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María Adalgisa Baez 2012-3101

Silvia Batista

Psicología Clinica II

Modelo de Intervención en Crisis

Jueves 26 de Abril del 2018


Introducción

La intervención en crisis es un proceso que busca influir activamente en el funcionamiento


psíquico de una persona durante un periodo de desequilibrio para aliviar el impacto
inmediato de los eventos estresantes, y ayudar a reactivar las actividades afectadas por la
crisis, La evaluación e intervención adecuadas son esenciales para garantizar la seguridad
del paciente y de terceros, ayudarlo a afrontar eficazmente el problema, y empoderarlo para
hacer frente a futuros acontecimientos vitales de manera eficaz en el presente trabajo tratare
de explicar cómo influye la psicología clínica en crisis.

Desarrollo del tema


La intervención en crisis es un proceso que busca influir activamente en el funcionamiento
psíquico de una persona durante un periodo de desequilibrio para aliviar el impacto
inmediato de los eventos estresantes, y ayudar a reactivar las actividades afectadas por la
crisis. La evaluación e intervención adecuadas son
esenciales para garantizar la seguridad del paciente
y de terceros, ayudarlo a afrontar eficazmente el
problema, y empoderarlo para hacer frente a futuros
acontecimientos vitales de manera eficaz.
Se estima que 4% de las consultas a médicos de
atención primaria tienen que ver con crisis
psiquiátricas o sociales causadas por eventos
estresantes agudos.

El modelo de intervención en crisis surge a partir de


unos estudios sobre como las personas sufren y
afrontan situaciones de catástrofe o de extrema
tensión. Según Payne la intervención en crisis es
"una acción clásica que consiste en interrumpir una serie de acontecimientos que
provocan anomalías en el funcionamiento normal de las personas". Este modelo se basa
en la psicología del yo, en la teoría del estrés, la teoría del aprendizaje, la teoría del rol y la
teoría de la homeostasis (entre otras).

La crisis es definida por Du Ranquet como: "estado de conmoción, de parálisis en una


persona que sufre o ha sufrido un gran shock. Sobreviene cuando el estrés actúa sobre un
sistema y requiere un cambio que se sitúa fuera del repertorio habitual de respuestas. La
persona o la familia se encuentra ante un obstáculo que no pueden superar por sus propios
medios".

Este modelo se basa en la psicología del yo, en la teoría del estrés, del aprendizaje, del rol
y la teoría de la homeostasis. Una crisis es un estado temporal de trastorno y
desorganización, caracterizado principalmente, por la incapacidad del individuo para
abordar situaciones particulares utilizando métodos acostumbrados para la resolución de
problemas y por el potencial para obtener un resultado radicalmente positivo o negativo.
La crisis puede ser de dos tipos: Desarrollo o Evolutivas: (Que son esperables o
Previsibles): esta se clasifica en las de maduración; es el paso de una fase de la vida a otra,
ej.: la adolescencia y las de transición; son los cambios de roles sociales, ej.: nacimiento
del primer hijo. Circunstanciales: (Que son imprevisibles, accidentales o inesperadas):
provocadas por situaciones inesperadas como la muerte, catástrofes o crisis económicas.

Un modelo de seis pasos para la intervención en crisis es un marco que los refugios pueden
implementar para responder a una crisis. El modelo se centra en escuchar, interpretar y
responder de forma sistemática para asistir a la mujer o niña a regresar a su estado
psicológico previo a la crisis en la medida de lo posible. Se pone énfasis en la importancia
de escuchar y evaluar a lo largo de cada paso, y los primeros tres pasos se focalizan
específicamente en estas actividades en lugar de ir a la acción. En todo momento, cualquier
eventualidad que represente un riesgo de que la mujer resulte herida o asesinada debe
abordarse inmediatamente.

Crisis

Es la interpretación de un evento o situación como una dificultad intolerable, que sobrepasa


los recursos y los mecanismos de afrontamiento de una persona. A menudo no es el evento
por sí mismo lo que causa la crisis, sino que es la percepción del evento por parte del
paciente. Las personas que son incapaces de utilizar estrategias de afronte adecuadas
pueden desarrollar manifestaciones afectivas, conductuales, cognitivas o físicas.
Las crisis son usuales en la emergencia psiquiátrica ya sea bajo la forma de intentos
suicidas, consumo de sustancias adictivas, actos violentos u otras formas que requieren
manejo psicoterapéutico acompañando al tratamiento farmacológico. Dado que algunas
veces se confunde entre estrés y crisis, vale aclarar que la principal diferencia es que la
crisis es producto de un evento puntual, mientras que el estrés puede presentarse de manera
continua.

Tipos de crisis:

Coinciden los dos autores en clasificar las crisis en dos


categorías: Previsibles e imprevisibles. Payne nos
habla concretamente de "incidentes peligrosos" que
desencadenan las crisis, los cuales pueden ser
previsibles o imprevisibles, mientras que Du Ranquet
de una clasificación de las crisis según los "factores de
estrés" que la han provocado.

Teniendo en cuenta esto: Du Ranquet distingue dentro de la primera categoría, las crisis
de maduración y las de transición. Las primeras se refieren al paso de una fase de la vida
de un individuo a otra, por ejemplo la adolescencia. Las de transición se refieren a un
cambio de los roles sociales, por ejemplo la espera del nacimiento del primer hijo. Las
crisis imprevisibles son las provocadas por situaciones inesperadas como la muerte, las
catástrofes o las crisis económicas.

Intervención clínica:

1. Tranquilizar, dar apoyo al paciente y formar una alianza


El primer paso es tranquilizar al paciente recalcando que se encuentra en un medio seguro
para referir su preocupación actual y que el médico estará disponible para ayudarlo a lo
largo de la crisis. Si el paciente está angustiado, se puede usar técnicas de respiración
profunda y enfoque en el problema.

La actitud de escucha, validación, comprensión y apoyo del personal de salud contribuye


a disminuir la intensidad emocional y así reorientar las energías al enfrentamiento de la
situación. La validación de la experiencia no significa necesariamente que el médico esté
de acuerdo con la percepción y la respuesta a la crisis del paciente. Por otra parte Se debe
clarificar y amplificar la situación al paciente, sin que el médico imponga su opinión.
Se va estableciendo una relación con el paciente escuchándolo activamente (con preguntas
abiertas, declaraciones, etc.) y, si procede, aplicar técnicas no verbales (por ejemplo,
hablarle al nivel de los ojos o inclinarse hacia adelante). La OPS ha desarrollado una guía
práctica de salud mental en caso de desastres donde se señala algunas actitudes de la
persona que va a asistir.

2. Evaluar la severidad de la crisis y el estado del paciente

Este paso generalmente se realiza durante los primeros minutos del encuentro, escuchando
al paciente y conduciendo la entrevista con el fin de obtener información.

Se debe evaluar la gravedad de la crisis y el estado mental, psiquiátrico, homicida o suicida,


y médico del paciente. En el caso de pacientes que presentan crisis suicidas se debe evaluar
además los factores asociados a mayor riesgo suicida. Los factores de riesgo incluyen
antecedente de autoagresión, historia de conducta criminal, historia de abuso infantil o
haber sido testigo de violencia doméstica, C.I bajo, trastornos neurológicos, hostilidad,
abuso o dependencia de sustancias, delusiones de daño y enajenación del pensamiento. En
el examen mental se debe evaluar el aspecto general, conducta, lenguaje, pensamiento,
juicio, y afecto del paciente, así como el uso de sustancias que puedan interferir juicio.

La depresión, esquizofrenia, trastorno bipolar, trastorno de personalidad limítrofe, y el


abuso o dependencia de sustancias aumentarán en gran medida el riesgo suicida.
De ser necesario se deberá contactar a un familiar o amigo cercano para recoger
información adicional y para garantizar la seguridad del paciente y un seguimiento
adecuado.

3. Asegurar la seguridad del paciente y de otras personas

El médico debe garantizar la seguridad del paciente y de terceros, en ese sentido debe
considerar la hospitalización en aquellos pacientes con crisis suicidas y que tienen
comorbilidad con problemas médicos o psiquiátricos, historia de violencia o intentos de
suicidio previos serios, pobre respuesta al tratamiento ambulatorio, o pobre soporte familiar
o social. En caso se decida el alta, el paciente debe salir con un familiar o amigo cercano.

Los pacientes con ideación suicida crónica, sin un historial de intentos suicidas
médicamente serios y que a juicio del médico no se encuentran en peligro pueden ser
seguidos ambulatoriamente, siempre y cuando tengan buen soporte y puedan colaborar con
el plan terapéutico. En estos pacientes se debe programar una cita cercana.

Es necesaria la orientación a los familiares y amigos para que dejen fuera del alcance del
paciente armas de fuego y fármacos potencialmente peligrosos. La vigilancia del paciente
es esencial, modificando el plan de acción según sea necesario.

Si el paciente tiene riesgo homicida, el médico debe velar por la seguridad del paciente y
de las posibles víctimas, pudiendo ser necesaria la hospitalización del paciente. Las clínicas
deben establecer políticas y procedimientos para el manejo de pacientes agitados o
peligrosos, y deben proporcionar formación al personal.

4. Desarrollar un plan de acción

Cuando hablamos de la intervención en sí misma hay algunos autores que la dividen en


primeros auxilios psicológicos y en terapia para crisis. Los primeros auxilios psicológicos
tienen que ver con el primer contacto del paciente con un personal de salud, mientras que
la terapia para crisis ocurre en segunda instancia en la atención de la crisis y se desarrolla
en un número limitado de sesiones. En esta revisión nos ocuparemos de la primera atención
a la persona que ha presentado una crisis.

El objetivo central de la intervención es preservar la vida, evitando o disminuyendo el


potencial daño físico a sí mismo o a otras personas, para ello se ayuda al paciente a
desarrollar una respuesta constructiva a la crisis. Hay que hacer hincapié que aunque el
paciente no pueda controlar el evento que precipitó la crisis, si pueden controlar la
respuesta a la misma.

En primer lugar se ayuda al paciente a disminuir la angustia. En esta instancia se puede


utilizar métodos de relajación. Las técnicas como respiración profunda y relajación
muscular pueden facilitar el autocontrol de las manifestaciones fisiológicas y las
emociones, así como permitir que el paciente se centre en tomar medidas activas para
afrontar con éxito la crisis.

Los pacientes que presentan ansiedad aguda, insomnio, y dificultad significativa del
funcionamiento diario pueden beneficiarse de terapia farmacológica de corto plazo o
intermitente dirigida a síntomas específicos, como los ansiolíticos para la ansiedad o
hipnóticos para el insomnio. En pacientes con psicosis aguda, agresividad, agitación o
disforia intensa se debe considerar el uso de antipsicóticos intramusculares. Las
benzodiacepinas no se recomiendan como monoterapia en pacientes con trastorno de estrés
postraumático debido a que la suspensión se ha asociado con exacerbación de los síntomas.

En segundo lugar se ayuda al paciente a buscar opciones para hacer frente a la crisis. Con
la participación del paciente se identifica las soluciones alternativas, analizando los pro y
contra, así como los obstáculos para alcanzarlas, lo que deriva en una jerarquización de
soluciones. La ejecución de un plan concreto depende del estado de la persona, si está muy
afectada la capacidad de decisión se puede asumir un papel directivo, adoptando las
decisiones del caso y comprometiendo en ello a una persona responsable. Si el paciente
está menos comprometido y puede asumir un plan, el rol del médico será el de facilitador
brindando información conveniente.

Se desarrolla un plan de acción específico que incluya una lista breve de pasos realistas,
concretos y positivos que el paciente puede comenzar a aplicar inmediatamente. El uso de
"tareas" que impliquen la recolección de información adicional sobre el tema de
preocupación, auto-monitoreo de síntomas, pensamientos o actividades; identificación de
fortalezas y la práctica de nuevas conductas de afronte pueden empoderar al paciente para
tomar decisiones en lugar de sentirse desvalidos.

Por último, se debe pedir al paciente que a resuma el plan y que se comprometa a llevar a
cabo uno o más pasos, además es necesario prevenir al paciente contra el uso de estrategias
de afronte negativas como la negación, evitación, aislamiento o dependencia de sustancias.
Las estrategias de afrontamiento perjudiciales también incluyen el uso de procesos
cognitivos negativos como el pensamiento catastrófico, lo que puede aumentar la ansiedad
del paciente y anular los esfuerzos de por solucionar el problema. Se debe orientar al
paciente para reconocer tales procesos de pensamiento, detenerlos y sustituirlos por otros
más racionales y equilibrados. Puede ser útil pedir al paciente que recuerde estrategias que
le han funcionado en el pasado para aplicarlas en el problema actual, asimismo se le puede
pedir al paciente identificar puntos de apoyo como la familia o amigos.

5. Seguimiento

Es importante verificar el estado del paciente y reforzar su esfuerzo. La prontitud de la cita


debe ser determinada por la gravedad del problema y la confianza que el médico tiene en
el paciente y en el plan. El seguimiento conecta al paciente con una fuente de ayuda,
además mejora la probabilidad que continúe el plan de acción.
Durante el seguimiento, se debe evaluar el progreso en relación con el plan específico de
acción y debe reforzar incluso los pequeños avances terapéuticos. El refuerzo del éxito
incrementa la resiliencia del paciente, lo que le permite manejar futuras situaciones de
crisis con más éxito.
El modelo comprende los siguientes pasos:

Definir el problema para entenderlo desde el punto de vista de la mujer. Esto requiere usar
habilidades básicas de escuchar, empatía, sinceridad y aceptación.

Garantizar la seguridad de la mujer. Es necesario mantener la seguridad [de la mujer]


continuamente en el primer plano de todas las intervenciones. Esto significa evaluar
constantemente la posibilidad de que [la mujer] u otros corran peligro físico o psicológico.
Evaluar y garantizar la seguridad son actividades permanentes en el proceso de
intervención en crisis.

Brindar apoyo, transmitiendo que se ocupa [de la mujer] y dándole apoyo emocional así
como instrumental e informativo.

En los pasos 4, 5 y 6 se utilizan estrategias de acción, pero si la mujer no puede participar,


será necesaria una ayuda más directiva para que [ella] movilice su capacidad de
afrontamiento. Las técnicas de escucha son parte importante de estos pasos, y la función
de la orientadora será no directiva, colaborativa o directiva, dependiendo de la evaluación
de la mujer.

4. Examinar alternativas, que pueden estar basadas en tres posible perspectivas: a) apoyar
[a la mujer] para que evalúe [sus] recursos situacionales, o las personas conocidas [de
ella] del presente o el pasado que pueden preocuparse por lo que le sucede [a ella]; b)
ayudar [a la mujer] a identificar mecanismos de afrontamiento o acciones, conductas, o
recursos ambientales que pueda usar para ayudarla a atravesar la crisis actual; y c) ayudar
[a la mujer] a examinar sus patrones de pensamiento y, si es posible, encontrar formas de
reenfocar su situación para alterar su visión del problema y así disminuir su nivel de
ansiedad.

5. Trazar un plan dirigido por la mujer, que sea muy detallado e incluya a las personas,
grupos u otras referencias que se puedan contactar para pedir apoyo inmediato.
Proporcionar mecanismos de afrontamiento y medidas de acción concretas y positivas para
que la mujer tome en el presente. Es importante procurar que la planificación se haga con
la mayor colaboración posible [de la mujer] para asegurar que ella tenga un sentido de
propiedad del plan. Es importante que no se sienta privada de su poder, independencia, o
autorrespeto. Los elementos más importantes de la planificación son los sentidos de control
y autonomía de la mujer. La planificación tiene el objetivo de que ella se sobreponga a
corto plazo para lograr algo de equilibrio y estabilidad.
6. Obtener compromiso. El control y la autonomía son importantes para el último paso
del proceso que comprende pedirle [a la mujer] que resuma verbalmente el plan. En algunos
incidentes que involucran letalidad, ambas personas escriben y firman el compromiso. El
objetivo es ayudar [a la mujer] a que sea capaz de cumplir con el plan, y dar los pasos
positivos necesarios para restablecer el estado de funcionamiento previo a la crisis. Los
compromisos adquiridos [por la mujer] deben ser voluntarios y realistas. Un plan que ha
sido desarrollado solo por el personal será ineficaz.

La intervención en crisis consta de varias fases:

El primer paso necesario para una intervención en


situación de crisis es la creación de una relación de
confianza. Para esto se llevara a cabo una escucha
empática que permita expresarse al cliente con
libertad, técnicas de reformulación que verifiquen la
información, y una primera evaluación del grado de
tensión, la percepción de la realidad etc… "el cliente
necesita recobrar la esperanza en la posibilidad de
mejorar su situación y en su capacidad de llevar a
cabo las tareas para necesarias para ello (…) El
factor estimulación, u optimismo terapéutico, tiene un
impacto directo sobre el proceso y el resultado del
tratamiento”.

El segundo paso consiste en centrarse en la situación. "Una vez que la tensión emocional
ha disminuido, el trabajador social se concentra con el cliente en lo que el problema
plantea aquí y ahora". El tercer paso es intentar que la persona vea su situación de la forma
más realista posible, para esto aconseja al trabajador social "hacer partícipe a su cliente de
las hipótesis que él formula respecto a la crisis y sus componentes y esto en un lenguaje
accesible.". En el último paso de esta primera fase, lo importante es empezar a pensar
soluciones para cada problema. Para este momento es útil el Contrato, por medio del cual
se precisan las expectativas, y los compromisos. También se aconseja establecer límites en
el tiempo.

La fase Intermedia se basa lo que las personas suelen realizar espontáneamente para
resolver una crisis. En el primer paso "el trabajador social ayuda al cliente a encontrar las
conductas que ha sabido utilizar en el pasado y que, retomadas o modeladas, podrán
responder a la situación actual utilizará técnicas con fuerte componente pedagógico:
dirección por anticipación, repetición o juego de rol con vistas a una acción proyectada,
aprendizaje de nuevas técnicas sociales y relacionales, entrenamiento para prever y
anticipar etc…". En el tercer paso que consiste en buscar ayuda del entorno hay que buscar
la red social, familia, amigos etc… así como aprovechar la ayuda mutua que se puede dar
en grupos informales o asociaciones. "El punto fuerte de la red de ayuda mutua es que
permite observar cómo otro ha hecho frente al problema e identificarse con una persona
que proporciona, con un modelo de rol, la esperanza y la información necesarias"

En la última fase es importante establecer el fin del tratamiento cuando la persona sea
capaz de conducir por ella misma su propio crecimiento. "La intervención en situación de
crisis confía en el poder de recuperación natural de la persona".
Opinión personal
El modelo de intervención en crisis me ha enseñado que existen el tipo de personas que
aun sabiendo que necesitan una ayuda profesional para la mejora de su vida se rehúsan a
aceptarla y evitar con ello muchos problemas que se le puedan presentar en su diario vivir,
tambien debo de mencionar que este modelo solo busca la mejora de la vida de muchas
personas que necesitan una intervención clínica en su vida.

Este modelo busca evitar la psicología del yo, que es el tipo de ego elevado con el que
cuentan algunas personas sin saber que esto solo les afecta a ellos mismo y a las personas
que más le quieren, es en este sentido que debemos de mejorar esta psicología y si contamos
con alguien en nuestra familia que se encuentre en esta situacion darle todo el apoyo que
se le pueda brindar para que cambie su parecer o forma de pensar.
Conclusión

En este satisfactorio trabajo ya llegado a su fin cabe destacar que un modelo de intervención
en crisis es de mucho provecho para una persona que lo requiera y que se dé cuenta de en
verdad lo necesita ya que es de gran apoyo para la mejora de su vida y la las personas que
la rodean.
Bibliografía

Aliaga K, Guillén R, Quispe F, Robles Y, Solis R, Valencia E, Vargas E. Guía de práctica


clínica para la intervención psicológica en crisis. Colegio de Psicólogos del Perú 2008.

Kavan M, Guck T y Barone E. A Practical Guide to Crisis Management Am Fam Physician


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Mendoza C. Intervención en Crisis. En: Psiquiatría. Alarcón R, Mazzotti G, Nicolini H. 2º


Edición. El Manual Moderno 2005.

Organización Panamericana de la Salud. Guía práctica de salud mental en situaciones de


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