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Camino de

en bici

32 MARZO 2018
El “último”
Camino de Santiago
La modesta iglesia de Santiago y San Juan Bautista ocupa una pequeña
plaza a tiro de piedra del Palacio Real de Madrid. En su fachada, un
azulejo con una vieira y una flecha amarilla indica el kilómetro cero del
Camino de Santiago de Madrid. A su lado, otra flecha carmesí y una
cruz de Santiago señala hacia un lugar llamado Uclés. Es el arranque
del último camino nacido al calor del fenómeno jacobeo.
TEXTO Y FOTOS: Dioni SERRANO

U
CLÉS es un pequeño sobre todo a partir de que la villa fuera designada
pueblo de la Alta Mancha capital del reino en el siglo XVI.
Conquense. Sus casas se
agrupan en una hondo-
nada a la orilla del río Be- Un encuentro fructífero
dija y al pie de un cerro En 2010, mientras peregrinaba a Caravaca de la
coronado por un macizo monasterio. El edificio Cruz desde Madrid, Manuel Rossi conoció, de la
forma parte de un gran conjunto de construccio- mano del párroco de San Horcajo de Santiago, la
nes que fue, en origen, una fortaleza árabe y que se existencia del monasterio de Santiago de Uclés, “el
convirtió en la casa matriz de la Orden de Santiago más importante de los edificios dedicados al após-
tras ser conquistada por el ejército cristiano en tol tras la catedral de Compostela”. Aquel descu-
1174. Y como cuartel general de los caballeros per- brimiento fue el principio de un empeño personal
La inmensa vega del maneció hasta 1836, cuando la Orden tuvo que que, al cabo del tiempo, dio como fruto el Camino
Tajo se abre ante
nosotros a la salida de abandonarlo a causa de la desamortización de de Uclés, un itinerario de ciento cincuenta kilóme-
Estremera. La Mendizábal. Fueron casi siete siglos en los que, sin tros entre la capital y el monasterio que ha visto
primavera tardía aún
verdea en los campos
lugar a duda, tuvo que haber un continuo ir y venir crecer, año tras año, el número de peregrinos ve-
de cebada. de caballeros de Santiago entre Uclés y Madrid, nidos de todos los puntos cardinales del mundo.
Manuel, empresario de la construcción retirado e
infatigable caminante, se ha dedicado en cuerpo y
alma al camino, y tirando de su propio patrimonio

Semana Santa 2018

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ha emplazado más de diez mil señales entre mar-
cas de pintura (flechas rojas en sentido Madrid-
Uclés, y amarillas en sentido inverso), azulejos y
grandes cruces de Santiago que él mismo fabrica
en el jardín de su casa. Cuando empezaron a verse
peregrinos en el camino, los ayuntamientos, que
hasta ese momento se limitaban a dar permiso a
Manuel para colocar las señales, comenzaron a co-
laborar tímidamente, aportando el material para
instalar mojones y, en algunos casos, cediendo lo-
cales para pasar la noche o para convertirlos en al-
bergues.

Cruces en Madrid
Hacía tiempo que nos preguntábamos qué eran
esas cruces de Santiago pintadas en las piedras y fa-
rolas que hay en el corredor del sureste de Madrid
por donde el río Manzanares escapa de la urbe.
Descubrir que el Camino de Uclés comenzaba en
1 el corazón de Madrid, a muy poca distancia de la
castiza Puerta del Sol, fue suficiente para ponernos
en marcha un viernes por la tarde. ¿Hay algo más
natural que comenzar un viaje cicloturista en la
puerta de casa?
En este caso, lo más difícil es llegar, desde casa, a
la iglesia de Santiago. A pesar de que los ciclistas
son ya algo habitual en las calles, Madrid sigue sien-
do una ciudad poco amable para las dos ruedas. En
cambio, aunque ninguna señal ucleniana nos guíe,
cuesta poco ir desde la plaza de Santiago a Madrid
Río. El atestado carril bici de Madrid Río nos con-
ducirá primero al parque lineal del Manzanares
(donde vemos las primeras cruces), y al Parque re-
gional de Sureste, después, siempre con el castizo
río a nuestra vera. El carril desaparece poco antes
de cruzar por debajo del viaducto de la M-45, sien-
do sustituido por una ancha pista que salta al otro
lado de la vía de AVE.
Es de justicia reconocer que el paisaje por el que
2 avanzamos, entre vías férreas, barracas, huertas y
acequias no es, precisamente, bonito, pero en su
3 favor hay que decir que nos movemos por un te-
rreno cuajado de historia. Por ejemplo: la gran
zanja seca que vemos a nuestra derecha es, ni más
ni menos, que el Real Canal de Manzanares, un
proyecto que pretendía unir Madrid con Aran-
juez, donde el canal se dividiría para ir a Lisboa
por el Tajo y por otro canal a Sevilla: ¡un loco
sueño de la Ilustración! Otro más: la ladera yesosa
que llevamos a nuestra derecha está recorrida du-
rante kilómetros por una trinchera que formó
parte de la línea de defensa de Madrid durante la
Guerra Civil. Uno más: atravesaremos la Cañada
Real Galiana, una de las más importantes cañadas

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pecuarias de España en su momento, y que ahora 1. La primera cruz del 17,6 de nuestro camino, es el primer lugar en el
Camino, en el parque
ha sido ocupada por construcciones ilegales. Y del Manzanares.
que podemos aprovisionarnos de todo lo necesa-
para terminar una curiosidad: a la derecha pastan 2. “Discreta” señal en rio. A poco de entrar en la localidad siguiendo las
¡toros bravos! Aquí, a pocos kilómetros de la Puer- los primeros señales de Uclés vemos un azulejo del Camino pe-
kilómetros de la vega
ta del Sol. Pintoresco ¿no? del Manzanres. gado en la esquina de un bar. Paramos, nos refres-
3. Peregrinos a pie e a camos, tomamos un tentempié y sellamos las cre-
la salida de Arganda.
4. El bonito puente
denciales sin prisas. Nuestro plan es llegar a Ar-
A las afueras de la urbe metálico sobre el ganda esta tarde, regresar en tren a nuestras
Las extensas urbanizaciones que componen Rivas Jarama del Tren de respectivas casas y retomar el camino al día si-
Arganda.
Vaciamadrid se ven desde muy lejos. Esta popu- 5. Buenos deseos a la guiente allí donde lo dejamos.
losa ciudad dormitorio, situada en el kilómetro salida de Madrid. A partir de Rivas, el camino comienza a ser te-
rreno “desconocido” para nosotros. Hace un buen
rato que hemos perdido de vista el Manzanares y
es el río Jarama el que ahora nos sirve de guía. Sus
aguas se filtran para llenar la laguna del Campillo,
un extenso lago formado por la extracción de ári-
dos que se ha convertido en un importante hume-
dal de la Comunidad de Madrid.
Sólo hay un modo de atravesar el río Jarama
para seguir adelante: utilizar el bonito puente de
hierro del desaparecido tren de Arganda, el que
“pita más que anda”, como recuerda un dicho ma-
drileño. La línea esta abandonada, pero los do-
mingos de marzo, abril, mayo, octubre, noviem-
bre y diciembre, el tramo entre La Poveda y La La-
guna del Campillo ve pasar una tren turístico
movido por una vieja locomotora rehabilitada por
un colectivo de aficionados al ferrocarril. Precisa-
mente, es la plataforma de este tren la que nos
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conducirá, atravesando La Poveda, hasta Arganda,
a donde llegamos amenazados por una tormenta

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nos guiará durante buena parte del día. No es un
itinerario desconocido para nosotros ni para mu-
chos aficionados madrileños a la bici y a los patines,
que encuentran en esta vía un lugar para desfogarse
y olvidarse del trajín diario . Suavemente, la vía
verde gana metros hasta la loma que separa los va-
lles del Jarama y el Tajuña. En lo alto se levanta la
fábrica de cemento Portland. Es tan grande que se
ve desde Madrid y cuando al atardecer enciemde
las luces se convierte en un decorado futrista. La vía
verde la rodea por su parte oriental y comienza una
larga, rápida y panorámica bajada que termina en
que tiene el detalle de esperar a descargar a que Morata de Tajuña. Podríamos pasar de largo, ya
nos montemos en el tren de vuelta a la ciudad. que, convertida en calle, la vía verde atraviesa la lo-
Mañana más. calidad por su parte alta, pero sería un crimen no
bajar a la plaza para zamparse una palmera de cho-
colate o tomar un aperitivo antes de continuar.
De vuelta al camino Siete kilómetros escasos de terreno ondulado res-
Hemos quedado bien temprano en la puerta de la tan para llegar al próximo punto habitado: Perales
Arriba, llegando a
Estremera por la vía verde estación de tren de Arganda. El grupo de ciclovia- de Tajuña. Rozando el extremo occidental del pue-
de los Cuarenta días. jeros se ha incrementado y hay que andar con tien- blo, el camino cambia de dirección para cruzar el
Debajo, tramo de la vía
verde del Tajuña entre
to para no atropellar o dejarse atropellar en la po- río y la autovía de Valencia y seguir aguas arriba del
Morata y Perales de Tajuña. pular vía verde del Tajuña, la “cinta” encarnada que Tajuña. Hasta Estremera, donde tenemos previsto

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1. Mojón del Camino en pasar la noche, no hay un lugar para aprovisionar-
Rivas Vaciamadrid.
2. Un ornitólogo aficionado
nos siempre y cuando no abandonemos momen-
nos invita a obervar las táneamente el camino para entrar en Tielmes o en
aves que viven en un canal Carabaña, dos poblaciones que quedan ligeramente
en la vega del Manzanares.
3. Sellado de las a desmano.
credenciales que A las afueras de Carabaña, famosa por sus aguas 1
portábamos.
4. Sorprendente hallazgo
purgantes, dejamos a un lado la vía verde del Ta-
entre las piedras juña para continuar por la vía verde de los Cuaren-
decoradas que hay al pie ta días. La llamaron así porque el ferrocarril sobre
de la Cruz del Peregrino.
5. Las conchas metálicas el que se asienta fue construido en ese breve plazo
decoran la puerta de de tiempo para abastecer a un Madrid asediado
entrada al monasterio de
Uclés.
por las tropas franquistas durante la Guerra Civil.
Con una clara tendencia ascendente, la vía se aúpa
a los laterales de la vega del Carrizales, un arroyo
pobretón enmarcado por cañaverales y arbolillos,
que serpentea entre parcelas de cereal y viñedos.
Por delante nos esperan diecisiete kilómetros de
terreno áspero, solitario y tórrido atestado de co-
nejos. A mitad de camino, los técnicos del progra-
ma Caminos Naturales han instalado un área de 2
descanso con un proverbial techado, justo en la
confluencia de la carretera a Valderacete, la vía
verde y la Cañada Real Soriana Oriental. Después,
el camino se sumerge en una larga trinchera que
salva la divisoria de aguas. Al otro lado se extiende
el cielo y la gran cuenca del Tajo, y muy cerca y
cuesta abajo, el blanco Estremera, el municipio
más oriental de la Comunidad de Madrid, con su
bares, sus restaurantes, sus tiendas y su albergue
de peregrinos.

Descenso al Tajo
Sólo faltan cincuenta kilómetros para llegar a Uclés. 3
No parecen muchos y nos tomamos a ritmo zen el
desayuno y la partida. Una pista agrícola que co-
mienza en el extremo sur del pueblo, junto a la ca-
rretera, nos deposita de nuevo en la antigua plata-
forma del tren de los Cuarenta días, sólo que ahora
el firme no es asfalto sino tierra y guijarro. La vía
desciende suavemente hacia el valle del Tajo hora-
dando las colinas con trincheras y túneles. El último
de ellos está tapiado. Una señal indica dos caminos
posibles: algunos de nosotros elegimos la variante
de la izquierda que baja, con una corta pero empi-
nada trocha, hasta la amplia pista que se ve en la
vega. El resto se decide por el sendero que sube a la
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bóveda del túnel y se ve obligado a empujar la bici
durante unos metros por una estrecha trocha; nada
5
grave. Al final todos nos reunimos en la pista y con-
tinuamos. Frente a nosotros, un muro de árboles
y vegetación delata la presencia del río Tajo. El
único modo de atravesarlo, si no se monta una bici
que flote, es por el puente de la carretera que va
de Estremera a Zarza del Tajo. No hay que inquie-
tarse: por su asfalto pedalearemos sólo unos qui-
nientos metros. Eso sí, con precaución: un triste

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monumento nos recuerda que la carretera puede mienza una bajada corta pero pendiente. Atentos
ser mortal en ocasiones. a esta bajada: si nos dejamos llevar por la emoción
La empinada carretera de El Ballestar no da res- de la velocidad es fácil que continuemos carretera
La tormenta nos persigue piro, y tampoco ayuda la poco armónica agrupa- adelante y dejemos atrás una pista a la izquierda
y aceleramos el paso. ción de edificios de la urbanización, cada uno de su que corresponde seguir. Al otro lado del escaso río
Por fortuna, no hay que
detenerse en ningún padre y de su madre. Muchos de ellos parecen Calvache se forma un cruce de pistas. Las señales
momento para orientarse. abandonados. Sin embargo, nos enteramos de que puestas por Manuel y sus colaboradores no dejan
Debajo, uno de los túneles
del Tren de los Cuarenta aquí hay un hotel que hace descuentos a los pere- lugar a la duda: a la derecha. Empieza aquí un largo
Días pasado Estremera. grinos. Bueno es saberlo. En las últimas casas co- tramo por una monótona pista que recorre todo el
valle dedicado al cultivo de cereal y de ajos; un
tramo sin mucho que contar y sin dificultades re-
señables, siempre que el viento no haga de las suyas
y se empeñe en retrasar nuestra marcha. ¿Hace falta
decir que es lo que nos ocurrió a nosotros?
Tras un buen trecho, la pista desemboca de
nuevo a la carretera que abandonamos a la salida
de El Ballestar y las señales invitan a seguirla hacia
la derecha para atravesar de nuevo el río y tomar
otra pista que se dirige directamente a Barajas de
Melo. Al otro lado del río aparece un enorme edi-
ficio que parece sacado de una película de ciencia
ficción. Preguntamos a un agricultor. Desolado,
nos cuenta que es una planta de biodiésel construi-
da hace unos años que costó una millonada y que
nunca entró en funcionamiento. En fin…
El pequeño pinar que llevamos a la derecha ha
sido convertido en un nuevo bosque de Oma por

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los voluntarios de la Asociación de Amigos del Ca-
mino de Santiago. Los troncos han sido decorados
con pinturas de vivos colores,. No es una pintura
cualquiera ni un acto ˝artístico˝ puro y duro. La 1
pintura evita que las orugas procesionarias suban
hasta la copa y hagan allí sus nidos que acabarán
axfisiando el árbol.

Cuesta del peregrino


Barajas de Melo es un típico pueblo alcarreño, blan-
co, grande y algo destartalado pero con algunos edi-
ficios de interés, como su iglesia parroquial, la casa
donde nació Fermín Caballero, geógrafo, periodis-
ta, escritor, político y orador del siglo XIX, el Pala-
cete Fuente Alcazar y la casa palacio del Jardín del
Cerro. Nos sentamos en una terraza en la plaza y
almorzamos abundantemente sin dar importancia 2
a lo que advirtió el mismo agricultor que nos resol-
vió la duda de la “planta fantasma”: que a la salida
del pueblo encontraríamos una cuesta de padre y
muy señor mío. Y vaya con la cuesta; la llaman del
peregrino pero merecería ser llamada del penitente:
es empinada –muy empinada en algunos tramos–
y con gravilla en los peores metros. Hay que meter
todos los hierros y hacer trabajar a tope el corazón
y los pulmones para terminarla sin poner pie a tie-
rra. En lo alto se levanta la Cruz del Peregrino, an-
clada en un montículo cubierto de piedras decora-
das con pinturas y mensajes. Matamos el tiempo
mientras recuperamos el resuello leyendo los men-
sajes dejados allí por los peregrinos. Al lado de la 3
cruz hay un mojón con un buzón que contiene un
sello del camino. ¡Sírvase usted mismo!
Los siguientes kilómetros son un puro placer:
cortas subidas a las que suceden bajadas rápidas y
divertidas por una pista no siempre en buenas con-
diciones. El paisaje lo forman una alternancia de
campos de cereal y bosquetes de quejigos y encinas.
Austero pero hermoso. Al oeste, el cielo ha pasado
del azul al gris claro y del gris al negro. Confiamos
en que la tormenta no nos alcance o se vaya a des-
cargar a otra parte, pero por si acaso apretamos el
paso y en un pispás llegamos al túnel que atraviesa
la A-40. En sus muros de hormigón Manuel ha ido
1. Consultando un panel
4
pegando conchas decoradas con las banderas de los
de la Cañada Real Soriana.
2. De charla a la puerta países de origen de los peregrinos que han pasado 5
del albergue de por allí. El muro gris parece un spot de las Naciones
Estremera mientras
llega la hora de la cena.
Unidas, y por muy “duro” que uno sea, es difícil no
3. El Bosque de los sentir un pellizco de emoción.
Peregrinos, cerca de A la salida del túnel está Huelves. A estas horas
Barajas de Melo.
4. Sellando la credencial de la tarde el pueblo parece abandonado; ni un
en la Cruz del Peregrino. alma camina por sus calles y la fuente no tiene agua.
5. La internacional
decoración del túnel
¡Que bien! Si nos demoramos un poco seguro que
bajo la A-40. podremos llenar nuestras botellas con lo que caiga

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del cielo. No hará falta: encontramos un bar – taculares del pueblo y el monasterio. ¡Qué le vamos
vacío– donde nos llenan los bidones. Pero el cielo a hacer! Ahora, lo importante es salir lo antes po-
no se da por aludido y comienza a llover débilmen- sible del vendaval acuático que nos envuelve.
te mientras pedaleamos por la solitaria y monótona
carretera de Uclés. Al llegar a la vía del AVE, la llu-
Tras visitar el monaterio via cae ya con fuerza y decidimos dejar para otro Un pequeño Escorial
salimos para cargar las
bicicletas en la furgoneta día la última parte del camino, que cabalga el espi- Deja de llover cuando llegamos a la entrada de
que nos retornará a Madrid. nazo de la sierra del Tesoro, y tirar directamente a Uclés. Aprovechamos la tregua para detenernos y
El cielo tormentoso ponía
un punto de dramtismo al
Uclés por la carreterilla que traemos. Nos queda- mirar. Lo que desde allí se divisa tampoco es manco:
complejo monacal. mos sin ver las que dicen son las vistas más espec- la maciza mole del monasterio –un Escorial a escala
reducida– lo domina todo. ¡Lo que debió costar a
las huestes cristianas convencer a los árabes de que
se fueran de allí! Para que os hagáis una idea: el mo-
nasterio ha sido escenario para la grabación de pe-
lículas como Los tres mosqueteros o El capitán Ala-
triste, o la serie Águila Roja. Bajamos al pueblo, que
también parece arrasado por una bomba de neutro-
nes, y encaramos la última cuesta, corta pero inten-
sa, hasta el cenobio fortaleza. Sólo cuando entramos
en el recinto y nos detenemos nos damos cuenta de
que el termómetro se ha desplomado. Unos tiran de
visita guiada por el monasterio y descubren que en
la iglesia descansan los restos del poeta Jorge Man-
rique –aquél que comparó nuestras vidas con los
cursos de los ríos–, otros damos vueltas por su pe-
rímetro o dormitamos a resguardo del viento. Vuel-
ve a llover intensamente cuando llegan las furgone-
tas en las que regresaremos a Madrid. •••

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Grabado de Francisco Javier
Parcerisa, de 1853, en el
que todavía se pueden ver
los chapiteles de las torres,
ya desparecidos.

GUÍA
práctica
Señalización: todo el itinerario está
Longitud: 144, 6 km. muy bien señalizado con cruces de
Credencial: es un pasaporte que se
Firme: carril bici, pista, caminos, y sella en determinados puntos. Santiago en sentido Madrid-Uclés
tramos de asfalto “tranquilo”. Ciclable Es imprescindible para hacer uso de los situadas en muros, postes y mojones.
al 99,9%. Comparte soporte con las flechas Este itinerario ha sido señalizado por
“servicios peregrinos” y para conseguir
amarillas que, en sentido contrario, la Asociación. ¡Atención!: las
Alojamiento: la oferta de acogida a los la Uclessiana, el documento que
señalan el Camino Santiaguista de empresas de autobuses ponen
peregrinos es muy básica (aunque la certifica haber hecho el viaje.
Uclés. Éste último conecta con el limitaciones al número de
Asociación de Amigos del Camino de Se solicita a la Asociación de Amigos
Camino de Santiago de Madrid. Desde bicicletas que pueden ir en la bodega
Uclés trabaja para que esto cambie). del Camino de Uclés y cuesta cuatro
Uclés a Santiago de Compostela hay o incluso no permitirlo.
Hay acogida en casas parroquiales y euros: Tel 661 531 295;
820 kilómetros. Es imprescindible llamar para
locales municipales en Arganda, asociacionamigoscaminodeucles
informarse. Los trenes que unen
Perales, Tielmes, Carabaña, Barajas de @gmail.com. Regreso: retornar a Madrid desde
Tarancón con Madrid son regionales, y
Melo y Uclés. Para pernoctar en estos Uclés habiendo ido en bicicleta es un
sólo pueden llevar tres bicicletas por
lugares son necesarios saco de dormir y asunto que exige cierta logística,
convoy previa reserva en taquilla
esterilla. Hay un albergue privado en sobre todo si se viaja en grupo.
(por internet no se puede ¡Increíble!).
Perales de Tajuña y un albergue de Cabe la posibilidad de contratar algún
peregrinos en Estremera (con literas taxi furgoneta que nos lleve hasta Época recomendable: sin duda la
pero sin sábanas ni mantas). Para usar Madrid (que fue lo que hicimos primavera y el otoño. El verano puede
estos lugares es imprescindible la nosotros; no es barato pero sí ser útil para entrenarse para una
credencial. En la urbanización El resolutivo) o hasta Tarancón y allí travesía del Kalahari.
Ballestar hay un hotel que hace precio regresar a la capital en autobús Información: toda la información
especial a los peregrinos. En Barajas (compañías Avanzabus y Grupo necesaria para preparar el viaje
hay una pensión que también ofrece un Ruiz) o tren. Si se ha llegado se puede solicitar a la Asociación.
trato especial a los que hacen el pronto a Uclés se puede ir También en el blog:
camino. En Uclés hay una hospedería y pedaleando hasta Tarancón por pistas http://asociacionamigosdelcaminode
una casa rural con varios apartamentos. de buen firme (15 km). ucles.blogspot.com.es

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