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PANEL PODAMOS SEGUIR EL DIÁLOGO EN BASE A 3 PREGUNTAS:

1. ¿Qué es la lógica?
La lógica es una de las ramas de la ciencia que se dedica al estudio de las formas y los modos por los cuales se rige el razonamiento, centrándose en las
formas de inferencia válida. De esto se deduce que no tiene un contenido formal propio, si no que nos brinda herramientas para diferenciar un conocimiento
válido de otro inválido.
La lógica era considerada originariamente una rama de la filosofía, pero fue variando con el tiempo para terminar asociada a la matemática (encontrando su
punto culmine en el positivismo lógico del Círculo de Viena de principios de siglo XX).
Podemos distinguir dos tipos de lógica:
A. Lógica pura: Analiza las formas válidas e inválidas de conocimiento.
B. Lógica aplicada o material: En la cual se analizan casos concretos de razonamiento y se analiza sus premisas para llegar a una conclusión lógicamente
correcta.
Podemos encontrar grandes exponentes dentro del análisis de la lógica, como Aristóteles en la Antigüedad o Immanuel Kant en la Era Moderna. Aunque no se
hayan dedicado exclusivamente al análisis lógico, sino que éste era una parte más dentro de su vasta producción teórica, hicieron grandes aportes a esta
ciencia
revisión de los argumentos como señaladores de la verdad en todo a lo que respecta a la ciencia y al presentar al silogismo como argumento válido.
Sin embargo, no podemos cometer el error de ignorar que, a través de la historia, Aristóteles no fue el único, sino que recorrieron la tierra muchas otras
personas que fueron contribuyendo con sus ideas y argumentos a la formación y crecimiento de esta ciencia.
Entre algunos ejemplos de estas figuras, podemos viajar a la Edad Media y destacar el trabajo que llevó a cabo Averroes, un filósofo proveniente de la región
de Córdoba, España, que entre los muchos estudios que realizó, también planteó que es muy importante y fundamental realizar un estudio respecto a la lógica
de los maestros antiguos para que, luego de eso, se pueda comenzar a “filosofar” de la forma que corresponde.
Viajando un poco en el tiempo, si nos transportamos al siglo XVIII y al siglo XIX, una de las figuras destacables que más desarrolló y practicó estudios en base
al tema de la lógica fue Immanuel Kant. Como bien es sabido, él es considerado parte de los pensadores más destacados e influyentes en la historia de la
humanidad y logra destacar y establecer, dentro de la materia que nos ocupa, un nuevo concepto, el de la lógica trascendental.
Este nuevo término, introducido gracias a los estudios del filósofo propiamente citado, Immanuel Kant, busca la manera de definir al tiempo y al espacio como
formas puras de la sensibilidad. Tenemos la capacidad de reconocer y nombrar a los objetos a través de la percepción, sensibilidad e intuición, pero cuando no
existe ninguna de éstas, se denominan representaciones puras y son éstas el centro de estudio de este filosofo.
El avance en el estudio de la lógica fue dado por la aparición de las denominadas paradojas, ya que éstas, al ser claras contradicciones en cuanto al sentido
común, impulsaban la resolución de ciertos interrogantes. Sin embargo, no sólo dio el pie al desarrollo de la lógica, sino también de la filosofía y de otras
disciplinas.
2. ¿Para qué es importante la lógica? De manera general.
Aunque todo esto pueda dar la impresión de que la Lógica es demasiado abstracta como para tener aplicaciones prácticas, esto no es así.
La Lógica está, por ejemplo, a la base del funcionamiento de las computadoras. En una computadora, los valores verdadero y falso son representados
por el paso de corrientes de diferentes niveles de voltaje en un transistor. De la misma forma en la que un operador lógico (o conectiva) toma valores
de verdad y nos devuelve otro, es posible construir dispositivos (llamados puertas lógicas) que toman corrientes eléctricas y nos devuelven otra,
representando así distintas operaciones lógicas como la negación y la disyunción. Si a los valores verdadero y falso los reemplazamos por 1 y 0,
entonces podemos representar números en el sistema binario con ayuda de las puertas lógicas y combinarlas ingeniosamente de manera a realizar
operaciones aritméticas con ellos. Hay formas ingeniosas de representar texto con el sistema binario, y los famosos latches (dispositivos que
constituyen la base de la memoria de una computadora) son también básicamente combinaciones de complicadas puertas lógicas. El filósofo y lógico
C.S. Peirce fue el primero en proponer estas ideas, que fueron luego llevadas a la práctica en el siglo XX por Claude Shannon.
La Lógica también sirvió para “pulir” las matemáticas, pues ayudó a clarificar muchos de sus conceptos más fundamentales y a aumentar la rigurosidad
de las pruebas, sobre todo mediante el impulso del logicismo de Frege y Russell, que culminó en la axiomatización ZFC de la teoría de conjuntos.
En la Filosofía, demostró ser un instrumento extremadamente potente, ayudando a los filósofos a pensar mejor y más clara y rigurosamente. La Lógica
es particularmente cultivada en la filosofía analítica.
Fuera de estas especialidades, la lógica tiene lugar también en la vida cotidiana de cualquier persona. Está claro que la Lógica (aunque sea en su
vertiente informal, no-matemática) puede ser una herramienta útil para aprender a pensar mejor acerca de todo.
En la escuela, los niños deberían ser instruidos para definir sus conceptos claramente, identificar premisas y conclusiones, falacias lógicas, distinguir
entre argumentos válidos e inválidos, deductivos e inductivos, etc., y luego aplicar esas herramientas a todo el resto del currículo escolar. Piaget
argumenta que esto es posible recién en la etapa de desarrollo cognitivo que llamó “operativa formal”, hacia los 11 o 12 años, aunque hay estudios que
empezaron a poner en duda esta idea (Astington, 1993; Gopnik, 2009).
Conjeturo que, si esta sugerencia se implementa, los estudiantes tendrán más facilidad para aprender y probablemente terminen siendo ciudadanos
capaces de llevar adelante debates de mayor calidad, algo clave para la construcción de una sociedad más democrática.
Como hemos visto, la lógica es un arte, el arte de pensar. Cuando pensamos elaboramos conceptos, juicios y razonamientos. Sin embargo, en
ocasiones nos preguntamos si son correctos o válidos. La lógica es una ciencia que se preocupa especialmente por tratar de demostrar cuándo un
argumento es correcto. La lógica nos permite, pues, estructurar el pensamiento, clarificarlo y ponerlo en orden. Esto es útil en el ámbito
personal o científico. Con base en esto, Chávez, afirma que: “El estudio de la lógica contribuye a determinar el sentido exacto de las palabras y
oraciones empleadas al expresarnos, así como a desarrollar la capacidad para discernir las diferencias entre pensamientos que poseen una misma
expresión verbal”.
Por ejemplo, la ciencia se estructura lógicamente porque el conocimiento científico se expresa en enunciados científicos, y estas proposiciones se
encuentran sistematizadas en teorías. Las teorías, a su vez, nos permiten hacer inferencias. La ciencia es hipotética y deductiva; en la investigación
científica se elaboran juicios hipotéticos que luego se argumentan o demuestran empíricamente.
La lógica nos ayuda también a evaluar los argumentos o evitar errores en las argumentaciones.
Nos permite conocer las leyes, reglas y procedimientos que estructuran correctamente el pensamiento. Esto nos ayuda a desarrollar conscientemente
el proceso de pensar y alcanzar un mayor nivel de aplicación de las habilidades de pensamiento.
Referencias
1. Astington, Janet Wilde. (1993). The Child’s Discovery of the Mind. Cambridge, MA: Harvard University Press.
2. Gopnik, Alison. (2009). The Philosophical Baby: What Children’s Minds Tell us About Truth, Love, and the Meaning of
Life. New York: Picador.
3. Hunter, G. (1971). Metalogic: an introduction to the metatheory of standard first order logic. London: MacMillan
4. Sider, T. (2010). Logic for Philosophy. Oxford: Oxford University Press.
5. Tarski, Alfred (1936). The concept of truth in formalized languages. En A. Tarski (ed.), Logic, Semantics,
Metamathematics. Oxford University Press, pp. 152-278.