Está en la página 1de 34

CONVENIO SENDA-GENDARMERIA

Autor: Ps. Mario Pacheco


2014

MODELOS DE TRATAMIENTO PENAL CONTEMPORÁNEOS CON PERSONAS


INFRACTORAS DE LEY

Puede afirmarse que los objetivos principales de los sistemas de tratamiento penal son la reducción
de la reincidencia en el delito y el fomento de la integración social de los individuos infractores de ley.
A pesar de la inversión económica que han destinado los países desarrollados a los sistemas de
tratamiento penal, la disminución de la tasa de reincidencia en el delito no es la esperada por esos gobiernos y
la ciudadanía. Incluso un senador estadounidense afirmó en 1974 que “nada funciona con los infractores”,
excepto el castigo (Walters, Clark, Gingerich y Meltzer, 2007; Ward y Maruna, 2007).
Antes de estudiar dos modelos contemporáneos de tratamiento penal, abordaremos primero las
tendencias contemporáneas en la investigación de la efectividad de los tratamientos penales:

1) ¿Qué significa el concepto de reincidencia delictual?;


2) “¿Qué funciona?” en el tratamiento penal; y
3) Riesgo de reincidencia e instrumentos de evaluación del riesgo de reincidencia.

1. TENDENCIAS CONTEMPORÁNEAS EN LA INVESTIGACIÓN DE LA EFECTIVIDAD DE LOS


TRATAMIENTOS PENALES

1.1 ¿Qué significa el concepto de reincidencia delictual?


En un estudio publicado en 2008 por la UNICRIM de Gendarmería de Chile (UNICRIM, 2008) 1, se
define reincidencia cuando una persona que ha sido penalizada por un delito, vuelve a cometer otra conducta
desviada tipificada como delito; es decir, alguien es reincidente cuando hay reiteración en el comportamiento
delictual.
En general, a todas las sociedades les interesa averiguar cuál es la tasa de reincidencia de la
población penal, y sondear de ese modo la efectividad del sistema de justicia penal (UNICRIM, 2008); sin
embargo, desde el punto de vista estadístico y de los registros de la población penal, al momento de estimar la
tasa de reincidencia se encuentra el hecho que aparecen como nuevamente condenados individuos que han
sido condenados posteriormente a la condena actual por delitos que fueron cometidos antes (McNeill, 2009);
lo cual “ensucia” la tasa de reincidencia de la población penal (UNICRIM, 2008).
El documento de UNICRIM indica además, que al considerar la tasa de reincidencia y los niveles de
prisionización en diversos países, puede observarse por ejemplo que en Canadá se da un bajo nivel de
prisionización (es decir, nuevos ciudadanos condenados) y una máxima reincidencia, lo cual es indicativo que
hay un número de individuos que persisten en el delito . Desde este punto de vista, afirman los autores del
documento de UNICRIM, “la tasa de reincidencia debe tomarse con bastante cuidado al momento de usarse
como criterio de evaluación de los sistemas penales, ya que sólo adquiere consistencia en el plano de la

1
Véase también, Aedo (2010)

1
CONVENIO SENDA-GENDARMERIA
Autor: Ps. Mario Pacheco
2014
posibilidad de la contribución a la reinserción de los sujetos, pero no dice mucho al intentar bajar la tasa en las
formas que adquiere la población penal” (UNICRIM. 2008, p. 13-14; subrayado añadido)

1.2 “¿Qué funciona?” en el tratamiento penal


La afirmación que “nada funciona en el tratamiento penal” llevó en Estados Unidos a reintroducir
penas basadas en la teoría de la disuasión del delito2; es decir, castigo sin tratamiento, con el objetivo de
disuadir a los infractores de la comisión de nuevos delitos, y que sus condenas sirvieran de ejemplo a las
demás personas para que no cometieran delitos.
Sin embargo, la aplicación de esos sistemas tampoco incidió en la baja de la tasa de reincidencia en
ese país; y lo que es peor aún, se encontró que ese tipo de penas aumentaba la probabilidad de reincidencia
de quienes pasaban por esos sistemas (MacKenzei, 2002; Welsh y Farrington, 2005)3.
Durante los años 1990 se inició el movimiento de evaluar “lo que funciona” en el campo del
tratamiento penal (Sherman, Farrington, Welsh y MacKenzie, 2002; Walters, Clark, Gingerich y Meltzer, 2007;
Welsh y Farrington, 2005), mediante el uso de estudios de meta-análisis de investigaciones acerca del
tratamiento de la población penal.
MacKenzei (2002) y Walters, Clark, Gingerich y Meltzer (2007) indican que esos estudios
evidenciaron que la aplicación de castigo sin un tratamiento hacía que la reincidencia empeorara; y se
identificaron principios de tratamiento que disminuyen la reincidencia.
También se encontró que los programas de rehabilitación consistentes en sesiones de consejería
vaga, no directiva y no estructurada no funcionan (MacKenzei, 2002).
Se indicó que los tratamientos cognitivo-conductuales eran los más efectivos para reducir la
reincidencia; sin embargo, también se encontró que eran efectivos cuando eran aplicados en forma
experimental y no como una práctica rutinaria en el penal4 (Welsh y Farrington, 2005).
Asimismo, se encontró que la entrega de tratamiento intensivo para el consumo de drogas reducía la
reincidencia. (MacKenzei, 2002; Welsh y Farrington, 2005)
También son efectivos los programas de educación vocacional, los programas de industrias penales
que tienen otros componentes además del trabajo diario remunerado en el penal 5, y los programas
comunitarios de empleo (MacKenzei, 2002).
El hallazgo que los tratamientos basados en los principios cognitivo-conductuales eran los más
efectivos para reducir la reincidencia, condujo al desarrollo de diversos programas basados en el paradigma
del “pensamiento criminal”: los individuos delinquen porque han sido socializados en forma deficiente, y por lo
tanto hay que reparar el déficit por medio de la enseñanza de diversas habilidades sociales que incluyen el

2
Lo que significó un retroceso en la filosofía de la justicia penal de los años 1950-1970, en la cual había prevalecido una
política de tratamiento para los infractores de ley.

3
Véase CONACE (2009a), pp. 115-118, para una descripción de esos programas basados en la teoría de la disuasión del
delito.

4
Actualmente se ha indicado que para asegurar la integridad teórica y metodológica de esos programas, es necesario que
los equipos profesionales reciban monitoreo y supervisión continua. (Gonzalo Guzmán, 2012, comunicación personal).

5
Que además del puesto de trabajo incluyen componentes como la búsqueda de trabajo después de la liberación,
educación vocacional, entrenamiento de aprendices.
2
CONVENIO SENDA-GENDARMERIA
Autor: Ps. Mario Pacheco
2014
aprendizaje de habilidades de comunicación, entrenamiento en asertividad, habilidades interpersonales,
entrenamiento en resolución de conflictos y manejo de la agresividad.
Los programas más destacados son los siguientes (varios de los cuales se entregan actualmente en
los penales estadounidenses, canadienses e ingleses):

Razonamiento y Rehabilitación (R&R) de Ross y Fabiano

Este programa pionero desarrollado por Ross y Fabiano en 1985, está organizado alrededor de
ejercicios que tienen como objetivo “modificar el pensamiento impulsivo, egocéntrico, ilógico y rígido
de los infractores, y enseñarles a detenerse y pensar antes de actuar, considerar las consecuencias
de su comportamiento, concebir formas nuevas de responder a los problemas interpersonales, y
considerar el impacto de su comportamiento en otras personas, particularmente las víctimas” (Ross et
al., 1988, p. 31; en Lipsey, Landerberger y Wilson, 2007, p. 5).
En la versión española de este programa (Ross, Fabiano, Garrido y Gómez, 1996, p. 10) se lo define
como un entrenamiento cognitivo para trabajar los déficits en habilidades cognitivas, tales como:
solución de problemas cognitivos interpersonales, pensamiento consecuente, razonamiento
abstracto, pensamiento creativo y valores.
El programa en su versión española se compone de 9 módulos interrelacionados, para ser abordados
en 32 sesiones: Solución de problemas, Habilidades sociales, Habilidades de negociación, Control
emocional, Pensamiento creativo, Desarrollo de valores, Razonamiento crítico, Revisión de
habilidades, y Ejercicios Cognitivos.

En el año 2006, Tong y Farrington (Redondo, 2008) publicaron un meta-análisis de 16 estudios


acerca del impacto del programa R&R en la reincidencia delictual; esos investigadores encontraron
una disminución del 14% de la tasa de reincidencia de los individuos tratados versus lo no tratados.
Ese impacto se mantenía en la implementación en el sistema cerrado como en el abierto, y para
individuos de bajo y elevado riesgo de reincidencia.

Ross y Hilborn, desarrollaron en 1996 una versión abreviada del R&R, el R&R2 (Milkman y Wanberg,
2007). Es una edición abreviada del R&R original, que se implementa en 15 sesiones. Los autores
advierten que los programas más breves pueden ser más efectivos que los largos.
El nuevo programa ofrece versiones especializadas según la edad, el sexo, la naturaleza del
comportamiento antisocial, el riesgo de reincidencia y la cultura.
Los principios del R&R2 incluyen: entrevista motivacional, modelaje prosocial, prevención de recaídas
y desistencia (fomento para la adquisición de un estilo de vida prosocial a largo plazo).
De acuerdo al principio de riesgo del modelo RNR (Riesgo-Necesidad-Receptividad; véase más
abajo), los autores indican que el programa debe ser entregado en forma separada a infractores de
bajo riesgo de reincidencia y a individuos de riesgo elevado. La implementación ideal es enseñar a
infractores de bajo riesgo a funcionar en forma prosocial y evitar verse involucrados en programas
más largos con infractores de alto riesgo. (Milkman y Wanberg, 2007)

Straight Thinking on Probation, STOP (Pensando en forma correcta en la libertad vigilada)

3
CONVENIO SENDA-GENDARMERIA
Autor: Ps. Mario Pacheco
2014
Es un programa construido en base a una adaptación del R & R para ser usado en el sistema de
libertad vigilada en Gales.

Enhanced Thinking Skills, ETS (Fomento de Habilidades de Pensamiento)


Este programa fue desarrollado en el año 2000 para el servicio de prisión inglés, para ser usado en el
sistema de libertad vigilada en Inglaterra y Gales, y cuyos objetivos terapéuticos son los mismos que
los del programa R & R.

Think First (Piense Primero)


Este programa fue desarrollado en Inglaterra y Gales, y usado primero con infractores convictos y
luego en el sistema de libertad vigilada. Es un programa similar al R & R y al ETS en sus contenidos y
objetivos, pero se diferencia en que tiene un foco más explícito en el delito e incluye materiales que
requieren que los infractores analicen los delitos específicos que han cometido.

Thinking for a Change (Pensando para un Cambio), Bush, Glick y Tymans


Este programa fue introducido en 1997 en Estados Unidos por el National Institute of Corrections, y
fue rápidamente adoptado por el sistema penal en muchos estados, en el sistema cerrado y en el
abierto.
El programa original consistía en 22 sesiones grupales estructuradas y tareas para realizar entre
sesiones. Este programa usa un conjunto de técnicas para aumentar la conciencia de si mismo y los
demás. Integra la reestructuración cognitiva, habilidades sociales y resolución de problemas.
(Milkman y Wanberg, 2007)
En el año 2011, el National Institute of Corrections publicó la versión 3.1 del programa (Bush, Glick,
Tymans y Guevara, 2011). El nuevo programa se compone de 25 sesiones grupales e incorpora la
experiencia de los facilitadores, la de los entrenadores de los profesionales, y de los mismos autores
en la implementación de la versión anterior; e incorpora desarrollos del campo de las intervenciones
cognitivo-conductuales.

El NIC Information Center (2012), reporta 4 estudios realizados entre los años 2002 y 2011 acerca de
la implementación de la primera versión de Thinking for a Change y el impacto del programa en la
tasa de reincidencia. Todos los estudios mostraron que el programa disminuyó significativamente la
reincidencia de los participantes en el programa.

Sin embargo, las investigaciones de la eficacia de estos programas han mostrado que son efectivos
en la reducción de la reincidencia de los sujetos que finalizan el programa (Landenberger y Lipsey, 2005;
Hollin, McGuire, Hounsome, Hatcher, Bilby y Palmer, 2008; Hollin y Palmer, 2006); y cuando el programa es
entregado por profesionales entrenados para la implementación del mismo.

4
CONVENIO SENDA-GENDARMERIA
Autor: Ps. Mario Pacheco
2014
Cabe preguntarse entonces, ¿qué indica la investigación acerca del perfil o las características de los
individuos que finalizaron esos programas y tuvieron éxito no retornando al sistema de justicia penal?: ¡la
investigación no informa acerca de este tópico tan relevante!6

1.3 Riesgo de reincidencia e instrumentos de evaluación del riesgo de reincidencia


La predicción del riesgo de reincidencia de los infractores de ley es un aspecto clave en los sistemas
penitenciarios, ya que depende de la estimación de ese riesgo que el individuo pueda tener acceso a
beneficios penitenciarios.
Según Bonta y Andrews (2007), pueden reconocerse cuatro generaciones en la evaluación del riesgo
de reincidencia de los infractores de ley:

Primera generación: Juicio profesional


La evaluación del riesgo de reincidencia dependía del juicio profesional de los psicólogos, psiquiatras
y trabajadores sociales.
Estrategia usada actualmente en la mayoría de las Areas Técnicas de los penales de administración
directa de Gendarmería. A partir del año 2014, se usará para esa evaluación el instrumento de “cuarta
generación”, de origen canadiense, adaptado y validado por el Ministerio de Justicia para la evaluación de la
población penal chilena.

Segunda generación: Herramientas de evaluación basadas en la evidencia


En los comienzos de la década de los años 1970, hubo un reconocimiento creciente que la
evaluación del riesgo de reincidencia debía estar apoyada en instrumentos actuariales, basados en la
evidencia, y menos en el juicio profesional. Los instrumentos actuariales asignaban un puntaje a antecedentes
del individuo que se había demostrado que aumentan el riesgo de reincidencia. Se demostró que esos
instrumentos eran superiores en su capacidad de predicción que el juicio profesional, y comenzaron a ser
adoptados en diversos sistemas de justicia penal en el mundo. Sin embargo —indican Bonta y Andrews— esos
instrumentos no tenían una base teórica, y los ítems eran escogidos debido a que eran de fácil acceso ya que
mostraban una asociación con la reincidencia, y no debido a su relevancia teórica.
Una segunda característica de esos instrumentos era que los comportamientos consignados tendían
a ser de naturaleza histórica, y por lo tanto eran factores de riesgo estáticos 7, y no daban cuenta de la mejoría
del comportamiento de los infractores. Esto implicaba que las posibilidades que entregaban esos instrumentos
eran un riesgo invariante del individuo o un riesgo creciente; y por lo tanto, no había posibilidades de disminuir
el riesgo de reincidencia.

Tercera generación: Instrumentos basados en la evidencia y dinámicos

6
Para los diversos investigadores ése no era un asunto relevante, ya que se suponía que era el programa y sus técnicas el
que ocasionaba los cambios en los individuos; creencia que se encuentra a la base del movimiento de la psicoterapia
empíricamente validada, fomentada por la American Psychological Association (APA) desde mediados de la década de los
años 1990 hasta el año 2005.

7
Es decir, factores que es imposible que cambien, debido a que son históricos.

5
CONVENIO SENDA-GENDARMERIA
Autor: Ps. Mario Pacheco
2014
El reconocimiento de las limitaciones de la segunda generación de instrumentos de evaluación del
riesgo de reincidencia, llevó al desarrollo de instrumentos que incluyeran los factores de riesgo dinámicos; y
se denominaron instrumentos de “riesgo-necesidad”, y algunos de esos instrumentos tuvieron una base
teórica.
Estos instrumentos de tercera generación fueron sensibles a los cambios en las circunstancias de los
infractores de ley y suministraron información al equipo de tratamiento respecto a qué necesidades debían ser
el objetivo de sus intervenciones. Actualmente hay evidencia que los cambios en las puntuaciones en algunos
de esos instrumentos de riesgo-necesidad están asociados con los cambios en la reincidencia. Esta tercera
generación de instrumentos ofreció una forma de monitorear la efectividad o no efectividad de los programas
de tratamiento.

Cuarta generación: Sistemática y amplia


Esta nueva generación de instrumentos de evaluación del riesgo de reincidencia integran la
intervención sistemática y el monitoreo, junto a la evaluación de un amplio rango de factores de riesgo que no
eran medidos en la tercera generación de instrumentos, y otros factores personales importantes para el
tratamiento.

Obviamente el objetivo de esos instrumentos es muy loable y útil: los esfuerzos del tratamiento penal
debieran estar dirigidos hacia los individuos con mayor riesgo de reincidencia , ya que éstos son justamente
los que necesitan intervenciones específicas intensivas para no reincidir en el delito.
Sin embargo, esta iniciativa tiene detractores que esgrimen las siguientes razones para oponerse a
ese tipo de instrumentos: los instrumentos de evaluación del riesgo de reincidencia no son sensibles al género
femenino (ya que han sido construidos para la población masculina), “castigan” a los individuos que provienen
de sectores sociales en desventaja, y no consideran las diferencias étnicas ni culturales (véase más abajo).

2. MODELO DE RIESGO-NECESIDAD-RECEPTIVIDAD (RNR) DE ANDREWS Y BONTA (Delitos


Generales)8

El modelo RNR, Riesgo-Necesidad-Receptividad (Responsivity) fue desarrollado en Canadá en los


años 1990 por Andrews, Bonta y Hoge (Bonta y Andrews, 2007), y fue elaborado bajo el marco de una teoría
del aprendizaje social y cognitivo del comportamiento criminal. Desde su desarrollo inicial, los autores han
agregado un número de principios para fomentar y fortalecer el diseño de los programas de tratamiento penal.
El fundamento teórico del modelo RNR es la perspectiva de la Personalidad General y el Aprendizaje
Cognitivo Social (GPCSL) del comportamiento delictual (Andrews y Bonta, 2010; Bonta y Andrews, 2007):
El comportamiento delictual reflejaría una predisposición de personalidad y un aprendizaje social del
comportamiento delictivo, gobernado por las expectativas del individuo acerca de las consecuencias reales de
su comportamiento.
Cuando el comportamiento es reforzado o las expectativas del individuo son reforzadas, es probable
que ocurra ese comportamiento. Y cuando el comportamiento o las expectativas son castigados, es poco
probable que ocurra el comportamiento.

8
Es decir, delitos contra la propiedad y contra las personas (distintos a VIF o a Abuso Sexual).
6
CONVENIO SENDA-GENDARMERIA
Autor: Ps. Mario Pacheco
2014
El comportamiento delictual es probable cuando las recompensas y los costos del delito son más
importantes que las recompensas y los costos del comportamiento prosocial.
Las recompensas y los costos pueden ser entregados por otras personas (por ejemplo, la familia,
amigos, los maestros, los empleadores, y los compañeros de trabajo); pueden ser producidos por el
comportamiento en si mismo (por ejemplo, sentimientos de orgullo o culpa); y a veces pueden surgir en forma
automática del comportamiento (por ejemplo, un sentimiento de excitación cuando se irrumpe en una casa).
Los componentes de esta perspectiva teórica son los siguientes:

Personalidad general
Se refiere a un patrón de personalidad antisocial. Este patrón no está limitado a la categoría
diagnóstica psiquiátrica del Trastorno Antisocial de la Personalidad; sino que es más amplio y comprende a la
historia de la violación generalizada de las normas y el incurrir en problemas.
Algunos de los factores de la personalidad funcionan como necesidades criminógenas (por ejemplo,
impulsividad, egocentrismo), y otros como factores de la respuesta a la influencia social (por ejemplo,
necesidad de excitación, superficialidad afectiva).

Cogniciones
El aspecto cognitivo incluye a la auto-regulación consciente y la auto-regulación automática; y señala
la importancia de las actitudes pro-delictuales, los valores y creencias como causas del comportamiento
delictivo.

Aprendizaje Social
En este aspecto la teoría resalta la importancia del aprendizaje social en el contexto de las amistades,
la familia, la escuela, el trabajo y la diversión.
En la medida que las amistades y la familia validen y promuevan el comportamiento delictivo, éste es
más probable.
El fracaso o la deserción escolar, hace menos probable el aprendizaje de comportamientos
prosociales.

Bonta y Andrews (2010) argumentan que los “Cuatro Grandes” predictores del riesgo de reincidencia
son las actitudes antisociales, los asociados antisociales, una historia de comportamiento antisocial, y la
personalidad antisocial.
Esto no significa que los amplios problemas sociales no sean relevantes en la génesis de esos
factores de riesgo; sino que sugieren que esos factores son más próximos (inmediatamente relacionados con)
al delito, mientras que los factores sociales subyacentes están más distalmente relacionados (son menos
inmediatos).
El individuo toma una decisión tendiente a cometer un delito cuando la valoración de la situación es
favorable a dicha acción, ya sea que se concrete en la forma de intenciones conductuales, balanza costos-
beneficios, elección personal, o creencias en la autoeficacia para cometer los delitos.
También supone un diálogo interno, a pesar que existen actos de violencia o robo/hurto que ocurren
sin reflexión y en situaciones con oportunidades fácilmente accesibles.
Las fuentes principales de la valoración de una acción en una situación dada, son las siguientes:

7
CONVENIO SENDA-GENDARMERIA
Autor: Ps. Mario Pacheco
2014
• Características de ambiente inmediato
• Actitudes, valores, creencias y racionalizaciones sobre la conducta social y antisocial
• Apoyo para la conducta delictiva
• Una historia previa de comportamiento antisocial
• Habilidades de solución de problemas y autocontrol
• Otras características relativamente estables de la personalidad que potencian el
comportamiento antisocial

La Figura siguiente representa el modelo conceptual en el cual se basa el modelo de Andrews y


Bonta (tomado de Graña, Garrido y González, s/f, p. 14):

Desde la publicación de este modelo y su continuo desarrollo (Andrews, 1996; Bourgon, Bonta,
Rugge, Scott y Yessine, 2009), los sistemas de tratamiento penal en los países anglosajones han incorporado
estos conceptos y las recomendaciones de la investigación para el diseño de instrumentos para evaluar el
riesgo de reincidencia de la población penal en el medio cerrado y en el medio abierto, para diferenciar a la
población penal a la que se entregará tratamiento, y para diseñar y entregar los tratamientos penales.
Este modelo se compone de tres principios, a saber (Andrews y Bonta, 2010; Andrews, Bonta y
Wormith, 2006; Bonta y Andrews, 2007; Bourgon, Bonta, Rugge, Scott y Yessine, 2009): Principio de Riesgo,
Principio de Necesidad y Principio de Necesidad.

8
CONVENIO SENDA-GENDARMERIA
Autor: Ps. Mario Pacheco
2014

2.1 Principio de Riesgo


Este principio afirma que la reincidencia puede ser reducida si el nivel de las prestaciones entregadas
al infractor es proporcional al riesgo de reincidencia del individuo.
Andrews y Dowden (en Lowenkamp, Pealer, Smith y Latessa, 2006) encontraron en 1999 que los
programas que se adherían al principio de riesgo disminuían la reincidencia en un 19%, y los que los violaban
la reducían en un 4%. Bonta et al. (en Lowenkamp, Pealer, Smith y Latessa, 2006) encontraron en el año 2000
que los programas que cumplían con ese principio reducían en un 20% la tasa de reincidencia en los
infractores de alto riesgo, mientras que esos mismos programas aumentaban en un 17% el riesgo de
reincidencia en los infractores de bajo riesgo. Lowenkamp y Latessa (en Lowenkamp, Pealer, Smith y Latessa,
2006) encontraron en el año 2005, que los programas que cumplían con el principio de riesgo reducían la tasa
de reincidencia entre un 10% al 30% en los infractores de alto riesgo, y que esos mismos programas
aumentaban la tasa de reincidencia en los infractores de bajo riesgo.
Lowenkamp y Latessa (2004) sugieren las siguientes explicaciones para este fenómeno:
a) Cuando los infractores de bajo riesgo son colocados en intervenciones más intensas, es
probable que estén expuestos a infractores de elevado riesgo de reincidencia, y se sabe que
los pares son un factor de riesgo importante.
b) Por definición, los infractores de bajo riesgo son más pro-sociales, y cuando son colocados en
un programa muy estructurado y restrictivo, se afectan los factores que los hacen tener un
menor riesgo (si el infractor es privado de libertad se afectarán sus actitudes y contactos pro-
sociales, los que serán reemplazados por pares y pensamiento antisocial).
c) Otra explicación es el rendimiento intelectual y la madurez del individuo. Según esos autores,
rara vez se evalúan esos factores en la receptividad de los sujetos cuando se forman los
grupos de tratamiento; y puede ocurrir que los infractores de bajo riesgo quedan a merced de
infractores de alto riesgo, más sofisticados y predadores.

Desde la perspectiva del principio de riesgo, Lowenkamp y Latessa (2004) indican que por regla
general, los infractores de bajo riesgo debieran ser identificados y excluidos de las intervenciones intensivas; y
que los sistemas de tratamiento debieran asegurarse que esos infractores regresen a los ambientes que los
han hecho ser de bajo riesgo. Por lo tanto, es necesario contar con instrumentos estandarizados y objetivos
para evaluar el riesgo de reincidencia.

2.2 Principio de Necesidad


Este principio indica que el tratamiento penal debe estar centrado en las necesidades criminógenas
de los individuos. Las necesidades criminógenas son factores de riesgo dinámicos que están vinculados
directamente con el comportamiento infractor. Se diferencian de los factores de riesgo estático en que éstos
sólo pueden cambiar en una dirección (aumento del riesgo, en la medida que el individuo reincide) y son
inmutables a las intervenciones de tratamiento. Los individuos pueden tener muchas necesidades de
tratamiento, pero no todas esas necesidades están asociadas con el comportamiento infractor.
La investigación ha distinguido 7 factores centrales de riesgo/necesidad (Andrews y Bonta, 2010;
Andrews, Bonta y Wormith, 2006; Bonta y Andrews ,2007).

9
CONVENIO SENDA-GENDARMERIA
Autor: Ps. Mario Pacheco
2014

Tabla N° 1 : Necesidades criminógenas


Factor Riesgo Necesidad dinámica
Historia del comportamiento Compromiso temprano y continuo en Construcción de comportamientos no
antisocial (factor de riesgo una variedad de actos y contextos criminales alternativos en las situaciones
estático) antisociales de riesgo
Pauta de personalidad Búsqueda de placer en actividades de Construcción de habilidades para
antisocial riesgo, auto-control débil, agresividad resolver problemas, habilidades para el
manejo de si mismo y habilidades de
afrontamiento
Cogniciones antisociales Actitudes, valores, creencias y Reducción de la cognición antisocial,
racionalizaciones que apoyan al crimen; reconocimiento del pensamiento y los
estados cognitivo-emocionales de rabia, sentimientos riesgosos, construcción de
resentimiento y desafío; identidad pensamiento y pensamiento menos
criminal versus identidad reformada; riesgoso, adoptar una identidad
identidad criminal versus identidad anti- reformada y/o anti-criminal
criminal

Pares antisociales Asociaciones estrechas con otros Reducción de la asociación con otros
criminales, y aislamiento relativo de antisociales, fomento de la asociación
otros no criminales; apoyo social con otros no criminales
inmediato para el crimen
Familia y/o pareja Dos elementos claves son la crianza y/o Reducción del conflicto, construcción de
el cuidado, y el monitoreo y/o una relación positiva, fomento del
supervisión monitoreo y la supervisión
Escuela y/o trabajo Bajos niveles de desempeño y Fomento del desempeño, recompensa y
satisfacción en la escuela y/o el trabajo satisfacción
Tiempo libre y/o recreación Bajos niveles de compromiso y Fomento del compromiso, recompensa y
satisfacción en actividades anti- satisfacciones en actividades
criminales prosociales.
Abuso de sustancias Abuso de alcohol y/o otras drogas Reducción del abuso de drogas,
reducción de los apoyos personales e
interpersonales para el comportamiento
orientado hacia el consumo de drogas,
fomento de alternativas al abuso de
drogas

Desde la perspectiva del modelo RNR, para que las intervenciones de tratamiento penal sean
efectivas deben estar dirigidas a los factores dinámicos evidenciados en las investigaciones, y no según la
intuición o la adherencia a una teoría particular de los prestadores de tratamiento.
El constructo de Identidad Criminal (factor “Cogniciones Antisociales”) ha sido introducido
recientemente en el Modelo RNR, de acuerdo a las sugerencias de Maruna y de sus investigaciones acerca
de la desistencia del delito (Bonta y Andrews ,2007).
Según Bourgon, Bonta, Rugge, Scott y Yessine (2009), el factor de riesgo “Cogniciones Antisociales”
es el que posee más peso e influencia en el riesgo de reincidencia. Según esos autores, cuando el profesional

10
CONVENIO SENDA-GENDARMERIA
Autor: Ps. Mario Pacheco
2014
indaga acerca de las necesidades criminógenas debe comprender cómo se relacionan las actitudes pro-
criminales con las demás necesidades criminógenas. (Véase el documento “Cogniciones Antisociales”).
La observación empírica (Moffitt, 1993; en Morales, 2008) ha mostrado que la carrera delictual es
más prolongada en aquellas personas que se han iniciado más tempranamente en la comisión de delitos (por
ejemplo, durante la niñez o a inicios de la adolescencia). Al considerar este hallazgo y la teoría de los “cuatro
grandes factores” de la reincidencia en el delito (actitudes antisociales, asociados antisociales, historia de
comportamiento antisocial, y personalidad antisocial), podemos suponer que es muy probable que un
individuo infractor de ley con habitualidad delictiva (una historia de comisión de delitos), haya desarrollado una
“identidad delictual”.
En el Convenio SENDA-Gendarmería, en el cual no existe un criterio de exclusión de los usuarios
según la trayectoria delictual de los mismos, es probable que encontremos usuarios que presentan una
historia delictual reciente, y otros que se han iniciado tempranamente en el delito y son reincidentes legales (e
incluso multi reincidentes). Dado este hecho, es necesario revisar la literatura contemporánea acerca de la
identidad delictual .
Esa literatura sugiere que las ideas que tienen las personas acerca de si mismas y de su medio social
—aspectos centrales de la construcción de su identidad— determinan en parte su conducta social (Zambrano y
Pérez-Luco, 2004); y que los seres humanos somos agentes que construimos identidades narrativas y nos
comprometemos en proyectos personales basados en esas narrativas (Ward y Marshall, 2007).
Esto implica que los seres humanos extraemos el sentido de quiénes somos y lo que realmente nos
interesa, a partir de los recursos discursivos o redes de significado. “La vida de cada ser humano está
ineludiblemente embebida en una red de significados. Los significados que conectamos a nuestras creencias
y comportamiento son integrales en éstas […] las personas están parcialmente constituidas por las narrativas
acerca de si mismos, somos históricos, morales y éticos” (Woolfolk, 1998; en Ward y Marshall, 2007, p. 280).
Zambrano y Pérez-Luco (2004) afirman que la imagen y el concepto (consciente o inconsciente) que
tenemos de nosotros mismos —la identidad personal— se construye y se forma a lo largo de la propia historia
vital, en la interacción del individuo con los demás (la familia, los pares y la comunidad); y la vivencia de ser
uno mismo y el sentimiento de pertenencia a un grupo, como la familia, ayudan a mantener la seguridad
emocional y la capacidad de acción en coherencia con aquellos valores y normas asumidas como propias.
Esos autores definen a la identidad delictiva como el sentido de si mismo (experiencias, sentimientos,
capacidades, motivaciones y anhelos), ante si y ante los ojos de los demás, que se ha conformado en base a
pautas de valoración distanciadas del orden social establecido en la cultura global, pero fuertemente
arraigadas y compartidas con un grupo social de referencia que valida y promueve papeles, reglas y
representaciones sociales dentro de una contracultura delictual (el hampa; Molinet, Velásquez y Estrada,
2007).
González, Cavieres y Valdebenito (2005) indican que en la medida que el proyecto básico del yo, en
conformación con la identidad, da continuidad y verosimilitud subjetiva y colectiva a la crónica biográfica, la
noción de estilo de vida adquiere una marcada preponderancia. Un estilo de vida puede definirse como un
conjunto de prácticas relativamente integradas que el individuo adopta, no sólo porque satisfacen necesidades
utilitarias, sino porque dan forma material a una crónica concreta de la identidad del yo. Las decisiones
personales que se toman dentro de ese estilo de vida, no solamente se refieren a cómo actuar, sino a quién
ser.

11
CONVENIO SENDA-GENDARMERIA
Autor: Ps. Mario Pacheco
2014
Zambrano y Pérez-Luco (2004), integrando la teoría de las representaciones sociales y la teoría del
etiquetamiento, describen del siguiente modo la construcción de identidad en los infractores juveniles que se
han desarrollado en entornos micro y macro-sociales de riesgo9:

La socialización temprana de esos niños ocurre en un marco de inestabilidad que se


proyecta en los diversos ámbitos que rodean a la vida familiar. En ese contexto, los niños se ubican
como espectadores de lo que ocurre a su alrededor, experimentando vivencias de marginación,
abandono, desprotección y afecto condicionado; las que pasan a formar parte central de la
construcción de su identidad. Dado que el contexto no entrega oportunidades para desarrollar
recursos, aprendizajes y habilidades compatibles con un comportamiento prosocial, aumentan las
probabilidades de transgredir la norma.
A su vez, la convivencia cercana con grupos de pares con compromiso delictivo, sumado a
una familia que no es capaz de orientar ni disciplinar al niño, inciden en que éste termine viviendo en
un sistema organizado que fomentan las premisas que justifican que se conduzca como violador de
las reglas sociales. Como consecuencia, el joven va construyendo una representación de si mismo
basado en sus competencias delictivas y en su capacidad para transgredir eficientemente las normas
sociales; lo que le impide relacionarse con un contexto que le permita extraer sus habilidades y
recursos no delictivos.
Zambrano y Pérez-Luco indican que esas conductas infractoras provocan la intervención de
instituciones de control social, las que actúan no sobre el entorno del muchacho, sino que sobre el
individuo. Las acciones de esas instituciones lo estigmatizan y lo devalúan, lo que conduce a que el
chico se considere a si mismo como inadaptado (o delincuente) y asuma esas etiquetas, y tenderá a
alejarse de las normas convencionales de conducta y desarrollará pautas de comportamiento
consonantes con la etiqueta “delincuente”.
Esas circunstancias promueven un poderoso proceso de identificación con los pares; los
grupos de pares se convierten en una instancia de referencia, pertenencia, afecto e identificación; lo
que facilita más aun el acercamiento de los jóvenes a pautas de comportamiento delictivo. En la
carrera delictiva, a la que ingresan algunos preadolescentes, comienza a producirse la definición de
si mismo en base a los valores y prácticas propias del mundo delictivo. El compromiso delictual va

9
Walgrave (1995; en Vanderschueren con Lunecke, 2004) ha descrito a la vulnerabilidad social como un marco que integra
el conjunto de los factores sociales que favorecen el ingreso de los adolescentes en comportamientos criminales:
1) Algunos niños han nacido en familias socialmente vulnerables. Los padres viven en la pobreza y tienen malas
experiencias con las instituciones sociales. Esas familias poseen, en consecuencia, una perspectiva social
desfavorable y son incapaces de procurar a sus hijos un clima familiar estimulante y claramente estructurado.
2) Esas familias viven en barrios en desmedro y con servicios deficitarios. Los habitantes se perciben a si mismos
como “perdedores sociales”, sin esperanza de que la situación cambie; ese desaliento lleva a la desorganización y el
desarrollo subcultural.
3) En base a sus experiencias, el comportamiento de los niños es menos estructurado, su capacidad intelectual es
menor y manifiestan poca capacidad de adaptación social.
4) Esos niños presentan dificultades para soportar la presión necesaria y la disciplina para alcanzar el éxito en la
escuela. Son estigmatizados como estudiantes limitados e indisciplinados; lo cual favorece un menoscabo en su
autoestima y confianza en si mismos.
5) Se colocan en marcha mecanismos de compensación psicosociales: se apoyan en grupos de pares cuyos valores
han sido deformados, que restan importancia a los valores estimados socialmente e incluso los desafían;
desarrollando de ese modo una autoestima alternativa y desarrollando las habilidades para cometer delitos.
6) Dada su situación, presentan mayores probabilidades de entrar en contacto con la policía y los tribunales,
cualesquiera sean sus delitos. Su relación con el sistema judicial lleva a la estigmatización y a perspectivas sociales
desfavorables.
12
CONVENIO SENDA-GENDARMERIA
Autor: Ps. Mario Pacheco
2014
aumentando en la medida del continuo ir y venir de los chicos entre las instituciones de protección,
rehabilitación y control social, y el medio en el cual interactúa normalmente con su grupo de pares.

El Modelo RNR también describe un número de necesidades no criminógenas , cuyo tratamiento,


aunque puede ser necesario en muchos casos, no reducirá la probabilidad de reincidencia.

Tabla N° 2 : Necesidades no criminógenas


Necesidades menores, no Indicadores Comentario
criminógenas
Auto-estima Sentimientos débiles de Bonta y Andrews (2007) reflexionan que la autoestima
autoestima y auto-valía no es una necesidad criminógena, porque los cambios
en ella no conducirán a un cambio en el
comportamiento delictual; un aumento en la
autoestima del individuo sin que haya cambios en las
actitudes pro-sociales puede dar como resultado
infractores con confianza en si mismos, y la
disminución en la autoestima puede llevar a infractores
miserables.
Sentimientos vagos de Ansiedad, sentirse
tensión personal deprimido
Trastorno mental mayor Esquizofrenia, trastorno Si el individuo hubiese cometido el delito cuando sufría
bipolar un trastorno mental que lo hacía no imputable, no
habría sido recluido en un penal para infractores
comunes; por lo tanto, podemos suponer que si
aparece el trastorno mental mientras está recluido, es
imprescindible tratar primero ese trastorno, y luego
tratar sus necesidades criminógenas.
Salud física Deformidad física, nutrición
deficiente

Recientemente, Bonta y Andrews (2010) han resumido en la siguiente tabla las necesidades
criminógenas y no criminógenas:

Tabla Nº 3: Necesidades criminógenas y no criminógenas


Necesidades criminógenas Necesidades no criminógenas
Actitudes que apoyan la actividad criminal Autoestima
(pensamientos, valores y sentimientos que apoyan el
comportamiento delictual)
Personalidad antisocial (bajo autocontrol, hostilidad, Sentimientos vagos de incomodidad emocional
búsqueda de placer en actividades riesgosas, (ansiedad, depresión, y sentimientos de alienación)
despreocupación por los demás, callosidad)
Asociados pro-delictuales Trastornos mentales mayores (esquizofrenia, depresión)
Logro social (educación, empleo) Falta de ambición
Familia/pareja (inestabilidad en la relación de pareja, Historia de victimización
negligencia parental, criminalidad en la pareja o en la
13
CONVENIO SENDA-GENDARMERIA
Autor: Ps. Mario Pacheco
2014
familia)
Consumo abusivo de sustancias Miedo al castigo de la sociedad
Placer/recreación (ausencia de propósitos prosociales) Ausencia de actividad física

Críticas al modelo RNR acerca de las necesidades criminógenas


Las principales críticas al modelo RNR provienen de criminólogas feministas. Por ejemplo, Covington
(2002) indicó que la teoría y la investigación criminológica se ha ocupado de los delitos cometido por hombres;
y los programas de tratamiento penales han estado basados en el perfil y en la trayectoria criminal de los
hombres. Esto ha significado que el sistema penal no ha identificado ni ha respondido a las necesidades de
tratamiento de las mujeres, ni tampoco a las diferencias culturales.
En el mismo sentido, Hannah-Moffat y Shaw (2001) afirmaban que a pesar del esfuerzo por reformar
el sistema penal canadiense, se ha usado un sistema de clasificación neutral al género para clasificar el riesgo
de reincidencia de mujeres, incluyendo a las mujeres aborígenes, negras y a otras minorías culturales.
Hannah-Moffat y Shaw (2001) describen una serie de críticas que se han hecho al énfasis de la
clasificación del riesgo de reincidencia y a las mediciones actuariales, entre las cuales mencionan las
siguientes:
• Esas mediciones castigan a las minorías raciales (especialmente a los afro-americanos);
• La aplicación rígida y mecánica de las mediciones puede llevar a una clasificación no
equitativa e injusta de los grupos minoritarios en desventaja;
• En énfasis en la gestión (“manageralism”10), la eficiencia y la auditoria en los sistemas penales
ha llevado a ignorar los casos individuales;
• La evaluación del riesgo está centrado en el género masculino y en la raza (anglo-sajona);
• El concepto de riesgo está centrado en algo dentro del individuo, lo que ha conducido a
categorías simplificadas y que pasan por alto los factores sistémicos más amplios;
• La predicción de riesgo se refiere a poblaciones “normales”, sin que se tomen en cuenta los
casos inusuales que requieren una evaluación individual, a la vez que se pasan por alto las
diferencias locales y con el peligro de subestimar o sobreestimar el riesgo;
• Los instrumentos usados no consideran las diferencias culturales en los infractores aborígenes
(con el consiguiente conflicto de la ética y la moral en esas poblaciones respecto a la cultura
dominante)

Hannah-Moffat y Shaw (2001) mencionan las siguientes diferencias en el comportamiento criminal de


las mujeres respecto a los hombres, y que han sido estudiadas en diversas investigaciones desde fines de los
años 1980:

a) Actividades criminales
Las mujeres cometen crímenes violentos contra personas íntimas y no contra extraños, y muchas de
esas mujeres reportan haber sido abusadas por la víctima.
La imputación por robo en las mujeres está asociada a menudo con sus parejas masculinas, y la
imputación de robo y asalto está frecuentemente relacionada con la prostitución.

10
Management
14
CONVENIO SENDA-GENDARMERIA
Autor: Ps. Mario Pacheco
2014
Se ha argumentado que la mujer que comete violencia no tiene un elevado riesgo de reincidir en la
violencia contra el público en general.
También se ha argumentado que aunque no toda la violencia en la mujer está en el contexto de la
violencia en la relación de pareja, las mujeres no son socializadas para usar la rabia y la agresión en la misma
forma que los hombres, y tienden a usar la violencia como una respuesta a la frustración más que como un
medio instrumental para conseguir fines.
La investigación respecto al robo y el fraude, sugiere que la mujer tiende a ser imputada por crímenes
contra la propiedad menos severos que los hombres, y sus fraudes generalmente implican delitos por uso
fraudulento de cheques y tarjetas de crédito.
También se ha argumentado que las mujeres y los hombres se diferencian en las razones que los
llevan a cometer delitos contra la propiedad. Se ha indicado que es probable que la vida en condiciones de
pobreza contribuya a la comisión de delitos de éstas contra la propiedad.

b) Trayectoria criminal y compromiso con el crimen


La trayectoria criminal no es neutral al género, como se presumía antes. Investigaciones en los años
1980 y en los años 1990, indicaban que diversos delitos en las mujeres estaban relacionados con la
supervivencia (prostitución, micro-tráfico de drogas). Otros autores indicaron que muchas mujeres se implican
en actividades delictivas como consecuencia de la huida de hogares en las cuales han sido sexualmente
abusadas y maltratadas.
Respecto a los delitos de tráfico de drogas, la investigación indica que las mujeres no juegan un rol
sustancial en el tráfico, y que las penas de prisión en mujeres se asocian con el consumo de drogas. Otros
estudios han indicado que las mujeres y los hombres consumen drogas diferentes, tienen una pauta diferente
de consumo y abuso del consumo de drogas debido a razones diferentes.
Las pautas de abandono de la actividad criminal también están relacionadas con el género. Se ha
indicado que las mujeres dejan de cometer delitos al final de la década de los 20 años, y tienen un estilo de
vida más estable. En los hombres, sin embargo, las relaciones estables y la independencia económica no dan
como resultado el abandono del delito si aun continúan abusando de las drogas/alcohol y están asociados con
otros infractores hombres.
Los estudios de caso con infractoras mujeres con riesgo severo indican que a menudo no presentan
un compromiso grave con el comportamiento criminal; lo cual contrasta marcadamente con el frecuente
compromiso e identificación de los infractores hombres con un estilo de vida criminal. Se ha indicado que una
carrera criminal larga es rara o virtualmente inexistente en las infractoras mujeres.
También se ha indicado que la asociación de los/las adolescentes a pandillas también muestra una
variación de género y etnia. La investigación canadiense ha explorado la relación entre las experiencias con
una familia abusadora y el uso de la violencia entre las adolescentes.

c) Ajuste institucional
Diversas investigaciones estadounidenses han mostrado que la experiencia de la mujer en prisión es
diferente a la de los hombres; esto tiene relación con la respuesta diferencial del personal de la prisión hacia el
género y la raza, y las redes sociales de apoyo con las cuales cuentan las prisioneras (se ha indicado que las
internas afro-americanas cuentan con mayor apoyo social de la familia extendida que las mujeres anglo-
sajonas).

15
CONVENIO SENDA-GENDARMERIA
Autor: Ps. Mario Pacheco
2014
Se ha indicado que un problema importante para las prisioneras mujeres es la relación con sus hijos;
se ha indicado que las mujeres son más responsables del cuidado de los niños que los infractores hombres.

Covington (2002) aporta a esta reflexión la “teoría relacional”, la que permite entender la importancia
de las relaciones interpersonales y del compromiso con el delito en las mujeres, a través de su relación con los
miembros de la familia, otros significativos o amigos involucrados en actividades criminales. Por ejemplo, las
mujeres a menudo son introducidas en las drogas por sus padres y su pareja; participan en la comisión de
delitos, pueden prostituirse para aportar dinero, y ser objeto de abuso y violencia en sus relaciones con
parejas abusivas, y sin embargo no desean abandonar a esas parejas 11. Obviamente, esto tiene implicaciones
significativas para las intervenciones terapéuticas con las mujeres.
La Teoría Relacional (Covington, 2002), desarrollada por Baker Miller en 1976, desafía la noción
tradicional que la separación12 conduce a la madurez psicológica. De acuerdo a Baker Miller, las teorías
tradicionales describen la experiencia de los hombres en la cultura occidental; sin embargo, una motivación
primaria en las mujeres es construir un sentido de conexión con los demás; las mujeres desarrollan un sentido
de si mismas y su valor de si mismas cuando sus acciones les permiten conectarse con otras personas. Desde
este punto de vista, la conexión y no la separación es el principio guía del desarrollo en la mujer.
Según Baker Miller la importancia de la comprensión de la teoría relacional está reflejada en los
temas recurrentes de las relaciones y la familia que se aprecian en la vida de las mujeres infractoras. La
experiencia infantil de esas mujeres está caracterizada por la desconexión y la violación, en lugar del fomento
de un desarrollo que estimule las relaciones con otros. Además, esas mujeres han sido marginadas debido a
la raza, la clase social y la cultura, así como también debido a las decisiones políticas que criminalizan sus
comportamientos (por ejemplo, la guerra contra las drogas en Estados Unidos).
Aunque la investigación muestra que las mujeres son socializadas en una forma más empática que
los niños hombres, las mujeres que están en prisión han sido expuestas en forma repetida a relaciones no
empáticas, lo cual puede dar como resultado una falta e empatía consigo mismas y respecto a los demás, o
una gran empatía hacia los demás y una falta de empatía respecto a si mismas. Según Baker Miller, para que
ocurran cambios en la vida de esas mujeres, éstas necesitan experimentar relaciones que no repitan sus
historias de pérdida, negligencia o abuso.
Para un análisis más detallado de las teorías criminológicas para el género femenino, se sugiere
revisar CONACE (2009, pp. 98-108).

Tomando en consideración una perspectiva de género, Howells (2000) sugiere las siguientes
necesidades criminógenas que debiera considerar la evaluación de riesgo de reincidencia en la población
femenina infractora:
• Responsabilidad en el cuidado de los hijos
• Problemas financieros
• Oportunidades limitadas de habilidades/oportunidades laborales

11
Fenómeno encontrado con frecuencia en los Centros de Tratamiento para internas mujeres en el Convenio CONACE-
Gendarmería de Chile.

12
Las teorías psicológicas tradicionales han descrito el desarrollo para hombres y mujeres como una progresión de la
dependencia infantil hacia la independencia madura. De acuerdo a esas teorías, la meta del individuo es ser autosuficiente,
y diferenciado de los otros significativos. Esos procesos de separación e individuación conduciría al individuo a ser capaz de
tener relaciones íntimas.
16
CONVENIO SENDA-GENDARMERIA
Autor: Ps. Mario Pacheco
2014
• Depresión clínica actual
• Consumo de drogas actual
• Ausencia de relaciones estables
• Pares y actitudes antisociales
• Falta de afiliación con agencias pro-sociales
• Problemas educacionales
• Problemas de personalidad y problemas conductuales

Ese autor, indica además que hay una serie de necesidades que requieren una mayor investigación:
• Necesidades psiquiátricas/psicológicas
• Consumo abusivo de drogas
• Trastorno de estrés postraumático
• Baja autoestima
• Trastorno de personalidad
• Problemas de salud
• Abuso sexual/físico
• Heridas auto-inflingidas y suicidio en prisión13
• Maternaje (Parenting)

Como respuesta a las críticas mencionadas más arriba, se han desarrollado instrumentos que son
sensibles al género femenino y a poblaciones aborígenes (Canadá, por ejemplo, Bonta, LaPrairie y Wallace-
Capretta, 1997) (Andrews, 2011).
Sin embargo —indica Andrews (2011)— la adición de factores sensibles al género femenino ha
aportado diferencias mínimas en la medición del riesgo al comparar a poblaciones masculinas y femeninas.
La investigación de meta-análisis de Palmer (2009; en Andrews, 2011) con infractores juveniles
mostró lo siguiente: las intervenciones fueron igualmente efectivas con infractores juveniles de menor y de
mayor edad, para hombres y mujeres , y para blancos anglosajones y para individuos no blancos.
Por otro lado, un porcentaje de infractoras mujeres presentan trayectorias delictivas similares a los
infractores hombres. Por ejemplo, Vinet y Alarcón (2009) en una investigación en la cual evaluaron a 90
adolescentes de 13 a 18 años (mujeres infractoras, hombres infractores y mujeres con problemas clínicos), y a
los cuales aplicaron el Inventario Clínico para Adolescentes de Millon (MACI) y la Ficha de Escalada y Riesgo
(FER), encontraron que las adolescentes infractoras cometen menos delitos y de menor gravedad que los
varones, pero presentan más condiciones de riesgo (mayor exposición a la victimización en el medio familiar a
través de violencia, maltrato y/o abuso sexual 14). Su perfil de personalidad muestra un estilo trasgresor activo,

13
Wichmann, Serin y Abracen (2002) estudiaron a 77 mujeres convictas en el sistema de prisiones de Canadá, y
encontraron que las mujeres que se cortaban tenían mayores dificultades de ajuste psicosocial: problemas cognitivos, abuso
de drogas, dificultades psiquiátricas, y relaciones familiares disfuncionales. Los autores indican que el déficit de conductas
de afrontamiento puede estar asociado a la expresión de conductas suicidas en las mujeres, pero su comportamiento
violento no estaba exclusivamente dirigido hacia si mismas. Era más probable que las mujeres que se cortaban tuviera una
mayor probabilidad de involucrarse en incidentes en el penal, mayor violencia, abuso de drogas y problemas de disciplina; y
que esos hallazgos son comparables a los encontrados en prisioneros hombres.
14
Y según las autoras, desarrollando necesidades psicológicas que se expresan en sus comportamientos desafiantes y
antisociales; y que deben ser considerados en su rehabilitación.
17
CONVENIO SENDA-GENDARMERIA
Autor: Ps. Mario Pacheco
2014
compatible con el de los varones y alteraciones emocionales más graves que las encontradas en las
adolescentes con manifestaciones clínicas.

Al relacionar la Tabla 3 con las necesidades de tratamiento específicas para la mujer descritas por
Covington (2002), Hannah-Moffat, Shaw (2001) y Howells (2000), éstas son definidas por el modelo RNR
como necesidades “no criminógenas” (necesidades “menores” en las publicaciones más antiguas de ese
modelo), y en las versiones tempranas de ese modelo se sugería pasar por alto la intervención de dichas
necesidades (a menos que fuera estrictamente necesario en términos de la receptividad de las usuarias). Sin
embargo, en la versión más reciente de ese modelo (Andrews, 2011), se sugiere considerar el tratamiento de
esas necesidades como una forma de fomentar la receptividad de los usuarios a las intervenciones cuyo
objetivo son las necesidades criminógenas.

2.3 Principio de Receptividad


El principio de receptividad se divide en dos principios:

Receptividad general
Se refiere al empleo de influencias conductuales, aprendizaje social y estrategias para la
construcción de habilidades.
Las estrategias de aprendizaje cognitivo social operan de acuerdo a dos principios:
• Principio de la relación (establecimiento de una alianza de trabajo cálida, respetuosa y
colaboradora con el cliente), y
• Principio de la estructura (influenciar la dirección del cambio hacia las actitudes y
comportamientos pro-sociales a través del modelaje, refuerzo, resolución de problemas, etc.).

Receptividad específica
Implica adaptar el estilo y el modo de entrega de las prestaciones de acuerdo al contexto del servicio
y a las características relevantes de los individuos, como sus fortalezas, motivaciones, preferencias,
personalidad, edad, género, origen étnico, identificación cultural y otros factores. Sin embargo —indica
Andrews (2011)— la evidencia respecto a la receptividad específica es favorable pero muy escasa, y no ha
estado sujeta a meta-análisis exhaustivos.
Andrews (2011) entrega las siguientes sugerencias para la consideración de la receptividad
específica de los usuarios:

(a) Cuando trabaje con personas débilmente motivadas: Construya en base a las fortalezas;
reduzca las barreras personales y situacionales para la participación en el tratamiento;
establezca relaciones muy igualitarias; entrega temprana de tópicos de interés personal;
comience desde donde se encuentra la persona.
Recientemente se ha sugerido que antes de incorporar al individuo a un programa de
tratamiento, debiera fomentarse su disposición motivacional por medio del uso de estrategias
de la Entrevista Motivacional (Andrews, Bonta y Wormith, 2006).

18
CONVENIO SENDA-GENDARMERIA
Autor: Ps. Mario Pacheco
2014

(b) Preste atención a la evidencia acerca de la receptividad a los servicios y la edad, al género y a
la cultura.

(c) Preste atención a la evidencia acerca del tratamiento diferencial de acuerdo a la madurez
interpersonal, la ansiedad interpersonal, niveles de las habilidades cognitivas, y a los aspectos
de receptividad de la psicopatía.

(d) Considere el abordaje de necesidades no criminógenas con el propósito de fomentar la


motivación, la reducción de los factores de estrés, y las razones para actuar con
humanitarismo, y otorgar valía personal al usuario.

Con el objetivo de fomentar la motivación de los usuarios al programa de tratamiento, Andrews (2011)
también sugiere “dar un refresco” a los usuarios; es decir, abordar un número de necesidades criminógenas
relacionadas con necesidades no criminógenas.
También sugiere la evaluación de las fortalezas de los usuarios, para fomentar la receptividad
específica.

Otro principio relacionado con la receptividad específica es el de la Discreción Profesional , el que


sugiere que el profesional se aparte de las recomendaciones solamente debido a razones muy específicas.
Por ejemplo, abordar una necesidad no criminógena cuando se considera esencial para fomentar la
adherencia del usuario al programa de tratamiento.

3. MODELO DE LA BUENA VIDA, O MODELO DE LAS VIDAS SATISFACTORIAS (GOOD LIVES


MODEL) de Ward y Yates

Este modelo —de desarrollo reciente— es esencialmente un enfoque basado en las fortalezas de las
personas, que pretende otorgar a los infractores las capacidades para conseguir los bienes humanos
primarios en una forma socialmente aceptable y que tenga significado personal. (Ward y Gannon, 2006; Ward
y Marshall, 2007; Ward y Maruna, 2007)15
A diferencia del modelo RNR, este enfoque no ha recibido evaluaciones de su efectividad por medio
de estudios de meta-análisis, sino que ha sido evaluado con muestras pequeñas de infractores de ley y por
medio de estudios de caso.

Los fundamentos del modelo GLM son los siguientes (Ward y Marshall, 2007):

1) Todos los seres humanos buscan ciertos bienes y construyen su identidad a través del logro
de esos bienes en cierto tipo de actividades y estilos de vida;

15
Inicialmente, este modelo fue desarrollado para el tratamiento de infractores por delitos sexuales; sin embargo,
posteriormente se lo ha sugerido para la intervención con infractores por delitos generales (delitos contra la propiedad y
delitos violentos).
19
CONVENIO SENDA-GENDARMERIA
Autor: Ps. Mario Pacheco
2014
2) El éxito del individuo depende del si éste posee o no las capacidades necesarias, los recursos
y oportunidades (internas y externas) para lograr los bienes valorados en determinadas
circunstancias.
3) Debido a que los seres humanos están inclinados en forma natural hacia la búsqueda de
ciertos tipos de bienes requeridos para vivir una vida satisfactoria, las personas intentarán
alcanzar esos bienes a pesar de la presencia de obstáculos. Esto puede dar como resultado
un comportamiento antisocial o disfuncional.
4) Los seres humanos son agentes que construyen identidades narrativas y se comprometen en
proyectos personales basados en esas narrativas.
5) Esa identidad, una vez construida, es dinámica y responde a los diversos contextos en los
cuales la persona vive.
6) Los seres humanos extraen el sentido de quiénes son ellos y lo que realmente les interesa, a
partir de los recursos discursivos o redes de significado.

Los bienes humanos primarios son acciones, características, experiencias y estado mentales que son
vistos como intrínsecamente beneficiosos para los seres humanos, y que son buscados por las personas
como un medio para alcanzar fines más fundamentales (Deci y Ryan, 2000; Emmons, 1999; en McMurran y
Ward, 2004).
Este modelo propone la siguiente lista de 9 bienes humanos primarios (McMurran y Ward, 2004;
Ward, Mann y Gannon, 2007):
1) vivir (incluyendo una vida saludable y un funcionamiento físico óptimo, satisfacción sexual);
2) conocimiento;
3) excelencia en el juego y el trabajo (incluyendo las experiencias de maestría);
4) excelencia en la agencia (autonomía y auto-dirección);
5) paz interna;
6) vinculación (incluyendo las relaciones íntimas, románticas y familiares) y comunidad;
7) espiritualidad (en el más amplio sentido de encontrar un significado y un propósito en la vida);
8) felicidad; y
9) creatividad.

Cada uno de esos bienes primarios puede ser dividido en componentes; lo que significa que los
bienes primarios son complejos y multifacéticos. Por ejemplo, vinculación puede ser subdivido en intimidad,
amistad, apoyo, cuidado de otros, confiabilidad, honestidad (McMurran y Ward, 2004, p. 298)
El modelo supone que todos los individuos tienen un plan implícito y explícito que da estructura a su
vida y guía sus acciones cotidianas. Este plan especifica los valores centrales o los bienes de los individuos,
en cómo éstos son traducidos en la vida cotidiana, y es el responsable del sentido de propósito y significado
del individuo. Según Emmons (1999; en McMurran y Ward, 2004), un plan poco estructurado, fragmentado
y mal pensado, dará como resultado una vida caótica , mientras que un plan realista y vinculado a las
habilidades y preferencias del individuo, es probable que dé lugar a elevados niveles de bienestar y a que el
individuo juzgue si su vida posee valor.
Desde la perspectiva del modelo GLM, los seres humanos somos activos, buscando bienes que son
incorporados en el proceso de construir un sentido de propósito y significado en nuestra vida. Se ha

20
CONVENIO SENDA-GENDARMERIA
Autor: Ps. Mario Pacheco
2014
hipotetizado que el propósito de la vida emerge de la búsqueda y logro de un número de bienes humanos
primarios que permiten al individuo florecer, es decir, alcanzar un elevado sentido de bienestar.
Desde este enfoque, la identificación de los factores de riesgo alerta a los profesionales acerca de los
problemas u obstáculos en la forma en que los infractores buscan alcanzar los resultados valorados o
personalmente satisfactorios. Por lo tanto, la identificación de esos factores de riesgo forma una parte
importante de la evaluación, para determinar la existencia de problemas en la forma en que los individuos
buscan los bienes humanos primarios.
Los bienes primarios emergen de las necesidades humanas básicas, mientras que los bienes
instrumentales o secundarios proveen las formas concretas para alcanzar esos bienes. De aquí se colige que
el comportamiento infractor es un bien instrumental ilegal o antisocial para alcanzar los bienes
primarios .16 Sin embargo, los bienes secundarios o instrumentales están determinados por las preferencias,
fortalezas y oportunidades de los infractores; y cuando es difícil el logro del bien primario, con frecuencia el
problema reside en el tipo de bien secundario utilizado.
La posibilidad de construir y traducir las concepciones de la buena vida en acciones y formas
concretas de vivir depende crucialmente de la posesión de condiciones internas (habilidades y capacidades) y
condiciones externas (oportunidades y apoyos):
“La forma específica que tomará una concepción dependerá de las habilidades, intereses y
oportunidades reales de cada individuo y el peso que éste dé a los bienes primarios específicos. El peso o las
prioridades localizadas en los bienes primarios específicos son constitutivos de la identidad personal del
infractor y hablan de la clase de vida buscada, y están relacionados con el tipo de persona que le gustaría ser.”
(McMurran y Ward, 2004, p. 299; subrayado de los autores)
Según el modelo GLM, los problemas sociales y del estilo de vida emergen cuando el modelo de la
buena vida de individuo posee deficiencias. Desde esta perspectiva, las necesidades criminógenas descritas
en el modelo RNR están asociadas con distorsiones de las condiciones internas y externas necesarias para
obtener los bienes humanos primarios; y pueden ser vistas como obstáculos internos o externos que impiden
que las necesidades básicas se satisfagan en una forma óptima.
En este modelo, las necesidades criminógenas son obstáculos internos o externos que frustran y
bloquean la adquisición de los bienes primarios. Las respuestas a esos obstáculos serían aprendidas y
condicionadas a lo largo de la vida del individuo. Esto significa que el individuo tiene déficit en la habilidad
para obtener los bienes importantes en su vida, y es incapaz de pensar respecto a su vida en una forma
reflexiva. (Whitehead, Ward y Collie, 2007)
El modelo GLM describe cuatro tipos de dificultades principales en el modelo de la buena vida del
individuo infractor de ley:
1) problemas con los medios para alcanzar los bienes;
2) falta de visión dentro de un plan de la buena vida;
3) la presencia de conflicto entre las metas, y
4) la falta de las capacidades necesarias para ajustar el modelo personal a las circunstancias
cambiantes.

16
Por ejemplo, afirman McMurran y Ward (2004) una persona podría buscar el bien primario de la intimidad en una relación
caracterizada por la violencia, controlando el comportamiento y la distancia emocional. Al analizar esa relación, no se
apreciaría a simple vista la búsqueda del bien primario de la intimidad.
21
CONVENIO SENDA-GENDARMERIA
Autor: Ps. Mario Pacheco
2014
Desde el punto de vista de la incorporación y adherencia a un tratamiento que sea aprovechado por
el infractor de ley, el individuo necesita estar motivado intrínsecamente (McMurran y Ward, 2004).
Para el trabajo motivacional con los infractores —previo al ingreso a algún tipo de tratamiento—
McMurran y Ward (2004) proponen que las estrategias que se utilicen deben ser implementadas en una forma
congruente con el modelo transteórico de Prochaska y DiClemente, y que fomenten las motivaciones
intrínsecas17 de los individuos.
Proponen, además, las técnicas de la Entrevista Motivacional para trabajar la ambivalencia y
desarrollar discrepancia, extrayendo del cliente una comprensión acerca de cómo el comportamiento
problema interfiere con el logro de las otras metas vitales.
Whitehead, Ward y Collie (2007) aportan algunas ideas para el trabajo de la indagación de la
motivación intrínseca del individuo; es decir, cuál es el modelo de la buena vida de ese individuo; ¿cuáles los
bienes primarios que ha buscado satisfacer a través de los comportamientos ilegales? Por ejemplo, ¿Cómo se
veía a si mismo cuando era un niño? ¿Qué metas tiene para su vida?
Los autores indican que esa fase motivacional debiera incluir el examen en detalle de cada bien
primario, junto al entendimiento de los medios utilizados en la actualidad por el individuo para alcanzar esos
bienes primarios.
Para poder alcanzar en forma prosocial los bienes primarios buscados por el individuo, se requiere
que éste posea ciertas habilidades; esas habilidades necesarias pueden incluir a la autorregulación,
resolución de problemas, comunicación interpersonal, así como también un número de habilidades prácticas.
La autorregulación requiere de las habilidades de control emocional, planificación a futuro, metas bien
formuladas, auto-monitoreo y recompensa. Las habilidades para la resolución de problemas incluyen la
habilidad para reconocer un problema, definir el problema en forma clara y adecuada, producir una diversidad
de soluciones posibles. El logro efectivo de las metas y la mantención del cambio requiere de diversas
habilidades interpersonales, incluyendo a la asertividad, la negociación, la presentación de si mismo y la
construcción de relaciones. Y por supuesto, se requieren habilidades prácticas relacionadas con la obtención
de un trabajo, recursos financieros y vivienda.
Desde la perspectiva del modelo GLM, la rehabilitación de los individuos infractores es un proceso de
evaluación y construcción de capacidades; y requiere que el individuo reciba exposición a los valores
primarios, creencias adaptativas, actitudes constructivas hacia si mismo y hacia los demás, y reconocimiento
social (Ward y Marshall, 2007).
Ward y Maruna (2007) describen los siguientes supuestos que subyacen al diseño de un plan de
tratamiento en el modelo GLM:
• Los individuos infractores de ley, como individuos, son más que la suma de su historia
criminal. Tienen habilidades y una variedad de fortalezas que pueden beneficiar a la
sociedad. Las intervenciones debieran promover y facilitar esas contribuciones cuando sea
posible.
• Es probable que muchos individuos infractores de ley hayan tenido experiencias adversas
en su desarrollo, y han tenido falta de oportunidades y del apoyo necesario para lograr un
plan vital coherente.

17
Los autores definen a la motivación intrínseca como “el comportamiento auto-determinado que es reforzado por la
satisfacción de las necesidades innatas de autonomía, competencia y conexión.” (Deci y Ryan, 2000; en McMurran y Ward,
2004, p. 304)
22
CONVENIO SENDA-GENDARMERIA
Autor: Ps. Mario Pacheco
2014
• En consecuencia, puede tener déficit de las habilidades y capacidades esenciales para
lograr una vida satisfactoria.
• Las acciones delictivas representan con frecuencia intentos de alcanzar los bienes
deseados, pero no poseen las habilidades o las capacidades necesarias para alcanzarlas
(ruta directa). En forma alternativa, el delito puede surgir del intento de alcanzar alivio al
sentido de incompetencia, conflicto o insatisfacción que surge al no alcanzar los bienes
humanos valorados (ruta indirecta).
• La ausencia de ciertos bienes humanos parece estar asociada más estrechamente con el
delito: autoeficacia/sentido de agencia, paz interna, dignidad personal/estima social, roles y
relaciones generativas, y cercanía social.
• El riesgo para la comisión de delitos puede ser reducida al ayudar a los individuos a
desarrollar las habilidades y capacidades necesarias para alcanzar un amplio rango de
bienes humanos.
• La intervención es vista, por lo tanto, como una actividad que debiera agregar al repertorio
del funcionamiento personal del individuo, en lugar de ser una actividad que remueve un
problema o maneje los problemas.

Esos autores describen del siguiente modo a la relación de trabajo con el individuo infractor de ley:
• La relación terapéutica con el cliente es una relación humanista constructiva; en la que el
individuo infractor de ley no es visto como un “enajenado moral”, sino que como una persona
que intenta vivir una vida satisfactoria en la mejor forma que puede, dadas sus
circunstancias personales.
• Esto comunica al individuo que sus acciones delictivas no sugieren que él sea una persona
intrínsecamente mala o destructiva18.
• Las conversaciones centradas en el logro de los bienes primarios, tienen relación con los
intereses e incentivos del cliente, lo que puede favorecer su compromiso con el tratamiento.

Los autores afirman que los individuos pueden ser persuadidos a cambiar su comportamiento al
considerar sus motivaciones intrínsecas, en lugar de cambiar por el “bien de la sociedad”; especialmente en
aquellos individuos que sienten que la sociedad no ha hecho nada por ellos.
Los autores también especulan que la relación terapéutica propuesta por el modelo también podría
ser adecuada en el trabajo con los individuos intrínsecamente “malos (psicopáticamente sádicos y
desinteresados en los demás), al centrarse en la promoción de los propios intereses del individuo (en la
satisfacción personal, pero en formas socialmente aceptables).
Puede observarse que la relación terapéutica propuesta es congruente con los principios de la
Entrevista Motivacional; por lo cual el profesional que conversa con un interno desde la perspectiva del modelo
GLM podrá sentirse cómodo usando las estrategias conversacionales de la Entrevista Motivacional,
especialmente en la segunda fase para el diseño de un plan de tratamiento GLM, como se verá más abajo.

18
Los autores afirman que esto puede observarse raramente en los individuos cuyos motivos son puramente psicopáticos y
sádicos
23
CONVENIO SENDA-GENDARMERIA
Autor: Ps. Mario Pacheco
2014
¿Cómo podrían implementar los profesionales el modelo de la Buena Vida en la dimensión
criminológica del tratamiento de los usuarios del Convenio CONACE-Gendarmería?, siguiendo las
sugerencias de Ward, Mann y Gannon (2007), Ward y Maruna (2007) y Whitehead, Ward y Collie (2007),
autores que distinguen seis fases en la puesta en práctica del modelo:

Primera fase:
La primera fase tiene relación con la indagación de qué necesidades criminógenas son evidentes en
la comisión de los delitos de los usuarios. Esta indagación permitirá determinar qué intervenciones
terapéuticas serían las aconsejadas para el usuario.
Esta Primera fase del Modelo GLM se iniciría en modelo de tratamiento del Convenio SENDA-
Gendarmería, cuando los profesionales tratantes hacen uso de la Pauta de Indagación Diagnóstica para los 4
Ejes del Tratamiento en la Fase de Adaptación

Segunda Fase:
Función del delito, la que se indaga a través de la identificación de los bienes primarios que están
vinculados en forma directa o indirecta con el delito. Esto implica identificar los bienes jerárquicos o valores en
torno a los cuales están orientados los otros bienes.
Los bienes jerárquicos informan al profesional acerca de lo que es importante en la vida de la
persona, y que es constitutivo de la identidad personal. Esto suministra una forma para iluminar cómo se ve la
persona a si misma y al mundo.
Los autores proponen interrogantes como las siguientes:

• ¿Qué significa este delito para usted?


• ¿Cómo es importante para usted? ¿Ha cambiado la importancia de esto a través del tiempo?
• ¿Cómo lo ha hecho para lograr esto en su vida? ¿Qué estrategias han funcionado mejor?
¿Cuáles han funcionado menos?
• ¿Cómo le gustaría tener más de esto en su vida?
• ¿Piensa que esto le ha impedido lograr lo que usted quiere para su vida?
• ¿Cómo le gustaría estar respecto a esto dentro de un año? ¿Dentro de cinco años? ¿Dentro
de diez años?

Otras interrogantes útiles para el profesional son las siguientes (Ward y Maruna, 2007, p. 133-134):
• ¿Presenta una visión reducida? Es decir, ¿el individuo se interesa en algunos bienes en
desmedro de los otros bienes, de modo que en su vida parece faltar un equilibrio adecuado y
una jerarquía de prioridades? Por ejemplo, el individuo puede dar un énfasis excesivo al
hacer las cosas bien, pero subestima las relaciones interpersonales; o favorece el
conocimiento en desmedro de la creatividad.
• ¿Hay algunos bienes humanos que se alcanzan a través de medios inapropiados? Es decir,
¿el individuo elige estrategias para alcanzar los bienes que se convierten en
contraproducentes? Por ejemplo, puede buscar la meta de la intimidad, pero adopta
comportamientos de control excesivo hacia sus parejas.

24
CONVENIO SENDA-GENDARMERIA
Autor: Ps. Mario Pacheco
2014
• ¿Hay conflicto entre las metas. Por ejemplo, ¿el individuo prioriza metas que no puede
coexistir con facilidad, como buscar intimidad sexual con una pareja romántica, pero al
mismo tiempo querer libertad sexual y una variedad de parejas? ¿O se embarca en
comportamientos cotidianos que son inconsistentes con sus metas de orden superior, como
un individuo que desea la autonomía, pero se muestra excesivamente leal a un empleador)
• ¿Tiene la persona la capacidad o las capacidades para enactuar su plan de vida, y alcanzar
sus metas en la vida? ¿Es realista el plan bajo la luz de sus habilidades, oportunidades
probables, sus preferencias más importantes y sus valores?

Tercera fase:
Implica la identificación de los bienes jerárquicos o valores alrededor de los cuales los otros bienes se
orientan, y que debieran ser el objetivo primario del plan de tratamiento.

Cuarta fase:
Implica traducir los bienes o valores secundarios implicados en el bien primario en otras formas de
vivir y funcionar. Por ejemplo, ¿qué tipo de relación interpersonal sería beneficiosa para el individuo?

Quinta fase:
Implica la identificación de los contextos o ambientes en que probablemente vivirá la persona una vez
que el tratamiento finalice.

Sexta fase:
El terapeuta y el usuario co-construyen un plan de tratamiento, que considera el tipo de vida que sería
satisfactoria para el individuo (bienes primarios, bienes secundarios, y sus relaciones en el entorno al cual
retornará).

Ejemplificaremos la aplicación del modelo de la Buena Vida por medio de la trascripción resumida del
tratamiento de un infractor de ley neozelandés, el Señor C (Whitehead, Ward y Collie, 2007, p. 582-594):

El Señor C es un aborigen Maorí neozelandés que cumplió condena en reclusión y luego fue derivado a
Libertad Condicional por el New Zeland Department of Corrections. Cuando fue contactado por los profesionales, el
Señor C era un miembro activo de una banda criminal con una notoria reputación. Tenía muchos tatuajes en su cara
y en su cuerpo, y la mayoría de esos tatuajes denotaban su pertenencia a la banda. Se mostraba agresivo con las
personas que desafiaban su visión de mundo, y su lealtad a su banda incluía una aparente preparación para morir
por ella.
Su historia penal incluía 20 imputaciones desde la edad de 18 años por una diversidad de delitos (robo
agravado, incitar a la violencia, robo con violencia y robo de autos). Muchas de sus reclusiones las había cumplido
en unidades penales de mediana seguridad o sistemas cerrados, que son para prisioneros que presentan niveles de
riesgo moderado y elevado. Sus últimos dos delitos incluían robos agravados, que implicaron la amenaza con armas
de fuego a las víctimas, y en una de esas ocasiones contra un niño. Además de su historia oficial, el Señor C reportó
una actividad de violaciones sexuales desde los 12 años. Había sido clasificado como un infractor violento de
elevado riesgo, aunque nunca había sido condenado por delitos sexuales. Parece que sus delitos sexuales habían

25
CONVENIO SENDA-GENDARMERIA
Autor: Ps. Mario Pacheco
2014
ocurrido en el contexto de su participación en una banda que violaba a las víctimas, y que estaba compuesta por
chicos de su misma edad. No había evidencia que intereses sexuales desviados hacia los niños.
Su historia de desarrollo era la siguiente. Era el hijo del medio de dos hermanos (hombre y mujer), y se
había criado en una familia en la cual estuvo expuesto a violencia interpersonal y abuso sexual. También vivió en
períodos alternos con sus abuelos, los que también eran maoríes. Indicó que se iba a vivir con los abuelos para evitar
el severo castigo físico de sus padres. Abandonó el hogar en la adolescencia, debido a las frecuentes discusiones
con su madre debido a su consumo de alcohol, las fiestas frecuentes, y su estilo de vida criminal emergente. El
Señor C exhibía una amplia variedad de comportamientos antisociales: aspirar bencina, abuso de alcohol y
marihuana, cimarras, robo en tiendas, y asalto a compañeros en la escuela, que fueron reforzados por miembros de
su familia extendida. Tuvo poco éxito en la escuela y la dejó a los 15 años. Su vida comenzó a girar alrededor de un
grupo de pares antisocial y se asoció a una pandilla criminal en la cual algunos de los miembros eran sus parientes.
La aceptación en esta banda actuó como un reforzamiento significativo para su estilo de vida antisocial. Su
comportamiento violento continuó en una escalada de agravamiento durante la adolescencia, e incluyó el uso de
armas y una pauta significativa de sexo no consensuado con mujeres. También durante la adolescencia vivió durante
un tiempo con dos prostitutas, las que se aprovecharon sexualmente de él.
Es evidente que en el curso de su infancia y su adolescencia el Señor C desarrolló diversas creencias
desadaptativas. Sus experiencias combinadas de violencia interpersonal y abuso sexual parecían estar ligadas con
las creencias desadaptativas acerca de la aceptación de abusar de otras personas. Además, parecía que la
exposición temprana al sexo forzado acompañado de sentimientos de excitación sexual, dominancia, y aprobación
de los pares, había limitado severamente su capacidad para desarrollar relaciones de amor, intimidad e igualdad.
Parecía que el vivir con prostitutas en sus años adolescentes fortaleció su actitud que el sexo era un bien que podía
ser conseguido con dinero o por la fuerza. Además, sus distorsiones cognitivas respecto a la violación eran tan
rígidas que él creía que la violación solamente ocurría si la mujer decía verbalmente “no”. El abuso de alcohol y de
marihuana, y su pertenencia a la pandilla disminuyeron sus inhibiciones y reforzaron las creencias existentes acerca
del uso legítimo de la violencia y la participación en actividades criminales. A la inversa, el gozo derivado del uso de
la violencia se traducía a veces en un deseo de liberarse de las drogas y el alcohol para disfrutar más la experiencia.
Una breve nota que escribió en el contexto de su participación en un tratamiento cognitivo-conductual en la
prisión denotaba su sólida adherencia a la banda y resaltaba su orientación antisocial extrema.
El Señor C fue evaluado con un instrumento para infractores violentos de elevado riesgo (medición
actuarial), evaluación de psicopatía y la información entregada en la entrevista. La evaluación actuarial indicó que
tenía una probabilidad del 64% de reincidencia en delitos violentos, y una probabilidad del 95% de reincidir en delitos
dentro de los 5 años posteriores al cumplimiento de la condena. La aplicación del PCL:SV predijo reincidencia en
delitos de violencia y delitos sexuales (con una seria indicación de psicopatía, y lo ubicó dentro de los infractores más
violentos en una muestra de neozelandeses).
De acuerdo a la evaluación de riesgo de reincidencia, al Sr. C se le indicó participar en dos programas
grupales de orientación cognitivo-conductual para intervenir en sus necesidades criminógenas. Después de
finalizado el primer programa, volvió a cometer delitos como asaltos, robo de autos, y robo agravado por el uso de un
arma de fuego. La evaluación del segundo programa ha mostrado una reducción estable del 20% en la reincidencia
en 8 meses de seguimiento de los infractores que lo finalizan.
En ese segundo programa, el Señor C tomó conciencia que las recaídas en el consumo de alcohol y drogas
eran un riesgo para él, y mostró algunas estrategias para afrontar las situaciones de alto riesgo. Sin embargo, su
auto-reporte mostró que continuaba consumiendo y que no tenía intenciones de colocar su plan en acción. Su estado
de precontemplación era evidente en su rechazo a las sugerencias que tenía que evitar a los pares criminales. Era
evidente que no abandonaría la pandilla bajo ninguna circunstancia.

26
CONVENIO SENDA-GENDARMERIA
Autor: Ps. Mario Pacheco
2014
Parece que el Señor C había aceptado participar en el programa motivado por el prospecto de la libertad
condicional. De acuerdo a esto, los efectos beneficiosos potenciales del tratamiento estaban limitados por su falta de
disposición para abordar sus múltiples dimensiones criminógenas; y también éstos estaban potencialmente limitados
por sus rasgos de personalidad psicopática. Sin embargo, su participación en el tratamiento le dio alguna base para
apreciar las diferentes perspectivas acerca de los costos y los beneficios del comportamiento delictual. Estaba
mucho más abierto a la retroalimentación y a los desafíos respetuosos a su visión de mundo. También existía en él
alguna apertura y honestidad al conversar acerca de su historia personal y sus delitos, aunque era dependiente de
su humor y su adherencia a los códigos de la banda que prohibían mostrarse fuera de la banda. Además, estuvo
expuesto a prácticas, protocolos y lenguajes indígenas, lo cual le otorgó un sentido de identidad y pertenencia.
Aunque el Señor C había recibido dos programas que han mostrado ser efectivos en Nueva Zelanda para
tratar los factores criminógenos, era evidente que subsistía el desafío de cómo comprometer al Señor C en el
proceso de cambio de su estilo de vida delictual.
Los autores decidieron usar el modelo GLM con el Señor C, debido a que los conceptos teóricos de ese
modelo indicaban que éste tendría tres beneficios en el caso del Señor C. En primer lugar, el modelo GLM suministra
un marco amplio para el tratamiento al reconocer su bienestar a largo plazo, e incorpora a la vez al marco conceptual
del riesgo-necesidades. En segundo lugar, podría fomentar la disposición del Señor C para el tratamiento o su
motivación al aplicar su conocimiento adquirido con anterioridad. En tercer lugar, el centrarse en metas, podría
permitir potencialmente que el Sr. C tuviera acceso a estados afectivos positivos y comenzara a visualizar un nuevo
sentido en su identidad, a la vez que se le proporcionaría el ímpetu para implementar las habilidades necesarias para
manejar su riesgo futuro y prevenir la reincidencia.
Por otro lado, continuar intentando con el modelo cognitivo-conductual no tenía sentido; sin embargo, el
Señor C había mostrado algunos cambios con respecto al bien humano de la espiritualidad, a través de su respuesta
positiva y respeto al marco cultural tradicional.

Fase 1
Los objetivos de esta fase es establecer metas de tratamiento relevantes, para identificar los bienes
humanos dominantes, para aumentar la disposición al tratamiento. Anteriormente el Señor C había revelado una baja
disposición, demostrada por su precontemplación hacia el consumo de drogas, relaciones interpersonales,
propensión a la violencia y actitudes antisociales.
Desde la perspectiva del GLM, esta fase consiste en indagar las propias metas del usuario, sus prioridades
en la vida, y las metas de tratamiento relevantes. ¿Cómo se veía el usuario a si mismo cuando era un niño? ¿Qué
metas tenía para su vida?
Interrogantes de ese tipo permiten explorar el concepto de la buena vida del usuario, y el terapeuta lo ayuda
a determinar sus bienes primarios, secundario, sus relaciones interpersonales y los posibles ambientes.
En el trabajo con el Señor C, se facilitó un cambio de una orientación personal centrada en el presente, a
una orientación orientada hacia el futuro, “el nuevo yo”; se revisó su vida anterior (consumo de drogas y alcohol,
parejas múltiples, obtención rápida de dinero, violencia e incorporación a una pandilla). En las conversaciones con el
usuario, éste comenzó a visualizar una vida diferente para si mismo, y las distorsiones cognitivas rígidas comenzaron
a flexibilizarse. Las metas del usuario eran asistir a la Universidad para estudiar acerca de la cultura maorí, obtener
licencia de conducir, mejorar sus relaciones con las mujeres, y lograr que su familia se sintiera orgullosa de él. Desde
la perspectiva del modelo RNR, el tratamiento también debiera incluir la reducción del consumo de sustancias,
acercarse a pares pro-sociales y alejarse de pares antisociales, interactuar con la sociedad, y adaptar nuevas
actitudes pro-sociales hacia la violencia, el poder y el control.
Aunque el usuario no mostraba arrepentimiento o culpa por su comportamiento pasado, pudo identificar ese
comportamiento como destructivo (aunque le reportaba gozo) para él y los demás. Continuó adhiriendo a una
27
CONVENIO SENDA-GENDARMERIA
Autor: Ps. Mario Pacheco
2014
orientación antisocial al usar ropa con los colores de la pandilla, aunque se sacaba la chaqueta antes de la sesión
con el terapeuta.
Los autores destacan que el modelo GLM se centra en la prudencia de los bienes del usuario, más que en
bienes morales; es decir, la terapia se centra en los bienes y metas que están asociadas con el bienestar y felicidad
del usuario, y no con ideas morales de lo que está bien o mal. La terapia busca equipar al usuario con las
capacidades internas y externas para el logro de esos valores en una forma personalmente satisfactoria y
socialmente aceptable.

28
CONVENIO SENDA-GENDARMERIA
Autor: Ps. Mario Pacheco
2014

Fase 2
El objetivo en esta fase es que el cliente conceptualice su nuevo sentido de dirección personal (relacionado
con un plan para vivir en una forma diferente y lograr metas personales importantes), y que el terapeuta establezca
con el usuario cómo sus metas se relacionan con los bienes humanos y las necesidades criminógenas.
El trabajo consiste en centrarse en las metas del usuario y considerar cómo el logro de aquellas tiene un
impacto positivo en si mismo y en los demás; y relacionar sus necesidades criminógenas ya sea en forma directa o
indirecta con su habilidad para obtener un bien valorado.
Al comenzar al examinar con el Señor C la forma en que podía lograr sus metas valoradas, comenzó a
reconocer que para poder asistir a la universidad, adquirir la licencia de conducir, y desarrollar competencia cultural,
él tenía que separarse de la banda, formar un nuevo grupo de pares, y reducir su consumo de drogas y alcohol.
Sin embargo, el usuario rechazó inicialmente la necesidad de disociarse de su pandilla, reclamando que la
banda necesitaba personas en los lugares conflictivos, y que ésta le financiaría sus estudios. El uso de un análisis de
los costos-beneficios fue útil en este punto (dejar la banda y permanecer en ella), concluyendo con alguna
incomodidad que si permanecía en la banda y ésta le financiaba los estudios, tendría obligaciones con la banda.
Además, concluyó que su participación en la pandilla podría impedirle que fuera aceptado en la educación superior.
Su aumento de la conciencia de las consecuencias negativas de su continuación en la pandilla fueron
discordantes con su nuevo sentido de identidad y metas, y comenzó a imaginarse a si mismo en el futuro fuera de la
pandilla y contribuyendo positivamente a su familia. En este punto, el bien humano de la autonomía se convirtió en
dominante para el usuario, independizarse de la pandilla. Comenzó a reencuadrar su lealtad y obligaciones hacia la
pandilla, destacando que ya había finalizado su labor para esa pandilla.
El usuario pudo ver que más allá de la banda, el consumo de drogas y la violencia también eran obstáculos
para el logro de su buena vida anticipada. Esto reforzó además la idea de separase de la pandilla. A pesar de la
ansiedad realista acerca del riesgo de sufrir violencia o incluso la muerte, el usuario reportó que fue capaz de
negociar su salida de la pandilla por medio de un “último rito”, en el cual fue asaltado por un miembro de la pandilla y
consumieron drogas. A partir de ese momento, el usuario dejó de usar la vestimenta característica de su banda.

Fase 3
El objetivo de esta fase es desarrollar en forma explícita un plan de la Buena Vida, después de haber
identificado los aspectos del patrón de comportamiento del usuario que impiden el logro de una buena vida. El plan
de la Buena Vida implica el desarrollo de un plan alternativo para obtener los bienes primarios.
En el caso del Señor C, sus bienes primarios de felicidad, amistad e intimidad estaban bloqueados o
impedidos por sus necesidades criminógenas (propensión a la violencia, excitación sexual relacionada con los
delitos, dificultades en las relaciones interpersonales, abuso de sustancia, inestabilidad en el empleo, creencias
antisociales y asociados criminales).
En esta fase del proceso, el usuario debiera estar consciente de (a) los medios previos usados para lograr
los bienes (violación, violencia, asociación a una pandilla), (b) la posible falta de visión dentro de un plan de la Buena
Vida (por ejemplo, ausencia de conocimiento, de espiritualidad, y de un vivir saludable); (c) la presencia de conflicto
entre las metas (por ejemplo, la búsqueda de una buena amistad a expensas de los demás), y (d) barreras
potenciales (falta de educación, conocimiento, apoyo) para alcanzar los bienes (por ejemplo, falta de capacidades y
recursos).

29
CONVENIO SENDA-GENDARMERIA
Autor: Ps. Mario Pacheco
2014

Fase 4
Esta fase implica co-construir con el usuario las metas terapéuticas, las que deben ser valoradas por la
persona y que no impliquen daños a otros. Estas metas necesitan ser fraccionadas en pasos alcanzables; y cumplir
con los requisitos de las metas bien formuladas.
El Sr. C aumentó su disposición para llevar a cabo un plan seguro que le permitiera alcanzar dos objetivos
de su plan de la Buena Vida y del plan para el Manejo del Riesgo. Uno de esos objetivos (plan de Manejo del Riesgo)
era pedir consejo si estaba contemplando alguna actividad violenta. Un ejemplo al respecto tuvo relación con la
obligación percibida por el Sr. C de atacar violentamente a un abusador de niños que vivía con él; sin embargo el Sr,
C conversó acerca de su intención con el terapeuta, y eligió un plan distinto para abordar el problema en forma
apropiada (acudiendo a la policía y pudiendo interactuar en forma constructiva con las autoridades).

Fase 5
En esta fase, el objetivo es trabajar en el logro de las metas y monitorear el progreso por medio de la
supervisión regular. Un objetivo importante desde el modelo fue la implementación y la adquisición de las habilidades
necesarias para alcanzar los objetivos propuestos.
En el caso del Sr. C, se incorporó un consejero maorí para que suministrara un mentoring y apoyo
culturalmente pertinente. El consejero fue capaz de ayudar al Sr. C en las indagaciones iniciales para su ingreso a la
universidad, y para obtener la licencia de conducir. Acudir a un campus universitario significó una nueva experiencia
para el Sr. C, y suscitó preocupación en él acerca de su apariencia y su presentación personal. Decidió comenzar un
proceso para remover los tatuajes de su rostro, pero finalmente solamente decidió vestir ropas más convencionales.
Con la asesoría del consejero, el Sr. C se reunió con el Decano de la Facultad, y escribió sin ayuda la
siguiente carta solicitando su ingreso a un curso en la universidad:

“Para cambiar mi vida necesito cambiar la forma en que pienso y vivo. Las oportunidades que [la
educación] puede abrirme no tienen límites. Para alguien como yo es un gran cambio en el estilo de vida, en una
forma que yo nunca haría posible. Me gustaría utilizar mi educación para ayudar a los adolescentes en problemas
que están cayendo en el estilo de vida en el cual he vivido los últimos diez años. Ayudar a una sola persona hace
una diferencia, aunque en mi mismo ser educado es un logro en mi vida. Mi razón principal para educarme es poder
enseñar a los niños en el Reo Maorí [lenguaje Maorí]. Las palabras no pueden expresar una oportunidad como esta.
Mi vida tiene relación con el cambio. Me estoy dando una oportunidad para comenzar una nueva vida y una nueva
forma de vivir.”

El Sr. C estuvo de acuerdo con las expectativas y las condiciones para su asistencia a la universidad (no
juntarse con sus asociados de la pandilla en el campus, ni llevar drogas). El Decano también se aseguró que los
cursos fueran consistentes con las habilidades del Sr. C. El Sr. C también comenzó a trabajar para obtener su
licencia de conducir, e inició una relación íntima monógama. Recibió retroalimentación positiva de su familia, la cual
estaba asombrada y orgullosa de la transformación del Sr. C, el que era el primer miembro de la familia que asistía a
la educación superior.

Durante el tratamiento, el Sr. C redujo considerablemente su consumo de drogas en función de un


requerimiento externo (sus estudios y sus obligaciones con el Decano), más que en función de motivación intrínseca.
Asistió a la universidad durante 6 meses, antes que las dificultades para transportarse le impidieran asistir. Sin
embargo, negoció con el Decano para volver a clases. También obtuvo su licencia de conducir.

30
CONVENIO SENDA-GENDARMERIA
Autor: Ps. Mario Pacheco
2014
Desde su liberación de la prisión, el Sr. C se involucró en dos episodios de violencia: el primero, una acción
de venganza en respuesta a haber sido lanzado al piso en una fiesta; y sorprendentemente para el terapeuta, el Sr.
C expresó ”culpa” por sus acciones y rabia hacia si mismo por haber perdido el control. La segunda recaída ocurrió
en respuesta a ser insultado y ofendido por su pareja. Según los autores, la reacción emocional por sus acciones fue
equivalente al efecto de la violación de la abstinencia de Marlatt y Gordon (Marlatt, Parks y Witkiewitz, 2002).
Expresó su intención de retornar de inmediato a su pandilla y ocupar nuevamente su lugar en ella. Sin embargo,
activó su plan de seguridad y acudió a las personas de apoyo. Aunque se presentó tenso y con dificultades para
iniciar un diálogo racional, fue capaz de identificar algunos de sus sentimientos y comportamientos en respuesta a su
intención de retornar a la banda, y se lo asesoró para que reflexionara acerca de sus metas y comentarios anteriores
(“Nunca regresaré a la prisión”, “Le he dado diez años de mi vida a la banda”, su intención de restablecer los vínculos
con los universidad, y su felicidad en su relación de pareja). La adherencia del Sr. C a su plan de seguridad,
combinado con su deseo creciente de tener una buena vida y un nuevo sentido de identidad personal actuaron como
un amortiguador al estrés asociado con su “fracaso” y previno una recaída grave.
Su comportamiento predador sexual ya no fue reforzado por sus pares antisociales, redujo su consumo de
drogas, tuvo éxito en el establecimiento de un nuevo grupo de pares en la universidad, desarrolló un aspecto
prosocial, y ha utilizado adecuadamente sus redes de apoyo.
Al momento de publicarse el artículo, el Sr. C se había mantenido en libertad durante 14 meses desde su
liberación de la prisión, y sólo había recibido un cargo menor por una infracción de tránsito. Inició la libertad vigilada
en octubre de 2005 y la finalizó en marzo de 2007.

4. REFLEXION FINAL

Al estudiar las proposiciones de los dos enfoques contemporáneos para la intervención con
individuos infractores de ley, y especialmente las críticas de los autores al enfoque “competidor” 19 (Andrews
Bonta, y Wormith, 2011; Ward, Yates y Willis, 2012), pareciera que los prestadores de tratamiento debieran
elegir entre uno u otro enfoque de tratamiento.
Desde la perspectiva del autor de este documento, el aparente llamado a elegir entre uno u otro
enfoque para el tratamiento de las personas infractoras de ley es un absurdo. Ambos enfoques entregan
aportes para el tratamiento de los individuos infractores de ley: el modelo RNR sugiere un número de
necesidades criminógenas que los prestadores de tratamiento deben evaluar y en la cuales intervenir
(Principio de Necesidad); mientras que el modelo GLM sugiere intervenciones que se relacionan con el
principio de la Receptividad (motivación y respuesta a la influencia social); y por lo tanto, son dos modelos que
pueden ser integrados en el tratamiento de los individuos infractores de ley.
En la Guía Metodológica, Segunda Edición Actualizada, del modelo de tratamiento del Convenio
SENDA-Gendarmería, se han sugerido intervenciones terapéuticas en el Eje “Dimensión Criminológica”
orientadas por ambos enfoques contemporáneos de tratamiento penal.

19
Contienda que recuerda a las discusiones decimonónicas de los psicoterapeutas acerca de cuál enfoque es más
adecuado y efectivo (Miller, Duncan y Hubble, 1997).
31
CONVENIO SENDA-GENDARMERIA
Autor: Ps. Mario Pacheco
2014

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Aedo, A. (2010) Reincidencia: Crítica metodológica y propuesta de medición e interpretación para el sistema penal
chileno. Derecho y Humanidades, Nº 16 vol. 1, 293-307
(http://www.derechoyhumanidades.uchile.cl/index.php/RDH/article/viewFile/16017/16532; recuperado en
diciembre de 2012)
Andrews, D. (1996) Criminal recidivism is predictable and can be influenced: An update. Forum, Vol. 8, N° 3
(www.csc-scc.gc.ca/text/pblct/forum/e083/e083ind-eng.shtml; recuperado en noviembre de 2008)
Andrews, D. (2011) The impact of nonprogrammatic factors on criminal-justice interventions. Legal and
Criminological Psychology, 16, 1–23
Andrews, D. and Bonta, J. (2010) The Psychology of Criminal Conduct . Fifth Edition. New Providence, NJ: Matthew
Bender & Company
Andrews, D.; Bonta, J. and Wormith, J. (2006) The Recent Past and Near Future of Risk and/or Need Assessment.
Crime & Delinquency, Vol. 52 No. 1, January, 7-27
Andrews, D.; Bonta, J. and Wormith, J. (2011) The Risk-Need-Responsivity (RNR) Model. Does Adding the Good
Lives Model Contribute to Effective Crime Prevention? Criminal Justice and Behavior, Vol. 38, Nº 7, 735-755
Bonta, J. and Andrews, D. (2007) Risk-Need-Responsivity Model for Offender Assessment and Rehabilitation . 2007-
06. Public Safety Canada (www.ps-sp.gc.ca/res/cor/rep/_fl/Risk_Need_2007-06_e.pdf; recuperado en
noviembre de 2008)
Bonta, J.; LaPrairie, C. and Wallace-Capretta, S. (1997) Risk prediction and re-offending: Aboriginal and non-
aboriginal offenders. Canadian Journal of Criminology; 39, 2, 127-144 (ProQuest Social Science Journals;
recuperado en julio de 2008)
Bourgon, G.; Bonta, J.; Rugge, T.; Scott, T. and Yessine, K. (2009) Translating “What Works” into Sustainable
Everyday Practice: Program Design, Implementation and Evaluation, 2009-05 . Public Safety Canada
Bush, J.; Glick, B.; Taymans, J. with Guevara, M. (2011) Thinking for a Change. Integrated Cognitive Behavior
Change Program. Version 3.1. U.S. Department of Justice, National Institute of Corrections
(http://trainercounselor.com/wp-content/uploads/2011/11/016672-Curriculum.pdf; recuperado en noviembre de
2013)
CONACE (2009) Consumo problemático de drogas. Tratamiento en personas que han cometido delitos . Area
Técnica de Tratamiento y Rehabilitación, Ministerio del Interior, Santiago
Covington, S. (2002) A Woman’s Journey Home: Challenges for Female Offenders and Their Children .
(www.urban.org/UploadedPDF/410630_FemaleOffenders.pdf; recuperado en noviembre de 2008)
González, M. (Coord.) (2008) Mujeres y hombres. ¿Qué tan diferentes somos? Manual de sensibilización en
perspectiva de género. Instituto Jalisciense de las Mujeres, Jalisco, México
(http://cedoc.inmujeres.gob.mx/ftpg/Jalisco/jal04.pdf; recuperado en septiembre de 2010)
Graña, J.; Garrido, V. y González, L. (s/f) Reincidencia delictiva en menores infractores de la comunidad de Madrid:
Evaluación, características delictivas y modelo de prevención. Agencia para la Reeducación y Prevención del
Menor Infractor. Comunidad de Madrid
Hannah-Moffat, K. and Shaw, M. (2001) Taking Risks: Incorporating Gender and Culture into the Classification and
Assessment of Federally Sentenced Women in Canada . (www.epe.lac-bac.gc.ca/100/200/301/swc-
cfc/taking_risks-e/010514-0662654323-e.pdf; recuperado en octubre de 2008)
Hollin, C. and Palmer, E. (2006) Offending Behaviour Programmes: History and Development. In C.R. Hollin and E.J.
Palmer (Eds.), Offending Behaviour Programmes: Development, Application, and Controversies. JohnWiley &
Sons Ltd. (www.media.wiley.com/product_data/excerpt/5X/04700233/047002335X.pdf; recuperado en
noviembre de 2008)
32
CONVENIO SENDA-GENDARMERIA
Autor: Ps. Mario Pacheco
2014
Hollin, C.; McGuire, J.; Hounsome, J.; Hatcher, R.; Bilby, C. and Palmer, E. (2008) Cognitive Skills Behavior
Programs for Offenders in the Community: A Reconviction Analysis. Criminal Justice and Behavior , 35(3); 269-
283 (www.cjb.sagepub.com; recuperado en diciembre de 2008)
Howells, K. (2000) Treatment, Management and Rehabilitation of Women in Prison: Relevance of Rehabilitation
Principles. Australian Institute of Criminology. (www.aic.gov.au/conferences/womencorrections/howells.pdf;
recuperado en noviembre de 2008)
Landenberger, N. and Lipsey, M. (2005) The Positive Effectos of Cognitive-Behavioral Programs for Offenders. A
Meta-Analysis of Factors Associated with Effective-Treatment. Journal of Experimental Criminology
(www.pbwiki.com; recuperado en noviembre de 2008)
Lowenkamp, C. and Latessa, (2004) Understanding the Risk Principle: How and Why Correctional Interventions Can
Harm Low-Risk Offenders. Topics in Community Corrections (www.nicic.org/pubs/2004/period266.pdf;
recuperado en noviembre de 2008)
Lowenkamp, C.; Pealer, J.; Smith, P. and Latessa, E. (2006) Adhering to the Risk and Need Principles: Does It Matter
for Supervision-Based Programs? Federal Probation, 70(3), 3-8 (ProQuest Psychological Journal; recuperado
en junio de 2008)
MacKenzei, D. (2002) Reducing the criminal activities of known offenders and delinquents. Crime prevention in the
courts and corrections. In Sherman, L.; Farrington, D.; Welsh, B. and MacKenzie, D. Evidence-Based Crime
Prevention. London: Routledge, pp. 330-404
McMurran, M. and Ward, T. (2004) Motivating offenders to change in therapy: An organizing framework. Legal and
Criminological Psychology, 9, 295–311 (www.bps.org.uk)
McNeill, F. (2009) Toward Effective Practice in Offender Supervision . The Scottish Centre for Crime & Justice
Research. Report 01/09 (www.sccjr.ac.uk)
Milkam, H. and Wanberg, K. (2007) Cognitive-Behavioral Treatment. A Review and Discussion for Correction
Professionals. U.S. Department of Justice, National Institute of Corrections
(www.dcjs.virginia.gov/corrections/documents/cognitiveBehavioral.pdf; recuperado en noviembre de 2008)
Miller, S.; Duncan, B. and Hubble, M. (1997) Escape from Babel. Toward a Unifying Language for Psychotherapy
Practice. New York: Norton
Molinet, E.; Velásquez, D. y Estrada, C. (2007) Teorías implícitas sobre la estabilidad de la naturaleza humana y del
entorno social, y su relación con la reincidencia delictiva en internos recluidos en el Centro de Cumplimiento
Penitenciario de la comuna de Punta Arenas. Magallania, (Chile), Vol. 35(2):151-157
(http://www.scielo.cl/pdf/magallania/v35n2/art12.pdf; recuperado en julio de 2010)
Morales, H. (2008) Factores Asociados y Trayectorias del Desarrollo del Comportamiento Antisocial durante la
Adolescencia: Implicancias para la Prevención de la Violencia Juvenil en América Latina. Revista
Interamericana de Psicología, Vol. 42, N° 1, 29-142 (wwwredalyc.uaemex.mx/redalyc/pdf/967/96714203.pdf;
recuperado en octubre de 2009)
NIC Information Center (2012) Annotated Bibliography. Thinking for a Change and Cognitive-Behavioral Programs .
U.S. Department of Justice, National Institute of Corrections (http://static.nicic.gov/Library/025533.pdf;
recuperado en enero de 2014)
Redondo, S. (2008) Manual para el tratamiento psicológico de los delincuentes . Ed. Pirámide, Madrid
Ross, R.; Fabiano, E.; Garrido, V. y Gómez, A. (1996) Programa “El Pensamiento Prosocial”: Una guía de trabajo
detallada para la prevención y el tratamiento de la delincuencia y la drogodependencia . Ed. Cristóbal Serrano
Villalba, Valencia
Sherman, L.; Farrington, D.; Welsh, B. and MacKenzie, D. (2002) Evidence-Based Crime Prevention. London:
Routledge

33
CONVENIO SENDA-GENDARMERIA
Autor: Ps. Mario Pacheco
2014
UNICRIM (2008) Tasas de reincidencia: Sistema de tratamiento en el medio libre 2003-2007 . Gendarmería de Chile,
Santiago (http://html.gendarmeria.gob.cl/doc/reinsercion/estudio.pdf; recuperado en 2010)
Venderschueren, F. con Lunecke, A. (2004) Prevención de la delincuencia juvenil. Análisis de experiencias
internacionales. División de Seguridad Ciudadana, Ministerio del Interior, Santiago
Vinet, E. y Alarcón P. (2009) Caracterización de personalidad de mujeres adolescentes infractoras de ley: un estudio
comparativo. Paidea, Mayo-Agosto, Vol, 19, N° 43, 143-152 (http://www.scielo.br/pdf/paideia/v19n43/01.pdf)
(recuperado en julio de 2010)
Walters, S.; Clark, M.; Gingerich, R., and Meltzer, M. (2007) Motivating Offenders to Change. A Guide for Probation
and Parole. U.S. Department of Justice, National Institute of Corrections. (www.nicic.org; recuperado en
septiembre de 2007)
Ward, T. and Gannon, T. (2006) Rehabilitation, etiology, and self-regulation: The comprehensive good lives model of
treatment for sexual offenders. Agression and Violent Behavior, 11, 77– 94 (www.ccoso.org/library
%20articles/Ward%20&%20Gannon%202006.pdf) (recuperado en noviembre de 2008)
Ward, T. and Marshall, B. (2007) Narrative Identity and Offender Rehabilitation. International Journal of Offender
Therapy and Comparative Criminology, 51, 279-297 (www.ijo.sagepub.com; recuperado en noviembre de 2008)
Ward, T. and Maruna, S. (2007) Rehabilitation. Beyond the risk paradigm . London: Routledge
Ward, T.; Mann, R. and Gannon, T. (2007) The good lives model of offender rehabilitation: Clinical implications.
Aggression and Violent Behavior, 12: 87–107 (www.sciencedirected.com; recuperado en septiembre de 2009)
Ward, Y.; Yates, P. and Willis, G. (2012) The Good Lives Model and the Risk-Need-Responsivity Model: A Critical
Response to Andrews, Bonta and Wormith (2011). Criminal Justice and Behavior , Vol. 39, Nº 1, 94-110
(http://cjb.sagepub.com/content/39/1/94; recuperado en diciembre de 2013)
Welsh, B. and Farrington, D. (2005) Evidence-Based Crime Preventions: Conclusions and Directions for a Safer
Society. Canadian Journal of Criminology and Criminal Justice , 47, 2: 337-354 (ProQuest Social Science
Journals) (recuperado en marzo de 2008)
Whitehead, P.; Ward, T. and Collie, R. (2007) Time for a Change: Applying the Good Lives Model of Rehabilitation to
a High-Risk Violent Offender. International Journal of Offender Therapy and Comparative Criminology , Volume
51 Number 5, 578-598 (http://ijo.sagepub.com; recuperado en octubre de 2009)
Wichman. C.; Serin, R. and Abracen, J. (2002) Women offenders who engage in self-harm: A comparative
investigation. Research Branch: Correctional Service Canada (http://www.csc-
scc.gc.ca/text/rsrch/reports/r123/r123_e.pdf; recuperado en septiembre de 2010)
Zambrano, A. y Pérez-Luco, R. (2004) Construcción de Identidad en Jóvenes Infractores de Ley, una Mirada desde la
Psicología Cultural. Revista de Psicología, Vol. XIII, N° 1, 115-132
(http://www.revistapsicologia.uchile.cl/index.php/RDP/article/viewPDFInterstitial/17491/18262)

34