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mexicanas

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GLORIA TABOADA
G:oria Taboada

¿Madres mexicanas...?
¡Ni madres!

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Primera raglán: octubre 2008

D. 0.02008 Glom Aurora Taboada Agular

D. 0.0 d< ata <dición: Roca Ediwdal de Libro, S.L.


Mugats d<1'Arg<ntera. 17. Pral 1!
08007 Barcelona
corr<o$roca<diro: W.com
oocsr roca<duori,L<om

Todo, los derecAw enervados. Lira yuDY<aa0n no puedo ser reproducida, nc <n
iodo ni en parre. nl registrada roo van<miuda por, un norma de recreprsdoo de
Información, en ninguna forma ni por n:ngtin medb. sea rne<fnico, fotoqulmi<o,
d<ctrbntco. magnético. e:e<vobprico. por fotocop.+. o cualquier otro. sin <I premio
pronto por escrito de a editorial.

(SB. 978-849-27.968.4

Impreso en ,México / Print<d In Honre


A mis hijos, Rodrigo Lechuga
y Alfredo Llantada

A mis hilos ad•.,ptivos,


Carolina Ramirez, Luis Fernando Valdés
y Rodrigo Velásquez

A las mujeres maravillosas


de quienes tengo la suerte de ser amiga:
Martha Bravo
Cecilia Carbajal
Giovanna Cambiaso
Teresita Cortés
Carmen Esteva
Glanna Glanni
Isabel González
Blanca Jiménez
Tere Lacambro
Carmen Molina
Elsa Muñiz
Juanita Pedraza
Edelmira Ramirez
Norma Valdez
María de Jesús Victorio
Lety y Alicia Salazar

A hombres fantásticos:
Pedro Lleonard
Larry Stanley
Ángel Lozano
Félix Pichardo
Pinnuccio Ottaggio

In memoriarn:
Marino Carrera
' LEy Vassano

A todos ellos, con inmenso amor.., toda la vida.


Índice

Introducción 11

Generalidades 13

Presentación de los tipos de madre 21

Tipos de madres mexicanas 23


1. La chantajista 27
2. La manipuladora 31
3. La represora emocional 35
4. La madre con hijos perfectos o canallas 39
5. La madre falócrata 43
6. La rival de sus hijas 47
7. La madre tratante 51
8. La madre "ideal" 57
9. La madre tirana 61
10. La madre "manuales" 65
11.La madre ausente 69
12. La madre racista 73
13.La madre ortodoxa 77
14, La madre migrante 8I
15.La madre cómplice 83
16.La madre promiscua 87
17.La madre sumisa 91
18. La madre de "oportunidad" 93
19. La madre masoquista 97
20. La madre-niña 101
21. La madre a "dos tiempos (dual) 103
22. La madre-madre 105

Nota final 109

Tres historias breves 111

La historia de ta 113

La historia de AA 117

La historia de euv 121

La historia de x 125

La historia de ii 129

La historia de CA 133

La historia de R 143

Conclusiones 153

10
Introducción

Reza un refrán: "Nadie debe juzgar a los padres", y es verdad.


Nadie debe juzgar a nadie, lo que no implica que no debamos
conocerlos y analizarlos.
Otro refrán popular dice: "Amor no quita conocimiento
El hecho de amar a nuestros padres debería obligarnos a
verlos como son; ni mejores, ni peores.
Es una verdad que en México la familia no se conoce y
tiene miedo de verse tal como e>.
Firmemente creo que esto nos impide crecer y madurar,
ser más plenos y más felices.
Los mexicanos tenemos a t.., MADRE. La madre perfecta.
Según nuestra creencia, ésta n.' debe criticarse ni analizarse
ni crecer. No puede mejorarse la perfección. Siendo esto
cierto, ¿por qué los mexicanos somos tan inseguros, acom-
plejados, agresivos, mentirosos e hipócritas?
¿Es toda responsabilidad de los hijos? No lo creo.
Es hora de enfrentar el mito de la madre mexicana, sufri-
da y abnegada, y comenzar a verla tal como es: una mujer
con aciertos y errores, producto a su vez de su propia his-
toria y antecedentes.
Este libro pretende abrir la discusión. el aniEsis. el de-
bate. así como la introspección.
No aipín a mis... tampoco a menos.
Generalidades

Todos los mexicanos descendemos de santos. Esto nunca es


más cierto que cuando los padres mueren. Inmediatamente
agarran olor a santidad. Fueron perfectos, maravillosos,
sobre todo la madre. Nunca cometieron errores. Fueron
afectuosos, comprensivos, tiernos, Inteligentes, altruistas,
sabios.., todo lo hicieron por nuestro bien.
A lo sumo, en el caso del padre llegamos a condescen-
der y admitimos que algún "defectillo" tenía. Lo hacemos
con un dejo de benevolencia y cierto paternalismo: "Si
papá si era un cabrón..:'. "A mi papá no se le iba una'. "A
veces se echaba sus traguitos... el pobre'. Estos comentarios
son dichos como quien habla de alguna travesura sir, im-
portancia.
De la madre... No.
Ella era una santa.
Jamás admitimos siquiera la posibilidad de que, quizá,
no nos amaron; de que fueron falibles como cualquiera; de
que, tal vez, poseían defectos imperdonables; de que, a lo
mejor, eran estúpidos, ignorantes, crueles, envidiosos, egoís-
tas, celosos...; de que sus motivos no fueron siempre tan
elevados como quisiéramos.
En ocasiones, por instinto, lo vemos, lo sabemos, lo in-
tuimos pero lo negamos, pues de forma inmediata inter-
vienen los sentimientos de culpa y la autocensura que tan
habilidosa y cuidadosamente nos han introyectado. Y nos
reprimimos, sintiéndonos malvados, ingratos, infrahuma-
nos. Nada es peor en México que un mal hijo. Eso no se per-
dona. Quien no ama a sus padres es indigno: un monstruo.
Debemos reconocer que uno de los pilares más sólidos
de la familia mexicana son los sentimientos de culpa y la
represión emocional.
La maternidad y la familia son una terrible lotería. Ma-
cabra. Se supone que debemos amar a seres con quienes a
menudo, no tenemos nada en común. Que incluso nos son,
en ocasiones, repulsivos. ¿Por qué no admitir que nuestros
padres o nuestros hijos no son más que una decepción? Eso
no es culpa de nadie. Simplemente así es.
¿No hemos llegado a creer que somos adoptados...? Asi
de profunda es, a veces, la diferencia. No sentimos ninguna
afinidad ni cercanía ni identificación con algunos de nues-
tros padres, de nuestros abuelos, de nuestros hermanos, de
nuestros tíos.
Cuando así estén las cosas, será más sano y honesto mar-
car una saludable distancia. Eso no nos convierte en mons-
truos.
Giorgio Gaber, cantautor italiano, afirmaba buscar a su
madre, no tanto por el valor sino porque era un recuerdo
personal. También solía decir que, afortunadamente, madre
sólo hay una.
Es sorprendente que, a pesar de que todos tenemos una

t4
madre y de lo importante que es ésta para los mexicanos,
nadie enfrente el tema de quién o cómo es verdáderamen-
te ésta.
Y aunque la maternidad se loa, se canta, se venera, caes
nadie se prepara para asumirla. La mayoría de las mujeres
desconoce lo que significa verdaderamente ser una buena
madre, los increíbles talentos que requiere, la enorme res-
ponsabilidad que conlleva. ¡Vaya! Ni siquiera a nivel (laico
conoce los maravillosos cambios y adaptaciones de su cuer-
po durante el embarazo y el parto.
Todos parecen creer que la maternidad trae aparejadas,
por fuerza, la capacidad y la sabiduría. El solo hecho de ser
madre te hace capaz, talentosa. Una experta.
México ha avanzado y se ha modernizado en muchos
aspectos, pero la madre mexicana sigue siendo la madre
porfiriana, la madre del cine de oro mexicano, la del 10 de
mayo. Se CONGELE EN EL TIEMPO.
No ignoremos que las madres mexicanas llegan a la ma-
ternidad por muy diversos motivos, no siempre los más
loables: hay quien se embaraza para atrapar a un hombre,
para no quedarse sola, porque siente que ya se le fue el tren,
porque fracasó en todo lo demás, porque le aterra el aborto
o pretende lograr una pensión o salvar un matrimonio. Des-
de luego, de más está decirlo, éstas no serán maternidades
felices o plenas.
No intento hacer aquí un estudio estadístico de la mater-
nidad fracasada o no deseada en México pero es sintomático
que, del total de gente que he conocido y tratado a lo largo
de mi vida, sólo recuerdo a cinco o seis madres ejemplares.

I5
Una de las caracteristicas más comunes de las madres
y los hijos mexicanos es su absoluto desconocimiento de
los unos de los otros. Casi todos ven lo que quieren ve.. Y
ni se aceptan como son ni se reconocen defectos o erro-
res. Hay un prurito por sentirnos perfectos. Y cuando las
madres se ven confrontadas con el hecho de que su hijo
no es la imagen que construyeron, se sienten defraudadas y
burladas. En México no nos amamos como somos; no in-
condicionalmente.
Otro de los errores comunes es heredar a nuestros hijos
los propios miedos y frustraciones. Le llamo "la cadena infi-
nita; la cual se transmite de generación en generación, sin
razón ni motivo. Si yo temo a los perros, mi hijo no tiene
por qué temerles; si al hambre, al frio, a los terremotos, mi
hijo no tiene por qué hacerlo.
Deberíamos permitirles construir sus propias vivencias.
Siempre pensé que todos tenemos derecho a cometer nues-
tros propios errores y vivir nuestras experiencias. Afortuna.
damente nadie ni nada va a evitar que los hijos vivan sus
propias vidas.., excepto sus madres,
Para ello aducen que quieren evitarles desengaños,
fracasos, sinsabores, ys esgrimen que ellas tienen la expe-
riencia... ¿Realmente la tienen? Muchas de ellas no han
vivido, no han estudiado, no han viajado. ¿De qué expe-
riencia hablan?
Además, mis circunstancias, mi tiempo, mi mundo no
son los mismos que los de mis hijos. Ellos enfrentan otra
realidad. Cada nueva generación recrea la historia. No pue-
de ni debe aplicar recetas obsoletas.

16
A menudo, las madres tampoco tienen ni la madurez ni
la mesura que se requieren pan formar y guiar a otros.
Lo trágico y lo trascendente de los fallos en la educación
y en la formación es que se detectan demasiado tarde. Y.
por si fuera poco, son cometidos en nombre del amor. Si
construimos, dibujamos o escribimos, detectamos nuestros
errores y los enmendamos inmediatamente. Podemos recti.
ficar. Con los hijos, no. Si nos equivocamos, lo vemos cuan-
do nuestros hijos son grandes y, para entonces, ya no hay
remedio. El mal estuvo hecho y fue permanente.
Existen varios síntomas que nos indican que la familia
mexicana no es una familia sana, integrada, plena. Por ejem-
plo, la pésima relación de los hombres con las mujeres...
¿Por qué? En teoría, los hombres mexicanos deberían
amar profundamente a la mujer. Su madre es mujer. Pero no
ocurre as¡. La mayoría de los hombres mexicanos se mues-
tran agresivos, recelosos, desconfiados, violentos y vin-
dicativos con las mujeres. Creo que sobre las mujeres de
su vida vuelcan todo aquello que les hizo mal durante su
formación; es decir, inconscientemente hacen a otras mu-
jeres lo que no pudieron hacer con la propia madre. Para no
enfrentar esta verdad, han edificado la dicotomía madre.
mujer. La madre no es humana. Es un icono. Es santa y már-
tir. 'Todas las mujeres son putas, menos mi madre'
Otro síntoma claro es la actitud del niño mexicano hacia
los adultos. No sólo ante los extraños, sino con los miem-
bros de su propia familia, incluidos sus padres. Es una acti-
tud de miedo, de desconfianza. El niño ha aprendido que
no puede comunicarse con los mayores ni confiar el ellos.
No son coherentes. Cree que los adultos no lo entienden
ni se interesan verdaderamente en él. Estudie a los niños,
obsérvelos atentamente y verá lo que quiero decir.
Otro síntoma es la ficción. Nos educan para mentir y
pretender. Aprendemos desde la más tierna infancia que no
debemos decir la verdad. Que es mejor aparentar. Nuestro
estatus debe parecer más alto, nuestra falta de liquidez debe
ocultarse, nadie debe conocer nuestras tragedias, nuestros
problemas, nuestras "deshonras" No es de sorprender que
todos engañemos, que nadie confíe en nadie. Siempre he
creído que, en México, el mejor lugar para esconderse es la
verdad. Nadie te la cree.
Que la maternidad no es algo instintivo parece demos-
trarlo el hecho —que no dejará de sorprenderme jamás—
de lo fria y lo cruel que puede ser la madre mexicana con
los hijos ajenos. Es proverbial la saña y la malquerencia
que llegan a demostrar algunas madrastras. Lo indiferentes
y desconfiadas que se muestran con los niños de la calle. Lo
despiadadas que pueden ser con la servidumbre infantil.
Eso no les impide enternecerse hasta las lágrimas ante
historias, noticias, novelas o películas que reflejan ese mal-
trato que ellas mismas infligen.
Que algunas no aman realmente a sus hijos lo revela la
facilidad con que hablan de "reponer" a los mismos hijos:
"Ten otro por si éste se te muere' "Si su hijo le salió malito,
tenga otro... a ver si ése le sale bien!
¡Y la diferencia entre hermanos! No he conocido a una
sola madre que reconozca querer o preferir a uno de sus
hijos por sobre los demás. Todas afirman querer a todos

18
por igual, aunque las diferencias y preferencias salten a la
vista,
Otro absurdo son las reglas que se fijan para la adop-
ción. Cuando pretendemos adoptar a un niño, se nos exige
todo: seguridad económica, un entorno¡armónico y feliz,
madurez, habitación propia del infante, excelente alimen-
tación y los mejores cuidados médicos. En cambio, cual-
quiera puede tener hijos Impunemente. No hay cursos ni
exámenes ni trabajadores sociales ni tratamientos psico-
lógicos... ¡Nada!
Y si tienes ocho, diez o doce hijos en casa de lámina, sin
comer, sucios, parasitadós, con piojos y jiotes, no importa.
Ahí no hay ayudas de ningún tipo.
Me parece sensacional que los hijos adoptivos tengan
derechos; sólo que, creo, los hijos propios deberían gozar de
los mismos derechos.
Desafortunadamente, la mala formación como madres,
las aberraciones que cometemos y nuestros errores no se
evitan con una mejor preparación académica ni con una
mayor cultura ya que provienen de malas conductas apren-
didas, de problemas emocionales no resueltos, ¢e traumas
psicológicos profundos que debemos afrontar.
Significa comenzar a conocernos y aceptarnos, y tener el
valor de cambiar lo que no nos gusta de nosotros mismos.
Tarea ardua. Pero lo que está en juego nos obliga a aco-
meterla.

19
Presentación de los
tipos de madre

Los tipos de madre que a continuación se describen llevan


el acento en lo negativo.
Se hizo así porque son los defectos y los errores los que
conforman un tipo determinado; son io inherente a éste.
Las cualidades no son comunes a ninguno de estos tipos
en especifico. Es decir, una madre sumisa, una de "opor-
tunidad" o una "tratante" pueden ser todas ellas inteligen-
tes, simpáticas, amantes de los animales, etcétera.
Además, la madre mexicana ha sido ya lo suficientemente
loada, cantada y exaltada.., y lo seguirá siendo.
Este libro pone el acento en sus yerros, lo que poco se
ha hecho.
Si después de leer estos tipos de madre cree que exagero,
observe a los hijos de parientes, vecinos, amigos. "Por sus
frutos los conoceréis.." En los "frutos" se revela el tipo de
madre o de crianza que cada uno de nosotros tuvo, excepto
en los casos de quienes han logrado superarse.
Después de conocer los diferentes tipos, pregúntese qué
tipo de madre fue la suya o qué tipo de madre es usted.
No será fácil; causará dolor pero es, creo, la única ma-
nera de crecer.
Recuerde. Nadie —nl usted. ni su madre, ni su abuela—
es perfecto. ni tiene por qué serio.
Ninguno de nosotros es 100% bueno ni 100% malo.
Empiece a amarse como el ser humano que es.
Tipos de madres
mexicanas

He hecho una clasificación de los tipos de madre mexicana


que, a mi juicio, son los más comunes.
Todos ellos tienen algo en común con los otros. Prácti-
camente no hay tipos puros. Sin embargo, existen caracte-
rísticas predominantes en ellos que son las que hacen que
una madre pertenezca a uno o a otro. Estos tipos son:

1.La chantajista

2. La manipuladora

3. La represora emocional

4. La madre con hijos perfectos o canallas

5. La falócrata

6. La rival de sus hijas

7. La «tratante»
8. La ideal

9. La tiruu

10.La'maruaies'

11.La ausente

12.La racista

13.La ortodoxa

14.La migrante

1 S. La cómplice

16.La promiscua

17.La su.-msa

18.La de 'oportunidad'

19.La maso , ta

20. La madre•niña

21. La dedos tiempos"

22. La madre•madre
Conviene advertir que. asi como no hay tipos puros.
pueden exittir madres que presenten casi todos los tipos. Es.
tos son casos raros, muy senos.
1. La chantajista

Consciente o inconscientemelite busca poseerte, dominar


tu vida, cargarte de culpas.
Por lo general es una mujer sin vida propia, aburrida, mo-
notemática, sin "chispa". Incapaz de divertirse, es «catastro-
fista' Para ella todo es dolor y sufrimiento. Es santa mártir. Y,
dado que ella sufre, los demás también deben sufrir. Siempre
espera lo peor: de la vida, de la familia, del mundo.
No haya diálogo posible con ella. El dolor la ha hecho
sabia y, por lo tanto, no tiene nada que aprender, nadie tiene
nada que enseñarle. No hay nada por conocer.
Es una mujer frustrada, íntimamente solitaria. Vive en el
mundo de las telenovelas, los chismes, la tragedia.
Siempre crítica y envidiosa. Secretamente se regodea con
el sufrimiento ajeno.
Suele ser la medida de todas las cosas. Todos deberían
imitarla y seguir su ejemplo.
Profundamente insegura y acomplejada, es, casi siempre,
terriblemente ignorante.
No tiene ningún respeto por ella misma pues prefiere la
compasión y la lástima de los demás por encima de cual-
quier otro sentimiento.
27
Como no le interesa profundizar ni entender, se guia por
"clichés" Todo en la vida está ya etiquetado y clasificado.
Sabe dónde está el bien y dónde está el mal. Jamás cuestiona
sus valores morales. Sólo hay blanco y negro. Es maniquea.
Se erige en juez. Un juez rígido e inapelable.
Se muestra siempre necesitada de protección.
Al no mostrarse como es, no logra relaciones o amis•
tades profundas. Su compañero no es la excepción. Son
esas parejas que nunca se hablan, distantes, frias, sin comu•
nicación.
Es aquella que, fingiendo ser débil, todos saben que rige
y manda en su casa. Nunca abiertamente. Para ello se sirve
de la maledicencia, la intriga, la duda. "En la guerra yen el
amor..."
Sus emociones y sus afectos son superficiales. No será
nunca intensa, ni en las alegrías ni en los dolores. Estos los
usa para exhibición, como parte de la tramoya para alcanzar
la piedad y la simpatía de los demás. Le gusta que se refieran
a ella como la "pobrecita"
Se finge débil e Incapaz con el objetivo de tener a todos
al servicio de sus necesidades y su persona. Odia tener que
resolver problemas, le aterra la responsabilidad. Siempre pi-
de consejo pero termina haciendo lo que le viene en gana.
Desconfia de todo y de codos, especialmente de personas
resueltas y de personalidad definida a quienes ve como una
amenaza ya quienes secretamente envidia.
Como madre está convencida de que el precio de una vi-
da sólo se salda con otra. De ahi que te exigirá todo: la vida,
la felicidad y hasta tu integridad. Nada es suficiente para

se
ella. Siempre demandará más, querrá más. Deberás amarla
por sobre todas las cosas y pensar en ella, primero en ella.
"Tuviste madre antes que todo lo demás..."
Constantemente se finge o cree estar enferma. Así llama
la atención y tiene a todos pendientes de ella. Nunca está
más grave que cuando alguien la contraría.
Lo peor que puede hacérsele es demostrar que uno ya
no le cree, que conoce su juego. El mundo se le desploma y
ya no sabe cómo reaccionar ante esto. Entonces exagerará,
exagerará hasta el absurdo. Y quien la descubra será su ene-
migo jurado para siempre. No lo perdonará. Le hará una
guerra sin cuartel, solapada y feroz.
Todos tienen obligaciones con ella: morales, económi-
cas, emocionales. Ella... no. Ya te dio el ser, una deuda que
nunca será retribuida. No tiene por qué comprenderte ni
escucharte ni conocerte ni perdoharte. Es tu dueña. "Será
mi hijo toda la vida, hasta que me muera:'
Se sabe ignorante y, por lo tanto, rechaza el solo hecho
de pensar que sus hijos sepan más que ella y la descubran.
A cualquier nuevo conocimiento o descubrimiento lo tilda
de "estupidez, tontería : Cobarde y temerosa, se rehúsa a todo
lo que pueda significar un cambio, un reto. Es perezosa
mental y emocional.
Constantemente habla de valores morales y no permite
que nadie los olvide; sobre todo aquellos que tienen que ver
con la gratitud, el ser buen hijo, la generosidad y el respeto
a los mayores.
Sus hijos serán siempre "sus nietos"; poR TANTO, INTER-
VENDRÁ EN TODO: sus amistades, sus relaciones, sus parejas,
su comportamiento y sus creencias, que, desde luego, debe-
rín ser las de ella misma.
Aun cuando los hijos se casen o se vayan, ella continuará
dirigiendo. Con los hijos politicos, con los nietos. Se pre-
tende a perpetuidad.
Ella es la matrona. Que nadie lo olvide.
2. La manipuladora

Puede confundirse con la anterior pero ésta es más sutil.


Es la que te va "guiando" a pensar ya actuar como ella
cree que debes hacerlo.
Le gusta saber todo de todos para así manejar las cosas a
su antojo. Es espía y sonsacadora. Es una titiritera. Ama el
control. Está convencida de que ella, ella sola sabe lo que con-
viene a los demás y que sus valores son los únicos posibles.
Es absolutamente soberbia pero no lo demuestra jamás.
Esunaajedrecista ytodosson sus peones. Profundamente
calculadora y astuta pero con diplomacia.
Es peligrosa pues se finge la amiga, la confidente, para
saber todo de los demás y tenerlos, así, en su poder.
Es la que nunca se sale de sus cabales, quien jamás pierde
la compostura... pero ya te hará pagar después.
Es profunda en sus odios, rencorosa y vengativa, pero
sabe esperar. Como una araña feroz, puede "tejer" su tela
por años. Es constante, fria y despiadada.
Hondamente analítica de los demás, usará sus debilidades
y vulnerabilidad en su provecho. No logra ver a los otros
como seres humanos. Su conocimiento de ti puede ser útil
algún día. Si no, por lo menos, guarda la íntima satisfacción
de saberlo.
Cree conocerse perfectamente pues, así como ha estu-
diado a los demás, lo ha hecho con ella misma. Vanidosa,
logra que lleguen a admirar aún sus defectos. Todos la ven
como a una persona segura de si misma, bondadosa, con-
fiable, comprensiva.
fntimamente se siente muy superior y está convencida
de que los otros son seres inferiores, dominados por sus
emociones y pasiones.
Desprecia la espontaneidad, la naturalidad, la impulsi-
vidad, la franqueza, a las que vive como flaquezas.
Desprecia a los débiles, los apocados, los sumisos, Lo
que no le impide servirse de ellos.
Actúa todo el tiempo. Hipócrita y falsa, no logra rela-
ciones auténticas. Siempre lleva una máscara. Jamás es ella
misma.
Suele terminar divorciada o con alianzas frías y distantes,
a menos que la pareja se deje manipular. Es difícil conocerla
y no terminar despreciándola.
No duda en intrigar o mentir cuando así le conviene.
Astuta y cruel, nada la detendrá para alcanzar sus fines,
Siente profundo desprecio por los demás y lo demuestra
adulándolos, ponderándolos, alabándolos. ¿Cómo, si no,
podría conseguir su confianza? ¿Cómo, si no, lograría ex-
traer sus secretos?
Desafortunadamente ni sus hijos escapan a esta ma-
nera de ser. A este estilo de vida. Ellos se convierten en sus
"trofeos" Desde pequeños, logra "conducirlos" de manera

lfl
tal que, al crecer, ellos son sus propios censores y reprimen
cualquier sentimiento o pensamiento no sólo subversivo,
sino mínimamente adverso a ella.
No educa: moldea.
De todas las tiranías, ésta es qu:zá la más difícil de iden-
titcar y, por lo mismo, de combatir. ¿Cómo podría uno re-
belarse contra un ser tan maravilloso?
3. La represora emocional

Es una mujer que generalmente repite al pie de la letra el


modo como fue educada.
Se rige por inflexibles y severas reglas morales. Para
ella, todos son pecadores o malvados. El hombre es malo
por naturaleza. Censor severo, es sumamente crítica con los
demás pero también con ella misma.
Sera una excelente militar, priora o carcelera.
Odia la debilidad, la ternura, las emociones, la espon-
taneidad, la improvisación. Para ella, la vida es como las
vias del tren: un itinerario fijo de antemano, inmutable,
porque, en el fondo, es temerosa y prefiere mantenerse en
los carriles establecidos. En lo ya conocido.
Sin embargo, puede derrumbarse, literalmente, si algo
dramático ocurre y la obliga a cambiar su visión del mundo.
Propensa a cargarse de culpas a la menor trasgresión.
Suele ser fanática de una fe, un credo, ciertas ideologías mi-
litaristas o fascistoides.
Esclava de horarios, normas, convencionalismos socia-
les. No admite justificaciones ni excusas. Simplemente no
puedes equivocarte.

35
Increíblemente detallista, sobre todo en las formas. Nada
puede atar fuera de sitio. Todo debe ser perfecto.
Detesta las diversiones ranas, los juegos de arar, los via-
jes, las sorpresas, los cambios.
No llora pero tampoco acostumbra reir.
Es práctica y carece de curiosidad intelectual ya istic>_
Todo debe hacerse y aprenderse con un fin concreto. Ene-
miga de la 5Iosofa, la poesía y el teatro.
Jamás se plantea la posibilidad de estar equivocada.
Probablemente eligió marido sobre bases muy raciona-
les y realistas. Seria un buen padre, un proveedor serio. El
amor no tuvo nada que ver. Ella nunca se abandonaría a la
pasión.
Tiene pocas amistades, todas de su mismo circulo y
sumamente escogidas. Con ninguna de ellas se permitirá
cierta Intimidad.
Desprecia a los fumadores, a los alcohólicos, a los adúl-
teros! A todo aquel que no sepa controlarse.
Es austera en todo: su economía, su vestuario, su len-

Como madre, a aquella que desde pequeño va aho-


gando en ti todas lai manifestaciones que no le gustan. Su
frase favorita es \-o DEees. No debes ensuciarte, no debes
ser agresivo, no debes bromear. no debes ser impulsivo.
No te deja pensar ni sentir por ti mismo. Te dará, ya di-
geridos. su credo, sus principios, sus valores. Reprimirá todo
aquello que condena y se aparta del ideal del "hijo perfecto'
Aceptará sólo "hijos espejo; es decir, los que sean un
reflejo de si misma.

36
Tratará de ajustarte al modelo que ella tiene. Si así lo
decide, serás doctor, abogado, cura. Triunfarás en lo que
ella quiera que triunfes. Vestirás,. te comportarás, actuarás
como ella te lo indique.
Es la domadora. Para ello, se vale de todo lo posible: el
chantaje, la amenaza, la frialdad, el rechazo. Este último lo
sabe manejar como nadie. Si los hijos insisten en hacer algo
que ella no aprueba, deja de verlos, de oírlos, de atenderlos.
Les crea un vaco alrededor. Un hijo raramente puede en-
frentar este tipo de trato... y acaba cediendo.
Sacrifica la felicidad al orden. Es quien no permite que
los hijos se ensucien y les prohibe usar juguetes nuevos, !a
vajilla de las visitas o los objetos de la casa, porque son "des-
tructores': Su casa es su templo. Y, en ésta, todo es sagrado.
Odia a los animales porque son sucios y transmiten en-
fermedades. No permite que sus hijos tengan mascotas.
Creo que, en el fondo, teme que ellos se suavicen.
Clama que todo lo hace por tu bien, que después se lo
agradecerás, que la vida es dura y ella sólo te prepara para
afrontarla. Ve la vida como una batalla.
No perdona ni transige. Y si los hijos se equivocan, lo
vive casi como un ultraje personal. Si más tarde algo !e de-
muestra que falló como madre, se desmoronará.
Es inflexible e irreductible. Su familia vive siempre
como en un corsé.

37
4. La madre con hijps
perfectos o canallas

"Si NO TE CONOCERÉ YO, QUE,TE PARE" Esta frase, tan co-


mún, siempre me ha dejado estupefacta pues muy pocas,
contadas, son las madres que verdaderamente conocen a
sus hijos o logran ser objetivas con ellos.
Hablan de lo guapos, simpáticos, inteligentes, bonda-
dosos, educados y gentiles que son "sus bebés' (por favor,
quítense esta expresión). Y cuando uno conoce a esos de-
chados de perfecciones, descubre a unos Neandertales ho-
rribles, estúpidos, insensibles, groseros y apáticos.
Estas madres tienen una venda en los ojos y se niegan a
ver la realidad. No aman a sus hijos: aman la Idea que tie-
nen de ellos.
Parecen creer que, siendo sus descendientes, nada puede
esperarse que no sea la perfección absoluta.
Justifican todo lo que sus hijos hacen: "Ay, pobrecito...
un momento de debilidad' "es la influencia de su padre,
"él no es asi... son sus amigotes" Y están dispuestas a per-
donarlo todo, a solaparlo todo.
No les enseñan más que ellos son los reyes del hogar,
merecedores de todo. Que no necesitan luchar ni ganar
nada. Les ceden los lugares en el transporte público, les

39
reservan los mejores bocados, los convencen que son lo
más acabado de la creación.
Así, ellos crecen vanidosos, insensibles, desconsi-
derados, profundamente egoístas y egocéntricos... Sufri-
rán más tarde cuando vean que el mundo no los ve como
su madre.
Se educan en un profundo desprecio a la mujer, quien
sólo está para servirlos y complacerlos. Más tarde, serán gol-
peadores, padres Irresponsables de varios hijos, fatuos y ca-
rentes de autocrítica.
Algunos terminan en la cárcel, drogadictos, asesinos o
asesinados porque sus madres se negaron a ver que estos
niños no hacían la debido.
El otro extremo de este mismo tipo es la madre que sólo
ve un canalla, un delincuente en su hijo. "Ay, este niño es mi
cruz, "me va a llevar a la tumba:
Son las mujeres que, al ver que su hijo no es perfecto, que
no es lo que esperaban, deciden, entonces ver sólo lo malo,
real o ficticio. Este niño es, ahora, un monstruo horrendo, He-
no de defectos y vicios.
Con familiares, conocidos yamigos se la pasa quejándose
de lo terrible que es tener tal hijo.
No están dispuestas a reconocerle ninguna cualidad. nin-
gún valor, ningún talento. Desafortunadamente, a veces
logran que su hijo termine siendo la imagen que ella le ha
proyectado.
El caso más triste es, a mi parecer, cuando los dos extre-
mos se dan en una misma madre. Para ella, sólo uno de los
hijos es perfecto, mientras que el o los otros son demonios.

40
Así, van creando una rivalidad y un odio entre hermanos
que difícilmente llegará a zanjarse.
Aún en los casos en los cuales la comparación no es tan
dramática, no es raro ver que una madre tenga preferencias
marcadas por uno de sus hijos y que, frecuentemente, come-
ta el error de compararlos entre si.
En otras ocasiones le hace creer a uno de los hijos que el
otro la hace sufrir, la maltrata, la veja. Este hijo se convierte
en el paladín defensor de la madre. Los hijos terminan siendo
enemigos jurados de por vida, o, simplemente, no amándo-
se y sintiendo terribles celos el uno del otro.
Estas madres no logran discernir cuáles fueron sus erro-
res y lamentan los tipos de hijos que les 'tocaron' Lo triste
es que sembraron una infelicidad y un dolor insuperables en
los seres que, se supone, amaban.'
5. La madre falócrata

Es alguien que se niega a envejecer con dignidad y pretende


ser siempre joven y bella, llégando a extremos ridículos y
patéticos: mujeres de 60 años vestidas a la punk, con kilos
de maquillaje y holancitos o peinados que se usaron en su
adolescencia. Acosn;MBRA ESTAR AL TANTO del último
grito de la moda, auque generalmente en su indumentaria
hay anacronismos evidentes: peinados al día, con maquillaje
de otras décadas, etc.
Adora a los hijos varones por sobre todas las cosas. Suele
ser rival de otras mujeres, incluidas sus hijas.
Esta hace un tipo muy definido de discriminación: la dis-
criminación por género. Es siempre encantadora con los
varones, con quienes actúa coqueta y servil. Odia pasar de-
sapercibida para ellos. Es la que languidece entre mujeres
pero "empieza a vivir' cuando un varón se aproxima. En-
tonces es toda gracia y simpatía.
Es infiel por naturaleza, aunque sólo sea con el pensa-
miento. Es por ello que acostumbra ser tan desconfiada y
recelosa de las demás.
Al compañero lo ve como un "mal necesario' el hacedor
de hijos. Una vez que él ha cumplido con su misión, prác-
ticamente lo ignora.

43
No puede estar sola; si enviuda ose divorcia, se convier-
te en la "buscona' de cafés y bares, a los que acude en busca
de "galán' Algunas llegan al extremo de que, aun con 60 o
70 años a cuestas, buscan al príncipe azul.
Está convencida de que sólo el sexo la mantiene joven,.
Puede obsesionarse con un hombre mucho menor, a quien
acosa y persigue hasta el cansancio.
Aplaza el crecimiento de los hijos lo más que puede: que
se casen lo más tarde posible, dice que son menores de lo
que realmente son, odia que sus nietos le digan abuela. En
fin, abomina todo lo que le recuerde el paso del tiempo.
Desde luego, su relación con otras mujeres es mala, de
rivalidad. Es aquélla que pretende ser la única mujer en una
reunión. Hará cualquier cosa por "brillar", aun e! ridicu!o.
Sobra decir que detesta a las mujeres bellas y atractivas.
A los varones les perdona todo. A las mujeres, nada,
Jamás será feminista y le tienen sin cuidado los logros de
las mujeres, excepto para servirse de ellos.
Ve a sus hijos varones como semidioses perfectos, para
quienes ninguna mujer es digna... si acaso una como ella.
Pero como eso es imposible, se conforma con nueras sumi-
sas y obedientes a las que, en el fondo, desprecia.
Quisiera ser la única mujer en la vida de sus hijos varo-
nes. Alcanza extremos donde, literalmente, fiscaliza su acti-
vidad sexual: si tienen eyaculaciones nocturnas, si tienen
condones en sus cajones, si se masturban, o se obsesionan
por saber qué tipo de relaciones tienen con las novias, al
punto de morirse de celos. Supe de una madre que afirmaba
que su hijo era sólo de ella, de nadie más.

44
Educa a las hijas para servir a sus hermanos, para cui-
darlos y velar por ellos... en suma, para atenderlos en los
más mínimos detalles.
Cuando se convierte en suegra, suele ser la peor. Des-
confía de las nueras. Es suya la frase "El hijo de mi hija, mi
nieto será.., el hijo de mi hijo, quién sabe:
Posesiva y dominante, no se da cuenta de que ella misma
es una contradicción de lo que predica y exige.
6. La rival de sus hijas

Generalmente son mujeres que fueron bellas y deseables.


Comparten con el tipo anterior el miedo casi patológico a
envejecer. Se mantienen en forma, se cuidan el cutis, el pelo.
la figura. A veces en forma obsesiva. Suelen ser excelentes
clientes de cirujanos plásticos y clínicas de belleza.
Coqueta natural, pretende no serlo y se ofende si se lo
haces notar. Ella afirma comportarse igual con todos.
Superficial; aun cuando sea en cierto grado, culta. Para
ella, los conocimientos, la cultura y el arte son sólo vehícu-
los para ser más interesante y atractiva. Poco original en
sus opiniones y juicios, frecuentemente repite lo que lee.
No analiza, no profundiza. Y asiesen todo: amistades, rela-
ciones, familia, creencias.
Es una mujer para quien la apariencia lo es todo. No im-
porta ser; lo que cuenta es parecer.
No soporta verse desplazada por otras mujeres, inclu-
yendo a las hijas. Ninguna se compara con ella misma.
Nadie es tan lindo ni tan gracioso.
Menos tolera o acepta que otra sea mejor en ningún
campo.
Prefiere "ocultar" a su marido pues la edad de éste reve-
la que ella no es tan joven como pretende. Cuando llega a
47
presentarlo, hace comentarios como: "Me casé tan chica..."
"Era una niña cuando me casé': "Mi marido es muuuuucho
mayor que yo
Para ella, !a adolescencia, el primer amor. su graduación„
fueron !os momentos más felices y memorables de la exis.
tencia; nunca fue tan bella. Para ella, todo tiempo Pasado
fue mejor. Al superar los años treinta, entra en crisis.
Si enviuda o se divorcia, encontrará la manera de estar con
hombres mucho más jóvenes que ella.., al precio que sea.
Como madre, sigue con atención enfermiza todo lo que
sus hijas hacen para emularlas y superarlas. Competirá siem-
pre con ellas. Si las hijas van al gimnasio, ella también. Si las
hijas se pintan el pelo, ella lo hará. Si las hijas tienen un estilo
propio, ella lo imitará. En su fuero interno está convencida
de que ninguna podrá siquiera equiparársele.
En casos extremos, llega a robarle el novio a las hijas. Al-
guna; sólo coquetean con los pretendientes o novios de las
hijas, sólo por seguir comprobando que aún son atractivas.
En el fondo, odian a las hijas. No toleran la idea de que
éstas lleguen a superarlas.
Existen también las madres feas o poco atractivas que
envidian a unas hijas que son mejores que lo que ellas nunca
fueron. En estos casos tratan de minimizar a las hijas y las
hacen sentir poca cosa; harán lo posible y lo imposible por
lograr que pasen desapercibidas, aun a costa de destruir su
autoestima.
Estas mujeres se refieren a las hijas como "mis niñas';
implicando con ello la eterna sujeción e inferioridad de
éstas.

48
No aman a sus hijas... las toleran. Les guardan rencor y
envidia.
7. La madre tratante

La' lamo así por comparación con los tratantes de blancas.


Ella hace lo mismo: vende a las hijas (algunas en sentido
real, otras en sentido figurado).
Las que las venden en sentido real son mujeres empobre-
cidas e Incapaces de mantener a su familia. No encuentran
otro recurso que inducir a una o más hijas a la prostitución.
Las que las venden en sentido figurado son aquellas que
dedican su vida y sus "talentos a conseguirles el 'mejor
partido posible, en hacerlas triunfadoras o en que realicen
lo que ellas no pudieron.
Las que venden a las hijas al mejor partido se aplican
con ansia desmedida a lograr el mejor matrimonio posible
para éstas. El mejor en el sentido económico, desde luego.
El amor no importa.
Si la hija corre el riesgo de estarse enamorando de un
pobretón . ellas intervendrán de todas las maneras posibles
pan evitar ese 'error': mandarán a las hijas a un internado
o con parientes en provincia; incluso cambiarán de domici-
lio y zona con tal de conjurar el peligro.
Por lo general estas medidas no son necesarias, Prácti-
camente desde que nacen, las madres las aleccionan y forman

51
a su manera de pensar. Las hijas, entonces, crecen con un
desprecio absoluto por los pobres. Y, ya condicionadas, po•
sarán sus miradas sólo sobre aquellos que les convienen.
Son esas chicas para quienes sólo lo material interesa.
Esta madre siempre está endeudada, vive más allá de sus
posibilidades yaparenta un nivel más alto del que realmente
tiene. Invierte todo lo que posee en la belleza y la elegancia
de sus hijas. Las envía a colegios de ricos para que se rela-
cionen con el tipo de personas que "merecer:: Después de
todo, sus hijas son el seguro para su vejez.
Las educa a no relacionarse con los demás sino a triacio-
narse con el estatua.
Si alguna de las hijas llegara a resultar embarazada antes
del matrimonio, la madre la hará abortar, dará al riño en
adopción o lo hará pasar por su propio hijo. "El sartarazd:
Desde luego, nadie sabrá la verdad. Ella se encargará de que
así sea.
Siempre habla de lo maravillosas, bellas e inteligentes
que son sus niñas. Alabará su buen gusto, su discreción, su
inteligencia y su tacto. Su buena crianza.
A todos les repite que, en su familia, los matrimonios
son para toda la vida. Que, en su cuadro de valores y tradi-
ciones, el divorcio no se admite.
De esas madres solemos decir que quieren "meterte a las
hijas hasta por los ojos".
Educan a sus hijas para que no se relacionen con otras
mujeres que puedan "hacerles sombra: Las enseñan cómo
desplazar a las demás ya que, ni por equivocación, lleguen
a cimentar amistades con su mismo género.

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Toda su vida está consagrada a hacer de sus hijas excelen-
tes esposas y amas de casa. Que se conviertan en estupen-
das anfitrionas. Sabrán cómo sentarse, usar los cubiertos
adecuados, cocinar como profesionales, etc. Las formará
elegantes, discretas, mesuradas. Aprenderán a reir, hablar
y comportarse como auténticas damas. Las guiará para que
oculten sus verdaderos sentimientos, que piensen siempre
en término de conveniencia y que bajo ninguna circuns-
tancia sean ellas mismas.
Esta educación crea personas hipócritas, falaces, frus-
tradas. Pero eso no importa. Una vez que sean ricas, no
pensarán en tonterías. La felicidad depende únicamente del
alto nivel social. No hay más.
Este tipo de mujer suele tasar todo en dinero. Ella misma
cree que su virginidad, su vida y sus sufrimientos no fueron
suficientemente compensados. Nada de lo que su pareja
le proporcionaba era suficiente... sin importar el monto.
Ella valía más. Tiene un solo interés y una meta en la vida:
Lograr el bienestar.
Algunas son mujeres que sufrieron enormes penurias de
niñas y viven obsesionadas con la pobreza. Otras son exce-
sivamente soberbias y cree merecer más de lo que la vida
les brindó.
Otro tipo de madre "tratante" es la que, reconociendo
en su hija talentos especiales, dedica su vida a promoverla y
administrarla. Se convierte, as(, en una tirana. Mantendrá a
la niña alejada de toda diversión, esclavizada a su aparien-
cia, su voz, su figura y su imagen. Le cuidará la forma de
hablar, de caminar, de respirar... todo.
Huelga decir que estas niñas no viven su niñez, su ado-
lescencia o su juventud en forma normal. Se ven agobia-
das por compromisos y deberes desproporcionados para su
edad. Pronto serán más. un símbolo que un ser humano.
Estas madres, igual que las anteriores, pensarán sólo en
el bienestar económico y la fama. Incluso se inmolarán para
alcanzarlos.
Y aún cuando la madre no figure ante el público o la
escena, todos sabrán que ahí está, que es la dueña, la reina.
Su sombra permeará todo.
Otro tipo de estas madres es aquel de las que pudieron
haber sido y no fueron. Actrices, cantantes, bailarinas frus-
tradas que trunc :ron sus carreras y quedaron en prospecto.
A veces, se proyectan en sus hijas y desea que éstas termi-
nen lo que ellas no pudieron. Si tienen suerte, las hijas tienen
talento y les gusta hacer lo mismo que a sus madres. Así, no
les cuesta trabajo retomar las actividades de su progenitora.
Sin embargo, corren el riesgo de encontrarse con que ésta
siempre está insatisfecha, pues siente que ella misma pudo
haber hecho más y, por si fuera poco, sentirá que está admi-
nistrando su pr< ,pía vida, no la de su hija.
En otras ocasiones, la hija no tiene ningún talento ni ga-
nas de seguir el camino de su madre. Aquí, la madre la for-
zará, la obligará (con chantajes, con convencimientos, con
dulzura) a Nacerlo. La madre alcanzará niveles de autoen-
gaño increíbles y se convencerá de que la hija baila, canta,
actúa como nadie, mejor que nadie. Y ella se empeña, se
empeña denodadamente en lograr para su hija una opor-
tunidad, un contrato. Irá de un agente a otro sólo para en-

54
frenar nuevo frustraciones que no la hacen desistir, pero
la amargan. Sentirá, entonces, que ambas son victimas del
desconodmiento, del favoriüsmo de la ingratitud... las
excusas sobran. Por desgracia. las dos terminan siendo pro=
fundamente infelices.
8. La madre "ideal"

liste es, usualmente, un tipo de mujer que creció descuida-


da, ignorada, olvidada. No quiere que sus hijos padezcan lo
mismo y cae en el extremo contrario. Puede ser también
una mujer para quien la maternidad parecía vedada, por
edad o por condiciones médicas.
Es la clase de mujer que, siendo madre, se convierte en un
ser asexuado. Deja de existir corno mujer. Jamás la corce-
birás haciendo el amor, teniendo una aventura, ni siquiera
con pensamientos de orden sexual. Es MADRE. Nada más.
Se olvida de si misma, de su pareja, de todo. Su vida tie-
ne sentido sólo en función de su maternidad. A su pareja
la ve como el proveedor; en el fondo, no le importa nada de
él. Usa frases como: "En la calle puedes hacer lo que quie-
ras... pero la casa me la respetas'
Su mundo, su universo, es el hogar. No permitirá que
nada ni nadie lo altere o lo ponga en peligro. Defenderá con
todas las armas posibles ésa, su realidad. Ahí no para en
mientes. Todo es válido: la difamación, la intriga, la ame-
naza, el chantaje. Aunque, claro, se sentirá mal de l?acer!o.
;Ella es tan buenal... La obligan a actuar sal.
Es una reina benévola. Desde su trono maneja, con amor,
la vida de los suyos. Nunca recordará que fue hija, que fue
joven, que cometió errores. Nunca sabrán los hijos que ella
vibró, sufrió, lloró, deseó a otro hombre. La maternidad
canceló el pasado. Se convierte en icono.
Es profundamente conservadora y tradicionalista. Todo
deberá estar siempre en orden y ser perfecto. Ella no tiene
tachas.
Excelente ama de casa, tiene todo en abundancia: vaji-
llas, mantelería, cristalería. En casa nada puede faltar. Es
previsora hasta la mania.
Está convencida de amar profundamente a los hijos sin
darse cuenta de que los ahoga.
Es la madre sobreprotectora que nunca deja que los
hijos asuman riesgos. Pretende resolverles la vida. Si pu-
diera, los pondría dentro de un capelo de cristal donde no
los tocase ni el aire.
Sus hijos son valiosos y preciosos, no tanto por ellos
mismos sino en la medida en que son una proyección y una
continuación de ella misma. Son la prueba de que triunfó
en la vida.
Los sobreprotege, los mima; no los expone, los castra. A
sus ojos, sus hijos permanecen siempre niños.
Está siempre pendiente de todas sus necesidades y
cambios. Tiembla ante la posibilidad de que enfermen,
sufran, se accidenten. Por ello los abriga de más, los agobia
con medidas sanitarias y antisépticas, les prohibe juegos
"peligrosos': Quisiera ahorrarles todo dolor, todo sinsabor,
todo fracaso.
Cuida, enfermiza, lo que comen, leen, estudian; sus amis-
tades, sus diversiones. No soporta que otros niños peguen

58
a sus hijos ni les causen fastidio. Siempre culpa a los otros
niños de riñas y pleitos. Selecciona con cuidado quirúrgico
el ambiente, las escuelas, las actividades de sus niños.
Les imbuye miedo a todo: el agua, los animales, los ld-
drones, la aventura, lo desconocido. Les repite hasta el can-
sancio que el mundo es un lugar peligroso.
Sus temores la llevan a ser profundamente religiosa.
Asi logra sentir que sus hijos estarán siempre protegidos y
guardados. "Dios no permitirá que nada les pase:' Sin darse
cuenta, hace de Dios su niñera.
Desea lo mejor para sus hijos... lo mejor según sus
propios cánones, sin importar lo que ellos quieran. Se co-
munica poco o nada con los suyos. No los conoce, sólo los
asume. Está convencida de que son tal como ella quiere que
sean. Punto.
No se percata de cuán soberbia es su actitud. Cree poder
con su vida y con las de los demás.
Dice y pretende no desear otra cosa que la felicidad de
sus hijos, pero, secretamente, exige su eterna gratitud y su
amor. No se conformará con menos.
No reconoce que, en lo interior, cree a sus hijos unos in-
capaces y los mantiene siempre adolescentes emocionales.
Les impide todo crecimiento y les niega la independencia y
la libertad.
Al igual que otras madres, no acepta que los hijos se
cuestionen sobre sus valores morales. Sólo los de ella son
buenos. Los demás viven en el error.
Ella es perfecta, su mundo es perfecto, sus hijos son per-
fectos. Aunque, claro, tendrá que descender eventualmente

59
para admitir a los hijos políticos, quienes no tendrán, claro
está, tales niveles de excelencia. Ni modo.., habrá que hacer
concesiones.
Estos hijos no llegan a ser felices en el mundo real; no
logran adaptarse a éste ni, mucho menos, a comprenderlo.
Generalmente aspiran a mucho más de lo que pueden
lograr y, por supuesto, carecen por completo del senti•
do de autocrftica. Les será dificil encontrar pareja y serán
excesivamente exigentes con los demás, amén de intoleran-
tes. Por decepción, pueden caer en el alcoholismo o en las
drogas.
No lograrán seguridad en si mismos. Crecen constante-
mente necesitados de guía y de consuelo. No saben estar
solos, aunque as( terminen. Su comunicación con los de.
más es superficial y esporádica. No tienen nada que contar,
no pdeden identificarse con otros. Son profundamente ego-
istas y egocéntricos.
La ironía de estas madres es que, creyendo educar a
seres perfectos y felices, logran sólo mediocres mal adap-
tados.
9. La madre tirana

Es la que no disimula. Es déspota, feroz, sin atenuantes.


Dominante, aprendió que la mejor defensa es el ataque.
Terriblemente insegura de si, ignorante y mediocre, hace de
la tirania su escudo y fortaleza.
Le aterra que la conozcan como es, pues no se gusta a si
misma.
Impone su ley a cualquier precio: insulkos, golpes, cas-
tigos. No se detiene ante nada. Cualquiera que la contradiga
es su enemigo. No dialoga, no trata de comprender, se con-
sidera poseedora absoluta de la verdad.
Es celosísima de su entorno y su "reino': No admite ex-
traños en éste.
Posesiva hasta la obsesión, todo le pertenece: marido,
hijos.
Ocultará hasta la muerte sus debilidades y ternuras. Es
una mujer de hierro, aunque en el fondo es Insegura, mie-
dosa y cobarde. Cualquier cambio en su forma de vida la
hace temblar. Odia los imprevistos, las mudanzas, las aven-
turas. Detesta las novedades.
Una mujer que no tiene convicciones ni fe ni credo real.
Es vagamente religiosa, apolítica, sin sentido de pertenen-
cia, No se identifica, ni le interesa.
Es quizá el tipo de madre más dificil de encontrar en
estado puro.
Sólo en raras ocasiones invierte los términos y aparenta
ser débil y dependiente. Este recurso lo usa sólo er. casos
extremos. Le dura poco pues casi inmediatamente vuelve a
asumir su papel de tirana.
Hondamente egoísta y egocéntrica. siempre habla de ella
y de su familia. El resto del mundo prácticamente no existe.
Sus juicios y opiniones son absolutos. Todo lo ve en
blanco y negro. No hay matices.
No soporta la soledad ya que no puede dialogar con ella
misma. En lo más Intimo, sabe que odiaría lo que encon-
trase.
Y, a pesar de odiar la soledad, está profunda e irremisi-
blef lente sola. Nunca se comunicará ni se abrirá con nadie.
Todo se lo guarda. Nadie la conoce verdaderamente.
Soberbia, agresiva, conflictiva, termina siempre en pleitos
y problemas con todos, Cree que el mundo debe adaptarse
a ella.
Escandalosa y exhibicionista, suele hacer de todo una
tragedia o un drama, principalmente en público. Muy den.
tro de si tiene una gran necesidad de llamar la atención. Es
su forma de decir: "Aquí estoy':
Se casa con hombres pusilánimes y apocados, a los que
somete a su arbitrio y voluntad. No les deja otro papel que el
de bulto afable.
En familia, ella decide todo sin tomar jamás en cuenta el
punto de vista de los demás.
Aun en sus relaciones con familiares y conocidos, ella
pretende dictar normas y condiciones. Tiene alma de mili-
tar. A todos dice lo que tienen que hacer. Para ella, la vida es
una lucha. Con seguridad ella aprendió a abrirse paso a co-
dazos y trompicones. Fue su manera de sobrevivir. Desafor-
tunadamente, nunca logró despojarse de la armadura.
No tiene amigas, ni relaciones duraderas. Np puede ni
quiere. Al proyectarse sobre los demás, los rechaza, los re-
pele, no los tolera.
Su neurosis la obliga a estar siempre en movimiento.
Nada de introspección. Es hipérquinética. No puede leer
ni seguir un concierto, una película, una obra de teatro,
pues siempre quiere estar en todo, conocer todo, controlar
todo.
Rehúsa la intimidad con todos, aun con los propios hijos.
Desconoce la intensidad. No llegará a emocionarse ni a
ser feliz con nada. Está imposibilitada para el sentimiento
auténtico. No conoce la ternura y la teme.
Es un manojo de contradicciones y actúa más por impul-
so que por convicción.
Los hijos de estas mujeres están siempre en tensión.
No aman a su madre, le temen. Pronto aprenderán trucos
para engañarlas y escapar, aun por momentos, a su control.
Serán sumisos, inseguros, camaleónicos. Es factible que los
hijos varones lleguen a odiar a las mujeres. Para sobrevivir,
estos niños se convierten en histriones. Sólo mostrarán la
cara que su madre desea ver. Serán recelosos, taimados,
desconfiados.
Por su parte, la madre se ciega totalmente y ve a los hijos
tal como ella quiere que sean. Y, aún cuando vislumbre

63
defectos y errores, los omitirá, los negará. Los hijos tienen
que adaptarse al modelo que ella les impuso. No hay más.
No se acerca a los hijos, no los comprende ni los escu-
cha. No desea saber si tienen luchas internas, si dudan, si
sufren.., a ella nadie la ayudó.
Rabiosa toda la vida, puede soltar golpes a diestra y si-
niestra sin medir las consecuencias. Explosiva a la menor
provocación, es de quien suele decirse: "Pobrecilla... está
enferma de los nervios". Y, por absurdo que pueda parecer.
por esto siempre son toleradas y mimadas. En el fondo se
les mira como irresponsables.
Ésa es la Ironía en estos casos: Que creyendo ser las
dueñas de la situación y percibidas como robles, se les ve
como a enfermas a quienes se debe sufrir y aguantar.
Es por ello que los hijos terminan "dándoles por su lado';
es decir, manipulándolas y sintiendo lástima por ellas.
10. La madre "manuales"

Es la que, insegura de poder ser buena madre, se prepara


para la maternidad leyendo cuanto libro, folleto o articulo
cae en sus manos que le dice cómo lograrlo. No importa, ni
se pregunta, si son aptos para nuestra idiosincrasia o rea-
lidad, si se aplican a las condiciones particulares en las que
ella vive, si se avienen al temperamento o carácter de sus
hijos y el propio. Nada. Ella es literal: seguirá todo al pie de
la letra. No tiene opciones ni criterio propios.
Termina, según lo que va leyendo, siendo demasiado
rigida o demasiado permisiva. Peor aún, puede alternar
ambos comportamientos.
Si viene de hogares violentos y represivos, termina siendo
demasiado condescendiente. No sabe o no quiere imponer
ciertas normas, cierta disciplina. Confunde el orden con la
crueldad.
Es una mujer con una infancia incomprendida ysolitaria,
quien termina soñando con una vida perfecta: un príncipe
azul y una familia maravillosa. La fantasía fue su refugio.
Sea cual sea su origen, está convencida que a ella no la
educaron bien. Inconscientemente desconfía de su madre,
as¡ que jamás acudirá a ésta eh busca de orientación o con-
sejos.
A.5
Deja de ser mujer, compañera, amiga, para entregarse a
su única misión en la vida: ser la madre ideal. Tiene la enor-
me necesidad de demostrarse que ella no fallara. A la ma-
ternldad le ha apostado todo...
Sin darse cuenta, ella desplaza a su pareja de la partici-
pación en la formación y educación de sus hijos. Atosiga a
su mando ya todo el mundo con sus fórmulas. Mi. el aca-
ba por dcsinteresarsc y aburrirse, además de sentirse enor-
memente ignorado y dejado de lado. Son parejas que suelen
terminar alienadas o separadas.
Ella es madre de tiempo completo: piensa como madre.
viste como madre, se comporta como madre... siempre.
Reprimirá sus impulsos todo el tiempo pues es de "mal
tono" perder los estribos, enojarse, violentarse. Sólo con-
sigue acumular frustraciones.
Su vida, sus intereses y su fxito están determinados por
el hecho de lograr hijos perfectos. Sacrificará todo a este
propósito.
Sus amistades y sus relaciones serán otras madres igual.
mente preocupadas y empeñadas en dicha tarea Sus con-
versaciones y sus actividades girar, alrededorde la formación
y educación de :os hijos. No hay más. Es una risión.
Lo irónico es que, pretendiendo ser moderna, se vuelve
tremendamente tradicional.
No estudia ni conoce a sus hijos. No sabe lo que ellos
verdaderamente necesitan. ni si su carácter o personalidad
permiten una conducta o la otra. No duda. Intimamente
está convencida de que sellases padres le fallaron y no va a
repetir las mismas 'tonterias" que hicieron con ella.
Su hogar es siempre ordenado e impecable. pensado
para los niños. La decoración, las diversiones, los estudios,
los pasatiempos, los juguetes, serán elegidos según lo que
ordenen los manuales o revistas en turno. Tiene la convic-
ción de que nada puede salir mal. ¿Cómo, si ha seguido a
pie juntillas la voz de los expertos?
Más tarde, cuando descubra que la vida no es sólo lo
que los folletines decían, terminará muy confundida, estu-
pefacta y, probablemente, amargada.
Es otra de las madres que terminan conduciendo a los
hijos hacia un modelo que ellas mentalmente se han creado:
"No digas eso..: tú no eres as(': "No te gustaría mejor...?'
De esta manera les impone una conducta falsa, contraria
a lo que ellos verdaderamente son.
Es triste que esta madre no llega a comunicarse real-
mente con nadie. Pretendiendo la relación ideal termina
por no tenerla en absoluto.
Es la que administra todo: el amor, en el momento jus-
to. La ternura, cuando se indica. El apapacho, cuando se re-
quiere. No se percata cuán monótona hace su vida y la de
los demás.
A pesar de todo, ella se convence de que otorga la libertad
de ser.
Los hijos de estas madres, no soportando la ambivalen-
cia, terminan siendo indiferentes, abúlicos e insensibles a
las relaciones humanas. Se acostumbran a una doble perso-
nalidad: la que manifiestan en casa y la que tienen en el
mundo fuera de ésta. Son terriblemente hipócritas, por ne-
cesidad.

67
11. La madre ausente

No se trata aquí de una ausencia real, sino de una completa


frialdad e indiferencia.
Usualmente se da en madres que parieron por motivos
diversos, no porque realmente hubiesen deseado la mater-
nidad. O de madres que llegan a sentir que los hijos les ro•
baron todo: su belleza, su pareja, sus oportunidades...
Ven a,los hijos como a un lastre, como a una cruz. No los
aman ni los amarán jamás. Difícilmente los toleran, lo cual
les llega a causar enormes remordimientos ocasionales. En
esos momentos tienen incontrolables "ataques" de amor y
les compran su juguete favorito, les dedican todo el dia, los
pasean y los cubren de besos y caricias.., para caer después
nuevamente en la mayor indiferencia. Estos niños son
transportados del hielo al fuego, de forma constante.
Este tipo de madre no proviene de un tipo determinado
de hogar o educación. Lo que la hace pertenecer a éste es
la clase de vida o sueños que tuvo hasta el momento de ser
madre. Fue su v(a a la maternidad lo que puso su impronta.
Truncó su carrera o aspiraciones por "atrapar a un hom•
bre' por miedo al fracaso, porque no sabia manejar el éxito.
Probablemente tuvo a los hijos para después engañarse
a si misma y decir que fueron ellos los que le impidieron
realizarse.
Terriblemente contradictoria, oscila siempre entre la va-
nidad y el desprecio por al misma, entre la seguridad y la
incertidumbre, entre él amor y el odio. Es apasionada y no
conoce términos medios. Pasa de un estado de ánimo a otro,
de una convicción a otra, con pasmosa rapidez. Arrastra
una depresión de años. Puede ser eufórica o suicida.
Nació para ser Joven. Hasta los 40 años, alimenta la es-
peranza de "rehacer" su vida. Después de esa edad, no sabe
qué hacer con la vejez ni le interesa. No la incluyó en sus
planes. Puede acabar medio loca, más como un refugio pa-
ra el arrepentimiento y los sentimientos de culpa que por
auténtica patologia.
Es una persona atrapada en su pequeño mundo. Es la
prisionera de si misma.
Como en el fondo se desprecia, puede llegar a caer en
relaciones que la "flagelen" y termina más apegada a aquellos
que le hacen daño que a aquellos que de verdad la quieren.
íntimamente siente que debe ser castigada.
Impulsiva y superficial, está destinada a cometer siem-
pre los mismos errores sin detenerse a pensar en qué falló.
Fallan los demás, no ella. Ante los problemas descubre sólo
un aspecto y sobre ése se lanza sin más consideraciones, sin
más análisis. Es perezosa mental y emocional, por ello se
gula todo el tiempo por clichés: "Conozco a la gente sólo
de ver cómo saluda: "La gente buena tiene lóbulos grandes';
etc. Esquematiza todo en las relaciones humanas; para ella,
dos y dos son siempre cuatro.

70
Es maniquea y velo bueno y lo malo. Rápida para emitir
juicios y opiniones, frecuentemente termina desilusionada
de los demás.
Es intolerante y feroz porque no logra perdonarse.
Valora en mucho lo que da yen poco lo que recibe.
Convivir con ella es un viaje en la montaña rusa. Así de
profundas y encontradas son sus emociones.
No logra amar ni aceptar a los demás como son.
Idealiza lo que fue y lo que perdió. Está convencida de
que "pude llegar lejos': Puede présentar casi todos los tipos
de madre que hay: dominante, tirana, chantajista, manipu-
ladora, etc., pués, al no ser madre por convicción, reacciona
según sus estados de ánimo, sus culpabilidades, su dicha
o su desdicha momentáneas. Posiblemente sea el tipo de
madre más difícil de comprender y tratar. Lo que hoy le pa-
rece una travesura, mañana lo ve como un crimen. Asiesen
todo. Nunca se sabe qué esperar de ella.
Frecuentemente repetirá a los hijos cuánto sacrificó por
ellos, cuánto le costaron, y los agobia con la responsabilidad
inmensa de su propio fracaso. Ellos siempre lamentarán
haber dañado asía su madre, irremisiblemente.
Más tarde llegará a pensar que, no importando cuánto
puedan darle los hijos, nunca será suficiente para compen.
sarla.
En su fuero interno está convencida de que los hijos le
"jodieron la vida. No podrá conocerlos ni quererlos ni acep-
tarlos. Ella estará siempre amargada, frustrada e infeliz.
Buscará tener todo tipo de actividades con tal de no estar
en casa, con tal de no convivir con ellos.
Al haber tenido a los hijos con un objetivo malogrado, la
culpa no es de ella, es de los "escuincles'!
Desearía haber tenido clones, tan bellos, tan inteligen-
tes, tan graciosos como ella. No estos remedos de si que
nunca terminarán pareciéndosele.
Además, con clones, ella tendría esa segunda oportuni-
dad siempre anhelada.
Estos hijos crecen huérfanos. Se habitúan a resolver sus
problemas, a enfrentar la vida solos, como puedan, en una
inmensa soledad. Frecuentemente crean "alianzas" para en-
frentarse a sus "enemigos" comunes, incluida-la propia ma-
dre. Saben que sólo se tienen los unos a los otros. No cuentan
con nadie más.
Con las hijas se muestra profundamente celosa y envi-
diosa; sobre todo si son guapas y talentosas. Ellas tienen
i
el futuro. Ellas están en el punto en el cual ella renunció a
vivir. Consciente o inconscientemente, trata de conducir-
las a la misma infelicidad, la misma aridez "Eres como yd:
"Vas a cometer los mismos errores que yo' "A tu edad,
yo también era asi' Muchas de estas hijas acaban creyen-
do esto como un oráculo y no logran escapar de este destino
manifiesto, impuesto por quien, suponen, las ama más que
a nadie en el mundo.
Al dejar a los hijos crecer y desarrollarse sin ayuda ni
intervención, no comprenden por qué después éstos ni la
consideran ni la incluyen; por qué no la aman como de-
bieran.
Acaban sus vidas en un gran vacío y en una soledad in-
mensa.

72
12. La madre racista

Habitualmente viene de un ambiente y una familia "autóc-


tonos'; es decir, morenos, con rasgos indígenas o negroides.
Secretamente asocian el color de la piel con un mejor estatua
económico y social. Desean, aun cuando no lo confiesen,
'mejorar la raza'.
Hay subdivisiones en este tipo: las que discriminan por
género, por enfermedad, por fealdad, etcétera.
México es, aun cuando nos disguste adntltirlo, un país ra-
cista. Basta con oir nuestros dichos populares: "Indio pata
rajada, "Es más indio que el nopal'; "No seas indio; "No
tiene la culpa el indio..:' O bien, cuando hablamos unos de
otros: "Tapón de alberca' "Pinche negro; "Más negro que el
carbón: Y cuando alguien quiere quedar bien con nosotros:
"Güerita' "Mi güera chula : Aberrante que llevamos este tipo
de trato al hogar.
Hay madres que prefieren por sobre todas las cosas al
más blanco, al más rubio de sus hijos. Al más alto, al de ojos
claros, al más guapo. A un grado de llegar, en ocasiones, a
hacer a un lado a los demás. O peor aún, hacer que todos
adoren y sirvan al consentido.
Algunas llegan al extremo de teñirse el cabello o com-
prarse lentes de contacto en colores para que la gente vea a
7,
quién salió el "cachorrito'! No importa que parezcan nega-
tivos de fotografla. ¿Quién se fija en minucias?... No ellas,
desde luego.
Otro tipo de discriminación se da por género. Ya vimos a
la madre falócrata. Aunque hay otras que prefieren a las hijas
porque "éstas son más buenas, son más dóciles, más dulces y
tAMÁs abandonan a sus madres': Son el pasaporte a una vejez
tranquila. En cambio, los hijos se encuentran "cada lagartona'
que hasta de sus madres se olvidan.
Las hay homofóbicas. Odian al hijo o a la hija homo-
sexual. Para ellas no hay mayor afrenta que el no perpetuarse.
Además, se sienten ridiculizadas al enfrentar el qué dirán.
Otra es la madre que discrimina al más feo. Generalmente
lo esconde, lo ridiculiza, lo hace sentir diferente o se deslin.
da de él como si no le perteneciera o no descendiera de ella.
Igualito a su padre': "si tiene la jeta de mi suegra; ",A quién
habrá salido éste...?" Cualquier frase es buena para que
todos sepan que la fealdad no la heredó de ella.
Otras veces les pone epítetos, apodos ofensivos y crue-
les: "Cara de tamal'; "Variz de pelots "Boca de garage;
"Ojos de ratón': etc. Y los cris enormemente acomplejados
e inseguros.
Hay algunas que desprecian o se avergüenzan de un hijo
enfermo. Lo ven como a un estigma, un castigo de Dios, un
producto de sus pecados. Secretamente desean su muerte.
Se limitan a medio alimentarlo, a medio vestirlo, a medio
atenderlo. Con suerte, enferma...
En algunos casos, como en el sindrome de Down, llegan
a atormentarse pensando que los demás puedan culparla

74
por haberte pasado eso" a su hijo. Que otros digan que ella
es defectuosa y que no puede tener hijos sanos.
Algunas otras, más sutiles, exhiben al hijo sólo para que el
resto del mundo vea cuán abnegadas, sufridas y buenas son.
Algo irónico es que, frecuentemente, estas madres se
han casado con hombres que presentan las caracteristicas
que ellas tanto discriminan: morenos, chaparros. feos, etc.
Este tipo de madre, para ml, es la prueba fehaciente de
que no amamos intrinsccamente a nuestros hijos sino en
función de vanidades. imágenes, aspiraciones.
13. La madre ortodoxa

Este tipo de madres suele venir de familias muy tradicio-


nalistas que siguen las normas y convencionalismos socia-
les —sobre todo los religiosos—, cueste lo que cueste.
Es la mujer que celebra bodas,, bautizos, funerales.., a lo
grande y según la usanza. Obedece el calendario y el santo-
ral con precisión matemática: las fiestas de la candelaria, las
de San Judas Tadeo, las de San Antonio, las de La Virgen de
Guadalupe, etc.
Es profundamente religiosa, aunque de una religiosidad
más bien sincrética, sin que ella lo sepa. Combina fe con
brujería con pasmosa facilidad, aunque, a sus ojos, eso no
sea una contradicción.
Profundamente conservadora, nadie puede salirse de los
roles establecidos. Para ella, los hombres deben ser "bien
hombres" y las mujeres se deben a su casa.
Por norma, rechaza todo lo moderno. No escucha nada
que contradiga su fe, sus principios, su manera de vivir y
actuar. Es la que es católica porque es la religión de sus padres
y abuelos, aun si no sabe nada de la iglesia ni de su historia
ni su liturgia.
Da un sentido místico a la vida. Dios sabe lo que hace.
Las muertes, los nacimientos, los accidentes, las tragedias
y hasta los fenómenos naturales se dan porque Dios así lo
dispuso. No hay que rebelarse ni preguntarse, sólo resig-
narse. Más allá de Dios no hay explicación posible ni la
busca.
Es la que sufre y calla. Dios le escogió esta vida y ella no
es quién para rebelarse. "Hágase la voluntad de Dios."
Si por ella fuera, el mundo hubiese permanecido igual.
Inmutable.
Viste siempre con la mayor seriedad y austeridad. Sus
conversaciones versan sobre santos, misas, recetas de cocina,
labores del hogar y la familia.
Es iletrada y elemental. Si alguna vez tuvo alguna curio-
sidad intelectual, se la vedó totalmente.
Respeta las reglas de la vida. No sueña con inconformarse.
Ni ante la vejez, ni la tragedia, ni la muerte.., siempre ha
sido asi.
Cree absolutamente en el castigo divino. Por ello no se
permite jamás dudar ni tener malos pensamientos. No en-
frentará luchas Internas, contradicciones, dilemas. Intima-
mente es comodina y abúlica. Heredó un mundo ya hecho:
religión, costumbres, modo de ser y vivir, ideología. Nada
ni nadie le hará cambiarlos o cuestionarlos siquiera.
Su fe no impide que el cumplimiento de las tradiciones
tenga un carácter inminente de aceptación social. Se moriria
antes que dejar de cumplir con lo que dictan los cánones.
Probablemente no haya conocido el amor ni el deseo. O
se los negó. Su marido fue elegido por sus padres y ella lo
aceptó como se acepta el clima.
Es, en el fondo, infeliz, lo que la convierte en una persona

78
frustrada, envidiosa, morbosa, pero demasiado inhibida
para confesarlo.
Es una censora, una inquisidóra nata, aunque preten-
de disimularlo. No perdona ni acepta a quienes viven "pe.
candil:
Cruel y feroz en su critica a los demás aunque siempre de
forma solapada, nunca abiertamente. Mantiene la imagen
de una mujer dulce y maternal, incapaz de ninguna falta.
Como vive pendiente del qué dirán, piensa que los de-
más hacen lo mismo.
Es la que educa a los hijos en total sumisión al padre; a
las hijas, en sumisión al macho. La que hará todo porque
acepten los roles establecidos, los convencionalismos, y so-
bre todo, la religión.
Para los quince años de sus hijas empeñará hasta la
cuarta generación, pignorará, venderá lo que pueda. No
importa que queden endeudados por años, no importa que
su nivel de vida descienda drásticamente. As¡ hará con ma-
trimonios, bautizos, funerales. Se enorgullece y ufana de
que la hija llegue virgen al matrimonio. Si eso no ocurre, la
obligará a abortar o la echará de su casa. Puede ser despia.
dada con las hijas "pecadoras:
Es la que predica amor pero lleva odio en el alma.
Es más común encontrar este tipo de madres en pro-
vincia, donde aún se ve este comportamiento como ade-
cuado.

79
14. La madre migrante

Ésta es una problemática especial muy común, ahora en


nuestro país, que genera grandes trastornos sociales, eco-
nómicos, psicológicos, emocionales, y que en algunas re-
giones está transformando, quizá para siempre, a la familia
mexicana y también a la sociedad en su conjunto.
En algunas zonas de nuestro país es ya común ver pobla.
ciones de sólo mujeres y niños. En otras, únicamente niños
y ancianos.
Aquí, más que ver cómo es la madre migrante, hay que
ver lo que su ausencia provoca.
Hemos observado principalmente dos tipos de madre
migrante: la que no encuentra en su país los medios para
subsistir, y otra que, iniciando una relación con un hombre
migrante, decide seguirlo, cortando, a veces definitivamen-
te, con su vida pasada.
Uno de los efectos más evidentes y dramáticos de tal
migración es el abandono en el cual crecen los hijo9 de mi-
grantes. Otro es la cantidad, cada vez mayor, de Niños y
adolescentes cruzando la frontera, y en muchas ocasiones
muriendo en el intento y terminando en manos de perso-
nas que los explotan de una u otra forma.
Son niños que crecen sin cohesión familiar, social...
entre gente vieja, generalmente los abuelos, quienes no
tienen ya el ímpetu ni el vigor para educarlos.
En cierta forma estos niños se convierten en los hijos de
nadie. Ya no tendrán identificación ni arraigo con su país,
con su familia, con sus raíces. Permanecen en ninguna
parte. Son una generación que crecerá en un abandono y
desamparo, como no se había visto antes.
El gran mosaico de conductas, razones, situaciones y
problemáticas que trae aparejada la migración no puede
ser tratada en un capitulo, ni siquieraen un libro. Merecería
tratados completos y estudios multidisciplinarios a fondo.
Sólo quiero señalar dos cuestiones:

• En los mejores casos, cuando estas familias vuelven a


reunirse, si alguna vez lo hacen, sus miembros son ex-
traños los unos a los otros y arrastran resentimientos y
rencores difíciles de superar.

• Es injusto que, siendo el ingreso por remesas de mi-


grantes el segundo más importante del país, nuestros go-
biernos hagan tan poco por los hijos de migrantes.

Después de todo, su sufrimiento nos sostiene. Todos es-


tamos en deuda con estos niños.

82
15. La madre cómplice

Como su nombre lo indica, es aquella que se convierte en


compinche y cómplice de su nueva pareja en contra de
los hijos que tenga de relaciones anteriores. Entre ambos
pueden llegar a mostrar grados de sevicia y crueldad inau-
ditos que, en algunos casos, llegan al infanticidio, la viola-
ción y la mutilación.
Esta es una mujer insegura que odia la soledad y, por lo
tanto, está dispuesta a todo con tal de evitarla. Proviene de
hogares violentos y mal avenidos donde probablemente ella
fue víctima de abusos. De ahí los grados de sadismo que
puede llegar a alcanzar.
Quizá se casó con la esperanza de huir de ese ambiente
y, al ver que el matrimonio no cambió sustancialmente su
vida, termina separada o continúa casada. Lo que no es
raro, pues es una auténtica garrapata emocional que ne-
cesita pruebas constantes de amor y afecto, y termina ahu-
yentando lo que tanto desea.
Generalmente —no siempre— tiene escasa preparación
y cultura, sin talentos especiales. Perezosa mental y física,
preferirá tener la compañía de un hombre que la mantenga
aun a costa del sacrificio de sus propios hijos. Yen lugar de

83
enfrentarlo e impedirle dañar a los suyos, optará por con-
vertirse en su cómplice.
Algunas veces lo hará en forma pasiva; es decir, permi-
tiendo que él corneta todo tipo de arbitrariedades, malos
tratos, vejaciones, sin que ella intervenga en éstos directa'
mente. Se convence de que es el precio para retener a su
"hombre' y finge no darse cuenta de lo que ocurre, de tener
miedo ella misma —lo que llega a ser cierto— o que a ella
le duele "tanto como a ustedes'! Inmolará a sus hijos antes
que fracasar una vez más.
Otras terminan participando de los actos atroces y se
convierten en sádicas. Lo harán, en parte, por revancha
ante la vida, en parte por demostrarles a ellos que están de
su lado; lo harán por cobardía.
Lo peor es que, para lidiar con sus remordimientos, ter-
minan convenciéndose de que todo es culpa de los "chama-
cos'... "Si fueran buenos niños'... "Si no fueran tan rebeldes"
y "Se portaran mejor"; sólo así se soportan a si mismas,
Si el padrastro llega a copular con su hijastra, la madre
la culparía a ella. Ella lo provocó, ella se lo buscó. Y si la
muchacha resulta embarazada, la arrojará de casa. En el
fondo, los celos la matan y no halla cómo deshacerse de
su "rival".
Lo trágico en esta situación es que ella misma termina-
rá vejada y abandonada —casi siempre— por un hombre
que en su fuero interno la desprecia por haberle permitido
todo y no haber sido capaz de defender a los suyos. Si la
relación, pese a todo, continúa y los hijos se van, ella se con-
vierte en el único blanco posible.

84
Esta mujeres acaban atrapadas en un mundo de cruel-
dades e injusticias interminables. Se aislan temiendo y odian-
do la mirada y el juicio de los demás. asi como las posibles
consecuencias legales de su proceder. Cree que todos tienen
la opinión que ella tiene de sí misma.
Para evitar que sus familiares, vecinos y amigos se ente-
ren de lo que sucede en su hogar, se vuelve agresiva y hosca,
marcando una línea imaginaria que no permite que nadie
transgreda.
Los hijos de estas madres crecerán con un sentido de
angustia, abandono y dolor indecibles que se traducirán
en odios y venganzas sin fin. Son niños destructores. Sue-
len maltratar y torturar animales y a niños más pequeños.
indefensos como ellos mismos. Serán incapaces de dar,
amar y sentir. Juzgarán al mundo como un lugar hostil y
despreciable. Así medirán todo. Serán temerosos y des-
confiados, agresivos y desdichados.
Lo más triste es que repetirán las conductas que tanto
odiaron.
Quizá terminen odiándose y autodestruyéndose.
16. La madre promiscua

Es el tipo de madre que comienza temprano su vida sexual,


adolescente incluso. Es la muchachita que se embarazajoven
y decide tener a su hijo, a menudo por las razones menos
válidas: escapar de su hogar, "atrapar" a la pareja, no estar
sola. Aún juega con muñecas e idealiza la maternidad, cre-
yéndola un juego más, todo miel sobre hojuelas; no se siente
capaz de terminar o no le gustan los estudios, odia la escue-
la y cree que, al convertirse en asna de casa, será dueña y
señora de su propia vida.
Son niñas que generalmente no han recibido alguna edu-
cación sexual en casa y desconocen cómo cuidarse, Suelen
ser niñas no atendidas por los padres, quienes creen que el
hijo compensará el amor del cual carecen. Terminan con-
fundiendo sexo con amor y aceptan todo lo que el novio les
propone y promete. Son crédulas porque necesitan serlo.
Son niñas sedientas de amor y atención.
Sus parejas son también jóvenes y huirán agobiadas por
una responsabilidad que no quisieron ni buscaron. A veces
son hombres casados que lo mismo escaparán.
Al convertirse en madre a edad temprana, sola, sin apo-
yos, abandona la escuela y comienza a trabajar en lo que sea.

87
Sintiéndose frustrada, pronto encontrará otra pareja.
quien le hará las misma promesas, los mismos juramen-
tos que la anterior. La hará sentir amada y deseada y, entre
su necesidad de creer y la ansiedad por darle un padre a su
hijo, caerá en el mismo error.., muchas veces.
Llega a los veintes y los treintas con tres, cuatro o más
hijos de otros tantos padres. Una amiga mia las llama la
"madre muestrario''.
Son promiscuas más por necesidad emocional que
sexual.
Es sorprendente que no crezcan, que no maduren, que
no aprendan. Se empeñan en ver la vida como ellas qui-
sieran que fuese. Se contarán eternamente sus sueños in-
fantiles, sin importar cuántas veces fracasen.
Tristemente, terminan siendo vistas como "mujeres có-
modas". Puede obtener todo con ellas.., por un tiempo.
Proporcionan asilo, hospedaje, sexo por el tiempo que el
compañero en turno quiera... son fáciles de abandonar.
Si alguna vez encuentran un hombre que las quiera real-
mente, será difícil que éste asuma la responsabilidad de tan-
tos hijos que no son suyos.
Al no haberse preparado para la maternidad y al ser tan
jóvenes, frecuentemente terminan siendo "cuatas" de sus
hijos. Después de todo, tienen la misma edad emocional,
pero serán incapaces de guiarlos, educarlos, formarlos.
Sus hijos crecerán siendo excesivamente permisivos, pro-
miscuos, irresponsables, Incapaces de relaciones duraderas,
inconstantes, volubles, adaptables. Serán desconfiados y ce-
losos con sus mujeres.

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'elauew ns e'anb su enos¡wofd nipeu ej ap ouoluaw o-¿
•io(aw o aluaiajip oSje ueutSewi
iu ueAejsos Tu A uaoeu anb apsap uaoouoo anb opunw ja
53 e$ npuoo ns un ajgey,oidni epeu deq ou 'saluaia3 p use
-unid as o epin ej en jse onb opuesuad ua,a» 'seIDtpe9
-oip 'saluDn)upap 'selnmsold ap so(iy soj 'ja:ased epand
anb opinsqe iod 'anb sobe seuouuaw ounuodo oai~
•sa1ej3W3s sejjjwe) uew.lo) sefju a sof!H
•aiped A aipew ap soue3.gnq uog
17. La madre sumisa

A diferencia de la ortodoxa, ésta es sumisa no por con-


vicción sino por falta de carácter.
Es una persona que creció inhibida, oprimida, incapaz
de defenderse; sus sentimientos, pensamientos, aspira-
ciones han sido vetados, quizá por padres excesivamente
dominantes. Eso la convierte en una hipócrita, resentida y
vengativa que obrará a mansalva, sin dar la cara.
Es cobarde, timida, insegura; carece de autoestima y or-
gullo. Se "escurre" por la vida. Está absolutamente adaptada
a su ambiente, no porque le guste sino porque no luchará
por cambiar nada, no se atreverá. Aprendió que es mejor
obedecer y acomodarse.
No mostrará originalidad, independencia o curiosidad,
excepto la malsana. Internamente se regodea de que los
demás también sufran.
Es profundamente envidiosa de la felicidad ajena.
Con el tiempo hará del sufrimiento su blasón y orgullo.
Será la eterna víctima.
No se atreve a tomar decisiones. Aspira a una vida sin
riesgos, sin dilemas, sin problemas. Que los demts los en-
frenten por ella: el padre, el marido, los hijos.

91
Le aterra la responsabilidad y deja que otros la asuman
por ella: "Ya verás cuando venga tu padre.. , "Le voy a decir
a tu papá'; "Si tu padre se entera..."
Sus actividades, sus amistades y sus diversiones le serán
impuestos. Ella no elige.
Al no haber escogido, no amará a su pareja ni a sus hijos.
No verdaderamente. Los aceptará como acepta las enfer•
medades, el dolor, la cruz que le fue impuesta desde niña.
Más tarde, usará a los hijos como armas: armas para
blandir contra el compañero, contra la vida, contra lo que
le haga daño. Sutil e incansablemente los llenará de odio
contra el padre, los abuelos, contra ellos mismos. Será su
venganza.
A través de los hijos hará pagar a los demás su vida de ha'
mutaciones y vejaciones. Ella no será culpable. Todo se rea.
lizará "inocentemente".
Nadie llega a conocerla bien. Hizo de la ficción una
forma de ser. Nunca será impulsiva, sincera, espontánea.
Muestra la imagen de lo que —cree— los otros quieren ver.
As( educa a sus hijos.

92
18. La madre
de "oportunidad"

Este tipo de madre puede muy bien Integrar características


de otros. Lo que la distingue de los demás son sus motivos
para la maternidad. Es, probablemente, la que representa
mayor variedad de clases sociales, nivel cultural, caracteres,
personalidades.
Puede ser desde una trabajadora doméstica hasta una
doctora en filosofía. Puede presentarse tanto entre los muy
pobres como entre millonarios. Tanto entre mujeres muy ti.
midas como entre mujeres muy desenvueltas y seguras,
aunque suele ser más frecuente entre estratos altos.
Es la que, estando casada o en una relación estable, habla
decidido no tener hijos yvivir plenamente su vida en pareja.
No tiene vocación ni deseo de ser madre.
Sin embargo, después de algún tiempo siente que su re-
lación comienza a mostrar fracturas. El ya no es cariño-
so ni tan responsable ni tan atento como antes. Algo está
fallando...
En vez de analizar dónde están los problemas o de acep-
tar que esa relación ya cumplió su ciclo, decide conservarla.
Empieza a temer que él busque a otra, que tenga hijos en
otra parte, que desee perpetuarse.
Entonces, unilateralmente y sin aviso, decide ser madre.
Desde luego, esto no tiene nada que ver con amar o de-
sear al hijo. El se convertirá en un ancla, un grillete.
En la mayoría de los casos, la estratagema funciona por un
breve lapso. En otros, termina acelerando lo que ella temia.
Si el compañero acepta la situación, lo hace con una vaga
sensación de haber sido usado; lo vivirá como una imposi-
ción y difícilmente podrá amar a su carcelero.
Ella, por su parte, le resulte el plan o no, terminará siendo
una madre fria y distante, con algunos complejós de culpa
de vez en cuando, observando al hijo más como a una cu-
riosidad que como a un ser humano.
Al ser, casi siempre, una mujer con vida e intereses pro-
pios, secretamente maldecirá esa maternidad que le impide
realizarse a plenitud.
En la educación de su hijo racionaliza todo, analiza todo.
Es más un laboratorio que un hogar. Cría a su hijo como a
otro adulto con quien conversar: lo quiere sensato, maduro,
formal.
El sentimiento, la ternura y el cariño no están contem-
plados ni son necesarios.
Es una mujer absolutamente cerebral, calculadora. Suele
amar sólo a una persona: su madre, su pareja. Nada más.
Cuando esto ocurre, hace del ser amado el objeto de todas
sus atenciones, sus cuidados, su dedicación, su idolatría. En
su vida nadie más tendrá cabida, ni siquiera su propio hijo.
Tiene corazón de cubículo.
Por esto, la indiferencia y la frialdad permearán toda su
relación. ¡Para siempre!
La relación madre-hijo será una relación "correcta", sin
reproches, sin dramastismos, sin arranques emocionales,
sin profundidad ni comunicación. Permanecerán corno dos
extraños compartiendo un espacio.
Cuando sus recursos lo permitan, ella 'cumpliri : dará
al hijo los mejores colegios, los mejores profesores, la me-
or preparación y oportunidades. Sera irreprochable, más por
comodidad que por convicción.
Esta conducta se repetirá con los hijas políticos y nietos.
19. La madre masoquista

Es aquella que cree merecer todo el daño y el sufrimiento


que puedan infligirle. Probablemente los "pecados' o faltas
sean más imaginarios que reales. Pequeñas fallas humanas,
comunes a todos.
Nacida en un ambiente familiar represivo y excesiva.
mente religioso, crece con el concepto de la perfección y la
pureza. Cualquier fallo, por venial que sea, deberá ser du.
ramente castigado.
Está convencida de ser una pecadora y una mala mujer,
de no poder jamás aspirar a la santidad. Por ello, se odia y
se desprecia.
Otras son hijas no deseadas que lo saben y arrastran el
estigma de haber arruinado la vida de su progenitora y tra.
tarán de expiar con su vida este indecible daño. Harán lo
posible por "justificar" su existencia, deberán demostrar que
están aquí por algo y lucharán por ser perfectas.
Sus vidas estarán teñidas por la culpa, y, consciente o
inconscientemente, guiarán sus relaciones hacia la "vie.
timización", hacia el punto donde les causen mal. Será ne.
cia, conflictiva, agresiva, mordaz; todo con tal de llevar al
interlocutor al punto donde se desespere y termine agre-
diéndola, hiriéndola, lesionándola.
Se verá inmiscuida en relaciones violentas, conflictivas.
crueles. Buscará hombres sádicos, machos. golpeadores.
En toda su vida no tendrá una relación que no presente
estas caracterúticas. Por el contrario, serán siempre más
duras y terribles. Esto puede terminar en la mutilación o
la muerte.
Prefiere las amistades falsas y lesivas a las auténticas. Cae.
rá en conductas autodestructivas (alcohol, drogas). Optará
por situaciones donde puede salir lastimada, herida, f cica
y mentalmente (si es ambas, mejor).
Tiene una imagen muy degradada de sí misma. Si es bella.
se ve fea. Si es inteligente, se creerá tonta. Si es rica, tratará
de llevar una vida lo más austera posible.
Sino llega a ser madre, terminará como monja, enferme-
ra, misionera. Se debe al mundo. Donde haya mayor dolor y
sufrimiento, ahi estará ella: con enfermos terminales, ni .os
con cáncer, enfermos mentales graves, sidosos, leprosos.
Sus relaciones con amigos y parientes serán irregulares.
fluctuantes. No se siente bien con quienes la aman. Ella no
puede amar, sólo remedar. No se entrega nunca. Teme que
no la acepten como es. Se da sólo a conceptos, no a reali-
dades.
Suele disfrazar su masoquismo de altruismo.
No ofrece batalla por nada ni nadie. Ni por un derecho,
por una herencia, por un principio. Se derrota antes de luchar.
No merece nada.
No es que repita errores, es que insiste en ser Inmolada.
Es quien sólo sufriendo es feliz. Probablemente termine,
en el otro extremo, siendo prostituta, alcohólica, drogadicta

98
o todo a la vez. Nada la detiene en su carrera hacia la auto-
destrucción.
Cuando es madre se convence de tener hijos que no me-
rece, que son mucho mejores que ella. Pero, a pesar de 16
buenos que sean, encontrará la manera de obligarlos a ha-
cerla sufrir. De maneras muy sutiles los obligará a hacerle
daño.
Los agobiará, los acorralará, los forzará a atacar para así
poder regresar al rol de mártir. Sin darse cuenta, criará sá-
dicos.
Algunos hijos de estas madres no logran integrarse a este
juego perverso y terminan alejándose para siempre. Otros
repetirán los patrones impuestos por su madre para termi-
nar ellos mismos como suicidas.
20. La madre-niña

Crece en uc. ambiente de sobreprotección. No se le permite


tomar decisiones ni asumir responsábilidades ni elegir. To-
do se le da según los gustos y el parecer de sus padres. Es una
marioneta. Nunca es tomada en cuenta sobre sus intereses,
sus deseos, sus aficiones.
Pronto aprende que vivir así es cómodo. Que dejarse
mimar y proteger le evita conflictos. Que con pucheros y
caprichos obtiene algunas concesiones. Que siendo buena
niña logra más. Seguirá comportándose as( toda su vida.
Buscará al novio-padre, frecuentemente mucho mayor
que ella. Con esto, renuncia a crecer. Será la eterna "hija de
papi'.
Es ciega ante los problemas de la vida. Se niega a ver la
realidad. Protege su inocencia al precio que sea.
Su marido frecuentemente también es elegido por los
padres. Será un hombre que le brinde suficiente seguridad
económica para que ella no se vea obligada a trabajar. Él es-
tará siempre con ella pues no puede salir adelante sola. Le
fascina su papel de inválida emocional.
Permitirá que todos decidan por ella: los padres, el ma-
rido, los hijos. Ella es demasiado buena, demasiado sensi-
ble, demasiado angelical como para enfrentarse a la vida.
Odia envejecer y conserva los gestos y ademanes de
niña, su comportamiento de infanta. Viejas, estas mujeres
llegan a ser patéticas.
Desde luego, no puede educar a sus hijos ni guiarlos.
Delegad toda la responsabilidad en su compañero.
Una ventaja relativa es que estos hijos maduran antes de
tiempo, por fuerza. Ellos serán los guardianes, los custodios
de su madre. Acaban jugando a los tutores, los padres de su
propia madre. Ella les pedirá su parecer en todo, se apoyará
en ellos, permitirá que manejen su vida y posesiones, conti-
nuará siendo manipulable hasta la muerte.
Estas mujeres se congelan en el tiempo.

102
21. La madre
a "dos tiempos" (dual)

..a llamo así porque de una actitud amorosa. condescendien-


te y amable con sus hijos, pasa a ser fría, dura y distante.
Es aquella que, teniendo hijos de una pareja, a quienes
mima, adora, cuida, encuentra a otra pareja con la cual tam-
bién procrea. Entonces, los hijos de su primer compañero
pasan a tercer término.
Las causas más frecuentós para este tipo de compor-
tamiento son: madres inseguras, dependientes económica
o emocionalmente, quienes tienen terror a "fracasar" de
nuevo.
Y para que el nuevo hombre en su vida se sienta seguro,
no encuentra mejor manera que demostrarle que los hijos
de él son lo más importante en su vida, al grado de llegar
a hacer que los primeros vivar, en función y servicio de los
segundos.
Puede ocurrir que la relación con el padre de los prime-
ros su desastrosa o haya terminado muy mal y, secretamen-
te, sin confesarlo, termina detestando a los hijos que tuvo
con éste.
Un subtipo es el de las mujeres que, estando casadas, de.
pendían absolutamente de su pareja. Una vez divorciadas

103
o separadas, se ven en la necesidad de bregar diariamente
para salir adelante y sostener, por lo menos en parte, su casa.
Empiezan a sentir a sus primeros hijos como un lastre, una
rémora que les Impide realizarse y ser felices en su nuevo
ligamen. Ya tienen suficiente con su nueva pareja y sus hijos
recientes.
En casos extremos, pueden llegar a convertirse en la ma-
dre cómplice.
Los hijos de estas madres sufren terriblemente. No lo-
gran explicarse los cambios experimentados en la conducta
de sus madres. No logran manejar la ambivalencia.
Pueden, incluso, llegar a pensar que ellos son los cau-
santes de tales cambios. Entonces, sufrirán complejos de
culpa. Crecen inseguros, acomplejados, volubles, confusos.
Presentan problemas serios de conducta y agresividad,
ya que son nifios indudablemente infelices. Pueden hacerlo
sólo por llamar la atención de esa madre que creen perdida.
Terminan siendo emocionalmente apáticos e indife-
rentes. No quieren más decepciones en su vida. Se vuelven
absolutamente desconfiados, sobre todo de las mujeres: si su
propia madre les falló, ¿qué pueden esperar de las demás?
Más tarde les será casi imposible estrechar relaciones
sanas. Viven con el secreto temor de que vuelva a ocurrir.
No aprenderán a manejar la decepción ni el rechazo.
Sobra decir que en este tipo de familias nacen también !a
rivalidad, los celos y los odios entre hermanos.

104
22. La madre-madre

Algunas mujeres, sin importar su grado de educación, ori-


gen social o económico, han logrado ser madres ejempla.
res.
Podemos encontrarles entre campesinas, obreras, secre-
tarias, maestras, profesionistas.
Son mujeres que han alcanzado un grado de madurez y
una sensatez admirables.
Son justas, generosas, altruistas, respetuosas.
Aman la vida y sal mismas.
Son sabias; aun si algunas son muy jóvenes.
Son auténticas. Son ellas mismas. No fingen, no simulan.
No ocultan sus debilidades ni sus lados vulnerables.
Aprender. incluso a reírse de si mismas.
Se mantienen siempre niñas, en lo que esto tiene de po-
sitivo: la espontaneidad, cierta auténtica inocencia, falta de
malicia y espíritu juguetón, siempre renovado. No pierden la
capacidad de asombro. Saben que es mucho lo que ignoran.
No son hipócritas ni falaces. Mucho menos, agresivas.
Objetivas, aspiran a ser mejores dentro de sus posibili.
dades. No construyen castillos en el aire.
Son firmes en sus convicciones pero jamás tratarán de
imponerlas a los demás.
Son mujeres internamente alegres. Les satisface estar
vivas y el haber nacido aun sabiendo que, a veces, la vida
puede ser muy dura.
Son sensibles sin caer en sensiblerías. No exageran sus
emociones ni sus valores ni sus penas. Son discretas y res-
petan su Intimidad, así como la de los demás.
Odian la mezquindad, el exhibicionismo, la mentira.
Pueden ser las más confiables de las amigas, confidentes
seguras. Respetan y toleran otras formas de pensar y ser.
Por ser sinceras y directas, pueden atraer enemistades
gratuitas.
Al no ser envidiosas ni celosas, se alegran de las dichas
y los logros ajenos.
Han llegado ala maternidad por elección propia, con
plena conciencia y conocimiento de lo que significa. Han
deseado y amado a sus hijos desde el inicio.
Aman y respetan a cada hijo por lo que éste es. Lo cono-
cen, lo escuchan, sienten con él. Saben premiar y castigar en
justa medida, nunca por impulso o rabia. No son santas ni
mártires.., tampoco lo pretenden.
No son perfectas. Como todos, tienen defectos y virtu-
des. Lo saben, y por ello, no se erigen jueces ni verdugos. Así
aceptan los defectos y cualidades de los demás, incluidos
sus hijos.
No discriminan a ninguno de los hijos. Los tratan como
cada uno de ellos requiere.
No imponen: guían. Admitirán que sus hijos disientan,

104
que piensen diferente. Que elijan su religión, su carrera, su
sexualidad y su conducta.
Son extraordinariamente perceptivas a las necesidades,
confusiones, dolores de sus hijos. Los conocen bien.
Siempre yen todo momento hacen saber a sus hijos cuán-
to los aman. Quizá no con palabras, sino con detalles y aten-
ciones. Sus hijos saben que su madre está ahí. Cuentan con
ella. Por eso, no caen en el artificio de compensar'amor por
regalos.
Son directas y expresan lo que sienten y quier4n. Se res-
petan demasiado para caer en chantajes, insinuaciones o
subterfugios.
Los hijos de estas madres crecen seguros, confiados, fe-
lices.
Estas madres son doblemente admirables pues, en oca-
siones, son profesionirtas, mujeres de éxito, quienes, sin em-
bargo, siempre encuentran el tiempo y la oportunidad para
esa maternidad tan deseada.
Aunque pueda parecer una imagen muy idealizada e
irreal, he conocido algunas mujeres así a lo largo de mi vida.

107
Nota final

Si la descripción de los tipos de madre les parece maniquea.


es cierto.
En primer lugar se trata de tipos puros que virtualmente
no existen como tales.
En segundo, sólo haciendo estos tipos tan claros y evi-
dentes puede llegar a conocerse y comprenderse qué tipo de
madre tuvimos o qué tipo de madre somos.
Y como generalmente tendemos a repetir los patrones
—buenos o malos— con que fuimos educados y criados, el
reflexionar o entender en qué nos equivocamos, qué hace-
mos mal o cuál es el origen de nuestros traumas, infelici-
dades, complejos, es probable que nos ayude a superarlos o,
al menos, a paliarlos.
Tres historias breves

Las siguientes son historias que sólo atisbé y no pude cono-


cer a profundidad. Sin embargo, lo que se entrevé es suma-
mente revelador.

En Sonora vivía una mujer sin carácter, sin voluntad, sin ta-
lento para hacerse obedecer por los hijos.
No encontró otra solución que acusarlos de su muerte;
ellos la llevarían ala tumba.
Frecuentemente, al regresar los hijos de la escuela, la en-
contraban "tendida.
Estos niños "vivieron' la muerte de su madre cientos de
veces.

v es un académico, un hombre culto. Ya viejo, aún presen-


ta facciones agradables, lo cual demuestra que además fue
guapo.
Hijo único, tuvo algunas novias guapas, agradables,
bien educadas, interesantes, inteligentes, etcétera.
Ninguna era, a los ojos de su madre, digna de semejante
hijo.
La madre murió y ahora v está solo, semi-inválido y an-
ciano.
A su madre nunca le preocupó la soledad y la indefen-
sión en que lo dejaría. v jamás tuvo el carácter suficiente
para defender sus amores, sus deseos, sus convicciones...

Hace 30 años paseaba por la colonia Roma una madre con


sus dos "criaturitas" tomadas de la mano.
Eran la vlva imagen de un México para siempre ido. Fan-
tasmas del porfiriato.
El "niño; vestido de marinero, pantalones cortos, gorra
haciendo juego. I.a "niña : vestido vaporoso de holanes, caire-
les, moño en la cabeza de la misma tela del vestido y calcetas
de punto. Impecables, pulcros y bien peinados.
Siempre obedientes y "bien portados".
La madre, octogenaria y los "niños", sesentones.
Tiempo después se vio a los hijos solos, desamparados.
Con actitud de perro extraviado...
No sé qué habrá sido de ellos.
la historia de M

Es hijo de una académica prestigiada, autoridad en su ramo


(la psicología).
La madre, m, es descendiente de franceses yde mexicanos
indígenas. En su familia las contradicciones abundaron. Por
un lado, gente muy culta; por el otro, muy ignorante; unos
muy perezosos, otros muy trabajadores.
Sus padres se casan muy jóvenes. El de 15, ella de 20.
Él, rubio, alto, de ojos claros; ella, morena, baja, de rasgos
indígenas. Él, irresponsable, se queda siempre niño. Ella se
convierte en su madre, esposa, compañera y mejor amiga.
Ella toma las riendas de la casa. Mantendrá, educará y for-
mará a los hijos. Se adorarán hasta la muerte.
El hijo mayor estudia medicina y llega a ocupar cargos
altos en instituciones de prestigio. Y se convierte en un
Dios para su madre.
El segundo hijo, no pudiendo competir con Dios, aban-
dona la batalla antes de empezarla y renuncia a cualquier
tipo de superación personal. Vivirá de lo que pueda.
Al nacer gis, su hermano mayor ya tiene 12 años. La asumi-
rá y tratará como a una hija. Asi permanecerán hasta la vejez
llega al mundo después de que una hermana mayor
ha muerto. Se convierte en la niña mimada y tan esperada.
Será la consentida de todos. La "niñita' de la casa. No aban-
donará jamás este papel. Aun ahora, con más de 60 años de
edad, al habla como niña traviesa y toma actitudes infan-
tiles, destinadas a enternecer.
nt crecerá con tres modelos antagónicos: el padre,
culto, refinado, sensible e incapaz de enfrentar la vida.
La madre, casi analfabeta, diligente, práctica y valiente. El
hermano, profesionista, exitoso, rígido. Ella pretenderá
tomarlo mejor de los tres mundos.
increíblemente lo logra. Amalgama la sensibilidad y la
cultura con la practicidad, lo que la convierte en una mujer
exitosa. Además, al ser pequeña de estatura, aprende a ma-
nejar muy bien una imagen de mujer preciosa y vulnerable
que hace que los demás quieran protegerla.
Sin embargo, sus contradicciones operarán a niveles más
profundos. Aunque progresista, moderna, abierta y supe-
rada, votará por Fox. A pesar de ser especialista en educa-
ción infantil, someterá a su hijo a pruebas terribles y tratos
ambiguos.
Confiesa a xc, hijo único, que él sólo nació "porque tu
padre cogía muy rico. Aparentemente ni el amor ni la esti-
mación formaron parte de la relación entre los padres.
Cuando RC nació, ambos padres ya estaban separados.
El padre ignoraba todo acerca del embarazo de y sólo
se enteró cuando ella había parido. Fue a verla al hospital
y ella lo recibió mostrándole a su hijo, diciendo: "Mira lo
que me hiciste: Después de esto, él ya no tendría ninguna
injerencia ni responsabilidad para con su hijo.
st se convierte en padre y madre. Adora a su hijo. Le

114
proporciona las mejores escuelas, la mejor alimentación,
la mejor ropa, la mejor educación, los idiomas. Lo forma
para apreciar la buena música, la cocina gourmet, los viajes
y las comodidades... lo que no Impide que lo deje siete it
ocho años en una escuela que el niño odia y le angustia.
En esa nueva escuela, ac pasa de ser niño de excelencia a
ser un mediocre de seis. De ser un niño desenvuelto y con-
versador, a ser un niño gris. Y empieza a comer, comer y
comer. Engorda. Y su madre, a pesar de sus conocimientos
y experiencia, no sabe o no quiere Interpretar los signos de
depresión y tristeza de su hijo, y opta por "sutilmente" bur-
larse y ridiculizarlo.
No contenta con esto, as se alía con la maestra, a quien
convierte en su cómplice, y entre las dos hacen de la vida de
nc un pequeño infierno. "Gordito' "Cerdito", "Distraidito",
son algunos de los epitetos que le endilgan.
as empezará una relación con una alumna lesbiana,
quien la adora y la idolatra. Quizá por cansancio, quizá por
soledad. H convivirá con esta mujer por ocho años. No
siendo st propiamente lesbiana, se sentirá siempre avergon-
zada de esta relación que estará siempre teñida del rechazo
y la ambivalencia. as la trata fríamente y con desprecio, pero
compartiendo el lecho. La agresividad formará parte im-
portante de su vida en común.
st le jurará y perjurará a xc que sólo eran amigas.
Como sea, no tendrá a otro hombre en su vida.
as busca para ac los mejores lugares para vivir, lo lleva
a los mejores almacenes, lo acostumbra a la calidad: ropa,
juguetes, lociones, aparatos electrónicos, videojuegos...

115
todo. Pero súbitamente, st decide emprender un viaje y se va
por semanas, dejando a ac sin dinero ni comida. Que se las
apañe como pueda.
Aparentemente e ama y respeta profundamente a ac
pero cuando él se niega a estudiar donde lo hacen sus pri-
mos, ella comienza a rechazarlo, a vejarlo, a agredirlo cons-
tantemente.
Con todos se queja de lo malo que es Rc. Llega al punto
de destrozar ella misma muebles, cuadros, vajillas con el
objeto de que acudan parientes y amigos a ver lo "malo';
lo "salvaje" que es su hijo, quien según ella, causó todo ese
mal. Que constaten lo mucho que sufre con él.
st continúa por años amando más a su hermano y a la
familia de éste, que a su propio hijo. Cuando llega su sobri-
na del extranjero, as sólo vive para ella. uc deja de existir.
A los cincuenta y tantos años de edad, a st se le detectará
una enfermedad grave cuya cura puede causar aún más es-
tragos que la propia enfermedad. Durante algunos años, st
sufrirá indeciblemente. Estará a punto de morir varias veces,
envejecerá lo que le habría tomado años. xc será el único a
su lado.
Gracias a esto, la relación entre madre e hijo mejorará
considerablemente, st parece valorar a ac y reconoce que su
hijo es mucho mejor persona de lo que ella nunca creyó.
La historia de AA

AA fue una mujer muy bella, aunque no muy brillante.


excepto en lo que se refiere al dinero. Como comerciante es
espléndida.
Como todas las mujeres de su familia, tenia una compul-
sión por expiar culpas. Quizá por eso "ensayó" con varias
religiones, siendo en todos los casos una auténtica fanática
de la religión en turno. Su deseo de estar siempre más cer-
cana a Dios iba indefectiblemente acompañado de una ma•
terialización de su fe. St Ml Dios ES VERDADERO, esto se
traducirá por fuerza en una mayor riqueza y bienestar. Y
dado que ha sido exitosa económicamente, se convenció
de que Dios está siempre con ella y la favorece de manera
especial. Si presencia un accidente en la carretera, sólo
Diosito evitó que le tocan a ella. Si hay un incendio, una
explosión o una plaga. Dios la protegió. Que hayan muerto
otras 20,• 50 u 80 personas carece de importancia. Lo que
cuenta es que Dios la libró a ella y a los suyos. Dios es un
guardaespaldas.
A pesar de ser tan "espirituales' en familia no hal an de
nada más que lo material: cuánto costó, cuánto ga ¿ron,
cuánto ahorraron. Según ellos, ahí también se nota la dife-
rencia que Dios hace con ellos.
Siendo joven y atractiva, abundaron los pretendientes.
Hubo de todo: guapos, ricos, inteligentes. Pero, dado que so-
braban, ninguno la satisfacía totalmente. Al menor error o
defecto, los terminaba. Y al siguiente.
Pasó el tiempo, se hizo vieja y jamona. Una cazadora pa-
tética de lo que fuera. Sus compañeros sentimentales fue-
ron a menos, a menos, a menos. Terminó conformándose
casi con cualquier cosa.
Afortunadamente para ella, conoció a un hombre más
joven con un futuro prometedor —factor importante— y
se casó con él.
La maternidad llegó a su vida cuando otras mujeres en-
frentan la menopausia.
Al no haber amor en su matrimonio y al convertirse en
madre cuando ya habla perdido toda esperanza, su amor lo
volcó a su primogénito, a quien venera literalmente.
Ha dado todo a sus dos hijos: amor, cuidado, dedica.
ción... la vida. Los sobreprotege y evita cualquier riesgo y
dolor. No deben comer pescado pues se pueden asfixiar
con una espina; les cuela los caldos; evita que se acerquen a
una piscina, se pueden ahogar; los abriga excesivamente y
entra en crisis al menor síntoma de enfermedad. En pocas
palabras, les resuelve a vida.
Todo esto no impide que haya diferencias sutiles de trato:
al hijo, los mejores regalos, mayor mimo y consentimien-
to, mejores escuelas. Todo ligeramente mejor. La hija tiene
defectos. El hijo es un dechado de cualidades. Perfecto.

118
Ambos hijos viven con sus padres, a pesar de que ya es-
tán cercanos a los 40 años. Siguen siendo unos adolescentes
mentales y emocionales. Su conversación, sus intereses, su
forma de vida no ha variado en los últimos 20025 años.
A su hija, para que no le sucediera lo que a ella, la casó a los
17 años. Con el consiguiente divorcio. AA tuvo que admitir
entonces que, dolorosamente, su hija tendría que aprender a
valerse por sf misma. Le puso un salón de belleza dentro de
su propia casa y se aplicó con ansias a conseguir al próximo
yerno.
La única aspiración en sus vidas es mantener o acrecen-
tar sus cuentas bancarias.., y seguir dando gracias a Dios
por el trato especial.

119
La historia de MAV

ntnv nace en la abundancia yen un ambiente feliz.


Es la adoración de su padre, quien verdaderamente la
idolatra. El afirma que ella es la niña de sus ojos, su hija más
amada, y que velará por ella y la cuidará. Siempre.
En cambio, su madre, quizá por celos, le dice que es fea y
que es una estúpida por estar enamorada de su propio padre.
Ahi se inician las dualidades. Uno la hace sentir una reina.
La otra, el patito feo de la casa.
A mAv le gusta estudiar. Cursa enfermería y varias espe-
cialidades. Se convierte en una enfermera calificada, de muy
alto nivel.
Se enamora y deja el hogar paterno. El padre cumple:
le paga la renta del departamento donde vive, le regala un
automóvil y le otorga una mensualidad.
Todo marcha de maravilla hasta que Mav se embaraza.
Su pareja huye, abandonándola.
s.siv regresa con sus padres. Cuatro dias después de que
su hijo nace, el padre de ella deja la casa. Nunca regresará a
vivir con ellos. Sin embargo, continuará haciéndose respon-
sable de su familia.
%tnv vuelve a enamorarse. Esta vez de un hombre que
afirma ser estéril. Cuando mAv vuelve a resultar embara-
zada y se lo hace saber, él afirma que también ha preñado
a otra muchacha y, como ésta ha reclamado primero, se
casará con clla.
MAV es abandonada una vez más. Sus padres la conven-

cen de que es mejor abortar. Más tarde, ella sostendrá la


versión de que la forzaron. Que ese hijo si iba a ser alguien
importante. Una adivina se lo habla dicho.
RY; el hijo de sus: se cría con los abuelos. La abuela es

amorosa y tierna con él y el abuelo lo visita constantemente y


lo guia con dulzura e inteligencia. Y, quizá por ello, este hijo
resulta ser un muchacho sensible, bondadoso, inteligente.
creativo, trabajador, responsable, estudioso. El tipo de hijo
que cualquier mujer desearla.
Para entonces, MAV es ya víctima: de su padre, del des-
tino, de otras mujeres, de los hombres. No abandonará jamás
el papel de mujer sufrida e injustamente tratada.
Empieza a querer Llenar su soledad como sea y con quien
sea, lo cual la lleva a encontrar parejas muy inadecuadas. In-
maduros como ella
Entretanto. ay ha ;legado a la adolescencia y la juventud
Su madre se apoya cada vez más en él. al punto de que los
roles se invierten. Pronto. el padre será él, la hija será ella.
El hijo madura, ella no. Sigue siendo la niña caprichosa.
acostumbrada aun excelente nivel económico, gasta más de
lo que gana, insiste en continuar con su mismo tren de vida.
Es irresponsable en todos sus compromisos y gasta más de
lo que debe. Se endeuda, se ve en problemas de liquidez.

122
El padre ha muerto ya y, por lo tanto, sólo tiene a su hijo
para exigirle que resuelva todos sus problemas. Hace rabie-
tas, chantajea. Logra lo que quiere, cuando quiere.
Desde luego, las frecuentes dificultades económicas ago-
bian a RV, quien con tan sólo 17018 años se encuentra obli-
gado a resolver situaciones mayores que él mismo. Pronto
tendrá que abandonar los estudios para dedicarse a trabajar.
Debe salvar a su madre de los acreedores. Tal vez, en parte,
.MAv actúa así para lograr que ev esté siempre pendiente de
ella, no se independice ni la deje jamás.
Pero todo lo que ev hace es poco. Ella merece más. Cons-
tantemente se queja de él. A todos les dice que él es producto
de una violación, que hubo otro hijo al que sí deseó.
Rv tiene faltas horrendas a los ojos de su madre, indepen-
diente, libre, ¡un lector insaciable! En ella todo son lamentos
por el "mal hijo que le toca'... si hubiera tenido al otro... Ella,
en cambio, ahora tiene que soportar a este hijo horrible.
MÁv encuentra una relación "estable" con un hombre
obeso (pesa más de 180 kilos), ignorante y edipico a quien
la gordura no le permite trabajar y vive bebiendo cerveza y
viendo la televisión. Ocasionalmente trabaja como taxista.
Un hombre que la humilla y desprecia constantemente.
.tav tiene ya nueve años jurando que "ahora si lo dejo" Al.
terna temporadas con él y regresa a su casa materna.
Obliga a Rv a vivir con ellos, a pesar de ser mayor de
edad, y lo hace partícipe y testigo de sus riñas, insultos,
desavenencias. %tnv le cuenta a quien le preste oídos, aún si
apenas lo conoce, su vida privada y sexual con lujo de de-
talles y ¡estando su hijo presente!

123
Otra de las caracteristicas de auv es que le gusta estar
subempleada, ganando mucho menos de lo que deberla y.
por esta razón, exige cada vez más de su hijo. Cuando no
obtiene lo que desea, recurre a los caprichos, los pucheros,
los llantos terminables.
ev debe cuidarla y vigilarla constantemente. De otra
manera, su madre podría terminar autodestruyéndose.
RV aún la aína, pero comienza a cansarse.
La historia de x

A x le debo un homenaje. Sin saberlo, su historia fue el de-


tonador de este libro. El conocer su vida me llevo a realizar
un proyecto que venía contemplando de tiempo atrás. Le
doy las gracias.
Conocí a x en las oficinas de una institución educativa a
la que yo asistía con frecuencia.
Era una muchacha gris, apocada, timorata. Un ratoncito
asustado. Parecía tener miedo a todo: a ser vista, a ser oída, a
ser notada.
En una ocasión, sin saber yo por qué, comenzó a con-
tarme los terribles problemas que tenía en su casa.
Estaba desesperada y no sabía a quién recurrir. Además,
sentía un abrumador complejo de culpa.
Acudió a ml en busca de consejo, de orientación, pues
ya no podía más.
,Me contó que su madre la humillaba, la vejaba y la ofen-
día constantemente.., por nada. Y aunque tampoco era
tierna y cariñosa con sus otros hijos, parecía ensañarse es-
pecialmente con ella.
Le repetía lo fea que era, lo desgarbada, lo tonta, lo inútil.
La comparaba con sus hermanas, diciendo que las otras sí
son guapas, que sí saben bailar, que sí son inteligentes.
Ella. Ella, ¿para qué estudia? Nunca logrará nada, nunca
será alguien.
La madre no manifiestaba otra cosa que desprecio y asco
por su hija.
Frecuentemente le recordaba que, como en fea, ni si-
quiera debía pensar en el matrimonio. ¿Quién se va a fija:
en ti?' ¿Quién te va a querer'... tan poca cosa
Poco a poco. x fue permitiendo que los densas tarnbien
la trataran asi. Ahora es incapaz de defenderse.
Sin embargo, x resultó ser más fuerte de lo que ella mis-
ma creta. En su interior, algo le dice que ella es mejor de
lo que su madre dice. Tiene aspiraciones. Quiere terminar
una carrera en ciencias. Desea formar una familia.
Ya no soportaba más... ¿Qué hacer? Le hice ver que ella
no está mal. Quien no actuó correctamente es su madre.
Que lo que ella sentía era perfectamente natural, lógico y
humano. Que n, tenía por qué sentirse culpable.
Lo que neces.:aba hacer n. era enfrentarse a su madre.
Ponerle un hast_ aquí. Debla exigirle respeto. Era tan me-
recedora de un : rato humano y justo como cualquier otra
persona. Que sL madre tampoco era perfecta y que x no
estaba dispuesta a tolerar más ese trato cruel
-Va a ser un :hoque de trenes . le dije: "se necesita mu-
cho valor y entereza para hacerlo, pero estás en tiempo. Es
ahora o nunca'
Debo confesa río: nunca pensé que x se atreviera.
Pasaron algo nos años. Me presenté otra vez en esas ofi-
cinas y no vi a x. Vi a una muchacha desenvuelta, guapa,
decidida, quien me abrazó y me dio las gracias. Era x.

126
Efectivamente, x se enfrentó a su madre. Explotó y le
dijo todo lo que ansiaba decirle. Sacó todos sus dolores, to-
dos sus rencores, todos sus resentimientos. Hubo gritos,
llanto, dolor, insultos. Una verdadera catarsis. La madre
terminó hincada frente a su hija pidiéndole perdón.
A partir de ahí, la madre trata a x con admiración y res-
peto.
x compré un departamento, salió de su casa, está por
terminar su carrera y ha encontrado novio.
Sin embargo, la última vez que la vi me comentó que
ahora se ha vuelto demasiado intolerante y no acepta nin-
guna falla en los demás. Sabe que no debe caer en ese extre-
mo, pero no acierta a evitarlo. Teme terminar sola.
—Te estás convirtiendo en tu madre —sentencié.
—Lo sé —me contestó.

127
La historia de TT

Siempre se dijo que TT había estado loca de niña.


Era una pequeña voluntariosa, mandona y colérica...
continuo siéndolo hasta su muerte.
Hubo un incidente que la pinta de cuerpo entero: Cuan-
do llegó a confesarse para hacer la primera comunión, el
cura le dijo: "Hija, dime tus pecados': a 10 que TT replicó:
"Digame usted los suyos primero'
Una mujer que odió al mundo, a la vida ya si misma,
profundamente.
Ignorante y prejuiciosa, no aceptó nunca el diálogo ni la
posibilidad de estar equivocada. Ella siempre tenia razón. Y
cuidado si no lo aceptabas asi.
Sospecho que su miedo la llevó a asumir actitudes do-
minantes y prepotentes. La mejor defensa es el ataqué, pa-
reció ser siempre su lema. Inspiraba terror en quienes la
trataban y nadie osaba enfrentarla, aun en lo más mínimo.
Pareció ver todo con lente de aumento: sus reacciones,
sus emociones, sus actitudes fueron siempre desmedidas.
Causaba líos y problemas en todas partes. A la menor "pro-
vocación" era exhibicionista, gritona, histérica. Recordaba
un tanque de guerra.
Supdrficial, perezosa y cobarde, se negó a crecer y
aprender.
No toleraba a radie ni a cada. La verdad era su peor
enemiga.
No comprendia. juzgaba. Hubiera sido una excelente in-
quisidora.
Exigía. demandaba perfección y entrega absoluta, aun
cuando ella no fuera capaz de uno o lo otro.
Terriblemente egocéntrica, su familia, su mundo y su
casa giraban alrededor de ella y por su causa.
Se escandalizaba de todo y por todo. Creo que odio el
sexo, lo cual no le impidió tener cinco hijos y otros tantos
abortos,
Incapaz de ternura, de humanidad, de generosidad, estu-
vo castrada para el sentimiento. La rabia era su morada.
Nunca tuvo una fe, una convención. Fue católica por-
que asi la educaron. Fue vendedora por necesidad. Fue madre
porque pensó que ése seria un campo donde se realizarla.
No amaba... poseía.
No podía tener amigos. Pretendía dictar normas, reglas.
leyes. Ordenaba a todos cómo debian pensar, actuar, vivir.
Chismosa y critico:ia, esperaba y pensaba lo peor de todos
los derttcs. Sólo veis defectos. Las cualidades la enfermaban
de celos.
Nadie la conoció. Lo que haya sido que la volvió tan
infeliz, se lo guardó para siempre. Nunca habló de sus sufri-
mientos, sus luchas, sus problemas. Su vida debia ser per-
cibida como intachable y maravillosa.
Por increíble que pueda parecer, conoció a un hombre

130
más joven, guapo, amable y no muy brillante, quien cometió
el pecado de amarla y soportarla. Lo pagarla con creces.
Pusilánime, sin talento ni carácter, le permitió a rr ma-
nejar a su total arbitrio su vida, su casa, su familia. Se con-
formó con su papel de proveedor y parte del mobiliaria
TT, como madre, no educó ni forrrb a sus hijos: los amaes-
tró. los domó y los manipuló.
Amó más a sus hijos varones, lo cual no impidió que
castran a todos por igual
Violenta, colérica impulsiva, tuvo a los hijos siempre en
el miedo, en el terror.
Permitió y logró manejar la mente y la vida de sus hijos.
Para ello, se valió de todo: la amenaza, el chantaje, el espio-
naje. Escogió sus amigos, sus preferencias, su religión. Nadie
osaba pensar diferente. La disensión la vela como traición
personal.
En lo que no intervino fue en sus estudios, más por no
demostrar su ignorancia que por respeto.
Un episodio en su vida, que yo presencié, la revela como
era. Su hijo se es evidentemente homosexual Sin embargo,
Te no hacia otra cosa que hablar del gran éxito que tenia x
con las mujeres, de cómo éstas lo asediaban, de las muchas
novias que tenia. Y me preguntaba si re podria estar tan
ciega a la realidad.
Un día que m discutia con su hermana menor y la cnti-
caba por star amigos, ésta le respondió que la dejara en paz,
que ella no le decía nada de sus amigos gay. Al oir esta re
se revolvió hecha una furia y comenzó a agredir y golpear a
su hija menor con lo que encontró a mano: ollas, cucharas,

131
palo de escoba. Con gritos estridentes, con aullidos de dolor,
exclamó: "JAAAAÁMÁs vuelvas a decir esto de tu hermano"
Bufaba y temblaba como bestia herida.
Ah( me percaté: ella lo sabía.
Hiperquinética, deseaba estar en todo yen todo momen-.
to. Nunca estaba quieta o en reflexión. No sabía relajarse,
disfrutar ni concentrarse. Siempre estaba en tensión.
Murió a los ochenta y tantos años sin arrepentimientos
ni remordimientos. Creyó haber sido perfecta.
Nunca pude explicarme qué la hizo tan desdichada.

i32
La historia de GA

Pocas personas en la vida puede uno encontrar tan dota-


das, tan afortunadas, tan talentosas. Y, al mismo tiempo.
tan tontas, tan miserables, tan infelices.
GA era bella, con una voz maravillosa, buena actriz, agra-

dable y carismática. Tenía ante sl un futuro no sólo prome-


tedor, sino radiante.
A pesar de venir de un pueblo poco mayor que una ran-
cherla, llegó a la Ciudad de México y, en poco tiempo, la
conquistó. Debutó en el cine en roles estelares; le llovieron
ofertas de Hollywood, del Metropolitan Opera House de
Nueva York: seria la soprano más joven que hubiese debu-
tado jamás ahí. Le regalaban el mundo.., pero ella dijo no.
Y continuó diciendo no a todo lo que la beneficiase, a
todo io que fuera ventajoso, hermoso, estable.
No he conocido a nadie tan enemigo de si mismo.
Para entenderla tuve que rastrear su pasado. Un pasado
de contrastes, miserias, desamor, violencia. Contradictorio y
fragmentado.
Su padre, t, era el prototipo del macho mexicano: mujerie-
go, golpeador, vanidoso, prepotente. Un mantenido además.

t4,
Guapo, elegante, buen cantante, bragado y absolutamente
egocéntrico había casado con %i, mujer rica, independien.
te, acostumbrada a manejar su vida y la de sus hermanos
menores.
Nadie sabe qué pasó ni puede explicarlo. El hecho es que
1. "domó" a su mujer, la sometió, la denigró a tal grado que sa
aceptó el incesto de él con su hermana menor y las palizas
salvajes que les propinaba a ella y a sus hijos. Tan salvajes
eran éstas golpizas que a su hijo mayor lo dejó estéril como
consecuencia de una de éstas.
También toleró que su esposo la despojara de todos sus
bienes. La gran fortuna que M heredó pronto se convirtió
en nada, Por esta razón, at tuvo que trabajar muy duro para
mantener a los hijos montando tienditas, cocinando para los
peones de la construcción de la carretera y haciendo una vida
nómada, arrastrando a los chiquillos y siguiendo esa misma
carretera.
Esti vida nómada los sometía a fríos y calores inten-
sos. hámbres, peligros, inestabilidad. Vieron asesinados,
mutilados, borracheras, adulterios. A los colgados por los
cristeros. Constantemente estaban en zozobra: las tormen-
tas, los incendios, los animales salvajes, los perros rabiosos.
También había mucho de bueno y bello: los bosques,
los arroyos, los atardeceres, el olor a leña ya tierra moja-
da. los alimentos frescos y recién cocinados, el aire. Y la
sensación de libertad.
Esto se acabó cuando debieron cursar la primaria. Para
la secundaria, se trasladaron a la capital del estado, cercana
a su pueblo de origen. Para entonces, o. y su hermano o.

134
habían alcanzado un cierto prestigio local como intérpre-
tes. Los dos eran extremadamente dotados en el aspecto
musical y actuaron ante el presidente de la República en
torno.
Ala edad de 12 o 13 asaos, cA fu'seducida' por su tio,
hermano de su padre. Esta expersenaa le hscma. Se entre-
ga en la ama con pasada y ansia. Busca más y más estas
encuentros... hasta que la asalta el sentimiento de culpa.
mismo que no la abandonará jamás. A partir de ahi. oa se
convierte en una mujer casi asexuada. No volverá a permi-
tir que su sexualidad aflore y mantendrá una ambivalencia
respecto al sexo que ro abandonará nunca.
Más tarde, siendo aún adolescente, se traslada ala capi-
tal de la República con el fin de estudiar canto y música en
la Escuela Nacional de Música yen el Conservatorio Nacio-
nal. Pronto es °descubierta por la radio y el cine. Inicia can-
tando para la xEw y luego debuta en papel estelar en el cine
nacional.
Viene un alud de ofertas, pretendientes, promesas. Tal
vez por su experiencia sexual, tal vez por su educación re-
pram e infeliz, oA cree no merecer nada de esto. Tal vez
tiene terror al éxito.
Cualquiera que sea la rinda, empiezas a ser cviden:es sus
contradicciones. Por un lado parece dichosa y triunfadora.
Por otro, comienza a rechazar todo lo que sea benéfico. In-
conscientemente busca algo que la obligué a renunciar a !o
que tiene y que no sabe cómo manejar.
Conoce a Ir., un muchacho mucho más joven que ella.
actor también, quien con sólo 20 años no tiene ni la voluntad

135
ni el interés por convertirse en marido y mucho menos en
padre.
oA se enamora locamente de él (si es que esto es posi-
ble. pues GA demostrar¡, con el devenir de su vida, que es
incapaz de amar y entregarse verdaderamente). tc la adora
aunque no lo suficiente para casarse.
0A. quien sólo suele ver un aspecto de los problemas sin
anallaar jamás el todo, decide embarazarse. Tal vez, uf...
Le sale bien, en un sentido. Su posible suegra, quien sólo ha
tenido hijos varones, enloquece con R. la hija de c*, a quien
además bautizan con el nombre de su abuela. De enlaces
definitivos, nada.
ora cree tener la mitad de la batalla ganada. Ahora sólo
hay que apuntalarla otro poco. Tiene otro hijo. Un varón.
a quien su suegra detesta y rechaza terminantemente. Ya
sabe por dónde va la cosa.
Ya para entonces GA abandonó su carrera, esperando
convertirse en la feliz señora de...
Cuando todo se desenvuelve contrario a sus deseos.
o^ oscilará entre retornar su carrera o encontrar un buen
partido que 'la quiera con sus dos higos" Cuando encuentra
a alguno que le ofrece todo, eA inmediatamente le encuen-
ira defectos, conductas, comportamientos que no le gustan.
Corta la relación.
Y... a seguir buscando. A todos les reclama no amar a sus
niños como propios. Cosa imposible ya que no les deja el
tiempo ni la oportunidad de hacerlo.
Acepta trabajos cada vez menos importantes: alguna
comparsa en un musical, la locución, algún programa de

1!R
televisión. Y aunque aún es bella, se siente fea y anciana.
Todo esto, a pesar de ser graciosa, buena conversadora. bue-
na bailarina, de hermosa figura.
Los hombres la asedian y la buscan. Los hay millonarios,
guapos, inteligentes, interesantes, jóvenes, viejos, solteros,
casados, extranjeros, mexicanos... De todo. A todos los re-
chaza. A todos menos a uno: A, un hombre casado, falaz,
simpático, ignorante, dicharachero, encantador, absoluta-
mente superficial, irresponsable, mujeriego y farolero.
Y os se aviene a ser el segundo, el tercero o el cuarto
frente, odiando siempre el papelito y odiándose a sí misma
por aceptarlo. Para enfrentar su fracaso, empieza a culpar
a todos: a su padre, a Ic , a su suegra, a los hijos, a A, quienes
no la dejaron ser. Jamás admitirá que cometió errores, que
se equivocó. No con convicción. Cuando la asalta la de-
presión, lo más que admite es que fue una pendeja.
CA se vuelve más y más contradictoria. Aparenta forta-

leza y carácter, cuando en realidad se muere de miedo. Pre-


dica la paz y la bondad, cuando es violenta y cruel en su
relación con los hijos, su pareja, sus amigos. Se dice toleran-
te, cuando es profundamente intolerante. Se jacta de ser
de izquierda, iconoclasta, superada, cuando en realidad de
todo se escandaliza.
Procura estar lo menos posible en su casa. Su vida son las
lecciones de canto. En años, logra un contrato o dos, pero eso
no importa. Ella es feliz cantando en reuniones en su casa,
con amigos, en beneficencias, en actividades de sus hijos.
Se entretiene mientras —secretamente— ansía que n
se divorcie para casarse con ella, la ame con locura y todo
tenga un desenlace feliz. Después de todo, ella es mis bella,
más deseable que la pobre mujercita chaparra y fea que a
Gene por esposa. Cuando se percata de que esto no ocurre
ni ocurrirá, acude cada vez más al chantaje emocional. La
gran cadena de "suicidios" empieza aunque, en realidad, el
primero lo hizo con tan sólo seis años de edad.
Después de cada nuevo suicidio", abandona el hospital
cargada de arrepentimientos y vergitenza. Pide perdón a
sus hijos. jura que no vuelve a hacerlo... Hasta d siguiente
intento. Seguirá asi hasta los 85 años de edad. Edad longeva
para un suicida.
En lo que a sus hijos se refiere, ce, al ver que no logra el
matrimonio con ic, el padre de sus hijos, decide entonces
que ni el ni su familia tienen derecho a seguir viéndolos.
Los desaparece. Los lleve a su pueblo perdido donde no
tendrán más trato con su padre y sus abuelos. \o le importa
que su hija mayor adore a su abuela, no le importa someter
a sus hijos aun cambio tan drásticó, no le Importa trasto
caries la vida. Jamás se toma la molestia de explicarles, de
hablar con ellos. Son bultos. Bultos que trasladar¡ de aqu:
para allá por ajos. Con unos tíos, con otros. En un pueblo.
en una ciudad
El hijo más joven es enfermizo y retrasado en su
desarrollo físico. Es inteligente, sensible, dependiente, in-
seguro, necesitado de afecto, colérico y débil. En o, su tío.
encuentra el amor y la figura paterna que tanto necesita.
a, la hija. mucho más fue^e que su hermano, se acostura-
bra a protegerlo y cuidarlo. Se convierte en la madre de su
hermano a pesar de que la diferencia entre ellos es de sólo
14 meses. En su papel de madre, ella es independiente, vo•
luntariosa, autónoma, inquieta, inteligente y responsable.
En las pocas ocasiones en que la madre reaparece, a la ve
como a una intrusa; no entiende por qué esta mujer viene
a imponer reglas, regaños, castigos, cuando nunca está. La
brecha entre las dos se abre para siempre.
Los niños se adaptan bien a su nueva vida. Se sienten ama-
dos y cuidados. Sus tíos, una pareja sin hijos, los acogen
como propios. Los protegen, los miman, les dan un hogar.
Años más tarde, cA viene por sus hijos. Los regresa a la
capital pues se va a casar con un hombre quien la adora y
quien, por añadidura, es rico, inteligente, generoso. Los ins-
tala en Polanco después de venir de un pueblo sin drenaje,
sin luz eléctrica, sin carreteras.
Los niños pronto olvidarán la tristeza de la separación
de sus tíos y se ilusionan con tener un padre, quien les está
construyendo una casa con alberca y hasta les regala un
perro.
GA rompe su compromiso con este hombre. Los hijos

enfrentan otra vez el adiós y la ruptura. Tendrán que cam-


biar de sueños. Ahora c.& los lleva a un departamento en
el centro de la ciudad donde convivirán con sus dos tías
solteras. Otra hermana, la más pequeña, viene esporádi-
camente a visitarlas. Durante estas visitas, "cuida' de los ni-
ños. Los cuida martirizándolos. Los mete a la tina con agua
hirviente, los saca y los mete al agua fría. GA se enterará de
esto años más tarde. Mientras, ni lo sospecha.
En ese tiempo conoce a A, su única relación estable. a
es agradable con los niños, los tolera. Nunca logrará, ni lo

139
intenta siquiera, establecer un lazo de afecto o comunica-
ción con ellos. Después se encariñará ligeramente con ellos,
más por costumbre y por el tiempo que los conocerá que
por amor verdadero. os, siempre ocupada, no tiene tiempo
para estos niños. Casi nunca habla con ellos, casi nunca los
ayuda, casi nunca los observa. No logra conocerlos jamás.
No se percata de que su hijo pide amor a gritos: se orina
en los pañales hasta la edad de siete años, se chupa el dedo
hasta la misma edad, se apega a todas las figuras masculinas
que aparecen en su vida al grado de parecer un remedo de
su tío, de su padrino, de su otro tío, pelea todos los días en
la escuela, es agresivo, pendenciero, echador y mitómano,
además de profundamente angustiado.
a, la hija, se acostumbra a resolver su vida sola. Se con-
vence de que no necesita a su madre. Será rebelde, anárquica,
independiente y libre. Es inteligente y autodestructiva. No
se ama. En el fondo está convencida de ser fea y de haber
arruinado la vida de su madre; además, ésta constante-
mente le repite que a no puede aspirar a nada más que ser
secretaria. Le dice que es fea, desgarbada, negada para las
artes, sin ningún talento.
Pero n no es fea. Por el contrario, se convierte en una
chica hermosa, brillante, Interesante. Canta bonito. Un día
llamarán a CM al colegio de su hija para recomendarle que
cuide de la voz de a, que la eduque; ella hace caso omiso
de este parecer. Creo que ahí es cuando empieza a sentir
celos de su hija y' empieza a recordarle que a cometerá los
mismos errores que ella cometió. Que será infeliz igual que
ella; que también terminará siendo una mantenida.

140
•npewnw'epapua:e'e1n.vas'soq,ude, sol sopoz
ahijdwna'el¡a ap a2uaipuad le aeis p uquun; ua nnin
uVtagap salo.(ew souewaaq soj , sy giivana e(tq ns olgs anb
Y e ajanJisowap agap YO •ep~aeu u?iaai e ias 01 opoi ap
oi u sopezejdsap uyjan as sand e,¡¡dwo, as soíN soco
so¡ ered uq oenj!s e7 •op(jew un apinSisuoa ap oa8ejau p
n(!4 enanu eisa oDodwey •ai!da2 as eiXOisiq el A -ezejeq
•wa as v uoD niv ew ion ns ie8nl apipap vo opuen~
•epe~isaaau ou uaaaaed soip qnb aod apuanua o;N
'su epanb al oil -soflp uo uquelai v eivaiur a
epin ns iuiadnjai ap uq!snl! e opiplad eq'einpew e,( sa vn
•sopeSis»esap A saivaepagosap svw zan epnD 'salua puad
•apu! sgw zan epea'sap[agai s%w zan epea uos so(iq sol
•sgw zan epeD epama as ellanb ua sei~ele; ap eje:
eun ua a»l/U03 as epen ns •aivawien8i e~p'opyag1ew
qi¡es uain8Ie !S •u;!gwn epa'ejnpuwinb eun gp;ns uain8~e
anb ages I$ •seuoOsig eluanuj sapepe.uue sns aigos 'epp%
ns aigos 'pepa ns aJgos Duelo' SO ua opo1
ajdwnD n unn •Solfa
ap eaiaa sew yieisa anb 'v e eje(ap is eioge anb 'ieigww,
e en opoi anb so(!4 sns e asawood :sesawold ap OMS YO
'ewe oj osucno salopugp!daJ A ugpiad opuaipcd'opueJOII
sofiy ns e ezeige 'saleuouowo Á so,isj; satew sa~gpiai
opesncD sapageq ap A en ap sosa»e sonsa ap spnds;
•gy~nosa ej ou'opie»
•sep 'j3 anbiod eiem o11010n0 un al2ezuej e g2e80 fl o(nq
ns y 01u0we1uvo!A sojieadjo8 e ieSali apand'ua0apoqo ou
soj!q sol opuenff •pep¡nisa28e A ei'ovoiA uoa aisq ajdns A Das
oyoeo u!s A I qqp ages aS •apensiad ou 'i2uanuo0 ou YO
a acepta y quiere a esta pequeña hermana, tal vez por su
sentido maternal y por ser mujer. Será su amiga, su confi-
dente. El hijo, no. Sufre indeciblemente este desplazamien-
to y odia a ese bulto llorón y peludo llamado hermana.
Con el tiempo, CA se convertirá en la esclava de esa ni-
ña. Vivirá sólo para cumplir sus caprichos, sus antojos, su
voluntad. Al crecer, ésta verá a su madre más como una
propiedad que como a un ser querido.
Cada día CA se recluye más en sus habitaciones. Su mun-
do empequeñece. Poco a poco renuncia más a la vida. Oca-
sionalmente tomará un empleo en alguna escuela, hará un
papel en una telenovela, nada más.
Termina refugiándose en la locura, más por no tener
que enfrentar sus remordimientos, sus culpas, sus diálogos
consigo misma, que por auténtica enfermedad.
Aún vive.., aunque lleva muerta unos 30 años.

142
La historia de R

a es la hija de GA.
En la historia anterior vimos parcialmente el tipo de
formación que e recibió. Ella descubrirá mis tarde cuán
adaptable La baria estoy cuán fácil le seria prescindir de per-
sonas, lugares y cosas.
Se convirtió en una mujer contradictoria o de contrastes.
No sabría decirlo. Quizá era demasiado intensa en todo.
Su madre, GA, además de los cambios, avatares y aven-
turas a las que sometió a sus hijos, les Imbuyó también un
sentido dramático e inexorable de la vida. Todo era defi-
nitivo. Una concepción maniquea de la vida. Sólo existían
los extremos absolutos: lo bueno y lo malo, lo blanco y lo
negro. Nada mis.
Lo bueno en la vida de a es que ella no se dio cuenta
de cuán infeliz era_ Lo comprenderla mía tarde al percatar-
se que de su infancia .o azcown>A casi nada. Lo poco
que podía evocar en triste y doloroso. No entendía por qué
todos hablaban de ¡a niñez como la época más feliz de sus
vidas. Pan ella, sólo habla sido un periodo de sujeción y
falta de autonomía, insoportable.

ta3
Sólo reconocía la soledad. La soledad siempre presente.
Solía decir que era su mejor amiga.
Y, al no contar con nadie, tuvo que volverse valiente.
Afortunadamente, ella creyó siempre en los valores y
principios que le Inculcaron; aunque para su familia eran
sólo un discurso vacuo, una pose: el ser humano es bueno
por naturaleza. Debemos ser buenos, auténticos, generosos:
defender a los débiles y amar a los animales, con los que a
se identificaría y a los que daría un lugar importante en su
vida. Siempre tuvo perros, gatos, conejos, ratas, tortugas,
etc., tal vez porque eran los únicos seres que la acompañaron
y amaron incondicionalmente. Que deberíamos defender
siempre nuestras condiciones, al precio que fuese.
Todo esto, al convertirse en un credo, una cruzada para
R, impidió que perdiera la inocencia, una inocencia real que
la acompañarla hasta bien pasados los 50 años.
Aunque a amaba a su familia, se sentía extrañamente aje-
na a ésta. No se parecía a nadie. Llegó a creer que era adop-
tada. Sabia que su relación con su madre era mala y se sentía
responsable por e:lo.
En la adolescencia y la juventud empezaron a surgir sus
contradicciones. Por una parte, era muy sociable y alegre;
por otra, reservada e introvertida. Buena estudiante pero
parrandera y juerguista; sin ser agresiva, podía alcanzar
niveles de violencia indecibles. ;Que nadie tocara a los inde-
fensos y débiles! Era su misión defenderlos. Poda asesinar
en un momento de rabia.
Siempre quería saber más, era inquisitiva por naturale-
za. Quería entender todo, analizar todo. Quiso estudiar la
licenciatura en Historia, pero en, su madre, se negó a apo-
yarla. Insistía en que e no "servia' más que para secretaria,
a pesar de las excelentes calificaciones de su hija (excepto
en conducta).
e poseía una energia inagotable, lo cual la llevaba a me-
terse en problemas. Para ella, todo era un reto. Le urgía
demostrarse a sí misma ya su madre que ella era brillante
en lo que se propusiera.
Al ser e muy alta, flaca y orejuda, era el blanco de burlas
en la escuela. Aun la propia familia comenta, con un dejo de
conmiseración: "Pobrecita.., sus patitas tan flaquitas'; "Tu
mamá, con un cuerpo tan bonito, "Lástima, su mamá tan
linda..." "A quién saldrla esta niña.., su mamá y su abuela
tan bellas".
e se sentiría fea, desagraciada, poca cosa. Se convenció
que su única arma era la Inteligencia. Tendría que ser más
aguda, más analítica, más lista que los demás.
CA hizo sentir a los hijos siempre inseguros, siempre a
punto de naufragar. No se podía gastar ni hacer planes ni
disponer de nada porque "quién sabe cuánto durará la re-
lación con ,~" Duró más de 40 años.
Asimismo les hizo saber que no eran merecedores de
rada. Habían sido afortunados de que alguien, que no era su
padre, los mantuviera, los aceptara, los tolerara. Otros niños
no tenían nada. Ellos debían vivir siempre agradecidos.
Al crecer, e se convierte en una mujer de gran personali-
dad, talentosa, directa, bella. Pero no lo sabe ni lo admite.
Aunque todos comentan lo guapa, lo brillante y simpática que
es, ella sigue sintiéndose fea. Una fea con suerte, piensa.
Quizá porque no logró casarse, ni formar una "familia',
la madre educa a sus hijos en el desprecio a los convencio-
nalismos sociales. Estos no son más que patrañas, teatro.
R, a su vez, desdeña el matrimonio. Probablemente en
el fondo cree que nunca nadie la querrá como esposa. Sabe
que, aunque no lo confiese, la gente le tiene cierto temor.
No es fácil convivir con alguien tan sincera, determinada,
contradictoria e intolerante.
Poco antes de que R cumpla 15 años, su padre muere
repentinamente con sólo 36 años de edad. R lo habla reen-
contrado hacía poco y su madre le había comentado que,
quizá, volverían a vivir juntos. R no cabía en si de dicha...
Sin embargo, ahora, tan sólo meses después, sus sueños,
sus ilusiones, sus esperanzas se derrumban. Ya no hay más.
Se enfrenta a la muerte y su crueldad, lo que la marcará
para siempre. Comprende que en la vida nada dura y que,
no importa cuánto se esfuerce, los golpes son impredeci-
bles e irremisibles. El destino tiene la palabra. En adelante,
desconfiará de toda felicidad.
Por alguna extraña triquiñuela mental se convence de
que ella misma no vivirá más allá de esos fatídicos 36 años.
Morirá joven. Está convencida. Y "quema la vida; la agota.
Pretende vivir, en los pocos años que le quedan, lo que le
tomarla 70 u 80 años.
Y esto, aunado al hecho de que en su casa nunca se pla-
neó el futuro, nunca se fabricó el mañana y la vida sólo
"transcurrió" no le interesa fincar nada, construir nada, te-
ner nada.
Pero, otra de sus contradicciones, anhela la estabilidad

146
v la permanencia. Los necesita. A cada nueva relación en
su vida la creerá definitiva "hasta la muerte
Con el tiempo, ella se verá como constructora de nidos
ajenos.
A 105 20 años conoce a un muchacho de quien se em-
baraza. No lo conoce. Después de tratarse sólo unos meses,
se casan. Son extraños absolutos cl uno para el otro.
a tiene la delicadeza de corwencerse de que está perdi-
damente enamorada de éL Con el tiempo comprenderá que
sólo deseaba escapar de su casa.
Pronto se dará cuenta de que Al., su marido, es lo opues-
to a ella. Además de ser enormemente edipico, es fascista,
reaccionario, conservador y amante de la caceria. Ella es
comunista, liberal, atea y amante de los animales.
Y. aunque nada los une, lucharán por salvar un matri-
monio que estaba condenado al fracaso desde el principio.
Eso creen.
Para complicar aún más la situación, AL trabaja en una
empresa familiar donde su madre, ti, es directora, jefa, ama,
líder. AL no es sólo su hijo, es su subalterno. La madre inter-
vendrá en todos los aspectos de su vida: laboral, profesional.
rr,a: ital.
Son una familia rica y x aabia soñado una princesa para
su único hijo varón. No acepta que él contraiga matrimonio
con una arribista, una 'trepadora: Desde el inicio decide
que JAMÁS, )AMAS, admitirá a esta muchacha, en quien sólo
ve defectos ya quien considera claramente inferlor.
Durante el tiempo que dure este matrimonio, este trato
de intolerancia benévola permeará todas las relaciones en.

147
tre ellos. a será considerada de segunda clase. No se le per-
mite olvidarlo.
Tiene dos hijos: una niña y un niño.
a adora a su hija. Cuando ésta nace, R sabe que no ha co-
nocido una felicidad más plena y más auténtica. No puede
expresar su alegría más que con lágrimas. Nunca antes ha-
bía llorado de dicha.
Al hijo, no tanto. Durante los 9 meses que dura este em-
barazo, AL le repite que él no quería otro hijo. Que se pon-
drá gorda y fea y que ya no !a amará ni la deseará. Siempre
le reprocha a este hijo. Estúpidamente, a culpa al niño por
estar perdiendo a su pareja.
AL es violento, Incontrolable. Carece de argumentos y

recurre a los golpes. Sólo una vez intenta golpear a s, pero


al ver que ésta se defiende, se vuelve contra los seres que ella
ama: sus hijos, su madre, su hermano. Cuando esto no es
posible, destruye cuanto encuentra a su alrededor: vajillas,
ornatos, carros.
Por otro lado, es responsable, rutinario, sin imaginación
ni intereses intelectuales fuera de la Segunda Guerra Mundial
y las artes marciales.
x se ahoga. Sabe de antemano qué harán todos los fines
de semana a lo largo del año.
Sabe que sólo verán peliculas de guerra, de acción ya-es-
teres. Sabe que no importa lo que ellos decidan como pareja
pues la decisión final será de su suegra.
Siempre, AL le repite a a lo fea que es... bonita, suma.
má. Lo tonta que es... lista, su mamá. Lo torpe que es...
talentosa, su mamá. Hasta que un día, harta ya, n le dice
que vaya y se coja a su mamá. Que quizá en eso también es
mejor. Finalmente, a le pide el divorcio pero él se niega a
concedérselo. Transcurren varios anos de pleitos, conflictos,
agresión, hasta que finalmente at, accede.
n está libre pero llena de dudas, inseguridades, incer-
tidumbre. Después de tantos años de vapuleo, ignora quién
es ella verdaderamente. Ha perdido la confianza en si mima,
si alguna vez la tuvo.
Su hermano la visita, entusiasmado por un viaje de tres
meses y medio que realizará próximamente por Europa. a
cree que ahí está la respuesta: se irá ella también.
Estará sola con ella misma, se reencontrará. Conocerá
sus capacidades e incapacidades, sus virtudes, sus defectos.
En Europa, ella no será la señora de... económicamente
segura y protegida. Logrará todo por si misma.
Emprenden la jornada juntos pero pronto se separan.
Estará por su cuenta.
En Viena, a conoce a un abogado Italiano, comunista,
enamorado de América Latina y su literatura, generoso,
culto, abierto y sensible. Se enamoran perdidamente y deci-
den casarse en un futuro próximo.
e regresa a México transformada. No sólo encontró el
amor sino que en Europa la gente la valoró, la apreció. La
consideran bella, inteligente, encantadora, valiente. Logra
hacer grandes amistades. Nunca se habla sentido tan segu-
ra, tan identificada, tan ella misma. Nunca tan deseada, tan
apreciada, tan respetada.
Sus largas piernas y su esbeltez son elogiadas, ya no
más motivo de vergüenza.
Ese viaje constituye, además, un reto. Todo está por
aprender, por saber. Los días ya no son idénticos a si mis-
mos. Conoció como nunca sus cualidades. Ahora sabe de
lo que es capaz y de lo que no. Qué precios está dispuesta a
pagar y cuáles no.
Esos meses los vivió intensamente; le dieron lo que
hubiera tardado años en lograr, y dado que va a morir
joven....
Para entonces, at, se ha arrepentido de haberle otorga-
do el divorcio. La quiere de vuelta a como dé lugar. "No te
dejaré en paz. Serás mía como sea, hasta la vejez:' x se sien-
te aterrada por la posibilidad.
a ve a su país con ojos nuevos. Comprende que no lo en-
tiende ni la entienden. Se Identifica más con la mentalidad,
la conducta y la cultura europeas que con los de México. Se
siente más extranjera que nunca.
a, el abogado italiano, viene a México buscando hablar
con AL. Termina en desastre.
nt- se siente herido, su machismo puesto en entredicho.
A Ét. nadie lo deja. Definitivamente no permitirá que sus
hijos se vayan. Y, quién sabe, evitará que R lo haga. Propone
que x se lleve únicamente a la niña.
x ingresa al infierno.
Sabe que sise queda en México, estará siempre a merced
de AL y que carece de apoyos.
Teme arrastrar a sus hijos a la miseria y al hambre. Odia
la idea de pensar que lleguen a padecer lo que ella sufrió
de niña. Recuerda los vaticinios de su madre: "Terminarás
como yo,, "Serás una mantenida':

150
¿Podrá mantener a sus hijos en un país extranjero? ¿Es
lo suficientemente madura? Quiere evitar que sus hijos vean
a un hombre en su vida, después a otro, a otro, a otro...
Cree que, a pesar de sus defectos, Al. garantiza la estabi-
lidad, la seguridad, el bienestar. Ella, no. Además, ella no va
a durar. ¿Cuándo los dejará huérfanos?
Pero los ama. Los ama indeciblemente. No podría vivir
separada de ellos. Si algo les ocurriese, ¿podría ella perdo-
nárselo? De cualquier manera, ella no logrará verlos crecer.
¿Es mejor dejarlos ahora? Si los hijos terminar siendo dip-
sómanos, drogadictos, suicidas, la culpa la matarla.
Es el futuro de dos niños. Tan pequeños, tan queridos.
Sise queda, sabe que será por siempre infeliz. Sabe lo que
una madre así puede hacer a sus hijos. Sise va, sus niños se
sentirán rechazados, abandonados. ¿No sentirán lo mismo
sise queda? Le consta que la madre no es imprescindible.
Además, aun cuando pretende ignorarlo, está el peso del
juicio social. ¿Qué pensarán de ella?, ¿cómo la verán? La
censurarán, la odiarán, se lo echarán siempre en cara. Loba.
Puta. Madre desnaturalizada. También ella se ve así por mo-
mentos.
Enfrentar esta decisión la está volviendo loca.
Se va.
Aún ahora, más de 30 años después, siente que su elec-
ción fue correcta. La hija la odia. El hijo, no. Trata de com-
prenderla; tal vez lo logra.
A e le duele que, por su inconsciencia, por su inmadu-
rez, dos seres tan amados hayan sufrido y padecido tanto.
Y el haberlos perdido para siempre.

151
Conclusiones

Escribí este libro buscando ahorrar a mucha gente el dolor,


los sufrimientos, las culpas por las que yo pasé. Me tomó 50
años o más llegar a las conclusiones aquí expuestas. Ahora
estoy en paz con mi pasado y con mi vida. Comprendo que
mi madre fue tan víctima de las circunstancias como yo.
Que ella también arrastraba los siglos de incomprensión y
falacias que los mexicanos traemos, probablemente, desde
hace siglos.
Estoy convencida, además, de que un pueblo que no co-
noce y analiza sus raíces no puede crecer ni ser dichoso. Lo
peor de todo es que los impedimentos para la felicidad son
absurdos, tontos, mezquinos y construidos por nosotros
mismos.
Dejemos de pedirnos lo imposible: la perfección. Enten-
damos que nuestros padres son seres humanos. No vírgenes
ni santos o mártires. Algunos serán mejores, otros peores.
El único camino, creo, es mirar la verdad a los ojos aun-
que nos duela.
Quiero que la gente entienda que debemos acabar con
lo que llamo "LA CADENA t5 Fl\tTA , esto es, con la trans-
misión eterna, de generación en generación, de los mismos
traumas, los mismos errores. los mismos miedos. Casi
siempre los hijos tienden a repetir los patrones de sus ma-
dres al educar a sus propios hijos. Cuando no lo hacen.
usualmente caen en !o que denomino 'at- pttsnus,o : es
decir, se van para el otro extremo y cometen erro.-es igual-
mente graves pero de otro signo Muy pocos logran el
equilibrio el justo medio. A ellos, mi reconocimiento y mi
admiración.
Evidentemente, todas las madres están convencidas de
amar a sus hijos. Pero, ¿es esto cierto? Según mis observacio-
nes, no.
Resulta triste que, amándolos, les hagamos tanto daño
creyendo hacerles el bien.
No traté aquí casos que aún no logro explicarme y que.
estoy segura, son comunes. Todos conocemos a personas así:
las madres que prefieren a los peores hijos. A aquellos que las
desprecian, a los que no las aman ni las aprecian; a los de
peor conducta, a los delincuentes, belicosos, borrachos, etc.
Y hacen a un lado a los que si las quieren. las respetan, las
aman. Por qué es esto así... no lo sé ni logro entendero.
Otro de los misterios de las madres mexuanas.
Mientras preparaba y escribía este libro, fue muy intere-
unte ver y escuchar reacciones de mis amistades. `Se sor-
prendió ver cuánta gente se abría conmigo y empezaba a
contarme cosas que yo no imaginaba en ellas.
La mayoría de las reacciones fue muy favorable. Una
amiga me dijo: 'La gente lo leerá y pensarle no estoy sola
Otra me contó sobre su suegro, quien había construido un
altar para su madre y ahí le rezaba a ésta con fervor como

154
si se tratara de una santa. No hubo quien no me refiriera
una anécdota, una historia o una experiencia propia. Esto
reafirmó mi idea de que empezar a ver a las madres como son
y desmitificarlas es ya un asunto necesario. Urgente.
Sólo una prima me dijo que no podía soportarme. Que
quién era yo para juzgar si yo misma no soy perfecta. Por
más que le repetí que no juzgo, que sólo busco mmi VERDAD
y que no me creo superior a nadie para sentedciarlo ni
calificarlo, que no soy tan fatua para sentir que yo deba per-
donar, no lo entendió. ,
Fue una reacción interesante que me demostró que aún
no estamos preparados para analizarnos y cuán prestos es-
tamos a rechazar lo que no queremos ver.
Si, mientras usted leia los tipos de madre, recordó a al-
guien que conoce, bien. Quiere decir que no estamos equi-
vocados.
Si lloró o sufrió, bien. No porque yo sea sádica. Quiere
decir que lo "tocó'; lo conmovii5. Lo hizo sentir.
Si se enfureció, bien. Esto lo llevará a pensar, a buscar, a
descubrir.
Tal vez comience a combatir sus sentimientos de culpa,
sus frustraciones, sus rencores.
Tal vez esto lo libere y lo haga crecer.
Recuerde que usted no es su padre ni su madre. No tiene
por qué actuar ni vivir como ellos, ni repetir sus mismos
errores, sus mismos fallos. Usted no tiene por qué ser una
copia al carbón de nadie. Usted tiene derecho a decidir
quién o qué va a ser.
Y, sobre todo, deje de sentirse responsable por el tipo

155
de padres que le tocó. Nuestros padres no son perfectos.
NUESTRA NADRz no es perfecta. Usted tampoco lo es. Y
una vez que los vea como realmente son, usted decidirá si
en verdad los ama o no.
NO TODOS FUIMOS DESEADOS Ni ESPERADOS. No todos
fuimos aceptados como somos. Eso no es responsabilidad
de nadie. Eso es la vida. Y, si no lo amaron, eso no significa
que no merezca ser amado.
Deje de avergonzarse por algo de lo que usted no es res.
ponsable.
No es fácil. Es penoso, doloroso, desgarrador.
Es lo que denomino REPARtRSE. Darse vida, renacer co'
mo uno quiere ser, como uno verdaderamente es. Dejar sa-
lir el auténtico yo.
Es una revisión honesta de conductas, ideologias, salo.
res. Es una inmersión dentro de si mismo. Abandonar, de
lo aprendido, lo que no nos satisface, no nos gusta o no nos
convence.
Es tratar de descubrir y tener el coraje de ser uno mismo.
De no hacerlo así, creo, nuestras vías a la realización, la
dicha y la paz interior estarán cerradas para siempre.
El esfuerzo vale la pena.
¡Si iü, le i i,not•crc~ yo. que le parí!
¡A Inri p idq~. no `r ks juzga!
iv¿« c ." lo Ruin•!
los mesicaies se jaótan• eoo. k de poseer la
mejót madíe del albo. M . ni madiie se te campr
w ¿FOe qu! estin tovarcfdos de dio? ¿Ser cierto
' etilo q~c PrCnsao•'•';:r - 1
la autaw?tostie~c V1~c ro. Pot d aontwio aee que
estamos mliy'fejos'ile este ideal. y pa lo mismo
afronto, quizd•por. primera vez. el mito de la madre
maxkana y jewrlaib a rsta tal traen wmdideramrnle
es: ni perf?tta. ni WUneg;ula• ni sufrida: sino una
mujer cmii dula piMaaclón tara ta maternidad
qoe artes . a s ez. e ro. s y hatmres generxio-
iq~es gae!ja trak a so desceaAeoda.
fn csoe FMa Gimb Tabada aos isdta a mismos
al cspej0.Zi ma*iaje el disfraces ni mivams, a
lo de toiñien a lipirdadea mate mexiama._ y 'I
asrsf oeeoaup.irestepeto.losmemamos'o
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4 el plauss d küaa . iuic .