Está en la página 1de 5

La educación en el contexto de la modernidad

Las instituciones educativas, tal como las conocemos hoy, se corresponden con el
contexto de la cultura moderna. Estas siempre han caminado a remolque de las
exigencias y demandas sociales y por ello en los últimos siglos han respondido a los
patrones y valores de la cultura moderna. Por ello comprenderlas aún en el contexto de
la crisis de esta cultura, supone comprender las grandes coordenadas económicas,
políticas, sociales y culturales de la modernidad.
Una interpretación de lo moderno ubica su inicio en el siglo XVI, según la forma clásica
de demarcar el inicio de lo moderno como el fin del medioevo. Los rasgos diferenciales
de lo moderno son en este caso ampliamente conocidos: final de la legitimación teológica
del poder político, aparición de la vida urbana como centro económico y cultural,
comienzo del desarrollo económico del sistema capitalista caracterizado por la
apropiación privada de la riqueza, imperio de la razón como instrumento privilegiado que
le permite al hombre la explicación y el control técnico del mundo a través del desarrollo
de la ciencia.
Con el Renacimiento se inicia el resquebrajamiento del medioevo con su interpretación
del mundo que fundaba el poder social y político en el principio religioso que brindaba la
legitimidad. Los señores feudales ejercían su poder, proveniente de la propiedad
territorial, basados en la legitimación que ofrecía la Iglesia.
La sociedad cambia su cimiento jurídico del Status al contrato. Una nueva clase social, la
burguesía, que basa su riqueza en la propiedad mueble, comienza a determinar las claves
del relacionamiento de la sociedad.
En el plano religioso se produce la Reforma Protestante que al defender la libre
interpretación de la Biblia promueve el desarrollo del individuo y recluye a la religión en
la conciencia individual, retirándola de los asuntos públicos. Al exaltar el valor del trabajo
propende además al desarrollo del capitalismo.
Los descubrimientos geográficos y la nueva cosmología colaboraron decisivamente con
la transformación social que se consolida dando paso a lo que denominamos modernidad.
Copérnico postula el sistema astronómico heliocéntrico que reemplaza la concepción
geocéntrica del universo que imperó en el medioevo. Con la crisis de la concepción
medioeval del mundo se cuestionan las grandes autoridades medievales: la Biblia, la
Iglesia y Aristóteles.
Bertold Brecht en su obra, pone en palabras de Galileo esta constatación: “Al hombre ya
no le alcanza con lo que dicen los viejos textos y donde reinó la fe mil años, hoy reina la
duda Si, los libros dicen eso, pero ahora yo quiero mirar con mis propios ojos. Hasta las
verdades más respetadas son puestas en tela de juicio y ha empezado a soplar un viento
que levanta las doradas vestiduras de príncipes y prelados dejando al desnudo, piernas
más gordas o más flacas, pero exactamente iguales a las nuestras. Yo te aseguro Andrea
que antes de morirnos vamos a oir hablar de astronomía hasta en los mercados.” ( Brech,
Bertold Galileo Galilei Bs. As. 1984 pág. 34 )
En este contexto Descartes escribe sus Meditaciones Metafísicas en 1641 con las que se
considera que comienza la filosofía moderna manifestando:
“Hace ya algún tiempo que me he dado cuenta de que desde mis primeros años había
admitido como verdaderas una cantidad de opiniones falsas y que lo que después había
fundado sobre principios tan poco seguros no podía ser sino muy dudoso e incierto, de
modo que me era preciso intentar seriamente, una vez en mi vida, deshacerme de todas
las opiniones que hasta entonces había creído y empezar enteramente de nuevo desde los
fundamentos si quería establecer algo firme y constante en la ciencia.” (Descartes, René
Meditaciones Metafísicas Bs. As. Charcas 1980 pág. 216)
Para esta tarea se necesita un método, el elemento esencial de ese método es la duda,
transformada ahora en instrumento.
Descartes duda de todo, pero profundizando en la duda descubre que en tanto duda, piensa
y si piensa existe. “Pienso, luego existo” se convierte en la primera verdad. La primera
certeza es la existencia del yo que piensa. Nunca antes de Descartes se le había asignado
un lugar tan fundamental al sujeto pensante. La preeminencia del mismo, será el signo
fundamental de casi toda la modernidad.
Mientras el racionalismo se desarrolla en Europa continental, en Inglaterra crece otra
corriente de la filosofía moderna: el empirismo. Bacon, Berckley, Hume son
representantes de esta corriente de pensamiento
En Bacon está presente también la preocupación por el método, pero según el empirismo
el conocimiento se halla fundado en la experiencia y por experiencia se entiende algún
tipo de información sensorial. Para los empiristas no hay ideas innatas, por el contrario,
la conciencia es una tabla rasa, un papel en blanco por escribir y quién escribe es la
experiencia.
La educación tampoco estuvo ajena a la preocupación por el camino a seguir para enseñar,
Amós Comenio comparte con su contemporáneo Descartes la preocupación por un
método fiable y efectivo. Sus principios didácticos: de lo fácil a lo difícil, de lo general a
lo particular de lo cercano a lo lejano, de lo concreto a lo abstracto, han trascendido los
tiempos.
El avance del conocimiento científico, la confianza en la razón para llegar a la verdad, el
avance en el control técnico del mundo llevan a la modernidad a otra de sus ideas fuerza:
la noción de progreso. La historia adquiere un sentido, se dirige, según los pensadores
modernos hacia la emancipación humana. Filósofos como Vico y Hegel pretenden
descubrir las leyes que gobiernan el devenir de la historia. El horizonte final de la historia
es un futuro asumido como expectación y esperanza. Esa esperanza afirma que la historia
tiene un sentido y ese sentido es la emancipación del hombre gracias a la razón, esta idea
es compartida por todas las filosofías modernas (tanto liberales como marxistas).
El hombre moderno es un individuo dotado de libertad subjetiva.
La modernidad se caracteriza por la lucha en contra de la obediencia a la tradición en
nombre de las luces de la razón y la ciencia.
En el plano económico la modernidad se caracteriza por el surgimiento y la consolidación
del sistema económico capitalista, de tipo comercial en una primera etapa. Con el avance
del comercio y de la vida urbana en torno a esta actividad una nueva clase social, la
burguesía cuyo ascenso y afirmación como clase dominante, es también elemento
característico de la modernidad
La nueva época es también tiempo de transformaciones políticas profundas que llevarán
hacia la consolidación de los estados nacionales superando la fragmentación de los feudos
y la instalación de monarquías apoyadas por la burguesía, que reclama condiciones de
paz para el desarrollo del comercio, actividad económica predominante. Con las
revoluciones norteamericana y francesa tiene lugar el comienzo del sistema democrático
republicano de gobierno.
La revolución francesa fue acompañada por el movimiento de la ilustración y fundó las
bases filosóficas del siglo XVIII. Para Kant el hombre ilustrado es aquel que es capaz de
valerse de su propio entendimiento sin la ayuda de otro. La ilustración fue ejemplo del
optimismo moderno, confiaba en el desarrollo constante de las capacidades humanas de
dominio sobre lo natural y control de lo social. El conocimiento es emancipador, permite
hacer uso de la razón.
Por eso buscaba reunir, sistematizar y dar a conocer todos los conocimientos en lo que
se denominó La enciclopedia. La ilustración le asigna un papel fundamental a la
educación que debe tender a ser universal, formando a los ciudadanos de las repúblicas
nacientes, haciéndolos más libres y más racionales.
El siglo XIX en lo económico muestra la consolidación del capitalismo de carácter
industrial como consecuencia de la aplicación en gran escala de la máquina de vapor a las
comunicaciones y a la producción. El desplazamiento del campesinado hacia las ciudades
en búsqueda de trabajo industrial da lugar a la aparición de una nueva clase social, el
proletariado o clase obrera. En el plano político las sociedades oscilan entre las repúblicas
y las monarquías constitucionales o absolutistas.
Las ideas fuerza de lo moderno vuelven a manifestarse tanto en Hegel, como en el
positivismo y el marxismo que aún en sus grandes diferencias de concepción e
interpretación del mundo coinciden en la idea de progreso, el cientificismo y la
emancipación del hombre. La modernidad tiene fe en la capacidad de los seres humanos
para hacerse cargo de su propio destino y modelarlo.
En este contexto nace la escuela como espacio institucional encargado de brindar los
conocimientos necesarios para la emancipación del hombre, acceder al uso de la razón
pero también generar cohesión social a partir de la adhesión a ciertos valores compartidos
y así formar los ciudadanos de las repúblicas democráticas.
Pero la escuela también es una de las instituciones ligadas al control burocrático y al
disciplinamiento tal como la ha identificado Foucault junto a la cárcel, el hospital, el
cuartel y la fábrica. Los métodos disciplinarios produjeron cuerpos dóciles mediante el
control minucioso de las operaciones del cuerpo. La distribución de los individuos en el
espacio y el control del tiempo fueron parte de las disciplinas de la escuela de la
modernidad. Dispositivos que formaron al sujeto moderno en concordancia con la
sociedad de su tiempo. El centro en el conocimiento a transmitir, la formación del
ciudadano libre y capaz de pensar por sí mismo sin la ayuda de tutores participando en
los nacientes estados republicanos y democráticos forman parte de la encomienda social
con la que fuera creada la escuela así como la creación de cuerpos dóciles y disciplinados
para el sistema capitalista industrial son simultáneamente parte del contexto de la
modernidad en la que surgen las instituciones educativas tal y como las conocemos hoy.
Sin embargo las ideas fuerza que sustentaron a la modernidad y sus instituciones tales
como la divinización de la ciencia, la razón como única forma de acceso al conocimiento
y nota esencial del ser humano, la idea de progreso y de proyecto, la visión optimista del
futuro, la emancipación del hombre hacia donde se dirige la historia, entran en crisis a
mediados del siglo XX.
Las grandes concepciones filosóficas modernas (racionalismo, ilustración, positivismo,
socialismo, marxismo) o grandes relatos como los denomina Lyotard no solo no
cumplieron con sus promesas sino que además se muestran incapaces de explicar los
fenómenos hacia los que nos impulsa el proyecto del control técnico y científico del
mundo.
La segunda guerra mundial es un acontecimiento central en esta historia de la crisis de la
modernidad. El exterminio nazi fue racionalmente justificado, la ciencia hizo posible la
bomba atómica y la destrucción humana y no solo el bien de la humanidad. El ser humano
encontró nuevas formas de sujeción y la historia no marchó inevitablemente hacia la
emancipación humana.
La expansión universal del sistema de producción capitalista puso al descubierto la
capacidad del ser humano de destruir el medio y su propia vida. El optimismo y la idea
de progreso pierden buena parte de su fuerza explicativa.
En la década de los 80 del siglo XX se abre un debate filosófico acerca del término de
una época (modernidad) y el inicio de otra (posmodernidad). En este debate algunos creen
que los cambios son de tal profundidad y magnitud que permiten hablar del inicio de una
nueva época y otros consideran que la actual crisis es interna de la modernidad que aún
no ha concluido. Otros hablan de una sobremodernidad donde el control técnico ilimitado,
el avance de la producción capitalista han llevado a efectos culturales opuestos a los que
produjo en la modernidad, una especie de modificación de los efectos por agudización de
las causas (Follari,1996)
Más allá de este debate en el que no vamos a penetrar, es fundamental para comprender
nuestro contexto cultural y las instituciones educativas que aún tenemos que fueron
creadas a medida de las exigencias de la modernidad.

Bibliografía sugerida para este tema:

Follari, Roberto Ocaso de la escuela


Obiols, Di Segni Adolescencia, posmodernidad y escuela secundaria
Alpini, Alfredo Los mitos de la modernidad