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CRITICA DE LIBROS

CARLOS SECO SERRANO


Militarismo y civilismo en la España Contemporánea
(Madrid, Instituto de Estudios Económicos, 1984)
JOAQUIM LLEIXÁ
Cien años de militarismo en España
(Barcelona, Anagrama, 1986)
MANUEL BALLBÉ
Orden público y militarismo en la España constitucional
(Madrid, Alianza Editorial, 1983)
DIEGO LÓPEZ GARRIDO
La Guardia Civil y los orígenes del Estado centralista
(Barcelona, Crítica, 1982)
GABRIEL CARDONA
El Poder Militar en la España Contemporánea hasta la Guerra Civil
(Madrid, Siglo XXI, 1983)

La reflexión sobre la historia con- iniciativas de interpretación que, al


temporánea de España pone de ma- hilo de la contraposición entre poder
nifiesto la importancia que el Ejercí- civil y poder militar, enriquecen nues-
to, como institución y colectivo so- tro conocimiento del pasado y ofre-
cial, ha tenido a lo largo de los si- cen instrumentos válidos para afron-
glos xix y xx, y con una especial in- tar tanto el presente como el futuro,
tensidad en las etapas más cercanas Carlos Seco Serrano, en Militaris-
al momento actual. Por ello, desde mo y civilismo en la España Contem-
distintas posiciones se han suscitado por anea (Madrid, Instituto de Estu-

36/86 pp. 197-217


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dios Económicos, 1984), hace una in- cisiva en la pugna entre moderados y
terpretación global de nuestra con- progresistas. Sobre ese trasfondo, en
temporaneidad desde el prisma del el que los militares eran la fuerza po-
problema militar. Hasta el sexenio re- lítica de que carecían los civiles, se
volucionario, el militarismo es la in- desplegó el «régimen de los genera-
serción de militares de alta gradua- les» (Espartero, Narváez, O'Donnell,
ción en el juego de los partidos polí- Prim), en el que cada cambio políti-
ticos a causa de la esencial debilidad co fue el resultado de un pronuncia-
del sistema representativo, que lleva miento civil enmascarado en un acto
a grupos políticos a utilizar la fuerza de fuerza militar.
militar para alcanzar sus objetivos. Los primeros años del sexenio su-
Después del 98 el poder militar su- primieron la posibilidad de que el
planta ya claramente las atribuciones Ejército pudiera continuar siendo la
del poder civil a fin de imponer sus expresión de realidades sociales que
propios criterios como colectivo. En- la ficción electoral no permitía refle-
tre estos dos momentos, para Seco, el jar: vinculados sus mandos a la Revo-
período 1874-1906 es una etapa de lución del 68, era ya la garantía del
verdadero civilismo porque el Ejérci- orden constitucional. Pero la procla-
to no decide los cambios políticos, si- mación de la I República le obligaría
no que garantiza la legalidad legítima- a una toma de posiciones, como co-
mente establecida. lectividad, frente a un estado de cosas
El momento de la guerra de la In- que repugnaba a su esencia: secesio-
dependencia dio lugar a un nuevo nismo, indisciplina y violencia social
Ejército que se inclinó al liberalismo, determinaron el golpe de Pavía.
cuya instauración se conseguiría des- Por la situación de las fuerzas en
pués de una cadena de pronuncia- presencia, la restauración de la Mo-
mientos: el principal problema era el narquía, en la persona de Alfon-
del papel a jugar por este Ejército so XII, era la salida histórica natu-
que, debiendo defender la idea de la ral, que fue precipitada por el golpe
soberanía nacional, estuviese someti- de Martínez Campos, en el que la
do a ésta y no la oprimiese; el dile- opinión mayoritaria del Ejército se
ma se simbolizó en la pugna entre el sintió reflejada. Para Seco, el clima
jefe político y el capitán general, mien- civilista fue una tónica del Ejército
tras que la legislación de abril de 1821 de la Restauración. Cánovas, que en-
—la Ley Marcial— extendía la juris- tendía la Restauración como un pro-
dicción militar a los delitos políticos. yecto de síntesis y consenso, estaba
Suavizada la depuración militar del decidido a acabar con la imbricación
inicio de la Década Ominosa por los del Ejército en la vida política y con
aperturismos centristas surgidos en el el monopolio del poder por los mo-
seno del régimen, la crisis dinástica se derados. Colocado el monarca a la ca-
orientó gracias a ello hacia el libera- beza del Ejército, cuya cúpula había
lismo y, potenciada por la guerra car- experimentado una profunda renova-
lista, la élite militar fue la baza de- ción generacional, esta alianza entre

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el trono y la milicia se convertía en sostén del régimen y del modelo de


la base del régimen y hacía imposible sociedad existente.
la intervención militar contra el sis- La culminación sería la dictadura
tema cuyo orden constitucional estaba de Primo de Rivera. El golpe de Es-
garantizado por el Ejército. tado se produjo sin intervención del
En la compleja crisis, centrada sim- Rey y con cierta esperanza ilusionada
de la sociedad en su potencial rege-
bólicamente en el desastre de 1898,
neracionista para superar el dilema
se diseña una ruptura del civilismo
centralismo - separatismo, para pacifi-
de la Restauración y se inicia la ma-
car las relaciones sociales y para vi-
nifestación de un militarismo crecien-
talizar las instituciones acercándolas
te como respuesta al agotamiento del
a la nación. Pero, enganchado P. de
sistema de partidos (Polavieja, Wey-
Rivera en la red de la gestión guber-
ler) y como reacción defensiva, tanto
namental, la primitiva idea de una
ante la imputación de la responsabi-
acción rápida y a plazo fijo dio paso
lidad total por la derrota militar co-
a una situación cuyo final no se con-
mo ante los ataques de los sectores
cretaba en absoluto. Aunque el Ejér-
regionalistas, que ven en las Fuerzas
cito ejerció el poder durante la dicta-
Armadas la expresión de un Estado
dura militar, pronto aparecieron dis-
en el que no se reconocen. A partir
tanciamientos y resentimientos por la
de ahora el poder militar tenderá a ir
peculiar forma de actuación del dicta-
suplantando al Estado, una situación
dor, que al final, carente de la base
muy diferente de la experimentada en
sobre la que había elevado su régi-
la época isabelina, en la que el Esta-
men, se retiró de la escena política
do no quedó supeditado al Ejército arrastrando en su descrédito al Rey y
como institución, aunque fuera el mar- a la Monarquía.
co de intervenciones de sectores mi-
Afectado por los avatares de su
litares empujados por grupos políti-
constante intervencionismo, el Ejérci-
cos civiles.
to, como institución, fue un especta-
Tras el significativo paso que en dor del advenimiento de la II Repú-
ese proceso significó la Ley de Juris- blica. En el nuevo marco histórico,
dicciones (1906), el movimiento de Azaña intentó reformar las Fuerzas
las Juntas de Defensa mateó una pro- Armadas para asustarlas a lo que de-
fundización del retroceso del poder bían ser teóricamente sus funciones
civil ante las exigencias del Ejército. en un mundo moderno. Su atinada
La agitación social de la postguerra, política desplegó amplia hostilidad, se
con el recurso repetido al estado de canalizó, primero, hacia el pronuncia-
guerra por parte de unos Gobiernos miento minoritario contra el Gobier-
débiles e incapaces de afrontar el or- no (1932) y, después, a través de la
den público con otras alternativas, política militar del bienio derechista.
acabaría de cerrar el círculo de mili- El deslizamiento radical de la etapa
tarización del poder, perfilándose cla- del Frente Popular facilitó el éxito
ramente el Ejército como el único de las incitaciones golpistas que se

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hacían al Ejército. Con la guerra ci- litares. En el segundo aspecto desta-


vil, el carácter militar del bando ven- ca el nexo entre la militarización au-
cedor marcó claramente la esencia del tosostenida y la quiebra —frente al
régimen resultante: el Ejército era el impulso del aparato militar— de la
poder. supremacía civil plena del Estado o
Joaquim Lleixá, en Cien años de de la capacidad de dirección de los
militarismo en España, funciones es- órganos en los que reside la dimen-
tatales confiadas al Ejército en la res- sión democrática del Estado.
tauración y el franquismo (Barcelona, Sin abandonar totalmente el plano
Anagrama, 1986), se aproxima al te- de la reflexión teórica, aborda la cons-
ma del militarismo español desde la trucción por parte de la ideología li-
óptica de la ciencia política y como beral democrática del postulado de la
derivación, hacia un marco cronológi- supremacía política del poder civil
co más amplio, de su tesis doctoral sobre lo militar —militarismo sería
centrada en la España de los años 30. la desobediencia de los militares a los
Su tesis sustancial es que el signifi- órganos del Estado o la presión in-
cado específico del militarismo espa- moderada sobre ellos—; relaciona
ñol deriva de la problemática del tipo posteriormente militarismo y preto-
de Estado erigido en la España con- rianismo, y se refiere, por último, al
temporánea. cuestionamiento de la supremacía ci-
Parte Lleixá de la reflexión sobre vil en el seno de los Estados altamen-
la conceptualización del fenómeno, de- te industrializados, en donde un mili-
sarrollando sus ideas al hilo de la ob- tarismo de forma típica se funde en
servación de las principales teorías todas las facetas de la sociedad al
construidas, y se detiene en las que socaire del desarrollo tecnológico.
considera notas definitorias y consti- Centrándose en la historia de Es-
tutivas del militarismo: por un lado, paña, ve Lleixá las raíces de la vo-
la militarización de la sociedad y del cación interior del Ejército en la Mo-
Estado; por otro lado, la influencia narquía de la Restauración, en la que
política del aparato militar en la el Ejército recibió una capacidad de
orientación del poder del Estado. autogestión en sus propios asuntos,
En el primer aspecto realza Lleixá coordinándose su poder con los res-
la proyección del Ejército en la so- tantes poderes públicos del Estado a
ciedad —bien sea directa en las ins- través del Rey, jefe supremo de la
tituciones civiles, bien sea sutil en el milicia. Cánovas erradicó el pronun-
pensamiento de las capas sociales y ciamiento, pero posibilitó la interven-
políticas dirigentes— como una traza ción militar extraordinaria para sal-
de militarismo: en el conjunto del vaguardar un orden social basado en
Estado y de la sociedad serían pre- la propiedad e hizo del Ejército un
ponderantes los intereses relativos a vector de unificación política.
la preparación de la guerra y adqui- La crisis del sistema acentuaría es-
rirían vigencia los valores y compor- tos rasgos estructurales. Alfonso XIII
tamientos propios de los aparatos mi- amplificaría el papel privativo del Rey

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en la esfera militar y el Ejército, al petibilidad futura de aquella coyuntu-


que se le pedía con énfasis la reali- ra, asumió el máximo protagonismo
zación de las funciones de seguridad en la organización de la acción an-
y unidad política; incrementaría su tirrepublicana. El poder político resul-
autonomía frente a los poderes del tante de la guerra civil no podía sino
Estado. Todo ello redundaba en la caracterizarse, según Lleixá, por un
desvirtuación del sistema parlamenta- acusado militarismo, es decir, por una
rio, al tiempo que se establecía un militarización de las relaciones políti-
dualismo en la organización política; cas y sociales básicas y por el acre-
por un lado, el Ejército y, por otro, centamiento de la autonomía e in-
las instituciones políticas, ambas en fluencia política del Ejército. Los va-
contacto a través del Rey, que era lores militares debían transferirse al
jefe del Estado y jefe de las FF AA. conjunto del nuevo Estado, cuya exis-
El corolario había de ser el restable- tencia dependía de la disponibilidad
cimiento de la vigencia del principio de unas FF AA permanentemente
monárquico en el conjunto del Esta- comprometidas en ello. Nada nuevo
do, proceso que, como sólo podía dar- en la trayectoria histórica española
se en el marco de una forma estatal para el autor, aunque se llegase a es-
autocrática, abocó a la dictadura, en pecial intensidad, como demuestra el
modo alguno ajena, según Lleixá, a papel primordial del Ejército en el
los propios fundamentos del régimen. sistema institucional diseñado por
En la II República la cuestión mi- Franco.
litar es el quid de la vida política, Desde la plataforma del Derecho,
confrontándose la política reformista pero en contacto con la Historia y la
que quería adaptar las instituciones política, Manuel Ballbé estudia, en
militares a un sistema liberal demo- Orden público y militarismo en la Es-
crático con los esfuerzos por recondu- paña constitucional (1812-1983) (Ma-
cirlas a las concepciones solidificadas drid, Alianza Editorial, 1983), la evo-
en la etapa anterior. El conglomerado lución del complejo fenómeno del or-
contrarrevolucionario derechista esti- den público y su penetración por el
muló al Ejército a enfrentarse a la Ejército a través de un discurso que
República, aunque hubiese discrepan- se ciñe a las etapas clásicas de la his-
cias sobre el papel —instrumento o toria contemporánea de España.
protagonista— a desempeñar por la Para Ballbé, el Antiguo Régimen
fuerza militar. La tradición mesianis- no sólo fue, en el ámbito del OP, un
ta y militarista arraigada desde las claro antecedente del liberalismo, sino
raíces de la Restauración se precipitó también la fuente de inspiración de
con la victoria electoral del Frente ulteriores fórmulas. El constituciona-
Popular: el Ejército, al que toda la lismo de Cádiz se inclinó, quizá por
derecha atribuía el papel de liqui- la coyuntura internacional, más hacia
dar el régimen a través de un golpe la autoridad que hacia la libertad, y
de Estado militar que frenase la «re- reguló la administración del OP co-
volución social» y garantizase la irre- mo una continuidad de la etapa ante-

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rior en la que lo militar ostentaba un la Administración y de un control ci-


papel preponderante. Luego, durante vil de las funciones policiales. La per-
el trienio liberal, la necesidad de asen- sistencia de la guerra carlista justificó
tar el nuevo régimen estableció un la reiteración de medidas de excep-
modelo de OP que, desviándose de ción a través de declaraciones del es-
las pautas del modelo liberal britá- tado de guerra: durante 1835-1838
nico, hizo más fuerte la incidencia éste fue un expediente abusivamente
del Ejército en las materias de go- utilizado, aun sin amenazas concretas
bierno y orden interior y extendió la del carlismo, siendo por ello evidente
jurisdicción militar al conocimiento de que el militarismo no era patrimonio
los delitos políticos cometidos por ci- exclusivo del moderantismo. En la re-
viles (Ley Marcial, 1821), al mismo gencia de Espartero la intervención
tiempo que se inauguraba la práctica militar en la política interna alcanzó
de cubrir con militares órganos emi- límites antes impensados, y la ocupa-
nentemente civiles. ción de cargos políticos y administra-
Durante la década ominosa se vi- tivos por militares esparteristas estu-
vió una sutil pugna entre los partida- vo a la orden del día.
rios del poder militar y los partida- En la década modereda (1844-
rios de imbuir el máximo de caracte- 1854) la utilización de la Ley de 1821
rísticas civiles a la Administración del para el afianzamiento de los modera-
Estado. Se insinuó entonces una tí- dos en el poder confirma la continui-
mida tendencia a potenciar una Ad- dad de una concepción del OP ca-
ministración civil al margen del ele- racterizada por la restricción de la li-
mento militar (Superintendencia de bertad, la utilización del Ejército y la
Policía, Ministerio de Interior), pero amplitud de la jurisdicción militar.
se saldó con un fracaso y no implicó Además, insiste Ballbé, los modera-
la desaparición de las características dos fueron más allá y llevaron a la
consustanciales al Antiguo Régimen, práctica un programa de reformas, ad-
de lo que fue una buena muestra el ministrativas y políticas, coherente
papel que desempeña la jurisdicción con su ideología: la Guardia Civil es
de guerra. un ejemplo destacado. Con todo, la
En torno a la muerte de Fernan- clara opción por la vía militarista,
do VII, la necesidad de prevenir even- como método de gobierno y de con-
tuales resistencias a la evolución del figuración de instituciones, recibió
régimen, concentró en manos de au- un cierto barniz administrativista, si
toridades político - militares recién bien lo suficientemente débil como
nombradas un mayor poder, y la pug- para impedir la aparición de órganos
na entre militares y administrativis- verdaderamente profesionales y civi-
tas se inclinó del lado de aquéllos: les en el ámbito de la seguridad pú-
la neutralización práctica de los sub- blica. Esta supremacía militar en la
delegados de Fomento (1834) por las política de OP se mantuvo en el bie-
autoridades militares frustró la posi- nio progresista y en la posterior eta-
bilidad de una profesionalización de pa de retorno al moderantismo (1856-

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1867), en la que una Ley de OP jurisdicción militar de los actos rela-


(1867) sistematizó toda la normativa cionados con esa faceta.
que se había venido gestando desde Facilitada la intervención de los mi-
los inicios del régimen constitucional. litares en la vida política por este
papel cedido al Ejército, la inadecua-
Desde el inicio del sexenio (1868-
ción de los mecanismos de OP a las
1874) se planteó, para Ballbé, la con-
circunstancias de la sociedad española
tradicción entre la proclamación de
en el tránsito del siglo xix al xx, al
las libertades como base del régimen
abocar forzosamente a la constante
y la restricción gubernativa a su ejer-
utilización del estado de guerra, ha-
cicio. La trayectoria anterior de la éli-
cían inoperante la inconsistente polí-
te política del 68 impulsaba a afron-
tica de neutralización del Ejército me-
tar los problemas de OP con medi-
diante la incorporación de sus jefes
das de excepción en las que las insti-
más influyentes al sistema de poder.
tuciones militares tenían un alto pro-
Los hechos del Cu-cut (1905) y la
tagonismo, del que el estado de gue-
Ley de Jurisdicciones (1906) fueron
rra, la suspensión de las garantías
un paso importante en la militariza-
constitucionales y la extensión de la
ción del régimen jurídico de las liber-
jurisdicción militar eran la concreción
tades públicas. Tras la semana trági-
más clara: en esa línea, la acción de
ca (1909) y sus secuelas, el Gobierno
Pavía (1874), la dictadura de Serrano
de Canalejas (1910-1912) no es in-
y el golpe de Sagunto no podían ex-
terpretado por Ballbé como una eta-
trañar.
pa modernizadora del OP, a pesar de
El dilatado período de la Restaura- que alguna iniciativa positiva —como
ción fue, en cuanto al OP, la conti- la creación de la Dirección General
nuidad sin quiebra del sistema ante- de Seguridad— podía reforzar frente
rior; si en el antecedente inmediato a los militares el civilismo de la Po-
una Ley de OP de 1870 permitía la licía. Tras la aparición de las Juntas
declaración del estado de guerra sin de Defensa —singular inflexión del
conocimiento del Parlamento y sin militarismo en la medida en que el
previa autorización por ley —que era generalato quedaba al margen—, el
lo estipulado en la Constitución de epílogo de la restauración y de la tra-
1869—, ahora tampoco se rechazaba yectoria del intervencionismo militar
la idea de utilizar al Ejército en lo fue la dictadura de Primo de Rivera,
relativo a la función policial, como se solución —según Ballbé— a la situa-
plasmó en torno a la Ley Constituti- ción de radicalización de los movi-
va del Ejército de 1878. El sistema mientos reivindicativos y de la inten-
de OP se basaba en una Administra- sificación de la conflictividad social
ción policial militarizada y no profe- provocada, en parte, por el sistema de
sionalizada que sistemáticamente de- OP construido desde 1874.
bía dar paso al estado de guerra, en En la II República ve Ballbé una
la utilización continuada de la Guar- amplia identidad con la Restauración.
dia Civil y en el conocimiento por la En el inicio se promulgó el Decreto

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de Plenos Poderes y se recurrió al una dualidad normativa que se man-


estado de guerra para resolver los tendrá hasta el final del régimen: el
problemas de OP, continuándose esa franquismo se movió en todo momen-
excepcionalidad con la Ley de Defen- to en dos líneas legales, con una dua-
sa de la República: aunque se orien- lidad de ordenamientos jurídicos, or-
taba a reforzar las facultades adminis- dinario el uno y marcial el otro, que
trativas y gubernativas sin recurrir a se aplicaba en menor grado y puntual-
las técnicas de Derecho militar, las mente, pero cuya importancia destaca
estructuras policiales no se renovaron por la desproporcionalidad existente,
y no había escrúpulo en utilizar al la concreta transgresión de la legali-
Ejército cuando se consideraba que la dad y el carácter ejemplar de su re-
Guardia de Asalto o Guarcia Civil, gresión.
entes militarizados, no podrían resol- El libro de Diego López Garrido,
ver los problemas. El sistema de OP La Guardia Civil y los orígenes del
organizado en el bienio republicano- Estado centralista (Barcelona, Crítica,
socialista continuó funcionando sin 1982), presenta un aspecto muy con-
novedad destacable en el período pos- creto de la coincidencia entre orden
terior y, en última instancia, la in- público y militarismo, el de la crea-
operancia policial «arropó» la suble- ción y desarrollo en el siglo xix de la
vación militar. Para la desaparición Guardia Civil como un instrumento
del militarismo político y la consoli- gubernamental para la construcción de
dación del régimen constitucional hu- un Estado que se va definiendo a
biera sido preciso que la reforma mi- través de tres grandes dialécticas:
litar no se hubiese planteado desco- progresismo-moderantismo; federalis-
nectada del tema de la Administra- mo-centralismo; poder civil-interven-
ción policial y del de las técnicas ju- cionismo militar.
rídicas para el mantenimiento del OP: Valorando la crisis del Antiguo Ré-
pero Azaña falló en ello. gimen, el autor parte de la convic-
El esquema institucional franquista ción de que el fenómeno fundamental
de OP sigue la senda trazada en los en el plano político no es tanto el
siglos xix y xx, pero con mayor én- tránsito del absolutismo al liberalismo
fasis: no hubo dificultad en implantar cuanto el avance hacia la creación de
las técnicas jurídicas propias de un ré- un Estado, es decir, de un sistema de
gimen autoritario militar porque ya poder con voluntad de presencia en
estaban suficientemente rodadas en el todo el país sin interferencias. La de-
pasado. El delito de rebelión militar, bilidad de la burguesía española para
esgrimido contra los que no se suble- auspiciar coherentemente este proce-
varon, permitió la represión y el es- so llevó al Ejército a la vida política,
tado de guerra permaneció jurídica- y dentro de ella a la importante rama
mente hasta 1948, momento en el del OP en la que había desempeñado
que —perviviendo leyes excepciona- ya un papel fundamental en el si-
les— se pretende construir un reme- glo XVIII.
do de Estado de Derecho, mediante Cada una de las dos ramas del li-

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beralismo español tuvo una concep- litar sobre las ramas civiles del Es-
ción del OP adecuada al modelo so- tado.
cial en que fundamentaba su idea de La omnipresencia militar en la
Estado. El progresismo, moviéndose construcción del Estado influiría en
simultáneamente entre la centraliza- el carácter de los instrumentos de que
ción y la descentralización, creó la fi- aquél se dotase; tal es el caso de la
gura del jefe político y otorgó a los Guardia Civil.
Ayuntamientos competencias en el Desarmada y disuelta la milicia na-
OP, con la milicia nacional como cional a raíz del movimiento anties-
apoyo, armado de evidentes connota- parterista, el enfrentamiento dentro
ciones ideológicas. El moderantismo, de la maquinaria estatal entre el blo-
consecuente con la idea de ser un que militar y el bloque civil interfirió
pacto entre nobleza y burguesía, de- el diseño de González Bravo de crear
sechó a la milicia —tras haberla con- un cuerpo de seguridad pública de
trolado por razones políticas y man- ámbito estatal, dependiente del Mi-
tenido por razones militares— y creó nisterio de Gobernación, que debía
un nuevo instrumento de seguridad de monopolizar todo lo referente a
estatal: la Guardia Civil. OP, de la misma manera que su bra-
Durante casi la totalidad de la pri- zo, el jefe político, había de concen-
mera mitad del siglo xix el Ejército trar todo el poder superior perifé-
fue, para López Garrido, la principal rico.
institución a través de la que el Es- Al hilo del Decreto de 26-1-1844,
tado se proyectaba en todo el territo- que concedía a la autoridad guberna-
rio de su soberanía: los avatares del tiva la competencia policial, otro De-
cambio político iniciado con el si- creto de 28-2 creó la Guardia Ci-
glo xix otorgaron al Ejército un lugar vil como una institución no integrada
preferente, con lo que las tentativas en el Ejército, al que se negaba capa-
de subordinar el poder militar al ci- cidad para garantizar cotidianamente
vil se mostraron vacilantes en lo ge- el orden social. Pero con el control
neral e inoperantes en lo concreto, del poder por Narváez, el Ejército fue
como es el caso de OP, ámbito en el repuesto en su papel de instancia su-
que el jefe político tuvo que soportar prema de la sociedad: la Guardia Ci-
el predominio del capitán general o vil fue «refundada» en 5-1844, con
del gobernador militar. El episodio dependencia orgánica del M. de Gue-
de la guerra carlista contribuyó espe- rra y como un cuerpo especial, no mi-
cialmente a evitar que las competen- litar, sino militarizado, de tropas pro-
cias policiales fuesen detentadas por fesionales.
una Administración civil, mientras Arrastrado, con el Reglamento mi-
que el fracaso de moderados y pro- litar, por su dependencia organizativa
gresistas en sus proyectos de dismi- del M. de Guerra y atraído, con el
nuir la implantación territorial del Reglamento civil, por la dependencia
Ejército a través de las Capitanías funcional del M. de Gobernación, pro-
Generales mantuvo la influencia mi- gresivamente el cuerpo se fue des-

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vinculando de la autoridad civil al blemas de seguridad surgidos del an-


mismo tiempo que se hacía autónomo tagonismo social, principalmente, y de
de la autoridad militar, gracias a la la confrontación centro-periferia, en
fuerza de su Inspección General. menor medida; en ese esquema, la
Configurada de esta manera, la Guardia Civil continuará consolidan-
Guardia Civil se convirtió en instru- do posiciones y, aunque la nueva épo-
mento básico de la centralización del ca haga patente la necesidad de nue-
Estado. Con el desarrollo material de vas soluciones, el orden público con-
transportes y comunicaciones, inhe- tinuará estando inspirado por tenden-
rente a la creación de un mercado na- cias militaristas.
cional, avanzó la centralización políti- A caballo de una experiencia pro-
ca, dado que la Administración civil fesional intensamente vivida y de un
se iba liberando de la tutela y dele- interés científico por el tema, Gabriel
gación del Ejército. El Estado asumía Cardona, historiador y militar, estu-
servicios de distinta índole, pero, en dia la dinámica del poder militar en
la práctica, éstos eran presupuestados España durante el primer tercio del
y ejecutados por las Administraciones siglo xx en su libro El Poder Militar
periféricas, produciéndose una con- en la España Contemporánea hasta la
tradicción que se intentará superar a Guerra Civil (Madrid, Siglo XXI,
través de una acción fortísima del go- 1983).
bernador civil, cuya autoridad será Nos presenta Cardona al Ejército
asegurada por el poder coactivo de la como un grupo social diferente: en
Guardia Civil. Tal función es la que modo alguno monolítico a lo largo de
va a tener el cuerpo durante el si- la contemporaneidad, es el siglo xx
glo XIX. una mezcla de africanistas, peninsula-
A través de movimientos circula- res y burócratas cortesanos, los cuales,
res y radiales, la Guardia Civil se va además, están distanciados por las di-
extendiendo por todo el país, cubrien- ferenciaciones internas derivadas de
do la región, la provincia, el partido la tradición de cada arma o cuerpo;
judicial y el municipio, al mismo tiem- como colectivo social eran un sector
po que se despliega a lo largo de las mal pagado de las clases medias y
principales líneas que unen la capital con escasas perspectivas de realiza-
del Estado con la periferia. Esa ex- ción profesional. Desde el punto de
pansión se hizo gracias a un creci- vista ideológico, aunque a inicios del
miento numérico de los efectivos, su- siglo xix el Ejército se movió entre
perior al de la tasa de crecimiento la libertad y el absolutismo, con el
funcional y a expensas, a veces, de tiempo se impuso la primera tenden-
otros cuerpos. A fines del siglo xix la cia, aunque internamente escindido,
Guardia Civil era el eje del sistema como el resto de la sociedad, entre
de seguridad interior, sustituyendo al moderados y progresistas. La Restau-
Ejército en la vanguardia del OP y ración de 1874 consolidó el Estado
del control social. En el siglo xx el liberal - conservador y, consiguiente-
Estado se enfrentará con nuevos pro- mente, la mentalidad del Ejército que

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la posibilitó se movía en esas coorde- lítico, militar o civil, se lo llegó a or-


nadas, pero el desastre del 98 provo- denar o pedir.
có una crisis moral y defensiva que La convicción de que el Ejército
le llevó a considerarse como la genui- español no era adecuado a las funcio-
na representación de las virtudes pa- nes lógicas de unas FFAA dio lugar
trias frente a una sociedad civil des- a muchos brotes reformistas plantea-
articulada e inoperante. La impregna- dos ya en pleno siglo xix, primero, y
ción de la sociedad civil por el poder en la coyuntura de la I Guerra Mun-
militar, propia del siglo xix, se con- dial, después; pero la realidad no se
virtió en el siglo xx en un claro inter- vio modificada sustancialmente hasta
vencionismo impulsado por la defensa la proclamación de la II República,
del orden social y de la unidad nacio- cuando Azaña se encargó del M. de
nal. La guerra de Marruecos añadió Guerra. El inmediato episodio refor-
un nuevo componente a la conforma- mista de Primo de Rivera había apun-
ción de la mentalidad militar, simbo- tado interesantes objetivos, pero la
lizable en «el espíritu de la Legión». peculiar gestión gubernamental del
Respecto al protagonismo militar dictador, provocando la enemiga de
en la Restauración, afirma Cardona algunos sectores influyentes, había
que, posibilitado anteriormente por la bloqueado su realización.
insuficiencia de la revolución burgue- La idea de Azaña se enmarcaba en
sa, el decantamiento militar en las la tradición liberal progresista de un
alternativas políticas del régimen isa- Ejército integrado en el Estado libe-
belino, con Cánovas, se convierte en ral, es decir, políticamente disciplina-
defensor del sistema. Unido al Rey- do y neutral y apto para hacer una
soldado, el pronunciamiento pierde guerra defensiva con métodos moder-
nos. Su plan era el de aligerarlo de
razón de ser, pero el Ejército evolu-
los recursos humanos innecesarios,
ciona hacia formas autónomas de po-
concentrando las posibilidades en unas
der político en lugar de quedar subor-
unidades mejor dotadas y organiza-
dinado al poder civil. Sobre esta base
das; paralelamente, la conformación
de identificación del Ejército con el
ideológica hacia el apartamiento de la
sistema, cuyos valores asumía casi con
política debía tener sus bases en el
exclusividad, la Ley de Jurisdicciones,
constante perfeccionamiento cultural
las Juntas de Defensa y los repetidos
y técnico. La carencia de medios sólo
estados de guerra son los hitos que
permitió acceder a algunos objetivos
llevan a la dictadura de Primo de Ri- políticos y organizativos, con lo que
vera: cuando el Ejército actuó clara- el grueso de la reforma se centra en
mente en defensa y regeneración del las cuestiones de personal: excesivas
sistema lo único que consiguió fue las plantillas teóricas, en la práctica
socavarlo totalmente. Tras la dictadu- eran superadas por una realidad abul-
ra, el Ejército no estuvo dispuesto a tada.
hacer espontáneamente nada para sal-
Sustancialmente, la reforma de Aza-
var a Alfonso XIII, pero ningún po- ña descargó el escalafón y simplificó

207
CRITICA DE LIBROS

funciones en todos los órdenes, pero rias aportando el factor decisivo, el


ello no significó una republicaniza- mando sobre la fuerza armada. La
ción de las FF AA, porque pesaron violencia creciente de la vida cotidia-
criterios distintos de los ideológicos na, precipitándose en 1936, obviaba
en el momento de acogerse a la ley, tener que hacerse planteamientos teó-
y, aunque eliminó la posibilidad de ricos sobre la fundamentación del gol-
presión soterrada del Ejército sobre pe, que era clara: oponerse a «la re-
el poder político, no hizo desaparecer volución».
la posibilidad de un golpe de Estado Aunque estos cinco autores abor-
militar, puesto que en el plano de dan el estudio del papel del Ejército
mando efectivo la reforma ofreció po- en la sociedad española de los si-
sitivas posibilidades para la rebelión glos xix y xx desde posiciones ideo-
de 1936 al quedar en puestos decisi- lógicas distintas y desde diferentes
vos, y sin el pesado corsé de la com- plataformas profesionales, del conte-
pleja jerarquía de grados superiores, nido de sus obras puede destacarse
los militares que acaudillaron la su- alguna conclusión válida para todos
blevación. ellos: el origen del papel preponde-
Más que las reformas, que no hi- rante de los militares como colectivo
cieron renuentes a los militares a in- social y del Ejército como institución
tervenir en el orden público cuando reside en el raquitismo de la revolu-
se les mandó, lo que impulsó al Ejér- ción burguesa y en la endeblez de la
cito a avanzar hacia la sublevación fue clase destinada a informarla; la con-
la prevención contra el radicalismo ciencia de la debilidad de las propias
izquierdista y los brotes secesionistas fuerzas llevó a la burguesía española
que pensaban que el Gobierno no po- a instrumentalizar a los militares en
dría controlar: ante el estallido revo- la vida política ante la posibilidad de
lucionario de 1934, el Ejército se des- contar, en alternativa, con otros fac-
pegó más de la suerte de la Repúbli- tores más coherentes con la normal
ca y se aproximó a la derecha, desde construcción de un Estado nacional.
la que unos le solicitaban para la su- Pero, simultáneamente, este vacío po-
blevación mientras que otros deseaban lítico que se suscita en la trayectoria
manipularle a partir del control del contemporánea española tendió a ser
aparato estatal. llenado por el Ejército como institu-
Con la caída de la CEDA y la ción, identificando los intereses del
posterior victoria electoral del Frente Estado y de la sociedad con sus pro-
Popular, el camino a la insurrección pios planteamientos en un proceso de
quedó definitivamente abierto: fueron creciente intervencionismo y milita-
los propios militares los que se con- rismo que culminó en el siglo xx.
virtieron en el elemento aglutinante
de las distintas aventuras conspirato- Joan JACOB CALVO

208
CRITICA DE LIBROS

RAFAEL BAÑÓN y JOSÉ ANTONIO OLMEDA (comps.)


La institución militar en el Estado contemporáneo
(Madrid, Alianza Editorial, 1985)
ViCENg FISAS ARMENGOL
Paz, guerra y defensa. Guía bibliográfica
(Barcelona, Fontanara, 1985)
GWYN HARRIES-JENKINS y C H A R L E S C. MOSKOS, Jr.
Las Fuerzas Armadas y la sociedad
(Madrid, Alianza Editorial, 1984)

«El estudio de la paz y la guerra muestra es la publicación en la que


debe convertirse en el estudio cen- aparecen estas líneas y los libros, en-
tral de nuestro tiempo», del prólogo tre otros, que comento.
de Frank Blackaby al trabajo de Vi- Son tres libros necesarios. El de Fi-
cenc Fisas. «La investigación de las sas, bien esforzado y meritorio, nos
relaciones entre las Fuerzas Armadas pone al alcance de la mano el con-
y la sociedad ha dado origen a un nue- tenido de casi 400 títulos donde no
vo campo interdisciplinario...», en la sólo nos indica la editorial, dato que
contraportada de lo que es algo más se olvida con demasiada frecuencia y
que una mera compilación realizada que dice poco y malo de la capacidad
por Bañón y Olmeda. «No es tarea investigadora de los que así actúan,
fácil la determinación del momento sino que se incluye el contenido de
exacto en que lo que podríamos lla- cada uno de ellos, síntesis muy acer-
mar sociología militar se constituye tadas, así como las hipótesis del tra-
en España en ciencia rigurosa», de la bajo. Harries-Jenkins y Moskos nos
introducción-ensayo de Alonso Baquer presentan el nuevo objeto de estudio
a la documentada presentación del es- de una manera un tanto especial: la
tado en que se encontraba el estudio sociología militar es lo que hacen e
de Fuerzas Armadas y sociedad de investigan los que se dedican a estos
Harries-Jenkins y Moskos. menesteres. Que el método no es el
Alguien ajeno al tema, que, entre más adecuado lo reconocen los pro-
nosotros, lo es por antonomasia, a las pios autores. Puede que en una fase
reuniones, encuentros y demás esfuer- de constitución sea necesario esta for-
zos de la «movida» —en su sentido ma de actuar, pero dada la acumula-
de moverse, de no estarse quietos, de ción de trabajos citados (577) bueno
estar en todas partes para ser vistos sería ir pensando en sistematizar el
y oídos—, podría pensar que está an- marco y los contenidos de una(s) teo-
te una nueva ciencia ya consolidada ría(s) de alcance intermedio de lo que
y asaz necesaria. Los que estamos en quizá sea algún día una sociología de
esto sabemos que las cosas no son co- lo militar. Me parece acertada la idea
mo aparentan, pero se está en el ca- de Bañón y Olmeda cuando conside-
mino para que lo sea. Una buena ran que bajo la rúbrica Fuerzas Ar-

209
CRITICA DE LIBROS

madas y Sociedad no hay otra cosa y en cualquier otro que explique las
que un objeto de estudio antes que desiguales relaciones de poder en la
una disciplina. Por mi parte matiza- sociedad. Si estuviéramos al tanto de
ría que sería mejor decir Fuerzas Ar- lo que dicen los estudiosos de las pro-
madas, a secas. La conjunción puede fesiones, de las organizaciones com-
inducir a error y a no pocos recelos, plejas, el liderazgo, la socialización de
como a todos nos es conocido. mantenimiento, los símbolos y tantos
Se agradece la compilación de Ba- otros temas, las aportaciones que ha-
ñón y Olmeda de manera especial cemos los que nos dedicamos a esto
cuando se nota lo mucho que falta serían de mayor utilidad y nuestros
para el que quiera explorar por cam- papeles, encuentros y conferencias
po tan sugerente. Añado a este mé- trascenderían la mera curiosidad pe-
rito el de sus propias aportaciones riodística del momento.
de los capítulos 1 y 11 y las introduc- Dice Fisas que «es notorio el au-
ciones-orientaciones a los tres apar- mento del interés que los ciudadanos
tados en que dividen su obra. Una sienten por temas relacionados con el
crítica fácil a toda compilación es que peligro de guerra, las vías de la paz
quien la hace siempre hace notar la y las noticias de defensa». Discrepo
falta de este artículo y aquel capítulo de tan loable deseo. Los datos de las
de tal autor. La duplica no es menos encuestas, el barómetro de opinión
cómoda y contundente: pues, señor, del CIS es buen ejemplo, sos dicen
haga usted ese libro del que habla y lo contrario. Lo que sí preocupa al
después ya veremos. Pues bien, en esa ciudadano anónimo de las muestras
línea sugeriría incluir a Tocqueville, son los problemas de la bolsa y de la
Veblen, las reflexiones de Max We- vida, las cuestiones monetarias y de
ber a su paso por la milicia, Sumner, la seguridad-inseguridad. Es preocu-
Malinowski, Freud, Ortega, Wright pante ver cómo de manera sistemáti-
Mills, Aron, Miliband, Ridruejo... ca los temas de relaciones inter-
Como reconocen en varias ocasiones, nacionales, de proyección de España
el cuadro habría que completarlo con en el mundo, o los de la defensa, ocu-
aportaciones de la economía, jurídi- pan siempre los últimos lugares y con
cas, pero también de psicología, de porcentajes bien pequeños. Dice mu-
comunicación, de filosofía, relaciones cho del carácter localista, de parro-
internacionales y tantas otras como quia, de todos nosotros. Otra cosa es
las diferentes facetas que presenta el que en la prensa merezcan la prime-
tema. ra. Un aspecto que merece su expli-
En una disciplina que trata de en- cación es precisamente esta contra-
contrar su sitio bajo el sol está bien dicción. ¿Cómo es posible que una
que veneremos a nuestros clásicos institución clave en nuestra sociedad
contemporáneos, pero es peligroso apenas se conozca nada de ella?, ¿có-
que no rastreemos en los clásicos y/o mo se mantienen los estereotipos ma-
contemporáneos de la teoría socioló- nifiestamente falsos en algún caso?,
gica, en los analistas de la sociedad ¿por qué razón, desde la propia ins-

210
CRITICA DE LIBROS

titución, no se hacen más cosas para la labor de sistematización de la guía


evitar este desconocimiento? Es cier- bibliográfica se repita con periodici-
to, como señalan Bañón y Olmeda, dad con el fin de conocer lo que se
que en pocos años, los últimos, como va produciendo, que la labor del CI-
es lógico, se han producido más pa- DOB tenga más publicidad en este
peles que en muchos años atrás, pero aspecto.
¿sabemos muchas más cosas? El libro de Harries-Jenkins y Mos-
Cierto que quien quiera comenzar kos tiene dos partes. Una, la primera,
a investigar dispone de abundante ma- es el ensayo de Alonso Baquer sobre
terial, el libro de Fisas es buen ejem- la sociología militar en España. La se-
plo y las notas de Bañón y Olmeda gunda corresponde a la obra que le
terminan de confirmarlo. No es me- da título: Las fuerzas Armadas y la
nos cierto que la disponibilidad de sociedad.
determinados datos para ese potencial En mi opinión, no es tanto el des-
investigador no van a estar disponi- enlace de la Segunda Guerra Mun-
bles, quizá no lo estarán nunca, o que dial lo que produce la institucionali-
otros menos comprometidos sea de zación de los estudios sobre guerra y
difícil acceso, pero también hay que militares, como dice Baquer y mati-
reconocer que en determinados casos zan los autores. Creo que es más fun-
las facilidades son más que bastantes. damental el impulso considerable que
En cualquier caso, si de alguna ins- se produjo en 1941 cuando fueron
titución hay datos, ésa es la militar. movilizados la mayor parte de los
Pero esa reserva es parecida a la que científicos sociales, entre otros, en la
mantienen otras instituciones igual- Oficina de Investigación y Desarrollo
mente complejas y fundamentales. Científico. Algunos hallazgos de la so-
Hay que recordar a Wright Mills, So- ciología, así como otras ciencias socia-
rokin o Andreski cuando piden ima- les, se beneficiaron de los medios
ginación sociológica para superar es- puestos a su disposición. Este esfuer-
tas dificultades, o que no nos empe- zo no se desaprovechó al acabar la
ñemos en una superficial quantofre- guerra, pues incluso se potenció co-
nia, o caer en la mágica tentación de mo consecuencia de la guerra fría.
los métodos de investigación más al Cuando trata del problema de su
uso en las ciencias sociales. Lo que sí arraigo entre nosotros, sorprende en
es grave mantener desde posturas to- tan caracterizado historiador militar
talmente opuestas que lo militar no que no considere a Santa Cruz de
puede comprenderse por aquel que no Marcenado como uno de los autores
vista el uniforme o lo haya vestido. de mayor interés por sus reflexiones
Se puede hacer notar la ausencia de psicológicas sobre el jefe militar; sus
una orientación de qué fuente de da- relaciones con el poder del soberano,
tos puede utilizarse, su validez y Ha- con sus subordinados y colaborado-
bilidad, para completar el panorama res; su habilidad para ejercer, además
teórico. Algo dice Alonso Baquer, pe- del mando militar, el político en tie-
ro es insuficiente. Hay que pedir que rras ocupadas; la mentalidad que de-

211
CRITICA DE LIBROS

be caracterizarle, etc., o que no tenga Igual ocurriría si se pretendiera crear


en cuenta la detallada jurisprudencia una sociología de la medicina median-
de claro contenido sociológico de una te el estudio de las enfermedades. La
institución que trata de ganar en efi- importancia de Janowitz no es tanto
cacia, recogida en la magna obra de porque dejara de considerar a los mi-
Colón de Larriátegui. litares como los malos de la estruc-
La búsqueda del pensamiento so- tura social —por cierto que, si esto
ciológico, mejor sería decir protoso- fuera requisito imprescindible, por es-
ciológico, debería hacerse no tanto ta tierra aún tardaríamos bastante pa-
por las huellas que pudieron dejar los ra que pudiéramos considerar conso-
«padres fundadores», sino, como ha lidada la disciplina—, como por estu-
hecho Salvador Giner, con la socio- diar la organización militar en sí mis-
logía, buscando las estructuras hege- ma, la mentalidad de sus miembros,
móninas del pensamiento, que deno- su formación, su imbricación en el
minamos sociología de lo militar. El poder, etc., y todo ello sin renunciar
estudio de autores no debe rechazar- a sus particulares juicios de valor.
se, pues aporta hallazgos de interés Dahrendorf, en su Oportunidades vi-
en algún caso, pero no debe ser el tales, nos da pistas de cómo actuar
único camino. Como tampoco debería objetivamente sin renunciar al subje-
seguirse el método de estudiar nocio- tivismo de cada cual. Precisamente
nes aisladas; el autorreclutamiento se- este pluralismo sociológico nos dará a
ría uno de los de más éxito entre nos- conocer con mayor claridad el papel
otros. de la corporación en la sociedad, mu-
Explicar el cambio de actitud prác- cho más que los pretendidos ensayos
tica ante lo militar por la pérdida de neutrales.
vigencia de una escuela sociológica Las condiciones políticas de Espa-
crítica por otra que no lo es tanto ña estimularon el desarrollo de las lí-
supone aceptar un determinismo muy neas de trabajo: conflicto político-
simple. La conversión producida en el militar, militar de carrera —siempre
particular camino de Damasco de ca- los oficiales desconociendo un grupo
da cual mucho tiene que ver con la de clave como el de los suboficiales—
posición deferencial que se ocupa y y las reformas militares. Todos so-
su desigual distribución del poder. La mos deudores de estas tres líneas, y
cita de Azaña es lo suficientemente como tal me considero. Pero habrá
significativa para una época, como lo que aceptar que esta herencia es pe-
sería la de los socialistas en nuestros sada carga. Cuando esas condiciones
días. terminan se agostan en sí mismas. Ha-
El estudio de la guerra no es la brá que comenzar cuanto antes un
clave para explicar la aparición de una nuevo rumbo: el estudio del papel
nueva disciplina. Que la vía se agota que le corresponde a España, o al que
pronto lo podemos comprobar en el podemos aspirar, dentro del concier-
callejón sin salida en la que pronto to de las naciones. Soy de la opinión
se vio la pretenciosa polemología. que podríamos ser más fructíferos.

212
CRITICA DE LIBROS

Deberíamos contestar otras preguntas: cesarios, al tiempo que aportan su


¿qué defensa?, ¿qué organización?, propia interpretación de lo militar.
¿qué militares?, ¿qué tecnología? Me referiré a éste, su más personal
Destaco en la obra de Harries-Jen- aportación, aunque para entenderlo
kins y Moskos la afirmación que el nos dan una magnífica pista al selec-
aparente, pero no menos real, estan- cionar unas citas y unos autores. De-
camiento de la sociología militar se bo reconocer desde aquí la deferen-
debe a que «no se ha realizado un cia, muy poco frecuente entre los del
pleno uso de los conceptos sociológi- gremio, de haber podido leer parte
cos en el estudio de las Fuerzas Ar- del manuscrito. No es cuestión de re-
madas». Pero es más grave todavía petir lo ya comentado.
que a estas alturas no se haya fijado Lo primero que llama la atención
el objeto de estudio y que se siga es el palabro civilinización. Recono-
considerando como algo autónomo e cen lo difícil que es encontrar su
independiente. Que todavía se man- equivalencia. El lenguaje también nos
tenga, como hacen, lo de Fuerzas Ar- dice de la dependencia a la que esta-
madas y sociedad. No es sino retrasar mos sometidos. Debo reconocerme
la posible solución. En cambio satis- también culpable por parecido peca-
face comprobar cómo no tiene sentido do; promociono otro no menos bár-
lo de una sociología militar, pero no baro: corporatización. Es más discu-
porque el término sea limitado, co- tible su contenido: «sustitución por
mo hacen los autores, sino por la au- valores y tecnologías civiles o inter-
sencia de una teoría específica, con cambiables». En parte es así, pero en
unos conceptos exclusivos y una me- los ejércitos más profesionales y tec-
todología propia, objetivos, por otra nificados se mantienen valores tradi-
parte, difíciles de alcanzar. cionales propios de su época institu-
La obra es significativa por lo que cional. También se conceden medallas
he dicho más arriba, cuando reconocía al heroísmo a manipuladores de con-
la necesidad de estudiar sus estructu- solas electrónicas. ¡Quizá sean ellos
ras latentes. No es ése exactamente el los verdaderos héroes! Lo que puede
estudio que hacen, pero sí cómo han que sea característico es que junto a
ido apareciendo los temas de investi- esos valores tradicionales se han in-
gación. Falta, sin embargo, una expli- corporado otros que no le son propios
cación de las causas que llevaron a y no ha pasado nada, al tiempo que
desarrollar esos temas y no otros. el sistema global de valores —moral
Quien trabaje sobre este libro podrá militar— no plantea disonancias con
intuir algunas ideas de cómo ha sur- el civil —moral civil—, sin que esto
gido la conciencia sobre lo militar, suponga que los militares deban co-
incluso descubrir cuál ha podido ser piar inexcusablemente a los civiles,
la lógica de su transformación. sino que se produce un consenso de
El trabajo de Bañón y Olmeda es orden superior, como dice Parsons,
doble, y por ello tiene doble mérito. donde predomina una única realidad:
Por un lado recopilan unos textos ne- la sociedad y su permanencia. Se pier-

213
CRITICA DE LIBROS

de así el sentido patrimonial, para grupos, etc., y que en algún momento


ganar el de servicio, uno más, a la el lenguaje excesivamente sintético,
sociedad. en búsqueda de objetividad, pierda el
Se apuesta por lo de Fuerzas Ar- hilo del discurso. Un ejemplo podría
madas y sociedad. Puede explicarse ser el perfil que señalan como diag-
por razones de escuela, cosa que es nóstico de futuro para nuestras Fuer-
de agradecer en momentos de tantos zas Armadas.
renuncios. Que se reconozca que el Llamo la atención sobre su análi-
objeto de estudio sea la organización sis dicotómico: institución, ocupación.
y sus relaciones con la sociedad pue- Este tipo de análisis ha sido el fre-
de explicarse por razones de profe- cuentado en la teoría sociológica clá-
sión, pero no deja de ser muy con- sica. Pero la realidad actual es más
tundente que se diga que «marca el compleja. Mantenerlo plantea proble-
límite de la posibilidad y la orienta- mas. ¿Dónde colocamos los valores
ción de las investigaciones». éticos en una organización de alta
Cuando afirman que «los estudios tecnificación?, ¿cómo se explica la
de las Fuerzas Armadas carecen de necesaria coexistencia de unidades de
[una] orientación pragmática» y que sofisticada tecnología junto a otras de
por esa razón son los únicos válidos, claro predominio de conductas heroi-
pues se fundamentan en las ciencias cas?, ¿cómo se mantiene una estruc-
sociales contraponiéndolos al pragma- tura de rígida jerarquía con un prin-
tismo de los estudios para las Fuerzas cipio de eficacia?, ¿cómo se subordi-
Armadas, creo que es volver a caer na el principio del mérito personal
en un radicalismo que asoma en más junto a un riguroso control de lo pri-
ocasiones. Que pueda ser así no quie- vado?, ¿cómo racionaliza el sistema
re decir que deba ser de esa manera. democrático con la necesidad de un
En ese caso el fallo será de los que pacto que facilite una complementa-
realicen el informe, que bajo ningún riedad funcional con uno de los po-
concepto podrán, ni deberemos, con- deres fácticos?
siderarlos como científicos sociales. Esto supone que los estudios del
Puede quedar latente que la corpora- cambio en las Fuerzas Armadas no
ción es incapaz de asumir la crítica. se plantean como tránsito a la moder-
Los autores han sido protagonistas de nidad, cuando lo que se está produ-
críticas sesiones asumidas, e incluso ciendo es un cambio en la moderni-
defendidas, por destacados militares. dad. Las cosas se complican y los pro-
Que sea actitud generalizada o no es blemas son todavía más, haciendo más
otra cuestión. difíciles las explicaciones en términos
La especial atención a los aspectos dicotómicos, cuando habría que ha-
formales de la organización hace que cerlos en términos de asimetrías y
aparezcan un tanto desdibujados los subordinaciones, de cierre social y de
aspectos de mentalidad, valores, socia- formas hegemónicas.
lización, conflictos y modos de asu-
mirlos, aspectos jurídicos, liderazgos, Jesús I. MARTÍNEZ PARICIO

214
CRITICA DE LIBROS

JULIO BUSQUETS
Pronunciamientos y golpes de Estado en España
(Barcelona, Planeta, 1982)
JULIO BUSQUETS
El militar de carrera en España
(Barcelona, Ariel, 1984)
JESÚS MARTÍNEZ PARICIO
Para conocer nuestros militares
(Madrid, Tecnos, 1983)

En enero de 1982 salía a la calle análisis del doctor Busquets, parece


la primera edición de Pronunciamien- claro que las etapas que señala: 1814-
tos y golpes de Estado y apenas cua- 1886, 1923-1936 y a partir de 1979,
tro meses más tarde, en junio, la son aceptables. Máxime cuando en el
segunda. Si tenemos en cuenta que trabajo queda claramente explicitado
se trata de un texto académico, la cómo cada período tiene su propia di-
difusión que supone este mercado námica interna. Aunque, evidentemen-
nos remite a una consideración so- te, exista un hilo conductor común,
ciológica inmediata: la sociedad es- tanto para los militares liberales como
pañola se encuentra sensibilizada ante para los conservadores: el sentimiento
el tema del intervencionismo militar de que la salvación de la patria ame-
en la vida política y, además, desea nazada es asunto suyo, por lo que no
obtener un conocimiento científico vacilarán en desempeñar tareas, diría-
sobre sus causas. Esta sensibilización mos, policiales y de orden público.
tiene, a su vez, unos motivaciones Si un sector del Ejército lo considera
bien concretas, pues si aceptamos la necesario, el compatriota disidente po-
periodización propuesta gor J. Bus- lítico será considerado enemigo inte-
quets, al menos desde 1814, «con las rior, fórmula bajo la que, para estos
presiones de Elío para que Fernan- militares, se legitimarán acciones e in-
do VII restablezca el absolutismo, o tervenciones que al sacarlos de sus
con el pronunciamiento de Mina para cuarteles les alejan, también, de sus
restablecer el liberalismo» (p. 14), el compromisos primordiales.
intervencionismo militar es una cons- En general, éstos son los puntos
tante en la sociedad española. Inter- de referencia básicos de la obra que
vencionismo que unas veces será claro comentamos, en la que, por supuesto,
y rotundo —caso de los pronuncia- no se elude el problema de que los
mientos— y otras más sutil, como civiles, sus instituciones y la debilidad
ocurre cuando los militares, sobre to- del tejido social, juegan un papel de
do los de alta graduación, pasan a primer orden a la hora de posibilitar
desempeñar puestos importantes en el el intervencionismo militar. Segura-
Gobierno de la nación. mente, el apartado dedicado a los gol-
En cualquier caso, y retomando el pes de Estado y la lucha de clases

215
CRITICA DE LIBROS

(1923-1936) es el capítulo del libro Otra de sus tesis es la de J. Pareto


en que esta problemática aparece con y R. Aron, que señalaban cómo a
mayor claridad; así, en palabras del la posesión del poder económico se
mismo doctor Busquéis, queda sub- puede llegar por varios caminos y có-
rayado cómo «en los 49 años que mo desde el poder político se puede
mediaron entre la Restauración (1874) llegar a controlar, bien los medios de
y la Dictadura (1923) hubo 62 Go- producción, bien sus beneficios. El
biernos, cifra excesiva que arroja una caso de los militares españoles bajo
media de nueve meses cada uno. el franquismo, y de los miembros de
Mientras la tensión social no alcanzó la nomenklatura en los países del lla-
un grado elevado, el sistema subsis- mado socialismo real, confirman la
tió, pero cuando el conflicto social se justeza del análisis. Y es, precisamen-
agravó, se vio incapacitado para resol- te, aquel primer aspecto uno de los
verlo» (p. 97). más interesantes de la investigación
La última parte del libro, De la del doctor Busquets.
Dictadura a la Democracia (1976- Por lo dicho es indiscutible que el
1981), y un Apéndice, El desarrollo libro tiene una carga política, como
del juicio del 23-F, cierran el análisis la tiene la otra obra que he comen-
de J. Busquets, con hipótesis esperan- tado, pero esto no es un demérito, si-
doras para la democracia española, pe- no todo lo contrario, pues el apartado
ro que no olvidan la fragilidad del estadístico que acompaña a la argu-
sistema. Quizá es aquí donde por la mentación teórica motiva que ésta sea
inmediatez del problema, y las difi- difícilmente rebatible. En esta misma
cultades para conocer realmente toda línea teórica, había que indicar cómo
la trama que mantiene el golpismo la propia biografía del autor, militar
más reciente, y en concreto .el ya de carrera hasta 1977 y parlamentario
conocido como «23-F», el texto de socialista desde esa fecha, a más de
J. Busquets se acerca al del periodis- profesor de sociología de la Univer-
mo de investigación, pero esta consi- sidad Autónoma de Barcelona, le ha
deración no resta, en absoluto, inte- permitido combinar en esta investiga-
rés y valor científico a la obra comen- ción su trabajo de profesional con la
tada. observación participante, obteniendo
En cuanto a El militar de carrera como resultado este libro del que, sin
en España, se trata de una edición co- riesgo de exagerar, podemos decir que
rregida y aumentada de la de 1967 se ha convertido en un clásico de la
del mismo título y tiene como tesis sociología militar en España. Clásico
fundamentales el estudio del origen que, por otra parte, es un fiel reflejo
social de los oficiales, destacando sus de la situación social de que procede
conclusiones sobre el elevado índice el colectivo que estudia, pues en la
de autorreclutamiento (en algunos pe- primera edición —de 1967— fue im-
ríodos de cada diez cadetes, ocho son posible incluir, por motivos eviden-
hijos de militar), el aislamiento y el tes, aspectos tan básicos como la ideo-
conservadurismo de los militares. logía militar y la actividad política

216
CRITICA DE LIBROS

de los militares bajo el franquismo. les le haya hecho cambiar de opinión;


Es decir, en buena ley podríamos se- y entre ellos, éste que comento. Es-
ñalar que nos encontramos ante una tructurado en cinco capítulos, de en-
investigación iniciada en 1967 y cuyo cabezamiento un tanto críptico, el li-
autor, afortunadamente, no la consi- bro pasa revista tanto a la estructura
dera cerrada, sino todo lo contrario. social de los Ejércitos, proporcionan-
Este convencimiento es el que me ha do gráficos para 1964 y 1979, como
llevado a realizar la reseña de esta al peso de la tradición familiar a la
obra y la de Pronunciamientos y gol- hora de elegir la milicia. Tradición en
pes de Estado en España, que, como la que, según J. M. Paricio, pesa más
el autor señala en el prólogo, com- el sentido vocacional, en su sentido
plementa a El militar de carrera, a pe- más trascendente. Por esta razón lle-
sar del tiempo transcurrido desde su ga a proponer como contenido de es-
aparición. Además, parece indiscutible ta vocación la «atracción hacia un
su inclusión en un volumen como el modo de vida y conducta profesional,
que ahora presenta el Centro de In- hacia unos valores que son caracte-
vestigaciones Sociológicas. rísticos», llamándola, preferentemen-
El tercer libro a comentar, el de te, atracción intuitiva (p. 45); el caso
Jesús Paricio, encuentra justificada su del general Gabeiras y el ambiente de
inclusión en este bloque porque, co- El Ferrol de su infancia, impregnado
mo el mismo autor indica, «sin ese por la Marina, ilustra su análisis. Pe-
libro (El militar de carrera en Espa- ro el estudio, obedeciendo a su títu-
ña)... éste, probablemente, no existi- lo omnicomprensivo, se plantea tam-
ría». Es, pues, un trabajo sociológico bién la cuestión de la mentalidad mi-
que, aunque por el carácter civil de litar, «el tema, sin más» (p. 123), y
su autor, profesor en la Facultad de esta mentalidad es definida sin ro-
Sociología de Madrid, carece de la deos como fuertemente patriarcal;
perspectiva de observación participan- aunque a continuación reconoce la ne-
te que beneficia a los anteriores, no cesidad de matizar tal afirmación y la
se queda a la zaga de la obra que escasez de estudios sobre el tema. En
considera modélica. Por cierto, que mi opinión, se establece aquí una in-
es interesante cómo esta tendencia de teresante línea de análisis que, según
los militares a teorizar sobre su pro- mis noticias, está siendo abordada por
pia situación, es recogida por J. M. el mismo Ejército y que, a no dudar,
Paricio en las primeras líneas de su será particularmente esclarecedora; sin
trabajo. embargo, el pequeño esbozo realiza-
Se trata de una cita del general do por el doctor Paricio parece si-
Jarnés Bergua en la que este militar tuarse en una línea adecuada y sus re-
rechaza la capacidad del civil (sic) sultados son particularmente intere-
para comprender el mundo militar. santes. Como lo es la Bibliografía,
Esperemos que la multiplicidad de también comentada, que cierra el li-
trabajos rigurosos sobre la institución bro.
militar que hemos realizado los civi- Valentina FERNÁNDEZ VARGAS

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INFORMES Y ENCUESTAS DELCI.S