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El cosmos maya: Tres mil años de la senda de los chamanes

Amira Ortiz Azuara 5°”A”

En este libro escrito por David Friedel, Linda Schele y Joy Parker, específicamente en su primer capítulo
“Mundos aparte, mundos unidos: El camino de la realidad maya”, narrado por Friedel se habla de
que…

La llegada de los españoles significó imponer a la comunidad maya el proceso de cristianización y el


español. Aislados y reprimidos, perdieron comunicación entre ellos y hoy, ubicados en diferentes
países y con la carga ideológica del entorno en el que están, parecería que no existe más una identidad
maya original.

Su respuesta ante este fenómeno es una gran muestra de adaptación. Por ejemplo, fusionaron la cruz
maya con la cruz cristiana, transformaron a los antiguos dioses mayas en santos católicos y pasaron
de un panteón de deidades a un panteón de santos.

Esto les permitió conservar “lo fundamental de la visión maya yucateca y permitía su supervivencia
cultural colectiva.” Además de mostrarse como “una declaración de autonomía cultural respecto de
sus opresores”.

Esta capacidad de “adecuación” se ve ejemplificada de la mejor manera con el chamanismo. Los


chamanes son una institución social que ha sobrevivido los últimos dos milenios y medio, gracias a
que son “seres adaptables y capaces de absorber y sintetizar nuevas ideas en su visión del cosmos”.

Un chamán, como Don Pablo (que se presenta en el texto) tiene el talento que le permite acceder al
Xibalbá, el “Lugar del Temor Reverente”. “Un lugar situado más allá de la muerte y habitado por
antepasados, espíritus y dioses; un lugar entre los dos mundos”.

Cuando señor chak monta un altar y realiza su rito “regenera el orden del cosmos y reúne los dos
mundos separados, el mundo humano y el Otro Mundo, creando un portal.” Su habilidad para entrar
en trance le permitirá tener “conocimiento de la existencia de ese pasado”. “Por medio de la
participación en estos ritos, tanto los mayos en estado de éxtasis como los demás reafirman las
verdades más profundas de su cultura.”

Para el investigador J. Eric Thompson Itzamná “casa del reptil (iguana)” y “el más grande todos los
chamanes” era lo fundamental para el pensamiento maya antes de la llegada de los españoles. Los
chamanes (el itz, “la sustancia bendita del cielo”) curan, bendicen, procuran, pues tienen la capacidad
de entrar en contacto con los dioses de la lluvia (chabok), los espíritus de las ruinas y las selvas (yum
kaax), las divinidades que sostienen el cielo (babatunob), los Jaguares Protectores de los campos y las
ciudades (balamob) y el Dios Halal, el Dios Todopoderoso: el sol.

“Cuando el chamán del pueblo abre el portal de este lado, el Itzamná lo abre del otro y envía por el
la preciosa itz para nutrir y alimentar a la humanidad en toda su diversidad.” Un perfecto ejemplo de
reciprocidad, señala Friedel.

“Las culturas mayas nos revelan continuidad, sobre todo en sus ideas medulares acerca del orden
esencial de los cosmos, sus modelos y propósitos y el lugar que los seres humanos ocupan en él.”

Según los estudiosos, son varios las cuestiones que en los mayas representan la creación del cosmos:

 Ordenamiento del mundo de los seres humanos y de los dioses y los antepasados del Otro
Mundo.

El ‘cielo elevado’, el eje central del cosmos, hecho para separar el cielo de la tierra.

 El triunfo de los seres humanos ancestrales sobre las fuerzas de la muerte.


 La descomposición y la enfermedad por medio de la astucia y del engaño.
 El milagro del verdadero renacimiento a partir del sacrificio.
 Los orígenes del maíz como sustancia del cuerpo y del alma.

Tras la derrota y el sacrificio del Primer Padre ( Hun-Nal-Ye) por parte de los señores de la muerte
en Xibalbá, renació como maíz.

Al tocar estos temas, un aspecto fundamental que debemos tomar en cuenta es que “nuestra
percepción del pasado siempre es prisionera del presente”. La forma en la que se reconstruye e
interpreta la cultura maya busca, mas no logra, representar lo original.

Las dudas saltan cuando se pone sobre la mesa la posibilidad de que estos dioses representativos,
como Itzamná, la “antigua forma del dios todopoderoso”, sólo significara algo para las élites de la
época, que eran minoría y no para la mayoría de la gente común.

Señala Friedel: “De haber existido este abismo espiritual (…), los grandes logros artísticos e
intelectuales, los esfuerzos de grandes construcciones públicas en los centenares de centros urbanos
en ruinas, deben considerarse como amargo fruto de la opresión sostenida que la minoría de la élite
ejercía sobre la mayoría.”

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Este capítulo nos permite dimensionar, o al menos darnos una idea de que cómo funciona este libro.
Conceptos e ideas que son poco conocidos por una persona no familiarizada con el tema (pongámosle
un 3 de calificación). A momentos, o al menos en mi caso, requirió de mucha voluntad para seguir
leyendo (el principio no me atrapó por lo que tendrá un 2), pues se puede tornar cansado y
complicado de comprender, ya que las palabras utilizadas y la manera en que está redactado no
permiten que sea una lectura rápida o fluida.

Me parece que el propósito de esta sección del libro era mostrar el papel de los chamanes antes y
después de la conquista española (4), pero en el desarrollo del texto, al querer poner un contexto claro
y amplio de los acontecimientos, al llenarnos de información, se pierde el punto (3).

Diferente a lo que sucede con su aparato crítico, que es conciso (5) y que tiene una valoración del
autor, pues es evidente cuando un estudio o documento pasado es valorado positivamente por él,
cuando aporta algo, según su visión, al conocimiento del mundo maya. Se muestra congruente (5) y
respetuoso de sus colegas.

No estoy segura de si aporte algo nuevo a las investigaciones y trabajos sobre los mayas, pues
desconozco ampliamente el tema. Lo que sí, es que reconozco al texto porque presenta un tema
sumamente interesante de explorar como lector mexicano, y más como periodista. Y porque, además,
habla de pasado y presente y de cómo se dio y da esta transición: de su proceso de reconfiguración
al cambiar su realidad. Esto me salta porque es algo que el hombre siempre busca, algo muy propio
del ser humano: la identidad.

Por todo esto, este escrito recibe un 4 de calificación general.