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Trabajo final modulo Familia y Género:


Aproximación a una construcción conceptual de las categorías familia y género.
Análisis de las categorías género, masculinidad y feminidad desde la proyección
audiovisual Chocó.

Adriana Bonfante Ramírez1

El siguiente escrito pretender realizar una aproximación conceptual de las categorías familia y género y
como estas se relacionan con el análisis de la violencia sexual en el marco del conflicto armado. La
propuesta de investigación tiene como objeto a las Prácticas de resistencia y afrontamiento para la
recuperación de la dignidad que desarrollan las víctimas de violencia sexual en el marco del conflicto
armado. Caso organización social Mujer y Vida. La segunda parte del texto abordara un análisis de la
película Chocó del director colombiano Jhonny Hendrix Hinestroza. El análisis estará guiado en la
identificación sobre cómo se construye la feminidad y la masculinidad y como a partir de dicha
construcción se presentan las relaciones de género entre los protagonistas, finalizando con la proyección
de un final alterno en presencia de vínculos de apoyo institucionales.

I. Género y familia como categorías de análisis para la investigación de la violencia


sexual en el marco del conflicto armado

Aproximación conceptual de la categoría Familia

Para conceptualizar la categoría familia, o más bien, familias, es necesario que dicha construcción
conceptual sea vista como un punto de inicio para la comprensión investigativa pero no como un concepto
abstracto acabado, ya que se espera que los resultados del proceso investigativo enriquezcan la
conceptualización desde el entendido de los sujetos vinculados a la investigación. Como plantea
Jorgerson (2005) “más allá de como los investigadores definamos a la familia, esta debería ser entendida
como un punto de partida discursivo más que como un hecho inmodificable” (Sánchez, 2016, pág. 79)
Siguiendo a Sluzki (1985) concuerdo en que “una familia no es un sistema, una familia es lo que
una familia es” (Sánchez, 2016, pág. 81), en el sentido de que cada familia contiene una singularidad y
especificidad que están dadas por su historia, su dinámica relacional, las relaciones de poder (Calveiro,
2005)2 y la forma como interactúa en la esfera pública.
Desde este punto de vista lo relaciono con la mirada de Lluís Flaquer (Flaquer, 1999) quien
argumenta que las familias son entendidas tanto como grupos sociales en su especificidad e identidad
subjetiva para la construcción de sus relaciones psicosociales y de poder, tanto como institución social en

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Trabajadora Social, estudiante de la maestría en Familias y Género. Trabajo final del módulo familias y
género. Mayo, 2018.
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La autora hace alusión a la conformación de líneas de poder a partir de la constitución de la familia
moderna. La línea de poder del género se relaciona con las interacciones entre hombres y mujeres;
complementariamente la línea de poder de generación se relaciona con el ciclo de vida de los miembros de la familia
y como a partir de allí se configuran las relaciones de poder.
Adriana Bonfante, Maestría Familias y Género 2

su universalidad en términos de su identidad política y económica y su autonomía frente al resto de


instituciones sociales, permite también analizar el rol articulador que asume para darle tránsito a las
necesidades y competencias que surgen del grupo social familiar, con los sistemas de desarrollo
(económicos, culturales, académicos, científicos, etc.) de la esfera macrosocial.
Comparto la postura de que los grupos familiares son los agentes socializadores primarios y
principales y ayudan a construir la identidad de sus miembros. Considero también a los grupos familiares
como espacios de apoyo y contención psicosocial, afectiva y económica, reconociendo que en la
cotidianidad esto suele manifestarse en prácticas de diversa índole y de diferente intensidad.
Considero importante complementar esta reflexión retomando lo que Estupiñan y Hernández
(2007) plantean con respecto a los grupos familiares:

“los autores sostienen que una familia es lo que ella considera que es su familia, y la
denominan como un ecosistema importante para la supervivencia y la construcción de solidaridades
de destino a través de la interacción, los rituales cotidianos, los mitos y las ideas sobre la vida. Está
constituida por el pensamiento colectivo, nutrido de lenguajes y de saberes múltiples, y por eso es el
primer factor de semantización o de creación de sentido en las relaciones interpersonales
diferenciadas… forma de vida en común… para satisfacer las necesidades emocionales de sus
miembros… tal ecosistema vive un interjuego permanente de estabilidad, cambios, crisis,
acercamientos y distanciamientos de acuerdo con las necesidades individuales o por los movimientos
que exige la evolución de la familia y de sus miembros” (Sánchez, 2016, pág. 82)

En este sentido, la categoría familia se correlaciona con mi proyecto de investigación desde la


subcategoría Afectaciones en el grupo familiar, que se inserta dentro de la categoría Violencia sexual en
el marco del conflicto armado. Esta subcategoría permitirá el análisis de las afectaciones que el hecho
victimizante provoca en las dinámicas del grupo familiar, pero también como las relaciones de poder
desde el género y las generaciones, los imaginarios o preconcepciones sobre la violencia sexual, el ideario
construido acerca del cuerpo femenino y el género masculino, se comportan frente al hecho, generando
tensiones y o prácticas de re victimización y/o conformando espacios de cuidado, apoyo y contención.

Aproximación conceptual de la categoría Género

Hablar de género como un categoría o concepto exige revisar sus orígenes en el dualismo
hombre/mujer, masculino/femenino. Dualismo que surge desde las diferenciaciones que se han realizado
de los hombres y mujeres en razón de su corporalidad, su biología, sus órganos sexuales. Dicha
diferenciación se magnifico al punto de dominar las esferas de las relaciones sociales, sexuales,
económicas y políticas entre mujeres y hombres. Se establecieron estratos entre los sexos biológicos y el
poder quedo en manos de los hombres, quienes, junto a científicos, religiosos, filósofos, pensadores,
políticos (y mujeres) del común construyeron los derroteros para la estratificación de los sexos. La
diferenciación fue más allá de lo físico y se asoció a lo conductual: los hombres son fuertes e inteligentes;
las mujeres son delicadas y emocionales. Hombres ligados a la instrumentalización y mujeres a la
emocionalidad.
La evolución de Género como categoría de análisis, exige la superación de lo que se entiende
culturalmente sobre lo que es ser hombre y mujer. Por tanto, género no solo puede significar: la
construcción sociocultural que hacen las personas de lo que es ser hombre y mujer. Si no que, trasciende
Adriana Bonfante, Maestría Familias y Género 3

hacia las relaciones e interacciones que se tejen entre los sujetos, y como estas relaciones provistas de
poder colocan a unos en lugares de dominación y a otros en lugares de sumisión.
Encuentro mucho sentido entonces en la aproximación planteada por Joan Scott (Scott, 2013),
quien plantea que el género es un elemento constitutivo de las relaciones humanas permeadas por las
diferencias sexuales, pero también habla de relaciones significantes de poder. Comprendo entonces, que
dichas relaciones significantes de poder se refieren a las construcciones mentales que se hacen y los
valores que se asignan a las acciones que hacen los otros para sí mismos y para los otros. Son las
valoraciones y los imaginarios que construimos sobre las acciones de los demás, lo que al final reviste de
poder los discursos de dominación y subordinación.
El carácter histórico-social de la categoría género me permite hoy remitirme al Enfoque de género
interseccional (Perilla, 2014), que ha sido resultado de múltiples debates y reflexiones acerca de otros
múltiples aspectos (raza, etnicidad, clase, edad, capacidad) que entran en juego como un conjunto
superpuesto y entretejido, en las relaciones de poder entre mujeres y hombres y entre los mismos grupos
de hombres, mujeres y comunidades con identidades de sexo/genero diversas.
Siendo fiel a una perspectiva feminista para el desarrollo de la investigación referida en las líneas
iniciales, me apoyare en la referencia conceptual que se realiza de la categoría de análisis: género
interseccional. El pretendido es develar, comprender y analizar como otros factores que podrían ser
considerados como mecanismos de opresión, como son el de mujer rural negra, blanca y mestiza, clase
socioeconómica baja, con limitado acceso a servicios básicos como salud y educación; entran en el
conjunto imbricado de factores que envuelven las relaciones de género y de poder que se desarrollan en
los contextos en donde tuvo lugar la violencia sexual en el marco del conflicto armado.
Ya no solo es menester analizar las afectaciones diferenciadas que el conflicto genera en hombres
y mujeres, siendo estos antecedentes una fuente de información importante para transformaciones sociales
y de injerencia política. Es necesario ir más allá, hacia los cruces en donde encontramos relaciones de
poder que no solo son marcadas por los imaginarios socioculturales que se han construido sobre la
masculinidad y la feminidad.
La categoría de género interseccional se relaciona en la investigación propuesta como una
subcategoría de la categoría Continuum de violencia. Desde allí se pretende analizar en términos socio-
históricos, como la violencia de género y la violencia sexual ha tenido cabida antes, durante y después de
lo que conocemos como conflicto armado interno, pero siempre teniendo en cuenta la dinámica del
mismo en el contexto especifico de los sujetos involucrados en la investigación.

“la apuesta de la interseccionalidad consiste en aprehender las relaciones sociales como


construcciones simultáneas en distintos órdenes, de clase, de género y raza, y en diferentes
configuraciones históricas que forman lo que Candance West y Sarah Fentersmaker llaman
realizaciones situadas3, es decir, contextos en los cuales las interacciones de las categorías de raza,
clase y genero actualizan dichas categorías y les confieren su significado.” (Viveros, 2016, pág. 12)

Para la etapa preliminar en la que se está frente al diseño de la investigación, se realiza


una reflexión frente a los sesgos de genero que puedan manifestarse y se concluye que: el
problema de investigación responde a cuestionamientos tanto de quien funge como investigadora

3
Resaltado mío.
Adriana Bonfante, Maestría Familias y Género 4

como de quienes conforman el grupo Mujer y Vida, reconocidas como víctimas de violencia
sexual a raíz del conflicto armado y que vienen trabajando en la resignificación del hecho y
apoyando a otras mujeres para la denuncia y la contención emocional. Los resultados del proceso
investigativo le proveerán al grupo de mujeres reflexiones frente al hecho, al trabajo que se ha
venido adelantando a nivel individual y grupal y les permitirá conformar presupuestos
conceptuales y metodológicos para la cualificación de su intervención en el territorio. Esto se
constituye en un claro aporte a la agenda feminista del grupo y a su fortalecimiento político.

II. Análisis de las categorías género, masculinidad y feminidad desde la


proyección audiovisual Chocó.

Contexto socioeconómico

Los hechos narrados tienen lugar en Chocó, un departamento aislado del centralismo del poder
administrativo, político y financiero del país. Se nos muestran imágenes de sus recursos hídricos y
ecosistémicos, como también de recursos mineros como el oro y el platino que se convierten en una de las
actividades económicas principales de los lugareños pero que no se refleja en mejores condiciones de
calidad de vida. Es claro como el territorio viene siendo explotado por foráneos que al contar con recursos
y maquinaria disponen de poder para dinamizar el trabajo de extracción de los minerales, sin considerar
condiciones de empleos ni salarios dignos para las trabajadoras. Esto sumado a la larga historia del
departamento de políticos y administradores públicos corruptos y débiles procesos de gobernabilidad,
gobernanza e instituciones públicas inoperantes, han sumido al departamento a escandalosos índices de
pobreza económica, desigualdad, mala calidad en la prestación de servicios básicos como salud,
educación y vías de comunicación (Bonet, 2007).
Es fácil ver que el departamento es habitado en su mayoría por afrocolombianos quienes
representan el 79.6% de la población (Profamilia, 2015), descendientes de comunidades negras que
fueron esclavizados en el país en la época de la colonización. Su riqueza cultural inmaterial en la oratoria,
la música, el baile, los instrumentos, la medicina tradicional y demás, lo hacen un departamento particular
en términos de su dinámica social y de costumbres y cosmovisión del mundo. La primera escena nos
muestra como la oralidad hace presencia en el territorio encarnada en los Alabaos que acompañan y
despiden a los mayores que fallecen. Finalizando la película el canto retomado por Chocó, la protagonista,
nos deja ver un poderoso simbolismo de la resistencia de un departamento que lo tiene todo para ser rico
y próspero, pero que múltiples factores desde políticos hasta de capital social local se entretejen en su
contra.
Otro de los aspectos que se suma al contexto socio político y económico del departamento es la
presencia de grupos armados al margen de la ley que ha devenido en grupos de crimen organizado debido
a los anteriores procesos de negociación con paramilitares y las FARC. La dinámica de la guerra que se
ha asentado en el territorio desde los 70´s del siglo pasado, ha ocasionado múltiples procesos de
desplazamiento, asesinatos selectivos de líderes y lideresas de tierras, violaciones de DDHH y entre otros
delitos conexos con el conflicto interno, ha exacerbado la violencia basada en género, específicamente la
violencia sexual.
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Formación de la masculinidad

La esencia de la masculinidad, el derroche de su poder se basa en su complacencia sexual y la


reproducción, sin que esto viniera acompañado de algún grado de co-responsabilidad en el
acompañamiento afectivo y económico para con su conyugue y su prole. La formación masculina se
limita al erotismo, el deseo y la satisfacción y encuentra eco en la sociedad en la que se inserta,
desencadenando relaciones inequitativas con su contraparte sexual, quien subyugada socialmente cumple
con satisfacer a su esposo. Se desdibuja el estereotipo hegemónico que habita en el imaginario social:
padre proveedor y protector de su grupo familiar, al manifestarse actitudes de desinterés y desidia por
parte del protagonista en relación con Chocó y sus hijos. Situación que es tolerada y normalizada en el
contexto social.

La visión de la gente “negra” y de los varones negros como particularmente sexuales ha


permanecido y se ha seguido reproduciendo por su constante difusión y renovación en distintos
escenarios sociales, como los carnavales brasileros, las competencias deportivas, los discursos de
salud pública y los mensajes publicitarios. Para el imaginario occidental el sexo se ha convertido
en uno de los rasgos que definen el ser negro. (Viveros, 2008, p. 181)

Podríamos hablar entonces de una identidad racializada donde el hombre negro es visto como un
sujeto dionisíaco, interesado especialmente en su autocomplacencia a través de actividades como el juego,
que dedica su tiempo libre a su grupo de amigos, al consumo de licor y a una profesión (músico) que no le
genera ingresos suficientes para aportar al sostenimiento del hogar y que al contrario, son invertidos en sí
mismo y el placer sexual (ejercido de manera violenta) en detrimento de su nucleo familiar.
Su masculinidad fue construida desde el imaginario del uso de la violencia como factor de
autoridad y de reconocimiento como hombre dentro del sistema social, se puede observar que el no
generar ingresos constituye una fuerte contradicción para el ejercicio de su masculinidad al ser fuente de
etiquetas y recriminaciones por parte de su grupo de amigos y del hombre blanco foráneo comerciante,
sin embargo, no se hace tangible en dicho ámbito, si no en el espacio privado donde se confronta con
Chocó quien es la única fuente de ingresos con la que cuenta el hogar. Imaginarse y sentirse en mayor
escalafón que su conyugue, en razón de su identidad de sexo/género le permite disponer del dinero
ganado por ella, sin remordimientos frente a las afectaciones que esto genera en el hogar.

Formación de la feminidad

En contraprestación, “aparece la imagen femenina que encaja dentro de las expectativas


masculinas, como respuesta a ellas y a su conducta” (Gutiérrez, 1995). A todas luces Chocó no cuenta
con herramientas que le permitan imponerse o siquiera equipararse frente a un hombre alimentado y
exaltado por una cultura machista centro fálica, y una mujer que alcanza su reconocimiento social a través
del alumbramiento, este que también la condena a una responsabilidad unilateral sobre la inversión física,
emocional, psicológica y financiera de mantener a la progenie.
La construcción de su feminidad no se limita a los estereotipos socioculturales de mujer delicada,
dedicada exclusivamente al ámbito privado y a las labores de reproducción. A estas labores domésticas y
de cuidado se suman las relacionadas con el trabajo remunerado, dejando entrever que ha sido socializada
para el trabajo arduo y para el sostenimiento del hogar. Esto podría deberse a las condiciones contextuales
del territorio y al imaginario social de la mujer como madre y proveedora. Sin embargo, no se evidencia
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que la proveeduría femenina goce de algún tipo de estatus o reconocimiento, más bien se da por hecho
que debe emplearse en actividades que generen algún tipo de ingreso económico, en tanto las labores
domésticas no lo generan.
En relación con su sexualidad, Chocó tiene un cuerpo disponible para satisfacer las necesidades
de su conyugue, quien noche a noche se encarga de hacerle ver que él es quien dispone de su sexualidad,
del goce de su corporalidad y que dicho goce no es compartido. En sus manos esta mostrar disponibilidad
o resistencia y enfrentarse a las expresiones violentas de Everlides, quien reclama su derecho como
marido y autoridad del hogar.
Autoridad que es reconocida, incluso en su ausencia emocional y económica, cuando Chocó
amenaza a su hijo con contar sus travesuras a su padre para que reciba una reprimenda.
Su sexualidad se encuentra racializada, en tanto el hombre blanco foráneo utiliza su poder
adquisitivo para acceder a su corporalidad de mujer negra de clase social baja que se encuentra en una
encrucijada entre conservar su dignidad y cumplir la promesa que le ha hecho a su hija. Existe el
imaginario de que los cuerpos de las mujeres negras se encuentran disponibles y se crea en ellas la imagen
de una mujer hipersexualizada.

Bastide sugiere que los encuentros sexuales interraciales no se dan a menudo en el


respeto y la igualdad de los sexos, sino a partir de estereotipos sobre las mujeres negras como
objetos de placer y presas fáciles para los hombres blancos… (Viveros, 2016, pág. 180)

Relaciones de género

Las relaciones de género están marcadas por la estratificación sexo/género en términos de los
valores asignados de acuerdo a tu cuerpo biológico, no cobra mayor relevancia el trabajo productivo y
reproductivo a la hora de escalafonar los sexos, ni se evidencia una división sexual del trabajo al
evidenciar en la pieza audiovisual que Chocó asume ambas labores (remunerada y no remunerada) y esto
no la coloca en un estatus de reconocimiento ni empoderamiento frente a la sociedad.
Para analizar las relaciones de género es necesario tener en cuenta elementos como la clase social
y la raza, para decir que todos confluyen en la dominación que experimenta cada uno de los sujetos
involucrados. Chocó ocupa un lugar de sumisión frente a los deseos y la violencia de Everlides y luego se
encuentra en un lugar que podemos denominar de dominación/resistencia al obtener el momento de
felicidad que deseaba brindarle a sus hijos a través de utilizar el estereotipo racializado que de su cuerpo
ha construido el hombre blanco foráneo con poder adquisitivo. Del mismo modo, Everlides se encuentra
en una posición disminuida frente a sus colegas y el hombre blanco foráneo por no cumplir con la
expectativa de contar con ingresos suficientes para el juego y el licor.
El mismo análisis podríamos hacer de los hermanos, quienes en medio de un contexto adverso y
vulnerable compartido por ambos, observamos como Candelaria, por el hecho de ser mujer, debe
otorgarle privilegios a su hermano como cederle la única silla que se encuentra en la casa o no contestar
las ofensas de sus amigos niños.
Es de mayor relevancia el estatus asignado a partir de imaginarios socioculturales, a los hombres
y las mujeres sobre el lugar de dominación y de sumisión que ocupa cada quien dentro de la dinámica
relacional. Sin embargo, concuerdo con Calveiro (2005) cuando advierte que el poder no es de tenencia
absoluta ni permanente, que más bien circula entre las relaciones y los sujetos involucrados en dichas
relaciones, sin desconocer claro que los hombres han permanecido por más tiempo en los lugares de
poder.
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Junto a la violencia que se despliega desde el ejercicio del poder se manifiesta otra, en
todo semejante; la violencia que se le opone y que llamare confrontación. También ella parte de
distintos focos y se expresa de maneras físicas, verbales, simbólicas, muy parecidas… la
confrontación parte de un lugar inverso, desde la posición subordinada independientemente de
quien la ocupe… se propone cortar o debilitar la violencia instituida, reducir la asimetría de la
relación de poder. (Calveiro, 2005, p. 46)

En dichos términos, el final de la película nos muestra como Chocó hace tangible la
confrontación hacia la violencia que ha venido padeciendo y de manera literal y simbólica, corta de tajo el
poder falocéntrico de donde provenía su desgracia.

Final alterno

A modo de conclusión me gustaría construir un final diferente, y a todas luces utópico teniendo
en cuenta la realidad actual de nuestro país y del departamento. En este final, se han adelantado algunas
acciones en términos de institucionalidad y a través del gobierno municipal se instala un centro de
atención a mujeres víctimas de violencia intrafamiliar. Allí llega Chocó y logra ser reubicada a través de
casas de atención de emergencia, donde tiene la oportunidad de ingresar a la educación formal y
conseguir un empleo temporal en mejores condiciones, lo que le permite iniciar la construcción de un
nuevo proyecto de vida para ella y sus hijos. En términos psicosociales, tanto ella como sus hijos reciben
la atención requerida para el afrontamiento de una vida sin violencias.
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Referencias Bibliográficas

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Calveiro, P. (2005). Familia y poder. Buenos Aires: Libros de la Araucaria S. A.

Flaquer, L. (1999). La estrella menguante del padre. Barcelona: Ariel S. A.

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Feminista, 1 a la 17.

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