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LOS CARTAGINESES

La presencia cartaginesa en la Península Ibérica está estrechamente


relacionada con la presencia de los fenicios en distintos enclaves costeros
de la Península Ibérica, los más conocidos son los del Sur de España y el
noroeste de África: Sexi, Gadir, Abdera…

Tras la batalla de Alalia (hacia 537 a. C.) la mayor parte de la costa


mediterránea peninsular y las Baleares(especialmente las Pitiusas) quedan
bajo la influencia de Cartago.

Los cartagineses querían conquistar territorios para aumentar su poder en


el Mediterráneo; pero los romanos no estaban dispuestos a permitírselo. Por
ello los romanos y los cartagineses se enfrentaron en guerras interminables
hasta que al final los romanos vencieron y expulsaron a los cartagineses de
la Península Ibérica.

Más tarde, los romanos se dieron cuenta de la riqueza que atesoraba la


península Ibérica y mandaron sus ejércitos a conquistarla.

La península Ibérica fue durante muchos años lugar de encuentro de muchos


pueblos, que tuvieron relaciones de amistad o de guerra, fue lugar de
comercio y de grandes imperios. Todo esto forjó el posterior destino de
nuestra tierra.

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Cartaginenses en España

Cartago había sido un pequeño establecimiento fundado por los


fenicios en la costa de Túnez en los comienzos del primer
milenio. Con el tiempo, la prosperidad de la colonia, basada en su
inmejorable situación estratégica en medio del mediterráneo,
creció de tal forma que cuando Tiro empezó a sentir el peso del
poder asirio, los cartagineses se independizaron totalmente de
la metrópolis.

Cartago inició entonces una política que le llevó al liderazgo


sobre todas las colonias fenicias de occidente. Entre estas
estaban las factorías españolas, situadas entre el cabo San
Vicente y el de Palos, que enviaban estaño, plata y salazones de
pescado.

Al finalizar la primera guerra púnica una Cartago empobrecida y


acorralada puso todas sus esperanzas de reconstrucción en una
gran empresa: la conquista de la Península Ibérica, o al menos de
la región andaluza y levantina. El hombre que llevaría a cabo tal
hazaña sería Amílcar Barca.

Amílcar llega con su ejército a Gadir (Cádiz), única plaza que les
quedaba a los cartagineses en España después de la guerra, en el
año 237 a.C. Su misión era crear un nuevo imperio comercial
cartaginés, así como una base de operaciones para el desquite
contra Roma.

Los primeros en recibir el choque de las tropas cartaginesas


fueron los habitantes de la cuenca del Betis (actual río
Guadalquivir). Uno a uno los reyezuelos de esta zona se
entregaron por el miedo, la fuerza o la diplomacia, quedando
bajo el control del ejército invasor.

El dominio cartaginés se hizo inmediatamente rentable, se


hicieron nuevas prospecciones y la plata empezó a manar
generosamente sobre las arcas cartaginesas.

Avanzando hacia el levante, fueron cayendo una a una las


ciudades ibéricas y colonias griegas que Amílcar encontraba en

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su camino. Inmediatamente, numerosas quejas llegaron a Roma.
Amílcar había violado el pacto firmado el año 348 en el que se
fijaba el límite entre zonas de influencia romano-cartaginesas
en la ciudad de Mastia (la actual Cartagena), límite que ya
habían pasado. A pesar de esto, la única reacción romana fue
enviar una embajada de protesta ante la cual Amílcar alegó la
necesidad de las conquistas para saldar las deudas debidas a
Roma por la guerra.

En el invierno del año 229 muere Amílcar Barca en una


escaramuza con los Oretanos, iberos que habitaban la zona
oriental de Sierra Morena. Sin embargo Amílcar, después de una
guerra de nueve años, había conseguido ya para Cartago la plata
y los mercenarios de Iberia.

Su labor fue continuada por su yerno Asdrúbal. Su mayor


acierto fue sustituir los métodos violentos por los pacíficos,
culminando una política de alianzas con los reyes ibéricos y
casandose con la hija de uno de ellos. A esto siguió la fundación
de la ciudad de Cartago Nova (hoy Cartagena) y un tratado con
los romanos que fijaba los límites de influencia de los dos
imperios en el río Ebro.

En el año 221, Asdrúbal muere asesinado. A su muerte, los


cartagineses ya eran dueños de todo el sur de la Península y del
Levante, hasta el golfo de Valencia, y es probable que dominasen
también el territorio de los Oretanos.

Aquel mismo año el ejercito eligió a su nuevo general: Aníbal,


que entoces solo contaba 25 años. La elección de Aníbal como
jefe marcó una vuelta a los métodos violentos de Amílcar. En el
verano del 221, invade el territorio de los olcades y al año
siguiente penetra profundamente en los territorios de la meseta
central, ocupando las ciudades de Toro y Salamanca que le
pagan sendos tributos y regresa a Cartago Nova con numerosos
rehenes. A su vuelta es atacado por una coalición de iberos;
carpetanos, vacceos y olcades en las riberas del Tajo, a los que
derrota.

De esta forma, el dominio cartaginés se amplió con las tierras

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del litoral atlántico, hasta la desembocadura del Tajo y también
por las del sudeste de la meseta. El tesoro del ejército había
aumentado considerablemente y un nuevo filón de mercenarios
se había abierto.

Para consolidar su retaguardia antes de realizar su último


objetivo, la conquista de Roma, solo le quedaba una última
acción: la conquista de Sagunto (situada al norte de Valencia) .

Fue precisamente el ataque a esta ciudad y su petición de ayuda


a Roma la que provocaría el inicio de la Segunda Guerra Púnica
que concluyó con la derrota de Aníbal, la caída del poder
cartaginés y la conquista romana de la Península.