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Lista de personas difíciles

El cara de limón
El quejumbroso
El super agradable
El sabelotodo
El pesimista (Negativo)
El egocéntrico

EL AMOR HACIA LOS ENEMIGOS

Y LA NO RESISTENCIA

Romanos 13.9. En este versículo aparece una lista de leyes del Antiguo Testamento.
Allí dice: “No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no
codiciarás…” ¿Te fijaste en lo que dice? Todas estas leyes son leyes negativas: “No
hagas esto, no hagas aquello…”
Pero el mismo versículo continúa diciendo: “Y cualquier otro mandamiento, en esta
sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Entonces el versículo 10
dice: “El amor no hace mal al prójimo”. ¡Ah!, ¿de manera que se trata del “polo
positivo” de las leyes negativas? ¡Exacto! Y ¿cuál es? Es el amor. El amor es la fuente de
donde sale la fuerza para hacer lo bueno.
En el Antiguo Testamento, Dios restringió las tendencias malas entre su pueblo
aprovechando la influencia estabilizadora de mandamientos negativos. Lo cierto es que
cada uno de los diez mandamientos es negativo. Pero tenemos que reconocer que estos
mandamientos negativos jamás constituyeron el fin del propósito de Dios para su pueblo.
Más bien por medio de ellos, Dios preparó a su pueblo para recibir el poder positivo del
amor ágape, el amor neotestamentario. Y de esta misma forma es que Dios nos prepara
hoy día para hacer su voluntad.
En conclusión, es de primordial importancia que no olvides las dos verdades a
continuación:
1. Dios te ha dado mandamientos negativos para que sirvan como una influencia
estabilizadora en tu vida, un punto de partida. Sin embargo…
2. Debes reconocer que la única fuente de poder para agradar a Dios es el amor de Dios
que “ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo” (Romanos 5.5).
A. EL AMOR SOBRENATURAL HACIA LOS ENEMIGOS

Los versículos en Lucas 6.26–37 forman parte de lo que llamamos el “Sermón del
Monte”. En estos versículos, Jesús nos llama a un nivel de vida más alto, más profundo y
más fructífero que el del Antiguo Testamento.
En todo el mundo no se halla enseñanza semejante a la de este sermón. Existen muchos
estudiantes de la Biblia que creen que Jesús realmente no hablaba en serio, sino en
figuras o un lenguaje simbólico. Muchos creen que él no espera que cumplamos al pie de
la letra estas enseñanzas. Pero Jesús sabía que esto iba a pasar y refutó este argumento
rotundamente al terminar su sermón aquel día. (Véase Lucas 6.26–37.)
Y ahora, tú vas a ver cómo lo del polo negativo y positivo se relaciona con el título de
esta prédica…
Analicemos tres mandamientos negativos tomados de los 10 mandamientos en Éxodo
20 y vamos a compararlos con tres mandamientos positivos dados por Jesús en el pasaje
en Lucas 6. Al hacer esto, nosotros vamos a ver que la ley de Moisés (el polo negativo)
restringió las malas acciones de las personas, mientras que Jesús cambia el corazón.
Jesús da un poder sobrenatural, (el polo positivo).
1. POLO NEGATIVO: “NO MATARÁS” (ÉXODO 20.13)
Polo positivo: “Amad a vuestros enemigos” (Lucas 6.27)
En el Antiguo Testamento, Dios prohibió que su pueblo cometiera asesinato. Él les
mandó: “No matarás”. Y qué ley más buena, ¿verdad? Además, a fin de prevenir el
asesinato, la ley prescribió un castigo severo para los que cometían este pecado: las
personas que lo hicieran también eran castigadas con la muerte.
Jesús sabía todo esto. Pero él vino a esta tierra a cumplir la ley y subirla de nivel, de
modo que él tocó la raíz del asesinato: el odio. Él dijo: “Oísteis que fue dicho: Amarás a
tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos.”
¿A quién? ¡Sí, a nuestros enemigos! Jesús nos enseña en términos inequívocos que
cuando vemos que esa persona que nos insulta y ofende a cada rato tiene problemas
económicos, entonces nosotros debemos desear que se resuelvan sus problemas. Incluso
no sólo eso, sino que debemos poner de nuestra parte para ayudar a tal persona si
dependiera de nosotros. Si vemos que esa persona tiene éxito en sus negocios, entonces
debemos estar alegres por ello. Esto es lo que significa amar a nuestro enemigo. Pues,
¿cómo es posible? Se requiere un poder sobrenatural, el poder que sólo el Espíritu Santo
puede dar a quien esté dispuesto a hacer la voluntad de Dios.
Además, Jesús dijo: “Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Pero yo os
digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha,
vuélvele también la otra” (Mateo 5.38–39).
¡No me digas! Sí, aquí Jesús nos enseña algo totalmente contrario a nuestra naturaleza.
El Señor nos enseña no sólo a renunciar a nuestro derecho de defendernos, sino que él
nos enseña a responderle con una acción positiva a la persona que nos
golpea: ¡debemos presentarle otro lugar donde golpear!
No cabe duda alguna: tal acción exige un amor sobrenatural. Veamos el siguiente:
2. POLO NEGATIVO: “NO HURTARÁS” (ÉXODO 20.15)
Polo positivo: “Al que te pida, dale” (Lucas 6.30)
En el Antiguo Testamento, Dios restringió la codicia del hombre con esta ley de no robar.
Además, él frenó el pecado de robar con un castigo bien fuerte para los que robaban:
ellos tenían que devolver cuatro o cinco veces más de lo que habían robado (véase Éxodo
22.1 Cuando alguno hurtare buey u oveja, y lo degollare o vendiere, por aquel buey pagará
cinco bueyes, y por aquella oveja cuatro ovejas.).
Pero, Jesús no se contentó con proveer para nosotros, sus discípulos, sólo el polo
negativo. Él nos armó con un arma potente: a la persona que nos quiera robar algo, no
sólo le permitimos que se lo lleve, sino que le ofrecemos otra cosa además de la que
desea llevarse.
¡Qué raro! Pero aquí está lo que dijo Jesús: “Al que quiera ponerte a pleito y quitarte
la túnica, déjale también la capa; y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una
milla, ve con él dos. Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo
rehúses.”
¿Acaso es posible vivir así con nuestros enemigos? ¿Lo has probado? Seguramente esto
aquí va en contra de tu razonamiento humano. Pero ni tu razonamiento humano ni el
mío es la palabra de Jesús.
Ahora veamos el otro:
3. POLO NEGATIVO: “NO HABLARÁS CONTRA TU PRÓJIMO FALSO
TESTIMONIO” (ÉXODO 20.16)
Polo positivo: “Bendecid a los que os maldicen” (Mateo 5.44)
En el Antiguo Testamento, cuando una persona acusaba falsamente a otra, Dios tenía un
buen remedio: El que acusaba falsamente recibía el mismo castigo que pensaba echar
sobre el otro (Deuteronomio). Así se restringía la calumnia en aquel tiempo.
Pero en el Nuevo Testamento, Jesús no se contenta sólo con que sus discípulos se
abstengan de calumniar; él nos receta un remedio positivo: “Bendecid a los que os
maldicen”.
Además de bendecir a los que destruyen nuestra buena reputación, Jesús increíblemente
nos encarga dos tareas más: nosotros debemos hacerles bien y orar por ellos. ¡Imagínate!
No podemos hacer ninguna de estas cosas sin tener amor. Y sin lugar a duda, amar así a
los que nos hacen mal y nos persiguen no es un amor natural; es un
amor sobrenatural. Es un amor que recibimos sólo del mismo Espíritu de Dios.

B. UNA CONFIANZA COMPLETA EN DIOS

Los tres mandamientos de Jesús que acabamos de analizar, por muy positivos que sean,
me llevan a unas conclusiones negativas:
1. Jesús no me permite defenderme en la vida diaria (“No resistáis al que es malo”).
2. Jesús no me permite unirme a las fuerzas armadas de ningún país (“Amad a vuestros
enemigos”).
3. Jesús no me permite llevar ante el tribunal al que me roba (“Al que quiera (...)
quitarte la túnica, déjale también la capa”).
Sin ningún lugar a duda, para ser discípulo de Cristo se requiere de una confianza
completa en Dios.
Por ejemplo, ¿cómo no voy a defenderme si viene uno para hacerme daño? Quizá peor
todavía, ¿cómo no voy a defender a mi familia si llega uno a mi casa para hacerles daño
a ellos? Tales preguntas levantan dentro de mí una tormenta de emociones que me hacen
ver como pura locura las palabras de Jesús…
Pero de pronto reconozco que estas preguntas carnales dentro de mí no toman en cuenta
el cambio revolucionario que Jesús obra en nuestros corazones cuando perdimos nuestra
vida para hallarla en él. Este cambio se explica con pocas palabras: Para nosotros como
creyentes, lo que tiene valor verdadero ya no es lo físico, sino lo espiritual.
Por difícil que sea reconocerlo, las tres conclusiones de arriba (no defenderme, no
pelear en las fuerzas armadas, no llevar ante el tribunal al ladrón) se refieren a lo
físico y material, no a lo espiritual. Es por eso que Jesús no permite que sus seguidores
peleen sobre estas cosas. Si se tratara de peligros espirituales, entonces sí lucharíamos…
espiritualmente.
En 2 Corintios 10.4 el apóstol Pablo expone claramente el carácter espiritual de nuestra
guerra. Él dice: “Las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en
Dios”. Y en Efesios 6.12 dice lo siguiente: “No tenemos lucha contra sangre y carne,
sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de
este siglo, contra huestes espirituales de maldad”. Al convertirnos en cristianos entramos
en las fuerzas armadas, pero no en las de este mundo. Nuestras armas son armas
espirituales: la verdad, la justicia, el evangelio, la fe, la salvación, la palabra de Dios y la
oración (véase Efesios 6.13–18).
Para no defendernos nada en lo físico y material se requiere un cambio de perspectiva y
una confianza completa que Dios sabe lo que es mejor para nosotros. En Lucas 12.4–5,
Jesús lo resumió en una manera muy clara que no puedo contradecir ni entender de otra
manera: “No temáis a los que matan el cuerpo, y después nada más pueden hacer. Pero
os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que después de haber quitado la vida,
tiene poder de echar en el infierno; sí, os digo, a éste temed.”
Y tú, ¿a quién vas a temer? Yo por mi parte voy a temer a Dios y tener confianza en él.

C. PRUEBA DE NUESTRA DESCENDENCIA ESPIRITUAL

Jesús terminó este tema diciendo: “…para que seáis hijos de vuestro Padre que está en
los cielos” (Lucas 6.35). Luego, él explicó lo que quería decir con eso. Jesús quería decir
que podemos escoger ser como nuestro Padre Dios o podemos escoger ser como los
pecadores. Ahora yo deseo darte un resumen de los puntos principales acerca de la
explicación de Jesús:
Ø Dios es bueno con los malos, no sólo con los buenos: “[Dios] hace salir su sol sobre
malos y buenos, y (...) hace llover sobre justos e injustos” (Mateo 5.45).
Ø Si hacemos sólo lo natural, o sea, si amamos sólo a los que nos aman, somos como
cualquier persona incrédula. Ellos también aman a sus amigos (véase Mateo 5.46).
Ø Si saludamos sólo a nuestros hermanos y no a nuestros enemigos, somos iguales a
cualquier persona incrédula. Ellos también son cordiales para con sus amigos (véase
Mateo 5.47).
Ø Dios es perfecto en cuanto a su amor para con sus enemigos (lo que éramos nosotros
antes de conocer al Señor Jesús). Él quiere ayudarnos para que nosotros también amemos
perfectamente a nuestros enemigos (Mateo 5.48).
Pero, ¿verdaderamente serán para hoy estas enseñanzas de Jesús? Bueno, al final de
su discurso, Jesús explicó indiscutiblemente que él espera que nosotros practiquemos hoy
lo que enseñó aquel día. He aquí las palabras del mismo Sermón del Monte:
“46 »Así que, ¿por qué siguen llamándome “¡Señor, Señor!” cuando no hacen lo que digo?47 Les
mostraré cómo es cuando una persona viene a mí, escucha mi enseñanza y después la
sigue. 48 Es como una persona que, para construir una casa, cava hondo y echa los cimientos
sobre roca sólida. Cuando suben las aguas de la inundación y golpean contra esa casa, esta
queda intacta porque está bien construida. 49 Pero el que oye y no obedece es como una
persona que construye una casa sin cimientos. Cuando las aguas de la inundación azoten esa
casa, se derrumbará en un montón de escombros».

Yo no quiero que mi casa espiritual caiga cuando venga la tormenta. Allí en el mismo
centro de mi corazón yo entiendo qué es lo que tengo que hacer para preparar una casa
firme que me acogerá cuando falle esta casa física... mi cuerpo. Y yo sé que por difícil
que sea, valdrá la pena que yo me prepare para ello ahora.
Y tú, ¿qué harás con estas enseñanzas de Jesús?

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