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LA IGLESIA DE LOS FILIPENSES: UNA IGLESIA EJEMPLAR

Por: Luciano Grillo Gutiérrez


La iglesia de los filipenses fue organizada en una manera singular, diferente a las
otras iglesias que el apóstol Pablo fundó.
El evangelista Lucas nos narra los sucesos ocurridos durante la estadía de Pablo
en la ciudad de Filipos en su segundo viaje misionero (Hch 16.11-32).
Filipos era la principal ciudad de Macedonia (v. 12), poblada por ciudadanos
romanos, quienes gozaban de privilegios especiales, por disposición del césar
Octavio Augusto. En esta ciudad se predicó por primera vez el evangelio, siendo
esta ciudad la puerta de entrada para la predicación de las buenas nuevas en
Europa.
La iglesia de los filipenses llegó a ser muy amada por el apóstol Pablo. A esta iglesia,
que estuvo en el centro de su corazón, Pablo le escribe una carta que es la más
personal de cuantas poseemos del apóstol, en la cual predominan dos notas
importantes: 1) el gozo que caracteriza a una fe madura, y 2) el amor de Pablo a la
iglesia de Filipos. Es también el testimonio de una sentir gozoso y de mutua gratitud:
de Pablo hacia los filipenses, que lo habían socorrido en momentos muy difíciles
para él; y de los filipenses hacia Pablo, agradecidos por la labor que entre ellos
había realizado.
Esta iglesia no fue una iglesia exclusiva, fue más bien una iglesia inclusiva la cual
se forma con los primeros convertidos en Europa: Lidia y su familia (Hch 16.14-15);
la muchacha esclava que tenía espíritu de adivinación, la cual fue liberada (Hch
16.18-19); el carcelero de Filipos y su familia (Hch 16.30-34).
Esta iglesia surge como consecuencia a la sumisión de Pablo a la soberanía del
Espíritu Santo. En Hechos 16.6-10 el escritor sagrado nos muestra que el Espíritu
Santo le prohibió a Pablo hablar la Palabra en Asia Menor. Estando Pablo en Troas,
una noche tuvo una visión en la cual un varón macedonio le ruega pasar a
Macedonia para ayudarles. Pablo, dando por cierto que Dios lo llamaba para que
anunciara el evangelio en ese lugar, va inmediatamente.
En esta naciente iglesia encontramos representantes de los tres grandes grupos
sociales en que se halla dividida la humanidad: la clase alta, la clase media, y la
clase baja.
La clase alta está representada por Lidia y su familia; la clase media está
representada por el carcelero y su familia; y la clase baja está representada por la
muchacha esclava (que fue liberada del espíritu de adivinación), y por los que
servían en la casa del carcelero.
A pesar de que los primeros miembros de esta naciente iglesia pertenecían a las
tres grades clases sociales, éstos aprendieron a vivir en armonía y unidad, en un
estrecho vínculo de amor, siendo de esta manera la respuesta a la oración y ruego
de Jesús de que todos los suyos sean uno para que el mundo crea (Jn 17.11, 21).
Pablo a los Gálatas les escribe: "Así que no importa si son judíos o no lo son, si son
esclavos o libres, o sin son hombres o mujeres. Si están unidos a Jesucristo, todos
son iguales" (3.28 TLA).
Si bien es cierto que los miembros de la iglesia de Filipos reconocían que todos eran
uno en Cristo y que no debían haber diferencias o exclusiones por motivos raciales
o de clase, también reconocieron y aceptaron los niveles de autoridad eclesiástica
en la iglesia: obispos y diáconos, trayendo de esta manera bendición a la iglesia y
Pablo se los hace saber en su carta.
Pablo no les escribe a los filipenses para llamarles la atención por problemas que
hayan surgido en el seno de la iglesia, como sí lo hace con la iglesia de Corinto, la
cual le dio muchos dolores de cabeza al apóstol. La iglesia de Corinto se había
dividido en cuatro grupos y confrontaban muchos problemas de comportamiento,
así como éticos y un caso de inmoralidad sexual no juzgado.
La iglesia de Filipos es un ejemplo de unidad, de fidelidad al Señor y sometimiento
a la palabra de Dios. Encontramos aquí un excelente crecimiento en la gracia y una
especial y significativa observancia de un balance insitucional mediante el respeto
y reconocimiento de los niveles de autoridad eclesiástica.
La iglesia de los filipenses no fue una iglesia exclusiva, es decir que sólo recibía en
su membresía a determinadas personas y excluía a otras. Filipos fue una
iglesia inclusiva que con los brazos abiertos recibía en su seno a todos los nuevos
creyentes. Debemos mirar constantemente con mucha atención a esta iglesia e
imitarla.
La Iglesia del Señor debe ser siempre una iglesia inclusiva que reciba en su seno a
todos los que han sido perdonados de sus pecados, como también mantener sus
puertas siempre abiertas para recibir a aquellos que vagan por doquier buscando
paz para sus almas y no la hallan. Que Dios, nuestro Señor, cierre nuestros ojos a
la discriminación racial y de clase.
Jesús nunca hizo acepción de personas. Él sirvió sin mirar a quien. Allí lo
encontramos las necesidades de sus conciudadanos, ricos o pobres. También
atendió las de los extranjeros como la mujer siro fenicia, o del soldado romano que
solicitó ayuda para su siervo que estaba gravemente enfermo.
Si somos seguidores de Jesús debemos cerrar nuestros ojos a la discriminación
racial, o de cualquier otro tipo. Debemos amar a todos así como Él nos amó. Dios
ama al pecador, y su anhelo es que nadie se pierda, sino que todos procedan al
arrepentimiento.
La iglesia de Filipos no sólo fue una iglesia inclusiva que respetaba y reconocía los
niveles de auroridad eclesiástica y sabía vivir en armonía, sino que también fue una
iglesia que compartió para las necesidades de los santos. Pablo hace mención de
esto en el capítulo 4.10-19: «Tuve mucho gozo en el Señor cuando vi florecer en
ustedes esa preocupación por mí. En realidad, ustedes pensaban en mí: solamente
hacía falta una ocasión. No digo esto por estar necesitado; en efecto, aprendí a
acomodarme con lo que tengo: Sé pasar privaciones, como vivir en la abundancia:
Estoy entrenado para cualquier momento o situación: estar satisfecho o hambriento,
en la abundancia o en la escasez. Todo lo puedo en Aquel que me fortalece.
Sin embargo, hicieron bien al compartir mis pruebas. Filipenses, ustedes lo saben:
en los principios del Evangelio, cuando me alejé de Macedonia, ninguna iglesia me
abrió una cuenta de gastos e ingresos; solamente ustedes lo hicieron que, durante
mi permanencia en Tesalónica, me mandaron dos veces todo lo que necesitaba.
Desde luego no estoy buscando regalos; más me interesa que la cuenta de ustedes
vaya subiendo. Por el momento, tengo todo lo que necesito, y más de los que
necesito. Tengo de sobra con lo que Epafrodito me entregó de parte de ustedes, y
que recibí como esos sacrificios "que agradan a Dios y cuyo olor sube hasta Él".
Estoy seguro que mi Dios proveerá a todas las necesidades de ustedes, según su
riqueza y generosidad en Cristo Jesús.» (La Biblia Latinoamérica).
Que en esto también imitemos a la iglesia de Filipos. Que aprendamos a suplir las
necesidades de aquellos que Dios ha llamado para ser sus ministros, así como
también atender las necesidades de los pobres, viudas y huérfanos como lo hacía
la Iglesia Primitiva. Dios bendice a la iglesia que está siempre dispuesta a dar, aún
con sacrificio.