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CIRCULACION Y NEGOCIACION DE LOS TÍTULOS VALORES

I. DEFINICION DE CIRCULACION

La circulación constituye un elemento característico especial dentro de los títulos


valores y de esa manera lo concebimos. Elementalmente la circulación tiene
relación con el desplazamiento, con la movilidad, con el traslado del título valor
entre las personas. De circulación podrá hacerse referencia cuando el
documento, cuando el título es entregado entre emisores o tomadores y cuando
por cualquier motivo el título llega a manos diferentes de las anteriores. Basta
que haya simple desplazamiento del título para que se predique la circulación
del mismo, sin importar los beneficiarios.

2. FORMAS DE CIRCULACION DE LOS TÍTULOS VALORES

Más que hablar de clases de circulación de los títulos valores, se pretende es


distinguir las modalidades o sentidos que adquiere tal fenómeno. En este orden
la doctrina menciona la circulación propia, impropia, regular, anómala, libre y
limitada.

Se habla de circulación en sentido propio para indicar aquella forma de


circulación que tiene por objeto directamente el documento como una cosa e
indirectamente el derecho. La circulación será impropia en aquellos eventos en
que el desplazamiento del título se consigue en virtud del traspaso a otra persona
de la titularidad del derecho, es decir, la movilidad de la titularidad del derecho
consagrado en el título valor.

De otro lado, la circulación seria regular cuando la adquisición del título


sobreviene y deriva del precedente titular, y es anómala en aquellos casos en
que la adquisición del título se produce de modo originario por efecto de la buena
fe adquirente.

Por su parte, se habla de circulación libre o limitada, cuando la adquisición del


título valor produce o no todos sus efectos típicos.
Si se tienen en cuenta los conceptos que están en la base de tales distinciones,
se observa enseguida que el concepto de circulación del título valor no es
homogéneo: La expresión "circulación" a veces está referida al título, otras, en
cambio, al derecho mencionado en el mismo. No se trata por lo tanto de diversas
formas de circulación del título valor sino de fenómenos de circulación,
jurídicamente diferentes e inconfundibles, aunque tiendan al mismo resultado
práctico. En nuestro criterio puede hablarse de circulación del título valor en
sentido técnico sólo con referencia a la hipótesis en la que el objeto de la
circulación sea el título. En efecto, cuando el título se desplaza de un sujeto a
otro, por efecto de la circulación del derecho al que se refiere, no existe
posibilidad de hablar de circulación autónoma del documento. El desplazamiento
del título se efectúa no por la cualidad de título circulante del documento, ni con
los efectos que le son propios, sino como consecuencia del desplazamiento de
la titularidad del derecho y por las exigencias de la prueba de esta. Todo el
fenómeno de la llamada circulación impropia está, por lo tanto, fuera del campo
de los títulos valores y prescinde del régimen de circulación propio de estos
títulos, efectuándose en cambio según las reglas del derecho común.

Con respecto a la circulación del título valor como tal, deben precisarse los
puntos salientes de su disciplina, o sea, fijar sus modalidades y efectos. Con
respecto a la circulación del título valor deberán establecerse las relaciones que
medien con la circulación del derecho, teniendo en cuenta la FUNCIÓN que
sume el título y, en este aspecto, podrían considerarse aquellas distinciones
según las cuales se contrapone una circulación regular a una anómala, una
circulación libre a una limitada.

A través de la consideración de las diversas formas de circulación de los títulos


valores se agota el examen de las posibles relaciones inherentes. En efecto, el
derecho mencionado puede ser objeto de relaciones obligatorias o ser sujetado
a medidas cautelares, como puede ser objeto de derechos reales (prenda,
usufructo), pero todas estas relaciones deben actuarse sobre el título o con
referencia a él y presentan características particulares solamente en cuanto
determinan la atribución de la legitimación, plena o limitada, a un sujeto distinto
del titular del derecho, o en cuanto, como ocurre en el caso de usufructo,
atribuyen lisa y llanamente un media de legitimación diferente al usufructuario y
al nudo propietario.

3. FUNCION Y NATURALEZA JURIDICA DE LA CIRCULACION.

Sin lugar a equivocarnos tendremos que afirmar que la FUNCIÓN básica de la


circulación de los títulos valores consiste en determinar la legitimación, es decir,
personificar la calidad que tiene el tenedor de un título para ejercer el derecho
incorporado. Por ello circulación y legitimación son figuras conexas. Si partimos
del hecho cierto que el titular del derecho es propietario, poseedor o tenedor del
título, titularidad que se deriva del principio de la autonomía del mismo,
tendremos que llegar a afirmar que la circulación del derecho incorporado en el
documento tendrá que realizarse por media del fenómeno de la circulación del
título valor. Por consiguiente, el tenedor sucesivo del documento será el titular
del derecho incorporado, precisamente en razón del elemento autónomo,
característico de tales documentos. Consecuencialmente, y por voluntad del
creador del título, adquiere la legitimación para el ejercicio del derecho contenido
la persona que se halle en una posición jurídica determinada en el documento,
en la medida que el título valor fue emitido para circular. La legitimación en la
circulación podrá corresponder a una o varias personas, dependiendo del tipo
del título valor.

La circulación del título valor no implica, en cambio, atribución a un sujeto de la


titularidad del derecho; este es un fenómeno totalmente indiferente con respecto
a la circulación del título y a la legitimación.

Esto es reconocido, dentro de determinados límites, aún por la doctrina corriente.


En efecto, se admite que el título de crédito atribuye la legitimación también
cuando circula contra la voluntad del titular del derecho y aun cuando el negocio
de transmisión no sea válido. No obstante, se agrega que la titularidad del
derecho se adquiere cuando se adquiere la propiedad del título; y sobre esta
base se distingue la hipótesis en la cual se adquiere por parte de otro sujeto la
simple posesión del título de aquellas en las que se adquiere la propiedad del
mismo, entendiendo que en el primer caso se adquiere solamente la legitimación,
mientras en el segundo se adquiriría además la titularidad del derecho
Esta concepción se enlaza, por un lado, al concepto absoluto de incorporación,
corriente en doctrina, y por el otro lado, se suele justificar sobre la base del
principio fijado para todos los títulos valores, según el cual la acción de
reivindicación del título se define frente al poseedor de buena fe del título.

Contra esta concepción, por otro lado, se da el hecho de que la función del
documento es sólo la de atribuir la legitimación, y no la de atribuir la titularidad.
Y ciertamente el título no despliega una FUNCIÓN diferente con el poseedor de
buena fe y con el de mala fe: en ambos casos el título legitima al poseedor para
el ejercicio del derecho mencionado en el título.

La buena fe en la adquisición tiene sólo influencia en cuanto permite al poseedor


rechazar victoriosamente la reivindicación del documento, o sea, impedir la
pérdida de la legitimación.

La circulación del derecho puede acompañar la circulación de la legitimación,


pero para que esto suceda es necesario un acto de voluntad, que se individualiza
en lo que la doctrina llama negocio de transmisión del título. La circulación de la
legitimación prescinde, no obstante, de la circulación de la titularidad, y se realiza
independientemente de ella: puede haber circulación de la legitimación sin
circulación del derecho, como puede haber circulación del derecho sin
circulación de la legitimación.

Solo la circulación de la legitimación tiene eficacia con respecto al deudor: quien


está legitimado puede exigir aunque no sea titular, mientras quien no está
legitimado no puede exigir la prestación aunque sea titular. Todo el sistema de
los títulos valores esta precisamente construido sobre tal dualidad y autonomía
de conceptos; y más aun sobre la relevancia de la legitimación y sobre la
irrelevancia de la titularidad.

Naturalmente la indiferencia de la titularidad con relación a la legitimación


también en el campo de la circulación se efectúa con respecto al deudor: esto
es, con relación al cual la legitimación está destinada a operar, en dependencia
del acto de creación del título. La titularidad, en cambio, influye sobre la
legitimación en las relaciones entre los sucesivos portadores del título, dado que
en estas relaciones el acto de la creación no es vinculante. Por lo tanto, cuando
el negocio de transmisión no es válido o cuando la circulación de la legitimación
se efectúa contra la voluntad del titular, es decisiva la titularidad del derecho, y
le está permitido al titular del derecho obtener la restitución del medio de
legitimación o la reivindicación del mismo, precisamente por la circunstancia de
que la titularidad del derecho no se transfirió.

Es verdad que la posibilidad de restitución o de reivindicación cesa con relación


al poseedor de buena fe del título que lo haya adquirido de conformidad con las
normas que disciplinan su circulación, pero esto deriva del hecho de que,
realizándose la circulación de la legitimación según un régimen de circulación
análogo al que rige para las cosas muebles y en cambio la circulación de la
titularidad según el régimen de circulación de los créditos, es posible que se
adquiera la propiedad del documento sin que se adquiera la titularidad del
derecho.

La posesión de buena fe permite rechazar la acción de reivindicación· del titular


del derecho, pero no porque el titular haya perdido su derecho de crédito, sino
porque el poseedor ha adquirido la propiedad de la cosa y por consiguiente la
legitimación.

De hecho, es como si el titular del derecho lo hubiese perdido y el poseedor de


buena fe lo hubiera adquirido, pero jurídicamente el es un titular sin legitimación
y sin posibilidad de re adquirirla, mientras el poseedor de buena fe es un no titular
legitimado.

No carece de interés aclarar que la circulación del título valor implica circulación
de la legitimación y no del derecho.

Ante todo permite explicar cómo la posesión de cada uno de los portadores del
título es independiente de los otros: la circulación del título no conlleva atribución
del derecho a un sujeto diferente, sino sustitución de la persona del legitimado.
La relación entre legitimado y deudor, no es, en efecto, una relación derivada de
los precedentes portadores del título, sino una relación directa. La derivación
puede referirse al título, o sea, al medio de legitimación.
En segundo lugar, permite explicar cómo, para los derechos emergentes del
título de crédito, junto a la circulación de la legitimación puede existir la
circulación del derecho de crédito. La posibilidad de una coexistencia de la
circulación del crédito a la par de la circulación del título no se explica si no se
hace depender el derecho del título: en efecto, no se consigue justificar la
coexistencia de dos regímenes de circulación completamente diferente y no se
consigue explicar cómo el derecho, que en el sistema de los títulos valores serla
solamente un accesorio del documento, puede en un determinado momento
circular autónomamente, y es más, determinar la adquisición del documento. La
circulación se aclara en cambio, teniendo en cuenta que accesoria del
documento es sólo la legitimación, mientras, respecto a la titularidad del derecho,
el documento es siempre un accesorio.

Es perfectamente admisible, por lo tanto, una circulación del derecho a la que


siga la adquisición del documento, junto a una circulación del documento a la
cual siga la adquisición de la legitimación.

IV. DETERMINACION Y FORMA DE LA LEY DE CIRCULACION DE LOS


TITULOS V ALORES.

La ley de circulación no es más que la forma o el procedimiento a través del cual


los títulos valores se transfieren, se negocian o circulan. Cuando se habla de ley
de circulación, en materia cambiaria, se está haciendo alusión a unos
procedimientos especiales, diferentes de aquellos que se aplican para
transferencia de los contratos o la transferencia de otra serie de derechos o de
créditos; en otras palabras, la ley de circulación de títulos valores tiene sus
propias reglas, muy especiales, sumamente simples, coma lo veremos.

l. ¿Quién determina la ley de circulación? La ley de circulación la determina,


desde su creación, el emisor del título. Obviamente este tiene libertad absoluta
para darle una determinada ley de circulación a cualquier título valor, toda vez
que se debe mover dentro de los parámetros que en cada caso la propia ley le
señala, y entonces habrá ocasiones en que la ley permite que un título valor
pueda ser indistintamente creado bajo la norma nominativa, a la orden o al
portador, evento en el cual el creador o emisor podría elegir una cualquiera de
esas modalidades, coma sucedería con el bono de prenda y el certificado de
depósito, en donde la ley dice que pueden ser nominativos, a la orden o al
portador; o coma sucedería con el conocimiento de embarque, y con la carta de
porte, en donde la ley tolera que puedan ser nominativos, a la orden o al portador.
Pero en otros casos la ley solamente admite dos modalidades, coma sucede con
la letra, con el cheque y con el pagan~, los cuales solo pueden tener la forma a
la orden o al portador, y en consecuencia, solamente dentro de esa opción podría
elegir el librador u otorgante del respectivo título valor.

Consecuencia de la persona que fija la ley de circulación es que la modificación


de esa ley de circulación no pueda hacerse sin el consentimiento del creador;
por eso el Código de Comercio dice que el tenedor de un título valor no podría
cambiar la ley de circulación del mismo, sin el consentimiento del emisor.

También en materia de ley de circulación, desde ahora es importante advertir


que para que los títulos valores se transfieran o se negocien, con efectos
cambiarios, tal negociación debe realizarse por los procedimientos que la ley
establece para cada uno de ellos. Es lo que en la doctrina se llama circulación
cambiaria o circulación normal o circulación propia, por oposición a la circulación
anómala, a la circulación impropia o a la circulación sin efectos cambiarios.
Entonces, aunque la ley establece unas especiales reglas o procedimientos para
negociar un título valor, ello no descarta la posibilidad de que el tenedor o titular
del mismo y un adquirente, en lugar de sujetarse a dichas reglas, opte por aplicar
otras reglas, por ejemplo, de la cesión, evento en el cual están transfiriendo los
títulos en forma impropia, en forma anómala, pero es una transferencia que
produce efectos jurídicos, no los mismos de la circulación normal sino los efectos
propios de la cesión, dado que por recurrir a la circulación anómala o impropia
del título valor, conlleve a que se pierda la autonomía y, obviamente, que esa
negociación simplemente subrogue al adquirente en los derechos que tenía su
tradente o su transmisor.

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