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El cuerpo y las artes marciales

Juan Enrique Ordóñez Arnau


Universidad de Valencia

Resumen
Desde una perspectiva antropológica, tratar de indagar en qué es el
cuerpo para las artes marciales japonesas y cuál es su relación con lo
mental o lo espiritual nos puede llevar a arrojar luz sobre las serias
dificultades que encuentra el occidente contemporáneo en asimilar estas
en su proyecto de internacionalización y quizá también a criticar aspectos
del propio pensamiento occidental.
Pasando por trazar una descripción de las artes marciales que busque
no una esencia permanente en su devenir, sino una continuidad en sus
procesos de transformación, fundamentalmente a lo largo de los siglos
XIX y XX que configurarán el actual modelo, trataré de señalar qué
elementos de las concepciones japonesas del cuerpo y el conocimiento
hay en las artes marciales y cuáles se han transmitido en las mismas tras
su expansión fuera Japón.
Me centraré para ello, esencialmente, en conceptos como ki
(energía corporal) y hara (bajo vientre, y centro energético), en la
concepción de la unidad del cuerpo y la mente no como un postulado
teórico, sino como un camino a trabajar en la práctica, y en las
concepciones corporales del conocimiento en las tradiciones sino-
japonesas, contrastando en el proceso de manera crítica con diversas
tradiciones occidentales.

Palabras clave: Cuerpo, artes marciales, unidad cuerpo-mente, Japón, ki.

Abstract
From an antropological perspective, I will try to attain what the body
is for the japanese martial arts and which is its relationship with a mental
or an spiritual level. This can give us some light on the serious dificulties
that the contemporany western culture had found in its attempt of the
internacionalization of the martial arts asimilation proyect. All this, could
give us some help, as well, with the western thought´s criticism.
Starting from a description of the martial arts trying not to find a
permanent essence in the flow of history but a continuity in its process of
transformation, mainly through XIX and XX centuries, I shall try to mark
which thought and body japanese´s conceptions are there in martial arts
and which has been passed on them after their out-of-Japan expansion.
I will work specially on concepts like ki (body energy) and hara
(lower abdomen, and energetical center), in the mind and body unity not
as a teoretical postulate, but as one way to work in practice, and in the
sino-japanese traditional bodily knowledge conceptions, opposing them
to diverse western traditions.
Keywords: body, martial arts, mind-body unity, Japan, ki.
¿De qué hablamos cuando hablamos de las artes marciales? Parece que con la extensión y
normalización de la práctica de sistemas de combate en Europa y el éxito y la popularización de las
mismas a través, especialmente, del cine, la televisión y el cómic, asumimos que sabemos de qué
hablamos. Sin embargo, las diversas pretensiones de definición, dadas normalmente por
practicantes de esta o aquella escuela, provocan discusiones y disensiones varias. Entre otras cosas
porque se trata de buscar una esencia del arte marcial, permanente y cimentadora, que conecte la
práctica con la más antigua tradición, y habitualmente las encuentran en elementos característicos
de sus propias escuelas o artes. Es habitual su conexión con «Oriente», aunque diversos grupos que
tratan de recuperar tradiciones autóctonas reivindican el concepto, desconectándolo de toda raíz
cultural. Formas deportivizadas, marcan diferencias con los sistemas que los originaron, para
señalar su modernidad y cientificidad (haciéndolas sinónimas de eficacia) mientras que otras
reivindican sus raíces tradicionales para aumentar su atractivo.

El término arte marcial, aunque aparente rancio abolengo en el castellano por su plena
asimilación en nuestro lenguaje cotidiano, se introdujo en España entre las décadas de los cincuenta
y sesenta, y fue aceptado por la RAE en los setenta. Se introdujo como traducción literal del inglés
martial art, que así mismo apareció en este idioma a finales del siglo XIX principios del XX,
llegando a ser aceptado, variando ligeramente en la fechas, en la década de los veinte o treinta del
siglo XX.1

Por otro lado, resulta curiosa la hegemonía de las artes marciales japonesas (judo, aikido,
karate, etc...) asumiendo la existencia previa de tradiciones que se reivindican marciales a lo largo
de Europa, por una parte, y de la existencia de otras culturas, como las chinas, de una enorme
diversidad y riqueza marcial, además de suponer, en su influencia y contacto con Japón, un punto de
inflexión clave para entender las propias disciplinas japonesas.

El éxito de los sistemas japoneses no reside tanto en su eficacia ni en su capacidad de


seducción para la captación de practicantes sino en el contexto socio-político en el que comenzó y
desarrolló su exportación. A pesar de que inmigrantes chinos estuvieron presentes desde el
comienzo de la construcción de los Estados Unidos sus disciplinas no generaron gran expectación
entre sus conciudadanos, y sólo encontraron un espacio de expansión en la estela del éxito de las de
origen japonés. Tras la entrada de Matthew Calbraith Perry en Japón, rompiendo tres siglos de
ostracismo, y el establecimiento de relaciones comerciales excepcionales, especialmente
armamentísticas, se produjo una explosión de interés por la cultura japonesa que llegó hasta Europa,
y que supuso la importación de diversas formas artísticas, desde el ukiyo-e que tanto interesó a los
impresionistas, hasta los propios sistemas de combate. Para denominar a estos fenómenos culturales
se tradujo, casi literalmente, los términos budo o bujutsu (lit. Vía de la guerra y técnica o arte de la
guerra, respectivamente) por arte marcial. Por lo tanto, el término arte marcial designa, en el
momento de su introducción en la lengua inglesa, a las artes marciales estrictamente japonesas,
extendiéndose posteriormente su significado primero a las artes marciales de origen asiático, y por
último siendo reclamado por algunos recuperadores, perpetuadores o renovadores de tradiciones
europeas.

1 En el Merriam-Webster online incluye la fecha de la entrada: 1928. Sin embargo, para el Online
Etymology Dictionary, Martial Arts hizo su aparición en el diccionario inglés en 1933
Asumo pues, que el concepto arte marcial arrastra una fuerte carga cultural nipona, y que su
total comprensión pasa por entender el contexto social y cultural desde el que se impulsan las artes
marciales japonesas a su internacionalización, además de sus propias transformaciones históricas
dentro de las cuales se inserta este momento. Asumo, también, que el éxito y la hegemonía en el
mundo de las formas japonesas no tiene su origen tanto, sin menosprecio alguno de las mismas, en
una superioridad de éstas, a ninguno de sus niveles, sino en un contexto socio-político, que hizo que
fueran exportadas a EEUU, de aquí a Europa y al resto del mundo.

Los criterios de definición de lo que es o no es un arte marcial están fuertemente marcados


por los criterios culturales concretos de las líneas y escuelas más fuertes y exportadas por Japón,
aunque en el proceso, y desde los años 60 se hayan diluido (y por tanto más difíciles de captar) en
su contacto con formas marciales no japonesas, e incluso no asiáticas, también en proceso de
implantación en otros países. Por lo tanto, en el proceso de internacionalización y asimilación del
término, hay que tener en cuenta ante un hipotético y legítimo intento de redefinición, la fuerte
carga cultural y la imposición por su parte de criterios de significado, si se quiere desgajar
culturalmente el término para asimilar tradiciones ajenas.2

Las tradiciones marciales japonesas tienen, casi todas ellas, una fuerte influencia de la
espada. Pero esto no fue siempre así. La espada, heredada de china, comienza a tomar fuerza a
partir del siglo X, momento también en el que comienza a curvarse, con el desarrollo de nuevas
técnicas de tajo. Podemos ver la evolución de la implantación de la espada en los registros de
maestros herreros:
- 450 maestros herreros (kaji) entre el siglo X y XII (periodo Heian)
- 1550 maestros herreros (kaji) entre el siglo XIII y mediados del XIV (periodo Kamakura)
- 3550 maestros herreros (kaji) entre la mitad del siglo XIV y finales del XVI (periodos Muromachi / Sengoku)

Con lo que podemos observar un incremento del número de espadas correlativo a la


evolución histórica que lleva a Japón a pasar de ser un hervidero de guerras entre señores feudales a
unificarse bajo el mandato del emperador y conocer largas épocas de paz. En la guerra las armas
esenciales del bushi son el arco y la lanza, mientras que cuando Japón empieza a estabilizarse se
apartan en detrimento de la espada, que pasa con el tiempo a ser no tanto un arma, como un símbolo
de poder y estatus social. Todo samurai3 debía portarla, pero de entre ellos sólo unos pocos eran
expertos en su uso. Aunque las principales escuelas originarias pertenecen a épocas anteriores, la
mayor parte de las escuelas que perviven en la actualidad aparecieron en un periodo de
extraordinaria proliferación y expansión, el periodo Edo, bajo el shogunato Tokugawa, entre 1603 y
1867.

Es en esta época en la que podemos empezar a hablar de artes marciales en un sentido


clásico, y que construirán los pilares sobre los que se desarrollarán las artes marciales en su sentido
moderno. Sin la oportunidad de demostrar en el campo de batalla su habilidad, el guerrero focaliza
su atención en un constante perfeccionamiento técnico; las distintas escuelas introducen por primera
vez elementos de la medicina tradicional china en su práctica y algunos maestros apuntan la

2 Habría que concretar casos, como el box o la lucha grecorromana, que han mantenido una tradición y una fuerza,
integrándose dentro de la práctica deportiva y perdiendo gran parte de su crudeza, y que no se han dado a llamarse
artes marciales.

3 Baja nobleza, trad. lit. sirviente


posibilidad de un progreso espiritual a través del entrenamiento marcial4 . Los distintos gobiernos
ejercen una fuerte influencia en este desarrollo, controlando la práctica mediante censos y
fomentando los valores confucianistas (tradición, respeto a la autoridad), especialmente el de la
lealtad al emperador, facilitando una homogeneización de la práctica, e indirectamente, a través de
la creación de infraestructuras e instituciones, la extensión de las escuelas más importantes, pasando
de una práctica personalizada, centrada en una escuela o familia, a una despersonalizada,
sistematizada y exportable. En este proceso juega un papel crucial la religión semi-estatal Shinto, y
en menor medida otras religiones y sectas.

Con la prohibición durante la época Meijii (1867-1912) de portar espadas y la


occidentalización de Japón cobran una especial relevancia las artes sin armas, que, a excepción del
sumo (y no tanto como arte marcial sino por la simbología y rituales vinculados a la tradición
cultural japonesa) hasta entonces no habían tenido gran importancia. Tanto en la época Meijii como,
y sobre todo, en la épocas Taisho (1912 - 1926) y principio de Showa (1926 – 1989) se acentúa la
politización de la práctica marcial, y con la occidentalización del ejercito y la introducción de las
artes marciales en el sistema de entrenamiento se configuran estas en su modelo actual. Sólo la
caída de Japón al término de la segunda guerra mundial, con el público rechazo del emperador de su
carácter deítico y la internacionalización de la practica, con su consecuente despolitización (aunque
puedan encontrarse elementos todavía en algunas escuelas japonesas, especialmente en las
vinculadas a la extrema derecha) y la eliminación del elemento de lealtad al emperador, les dará su
forma actual.5

En su forma actual, una vez pasado el periodo de guerra en el que la práctica marcial se
centró en fomentar el fervor guerrero y la búsqueda cruda de una efectividad en el combate, se trata
de recuperar elementos apartados durante todo este tiempo. La internacionalización de las artes
marciales ha jugado un papel crucial en esta búsqueda, pero lo ha hecho con una fuerte crisis de
identidad, fomentada por la propia situación socio-política de Europa, foco junto a Estados Unidos
de esta exportación mundial. Aunque diversos grupos han rechazado la tradición marcial,
racionalizando la práctica (perspectiva que, en mayor o menor medida, ha influido en el conjunto de
los artistas marciales) y orientándola a la defensa personal o el deporte, dentro de los grupos
llamados “tradicionalistas” existe una gran diversidad de tendencias. Un primer grupo, por ejemplo,
realiza una búsqueda de la efectividad y el “espíritu guerrero”, tan mitificado, del samurai japonés.
Sus formas tienden a ser mas duras, con un contacto más agresivo físicamente. Un segundo grupo
podría ser también el que tiende a hacer de la práctica marcial una pura búsqueda espiritual,
siguiendo habitualmente líneas que abordaremos más adelante. Otro grupo incide en la vinculación
entre la práctica marcial y la medicina tradicional, ejercitándose en una pura metodología higiénica.
Todas ellas, bajo el paraguas de la etiqueta “tradicional” reivindican una práctica originaria, que
obtiene su credibilidad y fundamento en lo profundas que hunde sus raíces en la historia. Por
supuesto que existen escuelas que ostentan justamente este epíteto, especialmente aquellas que
practican koryu o escuelas antiguas, pero las más de las veces fundamentan su práctica en una serie

5 Aunque es interesante resaltar la influencia que autores como D.T. Suzuki han tenido en vincular necesariamente la
práctica marcial al budismo, especialmente a una visión orientalista de la secta Zen, aunque esta vinculación
históricamente se haya limitado solamente a algunos maestros concretos. Gracias a su éxito, y con la búsqueda que
propició en los artistas marciales occidentales, se ha creado una vinculación real, y muy fructífera, entre el budismo
y las artes marciales. Pero esta vinculación masiva, centrada en una visión muy concreta del Zen, es plenamente
moderna, centrada en el siglo XX.
de tópicos y una determinada actitud de corte orientalista6. Afirman hallarse en la esencia del budo
(o bujutsu), cuando en realidad han construido algo completamente nuevo, apartando determinados
aspectos que sí tenían una gran importancia en su contexto y momento histórico, como por ejemplo
el código ético confucianista o la lealtad al emperador, o asumen como esenciales aspectos que no
tenían tanta importancia, como la práctica del zen. En gran medida toda esta confusión viene por la
obsesión de encontrar una esencia, un lugar de tierra firme sobre la que fundar una serie de
prácticas, cuando en realidad nos encontramos ante un fenómeno artístico y cultural, inserto en un
contexto histórico, político y económico, que ha sufrido una serie de evoluciones 7 a lo largo de la
historia, y en el que hay que trazar una continuidad en los procesos de transformación. Y delimitar,
claramente, el nacimiento de las artes marciales clásicas en el periodo Edo y de las artes marciales
en el sentido moderno, tal y como las comprendemos hoy, en el periodo Meijii.

La comprensión y el estudio serio de esta continuidad en las tradiciones, en un sentido


académico del término, en íntima colaboración con el estudio práctico de elementos que perviven
en diferentes tradiciones o métodos, incluso la recuperación por medios indirectos de tradiciones
perdidas (textos o ilustraciones, fragmentos metodológicos perdidos en determinadas líneas insertos
en otras artes o disciplinas, etc) pueden llevarnos a una práctica más rica y global de las artes
marciales. La mera focalización de nuestros esfuerzos como practicantes marciales, especialmente
como docentes, en algún aspecto de la práctica marcial no puede llevarnos a ocultar otros aspectos
tan importantes y enriquecedores para el arte como el que acapara nuestra atención.

Un aspecto que se tiende a olvidar es la faceta artística, en su sentido estético amplio, de las
artes marciales. Con una estética extremadamente elaborada, las formas (kata) que perviven dentro
de la tradición de las escuelas son equivalentes a formas musicales magistrales, interpretadas y
reinterpretadas una y otra vez por los practicantes de artes marciales. No ha existido (aunque quizá
en parte esto se salve con los actuales medios audiovisuales) una forma clara o estandarizada de
registrar estas formas, y estas han ido pasando de maestro a alumno, sufriendo continuos cambios
(algunos enriquecedores, otros no tanto) a lo largo del tiempo. Un corte en la línea de transmisión
sería una gran desgracia; supondría una pérdida irreparable de esta forma artística. Todo intento de
recuperación se haría con la asunción de la desaparición de miles de detalles y entresijos de la
práctica, que sólo son transmisibles con años de práctica bajo la dirección de un maestro capacitado.
Estas formas, también, encajan difícilmente en las consideraciones artísticas occidentales, que
tienden a etiquetarlas de formas deportivas. Lo que señala una serie de carencias explicativas e
interpretativas en las teorías estéticas contemporáneas. Quizá elementos de criterio y valoración
característicos de estas artes, como la actitud del artista durante la ejecución, o la elaboración de su
propio cuerpo a lo largo de los años de entrenamiento sean elementos demasiado extraños a la
tradición occidental como para ser fácilmente aceptados.

Otro elemento que hace que resulte difícil de catalogar plenamente como arte es la
necesidad de la búsqueda de la eficacia. Esta puede ser un fin en sí mismo, aunque esta tendencia
llevada al extremo suele derivar en deportes de contacto o sistemas de defensa personal alejados ya
de su origen artístico. Dentro de la práctica marcial moderna la búsqueda de la eficacia en un
contexto de confrontación es un espacio de corroboración y anclaje en la realidad. Esta efectividad
está sujeta a fuertes controversias; se afirma que su búsqueda debe realizarse con sinceridad, y
alejada de prácticas endogámicas que aíslen al practicante del contacto con otros grupos e incluso

6 Entendiendo Orientalismo en el sentido que le da Edward Said en “Orientalismo” de. Debolsillo, Barcelona, 1978

7 En un sentido darwiniano del termino; no valorativo, sino como simple adaptación.


otras disciplinas. Toda sensación ha de ser corroborada una y otra vez, con el objetivo de pulir y
perfeccionar su percepción y aplicación en la técnica. El perfeccionamiento técnico ha de llevarnos
no sólo a una mejora estética, que también corrobora el avance, sino a la eficiencia y eficacia en la
ejecución de la misma. Cabría señalar si las artes marciales que han abandonado esa búsqueda, ya
bien algunas facciones o estilos concretos (como en el tai chi o en el aikido) de un arte o todo un
arte al completo (como el kyudo), pueden seguir llamándose artes marciales, así como han perdido
la denominación sistemas evolucionados de las artes marciales que se han convertido en deportes de
contacto. Los criterios de identidad debieran buscarse tanto en, por una parte y como ya hemos
señalado, una continuidad lógica de transformaciones y evoluciones, como en la visión subjetiva
que tienen los propios practicantes y la comunidad de las artes marciales al completo de estas, y su
proyecto de construcción.

Dentro de estas líneas especialmente, pero siendo algo generalizado en todas las artes
marciales, una faceta que ha sufrido graves tergiversaciones en su importación ha sido la de la
espiritualidad. Algo que sorprende a los occidentales cuando conocen directamente la cultura
japonesa es su enorme pragmatismo, lo poco dada a abstracciones complejas y lo poco religiosa que
es su sociedad. Cosa que contrasta enormemente con la orientalista imagen misticalizada del Japón
Zen. Las artes marciales, como todas las demás formas artísticas y culturales japonesas, han
recibido una fuerte impronta de las distintas líneas filosóficas y religiosas8 pero esta ni ha sido
determinante, ni ha sido homogénea, y por supuesto no ha sido esencialmente de una sola religión o
secta, como han propuesto algunos estudiosos 9. La más fuerte influencia la ha recibido del Shinto,
con su conjunto de rituales de purificación llamados misogi, y su simbología. Hereda su sistema
fuertemente jerarquizado y respeto extremo a los mayores, especialmente al maestro, además de su
código ético10 , del confucianismo y el neoconfucianismo. Y recibe, también, aunque más
tardíamente, una influencia del budismo, especialmente de líneas esotéricas (Tendai, Shingon, etc) y
en algunos periodos de sectas Zen. Es especialmente en el siglo XX y curiosamente sobre todo
fuera de Japón, donde recibe la mayor influencia de líneas muy heterodoxas de las sectas Zen. Si
hay algún sentido en el que se pueda considerar una mística de las artes marciales es en la
adquisición de un conocimiento no verbal, experiencial, no transmisible mediante la sola
teorización, sin un referente práctico previo. Cuando se hace referencia a cosas como “ser uno con
la espada” no se señala una abstracción ideal, sino una sensación, un estado mental muy concreto,
alcanzable y elaborable.

Aspectos como la relación de las artes marciales con las diferentes medicinas tradicionales
han sido poco conocidos, ya que fueron apartados durante el periodo Taisho en su proceso de
militarización, y en el Showa post-segunda guerra mundial en el proceso de occidentalización (o
más bien de hacer presentables a los ocupantes estadounidenses la práctica marcial) y
deportivización. Pero dado que las prácticas originales chinas han pervivido se han podido
recuperar metodologías y descubrir elementos en los sistemas marciales japoneses. Un caso

8 Existe una fuerte tendencia a considerar filosofías a las religiones japonesas, por su carencia de elementos que se
consideran centrales desde una perspectiva judeo-cristiana. No estamos de acuerdo con esta postura; para un
desarrollo de la cuestión ver J.M.Kitagawa, “On Understanding Japanese Religion”, Princetown University Press,
Princetown, 1987

9 Ver por ejemplo Zen and Japanese Culture, Pantheon Books, New York, 1959

10 Aunque habría mucho que matizar respecto al denominado “código del bushido”
paradigmático podrían ser los gestos ocultos dentro de las kata del karate11 que pertenecen a las
ocho piezas del brocado que se practican dentro del Qi Gong o Chi Kung.

En estas medicinas tradicionales sino-japonesas, enfermedad y salud no son estados


claramente delimitados, sino más bien una diferencia de grado. Así pues, este paradigma médico
propone como método preventivo un esfuerzo constante del sujeto, a través del entrenamiento, en
escalar y potenciar su salud. Se toma como referente de salud, pues, no lo “normal” sino lo
“anormal”, el maestro de artes marciales, por ejemplo, que ha explorado los límites de su cuerpo a
través de un entrenamiento que aúna lo físico, lo energético y lo mental. Es una visión elitista,
frente a una visión “democrática” de la medicina científica, y una medicina concreta, frente a otra
generalizadora. Como afirma el profesor Yasuo,

“La imagen elitista del ser humano no toma la esencia de la naturaleza humana como
algo simplemente dado, sino como algo desconocido que debe ser prácticamente
investigado”12

Acorde con lo que prescriben estas medicinas, pero sin olvidar también la insistencia de
religiones como el confucianismo o el budismo en esto mismo, la postura del cuerpo revela y al
tiempo constituye la salud del sujeto, concebida esta en este sentido, en las artes marciales. “Cuando
el espíritu es, el gesto aparece” reza un adagio común a muchas prácticas marciales y budistas.
Desde el seiza confucianista al zazen budista, el ejercicio en la corrección de la postura es en cierto
sentido, la meditación y la medicina. Y la práctica de las artes marciales como una educación del
cuerpo entronca con dicha tradición médica tradicional.

Qui gong es un neologismo usado para referirse genéricamente a una grande y variada
cantidad de métodos energéticos higiénicos practicados originalmente en China. En japonés toma
diversos nombres, como kîko o yokiho, pero todos recogen la idea original de trabajo o desarrollo
del ki. Estos métodos han sido ampliamente usados por los artistas marciales, y sus concepciones
del cuerpo, imbricadas con las propuestas de las diferentes religiones japonesas, configuran su
imagen. Cuando un japonés se refiere al cuerpo, a su cuerpo, no lo hace de la misma manera que lo
podría hacer un europeo. Dice Yasuo Yuasa:

“Nosotros no creemos que el “cuerpo de uno” sea una sustancia material. Si


una persona tratase como sustancia material, no diferente de las cosas que nos rodean,
nos sentiríamos ofendidos. [...] El cuerpo de uno es un ser intermediario entre “mente”
“materia”.”13

Esto es, el cuerpo forma tan parte del yo como la mente, y no es una “cosa” susceptible de
ser objetivada. Y es la teoría del ki la que la hace distinta de una cosa. La teoría del ki se basa, dicho
rudamente, en la existencia de una energía psico-física que anima el cuerpo a través de unos

11 Gestos como el principio del kata Kanku Dai, o el final del kata Jion. Es especialmente fuerte en este arte por su
mayor proximidad a las artes chinas. Es originario de Okinawa, archipiélago que fue un reino vinculado a China
desde el siglo XII, hasta que fue conquistado y vinculado a Japón en 1609. Mantuvo una gran independencia
política, hasta la reforma Meijii (1868) en que la construcción del estado-nación moderno japonés la hizo
desaparecer junto con muchas peculiaridades culturales.

12 Yuasa, Yasuo, The Body, Self-Cultivation, and Ki-Energy, State University of New York press, Albany, 1993,
pp.63

13 Op. Cit, pp 72
canales, los meridianos, que estructuran al ser. Cuando se le pregunta a un maestro acerca del ki,
shin y sei responde:

“Todos ellos significan una sola cosa. Cuando está fluyendo, es ki, cuando está
concentrado, se le llama sei, y cuando su función es espiritualmente sutil, se le llama
shin.”14

Ese shin al que se hace mención es lo que en japonés moderno se denomina kokoro, y que reúne
significados y matices de corazón, mente y espíritu.
Y la concentración a la que hace referencia con el sei se consigue a través de un punto clave en la
concepción de la energía y el cuerpo; la respiración. En cierto sentido, la respiración es el ki, o al
menos su trabajo es el camino para alcanzar un conocimiento del ki. Las artes marciales
profundizan, por influencia de las prácticas energéticas, en este terreno. De los muy variados
métodos y ejercicios respiratorios del qui gong, la tradición japonesa, en búsqueda de una
simplicidad práctica (que en absoluto es sencillez) se centra en tres o cuatro variantes y una sola
focalización, el hara, por contraposición a los tres t´an tien chinos (uno de los cuales coincide con
el mismo).

Uno de los más graves problemas al hablar de hara es la necesidad de una comprensión
experiencial, una sensación personal de lo que es y de la energía que puede liberar.
El hara se sitúa en el bajo abdomen, conectando el kikai tandem por delante, el koshi por detrás, y
llegando hasta la musculatura perineal por abajo. Un error muy común es pensar que el hara es sólo
el kikai tandem. Es el centro de trabajo energético tanto en las artes marciales y la práctica de la
meditación sedente japonesa.

Una vez trabajada la propiocepción del movimiento pélvico, y memorizado motrizmente, y


aunque siempre habrá lugar para seguir mejorando, el artista marcial debe concentrarse en lograr un
conocimiento del trabajo energético desde el hara, unificando respiración, tensión muscular y
movimiento pélvico. La potencia que se puede desarrollar con este trabajo supera, con mucho, la
potencia que se puede desarrollar con el trabajo meramente muscular o biomecánico, y es una
potencia que no se perderá con el declive físico de los años, sino que, al contrario, podrá seguir
incrementándose. Pero no es una potencia que se pueda conseguir desarrollar en un plazo corto de
tiempo, se necesitarán muchos años para empezar a sentirla, otros tantos para controlarla y toda la
vida para perfeccionar este control.

Hay un punto muy importante a la hora de "delimitar" el hara, y es la concepción no-


dualista del cuerpo y la mente de la cultura en la que nace. El hara no puede ser meramente la esfera
comprendida entre el koshi, el kikai tandem y la zona perineal; ha de ser también el conjunto de
sensaciones y emociones, que surgen de él. Los japoneses expresan que alguien está enfadado con
un hara ga tatsu o “ha levantado su hara”, y a la persona tranquila y paciente con un "hara ga ooki"
o tiene el hara grande.

Lo que el hara es lo es en un sentido somatoemocional (esto es, corporeo-sensitivo-emotivo) y


como tal debe trabajarse.

14 El Denshûroku de Wang Yangming en Op. Cit. pp. 77


Cuando hablamos de la concepción del cuerpo en las artes marciales, hay que resaltar dos
puntos, íntimamente relacionados: la concepción no dualista del cuerpo y la unidad cuerpo-mente
como una tarea y no un estado, concepto o postulado.

No existe la delimitación clara y distinta del cuerpo y la mente, el objeto y el sujeto, que sí
subyace a buena parte de la tradición de pensamiento europeo. Cuerpo y mente son partes en
necesaria relación, que se constituyen mutuamente. Shinshin ichinyô cuerpo y mente, una realidad.

“Las teorías occidentales del cuerpo y la mente han sustentado fuertemente la actitud
de preguntar teoréticamente cuál es la relación entre el cuerpo y la mente, mientras
que la teoría oriental toma la actitud de preguntarse como la relación cuerpo-mente
llega a ser o cambia a través del entrenamiento y la práctica. Y basándose en como la
relación se desarrolla a través de la práctica, la teoría pregunta cuál es la relación
original entre cuerpo y mente.”15

Hay por lo tanto una unidad entre el cuerpo y la mente; pero esta no se da sin más, no es un
postulado asumido sobre el que hay que trabajar teórica y prácticamente. La unidad del cuerpo y la
mente es una labor que lleva toda una vida de entrenamiento, de trabajo, y que se plasma en las
expresiones artísticas más elevadas. Es el nivel más alto en las artes marciales: cuando la mente y el
ki se unifican, la mente puede sentir el ki y el cuerpo lo deja fluir libremente, y la técnica surge
perfecta, sin necesidad de una preparación consciente.

Desde la filosofía europea, especialmente la llamada “continental” por contraposición a la


desarrollada en Gran Bretaña y Estados Unidos, se han desarrollado líneas que rescatan posiciones
muy interesantes sobre el cuerpo, que arraigan en tradiciones griegas, como la epicúrea, enlazando
con autores tan sugerentes como Montaigne, y que entran en la modernidad de la mano de autores
siempre rodeados de polémica como Nietzsche. Tratan, estas posturas (entre las que podríamos
situar a autores como Focault o Deleuze, o en España, Emilio Lledó) de recuperar un cuerpo no-
dualista, apartado de concepciones mortificadoras de la carne. Son propuestas sin duda sugerentes,
pero, cuando la filosofo europeo afirma “pensar desde el cuerpo” ¿Desde qué cuerpo piensa? ¿Qué
puedo pensar desde el cuerpo si ni tan siquiera me reconozco a través de él? La idea se ha abstraído
del cuerpo, dejando un cuerpo fofo y vacío. Al tratar de devolverla, lo hace ya a un cuerpo
decrépito, mutilado, encorvado o desmesurado. Se ha cosificado el cuerpo durante demasiado
tiempo para recuperarlo por un simple postulado teórico. Es necesaria la regeneración de métodos
de autoconocimiento del cuerpo, más allá de la simple afirmación de la necesidad de concebirlo de
esta o aquella manera. Si el cuerpo es una elaboración permanente, es necesaria una guía práctica de
como ser autoconscientes de dicha elaboración, y dotarnos de capacidad de elección para
elaborarnos.

La antropología del cuerpo en las artes marciales nos revela una concepción radicalmente
distinta, y una serie de métodos, de prácticas, que nos llevan a entender, sin los que nos es imposible
entender, por carecer de referentes experienciales compartidos, una nueva concepción del cuerpo.
Una concepción, además, que se ha introducido de una manera sutil en nuestra sociedad, a través de
las artes marciales, y que nos es necesario señalar para ser conscientes de ella. Quizás con el tiempo
las artes marciales nos proporcionen a los que las practiquemos la materia prima con la que elaborar
nuestro cuerpo, y desde él, repensar la filosofía.

15 Cursivas incluidas en el texto original. Op. Cit. pp.64


Selección bibliográfica

AA. DD. Editado por Bennett, Alexander Budo: Perspectives volume one, kendo world publications Ltd.
Auckland, Nueva Zelanda, 2005.
Chih-i, traducción, notas, prólogo y artículo Masiá Clavel, Juan, Pararse a contemplar, Manual de
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