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Como entender el género en la terapia familiar.

Adriana Bonfante Ramírez


Maestría en Familias y Género
Universidad de Cartagena
Marzo, 2018

El siguiente escrito pretender hacer un análisis de la intervención con perspectiva de género en el


abordaje de la terapia familiar. Se enmarca en la sesión de un caso de violencia sexual trabajado
en clases del módulo: Teoría sistémica construccionista en el abordaje familiar.

Como entender el género en la terapia familiar.

Hablar de género como un categoría o concepto exige revisar sus orígenes en el dualismo
hombre/mujer, masculino/femenino. Dualismo que surge desde las diferenciaciones que se han
realizado de los hombres y mujeres en razón de su corporalidad, su biología, sus órganos sexuales.
Dicha diferenciación se magnifico al punto de dominar las esferas de las relaciones sociales,
sexuales, económicas y políticas entre mujeres y hombres. Se establecieron estratos entre los sexos
biológicos y el poder quedo en manos de los hombres, quienes, junto a científicos, religiosos,
filósofos, pensadores, políticos (y mujeres) del común construyeron los derroteros para la
estratificación de los sexos. La diferenciación fue más allá de lo físico y se asoció a lo conductual:
los hombres son fuertes e inteligentes; las mujeres son delicadas y emocionales. Hombres ligados
a la instrumentalización y mujeres a la emocionalidad.
La evolución de Género como categoría de análisis, exige la superación de lo que se
entiende culturalmente sobre lo que es ser hombre y mujer. Por tanto, género no solo puede
significar: la construcción sociocultural que hacen las personas de lo que es ser hombre y mujer.
Si no, que trasciende hacia las relaciones e interacciones que se tejen entre los sujetos, y como
estas relaciones provistas de poder colocan a unos como dominantes y otros como dominados.
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Encuentro mucho sentido entonces en la aproximación planteada por Joan Scott1, quien
plantea que el género es un elemento constitutivo de las relaciones humanas permeadas por las
diferencias sexuales, pero también habla de relaciones significantes de poder. Comprendo
entonces, que dichas relaciones significantes de poder se refieren a las construcciones mentales
que se hacen y los valores que se asignan a las acciones que hacen los otros para sí mismos y para
los otros. Son las valoraciones y los imaginarios que construimos sobre las acciones de los demás,
lo que al final reviste de poder los discursos de dominación y subordinación.
En las relaciones de poder entre los géneros podemos encontrar el origen de situaciones de
violencia intrafamiliar, tal como el caso visto: de un hombre hacia una mujer. En el caso la mujer
que se identifica como Liliana, refiere las constantes situaciones de violencia intrafamiliar en las
que fungió como victima al encontrarse en estado de indefensión frente a su conyugue, quien
reconoce su responsabilidad frente a los hechos. En el desarrollo de la intervención esta
responsabilidad al principio asumida se va desdibujando, derivando en un desplazamiento hacia
su pareja de la responsabilidad en el quiebre de la relación conyugal, denotando una minimización
de las consecuencias que dichos actos han generado en su esposa, sobre todo cuando logra verificar
que ella ha venido realizando acciones de transformación que le han permitido retomar su proyecto
de vida.
Al analizar la intervención teniendo en cuenta la perspectiva de género resalto varios
aspectos:
 Manejo de las emociones: en la dinámica de la relación conyugal, y como una de
las estrategias de perpetuación de las estructuras de poder basada en género, se
puede observar que se apela a sentimientos de la maternidad de Liliana como una
oportunidad para la reconciliación de la relación romántica, aludiendo a frases que
le endilgan un presunto endurecimiento de sus sentimientos y el desplazamiento de
actividades que detentaban el cuidado del esposo y expresiones de afecto y cariño
hacia actividades que se relacionan con el bienestar personal y de sus hijos.
 Adaptación del grupo subordinado: es de notar en la conversación con el
terapeuta que, en tiempos donde la violencia intrafamiliar era manifiesta y existía

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Scott, J. “La categoría de género como una herramienta útil para el análisis histórico” en Lamas M. El género. La
construcción cultural de la diferencia sexual. Porrúa. UNAM. México. (1996) (1986). Pag. 44.
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la convivencia del núcleo conyugal, Liliana asumió su rol de género de acuerdo a


los imaginarios y practicas culturales del contexto. Asumiéndose como ama de casa
diligente, responsable del cuidado y protección de los miembros del hogar y
respetuosa de los designios del patriarca. Sin embargo, la experiencia de violencia
física y psicológica que sufrió fue resignificada y logro en ella cambios positivos
en torno a su subjetividad y su reconocimiento como sujeta de derechos. Se podría
inferir que el proceso de terapia familiar que se viene adelantando ha logrado a
través de diálogos generativos, que se creen realidades alternativas que la conyugue
ha sabido llevar a buen término.
 Estereotipos de género: al respecto es posible acotar que Pedro representa lo que
la teoría propone sobre el género masculino y la categoría de instrumentalidad
asumiendo el papel del patriarca proveedor que ejerce su autoridad a través de una
jerarquía horizontal y reafirmando su poder a través de la violencia intrafamiliar,
las relaciones extramatrimoniales no consensuadas y la postergación de discusiones
donde Liliana claramente deseaba expresar sus opiniones, deseos y emociones
frente a la problemática familiar y de pareja. En su relato durante la sesión
terapéutica, deja entrever como la proveeduría económica es significada como
símbolo de libertad de hacer y decir dentro de la relación familiar y conyugal,
situación que en la actualidad no reviste de la misma carga simbólica al encontrarse
su esposa vinculada al ámbito público dentro de un empleo formal, situación que le
ha permitido a ella reconstruirse como sujeto individual no dependiente. La
socialización de las mujeres bajo la ideología de la domesticación que encuentra su
materialización en la construcción del estereotipo de genero bajo la categoría de
expresividad les endilga a las mujeres los espacios de “realización del dar” donde
su identidad es construida a partir de la entrega hacia los otros, y su importancia
radica en el adecuado funcionamiento del sistema familiar, si uno de los miembros
falla el origen del problema es concebido desde el ejercicio materno. Es aquí donde
encuentra justificación el conyugue para hacer la reclamación sobre la
fragmentación del núcleo familiar, Pedro claramente significa la desestructuración
familiar en torno al nuevo papel asumido por su esposa, al no mostrar disposición
ella por retomar la relación conyugal, la culpabiliza por no asumir su papel de
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protectora y proveedora de afecto y protección hacia él, en lo que identifica como


una instancia de soledad que lo afecta emocionalmente. Le endosa a ella la
responsabilidad por su estabilidad emocional.
 Distribución del poder: cuando hablamos de género, hablamos de poder, de las
relaciones de poder entre hombres y mujeres. En el caso que nos ocupa, es evidente
que la relación conyugal se basó en una relación de poder desigual que tuvo como
episodio culminante la violencia de genero padecida por Liliana. Lo interesante es
como evolucionan los miembros del núcleo conyugal y se resignifican las estancias
de poder en tanto los papeles desempeñados dentro de la familia se reacomodan.
Su ingreso al mercado laboral y la estabilidad emocional y familiar que experimenta
al saberse independiente y en control de su individualidad le otorgan el poder de
expresar de manera clara y contundente sus necesidades y deseos frente a la
situación de pareja, al punto de reconocer en la terapia que ya no siente amor por
su conyugue, situación que se presume no hubiera sido posible en un contexto de
subordinación.

La significación que Pedro ha construido sobre la nueva dinámica de vida de Liliana, esta
permeada por la construcción sociocultural que hace sobre la mujer y el género femenino.
Encuentra incongruente que su conyugue no muestre disponibilidad por satisfacer sus demandas,
al no estar dicha conducta asociada a lo que él cree debería ser el ser y hacer de la mujer que se
considera esposa y madre. Se encuentra con que el cuerpo que antes estaba disponible, ya no lo
esta y eso le genera confusión y frustración lo que se evidencia en frases como: “ella esta cambiada,
ella se endureció, ella ya no es cariñosa como antes” que le indican que la jerarquía de poder se
volvió mas horizontal y ella se encuentra en igualdad de condiciones para negociar los escenarios
de convivencia, comunicación, dialogo y emociones.
Liliana por su parte ha resignificado su realidad y emprendió acciones que la alejan de
reconsiderar encontrarse en la situación anterior. Volcó los esfuerzos antes empleados en su pareja,
hacia si misma y eso le ha causado una sensación mas placentera y de bienestar emocional.