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DISCIPLINA EN EL AULA DISCIPLINA ESCOLAR

La disciplina es el medio, la herramienta con la que debe contar el educador para

poder guiar y organizar el aprendizaje y al mismo tiempo es un fin para desarrollar

en la persona los valores, actitudes que se deseen.

En un primer momento debe ejercerse la disciplina externa, pero esta

paulatinamente tiene que apuntar hacia la disciplina interna, la autodisciplina que

es la verdadera disciplina.

La palabra disciplina significa regularizar, metodizar, ordenar, instruir, enseña, no

se puede enseñar donde no hay orden ni método. Cada vez son más los

problemas con los que se encuentra un profesor(a) para intentar poner orden en

su clase. Indisciplina, insultos e incluso agresiones físicas forman parte de una

realidad que día a día se hace más presente a un número cada vez más elevado

en nuestras instituciones públicas y muchas veces privadas. Para un maestro o

maestra de escuela primaria o un profesor o profesora de colegio secundario

mantener la disciplina en el aula es tarea difícil.

Los chicos y adolescentes en la actualidad están sometidos a un gran caudal de

estimulación que los han condicionado a estar constantemente entretenidos y su

capacidad de concentración parece haber disminuido. La indisciplina de los niños


y jóvenes no se reduce al ámbito escolar sino que también se experimenta en los

hogares.

Las obligaciones laborales de los padres los mantienen mucho tiempo lejos del

hogar y los chicos no reciben una educación uniforme sino que son influenciados,

en el mejor de los casos por personas que quedan a su cuidado, que piensan

diferente, o peor aún quedan solos y aprenden a hacer lo que quieren, cuando

quieren.

En muchos hogares la organización familiar es anárquica y los niños pueden llegar

a tener las mismas libertades que los adultos. No existen los límites, porque la

firmeza y las convicciones firmes se han perdido y muchos padres no saben que lo

único que educa a sus hijos es su ejemplo. Los padres son los modelos

principales para la formación de una persona. Los hijos hacen y harán lo que sus

padres hacen y no existe juez más cabal que un niño. Por eso es esencial en el

hogar priorizar los valores y no emitir mensajes contradictorios.

Los maestros y profesores desde su ámbito deben instruir también a los padres

que es probable tampoco hayan tenido la oportunidad de haber sido educados

adecuadamente. Es indispensable que la pareja no se desautorice entre si delante

de sus hijos cuando no coincide en la forma de ver las cosas. Luego podrán

discutir las diferencias a solas cuando ellos no estén. En la escuela, además, los

chicos generalmente se aburren y no pueden prestar atención. Un niño no se

puede quedar quieto y un adolescente tampoco, por lo tanto busca entretenerse


conversando o jugando con sus compañeros mientras los maestros se esfuerzan

en dar la clase en medio de un desorden. Sin embargo, hay maestros que cuando

dan sus clases logran que nadie hable o moleste, confirmando este hecho que es

posible mantener el orden en clase. Un maestro o profesor, para que sus alumnos

lo respeten y no se olviden de él mientras hace su trabajo, debe primero ser una

persona que se respeta a si mismo; siendo justo, honesto, sincero y recto.

Además tiene que tener ganas de enseñar y relacionar los conceptos que

transmite con la realidad actual, tanto de los chicos como de la sociedad. Si un

niño no participa en clase deja de prestar atención. La participación del alumno es

indispensable porque permite que aprendan a expresarse, a usar más vocabulario,

a confiar en ellos mismos y a ser más creativos, para esto es muy importante

colocarlos en círculo para favorecer la participación y mantener el control.

Si esto no fuera posible, los niños o adolescentes difíciles deben sentarse en las

primeras filas y los hiperactivos que no se pueden quedar sentados deben ser los

ayudantes de su maestro. Los maestros deben derivar su atención a los peores

alumnos e incentivarlos a participar. Generalmente, un niño rebelde suele ser muy

inteligente y esa inteligencia puede capitalizarse si se lo trata adecuadamente. El

niño problema necesita más atención y más afecto, porque siempre tiende a ser

rechazado no solo por sus compañeros sino también por los maestros y

seguramente por sus padres y demás relaciones. Un maestro debe respetar su rol

y no debe dar confianza a un niño, manteniendo las distancias y hasta podría ser

de gran ayuda para él evitar tutearlos.


La indisciplina

Se consideran actos de indisciplina todas las acciones, palabras, actitudes, gestos

y reacciones que contrarían las normas disciplinarias vigentes en un centro de

enseñanza, o que representan atentados contra la moral, la autoridad, el orden, el

espíritu y las tradiciones de la institución.

La indisciplina y consecuentemente la pérdida de autoridad son probablemente los

mayores retos a los que los profesores nos enfrentamos diariamente cuando

llevamos a cabo nuestro cometido de enseñar. Es cuanto menos paradójico que,

cuando mejor preparado para impartir las correspondientes materias está el

profesorado, peor parece ser el resultado en cuanto a la educación de nuestros

alumnos. La indisciplina en el aula parece ser la mayor causante de este efecto

contrario a toda lógica que, además de los malos resultados académicos, trae

consigo otras consecuencias adversas tales como el estrés, la pérdida de la

vocación docente, depresión, etc.

Esencialmente, es una desorganización de la conducta.

Existen dos tipos principales: activa y pasiva.

1. El mal comportamiento activo es aquel que conlleva interrupciones verbales,

distracción de los compañeros, moverse de un lado a otro en el aula sin cesar,

dirigirse al docente o a los compañeros de manera irrespetuosa, e incluso puede

derivar en agresiones físicas.


2. El pasivo es aquel que conlleva la falta de atención, soñar despierto, no realizar

las tareas, o el denominado síndrome de “no hay deberes”.

Regularmente, nos referimos a la indisciplina como al mal comportamiento activo

porque es disruptivo. No obstante, solemos ignorar el pasivo pues no molesta,

aunque los resultados son igualmente negativos.

No existe una regla de oro, que ayude al docente a acabar con la indisciplina, sin

embargo, se pueden encontrar cientos de ideas y de expertos que les pueden

ayudar a la hora de decidir cómo actuar.

De acuerdo con el autor Ogilvy , hay tres factores fundamentales:

1. Aquellos que afectan el comportamiento desde dentro del estudiante (se refiere

al aprendizaje cognitivo).

2. Aquellos que afectan desde el hogar y la sociedad (un ambiente estable, un

sistema de reglas y de control).

3. Aquellos que afectan desde el centro educativo (una enseñanza interesante y

significativa, un control del aula positivo y efectivo, una política y una directiva de

centro que apoye al docente).

Es pertinente señalar que existen algunas ideas básicas de cómo los docentes

pueden manejar la indisciplina. Para ello, se debe seguir los consejos del autor

Cowley, que es un simple razonamiento común:

1. Tener determinación: “Sé lo que deseo”.


2. Estar alerta: “Sé qué pasará si no consigo lo que deseo”.

3. Mantener la calma: “Siempre ser justo y amable contigo mismo”. 4. Dar

estructura: “Sé hacia dónde nos dirigimos”.

5. Mantener el positivismo: “Lo estás haciendo bien”. 6. Mantener el interés: “Son

personas además de estudiantes”.

7. Tener flexibilidad: “Sé cuándo doblarme antes que romperme”.

8. Ser persistente: “Me niego a abandonar”.

En síntesis, podemos señalar que todos los aspectos de la comunicación positiva

derivan de la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los ajenos,

de motivarnos y de manejar bien las emociones, en nosotros mismos y en

nuestras relaciones. En otras palabras, el docente debe considerar las cinco

aptitudes emocionales, clasificadas a su vez en dos grandes grupos: aptitud

personal (autoconocimiento, autoregulación y motivación) y actitud social (empatía

y habilidades sociales), para poder superar la indisciplina en el aula de clases

No hay duda de que los actos positivos de indisciplina, principalmente cuando son

intencionales y frecuentes, son perjudiciales a la moral de un colegio y se oponen

frontalmente a los propósitos educativos que son la propia razón de ser de esos

establecimientos. Deben, por consiguiente, ser combatidos y eliminados. Pero

estos actos de indisciplina son, casi siempre, consecuencias inevitables de

condiciones y factores desfavorables que están actuando sobre el psiquismo de

los educandos, amenazando desintegrar su personalidad y desajustarlos a la vida


escolar. Importa, pues, que se encuentre la atención de los educadores sobre

estos factores para eliminarlos o atenuarlos, antes de recurrir a sanciones o

medidas punitivas más drásticas.

La falta de conformidad con las normas de disciplina vigentes en los colegios se

puede atribuir también, en muchos casos, a la inmadurez de los alumnos: su

inteligencia no está todavía en condiciones de comprender las razones más

profundas que dictan las normas vigentes; su poca experiencia no les permite aún

prever y calcular las consecuencias de todas sus palabras, actos y actitudes; su

poca edad no les hace posible todavía desarrollar el control mental necesario para

una conducta reglada y satisfactoria. Solamente el tiempo, la experiencia, el

ambiente educativo y la aclaración progresiva de los hechos por la comprensión y

por la reflexión podrán engendrar en su mente inmadura ese control reflexivo e

interior que facilita una conducta consciente y disciplinada. Corresponde a la

escuela favorecer y estimular esa progresiva maduración interior de los escolares,

sin perjudicar la evolución sana y normal de su personalidad.

LAS CAUSAS DE LA INDISCIPLINA EN EL AULA

Sabemos que los niños crecen tomando modelos de comportamiento de su

entorno, como son la familia el barrio, docentes, compañeros etc., Pues en un

hogar donde el niño sólo recibe maltrato físico y agresiones verbales en

determinados momentos de disgusto; sólo se debe esperar que el niño quien será

el más afectado, tome dicho modelo de agresividad para ejecutarlo en otras

situaciones similares que se le presente.


Por otra parte dichos modelos que los niños adquieren pueden estar relacionados

además con las estimaciones que los adultos crean acerca de ellos, haciéndoles

creer que sus acciones no se deben a una necesidad, si no a una falta de respeto

y atención a la norma, catalogándolos de ser hiperactivos, inquietos y cansones,

es por ellos que los niños se crean toda una idea en su personalidad, termina

haciendo la esperada por ellos.

También se debe tener en cuenta que la falta de atención y afecto que reciben los

niños crean en ellos una baja autoestima queriendo siempre llamar la atención por

medio de la indisciplina o el desorden siendo ésta una de las estrategias de ser

tenidas en cuenta.

Otra causa de indisciplina considerada la más común se presentan con los

problemas de hiperactividad, déficit de atención y aprendizajes, los cuales deben

ser estudiados, en el aula de clase y así poder sacar un diagnostico de lo que

realmente necesita el niño dentro de su comportamiento.

Por consiguiente la indisciplina puede darse por la relación directa que existe entre

profesor estudiante, y las metodologías empleadas para hacer un saber, en este

sentido la indisciplina puede estar relacionada con las estrategias mal empleadas

en el ámbito escolar, que no motivan ni despiertan interés ni curiosidad en los

niños.

Uno de los factores detonantes de los problemas de conducta en los niños y

adolescentes es un control inadecuado de sus emociones.


Las dificultades en el comportamiento de los chicos también pueden surgir por la

falta de límites en la crianza en el hogar por parte de sus padres

La indisciplina, el desafío a la autoridad y el acoso, entre otros problemas de

conducta, son presentados por más de un niño y adolescente en las escuelas.

Aunque estas situaciones tienen un origen multifactorial, una de sus principales

causas es que los muchachos no siempre controlan bien sus propias emociones,

según expertos en el tema. Los seres humanos nacen con ciertos elementos que

los ayudan a tener un mejor control de sus emociones y uno de ellos es la

“familia”, sustenta Sarah Sasso, psicóloga clínica especialista en terapia individual,

familiar y de pareja. “Las emociones se aprenden a manejar en la medida en que

el niño ve a través de su núcleo familiar buenos modelos de expresión”, subraya

Sasso. Puede darse el caso de que los chicos tienen padres que reaccionan

gritando ante ciertas situaciones. Es decir, que ven un modelo inadecuado del

control de las emociones, asegura.

Estos problemas empiezan en todos los contextos en donde el niño se

desenvuelve”, recalca la especialista. Las dificultades en la conducta también

pueden surgir por la falta de límites en la crianza impartida por los adultos, añade

la psicóloga Xochitl Mckay.

Un estudio publicado en la revista British Medical Journal señala que para lograr

un comportamiento adecuado en el niño, este debe mantener un buen vínculo

afectivo con sus progenitores. Para esto, los padres deben dedicarles tiempo

suficiente a sus hijos desde edades tempranas. También se puede dar el caso de
que los chicos presenten una condición especial que los lleva a que no puedan

estar permanentemente tranquilos, agrega Luz María Córdoba, directora nacional

de servicios psicoeducativos del Ministerio de Educación. ¿Qué otras acciones

pueden ejecutar los padres y los docentes frente a esta clase de conductas?

DETRÁS DE UN MAL COMPORTAMIENTO

Niños que responden de manera impulsiva, otros que irrumpen durante las clases,

hay unos más que dicen palabras ofensivas a sus compañeros y también están los

que se oponen a todas las indicaciones, es decir, chicos que no tienen límites y

hacen lo que quieren. Estos son ejemplos de los problemas de conducta de

algunos niños en las escuelas y este comportamiento ha sido atribuido, por

expertos, a que los chicos no saben controlar sus emociones.

“Las emociones son agitaciones del ánimo, producidas por ideas, recuerdos,

apetitos, deseos, sentimientos o pasiones. Son estados físicos de mayor o menor

intensidad y de corta duración”, recuerda la psicóloga Xochitl Mckay. “Hemos

aprendido a ocultar nuestras emociones. Sin embargo, cuando las personas se

llenan de ansiedad se descompensan y sus emociones se manifiestan con

síntomas diferentes, algunos de ellos violentos”, señala Mckay. Aunado a este

factor detonante, Luz María Córdoba, directora nacional de servicios

psicoeducativo del Meduca, agrega que las conductas son aprendidas y todo se

adquiere en la primera escuela: la familia. Por ejemplo, al niño no se le enseñó a

respetar normas y límites en la casa, hace lo que quiere y ese mismo patrón lo va

a querer repetir en el centro escolar, dice. No obstante, en el colegio hay reglas


establecidas, las cuales pueden entrar en oposición a lo que hace en su hogar y

es aquí donde puede surgir el mal comportamiento, indica la docente.

Para evitar estas falta de atención podemos señalar estas normas prácticas

de conducta personal del profesor en clase:

Debe existir un canal abierto de comunicación entre el hogar y la escuela, sugiere

Sarah Sasso, psicóloga clínica especialista en terapia individual, familiar y de

pareja. Los padres tienen que involucrarse en la vida académica, social y en la

disciplina de sus hijos.

No pueden dejar que los maestros sean los únicos que manejen estas situaciones,

reitera. Cuando los padres noten que su hijo tiene cierto tipo de reacción o de

manejo de ansiedad, deben comunicarlo de inmediato a la escuela, para que los

maestros estén anuentes a la situación. También a la inversa.

Los maestros tienen que informar a los padres si hay algún tipo de dinámica

diferente a la que el niño siempre realiza, es decir, estar siempre enfocados en lo

que ocurre, aconseja. Aunque es difícil que un maestro tenga la atención puesta

en un solo estudiante o en todos los que tengan esas dificultades, es por eso que

los padres deben “tocar base y acercarse al colegio y conversar con los docentes

para saber si algo anda mal”, indica Sasso. Además, recomienda Sasso, cuando

se le hace a los padres una observación con respecto a la disciplina, a las notas o

el comportamiento de sus hijos, no deben cerrarse diciendo que le están criticando

al niño, pues lo que hace el docente es aportar una visión diferente a favor del

estudiante. “Un trabajo en equipo es lo importante en este tema”, señala Luz María
Córdoba, del Meduca. Córdoba agrega que en el aula de clases la maestra es la

que pone las normas en cuanto a la disciplina.

No obstante, si el niño no sigue las indicaciones, el docente debe conversar con el

estudiante para saber qué le pasa y para saber cuál es el problema que tiene,

dice. Si el asunto persiste, aconseja, el maestro debe charlar con los padres, para

que den mayores detalles de qué podría estar ocurriendo con el chico que no

puede seguir instrucciones o no acata las reglas.

Xochitl Mckay añade que los docentes tienen como reto decodificar los

paradigmas aprendidos y ofrecer una educación más innovadora a sus alumnos y

que a su vez ayude a resolver problemas en sus estudiantes.

a) Cultivar, en relación con los alumnos, una actitud fundamental de interés,

comprensión y simpatía. Ser, por encima de todo, humano y razonable para con

ellos; no se deben permitir, sin embargo, los excesos de familiaridad ni se debe

ser demasiado condescendiente; es necesario ser firme e insistente en las

exigencias, pero explicando el porqué de las mismas.

b) Ahondar en l psicología de los alumnos, comprender la psicología de la clase

como un todo, por un lado, y la psicología individual de cada uno de sus

miembros, por otro. Adaptar los procedimientos de manejo a esa psicología de

modo que resulten eficaces y no contraproducentes.


c) Evitar durante las clases hablar de uno mismo, de la vida, méritos o problemas

y negocios particulares; no desperdiciar el tiempo de clase en confidencias

personales o en asuntos ajenos a la materia.

d) No ser autoritario, arrogante ni arrollador; no manifestar desprecio hacia los

alumnos; ser paternalmente firme y emplear la necesaria energía de modo sereno,

prudente y digno. Imponer respeto a los alumnos sin humillarlos ni intimidarlos.

e) Cuidar la propia autoridad y no exponerla al desgaste, abusando de ella en

incidencias triviales; en tales casos, es mejor recurrir al manejo preventivo o

indirecto.

f) Zanjar, sin embargo, de forma tajante y sin titubeos, cualquier movimiento más

serio de indisciplina o de desorden colectivo; no dejar navegar el barco hasta que

la tempestad estalle.

g) No hacer promesas ni amenazas que después no se podrán o no se querrán

cumplir; cuando se haga una advertencia, no deben tolerarse reincidencias. Las

sanciones, si son necesarias, deben ser aplicadas sin tardanza y no días o

semanas después; pero se debe ser moderado e impersonal en su aplicación.

h) Tratar las infracciones más graves de modo objetivo e impersonal, sin

mostrarse ofendido o enojado personalmente. La indisciplina debe ser reprobada

como conducta inconveniente y antisocial que habla de los individuos que la

practican. No interpretarla como afrenta o desacato a la autoridad personal del

profesor. Terminado el incidente, no demostrar resentimiento o intenciones de


persecución o venganza; tratar a los alumnos con naturalidad, como si nada

hubiera sucedido antes.

i) No reprender nunca a la clase entera por faltas cometidas por algunos

alumnos; mucho menos se debe castigar a toda la clase; además de injusto, sería

antipsicológico y contraproducente. Procurar, por el contrario, aislar a los agentes

de la indisciplina, contrastando su conducta con la de los demás miembros de la

clase. Cuando no se consiga identificarlos, no exigir que los otros los denuncien;

invitar a los infractores a presentarse después de la clase para dar explicaciones

personales.

j) Hacer comprende a los alumnos que la buena conducta es una exigencia social

que debe ser acatada en todas las circunstancias de la vida y que la escuela le da

gran importancia.

k) Nunca se ofenda personalmente a los alumnos con apodos despectivos,

indirectas sarcásticas, alusiones a defectos físicos o insultos personales. No

provocar susceptibilidades ni ofender el sentimiento de dignidad personal o

familiar de los alumnos.

En suma, procurar crear y mantener en las clases una atmósfera sana de

responsabilidad, interés y calor humano, espíritu de trabajo y amor a los estudios.

Por encima de todo se debe ser educador, nunca fiscal ni un perseguidor de los

alumnos.
Finalmente como docentes creemos conveniente analizar cada uno de los

factores propuestos y de esta manera poder dar una solución acerca de dichos

problemas por medio de la realización de un diagnostico especializado.