Número 10 Sábado, 11 de septiembre de 2010

El perseguidor
7
POESÍA Se cumple un año de la muerte de José María Millares Sall por
VÍCTOR ÁLAMO

2/3
MIGUEL MARTINÓN “Los poetas canarios le han dado a la comunidad insular conciencia de modernidad” la entrevista de
EDUARDO GARCÍA ROJAS

UNA APROXIMACIÓN A LA POESÍA CANARIA ACTUAL

El archipiélago canario según Leonardo Torriani. / DA

4/5

2 El perseguidor

Sábado, 11 de septiembre de 2010

MIGUEL MARTINON / escritor, poeta
Profesor de Literatura Española en la Universidad de La Laguna
Treinta y cuatro poetas nacidos entre 1961 y 1980 son los autores que componen la antología Poesía canaria actual (A partir de 1980), edición que corre al cargo del también poeta y profesor de Literatura Española de la Universidad de La Laguna Miguel Martinón (Tenerife, 1945) y volumen que cierra la trilogía que el especialista e investigador ha dedicado a la poesía de las islas tras Poesía canaria moderna (1868-1939) y Poesía canaria contemporánea (1939-1990), volúmenes publicados en la colección Letras insulares de Ediciones Idea. En su labor como crítico, Martinón es autor de diversos estudios, entre los que destacan La poesía canaria del mediosiglo, La Isla sin sombra y Novela española del fin de siglo y de los poemarios Por esta claridad, A la sombra de tu nombre, Lugar de trasluz y Penúltimos del mar.

“LOS POETAS LE HAN DADO A LA COMUNIDAD INSULAR CONCIENCIA DE MODERNIDAD”
EDUARDO GARCÍA ROJAS - La pregunta es obvia: ¿Poesía canaria actual (A partir de 1980)?- La antología anterior, Poesía canaria contemporánea, se cerraba con Félix Francisco Casanova, que falleció en 1976 sin llegar a cumplir los 20 años. Los poetas que incluyo ahora en esta tercera antología nacieron a partir de 1961 y el más joven en 1980. Se trata de escritores de generaciones distintas y con bastante distancia en edad, pero pertenecen a un período abierto. Lo curioso de esta antología es que el tiempo que abarca forma parte de la época actual que no se puede determinar con precisión porque ¿cuándo empieza lo actual? Son conceptos relativos y a mi me interesaba en la introducción del libro hacer un esfuerzo especial para destacar la continuidad histórica del trabajo de las generaciones anteriores. Hay que tener en cuenta, además, que los nuevos escritores que aterrizan en la década de los 80 y 90 del pasado siglo publican a finales de esas mismas décadas en ediciones de pequeñas colecciones de poesía o bien en revistas. Y que la mayoría de ellos coinciden en estas actividades con los escritores de la postguerra y del medio siglo, también con los de la generación de 1968 que aún siguen trabajando. Es decir, que cuando irrumpen hay ya tres generaciones de escritores que continúan en activo, algunos de los cuales incluso ahora mismo. - ¿El congreso en honor a Pedro García Cabrera celebrado en 1980 puede considerarse como el punto de partida de muchos de los poetas que incluye en esta tercera antología? - Yo creo que al menos es uno de los hechos más interesantes. Y lo destaca uno de los poetas incluidos en esta antología como es Ernesto Suárez. El acto de homenaje a Pedro García Cabrera celebrado en el Círculo de Bellas Artes en 1980 sirvió también para la edición de un libro que incluyó los poemas que allí se leyeron. Sí, sí que fue un hecho significativo. - Antes comentaba que uno de los problemas de esta antología es que el concepto actual es muy relativo. -Lo digo porque no sabemos cuando empieza lo actual, y dentro de lo discutible y artificioso que resulta este término, solo puedo decir que los poetas que incluyo en esta antología son todos aquellos nacidos entre 1961 a 1980. Los primeros se dieron a conocer en 1980 y los más jóvenes después del 2000. - ¿Cuál es su visión general del trabajo de los poetas que aparecen en Poesía canaria actual? - Mi planteamiento en este libro --como hice con los anteriores-- es que son obras de divulgación y por lo tanto no cuentan con notas a pie de página porque es una labor de síntesis. Además, no es la primera antología de poesía canaria actual que se publica porque existen otras a las que he recurrido para elaborar esta especie de trabajo de, reitero, síntesis. El libro tiene también un carácter panorámico donde trato de ser objetivo porque tengo en primer lugar que ordenar una información sobre unos poetas que se han dado a conocer a finales del XX y comienzos del XXI. Ya realizada esa tarea digamos que objetiva aunque la objetividad no sea absoluta, confieso que a mi me interesan más unos autores en esta poesía actual en la que se detecta bastantes tendencias. Tendencias, insisto, en las que yo ya había mostrado mis preferencias por algunos de estos poetas actuales en mi libro de ensayo Círculo de esta luz, donde analizo a cuatro de ellos: Melchor López, Alejandro Krawietz, Francisco León y Rafael José Díaz. Es decir, que me siento más identificado con esa tendencia de poesía que cultivan. López, por ejemplo, dice que se inscribe dentro de las corrientes sintácticas, y crea una poesía más en la tradición simbolista, purista. Una poesía más de meditación y abstracta. Y yo me siento más cercano a ese tipo de poesía y a los escritores más próximo a ella como son Isidro Hernández, Ernesto Suárez, Alejandro Refojo e Iván Cabrera Cartalla. Me siento identificado como crítico y profesor pero reconozco que hay otras tendencias como las que cultivan Fermín Higueras y Coriolano González Montañez, que escriben una poesía de tipo abstracta y alegórica que me resulta también muy interesante. En el caso de Coriolano González es muy curiosa su poesía de tipo cosmogónico. Otros autores que destaco son Federico Silva, Tina Suárez, Pedro Flores y Alicia Llarena, poetas que están en una línea más de lo irónico y cotidiano, una ironía que practican con un culteranismo repleto de citas y juegos de palabras. Y su precedente en las islas es Ángel Sánchez con su poema Da gusto tener sed, que fue un eslogan publicitario de una conocida marca de refrescos. - Como en los poetas que los preceden, ¿aprecia en estos autores que ha arraigado cierto sentimiento de insularidad? - En todos se detecta algo que es consecuencia de un cambio general pero que no sólo les afecta a ellos sino a todos nosotros. Los poetas de esta antología se criaron y se formaron en la nueva era democrática. El desarrollo de la era democrática coincide además con la caída del muro de Berlín y

Mi planteamiento en este libro, como hice en los anteriores, es que son obras de divulgación y por lo tanto no cuentan con notas a pie de página porque se trata de una labor de síntesis. Además, no es la primera antología de poesía canaria actual que se publica porque existen otras a las que he recurrido para elaborar esta especie de trabajo de síntesis

Sábado, 11 de septiembre de 2010

El perseguidor 3
ETAPAS En la época moderna fue la poesía regionalista y el tema aborigen, y el nacimiento de la modernidad con Tomás Morales y Alonso Quesada. Los primeros poetas realistas se marcharon o murieron siendo aún muy jóvenes. En el caso de las vanguardias los coge la guerra. Con la excepción quizá de Pedro García Cabrera, porque no hubo un caso de poetas que llegaran a tener un ciclo de vida completo en el que realizarse. En la contemporánea vivieron las consecuencias de la guerra: la clausura, el aislamiento, el cerrojazo en las fronteras, vivir bajo un nacional catolicismo absurdo, y junto a unas condiciones materiales de vida durísimas, cargan también con el peso moral de la Guerra Civil que remata las dos bombas atómicas que pusieron fin a la II Guerra Mundial. En cuanto a las nuevas generaciones, decir que ha empezado una nueva época histórica de la que ahora mismo no tenemos perspectiva

el posterior descrédito de una opción revolucionaria de izquierda y al mismo tiempo que se produce este hecho de importancia retrospectiva aparecen los ordenadores, la revolución cibernética ya visible. A medida que avanzan los 90 hay más facilidades de acceso a Internet, y ya dentro de la década del 2000-2010 la comunicación ha cambiado radicalmente. - Entiendo así que la revolución de las telecomunicaciones ha contribuido a que los poetas canarios se hayan de alguna manera universalizado. - En general esta aspiración a la universalidad es más fácil ahora porque el mundo es más alcanzable a través de Internet. Aparece la variante del blog y también la del libro electrónico. Llega un momento en que cada uno de nosotros nos damos cuenta que es un proceso imparable y que el libro de papel ha vivido una época larguísima histórica pero que indudablemente se nos viene encima la evidencia de que el libro digital va a ser la forma en que vamos a leer, el soporte en que vamos a leer a partir de ahora. Cambia la relación de las personas, pero estas son reflexiones en las que todos estamos pensando. Ante esta circunstancia orteguiana del mundo que vivimos, está claro que el hoy es muy distinto a lo que hubo hace diez o veinte años y como el mundo es distinto nuestra

Llega un momento en que cada uno de nosotros nos damos cuenta que es un proceso imparable, y que el libro de papel ha vivido una época larguísima histórica pero que sin duda se nos viene encima la evidencia de que el libro digital va a ser la forma en que vamos a leer, el soporte en que vamos a leer a partir de ahora

visión y nuestros sentimiento de pertenencia a una tradición determinada cambia. - Imagino, no obstante, que hay hechos determinantes que han forzado la obra de los autores que usted incluye en las tres antologías - En la época moderna fue la poesía regionalista y el tema aborigen pero también el nacimiento de la modernidad con Tomás Morales y Alonso Quesada. Los primeros poetas realistas se marcharon o murieron siendo aún muy jóvenes. En el caso de las vanguardias los coge la guerra. Con la excepción quizá de Pedro García Cabrera, porque no hay más casos de poetas que llegaran a tener un ciclo de vida completo en el que poder realizarse. En la contemporánea vivieron las consecuencias de la guerra: la clausura, el aislamiento, el cerrojazo de las fronteras, vivir bajo un nacional catolicismo absurdo, y junto a unas condiciones materiales de vida durísimas, cargan también con el peso moral de la Guerra Civil que remata las dos bombas atómicas que pusieron fin a la II Guerra Mundial. En cuanto a las nuevas generaciones, decir que ha empezado una nueva época histórica de la que ahora mismo no tenemos perspectiva. - De las tres antologías ¿cuál cree que es el período más maduro literariamente hablando? - La primera época tiene la particularidad que los escritores no llegaron a realizarse porque unos se marcharon o abandonaron la literatura o porque, caso de Tomás Morales y Alonso Quesada, murieron jóvenes. En cuanto a la vanguardia quedó interrumpida. Alonso Quesada y Pedro García Cabrera tienen una obra literaria que en el caso de Quesada resulta más diversa pero extensa en el de Cabrera. En las islas hay algunas figuras notables, como Agustín Espinosa. Después de la Guerra Civil bastantes tuvieron la posibilidad de desarrollar un ciclo de creación más amplio. Y aparece Rafael Arozarena no sólo por su obra narrativa sino como poeta, y Carlos Pinto Grote, que han podido publicar y evolucionar en su literatura. O José María Millares Sall que ahora empieza a tener repercusión en la península. Al igual que la siguiente generación, con Luis Feria y Manuel Padorno que no solo hicieron obra literaria importante sino que sus obras han sido estudiadas. Empezamos a ver que en las islas hay una actividad literaria sobre todo en el campo de la poesía que fue dejando frutos de verdadero interés. Lázaro Santana, Eugenio Padorno y Ángel Sánchez. Más tarde Andrés Sánchez Robayna que ha podido reunir su obra y hoy es un escritor muy estudiado, difundido y conocido. Hay nombres. Lo que ocurre con algunos de ellos, empezando por García Cabrera, Lezcano, Millares Sall, Carlos Pinto Grote es que son poetas que merecen ser más conocidos de lo que son, incluso para nosotros los canarios. A mi me parece muy grave

que no circule en España una antología de Pedro García Cabrera. - Pero otros sí que han sido podido dar el salto... - Sí, hay está Tomás Morales, de la que Carlos Barral editó La rosa de Hércules o la antología de Alonso Quesada de Plaza y Janés al cuidado de Sánchez Robayna, quien consiguió además que Acantilado editara a Domingo Rivero. Son escritores más o menos conocidos pero García Cabrera no. Tienen ese problema. Claro que a veces esto sucede por responsabilidad de los propios autores que no se han preocupado en presentar la obra en un volumen que pueda circular. - Se dice que Canarias es tierra de poetas. Que aquí cuando uno levanta una piedra salen tantos poetas como hormigas. - Es verdad que la poesía ha sido importante en Canarias. Uno piensa que la vida cultural y su evolución están ideológica y políticamente relacionadas con el desarrollo de la poesía. Al principio las reflexiones sobre poesía y las que escribe Nicolás Estévanez por poner un ejemplo, se relaciona con la mala conciencia del mundo europeo ante el supuesto exterminio de la población aborigen, y te das cuenta que la historia de la poesía en Canarias está ya íntimamente ligada con la evolución de su historia cultural. El poema de Estévanez tiene impacto ideológico y eso se refleja en muchas de las iniciativas culturales que refleja la prensa de la época. Luego está la aparición de la poesía de Tomás Morales que a mi me parece muy importante culturalmente porque tras publicar Poemas de la gloria, del amor y del mar en 1908 mira al pasado con respeto pero sitúa a la comunidad insular en el presente para permitirle que mire al futuro. Tomás Morales no reniega del pasado sino que lo integra con la idea de llevarlo al futuro. Con esto quiero decir que los poetas canarios no son ajenos a la historia del archipiélago ya que le han dado a la comunidad insular conciencia de modernidad. En las islas hay en relación con la poesía una actividad reflexiva y de agitación intelectual, pero faltó que la modernidad de Alonso Quesada tuviera mayor expresión. Tras la Guerra Civil costó que llegara. Y en la década de los años 70, cuando se despierta la posibilidad de que también puede haber actividad narrativa, en 1976 se celebra el primer congreso de poesía canaria, no de literatura canaria, convocado por Juan Manuel García Ramos. Y resulta que ese congreso deriva a raíz de una ponencia de Juan Jiménez hacia una posición de un canarismo muy radical. Al año siguiente, nace la colección con más impacto y repercusión en el archipiélago cuando Padorno presenta la colección Paloma atlántica de poesía en el taller ediciones JB, que tuvo una gran difusión e impacto y que de alguna manera expresa que las islas necesitan de la poesía para dar más entidad y consistencia al sentimiento de pertenencia a una comunidad insular.

4 El perseguidor

Sábado, 11 de septiembre de 2010

LOS HIJOS DEL PIÉLAGO: APROXIMACIÓN A LA POESÍA CANARIA ACTUAL
Poesía canaria actual (A partir de 1980) es a juicio del escritor Sergio Barreto un libro que va más allá de una antología al uso al pretender su compilador, el profesor de Literatura Española en la Universidad de La Laguna, Miguel Martinón, confirmar una tesis: “los pequeños lugares también poseen historia e incluso una actualidad colmada de recursos”. Poesía canaria actual (A partir de 1980) se inicia con una introducción en la que el antólogo recuerda la labor desarrollada por los suplementos culturales y las revistas literarias del archipiélago, páginas en las que mayoría de los treinta y cuatro poetas incluidos en este libro publicaron sus primeros trabajos de creación. El volumen, que forma parte de la colección Letras insulares de Ediciones Idea, cierra por el momento la trilogía que Martinón ha dedicado a la poesía en las islas.

SERGIO BARRETO HERNÁNDEZ Pero cuando las cenizas maduren cabalgaré sobre sus alas mitológicas. Ernesto Delgado Baudet s innegable que la condición archipielágica de Canarias ha hecho florecer, a lo largo de su historia, un cúmulo de tradiciones fuertemente vinculado al medio en el que se desarrolla. Esta "íntima dialéctica" entre lugar y sociedad que el geógrafo francés Philippe Pelletier denominó insularidad, es definitoria a la hora de encuadrar el ámbito cultural que se da en las islas, aunque desde finales de los setenta la relación dinámica entre enclave y habitante se haya visto modificada por la globalización. No obstante podemos decir que la metafísica del mar, la percepción del territorio como forma acotada y la sensación de intimidad y aislamiento con respecto a las masas continentales son algunas de las características comunes, junto a la maraña de rasgos que articulan al castellano del archipiélago, de esa "microtradición literaria" a la que se refieren autores como Andrés Sánchez Robayna, y que Miguel Martinón, desde su bagaje poético, ha ido desgranando en volúmenes como: Poesía canaria moderna (1868-1939), Poesía canaria contemporánea (1939-1990) y Poesía canaria actual (a partir de 1980). Recorrer estos tres volúmenes es asistir, a través de apreciaciones historicistas, a las manifestaciones de ese lenguaje divergente llamado poesía, lenguaje que, quizás por demandar un ámbito creativo que coincide con la condición archipielágica (todo poema es una isla del idioma, con su acotamiento propio, sus rasgos rítmicos y su peculiaridad filológica), ha logrado cimentarse con inusitado acierto en nuestro territorio, reforzando una posición poco común y muy a tener en cuenta dentro de la literatura española. Esto nos lleva a ensalzar el meritorio hilo conductor que rige Poesía canaria actual (a partir de 1980), pues no se trata de una muestra antológica al uso, sino que es la confirmación de una tesis, la asevera-

E

ción de que los pequeños lugares, parafraseando a Lezama, también poseen historia e incluso una actualidad colmada de recursos. El libro, que aborda a los autores nacidos entre 1961 y 1980, se inicia con una preclara introducción centrada en la difusión que ha tenido la poesía desde la transición hasta nuestros días, rindiendo merecido tributo a la práctica totalidad de los suplementos de prensa y publicaciones literarias del archipiélago, al igual que a la amplia nómina de creadores que han desfilado por dichas páginas. Abren la antología los poetas nacidos en 1961: Antonio Jiménez Paz, Bernardo Chevilly, el recientemente fallecido Ernesto Delgado Baudet, Antonio Puente y Fermín Higuera. De esta constelación cabe señalar la poética de Antonio Puente, donde la creación es concebida como forma de resistencia, como "alma cargada de pasado" que, desde una posición de retaguardia, se enfrenta al futuro tecnológico a través del poder de su discurso. Pero no es sólo la premeditada resistencia lo que articula a estos autores. Los mundos íntimos que Bernardo Chevilly muestra en su Galería de retratos entroncan con la espesa melancolía que palpita en muchos de los poemas de Ernesto Delgado Baudet, como es el caso de El hombre acepta su destino. De la poética de Antonio Jiménez Paz sorprende la autonomía de su búsqueda creativa, basada en el viaje hacia el interior y no en planteamientos rupturistas ni en vindicaciones de pertenencia a colectividades. Así observamos la evolución desde el diálogo irónico-reflexivo de Parece que escribo tiempo, un hermoso constructo de ingenio, hasta la condensación refulgente de sus últimos poemas. No podemos pasar a los años posteriores sin mencionar la relevancia técnica y culturalista de una obra como la de Fermín Higuera que, en palabras de la investigadora Belén Castro Morales: gira en torno a la aventura interior de la subjetividad, de un yo poético arriesgado en el vértigo de un espacio hostil. Continuando con la selección de autores nos encontramos con los poetas nacidos entre 1963 y 1965: Federico J. Silva,

Anelio Rodríguez Concepción, Ernesto Suárez, Yolanda Soler Onís, Alicia Llarena, Melchor López y Coriolano González Montañez. De este cúmulo es prioritario referirnos a la presencia femenina. Por un lado la cántabra Yolanda Soler Onís y su búsqueda de ese universo lleno de memoria que late entre el rigor lingüístico y la espiritualidad del deseo. Por otro lado está Alicia Llarena quien, a la manera de Sylvia Plath o Anne Sexton, suele emplear el método de interpelación a la voz del amante para así obtener un efecto de contenido desgarro capaz de logros como: Cuando regreses/ya no hallarás la luna/sobre el lecho./En su lugar, un redondo vacío/recordará mi estancia/entre

Esto nos lleva a ensalzar el meritorio hilo conductor que rige Poesía canaria actual (a partir de 1980), pues no se trata de una muestra antológica al uso, sino que es la confirmación de una tesis, la aseveración de que los pequeños lugares, parafraseando a Lezama, también poseen historia e incluso recursos

tus piernas. Son destacables también, por los puntos comunes que observamos en sus manifestaciones creativas, los poemas de Ernesto Suárez y Melchor López, ambos posicionados en lo que me atrevería a denominar como vertiente de rasgos fenomenológicos, donde la conciencia del creador aprehende los hechos para destilar a continuación sabiduría (López) o enigma (Suárez). De Federico J. Silva es necesario nombrar la noción del idioma como objeto dúctil donde significado y significante e incluso los rasgos fonéticos de las palabras se replantean, con ansia experimentalista, en cada verso, logrando un laboratorio lingüístico en cada poema. Con respecto a la obra de Anelio Rodríguez Concepción, la serenidad emotiva, la maestría sintáctica y la búsqueda de los hilos que entretejen la memoria en el paisaje urbano son bastiones capaces de otorgarnos frutos como: Porque nunca unos labios templaron tal manifestación de cometas, a no ser los mismos labios tuyos en mis labios mismos tres segundos antes. Asimismo, y conectado por la noción de pérdida y memoria con la obra de Silva, el eje motriz de la poesía de Coriolano González Montañez, la cual podemos analizar con perspectiva debido a su abundante corpus, ha ido variando desde una concepción alegórica del lenguaje en la que el espíritu comunicativo investiga la cuestión amorosa, hasta una cosmogonía particular donde el viaje y la experiencia resultante fortifican la armadura íntima y filosófica del autor. De la hornada de poetas nacidos entre 1966 y 1971 nos referiremos a la poesía escrita por mujeres, ya que, por motivos de espacio y considerando la sobrada solvencia de autores como Rafael José Díaz, Alejandro Krawietz, Francisco León, Víctor Álamo de la Rosa, Pedro Flores, Pedro Ángel Martín Rodríguez, Oswaldo Guerra Sánchez y Ricardo Hernández Bravo, no creo pertinente desmantelar los procesos vitales, las influencias culturales y las pulsiones poéticas que vertebran a cada uno de ellos. Así pues nos encontramos, entre 1966 y 1971, con un importante abanico de crea-

Sábado, 11 de septiembre de 2010

El perseguidor 5

Recreación de época de la legendaria isla de San Borondón. / DA

doras tales como: Paula Nogales, Verónica García, María José Alemán, Elica Ramos, Tina Suárez Rojas y Goretti Ramírez. Como bien apuntó el crítico Emilio González Déniz sobre el primer libro de Paula Nogales, Contra reloj: no otra cosa que revelación constante es la experiencia poética para Paula, revelación que surge, por un lado, de la corporeidad amorosa, y por otro, de lo cotidiano, de la observación de lo cotidiano que, gracias a la plasticidad aterciopelada de sus imágenes, alcanza cotas de misterio. A Verónica García y María José Alemán, tal y como hicimos con Ernesto Suárez y Melchor López, podemos, no sin cierto atrevimiento, encuadrarlas en marcos semejantes donde la aprehensión de los fenómenos por parte de la conciencia provoca, en el caso de Verónica García, una postura ética ante sí misma y ante el entorno. Se confirma, en el poema seleccionado por Miguel Martinón, la idea metafísica del mar desde, claro está, la nutricia óptica femenina. María José Alemán, sin embargo, se enfrenta al objeto, se sienta a hablar con las pequeñas cosas y de ellas extrae un intimismo condensado y breve que penetra en el lector como cálido susurro. Escribir sobre Elica Ramos, activista formidable de la cultura canaria, es escribir sobre una poesía mineralizada, sensitiva y encapsulada en un útero de cristal donde late la condición hembra del lenguaje vanguardista. No obstante, si tenemos que nombrar,

dentro del espectro de creadoras nacidas entre 1966 y 1971, a una poeta que haya sido capaz de enarbolar el estandarte del feminismo esa es Tina Suárez Rojas, quizás una de las voces más subversivas del archipiélago al entreverar, con mucho acierto, el tono coloquial e irónico con una ideología poética basada en la autonomía y el juego de máscaras. Con respecto a los autores vinculados a Paradiso y a las líneas maestras trazadas por Andrés Sánchez Robayna, donde la indagación en el problema del lenguaje y la negación del facilismo son piedras claves, debemos nombrar a Goretti Ramírez y Alejandro Rodríguez-Refojo, el cual abre la nómina de escritores nacidos entre 1972 y 1975. En la obra de ambos el orden del mundo es acatado a través de la luz que arroja la meditación en torno al lenguaje (Rodríguez-Refojo) o a la corporeidad (Goretti Ramírez), un foco de comedida tensión donde el mínimo acontecimiento es decodificado para así, a través del verbo, conducirlo a la transcendencia. Actitudes creativas, estas de RodríguezRefojo y Goretti Ramírez, que no permiten espacio a lo baladí ni a las hipocresías. De la vasta obra de Roberto García de Mesa podemos, sencillamente, referirla para que, de este modo, el lector acceda a ella gracias a la labor de Ediciones Idea, la cual llevó a cabo, en 2006, la publicación de la práctica totalidad del corpus teatral y poético de este creador cuyo pulso late a ritmo de metafísica y vanguardia.

Miguel Ángel Galindo, por su parte, practica una poesía, en palabras del antólogo: de una elocución transgresora que, con frecuencia, nos recuerda a ciertos textos de Félix Francisco Casanova donde la imaginación se desborda para emplazarnos en el extrañamiento: Guardo en una pequeña bola de cemento/todos los recuerdos del mundo. En torno al pesimismo que vertebra la visión poética de Maiki Martín Francisco hay que señalar su capacidad para que las palabras queden en la hoja gravitando como restos de un discurso que se rompió y que, al confrontarlo, lo percibimos como quien observa un amasijo de ruinas y se pregunta: ¿Qué ocurrió ahí? Situados en 1975 tenemos a dos creadores señeros en las letras canarias actuales, Isidro Hernández, cuya poética plantea, a la manera de Rilke, el valor de lo indecible, de lo que no ha sido reflejado aún por el lenguaje, y Bruno Mesa, poeta de sólida trayectoria que en 1999 obtuvo el XII premio internacional de poesía Fundación Loewe. Urge señalar que pocos autores contagian su apetito cultural con tanta convicción y claridad como Bruno Mesa, quien, a través del desdoblamiento de voces, es capaz de inyectar un alto nivel de empatía en el lector. Cierran la antología dos poetas nacidos en 1980. Su creación, por lo tanto, pertenece casi en exclusiva al siglo XXI: Juan Francisco Rodríguez Rosales e Iván Cabrera Cartaya, continuadores plenamente conscientes de los cauces que ha

seguido el transcurso de la poesía canaria desde que autores como Tomás Morales, Alonso Quesada, Fernando González, Saulo Torón o Benítez Inglott fundaran nuestro espacio lírico, un espacio que en 1935 y con motivo de la exposición surrealista logró el empuje necesario para consolidarse como genuino. De estos dos jóvenes de vocación sobradamente profesionalizada se hace pertinente reseñar el espíritu de búsqueda que recorre sus textos, una búsqueda al modo de Goethe, sin prisa y sin pausa, de la plenitud del ser a través de la contemplación; la eudaimonia aristotélica. A esto se une cierto culturalismo donde las huellas de Rilke, Wallace Stevens, Juan Ramón Jiménez y tantos otros se evidencian de un modo sutil y certero, nunca con una intencionalidad deslumbradora en cuanto a efectismos diletantes. Abierta para el lector que desee aproximarse y, a su vez, prudentemente cerrada al facilismo mediático y al juego de la afectación, la creación tanto de Rodríguez Rosales como de Cabrera Cartaya supone la toma de relevo, la confirmación de que ese misterio insondable que utiliza al lenguaje para emerger, además de estar vivo, persiste en la historia de estas islas en busca del futuro, un futuro del que ya empezamos a oír entre otros nombres como: David Gijosa, Talía Luis Casado, Javier Mérida Rodríguez, David Díaz, Iván Ruiz Expósito, Daniel Hernández María, Kenia Martín Padilla, etc.

6 El perseguidor

Sábado, 11 de septiembre de 2010

EL VUELO DE ÍCARO /
NÚMERO: XCVII

Coordinación: Coriolano González Montañez

YO, SI FUERA USTED, ME LEERÍA LA LETRA PEQUEÑA
Abre la boca para que entre yo
Francisco Javier García Becerra Ediciones Idea
escribir implica olvido y sacrificio, apoyando toda su obra y su vida en un papel que permanece en blanco”. Esto ya apunta más a una asunción de estar en el mundo que a un preaviso de intenciones. Escriba sobre papel blanco o no, se apoye su obra y su vida en un papel blanco o no García Becerra no va de poeta, lo que ha conllevado -manifiesto en los distintos recuentos de la poesía en Canarias de las últimas décadas- un desconocimiento elevado al cubo de toda su labor, de su producción, y en consecuencia de su más que sugestiva y coherente -adjetivos a subrayar- propuesta, independiente y al margen de extravíos de moda, que no al margen de sus modos, ofreciéndose; ofreciéndonos una veta más sin apenas representación en el canon imperante y autosuficiente de nuestra poesía insular que anda ya resquebrajándose a cada tanto por su propia inconsistencia, aunque todavía mantiene a raya a quien intenta poner un pie en su círculo remarcado con tiza. Por eso accedo a prologar este libro, por su atrevimiento y riesgo, por su fidelidad a sí mismo, por su aislamiento creativo, y por no carecer de un particular aliento constructivo, lo que no dejan de ser valores, motivos suficientes para entender que introduzco fundamentalmente a un autor que “escribe poesía”, que más que poeta se siente poético, aunque ambos -autor y prologuista- corramos el peligro de caer una vez más en el olvido. Mayor satisfacción produce -y extraigo otra anotación de ese libro premiado- saber que una de sus convicciones es que “cualquier libro posee vida propia, y por tanto, puede ser reescrito siempre”, una apreciación poéticamente libertina, de agradecer cuando los poetas hoy en la práctica se limitan a presentar libros pretenciosos e incombustibles, directos a la eternidad, sin admitir siquiera la alteración de una coma. Abre la boca para que entre yo no dista en casi nada de sus anteriores libros, a no ser que de todos entre éste y el que ya he citado al principio, Lenguas de alondras en áspid, repitan una fórmula que no se encuentra en el resto. Por eso citaba notas y no versos, porque ambos libros están construidos de una forma especial, nada común, y que no hacen más que devolvernos al desconcierto. No hallaremos ni en éste ni en aquel poema tras poema sin notas a pie de página, una composi-

ANTONIO JIMÉNEZ PAZ

H

ace años que aquello de “¿estudias o trabajas?” se lo soltabas de buenas a primeras al conocer a alguien tras una básica presentación y pegaba bien, daba mucho juego y a cambio recibías una cantidad de información personal de primera mano. Pero los tiempos han cambiado -los tiempos y sus expresiones de uso-, tanto, que ese tipo de interrogaciones disyuntivas ya ni se llevan, pudiendo hasta caer mal, muy mal y resultar hasta contraproducentes, porque cualquiera hoy hace de todo y ya no se dedica uno a esto o aquello, aparte de hasta qué punto es asunto de revelar qué hacemos en realidad mientras nadie nos ve. Sí creo, sin embargo, que una cuestión semejante tiene en pleno siglo XXI más vigencia que nunca, una cuestión disyuntiva, la dirigida a un creador, en este caso a un poeta: “¿eres poeta o escribes poesía?”, con lo que el cantar es otro que ni siquiera pretende emular nada del pasado que no quepa en este presente ditirambo y desasosegante a la vez, mundano y lírico. Francisco Javier García Becerra ya ha cumplido con su parte cuando dejó anotado en un anterior poemario, (“Lenguas de alondras en áspid”, XII Premio de Poesía Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria 2004) casi una respuesta: “Escribir constituye uno de los mayores esfuerzos que asume uno por propia voluntad y castigo”. Entresacada así la cita parece apuntar a un inefable trascendentalismo, y es que con la conjunción de las palabras de este poeta hay que andar con cuidado, pues entre el sarcasmo y las construcciones sibilinas, entre las medias verdades y las medias mentiras intelectualizadas, anda su juego. Pero también es verdad que otra anotación en el mismo libro puede aportarnos más rigurosidad sentenciosa: “No hay nada más inútil que un libro abandonado para siempre por los lectores. Se diría que la existencia de su autor, y de sus palabras, es la demostración de que

ción paginal que el poeta García Becerra retoma, desde mi punto de vista, felizmente. Cada nota puede irse incrustando mientras se atiende al poema, o sumárseles por aparte. Lo cierto es que nada sobra, que todo está construido con tal de conseguir unos efectos poemáticos que ensanchan el poder de evocación que en García Becerra siempre está más allá del mismo poema entendido en su sentido más clásico. Tal es su riesgo que no parará en hacernos dudar dónde está presente el poeta, si en los versos o en las notas; o dónde está el poema, si en las notas o en los versos. Es casi como un intento de jaque a la reina en ajedrez, un jaque a los modos acostumbrados de entender la poesía, que sin la colaboración del resto de figuras sería imposible. Claro que no faltaría quien ponga en duda que el contenido de Abre la boca para que entre yo sea eso, poético. Pero creo que desde Bécquer hasta toda la farándula de la generación beat asentirían sin dudar que no hay contenido poético si no hay una clara proposición poética, lo que sí es patente en García Becerra. Sólo los timoratos lo mirarían con lupa, suponiendo que haya interés en la molestia, pero que sí: los chequeadores poéticos siempre andan al acecho. Hace ya muchos años que pocos escudriñadores de la poesía apenas atienden a las propuestas mismas de los poetas, a las estratagemas de sus poemarios, olvidando que es lo que reconvierte cuatro hojas volanderas en un libro entero. El resultado más grave es que se desatienden las propuestas individuales, el más interesante fruto de la poesía. Por supuesto que hay quienes se arredran o simplemente se aburren con sus propios escarceos literarios mientras otros apuestan a jugársela, figurando en este último grupo y en silencio la labor de García Becerra. Claro que su poesía nació como la de casi todos, balbuceando y con remedos, en fondo y forma, de sus autores favoritos: “Tenemos la certeza de que el hombre ríe / cantando en cualquier esquina sus recuerdos”, escribe. De todas formas una introducción a este libro apenas es necesaria, entre otras cosas porque contiene identidad propia, donde lo sensorial se impone a lo racional. Sean entendidas entonces estas pinceladas introductorias más bien como una antesala a la recomendación a la que me tenía que haber atenido desde un principio: yo, si fuera usted, atendería a la letra pequeña de este libro, como esa que aparenta carecer de interés en todos los contratos que firmamos en nuestra vida ordinaria, precisamente donde se concentran todas las trampas habidas y por haber y que una tras otra iremos descubriendo en un futuro inconcluso tras nuestra rúbrica. Aquí, en Abre la boca para que entre yo, las trampas son poéticas. Y esa es nuestra suerte. Como también la suerte de este libro, un libro de esos “que puede ser reescrito siempre”.

MICRORRELATO

FRENTE AL ESPEJO
JOSÉ MARÍA DE PÁIZ antos años observándome frente al espejo y no salgo de mi asombro. Mañana tras mañana encuentro rasgos nuevos en mi cara que irremediablemente derivan a mi psique. Hoy, por ejemplo, el blanco de los ojos casi ha perdido su color primigenio para transformarse en un rojo intenso que ningún colirio o producto similar es capaz de combatir. Y esto no significa que ayer no tuvieran ese tono, pero creo que ahora se ha producido el momento definitivo en el que un estado abandona a otro y no piensa volver atrás. No sé si un oftalmólogo pensaría lo mismo; lo dudo. Yo tengo mis teorías y mis bases que, aunque no tengan mucho rigor científico, dentro de mí poseen una fortaleza inusitada. Porque me atrevería a decir que lo de mis problemas oculares es herencia ciega, nunca mejor dicho, de mi tío, el que dicen emigró a las Antillas Francesas por tener problemas con la ley. A mi edad a él le ocurrió algo similar y yo hace ya tiempo que estaba esperando que me sucediera algo parecido. Tres tantos de lo mismo sucede con las arrugas de mi frente, tan gruesas y ondas que con descaro alguno se atreven a decir si alguien pasó un formón por esta zona facial. Aquí los genes de mi padre han sido los grandes artífices. Tan bruto que era que ni en su cara podía disimularlo. Y si sigo recorriendo la orografía que va de mi cuello hasta el término de mi ser, vuelvo a constatar que los labios son de mi madre, la pobre tenía una mueca extraña que creo ya he hecho mía. La nariz, sin duda, es de mi abuelo el resabido. Las cejas y pómulos un combinado, legado de otro tío al que tan sólo conozco por fotografías. Llegados a este punto, después de realizar varias inspecciones minuciosas, trabajo de décadas, sigo sin saber muy bien a quién o a qué respondo. Es decir, mi cara no obedece a un patrón claro de personalidad definida. No me siento seguro con ella. Nunca me olvido de que soy un pastiche sin verdadera identidad propia. Y claro, son ya más de diez mil mañanas y diez mil noches intentando cotejar cada rastro facial con los demás a fin de descubrir uno propio, uno verdadero y auténtico que marque la génesis de un ser y que haya roto por completo con cualquier eslabón de mi familia. Pero creo que a estas alturas de la vida nada de esto va a suceder y me jode mucho. Tanto que creo que jamás podré dejar de mover los labios de forma poco ortodoxa para que no me confundan con mi madre o que siempre iré con la cabeza medio agachada intentando ocultar en la frente el nombre de mi padre. Me cuenta una amiga a la que le he desvelado mi complejo que no sea absurdo, que cada uno es como es. Precisamente ella, la esclava del bisturí y la cosmética, recomienda que me acepte tal y como soy o que, por el contrario, pase por el quirófano. Pero no es eso, lo mío es algo más profundo que creo a estas alturas sólo comprendemos mi espejo y yo, relación fatídica que más pronto que tarde romperé de un cabezazo.

T

Sábado, 11 de septiembre de 2010

El perseguidor 7

SOBRE LA POESÍA GRANDE: JOSÉ MARÍA MILLARES SALL
VÍCTOR ÁLAMO DE LA ROSA (*)

E

n el discurso de aceptación del Premio Canarias de Literatura 2009, José María Millares Sall, escribe que “con un mínimo de imaginación sabemos que esa palabra es una sola voz. La conocemos. Todos sabemos cómo se llama. Es fácil, como todo lo que es difícil. Como la eternidad. Su nombre es POESÍA”. A continuación el poeta dio las gracias por la paciencia y dijo buenas noches. Corría el mes de mayo. Poco tiempo después murió, el 8 de septiembre del año pasado, por lo que este artículo no tiene otro sentido que celebrar su inmensa figura como poeta ahora que estos días se cumple el primer aniversario de su óbito. José María Millares Sall había nacido en Las Palmas de Gran Canaria en 1921 y a sus 88 años, poco antes de fallecer, había entregado a la imprenta su libro Cuadernos (2000-2009), su testamento poético, que el mismo año de su muerte publicó la editorial Calambur. Esta prestigiosa editorial nacional ya había reeditado Liverpool, el poemario más celebrado de nuestro escritor, que había visto la luz por primera vez en 1949, una poesía moderna, sugerente, visionaria, magnífica, en fin. Ha pasado varias veces en la historia de la literatura canaria: escritores insulares que de un modo brillante se adelantan a su tiempo y que, sin embargo, no se les reconocen sus méritos. No me importa de quién o qué sea la culpa. Que si la periferia, que si la insularidad, que si comportamientos cainitas entre los propios escritores canarios, que si la incompetencia de los responsables políticos de cultura, etc. Me importa, sin embargo, destacar este hecho, por ejemplo en el caso de José María Millares Sall y su Liverpool, una poesía tan contemporánea, a pesar de haberse escrito a mediados de los años 40 del pasado siglo, que todavía hoy nos asombra su modernidad, que sólo hoy empezamos a aprehenderla. Para entendernos, algo parecido a lo que ocurría con los visionarios inventos de Leonardo da Vinci. Si leemos la poesía que rodeaba la gestación de un libro como Liverpool, una poesía plegada a lo que tocaba, esto es, lo social, el realismo, la pobreza, la posguerra, cierta exaltación maniquea de valores altruistas, todavía más nos desconcertarán sus imágenes vanguardistas, su imperiosa naturaleza de estirpe surreal, su originalidad provocadora. Su caso me recuerda el del narrador Isaac de Vega, otro adelantado a su época, sobre todo si pensamos que ya en la década de los años 50 había publicado relatos y su emblemática novela Fetasa (1957), cuando lo que se estilaba era el realismo social más chato y garbancero, mesetario y aburrido y hasta costumbrista. Me pregunto, por

cierto, ¿a qué espera el Gobierno de Canarias para dedicarle a Isaac de Vega, ahora que aún está vivo, el Día de las Letras Canarias? Pero a lo que iba, que me disperso, cuando lo único que quiero es invitarlos a leer esta poesía. Y digo que si Millares Sall ya lo hizo en 1949 con su Liverpool, vuelve a repetirlo en 2009 con su Cuadernos, sesenta años después, con este volumen que recoge su última producción poética y que ningún lector interesado en la poesía grande, muy grande, debería perderse. En serio, desde mis lecturas de poetas como Gonzalo Rojas o Eugenio de Andrade, por poner un par de ejemplos, no me encontraba con otra voz tan sólida, tan propia. La verdad es que el tiempo va colocando en sus respectivos pedestales a los gran- El escritor y poeta grancanario José María Millares Sall. / DA des poetas. No hay sino que mirar atrás y revisar los últimos cincuenta hermano del poeta Agustín y del genial o sesenta años de literatura canaria para pintor Manuel Millares. En el prólogo a que salten, cada uno en su universo, las este libro, José María Millares Sall nos va figuras inmensas de cuatro de esos nom- confesando las claves de su particular bres únicos, irremplazables, planetas en sí taller poético: “Particularmente, el ser que mismos: Rafael Arozarena, Luis Feria, me habita, que sufro como hombre y como Manuel Padorno y José María Millares niño, es un ser extraño, solitario, amante Sall. Es lo que ocurre cuando los poetas se de la luz y su sonido, de la palabra y su hacen muy grandes. Y es que la poesía nos sonido, del amor y su sonido, de las cosas va admitiendo a todos en su seno, pléya- y su sonido: un sonido que ama el sonido des y más pléyades de poetas medianos y de los sonidos, un vuelo que sólo escucha menores, porque los que serán de veras cómo vuelan los sonidos; y la poesía, la grandes son aliados del tiempo, y el que escribo, no es otra cosa que un sonido dentro de otro sonido… En fin, que gratiempo los eleva hasta la excepcionalidad. Cuadernos (2000-2009), libro por cierto cias a mi avanzada edad, me he convermuy bellamente editado, presenta un inte- tido en un terrorista del pragmatismo y, resante prólogo del propio poeta, titulado por qué no decirlo, en un ser libre que ama Del taller del poeta, que debió ser lo último eso que tan difícil nos lo pusieron durante que escribió, en el que Millares Sall trata tantos años y que, por fin, ya podemos de esclarecernos su poética. Así escribe: decirlo, se llama dignidad”, escribe el “Una escritura que se va haciendo y va autor. Millares Sall apunta en este pórtico a su tomando cuerpo a medida que su luz se expande: signos que se derraman sobre la libro que “escribo a diario y, preferentemesa de la escritura”. El volumen, de 237 mente, de madrugada. A veces pienso que páginas, fue dispuesto por el poeta agru- escribo para una generación que aún no pando sus poemas en diez secciones, titu- ha nacido, y para otros que todavía tenladas: Celdas para una poética I, Celdas drán que aprender a leer poesía”. Parepara una poética II, Celda enero, Celda ciera aquí sospechar el propio poeta esa abril, Celda acuario, Celda informal, Celda naturaleza visionaria de su poesía, sobre la Décima, Celda Ana, Libretas y Materia. que puntualiza que, a partir del año 2000, Como colofón a este volumen, incluye las la escribiría “como me daba la gana, sin reflexiones que introdujo en su discurso pensar si lo que hacía era o no del gusto de aceptación del Premio Canarias, conce- del lector […] escritura anárquica que, a dido casi in extremis, porque esto son cosas veces sin buscarlo, hace uso de lo esperque pasan en estas tierras fragmentadas, péntico, de lo onírico, del surrealismo, si bien mi poesía es básicamente existencial”. difíciles y caníbales. José María Millares Sall pertenece a la Celdas, según nos informa el editor, es el estirpe artística de los Millares, es decir, es título que el poeta quiso para los cientos de

cuadernos que se han venido sucediendo en los últimos diez años, y de los que ahora este libro “es una muestra abarcadora, en la que el poeta puso su esperanza e ilusión hasta sus últimos días. Cuadernos, titulamos, porque esta escritura última es suma de diversas y sucesivas series de poemas que forman un único discurso poético”. En efecto, la unidad de sentido de este libro es uno de sus grandes méritos, porque el lector no sólo disfruta del poema como sugerencia semántica infinita sino de la perfección formal del estilo del poeta, la sabiduría con la que construye desde el verso libre la musicalidad, el ritmo del poema. Pongamos un ejemplo: La llave blanca abre la sombra abre la hoja del sueño abre el color la llave del silencio el vuelo sin que el aire se [pare] la llave que habla a solas cuando nos mira y cuenta hasta dónde llega el [árbol] que arriba en la torre se para y a ser pájaro nos lleva la llave de este cuarto que nos cubre de [ojos] y nidos la palabra y de nubes la escalera hasta tocar con las manos el vacío de la creación Los poemas no llevan título y salvo unos pocos, todos finalizan con ese pie quebrado tras un largo, brusco encabalgamiento. Poemas de arquitectura precisa que sorprenden al lector con hallazgos metafóricos pero también desde esa escritura pausada, sin dramatismos ni desgarros pasionales, sino salida de una contención inteligente, reflexiva: Dame esa mano/alcánzamela/y ayúdame a ser de nuevo un hombre. La poesía grande de José María Millares Sall no se nos puede escapar. Es motivo de orgullo y debería serlo, en especial, para los jóvenes poetas de Canarias, herederos de una vigorosa tradición poética que deberían saber ensalzar y continuar. Esta breve reivindicación de José María Millares Sall es apenas eso, una reivindicación, a sabiendas de que el tiempo y la vida eterna son los aliados de esta literatura grande que Millares Sall nos legó con toda la generosidad de su esfuerzo y su talento. Ahora sólo falta medir nuestra altura, para así averiguar si seremos capaces de al menos acercarnos a la suya. (*) Víctor Álamo de la Rosa es escritor y periodista. Su última novela se titula La cueva de los leprosos (Colección Narrativa de La Caja Literaria).

8 El perseguidor
Fachada de la sala Conca en La Laguna.

Sábado, 11 de septiembre de 2010

La sala Conca se vende
AZUCENA ARTEAGA MEDINA Este año 2010, la sala Conca proyectaba la celebración del cumplimiento de sus cuarenta años de actividad constante e intensa en el panorama artístico de Canarias y también en territorio peninsular. Las razones para hacerlo eran obvias, pero para quien las ignore, no está demás sobrevolar brevemente cuatro décadas de historia, que muy a desgracia, han llegado a su fin. El desinterés y la inconsciencia de quienes poseen la llave política y económica del apoyo hacia

quienes profesan activamente su creencia en el arte y la cultura, en esta ciudad, en la que no pocos lloramos atónitos ante su muerte. En marzo de 1971, Gonzalo Díaz inauguró, con una exposición de Pepe España, su entrega a la profesión de galerista, o como él antes prefería ser llamado, salista. Así fue como nació un personaje clave en la historia del arte contemporáneo de Canarias, incluso me atrevería a decir, que a nivel nacional, en fin, hablo de a quien todos llamamos, “Conco”, y de su “sala Conca”. “Llevo cuarenta años cerrando la sala Conca” es una frase muy repetida por el ex – salista, en las muchas entrevistas que le han hecho, cumpliéndose al colgar

un cartel de “se vende”, en la puerta de acceso a la sala, el ansioso cuarenta aniversario acaba con sabor a desilusión. La tarea de galerista, nada fácil, ha sido ejecutada durante estos años de una forma excepcional, con tal empeño, que todavía me es difícil diferenciar entre Conco y Gonzalo. Su sala ha ofrecido cuatro generaciones de arte canario, nacional y extranjero de gran calidad, de diversas personalidades, estilos, técnicas, enriqueciendo la ciudad, con un espacio volcado en la libertad de pensamiento, la expresión y el intercambio cultural, proclamando la vitalidad aún en tiem-

pos no favorables, con el riesgo incluso de la cárcel. Pero sobre todo ha dejado una colección sin igual en las islas, si el número de piezas es escandaloso, más lo son sus padres, Miró, Pablo Serrano, Tápies, Millares, Saura, Guinovart, Claude Viseux, José Hernández, Luis Mayo, Rábago, Juan Bordes, Bellver, sin mencionar a los artistas locales, todos también de renombre, Pepe Abad, Chirino, Ildefonso Aguilar, Cándido Camacho, Pedro González, Gonzalo González y un largo etc., en el que se incluye como se ha dicho a artistas extranjeros, Monirum Islam, Kurt Mikula, Eve María Zimmerman, Gothart Kuppel, Walter Meigs… La sala Conca, con su espacio, su colección, su historia, su

credo, su director, hoy se vende al mejor postor. Parece ser que nos vence la crisis económica, pero sobre todo la crisis cultural, mientras la economía mundial cae en picado. Los centros comerciales se llenan de gente, que intercambia capital por plástico. Los teatros ofrecen itinerarios ruinosos. La educación fracasa. La cultura se convierte en celebración a la mediocridad. La Plaza de la Concepción se viste de negro. No como homenaje a la casa negra y blanca, sino más bien de luto, porque, la sala Conca muere tras cuatro décadas de esfuerzos por mejorar nuestra cultura, por ampliar nuestras fronteras visuales y vivenciales. Es hora de gritar ¡basta ya!

EL PIE DE LA LETRA /

Alfonso González Jerez

XXXXXXXXXXXXXX XXXXXXXXXXX

E

n un artículo el espléndido escritor senegalés Boubakar Boris Diop señala, con una ironía bastante irritada, que la imagen neocolonial de África continúa repitiendo estereotipos imbéciles que no solo representan una grotesca falsedad, sino también una forma de opresión simbólica. “No sé cómo explicar”, viene a decir, “que la mayoría de los africanos no tratan con elefantes, ni persiguen ni son perseguidos por rinocerontes, ni agitan sus lanzas vibrantes en las verdes praderas”. Por el momento la reivindicación de Boubakar es inoma a copos de avena de taller literario de Yale. Pero muestran inmejorablemente el creciente universo ficcional de una de las escritoras anglófonas más inteligentes y talentosas de la actualidad.

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful