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M.

Carmen Encinas Reguero

La evolución de algunos conceptos retóricos.


Semeion y tekmerion del s. V al IV a.C.

Resumen: El nacimiento de la retórica implica la creación de un


vocabulario adecuado para expresar las sutilezas de esa techne.
Ası́, surgen términos nuevos, que con el paso del tiempo se van
especializando y adquiriendo un significado técnico preciso. Este
trabajo se centra en dos términos que designan la evidencia, a saber,
semeion y tekmerion, y sigue su evolución a lo largo del s. V y hasta
el s. IV a.C., centrándose fundamentalmente en la tragedia y en la
oratoria de Antifonte, donde el empleo de esos conceptos difiere de
su utilización técnica en los primeros manuales conservados.

Keywords: teorı́a retórica temprana, semeion, tekmerion, Anaxı́-


menes, tragedia griega, Antifonte

tenas y el s. V a.C. son el lugar y el momento en que la


A techne rhetorike, que habı́a nacido poco antes en Siracusa,
alcanza su máximo esplendor.1 El interés del estudio de

Este trabajo ha contado con la financiación del Ministerio de Educación y Ciencia a


través de un proyecto de investigación subvencionado (HUM2006–07163) y también
con la del Gobierno Vasco, a través de una ayuda del Programa de Perfeccionamiento
de Doctores en el Extranjero del Departamento de Educación, Universidades e Investi-
gación. Ası́ mismo, agradezco a la Dra. M. Quijada la ayuda prestada con la atenta
lectura de este trabajo y sus pertinentes observaciones al respecto.
1
Según la tradición (Cicerón, Brutus 12.46–48), la techne rhetorike surge en el s.
V a.C. en Siracusa de la mano de Córax y Tisias y de ahı́ rápidamente se extiende hasta
Atenas; cf. O. Navarre, Essai sur la Rhétorique grecque avant Aristote (Paris: Hachette,
1900), 21–23. No obstante, algunos autores, como T. Cole, The Origins of Rhetoric in
Ancient Greece (Baltimore: Johns Hopkins University Press, 1991) o E. Schiappa, The
Beginning of Rhetorical Theory in Classical Greece (New Haven: Yale University Press,
1999), vinculan el nacimiento de la retórica con la fijación de una teorı́a por escrito

Rhetorica, Vol. XXVII, Issue 4, pp. 373–403, ISSN 0734-8584, electronic ISSN 1533-
8541. ©2009 by The International Society for the History of Rhetoric. All rights re-
served. Please direct all requests for permission to photocopy or reproduce article
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at http://www.ucpressjournals.com/reprintInfo.asp. DOI: 10.1525/RH.2009.27.4.373.
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este arte en esa época, por lo tanto, es obvio. Sin embargo, dicho
estudio es muy complejo, porque la primera teorı́a retórica se nos
ha perdido por completo. Sólo podemos, en consecuencia, intentar
acceder a su conocimiento de manera indirecta. Para ello existen
básicamente tres vı́as: 1) el estudio de los primeros manuales retóricos
conservados, que datan del s. IV a.C. y que, hemos de suponer,
reelaboran, al menos en parte, la teorı́a retórica anterior; 2) el estudio
de la presencia de la retórica en otros géneros literarios, que, sin duda,
se vieron influidos por este arte; y 3) el estudio de la oratoria del
momento, que, suponemos, llevaba a la práctica lo que se enseñaba
en aquel entonces en la teorı́a.
Dada esta situación, lo que aquı́ propongo es utilizar conjun-
tamente esas tres posibilidades aplicándolas a una cuestión muy
concreta, para intentar aportar algo a nuestro conocimiento de la
retórica en su etapa inicial. Esa cuestión tiene que ver con la ter-
minologı́a retórica técnica que se emplea en los manuales del s.
IV a.C. y que podemos encontrar ya en la literatura del siglo an-
terior, aunque no necesariamente utilizada en el sentido técnico que
posteriormente tiene. Para delimitar el estudio he decidido cen-
trarme en dos términos que considero muy interesantes, a saber,
semeion (σημεον) y tekmerion (τεκμ
ριον), empleados en la primera
teorı́a retórica conservada para hacer referencia a distintos tipos
de indicios.
Según se asume generalmente, la probabilidad o argumento de
eikos es la aportación principal de la retórica en el s. V a.C. Ahora bien,
el desarrollo de esta nueva arte lleva consigo también el uso cada
vez más preciso de la evidencia. Como Lloyd apunta,2 en Homero
no hay ninguna palabra aparte de σ
μα que haga referencia a los
hechos empleados como tal e incluso ésta se utiliza de esa manera
en escasas ocasiones. Sin embargo, en los siglos VI y V a.C. surge
un rico vocabulario al respecto, en conexión con el comienzo de la
reflexión acerca de los diversos tipos de evidencia. Los dos términos
más interesantes en ese sentido son los aquı́ elegidos.

y con la acuñación de un lenguaje técnico para expresar dicha teorı́a. Esto los lleva
a situar el nacimiento de la retórica en el s. IV a.C. Sin embargo, resulta difı́cil creer
que el protagonismo que la retórica adquiere en Atenas en el s. V a.C. no generara
una reflexión teórica profunda, aunque ésta no haya llegado hasta nuestros dı́as. Ası́,
parece que Antifonte pudo escribir un tratado retórico hoy perdido; de hecho, sus
Tetralogı́as quizás puedan considerarse ası́ en cierto modo, al igual que seguramente
los discursos de Gorgias.
2
Cf. G. E. R. Lloyd, Polarity and Analogy. Two Types of Argumentation in Early Greek
Thought (Bristol: Bristol Classical Press, 1987 (19661 )), 425–30.
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Pues bien, en el análisis del modo en que estos términos son


empleados propongo avanzar en tres fases. El punto de partida con-
siste en determinar qué se entiende por semeion y tekmerion en la
teorı́a retórica más antigua conservada, esto es, la del s. IV a.C. A
continuación, rastrearé esos términos en un género literario carac-
terı́stico del s. V a.C. y muy influido por el arte retórica: me refiero a
la tragedia. Intentaré determinar cómo son empleados esos términos
en este género y si existe o no algún tipo de evolución respecto a
su uso. Por último, cotejaré los resultados obtenidos en la tragedia
con los que aporta la oratoria y concretamente con los que aporta
Antifonte, el primer orador cuyos discursos conservamos y que es
contemporáneo en gran medida de los autores trágicos.3

1. Semeion y tekmerion en la teorı́a retórica


del s. IV a.C.

Los primeros manuales retóricos que han llegado hasta nosotros


son la Retórica a Alejandro, atribuida a Anaxı́menes de Lámpsaco, y la
Retórica de Aristóteles. Ambas obras datan del s. IV a.C.4 y ofrecen

3
Sobre los argumentos que derivan de tekmeria y semeia en el conjunto de los
oradores áticos, cf. A. Soubie, “Les preuves dans les plaidoyers des orateurs attiques
(II),” RIDA 21 (1974): 77–134 (pp. 88–97). En general, véase Soubie, “Les preuves”
sobre las pisteis entechnoi en los oradores áticos y “Les preuves dans les plaidoyers
des orateurs attiques,” RIDA 20 (1973): 171–253, sobre las pisteis atechnoi en esos
mismos autores.
4
De manera general se cree que Anaxı́menes compuso su Retórica a Alejandro
hacia 340 a.C., por lo que este manual es algo anterior a la Retórica de Aristóteles,
cuya redacción definitiva debe de datarse entre 335 y 330 a.C.; cf. Q. Racionero,
Aristóteles. Retórica (Madrid: Cátedra, 1990), 126–28; E. M. Cope, An Introduction to
Aristotle’s Rhetoric. With Analysis Notes and Appendices (London: Macmillan, 1867),
36–49. En cambio, algunos autores, como J. Wisse, Ethos and Pathos from Aristotle
to Cicero (Amsterdam: Hakkert, 1989), 53, defienden que la Retórica a Alejandro es
una obra posterior a la Retórica aristotélica. La cuestión fundamental es que existen
similitudes importantes entre los dos tratados. Éstas generalmente se han explicado
apelando al uso por parte de Anaxı́menes y Aristóteles de una fuente común,
Teodectes. Ahora bien, sabemos que la Retórica de Aristóteles fue compuesta en
diversas etapas. Basándose en ello, P. Chiron, “Les rapports entre la Rhétorique à
Alexandre et la Rhétorique d’Aristote: le ‘test’ de la brièveté,” en L. Calboli Montefusco
(ed.), Papers on Rhetoric, Vol. VI (Roma: Herder, 2004), 81–100 (p. 82), propone una
composición intercalada, en lugar de sucesiva, de ambas obras. Según él, la Retórica
a Alejandro serı́a posterior a una primera redacción de la Retórica aristotélica, pero
anterior a la redacción definitiva de ésta. Esto explicarı́a, en su opinión, la presencia
de una teorı́a del entimema en la Retórica a Alejandro y, además, la presencia de una
teorı́a del ethos y del pathos en la obra de Aristóteles.
376 RHETORICA

una división bipartita de las pisteis distinguiendo entre pisteis atechnoi


o no técnicas y pisteis entechnoi o técnicas.5 Las primeras son exter-
nas, es decir, están a disposición del orador con independencia del
arte retórica (aquı́ se incluyen los testimonios, juramentos, declara-
ciones bajo tortura, etc.), mientras que las segundas son intrı́nsecas
y dependen por completo de la capacidad retórica del orador. Estas
últimas son las que aquı́ nos interesan, ya que a ellas pertenecen en
ambos tratados tanto el semeion como el tekmerion. Ahora bien, la
definición que de estos términos ofrecen los dos autores, ası́ como la
función que ambos conceptos desempeñan dentro de sus respectivos
sistemas, es diferente.
Anaxı́menes incluye dentro de las pisteis entechnoi siete elemen-
tos: τ εκτα (lo probable), παραδεγματα (los ejemplos), τεκμ
ρια
(las “deducciones”),6 νθυμ
ματα (los entimemas), <α> γνμαι (las
sentencias), τ σημεα (los indicios) y ο λεγχοι (las refutaciones) (Rh.
Al. 7.2, 1428a20–23).

Respecto a los tekmeria dice que


se basan en aquellos hechos que están en contradicción con aquello de lo
que trata el discurso, y todo aquello en lo que el discurso se contradice a
sı́ mismo, pues la mayorı́a de los oyentes deduce de las contradicciones
que haya en el discurso o la acción que no hay nada sano ni en las
palabras ni en los hechos. Obtendrás muchas deducciones observando
si el discurso del oponente se contradice a sı́ mismo, o si su acción
contradice al discurso.7
Rh. Al. 9.1–2, 1430a14–22

Al indicio o semeion, por su parte, Anaxı́menes se refiere ası́:


Puede ser indicio una cosa de otra, pero no una cosa al azar de otra
cosa al azar, ni cualquier cosa de cualquier otra, sino aquella cosa que
suele producirse antes, a la vez o después que la otra. Además, algo
que ha sucedido puede ser indicio no solo de que algo ha sucedido,
sino también de algo que no ha sucedido; e igualmente, algo que no
ha sucedido puede ser indicio de lo que no existe pero también de lo
que existe. Hay unos indicios que ayudan a formar una opinión, otros

5
Ésta es la terminologı́a de Aristóteles, que no coincide con la empleada por
Anaxı́menes. Sin embargo, es la más usual y, por lo tanto, es la que voy a emplear.
6
Dada la definición que Anaxı́menes ofrece de los tekmeria, “deducción” parece
el término más adecuado para traducir ese concepto.
7
Sigo la traducción de J. Sánchez Sanz (ed.), Retórica a Alejandro (Salamanca:
Universidad de Salamanca, 1989).
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que dan la certeza; los mejores son los que dan la certeza; en segundo
lugar, aquellos que ayudan a formar la opinión más convincente.
Rh. Al. 12.1–2, 1430b30–39

El sistema retórico que crea Aristóteles es más complejo. Él


distingue, dentro de las pisteis entechnoi, entre argumentos basados en
el ethos (τ θος),8 en el pathos (τ π θος)9 y en el pragma (τ πρ!γμα),
sentando las bases de la división moderna entre emisor, receptor
y mensaje. Los métodos para obtener argumentos en cada uno de
estos ámbitos son esencialmente dos: el ejemplo (τ παρ δειγμα) y el
entimema (τ νθ"μημα),10 que puede ser también entimema aparente
(τ νθ"μημα φαινμενος).11 Y las fuentes a partir de las cuales se
pueden elaborar esos argumentos son lo verosı́mil o probable (εκς)

8
En Rh. 1.1, 1354a14–18 la retórica como arte queda restringida a la argumen-
tación. Sin embargo, en Rh. 1.2, 1356a1–20, al igual que en Rh. 2.1, 1377b16–1378a29,
se incluye la llamada emocional como modo técnico de persuasión y se reconoce
también la persuasión a través del carácter. En Rh. 3.1, 1403b6–1404a39 encontramos
el mismo contraste: Aristóteles primero incorpora los tres elementos y después reduce
la retórica al pragma. Estas diferencias de opinión respecto al campo de actuación de
la retórica en diferentes pasajes de la obra se han interpretado de distintas maneras.
Al respecto, véase n. 9.
9
Aristóteles condena al comienzo de su Retórica (Rh. 1. 1, 1354a14–18) el uso de
pathe; no obstante, luego los incluye como una de las tres pisteis del arte retórica (Rh. 1.
2, 1356a1–20). Esta contradicción, que se advierte también en lo referente al ethos (cf.
n. 8), ha dado lugar a múltiples interpretaciones: 1) los diferentes pasajes pertenecen a
estadios distintos de composición y muestran una evolución en su pensamiento; 2) al
principio Aristóteles presenta una retórica ideal y luego se ciñe a la retórica real; 3) lo
que Aristóteles condena no es tanto el uso de pathe cuanto el abuso de ellos, sobre todo
cuando no guardan conexión con el caso concreto; 4) Aristóteles sólo da cabida en la
retórica a los pathe que se desarrollan mediante la vı́a argumentativa o entimemática,
mientras que condena los sentimientos que no son parte de argumentos retóricos,
sino que están provocados irracionalmente.
10
El entimema es un silogismo retórico. Atrás quedó ya la interpretación que veı́a
el carácter defectivo como su rasgo distintivo, aunque es cierto que la mayorı́a de los
entimemas carecen de uno de sus elementos, debido a la predilección por el entimema
que favorece una inferencia breve y directa. Ahora sabemos que el rasgo esencial del
entimema es que no funciona con verdades universales sino con probabilidades, y
esto es ası́ por la propia naturaleza de los temas de los que se ocupa la retórica,
que giran esencialmente en torno al comportamiento humano, sobre el que es harto
difı́cil hacer afirmaciones de validez universal; cf. F. Cortés Gabaudan, “Formas y
funciones del entimema en la oratoria ática,” CFC 4 (1994): 205–26 (pp. 207, 210–11);
W. M. A. Grimaldi, Studies in the Philosophy of Aristotle’s Rhetoric (Wiesbaden: Steiner,
1972), 87–91.
11
El entimema aparente no lleva a un conocimiento probable. Más bien, se trata
de un entimema defectuoso que no conduce más que a una afirmación falsa. Cuando
en Rh. 2.24 Aristóteles expone las fuentes de las que el argumento aparente es
378 RHETORICA

y los indicios o signos (σημεα),12 ya sean éstos necesarios (τεκμ


ρια)
o no necesarios ($ν%νυμα) (Rh. 1.2, 1357a31–1357b7; cf. Rh. 2.25,
1402b13–24).
Esta gradación que establece Aristóteles entre el semeion no nece-
sario (anonymon) y el necesario (tekmerion) recuerda a la diferencia
que establece Anaxı́menes entre los indicios “que ayudan a dar una
opinión” (τ μ&ν ο'εσθαι) y los “que dan la certeza” (τ δ( εδ)ναι).
Aunque en su Retórica Aristóteles realmente no llega a definir
el semeion, sı́ lo hace en Analı́ticos Primeros, donde distingue entre lo
eikos como premisa probable y el semeion como premisa demostrativa
necesaria o probable. Concretamente, Aristóteles define lo eikos como
“una proposición plausible (πρτασις νδοξος): en efecto, lo que se sabe
que la mayorı́a de las veces ocurre ası́ o no ocurre ası́, o es o no es, eso es
lo verosı́mil” (APr. 2.27, 70a4–6) y el semeion como “una proposición
demostrativa (πρτασις $ποδεικτικ
), necesaria o plausible ($ναγκαα +
νδοξος): en efecto, si al existir <algo>, existe una cosa o, al producirse
<algo>, antes o después se ha producido la cosa, aquello es signo de que se ha
producido o de que existe <dicha cosa>” (APr. 2.27, 70a7–10).13
Los dos autores coinciden en gran medida en su definición del
semeion, pero no tanto en la del tekmerion. Mientras en Aristóteles éste
es un tipo particular de evidencia, concretamente la que resulta irre-
futable (la existencia de una evidencia irrefutable o que proporciona
certeza se atestigua también en Anaxı́menes, aunque ahı́ no recibe
una denominación especı́fica), en Anaxı́menes el tekmerion es, como
hemos visto, la deducción que se obtiene de una contradicción entre
varias acciones o comportamientos. En cualquier caso, el término
semeion se presenta como el más estable, en tanto que el término
tekmerion muestra haber sido más susceptible a la adaptación a las
necesidades puntuales dentro de cada sistema retórico.
En definitiva, Anaxı́menes y Aristóteles utilizan idénticos tér-
minos pero los dotan de un significado hasta cierto punto diferente
al introducirlos dentro de su sistema retórico. Y si estos términos

derivado, sucede que los tópicos aportados son fuentes que ocasionan una falacia
formal o material; cf. Grimaldi, Studies, citado en n. 10, p. 96.
12
Sobre lo eikos y el semeion como fuente de la argumentación retórica en
Aristóteles, cf. Grimaldi, Studies, citado en n. 10, pp. 104–15. Sobre los semeia y
tekmeria en Aristóteles, cf., entre otros, Grimaldi, Studies, pp. 110–15; W. M. A. Gri-
maldi, “Semeion, Tekmerion, Eikos in Aristotle’s Rhetoric,” AJPh 101 (1980): 383–98; H.
Weidemann, “Aristotle on Inferences from Signs (Rhetoric I 2, 1357b1–25),” Phronesis
34 (1989): 343–51.
13
La traducción es de M. Candel Sanmartı́n, Aristóteles. Tratados de lógica (Órga-
non), II (Madrid: Gredos, 1988).
La evolución de algunos conceptos retóricos 379

no están unánimemente definidos en la teorı́a retórica del s. IV a.C.,


resulta interesante analizar cuál es la situación en el siglo anterior.
Nuestra intención a continuación es determinar qué significan estos
conceptos en los autores y géneros seleccionados de ese siglo, esto es,
en los autores trágicos y en Antifonte.

2. Semeion y tekmerion en la tragedia

El análisis que planteamos se centra preferentemente en el em-


pleo de los sustantivos semeion y tekmerion. No obstante, no vamos a
dejar completamente al margen los usos de otros términos que com-
parten la misma raı́z, especialmente los verbos σημανω y τεκμαρομαι,
ya que éstos también pueden arrojar datos de interés.
Esquilo, el más temprano de los tres trágicos, utiliza con mayor
frecuencia el sustantivo tekmerion (en diez ocasiones)14 que semeion (en
cuatro ocasiones).15 No obstante, en el caso de los verbos, la situación
se invierte, porque frente a un único uso de τεκμαρομαι (Pr. 336),
el verbo σημανω es empleado por Esquilo en siete pasajes.16
Los ejemplos de tekmerion se concentran, sobre todo, en las obras
que componen la Orestı́ada y también en Suplicantes y Prometeo enca-
denado. No hay ejemplo alguno en Persas y Siete contra Tebas, las obras
más tempranas. La situación respecto a semeion es similar, aunque
en este caso destaca también la escasez de ejemplos en la trilogı́a.
Si ampliamos el espectro y tomamos en consideración, además, los
verbos, cabe señalar, sobre todo, la frecuencia con la que σημανω
aparece en Agamenón, lo que no es extraño, porque en esa tragedia
la comunicación a través de señales es importante, especialmente en
lo que se refiere a la hoguera que anuncia el regreso del monarca y
el comienzo de la acción.17
Si centramos de nuevo nuestro análisis en los sustantivos, resulta
curioso observar que éstos tienden a ser empleados por Esquilo en
distinta posición métrica. Es decir, tekmerion aparece por lo general en
una marcada posición inicial o final de verso; sólo en dos ocasiones
(Suppl. 55 y A. 1366) lo encontramos en posición media y en ambas en
la misma secuencia métrica, es decir, tras un comienzo de verso con

14
A. Suppl. 55, 271, A. 332, 352, 1366, Ch. 205, Eu. 447, 485, 662, Pr. 826.
15
A. Suppl. 218, 506, A. 1355, Pr. 842.
16
A. Pers. 479, 819, Suppl. 245, A. 26, 293, 497, 969.
17
Como destaca A. Iriarte, Las redes del enigma. Voces femeninas en el pensamiento
griego (Madrid: Taurus Humanidades, 1990), 115–18, en el Agamenón de Esquilo se
reflexiona sobre el carácter incierto de la comunicación entablada mediante signos.
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dos sı́labas largas. Por el contrario, encontramos semeion en singular


formando el final del verso ante secuencia de sı́laba breve seguida de
sı́laba larga (Suppl. 218 y 506) y semeia en plural en posición inicial
(Pr. 842) y media, pero tras una secuencia completamente distinta a
la de tekmerion y semeion en posición media (A. 1355). Es decir, más
allá de las diferencias de significado que puedan existir entre estos
términos—a continuación veremos cuáles son éstas—, lo cierto es
que Esquilo parece establecer también una distinción entre ambos
conceptos en función de su situación dentro del metro.
Por otra parte, semeion nunca aparece acompañado de un adjetivo
en Esquilo, al contrario que tekmerion, que se acompaña en dos
ocasiones de πιστς (Suppl. 55 y A. 352) y en una ocasión de μ)γας
(Eu. 447). Esto es significativo, pues el hecho de que se prediquen
estos adjetivos de tekmerion indica que este concepto no tiene dichas
cualidades en esencia, lo que a su vez se contradice, al menos, con
la definición que ofrece Aristóteles. Además, el hecho de que sea el
término tekmerion el único en Esquilo que se califica implica que es
este indicio el que puede tener grados de fiabilidad, mientras que
semeion no parece en Esquilo ser tan susceptible de ello.
Tras estas cuestiones formales, deténgamonos finalmente en el
significado. Para entender bien las diferencias de contenido entre
ambos sustantivos, quizás resulte útil comenzar precisamente por
el contenido de los verbos relacionados con ellos. El verbo σημανω
presenta fundamentalmente dos significados dentro de la tragedia
esquilea. El primero de ellos no tiene gran interés retórico para
nosotros, pues implica un empleo del término como verbo de “decir”
(Pers. 479, Suppl. 245, A. 26, 497).18 Que esto es ası́ se desprende del
hecho de que este verbo forma parte de la expresión con la que se
incita a un personaje a tomar la palabra y narrar algo (Pers. 479,
Suppl. 245), pero, sobre todo, se deduce de las propias declaraciones
de los personajes, pues tanto en A. 26 como en A. 497 se especifica
que son las propias palabras y no signos de otro tipo las que se van
a ofrecer como señal. El segundo significado de σημανω resulta de
mayor interés, pues implica dar a entender algo a partir ya no de
palabras, sino de signos fundamentalmente de carácter fı́sico (Pers.
819, A. 293, 969). Por su parte τεκμαρομαι apunta a una deducción
que no deriva de palabras, pero tampoco de signos fı́sicos visibles
y externos, sino, más bien, de acciones o comportamientos (Pr. 336).

18
El verbo semaino implica dar a entender algo a partir de signos o indicios.
Cuando éstos son palabras, es natural llegar a un significado de “decir,” pues indicar
con palabras no es otra cosa que hablar.
La evolución de algunos conceptos retóricos 381

Pues bien, esta diferencia que se establece con bastante claridad


en los verbos se advierte también en los sustantivos, aunque en
ocasiones de manera más opaca. Semeion es el concepto más definido.
En Suppl. 218 y 506 el término es utilizado para aludir a un elemento
fı́sico con el que identificar a su portador: el tridente es el semeion del
dios y los ramos lo son de los suplicantes.19 Ahora bien, la situación es
algo más compleja en A. 1355 y Pr. 842. En el primero de los casos los
gritos del rey llevan al Corifeo a pensar en su asesinato y el asesinato
de un rey implica, como el consenso general admitirı́a sin vacilación,
un semeion de tiranı́a. En el segundo caso, Prometeo se muestra capaz
de conocer el pasado de Io y este conocimiento funciona como semeion
o prueba de su extraordinaria capacidad de visión.
Al contrario que semeion, tekmerion en Esquilo no alude de manera
prioritaria a elementos fı́sicos, sino fundamentalmente a acciones o
comportamientos. Por ejemplo, en Suppl. 271 las declaraciones del
rey Pelasgo constituyen el tekmerion que confirma su identidad; en
A. 332 las acciones erráticas de los vencidos indican una ausencia
de organización; en Eu. 447 el conocimiento que Orestes manifiesta
sobre la ley que afecta al homicida y sus acciones de purificación
pasadas son la prueba de que no se ha presentado ante la diosa con
ninguna mancha.
Es cierto que tekmerion puede aludir a un signo fı́sico, pero,
cuando esto es ası́, lo que encontramos es algo más complejo que
lo que veı́amos con respecto al semeion. En Ch. 205 Electra presenta
las huellas de unos pies como señal del regreso de Orestes. Pero en
este caso las huellas no indican de manera genérica la presencia de
una persona (como el tridente identificaba a un dios o los ramos
a unos suplicantes), sino que es la forma concreta de esas huellas
y la interpretación que se hace de la misma lo que apunta indivi-
dualmente a una persona en particular. Esta deducción, por lo tanto,
aunque basada en un signo fı́sico, es más compleja que la que deriva
de semeia.
Y es que efectivamente el tekmerion implica un razonamiento
menos obvio que el semeion. Ası́, en Suppl. 55 el Coro alude a tekmeria
“que, aunque nadie pudiera esperarlos, quedarán patentes.”20 Estos tekmeria
son, además, calificados como πιστ , lo que implica que el tekmerion
por sı́ mismo no es creı́ble, sino que lo puede llegar a ser en función
del razonamiento del que forma parte. Es decir, frente al semeion,

19
También -σημα en A. 1596 tiene un sentido similar, aludiendo a un signo fı́sico.
20
Sigo la traducción de B. Perea Morales, Esquilo. Tragedias (Madrid: Gredos, 1993
(19861 )).
382 RHETORICA

que es claramente indicativo de por sı́, el tekmerion indica algo que


hay que interpretar y esa interpretación es cuestionable; en A. 352
es el sensato modo de hablar de Clitemnestra lo que constituye sus
“fidedignas pruebas” (πιστ τεκμ
ρια) y persuade al Corifeo; y en
Eu. 662 Atenea y su particular nacimiento constituyen un tekmerion
que apoya el razonamiento de que el padre es en la procreación el
elemento esencial.
Pero quizás el mejor modo de ver la diferencia entre semeion
y tekmerion y en qué medida este último implica un razonamiento
menos obvio que aquel consiste en acudir a dos pasajes en los que
Esquilo utiliza los dos términos en alusión a una misma realidad.
Este hecho podrı́a en principio hacernos pensar en una unicidad de
significado de ambos conceptos, sin embargo, el análisis detenido de
los pasajes nos induce, más bien, a lo contrario, a saber, a confirmar
las diferencias que ya hemos advertido.
Anteriormente decı́amos que semeion es en Esquilo un signo, ma-
yoritariamente fı́sico, que implica una conclusión obvia. La situación,
no obstante, se complicaba en dos pasajes: A. 1355 y Pr. 842. Pues bien,
son precisamente estos dos pasajes los que ahora nos interesan, por-
que lo que en ellos se considera un semeion es denominado también
en un verso próximo tekmerion.
Efectivamente, en A. 1366 el Corifeo utiliza el concepto tekmerion
para aludir a los gemidos de Agamenón, que hacen presagiar su
muerte. Es interesante, de un lado, observar que en este pasaje ese
indicio no se concibe en modo alguno como un signo irrefutable,
sino, más bien, lo contrario, ya que el Coro decide no creer en la
muerte de Agamenón hasta tener pruebas de ella, lo que implica que
el tekmerion no es en absoluto una prueba incontestable. De otro lado,
es destacable que en el v. 1355 se utilizaba semeion, como hemos dicho,
en referencia aparentemente a lo mismo. Ahora bien, realmente existe
una diferencia de matiz, pues tekmerion se refiere a los gritos del rey,
que hacen presagiar su muerte y que el Coro no considera prueba
suficiente de ese hecho, mientras que en el v. 1355 semeion alude
a que la muerte violenta del rey, en el caso de ser cierta, es señal
inequı́voca de tiranı́a en la ciudad y esto no se cuestiona, ya que
es algo generalmente asumido. Ası́ pues, parece que semeion es en
Esquilo un signo más obvio y fiable que tekmerion, que implica una
inferencia más dudosa y, por tanto, es más cuestionado.
En Pr. 826 Prometeo emplea el término tekmerion en relación a
lo que en el v. 842 denominará semeion. Ası́, encuadra el relato del
pasado de Io entre dos designaciones distintas, ambas en referencia
a lo mismo. Ahora bien, si examinamos el pasaje con atención, es
posible discernir una diferencia de matiz entre ambos conceptos.
La evolución de algunos conceptos retóricos 383

Cuando Prometeo termina de exponer su relado del pasado de


Io, denomina a esto semeion, es decir, su conocimiento del pasado es
el indicio obvio de que su visión va más allá de lo común (“Signos
son éstos de que mi mente ve más allá de lo manifiesto,” vv. 842–43). No
obstante, en el v. 826 utiliza el término tekmerion. La diferencia es que
en ese caso su conocimiento del pasado no es señal simplemente de
su amplia visión, sino que es señal, sobre todo, de que, teniendo esa
visión, es creı́ble que esté en lo cierto en aquello que le ha vaticinado
a Io sobre su futuro (“Ası́ le daré una garantı́a de mis palabras,” v. 826).
Es decir, Esquilo parece emplear el término tekmerion para designar
los indicios que forman parte de una inferencia menos obvia.
Por último, otro pasaje especial es Eu. 485, donde tekmerion pa-
rece significar algo diferente. Efectivamente, tekmerion se emplea en
este pasaje concreto, Eu. 485–86, en coordinación con martyrion (.μες
δ& μαρτ"ρι τε κα/ τεκμ
ρια καλεσθ(, $ρωγ τ1ς δκης 2ρκ%ματα,21
“apelad vosotros a testigos y pruebas, que defiendan bajo juramento la jus-
ticia”).22 La unión de estos dos términos es muy significativa desde
el punto de vista retórico. Hemos dicho en el apartado anterior que
tanto Anaxı́menes como Aristóteles en el s. IV a.C. distinguen entre
pruebas técnicas y no técnicas, haciendo una clasificación posterior
dentro de cada uno de esos grupos. Pues bien, el μαρτ"ριον o testi-
monio se enmarca en ambos autores entre las pruebas no técnicas,
en tanto que el tekmerion lo hace entre las técnicas. En este pasaje de
Esquilo Atenea pide a las partes que preparen su caso para expo-
nerlo ante el tribunal y al hacerlo, de una manera simplificada, alude
a esa división de pruebas retóricas que posteriormente encontramos
desarrollada en los manuales teóricos del s. IV a.C. Ası́, ambos con-
ceptos se utilizan para hacer referencia al grupo de pruebas en su
conjunto, es decir, el martyrion representa a todas las pisteis atechnoi y
el tekmerion a toda la argumentación que deriva de pisteis entechnoi.
De manera que tekmerion tiene aquı́ un significado más amplio que
en el resto de pasajes. Y no es casualidad que este significado se
halle dentro de una rhesis marcadamente retórica y en una escena
que reproduce un juicio, es decir, en el contexto que más favorece
la utilización de terminologı́a especı́ficamente retórica.
Ası́ pues, Esquilo marca una diferencia entre estos dos conceptos,
no siempre fácilmente reconocible, pero sı́ existente. Según el empleo
que él hace de ambos términos, semeion alude a inferencias más

21
Sigo la edición de D. Page, Aeschyli septem quae supersunt tragoedias (Oxford:
Clarendon Press, 1972).
22
En este caso concreto la traducción es mı́a.
384 RHETORICA

obvias, en tanto que tekmerion parece referirse a deducciones menos


evidentes, e incluso puede llegar a tener un significado más amplio,
como equivalente mismo del razonamiento técnico. Esta distinción
se acerca más a la que Anaxı́menes expone y se aleja bastante de la
propuesta por Aristóteles. Pero veámos si la situación en los otros
dos trágicos es coincidente.
Al contrario que Esquilo, Sófocles emplea semeion con más fre-
cuencia que tekmerion. Concretamente, recurre a tekmerion en cuatro
ocasiones23 y a semeion en siete24 (además, utiliza también σ1μα en
una ocasión: OC 1512). Si centramos nuestra atención en los verbos
relacionados con esos términos, el resultado se mantiene, pues efec-
tivamente τεκμαρομαι es casi anecdótico,25 en tanto que σημανω es
empleado con cierta consistencia (concretamente en quince pasajes).26
Dejando de momento apartada la cuestión del contenido, lo cierto
es que, atendiendo a la forma, lugar y tragedia en que aparecen ambos
sustantivos, se advierten diferencias entre ellos, pues Sófocles utiliza
semeion sin excepción en plural e invariablemente en las mismas
posiciones métricas, a saber, a comienzo de verso (Ant. 257, OT
1059, El. 24, 886, OC 94) o en posición media iniciando el segundo
metro yámbico (Ant. 998, OT 710), mientras que tekmerion aparece en
singular y en plural pero únicamente en posición final de verso (no
existe ningún caso en este autor en que semeion y tekmerion ocupen
idéntica posición métrica).
Por otra parte, el empleo de tekmerion se limita a las tragedias
de época tardı́a,27 aunque existe un ejemplo del verbo correspon-
diente en las tragedias de época temprana, concretamente en OT 916.
Semeion y su correlato verbal, pese a que no existe una diferencia
muy notoria, parecen algo más habituales, en cambio, en las piezas
tempranas.
Entre las tragedias sofocleas Electra representa un caso especial,
porque es la única en la que tekmerion es más frecuente que semeion.
Lo cierto es que esta tragedia es muy interesante desde el punto de

23
S. El. 774, 904, 1109, OC 1510.
24
S. Ant. 257, 998, OT 710, 1059, El. 23–24, 885–86, OC 94.
25
S. OT 916.
26
S. Aj. 32, 688, Tr. 345, 870, Ant. 242, 1208, OT 79, 226, 933, 957, 1050, Ph. 37,
OC 320, 366, 1669.
27
E. Schmalzriedt, “Sophokles und die Rhetorik,” Rhetorik 1 (1980): 89–110 (pp.
95–97), analiza la presencia en Sófocles de ciertos términos retóricos, concretamente
eikos, tekmerion y kairos, y basándose en la presencia mayor de estos conceptos en las
tragedias tardı́as del autor llega a la conclusión de que existe una influencia retórica
creciente en su obra.
La evolución de algunos conceptos retóricos 385

vista de la teorı́a retórica, porque en ella se lleva a cabo una reflexión


implı́cita acerca de los distintos tipos de argumentación y, sobre todo,
se oponen en esta tragedia, de un lado, las deducciones extraı́das de
eikota y de indicios fı́sicos y, de otro, las que derivan del testimonio
de testigos presenciales. Es decir, se enfrentan las pisteis entechnoi y
las atechnoi.28
También Filoctetes es una tragedia curiosa porque, aunque la
retórica y la reflexión al respecto tienen una presencia muy signi-
ficativa en ella, sin embargo, los términos que nos ocupan no son
empleados en ningún momento en su transcurso.29
Como en las obras de Esquilo, también en las de Sófocles tek-
merion puede ir acompañado de un adjetivo. Son dos los pasajes en
los que esto ocurre y los adjetivos empleados son πιστς (El. 774)
y μφαν
ς (El. 1109). Ahora bien, al contrario de lo que sucede en
Esquilo, en Sófocles también semeion puede emplearse junto a un ad-
jetivo que lo califica. Sucede en dos ocasiones y en ambas el adjetivo
empleado es σαφ
ς (El. 23–24 y 885–86), que alude precisamente a
la infalibilidad o seguridad que emana de esas evidencias. Es decir,
simplemente en función de los adjetivos empleados para calificar a
estos sustantivos advertimos ya una diferencia entre ellos, que nos
lleva a confirmar lo que ya descubrı́amos en Esquilo, a saber, que
el semeion se emplea para designar un indicio que conduce de ma-
nera obvia y segura a una conclusión, mientras el tekmerion implica
un razonamiento menos obvio y más cuestionable. Pero veamos los
pasajes con mayor detenimiento.
Sófocles utiliza el verbo tekmairomai con un claro significado
retórico de inferir unos datos a partir de otros en un proceso racional
humano. Semaino, en cambio, un verbo mucho más utilizado, es
empleado en la mayor parte de los pasajes (concretamente en once
de los quince totales)30 como un verbo de “decir.” De hecho, no son
raros los casos en los que este verbo forma parte de la expresión con
la que un personaje interpela a un mensajero para que comience su
relato, aludiendo a la función de “decir” caracterı́stica de la figura
del -γγελος en la tragedia griega (Tr. 870, Ant. 242, OT 933, 957). No
obstante, en alguna ocasión (Aj. 32, OT 79, OC 320, 1669) semaino
implica indicar no tanto con palabras, sino con gestos, señales o un

28
Cf. mi trabajo “Crisótemis y Electra. Pisteis entechnoi y atechnoi en conflicto,”
Actas del XII Congreso Español de Estudios Clásicos (en prensa).
29
Semaino aparece una vez en esta tragedia, concretamente en el v. 37, pero se
utiliza sencillamente como un verbo de “decir.”
30
Aj. 688, Tr. 345, 870, Ant. 242, 1208, OT 226, 933, 957, 1050, Ph. 37, OC 366.
386 RHETORICA

lamento. En cualquier caso, implica un significado obvio y no alude a


ningún proceso racional más profundo.
El sustantivo semeion es empleado en las tragedias sofocleas en
un total de siete pasajes, que podemos dividir en dos grupos. El
primero de ellos está formado por aquellas señales obvias que llevan
de modo indefectible a una conclusión. Ası́, en Ant. 257 semeion se
emplea en alusión a la ausencia de cualquier señal de un animal
junto al cuerpo de Polinices. Recordemos que Anaxı́menes alude
explı́citamente en su definición del semeion a la posibilidad de que
sea la ausencia de evidencias lo que constituya la evidencia en sı́.
Resulta quizás más interesante el uso de semeion en OT 1059, sobre
todo por la expresión de la que forma parte (“Serı́a imposible que con
tales indicios no descubriera yo mi origen,” vv. 1058–59),31 en la que queda
claro que el semeion implica una señal que lleva de manera inevitable
a una conclusión. Esto mismo se percibe en El. 23–24 y 885–86. En
estos dos pasajes los semeia son calificados como saphe, lo que implica
no un grado de credibilidad (como sucede con los adjetivos que
califican a tekmerion) sino la certeza absoluta e infalibilidad de esos
indicios. En El. 23–24 las palabras y acciones del pedagogo son la
señal inequı́voca de su lealtad. Más interesante es el caso de El. 885–
86. Aquı́ Crisótemis dice tener indicios incuestionables del regreso
de Orestes. Y efectivamente los tiene, aunque Electra conseguirá
convencerla de lo contrario.32 Lo que ocurre es que, como antes hemos
dicho, en esta tragedia hay implı́cita una reflexión y cuestionamiento
por parte del autor acerca de los diferentes tipos de pruebas.33
El segundo grupo de semeia está formado en Sófocles por aquellos
casos en los que el semeion designa una señal que proviene de una
deidad. En Ant. 998 Tiresias utiliza el término para aludir a las señales
fı́sicas (vuelo irregular de las aves y mala combustión de las ofrendas)
que permiten deducir que los dioses no están de acuerdo con Creonte.
En OT 710 el hecho de que en el pasado no se cumpliera, según cree
Yocasta, el oráculo de Apolo es la prueba de que no hay por qué

31
La traducción está tomada de A. Alamillo, Sófocles. Tragedias (Madrid: Gredos,
1992 (19811 )).
32
El hecho de que Crisótemis emplee la expresión σαφ3 σημεα enfatiza su
convicción de que las pruebas que tiene del regreso de Orestes son incuestionables.
Esto hace que resulte aún más paradójico y llamativo el modo en que posteriormente
Crisótemis, a pesar de su certidumbre, abandona su opinión convencida por las
palabras de su hermana.
33
La cuestión de las diferentes pruebas en Electra merece, sin duda, una atención
mucho más amplia que la que aquı́ podemos ofrecer. Aunque breve, remitimos a
nuestro trabajo recogido en la n. 28.
La evolución de algunos conceptos retóricos 387

creer ciegamente en éstos. Irónicamente, en cambio, sabemos que


aquel oráculo sı́ se cumplió, lo que supone implı́citamente la prueba
incuestionable de lo contrario.34 En OC 94 el semeion es el trueno, la
señal de Zeus que anunciará la muerte de Edipo.35
Las señales divinas se cumplen siempre en Sófocles, de ahı́ que
se designen con toda propiedad como semeia, término adecuado
porque implica un signo infalible. El tekmerion, en cambio, implica
una deducción racional humana cuestionable. Edipo Rey es, sin duda,
el mejor ejemplo de esta oposición. Edipo recibe semeia que, en cuanto
señales divinas, no comprende (OT 710, 1059), empeñado como está
en realizar deducciones racionales humanas (OT 916). Lo que él recibe
se designa como semeia, lo que él hace se describe, en cambio, como
τεκμαρεται.
Por último, queda profundizar en el significado de tekmerion en
Sófocles. Por oposición a semeion, y teniendo en cuenta la diferencia
que claramente se establece entre las formas verbales relacionadas
y la diferencia que ya veı́amos en Esquilo entre ambos conceptos,
serı́a esperable que tekmerion, como en aquel, hiciera alusión a una
deducción menos obvia inserta en un proceso racional más complejo.
Veamos si realmente es ası́.
En El. 774 el tekmerion designa el relato del pedagogo, configu-
rado en función de todos los criterios de verosimilitud para lograr
su finalidad persuasiva. Sin embargo, como sabemos, es un indicio
falso, preparado racionalmente en el prólogo por Orestes. No im-
plica, por tanto, intervención divina ni tampoco una relación obvia
con la realidad. Su designación como tekmerion encaja, entonces, con
lo esperable.
En El. 904 el tekmerion lo constituye fundamentalmente el rizo de
pelo encontrado por Crisótemis sobre la tumba de Agamenón. Ese
rizo le hace pensar a la muchacha en su hermano, pero realmente
la identificación del joven a través de dicho indicio no es obvia.
De un lado, esto es evidente, porque esta primera deducción tiene

34
C. Segal, Sophocles’ Tragic World. Divinity, Nature, Society (Cambridge: Harvard
University Press, 1995), 149, advierte el doble contenido en el término semeion: de
un lado, el indicio que implica una deducción humana y, de otro, la señal que
denota la intervención de los dioses en la vida de los hombres. Edipo sabe utilizar
su intelecto para la obtención de conclusiones, pero no sabe interpretar las señales
divinas. Ası́, la utilización del término semeia o familiares en Edipo Rey se produce,
según Segal, en aquellos momentos en que la comunicación entre los hombres implica
algo desconocido y potencialmente peligroso de origen divino.
35
Encontramos un ejemplo de σ1μα en Sófocles (en Esquilo no habı́a ninguno) en
OC 1512. Al igual que semeion designa las señales recibidas de los dioses.
388 RHETORICA

que ser a continuación corroborada por Crisótemis a través de un


razonamiento más complejo basado en eikota (vv. 909ss.). Solo tras
comprobar que éstos conducen también a la misma conclusión a la
que apuntaba el tekmerion anuncia Crisótemis con resolución el re-
greso de su hermano. De otro lado, este pasaje nos recuerda a Ch.
205, donde las huellas de Orestes, utilizadas como señal de recono-
cimiento, se consideraban igualmente un tekmerion por no implicar
dicho reconocimiento de manera obvia. De hecho, no podemos olvi-
dar que en su Electra Eurı́pides parece parodiar a Esquilo al destacar
la poca verosimilitud de las señales que éste utiliza para propiciar
la identificación de Orestes por parte de Electra.
Ahora bien, en El. 885–86 Crisótemis denominaba semeia a las
señales que la habı́an llevado a identificar a Orestes. Esto probable-
mente se puede explicar porque en este pasaje no se refiere sólo al
bucle de pelo sino al conjunto de elementos que apuntan insistemente
a la identidad del joven.
En El. 1109 la heroı́na alude con el término tekmerion a las nuevas
pruebas que va a recibir de la muerte de Orestes. La designación
de éstas como μφαν1 τεκμ
ρια es fácilmente explicable, de un lado,
porque frente a las pruebas recibidas anteriormente (el relato del
pedagogo) ahora va a recibir un indicio fı́sico, la urna con los su-
puestos restos de Orestes, que es un objeto visible (de ahı́ μφαν1),
y, de otro lado, porque esta señal lleva a una conclusión que no
es obvia (los restos de Orestes se identifican por el relato que se
hace al respecto, pero realmente la urna no apunta de manera ine-
vitable a la identificación del joven); de hecho, la conclusión no es
acertada, como sabemos. Por todo ello es lógica la denominación
de tekmerion.
Por último, tekmerion se utiliza también en OC 1510. En esta obra
Edipo recibe semeia de los dioses, lo que muestra la conexión entre
ambos. Sin embargo, cuando Teseo le pregunta por esas señales,
utiliza el sustantivo tekmerion, apegado como está a la vida cı́vica y al
plano más humano.36
Ası́ pues, existe también en Sófocles una diferencia perceptible
entre semeion y tekmerion, designando el primero un indicio obvio o
de origen divino e implicando el segundo un razonamiento humano
y más dudoso o cuestionable. Es decir, en este autor no hay grandes
variaciones con respecto a Esquilo y también él muestra una situación

36
Fijémonos en que en OC 1510 Teseo utiliza el término tekmerion para designar
las señales que anuncian la muerte de Edipo y éste responde, a continuación (vv.
1511–12), designando esas mismas señales como semata.
La evolución de algunos conceptos retóricos 389

mucho más pareja a la que se encontrará en Anaxı́menes y más


distante de la de Aristóteles. No obstante, en Sófocles la diferencia
entre los dos términos es explotada en ocasiones al servicio de la
caracterización de los personajes.
Eurı́pides supone, desde el punto de vista de la recurrencia, el
punto intermedio entre los otros dos trágicos, pues en sus obras
se acude igual número de veces a ambos sustantivos, en concreto
diez,37 no muchas si tenemos en cuenta que las tragedias que con-
servamos de este autor son más y, además, que él está mucho más
influido por el arte retórica o, al menos, lo está de manera más abierta,
como se ha admitido tradicionalmente.38 De hecho, respecto al caso
concreto de tekmerion, este término aparece idéntico número de ve-
ces en Eurı́pides y Esquilo, pero teniendo en cuenta que de este
último se conservan menos tragedias, esto implica una ratio mayor
de apariciones por obra en ese autor.
Si, por el contrario, fijamos nuestra atención en las formas ver-
bales correspondientes, entonces debemos admitir el predominio
del verbo semaino39 sobre tekmairomai,40 lo que no es extraño, ya
que el primero tiende a utilizarse principalmente, según hemos ve-
nido viendo, como un verbo de “decir,” sin el uso retórico técnico
que sı́ impregna a tekmairomai y que explica que éste sea menos
manido.
Si atendemos a la forma y lugar en que aparecen los dos sustanti-
vos que nos ocupan, de nuevo se advierte una diferencia entre ellos.
Ambos son empleados tanto en singular como en plural (Sófocles es
de los autores seleccionados el que más marca las diferencias forma-
les en este sentido entre los dos conceptos), pero semeion es utilizado
invariablemente en posición inicial o media, nunca al final del verso,
mientras que tekmerion aparece en posición final siempre salvo en
una ocasión (Med. 517), en que se halla en posición inicial.

37
Semeion aparece en E. Alc. 717, Hipp. 514, Hec. 1009, Ion 1157, Ph. 142, 1111,
1114, 1332, IA 255, Rh. 529 y tekmerion en Med. 517, Hipp. 925–26, HF 714, Ion 237,
329, 349, El. 575, IT 808, 822, Rh. 94.
38
Eurı́pides es el autor trágico más estudiado desde el punto de vista retórico
y todos aquellos autores que se han detenido en el estudio de la influencia retórica en
el género trágico no han podido dejar de advertir el predominio de la influencia de
ese arte en las obras de este autor.
39
E. Heracl. 488, 799, Hipp. 857, 1155, 1306, Andr. 265, 1048, 1238, Hec. 217, 512,
529, 983, 999, 1003, Supp. 1064, HF 1218, 1230, Ion 529, 750, 945, El. 765, IT 237, 1203,
1233, 1305, 1312, 1410, Hel. 151, 892, Ph. 623, 955, 1441, Ba. 976, IA 1538, Rh. 275, 632,
741, 754, 880. La forma compuesta προσεμανω la encontramos en Med. 725, Supp. 213.
40
E. Alc. 240, Hipp. 280, Ph. 180, Rh. 705.
390 RHETORICA

Tekmerion aparece en tres ocasiones acompañado de adjetivo, ya


sea éste σαφ
ς (Med. 517, Hipp. 925–6)41 o $σφαλ
ς (Rh. 94). Sólo en una
ocasión semeion aparece acompañado en Eurı́pides de un adjetivo; se
trata también de σαφ
ς, aunque en este caso en grado superlativo
(Ion 1157: σαφ)στατον σημεον). Esta forma es interesante, porque
el superlativo es bastante frecuente en Antifonte, como veremos,
aunque no es utilizado en ningún caso por los otros trágicos. Esto
marca un punto de unión entre Eurı́pides y el género oratorio. En
cualquier caso, la adjetivación de semeion y tekmerion en Eurı́pides
resulta de gran interés y nos detendremos en ella al analizar el
contenido de los sustantivos en sus respectivos pasajes.
Para analizar el contenido, empecemos, como hasta ahora, por
los verbos. Semaino implica en la mayor parte de los casos la idea de
transmitir a través de palabras y, consecuentemente, “decir.” Cuando
no es ası́, lo que encontramos es una simple variación en la que el
instrumento de transmisión de una idea no es la palabra sino, por
ejemplo, la escritura (Hipp. 857), ciertas acciones (Andr. 265, Ph. 623),
los gestos (Hec. 529), etc. El verbo semaino no ofrece realizaciones
más complejas, aunque sı́ que aparece ya una forma compuesta:
προσημανω (Supp. 213).
Frente a semaino, tekmairomai implica realizar una deducción
racional más elaborada. Un ejemplo inequı́voco es Ph. 180, donde se
alude al modo en que, a partir de la altura de las murallas, se infiere la
manera de traspasarlas. En Alc. 240 y Rh. 705 se llega a una conclusión
a partir de las acciones realizadas por un personaje y en Hipp. 280, la
inferencia se debe extraer a partir del aspecto fı́sico de Fedra.42 En
definitiva, en Eurı́pides semaino implica fundamentalmente la acción
de comunicar, mientras que tekmairomai implica el proceso racional
de extraer un conocimiento a partir de un elemento dado.
Pues bien, si nos centramos ahora en los sustantivos, se advierte
que semeion en Eurı́pides designa siempre un signo fı́sico visible y

41
En estos dos pasajes σαφ
ς ocupa bien el final del verso bien el principio,
ocupando tekmerion justo la posición contraria en cada caso. Es decir, ambos términos
aparecen en lugares métricamente destacados. Lo mismo sucede en S. El. 23–24 y
885–86, solo que aquı́ el mismo adjetivo acompaña a semeion.
42
Podrı́a parecer que en este autor y en este caso tekmairomai es empleado del
mismo modo que lo es semaino en pasajes de otros autores, ya que no son pocos
los momentos, señalados en este trabajo, en que este último verbo es empleado
en referencia a una deducción derivada del aspecto fı́sico de un personaje. Ahora
bien, Hipp. 280 es un caso un tanto especial, porque Fedra intenta ocultar su mal y
consecuentemente la deducción a partir de su aspecto, contradicha por otras de sus
acciones, implica un proceso de inferencia menos claro.
La evolución de algunos conceptos retóricos 391

que proporciona un conocimiento evidente. Su empleo realmente es


muy simple en este autor, donde semeion se limita a designar la señal
fı́sica que marca algo. En Hipp. 514, por ejemplo, el semeion se refiere a
la prenda (ya sea mechón de cabello o pedazo de vestido) que dentro
de la pócima que prepare la nodriza indique la identidad de aquel en
quien surtir efecto. En último término se mantiene el sentido, porque
el semeion es efectivamente el signo que denota de manera obvia una
identidad, no obstante, este significado está por completo alejado de
toda implicación retórica.
En Ph. 1332 es la expresión del mensajero el semeion que delata el
mal cariz de sus noticias. En Ph. 142, 1114 el semeion es simplemente
el emblema que decora el escudo de los soldados y que los identifica
de manera incuestionable y, de modo similar, en IA 255 alude al
emblema que hace lo propio con una nave. En Hec. 1009 el semeion
lo constituye una piedra que indica el lugar donde se halla algo. Y
en Ion 1157 el semeion lo forman las Hı́ades, estrellas que, de manera
inconfundible, marcan el camino a los navegantes. En este pasaje,
además, el sustantivo se califica como σαφ)στατον, adjetivo que tanto
por su significado cuanto por su grado (superlativo) enfatiza de
manera muy notable la fiabilidad del indicio en cuestión.
Por otra parte, encontramos en Eurı́pides el sustantivo πσημον
(Heracl. 906) utilizado en este autor para designar una señal enviada
por una divinidad, lo que parece demostrar que Eurı́pides, frente
a su contemporáneo Sófocles, limita el concepto de semeion, ya que
evita emplearlo para denotar el indicio de origen divino.
Tekmerion, por su parte, designa en Eurı́pides, como en los otros
trágicos, el indicio que posibilita una inferencia racional que no es
obvia. Por ejemplo, el conocimiento que se tiene de unos determina-
dos hechos puede servir de tekmerion para demostrar una identidad
(IT 808, 822).
Que este concepto no implica una conclusión de manera evidente
queda reflejado en Hipp. 925–26, donde Teseo expresa su deseo de
que los mortales pudieran tener “una prueba clara (τεκμ
ριον σαφ)ς)
de los amigos.”43 Hasta ahora hemos visto que saphes sólo se utilizaba
calificando a semeion (S. El. 23–24, 885–86, E. Ion 1157); aquı́ califica
a tekmerion, pero es tan solo dentro de una expresión de deseo, que
indica que la realidad es muy diferente. El tekmerion de por sı́ nunca es
σαφ)ς. Es llamativo también el pasaje Rh. 94, donde $σφαλ)ς califica a
tekmerion. Los versos siguientes dejan claro que tekmerion se refiere

43
Sigo la traducción de A. Medina González, J. A. López Férez, Eurı́pides. Tragedias
I (Madrid: Gredos, 2003 (19771 )).
392 RHETORICA

a una deducción racional cuestionable, pero realmente el uso de


asphales puede sorprender y la única explicación que encontramos
al respecto es que Eneas utiliza esa expresión precisamente para
remarcar en los versos siguientes el hecho contrario, es decir, que la
deducción de Héctor no es segura y, además, la acción derivada de
ella es sumamente arriesgada.
Ahora bien, en Med. 517 se predica este adjetivo que implica segu-
ridad y certidumbre, σαφ)ς, del sustantivo tekmerion, concretamente
en alusión a los medios que tienen los hombres para distinguir el oro
falso, y aquı́ el contexto no entraña un significado contrario. De un
lado, estos indicios son tekmeria porque comportan un uso racional
de los mismos (no son elementos obvios); por otro lado, se pueden
calificar como σαφ1, un adjetivo que se predica con mayor lógica de
semeia, porque implican un método basado en la naturaleza, que en
su resultado final no ofrece duda. No creemos que sea casualidad
que también este pasaje, Med. 517, sea el único en Eurı́pides en que
tekmerion ocupa la posición inicial del verso, más propia en este autor
del concepto semeion.
En Ion 237 la figura de Creusa es considerada por Ion como
indicio de su nobleza. El término que emplea este personaje es
tekmerion, lo que denota que no considera que el aspecto externo
pueda ser un signo obvio del linaje de una persona. De hecho, a
continuación este mismo personaje dice que “casi siempre se puede
saber de un hombre, al ver su figura, si es de noble cuna” (vv. 239–40).44 Que
no sea siempre ası́, deja un resquicio a la duda y de ahı́ seguramente
el empleo de tekmerion en lugar de semeion.
Teniendo en cuenta lo dicho, fijémonos a continuación en El.
575, donde el tekmerion designa la cicatriz con la que finalmente
Orestes es reconocido por Electra. Ahora bien, esta cicatriz en un
lugar determinado, que remite a una experiencia del pasado, es un
signo fı́sico que lleva a Electra a una conclusión aparentemente obvia,
por lo que tal vez habrı́a sido esperable que se designase como
semeion. Quizás se puede interpretar el empleo de tekmerion como
un guiño de Eurı́pides que nos dice, en esta escena en que se parodia
a Esquilo y los métodos de reconocimiento que él utilizaba, que ni
siquiera esa cicatriz junto a la ceja de Orestes es una prueba segura
e infalible.
En definitiva, en Eurı́pides se mantiene en general la diferencia de
significado entre semeion como signo obvio y tekmerion como indicio

44
Traducción tomada de J. L. Calvo Martı́nez, Eurı́pides. Tragedias II (Madrid:
Gredos, 1995 (19781 )).
La evolución de algunos conceptos retóricos 393

vinculado a una inferencia racional más elaborada y también más


cuestionable.

3. Semeion y tekmerion en Antifonte

En Antifonte encontramos veintiún ejemplos del término tekme-


rion45 y catorce de semeion.46 Esta situación, en la que el número de
tekmeria es superior al de semeia, coincide con la que se daba en Es-
quilo, el más alejado desde el punto de vista temporal de Antifonte
entre los trágicos. Además, sucede que, incluso si sumamos también
los verbos de esa raı́z, la situación se mantiene, ya que sorprendente-
mente esos verbos son muy poco utilizados por el orador, al contrario
de lo que acontece en los trágicos. Tan solo contamos con dos ejem-
plos de σημανω.47 Eso sı́, en ambos casos el verbo alude a la acción de
indicar algo a través de los hechos, pero no por medio de palabras.
Es decir, este verbo no es empleado en ningún caso por Antifonte
como verbo de “decir.”48
Como hemos visto, la diferencia entre semeion y tekmerion en
los autores de tragedias parece estar clara y se percibe tanto en as-
pectos formales (ambos conceptos tienden a ocupar diferentes po-
siciones dentro del verso), como en cuestiones de contenido. Ahora
bien, dado que lo primero ya no es posible en Antifonte, puesto
que la oratoria es un género en prosa, tekmerion y semeion se dife-
rencian en los discursos de este autor únicamente por razones de
contenido. Además, hemos de tener en cuenta que Antifonte es
un logógrafo, pero también un maestro de retórica y hasta un so-
fista, por lo que es lógico esperar un uso muy técnico de ambos
conceptos.49

45
Antifonte 1.10, 1.11 (dos veces), 1.12, 2.4.10, 4.4.2 (dos veces), 4.4.3, 5.8, 5.38
(dos veces), 5.61, 5.63, 5.81, 5.83, 6.27 (dos veces), 6.30, 6.31, 6.41, 6.43.
46
Antifonte, 2.2.5, 2.3.8, 4.3.3, 5.14, 5.27, 5.28 (tres veces), 5.45, 5.81, 5.84 (dos
veces), 6.2, 6.43.
47
El verbo σημανω lo encontramos en los discursos de Antifonte en dos ocasiones
(3.3.1, 4.3.3) y τεκμαρομαι en ninguna.
48
La cuestión es que τεκμαρομαι tiene un significado retórico siempre, de ahı́
que su uso sea escaso en la tragedia, mientras que σημανω, en cambio, se utiliza en la
tragedia habitualmente sin un significado retórico especı́fico, de ahı́ que su empleo
sea más prolı́fico en ese género y que en la oratoria de Antifonte, en la que se utiliza
sólo con sentido retórico, se utilice mucho menos.
49
La terminologı́a retórica está bien desarrollada y diferenciada en los oradores
ya desde Antifonte, como afirma G. H. Goebel, Early Greek Rhetorical Theory and
Practice: Proof and Arrangement in the Speeches of Antiphon and Euripides (Ann Arbor:
394 RHETORICA

Si atendemos a la distribución de los términos que nos ocupan


en la obra del orador, se advierte que ambos son más frecuentes en
los discursos reales que en las tetralogı́as,50 especialmente en el caso
del tekmerion. Esto no deja de ser curioso, ya que las tetralogı́as son
precisamente discursos ficticios escritos como modelo para enseñar
a manejar la retórica y serı́a quizás esperable una mayor presencia
de términos técnicos en ellas. No obstante, parece que no existe
necesariamente una relación directa entre el nivel de elaboración
retórica de un discurso y el empleo de términos técnicos en el mismo.
Seguramente es la propia temática de cada discurso lo que justifica la
mayor o menor presencia de ciertos términos.51
En cualquier caso, ambos conceptos, tanto semeion como tekme-
rion, pueden aparecer en Antifonte acompañados de un adjetivo,
aunque esto es más frecuente en el caso del tekmerion, como viene
siendo habitual. El semeion se califica como κανν (2.3.8) y, sobre
todo, como μ)γιστον (5.14, 6.2, 6.43), mientras que el tekmerion se
califica como $νθρ%πινον (5.81), ο4κ εκς (4.4.2), μ)γα (5.83), μεζον
(6.43) y μ)γιστον (1.11, 5.38, 5.61, 5.63, 6.27).
De un lado, sorprende la cantidad de veces en que el adjetivo
μ)γας (en cualquiera de sus grados) se aplica a tekmerion y también a
semeion. El único trágico que emplea ese adjetivo con estos conceptos
es Esquilo, lo que de nuevo establece un lazo de unión llamativo
entre el primer trágico y Antifonte.
Además, es significativo el empleo de comparativos o superla-
tivos aplicados a estos términos. Esto lo veı́amos por primera vez
en Eurı́pides y en Antifonte es lo más usual. No solo eso, sino que,
además, en varias ocasiones tekmerion se emplea en expresiones o
pasajes donde hay una dicotomı́a o donde se alude a las dos par-
tes presentes en la discusión, de modo que de manera más o menos

University of Wisconsin, Diss., 1983), 13–55, tras su estudio del sistema de pruebas en
este orador.
50
Ha existido, y aún existe, aunque en menor medida, una enconada discusión
respecto a la autorı́a de las Tetralogı́as, ya que, en opinión de muchos autores, las
diferencias entre estos discursos y los discursos reales de Antifonte son demasiadas
como para considerar que los dos conjuntos son obra de un mismo autor. No
obstante, parece que el hecho mismo de pertenecer a géneros diferentes podrı́a
explicar satisfactoriamente las divergencias, sin recurrir necesariamente a una autorı́a
distinta. Sobre esta cuestión, cf., entre otros, M. Gagarin, Antiphon the Athenian. Oratory,
Law, and Justice in the Age of the Sophists (Austin: University of Texas Press, 2002), 52–62.
51
Sobre la argumentación en los discursos reales de Antifonte, véase el estudio
de B. Due, Antiphon. A Study in Argumentation (Copenhagen: Museum Tusculanum,
1980).
La evolución de algunos conceptos retóricos 395

explı́cita se establece una comparación o gradación (2.4.10, 4.4.2, 4.4.3,


5.8, 6.27).
Pero, sin duda, los adjetivos más significativos son, en nuestra
opinión, otros, concretamente εκς y $νθρ%πινον. Este último se
aplica a tekmerion en un pasaje (5.81) donde, por oposición, se habla
también de la evidencia divina, a la que se designa como semeion. Es
decir, el tekmerion es de carácter puramente humano, y lo es porque,
como se anticipaba ya en A. Eu. 485–86, alude a todo el razonamiento
deductivo y éste es necesariamente humano.
En cuanto a eikos, o, para ser exactos, su negación, que se predica
de tekmerion (4.4.2), se puede decir algo similar. El resto de adjetivos
aplicados a tekmerion (también a semeion) inciden en la mayor o menor
claridad de ese indicio para la obtención de un corolario, lo que
implica una mayor o menor fiabilidad de éste. Sin embargo, el caso
de eikos es especial, porque implica que el tekmerion puede no ser
verosı́mil en absoluto. Ahora bien, un indicio, sea algo fı́sico o un
comportamiento, hecho pasado, etc., puede llevar con mayor o menor
fiabilidad a una conclusión, pero difı́cilmente puede ser inverosı́mil,
ya que el indicio de por sı́ es algo constatable. Lo que puede ser
verosı́mil o inverosı́mil es, más bien, el razonamiento elaborado a
partir de las pruebas o de los indicios, sean éstos los que fueren. Y
ası́, como en el caso anterior, creo que el adjetivo apunta aquı́ a un
significado de tekmerion más amplio, en la lı́nea de lo que veı́amos
ya en Esquilo.52
En lı́neas generales podemos decir que semeion alude en An-
tifonte principalmente a signos fı́sicos, mientras que tekmerion se
refiere preferentemente a comportamientos, acciones, hechos, etc., de
los que extraer una inferencia. Por lo tanto, los primeros conducen de
manera más sencilla a una conclusión, en tanto que los segundos im-
plican por lo general un razonamiento más complejo y cuestionable.53
Pero vayamos más despacio.

52
El hecho de que la propia cualidad de la probabilidad se pueda predicar en
este pasaje de los tekmeria prueba, en opinión de Goebel, Early Greek Rhetorical Theory
and Practice, citado en n. 49, p. 21, que esta palabra se refiere a todo el proceso de
la inferencia, más que a la evidencia en la que se basa.
53
Goebel, Early Greek Rhetorical Theory and Practice, citado en n. 49, pp. 13–55,
analiza el sistema de pruebas en Antifonte y concluye que en este autor el semeion
es un signo obvio, es decir, que sugiere una inferencia obvia, mientras que el tekmerion
es un indicio que implica un empleo más sutil de la probabilidad. En ocasiones este
último término se transfiere del indicio en que se basa la inferencia probable a todo el
proceso de la inferencia (p. 21). Sus semeia son en su mayorı́a signos fı́sicos y están li-
396 RHETORICA

Semeion, como he dicho, alude fundamentalmente a la presencia,


o también ausencia, de signos fı́sicos. Por ejemplo, en 2.2.5 que al
muerto no se le haya quitado la ropa indica que la intención de
quienes lo atacaron no era el robo; en 4.3.3 el orador utiliza el término
semeion en alusión a las señales que deja una pelea y que aquı́ no
aparecen; en el discurso Sobre el asesinato de Herodes son varios los
pasajes en los que se alude a la presencia o no de sangre o de
cualquier otro rastro fı́sico del que deducir lo sucedido con la persona
desaparecida (5.27, 5.28, 5.45). De éstos el más interesante quizás es
el pasaje 5.27. Ahı́ el orador es la parte acusada y utiliza el término
semeion precisamente para remarcar la ausencia de indicios tangibles,
y, por tanto, incuestionables, en la demanda de la acusación. Lo único
que éstos tienen, parece decirnos el orador, son hipótesis más o menos
verosı́miles. Ası́ pues, el semeion no es sólo un indicio fı́sico, sino,
además, un indicio que conduce de manera segura a una conclusión.
Un caso curioso es el de 5.14 y 6.2, pasajes casi idénticos, donde
el orador apela al mantenimiento desde antiguo de una ley como
semeion de que ésta es buena y, por lo tanto, ha de ser respetada.54
Hasta qué punto hemos de considerar esto como semeion fı́sico es
discutible; no obstante, hemos de recordar que las leyes en Atenas
se mantenı́an inscritas en lugares públicos y a la vista de todos, por
lo que su presencia fı́sica serı́a para el ciudadano más perceptible
que para nosotros en nuestra sociedad. También en 2.3.8 semeion se
utiliza para hacer referencia a algo que no es una evidencia fı́sica
sensu stricto; me refiero al pago de contribuciones y coregı́as, lo que
es utilizado por el orador como señal de inocencia. A estos tres casos
se añade otro (6.43), en el que de un modo similar el orador designa
como semeion algo que no es estrictamente un signo de carácter fı́sico
(de este caso concreto nos ocuparemos más adelante).
Observemos una cosa: son precisamente estos cuatro casos (2.3.8,
5.14, 6.2, 6.43), en los que semeion se utiliza en referencia a elementos

mitados, entonces, a dar evidencia de algo ya sucedido. Incluso cuando no son


signos fı́sicos son signos obvios, que todo el mundo reconocerı́a sin la necesidad
de una explicación especial. Por el contrario, el rasgo que distingue a los tekmeria es
precisamente que la inferencia no es obvia, sino que tiene que ser explı́citamente hecha
por el orador, y su base es generalmente la probabilidad psicológica. Los tekmeria se
pueden emplear, además, para predecir el futuro (pp. 44–46).
54
Esta apelación a las leyes en Antifonte en dos pasajes (5.14 y 6.2) que reprodu-
cen la misma idea y prácticamente con los mismos términos se explica porque se trata
de un topos, que probablemente formaba parte de alguna colección de topoi o de algún
temprano manual de retórica, quizás incluso obra de Antifonte. De hecho, parece que
este autor pudo componer un manual de retórica hoy perdido.
La evolución de algunos conceptos retóricos 397

que no son sensu stricto fı́sicos, los únicos en los que el término semeion
se emplea acompañado de un adjetivo, y ese adjetivo en todos los
casos tiende a reforzar su fortaleza y seguridad. Como en la tragedia,
también en el caso de Antifonte semeion tiende menos que tekmerion a
utilizar un adjetivo y curiosamente, cuando lo hace, es precisamente
cuando su significado menos se separa de ese otro concepto y para
remarcar su caracterı́stica principal de infalibilidad.
En este mismo sentido, es importante señalar que el término
semeion es empleado también en Antifonte para designar la señal
infalible por excelencia, a saber, la señal divina, al igual que sucedı́a
en las tragedias de Sófocles. En los dos casos en los que encontramos
este significado (5.81, 5.84) el contexto enfatiza el hecho de que estas
evidencias de origen divino, denominadas semeia, se consideran de
la mayor fiabilidad. Ası́, en 5.81 el orador argumenta que “habéis de
gobernar con seguridad ($σφαλς) los asuntos públicos de la ciudad si
confiáis al máximo en dichas señales”55 y en 5.84 designa a estos semeia
como “la más evidente garantı́a” (πστιν σαφεστ την).
El tekmerion, por su parte, como ya he anticipado, no se refiere
en ningún caso a evidencias meramente fı́sicas, sino que alude a
acciones, comportamientos, etc. de los que se extrae una inferencia.
Por ejemplo, en 1.10 el hecho de que el adversario no haya aceptado
la πρκλησις ες β σανον56 del orador se interpreta como evidencia o
tekmerion, de un lado, de la buena disposición e inocencia del orador
y, de otro, de la mala fe y culpabilidad del adversario (cf. 1.11–12).
El comportamiento del adversario es también un tekmerion en otros
pasajes (5.8, 5.61, 6.41), ası́ como los hechos acaecidos en el pasado

55
Reproducimos la traducción de J. Redondo Sánchez, Antifonte. Andócides. Dis-
cursos y Fragmentos (Madrid: Gredos, 1991).
56
El testimonio de los esclavos sólo se admitı́a en los tribunales de justicia
atenienses si era bajo tortura. Pero para que la evidencia que proporcionaba un esclavo
bajo tortura fuese válida debı́a darse con el consentimiento de ambas partes, por lo que
habı́a que recurrir siempre a un desafı́o o πρκλησις. El procedimiento era el siguiente:
cuando en un litigio entre dos partes una de ellas querı́a introducir el testimonio de
un esclavo, entonces planteaba un desafı́o a su oponente. En él se ofrecı́an todos los
detalles respecto a cuándo o dónde se llevarı́a a cabo el interrogatorio e incluso qué
preguntas se harı́an. El testimonio del esclavo consistirı́a tan solo en responder sı́
o no a las preguntas planteadas. La parte desafiada podı́a aceptar o no el desafı́o
o hacerlo con modificaciones. Si las dos partes llegaban a un acuerdo, se llevaba
a cabo el interrogatorio; cf. A. R. W. Harrison, The Law of Athens. Procedure (Oxford:
Clarendon Press, 1971), 148–50; M. Gagarin, “The Torture of Slaves in Athenian Law,”
CPh 91 (1996): 1–18 (pp. 3–4). No obstante, aunque el procedimiento estaba claramente
regulado, no hay evidencia de que se usara de manera habitual e incluso hay quien,
como Gagarin, opina que se trataba fundamentalmente de una ficción legal.
398 RHETORICA

(5.63). En ocasiones el orador plantea un caso hipotético que serı́a


utilizado por el oponente con toda probabilidad como un tekmerion
en su contra, para después demostrar que ese comportamiento se le
puede adjudicar al adversario y, por lo tanto, implica un indicio en
contra de éste (5.38, 6.27, 1.11).
Las inferencias que se coligen de estos indicios no son seguras,
como las que derivan de los semeia, sino, al contrario, cuestiona-
bles. Este hecho se advierte con especial claridad en 4.4.2 y 4.4.3.
En ambos pasajes el orador se muestra en desacuerdo con la idea
frecuentemente asumida de que los jóvenes son propensos al exceso
y los viejos, en cambio, prudentes. Él cree que la realidad ofrece fre-
cuentemente ejemplos de lo contrario, lo que invalida la conclusión
obtenida a partir de las premisas asumidas y hace que ese indicio
no sea decisivo.
Ahora bien, existen pasajes en los que el empleo del término
tekmerion es especialmente interesante. Uno de ellos es el pasaje 6.43,
pues éste es el único en que esa diferencia sustancial de contenido en-
tre semeion y tekmerion parece romperse por completo. Efectivamente,
Antifonte en este momento utiliza el término semeion para aludir a
la contradicción que se da entre el comportamiento presente con el
arconte rey y el pasado con los magistrados en general y, tras explicar
éste, recurre al término tekmerion en alusión a lo mismo. Es decir, el
orador utiliza ambos conceptos enmarcando aquello a lo que hacen
referencia, al igual que hacı́a Esquilo en Pr. 826 y 842. Es la única vez
en que Antifonte rompe la diferencia de significado que él claramente
establece entre los dos conceptos para referirse a una misma cosa.
El hecho de que Antifonte utilice el término semeion para designar
un indicio basado en la contradicción implica que esta contradicción
no es para el orador un signo definitorio o exclusivo del tekmerion,
como sı́ lo es, en cambio, para Anaxı́menes.
Pero sobre este pasaje se impone una reflexión más profunda.
Hemos dicho que es la única ocasión en que Antifonte utiliza los
dos términos que designan la evidencia en alusión a un mismo
dato y en ocasiones se ha interpretado que en este caso ambos
conceptos tienen un valor idéntico e intercambiable.57 No obstante,
tal vez exista una sutil diferencia de matiz que justifique la situación.
Antifonte anuncia, en primer lugar, un indicio, al que denomina
semeion y que explica a continuación. Una vez explicado dicho indicio,
se refiere nuevamente a él como tekmerion, pero en este caso lo

57
Cf. Goebel, Early Greek Rhetorical Theory and Practice, citado en n. 49, p. 38; M.
Gagarin, Antiphon. The Speeches (Cambridge: Cambridge University Press, 1997), 243.
La evolución de algunos conceptos retóricos 399

vincula directamente con la extracción de una inferencia más amplia


(“¿qué evidencia mayor que ésta podrı́a mostraros de que no era objeto de
injusticia ni por mi parte ni por la de aquel?”). Es decir, el semeion alude
fundamentalmente a los hechos incuestionables, pero el tekmerion se
refiere aquı́ al indicio formando parte de una inferencia más compleja
y menos segura.
Por último, existe un grupos de pasajes, en los que el término
tekmerion tiene un significado más amplio. Ası́, en 2.4.10 el orador
dice tener todos los argumentos a su favor y distingue entre testimo-
nios y pruebas periciales, en primer lugar, evidencias o tekmeria, en
segundo lugar, y, para terminar, signos fı́sicos. Lo primero engloba las
pisteis atechnoi en su conjunto y los otros dos puntos hacen referencia,
en mi opinión, a las pisteis entechnoi, tanto a las que derivan de lo
meramente fı́sico, que aquı́ Antifonte denomina τ 'χνη, como a las
que derivan de la interpretación subjetiva de los hechos. Curiosa-
mente éste es el único pasaje en toda esta primera tetralogı́a en que
se emplea el término tekmerion y, en mi opinión, el orador lo hace de
manera deliberada en este momento de “recopilación” para que dé la
sensación de que toda la evidencia en su conjunto está a su favor. Lo
que ocurre es que realmente apenas hay evidencias de ningún tipo y
el caso se basa, sobre todo, en argumentos de probabilidad. De todos
modos, el hecho de que el autor diferencie entre tekmeria y τ 'χνη
implica que lo primero no hace alusión a signos estrictamente fı́sicos,
sino a la argumentación técnica en su conjunto.
En el mismo sentido resultan de gran interés aquellos otros
pasajes en los que el tekmerion se opone al testimonio de los testigos,
como ya sucediera en A. Eu. 485. Ası́, en 5.81 aparecen coordinados
los tekmeria y los martyria. En este caso el tekmerion se refiere, en
mi opinión, al total del proceso deductivo elaborado por el orador
independientemente del tipo de argumento que emplee, es decir,
representa las pisteis entechnoi, y se opone a los martyria, que se
entienden como el total de pruebas externas al caso, es decir, las
pisteis atechnoi, según la teorı́a retórica del s. IV a.C. y la terminologı́a
aristotélica. Juntos forman el total de la argumentación. Ahora bien,
en este pasaje se realiza otra oposición, pues los tekmeria y martyria,
calificados como humanos, se oponen posteriormente a los semeia
divinos (τος $π τν θεν σημεοις). Gagarin defiende que no existe
una diferencia de significado clara entre semeion y tekmerion en este
pasaje.58 Yo, en cambio, creo que sı́ la hay, puesto que las señales
divinas suelen ser signos fı́sicos e incuestionables—recordemos las

58
Cf. Gagarin, Antiphon. The Speeches, citado en n. 57, p. 214.
400 RHETORICA

que recibe Tiresias en la Antı́gona de Sófocles o Edipo en Edipo en


Colono (S. Ant. 998, OC 94), donde también se designan como semeia—,
en tanto que el tekmerion implica un razonamiento deductivo racional
y consecuentemente humano y sujeto a la posibilidad del error.
También en 6.30 Antifonte une tekmerion y martyrion presentán-
dolos como los dos tipos principales de razonamiento y da la sen-
sación de que tekmerion tiene un significado amplio y que es todo
aquello que soporta los argumentos.
Igualmente interesante es el pasaje 6.31. En él el orador enumera
con exhaustividad cuanto ofrece al adversario y que redunda en su
propia defensa: 1) razones verosı́miles o λγους εκτας; 2) testigos
o το7ς μ ρτυρας; 3) hechos o τ ργα; y 4) evidencias o τεκμ
ρια.
Pues bien, si intentamos adaptar estos elementos a la teorı́a retórica
del s. IV, tendrı́amos los eikota y tekmeria como representantes de las
pisteis entechnoi y los testigos como elemento principal de las pisteis
atechnoi; los hechos o erga quedan fuera de ese sistema. Ahora bien,
yo creo que en este pasaje hay, más bien, dos oposiciones binarias.
De un lado, encontramos λγους y ργα, es decir, palabras y hechos,
o, lo que es lo mismo, razonamientos subjetivos y hechos fı́sicos o
externos, de una parte, y, de otra, testigos y evidencias en un sentido
amplio, como representantes nuevamente de los dos tipos de pisteis,
técnicas y no técnicas, y representantes igualmente de los logoi y los
erga, ya que los testigos ayudan a establecer los hechos externos
y las evidencias son la base en la elaboración de razonamientos
persuasivos.
Ası́ pues, frente a los semeia, que son fundamentalmente signos
fı́sicos y que llevan de manera convincente a una conclusión, los
tekmeria designan en Antifonte, de un lado, indicios más complejos y
menos tangibles y, de otro, todo el procedimiento deductivo en su
conjunto. En ambos casos el razonamiento derivado de tekmeria se
considera más cuestionable.

4. Conclusión

En los trágicos se da un uso desigual de los sustantivos semeion y


tekmerion. Ası́, Esquilo prima el empleo de tekmerion; Sófocles, por el
contrario, prefiere semeion; y en el caso de Eurı́pides hay un uso equi-
tativo de ambos. Ahora bien, aunque el reparto de ambos conceptos
es desigual en los tres dramaturgos, en lo que sı́ coinciden es en
establecer una diferencia entre esos dos términos no solo en función
de su contenido, sino también en función de criterios métricos. De
hecho, si en algún momento en uno de estos autores un sustantivo
La evolución de algunos conceptos retóricos 401

ocupa el lugar que habitualmente está reservado al otro (p. ej. E. Med.
517), esto suele coincidir con una excepcionalidad también en el nivel
del contenido.
Existen también entre los tres autores trágicos ciertas similitudes
respecto a los adjetivos que utilizan para calificar estos términos.
Esquilo sólo califica tekmerion y lo hace con los adjetivos πιστν y
μ)γα. Sófocles califica los dos sustantivos. Él utiliza πιστς y μφαν)ς
para tekmerion pero, además, emplea σαφ)ς para calificar el término
semeion. Eurı́pides, que califica igualmente los dos conceptos, utiliza
para tekmerion el adjetivo σαφ)ς y añade $σφαλ)ς. Además, él emplea
por primera vez el superlativo (σαφ)στατον) aplicado en su caso a
semeion. El análisis realizado muestra que simplemente en función de
la adjetivación se percibe una diferencia entre los dos términos que
nos ocupan. El hecho de que el término semeion no sea habitualmente
calificado o que, cuando lo es, el adjetivo tienda a remarcar su
fiabilidad incide precisamente en esa concepción de éste como una
evidencia obvia. Por el contrario, que el término tekmerion asuma con
más frecuencia un adjetivo, que alude a un grado determinado de
credibilidad, está en consonancia con el empleo de este concepto para
designar una evidencia más cuestionable.
Esta diferencia se advierte, como es lógico, de manera aún más
perceptible al analizar el contenido de la evidencia designada en
cada uno de los casos concretos. En un principio pudiera parecer
que ambos sustantivos se utilizan, sobre todo, para designar signos
fı́sicos perceptibles. Esto no es extraño porque ambos remiten al
campo léxico de términos, σ1μα y τ)κμαρ respectivamente, que se
utilizan en ese sentido. Es al desarrollarse la retórica y al entrar a
formar parte del vocabulario técnico de ese arte cuando se produce
una especialización de esos términos, claramente perceptible ya en
los trágicos.
Ası́, la realidad es que, aunque ambos pueden designar signos
fı́sicos, lo más habitual es que éstos sean considerados semeia, mien-
tras que, por el contrario, el tekmerion se refiere preferiblemente a
indicios basados en comportamientos, acciones, etc. Pero el rasgo
principal que distingue entre ambos conceptos es el hecho de que el
semeion designa un signo obvio, en tanto que el tekmerion conduce
de manera menos segura a una conclusión.
En A. Eu. 485 encontramos, además, un significado especial
para tekmerion, ya que en ese pasaje este concepto se emplea en un
sentido más amplio para aludir a todo el proceso de la inferencia,
representando a las pisteis entechnoi por oposición a las atechnoi.
Este significado no vuelve a aparecer en la tragedia, pero sı́ lo
hace en Antifonte. El hecho de que se halle en Esquilo y no en los
402 RHETORICA

otros dos trágicos puede ser debido exclusivamente a los gustos o


intereses del autor, pero también puede deberse al contexto judicial
en que aparece, que favorece el empleo de los términos en su sentido
más técnico.
Hay, en cualquier caso, una diferencia entre ambos conceptos
establecida ya en Esquilo y que se mantiene en la tragedia posterior.
Es decir, hay una cierta teorı́a retórica presente ya en la tragedia
temprana y que coincide con el desarrollo posterior perceptible en
Antifonte, aunque no con el desarrollo posterior de la teorı́a retórica
en el s. IV a.C. Y esta diferencia entre teorı́a y praxis es probablemente
uno de los mayores escollos a los que hemos de hacer frente en el
estudio de la más temprana teorı́a retórica.
Efectivamente en Antifonte se advierte una diferencia de sig-
nificado muy similar entre semeion y tekmerion. El primero alude
mayoritariamente a evidencias fı́sicas y el segundo, en cambio, a
comportamientos, acciones, hechos pasados, etc., de los que extraer
una deducción. Las deducciones o inferencias son, por tanto, más
obvias en el primer caso y más complejas y dudosas en el segundo.
Pero, además, como en Esquilo, hay también algún pasaje (por
ejemplo, 5.81) en que tekmerion aparece junto a martyrion, y donde
puede advertirse, como en el dramaturgo, un significado más amplio,
el de tekmerion como razonamiento entechnos en su conjunto.
Pues bien, los dos sustantivos, semeion y tekmerion, cuyo con-
tenido parece estar establecido con cierta solidez en el s. V a.C.,
se introducen en el s. IV a.C. dentro de los sistemas retóricos de
Anaxı́menes y Aristóteles y al hacerlo se ven obligados a afrontar
ciertos cambios.
La teorı́a retórica del s. IV a.C. toma conceptos conocidos y
utilizados en el s. V a.C. y los redefine y adapta a sus objetivos. En el
caso de semeion se mantiene en gran medida su significado de indicio,
pero en el caso de tekmerion, un término que parece ser susceptible
ya en Esquilo de adoptar un significado más amplio, las variaciones
son mayores. Aristóteles lo introduce dentro de un sistema lógico
en el que le asigna un significado que claramente no tiene en el
siglo anterior. Anaxı́menes, por su parte, se acerca probablemente
más a la realidad, aunque el contenido que él le atribuye tampoco
representa el rasgo más definitorio de este concepto en los autores
analizados.
La coincidencia que, en términos generales, se advierte entre los
trágicos y Antifonte, sin duda, se debe a que estos términos formaban
parte de las enseñanzas y manuales retóricos, hoy perdidos, de la
época, de los que los autores del momento recibirı́an influencia a
través ya sea de las enseñanzas teóricas, ya sea de su reflejo práctico
La evolución de algunos conceptos retóricos 403

en los discursos pronunciados en los foros públicos de la polis,59 a los


que, en su calidad de ciudadanos y, además, ciudadanos interesados
en la vida pública, no podrı́an sustraerse.60
Ahora bien, esto nos plantea una paradoja, pues, si existı́a ya en el
s. V a.C. de manera ampliamente extendida una diferencia entre estos
términos, como demuestra el estudio que hemos hecho en los trágicos
y en Antifonte, ¿cómo explicar, entonces, que, cuando esos términos
son empleados en la teorı́a retórica del s. IV a.C., su contenido varı́e
tanto? Probablemente esto tenga que vez con la inserción de estos
términos dentro de sistemas más complejos.
Anaxı́menes en su Retórica a Alejandro expone una teorı́a retórica
más sencilla y se ciñe en mayor medida a la praxis, mientras que
Aristóteles crea, a imagen de su pensamiento lógico, un sistema
retórico en gran medida novedoso, redefiniendo incluso de manera
muy llamativa y totalmente original términos ya conocidos. Es proba-
blemente la complejidad y, sobre todo, la originalidad de su sistema
lo que explica el nuevo significado que adquieren para él algunos
conceptos.

59
Dado que Esquilo y el Sófocles temprano se sitúan en un perı́odo en el que
la teorización retórica está comenzando, mientras que, por el contrario, el Sófocles
tardı́o y Eurı́pides prácticamente en su totalidad son posteriores al año 427 a.C. (año
de la llegada de Gorgias a Atenas) y, por tanto, pertenecen a un momento en el que,
sin duda, hay una mayor reflexión teórica sobre la retórica, debemos entender que
la diferenciación entre semeion y tekmerion que se observa ya en los autores tempranos
puede haber influido en los rétores posteriores, pero no al revés. Probablemente los
primeros manuales retóricos se basan en la práctica ya existente, que posteriormente,
tras ser retóricamente reelaborada, influye en otros autores.
60
M. Gagarin, “The Nature of Proofs in Antiphon,” CPh 85 (1990): 22–32, pone
de relieve el carácter innovador de Antifonte en el empleo de la argumentación y
subraya el hecho de que Antifonte fue el primer ateniense que aplicó las nuevas
técnicas retóricas a casos reales o, al menos, el primero que hizo un uso extenso de
ellas.