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LICEO VESPERTINO JUAN LUIS DESPRADEL

La Vega, Rep. Dom.

TEMA:
El Estado y las relaciones Internacionales

PRESENTADO POR:
Joel Frankely Cáceres #4

ASIGNATURA:
Cívica

PROFESOR (A):
Petronila

FECHA:
15 de Diciembre de 2017

FECHA:
21 de Noviembre de 2013
EL ESTADO Y LAS RELACIONES INTERNACIONALES

La interpretación clásica de las relaciones internacionales coincide con el


surgimiento del Estado-Nación, y constituye una forma de superar a las
estructuras de la sociedad política, verdaderas comunidades de la fe, basadas en
una red de relaciones personales y jerarquizadas. Eso, y no otra cosa, era el
fundamento del derecho natural. La construcción lógica de la teoría del estado
de naturaleza, donde se buscar fortalecer el orden en el interior de las Repúblicas
(hoy diríase de los Estados), para mejor oponerlo al desorden que subsiste en
las relaciones entre las Repúblicas, se debe a los méritos de Thomas Hobbes:

“Mientras los hombres vivan sin un poder soberano al que todos le deban
acatamiento, se encontrarán en esta condición que se llama guerra, y esta guerra
es de todos contra todos. Pues la guerra no consiste en la batalla y en los
combates efectivos, sino en un espacio de tiempo en que la voluntad de los
hombres de enfrentarse en batallas está suficientemente comprobada.”

A partir de entonces, el mejor medio para impedir la violencia ha sido el poder


coercitivo del Estado: “Las convenciones sin el poder de la espada, no son más
que palabras, desprovistas de la fuerza capaz de asegurar a las gentes la menor
seguridad.” Con estos elementos, Hobbes ofrece la siguiente definición del
Estado: “Una persona de cuyos actos una gran multitud, por pactos mutuos
realizados entre sí, ha sido instituida por cada uno como autor, al objeto de que
pueda utilizar la fortaleza y medios de todos como lo juzgue oportuno para
asegurar la paz y defensa común.
Merle describe dos postulados accesorios, de gran importancia, que acompañan
a la adopción de la teoría del estado de naturaleza:

- La distinción categórica entre el campo de la política interior y el de la política


exterior, y

- La política exterior no puede existir más que entre entidades soberanas, es


decir entre los Estados, que son los únicos detentadores legítimos de la
soberanía y del poder de coacción.

Por un prolongado período de la historia se juzgó que la frontera entre el orden


interno de los Estados y el desorden de las relaciones entre éstos, estaba definida
por la posibilidad, en el primer caso, de echar mano -o amenazar con el uso- de
la coacción, circunstancia, se pensaba, de muy difícil, de imposible aplicación
en las relaciones entre Estados. Eventos recientes, como la guerra del Golfo
Pérsico o la invasión a Haití, han puesto en tensión a este supuesto.

Es un hecho que, en momentos de conflicto armado, el Estado se coloca por


encima del resto de actores de las relaciones internacionales, aún y cuando tal
conflicto se origine y desarrolle en función de los intereses de alguno de estos
actores. La lógica de tal razonamiento conduce a encontrar, en una suerte de
radicalismo estatista, la apología del conflicto armado: “La humanidad se ha
robustecido en sus luchas eternas y sólo perecerá por medio de una paz eterna.”

Para los propósitos del presente trabajo, resulta de gran interés analizar las
razones por las que el Estado disminuye su protagonismo, especialmente en
circunstancias en las que la lucha económica y comercial tiende a sustituir a las
guerras, y es orillado a refuncionalizar su papel, tanto hacia el interior de las
Repúblicas, cuanto en las relaciones con otros países.

La aparición de nuevos actores, en el ámbito de las relaciones internacionales,


corresponde a una forma específica de expansión capitalista, como a una serie
de ajustes radicales al derecho internacional, en su expresión tradicional. En un
período considerablemente breve de la historia de la diplomacia, los Estados se
ven acompañados de Organizaciones Intergubernamentales, de Organizaciones
No Gubernamentales y de Firmas multinacionales. La producción, el comercio
y una súbita concientización sobre problemas relativos a los derechos humanos
(y, dentro de éstos, a los derechos de las mujeres) y a la preservación del medio
ambiente, han mostrado una difusión internacional considerablemente más
acelerada que la que es presidida por la relación formal entre los Estados.