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LA LIMPIEZA DE NAAMÁN

“Entonces Eliseo le envió un mensajero, diciendo: Vé y lávate


siete veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará, y serás
limpio” (II Reyes 5:10).

Naamán era el comandante del ejército del rey de Siria. Era un hombre grande. Era
honrado por su rey a causa de las victorias que había ganado en batallas. Él era un
soldado valiente. Pero era leproso.
Ahora, la esposa de Naamán tenía una sierva Hebrea que habían llevado cautiva de
la tierra de Israel. Ella le dijo a la esposa de Naamán que en Israel había un profeta
que podía sanar a Naamán de su lepra. Cuando el rey de Siria lo oyó le envió una
carta al rey de Israel diciendo que él le enviaba a Naamán para ser sanado. Esto
preocupó mucho al rey de Israel. Él rasgó sus vestidos, y dijo: ¿Soy yo Dios, que
mate y dé vida, para que éste envíe a mí a que sane un hombre de su lepra?
Considerad ahora, y ved cómo busca ocasión contra mí” (II Reyes 5:7). Cuando el
profeta Eliseo oyó eso le dijo al rey que le enviara a Naamán a él: “y sabrá que hay
profeta en Israel” (II Reyes 5:8).
Entonces Naamán vino con sus caballos y su carruaje a la puerta de la casa de Eliseo.
Pero el profeta no salió a hablar con él. En vez le envió un mensajero, a decirle a
Naamán: “Vé y lávate siete veces en el [río] Jordán, y tu carne se te restaurará, y
serás limpio” (II Reyes 5:10).
Pero Naamán se fue enojado. Él dijo: “He aquí yo decía para mí: Saldrá él luego, y
estando en pie invocará el nombre de Jehová su Dios, y alzará su mano y tocará el
lugar, y sanará la lepra”. Luego Naamán dijo que dos de los ríos en su propio país
eran “son mejores que todas las aguas de Israel”. “Si me lavare en ellos, ¿no seré
también limpio? Y se volvió, y se fue enojado”.
Entonces los criados de Naamán le dijeron: “Si el profeta te mandara alguna gran
cosa, ¿no la harías? ¿Cuánto más, diciéndote: Lávate, y serás limpio?” Entonces
Naamán fue y se zambulló siete veces en el Jordán, conforme a la palabra que el
profeta le había dicho. “Y su carne se volvió como la carne de un niño, y quedó
limpio”.
Y Naamán volvió al profeta Eliseo y dijo: “He aquí ahora conozco que no hay Dios
en toda la tierra, sino en Israel”.
Muchos grandes sermones han sido predicados sobre este pasaje de la Escritura.
¡Claro que los predicadores estaban correctos al decir que el sanar de la lepra
Naamán ilustra el sanar del pecado por la Sangre de Jesús! ¡Si no eres salvo, esta
noche yo oro que tú vengas a Jesús y seas limpiado de todo tu pecado por Su Sangre

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preciosa! Nota por favor que hay tres cosas sobre la limpieza de Naamán que te
podrían ayudar a ser limpiado también.

I. Primero, él era leproso.

“Era este hombre valeroso en extremo, pero leproso”


(II Reyes 5:1).

El Dr. McGee dijo: “En la Escritura la lepra es un tipo del pecado. Una razón es que
era incurable por medios humanos…Naamán tuvo muchos puntos finos, pero era
un pecador. El trataba de cubrir su lepra, pero no la podía curar. Mucha gente hoy
día emblanquece el pecado. Lo que necesitan el lavarlo. Solo Cristo puede hacer
eso (traducción de J. Vernon McGee, Th.D., Thru the Bible, Thomas Nelson
Publishers, 1982, tomo II, p. 311; nota sobre II Reyes 5:1).
La lepra retrata la depravación total del hombre en el pecado. Cuando Adán se
rebeló contra Dios, le pasó la lepra del pecado a todo miembro de la raza humana.
El Apóstol Pablo:

“El pecado entró en el mundo por un hombre [Adán], y


por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los
hombres…”
(Romanos 5:12).

Es por eso que la Biblia nos dice que toda la gente no salva es “muertos en pecados”
(Efesios 2:5). El Rey David dijo:

“He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me


concibió mi madre” (Salmo 51:5).

El Dr. Watts puso esa idea en un himno:

Señor, soy sucio, en el pecar


Fui concebido, inmundo soy;
Desde Adán cual al caer
Culpable, a todos corrompió.

Ante Tu rostro me postro hoy


Pues mi refugio Tu gracia es;
Formas externas no limpiarán,
Profunda en mí la lepra es.
(Dr. Isaac Watts, 1674-1748).
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¡Ah, qué retrato da ese himno de tu estado si no estás salvo! ¡Concebido en pecado!
¡Nacido inmundo y sucio! ¡Ninguna forma exterior (decisiones u oraciones) te
pueden limpiar! ¡La lepra muy por dentro está! ¡Cómo quisiera que nuestras
iglesias cantaran esa canción de Isaac Watts otra vez! ¡Te describe a ti esta noche!
“La lepra muy por dentro está! Jeremías lo dijo bien:

“Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y


perverso”
(Jeremías 17:9).

George Whitefield, el famoso evangelista del Primer Gran Despertamiento, a


menudo dijo que la gente no es convertida sino hasta sentir la depravación total de
sus propios corazones pecaminosos. Miles cayeron bajo convicción cuando se
dieron cuenta de que él tenía razón – que sus propios corazones estaban
contaminados por la lepra del pecado, humanamente incurable. “La lepra muy por
dentro está”.
¿Es eso cierto de ti?

“Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los


malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los
homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el
engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la
soberbia, la insensatez”
(Marcos 7:21-22).

¿No es eso un retrato de tu corazón, lleno de malos pensamientos? Ahora, ¿Cómo


puede ser sanado tu corazón malvado de pecado? ¿Cómo puede ser limpiada la
lepra del pecado que yace en el fondo de tu ser? Igual que tú Naamán era un
“leproso”. ¿Cómo fue limpiado y sanado él? Eso nos lleva al siguiente punto.

II. Segundo, la manera de su limpieza fue recetada.

“Entonces Eliseo le envió un mensajero, diciendo: Vé y


lávate siete veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará,
y serás limpio” (II Reyes 5:10).

Vé y lávate siete veces en el Río Jordán. ¡Eso fue todo! ¡Eso era todo lo que él tenía
que hacer! Naamán había esperado un método dramático de sanar. Él dijo: “He
aquí yo decía para mí: Saldrá él luego, y estando en pie invocará el nombre de
Jehová su Dios...” (II Reyes 5:11). “Yo decía para mí”. ¡Oh, me temo que estás en la

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misma condición! “Yo decía para mí”. Tú piensas que sabes lo que necesitas para
ser salvo. “Yo decía para mí”. ¡Afuera con tus pensamientos! Desaparécelos de tu
mente esta noche, ¡y haz lo que Dios dice! D. L. Moody dijo:

Naamán tenía dos enfermedades – el orgullo y la lepra. La


primera necesitaba ser limpiada tanto como la segunda.
Naamán tenía que bajarse de su carruaje de orgullo,
después, lavarse según le había recetado el profeta
(traducción de D. L. Moody, Notes From My Bible, página
58).

Y eso es lo que tú debes hacer esta noche, si esperas ser salvo. Aparta lo que
piensas. Aparta tu orgullo y tus propias ideas de cómo ser salvo y “lávate según la
manera recetada”. ¡Y la manera recetada es venir a Jesús! Jesús dijo: “Venid a mí
todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28).
¡Ven a Jesús. Él limpiará tu pecado con Su propia Sangre, y te dará descanso! “La
sangre de Jesucristo Su hijo nos limpia de todo pecado”.

III. Tercero, él fue persuadido a obedecer.

“Mas sus criados se le acercaron y le hablaron diciendo:


Padre mío, Si el profeta te mandara alguna gran cosa, ¿no
la harías? ¿Cuánto más, diciéndote: Lávate, y serás
limpio?”
(II Reyes 5:13).

“Lávate y serás limpio”. ¡Eso es lo que te digo que hagas esta noche! ¡Lávate y serás
limpio!
Las aguas del Rió Jordán era solamente un tipo, solamente un retrato, de la
Sangre de Jesús. He oído a gente decir hoy, cuando están en Israel, que han sido
“bautizados” otra vez en el Rió Jordán, pensando que les hará algún bien. ¡Esto a
mí me parece tontería! ¡Aun la primera vez que eres bautizado no hace nada para
ti! Es solamente un retrato de tu previa muerte y resurrección con Cristo, cuando
fuiste salvo. Recuerda que la limpieza de Naamán ocurrió en tiempos del Antiguo
Testamento. Hoy, en esta dispensación, somos limpiados por fe en Jesús:

“A quien Dios puso como propiciación por medio de la fe


en su sangre…” (Romans 3:25).

Tú tienes que tener fe en la Sangre de Jesús! La Biblia dice:

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“La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo
pecado”
(I Juan 1:7).

¡Todo pecado! ¡Todo pecado – ya sean pecados de tu corazón, o pecados que hagas
– todos los pecados tienen que ser limpiados por la Sangre de Jesús – y solamente
por la Sangre de Jesucristo, el Hijo de Dios! Como lo puso la vieja canción:

¿Qué me puede dar perdón?


Solo de Jesús la sangre;
¿Y un nuevo corazón?
Solo de Jesús la sangre.
¡Precioso es el raudal
Que limpia todo mal!
No hay otro manantial,
Solo de Jesús la sangre.
(Traducción de “Nothing but the Blood” por Robert Lowry, 1826-1899).

Yo sé que hay algunos hoy día que degradan la Sangre del Salvador. ¡Que Dios tenga
misericordia de ellos por este pecado! ¡No hay otra manera para que un leproso
pecador sea limpiado! “¡No hay otro manantial, solo de Jesús la Sangre!” En el Cielo
alzaremos nuestras voces

“Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su


sangre”
(Apocalipsis 1:5).

“¿Qué me puede dar perdón? ¡Solo de Jesús la sangre!”


Jesús murió en una cruel cruz para pagar la pena completa por tus pecados.
Jesús, el Hijo unigénito de Dios, derramó Su Sangre preciosa en aquella cruz para
limpiarte de todo pecado. Él está vivo esta noche, en el Cielo, a la diestra del Padre.
¡Ven a Jesús ahora y todos tus pecados serán limpiados, tus pecados serán lavados
para siempre por Su propia Sangre! El profeta le dijo a Naamán: “Lávate y serás
limpio”. Y yo te digo a ti esta noche, “Lávate y [sé] limpio” en la Sangre de Jesús! Sr.
Griffith, venga y cante “¡Yes, I Know! [¡Sí, Yo Sé!]”.

Venid, pecador perdido


La sangre de Jesús te librará;
Porque al peor salvó Él,
Cuando me salvó a mí.
Y yo sé, sí, yo sé,

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Que la sangre de Jesús limpia al más vil.
Y yo sé, sí, yo sé,
Que la sangre de Jesús limpia al más vil.
(Traducción de “Yes, I Know!” por Anna W. Waterman, 1920).

EL BOSQUEJO DE

LA LIMPIEZA DE NAAMÁN

“Entonces Eliseo le envió un mensajero, diciendo: Vé y lávate


siete veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará, y serás
limpio” (II Reyes 5:10).

(II Reyes 5:7, 8)

I. Primero, él era leproso, II Reyes 5:1; Romanos 5:12; Efesios 2:5;


Salmo 51:5; Jeremías 17:9; Marcos 7:21-22.
II. Segundo, el modo de su limpieza fue recetado, II Reyes 5:11.
Mateo 11:28; I Juan 1:7.
III. Tercero, él fue persuadido a obedecer, II Reyes 5:13; Romanos 3:25;
I Juan 1:7; Apocalipsis 1:5.

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