


Butler ha comentado las fuentes histórico-legendarias de
este arquetipo femenino. A lo largo de la Edad Media se
difundió la historia de que, en una ocasión, una mujer fue
elegida para el trono papal. Disfrazada de hombre durante
años, la supuesta «papisa Juana» fue ascendiendo en la
jerarquía eclesiástica hasta llegar a la cima, y terminó mu­
riendo de parto durante una celebración pascual.
Lo más probable es que la papisa Juana haya sido una
leyenda, pero la papisa Visconti fue real. A fines del siglo
xm, un grupo italiano al que se conocía como los guglielmi-
tas creía que su fundadora, Guglielma de Bohemia, muerta
en 1281, resucitaría en 1300, y con ella comenzaría una
nueva era en la cual las mujeres accederían al papado. Anti­
cipándose al momento, eligieron como primera papisa a

54
una mujer llamada Manfreda Visconti. Gráficamente, la Igle-
•■l.t puso término a la herejía quemando a la hermana Man-
iivda en el año 1300, cuando se esperaba el comienzo de
I.) nueva era. Unos cien años más tarde, la misma familia
Visconti encargó el primer mazo de naipes de Tarot, tal
como lo conocemos. Entre esos triunfos sin numeración y
sin nombre aparecía la imagen de una mujer que barajas
posteriores llamaron «la Papisa».
El nombre se mantuvo hasta el siglo xvm, en que Court
de Gebelin, convencido de que el Tarot tenía su origen en
la religión de Isis del antiguo Egipto, le cambió el nombre
por el de Suma Sacerdotisa. En la actualidad, ambos nom­
bres existen (como también el de Isis Velada), y la imagen
que nos muestra el naipe de Waite proviene directamente
de la vestimenta simbólica de las sacerdotisas de Isis, es­
pecialmente la corona, que representa las tres fases de la
luna.
La leyenda de la papisa Juana y la historia de Manfreda
Visconti no son simplemente curiosidades históricas, sino
que ejemplifican un importante proceso social de la Edad
Media, el de la reintroducción de la mujer y de los principios
femeninos en la religión y en la cosmología. Las imágenes y
los conceptos asociados con el papel masculino habían do­
minado durante siglos tanto la Iglesia como la religión judía.
Como resultado de ello, la gente corriente sentía la religión
de los sacerdotes y la de los rabinos como algo remoto,
áspero e inalcanzable, que sólo ponía el acento en el peca­
do, el juicio y el castigo. El pueblo quería misericordia y
amor, y ésas eran cualidades que identificaba con las muje­
res. Así como una madre protege a su hijo del rigor relativa­
mente distante del padre, se esperaba que una deidad fe ­
menina intercediera por los desdichados pecadores contra
el juicio implacable del Padre.
Es interesante comprobar que en muchos sentidos la
Iglesia veía a Cristo, el Hijo, exactamente en ese papel de
introductor del amor y la compasión. Y sin embargo, el pue­
blo seguía pidiendo una mujer. Ni siquiera la idea de pre­
sentar a la Iglesia como la «Madre Iglesia» consiguió salir

55
adelante. Finalmente, la Iglesia capituló y elevó a la Virgen
María casi al mismo nivel del propio Cristo.
Muchos autores y estudiosos creen que la elevación de
María a los altares, así como la costumbre del hábito sacer­
dotal con faldones largos, se originó en el deseo de la Igle­
sia de asimilar una religión centrada en una figura femenina
que persistía desde antes del cristianismo. Si esto es verdad,
no sería tanto un indicio de conservadurismo cultural como
del poder del arquetipo femenino para mantener su influen­
cia y así triunfar parcialmente sobre la supresión.
En el judaismo, la religión oficial de los rabinos consi­
guió resistir todas las insurgencias feministas, pero la nece­
sidad del pueblo halló asidero en otra parte: en la larga
tradición de la Cábala. Los cabalistas tomaron del Talmud
un término, Shekinah, que significaba la gloria de Dios
manifestada en el mundo físico, y revisaron la idea para
convertirla en el anima o aspecto femenino de Dios. Revisa­
ron también el concepto de Adán, de quien hicieron origi­
nariamente un hermafrodita. La separación de Eva de Adán,
e incluso la separación de la Shekinah de Dios, se convirtie­
ron en resultados de la Caída; la ausencia de la mujer en la
religión oficial llegó a ser casi una cuestión de pecado, más
que de pureza.
Hasta el momento hemos considerado las cualidades
maternales y benignas de estas figuras mitológicas femeni­
nas. Sin embargo, históricamente las deidades femeninas
han mostrado siempre, además, un aspecto oculto y som­
brío. Por ende, introducir a la mujer es introducir la totali­
dad del arquetipo. El Tarot escinde el arquetipo femenino
en dos triunfos, y de hecho asigna las cualidades benignas
al segundo (el número 3), la Emperatriz. En cuanto a la
Suma Sacerdotisa, representa un aspecto más profundo y
más sutil de la mujer: el de lo oscuro, lo misterioso y lo
oculto. Com o tal, se relaciona con el aspecto virginal de la
Virgen María, con lo puramente filial de la Shekinah (a quien
se representaba simultáneamente como madre, esposa e
hija).
Debemos tener en cuenta que esta asignación de cuali­

56
dades a las mujeres proviene principalmente de los hom­
bres y de las ideas masculinas. Tanto los cabalistas como los
ocultistas y los artistas que dibujaron el Tarot deploraban la
separación de hombres y mujeres en categorías, y enseña­
ron como objetivo final la unificación, tal como lo demues-
Ira en el Tarot el danzarín del Mundo. En esto estaban muy
por delante de la religión establecida, que llegó incluso a
discutir si las mujeres tenían alma. Pese a todo, siguieron
siendo los hombres quienes hacían las categorías. A los
hombres las mujeres se les han aparecido siempre como
misteriosas y extrañas, y — cuando están en el tranquiliza­
dor papel maternal— como amantes y misericordiosas. Las
mujeres, a los hombres les parecen ajenas, más sutiles en su
manera de pensar, menos racionales. En nuestra época, la
novela y el cine nos muestran constantemente hombres sim­
ples manejados por la astucia de las mujeres.
El hecho de que el ciclo menstrual dure aproximada­
mente lo mismo que el ciclo lunar establece un vínculo entre
las mujeres y el remoto cuerpo celeste. A lo largo de siglos,
la menstruación como tal — una copiosa hemorragia genital
que no lleva consigo pérdida de vida— ha aterrorizado lisa
y llanamente a los hombres. Incluso hoy, hay judíos supers­
ticiosos convencidos de que una gota de sangre menstrual
puede matar una planta. Y el misterio sobrecogedor del
nacimiento estrechó aún más el vínculo entre la mujer y la
idea de oscuridad. El feto crece, y el alma entra en él, en la
tibia y húmeda oscuridad del útero. La maternidad rela­
cionó a las mujeres con la tierra, y también allí domina la
oscuridad. Las semillas, ocultas en el suelo durante la oscura
muerte invernal, emergen convertidas en alimento bajo los
tibios rayos tranquilizadores del sol, considerado masculino
en la mayoría de culturas.
Así como los rayos del sol penetran la tierra, el órgano
masculino penetra a la mujer para dejar su simiente en el
misterio del útero. Es fácil ver de qué modo los hombres lle­
garon a considerarse a sí mismos como activos y a las muje­
res como pasivas y al mismo tiempo misteriosas. Con fre­
cuencia se relaciona lo pasivo con lo «negativo», es decir,

57
con lo inferior y débil. Pero la pasividad lleva en sí su propio
poder; da ocasión de trabajar a la mente. La gente q ue sólo
sabe de acción nunca tiene oportunidad de reflexionar so­
bre lo que la acción le ha enseñado. En un sentido más pro­
fundo. la pasividad permite que emerja el subconsciente.
Solamente retirándonos del compromiso externo podemos
dejar que nos hable la voz interior de la visión y de las fuer­
zas psíquicas. Precisamente para evitar esta voz interior
muchas personas no descansan jamás de la acción y del
movimiento. Nuestra sociedad, completamente basada en
los logros externos, alimenta en nosotros el terror al sub­
consciente, y sin embargo, sin su sabiduría no podemos ja­
más alcanzar un conocimiento pleno de nosotros mismos.
La Suma Sacerdotisa representa todas estas cualidades:
la oscuridad, el misterio, las fuerzas psíquicas, el poder de la
luna para movilizar el subconsciente, la pasividad y la sabi-
duría que de ella obtenemos. Esta sabiduría no puede ex­
presarse en términos racionales; el intento de hacerlo así
nos lleva inmediatamente a limitarla, angostarla y falsifi­
carla. La mayoría de nosotros hemos sentido en algún mo­
mento que entendíamos algo con una profundidad tal que
jamás podríamos llegar a explicarlo. Los mitos sirven como
metáforas de sentimientos psíquicos profundos; y sin em ­
bargo, los propios mitos, lo mismo que las explicaciones de
los teólogos y de los antropólogos, no son más que símbo-
los. La Suma Sacerdotisa representa la sabiduría interior en
su nivel más profundo.
Está sentada ante dos pilares que representan a la vez el
templo de Isis y el antiguo templo hebreo de Jerusalén, el
lugar que es morada de Dios sobre la tierra o, con otras
palabras, el hogar de la Shekinah. Entre los dos pilares
pende un velo, que indica que nos está vedado penetrar en
el lugar de la sabiduría. La imagen del templo o del santua­
rio velado aparece en muchas religiones, y de hecho, se
decía que la Shekinah moraba dentro del arca del templo.
Ahora bien, la mayoría da por sentado que, por alguna
oscura razón, nos está prohibido ir más allá de los pilares de
la Suma Sacerdotisa. En realidad, simplemente no sabemos

58
cómo hacerlo. Entrar detrás del velo sería conocer cons­
cientemente la sabiduría irracional del inconsciente, y ése
es el objetivo de los Arcanos Mayores en su totalidad. Si
observamos con cuidado la imagen de Smith, al mirar entre
el velo y los pilares podemos ver lo que hay detrás del velo.
Y lo que hay detrás es agua, y no un templo imponente ni
símbolos complejos: simplemente un estanque de agua, una
línea de colinas y el cielo. El estanque significa el incons­
ciente y la verdad que en él se oculta. El agua está inmóvil,
los secretos se esconden en sus más oscuras profundidades,
por debajo de la superficie tersa. Para la mayoría de noso­
tros, la mayor parte de las veces, la turbulencia deTsiibcoñs^
d e nte permanece oculta bajo la plácida capa de la concien-
cia. No podemos entrar en el templo porque no sabemos
entrar en nosotros mismos; por eso debemos hacer el viaje
a través de los triunfos hasta llegar a la Estrella y la Luna,
donde finalmente podemos alborotar las aguas y regresar
con la sabiduría a la luz consciente del Sol.
El templo introduce la imagen de los dos pilares, y el
tema de la dualidad y de los opuestos. La imagen vuelve a
aparecer una y otra vez en los triunfos, en lugares tan obvios
como los pilares de la iglesia del Hierofante o las dos torres
de la Luna (los pilares de la Suma Sacerdotisa, vistos desde
el otro lado), pero también de maneras más sutiles, como
pueden ser las dos esfinges del Carro o el hombre y la mu­
jer de los Enamorados. Finalmente, el Juicio, con el niño
que se alza entre un hombre y una mujer, y el Mundo, que
sostiene dos varas, resuelven la dualidad en cuanto unen
los misterios interiores con la percepción de lo exterior.
Las letras «B » y «J » representan a Boaz y Jakin, los nom­
bres que recibían los dos pilares principales del templo en
Jerusalén. Es evidente que Boaz, al ser negro, representa la
pasividad y el misterio, en tanto que Jakin simboliza la acción
y la conciencia. Obsérvese, sin embargo, que las letras res­
ponden a la indicación inversa: la B es blanca y la J negra.
Com o los puntos en el símbolo del Tao, las letras significan
que la dualidad es ilusoria, y que cada uno de los extremos
lleva, incorporado en sí mismo, al otro.

59
En la falda, la Suma Sacerdotisa tiene un rollo donde se
lee «Tora», un nombre que se refiere al derecho judío, es
decir, a los Cinco Libros de Moisés o Pentateuco. La pala­
bra [sin el acento con que generalmente se escribe en caste­
llano] es un anagrama de «Taro». Com o tema último de
todas las meditaciones cabalísticas (como lo es la crucifixión
de Cristo para los místicos cristianos), la Tora es un vehículo
sumamente importante de significación esotérica. Los caba­
listas creían que la Tora que se lee los sábados por la ma­
ñana en las sinagogas no era más que una representación,
una especie de sombra de la verdadera Tora, la palabra vi­
viente de Dios, que existía antes del universo y que con­
tiene dentro de sí toda existencia verdadera. Por consiguien­
te, la Tora que tiene en las manos la Suma Sacerdotisa,
arrollada y parcialmente oculta en su capa, significa un co­
nocimiento superior que permanece cerrado para nuestro
entendimiento inferior. Podemos decir también que es el
conjunto de las verdades psíquicas que sólo se nos hacen
accesibles en la forma desvirtuada de los mitos y los sueños.
Hablamos antes de que el Loco entra en escena en los
momentos decisivos, de cambio, para impulsarnos hacia
adelante. Uno de esos momentos es la brecha que hay en­
tre la Suma Sacerdotisa y la Emperatriz. Con demasiada
facilidad podemos dejarnos seducir por la frialdad sombría
del segundo triunfo, aunque nunca lleguemos a penetrar
realmente sus secretos. Con frecuencia, la persona que se
inicia en la disciplina espiritual prefiere quedarse en el nivel
visionario antes que pasar por el trabajo, lento y difícil, que
se necesita para avanzar. Muchas personas, en situaciones
más corrientes, encontrarán que la vida es demasiado abru­
madora y vasta, que les exige demasiado para que se ani­
men a participar. El mejor empleo que podemos dar al as­
pecto pasivo de la Suma Sacerdotisa es el de contrapesar la
actitud de extraversión del Mago, pero a muchos la pasivi­
dad les resulta sumamente atractiva. Representa una res­
puesta a la pugna, un retraimiento silencioso, en vez de
afrontar el áspero resplandor del riesgo que intuimos al
comprometernos abiertamente con otras personas.

60
Pero la mente humana no funciona de esa manera; re­
quiere pasión, y necesita conectarse con el mundo. Si no
podemos atravesar el velo, el templo no deja de ser para
nosotros un lugar vacío y falto de significado. La persona
que intenta llevar una vida completamente pasiva se de­
prime y se siente cada vez más atrapada en un ciclo de apa-
lía y miedo.
Virtualmente todas las religiones centradas en diosas
lunares tienen mitos que expresan el aspecto feroz de la
deidad. Ovidio nos cuenta la historia de Acteón, un caza­
dor, y por consiguiente una figura que pertenecía al mundo
i le la acción. Un día que vio un arroyo, Acteón decidió seguir
la corriente hasta su nacimiento (volvemos aquí a ver el
agua como símbolo del inconsciente). Al hacerlo, se separó
de sus perros y de los demás cazadores, y cuando llegó a las
fuentes, lejos ya del mundo de la actividad, vio a un grupo
de doncellas, entre las que se destacaba la desnuda belleza
de Diana, la diosa virgen. Ahora bien, si Acteón hubiera
i egresado inmediatamente al mundo exterior, habría encon­
trado su vida enriquecida. Pero, en cambio, se dejó fascinar
por la belleza de Diana; se quedó demasiado tiempo, y la
diosa, al descubrir que un hombre la había visto en su des­
nudez (compárense las túnicas y capas de la Suma Sacer-
' lotisa con la desnudez de la Estrella), convirtió a Acteón en
un ciervo. Y cuando éste huyó, aterrorizado, sus propios
perros lo destrozaron.
Aquí interviene el Loco (y tengamos presente el perro
del Loco, que salta a su lado) para recordarnos que, mien-
li.is no estemos verdaderamente en condiciones de asimi­
ladas, nos alejemos en una leve danza de estas visiones,
tanto de las del Mago como de las de la Suma Sacerdo­
tisa.
Los significados adivinatorios de la Suma Sacerdotisa se
11 ■1ieren en primer lugar a un sentido del misterio de la vida,
tanto a las cosas que no sabemos como a las que no pode-
mos saber^Indica una sensación de oscuridad, a veces a
ni()3o*He un ámbito de miedo en nuestra vida, pero en oca-
iones, también un ámbito de belleza. Un período de retrai­

61
miento pasivo puede enriquecernos en cuanto permite que
en nuestro interior se despierten cosas^
Com o emblema del conocimiento secreto, el triunfo in­
dica esa sensación de entender intuitivamente la respuesta
a algún gran problema, aunque no podamos expresar cons­
cientemente tal respuesta. Más específicamente, la carta
puede referirse a visiones y a poderes ocultos y psíquicos,
como el de clarividencia.
En su aspecto más positivo, la Suma Sacerdotisa signi-
fica el potencial que hay en nuestra vida, las pptencialjda-
des muy fuertes que no hemos realizado, aun cuando po­
damos percibirlas como posibles.
< Pese a su profunda sabiduría, el naipe puede ser, en
ocasiones, portador de un significado negativo. Com o pasa
con la mayoría de los triunfos, el valor de la Suma Sacerdo­
tisa depende del contexto de las otras cartas. Negativa­
mente, el triunfo indica pasividad en un momento inopor­
tuno o durante demasiado tiempo, lo que será causa de
debilidad y miedo a la vida o a otras personas. En ese caso
muestra a una persona de fuerte intuición que no puede
traducir los sentimientos en acción, o a una persona que
teme abrirse a sus semejantes. Que en una determinada
lectura aparezca el buen aspecto de este naipe o el malo,
depende de las cartas que lo rodeen y, naturalmente, de la
intuición del lector (ya que cada vez que leemos las cartas
participamos de la naturaleza de la Suma Sacerdotisa). Con
mucha frecuencia, ambos significados son válidos. Los seres
humanos tenemos más de un aspecto^
La Suma Sacerdotisa es un arquetipo, una imagen ex-
cluyente de un solo aspecto de la existencia. Cuando la
damos vuelta, atraemos las cualidades faltantes. La carta
invertida significa un giro hacia la pasión, hacia un compro­
miso profundo con la vida y con otras personas, de todas
las maneras, en lo emocional, en lo sexual y en lo competi­
tivo. Sin embargo, el péndulo puede hacer una oscilación
demasiado amplia, y entonces la carta invertida puede sim­
bolizar una pérdida del más precioso de los conocimientos:
el sentido de nuestro propio ser interior.

62
4

La secuencia mundana

Los Arcanos Mayores y el crecimiento personal

La primera línea de los Arcanos Mayores nos hace recorrer


el proceso de la maduración. Muestra las etapas del creci­
miento de una persona, desde el niño para quien la madre
es toda amor y el padre es todopoderoso, hasta — la educa­
ción mediante— el momento en que el niño se convierte en
una personalidad independiente. Al mismo tiempo, en estas
cartas se expresa una evolución mucho más vasta, en la
cual el desarrollo individual no es más que un microcos­
mos. Nos pintan la creación de la sociedad humana, a partir
tanto de los arquetipos de la existencia como de la energía
caótica de la naturaleza.
Al tiempo que establecen los principios para toda la ba­
raja, el Mago y la Suma Sacerdotisa tienen una validez muy
específica para la primera línea. El movimiento entre los
opuestos es el ritmo básico del mundo material. En la natu­
raleza, nada existe en forma absoluta. Con palabras de Ur­
sula Le Guin, «L a luz es la mano izquierda de la oscuridad,
y la oscuridad la mano derecha de la luz». Cuando de los
dos principios pasamos a la Emperatriz, estamos viendo
cómo los opuestos se fusionan en la naturaleza para produ­
cir la realidad del universo físico.
Las tres cartas del medio de la línea forman un conjunto.

63
Nos muestran una tríada compuesta por la naturaleza, la
sociedad y la Iglesia. Significan también la madre, el padre y
la educación. En el antiguo Egipto se veía con frecuencia a
la deidad como una trinidad. Las personas cambiaban de
un lugar a otro, y a lo largo de los años, pero eran general­
mente una mujer y dos hombres; a la mujer se la conside­
raba suprema. En el Tarot la naturaleza, simbolizada por la
Emperatriz, es la realidad subyacente, en tanto que sus con­
sortes — simbolizados por el Emperador y el Hierofante—
son constructos humanos.
Las dos últimas cartas de la línea representan los proble­
mas del individuo, el amor y el sufrimiento, la entrega y la
voluntad. En algún momento, todos y cada uno de nosotros
debemos aprender a distinguirnos del mundo exterior. Antes
de ese momento, la personalidad no es más que una crea­
ción, vaga e informe, de los padres y de la sociedad. Para
los que nunca llegan a la ruptura, la plenitud de la vida se
hace inaccesible. Para la mayoría de las personas, el medio
por el cual se separan de sus padres es la aparición (los
freudianos y tal vez los ocultistas dirían la «reaparición») del
impulso sexual en la pubertad. No es accidental que los
hijos se rebelen contra sus padres, tanto en las ideas como
en los hábitos y en la vestimenta, al mismo tiempo que su
cuerpo crece hacia la madurez.
El desarrollo de la individualidad es solamente una parte
del crecimiento. Sea hombre o mujer, cada persona debe
encontrar sus propios objetivos y logros personales. Al mis­
mo tiempo, tarde o temprano cada uno ha de enfrentar el
sufrimiento. enfermedad y la debilidad general de una
vida regida p< la vejez y la muerte. Sólo cuando alcanza­
mos una comprensión plena de la vida exterior de la huma­
nidad podemos tener la esperanza de lograr interiormente
una realidad más profunda.

64
Figura 4

La Emperatriz

Tal como enunciamos en el capítulo anterior, la Emperatriz


representa los aspectos más accesibles y más benignos del
arquetipo femenino. La Emperatriz es maternidad, es amor,
es dulzura. Al mismo tiempo representa la sexualidad, la
emoción, y la mujer en cuanto amante. Tanto la maternidad
como el sexo se derivan de sentimientos para nada intelec­
tuales, y que son básicos para la vida. Son pasiones antes
que ideas. La Suma Sacerdotisa representaba el aspecto
mental del arquetipo femenino, su entendimiento profundo
e intuitivo. La Emperatriz es pura emoción.
Con la apariencia de la Malvada, la vemos reflejada en
películas y novelas como la hembra exasperante, que frus­
tra a la vez que deleita, porque sus procesos de pensa­
miento no siguen un desarrollo racional. A muchas mujeres
esta imagen les parece insultante, en parte porque repre­

65
senta valores y puntos de vista que nuestra sociedad patriar­
cal considera negativos, y en parte porque la gente comete
el error de suponer que los hombres y las mujeres, tomados
individualmente, deben expresar estas ideas arquetípicas.
Pero las imágenes sociales mutilan también de otra manera:
son triviales. La Emperatriz, lo mismo que otros equivalen­
tes mitológicos, como Afrodita, Ishtar o Erzulie, representa
algo grandioso: todas ellas significan la aproximación apa­
sionada a la vida. Dan y reciben la experiencia sin imponer
control al sentimiento.
Mientras no aprendamos a vivenciar completamente el
mundo exterior, no podemos tener la esperanza de trascen-
derlo. Por consiguiente, el primer paso en el camino de la
iluminación es la sensualidad. Sólo a través de la pasión
podemos percibir, desde lo más profundo de nuestro inte­
rior y no a partir de discusiones intelectuales, el espíritu que
llena toda existencia.
Muchas personas ven la religión como una alternativa al
mundo natural, al que, no se sabe por qué, consideran im­
puro o sucio. Aunque nuestra tradición cultural la fomente,
esta dualidad es en realidad una ilusión engañosa, y la per­
sona que encare la espiritualidad con esta motivación esca-
pista probablemente jamás alcanzará un entendimiento muy
profundo. El cuerpo y el mundo natural son realidades que
deben ser integradas, no negadas.
En la mitología del budismo encontramos que los dioses
manipularon al padre del príncipe Siddhartha para que
ofreciera a su hijo Gautama todas las satisfacciones sensua­
les. El padre creyó que el placer impediría que su hijo re­
nunciase al mundo y se convirtiera en Buda. Pero el tiro le
salió por la culata, porque sólo después de haber experi­
mentado completamente la sensualidad fue el príncipe ca­
paz de trascenderla. Tras haber renunciado al mundo, Gau­
tama se unió al otro polo, al del ascetismo. Pero sólo alcan­
zó la iluminación cuando hubo rechazado ambos extremos
para seguir el Camino del Medio. Así, podemos ver al Buda
en el danzarín del Mundo, que en sus manos sostiene con
levedad al Mago y a la Suma Sacerdotisa.

66
En cuanto combinación del 1 y del 2, el número 3 signi­
fica síntesis y armonía. El mundo natural se combina con el
Mago y la Suma Sacerdotisa en una unidad indivisible de
vida y muerte, oscuridad y luz. La idea de la emoción tam­
bién unifica al Mago, arquetipo de la actividad, con la Suma
Sacerdotisa, arquetipo del instinto.
Consideremos además el proceso de la creación. El Mago
simboliza la energía de la vida, la Suma Sacerdotisa las
posibilidades del desarrollo futuro. La realidad de la Empe­
ratriz resulta de la combinación de ambos. Recientemente,
Cari Sagan demostró que la vida en la tierra podría haber
comenzado cuando un rayo se descargó sobre el mar pri­
mordial. Así, nuevamente, del rayo del Mago que se des­
carga en las aguas de la Suma Sacerdotisa, proviene el
mundo natural.
El simbolismo de la Emperai ■?. en la baraja Waite-Smith
refleja la idea de la naturaleza, con toda su fuerza y su glo­
ria. La Emperatriz misma, voluptuosa y sensual, sugiere pa­
sión. Su escudo es un corazón con el signo de Venus, la
versión romana de la Gran Diosa. Durante toda la antigüe­
dad la Diosa reinó, como Deméter, como Astarté, como Nut,
hasta que los invasores patriarcales la degradaron a la con­
dición de esposa (y terminaron por desterrarla completa­
mente, implantando una divinidad masculina). A los pies de
la Emperatriz crece un campo de cereal; la Diosa regía la
agricultura, y en el noroeste de Europa se la llamaba la
«diosa del cereal». Lleva al cuello un collar de nueve perlas,
por los nueve planetas, en tanto que su corona ostenta
doce estrellas, por los signos del zodíaco. En pocas pala­
bras, la Emperatriz se enjoya con el universo. La Gran Madre
no es las formas de la naturaleza, sino el principio de vida
subyacente. Las estrellas son de seis puntas, un símbolo
mucho más antiguo que su uso actual como emblema social
del judaismo. La estrella de seis puntas combina dos trián­
gulos; el que apunta hacia arriba simboliza el fuego, el que
apunta hacia abajo el agua. Una vez más, la Emperatriz
combina los triunfos 1 y 2 en una nueva realidad.
Un río que fluye de entre los árboles que hay detrás de

67
ella va a desaparecer debajo de su asiento. El río es la fuer­
za de la vida, que fluye como una gran corriente por debajo
de todas las formas independientes de la realidad, y que
experimentamos plenamente cuando nos entregamos a la
pasión sin restricciones. En lo profundo de nuestro ser po­
demos percibir el ritmo de un río, que nos transporta hacia
adelante a través de la experiencia hasta que, con la muerte,
nuestras vidas individuales retornan al mar de la existen­
cia.
El río simboliza también la unidad de estabilidad y cam­
bio. El agua del río no es nunca la misma, y sin embargo el
río sigue siendo siempre ese río, con sus propias y especia­
les cualidades. Los seres humanos cambiamos día a día, las
células de nuestro cuerpo mueren y son reemplazadas por
otras, y sin embargo, somos siempre nosotros mismos.
El número 3, producido por la combinación dei I y el 2,
suscita aún otra idea. Así como los números 1 y 2 represen­
taban específicamente al varón y la mujer, el número 3 sig­
nifica el hijo producido por la unión de ambos. El niño nace
como una criatura de la naturaleza, que al no llevar la carga
de la personalidad y del ego, vivencia el universo directa­
mente, sin controles ni rótulos. Sólo al ir haciéndonos ma­
yores aprendemos a levantar barreras entre nosotros y la
vida. Y uno de los objetivos del Tarot es devolvernos a ese
estado natural capaz de experimentar directamente el mun­
do que nos rodea.
Pero, si la Emperatriz significa el niño, también repre­
senta la madre. La maternidad es el medio básico por el
cual la vida se continúa a través de la naturaleza. Y, como el
vínculo físico entre madre e hijo es tan directo, el amor ma­
terno, en su forma más fuerte, es puro sentimiento, que se
brinda sin consideraciones intelectuales ni morales. (Esto
es, por cierto, un ideal, y en realidad un amor tal puede pro­
venir más bien del progenitor masculino que de la madre o,
lamentablemente, no existir en absoluto.) A lo largo de la
historia, la gente ha identificado la maternidad con la natu­
raleza, de modo que la expresión «Gran Madre» usada para
describir a la tierra misma aparece en todo el mundo, e

68
incluso hoy seguimos hablando vagamente de la Madre
Naturaleza.
* Cuando se hace una lectura, la Emperatriz representa
un momento de pasión, un período durante el cual nos acer­
camos a la vida por la vía de los sentimientos y el placer, no
por la del pensamiento. La pasión es sexual o maternal; de
cualquier manera que sea, se tiene de ella una vivencia pro­
funda, y en el contexto adecuado puede dar gran satisfac­
ción. En el contexto inadecuado, cuando se necesita el aná­
lisis, la Emperatriz puede significar una terquedad em ocio­
nal, un enfoque que se niega a considerar los hechos. Puede
indicar también otro problema: un deleite en la autocom-
placencia cuando lo que se necesitaría es sobriedad. Por lo
común, sin embargo, indica satisfacción e incluso compren­
sión obtenida mediante las emociones. También los signifi­
cados de la carta invertida tienen sus contextos positivos y
negativos. Por una parte, ésta puede significar una retrac­
ción frente al sentimiento, porque rechazamos nuestras emo­
ciones o porque intentamos reprimir nuestros deseos, espe­
cialmente los sexuales. Sin embargo, así como la Suma Sa­
cerdotisa, en posición invertida, añadía el elemento faltante
de participación y compromiso, también la Emperatriz en
esta posición puede apuntar a una percepción intelectual
nueva, y especialmente a resolver, considerándolo con cal­
ma, algún problema emocional complicado.
Tanto en sus significados en posición normal como in­
vertida, los triunfos 2 y 3 funcionan cada uno como espejo
del otro. Sucede a veces que en una lectura aparezcan los
dos invertidos. Esto significa que la persona expresa tanto
sus aspectos emocionales como los intuitivo-mentales, pero
de manera negativa. La racionalidad aparece com o una
reacción a un compromiso emocional excesivo, en tanto
que un sentimiento de frialdad o de aislamiento conduce a
la pasión. Si los dos aspectos de la diosa pueden ser viven-
ciados con el naipe en posición normal, la persona alcan­
zará un equilibrio más estable y más gratificante.

69
(a) Figura 5 (b)

El Emperador

Para todos los niños, sus padres son arquetipos. No sólo la


madre y el padre, sino la Madre y el Padre. Com o es nuestra
madre quien nos da la vida, nos alimenta y nos protege,
tendemos a verla como una figura de amor y clemencia (y
nos perturba mucho cuando actúa con frialdad o aspereza).
Pero el padre, especialmente en épocas en que los papeles
sexuales eran más estrictos, se mantenía más remoto y era,
por consiguiente, una figura severa. Era el padre quien en­
carnaba la autoridad y se convertía entonces en el juez, en
el padre que castigaba (mientras la madre intercedía), y era
él quien nos enseñaba las reglas de la sociedad y, final­
mente, exigía obediencia. Para el niño, el padre es en mu­
chos sentidos indistinguible de la sociedad com o tal, así
como la madre es la naturaleza misma. Para muchas perso­
nas, uno de los momentos dolorosos de la madurez se da

70
cuando descubren la limitada condición humana de sus
padres.
En el esquema freudiano de la evolución mental del
varón, el padre y las normas de la sociedad llegan a estar
directamente vinculados. La psique del niño exige satisfac­
ción constante, especialmente en lo que se refiere a sus
deseos de recibir alimento y placer físico de la madre. (Aun­
que los freudianos sostengan que el niño desea efectiva­
mente el contacto sexual con su madre, la situación es vá­
lida incluso si el niño no busca otra cosa que el placer de
sentirse sostenido contra el cuerpo de ella.) Al interferir en
la relación del niño con su madre, el padre despierta la hos­
tilidad de su hijo, y para el infante, en quien la represión
todavía no actúa, esto significa un deseo de deshacerse to­
talmente de la interferencia. Sin embargo, el impulso a des­
truir al padre no puede ser consumado, ni siquiera recono­
cido, de modo que la psique, para suprimir el terrible dilema,
se identifica con la imagen del*Padre, creando así, como
nueva guía para el yo, un «superyó» (que reemplaza al «ello»,
esto es, a los mismos deseos y necesidades que originaron
la crisis). Pero, ¿qué forma ha de asumir el superyó? Pues,
precisamente, la de las reglas de la sociedad, que tradicio­
nalmente se aprenden bajo la supervisión del padre.
Los triunfos 3 y 4 del Tarot representan a los padres en
sus roles arquetípicos. Pero, así como la Emperatriz signifi­
caba el mundo natural, el Emperador es portador de la sig­
nificación, más amplia, del mundo social «casado» con la
naturaleza. Simboliza las leyes de la sociedad, tanto las bue ­
nas como las malas, y el poder que las impone y hace
£umpjir.
En los tiempos antiguos, cuando reinaba la Diosa, el rey
desempeñaba una función especial. La nueva vida sólo
puede venir de la muerte, de manera que, cada invierno, los
representantes de la Diosa sacrificaban al viejo rey, con fre­
cuencia desmembrándolo para plantar los trozos en la tie­
rra, en lo que constituía una fertilización mística. Más ade­
lante, al prevalecer las religiones dominadas por el principio
masculino, el rey llegó a simbolizar el gobierno del derecho,

71
que había suprimido con la tapadera de la represión lo que
a los patriarcas se les aparecía como la monstruosa y caó­
tica oscuridad del viejo orden. En muchos mitos podemos
ver este drama (tan semejante a la sustitución freudiana del
ello por el superyó); por ejemplo, en el de Marduk, el héroe
nacional de Babilonia, que mata a Tiamat, la madre origina­
ria de la creación, porque da a luz monstruos. No importa
que veamos o no las antiguas costumbres como monstruo­
sas y las nuevas como civilizadas; el Emperador simboliza la
abstracción de la sociedad que reemplaza a la experiencia
directa de la naturaleza.
En Roma, el concepto de oposición entre ley y caos se
llevó al punto en que la estabilidad o, en términos moder­
nos, la «ley y el orden» se convirtieron en virtudes en sí mis­
mas, aparte de la moralidad inherente de estas leyes. No
puede haber progreso en condiciones de anarquía, se argu­
menta, y hay que cambiar las malas leves, pero lo primero
es obedecer la ley a cualquier precio. Cualquier otra mane­
ra de abordar el problema destruiría la sociedad. Es el punto
de vista encarnado actualmente en la abstracción que lla­
mamos el «sistema». Los romanos la veían en forma más
concreta en la figura personal del Emperador, a quien des­
cribían como el padre de todo su pueblo.
En su mejor aspecto, el Emperador indica la estabilidad
de una sociedad justa que permite a sus miembros ir en pos
de sus propias necesidades y de su evolución personal<El
mundo natural es caótico; sin algún tipo de estructura so­
cial, podríamos pasarnos toda la vida luchando para sobre­
vivir. La sociedad nos permite que trabajemos juntos y que
nos beneficiemos de la experiencia de quienes vivieron an­
tes que nosotros?>
La estabilidad permite además el desarrollo espiritual.
En muchos países, la sociedad sostiene las iglesias (aunque
es discutible que esta medida fomente la espiritualidad); en
algunos países orientales, los monjes tienen libertad para
proseguir sus estudios porque los laicos llenan su tazón de
mendigos. Si esta costumbre social no existiera, tendrían
que dedicar su tiempo a trabajar para ganarse el pan.

72
En sus aspectos más negativos, el Emperador repre­
senta el poder de las leyes injustas en una sociedad donde
la estabilidad tiene precedencia sobre la moral. Una vez
que establecemos la ley y el orden como valores supremos,
un gobernante corrupto llega a ser un desastre. Pero si la
corrupción afecta a todo el sistema, y éste produce sola­
mente malos gobernantes, entonces la estabilidad se con­
vierte en enemiga de la moral. El valor del símbolo del Em­
perador depende en gran medida del momento y del lugar.
En una sociedad injusta, el poder del Emperador traba la
evolución personal en vez de fomentarla. Muchísimas per­
sonas han ido a la cárcel por atacar leyes que son injus­
tas.
Sin embargo, incluso en el mejor de los casos este Ar­
cano continúa siendo restrictivo. El Emperador ha echado
una red represiva sobre la espontaneidad de la Emperatriz.
Si perdemos contacto con nuestras pasiones, la vida se
vuelve fría y estéril. .El mazo Rider nos muestra (figura 5a)
un Emperador viejo y rígido, con armadura — vestido de
hierro— , que representa la esterilidad de una vida rígida­
mente gobernada por normas. El río, que tan poderosa­
mente fluía a través del jardín de la Emperatriz, se ha con­
vertido aquí en una débil corriente que apenas si consigue
penetrar en un desierto sin vida.
El otro simbolismo de la carta refleja sus aspectos dua­
les. El personaje sostiene una crux ansata, la cruz egipcia
que es el símbolo de la vida, para indicar que en virtud de la
ley es suyo el poder de la vida y de la muerte, y que tiene
la esperanza de usarlo bien. Cuatro carneros, símbolos de
Aries, adornan su trono, en tanto que en lo alto de la co­
rona el Emperador lleva el signo de Aries (que lamentable­
mente parece una hélice). Ahora bien, Aries simboliza la
fuerza, la agresión y la guerra, pero — en cuanto primer
signo del zodíaco— significa también la nueva vida de la
.primavera, que puede emerger de la estabilidad de una so-
.ciedad iusta.
Al ser la carta central de la primera línea de los Arcanos
Mayores, el Emperador representa una prueba decisiva. En

73
el proceso de crecimiento son ciertamente las reglas de la
sociedad lo que para muchas personas constituye lo más di-
fícil de superar. Debemos absorber estas reglas, lo mismo
que las tradiciones y creencias de nuestra sociedad, y des­
pués trascenderlas, para encontrar un código personal de
conducta. Esto no significa una actitud de «las reglas se han
hecho para romperlas»; la gente que experimenta la com­
pulsión de infringir todas las leyes se mantiene tan ligada a
ellas como la persona que las obedece ciegamente.
Como el papel del padre consiste en enseñarnos un com­
portamiento social aceptable, los que se quedan atrapados
en el nivel del Emperador suelen ser gente que en realidad
jamás ha llegado a aceptar la humanidad corriente de su
padre. Es posible que la reconozcan racionalmente, pero es
algo que los inquieta y los acosa. Problemas similares per­
turban a las personas para quienes la Emperatriz sigue re­
presentando las pasiones y la sensualidad de su madre, y
no la suya propia.
La idea de que el Emperador representa los valores res­
trictivos de la estructura social proviene principalmente de
Waite y sus seguidores. La imagen que hay al comienzo de
esta sección, a la derecha (figura 5b), tomada del mazo
B O TA (Builders of the Adytum, es decir, Constructores del
Santuario), de Paul Foster Case, dibujado por Jessie Burns
Parke, ejemplifica otra tradición. Aquí, el Emperador simbo­
liza la suma total del conocimiento espiritual. Está dibujado
de perfil (lo cual es mucho más común que la imagen de
frente del mazo Rider), y ello lo vincula con la imagen caba­
lística de Dios como el «Anciano de los días», un rey sen­
tado visto de perfil. (El rostro del Anciano nunca era visible,
sino sólo su corona con un resplandor debajo.)
Los brazos y las piernas del Emperador forman un trián­
gulo equilátero sobre una cruz, el signo alquímico del fuego.
Esta figura se invierte posteriormente (tanto en Waite como
en Case) en el Colgado. Com o ya dijimos, las piernas cruza­
das son un signo esotérico, que se encuentra también en la
carta del Mundo. El Emperador B O TA está sentado sobre
un cubo, más bien que en un trono. También un símbolo

74
esotérico, el cubo simboliza a la vez el mundo y el Tarot
mismo, así como el alfabeto hebreo y las sendas del Arbol
de la Vida. El simbolismo se genera en el hecho de que un
cubo tiene doce aristas, seis caras, tres ejes y, como es natu­
ral, un centro, todo lo cual suma veintidós, el número de los
triunfos, de las letras
s
hebreas y de los senderos. Y, como se
sostiene que el Arbol de la Vida representa toda la creación,
el cubo simboliza el universo.
En las lecturas (si seguimos la imagen del mazo Rider) el
Emperador indica el poder de la sociedad, de sus leyes, y
especialmente de su autoridad para imponer tales leyes. La
aparición de este triunfo indica un enfrentamiento con la
ley. Una vez más, las buenas o malas cualidades dependen
del contexto.
En un nivel más personal, el Emperador puede significar
un momento de estabilidad y orden en la vida de una per-
sona, una época que ofrezca la esperanza de abrirse hacia
energías creativas. También puede indicar una determi­
nada persona que tiene gran poder sobre el sujeto, ya sea
de índole objetiva o emocional. Con gran frecuencia se trata
del padre, pero puede ser también un marido o un amante,
especialmente para los que tratan a sus amantes como sus­
titutos paternos a quienes entregan el control de su vida. He
visto lecturas tan dominadas por el Emperador que todas
las posibilidades de la vida se atrofian y quedan sin rea­
lizar.
Como la Emperatriz invertida, cuando el Emperador no
está en su posición normal recibe los elementos comple­
mentarios de sus cualidades cuando aparece en la posición
debida. Es, como lo expresa Waite, «benevolencia y compa­
sión», vida nueva en un desierto pedregoso. Pero el pén­
dulo puede oscilar con demasiada amplitud; es posible que
el Emperador invertido signifique inmadurez, y la incapaci­
dad de tomar decisiones difíciles y de llevarlas a la prác­
tica.

75
■ v ./ ó « v

I h e H ic ro p h iu it tí

(a) Figura 6 (b)

El Hierofante

En la mayoría de las barajas de Tarot, al triunfo número 5


se le llama el Papa o el Sumo Sacerdote, términos que lo re­
lacionan por el nombre, y no sólo por la imagen, con el
triunfo número 2, el arquetipo de la verdad interior. Waite
escribió que él rechazaba la palabra «Papa» porque el título
sugería un ejemplo muy específico de la idea general de
este triunfo. El nombre de «Hierofante» se aplicaba al sumo
sacerdote de los misterios griegos de Eleusis. Ahora bien,
Waite describe su carta como símbolo de la «vía externa» de
las iglesias y el dogma. Pero el uso que él hace del término
misterio sugiere otra interpretación, apoyada por quienes
ven en el Tarot una doctrina secreta de las prácticas ocultas
en lugar de una encarnación más general de las pautas hu­
manas. Esta interpretación está representada de manera es­
pectacular en la imagen del Hierofante que aparece en el

76
Book o fT h o th [Libro de Tot], de Aleister Crowley, dibujada
por Frieda Harris. Aquí, el triunfo significa la iniciación en
una doctrina secreta, com o las diversas órdenes y logias
que florecieron a fines de siglo y que han experimentado un
resurgimiento en Inglaterra y Estados Unidos. En la Order
of the Golden Dawn (Orden del Alba Dorada), a la cual per­
tenecieron en una época tanto Waite como Crowley, se ori­
ginó posiblemente la designación de «Hierofante» para el
triunfo número 5.
Estos dos significados, el de «vía externa» y el de «d oc­
trina secreta», parecen contradictorios si se los mira superfi­
cialmente, pero en realidad son muy similares. Indepen­
dientemente de que los dos acólitos estén siendo admitidos
en la Iglesia o en una sociedad ocultista, de todas maneras
se les está dando acceso a una doctrina, con un conjunto de
creencias que deben aprender y aceptar antes de ser admi­
tidos. Hay, por cierto, una diferencia fundamental entre el
catecismo, por ejemplo, y los rituales del Alba Dorada.
Para ambos, sin embargo, el triunfo indica una educación y
una tradición. Por consiguiente, si en la primera línea ve­
mos la descripción de la evolución de la personalidad, en­
tonces el Hierofante, al venir después del mundo natural y
de la sociedad, indica la tradición intelectual de la sociedad
a que pertenece la persona, y la educación que ha recibido
dentro de esa tradición.
Si seguimos la interpretación de Waite (y pensamos es­
pecíficamente en el papa occidental) podemos ver al Hiero­
fante como compañero del Emperador. La palabra «papa»
quiere decir «padre», y como al Emperador romano, al Papa
se lo considera un padre prudente que orienta a sus hijos.
Juntos comparten la responsabilidad por el género hu­
mano; uno provee a las necesidades físicas, el otro es el
guía del crecimiento espiritual. En uno de los primeros es­
critos que instaron a la separación de la Iglesia y el Estado,
Dante sostuvo que las dos funciones no deben combinarse
por temor a la corrupción. Sin embargo, no cuestionó jamás
la idea de que la Iglesia es la responsable de nuestras al­
mas.

77
En la actualidad, muchas personas no entienden lo que
constituye la idea básica de un sacerdocio. Nuestra era de­
mocrática rechaza las ideas de un intermediario entre el in­
dividuo y Dios. Obsérvese, sin embargo, que el Hierofante
también puede simbolizar la «dictadura del proletariado» o
cualquier otra élite que encamine a las masas a donde no
son capaces de ir ellas solas. Originariamente, la función es­
pecial de los sacerdotes era clara: hablaban a los dioses por
mediación de los oráculos — una práctica con frecuencia
intimidante— , y la mayoría de las personas estaban encan­
tadas de dejar que alguien lo hiciera por ellas. Cuando el
cristianismo rechazó una conexión con Dios tan gráfica e
inmediata, la idea del sacerdote se hizo, como la del Empe­
rador, más abstracta. Básicamente, depende de la idea de
que a la mayoría de las personas, en realidad, Dios no les
importa mucho. La gente común es más feliz cuando va en
pos de logros materiales: el dinero, la familia, la política.
Hay quienes, sin embargo, por su temperamento sienten en
forma muy directa el espíritu que atraviesa toda nuestra
vida. Llamados al sacerdocio por su propia disposición inte­
rior, esos hombres pueden hablar a Dios en nombre de no­
sotros. Y, lo que es más importante, pueden hablar con n o­
sotros, interpretándonos la ley de Dios para que podamos
llevar una vida más apropiada y finalmente, después de la
muerte, recibir nuestra recompensa y regresar a Dios. Cuan­
do resucitemos, nosotros mismos gozaremos de la visión de
Dios, pero en la vida necesitamos que los sacerdotes nos
guíen.
Así reza la historia, pero aun cuando estemos de acuer­
do con el principio que la rige, en la práctica tiende a no
funcionar. Hay quienes se hacen sacerdotes por toda clase
de razones — ambición, presiones familiares, etc.— , en tanto
que los que se sienten auténticamente llamados a comuni­
carse con Dios tienen, probablemente, muy poco talento
para la comunicación con la gente. Además, como las insti­
tuciones sociales del Emperador, las instituciones religiosas
del Hierofante pueden corromperse fácilmente en virtud de
la autoridad que se les confiere, de m odo que los sacerdo­

78
tes ven su propio poder como un fin en sí mismo y asignan
más valor a la obediencia que a la iluminación. Com o es
evidente, la posición de defender una doctrina ha de atraer
a las gentes doctrinarias.
Es posible, sin embargo, que rechacemos la idea de un
sacerdote guía por una razón más sutil. A partir de la R e­
forma ha cobrado cada vez más fuerza en Occidente la idea
de que el individuo es quien tiene, en última instancia, la
responsabilidad de sí mismo. Toda la concepción de una
doctrina exterior, de un código de reglas y creencias acep­
tado sobre la base de la fe, depende del supuesto de que la
mayoría de las personas prefieren tener a alguien que les
diga lo que han de hacer y de pensar, cosa que muy bien
puede ser verdad. Para descubrir realmente que Dios está
dentro de nosotros debemos padecer algunos enfrenta­
mientos bastante incómodos con nuestra propia psique. De
modo similar, para decidir por nosotros mismos cuál es la
actitud correcta que debemos adoptar en cada situación
podríamos encontrarnos en la agonía de una elección cons­
tante. Pese a todo, en la actualidad hay muchas personas
que simplemente no pueden aceptar que la sociedad, ni
tampoco una Iglesia, cargue con la responsabilidad final de
su vida.
Quizá la interpretación que ve en el Hierofante la repre­
sentación de doctrinas secretas se adecúe mejor a nuestra
época, porque entonces la doctrina no nos dice qué debe­
mos hacer, sino que nos orienta, en cambio, para iniciar el
trabajo sobre nosotros mismos. Y el Tarot, como lo vimos al
hablar del Mago, se enfrenta con todas las Iglesias a! condu­
cirnos a una salvación personal en esta vida. Para Crowley,
el Hierofante representa la iniciación como el medio por el
cual el individuo llega a unirse con el universo. La forma y
la doctrina de la iniciación cambian con cada una de las
edades del mundo; después de haber durado casi dos mil
años, la actual Era de Piscis va tocando a su fin, de modo
que el Hierofante tendrá que cambiar, como tendrán que
cambiar todas las relaciones humanas. Crowley comenta
que solamente el futuro es capaz de decirnos cuál será la

79
nueva «corriente de iniciación». Pero la cualidad básica de
la iniciación, la de ser una fusión con el cosmos, siempre se­
guirá siendo la misma.
En la versión B O TA del Hierofante (figura 6b), las llaves
cruzadas que están a los pies de la imagen son de oro y de
plata, para representar las vías externa e interna, el sol y la
luna, el Mago y la Suma Sacerdotisa, que la doctrina nos
enseña a combinar. En el mazo Rider (figura 6a), las dos lla­
ves son de oro, indicando que el lado oscuro permanece
oculto para quienes siguen la doctrina externa.
En la imagen de Waite-Smith no hay ningún velo que
bloquee la entrada a la Iglesia, como en el templo de la
Suma Sacerdotisa. Pero los pilares son de un gris opaco.
Los que aquí ingresen quizá reciban protección por opción
personal, pero no penetrarán los secretos de la dualidad. El
inconsciente se mantiene cerrado. En muchas barajas de
Tarot, la Suma Sacerdotisa tiene, en vez de un rollo, un li­
bro pequeño, cerrado con llave. Y las llaves del Hierofante
no sirven para esa cerradura fascinante.
Aun así, no debemos pensar que la doctrina exterior de
la religión no tenga utilidad alguna para el que busca. Como
la educación general, de la cual es un ejemplo particular, da
al individuo una tradición firme en la cual puede arraigar su
evolución personal. El moderno fenómeno occidental de
una especie de misticismo ecléctico, que busca inspiración
en todas las religiones, es una derivación sumamente inu­
sual que se basa, posiblemente, en una percepción global
unida a una visión de la religión como un estado psicoló­
gico divorciado de la ciencia y de la historia. Así, vemos la
religión como una experiencia antes que como una explica­
ción del universo, y aceptamos que todas las vivencias reli­
giosas son válidas, sean cuales fueren las contradicciones
que muestren en la superficie. Aunque esta idea abra gran­
des posibilidades, muchas personas han señalado su poten­
cial superficialidad. El hecho es que, a lo largo de los siglos,
los grandes místicos siempre han hablado desde el interior,
desde lo profundo de una tradición. Los cabalistas eran ju­
díos hasta la médula, Tomás de Kempis profundamente

80
cristiano, y los sufíes hacían su reverencia a la Meca lo mismo
que todos los musulmanes ortodoxos. En su mejor aspecto,
el Hierofante (en cuanto doctrina externa) puede propor­
cionarnos un lugar desde donde empezar a crear una con­
ciencia personal de Dios.
Un aspecto más del simbolismo de la carta merece espe­
cial atención. La posición de las tres personas (esto es, una
figura grande que domina sobre otras dos más pequeñas si­
tuadas a ambos lados) introduce un motivo que se repite,
como los dos pilares de la Suma Sacerdotisa, a través de los
Arcanos Mayores, y se resuelve en el Juicio y en el Mundo.
También los dos naipes que siguen inmediatamente al triun­
fo número 5 lo retoman, con el ángel que aparece sobre los
l.namorados, y el auriga del Carro que controla las dos es­
finges, blanca y negra.
Podemos ver en este terceto ya sea un emblema de la
idea de una tríada, como la trinidad cristiana, o bien la ima­
gen trina y una de la mente: el ello/yo/superyó de Freud, o
el inconsciente/consciente/superconsciente de las tres lí­
neas de los Arcanos Mayores. Para entender el significado
de la imagen debemos volver a la Suma Sacerdotisa, que
está sentada entre dos pilares que simbolizan las dualida­
des de la vida. Ella misma significa un lado, el Mago el otro.
I 'l Hierofante inicia en su iglesia a dos acólitos. Vemos, por
consiguiente, que tanto el Hierofante como los Enamora­
dos y el Carro representan intentos de mediar entre los po­
los opuestos de la vida, y de encontrar alguna manera, no
ya de resolverlos, sino simplemente de mantenerlos en equi­
librio, que es precisamente lo que hace una doctrina reli­
giosa, con sus códigos morales y sus explicaciones para las t
cuestiones más básicas de la vida. Si nos entregamos a una
Iglesia, todas las contradicciones de la vida hallan res­
puesta, pero no solución.
En las lecturas, la carta significa Iglesias, doctrinas y, en
general, educación. En el nivel psicológico puede indicar
ortodoxia, conformidad con las ideas y los códigos de com ­
portamiento de la sociedad y, más sutilmente, una cesión
de la responsabilidad. El Emperador simboliza las reglas

81
mismas v los funcionarios que las imponen; el Hierofante
apunta a nuestro propio sentimiento interior de obediencia.
Invertida,,1a carta significa falta de ortodoxia, especialmente
mental; la formación de ideas originales. No obstante, tam­
bién puede significar credulidad, y esta idea sugiere otra vir­
tud de la carta, cuando se encuentra en posición normal.
Una sociedad construye su tradición intelectual a lo largo
de cientos de años. Quienes aceptan esa tradición reciben
de ella un patrón que les permite juzgar la información y las
ideas nuevas. Los que la rechazan deben encontrar su pro­
pio camino, y fácilmente pueden perderse en ideas superfi­
ciales. Hay muchas personas que, tras haberles sido im­
puesto en su niñez un dogma, van a caer en algún otro, en
un culto o en la adhesión a un grupo político extremista de
ideología no menos rígida, y probablemente más superfi­
cial. Han rechazado la tradición, pero en realidad no han
rechazado al Hierofante: no han aceptado la responsabili­
dad de buscar verdaderamente su propio camino.

82
(a) Figura 7 (b)

Los Enamorados

De los diversos cambios que Arthur Waite y Pamela Smith


introdujeron en los diseños tradicionales del Tarot, la carta
de los Enamorados es el más espectacular. Allí donde el Ta­
rot de Marsella (figura 7b) nos muestra un hombre joven al­
canzado por la flecha de Cupido y obligado a escoger entre
dos mujeres, el mazo Rider (figura 7a) presenta un hombre
adulto y una sola mujer, presididos por un ángel. Además,
en tanto que la mayor parte de los mazos no hacen más
que indicar una situación social, la imagen de la baraja Ri­
der sugiere claramente el Jardín del Edén, o mejor dicho un
nuevo Jardín, donde los árboles brindan la iluminación an­
tes que la Caída.
La versión antigua del triunfo número 6 lleva a veces el
título de « La Elección», y en las lecturas adivinatorias signi­
fica una opción importante entre dos deseos. Com o una

83
mujer es rubia y la otra morena, un simbolismo tradicional
en Europa, para el cual la oscuridad indica siempre el mal, y
las mujeres en general indican tentación, veía la elección
pomo una opción entre algo respetable, pero quizás aburri­
do, y algo muy deseado, pero moralmente impropio. La car­
ta puede referirse a una opción de poca monta, o también a
una crisis importante en la vida de lina persona Actual­
mente, este antiguo simbolismo aparece en las diversas no­
velas y películas en que hombres de clase media y edad m e­
diana se ven ante la tentación de dejar a una esposa amada,
pero aburrida, por una mujer más joven y más «alocada».
La opción puede, de hecho, extenderse a la vida entera
de una persona. Hasta aquellos que jamás cuestionan los lí­
mites de su respetabilidad de clase media han hecho una
opción, lo mismo que aquel cuya vida es una carrera crimi­
nal. Y hay muchas personas que en lo externo llevan una
vida socialmente aceptable, pero que en su fuero íntimo li­
bran una lucha constante contra los tormentos del deseo,
defendiéndose de la tentación del adulterio o de la violen­
cia, o simplemente del deseo de irse de casa para llevar la
vida de un vagabundo.
En el nivel esotérico, la elección entre la mujer rubia y la
morena indica la opción entre la vía exterior (simbolizada
en el mazo Rider por el Hierofante), en que la vida se nos
da preparada y planeada, y la vía interior del ocultista, que
puede conducir a un enfrentamiento con nuestros deseos
ocultos. La Iglesia tachaba de adoradores del diablo a los
magos, y en las alegorías cristianas era común que la mujer
morena representara a Satán.
Todos estos significados ven la opción entre claro y os­
curo en los términos más amplios posibles. En el contexto
de la primera línea de triunfos podemos verlo de manera
mucho más específica: como la primera elección real que
hace un hombre — o una mujer— independientemente de
sus padres. Hasta que se despierta la necesidad sexual, la
mayoría de las personas se conforman con llevar a la prác­
tica las expectativas que en ellas depositan sus padres. El
impulso sexual, sin embargo, nos señala hacia dónde quiere

84
ir él, y como resultado, empezamos a establecer esta distin­
ción también en otros aspectos. Es muy raro que la pareja
que nos hubieran elegido nuestros padres coincida con la
que nosotros mismos elegiríamos. Y si la diferencia es de­
masiada, o los padres demasiado controladores, la persona
puede verse frente a una elección dolorosa.
Paul Douglas ha comentado que la mujer de pelo os­
curo, que parece mucho mayor, es la madre del muchacho,
y que la opción planteada es si ha de quedarse bajo la pro­
tección de ella, o si ha de empezar a andar solo. Los que,
como Freud, creen que el primer deseo de un niño se orien­
ta hacia su madre verán aquí un dilema edípico clásico. Una
parte de la personalidad desea mantener la encubierta fan­
tasía de una unión con la madre, en tanto que la otra quiere
encontrar un amor verdadero en la realidad de la propia g e ­
neración del joven. Pero no es necesario aceptar la doctrina
freudiana para ver la amplitud de lo que esta opción im­
plica. Ya sea que el muchacho desee o no secretamente a
su madre, la vida que lleva bajo la protección de los padres
es cómoda y segura. Pero — sea hombre o mujer, porque
las niñas se ven básicamente frente a las mismas cuestiones,
aunque a veces en formas diferentes— una persona no puede
ja más llegar a ser un verdadero individuo sin hacer esta
ruptura. Y nada apunta a ella más enérgicamente que la
sexualidad.
< Por ende, la versión tradicional del triunfo 6 representa
la adolescencia, época en que no sólo emerge la sexuali­
dad, sino que aparece también la independencia, tanto inte­
lectual como mora!. Los naipes 3, 4 y 5 nos representan en
cuanto estamos configurados por las grandes fuerzas de la
naturaleza, la sociedad y los padres. En la carta 6 emerge el
individuo, una verdadera personalidad con ideas y propósi­
tos propios, capaz de tomar decisiones importantes, basa-
*las no en las órdenes de los padres, sino en su propia eva­
luación de deseos y responsabilidades.>
Estos significados pertenecen a la estructura tradicional
de la carta. Al diseñar su propia versión de los Enamorados,
Waite planteó una cuestión diferente. ¿Qué funciones tie­

85
nen en última instancia, en la vida de una persona, el sexo y
el amor? ¿Y qué significados profundos podemos encontrar
en el poderoso drama de dos personas que se unen en
cuerpo y alma? Waite llamó a su imagen «la carta del amor
humano, aquí exhibido como parte del camino, de la ver­
dad y de la vida».
El impulso sexual nos saca del aislamiento, nos empuja
a establecer relaciones vitales con otras personas, y final­
mente nos abre el camino al amor. Por mediación del amor
no sólo logramos la unidad con otra persona, sino que po­
demos atisbar los significados más vastos y la importancia
más profunda de la vida. En el amor abdicamos parcial­
mente de ese control del ego que no sólo nos aísla de otras
personas, sino de la vida misma. Por eso el ángel aparece
sobre las cabezas del hombre y de la mujer, como una vi­
sión inalcanzable para cada uno de ellos por separado,
pero que los dos juntos tienen la posibilidad de vislum­
brar.
La religión, la filosofía y el arte se han apoyado siempre
en el simbolismo del varón y la mujer como representación
de la dualidad. Ya hemos visto cómo esta idea se reflejaba
en el Mago y en la Suma Sacerdotisa, como también en la
Emperatriz y el Emperador. El simbolismo se ve reforzado
aquí por el hecho de que el Arbol de la Vida, con su Ma^o
como llamas, se alza detrás del hombre, en tanto que el Ar­
bol del Conocimiento, al que se enrosca la serpiente (que
no es símbolo del mal, sino de la sabiduría inconsciente),
está detrás de la mujer. El ángel une estos dos principios. En
las enseñanzas tradicionales se afirma que hombres y muje­
res contienen, dentro de su cuerpo, pnnctpios vitales sepa­
rados. Mediante el amor físico, esos principios se unen.
Los ocultistas, sin embargo, han reconocido siempre es­
tos dos elementos en el seno del yo. Hoy en día oímos decir
que en todos nosotros hay tanto cualidades masculinas
como femeninas, aunque en general esto se refiere a vagas
ideas referentes al comportamiento social, como pueden
ser la agresión y la cortesía. Cuando se consideraba al ma­
cho y a la hembra como opuestos en su naturaleza más pro­

86
funda, el punto de vista del ocultismo era mucho más radi­
cal. Una manera de describir el objetivo de los Arcanos Ma­
yores es decir que destaca y une los principios masculino y
femenino. De ahí que en muchas barajas el danzarín del
Mundo sea un hermafrodita.
Según los cabalistas y los filósofos herméticos, toda la
humanidad (y de hecho, la Deidad también) era originaria­
mente hermafrodita; varón y hembra se separaron sólo
como consecuencia de la Caída. Así, en el nivel externo
cada uno de nosotros no es más que la mitad de una per­
sona, y sólo por el amor podemos alcanzar un sentimiento
de unidad.
Encontramos la misma idea en Platón, pero con una va­
riante interesante. Uno de los mitos platónicos dice que los
seres humanos fueron en un principio criaturas dobles,
pero de tres clases: varón-mujer, varón-varón y mujer-mujer.
Zeus, creyendo que los humanos poseían demasiado p o­
der, los escindió en dos con su rayo, y ahora cada uno de
nosotros anda en busca de su otra mitad. En contraste con
los mitos judíos y cristianos, el relato de Platón otorga la
misma realidad a los homosexuales. Al hacerlo, nos re­
cuerda el peligro implícito en el simbolismo, demasiado fá­
cil, del macho y la hembra como opuestos totales. El Mago y
la Suma Sacerdotisa se mezclan de maneras muy sutiles en
cada uno de nosotros. Y el ángel puede ser evocado por
cualquier pareja de enamorados. N o son los roles lo impor­
tante, es la realidad de la unión.
En la interpretación cristiana habitual del Génesis, a Eva
le cabe la culpa mayor, no sólo porque comió primero, sino
porque su sensualidad tentó a Adán a la Caída. Se supone
(|iie el hombre estaba regido por la razón, y la mujer por el
i leseo. Tal escisión llevó a algunos cristianos a declarar que
las mujeres no tenían alma. Todo el mito de la Caída, con su
acentuación de la desobediencia y el castigo, está real­
mente puesto al servicio de una moral represiva. Se consi­
deraba que las pasiones físicas eran peligrosas para la so-
i ledad; por ende, había que controlarlas. Tal como señala
■loseph Campbell en The Masks of God [Las máscaras de

87
Dios], la antigua religión de Palestina, centrada en una
diosa, contenía el mismo drama entre una serpiente, un A r­
bol de la Vida y una manzana. Pero en el antiguo relato la
diosa daba la manzana al iniciado para permitirle entrar en
el paraíso, en vez de ser la manzana la causa de su expul­
sión. Los antiguos hebreos invirtieron el mito, en parte como
una manera de poner a la antigua religión el sello de la mal­
dad, pero también porque, a semejanza de los babilonios,
consideraban que las antiguas costumbres eran «monstruo­
sas».
El Tarot, en cambio, es una vía de liberación. El miedo
que expresa Jahvé de que los seres humanos «lleguen a ser
como nosotros», es precisamente el propósito del Tarot: sa­
car a relucir plenamente la chispa divina que hay en noso­
tros y unirla con nuestro ser consciente, para poner término
a la dualidad entre lo divino y lo humano, y hacer de ambos
uno. Por consiguiente, aunque en buena parte mantenga el
mismo simbolismo que el Génesis, los Enamorados del mazo
Rider es un naipe que invierte sutilmente su significado.
Obsérvese que, en tanto que el hombre mira a la mujer,
la mujer mira al ángel. Si el varón es realmente razón, en­
tonces la racionalidad sólo puede ir más allá de sus límites
por mediación de la pasión. Por su naturaleza, la razón con­
trola y contiene, en tanto que la pasión tiende a avasallar
todos los límites. Nuestra tradición ha puesto al cuerpo y a
la mente racional en recíproco antagonismo. El Tarot nos
enseña que debemos unirlos (una sola montaña se alza en­
tre los dos enamorados) y que no es el poder controlador
de la razón lo que eleva los sentidos a un nivel superior,
sino que las cosas son más bien a la inversa.
Esto podemos verlo en términos directamente psicológi­
cos. La mayoría de las personas están encerradas dentro de
los límites de su yo, o de las máscaras que muestran al mun­
do. Pero si son capaces de entregarse a la pasión sexual
pueden, por lo menos por un momento, trascender su aisla­
miento. Los que no pueden aflojar el ego, siquiera por un
momento, abusan de su sexo, y su sexualidad se adueña de
ellos. Se convierte en un medio de ejercer poder sobre al­

88
guien, pero es algo que jamás satisface. Cuando una per­
sona rechaza el deseo del cuerpo de soltarse con otra per­
sona, el resultado es la depresión. El ángel ha sido negado.
Al mismo tiempo, las pasiones por sí solas no pueden
llevarnos hacia el ángel. Necesitan estar guiadas por la ra­
zón, lo mismo que la razón precisa de las pasiones para que
la liberen. Los que simplemente van dondequiera que los
lleve su deseo se ven con frecuencia arrojados de una expe­
riencia a otra.
Paul Foster Case dice que el ángel es Rafael, que pre­
side el superconsciente. Esto vuelve a traernos a la cues­
tión de la mente trina y una; aquí aprendemos que los tres
niveles de la mente no son entidades separadas y aisladas,
como los tres pisos de una casa, sino que el superconscien­
te es, de hecho, un producto de la unión de la conciencia y
el inconsciente. El camino pasa por el inconsciente porque
es allí donde encontramos la verdadera energía de la vida.
De hecho, se puede describir el superconsciente como la
energía del inconsciente puesta afuera y transformada en
un estado superior. Parte de esa transformación depende
de que la conciencia dé a la energía forma, dirección y
significado.
Si en el motivo triangular las dos figuras de abajo repre­
sentan las dualidades de la vida, en tanto que la figura ma­
yor de arriba simboliza una fuerza que media entre ellas,
entonces en el triunfo 6 el mediador es el amor sexual.
Cuando nos entregamos a él vislumbramos algo superior a
nosotros. Sólo un atisbo, y sólo por un momento; la verda­
dera liberación requiere, finalmente, mucho más que pa­
sión. Pero el amor puede ayudarnos a ver el camino y a an-
licipar un poco del júbilo que nos espera cuando lo haya­
mos recorrido. Hay varios místicos, especialmente Santa
Teresa, que describen la unión con Dios en términos de éx-
lasis sexual.
Los significados adivinatorios de la imagen de Waite-
Smith son muy claros. Se refieren a la importancia del amor
' ■n la vida de una persona, y a un amante específico; muy
Jrecuentemente, al matrimonio o a una relación prolon-

89
qada. La carta implica que la relación a que alude ha sido o
resultará ser muy valiosa para la persona, u que la condu­
cirá a una manera nueva de entender la vida. Si en la lec­
tura se está considerando algún problema específico, en­
tonces la carta de los Enamorados indica alguna forma de
ayuda, ya sea práctica gracias al auxilio del amante, o m e­
diante su apoyo emocional. Pero esto no siempre es así. Los
Enamorados, en la posición del pasado, y especialmente en
relación con las cartas que indican una negativa a conside­
rar la situación presente, es un naipe que puede indicar una
nostalgia paralizante por un amor pasado.
Todas las primeras cartas representaban arquetipos.
Cuando las invertíamos les agregábamos los elementos de
que carecen. Pero aquí el individuo ha avanzado, y ahora el
significado invertido apunta a debilidades y bloqueos. Es,
ante todo, un amor destructivo, especialmente en un mal
matrimonio. Puede referirse a problemas sentimentales o
sexuales que dominan la vida de una persona, ya sea a par­
tir de dificultades con alguien específico o porque, simple­
mente, el amor es un gran problema para ella. Com o la ima­
gen de Waite-Smith indica un amor maduro, y la imagen
tradicional muestra el proceso de la elección adolescente,
cualquiera de las dos versiones, invertida, indica inmadurez
sentimental, la prolongada adolescencia que mantiene a al­
gunas personas atadas a fantasías infantiles mucho después
de que su cuerpo haya alcanzado la plena madurez.

90
Figura 8

El Carro

Las primeras versiones de esta carta, que mostraban el Ca­


rro tirado por dos caballos, no por dos esfinges, se derivan de
varias fuentes históricas y mitológicas. Provienen en primer
lugar de las procesiones que se celebraban en Roma y en
otras ciudades para el héroe conquistador, cuando su carro
lo llevaba por las calles atestadas de ciudadanos que lo acla­
maban. La costumbre responde, aparentemente, a alguna
profunda necesidad psíquica de participación grupal. Y es
una práctica que aún hoy se mantiene, dos mil años des­
pués, en los desfiles con que se agasaja a presidentes, gene­
rales y astronautas, y en los que un coche abierto reem­
plaza al carro.
El Carro indica algo más que una gran victoria. Condu­
cir a gran velocidad un vehículo de dos caballos exige un
control total de los animales; la actividad sirve como un ve ­

91
hículo perfecto para el poder de la voluntad. En el Fedro,
Platón se refiere a la mente como un carro tirado por un ca-
bailo negro y otro blanco, la imagen exacta del Tarot.
Cierto mito hindú narra cómo Shiva destruye la triple
ciudad de los demonios. Para hacerlo, exige que toda la
creación esté subordinada a su voluntad. Los dioses hacen
un carro para Shiva, y como materiales se usan no sólo a sí
mismos, sino también los cielos y la Tierra. El sol y la luna se
convierten en ruedas, y los vientos son los caballos. (El sím­
bolo en el frente del Carro del Tarot, como una tuerca y un
tornillo, o una rueda y su eje, es el del lingam y el yon/, que
representa a Shiva, el principio masculino, y a Parvati, el
principio femenino, unidos en una sola figura.) Merced a las
imágenes del mito aprendemos que la victoria espiritual so­
bre el mal se produce cuando podemos concentrar toda
nuestra naturaleza, además de la energía inconsciente en­
carnada en el propio Shiva, a través de la voluntad cons­
ciente.
Estas dos fábulas nos muestran dos aspectos diferentes
de la idea de voluntad. La historia de Shiva habla de una
verdadera victoria, en la cual el espíritu ha encontrado un
foco para liberar la totalidad de su fuerza. Pero el Fedro nos
da una imagen del ego triunfante, que, antes que resolver­
los, controla los conflictos básicos de la vida. Los comenta­
ristas que ven en el Tarot una serie de imágenes separadas,
cada una de las cuales aporta alguna lección vital a nuestro
entendimiento espiritual, tienden a dar al Carro su signifi­
cado más amplio. Señalan que el título cabalístico del nú­
mero 7, con todas sus connotaciones místicas, es «V icto­
ria».
En muchos lugares, y particularmente en la India, el ca­
ballo llegó a estar asociado con la muerte y los funerales.
Cuando el ascenso del patriarcado terminó por abolir el sa­
crificio ritual del rey, en su lugar se sacrificó un caballo. El
sacrificio del caballo llegó a ser el más sagrado, asociado
con la inmortalidad. Hasta hoy se usan caballos para arras­
trar el féretro de los grandes líderes. (Una extraña unión de
los dos aspectos del Carro se vio en la muerte de John Ken­

92
nedy. Lo mataron en su coche abierto durante un desfile, y
después un caballo — que se rebeló contra el control del
cochero— tiró del féretro durante el funeral.) Estas relacio­
nes sugieren la idea de la victoria del alma sobre la morta­
lidad.
Cuando observamos secuencialmente las cartas, vemos
que la número 7 no es más que la victoria de la primera lí­
nea de los Arcanos Mayores, que corona el proceso de ma­
duración de esa línea, pero por necesidad no puede diri­
girse a los grandes ámbitos del inconsciente y del super-
consciente. Visto de esta manera, el Carro nos muestra el
ego evolucionado; las lecciones de las primeras cartas han
sido aprendidas, ha pasado el período adolescente de la
búsqueda y la autocreación, y ahora vemos al adulto ma­
duro, que triunfa en la vida, a quien los demás admiran,
confiado y satisfecho consigo mismo, capaz de controlar
sus sentimientos y, sobre todo, de dirigir su voluntad.
Como el Mago, el auriga del Carro lleva una vara má­
gica, pero a diferencia de él, no la levanta al cielo, por en­
cima de la cabeza. Su poder está subordinado a su volun­
tad. Sus manos no sujetan las riendas; lo único que controla
las fuerzas contradictorias en la vida es la fuerza de su ca­
rácter.
El lingam y el yon/ indican su sexualidad madura, que el
auriga tiene bajo su control. Por eso, no es víctima de sus
sentimientos, y su sexualidad contribuye a una vida satisfac-
Joria. El cuadrado resplandeciente que lleva en el pecho,
símbolo de naturaleza vibrante, lo vincula con el mundo
sensual de la Emperatriz, pero la estrella de ocho puntas
que lleva en la corona expresa que su energía mental rige a
las pasiones (los simbolistas consideran que la estrella de
ocho puntas está a medio camino entre el cuadrado del
mundo material y el círculo del espiritual). El carro aparece
como más grande que la ciudad del fondo, lo que indica
que la voluntad del auriga es más poderosa que las reglas
de la sociedad. Sin embargo, el hecho de que el carro no
esté en movimiento indica que quien lo conduce no es un
rebelde. Las ruedas del carro están en el agua, señalando

93
que el auriga extrae energía del inconsciente, aunque el ca­
rro como tal, que descansa en tierra, lo priva del contacto
directo con esa gran fuerza.
Ya hemos hecho mención del simbolismo sexual del Un-
gam y el yoni. En tanto que el mito hindú relaciona los ca­
ballos con la muerte, el simbolismo onírico freudiano los co­
necta con la energía sexual de la libido. Al controlar los
caballos el auriga controla sus deseos instintivos.
Su cuerpo está adornado por diversos signos mágicos.
La falda ostenta los símbolos de la magia ceremonial, el cin­
turón lleva el signo y los planetas. Los dos rostros lunares
que tiene sobre los hombros llevan los nombres de «Urin y
Thummim», las supuestas hombreras del Sumo Sacerdote
en Jerusalén, y por consiguiente hacen pensar en el Hiero­
fante. Al mismo tiempo, las hombreras lunares nos remiten
a la Suma Sacerdotisa. Obsérvese también que la tela que
forma el fondo del carro recuerda el velo de la Suma Sacer­
dotisa; el auriga ha dejado tras de sí el misterio del incons­
ciente.
Por consiguiente, en el simbolismo del Carro vemos to­
das las cartas anteriores de la primera línea. La vara y los
símbolos apuntan al Mago; el agua, las esfinges y el velo
simbolizan a la Suma Sacerdotisa, el cuadrado y la tierra
verde a la Emperatriz, la ciudad es el símbolo del Empera­
dor, las hombreras el del Hierofante, y en el lingam y el i^oni
se encuentran simbolizados los Enamorados. Todas estas
fuerzas constituyen aportes a la personalidad exterior.
Y sin embargo, hay que observar las cualidades pétreas
del Carro. Hay que observar que el propio auriga se funde
con su vehículo de piedra. La mente que subordina todas
las cosas a la voluntad consciente corre el riesgo de anqui­
losarse, de cortar el contacto con aquellas mismas fuerzas
que ha aprendido a controlar. Obsérvese también que las
esfinges, blanca y negra, no están reconciliadas entre sí: mi­
ran en direcciones opuestas. La voluntad del auriga las
mantiene unidas en un equilibrio tenso. Un fallo de esa v o ­
luntad, y tanto el Carro com o su conductor terminarían
desmembrados.

94
Paul Douglas ha comparado el Carro con la idea que
tiene Jung de la «persona». A medida que crecemos nos va­
mos haciendo una especie de máscara que nos permite el
trato con el mundo exterior. Si hemos superado con éxito
las diversas dificultades de la vida, entonces los diferentes
aspectos simbolizados por las otras cartas se integrarán en
esta máscara yoica. Pero también es posible —y es muy fácil
que lo hagamos— confundir esta «persona» triunfante con
el sí mismo, con el ser verdadero, hasta el punto, incluso, de
que si intentamos descartar la máscara lleguemos a temer
su pérdida como si fuera una especie de muerte. Por eso, la
segunda línea de los Arcanos Mayores, que se ocupa preci­
samente de cómo ha de liberarse el sí mismo de sus másca­
ras externas, tiene como anteúltima carta a la Muerte.
Hasta el momento hemos considerado el Carro como
un emblema de madurez personal, pero la idea de la volun­
tad humana se extiende más allá del individuo. Con sus
imágenes de la mente que subyuga y utiliza las fuerzas de la
vida, el Carro es un símbolo perfecto de la civilización, que
crea el orden a partir del caos de la naturaleza, usando el
mundo natural com o materia prima para la agricultura y la
construcción de ciudades. Una de las principales connota­
ciones cabalísticas del naipe se extiende sobre esta idea.
Mediante su conexión con la letra hebrea lain, el Carro es
portador de la cualidad del «discurso». A los humanos les
ha parecido siempre que el discurso representa la mente ra-
rional y_su dominio sobre la naturaleza. Por lo que sabe­
mos, sólo los seres humanos son dueños del lenguaje (por
más que los chimpancés se hayan mostrado capaces de
aprender un lenguaje de signos humano, y pese a la proba­
bilidad de que las ballenas y los delfines posean formas pro­
pias y evolucionadas de lenguaje), y podemos decir que el
discurso es lo que nos separa de los animales. En el Edén,
Adán consiguió controlar a las bestias pronunciando sus
nombres. Y, lo que es más importante, los humanos usamos
el lenguaje para transmitir la información que permite la
continuidad de la civilización.
Sin embargo, así como el ego es limitado, también lo es

95
el discurso. Para empezar, el habla restringe nuestra expe­
riencia de la realidad. Al elaborar una descripción del mundo,
al poner a cada cosa su rótulo, erigimos una barrera entre
nosotros y la experiencia. Cuando miramos un árbol, no
sentimos el impacto de un organismo viviente, sino que más
bien nos limitamos a pensar «árbol», y seguimos andando.
El rótulo ha terminado por reemplazar a la cosa. Además, al
confiar demasiado en esta cualidad racional del lenguaje,
ignoramos aquellas experiencias que no pueden ser expre­
sadas en palabras. Ya hemos visto cómo la Suma Sacerdo­
tisa significa la sabiduría intuitiva que trasciende el len­
guaje. Hay experiencias, especialmente la de la unión mís­
tica con el espíritu, que es imposible describir. El lenguaje
sólo puede aludir a ellas valiéndose de metáforas y fábulas.
La gente que confía sin reticencia alguna en el discurso ha
llegado al punto de insistir en que las experiencias no ver­
bales, o las que no son susceptibles de medición mediante
tests psicológicos, no existen. Tal cosa se debe, simple­
mente, a la imposibilidad de dar de ellas una descripción
científica: este dogmatismo está perfectamente simbolizado
por el auriga que se confunde con su vehículo de piedra.
Hasta el momento hemos considerado todos los símbo­
los de la imagen, excepto quizás el más obvio: las dos esfin­
ges. Waite tomó prestada esta innovación de Eliphas Lévi,
el gran pionero del Tarot cabalístico. Como los dos pilares
de la Suma Sacerdotisa, o los caballos (blanco y negro) que
ellas reemplazan, las esfinges significan las dualidades y
contradicciones de la vida. Una vez más nos encontramos
con el motivo triangular. Aquí, la fuerza mediadora es el po-
der de la voluntad.
Que se usen esfinges en vez de caballos hace pensar en
varios significados más profundos. En la leyenda griega la
esfinge era un «proponedor de enigmas», que confrontaba
a los pobladores de Tebas con el misterio de la vida. El mito
nos cuenta que la esfinge se apoderaba de los mozos de la
ciudad y les planteaba el siguiente enigma: «¿Cuál es la
criatura que a la mañana anda en cuatro patas, en dos al
mediodía, y en tres al atardecer?» A los que no podían res­

96
ponderle, los devoraba. Pues bien, la respuesta es «e l hom­
bre», que de bebé gatea, anda erguido de adulto y recurre a
un bastón en su vejez. Lo que esto implica está claro: si no
entiendes tu humanidad básica, con j;us puntos fuertes y
sus debilidades, entonces la vida te destruirá. El Carro sim­
boliza la madurez que acepta los límites de la vida, y ade­
más la facultad del discurso, esto es, del entendimiento ra­
cional, que nos sirve para definir la existencia y, por ende,
para controlarla.
Pero tras esto se oculta, al acecho, otro significado. El
hombre que resolvió el enigma fue Edipo, quien llegó a Te-
bas después de haber matado a su padre. El énfasis que
Freud puso en el incesto ha desviado la atención del men­
saje más profundo de la historia de Edipo. Este era la ima­
gen perfecta del triunfador. No solamente salvó a Tebas de
una amenaza, y se convirtió al mismo tiempo en rey de la
ciudad, sino que lo consiguió mediante su comprensión de
la vida. Edipo sabía lo que era el hombre, y sin embargo, no
se conocía a sí mismo. Su propia realidad interior permane­
ció cerrada para él hasta que los dioses lo obligaron a en­
frentarse con ella. Y bien que lo obligaron. Si los oráculos
no hubieran hablado, primero con su padre y luego con él,
Edipo jamás habría hecho las cosas que hizo. Por consi­
guiente, aunque entendiera el significado exterior de la vida
del hombre, Edipo no entendía quién era, ni tampoco cuál
era su relación con los dioses que controlaban su vida. Y en
estos dos temas es precisamente donde se centra la preocu­
pación de las líneas segunda y tercera de los Arcanos M ayo­
res. En la segunda, trascendemos el ego para encontrar el sí
mismo, el ser verdadero. En la tercera nos enfrentamos ma­
nifiestamente con las fuerzas arquetípicas de la existencia y
alcanzamos por fin una plena integración de esas dualida­
des que el auriga, aunque sea capaz de dominarlas, jamás
reconcilia.
Los significados adivinatorios del Carro se derivan del
I)oder de su voluntad. En una lectura, la carta significa que.
tnediante la fuerza de su personalidad, la persona consigue
controlar con éxito alguna situación. La carta indica que la

97
situación contiene algunas contradicciones, de las que no
se ha hecho una síntesis: simplemente, se las ha mantenido
bajo control. Con esto no estamos insistiendo demasiado
en los matices negativos del naipe. Cuando está en posición
normal, el Carro.significa básicamente éxito; la personali­
dad se hace responsable del mundo que la rodea. Si apa­
rece como resultado de una lectura en la que se han pre­
sentado problemas, indica victoria.
Cuando está invertida, las contradicciones inherentes en
la carta cobran más fuerza. Invertido, el Carro implica que
se ha encarado la fuerza de voluntad de manera infruc­
tuosa, y que se ha perdido el control de la situación. A m e­
nos que la persona sea capaz de encontrar otra manera de
abordar sus dificultades, se verá frente a un desastre. El solo
poder de la voluntad no siempre puede sostenernos. Como
Edipo, hay veces en que debemos aprender a ceder ante los
dioses.

98
5

El viraje hacia adentro

La búsqueda del autoconocimiento

Con la segunda línea de los Arcanos Mayores pasamos del


mundo exterior, y los desafíos que éste nos opone, al sí
mismo, al mundo interior. Ahora es menester enfrentar
abiertamente las contradicciones ocultas en la poderosa
imagen del Carro. La máscara del ego debe morir.
Por más dramática que pueda parecer, se trata de una
situación muy común de hecho, por lo menos en cuanto a
la necesidad, aunque no lo sea en cuanto a la realización.
Desde hace mucho tiempo se ha visto en el autocuestiona-
miento y en la indagación en sí mismo otros tantos rasgos
de la mediana edad. Cuando son jóvenes, a las personas les
preocupa principalmente alcanzar la victoria sobre las fuer­
zas de la vida, encontrar pareja y llegar al éxito. Una vez lo­
grado esto, sin embargo, es probable que la gente se pre­
gunte por el valor que todo ello tiene. «¿Quién soy yo, por
debajo de todas mis posesiones, por debajo de todas las
imágenes que presento a los demás?», es una cuestión que
va cobrando cada vez más importancia. En la actualidad
son muchos los jóvenes que no esperan llegar a la edad m e­
diana y al éxito para preguntarse estas cosas. Una caracte­
rística de nuestro tiempo es el deseo de que la vida tenga
un sentido, una significación, una esencia íntima. Y cada

99
vez son más las personas que deciden que el primer lugar
donde han de buscar tales significados es dentro de sí
mismas.
Esta idea, en realidad, no es más que una verdad a me­
dias. El Mago nos enseña que, en cuanto seres físicos, sólo
encontramos la realidad en relación con el mundo exterior;
la verdad interior de la Suma Sacerdotisa es algo potencial,
que debe manifestarse por mediación de la conciencia del
Mago. Pero, en tanto que nuestras máscaras, nuestros hábi­
tos y nuestras defensas sigan aislándonos del conocimiento
de nosotros mismos, de manera que jamás podamos saber
por qué actuamos, todas las cosas que hagamos seguirán
sin tener sentido alguno. Es necesario que la fluencia que se
da entre el Mago y la Suma Sacerdotisa transcurra libre­
mente para que la vida tenga valor.
Com o la línea invierte básicamente el énfasis de los siete
primeros naipes, muchas de las cartas se presentan como
imágenes en espejo de las que se encuentran encima de
ellas. La polaridad sexual de los triunfos 1 y 2 se invierte en
la Fuerza y el Ermitaño, en tanto que el principio de la luz y
de la oscuridad, de lo exterior y de lo interior, se mantiene
en las mismas posiciones. La Rueda de la Fortuna se aparta
del mundo natural y despreocupado de la Emperatriz, orien­
tándose hacia una visión de los misterios interiores. Al final
de la línea, la Templanza nos muestra otra clase de victoria.
La fuerza del Carro ha sido reemplazada por el equilibrio y
la calma. Allí donde el pétreo carro del auriga le impedía el
contacto directo con la tierra y con el río, el ángel de la
Templanza, con un pie apoyado en tierra y otro en el agua,
nos muestra la personalidad en armonía consigo misma y
con la vida.
Otro tema aparece en la segunda línea. Hasta el m o­
mento, las cartas nos han presentado una serie de leccio­
nes, de cosas que debemos aprender sobre la vida, para al­
canzar la madurez y tener éxito en el mundo exterior. Pero
la iluminación es una experiencia profundamente personal,
que no se puede estudiar, ni siquiera evaluar, sino que sólo
puede ser vivida. La serie de visiones interiores culmina en

100
la Rueda de la Fortuna, que nos muestra una visión del
mundo y de nosotros mismos a la cual hay que responder.
El Colgado, sin embargo, muestra algo completamente dis­
tinto. Aquí no vemos una lección, sino la imagen de la ilumi­
nación misma, la personalidad exterior puesta del revés por
obra de una experiencia muy real y muy personal.
Entre estas dos cartas, y en el centro exacto del conjunto
de los Arcanos Mayores, se encuentra la Justicia, equili­
brando cuidadosamente la balanza entre lo interior y lo ex­
terior, el pasado y el futuro, la racionalidad y la intuición, el
conocimiento y la experiencia.

STRENGTH

Figura 9

La Fuerza

I I cambio que hizo Waite en los Enamorados fue el más ob­


vio entre las alteraciones que introdujo en el Tarot; el haber

101
permutado la Fuerza y la Justicia sigue siendo el más discu­
tido. El propio Waite no da, realmente, ninguna razón para
el cambio. «Por razones que me satisfacen, esta carta ha
sido intercambiada con la de la Justicia, que recibe habi­
tualmente el número ocho. Com o la variación no lleva con­
sigo nada que sea significativo para el lector, no hay motivo
para explicaciones.» Las razones son, ciertamente, más que
personales. No sólo Waite, sino Paul Foster Case y Aleister
Crowley dispusieron la Fuerza como 8 y la Justicia como
11. Es probable que todos ellos se ajustaran a la Orden del
Alba Dorada, en cuyo mazo secreto de Tarot también esta­
ban cambiadas las dos cartas.
Esta relación con una orden secreta trae a la mente la
idea de iniciación. Ahora bien, como es natural, el Alba D o­
rada no fue el origen de la práctica de iniciación, por más
que afirmara recibir sus rituales específicos en forma directa
de espíritus instructores. La iniciación es una práctica que
se remonta a millares de años, y se la encuentra en el mun­
do entero, desde los templos egipcios al desierto austra­
liano. Representa un medio especial de transformación psi­
cológica... que es el tema mismo de la línea media del Tarot.
Al relacionar con esta antigua idea a la Justicia y las cartas
que la rodean, alcanzamos una comprensión más amplia
del Tarot en cuanto experiencia.
Vale la pena considerar las implicaciones de la antigua
disposición de los triunfos. La imagen de la Justicia sugiere
el poner la propia vida en la balanza para pesarla. La se­
gunda línea nos aparta de los logros externos de la primera
para adentrarnos en el sí mismo. Así, la Justicia en la pri­
mera posición de la línea significaría una evaluación de lo
que ha significado para uno su vida, seguida por la decisión
de una búsqueda interior de un significado más amplio. Evi­
dentemente, es ésta una significación muy adecuada. Pero
si la Justicia viene primero, todas estas cosas ocurren racio­
nalmente; la evaluación se genera como una reacción cons­
ciente ante la insatisfacción. Pensemos ahora cuánto más
poderosa se nos aparece esta evaluación cuando surge
desde adentro, cuando se nos impone por obra de la p ode­

102
rosa visión de la Rueda de la Fortuna. La espada de doble
filo de la Justicia implica acción, en respuesta al conoci­
miento adquirido en la evaluación. La idea de respuesta
nos conduce directamente al Colgado. Si la Justicia viniera
primero, estaría seguida por el Ermitaño, que en cuanto
buscador de sabiduría, representaría también una respuesta
válida a la Justicia. Pero una vez más, si dejamos que esa
sabiduría venga antes que la Justicia, entonces el Colgado
muestra una respuesta desde la profundidad interior.
Consideremos ahora a la Fuerza en ambos lugares. La
figura muestra una mujer que doma a un león. En pocas pa­
labras, la imagen sugiere la energía del inconsciente, libe­
rada y calmada, «dom ada» por la dirección del entendi­
miento consciente. Una idea tal se avendría fácilmente a la
posición del medio. Entonces describiríamos la carta como
la prueba [u ordalía] central de toda la línea. Y por cierto
que el clima de paz y la total inversión del Colgado segui­
rían perfectamente a la Fuerza.
Pero también podemos ver a la Fuerza como la suma de
las cualidades vitales para comenzar la línea. La búsqueda
interior no puede ser efectuada por el ego. Es necesario que
confrontemos sentimientos y deseos desde hace mucho
tiempo fuera del alcance de nuestros pensamientos cons­
cientes. Si intentamos transformarnos por mediación de un
proceso totalmente racional, creamos otra especie de «p er­
sona». Y la verdad es que algo así sucede con mucha fre­
cuencia. Mucha gente siente una falta de espontaneidad en
su vida. Al mirar a su alrededor o al leer libros de psicología
observan, no sin sentir celos o incluso sin avergonzarse de
sus propias represiones, las características de las personas
espontáneas. Y después, en vez de seguir el tremendo pro­
ceso de liberar sus miedos y sus deseos ocultos, imitan cui­
dadosamente la espontaneidad. Han extendido el Carro a
un dominio nuevo.
Si hacemos de la Fuerza el número 8 la contraponemos
•)1 Carro, como un poder de especie diferente, que ya no es
la voluntad del ego, sino la Fuerza interior de enfrentarse a
sí mismo con calma y sin mied o. L os misterios pueden aflo­

103
rar porque hemos encontrado la Fuerza necesaria para en­
frentarlos. El león significa todos los sentimientos, temores,
deseos y confusiones suprimidos por el ego en su intento
de controlar la vida. El auriga recurría a sus sentimientos ín­
timos como fuente de energía, pero tenía siempre el cui­
dado de dirigir esa energía allí donde él decidía consciente­
mente que debía ir. Com o primer paso para trascender el
ego, la Fuerza permite que las pasiones íntimas afloren.
En un nivel muy simple podemos ver esta aparición de
los sentimientos suprimidos en la persona que se permite
actuar de manera «infantil», llorando o gritando; en pocas
palabras, haciendo todas aquellas cosas que previamente le
parecían tontas o que la avergonzaban. En un nivel más
profundo, el león simboliza la fuerza toda de la personali­
dad, habitualmente atemperada por las exigencias de la
vida civilizada. La Fuerza libera esta energía con el fin de
usarla como una especie de combustible, el que nos pro­
pulsa a lo largo de la senda interior del Ermitaño. Si este
propósito puede cumplirse es solamente porque al león se
lo «dom a» al mismo tiempo que se lo libera. La Fuerza abre
la personalidad como Pandora abre su caja. Pero lo hace
con un sentimiento de paz, con amor a la vida misma y
con una gran confianza en el resultado final. A menos que
creamos verdaderamente que el proceso de autodescubri-
miento es un proceso jubiloso, jamás llegaremos a seguirlo
hasta el final.
El simbolismo de las figuras y de los números refuerza la
comparación de la Fuerza y el Carro. El Carro nos muestra
a un hombre, la Fuerza a una mujer. Tradicionalmente, por
supuesto, son la representación de la racionalidad y la em o­
ción, de la agresión y la entrega. También según la tradi­
ción, el número 7 del Carro pertenece a la magia «mascu­
lina», el número 8 a la «femenina». Este simbolismo se de­
riva de la anatomía. El cuerpo del varón tiene siete abertu­
ras (contando la nariz como una), el de la mujer ocho. A d e­
más, el cuerpo masculino posee siete puntas, los brazos y
las piernas, la cabeza, el centro y el pene. La mujer, en
quien los pechos reemplazan al pene, tiene ocho.

104
¿A qué nos referimos al hablar de magia masculina y fe­
menina? La teoría esotérica considera que la energía sexual
es una manifestación de los principios energéticos subya­
centes en la totalidad del universo; lo masculino y lo fem e­
nino son similares a los polos positivo y negativo del elec­
tromagnetismo. De la manipulación de esta energía bipolar
resulta el poder «m ágico». El ocultista considera estos prin­
cipios como una ciencia, ni más ni menos misteriosa que la
manipulación de la energía atómica que lleva a cabo el
científico moderno. Podemos describir la imagen de los
Enamorados del mazo Rider como un diagrama esquemá­
tico de energía. Por consiguiente, el Carro y la Fuerza juntos
corresponden esotéricamente a la manifestación práctica
de los principios simbolizados en el Mago y en la Suma Sa­
cerdotisa.
Psicológicamente encarnan también dos clases de po­
der. Nuestra sociedad pone el acento en la fuerza de con­
trol «masculina», la conquista, que domina el mundo m e­
diante la razón y la voluntad. Pero las cualidades «fem eni­
nas» de intuición y emoción espontánea están lejos de ser
debilidades. Para liberar nuestras emociones más profun­
das con amor y fe se requiere no sólo fuerza, sino también
gran coraje.
Aquí entra en juego el Loco. Sólo mediante una especie
de salto psíquico podemos pasar de la conciencia al incons­
ciente, y sólo un tonto o un loco daría semejante salto, ya
que, ¿por qué renunciar al éxito y al control? Los dioses for­
zaron a Edipo; al resto de nosotros, ¿qué necesidades inte­
riores nos forzarán?
La posición dé la Fuerza como primera en la línea vin­
cula la carta con el Mago, como lo hace también el signo de
infinito, otra referencia al 8, que hay sobre la cabeza de ella.
La inversión del sexo indica una conjugación de los aspec­
tos de los arquetipos, tanto masculino como femenino. El
compromiso activo del Mago con la vida se ha visto modifi­
cado por la paz interior implícita en la Suma Sacerdotisa.
La figura sensual de la mujer, con su pelo rubio, y el cin­
turón de flores que la une al león también relacionan esta

105
carta con la de la Emperatriz. La Emperatriz representa los
instintos naturales y la pasión; volvemos a ver la imagen de
la energía emocional, los «deseos animales», como lo ex­
presan algunos comentaristas del Tarot, liberados y domes­
ticados. Waite describe el cinturón de flores como un se­
gundo signo de infinito, una de cuyas vueltas rodea la cin­
tura de la mujer, la otra el cuello del león. Podemos descri­
bir la Fuerza como el Mago unido con la Emperatriz; es de­
cir que el poder de conciencia y de dirección del Mago se
ha mezclado con la sensualidad de la Emperatriz, dándole
un sentido de finalidad y conduciéndonos al Ermitaño. Ob­
sérvese que para la primera línea, 1 más 3 es igual a 4, el
Emperador; para la segunda, 1 más 3 resulta multiplicado
por 2, la verdad interior de la Suma Sacerdotisa.
Hay otro aspecto del triunfo que lleva aún más lejos esta
unidad del 1 y el 3. La letra hebrea que asignan Case y
otros autores a la Fuerza es Teth. Cabalísticamente, Teth se
refiere a la «serpiente», pero la palabra hebrea que significa
serpiente significa también «magia». Es una relación que
han establecido los pueblos del mundo entero; desde las
serpientes que rodean la vara mágica de Hermes hasta el
poder de la kundalini en el ocultismo tántrico, en la India y
en el Tíbet. Y la serpiente, en la kundalini y en otras simbo-
logías, representa la sexualidad. El Tarot, tal como lo sabe­
mos por la serpiente enroscada alrededor del Arbol de la
Vida que hay detrás de la mujer en la carta de los Enamora­
dos, considera a la sexualidad como una fuerza conducente
a la iluminación. Si desde el punto de vista esotérico la
Fuerza representa la práctica real de la magia sexual, psico­
lógicamente vuelve a referirse a la liberación de aquella
energía inmovilizada en nuestros sentimientos más fuertes.
Cuando comparemos la Fuerza con el Diablo veremos que,
de hecho, aquí la liberación es parcial. El león está contro­
lado y dirigido, y no se le permite que lleve al yo a donde­
quiera que desee ir.
En alquimia, el león representa el oro, el sol y el azufre.
El azufre es un elemento inferior, y el oro es (en la alquimia)
el elemento supremo. El proceso mediante el cual el azufre

106
se convierte en oro es precisamente el proceso de transfor­
mación del yo inferior. Y el diseño de la Templanza, la úl­
tima carta de la línea, que vierte su líquido de una a otra
copa, representa el objetivo alquímico de fundir los opues­
tos en una existencia nueva y más significativa.
Quienes ven la vida como una cuestión de control es­
tricto, el inconsciente como una «cloaca moral» de represio­
nes (así caracterizó Jung la estrechez del punto de vista
freudiano), y encuentran que las pasiones son un tormento,
verán en el león la suma de las fuerzas naturales que la
mente debe domeñar. Algunos mazos antiguos, entre ellos
el Tarot Visconti, mostraban a Hércules matando al león de
Nemea. Las pasiones conquistadas por la razón. Pero el
león representaba también a Cristo, el poder radiante de
Dios. Aquellos que dejen emerger la energía inconsciente
que albergan dentro de sí, guiándola con amor y con fe en
la vida, descubrirán que la energía no es una bestia destruc­
tiva, sino la misma fuerza espiritual que el pararrayos del
Mago atrae y hace descender.
En las lecturas, la carta de la Fuerza indica la capacidad
de hacer frente a la vida, y especialmente a algún problema
difícil o a un momento de cambio, con esperanza y avidez.
Muestra una persona que es fuerte desde adentro, cuya vi­
vencia de la vida es al mismo tiempo apasionada y pacífica,
y que no se deja controlar ni arrastrar por esas pasiones. La
carta representa el hallazgo de la fuerza necesaria para co­
menzar o continuar con algún proyecto difícil, a pesar del
miedo y de la tensión emocional.
Si la Fuerza aparece en relación con el Carro, puede sig­
nificar una alternativa al vigor y el poder de la voluntad; es­
pecialmente, como es natural, si el Carro aparece invertido.
Los dos naipes pueden simbolizar también aspectos com ­
plementarios, y en este caso la mejor configuración es la
Fuerza en la posición del yo interior, y el Carro en la del ex­
terior (las líneas vertical y horizontal de una cruz). Entonces
vemos una persona que actúa poderosamente, pero con un
sentimiento de calma.
Invertida, la Fuerza indica ante todo debilidad. Falla el

107
coraje para enfrentar la vida, y la persona se siente abru­
mada y pesimista. Significa también un tormento que pro­
viene de adentro. El aspecto bestial del león se aparta de la
unidad de espíritu y sensualidad. Las pasiones se convier­
ten en el enemigo, que amenaza destruir la personalidad
consciente y la vida que ésta se ha construido.

THE HERM1T.

Figura 10

El Ermitaño

Com o la estrella de seis puntas que brilla desde el interior


de la linterna del Ermitaño, la idea de este naipe va en dos
direcciones: una hacia adentro, la otra hacia afuera. La car­
ta significa principalmente un retraimiento respecto del
mundo exterior, con el propósito de activar la mente in­
consciente. Vemos simbolizado este proceso en el triángulo
«de agua», como lo llamaban los alquimistas, que apunta

108
hacia abajo. Pero el Ermitaño significa también un maestro
.que ha de mostrarnos cómo iniciar este proceso, y que nos
ayudará a encontrar nuestro camino. El triángulo «de fuego»,
que apunta hacia arriba, es el símbolo de este guía especial,
que podría ser un maestro ocultista, un terapeuta, nuestros
propios sueños e incluso un espíritu guía evocado desde el
interior de uno mismo.
La imagen del Ermitaño ocupaba un sitio especial en la
imaginación medieval. En cuanto vivía en los bosques o en
el desierto, totalmente apartado de todas las preocupacio­
nes normales de la humanidad, el Ermitaño representaba
una alternativa ante la Iglesia. Como versión europea del
ascetismo del yoga mostraba la posibilidad de acercarse a
Dios a través de la experiencia personal. El pueblo conside­
raba a los ermitaños como santos vivientes y les atribuía po­
deres mágicos, del mismo modo que los discípulos de los
yoguis cuentan historias maravillosas sobre sus maestros.
Aunque el ermitaño (hombre o mujer)* se apartara de la
sociedad, no por ello se apartaba de la humanidad. Entre
otras funciones, los ermitaños desempeñaban la de dar re­
fugio y, en ocasiones, la de bendecir a los viajeros. Innume­
rables relatos, especialmente las leyendas del Graal, descri­
ben al ermitaño como el que aporta prudencia y sabiduría
al caballero en la búsqueda espiritual. También aquí vemos
la doble imagen del Ermitaño: la de ejemplo y la de guía.
La imagen del Ermitaño ha perdurado mucho tiempo
después de haberse extinguido la práctica. El filósofo Ralph
Waldo Emerson viajó largamente por los remotos rincones
de Escocia para encontrar la cabaña de Thomas Carlyle. Y
Henry David Thoreau, el amigo de Emerson, después de vi­
vir en una cabaña en Walden Pond, buscando el sentido de
sí mismo y de la naturaleza, escribió sobre su experiencia
como ejemplo para otras personas. En Así hablaba Zara-
thustra, Nietzsche describió la imagen del Ermitaño; el libro

* Era frecu en te qu e las m ujeres se hicieran erm itañas, y el o d io m ed ieval


a la m ujer se con vertía a ve ce s en ven era ció n de una m ujer determ inada,
de quien se suponía qu e había su p erad o la m aldad inh erente a su sexo.

109
se inicia con el retorno de Zarathustra, una vez alcanzada la
transformación personal. Y en la actualidad son innumera­
bles las personas que se ponen en manos de gurus orienta­
les en la esperanza de que estos maestros, semejantes a er­
mitaños, puedan tranformar sus vidas.
A quien no puede encontrar un guía verdadero, con fre-
cuencia su propia psique se lo ofrece. Jung y sus seguidores
han descrito múltiples ejemplos en que sus pacientes soña­
ban con ancianos sabios que los guiaban en viajes misterio­
sos al interior de la psique. En muchos casos, el análisis del
sueño revelaba que el guía onírico representaba en realidad
al terapeuta. El inconsciente es capaz de reconocer, antes
que la mente consciente, que su maestro es un Ermitaño.
Abraham Abulafia, el gran cabalista del siglo xm, descri­
bió tres niveles de la Cébala. El primero era la doctrina,
aquello que se puede aprender en los textos. El segundo
provenía de la orientación directa ofrecida por un maestro
personal, en tanto que el tercero y más evolucionado era la
experiencia directa de la unión extática con Dios. Estos tres
niveles se relacionan muy directamente con el Tarot, no
sólo en las tres líneas, sino en tres triunfos específicos que,
en su conjunto, forman un triángulo isósceles. Encontramos
el primer nivel en el Hierofante; el tercero, directamente de­
bajo del Hierofante, aunque separado por un nivel, aparece
en el alegre niño de la carta 19, el Sol. El segundo nivel,
sin embargo, no está dado por la carta que hay entre am­
bos, el Colgado, sino en el otro extremo del diseño, por la
segunda carta de la segunda línea, el Ermitaño.
Tanto la doctrina como el éxtasis advienen al término
de un proceso; la doctrina porque uno debe primero arre­
glar su propia vida antes de poder abordar el estudio de
una manera especial (con frecuencia, los cabalistas restrin­
gían el acceso a ciertos textos importantes a las personas
que pasaban ya de los treinta y cinco años), y el éxtasis por­
que se ha de superar primero la confrontación arquetípica
con la oscuridad y el misterio. Sin embargo, un guía apa­
rece al inicio mismo del viaje, después de que el viajero ha
encontrado la Fuerza para comenzar.

110
En cuanto emblema de la evolución personal, más que
en cuanto guía, el Ermitaño significa la idea de que sólo
apartándonos del mundo exterior podemos despertar el sí
mismo, el ser interior. Quienes ven el Tarot en dos mitades,
con la Rueda de la Fortuna como el punto central, ven en el
Ermitaño el período de contemplación antes de que la
Rueda de la Fortuna gire hacia su segunda mitad. Cuando
consideramos el Tarot dispuesto en líneas de siete, vemos
que tanto ese retiro contemplativo com o la visión de la
Rueda misma son pasos conducentes a un objetivo más
vasto.
El Ermitaño se nos presenta sobre un picacho, frío y soli­
tario. Ha abandonado el mundo de los sentidos para aden­
trarse en la mente. La imagen de la mente como algo gélido
y severo no expresa más que una verdad parcial, o mejor
dicho, una ilusión delirante. La mente es rica en símbolos,
en júbilo, en la luz y el amor del espíritu. Pero antes de que
seamos capaces de aprehender estas cosas debemos tener
la vivencia de la mente como una alternativa silenciosa
frente al mundo ruidoso de los sentidos. Con frecuencia,
para los chamanes, la árida cumbre es una realidad directa.
En lugares tan apartados entre sí como Siberia y el su­
doeste americano, los candidatos a chamanes se internan
solos en el desierto, en busca de los espíritus-guías que han
de enseñarles la manera de curar.
El Ermitaño significa una transición. Mediante las técni­
cas de meditación, o de disciplina psíquica, o de análisis,
permitimos que las partes ocultas de la psique empiecen a
hablarnos. Más adelante experimentaremos la sensación de
un renacimiento, primero como un ángel (la parte eterna
del sí mismo, la que trasciende el ego), y más tarde —y sen­
tido con mayor profundidad— como un niño libre y jubi­
loso que sale, a caballo, del jardín de la experiencia pasada.
Por ahora, el sendero pertenece a la imagen del anciano sa­
bio, solitario, apoyado y abrigado por la rígida capa gris de
la contemplación.
El símbolo de la linterna nos devuelve al Ermitaño en
cuanto maestro y guía, que nos muestra la luz, indicándo­

111
nos así su disposición a guiarnos y nuestra capacidad para
encontrar el camino, con sólo que nos valgamos de la Fuer­
za que tenemos para seguir. En algunos mazos, el Ermitaño
oculta su linterna debajo de la capa, y en ese caso simboliza
la luz del inconsciente, oculta bajo el manto de la mente
consciente. Al hacerla visible, por más que esté encerrada
en una linterna, el mazo Rider nos indica que liberamos la
luz mediante un proceso definido de percepción del sí
mismo, y también que este proceso es accesible para cual­
quiera.
Hemos visto que la estrella es a la vez un símbolo del Er­
mitaño en cuanto maestro y una luz del inconsciente que
nos llama a descubrir sus secretos. Significa, además, el ob­
jetivo de resolver los opuestos de la vida. Tradicionalmente,
los triángulos de agua y de fuego representan no sólo dos
elementos que habitualmente se oponen, sino también lo
masculino y lo femenino unidos en una forma única.
El báculo del Ermitaño hace pensar en el báculo de un
hechicero, y por consiguiente en la varita mágica del Mago.
Mientras que el Loco usa instintivamente la vara, el Ermi­
taño se apoya en ella, buscando conscientemente un so­
porte. Por eso el báculo simboliza la enseñanza que ayuda
a la apertura de la conciencia interior.
Situado directamente debajo de la Suma Sacerdotisa, el
Ermitaño se relaciona con el principio de retraimiento que
ella simboliza, indicando una vez más que si queremos tra­
bajar sobre nosotros mismos debemos abandonar de al­
guna manera el mundo exterior. Como sucedía con la Fuer­
za, la segunda línea invierte el arquetipo sexual. Aquí el
simbolismo del rol nos enseña que un esfuerzo mental deli­
berado, basado en técnicas y e nseñanzas específicas, nos
hace trascender fa intuición aprisionada en el templo ce ­
rrado de la Suma Sacerdotisa. Las aguas de aquel templo
no están totalmente liberadas; el velo permanece en su lu­
gar hasta que lo abra, desgarrándolo, el rayo de la Torre, si­
tuada debajo del Ermitaño. Sin embargo, bajo la influencia
del triunfo 9 el inconsciente nos habla desde atrás del velo,
valiéndose de símbolos, sueños y visiones.

112
La distinción entre el simbolismo masculino-femenino y
la realidad de las personas individuales nos permite darnos
cuenta de algunas cosas importantes referentes a los arque­
tipos. Si incluso en nuestros sueños tendemos a ver como
ancianos a maestros y anacoretas, es porque dos mil años
de patriarcado nos han grabado en la mente esta imagen.
En épocas anteriores era más frecuente que las guías fue­
sen mujeres, en cuanto representantes de la Gran Diosa, e
incluso en la nuestra algunas mujeres, como madame Bla-
vatsky, han desempeñado esta antigua función. El hecho de
que frecuentemente nuestros sueños opten por ancianos
demuestra un hecho de suma importancia: que también el
inconsciente extrae sus materiales de los antecedentes cul­
turales del individuo que sueña. Aunque mucha gente los
considere imágenes rígidas y fijas, compartidas por todos
en todas las épocas, los arquetipos son más bien tendencias
que muestra la mente a formar ciertos tipos de imágenes,
como puede ser la de un guía; y la forma específica que
tome una imagen dependerá en gran medida de los antece­
dentes culturales y de la experiencia de una persona. Las
iniciaciones medievales en el culto del Graal y los ritos del
desierto australiano siguen la misma pauta arquetípica, que
subyace en ambos como un patrón. Sin embargo, las for­
mas externas de esa pauta varían enormemente.
Los significados adivinatorios del Ermitaño se derivan
de sus dos aspectos. Por una parte, simboliza el hecho de
apartarse de las preocupaciones mundanas. Puede darse el
caso de que la persona se aparte físicamente, pero en reali­
dad eso no es necesario. Lo que importa es que interior­
mente se transfiera la atención del «ganar y gastar», como
lla-maba Wordsworth a nuestras actividades mundanas, a
las necesidades interiores de una persona. Un retiro que
exige, por ende, una separación emocional de otras perso­
nas, y de actividades a las que una vez se atribuyó enorme
importancia. El naipe tiene una connotación 'de propósito
deliberado, de retraerse para trabajar sobre la propia evolu­
ción. En relación con este sentido de propósito, y con ia
imagen de un anciano, la carta simboliza la madurez, y el

113
conocimiento de lo que realmente importa en la vida de
una persona.
■C También puede significar la ayuda que se recibe de un
guía definido, y en ocasiones, como se indicó antes, de un
guía psíquico interior, pero con mayor frecuencia se trata
de una persona real que lo ayudará a uno en el descubri­
miento de sí mismo. Hay veces que no nos damos cuenta
de que para nosotros exista un guía así. Si en una lectura de
Tarot aparece el Ermitaño, puede ser sensato mirar cuida­
dosamente a las personas que tenemos a nuestro alrede­
dor. Y si estamos ocupados ayudando a otros a encontrar
este entendimiento, entonces el Ermitaño puede ser un sím­
bolo de nosotros mismos, en nuestro rol de maestros y
guías.')»
Cuando invertimos la carta, corrompemos la idea del re­
traimiento. De la misma manera que, cuando se da inver­
tida, la Suma Sacerdotisa puede indicar miedo a la vida, el
Ermitaño invertido puede ser indicio de temor a otras per­
sonas. Si nos apartamos de la sociedad a modo de retiro,
este hecho en sí va haciéndose cada vez más dominante, y
puede provocar fobias y paranoia. Lo mismo que sucede
con otros triunfos, los aspectos negativos y positivos del Er­
mitaño dependen del contexto. En ocasiones, el Ermitaño
invertido puede significar que en ese momento el consul­
tante necesita relacionarse con otras personas.
Puesto que la carta, cuando está en posición normal, su­
giere madurez, el Ermitaño invertido puede a veces indicar
una actitud de Peter Pan frente a la vida. La persona se afe-
rra a actividades que básicamente no tienen sentido, o bien
finge un entusiasmo infantil (como la imitación de la espon­
taneidad), para evitar así la responsabilidad de hacer algo
con su propia vida. Me encontré por primera vez con esta
interpretación para el Ermitaño invertido en una lectura que
le hicieron en Nueva York a un amigo mío; desde entonces,
me ha resultado útil en muchas situaciones. Lo interesante
es que llegué a conocer al lector por mediación de otra
amiga que veía en él un guía personal en su evolución es­
piritual.

114
WHEEL „y FORTUNE

laliouc be fortuno

(a) (b) Figura 11 (c)

115
La Rueda de la Fortuna

Lo mismo que algunos otros triunfos (muy especialmente la


Muerte), la Rueda de la Fortuna se deriva de una homilía
medieval. La Iglesia consideraba al orgullo el mayor de los
pecados, porque en el orgullo el pecador se antepone a
Cristo. Una lección contra el orgullo se expresaba en la idea
de un gran rey que pierde el poder. En muchas versiones de
la leyenda del rey Arturo, el rey sueña — o ve ante sí en vís­
peras de su última batalla— con la imagen de un rey, rico y
poderoso, sentado en lo alto de una rueda. Súbitamente, la
diosa Fortuna hace girar la rueda, que aplasta al rey bajo su
peso. Puesto en razón, Arturo se da cuenta de que, por más
poder secular que acumulemos, nuestro destino sigue es­
tando en manos de Dios. En la imagen del mazo Visconti
(figura 11c) se condensa este sermón práctico.
Ahora bien, podemos considerar que la nítida moraleja
de esta fábula está a gran distancia de los símbolos, poten­
tes y misteriosos, que nos enfrentan desde el naipe Waite-
Smith (figura l i a ) , y de la versión de Oswald Wirth (figu­
ra 11b). Pero Fortuna y su aro reluciente tienen una curiosa
historia. Ante todo, la imagen medieval se deriva de una
época muy anterior, en la que Fortuna representaba a la
Gran Diosa, y el rey aplastado era un hecho real. Año tras
año, hacia la mitad del invierno, las sacerdotisas sacrifica­
ban al rey; al imitar la muerte del año, se humillaban ante el
poder de la Diosa, y al escoger un nuevo rey le sugerían su­
tilmente que, una vez más, podía crear la primavera a partir
del invierno, un acontecimiento que no tenía un carácter
automático para gentes que no creían en «leyes naturales»
como la de la gravedad. De ese modo, la Rueda simboli­
zaba originariamente tanto el misterio de la naturaleza como
la capacidad humana de participar en ese misterio mediante
un sacrificio ritual. Obsérvese que la carta se encuentra di­
rectamente debajo de la Emperatriz, el emblema de la Gran
Madre como tal.
En la Edad Media, la Rueda había perdido su significado
original, lo cual no quería decir que hubiera perdido su p o­

116
der de sugerir el misterio de la vida. En la versión que da
Thomas Malory de la historia del rey Arturo encontramos la
sugerencia de que la Rueda simboliza los azarosos giros de
la «suerte». ¿Por qué algunas personas se enriquecen y otras
empobrecen? ¿Por qué ha de caer un rey poderoso, y en­
cumbrarse al poder otro que antes era débil? ¿Quién — o
qué— controla los giros de la rueda de la vida? Malory su­
giere que la suerte, con sus aparentemente absurdos altiba­
jos, es en realidad destino; es decir, el hado que Dios ha es­
cogido para cada individuo, basándose en razones que sólo
El puede entender. Y como nosotros no podemos enten­
derlas, decimos que los acontecimientos en la vida de las
gentes son hijos de la suerte, pero todo eso forma parte del
plan divino.
Con la Rueda llegamos, por ende, a la gran cuestión de
cómo y por qué sucede algo en el universo. ¿Qué es lo que
hace que el sol brille? Materiales que se queman, sí, pero
¿qué es lo que los hace arder? ¿Cómo llegó a existir la ener­
gía atómica? Finalmente, ¿por qué la primavera ha de se­
guir al invierno? ¿Por qué y cómo funciona la gravedad? Y
si vamos más allá nos encontramos con que el destino tam­
bién es una ilusión engañosa, un artilugio que encubre el
hecho de que nosotros, con nuestra visión limitada, no p o­
demos ver la conexión interior entre todas las cosas. «Bueno
— nos decimos— , es el destino», pero ésta es una expresión
sin sentido porque no podemos entender lo que significa.
Las cosas no se limitan a suceder; algo las hace suceder. El
poder de configurar los acontecimientos, de dar vida y for­
ma y propósito al universo, nos dice Malory, pertenece al
Espíritu Santo, que mora en el mundo físico como una pre­
sencia dentro del Santo Graal (el As de Copas), de la misma
manera que la Shekinah habitaba físicamente en el interior
del santuario velado del templo de Jerusalén.
Llegamos entonces a la conclusión de que tanto los
acontecimientos aleatorios de la vida como las llamadas
«leyes» de la física son misterios que nos conducen a una
percepción de aquella fuerza espiritual que el brazo levan­
tado del Mago atrae hacia abajo, y que se manifiesta en el

117
mundo natural de la Emperatriz. Muchos místicos y chama­
nes han dicho que sus visiones les enseñaban cómo se rela­
cionan todas las cosas, cómo todas armonizan entre sí, por­
que el espíritu une el universo en su totalidad. Posible­
mente todos veríamos y entenderíamos este gran esquema
de la vida, si no fuera por el hecho de que no vivimos lo su­
ficiente. La brevedad de nuestro existir nos reduce la visión
a una porción tan minúscula del mundo que la vida se nos
aparece como sin sentido.
Ahora bien, esta idea de la Rueda como el misterio del
destino, con su significado oculto, se adecúa muy bien a la
versión de la carta en el mazo Waite-Smith, especialmente
cuando consideramos que está a mitad de camino hacia el
triunfo final. Si colocamos la Rueda del mazo Rider junto al
Mundo, vemos inmediatamente el vínculo que hay entre
ellas. En un naipe tenemos una rueda llena de símbolos; en
el otro nos encontramos con una corona de victoria, dentro
de la cual hay un danzarín que encarna la verdad oculta en
los símbolos. Más sorprendente aún es que encontremos
las mismas figuras en los cuatro ángulos de cada naipe,
salvo que, en el Mundo, los seres mitológicos de la carta 10
se han transformado en algo real y viviente. Es decir que en
el punto medio recibimos una visión del significado interior
de la vida; al final, esa visión se ha vuelto real y se ha encar­
nado en nuestro propio ser.
En la India también el rey perdía la vida todos los años
en homenaje a la Diosa. Cuando los patriarcales arios pu­
sieron término a esta práctica, la imagen de la rueda girato­
ria del año se convirtió en un símbolo aún más poderoso de
la nueva religión. El girar eterno de la Rueda de la Vida
llegó a significar las leyes del karma, que nos llevan a reen­
carnarnos en cuerpos sucesivos. Ahora bien, el karma es, en
cierto sentido, simplemente otra explicación del misterio
del destino. Mediante las acciones realizadas en una vida,
uno se construye para la siguiente cierto destino, de manera
que quien cometa muchos actos malvados estará creando
en su ser inmortal una especie de necesidad psíquica de
castigo. Cuando le llegue el momento de su próxima encar­

118
nación, escogerá inevitablemente una casta inferior o un
cuerpo enfermo. (Quizás esta sencilla explicación psicoló­
gica del karma esté más basada en el budismo que en el
hinduismo.)
También aquí, el carácter limitado de nuestro entendi­
miento nos impide que experimentemos directamente la
verdad que hay tras la Rueda del Destino o karma. Cuando
el Buda alcanzó la iluminación, recordó todos los momen­
tos de cada una de sus vidas pasadas. En verdad, el re­
cuerdo era la iluminación. Al alcanzar el pleno conoci­
miento, fue capaz de percibir que todas esas vidas no eran
más que formas creadas por sus deseos. Cuando puso tér­
mino a sus deseos, se «evadió de la Rueda». Podríamos de­
cir que la iluminación significa (o en todo caso, incluye) tras­
pasar los acontecimientos exteriores hasta llegar al espíritu
que mora en su interior, es decir, hasta encontrar el Espíritu
Santo dentro de la Rueda de la Fortuna.
Es significativo que el rey Arturo tenga la vivencia de la
Rueda de la Fortuna como una visión en un sueño, porque
—ya sea que la veamos com o el punto que está a mitad de
camino de los Arcanos Mayores, o simplemente como uno
de los pasos que nos llevan a completar la segunda línea—
la Rueda es ciertamente una visión que nos ofrece el in­
consciente. El Ermitaño se ha apartado del mundo exterior
y, como resultado, el inconsciente le muestra una visión de
la vida como una rueda giratoria repleta de símbolos.
La Rueda de la Vida no se vuelve visible mientras no
nos apartamos de ella. Cuando estamos inmersos en ella no
vemos otra cosa que los acontecimientos que están inmme-
diatamente ante o detrás de nosotros, las preocupaciones
cotidianas que tan importantes le parecen a nuestro ego.
Cuando nos retiramos podemos ver la totalidad del diseño.
En un nivel psicológico, podem os considerar esta visión
como una evaluación que hace una persona de hacia dónde
ha ido y hacia dónde va su vida. En un nivel más profundo,
la visión no deja de ser misteriosa y simbólica. Podemos ver
lo que hemos hecho de nuestra vida, pero el destino sigue
siendo un misterio.

119
Todos los símbolos que hay en la Rueda tienen signifi­
cado, y nos ayudan a entender la verdad que se encierra en
las visiones. Sin embargo, no tenemos la experiencia de la
plena fuerza de la vida. La luz del inconsciente sigue es­
tando velada.
También es significativo el hecho de que Malory rela­
cione la Rueda de la Fortuna con el Santo Graal. Porque los
símbolos del Graal, que son también los símbolos de los Ar­
canos Menores, se remontan probablemente a una época
casi tan remota como el regio sacrificio anual. Cuando al
candidato a la iniciación en los antiguos misterios europeos
se le daba su «visión» de los mayores secretos del culto,
eran con toda probabilidad los cuatro símbolos de la copa,
la espada, la vara y el pentáculo los que le eran presentados
con gran ceremonia mística. Y los elementos básicos del ri­
tual mágico, dispuestos sobre la mesa del Mago, son los
mismos cuatro símbolos, que son también los palos de los Ar­
canos Menores.
Aunque en el triunfo 10 no veamos directamente los
cuatro símbolos, sí vemos dos de sus muchos análogos. Las
cuatro criaturas que ocupan los ángulos de la carta provie­
nen de la visión de Ezequiel, 1:10, y aparecen también en el
Apocalipsis, 4:7. Ahora bien, a lo largo de siglos, estas cua­
tro figuras, a las que en ocasiones se ha llamado los «guar­
dianes del cielo», llegaron a simbolizar los cuatro elementos
básicos de la ciencia antigua y medieval. Desde el ángulo
inferior derecho y en sentido contrario al de las agujas del
reloj, son fuego, agua, aire y tierra, y estos elementos corres­
ponden respectivamente a las Varas, las Copas, las Espadas
y los Pentáculos. Además de representar los elementos, las
cuatro bestias representan también los cuatro signos fijos
del zodíaco: Leo, Escorpio, Acuario y Tauro. El zodíaco es,
naturalmente, la «Gran Rueda» del universo visible. Así pues,
tanto los elementos como los símbolos aluden al mundo fí­
sico, que una vez más se aparece como un misterio, y que
sólo puede ser verdaderamente entendido aprendiendo las
verdades secretas.
La otra relación con los cuatro elementos viene dada

120
por el nombre de Dios, formado en hebreo por las cuatro
letras que aparecen en el borde de la Rueda. Empezando
por la parte superior derecha, y leyendo otra vez en el sen­
tido opuesto al de las agujas del reloj, las letras son Yod,
Heh, Vau, Heh. Com o este nombre aparece en la Tora sin
vocales (las cuatro letras son todas consonantes), es impro­
nunciable; por lo tanto, el «verdadero» nombre de Dios si­
gue siendo un secreto. Durante por lo menos dos mil años,
judíos y cristianos han considerado mágico este nombre.
Los místicos meditan sobre él (Abulafia alcanzó el tercer ni­
vel extático de la Cábala trabajando con el nombre de Dios)
y los magos lo manipulan. Para los cabalistas, las cuatro le­
tras son el símbolo mismo de los misterios del mundo. Solía
decirse que la creación del universo era un proceso acae­
cido en cuatro etapas, correspondientes a las cuatro letras.
Y por supuesto, las letras se relacionan también con los
cuatro elementos, con los símbolos del Graal y los Arca­
nos Menores.
Las letras romanas intercaladas entre las hebreas consti­
tuyen un anagrama. Leídas desde arriba en el sentido de las
agujas del reloj, forman la palabra «T A R O »; en el sentido
contrario, se puede leer «T O R A » (recuérdese el rollo de la
Suma Sacerdotisa). También podemos formar las palabras
«R O T A », es decir, «rueda» en latín, «O R A T », que en latín
significa «habla», y «A T O R », nombre de una diosa egipcia
(que también se escribe «Hathor»). Paul Foster Case, si­
guiendo a MacGregor Mathers, el fundador del Alba Do­
rada, ha formado la oración «R O T A T A R O O R A T TO R A
ATO R », que se traduce como «La Rueda de Taro habla
[enuncia] la Ley de Ator». Case llama a este enunciado la
«ley de las letras»; y ya que donde Ator llegó a ser mejor co­
nocida fue en Egipto, como diosa de los muertos, de hecho
es la «ley » de la vida eterna, oculta en el mundo natural.
Aunque el cuerpo muera, el alma continúa. Case señala
también que los valores numéricos de las letras hebreas de
«T A R O » suman 671, y que sumándole 26 — el valor numé­
rico del Tetragrámaton, el nombre de Dios— esta cifra da
697. La suma de estos dígitos da 22, el número de letras del

121
alfabeto hebreo, y de los triunfos en los Arcanos Mayores. Y
por supuesto, el 22 nos devuelve al 4.
Los cuatro símbolos que hay en los rayos de la rueda
son alquímicos. Desde arriba, y leídos en el sentido de las
agujas del reloj, son Mercurio, azufre, agua y sal, y hacen re­
ferencia al objetivo alquímico de la segunda línea, es decir,
a la transformación. El agua es el símbolo de la disolución,
referida aquí a la disolución del ego para liberar el sí mismo,
el ser verdadero que ha quedado inmerso en los hábitos,
los miedos y las defensas. Veremos con más precisión lo
que todo esto significa al hablar de la Muerte y de la T em ­
planza.
La idea de la muerte y del renacimiento también está
simbolizada en las criaturas que adornan la Rueda. La ser­
piente representa a Set, el dios egipcio del mal, que según
la leyenda trajo la muerte al universo. Es él quien da muerte
a Osiris, el dios de la vida. Es muy probable que esta le­
yenda, lo mismo que la Rueda, se haya originado en la prác­
tica prehistórica de matar al rey-dios, especialmente cuan­
do consideramos que Set fue en su momento un dios hé­
roe, y que la serpiente estaba consagrada a la Diosa, que
habría recibido el sacrificio. La serpiente sigue la Rueda ha­
cia abajo; el hombre con cabeza de chacal que la sigue ha­
cia arriba es Anubis, el guía de las almas muertas, y por
ende el dador de nueva vida. Ahora bien, según ciertas le­
yendas Anubis es hijo de Set, con lo que vemos que sólo la
muerte puede aportar nueva vida, y que cuando tememos a
la muerte estamos viendo únicamente una verdad parcial.
Psicológicamente, sólo la muerte del sí mismo exterior puede
liberar la energía interior.
La esfinge que hay en lo alto de la Rueda representa a
Horus, el hijo de Osiris y dios de la resurrección (en siglos
posteriores reemplazado frecuentemente por Ator). La vida
ha triunfado sobre la muerte. Pero la esfinge, tal como vi­
mos ya en el Carro, significa también el misterio de la vida.
En el Carro, el auriga controlaba la vida con un ego fuerte.
Ahora, la esfinge se ha elevado por encima de la Rueda. Si
dejamos hablar a! inconsciente, percibiremos algún gran se­

122
creto de la vida, más importante que la ronda interminable
de acontecimientos aparentemente sin sentido.
A Set, la serpiente, se le llamaba también el dios de la
oscuridad. Una vez más, ver la oscuridad como el «m al» es
engañoso, y de hecho el miedo a la oscuridad, lo mismo
que el miedo a la muerte, pertenece al ámbito del ego. El
ego ama la luz, así como el inconsciente ama la oscuridad.
Con luz todo es simple y directo; el ego puede ocuparse de
las impresiones sensoriales provenientes del mundo exte­
rior. Cuando llega la oscuridad empieza a movilizarse el in­
consciente; por eso los niños ven monstruos de noche. Una
de las razones de que nos armemos de un yo exterior tan
fuerte es que de ese modo no tenemos que hacer frente a
los demonios cada vez que se apagan las luces.
Sin embargo, quienes quieran ir más allá del Carro ten­
drán que enfrentar esos terrores. Las serpientes y el agua, la
oscuridad y la disolución son símbolos de muerte, es decir
de la muerte del cuerpo y de la muerte del ego. Pero la vida
existe desde antes y sigue existiendo después de la perso­
nalidad individual, que por cierto no es más que una bur­
buja en la superficie de nuestro ser. La vida es poderosa,
caótica, bullente de energía. Entregarnos a ella y a Horus, el
dios de la resurreción, es sacar nueva vida del caos. La
Rueda gira tanto hacia arriba como hacia abajo.
La versión que da Wirth de la Rueda de la Fortuna (fi­
gura 11b) proclama aún más enérgicamente esta idea. La
Rueda está sobre el agua, apoyada en un bote. La disolu­
ción y el caos emergen como la realidad esencial subya­
cente en el universo físico. Todas las formas de existencia,
la gran diversidad de cosas y acontecimientos, son simple­
mente creaciones momentáneas provenientes de esa pode­
rosa energía que llena el cosmos. En la mitología hindú,
cuando las formas exteriores, como el ego, se han debili­
tado y apagado, Shiva destruye periódicamente el universo
entero, liberando la energía básica de la cual éste emergió
originariamente.
El número 10 sugiere el 0. El Loco no es nada y no tiene
personalidad, pero también, como el número 0, es todo,

123
porque siente directamente esa energía de la vida, ese mar
que hierve bajo el bote. En la Rueda de la Fortuna del mazo
Rider (figura 1 la ), el centro de la Rueda no lleva símbolo al­
guno. Cuando llegamos al centro inmóvil de la existencia,
sin ego y sin miedo, todas las formas exteriores se desvane­
cen. Esto es algo que podemos entender en forma intuitiva,
pero para vivenciarlo realmente debemos permitirnos el
descenso a ese mar oscuro, dejar que la personalidad se ex­
tinga, se disuelva y dé paso a la vida nueva que emerge de
la oscuridad.
En las lecturas adivinatorias, la Rueda de la Fortuna sig-
j niñea algún cambio en las circunstancias de la vida de una
j persona. Es probable que la persona no entienda qué es lo
¡ que ha causado ese cambio: quizás no haya ninguna razón
! directa que se pueda ver, y de hecho es probable que la
persona no sea responsable del cambio en ninguno de los
' sentidos normales de la palabra. Una gran corporación
compra la empresa donde trabaja un hombre, y éste se
queda sin trabajo. Una relación amorosa se acaba, no por­
que ninguna de las dos personas haya cometido «error» al­
guno en su manera de tratar a la otra, sino simplemente
1 porque la vida continúa. La Rueda sigue girando.
Lo importante en cuanto al cambio es nuestra reacción.
¿Aceptamos la nueva situación y nos adaptamos a ella? ¿La
usamos como una oportunidad y encontramos en ella al­
gún significado, algún valor? Si la Rueda aparece en posi-
. ción normal, significa adaptación. En su sentido más fuerte,
puede indicar la capacidad de penetrar a través del misterio
de los acontecimientos hasta encontrar un mayor entendi­
miento de la vida. Pese a todo el dolor que cause, el fin de
una relación amorosa puede hacer que uno se conozca m e­
jor a sí mismo.
Invertida, la carta significa una lucha contra los aconteci­
mientos, condenada generalmente al fracaso porque el cam­
bio se ha producido ya, y la vida siempre triunfa sobre la
personalidad que intenta oponérsele. Sin embargo, si la per­
sona que consulta ha reaccionado siempre en forma pasiva
ante todo lo que le ha hecho la vida, entonces la Rueda in­

124
vertida puede significar un cambio más importante de lo
que sería, simplemente, un nuevo conjunto de circunstan­
cias. Es posible que le abra el camino hacia una manera
nueva de percibir que ella es responsable de su propia
vida.

T U S T IC E .

Figura 12

La Justicia

La imagen de este triunfo proviene de la titánida griega


Themis, que con su venda en los ojos y su balanza aparece
en los frescos de todos los tribunales del mundo occidental.
La legítima Justitia de los latinos, que tal era su nombre ori­
ginal, llevaba los ojos vendados para demostrar que la ley
no discrimina, y que se aplica igualmente a débiles y p ode­
rosos. El concepto de justicia social, sin embargo, pertenece
en sentido estricto al Emperador, situado precisamente por

125
encima de la Justicia. La carta 11 indica que las leyes psí­
quicas de la Justicia, por mediación de la cual avanzamos
de acuerdo con nuestra capacidad de entender el pasado,
dependen de que veamos la verdad respecto de nosotros
mismos y de la vida. El Tarot Justicia, por ende, no lleva los
ojos vendados.
Hasta ahora hemos hablado de la segunda línea como
de un proceso de distanciamiento ante las preocupaciones
externas, para así despertar la visión interior de nosotros
mismos y de la vida. Pero una visión de la naturaleza subya­
cente de las cosas no tiene sentido si no produce una res­
puesta activa. Siempre debemos actuar (el principio del
Mago) según la sabiduría recibida del sí mismo, del ser inte­
rior (el principio de la Suma Sacerdotisa). No sólo la ba­
lanza perfectamente equilibrada, sino todas las imágenes
de la carta apuntan en la dirección de un equilibrio entre el
entendimiento y la acción. La figura, una mujer, es de apa­
riencia andrógina; aunque está firmemente sentada en su
banco de piedra, parece en actitud de levantarse; un pie
apunta hacia adelante por debajo de la túnica, mientras el
otro permanece oculto. La espada, emblema de acción,
apunta directamente hacia arriba, indicando resolución y
señalando también la idea de que la sabiduría es como una
espada que traspasa la ilusión engañosa de los aconteci­
mientos hasta encontrar el significado interior. La espada
de dos filos significa elección. La vida nos exige que tome-
mos decisiones; pero, al mismo tiempo, una vez tomada, la
decisión no puede ser revocada. Se convierte en parte de
nosotros, que estamos formados por las acciones que he­
mos realizado en el pasado, y formamos nuestro ser futuro
con las acciones que hoy emprendemos.
La balanza representa también el equilibrio perfecto de
pasado y futuro. Pasado y futuro que no se equilibran en el
tiempo, sino en la clara visión de la Justicia que nos mira fi­
jamente desde el centro exacto de los Arcanos Mayores.
A través de la primera mitad de los Arcanos Mayores,
cuando una persona se compromete con el mundo exterior,
padece la ilusión falaz de que está llevando una vida ba­

126
sada en el principio activo. Esto se debe a que confundimos
el hacer cosas con la acción. A medida que nos volvemos
hacia el interior, suponemos que nos apartamos de la ac­
ción; y de hecho, el proceso de la segunda línea no se pue­
de cumplir sin hacer una pausa en nuestra vida exterior, o
por lo menos sin desplazar la atención. Pero la verdadera
acción, por oposición al movimiento sin sentido, aporta
siempre significado y valor a la vida; una acción tal proviene
del entendimiento. De otra manera, seguimos en una obe­
diente pasividad, como máquinas que se ven impelidas de
un acontecimiento a otro sin entender para nada qué es lo
que nos hace hacer las cosas que hacemos. El verdadero
propósito de la segunda línea no es abandonar el principio
activo, sino despertarlo.
La simbología del triunfo 11 combina en forma más
completa que en ninguno de los anteriores las del Mago y la
Suma Sacerdotisa. Para empezar, los dígitos del número 11
suman 2, pero el número significa también una versión su­
perior de 1 (como también una versión inferior de 21). La
mujer sentada ante dos pilares, entre los cuales hay un velo,
hace pensar en la Suma Sacerdotisa, pero su túnica roja y
su postura, con un brazo levantado y otro hacia abajo, evo­
can al Mago. La verdadera acción emerge del conocimiento
de sí; la sabiduría surge de la acción. En la vida, lo mismo
que en la imagen, el Mago y la Suma Sacerdotisa se combi­
nan inextricablemente, como una serpiente macho y una
hembra que se enroscan una alrededor de la otra (símbolo
tanto de la kundalini como del caduceo de Hermes), o la
doble hélice del ADN. El color del velo es púrpura, em ­
blema de sabiduría interior; el fondo, la corona, el pelo y la
balanza son amarillos, lo que significa fuerza mental. La sa­
biduría no surge espontáneamente. Debemos pensar en
nuestra vida si queremos entenderla, pero todo nuestro
pensamiento no va a ninguna parte, a menos que se derive
de una clara visión de la verdad.
En el nivel microcósmico de la psicología personal, la
Rueda de la Fortuna representa una visión de la vida de
una persona: los acontecimientos, quién es la persona, qué

127
ha hecho de sí misma. La Justicia indica la comprensión de
esa visión. El camino hacia el entendimiento pasa por la
responsabilidad^En tanto que creamos que nuestra vida
pasada se limitó a suceder, que nosotros mismos no aporta­
mos nuestro propio ser a la existencia con cada cosa que
hacemos, el pasado seguirá siendo un misterio y el futuro
una rueda que gira interminablemente, vacía de significado.
Pero cuando aceptamos que cada suceso de nuestra vida
ha contribuido a formar nuestro carácter, y que en el futuro
seguiremos creándonos a nosotros mismos por mediación
de nuestras acciones, es cuando la espada de la sabiduría
hiende en dos el misterio^»
Además, al aceptar que somos responsables de nosotros
mismos nos liberamos paradójicamente del pasado. Como
el Buda, que recordaba todas sus vidas, sólo podemos des­
prendernos del pasado si tomamos conciencia de él. De lo
contrario, repetimos constantemente comportamientos pa­
sados. Por eso la Justicia está en el centro de nuestras vidas.
Bien puede ser que el ego no sea más que una persona, es
decir, una especie de máscara; pero esa máscara puede
controlarnos mientras no admitamos que nosotros mismos
la modelamos.
La idea de que uno es responsable de su propia vida no
implica ningún tipo de control invisible sobre el mundo ex­
terior. N o significa, por ejemplo, que si un terremoto des­
truye la casa de alguien, ese alguien haya querido de algún
modo que así fuera, por sus propias y misteriosas razones.
Entender incluye aceptar las limitaciones de nuestra exis­
tencia física. El universo es vasto y extraño, y ningún indivi­
duo puede controlar lo que en él sucede.
Tam poco la responsabilidad tiene ninguna implicación
moral. Significa simplemente que, nos guste o no, todo lo
que hacemos y todo lo que vivimos contribuye a la evolu­
ción de nuestra personalidad. La vida nos exige que reac­
cionemos ante cada acontecimiento, pero no se trata de
una exigencia moral, sino de un hecho de la existencia.
Y sin embargo, no sólo todos nuestros instintos, sino
también la psicología y la religión, lo mismo que el testimo­

128
nio de los místicos, nos dicen que la vida contiene algo más,
un núcleo interior independiente de ese yo exterior que se
ve arrojado de una experiencia a otra. La segunda línea
muestra cómo se extingue la personalidad exterior, permi­
tiendo la emergencia del núcleo interior, el ángel de la Tem ­
planza. Pero antes de que pueda darse una liberación tal
debemos aceptar la «justicia» de nuestras vidas; aquello
que somos, nosotros mismos lo hicimos.
Para la visión de nuestra época, cuya mejor ejemplifica-
ción se da en el difícil proceso del psicoanálisis, este pro­
ceso de toma de conciencia es principalmente psicológico.
En otras épocas, el proceso de transformación se ha exte­
riorizado en los dramáticos rituales de iniciación. Todas las
iniciaciones se ajustan a la misma pauta. Tras haber reunido
el valor necesario para ser un neófito, el candidato empieza
por recibir instrucción en las enseñanzas del culto o del mis­
terio; durante ese tiempo se dan — a través de la medita­
ción, el ritual y las drogas— los pasos necesarios para abrir
los canales hacia el inconsciente y volver receptiva a la per­
sona. Estas primeras etapas son las simbolizadas en la Fuer­
za y el Ermitaño. Después, en una atmósfera imponente de
misterio y dramatismo, se presenta al candidato una visión
de los misterios secretos del culto (que se mantienen en se­
creto, en parte, para protegerlos de los descreídos, pero
también y sobre todo para preservar su efectividad en el
momento en que son revelados). En los cultos del Graal,
esta visión era una procesión dramática del Graal y sus sím­
bolos, transportados por mujeres que lloraban por un rey
herido. En la Rueda de la Fortuna vemos un análogo de
esta visión.
Y llega ahora el momento crucial. El candidato — o can-
didata— debe dar una respuesta, porque si se limita a se­
guir esperando pasivamente los próximos acontecimientos,
la iniciación no puede avanzar. Lo más probable es que en
los cultos del Graal la respuesta necesaria fuera una pre­
gunta, que podía ser: «¿Qué significa todo esto?» o bien,
más sutilmente, «¿A quién sirve el Graal?». Al formular esta
pregunta, el candidato da al culto ocasión de responder, es

129
decir, de continuar la iniciación mediante el ritual de la
muerte y el renacimiento. Y, lo que es más importante, así
demuestra que reconoce que él es parte del proceso, res­
ponsable de que éste arribe al resultado adecuado. Esto es
más difícil de lo que parece. El ritual simboliza la vida, la
muerte y el renacimiento de la naturaleza, y también el
cuerpo que muere para liberar el alma inmortal. Para hablar
durante un acontecimiento tan sobrecogedor (y recuérdese
que el iniciado creía en sus dioses y diosas con una intensi­
dad que hoy resulta imposible para la mayoría de nosotros)
se necesitaba un coraje por lo menos tan grande como el
que hace falta para aceptar las verdades que se nos revelan
por medio de un análisis psicológico, y el consiguiente des­
pertar.
En nuestra época, el acento puesto sobre el individua­
lismo nos lleva a pensar sólo en la muerte y en el renaci­
miento personales. Las grandes iniciaciones, por su parte,
no servían solamente para transformar a una persona con­
creta, sino que también la vinculaban con los misterios, más
vastos, del universo. Si seguimos esta pista, podemos ver
otra de las razones por las cuales la Justicia tiene su lugar
adecuado en el centro de los Arcanos Mayores. Hemos ha­
blado ya del mundo com o de una vasta interacción de
opuestos, una rueda de luz y de oscuridad, de vida y de
muerte, que gira constantemente. También hemos dicho
que en el centro de la rueda está el punto inmóvil en torno
del cual, interminablemente, rotan los opuestos. La balanza
equilibrada de la Justicia nos sugiere, una vez más, ese pun­
to inmóvil^Cuando encontramos el centro de nuestra vida,
todo llega a equilibrarse. Y cuando todos los opuestos, en­
tre ellos el pasado y el futuro, se equilibran, somos capaces
de ser libres en el interior de nosotros mismos. V
Muchas personas se preguntan qué nos dice el Tarot, o
el I Ching o la astrología, sobre el libre albedrío. Si las cartas
pueden predecir lo que haremos, ¿significa esto que el libre
albedrío en realidad no existe? La cuestión se plantea a par­
tir de un malentendido referente a lo que es el libre albedrío
como tal, en cuanto lo consideramos como algo simple e in­

130
dependiente del pasado. Pensamos que en cualquier mo­
mento somos libres de hacer lo que se nos ocurra, pero
nuestras elecciones, pretendidamente libres, están condú-
cionadas por nuestras acciones pasadas. Si nosotros mis­
mos no nos entendemos, ¿cómo podemos esperar hacer
una opción libre? Solamente si vemos y aceptamos el pa­
sado somos capaces de liberarnos de él.
Supongamos que una persona consulta las cartas acer­
ca de tal o cual situación. Estas señalan muy claramente las
consecuencias de determinada decisión; por ejemplo, de
continuar o no con una relación amorosa, o de iniciar un
proyecto nuevo. Imaginemos que las cartas indican un de­
sastre, y que la persona puede ver realmente la probabili­
dad de que lo predicho suceda. Ahora bien, el consultante
puede pensar: «Bueno, esto es sólo una probabilidad, pero
mi libre albedrío me permitirá cambiar la situación.» Con
esa idea, sigue adelante, y la situación resulta exactamente
tal como la predecían las cartas. La persona no ha usado
realmente, en modo alguno, su libre albedrío; la idea de li­
bre albedrío le ha servido, más bien, como excusa para ig­
norar lo que previamente había reconocido como una pre­
visión válida. Esta no es una situación hipotética; es algo
que sucede una y otra vez con las lecturas del Tarot. Con
prever un resultado probable no basta para cambiarlo o im­
pedir que suceda. Debemos entender por qué algo se ave­
cina, y debemos trabajar sobre las causas que desde dentro
de nosotros mismos condicionan las cosas que hacemos y
las formas en que reaccionamos. El libre albedrío existe, sin
duda alguna. Pero simplemente, no sabemos usarlo. Lo más
importante que podemos aprender consultando el Tarot es,
precisamente, lo poco que ejercitamos nuestra libertad.
Cuando se consulta el Tarot se ha de prestar siempre
muy cuidadosa atención a la carta de la Justicia. Su apari­
ción indica, ante todo, que los acontecimientos han funcio­
nado de la manera que «tenían» que funcionar, es decir,
que lo que nos sucede proviene de situaciones y decisiones
pasadas. T enemos lo que nos merecemos. En segundo lu­
gar, indica la necesidad y la posibilidad de ver la verdad de

131
este resultado{La carta significa una sinceridad absoluta. Al
mismo tiempo, muestra la posibilidad de que nuestras ac­
ciones en el futuro sean modificadas por una lección apren­
dida en la situación presente./*
No podemos ser sinceros con nosotros mismos si no ex-
tendemos esa sinceridad a nuestros tratos con otras perso­
nas^ En este sentido, la carta es portadora de los significa­
dos obvios de la Justicia: sinceridad, juego limpio, acciones
correctas y, ciertamente, cuando se trata de asuntos de tipo
jurídico, una decisión justa, que puede no ser necesaria­
mente la que quizá prefiera uno.^>
Invertida, la carta indica falta de sinceridad — deshones­
tidad— con uno mismo y con los demás. Señala una mala
disposición a ver el significado de los acontecimientos y
muestra especialmente que estamos perdiéndonos una opor­
tunidad de entendernos mejor, y de entender mejor nuestra
vida. En el nivel externo indica deshonestidad y acciones o
decisiones injustas. A veces, son los demás quienes son in­
justos con nosotros. El significado de la carta invertida puede
referirse también a decisiones legales injustas o a recibir
mal trato de terceras personas.
Por otra parte, no debemos permitir que la insinuación
de injusticia nos sirva de excusa para negar nuestra propia
responsabilidad en lo que nos sucede. La Justicia en posi­
ción invertida refleja en ocasiones la actitud de «Qué injus­
ticia, mirad cómo me trata todo el mundo», etcétera, etcé­
tera. Pero, sea que esté en posición normal o invertida, los
claros ojos de la Justicia nos envían un mensaje sobrecoge-
dor. Con palabras de Emerson, «Nadie más que tú mismo
podrá salvarte».

132
(a) Figura 13 (b)

El Colgado

Tras la crisis de haber visto lo que hemos hecho de nuestra


vida viene la paz de la aceptación; después de la Justicia, el
Colgado. Artistas, escritores y psicólogos se han sentido
atraídos por esta carta, con su insinuación de grandes ver­
dades en un diseño simple. Nos hemos referido ya a la tra­
dición oculta subyacente en la postura invertida y las pier­
nas cruzadas. Al hablar de la Fuerza, dijimos que los ocultis­
tas procuran liberar la energía de los deseos y transformarla
en energía espiritual. Muchos ocultistas, y particularmente
los alquimistas, han creído que una manera muy directa de
lograrlo era literalmente ponerse cabeza abajo, de manera
que la gravedad atraiga la energía hacia abajo, desde los g e ­
nitales al cerebro. Naturalmente, sólo el más optimista e in­
genuo de los alquimistas habría esperado que semejante
cosa sucediera al pie de la letra. Quizás hayan creído que

133
en el fluido genital se encontraban oligoelementos que des­
cenderían, infiltrándose, hasta afectar el cerebro, pero lo
más significativo es que la inversión de la postura física sirve
como un símbolo directo de la inversión de actitudes y de la
experiencia que se produce por mediación del despertar es­
piritual. Allí donde todo el mundo está frenético, tú conoce­
rás la paz. Donde otras personas se consideran libres, pero
están de hecho a merced de fuerzas que no entienden y
que las empujan de una cosa a otra, alcanzarás la verda­
dera libertad entendiendo y aceptando esas fuerzas.
El Colgado pende de un árbol que tiene la forma de la
letra T. Ahora bien, ésta es la mitad inferior de una crux an-
sata, el símbolo egipcio de la vida, y se la llama a veces
«cruz Tau». Según Case, la cruz egipcia representaba la letra
hebrea Tau, que es la letra que corresponde al Mundo. Así
pues, el Colgado está a mitad de camino hacia el Mundo.
Esto se comprueba igualmente en el hecho de que 12 es 21
al revés, y en el de que si se da vuelta la carta (haciendo que
el hombre quede en posición normal) se tendrá casi la mis­
ma figura que en el danzarín del Mundo. Por consiguiente,
cuando preguntamos qué carta hace las veces de punto
central de los Arcanos Mayores, la respuesta no es «una»,
sino «tres», a saber, la Rueda, la Justicia y el Colgado, que
simbolizan un proceso, antes que un momento.
Obsérvese que mientras que el danzarín del Mundo ex­
tiende ambos brazos con sus varitas mágicas, el Colgado los
mantiene cruzados detrás de la espalda, y recuérdese tam­
bién que está cabeza abajo. En esta etapa, sólo retirándose
,de la sociedad es posible mantener una profunda concien­
cia espiritual. En el Mundo vemos cómo esa misma con­
ciencia se mantiene en medio de las actividades externas de
la vida.
El hombre pende de una crux ansata. por lo cual su ár­
bol es el Arbol de la Vida. Si recordamos que Odín se sacri­
ficó por Igdrasil, también podemos llamar a la horca el Ar­
bol del Mundo. Este árbol comienza en el submundo (el in­
consciente) y se eleva, a través del mundo físico (la con­
ciencia), hasta el cielo (el superconsciente). Las ideas que

134
fueron representadas por primera vez en el diagrama de los
Enamorados han comenzado a actualizarse. Lo que antes
veíamos como conceptos se convierte ahora, después de la
Justicia, en una experiencia auténtica. El número del C ol­
gado, el 12, es 2 veces 6, esto es, la Suma Sacerdotisa que
eleva a los Enamorados a un nivel superior.
Más allá de todo este simbolismo, el Colgado nos con­
mueve porque nos muestra una imagen directa de la paz y
el entendimiento. Si la calma irradia con tanta fuerza en el
naipe, es porque el Colgado se ha entregado a los ritmos de
la vida. En las antiguas iniciaciones, la entrega significaba
unirse a los rituales, en vez de limitarse a observarlos desde
fuera. Para muchas personas de hoy, significa liberar las
emociones que mantienen bloqueadas desde hace años.
Obsérvese que ambas cosas son actos: entregarnos al Arbol
de la Vida es un verdadero paso que damos, no una es­
pera pasiva.
T. S. Eliot, en su poema The Wasteland [La tierra bal­
día], vincula la idea de una entrega individual a las em ocio­
nes tanto con la aridez de la vida europea después de la pri­
mera guerra mundial como con los antiguos misterios del
Graal. El Rey Pescador herido puede curarse mediante un
«momento de entrega que una edad de prudencia jamás
puede retractar». Y en un pasaje anterior del poema se ad­
vierte al héroe que «tema perecer ahogado». El ego percibe
la entrega como muerte, como disolución en el mar de la
vida. La persona que ofrece esta advertencia es un lector
del Tarot. En la década de los años veinte, el poema de
Eliot ayudó a popularizar las cartas de Tarot y, específica­
mente, dio fama al Colgado. De hecho, el Colgado no apa­
rece en el poema, pero es importante a causa de su ausen­
cia.
Eliot afirmó que en realidad no sabía nada del Tarot, y
que se limitaba a usar algunas imágenes tomadas de él.
Aparentemente, sin embargo, conocía un hecho esotérico
que ignoran incluso muchos comentaristas del Tarot: según
algunos autores esotéricos, el Colgado llevaba originaria­
mente el título de «El marinero egipcio ahogado». Madame

135
Sosostris da este título al héroe. «Esta es tu carta.» La en­
trega es su destino, pero él lo ha negado: «N o encuentro
al Colgado.»
Las piernas cruzadas representan el número 4 invertido.
El 4 simboliza la tierra con sus cuatro direcciones. Al invertir
su propio sentido de los valores, el Colgado ha puesto el
mundo cabeza abajo. Juntos, la cabeza y los brazos forman
un triángulo de agua, con la punta hacia abajo. El camino
hacia el superconsciente pasa por el inconsciente. La carta
de la baraja del Alba Dorada (figura 13b) muestra al C ol­
gado suspendido sobre el agua. La mayoría de los cabalis­
tas del Tarot asignan a esta carta la letra Mem, que repre­
senta los «mares» o el elemento de agua.
Por lo tanto, en el cuerpo del Colgado vemos el 4, el
mundo, la conciencia, y el 3, que aquí representa el agua o
el inconsciente. Estos números, multiplicados, dan el 12. En
la multiplicación, los números originales se disuelven para
formar algo mayor que su suma.
Com o el 21, el número 12 sugiere a la vez el 1 y el 2. La
carta refleja al Mago, en el sentido de que el poder que éste
hace descender con su vara ha penetrado ahora en el C ol­
gado: lo vemos en la aureola de luz que le rodea la cabeza.
La experiencia de sentir realmente la fuerza espiritual que
hay en la vida es la vivencia de un gran poder y una gran
emoción en medio de una calma total. El número 2, lo
mismo que la imagen del agua, nos hace pensar en la Suma
Sacerdotisa. Ambas cartas indican un retraimiento, pero
donde el triunfo 2 indicaba el arquetipo de la receptividad,
el 12 nos muestra una vivencia de la receptividad.
1 más 2 es igual a 3. La Emperatriz siente directamente
la vida gracias a su compromiso emocional; el Colgado la
siente mediante la percepción interior.
En las lecturas, el Colgado expresa un mensaje de inde­
pendencia. Como el Loco, que significa hacer lo que en
nuestro sentir es lo mejor, por más que a otras personas les
parezca absurdo, el Colgado indica que eres quien eres,
aunque otros piensen que lo tienes todo al revés. Simboliza
el sentimiento de estar profundamente conectado con la

136
vida, y puede significar una paz que se logra después de
una difícil ordalía.
Invertido, el triunfo significa una incapacidad de libe­
rarse de las presiones sociales. En vez de prestar oídos a
nuestro ser interior, hacemos lo que los demás esperan o
exigen de nosotros. Nuestra percepción de la vida es siem­
pre de segunda mano; jamás es una experiencia directa,
sino solamente una serie de estereotipos, com o la persona
que modela su comportamiento basándose en las órdenes
de sus padres y en las acciones de las estrellas de cine.
La carta invertida significa también que el consultante li­
bra algún tipo de lucha con su ser interior. Puede aludir a
una persona que intenta negar alguna parte básica de sí
misma, o simplemente que no puede aceptar la realidad y
que, de una manera o de otra, está constantemente bata­
llando con la vida. Al contraponer su ego al mundo, tam­
poco tiene nunca una experiencia plena de la vida. No p o­
demos conocer el significado cabal de la vida hasta que,
como Odín, no nos colguemos del Arbol del Mundo, cuyas
raíces se hunden profundamente, más allá del conoci­
miento, en el mar de la experiencia, mientras sus ramas se
pierden entre las infinitas estrellas.

137
(a) Figura 14 (b)

La Muerte

Lo mismo que los Enamorados (directamente encima de la


Muerte), el diseño que Arthur Waite ofrece del triunfo 13 se
aparta de la imaginería estándar del Tarot. La imagen de
arriba a la derecha proviene del Tarot esotérico del Alba
Dorada, pero aun así ejemplifica el antiguo mensaje, esen­
cialmente social, de la Muerte. La Muerte abate de la misma
manera a todos, reyes y villanos. Esta democracia básica de
la muerte fue un tema favorito en los sermones medievales.
Como idea, se remonta por lo menos hasta la práctica judía
de enterrar a todos en el mismo estilo — una mortaja blanca
y una sencilla caja de pino— , de modo que en la muerte ri­
cos y pobres quedaran nivelados.
Com o no podía ser menos, el gran poder de la muerte
nos lleva más allá de la democracia, a problemas tanto filo­
sóficos como psicológicos. La muerte, como la vida, es eter­

138
na y omnipresente. JLas formas individuales están siempre
muriendo, en tanto que otras llegan a la existencia. Si la
muerte no barriera con lo viejo, nada nuevo podría encon­
trar lugar en el mundo. Muchas novelas de ficción científica
nos han mostrado a qué sociedad tiránica se llegaría si los
líderes mundiales no se murieran. La liberación de España
después de la muerte de Franco constituyó una adecuada
demostración de la importancia de la muerte.
Al morir, la carne se pudre hasta dejar solamente el es­
queleto, que también terminará por desaparecer, pero que
dura lo suficiente como para, por lo menos, apuntar a la eter­
nidad. De ahí que en la baraja del Alba Dorada (figura 14a)
la carta del esqueleto dé a entender que la eternidad triunfa
sobre lo transitorio. Ahora bien, el esqueleto tiene también
un significado ocultista. En el mundo entero, el entrena­
miento de los chamanes incluye métodos para ver el propio
esqueleto, valiéndose de drogas o meditación, e incluso des­
prendiéndose la piel de la cara. Al liberar el hueso de la
carne, los chamanes se conectan con la eternidad.
Porque teme a la muerte, la gente busca en ella razón y
valor. La religión cristiana nos enseña que la muerte libera
el alma de la carne pecadora para que así podamos unirnos
con Dios en una gran vida aún por venir. Cari Jung ha es­
crito sobre la importancia de creer en una vida futura, sin la
cual la muerte puede parecer demasiado monstruosa para
aceptarla.
Otros han señalado que la muerte nos reúne con la na­
turaleza. La conciencia que nos aísla del mundo terminará
por ser borrada, y la putrefacción del cuerpo significa sola­
mente que está alimentando a otras criaturas. Cada muerte
aporta nueva vida. A muchas personas, la idea de que serán
comidas les parece horrenda. La moderna práctica [en los
Estados Unidos] de embalsamar y pintar los cadáveres para
que parezcan vivos, y de enterrarlos luego en ataúdes her­
méticos de metal, se deriva del deseo de mantener, hasta en
la muerte, el cuerpo apartado de la naturaleza.
Lo cierto es que, puesto que no sabemos qué sucede
con nuestro cuerpo una vez que el espíritu lo ha abando­

139
nado, lo que realmente tememos es la destrucción de la
personalidad. El ego se ve a sí mismo como algo aparte de
la vida; y como no es más que una máscara, no desea morir.
Desea hacerse superior al universo.
Si podemos aceptar la muerte, seremos capaces de vivir
más plenamente. El ego nunca quiere liberar energía: in­
tenta atesorarla para resguardarse del miedo a la muerte.
Com o resultado, la energía nueva no puede penetrar, lo
cual se ve muy gráficamente en la forma en que respiramos
cuando somos presa del pánico: procuramos tragar aire sin
dejarlo salir antes, y como resultado se nos corta la respira­
ción.
También en el intercambio sexual el ego escatima ener­
gía, negándose al orgasmo y a la entrega porque siente que
en ese momento se disuelve parcialmente. En la Inglaterra
isabelina se solía llamar «muerte» al contacto sexual, y en el
Tarot, la Muerte aparece debajo de los Enamorados.
Porque el ego se resiste a la idea misma de la muerte, y
consiguientemente nos impide disfrutar de la vida, hay oca­
siones en que debemos recurrir a medidas extremas para ir
más allá de él. Los ritos de iniciación conducen siempre a
una muerte y un renacimiento simulados. Al iniciado se le
hace creer que está realmente a punto de morir. Se hace
todo lo necesario para que esa muerte parezca tan real como
sea posible, de modo que el ego, engañado, tenga la viven­
cia real de la tan temida disolución. Entonces, cuando el ini­
ciado «renace», experimenta una nueva madurez y una li­
beración nueva de energía. En los últimos años, muchas
personas han tenido vivencias muy semejantes a las de es­
tos ritos mediante el uso de drogas psicodélicas. Creen que
se están muriendo, y se sienten renacer. Sin embargo, sin la
preparación que simboliza el Colgado, es frecuente que la
experiencia sea profundamente perturbadora.
t- Contrariamente a lo que muchos creen, la carta de la
Muerte no se refiere, de hecho, a la transformación, sino
que nos muestra más bien el momento preciso en que re­
nunciamos a las antiguas máscaras y permitimos que la
transformación se produzca. Quizá podamos entenderlo

140
mejor si atendemos al paralelo entre el Tarot y la psicotera­
pia. Mediante la fuerza de la voluntad (la Fuerza), la per­
sona, con ayuda del terapeuta-guía (el Ermitaño), deja emer­
ger el conocimiento de quién es realmente y de los hábitos
o miedos de los cuales quiere desprenderse (la Rueda y la
Justicia). Este conocimiento le aporta calma y deseos de
cambiar (el Colgado). Pero entonces se instala el miedo.
«Quizá si renuncio a mi comportamiento — piensa— no
quedará nada, y moriré.» Son tantos los años que vivimos
bajo el control del ego, que llegamos a creer que nada más
existe. Lo único que conocemos es la máscara. Con fre­
cuencia, la gente se atasca durante años en una terapia por­
que le da miedo liberarse. La nada con que se enfrenta el
Loco la aterroriza.
Muchas veces, la gente que ha sido mucho tiempo gor­
da tiene un miedo similar si intenta hacer dieta. «Siempre
he sido gordo», piensa. «Soy una persona gorda, y si adel­
gazo, ya no existiré.» Y el hecho es que es verdad. El «y o »
que era una persona gorda ya no existirá, pero en su lugar
surgirá algo nuevo.
La imagen que nos da Waite del triunfo 13 insiste en el
significado psicológico de la carta. Las cuatro personas
muestran diferentes maneras de enfrentar el cambio. El rey
abatido representa la rigidez del ego. Si la vida nos ataca
con la fuerza suficiente, el ego puede desmoronarse, y la in­
sania puede ser el resultado de la incapacidad para adap­
tarse a un cambio extremo. El sacerdote está de pie y se en­
frenta directamente con la Muerte; puede hacerlo porque la
rigidez de su ropa y su tocado lo protege y le sirve de apoyo.
Aquí vemos el valor que tiene un código de creencias para
ayudarnos a superar el miedo a la muerte. La doncella sim­
boliza una inocencia parcial: el ego no es rígido, pero aun
así tiene conciencia de sí y se niega a entregarse. Por eso,
aunque está arrodillada, la muchacha se aparta. Sólo el
niño, que representa la total inocencia, enfrenta a la Muerte
con una simple ofrenda de flores.
La Muerte lleva una armadura negra. Ya hemos visto
cómo la negrura y la oscuridad simbolizan tanto la fuente

141
de la vida como su fin. Así como el negro absorbe todos los
colores, la muerte absorbe todas las vidas individuales. El
esqueleto monta un caballo blanco. El blanco refleja todos
los colores, y por consiguiente simboliza la pureza, pero
también la nada. La rosa blanca representa los deseos puri­
ficados, porque cuando el ego se extingue, con él mueren
las necesidades egoístas y represivas. Al fondo de la carta
vemos un sol que se levanta entre dos pilares. El yo perte­
nece al mundo exterior de la dualidad, que separa y catego-
riza la experiencia. Por mediación de la Muerte sentimos el
poder radiante de la Vida, que sólo se conoce a sí misma. El
paisaje que se extiende ante los pilares nos trae a la m em o­
ria el País de los Muertos que describen todas las mitolo­
gías. Tememos a la muerte del ser que éramos porque no
sabemos qué esperar después. Una de las principales fun­
ciones de los chamanes que ven su propio esqueleto es
adelantarse por el País de los Muertos para así ser capaces
de guiar las almas de los demás.
En mitad de la carta fluye un río. Los ríos, como vimos
con la Emperatriz, indican la unidad de cambio y eternidad.
El hecho de que conduzcan al mar nos recuerda el carácter
informe y la unicidad del universo. La barca, con reminis­
cencias de las naves funerarias de los faraones, simboliza el
sí mismo, el ser verdadero que la Muerte transporta a una
vida nueva.
Sea cual fuere la imagen, todos los mazos del Tarot tie­
nen el número 13. Aunque la mayoría de las personas con­
sidera al 13 un número desafortunado, no saben bien por
qué. En nuestra cultura, el 13 se refiere a Judas, que era el
decimotercer participante en la Ultima Cena, y por consi­
guiente, el número indica la muerte de Cristo (y de todos).
El viernes trece es especialmente desafortunado, porque
Cristo murió un viernes. Pero también podemos describir
a Cristo como el decimotercer hombre, y ver cómo la muerte
conduce a la resurrección.
En un sentido más simbólico, el 13 es desafortunado
porque nos lleva más allá del 12, que es una especie de nú­
mero «perfecto». Combina los arquetipos del 1 y el 2, sim­

142
boliza el zodíaco — y por ende, el universo— y es divisible
por 1, 2, 3, 4 y 6: más dígitos que cualquier otro número. El
13 destruye esta elegancia: no es divisible más que por 1 y
por sí mismo. Pero también aquí podemos ir más allá de los
aspectos negativos del simbolismo. Precisamente porque
arruina la perfección del 12, el 13 significa una creación
nueva; la muerte desorganiza las viejas formas y abre el
paso a las nuevas.
La suma de los dígitos del número 13 da 4, el Empera­
dor. Por mediación de la Muerte triunfamos sobre nuestro
ser «social» externo. Como el 13 es una forma superior del
3, la carta evoca también a la Emperatriz, y vuelve a recor­
darnos que en la naturaleza, la vida y la muerte son inse­
parables.
En las lecturas'adivinatorias, la Muerte significa una
época de cambio. Con frecuencia, indica miedo al cambio.
En su aspecto más positivo apunta a deshacerse de viejos
hábitos ¡¿ rigideces para permitir el afloramiento de una vida
nueva. En el más negativo, indica un miedo paralizante a la
muerte física, un miedo que alcanza mayor profundidad de
lo que mucha gente se da cuenta: es frecuente que una
consulta con muchas indicaciones positivas termine mal
porque la Muerte está en la posición de los miedos.
Invertido, el triunfo indica estancamiento en los viejos
hábitos. Waite habla de «inercia, sueño y letargo» en la vida.
Este sentimiento de una vida aburrida y sin aliciente enmas­
cara la lucha, a veces desesperada, del ego por evitar el
cambio. La carta indica siempre que la Muerte, con el subsi-'
guíente renacimiento, no es sólo una posibilidad sino tam­
bién, en cierto sentido, una necesidad. El momento de mo­
rir ha llegado, y el ego, al hundirnos en el letargo, impide
que la percepción de este hecho aflore a la conciencia. Con
frecuencia, la inercia, el aburrimiento y la depresión enmas­
caran terrores internos.

143
TEM PERANCE.

(a, (b) (c)


Figura 15

La Templanza

El Carro simboliza el éxito en la construcción de un ego


capaz de enfrentarse victoriosamente con la vida. Con el
correr del tiempo, el ego se vuelve rígido, y poco a poco el
comportamiento llega a ser no tanto una reacción frente a
la realidad como un encadenamiento de hábitos. El propó­

144
sito de la segunda línea de los Arcanos Mayores es liberar­
nos de esta personalidad artificial y, al mismo tiempo, dar­
nos un atisbo de las grandes verdades del universo. La
Templanza, que aparece debajo del Carro, nos muestra una
persona cuyo comportamiento vuelve a estar conectado con
el mundo real, pero de una manera mucho más significativa
que antes. Porque, si el niño se relaciona directamente con
la vida, lo hace sin tener conciencia, y a medida que la con­
ciencia aumenta, también se fortalece el ego. La Templanza
indica la capacidad de combinar la espontaneidad con el
conocimiento.
F.l término «templanza» significa moderación, y para la
mayoría de las personas, esto se refiere a dominio de sí.
Pero la Templaza del Tarot no se va a los extremos simple­
mente porque los extremos no son necesarios. No se trata
de una inhibición artificial acorde con algún código moral,
sino exactamente de lo contrario: de una respuesta ade­
cuada y auténtica a todas las situaciones a medida que se
plantean. *
La palabra «templanza» se deriva del latín temperare,
que significa «m ezclar» o «com binar adecuadamente». La
persona que ha liberado su ser interior se caracteriza no so­
lamente por la moderación, sino por su capacidad para
combinar los diferentes aspectos de la vida. Mucha gente
sólo es capaz de enfrentarse con la v ida si la va parcelando
en sectores. Se crean una personalidad para los negocios y
otra para su vida privada: las dos son falsas. Consideran
que ciertos momentos y situaciones sen «serios» y otros «d i­
vertidos», y se guardan muy bien de sonreír ante un tema
serio. Con frecuencia, las personas que aman no son las
que les parecen sexualmente atractivas. Todas estas escisio­
nes se derivan de la incapacidad para tomarse la vida tal
como viene, momento a momento. La Templaza combina
los elementos de la vida; en realidad, combina los elemen­
tos de la personalidad, de modo tal que la persona y el
mundo exterior fluyan juntos con naturalidad.
En toda la imagen, el triunfo exhibe los signos de la com­
binación. Cuando miramos la imagen del mazo Waite-Smith

145
(figura 15a), lo primero que vemos es el agua que se vierte
de una a otra copa: la unión de los elementos fluyentes de
la vida. Si nos fijamos que la copa inferior no está directa­
mente debajo de la superior, veremos que la imagen nos
muestra una imposibilidad física. La capacidad de enfrentar
jubilosamente los problemas de la vida que confiere la Tem ­
planza, a mucha gente le parece mágica.
En la baraja Rider, la Templanza presenta ambas copas
como mágicas. En la imagen del mazo Wirth (figura 15c), el
búcaro superior es de plata, lo que indica un contenido que
fluye desde la Luna, es decir, desde el inconsciente, hacia el
Sol, la conciencia. La segunda línea se inició con un aleja­
miento del mundo para encontrar el ser interior; ahora ha
llegado el momento de volver a las actividades normales de
la vida.
El camino, especialmente, significa retorno. H emos des­
cendido a las profundidades del sí mismo y ahora, enrique­
cidos, desandamos el camino para reasumir el compromiso
con el mundo exterior. O bsérvese que los dos pilares de los
naipes anteriores se han convertido en dos montañas. Las
ideas abstractas están convirtiéndose en realidad; la Tem-
planza es una carta de comportamiento, no de conceptos.
El ángel está con un pie apoyado en tierra y el otro en el
agua. Así como el agua representa el inconsciente, la tierra
simboliza el «mundo real» de los acontecimientos y de las
otras personas. La personalidad de quien ha alcanzado la
Templanza, en cuanto actúa a partir de un sentido interior
de la vida, vincula los dos ámbitos. El agua indica también
potencialidad, es decir, las posibilidades de la vida, en tanto
que la tierra simboliza la manifestación o la realidad. Por
obra de la Templanza, la persona otorga realidad, mediante
sus acciones, a las maravillas que percibió el Colgado.
La Templanza del mazo BO TA (figura 15b) muestra agua
que se vierte sobre un león, y una antorcha que derrama
fuego sobre un águila. Leo simboliza el fuego (el Mago), en
tanto que el águila, la forma «superior» de Escorpio, repre­
senta el agua (la Suma Sacerdotisa). El ángel está m ez­
clando la dualidad básica, combinando inseparablemente

146
los diferentes aspectos de la vida, que antes se aparecían
como irremediablemente ajenos entre sí. Ahora, el águila
representa la forma superior de Escorpio, porque Escorpio
simboliza la energía del inconsciente. En su forma inferior,
el escorpión, esta energía se muestra principalmente como
sexualidad, los «deseos animales» de la personalidad no d e­
sarrollada. Cuando la energía ha sido transformada, canali­
zándola a través de la conciencia, se convierte en el águila
de la espiritualidad. La Fuerza mostraba esta energía, pues­
ta afuera, en la forma del león; en la baraja BOTA, la Tem ­
planza nos muestra el proceso terminado, el águila y el león
combinados.
El ángel recuerda a la diosa griega Iris, cuyo signo era el
arco iris; en la carta del mazo B O TA aparece un arco iris, y
hay lirios (iris) en la imagen de la versión Rider. El arco iris
aparece como signo de paz después de una tormenta, lo
cual nos recuerda que la Templanza muestra la personali-
dad liberada por la tremenda experiencia de la Muerte.
arco iris proviene del agua, y sin embargo resplandece como
luz a través del cielo, como emblema del sí mismo, del ser
interior que, tras haber parecido oscuro, caótico y temible,
trajo jubilosamente a la superficie la promesa de una nueva
vida, y se transformó en ella. En la tradición judeocristiana,
el arco iris es un signo de renovación después del Diluvio.
El Diluvio, como la destrucción del universo a manos de
Shiva, representa psicológicamente la muerte de las viejas
pautas, que no reflejan la verdad y el júbilo de la vida, y que
empujan a la gente hacia el «mal», es decir, a comporta­
mientos destructivos para uno mismo y para los demás.
Com o mensajera de Zeus, Iris viajaba al mundo subte­
rráneo para llenar su copa de oro con las aguas del río Esti-
gio. Los griegos creían que las almas muertas atravesaban
el Estigio para llegar a la tierra de los muertos. Sólo un des­
censo al mundo subterráneo del yo es capaz de renovar
la vida.
Desde el punto de vista religioso, el ángel simboliza el
alma inmortal liberada por la muerte. Si mira uno cuidado­
samente debajo del escote, verá el nombre de Dios entrete­

147
jido en la tela de la túnica. En la tradición cristiana, el alma
se reunirá con Dios después de la resurrección. El triángulo
que hay dentro del cuadrado indica que el Espíritu se eleva
desde dentro del cuerpo material.
Psicológicamente, el ángel indica la energía de la vida
que emerge después de la Muerte del ego. El triángulo,
ahora, muestra que esa energía opera dentro del marco de
las actividades normales. No necesitamos hacer milagros
para percibir nuestra relación con el universo inmortal; sólo
es necesario que seamos nosotros mismos.
Recuérdese que el Tetragrámaton aparecía en la Rueda
como un misterio del destino. Aquí el nombre se ha conver­
tido en parte de nosotros. N o s convertimos en «señores» de
maestro destino cuando aprendemos a enfrentarnos con la
vida_ tal como es y no a través de rutinarios hábitos y~cfe-
fensas.
< L o s significados adivinatorios, lo mismo que las ideas de
la carta, se inician con moderación y equilibrio en todas las
cosas, y siguiendo el camino del medio. La carta significa
acción correcta, obrar adecuadamente en cualquier situa­
ción que se plantee. Con frecuencia, esto significa no hacer
.nada. La persona intemperante necesita estar siempre ha­
ciendo algo, pero es muy frecuente que una situación exija
solamente que una persona se limite a esperar. En ocasio­
nes, la carta aparecerá como antídoto de otras que señalan
temeridad e histeria.
La Templanza significa la fusión conjunta de elementos
dispares, la combinación de actividades y sentimientos para
producir un sentido de armonía y de paz. Como alude a un
equilibrio y una combinación de los diferentes aspectos de
la vida, la Templanza es portadora de una significación es­
pecial para los Arcanos Menores. Si en una consulta vemos
a una persona desgarrada entre, por ejemplo, varas y copas
— actividad y pasividad— o copas y pentáculos —fantasía y
realidad— . entonces la Templanza, la moderación y el ac­
tuar a partir de un sentimiento interior de la vida, pueden
dar la pista para integrar ambas cosas.
Lo mismo que el Loco en posición invertida, la Tem ­

148
planza cabeza abajo indica desafuero, comportamiento ex­
tremado.
carece de la percepción interior necesaria para saber lo que
es adecuado en cada situación. Él triunfo invertido puede
ser una advertencia de que hemos dejado que nuestra vida
se fragmentase, y de que nos estamos deslizando desde un
extremo al otro. De hecho, puede indicar fracaso en la dura
tarea de dejar que los viejos hábitos y los antiguos miedos
se extingan, perdiéndose en el pasado. En un nivel simple,
la Templanza invertida nos aconseja que nos calmemos y
no caigamos en los extremos; en su sentido más profundo,
nos remite de nuevo a la Fuerza, para comenzar ese pro­
ceso — largo, a veces doloroso, a veces aterrador, pero siem­
pre esencialmente jubiloso— de la muerte y el renacimiento.

149
■ : v 'ü h

'
6

El gran viaje

El objetivo de la iluminación

En general los hombres encuentran su realización cuando


han destruido la máscara de la persona y pueden regresar,
renovados, al mundo ordinario. Sin embargo, siempre ha
habido gentes que buscaban algo mayor, una unión com­
pleta con los cimientos espirituales de la realidad, gentes
para quienes no basta con sentir simplemente que el espí­
ritu traspasa su vida, sino que quieren conocer con plena
conciencia esta fuerza, y que con su iluminación, sus ense­
ñanzas y su ejemplo nos enriquecen a todos. Para estas per­
sonas, el logro que significa la segunda línea es una prepa­
ración y un apartamiento de obstáculos.
En su forma más auténtica, la vida es simplemente ener­
gía pura e indiferenciada, en la cual existe simultáneamente
todo lo viviente. N o hay formas ni partes ni fragmentos en
la eternidad. La conciencia nos protege de una vivencia tan
abrumadora, descomponiendo la totalidad de la vida en
opuestos y en categorías. En el Colgado y la Templanza
trascendimos parcialmente los límites impuestos por esas
falaces ilusiones hasta llegar a una sensación del gran p o­
der de la vida, y a sentirnos nosotros mismos como parte de
ese poder. Pero incluso en la Templanza reaparece la ilu­
sión de que somos seres aparte. La carta situada debajo de

151
la Templanza se llama el Mundo porque es por mediación
de su vivencia como nosotros y el universo nos unifica­
mos.
La línea se inicia con una paradoja, una aparente caída
en las ilusorias garras del Diablo. Al profundizar en el signi­
ficado de la carta en este lugar, especialmente, llegamos a
una comprensión nueva de lo que lleva implícito la libera­
ción. Al comienzo de los Arcanos Mayores dijimos que la
luz y la oscuridad estaban inextricablemente ligadas. Sin
embargo, el lado oscuro e inconsciente estaba oculto en el
templo de la Suma Sacerdotisa, y sólo podía ser vivenciado
mediante la intuición. Para ir más allá del velo debemos em­
pezar por adentrarnos en la oscuridad del sí mismo. Mu­
chas religiones celebraron el pasaje a través de la oscuridad
al país de la vida perdurable. Cuando la Iglesia cristiana es­
tableció su religión de la luz proscribió como malas todas
las evocaciones de la oscuridad. La imagen común del Dia­
blo no es más que una mezcla del dios griego Pan con otros
diversos competidores de Cristo.
El significado de la Torre depende de los ojos con que
veamos al Diablo. Si lo vemos como una simple entidad ilu­
soria, entonces la Torre nos la muestra hecha pedazos por
una violenta conmoción. Pero si el Diablo significa la libera­
ción de energías reprimidas, entonces la ilusión que el rayo
aniquila es nada menos que el velo mismo de la concien­
cia.
En cada línea, las tres cartas del medio forman un grupo
especial. Para la primera, era la tríada de naturaleza, socie­
dad y educación; para la segunda, era el cambio, mediado
por la Justicia, de la visión exterior de la Rueda a la vivencia
íntima del Colgado. En la última línea, las tres cartas mues­
tran el paso de la revelación interior de la Estrella que nos
devuelve a la conciencia del Sol. Entre ellas, llena de extra­
ñeza, se encuentra la Luna.
Pero el Sol no es el final. Una vez más descendemos a la
oscuridad para tener, en el Juicio y en el Mundo, la vivencia
de una unión total con el universo y con el espíritu que lo
llena. Ahora podemos actuar en el mundo exterior sin per­

152
der jamás el sentimiento de la vastedad y el portento inte­
riores. El Mago y la Suma Sacerdotisa, unidos en una única
danza jubilosa.

Figura 16

El Diablo

¿Por qué esta hosca imagen de opresión aparece tan tarde


en el Tarot? Tras haber alcanzado el equilibrio de la Tem ­
planza, ¿por qué una caída tan brusca? El Diablo lleva el
número 15, que se reduce a 6, los Enamorados, y en reali­
dad podemos decir que Waite trabajó retrocediendo a par­
tir del Diablo cuando diseñó su radical versión de los Ena­
morados. Así, en el mazo Rider, el Diablo y sus demonios
capturados se nos aparecen como una perversión del triun­
fo 6. Pero cabe preguntarse por qué la carta «verdadera»
aparece tan pronto, y la perversión tan próxima al final.

153
El Diablo introduce la última línea, y esto es una insinua­
ción de que aporta cierta energía vital al trabajo de esa lí­
nea, que ciertamente se ocupa de las fuerzas arquetípicas
que trascienden el sí mismo. ¿Acaso el camino a la ilumina­
ción nos hace atravesar el oscuro mundo del Diablo? R e­
cuérdese que Dante atraviesa el Infierno antes de poder lle­
gar al Purgatorio y al Paraíso, y que William Blake, ocultista
y poeta, describió al Diablo como el verdadero héroe del
Paraíso perdido, el poema moralista de Milton.
Para poder entender el valor esotérico del Diablo debe­
mos considerar primero sus significados más usuales, como
una fuerza de engaño y opresión. La principal ilusión enga­
ñosa es la del materialismo, un término que generalmente
se toma en el sentido de excesiva preocupación por el di­
nero, pero que más exactamente significa la creencia en
que nada existe más allá del mundo de los sentidos. El Dia­
blo está trepado sobre un bloque de piedra similar al cubo
del Emperador en el mazo BOTA. Pero en tanto que el
cubo simbolizaba la totalidad del universo, el rectángulo del
Diablo, que es la mitad de un cubo, indica un conocimien­
to incompleto.
Al negar todo componente espiritual de la vida, el mate­
rialista persigue solamente deseos personales: monetarios,
sexuales y políticos. Y como con frecuencia tal estrechez de
miras conduce a la infelicidad, el Diablo ha llegado a simbo­
lizar la desdicha. Sin embargo, si miramos a las dos figuras
no observamos inquietud alguna, ni en los rostros ni en la
postura. Obsérvese también que, en realidad, las cadenas no
sujetan a los personajes, ya que el lazo es lo bastante gran­
de como para poder retirarlo fácilmente. El poder del Dia-
blo se funda en la ilusoria creencia en que nada más existe.
En muchísimas situaciones, desde la op resión política al su­
frimiento personal de una vida familiar desdichada, la gente
sólo llega a ser conscientemente infeliz cuando cae en la
cuenta de q ue la vida ofrece otras alternativas.
La postura del Diablo, con una mano levantada y la otra
hacia abajo, recuerda al Mago. Allí donde el primer triunfo
alza una vara hacia el cielo, para hacer descender el poder

154
espiritual, la antorcha del Diablo apunta hacia la tierra, alu-
diendo a la creencia en q ue no existe nada que trascienda
lo material.
En la palma del Diablo se ve el glifo astrológico de Sa­
turno, un planeta que con frecuencia aparece como sím­
bolo del mal o de la mala suerte, pero que es más adecuado
considerar como un señalamiento de limitaciones, debilida­
des o restricciones. Los dedos extendidos, más el número 5
del 15, recuerdan los dos dedos hacia arriba y dos hacia
abajo del Hierofante. Así como aquel gesto significaba que
en el universo hay más de lo que pueden ver nuestros ojos,
la palma abierta del Diablo vuelve a indicar que nada existe
más allá de lo evidente.
El Diablo lleva en la frente un pentáculo invertido, uno
de los símbolo de magia negra. Ahora bien, el pentáculo es
portador de múltiples significaciones. Si te pones de pie con
los pies separados y los brazos extendidos, verás que el
pentáculo simboliza el cuerpo humano. En posición nor­
mal, la cabeza está arriba, y si invertimos el pentáculo los
genitales están por encima de la cabeza. En la doctrina cris­
tiana tradicional, jos deseos están regidos por el poder de la
razón, la capacidad para distinguir el bien y el mal. Por con­
siguiente, el pentáculo invertido apunta a la actitud de dejar
que los deseos entorpezcan el juicio. La antorcha del Dia­
blo inflama el rabo del hombre, y quienes experimentan sus
necesidades sexuales como algo a la vez abrumador y des­
tructivo las describen no pocas veces como un fuego que
arde dentro de ellos. El fondo del naipe es negro, lo que
simboliza la magia negra, la incapacidad de ver la verdad, y
la depresión.
Aunque en ella vemos los significados tradicionales del
Diablo — ilusión engañosa, materialismo, desdicha y obse­
sión sexual— , la carta transmite una fuerza enorme. El Dia-
hJo nos clava una mirada intensa y fija. L os practicantes del
tantrismo describen la kundalini como un fuego en el cuer­
po, que se inicia en la raíz de la columna vertebral, en la ra­
badilla, y que los ritos sexuales movilizan.
Volvamos a considerar el pentáculo. Los órganos sexua­

155
les por encima de la cabeza. La imagen nos trae a la memo­
ria los Enamorados del mazo Rider, donde la mujer, sím­
bolo del inconsciente y de las pasiones, mira al ángel. Tam ­
bién podemos recordar la Fuerza, situada directamente por
encima del Diablo, donde el león simboliza la energía ani­
mal movilizada y domada. Hemos hablado ya de la creen­
cia ocultista en que la energía sexual y la espiritual son en
realidad una y la misma, simbolizada por la doble imagen
de Escorpio: el escorpión y el águila. Por extraña que pa­
rezca, la idea no es en realidad tan misteriosa. No hace falta
ni un ocultista ni un freudiano para reconocer el gran poder
del sexo en nuestra vida. Gran parte de nuestra cultura p o­
pular, con sus canciones de amor, sus películas románticas,
sus chistes sexuales y sus diversas jergas, está dedicada a él.
Si para una persona normal y corriente el impulso sexual es
tan dominante, tiene sentido que el ocultista intente recurrir
a esta energía y elevarla a un nivel tal que, finalmente, se
transforme por completo en la experiencia sobrecogedora
de la iluminación.
Hay también un punto más sutil: el soñar va siempre
acompañado por la excitación sexual del cuerpo, un pene o
un clítoris erecto, además de otras indicaciones. Ahora bien,
un sueño es la manifestación del inconsciente mismo en
imágenes. Ello indica que el inconsciente es de naturaleza
sexual, y que los sueños son una transformación parcial de
esa energía en una forma más amplia. De hecho, el término
«inconsciente» no se refiere en realidad a los sueños y mitos
que nos lo revelan, sino más bien al gran caudal de energía
que nos sostiene a lo largo de la vida.
Nuestra cultura occidental nos ha enseñado que el cuer­
po y el espíritu son fundamentalmente opuestos. Supone­
mos que monjes y monjas se abstienen del contacto sexual
para no contaminarse, pero podemos considerar el celibato
desde otro ángulo. La abstención sexual permite que la per­
sona célibe canalice esa energía en otra dirección. En la In­
dia se ha reconocido siempre la relación existente entre
energía sexual y energía espiritual. El símbolo de Shiva es
un falo, en tanto que los ritos tántricos buscan en la cópula

156
sexual una manera de cargar el cuerpo de energía. Los gnós­
ticos, que tuvieron importante influencia en las ideas ocul­
tistas europeas, practicaban ritos muy similares a los del
tantra. Y los gnósticos — lo mismo que Blake en época pos­
terior— consideraban a Satán el auténtico héroe del Jardín
del Edén, el que intentaba dar a Adán y Eva un verdadero
conocimiento de sí mismos.
Si la senda del espíritu transcurre a través de los deseos,
¿por qué los reprime entonces la sociedad? Y si el camino
de la liberación es conocido y está señalado desde hace si­
glos, ¿por qué mantenerlo en secreto? La respuesta a estas
cuestiones reside en el poder terrible de la energía sexual-
espiritual. Si se la eleva a su nivel más alto, nos libera de las
limitaciones de la dualidad. Sin embargo, liberar ese poder
sin transformarlo puede dar como resultado obsesiones, crí­
menes sexuales, violencia, e incluso la destrucción de la
personalidad. N o fue simplemente una cuestión de política
sexual lo que condujo a los patriarcas griegos a atacar los
misterios, dominados por las mujeres, del rapto extático.
Presas por entero de las fuerzas que liberaban dentro de sí
mismas, las adoratrices se azotaban y se mutilaban, y en
ocasiones emprendían una furiosa carrera por toda la co­
marca, destrozando a su paso a los animales, a los hombres
e incluso a los niños que no estaban a salvo en las casas ce­
rradas. Sólo la persona que ha sido entrenada, que ha lo­
grado un nivel profundo de paz interior, que ha alcanzado
realmente la comprensión que el Tarot llama Templanza
puede, sin riesgo, tener trato con las fuerzas implícitas en
el Diablo.
De hecho, el Diablo significa mucho más que ritos se­
xuales y energía violenta. En un sentido más amplio, simbo­
liza la energía vital aprisionada en las ocultas zonas oscuras
del ser interior, a las cuales no se puede tener acceso por
medios ordinarios. Si se la llama «el Diablo» es porque esta
energía puede manifestarse, en quienes no están prepara­
dos para recibirla, de forma monstruosa, como el senti­
m iento de un universo habitado por el mal o como la tenta-
ción de complacerse en la violencia. Dijimos en la segunda.

157
línea que el niño desarrolla un ego fuerte para no seguir te­
miendo a la oscuridad. La acción de la segunda línea nos
permitió vislumbrar las oscuras aguas que sostienen la Rueda
de la Vida. La tercera línea exige una liberación completa
de la energía inconsciente. Un desborde semejante sólo
puede lograrse si se entra en ese territorio oculto con todos
sus delirios, horrores y deseos que tan fácilmente pueden
aturdir a quienes no están preparados para el objetivo
final.
Volvamos a atender a los gestos del Hierofante y del
Diablo. Los dos dedos que el sacerdote tiene hacia abajo
significan que en la vida hay más de lo que vemos; al mismo
tiempo, dan a entender que la senda que conduce a ese co­
nocimiento más profundo está cerrada. Los dedos abiertos
del Diablo pueden simbolizar la creencia, ilusoria y estre­
cha, en que lo que vem os es lo único que existe; o pueden
simbolizar el verlo todo, el no quedar nada oculto. El gesto
específico que hace el Diablo, con una separación entre los
dos pares de dedos, es el mismo que hacía el Sumo Sacer­
dote, en Jerusalén, para hacer descender la fuerza del espí­
ritu, y sobrevive en la actualidad en la celebración del Año
Nuevo judío, como parte de la «bendición sacerdotal».
Paul Douglas ha llamado al triunfo 15 el «lado oscuro
del inconsciente colectivo». Cuando el pretendido «m ago
negro» (que fue antaño uno de los títulos del Diablo) con­
jura a un demonio, en realidad está haciendo emerger una
fuerza desde dentro del sí mismo. Si la operación tiene
éxito, el mago — o maga— domina al demonio y consigue
hacer de él su sirviente. Es decir que se vale de la energía li­
berada en vez de terminar siendo presa de ella. Para ha­
cerlo, el mago debe estar purificado de los deseos y del
miedo. En pocas palabras, debe haber alcanzado la Tem ­
planza, porque si no, el demonio puede «ganar» en el en­
frentamiento. El mago entonces se transforma en un escla­
vo de las ilusiones engañosas del Diablo.
Hemos profundizado bastante en una interpretación ra­
dical del Diablo, pero los significados adivinatorios de la
carta tienden a seguir las interpretaciones más habituales.

158
Tomamos los significados más obvios porque en una lec­
tura la carta se presenta fuera de contexto. El Diablo puede
indicar una visión estrechamente materialista de la vida;
puede significar cualquier forma de mezquindad o de de­
presión, especialmente una sensación de estar encadenado
o aprisionado, con la engañosa impresión de que no hay
otras alternativas posibles. Si aparece en relación con los
Enamorados, advierte que una relación que comenzó sien­
do de amor se ha convertido en una trampa.
El Diablo significa que el consultante, en vez de actuar
guiado por el pensamiento, es esclavo de sus deseos. Puede
aludir a una obsesión — especialmente de índole sexual—
que domina a la persona, haciendo que se sienta llevada a
cometer actos que le parecen moralmente repugnantes. El
ejemplo extremo es el delincuente sexual, pero en un nivel
mucho más común, abundan los hombres y las mujeres que
se sienten poderosamente atraídos por personas que les
disgustan. La sensación de desvalimiento y de vergüenza
resultante de ceder a tales deseos pertenece al dominio
del Diablo.
Antes observamos ya la calma que irradian los rostros
del hombre y la mujer encadenados, y q ue indica la acepta­
ción de una situación mala. Llega un momento en que ter­
minamos por considerar normal nuestra condición desdi­
chada, e incluso es posible que nos defendamos del cam­
bio. El Diablo invertido, por otra parte, apunta a un intento
de liberarse de alguna desdicha o esclavitud, que puede ser
real o psicológica..La persona ya no acepta su situación, y
.busca la liberación. Lo paradójico es que en ese preciso mo­
mento es cuando sentimos más intensamente nuestra infeli­
cidad y las limitaciones de nuestra vida. Antes de poder
evadirnos de las cadenas, debemos tomar conciencia de
ellas. Por consiguiente, quienes están pasando por algún
proceso de liberación —tal como marcharse de casa, hacer
una psicoterapia o enfrentar un divorcio difícil— .se sienten
con frecuencia mucho más desdichados que cuando acep­
taban ciegamente su condición de oprimidos. Un período
tal puede ser decisivo para la evolución de una persona, v si

159
uno es capaz de sobrevivir a él, emergerá del proceso sin­
tiéndose más feliz y con una personalidad más evolucio­
nada, En ocasiones, puede ser que el período de transición
se nos haga insoportablemente doloroso, y que volvamos a
aceptar nuestras cadenas.
El Diablo, invertido y en la posición del pasado, significa
con frecuencia que el cambio ya se ha producido, pero los
sentimientos de tristeza, de cólera y de depresión se man­
tienen; ocultos quizá para la visión consciente, siguen ejer­
ciendo su influencia. Muchas veces debemos enfrentar los
demonios del pasado, incluso aquellos que, en una dimen­
sión práctica, hemos vencido desde hace mucho tiempo.
Para la psique, nada deja jamás de tener importancia; sim­
plemente, jamás olvida nada. El camino hacia la liberación
pasa por usar y transformar el conocimiento y la energía
condensados en cada experiencia.

160
Figura 17

La Torre

Com o el Diablo, este triunfo es portador de muchísimos sig­


nificados, y las explicaciones que de él dan la mayor parte
de los libros de Tarot indican sus enseñanzas morales su­
perficiales. De la Torre se dice que es la concepción mate­
rialista del universo, y en el rayo se ve la destrucción que se
abate sobre una vida basada en principios puramente mate­
rialistas, pero incluso aquí nos encontramos con un grado
importante de sutileza. Aunque pueda parecer que una fuer­
za exterior hiere y derriba a la persona de mentalidad estre­
cha, la violencia que aparece en la carta se deriva realmente
de principios psicológicos. La persona que no vive más que
para satisfacer las exigencias de riqueza, fama y placer físico
del ego, y que ignora tanto la introspección como la belleza
espiritual del universo, erige en torno de sí una prisión. A
esta persona la vemos como la Torre: gris, soldada a la roca,

161
con una corona de oro. Al mismo tiempo, a medida que el
inconsciente fuerza sus fronteras, crece la presión en el in­
terior de la mente. Se perturban los sueños, se hacen más
frecuentes la depresión y las discusiones, y si la persona re­
prime también estas manifestaciones, con frecuencia el con­
tenido inconsciente encontrará alguna otra manera de es­
tallar.
La explosión puede aparecerse como un desastre ex­
terno; la familia y los amigos se nos ponen en contra, se nos
desquicia el trabajo y nos convertimos en centro de una u
otra forma de violencia. Y es verdad que uno de los miste­
rios de la vida es la forma en que la mala suerte viene por
rachas. Sin embargo, ¿cuántos de estos problemas no resul­
tan de situaciones durante largo tiempo descuidadas o mal
manejadas, que nos hieren en el momento en que somos
más vulnerables? Y si algunos problemas, enfermedades o
muertes de personas próximas a nosotros, o los problemas
económicos de la sociedad, e incluso desastres naturales
como pueden ser tormentas — o rayos— , aparecen al mis­
mo tiempo que las complicaciones personales, una coinci­
dencia tal vuelve a demostrar que en la vida tiene cabida,
efectivamente, más de lo que podemos ver con nuestros
ojos.
No debemos pensar que la psique ni la vida nos traigan
el desastre simplemente para castigarnos. Las gotas de fuego
que caen a cada lado de la Torre tienen la forma de la letra
hebrea Yod, la primera letra del nombre de Dios, y no sim­
bolizan la cólera, sino la gracia. Ni el universo ni la mente
humana permitirán que nos quedemos para siempre apri­
sionados en nuestras torres de ilusorio engaño y d.e repre­
sión. Si no podemos liberarnos de ellas pacíficamente, en­
tonces las fuerzas de la vida organizarán una explosión.
No quiero dar a entender que disfrutemos, en modo al­
guno, de las dolorosas experiencias que nos sacuden para
liberarnos, ni que podamos ver los fines benéficos que con
tales medios se obtienen, ni siquiera que el resultado del
proceso sea siempre la libertad. Es muy frecuente que una
serie de desastres o un período de emociones violentas de­

162
jen tullida a una personalidad que hasta entonces era fuer­
te. Lo importante es que sólo cuando no se le dan otras sali­
das llegará el inconsciente a hacer erupción en torno de no­
sotros, y que podemos valernos de esta experiencia para
alcanzar un equilibrio mejor. Algunos mazos llaman a esta
carta «La Casa del Diablo», pero otros le dicen «La Casa de
Dios», recordándonos que lo que destruye nuestras prisio­
nes psíquicas es la fuerza espiritual.
Hay un significado más profundo en la vinculación esta­
blecida entre la casa de Dios y la del Diablo, un significado
que va implícito en forma más directa en el hecho de que la
palabra hebrea que significa «serpiente» tiene el mismo va­
lor numérico que (y por consiguiente, se la considera equi­
valente a) la palabra que significa «mesías». El Diablo es la
sombra de Dios. En el triunfo 15 vimos que la persona que
busca la unidad con la vida debe sacar afuera la energía
normalmente reprimida por la personalidad consciente. Sin
embargo, al abrazar al Diablo ponemos en peligro aquella
calma y aquel equilibrio que nos enseñaba la Templanza;
encaminamos a la psique por una ruta de violencia que
conduce a la explosión de la Torre. Jung describía la con­
ciencia como una represa que obstruye el libre fluir del río
del inconsciente. La Templanza actúa como una especie de
compuerta, que deja pasar las aguas, pero con un caudal
controlado. La Torre hace volar completamente la represa,
liberando en forma de inundación la energía que aquella
contenía.
Se pregunta uno por qué se ha de seguir un curso tan
peligroso, y la respuesta es que no hay otra manera de ir
más allá de la barrera de la conciencia, o de liberarse de
aquello que separa la vida en opuestos y nos desconecta de
la energía pura que llevamos dentro. El velo que pende a
través del templo es la personalidad consciente, que nos
protege de la vida misma. Tal como lo afirma el testimonio
de místicos, chamanes y visionarios, la eternidad nos rodea
por todas partes, aplastante y cegadora. Una mente que no
esté preparada no puede resistir semejante poder, y por eso
la conciencia acude a rescatarnos, cerrando los canales a la

163
mayor parte de nuestra energía espiritual y parcelando la
experiencia en momentos temporales y categorías contra­
puestas.
Los místicos nos dicen igualmente que la revelación se
presenta como un rayo que destruye las visiones ilusorias
del mundo material en un único relámpago cegador, como
el que vio Pablo en el camino de Damasco, o el que sacudió
a Buda debajo del árbol bodhi. No importa cuánto se haya
prolongado la meditación, cuántos sean los años de oración
o de formación ocultista; la verdad viene en un rayo o, sim­
plemente, no viene. Y esto no quiere decir que la prepara­
ción no tuviera sentido. El trabajo que se nos muestra en las
dos primeras líneas de los Arcanos Mayores sirve a un pro­
pósito doble. No sólo nos fortalece en la medida necesaria
para soportar el rayo cuando éste llegue, sino que también
nos pone en situación de provocarlo. Todas las prácticas
ocultas se inician con un supuesto: es posible hacer que el
rayo de la revelación descienda; una persona puede dar pa­
sos definidos para hacer que esto suceda.
Estos pasos incluyen la enseñanza, las meditaciones, la
muerte del ego y, finalmente, el abrazo del Diablo. Al liberar
esa energía vamos más allá de las barreras de la represión, y
nos abrimos al rayo. Porque el espíritu existe todo el tiempo;
somos nosotros los que no lo vemos. Al adentrarnos en la
oscuridad del sí mismo nos abrimos a la luz.
Evidentemente, se trata de un proceso peligroso. La per­
sona que no está preparada puede quedar atrapada en las
redes ilusorias del Diablo. Veremos también que la libera­
ción de energía conlleva sus propios peligros, cuando la psi­
que intenta integrarla con la percepción consciente. En el
camino de regreso desde el centro del laberinto, el héroe
puede perderse si no se ha preparado antes cuidadosa­
mente.
La Torre viene debajo de la Suma Sacerdotisa porque
muestra el velo en el momento en que se desgarra. Al mis­
mo tiempo, el rayo hace pensar en el Mago. La misma ener­
gía y la misma verdad que pasan a través del Mago se des­
cargan aquí con toda su fuerza. También vemos los triunfos

164
1 y 2 en las dos personas, una vestida de azul, la otra en­
vuelta en una capa roja. La polaridad simbolizada en tantas
cartas anteriores queda aquí superada por la unidad de la
existencia. Si contamos las gotas de fuego — las letras Y o d —
encontraremos que suman veintidós, el número de los triun­
fos. Encontraremos también que están divididas en diez y
doce. Los sumerios usaban un sistema numérico basado en
el diez (por los diez dedos) para los asuntos mundanos,
pero tenían un sistema aparte basado en el doce — por el
zodíaco— para las cuentas del espíritu. La dualidad tam­
bién es ilusoria. Ambos mundos son manifestaciones del
mismo fuego espiritual.
La imagen de una torre destruida nos trae el recuerdo
de la torre de Babel. En un nivel literal, el relato bíblico ex­
plica por qué la gente habla tantas lenguas, en tanto que
moralmente nos enseña a no depositar nuestra fe en las ca­
pacidades humanas (la Torre como materialismo). Pero p o­
demos ver otro significado en la destrucción de Babel. El
rayo que la abatió era Dios, que hablaba directamente a la
humanidad en vez de hacerlo en forma indirecta, por me­
dio de los fenómenos ordinarios del mundo físico.
En un instante, el discurso de Dios reemplaza al discurso
humano que edificó la torre; la revelación reemplaza al co­
nocimiento paso a paso de los sentidos. Recuérdese que el
descenso del espíritu en Pentecostés interfiere con el len­
guaje humano; la gente «habla lenguas» o emite ruidos ani­
males. Y, en trance, los chamanes hablan la lengua de las
bestias y de los pájaros. El lenguaje humano es un aspecto
de la cultura, y una limitación de la conciencia. Muchos lin­
güistas, especialmente Benjamin Whorf, han demostrado
que nuestros lenguajes restringen nuestra capacidad de
percibir la realidad, como un filtro puesto encima del uni­
verso. Y la verdad, nos dicen los místicos, no puede ser ex­
presada en palabras.
El número 16 de la Torre se reduce a 7, el Carro, que
Case y otros autores relacionan con el discurso humano. El
discurso del Dios de la Torre destruye en un momento to­
das las cuidadosas construcciones de la cultura, el lenguaje

165
y la conciencia. Al hacerlo, nos devuelve al caos del mar
que hay debajo de la Rueda de la Fortuna, y al estanque de
agua que se vislumbra apenas detrás del velo de la Sacer­
dotisa.
En cierto sentido, la Torre es el más complejo de todos
los triunfos; sus significados más sutiles se contradicen con
Jos evidentes. Como sucede con el Diablo, sus significados
adivinatorios se derivan con frecuencia de los obvios. G e­
neralmente, el naipe hace referencia a un período de con­
moción violenta (en sentido literal o psicológico), a la des-
trucción de situaciones largamente establecidas, a la rup­
tura colérica, e incluso violenta, de relaciones.
La carga de furia que presenta esta carta es causa de
que muchas personas se espanten de ella. Una reacción así
plantea el interrogante vital de cómo se han de considerar
las imágenes más intimidantes del Tarot. Debemos apren­
der a usar toda experiencia, tanto la de la Torre como la de
los Enamorados. Cuando aparece la Torre, es menester re­
cordar que puede conducir a la libertad; las explosiones es­
tán despejando alguna situación que ha llegado a provocar
presiones intolerables, y pueden señalar el camino a nuevos
comienzos.
Decir que la aparición de la Torre significa general­
mente una experiencia difícil no es insistir en que los signifi­
cados más profundos no aflorarán jamás. La carta puede
^aludir a un fogonazo de iluminación, en especial si tal ilumi­
nación reemplaza a una visión limitada de la vida. Sólo la
intuición y la experiencia del lector, unidas a las sugerencias
provenientes de las otras cartas, pueden indicar cuál es el
significado específico.
Si aparece invertida, la Torre indica una versión modifi­
cada de lo que la carta significa cuando está en posición
normal. La violencia y la tormenta siguen estando, pero son
más suaves. Al mismo tiempo, el triunfo invertido lleva im­
plícito un significado adicional de «aprisionamiento», por
usar el término de que se vale Waite. Esta paradoja se re­
suelve cuando consideramos que, cuando está en su posi­
ción normal, la Torre libera. Si aparece invertida, significa

166
que no nos permitimos pasar por toda la plenitud de la ex­
periencia. Al mantener un rígido control de nuestras reac­
ciones disminuimos el dolor, pero además no liberamos todo
el material reprimido. Dentro de nosotros, al no haber se­
guido nunca su curso completo, la experiencia dolorosa
continúa. Si la protegemos del rayo, nos convertimos en
prisioneros de la Torre.

Figura 18

La Estrella

Después de la tormenta, la paz. La persona que pasa por


una conmoción emocional encuentra después un senti­
miento de calma y de vacío. Si tiras las cartas a alguien que
jamás las haya visto, la Estrella casi no necesitará interpreta­
ción. T od o en ella habla de integridad, curación y aper­
tura.

167
Vale la pena comparar la Estrella con la Templanza,
donde también vemos una figura que vierte agua y que sos­
tiene dos copas, teniendo un pie en tierra y otro en el agua.
Ambas cartas vienen después de una crisis, pero así como
es moderada la Templanza, la Estrella es libre. N o está ves­
tida, sino desnuda. No se mantiene rígidamente de pie; se
muestra flexible y relajada. Y finalmente, así como la Tem ­
planza vierte el agua de una copa a otra, mezclándola pero
al mismo tiempo conservándola, la doncella de la Estrella la
derrama generosamente, confiada en que la vida la abaste­
cerá continuamente con energía nueva. La imagen sugie­
re todos aquellos cálices místicos que jamás se podían
vaciar.
La liberación de energía de la Torre desgarró el velo de
la conciencia. Aquí, en la Estrella, estamos detrás del velo.
El estanque de agua, aun siendo pequeño, representa el in­
consciente; es la misma agua que veíamos oculta detrás de
los pilares de la Suma Sacerdotisa. Ahora, esa energía vital
universal ha sido removida por el acto de verter en ella las
aguas de la propia vida de la persona.
El agua vertida sobre la tierra indica que la energía libe­
rada por la Torre se dirige tanto hacia afuera como hacia
adentro; vincula lo inconsciente con la realidad exterior del
mundo físico. Una manera de describir las corrientes de
agua es decir que son los arquetipos del mito, las imágenes
mediante las cuales se expresa el inconsciente. El incons­
ciente es un todo sin forma ni divisiones, pero emerge a la
conciencia a través de las corrientes separadas de la mitolo­
gía. Con la Estrella hemos ido más allá del mito, hasta su
fuente como energía informe, como luz que sale de la oscu­
ridad. La transformación de la oscuridad en luz es el incons­
ciente, la vastedad oculta que llevamos dentro, convertida
en la percepción extática del superconsciente.
Una corriente de agua vuelve a verterse en el estanque,
lo que significa que todos los arquetipos vuelven a m ez­
clarse en la verdad sin forma. El valor del arquetipo reside
únicamente en su poder de movilizar el ser interior y de co­
nectarnos con la fuente. El pie de la doncella no se hunde

168
en el agua: no se ha logrado penetrar en el inconsciente co­
lectivo, sino solamente movilizarlo.
El ave que se ve a la derecha es un ibis, símbolo del dios
egipcio Tot, a quien se consideraba el inventor de todas las
artes, desde la poesía a la alfarería. En un sentido literal, en­
señó sus técnicas a los primeros artistas, pero en un nivel
más simbólico podemos decir que toda acción creativa sur­
ge originariamente del estanque inicial de energía sin forma.
A nuestra condición de criaturas físicas se debe el que to­
memos esta energía y la usemos para hacer poemas, cua­
dros y tapices. Todas estas creaciones humanas están sim­
bolizadas en las varias corrientes de agua. Cada acto de
creación objetiva la energía espiritual en la cosa creada, y al
mismo tiempo, en la medida en que el artista siga estando
conectado con las fuentes interiores, ninguna obra llega a
agotar su inspiración. Por eso una corriente retorna al es­
tanque, de la misma manera que cada obra da nueva inspi­
ración a su creador.
La Estrella aparece debajo de la Emperatriz y de la Rue­
da. En la Emperatriz veíamos el mundo natural, glorificado
en las pasiones. Pero la Emperatriz estaba completamente
vestida para indicar que expresa sus emociones mediante
cosas externas a ella misma: la naturaleza, sus amantes, sus
hijos. En la Estrella vemos cómo se expresa jubilosamen­
te el ser interior. Aquí, la doncella combina los dos arque­
tipos femeninos, la íntima sensibilidad de la Suma Sacerdo­
tisa puesta afuera y expresada con la pasión de la Em pe­
ratriz.
En la Rueda de la Fortuna veíamos una visión del uni­
verso en símbolos misteriosos. Aquí, la Torre nos ha llevado
a trascender las visiones. En la Estrella experimentamos di­
rectamente el inconsciente, en vez de sus imágenes.
En cuanto es el triunfo 17, la Estrella va más allá del 7,
liberando la fuerza vital que el Carro controlaba y dirigía. 1
más 7 es igual a 8, y podemos ver que la Estrella es la Fuer­
za elevada a un nivel superior, en que el león del deseo ya
no está simplemente domado, sino que se ha transformado
en luz y regocijo.

169
Todas las estrellas que aparecen en el naipe son de ocho
puntas, lo cual es una referencia más a la Fuerza. Com o una
estrella de ocho puntas se puede formar superponiendo
dos cuadrados con las puntas alternadas, se considera a ve ­
ces que el octograma está a mitad de camino entre el cua­
drado y el círculo. El cuadrado representa la materia, y el
círculo el espíritu. Los seres humanos constituimos el vín­
culo entre el espíritu y el mundo físico; nuestra capacidad
de percibir la verdad y, a la vez, de actuar, hace de nosotros
vehículos por mediación de los cuales puede manifestarse
la verdad.
La Iglesia solía describir a las personas como seres a mi­
tad de camino entre los animales y los ángeles. Por lo co­
mún, a esto se le daba una interpretación moral: la gente
podía seguir sus deseos o su razón. Pero podemos valernos
de esta metáfora para decir que la conciencia y la acción
humanas conectan el mundo físico con los «ángeles».
A pesar de todas las sugerencias de manifestaciones, la
Estrella no es en realidad una carta de acción, sino de calma
interior. En contraste con la Templanza y con la Luna, la Es­
trella no muestra camino alguno que regrese desde el es­
tanque a las montañas de la realidad exterior. Aunque las
corrientes y el ibis apunten a los usos de la energía creativa,
la experiencia de la Estrella es una experiencia de paz. Por
el momento, el viaje puede esperar.
En las lecturas adivinatorias, la carta expresa esperanza,
un sentimiento de curación e integración, especialmente
después de tormentas emocionales. Es muy frecuente que,
aun cuando solamente aparezca una de ellas, la Estrella y la
Torre se sugieran la una a la otra. El triunfo 17 indica que el
inconsciente está activo, pero de manera muy benigna.
Si aparece invertida, esto nos excluye de la calma y la
esperanza de la carta, confinándonos en la debilidad, la im­
potencia y el miedo. Esta profunda inseguridad puede, en
ocasiones, disfrazarse de arrogancia. Si la Estrella indica lo
humano como vínculo entre el espíritu y el mundo exterior,
entonces la carta invertida es el símbolo de que los canales
están cerrados, y cuando las aguas de la vida quedan conte­

170
nidas en el interior, el exterior sólo puede mostrarse como
cansado y deprimido.

Figura 19

La Luna

La verdadera tarea de la tercera línea no es la revelación; es


devolver a la conciencia ese éxtasis interior. La imagen de
la Estrella no contiene un camino de regreso. En ella nos
vemos demorándonos en las glorias de la oscuridad trans­
formada en luz, pero para valernos de esa luz, debemos pa­
sar por la deformación y el miedo.
La experiencia de la Estrella trasciende las palabras e in­
cluso la forma, aunque en ella hay implícitas formas que
emergen con las corrientes de agua. En la Luna vemos cómo
sucede este proceso, en forma de visiones, mitos e imáge­
nes. La Luna es la carta de la imaginación, en cuanto mo-

171
déla la energía de la Estrella en formas que la conciencia
puede captar.
Los mitos siempre presentan deformaciones. Jamás pue­
den decir realmente lo que quieren; sólo pueden llamar a
las cosas que están profundamente sumidas en el sí mismo.
La Estrella remueve las aguas, y cuando retornamos a la
conciencia de lo exterior, esas aguas dan a luz sus criaturas.
Recuérdese que la Estrella y el Sol dan su propia luz, pero
la Luna refleja la luz oculta del Sol. La imaginación deforma
porque está reflejando la experiencia interior para la men­
te exterior.
Tal como lo demuestran las mitologías de todo el mun­
do, el inconsciente colectivo no sólo contiene héroes y jú­
bilo, sino también monstruos y temores. Esta es una de las
razones de que protejamos nuestra sensibilidad ante la vida
con la cubierta protectora de la conciencia yoica, para así
evitar el temor a la oscuridad y a las sombras deformadoras
de la Luna.
Con su media luz fantasmal, la Luna siempre ha susci­
tado sentimientos extraños, en las personas y en los anima­
les. La palabra «lunáticos» con que se suele designar a los
locos proviene del latín ¡una, y en la Edad Media la gente
creía que el alma de un insano se había volado a la luna.
También hoy son muchos los médicos y los policías que
han observado el predominio de suicidios y otros signos de
perturbación emocional durante la luna llena. Algo hay en
la luna que moviliza el miedo y la sensación de extraña­
miento, de la misma manera que el sol nos relaja y nos con­
suela. El Sol del Tarot viene después de la Luna; la simplici­
dad sólo puede ser apreciada después de un viaje a través
del extrañamiento lunar.
El perro y el lobo representan la «parte animal» movili­
zada por la Luna, de la misma manera que la luna llena
puede hacer que ambos animales aúllen durante toda la
noche. El Emperador, directamente por encima del triunfo
18, nos mostraba cómo se aprenden las reglas de la socie­
dad, hasta tal punto que se vuelven automáticas. Con la úl­
tima línea trascendemos esta represión del «superyó», y en

172
el proceso asoma a la superficie el desenfreno fantástico del
«ello». Un hombre-lobo aullándole a la luna llena es una vi­
vida metáfora del poder del inconsciente para hacer aflorar
algo primitivo y no-humano hasta en el más respetable de
los ciudadanos.
En cuanto su número es el 18, la Luna se relaciona con
el 8. En la Fuerza veíamos la naturaleza animal domesti­
cada, y luego canalizada a través del Ermitaño. Aquí no
existe una dirección tal; cuando regresamos de la Estrella,
retorna la bestia en toda su ferocidad. Sólo cuando la ener­
gía de la Estrella se integre plenamente en el Mundo, estará
del todo transformado el ser animal. Obsérvese que en la
Fuerza la mujer — el lado humano— controla al león. In­
cluso en el Diablo la apariencia de los demonios es nítida­
mente humana. Pero en el triunfo 18 no hay personas; en
esa media luz, nuestra sensación de ser seres humanos se
desintegra.
Percibimos algo del desquicio fantástico de la Luna en la
estela de una pesadilla, cuando nos sentimos «raros por
dentro». La sensación de fantástico extrañamiento no es re­
sultado de la pesadilla, sino más bien lo contrario. Dijimos
ya que los sueños son transformaciones de la energía in­
consciente en imágenes. Una irrupción de energías dema­
siado grande, que a los mecanismos del sueño se les haga
difícil de asimilar pacíficamente, puede dar como resultado
no sólo una pesadilla, sino la sensación, cuando nos des­
pertamos, de que el cuerpo está cargado de una energía
indomable.
La locura suele darse también acompañada por sensa­
ciones corporales incontroladas. A menudo la demencia
toma la forma de una transformación en un animal. El su­
jeto se arrastra en cuatro patas, desnudo, aullándole a la
luna. La liberación súbita de energía inconsciente ha desin­
tegrado la personalidad. En el Tarot este momento, peligro­
sísimo, sólo aparece después de una larga preparación,
cuando todos los problemas normales del ego han que­
dado atrás. También el chamán tiene la vivencia de conver­
tirse en una bestia; en trance, los chamanes saltan y hablan

173
como animales. Pero el chamán — lo mismo que el ocultista-
tiene en su haber muchos años de preparación. Está, ade­
más, armado con el conocimiento de qué es lo que ha de
esperar, conocimiento que le viene de generaciones de cha­
manes anteriores a él. Recuérdese que la suma de los dígi­
tos del número de la luna es 9, el Ermitaño. En esta carta, el
maestro-guía no está visible, porque con la luna debemos
enfrentarnos solos, pero la orientación que hayamos reci­
bido antes puede ayudarnos a encontrar el camino.
Si los animales simbolizan lo que hay de salvaje en el
hombre, el cangrejo es algo muy diferente. En una de sus
frases más gráficas, Waite dice de él que es «aquello que
está a mayor profundidad que la bestia salvaje». El cangrejo
simboliza los miedos más universales que alberga el incons­
ciente colectivo, y que se vivencian en visiones como dem o­
nios innombrables. La irrupción de semejantes temores es
bien conocida de quienes dejan al descubierto su lado lunar
valiéndose de métodos como la meditación profunda o las
drogas. Toman también la forma de los monstruos con que,
en los viajes del trance, se enfrentan los chamanes. La m o­
vilización de estos miedos, que con frecuencia son vividos
como criaturas que emergen del agua o se asoman de al­
gún estanque de líquido aceitoso, puede producir un pá­
nico irrazonable, pero así y todo, estas imágenes son parte
de nuestro mundo interior, y sin haber pasado entre ellas
no podemos llegar al Sol.
El cangrejo emerge a medias del agua. Waite nos dice
que jamás llega a salir del todo a tierra firme, sino que siem­
pre vuelve a caer a las aguas. Los errores más profundos
son aquellos que nunca llegan del todo a cobrar forma.
Sentimos algo por dentro, pero nunca podemos ver con
exactitud qué es. Al mismo tiempo, el cangrejo que emerge
a medias nos da a entender que, en el viaje de retorno a la
conciencia, las percepciones profundas de la Estrella se de­
forman porque no podemos evocarlas en su totalidad. Por
esta razón también es inquietante la Luna, porque la paz y
el asombro maravillado de la Estrella se han perdido par­
cialmente y han sido en parte destruidos.

174
Sin embargo, a pesar de la ferocidad y de la temible ex
citación, la frialdad de esta luz también puede ser calmante.
De la Luna se dice que crece del «lado de la misericordia»,
una referencia al Pilar de la Misericordia en el Arbol cabalís­
tico de la Vida. Y lo que es más sorprendente, las gotas de
luz que caen sobre las cabezas de los animales tienen la
forma, una vez más, de Yod: la primera letra del nombre de
Dios, y símbolo de la gracia. Si mediante la preparación y el
simple coraje aceptamos las cosas feroces que la imagina­
ción trae a la superficie desde lo más profundo, entonces la
Luna nos aporta paz, los terrores se suavizan y la imagina­
ción nos guía, enriquecidos, con sus maravillas. «Paz — es­
cribe Waite— , guardad silencio, y una calma aflorará sobre
las aguas.» El cangrejo vuelve a sumergirse, las aguas se
aquietan. El camino permanece.
El camino pasa entre dos torres, y hace pensar en un
portal que nos introduce en ámbitos desconocidos. El por­
tal es un símbolo muy común entre místicos y chamanes, y
aparece también en muchos mitos. Asume a veces una for­
ma circular, como el mandala, o la de algo físico, como una
caverna (comparada muy frecuentemente con la vagina), y
nos permite dejar el mundo ordinario para adentrarnos en
el territorio extraño y desconocido de la mente.
Las dos torres del Tarot tienen otro significado, en cuan­
to manifestación última y completa de aquella dualidad que
vimos por primera vez en los pilares del templo de la Suma
Sacerdotisa. Si la revelación de la Torre no se integra con la
vida ordinaria, el resultado puede ser una dualidad nueva y
más tajante. Al mismo tiempo, el propio hecho de haber
oído el discurso de Dios cambia totalmente nuestra relación
con la cuestión de los opuestos. Antes veíamos la dualidad
como algo básico para la vida, pero ahora sabemos que, de
hecho, la realidad combina todas las cosas; allí donde antes
el velo nos impedía pasar entre los dos pilares, ahora he­
mos ido ya más allá de ellos. Estamos viendo las dos torres
de la conciencia desde el otro lado. La tarea no es pasar y
llegar a la verdad interior, sino volver trayendo de vuelta
esa verdad.

175
En las consultas adivinatorias, la Luna indica una excita­
ción del inconsciente. Comenzamos a experimentar em o­
ciones extrañas, sueños, miedos, incluso alucinaciones. Si la
carta aparece en posición normal, la persona permitirá que
todo eso suceda; cuando se la acepta, la imaginación enri­
quece la vida. Pero si la carta aparece invertida, está mos­
trando una lucha contra la experiencia, una pugna que con­
duce al miedo y, con frecuencia, a emociones muy altera­
das, ya que la persona no permite que emerja el lado calmo
de la Luna.
Com o la Suma Sacerdotisa, la Luna indica un aparta­
miento de las preocupaciones exteriores, orientándose ha­
cia la introspección. Puede indicar que se abandona alguna
actividad específica, o simplemente un período de retrai­
miento. Sin embargo, en tanto que la Suma Sacerdotisa
simboliza una tranquila intuición, la Luna está excitada y es­
timula las imágenes del inconsciente. En posición invertida,
la Luna significa una perturbación. La persona no quiere
apartarse del lado solar, y es probable que en su pugna in­
tente alejar a la Luna mediante una gran actividad. La Luna,
sin embargo, no se aviene a dejarse negar, y los miedos
pueden volverse tanto más fuertes cuanto más los combati­
mos. La psique, operando bajo sus propias leyes y por sus
propias razones, se ha orientado hacia la Luna. Si nos per­
mitimos esa vivencia, los miedos se convertirán en maravi­
llas, y los portales se abrirán hacia la aventura.

176
(a) Figura 2 0 (b)

El Sol

Como el Colgado, situado por encima de él, el Sol es al


mismo tiempo una liberación jubilosa después de la prueba
que aparece en la carta anterior, y una preparación para la
,muerte y el renacimiento que testimonian las dos cartas si­
guientes. La Justicia pedía acción como respuesta al cono­
cimiento, ya obtenido, de nosotros mismos. Com o resul­
tado, el Colgado es pasivo. La Luna pide una entrega pa­
siva, puesto que no hay manera de que podamos controlar
las visiones que surgen bajo su influjo. Por ende, el Sol nos
muestra un estado activo, pleno de energía. Al aceptar las
imágenes con que nos intimida la Luna, sacamos la energía
fuera de nosotros, impregnando con su resplandor la vida
entera.
Bajo el Sol todo se vuelve simple, jubiloso y concreto. La
luz del inconsciente llevada a la vida cotidiana. A los dos ni­

177
ños de la versión de Oswald Wirth (figura 20b), basada en la
imagen más común del triunfo, se los considera a veces el
ser eterno y el cuerpo mortal. Los dos, tomados de la mano,
están unidos. Las dos figuras, con el Sol por encima, nos de­
vuelven al motivo triangular que vimos por primera vez en
el Hierofante, dos líneas más arriba. Aquí, el regocijo y la
simplicidad del Sol no median entre los polos interior y ex­
terior de la vida, sino que los unen.
Todos somos niños, en el sentido en que las religiones
solares hablan de nosotros todos como niños sagrados, hi­
jos de nuestro padre, el sol. Si nos fijamos en los cuerpos
que muestra la imagen, especialmente en el de la mujer, ve­
remos que son adultos. Haber pasado sin tropiezos el pro­
ceso que se inicia con la Torre es lo que les ha dado esa in­
fantil simplicidad.
El Tarot muestra este proceso en sus diversas etapas,
dando la impresión del paso del tiempo. Pero hay veces, y
quizá son las más frecuentes, en que todo sucede al mismo
tiempo: la revelación cegadora de la Torre, la irradiación in­
terior del Sol y el miedo penetrante de la Luna se unen en
un único instante de transformación. Y de todo ello lo que
queda es el júbilo, un sentimiento de que toda la vida y el
mundo todo están llenos de una luz maravillosa y sobre-
cogedora.
En todas las personas la iluminación asume las mismas
características, sean cuales fueren las interpretaciones cul­
turales que le dan la mitología, la doctrina, la teoría psicoló­
gica, etc. La iluminación es una experiencia, no una idea. La
persona se siente herida por un estallido de luz, a veces de
colores, como las letras Yod que gotean en el naipe de Wirth.
Súbitamente, se ve — o se siente— el mundo como espiri­
tual y eterno, no como la existencia cotidiana hecha de es­
fuerzo monótono y confusión. La persona se siente total­
mente viva, bullente de un júbilo infantil que probable­
mente, de hecho, la mayoría de los niños no conoce jamás,
porque la persona que ha recibido un «golpe de sol» ha ido
más allá del miedo infantil a la oscuridad, porque ha pasado
ya a través de él.

178
En su viaie a través del mundo el sol lo ve todo, y por
eso representa el conocimiento. De los dioses asociados
con el sol, como Apolo, se dice que saben todo lo que su­
cede. La persona a quien el sol ha herido tiene una sensa­
ción de sabiduría, de verlo todo con total claridad. Está «lú­
cida», una palabra que significa «d e inteligencia clara y sa­
gaz», pero que literalmente quiere decir «llena de luz».
Es interesante que Apolo, dios de la luz, hubiera nacido
de Leto, la diosa de la noche, y que su principal santuario, el
oráculo de Delfos, perteneciera originariamente a diosas de
la oscuridad. Incluso bajo la dirección de Apolo, la sabiduría
y la luz del oráculo operaban a partir de la oscuridad. Fue
Apolo quien obligó a Edipo a descubrir el misterio que lle­
vaba dentro de sí.
El sol de la primavera hace brotar la vida del muerto
suelo invernal. En muchos lugares se creía que el sol no
sólo impregna la tierra, sino también a las mujeres. Cuando
se descubrió el mecanismo biológico de la reproducción, no
se renunció a asignarle un rol al sol: se lo sutilizó. Ahora la
gente veía el alma — el atman o ser verdadero— como luz
solar contenida en el embrión. Los mitos budistas expresan
que Gautama, en el vientre de su madre, era todo luz hasta
el punto de que la piel resplandecía como una pantalla tras­
lúcida puesta sobre una poderosa lámpara. También Zo-
roastro destellaba de tal manera en el útero materno que
los vecinos corrieron a la casa cargando cubos de agua,
convencidos de que se había producido un incendio.
Los gnósticos llevaron más lejos la idea, creyendo que el
otoño había desmenuzado a la deidad en los menudos tro­
zos y fragmentos que constituyen la existencia. Lo más im­
portante es que la luz había quedado aprisionada (y no sim­
plemente contenida) en los cuerpos individuales. Era deber
de cada persona, mediante los ritos gnósticos, liberar la luz
que llevaba dentro de su cuerpo para que pudiera quedar
restaurada la unidad. El cabalista Isaac Luria predicaba una
doctrina similar. El Arbol de la Vida, o Adán Caedmon, la
unidad de la existencia, se había visto hecha trizas porque
el dios-luz era demasiado poderoso para ella. Una vez más

179
quedó la luz separada y aprisionada, de modo que llegó a
ser responsabilidad de cada persona ayudar en la tikkun, es
decir, la restauración de la luz a la unidad.
Estas doctrinas se derivan de una experiencia Solar co­
mún a todas las culturas. La persona herida por el Sol ve
que todo — cada persona, cosa y animal, todas las plantes y
las rocas, e incluso el aire mismo— vive y es sagrado, y está
unido por mediación de la luz que llena toda existencia. Y
sin embargo, el Sol no es el Mundo. Con el triunfo 19 perci­
bimos el universo como algo unificado y vivo. El 21 encarna
esos sentimientos.
La representación habitual del Sol nos muestra a los ni­
ños dentro de un jardín (con frecuencia de pie en un cír­
culo) al que Douglas llama «el jardín interior del alma», un
sentimiento de pureza y santidad, un nuevo Jardín del Edén.
Cuando liberamos y transformamos la energía encerrada
dentro de nosotros, nos encontramos con que, en realidad,
el Jardín del Edén jamás se perdió, sino que ha existido
siempre dentro de nosotros.
El mazo Rider (figura 20a) nos muestra a un único niño
saliendo a caballo de un jardín. Para Waite, la experiencia
es esencialmente un estallido de libertad. Es un desatar liga­
duras, una liberación maravillosa de la conciencia ordinaria
y limitada hacia la apertura y la libertad.
La muralla de piedra gris de la imagen representa la vida
pasada, ceñida por una percepción estrecha de la realidad.
El superconsciente del Sol se caracteriza por sentirse una
parte del mundo entero, y no un individuo aislado. Tal vez
podamos combinar las dos imágenes del triunfo diciendo
que una vez que nos damos cuenta de que el Jardín del
Edén existe en nuestro interior, ya somos libres de abando­
narlo, pero llevándolo siempre con nosotros a medida que
nos vamos creando una vida nueva.
El número 19 sugiere un nivel superior del 9. La luz
contenida en la linterna del Ermitaño, la sabiduría de sus
enseñanzas, irrumpen aquí como el tercer nivel extático de
la Cábala que menciona Abulafia. Al hablar del Ermitaño
dijimos que el anciano y la montaña árida eran ficciones

180
exigidas porque el ser interior sólo podía ser alcanzado m e­
diante el retraimento. Aquí la verdad ha emergido, y el Er­
mitaño de la túnica rígida se ha transformado en un niño
gloriosamente abierto. La otra mitad del 19 es el 1. La fuer­
za del Mago, unida a la sabiduría del Ermitaño, es la super-
conciencia, la energía de la vida unida a su significado y
su propósito.
1 más 9 es igual a 10, la Rueda de la Fortuna, cuya visión
era la de algo exterior a nosotros que intentábamos com­
prender y abarcar. Aquí vemos la vida en una dimensión vi­
sionaria, desde dentro de nosotros mismos. Y en este tipo
de visión no hay misterios ni hay símbolos; solamente el
universo, radiante de luz.
Los significados adivinatorios del Sol son tan simples y
directos como los niños maravillosos de las imágenes. La
carta significa júbilo, felicidad, y un gran sentimiento de la
belleza de la vida. En su sentido más profundo, significa
contemplar el mundo de una manera totalmente nueva,
viendo cómo toda la vida se unifica en alegría y luz. Por so­
bre todas las cosas, es una carta de optimismo, energía y
maravilla.
Si la carta aparece invertida, las cosas buenas no se pier­
den, sino que se confunden, como si el sol se hubiera nu­
blado. La vida aún sigue dando a la persona un tiempo de
simple felicidad, pero no se lo puede ver con la misma clari­
dad. La persona ya no está lúcida, y debe hacer un esfuerzo
para percibir el júbilo que es el gran don del Sol.

181
JUD G EM ENT.

Figura 21

El Juicio

Bajo el Sol vemos la totalidad de la vida llena de una luz es­


piritual. Esta percepción de la verdad eterna nos libera de
toda ilusión engañosa y de todo miedo, de modo que ahora
sentimos, como una profunda llamada proveniente de nues­
tro interior, la urgente necesidad de disolvernos por com­
pleto en el espíritu y en la vida sobrecogedora y maravillosa
que contienen todos los seres.
El origen de esta llamada está tanto dentro como fuera
de nosotros, porque uno de los efectos del Sol fue derribar
la barrera artificial entre la experiencia interior y el mundo
exterior. Es una llamada que sentimos en nuestro ser más
profundo, como si de las células mismas del cuerpo surgiera
un grito de júbilo. Al mismo tiempo, reconocemos que la
llamada proviene de alguna fuente mayor que cualquier
vida individual.

182
,Esta idea del Juicio como una llamada a elevarse hasta
una existencia más plena de significado tiene análogos en
situaciones más ordinarias. Hay veces en la vida en que una
persona puede encontrarse en una encrucijada (la cruz en
el estandarte) donde se le exige una decisión sobre si ha de
hacer o no un cambio importante. Y en ocasiones puede
parecer como si algo interior lo hubiera ya decidido, y la
única opción que le quedara al ser consciente fuese seguir
adelante con la acción apropiada. Las antiguas maneras de
creer y de pensar, las situaciones viejasTfíañ muerto.
La mayoría de las versiones del triunfo muestran sola­
mente el ángel y las figuras que se levantan. El mazo Rider
agrega, en el fondo, una hilera de montañas, a las que Waite
llama las «montañas del pensamiento abstracto», una ex­
presión que lleva implícita una verdad eterna que tras­
ciende el conocimiento limitado al que tenemos acceso por
medios ordinarios.
Uno de los rasgos básicos de la moral es nuestra incapa­
cidad de conocer nada en un sentido absoluto. Estamos li­
mitados por la brevedad de nuestra vida y por el hecho de
que todo conocimiento llega a la mente por mediación de
los sentidos. Por la física moderna sabemos que la investi­
gación científica no puede dar jamás una imagen exacta de
la realidad, porque el observador es siempre parte del uni­
verso que está observando. De la misma manera, tanto los
pensamientos de una persona sobre la realidad como la
forma en que la percibe están influidos por las experiencias
pasadas de esa persona. El «pensamiento abstracto» im­
plica, como las Ideas platónicas, un sentimiento de lo ab­
soluto.
Llegamos a esta «abstracción» mediante un descenso fi­
nal a las aguas de la nada, con el fin de emerger liberados
de todo conocimiento parcial. La Muerte, directamente en­
cima del Juicio, simbolizaba la disolución. Allí se nos mos­
traba la muerte del ego, y el naipe subrayaba el miedo a de­
jarse ir. Aquí, todas las ilusorias ideas de aislamiento se di­
suelven, y el acento no está puesto sobre la muerte, sino
sobre la resurrección.

183
La carta se llama el Juicio porque, com o la Justicia,
apunta a un ponerse de acuerdo con la experiencia pasada,
como un paso necesario para trascenderla. Con la Justicia,
la experiencia y la respuesta eran personales y se basaban
en las acciones del sujeto en el pasado. Aquí, una fuerza
mayor que nosotros mismos es la que nos orienta y nos
llama, y el Juicio no es simplemente una evaluación del sig­
nificado de la propia vida, sino de la verdadera naturaleza
de la existencia, y de cómo nosotros y todos los seres somos
parte de ella.
A veces en este libro nos hemos referido a las letras he­
breas asignadas a los diferentes triunfos, generalmente si­
guiendo el sistema en el cual el Loco es Aleph. Hay otro sis­
tema, en el que se asigna Aleph al Mago, y en ese sistema el
Juicio lleva la letra Resh. Resh significa «cabeza» y, como
las montañas de Waite, se refiere a la mente verdadera que
despierta a la llamada. Resh hace pensar también en la
Rosh Hashanah, el Año Nuevo judío, literalmente la «ca­
beza del año». Ahora bien, la Rosh Hashanah no es el co­
mienzo del calendario, como el Año Nuevo secular, sino
que en realidad representa el aniversario de la creación. De
modo similar, el Juicio no indica un cambio de circunstan­
cias, sino una conciencia nueva, que se relaciona directa­
mente con la verdad mediante la fusión del sí mismo con las
fuerzas de la vida.
La Rueda de la Fortuna, con sus leyes invisibles de cau­
sa y efecto en el nivel psíquico, es el 10; el Juicio es el 20,
10 multiplicado por 2. Mediante el proceso de la última lí­
nea revelamos la oculta sabiduría de la Suma Sacerdotisa,
de modo que ahora entendemos los íntimos misterios que
se esconden en la Rueda.
La cruz que aparece en el estandarte indica un encuen­
tro de opuestos, una unión de todas las cosas que habían
estado separadas. Simboliza un encuentro de dos formas
del tiempo; el tiempo ordinario que percibimos con nues­
tros sentidos y que rige nuestra vida cotidiana, y la eterni­
dad, la percepción espiritual de la vida. Los dos tiempos es­
tán simbolizados por las dos líneas, horizontal y vertical, de

184
la cruz. Su encuentro en el centro indica que el ser superior
no abandona sus antiguas actividades, sino que se ocupa
de ellas de una manera nueva.)*
La carta situada encima del Juicio, en la primera línea,
es la de los Enamorados, y en el mazo Rider también en ella
aparece un ángel. Allí, sin embargo, el ángel era un atisbo
de una verdad más grande, cuya vivencia se daba por m e­
diación del amor. Aquí el ángel se asoma desde la nube
para llamarnos. En la versión tradicional del Sol veíamos el
ejemplo final del motivo triangular que se inició en los triun­
fos 5 y 6. Aquí vemos a un niño entre los dos adultos. Los
polos de la vida se han reunido para formar una realidad
nueva, de la misma manera que un hijo es a la vez una com ­
binación de sus padres y algo completamente nuevo.
El niño que está en primer plano se nos aparece de es­
paldas. La nueva existencia es un misterio, sin que tenga­
mos manera de saber cómo será mientras no podamos vi­
virla? Que al niño no se le vea el rostro significa también que
en realidad no nos conocemos, y que no podemos conocer­
nos hasta que no oigamos la llamada y respondamos a ella.^
Virtualmente todas las mitologías contienen relatos del hé­
roe a quien, separado de sus padres, lo crían como a un
niño común, sin que las otras personas — ni, con frecuencia,
el propio niño— sepan nada de su verdadera identidad.
Tanto el rey Arturo como Moisés, Teseo y Cristo se ajustan
a este modelo. Encontramos la misma idea en muchos rela­
tos de ciencia-ficción, en que el héroe se despierta, perdida
la memoria, en un lugar extraño; la búsqueda de su verda­
dera identidad lo conduce al descubrimiento de que al­
berga dentro de sí grandes poderes. Muy frecuentemente,
se encuentra en el centro de una poderosa trama, o del fun­
cionamiento mismo de la naturaleza. Todos hemos «olvi­
dado» nuestra verdadera identidad y nos hemos separado
de nuestros «padres». Y cuando podamos encontrar — o
crear— nuestro ser verdadero, nos encontraremos en el
centro del universo. Porque el centro está en todas partes.
La mayoría de las barajas sólo muestran las tres perso­
nas que aparecen en primer plano. El hecho de que Waite

185
agregue tres personas más, todas ellas mirando hacia noso­
tros, da a entender que si bien el Juicio nos conduce a lo
desconocido, sigue habiendo cierto conocimiento (simboli­
zado también por las montañas) de las maneras en que ha
de transcurrir la vida desconocida.
Las tres personas adicionales apuntan a otra considera­
ción muy importante. Al mostrarnos la resurrección de todo
un grupo, el triunfo nos recuerda que no hay liberación per­
sonal. Cada ser humano es parte de la raza humana y, por
consiguiente, es responsable de la evolución de la totalidad
de la misma. Nadie puede ser verdaderamente libre mien­
tras haya alguien que esté esclavizado. Del Buda se dijo que
había regresado como boddhisatva porque entendió que él
solo no podía liberarse mientras no hubiera liberado a toda
la' humanidad. Al mismo tiempo, cualquier liberación indivi­
dual nos libera a todos. Esto se debe a que cualquier per­
sona, al alcanzar el Juicio y el Mundo, altera las circunstan­
cias de la vida de todos. La naturaleza búdica de Gautama y
la resurrección de Cristo se aparecen como acontecimien­
tos que han cambiado totalmente el mundo.
En las tiradas adivinatorias, la carta del Juicio es porta­
dora de un significado especial. Independientemente de lo
que esté pasándole al consultante, hay un impulso o lla­
mada interior que lo mueve a hacer un cambio importante.
y. El cambio puede referirse a algo mundano e inmediato o_a
una variación total de la visión de la vida que tiene unaper,-
sona, y esto depende de las otras cartas y de cuál sea el
tema de la consulta. Lo importante es la llamada. De hecho,
liTpersona ya há’ cambiado; las viejas situaciones, el antiguo
sí mismo, se han extinguido ya, y ahora es cuestión, simple­
mente, de reconocerlo.
En posición invertida, el Juicio puede indicar que la per­
sona quiere responder a la llamada, pero no sabe qué ha­
cer. Más frecuente es que apunte a alguien que intenta ne­
garse a la llamada, generalmente por miedo a lo descono­
cido. De hecho, puede haber muchísimos motivos raciona­
les para que la persona no se avenga al cambio sugerido:
falta de dinero o de preparación, exceso de responsabilida­

186
des... Esté en posición normal o invertida, el Juicio indica
que todas las objeciones son excusas. Cuando la carta apa­
rece invertida, las excusas predominan y la persona sigue
de pie en la tumba. La palabra Juicio implica que la realidad
de la vida ha cambiado, y ya no queda otra opción que se­
guir el cambio.

Figura 22

El Mundo

¿Qué podemos decir de un entendimiento, una libertad y


un éxtasis que trascienden las palabras? El inconsciente
conscientemente conocido, el ser exterior unificado con las
fuerzas de la vida, el conocimiento que no es en modo al­
guno conocimiento, sino una constante danza extática del
ser... todo eso es verdad, y sin embargo, no es verdad.
Hemos hecho ya muchas observaciones referentes a este

187
naipe y a sus imágenes. Tanto el número como las dos va­
ras unifican al Mago y la Suma Sacerdotisa. También vimos
una anticipación del Mundo en la Rueda de la Fortuna, y re­
flexionamos sobre cómo los símbolos de aquel triunfo son
ahora realidades vivientes. De una manera o de otra, la
Rueda ha aparecido prácticamente en todas las cartas de la
última línea. Podríamos decir que el propósito de esta línea
es el de unirnos con todas aquellas cosas que en el triunfo
10 se aparecían como una visión externa, es decir, como el
hado, el funcionamiento de la vida, los elementos de la exis­
tencia. Cuando se alcanza la unidad, los símbolos se desva­
necen, disolviéndose en un espíritu que danza.
Por el número y por la imagen, vimos el Mundo en el
Colgado. El triunfo 12 mantenía su bienaventuranza gra­
cias a una inactividad completa. Pero incluso el Arbol del
Mundo es una engañosa ilusión creada por la necesidad
que tiene la mente de aferrarse a algo. Cuando hemos di­
suelto el aislamiento de nuestro ser en las aguas que apare­
cen bajo la faz resplandeciente del Colgado, aprendemos
que la verdadera unidad reside en el movimiento.
Todo se mueve en el universo, la Tierra alrededor del
sol, el sol dentro de la galaxia, las galaxias en cúmulos que
giran los unos alrededor de los otros. No hay ningún centro,
ningún lugar del cual podamos decir que allí se inició todo,
o que allí todo termina. Y sin embargo el centro existe, por
todas partes, porque en una danza el danzarín no se mueve
alrededor de ningún punto arbitrario del espacio, sino que
más bien la danza lleva consigo su propio sentimiento de
unidad, focalizado en torno de un centro constantemente
pacífico, en movimiento constante. Nada y, al mismo tiem­
po, todo.
Y así regresamos al Loco. Inocencia y vacío, unidos con
la sabiduría. Como dijimos al comienzo, de todos los naipes
que integran los Arcanos Mayores, sólo en estos dos hay
movimiento. La guirnalda oval sugiere el número 0, con
todo su simbolismo. Implica además el huevo cósmico, el
arquetipo del emerger; todas las cosas existen en estado
potencial y todas las potencialidades se realizan. El sí mis­

188
mo está en todas partes, en todas las cosas. Las cintas que
aparecen en la parte superior e inferior de la guirnalda es­
tán anudadas formando el signo de infinito, indicando que
el sí mismo no está encerrado, sino abierto hacia el uni­
verso.
Las cintas son rojas, el color del chakra-raíz en el simbo­
lismo de la kundalini. La danzarina no ha perdido su ser fí­
sico, sus raíces en la realidad material y sexual. En cambio,
la energía está constantemente fluyendo, transformándose
y renovándose. El verde de la guirnalda simboliza el mundo
natural, cultivado y no abandonado. El verde es también el
color del amor y de la curación, que irradia integridad para
todos, hasta para quienes no tienen clara conciencia de ello.
El púrpura (el estandarte) es el color de la divinidad, y el
azul (el cielo), el de la comunicación. Cuando sabemos que
la divinidad no es algo que esté fuera, sino que está dentro
de nosotros, entonces nuestra presencia misma comunica
esta verdad a quienes nos rodean.
Una de las imágenes que constituyen análogos del Mun­
do es la de Shiva, el Señor de la Danza Cósmica. El también
danza con los brazos extendidos, apoyado sobre un pie y
con el otro levantado, la cabeza en equilibrio y la expresión
calma. El pie derecho de ambas figuras está «plantado» en
el mundo físico, en tanto que la pierna izquierda, levantada,
simboliza la liberación del alma. Cuando más unidos esta­
mos a la vida, en ese momento comprendemos que somos
libres. El rostro no muestra tristeza ni júbilo; está en paz, li­
bre. Los brazos están abiertos a toda experiencia.
Con frecuencia, a Shiva en actitud danzante se lo repre­
senta como hermafrodita: una mitad del cuerpo es Shiva, la
otra Parvati, su aspecto femenino. El danzarín del Mundo
también es hermafrodita, aunque la dualidad de los órga­
nos sexuales esté oculta por el estandarte, como para decir
que la unidad que ellos representan está más allá de nues­
tro conocimiento. Al hablar de los Enamorados nos referi­
mos a la difundida creencia en que todos los seres huma­
nos fueron originariamente hermafroditas. El danzarín ex­
presa y une todos los aspectos diferentes del ser.

189
El mismo sentimiento que nos conduce a una «m em o­
ria» del hermafroditismo original ha llevado al hombre a dar
un paso más y llegar a la imagen de que el universo entero
fue una vez un único ser humano. Encontramos esta creen­
cia entre los gnósticos, en Blake, en las mitologías india y
germánica entre otras, y muy detalladamente en la Cábala.
Allí, la figura lleva el nombre de «Adán Caedmon», y se dice
que es la creación original emanada del incognoscible Dios.
A Adán Caedmon — también hermafrodita— se lo describía
más bien como pura luz que como un ser físico. Sólo cuan­
do la figura se descompuso en las partes separadas del uni­
verso, la luz quedó «aprisionada» en la materia. Es un he­
cho fascinante que las teorías científicas contemporáneas,
en su vertiente cosmogónica, describan el universo, origina­
riamente, como una partícula única. En el momento en que
se descompuso, la partícula era pura luz; sólo más adelante,
a medida que los fragmentos se aislaban más y más, una
parte de esa energía se condensó en materia, según la fa­
mosa formulación de Einstein, E =m c2
Los mitos ven en la descomposición del Hombre primi­
genio un acontecimiento irreversible. Los ocultistas, sin em ­
bargo, creen en la posibilidad de la restauración. Al seguir el
proceso bosquejado por los Arcanos Mayores llegamos a
unirnos con la vida y nos convertimos en Adán Caedmon y
en Shiva-Parvati.
Adán Caedmon se relaciona con el Arbol de la Vida y
con sus diez sephiroth o puntos de emanación. Hemos vis­
to ya la conexión entre esta figura y el Tarot mediante los
22 senderos del Arbol de la Vida. Por su postura, el danza­
rín del Mundo es una representación exacta de la forma
más común del Arbol de la Vida. El Arbol se dibuja de la si­
guiente manera:

190
o

Dicho en forma muy simplificada, el triángulo superior


es el superconsciente, el del medio la conciencia, el inferior
el inconsciente, y la punta final, la raíz del Arbol, es la mani­
festación de todos estos principios en el mundo físico.
En el danzarín, el triángulo superior está formado por la
coronilla y las puntas de los hombros, el del medio por las
manos y los genitales, y el triángulo inferior lo constituyen
la pierna cruzada y el pie derecho. Al mismo tiempo, todo
es un único cuerpo. Al contemplar al danzarín aprendemos
que el inconsciente, la conciencia y el superconsciente no
son partes separadas — y ni siquiera etapas separadas— del
ser; son todos una y la misma cosa. Pero, ¿qué hay de la dé­
cima sephirah, la raíz del Árbol? N o la encontramos en el
cuerpo, sino en el universo todo, en el maravilloso funda­
mento básico del ser en el cual nos movemos.
Las descripciones y las metáforas, la contemplación in­
cluso, apenas si pueden aludir a las maravillas encarnadas
en el triunfo 21. Cuando la carta aparece en una consulta,
estas maravillas se reducen aún más para adaptarse a las si­
tuaciones ordinarias que son el tema de la mayor parte de
las lecturas. La carta significa éxito, logro, satisfacción. En
mayor o menor medida, indica una unificación del sentido
íntimo del ser de una persona con sus actividades exter­
nas.
Invertido, el triunfo indica estancamiento, el movimiento

191
y el crecimiento demorados hasta el punto de detenerse.
Aparentemente, al menos. De hecho, la libertad y el arre­
bato del Mundo existen siempre en forma potencial, en es­
pera de ser liberados cuando la persona se sienta, una vez
más, dispuesta a iniciar la danza de la vida.
Tales son los significados adivinatorios del Mundo. Sus
verdaderos significados son incognoscibles; son un obje­
tivo, una esperanza, una intuición. El camino que lleva a esa
meta, los pasos y la música de la danza, se hallarán en las
imágenes vivientes de los Arcanos Menores.
Rachel Pollack

Los 78 grados de sabiduría


del Tarot
Arcanos Menores y Lecturas

EDICIONES URANO
Argentina - Chile - Colombia - España
México - Venezuela
Título original: Seventy-Eight Degrees o f Wisdom. A Book o f Tarot.
Parí II: The Minor Arcana and Readings
Editor original: The Aquarian Press Limited
Traducción: Marta I. Guastavino

Reservados todos los derechos. Queda ri­


gurosamente prohibida, sin la autoriza­
ción escrita de los titulares del Copyright,
bajos las sanciones establecidas en las
leyes, la reproducción parcial o total de
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miento, incluidos la reprografía y el trata­
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© 1983 by Rachel Pollack


© 1987 by ED IC IO N ES URANO, S. A.
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Impreso en España - Printed in Spain


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Indice

Introducción 7

LOS A R C A N O S MENORES 27
1. Las Varas 29
2. Las Copas 57
3. Las Espadas 85
4. Los Pentáculos 113
LAS LECTURAS 147
5. Introducción a la adivinación por el Tarot 149
6. Los tipos de lecturas 166
7. Cóm o usar las lecturas del Tarot 224
8. Lo que aprendemos de las lecturas del Tarot 246
Para Joan Goldstein, que sabe que las mejores cartas
son las que dicen la verdad.
Introducción

El mazo Rider

En 1910 la Rider Company, de Londres, publicó un nuevo


mazo de Tarot, diseñado por el conocido ocultista Arthur
Edward Waite y dibujado por Pamela Colman Smith, una
artista menos conocida, pero dotada de lo que se suele lla­
mar «poderes psíquicos». Aparentemente, el propio Waite
no esperaba que las nuevas cartas hallasen mucho público;
como todas sus obras, su libro sobre el Tarot se dirige prin­
cipalmente a personas ya interesadas por la tradición ocul­
tista. Y sin embargo el mazo Rider — así terminó por ser
llamada la baraja— se conoce hoy en el mundo entero, no

7
sólo en su versión original, sino en ediciones piratas, en
mazos «nuevos» apenas modificados, en varios tamaños
diferentes publicados solamente por Rider, en ilustraciones
para novelas, libros de psicología, historietas y programas
de televisión. La sorprendente popularidad de este Tarot
esotérico en particular, con preferencia a centenares de
otros mazos, tanto tradicionales como modernos, se deriva
en gran parte de un aspecto de los naipes que el propio
Waite apenas si parece haber advertido: los dibujos de Pa­
mela Colman Smith, que revolucionaron los Arcanos M e­
nores.
En la apología que hizo de su mazo, Waite se esforzó
por defender ciertos cambios que introdujo en el diseño y
en la numeración de las cartas en los Arcanos Mayores. Sin
embargo, quienes se acercan por primera vez al Tarot, en
su mayoría, al comparar el mazo Rider (figura de la p. 7,
centro) con el mazo más tradicional del Tarot de Marsella,
por ejemplo (figura de la p. 7, izquierda), tendrán que poner
mucha atención para poder observar la mayor parte de tales
cambios. Por el contrario, en los Arcanos Menores verán
inmediatamente la diferencia. En todos los mazos diseña­
dos antes del Rider, las cartas que van de los números 1 al
10 de los cuatro palos llevan dibujos geométricos que inclu­
yen el número correspondiente de espadas, bastos, oros o
copas. En esto se parecen a sus descendientes, los habitua­
les naipes de juego. En la mayor parte de los mazos, estos
diseños son simples y repetitivos. Com o una excepción se
destaca entre ellos el trabajadísimo mazo Crowley (figura
de la p. 7, derecha). El mazo Waite-Smith, sin embargo,
lleva una ilustración en cada naipe.
Preocupado principalmente por los Arcanos Mayores,
más esotéricos, Waite no cayó aparentemente en la cuenta
de cómo esta rica diversidad de escenas podía cautivar al
espectador común que buscaba tener una experiencia del
Tarot. En cierto sentido, la novedad misma de las cartas
aumenta su encanto. Allí donde los Arcanos Mayores nos
sorprenden al mismo tiempo con la antigüedad y con la
complejidad de su simbolismo, los Menores, al no respon­

8
der a una tradición pictórica, se nos aparecen com o escenas
tomadas directamente de la vida o, en algunos casos, de
la fantasía.
El hecho de que Smith las dibujara en un estilo seudo-
medieval no parece molestar a la mayoría de las personas,
pues la sensación de vivacidad les parece más importante.
Casi todos los Arcanos Mayores nos muestran una figura de
pie o sentada; sólo el Loco y el Mundo se mueven. Es más,
danzan. Pero en los Arcanos Menores, todas las escenas
muestran algo que está sucediendo, como si fuera un foto­
grama tomado de una película.
El contraste no es accidental. Los Arcanos Mayores re­
presentan más bien fuerzas arquetípicas que personas rea­
les. El Loco y el danzarín del Mundo se mueven porque
sólo ellos encarnan plenamente tales principios. Pero los
Arcanos Menores muestran aspectos de la vida tal como
realmente la vive la gente. En los cuatro palos, y más espe­
cialmente en las combinaciones que las cartas forman cuan­
do las disponemos para una consulta, encontramos un pa­
norama de la experiencia que nos da una penetración cons­
tantemente renovada de las maravillas de la naturaleza
humana y de este mundo mágico.
Debido precisamente a que nos muestra la vida corrien­
te y no un sistema formal, el mazo Rider no interesa a mu­
chos ocultistas. Mientras que muchas barajas posteriores
han copiado, con más o menos variaciones, el mazo Rider,
hay otras — incluyendo las que podríamos caracterizar
com o «más serias», como el mazo de Crowley o el B O TA
(Builders of the Adytum o Constructores del Santuario)—
que han vuelto a los antiguos diseños para los Arcanos M e­
nores. Ello se debe a que a sus creadores el Tarot, ya sea
como instrumento o en cuanto fuerza viviente, les intere­
saba como un sistema de organización y estructuración de
prácticas esotéricas. Para ellos, el Tarot constituía un vínculo
vital con los sistemas místicos.
El más importante de estos vínculos es el que conecta
los cuatro palos con los cuatro mundos que describe la Cá-
bala. Los cabalistas consideran que el universo existe en

9
cuatro fases, de las cuales la más próxima a nosotros (y la
más alejada de la unión directa con Dios) es el mundo ma­
terial, llamado Assiyah, el «Mundo de la Acción». Para mejor
entenderlos, los teósofos medievales describieron cada
mundo como encarnado en un Arbol de la Vida, un dia­
grama de la ley cósmica. Ahora bien, la estructura del Arbol
no cambia en los diferentes mundos. Cada árbol contiene
diez sephiroth, o arquetipos de la emanación. (En el Diez
de Pentáculos se encontrará el diseño más común del Ar­
bol.) Y aquí, por cierto, interviene el Tarot. Como cada uno
de los cuatro palos contiene diez cartas numeradas de uno
a diez, podemos colocar las cartas sobre las sephiroth para
tener así una ayuda concreta en la meditación. Y como las
sephiroth representan fuerzas arquetípicas, la mayor parte
de los ocultistas prefieren diseños abstractos para simboli­
zarlas. Para ellos, una escena en la que se ven personas que
hacen algo —tres mujeres bailando o un grupo de mucha­
chos que pelean— sólo sirve para apartar la atención del
simbolismo eterno.
Algunos ocultistas van aún más lejos: creen que los dise­
ños geométricos de las cartas son portadores de un poder
psíquico que les es propio, y que, mirando en profundidad
esos diseños en sus colores especiales, podemos producir
en el cerebro ciertos efectos bien definidos.
Muchas personas sin especial inclinación hacia el esote-
rismo seguirán prefiriendo los antiguos mazos a cualquiera
de las interpretaciones modernas, incluso a las geométricas.
Para ellas, el sentido de una tradición, con significados que
han ido enriqueciéndose durante siglos, lleva consigo un
poder que ninguna edición revisada puede igualar. En las
lecturas, se remiten a las antiguas fórmulas, y para ellas las
escenas detalladas del mazo Rider constituyen una distrac­
ción. Con frecuencia, los lectores con más poderes psíqui­
cos se valen de las cartas antiguas, ya que encuentran que
el propio carácter abstracto de los naipes numerados les
ayuda a activar la facultad clarividente.
Sin embargo, para la mayoría de nosotros los diseños
repetitivos limitan muchísimo el desarrollo de la intuición

10
que puede generarse ya sea exclusivamente en el estudio
de las cartas o usándolas en tiradas y consultas. Una vez
que hemos memorizado las fórmulas relacionadas con cada
naipe, se nos hace difícil ir más allá. En este libro he inten­
tado crear lo que yo llamo un Tarot «humanista», derivado
no solamente de las verdades esotéricas, sino también de
las intuiciones de la moderna psicología postjunguiana, para
dar así una imagen más completa de quiénes somos, cómo
actuamos y cuáles son las fuerzas que nos configuran y nos
dirigen. En una visión tal del Tarot, el objetivo no son los
significados fijos, sino más bien un método mediante el cual
cada persona pueda obtener una mayor penetración en la
vida. Por más que el análisis de cada carta provenga en
parte de su uso en las lecturas, con los significados que
corresponden a la posición normal y a la invertida, lo que
tal análisis revelará principalmente es la forma en que esa
carta enriquece nuestro conocimiento de la experiencia
humana.
Com o el mazo Rider presenta escenas tan vividas, las
fórmulas o comentarios referentes a cada carta sirven sola­
mente como puntos de partida. Podemos meditar sobre las
propias imágenes y sobre la forma en que se combinan con
las otras que las rodean. En cierto sentido, entre estas figu­
ras y la imaginación (y la experiencia) de cada persona se
establece algo así como una sociedad. En todas las lecturas,
lo mismo que en cada meditación o reflexión, podemos ver
en cada carta una experiencia nueva. Así como las barajas
más esotéricas funcionan mejor para las disciplinas ocultis­
tas, y las más antiguas para decir la buenaventura, el mazo
Rider es el indicado para quienes usamos las cartas princi­
palmente para tomar conciencia de nosotros mismos y del
mundo que nos rodea.
Las imágenes de Smith ejercen su atractivo sobre la
gente por efecto de su acción, equiparable a la de una histo­
rieta. Nos fascinan a lo largo del tiempo gracias a la realidad
de los significados que contienen. Se pregunta uno cómo
hizo su trabajo Pamela Smith. Por lo que sabemos, fue
creando sus imágenes sin apoyarse en tradición alguna. En

11
mi libro sobre los Arcanos Mayores expresé la opinión de que
probablemente Waite no especificó estos diseños con la
misma claridad con que lo hizo para los naipes Mayores.
En su libro no hay referencia alguna a sus orígenes, y tam­
poco defiende el cambio radical introducido, tal como de­
fendió los cambios existentes en los Arcanos Mayores. Sus
interpretaciones, además, no utilizan de manera importante
las nuevas imágenes. Aunque describe brevemente cada
una de ellas, sus explicaciones son por lo común fórmulas y
frases hechas («deseo, voluntad, determinación, proyecto»),
que no difieren sustancialmente de los significados que se
les atribuye en los mazos anteriores.
Algunos autores han afirmado (aunque yo no he encon­
trado ninguna prueba de ello en los escritos del propio
Waite) que Smith dibujó las figuras como si fueran cuatro
libros de historietas, uno para cada palo. La calidad del palo
determinaba el carácter del relato, en el cual los naipes que
representan figuras cortesanas constituían una familia, y las
restantes cartas, numeradas del 1 al 10, eran las cosas que
les sucedían. El llamado Tarot marroquí, basado con mucha
fidelidad en el mazo Rider, se ajusta a este sistema. Pero
esta explicación de las imágenes por la historieta configura
una petición de principio. Lo importante sigue siendo la
relación de la imagen con el significado.
Sospecho que Waite dio a Smith las fórmulas que él
quería ver ilustradas y quizá consultó con ella cómo sería la
imagen, y que después la condición de artista de Smith pre­
valeció, operando en ocasiones con el simbolismo superfi­
cial, en tanto que otras veces su funcionamiento trascendía
el nivel de la opción consciente. Las fórmulas de Waite se
derivan de diversas fuentes. El propio Waite habla en oca­
siones de significados contradictorios, com o si hubiera con­
sultado a diferentes adivinos. Su disposición de las cartas
cortesanas también muestra la influencia de la Orden del
Alba Dorada, una sociedad secreta de magos-místicos a la
cual pertenecieron en su momento tanto Waite y Smith
como Crawley y Paul Foster Case, el diseñador del mazo
BOTA.

12
En muchos casos, naturalmente, las imágenes son muy
simples y se relacionan directamente con los significados
que debían ilustrar. El Cuatro de Pentáculos, por ejemplo,
muestra la imagen de un avaro, de alguien que se «aferra» a
la «seguridad de las posesiones». Pero cabe preguntarse si
es coincidencia o deliberación que esos cuatro pentáculos
cubran la coronilla, el corazón y la garganta, y las plantas de
los pies, todo lo cual sugiere interpretaciones más profun­
das que la simple avaricia. Y en muchos casos, la imagen
toca algo que hay dentro de nosotros y que trasciende el
significado oficialmente relacionado con ella. Fijémonos en
el Seis de Espadas: se supone que es «un viaje por agua». El
silencio onírico y la tristeza implícita en la imagen sugieren
el mítico viaje de las almas a través del río Estigio.
N o es mi intención presentar a Waite como desabrido ni
como insensible a las imágenes de su propio mazo. Hay
ocasiones en que sus comentarios, especialmente los refe­
rentes a las figuras, llevan nuestro entendimiento más allá
de la simple lista de significados. En el Seis de Espadas ob­
serva que «la carga es ligera», y esto, unido al comentario
de Edén Gray, quien señala que «las espadas no hunden la
barca», nos lleva a la contemplación de la imagen de un
viaje espiritual o emocional, en el cual cargamos con nues­
tros recuerdos y pesares. En el Dos de Varas, Waite pro­
pone dos significados opuestos, y después dice que la ima­
gen «da una clave» para resolverlos. En otras ocasiones, sin
embargo, el significado propuesto contradice a la imagen,
como en el Dos de Espadas, donde se nos dice que una
poderosa imagen de aislamiento y defensa representa la
«amistad».
Desde que apareció la baraja Rider, algunos otros dise­
ñadores de Tarots intentaron incluir una escena en cada
carta. Casi todos han rendido tributo a las imágenes de Pa­
mela Smith, algunos aproximándosele en forma muy estre­
cha, mientras que otros transformaban imaginativamente
las ilustraciones del mazo Rider. N o hay nada que los obli­
gue a usar esas imágenes, que no están revestidas de la
autoridad de una antigua tradición, como los Arcanos Ma­

13
yores. Su autoridad se deriva de un logro creativo. No se
sabe por qué, estas figuras, burdamente dibujadas, torpes,
con frecuencia fuera de toda proporción o perspectiva, ba­
sadas en unas ideas sentimentales de la Edad Media, han
guiado a millares de personas a una comprensión nueva,
no sólo de las cartas, sino de sí mismas. De un solo trazo,
Pamela Smith creó una tradición nueva.

Los cuatro palos

Si bien en su presentación de las cartas individuales Waite


se apartó de la práctica anterior, en su disposición de los
palos y de sus emblemas se mantuvo próximo a los mazos
precedentes... con una única excepción. Allí donde los vie­
jos mazos, remontándose nada menos que hasta el siglo XV
y la baraja Visconti-Sforza, usaban Varas (o Bastos), Copas,
Espadas y Oros, el mazo Rider sustituyó estos últimos por
Pentáculos, es decir, estrellas de cinco puntas encerradas
en discos de oro. Waite introdujo este cambio por dos razo­
nes. La primera, porque quería que su cuarto palo repre­
sentara el alcance cabal del mundo físico y no simplemente
el estrecho materialismo del dinero y los negocios. Y en
segundo lugar porque quería que los cuatro palos fueran
portadores de los cuatro instrumentos básicos de la magia
ritual. En realidad, las dos razones se reducen a una. Waite
sabía que los magos usaban esos objetos, en parte, porque
simbolizan en forma concreta los diversos aspectos del uni­
verso físico/espiritual.
La asociación de estos cuatro emblemas tanto con la
práctica de la magia como con la verdad espiritual subya­
cente en la vida se remonta por lo menos hasta la Edad
Media, época en la que encontramos sus equivalentes en
los objetos simbólicos de que son portadoras las doncellas
del Graal. El propio Waite conocía estos objetos por su ex­
periencia en las órdenes mágicas. El mazo Rider también
los representa dispuestos sobre la mesa que hay delante del
Mago en los Arcanos Mayores.

14
En el Tarot, como en la magia, los cuatro emblemas re­
presentan el mundo mismo y la naturaleza humana, al mis­
mo tiempo que el acto de la creación (tanto la creación de
cosas específicas como la creación continua de la evolu­
ción). Que ocupen un lugar sobre la mesa del Mago signi­
fica que éste — o ésta— ha alcanzado el señorío del mundo
físico. En un sentido, tal señorío alude a los poderes reales
sobre la naturaleza que muchas personas buscan en la ma­
gia. Quienes usan el Tarot como disciplina esotérica sostie­
nen a veces que la meditación y el ritual con los Arcanos
Menores darán al adepto el control de las fuerzas de la na­
turaleza. En su novela The Greater Trumps [Los triunfos
mayores], basada en el Tarot, Charles Williams lleva esta
idea a un extremo dramático cuando el héroe genera un
huracán sacudiendo, juntas, todas las cartas asociadas con
el viento. En términos psicológicos, el dominio o «señorío»
sobre los Arcanos Menores significa haber llegado a com­
prender, en nosotros mismos y en el mundo que nos rodea,
todas aquellas experiencias y fuerzas que aparecen repre­
sentadas en las cartas. Un «señor» es una persona que tiene
control sobre su vida, que es dueña — o dueño— de sí
misma.
Un objetivo tal es mucho más difícil de alcanzar de lo
que mucha gente podría pensar. Significa saber realmente
quiénes somos, tanto en los niveles inconscientes como en
los conscientes. Significa saber por qué actuamos como lo
hacemos, conocer nuestros verdaderos deseos en vez de
las nebulosas ideas que la mayoría de las personas tienen
de sus objetivos en la vida. Significa advertir las conexiones
entre experiencias cuyo vínculo se nos aparece como mera­
mente aleatorio. El Tarot puede, por lo menos, ayudarnos a
incrementar el entendimiento que tenemos de todas estas
cosas. Y el punto a que cada persona llegue depende, entre
otras cosas, de la relación que establezca con las cartas.
El número cuatro ha figurado en forma muy destacada
en los intentos humanos por entender la existencia. Como
nuestro cuerpo nos sugiere este número (el frente y la es­
palda, los lados derecho e izquierdo), tendemos a organizar

15
nuestras percepciones del mundo, siempre cambiante, cla­
sificando las cosas en cuatro. La visión del año com o for­
mado por cuatro estaciones proviene también de los dos
solsticios y de los dos equinoccios. (Las culturas que no tie­
nen conocimientos astronómicos suelen dividir el año en
las dos estaciones básicas, verano e invierno, o también a
veces en tres estaciones.)
El zodíaco contiene doce constelaciones, tres veces cua­
tro; por ende, encontramos los signos de la astrología divi­
didos en cuatro grupos de tres. Un signo «fijo» en cada gru­
po nos da los cuatro «puntos fuertes» del cielo. Son los cua­
tro que vemos representados en los Arcanos Mayores, en
las cartas del Mundo y de la Rueda de la Fortuna, como las
cuatro figuras que aparecen en los cuatro ángulos de los
naipes. (La forma misma de las cartas, y para el caso la
mayoría de las viviendas occidentales, dan testimonio de
nuestra tendencia a lo cuadrilateral. En la antigüedad, los
chinos jugaban con naipes circulares.) Las cuatro criaturas
simbolizan el zodíaco, pero se derivan de forma más directa
de la visión de Ezequiel en el Antiguo Testamento, repetida
posteriormente en la Revelación.
De los cuatro simbolismos, los dos que se refieren más
directamente a los Arcanos Menores son los cuatro elemen­
tos de la alquimia medieval y las cuatro letras del nombre
de Dios en hebreo, el Tetragrámaton. Nuestro moderno
concepto de los elementos atómicos se deriva de una idea
más temprana (que se originó en la antigua Grecia), según
la cual todas las cosas en la naturaleza se han formado a
partir de cuatro constituyentes básicos: fuego, agua, aire y
tierra. Y no solamente encontramos esta idea en Europa,
sino también en culturas tan diversas como las autóctonas
de China y de América del Norte. Los elementos cambian
en ocasiones; a veces, los números cambian también de
cuatro a cinco, agregando el «éter» o Espíritu a los cuatro
elementos de la naturaleza (de la misma manera que mu-
i has culturas agregan el «centro» como una quinta direc­
ción). El concepto básico, sin embargo, sigue siendo el
mismo: que todo puede ser reducido a sus partes básicas,

l<>
que el mundo combina esas cualidades fundamentales de
infinitas maneras.
En la actualidad llevamos mucho más lejos esa idea;
reducimos toda la materia a partículas subatómicas (dejan­
do totalmente de lado la idea de Espíritu, a no ser en ciertas
teorías rarificadas de la física contemporánea) y considera­
mos desdeñosamente los «elem entos» medievales como
combinaciones químicas muy complejas. Sin embargo, es­
tamos muy equivocados si pensamos que el antiguo sis­
tema ya no puede enseñarnos nada. Pues algo que caracte­
riza a la antigua visión — y, de hecho, a las visiones de casi
todas las culturas previas a la nuestra occidental y moderna—
es la no-separación entre teorías y valores de orden físico,
espiritual, moral y psicológico. Para nosotros, el significado
espiritual del elemento helio, digamos por poner un ejem­
plo, es mínimo, cuando no simplemente inexistente. Para
los pensadores medievales, el elemento Fuego sugería una
vasta gama de asociaciones. Evidentemente, sería un error
rechazar los grandes logros cognoscitivos de lo que llama­
mos la ciencia moderna, pero tampoco deberíamos recha­
zar las intuiciones de épocas anteriores.
En el Tarot, los cuatro elementos se presentan como
Fuego-Varas (Bastos), Agua-Copas, Aire-Espadas y Tierra-
Pentáculos (Oros). Los diferentes autores suelen dar varia­
ciones de este ordenamiento, de las cuales la más frecuente
es intercambiar Varas y Pentáculos, sobre la base de que las
varas crecen de la tierra y las monedas se funden sobre el
fuego. Debido a las asociaciones más amplias del fuego y
de la tierra, yo prefiero mantener el ordenamiento más co­
mún. El fuego no es simplemente una herramienta del
hombre, sino una gran fuerza de la naturaleza, que se mues­
tra de la manera más poderosa en el sol que hace brotar las
varas del suelo. La tierra no sólo representa el suelo, sino
que es, tradicionalmente, todo el universo material, del cual
los Oros no representan más que una pequeña parte, y los
Pentáculos una mucho mayor.
Si deseamos ver el mundo en función del número cinco
en vez del cuatro, incluyendo el Espíritu como centro, en­

17
tonces los^ Arcanos Mayores representan el quinto ele­
mento, el Éter. El hecho de que lo situemos aparte de los
cuatro elementos Menores simboliza la intuición de que, de
alguna manera, el Espíritu existe en un nivel diferente del
nivel del mundo ordinario. Al mismo tiempo, el hecho de
que para las lecturas los mezclemos todos nos ayuda a ver
que, en realidad, el Espíritu y la totalidad de los elementos
de la materia operan constantemente juntos. Trabajar con
el Tarot nos ayuda a entender las formas dinámicas en que
el Espíritu confiere significado y unidad al mundo material.
Un verdadero entendimiento de esta relación, tanto en teo­
ría como en la práctica, constituye un gran paso en el avan­
ce hacia ese «señorío» a que antes hicimos referencia.
Muchos lectores conocerán la simbología de los cuatro
elementos por la astrología, con sus cuatro «triplicidades»:
el Fuego (Aries, Leo, Sagitario), el Agua (Cáncer, Escorpio,
Piscis), el Aire (Géminis, Libra, Acuario) y la Tierra (Tauro,
Virgo, Capricornio). También la psicología junguiana utiliza
los cuatro elementos, relacionándolos con maneras básicas
de vivenciar el mundo. El Fuego representa la Intuición, el
Agua el Sentimiento, el Aire el Pensamiento, y la Tierra la
Sensación.
En la astrología y en el pensamiento junguiano, los ele­
mentos representan tipos y características. En el Tarot ve ­
mos estos tipos reflejados en las cartas cortesanas. Los palos,
como totalidad, muestran más bien actividades y cualidades
de la vida que rasgos de la psicología individual. Dicho de
otra manera, que si en una lectura dominan las Varas no
diremos que la persona tiene un carácter «fogoso», sino
más bien que en ese momento está pasando por muchas
experiencias de Fuego. Si estudiamos los cuatro palos por
separado, es precisamente para aprender qué es lo que que­
remos decir al hablar de experiencias de Fuego, Agua, Aire
o Tierra. Y en las lecturas los estudiamos juntos para apren­
der de qué manera la vida abarca y combina, en la realidad,
todos los elementos.
A manera de breve resumen, las Varas/Fuego represen­
tan la acción, el movimiento, el optimismo, la aventura, la

18
lucha, los negocios — en el sentido de la actividad comercial
antes que en el de las mercancías— , los comienzos. Las
Copas/Agua representan la reflexión, las experiencias tran­
quilas, el amor, la amistad, el júbilo, la fantasía, la pasividad.
Las Espadas/Aire representan el conflicto, las emociones
coléricas o alteradas, la tristeza, pero también la actividad
mental, la prudencia, el uso del intelecto para entender la
verdad. Los Pentáculos/Tierra representan la naturaleza, el
dinero, el trabajo, las actividades rutinarias, las relaciones
estables, los negocios en el sentido de las cosas que se hacen
y se venden. Además, porque los Pentáculos son signos
mágicos, representan lo mágico de la naturaleza y lo mara­
villoso de la vida ordinaria, lo que no siempre se percibe,
pero que con frecuencia está oculto bajo la superficie.
Si comparamos el Tarot con otro conocido sistema sim­
bólico, las Varas y las Espadas representan situaciones
«yang» o «activas», en tanto que las Copas y los Pentáculos
representan las que son «yin» o «pasivas». También pode­
mos sustituir, con referencia a los Arcanos Mayores, el yang
por el Mago y el yin por la Suma Sacerdotisa. Sea cual fuere
la terminología, estas distinciones se aclaran en virtud del
simbolismo de las imágenes. Tanto las varas como las espa­
das se utilizan para golpear; las copas, por otra parte, cum­
plen su función recibiendo y conteniendo el agua, y a su vez
los pentáculos, ya sea en cuanto signos mágicos o en cuan­
to dinero, pueden influir sobre el mundo sin moverse física­
mente. De modo similar, el fuego y el aire están en constan­
te movimiento, mientras que el agua y la tierra tienden más
a la inercia.
Un poco de reflexión, acompañada de un vistazo a las
figuras, nos hará ver cómo estas categorías separadas se
mezclan efectivamente en la realidad. Tanto las Varas como
los Pentáculos tienen que ver con los negocios, pero tanto
las Varas como las Espadas indican conflicto. Copas y Varas
tienden a las experiencias felices y positivas, en tanto que
Pentáculos y Espadas suelen representar los aspectos más
difíciles de la vida. Al mismo tiempo, Copas y Espadas abar­
can la gama general de las emociones, en tanto que Pen­

19
táculos y Varas hacen referencia a las actividades más físi­
cas. Antes que mostrar separaciones rígidas, las cartas tien­
den a formar combinaciones y a la difuminación de todas las
distinciones.
En la primera parte expresé que el estudio de las lectu­
ras del Tarot nos enseña, por encima de todo, que ninguna
cualidad es buena ni mala, a no ser dentro del contexto de
una situación real. De las lecturas aprendemos también que
ninguna situación, cualidad ni característica personal existe
en forma aislada, sino solamente en combinación con otras.
En una lectura atendemos primero a las cartas individuales
en sus posiciones individuales, pero entendemos lo que la
lectura nos dice cuando vemos de qué manera las cartas se
fusionan para formar un diseño completo. De modo similar,
estudiamos individualmente las cartas, pero sólo las enten­
demos plenamente cuando las vemos en funcionamiento.
Los diferentes elementos no sólo representan experien­
cias diferentes, sino también diferentes maneras de encarar
la vida. Una razón para estudiar los palos como totalidad es
que así se ven las ventajas y los problemas que plantea cada
enfoque. Para cada palo, veremos un «problem a» y un «C a ­
mino hacia el Espíritu». A modo de ejemplo, el problema
para las Copas es la pasividad, el Camino hacia el Espíritu
es el amor. Por mediación de las diferentes imágenes vemos
cómo las experiencias relacionadas con las Copas hacen
aflorar estas cualidades.
Al disponer las cartas he seguido el ejemplo de Waite,
descendiendo desde el Rey hasta el As, en vez del procedi­
miento contrario. Ya que los reyes (como símbolos tradicio­
nales antes que como realidad política) tienen la responsa­
bilidad del mantenimiento de la sociedad, y puesto que el
rey da una imagen de madurez, cada uno de los cuatro
Reyes simboliza la versión más estable y sociable de su palo.
Los Ases, por su parte, significan unidad y perfección. Por lo
tanto, los Ases representan los elementos en su forma más
pura. El As de Varas representa al Fuego como tal, y todo lo
que éste significa, mientras que las otras trece cartas de
Varas muestran algún ejemplo específico del Fuego, ya sea

20
en una situación (cartas 2-10) o como un tipo de personali­
dad (las cartas cortesanas).
En el mazo Rider vemos cada As sostenido por una mano
que sale de una nube. Este símbolo, que se ve también en
otros mazos, nos muestra que cada elemento es capaz de
conducirnos al misterio espiritual. Nos enseña también que
toda experiencia es un don, proveniente de una fuente que
no podemos conocer conscientemente, a menos que reali­
cemos el profundo viaje espiritual que nos mostraron los
Arcanos Mayores. Por esta razón he puesto fin a cada palo
con el As.

El Tetragrámaton

Aparte los cuatro elementos, deberíamos ver también el otro


símbolo implícito en los cuatro palos, es decir, el del nom­
bre de Dios. Encontramos las cuatro letras, Yod-Heh-Vau-
Heh, dispuestas en la Rueda de la Fortuna, la décima carta
de los Arcanos Mayores. Con grafía europea, las escribimos
YH V H , o en ocasiones IHVH. Dado que la Biblia no da
vocales para el nombre, de hecho no podemos pronun­
ciarlo; por lo tanto, simboliza la naturaleza incognoscible de
Dios, la separación esencial entre Dios y el hombre, caracte­
rística de la religión occidental. Distintos autores han asig­
nado los nombres de Jehová, Jah o Jahvé a estas letras,
pero esto conduce a la confusión. Cuando consultamos los
escritos de los cabalistas descubrimos que las letras no for­
man un «nom bre», en el sentido humano de una etiqueta
que representa a una persona, sino que enuncian una fór­
mula. Y esa fórmula describe el proceso de la creación.
El Tetragrámaton y los cuatro elementos no forman en
realidad dos sistemas separados, sino que son, de hecho, un
símbolo unificado. Cada uno de los elementos pertenece a
una letra: Yod-Fuego, Heh-Agua, Vau-Aire, Heh-Tierra,* y

* Estos vínculos p ro v ien e n d e la tradición del T arot. A lg u n o s cabalistas


usan un ord en ligeram en te diferente.

21
cuando aplicamos el nombre de Dios a los elementos esta­
mos completando el significado de sus diferencias simbó­
licas.
El proceso se desarrolla de la siguiente manera: Yod, o
el Fuego, simboliza el comienzo de cualquier empresa, la
primera chispa creativa, la energía necesaria para arrancar.
En términos míticos, Y od indica que la chispa divina emer­
ge del Dios incognoscible. En términos psicológicos, repre­
senta el impulso a empezar algún proyecto específico o una
nueva forma de vida. La primera letra Heh — Agua— sim­
boliza el comienzo real, cuando la chispa es «recibida» den­
tro de un modelo. Míticamente, esto se refiere al Fuego de
Dios que toca las «Aguas de lo profundo», es decir, el caos
existente antes de que Dios comenzara a reordenar el uni­
verso. Psicológicamente, entendemos que nuestros planes
y esperanzas serán vagos e informes hasta que la energía
del fuego los penetre y nos ponga, efectivamente, a hacer
algo. Al mismo tiempo, la energía inquieta de las Varas no
puede beneficiarnos a menos que le demos un propósito
definido.
La tercera letra, Vau, conectada con el Aire, simboliza el
desarrollo del plan, el movimiento dirigido y con sentido
que hace que todo cobre forma. En su significado sagrado,
es el estadio de la creación en que Dios dio al mundo su
forma fundamental. El aire representa el intelecto, y psico­
lógicamente Vau indica el proceso mental de pasar desde
un propósito a un verdadero plan que lleve a la realización
del proyecto.
Finalmente, la segunda letra Heh — Tierra— representa
la creación terminada, la cosa misma. En términos religio­
sos significa la materia, el universo físico, aquello que Dios
creó por mediación del proceso de las otras letras. En térmi­
nos humanos, significa la consumación del objetivo.
Tomemos el ejemplo de un poema, que no se puede ini­
ciar sin un impulso hacia la poesía y sin el deseo de expre­
sar algo. Al mismo tiempo, un deseo tal no va a ninguna
parte a menos que podamos escoger un tema determinado.
En cierto sentido, el tema «recibe» el impulso de escribir.

22
Aun así, el poema jamás se realizará a menos que trabaje­
mos sobre él, valiéndonos del intelecto y escribiendo varios
borradores para resolver los problemas que plantean las
imágenes, el ritmo, etc. Finalmente, el proceso acaba cuando
podemos tener ante los ojos el poema terminado y dárselo
a leer a otros. Un poco de reflexión nos demostrará que la
misma evolución se da respecto de cualquier acción, ya sea
construir una casa, fabricar vino o hacer el amor.
Es obvio que el último elemento, Tierra, está un tanto
aparte de los otros. El matemático y ocultista P. D. Ous-
pensky ha expresado esta relación en el diagrama siguiente:

Una mirada a las letras hebreas nos ayudará también a


entender el simbolismo. Leídas de derecha a izquierda,
son:

n i rr
Obsérvese cómo Yod, la letra de Fuego, apenas si tiene
forma; se asemeja más bien a un punto, al destello de un
primer impulso. Obsérvese también que las dos letras Heh
recuerdan vagamente tazas o jarros puestos boca abajo. La
primera «recibe» el impulso, la segunda «recibe» la totali­
dad del proceso, y le da forma física. Finalmente, nótese
cómo la tercera letra, Vau, es una extensión de la primera,
Yod. El intelecto —Aire— toma la energía del Fuego y le
imprime una dirección definida.
Al principio puede parecer que el cuarto elemento, T ie­
rra, puede existir independientemente. Sin embargo, para

23
que podamos encontrar algún significado en nuestras pose­
siones debemos entender los procesos creativos que les
dieron el ser. Cuando estudiamos los «problemas» que se
relacionan con cada palo, vemos que cada uno se plantea
únicamente cuando apartamos el palo de su relación con
los otros. O, en otros términos, cuando nos volcamos dema­
siado hacia una sola dirección en la vida. El problema del
materialismo de la Tierra se contrarresta agregándole Copas
para darle apreciación emocional. En la sección sobre las
lecturas estudiaremos la manera en que se «añade» un palo
a otro.

Las cartas Portales

Si los Arcanos Menores de la baraja Rider nos sirven princi­


palmente como un comentario de la vida corriente, no por
eso ignoran percepciones más profundas ni nos apartan de
ellas. Por el contrario, la tendencia filosófica de los naipes
nos lleva siempre en la dirección de las «fuerzas ocultas»
que confieren forma y significado a la experiencia ordinaria.
Una visión verdaderamente realista del mundo (por oposi­
ción a la ideología estrechamente materialista a la que por
lo común se considera «realismo») habrá de reconocer la
energía espiritual siempre presente dentro de las pautas
continuamente cambiantes del mundo. Hoy por hoy, gran
parte de las principales corrientes científicas están apartán­
dose de la idea de que fuerzas tales como el electromagne­
tismo sean estáticas y mecánicas, y encaminándose hacia
una imagen que nos las presenta como dinámicas y cons­
tantemente creativas.
El mazo Rider estimula positivamente esta manera de
ver, cuya celebración se nos presenta en el Diez de Copas, y
la vemos en la forma más directa en los Ases, donde cada
elemento está presentado como un don.
Pero el mazo Rider hace algo más que enseñarnos esta
actitud. Ciertas cartas, si se las toma de la manera correcta,
pueden ayudar a producirla. Antes nos referimos ya a la

24
creencia ocultista en que la contemplación de ciertos dise­
ños geométricos tiene efectos sobre el cerebro. De modo
similar, la unión meditativa con determinadas cartas de los
cuatro palos nos aportará experiencias que van más allá de
los significados específicos de los naipes.
Son éstas las cartas que yo llamo Portales, debido a la
forma en que nos abren una senda que va desde el mundo
ordinario al nivel interior de las experiencias arquetípicas.
Cada palo posee por lo menos uno de estos naipes, y donde
hay más es en los Pentáculos. Todas ellas comparten ciertas
características: significados complejos y con frecuencia con­
tradictorios, y una Extrañeza mítica que ninguna interpreta­
ción alegórica puede penetrar del todo. Al escoger ciertas
cartas para que desempeñen esta función no intento dar a
entender que otras no puedan hacerlo, sino solamente que
según mi experiencia estas cartas, en particular, actúan de
esa manera.
En ocasiones, la Extrañeza de un Portal se hallará en la
superficie, pero en otros naipes sólo se pone de manifiesto
después de haber analizado intelectualmente la carta. Estos
últimos casos demuestran algo muy importante, a saber,
que las percepciones externas e internas no se oponen entre
sí, sino que más bien se refuerzan. La mejor manera de
aproximarse a una carta Portal es empezar por el conoci­
miento de los significados literales y simbólicos del naipe.
Cuando los hayamos recorrido hasta donde ellos puedan
llevarnos, llegaremos a la senda de la Extrañeza que per­
mite trascenderlos.
El Tarot demuestra muchas cosas, algunas de ellas muy
inesperadas. Estas cosas emergen mediante la interpreta­
ción de las imágenes de sus naipes, nuestra unión con
dichas imágenes en la meditación, y también mediante la
visión de las combinaciones que se forman en las lecturas.
Si se las toma por separado, las cartas de los Arcanos M e­
nores nos presentan un vasto panorama de las experiencias
humanas. Juntas, y en unión con las arquetípicas cartas
Mayores, nos conducen a un conocimiento cada vez más
amplio de la cambiante maravilla que es la vida.

25
-
LOS ARC ANO S MENORES
1

Las Varas

De una manera u otra, los seres humanos hemos tomado


virtualmente a la totalidad de la naturaleza como símbolo
de la esencia espiritual de la vida. De todos los símbolos
naturales, el fuego se destaca como el más poderoso. Ha­
blamos de la «chispa divina» del alma, de que alguien está
«ardiendo de impaciencia» y, cuando una persona está amar­
gada o desilusionada, decimos que su entusiasmo «se ha
apagado». Cuando Dios desterró a Adán y Eva del Jardín
del Edén, alejándolos del Arbol de la Vida, instaló en las
puertas un querubín con una espada llameante para guar­
dar la entrada. Con su Caída, los primeros seres humanos
se habían alienado del fuego celestial. Cuando los yoguis,

29
mediante la meditación y el ejercicio, hacen que se eleve la
kundalini, o fuerza espiritual, experimentan este ascenso
como un gran calor que sube por la columna vertebral. Y en
el mundo entero, los chamanes demuestran su poder espiri­
tual convirtiéndose en señores del fuego, danzando entre
las llamas o llevando brasas ardientes en la boca.
El fuego representa la esencia vital de la vida, que anima
nuestro cuerpo. Sin él nos convertimos en cadáveres. El
famoso fresco de la Creación, de Miguel Angel, nos muestra
una chispa que pasa del dedo de Dios al de Adán. Para des­
cribir los cambios químicos que sufre la comida en el estó­
mago decimos que el cuerpo «quema combustible». El fuego
simboliza la energía misma de la existencia. Porque se eleva,
tendiendo constantemente hacia lo alto, el fuego repre­
senta el optimismo, la confianza, la esperanza. Para dar a
los seres humanos un toque de inmortalidad e inmunizarlos
ante las amenazas de aniquilación de Zeus, Prometeo dio a
los hombres el fuego.
Com o los Arcanos Menores se ocupan principalmente
de la variante externa de la experiencia, las Varas tienden a
enseñar cómo se muestra el fuego interior en la vida ordi­
naria. Además del conocimiento específico que de él se ob­
tiene, un estudio de los Arcanos Menores demuestra cómo
la experiencia terrenal se deriva de una base espiritual.
Las Varas, pues, representan antes que nada el movi­
miento. Ya sea que pierdan o que ganen, las Varas están en
una pugna constante, no tanto a causa de problemas u ob­
jetivos reales, sino por simple amor al conflicto, a la ocasión
de usar toda esa energía. En cuestiones de negocios, las
Varas representan el comercio y la competencia; en amor
simbolizan el romance, la declaración amorosa, el acto de
conquista de un enamorado, antes que la propia emoción
amorosa. Las Varas nos inducen a encarar la vida activa­
mente y con ilusión.
Cuando el éxito de las Varas es demasiado, como suce­
de con el Rey o con la figura del naipe Dos, puede adue­
ñarse de ellas la melancolía, porque las recompensas del
éxito pueden inmovilizarlas. En otros momentos, como con

30
el Nueve o el Diez, hacen que el hábito de pelear o de asu­
mir todos los problemas las ciegue para otras alternativas
más pacíficas.
Sin embargo, la influencia de las Varas nos muestra sobre
todo gente que gana sus batallas. Mediante las Varas en­
contramos el Camino hacia el Espíritu en el movimiento, la
acción, el vivir por el gozo de vivir. Encuentran su expresión
más poderosa en el Cuatro, al salir danzando de la ciudad
amurallada para celebrar el poder vivificante del Sol.
Y sin embargo, con toda esa energía vitalizadora que se
expresa en el poder del Sol para extraer, literalmente, la
vida de la tierra, el fuego también destruye. Si no se la con­
trola y se la dirige, esa energía calcina el mundo. Por eso
vemos que todas las cartas cortesanas de Varas están, de pie
o sentadas, en un desierto. A pesar de su optimismo y de su
avidez, las Varas necesitan la influencia suavizante de las
Copas, porque sin agua, el sol del verano no aporta más
que sequía. De las Copas proviene, pues, un sentido de pro­
fundidad, así como la capacidad de sentir y no sólo de ac­
tuar. De las Espadas obtenemos un sentimiento de planifica­
ción y dirección para toda la energía. De las Espadas pro­
viene también una conciencia del dolor y del sufrimiento,
que equilibra el optimismo de las Varas y su espíritu de con­
quista. Y de los Pentáculos nos viene un sentimiento de
estar arraigados en el mundo real, una capacidad de disfru­
tar de la vida y no solamente de triunfar sobre ella.

31
Figura 1

El Rey

Tradicionalmente, en las lecturas, las cartas cortesanas de


cada palo representan personas que han de influir sobre la
vida del sujeto, pero aunque con frecuencia es realmente
así, estos naipes también pueden simbolizar al propio con­
sultante. Si se las toma aisladamente, es decir, fuera del
contexto de lecturas específicas, las dieciséis cartas cortesa­
nas ofrecen un abanico más amplio de caracteres humanos.
Y a sea en una lectura o tomada aisladamente como objeto
de estudio, cualquiera de las cartas cortesanas indica una
persona que tiene o expresa las cualidades simbolizadas
por el naipe.
Un Rey (o un Caballero, o un Paje) no significa necesa­
riamente un hombre, ni una Reina una mujer. Muestran,
más bien, las cualidades y actitudes simbolizadas tradicio­
nalmente por esas figuras. Las funciones sociales específi­
cas de un rey, de una reina o de un caballero evocan de­
terminadas experiencias y responsabilidades, que son las
que las cartas simbolizan con no menor frecuencia que la
edad o el sexo.
También debemos evitar la idea de que una carta podría
simbolizar a un individuo durante toda la vida, en el sentido

32
de que se pueda decir de alguien «Es la Reina de Varas»,
creyendo que así se resume la vida de la persona. Alguien
puede pasar durante un mes por una fase de Reina de Es­
padas, y al mes siguiente convertirse en un Caballero de
Copas, o bien tener simultáneamente ambas vivencias en
diferentes aspectos de su vida.
Un rey es un gobernante, responsable del bienestar de
la sociedad. En el mazo Rider los cuatro Reyes llevan deba­
jo de la corona lo que Waite llama un cap o f maintenance*.
Tradicionalmente, al rey le corresponde la responsabilidad
del mantenimiento [maintenance] de su pueblo. Por consi­
guiente, todos los Reyes representan al mismo tiempo el
éxito (porque el rey, finalmente, es supremo) y la responsa­
bilidad social.
El Rey de Varas expresa estas cualidades en los térmi­
nos que le marca su palo. Indica una persona de mentali­
dad fuerte, capaz de dominar a otros mediante su fuerza de
voluntad. Su poder se deriva de una sólida fe en su propia
justicia. Él sabe la verdad; sabe que su método es el mejor, y
considera simplemente natural que los demás lo sigan.
Al mismo tiempo, muestra la energía de las Varas con­
trolada y convertida en proyectos útiles o en carreras a largo
plazo. La naturaleza aventurera de las Varas puede hacer
que un persona así se sienta incómoda en este papel. El
Rey se inclina hacia adelante en su trono, como si quisiera
levantarse de un salto para correr en busca de experien­
cias nuevas.
Es sincero por naturaleza, ya que no ve razón para men­
tir ni valor en las mentiras. Es positivo y optimista por la
misma razón; la energía de las Varas arde con tanta fuerza
en él que no entiende por qué nadie habría de expresar
actitudes negativas.
Una personalidad tan fuerte puede mostrar tendencia a
la intolerancia; es incapaz de entender la debilidad o la de­
sesperación, porque son cosas de las que él mismo no ha

* G o r ro qu e solía usarse c o m o sím b olo d e dign idad oficial o alto rango.


(N. d e la T.)

33
tenido experiencia. Este lado impaciente del Rey podría de­
finirse con el lema: «Si yo puedo, tú también.» En cierta
ocasión, en una lectura, vi una expresión muy justa de lo
que se solía llamar «la brecha generacional»: el Rey de Varas
y el Loco, ambos llenos de energía, y sin embargo, uno de
ellos es la esencia de la responsabilidad, y el otro la pura
imagen del instinto y de la libertad.
Dos símbolos dominan la carta: el león, emblema de
Leo, y la salamandra, un lagarto legendario del que se creía
que vivía en el fuego. Los dos representan lo terrenal y lo
espiritual, ya que mientras que Leo indica los rasgos de per­
sonalidad que pertenecen al Fuego, la salamandra era uno
de los símbolos favoritos de los alquimistas. En su mejor
aspecto, el Rey es el señor del Fuego creativo. Con su sen­
tido del compromiso social, lo ha domesticado y puesto a
nuestro servicio. Obsérvese que las salamandras que ador­
nan el manto se muerden la cola. El círculo cerrado significa
madurez y completamiento. Compárese esta imagen con la
túnica del Caballero, donde la boca de las salamandras no
les llega a la cola.

Invertida
Cuando invertimos una carta alteramos en algún sentido su
significado principal, como si el impacto original se hubiese
bloqueado o vuelto a canalizar, o en algunos casos, como si
hubiera sido liberado. Algunos comentaristas del Tarot pre­
fieren hacer caso omiso de los significados invertidos, y es
verdad que en la meditación o en la actividad creativa con­
sideramos generalmente todas las cartas como si estuvieran
en posición normal. Pero para las consultas o el estudio, los
significados invertidos duplican con creces los significados
posibles en el mazo. Al mostrarnos el naipe desde un ángulo
diferente, nos dan una comprensión más amplia de lo que
éste realmente significa.
En una lectura, si una carta cortesana se refiere a una
persona específica (por su tipo físico, digamos, más bien
que por las cualidades del naipe), al aparecer invertida indica
que esa persona está perturbada o bloqueada, o quizá que

34
tiene una influencia negativa sobre el sujeto. Por otra parte,
si consideramos las cualidades de la carta, cuando está in­
vertida muestra dichas cualidades alteradas.
En posición normal, el Rey nos muestra a alguien pode­
roso e imponente, que sin embargo suele ser intolerante
con las debilidades ajenas. Si está invertida, la carta nos
muestra ese fuego natural después de que ha tropezado
con obstáculos e inconvenientes que podrían haber asus­
tado o volcado hacia el cinismo a una persona menos enér­
gica. Pero como él es el Rey de Varas, no pierde su fuerza
sino que la atempera, muestra más comprensión hacia los
otros y, al mismo tiempo, se endurece en su actitud hacia la
vida, que ya no se le aparece com o una contienda tan fácil.
Aquí es muy adecuada la fórmula de Waite: «Bueno pero
severo, austero a la vez que tolerante.»

Figura 2

La Reina

La Reina representa el yin, es decir, las cualidades recepti­


vas de cada elemento. Muestra más bien una apreciación
de ese elemento que el uso social que el Rey hace de él.
Esto no significa que las Reinas indiquen debilidad, ni tam­

35
poco inacción, sino que el elemento se ha traducido en sen­
timiento y comprensión.
Repitamos que no hay por qué aplicar estas cualidades
solamente a las mujeres. Si en una lectura vemos que la
Reina identifica a una persona sólo por el tipo físico, enton­
ces naturalmente la Reina significa una mujer. Pero si de­
seamos aplicar las cualidades simbólicas a alguien, enton­
ces cualquiera de las cartas cortesanas puede representar
una mujer o un hombre. Y aparte de las lecturas, la Reina
de Varas representa una apreciación determinada de la
vida.
En contraste con la ansiedad y la impaciencia del Rey, la
Reina ocupa su trono como si estuviera plantada en él. Su
corona está en flor, el vestido es del color del sol. Entre
todas las Reinas, ella es la única que está sentada con las
piernas separadas, como signo de la energía sexual. Mues­
tra una apreciación de la vida muy propia del Fuego, cálida
y apasionada, muy sólidamente puesta en el mundo. Como
el Rey, es sincera y directa; para ella no tienen sentido el
engaño ni la mala fe. Más sensible que el Rey, se permite
amar la vida y al prójimo, y considera que el control y la
dominación no tienen más valor que el cinismo.
Un gato negro vigila el trono. En el folklore cristiano, el
Diablo dio a una bruja un gato negro para que la salvaguar­
dara de ataques. Aquí, el significado es menos melodramá­
tico. A veces, si una persona ama la vida, parece que el
mundo le respondiera, protegiéndola de daños y proporcio­
nándole experiencias jubilosas. No somos capaces de enten­
der cómo sucede tal cosa sin alcanzar el complejo conoci­
miento interior del universo que simbolizan las últimas car­
tas de los Arcanos Mayores. Sin embargo, es algo que puede
suceder, y el gato negro nos muestra esta respuesta de la
naturaleza a alguien que se aproxima a ella inundado de
fogoso júbilo.

Invertida
Como sucedía con el Rey, cuando la Reina aparece inver­
tida muestra la reacción de una persona así ante la contra­

36
riedad y el dolor. La naturaleza básicamente buena y las
actitudes positivas de la Reina, lo mismo que su energía, la
vuelven inapreciable en situaciones de crisis o desastre. P o­
demos ver en ella el tipo de persona que se hace cargo de
llevar una casa cuando sus habitantes pasan por un momen­
to de crisis, y que al mismo tiempo les ofrece consejo, ayuda
y apoyo emocional, todo ello como fruto de un impulso
natural y no de un sentimiento del deber.
Al mismo tiempo, esta naturaleza bondadosa exige que
la vida le responda de manera positiva. Demasiados desas­
tres o una oposición demasiado encarnizada de la vida (y el
punto débil de estas personas puede ser la tendencia a con­
siderar que la vida es «injusta») suelen hacer que aflore una
vena peligrosa: la persona puede amargarse, empezar a
mentir, ser infiel o ponerse celosa.

Figura 3

El Caballero

Los Caballeros traducen la cualidad de cada palo en movi­


miento. La energía que en el Rey veíamos como un logro, y
como conciencia en la Reina, irrumpe aquí en una etapa
previa. En los Caballeros vemos las maneras de funcionar

37
de cada elemento. Al mismo tiempo, los Caballeros carecen
de la seguridad y la estabilidad de los Reyes y las Reinas.
Porque el Fuego mismo simboliza el movimiento, el Ca­
ballero de Varas muestra esta cualidad en forma extrema.
Dicho con palabras de algunos comentaristas, es «Fuego de
Fuego» o «Fuego exaltado». Representa la ansiedad, la ac­
ción, el movimiento por el movimiento mismo, la aventura y
los viajes. Sin alguna influencia que la ate a la tierra, toda
esta excitación puede disiparse mientras el Caballero intenta
volar en todas las direcciones a la vez. En conjunción con
un sentimiento de finalidad y con la ayuda de alguna in­
fluencia de Aire en la planificación, el Caballero de Varas
puede proporcionar la energía y la confianza en sí mismo
necesarias para un logro importante.
Obsérvese que las salamandras de su túnica no se muer­
den la cola, lo que simboliza una acción incompleta, planes
que no llegan a cobrar forma. En contraste con el Rey, el
Caballero no ha hecho más que iniciar sus aventuras.

Invertida
Imaginémonos al joven Caballero. A diferencia del guerrero
experimentado, el joven busca el combate a la menor opor­
tunidad, porque necesita demostrar —y demostrarse— su
coraje y su fuerza. Y sin embargo, es fácil desmontarlo de su
caballo. Al no haberse puesto aún a prueba, toda esa ansia
está teñida de cierta fragilidad. La oposición lo confunde, e
incluso es causa de que sus grandes proyectos se desplo­
men estrepitosamente en torno de él. Como espera que
todo caiga ante él, es probable que se encuentre básica­
mente en desarmonía con las personas o las situaciones
que lo rodean. Sus acciones se ven interrumpidas a medida
que se encuentra con que su naturaleza básicamente buena
no concuerda con las personas y las situaciones. En una lec­
tura, por lo tanto, el Caballero invertido es símbolo de con­
fusión, proyectos que se desvían, colapso y desarmonía.

38
PAGE .y W ANDS.

Figura 4

El Paje

Los Pajes representan la cualidad de cada palo en su estado


más simple, en el puro disfrute de sí mismo de una manera
más leve y más juvenil que la de la madura Reina. Física­
mente, los Pajes hacen referencia a niños. En relación con
los adultos, indican un momento en que una persona expe­
rimenta algún aspecto de la vida simplemente como tal, sin
el condicionamiento de presiones externas. En cuanto son
niños, los Pajes suelen simbolizar los comienzos, el estudio,
la reflexión, las cualidades de los jóvenes estudiantes.
Como las Varas simbolizan el comienzo, el Paje de Varas
indica especialmente la iniciación de proyectos, y en parti­
cular un anuncio, dirigido al mundo y a nosotros mismos,
de que estamos preparados para iniciar algo, que puede ser
un «proyecto» (lo que puede referirse tanto a una relación
como a un plan práctico) o una nueva etapa de la vida. En
un nivel más simple, el Paje puede representar un mensa­
jero, un mensaje o una información. En situaciones em ocio­
nales, la simple ansia del Paje alude a fidelidad en el amor o
en la amistad.

39
Invertida
Más calmo que el Caballero, al Paje los problemas no lo
sacuden tanto, pero sí lo sumen en la confusión y la indeci­
sión. Su ansia por comenzar tropieza con complejidades,
cuando no con una oposición directa que lo deja asustado
e incapaz de expresarse. Como sus cualidades básicas son
la simplicidad y la fidelidad (obsérvese que muchas de las
salamandras de su traje están cerradas, lo que no significa
proyectos terminados como en el caso del Rey, sino más
bien una simple integridad del ser), cuando está indeciso
puede mostrarse inestable y débil. La persona a quien apunte
esta carta necesita ya sea alejarse de la complejidad o bien
alcanzar la madurez suficiente para enfrentarse con ella. La
indecisión continuada no puede conducir más que a un
mayor debilitamiento de la resolución y de la confianza en
sí mismo.

Figura 5

El Diez

Al estar tan relacionadas con el movimiento y la acción, las


Varas suscitan problemas. Constantemente en conflicto, lle­
gan a atraer enemigos y dificultades. Esto proviene en parte

40
de la falta de propósito y de plan, pero también del placer
secreto que las Varas obtienen de cualquier contienda.
El Diez nos muestra, superficialmente, la imagen de una
persona cargada y oprimida por la vida, y especialmente
por la responsabilidad. La avidez propia de las Varas la ha
llevado a complicarse en tantas situaciones que ahora, pa­
radójicamente, esa misma energía está aplastada por los
compromisos y los problemas. El hombre quiere ser libre de
viajar, de buscar la aventura y compromisos nuevos, pero
en cambio se encuentra, como el joven universitario de un
barrio periférico, atrapado en una red de responsabilidades
interminables —financieras, familiares, laborales— que él
mismo se ha creado. Y no es que lo haya planeado; todo
eso creció en torno de él.
Vemos aquí el gran problema de las Varas. La energía
del Fuego actúa sin pensar, aborda problemas nuevos sim­
plemente porque éstos la estimulan. Pero esas situaciones y
responsabilidades no desaparecen cuando la persona se
aburre de ellas y quiere pasar a algo nuevo. Se mantienen, y
son capaces de anegar el fuego que pareció conquistarlas.
En las situaciones emocionales, la carta nos muestra a la
persona que carga con todo el peso de una relación. H om ­
bre o mujer, y sean cuales fueren los problemas, los conflic­
tos y la insatisfacción, es ella quien intenta suavizarlos. Con
la espalda inclinada, se esfuerza por mantener en marcha la
relación, en tanto que probablemente, la(s) otra(s) perso-
na(s) ni reconoce(n) siquiera lo que está pasando.
Tanto en las situaciones prácticas como en las em ocio­
nales, la persona ha asumido sobre sí la carga. Es ella — o
él— quien ha creado la situación, y es necesario que se dé
cuenta de que todavía son posibles otras formas de abor­
darla. En situaciones así, es probable que las cargas no sean
del todo reales, o por lo menos que se las pueda evitar; de
hecho, pueden servir como excusa para no hacer nada real­
mente constructivo, como podría ser apartarse de una si­
tuación negativa.

41
Invertida
Com o muchas cartas, ésta tiene más de un significado posi­
ble, especialmente cuando está invertida. En una lectura es
posible determinar parcialmente el significado más apro­
piado (aunque a veces puede ser válido más de uno, como
en el caso de una opción) por mediación de las otras cartas,
y en parte también mediante una intuición que sólo puede
desarrollarse con la práctica. En el estudio, esta diversidad
de significados demuestra el hecho de que una situación
puede cambiar de múltiples maneras.
En el caso más simple, el Diez de Varas invertido indica
que las cargas se han incrementado en número y en peso,
hasta tal punto que pueden aplastar, ya sea física o em ocio­
nalmente, a la persona. Al mismo tiempo, el naipe puede
significar que la persona se ha liberado de las cargas (quizá
porque se le habían hecho excesivas para soportarlas). A
partir de aquí, la situación vuelve a ramificarse. El o la con­
sultante, ¿arroja los palos porque se ha dado cuenta de que
puede usar para mejor fin la energía? ¿O solamente se re­
bela contra las responsabilidades, sin hacer en realidad nada
constructivo? Una mujer a quien una vez le hice una lectura
describió la situación como cuestión de tirar los palos hacia
adelante o hacia atrás. Si los tiramos hacia atrás, intentamos
seguir una dirección nueva; tirarlos hacia adelante, en cam­
bio, significa que volverem os a recogerlos y seguiremos
avanzando penosamente por el mismo camino.

42
Figura 6

El Nueve

Los Nueves enseñan la forma en que cada palo encara los


problemas y los compromisos que éstos exigen. El Fuego
implica gran fuerza, poder físico y un estado de alerta men­
tal. Emocionalmente, sin embargo, esta predilección por la
pelea puede atrapar a las Varas en pautas conflictivas. En el
Nueve volvemos a ver la imagen de alguien que se ha en­
frentado con mucha oposición de los otros y de la vida;
pero en vez de aceptarla, se ha defendido. El hecho de pe­
lear ha desarrollado sus fuerzas, y por eso el naipe nos
muestra un hombre musculoso y de mirada atenta. Las V a­
ras que hay detrás de él pueden representar los recursos
con que cuenta en la vida, o también los problemas que le
acechan. Sea como fuere, él está listo para la próxima pelea.
Obsérvese, sin embargo, la rigidez de la postura, el hom­
bro contraído y levantado. Obsérvese también la venda que
le rodea la cabeza, indicando una herida psíquica. El com­
batiente no es una persona completa. Ya sea por necesidad
o por hábito, ha excluido toda conciencia de una vida más
allá del conflicto, y ahora no busca otra cosa que la próxima
pelea, mientras sus ojos ven únicamente al enemigo, a veces
incluso después de que el enemigo se ha rendido.

43
Invertida
Nuevamente, alternativas. En primer lugar, la defensa falla.
Los obstáculos y los problemas crecen demasiado para que
él, con su fuerza, pueda mantenerlos a raya. Existe, sin em ­
bargo, otro significado: ir en busca de un enfoque diferente.
No debemos dar por sentado que la carta nos aconseja
siempre que abandonemos la lucha. Abandonar la actitud
defensiva significa correr un gran riesgo, porque, ¿qué su­
cede si los problemas que hemos mantenido a distancia
durante tanto tiempo se precipitan sobre nosotros? El con­
texto lo es todo, y en ocasiones el contexto exige esos hom­
bros poderosos y esos ojos penetrantes. Y sin embargo, ob­
sérvese cuánta energía desperdicia la persona en el simple
hecho de mantenerse tensa y dispuesta para el combate. En
consultas específicas, las verdaderas implicaciones de este
naipe sólo pueden aclararse viendo cómo se combina con
las otras cartas.

Figura 7

El Ocho

El fuego implica rapidez y movimiento. Y aunque en oca­


siones este movimiento carezca de dirección, aquí vemos la

44
imagen de un viaje que toca a su fin, o de cosas que se com­
pletan. Cuando el Fuego encuentra su objetivo, los proyec­
tos y las situaciones llegan a un final satisfactorio. Las Varas
han llegado a tierra. Por consiguiente, la imagen de esta
carta implica la adición de Pentáculos como fundamento de
la energía de las Varas.
Con disposición romántica, Waite las llama «flechas de
amor». Podemos verlo especialmente con un significado de
acción que se emprende en un contexto amoroso o de se­
ducción, o de declaraciones formuladas y aceptadas.

Invertida
Si está dada vuelta, la imagen pasa a ser de continuidad, de
una situación en que nada finaliza, especialmente cuando
se desea un final. Una situación o actitud que simplemente
se mantiene sin que se aviste conclusión alguna. Si no se
puede evitar una situación así, entonces es bueno recono­
cerla y aceptarla, en vez de permitir que nos cause frustra­
ción o decepción. Por otra parte, hay ocasiones en que no­
sotros mismos podemos producir esa calidad «d e estar en el
aire», esperando que una situación siga sin resolverse. Una
de las posiciones más importantes en una lectura es la que
se llama «Esperanzas y Temores»; con mucha frecuencia,
resulta ser una profecía que se autorrealiza.
Las flechas de amor, cuando están invertidas, se con­
vierten en flechas de discusión y de celos. Los celos pueden
provenir de la incertidumbre y de la confusión, tanto en
nuestros sentimientos como en los de la otra persona.

45
snr

Figura 8

El Siete

Como el Nueve, ésta es una carta de conflicto, pero aquí


vemos la batalla como tal, y el efecto es estimulante. Con la
fuerza y el carácter positivo que les son propios, las Varas
esperan ganar, y generalmente ganan. Por obra del con­
flicto activo, la figura representada en este naipe se alza, por
encima de cualquier depresión, en el aire claro y embriaga­
dor. En cierto sentido, esta carta muestra un antecedente
del Nueve. Nos ponemos a la defensiva y nos compromete­
mos a pelear gracias a una experiencia anterior victoriosa,
de estar en la cima. Mientras la pelea continúa, disfrutamos
de ella. Quienes están bajo la influencia de las Varas necesi­
tan saber que están vivos, precisan esa descarga de adrena­
lina que les muestre que el Fuego sigue circulando en sus
venas. Sólo más tarde llega a aislarlos el hábito constante
de la batalla.

Invertida
Tal como lo sugiere la imagen, la persona está usando la
excitación del conflicto para superar la incertidumbre y la
depresión. La carta invertida indica estar sumido en la an­
siedad, la indecisión, la confusión. En la posición normal,

46
expresaba no tanto que el sujeto tuviera el control de su
vida como que conseguía «mantenerse a flote» sobre ella.
En la posición invertida, ya no puede seguir postergando
las contradicciones. Por encima de todo, la carta previene
contra la indecisión, y sugiere que, si la persona puede dar a
la acción un rumbo definido, la natural confianza en sí
mismo de las Varas volverá a superar las ansiedades y los
problemas externos.

Figura 9

El Seis

A medida que van descendiendo hasta el As, las Varas se


fortalecen. El acento se desplaza de los problemas a la ale­
gría, de la actitud defensiva al optimismo, hasta que con el
As llegamos a unificarnos con el Fuego dador de vida. El
Seis señala un punto de inflexión. En el sistema del Alba
Dorada, la carta lleva el nombre de «Victoria», y en ella
vemos realmente un desfile de victoria, en que el héroe,
coronado de laureles, va rodeado por sus seguidores. Sin
embargo, no ha llegado todavía a su destino. (Esto es, natu­
ralmente, una ficción; lo mismo podría estar regresando a
casa. En este punto sigo a Waite.) Está dando por sentada la

47
victoria. El optimismo produce, precisamente, el éxito que
espera y desea.
Con frecuencia, aunque no siempre por cierto, se re­
quiere solamente una auténtica fe en nosotros mismos para
encontrar la energía necesaria para realizar lo que quere­
mos. Es más, es esa fe lo que ha de inspirar a nuestros se­
guidores. El Seis (de cualquier palo) tiene que ver con la
comunicación y los dones. Aquí, las Varas otorgan a la gen­
te que las rodea la fe que el Fuego tiene en la vida.

Invertida
El verdadero optimismo crea la victoria. El falso optimismo,
que encubre nuestras dudas con la fanfarronería o el autoen-
gaño, conduce al miedo y a la debilidad. La actitud que
muestra la carta cuando está en posición normal no puede
ser fingida, porque cuando el optimismo no funciona se
convierte en su opuesto: en derrotismo, en la sensación de
que los enemigos nos abrumarán, o de que la vida — o una
persona determinada— habrá de traicionarnos de alguna
manera. Esta actitud se convierte con demasiada frecuencia
en una profecía que se autorrealiza, porque la sospecha
puede inducir a la traición.

48
Figura 10

El Cinco

Nuevamente aparece el conflicto, pero más leve. Es parte


de la naturaleza de las Varas ver la vida como una batalla,
pero en su mejor sentido la batalla se convierte en una
pugna emocionante, que se busca ansiosamente. Los Cin­
cos, en general, muestran alguna dificultad o pérdida, pero
el elemento Fuego convierte los problemas en competicio­
nes, viéndolas como una manera que tiene la gente de co­
municarse con la sociedad, y también entre sí. Los jóvenes
pelean, pero no para hacerse daño. Como niños que juga­
sen a los caballeros, golpean unos con otros sus palos sin
pegar realmente a nadie. No tienen la intención de destruir,
sino sólo de competir por el puro gozo de la acción.

Invertida
En posición normal, la incitante competición lleva implícito
un sentimiento de las reglas y del juego limpio, porque sin
acuerdos conocidos se vuelve imposible hacer de la pugna
un juego. Invertido, el naipe indica que se abandonan las
reglas, que de hecho la batalla ha asumido un carácter más
grave y peligroso. El sentimiento del juego se convierte en
amargura o desilusión en la medida en que los participan­

49
tes tratan efectivamente de hacerse daño unos a otros. La
actitud del Fuego, especialmente cuando no se ve fortale­
cida por la comprensión y la prudencia de las Espadas, exi­
ge que la vida responda positivamente y que no muestre su
aspecto más cruel. El Cinco de Varas invertido vuelve a
traer a la memoria aquello de «el fuego se ha extinguido».

(a) Figura 11 (b)

El Cuatro

El número cuatro, con su imagen de la plaza, implica estan­


camiento o solidez. Sin embargo, la irreprimible energía de
las Varas no necesita vallas protectoras como, por ejemplo,
los Pentáculos. Es una energía que no se dejará contener, y
por eso vemos a la gente marchando extáticamente hacia la
más simple de las estructuras, confiando en que el sol disi­
pará con su ardor cualquier nube perturbadora. La carta
representa un ambiente doméstico rebosante con el opti­
mismo, la exaltación y el regocijo del Fuego. Lo mismo que
en el Seis, vemos que hay gente que sigue a los danzarines,
pero a diferencia de lo que pasaba en aquel naipe, donde
los soldados seguían al líder carismático, aquí la gente va
transportada por el júbilo.

50
Salen de una ciudad amurallada en busca de la enra­
mada abierta, o dicho de otra manera, su espíritu y su co­
raje los llevan de una actitud defensiva a otra de apertura.
Podemos contraponer esta imagen a la de la Torre (figura
11b). Las dos figuras del Arcano Mayor están vestidas de
manera muy similar (incluso en lo que se refiere a las túni­
cas azul y roja) a las dos que aparecen en el Cuatro de
Varas. En sus significados menos esotéricos, la Torre mues­
tra la explosión que resulta cuando la gente deja que una
situación represiva o desdichada se mantenga hasta alcan­
zar un nivel intolerable. En el Cuatro de Varas, el optimismo
y el amor a la libertad llevan al pueblo, unido, a salir de su
ciudad amurallada antes de que ésta se les convierta en una
prisión como la Torre.

Invertida
Waite dice que esta carta no cambia aunque esté al revés. El
júbilo es tan poderoso que no se lo puede bloquear. Pero
igualmente podríamos añadir que el Cuatro invertido segu­
ramente indica, como el Sol en los Arcanos Mayores, que la
felicidad en el ambiente no es tan obvia. Com o sucede con
la familia del Diez de Pentáculos, es probable que las perso­
nas que este naipe simboliza necesiten aprender a apreciar
lo que tienen. Existe otra posibilidad: que la felicidad en el
medio que rodea a la persona sea fuerte, pero no ortodoxa,
por lo menos en relación con las actitudes y expectativas de
otras personas.

51
M

Figura 12

El Tres

El número tres, en cuanto une en una nueva realidad al uno


y al dos (como la Emperatriz en los Arcanos Mayores), in­
dica combinaciones y logros. En cada palo, muestra el ele­
mento que le es propio en su madurez. Con las Varas, esto
significa realización. La figura se nos muestra fuerte, pero
calma, no amenazada. Los jóvenes competidores del Cinco
han alcanzado el éxito, especialmente en los negocios, la
carrera, etc., aunque la carta implica también madurez em o­
cional. El ansia de las Varas no desaparece, pero aquí el
personaje envía sus naves a explorar nuevos territorios
mientras él se queda atrás. En contraste con el Caballero, la
imagen hace pensar en mantener una base sólida en lo que
ya hemos realizado, mientras seguimos abriendo en noso­
tros mismos territorios e intereses nuevos. A veces, en una
lectura, esto puede significar el mantenimiento de un com ­
promiso básico con las relaciones existentes, sin por eso
dejar de buscar nuevos amigos o amantes.
Algunas cartas del Tarot adquieren significados especia­
les que solamente son válidos para situaciones específicas.
A una persona perturbada por el pasado o que está aún en
pugna con él, el Tres de Varas puede indicarle que llegará a

52
hacer las paces con sus recuerdos, que son com o barcos
que atraviesan un ancho río para después salir al mar. El sol
poniente, símbolo de satisfacción, ilumina el río — que sim­
boliza la vida emocional de una persona— con una cálida
luz dorada.
En el Tres de Varas vemos la primera de las cartas Por­
tales (el palo de Varas, con su énfasis puesto en la acción,
contiene menos de estas cartas «intimistas» que cualquiera
de los otros). Metafísicamente, el mar siempre ha suscitado
en los seres humanos la sensación de la vastedad y del mis­
terio del universo, mientras que los ríos simbolizan la expe­
riencia del ego al disolverse en ese inmenso Mar. Los bar­
cos representan aquella parte de nosotros que se aventura
en la experiencia profunda, en tanto que el hombre expresa
la importancia de haber echado raíces en la realidad ordi­
naria antes de intentar ningún tipo de viaje metafísico. Esta
explicación esquemática no nos da más que una débil som­
bra intelectual de los verdaderos significados del naipe. Un
significado que aflora en la experiencia de unirnos con la
imagen hasta que las naves nos lleven a los ámbitos desco­
nocidos del sí mismo, del ser interior. Significativamente, es
la adición del Agua y la Tierra — en la forma del mar y de la
roca— lo que encamina las imágenes hacia el máximo po­
tencial del Fuego. Pero, pese a ello, la cualidad especial de
este Portal — la de la exploración de lo desconocido— per­
tenece al Fuego.

Invertida
Varios significados reflejan la compleja naturaleza de la car­
ta en posición invertida. Por una parte, puede aludir al fra­
caso de cualquier «exploración» o proyecto (ya sea práctico
o emocional), debido a «tormentas», esto es, a problemas
mayores de lo que habíamos previsto o esperado. Pero ade­
más puede significar llegar a interesarnos en nuestro medio
después de un período de distanciamiento y reflexión, pues
la imagen en posición normal transmite cierta sensación de
aislamiento. Finalmente, puede indicar que a uno le pertur­
ban los recuerdos.

53
Figura 13

El Dos

Nuevamente una carta de éxito, en mayor medida aún que


el Tres, ya que aquí un hombre está de pie en un castillo y
tiene el mundo en sus manos. Sin embargo, la carta no es
portadora de la misma satisfacción que el Tres. El hombre
está aburrido; sus logros no le han servido más que para
aprisionarlo (una situación muy desagradable para el Fuego),
y el mundo que sostiene es muy pequeño. Waite compara
ese abatimiento con el de Alejandro, de quien se decía que
lloró después de haber conquistado el mundo conocido,
porque entonces ya no se le ocurría qué más hacer con su
vida (su muerte, acaecida poco después, dio indudable­
mente más pábulo a esta leyenda).
El comentario de Waite sugiere que, una vez que la ba­
talla está ganada, el amor al combate y al desafío, caracte­
rístico de las Varas, puede dejarlo a uno sin ninguna satis­
facción real por lo efectivamente logrado. Es obvia la com­
paración con el Cuatro (lo mismo que con el Diez), en don­
de varias personas danzan, juntas, al salir de una ciudad
amurallada. Aquí, una persona está sola, encerrada por la
muralla de su propio éxito.

54
Invertida
Aqu í encontramos una de las mejores formulaciones de
Waite: «Sorpresa, maravilla, encantamiento, turbación y
miedo.» Todos estos términos describen a alguien que de
un salto se precipita directamente en la experiencia nueva.
Cuando dejamos atrás las situaciones seguras y los éxitos
pasados para adentrarnos en lo desconocido, liberamos
tanta emoción y energía que no podemos evitar ni la mara­
villa ni el encantamiento ni tampoco el miedo que a ambos
acompaña. El naipe habla muy especialmente a las perso­
nas que han vivido durante largo tiempo en alguna situa­
ción desagradable o insatisfactoria, y que finalmente deci­
den hacer un cambio en forma imprevista.

Figura 14

El As

Un don de fuerza, de poder, de gran energía sexual, de


amor a la vida. Las hojas brotan con tal abundancia que se
desprenden, convirtiéndose en Yod, la primera letra del
nombre de Dios. La presencia de letras Y od en todos los
Ases, salvo el de Pentáculos, indica que recibimos estas im­
portantes experiencias como un don de la vida. N o pode­

55
mos causarlas ni producirlas por medios normales; nos lle­
gan como manos que salieran de las nubes. Sólo llegando a
los supremos estados de conciencia que nos muestran las
últimas cartas de los Arcanos Mayores podemos entender
las fuentes de esas irrupciones de energía elemental, pero
en las situaciones ordinarias basta con que sepamos experi­
mentarlas y apreciarlas.
En los inicios de una situación, ninguna carta podría se­
ñalar mejor comienzo. El As da disposición favorable y fuer­
za. Al mismo tiempo, es una carta que enseña humildad,
porque nos recuerda que en última instancia no hemos he­
cho nada, moralmente, para merecer el optimismo y la so­
breabundancia de energía que a veces nos permiten supe­
rar a los demás.

Invertida
Un As invertido implica en cierto modo el fracaso de esa
experiencia primaria. Esto puede significar simplemente que
la situación se vuelve en contra de nosotros o bien, espe­
cialmente con las Varas y las Espadas, que se nos hace im­
posible aferramos a esa fuerza y usarla de manera benéfica.
Por consiguiente, el As de Varas invertido puede significar
el caos, cosas que se desmoronan, ya sea porque simple­
mente todo ha salido así o porque nosotros lo hemos echa­
do a perder con demasiada energía mal dirigida. Esto puede
suceder en un nivel práctico, por exceso de actividad, por
comenzar demasiadas cosas nuevas sin consolidar los lo­
gros pasados; en el emocional, por haberse confiado excesi­
vamente en la amistad o simplemente por ser despótico; o,
finalmente, en el sexual, por la negativa a dominar un ape­
tito sexual demasiado fogoso.
Waite incluyó una lectura mucho más suave para el As
de Varas invertido: «Alegría que se nubla.» Entonces, este
naipe se vuelve como el Cuatro o el Sol; la maravilla y la
felicidad existen aun cuando nosotros no podamos, o no
queramos, verlas ante nosotros.

56
2

Las Copas

Si el Fuego simboliza la fuerza espiritual que da vida al uni­


verso, el Agua significa el amor que permite al alma recibir
esa fuerza. El sol hace que la semilla salga del suelo, pero
solamente cuando antes el agua la ha ablandado y alimen­
tado. El Fuego representa la acción, el Agua la ausencia de
forma o la pasividad. El Agua no es símbolo de debilidad;
más bien representa el ser interior, y ese lento adveni­
miento a la vida de la semilla. En situaciones extremas, fue­
go y agua son enemigos naturales; una riada extinguirá un
incendio, mientras que una llama puesta debajo de un reci­
piente convertirá en vapor la sustancia, de suyo informe, del
agua. Al mismo tiempo, la vida no puede existir ni crecer sin

57
una generosa mezcla de estos dos primitivos opuestos.
Esta paradoja llevó a los alquimistas y a otros estudiosos
a describir la transformación — que no es simplemente un
cambio, sino una evolución súbita de un estado fragmenta­
rio a uno integrado— como una unificación del Fuego y el
Agua, que se muestra en la imagen del hermafrodita (en la
sociedad tradicional, con su identificación estricta del sexo
y del papel sexual, ¿qué símbolo de los opuestos podía
haber, más poderoso que el hombre y la mujer?) y, más sim­
bólicamente, en la estrella de seis puntas. En esta antigua
imagen (muy anterior a su uso moderno como emblema del
judaismo), el triángulo de Fuego, que apunta hacia arriba,
se une al triángulo de Agua, en equilibrio sobre el vértice,
para formar una imagen de la vida que se extiende en todas
direcciones a partir de un centro unificado.
Com o el agua en un rio cambia constantemente, y sin
embargo el río mantiene siempre su carácter básico, los ríos
simbolizan el ser verdadero que se mantiene constante por
debajo de todos los cambios externos en la vida de una per­
sona. Así, en tanto que el Fuego simboliza lo que hacemos,
el Agua representa lo que somos.
Todos los ríos van a dar a la mar. Por más que nuestro
ego insista en nuestra separación del resto de los vivientes,
nuestros instintos — el lado de Agua que todos tenemos—
nos recuerdan nuestra armonía con el universo. La cultura
occidental ha puesto el acento en la idea del individuo como
algo único y separado del mundo. El Tarot no niega el ca­
rácter peculiar del individuo — más bien insiste en él, subra­
yando estrictamente la intransferibilidad de las lecturas— ,
pero describe en cambio al individuo como una combina­
ción de elementos (una carta astrológica, con sus doce sig­
nos y sus doce casas, nos enseña la misma lección). Y uno
de esos elementos sigue siendo la conexión básica de la
persona con el resto de la vida.
El palo de Copas muestra una experiencia íntima que
fluye en vez de definir, que se abre en vez de restringir. Las
Copas representan el amor y la imaginación, el júbilo y la
paz, un sentimiento de armonía y de maravilla. Nos mues­

58
tran que el amor es la Vía hacia el Espíritu; tanto el amor
que damos a los demás como el que recibimos de ellos, y de
la vida misma en sus momentos más felices.
En las ocasiones en que la vida exige acción, ya sea
emocional o física, las Copas representan el problema de la
pasividad. Todos los intentos de hacer algo, o de resolver
algún problema complicado, se disuelven en la vaguedad y
la apatía, o se quedan en sueños vacíos. Las Varas confie­
ren energía a las Copas, las Espadas definen y orientan esa
energía emocional, ayudándole a entender las cosas (aun­
que una tormenta de Aire agitará la disposición pacífica del
Agua), mientras que los Pentáculos vuelven a llevar las fan­
tasías al nivel de los proyectos reales.

Figura 15

El Rey

Com o el Rey de Varas, el de Copas representa a su palo en


lo que tiene de responsabilidad social, realización y madu­
rez. Y, como sucedía con el Rey de Fuego, tampoco para
éste su posición de «mantenedor de la sociedad» es una
prenda que le caiga muy cómoda. Las Copas simbolizan la
imaginación creativa, y para alcanzar el éxito, el personaje

59
ha tenido que disciplinarse hasta el punto de llegar a supri­
mir sus sueños. El pez, símbolo de la creatividad, le cuelga
del cuello, pero no es más que un ornamento artificial. El
Rey ha orientado sus poderes creativos en busca de logros
socialmente responsables. Waite lo describe como un hom­
bre «de negocios, de derecho, de religión». En cierto sen­
tido, el Rey ha vencido a su palo; pero el agua necesita fluir,
no estar confinada.
Detrás de su trono, un pez vivo se eleva de un salto
entre las olas, señalando que la imaginación creativa se
mantiene viva aun cuando la hayamos relegado al último
rincón. De modo similar, su trono flota sobre el mar vivien­
te, y sin embargo, el Rey no toca el agua (compárese con la
Reina, figura 16), lo que indica que su éxito se deriva en
última instancia de la creatividad, por más que él haya con­
figurado su vida de tal manera que lo separe de su propia
imaginación, juguetona y poética.
En su alcance extremo, la imagen hace pensar en alguien
que ha embalsado sus emociones y su imaginación. Mues­
tra también, con más moderación, a una persona que ex­
presa esas cualidades, pero no hace de ellas el centro de su
vida. La responsabilidad está antes que la expresión de sí
mismo.
El Rey no está mirando su copa; la sostiene de la misma
manera que sostiene el cetro, símbolo de su poder. Algunos
comentaristas ven en este Rey a una persona de emociones
perturbadas, incluso colérica y violenta, que habitualmente
suprime estos sentimientos hasta el punto de no tener con­
ciencia de ellos, y que mantiene siempre un exterior calmo.
Esta interpretación proviene de la idea de que los reyes
representan el Aire y, consiguientemente, el Rey de Copas
es Aire de Agua, las emociones perturbadas del Aire cubier­
tas por la influencia benigna del Agua.
En algunos contextos, especialmente artísticos, el Rey
asume un significado muy diferente. Com o es el líder de su
palo, es capaz de simbolizar el éxito, el logro, la maestría y
la madurez en el trabajo artístico.

60
Invertida
Más complejo, y probablemente más perturbado que el Rey
de Varas, el Rey de Copas invertido tiende a la deshonesti­
dad. Cuando está en posición normal, usa su creatividad
para su trabajo; invertido, orienta sus talentos al vicio o a la
corrupción. Los estafadores también se valen de la creativi­
dad para progresar en su carrera, pero no diríamos de ellos
que son «responsables».
La carta puesta del revés puede significar que las em o­
ciones violentas del Aire emergen de su calma exterior, de­
bido quizás a la presión de los acontecimientos externos.
Visto desde un ángulo romántico, el Rey de Copas inver­
tido puede apuntar a un amante — en ocasiones una mujer,
pero con más frecuencia un hombre— deshonesto y d o­
minante.
Finalmente, en relación con las artes el naipe invertido
puede sugerir que el logro de un artista ha resultado ser
insignificante, o que una persona no ha madurado todavía
y no tiene tras de sí una obra significativa. En una lectura,
este significado final se destacaría enérgicamente si la carta
apareciera en relación con ciertos Pentáculos invertidos,
tales como el Ocho o el Tres.
Figura 16

La Reina

La de mayor éxito y la más equilibrada de las Copas, y en


ciertos sentidos de todos los Arcanos Menores, la Reina es
casi una versión mundana del danzarín del Mundo. Situada
entre la responsabilidad exterior del Rey y la pasividad del
Caballero, muestra la posibilidad de fundir la imaginación y
la acción, la creatividad y la utilidad social. Su trono, deco­
rado con sirenas en forma de querubes, se apoya en tierra,
lo que indica su conexión con el mundo exterior y con las
otras personas, una relación más real que la del Rey. Al
mismo tiempo, el agua fluye sobre sus pies y se confunde
con su vestido, lo que significa la unidad del sí mismo con la
emoción y la imaginación. El agua sugiere también fuerzas
inconscientes — las pautas espirituales subyacentes que nos
muestran los Arcanos Mayores— que alimentan la vida
consciente. La unidad del agua, la tierra y la Reina implica
que no alimentamos a la imaginación dándole total libertad
de vagabundear a su antojo, sino más bien encauzándola
hacia una actividad valiosa, una idea que la mayoría de los
artistas suscribirían, y que vuelve a aparecer con más fuerza
en el Nueve de Pentáculos, emblema de las disciplinas
creativas.

62
Waite describe la copa que la Reina tiene en la mano
como creada por ella misma. Es (independientemente de
lo que podamos pensar de su estilo) la más elaborada de
todas las Copas, y simboliza el logro obtenido mediante el
uso de la imaginación. Obsérvese que tiene forma de igle­
sia. Hasta la edad moderna (y todavía hoy, en las culturas
más arcaicas), todas las formas del arte expresaban y glorifi­
caban la experiencia espiritual. La Reina mira con fija inten­
sidad la copa, mostrando el poder de la voluntad que dirige
y modela la fuerza creativa, sin suprimirla. Al mismo tiem­
po, su mirada sugiere que la persona creativa deriva su ins­
piración para la actividad futura de sus logros pasados.
Compárese la fiereza de su mirada con el aire soñoliento
del Caballero o con las nebulosas fantasías del Siete.
El poder de la voluntad por sí solo no llegará a unir la
imaginación y la acción. Unicamente el amor puede dar sig­
nificado a las acciones de la Reina y realizar sus objetivos.
Estos objetivos no son simplemente creativos en el sentido
extricto del arte, sino en el otro, más amplio, de hacer algo
íntegro y vivo a partir de las oportunidades y de los elemen­
tos que nos da la vida. Y pueden incluir metas emocionales,
especialmente la familia, porque si el Rey simboliza la socie­
dad, la Reina — tanto para los hombres como para las mu­
jeres— simboliza la familia.
Lo que es más importante es que en ella se unen con­
ciencia y sentimiento. Sabe lo que quiere y dará los pasos
necesarios para conseguirlo. Y sin embargo, actúa siempre
teniendo en cuenta el amor.
Waite habla de «inteligencia amante y de ahí el don de
la visión», palabras que sugieren que una visión tan jubilosa
de la vida sólo puede llegarnos como un don, pero el amor
puede abrirnos a la recepción de ese don y permitirnos re­
conocer su existencia. Con la inteligencia unida al amor
devolvemos el regalo, adueñándonos de la visión para hacer
con ella algo real y perdurable.

63
Invertida
En posición invertida, la Reina de Copas rompe esa unidad
de visión y acción. Vemos a una persona poderosa y con
ambiciones, que sin embargo es peligrosa porque no se
puede confiar en ella. El amor se ha perdido, y con él el
compromiso con valores más elevados que el propio éxito.
Si la persona se aparta un poco más del equilibrio, puede
llegar a la deshonestidad, e incluso a la depravación, por­
que sus fuerzas creativas están lanzadas fuera de control.

(a) Figuro 17 (b)

El Caballero

En cuanto figura menos desarrollada que la Reina o el Rey,


el Caballero no ha aprendido a dirigir su imaginación hacia
el mundo. Por lo tanto, los sueños dominan esta carta, con
sus imágenes de una montura lenta y un jinete perdido en
las seducciones de su copa, símbolo de la imaginación. Al
mismo tiempo, la fuerza creativa es menos poderosa aquí
que en cualquiera de las otras cartas cortesanas de Copas.
Sólo un estrecho río fluye a través de una tierra reseca. El
Caballero no ha aprendido que la verdadera imaginación
sr nutre de la acción antes que de la fantasía. Con esto
quiero decir que si no hacemos nada con ellos, nuestros
sueños seguirán siendo vagos y careciendo de relación con
el resto de nuestra vida.
Algo más podemos señalar en relación con la ensoña­
ción del Caballero, si nos preguntamos de qué se alimenta.
¿De principios interiores, como en el arte basado en mitos o
arquetipos, o de complacencia en sí mismo, como sucede
con el soñar despierto y con el arte escapista, ya sea en el
cine o en la literatura? El poeta inglés Samuel Taylor Cole-
ridge distinguía entre «imaginación» y «fantasía». Ambas
apartan la mente de la experiencia y de las percepciones
ordinarias. Sin embargo, mientras que la primera se deriva
de una percepción de la verdad espiritual subyacente y con­
duce a ella, la segunda no produce más que caprichos que
pueden interesar y excitar, pero que en última instancia ca­
recen de auténtico significado. Provienen del ego, más que
del inconsciente.
De su copa (compárese con la del Paje, figura 18) no se
asoma nada. Tampoco el personaje le ha dado la forma de
algo más grande de lo que era, como ha hecho la Reina. Un
Caballero es una figura comprometida con la acción. El Agua,
por otra parte, simboliza la pasividad. El simbolismo — Fuego
de Agua en el sistema del Alba Dorada— indica que los ele­
mentos no están reconciliados. Al negar este compromiso
básico con el mundo, el Caballero no permite que su imagi­
nación produzca nada.
Porque es un Caballero, el mundo exterior de la acción
y del sexo puede atraerle incluso mientras él va en pos de
sus pensamientos y fantasías. Su pasividad puede, en oca­
siones, ser una pose, casi exagerada con el propósito de
negar las tentaciones y los deseos que perturban su paz.
Desde el punto de vista del amor, el Caballero puede repre­
sentar un enamorado o enamorada que no quiere compro­
meterse, que es quizás atractivo, pero al mismo tiempo pa­
sivo, retraído o narcisista.
Estas duras imágenes del Caballero se refieren todas a
sus conflictos. Al mismo tiempo, el yelmo y los pies tienen
alas, el caballo es brioso en su lentitud. Y el Caballero se

65
parece a la Muerte (figura 17b), símbolo de transformación.
Si no se ve tironeado por la responsabilidad o el deseo, si va
en pos de una visión auténtica en vez de tratar de eludir los
compromisos externos, entonces el Caballero puede pene­
trar muy profundamente dentro de sí mismo, convirtiendo
la energía que le es propia en una exploración de su propio
mundo interior.

Invertida
De diversas maneras vemos que el Caballero reacciona fren­
te a las exigencias en aumento del mundo que lo rodea.
Ello puede significar simplemente que se anima a la acción,
o bien que sigue sus deseos más físicos. También puede
aludir a que una persona pasiva se ve empujada a la acción
o a un compromiso, y que eso no le agrada. Aun sin resis­
tirse exteriormente, la persona puede rechazar esas exigen­
cias. El resultado puede ser una muralla que se alza entre el
Caballero y las personas que le están haciendo asumir sus
responsabilidades. Esta actitud puede dar como resultado
una tendencia hipócrita o manipuladora y, en ocasiones,
mentiras y jugarretas.

66
Figura 18

El Paje

Al ser más joven de espíritu, como un niño, el Paje no sufre


el mismo conflicto con la responsabilidad ni con el deseo
sensual. Indica un estado o un momento en el cual la con­
templación y la fantasía son muy adecuadas para una per­
sona. No hay exigencias externas que perturben la tranqui­
lidad de su contemplación. Como resultado, el pez de la
imaginación lo mira desde el interior de su copa. Y él, entre­
tenido, lo mira a su vez sin la necesidad que tenía el Caba­
llero de penetrar tan profundamente dentro de sí mismo.
Aquí, la imaginación es su propia justificación.
El pez puede simbolizar también sensibilidad y poderes
psíquicos. Y como los Pajes tienen cierta condición estu­
diantil, el de Copas puede señalar a alguien en quien están
desarrollándose estos poderes, ya sea mediante un pro­
grama de estudio y meditación o porque esos talentos están
apareciendo por sí solos, pero de manera pacífica.

Invertida
En la posición normal hemos visto a una persona que de­
jaba burbujear ante sí su imaginación. Com o el personaje
no hace nada con ellas, sus fantasías no le traen problemas.

67
Pero si intenta actuar en función de ellas, pueden condu­
cirle al error. Invertida, por tanto, la carta significa seguir
nuestras inclinaciones, actuar sin pensar o permitir que
nuestros deseos inmediatos nos seduzcan, especialmente si
van en contra de nuestro sentido común. Vemos el Paje
invertido cada vez que compramos algo que no necesita­
mos y que, en realidad, ni siquiera queremos; lo vemos
cuando hacemos promesas que no podemos cumplir o asu­
mimos compromisos que en realidad no significan nada.
En otras situaciones, si el Paje se refiere a una evolución
psíquica o a verdaderas visiones, cuando aparece invertido
nos muestra a una persona perturbada por ese tipo de vi­
siones. Es probable que mucha gente, en nuestro mundo
racionalizado, se asuste ante el surgimiento súbito de talen­
tos psíquicos — aun cuando hayan sido deliberadamente
buscados mediante un entrenamiento— . El Paje invertido
refleja ese miedo y nos recuerda que debemos calmarnos y
mirar tranquilamente el pez que se asoma de la copa que
somos nosotros mismos. En relación con Pentáculos, el
naipe indica la necesidad de que el consultante se afirme en
la realidad exterior para que no se vea arrastrado por sus
fantasías o visiones.

68
Figura 19

El Diez

Por ser el número más alto, el Diez significa en su plenitud


la cualidad del palo. En las Varas veíamos un exceso de car­
gas; en las Copas encontramos el júbilo y la maravilla de la
vida que se extienden a través del cielo. El Santo Graal, sím­
bolo del amor y de la gracia de Dios, constituye la base de
este naipe, que nos muestra cómo el amor, la imaginación y
la alegría llegan a nosotros como dones. La Biblia nos dice
que Dios hizo el arco iris com o una promesa de que el
mundo no volvería jamás a sufrir una inundación de des­
trucción. Pero el arco iris es además portador de otra pro­
mesa todavía más positiva: que la vida nos da felicidad y no
sólo una ausencia de dolor.
El hombre y la mujer que muestra la figura entienden de
estas cosas. Abrazados, miran hacia arriba mientras cele­
bran el arco iris. Pero los niños danzan sin mirar hacia
arriba: simbolizan la inocencia, que toma la felicidad como
la condición natural de la vida. Los niños esperan la felici­
dad, pero no la dilapidan. Al mostrar una familia, la carta se
refiere principalmente a la felicidad doméstica, pero puede
indicar cualquier situación que provoque un brote de júbilo.
Se refiere en especial al reconocimiento de las cualidades

69
valiosas de una situación. Este significado se relaciona es­
pecialmente con las lecturas en que el Diez de Copas apa­
rece en contraste con el Diez de Pentáculos.

Invertida
Hay aquí dos variantes básicas. Primero, toda la emoción se
vuelve contra sí misma. Alguna situación muy cargada, por
lo común de orden romántico o doméstico, se ha descami­
nado y produce sentimientos violentos, de cólera o engaño.
En la práctica, el Diez invertido puede significar simple­
mente que una persona no reconoce o no aprecia la felici­
dad que la vida le ofrece.

Figura 2 0

El Nueve

Del regocijo profundo pasamos a los placeres más simples


de las festividades y el contentamiento físico. Como ya vimos
antes, los Nueves representan los compromisos que hace­
mos con la vida. Las Varas mostraban una defensa fuerte;
las Copas, más benignas, muestran la actitud de evitar la
preocupación y los problemas, concentrándose en los pla­
ceres ordinarios. A veces la gente reacciona con antago­

70
nismo ante esta carta, quizá porque desea verse a sí misma
más allá de la superficialidad. En ocasiones, especialmente
después de haber pasado por problemas o por un período
prolongado de trabajo duro, nada puede venirnos mejor
que simplemente pasarlo bien.

Invertida
Por una vez, el significado de la carta invertida representa
una mayor toma de conciencia o, para decirlo con la fór­
mula de Waite, «verdad, lealtad, libertad». En relación con
lo que significa la carta en posición normal, estas palabras
implican un rechazo de los valores superficiales, pero se
refieren también a situaciones muy enmarañadas u opresi­
vas, en las que, siguiendo empeñosamente el hilo de la ver­
dad, o manteniéndonos leales a nosotros mismos — o a los
demás, o a un propósito— , podemos alcanzar la victoria y
la liberación.

(a) Figura 21 (b)

El Ocho

La naturaleza apacible de las Copas tiende a adormecer­


nos, apartándonos de lo que tenemos que hacer. El Ocho

71
comienza (o termina) una serie de cinco cartas que se ocu­
pan del problema que tiene el Agua con la acción. En esta
carta vemos a alguien que da la espalda a una doble hilera
de Copas, todas de pie, que simbolizan una situación que
no sólo ha sido fuente de felicidad, sino que sigue siéndolo
efectivamente. En contraste con el Cinco, todas las Copas
están en pie; ninguna ha sido volcada. Y sin embargo, la
persona sabe que ha llegado el momento de irse. La ima­
gen sugiere uno de los verdaderos usos del instinto del
Agua: la capacidad de percibir cuándo algo se ha termi­
nado, cuándo es el momento de irnos, sin esperar a que
todo se seque o se desmorone a nuestro alrededor.
Vemos que la persona va trepando una colina, hacia un
terreno más elevado; ello implica pasar de una situación
menos significativa a otra que lo es más. Obsérvese la seme­
janza de la persona con el Ermitaño (figura 21b). Para lle­
gar a alcanzar las alturas de la sabiduría del Ermitaño, debe­
mos empezar por dejar a nuestras espaldas las cosas ordi­
narias de la vida.
El Ermitaño nos recuerda que la imagen de la tierra no
significa necesariamente acción o compromiso en el sen­
tido ordinario, sino que puede sugerir casi lo opuesto: es
decir, un retraimiento de la actividad externa para buscar
una mayor conciencia de sí mismo. Al principio, parece que
la escena tuviera lugar de noche; pero cuando miramos
mejor, vemos que en realidad representa un eclipse, en que
la luna pasa a través del sol. Una fase de la luna, esto es, un
período de percepción interior, ha prevalecido sobre la acti­
vidad dirigida desde afuera. Al unir la imaginería lunar a
una escena de movimiento, la carta nos enseña que cultivar
un sentimiento más profundo de sí mismo es también una
acción. Recuérdese que el Ermitaño, al invertir la polaridad
sexual de la Suma Sacerdotisa (véase el libro sobre los Arca­
nos Mayores), combina la acción y la intuición en un pro­
grama preciso de conocimiento de sí.
Y a sea que interpretemos la figura en el sentido de que
se aleja del mundo o de que se acerca a la acción, la carta
simboliza el abandono de una situación estable. En su nivel

72
más profundo, esta carta actúa como un Portal, similar en
ciertos sentidos al Tres de Varas. Ambas elaboran la imagen
de un viaje hacia lo desconocido, pero mientras que la carta
de Fuego es atraída hacia el Agua, la carta de Agua es
atraída hacia el Aire. El Tres de Varas descompone el ego y
libera el espíritu de investigación, mientras que el Ocho de
Copas avanza desde la vaguedad del Agua hacia el conoci­
miento específico de los principios abstractos, simbolizado
por el ascenso a la montaña del Ermitaño.

Invertida
En ocasiones, el Ocho invertido indica simplemente la ne­
gación de la imagen básica de la carta: una negativa a aban­
donar alguna situación, una determinación a aferramos
aun cuando en lo profundo de nosotros mismos sepamos
que hemos recibido todo lo que podíamos recibir de ella.
Tal descripción caracteriza a muchas relaciones.
Generalmente, sin embargo, la carta invertida mantiene
su cualidad de percepción y de respuesta correcta. Significa
que el momento de partir no ha llegado, que la situación
seguirá brindándonos júbilo y teniendo sentido.
Una última posibilidad: la timidez, el abandonar una si­
tuación porque a la persona le falta valor para proseguir en
ella y sacarle todo el partido posible. Mucha gente hace de
esta actitud una pauta en su vida; inician relaciones, traba­
jos, proyectos, etc., y después huyen de ellos, ya sea cuando
surgen dificultades o cuando llega el momento de un com­
promiso auténtico.
Figura 2 2

El Siete

Con el Siete, el problema de las Copas aparece en su forma


más directa. La emoción y la imaginación pueden producir
visiones maravillosas; pero sin un fundamento, tanto en la
acción como en las realidades externas de la vida, esas imá­
genes fantásticas no pasan de ser ensoñaciones, «fantasías»
sin valor ni significado auténtico. Obsérvese que las visiones
abarcan la gama completa de las fantasías, desde la riqueza
(las joyas) a los laureles de la victoria, pasando por el miedo
(el dragón), la aventura (el castillo) e incluso los arquetipos
de la mitología: un rostro divino, una misteriosa figura ra­
diante y una serpiente, símbolo universal de la sabiduría
psíquica. Es un error pensar que las ensoñaciones no tienen
sentido a causa de su contenido; por el contrario, es fre­
cuente que surjan de necesidades e imágenes arquetípicas
profundas. Carecen de significado porque no se relacionan
con nada exterior a ellas mismas.

Invertida
Esta carta, invertida, significa una determinación a hacer
algo con los sueños. No significa rechazar las fantasías, sino
más bien hacer algo con ellas.

74
2t

Figura 2 3

El Seis

En cuanto cartas de emoción benévola y de sueños, las


Copas significan dulces recuerdos. Hay veces en que esos
recuerdos representan verdaderamente el pasado; otras, es
probable que idealicemos el pasado y lo veamos a través de
un velo de seguridad y felicidad. El emblema de esta se­
gunda actitud es la infancia, representada como una época
segura, en la cual los padres, o los hermanos y hermanas
mayores, nos protegían y nos daban todo lo que necesitá­
bamos. A veces, una actitud así puede producir un senti­
miento de cálida seguridad que ayuda a la gente a enfrentar
sus problemas actuales. En este sentido, la carta muestra
cómo el pasado (el enano) hace una ofrenda de recuerdos
al futuro, simbolizado por la niña. Otras veces, sin embargo,
una fijación en el pasado puede impedir que una persona
enfrente sus problemas actuales. El pasado puede distraer
del presente tanto como las fantasías pueden distraer del
futuro.
El Seis tiene otros significados, además del recuerdo.
Tanto éste como los de los otros palos muestran relaciones
basadas en dar y recibir. Aquí vemos la imagen de un maes­
tro o protector que da prudencia y seguridad a alguien que

75
podría ser un miembro de la familia, un estudiante o un
amigo.

Invertida
Como el Siete, el Seis invertido indica un movimiento hacia
la acción. Específicamente, alude a mirar más bien hacia el
futuro que hacia el pasado. Las dos cartas invertidas son
muy similares; la diferencia es que el Seis muestra una acti­
tud, en tanto que el Siete indica pasos que se dan efectiva­
mente.
En otras ocasiones, según cuál sea el significado en posi­
ción normal, el Seis invertido indica recuerdos perturbados
(compárese con el Tres de Varas invertido), o un senti­
miento de alienación frente al pasado. También puede
mostrar el colapso de una relación basada en que una de
las personas proteja o enseñe a la(s) otra(s).

Figura 24

El Cinco

Los Cincos hacen referencia a la pugna, y en ocasiones al


dolor. Con las Varas veíamos la aventura de la competición;
las Copas nos enseñan la reacción emocional ante la pér­

76
dida. La imagen representa sufrimiento, pero también acep­
tación. Tres copas yacen derramadas, pero dos permane­
cen en pie, aun cuando por el momento la figura se concen­
tre sobre las otras tres. En las lecturas he visto con frecuen­
cia que esta carta se vincula ya sea con el Tres de Copas en
cuanto felicidad o esperanza que ha fracasado, o si no, con
el Tres de Espadas; las dos copas que siguen en pie han
sido referidas con frecuencia al Dos de Copas, es decir, el
apoyo recibido de un amante o un amigo.
La mujer (o el hombre; el carácter andrógino de la figura
indica que el dolor unifica los sexos) está de pie, rígida, en­
vuelta en un manto negro, el color del duelo. Necesita acep­
tar que alguna felicidad se ha desvanecido de pronto, que
un golpe la ha derramado. Todavía no puede darse cuenta
de que algo queda, porque primero tiene que entender y
aceptar la pérdida. Se pregunta uno si no ha volcado ella
misma las copas, ya sea por temeridad o porque eran hasta
tal punto parte de su vida que ya no las percibía. En el sen­
tido de toma de conciencia, la carta se relaciona con la Jus­
ticia, emblema de la verdad y de la aceptación de la respon­
sabilidad. En la postura y la vestimenta, recuerda al Ermi­
taño, que se envuelve en la capa de la sabiduría para que lo
sostenga en su empresa de mirar dentro de sí en busca de
una visión de su vida, la visión que aceptará en la Justicia.
El río representa el fluir del dolor, pero el puente simbo­
liza la conciencia y la determinación. Conduce del pasado
(la pérdida) al futuro (el nuevo comienzo). Cuando haya
aceptado su pérdida, la figura podrá volverse, recoger las
dos copas restantes y atravesar el puente en dirección a la
casa, símbolo de estabilidad y continuidad.
Con su profunda evocación de la nostalgia y el dolor, la
carta constituye otro Portal, que nos aporta ese sentimiento
de pérdida y separación espiritual que en el mundo entero
ha dado origen a los mitos de una caída o un exilio del
Paraíso.

77
Invertida
El significado básico de la carta puede cambiar de tres ma­
neras distintas cuando aparece invertida. Primero, puede
significar que no se acepta la pérdida, y como consecuencia
de ello, implica falsos proyectos o errores. Segundo, puede
indicar apoyo proveniente de otros, amistad, ocupaciones e
intereses nuevos después de algún acontecimiento triste o
inquietante. Y finalmente, puede acentuar la conciencia de
lo que sigue siendo importante y permanente frente al d o­
lor. En este sentido, la mujer se vuelve de las tres copas a las
dos. Aquí las dos copas simbolizan la base sólida de la vida
de una persona; se mantienen en pie porque no son tan
fáciles de derribar. Y la conciencia de ello indica que las tres
copas caídas simbolizan algo menos importante de lo que
pudo parecer inicialmente, en el momento de su destruc­
ción.

Figura 25

El Cuatro

En ocasiones, la pasividad de las Copas puede conducir a la


apatía. Lo que podemos llamar la «imaginación negativa»
nos hace verlo todo aburrido o sin valor. No parece que

78
haya nada por lo cual valga la pena levantarse, nada que
valga la pena hacer, nada digno de ser examinado.
Las tres copas simbolizan la experiencia pasada de la
persona. Aburrido por lo que la vida le ha dado, el joven no
reconoce las oportunidades nuevas que le ofrece la cuarta
copa. El parecido entre esa copa y el As hace pensar que las
nuevas posibilidades pueden conducir a la felicidad y la
satisfacción. La carta apunta a veces a la apatía resultante
de un ambiente opaco y nada estimulante.

Invertida
También aquí la inversión del naipe nos saca de nosotros
mismos, nos despierta para el mundo y sus posibilidades.
Se nos ofrecen cosas, relaciones e ideas nuevas. Y, lo que
es más importante, la carta invertida muestra entusiasmo y
el aprovechamiento de oportunidades.

ni

Figura 2 6

El Tres

El Tres muestra una apreciación del significado y del valor


del palo. Debido a que el Graal está en la base del palo, el
Tres de Copas indica júbilo, celebración y, sobre todo, com­

79
partir la maravilla de la vida. Como si hubiéramos pasado la
crisis de la acción, las tres cartas finales en su totalidad, de
acuerdo con sus números, rebosan felicidad. Aquí vemos a
las mujeres celebrando, como en una cosecha. O bien ha
terminado una crisis, o el trabajo ha producido buenos re­
sultados.
Las tres mujeres están de tal manera entrelazadas que
se hace difícil decir de quién es cada brazo. Tanto en los
buenos momentos como en los malos, la carta muestra un
compartir la experiencia.

Invertida
También aquí se presentan varios significados. Antes que
nada, la carta en esta posición puede mostrar la pérdida de
algo que daba felicidad. Con mucha frecuencia indica que
lo esperado no se ha producido. Puede significar también el
fracaso de una amistad y la desilusión de descubrir que los
amigos no nos han apoyado cuando los necesitábamos, o la
dispersión de un grupo de amigos.
Otro significado muestra una corrupción del original. En
vez de una celebración compartida de los gozos de la vida,
encontramos lo que Waite, curiosamente, llama «exceso en
el goce físico y en los placeres de los sentidos». Es obvio
que con ello quería decir que se ignoraban los valores más
profundos. Vale la pena observar, sin embargo, que a la
mayoría de las personas esta frase, especialmente en cuan­
to predicción, no les parece en modo alguno displacentera.

80
(a) (b) (c)
Figura 2 7

El Dos

En muchos sentidos, esta carta actúa com o una versión


menor de los Enamorados. En tanto que el triunfo enseña
el gran poder de las relaciones sexuales maduras, el Arcano
Menor pone el acento en el comienzo de una relación. El
Dos puede mostrar en las lecturas una unión o una amistad
que se prolonga, quizás en un nivel más ligero que el de los
Enamorados. Sin embargo, en el estudio, y muy común­
mente en la práctica, el naipe significa promesa de amistad,
comienzo de una relación amorosa.

81
En el triunfo vemos el Ángel, símbolo de la supercon-
ciencia. En el Dos de Copas vemos el león alado por en­
cima del caduceo de Hermes, símbolo de curación y sabidu­
ría. En ambos casos, la carta muestra cómo dos personas, al
unir sus distintas cualidades y capacidades por mediación
del amor, producen en sus vidas algo que trasciende lo que
cualquiera de las dos habría logrado sola. El león simboliza
la sexualidad, las alas el Espíritu. El amor engrandece el sig­
nificado del impulso sexual que nos acerca a él.
En el libro sobre los Arcanos Mayores vimos cómo la
carta de los Enamorados puede servir como un diagrama
de la unificación del sí mismo. De una manera similar pode­
mos entender el Dos de Copas. En tanto que el hombre
simboliza la acción y el movimiento, la mujer simboliza la
emoción, la sensibilidad y una apreciación de la experien­
cia. Al unir estas dos cualidades, damos valor a nuestra
vida.
Obsérvese la semejanza del hombre con el Loco. En una
lectura en que salieron juntas ambas cartas, la consultante
era una artista que quería saber qué dirección debía seguir
su obra. Le preocupaba especialmente investigar si su arte
provenía de un auténtico centro en su vida, o si era un mero
ejercicio intelectual. Ahora bien, otros naipes indicaban que
la consultante había alcanzado un nivel de dominio técnico
de lo que venía haciendo, en tanto que el Loco, como resul­
tado, la mostraba dando el salto a un territorio nuevo. Pero
el Dos de Copas mostró que encontraría el éxito si vincu­
laba sus indagaciones y su capacidad técnica con el funda­
mento espiritual simbolizado por la mujer.

Invertida
De diferentes maneras, la carta invertida muestra el desmo­
ronamiento de los ideales que simboliza cuando está en
posición normal. Puede aludir a una relación amorosa o de
amistad que de alguna manera se ha agriado, especial­
mente debido a celos y pérdida de confianza. Puede signifi­
car, simplemente, el final de una relación. Según cuáles
sean las cartas que la rodean, el Dos de Copas puede refe­

82
rirse a una relación que se encuentra en peligro debido a
presiones internas o externas. Otra posibilidad es un enca-
prichamiento en el que las personas fingen, para los otros y
para sí mismas, que la relación amorosa tiene más impor­
tancia de la que en realidad alcanza. En una vena similar, la
carta invertida puede apuntar a personas que actúan como
si estuvieran viviendo una auténtica relación amorosa, aun­
que en realidad, para una de ellas — o para las dos— , no
tiene importancia.
Si consideramos que la carta significa el sí mismo, en­
tonces al salir invertida indica una escisión entre lo que ha­
cemos y lo que sentimos, entre la acción y la emoción.

Figura 2 8

El As

A partir de las emociones conflictivas del Rey, y pasando


por diversos grados de equilibrio entre celebración y pasivi­
dad, llegamos finalmente al As, emblema del amor que
apuntala la vida. El As de Copas tiene el significado inme­
diato de una época de felicidad y amor, un don de júbilo.
De la misma manera que el fuego hace el mundo, el amor le
confiere valor.

83
La imagen de Smith, con la paloma y la hostia, muestra
específicamente el Santo Graal, del que se decía que conte­
nía la presencia física del Espíritu Santo tal como opera en
el mundo. En las versiones más sutiles de la leyenda del rey
Arturo, no era realmente la caballería — esto es, una estruc­
tura moral— lo que mantenía unido el glorioso reino de
Arturo, sino más bien la presencia secreta del Santo Graal
oculto en la tierra. Cuando el Graal desapareció (porque los
caballeros de Arturo no supieron acercársele con un talante
espiritual), el reino se desintegró. La alegoría nos cuenta
que el mundo funciona principalmente no por sus leyes, su
orden moral y sus estructuras sociales, sino más bien por la
base espiritual que da significado a todas estas cosas y las
protege de la corrupción. Cuando consideramos la existen­
cia como algo que está destinado a ser conquistado (la for­
ma en que los caballeros de Arturo fueron en pos del Graal),
no alcanzamos más que el caos. Las Copas — el Agua—
simbolizan la receptividad. Al amor, y en última instancia a
la vida, no se lo puede atrapar, sino solamente aceptarlo.

Invertida
El As invertido siempre trae perturbación. Aquí vemos infe­
licidad, violencia, destrucción; es decir, las condiciones mis­
mas representadas en la leyenda del rey Arturo cuando el
Graal abandonó el reino. La carta invertida puede indicar
simplemente que los tiempos se han vuelto contra nosotros
y que no nos queda más que aceptar que la vida trae tanto
problemas como júbilo. La carta puesta del revés puede
indicar también que nosotros mismos ocasionamos nuestra
desdicha al no reconocer lo que nos ofrece la vida, o bien al
reaccionar violentamente cuando lo que necesitamos es
calma.

84
3

Las Espadas

En muchos sentidos, las Espadas son el palo más difícil. El


objeto mismo, un arma, significa dolor, cólera, destrucción,
y la imagen que pintan las Espadas es principalmente la de
estas experiencias. Y sin embargo, una espada también
puede simbolizar cortar con ilusiones vanas y problemas
complicados. Galahad, el caballero que alcanzó el Santo
Graal, no podía empezar su búsqueda espiritual mientras
no hubiera recibido su espada mágica de manos de Merlín,
el guía del reino. De modo similar, tampoco podemos em ­
pezar nuestra propia indagación del valor y el significado
de la vida mientras no hayamos aprendido a reconocer y
aceptar la verdad, por más dolorosa que sea.

85
Las Espadas pertenecen al elemento de Aire, el viento,
al que se considera con frecuencia el más próximo al Eter o
Espíritu. La palabra «espíritu» se relaciona directamente
con la palabra «aliento», y en hebreo la misma palabra quie­
re decir «espíritu» y «viento». Así com o el aire está en cons­
tante movimiento, la mente no descansa jamás, se retuerce
y gira, a veces con violencia, otras con calma, pero siempre
en movimiento. Cualquiera que haya intentado meditar sa­
brá la persistencia con que se mueve la mente.
Relacionado con las Espadas está el problema de «p en ­
sar sin fundamento», o lo que podríamos llamar «com plejo
de Hamlet». La mente ve tantos aspectos en una situación,
tantas posibilidades, que se le hace imposible entenderla, y
más aún actuar en ella. Dado que nuestra cultura ha insis­
tido siempre sobre la racionalidad, muchas personas ven
hoy el pensamiento, en general, como la causa de todos los
problemas de la vida. Con sólo que pudiéramos dejar de
pensar, nos dicen, todo funcionaría perfectamente. Pero
aun si eso fuese posible, nos advierte el Tarot, no nos bene­
ficiaría en absoluto. No superamos el problema de un ele­
mento proscribiéndolo o reemplazándolo por otra cosa, sino
más bien combinándolo con otros elementos. El hecho es
que cuanto más confundidos estamos más necesidad tene­
mos de nuestra mente, porque ninguna otra cosa puede
distinguir la verdad. Sin embargo, necesitamos también
combinar el Aire con el Agua, es decir, la emoción con la
receptividad. Precisamos combinarlo con el Éter, con el Es­
píritu: con los valores profundos arraigados en la verdad
espiritual/psicológica, que vemos encarnados en los Arca­
nos Mayores. Entonces el problema del Aire se transforma
en el Camino, la sabiduría.
El problema más obvio que nos muestran las Espadas es
el del sufrimiento, el dolor, la cólera: el lado tormentoso del
Aire. Son cosas que no podemos superar ignorándolas, pero
podemos añadir a las Espadas el optimismo de las Varas, y
usar los Pentáculos para evadirnos de nuestras emociones
mediante un compromiso con el trabajo, la naturaleza y el
mundo exterior.

86
(a) (b) (c)
Figura 2 9

El Rey

En cuanto sostén de la estructura social, el Rey representa


la autoridad, el poder y el juicio. Se adueña de la energía
mental del Aire y la usa para sostener y gobernar el mundo
con la agudeza de su mente y la fuerza de su personalidad.
Su corona es amarilla, del color de la energía mental, en
tanto que el manto es púrpura, el color de la sabiduría. El
tocado que le cubre la cabeza, una especie de caperuza, es
rojo, el color de la acción. El intelecto del Rey no existe por
sí solo, sino más bien por lo que puede hacer, en cuanto

87
instrumento de autoridad. De modo similar, su espada — a
diferencia de la de la Reina de Espadas o la de la Justicia—
no apunta directamente hacia arriba, hacia la pura sabidu­
ría, sino que se inclina ligeramente hacia la derecha, el lado
de la acción. La exigencia de actuar según sus juicios tiende
a desvirtuar el poder del juicio mismo, un hecho que pode­
mos observar si comparamos la situación de un observador
teórico de la política con la de alguien que gobierna un
país.
Además, el énfasis en un «realismo» de intención social
puede estrechar su punto de vista, llevándolo a un materia­
lismo muy limitado. Podemos ver al Rey de Espadas en el
hombre — o en la mujer— que se enorgullece de tener un
fuerte sentido común que no le deja tiempo para «tonterías
místicas». Estas personas ignoran generalmente hasta qué
punto su pensamiento depende, más que de la observación
de la vida, de preconceptos y prejuicios.
Obsérvese la semejanza de la figura con la del Empera­
dor. Podemos decir que el Rey es el representante del Em­
perador en el mundo real. En tanto que el triunfo encarna
el arquetipo del orden, el derecho y la sociedad, el Rey de
Espadas mantiene estos principios en la práctica.
Dos pájaros, el emblema animal de las cartas cortesanas
de Espadas, pasan volando por detrás del trono. El pájaro
simboliza la capacidad de la mente para llevarnos hacia el
elevado aire de la sabiduría, lejos de la pasión fogosa, de las
emociones acuosas y de la terrestre corrupción material. El
número dos, por otra parte, simboliza la opción, la tensión
constante entre el pensamiento abstracto y la acción que es
menester emprender en el mundo.
Pero si los pájaros simbolizan la capacidad de la mente
para volar por encima del mundo, representan también el
alejamiento que puede producir una actitud semejante.
Obsérvese que parece que el trono del Rey estuviera en las
nubes. Com o el Rey de Varas, el de Espadas puede tender
a la arrogancia, ya que el poder de su mente y de su volun­
tad lo colocan por encima de las personas que lo rodean,
por lo general más confundidas. En términos sociales, la

88
imagen sugiere la tendencia de gobernantes y mandatarios
a divorciar sus juicios de las necesidades reales de la pobla­
ción. En términos más personales, vemos a este Rey remoto
en aquellos hombres o mujeres que son ásperos y fríos en
su tendencia a juzgar. Cuando aparece com o marido o
amante, el Rey de Espadas indica con frecuencia una per­
sona dominante o controladora.
En su mejor sentido, el Rey de Espadas evoca la Justicia,
la carta que en los Arcanos Mayores está directamente de­
bajo del Emperador. Cuando se conecta con este triunfo, el
Rey representa la justicia social, las leyes prudentes, y sobre
todo un compromiso con la honestidad intelectual, y la ne­
cesidad de poner en práctica el conocimiento. Al igual que
la Justicia, y en esto es la única entre todas las cartas corte­
sanas, nos clava directamente la mirada, com o un maestro
de sabiduría que nos obliga a reconocer y defender la ver­
dad.

Invertida
En posición normal, el Rey marcha por una estrecha línea
entre el intelecto comprometido y el poder por el poder
mismo. Invertido, tiende a caer hacia el lado negativo de
esa línea. Es la autoridad corrompida, la fuerza usada para
sus propios fines de poder y de dominio.
En las lecturas debemos tener siempre en cuenta esta
imaginería en toda su fuerza. El Rey invertido (o cualquier
carta cortesana invertida) puede aludir simplemente a al­
guna persona en dificultades. En relación con la Reina o el
Caballero, puede aludir a una relación difícil o a falta de
madurez (véanse, en la sección sobre lecturas, las relacio­
nes entre las cartas cortesanas del mismo palo). Cuando
sale aisladamente, sin embargo, simboliza la arrogancia de
una mente poderosa vuelta sobre sí misma y que reconoce
solamente su propio deseo de control.

89
Figura 3 0

La Reina

En cuanto representa el aspecto yin de su palo, la Reina de


Espadas simboliza experiencias tanto de dolor como de sa­
biduría, y especialmente de la relación entre ambas. Tras
haber sufrido el dolor (en ocasiones, la carta significa viude­
dad) y haberlo enfrentado con coraje, aceptación y sinceri­
dad, la Reina ha encontrado la sabiduría.
La borla que le cuelga de la muñeca izquierda (el lado
de la experiencia) hace pensar en una cuerda cortada (com­
párese con el Ocho de Espadas, figura 35). Ella ha usado la
espada del intelecto para liberarse de la confusión, la duda
y el miedo; ahora, por más que se enfrente al mundo con el
ceño fruncido, abre hacia él la mano. Aunque las nubes se
juntan a su alrededor, su cabeza se mantiene por encima de
ellas, en el claro aire de la verdad. Un solo pájaro, símbolo
de la pureza de su sabiduría, vuela muy alto por encima
suyo. Su espada, como la de la Justicia y como la del As, se
eleva directamente hacia arriba.
En el sentido de que las mujeres sin poder sufren con
frecuencia a causa de las acciones de los hombres, la carta
se refiere específicamente a las mujeres. Por su carácter,
puede representar a personas de cualquiera de los dos

90
sexos, ya que ni el sufrimiento ni el coraje son exclusivos de
ninguno de ellos.

Invertida
La Reina invertida puede indicar una insistencia excesiva
en el dolor, alguien que hace que la vida parezca mucho
peor de lo que es, sin hacer caso de las cosas buenas que
hay a su alrededor. Puede también indicar una mentalidad
fuerte que se ha vuelto mala, especialmente como reacción
ante el dolor o las presiones provenientes de personas o
situaciones desagradables. En ocasiones, la Reina repre­
senta una persona tan enérgica que no sólo espera, sino
que exige que cuantos la rodean — e incluso la vida misma—
hagan lo que ella quiere.
Cuando la gente se le opone, la Reina se vuelve malé­
vola, intolerante, fanática y, como el Rey, usa sus actitudes
para imponer su personalidad a las gentes que la rodean.
Ya sea que represente un exceso de dolor o de egoísmo, ha
perdido el compromiso con la verdad que caracteriza a este
naipe en posición normal.

91
KN1GHT <fr 5WORDS .

Figura 31

El Caballero

El joven Caballero, cuya juventud hace que esté más libre


de responsabilidades sociales que el Rey y al mismo tiempo
menos atemperado por la experiencia, cabalga directa­
mente hacia el interior de la tormenta, blandiendo la es­
pada en su afán por superar todas las dificultades. Aunque
es valiente, hábil y fuerte, tiende también a la violencia, e
incluso al fanatismo. No reconoce límites.
Y sin embargo, con frecuencia no sabe cómo mantene
una lucha prolongada. Desea hacerse cargo de sus enemi­
gos y de los problemas de la vida, pero no puede manejar
una situación que exige un esfuerzo lento y laborioso.
Su ansia sugiere cierta inocencia, com o la de un joven
caballero que jamás ha perdido una batalla. Su bravura, su
habilidad, su disposición a atacar todos los problemas, pue­
den a veces pcultar el miedo de perder esa inocencia, esa
fuerte creencia en sí mismo. Pues, por dentro, él sabe que
todavía le falta enfrentar y superar las grandes dificultades
de la vida. Opuesto en muchos sentidos al Caballero de
Copas, dirige hacia afuera toda su energía; quizá se siente
nervioso cuando tiene que quedarse en silencio y a solas
consigo mismo.

92
Invertida
Como sucedía con el Rey y la Reina, sus debilidades le ga­
nan. Es extravagante, descuidado, excesivo. Su carga se
convierte en una carrera desaforada, una respuesta errónea
a una situación que requiere un enfoque más tranquilo y
más cuidadoso.

PACE <¿ SWORDS.

Figura 3 2

El Paje

Una carta mucho más leve que las otras Espadas cortesa­
nas, el Paje representa un acercamiento a los problemas
muy diferente al del Caballero (obsérvese que, en tanto que
el Rey y la Reina insisten en la sabiduría, las dos cartas «más
jóvenes» tienen que ver en forma más inmediata con la cua­
lidad de conflicto propia de las Espadas). En vez de atacar­
los, el Paje cree que es suficiente con ponerse por encima
de ellos, para encontrarse en un nivel más alto. En vez de
resolver los conflictos o de enfrentar la oposición, el Paje se
distancia de todo ello.
Si la situación es tal que requiere ser encarada con dis­
plicencia, entonces la actitud desapegada del Paje es muy
beneficiosa. Pero si está en juego un problema más difícil,

93
entonces la actitud del Paje se hace difícil de mantener.
Exige «vigilancia», por decirlo a la manera de Waite, asegu­
rarse de que la gente o las situaciones no se nos aproximen
demasiado. Gran parte de la energía del Paje se le va en
mirar por encima del hombro. Com o estudiante ya un poco
mayor, Hamlet encarnaba la actitud de observación e ironía
del Paje. Su situación, sin embargo, requería la manera
agresiva de encararla del Caballero.
Debido a esta calidad de desapego, el Paje puede en
ocasiones complacerse en espiar a otras personas — ya sea
en forma literal o figurada— , como una actitud hacia la vida.
Dicho de otra manera, es probable que considere la vida
humana como una especie de espectáculo curioso en el
cual espera no participar.

Invertida
Aquí vemos el efecto de la actitud distante del Paje en una
situación que requiere más fuerza. La vigilancia se con­
vierte en paranoia; parece que todos fueran enemigos. Lo
que empezó como un sentimiento de «Y o estoy por encima
de todo esto, no necesito preocuparme por ello», se con­
vierte en una obsesión con los problemas y en una aparente
incapacidad de hacer nada para resolverlos. Esos senti­
mientos de debilidad son endémicos en las Espadas, que
necesitan de las Varas para tener coraje y optimismo.

94
Figura 3 3

El Diez

De los cielos azules de las cartas cortesanas a la sombría


negrura del Diez y del Nueve. Así como en el Diez de Copas
se nos mostraba un desbordamiento de júbilo, el Diez de
Espadas nos colma de dolor. Pese a la crudeza de la ima­
gen, el naipe no representa la muerte, ni siquiera una espe­
cial violencia. Significa una reacción ante los problemas
más que los problemas mismos.
Para matar a alguien no se necesita más que una espa­
da. Las diez espadas en el cuerpo del hombre, incluida la
que tiene en el oído, hacen pensar en la histeria, en la acti­
tud adolescente de «nadie ha sufrido jamás tanto como yo»,
«mi vida está acabada», y cosas semejantes. Obsérvese que,
en contraste con el Nueve, el cielo se aclara a lo lejos y las
nubes negras abren paso al sol, y en contraste con el Dos o
con el Cinco, el agua está plácida y tranquila. La situación
no es tan mala como parece.

Invertida
Si damos vuelta el naipe, podemos imaginar que las espa­
das se desprenden de la espalda y caen. Waite describe esta
posición como un éxito y una ventaja, aunque no perma-

95
nenies. Estas ideas sugieren que cuando una situación cam­
bia, es probable que los problemas desaparezcan momen­
táneamente. Sin embargo, la persona debe ahora sacar par­
tido de este alivio introduciendo en su situación un cambio
real — ya sea mental o práctico, según la necesidad— de
modo que las cosas no vuelvan a estar como estaban. La
carta guarda relación con el Diez de Varas invertido, donde
veíamos el peligro de volver a recoger los palos una vez que
la situación se ha calmado.

Figura 3 4

El Nueve

La imagen del sufrimiento más profundo, del más tre­


mendo dolor mental. Allí donde la Reina se libera convir­
tiendo el dolor en sabiduría, y el Tres sugiere la calma de la
aceptación, el Nueve muestra el momento de la agonía, de
la disolución. Las Espadas no se clavan en la espalda de la
figura, sino que están suspendidas en la oscuridad por en­
cima de ella. Muchas veces, el Nueve no se refiere a algo
que nos sucede directamente, sino a alguien a quien ama­
mos.
El amor es, de hecho, lo que colma la carta y le da sen-

96
tido. El dibujo de la colcha muestra rosas, símbolo de la
pasión, alternadas con los signos del zodíaco. En su sentido
más profundo, el naipe alude a una mente que toma sobre
sí todos los sufrimientos del mundo, el Lamed Vav (Hom ­
bre Justo) de la leyenda judía.
¿Podemos ver alguna salida a un dolor tan terrible? Tan­
to Buda como Cristo vieron en el mundo un lugar de sufri­
miento interminable, y sin embargo ambos dijeron también
que la tragedia no es más que una verdad a medias, que el
universo visto en su totalidad nos brinda júbilo y paz. Y
Nietzsche habló de abrazar la existencia en forma tan com­
pleta, con sinceridad tan total y extática, que estemos ale­
gremente dispuestos a repetir, interminablemente, cada
momento de nuestras vidas, a pesar del sufrimiento.

Invertida
Para el Nueve invertido, Waite ofrece una de sus fórmulas
más sugerentes: «Aprisionamiento, sospecha, duda, miedo
razonable y vergüenza.» Estas palabras configuran un esta­
do de ánimo, o más bien una progresión de estados, que se
da cuando la gente se retira dentro de sí para huir de algún
problema que no se atreve a enfrentar.
Lo mismo que con la carta en posición normal, el naipe
invertido alude a nuestra reacción ante algo exterior a no­
sotros, pero aquí ese algo es la opresión antes que la trage­
dia. La expresión clave es «m iedo razonable», que puede
referirse, por ejemplo, a la opresión política, como la de las
minorías raciales o sexuales, o a la opresión social, al senti­
miento de ser un chivo emisario por razones de apariencia,
idioma o lo que fuere; o, simplemente, a la opresión perso­
nal de una familia o un cónyuge dominante. Lo importante
es que el problema es real, pero como no podemos abor­
darlo directamente tendemos a refugiarnos en nosotros
mismos, reprimiendo nuestra cólera y nuestro resentimiento.
La cólera vuelta sobre sí misma se convierte en depre­
sión, y ésta en sospecha. La persona de quien se rieron
cuando era niña porque tenía la nariz grande cree que to­
dos la miran. El negro cree que cualquier observación a su

97
trabajo es un menosprecio racial. Y la sospecha conduce
fácilmente a que uno dude y se avergüence de sí mismo.
Con frecuencia ni siquiera sirve de ayuda, por lo menos no
del todo, saber racionalmente que no hay razón para sentir­
nos avergonzados, que en realidad la vergüenza deberían
sentirla los que nos han oprimido o ridiculizado. A menos
que la persona oprimida e insegura de sí se decida a actuar,
expresando su enojo, e introduzca en su vida cambios rea­
les, la vergüenza profundamente reprimida no desapare­
cerá.

Figura 35

El Ocho

Del Nueve invertido pasamos a una imagen aún más clara


de la opresión. Vemos a una persona atada, rodeada de
espadas, y tras ella hay un castillo, símbolo de autoridad; la
mujer está de pie en el fango, imagen de la humillación y de
la vergüenza. Obsérvese, sin embargo, que las espadas, de
hecho, no la encierran, y que las cuerdas no le inmovilizan
las piernas, en tanto que quienes la han atado no aparecen
en la carta. En pocas palabras, que nada le impide que se
vaya, sin más ni más.

98
La clave de esta carta está en la venda que le cubre los
ojos, y que simboliza la confusión, las ideas opresivas, el ais­
lamiento respecto de otras personas que estén en situacio­
nes similares; lo que los liberacionistas políticos llaman
«mistificación», esto es, mantener sojuzgada a la gente no
por la fuerza directa, sino enseñándole a creer en su propio
desvalimiento. Dentro de esta forma notable que tiene el
Tarot de resumir una situación compleja, el naipe casi p o­
dría representar un diagrama de la condición de los opri­
midos.
En un nivel muy diferente, el Ocho de Espadas actúa
como un Portal que se abre hacia una forma especial de
conciencia. Al identificarnos con ella llegamos a percibir
nuestra propia condición de ignorancia, algo que muchas
personas reconocen intelectualmente (paradoja de parado­
jas), pero que en realidad no aceptan. Sin la iluminación, o
lo que algunos sufíes y otros ascetas llaman «evolución
consciente», jamás podremos conocernos realmente a no­
sotros mismos ni al mundo; jamás podremos decir: «Esta es
la verdad; así es como son realmente las cosas.» El recono­
cimiento de la ignorancia es el primer paso hacia el verda­
dero conocimiento y, con frecuencia, el más difícil de dar.

Invertida
La libertad comienza cuando nos arrancamos la venda de
los ojos, cuando vemos con claridad cómo hemos llegado a
la situación en que estamos, cualquiera que ésta sea, qué
hemos hecho nosotros, qué han hecho los otros (en particu­
lar, aquellos que nos han inmovilizado, pero también otros
en situaciones similares), y qué podemos hacer ahora. El
Ocho invertido significa, en general, liberación de alguna
situación opresiva; principalmente, se refiere al primer paso
de una liberación tal, es decir, a ver las cosas con la mayor
claridad posible.

99
Figura 3 6

El Siete

El tema de la lucha continúa. Aquí vemos la imagen de


alguien que emprende una acción contra los problemas. A
veces, el naipe significa simplemente un acto de osadía, in­
cluso un golpe que mella el filo de la oposición. Con más
frecuencia, representa un acto impulsivo cuando lo que se
requiere es un plan cuidadoso.
La imagen nos muestra a alguien que con una sonrisa
sardónica se marcha con las armas de sus enemigos. N o ha
atacado el campamento, y ni siquiera puede llevarse todas
las espadas. La carta alude a proyectos y acciones que no
resuelven nada. No tan obvio, pero en ocasiones más im­
portante, es el sentimiento de aislamiento que implica. El
hombre actúa solo, sin haber podido — o querido— conse­
guir que nadie lo ayudase. Si vamos un paso más allá, esta
carta puede indicar astucia, pero con la mácula de ocultar
habitualmente, y con frecuencia sin ninguna razón válida,
nuestros verdaderos planes o intenciones.

Invertida
El aislamiento completa un giro hasta convertirse en comu­
nicación, en particular en la búsqueda de consejo sobre lo

100
que hemos de hacer con nuestros problemas. Por más va­
liosas que puedan ser las orientaciones específicas, igual­
mente importante es la disposición de la persona a escu­
char y a buscar ayuda. La carta puede referirse algunas
veces al acto de encontrar ayuda, como cuando se consulta
con un intérprete, un terapeuta, o simplemente con amigos.
Com o siempre, el valor de la imagen depende del con­
texto. Allí donde se requiere confianza en sí mismo, el Siete
de Espadas invertido puede apuntar a una dependencia
excesiva de otras personas, de quienes esperamos que nos
digan qué debemos hacer. Cuando la carta invertida apa­
rece en oposición con el Loco o con el Colgado, debemos
atender a las otras cartas para determinar qué proceder
— la independencia o la búsqueda de consejo— producirá
los mejores resultados.

Figura 37

El Seis

Una imagen extraña y poderosa, esta carta es, más que nin­
guna otra, la que ejemplifica cómo las ilustraciones de Pa­
mela Smith van más allá de las fórmulas de Arthur Waite.
The Pictorial Key [La clave gráfica] dice «viaje por agua,

101
ruta, camino, medio». Pero la imagen de una balsa crepus­
cular que transporta figuras ocultas a una isla boscosa su­
giere un viaje más espiritual; en el mito, Caronte transpor­
taba a los muertos a través de la laguna Estigia. Un gran
silencio llena esta carta, un silencio como el de los cuadros
de Salvador Dalí.
Generalmente, esta carta no significa muerte, aunque
puede indicar duelo; tampoco muestra transformación, en
el sentido en que la muestra la Muerte en los Arcanos Ma­
yores. Representa más bien un pasaje tranquilo por una
época difícil. Waite dice: «La carga es ligera», y Edén Gray
escribe: «Las espadas no hunden el bote». Aunque cargue­
mos con nuestros problemas, nos hemos adaptado a ellos:
no nos hundirán ni nos aplastarán. En un nivel simple, el
naipe significa funcionar en alguna situación difícil sin abor­
dar los problemas. Puede referirse a un problema inme­
diato o a una situación que se ha prolongado durante años.
Si miramos más profundamente vemos la imagen de un
dolor — del cual el duelo es un ejemplo, pero no el único—
que una persona ha padecido durante tanto tiempo que ya
no la hace sufrir, sino que se ha convertido en parte de
su vida.
Hay otro significado, menos perturbador: el de un pasa­
je tranquilo, ya sea físico (ciertamente, no hay que olvidar el
significado literal de un viaje) o espiritual, una época de
transición fácil. Obsérvese la pértiga negra del botero. El
negro indica potencialidad; allí donde no ha sucedido nada
decisivo, todas las cosas siguen siendo posibles. Si nos man­
tenemos calmos, no desperdiciaremos ni energía ni opor­
tunidades.
El Seis de Espadas es un Portal. Si lo miramos con áni­
mo sensible y después nos introducimos en la imagen, pro­
ducirá primero un efecto tranquilizador sobre la mente, y
después, lentamente, un sentimiento de movilización del
sí mismo.

102
Invertida
En un sentido, el equilibrio y la paz se perturban; el pasaje
ya no es sereno, porque el agua, símbolo de la emoción,
resulta removida. Así, la carta invertida puede sugerir un
viaje tormentoso, física o espiritualmente. Puede referirse
también a la idea de que cuando intentamos atacar un pro­
blema que viene de lejos, especialmente uno aceptado por
el consenso común de los interesados, agitamos la situa­
ción. Digamos, por ejemplo, que una situación insatisfacto­
ria u opresiva puede prolongarse tranquilamente durante
años, mientras uno de los miembros no decida hacer algo al
respecto. Tratar de retirar las espadas de la barca puede ser
causa de que ésta se hunda, ya que, después de todo, las
espadas están tapando agujeros.
En otro sentido, el Seis invertido puede mostrar comuni­
cación, recordándonos que en su posición normal las per­
sonas mantienen su compostura sin mirarse ni hablarse en­
tre ellas. Si las espadas simbolizan recuerdos desdichados,
contra los cuales el silencio es una defensa, entonces la co­
municación puede ser dolorosa. También puede dar co­
mienzo a la curación.

103
Figura 3 8

El Cinco

Una de las cartas más difíciles, y una de las razones por las
cuales algunas personas encuentran demasiado negativo el
mazo Rider. Y sin embargo, refleja una situación real que la
mayoría de nosotros tiene que vivir en algún momento.
Todos los Cincos muestran conflicto o pérdida, y las
Espadas llevan esta idea al extremo de la derrota. En oca­
siones, el significado del naipe se concentrará en la figura
grande del triunfador, que aparece en primer plano. Pero
más común es que nos identifiquemos con las dos figuras
vueltas de espaldas, que han perdido alguna batalla, y aho­
ra el mundo entero les pesa: el agua inquieta, el cielo turbu­
lento. Un sentimiento de humillación y de debilidad acom­
paña a su derrota.
La imagen de un enemigo puede referirse a una per­
sona real, a una situación general o a un íntimo sentimiento
de inadaptción. Una ,ez hice una lectura para dos personas
que habían sufrido a manos de un jefe perturbado y venga­
tivo, y que querían saber si debían llevarlo ante los tribuna­
les. Decidieron no hacerlo cuando el Cinco de Espadas in­
dicó que perderían el juicio, como pasó efectivamente a
otras dos personas que sí lo demandaron.

104
Invertida
La cualidad dolorosa se mantiene, aunque el acento puede
estar puesto en otra parte. Así como el naipe en posición
normal indica el momento de la derrota, la posición inver­
tida se extiende al sentimiento de desesperación que viene
después. Es un estado difícil de superar, aunque otras in­
fluencias, especialmente las simbolizadas por las Varas,
pueden ser una ayuda.
Las Espadas dan una visión más pesimista que ninguna
carta de los Arcanos Mayores. Tomados aisladamente, nin­
guno de los palos Menores puede mostrar el verdadero
equilibrio de la vida; descomponen la experiencia en partes
y, consiguientemente, la deforman y exageran. Un exceso
de cartas de Espadas necesita, más que cualquier otro palo,
del equilibrio de experiencias y actitudes provenientes de
los otros palos.

Figura 3 9

El Cuatro

Los Cuatros se relacionan con la estabilidad; para las desdi­


chadas Espadas, esto se expresa como descanso o incluso
como simple retiro. La imagen no es de muerte, sino de

105
retraimiento. A veces, la gente reacciona ante las dificulta­
des aislándose, ocultándose literalmente en su casa, o sim­
plemente atenuando sus reacciones emocionales para re­
fugiarse dentro de sí misma. Esta carta apareció una vez en
una lectura para un hombre acostumbrado a tratar enérgi­
camente a todos los que le rodeaban. La carta le hizo ver
que cuando su agresividad fracasaba, o cuando la máscara
de seguridad se le hacía demasiado pesada, se ocultaba del
mundo antes que mostrar otro aspecto de sí mismo o de
intentar colaborar con los demás.
Sin embargo, si el propósito no es ocultarse, sino recu­
perar fuerzas, el retraimiento también puede conducir a la
curación. El naipe puede significar que se evita una pelea
hasta que haya más posibilidades de ganarla. De modo si­
milar, al retirarse durante un tiempo después de haber reci­
bido una profunda herida, una persona se concede la posi­
bilidad de recuperarse.
Obsérvese que el caballero yace en una iglesia, y que el
ventanal muestra a Cristo dando su bendición curativa a un
suplicante. La imagen evoca al Rey Pescador de la leyenda
del Graal, cuya herida física reflejaba la dolencia espiritual
del reino, y recuerda también a la Bella Durmiente. Ambas
figuras necesitaban que un extraño las despertara. El Rey
siguió enfermo hasta que Galahad le trajo la bendición del
Graal, y la princesa, símbolo del miedo neurótico a la vida,
durmió hasta que el príncipe, no permitiendo que la mara­
ña de espinas lo detuviera (el neurótico se vale de la fuerza
de su personalidad para erigir barreras contra las demás
personas), la despertó por medio de la vitalidad de la ener­
gía sexual (con un beso en la versión de Disney, con el con­
tacto sexual en los cuentos populares). El retraimiento, aun
cuando su propósito sea la recuperación, puede aislar a una
persona del mundo, creando una especie de hechizo que
sólo una energía exterior es capaz de romper.

Invertida
Si aparece invertida, la carta señala un retorno al mundo.
Que esto se produzca de manera tranquila o espectacular

106
depende de la situación. A veces, la carta se refiere a la pru­
dencia, como si el caballero saliera cuidadosamente de su
santuario. En otras ocasiones, el Cuatro invertido puede
representar a otras personas que perciben la muralla e irrum­
pen a través de ella: el príncipe que viene en busca de la
Bella Durmiente.

Figura 40

El Tres

El título que da a este naipe el Alba Dorada es «Dolor». De


todos los naipes de Espadas, el Tres es el que representa
más abiertamente el dolor de un corazón destrozado. Sin
embargo, con todo lo que tiene de sombría, la imagen trans­
mite cierta calma con la simetría de sus espadas. Ante el
verdadero dolor no podemos tener más que una respuesta:
guardarlo en nuestro corazón, aceptarlo y superarlo. El
Nueve planteaba la cuestión de cómo seguir adelante des­
pués de una gran angustia. El Tres nos dice que no debe­
mos apartar de nosotros el dolor, sino hallar la forma de
interiorizarlo profundamente hasta que se transforme por
obra del coraje y del amor.
Una vez, en una lectura que hice para mí misma, des-

107
pués de una muerte en mi familia, el Tres de Espadas salió
cruzado por el Tres de Copas. Primero pensé que eso signi­
ficaba contraponer la alegría y la amistad al dolor. Dos car­
tas del mismo número, sin embargo, significan con frecuen­
cia una transformación. Y la carta que cruza a la primera
suele emerger de ella de alguna manera. Al profundizar en
la lectura, vi que las dos se relacionaban, no se oponían. La
aceptación y el amor pueden convertir el dolor en un re­
cuerdo gozoso, en un abrazar la vida.

Invertida
El proceso curativo se bloquea cuando nos negamos a la
aceptación. Si algo en la vida se nos aparece como dema­
siado doloroso, es probable que lo apartemos, que intente­
mos no pensar en ello y que evitemos todo lo que nos lo
recuerde. Tal actitud hace que el dolor permanezca siem­
pre en nosotros, y en realidad incrementa su poder. Waite
escribe: «alienación mental ... desorden, confusión». Una
lectura que hice para una mujer mostró en ella un gran
potencial para evolucionar en muchos terrenos, y sin em ­
bargo el resultado aparecía muy mediocre y débil. En la
posición de fondo estaba el Tres de Espadas invertido. Y
ella había hablado antes de cóm o no había conseguido
jamás superar la muerte de su padre.

108
HE HIGH PR1ESTE5S

(a) Figura 41 (b)

El Dos

Un método para enfrentar problemas o contrariedades es


recluirlo todo detrás de una muralla emocional. Si no deja­
mos que nada se nos acerque, nada podrá herirnos. En
contraste con el Ocho, aquí la venda en los ojos no significa
estar confundido, sino cerrarlos deliberadamente. La figura
se ha puesto la venda para no tener que escoger entre el
amigo y el enemigo, pues esa opción se convierte en el pri­
mer paso que volverá a relacionarla con otras personas. Las
espadas están listas para golpear a cualquiera que intente
acercarse. Representan el equilibrio precario que se crea
entre la cólera y el miedo; la primera quiere golpear, el se­
gundo quiere ocultarse, y así, entre los dos, la persona se
mantiene en tensión.
Obsérvese, sin embargo, el efecto que tiene esta postura
sobre la mujer. Ante todo, los brazos cruzados excluyen y
aíslan el corazón. La imagen de las emociones bloqueadas
se continúa en la forma en que el vestido gris parece con­
fundirse con el asiento de piedra. Al mismo tiempo, el peso
de las espadas eleva el centro de gravedad desde el plexo
solar al pecho. Cuando una persona contiene sus em ocio­
nes, la respiración se vuelve superficial y el cuerpo se pone

109
rígido. Paradójicamente, el intento de frenar la emoción
vuelve más emotiva a la persona, en cuanto no piensa ni
actúa a partir de su centro, sino desde el pecho constreñido,
y en vez de ver el mundo, ve su propia imagen por detrás de
la venda que le cubre los ojos.
Compárese el Dos de Espadas con la Suma Sacerdotisa,
el número 2 de los Arcanos Mayores. Ambas figuras están
sentadas en posturas similares, pero mientras que la Sacer­
dotisa aparece relajada, la tensión envuelva a la mujer del
Dos de Espadas. Un velo separa a la Sacerdotisa de las
aguas del inconsciente, oculto tras ella; a la mujer de los
ojos vendados ningún velo la protege del lago desapacible
de sus emociones. Y sin embargo, ese estanque superficial
no es la misma agua que hay detrás de la Sacerdotisa.
El peso de las espadas puede fácilmente desequilibrar a
la mujer y hacerla caer en las aguas agitadas. Al hacer que
nos concentremos en las emociones, una actitud defensiva
nos hace más propensos a los estallidos, la cólera y la his­
teria.

Invertida
El equilibrio se ha perdido... o ha sido abandonado. O bien
la persona sucumbe ante la gente o los problemas que aco­
san sus defensas, o renuncia a la venda, ya sea para ver la
verdad o para comunicarse. Esta última experiencia puede
ser muy intensa, e incluso desgarradora para la persona, si
no recibe ayuda del exterior.

110
Figura 4 2

El As

La última (o primera) carta de Espadas nos devuelve a la


verdadera esencia del palo, es decir, al intelecto. Apun­
tando directamente hacia arriba en busca de la percepción
verdadera, la espada traspasa la corona del mundo mate­
rial. La sabiduría nos lleva más allá de las engañosas ilusio­
nes y las limitaciones que la vida impone a la verdad espiri­
tual. Muchas cartas de Espadas se resienten de la falacia de
que la vida no contiene más que sufrimiento y dolor. Las
montañas simbolizan la «verdad abstracta», los hechos ob­
jetivos de la existencia, que no dependen del punto de vista
ni de la experiencia personales. Los Arcanos Mayores nos
presentan esta verdad, y — más que ninguna otra de las car­
tas Menores— el As de Espadas consigue llegar hasta el
quinto elemento. Sin embargo, el intelecto solo, divorciado
de la intuición, no hará más que llevarnos a nuevas falacias.
Para encontrar la verdad necesitamos el As de Copas, es
decir, el amor; y sin embargo, sólo el intelecto puede llevar­
nos más allá de la experiencia inmediata.
Muchas personas sostienen que solamente nuestras em o­
ciones expresan lo que somos realmente, que sólo las reac­
ciones emocionales nos conducirán a la verdad. Con fre­

111
cuencia, sin embargo, las emociones son exageradas y ego ­
tistas, o se complacen excesivamente en sí mismas. Pero
tampoco el intelecto solo aporta un verdadero conoci­
miento. Tanto la verdad como la conciencia de ella deben
provenir de un nivel más profundo de la experiencia y los
valores espirituales. Por eso la mano viene de las nubes,
conduciéndonos de nuevo al Espíritu.
El simbolismo de la verdad es igualmente válido para las
experiencias mundanas. En situaciones tales que nos hacen
sentir confundidos, oprimidos o emocionalmente perturba­
dos, la mente puede traspasar las brumas y desatar los nu­
dos para darnos una clara comprensión de los hechos rea­
les. El As expresa la verdad en su forma más valiosa. En
otro nivel, la carta significa simplemente la fuerza em ocio­
nal, tanto el amor como el odio en sus formas extremas.
Obsérvese la tensión del puño. Las emociones también son
un don que nos permite experimentar intensamente la vida,
pero siempre son difíciles de contener, y más difíciles aún
de dirigir.

Invertida
La tensión del puño falla y da cabida a delirios, ideas y sen­
timientos confusos, emociones avasalladoras. Los senti­
mientos más violentos dominan a los benévolos. Sin tener
un claro sentido de la realidad, la mente puede ser presa de
los errores creados por la emoción. Los problemas se exa­
geran; todo, incluso las atracciones, parece más importante
de lo que en realidad es. En situaciones así, el As de Espa­
das invertido nos dice que nos dominemos e intentemos
hallar un sentido equilibrado de la realidad.

112
4

Los Pentáculos

Nuestra cultura tiene una larga historia de desprecio del


mundo físico. Vemos como una humillación el hecho de
que Adán haya sido creado de barro... «de polvo eres, y al
polvo volverás». En inglés, por ejemplo, dirt significa «sucie­
dad» y también «tierra», y se utiliza com o insulto. A las
emociones y los pensamientos abstractos se los considera
«superiores» a cualquier cosa que exista en la realidad. Y
sin embargo, así como un cuadro es el resultado final de la
concepción de un artista, también podemos ver el mundo
moral como producto de la fuerza creativa de Dios. Para
nosotros, la creación significa el mundo de nuestros senti­
dos. Por más lejos que podamos llegar en nuestras medita-

113
dones espirituales, debemos iniciar y terminar esos viajes
aquí... o, si no, perdernos en el proceso.
Un famoso cuento cabalístico ilustra esta necesidad de
un «fundamento». Mediante el estudio y la meditación, cua­
tro rabinos entraron en el Paraíso. El rabino Ben Azai al­
canzó un éxtasis tal que inmediatamente cayó muerto. El
rabino Ben Zoma, abrumado por la intensidad de la expe­
riencia, se volvió loco. El rabino Ben Abuysh tuvo una vi­
sión de algo que parecían dos dioses, en contradicción con
el dogma básico del monoteísmo, y se convirtió en apóstata.
Sólo el rabino Akiba entró pacíficamente en el Paraíso y en
paz salió de él. El cuento se puede explicar en función del
simbolismo del Tarot. El rabino Ben Azai fue demasiado
lejos en la dirección del Fuego, y se calcinó. El rabino Ben
Zoma dejó que sus emociones (Agua) prevalecieran sobre
la razón. El rabino Ben Abuysh, abrumado por la energía de
las Espadas, tomó demasiado al pie de la letra lo que vio y
lo que había leído en las Escrituras. El rabino Akiba, al ser
capaz de equilibrar los otros elementos en la Tierra, enten­
dió su experiencia tal como debía entenderla.
En su forma inicial de Oros, los Pentáculos representa­
ban principalmente el materialismo, en el estrecho sentido
del dinero y el trabajo. En el mazo Rider siguen viéndose
estas importantes cualidades, y de hecho los Pentáculos
dan expresión al problema de llegar a interesarnos tanto
por estas cosas que nos olvidemos de todo lo demás: lo
contrario, en cierto sentido, de lo que le sucedió al rabino
Akiba. El mazo Rider, sin embargo, añade al cuarto palo la
dimensión, más vasta, de la naturaleza. N o sólo echamos
raíces en nuestro trabajo, sino en el amor por el mundo que
nos rodea.
En cuanto signo mágico, los Pentáculos simbolizan la
«m agia» de la creación ordinaria. Tom ado en sus términos
más simples, esto significa la belleza de la naturaleza, el
júbilo de un trabajo satisfactorio. Pero el simbolismo es por­
tador de un significado más profundo, que se insinúa en la
historia del rabino Akiba. El místico o el mago no funda­
menta simplemente el sí mismo de manera negativa, usan-

114
(lo el mundo como opuesto de la experiencia espiritual. Más
bien — porque es portador de una realidad más firme que la
de los otros elementos, porque no conduce tan fácilmente a
la confusión, la concepción errónea o el abuso— el mundo
natural nos abre el camino a nuevas experiencias místicas.
El mismo carácter terrenal de la vida cotidiana asegura,
en virtud de una especie de ley de reciprocidad, que tales
cosas posean una «m agia» mayor que las atracciones más
inmediatas de los otros elementos. Es esta una paradoja
que no podemos entender inmediatamente; necesitamos
sopesarla y experimentarla. Hay dos hechos, ambos refe­
rentes a los Pentáculos/Tierra, que apuntan a su verdadero
valor. Primero, al estudiar las cartas de los líderes religiosos
antiguos y modernos, el astrólogo Ronnie Dreyer ha descu­
bierto que entre ellos predominan los signos de Tierra. Se­
gundo, el palo de Pentáculos contiene más cartas Portales
que ninguno de los otros.

(a) Figura 4 3 (b)

El Rey

El carácter mundano de los Pentáculos va muy bien con la


responsabilidad social del Rey, que nos presenta la imagen

115
misma del hombre que triunfa en los negocios o en su pro­
fesión. La despreocupación con que está sentado en su trono
y el afecto con que mira a su pentáculo — que es aquí el
símbolo de su capacidad y de sus logros— muestran que
está satisfecho con la vida. Es generoso, e incluso valiente,
aunque no especialmente dado a la aventura. El rol de Rey
no lo frustra, como frustra al Rey de Varas y al de Copas.
Quizás en una etapa anterior de su vida y de su carrera
pueda haber sufrido por obra de la impaciencia o de la
duda. Ahora, su éxito ha justificado su vida, y le permite
relajarse y disfrutar de ella.
Disfrutar de la vida significa también estar próximo a la
naturaleza. Aunque en el fondo se eleva su castillo —símbo­
lo del lugar dominante que ocupa en la sociedad— , él está
sentado en su jardín, con flores en la corona y el manto
decorado con uvas, símbolo de la dulzura de la vida. Incluso
las hojas y las flores dan la impresión de fundirse con el
manto, así como el agua se mezclaba con el vestido de la
Reina de Copas. Para él, la vida es buena, y tiene la inten­
ción de disfrutarla.
Hubo una vez que en una lectura el Loco salió cruzado
por el Rey de Pentáculos (las dos cartas se parecen mucho
en su combinación de colores). La conjunción forma un
buen ejemplo de lo que yo llamo tiempo vertical y tiempo
horizontal, esto es, los mundos interior y exterior. El Rey
simboliza la actividad ordinaria, los logros, la posición social,
el éxito, mientras que el Loco representa la libertad espiri­
tual interior que permite a una persona disfrutar de tales
cosas y edificar sobre ellas sin verse atrapada en una estre­
cha visión materialista. Considérense dos personas con el
mismo mundo exterior: ambas triunfadoras, respetadas,
adineradas. Y sin embargo, interiormente una de ellas puede
estar tensa, frustrada o temerosa, en tanto que la otra no ha
perdido su júbilo ni su paz.
Si vemos en el Loco el comienzo de los Arcanos M ayo­
res, y al Rey de Pentáculos como la carta final de los M eno­
res, entonces los dos están en los extremos opuestos del
Tarot. Pero esta polaridad sólo es válida si vemos las cartas

116
alineadas. Si las imaginamos en círculo, entonces el Loco y
el Rey de Pentáculos llegan a unirse.

Invertida
El Rey está destinado al éxito. Invertido, tiene una connota­
ción de fracaso, o simplemente de mediocridad. La falta de
realización genera insatisfacción, sentimientos de debilidad,
y duda. Si lo tomamos de otra manera, podemos ver que el
Rey invertido simboliza la corrupción de la idea del éxito, la
imagen de un hombre o de una mujer que recurre a cual­
quier medio para conseguir sus objetivos.
Si describimos al Rey de Pentáculos como alguien que
necesita una conexión vital con la naturaleza (y, pese a los
supuestos contemporáneos, no todos la necesitan), el Rey
en posición invertida representa el estado de un ser ampu­
tado de ese fluir rejuvenecedor. El resultado de la ruptura
es insatisfacción, debilidad e incluso peligro psíquico.

(a) Figura 4 4 (b)

La Reina

Así com o el Rey está sentado delante de un castillo, el trono


de la Reina, enmarcado de rosas, está en medio de un cam­

117
po. Mientras que el Rey simplemente mira su Pentáculo,
ella lo sostiene con ambas manos, plenamente consciente
de la magia de la naturaleza y de la fuerza que obtiene de
ella. Más que cualquier otra de las cartas Menores, ésta re­
presenta el amor por el mundo y la unidad con él. El conejo
que aparece en el ángulo inferior derecho no sólo repre­
senta la fertilidad sexual, sino también la fructificación espi­
ritual de una vida que ha encontrado su propio ritmo en el
mundo que la rodea.
Sus cualidades, lo mismo que el simbolismo sexual, la
relacionan con la patrona de los Pentáculos, la Emperatriz.
Al mismo tiempo, en cuanto figura Menor, es portadora de
un atributo que falta en el triunfo arquetípico de la pasión:
la conciencia de sí. La Reina se conoce y cree en sí misma, y
en la magia de su vida. En las lecturas, esta cualidad de con­
fiar en sí misma es, con frecuencia, la más importante.
Si el Rey estaba junto al Loco, la Reina combina con el
Mago. Com o él, lleva una túnica roja sobre una camisa
blanca; los dos están rodeados de hojas y flores; un cielo
amarillo vierte su luz sobre ambos. Así como el Mago mani­
pula las fuerzas ocultas en el mundo, la Reina de Pentácu­
los se une con dichas fuerzas, permitiéndoles que a través
de ella fluyan al interior de su vida cotidiana.

Invertida
En las lecturas, la Reina en posición invertida puede sig­
nificar que, en alguna situación específica, el consultante no
confía en sí mismo. De modo más general, se refiere a debi­
lidad psíquica, porque separar a la Reina de su conexión
vital con la tierra produce, más aún que en el caso del Rey,
nerviosidad y confusión. Se genera así miedo e incluso fo-
bia, desconfianza de los otros y especialmente de sí misma,
lo cual la lleva a dudar de sus capacidades y de su valor
como persona. Esta separación significa algo más que estar
aislada de las plantas y de los animales. Alude más bien a
una pérdida del ritmo diario en la vida, a una insatisfacción
con la totalidad del medio, y a una incapacidad de apreciar
lo que éste tiene para ofrecer.

118
En una lectura, la Reina invertida no sólo señala estas
características en el sujeto, sino que sugiere un doble reme­
dio. Primero, un refuerzo de la confianza; la persona ha de
insistir en sus logros y buenas cualidades, y puede hacerlo
mediante la meditación sobre la Reina en posición normal.
Segundo, un arraigo de las emociones en las cosas natura­
les, en los placeres comunes, en un trabajo satisfactorio.

Figura 45

El Caballero

La responsabilidad de la acción recae en el Caballero,


destacando las cualidades prácticas del palo. Al mismo tiem­
po, negar la natural tendencia del Caballero a la aventura
tiende a deformar y limitar su actitud hacia la vida. El Caba­
llero es responsable, trabajador, estoico. En su mejor sen­
tido, está profundamente arraigado en el mundo exterior y
en la simplicidad, una cualidad sugerida por la forma en
que el caballo se planta firmemente en el suelo, mientras su
jinete permanece erguido.
Aunque también él sostiene un Pentáculo, no lo mira,
sino que en cambio observa fijamente por encima de él. El
simbolismo hace pensar que ha perdido de vista la fuente y

119
el significado de su fuerza en la vida. Al dedicarse a cuestio­
nes puramente prácticas, se ha aislado de las cosas más
profundas de la Tierra.

Invertida
A veces, el naipe en posición invertida significa un desper­
tar de esas otras formas de conciencia, pero más frecuente
es que muestre un fracaso — o una exageración— de las vir­
tudes más evidentes del Caballero. Su firmeza se intensifica
hasta convertirse en inercia, su tesonera responsabilidad
cede el paso a la ociosidad. Una personalidad apacible, si
va demasiado lejos, se debilita y se deprime, especialmente
si su placidez encubría un deseo reprimido de aventura o
de progreso.
El Caballero de Pentáculos, invertido, puede ocasional­
mente indicar una crisis. Si una persona ha dedicado su
vida a un trabajo o a otra actividad externa similar, y se ve
despojada de ese significado — por un despido o una jubila­
ción, por ejemplo— , es probable que el desaliento y la de­
presión la abrumen. Otro ejemplo sería una mujer que haya
dedicado su vida a sus hijos, y que se encuentre ahora con
que han crecido y se han alejado de ella.
Aunque es ciertamente raro que significados tan extre­
mos se den en lecturas reales, no por eso dejan de estar
implícitos en la paradoja básica de este naipe: profunda­
mente enraizado en la magia que lo sustenta, pero sin tener
conciencia de ella, el Caballero se identifica con sus funcio­
nes. Necesita descubrir la verdadera fuente de su fuerza,
dentro de sí mismo y en la vida.

120
Figura 4 6

El Paje

En contraste directo con el Caballero, el Paje no mira nada


más que su pentáculo, que sostiene delicadamente en el
aire. Así como el Caballero es el trabajador arquetípico, el
Paje representa al estudiante, perdido en sus estudios, fasci­
nado, que poca preocupación siente por ninguna otra cosa.
Y sin embargo, participa de la naturaleza práctica del palo,
en cuanto simboliza el trabajo efectivo del estudiante, el
estudio y la erudición, por contraposición con la inspira­
ción, simbolizada por el Paje de Copas.
El estudiante funciona aquí como un símbolo; no es que
el Paje tenga que referirse a alguien que efectivamente es­
tudia, sino simplemente a alguien que aborda cualquier ac­
tividad con esos atributos de fascinación, de compromiso
extremo, de importarle menos la posición social y otras gra­
tificaciones que el trabajo como tal.

Invertida
Una vez más el Paje aparece com o lo contrario del Caba­
llero. En realidad, los dos se reparten las dobles cualidades
de los Pentáculos: el espíritu práctico y la magia. Así como
el Caballero, sin su trabajo, se desalienta y cae en la inercia,

121
el Paje, sin su sentido del esfuerzo, se entrega a la extrava­
gancia y la disipación, lo que Waite llama la «prodigalidad».
En ocasiones, sin embargo, la carta puede significar simple­
mente que uno se relaja después de una tarea difícil, como
un estudiante después de los exámenes.

Figura 4 7

El Diez

Una de las cartas Menores más simbólicas y en la que se


superponen más significados, el Diez nos muestra la ima­
gen misma del Portal que se abre a las experiencias ocultas
en las cosas ordinarias. Com o el Diez de Copas, se ocupa
de la vida doméstica, pero mientras que en el naipe de
Copas hombres y mujeres celebran el don, aquí la familia
no advierte la magia que los rodea. Superficialmente, la
carta representa el hogar establecido, la vida buena, una
posición cómoda y segura en el mundo. Sin embargo, pare­
ce que las personas en cuestión dieran por sentada toda esa
comodidad; la seguridad se les hace aburrida o sofocante.
En contraste con el Diez de Copas (las dos cartas suelen
aparecer juntas en las lecturas), aquí no parece que hubiera
comunicación entre los miembros de la familia. El hombre y

122
la mujer están mirando en sentido contrario, aunque la
mujer dirige una mirada ansiosa al hombre, por encima del
hombro. El niño se cuelga nerviosamente de su madre, pero
aparta la vista. Y ninguno de ellos advierte al anciano que
está más allá de la arcada.
Aunque la carta expresa una escena mundana, está cu­
bierta de signos mágicos. Los diez pentáculos forman el
Arbol cabalístico de la Vida, que no aparece en ninguna
otra parte en el mazo. Obsérvese también la varita mágica
apoyada en la arcada, que no aparece tampoco en ninguna
otra carta Menor. También la arcada muestra, en relieve,
una balanza en equilibrio (justamente por encima de la ca­
beza del anciano). Ahora bien, la balanza representa la Jus­
ticia, y además, las fuerzas sutiles que impiden que el mun­
do cotidiano se desintegre en el caos. Al hablar de «fuerzas
sutiles» no me refiero sólo a las llamada leyes «ocultas»,
como la de polaridad, ni a la ley de las correspondencias
(como es arriba, así es abajo). La expresión se aplica ade­
más a las formas de operar generalmente más aceptadas de
la naturaleza, como la gravedad o el electromagnetismo. No
porque los aprendamos en la escuela debemos considerar
menos maravillosos esos fenómenos. El hecho es que no
damos importancia al universo simplemente porque fun­
ciona tan bien.
Más aún que las otras imágenes, el anciano evoca la
magia. Se asemeja a la imagen, presente en todas las cultu­
ras, del dios o del ángel que viene, disfrazado de mendigo o
de viajero, a visitar a una familia, y que tras haber puesto a
prueba sus virtudes de hospitalidad y generosidad, les deja
un regalo mágico. En el caso de Abraham y Sara, los ánge­
les les dieron un hijo, Isaac. En muchos relatos de este tipo,
sólo los perros reconocen al visitante (así como en otros
cuentos los perros son los únicos que huyen del Diablo
cuando éste se aparece disfrazado). Dado que no han se­
pultado sus instintos en el escéptico racionalismo humano,
los perros son capaces de sentir la llamada de lo maravi­
lloso.
Ahora bien, la mayoría de estos relatos insisten en la

123
moraleja: «Sé amable con todo el mundo, que nunca sabes
a quién puedes estar rechazando.» Pero podemos dar a la
historia una interpretación más sutil. Al actuar de cierta
manera, las personas crean en sí mismas la capacidad de
reconocer y de recibir las bendiciones del mundo que las
rodea.
Todas esas maravillas, todos esos signos ocultos, apun­
tan al tema básico de los Pentáculos: el mundo cotidiano
contiene una magia mayor de lo que ninguno de nosotros
habitualmente puede ver. La magia nos rodea por todas
partes, en la naturaleza, en el hecho mismo de que la vida
exista y de que este vasto universo no se nos desintegre.
Dentro de la arcada vemos un día común de sol; afuera
predominan los tonos más oscuros, incluso en el abrigo
multicolor del anciano, con sus signos astrológicos y de
magia ritual. La familia, de pie bajo la arcada, tiene una
cierta pose teatral. Con toda su firme realidad, el mundo de
todos los días, la vida cómoda que aceptamos sin cuestio­
narla, e incluso los problemas y las desdichas que con fre­
cuencia nos quitan el sueño, no son más que una comedia
en la que todos representamos los papeles que nos han
marcado nuestra educación y la sociedad (reconocer que
somos un producto de nuestro condicionamiento es el pri­
mer paso para liberarnos de él).
La verdadera realidad no deja de ser antigua, oscura y
misteriosa. Por más que miremos a través de la arcada, la
perspectiva de la carta nos coloca fuera de ella, donde está
el visitante. Al fundirnos con esta carta podemos encontrar­
nos a nosotros mismos más allá del Portal, contemplando
los pequeños dramas de nuestra propia vida cotidiana. Y si
nos adentramos más en ella podemos vivenciar ese uni­
verso fantástico y vibrante que existe en el centro mismo de
lo ordinario.
Cuando el héroe Ulises llegó a su hogar después de ha­
ber vagado por el mundo feroz y lleno de monstruos que se
extendía más allá de la Grecia civilizada, venía disfrazado
de mendigo. Sólo su perro lo reconoció. Aunque vistiera de
harapos, eran harapos gloriosos (muy a la manera de la

124
chaqueta remendada del visitante) porque se los había
dado la diosa Atenea. Ulises volvía del mundo fantástico al
doméstico; destruyó el mal que encontró en su casa y resta­
bleció el orden moral. Sin embargo, antes tuvo que pasar
por la vivencia de lo que había más allá, donde también el
Diez de Pentáculos nos lleva.

Invertida
Si el sentimiento de estar aburrido de la vida va en aumen­
to, puede llevarnos a correr riesgos, especialmente financie­
ros o emocionales. En ocasiones, según cuáles sean los con­
textos o los resultados previstos, los riesgos se justifican; por
ejemplo, el Loco junto al Diez de Pentáculos invitaría al
juego. Otras veces, los riesgos no provienen tanto de la ne­
cesidad como de la impaciencia con lo que ya tenemos.
Esta situación se agudiza cuando el Diez de Pentáculos
aparece con el Diez de Copas.
El paralelismo con Ulises se acentúa más cuando la car­
ta sale invertida. La mayoría de los problemas de aquel
héroe se derivaron de una vena de temeridad que lo lle­
vaba a cometer actos de osadía precisamente en los peores
momentos. La necesidad de jugárselo todo estaba en con­
tradicción con sus cualidades básicas de cautela, habilidad y
previsión. Y sin embargo, la insensatez mantenía el equili­
brio. Sin ella, Ulises no habría visto el mundo más allá del
hogar y de la familia a los cuales finalmente regresó.

125
(a) Figura 4 8 (b)

El Nueve

En cuanto cartas materiales, los Pentáculos se refieren al


éxito y a lo que éste significa en la vida de una persona. A
diferencia de la figura que aparece en el naipe Diez, aquí la
mujer tiene clara conciencia de las cosas buenas que hay en
su vida. Su mano se apoya en los Pentáculos, con el pulgar
enganchado en un tallo de la vid. Uno de los significados
básicos de la carta es la conciencia; especialmente, concien­
cia de sí y de la capacidad de distinguir lo que tiene impor­
tancia en la vida, los objetivos que realmente nos exigen
nuestro mejor esfuerzo. La carta significa éxito, pero no
simplemente beneficios materiales; significa igualmente el
sentimiento de seguridad, la certidumbre que da el saber
que uno ha hecho las opciones correctas y ha llevado a
cabo las acciones necesarias para alcanzarlas. Los pentácu­
los que crecen en los arbustos simbolizan una vida produc­
tiva y activa.
Aquí el «éxito» no significa tanto logros mundanos como
triunfar en la «creación» de nosotros mismos a partir de los
materiales que nos proporcionan las circunstancias y las
condiciones de nuestra vida. Y la «certidumbre», en su sen­
tido más fuerte, quiere decir algo más que mirar hacia atrás

126
y ver que hemos hecho lo que debíamos. Significa también
la capacidad de saber allí donde los otros sólo pueden con­
jeturar. El Nueve de Pentáculos representa el emblema de
esta cualidad, el verdadero sello de la persona evolucio­
nada (un tema que se profundizará al final de la sección
sobre lecturas); por consiguiente, el estudio y la meditación
sobre esta carta nos ayudarán a conseguir esa certidumbre.
Hemos visto que los Nueves muestran compromisos y
opciones, un tema que aparece también en los Pentáculos.
La mujer está sola en su jardín. Para lograr lo que tiene, ha
tenido que renunciar a la compañía habitual. En las lectu­
ras, este simbolismo no significa que la carta aconseje inevi­
tablemente renunciar a una relación, pero sí que exhorta a
confiar en sí mismo y a refugiarse en una cierta soledad
para perseguir los objetivos.
La imagen de la figura 48b, ligeramente diferente de la
versión oficial del mazo Rider (figura 48a), proviene de una
edición norteamericana de hace varios años. En este Nueve
de Pentáculos una sombra oscurece el rostro de la mujer y
las uvas que hay al lado derecho de la carta. Es evidente
que la figura se aparta del sol. El simbolismo sugiere un
sacrificio. Para hacer de su vida lo que ella quiere, esta mu­
jer ha tenido que renunciar no solamente a la compañía,
sino también a cosas tales como la espontaneidad, las dis­
tracciones y la temeridad. Si el sacrificio nos parece dema­
siado grande, quizás eso signifique que no valoramos lo
suficiente las gratificaciones que proporciona el cultivo de sí
mismo.
La imagen del ave lleva más lejos estas ideas. Cazador
por todo lo alto, el halcón simboliza el intelecto, la imagina­
ción, el espíritu. La caperuza, sin embargo, lo somete a su
señora, es decir, a la voluntad consciente. Por consiguiente,
aunque a primera vista el naipe signifique éxito, con un
conocimiento más íntimo este significado primario pasa a
ser el de disciplina. Y la entrada por el Portal de esta carta
nos ayudará a alcanzar el júbilo de la verdadera disciplina,
la que no mutila, sino que eleva.

127
Invertida
Las cualidades de la carta quedan negadas o trastocadas:
de ello se derivan falta de disciplina y fracaso; proyectos
que se emprenden y después se abandonan; una incapaci­
dad de canalizar la energía y orientarla hacia fines útiles. En
esta posición, la carta puede significar que no sabemos lo
que queremos o lo que es realmente importante para noso­
tros. La falta de conocimiento de sí mismo genera irrespon­
sabilidad y perfidia, tanto hacia los otros como hacia noso­
tros mismos.

Figura 49

El Ocho

Para los Pentáculos, el camino hacia el Espíritu no pasa


tanto por el éxito, ni siquiera por la percepción del valor de
las cosas ordinarias, com o por el trabajo que nos permite
llegar a apreciarlas. El Nueve nos muestra la disciplina; el
Ocho nos muestra el entrenamiento que nos aporta a la vez
disciplina y habilidad.
El trabajo, ya sea físico, artístico o espiritual (el sufí Idries
Shah habla del «trabajo» como de la más básica de las doc­
trinas del sufismo), no puede alcanzar éxito si la persona no

128
piensa más que en el resultado final. Muchos artistas y escri­
tores han dado testimonio de este hecho, advirtiendo a los
esperanzados que si sólo quieren enriquecerse o llegar a
ser famosos, jamás lo conseguirán. Tiene que importarnos
el trabajo mismo.
Por eso vemos al aprendiz perdido en su tarea. Y sin
embargo, el trabajo necesita también tener alguna relación
con el mundo exterior. Por más que sigamos nuestras pro­
pias normas y nuestros instintos, o que busquemos nues­
tro propio desarrollo, el trabajo que hagamos carecerá de
significado si no sirve a la comunidad. Por consiguiente,
detrás de su tienda — aunque a la distancia— se alza una
ciudad, con un camino amarillo (el amarillo representa la
acción mental) que permite ir de la ciudad al taller y vice­
versa.

Invertida
Cuando sale invertida, la carta sugiere principalmente im­
paciencia y las situaciones que de ella resultan: frustración,
ambiciones no cumplidas, envidia o celos. Estas cosas pue­
den provenir de la actitud que lleva a fijarse solamente en el
éxito y no en el trabajo que lo consigue. También pueden
originarse en un trabajo insatisfactorio, es decir, una activi­
dad o carrera que no requiere habilidad ni compromiso per­
sonal alguno, ni da motivos de orgullo.

129
3¡nr

Figura 5 0

El Siete

De la imagen del trabajo pasamos a la de su recompensa.


Como el Nueve, el Siete muestra los pentáculos com o un
resultado viviente del esfuerzo de la persona. Un trabajo
significativo aporta algo más que beneficios materiales; la
persona también crece. El Siete enseña ese momento en
que se puede mirar con satisfacción lo que se ha logrado,
que puede ser tan vasto como una carrera, o tan simple
como un proyecto inmediato. La carta da a entender que,
sea lo que fuere lo que se haya construido (incluso relacio­
nes entre personas), ha llegado a un punto en que puede
crecer por sí mismo, y que la persona puede tomar distancia
frente a su obra sin que ésta se desplome.

Invertida
Para muchos, un trabajo significativo es algo inaccesible. En
general, el Siete invertido apunta a una insatisfacción que
lo impregna todo, a esa sensación de estar atrapado que
nos producen los trabajos o los compromisos insatisfacto­
rios. Además, el Siete invertido puede significar cualquier
insatisfacción o ansiedad específica, en particular prove­
niente de algún proyecto que no marcha bien.

130
Figura 51

El Seis

Las dos cartas siguientes, relacionadas por su simbolismo,


destacan entre las más complejas de los Arcanos Menores,
e incluso de todo el mazo. Demuestran al mismo tiempo la
diferencia entre niveles de interpretación y esa dimensión
extra que yo llamo el Portal, porque mientras que el Cinco
permite múltiples significados, el Seis nos muestra el propio
mecanismo del Portal.
Superficialmente, el Seis de Pentáculos ilustra la idea de
repartición, de generosidad, de caridad. Obsérvese sin em ­
bargo que los personajes forman una jerarquía en que uno
está por encima de los otros dos. La carta, por consiguiente,
significa una relación en la cual una persona domina a las
otras. Es cierto que ésta da, pero siempre desde una posi­
ción de superioridad. La balanza está equilibrada: esas rela­
ciones suelen ser muy estables, precisamente porque las
personas están bien emparejadas. Así como una de ellas
desea dominar, la(s) otra(s) desea(n) que la(s) dominen. La
posición inferior no implica realmente debilidad; es fre­
cuente que la persona dominada instigue a la relación, y de
hecho insista sutilmente en mantenerla, cuando la que de­
sempeña el papel dominante quizá quiera cambiar.

131
A veces la jerarquía no indica una persona, sino más
bien una situación — de índole emocional, económica o lo
que sea— que domina a una persona o a un grupo. Es pro­
bable que les dé muy poco, pero lo suficiente para impedir­
les que busquen otra cosa. Esto puede suceder con un tra­
bajo que da beneficios materiales, pero escasa satisfacción
o poca probabilidad de progresar; o con una relación en
que las personas son desdichadas, pero se sienten cóm o­
das; o con una situación política en que la gente reconoce
que está oprimida, pero no quiere poner en peligro la poca
seguridad que tiene.
La carta tiene una relación (deformada) con todas aque­
llas de los Arcanos Mayores (el Hierofante, los Enamorados,
el Diablo y otras) en que alguna fuerza reúne o reconcilia
los opuestos de la vida. Aquí nada se reconcilia verdadera­
mente, pero la situación se mantiene equilibrada y en mar­
cha.
Hasta ahora, los significados subrayan a los dos mendi­
gos, pero, ¿qué hay del donante? Aunque muestra genero­
sidad, el equilibrio de la balanza indica que no da espontá­
neamente, sino que calcula qué es lo que cree poder permi­
tirse. Dicho de otra manera: da lo que no echará de menos.
Emocionalmente, esto simboliza a una persona que se rela­
ciona con verdadera facilidad con las otras, y sin embargo,
siempre contiene sus sentimientos más profundos.
Como ya dijimos, la relación se genera por ambas par­
tes. Muchas personas no aceptan de los demás más que
«dones» limitados. Es probable que una demostración de
afecto muy intensa, por ejemplo, las avergüence o las asus­
te. Lo mismo puede ser válido para quienes se ofenden por
la «caridad» e incluyen en esa categoría cualquier ofreci­
miento de ayuda. Por lo tanto, el Seis de Pentáculos puede
indicar que se da a la gente lo que ésta es capaz de re­
cibir.
He subrayado estas palabras porque implican algo que
va más allá de su significado literal. Inconscientemente, la
mayoría de las personas calculan lo que dan de acuerdo
con lo que los demás esperan de ellas; así evitan sentirse

132
incómodas o hacer que los demás se sientan incómodos.
Por otra parte, para poder conscientemente dar a la gente
lo que necesita y puede usar (y no lo que tal vez cree que­
rer), uno debe haber alcanzado un alto grado de conoci­
miento de sí mismo y de la psicología humana en general.
Son realmente pocas las personas que alcanzan este nivel
al dar; muchos creen percibir lo que el otro necesita cuando
en realidad están proyectando sobre esa persona sus pro­
pias exigencias y sus miedos. En cuanto fuente de informa­
ción más objetiva, el Tarot puede ayudarnos a entender
nuestras propias necesidades o las de los demás. Debido a
estos significados, el Seis de Pentáculos se relaciona con el
Nueve en el contexto de aquella carta como emblema de
la certidumbre.
La idea de dar a la gente lo que es capaz de recibir tiene
también un significado religioso. Tanto los místicos como
los esoteristas suelen decir que la verdad oculta en el seno
de una religión determinada puede ser casi lo opuesto de lo
que esa religión parece decir en la superficie. Por ejemplo,
mientras que quizá la doctrina nos enseñe a controlar nues­
tros deseos con pensamientos piadosos, tal vez el ocultista
intente hacer aflorar sus necesidades más ocultas para tra­
bajar con ellas. Esta escisión existe porque la mayoría de las
personas no sólo son incapaces de toda forma de trato con
las enseñanzas religioso-psicológicas en su forma no suavi­
zada, sino que no están dispuestas a intentarlo siquiera. E
incluso muchas de las que lo intentan, encuentran que la
verdad les es imposible de asimilar. Recuérdese al rabino
Ben Abuysh, que perdió la fe cuando le pareció ver dos
Dioses.
Idries Shah nos cuenta la fábula de dos hombres que lle­
gan a una tribu sumamente temerosa de las sandías, a las
que consideraban demonios. El primer viajero intenta de­
cirles la verdad, y lo lapidan por hereje. El segundo acepta
su ortodoxia, se gana la confianza de la gente y lentamente
va educándola. Com o este relato, el Seis de Pentáculos in­
dica la forma en que la religión, lo mismo que las enseñan­
zas esotéricas, nos da lo que somos capaces de recibir.

133
Waite, al describir esta carta, dice «una persona con aspecto
de mercader»; no un mercader, sino una persona «con as­
pecto» de serlo. Y Nietzsche, en Así hablaba Zaratustra,
hace que un ermitaño diga a Zaratustra: «Si quieres acer­
carte a ellos, no les des más que una limosna, y deja que te
la pidan.» Si les das más, nadie te escuchará.
Sin embargo, ¿quién es esta persona con «aspecto» de
mercader? ¿Es simplemente un maestro o representa una
doctrina religiosa o psicológica? La balanza sugiere algo
más: la Justicia, que representa la verdad, no sólo en cuanto
«información correcta», sino como fuerza viviente que man­
tiene unido al universo y lo equilibra. En el Diez de Pentá­
culos vimos esta fuerza representada por el anciano en la
arcada; aquí se nos aparece como el mercader. La vida nos
da lo que necesitamos, lo que podemos usar. Especial­
mente cuando nos colocamos en posición de recibir.
La gente que trabaja con meditación o con el Tarot, o
con disciplinas similares (lo mismo que quienes hacen un
trabajo artístico), observan con frecuencia un fenóm eno cu­
rioso. Parece como si la vida conspirase para darles lo nece­
sario para ayudarles en su camino. No es que les dé un
empujón, pero sí apenas un empujoncito en el momento
preciso. He aquí un ejemplo. En la época en que estaba tra­
bajando con estos significados del Seis de Pentáculos, me
hice a mí misma una lectura de Tarot, en la que el Seis salió
cruzando al Caballero de Copas. Lo entendí en el sentido
de que sería beneficioso para mí mantener una disposición
anímica meditativa. Ahora bien, esto sucedió algunos meses
después de la muerte de mi madre, y mientras visitaba a mi
padre empecé a usar una mezuzah (una especie de amu­
leto judío) de mi madre. La mezuzah llevaba una inscrip­
ción con el nombre Shaddai, en el que reconocí uno de los
nombres de Dios, aunque no sabía qué significaba. Dos o
tres días después de la lectura asistí con mi padre en una
sinagoga a los oficios del Sábado (algo que yo no habría
hecho por mi cuenta). Por el camino vi el nombre Shaddai
en una joya expuesta en un escaparate y mencioné mi cu­
riosidad respecto de su significado.

134
Cuando miré el pasaje de la Biblia correspondiente a la
lectura de ese día, descubrí una nota que explicaba el signi­
ficado de Shaddai. Traducida como «Todopoderoso», la pa­
labra proviene de una raíz hebrea que significa «subyugar»,
pero se relaciona también con una palabra árabe que quiere
decir «benevolencia, donación de regalos». El libro no sólo
respondió a mi pregunta inmediata, sino que me dio una
mayor comprensión del Seis de Pentáculos. El «mercader»
simboliza la fuerza de la vida, que no sólo nos da lo que
necesitamos y podemos recibir, sino que también puede
subyugarnos (aunque ordinariamente no lo haga si no lo
deseamos) con el milagro espiritual. Y toda esa compren­
sión intuitiva (que, por haberla experimentado, significaba
más para mí de lo que habría significado intelectualmente,
como idea), la había alcanzado yo poniéndome literalmente
en posición de recibir, es decir, yendo con mi padre a la
sinagoga.
El Seis de Pentáculos nos enseña que el valor de estu­
diar el Tarot u otras disciplinas no reside simplemente en el
conocimiento específico que de ello se obtiene, sino tam­
bién en la disposición de ánimo que se crea por el acto de
hacerlo. El trabajo mismo nos cambia. Mediante el meca­
nismo de las cartas Portales podemos cultivar consciente y
deliberadamente esos cambios. Al contemplar las figuras y
unirnos a ellas nos permitimos recibir sus dones.

Invertida
Los significados posibles se relacionan con los de la carta
en posición normal. Indican falta de generosidad y egoísmo
cuando lo que se espera es compartir. En ocasiones, esto se
refiere a una situación en que la persona está en una posi­
ción de superioridad. Entonces, el (o la) donante es capaz
de dar con mayor libertad, sin calcular lo que puede o no
permitirse, sino compartiendo realmente. Otras veces, la
carta señala el resentimiento de las personas que reciben la
caridad, o su contrapartida, la piedad.
Con frecuencia, el Seis invertido indica que alguna si­
tuación estable, pero básicamente desigual o insatisfactoria,

135
se ha roto. Que esto dé o no origen a otra más libre o más
equilibrada dependerá de diversos factores, entre los cuales
no es el menos importante el deseo y el valor de los partici­
pantes para seguir adelante con un proceso que ha sido ini­
ciado por ellos mismos o por algún agente exterior.
Finalmente, como es natural, la carta en esta posición
significa no estar en posición de recibir, ya sea porque nos
aislamos espiritualmente o porque dejamos pasar alguna
oportunidad práctica, quizás a causa de nuestra arrogancia
o nuestra desconfianza de los motivos ajenos.

(a) Figura 5 2 (b)

El Cinco

Los diversos significados de esta carta ilustran una vez más


el problema de la certidumbre que analizaremos en la sec­
ción destinada a las lecturas. ¿Cómo podemos saber con
seguridad qué significado es válido para una situación real?
Al mismo tiempo, los significados muestran cómo una situa­
ción puede encaminarse por direcciones muy diferentes.
Los Cincos ilustran algún género de conflicto y pérdida;
cuando se trata de Pentáculos, esto significa sobre todo
problemas materiales, como pobreza o enfermedad. Obsér­

136
vese que los personajes, aunque encorvados y tullidos, so­
breviven. Esta carta puede indicar amor, especialmente el
de dos personas que se mantienen unidas en una mala si­
tuación. Puede darse el caso de que las penurias se hayan
convertido en uno de los principales factores que las man­
tienen juntas, de modo que el alivio de sus problemas mate­
riales puede poner a prueba su unidad; también es proba­
ble que las personas crean que eso puede suceder, y que
por eso teman al cambio.
Obsérvese que las figuras pasan delante de una iglesia.
Pues bien, como lugar de asilo, la iglesia representa des­
canso y alivio ante la tormenta. Las dos personas, sin em ­
bargo, no la ven. Los seres humanos pueden acostumbrarse
a cualquier cosa, y cuando esto sucede, es frecuente que no
vean las oportunidades de cambiar, y que se resistan incluso
a poner término a sus problemas. Si comparamos estas per­
sonas con los mendigos arrodillados del naipe Seis, vemos
que el Cinco representa el orgullo y la independencia, lleva­
dos en ocasiones al punto de la estupidez ante un auténtico
ofrecimiento de ayuda.
Al examinar más atentamente la carta podemos descu­
brir otros significados alternativos, y hasta opuestos. La ima­
gen no muestra ninguna puerta de la iglesia. Com o sucede
hoy con muchas iglesias que cierran sus puertas cuando no
hay oficios religiosos, parece que ésta hubiera dejado fuera
a la gente. El asilo no ha servido de nada. Vemos aquí ante
todo un comentario sobre la religión moderna, a la que mu­
chos acusan de haber fracasado en la tarea de consolar y
curar las almas perturbadas de los fieles. En un nivel más
simple, en muchos países las iglesias se han enriquecido a
expensas del pueblo. Aquí también cabe comparar el Cinco
con el Seis. Allí, el mercader puede simbolizar la iglesia se­
cular moderna, que da la asistencia material que puede (o
que quiere), en tanto que de las necesidades espirituales de
la gente nadie se ocupa.
Podemos decir que el párrafo anterior nos ofrece una
interpretación «sociológica» de la iglesia sin puerta. Si, en
cambio, ponemos el acento en las personas, tendremos una

137
visión psicológica. A veces podemos encontrarnos en una
situación en que las fuerzas externas — las instituciones so­
ciales, la familia, los amigos, etc.— no pueden ayudarnos, y
debemos enfrentarnos solos con el problema.
Podemos extender esta idea a una interpretación «m á­
gica» u ocultista. En el libro sobre los Arcanos Mayores ana­
licé cómo el mago — o maga— , al embarcarse en un curso
de evolución personal, se enfrenta con la Iglesia estable­
cida, que tradicionalmente actúa de intermediaria entre los
seres humanos y Dios. La opción puede traer consecuen­
cias tanto prácticas como políticas. Si el mago tropieza con
fuerzas psíquicas peligrosas, entonces la religión tradicional
no puede (por no hablar de que no quiera) ayudarle a ven­
cerlas. Compárese el Cinco de Pentáculos con el Hiero-
fante, el número 5 de los Arcanos Mayores. Allí (figura 52b),
dos suplicantes se someten a una doctrina que los orienta
en todas las situaciones. Aquí (figura 52a), las personas han
rechazado esas doctrinas, o simplemente han descubierto
que no venían al caso.

Invertida
El significado que da Waite es «caos, desorden, ruina, con­
fusión». Esto sugiere que las cosas tal como se las veía en la
posición normal se han desbaratado. Las personas ya no
sobreviven. Por más que la situación inmediata pueda pare­
cer mucho peor, a veces conduce a una mejora. Cuando la
gente se acostumbra al sufrimiento, es probable que un co­
lapso la libere. El que ahora puedan o no construir algo más
positivo depende parcialmente de ellas mismas, y parcial­
mente de la influencia y de las oportunidades que las ro­
deen.

138
Figura 5 3

El Cuatro

Lo primero que vemos es la imagen de un avaro, y por


extensión, el hecho de depender, para sentirse seguro, de la
comodidad y la estabilidad materiales simbolizadas por el
número Cuatro. A manera de respuesta a los problemas y
dificultades que nos mostraba el naipe anterior, el hombre
se ha provisto de una capa protectora contra cualquier pro­
blema económico (o de otra índole) que pudiera surgir en el
futuro. Sin embargo, así como en el Cinco veíamos dos per­
sonas, aquí hay una sola, cuya necesidad de seguridad per­
sonal excluye a los demás.
En cuanto signos mágicos, los Pentáculos simbolizan la
energía psíquico-emocional básica. Aquí, el hombre usa sus
pentáculos para aislarse del mundo exterior. Con ellos se
ha cubierto los puntos más vitales: la coronilla (que aquí es
literalmente una corona), la garganta y el corazón, y las
plantas de los pies. La gente que hace meditación con los
chakras reconocerá que los dos primeros son puntos vitales
de conexión con el Espíritu y con las demás personas. Cu­
brirnos los pies simboliza un bloqueo que nos separa del
mundo circundante. Sin embargo, el hombre no puede pro­
tegerse la espalda. Siempre seguimos siendo vulnerables a

139
la vida, por más centrados en nosotros mismos que procu­
remos estar.
En ciertas situaciones, el Cuatro, considerado general­
mente como una «carta problema», puede ser muy apro­
piado. Cuando la vida se ha desintegrado en el caos, el
Cuatro indica la creación de una estructura, ya sea por m e­
diación de las cosas materiales u orientando hacia adentro
la energía mental y emocional. La carta sigue siendo una
imagen del egoísmo, pero a veces el egoísmo puede ser
precisamente lo que se necesita. Generalmente, la gente
que medita con el aura, al término de cada meditación
cumple con el ritual de «sellar» el aura en los puntos de los
chakras. Esta práctica impide a la vez las filtraciones de su
propia energía, y que el sí mismo se vea anegado por in­
fluencias externas.
Finalmente, en un nivel muy profundo, el Cuatro de
Pentáculos simboliza la forma en que la mente humana es­
tructura y confiere significado al caos del universo material.
Esta idea no contradice el concepto de fuerzas que equili­
bran la naturaleza, tal como las describen el Diez y el Seis.
Más bien lo complementa, al mostrar que la gente no sólo
percibe aquellas fuerzas, sino que de hecho las ayuda a fun­
cionar. El que los seres humanos existamos en el universo
como creadores y no como meros observadores pasivos
constituye uno de los puntos de encuentro entre las ense­
ñanzas místico-esotéricas y la física contemporánea.

Invertida
Aquí la energía se libera. El acto puede significar generosi­
dad y libertad — si la posición normal indica avaricia o en­
cierro dentro de nosotros mismos— , pero también puede
representar la incapacidad de establecer un lazo que man­
tenga unida nuestra vida y la estructure. Una vez más, re­
cordemos que en cada situación concreta el significado de­
pende de otras influencias.

140
Figura 54

El Tres

Volvemos aquí al tema del trabajo, visto tanto en su sentido


literal como en cuanto símbolo de evolución espiritual. El
hombre situado a la izquierda es un escultor, un maestro de
su arte. La carta aparece a veces en relación con el Ocho de
Pentáculos, lo que significa que el esfuerzo y la dedicación
laboral han dado como resultado — o lo darán— el dominio
y la maestría.
A la derecha están de pie un monje y un arquitecto, que
sostienen los planos de la iglesia. Juntas, las tres figuras sig­
nifican que el mejor trabajo combina la habilidad técnica
(Aire) y la comprensión espiritual (Agua) con la energía y el
deseo (Fuego). Obsérvese cómo los pentáculos forman un
triángulo de Fuego, con la punta hacia arriba, que nos
muestra cómo el trabajo puede elevarnos a niveles superio­
res, en tanto que debajo de ellos hay una flor situada dentro
de un triángulo de Agua, que apunta hacia abajo y simbo­
liza la necesidad de que ese trabajo arraigue en la realidad
del mundo y en las necesidades de la comunidad. En cuan­
to reflejo de esta dualidad, la carta — como el Nueve— hace
referencia al trabajo concreto, y sin embargo puede ser
también un símbolo del ser interior evolucionado. Estos dos

141
significados no se excluyen recíprocamente. Como obser­
vamos antes, el trabajo manual, hecho a conciencia y con
ánimo comprometido, puede ser el vehículo de la evolución
del sí mismo.
Parte del significado de esta carta reside en el hecho de
que un simbolismo tal de la evolución psíquica haya de
darse en el ámbito mundano de los Pentáculos, y no en las
imágenes, con frecuencia más exóticas, de los otros palos.

Invertida
Mediocridad: el trabajo, físico o espiritual, va mal, con fre­
cuencia debido a ociosidad o debilidad. En ocasiones, el
significado se extiende a una situación general en la que
poco sucede: las cosas continúan, ya sea empeorando o
mejorando, siempre al mismo paso lento.

Figura 55

El Dos

Com o el Dos de Espadas, el Dos de Pentáculos se mantiene


en un equilibrio precario, aunque en general éste es más
feliz. En realidad, lo que vemos en la imagen del juglar es la
idea misma del equilibrio. Hay veces en que la carta signi­

142
fica hacer malabarismos con la vida misma, manteniéndolo
todo en el aire al mismo tiempo. Pero más simplemente,
expresa la idea de disfrutar de la vida, pasándolo bien, de
manera similar a como la muestra el Nueve de Copas, aun­
que más ligera: aquí vemos una danza antes que una fiesta.
Com o tantos Pentáculos, la carta implica que hay una
magia oculta en sus placeres ordinarios. El juglar sostiene
sus emblemas mágicos dentro de un lazo o cinta que forma
el signo de infinito, el mismo que aparece por encima de la
cabeza del Mago, y de la mujer en la Fuerza. Hay gente que
cree que el desarrollo espiritual se produce sólo en momen­
tos de seriedad. Pero el placer y la diversión también pue­
den enseñarnos mucho, siempre y cuando les prestemos
atención.

Invertida
Aquí el juego se vuelve forzado: Waite dice «disfrute simu­
lado». Enfrentados con algún problema que no queremos
enfrentar, o con la presión social que nos exige no armar
por ello un alboroto, es posible que finjamos, tanto ante
nosotros mismos como ante los demás, que nos tomamos
todo a la ligera. Pero lo más probable es que fracasemos en
este acto de malabarismo.

143
Figura 56

El As

El don de la Tierra: naturaleza, riqueza, seguridad, vida g o ­


zosa. Sólo en este As no hay ninguna letra Y od cayendo del
cielo. La Tierra, en su totalidad y en su sólida realidad, pro­
duce su propia magia.
Hemos visto con las otras cartas (principalmente con el
Diez) cómo la magia se mantiene muchas veces oculta a
nuestros ojos simplemente porque vemos sus resultados
como algo muy habitual. Aquí, la mano ofrece sus dones en
un jardín, un lugar al abrigo del mundo silvestre que se ve
más allá de él. Mediante la obra de la civilización, la huma­
nidad da forma a la materia prima de la naturaleza, convir­
tiéndola en un medio seguro y cómodo.
El trabajo espiritual nos encamina al reconocimiento de
la magia en las cosas normales, tanto en la naturaleza como
en la civilización, y después nos anima a trascenderlas,
aproximándonos a ese conocimiento más vasto que simbo­
lizan las montañas. La salida del jardín forma un arco muy
similar al laurel de la victoria que rodea al danzarín del
Mundo. Al término de los Arcanos Menores, el As de Pentá­
culos nos muestra una vez más cómo, cuando estamos lis-
t- el Portal se abre siempre hacia la verdad.
Invertida
Com o los dones materiales existen de una manera en que
no existen los dones de los otros Ases, en este caso son más
susceptibles de abuso. El As de Pentáculos invertido puede
significar todas las formas en que la riqueza corrompe a la
gente: el egoísmo, la competencia desenfrenada, la descon­
fianza, la dependencia excesiva de la seguridad y el con­
fort.
Tom ado de otra manera, el jardín puede representar a
veces una protección, proveniente de los acontecimientos o
de otras personas, frente a los problemas de la vida. Si la
carta está invertida, indica que esta protección se ha termi­
nado, y que la persona debe hacer frente a sus problemas; o
que la persona desea seguir aferrándose a ese refugio una
vez llegado el momento de abandonarlo. Com o el Ermitaño
invertido, puede simbolizar una negativa a crecer, y especí­
ficamente, a independizarnos de nuestros padres.
En otras ocasiones, sin embargo, el As invertido puede
significar el reconocimiento (como el Ocho de Copas en
posición normal) de que ha llegado el momento de dejar
atrás lo familiar y de atravesar el Portal que nos conduce a
las montañas de la sabiduría.
LAS LECTURAS
.
5

Introducción a la adivinación
por el Tarot

El uso de los naipes de Tarot para hacer lecturas — o «adivi­


nación», para dar a la práctica su verdadero nombre— ha
sido motivo de controversia por lo menos desde el siglo
xvm, época en que los ocultistas iniciaron, desde su punto
de vista, el estudio «serio» de las cartas. Paradójicamente, al
mismo tiempo que muchos ocultistas miran con desdén la
adivinación, la mayoría de las personas no saben que pueda
haber otro propósito en el estudio del Tarot.
Muy al comienzo de su historia, las cartas de Tarot fue­
ron a parar a manos de los zíngaros o gitanos, probable­
mente cuando éstos entraron en España, provenientes del
norte de Africa (aparentemente, las cartas habían llegado a
España desde Italia o Francia). Los zíngaros no nos han
aportado información alguna sobre ningún uso particular o
secreto que hayan podido hacer de las cartas. Pública­
mente, por cierto, las usaban para hacer dinero diciendo la
buenaventura: a los ricos en cámaras privadas donde nadie
pudiera enterarse de sus secretos, a los pobres en tiendas y
caravanas, durante ferias y festivales.
En la actualidad muchas personas siguen creyendo que
los zíngaros inventaron el Tarot, pese a que hay claras prue­
bas en contra de esta teoría. La asociación entre gitanos y

149
naipes sigue siendo tan fuerte que en algunos países las
mujeres que se dedican a leer profesionalmente acostum­
bran a llevar pañuelos multicolores, faldas con volantes y
pendientes de oro (y los hombres, pantalones bombachos,
chalecos de brocado y un solo pendiente), y adoptan nom­
bres como «Madame Sosostris» para satisfacer al público.
Es probable que la larga asociación de las lecturas del
Tarot con puestas en escena baratas explique, por lo menos
en parte, el desprecio o la falta de interés que muchos estu­
diosos del Tarot han mostrado hacia la adivinación. En
cuanto ven en el Tarot un diagrama y un instrumento de la
evolución consciente, los ocultistas y quienes se interesan
por el esoterismo rechazan automáticamente el uso de las
cartas como anuncio de «extranjeros altos y morenos» o de
herencias misteriosas. Y sin embargo, al ver únicamente los
abusos, y no las posibilidades más profundas que ofrecen
las lecturas, son esos mismos ocultistas quienes limitan el
verdadero valor del Tarot.
He aquí el comentario de Arthur Edward Waite sobre la
adivinación, en su libro The Pictorial Key to the Tarot [La
clave gráfica del Tarot]: «La asignación de un aspecto adivi­
natorio a estas cartas es la historia de una prolongada im­
pertinencia.» Esto nos conduce a una interesante paradoja.
Porque desdeñaban el aspecto adivinatorio, Waite y otros
que pensaban como él extendieron el abuso de las lecturas.
La forma despectiva en que escribieron sobre el tema ha
fijado en la mente de muchas personas la imagen de inten­
tos triviales de predecir el futuro. En cuanto a la mera cues­
tión de por qué escribieron sobre el tema, sólo podemos
conjeturar que ellos o sus editores supusieron que el pú­
blico esperaba este enfoque. Después de todo, incluso hoy
a la mayoría de las personas que toman un libro sobre el
Tarot les interesan más los mensajes misteriosos que nada
que tenga que ver con el logro de una transformación psí­
quica. Por cierto que los libros sobre Tarot que mejor se
venden dan las fórmulas más simples para los significados
de las cartas; y al mismo tiempo, prometen la totalidad del
conocimiento.

150
Más importante que dilucidar por qué se molestaron en
escribir sobre el tema es el simple hecho de que pocos es­
pecialistas en esoterismo hayan intentado disipar la imagen
trivial de la adivinación. Esta indiferencia se ha extendido
incluso a la totalidad de los Arcanos Menores. Com o las
cartas Menores van asociadas con las lecturas, muchos libros
serios sobre el Tarot las tratan muy a la ligera, si es que las
tratan (el comentario de Waite se aplicaba solamente a los
Arcanos Mayores). El libro de Paul Foster Case sobre el
Tarot sólo da las fórmulas más escuetas en una especie de
apéndice al final. Otros libros no tratan más que las cartas
Mayores. La obra de Crowley The Book o f Toth [El libro de
Tot] es prácticamente el único de los estudios esotéricos
modernos que profundiza en el significado de los Arcanos
Menores, relacionándolos con un complicado sistema as­
trológico.
En cuanto a los métodos para hacer las lecturas, los es­
tudios esotéricos más importantes no nos han dado más
que una pobrísima información, consistente en unas pocas
«tiradas» o diseños para disponer las cartas, con unas fór­
mulas a modo de explicación de las diferentes posiciones.
En esto también, la excepción es Crowley, quien presenta
un sistema complicado de lecturas, mediadas por un «reloj»
astrológico.
El impacto de la psicología profunda y de la astrología
humanista ha llevado a muchos autores contemporáneos a
buscar un uso más serio de la adivinación. Desdichada­
mente, al tratar las lecturas de manera tan displicente, los
primeros autores crearon una tradición formada por fórmu­
las de las cuales a los modernos les ha resultado difícil des­
prenderse. Así, nos seguimos encontrando el mismo tipo de
explicaciones para los Arcanos Menores, en el estilo de
«T od o no se ha perdido todavía; aún puede haber buena
suerte» (Douglas); y con las mismas descripciones breves de
las tiradas, con explicaciones del tipo de «el mejor resultado
posible» para las posiciones. En la línea iniciada por Crow­
ley y otros, varios libros contemporáneos han intentado
ampliar el significado de los naipes vinculándolos no sola­

151
mente con la astrología y la Cabala, sino con el I Ching, la
psicología junguiana, el tantrismo e incluso con las mitolo­
gías de América Central. Establecer estas vinculaciones
ayuda al entendimiento, especialmente a las personas con
un conocimiento previo del otro sistema (sería interesante
ver un libro, digamos, sobre psicología de la gestalt que ex­
plique su tema en función de la correspondencia con el
Tarot, y no a la inversa). Aun así, en cualquier estudio cui­
dadoso del Tarot se ha de seguir poniendo el énfasis en las
cartas mismas, y en el uso que les cabe en la meditación y
en las lecturas. En esta sección del libro esperamos dar una
idea de lo complejo y profundamente instructivo que puede
ser el Tarot en cuanto instrumento adivinatorio.

El sentido común

Mucha gente dice que las lecturas del Tarot «le dan miedo».
A lo que aluden con eso es, primero, a la incomodidad de
que algo pueda dejar al descubierto sus experiencias, al
mismo tiempo que sus miedos y esperanzas más íntimos; y
en segundo lugar, a que un mazo de cartas pueda hacer tal
cosa. Esas personas suelen acercarse inicialmente al Tarot
como si fuera un juego, especialmente si es un amigo o un
pariente quien echa las cartas, y no tienen que pagar por la
lectura. Entonces barajan los naipes con una sonrisa for­
zada, porque se sienten tontos; el lector hace la tirada, tal
vez buscando los significados en un libro, y llega lo increí­
ble: ahí aparece el trabajo nuevo, o el amante infiel o — si el
lector lo encara con un poco más de sutileza— el miedo a la
enfermedad o una dolorosa rebelión contra uno u otro de
los padres.
— Esto lo estás sacando de lo que ya sabes de mí — di­
cen, o si no— : Eso ya lo sabías con mirarme, ¿no? En rea­
lidad, no es que lo hayas visto en las cartas.
Y entonces, a la vez siguiente que alguien les habla d
tirar las cartas, se ríen y contestan que no, gracias, que a
ellos esas cosas les dan miedo.

152
La verdad es que el futuro le da miedo a mucha gente
que no espera que le suceda nada bueno. Se conforman
con que las cosas sigan igual, en un equilibrio de dolor y
felicidad con una gran dosis de aburrimiento y frustración y
un nivel mínimo de desdicha; pero incluso una estabilidad
así se les aparece como improbable. A los ojos de la mayo­
ría, las cosas no pueden menos que empeorar; y lo más pro­
bable es que empeoren.
Las lecturas del Tarot nos enseñan muchas cosas más
allá de la información determinada que obtenemos de ellas.
Una de esas cosas es el predominio del pesimismo. Si todas
las cartas de una persona salen positivas, radiantes de pro­
mesas de felicidad, la persona dirá probablemente:
— ¿Ah, sí? Pues lo creeré cuando lo vea.
Pero si una sola carta expresa una insinuación de difi­
cultades o de enfermedad, la respuesta se convierte en:
— Oh, si yo ya lo sabía. Y ahora, ¿qué voy a hacer?
Con una actitud tal, imagínese el lector cómo crece el
miedo, y quizás el resentimiento, cuando la temida informa­
ción les llega a partir de un mazo de naipes.
Hay también otro aspecto en esta cuestión de aceptar
las cartas. La gente que va a hacerse leer el Tarot, con fre­
cuencia tiene la actitud de querer que le «muestren» algo.
Como consideran que la adivinación es algo «mágico» (aun­
que en realidad no sepan lo que eso significa), quieren que
el lector les demuestre que tiene poderes mágicos. Para
ellos, el valor de la lectura reside en la precisión con que
armonice con lo que ellos ya saben de su vida, con el agre­
gado, naturalmente, de un pelín de informació nueva. Para
asegurarse de que el lector — o la lectora— es «honesto», le
ocultan de su vida todo lo posible. Recuerdo una mujer que
vino a pedirme consejo por cuestiones de trabajo. Durante
toda la lectura me miró (o miró las cartas) con aire inexpre­
sivo, sin darme indicación alguna de si lo que yo le decía
tenía algún sentido para ella. Después, sin embargo, repasó
una por una las cartas, explicándome cómo se relacionaban
directamente con su experiencia del momento.
En otra ocasión yo había prometido a una amiga que le

153
haría una lectura en Árbol de la Vida (véase p. 208) como
regalo por su vigésimo primer cumpleaños. Cuando le con­
tó a alguien en el despacho que se iba a hacer leer las car­
tas, la mujer le aconsejó, alarmada:
— Oh, pero no debes hacer eso. No sabes las cosas que
hace esa gente. Se van al ayuntamiento y al registro civil
para averiguar todos tus datos, cuándo naciste, dónde vi­
ves...
Mi amiga no le dijo que yo ya sabía todas esas cosas.
A esas personas no parece ocurrírseles que cuando pier­
den su tiempo y su dinero es cuando sólo han aprendido
cosas que ya sabían, junto con una maraña de hechos nue­
vos. Parece que se olvidaran de que no han pedido la entre­
vista para poner a prueba al lector, sino para buscar con­
sejo. Cuánto más podría haber aprendido la mujer sobre su
carrera, si me hubiera dado oportunidad de profundizar en
las relaciones entre las cartas, en vez de limitarse a verificar
hasta qué punto me aproximaba yo a los hechos.
Detrás del miedo y del escepticismo se oculta el mismo
problema: las cartas del Tarot ofenden al «sentido común»,
es decir, a la imagen del mundo que tenemos en común y
que es, generalmente, la que nos enseña la sociedad. A esa
imagen la consideramos «científica», aunque sólo en el es­
tricto sentido histórico de esa palabra, en cuanto significa la
visión propagada por los científicos oficialmente reconoci­
dos (lo que excluye, por ejemplo, a los astrólogos y los yo­
guis) desde el siglo xvn. Irónicamente, las propias ciencias
naturales, y en especial la física, se están apartando de la
idea de un universo estrictamente mecanicista. Sin embar­
go, el retraso cultural asegura que la mayoría de las gentes
sigan pensando en la ciencia en términos del siglo xix.
Es decir que la visión «con sentido común» del mundo
que se generó en una cultura — la europea— ha predomi­
nado durante no más de unos doscientos o trescientos
años, y ha empezado ya a desvanecerse. Es imposible negar
los logros alcanzados por esta visión, sean cuales fueren sus
inconvenientes. La mayor parte de las personas que denun­
cian la ciencia no pueden ofrecer nada en reemplazo de

154
ella, a no ser la nostalgia de un pasado visto a través de los
ojos del romanticismo, pero que jamás existió. El peligro
que actualmente representa la humanidad para la natura­
leza da un irónico testimonio de la medida en que la raza
humana ha conseguido superar las grandes amenazas — el
hambre, las fieras, la enfermedad, etc.— que, en su momen­
to, representó para ella la naturaleza. Pero aceptar los lo­
gros de la ciencia no nos obliga a proscribir todas las demás
contribuciones al conocimiento humano.
La ciencia occidental moderna se inició como un movi­
miento conscientemente ideológico, que se oponía en forma
deliberada a la visión religiosa del mundo de su época. Los
primeros en practicarla y en teorizar sobre ella, como Fran-
cis Bacon, se consideraban revolucionarios que proponían
una relación totalmente nueva con la naturaleza, una rela­
ción que iría más allá de ensanchar y enriquecer el conoci­
miento. La ciencia, predicaban, crearía un mundo nuevo.
Incluso hoy, en cuanto institución, la ciencia conserva un
carácter dogmático y evangélico. La fama y la popularidad
de Immanuel Velikovsky se derivaron, en parte al menos,
del histerismo con que lo atacaron los científicos (que en
Holanda, la tierra de la tolerancia, intentaron conseguir que
el gobierno prohibiera los libros de Velikovsky). Y recuér­
dese también la organización formada recientemente por
Cari Sagan, Isaac Asimov y otros con el fin de atacar la
popularidad de la astrología.
Lo interesante es que al mismo tiempo que la reputa­
ción de la ciencia tradicional pasa por momentos difíciles,
su visión del mundo sigue, en términos generales, sin ser
cuestionada. Con cierta justificación y cierta confusión, la
gente culpa a los científicos por las diversas amenazas que
pesan sobre la vida en la tierra. Y sin embargo, el «sentido
común» sigue aludiendo al mundo creado por la ciencia de
los siglos xviil y xix: tal es el poder del condicionamiento.
¿Cómo podemos caracterizar, pues, este sentido «c o ­
mún» (compartido, ordinario)? Pues porque insiste, princi­
palmente, en que entre acontecimientos, objetos o pautas
no puede existir más que una sola forma de relación, que es

155
la de causa física directa. Si empujo algo, se cae. Eso tiene
sentido. ¿Tiene sentido que si pienso en algo, se caiga? ¿O
que se caiga un edificio si golpeo una maqueta?
La persona «con sentido común» dice que no, que si las
cosas suceden así eso es coincidencia, palabra que significa
que dos o más cosas tienen una relación en el tiempo; han
coincidido, pero no tienen ninguna otra relación. La causa­
lidad sigue estando limitada a la acción física observable.
Pero la ciencia, incluso en su período más mecanicista,
durante los dos últimos siglos, tuvo que ampliar este con­
cepto a límites dudosos para poder explicar el mundo ob­
servable. La Tierra y los otros planetas se mueven alrededor
del sol. Esto es un hecho demostrable. Podemos calcular las
relaciones matemáticas de estos cuerpos en movimiento
hasta tal punto que descubramos otros cuerpos nuevos gra­
cias a un movimiento irregular de los ya conocidos (Nep-
tuno y Plutón fueron descubiertos de esta manera). Pero los
hechos no explican cómo sucede esto. No hay manos gi­
gantescas que empujen a la Tierra ni tiren de ella para ha­
cerla girar alrededor del sol. Sin embargo, la regularidad del
movimiento no nos permite que lo llamemos coincidencia.
Por ende, los científicos se inventaron conceptos tales como
los de «leyes naturales» y «campos de fuerza». A la misma
persona que nos dice que «no tiene sentido» que alguien
derribe una silla con el pensamiento le parecerá perfecta­
mente sensato que la «gravedad» haga que la tierra gire
alrededor del sol.
¿Qué decir, pues, del antiguo punto de vista, el de la
«correspondencia», para el cual la relación entre objetos y
acontecimientos es de similitud? Para él «tiene sentido» que,
empujando un modelo en escala, alguien pueda derribar
una silla. Y tiene sentido que la posición de los planetas en
el momento del nacimiento haya de influir sobre la perso­
nalidad.
De hecho, en la actualidad coexisten ambos puntos de
vista, aunque el que afirma la correspondencia sigue siendo
el menos respetable. Ciertas plantas se asemejan a órganos
humanos. Hay personas (especialmente los sanadores alter­

156
nativos o de la «nueva era») que afirman que tiene sentido
que tales plantas ayuden a mantener sanos los órganos que
se les parecen. Otras personas dirán que lo que tiene sen­
tido es que las dos cosas no tengan nada ver una con otra.
El «sentido» de los dos grupos no tiene nada en común.
A pesar de esta «no-comunidad», los dos puntos de vista
se superponen a veces. La gente que desea justificar la as-
trología a los ojos de la mayoría suele invocar la «ley » de la
gravedad para explicar las influencias astrológicas, pese al
hecho de que el tipo de influencia que se atribuye a cada
planeta depende en gran medida de las asociaciones mito­
lógicas que las antiguas civilizaciones asignaron a cada uno
de ellos.
Supongamos que aceptamos el antiguo sentido común;
¿nos ayuda eso a aceptar el hecho observable de que las
lecturas del Tarot reflejen con precisión la vida de una per­
sona? De hecho, las interpretamos de acuerdo con el con­
cepto de correspondencias: la pauta de las cartas barajadas
refleja la pauta de los acontecimientos. Sin embargo, para
muchos que creen firmemente en el sentido de la astrolo-
gía, el Tarot sigue siendo ofensivo. Los planetas forman una
pauta fija y específica en el momento del nacimiento, una
pauta determinada retrospectivamente por el momento de
la creación, cuando la gravedad los colocó en sus órbitas
predecibles. Pero en los naipes barajados no existe tal de­
terminación. Además, los planetas son seres poderosos, que
se mueven trabajosamente por el cielo, y las cartas parecen
tan triviales que se pregunta uno cómo podemos aceptarlas.
Para muchas personas, la autoridad de la astrología se
deriva de la vastedad del cosmos y, en última instancia, de
Dios. Tiene «sentido» que algo tan pequeño como un ser
humano haya de recibir su personalidad de los vastos movi­
mientos de los planetas. Y por más que la gente pueda
avergonzarse de decirlo, sabemos quién empezó poniendo
en movimiento las estrellas y los planetas. Pero a los naipes
los barajan gentes como nosotros. Y si vuelven a barajarlos,
el diseño que obtienen es diferente. Entonces, ¿cómo es
posible atribuirles ningún significado serio?

157
Tras esta última pregunta se oculta un supuesto muy
importante: que solamente las pautas fijas son reales. El
hecho es que la visión del mundo basada en la idea de
correspondencia puede mostrar igual tendencia a adoptar
actitudes mecanicistas que la que se basa en la idea de ley
natural. Ambas dan por supuestas sin fundamentarlas la
cuestión de Dios o la de las causas primeras. Así como nin­
guna de las dos explica cómo llegó a existir el mecanismo
— las leyes naturales o las pautas del zodíaco— , tampoco
ninguna exige realmente que nos preocupemos por ello.
Dios ya puede haberlo puesto todo en movimiento, pero
ahora el mecanismo funciona solo. Aunque un buen astró­
logo se vale de su intuición para interpretar un horóscopo,
la carta puede levantarla cualquiera que tenga cierto en­
trenamiento.
El Tarot, en cambio, es más bien dinámico que determi­
nista. Ninguna regla fija rige la forma en que una persona
ha de barajar las cartas, y siempre es posible volver a bara­
jarlas. (Y o he llegado a hacer hasta seis lecturas para una
pregunta, y cada vez obtuve básicamente la misma res­
puesta, aunque con variaciones importantes, pero muchas
de las cartas volvían a aparecer en cada una de ellas. La
observación de que algo funciona, de todas maneras, no
explica cóm o funciona.)
En la década de los años treinta, Cari Jung y Wolfgang
Pauli decidieron estudiar las «coincidencias significativas».
Jung se interesó en el tema a partir de la astrología y de los
experimentos con el I Ching, que lo asustaron de modo
muy semejante a como el Tarot asusta a la mayoría de las
personas. Pauli abordó el tema desde una participación
mucho más personal, ya que parecía perseguido por las
coincidencias como por un perro fiel y con frecuencia torpe.
Las investigaciones de ambos no llegaron en realidad
mucho más allá de la etapa de proclamar que tales coinci­
dencias existen, y que tras ellas debe de haber alguna espe­
cie de principio subyacente. Los autores añadieron, sin em ­
bargo, una palabra nueva a los lenguajes del mundo: sin-
cronicidad. Los acontecimientos son sincrónicos cuando no

158
los conecta ninguna causa observable y, sin embargo, existe
entre ellos un significado. Por ejemplo, si necesitamos con­
sultar cierto libro inhallable, y sin tener noticia de tal necesi­
dad alguien se nos aparece en casa con un ejemplar del
libro, a esta conjunción la llamamos sincrónica.
Con frecuencia, la gente usa la palabra «sincronicidad»
a la manera de un conjuro contra las dificultades filosóficas
planteadas por los acontecimientos que no tienen causa
aparente. Cuando sucede algo aparentemente imposible,
decimos: «Es la sincronicidad», y esquivamos así el agravio
al sentido común. Jung y Pauli, por supuesto, veían algo
más que eso en el término. Estaban tratando de sugerir la
posibilidad de que un «principio acausal» conectase los
acontecimientos de manera tan segura como los principios
causales de las leyes naturales. Dicho de otra manera, que
si reunimos informaciones en forma aleatoria y libre de las
conexiones causales de la dirección consciente, entonces la
sincronicidad acausal las vinculará de manera significativa.
Lo importante aquí es observar que el principio de sincroni­
cidad sólo puede actuar en un terreno previamente despe­
jado de la influencia del principio causal. O, con otras pala­
bras: para dar al principio ocasión de que funcione se nece­
sita un método cualquiera de producir pautas aleatorias,
que tanto puede ser barajar naipes como arrojar monedas.
En cierto sentido, la adivinación se deriva realmente de
una visión del mundo más antigua aún que la de las corres­
pondencias. Una visión que llamamos «arcaica», y en la que
Dios o los dioses están presentes en cada momento, to­
mando parte activa en el destino y en el funcionamiento del
universo. En un mundo así, nada sucede obedeciendo a
ninguna ley, sino más bien porque Dios decide hacer que
suceda. Para esta concepción no es la gravedad, sino la
Gran Madre, lo que hace que la primavera siga al invierno.
I ’ igualmente podría hacer que no fuera así.
Para los pueblos que partían de este punto de vista, la
comunicación con los dioses no sólo era posible, sino nece­
saria. No solamente querían mantener felices a los dioses, o
por lo menos evitar su cólera, sino que era útil tener alguna

159
idea de qué era lo que éstos se proponían. Aquellas gentes
que no confiaban en que las leyes naturales pudieran pre­
decir ni en los movimientos mensurables de los planetas,
tenían que preguntar y pedir.
Podían comunicarse con los dioses de dos maneras. Pri­
mero, era (y es) posible entrar en trance y visitar a los dioses
en sus retiros celestiales, tal como han hecho siempre los
grandes chamanes. Más fácil — y menos peligroso— era
dejar que los dioses hablaran en código, es decir, mediante
la adivinación, valiéndose de los dados, las entrañas de los
animales, el vuelo de los pájaros, los tallos de aquilea o
las cartas.
Pero, ¿por qué estas pautas obtenidas al azar han de
configurar el discurso de Dios? Lo mismo que con la sincro-
nicidad, la respuesta es porque son aleatorias, porque ofen­
den a nuestro racional sentido común; saltan por encima de
la manera ordinaria, momentánea, que tiene la gente de
experimentar la vida. Com o los sueños, se aventuran fuera
del lenguaje, aherrojado por la lógica, de la humanidad
consciente. Y al salirse así de él, lo trascienden.
Para esta visión arcaica, Dios está presente en todas las
cosas y en todos los acontecimientos. Dios está continua­
mente hablándonos. Pero nuestra percepción limitada nos
impide percibir esta comunicación. Y está bien que esta
limitación exista. Com o les enseñó la experiencia a los tres
rabinos que entraron con el rabino Akiba en el Paraíso, el
discurso de Dios nos avasalla, nos ciega. La verdad, como
vimos en la primera parte de este libro, es que el velo del
ego no sólo existe como una limitación embarazosa, sino
como algo que misericordiosamente nos separa y nos salva
del verdadero poder del universo. El propósito del trabajo
esotérico no es simplemente retirar el velo, sino más bien
entrenar al sí mismo para que sepa hacer el uso adecuado
del cegador relámpago que es la palabra de Dios. Si pese a
todo queremos, en cuanto personas normales, obtener al­
guna información proveniente de Dios — es decir, de más
allá de nuestras propias y limitadas percepciones— necesi­
tamos una manera de ver del otro lado de las anteojeras

160
que nos aíslan del mundo de la Verdad. Necesitamos pro­
ducir la sincronicidad.
Cualquier artificio que produzca una pauta «aleatoria»
servirá a esta función. Es posible que todos los trebejos que
la gente usa para los juegos de azar hayan servido origina­
riamente para la adivinación, y por la misma razón. Los
dados, los naipes, las ruletas que giran, todos pasan a través
del control que la mente consciente puede ejercer sobre
el resultado.
Identificar algunas de las antiguas raíces del Tarot (y no
estoy sugiriendo que el Tarot como tal se remonte a los
tiempos antiguos, sino que sí lo hacen los conceptos subya­
centes en su funcionamiento) no basta para explicarlo a las
mentes modernas. Sin embargo, ciertos aspectos de la vi­
sión arcaica del mundo han comenzado a reaparecer, ata­
viados adecuadamente con la moderna terminología de la
física y de la psicología profunda, y ya no con el lenguaje
mitológico que habla de dioses y diosas. Y uno de esos tér­
minos es «sincronicidad».
La moderna teoría de los quanta sugiere que, en el nivel
más básico, la existencia no sigue ninguna regla o ley deter­
minada. Las partículas interactúan al azar, y lo que observa­
mos como leyes naturales son de hecho agregados de pro­
babilidad que dan la apariencia de determinismo, de ma­
nera semejante a como una moneda arrojada al aire el nú­
mero suficiente de veces dará como resultado un número
parejo de caras y cruces, de modo tal que alguien podría
pensar que una «ley» del equilibrio requería una distribu­
ción pareja. (De hecho, mucha gente cree que la «ley del
promedio» puede regir el resultado de algún aconteci­
miento en particular — «Y a has fallado tantas veces que por
la ley del promedio esta vez tiene que salirte bien»— , cuan­
do lo que señala la probabilidad es precisamente lo opues­
to, es decir, la imposibilidad de predecir acontecimientos
específicos.)
Al mismo tiempo que la física va carcomiendo el uni­
verso de las leyes fijas, también la psicología moderna (o
por lo menos algunas de sus ramas) ha empezado a tener

161
en cuenta las teorías no-racionales del conocimiento. Allí
donde los pueblos arcaicos hablaban de los «otros mun­
dos» o de la «tierra de los dioses», hoy en día hablamos del
«inconsciente». Los términos cambian, pero la vivencia que
designan es la misma: un ámbito del ser donde no existe el
tiempo y donde el conocimiento no se limita a las imágenes
que nos transmiten los sentidos. Y los métodos usados para
«contactar con el inconsciente» no han cambiado desde los
que se empleaban hace miles de años para hablar con los
dioses: son los sueños, el trance (del cual la libre asociación
freudiana es una especie de versión menor), el arrojar mo­
nedas.
Así llegamos a la noción de que el Tarot funciona preci­
samente porque no tiene sentido. La información existe, y
nuestro inconsciente ya la conoce. Lo que necesitamos es
algo que actúe como un puente para llevarla a la percep­
ción consciente.
Com o ya señalamos, alcanzar este nivel de conexión,
esta sincronicidad del sentido no-común, no depende del
sistema que usemos. El Tarot, el I Ching, los dados, las hojas
de té, todo sirve en realidad a la misma función; todos pro­
ducen información aleatoria. Quizás en el futuro aparezcan
formas más «modernas» de producir pautas aleatorias. La
más «pura» podría ser un sistema de adivinación basado en
los movimientos y en los saltos energéticos de las partículas
subatómicas, porque es en este nivel, el más básico, donde
podemos ver la implicación más importante de la sincroni­
cidad: que la existencia no sigue leyes deterministas rígidas
en las cuales todos los acontecimientos se deriven de cau­
sas fijas. Y sin embargo, al mismo tiempo los acontecimien­
tos tienen significado. O mejor dicho: el significado emerge
de los acontecimientos. De todos los precipitados y súbitos
torbellinos de partículas emerge la materia sólida. De las
acciones y experiencias separadas que forman la vida de
una persona emerge una personalidad. Del acto de mezclar
las cartas del Tarot emerge una toma de conciencia.
Si cualquier artilugio puede proporcionar un signifi­
cado, ¿por qué el Tarot? La respuesta es que cualquier sis­

162
tema nos dirá algo, pero la cualidad de ese algo depende de
los valores que contenga el sistema. El Tarot contiene una
filosofía, un esquema de cóm o evoluciona la conciencia
humana, y un vasto compendio de la experiencia del hom­
bre. Al barajar las cartas establecemos un interjuego de
todos esos valores.
Podríamos objetar que al asignar una filosofía a las car­
tas se destruye su objetividad en la función predictiva de
acontecimientos. Los valores y las interpretaciones del hom­
bre se han inmiscuido en un sistema que, eso aparte, es
puro. Creo que una idea así proviene de un malentendido
respecto de lo que es «objetividad». El Tarot es objetivo
porque no se contamina con la decisión consciente, pero
no es imparcial. Por el contrario, tiende a impulsarnos en
ciertas direcciones: hacia el optimismo, la espiritualidad, la
creencia en la necesidad y en el valor del cambio...
Los significados para las cartas que este libro ofrece dejan
amplio margen a la interpretación del lector; más aún, la
exigen. Y esto se debe a que la lectora o el lector experi­
mentado aporta a su trabajo mucho más que un conoci­
miento detallado de los naipes y de sus significados tradi­
cionales. No menos importante es su sensibilidad, con res­
pecto a las imágenes y a la persona que, nerviosa y em ocio­
nada, está ahí mirando fijamente las cartas. Un buen lector
no se limita simplemente a repetir los significados fijos tra­
dicionales, sino que más bien encuentra interpretaciones y
significados nuevos que ensanchan esas pautas.
En tanto que algunas personas desean una lectura obje­
tiva y desconfían de la interpretación, otras sostienen que
un lector no debe usar ningún significado definido, sino tra­
bajar siempre a partir de lo que él o ella «siente» que son las
imágenes en ese momento. Sin embargo, esta actitud limi­
tará al lector a la reducida variedad de sus propias percep­
ciones, que provendrán siempre, parcialmente al menos, de
sus propias experiencias y de su condicionamiento cultural.
Muy pocas personas han alcanzado un nivel de conciencia
en el cual puedan escapar del prejuicio de su propia histo­
ria. A la mayoría de nosotros, las emociones nos nublan la

163
intuición. El subconsciente cierra el paso al inconsciente.
(En la página 192 hay una nota donde se aclara la diferen­
cia entre «inconsciente» y «subconsciente».)
A un lector que confía en los sentimientos se lo puede
apartar de la verdad tanto como encaminarlo hacia ella.
Pero hay otra razón por la que debemos trabajar con los
significados tradicionales pertenecientes a las imágenes. Si
no usamos la sabiduría que otros han incorporado a las car­
tas, estamos privándonos de su experiencia y de su conoci­
miento. El entrenamiento para la lectura reside en parte en
el simple estudio de las cartas, pero también depende de ir
cultivando un sentimiento personal de ellas mediante la
práctica, la meditación y el trabajo creativo.
Las lecturas del Tarot nos enseñan muchas cosas. Una
de las más valiosas es ese necesario equilibrio de lo subje­
tivo y lo objetivo, de la acción y la intuición. Recientemente,
la ciencia experimental ha «descubierto» que las dos mita­
des del cerebro no desempeñan la misma función; el hemis­
ferio izquierdo (que rige el lado derecho del cuerpo) se
ocupa de las actividades racionales y lineales, en tanto que
el hemisferio derecho (que rige el lado izquierdo del cuerpo)
se encarga de las actividades intuitivas y creativas. (Aparen­
temente, los zurdos funcionan en el sentido inverso, y en
ellos el lado derecho del cuerpo se ocupa de la intuición y el
izquierdo de la racionalidad.) Este «descubrimiento» trae a
la memoria la discusión sobre si fue Colón, Leif Ericson o
san Brendan quien descubrió América. Así como los indios
llevaban miles de años viviendo allí, los practicantes del
esoterismo conocían desde hacía siglos la escisión del ce­
rebro.
Cuando una persona ha mezclado las cartas del Tarot,
el lector, si es diestro, las toma con la mano izquierda y las
dispone con la dere cha. Lo hacemos así para dar un poco
más de énfasis a la necesaria combinación de intuición y
conocimiento consciente. La mano izquierda ayuda a cana­
lizar la sensibilidad, pero damos vuelta las cartas con la de­
recha porque queremos que el cerebro racional explique de
manera intuitiva el diseño.

164
En mi libro sobre los Arcanos Mayores señalé que las
lecturas participan tanto del principio del Mago como del
de la Suma Sacerdotisa, de la conciencia y de la intuición.
Podemos ir más allá y decir que hacer lecturas del Tarot
ayuda a alcanzar el equilibrio y la unidad de estos principios
en sus estados prácticos de voluntad y de apertura. Cada
vez que hacemos una lectura afirmamos nuestra voluntad
para imponer significado a las pautas diseñadas por el caos.
El acto no solamente hace pensar en el Mago (el número 1),
sino también en la Rueda de la Fortuna (el número 10).
Esta última carta ofrece una visión del mundo en el tiempo
(recuérdese la versión de Wirth, en que la Rueda descansa
en una barca — la conciencia— que flota sobre el mar de la
existencia). Sin embargo, el significado impuesto por la con­
ciencia sólo alcanza verdadero valor si nos abrimos a las
imágenes y al influjo que éstas ejercen sobre nosotros. Por
consiguiente, las lecturas del Tarot sugieren la Suma Sacer­
dotisa (número 2), pero también el Colgado (número 12),
imagen de una conexión tan íntima con la vida que deja­
mos de vernos como algo separado de ella o que se le op o­
ne. Y la carta que relaciona los triunfos 10 y 12 puede tam­
bién representar el emblema mismo de las lecturas del Tarot:
la Justicia, con su balanza eternamente equilibrada, no por
una cuidadosa ponderación de los opuestos — tanto de in­
tuición por tanto de conocimiento objetivo— , sino por un
vivo compromiso con la verdad.

165
6

Los tipos de lecturas

Los primeros pasos

Los lectores que tienen verdaderos dones «psíquicos» (más


raros de lo que mucha gente cree) pueden simplemente
tomar unas pocas cartas de cualquier parte del mazo, dis­
ponerlas sin ajustarse a ninguna pauta determinada y usar­
las como estímulo para entrar en trance, o simplemente
para liberar la información proveniente de fuentes incons­
cientes.
Para la mayoría de las personas, sin embargo, una tirada
es una ayuda para encontrar el significado en una consulta.
A medida que va sacando los naipes de la parte superior
del mazo, el lector los coloca en posiciones específicas, cada
una de las cuales tiene sus propios significados, como «in­
fluencia pasada» o «esperanzas y temores». El concreto sig­
nificado de esa carta es entonces una combinación de la
imagen y de la posición. A partir de los significados simbóli­
cos de todas las cartas ha de emerger — eso esperamos—
una pauta orgánica.
Sea cual fuere la disposición que use el lector, lo pri­
mero, antes de mezclar las cartas, es la elección de una de
ellas que represente al sujeto o «consultante», como se suele
llamar a la persona que las mezcla. Escogemos la carta del
consultante y la dejamos aparte por dos razones. Primero,

166
para que la persona que mezcla pueda concentrarse en la
imagen y evitar que la atención se disperse. Segundo, para
que el mazo se reduzca entonces a setenta y siete, que es
siete, el número de la voluntad, multiplicado por once, el
número del equilibrio.
Algunos autores sugieren que en todas las lecturas se
use el Loco para representar al consultante. Con frecuencia
los lectores escogen alguna otra carta Mayor, según sus fa­
voritas. Y o generalmente no apruebo esta práctica, porque
las cartas Mayores simbolizan fuerzas arquetípicas, en tanto
que el sujeto es una persona viva que existe en un tiempo y
en un lugar específicos. Además, sacar un triunfo del mazo
hace desaparecer la probabilidad de que esa carta aparezca
en algún momento de la lectura.
La mayor parte de los lectores prefieren usar alguna de
las cartas cortesanas para representar al consultante. Tradi­
cionalmente, los Pajes han representado niños (hay quien
ve en la pérdida de la virginidad la frontera entre la niñez y
la edad adulta), los Caballeros hombres jóvenes, las Reinas
mujeres y los Reyes hombres mayores y más maduros.
Quienes han leído la Clave gráfica de Waite recordarán
su desconcertante equiparación de los Caballeros con hom­
bres mayores de cuarenta años, y los Reyes con hombres
más jóvenes. Este sistema proviene del Tarot Cabalístico
del Alba Dorada, en cuyo mazo los Caballeros representan
el Fuego, y el Fuego, tal como cabía esperar de una orden
de magos, se encuentra a la cabeza de los palos. Por consi­
guiente, los Caballeros del Alba Dorada representan hom­
bres maduros. Pero el mazo del Alba Dorada (como el Tarot
de Crowley) no contiene Reyes, ni Pajes, para el caso; cons­
ta de Caballero, Reina, Príncipe y Princesa. Es coherente
que un Príncipe represente a un hombre menor que un
Caballero, pero no lo es que lo haga un Rey, y la mayoría de
los lectores no se ajustan en este punto a las instrucciones
de Waite, aun cuando usen su mazo.
El sistema tradicional contiene un símbolo para un hom­
bre joven, pero ninguno para una mujer joven. Com o las
mujeres no pasan de la niñez a la plena madurez en forma

167
más brusca que los hombres, a mí me resulta útil hacer que
los Caballeros, como los Pajes, representen a los dos sexos.
De hecho, como los Reyes y las Reinas simbolizan valores
diferentes y distintas maneras de enfocar la vida, también
ellos pueden representar tanto a un consultante varón como
a una mujer. Una ex alumna mía, una psicoterapeuta que se
vale del Tarot como aproximación a los problemas de sus
clientes, sigue esta práctica. A menos que vea una clara
indicación en contrario, yo escojo generalmente a una Reina
para representar a una mujer, y a un Rey para un hombre.
Recuerdo, sin embargo, a un hombre que me impresionó
fuertemente como la Reina de Espadas, con su gran senti­
miento de tristeza. Cuando le enseñé la carta y se la des­
cribí, se mostró totalmente de acuerdo.
Una vez que el lector y el cliente se han puesto de
acuerdo sobre la figura, deben escoger el palo. Esto lo hace
generalmente el lector, siguiendo uno de los métodos si­
guientes. El primero es el color. Las Varas — o en todo caso,
el palo que representa el Fuego— representan personas
rubias o pelirrojas, las Copas gente de pelo y ojos castaño
claro, las Espadas pelo y ojos castaño oscuro, los Pentácu­
los pelo y ojos negros. No hace falta pensar mucho para ver
las desventajas de este sistema. Además de ser general­
mente arbitrario, convierte a la mayoría de los chinos en
Pentáculos, a la mayoría de los suecos en Varas, y así su­
cesivamente.
Un sistema más objetivo se vale de los signos astrológi­
cos. Tal como ya se dijo, los cuatro elementos significan sig­
nos zodiacales, además de los palos del Tarot. La mayoría
de las personas conocen su signo solar, y si no, el lector
puede determinarlo fácilmente preguntando la fecha del
cumpleaños. Por cierto que la mayoría de los astrólogos
dicen que el signo solar no es más que una duodécima par­
te de la carta de una persona, y es probable que otro ele­
mento domine.
En mi trabajo me resulta útil estimular el interés del su­
jeto dejando que sea él — o ella— quien escoja el palo. Des­
pués de haber decidido yo el nivel (Reina, Rey, Caballero o

168
Paje), retiro del mazo los cuatro naipes adecuados y los
coloco delante de la persona. Si ésta conoce en parte el
simbolismo del Tarot, le pido que no tenga en cuenta los
atributos formales y escoja basándose simplemente en su
reacción ante las imágenes.
Por lo común no interpretamos esta carta, que llama­
mos el «Significador». Representa a la persona en su totali­
dad, antes que ningún aspecto relacionado con esa carta.
En algunas situaciones, no obstante, la elección adquiere
importancia. Supongamos que una mujer casada elija para
representarse a sí misma a la Reina de Copas; si el Rey de
Copas aparece en la lectura, es probable que represente al
marido, o más exactamente — puesto que la lectura con­
templa la situación desde el punto de vista del consultante— ,
la influencia que el marido ejerce sobre ella. Si el marido
tiende a ser inmaduro o a depender de la mujer, entonces
es posible que aparezca el Caballero en vez del Rey.
Otras cartas del mismo palo también pueden represen­
tar al sujeto y no a otra persona. Si el sujeto elige para
representarse al Rey de Varas, entonces la aparición de la
Reina puede indicar el asomarse de un aspecto más «fem e­
nino», de apreciación y receptividad. Si el consultante es un
Caballero, entonces la aparición del Rey o de la Reina pue­
de representar inmadurez o regresión, o una actitud más
juvenil.
En estos casos podemos hablar de cambios «verticales»,
es decir, que se mueven hacia arriba y hacia abajo por el
mismo palo. Los cambios «horizontales» están constituidos
por la aparición de una o más cartas del mismo nivel, pero
de diferentes palos. Si la persona ha escogido la Reina de
Kspadas, la aparición en la lectura de la Reina de Copas
puede indicar un cambio en ella. Estas «transmutaciones»,
que así las llamo, suelen ser portadoras de gran significado.
La cuestión de cóm o interpretar las cartas cortesanas
-si como alguien más o com o un aspecto del sujeto— no
deja de ser, para la mayoría, uno de los elementos más difí­
ciles en el momento de leer el Tarot. Generalmente, hace
(alta experiencia y una intensa sensibilidad hacia las cartas

169
para que le ayuden a uno a dar la interpretación correcta, e
incluso los lectores con mucha práctica se encontrarán con
frecuencia frente a alternativas desconcertantes.
Después de la elección del Significador se procede a
mezclar las cartas. Si la persona no viene a hacer una pre­
gunta determinada, le indico que haga un vacío mental y se
concentre en sus manos, o simplemente en el Significador.
Si la lectura se refiere a una cuestión específica, le pido que
se concentre en ella, e incluso que la formule en voz alta
para grabarla más firmemente en la mente.
El método con el cual se baraje no tiene importancia,
siempre y cuando se lo haga a conciencia; es menester que
algunas cartas sean puestas del revés para permitir la apari­
ción de significados invertidos. Un método que suelo reco­
mendar consiste en extender las cartas sobre la mesa o el
suelo (muchos lectores hacen siempre sus lecturas sobre el
pañuelo de seda que usan para envolver el mazo), y des­
pués, con ambas manos, desparramarlas todas sin orden ni
concierto, como un niño que juega en el barro. Después le
digo a la persona que vuelva a reunir los naipes. Además de
ser muy completo, este método encarna un valioso simbo­
lismo. Cualquier lectura del Tarot representa una pauta
personal que emerge del caos de las combinaciones posi­
bles. Incluso si no leemos más que diez cartas, el mazo todo
lleva la impronta de la persona que lo mezcló por última
vez. Al desparramar el mazo, lo devolvemos al caos; cuan­
do volvem os a juntarlo, está configurado por la nueva
pauta.
Una vez mezcladas las cartas, el sujeto debe separarlas
en tres pilas, de la siguiente manera. Con la mano izquierda,
saca una pila de la parte superior del mazo y la coloca a la
izquierda; después, de esa pila vuelve a quitar otra y la co­
loca a la izquierda.
Ahora interviene el lector, y también en este punto hay
desacuerdo sobre la forma de volver a componer el mazo.
Hay quienes simplemente levantan la pila de la derecha
con la mano izquierda, la colocan sobre la del medio, y des­
pués ponen estas dos pilas sobre la de la izquierda. Otros

170
suspenden la mano izquierda a unos centímetros por enci­
ma de cada pila hasta que les parece percibir una emana­
ción cálida de una de ellas, y la colocan entonces sobre las
otras dos.
De cualquier manera que sea, cuando se ha vuelto a for­
mar el mazo, el lector empieza, valiéndose de la mano dere­
cha, a dar vuelta las cartas y a colocarlas en la tirada o dis­
posición que haya decidido seguir. De ellas hay centenares,
y de las tres que se presentan aquí, una es invención mía, en
tanto que las otras dos son variaciones sobre temas tradi­
cionales. Cualquier libro sobre el Tarot seguramente ofre­
cerá al lector otras disposiciones.

La Cruz Celta

A lo largo del tiempo, esta disposición ha resultado ser la


más popular. La Cruz deriva su nombre de su forma: una
cruz de brazos iguales (una carta a cada lado del centro),
con cuatro cartas alineadas de abajo arriba a modo de
Báculo (figura 59).
Tal como cabía esperar, los comentaristas no están de
acuerdo sobre el significado de las distintas posiciones y la
descripción que dan de ellas. Algunos, como Waite y Edén
Gray, sugieren al lector una especie de ritual que se ha de
pronunciar mientras se disponen los naipes: «Este lo cubre»
o «Este está debajo de él». Otros prefieren una fraseología
más convencional. El sistema que usemos no tiene impor­
tancia, en tanto que sea siempre el mismo. Los significados,
tal como los describo a continuación, son los que yo uso. Se
ajustan al sistema tradicional, aunque con algunos cambios.

La cruz pequeña
De cualquier manera que se tire la Cruz Celta, las dos pri­
meras cartas forman con la primera de todas — el Signifi-
cador— una cruz pequeña. La carta Cubierta se coloca di­
rectamente encima del Significador, y la segunda se atra­
viesa horizontalmente encima de ella.

171
Ahora bien, generalmente la carta Cubierta representa
alguna influencia básica sobre el sujeto, una situación gene­
ral o punto de partida para la lectura. La segunda, que
siempre se lee en posición normal, sin tener en cuenta cómo
haya salido del mazo, representa en los sistemas tradiciona­
les una «influencia opositora», que va en contra de la pri­
mera. En la práctica, es posible que la carta Oposición cons­
tituya una segunda influencia que refuerce la primera.
Por ejemplo, supongamos que la carta Cubierta fuese el
Loco, que indica la condición de seguir los instintos a des­
pecho de lo que pudiera parecer una conducta más sen­
sata. Si el Loco estuviera cruzado por la Templanza, podría­
mos hablar de oposición, ya que la Templanza se refiere
generalmente a cautela. Pero si el que lo cruza es el Caba­
llero de Varas, las dos cartas tenderían a reforzarse recípro­
camente, y de hecho sería posible que los naipes restantes
señalaran la necesidad de una influencia más apaciguadora
para equilibrar tanta ansiedad.
En mi trabajo he llegado a considerar de una manera
ligeramente diferente las dos primeras cartas, a las que no
llamo Cubierta y Oposición, sino Centro y Cruce. Respecto
de su significado, las llamo los aspectos «interior» y «exte­
rior»; o, en ocasiones, las considero com o el tiempo «verti­
cal» y «horizontal» o, simplemente, como «ser» y «hacer».
La carta Centro muestra alguna cualidad básica de la per­
sona, o bien la situación de la persona. La carta Cruce mues­
tra de qué manera afecta esa cualidad a la persona, o cómo
se traduce en acción. Dicho de otro modo: la primera mues­
tra qué es la persona, la segunda cómo actúa.
Considérese el ejemplo ilustrado en la figura 57. El Loco
indicaría una persona con una tendencia a correr el albur, a
seguir el instinto. Si la Templanza lo cruza, eso significaría
que, cuando se trata de actuar, la persona tiende a una acti­
tud más cuidadosa, en la que la energía instintiva se com­
bina con consideraciones más prácticas.

172
Figura 57

Otro ejemplo ayudará a aclarar este punto, el más va­


lioso en la lectura de una Cruz Celta. El As de Copas en el
Centro indicaría una época de felicidad en la vida de una
persona, o más exactamente, una probabilidad de ser feliz,
ya que los Ases representan oportunidades. Si el Diez de
Copas cruzara el As, los dos juntos darían a entender que la
persona reconoce las oportunidades y es capaz de usarlas.
Pero si el As estuviera cruzado por el Cuatro de Copas, de
ello se desprendería un significado diferente: una actitud
apática impide que la persona aprecie lo que le ofrece la
vida. La apatía, sin embargo, no anularía la oportunidad.
He insistido sobre la cruz pequeña debido a su impor­
tancia. En algunas lecturas, las dos primeras cartas alcanzan
a contar toda la historia, y el resto de ellas proporcionan los
detalles. Tal como se ve en mi libro sobre los Arcanos Ma­
yores, las expresiones «tiempo vertical» y «tiem po horizon­
tal» se derivan de ciertas interpretaciones simbólicas de la
crucifixión, para las cuales la Eternidad, encarnada en Cris­
to en cuanto Hijo de Dios, interseca el movimiento «hori­
zontal» de la historia, esto es, la muerte de un ser humano
único. A los místicos cristianos, el hecho de la crucifixión les
permite — mediante la meditación sobre la cruz y otros mé­
todos de identificación con Cristo— introducir un sentido

173
del tiempo «vertical» en los hechos horizontales de su pro­
pia existencia física. En muchas otras culturas, la imagen de
una cruz simboliza las cuatro direcciones horizontales a lo
largo de la superficie terrestre, en tanto que el centro, el
lugar de encuentro de las cuatro, sugiere la dirección esen­
cialmente vertical del centro. La cruz, por consiguiente, sim­
boliza también al propio Tarot: los cuatro brazos son los
cuatro palos, y el centro los Arcanos Mayores.
En función de las lecturas, el simbolismo de la cruz puede
enseñar de qué manera la sustancia, o sea el ser interior de
una persona, puede fundirse con la forma en que ésta actúa
en el mundo. Vale la pena repetir aquí el ejemplo original
que me sugirió el simbolismo del tiempo cruzado. Fue una
lectura hecha para un hombre inseguro sobre la dirección
de su vida. En ese momento tocaba a su fin una antigua
relación amorosa, y su carrera como cantante profesional
no se había concretado. La lectura se inició con la Suma
Sacerdotisa, cruzada por el Hierofante. Ahora bien, estos
dos naipes, a los que en ocasiones se llama la Papisa y el
Papa, representan a primera vista valores contradictorios.
La Suma Sacerdotisa es la imagen del instinto, el misterio,
la inmovilidad, en tanto que el Hierofante, como predicador
de una doctrina por la cual la gente puede regir su vida,
representa la ortodoxia, la conducta planificada, la claridad.
Consiguientemente, parecía que los dos simbolizaran enfo­
ques incompatibles de la vida. Pero cuanto más miraba yo
ambas figuras, con su imaginería religiosa, más tendía a
pensar en conjunciones y no en opuestos. Casi parecía que
los dos prescribieran una manera de hacer frente a la vida.
La Suma Sacerdotisa indicaba que, dentro de sí, ese hom­
bre llevaba cualidades de instinto y entendimiento que quizá
no pudieran aflorar nunca por completo, pero que podían
dar sustancia a su vida. El Hierofante, por su parte, mos­
traba que en su vida diaria el consultante necesitaba un
plan de acción más racional; necesitaba organizarse y tomar
decisiones definidas para lograr lo que quería. Pero esos
planes y esa actitud práctica funcionarían mejor si estaban
respaldados por sus propios instintos y por su conciencia

174
íntima que apoyándose en ideas convencionales acerca de
los fines y los comportamientos adecuados. Cuando intenté
explicarle cómo podían complementarse esas cualidades, el
hombre me dijo de pronto cómo se veía a sí mismo en una
oposición constante, oscilando entre dos polos, cediendo
primero a sus deseos — o, simplemente, a su pasividad—
para después pasar al otro extremo, a una acción ortodoxa­
mente dirigida, como podía ser buscarse un trabajo «res­
ponsable», en vez de insistir en su vocación de cantante.
Parte de la misión que me cupo en la lectura fue enseñarle
cómo podían colaborar esas cualidades.

THE MAG1C1R.N

Figura 5 8

175
La Base
Después de la cruz pequeña, el lector dispone la carta si­
guiente directamente debajo del Centro. Esta posición re­
presenta la Base de la lectura, es decir una situación o su­
ceso — generalmente, aunque no siempre, perteneciente al
pasado— que ha ayudado a crear la situación actual. Dada
la forma en que estamos configurados por nuestro pasado,
hay veces que esta carta explica y relaciona entre sí a todas
las otras. En una ocasión hice a una mujer una lectura signi­
ficativa sobre las dificultades que tenía para relacionarse
con su marido; el Emperador en la posición de Base indi­
caba que la relación de la consultante con su padre seguía
aún dominando su sexualidad inconsciente, y le impedía
resolver sus problemas presentes.
Generalmente, la Base no muestra un tema tan amplio,
pero con frecuencia indica efectivamente una situación pre­
via, en especial si existe una relación con el número o el
palo de una de las dos primeras cartas. Considérense estas
tres cartas: el Mago cruzado por el Cinco de Copas, y de­
bajo de ellas el Cinco de Espadas (figura 58). El Mago, en
cuanto representa lo que es la persona, muestra una perso­
nalidad fuerte, sumamente creativa y dinámica. El Cinco de
Copas, sin embargo, indica que la persona está en ese m o­
mento preocupada por alguna pérdida, de modo que esa
personalidad poderosa está amortiguada. Si lo expresamos
en función de las imágenes, diríamos que el Mago ha recu­
bierto su deslumbrante vestimenta roja y blanca con una
capa negra. El Cinco de Espadas, sin embargo, muestra que
la pérdida se inició como una derrota humillante y dolo-
rosa. Esta derrota es lo que ha oscurecido el fuego del
Mago. Pero el paso de Espadas a Copas muestra que se ha
iniciado ya un proceso de renovación. La persona puede
empezar a ver que la situación es m®tivo de pesar y no de
vergüenza. Lo que hace posible este movimiento son las
cualidades del Mago, actualmente ocultas, pero todavía ac­
tivas en la vida de la persona.

176
El Pasado Reciente
La carta siguiente se coloca a la izquierda de la cruz pe­
queña, y lleva el título de Pasado Reciente. El nombre, en
realidad, no es adecuado, porque la diferencia entre esta
posición y la Base no reside tanto en la dimensión temporal
como en su influencia sobre la persona. El Pasado Reciente
se refiere a hechos o situaciones que afectan al sujeto, pero
que han perdido importancia o la están perdiendo. G ene­
ralmente, se refiere en efecto a sucesos recientes, pero hay
veces que puede aludir a alguna cosa que se remonta a
mucho tiempo o tuvo gran importancia. En el ejemplo que
citamos, de la mujer cuyo padre la afectaba con tal intensi­
dad, si el Emperador hubiera aparecido en el Pasado R e­
ciente y no en la Base, habría indicado que el bloqueo es­
taba diluyéndose en su vida, y que ya no la afectaría tanto
en el futuro.

El Desenlace Posible
La carta siguiente va directamente encima de la cruz p e­
queña. Hay quienes llaman a esta posición el Mejor Desen­
lace Posible. Sin embargo, con cierta práctica se ve que este
título optimista peca de limitado. Si aquí aparece, ponga­
mos por caso, el Nueve de Espadas, mal se lo puede llamar
el «m ejor» resultado. Por eso, com o muchos otros, yo de­
signo simplemente a esta posición como el Desenlace Posi­
ble. Ahora bien, como a la carta final la llamamos el Desen­
lace, es probable que haya quien se desconcierte ante los
dos términos. Por «posible» entendemos, en primer lugar,
una tendencia más general que puede resultar de las in­
fluencias que nos muestra la lectura, pero que por el m o­
mento sigue siendo vaga y que quizá nunca llegue a reali­
zarse. Significa simplemente que la persona marcha en esa
dirección.
A veces, la relación entre el Desenlace Posible y el D e­
senlace incluye causa y efecto. El Desenlace Posible puede
resultar del Desenlace. A modo de ejemplo, supongamos
que el Desenlace muestra el Ocho de Pentáculos, y el De­
senlace Posible muestra el Tres. El Ocho indica que la per­

177
sona pasará por un período de trabajo duro y de difícil
aprendizaje. El Tres indica que es probable que ese esfuer­
zo produzca el resultado deseado: una gran habilidad y el
éxito.
En ocasiones el Desenlace Posible indica un resultado
más tentativo que el Desenlace. He aquí un ejemplo, to ­
mado de una lectura que hice hace varios años para una
mujer que se había presentado a solicitar un trabajo, y que­
ría saber qué probabilidades tenía de conseguirlo. La carta
del Desenlace indicaba demoras e incertidumbre, pero el
Desenlace Posible anunciaba el éxito. Cuando la mujer fue
a informarse, le dijeron que habían tomado a otra persona,
pero la habían puesto a ella en lista de espera. Varios días
después, la llamaron para decirle que la otra persona había
cambiado de parecer, y que querían contratarla a ella. Lo
posible se había realizado.
Hay otra manera de comparar el Desenlace Posible con
el Desenlace, en especial si los dos, en vez de complemen­
tarse, como en los ejemplos citados, se contradicen, o si
muestran una relación directa, como puede ser el mismo
palo o el mismo número. En estas situaciones, leo el Desen­
lace Posible como algo que podría haber pasado, pero que
no sucederá. En ese caso, hay que estudiar las otras cartas
para hallar la razón de que haya de producirse, en cambio,
el Desenlace.
Supongamos que en la posición del Desenlace Posible
salga la Estrella, indicando que la persona puede terminar
sintiéndose muy libre, llena de esperanzas, abierta a la vida.
Supongamos además que entonces sale el Diablo como
Desenlace efectivo, indicando sumisión a una situación
opresiva. ¿Qué es lo que ha fallado? Si, por ejemplo, tuvié­
ramos el Nueve de Espadas en la posición de la Base, eso
nos daría un indicio, porque diría que la persona lleva den­
tro de sí un sentimiento de vergüenza y de humillación que
proviene de debilidades y miedos del pasado, y que el «apri­
sionamiento» simbolizado en el Nueve le impide realizar las
potencialidades de la Estrella.
Estos ejemplos nos ayudarán a ver que el verdadero sig­

178
nificado de una lectura del Tarot no se deriva de las cartas
específicas, sino de las configuraciones que éstas forman
al unirse.

El Futuro Inmediato
El último brazo de la Cruz se sitúa a la derecha del motivo
central. Colocado en oposición al Pasado Reciente, lleva la
designación de Futuro Inmediato, y muestra alguna situa­
ción que la persona tendrá que enfrentar pronto. N o alcan­
za la misma dimensión de totalidad que el Desenlace, sino
que más bien constituye otra influencia, en este caso la de
los acontecimientos. Si una situación se inicia de cierta
manera, pero termina de otra muy diferente, entonces la
razón puede estar en que el Futuro Inmediato introduce
una situación o una persona nueva, que cambia la direc­
ción. Por otra parte, si el Desenlace es muy diferente, en
cuanto a su carácter, del Futuro Inmediato, esto podría indi­
car que la situación venidera no tendrá efectos perdurables.
Por ejemplo, si aparece el Cinco de Varas en el Futuro In­
mediato, y el Tres de Copas en el Desenlace, eso puede
indicar que la persona pasará por un período de conflicto
con sus amigos, pero que ese conflicto no durará mucho, y
dejará lugar a la cooperación y a vínculos más estrechos.
Con frecuencia una información así puede ayudar mucho a
una persona, en cuanto le asegura que la situación no du­
rará. Y si se diera el caso opuesto (es decir, una situación
feliz que dejará paso a una desdichada), el lector puede
esperar simplemente que la persona pueda usar bien la in­
formación. Las malas noticias son siempre más difíciles de
dar que las buenas.
Después de haber formado la Cruz, el lector da vuelta
las cuatro últimas cartas, que va disponiendo de abajo hacia
arriba, a la derecha de la Cruz. El diseño final es el siguiente:

179
La Cruz Celta
Figura 5 9

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CJCJC Qa. Qu. LX LUQ
r^cvico^LO^ot^odo^o

180
El Consultante
La carta inferior del Báculo representa al Consultante, y no
se refiere a la persona en su totalidad, sino a alguna forma
en que ella contribuye a la situación. ¿Qué actitudes mues­
tra el sujeto? ¿Qué es lo que está haciendo, que pueda afec­
tar a la situación que describen las otras cartas? Suponga­
mos que en una lectura que se inició con el Dos de Copas,
en la posición del Consultante aparece el Dos de Espadas.
Esto haría pensar que al sujeto se le hace difícil abrirse a la
nueva relación indicada por la primera carta. Su comporta­
miento tenso, e incluso hostil, afecta en gran medida a la
situación general. El Desenlace indica el resultado del con­
flicto.

El Ambiente
Así como el sujeto afecta a la lectura, la afectan también las
personas y las situaciones generales en que aquél se en­
cuentra. A la octava carta la llamamos el Ambiente o la
influencia de los «otros». Si una carta cortesana aparece en
esta posición, señalará generalmente una persona que in­
fluye sobre el sujeto. De no ser así, la carta puede mostrar
ya sea el efecto de una persona importante o de una situa­
ción más general. Con frecuencia, indicará si el ambiente
favorece u obstruye la dirección en que se encamina el su­
jeto. Por ejemplo, en una lectura referida al trabajo, el Cinco
d)e Varas invertido en la posición del Ambiente sugeriría
4ue una atmósfera de hostilidad, fraude y traición competi­
tiva está haciendo desagradable ese trabajo.
En ocasiones, el Ambiente indica más bien al propio
consultante que a otras personas. Muestra de qué manera
reacciona el sujeto frente a su medio. En una lectura que
hice hace algún tiempo, el Cuatro de Espadas en el A m ­
biente reveló el hábito de la persona de retraerse ante cual­
quier conflicto con quienes la rodeaban.

Las Esperanzas y los Temores


Por encima del Ambiente se encuentra una posición similar
al Consultante, pero definida en forma más nítida. Es la que

181
llamamos Esperanzas y Temores, porque muestra de qué
manera afectan las actitudes que la persona tiene hacia el
futuro a la forma en que llegan a resolverse las cosas. Es fre­
cuente que esta carta domine, o poco menos, la lectura,
especialmente si el Desenlace es muy diferente del Desen­
lace Posible e indica que lo que parece probable, final­
mente no sucederá. La influencia que se expresa en esta
carta puede actuar en favor o en contra de la persona. Su­
pongamos que la lectura se refiere a una relación amorosa,
y que la mayoría de las cartas tienden al éxito, con el Dos de
Copas como Desenlace Posible. Sin embargo, el Desenlace
muestra a los Enamorados en posición invertida, un claro
signo de que la relación anda mal. Si la carta de Esperanzas
y Temores era el Tres de Espadas, señalaría en el consul­
tante un miedo al sufrimiento que le ha impedido asumir el
compromiso emocional necesario. Otras veces, una carta
muy positiva en esta posición, tal como pueden ser la Estre­
lla o el Seis de Varas (ambas cartas significan esperanza),
indicaría que la actitud de la persona puede condicionar
el éxito.
Hay ocasiones en que esta posición y la de la Base o el
Consultante colaboran muy estrechamente, y entonces la
Base explica los orígenes de las actitudes del sujeto hacia el
futuro. Por ejemplo, si en la posición de Esperanzas y T e ­
mores apareciera el Dos de Copas invertido, y el Ocho de
Espadas fuera la Base, esto indicaría que un trasfpndo de
celos provoca una actitud muy negativa para la cóntinua-
ción de la relación.
Obsérvese en este último ejemplo que el Dos de Copas
invertido podría representar un temor, pero también podría
representar una esperanza. Llamamos a esta posición Espe­
ranzas y Temores, en vez de darle el nombre más habitual
de Esperanzas o Temores. La terminología escogida refleja
el hecho de que con frecuencia ambos van juntos (algo que
me señaló por primera vez mi alumna-terapeuta). En situa­
ciones de trabajo es frecuente que la gente desee y tema
simultáneamente el éxito, en tanto que en las relaciones
personales son muchos los que temen al amor que buscan,

182
o los que — a medias conscientemente— albergan la espe­
ranza de ser rechazados. La dualidad de Esperanzas y T e ­
mores se muestra en su forma más enérgica en aquellas
cartas que se refieren al cambio, o bien cuando de situacio­
nes encerradas y sofocantes se sale hacia otras más abier­
tas.
La Muerte, el Ocho de Copas, el Dos de Espadas inver­
tido y el Cuatro de Espadas se refieren todas a estos temas
de la libertad y el cambio. Algunas otras son el Diablo inver­
tido, el Ocho de Espadas y la Estrella. Muy frecuentemente,
si el sujeto y el lector examinan juntos la actitud del primero
de ellos hacia una de estas imágenes en la posición de Es­
peranzas y Temores, se revela una ambivalencia. El encie­
rro es más seguro que la libertad. Como el componente
desagradable — el miedo al amor (o al éxito), o la esperanza
del rechazo (o del fracaso)— se mantiene con frecuencia
oculto para los deseos conscientes, el descubrimiento de
esta ambivalencia puede ayudar al sujeto a crear lo que él
— o ella— realmente quiere.
Ver cómo funciona reiteradamente esta dualidad en su­
cesivas lecturas enseña al lector algunos hechos básicos re­
ferentes al condicionamiento. El subconsciente — el mate­
rial reprimido al cual podríamos considerar el estrato infe­
rior del ego (y volvemos a remitir a la nota de la página
192)— es básicamente conservador, e incluso reaccionario.
No sólo se resiste a cualquier cambio, sea éste deseable o
desagradable, sino que también prefiere manejarse en todas
las situaciones de la misma manera que se manejó en situa­
ciones similares del pasado. Para muchas personas, cada
amigo o amante nuevo se convierte en el escenario para la
repetición de la historia con mamá y papá. Encaramos cada
problema o cada tarea nueva tal como aprendimos a hacer­
lo de pequeños. N o importa si aquella forma de hacerlo nos
condujo al éxito; eso cuenta menos que la seguridad de
tener una pauta fija para aferramos a ella. El subconsciente
empieza por atender a la seguridad, antes de tener en cuen­
ta otras consideraciones. Y la seguridad se obtiene median­
te la repetición.

183
Ahora bien, este mecanismo oculto de repetición de las
pautas pasadas tiene un intrínseco valor de supervivencia.
Cuando se plantean problemas nuevos, podemos manejar­
los porque automáticamente el subconsciente los compara
con los problemas anteriores, y después los adjudica a la
respuesta ya confeccionada. A menos que la persona desee
embarcarse en un programa deliberado de crecimiento per­
sonal (como el que se diseña en los Arcanos Mayores), este
sistema funcionará bastante bien, y es probable que no sea
necesario entremeterse con él. Sin embargo, si la persona
se encuentra con que sus relaciones amorosas naufragan
una y otra vez en el mar de la amargura y de los celos, o si
se queda en repetidas ocasiones sin trabajo, haría bien en
examinar la forma en que el subconsciente insiste en dispo­
ner situaciones nuevas que reiteran los modelos del pasa­
do. Una manera de, por lo menos, iniciar una investigación
tal pueden ser las lecturas del Tarot, con su énfasis en la
experiencia pasada y en qué es realmente lo que espera­
mos y lo que tememos.

El Desenlace
Viene, finalmente, el Desenlace. Esta carta reúne y sintetiza
todas las otras. Más aún, las equilibra y muestra qué influen­
cias son las más fuertes, y de qué manera colaboran en la
producción del resultado. En ocasiones, el Desenlace será
un acontecimiento. Entonces, la cuestión importante es
cómo se produjo, y no solamente en qué consiste. Si^el
sujeto lo considera un acontecimiento desagradable, puede
mirar las otras cartas para ver qué influencias trabajan en
esa dirección, con la esperanza de poder modificar la situa­
ción. Si el Desenlace se le aparece como deseable, una ob­
servación similar puede ayudarle a fortalecer aquellas in­
fluencias, ya marcadas, que puedan tender a ese resultado.
La Cruz Celta, como cualquier otra disposición, consiste
en un número fijo de cartas. Si el lector y el sujeto encuen­
tran que la respuesta es ambivalente, pueden dar vuelta
algunas cartas más, sin ajustarse a una pauta fija, o bien
hacer una nueva lectura. Cuando saco más cartas, general­

184
mente procuro no pasar de cinco (pidiendo a veces al su­
jeto que escoja el número), aunque hay veces que la lectura
inicial me ha servido de base para dar vuelta la mayor parte
del mazo. Por lo común al lector principiante se le hace más
difícil interpretar cartas sacadas al azar, y por consiguiente
evita usarlas.
En algunos casos podemos hacer lecturas ulteriores para
obtener más información sobre una carta específica en la
primera lectura. Podríamos tener que preguntar algo sobre
una persona a la que se hace referencia en la posición del
Futuro Inmediato. En esta situación, algunos lectores usan
la carta en cuestión como Significador para la lectura si­
guiente. Así como el Significador original ayudó a la per­
sona a concentrarse en sí misma, la nueva carta le ayuda a
concentrarse en la pregunta que ahora se formula.

Ejemplo de una lectura


Antes de dejar el tema de la Cruz Celta me gustaría presen­
tar como ejemplo una lectura que hice algunos meses antes
de escribir este libro. (Es mi deber aclarar que la consultante
me dio su consentimiento para incluirla.)
Hice esta lectura para una mujer que acababa de gra­
duarse de abogada, había iniciado recientemente una nueva
relación amorosa y, en general, daba la impresión de ser
feliz y de estar satisfecha de su vida. Pese a ello, cuando fui
dando vuelta las cartas tuve una sensación inmediata de
tristeza. Como confío más en las cartas que en mi impresión
consciente, pregunté a la consultante si últimamente se ha­
bía sentido triste. Para sorpresa mía, me dijo que sí.
Las cartas habían salido de la siguiente manera: como
Significador, la mujer escogió la Reina de Pentáculos. Las
dos primeras cartas eran el Tres de Varas cruzado por el
Caballero de Copas. La Base era la Muerte, el Pasado R e­
ciente el Nueve de Espadas, el Desenlace Posible el Cinco
de Espadas invertido, y el Futuro Inmediato el Mundo in­
vertido. La Consultante era el Seis de Copas invertido, el
Ambiente el Tres de Copas, las Esperanzas y los Temores la
Torre, y el Ermitaño el Desenlace (figura 60).

185
<H«Q<\ 3HJ.

THE TOVfER

Figura 60
Ejem p lo de lectura d e una Cruz Celta

186
Empecé dando a la consultante una intepretación gene­
ral. Ella estaba pasando por una época de transición en la
cual muchas pautas y modelos antiguos iban agonizando.
El efecto de todo ello era no sólo euforia, sino también miedo.
La tristeza se originaba en la comprensión de lo que había
perdido, como también el el hecho de que había crecido y
cortado los vínculos con su niñez. La situación no se resol­
vería con demasiada rapidez, y existía incluso la probabili­
dad de que evolucionara mal, en especial si la consultante
se dejaba asustar por el Futuro Inmediato, que indicaba
estancamiento, y adoptaba una actitud muy negativa. Sin
embargo, las personas que la rodeaban le brindaban muchí­
simo apoyo, pero en última instancia era ella quien debía
hallar la solución.
Claro que todo aquello era muy general. Después pasa­
mos a estudiar las cartas una por una. La que cubría al Sig­
nificador — el Tres de Varas— indicaba en primer lugar sus
logros inmediatos, y no sólo haberse graduado en Derecho,
sino haber obtenido matrícula de honor. Porque mientras
hablábamos de lo que había hecho, la mujer me contó
cómo, antes de haber ido a la facultad de derecho, nunca se
había tomado muy en serio su vida ni sus propias capacida­
des. Ahora había alcanzado un punto en el que no sólo
tenía conciencia de su propia fuerza y de su inteligencia,
sino que el hecho de haber logrado terminar su carrera de
manera brillante le había dado una base sólida para buscar
trabajo en el futuro. Y a antes de que profundizáramos en
estos hechos, lo que ellos significaban se hacía patente en la
imagen del hombre de pie sobre el acantilado, mientras en­
vía sus barcos a explorar nuevas tierras.
Pero el Tres de Varas tiene también otro significado,
muy adecuado a esta lectura. Implica una actitud contem­
plativa mientras una persona pasa revista a sus recuerdos.
De hecho, esa mirada retrospectiva sobre su vida provenía
de la sensación de realización. Las cosas logradas hacían
que la consultante cobrara conciencia de que su antigua
vida se había acabado. Al mismo tiempo, los barcos que se
aventuran en aguas desconocidas simbolizaban su situa­

187
ción de no saber realmente qué haría a continuación, ni
siquiera qué forma habría de tomar su vida en el futuro.
La imagen de realización y de exploración estaba vincu­
lada con otros aspectos de la vida de la mujer, y no sola­
mente con la carrera. La consultante había iniciado recien­
temente una psicoterapia, y se había incorporado además a
un grupo de apoyo, llamado «el círculo de curación». Estas
dos actividades incrementaban la sensación de novedad y
de cosa desconocida, pues, aunque le dieran confianza y fe
en sí misma, también le dificultaban el empeño de seguir
aferrándose a las antiguas pautas.
Ahora bien, el Caballero de Copas estaba cruzando el
Tres de Varas, y aquí el segundo naipe aparecía en gran
medida como una consecuencia del primero, porque el Ca­
ballero de Copas significa interés por uno mismo, mirar ha­
cia adentro. Juntas, las dos cartas decían que en el centro
de su vida, en aquel momento, la mujer estaba contem­
plando el pasado, pensando en lo que h^bía sido su vida y
esperando el futuro. Pero, de todos los Caballeros, el de
Copas es el menos relacionado con la acción; cuando se
trataba de dar pasos prácticos, la consultante se sentía
muy indecisa.
Debajo de la cruz pequeña apareció la Muerte, la pri­
mera carta Mayor. La Muerte subrayaba la experiencia de
ver cómo se extinguía el pasado. Durante toda su vida, la
mujer había mantenido ciertas pautas, ciertas formas de re­
lacionarse con el mundo, con las otras personas, consigo
misma. Ahora, en virtud de sus logros, esas antiguas formas
ya no le servían. Casi sin aviso previo, se encontraba aislada
de los modelos seguros, sin tener mucha idea de cómo en­
frentar el futuro. Estas pautas se aclararon más al conside­
rar los naipes que representaban a la Consultante y el De­
senlace, pero en ese momento, lo importante era, simple­
mente, ver que lo viejo — fuera cual fuese la forma que hu­
biera adoptado— se había extinguido.
Obsérvese el parecido del Caballero de Copas con la
Muerte. Como el triunfo se encontraba en la Base — el pa­
sado— , y la carta Menor en el presente, podemos decir que

188
el Caballero era una evolución práctica a partir del arque­
tipo de la Muerte. Es decir, que en lo profundo ella experi­
mentaba la pérdida de su vida anterior, pero en la superficie
se encontraba falta de confianza, tanto en el nivel em ocio­
nal como en el práctico, sobre cómo debía actuar en ese
momento.
El Pasado Reciente provenía directamente de la Base, y
demuestra cómo las dos posiciones pueden existir casi en el
mismo marco temporal. Dicho de otra manera, que la Base
no apareció primero para después ceder el paso al Pasado
Reciente, sino que, como la cruz pequeña, el Pasado R e­
ciente provenía de la pauta general que se mostraba en la
Base. Ahora bien, el Nueve de Espadas indica dolor, sufri­
miento. En ocasiones, puede ser símbolo de duelo. En este
caso, podemos entender lo del «duelo» como una metáfora.
La persona por quien la consultante estaba de duelo era
ella misma, porque ya hemos visto en la Base que algo ha­
bía «muerto», algo que no era dañino sino que, simple­
mente, había perdido significado. Sin embargo, el hecho de
que su vida lo hubiera superado no impedía que la consul­
tante echara de menos ese algo: su antigua forma, segura y
cómoda, de tratar con el mundo. Tampoco la carta sugiere
que en realidad echara de menos su manera de ser anterior
porque temía a la vida. La tristeza era aquí más auténtica y,
de hecho, coexistía con el júbilo y la emoción, no menos
reales, que yo había percibido ya antes de la lectura.
Las cuatro primeras cartas han insistido sobre su vida
interior; las dos siguientes muestran la capacidad del Tarot
para indicar tendencias y acontecimientos, y en particular
para hacer una advertencia. Primero, el Desenlace Posible.
El Cinco de Espadas invertido indica una derrota que pro­
duce vergüenza y humillación. Su presencia aquí mostraba
que, pese a todo lo que la mujer ya había conseguido, toda­
vía sus esfuerzos podían quedar en nada. Ahora bien, a
veces la carta del Desenlace contradice obviamente al De­
senlace Posible, señalando que, por alguna razón, la posibi­
lidad no se convertirá en realidad. Aquí, la relación era más
sutil. El Ermitaño era un buen indicador de que la consul­

189
tante no perdería lo que había ganado, pero no garantizaba
nada. La mostraba como bien encaminada, pero señalaba
que aún no había llegado, por lo menos en el sentido prác­
tico. Por ende, el Cinco de Espadas seguía siendo una posi­
bilidad, y el Tarot advertía a la mujer que hiciera todo lo
posible — recurrir al apoyo de sus amigos, no ceder a sus
miedos, especialmente durante los períodos de estanca­
miento— para evitar ese resultado.
El Mundo invertido representa el no-movimiento, la falta
de éxito y la incapacidad de organizar las cosas. Com o el
Futuro Inmediato, indicaba que su vida seguiría siendo ines­
table durante algún tiempo, sin que avanzara mucho en su
carrera ni en otros sentidos. Vemos, por ende, que ese nue­
vo ser que se mostraba como posible podía resultar derro­
tado si no llegaba a alcanzar resultados prácticos. El hecho
de que el Tarot hubiera advertido a la consultante de ese
período de estancamiento podía ayudarle a superarlo, lo
mismo que el hecho de saber que se trataba sólo del Futuro
Inmediato y no del Desenlace.
Después de la Cruz viene el Báculo. La primera de las
cuatro cartas, el Seis de Copas invertido, estaba en la posi­
ción de la Consultante. Y aquí encontramos una indicación
más clara de qué era lo que se había extinguido. El naipe,
cuando está en posición normal, muestra una niña en un
jardín, con una figura de mayor tamaño que le hace un
regalo. Implica protección y seguridad, y alude al niño cuyos
padres se ocupan de todas sus necesidades. Aquí, sin em ­
bargo, la carta aparecía invertida. Junto con las otras cartas,
especialmente la Muerte y el Ermitaño, la imagen daba a
entender que la consultante había abandonado aquella for­
ma de vida aislada y protegida. Al analizar esta carta se vio
con claridad que en realidad la mujer había pasado casi
toda su vida con los padres, que la trataban como su «hi-
jita», y que les había permitido esa actitud por la seguridad
que representaba para ella. Y ni siquiera en ese momento,
según me explicó, sus padres — y especialmente el padre—
podían aceptar que la hija había crecido, y que debía tomar
sus propias decisiones y correr sus propios riesgos. Y a ella

190
misma, naturalmente, el cambio se le había hecho difícil de
aceptar. Ir a la facultad de derecho había sido el primer
paso, antes del cual ella nunca se había tomado a sí misma
con la seriedad suficiente para hacer algo importante. Al
mismo tiempo, la universidad había sido otro «jardín», es
decir, una situación en la que no tenía que tomar decisión
alguna, sino que se limitaba a seguir una pauta estricta que
le imponían desde afuera. Cuando le llegó el momento de
examinarse, se asustó, y la verdad era que acudió a un tera­
peuta para que le ayudase a aprobar. Y la terapia la ayudó,
pero hizo además otras cosas: le hizo ver que ya no era una
niña que podía dejar que otros decidiesen por ella. De esa
pérdida provenía la tristeza.
La carta siguiente era, en algunos sentidos, la más im­
portante, como también la más sencilla de interpretar de
toda la lectura. El Tres de Copas en la posición del Ambien­
te indicaba gran apoyo de sus amigos, y representaba en
particular al «círculo de curación» y al terapeuta. Su impor­
tancia residía en el hecho de que mostraba hasta qué punto
podía contar con el apoyo exento de toda crítica de aque­
llas personas, un apoyo especialmente importante ante la
posibilidad de verse derrotada por un período de estanca­
miento. El Tres de Copas no muestra, en m odo alguno,
apoyo en el sentido de caridad ni de sacrificio de sí. Las tres
mujeres están bailando juntas. La gente que rodeaba a la
consultante la fortalecía, simplemente, por estar con ella,
por compartir sus experiencias y dejarse, a su vez, apoyar
por ella. Obsérvese también el contraste entre el Tres y el
Seis. Aquí las mujeres son todas iguales; el naipe no trans­
mite ninguna sensación de protección ni de mimos.
El Tres de Copas tenía una conexión «horizontal» con el
Tres de Varas en el Centro. Algunas de las influencias bási­
cas en esa imagen — la figura firmemente plantada en lo
alto de la colina— se derivaban del apoyo que le brindaba
el medio. Aun cuando la mirada retrospectiva sobre su vida
y la exploración de posibilidades nuevas fueran actividades
esencialmente solitarias, la consultante podía extraer fuer­
zas y valor de la gente que la rodeaba.

191
En la posición de Esperanzas y Temores estaba una de
las imágenes que más miedo inspiran en el Tarot: la Torre,
que significa destrucción, derrumbe, experiencia dolorosa.
Es evidente que representaba el temor de la mujer de que,
sin saber cómo, todo lo que había logrado se dispersara. Un
miedo que podía fácilmente convertirse en una profecía,
que podía autorrealizarse, conduciendo al Cinco de Espa­
das invertido, en especial si un éxito inmediato no venía a
tranquilizar y animar a la consultante.
El miedo exagerado remitía al Seis de Copas y al hecho
de que el naipe apareciera invertido. Bien podía la consul­
tante haber renunciado a una actitud infantil en que se sen­
tía protegida; bien podía haber estado considerando su vida
con emocionada expectativa; en ella seguía habiendo una
parte que pensaba: «¿Cóm o puedo hacer algo así? Ahora
estoy sola. Y a nadie me protege, y tengo que tomar mis
propias decisiones.» Y de aquí se pasa a: «N o puedo hacer
esto. No tengo fuerzas para tanto, todo se me va a desmo­
ronar.» Cuando surgiera oposición o demora, el miedo p o­
dría adueñarse de ella, haciendo que la situación se pare­
ciera al presentido desastre, y entonces el pensamiento a
medias consciente podría ser: «¿Veis? Si yo sabía que no
podía hacerlo. ¿Por qué habré renunciado a aquella protec­
ción?» Durante la lectura analizamos la posibilidad de que
la Torre representara también una esperanza subcons­
ciente. El subconsciente, un órgano a la vez muy conserva­
dor y muy estúpido,* se negará con frecuencia a aceptar la

* N o se ha d e con fu n d ir el «s u b con scien te» c on el «in con scien te», entre


cuyos atributos se cuenta tanto el coraje c o m o el v e rd a d e ro c o n o c i­
m iento. D el uso d e estos térm inos c o m o sinónim os ha resultado una
gran confusión. A q u í m e v a lg o del térm in o «s u b con scien te» para d e sig ­
nar el m aterial — d eseos, angustias, m iedos, esperan zas— rep rim id o p or
la m en te con scien te en su trato con las realidades externas de la vida. El
«in c o n s c ie n te » alu d e a la en ergía básica d e la vida, un ám bito del ser qu e
trasciende el e g o personal. El subconsciente, a pesar d e sus cualidades
secretas, es en realidad una extensión d el ego. En un sentido, abarca el
d om in io absoluto del e g o , aqu el ám bito d o n d e éste no tien e ningún c o m ­
prom iso c on la realidad. P o rq u e n o le p reocu pa n las consecuencias, el
subconsciente es el que, con tal d e evitar una con versación d esa grad a­
ble, nos lleva a cru zar la calle sin v e r qu e v ie n e un cam ión. El incons-

192
pérdida de una situación que considera segura. No importa
que la persona sepa, conscientemente incluso, que jamás
podrá regresar a la protección parental. El subconsciente
no acepta la realidad, y fácilmente puede convencerse de
que el fracaso de los planes actuales tendrá por resultado
un retorno a aquella seguridad.
Tomar conciencia de esas actitudes ocultas es un paso
muy importante para llegar a superarlas, porque el sub­
consciente depende en gran medida del ocultamiento; ello
es evidente si pensamos en las veces que hemos abrigado
alguna angustia secreta, sólo para descubrir, cuando la ex­
presamos en voz alta, que la banalidad misma de la idea
basta para hacer que se nos borre de la mente. Una lectura
del Tarot puede actuar de esta manera en cuanto identifica
el material oculto y nos hace ver sus posibles consecuen­
cias: en este caso, el Cinco de Espadas.
En la posición del Desenlace aparecía el Ermitaño. Lo
primero que hay que observar respecto de esta carta es que
no anuncia éxito ni fracaso. En contraste con el Tres de
Varas y el Cinco de Espadas, no indica probables conse­
cuencias prácticas, sino que apunta en cambio a aquellas
cualidades de la propia consultante que nos mostrarán, a su
vez, de qué manera enfrentaba la nueva situación.
El significado más obvio del Ermitaño se deriva de su
nombre y de su imagen básica. En este caso mostraba a la
consultante enfrentando la vida sola. Ahora bien, esto no
quería decir que perdiera o rechazara el apoyo proveniente
de su medio. En todo caso, indicaba la necesidad de valerse
de tal apoyo todo lo posible. Porque el Ermitaño señalaba
que, por más que otros pudieran ayudarle, ella debía tomar
sola las decisiones. Com o la figura en el Tres de Varas, el
Ermitaño está solo, de pie en lo alto de su montaña.
La soledad del Ermitaño, sin embargo, no existe como

cíente, p o r otra parte, nos equilibra y nos brinda a p o y o al unirnos con la


gran fu en te d e vida qu e trasciende nuestro ser individual. En los A rcan os
M ayores, el C o lg a d o nos o fre c e una p o d e ro s a im agen d e esta co n ex ió n
vital.

193
un fin en sí. En los Arcanos Mayores simboliza el acto de
distanciar la conciencia del mundo y de los acontecimientos
externos para considerar su significado. Y por cierto que la
idea de significado se adecúa perfectamente bien a esta lec­
tura en particular. Tener el Ermitaño como Desenlace signi­
ficaba que los miedos, las demoras y las posibles derrotas
no importaban tanto en realidad... una vez que la consul­
tante aceptara su situación. Es más, el Ermitaño simboli­
zaba directamente la psicoterapia.
Al mismo tiempo, apuntaba también al éxito de su acep­
tación de la nueva vida, porque en su aspecto más arquetí-
pico esta carta significa sabiduría, verdadero conocimiento
del alma, obtenido mediante el retiro y la introspección. La
montaña del Ermitaño, lo mismo que el árbol del Colgado,
representa la conexión de la mente consciente con la sabi­
duría y la energía vital del inconsciente.
En cuanto Desenlace, por lo tanto, el Ermitaño indicaba
que la mujer llegaría a entender y a aceptar los cambios que
ella misma, a medias conscientemente, había introducido
en su vida. El simbolismo de la montaña relacionaba la úl­
tima carta con la primera, el Tres de Varas. La relación, a su
vez, señalaba el éxito, tanto emocional como práctico.
Finalmente, el Ermitaño, que significa también madu­
rez, mediante su conciencia, llevaba adelante el proceso
que se había iniciado en el Seis de Copas invertido, el des-
mantelamiento de la dependencia infantil. Mostraba a la
consultante que la situación se resolvería cuando ella resol­
viera su vacilación y sus miedos. A la larga, la montaña del
Ermitaño no representaba en m odo alguno el aislamiento,
sino simplemente una cualidad que la mujer, entonces, ape­
nas estaba empezando a hacer consciente: la seguridad en
sí misma, la confianza en su propia capacidad y en sus
juicios.
Com o el Desenlace mostraba más bien una conjetura
que un resultado, decidí dar vuelta una carta más para tener
una indicación de cómo podrían finalmente concretarse los
acontecimientos. La carta fue otro tres, el Tres de Pentácu­
los. Com o indicadora de logro y de maestría, mostraba el

194
éxito a largo plazo que se veía demorado en el Futuro In­
mediato.

El Ciclo del Trabajo

Pese a su poder, la Cruz Celta funciona principalmente como


un instrumento descriptivo, que nos muestra las diferentes
influencias que obran sobre una situación, aunque a menu­
do lleve implícita la acción («Encara cuidadosamente el
problema, procurando organizado todo antes de pasar a la
acción», o «Con esta persona las cosas no irán bien. Si dejas
que se aleje volverás a ser tú mismo»), Pero en ocasiones, el
o la consultante se encuentra sin respuesta a la pregunta:
«¿Qué debo hacer?» Y aunque no es frecuente que el Tarot
ofrezca sugerencias tan concretas como «Ponte a estudiar
alfarería» o «V e a visitar a tu abuela», sí puede indicar el
tipo de acción o el punto de vista que necesita una persona,
dejando que sea ella quien resuelva los detalles específicos.
Como ejemplo sencillo, el Ocho de Pentáculos puede acon­
sejar a alguien: «Sigue empeñándote en lo que estás ha­
ciendo, que, aunque te lleve tiempo, finalmente dará buen
resultado.»
Hay otras cuestiones, más sutiles, que se plantea a veces
la gente después de una lectura hecha según la Cruz Celta:
¿Y si tuviera en cuenta otras influencias diferentes? ¿Y si no
tomara precisamente esta actitud hacia el futuro, o aten­
diera a algo diferente en mi pasado? ¿Cómo modificaría
eso el desenlace? O, dicho de otra manera: ¿Cuáles son los
cambios posibles que puedo introducir?
Para que se destaquen más las posibilidades de orienta­
ción y consejo, he ideado una nueva disposición de las car­
tas, basada en parte en la Cruz Celta y en parte en mi pro­
pia distribución de los Arcanos Mayores, en la que apare­
cen tres innovaciones. Primero, todo el enfoque tiende más
a aconsejar que a describir. Segundo, la tirada es abierta:
después de haber llegado a la última posición, el lector
puede seguir sacando cartas, hasta diez veces la cantidad

195
inicial. Claro que eso se puede hacer en cualquier lectura,
pero no en posiciones definidas. La estructura del Ciclo del
Trabajo, como llamo a esta tirada, permite que el lector
repita varias veces las posiciones originales. El efecto es
permitir que se pueda considerar la situación desde diferen­
tes ángulos.
La tercera innovación se refiere a que las cartas se leen
combinadas. Hay muchas tiradas (aunque por cierto no
todas, y un ejemplo es la disposición en Arbol de la Vida,
que estudiaremos luego) en las que se leen las cartas indivi­
dualmente, aunque intentemos combinar sus significados
como en la Cruz. En el Ciclo del Trabajo, sin embargo, las
posiciones incluyen la idea de combinaciones. Los lectores
que conozcan mi libro sobre los Arcanos Mayores recorda­
rán que mi interpretación divide los triunfos, una vez puesto
aparte el Loco, en tres líneas de siete cartas cada una; en
esta división, cada línea representa una etapa de evolución
diferente. Quizás el lector recuerde también que cada línea
se descompone además en tres partes. Las dos primeras
cartas significan el punto de partida de la línea, los arqueti­
pos o cualidades básicas que la persona debe usar para ir
pasando por las experiencias que muestra esa línea. Las
tres cartas del medio representan el trabajo principal de la
línea, lo que la persona debe aprender o superar. Y las dos
últimas cartas nos enseñan el resultado. Así, por ejemplo,
en la primera línea el Mago y la Suma Sacerdotisa indican
los arquetipos básicos de la vida; la Emperatriz, el Empera­
dor y el Hierofante muestran los diferentes aspectos del
mundo exterior que hemos de enfrentar cuando crecemos,
y los Enamorados y el Carro simbolizan el desarrollo y el
triunfo del individuo. El Ciclo del Trabajo se adueña, adap­
tándola, de esta estructura tripartita.

La disposición: posiciones y significados


La lectura se inicia escogiendo el Significador y mezclando
los naipes de la misma manera que con la Cruz Celta. De
modo similar, las dos primeras cartas forman una cruz pe­
queña, que se interpreta de manera muy semejante a la de

196
la disposición anterior, acentuando quizás algo más, en este
caso, que la carta que cruza al Centro es un desenlace o
desarrollo de la primera.
Después de la cruz pequeña, el lector da vuelta siete car­
tas y las dispone en hilera debajo del Significador, y no alre­
dedor de éste, colocando la carta del medio debajo del Sig­
nificador y del Cruce (figura 61).
Esta línea forma el ciclo básico, y la lectura puede limi­
tarse a estas nueve cartas. Sin embargo, si después de haber
interpretado esta línea el lector y el consultante desean más
información, o simplemente ver las cosas desde otro án­
gulo, el lector da vuelta una segunda línea de siete cartas
directamente debajo de la primera, y así sucesivamente
hasta que el significado se aclare.
En cada línea, las dos primeras cartas forman el punto
de partida. Sus significados específicos se derivan de la Cruz
Celta; la primera es la Experiencia Pasada, que se interpreta
casi como la carta Base en la disposición anterior. La se­
gunda representa las Expectativas, la actitud de la persona
hacia el futuro. En la práctica, interpretamos esta carta de
manera muy semejante a la posición de Esperanzas y T e ­
mores en la Cruz Celta. Las dos cartas, juntas, muestran lo
que ha sucedido y lo que la persona espera, teme o simple­
mente cree que sucederá.
Las tres cartas siguientes se apartan más decididamente
de la Cruz Celta. Muestran lo que yo llamo el Trabajo, es
decir situaciones, influencias o actitudes que la persona
puede usar o debe superar. En la Cruz, las posiciones repre­
sentan pautas bastante fijas. Las cosas son como son. En el
Ciclo, las cartas indican posibilidades, e incluso oportunida­
des. Es un sistema que insiste en la forma en que la persona
crea la situación, y en cómo puede cambiarla.
Cuando empecé a practicar esta forma de lectura asigné
un significado a cada posición. La carta del centro represen­
taba al Consultante, la que estaba a la izquierda a los Otros,
y la de la derecha los Acontecimientos. No tardé en descu­
brir que era mejor no asignar a ninguna una cualidad espe­
cífica, sino más bien interpretarlas en conjunto, simple-

197
198
Figura 61
Ejemplo de la pauta del Ciclo del Trabajo
mente como aquello con que la persona tiene que trabajar
en la situación de que se trata, una combinación de posibili­
dades. Al mismo tiempo, vale la pena tener presentes las
tres designaciones, porque cualquiera de ellas puede ser
útil para delimitar el significado en determinadas lecturas.
Trataré ahora de dar un ejemplo de las tres como com­
binación. Supongamos que el tema de una lectura es ese
antiguo motivo favorito: un nuevo idilio. Una mujer ha co­
nocido a alguien que le gusta, pero no sabe qué es lo que el
hombre en cuestión siente por ella, ni si ella debe hacer
algo con sus sentimientos. En la lectura, la sección del Tra­
bajo muestra el Cinco de Varas, el Ermitaño en posición
invertida y el Dos de Copas (figura 62).
Es evidente que el Dos de Copas indica que el hombre
siente por ella algo similar, lo mismo que sucedería en la
Cruz Celta. Pero aquí, además, la carta aconseja a la mujer
que hable con el hombre de sus sentimientos. Sugiere tam­
bién que es mucho lo que ella tiene que ganar estando con
esa persona, y que la relación amorosa, independiente­
mente de lo que dure, afectará intensamente su vida.

Figura 62

199
El Ermitaño refuerza estas ideas. Aquí, su posición in­
vertida no significa inmadurez, sino más bien la idea de que
no es éste el momento para la soledad. En cambio, como
más ganará la mujer es comprometiéndose en la relación.
El Cinco de Varas, sin embargo, señala que la situación in­
cluye un conflicto. Com o este naipe aparece en posición
normal, no indica amargura, ni siquiera una perturbación
grave que la mujer deba tratar de evitar. Muestra, en cam­
bio, una cualidad vivificante en la pelea de los personajes,
algo que los exalta en vez de agotar sus fuerzas. Y como
todo esto ocurre en la sección del Trabajo, implica que ella
debe, antes que empeñarse en evitar el conflicto, usar la
energía que por mediación de él se libera.
Que el Ermitaño aparezca entre las dos cartas indica
quizá que la mujer se ha pasado algún tiempo apartada del
trato con otras personas, y que ahora desea (o necesita)
regresar al mundo. Por una parte, puede usar su nueva rela­
ción para que la ayude a salir de sí misma. Por otra, se en­
contrará con que el contacto con otras personas es motivo
de disputas y competencia, y que debe aprender no sólo a
aceptar esas cosas, sino a usarlas.
Obsérvese que las tres cartas no se limitan a mostrar lo
que es, sino que señalan direcciones y potencialidades, co­
sas con las que hay que trabajar. Consideremos ahora dos
posibles puntos de partida para esta lectura imaginaria, y
las diferentes maneras en que modifican las cartas del Tra­
bajo. Ante todo, consideremos el significado si las dos pri­
meras cartas fuesen el Cinco de Copas y el Tres de Copas,
ambas relacionadas por la imagen de las tres copas. La pri­
mera de las cartas, en la posición de la Experiencia Pasada,
indica la pérdida de algo — muy probablemente el final de
una relación amorosa— y constituye el antecedente del
Ermitaño. Por lo tanto, la Experiencia Pasada nos dice que
la etapa del Ermitaño se produjo como reacción ante un
acontecimiento, pero es una reacción que ahora la mujer
puede dejar detrás de sí. El Tres refuerza esas ideas de un
nuevo compromiso, y muestra una actitud muy optimista,
que le permitirá superar los conflictos que se planteen.

200
Supongamos en cambio que el punto de partida hubie­
ran sido Espadas, y específicamente el Ocho, seguido por el
Cuatro. El Ocho indica una historia de represión, aisla­
miento y confusión, en tanto que el Cuatro hace pensar que
esa situación pasada ha dejado cicatrices a la consultante,
ya que al estar en la posición de las Expectativas muestra
un deseo de esconderse del mundo y de evitar comprome­
terse con otras personas. Al mismo tiempo, el Cuatro repre­
senta el temor — o la creencia— de tener que pasar la vida
sola, sin que nadie irrumpa en la iglesia cerrada para des­
pertarla de su sueño y devolverla al mundo.
Con un punto de partida así, las cartas del Trabajo indi­
can una oportunidad importante para la persona, dicién-
dole que esa relación podría sacarla de su solitaria condi­
ción de Ermitaño. Ha llegado el momento de salir, y si ha­
cerlo significa conflictos y discusión, es menester aceptarlos,
e incluso usarlos para comprometerse más con la vida.
Las dos últimas posiciones en la línea vuelven a destacar
la idea de combinación. En cuanto Desenlace y Resultado,
van más allá del uso único que la Cruz Celta hace del De­
senlace como resumen de la lectura. El Desenlace indica
cómo evolucionarán probablemente las cosas. Por su parte,
el Resultado indica la reacción de la persona ante tal evolu­
ción o el efecto que ésta tendrá sobre la vida de la persona.
Este efecto puede ser tanto una experiencia como una acti­
tud. Por ejemplo, puede indicar un acontecimiento o una
modificación ulterior que se produce a causa del Desen­
lace. El Cinco de Copas seguido por el Ocho de Copas sig­
nifica que la persona pierde algo, o que algo termina mal, y
como resultado de ello, la persona decide abandonar la em ­
presa, irse a otra parte o iniciar una nueva fase en la vida.
O bien la carta que está en la posición del Resultado
puede mostrar el efecto que tiene psicológicamente el D e­
senlace. Un ejemplo clásico es la Torre seguida por la Estre­
lla, lo que indica que una explosión en la vida de la persona
conducirá a una liberación de esperanza y energía. Este
ejemplo ilustra también la gran importancia potencial que
tiene el no ver solamente el Desenlace, sino también lo que

201
viene tras él. Si una lectura sólo mostrase la Torre y no,
como resultado de ella, la Estrella, dejaría al consultante
con un sentimiento de devastación.
Es muy frecuente que la primera línea dé una imagen
tan fuerte que la persona ya no necesite más información,
pero hay otras veces en que, tras haberla leído, se queda un
poco confundida, o simplemente desea ver la situación des­
de un punto de vista diferente. En un caso así, el lector
puede disponer otra línea de cartas directamente debajo de
la primera. Las posiciones siguen siendo las mismas, y las
siete cartas siguen estando relacionadas con la cruz peque­
ña originaria, que delineó la situación básica. Y sin embar­
go, como empezamos desde un punto de partida distinto, la
línea nos permite ver la situación de diferente manera.
Además de la nueva información obtenida, este método
ayuda a resolver una cuestión que plantean muchas perso­
nas respecto de las lecturas del Tarot: «Si volviera a hacerlo,
saldrían cartas diferentes, de m odo que ¿cómo es posible
que estas que han salido signifiquen realmente algo?» La
respuesta es que las nuevas cartas nos permitirán ver la
misma situación desde un punto de vista distinto.
Es muy frecuente, cuando un lector lee una Cruz Celta y
después vuelve a mezclar los naipes para hacer una nueva
lectura, que en ella aparezcan muchas de las mismas cartas
u otras de significado similar. En un par de lecturas que hice
para un matrimonio (separadas por otra, hecha para una
persona diferente), seis de las diez cartas fueron las mismas,
y la carta del Ambiente, en la lectura de la mujer, era la
misma que se usó como Significador para el marido. El Ci­
clo del Trabajo, como de hecho excluye la posibilidad de
que vuelvan a aparecer las mismas cartas, tiende más a
mostrar diferentes aspectos de la situación.
A veces, la segunda línea será casi un espejo de la pri­
mera, lo que indica que la situación está tan encaminada en
ese sentido que a la persona no le será fácil cambiarla. Otras
veces, el Desenlace-Resultado mostrará una alternativa para
la primera línea, y entonces el lector deberá estar atento a
los puntos de partida y a las cartas del Trabajo.

202
Ejemplo de una lectura
Una vez hice una consulta para una mujer que tenía un
amante celoso. En teoría, ninguno de los dos esperaba que
el otro fuese monógamo, pero la mujer sabía que si ella iba
con alguien más — y había aparecido alguien más— su
amante se alteraría. Quería que la aconsejara sobre lo que
debía hacer, e hicimos la lectura con el Ciclo del Trabajo
(figura 63a).
Antes de la lectura comenté con la consultante que en
situaciones así es frecuente que aparezca el Tres de Copas,
en posición normal si las cosas van bien, e invertido en el
caso contrario. La tirada se inició con el Tres de Copas in­
vertido, cruzado por el As de Copas. La combinación mos­
traba que, pese a los celos y las discusiones, la consultante
podía obtener gran felicidad de la situación si conseguía
resolverla en forma adecuada. La primera línea se iniciaba
en forma muy positiva con el As de Pentáculos como la
Experiencia Pasada, y el Sol como una Expectativa suma­
mente optimista para el futuro. Ahora bien, el As de Pentá­
culos, además de mostrar felicidad y placer, transmite tam­
bién un clima de seguridad, de una situación protegida y
aislada. Durante algún tiempo, la mujer y su amante no se
habían relacionado mucho con otras personas, constru­
yendo en cambio, como lo muestra el simbolismo del As, un
recoleto «jardín» emocional en torno de ellos (estaban, de
hecho, viviendo en una remota casa en la campiña galesa).
El Sol muestra a un niño que sale a caballo de un jardín.
La mujer esperaba ahora tener mayor libertad para aventu­
rarse en experiencias más abiertas. Y como el As de Pentá­
culos se había convertido en el momento de la consulta en
el As de Copas, por lo menos como posibilidad, las cartas
mostraban que la consultante había comenzado a aflojarse
y a dejar fluir sus emociones sin tener en consideración la
seguridad.
El Trabajo acentuaba aún más la sugerencia de libertad.
La Estrella, la Torre y el Mundo, todas cartas de la última
línea, mostraban en primer lugar la potencia de la situación.
En el centro, la Torre simbolizaba las tormentosas batallas y

203
204
Figura 63 (a)
Ejemplo de una lectura del Ciclo del Trabajo
las emociones abrumadoras puestas en juego. Sugería tam­
bién el peligro de que la seguridad de su relación quedara
deshecha por los rayos de los celos y del resentimiento.
Ahora bien, en este caso particular la Estrella no indicaba
una liberación que se alcanza después de la Torre, como
habría sido en el caso de estar al final de la línea. Más bien,
advertía a la consultante que necesitaría optimismo y una
actitud sumamente abierta en lo referente a sus propios
deseos y emociones. El Mundo indicaba también opti­
mismo, e implicaba la posibilidad de combinar los objetivos
opuestos, a la vez una relación estable y la libertad.
Y sin embargo, pese a todas esas influencias positivas,
las cartas finales parecían muy poco promisorias. El Ocho
de Espadas seguido por el Diablo daba a entender que la
consultante haría un intento de liberarse de las cualidades
sofocantes de su situación. El Resultado, sin embargo, mos­
traba que probablemente no lo conseguiría. La feliz y có­
moda seguridad del As de Pentáculos se había convertido
en una represión diabólica, en virtud de la cual ella y su pri­
mer amante estaban encadenados a una situación que nin­
guno de los dos quería realmente.
En procura de obtener otro punto de vista —y además,
de entender qué era lo que había ido mal en la primera
línea— , dispusimos una segunda hilera de naipes (figura
63b).
Esta línea empezó de manera más sobria. En la Expe­
riencia Pasada aparecía el Siete de Espadas, indicador de
intentos no muy entusiastas de salir del encierro de su vida.
Ello implicaba que anteriormente la consultante nunca ha­
bía planteado con firmeza la cuestión ni se había enfren­
tado con los problemas reales que ésta implicaba. Esta carta
sola apuntaba a las razones por las cuales el Diablo conse­
guía hacerse valer: la mujer jamás había intentado resolver
qué era lo que debía hacer; nunca se había enfrentado con
su amante ni con los problemas que existían entre ellos.
La segunda carta llevaba más lejos esta idea. La Justicia
no sólo mostraba la esperanza de que todos fueran más
bien «justos» antes que represores o egoístas, sino también

205
un deseo de verlo todo con claridad y de enfrentar su pro­
pia verdad, es decir, lo que ella había hecho con su vida y,
además, las reacciones de los otros. Con una actitud mucho
más dura e implacable que la del Sol, la Justicia simboli­
zaba un compromiso con la realidad, con la creación de un
verdadero futuro para sí misma. Obsérvese que el Sol nos
presenta un niño, libre y sin responsabilidades: el opuesto
de la Justicia.
El Trabajo en esta línea — el Nueve de Copas, el Cuatro
de Pentáculos, la Rueda invertida— continuaba el tema del
realismo. El Nueve de Copas mostraba la necesidad de
equilibrar la presión emocional con algún placer ligero. Por
otra parte, la Rueda invertida indicaba la capacidad de
abrirse paso entre las confusiones en juego. Mostraba igual­
mente la necesidad de controlar la situación, de negarse a
permitir que la Rueda de los acontecimientos se adueñara
de ella, llevándola allí donde acertara a rodar. La Justicia se
convertía entonces no en una mera esperanza, sino en el
camino principal para apartarse de la pasividad y la subje­
tividad.
De las tres cartas del medio, el Cuatro de Pentáculos
resultó ser la más interesante, especialmente al compararla
con la Torre, situada encima. Allí donde el triunfo había
mostrado a la consultante desintegrándose bajo el impacto
de los intensos sentimientos ajenos, el Cuatro de Pentácu­
los la mostraba autoprotegiéndose. La mostraba aferrán­
dose a sus propias necesidades, a su propia comprensión
de la situación, a pesar de la presión que sobre ella ejercían
sus dos amantes. Las dos cartas que rodean a la central le
indicaban dos maneras de hacerlo; primero, disfrutando, y
valiéndose de ese placer para mantenerse íntegra, y en se­
gundo lugar, entendiendo lo que había sucedido, y por qué
había sucedido. La Rueda invertida a la derecha indicaba la
necesidad —y la oportunidad— de poner efectivamente en
juego su esperanza de Justicia, es decir, de esforzarse por
entender el verdadero significado de todos los cambios que
estaban ocurriendo en su vida.
Mientras analizábamos estas dos líneas, la mujer dijo

206
Figura 63 (b)

207
Ejemplo de una lectura del Ciclo del Trabajo, continuación
que le daba la impresión de que la primera era lo que debe­
ría querer, y la segunda lo que realmente quería. La gente
que la rodeaba hablaba tanto de «libertad» y de relaciones
abiertas sin consecuencias dolorosas que ella se sentía pre­
sionada para desear ese tipo de comportamiento «solar».
Pero en realidad, le importaba mucho más la Justicia, la
verdad. El resultado del punto de partida de la segunda
línea, más áspero y realista, mostraba el sentido de lo que
decía la consultante. En la posición del Desenlace estaba
la Reina de Varas, con el Seis de Varas como Resultado. La
Reina indicaba que, al considerar antes la Justicia que un
Sol excesivamente optimista, la mujer encontraría la alegría
y el sentido de su propia fuerza. Llegaría a depender más
de sí misma que de la situación externa, y de ello obtendría
la confianza y la fe del Seis, un optimismo capaz de arras­
trar consigo a otras personas.

El Árbol de la Vida

Cualquier lectura del Tarot se origina en un momento de­


terminado; al describir las influencias y tendencias, se ex­
tiende hacia el pasado y el futuro. Las formas más breves
tienden a extenderse sólo lo suficiente para esclarecer al­
guna situación determinada. Pero cuando empezamos a
conocer mejor las cartas, podemos buscar un método que
nos dé una imagen más amplia del lugar que una persona
ocupa en el mundo. Ese entendimiento más completo es lo
que nos proporciona la lectura que sigue, el Arbol de la
Vida, en la que nos valemos de todo el mazo, y cuyo al­
cance es similar al de la carta natal astrológica (aunque
quizá se concentre más estrictamente en el dominio espi­
ritual/psicológico).
La imagen del Arbol proviene de la Cábala, y en el mazo
Rider podemos verla en el Diez de Pentáculos, dibujado de
la siguiente manera:

208
o
o o
o o
o
o o
o
o
En la meditación con los Arcanos Mayores usamos prin­
cipalmente las veintidós posiciones o vías entre las diferen­
tes sephiroth (las diez posiciones). En adivinación usamos
las propias sephiroth, adaptando sus connotaciones y nom­
bres clásicos para que puedan servir como posiciones en
una tirada, similares a la Base, el Consultante, etc., de una
Cruz Celta, pero de alcance mucho más amplio. Las des­
cripciones y los títulos cabalísticos son necesariamente abs­
tractos; contienen una descripción mística de la creación y
de la estructura del universo, e igualmente un camino hacia
un mayor conocimiento de Dios. Por eso quienes, como yo,
usamos el Arbol de la Vida para practicar la lectura del
Tarot, hemos escogido significados más terrenales.

La estructura del Arbol


Hay dos pautas básicas:
O

l
0

(b)
1
209
El diagrama (a) destaca los niveles de conciencia. El
triángulo superior es el que se mantiene más próximo a
Dios, de quien emanó el punto original de luz para crear la
primera sephirah. A medida que la luz de la creación via­
jaba a través de los diferentes triángulos, se diluyó — e in­
cluso hay quienes dicen que se corrompió— cada vez más,
hasta que en la última y solitaria sephirah quedó contenida
dentro del mundo físico de carne, rocas y agua. (Por cierto
que una descripción tan breve desfigura enormemente la
filosofía cabalística, y si la doy aquí es sólo para dar cierta
visión del fundamento de la lectura que sigue el Arbol de
la Vida.)
El concepto de un descenso de la luz se usa en adivina­
ción de la siguiente manera: como lo que queremos es des­
cribir la vida de una persona, consideramos que cada trián­
gulo es un aspecto de esa persona, usando un sistema tri­
partito similar a las tres líneas de los Arcanos Mayores. El
triángulo superior significa la existencia espiritual de la per­
sona, y apunta hacia arriba, señalando el potencial más ele­
vado del sujeto. El del medio apunta hacia abajo, hacia la
manifestación, y representa las maneras que tiene la per­
sona de enfrentarse con el mundo exterior y los asuntos
prácticos de la vida. El triángulo inferior vuelve a apuntar
hacia abajo, pero esta vez hacia los ámbitos secretos del sí
mismo. Representa los impulsos inconscientes y la energía
imaginativa. También podemos referirnos a los triángulos
como superconsciente, consciente e inconsciente.
La posición inferior, situada aparte, no representa una
cualidad personal, como las otras, sino el mundo exterior
donde vive la persona. Podem os considerarla similar al
Ambiente en la Cruz Celta, pero en un nivel mucho más
amplio.
El diagrama (b) se deriva de la idea de polaridad o de
fuerzas opuestas. En la Cabala, los lados derecho e izquier­
do del Arbol significan la forma en que Dios dirige la exis­
tencia. El pilar derecho, el de la Gracia, tiende a la expan­
sión. Sus cualidades abren y ensanchan. El pilar izquierdo,
llamado de la Severidad, tiende a la contracción, acen­

210
tuando las cualidades que limitan. Uno de ellos da, el otro
quita, y así contribuyen a la conservación de la energía.
Pero si sólo existieran estas dos fuerzas, el universo oscilaría
descontroladamente entre ambas, expandiéndose y contra­
yéndose sin pausa. Por eso el pilar del medio representa la
Reconciliación, una mezcla y armonización de los dos prin­
cipios. Obsérvese que la última sephirah, que simboliza la
existencia física, cae en el pilar del medio. En el mundo
material, los elementos arquetípicos se funden en una for­
ma estable.
La imagen de las tres columnas aparece en forma m e­
nos abstracta en la versión que da el mazo Rider (lo mismo
que en varias otras) de la Suma Sacerdotisa. El pilar oscuro
representa la Severidad, el claro significa la Gracia. La Suma
Sacerdotisa cumple la función de la Reconciliación, equili­
brando en su perfecta inmovilidad los opuestos del yin y
el yang.
Así como necesitamos una versión «práctica» de los trián­
gulos, nuestro propósito requiere también una interpreta­
ción más directa de los tres pilares. Por consiguiente, usa­
mos una pauta recurrente para cada triángulo. La posición
de la izquierda tiende hacia los problemas que se originan
en ese nivel, la de la derecha presenta los beneficios o una
dirección positiva. La posición del medio describe la cuali­
dad misma, en la que las oposiciones se confunden. Estas
distinciones se aclararán cuando consideremos individual­
mente las sephiroth.
Algo más hay que decir sobre la estructura. Los cabalis­
tas dibujan el camino recorrido por la luz de la creación
como un zigzag, al que a veces se hace referencia al hablar
del rayo de Dios. Un zigzag que comienza más allá de la pri­
mera sephirah (porque la verdadera esencia de Dios sigue
siendo incognoscible y trascendente), y cuyo recorrido es
éste:

211
En la meditación usamos esta imagen principalmente
para ayudarnos a ascender a través de las sephiroth hacia
la unión con aquel aspecto de Dios que experimentamos en
el éxtasis místico. Dicho de otra manera, a través de la me­
ditación desandamos el camino del rayo, como si estuviéra­
mos desenmarañando el universo para llegar a su fuente. El
rayo que se abate sobre la Torre en los Arcanos Mayores
simboliza esta luz de la iluminación.
Otra forma de meditación, que se combina con la magia
ceremonial, intenta seguir hacia abajo el camino del rayo, o
más bien, atraerlo sobre la persona. Este uso de los princi­
pios cabalísticos para la magia, llamado la «Cábala Prác­
tica», basa buena parte de su operación en la idea de que el
ritual y la meditación adecuados pueden atraer sobre el
mago un relámpago no sólo de comprensión, sino también
de gran poder. A quien sigue estas prácticas ocultas se le
advierte que no ha de buscar ese poder para su ventaja per­
sonal, sino solamente con fines que sirvan a la comunidad.
(Estas advertencias en contra de posibles abusos le dan a
uno a veces la impresión de ser similares a las advertencias
que aparecen en los libros pornográficos: «Este material es
exclusivamente para uso médico».)

La tirada
En adivinación seguimos el recorrido del rayo de manera
mucho más mundana, como método para disponer las car­

212
tas. Para hacer una lectura según el Árbol de la Vida, se
saca primero el Significador como en los otros métodos, y
se lo coloca en lo alto de la superficie de lectura (como es
obvio, para disponer setenta y ocho cartas se necesita mu­
cho espacio). Cuando el sujeto ha mezclado y cortado el
mazo, el lector dispone las cartas boca abajo, así:
1

3 2

5 4

6
8 7

10

El Significador permanece expuesto por encima de la


lectura. Cuando ya están dispuestas las diez primeras car­
tas, el lector dispone sobre ellas otras diez, y así sucesiva­
mente, hasta que en cada lugar haya una pila de siete car­
tas. Ahora bien, al haber sacado el Significador, en el mazo
quedan setenta y siete cartas, once veces siete. Por ende, al
lector le quedarán siete cartas extra. Muchos cabalistas ha­
blan de una undécima sephirah «invisible», a la que se co­
noce como Daath, o Conocimiento. Generalmente, los ca­
balistas colocan esta sephirah extra en el pilar del medio,
entre las sephiroth primera y sexta, es decir, entre el trián­
gulo superior y el del medio. En las lecturas del Tarot la
situamos al costado, o bien en la parte inferior, y la leemos
después de todas las otras. El hecho de que no la vayamos
disponiendo ordenadamente con las otras cartas, sino que
simplemente usemos para ella las siete cartas «sobrantes»,
subraya su peculiaridad. La pila de Daath no pertenece a
ninguna de las áreas generales de influencia, y algunos lec­
tores piensan que se refiere al futuro inmediato.

213
Cuando empecé a hacer lecturas basadas en el Árbol de
la Vida, usaba la pila Daath como un comentario general,
una información adicional que se aplicaba a la totalidad de
la lectura. Desde entonces le he encontrado un significado
más específico, que es el de Transformación.
En mi libro sobre los Arcanos Mayores describí la idea,
derivada tanto de la Cábala como de la moderna mecánica
cuántica, de que un cambio no se produce como una altera­
ción gradual, sino como un salto de un estado a otro. P ode­
mos ir aproximándonos a los cambios con años de prepa­
ración gradual, pero el cambio real y efectivo se da como un
salto a través de un abismo. Dejamos de ser una cosa y nos
convertimos en otra. En esos momentos de transformación
podemos, en ocasiones, percibir la Nada esencial que sub-
yace en toda existencia fija. Hay quienes describen a Daath
como aquel aspecto que percibe esta verdad del abismo.
Otros apuntan que Daath relaciona la Sabiduría (sephi­
rah 2) y el Entendimiento (sephirah 3) por mediación de
sus cualidades de conciencia y reflexión. De hecho, «Daath»
significa «Conocimiento».
Sin perder de vista estos significados, descubrí que era
un valioso recurso usar la pila Daath como una descripción
de los medios por obra de los cuales cambia una persona.
Relacionada con la totalidad de la lectura, esta sephirah
destaca las conexiones que establece una persona entre los
diferentes niveles. Las diferentes seph/roíh/posiciones tien­
den a mostrar distintos niveles y condiciones del ser. La pila
Daath nos ayuda a ver de qué manera nos movemos entre
ellos. Por eso le he dado el nombre de Transformación.

Las posiciones y los significados


¿Cuáles son, pues, las posiciones específicas de las sephi­
roth? La lista siguiente es la que yo uso, basada en parte en
sugerencias tomadas de diversos comentarios. La ofrezco
como guía y como un sistema posible, pero quienes quieran
trabajar específicamente con el Árbol de la Vida querrán
formular sus propias posiciones. Usando la pauta numérica
que aparece en la página 213, las posiciones son:

214
1 Kether o la Corona — La suprema evolución espiritual
Con esto aludimos a las cualidades mejores y más auténti­
cas de la persona, y a los caminos por los cuales ésta llega a
tales niveles. La Corona no siempre mostrará cualidades
muy positivas o jubilosas. Algunas personas alcanzan lo
mejor de su evolución mediante la lucha o la tristeza. R e­
cuerdo una lectura en que la Torre ocupaba el centro de la
línea Kether, con la Estrella a dos cartas de distancia. Al
consultante se le hacía muy difícil evolucionar de manera
estable. Tendía siempre a pasar por ciclos de tensión, explo­
sión y liberación, un tema que resonaba durante toda la lec­
tura, hasta el final, en que el Diablo aparecía en el centro de
su línea Daath.

2 Hokmah o la Sabiduría
La segunda sephirah, Hokmah o la Sabiduría, representa la
Inteligencia Creativa, las formas en que la persona avanza
hacia el objetivo de la Evolución Suprema. Relacionada ge­
neralmente con la línea de la Corona, esta sephirah destaca
más bien el proceso de la evolución que su resultado. Por
ejemplo, si el Sol aparece en la línea de la Corona, lo inter­
pretaremos como júbilo y libertad, apreciados por sí mis­
mos. Si apareciera en la Inteligencia Creativa, pensaríamos
en aquellas cualidades como medios para alcanzar cual­
quier cosa que hubiéramos visto en la Corona. Com o la pri­
mera línea, la Inteligencia Creativa también puede incluir
cartas difíciles o desagradables, como representación de lo
que la persona usa para crecer.
Cuando aparecen tales cartas, es importante considerar­
las no solamente en relación con su función —para ver cómo
la persona puede usarlas de manera creativa— , sino tam­
bién en relación con las otras cartas de la línea. Por ejem­
plo, supongamos que el Nueve de Varas apareciera en
Hokmah. El lector insistiría primero en la fuerza y la deter­
minación, más que en la rigidez inherente al naipe. Pero
supongamos que en la misma línea apareciera también el
Cuatro de Varas; entonces, hay que ver el Nueve como par­
te de un ciclo de defensa y apertura, en que ambas se ayu­

215
dan y fortalecen recíprocamente. Y como aparecen en la
segunda línea del triángulo del Espíritu, pensaríamos en
ellas no simplemente como un ciclo que repite una y otra
vez la misma experiencia, sino como una espiral que con­
duce a las imágenes, sean las que fueren, que aparecían
en Kether.
Se ha de tener en cuenta que, obviamente, la lectura del
Arbol de la Vida exige mucha experiencia con las cartas y
con la adivinación para obtener resultados adecuados. El
lector no sólo debe interpretar siete cartas para cada posi­
ción, sino que cada posición debe relacionarse con las otras.

3 Binah o el Entendimiento
El triángulo se completa con Binah, el Entendimiento. En la
Cábala, la diferencia entre Sabiduría y Entendimiento se
refiere principalmente a la forma en que el alma contempla
a Dios y se autocontempla. En la experiencia, más terrenal,
de una lectura, podemos considerar como Entendimiento
aquellas experiencias que frenan nuestra evolución, es de­
cir, las Penas y las Cargas. Aquí, las cartas muestran las limi­
taciones de la persona, y esta vez es necesario adaptar las
imágenes más positivas a los términos de la línea. Al mismo
tiempo, el título original, el Entendimiento, nos lleva a con­
siderar la forma en que pueden ser superadas estas limi­
taciones.
El triángulo del medio representa los aspectos más co­
rrientes de la vida, y aquí comenzamos con los dos lados y
terminamos en el medio.

4 Geuurah o el Juicio
En la posición opuesta a los Logros Terrenales se encuentra
Gevurah, o el Juicio, que representa las Dificultades. Estas
pueden incluir cualquier cosa, desde problemas de dinero a
soledad. En una lectura, la Reina de Espadas en esta línea
me indicó que la consultante era viuda.

5 Hesed o la Misericordia
La quinta sephirah representa los Logros Terrenales, lo cual

216
significa aquello que la persona ha de alcanzar en la vida en
los dominios del trabajo, el hogar, el dinero, los amigos, etc.
Por lo común, la línea acentuará factores de éxito antes que
de fracaso. También puede indicar las maneras en que los
Logros Terrenales afectan al carácter de la persona. Los
tres triángulos forman un diseño único, un hecho que por lo
común se pone cada vez más de manifiesto a medida que
se avanza en la lectura y las relaciones se muestran con más
fuerza. Por lo tanto, será frecuente que las preocupaciones
triviales de los Logros Terrenales reflejen la conciencia es­
piritual de la Fuerza Creativa que está por encima de esta
posición. Muchas veces, la comprensión de las posiciones
inferiores en el Arbol será la clave que permita volver atrás
e interpretar las superiores.

6 Tifereth o la Belleza

La punta del triángulo representa a Tifereth, la Belleza. En


las lecturas, me valgo de esta posición para indicar la Salud.
Usar el Tarot para diagnosticar problemas físicos específi­
cos puede ser una operación muy engañosa, aunque hay
sugerencias para hacerlo, relacionando por lo general las
cartas con aspectos astrológicos o con otros sistemas. S e­
gún mi experiencia, es mejor obtener de la línea un cuadro
más general, que no tenga en cuenta solamente el estado
físico, sino también la salud emocional y espiritual.
Una recomendación: obsérvese cuáles son los elemen­
tos que dominan. La abundancia de Varas sugiere buena
salud general durante toda la vida de la persona, aunque,
naturalmente, naipes com o el Diez o el Nueve de Varas, lo
mismo que cuando las cartas de este palo aparecen inverti­
das, pueden indicar lo opuesto. Las Copas y Espadas tien­
den a revelar la condición emocional y espiritual de la per­
sona, en tanto que los Pentáculos suelen señalar una salud
más débil, o la necesidad de ocuparse más del cuerpo. El
Cinco, por ejemplo, sería una clara advertencia. Un predo­
minio de Arcanos Mayores en la línea es más difícil de inter­
pretar, y su significado depende de las cartas que aparez­
can. La Fuerza, naturalmente, indicaría buena salud en ge­

217
neral, la Templanza una enfermedad evitada mediante pre­
cauciones, en tanto que el Diablo podría significar malestar
o hipocondría. A veces, una única carta Mayor puede sim­
bolizar alguna situación especial que ha aparecido o apare­
cerá en la vida de la persona. Las secuencias temporales en
esta línea, y en el Arbol en su totalidad, son un problema
difícil, especialmente para el lector principiante.
El tercer triángulo tiene que ver con el inconsciente, y en
particular con las pulsiones imaginativas y sexuales. En el
volumen sobre los Arcanos Mayores consideramos la idea
de que el superconsciente, o energía y conciencia espiritual,
consista en el inconsciente, transformado y vuelto cons­
ciente. A este respecto, es frecuente que el Arbol muestre
conexiones muy fuertes entre los triángulos superior e infe­
rior, en tanto que el nivel medio — las experiencias cons­
cientes de la persona— forma un vínculo entre los dos.
Antes describí al subconsciente como el lado reprimido
del ego, distinto del inconsciente, que es la energía vital de
la persona. Ninguno de estos triángulos aborda específica­
mente este sentido del subconsciente. Este material mante­
nido en secreto puede aparecer en cambio a lo largo de
toda la lectura, dejando al descubierto problemas, agresivi­
dad o deseos insatisfechos. Lamentablemente, la amplitud
del tema no me permite dar ejemplos detallados. (Y me dis­
culpo por caer en algo que se asemeja a las oscuras insinua­
ciones que encuentra uno a menudo en los libros de ocul­
tismo: «A qu í no puedo decir ya más sobre el tema.») Sólo
quiero señalar que podemos ver el funcionamiento del sub­
consciente en las contradicciones aparentes, por ejemplo,
del Dos de Espadas, que aparece como un bloqueo en la
línea de la Fuerza Creativa.

7 Netzach o la Eternidad
La séptima sephirah, Netzach, significa la Eternidad. En este
sistema, la he usado como representación de la Disciplina,
las formas en que la persona puede poner en funciona­
miento su imaginación. Al decir «disciplina» no me refiero
al tipo de reglas estrictas que normalmente evoca la pala­

218
bra, sino a la dirección y al entrenamiento deliberados que
simboliza el halcón encapuchado del Nueve de Pentáculos.
Bajo una disciplina tal, el poder creativo no resulta confi­
nado ni se debilita, sino que, estimulado, se libera. Ello ocurre
porque el beneficio que rinde a nuestra vida esta cualidad
del inconsciente se incrementa más cuanto más la dirigi­
mos. Esto es algo que saben bien la mayoría de los artistas y
las personas que han trabajado seriamente en ocultismo.
La mayoría de las personas que no trabajan deliberada­
mente con la energía inconsciente se encuentran con que
permanece simplemente latente. Es posible que lleven una
vida que parezca monótona, o que se consideren personas
carentes de toda creatividad. En algunos casos, sin embar­
go, el inconsciente es tan fuerte que puede hacer irrupción
por sí solo, provocando el caos o incluso la locura. Recuer­
do una lectura (no era un Arbol de la Vida) que hice a un
hombre que había pasado por un colapso nervioso grave
después de una serie de intensas experiencias psíquicas. En
la lectura apareció el Nueve de Pentáculos, pero también el
Ermitaño, como indicación de que un maestro capaz podría
canalizar la energía que tan dolorosamente había irrum­
pido en su vida. La disciplina, en el mejor de los sentidos,
representa el proceso de elevar el inconsciente y transfor­
marlo en energía creativa.
Com o la mayor parte de las personas no se sienten m o­
vidas, ni menos aún impulsadas, a trabajar en el dominio de
lo «psíquico» o del ocultismo, generalmente encontramos
preocupaciones más corrientes reflejadas en esta posición,
posición que puede referirse, aunque no necesariamente, al
trabajo artístico. Para algunas personas, el inconsciente se
expresa en una carrera, o en la creación de un hogar acoge­
dor y cálido para su familia. Lo importante en esta línea es
que muestre la formación o el trabajo necesarios para que
la persona haga algo con potencial creativo. Si en esta línea
aparecen cartas bloqueadas, com o el Ocho de Espadas, eso
puede ser muy significativo para toda la lectura, ya que una
parte muy importante de nuestra vida depende de la libera­
ción de la energía inconsciente.

219
8 Hod o la Reverberación
Del otro lado del triángulo encontramos la octava sephirah,
la Reverberación. El título adivinatorio para esta línea —Amor
y Sensualidad— hace generalmente que el consultante se
ponga alerta y escuche con gran atención. Esta línea mues­
tra el impulso sexual del individuo y la forma en que sus
necesidades funcionan en la práctica, es decir, lo que quiere
y lo que obtiene. Según las personas, esta línea puede ser
también la clave para todas las otras, aunque tal vez no con
tanta frecuencia como cabría esperar.
Obsérvese que la posición del Am or y la Sensualidad se
encuentra en el lado restrictivo del Arbol, en tanto que la
Disciplina aparece del lado de la expansión. Esta construc­
ción refleja el hecho de que con frecuencia nuestros impul­
sos sexuales nos dominan, haciéndonos hacer cosas que de
otra manera evitaríamos, o impidiéndonos la liberaración
de potencialidades pertenecientes a otros campos. La Disci­
plina, por otra parte, se vale de la energía imaginativa,
orientándola en la dirección de la transformación hacia lo
espiritual. Es dable que las cartas sexuales no aparezcan en
la posición de Am or y Sensualidad, sino en la de Disciplina,
lo que sugiere que la persona evoluciona por mediación del
amor, tal como lo simboliza el ángel que se eleva entre el
hombre y la mujer en los Enamorados. Para personas así, el
amor es tanto una disciplina com o una tentación o una
debilidad.
Debo añadir que la aparición del Am or y la Sensualidad
en el lado de la Restricción no exige que la interpretemos
como un problema. Si las cartas muestran satisfacción y
libertad, entonces es ciertamente ése el sentido en que de­
bemos interpretarlas.

9 Yesod o el Fundamento
La novena sephirah, Yesod o el Fundamento, representa la
Imaginación, que de muchas maneras constituye el autén­
tico fundamento del sí mismo. Para la mayoría de las perso­
nas, que no se plantean programas de autocrecimiento, el
inconsciente jamás llega a hacerse consciente. N o por eso

220
deja de ser la fuente y la fuerza impulsora de la personali­
dad. Tenemos un atisbo de esta energía en actividades tales
como los sueños, las fantasías, los deseos... dicho de otra
manera, lo que habitualmente llamamos la imaginación.
Pero al llamar Imaginación a la línea del Fundamento, de
hecho aludimos a mucho más que esas manifestaciones. El
término representa aquí la energía misma, enroscada por
debajo de la personalidad consciente, que envía sus deste­
llos hacia el mundo exterior. Los naipes que salen en esta
línea revelan la configuración y el ánimo del inconsciente
de la persona. Con frecuencia se relacionan muy directa­
mente con la línea de la Evolución Suprema, situada por
encima de ellos.

10 Malkuth o el Reino
Debajo de la Imaginación se encuentra Malkuth, o el Reino,
es decir, el mundo que rodea a la persona. Aquí vemos las
influencias externas, las otras personas, las situaciones per­
sonales tanto como las sociales y políticas. Generalmente,
por cierto, las indicaciones de estas fuerzas exteriores apa­
recen en el curso de toda la lectura. En una lectura que
hice, el Emperador — representante del marido dominante
de la mujer— apareció en el centro mismo de la línea de la
Salud, es decir, en el centro exacto del Arbol. Sin embargo,
la última línea destaca las influencias externas y demuestra,
además, el efecto de éstas sobre el sujeto. Podemos consi­
derar esta posición como similar al Ambiente en la Cruz
Celta, pero mucho más expandida.

Daath
Finalmente llegamos a Daath. Aunque la dejamos aparte
del Arbol al sacar las cartas, muchos lectores preferirán si­
tuarla debajo de Malkuth, con lo que se obtiene un Arbol
simétrico que, al mismo tiempo, demuestra gráficamente
cómo hay conexiones subyacentes en todas las posiciones.
A veces, estas cartas harán clara referencia a una situa­
ción determinada que aparece arriba, en uno de los tres
triángulos. Generalmente, a las cartas que salen en la posi­
ción de Daath no les asignamos una función específica,
como lo hacemos con las otras líneas. Com o el Loco en los
Arcanos Mayores, Daath se mueve entre todas ellas, unien­
do entre sí las cosas, ayudando a que la pauta general se
aclare más en la mente del lector y del sujeto.

La imagen del Árbol en su totalidad, las setenta y ocho


cartas de brillantes colores, puede ser un espectáculo increí­
ble; a veces lo he fotografiado, haciendo una copia para mí
y otra para el sujeto. Y o recomendaría a los lectores que se
hicieran un esquema del Arbol, marcando las posiciones y
los naipes individuales. A la mayoría de las personas tam­
bién les resulta útil grabar una cinta de cassette, que vuelve
accesible en cualquier momento esa enorme cantidad de
información.
Si el lector y el consultante han iniciado un programa
regular de lecturas, entonces grabar y registrar por escrito
un Arbol de la Vida puede ayudar a que aquéllas sean más
efectivas. Con frecuencia, es mejor no hacer inmediata­
mente el Arbol, sino más bien empezar por una o dos lectu­
ras «pequeñas» para hacerse una idea de cuáles son los
problemas en la vida de esa persona. Entonces, un Arbol de
la Vida ofrecerá una visión amplia del sujeto, que tanto éste
como el lector podrán usar como punto de referencia en
sucesivas lecturas.
Para hacer una lectura de este tipo se necesita un gran
conocimiento de las cartas y de las formas en que éstas se
combinan. Recuérdese que el astrólogo que prepara una
carta natal puede, generalmente, levantarla por anticipado
y estudiar sus características antes de tener que explicárse­
las al sujeto. Pero una lectura del Arbol de la Vida, como
cualquier lectura del Tarot, funciona mejor cuando inter­
pretamos las cartas a medida que vamos tirándolas.
Recuérdese también que cada línea contiene siete car­
tas. Cada línea constituye, en sí misma, una lectura. En oca­
siones, las siete cartas se presentan como un grupo de ex­
periencias individuales, pero lo más frecuente es que se
forme un diseño dentro de la línea. Nuestra comprensión

'22
de la línea puede ir, digamos, de izquierda a derecha, casi
como si leyéramos un relato; o podemos concentrarnos en
la carta central como tema dominante, e interpretar parcial­
mente las cartas que la rodean de acuerdo con sus posicio­
nes. Con frecuencia me he encontrado con una clave im­
portante en la simetría: las cartas uno y siete se relacionan
entre sí, lo mismo que la dos y la seis, etc. O bien las tres car­
tas de la derecha pueden mostrar una característica, en tanto
que las de la izquierda apuntan a alguna otra, posiblemente
contradictoria. Cada línea es portadora de su propio movi­
miento, de su propia perfección.

223
7

Cómo usar las


lecturas del Tarot

El valor de una lectura depende, por lo menos para el con­


sultante, de lo que éste haga después con ella. A las perso­
nas que vienen a hacerse una lectura por curiosidad, o
como si se tratara de un juego, lo más probable es que no
las afecte vitalmente, como si se tratara de un espectáculo
que ven desde la platea. Pero éste es un espectáculo que les
concierne, y si la lectura significa algo real, querrán sacar de
ella alguna utilidad práctica.
Lo primero de todo es que ni el lector ni el sujeto pue­
den sacar provecho alguno de la lectura a menos que la en­
tiendan. Por consiguiente, el lector debe cultivar su habili­
dad para la interpretación, y la mejor manera de conse­
guirlo es la práctica. Un principiante no puede presuponer
una gran profundidad de conocimiento; se trata simple­
mente de continuar con la práctica. N o te preocupes si no
puedes ver cómo armonizan entre sí las cosas, ni te sientas
confundido por todas las interpretaciones posibles de una
caria aislada. Después de un tiempo, empezarás a darte
cuenta de cosas que te habrían pasado inadvertidas cuando
apenas comenzabas.
Estudia. Apréndete los significados que te ofrezca cual­
quier libro que te impresione como valioso, y después co-

4
mienza con el proceso de hacerte tu propio libro. Cómprate
un buen cuaderno y ve anotando en él tus descripciones,
así como los sentimientos y las vivencias que te movilice
cada carta. Puedes hacerlo con palabras, imágenes, diagra­
mas o cualquier medio que signifique algo para ti. En el
mismo cuaderno — o en otro— resume las lecturas que
hagas y lo que hayas aprendido de ellas. Si alguna lectura te
enseña algo nuevo, referente a alguna carta, a alguna com­
binación de ellas o a todo el mazo, anótalo también.
N o des por sentado que sabes lo que ya has aprendido.
Todos tenemos ciertos prejuicios, y con el correr del tiempo
tendemos a recordar algunos significados y a olvidar otros.
Con frecuencia, parece que una carta no tuviera sentido
porque, llevados por el hábito, insistimos en interpretarla de
determinada manera, cuando otro significado que quizás
hemos olvidado aclararía inmediatamente el mensaje. Por
lo tanto, de cuando en cuando, incluso cuando ya creas que
conoces de memoria todas las cartas, vuelve a pasar revista
a tus notas y tus libros. Te quedarás sorprendido ante lo
mucho que sigues aprendiendo.
Llevar un cuaderno de notas sirve también a otro fin. Tal
como ya dijimos, las lecturas del Tarot nos ayudan a alcan­
zar el equilibrio entre la intuición y la acción, entre la Suma
Sacerdotisa y el Mago. Tomar notas es una manera práctica
de lograrlo, porque en ella se combinan nuestras propias
impresiones con las ideas que hemos aprendido en los li­
bros. Y hacer tu propio libro es especialmente importante si
eres de esas personas que creen en lo que aprenden de un
libro o de un maestro. El lector eres tú, y en cualquier situa­
ción las cartas estarán frente a ti y frente a nadie más. Sin la
capacidad de responder instintivamente a las imágenes,
jamás serás capaz de escoger entre las interpretaciones po­
sibles, y mucho menos de encontrar un significado nuevo
que sea precisamente el que requiere esa lectura.
Todos poseemos la capacidad de responder intuitiva­
mente, pero — como cualquier otra facultad— este tipo de
percepción nos exige que la cultivemos. Y para eso también
sirve un cuaderno. Además de recopilar algo permanente a

225
lo que podemos remitirnos más adelante, el hecho mismo
de ponerlas por escrito da más consistencia a las ideas. 0
bien puede ser que encuentres que las ideas originarias van
ampliándose porque, al escribirlas, se te ocurren cosas
nuevas.
También puedes ejercitar la intuición dedicando tiempo
a las imágenes, mirándolas, mezclándolas, combinando re­
latos con ellas, y sobre todo olvidándote de lo que se su­
pone que significan. Olvídate del simbolismo cuando pres­
tas atención a los colores, las formas, el tacto y el peso de
las cartas.
A medida que el lector se va haciendo más competente,
las lecturas se vuelven más valiosas. El principal elemento
que obtenemos de una lectura es información, pero la infor­
mación puede ser de diferentes tipos. A las personas capa­
ces de percibir las tendencias ocultas que van configurando
toda nuestra vida, el Tarot puede enseñarles qué forma es­
pecial van asumiendo esas tendencias en un momento dado.
A otras, las lecturas pueden mostrarles los resultados pro­
bables de determinada situación o decisión. Buscar un tra­
bajo nuevo, iniciar una relación amorosa, escribir una no­
vela, son todas actividades terrenales, aparentemente muy
alejadas de las preocupaciones místicas de los Arcanos Ma­
yores. Sin embargo, son éstas las cosas que la mayoría de
las personas buscan en las lecturas del Tarot; y de hecho,
son también las maneras en que verdaderamente crece­
mos, porque son las formas en que nos comprometemos
con la vida, y constituyen la realidad que emerge de las ten­
dencias espirituales subyacentes. Una lectura puede ayu­
darnos a examinar las posibles consecuencias de tales ac­
ciones y decisiones.
Las lecturas del Tarot pueden, por ende, darnos infor­
mación. Pero actuar de manera acorde con esa informa­
ción, especialmente si va en contra de nuestros deseos, sigue
siendo muy difícil.
Podemos recurrir a innumerables subterfugios para ne­
gar la validez de las lecturas del Tarot. Podemos decirnos,
por ejemplo, que no es más que un mazo de naipes. Pero

226
incluso quienes no hacen de lado tan fácilmente las predic­
ciones del Tarot pueden pensar: «Ahora que ya sé lo que
dice, puedo tomar mis medidas para asegurarme de que las
cosas no salgan así.» Por la época en que empezaba yo a
usar los naipes de Tarot, hice una consulta sobre algo que
quería hacer, aunque reconocía que era peligroso. Las car­
tas indicaron un desastre, precisando además muy clara­
mente la forma que éste asumiría. «Bueno, ahora que ya he
visto cuáles son los peligros — me dije— , puedo hacer lo ne­
cesario para evitarlos.» Seguí adelante con lo que me pro­
ponía, y la situación resultó, hasta el último detalle, tal como
lo habían predicho las cartas. Com o evidentemente yo no
había aprendido la lección, volví a tirármelas, no con la es­
peranza de que me dijeran la verdad, sino en busca de algún
mensaje tranquilizador. Por aquel entonces estaba usando
un libro de significados, y cuando busqué el de la carta que
estaba en la posición de la Base, el texto me dio como inter­
pretación: «Has dejado de seguir un buen consejo.»
El problema que se plantea al tomar una decisión ba­
sada en una lectura del Tarot es que nunca sabemos cómo
habrían sido las cosas en caso de haber actuado de otra ma­
nera. Supongamos que una estudiante piensa en dejar la
universidad y las cartas le señalan inequívocamente que no
debe hacerlo. Si la consultante sigue el consejo, jamás sabrá
qué podría haber sucedido si, en cambio, hubiera obrado
según sus deseos. Claro que todo el sentido de la lectura re­
side en que efectivamente nos dice lo que habría sucedido.
Pero siempre podemos preguntarnos: «¿Y si no hubiera sido
cierto?» Una predicción, especialmente si proviene de un
mazo de naipes, jamás puede transmitir el mismo impacto
que una experiencia real. La curiosidad, por sí sola, puede
llevarnos a hacer cosas desastrosas.
Hace falta valor para superar la curiosidad y el deseo.
Hace algunos años leí que el poeta Alien Ginsberg y una
mujer que era su amante estaban pensando en tener un
niño. Hicieron una lectura, no recuerdo si con el Tarot o
con el I Ching, y como recibieron una predicción negativa,
renunciaron a la idea. N o sé hasta qué punto deseaban

227
realmente tener un hijo, pero recuerdo que me admiró su
fuerza para resistirse al deseo. En una ocasión, no fui a una
conferencia que me parecía valiosa, porque las cartas me
anunciaron consecuencias desagradables. Reconocía que,
por lo menos en relación con lo que yo podía haber apor­
tado a la situación, lo que las cartas indicaban era verdad.
Pero, aun así, se me hizo difícil hacer caso de la predicción y
no seguir adelante con el proyecto.
Podem os inventarnos unas excusas verdaderamente
maravillosas para evitar la flagrante verdad de una lectura.
Si las cartas nos merecen demasiado respeto para declarar
simplemente que lo que dicen es un disparate, con frecuen­
cia buscaremos ciertas «falsas» imágenes para no dar cré­
dito a la lectura. ¿No parece acaso que la carta del Desen­
lace no tiene nada que ver con la situación? En vez de inter­
pretarla a la luz de las otras, preferimos rechazar la lectura
en su totalidad.
Algunos libros aconsejan que jamás se haga uno sus
propias lecturas, para no caer en la falta de objetividad. Du­
rante largo tiempo, una amiga y yo nos leíamos las cartas
una a otra, porque ninguna de las dos estaba demasiado se­
gura de ser capaz de interpretar objetivamente sus propias
tiradas. Y cuando yo empecé a hacer mis propias lecturas,
todavía se me hacía difícil no caer en diversas trampas men­
tales para esquivar las imágenes desagradables. Mi treta fa­
vorita funcionaba de la siguiente manera: no podía ignorar
las cartas que no me gustaban, o simplemente declarar que
mentían o exageraban, porque me habría parecido dema­
siado burdo. Entonces, buscaba en la lectura alguna imagen
muy positiva, como podía ser el As de Copas, y me decía:
«Esto no puede ser verdad, de semejante follón no puede
salir nada bueno.» Y entonces, sobre la base de que si esa
carta no tenía sentido ninguna de las demás podía tenerlo,
restaba importancia a toda la lectura. Otra treta a la que re­
curría era echar las cartas en forma muy despreocupada, de
modo que si aparecía algo malo podía decirme: «Bueno,
esta tirada en realidad no vale, no la estaba haciendo en
serio.» Sólo pude empezar a hacer mis propias lecturas

228
cuando empecé a tratarlas de la misma manera que trataba
una lectura para un tercero: a mezclar cuidadosamente las
cartas, a trabajar con las imágenes, a tratar de sacar alguna
orientación respecto a lo que tenía que hacer (o no hacer).
Una lectura no siempre dará un sí o un no inequívoco
en respuesta a una pregunta. Puede, simplemente, mostrar
una compleja trama de tendencias e influencias. En ocasio­
nes, la lectura no implica una elección, debido a una situa­
ción existente que no es fácil de evitar. Entonces hay imáge­
nes y significados específicos que adquieren gran importan­
cia. El Tarot puede ayudarnos a precisar cuáles son los ele­
mentos importantes en la situación, aquellos sobre los cuales
es preciso trabajar más para cambiar o producir el desen­
lace predicho.
La gente puede usar la idea de «Ahora que sé lo que
dice ya puedo hacer algo al respecto» como excusa para
obrar según sus deseos. Sin embargo, lo dicho sigue siendo
válido. Quizá tengamos una actitud muy pesimista, o un
miedo exagerado, o una esperanza irrazonable. Reconocer
estas cosas nos ayuda a tener una perspectiva más clara.
Tal vez nuestra experiencia pasada rija nuestro comporta­
miento o confunda lo que esperamos del futuro. Saber
conscientemente todo esto puede ser el primer paso para
superarlo. También puede ser que las cartas nos muestren
los celos o el ánimo vengativo de alguna persona, y enton­
ces podremos hacer lo necesario para liberarnos de su in­
fluencia. O, si las cartas nos muestran el amor y el apoyo de
alguien, sabremos que podemos confiar en esa persona.
Todas estas cosas exigen algún tipo de respuesta que las
vuelva reales. No podemos esperar valernos de la amistad
de alguien, si nosotros mismos no nos abrimos a esa amis­
tad. Siempre que sea posible, el lector debe tratar de indi­
car al sujeto los pasos definidos que este último puede dar
para sacar mejor partido de la información. Si el lector no
puede recomendar una línea de acción concreta, debe
entonces señalar el ámbito en el cual tiene que trabajar el
sujeto.
Por encima de todo, el lector debe aprender a sacar de

229
la lectura una pauta coherente. Con frecuencia, los lectores
principiantes se aprenden las cartas y avanzan hasta el pun­
to en que tienen la habilidad necesaria para interpretar cada
imagen en su posición específica. Al final de la lectura, el su­
jeto se encuentra ante una maraña de puntos diferentes y
sin ninguna idea clara de cómo se ensambla todo eso. Un
buen lector es capaz de resumir en unas pocas oraciones lo
que expresa la lectura. Yo, generalmente, intento hacerlo
tanto al comienzo como al final de la lectura, para imprimir
en la mente del sujeto los puntos más importantes. El A m ­
biente, ¿es un apoyo o un obstáculo? Las Expectativas de la
persona, ¿la ayudan o le hacen daño? ¿El Desenlace apor­
tará un Resultado valioso? El sujeto necesita que estas cues­
tiones le sean respondidas, no solamente en toda su com­
plejidad, sino también de una manera tan simple como sea
posible. ¿Y cómo se deriva una cosa de otra? ¿De qué ma­
nera colabora el pasado en la formación del futuro? ¿Qué
es lo que la persona aporta a la situación global?
Junto con la coherencia existe la necesidad de un enfo­
que positivo. N o es suficiente con pintar las cosas como
son. La persona quiere saber qué tiene y qué no tiene que
hacer. Si las cartas muestran algo bueno, el sujeto todavía
necesita saber cómo ayudar a que eso suceda. Y si lo que
muestran es un desastre, el lector debe decirlo, pero tam­
bién puede decir qué es — si hay algo— lo que puede hacer
la persona. ¿Qué es lo que produce ese Desenlace desagra­
dable? ¿No se pueden alterar o evitar esas influencias?
¿Cómo se las puede contrarrestar, o por lo menos amorti­
guar? ¿Qué elementos hay que muestren otras posibilida­
des? ¿Podemos esperar que en la situación se origine algo
bueno? Si el Desenlace se genera en alguna línea de acción
determinada, ¿debe abandonarla la persona? Cuando ha­
cemos una lectura de Tarot para alguien, asumimos la res­
ponsabilidad de tratar de orientar a esa persona en una di­
rección positiva.
Más allá de las sugerencias específicas de hacer esto
antes que lo otro, se encuentra un campo más vasto de ac­
ción posible, derivado de las maneras en que se equilibran

230
entre silos palos. En la introducción a cada palo considera­
mos sus problemas y la forma en que podíamos «añadir»
otros palos/elementos. En la práctica, esta adición es con
frecuencia difícil de lograr, porque significa alterar la pauta
que se mostró en la lectura misma. Sin embargo, por esta
misma razón vale la pena intentarla en situaciones en que
la lectura muestra un callejón sin salida si la persona se
queda con los elementos dados.
La forma más directa de hacer intervenir una influencia
exterior es valerse de simples sugerencias. Si la lectura in­
dica la necesidad de la influencia cimentadora de los Pen­
táculos, el sujeto puede tratar de hacer cosas de tipo físico,
como pueden ser deportes o jardinería, o de prestar más
atención a actividades más terrenales, tales como el trabajo,
el estudio o las labores de la casa. Si la lectura muestra una
necesidad de las cualidades acuosas de las Copas, entonces
el lector pude enfatizar los sueños y las fantasías del sujeto,
y puede sugerir actividades como la meditación o el dibujo.
Una persona puede satisfacer una necesidad de Varas vol­
viéndose físicamente más activa, compitiendo con otras
personas o empezando proyectos nuevos. Y la necesidad
de Espadas requiere que la situación del sujeto sea abor­
dada de manera sensata y cuidadosamente sopesada. Lo
importante de estas recomendaciones es que pueden ir más
allá de la lectura. Se ocupan tanto de las cartas que no apa­
recen como de las que sí lo hacen. Por consiguiente, los lec­
tores principiantes deben usar cuidadosamente este m é­
todo, para no dar por sentado demasiado conocimiento y
control de su parte.

La meditación

Hasta ahora, hemos considerado las respuestas prácticas a


la información obtenida de una lectura. Pero una lectura de
Tarot no es exactamente la serie de palabras que la descri­
ben; es más bien una serie de imágenes. Y la respuesta más
directa a una lectura depende de que se trabaje con las imá­

231
genes mismas. Para la gente que conoce bien las cartas, o
que tiene cierta experiencia con la meditación, se hace posi­
ble trabajar directamente con las imágenes para ayudar a la
concreción de los efectos asociados con ese naipe. N o hay
nada de impreciso ni de misterioso en este proceso. Exige
tanto concentración como sentimiento instintivo, y no reem­
plaza los pasos prácticos, aunque ayuda a que se vuelvan
más accesibles. Si en una lectura aparece la Fuerza como
algo necesario para nuestra vida, ¿por qué no dejar que la
carta misma nos ayude a dárnosla?
Además de la meditación como tal, yo suelo recomen­
dar a la gente que lleve consigo una carta determinada, y
que trate de mantenerse consciente de que la tiene consigo,
sacándola de cuando en cuando para mirarla y conside­
rando su significado. Esa conciencia constante también
ayuda a mantener en foco la totalidad de la lectura.
La meditación también puede ayudarnos a introducir
nuevas influencias desde fuera de la lectura. Supongamos
que la Estrella no aparezca en la lectura, pero que nosotros,
como lectores, creamos que debería estar presente. Dicho
de otra manera, nos parece que el arquetipo de la Estrella
simboliza exactamente aquellas cualidades que necesita la
persona. Entonces podemos mostrarle la carta, y hablar con
ella de las ideas asociadas con la imagen. Sin embargo, vale
más darle la posibilidad de una vivencia directa de la carta.
El método es, brevemente, el que sigue. Empezamos
por llevar al sujeto a un estado meditativo, ayudándolo a
que se relaje, a que respire profundamente, y a liberar así
todos los pensamientos y las tensiones que obstruyen su
conciencia. Cuando el sujeto ha alcanzado este nivel (que
con cierta experiencia podremos percibir), empezamos a
ofrecerle sugerencias que lo lleven a adentrarse en la carta.
Las sugerencias pueden ser una descripción de la carta
para montar la escena (con la Emperatriz, por ejemplo:
«Estás en un jardín lleno de flores, a través del cual corre un
río. Hay una mujer reclinada en un diván...») o, más simple­
mente, imágenes básicas como el sol, el agua, el viento, que
pertenezcan a las cualidades arquetípicas del naipe.

232
Por lo común, lo mejor es que esas sugerencias iniciales
sean tan simples como sea posible. Al describir la carta, no
debemos tratar de incluir todos los detalles. Es mejor dejar
que el sujeto cree sus propias impresiones, mientras el lec­
tor se limita a funcionar como un guía que lo anima a con­
tinuar.
Podemos mantener la experiencia en este nivel básico, o
bien llevarla más lejos, haciendo sugerencias más comple­
jas o empezando a hacer preguntas («Qué ves?», «¿Qué
está haciendo la persona?», «¿Puedes oír algo?»), de ma­
nera que el consultante empiece a fantasear más allá de
nuestras directivas. A veces, la meditación permite que la
persona tenga una vivencia nueva y diferente de los ele­
mentos arquetípicos. En otras ocasiones, las cosas pueden
ir aún más lejos; las imágenes se transformarán, liberando
algún contenido de especial intensidad dentro de la per­
sona. Varias veces, después de haber dirigido una medita­
ción en grupo, trabajando con una clase, alguien ha venido
a decirme que la meditación le había permitido resolver
algún problema o bloqueo emocional que arrastraba desde
hacía tiempo. Estos aparentes descubrimientos, como es
natural, se originaban en las personas mismas, que ya esta­
ban preparadas —y lo habían estado durante cierto tiempo—
para pasar de su estado presente a otro nivel, pero no po­
dían decidirse a dar el salto. La meditación les permitía ha­
cerlo sin que se dieran cuenta hasta que ya había suce­
dido.
La meditación también puede ayudar al sujeto a enten­
der en forma más profunda y más personal una carta deter­
minada. Cierta vez hice una meditación con una consul­
tante para quien el Emperador constituía una imagen re­
mota, casi aterradora, y en todo caso nada atractiva. Em­
pecé por montarle la escena: la estrecha imagen de un de­
sierto de piedra que daba sobre una vasta llanura donde se
amontonaban los súbditos del Emperador. Cuando le pedí
que describiera a esas gentes, la mujer las vio a todas enca­
puchadas — es decir, sin cara— e inclinadas, ocupadas en
tareas que las hacían parecer robots. La expresión cruel y

233
colérica del Emperador hacía que la gente no se atreviera a
mirarlo. El pueblo simbolizaba a la mujer y su mala disposi­
ción a aventurarse más profundamente en el naipe.
Entonces le dije que hiciera precisamente eso, no limi­
tarse a mirar al Emperador, sino encaminarse directamente
hacia él. Cuando la consultante actuó esa fantasía, sucedió
algo extraño. El despótico Emperador se convirtió en una
especie de títere inofensivo, en tanto que por detrás de él se
elevaba algo así como un gran fantasma o figura espiritual,
hermosa y benévola. La reacción de miedo y aversión ante
la estructura social que simboliza el Emperador había ce­
dido el paso a un sentimiento de la estructura espiritual
subyacente en el universo.
Esta experiencia no sólo dio un sentido mucho más am­
plio de la significación profunda del Emperador a la consul­
tante, sino que tuvo el mismo efecto para mí. Con ella pude
ir más allá de la imagen del Emperador en cuanto sociedad
y llegar al significado más oculto de la carta en cuanto sim­
boliza al propio cosmos. Cada vez que proponemos a al­
guien una meditación, nosotros mismos participamos en
ella.
Al mismo tiempo, sólo podemos guiar a otras personas
en este tipo de ejercicios después de haber tenido nosotros
cierta experiencia con ellos. Quien sea un principiante en
meditación debe darse cuenta, sobre todo, de que se trata
de una actividad que tiende a funcionar mejor cuanto más
se la practica. Si nunca se ha intentado meditar, puede ser
que produzca un poderoso efecto la primera vez, pero lo
más probable, sin embargo, es que resulte difícil concen­
trarse, o simplemente que uno se encuentre físicamente in­
cómodo al tratar de estar sentado sin moverse. Hay que se­
guir intentándolo, y si es posible, recurrir a un maestro que
nos enseñe los elementos básicos de la respiración y de
la postura.
No es mi intención recomendar ninguna técnica especí­
fica para alcanzar un estado meditativo. Sobre el tema abun­
dan los libros y las clases, y muchas personas se encontra­
rán con que necesitan ensayar un poco hasta encontrar el

234
método que mejor responda a sus necesidades. Aunque la
mayor parte de estas técnicas se pueden adecuar para tra­
bajar con el Tarot, las más fácilmente adaptables son aque­
llas que ponen en juego la visualización (a diferencia de las
que se apoyan en salmodiar [un mantra o una melodía] o
en lograr un completo vacío mental).
Son muy diferentes los métodos usados para incorporar
las cartas a la meditación. Algunas personas empiezan con
los ojos cerrados, y no miran el naipe mientras no han al­
canzado cierto estado; otras hacen lo contrario: comienzan
mirando atentamente la carta hasta alcanzar cierta unidad
con ella, y después cierran los ojos y dejan que a partir de
ahí sigan fluyendo las imágenes. Otras sostienen la carta
frente a ellas con el brazo extendido y la van acercando len­
tamente hacia el plexo solar, para «incorporarla al aura».
De cualquier manera que se comience, recomiendo al
lector que trabaje con las imágenes y los sentimientos que
le movilice la carta, y no con el simbolismo que haya apren­
dido a asociar con ella, que procure dejarse afectar por la
imagen, permitir que sus reacciones afloren a la superficie y
dejar luego que se alejen de él antes de que lleguen a blo­
quear experiencias ulteriores. A veces, para mí ha sido una
ayuda mirar la carta sin enfocar los ojos, de modo que los
símbolos y las formas concretas se disuelvan en colores y
figuras.
En otras ocasiones, especialmente cuando doy un tema
de meditación a alguien, prefiero ignorar la imagen y suge­
rir alguna escena asociada con ella. Por ejemplo, con el
Loco, en vez de ese personaje específico con su vestimenta
multicolor, suelo usar una imagen más simple, la de la cima
de una montaña iluminada por el sol. Es más importante
conseguir que el sujeto (o uno mismo) se sitúe en la escena
que ajustarse exactamente a la carta.
También el movimiento o la postura puede ayudar en la
evocación de ciertas cartas. Para el Mago, está la posibilidad
de ponerse de pie — o de sentarse— con un brazo levan­
tado «hacia el cielo» y el otro apuntando a la tierra.
Hay veces que la meditación no irá más allá de una toma

235
de contacto con el naipe, o del descubrimiento de nuevas
ideas sobre la carta y sobre uno mismo. Otras, nos encon­
traremos «adentrándonos» en la carta, es decir, encontrán­
donos a nosotros mismos dentro de la imagen, participando
activamente en alguna situación con los personajes de la fi­
gura. Esto puede suceder de una forma tal que nos arrebate
y nos encontremos con todo nuestro ser puesto allí, y no
aquí. Pero lo más probable es que lo vivenciemos como una
fantasía que transcurre delante de nosotros, sin que perda­
mos la conciencia de nosotros mismos sentados en el suelo
o reclinados en la cama. De cualquiera de las dos maneras,
son vivencias intensas que se hace difícil expresar con pala­
bras. Encarnan un significado a la vez personal y arquetí-
pico, ya que mientras que las cartas nos presentan imáge­
nes de un significado muy profundo, lo que nosotros haga­
mos con tales imágenes resulta de nuestras propias necesi­
dades y experiencias.
Varias personas, entre ellas P. D. Ouspensky y Joseph
d’Agostino, han intentado poner por escrito sus meditacio­
nes con el Tarot para que sirvan como ejemplo o guía. En
mi opinión, esas descripciones no transmiten realmente la
vivencia de la carta que cobra vida, del practicante que se
convierte en parte de la imagen. Cada persona experimenta
cosas diferentes en esos momentos. Por ejemplo, con la
Fuerza podría ser que te encontraras corriendo con el león,
o que te vieras envuelto por el chal floreado de la mujer, o
que te convirtieras en la mujer o en el león; incluso, como
me sucedió una vez, podría pasar que la mujer soltara al
león para que éste te saltase encima, clavándote las garras
y mordiéndote.
Puedo ofrecer algunas sugerencias más. Si no hay una
imagen determinada que te atraiga para trabajar con ella,
puedes hacer una lectura, o simplemente ir recorriendo el
mazo hasta que una carta te «atrape» y te encuentres den­
tro de ella. Entonces ponía delante de ti y comienza una
meditación normal. Toma conciencia de la imagen, dejando
de lado cualquier idea previa que puedas tener sobre ella.
Puedes tener los ojos cerrados o abiertos; eso depende de

236
lo que sea mejor para ti; la mayor parte de las personas en­
cuentran que prefieren tener los ojos cerrados, por lo menos
cuando la fantasía se inicia. Procura ver y sentir que tú
mismo estás allí, en ese lugar, con esas personas y esos
animales.
Como ya dijimos, si estás haciendo hacer una medita­
ción a otra persona debes darle sugerencias que le permi­
tan entregarse a la imagen. También es posible que des­
pués de experimentar un poco quieras usar tú mismo tales
sugerencias. Para trabajar con el Colgado, yo recurro con
frecuencia a la imagen de ir trepando por un árbol grande,
deteniéndome a distintas alturas para mirar hacia la tierra y
el mar que van quedando por debajo de mí, y al cielo y las
estrellas que hay arriba. También puedes simplemente que­
rer una descripción de la carta, que puedas escuchar con
los ojos cerrados. Si quieres trabajar con este tipo de guías,
podría resultarte útil grabar antes una cinta, para que tu
mente consciente no tenga que estar ocupada recordando
qué viene luego. Procura hacer la grabación de modo que
queden suficientes espacios de silencio para permitirte reac­
cionar. También podrías incluir en la cinta el comienzo de la
meditación, es decir, las instrucciones para la relajación, para
respirar profundamente, etc., o bien dejar simplemente un
prolongado silencio inicial. De cualquiera de las dos mane­
ras, la mayoría de las personas prefieren poner en marcha
la grabación al comienzo y dejar que lleguen las instruccio­
nes sin tener que tomar una decisión consciente. Por su­
puesto, puedes usar una y otra vez la misma cinta, prepa­
rando pies [como se dice en teatro], para las diferentes car­
tas. O también puedes hacer una grabación general, con las
instrucciones para relajarte, entrar en contacto y unirte con
el naipe, y así sucesivamente.
Lo más importante es procurar no dirigir ni controlar lo
que vaya surgiendo. Esto es válido tanto para guiar las m e­
ditaciones de los demás como para las propias. Aquí, la
línea divisoria es muy tenue. Si la dirección es muy débil, la
atención no se mantendrá; si es excesiva, no se permitirá
que la imaginación del sujeto vaya creando su propio mun­

237
do. Lo mismo que sucede en otras situaciones, la experien­
cia es la mejor guía. Tanto si trabajas solo como si lo haces
con otros, procura no anticipar tus vivencias, y no temerles.
La mayoría de las personas no tienen suficiente respeto por
su imaginación; creen que pueden entender cualquier cosa
que ella les muestre. Si ven de pronto imágenes de mons­
truos o demonios, o de muerte, creen que eso significa algo
terrible que viene desde su propio interior, algo con lo que
no quieren enfrentarse. Pero la imaginación es mucho más
sutil que ellas, y funciona a su manera, de acuerdo con sus
propias reglas. Es frecuente que lo que en un primer m o­
mento pareció inquietante se convierta luego en motivo de
inspiración. Jung llamaba a la imaginación «el órgano del
inconsciente». Si se la deja que se adueñe de nuestra ca­
beza, nos llevará allí donde a la mente consciente no se le
habría ocurrido ir... o no se habría atrevido.
T odo esto es válido especialmente para las cartas Porta­
les, lo mismo que para los Arcanos Mayores, cuya silenciosa
cualidad de Extrañeza nos lleva mucho más allá de los sig­
nificados literales que se asocian con ellos. Al mismo tiem­
po, com o representan efectivamente ciertas cualidades,
pueden también ayudarnos a lograr esas cualidades. Si es
útil que uno lleve consigo una carta, lo es más aún llevar un
Arcano Mayor o un Portal. Son imágenes poderosas que
tienen un efecto propio. El acto de mirar el Nueve de Pentá­
culos y dejarse penetrar por él le ayuda a uno a crearse una
disciplina, así como llevar el Seis de Pentáculos o la Suma
Sacerdotisa, y mirarlos, ayuda a enfocar la conciencia de
manera receptiva.

La creación de un «mandala»

Hasta el momento hemos considerado las maneras de inte­


grar en nuestra vida la influencia de cartas aisladas. Pero
una lectura contiene muchas cartas que funcionan en con­
junto. Para hacer que una lectura cobre vida, encuentro que
es un valioso recurso la creación de lo que yo llamo un

238
«mandala», una pauta o diseño formado por varias cartas,
entre las cuales es posible incluir no solamente las de la lec­
tura, sino otras cuyas cualidades refuercen la dirección de
las orientaciones que ésta ofrece. Este acto de añadir deli­
beradamente naipes que no son parte de la lectura vuelve a
extender el equilibrio entre consciente e inconsciente. La
lectura se ha adentrado en los dominios inconscientes del
conocimiento para presentar una imagen de la situación tal
como existe ahora. Por mediación del mandala, y de la in­
troducción de nuevas cartas sacadas deliberadamente del
mazo, podemos extender o transformar la situación.
He aquí un ejemplo de un mandala en el que no fue ne­
cesario sacar más cartas, porque la propia lectura nos ofre­
ció todas las imágenes que necesitábamos. El siguiente Ci­
clo del Trabajo (figura 64) hacía referencia a una mujer que
se sentía aislada de la gente que la rodeaba, a pesar de
tener algunas amistades aparentemente buenas.
La Cruz ejemplificaba perfectamente la situación: el Dos
de Pentáculos cruzado por el Seis de Espadas mostraba su
situación central de fingir que disfrutaba de la vida y de sus
relaciones con otras personas (el Dos de Pentáculos), con lo
que daba la sensación de funcionar bien («las espadas no
hunden el bote»), en tanto que mantenía su incapacidad
para relacionarse con la gente que la rodeaba. Com o la
mujer del bote, permanecía silenciosamente envuelta en
su sudario.
Brevemente, interpreté las otras cartas de la siguiente
manera: el Ermitaño invertido en la posición de la Expe­
riencia Pasada mostraba la realidad de las amistades. Al
mismo tiempo, la comparación del Ermitaño con la Suma
Sacerdotisa, que apareció al final, sugería que la consul­
tante no había aprendido a usar creativamente su senti­
miento de soledad, a desarrollar su individualidad. El Ocho
de Espadas invertido en la posición de las Expectativas
mostraba un deseo de entenderse a sí misma y de entender
la situación, para así poder liberarse de ésta. Reflejaba tam­
bién el lado político del problema, ya que buena parte del
aislamiento de la mujer provenía de que era miembro de un

239
Figura 64
E jem p lo de una lectura del C iclo d el Trabajo

240
grupo minoritario, cuyas experiencias ninguno de sus ami­
gos compartía. En cierto nivel, se encontraba sola. Pero, en
vez de apreciar su propia peculiaridad entre la gente que la
rodeaba, la consultante se empeñaba en ocultar sus propias
experiencias en su intento de armonizar con esa gente.
Las tres cartas en la posición del Trabajo eran el Rey de
Varas invertido, la Muerte invertida y el Diez de Pentáculos
invertido. El hecho de que hasta ese momento hubieran sa­
lido todas las cartas invertidas, y sin embargo varias de ellas
— com o el Ocho de Espadas invertido— sugiriesen una lec­
tura positiva, mostraba la necesidad de cambio. El Rey des­
cribía una actitud que la consultante debía tomar hacia sí
misma y hacia los demás: decidida, y sin embargo, tolerante
con la confusión y la debilidad. La Muerte invertida, en
cuanto inercia, indicaba el peligro de no hacer nada. La ne­
cesidad de ponerla en posición normal quedó subrayada
cuando la comparamos con el Seis de Espadas, situado por
encima de ella. Esa carta nos muestra un viaje cuyo modelo
es el viaje de las almas muertas. Para liberarse del bote del
aislamiento, del sentimiento de estar viva a medias, la con­
sultante tendría que completar su viaje «muriéndose», es
decir, renunciando a esa personalidad que se había acos­
tumbrado a las relaciones superficiales y al aislamiento ín­
timo. El Diez de Pentáculos invertido indicaba que para
conseguirlo tendría que poner sobre el tapete la seguridad
de su situación presente, y forzar a sus amistades, cómodas
pero limitadas, a alcanzar niveles de mayor intensidad.
El As de Espadas, en la posición del Desenlace, mos­
traba tanto la actitud fuerte como la mentalidad aguda y
perceptiva que la consultante necesitaría — y encontraría—
para movilizar su situación. El Resultado de ese Desenlace,
el Ocho de Varas, indicaba el éxito en la empresa. La carta
es portadora de sugerencias de amor y amistad. Simboliza
un viaje — el viaje espiritual, que se hace por agua— que va
llegando a su fin. Y en forma más directa, significa que la re­
presión del Ocho de Espadas se transforma en energía
positiva.
Entonces dimos vuelta cinco cartas más, disponiéndolas

241
en una pauta de tres por debajo de las cartas del Trabajo, y
después una y una debajo del Centro. (No había ninguna
razón especial para proceder así en vez de disponer otra
línea; fue simplemente una opción intuitiva, y al seguirla se
comprobó que valía la pena.) Las tres cartas sugirieron nue­
vas actitudes y maneras de encarar la situación. Primero, la
Rueda de la Fortuna invertida indicaba los cambios que
quería hacer la consultante. La posición invertida sugería
dificultades, y reforzaba el elemento de riesgo implícito en
el Diez de Pentáculos (recuérdese que la Rueda es también
10). El Cuatro de Pentáculos aparecía debajo de la Muerte
invertida. Implicaba a la vez la idea de liberar energía y la de
mantener una estructura en su vida, al tiempo que la con­
sultante cuestionaba el modelo de sus amistades. La tercera
carta continuaba con este significado. Al salir debajo del
Diez de Pentáculos invertido, el Diez de Copas insistía en
que, al mismo tiempo que corría esos riesgos, la mujer de­
bía seguir teniendo conciencia del amor auténtico que sen­
tían por ella sus amigos. Se refería también a la idea de que
no debía dudar de la persona con quien convivía, porque
en esa relación recibía un apoyo total, y a ese don debía res­
ponder con su confianza.
La Suma Sacerdotisa indicaba que, en cierto sentido, la
mujer seguiría estando sola, ya que todavía la gente que la
rodeaba no compartiría su formación ni sus experiencias. El
silencio de la Suma Sacerdotisa, sin embargo, no es el silen­
cio del Seis de Espadas. Aunque silenciosa hacia los otros,
en la Suma Sacerdotisa se adivina una intensa comunica­
ción interior, una aceptación y un conocimiento del sí mismo,
de esa parte de su ser que una persona no puede expresar a
los demás en términos racionales y concretos. La carta se
dirigía especialmente a la mujer, que era poeta y había es­
crito recientemente un poema en que se valía de la metá­
fora de un lenguaje privado para expresar, precisamente,
esa idea de un conocimiento profundo que no es accesible
más que para el propio sujeto.
Debajo de la Suma Sacerdotisa salió la Emperatriz, el
otro aspecto del arquetipo femenino. Tal como explico en

242
mi libro sobre los Arcanos Mayores, las dos cartas se com ­
plementan, porque la Emperatriz significa un apasionado
compromiso con la vida y la amistad, no com o oposición a
la percepción interior de la Suma Sacerdotisa, sino como
resultado de ella. Desde una posición de aceptación de sí
misma, la mujer podría entregarse abiertamente a las perso­
nas que la rodeaban.
Tras una lectura tan poderosa, la mujer quiso seguir tra­
bajando con las imágenes. Construimos entonces un man­
dala (figura 65) para la meditación y el estudio. Empezamos
con la Muerte como el centro, ya que la transformación se­
guía siendo la clave. Debajo de la Muerte venía la Suma Sa­
cerdotisa a la izquierda, lo que aludía al hecho de que la co­
municación interior debe ser parte del proceso para que la
Muerte produzca verdaderos resultados. El As de Espadas a
la derecha representaba la agudeza mental. Y arriba estaba
la Emperatriz, para asegurar la deseada nueva manera de
relacionarse con el mundo exterior.
Acto seguido, colocamos cartas en los cuatro ángulos,
en torno de la estructura, empezando por el Seis de Espa­
das y el Ocho de Varas en la parte inferior, a la izquierda y a
la derecha. Las cartas mostraban el viaje y su anticipado
final. Para los ángulos superiores usamos el Ocho de Espa­
das invertido y el Rey de Varas invertido: la acción que se
deseaba realizar y la actitud que se necesitaba para produ­
cirla. Finalmente, como «patas» del mandala colocamos el
Diez de Copas debajo del Ocho de Varas, y el Diez de Pen­
táculos invertido debajo del Seis de Espadas. Las imágenes
quedaron entonces com o se puede ver en la página si­
guiente:

243
T H E EMPRESS.

aC E ^^V fO R P S

Figura 65
E jem p lo d e un marídala

244
Si tienes un mazo de naipes del Tarot Rider, colócalos
como en el diagrama (figura 65) y míralos un rato. Observa
<|iie para la meditación puedes concentrarte en una carta,
como podría ser la Muerte en el centro, o bien dejar que la
lolalidad de la estructura se instale en la mente, quizá m o­
viendo un poco las imágenes. Com o el mandala contiene
lodos los elementos, con los triunfos en el medio, la mujer
podía mantener el equilibrio asimilando la imagen.
Si estudias cuidadosamente una disposición, empiezan
<1 aparecer relaciones nuevas entre las cartas. El Ocho de

I .spadas y el Ocho de Varas forman evidentemente una pa­


reja, lo mismo que el Diez de Copas y el Diez de Pentáculos
invertido. También el Ocho de Varas y el Rey de Varas in­
vertido nos darán nuevos significados al considerarlos jun­
ios, lo mismo que el Ocho de Espadas invertido y el Seis de
Kspadas. Como hemos vuelto a distribuir la lectura en un
diseño geométrico, podemos trazar líneas, triángulos, etc.,
<iue constantemente nos descubren ideas y pautas nuevas.
I;n cierto sentido, el mandala crea lecturas nuevas para las
mismas imágenes.
Para construir un diseño de esta clase, escoge las cartas
más importantes de la lectura y ve trabajando desde el cen­
tro hacia afuera, tratando de construir la imagen en forma
orgánica. Coloca las cartas que se necesiten como apoyo en
la base, y las que simbolicen objetivos en la parte alta. No
dudes en introducir cartas que no hayan aparecido en la lec­
tura original si sientes que hay una fuerte necesidad de las
cualidades que ellas representan. Si ves que se necesita la
Templanza, por ejemplo, colócala debajo del centro; o si la
lectura muestra un déficit en el cultivo de la fuerza de v o ­
luntad y de la disciplina, podrías disponer por encima del
mandala, a modo de objetivo, el Carro junto al Nueve de
Pentáculos. De esa forma te haces cargo de la lectura y la
abres, de manera que te permita incluir lo que tu intuición
te dice que necesita el consultante.

245
8

Lo que aprendemos
de las lecturas del Tarot

La mayor parte de las personas consultan el Tarot en busca


de información específica. Quien entiende un poco más las
cartas quizá considere la lectura como un medio de encon­
trar orientación. Y quien sigue una serie de lecturas segura­
mente ve en ellas un método para mantenerse en armonía
con las pautas cambiantes de la vida. Pero pasarse largo
tiempo leyendo las cartas es descubrir muchas cosas que
van más allá de la información personal.
Hemos visto ya algunas de esta