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I
i .
*
lliNlíluto de Investigaciones
I M losé María Luis Mora

Him ili- Oortari Rabiela


I Hivctor general

Ilugo Vargas Comsille


i u n aliñador de publicaciones

iVlinuru edición, 1994


t ' I •' i i-i líos reservados
' iMiliiimcn la ley, 1994

llinlllulo de Investigaciones
11| losé María Luis Mora
I'Iii/ ii Valentín Gómez Farias 12,
inn Juan Mixcoac
Mi'xlco, 03730, D.F.

INIIN 968-6914-11-0

llll|Ki'so en México
l ‘Will'd in Mexico
índice

Agradecimientos j

Presentación
Graciela de Garay

¿Que es la historia oral?


Ma. del Carmen Collado Herrera

Sobre los problemas y métodos de la historia oral


Jorge E. Aceves Lozano

Conversación única e irrepetible: lo singular


de la historia oral
Mario Camarería Ocampo
Gerardo Nccocchea Gracia

Metodología y. práctica de la entrevista


Graziella Altamirano

Historia oral de la gente común, una posibilidad


en la historia urbana
Leonor Correa Etclicgaray
Patricia Pensado Leglise
i

I ii historia oral: una alternativa para estudiar


n Iiin mujeres
Ana Lau Jaiven 90

1 ii historia oral de las elites


Graciela de Garay 102

ll'.loria videoral. Potencialidades


*>il lela de juicio
Ma Lourdes Roca 112
\
Agradecimientos

El proyecto de Historia Oral agradece a las maestras Aurora Loyo


y Dolores Pía la lectura crítica del texto que ahora se presenta. Un
reconocimiento a los correctores de estilo Patricia Escandón y
Gustavo Villalobos. La gratitud de los autores a Alicia Moreno
Sánchez por el trabajo de capturar incomprensibles caligrafías.
Nuestro aprecio a los alumnos del Taller de Historia Oral por
compartir con nosotros sus inquietudes y comentarios.

7
Presentación

Decir que la historia se moderniza porque ahora se hace con un


equipo sofisticado que incluye un micrófono, una grabadora y, en
el mejor de los casos, una video y una computadora de gran memoria
y velocidad, es referir sólo una parte de la historia.
Los avances en la ingeniería de sonido, de imagen y de sistemas,
han permitido registrar y escribir con mayor fidelidad las vivencias
que a diario relatan los testigos y actores del acontecer contemporá­
neo. Paradójicamente, con la tecnología más avanzada el historiador
actual rescata al personaje más antiguo de la historia: al “contador de
historias”, responsable de constmir las identidades de los pueblos.
Con estos cambios en la forma de hacer y producir historia, la
posibilidad narrativa interesó de nueva cuenta a la gente ansiosa de
contar y de escuchar historias. La relación narrador-cscuclia que,
según Walter Benjamin, había desaparecido con el surgimiento de
la novela, renació en el primer tercio del siglo xx con nuevos bríos
y grandes desafíos.
Indudablemente las opciones técnicas intensificaron las antiguas
inclinaciones humanas de platicary de oír de viva voz las anécdotas
más verdaderas o más dramáticas. Hacer una historia de carne y
hueso por fin estuvo al alcance de la mano y en la agenda de
proyectos de algunos atrevidos investigadores.
Pero los apoyos técnicos adoptados para fabricar esta historia,
aparentemente más real y creíble, no la lucían ni más auténtica ni
más atractiva a los ojos de los ortodoxos, que preferían las verdades
de los documentos escritos, resistentes a las deformaciones del
llnii|X) y de la frSgil memoria. Las emociones que acompañan a la
Inli raceión del narrador y del escucha, parecían contaminar de
Mullidos y significados a los supuestamente “ puros” hechos histó-
11<os que perseguía la historia científica. De esta manera, esa historia
que se reconocía como una “ nueva historia” por sus metas y
responsabilidades, ya fuera la de indagar otros aspectos y opiniones
del pasado o la de dar la palabra a los constructores silentes de la
experiencia humana, se antojaba poco académica para ingresar a la
mili-sala del conocimiento. Para los expertos era una práctica car­
nuda de los males de la vieja escuela, mucha “ literatura” y poca
tilMoria. El hecho histórico que se esperaba obtener del relato de
testigos directos era tan falso y desafortunado como el registrado
put las relaciones mal escritas y poco investigadas de los románti-
i u n , deslumbrados por las fantasías de sus interlocutores. La legi­
timidad de esa historia, que los pioneros llamaron historia oral, tuvo
que sufrir varios reajustes teórico-metodológicos antes de ser acep-
tada y comprendida en todas sus dimensiones por las modernas
11 a i lentes historiográficas dispuestas a escuchar a nuevos sujetos y
a nuevas historias.
I a verdad es que la entrada de la historia oral al campo de la
historia supuso un gran esfuerzo para sus promotores y para sus
i illlcos. Sus paladines construyeron argumentos para defender la
subjetividad del testimonio oral como la aportación más valiosa de
i 'lia narración, mientras sus detractores se empeñaron en subrayar
lii melevancia de su contenido, la no reprcscntatividad estadística
dr nii información y la naturaleza, siempre inadecuada, de los
a lunonios personales para explicarla historia. La lucha se exacer­
bó i nda día más y, tal vez, por varios años los historiadores orales
• pi idicron recogiendo relatos sin saber para qué, y los historiado-
nm ti adicionales subestimaron esos esfuerzos por su falta de método
i objetividad.
It acorrer esta larga experiencia de aciertos y desaciertos es contar
lu mía parte de la historia que en un principio nos pareció ausente
i o cía versión que se refiere a su modernización. Revivir esta
m i mura constituye el esfuerzo de este texto, que intenta familiarizar
d In lia con una primera definición de la historia oral, su método,
"Un ti'i nicas, sus aplicaciones, sus alcances y sus límites. La tarea
un c. de ninguna manera ociosa, ya que vincula al interesado con
la iiulrria en cuestión, con las herramientas más elementales de la
dim iplína para moverse en este campo, para plantear proyectos, para

III
saber que preguntar y qué esperar, para analizar el discurso y
valorarlo en su contexto; es el afán de hacer entender que la historia
oral puede, poruña parte, enseñar a preguntar para integrar archivos
de la palabra y, por otra, preparar para saber escuchar y poder
explicar. Es el empeño de mostrar que la historia oral trabaja con
representaciones del mundo apreciadles por sus significados cuali­
tativos más que cuantitativos, interesantes todos éstos como percep­
ciones que rescatan la subjetividad, la individualidad de los actores
y partícipes de la historia.
Pero esto no quiere decir que la historia oral tome un camino in­
dependiente y se aparte por completo de los logros metodológicos de
la historia tradicional. Los procesos de análisis y crítica de fuentes
son tan severos en la historia oral como en cualquier otra fuente do­
cumental. El historiador oral está obligado a estudiar la autenticidad
de su fuente, saber si el testigo que contesta sabe de lo que liabla, pues
es un hecho que alguien dispuesto a tablar no necesariamente es el
informante adecuado para la pregunta planteada. Todas estos consi­
deraciones conforman las inquietudes que desarrollan los autores del
texto que ahora presentamos, y esperamos entusiasme al alumno de­
seoso de conocer esta herramienta y práctica de investigación que, a
nuestro juicio, ilustra claramente las interrogantes del hombre del si­
glo xx. Por ejemplo, la necesidad de sabery de preguntar sobre lo vi­
vido al que lo vio y lo sintió más de cerca; de tener la fuente más
directo y de conocer esas partes oscuras que ni los documentos ni las
estadísticas permiten dilucidar. Es trascender los espacios impene­
trables de la vida que otra? ciencias sociales, con sus sofisticados ins-
tmmentos de análisis, intentan descifraren las almas de los hombres
y de la sociedad.

San Juan Mixcoac, octubre de 1993

Graciela de Garay
Instituto Mora

11
\
¿Qué es la historia oral?

Ma. del Carmen Collado Herrera


Instituto Mora

La historia oral ha sido definida por William Baum, uno de sus


estudiosos más conocidos, como una metodología utilizada para
preservar el conocimiento de los eventos históricos tal como fueron
percibidos por los participantes.1 De una manera más amplia, se la
podría definir como una metodología creadora o productora de
fuentes para el estudio de cómo los individuos (actores, sujetos,
protagonistas, observadores) perciben y/o son afectados por los
diferentes procesos históricos de su tiempo.
La historia oral construye estos testimonios mediante la técnica
de la entrevista. Su utilización por especialistas interesados en
obtener testimonios para la historia contemporánea es una actividad
circular, en tanto hay una retroalimentación que va del entrevistador
al entrevistado. Es decir, el investigador es quien pregunta, quien
pone un determinado orden, quien conduce el discurso liada sus
áreas de interés y hace hincapié en determinados aspectos, pero el
entrevistado, al elaborar su discurso oral, aporta nuevos elementos,
percepciones, acentúa aspectos distintos que modifican de continuo
las preguntas que originalmente se liabía propuesto hacer el entre­
vistador.
La historia oral no es un mero rescate que implica una acción
unilateral del investigador hacia el material, sino una creación.1

1 William Baum. Transcribing and editing oral history, American Association


for State and Local History, Nashville, 1977, p. 5.

13
• '
piuslo que en la elaboración del discurso oral se articulan cntrcvis-
inilnr/cntrcvistado y producen el testimonio.
I .a historia oral cs fundamental para cl análisis de la época
• nnlcmporánca cuando cl investigador busca testimonios distintos
■i los que proporciona el material documental. Así, construye las
vivencias y percepciones de actores sociales que, por distintas
inmiics, no las consignan en forma escrita, o procesos que por su
naturaleza tienen poca o nula presencia en los testimonios tradicio­
nales.
1.a entrevista oral en su forma más ortodoxa consiste en la gra-
bilt lón del testimonio de una persona que participó u observó un
mi nntcciniicnto o proceso de relevancia histórica para el investiga-
tlor.
I n historia oral, como metodología proveedora de materiales de
Investigación para la historia contemporánea, es interdisciplinaria,
vil que puede ser utilizada tanto por historiadores como por soció­
logos, antropólogos, politólogos, psicólogos, trabajadores sociales.
Mini stros, etc. Si bien cs cierto que en sus inicios norteamericanos
luí' utilizada sólo por historiadores, al difundirse por el resto del
inundo —particularmente en Europa y America Latina— empezó a
m i utilizada por diversos científicos sociales y miembros de la
limpia comunidad interesados en los aspectos sociales de la historia.
I I' aráctcr interdisciplinario de la historia oral ha sido resultado del
ni ni amiento de la historia hacia las ciencias sociales y las huma-
iiiiliides durante el presente siglo.
I s necesario señalar que existen al menos dos formas de cultivo
if la historia oral. La primera busca crear archivos de oralidad,
HiiiNlmir fuentes para la consulta de los interesados mediante el
di pósito de las entrevistas procesadas —de acuerdo con etapas
liiiniillinente definidas— en receptáculos adecuados para su con-
Hivnción. Este tipo de trabajo, que privilegia el procesamiento y
iin lilvo de la entrevista, no se interesa en el análisis y la utilización
i | i > ésta para una investigación histórica. La segunda, además de
illim arse a la recopilación de fuentes orales, acude a la consulta
ilr Ins mismos testimonios para la elaboración de una investiga-
i lón determinada. En este caso, el procesamiento y almacenaje de1

1 I ji escuela francesa de los Anales ha planteado con mayor claridad la interde­


pendencia de la historia y las ciencias sociales. Cfr. Fernand Braudel, La historia y
/n» i tondas sociales. Alianza Editorial, Madrid, 1979.
\
los testimonios no se apega necesariamente a los empleados en la
integración de los archivos orales. Sin embargo, a este respecto es
necesario llamar la atención de quienes utilizan esta última técnica
para que tomen conciencia de que, finalmente, no sólo están obte­
niendo materiales para su investigación particular en cuestión,
sino que simultáneamente pueden producir fuentes para los inves­
tigadores del futuro. Por ello, también la preservación de estos
materiales es crucial.3
Desde ahora es pertinente distinguir entre la tradición oral y la
historia oral. Si bien ambas derivan de la memoria colectiva, la
primera nace entra las sociedades para transmitir, de generación en
generación, ciertos mitos, leyendas, gestas o sucesos de la comuni­
dad, que le dan cohesión y forman parte de su autoconciencia. La
segunda, mediante la entrevista, busca y construye el testimonio
de actores u observadores directos de ciertos aspectos del aconte­
cer que son considerados importantes por el científico social. Es
decir, que la entrevista de historia oral demanda el testimonio del
actor, del que vivió desde diversos ángulos los procesos; requiere
de su memoria y percepción sobre determinados eventos pasados.
También es necesario marcar las diferencias entre la encuesta o
la entrevista sociológica y la historia oral. Para esta última la técnica
de muestreo carece de relevancia, no necesita de la construcción de
un universo representativo; ella decide a quién entrevistary estable­
ce sus redes de informantes con base en aspectos cualitativos, no
cuantitativos. Además, al contrario de la metodología de encuesta
y entrevista utilizada por la sociología, en historia oral la entrevista
no tiene cuestionarios rígidos, ni preguntas cerradas y, por lo
general, sobre todo si se trata de historias de vida, es muchísimo
más extensa.

Orígenes de la.hisloria oral

Los antecedentes de esta metodología pueden ubicarse en Estados


Unidos entre 1934 y 1935. En esos años se entrevistó a negros
sobrevivientes de la época esclavista en Kentucky, Indiana y estados

5 1.a técnica de la entrevista. Sus fases son abordadas por Graziella Altamirano
en otro capítulo de esta obra.

15
«■Iimin pata rescatar sas recuerdos; dicha experiencia fue uno de
iiiilim programas promovidos en la etapa del New Deal para crear
•mpli'ON,
i'uilerlormcntc, Alian Ncvins se dedicó a recoger testimonios de
IM|milimU‘s persoaalidades en distintos sectores de la sociedad nor-
•ftlIMMli ana por medio de entrevistas. En 1948 Nevins logró que su
Miiyri lo l ucra acogido por la Universidad de Columbia, Nueva York,
llMItltt no fundó el primer centro de historia oral. Aquí cabe señalar
pit mi un principio Nevins tomaba notas de sus entrevistas, pero que
i p ul o tli 1949 utilizó la grabación magnetofónica para preservar su
iinlmlnl Iil centro de la Universidad de Columbia, pues, se convirtió
0 un mchivo oral, responsable de recibir las grabaciones, transcri-
lltlllN v enviarlas al informante para su corrección. A partir de la
Mpmli ncia de Nevins se elaboraron las normas y la metodología que
n> linn t (invertido en las clásicas de la historia oral.
I n In década de los sesenta esta metodología se difundió mucho,
mu bu de ello fue la fundación de la Asociación de Historia Oral en
1'in / I n sus inicios, la corriente norteamericana se dirigió priorita-
llmiimile a la entrevista de líderes; con ello se intentaba establecer
)n' Inin de naturaleza política y social, esclarecer su contexto o el
(Mullirme en que se habían gestado. Sobre la experiencia de la reciente
■•Minuta guerra mundial, los trabajos de Historia oral demostraron
ipil' rn la toma de decisiones importantes, participaba un número
I min ve/, mayor de individuos, y que los cambios y políticas con
|i pi Mir.uincs para amplios sectores habían dejado de ser coto priva-
ii' «i ilt la interacción de elites.4 Por esta razón se abrió el campo de
ni iii|('Ios de entrevista a gente que no necesariamente ocupaba los
|iii«Mun o cargos máximos.
Al Institucionalizarse la historia oral en Estados Unidos, surgió y
(m Imliilcció una escuela importante: la elitelore o entrevistas de
IiMiiiiii oral a las elites.5 Los supuestos de los que parte descansan
»ii In (corla de las elites, que en términos simples podría definirse
iiuiiii lu búsqueda de la explicación y del conocimiento de las1*I

11 til/ Niethammcr, “ ¿Para qué sirve la historia oral?”. Historia y fuente oral,
MAitl I 19119, Barcelona, p. 7.
* i un respecto a la elitelore puede verse el ensayo de Graciela de Garay incluido
III ••lit lilii o.
sociedades a partir del estudio de sus líderes.6 Sin embargo, la
práctica de la elitelore no es la única que prevalece en Estados
Unidos actualmente; en Chicago la historia oral evolucionó hacia
una tendencia más social con Studs Tcrkel y otros, quienes se
preocuparon por la construcción de testimonios de la gente com úa7
En el caso de Europa, en Gran Bretaña, Escandinavia e Italia se
habían hecho entrevistas con fines lingüísticos para conocer del
folklore y de la vida obrera varios lustros antes de que Nevins
fundara en Columbia su archivo oral. Ello prueba que la necesidad
de crear el testimonio de los ágrafos con fines de reconstrucción
histórica flotaba en el ambiente de la posguerra.
En contraste con la preferencia por la historia oral de elites mos­
trada por algunos historiadores norteamericanos, en Inglaterra, gra­
cias a la fuerte influencia de la escuela de historia social británica,
se desarrolló una historia oral de corte popular. Sus artífices, Paul
Thompson, Lawrence Stone, Raphael Samuel, buscaron entrevistar
a grupos de trabajadores, gente común y corriente. A partir de la
fundación del History Workshop en Gran Bretaña en 1966, impul­
sado por Samuel, que buscaba la democratización en la construcción
histórica, la historia oral dejó de ser monopolio exclusivo de los es­
pecialistas y de los espacios académicos y fue cultivada por los
sindicatos y las asociaciones locales.
En Italia la historia oral empezó a desarrollarse al margen de las
instituciones y de la profesión histórica desde 1950. Se realizaron
entrevistas para conocer el folklore y las tradiciones del sur del país.
Luego, debido a la amplia difusión que logró la historia oral en la
década de los sesenta y al influjo de la izquierda italiana y de la es­
cuela inglesa, los historiadores orales italianos se plegaron más
hacia la historia social, de corte popular.8 Así, desarrollaron proyec­
tos sobre el sindicalismo en el norte de Italia o el movimiento de
resistencia durante la segunda guerra mundial, entre otros.

6 Cfr. Francisco Suárez Farias, “ Elites y sistema político” en Elite, tecnocracia


y movilidad política en México, Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco,
México, 1990.
7 Philippe Joutard, “ El documento oral: una nueva fuente para la historia”.
Historia oral e historias de vida, FLACSO, septiembre de 1988, San José de Costa
Rica, p. 8.
8 Para una historia detallada de la historia oral puede consultarse Philippe Joutard,
Esas voces que nos llegan delpasadó. Fondo de Cultura Económica, México, 1986.

17
< »
En 1975 despegó como una empresa colectiva la historia oral
francesa, si bipn antes habían surgido proyectos aislados que no
fueron tomados en cuenta por la comunidad de científicos sociales.
1,11 agria pugna entre etnólogos c historiadores en el periodo de entre
guerras ocasionó que los historiadores desdeñaran laoralidad, fuen­
te ampliamente usada por los etnólogos. Ello implica el retraso galo
con respecto al desarrollo de la historia oral europea. Fue bajo el
impulso de la historia popular de la llamada “ historia nueva”
Inglesa, que surgió la necesidad de reescribir la historia desde esta
perspectiva y que se difundió la historia oral en Francia.9

¿Historia oral, historia nueva?

( 'on la difusión de la historia oral, en particular la de corte popular


Iniciada por la escuela inglesa, y la consecuente creación de testi­
monios con información nueva, desconocida, con perspectivas d¡-
Ierentes, surgieron enormes expectativas sobre la posibilidad de que
apareciera una historia nueva, hecha con la percepción de las masas.
Se pensaba que ésta revolucionaría nuestro conocimiento sobre el
pasado y nuestra conciencia del presente al dotar de voz a las
grandes mayorías silentes. Hacia la década de los setenta el entu­
siasmo entre muchos historiadores orales era desbordante. A despe-
<lio de los aportes que ha hecho a la manera tradicional de hacer
historia y considerando que abrió nuevas perspectivas para el estu­
dio de lo contemporáneo, los anhelos no se lian cumplido, ni se han
(evolucionado el oficio del historiador o la historiografía misma.
La historia oral, en tanto productora de testimonios de actores
sociales desdeñados por la historiografía ortodoxa, es una herra­
mienta metodológica que genera material de investigación con
nspectos y perspectivas distintas, algunos de los cuales no habían
sido tratados o considerados por la historia tradicional. Este hecho
hl/.o que algunos se apresuraran a declarar que se trataba de una
nueva historia que devolvía el uso de la palabra a los oprimidos.
Es cierto que con la historia oral la producción de fuentes se
democratiza porque se rescata la historia popular, así como los
incidentes con significado simbólico para la comunidad; también lo

9 Ibid., cap.V.

IX
•V
es que sus testimonios pueden ser usados mediante la aplicación de
marcos teóricos nuevos o tradicionales, de acuerdo con el historia­
dor que los maneje, pero de alú a afirmar que se trata de una historia
nueva, hay una distancia considerable.
La historia oral, junto con las aportaciones de otras disciplinas
asociadas a la historia (demografía, etnografía, geografía, sociolo­
gía, politología, etc.), lia contribuido a enriquecer el conocimiento
que tenemos sobre el pasado, se acerca más a una historia total y se
aleja de la historia de anticuario, que sólo estudia los hechos
pretéritos por ellos mismos y se conforma con la recolección e
interpretación de acontecimientos supuestamente desencadenados
sólo por los grandes personajes, relegando o desdeñando la impor­
tancia de la participación de las masas o la historia de éstas.
El rescate de la oralidad abrió posibilidades de reconstrucción
histórica entre sectores que no transmiten su experiencia por escrito,
como los obreros, los campesinos, las mujeres, los líderes locales,
las minorías étnicas o los miembros de las elites que, por distintas
razones, no comunican sus vivencias gráficamente. Si la historia se
concibe, según dice Fcrrarotti, como “una memoria colectiva del
pasado, conciencia crítica del presente y premisa operativa para el
porvenir” , estaremos de acuerdo en que la lústoria oral desempeña
un papel preponderante en lo que a la construcción de la historia
contemporánea se refiere, debido a que al producirse el testimonio
oral los individuos cobran conciencia de su devenir.10

Para qué sirve la h isto h a oral

Dado el desarrollo tecnológico producido desde los inicios de este


siglo, que lia afectado especialmente a las telecomunicaciones y al
transporte acortando las distancias, los actores sociales han tendido
a dejar cada v.ez menos vestigios escritos como cartas, memorias,
diarios personales, que son fundamentales para la reconstrucción
histórica. Por añadidura, en el caso concreto de Latinoamérica existe
una muy pobre tradición biográfica o autobiográfica en compara­
ción con el mundo anglosajón, por lo que se pierden las experiencias
y percepciones de protagonistas importantes del contexto histórico.

l0Franco Fcrrarotti, "Biografía y ciencias sociales” . Historia oral e historias Je


viJa, op. at., p. 83. '

19
En estas circuastancias, la utilización de la entrevista de historia
nuil contribuye a-la construcción de la memoria personal de ciertos
hechos y enriquece nuestro conocimiento sobre la vida cotidiana en
el Itogary en el trabajo, las circunstancias que rodearon los fenóme­
nos estudiados, pero, sobre todo, las percepciones individuales,
particulares sobre ellos. Adicionalmente, puede proporcionar datos
sobre catástrofes naturales como inundaciones, sequías, huracanes,
n la presencia de personajes locales o hábitos que, debido a su
i iinictcr geográfico restringido, no quedaron plasmados en docu­
mentos. Incluso la entrevista puede contribuir al rescate de residuos
de la cultura material, tales como instrumentos de trabajo obsoletos,
i mías personales, fotografías, etc., que sin ella se hubieran perdi­
do 11 Por ello puede proporcionamos un paisaje más completo y
i oniplejo de los procesos históricos. La historia oral, por la especi­
ficidad de sus rasgos, suministra información diferente a la conte­
nida en archivos, periódicos, libros, informes, etcétera.
La fuente oral, en su vertiente popular, es particularmente útil
pura la historia social pues, como anverso de la historia política
limlicional que explica el devenir en función de las decisiones de
Ion grandes personajes, proporciona la visión particular de los
m i (ores que son afectados por esas decisiones políticas: los obreros,
Ion campesinos, las mujeres, el habitante medio. Es decir, rescata la
vo/.dc los marginados o los “sin historia” , personas que dificilmcn-
lc dejarán testimonios escritos de su vida por no tener acceso a los
medios de comunicación, por ser en muchos casos analfabetas, o
poique dado el desdén con que lian sido tratadas por la historia
Imdicional no tienen conciencia del peso de sus acciones en la
historia. Aquí cabe destacar la importancia de esta fuente para la
historia de las mujeres, sector unánimemente relegado de las formas
tic expresión tradicionales o de los núcleos de poder.12
I’orotro lado, existen ciertas áreas de la experiencia humana sólo
ni cesibles por medio de la fuente oral, simplemente porque debido a
mi naturaleza no quedan registradas en las fuentes escritas. Tal po­
lilla ser el caso de los estudios sobre la familia, la medicina tradicio­
nal, la educación no institucionalizada, etc. En cuanto a su utilización

11 Raphael Samuel, “ Local history and oral history” . History Workshop, a


lournal o f Socialist Historians, Ruekin College, mini. 1, primavera de 1976, Oxford,
|l|i 200-201.
*2Sobre historia oral y mujeres, consúltese el ensayo de Ana Lau Jaiven.

;o
\
en la historia familiar, la historia oral permite obtener informaciones
detalladas sobre las características de la vivienda y el uso de los es­
pacios, la estructura familiar, la manera como se forman los matri­
monios, la transmisión de los valores grupalcs a la progenie, las
creencias y la mentalidad de determinados actores en cierta dimen­
sión temporal. Estas áreas particulares de conocimiento han sido
abordadas por los antropólogos desde hace décadas, pero reciente­
mente han capturado la atención de la historia, en la que la fuente oral
es insustituible cuando se trata de estudios contemporáneos.
La historia oral puede llenar los silencios y las ausencias que el
material documental contiene. En general, la historia oral propor­
ciona menos información importante sobre la historia política tra­
dicional o la economía cuantitativa, pero aporta más datos sobre los
efectos de los cambios político-económicos, la distribución del
gasto familiar, lo$ hábitos, las costumbres, la vida diaria, y la forma
como son percibidas por el hombre común o el marginado las
decisiones políticas o la historia.
Philippe Joutard señala acertadamente que la memoria oral tiene
un carácter no institucional, que se aleja de la memoria instituciona­
lizada, incluso de aquella producida por sectores no hegemónicos o
subalternos. Lo oral nos remite a la cotidianidad y por ello se acerca
a la etnología.11 Revela la complejidad de lo real, introduce lo irra­
cional donde el documento escrito racionaliza o establece lógicas de­
rivadas de una cultura dominante, ideologías que tal vez no han
permeado en su totalidad la experiencia cotidiana. La oralidad nos
revela la altcridad, “el discurso del otro” que se aparta de los cánones
tradicionales del conocimiento o que ha sido borrado por dismptivo.
Michel de Cortean señala que, en general, los vestigios no cscriturís-
ticos como lo oral, la pintura o la fotografía revelan continentes per­
didos, ignonidos, ausentes del conocimiento histórico.14Por lo tanto,
es radicalmente diferente de la documentación escrita. El gran mérito
de la historia oral es que saca a la luz realidades que tal vez encontra­
ríamos esparcidas en la inmensidad de lo escrito, pero que seríamos
incapaces de distinguir y apreciar sin la aparición de la fuente oral
que nos ha sensibilizado hacia ellas.15

’^Joutard, Esas voces, op. cit., pp. 265, 273, y 283.


14 Michel de Certeau, La escritura Je la historia. Universidad Iberoamericana,
México, 1985, p. 225.
* 'Joutard, Esas voces, op. cit.. p. 376.
Por otro lado, existen ciertos aspectos de la historia contempo-
ilinca para los que la información es fragmentaria o incompleta, ya
m u por la destrucción premeditada de cierto material que pudiera
i iunpromcter la imagen política de protagonistas relevantes en el
poder, por la pobre tradición de escribir memorias, por la clandes­
tinidad de algunos procesos, o porque son las visiones de los actores
vencidos en la confrontación y, por lo tanto, sus testimonios y
visiones personales fueron desechados en la elaboración de la
historia oficial. Para las investigaciones sobre este tipo de eventos,
la historia de vida puede desempeñar un papel fundamental. De ahí
que se hayan realizado importantes esfuerzos y obtenido significati­
vos resultados en el estudio de la guerra civil española, la ocupación
alemana en Francia e Italia, el movimiento obrero en Inglaterra, la
guerrilla uibana, la historia de minorías étnicas como los negros en
I »,lados Unidos, los judíos y los refugiados españoles en México y
•II Argentina, la historia de las mujeres, los testimonios de los presos
politicos y, en México, el villismo, el zapatismo, el sindicalismo, la
historia obrera en Veracruz, la historia oral de la ciudad de México:
testimonio de sus arquitectos, y la historia oral de la ciudad de
México: testimonios del barrio de Mixcoac, por mencionar sólo
algunos de los proyectos notables.
Dada la intcrrclación entrevistador/cntrevistado que propicia la
historia oral, su práctica abre un universo más amplio y diversifica­
do del pasado inmediato. Al mismo tiempo rescata la elaboración
Nociocultural de la historia tal como es percibida por el actor común
v corriente y, con ello, devuelve la dimensión humana a las ciencias
unciales. Además, aporta nuevas posibilidades de percepción de los
hjltómcnos basados en la dimensión de la experiencia personal.16
I n el campo de la historia social, la entrevista biográfica o historia
ilo vida introduce los aspectos cualitativos de un fenómeno a partir
de la experiencia individual, e incorpora nuevos actores a la histo­
riografía.

^'Niethammcr, “ Para qué sirve" op. cil., p. 6.


Relatos de vida y análisis social

Daniel Bcrtaux,17el sociólogo francés especialista en relatos de vida


y genealogías sociales, nos hace ver que la escuela sociológica
cuantitativa, que se basa sobre todo en el método que exige la
construcción de encuestas sobre muestras representativas, tiene
grandes inconvenientes, pues dcscclia información relevante como
resultado de la aplicación de cuestionarios rígidos y cerrados. Por
lo tanto, propone una metodología que permita la utilización ade­
cuada del relato de vida en el trabajo sociológico, la que por su
novedad conviene considerar. Por otro lado, sus criterios metodo­
lógicos sobre el uso de las entrevistas en las diferentes fases del
proceso de investigación no sólo son útiles y sugerentes para los
sociólogos, sino para cualquier otro científico social.
Por ello, sostiene que aunque el testimonio está dado y, en este
sc’ntido, es invariable en su contenido, se puede utilizar de manera
distinta en función de la fase de investigación en que se lo utilice, a
saber: exploración, análisis y síntesis. Según esto, la historia de vida
puede ser leída de manera distinta de acuerdo con la fase; así, por
ejemplo, en la primera puede usarse para plantear las principales
tendencias que existen, es decir, que se utilizan como observaciones
de informantes centrales. En la segunda, que busca sostener la
teoría, se emplean como datos, de preferencia provenientes de
varios relatos para el proceso de comprobación, y en la tercera se
usan para transmitir el mensaje sociológico.
Bcrtaux aconseja que en la fase exploratoria se realicen varias
entrevistas para tener acceso a los procesos esenciales, a los rasgos
estructurales más relevantes. En un primer momento estas entrevis­
tas se utilizan de manera extensiva, es decir, se busca que cubran el
mayor número de aspectos de la vida de la persona a fin de que
afloren los ejes centrales.
En una segunda etapa, o de análisis, las entrevistas se utilizan de
manera intensiva, se dirigen hacia aquellos aspectos que se presen­
tan como primordiales. Lo que se pretende es constmir las hipótesis
a partir de la comparación de los fenómenos para de ahí abordar la
teoría, es decir que se construye la representación mental para

17 Daniel Bcrtaux, “ Los relatos de vida en el análisis social” , Historia y fuente


oral, núm. 1, Barcelona.
Bibliografía opcional
23
*spllcnr lo que sucede en la realidad social. Esta fase también
i miiprcnde la verificacióa
I liando se cuenta con una serie de fenómenos que nacen de lo
• tilín tivo, de lo social, es cuando se puede hablar de saturación y se
i miMtliyeel modelo. Los casos negativos, aquellos que contradicen
1 1múdelo explicativo, pueden ser utilizados para afinarlo, y cnton-
11 'i se puede dar una explicación convincente de los fenómenos
t'Mildíildos. Es posible llegar a la etapa de la generalización sin haber
por la construcción de una muestra representativa.
Ln tercera fase, de síntesis, implica que se cumpla con una
turn lón expresiva vital. Es decir, que lo que digamos quede claro,
i hit'll escrito y sea ameno. Para lograrlo, Bertaux recomienda que el
jlIVeNtigador no borre en su discurso la voz de su informante, pues
sus palabras pueden ser más frescas y explícitas, y propone que
eliminemos el prejuicio de ubicar los relatos autobiográficos como
illsi misos prccicntíficos y aprovechemos su capacidad narrativa y
i nuil iva, regenerando el estilo sociológico encasillado en muros de
ijlltllficismo.18

I ¡i verdad: historia e historia oral

I I a historia nació como disciplina científica a finales del siglo xvm


\ principios del xix cuando, influida por los avances logrados en
lint ciencias exactas, trató de adaptar la metodología desarrollada por
i'nliis a su propio objeto de conocimiento. Así, fundamentó su
I i Muliito científico en el desarrollo de una metodología basada en el

I i .ludio de los materiales documentales. La historia nació signada


pm lina preocupación central sobre la autenticidad del documento,
I \ ni función de ello diseñó una serie de elementos heurísticos que
ln condujeron a una acuciosa y detallada crítica de la fuente. El
nii.ilísis de la fuente parte de la demostración de su autenticidad,
pimn por la verificación de los datos consignados, y llega hasta la
I dulcí urinación del grado de subjetividad o sesgo contenido en ella.
Dado el momento en el que la historia inició su carrera para
i (inseguir un lugar entre las disciplinas científicas a fin de despojar-
>u de la tradicional etiqueta de simple forma literaria o de arte, el1

1* llcrtaux, “ Los reíalos”, op. cil., pp. 88-95.

M
'ft
documento escrito asumió un papel crucial. Según los historiadores
franceses Langlois y Seignoboc: “La escritura fija la afirmación y
hace que la transmisión sea fiel; por lo contrario, la afirmación oral
aún es una impresión sometida a la deformación en la memoria del
propio observador mezclándose con otras impresiones; al pasar
oralmente por los intermediarios, deforma cada transmisión |...] así,
en las ciencias establecidas no se acepta jamás otra cosa que la
transmisión escrita.” 19
No obstante, cabe recordar que la cultura y la veneración de lo
escrito surgió a partir de la difusión de la imprenta, y se consolidó
durante la época de las revoluciones burguesas en Europa. La
transición de la cultura oral a la quirográfica, y de esta a la tipográ­
fica, produjo la estandarización en la comunicación de los conoci­
mientos y generó el ideal del conocimiento objetivo. De tal suerte,
se crearon una ciencia y una cultura basadas en la supremacía de la
vista, en la jerarquía de los sentidos. La anterior cultura oral, que
descansaba en la preeminencia del oído, fue sustituida por la vi­
sual-tipográfica,20 y ello condujo al desprecio de la oralidad. Así,
ésta fue desecltada como materia prima del quehacer histórico.
Anteriormente, los historiadores habían fundamentado sus estu­
dios en testimonios orales que incluían libremente en sus investiga­
ciones. Tucídidcs y Hcrodoto, por mencionar sólo a los reco­
nocidos padres de la historia en Occidente, los utilizaron. En Méxi­
co, Lucas Alamán o Carlos María de Bustamante, los más impor­
tantes historiadores de la primera mitad del siglo xix, incluyeron sus
propios testimonios y los de, otros al escribir sus historias. Sin
embargo, paulatinamente, con la sacralización de los testimonios
escritos y el desarrollo de los supuestos metodológicos que fueron
erigiendo a la historia como disciplina científica, la fuente oral fue
descartada. No obstante, valdría la pena preguntarse si en México
—a diferencia de lo que ocurría en Europa o en Estados Unidos—
se vivió otra experiencia durante el proceso de construcción cientí­
fica de la historia en el que el documento escrito se entronizaba pues,
aparentemente, aquí la oralidad se mantuvo como fuente alternativa,

1**C. V. I.anglois y C. Seignobos, Introducción a los estudios históricos, Daniel


Jorro Editor, Madrid, 1913, pp, 194-195, citado por Joutard, Esas voces, op. cit., p.
53.
20 Donald M. Lowe, Historia de la percepción burguesa, Fondo de Cultura
Económica, México, 1986, pp. 15-24.

25
• *
si bien no privilegiada. Parecería que esta nunca fue totalmente
desechada Qn la construcción histórica, como lo demuestran las
entrevistas sobre la Decena Trágica hechas por Agustín Aragón en
la Revista Positiva en 1914, los testimonios incluidos |x>r Leander
de Bckkcr en De cómo vino Huerta y cómo se fue... o, por señalar
un trabajo más reciente. Ayer en México de John Dulles, que es una
historia del país en la etapa posrevolucionaria, fundamentalmente
hecha a partir de entrevistas. 1
Lo cierto es que la historiografía moderna nacida en Occidente
es eminentemente escriturística. La escritura hace la historia, en
tanto que la voz está limitada “al círculo evanescente de su audi­
ción” . Al utilizar la escritura como base de su conocimiento y
transmisión, la relación de poder creada por la historia desechó la
oralidad considerándola como propia de las sociedades salvajes,
como la otredad inexplicable a partir de los parámetros epistemoló­
gicos occidentales.22 Los positivistas, en su búsqueda de documen­
tación escrita y de factual idad, en el colmo de la arrogancia y de la
candidez, llegaron a creer que la historia alcanzaría su culminación,
es decir, el encuentro de la Verdad, en el momento que reuniera
lodos los datos, todo el material “ histórico” ; por ello dirigieron sus
empeños y desvelos más Licia la acumulación de un corpus fáclico
que a su interpretación.
Además de la veneración por el material escrito, los historiado­
res, y en general todos los científicos sociales, pretendieron estable­
cer la objetividad, a partir de la cual, según su punto de vista,
derivaba la validez de los trabajos científicos. Ésta fue reducida a la
supuesta neutralidad del investigador y del material documental en
el que basaba su reconstrucción. Desarrollaron una metodología y
elaboraron un protocolo de prueba que asegurara la objetividad del
trabajo. Pretendían que el investigador se presentara ante su objeto
de estudio con una actitud aséptica y no comprometida con el, que
no hiciera juicios de valor, que no tomara partido, que se convirtiera
en una especie de instrumento científico de medición de laboratorio1

11 Leander de Bekker, De cómo vino Huerta y cómo se fue... Apuntes para la


historia Je un régimen militar. edición facximilar de la de 19Id, Eds. El Caballito,
México, 1975; John F. Dulles, Ayer en México, Fondo de Cultura Económica,
México, 1977.
22 De Certeau, La escritura, op. cil., pp. 225-235.
\
a fin de garantizar que sus observaciones fueran iguales, inde­
pendientemente de quién las realizara.
Desde luego existen muchas falacias en cuanto a que esto suce­
da, pues el historiador es un ser humano que, además, trabaja
sobre las relaciones de otros seres humanos en el tiempo, y como
tal, no puede desprenderse del todo de sus prejuicios, cosmovisión
c inclinaciones, por más que conscientemente trate de que éstos no
interfieran en sus interpretaciones. Hoy en día, parece evidente
para todos que un mismo documento puede ser leído c interpretado
de manera distinta. Desde hace muchos años, las ciencias naturales
admiten que sus verdades supuestamente absolutas y sus leyes
tenidas por universales no son tales; aceptan que la ciencia es un
camino en tensión hacia la verdad y que está en permanente cons-
tmcción. Por ello no suscribirían más la existencia de verdades
totales o leyes absolutas e inmutables. No obstante, los historiado­
res y científicos sociales ortodoxos siguen objetando ciertas meto­
dologías como poco aptas o adecuadas para el conocimiento de la
realidad humana, y entre ellas se encuentra la historia oral, debido
a la subjetividad implícita en el testimonio particular. A pesar de
estos reparos, la fuente oral se ha abierto paso como una metodo­
logía apropiada para la historia contemporánea. No en balde, como
señala Lowe, la cultura electrónica, en la cual se enmarca el siglo
XX, devuelve su preeminencia jerárquica al oído y lo pone al nivel
de la vista. La extrapolación de ambos sentidos altera nuestra
realidad cotidiana y crea el nuevo canijo perceptual multipcrspec-
tivo, característico de nuestro tiempo, cuya visión particular es
rescatada por la historia oral.
Esto no quiere decir que por utilizar la entrevista debamos
descartar el otro material. Un investigador tendrá que agotar el
material documental, hcmcrográfico, bibliográfico y, junto con él,
emplear el testimonio oral, particularmente valioso cuando se trata
de conocer sucesos oscuros, poco documentados, referidos a la vida
familiar, local, a la vida cotidiana, a las costumbres, al trabajo, a los
valores, a la mentalidad. La manera como el investigador debe
acercarse a la entrevista oral varía poco respecto de su aproximación
a las fuentes escritas. Es decir, deberá preguntarse cómo y por qué
se escribió o dijo tal cosa, qué intereses estaban detrás del productor

23Lowe, Historia, op. cit., p. 25.

27
de las informaciones, qué mecanismos de censura aplicó y por qué
los utilizó, ajóles son las desviaciones que se producen deliberada
0 inconscientemente sobre los testimonios escritos u orales, porqué
Imy silencio sobre ciertos aspectos. El rigor con que el historiador
critica sus fuentes escritas, y las preguntas que se hace sobre ellas,
son las mismas que básicamente debe haber ante un testimonio oral.
1,ns mismas precauciones y salvedades debe tomar con el material
escrito que con el oral. De manera que no hay por qué seguir
considerando que él tiene un estatuto diferenciado como productor
de conocimiento científico respecto a los que generan la cultura
lipográfica o quirográfíca. La fuente oral y la escrita no son mutua­
mente cxcluyentes, comparten características comunes y rasgos
autónomos que hay que tener en cuenta.24
Por otro lado, la subjetividad y la interacción entre el investiga­
dor y su objeto de estudio es algo inherente a la entrevista oral, pero
también se presenta en las formas tradicionales de hacer historia. A
diferencia de los positivistas, trabajos más recientes sobre teoría de
la historia demuestran que, si bien la imparcialidad debe ser buscada
porcl investigador, no siempre se alcanza, por más finos y acuciosos
que sean los métodos. De tal suerte, teóricos de la historia tan
diversos como E. H. Carr, Marc Bloch, Pierre Villar o Kurt Hubncr
i emprenden la objetividad del conocimiento histórico como deri­
vada del tiempo al que el historiador pertenece, es decir el presente,
y las circunstancias que lo impelen a hacer sus interpretaciones
retrospectivas.25 Hayden White, que hace hincapié en el aspecto
narrativo de la historia, clasifica a ésta como ciencia y como arte, si
bien la considera más cercana al segundo que a la primera. Señala
que la separación entre el arte y la ciencia, nacida en el siglo pasado,
se reduce en tanto que ahora ambos aceptan que ninguno de ellos
reproduce la realidad fielmente, sino que son construcciones ^provi­
sionales de la misma, interpretaciones en continua revisión.26 Adc-

Alessandro Portelli, ” I.as peculiaridades de la historia oral”, Torco, núm. 11,


hov. de 1984, Perú, pp. 25-26.
1'Kurt Hubncr, Critica Je la razón científico. Alfa, Barcelona, 1981, pp. 206-214;
Mure Bloch, Introducción a la historia, Fondo de Cultura Económica, México, 1965;
I 11. Carr, ¿Qué es la historia?, Scix Barral, Barcelona, 1973; Picrre Vilar, “ Historia
HUirxista, historia en construcción. Ensayo de diálogo con Althusser” en Ciro
( 'nidoso y Héctor Pérez Brignoli (comps.). Perspectivas de la historiografía contem­
poránea., SEP, México, 1976, pp. 103-159 (Sepsetcntas, 280); Joscp Fontana,
Hi storia, análisis del pasado y proyecto social, Grijalbo, Barcelona, 1982 (Crítica).
\
más, si reconocemos que hacemos historia fundamentalmente para
entender el presente y caminar hacia el porvenir, que ésta es una
especie de diálogo creativo entre el pasado y el presente que nos
brinda una perspectiva para resolver los problemas actuales, acep­
taremos que tendemos una especie de puente desde el presente hacia
el pasado que continuamente se estará construyendo en función de
los hallazgos, perspectivas y metodologías que se utilicen.
Hacer una historia para entender el hoy, implica que la historia,
al igual que las ciencias duras, está en permanente construcción, no
sólo por la posible aparición de nuevas fuentes que derrumben las
anteriores hipótesis, sino porque la perspectiva y los intereses que
mueven al investigador a indagar sobre tal o cual proceso nacen de
intereses y circunstancias determinadas temporalmente, ancladas en
el presente. Sería un exceso pretender que la historia es un instru­
mento de liberación como se hizo en los años sesenta y setenta de
este siglo, pero indudablemente forma parte del autoconocimicnto
del ser humano y, en este sentido, contribuye a fortalecer su con­
ciencia. Teóricos de la historia, como White, consideran que ésta
debe aprovechar el conocimiento del pasado para explicar la niptura
y la discontinuidad que caracterizan al presente.27
Así, considerando los avances en la teoría de la historia luego del
positivismo de principios de siglo, la historia oral, partiendo de sus
características y su horizonte, resulta una metodología apropiada
para el conocimiento de la historia reciente. Al replantearse la tarea
de la historia como liberadora del hombre, tal como lo proponían
los seguidores del marxismo y, dentro de esta corriente, de la
historia oral como la propiciadora de una “ historia nueva”, revolu­
cionaria, Alessandro Portclli señala que no obstante sus limitacio­
nes, la historia oral brinda al historiador una gran oportunidad para
intervenir en la realidad, puesto que el informante, al elaborar su
discurso, cobra conciencia de su papel en la historia.28
El entrevistador debe tener cuidado de no influir con sus juicios
e informaciones en el testimonio que está creando, pero de ahí a
pretender que se erija como un actor neutro liay gran trecho. Más

u Cfr. Hayden V. White, “ The burden o f history" en Topics o f Discourse, John


Hopkins University Tress. Baltimore, 1976.
211hid.
28Alessandro Portclli, “ La verdad del corazón humano. Los fines actuales de la
historia oral” . Historia y fuente oral, núm. 2, Barcelona, p. 95.29

29
vale que se asuma la entrevista como un diálogo en busca de
información^ que se acepte la intcrrelación entrevistador/entrevis-
tado. La misma presencia del entrevistador modifica el contenido
de lo dicho por el informante; es más, su presencia y su preparación
para hacer la entrevista serán cruciales para el éxito de ella.29 Por
ello es primordial que antes de lanzamos a la entrevista tengamos
un conocimiento lo más completo posible sobre lo que queremos
estudiar, pues las respuestas que se obtengan en este diálogo de­
penden en gran medida del entrevistador, del grado de empatia entre
él y su entrevistado, de la transferencia que se establezca, de su
conocimiento y de su respeto por el informante.
La subjetividad de los testimonios producidos por la historia oral
ha sido una de las principales críticas que se le han hecho desde la
historia corporativa u ortodoxa. No obstante, debe tenerse presente
que los documentos escritos no están exentos de aquélla; en las
fuentes escritas también va implícita la subjetividad de quien las
emite, los intereses, las circunstancias, los objetivos que se han
trazado al escribirlas. Es sabido que las autobiografías son enorme­
mente subjetivas, pero no por ello se podría negar su validez como
material documental a pesar de que revelan posiciones personales
y particulares, y tal vez precisamente por eso tienen un valor
testimonial especial. Actualmente pocos científicos aceptarían que
la verdad es única e incontrovertible, y sin embargo su búsqueda
sigue siendo una meta deseable para la ciencia, y debe ser un
requisito ético del investigador.10 Alessandro Portelli sostiene que
la subjetividad de la palabra debe ser estudiada, rescatada, incorpo­
rada al discurso científico, simplemente porque refleja lo que él
llama “ la verdad del corazón humano” , independientemente de qué
tan cerca o tan lejos se encuentre en esa tensión 1lacia la verdad. La
riqueza y la validez de la fuente oral no sólo radican en los datos
que ésta aporta, sino más bien en el significado que los procesos
tuvieron para el individuo. Actualmente la historia social busca
sobre todo la recuperación de la experiencia subjetiva, y en esta tarca
es particularmente útil la entrevista oral.31
La biografía nos proporciona precisamente ese significado par-29*

29Ibid'., p. 94.
>0Ibid. p. 93.
11 Raphael Samuel, “ Historia popular, historia del pueblo” en Historia popular
y teoría socialista, Grijalbo, Barcelona, 1984, p. 20.
\
ticular que tuvieron los eventos o las prácticas aparentemente más
nimias y cotidianas dentro de la constnicción de la cultura hegemó-
nica. A través de la palabra, el informante articula un discurso que
está estructurado por sus valores, su cosmogonía, su entorno y que
se superpone o se suma a la cultura dominante. No es un testimonio
espontáneo, está dado con la finalidad de trascender que brinda el
entrevistador. Por ello está penneado por la idea de lo que es la
historia, en tanto reconstrucción colectiva de la memoria.
Franco Fcrrarotti sostiene que precisamente la particularidad de
la biografía nos revela la experiencia personal como una síntesis
vertical de historia social en la que se manifiesta lo particular. El
análisis biográfico nos ayuda a explicar el significado de la práctica
social cotidiana desde la perspectiva del productor del mensaje. No
podemos entender la historia social como simple suma de historias
individuales. Se puede tener acceso a lo universal a partir de lo
particular si se construyen contenidos epistemológicos nuevos,
puesto que la ciencia occidental se ha mostrado reacia a otorgar
estatuto científico a lo particular. Fcrrarotti apunta que en esta nueva
epistemología liay que partir de la concepción de que la “ práctica
individual es una síntesis compleja de lo social por medio de la
dialéctica hombrc/socicdad” .12 El análisis biográfico fortalece el
conocimiento de lo social por medio de la práctica individual. A
través del discurso biográfico, su autor estructura, desestructura y
reestructura la realidad que percibe. Estas visiones o versiones
particulares que manifiestan la totalidad no se transmiten directa­
mente, sino a través de mediaciones nacidas de su contexto social
inmediato, del grupo del que provienen.
La historia oral es fundamental para escribir la historia contem­
poránea y, debido a su naturaleza, nos proporciona material distinto
al que nos da el documento escrito, llenando muchas veces las
ausencias de éste, y sobre todo proporcionándonos las visiones
particulares, las percepciones de los individuos sobre los procesos
históricos; nos permite adentramos en su subjetividad, en la menta­
lidad de los emisores. En el caso de América Latina no sólo es útil
para la construcción de la historia social de los grupos relegados,

32 Franco Ferrarolti, “ Biografía y ciencias sociales” . Historia oral e historias de


vida, op. cit., p. 92.31

31
sino que también nos permite crear la memoria de las elites, dada la
pobre tradición biográfica y autobiográfica que nos caracteriza.
No se puede desdeñar a la oralidad como productora de conoci­
miento, pero tampoco puede crigírscla en la única que puede pro­
porcionar evidencias relevantes. El historiador normalmente
combina en su trabajo fuentes orales y escritas,33 pero la dosifica­
ción o privilegio de una sobre otra, en última instancia, depende de
la naturaleza de su objeto de estudio.1

11Samuel, “ Local hitory”, op. cit., p. 204.


Sobre los problemas y métodos
de la historia oral

Jorge E. Acevcs Lozano


CIESAS-México

La historia oral es, por lo antes visto, no sólo un método para la


construcción de un nuevo tipo de fuente histórica, sino que también
se presenta como un camino para el examen minucioso y para la
comprensión de los testimonios orales en sí mismos. El recuento de
su historia, de sus características constitutivas, de las influencias
recibidas, de las ideas y prácticas sociales y científicas que la condi­
cionaron y posibilitaron, son el antecedente que nos puede permitir
incursionar en otros aspectos. Una vez vistos la génesisy el desarrollo
de la historia oral, podemos reflexionar sobre sus potencialidades y
sobre algunos de los problemas que en la actualidad enfrenta.1

Sobre la propuesta metodológica

La historia oral contemporánea pretende orientar y proporcionar los


medios para la obtención de un conjunto de propósitos: a) lograr un
conocimiento preciso de la historia y de la sociedad en que nos
desenvolvemos; b) modificar una practica científica desligada de su
entorno y de los sujetos sociales con que interactúa; c) aportar
nuevos cuerpos de evidencias, mediante la construcción de archivos
orales; d) privilegiar una aproximación cualitativa en el proceso del

1 Para profundizar en los problemas de método y evaluaciones de los resultados


producto de la historia oral, consúltese la bibliografía de referencia general.3

33
t
«
conocimiento histórico y socioantropológico; e) proporcionar una
plataforma para la interacción disciplinaria, y J) cubrir una función
de vínculo entre los actores históricos y los medios sociales; insti­
tucionales o no, de registro, estudio y difusión de aspectos signifi­
cativos de sus experiencias vitales, individuales y colectivas.
A la historia oral hay que entenderla como parte de los esfuerzos
por la renovación de la investigación histórica de las últimas tres
décadas. Dentro de este contexto, es considerada como una propues­
ta nueva de método para la investigación sociohistórica contempo­
ránea. Ha sido, además, un espacio para la confluencia de diversas
perspectivas del conocimiento social, así como también un ámbito
muy particular donde han podido converger individuos y prácticas
científicas de varias disciplinas de las ciencias sociales, aunque se
reconoce que surge principalmente desde el campo de la historia
social, situación que aconteció por la búsqueda de nuevas alternati­
vas para el oficio del historiador, que se fue concretando en el
proceso de detección de nuevos sujetos sociales con el propósito de
abordarlos en escalas y niveles locales y regionales para comprender
y buscar fenómenos sociohistóricos particulares mediante la pro­
ducción de nuevas fuentes de información y evideircia histórica.
La historia oral como método de acción es más bien programá­
tica, ya que orienta y señala, propone y sugiere caminos por ensayar.
No es ahora un método terminado: está constniyéndosc en la prác­
tica. Como cualquier otro método de acción e investigación socio-
histórica, no resuelve en definitiva los problemas prácticos o
conceptualmente más centrales a que se enfrenta el investigador de
historia oral. No obstante su carácter programático, es un método
que no parte de cero, ya que se nutre y constituye a partir de
elementos y experiencias fundamentalmente extraídas de la historia
social y de disciplinas sociales afines: antropología, sociología,
psicología, lingüística, y otras. La historia oral al irse integrando por
confluencia y por aportes afines de estas ciencias sociales y huma­
nas, va configurándose un perfil y una plataforma que organiza y
señala los caminos diversos y complejos que pueden transitarse en
el conocimiento de la faz social, cultural c histórica del mundo en
que vivimos.
La historia oral es un método en conslmcción, no forma un
bloque sólido y sin fisuras puesto que se diversifica en modos de
desarrollo que corresponden a las tantas disciplinas que la constitu­
yen y alimentan. Hay propuestas de tipo sociológico, de trabajo

34
etnográfico, de análisis lingüístico, de apreciación y síntesis litera­
ria, etc. El camino específico que desarrolle un practicante de la
historia oral dependerá de su vínculo, cercanía, afinidad, conoci­
miento, manejo, etc., con una disciplina científica en particular, sea
ésta la historia u alguna otra.
Sin embargo, la historia oral no es una melcocha caprichosa
(agregado de diversos conceptos + métodos + técnicas + tradiciones
profesionales) de lo mejor de las diversas disciplinas convergentes.
Más que yuxtaposición tiene vocación por la síntesis. Es el resul­
tado de enfrentarse al requerimiento de su motivo y materia princi­
pal de indagación: el testimonio y la tradición oral.' De tal modo
que cada disciplina convergente facilita y proporciona un cúmulo
de experiencias, procedimientos, conceptos, técnicas, herramientas,
etc., que beneficiarán el trabajo de la historia oral al momento de
proponerse y realizar un proyecto sistemático de investigación. No
sólo complementan lo que efectivamente ya hace con oficio el
historiador tradicional, sino que potencian sus facultades.
Recolectar, manipulary ponerse a trabajar con la “ subjetividad” ,
materia prima del historiador oral, es una empresa que demanda un
procedimiento complejo, no sólo en cuanto a los controles y verifi­
caciones que se requieren para incorporar una relativa “objetivi­
dad”, sino también en el proceso de construir las fuentes orales.
Este proceso se conforma por los diversos momentos o fases en
que transcurre su actividad indagadora, y que en muchos aspectos
comparte con otros métodos históricos. De modo muy general,
podemos decir que se atienden cuatro momentos o pasos necesarios:
a) la necesidad de plantearse un problema central, o sea, la cuestión
de la “ problemática” ; b) la cuestión de los procesos de la investi­
gación, una “ heurística específica” ; c) los esquemas y procesos de
crítica de las fuentes y, finalmente, d) el proceso del análisis/síntcsis,
o sea, un enfoque más hcnncnéutico.
Estos momentos podran coincidir durante el desarrollo de la
investigación en mayor o menor intensidad, con o sin interferencia,
pero por lo general su incidencia o sucesión podrá preverse desde
la formulación inicial del proyecto y los trabajos exploratorios sobre
el campo de estudio que se realicen. La historia oral, como propuesta
de método, plantea la necesidad de estructurar proyectos de inves­
tigación precisos, con caminos muy claros, y en este transcurrir
necesita desarrollar c incorporar una serie de controles internos y
externos sobrc los procesos de constitución de las fuentes orales;

35
i '

comparte también los problemas del trabajo hermenéutico en el


sentido de que requiere una actitud crítica y analítica. El historiador
oral no puede renunciar al análisis, ya que se considera a sí mismo
como el portador de un oficio mucho más complejo que el de un
buen técnico en entrevistas. Resultado de esta inquietud es que el
oficiante de la historia oral busca concluir su trabajo con la inter­
pretación analítica y en la explicación teórica de su problema/tcina
de estudio.

I)e lo s tip o s y v ía s d e a c c ió n

La historia oral se practica hablando con la gente; es más fácil


acercarse a una sola persona que a todo un auditorio, y es más
factible conocer el contexto y la vida cotidiana de una comunidad
que la de una nación. No queremos decir que hay que reducirse a la
microhistoria de manera exclusiva, ya que abundan ejemplos que
no lo han hecho así. Sólo haremos hincapié en que la definición de
los niveles y las escalas de investigación son factores clave para la
organización y desarrollo de la historia oral, pues esta decisión
incide y condiciona todo el proceso mismo de la investigación, tanto
en su fase de recolección como en la del propio análisis.
Podemos diferenciar dos “ tipos” o rangos de cobertura de los
proyectos; están aquellos dedicados a la investigación de un proble­
ma o tema central, y los que se concentran en casos particulares, o
sea historias de vida. Así, tenemos proyectos de historia oral de tipo
temático, de rango amplio, y proyectos de rango reducido c inten­
sivos. Al ubicarse en alguno de los dos tipos señalados, la historia
oral se centra en la consideración del ámbito subjetivo de la expe-
tiencia humana para destacar y enfocar su atención en la “visión y
versión” que del mundo tienen las personas, y ésta es la lectura y el
sentido que el historiador puede darle al material subjetivo que
Integra en la fuente oral.

I n e s tr a te g ia d e in v e stig a c ió n

l u l a historia oral se pueden ejercitar dos tipos de acción investiga-


Iiva: directa e indirecta. Será importante decidir y contemplar los
irqucrimicntos de cada una de ellas, pues demandan elementos y

tu
esfuerzos diferentes de parte de los investigadores y de las comuni­
dades dé “ narradores” .
El camino “ indirecto” es aquel que recurre a dos modalidades
para obtener y recolectar información: por medio de la consulta de
los diversos archivos orales y documentales existentes, y por acopio
sistemático y amplio de testimonios masivos de información bio­
gráfica, esto es, las convocatorias públicas a concursos de testimo­
nios, historia popular, crónica, tradición oral, etcétera.
Ambos caminos son indirectos porque los investigadores no en­
tran en contacto personal con los productores de los relatos testimo­
niales, sino que son recopilados por intermedio de los archivos (en
donde ya fueron depositados) y de las convocatorias (mediante las
cuales son enviados).
El conjunto de material consultable en estas dos fuentes forma
una base muy valiosa para orientar y facilitar el desarrollo de la in­
vestigación en el terreno de estudio, además de proporcionamos un
resultado tentativo de los temas significativos reportados en los tcs-
timoniosy el poderconstmirun “directorio” de informantes poten­
ciales, la vía “ indirecta” es un recurso exploratorio que nos prepara
el camino para la incursión a profundidad en el trabajo de la
investigación.
Por su parte, la vía directa es el camino intensivo de indagación
y recopilación de evidencias orales que realizan “en acción directa”
los investigadores mediante una serie de instnunentos y técnicas de
recopilación de material oral y etnográfico. Aquí los investigadores
entran en contacto y relación estreclia con las comunidades de
“ narradores” (o informantes) en su propio espacio sociocultural.
Habría al menos dos estrategias posibles: una que se organiza
con el apoyo de un equipo de profesionales en ciencias sociales, y
otra que se organiza con base en una promoción e involucramiento
de la comunidad de “ narradores” .
En el primer camino, los objetivos del proyecto son básicamente
generados por los investigadores y sus instituciones a partir de
financiamiento, estmetura operativa, acceso a otras fuentes infor­
mativas, recursos de difusión, etcétera.
En la segunda estrategia, la que promueve una investigación en
coordinación con la comunidad estudiada, se procede operativa­
mente de modo distinto, considerando los recursos disponibles, los
medios de difusión, las personas implicadas, etcétera.
La vía directa puede experimentar las dos estrategias sin mayor
i *
contradicción, pues pueden considerarse como fases paralelas o su­
cesivas. De igual modo sucede con las estrategias de tipo indirecto,
ya que pueden ser éstas las fases iniciales de un proyecto de largo
plazo, para concluir con las de tipo directo.
Lo más importante es que las diversas fases puedan enlazarse y,
en el mejor de los casos, combinarse alternativamente. De esta
manera, las distintas fuentes orales y documentales entran al esce­
nario del proceso de investigación sin que ninguna quede desechada
o sobreestimada. En la medida de lo posible, cada proyecto de
historia oral debería ensayar las diversas estrategias y vías de acción
para volver el proceso algo más complejo y efectivamente genera­
dor de fuentes y nuevos conocimientos sociales e históricos.

T ipos d e p r o y e c to s

Hay varias maneras de plantearse un proyecto de historia oral,


siendo los de tipo “ temático y de rango amplio” los más comunes.
Estos se desarrollan como estudios de comunidad, de barrio, de un
sector urbano, o quizá de una región, donde se encuentran fenóme­
nos heterogéneos y en diversos niveles socioculturales. Se puede
iniciar este tipo de proyectos mediante el acceso a conjuntos de in­
formantes como pueden ser gnipos familiares y generacionales,
cohortes por género o identidades específicas, por categorías profe­
sionales y oficios, etc. Éstos conforman proyectos de más larga
duración que requieren la participación de un equipo de trabajo, con
ciertos recursos financieros, apoyos institucionales de algún tipo,
para poder asegurar una exitosa conclusión.
Pero si lo que interesa son proyectos de rango focalizado de
carácter intensivo como sería la “ historia de vida”, lo más factible
es que se realicen estudios de familias, de trayectorias ocupaciona-
Ics, de personajes relevantes o muy particulares, en fin, estudios de
caso a profundidad, todos ellos producto de proyectos de mayor
intensidad y profundidad que aquéllos de carácter representativo y
amplio.
La “ historia de vida” en el sentido antropológico del término lw
sido un método de investigación muy utilizado, precisamente por­
que “produce” un documento —la autobiografía— a la que puede
ciársele múltiples usos, no sólo para el análisis del sujeto social, sino
también como texto oral, como una peculiar pieza literaria.

J8

■ • • •1 •'
m
El prcfyecto de historia oral que se decida desarrollar debe ser
elegido desde el inicio, a fin de llevar a cabo los pasos metodológi­
cos y técnicas más adecuadas para tales propósitos. Decidirse por
el tipo de investigación temática o por la centrada en historias de
vida, determina el procedimiento, duración, intensidad, objetivos,
vínculos sociales, etc., que se puedan plantear para realizarse en un
proyecto de historia oral dado.

L a e v id e n c ia o r a l

Al momento de decidir que tipo de proyecto se va a desarrollar, debe


definirse que clase de evidencia se utilizará: la tradición oral o el
testimonio histórico.
Como ya se dijo, la tradición pertenece al ámbito del mundo
colectivo, no anclada en la experiencia individual única; puede ser
un conocimiento, una información, un legado que es transmitido
de una a otra generación como una cascada, donde no podemos
identificar a un personaje creador individual, ya que generalmente
es impersonal, anónimo, y no tiene etiqueta de pertenencia o de
propiedad particular. No incluye por lo general conocimientos o
información de tipo contemporáneo, sino que está ubicada en un
pasado, como tradición compartida reproducida y aun regenerada
en la memoria colectiva de una comunidad social. La tradición oral
es precisamente de carácter “tradicional” , y la identificamos por su
movimiento, por su circulación entre generaciones, por su manera
particular de permanecer como herencia colectiva y flujo de una
historia viva compartida.
Por su parte, el testimonio histórico se vincula al ámbito personal
del ser individual; es un relato de vida, experiencia autobiográfica,
información testimonial sobre determinados momentos y periodos
en una vida humana particular enraizada en espacios y contextos
histórico-socioculturalcs determinados. El testimonio puede ser
parte de una experiencia colectiva compartida, está siempre matiza­
do por los sentidos y la experiencia personales. El testimonio no es
una categoría limitada a producir enunciados de verdad o falsedad,
habría que considerarlo más bien como una percepción particular
de las cosas, una versión personal de los hechos, eventos, acciones,
etc., que, tamizados por los flujos de la memoria y la experiencia
reciente, proporcionan texturas nuevas a los testimonios.
m

I II la historia de vida la evidencia predominante es testimonial,


|n ni no está exenta de material perteneciente al ámbito colectivo y
iimllclonal. La historia de vida no deberá quedarse exclusivamente
i ii la recolección y sistematización del texto autobiográfico, ya que
Mli' relato es sólo la materia prima del trabajo. Por tanto, a esta
IllNloria autobiográfica habrá que darle el contexto sociocultural del
|n r,linaje y de su particular historia vital, también una cronología
ili los eventos para ubicar más cabalmente a los sujetos de investi-
utu lón En este método es indispensable mostrar el papel desempe-
liiiilo |K>r el investigador en el proceso de construcción de la “ fuente
•nü".

H istoria o r a l o d e v id a

I n ullli/ación de archivos y fuentes de información sociohistórica


i niivciicionalcs complementan el trabajo de contcxtualización co-
llin la evidencia de las autobiografías recabadas y sistematizadas
m i un archivo oral. La historia de vida en este sentido tiene detrás
ilr ',i un amplio trabajo de investigación, por lo que hay que dife-
iiiiii lar muy bien entre lo que se entiende como el procedimiento de
i niislnicción de fuente” y lo que se define como el proceso de
■■punición, comunicación o difusión de los resultados.
I s importante, por lo tanto, preguntarse desde el inicio la perti-
lu ni m o no de realizar proyectos “ temáticos” y amplios, o proyec-
|0H intensivos del tipo de “ historias de vida” . Responder en qué
linimento o en qué circunstancias se decide trabajar solamente con
lliiu persona, dependerá de la formulación protocolaria de la inves-
Hlliii ión, así como de los objetivos y fines que se persigan.
fo n frecuencia, se utilizan las historias de vida en algún aspecto
illlli il de un proceso de investigación ya avanzado, puesto que con
i'llii'. se puede indagar cualitativamente algún tema concreto, que
jnii'ilr sintetizar o resumir algún universo complejo o cierto proble-
ilin abstracto. Sería como tenerya examinado el panorama global y
ni ni ¡use a un punto específico, algo así como examinar en detalle
ni ilibol luego de conocer el bosque.
I ns historias de vida también se usan al revés, como si fueran
|S|ii riincntos o pruebas de campo y exploración preliminares que
lililí ayudan a realizar acercamientos al sujeto de estudio o bien
ili li i lar nuevas líneas de investigación para probar hipótesis espe-

<tli

- mmm
cíficas. En fin,lina manera deductiva y una forma inductiva. Iniciar
con una historia de vida podría servimos para abrir perspectivas de
investigación o con el objeto de profundizar algunas interpretacio­
nes o postulados teóricos; por tanto, es importante determinar todo
el procedimiento de la investigación, decidir cómo y qué se va a
hacer con la evidencia, y precisar qué tipo de información se
persigue.

C o n c e p to en con s tru cción : la o r a lid a d

Algunos de los complejos conceptos centrales utilizados en historia


oral son la oralidad, la memoria (y el olvido), la ideología, la
concepción del tiempo y el espacio, y la subjetividad de los tipos
diversos de relatos e historias orales personales o colectivas.
La ofalidad es materia inaccesible, o más bien inasible, porque
nos impide aprehenderla en su totalidad, sólo recobramos recons-
tmccioncs aproximadas por obra del registro aural (grabadora) y
visual (cine-video). No obstante, la oralidad involucra todos los
sentidos; en la historia oral se recoge la oralidad encapsulada (o
signada) en palabras; ésta es la materia prima de la historia oral. Se
trabaja con materia inacabada, sin terminar de configurarse, en
constante fluir, que pertenece al ámbito subjetivo de las relaciones
sociales.
Comprobar el carácter subjetivo de la oralidad es en principio un
primer paso hacia la pretensión científica de manejarse con "obje­
tividad” . Rcconstmir la máncra y el procedimiento puntual de
generar la fuente es un requisito para resarcir, en alguna medida, el
contenido de la oralidad transmitida y capturada en forma de pala­
bras en los testimonios.
A los historiadores orales no siempre les interesa la reconstmc-
ción de hechos empíricos, con base Táctica, ya que si así fuera,
tendrían que recurrir a otras fuentes —las convencionales— que
miran este objetivo como primera intención. La historia oral, por su
parte, nos va a proporcionar, principalmente, el conjunto de eviden­
cias subjetivas de los procesos históricos, que de otra manera sería
—en muchas ocasiones— difícil si no imposible de conseguir. En
la historia oral es básico determinar el tipo y carácter de material
que se va a buscar y a trabajar, precisamente por los problemas
específicos que plantea la oralidad (en forma de testimonios histó-

41
ricos y tradiciones orales); así pues, es necesario saber de antemano
los métodos y técnicas de aproximación, así como los procesos de
análisis y irritamiento de la fuente oral construida.

G u ía s d e la m e m o ria

En historia oral se preparan guías de orientación temática de la


investigación (una especie de mapas de navegación) para incursio-
nar en los caminos y laberintos de la memoria, en los espacios y
tiempos de los personajes con quienes trabajamos conversando. Es
común elaborar, junto con el protocolo de investigación, esos mapas
o guías de temas que se considerarán durante los procesos de
entrevistas y constitución de la fuente; guías de trabajo diferentes a
los cuestionarios de preguntas cerradas, a las entrevistas estructura­
das de intencionalidad previamente diseñada y esperada.
Las guías temáticas del historiador oral buscan producir estímu­
los que hagan evocar a la memoria, sondean los motivos y los
referentes que hacen aflorar de forma más libre y espontánea los re­
cuerdos, facilitan la organización y la exposición de los cuadros
narrativos de los personajes, pretenden convertirse en luces de
orientación, mapas para la recuperación de la experiencia vivida,
registros de los cambios en los modos de ver y concebir las cosas y
las experiencias más personales y aun privadas. Son guías de
conversación entre personas que se comunican. Las palabras debe­
rán fluir fácilmente, pues la memoria se apoya en motivos temáticos,
en cuadros circunscritos, transmisibles. No obstante, toda conver­
sación imagina, altera y refórmala la guía mental del investigador;
la guía, por lo tanto, es instrumento de creatividad, no de cncasilla-
micnto ni de acorralamiento. No pretende asegurar una posición fija
o un propósito de enfrentamiento, es tan sólo una preparación, es un
mantel para la ceremonia de la conversación humana.
La guía debe ser capaz de adecuarse al modo de (luir y funcionar
de nuestra memoria: cómo recordamos, qué recordamos, qué cami­
nos y por qué pasadizos transitan los recuerdos, qué sucede en
nuestra experiencia y en la conciencia en este flujo de la memoria,
en esc ir y venir del pasado al presente, del presente al futuro. Cómo
atamos y comunicamos la experiencia, cómo relatamos lo evocado;
en suma, el fascinante proceso de la memoria es uno de los lemas y
problemas centrales a los que se enfrenta la historia oral.

M
\
L a e n tr e v is ta co m u n ica tiva

En historia oral la entrevista es un proceso de evocación que brota


como manantial, o se esconde como un hoyo negro. La memoria
tiene elementos conscientes que son fáciles de exponery reconocer,
pero hay otros, inconscientes, que no van a aflorar con cualesquiera
de las preguntas, motivaciones o artimañas que se puedan emplear.
Las ventanas clausuradas por la memoria de los narradores no se
abren por nuestra simpatía solamente, tienen que ocurrí ríe al narra­
dor procesos internos que le motiven la ruptura y logren su apertura
hacia el exterior. Pero el “abracadabra” siempre estará del lado de
los narradores.
Para la historia oral es un reto tener una intensa interacción con
los narradores —los informantes— pues existe el propósito explí­
cito de lograr la coproducción de una nueva fuente histórica.
La entrevista de historia oral con frecuencia produce una auto-
rrcflcxión paralela en la persona entrevistada; este proceso modifi­
cará su percepción de la experiencia pasada y puede complicar y
aun transformar de algún modo la propia conciencia de su sery que­
hacer actual. Es frecuente que el narrador no haya producido una
autorreflexión sistemática como la propiciada por la entrevista de
historia oral, por lo que se genera una nueva experiencia de autoco-
nocimiento y representación, no sólo de su persona e historia
personal, sino también de cosas, sucesos y personas antes conocidas
y experimentadas. Muchas veces le sucede a los narradores que su
historia personal se hace más presente y al mismo tiempo más
propia, ya que se selecciona lo transmisible, lo comunicable, lo que
vale la pena contar —según su propia concepción de las cosas y de
la vida.
Con ello se da una situación que no se presenta por lo común en
otro tipo de práctica de investigación histórica: la autoconstrucción
de una identidad personal o colectiva, que se formula, se presenta y
representa de forma única, con lúcida coherencia, que no da pie a
contradicciones evidentes ni a saltos cronológicos. Los informantes
están entregando una versión propia, acorde con la posición y
situación presente que ocupan en el orden y estructura del mundo
social en que les ha tocado vivir. El relato biográfico resultante es
una versión integrada a partir de un contexto de comunicación
flexible y de interrelación de subjetividades.

43
V ersión y re p re se n ta c ió n

En los relatos autobiográficos que recogemos, encontramos por lo


regular versiones oficiales o sancionadas gmpal o institucionalmcn-
le para que puedan ser conocidas por un auditorio externo o extraño;
es común qnc la representación de los narradores frente a su inter­
locutor-auditorio adquiera papeles específicos, máscaras de perfor­
mance que conviene mostrar en determinadas situaciones o
contextos. Uno de los retos de la historia oral es reconocer los
caminos por donde fluye la memoria individual —y aun la colectiva.
De tal forma que se recomienda a los practicantes de la historia oral
no realizar una sola entrevista, sino dos, tres, y las necesarias, hasta
que llegue el momento de reconocer que ya tenemos el perfil preciso
y la información requerida, “saturada” satisfactoriamente.
Es evidente que la vida de un personaje es inabarcable, nunca la
agotaremos hasta el último detalle; sin embargo, lo que sí establece
y demanda un límite es la definición del objeto de estudio y el
proceso requerido para su eficaz, conocimiento. Recolectar las ver­
siones que nos transmiten los narradores da cuenta del proceso de
la representación que ellos construyen, tanto de sus ideas y creen­
cias, como de sus practicas personales y sociales; pero es obvio que
no recabamos muestras de verdad empírica en el sentido de rccons-
Imir hechos o experiencias tal cual son o se supone que fueron en
la realidad.

R eío s y c rític a

IJno de los problemas de quienes ejercen la historia oral es no


reconocer sus limitaciones, o sea, pedir de ella más de lo que puede
ofrecer. Empezar el trabajo sin un proyecto o protocolo de investi­
gación preciso, con todos los pasos y consideraciones pertinentes
sobre el método y objetivo del mismo, habitualmcntc desemboca
en proyectos tnmeos y experiencias frustradas. No tener un espíritu
crítico sobre el proceso de constracción de la fuente, o sobreestimar
las potencialidades de la historia oral, también acarrea fracasos, es
común encontrarnos con trabajos cuyos productos aterrizan en el
terreno de la simple nostalgia y de la llana trivialidad.
La búsqueda de los rastros y rostros de los antepasados, con
frecuencia ha dado como resultado recoger sólo raíces secas, me-
m
\
morías dispersas, análisis ilustrados con testimonios parcos del
pretérito, etc., que pocas veces son aportaciones para hacer y en­
frentar el mañana. El populismo, el romanticismo, y el mero empi­
rismo individualista, son algunas causas que han modelado ios
fracasos de ciertas prácticas de la historia oral contemporánea. Las
limitaciones y las potencialidades del método deben ser calibradas
y asumidas por los entusiastas y también por los detractores de la
historia oral. No ser conscientes de los problemas es reproducir
discursos de la ideología dominante, es prolongar los usos utilita­
ristas de las ciencias sociales, es apelar al individualismo más nido
que prevalece en la ideología de la sociedad posmodema.
Es importante mantener siempre una actitud crítica frente a la
utilización de los métodos de investigación, ya sea para fortalecer
su credibilidad, para disipar dudas y estereotipos o para desecharlos.
Es necesario plantearse si vamos a emplear a la historia oral sim­
plemente como tina técnica o si se la asumirá como una propuesta
metodológica con todas sus implicaciones. Habrá muchas preguntas
que debamos hacemos: para qué nos puede servir la construcción
de nuevas fuentes (los archivos orales); cómo vamos a trabajarlas;
qué controles debemos aplicar al usarlas de modo intensivo; cómo
se conjugarán con las fuentes de información convencionales del
trabajo sociohistórico; qué tipo de nuevas prácticas y relaciones
sociales entablará el investigador con sus sujetos sociales, etcétera.
La reflexión se tiene que dirigir no sólo a buscar respuestas en la
propia experiencia y práctica profesionales, sino que deberá abrirse
a la confluencia y al encuentro específico con las demás disciplinas
y prácticas de investigación sociales y humanas. Habrá que estar
menos apegado a lo que es la ritualidad y ortodoxia de la propia
disciplina y tener las puertas y ventanas abiertas al exterior, a lo di­
verso y plural, a lo que aparenta ser ajeno a nuestro saber y campo
disciplinario.
Percatamos de los problemas es parte de la posibilidad de co­
menzar a superarlos. La mejor manera de darle credibilidad a un
método de trabajo son sus resultados, por lo que la historia oral
requiere de practicantes dispuestos a realizar proyectos más com­
plejos que simples, más de campo que de gabinete, más narrativos
que eruditos, más vinculados a problemas relevantes que a temas
inertes por triviales e individualistas. Si no fuera así, ¿de qué manera
podrían ustedes interrogar y conocer sobre la vida cotidiana de los
grupos humaifts que no dejan registro escrito? No sólo hablamos

45
• '
de los grandes sectores populares, sino particularmente de las mi­
norías sociales, étnicas y sexuales, en quienes los tiempos y ios
espacios de la vida cotidiana son los ámbitos más propicios para
emplear la historia oral en sus niveles y escalas locales y regionales,
en sus problemas y significados.
Los nuevos y los viejos sujetos sociales demandan nuestra aten­
ción con nuevas miradas, nuevas intuiciones y nuevos caminos de
comprensión. A pesar de tener aún muchos problemas por resolver,
la historia oral pretende dar una respuesta a esa solicitud, y en parte
lo hace con sus consideraciones y propuestas sobre el tipo de praxis
para el historiador contemporáneo. Sólo resta a sus practicantes
producir experiencias y resultados de investigación y reflexión que
le den a la historia oral un lugar destacado en las ciencias sociales
y una justa valoración en la sociedad, donde se encuentra finalmente
su razón de ser.

•Id
Conversación única e irrepetible:
lo singular de la historia oral

M ario Cainarcna Ocampo


Gerardo N ccoechea Gracia
Dirección de Estudios Históricos-ÍNAH

A diario nos topamos con situaciones de entrevista. Un programa


de radio, una solicitud de trabajo, una visita al médico, presentan
preguntas y demandan respuestas. Vistas a distancia, todas estas
situaciones parecen similares y nuestra familiaridad con ellas nos
hace entrevistadores en potencia. Por ello corregimos al entrevista­
dor que escuchamos por la radio o la televisión, al menos men­
talmente, insistiendo en que sea más persistente y que no se contente
con medias respuestas. Pero cuando salimos con ánimo aventurero,
grabadora en mano, descubrimos que hay muchas maneras de hacer
una pregunta, de organizar una serie de preguntas y de aquilatar una
respuesta. La diversidad en los procedimientos de entrevista, cuan­
do creíamos que era tan fácil, puede dejamos perplejos.
Para nosotros lia sido importante, en la enseñanza de la historia
oral, establecer distinciones respecto de otras disciplinas en cuanto
al uso de la entrevista. Existe particular confusión entre lo que es
historia oral, encuesta y entrevista periodística.1Por ello, es prove­
choso reflexionar acerca de tres aspectos que tienen en común, pero
que en cada tipo de entrevista se desarrollan de manera distinta:
primero, los objetivos perseguidos; segundo, el lugar que la entre­
vista ocupa dentro del trabajo de investigación, y tercero, la impor-

1 Por supuesto existen otros tipos de entrevista, aunque muchos de ellos son
variaciones de los procedimientos y fines que aquí discutimos. Posiblemente la
entrevista psicoanalítica no se ajuste a esta discusión; sobre este particular ver "In
search of the past: a dialogue with Ronald Fraser; a history workshop discussion",
History Workshop mim. 20, otoño, 1985. pp. 175-188.

47
tanda concedida al entrevistado. Estas consideraciones nos condu­
cen a conoluir en una diferencia central: la entrevista es, para la
historia oral, el objetivo mismo de la investigación, mientras que
para la encuesta o la entrevista periodística es una técnica para
precisar o recuperar datos.
Las diferencias existen aun en el seno mismo de la historia oral.
Aunque nuestra intención no es ahondar sobre ellas, es importante
señalarlas para marcar un punto de partida a pesar de tener que
simplificar un asunto harto complejo. En términos generales existen
tres maneras de abordar la historia oral. Una consiste en entrevistar
con el propósito de complementar otras fuentes, buscando datos
precisos que no se hallan en fuentes documentales o anécdotas
vivenciales que den al texto un tono íntimo. Este es el caso, por
ejemplo, de investigaciones sobre organizaciones sindicales que, a
través de entrevistas, logran conocer qué sucedió en reuniones que
no dejaron ningún rastro escrito, pero sin las cuales la organización
sindical no podría entenderse.2 Otra manera consiste en entrevistar
para recabar un testimonio, el cual es reproducido íntegro, con un
trabajo mínimo de edición. Este tipo de trabajo generalmente parte
de la idea de que el historiador es un vehículo para dar voz a grupos
subordinados que no han sido registrados en la lústoria escrita.' Por
último, existen los trabajos de historia oral que hacen de los testi­
monios su materia de estudio, que idean estrategias de lectura y
análisis con el propósito de estudiar el significado de la experiencia
de vivir, proceso que une lo que comúnmente separamos y denomi­
namos objetividad y subjetividad. Lo que resulta no es una repro­
ducción, sino una interpretación del testimonio.4 La reflexión que
lineemos a continuación sobre los distintos tipos de entrevista
contribuye —así esperamos— a esclarecer esta última manera de
hacer historia oral.

2 Véase Juana Martínez Alarcón, San Cristóbal: un ingenio y sus trabajadores,


1986-1934, Universidad Veracruzana, Xalapa, 1986; Olivia Dominguez Pérez,
"Diversos usos de la historia oral en la historiografía regional veracruzana”, Cui-
cuilco, núm. 22, mayo, 1990, pp. 55-57.
3 Véase Guillermo Ramos Arizpc y Salvador Rueda Smithers, Una visión subal­
terna del pasado a través de la historia oral: Jiquilpan, 1895-1920, Centro de
Estudios de la Revolución Mexicana “ Lázaro Cárdenas”, Jiquilpan, 1984.
* Véase Dolores Pía Brugat, “ Una experiencia: la creación del Archivo de
Historia-Oral Refugiados Españoles en México” , Cuicuilco, núm. 22, mayo, 1990,
pp. 7-18.

48
\
O b je tiv o s p a r a la e n tre v ista
. ... .-r > f }
La primera distinción estriba en el objetivo que el investigador per­
sigue cuando recurre a la entrevista. La encuesta, utilizada por
sociólogos cuantitativos, técnicos de mercado, economistas, demó­
grafos y otros, sirve para agregar datos que comprueben un modelo
teórico explicativo de la realidad. El periodista utiliza la entrevista
para obtener y comprobar información con la cual reconstruir he­
chos. El historiador oral entrevista para conocer la experiencia
individual. Estos usos entrañan procedimientos que difieren para
cada tipo de entrevista. En general, podemos formular unariistin-
ción básica en el uso de la entrevista para la investigación. Para unos,
la entrevista es una herramienta, mientras que para otros el propósito
del trabajo está en la entrevista.
La encuesta es el iastrumento de investigadores que, a través de
la recopilación de datos cuantificables, indagan sobre opiniones,
actitudes u otras características de la sociedad y la conducta humana.
Modelos teóricos de estas características generan hipótesis que,
convertidas en variabfes, generan cuestionarios. Las preguntas así
elaboradas son diseñadas y controladas para obtener cierto tipo de
información sobre un tema determinado.5
Pensemos en el cuestionario del censo, por ejemplo, que ordena­
damente pide información sobre rasgos físicos, idioma, domicilio,
trabajo y otros puntos similares. No figuran, en cambio, preguntas
respecto de sentimientos, gustos, recuerdos o problemas maritales.
Quienes diseñan los formularios han decidido que un perfil idóneo
de la población se obtiene con ciertos datos económicos, sociales y
culturales, y no con otros. El punto ahora no es entraren la discusión
sobre qué es mejor, sino señalar que todo cuestionario se desprende
de un modelo que se fija a priori.
En el quehacer periodístico, por el contrario, la entrevista se
inventa. La marca que distingue a un buen periodista es su habilidad
para hacer la pregunta perfecta a la persona correcta en el momento

5 Daniel Bertaux, “ From the life-history approach to the transformation of


sociological practice" en Daniel Bertaux (comp ). Biography and Society, Sage,
International Sociological Association, Beverly Hills, California, 1981, pp. 29-45.
En el mismo volumen. Franco Ferrarotti describe su búsqueda de alternativas que
descartarán el uso de encuestas rígidas e inadecuadas para la investigación socioló­
gica: “ On Die autonomy of the'biographical method”, pp. 19-27.

49
indicado. Esta habilidad depende de intuición y conocimiento acer-
' ii de lo que es importante saber, que a su vez dependen de nocio-
iii s universal mente aceptadas sobre qué le interesa a la opinión
publica acerca del mundo. Su pesquisa, generalmente, parte de
amplias y vagas premisas que se estrechan y aclaran conforme brota
Información, hasta llegar a ser hechos escuetos.
l,o que ltacc interesante el relato de Bob Woodward y Carl
llcmstein sobre Watergate es precisamente el ingenio periodístico
pina que las entrevistas confirmen sus suposiciones, mismas que
win luciéndose afirmaciones exactas.6 Con estos hechos elaboran
un relato verosímil alrededor de los actos de personas relevantes al
i uso, que incidentalmente no siempre son las mismas que brindaron
la información. Un periodista busca situar a individuos en eventos
definidos, y para ello prefiere una buena corazonada a un modelo
luliiliblc.

/ o h isto ria o r a l n o tien e c u e stio n a rio s

I mnpoco el historiador oral parte de un modelo. Parte, es cierto, de


mui serie de preguntas e ideas sobre lo que la respuesta a esas
pic||untas podría ser. Esas ideas son una guía flexible para llegar a
i onoccrcómo y porqué suceden ciertas cosas. En este particular, el
lliihujo del historiador oral no difiere del que realizan otros lústoria-
iliiics excepto en que formulará preguntas adecuadas para la fuente
mui La diferencia respecto de sus colegas aparece cuando rebasa la
limpie intención de recurrir a los recuerdos para indagar sobre
ii'<p4Ctos no registrados en documentos escritos o para encontrar la
muadota picante, y se acerca a la memoria porque considera que
In vIda entera de un individuo es importante. Acercarse a la memoria
a liavés del relato biográfico es la primera característica que define
l distingue a la historia oral.
Los demás tipos de entrevista toman su información de la vida
dr ln gente, pero no necesariamente se interesan en la biografía. Aun
i muido parcial u ocasionalmente reúnen datos biográficos, los ins-
i filien dentro de una lógica temporal o temática, definida con
nillli ípación por el investigador. La historia oml sigue el procedi-

11Robert Woodward y Carl Bernstein, Todos los hombres del presidente. Argos,
Han nimia. 1974.

Mi
miento opuesto: deja que el entrevistado construya su biografía
porque su manera de estmeturary narrar su vida proporciona la llave
para entender la experiencia. Por consiguiente, no puede haber un
cuestionario preparado de antemano como lo liay en la encuesta. La
entrevista de historia oral ejercita la flexibilidad en tanto persigue
que aflore la particularidad de lo personal.
La memoria ofrece a quien la escudrina dos tipos de información:
datos y experiencia. La entrevista periodística hurga en pos de datos
precisos que un informante puede, intencionalmente o no, guardar,
y los saca a la luz a veces gracias a la terquedad o a las artimañas.
La experiencia, en caníbio, no existe como información de antema­
no ni yace en algún rincón escondido, esperando a que un arqueó­
logo de la memoria la descubra. La experiencia surge como
información en la medida que el entrevistador y el entrevistado la
crean a través de la relación que entablan durante una entrevista de
historia oral. Ésta es una segunda característica que define y distin­
gue a la historia oral: la búsqueda de la experiencia y su significado
en los eventos narrados por un individuo 7
Por ello, la historia oral concibe a la entrevista como el propósito
mismo de la investigación. Su objetivo es crear un testimonio bio­
gráfico lo nuís extenso posible. La encuesta o el periodismo persi­
guen propósitos para los cuales la entrevista es una herramienta. En
estos casos los objetivos son los datos que la entrevista arroja.

E n tre v ista e in v e stig a c ió n : ¿ p r e c is a r d a to s, re c o n stru ir


h e c h o s o c r e a r d o cu m en to s?

Los datos, ante todo y para que valga la pena el esfuerzo de obte­
nerlos, deben ser precisos. Pero estos datos, en sí, no tienen valor ni
significado. Es tarea de quien recurre a encuestas o de quien hace
investigación periodística darles estos dos atributos.
La encuesta es un paso entre los muchos necesarios para llegar
a este fin. A partir de un modelo teórico, se construyen categorías
con un número dado de variables. Estas últimas se investigan a
través de la encuesta, para después sumar y correlacionar los chitos

7 Alessandro Portelli, “ La verdad del corazón humano: sobre los fines actuales
de la historia oral”. Secuencia, núm. 12', sept-dic., 1988, p. 193.

51
que dan sustancia a lo que se deseaba obtener. La encuesta, en este
sentido, es,fija, ya que rara vez puede hacer otra cosa que no sea
afirmar o negar una categoría.
Ya C. Wright Mills describió hace mucho tiempo, de manera por
demás irónica, lo que él denominó el ritual de la estadística. Las
respuestas verbales se convierten en números, y éstos en series
estadísticas. Los verdaderos datos que hay que interpretar son los
porcentajes y las correlaciones derivadas de estas estadísticas. Para
hacerlo, el analista celia mano del modelo interpretativo que más se
ajuste a su propósito. Al comentar este tipo de trabajo, Mills señaló
la propensión a

usar estadísticas para ilustrar cuestiones generales y cuestiones genera­


les para ilustrar estadísticas. Las cuestiones generales ni se comprueban
ni se especifican. Son adaptadas a las cifras y el arreglo de las cifras es
adaptado a ellas. Las cuestiones y explicaciones generales pueden ser
utilizadas con otras cifras; y las cifras pueden ser utilizadas con otras
cuestiones generales.8

Se llega así a conclusiones inadecuadas para cualquiera de los


individuos encuestados, pero supuestamente generalizares al uni­
verso en estudio.
Este procedimiento de encuesta encierra algunas características
importantes de señalar respecto a las preguntas y quien las hace.
Primera, quien realiza la encuesta puede ser cualquiera, ya que no
requiere mayor destreza o conocimiento. La habilidad para conven­
cer a la gente de contestar algunas preguntas cuenta pero no es
esencial, ya que muchas encuestas pagan a sus informantes. Los
grandes proyectos con financiainiento adecuado pueden mandar a
un ejército de encuestadorcs, mínimanente entrenados, a buscar
respuestas. Segunda, el momento importante de la entrevista sucede
de hecho antes de encontrarse con el entrevistado: cuando se formu­
lan las preguntas de un cuestionario. El cuestionario debe ser eficaz
para obtener aquello que es repetitivo y posible de medir. Lo insólito
o inmensurable carece de interés. Tercera, las preguntas deben ser
inflexibles y abarcar universos microscópicos para reducir a cero la
imprecisión posible en las respuestas. Dado que la encuesta debe

8 Mills, The sociological imagination, Oxford University Press, Nueva York,


1959, p. 71.

52

ppNN R ...RR
\
poder aplicarse por cualquiera, hay que eliminar las opciones, tanto
para quien pregunta como para quien contesta. Por último, no existe
ninguna relación entre las preguntas y la conducción de la entrevista.
Las preocupaciones intelectuales del investígadory del encucstador
pueden ser totalmente distintas, pero ello no debe afectar a la
entrevista o a su análisis. La encuesta es cerrada, inflexible y
perfectamente separada del resto del proceso de investigación: una
encuesta bien hecha es un trámite de la investigación.
Es menos fácil situar la entrevista periodística dentro del conjun­
to del trabajo, ya que no ocupa un espacio limitado y separado.
Frecuentemente leemos, escuchamos o vemos a periodistas que
hacen de la entrevista su especialidad. Barbara Walters puede ser el
ejemplo más conocido y “ glamoroso” de este tipo de periodismo.
Algunos historiadores y sociólogos han dado a su entrenamiento
buen uso para convertirse en famosos entrevistadores, como Studs
ícrkel y su programa radiofónico "Conversaciones con Studs Tcr-
kcl ”.9 En México, Cristina Pacheco y Elena Poniatowska tienen una
trayectoria similar. Ciertamente ninguna Iva alcanzado la populari­
dad de Verónica Castro.
El contenido de estas entrevistas es variado: opiniones, anécdo­
tas, confesiones. Generalmente nos venden la idea de que conoce­
remos los relatos íntimos o las opiniones definitivas. Pero la
verdadera atracción de la entrevista está en su conducción, es
decir, cómo se habla es más importante que de qué se habla. Entre
personas acostumbradas a destacar y manipular espacios públicos,
la entrevista se convierte en un encuentro de voluntades c ingenio.
Entrevistador y entrevistado sutilmente tratan de entrampar uno al
otro, y ágilmente se cuidan de no llevarse un chasco. En otras
palabras, estas entrevistas son el clásico juego del gato y el ratón.
La entrevista periodística común es una herramienta de trabajo.
El periodista, cuando la usa, sencillamente encuentra datos para
reconstruir hechos. La entrevista sirve porque aporta una parte del
total del cuadro, siempre y cuando sea veraz. Un libro como México
amargo ilustra bien su uso.10 La veracidad tiene que ver, general­
mente, con tres consideraciones: que los datos sean coherentes con

4 El conocimiento del oficio de Studs Tcrkel puede apreciarse también en sus


libros; véase, por ejemplo. Working, Pantheon Books, Nueva York, 1974.
10Manuel Mejido, M ixteo amargo. Siglo XXI, México, 1970.

53
I

el cuadro general, que otros los confirmen y que se acoplen a la


visión quo el periodista se ha formado del hecho.
Este propósito de reconstrucción de hechos dicta el tipo de
preguntas que emplea el periodista. Pocas veces se le da hacer pre­
guntas abiertas porque las respuestas a ellas se antojan escurridi­
zas. Las preguntas cerradas, en cambio, ciñen al informante a un
esquema escueto de datos. Pero también el requisito de verificar
información conduce a una gran cantidad de preguntas que indu­
cen, es decir, que contienen implícita o explícitamente la respuesta
que se busca. En este sentido, la entrevista yace fuera del propósito
del trabajo. No es el análisis de la entrevista lo que cuenta, sino el
extraer de ella datos para ser verificados y después puestos en su
lugar correcto, según lo va dictando el rompecabezas que se arma.

L a s p r e g u n ta s en la h isto ria o r a l

Para la historia oral los datos no son entidades aisladas, sino que
integran el tejido de un documento —la entrevista— y ese docu­
mento nos permite llegar a un conocimiento que está ahí, y no en
algo que construimos fuera de él. Los recuerdos nos enseran cómo
diversas personas pensaron, vieron y constniycron su mundo, cómo
expresaron en su conducta, su entendimiento de la realidad. Nos
introducen al conocimiento de la experiencia y de los patrones indi­
viduales y colectivos de dicha experiencia; nos hallamos muy lejos
de los hechos de verdades precisas o de reconstrucciones veraces.
Nos encontramos, por el contrario, con la vida cotidiana de hombres
y mujeres en la que igual importan el tono y la textura de la vida que
la acción, la densidad de los contextos que la estructura social, los
significados de las acciones y de los cambios que sus causas. El
objetivo que busca el historiador oral es una entrevista cargada de
descripción."
La entrevista que busca estas respuestas no puede fijar anticipa­
damente las preguntas. El historiador oral se sirve de un guión y no
de un cuestionario. El guión es una lista de ideas con un orden que

11 Véase Clifford Gcertz, La interpretación Je las culturas, Gcdisa, México,


1992, pp. 19-40; Peter Fricdlander persigue precisamente este objetivo en The
emergence o f a UAM local, 1936-1939, University o f Pittsburgh Press, Pittsburgh,
1975.

54
'-V
puede parecer lógico, pero que seguramente variará en el transcurso
de la entrevista. Las preguntas fluyen con la plática, y rara vez van es­
critas de antemano. La intención de las primeras preguntas es provo­
car largas descripciones de la vida del entrevistado. Son abiertas. El
entrevistador rara vez interrumpe. Gradualmente aparecen las pre­
guntas cerradas, que piden aclaraciones y precisiones. Aparecen tam­
bién preguntas que buscan explicación para lo descrito, tanto en un
nivel muy general como en otro muy personal. El entrevistador inter­
viene más, pregunta y comenta. Se entabla una conversación. La inte­
racción de entrevistado y entrevistador, vista como un procedimiento
de entrevista, gira alrededor de una mezcla balanceada y bien admi­
nistrada de varios tipos de preguntas.
El historiador también se preocupa porvcrificar la información ob-
tienida. Procede a ello en forma ditinta a la del periodista, especial­
mente porque evita las preguntas inductivas. No es su intención, como
es la del periodista, descubrir la verdad del hecho. Durante la entrevis­
ta querrá verificar la coherencia interna de la narracióny de la relación
entre hechos —no sólo la relación cronológica, la más obvia, sino
también en los significados y niveles en que se mueve la entrevista.
El historiador oral parte de la idea de que la narración del entre­
vistado es válida aunque incurra en fallas de memoria, exageraciones
o inclusive ficciones, porque todo ello confiere significado a la
experiencia de su vida. Es importante distinguir la exageración de la
exactitud, la ficción de la escueta verdad, pero no para descartar lo
que se desvía de la verdad sino para poder comprender el significado
de lo que se narra.
La vida de una persona es una puerta que se abre hacia la
comprensión y, por ende. Ivacia la reconstrucción de la sociedad en
que vivió. Para abrir esa puerta, el historiador requiere de gran
habilidad y sensibilidad en el momento de entrevistar, sabiendo de
antemano que la entrevista a una persoiva puede durar muchas horas
repartidas en muchas sesiones. Requerirá, también, de elementos
conceptuales y analíticos tomados del análisis literario, de la antro­
pología simbólica y de cuanto le sea necesario para descubrir —no
para dar— significados. La entrevista es, en este sentido, un proceso
creativo y completo de investigación.12

I! Alessandro Portelli, "Peculiaridades de la historia oral”, Christus, núm. 53,


junio, 1988, pp. 35-44.

55
< •
E l e n tre v ista d o : ¿in fo rm a n te, fu en te o c o la b o r a d o r ? L a p r im e r a cita

Las situaciones de entrevista generalmente son forzadas, ya que el


El proceso entero abarca desde la selección inicial de entrevistados común de la gente no va por ahí esperando y deseando que alguien
hasta la exposición objetiva del resultado. La importancia que se le se inmiscuya en su vida. Todos los que hacemos entrevistas reco­
concede al entrevistado en cada momento marca otro punto de dis­ nocemos esta situación, pero no lidiamos con ella de igual manera.
tinción. La encuesta, ni qué decir, escasamente toma en cuenta a sus Quien liacc historia oral le da particular importancia a la manera de
informantes más allá de identificarlos según características dadas. El hacer el primer contacto y de citar a una entrevista. Generalmente
periodista y el historiador oral, por el contrario, demuestran mayor el entrevistado es alguien a quien se llega personalmente, a través
cuidado e interés hacia las personas con quienes platican. de una red de “conocencias” que se va creando y que es parte de la
Tomemos tres momentos de la entrevista para ver cómo el lugar investigación.
que se le otorga al entrevistado resulta en diferencias sustanciales. En una ocasión, un recorte de periódico sobre un proyecto
El primer momento es el del contacto: quién arregla y cómo se arre­ realizado algunos años antes permitió a uno de los autores entraren
glan las citas. El segundo es el de la entrevista misma: qué relación contacto con un colega, quien lo introdujo a una familia y ellos, a
se establece entre los dos participantes. El tercero es el de los su vez, lo presentaron con sus familiares y amigos. Llegar de esta
resultados: cómo se entera el entrevistado del fruto que produjo la manera abrió puertas y sembró un grano de confianza que predis­
entrevista. puso favorablemente a los posibles entrevistados a colaborar con la
Un proceso de entrevista se inicia con la pregunta ¿a quién investigación.
entrevistar? Al que diseña encuestas le interesan grandes gnipos que El primer contacto siempre fue informal: juntarse a tomar un
puedan servir como muestra aleatoria o representativa. Las caracte­ café, una cerveza o a comer. Esa ocasión fue ideal para solicitar la
rísticas importantes de los individuos son aquellas que pueden ser entrevista y acordar una cita. El lugar y el momento lo decidieron
sumadas y divididas en grupos de iguales. Los periodistas buscan en los entrevistados: unos prefirieron su casa, otros su lugar de trabajo,
el otro extremo, a individuos excepcionales. Puede tratarse de perso­ otros un parque o un bar. Gracias a este cuidado, ellos se sintieron
nas famosas que conceden una gran exclusiva, o individuos con poder cómodos y sin prisa durante la realización de la entrevista.
que revelan, como oráculo, la verdad sobre lo que sucede en el Un periodista que trabaja en un reportaje extenso avanza de
mundo, o bien testigos presenciales que narran con detalle un acon­ manera similar. Recurre a redes de contactos previamente estable­
tecimiento sensacional. cidas, y las amplía poniendo particular cuidado en el arreglo de una
También al historiador oral puede interesarle entrevistar a los entrevista. Una cita malograda puede ser la línea divisoria entre el
famosos, poderosos o con conocimiento único sobre algún hecho en éxito y el fracaso, pero muchas veces la premura de escribir la
particular. Pero, a diferencia del periodista, concede igual valora sus noticia para el día siguiente lo obliga a pasar por alto todas las reglas
testimonios que a los de hombres y mujeres ordinarios. Reciente­ y conseguir la entrevista en el acto. Frecuentemente el entrevistado
mente, además, la historia oral ha sido mayormente asociada con el mostrará comprensión hacia las presiones bajo las que trabaja el
interés por escribir acerca de aquellos que no dejaron una secuela de reportero. El historiadororal no contará con la misma simpatía hacia
documentos tras de sí. su labor. Por ello no puede imponer sus condiciones, aun cuando
las circunstancias justificaran su imposición, y debe acomodarse a
las preferencias del entrevistado.
Muy por el contrario, el encuestador presta poca atención al
contacto inicial. Si se trata de una muestra representativa, un anun­
cio en el periódico puede ser la manera de conseguir que un cierto
número de personas con características dadas se presten para la

56 57
encuesta, a cambio, generalmente, de una remuneración. También
se puede acudir al sitio donde se piensa estarán congregadas nume­
rosas personas que presenten las características deseadas —por
ejemplo un supermercado a las doce del día, si se desea saber algo
sobre las mujeres de clase media, casadas, de mediana edad, y
ocupadas en el hogar. Esto último es el medio favorito cuando se
desea una muestra aleatoria: un ejercito de encucstadorcs peina
diversas áreas de una ciudad, pueblo o campo. En cualquier caso,
no hay cuidado especial por llegar a cada individuo a través de
intermediarios que faciliten y suavicen el primer contacto, y la en­
cuesta se realiza en esc momento, sin atender la conveniencia del
cncucstado.

C o n stru c c ió n d e una r e la c ió n

Si alguien preguntara a un profesional de clase media porqué accede


a contestar los formularios del censo, probablemente respondería
algo sobre la necesidad de contar con datos precisos sobre los
habitantes del país para formular planes y políticas. Un inmigrante
indocumentado en Estados Unidos, seguramente respondería que
prefiere no contestar los formularios y que si no puede escabullir­
se, proporciona información falsa. Ambas respuestas señalan la
importancia que tienen el convencimiento y la confianza en el
transcurso de una entrevista.
El cncucstador, en la calle o en una oficina, no se detiene a
explicar su propósito, ni trata de persuadir a un individuo para que
participe en él. Espera, gracias a la sorpresa, la agresividad, la
intimidación, la seducción o el pago, imponer la situación de entre­
vista.
Un periodista cultiva el arte del convencimiento, pero también
utilizará cuantos trucos conozca para obligar la participación de un
individuo renuente. La vanidad —“ lo publicaré en primera pla­
na” — o el miedo —“ publicaré la información con o sin su versión
de los hechos” — siempre estarán de su lado para lograr una entre­
vista. La confianza y el interés por participar no son ingredientes
esenciales de estas situaciones de entrevista.
Un historiador oral no puede permitirse conductas similares. Por
el contrario, es consciente de que una buena entrevista depende en
alto grado de explicar claramente su propósito, y así despertar el
interés del entrevistado por participar en ella. Corresponde al inves­
tigador persuadir y motivar dando detalles de lo que quiere hacer,
resaltando la importancia de una persona en particular para sus
objetivos, demostrando el entusiasmo que produce la investigación.
Una parte importante de lo que hace el historiador oral con el
entrevistado, en esc segundo momento del proceso de entrevista, es
precisamente construir una relación de confianza y de interés en lo
que hablan.
No existe fórmula para hacerlo, aunque vale la pena anotar
algunas indicaciones respecto de lo que puede y no puede funcionar
en una situación de entrevista. La prepotencia o la indiferencia, por
ejemplo, destruyen la confianza. Cuando un periodista hace gala del
poder que le confiere trabajar para los medios y orilla a una persona
a revelar algo que no desea, genera conflicto. Una entrevista que es
uii duelo de voluntades, alerta al entrevistado a mantener la super­
ficialidad. Los interrogatorios de una encuesta pueden crear situa­
ciones tensas, aunque más fácilmente producen desinterés cuando
el cncucstador demuestra más preocupación por hacer todas las
preguntas que por la ilación o el contenido de las respuestas.
El historiador oral puede fácilmente caer en estas actitudes. Es
común escuchar o leer el consejo, cuando uno quiere aprender a
hacer historia oral, de documentarse sobre la época y los temas de
interés antes de hacer entrevistas. A este consejo debemos añadir
que hay que tener cuidado de no apabullar al entrevistado con
nuestro conocimiento libresco. La experiencia de la persona que
habla, aun cuando narra,sucesos conocidos, sólo ella la conoce. Ello
no quiere decir que vayamos al extremo de mantener la boca
cerrada, que podría interpretarse como falta de interés. Una buena
entrevista transcurre en el tono de una conversación placentera.13
Un buen conversador sutilmente dirige la plática, con sensibilidad
interrumpe para comentar o preguntar, con interés escucha y con
curiosidad se enreda en una narración. Una persona que se siente
escuchada hará su mejor esfuerzo por ofrecer un relato completo.
Una condición central para la realización de la historia oral es
respetar a la persona que tenemos enfrente. De esta manera no

1■'Posiblemente todos los historiadores orales coinciden con lo escrito por Phillipc
Joutard: “ la buena entrevista es cuando se tuvo mutuamente placer en la conversa­
ción” . Esas voces que nos llegan Jet pasado, Fondo de Cultura Económica, México,
19X6, p. 307.

59
I '
creamos meramente una relación de preguntas y respuestas, sino un
clima de comodidad y confianza. Gracias a ello podremos regresar
a platicar infinidad de veces con un mismo entrevistado, tratar temas
delicados con desenfado, y pedir, cuando sea necesario, mayor
esfuerzo de memoria para precisar y aclarar detalles. En el transcur­
so de estos encuentros se crea una relación igualitaria y amistosa.
La entrevista que más se acercó a este ideal, en nuestra experien­
cia, fue la que Mario Camarera realizó con Justa Hernández a lo
largo de seis meses. En las primeras pláticas ella narró su vida de
penurias en el trabajo, iniciada en las primeras décadas de este siglo
en la "Fama Montañesa'’, fábrica textil enel sur del valle de México.
Conforme pasó el tiempo y las sesiones semanales de entrevista se
sucedían con regularidad, fue apareciendo la amistad. Mario era
comúnmente invitado a las fiestas familiares, y doña Justa incluso
comentó que lo extrañaba cuando no llegaba a platicar. En la medida
que creció la confianza, los relatos cambiaron. Apareció entonces
doña Justa más allá de su historia oficial, fiel al tamaño de la vida.
Habló sobre sus aspiraciones, sus temores, su relación marital, sus
problemas con los hijos, sus goces más sentidos. Entró así a des­
cripciones extensas y explicaciones profundas de su vida.

R e c ip r o c id a d

La narración que es fruto de esta relación cercana pertenece tanto al


investigador como al que narra. Incumbe al primero entregar una
copia de este documento a su colaborador, como gesto de respeto y
reconocimiento de la coautoría. Éste es el tercer momento del pro­
ceso de entrevista: qué conocimiento tiene el entrevistado del resul­
tado de la entrevista.
Es costumbre de los historiadores orales obsequiar una copia de
la entrevista al entrevistado y, a veces, también del trabajo interpre­
tativo realizado con ella. Ni en el caso de la encuesta ni en el de la
entrevista periodística es costumbre hacer esto. Un entrevistado
puede enterarse por el periódico de lo que sucedió con su entrevista,
y ya es un lugar común acusar a la prensa de tergiversar testimonios.
En el caso de la encuesta, aun si por casualidad la persona que
concedió una entrevista se topa con el trabajo basado en esas
encuestas, no reconocerá su contribución en los promedios porcen­
tuales. El cncuestador y el periodista terminan la relación con el

60
entrevistado al formular la última pregunta y recibir la última
respuesta. El resultado de la entrevista pertenece a quien hizo las
preguntas.
La reflexión que una persona hace sobre su vida durante una
entrevista es única c irrepetible. Debido a ello la relación creada
durante una entrevista de historia oral no termina cuando se levanta
la sesión. Si consideramos que ambos participantes crearon un
documento, entonces ambos deben tener acceso a él. Muchas veces
la transcripción y la revisión se hacen conjuntamente. Esta colabo­
ración conduce a más conversación y a nuevos relatos. Y la relación
entre los autores persiste aunque terminen el texto y dejen de
frecuentarse, porque están asociados en la narración e interpretación
de una experiencia.
Podríamos señalar cantidad de divergencias adicionales, pero
nos extenderíamos demasiado en cuestiones quizá menores. Las
diferencias esenciales en los objetivos, procedimientos y relaciones
quedan ya establecidas. Estas diferencias, como hemos visto, nacen
de concepciones diferentes.
Hay investigaciones para las cuales la entrevista es una herra­
mienta que está fuera del propósito de la investigación; también la
persona entrevistada está fuera de ese propósito, e inclusive puede
estarlo quien realiza la entrevista. Otra concepción, la de la historia
oral, hace de la entrevista una colaboración para producir un docu­
mento cuyo análisis e interpretación es el propósito de la investiga­
ción.
Metodología y práctica de la entrevista

Graziella Altamirano
Instituto Mora

L a e le c c ió n d e l m é to d o y e l p r o y e c to d e in v e stig a c ió n

Como liemos partido de la afirmación de que la historia oral es una


metodología utilizada para preservar el conocimiento de los eventos
históricos tal como fueron percibidos por los actores sociales, o bien
la experiencia de vida de un testigo, será necesario que su aplicación
vaya ligada a una actividad de investigación. Así, antes de pensar en
la posibilidad de hacer historia oral, es preciso determinar cómo sera
abordado y trabajado nuestro objeto de estudio, es decir, que existan
preguntas que justifiquen el desarrollo de una investigación.
Elegir el método de historia oral para una investigación específica,
presupone que este sea realmente adecuado para el tema en estudio
y para las cuestiones que el investigador se plantea en su proyecto,
con el fin de obtener y analizar las distintas versiones que los
entrevistados proporcionen.
El proyecto, según sus objetivos e hipótesis, tiene como función
dirigir la investigación a través de la entrevista, precisar a qué
personas entrevistar, qué preguntas formular y cómo efectuar el
tratamiento de cada caso.
La historia oral cuenta con criterios elásticos para su aplicación,
dichos criterios dependen del proyecto y de los objetivos del trabajo.
En cada caso particular se determinará si es conveniente o indispen­
sable la realización de entrevistas que cubran, ya sea toda la trayec­
toria de la vida de las personas entrevistadas, o bien, sólo una etapa
específica.

62
*>
Optar por la historia oral depende del tipo de preguntas formula­
das sobre el objeto de estudio y también de que exista una situación
viable para que se lleve a efecto la investigación. En este sentido, es
necesario contar con sujetos no sólo vivos, sino disponibles y en
condiciones de proporcionar información.
Como se lia apuntado en el capítulo anterior, el testimonio oral
requiere el mismo tratamiento analítico que cualquier otro documen­
to; esto no significa que el empleo de este método haga innecesaria
la consulta de fuentes existentes sobre el teína. Más aún, en la medida
de lo posible conviene cotejar diferentes fuentes, arclúvos, escritos
y otros testimonios.
Una vez definido y planteado el proyecto, es conveniente realizar
una investigación profunda de fuentes primarias y secundarias con
el fin de obtener una base firme de conocimiento del contexto. Con
ello, se tendrá la posibilidad de situar a los candidatos a entrevistados
y formular las interrogantes pertinentes.
Sin esta investigación previa, se corre el riesgo de desaprovechar
el potencial de trabajo de la historia oral, cuya peculiaridad consiste
en obtener la subjetividad del testimonio hablado mediante la parti­
cipación activa del investigador y del entrevistado.
Lo anterior se puede ilustrar con un ejemplo: supongamos que
nuestro proyecto de investigación es la historia de una empresa. En
primer termino localizaremos los documentos que sobre ella existen:
sus estatutos, actas de creación y de reuniones, facturas, correspon­
dencia, hemerografía, etc. Esto nos dará información sobre sus
funcionarios y empleados,,la trayectoria de la empresa, sus relaciones
con el mercado, su estructura de producción, etcétera.
Al aplicar los métodos de la historia oral pondríamos nuestro
interés en algún punto específico; no tanto en los datos de los
documentos inicialmcntc consultados, que sólo servirán de apoyo,
sino en las diferentes versiones del personal de la empresa.

(¡n ía te m á tic a

Con fundamento en el proyecto y en la investigación sobre el tema,


el siguiente paso será la elaboración de una guía general.
De acuerdo con los objetivos del proyecto, esta guía será estruc­
turada con el acopio de los datos ya obtenidos durante la investiga­
ción y, a su vez, servirá de base para las actividades subsecuentes.

63
como son la Elaboración de guías temáticas individuales y la evalua­
ción de los resollados de la investigación.
La guía temática general debe contener una amplia visión de lo
(|ue ya se sabe sobre el objeto de estudio y de aquello que se quiere
indagar a través de las entrevistas.
Es importante formular a todos los entrevistados las preguntas
consideradas como generales, lo que no significa que serán tratadas
de la misma forma en todas las entrevistas, ni tampoco que tendrán
el mismo peso en todas las informaciones. Antes bien, ello permitirá
justamente que se puedan comparar versiones diferentes sobre el
mismo asunto, producto de las posiciones también distintas de los
entrevistados.
Si bien la guía contiene las preguntas de lo que se quiere saber,
obviamente nadie va a responderlo todo. Hay que tomar en cuenta
que este instrumento de trabajo es como la materia prima que se va
adaptando a cada entrevistado.
Si así conviene, en la elaboración de la guía se podrá hacer una
pcriodización del tema (las coyunturas que se han presentado en el
proceso investigado), una zonificación (las áreas geográficas que
cubre la investigación) y una determinación de las áreas temáticas
(secuencia biográfica y el tema central de interés).
Retomando nuestro ejemplo sobre el estudio de la empresa, puede
ser que se encuentren cambios significativos en su trayectoria que
nos permitan hacer una pcriodización, o bien, que uno de los objeti­
vos de la investigación sea estudiar sus sucursales en distintas regio­
nes, o que tan sólo el foco central sea, por ejemplo, estudiar los
problemas sindicales; entonces, la guía temática será diseñada con
una pcriodización, una zonificación o un tema específico.

S e le c c ió n d e lo s e n tre v ista d o s

Así como la historia oral puede o no ser un fin en sí misma, inde­


pendiente de la investigación, la simple existencia de entrevistados
potenciales no justifica su empleo.
En toda investigación se parte de un cucstionamiento, y si éste
plante;! la pertinencia de emplearel método de historia oral, entonces
es el momento de verificar si en el universo de estudio existen
posibles informantes. Es decir, si el acceso a ellos es viable y si están
en condiciones físicas y mentales de ser entrevistados.

64
La selección de los entrevistados responde, en primer lugar, a los
objetivos de la investigación. En la definición de la investigación y
durante la elaboración del proyecto surgirá la pregunta “¿a quién
entrevistar'/” Incluso, su formulación es simultánea a la opción por
el método de la historia oral.
Continuando con nuestro ejemplo sobre la historia de una fábrica,
si el interés específico es el estudio de las relaciones laborales
establecidas en un determinado periodo, será conveniente escoger a
los posibles entrevistados entre las personas que puedan proporcio­
nar información en esc sentido: directores de la empresa, dirigentes
sindicales y obreros, etc. En cambio, si el objetivo principal son las
relaciones de la fábrica con el gobierno, se buscara entrevistar a los
directivos de la empresa y a funcionarios gubernamentales. Si los
objetivos abarcan todos los aspectos vinculados a la historia de la
empresa, el listado de informantes en potencia se ampliara consider­
ablemente, se tomaran en cuenta empleados, directores, dirigentes
sindicales, funcionarios del gobierno, incluso miembros de otras
empresas y hasta consumidores de sus productos.
Debido a que la metodología de la historia oral implica abordar
cualitativamente el objeto de estudio, la selección de los informantes
debe partir principalmente del significado de su experiencia o de su
posición en un grupo, y no de una preocupación de muestreo orien­
tada por criterios cuantitativos.
Conviene entonces seleccionar a los entrevistados entre aquellos
que puedan ser más representativos en función de la cuestión que se
pretende investigar. En este sentido, la selección de los infor- mantes
como “ unidades cualitativas” entre los integrantes de una determi­
nada categoría de personas requiere también de un conocimiento
previo del objeto de estudio.
El listado de los posibles entrevistados, sin embargo, estará sujeto
a circunstancias específicas que lo modifiquen. En primer lugar,
puede presentarse una negativa a proporcionar información, ya sea
por falta de tiempo, o simplemente por falta de interés. Estas circuns­
tancias alteran el perfil del listado inicial, por lo que los posibles
informantes pueden ser sustituidos por otros que, de alguna forma,
cumplan el mismo objetivo de los primeros. Otra circunstancia que
altera el listado durante la investigación es el surgimiento de nuevos
nombres antes no considerados, cuya información resulte fundamen­
tal en la construcción del análisis. Finalmente, la lista puede ser
alterada debido a que los entrevistados no respondieron a las expcc-

65
f
« «
tativas iniciales, es decir, que su participación en el tenia no fue tan
profunda como parecía1 o que resultó reducida su disposición para
hablar sobre sus experiencias o que su memoria y su capacidad de
articulación de pensamiento fueron insuficientes para los propósitos
de la entrevista.
Esto nos demuestra que la opción por entrevistar a determinadas
personas, por más justificada que parezca durante la formulación del
proyecto, sólo se fundamenta plenamente en el momento de realizar
las entrevistas, que es cuando se verifica si la selección hecha fue
apropiada.
Todo lo anterior nos lleva a preguntarnos cuántas personas debe­
mos entrevistar a lo largo del trabajo. Tal decisión también se
relacionará directamente con los objetivos de nuestra investigación.
Si ésta no depende de alguna institución, es decir, si está fuera del
ámbito de un programa de historia oral, el número de entrevistados
puede ser muy reducido, inclusive a una única persona, si su infor­
mación fuera tomada como contrapunto y complemento de otras
fuentes y resultara lo suficientemente significativa para figurar como
fuente única de historia oral. Generalmente este caso no se aplica a
investigaciones de carácter institucional o a aquellas que adoptan la
historia oral como metodología de trabajo tomando la producción de
entrevistas y su análisis como fuente principal. Aquí el interés central
es justamente la posibilidad de hacer comparaciones entre las dife­
rentes versiones que los entrevistados proporcionen sobre el pasado,
tomando en cuenta lo que las fuentes ya existentes nos han dicho
sobre el asunto. Así, el número de entrevistados debe ser lo suficien­
temente significativo para que el material sobre el cual se apoye el
análisis sea más consistente. Sin embargo, ello no quiere decir que la
cantidad garantice la calidad. El investigador es el que, conociendo
progresivamente su objeto de estudio, valorará la suficiencia del
material para llevar a cabo una interpretación bien fundamentada de
su trabajo.

1 Esto puede ser un dato significativo que lleve al investigador a reflexionar sobre
las razones por las cuales se había formado determinada imagen inicial del entrevis­
tado.

66
#

L a e n tr e v is ta

La entrevista es el meollo del trabajo de historia oral. Es allí don- de


la investigación y la práctica científicas se vinculan y producen
resultados.
Por su papel central, esta etapa debe ser objeto de cuidado y
dedicación por parte de los investigadores. Ello significa, entre otras
cosas, que la guía temática sea lo más completa posible, que el equipo
con que se cuenta para grabar esté en buenas condiciones y, princi­
palmente, que el entrevistador esté consciente de la especificidad de
la relación que va a establecer con el entrevistado.
La entrevista de historia oral ha sido definida como un proceso
por medio del cual el investigador busca crear una evidencia histórica
a través de la conversación con una persona cuya experiencia de vida
es considerada memorable. Aquí se plantean dos aspectos fundamen­
tales: la memoria y la comunicación.
La memoria es la facultad que tiene la mente de conservar y
recordar lo sucedido. Es la retención de los cambios aprendidos en o
a través de la conducta.
Es durante el aprendizaje cuando se inemoriza, y está comprobado
que cualquier experiencia que produzca un aumento del aprendizaje
deja su recuerdo grabado en el individuo. Además, es admitido que
cuando las experiencias se viven en un estado de mayor emotividad,
el recuerdo será mucho más permanente y muclio más claro.
El proceso de la memoria depende de la percepción del individuo.
En el orden en que se aprende algo, hay que conocerlo a profundidad
o hay que vivirlo.
Los entrevistados han experimentado los hechos que tratamos de
recuperary, como la vivencia se da en etapas, en ellas la información
que se recobra se va ordenando en el cerebro, no siempre acorde a la
cronología colectiva.
El procesóle la memoria depende también del interés del indivi­
duo para recordar. Al realizar una entrevista es muy importante que
el entrevistado esté dispuesto a proporcionar su información.
Por otra parte, la memoria está sujeta a la edad, a diversos intereses
o a deformaciones.
Durante la entrevista, uno de los papeles que desempeña el entre­
vistador es auxiliar al entrevistado en el proceso de recordar. Estará
ayudándole a construir la memoria, y esto lo llevará a discernir entre
lo fáctico del recuerdo y la experiencia vivida.

67
« *
Lo que constituye precisamente el interés del testimonio oral es la
relación entre el recuerdo espontáneo, el recuerdo solicitado y exhu­
mado, y el silencio. En este sentido la ausencia puede ser tan signi­
ficativa como la presencia. Tanto la memoria como el olvido son
procesos activos. No se puede interpretar el olvido como una falla y
la memoria como simple reproducción de la realidad pasada. Así, el
proceso de la memoria, con sus obsesiones, sus resistencias y sus
vacíos, aparece también como algo digno de análisis.
Con respecto a la comunicación, ésta se da en la entrevista a través
de la interacción que se establece entre el entrevistador, el entrevis­
tado y el hecho que se construye. Estos tres elementos que integran
la entrevista establecen cuatro relaciones diferentes, pero a la vez
interdependientes.
La primera relación que se establece entre el entrevistador y el
entrevistado es sincrónica. En ella se da una situación obligada, que
tiene un lugar específico en el tiempo: para el entrevistador actual y
para el entrevistado actual. Pero simultáneamente retoma del pasado
lo vivido. A través de esta primera relación es por la que las otras
tienen razón de ser y son operativas.
La segunda relación se da entre el entrevistador y el hecho
histórico estudiado. Esta es diacrónica, es decir, lo que el entrevista­
dor como investigador e intérprete del hecho histórico conoce en el
presente sobre este hecho. Presupone que existe un conocimiento
histórico que lia conseguido a través de su investigación sobre el
tema, el investigador luí interpretado los hechos y les luí dado un
significado propio; los ha interpretadoá través de sus conocimientos,
de su estatus social, de su compromiso, de su ideología, etc. Interpre­
tado el hecho histórico el investigador lo llevará así a su conversación
con el entrevistado.
La tercera es la relación entre el entrevistado y el hecho histórico.
Su conocimiento del tema parte de una experiencia completamente
diferente a la del entrevistador, está basado en vivencias dilectas. Si
conoce el tema es porque lo ha vivido y estas vivencias le lian hecho
adquirir experiencias. El entrevistado va a dar su propio significado
a su experiencia.
La cuarta es la relación que se establece entre entrevistador, hecho
histórico y entrevistado. Esta relación es sincrónica y diacrónica en
cuanto a la construcción de los hechos, la cual va a ser diferente en
la mente de ambos individuos.
Esta sería una de las formas de fundamentar la validez de la entre-

68
«r
\
vista, tomando en cuenta, por un lado, la importancia que se debe dar
a la memoria y, por el otro, la especificidad de la comunicación que se
establece entre los tres elementos que en ella intervienen.
La entrevista es un diálogo entre entrevistador y entrevistado. Es
una construcción e interpretación del pasado, actualizada a través del
lenguaje hablado. En este sentido, tiene como característica desen­
volverse en medio de recuerdos y evocaciones, repeticiones, desvíos
c interrupciones que le confieren un potencial de análisis en gran
parte diferente del que se hace a un documento escrito. El análisis de
la entrevista tal como efectivamente transcurrió, permite que se
tomen en cuenta los significados no intcncionalmente expresos, y
faculta al investigador para cuestionarse, por ejemplo, sobre por qué
tal o cual evocación llevó al entrevistado a relacionarla con otra, o
por qué reaccionó de determinada manera ante tal recuerdo. El
carácter oral de la información, conservado en la grabación, propor­
ciona al investigador otras posibilidades de indagación con respecto
a las particularidades y recurrencias del discurso del entrevistado, al
registro de sus emociones, énfasis, autocorrecciones, etc. Pueden
obtenerse datos significativos que permiten un análisis del discurso
propiamente dicho que, tratándose de un acervo de testimonios, tiene
la posibilidad de aplicar estudios comparativos por generaciones,
grupos sociales, formación profesional, etcétera.
De acuerdo con cada investigación particular, pueden llevarse a
cabo dos tipos de entrevista: la temática y la de historia de vida.
La entrevista temática busca únicamente obtener información so­
bre tópicos muy concretos de la experiencia humana y relega otros as­
pectos que no están directamente relacionados con estos. Ejemplo de
este caso puede screl trabajo de Elena Poniatowska sobre el terremoto
de 1985 llamado Las voces del terremoto. En este libro se encuentran
los testimonios de habitantes marginados de la ciudad de México,
como costureras, amas de casa, trabajadores no especializados, sobre
su experiencia durante el sismo en la ciudad de México.
La entrevista biográfica o las historias de vida tienen otro objetivo,
pues si bien el interés del científico social se dirige hacia un proceso
o acontecimiento determinado, le interesa conocer el contexto desde
el cual éstos fueron vividos. Por ello pregunta sobre quiénes fueron
sus padres, sus recuerdos infantiles, su educación, detalles de su vida
y hábitos cotidianos, su vida familiar, hasta desembocar en el centro
u objetivo primordial de la entrevista. Si bien las historias de vida
son mucho más largas, difíciles y costosas, son mucho más ricas en

69
el tipo de información que proporcionan, en la clase de análisis que
posibilitan, y útiles en la reconstrucción histórica que intenta llegar
a una historia total.
El tipo de entrevista que se elija depende de los objetivos del
proyecto. A veces los investigadores optan por reducir su universo
interrogativo a determinados aspectos como la educación, la vida
familiar, etc., absteniéndose de indagar sobre temas colaterales o
simplemente no contemplados dentro de sus objetivos. En este caso
echan mano de la entrevista temática.
Lo ideal sería pretender abarcar la historia de vida. Aun teniendo
un tema específico como objeto de estudio, si se cuenta con el tiempo
y los recursos suficientes es conveniente hacer historia de vida
incluyendo en forma relevante la participación del entrevistado en el
tema que nos ocupa. Así, partiendo de los datos biográficos del
individuo, se puede profundizar en el objetivo central de nuestra
investigación. Se entrelazan las áreas temáticas en el hilo central de
la vida del individuo sin perder de vista una serie de conceptos como
son conciencia de clase, condición de vida, espcctativas, valores,
ideología, etcétera.

El entrevistado

Los entrevistados varían considerablemente. Hay quienes tienen más


facilidad de palabra, necesitan pocas preguntas y simplemente pue­
den ser dirigidos haciéndoles aclaraciones. Los liay lacónicos que, si
se les anima un poco y se les plantean preguntas abiertas, pueden
revelar unas memorias mucho más ricas de lo que en un principio se
creía, o los que definitivamente no responden a lo que esperábamos
de ellos.
Es importante tomar en cuenta que nuestro narrador puede haber
contado su vida, o la historia de su vida, cientos de veces, pero
posiblemente nunca lo hizo a un demandante y atento investigador.
Esto influye en el ritmo y el tono de su historia, y quizá se sentirá
estimulado para dar lo mejor de sí, pensar bien las cosas, organizarías
en forma coherente y buscar un lenguaje comprensible.
No obstante, no hay que perder de vista que el discurso de nuestro
narrador va a tener sus propios ritmos, y que su concepción del tiempo
quizá será diferente al tiempo oficial y a nuestro tiempo, los cuales
corresponden a nuestros intereses y no a los suyos.

70
Porcjcmplo, para nuestra investigación de la historia de la empre­
sa tal vez sea fundamental obtener una fecha aproximada de una
huelga o de un cambio de dirigentes, y sin embargo el entre- vistado
nos proporcione fechas que son relevantes para el en función de su
vida personal, y no de la historia de la empresa.
El entrevistado, al hablar sobre su vida, expresa la manera como
experimentó y percibió su contexto histórico social como prota­
gonista, participante o espectador, y su voluntad para transmitirla
influye indudablemente en el éxito de la entrevista.
La reticencia del entrevistado, la falta de lucidez y de memoria,
así como los temores personales o gmpales, pueden obstaculizar la
buena marcha de una entrevista. De igual manera, la edad o el estado
físico son elementos fundamentales a tomar en cuenta para obtener
un buen o mal resultado.
Es importante también tener presente el riesgo que se corre al
entrevistara aquellos individuos que no quieren aventurarse a perju­
dicar su imagen por el cargo que ocupan o la posición que tienen en
determinado grupo político o social. En este caso es conveniente
sopesar los riesgos de obtener una información desvirtuada por el
cuidado de esa imagen.
Si el entrevistado distorsiona el pasado en función de su visión
particular, omite informaciones o evita hablar sobre determinados
asuntos, puede ser percibido durante la entrevista. Sin embargo,
puede no ser un factor negativo el hecho de distorsionar la realidad,
tener fallas de memoria o equivocarse en el relato. Lo importante sera
incluir tales ocurrencias en una reflexión más amplia, cuestionándo­
nos por qué razón el entrevistado concibe el pasado de una forma y
no de otra, y por qué y en qué medida su concepción difiere o no de
otros entrevistados.

E l e n tr e v is ta d o r

Pant ser un entrevistador competente se requiere tura serie de aptitu­


des nuevas, incluyendo cierta comprensión de las relaciones huma­
nas. Los historiadores orales participan de experiencias a nivel
humano a las que no tendrían acceso desde su mesa de trabajo.
Algunos tienen esas aptitudes, pero otros necesitan aprenderlas. En
este sentido, el criterio que se va formando a través de la experiencia,
de la autocrítica y de los resultados obtenidos en cada entrevista.

71
I *
c
contribuirá a la formación de un buen entrevistador. El investigador
de historia oral se irá haciendo buen entrevistadora medida que haga
más entrevistas.
El investigador debe saber acercarse al informante c inspirarle
confianza estableciendo una relación directa, abierta y solidaria con
el. Debe ser paciente y tener una gran capacidad de adaptación; tener
honestidad y sensibilidad y adquirir conciencia de su responsabilidad
en cuanto participante en la creación del documento de historia oral,
ya que en la medida en que conozca y entienda el contexto histórico
del entrevistado, tendrá la posibilidad de guiarlo en la constnicción
de sus experiencias. Ello lo llevará a formular correctamente las
preguntas e interpretar analíticamente tanto las respuestas como los
silencios y omisiones.
El entrevistador debe evitar actitudes policiacas, inquisitivas c
insistentes, poniendo atención incluso en su lenguaje corporal. Debe
utilizárun lenguaje claro y comprensible al cuestionara! entrevistado
y debe ser consciente de sus limitaciones, ya que puede ser que por
timidez, quizá sea él quien se ponga más nervioso en el transcurso de
la entrevista.
Además, el entrevistador debe manejar una serie de principios que
abarcan la etica profesional, por ejemplo, no pagar ni ofrecer dinero
por la entrevista, ya que se estaría condicionando al entrevistado. No
tratar de obtener la entrevista por medio de engaños, ni ocultar la
grabadora, haciendo grabaciones clandestinas, o realizarla cuando el
sujeto este en estado inconveniente. Tampoco ofrecerle una “copa”
para obtener información.2

D in á m ic a ele la e n tr e v is ta

Realmente es difícil normar la entrevista; sin embargo, de acuerdo a


diversas experiencias se han establecido una serie de lincamientos
que pueden ayudar a que ésta salga lo mejor posible.
Una vez seleccionado el entrevistado, se concierta la entrevista.
Es importante que antes de llevarla a cabo el entrevistado sea infor­
mado de en qué consiste la historia oral y la relevancia que tiene su

2 L a é tic a p ro fe s io n a l in v o lu c r a ta m b ié n a l p e r s o n a l d e la in s titu c ió n q u e in te r­
v ie n e e n e l p ro c e s o d e tra n s c r ip c ió n y r e v is ió n . H a y a s p e c to s c o n f id e n c ia le s q u e
d e b e n s e r tr a ta d o s d is c r e ta m e n te p o r e l p e rs o n a l q u e in te rv ie n e e n e l tra b a jo .

72
%
testimonio. En este sentido es conveniente explicarle cuál es el
propósito de la entrevista y advertirle que ésta se puede efectuar en
una o varias sesiones para que tome su tiempo. Notificarle asimismo
que la cinta pertenecerá a la institución que realiza el trabajo, o bien
al investigador particular.3
Es aconsejable que el entrevistado escoja el lugar, la fecha y la
hora de la entrevista, según le convenga. Es preferible que sea un
lugar tranquilo, y no uno público donde se puedan propiciar distrac­
ciones e interferencias para la grabación. De preferencia debe ser en
el domicilio particular del entrevistado, en su centro de trabajo o
donde se sienta a gusto. Asimismo, es importante considerar la
conveniencia de que la entrevista se realice sin auditorio, es decir, sin
la presencia de parientes o amigos que puedan influir en la informa­
ción.
La realizacióh de la entrevista requiere del cuidado de múltiples
detalles, entre ellos tener el tiempo suficiente para actuar sin prisas
ni presiones; llegar bien preparado, con el equipo de grabación en
buenas condiciones, libreta de notas y lápiz; contar con los elementos
necesarios para cualquier contingencia, es decir, suficientes cintas o
cassettes, pilas, fusibles, extensión, etc., y un bosquejo temático de
lo que se va a tratar durante la entrevista, ya que no es aconsejable
tener ante el entrevistado un extenso cuestionario.4
Durante la primera etapa de la entrevista, el individuo irá perdien­
do la rigidez inicial que generalmente causa hablar ante un micrófo­
no, este periodo permite al entrevistador observar al informante y
determinar sus características de comunicación. Durante estos pri­
meros minutos, generalmente se percibe si el entrevistado tiene la
costumbre de hablar por largo tiempo acerca de su vida y sus
experiencias, si es capaz de estructurar su narración de una manera
coherente y poner énfasis en aspectos interesantes; si es parco, corto,

3 E n e s te s e n tid o el e n tre v is ta d o c e d e su s d e re c h o s c o m o “ d u e ñ o ” d e s u te s tim o ­


n io a l e n tr e v is ta d o r o a la in s titu c ió n . A s i, a l r e a liz a r s e la e n tr e v is ta e s c o n v e n ie n te
o b te n e r u n “ a c u e r d o d e d o n a c ió n ” p o r m e d io d e l c u a l la in s titu c ió n o e l in v e s tig a d o r
p a r tic u la r s o n lo s d e p o s ita r io s d e lo s d e r e c h o s p a r a tr a b a ja r c o n e l m a te r ia l y , e n s u
c a s o , p u b lic a rlo . A s im is m o , e n a lg u n a s in s titu c io n e s e x is te n c lá u s u la s p a r a p r o te g e r
e l te s t im o n i o d e lo s e n t r e v is ta d o s , p o r m e d io d e la s c u a le s s e p u e d e c l a u s u r a r to ta l o
p a r c ia lm e n te la e n tr e v is ta d u r a n te e l tie m p o e n q u e é l lo s o lic ite .
^ S i s e tra b a ja e n u n a in s titu c ió n , lle v a r u n a id e n tific a c ió n o c a r ta d e p re s e n ta c ió n ,
a s í c o m o lo s r e q u is ito s le g a le s p o r m e d io d e lo s c u a le s s e e f e c tu a r á e l “ a c u e r d o d e
d o n a c ió n ” d e la in f o n n a c ió n d e l e n tr e v is ta d o , e l c u a l la f ir m a r á p r e v ia m e n te .

73
c
tímido o agresivo; si evade ciertas preguntas. Estos primeros minu­
tos pueden ser determinantes para el resto de la entrevista, y en ellos
el entrevistador puede profundizar en su relación con el entrevistado.
Es fundamental para el buen desarrollo de una entrevista que surja
una relación mutua de confianza y respeto entre los dos participantes.
Que exista un entendimiento especial entre entrevistado y entrevis­
tador para llegar a establecer una verdadera empatia —como afirma
Fraser— en la situación de la entrevista. Es decir, el “ poder de
comprender y entrar imaginativamente en los sentimientos de otra
persona”, el tener que trascender los sentimientos del propio entre­
vistador y saber “vaciar el yo” 5 y olvidarse un poco de si mismo,
para recibir las experiencias y opiniones del entrevistado. En medio
de esta relación extraordinaria de comunicación y confianza es como
la gente habla más abiertamente de sí misma.
La formulación de las preguntas exige de todo cuidado. Es impor­
tante evitar inducirlas o plantearlas de tal manera que ya impliquen
una respuesta determinada. Deben ser escuetas y formuladas de un
modo que obligue al entrevistado a contestar ampliamente y no con
monosílabos. Es recomendable hacerlas lo menos frecuentemente
posible al inicio de la historia de vida, ya que los informantes pueden
sentir que las pregimtas en este momento se entrometen en la forma
en que ellos quieren contar su historia. La forma narrativa indica la
estructura individual de lo recordado, es decir, lo que al entrevistado
le parece más o menos significativo recordar. Es importante no hacer
varias preguntas a la vez, y tener siempre en mente aquellas que son
consideradas relevantes, procurando cuidar cómo y cuándo hacerlas.
Asimismo, hay que tener cuidado de no preguntar algo que ya se
contestó, y tener tacto para hacer preguntas difíciles. En este sentido,
antes de formular las preguntas delicadas liabría que considerar si
realmente se necesita esa información y si es tan importante como
para poner en peligro el resto de la entrevista; quizá liabría que
cambiar la pregunta, olvidarse de ella o traerla a cuenta más adelante.
Se debe incluso hacer sentir al informante que se entiende lo difícil
de tal pregunta, y ante alguna respuesta o información delicada es
aconsejable no mostrar sorpresa o sobresalto, ya que esto quizá

5 R o n a l d F r a s e r , “ L a f o r m a c i ó n de u n e n t r e v i s t a d o r ” . H isto r ia y F u e n te O ral,
Universidad de B a r c e l o n a , n ú m . 3 , 1 9 9 0 , B a r c e l o n a .

74
destruya lá empatia establecida. Asimismo, puede ser casi igual de
desastrosa una actitud de apatía o frialdad.
El historiador oral debe estar alerta y escuchar con atención.
Tener la mente crítica buscando coherencias y confusiones pero a la
vez estar desprovisto de aquellas reacciones y respuestas personales
que suelen utilizarse con frecuencia en las relaciones cotidianas para
destacar la individualidad de uno a expensas del otro.6 Debe evitar
emitir juicios, así como entraren polémica.
Es importante que el entrevistado sienta que se le entiende como
un ser humano y no como una máquina de información; finalmente,
no hay que olvidar que nos está luciendo un favor al recordar su vida.
Durante la entrevista se pueden presentar momentos sensitivos o
de intensidad dramática para el entrevistado. Es indispensable no
olvidar el impacto psicológico que puede tener el recuerdo del
pasado. De pronto este se lia removido bruscamente y han salido
memorias enterradas que pueden revivir tragedias personales. En este
caso, la relación establecida con el entrevistado juega un importante
papel para darle muestras de apoyo, de simpatía y comprensión.
Es posible que en esos momentos difíciles el entrevistado se
angustie y tenga problemas para expresarse. Sin embargo, ha llegado
a ese momento por estar Imblando de su vida y de sus experiencias
ante un entrevistador digno de confianza. En ese caso este no es el
elemento receptor, sino un sujeto humano con el que se lia establecido
una comunicación profunda. Gracias a ella, quizá se puedan llegar a
decir cosas muy importantes.
Por otra parte, el entrevistador debe tratar de separar las digresio­
nes y hacer volver al entrevistado al tema de interés, pero nunca con
intermpeiones. Es igualmente importante que conceda al entrevista­
do tiempo suficiente para contestar. “ Dejar que el silencio pese en el
aire” —como afirma Fraser—, aunque cueste en un principio afron­
tarlo en una situación de diálogo.7 Los informantes necesitan sentirse
cómodos y decir lo que quieran. Además, hay que darles el tiempo
necesario para evaluar sus propias respuestas. Deben sentir que están
siendo atendidos y escuchados con verdadero interés.
Durante la entrevista, el entrevistador debe tener la habilidad para
“ pescar” detalles y nuevos hilos que lo conduzcan a otros puntos, y

6 ibid.
7 Ibid.

75
poder evaluar cuidadosamente las respuestas para saber si está reci­
biendo la infonnación que quiere o tiene que continuar preguntando.
Debe estar alerta a los posibles errores de fechas, nombres, etc., y es
recomendable que vaya anotando los nombres extranjeros o aquellos
que tienen alpina dificultad para ser pronunciados y registrados en
la grabación.
Por otra parte, el entrevistador debe evitar tomar el papel de
“ maestro” , aunque maneje ampliamente algunos aspectos del tema
indagado; incluso, en ocasiones la formulación de preguntas inge­
nuas puede tener buenos resultados en cuanto a información que el
entrevistado de otro modo hubiera dado por sabido y pasado sin
mencionar.
Es importante deslindar a lo largo de la entrevista lo que el
individuo vivió, leyó o le contaron. Si esto último es muy evidente,
es bueno incluso consignarlo en su expediente. Por otro lado, si tiene
obra publicada es conveniente haberla leído antes de la entrevista,
porque quizá ya no sea interesante que repita aquello que ha escrito.
Si tiene documentos relacionados con la investigación puede ser que
permita sacarles una copia para anexarlos a su expediente, y si esto
no es posible y los documentos son importantes, es conveniente
leerlos ante el micrófono.
Por último, es aconsejable no apagar nunca la grabadora una vez
iniciada la entrevista, y si el entrevistado quiere rectificar algo, se le
explicará que lo puede hacer sin detener la cinta. Sin embargo puede
darse el caso en el que no quede otro remedio que suspender la
grabación ante la decisión terminante de nuestro narrador, lo cual
quedará consignado en su expediente.
La realización de una entrevista es un trabajo muy cansado para
ambas partes. Por un lado, al entrevistado se le pide ejercitar su
memoria y reflexionar sobre el pasado, lo que muchas veces exige
un gran esfuerzo intelectual y emocional. Por el otro, el entrevistador
debe estar permanentemente atento a todo: a lo que dice el entrevis­
tado, al funcionamiento de la grabadora, al desarrollo de la relación,
a las indicaciones de su esquema, a las oportunidades de formular las
preguntas, a las anotaciones que debe hacer, en fin, todo un conjunto
de procedimientos que exige un esfuerzo redoblado y continuo. Por

s E s to a y u d a r á p a r a la tr a n s c r ip c ió n y la e l a b o r a c i ó n d e ín d i c e s to p o n í m ic o s y
o n o m á s tic o s .
eso es conveniente que una sesión de entrevista no se prolongue
demasiado, ya que puede comprometer su rendimiento.
Si bien una vida puede contarse en varias horas, generalmente las
entrevistas de historia de vida se alargan durante varías sesiones,
hecho que resulta sumamente positivo porque enriquece la calidad
de la relación establecida entre ambas partes y, por ende, la calidad
de la información y de la construcción del documento como producto
de una buena comunicación y confianza.
Es aconsejable en estos casos dejar pasar unos días para que el
individuo descanse, lo cual le permitirá “ refrescar” su memoria,
reflexionar y complementar su información. Por otra parte es conve­
niente no anticiparle las preguntas de la siguiente sesión, con lo que
se evita que se predisponga, prepare ideas o se documente, perdiendo
así uno de los elementos más valiosos de la historia oral: la esponta­
neidad.
,' Después de cada entrevista el entrevistador debe escucharla con
cuidado y anotar las dudas, confusiones o cuestiones que se omitie­
ron, para plantearlas en la siguiente sesión.
El entrevistador debe tener presente, por último, que cada entre­
vista es un caso único y cada informante es distinto. En ese sentido,
deberá orientar a cada caso particular la dinámica y el ritmo de las
sesiones, su relación personal, sus preguntas, sus estímulos y sus
interpretaciones.
Al finalizar la entrevista es importante que el entrevistador realice
un comentario que contenga su propia impresión sobre el proceso
mismo de cada sesión. Este comentario se incluye con la transcrip­
ción como parte de la historia de la entrevista, lo que le da al
documento una tercera dimensión. Éste será un comentario personal
del investigador frente a la experiencia de ser coautor en la construc­
ción de un documento histórico.
Los aspectos a tomar en cuenta en este comentario personal son
aquellos que no quedaron grabados, pero que el entrevistador pudo
ir percibiendo a lo largo de la entrevista.9 Los datos a consignar son:
lugar donde se realizó la entrevista, descripción del entorno físico y
social (estatus dentro de la comunidad, posición, etc.); número de

9 1la y q u e re c o rd a r q u e la e n tr e v is ta p u e d e te n e r u n a d o b le fu n c ió n : al s e rv ic io
d e l in v e s tig a d o r p a r a s u p ro y e c to d e in v e s tig a c ió n p e ro , a la v e z , fo rm a rá p a rte d e
u n a c e r v o te s tim o n ia l, y e n e s te s e n tid o p o d rá n s e r c o n s u lta d a s p o r o tro s in v e s tig a ­
d o r e s , lo s c u a le s r e c o g e r á n e l c o m e n ta r i o q u e le s s e r á m u y ú til.

77
sesiones de grabación; estado físico y anímico del entrevistado;
actitud durante las diversas sesiones de la entrevista, cambios emo­
cionales, ritmo, entusiasmo, coherencia, franqueza y disposición para
contestar las preguntas. Condiciones generales: si era un lugar ade­
cuado, si había ruidos e interferencias, si hubo interrupciones, etc.
Percepción de si el entrevistado decía o no la verdad, desvirtuaba los
hechos o los olvidaba intencional o inconscientemente y manifesta­
ciones emocionales que no pueden transmitirse a la cinta magneto­
fónica y que serán de utilidad para otros investigadores.

¡m tra n sc rip c ió n d e la e n tre v ista

Uno de los objetivos de transcribir las entrevistas es facilitar su


consulta. Sin embargo, en esta etapa del trabajo el transcriplor —que
en muchos casos es el propio entrevistador— se enfrenta a varios
problemas, ya que se parte de la diferencia entre el lenguaje hablado
y el escrito. En este sentido la entonación, el acento, la pronuncia­
ción, el ritmo, las pausas, la velocidad del habla y su disminución,
son elementos del discurso hablado que difícilmente se pueden plas­
mar en un escrito. Sin embargo, por medio de los signos de puntua­
ción —que incluso resultan insuficientes— y de algunas anotaciones
y referencias dentro del texto, debe tratar de hacerse una transcripción
lo más fielmente posible y fácil para su lectura.
La transcripción verbatim, es decir, escribir todo lo que se dijo,
por lo menos en cuanto al lenguaje: los titubeos, las falsas entradas,
las muletillas, los suspiros, si bien al ser registradas permiten la
obtención de una mejor interpretación y análisis del discurso, en
muchas ocasiones dificultan enormemente la lectura, por lo que se
puede optar, según el criterio del investigador, por la elaboración de
una transcripción un tanto más libre que omita estas recurrencias
marcadas con frecuentes llamadas entre corchetes o puntos suspen­
sivos, lo que, sin afectarel discurso mismo, puede permitir una mayor
facilidad de lectura.
Las entrevistas que conforman un acervo institucional general­
mente son numeradas y clasificadas según el proyecto específico, y
van acompañadas de un resumen temático y un índice onomástico y
toponímico, así como el “acuerdo de donación” y el comentario
elaborado por el propio entrevistador.
■V
Historia oral de la gente común,
una posibilidad en la historia urbana

Leonor Correa Etchegaray


Ma. Patricia Pensado Leglise
Instituto Mora

Este ensayo intenta explicar cómo surgió la historia oral de la gente


común, revisando en particular la experiencia inglesa, haciendo una
reflexión sobre el concepto de “ gente común” , y abordando un
ejemplo de investigación de historia urbana. El proyecto concreto al
que nos referimos es la historia oral del barrio de Mixcoac en la
ciudad de México.
En el desarrollo de la historia oral, el interés en liaccr la historia
de la gente común o de aquéllos a quienes se llamó en algún
momento “ los sin historia” , tuvo un papel detenninante. Las pri­
meras experiencias de historia oral en Estados Unidos en los años
treinta de este siglo, se dieron entrevistando a norteamericanos que
habían sido esclavos, aunque posteriormente la historia oral estadu­
nidense siguió otros caminos y se orientó a una historia centrada en
las elites.
En países como Gran Bretaña, donde la historia social fue una de
las corrientes de primera importancia desde finales del siglo xvm, el
desarrollo lógico hacia una historia oral de corte popular no resultó
sorprendente. El interés por dejar a un lado la lústoria predominante­
mente política, para explicar los aspectos sociales de la evolución his­
tórica c incluir en esos procesos a actores, temas y problemas no
considerados antes por la historia política, puede hacemos compren­
der, en parte, la orientación hacia una nueva metodología en que los
testimonios orales recobraban su importancia.
Como señala el historiador inglés Paul Thompson en su excelente
estudio-manual sobre la historia oral, esta forma de acercarse al

79
(#P

dores modernos a recorrer distintos lugares para una investigación


pasado es tan antigua como la historia.1 Refiere la importancia que
que se llamó El estado de los pobres.2 Otro ejemplo fue el estudio pe­
tuvo para los historiadores griegos y romanos de la época clásica el
riodístico de Henry May hew, hecho después de la gran epidemia de
recurrir a la experiencia y testimonio de quienes protagonizaron los
cólera de 1849, en el que quiso demostrar la relación entre los niveles
acontecimientos. El autor comenta cómo la profcsionalización de la
de salario industrial y las condiciones sociales. Obtuvo su informa­
historia, iniciada en el siglo xix, que implicó una preparación especial
ción, tanto por correspondencia como por medio de entrevistas direc­
de los historiadores en el seno de las universidades, le dio la espalda
tas, en las casas de familias de la clase obrera, quienes le contaron sus
a las habilidades tradicionales en cuanto al manejo de testimonios
vidas y compartieron sus sentimientos. Algo no común en la época fue
orales.
el respeto que Mayhew sentía por sus informantes, lo que mostró con
Se pueden mencionar múltiples ejemplos a lo largo del tiempo
la preocupación por registrar sus palabras exactas y citarlas directa­
de esta historia basada en testimonios orales, que tomaba en cuenta
mente y de manera extensa en sus textos.3
como suficiente garantía de verdad la participación personal en los
acontecimientos. En Francia, ya en el siglo xix, el historiador Jules A partir de una investigación sobre la vida y el trabajo'de la
Michelet escribió de 1847 a 1853 su Historia de la revolución gente en Londres en el último decenio del siglo xix, se desarrolló
francesa, sosteniendo que los documentos escritos debían ser sola­ una línea que condujo a la historia social, línea cuyos representantes
mente una fuente entre otras. De acuerdo con esta idea quiso reunir más destacados en un principio fueron Beatrice y Sidney Webb,
el juicio popular de la tradición oral sobre la revolución, para con­ fundadores de la escuela británica de historia del trabajo. En los
trastarlo con la evidencia de los documentos oficiales. Con la con­ textos que ambos publicaron a fines del siglo X I X y primeras déca­
ciencia de que estos documentos preservaban solamente un lado de das del xx sobre el cooperativismo, el sindicalismo, y en general
sobre los movimientos sociales, citaron solamente fuentes docu­
la historia, trabajó fuera de París durante diez años en la búsqueda
mentales, pero el tratamiento de los hechos y su interpretación se
de testimonios.
basó de manera especial en las entrevistas realizadas por ellos.4
En la historiografía inglesa se encuentra también una continuidad
En el avance de la historia oral contemporánea pudo influir
en el uso de la tradición oral en diferentes épocas hasta llegar al siglo
también el florecimiento de la autobiografía individual de la clase
xtx. El fenómeno de la revolución industrial, vivido con toda su fuer­
trabajadora, que se produjo como un resultado del papel político y
za, tuvo efectos sociales muy importantes que sin duda explican el lu­
social desempeñado por ésta en Gran Bretaña. Estas biografías
gar central que ocupó la cuestión social en diversos ámbitos, entre
tuvieron distinto carácter según se pretendiera destacar el proceso
otros, el del conocimiento. En este contexto se inició una historia so­
cial independiente, concebida como una de las nuevas formas de cs- intelectual o político, o la vida personal de los trabajadores de los
cribir historia. Sin embargo no puede hablarse todavía en este distintos ramos. El interés por publicar vidas individuales con objeto
momento de un método de historia oral separado o autónomo frente al de proporcionar un ejemplo moral, formó parte igualmente de esta
desarrollo general del interés en coleccionar y usar evidencias orales corriente autobiográfica.
por parte de diversas disciplinas y en estudios orientados a definir po­ En esta trayectoria de la historia social británica es evidente que
el centro de interés fueron los procesos en que la “gente común”
líticas de gobierno.
En Gran Bretaña, en la época de la industrialización a que nos re­ —los sectores medios y bajos de la sociedad— estuvo implicada. Sin
embargo, el uso de material oral por parte de los historiadores
ferimos, hay ejemplos significativos de investigaciones sociales de
carácter diverso en que se manejaron testimonios orales. Así, en la dé­ ingleses no se generalizó sino hasta épocas más recientes; Thompson
cada de 1790 Frederick Eden envió a uno de los primeros entrevista-
2 Ib id ., op. cit., p . 3 7 .
3 Ib id ., p p . 3 9 - 4 0 .
4 C fr. C h a r l e s B o o t h , “ L i f e a n d t a b o u r o f t h e p e o p l e i n L o n d o n ( 1 8 8 9 - 1 9 0 3 ) ” ,
1 C fr. P a u l T h o m p s o n , The voice o f the p a st. O r a l H isto ry , 2 a . e d , O x f o r d , 1 9 8 8 ,
e n ibid., p . 4 2 .
314 pp.

81
80
if
I '
señala que los experimentos de investigación histórica con eviden­
cias orales-se dieron en forma excepcional y generalmente “ en las
fronteras” de la historia.5 De hecho, la evolución hacia una nueva
historia profesional, cuyos miembros eran reclutados por medio de
una educación y de un entrenamiento específicos, dio también lugar
al desarrollo de una historia basada fundamentalmente en documen­
tos.
A partir de lo .anterior surge un cuestionamiento diferente sobre el
tipo de historia que permiten los documentos, donde no quedan
incluidas las voces de todos los actores sociales. La conciencia de
que las fuentes pueden desviar la investigación hacia una determina­
da dirección y provocar distorsiones en la interpretación, abrió de
nuevo el camino a los testimonios orales. El historiador Raphael
Samuel lo comenta de manera muy ilustrativa: “ Debería extrañarnos
cuánta historia se lia escrito desde la perspectiva de los comisionados
para dirigir —o que intentan dirigir— la vida de los demás, y que a
su vez sea tan escasa la historia escrita sobre la base empírica de la
vida real de la gente misma.”6
La historia urbana es una de las áreas donde ha sido evidente la
importancia de la historia oral para penetrar en la experiencia de la
gente común.7
En los años de la posguerra, si seguimos el desarrollo de las
ciencias sociales en Gran Bretaña, encontramos acercamientos entre
la historia y una nueva sociología, preocupada no sólo por la pobreza
sino por la cultura de la clase trabajadora y la comunidad en sí. Las
posibilidades de la historia oral se mostrarán entonces en la recons­
trucción de las formas de vida de distintos grupos sociales, tanto
rurales como urbanos, en especial de la clase trabajadora, cuya voz.
puede oírse gracias a la metodología oral.
Los ejemplos de investigación de historia urbana —Thompson
también comenta algunos de los que forman parte de la historiogra­
fía norteamericana— resultan de interés para probar cómo las evi­
dencias orales permiten escribir la historia de las comunidades

5 Ib id ., p . 4 3 .
6 R . S a m u e l ( c o m p ) . V illage life an il labour, R o u t l c d g c & K c g a n P a u l , L o n d r e s ,
1975.
7 V é a s e e l c a p ítu lo 3 “ T h e a c h ie v e m e n t o f o ra l h is to r y ” , la p a rte d o n d e s e
p r e s e n t a u n a n á lis is in t e r e s a n t e s o b r e e l d e s a r r o l lo d e la h is to r i a u r b a n a , e n P a u l
T h o m p s o n , T he voice, op. cit., p p . 9 0 - 9 6 .

82
desde un punto de vista diferente al de los documentos; en ocasio­
nes pueden servir de ilustración de lo presentado por la fuente
documental, y otras veces, confrontar y discutir lo que ésta señala.
De cualquier manera, surgen finalmente “ imágenes vividas de los
detalles de la vida urbana”.
Las diferencias en los estudios urbanos de historia oral se dan en
la delimitación del objeto de análisis, sea una gran ciudad, un barrio
dentro de la ciudad o incluso espacios reducidos, como serían una
manzana o una calle, que se convierten en un tipo de microcosmos
de la metrópoli. En cualquiera de estas investigaciones la gente
común estará presente por el hecho de ser ellos los integrantes, en
forma predominante, del conglomerado social urbano.

U n a d e fin ició n d e la g e n te com ún

Cuando se hace referencia a la gente común hablamos de la masa,


del pueblo, de los trabajadores del campo y la ciudad, de los sectores
medios o de los grupos oprimidos (sean éstos indígenas, mujeres,
jóvenes, ancianos, homosexuales o migrantes), a quienes se califica
comúnmente como los “sin historia” o “sin voz” . No obstante, se
trata de la gran mayoría que constituye las diferentes sociedades, de
los sobrevivientes de las crisis y las revoluciones políticas; son
también los actores que permanecen tras bambalinas irrumpiendo
siempre de manera imprcdcciblc en el escenario real para cambiar
los guiones elaborados por unos cuantos.
Esta enorme porción de la sociedad es la que seduce a los prime­
ros historiadores que desarrollan la historia oral. En algunas ocasio­
nes protagoniza movimientos radicales cimbrando la estructura del
poder y, en otras, fiel a recónditas tradiciones culturales que sobre­
viven en su cotidianidad, las mantiene o reproduce hacia los más
débiles.
Ausentes en la crónica oficial, los grupos y clases subalternas son
objeto primero de la reflexión teórico-metodológica de la historiay la
ciencia social en general, para después ser sujetos de estudio y objeto
de conocimiento de los historiadores orales que buscan trascender los
límites formales de la institucional idad que en algunas ocasiones ses­
ga y simplifica la realidad histórica.
A la fecha, los trabajos de la historia de la “gente común” incur-
sionan en diferentes tenias, cuentan historias de vidas, movimientos
o conflictos sociales protagonizados por los grupos oprimidos o dis­
criminados de la sociedad y de la historia local, regional y urbana.

Un ejem plo de historia oral urbana

Con esta perspectiva decidimos hacer la historia oral del barrio de


Mixcoac, una de las poblaciones antiguas integradas a la ciudad en
este siglo que aún conserva aspectos tradicionales sobrevivientes al
acelerado desarrollo urbano que se inicia a partir de los años cuarenta.
Para ello fue necesario establecer contacto con los vecinos más
antiguos del lugar, gente que reunía condiciones similares, en cuan­
to a permanencia, interés por el sitio o experiencias vividas en
alguna etapa. Esto significaba entrevistara los habitantes del barrio
sin importar su extracción social o su nivel escolar, y desde luego
no se buscó a quienes ocuparan algún puesto oficial en la Delega­
ción. De tal forma que los informantes fueron gente común, que en
muchos casos, sin conocerse entre sí, compartieron una serie de
experiencias.
En el inicio del proyecto se planteó un conjunto de preguntas que
sirvieron de guía para efectuar las entrevistas. Se trataba de saber si
podíamos considerar Mixcoac un barrio tradicional de la ciudad de
México que ofrecía una determinada forma de sociabilidad, y si la
pérdida de su carácter de comunidad tradicional había traído cam­
bios a la vida cotidiana de sus habitantes.
Para el efecto teníamos que analizar en particular los siguientes
aspectos: la urbanización, la separación entre la vivienda y el lugar
de trabajo, las actividades económicas de la zona, la vida familiar,
las actividades religiosas, las fiestas y las diversiones populares.
Por otra parte, intentamos vislumbrar qué elementos permanecen
y son importantes como parte de la identidad de Mixcoac según la
percepción de sus habitantes.
Después de reunir 27 testimonios comenzó la fase de análisis y
edición de las entrevistas, en la cual se dio respuesta a muchas de las
interrogantes iniciales y a la vez se precisaron las preguntas clave
para el análisis del barrio. Entre ellas están las siguientes: ¿cómo
interviene el paisaje urbano en el quehacer cotidiano?, ¿cómo se vive
urea experiencia de cambio en el entorno urbano?, ¿por qué el género
y la condición social influyen en la narración e interpretación de los
acontecimientos?, ¿cuáles son los elementos que convierten a Mix-

84
coac en un barrio con identidad propia?, ¿por qué los habitantes
antiguos tienden a arraigarse en el lugar?
Las preguntas anteriores condujeron a plantear los siguientes
problemas: el cambio, la interacción social y la identidad. En el
primero aparecía im paisaje originario que se iba desvaneciendo en
un espacio que también perdía sus límites primitivos conforme
transcurría la entrevista para dar paso al Mixcoac “ moderno”; du­
rante este tránsito los informantes insinuaban una serie de cambios
en las rutinas cotidianas y un deseo en las personas de mayor edad
de recobrar ese quehaccrcotidiano. Es decir, no obstante los cambios
ocurridos en el barrio, esas personas acuden a los últimos reductos
distintivos —plazas, iglesias, parques— que aún conserva el lugar,
con la esperanza de que permanezcan. A pesar de la enorme carga
emocional de sus testimonios, y de la consiguiente visión idílica del
pasado del barrio donde transcurrió su vida, existe también en el
testimonio la objetividad de los múltiples problemas que persisten y
una velada crítica de las alternativas que las autoridades ofrecen para
solucionarlos. Con todo, reconocen una serie de ventajas que trae
consigo la “ modernidad” y que tiene rclacióncon los nuevos valores
sociales que asocian bienestar con la idea de comodidad.

Pues a mí me hubiera gustado que no hubiera desaparecido el pueblo.


Porque ahora ya no es pueblo, ahora es la colonia. La colonia Extrema­
dura e Insurgentes se llama esto de por aquí. Colonia Noche Buena, ahí
de Porfirio Díaz, para adelante. Pero el nombre del pueblo de San Juan,
ya no; aunque tiene unas callecitas muy estrechas, apenas caben... Por
ejemplo ésta de aquí, Ireneo Paz, apenas cabe un carro, ¿sí? Y unas
banquetitas muy angostitas. Antes era empedrado o calles de tierra... pero
se vivía más bonito, no había el riesgo de los coches, no había dificultades
con nadie por el tránsito. Ahora va usted en la banqueta y lo salpican de
agua y les dice usted un saludo y ya se hace el pleito y dificultades... Me
gustaba mucho mi pueblito. Y ahora me gusta aunque ya no es igual,
porque ya liay puras casas nuevas, ya no conocemos a las familias, ya no
tenemos amigos; los amigos viejos, todos se fueron del rumbo. Alguna
vez nos llegamos a encontrar, y cuando más nos encontramos es el 12 de
diciembre, que vienen todavía a ver a la Virgen.8
Naturalmente, yo así lo conocí, no sólo lo conocí, no sólo me acuerdo
de él, lo recorríamos, nos íbamos de excursión, entrábamos a la orilla del

8 E n tr e v is ta a l s e ñ o r Á n g e l H e rn á n d e z , p o r P a tric ia P e n s a d o L e g lis e , In s titu to


M o ra , 1 8 d e ju lio 1 9 9 1 . P H O /1 2 (7 -l).

85
I
río, arriba del mercado, nos íbamos caminando por la orilla del río hasta,
pues, lo que viene siendo un poco como actualmente Merced Gómez o
algo así, el río Mixcoac. Y era un río muy limpio, no caudaloso, pero sí
con agua abundante, que nos gustaba mucho quitamos los zapatos e ir
caminando por una agua helada, fría, fría, pero nos gustaba mucho
quitamos los zapatos, y metemos al río. Y más arriba, inclusive, en
muchas ocasiones llevábamos trajecitos de bailo y nos metíamos, que
había una represita en algún lugar y nos daba el agua a la cintura.
Teníamos no sé, 10, 12 años, c íbamos a nadar a ese lugar, cerca de
Tarango.
Ahora los cambios que ha habido, han sido en cierta forma bastante
rápidos, empezamos por cuando se hizo el Periférico que allí sí sufrimos
porque metieron dinamita para hacer el drenaje profundo: cu el tiempo
del señor Uruchurtu, de don Ernesto, volaban las piedras con las bombas
aquellas y nos caían en el jardín, con un susto horrible... Eso fue tremendo.
Ya se arreglaron mías callecitas empedradas como ésta de aquí de
Leonardo Da Vinci, que precisamente, gracias al licenciado Uruchurtu
se mandó a quitar la piedra y a poner el pavimento; siempre se fastidiaban
un poco los coches, que fue una lástima porque eso le daba un aire típico,
pero era la única aue había así; entonces no tenía caso que una sola calle
fuera empedrada.ro
A últimas fechas he visto, con tristeza, que han derribado árboles
centenarios, árboles que no tardaron en alcanzar el grosor en un día, sino
por lo menos dos siglos, o tres siglos, me refiero en especial a los que
adornaban la plaza Gómez Farías, que lamentablemente un día los vimos
derribados y poco antes un árbol apareció incendiado.11
...lástima que no se puedan conservar las cosas, todo cambia, para las
nuevas generaciones tal vez ha sido favorable todas las cosas nuevas que
se han hecho, trazos de calle.. . A mí particularmente me robaron el cielo...
yo quedé en el lioyito, rodeada de edificios.12

El segundo problema, el de la interacción social, es todavía nuts


subjetivo, pues se trata de relaciones personales. Para la mayoría de
los informantes en el pasado existía mayor armonía entre los vecinos

9 E n tr e v is ta al s e ñ o r R a m ó n A la to r r e B o la ñ o s C a c h o , p o r L e o n o r C o r r e a E tc lie -
g a ra y , o f ic in a c a lle d e In d ia n a , n ú m . 1 3 , c o l. N á p o le s , 9 d e ju lio 1 9 9 2 , P 1 1 0 /1 2 (2 1 -1 ).
10 E n t r e v i s t a a l a s e ñ o r a Á n g e l e s N e c o e c h e a , p o r P a t r i c i a P e n s a d o I e g l i s e ,
L e o n a r d o D a V in c i, n ú m . 8 4 , M ix c o a c , 4 d e d ic ie m b r e 1 9 9 1 , P 1 IO /1 2 ( 1 3 - 1 ) .
11 E n t r e v i s t a a l a s e ñ o r a M a t h i l d e R e y e s , p o r P a t r i c i a P e n s a d o L e g l i s e , I n s t i t u t o
M o ra , 8 d e ju n io 1 9 9 2 , P IIO /1 2 (2 0 -2 ).
12 E n t r e v i s t a a l a s e ñ o r a R e n é A l a t o r r e d e B e s s e r e r , p o r L a u r a M u ñ o z M a t a , e n
s u d o m ic ilio p a rtic u la r e n M ix c o a c , 2 d e ju lio d e 1 9 9 2 , P IIO /1 2 (2 4 -2 ).

86
’•V
debido a que se conocían entre sí, y aunque en muchos casos el trato
era superficial, estaban inmersos en una atmósfera de mayor seguri­
dad y confianza. Esta situación se atribuye a varios factores: una
población menor a la que existe en la actualidad; la composición
social antes más mezclada, es decir, convivían en un mismo espacio
diferentes sectores de la sociedad, con predominio del medio; la
ruptura con los valores tradicionales que marcan los afíos sesenta, la
exacerbación del individualismo, la defensa de la privacidad hasta
excluir la necesidad de la relación vecinal y el fomento de la socia­
bilidad selectiva, basada en la coincidencia de intereses.

La mayor parte de los viejos, de los que vivimos allá en la década del
diez, ya casi no hay nadie, pura gente nueva. Gente nueva que aunque
viven frente a la casa de usted, no nos saludamos porque no nos llevamos,
porque son un poco orgullosos o no sé qué; no le hablan a los humildes. 3
L'á zona más pobre, más modesta de Mixcoac, era la parte que daba
hacia Alfonso XIII. Después en la calle de Giotto hacia arriba, esa calle
era de gente bien, allí vivían los De la Vega, el general González, los
Boija, los Echegaray; todos ellos eran gente muy bien, pero ya un poco
más hacia arriba empezaba a decrecer el nivel socioeconómico de la
gente. Alfonso XIII era una zona bastante modesta, y desde luego pegado
al río, a un lado del mercado de Mixcoac. La gente aim entre lo que era
el manicomio y la parte de atrás del mercado, era la zona menos favore­
cida, la zona más pobre de Mixcoac. La zona en donde yo vivía yo diría
que era la zona de clase media, totalmente clase media. 4
Conforme se daban los cambios el rumbo se ponía más elasemediero,
desaparecían las vecindades... el Periférico cortó a Mixcoac dividiéndolo
en dos zonas, la zona pegada a Molinos se volvió mucho más de clase
media. Rumbo a San Antonio todavía no ha cambiado tanto.15

Finalmente, en el tercero se observan los fenómenos de identidad


barrial. Como señala Eduardo Nivón, estos fenómenos “constituyen
sin duda elementos inapreciables para la comprensión de la organiza­
ción social de la ciudad y nos abren una puerta de acceso importante
para acercamos al fenómeno de la cultura en una gran ciudad” .16 Si

" Á n g e l H e r n á n d e z , e it. ñ o la 8 .
" R a m ó n A la t o r r e B o la d o s C a c h o , c it. n o t a 9 .
1 ^ E n tr e v is ta a l s e ñ o r G e r a r d o N c c o e c h c a , p o r L a u r a M u ñ o z M a ta , I n s titu to M o r a ,
9 d e ju lio d e 1 9 9 2 , P H O /1 2 (2 5 -2 ).
" E d u a r d o N iv ó n , “ E l s u rg im ie n to d e id e n tid a d e s b a rria le s . E l c a s o d e T c p ito ” ,
A lteridades. A n u a rio d e A n tro p o lo g ía , U A M , I z t a p a l a p a , 1 9 8 9 , p . 4 3 .
«
bien éstos se perciben de manera individual, se expresan colectiva­
mente mediante representaciones simbólicas que se constituyen en
motivos de identificación y diferencia.
En el caso concreto de la historia de un barrio, la percepción
colectiva de compartir un espacio define la relación entre los vecinos
y marca una diferencia frente a los otros —la gente nueva que llega
y los que no habitan en la zona. Precisamente esta relación social
permite el desarrollo de dichos fenómenos, que además de crear la
tradición cultural urbana, suscitan un sentido de pertenencia y arrai­
go, lo cual no significa que exista una sola representación simbólica
de identidad o que en todos los individuos se exprese de la misma
forma. No obstante, mientras la variación no niegue una común
orientación cultural o simbólica, la identidad no desaparecerá.
En la historia de Mixcoac, donde el barrio o la vida de barrio se
extingue, este hecho se tendrá que tratara través del análisis genera­
cional o familiar.

[...] muchas casas se han comprado. En esta misma calle casi todas las que
eran antiguas se han vendido para hacer condominios horizontales, o
condominios verticales. Sí, realmente sí se lia destruido mucho, muchas
de las casas antiguas, tan bellas, que había aquí. Porque realmente se
consideraba como una villa, allá en el centro de la ciudad.1
A mí este lugar me fascina. Yo les digo a mis hijos que cuando yo me
muera me creinen, y en los lugares donde yo corrí, en los lugares donde
yo jugué, en los lugares donde viví mis alegrías y mis tristezas, sean
depositadas mis cenizas. Esa seria mi mayor ilusión. Yo no quiero estar
enterrada a i un panteón; porque yo quiero seguir dando vida. Y todo eso
a mí me encanta, ¿por qué? Porque fueron los lugares donde yo viví cosas
maravillosas, los lugares donde mucha gente me conoció, los lugares
donde yo pude encontrar, cuando había las grandes palizas de mi madre
para mí, el apoyo de un brazo, de un hombro.18
La vida la hicimos alú en Mixcoac, no íbamos a otros lados, no
necesitábamos ir, teníamos todo, ahí lo disfrutábamos 19
Sobresalían los árboles, en todas las manzanas se veían árboles,
árboles frondosos, grandes. Sobre todo dominaban irnos arbolóles con
sus flores blancas, las magnolias. Entonces para mí es una añoranza estas

17 E n t r e v i s t a a l a s e ñ o r a S a r a E s t h e r M e l é n d e z d e L e g l i s c , p o r P a t r i c i a P e n s a d o
L e g lis e , L e o n a r d o D a V in c i, n ú m . 1 1 0 , 3 0 d e n o v ie m b r e d e 1 9 9 1 , P H O /1 2 ( 1 2 - 1 ) .
18 E n t r e v i s t a a l a s e ñ o r a I t i l d a C a s t i l l o , p o r P a t r i c i a R a m i r e z K u r i , d o m i c i l i o
p a rtic u la r, M ix c o a c , 6 d e ju n io d e 1 9 9 1 , P H O /1 2 (1 7 -1 ).
10 R a m ó n A l a t o r r e B o l a ñ o s C a c h o , c i t . n o t a 9 .

88

calles tranquilas, de tierra, que aunque sea falta de progreso o como usted
quiera llamarle, ¿verdad? Pero a mi me fascinaban esas calles de tierra o
calles empedradas. 1labia pocas empedradas, la mayoría eran de tierra.
Y esa cantidad de árboles y lo bajito de las casas. Ó sea que uno podía
ver el cielo, podía ver los árboles y podía ver todo eso[...] Es gente, como
le decía yo hace rato, que viene ya con otras ideas, con otra idiosincrasia,
que no es la propia del barrio. Entonces eso es lo que está haciendo al
barrio que cambie, ¿verdad? Que pues a final de cuentas así tienen que
ser las cosas, todo tiene que cambiar, ¿no? Pero sentimentalmente uno se
aferra a eso. Váyanse todos los extraños, váyanse, déjenos a los que...
Que desaparezca esta avenida y la otra avenida ¿no? y vuelvan otra vez
las callecitas de tierra... todo eso. Pero pues eso sería también en parte
bastante egoísmo, ¿no? Tiene uno que aceptar las consecuencias del
progreso, ¿verdad?, del crecimiento demográfico y de todo.20

Uno de los desafíos que enfrenta el historiador oral es trascender


la visión anecdótica, nostálgica o romántica de la crónica para abor­
dar la interpretación analítica de la experiencia individual de una
colectividad con la cual comparte el devenir histórico. De esa ma­
nera se podra “generar la conciencia de la liistoria como el relato de
la acción humana, las elecciones humanas de la gente que trata de
resolver sus relaciones sociales cambiantes —y muchas veces desi­
guales” .21 Es decir, se trata de plantear los problemas colectivos
que afectan a los individuos que habitan en una zona determinada y
estudiar cómo los enfrentan en su cotidianidad, la forma en que los
perciben y las estrategias para superarlos, en caso de proponérselo.
Por otra parte importa el hecho de percibir la subjetividad de un
gmpo de individuos que lian compartido un espacio urbano y un es­
tilo de vida que al paso del tiempo cambia cualitativamente, extin­
guiéndose con él una fonna de sociabilidad colectiva.
En este sentido, a través de la historia oral que rescata los testi­
monios de la gente común, es posible lograr enfoques diferentes de
la historia urbana que enriquecen la comprensión de fenómenos
actuales en la vida de la ciudad.

20 E n tr e v is ta a l s e ñ o r R o b e r to M a n c illa , p o r P a tr ic ia P e n s a d o L e g lis e , d o m ic ilio


p a rtic u la r, M ix c o a c , 3 d e s e p tie m b re d e 1 9 9 1 , P H O /1 2 (8 -1 ).
21 L i n d a S h o p e s , “ M á s a l l á d e l a t r i v i a l i d a d y l a n o s t a l g i a : c o n t r i b u y e n d o a l a
c o n s t r u c c i ó n d e u n a h i s t o r i a l o c a l ” , e n J o r g e A c e v e s ( c o m p . ) . H isto ria O ral, I a s t i t u t o
M o r a /U n iv e r s id a d A u tó n o m a M e tro p o lita n a , M é x ic o , 1 9 9 3 , p . 2 5 1 .

89

« 4
La historia oral: una alternativa para
estudiar a las mujeres

Ana Lau Jaivcn


Instituto Mora

La historia de las mujeres y la historia oral lian sido, indiscutiblemen­


te, dos de las áreas más prolíficas y controvertidas de las últimas
décadas, sobre todo para quienes se lian dedicado al estudio de la
historia de los llamados grupos sin historia” o “gente común”. La
búsqueda de métodos y fuentes no tndicionalcs lia hecho que ambas
se beneficien y se relacionen entre sí. El reconocimiento de que la
historia oral es capaz de aportar luz en campos poco accesibles lia
permitido considerar a la historia de las mujeres como el mayor
desafío y contribución que la evidencia oral puede ofrecer al quehacer
histórico.
De ahí que para tratar de explicar la manera idónea de entrevistar
mujeres, rescatar la vida cotidiana y el significado de la utilización
de la historia oral para reconstruir, a partir de la memoria femenina,
la identidad de género, hemos de iniciar este artículo luiciendo una
breve descripción de lo que es la historia de las mujeres, y cuáles son
sus premisas metodológicas, para luego examinar algunos aspectos
concernientes a la entrevista.

H istoria de las mujeres

Cuando la realidad de vida de las mujeres, que había sido un tema


marginado de los estudios históricos, ocupó el interés de las acadé­
micas y adquirió relevancia, se comenzó a debatir la manera en que
tradicionalmcntc se luibía concebido al conjunto humano atribuyén-

90
»,>
1 •
dole un carácter asexuado, en el que no se incluía a las mujeres.
Este conocimiento “androccntrico” comenzó a ser cuestionado
por considerar que unlversalizaba genéricamente los conceptos y las
categorías. Se manifestó un malestar intelectual que condujo a rom­
per viejos hábitos y planteamientos reducidos, y se propuso modifi­
carlos por una visión más amplia de la realidad histórica, o sea,
estructurar un todo intcrrclacionado, no restringido ni cerrado, con
el fin de alcanzar una historia total, que tomara en cuenta, por igual,
a hombres y a mujeres en tanto conjunto social.
Se comenzó por hurgaren el pasado a fin de justificar el acontecer
femenino, al tiempo que se cuestionaba la separación tradicional
entre las esferas privada y pública; poco a poco se estructuraron,
definieron y determinaron campos y categorías capaces de aportar
elementos para redescubrir el papel de la mujer en la sociedad, a fin
de indagar la “articulación entre los distintos niveles de hegemonía
no sólo relacionados con el sexo sino también con la edad, la raza, la
clase, etc., o sea, las relaciones de poder”,1 el objetivo iba encami­
nado a analizar el papel que la cultura lia tenido en la configuración
de modelos de comportamiento a través de la historia, es decir, buscar
cómo se construye y/o concibe socialmcnte el género femenino.

Una de las aportaciones de la historia de la mujer ha sido precisamente


la afirmación de que la mujer tiene mía historia, y que esta historia no
puede considerarse como un conjunto de datos olvidados cuyo destino
seria incorporarlos a las categorías históricas tradicionales ni tampoco
como simple contribución marginal a la supuesta historia definitiva 2

Se conformó una nueva corriente historiográfica,3 “ la historia de


las mujeres”, cuyo objetivo lia girado alrededor del análisis de los
procesos históricosocialcs desde un punto de vista propio con el fin

1 A m p a r o M o r e n o , El arquetipo viril protagonista Je la historia. Ejercicios Je


lectura no anJrocéntrica, L a S a l , e d i c i o n s d e l e s d o n e s , B a r c e l o n a , 1 9 8 6 , p .
2 M a ry N a s h , “ N u e v a s d im e n s io n e s e n la h is to ria d e la m u je r " e n M a ry N a s h
( c o m p . ) , Presencia y protagonismo. Aspectos Je la historia Je la mujer. E d i c i o n e s
d e l S e rb a l, B a rc e lo n a , 1 9 8 4 , p . 11.
3 P a r a c o n o c e r la s d is c u s io n e s , s e p u e d e n c o n s u lta r : M a r y N a s h , “ N u e v a s ...” ,
op. cit., p p . 9 - 5 0 ; G i s e l a B o c k , “ E l l u g a r d e l a s m u j e r e s e n l a h i s t o r i a ” , t r a d . F r a n c i s c o
C a l v a n , Sociológica, U A M - A , a ñ o 4 , n ú m . 1 0 , m a y o - a g o s t o 1 9 8 9 , M é x i c o , p p .
2 1 9 - 2 3 9 ; M ic h e lle P e r r o t, “ M a k i n g h is to r y : w o m e n in F r a n c e ” e n J a y K lc i n b c r g
( c o m p . ) . Retrieving Women's history, R E R G / U N E S C O , P a r i s , 1 9 8 9 .

91
f
« %
de alcanzar otras dimensiones en la historia social. A partir del los medios de comunicación, la ley, la unidad doméstica familiar y
las relaciones interpersonales; entraña la gradación de rasgos y
cucstionamiento y la explicación de la exclusión de las mujeres en
tanto sujetos sociales de la historia, se ha tratado de ubicar su actividades [,..]” 5
presencia en espacios difcrenciables, así como construir el proceso Una buena parte del mérito que tienen los estudios de la mujer
de conformación de la identidad femenina a través de las etapas reside en este descubrimiento: que lo que tradicionalmcnte fue con­
históricas. “ Para ello se han elaborado esquemas interpretativos que siderado natural, no es otra cosa que una creación humana. Con ello
recogen la complejidad de las relaciones entre los sexos, las varia­ se establece un marco de referencia para discutir el significado de la
ciones en el estatus de la mujer y los avances y retrocesos en su experiencia femenina.
El género, por lo tanto, ofrece a las historiadoras un modo de
situación social.”'1
diferenciar las prácticas sexuales de los papeles sociales asignados a
Encontramos que esta “historia de las mujeres” trata de demostrar
mujeres y a hombres, ya que hace hincapié en el sistema de relaciones
que ellas no constituyen una categoría monolítica e indiferenciada,
que pueden incluir al sexo, pero que no están directamente determi­
sino que están insertas en la estructura social. Su objetivo es recons­
nadas por él ni por la sexualidad.
truir la esfera femenina en los diferentes tiempos y espacios mediante
Además, la categoría de género, en tanto elemento constitutivo de
la explicación de las conexiones que se establecen entre el papel de
las relaciones sociales, no había sido considerada como punto de
la mujer en la familia y fuera de ella, partiendo de la pregunta ¿cuál
partida en los estudios que giran en tomo a la historia social; de allí
es el significado de ser mujer en las distintas épocas?
la necesidad de incluirla cuando buscamos nuevas formas para
El mundo de las mujeres tiene su propia historia que está íntima­
abordar procesos ya estudiados a partir de una perspectiva diferente.
mente relacionada, por un lado, con los cambios de vida femeninos
Por ello, la historiografía acerca de las mujeres ha trastocado las
y, por el otro, con el desarrollo de la historia general que afecta de
evaluaciones acerca de los periodos históricos, nos lia desengañado
distinta manera la vida de los l» mb res y de las mujeres, pero que a
de la idea de que la historia de las mujeres es la misma que la de los
fin de cuentas es una sola y como tal debe ser estudiada, a través del
varones, y de que los periodos de cambio han tenido el mismo
examen de cuestiones tales como la experiencia privada, las atribu­
impacto para un sexo que para el otro. Es más, esto ha hecho que se
ciones de género, la vida cotidiana, etc., en lugar de la tradicional
comience a plantear la existencia de una conexión particular entre la
concepción histórica fáctica y androcentrista.
función reproductiva y los efectos de cambio en el desarrollo social.
La historia de las mujeres lia incorporado campos de estudio que
La historia puede ser reescrita y periodizada tomando en cuenta
ofrecen una gran potencialidad debido a los asuntos que aborda (vida
aspectos como la crianza de los niños, la sexualidad, la estructura
cotidiana/rclacioncs de géncro/nmjcry procesos socialcs/la mujer y
familiar, la maternidad, la producción doméstica, la vida cotidiana...
la ecología, etcétera).
La división sexual del trabajo como origen de las diferencias
Ahora bien, como lo que se busca es explicar, para cada caso
sociales entre los géneros y la supuesta exclusión de las mujeres de
particular, las formas en que se constituyen las relaciones entre lo
los procesos económicos, políticos, sociales o culturales, les ha
femenino y lo masculino, se lia incorporado la categoría género en
tanto papel y relación histórico-social que se atribuye a los sexos.
5 L o u r d e s B c n c r í a y M a r t a R o l d á n , Las encrucijadas de clase y género. Trabajo
El género masculino o femenino es una construcción social que
a domicilio, subconlratación y dinámica de la unidad doméstica en la Ciudad de
se percibe a través de las diferencias que se asignan a los sexos en la México, E l C o l e g i o d e M é x i c o / F C E , M é x i c o , 1 9 9 2 , p . 24. “ E s u n e l e m e n t o c o n s t i t u ­
educación, la cultura, las instituciones normativas, políticas y socia­ ti v o d e la s r e l a c io n e s s o c ia le s q u e s e s u s t e n t a e n la s d if e r e n c ia s p e r c ib id a s e n t r e lo s
les. “Es histórico; se presenta en el seno de diversas macro y s e x o s ( ta le s c o m o , la s c u ltu r a le s , n o r m a tiv a s , d e n tr o d e la s in s titu c io n e s p o lític a s y
microesferas tales como el Estado, el mercado laboral, las escuelas, e n la id e n tid a d s u b je t iv a ) y e s ta m b ié n u n a v ía p a r a s ig n if i c a r e l r e f l e jo d e la s
r e l a c i o n e s d e p o d e r " , Cjr., J o a n S c o t t , " G e n d e r : a u s e f u l c a t e g o r y o f h i s t o r i c a l
a n a l y s i s ” , c n Gender and the politics o f history, C o l u m b i a U n i v e r s i t y P r e s s , N u e v a
Y o rk , 1 9 8 9 , p p . 2 8 -5 0 .
^ Mary Nash, "Nuevas", op. cit., p. 13.

93
92
conferido lina experiencia distinta a la de los hombres. Incrustada y recupera una cultura específica o propia que no debe perderse y que
modelada por el entorno, la relación entre los sexos debe ser integrada nos permite comprender integralmente el mundo en que vivimos.
a todo estudio que analice el orden social. Como uno de los temas a los que se aproxima la historia de vida
gira alrededor de dar presencia a quienes tienen una historia fragmen­
tada o limitada, qué mejor que la información que pueden ofrecer las
La fuente oral y las mujeres mujeres que son la mayoría marginada. Su voz y participación en los
acontecimientos cotidianos son la otra cara de la moneda que había­
En la tarca de recuperar y descubrir la vida de las mujeres, la historia mos estado buscando, por tanto, “si el relato de estas protagonistas
oral lia resultado imprescindible, ya que son pocos los rastros escritos puede ser integrado con datos históricos y cuantitativos y si puede
que ellas dejan; además, la vida privada, la intimidad, o sea el ámbito ser también contrastado por otras aportaciones, como la referencia al
de acción femenino por excelencia, se construye a partir de rastros punto de vista del otro sexo, la organización de la materia social
orales. adquiere relevancia 7
La historia oral contiene el potencial para Henar lagunas fallantes Esto no quiere decir que hay que entrevistar por entrevistar, ni por
y convertirse, más que en ima alternativa, en una forma de narrativa el solo hecho de que sean mujeres, sino que hay que tener en cuenta
donde la memoria opera como materia prima. Al sernos posible con­ el objetivo de nuestra investigación y, a partir del problema que
trastar la memoria individual con la colectiva, ha sido posible exami­ queremos resolver, planteamos el mejor camino para llevarlo a cabo,
nar las ambigüedades y conflictos que residen tras de la narración y luego de haber agotado las fuentes accesibles; sólo entonces la voz
liacer uso efectivo de la memoria. de las protagonistas adquiere sentido. “La historia personal revela,
La historia oral resulta un medio idóneo de conocimiento para la como ninguna otra cosa puede hacerlo, el reino de lo subjetivo” .8Por
recuperación de la experiencia de las mujeres y de su discurso, mismo tanto, la justificación del tema en estudio resulta muy importante. Es
que trasciende al testimonio escrito creando fuentes que ayudan al el porqué de nuestra investigación y el porqué de buscar en la
análisis de las relaciones de genero y, por lo tanto, al estudio de la entrevista una alternativa para resolver las preguntas que nos plan­
condición femenina. teamos y que las fuentes escritas no revelan De allí la importancia
Pero no sólo se trata de rellenar huecos; en el caso específico de en el diálogo que establecemos entre las fuentes orales y las escritas.
las mujeres, el objetivo es redefinir la experiencia de vida a través del Esta voz, la de las mujeres, pone en el tapete de la discusión
análisis del universo cotidiano reflejado y transmitido poresa memo­ cuestiones relegadas en la investigación social y aporta elementos
ria femenina. La recuperación de la palabra femenina se convierte en para apoyar la premisa de que un grupo social o un género determi­
un trabajo prioritario y la oralidad en el vehículo privilegiado de su nado puede constituirse a través de su memoria. De lo que se trata es,
historia, otra forma de acercarse a la palabra. Como dice Rossana a fin de cuentas, de apartamos de ese masculino generalizador,
Rossanda: “ lo vivido femenino es una mina (...). Se trata de un investido de autoridad, que lia ocultado la participación y existencia
enorme yacimiento en gran parte oculto por el silencio.”6 del otro género, sin caer en lo mismo que estamos criticando: el
La historia oral nos ayuda a descubrir esos silencios y deficiencias sexismo._
de los textos escritos y sirve también como medida de autenticidad, Adentramos en el estudio de la vida cotidiana, que es continua y
al recordamos utilizar categorías que correspondan a la experiencia perseverante a través de la entrevista, permite comprenderla relación
humana de ambos sexos. Ayuda a dar identidad y carácter a quienes que existe entre la historia de vida individual y los acontecimientos
no han sido conscientes de que tienen un lenguaje y que su palabra
7 M a u ric io C a ta n i, “ A lg u n a s p re c is io n e s s o b re e l e n fo q u e b io g rá fic o o r a l” .
Historia y fuente oral, n ú m . 3 , 1 9 9 0 , p . 1 5 0 .
6 R o s s a n a R o s s a n d a , “ N u e s t r a s p e r l a s e s c o n d i d a s ” . Debate Feminista, a ñ o I, v o l . K e n P l u m m e r , Los documentos personales. Introducción a los problemas y la
2 , s e p tie m b re 1 9 9 0 , p. 143. bibliografía del método humanista , S i g l o X X I , M é x i c o , 1 9 8 9 , p . 1 7 .

94

m b h h P P Í M H P 7----- —
c
históricos, entre el cambio de actitudes y sentimientos y las transfor­
mujeres dentro del relato de su propia vida para rebasar la visión de
maciones socioeconómicas. “ Sólo una investigación atenta a las
que su discurso resulta sólo complementario al del varón.
transacciones’ y tácticas cotidianas, captará más sutilmente las posi­
Se dice que las mujeres hablan más que los hombres y sólo en
bilidades y las restricciones políticas en que las mujeres organizan su
tomo a asuntos insignificantes, no cuentan chistes, son malas orado­
vida.”9
ras y no estructuran su pensamiento lógicamente. Lo que sucede es
Por eso las fuentes orales resultan importantes, porque ofrecen los
que ellas hablan acerca de cuestiones personales e intimas que
elementos necesarios para comprender no sólo la experiencia coti­
reflejan quiénes son; en cambio, los hombres hablan sobre su trabajo
diana, sino los procesos de adaptación y resistencia a transformacio­
y sobre el poder, lo que refleja qué es lo que hacen.
nes sociales y estructurales. Las fuentes orales contribuyen a la
En un segundo momento, aunque ellas se propongan hablar y
realización de una historia que recupera tiempos y espacios distintos
contar sus experiencias, en lo general se disculpan por anticipado de
y desarrolla relatos individuales de historias de vida que nos permiten
la banalidad de su discurso. Mucltas mujeres no se encuentran
relacionar patrones de comportamiento y observar enlaces entre
cómodas cuando ltablan en público. No sólo porque no están acos­
diversas trayectorias.
tumbradas a ello, sino porque su discurso tradicionalmcnte ha sido
Ahora bien, como la memoria está marcada por los papeles
proscrito y su silencio es valorado. Sin embargo, cuando escucha­
sociales y dividida alrededor de los itinerarios individuales, la recu­
mos la palabra de las mujeres, ésta nos las descubre como actrices
peración de la palabra femenina nos permite lograr una toma de
de los acontecimientos sociales, y al analizarlas desde un punto de
conciencia que se asume a partir de la lunación: una existe, tiene
vista cultural, emergen como pensadoras y creadoras de mundos.
una vida, una identidad específica, es protagonista de la historia y
Resulta muy común, al acercamos a las mujeres para entrevistar­
transmisora de cultura. Por eso, lo que obtenemos con la historia
las, que surja la duda “ ¿para qué me quiere usted entrevistar, si yo
oral es un testimonio que recupera aspectos de la dimensión objeti­
no soy importante?, mi vida no tiene nada de extraordinario. Mi
va de los sucesos históricos y al mismo tiempo rescata su dimensión
marido, compañero, pareja, hermano, etc., es el que vio tal aconteci­
subjetiva. miento o tal otro, yo sólo me dedico al hogar...”
Al entrevistar mujeres lo que buscamos no es infonnación sobre
Y ¿qué es el hogar sino el recinto de los afectos, el principio de la
hechos escuetos, sino representaciones mentales, y aquí el sistema
socialización, la esfera de laproduccióny de la reproducción, no sólo
sexo/géncro se hace visible, patente. A las mujeres se nos ha asigna­
de los individuos sino de la sociedad en general? La familia es el
do un papel en la sociedad, que se manifiesta en nuestro quclucer
lugar de la cotidianidad y el tiempo inris ü'pico de la historia de las
cotidiano. La entrevista pone de relieve las vivencias de las inform­
mujeres, es el componente clave de la reproducción biológica, tam­
antes a través de su propia palabra, y nos permite analizar la especi­
bién es el espacio de las mujeres y el de su relación con el exterior.
ficidad del lenguaje femenino y alcanzar una perspectiva de género
Contextual izar a la mujer dentro de la familia permite adentramos
que nos ayude a comprender la identidad y subjetividad femeninas.
en sus íntimas relaciones, en lo que significa la economía doméstica,
Ahora bien, las fuentes orales nos revelan, por una parte, el
la realidad emocional, las interacciones que se establecen entre
discurso de las mujeres sobre su propio comportamiento social y, por
madres e lujas,"los patrones de matrimonio, nacimiento de los hijos,
la otra, sus prácticas reales. Un primer acercamiento es el que
trabajo doméstico y trabajo extradoméstico —en muchos casos no
reproduce el discurso dominante: protagonistas de la historia, las
consignado por lo censos. Todo esto para comprender cómo la
mujeres se borran frente a los héroes masculinos, porque ellos
división de tarcas y las relaciones de subordinación que se establecen
siempre han manipulado la palabra; por ende, hay que examinar a las
en la sociedad asignan a las mujeres una experiencia particular, a
partir de la cual podemos percatamos de cómo se va construyendo
9 A n a M . R o s a s , “ H a c ia u n a te o r ía d e la s tr a n s a c c io n e s d e s ig u a le s : a p o r t a c io n e s
socialmente el género femenino.
d e l a s d i s c u s i o n e s a n t r o p o l ó g i c a y s o c i o l ó g i c a a l d e b a t e f e m i n i s t a ” e n D e b a te
fe m in is ta , op. cit., p . 3 1 0 .

96
97
¿ C ó m o e n tre v ista r a la s m u je re s?
p
¿Qué acercamiento hay que utilizar? ¿Es diferente entrevistar a hom­
bres que a mujeres? Hagamos unas reflexiones...
No existe una fórmula mágica para entrevistar mujeres, tampoco
un camino único, y por supuesto la metodología es diversa. Lo que
se sugiere es el compromiso de un examen crítico de nuestras
prácticas a fin de desarrollar una variedad de modelos de donde
seleccionar el procedimiento adecuado que nos permita llevar a cabo
la investigación.
En el proceso de historia oral nos podemos enfrentar a serios
problemas: de procedimiento, de ética, de interpretación, de política,
pero siempre tenemos que tomar en cuenta que lo que subyace bajo
todo esto es un ser humano conversando o transformándose.
Por ello, tenemos que considerar algunos elementos cuando nos
disponemos a entrevistar, ya sea para reconstruir la memoria histórica
de una generación o para elucidar el significado de “lo femenino” .
Primero, y esto es un asunto ético, estamos pidiendo que se nos
revelen aspectos de la vida privada que en ocasiones se desarrollan
en situaciones íntimas. Esto plantea condiciones de desigualdad:
¿como entrevistadoras, cuánto estamos dispuestas a revelar de no­
sotras mismas, mientras que lo que estamos pidiendo es que las
mujeres entrevistadas se abran frente a nosotras, así nada más?
(Con los hombres raras veces hacemos preguntas íntimas.) Las
investigadoras somos menos francas que las sujetas a estudio. Por
ello debemos ser lo más honestas posible con nosotras mismas, a fin
de poder respetar a las demás y no caer en el vicio de reproducir la
palabra femenina como algo exótico, pintoresco y diferente. (A las
indígenas, por ejemplo, se las ha estereotipado a partir de su pala­
bra.)
Si sólo vemos la oportunidad de dar la palabra a quienes no la
tienen, a quienes lian estado silenciosas para nuestro medio personal,
estamos distorsionando nuestra obligación y nuestro objetivo.
El discurso tradicional de la historia oral lia estado sustentado en
el androccntrismo; la norma partió de la comunicación que se esta­
blecía entre los hombres a fin de recoger experiencias y formas de
comunicación. Las mujeres, por tanto, se sentirán incómodas dentro
de estos marcos rígidos por estar acostumbradas a hablar sobre
cuestiones y relaciones personales.
Para los siguientes aspectos me he de apoyaren un artículo de Ann

98
Oakley10 que dice que las recetas metodológicas que encontró cuan­
do se disponía a llevar a cabo una investigación sobre “cómo conci­
ben las mujeres la maternidad” no le resultaron útiles para su trabajo,
debido a que estaban planeadas para entrevistadores masculinos, y la
relación que las mujeres establecemos con las otras mujeres no se
puede resumir en recetas. Los temas que buscamos nos afectan por
igual, y las respuestas nos identifican como género —no siempre
como clase social— ; son parte de nuestra cotidianidad.
La primera regla que Oakley debía cumplir, según el manual, era
extracry recibir información, no darla. En el curso de sus entrevistas
se dio cuenta de que las mujeres confiaban en ella y, en ocasiones, le
planteaban preguntas qiic debía responder, y no sólo eso, sus entre­
vistadas esperaban las respondiera no médicamente, sino a partir de
su vivencia personal; querían que les diera su opinión personal como
madre y como mujer.
El otro punto que le resultó imposible seguir fue el que sugería no
interactuar socialmente con su informante a fin de conservar la
objetividad. A lo largo de su investigación comprobó que lo que
buscaba era precisamente validar la experiencia subjetiva de las
mujeres, y si adoptaba una actitud ajena dejaría fuera esa experiencia
íntima y personal. Por ello concluye que la entrevistadora debe estar
preparada para incorporar su identidad personal en la relación que
establece con su informante. (Aquí se podría añadir el problema tan
discutido entre objetividad y subjetividad del científico social y cómo
se trastoca en relación con las mujeres.)
Esto nos lleva a tener que utilizar otras vías para aprender a
relacionamos con las mujeres como mujeres, y para observar, escu­
char e interpretar el valor de sus palabras.
La historia oral es un trabajo seductor por lo que significa el simple
placer de escuchar, por ello hay que dejar muchas veces que la entre­
vista fluya libremente, a fin de que los temas mujeriles suijan natural­
mente, sin que ello implique que perdamos de vista nuestro objetivo
y lo que estamos buscando conocer. Si nuestra guía de entrevista nos
preocupa demasiado y le damos gran importancia, estaremos perdien­
do un aspecto importante de la plática que es la espontaneidad.

Pues el placer que nos produce el que nos cuenten historias es algo muy

10 " I n t e r v ie w in g w o m e n : a c o n tr a d ic tio n in t e r m s ” e n H e le n R o b e r ts ( c o m p .) ,
D o in g fe m in is t re se a rc h , R o u t l e g f c K e g a n & P a u l , L o n d r e s , 1 9 8 1 , p p . 3 0 - 5 9 .

99
< '
diferente de la simple diversión, es un “efecto de vida” que alimenta la
imaginación y la utopia, la nostalgia y la ilusión: ingredientes últimos de
la magia, fa tristeza y la risa, de todo lo que nos distingue como seres
humanos.11

El acto de contar la vida personal incluye una racionalización del


pasado, al tiempo que proyecta y conduce hacia un inevitable tiempo
presente. De la gran cantidad de recuerdos almacenados y posibles
respuestas evocadas en una entrevista, el entrcvistado/a elige y orga­
niza ciertos temas, sucesos y reminiscencias que narra con su estilo
particular. De ahí que influya el momento, el intcrlocutor/a y diversos
elementos que determinan que el recuento oral no sea el mismo
cuando varían las condiciones.
Otro aspecto en el que hay que tener mucho cuidado es el de la
elección de nuestras informantes, ya que si entrevistamos mujeres
consideradas “famosas” o “ importantes” conscientes de su papel
público y de su imagen, se corre el riesgo de caer en la repetición y
en lo que se podría denominar la “biografía aprendida” , o sea una
sola versión de la vida que nuestra entrevistada no está dispuesta a
cambiar y que recita a la menor provocación. De ahí que tengamos
que utilizar prácticas de entrevista capaces de rebasar estas situacio­
nes o cambiar de informante.
Otra cuestión que surge en el curso de un trabajo de este tipo es
aquella que dice que una comienza una investigación con un supuesto
y termina averiguando otra cosa. No hay forma de escapar si dejamos
que nuestras preconccpcioncs orienten la entrevista. Por ello hay que
estar preparadas con información, una buena guía de entrevista y
abiertas a lo que nuestras entrevistadas nos narren, así como evitar
los prejuicios.
Creo que con las mujeres es muy importante respetar el ritmo de
su conversación y el tiempo de la narración, a fin de comunicar el
sentido subjetivo de la realidad femenina, que pasa por el tiempo
cotidiano y que es un tiempo más lento, menos acelerado, en suma,
un tiempo de ser para otros que constituye, a mi modo de ver, la
diferencia con el discurso masculino. Debemos atender al ritmo de
la memoria, ya sea esta precisa y cronológica o bien rcconstmida

11 A n to n io G a r c ía d e L e ó n , “ A tr á s d e l e s p e jo d e la h is to r ia . U n a r e f le x ió n s o b r e
a l g u n a s p o s ib il id a d e s d e la h is to r i a o r a l , la m á s e t n o ló g ic a d e la s h i s t o r i a s ” . La
J o r n a d a S e m a n a l, n u e v a é p o c a , n ú m . 1 7 2 , 2 7 d e s e p t i e m b r e d e 1 9 9 2 , p . 4 3 .

100

r
lógicamente y articulada en el tiempo colectivo.12
Las historias de vida nos permiten descubrir prácticas femeninas
que no se inscriben en los documentos escritos y que, sin embargo,
tienen un papel central en la formación de la trayectoria familiar,
generacional y personal, y que nos conducen a comprenderla espe­
cificidad genérica a partir del análisis del lenguaje, de la concepción
del mundo y de la vida de las mujeres. Si la historia de una sociedad
y de su movimiento se elabora en diferentes niveles, se hace también
en el plano de lo cotidiano que es femenino. Así, cada mujer, en su
vida diaria, participa en la historia que se está haciendo, en un nivel
específico, local, comenzando por su propia historia y Ja de su
enlomo.
Las mujeres pueden ser aprehendidas como sujetos de su propia
historia, de su trayectoria y de la de su familia, y todo esto nos aporta
una alternativa para aproximamos al acontecer histórico que nos
conduzca a comprender las complejas interrelaciones de lo cultural
y, a fin de cuentas, nos obligue a volver al concepto de experiencia
humana, la que se constituye a través de la memoria social de ambos
sexos.

l 2 C y h S i l v i e V a n de C a s t e e l e y D a n i e l l e V o l e m a n , “ F u e n t e s o r a l e s p a r a l a
h i s t o r i a d e l a s m u j e r e s ” , e n C a r m e n R a m o s ( c o m p . ) . G én ero e h istoria. I n s t i t u t o
M o ra /U A M , M é x ic o , 1 9 9 2 , p . 1 0 3 ( A n to lo g í a s U n iv e r s ita r ia s ) .

101
( '
La historia oral de las elites

Graciela de Garay
Instituto Mora

En los dos capítulos anteriores se habló de las posibilidades y bene­


ficios que ofrecen para el conocimiento las entrevistas de historia oral
hechas a mujeres y, en general, a la gente común, mal llamada “los
sin historia”.
■Efectivamente, las conversaciones con estos testigos descubren
aspectos ignorados, olvidados, malintcrprctados o manipulados por
la historia escrita. Son testimonios que desde su perspectiva pueden
trascender los límites estrechos y siempre oblicuos de las verdades
compartidas y los discursos oficiales.
La historia oral de las mujeres permite conocer, a partir de la
memoria femenina, la identidad de genero que la historia tradicional
ha diluido en un relato gcncralizador eminentemente masculino. Se
trata entonces de presentar la vida y la acción de las mujeres como
otra cara de la historia y no como un elemento complementario o
subordinado de la experiencia de los hombres.
Así, la recuperación de la memoria de las mujeres, como la de la
gente común, frecuentemente silenciada y reprimida, aparece como
una experiencia de investigación muy prometedora. Pero ¿que sucede
entonces con las elites que gustan de escribir su propia historia y
disponen de los canales de comunicación adecuada? ¿Vale la pena
entrevistar a los constmctorcs de la historia oficial? Entrevistarlos
¿no es reproducir la versión de los vencedores? ¿Cómo podríamos
explorar estos caminos y descubrir lo insospccliado? ¿Que dividen­
dos podría rendir dicha empresa? ¿Conviene, sin olvidar estas reser­
vas, entrevistar a las elites, un terna de investigación y punto de

102
\
arranque de la historia oral norteamericana? Contestar todas estas
preguntas es el objetivo de este trabajo.

/ Q uiénes son las elites?

De acuerdo con el diccionario Random, las elites, en términos gene­


rales, se definen como los grupos integrados por los mejores en
cualquier cosa dentro de una colectividad o conjunto.1De una manera
más precisa, un autor de la teoría clásica de las elites, el sociólogo
italiano Vilfrcdo Parcto, señaló en 1902 que la idea de elite implica
una evaluación de éxito a través de la cual los actores sociales
comparan sus actividades. Y como evaluación significa comparar y
sólo se compara lo.comparable dentro de un gmpo o actividad, Pareto
sugiere formar upa clase con los individuos más destacados dentro
de esa esfera y llamar a esa clase elite.12
De hecho hay tantas elites como actividades. Por eso es posible
encontrarlas de políticos, banqueros, artistas, músicos, soldados,
deportistas, cocineros, etc. Pero dentro de las elites existen las que
disfrutan de un mayor poder o grado de influencia que otras porque
sus actividades tienen más significado social
Parcto advirtió, sin embargo, que en todas las sociedades, inde­
pendientemente del sistema político prevaleciente, existe una peque­
ña m inoría que controla el poder. Incluso bautizó a este estrato
dominante como la elite gobernante o la elite política. Además, las di­
vidió en dos gnipos: la política o con poder, influencia y capacidad de
decisión, y las segméntales, con responsabilidad social pero sin fuerza
política, como sería la aristocracia en un sistema democrático.3
Ciertamente, la incidencia de las acciones de las elites alcanzan
diferentes rangos, dependiendo del momento y espacio histórico que
ocupan dentro de la sociedad. En este sentido Suzanne Keller explica:

En las modernas sociedades occidentales no existe una elite que abarque


todos los campos, sino un complicado sistema de minorías especializa-

1 Véase además T. B. Bottomore, Elites and society. Penguin Books, Londres,


1964-1973, p. 7.
2 A pud Raymond Bouden y F ran cis Bourricnud, A critical dictionary o f socio­
logy. seleccionado y traducido por Peter Hamilton, Chicago, 1989, p. 156.
1 Bottomore, Elites,op. cit.
das, vinculadas entre sí y al orden social de distintas maneras [...] Todas c la s e s \a s relaciones de producción se vinculan con la cuestión del
tienen influencia pero en esferas independientes y con inuy distintas poder6 o control social, ya que la separación entre los productores
funciones, orígenes y poder, formas de relación y recompensa. 4 inmediatos y los que se apropian el excedente producido, implica
relaciones específicas de dominación y subordinación1
Por ejemplo, si se entrevista a la elite de los modistos franceses, De esta manera, los individuos cuyas cualidades y aptitudes
hombres y mujeres, que vivió la ocupación alemana en Francia y satisfacen las necesidades de la época o de la coyuntura económica
resistió las presiones hitlerianas para trasladar de París a Berlín el adquieren el poder (político e ideológico) para coordinar la división
centro mundial de la alta costura, podrá entenderse la importancia social del trabajo. Así conforman un grupo minoritario o elite, no
política, económica y social de estos diseñadores. Las narraciones durable pero con capacidad de decisión sobre los medios de produc­
revelarán el impacto político de su oposición, así como el significado ción. En conjunto estos grupos constituyen la clase dominante de una
social del oficio y los valores defendidos por esta elite. sociedad, producto directo del sistema de valores y de los mecanis­
Cabe advertir que dentro de las elites existen diferencias de mos de control social. Ejemplo de clase dominante es el Estado, que
importancia y poder. Puede darse una contradicción entre el juicio puede ejercer el control social o el poder máximo para hacer preva­
del público y el de los miembros de la elite respecto a un igual o una lecer los valores existentes.
actividad. Por ejemplo, un economista, un actor o un pintor pueden En cuanto a la elite-.dominante, el marxismo clásico diría que el
ser muy reconocidos en los ámbitos informales, pero poco apreciados verdadero poder son los políticos.
entre sus iguales. Estas contradicciones denotan la ambigüedad del Con el objeto de resolver esta inquietud, Ralph Dahrendorf sos­
criterio paretiano para definir a los representantes de una elite. tiene, criticando a Marx, que la causa de la formación de las clases
Además, no todas las actividades son igualmente apreciadas, y por sociales no es la propiedad sino la autoridad, es decir, el poder de
consiguiente las elites que forman tampoco lo son. Estas contradic­ emitirlos mandatos que logran la obediencia. Al considerarla diversa
ciones suponen una pluralidad de elites y de valores. distribución del poder como la base de la desigualdad social, el autor
Una relectura de Vilfrcdo Párelo y Carlos Marx a la luz de los toma como plataforma de su explicación un aspecto que los maexistas
cambios históricos contemporáneos nos proporciona las bases para calificarían de supercstructural.9
definir los conceptos clasc-clite y entender su dialéctica. Porque es Efectivamente, las clases tienen que ver con el poder. El problema
un hecho que “ [...] en toda clase tiende a aparecer una elite, y en el reside en la interrelación de lo económico y de lo político. De ahí
comienzo de toda elite está implícito el germen de una clase” . que muchas elites económicas tengan poder e influencia política
Las clases, en el sentido marxista, se entienden como un grupo de aunque no controlen el poder en una forma directa o predominante.
gente que ocupa una determinada posición en la sociedad, definida Aunque los capitalistas no participan del poder ejecutivo, sí están
fundamentalmente a partir de las relaciones de producción. Existen representados por éste y en el resto del sistema estatal.
clases cuando la producción inmediata (economía, agricultura, indus­
tria, transporte), la apropiación y el control del excedente producido,
están repartidos de acuerdo con el poder de las diferentes partes 6 Goran Therbom, ’’What does the ruling class do when it rules? Some reflec­
involucradas y no se concentran en un individuo o una colectividad. tions on different approaches to the study o f power in society” en Anthony Giddens
Diferentes modos de producción implican diferentes divisiones de y David Held (comps.), Classes, power and conflict. Classical and contemporary
debates. University of California Press, Berkeley y Los Ángeles, 1982, p. 228.
7 Ibid.
4 Suzanne Keller, “ Elites” en Enciclopedia Internacional de las Ciencias Soda- 8 Bouden y Bourricaud, A critical, op. cit., p. 158.
les (dirigida por David L. Sille), vol. 4, Ediciones Aguilar, Madrid, 1974, p. 180. 8 Norberto Bobbio, Nicola Matteucci y Gianfranco Pasquino, Diccionario de
5 Jorge Alonso, La dialéctica clases-elites en México, Centro de Investigaciones política (a-j), nueva edición enteramente revisada y ampliada, redactores en español
Superiores del INAH/Ediciones de la Casa Chata, México, 1976, p. 73 (Ediciones de José Aricó, Martí Soler y Jorge Tula, traductores Raúl Crisafio, Alfonso Garcia, Mart,
la Casa Chata, 3). et a l. Siglo XXI Editores,’México, 7a. cd., 1991, p. 525.

105
Los que afirman la separación radical entre el poder político y el
poder económico olvidan que el primero está conformado según
el modo de vivir de una sociedad en su reproducción material; y que
la autonomía de esc poder existe dentro de los límites que le per­
mite la estmcturación de la base económica.1"
El hecho es que existe una pluralidad de elites dominantes o
minorías especializadas que por su posición dentro de las relaciones
de producción, cuentan con mayor poder o control social para
defender sus intereses objetivos y valores. Las elites cambian con la
evolución de la sociedad porque al entrar en conflicto por el poder
suelen dividirse.
De esta manera, las elites de la sociedad industrial se organizan
como un complejo militar-industrial, un complejo económico-indus­
trial y, en época de crisis, como complejo político-intelectual. En la
China clásica, el poder de los mandarines se basaba en la cultura y
en la propiedad financiera. En un sistema despótico el poder perte­
nece a la elite administrativa.
En conclusión se puede afirmar que las elites son minorías espe­
cializadas, no permanentes, con poder o control social delimitado
por la estmetura social para defender los valores e intereses objetivos
de una sociedad.

C ó m o y q u é p r e g u n ta r a la s e lite s

Las entrevistas a las elites se pueden plantear de dos maneras: 1) bio­


gráfica, para construir estrictamente historias de vida y generar fuen­
tes de información o 2) temática, para investigar aspectos descono­
cidos de un proceso histórico y complementar, con la información
verbal recabada, la documentación escrita. En realidad los dos pro­
cesos se combinan y nunca se dan en forma químicamente pura.
Para planear una entrevista a las elites es indispensable contar con
el currículum y la información escrita disponible sobre el informante,
así como del tema al que el narrador está vinculado o espera estudiar.
Con esta información es posible elaborar una cronología que delimite
el sentido de los tiempos breves (las coyunturas) o la experiencia del
sujeto dentro de las secuencias de larga duración (las estructuras), su

1(1Alonso, La dialéctica, op. cil., p. 94.

106

\\
historia. Éste procedimiento permite establecer importantes momen­
tos y áreas de interés en la vida de un individuo, así como su
influencia, control y relación con el contexto social.
Apoyado en estas consideraciones, el que trabaja tristoña oral de
elites debe comenzar por averiguar si su entrevistado forma parte
de ellas, ¿cuáles son los orígenes de su poder?, ¿de qué poder
disfruta?, y ¿qué liacc con su poder?, pues sólo las elites confían en
su [joder o control social para imponer modelos y dominar al mun­
do. Aclarados estos preliminares conviene diseñar una guía temá­
tica para organizar las preguntas que se piense aplicar.
Con el sustento de la teoría clásica de las elites, el historiador
norteamericano James Wilkis acuñó el término de elitelore, un
instrumento de investigación que permite aprehender e interpre­
tar, a través de la entrevista de historia oral, el papel del lidero de las
elites políticas como actores responsables en la construcción de la
historia reciente.
De acuerdo con el profesor Wilkie, el concepto de elitelore debe
entenderse de la siguiente manera:
1) La percepción que tiene un líderde sí mismo; 2) la organización
de sus ideas acerca de su pasado (y el pasado de su gmpo), y 3) la
justificación ante sí de las acciones por las cuales le da sentido a
la historia de su vida.1112 En realidad el relato de vida de cualquier
gente incluye estas tres preocupaciones. Sin embargo, para el caso
de las elites estos puntos tienen un mayor alcance social, pues inciden
en la esfera pública.
El término lore se justifica por varias razones. Primero, porque
implica una suma de conocimientos y prácticas reunidas a lo largo
del tiempo. Segundo, la idea de lore está relacionada con la elabora­
ción del mito y autoengaño que el sujeto construye, consciente o
inconscientemente, para defender su imagen de los choques o críticas
externas. Y tercero, el concepto indica un estilo de vida. En suma,
son un conjunto de representaciones o mentalidades no sistematiza-

11 Véase cómo el poder hace creer a las clases sociales altas que son las únicas
que pueden controlar y dirigir su propia existencia en J. P. R y Barbara Roos, “Upper
class life over three generations: the case o f the owedish finas”. Oral History, The
Journal o f the Oral History Society, vol. 12, núm. 1, primavera 1984, Sociology
Department, Universidad dc Essex, Colchester, Essex, p. 25.
12 James W. Wilkie, “ Elitelore” , en Jorge Balán (comp.). Las historias de vida
en ciencias sociales: teoría y técnica, Nueva Visión, Buenos Aires, 1975, pp. 93-94.

107
i '

das, que por su naturaleza se transmiten en forma espontánea durante


el discurso de Ja entrevista de historia oral.13
La eliíelore extrae pues datos para conocer e interpretar la vida,
acciones y decisiones de los líderes frente a su sociedad y a los
eventos históricos. Los especialistas en biografía dirían que la elite-
lore representa una forma de acercamiento a lo más específico del
sujeto en su relación con el mundo y los acontecimientos.
Por ejemplo, en una entrevista hecha a un diplomático mexicano
se pudo captar cómo el conjunto de percepciones sobre sí mismo,
sobre su oficio, sobre México y la historia nacional, es decir su
eliíelore, lo convenció de que el mejor camino para defender los
intereses de la república frente a Estados Unidos se hallaba en la
negociación más que en la confrontación como suponían sus críticos.
Esta mentalidad, que algunos tacharon de conservadora, marcó los
años de su gestión diplomática en Estados Unidos, y a la vez justificó,
ante él mismo y ante su país, el sentido y el estilo personal de sus
decisiones.
Por contraste, otro embajador al que se entrevistó subrayó el
aspecto formal o protocolario como un elemento esencial para expli­
car el éxito de sus años de servicio. Para este diplomático, mejorar el
aspecto material y formal de la representación mcxicanaen el exterior
era importante, pues elevaba el prestigio internacional del país.
Ciertamente, a este individuo le tocó actuar por un México que ya
empezaba a ocupar un lugar dentro del contexto mundial y se reco­
nocía, según los expertos, como una potencia media. En fin, con estos
ejemplos se intenta mostrar cómo las diversas inquietudes, valores y
mentalidades de los informantes se reflejan en su quehacer cotidiano.
Ahora bien, Wilkie, como los clásicos de la teoría de las elites,
también distingue dentro de éstas a las que disfrutan de mayor poder.
Son a las que designa como elites politicos o estratégicas.
La eliíelore se aplica entonces a las elites estratégicas, pero debe
advertirse que cuando las elites intelectuales, religiosas o económicas
inciden o dejan sentir su influencia sobre los rumbos de la sociedad,
entonces es necesario, según Wilkie, incluirlas en el estudio de la
eliíelore}*

l3/AW.
14Ibid, p. 98.

108
Otro elemento a considerar es el hecho de que el concepto de
eliíelore se usa aquí en contraste con el de cultura de elite porque
implica una connotación más delimitada de creencias acumuladas
que generalmente constituyen formas de autoengaño. Como dice
Wilkie, el hombre tiende a dar significados a su existencia a partir de
marcos de referencia que justifican sus actos y el rumbo de su vida.
Él sugiere que se graben los mitos, las leyendas y las actitudes de los
líderes que intentan dirigir los destinos de las sociedades, para
interpretar muchas de sus decisiones y acciones.
Por ejemplo, habría que preguntar a un político sobre sus valores,
y cómo los defiende, pitra ver en qué medida éstos orientan e influyen
la definición de sus prioridades. De hecho, Wilkie realizó este
esfuerzo al estudiar cómo algunos presidentes de México gastaron el
erario público. Algunos de ellos invirtieron en la educación, otros en
la salud, etc.15 Finalmente, descubrió con las entrevistas de historia
oral cómo las decisiones presupuéstales reflejaron, en cierta forma,
la concepción que tenían los mandatarios de sí mismos, de sus valores
y responsabilidades.
La eliíelore se relaciona también con una cultura e ideología que
se comunican oralmente; entendiéndose cultura como la suma total
de modos de vivir o estilos de vida construidos por un grupo para ser
transmitidos de generación en generacióa Es aquello que marca la
continuidad y el cambio en el grupo social.
Ideología es el conjunto de doctrinas, símbolos y mitos, conscien­
tes y sistematizados, que se suman para justificar una posición
política o cultural. A veces esta cultura e ideología no se percibe con
toda claridad en los discursos políticos. Sin embargo, en la eliíelore,
expresada oral e informalmente, estos elementos se sobreentien­
den.16
En todo caso, lo importante al analizar una entrevista a elites es
escuchar, más que un relato Táctico, una narración que descubra la
subjetividad de los líderes, oculta en los documentos escritos pero
presente en las decisiones y acciones de los protagonistas de la
historia contemporánea. Se trata de preguntar a las elites sobre lo que
pensaron liaccr, lo que creyeron ltacer y lo que a su juicio hicieron

15 James W. Wilkie, La revolución mexicana (1910-1976), Gasto federal y


cambio social, trad. Jorge E. Monzón, Fondo de Cultura Económica, México, 1987,
566 pp. (Sección de Obras de Economía Latinoamericana).
16James W. Wilkie, “ Elitelore” , op. cit., p. 136.

109
realmente. Dd esta manera, el historiador oral, en vez de elaborar
juicios de responsabilidad para señalar a los buenos y a los malos de
la historia, conocerá otras versiones de la realidad, así como la visión
del mundo, la ideología y la cultura de las elites que participaron
directa o indirectamente en la constnicción del acontecer contempo­
ráneo.

A lcances y límites de la historia oral de elites

La historia oral de las elites, ya sea biográfica o temática, presenta


como problema fundamental el asunto de la identificación del entre­
vistador con su informante y viceversa. Este inconveniente puede
orillar al investigadora reducir sus cucstionamicntos y dudas en torno
al discurso de su interlocutor.
Esta reserva es particularmente importante en el caso de las elites,
pues estas tienden a manipular al investigador. Pero, como dice
Wilkie, aunque los individuos prominentes saben usara sus seguido­
res o escuchas, el punto está en saber dejarse usar por otro para
obtener mayor información.17
Al reflexionar sobre esta consideración, Mauricio Catani se pre­
gunta si realmente vale la pena recurrir a la entrevista de historia oral.
Para esto, el experto responde que el manejo certero de este instru­
mento está en función de una madurez psíquica que permita al
momento del análisis “distinguir el plano de las relaciones personales
del marco histórico y social, mostrando cómo se pasa del sujeto al
elemento de la sociedad”.18
El hecho es que la entrevista de historia oral, ya sea a elites o no
elites, ayuda a dilucidar las razones de las elecciones y preferencias
de los individuos, mismas que remiten a una escala de valores, a un
sistema personal de representaciones del mundo de las ideas. Esta
constelación de chitos subjetivos o marco de referencia, ilustra la
mentalidad y valores de la sociedad en la que el testigo se educó y
socializó. En consecuencia, la posibilidad de conocer á partir de la
entrevista un sistema de valores, implica una comprensión mayor del
objeto de estudio.1

11Ibid., p. 123.
18 Mauricio Catani, “ Algunas precisiones sobre el enfoque biográfico oral” en
Historia y fuente orol, núm. 3, Barcelona, 1990, p. 157.
VI
Conclusión
c
Indudablemente, la entrevista a las elites no nos llevará a la “verdad
histórica” derivada de un supuesto análisis objetivo de la informa­
ción grabad:). Nos acercará, desde un punto de vista antropológico,
a la percepción de los valores de una sociedad y, desde un punto de
vista histórico, al leit inoliv de una historia de las mentalidades.
El manejo etico y respetuoso de las percepciones y vivencias
individuales reunidas en las entrevistas biográficas, dará a la meto­
dología de la historia oral su justa posición dentro del estudio de la
historia.1

111
Historia videoral. Potencialidades
en tela de juicio

Ma. Lourdes Roca


Instituto Mora

Veamos aquí algunos de los problemas que ha venido planteando la


progresiva práctica de la historia oral y qué puede ofrecer el uso del
video a esta metodología que todavía tiene tanto por recorrer.

A l r e s c a te d e la o r a lid a d p e r d id a

Para irnos acercando al terreno del video y sus potencialidades para


la historia oral, veremos en primer lugar cómo podemos enfrentar la
clásica objeción que se le pone a ésta: la pérdida de la oralidad que
sufre el testimonio al ser transcrito. Para ello, rescatemos primero
otro cuestionamicnto que se le lia hecho a esta metodología: el de la
validez del uso de la grabadora.
Todavía, entre historiadores, existen los que, por diversas razones,
se oponen al uso de la grabadora: aunque hoy ya estemos más
familiarizados con ella, en los inicios de su uso (a partir de los años
cincuenta en el ámbito internacional y de los sesenta en México)
debió verdaderamente cohibir el hecho de hablar ante la presencia de
un aparato que “ se apropiaba de tu voz” y registraba todas tus
deficiencias oratorias; otros esgrimen que para qué grabar, si después
hay quetranscribiry así perdemos todavía más de la preciada oralidad
integrada por tonalidades de voz, gestualidad, etcétera.
Es más, la validez misma del testimonio o fuente oral ha sido a
menudo cuestionada por la ya tradicional búsqueda de la objetivi­
dad para constmir un discurso confiable y, por tanto; oientíficamen-
c
\
te histórico. Actualmente reconocemos a la subjetividad como ine­
vitable, pero creo que todavía nos falta un buen camino por recorrer
para aceptarla como válida dentro del discurso historíográfico: la
historia oral ya es una metodología respetable, pero sigue depen­
diendo de la escrita; la transcripción de las entrevistas sigue siendo
un requisito base.
Efectivamente, gran parte de la riqueza de la oralidad escapa a la
grabadora, y al transcribir perdemos todavía más información. Éste
es el primer aspecto por el que propongo que el registro en video
puede ofrecer amplias opciones y cualitativas mejoras. Aunque en

■ —■
unos casos puede no ser viable o conveniente usar el video como
recurso de grabación de la entrevista de historia oral, en otros podrá
ser la única forma de ofrecer al trabajo toda la riqueza del personaje
o teína principal.
Aquí el primer reclamo sería: si todavía hay quien se incomoda
fronte a una grabadora, ¿qué no sentirá ante una cámara? Pero ya
Hubert Knapp dio alguna vez la solución al decir que “es necesario
tener mucho qué decir —y qué decirse— para tener deseos de
continuar a pesar de la cámara” .1
La práctica de esta nueva modalidad de la historia oral, que aquí
me permito nombrar como historia videoral, permitirá crear un
archivo audiovisual mucho más rico; ya no únicamente para histo­
riadores, sociólogos, antropólogos..., sino también, por ejemplo, para
lingüistas y psicólogos que podrán encontraren estas fuentes histó­
ricas todo un mundo por analizar.
Por si esto fuera poco, a futuro éste podría ser im banco de
información por excelencia para conocer el pasado; los mismos
sujetos adoros de la historia nos lo estarían transmitiendo según sus
propias experiencias. Imaginemos por un momento la posibilidad de
acudir a un archivo en el que pudiéramos ver y oír lo que en su
momento tuvieron por decir Leonardo da Vinci, Sor Juana Inés de la
Cruz, uno de los constructores de la pirámide de Keops o un ama de
llaves londinense del siglo pasado. ¿Acaso habrá historiador que no
haya soñado algo semejante?

1 Philippe Joutard, Esas voces que nos llegan del pasado, Fondo de Cultura
Económica, México, 1986, p. 325.

113
«
A propósito de la divulgación histórica audiovisual o DIHA V

La otra razón funda mental por la que propongo utilizar el video como
herramienta básica de esta metodología, además de las posibilidades
que otorga al registro, consiste en el potencial que representa para la
divulgación de la historia, es decir, para una amplia exposición de
investigaciones engendradas por proyectos de historia oral.
Salvo algunas series televisivas y unos pocos filmes etnográficos
que han recurrido a entrevistas filmadas o videograbadas, esta toda­
vía no constituye en México tira práctica sistemática entre los histo­
riadores que recurren a la historia oral.2
Como dice Daniel Bertaux, “ los relatos de vida pueden cumplir
varias funciones: una función exploratoria, ciertamente, pero tam­
bién una función analítica y verificativa, y finalmente una función
expresiva” .3
Esta tercera función abre todo un campo por explorar en nuestro
país para el interesado en divulgación histórica, y más en divulgación
histórica audiovisual: la práctica de una historia oral que registre y
se exprese en video, como metodología de investigación histórica,
puede enriquecer en gran medida los trabajos de divulgación que se
realicen para difundir dichas investigaciones.
El proceso será muy similar al que sigue la historia oral tradicio­
nal: a una previa etapa de investigación sobre el objeto de estudio, le
seguirá la práctica de la o las entrevistas, sólo que aquí se hace uso
de la cámara de video para grabarlas; como en los otros casos, se pasa
a la siguiente fase de transcripción y análisis, donde el historiador
logrará completar su proyecto; y aquí viene la nueva labora desarro­
llar: una faceta de la divulgación histórica audiovisual o d i i i a v .

2 Donde sí podemos encontrar ya algunos ejemplos es en diversas universidades


de Estados Unidos y de Inglaterra, como por ejemplo ia serie “ The nintics” , basada
en entrevistas de historia oral realizadas con personas mayores de 90 años, y
producida recientemente por la B B C con la asesoría del profesor Paul Thompson de
la Universidad de Essex.
3 “ En el primer caso se utilizará para iniciarse en un campo, para descubrir las
líneas de fuerza pertinentes. En el segundo, para sostener una teoría —y esto, al
menos desde la óptica ctnosociológica que es la mía, requiere la utilización no de
uno solo, sino de numerosos relatos para llegar a la saturación. En el tercer caso, el
de la síntesis, será utilizado de una manera muy distinta, para ‘transmitir el mensaje’
(sociológico).” Véase Aceves (comp.). Historia Oral, pp. 139-146.

114
c
•A

Los.aspectos más innovadores de la propuesta estriban entonces


en la gran amplitud que puede alcanzar la difusión del proyecto que
de este paso, el rescate del documento iconográfico tan a menudo
olvidado porcl investigador, y el fomento y consolidación del trabajo
interdisciplinario. Pero veamos estas aportaciones con mayor dete­
nimiento.
En primer lugar, comúnmente la investigación histórica concluida
se convierte en un libro, por lo general especializado y no para el
público en general o en forma de novela, tarca mucho más compleja;
en cambio, con el uso del video como técnica de registro documental
ya disponemos de un material que puede pasar a conformar un
producto final de d i h a v : ya sea una historia vidcoral, una historia de
vida llevada al video, una historia de las ideas documentada audio­
visualmente, etcétera.
Aquí, lo que se nos presenta sobre todo es la posibilidad de
regresar a los informantes sus propios recuerdos de manera mucho
más accesible y amena que lo que permite una publicación escrita en
la que, a menudo, y aunque el tema lo esté pidiendo a gritos, no vemos
ni siquiera ilustraciones.
Por extensión, la investigación basada en historia oral que alcance
esta segunda y compleja etapa, la de divulgar audiovisualmcnte sus
fmtos, cruzará los umbrales del ámbito académico, permitiendo a
segmentos más amplios de población el acceso a este tipo de trabajos
comúnmente condenados a permanecer olvidados en los archivos de
universidades c institutos.
Por último, si queremos dar este gran paso hacia la divulgación
histórica audiovisual, una vez concluida la investigación con sus
respectivos análisis de los testimonios y la edición resultante para lo
que pudiera ser una publicación, debemos ser muy conscientes del
triple salto que implica el paso del lenguaje oral al lenguaje escrito
(al transcribir) y de éste, al lenguaje audiovisual, tarea definitivamen­
te fuera de la formación y el trabajo del historiador.
Y aquí ya estamos hablando de convertir aquella edición en un
guión literario, y posteriormente en un guión técnico, que nos permita
la producción y posproducción del video. Para este paso es funda­
mental la intcrdisciplinariedad o, en este caso, la laborconjunta entre
historiador y coinunicólogo, ya que, para decirlo en forma clara y
sencilla: así como el coinunicólogo sabe cómo decir las cosas pero a
menudo no tiene qué decir, el historiador tiene comúnmente mucho
qué decir pero no sabe cómo decirlo.

115
En fin, las características y formas del material de divulgación
podrán ser qmy diversas, pero detrás de él, en su contenido, será
siempre fundamental la investigación histórica realizada por el his­
toriador a través de la historia oral; es decir, al contrario de un trabajo
periodístico, con el que esta metodología pudiera aparentemente
tener algo en común y con el que a menudo se la relaciona, un
proyecto de divulgación histórica audiovisual que parte de la historia
oral, nunca podrá ser un proyecto inmediato como debe serlo el
periodístico ya que la profundidad y complejidad de la investigación
histórica que recurre a esta metodología requiere necesariamente de
considerables períodos de tiempo.
De esta manera, se abre para el historiador introducido en la dihav
otra gran alternativa: llevara cabo proyectos de investigación a través
de una metodología como la historia oral, que recurra a los “videotcs-
timonios” o “videofuentes”, y convertirlos en productos finales de
divulgación histórica a través del mismo medio videográfico.
La historiaron micrófono
se terminó de imprimir en mayo de 1994
en Impresora y Encuadernadora Progreso, S.A.,
San Lorenzo Tczonco 244, Paraje San Juan.
El cuidado de la edición estuvo a cargo
de la Coordinación de Publicaciones del Instituto
de Investigaciones Dr. José María Luis Mora.
Se tiraron 1 000 ejemplares.