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Victoria, Tomás Luis de (1548-1611)


Compositor español nacido en Ávila hacia 1548 y fallecido en Madrid el 27 de agosto de
1611. Fue uno de los más grandes polifonistas de la Europa de su tiempo.

A los nueve años ingresó en el coro de la catedral de Ávila, y en él permaneció hasta los
dieciocho años. Allí aprendió canto llano, contrapunto y composición, así como la técnica
de los instrumentos de teclado con los maestros Bernardino de Ribera, Juan Navarro,
Hernando de Isasi y Jerónimo de Espinar.

En 1567 viajó a Roma para estudiar en el Collegium Germanicum, donde probablemente


tuvo como profesor al también gran polifonista Palestrina. En 1569 ocupó el puesto de
cantor y organista en la iglesia española de Santa María de Monserrat, y dos años más
tarde, en 1571, volvió al lugar donde había estudiado, el Collegium Germanicum, pero esta
vez en calidad de profesor, puesto que compaginó con el de maestro de capilla del
Seminario Romano en sustitución de Palestrina.

Su primer libro de motetes apareció en 1572 en Venecia bajo el título de Motecta quae 4, 5,
6, 7 vocibus concinuntur. Tres años más tarde, en 1575, decidió tomar los hábitos y aceptar
el puesto de maestro de capilla del Collegium Germanicum, lo que le obligaba a ejercer
nuevas responsabilidades relativas a la formación de los niños del coro y la dirección
musical de los conciertos que se celebraran en iglesias relacionadas con la institución.
Debido a esto, el músico abulense se vio obligado a abandonar su puesto en la iglesia de
Santa María de Montserrat.

En 1578 decidió dejar sus obligaciones en el Collegium para ejercer como capellán en San
Girolamo della Carità. En esta etapa conoció a San Felipe Neri y a músicos como Francisco
Soto de Langa y Giovanni Animuccia. También durante estos años, alrededor de 1580, se
publicaron dos antologías de sus obras. Pero hubo que esperar hasta 1585 para que viera la
luz su obra más importante y extensa, el Officium hebdomadae Santae, una colección de
partituras escritas para acompañar los oficios de Semana Santa. Dos años más tarde
Victoria decidió regresar a su país natal, si bien en algunas ocasiones viajó puntualmente a
Roma (por ejemplo, para asistir al funeral de Palestrina).

Una vez en España decidió instalarse en Madrid, donde fue capellán de la emperatriz
María, viuda de Maximiliano de Austria, desde 1587 hasta 1603. Con motivo del
fallecimiento de la emperatriz, ocurrida en 1603, Victoria compuso su Officcium
defunctorum a seis voces y pasó a ocupar el puesto de organista del convento de las
Clarisas Descalzas en Madrid, lugar donde se había recluido la emperatriz. El 27 de agosto
de 1611 murió, prácticamente en el olvido.

Obra
Victoria ha sido considerado el más importante polifonista español de todos los tiempos y
uno de los más relevantes de Europa en su época. Al contrario que Palestrina y Orlando di
Lasso, los otros grandes polifonistas renacentistas, Victoria compuso exclusivamente
música religiosa. Su producción es menor que la de los dos compositores citados
anteriormente: Palestrina superó las cien misas y los trescientos motetes, y Lasso llegó a
escribir seiscientos motetes, pero Victoria, con sólo 180 obras, se encuentra también en un
lugar de honor en la historia de la música.

Durante su larga estancia en Roma creó cinco grandes libros de misas, de los que el
segundo fue dedicado a Alberto de Austria. Algunas de sus veintidós Misas son misas-
parodia, unas basadas en sus propios motetes y otras en los de compositores como Cristobal
de Morales, Francisco Guerrero y Palestrina. Su Ave María a ocho voces es quizá la
creación más popular de su primer libro de motetes. Este motete, compuesto para dos coros,
marca el camino del policoralismo que proliferará posteriormente en el barroco y destaca
por la abundancia del contrapunto y la elección de frases y motivos breves. Además de esta
obra, el compositor abulense escribió otras veinititrés partituras para más de una agrupación
coral entre misas, antífonas, salmos y motetes.

Compuso además dieciocho magnificat, nueve lamentaciones, veinticinco responsorios,


trece antífonas, ocho salmos, cincuenta y dos motetes, treinta y ocho himnos y dos
pasiones. Creó también el monumental Officium hebdomadae Sanctae (1585), que engloba
nueve lamentaciones, dieciocho responsorios y dos pasiones entre otras piezas. Los
responsorios contenidos en esta gran colección de obras son ejemplos de la perfección a la
que llegó el compositor dentro del contexto polifónico de finales del siglo XVI. El texto y
la música están perfectamente encajados, las líneas melódicas son claras y el tratamiento
contrapuntístico y de la disonancia logran crear momentos notables de tensión musical.
Uno de los más destacables es Tenebrae factae sunt, cuyo texto son las últimas palabras de
Jesucristo en la cruz antes de su muerte.

A partir de 1600 la música de Victoria comienza a perder la serenidad renacentista y se


acerca al lenguaje del primer barroco. Las innovaciones más destacables son la
introducción de acompañamiento de órgano en muchas de las piezas vocales y la alteración
en las métricas, que dejan de ser tan reposadas como en sus obras anteriores. La Missa Pro
Victoria es un claro ejemplo de esta evolución en el lenguaje musical del compositor, que
culmina con la creación del Officium Defunctorum a seis voces, obra de una gran unidad
estructural y considerada una joya de la música prebarroca.