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¿Qué es sobreproteger?

La definición correspondiente a este vocablo es proteger demasiado a una persona.


Definiendo a proteger como: evitar que una persona o un objeto sufra un daño; favorecer
o apoyar un proyecto, una persona o una cosa. También es emplear una persona su fuerza,
influencia o autoridad para ayudar o defender a otro.

No obstante cuando se habla de sobreproteger, en la mayoría de los casos, se refiere a la


actitud que tienen algunos padres para con sus hijos.

Este tipo de actitudes consisten en generar conductas más infantiles de las que le
corresponde al niño por su edad; o no dejar que el hijo haga determinadas tareas porque
evidentemente a la madre o al padre le sale mejor. Existen también las situaciones en las
que los padres pretenden que sus hijos no sufran por ningún motivo y pretenden hacerle la
vida más fácil, anticipándose a cualquier necesidad o demanda que tenga el niño. También
se considera sobreprotección cuando a la mamá o al papá o a ambos les resulta difícil
ponerse firme frente al hijo y tratan de evitar situaciones de estrés o de enfrentamiento.
De esta manera permiten que los niños y luego los adolescentes hagan lo que quieran.

La Psicología al mismo tiempo que el sentido común recomiendan que se le permita al niño
hacer sus propias experiencias. Se lo puede ayudar, sugerir, guiarlo pero no hacer las cosas
por él, ya que de esa manera se fomenta una actitud pasiva y cómoda perdiendo seguridad
de sí. De esta manera se genera un individuo que va a huir de los problemas y sin capacidad
para hacerse cargo de sus actos.

Por otro lado, este niño cree que necesita la seguridad del otro, y sin ella no puede realizar
nada. Esto hace también que ante la primera dificultad deje de hacer las cosas, o no se
decida porque tienen miedo a equivocarse. Y esto lo lleva a tener pensamientos negativos
sobre él mismo y sobre la vida, llegando en algunos casos con el correr del tiempo, a la
depresión.

Desde ya que también esto acarrea una relación muy complicada con sus padres en un
principio. Pero también, con el tiempo tienen problemas con todo el entorno y la sociedad,
de tal modo que terminan culpando a los demás de lo que les sucede. La rabia que sintieron
hacia sus padres, y la frustración que sintieron hacia sí mismos por sentirse incapaces de
hacer algo solos, pasa al resto de la sociedad.

¿Consideras que eres un padre


sobreprotector?
Una las principales características de los padres sobreprotectores es cuando confundimos
la forma de expresar nuestro amor; es decir, se demuestra el cariño al facilitarles a los hijos
sus tareas, evitando así que se esfuercen por conseguir algo que necesitan.

También ocurre cuando les evitamos cualquier situación desagradable o les resolvemos los
conflictos o al pensar que nos da una razón de ser, nos hace sentir importantes y tenemos
el control de toda la situación.
Para evitar estas situaciones e identificar sí eres un padre sobreprotector, pon atención en
tu reacción cuando tu hijo te pida algo y antes de acceder a hacerlo, pregúntate:

¿A quién le corresponde, a él o a mí?


¿Lo puede hacer por sí mismo?
¿Es una excepción que le ayude o es una generalidad? Porque si a él le corresponde, lo
puede hacer y siempre lo ayudo o se lo hago…
Si analizamos que es la sobreprotección en términos prácticos, es poner un límite o colocar
un obstáculo en el desarrollo de nuestro ser querido, lo que genera una actitud
dependiente.
Hay una regla en el aprendizaje que es importante meditar en este caso, la falta de práctica
está relacionada directamente a la falta de adquisición de la habilidad, más aún, la falta de
práctica lo que hace realmente es que no haya la ocasión de generar conductas nuevas que
lleven a la persona a acumular logro y esta falta de éxito, es la piedra angular de muchos
trastornos de conducta.
Cuando sobreprotegemos dañamos la gran oportunidad de exponer a nuestro hijo a
oportunidades de practicar habilidades ya adquiridas o a generar conductas novedosas para
probarlas y ver si son efectivas para manejar un problema.
Conductas de niños sobreprotegidos

Miedo
Inseguridad
Dificultad para adaptarse a nuevas situaciones
No es servicial
Acostumbrado a que le hagan las cosas
Niños de su mismo rango de edad son más independientes
Solo realiza las actividades si alguien le ayuda
No le gusta esforzarse y esto lo pone de mal humor.
Solicita las cosas con mala actitud, ya sea gritando, llorando, etc.
Torpe
No tiene iniciativa
Flojera
Demandante
Exigente

Características de los padres


sobreprotectores

Le realizan las actividades escolares


Si lo molestan otros niños, interfiere para defenderlo
Le da de comer, lo viste, baña, peina,
No le permite que asista a salidas con compañeros de su edad
Revisa todo lo que hace.
Utiliza el miedo para protegerlo
Contesta por él
Ignora, tapa y justifica sus errores.
Nunca permite que otros adultos lo corrijan
Se siente culpable cuando no los ayudo

Lo mejor que puedes hacer para educar a hijos independientes es dejar que exploten su
desarrollo y sólo guiarlos o supervisarlos en el proceso. Y tú, ¿cuántas actividades haces por
tus hijos?

Las secuelas de la sobreprotección


No debemos confundir protección con sobreprotección. La protección hacia nuestros hijos es vital
para ellos. Cuando son pequeños nos necesitan y dependen de nosotros para casi todo.

Todos los animales, por instinto, protegen y cuidan de sus crías durante un tiempo determinado, de
manera que cuando la cría ya puede valerse por sí misma, comienza su andadura en el mundo en
solitario, desprendiéndose de sus padres.

En el caso de los humanos, esta protección es más prolongada en el tiempo y no solo eso, en muchas
ocasiones, esta protección, que en principio servía para cuidar de nuestros hijos y mantenerlos
seguros, puede convertirse en algo realmente dañino para su salud mental. Hablamos entonces de
la sobreprotección.

Podríamos decir que sobreproteger a un hijo es ir más allá de cubrir y satisfacer sus necesidades y
cuidados básicos. Es pensar por el hijo, tomar decisiones por el hijo, solucionar todos los problemas
del hijo. Es vivir por el hijo, cuando el hijo es, en esencia, una persona que debe desarrollar sus
propias capacidades personales si quiere funcionar correctamente en el mundo.

Son los típicos padres que están todo el día repitiéndoles a sus hijos: “No hagas eso que puedes
lastimarte”, “No vas a ir a dormir a casa de tu amigo porque yo no conozco esa casa”, “No irás a la
excursión porque los animales pueden ser peligrosos” y no y no y no. Lógicamente, con esta actitud
solo inculcamos miedo a nuestro hijo y la idea falsa de que el mundo es un lugar peligroso.

Por otro lado, estos padres son muy permisivos, en el sentido de que no suelen poner límites y
normas claras que los niños entiendan e interioricen. Además de esto, si los hijos violan esas normas
difusas, ellos no establecen consecuencias definidas por miedo a dañar a sus hijos, cuando
realmente las consecuencias sirven para educar, no para dañar.

Tampoco les exigen obligaciones ni responsabilidades que por edad puedan realizar alegando a que
“no quieren hacerlo”, “lo hacen mal” o “pobrecito que es muy pequeño”.

Éstas son las creencias disfuncionales de los padres que ejercen la sobreprotección. Ellos piensan
que al sobreproteger a sus hijos, van a cuidar su autoestima, no van a dañar su salud mental porque
no les van a crear disgustos ni frustraciones y además serán hijos felices porque “no les va a faltar
de nada”.

¿Qué consecuencias puede tener la sobreprotección?

Personas miedosas

Tiene sentido. Si nos hemos pasado la vida advirtiéndole a nuestros hijos de absolutamente todos
los “peligros”, por improbables o insignificantes que sean, que pueden encontrarse en su vida,
andarán por el mundo con miedo a lo “que pueda ocurrir”.

Además, si nunca le hemos dado las herramientas para que sepan afrontar y solucionar sus
problemas por ellos mismos, serán incapaces de enfrentarse a ellos solos e incluso pueden hacerse
dependientes de alguien que les “saque las castañas del fuego” cada vez que se encuentren en una
situación complicada.
Personas dependientes

Como he comentado en el punto anterior, si no les enseñamos a tomar sus propias decisiones, a
gestionar su propia vida o a solventar sus problemas, siempre dependerán de alguien para hacerlo
porque realmente es que no saben hacerlo solos.

Esto a su vez, crea problemas de autoestima ya que si uno percibe que no sabe manejarse por la
vida por sí mismo o que nunca toma la iniciativa en nada, su autoconcepto será, desgraciadamente,
el de un “inútil” que siempre necesita a otro a su lado.

Baja tolerancia a la frustración

Como sus padres siempre se han asegurado de que no sufran por nada ni se frustren cuando no
consiguen lo que quieren, dándoles todo lo que piden en el momento que lo piden y minimizando
su dolor. No han aprendido a tolerar que las cosas no siempre salen en la vida como a uno le
gustaría y nos guste o no, esta es la realidad.

Puede ser que bajo el cobijo de la familia que practica la sobreprotección el hijo sienta que lo tiene
todo y que los padres son una especia de sirvientes que están a sus pies cuando ellos lo necesitan.

Pero, tarde o temprano, la vida y la sociedad les dirá que esto no es así y que hay cosas que
inevitablemente nos harán daño y nos crearan frustración. Lo más probable es que reaccionen a
las frustraciones con ira, exigencias e incluso agresividad lo que les puede llevar a tener dificultades
en las relaciones sociales y en la vida en general.

Anulación del desarrollo de las capacidades personales


Si siempre estamos anticipándole al niño lo que le va o no a ocurrir, si no le dejamos equivocarse
para aprender y si lo hacemos todo por ellos, evidentemente, estamos capando su capacidad de
aprendizaje.

Si antes de que el niño tenga ganas de orinar, ya lo estamos obligando a ir al baño “porque no vaya
a ser que luego te entren ganas y no encontremos un sitio para hacerlo”, él no sabrá identificar por
sí mismo sus propias señales fisiológicas cuando necesite ir al baño.

Si no le dejamos caerse, nunca aprenderá qué es lo que debe hacer y lo que no debe hacer. Las
personas aprendemos por consecuencias negativas y positivas debido a nuestras experiencias
directas, por lo que es indiscutible la necesidad de que el niñoexperimente con el mundo para
aprender a manejarse mejor en el futuro.

Como siempre digo, todo lo que se aprende, también se desaprende y Esto es lo positivo. Ahora tú,
que eres ese niño sobreprotegido pero ya adulto, es tu responsabilidad de reeducarte para crecer
como persona y para mejorar.

Y tú, como padre que se acaba de identificar con este artículo, te diré que todavía estás a tiempo de
cambiar tu mentalidad si quieres ayudar a tu hijo a ser una persona autónoma, independiente y
feliz. No practicar la sobreprotección, es el mejor regalo que le puedes hacer.
Los estilos educativos de los padres:
ventajas e inconvenientes

La tarea de educar no es nada fácil. Cada etapa del niño tiene sus dificultades, y según las vamos
pasando, pensamos que es peor que la anterior. Muchas veces se considera que los primeros años
es lo más fácil, aunque cuando estamos en ese periodo, en el que tenemos los horarios de sueño
alterados, no hacemos más que cambiar pañales o limpiar ropa, o perseguirles cuando aprenden
andar, no pensamos igual.

Lo que sí está demostrado es que estemos en la etapa que estemos, siempre nos cuestionamos si
lo estamos haciendo bien o no. Esto es un claro síntoma de que nos interesa la educación de
nuestros hijos, y nos preocupamos por si nuestras enseñanzas o maneras de inculcárselas, son las
más adecuadas para ellos.

Nuestra forma de enseñarles depende del estilo educativo que adoptemos o tengamos. Veamos
qué es y qué tipos existen.

Qué es el estilo educativo

Se puede definir como la forma regular de actuar de los padres ante sus hijos, de interactuar con
ellos, en las situaciones cotidianas, con el fin de enseñarles y prepararles para el mundo en el que
vivimos.

El estilo educativo depende en gran medida del carácter que tiene el padre/madre, pero también
hay otros factores que influyen en el mismo:

– El cómo el adulto interpreta las conductas de los niños (no es lo mismo considerar una
travesura como algo habitual y tolerable, que considerarla como una desafío a la autoridad de los
padres).
– Manera de concebir la vida y el mundo al que se van a incorporar los niños, por parte de los
padres.

– Las distintas situaciones en las que se producen las conductas y las interacciones padres-
hijos.

– El pasado de los padres y la relación de éstos con sus progenitores.

– Carácter, personalidad, temperamento, trastornos… que tienen los hijos.

– Tipo de contacto emocional que tienen los padres con sus hijos, etc.

estilos educativos

Qué tipos de estilos educativos existen

Básicamente, se distinguen 4 tipos de estilos educativos, pero lo que sí quiero dejar claro es que, el
mismo padre/madre, no tienen por qué pertenecer a un mismo tipo siempre, puede variar en
función de la conducta del hijo, de la situación, del momento emocional por el que atraviesa el
progenitor… e incluso a veces somos incongruentes, y usamos distintos estilos para la misma
conducta y situación.

Los 4 tipos son los siguientes:

1. Estilo autoritario:

– Normas rígidas y abundantes.

– Inflexibles en la aplicación de las mismas.

– Escaso contacto emocional con los hijos y falta de expresividad de afecto hacia los hijos.

– No se dialoga ni hay negociación, se impone.


– Poco o nulo control de los impulsos en los progenitores.

– Utiliza sobre todo el castigo y las críticas.

– No se tienen en cuenta los intereses y preferencias del niño y se es demasiado exigente para
el nivel de madurez del niño.

2. Estilo permisivo:

– Mucho afecto y contacto emocional.

– Escaso control de las conductas del niño, falta de normas o están poco definidas.

– Se rigen por los intereses y preferencias del niño.

– Poco exigentes, los niños aprenden las cosas por sí mismos.

– Evitan los conflictos, la negociación y permiten hacer al niño.

– Delegan en otros (profesionales: maestro, amigos, pediatra…) la educación de los hijos.

3. Estilo indiferente o negligente:

– Se implican muy poco en la educación y crianza de los hijos.

– Suelen ser fríos y distantes con los hijos.

– Nula sensibilidad hacia las necesidades de los hijos.

– Ausencia de normas, y en ocasiones además someten al hijo a severos castigos.


– Escasa comunicación con los hijos.

4. Estilo democrático:

– Son bastante afectuosos y tienen muestras de cariño con sus hijos.

– Altos niveles de comunicación con los hijos.

– Normas y límites claros, bien definidos y justificados o razonados con sus hijos, los que a
veces además participan del establecimiento de los mismos.

– Controlan el comportamiento de sus hijos, utilizan el refuerzo de forma adecuada y el castigo


de igual manera.

– Se les educa en la autonomía y la independencia.

Qué consecuencias comportan para los hijos cada estilo educativo

A priori, por lo que vemos en las listas de más arriba, parece que el estilo educativo democrático es
el más adecuado, tanto para la educación de los hijos, como para la convivencia de padres e hijos.
Veamos ahora qué consecuencias reportan cada uno de los estilos en los propios hijos:

1. Estilo autoritario:

– Son obedientes y sumisos cuando hay un control externo, como el de los padres, pero en
ausencia de control, se vuelven temerosos e irresponsables, ya que no se les enseña autocontrol,
que es muy importante.

– Niños con baja autoestima, tendencia a la depresión y la autoculpabilidad.

– Suelen tener escasa habilidades sociales para enfrentarse al mundo.

– Pueden tener actitud de huida o engaño ante los conflictos.


2. Estilo permisivo:

– Tienen una fuerte inseguridad en sí mismos.

– Bajo rendimiento académico por falta de esfuerzo.

– Baja tolerancia a la frustración, no están acostumbrados a que les digan no.

– Cambios frecuentes de humor, mala regulación y autocontrol emocional y de los impulsos.

– Inmaduros para su edad.

3. Estilo indiferente o negligente:

– Baja autoestima.

– No acatan ninguna norma ni límite.

– Tienen escasa empatía, no son sensibles a las emociones de los demás.

– Son muy vulnerables a los conflictos sociales y personales.

4. Estilo democrático:

– Mayor empatía y generosidad con los demás.

– Están más satisfechos consigo mismos.

– Tienen buena competencia y habilidades sociales. Buena autoestima, independencia y


autonomía, control de impulsos y de conductas.
– Son persistentes en las tareas y tienen buen rendimiento académico.

– Buen desarrollo moral, sentido de la responsabilidad y aprendizaje de toma de decisiones.

– Muy buen afecto y relación con los padres.

Y tú, ¿qué estilo educativo tienes? Te he mostrado las características de cada uno y las
consecuencias de los mismos en los niños. Ahora te toca a ti averiguar a cuál perteneces, y si te
planteas un cambio en la forma de educar a tus hijos, siempre es bueno que vayas a un psicólogo,
quien te dará las pautas oportunas y los ejemplos concretos para que emprendas el cambio.

Otra última cuestión que hay que dejar bien clara. El estilo educativo de los padres NO es el único
factor influyente en la conducta de los hijos. No se debe estigmatizar al padre/madre por ello, pero
lo que sí está claro, es que es un factor importante y que además es un factor que podemos controlar
por entero, por lo que a igualdad del resto de condicionantes, los beneficios para los niños serán
mayores con un estilo educativo democrático.

También se debe tener en cuenta, que para algunas ocasiones puede ser conveniente utilizar otro
estilo educativo o que al menos ese será más eficaz. Y que un progenitor puede tener un estilo y el
otro progenitor otro diferente, por lo que habrá que tener cierto “arte” para combinarlos
adecuadamente y sacar de ellos lo más beneficioso para el niño.

5 peligros de la sobreprotección

Mireia Navarro Compartido por

Mireia Navarro

La raza humana, como muchas razas animales, posee el instinto de protección al prójimo de manera
innata. Una vez la mujer da a luz, su organismo genera una serie de hormonas cuyo objetivo es
facilitar la supervivencia del recién nacido.
Los humanos somos los que más alargamos el periodo de cuidado de nuestros hijos; mientras
algunos animales se separan de ellos al poco tiempo de nacer, la raza humana dedica años al cuidado
y la crianza, por razones obvias; dado que nuestro cerebro adquiere las capacidades de manera
escalonada y las va perfeccionando poco a poco, nuestra supervivencia quedaría en peligro sin el
cuidado de un mayor.

Este proceso de cuidado hace referencia a la denominada “protección”. Si dejamos a un lado este
aspecto instintivo y miramos más allá, encontramos en muchos padres la voluntad de
“sobreprotección”. Se da cuando no solo se cubren las necesidades básicas de los hijos, sino que,
además, se les imposibilita el uso y desarrollo de las capacidades personales a medida que van
adquiriéndolas.

Son padres que hablan por sus hijos, sin darles la oportunidad de elegir; que solucionan todos sus
problemas, sin darles la oportunidad de aprender de ellos; que no establecen normas de
comportamiento y que no ofrecen consecuencias a determinadas conductas, para evitarles un
sufrimiento que, para muchos, puede dañar su autoestima y la relación familiar.

Pero, ¿qué verdad existe en las creencias que comparten los padres sobreprotectores? Quizás la
sobreprotección tenga beneficios a corto plazo.

En un momento dado, parece razonable pensar que dicha sobreprotección puede hacer feliz a la
persona. No obstante, si miramos más allá y entendemos la figura del niño como adulto en un futuro
(mucho menos lejano del que muchos padres se imaginan), entenderemos que a largo plazo no
genera beneficios para nuestro hijo.

¿Qué peligros conlleva la


sobreprotección?
Contenido del artículo [ocultar]

1 1- Imposibilidad de desarrollar sus habilidades

2 2- Inseguridad

3 3- Personalidad dependiente

4 4- Imposibilidad de aprender de sus errores

5 5- Insatisfacción

6 Nota del Editor

1- Imposibilidad de desarrollar sus habilidades

Con la sobreprotección estamos impidiendo el desarrollo de habilidades tan importantes como la


solución de problemas, la generación de alternativas, la empatía y la autonomía, entre otros.

La primera fuente de aprendizaje significativo se da mediante la experiencia directa, y para que se


dé, deben darse experiencias directas. El niño que no se cae en el parque no entiende que debe ir
con cuidado si no se quiere lastimar. El niño que no necesita pedir agua porque siempre la tiene
disponible, no va a aprender a verbalizar sus necesidades. El niño al que no se le asignan pequeñas
responsabilidades adaptadas a su edad, no aprenderá a hacerse cargo de asuntos importantes.

Las habilidades se mejoran con la práctica. Si no hay práctica, no mejoran. Si no mejoran, estamos
mermando la capacidad de desarrollo personal.

2- Inseguridad

Con el tiempo, estaremos creando personas inseguras. Si no le hemos dado las herramientas para
solucionar sus propios problemas sin la ayuda de los demás, se verá incapaz de enfrentarse a ello
por sí solo.

3- Personalidad dependiente
Ante lo anterior, desarrollará una personalidad dependiente que le imposibilitará dar un paso sin la
ayuda de los demás. De esta manera, la sobreprotección imposibilita la autonomía personal. A la
larga, además, su autoestima y su autoconcepto también pueden verse mermados.

4- Imposibilidad de aprender de sus errores

Si evitamos que el niño se haga cargo de sus responsabilidades, estaremos impidiendo que sea
consciente de sus puntos fuertes y sus puntos débiles. No podrá recibir información de lo que debe
mejorar, de la misma manera que tampoco podrá demostrar qué realiza de manera correcta para
conseguir el refuerzo de la sociedad.

Esta privación de feedback personal mermará su capacidad de autocrítica, por lo que no sabrá
aceptar sus errores ni aprender de ellos.

5- Insatisfacción

Todo ello, con los años, genera insatisfacción generalizada. A la larga, esta insatisfacción puede
afectar a todos los ámbitos de la vida, sobre todo al personal. Con la sobreprotección, al niño
convertido en adulto se le hará verdaderamente difícil mantener una vida ordenada y positiva;
pueden ser frecuentes los problemas laborales, las relaciones tóxicas, y la imposibilidad de crear
vínculos positivos basados en el respeto hacia la otra persona y hacia sí mismo.

Si bien puede parecer razonable querer educar a nuestros hijos sin ningún tipo de preocupaciones
para poder garantizar su felicidad, con el paso de los años esta sobreprotección puede crear adultos
no preparados para las situaciones que genera la vida. El proceso de crianza infantil debe contener
también unas dosis de responsabilidad muy necesaria hoy en día.
10 Características De Los Padres
Sobreprotectores
Si en otros artículos hemos hablado de las consecuencias que puede acarrear la sobreproctección
sobre nuestros hijos, hoy quiero dedicar esta entrada a los padres y madres que por un motivo u
otro, sin querer, sin voluntad de hacer daño (todo lo contrario) se vuelven sobreprotectores. Hoy
hablamos de las características más básicas de los padres sobreprotectores y reconocer si hay
alguna o muchas en las que nos reconocemos.

10 características de los padres sobreprotectores

10 características de los padres sobreprotectores.

Hay muchas formas de sobreproteger pero en esta lista solo he colocado las más evidentes, las más
habituales y las más comunes. Hay otras, pero hoy no las mencionamos. Quizás todos los padres
sobreprotegemos en en alguna ocasión, el problema deriva cuando es una práctica habitual y priva
a los niños a poner en práctica sus habilidades y capacidades, o cuando necesitamos actuar así para
sentirnos útiles e importantes o necesitamos tener el control sobre las vidas de nuestros hijos.

Por lo general un padre o madre se vuelve sobreprotector cuando

1.- Evitan a sus hijos cualquier situación desagradable, difícil o resuelven por ellos sus problemas. Es
un ejemplo de esta situación los padres que realizan los deberes escolares de sus hijos o los que
intervienen cuando otro niño o niña “molesta” a su hijo en lugar de permitir que se defienda solo.

2.- Limitan o impiden que sus hijos exploren el mundo por si mismos, privándoles de la oportunidad
de aprender, por ejemplo

– no les dejan gatear porque el suelo está sucio,

– evitan a toda costa que se lleven cualquier cosa a la boca,

– no dejan que nadie les de nada o les coja,

–…
3.- Tienen una alta tolerancia a multitud de demandas y exigencias que el niño muestra. Responden
inmediatamente a sus demandas sin poner límite.

4.- En cambio, limitan en exceso las demandas de independencia o autonomía. No les permiten salir
a la calle porque hace excesivo frío o calor, eligen la ropa que se van a poner o los amigos con los
que deben relacionarse.

5.- Los padres sobreprotectores siguen haciéndolo todo cuando el niño está perfectamente
capacitado para hacerlo solo:

le siguen dando de comer,

le siguen vistiendo y calzando o peinando,

le siguen acompañando al baño.

6.- Suelen contestar por el niño cuando otros adultos se dirigen a él, privándole de este modo que
exprese su opinión o sus deseos.

7.- Cuando sus hijos cometen algún error ellos los ignoran, tapan o justifican.

8.- No permiten que su hijo o hija realice salidas con compañeros de su edad, aun teniendo la
madurez suficiente para hacerlo.

9.- Utilizan el miedo para tener el niño bajo su control. Es típico oírles decir “no subas ahí que te
caerás y te harás mucho daño”, “si vas tu solo puede pasarte algo malo”,

10.- Se sienten culpables cuando no ayudan a sus hijos a resolver sus problemas o dificultades, se
sienten responsables de todo cuanto les ocurre, ya sea que se hayan caído en el parque o cogido un
resfriado.

La sobreprotección se vuelve dañina porque no deja que los niños se desarrollen emocionalmente.
La sobreprotección impide que nuestros hijos evolucionen socialmente a la vez que les priva de
poder alcanzar la madurez suficiente para ser personas independientes y autónomas que se valgan
por sí mismas al alcanzar la edad adulta. La sobreprotección produce sentimientos de inseguridad y
de poca valía en los hijos que han estado educados bajo estas circunstancias.

Como vemos, la sobreprotección puede manifestarse de múltiples formas y ser causada por muchos
motivos. Algunas causas de sobreprotección pueden ser:

– nacimiento de un niño muy deseado,

– enfermedad del pequeño,

– personalidad de los padres,


Sea cual sea el motivo que nos vuelve sobreprotectores debemos conocer sus posibles
consecuencias y evitar en la medida que nos sea posible conducirnos de este modo. Debemos
fomentar la autonomía y la independencia, intentando educar desde la libertad y en la
responsabilidad de las acciones que realizamos día a día enseñando las consecuencias (positivas y
negativas) que tienen nuestros comportamientos.