Está en la página 1de 7

El Pensamiento político constitucional de Simón Bolívar.

Siguiendo las líneas directrices del pensamiento de Miranda, Bolívar


consideraba que el orden colonial español era esencialmente injusto no sólo
porque carecía de títulos legitimantes sino, sobre todo, porque mantenía a
Hispanoamérica en el atraso económico, social, político y cultural y porque
excluía a los sectores americanos de la participación efectiva de la cosa
pública. En su famosa Carta de Jamaica planteaba claramente el problema del
atraso en los siguientes términos:
"Los americanos, en el sistema español que está en vigor, y quizá con
mayor fuerza que nunca, no ocupan otro lugar en la sociedad que el de
siervos propios para el trabajo, y cuando más el de simples
consumidores; y aún esta parte coartada con restricciones chocantes:
tales son las prohibiciones del cultivo de frutos de Europa, el estanco de
las producciones que el Rey monopoliza, el impedimento de las fábricas
que la misma Península no posee, los privilegios exclusivos
del comercio hasta de los objetos de primera necesidad, las trabas entre
provincias y provincias americanas, para que no se traten, entiendan, ni
negocien; en fin, ¿quiere Vd. Saber cuál es nuestro destino?, los campos
para cultivar el añil, la grana, el café, la caña, el cacao y el algodón, las
llanuras solitarias para criar ganados, los desiertos para cazar las bestias
feroces, las entrañas de la tierra para excavar el oro que no puede saciar
a esa nación avarienta."[30]
Asimismo, en cuanto a la exclusión política y socio-económica de los
americanos, afirmaba:
"Estábamos, como acabo de exponer, abstraídos y, digámoslo así,
ausentes del universo en cuanto es relativo a la ciencia del gobierno
y administración del estado. Jamás éramos virreyes ni gobernadores,
sino por causas muy extraordinarias; arzobispos y obispos pocas veces;
diplomáticos nunca; militares, sólo en calidad de subalternos; nobles, sin
privilegios reales; no éramos, en fin, ni magistrados, ni financistas y casi
ni aun comerciantes; todo es contravención directa de
nuestras instituciones."[31]
Partiendo de estas premisas iniciales, Bolívar propuso desde su juramento en
el Monte Sacro (1806) la necesidad imperiosa de romper el lazo colonial con
España. El camino para hacerlo, sin embargo, en su opinión, no era el
moderado y "pacífico" que Miranda había postulado, sino el de una revolución
violenta y a muerte entre americanos y españoles. Consciente de que
únicamente una auténtica guerra de liberación traería el fin de la dominación
española, postuló entonces, en su decreto de guerra a muerte (1813), el
camino que los patriotas debían seguir. Camino que finalmente se mostró, no
sólo inevitable, sino también tremendamente efectivo. Además de la necesidad
de destruir el orden colonial, una de las obsesiones que recorrió el
pensamiento político de Bolívar fue la urgencia de construir un nuevo régimen
viable para las naciones emergentes. En esta cuestión tomó como punto de
partida sus lecturas ilustradas (Locke, Rousseau, Montesquieu, etc.) y el
ejemplo de Estados Unidos y Gran Bretaña, pero no los aplicó acríticamente a
la tumultuosa realidad americana, sino que se propuso crear una
nueva ingeniería política. En este sentido, siguió las ideas de Simón Rodríguez,
quien le había enseñado que:
"La América Española es original. Originales han de ser sus instituciones
y su gobierno y originales las formas de fundar uno y otro. Inventamos o
Erramos".
Asimismo, asumió la teoría socio-política de Montesquieu, según la cual a las
diversas sociedades del globo, les correspondían por sus particulares
condiciones geográficas, culturales y políticas, diferentes formas de gobierno.
De esta manera, desde la experiencia fallida de la Primera República, Bolívar
se opuso de forma militante al federalismo como forma de organizar los nuevos
estados. En su opinión, el federalismo podía ser un principio muy bello en
términos puramente intelectuales, pero en la práctica era muy difícil de realizar
y en particular en América Latina, llevaba irremediablemente al libertinaje y a la
anarquía. Bolívar expresó por primera vez, con claridad meridiana, esta idea en
el Manifiesto de Cartagena (1812):
"Pero lo que debilitó más el Gobierno de Venezuela, fue la forma federal
que adoptó, siguiendo las máximas exageradas de los derechos del
hombre, que autorizándolo para que se rija por sí mismo rompe los
pactos sociales, y constituye a las naciones en anarquía. Tal era el
verdadero estado de la Confederación. Cada provincia se gobernaba
independientemente; y, a ejemplo de éstas, cada ciudad pretendía iguales
facultades alegando la práctica de aquellas y la teoría de que todos los
hombres, y todos los pueblos, gozan de la prerrogativa de instituir a su
antojo, el gobierno que les acomode. El sistema federal bien que sea el
más perfecto y más capaz de proporcionar la felicidad humana en
sociedad es, no obstante, el más opuesto a los intereses de nuestros
nacientes Estados."[32]
Similar postulado encontramos en la Carta de Jamaica, donde afirmaba:
"En Nueva Granada las excesivas facultades de los gobiernos
provinciales y la falta de centralización en el general, han conducido
aquel precioso país al estado a que se ve reducido en el día. Por esta
razón, sus débiles enemigos se han conservado contra todas las
probabilidades."[33]
Bolívar entendía que el federalismo era un sistema particularmente complejo de
concretar en cualquier región del mundo. Sin embargo, es menester destacar
que en su opinión era todavía más difícil de realizar en América ya que el
pueblo, por motivos de inmadurez política (causada por años de sumisión a la
corona), era incapaz de asumir de forma efectiva el bello ideal federal. Así
decía: "Generalmente hablando, todavía nuestros conciudadanos no se
hallan en aptitud de ejercer por sí mismos y ampliamente sus derechos;
porque carecen de las virtudes políticas que caracterizan al verdadero
republicano: virtudes que no se adquieren en los gobiernos absolutos, en
donde se desconocen los derechos y los deberes del ciudadano"[34].
Esta perspectiva paternalista sobre el pueblo[35]sin embargo, no lo llevó a
postular la necesidad de establecer monarquías en la región, ya que en su
opinión este régimen era contrario a los anhelos de los hispanoamericanos:
"Muy contraria es la política de un rey cuya inclinación constante se dirige
al aumento de sus posesiones, riquezas y facultades: con razón, porque
su autoridad crece con estas adquisiciones, tanto con respecto a sus
vecinos como a sus propios vasallos, que temen en él un poder tan
formidable cuanto es su Imperio, que se conserva por medio de la guerra
y de las conquistas. Por estas razones pienso que los americanos
ansiosos de paz, ciencias, artes, comercio y agricultura, preferirían las
repúblicas a los reinos (…)".[36]
Sin embargo, la obsesión por encauzar la revolución hacia un sistema
ordenado y estable, lo impulsó a proponer un régimen republicano, centralista,
que tuviera un poder ejecutivo fuerte y que fuera acompañado por instituciones
parlamentarias de carácter vitalicio. Estas ideas las podemos encontrar
esbozadas por primera vez en la Carta de Jamaica, pero aparecerán de forma
mucho más desarrollada en sus diversas propuestas constitucionales. En el
célebre Discurso ante el Congreso de Angostura[37]Bolívar propuso la
constitución de una república democrática que tuviera como elemento central
un poder ejecutivo fuerte. En sus palabras:
"En las repúblicas el Ejecutivo debe ser el más fuerte, porque todo
conspira contra él; en tanto que en las monarquías el más fuerte debe ser
el Legislativo, porque todo conspira en favor del monarca. La veneración
que profesan los pueblos a la Magistratura Real es un prestigio, que
influye poderosamente a aumentar el respeto supersticioso que se tributa
a esta autoridad. El esplendor del Trono, de la Corona, de la Púrpura; el
apoyo formidable que le presta la nobleza; las inmensas riquezas que
generaciones enteras acumulan en una misma dinastía; la protección
fraternal que recíprocamente reciben todos los reyes, son ventajas muy
considerables que militan en favor de la Autoridad Real y la hacen casi
ilimitada. Estas mismas ventajas son, por consiguiente, las que deben
confirmar la necesidad de atribuir a un Magistrado Republicano, una
suma mayor de autoridad que la que posee un Príncipe Constitucional."
[38]
Asimismo, siguiendo el ejemplo de Roma, de la monarquía constitucional de
Inglaterra y las enseñanzas de Miranda, postulaba un poder legislativo que
estuviese dividido en dos cámaras, una de diputados (electos popularmente) y
otra de senadores hereditarios. Estos últimos, junto con la figura del presidente
fuerte, serían los pilares de la estabilidad del orden político. En sus palabras:
"Si el Senado en lugar de ser electivo fuese hereditario, sería en
mi concepto la base, el lazo, el alma de nuestra República."[39]
Por su parte, el poder judicial debía ser independiente y estar compuesto por
jueces inamovibles y por un sistema de juicios por jurados. Finalmente,
planteaba la conformación de un cuarto poder, el poder moral, que tendría el rol
de regenerador de las costumbres y de la educación de la sociedad para
romper con el oscurantismo impuesto por el sistema colonial. Justificaba su
propuesta con las siguientes palabras:
"Meditando sobre el modo efectivo de regenerar el carácter y las
costumbres que la tiranía y la guerra nos han dado, he sentido la audacia
de inventar un Poder Moral, sacado del fondo de la oscura antigüedad, y
de aquellas olvidadas leyes que mantuvieron, algún tiempo, la virtud entre
los griegos y romanos. Bien puede ser tenido por un cándido delirio, mas
no es imposible, y yo me lisonjeo que no desdeñaréis enteramente un
pensamiento que mejorado por la experiencia y las luces, puede llegar a
ser muy eficaz."[40]
Los diputados del Congreso de Angostura y los del Congreso de Cúcuta no
tomaron demasiado en cuenta las propuestas de Bolívar y aunque
establecieron un régimen centralista, conformaron un orden típicamente
republicano y liberal. Tampoco oyeron sus proyectos sociales y su prédica anti-
esclavista, pero eso lo analizaremos posteriormente.
En 1825, luego del triunfo definitivo de los patriotas, Bolívar presentó un nuevo
modelo constitucional para Bolivia (que en su opinión debía aplicarse a
Colombia), el cual implicaba una continuación y una reformulación de sus
proyectos republicanos y centralistas previos. Su preocupación seguía siendo
la anarquía y las luchas fratricidas que amenazaban con destruir la reciente
independencia. Por ello, tomando como ejemplo la constitución Haití de 1819,
propuso un presidente que durase de por vida en el cargo y que tuviese la
potestad de nombrar su sucesor. En su opinión, este presidente vitalicio debía
ser la base del orden republicano, garantizando la continuidad y la estabilidad
del sistema frente a los posibles conflictos internos de la etapa postcolonial. A
pesar de su carácter vitalicio, el mismo no tendría grandes atribuciones, sino
que dejaría el gobierno cotidiano en manos del Vicepresidente (por él elegido y
quien luego sería su sucesor) y de los ministros. Citemos en extenso para dejar
en claro las ideas de Bolívar sobre este espinoso punto:
"El presidente de la República viene a ser en nuestra Constitución,
como el sol que, firme en su centro, da vida al Universo. Esta suprema
Autoridad debe ser perpetua; porque en los sistemas sin jerarquías se
necesita más que en otros, un punto fijo alrededor del cual giren los
Magistrados y los ciudadanos (…). Para Bolivia, este punto es el
Presidente vitalicio. En él estriba todo nuestro orden, sin tener por
esto acción. Se le ha cortado la cabeza para que nadie tema sus
intenciones, y se le han ligado las manos para que a nadie dañe. El
Presidente de Bolivia participa de las facultades del Ejecutivo Americano,
pero con restricciones favorables al pueblo.- su duración es la de los
Presidentes de Haití. Yo he tomado para Bolivia el Ejecutivo de la
República más democrática del mundo. La isla de Haití, (…) se hallaba en
insurrección permanente: después de haber experimentado el imperio, el
reino, la república, (…) se vio forzada a ocurrir al Ilustre Petión para que la
salvase. Confiaron en él, y los destinos de Haití no vacilaron más.
Nombrado Petión Presidente vitalicio con facultades para elegir el
sucesor, ni la muerte de este grande hombre, ni la sucesión del nuevo
Presidente, han causado el menor peligro en el Estado: todo ha marchado
bajo el digno Boyer, en la calma de un reino legítimo. Prueba triunfante de
que un Presidente vitalicio, con derecho para elegir el sucesor, es la
inspiración más sublime en el orden republicano. El Presidente de Bolivia
será menos peligroso que el de Haití, siendo el modo de sucesión
más seguro para el bien del Estado. Además, el Presidente de Bolivia está
privado de todas las influencias: no nombra los Magistrados, los Jueces,
ni las Dignidades eclesiásticas, por pequeñas que sean. Esta disminución
de poder no la ha sufrido todavía ningún gobierno bien constituido: ella
añade trabas sobre trabas a la autoridad de un Jefe (…)
Los límites constitucionales del Presidente de Bolivia, son los más
estrechos que se conocen: apenas nombrar los empleados de hacienda,
paz y guerra: manda el ejército. He aquí sus funciones. (…) La
administración pertenece toda al Ministerio (…) El Presidente de la
República nombra al Vice-Presidente, para que administre el estado, y le
suceda en el mando."[41]
Por su parte, el Poder Legislativo estaría dividido, no en dos, sino en tres
cámaras. La primera sería la cámara de tribunos la cual: "goza de la
atribución de iniciar las leyes relativas a Hacienda, Paz y Guerra. Ella
tiene la inspección inmediata de los ramos que el Ejecutivo administra
con menos intervención del Legislativo."[42] La segunda sería la cámara de
senadores, la que: "forman los Códigos y Reglamentos eclesiásticos, y
vela sobre los Tribunales y el Culto. Toca al Senado escoger los
Prefectos, los Jueces del distrito, Gobernadores, Corregidores, y todos
los Subalternos del Departamento de Justicia. Propone a la Cámara de
Censores los miembros del Tribunal Supremo, los Arzobispos, Obispos,
Dignidades y Canónigos. Es del resorte del Senado, cuanto pertenece a
la Religión y a las leyes".[43] Y por último, la cámara de censores, que tendría
facultades similares al poder moral propuesto en el Congreso de Angostura, ya
que estos, en su opinión: "ejercen una potestad política y moral que tiene
alguna semejanza con la del Areópago de Atenas y de los Censores de
Roma. Serán ellos los fiscales contra el Gobierno para celar si la
Constitución y los Tratados públicos se observan con religión. He puesto
bajo su égida el Juicio Nacional, que debe decidir de la buena o mala
administración del Ejecutivo."[44]
Asimismo, el poder judicial estaría compuesto por jueces independientes e
inamovibles, constituyendo la garantía última de la libertad y de las garantías
constitucionales.
Por último, Bolívar propuso un cuarto poder, llamado poder electoral, el cual
sería una suerte de asambleas comiciales que tendría a su cargo la facultad de
seleccionar a los representantes populares. Vale la pena destacar que para
poder participar como ciudadano políticamente activo, Bolívar rechazaba los
parámetros dinerarios y establecía como únicos requisitos: saber leer y escribir
y tener una profesión. El Poder Electoral funcionaría de la siguiente manera:
"Cada diez Ciudadanos nombran un Elector; y así se encuentra la nación
representada por el décimo de sus Ciudadanos. No se exigen sino
capacidades, ni se necesita de poseer bienes, para representar la augusta
función del Soberano; mas debe saber escribir sus votaciones, firmar su
nombre, y leer las leyes. Ha de profesar una ciencia, o un arte que le
asegure un alimento honesto. No se le ponen otras exclusiones que las
del crimen, de la ociosidad y de la ignorancia absoluta. Saber y honradez,
no dinero, es lo que requiere el ejercicio del Poder Público."[45]
Ciertamente, estos requisitos fijaban límites que excluían a amplios sectores de
la población, pero eran menos tajantes y estructuralmente menos excluyentes
que los principios dinerarios postulados por los representantes de las
oligarquías.
Bolívar soñó con aplicar este proyecto Constitucional en Hispanoamérica, sin
embargo, únicamente lo logró de manera temporaria en Bolivia. El carácter
vitalicio del Presidente y sus postulados sociales (que luego veremos),
recibieron el rechazo de la élite liberal, que acusaba a Bolívar de querer
perpetuarse en el poder y convertirse en una suerte de remedo de Napoleón
sudamericano.
Simón Bolívar

Biografía resumida de Simón Bolívar

Simón Bolívar y Palacios nació en Caracas el 24 de julio 1783. Sus padres fueron

el hacendado Juan Vicente Bolívar y la dama María Concepción Palacios.

Disfrutó de una infancia privilegiada, pero cuando tenía nueve años de edad

quedó huérfano de padre y madre, víctimas de la tuberculosis. En su niñez fue

alumno de los ilustres Simón Rodríguez y Andrés Bello. En 1799, viajó a España

para completar su educación.

Poco después se casó con María Teresa del Toro, quien falleció en la luna de

miel en Venezuela. Entonces, Simón Bolívar regresó a Europa. En Austria se

reencontró con Simón Rodríguez y juntos visitaron Roma. Estando en el Monte

Sacro (15-8-1805) expresó su anhelo de luchar por la libertad de su patria.

Llegando a Venezuela se unió a los conspiradores patriotas, que en 1810

derrocaron al Capitán General Vicente de Emparan. Desde entonces se hizo

protagonista de los principales sucesos y batallas por la Independencia de

Nueva Granada, a la que bautizó como República de Gran Colombia.

En 1823, llegó a Lima para luchar por la Independencia del Perú. Al mando del

Ejército Unido Libertador, logró las brillantes victorias de Junín y Ayacucho

(1824). Permaneció en Lima hasta 1826 organizando la Federación de los


Andes, proyecto que uniría a la Gran Colombia, Perú y Bolivia. Retornando a

Bogotá no pudo superar los planes nacionalistas de Caracas y Quito. Lima y La

Paz también se le sublevaron.

Decepcionado, acorralado por sus enemigos y enfermo de tuberculosis, Simón

Bolívar renunció al poder en abril de 1830, y se retiró a Santa Marta. Aquí se

agravó su tisis pulmonar y falleció el 17 de diciembre de 1830.