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14 de mayo de 2018 Periodismo En Línea Orozco Maldonado Javier

¿Qué hacemos con nuestra realidad digital?

Somos partícipes de una nueva realidad, un paradigma que poco a poco viene
modificando nuestro entorno, transformando cada rincón para adaptarlo a nuestra
comodidad, el desarrollo científico y tecnológico ha logrado cambios que la ciencia
ficción vislumbraba para sus historias.

Jamás se imaginó que internet, un proyecto iniciado en 1969 por la Universidad de


California en los Ángeles para la ARPA (Advanced Research Project Agency) del
Departamento de Defensa de los Estados Unidos, Constituiría en la actualidad un
instrumento fundamental en el andar cotidiano, mucho menos se pensaría que
transformaría miles (o todas) las prácticas que conocíamos anteriormente.

Una de ellas, por supuesto, es el flujo de información de carácter noticioso, como


señalaría Manuel Castells, internet ha permitido que el individuo pueda ser emisor
y receptor de forma simultánea. Esto ha impulsado el mestizaje entre periodistas
profesionales y personajes sin estudios en comunicación, cuya labor es “informar”
a sus audiencias.

La labor periodística se ha visto obstaculizada por una libertad para difundir


información, opiniones y asuntos de interés común. La premisa de internet es:
cualquiera puede difundir información a través de videos, podcasts, blogs y un largo
etcétera. Recursos que youtubers, bloggers y portales digitales han aprovechado al
máximo para conectar con las audiencias.

Si bien el periodismo digital se encuentra atorado, es un hecho que esta disciplina


se encuentra en una etapa de transición constante; como un navío que surca los
mares en pos de encallar en tierra y encontrar civilización, la labor informativa se
encuentra viajando a barlovento y ajustando velas para alcanzar la madures en el
salvaje océano del internet.
14 de mayo de 2018 Periodismo En Línea Orozco Maldonado Javier

Pero durante el embarque han sucedido cambios inesperados, no solamente en el


cómo se informa, sino que las mentes han desarrollado nuevas habilidades y
costumbres, las cuales nos invitan a reflexionar y repensar los mares sobre los que
navegamos, puesto que, personajes importantes del gremio se han ahogado.

Autores como Guy Debord y Paula Sibila, argumentan que el espectáculo forma
parte importante del entretenimiento del individuo, en suma, Sibila señala que
internet ha destruido las barreras de la intimidad, convirtiéndola en materia prima
para espectáculo. Las redes sociales, Twitter, Facebook e Instagram parecen ser la
isla adecuada para aterrizar ideas.

Miles de periodistas han ingresado al mundo digital en busca de mayor


reconocimiento, haciendo valer su peso específico dentro de su cofradía. Esto se
da específicamente en las redes sociales, ya que el número de ciudadanos
conectados es inmenso, lo que propicia un sitio adecuado para emitir un juicio con
una penetración garantizada; la esfera y opinión pública existe en Twitter y
Facebook.

La sociedad mexicana está fragmentada por factores como la incesante violencia;


la inseguridad constante a causa de la imparable delincuencia, el racismo, y hay
que decirlo, la ignorancia, que genera antivalores como la antipatía, la abulia, la
indiferencia y la intolerancia. Todo ello se puede apreciar en redes sociales, y es un
indicador que refleja la fuerte irritabilidad de estas audiencias polarizadas ante los
estímulos lanzados mediante tweets de un periodista.

Entonces tenemos periodistas que con afán de exhibir su “yo” más privado, son
capaces de publicar opiniones sesgadas, enmascaradas de verdades únicas. Por
otro lado, hay un individuo que puede o no, coincidir con su opinión; la posibilidad
de refutarlo gracias a las redes permite que cualquiera pueda escribir lo que desee,
muchas de las respuestas se resumen a insultos sin fundamento.

Los ejemplos sobran, Fernanda Solórzano fue tachada en Twitter de ser fanática de
un candidato, por estar en desacuerdo con las declaraciones de Eugenio Derbez en
una entrevista con Adela Micha; López Dóriga está en constante pleito con sus
14 de mayo de 2018 Periodismo En Línea Orozco Maldonado Javier

seguidores quienes le atribuyen acuerdos con las altas esferas de gobierno para
desacreditar a ciertos políticos; David Páramo ha insultado de gravedad a los
cibernautas, pero ellos le recuerdan la muerte de sus hijos.

Las conductoras de deportes sufren de acoso y violencia digital, Valeria Marín,


Jimena Sánchez y Verónica Rodríguez, son insultadas y amedrentadas por emitir
una opinión o publicar una foto de su persona. Un caso específico, Jimena Sánchez
reprochó un domingo a los ciclistas que por su culpa había tráfico en periférico, el
resultado fueron cientos de seguidores criticándole su postura. Una conductora de
deportes señalando a deportistas, ese fue su pecado.

El más reciente fue el caso de Ricardo Alemán que hizo una publicación muy
desafortunada; incitar a la violencia, o peor aún, al asesinato, es grave de un
profesional del periodismo que dejó salir su sesgo político muy marcado. Es claro
que tuvo repercusiones. Como podemos ver, existen muchos ejemplos.

¿Qué hacer con esta realidad digital? ¿callarnos y dejar de existir en la esfera
pública de las redes sociales? ¿o limitarnos a hacer nuestra labor periodística y
evitar toda provocación emitida por el feedback? El oleaje parece furibundo ante
estas incógnitas.

El periodista debe entender que, como figura pública, tiene un poder, y “un poder
lleva a una gran responsabilidad”, lo que imbrica sacrificios, sobre todo, una buena
porción de ética y valores.

Es necesario reconocerse a uno mismo y lo que nos rodea; antes de publicar,


preguntarnos ¿quién soy para los demás? ¿a quién me dirijo? ¿cuál será mi aporte
a la sociedad? ¿qué quiero aportar y cómo lo voy a hacer? ¿de quién recibiré las
críticas y cómo reaccionaré? Un periodista no debe hacer espectáculo de su figura
y con esas reflexiones, estoy seguro de que, crearemos un espacio adecuado para
un diálogo digno de una democracia en crecimiento a partir del periodismo
profesional.