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Sistema Bibliotecario de la Suprema Corte de Justicia de la Nación

Catalogación
PO
I010.113 El juicio de amparo en la Declaración Universal de los Derechos Humanos : el patrimonio documental de la SCJN:
J842j una postulación a la UNESCO / coordinadores Francisco Tortolero Cervantes, Carlos Pérez Vázquez ; [esta
obra estuvo a cargo de la Coordinación de Derechos Humanos y Asesoría de la Presidencia de la Suprema
Corte de Justicia de la Nación ; presentación Ministro Juan N. Silva Meza]. -- México : Suprema Corte de
Justicia de la Nación, 2015.
xvii, 320 p. ; 29 cm.

Obra derivada de la postulación de expedientes judiciales de la SCJN al programa Memoria del Mundo de la
Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.

Contenido: Claves para entender la protección individual de los derechos humanos durante la segunda
posguerra / Francisco Tortolero Cervantes -- El amparo de la Unión: historia de una institución compleja y
complejizante / Rafael Estrada Michel -- El juicio de amparo en sus primeros años: los casos en su contexto
constitucional e historiográfico / Octavio Herrera Pérez y Rodrigo Santiago Juárez -- El amparo en perspectiva
latinoamericana / Rodrigo Santiago Juárez y Francisco Tortolero Cervantes -- La participación de la delegación
mexicana en la proyección del amparo mexicano en el ámbito internacional / Alberto Abad Suárez Ávila -- Raíces
mexicanas del artículo 8 de la DUDH: texto, contexto y proyección internacional / Mauricio Iván Del Toro Huerta

ISBN 978-607-468-752-1

1. Juicio de amparo – Evolución – México 2. México. Suprema Corte de Justicia de la Nación – Expedientes
judiciales – Patrimonio documental 3. Declaración Universal de los Derechos Humanos – Segunda Guerra Mundial
– Aspectos jurídicos 4. Control constitucional – Historia – Estudio de casos – Latinoamérica 5. Organización de las
Naciones Unidas – Derechos humanos – Instrumentos internacionales 6. Declaración Americana de los Derechos
y Deberes del Hombre 7. Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos 8. Convenio Europeo de
Derechos Humanos 9. Derecho Internacional de los Derechos Humanos 10. Derecho a tutela jurídica efectiva
I. Tortolero Cervantes, Francisco, coord. II. Pérez Vázquez, Carlos, coord. III. México. Suprema Corte de Justicia
de la Nación. Coordinación de Derechos Humanos y Asesoría de la Presidencia IV. Silva Meza, Juan N., 1944-

Primera edición: enero de 2015

D.R. © Suprema Corte de Justicia de la Nación


Avenida José María Pino Suárez núm. 2
Colonia Centro, Delegación Cuauhtémoc
C.P. 06065, México, D.F.

Prohibida su reproducción parcial o total por cualquier medio, sin autorización escrita de los titulares de los derechos.

El contenido de los documentos que conforman esta obra es responsabilidad exclusiva de los autores y no representa en forma alguna la
opinión institucional de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Impreso en México
Printed in Mexico

Esta obra estuvo a cargo de la Coordinación de Derechos Humanos y Asesoría de la Presidencia de la Suprema Corte de Justicia de la
Nación.

Su edición y diseño estuvieron al cuidado de la Coordinación de Compilación y Sistemati­zación de Tesis de la Suprema Corte de Justicia
de la Nación.
SUPREMA CORTE DE JUSTICIA DE LA NACIÓN

Ministro Luis María Aguilar Morales


Presidente

Primera Sala
Ministro Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena
Presidente

Ministro José Ramón Cossío Díaz


Ministro Jorge Mario Pardo Rebolledo
Ministra Olga Sánchez Cordero de García Villegas
Ministro Arturo Zaldívar Lelo de Larrea

Segunda Sala
Ministro Alberto Pérez Dayán
Presidente

Ministro José Fernando Franco González Salas


Ministra Margarita Beatriz Luna Ramos
Ministro Juan N. Silva Meza
CONTENIDO

Presentación............................................................................................................................ VII
Prefacio.................................................................................................................................... XI
Introducción............................................................................................................................. XV

SECCIÓN §1
CLAVES PARA ENTENDER LA PROTECCIÓN INDIVIDUAL
DE LOS DERECHOS HUMANOS DURANTE LA SEGUNDA POSGUERRA.................. 1
Francisco Tortolero Cervantes
Capítulo I. Primera pista: el dogma europeo del legislador infalible
y los derechos.................................................................................................................... 5
Capítulo II. Segunda pista: la lucha por los derechos en los Estados Unidos............. 13
Capítulo III. Tercera pista: la concepción de los derechos en el bloque soviético....... 33
Capítulo IV. El punto de encuentro: la Declaración Universal de 1948......................... 41

SECCIÓN §2
EL AMPARO DE LA UNIÓN: HISTORIA DE UNA INSTITUCIÓN
COMPLEJA Y COMPLEJIZANTE.......................................................................................... 59
Rafael Estrada Michel
Capítulo V. La consolidación de la soberanía estatocéntrica........................................ 65
Capítulo VI. 1847, el año en que la doliente Nación nos amparó.................................. 73
Capítulo VII. El siglo XIX: la unión que ampara............................................................... 79

V
VI

SECCIÓN §3
EL JUICIO DE AMPARO EN SUS PRIMEROS AÑOS:
LOS CASOS EN SU CONTEXTO CONSTITUCIONAL E HISTORIOGRÁFICO.............. 97
Octavio Herrera Pérez y Rodrigo Santiago Juárez
Capítulo VIII. Primeros datos para identificar expedientes relevantes......................... 101
Capítulo IX. Análisis de casos.......................................................................................... 111

SECCIÓN §4
EL AMPARO EN PERSPECTIVA LATINOAMERICANA.................................................... 173
Rodrigo Santiago Juárez y Francisco Tortolero Cervantes
Capítulo X. La proyección del amparo mexicano en el contexto latinoamericano...... 179
Capítulo XI. El amparo y la creación de un jus constitutionale commune................... 201

SECCIÓN §5
LA PARTICIPACIÓN DE LA DELEGACIÓN MEXICANA EN LA PROYECCIÓN
DEL AMPARO MEXICANO EN EL ÁMBITO INTERNACIONAL....................................... 215
Alberto Abad Suárez Ávila
Capítulo XII. La IX Conferencia Internacional Americana, Bogotá, 1948..................... 221
Capítulo XIII. Tercera Reunión de la Asamblea General de las Naciones Unidas,
París, 1948.......................................................................................................................... 231

SECCIÓN §6
RAÍCES MEXICANAS DEL ARTÍCULO 8 DE LA DUDH: TEXTO, CONTEXTO
Y PROYECCIÓN INTERNACIONAL..................................................................................... 241
Mauricio Iván Del Toro Huerta
Capítulo XIV. La propuesta mexicana: intención y reconocimiento.............................. 247
Capítulo XV. El amparo en el conjunto del derecho internacional
de los derechos humanos................................................................................................ 257
Capítulo XVI. El amparo y la memoria: la promoción de los derechos......................... 277

EPÍLOGO
Los ejes documentales...................................................................................................... 291
Octavio Herrera Pérez
ANEXO. Formulario UNESCO........................................................................................... 297
PRESENTACIÓN

L os archivos del Poder Judicial de la Federación representan una riqueza documental que se
puede medir en kilómetros de expedientes judiciales únicos, resguardados desde 1995 por la
Suprema Corte de Justicia de la Nación (en adelante SCJN). Pero, sobre todo, se pueden medir en
riqueza cultural que se declina en historia, política, literatura, sociología, antropología o etnografía;
no sólo en derecho. Encarnan un registro de la sociedad y la cultura mexicana, que quedó plasmada
entre sus fojas desde que su expediente judicial más antiguo, de fines del XVIII, pudo pasar de gene­
ración en generación, sobreviviendo a las amenazas que todo archivista conoce, como las incle­
mencias del tiempo, la falta de recursos, y la más difícil de superar de todas: el desinterés por la
historia.

Cabe señalar que en años anteriores, el personal de esta Suprema Corte, adscrito al Centro
de Documentación y Análisis, Archivos y Compilación de Leyes, ha destinado tiempo y recursos cuan­
tiosos para concentrar, relocalizar, catalogar, digitalizar y clasificar millones de documentos, acer­
cándose a diversas asociaciones de archivos, con objeto de homologar el resguardo y la custodia de
los fondos documentales con los estándares internacionales más estrictos que rigen esta actividad
técnica. Es momento de ampliar los alcances de nuestra colección, haciendo más amigable la con­
sulta a cualquier interesado.

Esta postulación ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la
Cultura (en adelante UNESCO) articula una serie de consideraciones constitucionales e históricas
en torno al juicio de amparo, que parecen poco conocidas a más de siglo y medio de que Manuel

VII
VIII el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

Crescencio Rejón lo instaurara en Yucatán. Es ése el punto de partida de este libro, mientras que su
punto de llegada, la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948. Y más específica­
mente, de uno de sus artículos, del que se desprende un vestigio que parece emanar directamente
de nuestra tradición jurisdiccional

Artículo 8. Toda persona tiene derecho a un recurso efectivo ante los tribunales nacionales
competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos
por la constitución o por la ley.

Un equipo de investigadores de instituciones públicas y privadas se dio a la tarea de recapitular


el proceso de redacción de esta Declaración y encontró una serie de elementos cuyo conjunto arroja
una hipótesis novedosa, que funda el argumento central de la postulación 2014 al programa Memoria
del Mundo de la UNESCO.

En aquellos años de la segunda posguerra, una parte del mundo tenía como único referente el
esquema del habeas corpus (limitado a la protección de la libertad personal), que parecía contra­
puesto irremediablemente a la postura de los países del bloque comunista, donde la protección del
derecho tenía un carácter predominantemente colectivo. En una suerte de compromiso entre la
lectura anglosajona y la soviética, el planteamiento de la diplomacia mexicana, basado en nuestro
juicio de amparo, serviría de elemento orientador, que terminó plasmado en el artículo 8o. de la Decla­
ración de 1948. El deber de eficacia parece haber sido entonces la nota distintiva que marcó el
ritmo de implementación de este documento fundamental para la reconstrucción de la comunidad
internacional.

Por virtud del trabajo de distinguidos diplomáticos mexicanos, entre los que se destaca al en­
tonces Canciller Jaime Torres Bodet, a Germán Fernández del Castillo y en especial al Embajador
Pablo Campos Ortiz, que sumados al apoyo recibido por los representantes del bloque latinoamericano
y al reconocimiento de eminentes representantes de otros países, como el francés René Cassin, fue
posible establecer a favor de toda persona el derecho a un recurso judicial efectivo, como lo dispone
el texto literal del artículo 8o. transcrito, "que lo ampare" contra cualquier violación a su esfera
individual.

Ahora bien, aunque el verbo "amparar" no tiene traducción literal hacia otros idiomas oficiales
de las Naciones Unidas, por sólo mencionar el inglés o el francés (que acaso podrían referir al mismo
concepto bajo el sinónimo de "protección"), su relevancia en 1948 es mucho más que terminológica.
El principal mérito de haberlo incluido en la Declaración Universal, se relaciona con la característica
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco IX

principal de aquel recurso, a saber, que es útil para proteger toda la gama de derechos contenidos en
una Constitución.

Pero como he tenido oportunidad de decirlo en diferentes foros, esta obligación no es exclu­
siva de nuestro país. La intención de armonizar la interpretación de los derechos fundamentales
en sede doméstica se ha convertido en un proyecto global, que se expande progresivamente y se
institucionaliza en todo el orbe. La universalidad de los derechos se empieza a ver reflejada, si no en
el trato igual del individuo en cualquier ámbito nacional donde se encuentre, al menos en el recono­
cimiento de unos mínimos que la comunidad internacional le reconoce por el simple hecho de ser
persona.

A partir de ahora, la intención institucional de plantear esta candidatura ante el programa de


Memoria del Mundo UNESCO se orienta a despertar a usuarios potenciales de todos los horizontes
el interés por acercarse a la Suprema Corte, para sumarse al público habitual, formado por un grupo
cada vez más nutrido de abogados y justiciables.

Pero esta intención institucional debe leerse hacia el futuro, para continuar con el resguardo,
custodia y difusión de la cultura constitucional que corresponde al máximo tribunal de nuestro
país. Al aspirar a un reconocimiento de esta envergadura ante la UNESCO, como parte de su regis­
tro internacional, el Poder Judicial de la Federación eleva la intención de facilitar la consulta al nivel
de compromiso institucional.

Ministro Juan N. Silva Meza


Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación
y del Consejo de la Judicatura Federal

México, D.F., 1o. de diciembre de 2014


PREFACIO

E l estudio del juicio de amparo parece no ser el mejor vehículo para invitar a adentrarse en la
lectura de expedientes judiciales. En la ortodoxia mexicana de la enseñanza del derecho, bastaría
notar que un expediente data de una fecha previa a una reforma constitucional o legal para quitarle
todo interés de ser estudiado. Como si el único propósito de leer un caso fuera analizar el derecho
vigente.

La justificación de esta candidatura al programa Memoria del Mundo fue elaborada por un grupo
de investigadores con formaciones doctorales diversas y complementarias, como el derecho público,
la historia, la sociología jurídica, la ciencia política, la historia del derecho o la literatura. A los coordina­
dores de la obra nos tocó desarrollar las líneas argumentativas que, al final, fundaron la candidatura
y conformaron los capítulos del libro que el lector tiene en sus manos.

Por el solo aprendizaje que representó haber justificado esta candidatura, quienes aquí escribi­
mos, luego de trabajar cercanamente, nos dimos cuenta de la conveniencia de registrar el proceso de
postulación, si bien estuvimos siempre de acuerdo en abordar el análisis sin ideas preconcebidas ni
lecturas grandilocuentes respecto del juicio de amparo.

Para nadie es un secreto que sigue existiendo una suerte de chovinismo con el que algunos
autores han concebido nuestro juicio de garantías, queriéndolo significar como el elemento jurídico
que explica la invención del universo. La puesta en su lugar de todos los elementos evitó caer en extre­
mos de ese tipo, y dio como resultado comprender la justa dimensión de un recurso que, en efecto,

XI
XII el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

nació en México y se volvió funcional, incluso un siglo antes de que la rama judicial tuviera algún
atisbo de influencia entre las instituciones jurídicas del mundo.

Esta obra, entre otros propósitos, tiene por objeto servir de invitación a explorar los magníficos
acervos del Poder Judicial de la Federación. Esto, para que el nacional de cualquier país (empezando
por el nuestro) descubra la riqueza documental que tiene en resguardo la Suprema Corte de Justi­
cia de México.

De quienes integramos este equipo de investigación, subrayamos en primer lugar la capa­


cidad de aprendizaje del grupo y su disposición para el trabajo. Empezamos por la colaboración de
Mauricio del Toro. Su análisis fue fundamental para poner en contexto al resto del grupo sobre las
negociaciones de la Declaración Universal de 1948. Ese desarrollo que descubrimos al inicio del
proceso nos permitió afinar el hilo argumentativo de elementos que, hasta donde tenemos enten­
dido, no habían sido puestos uno junto al otro. Esta primera parte del argumento fue complementada
por la consulta de los archivos de la Secretaría de Relaciones Exteriores, a cargo de Alberto Abad, a
quien se le asignó la tarea de estudiar el papel de los diplomáticos mexicanos que lograron que el
amparo quedara plasmado en el artículo 8o. de la Declaración Universal, entre 1945 y 1948.

Yendo hacia atrás en el tiempo, la necesaria justificación histórica del amparo estuvo a cargo
de Rafael Estrada Michel, cuyas puntualizaciones fueron claves para que todos entendiéramos la evo­
lución de esta institución procesal en el contexto mexicano. En colaboración con Rodrigo Santiago
y Rigoberto G. Ortiz Treviño, pedimos pusieran el acento sobre un aspecto poco estudiado, a saber,
la forma en que el ciudadano común había logrado, en el siglo XIX, tener acceso a este recurso
judi­cial casi un siglo antes de que se produjera la Declaración Universal. Esta contribución mexicana
a las instituciones contenciosas de la época, surgía además en un momento histórico en el que el
Estado de derecho se encontraba en plena construcción, por no decir que oscilando entre la dicta­
dura porfirista y el desgobierno de la Revolución.

El comparatismo fue otra de las herramientas que resultó de mucha utilidad para justificar esta
postulación. José Luis Caballero estuvo presente durante buena parte del proceso; sus señalamien­
tos sobre la recepción del amparo mexicano en América Latina dio al equipo pautas de actuación
para entender la dimensión de este recurso; y Rodrigo Santiago fue también muy activo al momento
de ayudarnos a redactar el capítulo respectivo.

Otra parte esencial de la candidatura radicaba en los expedientes judiciales que se pretendía
someter al referido programa de la UNESCO. La tarea de seleccionarlos no era fácil, dados los miles
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco XIII

y miles de documentos sin aparente secuencia ni carácter distintivo entre sí. El propósito inicial se
limitaba a tratar de encontrar tendencias protectoras del amparo en materias concretas (libertades
públicas, derecho de propiedad, derecho a la vida, a la salud, al debido proceso...); las temáticas jurí­
dicas de los expedientes fueron consensuadas por el grupo de trabajo en sus diferentes reuniones.
Por su parte, la elaboración de una propuesta metodológica corrió a cargo de Octavio Herrera, infati­
gable historiador de la Universidad de Tamaulipas, asiduo de los archivos de las Casas de la Cultura
Jurídica de esta Suprema Corte. Su impulso, junto con las propuestas que hicieron varios de los direc­
tores de las mismas Casas, a quienes agradecemos como siempre sus buenas ideas, fue determi­
nante en la selección de expedientes (o como él mismo refirió, como una "cala histórica"), detectó con
lentes de historiador los materiales que mejor sirvieron para motivar esta candidatura.

Una vez realizada una primera selección de documentos que se consideraron pertinentes, las
hipótesis del equipo de investigadores fueron pasados por el tamiz de la Dirección de Estadística Judi­
cial de la SCJN, cuyos integrantes nos orientaron para lograr que los expedientes escogidos fueran
representativos del universo documental que pudiera justificar la postulación. De igual manera,
debo hacer una mención especial al personal de la Suprema Corte, en el DF y en varias ciudades del
interior del país, por la diligente y eficaz labor de búsqueda de los materiales solicitados. Sin su ayuda,
los plazos de la convocatoria nos habrían rebasado.

Una vez reunidos los documentos, el trabajo de análisis de expedientes fue encargado a los doc­
tores Herrera, Estrada, Del Toro, Caballero y Santiago. Nuestro reconocimiento a estos últimos por
afanarse en descifrar documentos de difícil lectura.

La primera sección del libro fue, como casi siempre sucede, la última en ser escrita. Desde las
primeras reuniones del grupo de investigadores habían salido a la luz las líneas argumentativas que
podrían dar fuerza a esta candidatura. Sabíamos que el voto de la Declaración Universal se produjo
en el contexto de la incipiente Guerra Fría. Entonces pudimos advertir que al momento de redactar el
artículo 8o., las diferencias entre puntos de vista soviéticos y estadounidenses pudieron ser desarticu­
ladas no sólo por el talento negociador de personajes como Eleanor Roosevelt, sino también por la
intervención de diplomáticos de muchos países, entre los que los mexicanos se distinguieron durante
los trabajos.

Ahora bien, en un plano más bien pragmático, este libro reviste un interés particular para toda
institución pública o privada que tenga bajo su resguardo documentos históricos, y que esté consi­
derando someter su candidatura al programa Memoria del Mundo de la UNESCO en alguna de sus
tres categorías (nacional, regional o internacional). Esto, con la intención de dar a conocer esta expe­
XIV el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

riencia y poner énfasis en su complejidad (que puede advertirse en el formulario de candidatura, que el
lector podrá consultar al final de este libro, ya traducido al español). Sabedores de que la solidez de
esta postulación (y, esperemos, el resultado positivo, que en caso de lograrlo se dará a conocer en
2015) lo será en buena medida gracias al apoyo técnico que recibimos de los muy apreciables cama­
radas, expertos en archivos, quienes desde otras instituciones nos asesoraron desinteresadamente
a construirla.

Los miembros del comité UNESCO para América Latina, con quienes sostuvimos una reunión
de lanzamiento de la candidatura, nos sugirieron estar en situación de contestar, con toda claridad,
"qué características tienen estos documentos que no se puedan encontrar en ningún otro archivo
del mundo". Entre ellos, destacamos los consejos de dos de sus integrantes, Yolia Tortolero, anterior
directora de Investigación en el Archivo General de la Nación, y Alicia Gojman de Bakal, directora del
archivo Ashkenazi (este último, único archivo privado que se puede preciar, hasta el día de hoy, de
contar con reconocimiento UNESCO en las tres divisiones establecidas por este programa documen­
tal). Debe hacerse una mención muy especial a todos sus integrantes, quienes dedicaron un día
entero a compartir su experticia sobre los acervos que ya les habían sido reconocidos. Esta clase de
experiencias compartidas son sumamente recomendables para cualquier institución que se dé a la
tarea de presentar una candidatura de esta especie.

Por último, nuestro reconocimiento a los colaboradores de casa. Luna Mancini y Nancy García,
de la Coordinación de Derechos Humanos y Asesoría de la Presidencia de la SCJN, tuvieron una co­
laboración permanente en el seguimiento y la articulación del todo el trabajo, especialmente en la
fase de edición, a cargo de Francisco Tortolero. Y, por supuesto, a la maestra Cielito Bolívar y a su efi­
ciente equipo, sin quienes este libro no habría podido ser publicado. Permitiéndonos hablar en
nombre de quienes aquí colaboramos, se puede afirmar que valió la pena el esfuerzo.

Francisco Tortolero Cervantes


Carlos Pérez Vázquez
Coordinadores
INTRODUCCIÓN

E n septiembre de 2014, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la


Cultura (UNESCO) anunció en su sitio web que junto con el trabajo antropológico de fray Bernardino
de Sahagún, una selección de expedientes históricos relacionados con el nacimiento del amparo
mexicano, resguardados por la Suprema Corte de Justicia de la Nación en sus archivos centrales y
en las Casas de la Cultura Jurídica, fueron nominados en 2014 a formar parte del patrimonio docu­
mental de la humanidad. En caso de obtener ese registro, estos fondos resguardados por la SCJN se
sumarían a muestras representativas de la cultura jurídica universal como la Magna Carta del Rey
Juan sin Tierra de 1215, los archivos coloniales de la Compañía de las Indias Occidentales, la Decla­
ración de Derechos del Hombre y el Ciudadano de 1789, o el acervo que documenta la construcción
y la caída del Muro de Berlín en 1989.

Sin embargo, la sola postulación institucional ante la UNESCO genera compromisos concre­
tos para nuestro más alto tribunal, que además de hacer partícipe directamente al personal judicial
de la federación, conciernen indirectamente a todos los operadores jurídicos del país. Implica en pri­
mer lugar la tarea de resguardarlos, y, en segundo lugar, la de favorecer la consulta de este inagotable
acervo documental para esta y las generaciones futuras. Cualquier persona en el mundo es bienve­
nida a explorar estos archivos y enriquecer la comprensión en torno al nacimiento de uno de los pri­
meros instrumentos judiciales que se diseñaron para contener los excesos del poder de manera
efectiva.

Podríamos preguntarnos por qué, a pesar de la riqueza documental que tenemos en México,
esta alta distinción sólo ha sido reconocida hasta ahora a menos de diez colecciones únicas, como la

XV
XVI el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

magnífica Biblioteca Palafoxiana, la Colección de Códices Prehispánicos Mexicanos o el Archivo de


la comunidad Ashkenazi, exiliada en nuestro país huyendo del exterminio nazi. La respuesta que
da justificación a esta postulación la encontramos a finales de la Segunda Guerra Mundial, cuando
en preparación a la Conferencia de Chapultepec de 1945, fueron convocados los países de América
Latina a evaluar la nueva realidad que esperaba al continente ante la inminente rendición de los
países del Eje.

Como resultado de dicha asamblea, la Secretaría de Relaciones Exteriores encargó a connotados


juristas que elaboraran estudios a partir de los cuales el Estado mexicano pudiera fijar una postura
oficial ante la Conferencia de Bogotá (que a la postre fue el principal antecedente de la fundación de
la Organización de Estados Americanos). Don Felipe Tena Ramírez, en un artículo publicado en abril
de 1947 en la Revista Mexicana de Derecho Público, centró su atención en un concepto, y fue ese con­
cepto el que dio sentido al efecto protector que había distinguido al amparo mexicano desde un siglo
atrás: la construcción de un recurso judicial efectivo para la protección de los derechos de las personas.

La solidaridad internacional pareció encontrar su más alta manifestación en la Declaración sus­


crita en Bogotá en 1947, atribuyendo a la carta la necesidad de implementar la protección judicial de
los derechos de las personas a lo largo y ancho del continente. Un año después, esta primera intención
de lograr la obligatoriedad del derecho internacional fue sometida y aprobada por la comunidad inter­
nacional, en plena reconstrucción del mundo, dentro de la Declaración Universal de los Derechos del
Hombre y el Ciudadano (suscrita el 10 de diciembre de 1948 en Paris). A don Felipe le quedaba en el tin­tero
una preocupación, que es la misma que cobra relevancia entre los operadores jurídicos del México
actual, al menos desde las reformas constitucionales de junio de 2011.

En la actualidad, a más de medio siglo del inicio de esta internacionalización, el reto de la diplo­
macia dejó de enfocarse exclusiva y prioritariamente en intereses geoestratégicos. No sólo es que
el individuo y el carácter universal de sus derechos se encuentren ahora en el vértice de las relaciones
internacionales. Los esfuerzos diplomáticos deben además trascender la ratificación de los instrumen­
tos para centrarse en la eficacia de los derechos

Al término de la Segunda Guerra Mundial, el gobierno norteamericano aparecía como uno


de los principales impulsores de la construcción del sistema universal de protección de los derechos
humanos. Heredada de la gestión del presidente Franklin D. Roosevelt (1933-1945), quien pugnó ar­
duamente por fundar el edificio de las Naciones Unidas en una carta universal de derechos con
contenido social, la tarea de reconstruir el mundo debía planearse con parámetros reconocibles para
los Aliados (léase para el diseño institucional que se ideaba desde Washington).
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco XVII

Las secciones donde se insertan los diferentes capítulos del libro siguen una secuencia que se
des­cribe a continuación. El hilo argumentativo se inicia en la posguerra, cuando el bloque de los
países del Este (encabezados por la Unión Soviética) anunciaba diferencias sustantivas frente a
los norteame­ricanos, pues si bien desde la ideología comunista parecían estar de acuerdo con el acen­
to social de la Declaración, lo estaban menos en que el ala anglosajona de las Naciones Unidas
impusiera la terminología del habeas corpus y su funcionamiento. Esto, no sólo por razones propa­
gandísticas, sino por romper de tajo con la tra­dición rusa (o, si se prefiere, no occidental) de concebir
los derechos como beneficios colectivos. Ensalzar al individuo era una de las tesis de la alienación
capitalista (§1).

El amparo, de fuente mexicana, ofrecía las características de un recurso judicial efectivo, pues
había funcionado incluso en épocas autoritarias contra la arbitrariedad del Estado (§2). A diferencia
del habeas corpus, cubría una gama más considerable de derechos (que en el caso mexicano abarca
todos los que están contenidos en la parte orgánica de la Constitución (§3)). La recepción de este
recurso judicial en el ámbito latinoamericano (§4) sirvió a los diplomáticos de este subcontinente
para justificar su inclusión durante los trabajos preparatorios.

Todo lo anterior, aunado al talento de un cuerpo diplomático mexicano notable, donde se puede
conocer la importante labor del embajador Pablo Campos Ortiz, del canciller Jaime Torres Bodet, e
in­cluso de un joven Octavio Paz (§5), y al referido impulso de los representantes latinoamericanos
en los diversos trabajos preparatorios, el compromiso entre bloques quedó reflejado en el artículo
8o. de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948 (§6), al menos en lo que se refiere
al aspecto puntual del derecho a un recurso.

En suma, este libro describe el paso por este accidentado trayecto, reuniendo algunas de las
explicaciones que dieron origen al nacimiento de un nuevo derecho (conocido ahora como recurso
judicial efectivo) en la Declaración de 1948. Al cabo de dos guerras mundiales, esta tendencia parecía
contribuir al reposicionamiento paulatino de los poderes judiciales nacionales como elemento cen­
tral para lograr que, en el plano del derecho internacional de los derechos humanos, el carácter
universal de los derechos lograra erigirse, algún día, en una realidad de todas las democracias.

Francisco Tortolero Cervantes


Carlos Pérez Vázquez
Coordinadores
SECCIÓN §1
CLAVES PARA ENTENDER LA
PROTECCIÓN INDIVIDUAL
DE LOS DERECHOS HUMANOS
DURANTE LA SEGUNDA POSGUERRA

Francisco Tortolero Cervantes*


* Doctor en Ciencia Política por la Universidad de París I, Licenciado en Derecho por la UNAM, Asesor del
Ministro Presidente de la SCJN, Investigador titular en el IIJ-UNAM con licencia, Miembro del Sistema Nacional
de Investigadores.
P ara entender el momento histórico que representó la suscripción de la Declaración Universal
de los Derechos Humanos y conceder una justa dimensión al nacimiento del juicio de amparo
mexicano en una perspectiva más amplia, como muestra de procesos jurisdiccionales que ase­
guran el acceso universal a un recurso judicial efectivo (como se verá en esta sección), es necesario
contextualizar el análisis.

De los actores que desempeñaron un papel central en las reuniones previas a la suscripción del
docu­mento fundador del Sistema Universal de protección de derechos humanos en el mundo, apro­
bado en el Palacio Chaillot de Paris el 10 de diciembre de 1948, debimos retroceder más de dos
siglos en el tiempo para entender las mentalidades dominantes en el seno de los bloques que ani­maron
las discusiones más intensas de la segunda posguerra en torno a la pacificación del mundo.

Se proyectó el análisis hacia el siglo posterior al punto de arranque de la postulación institu­


cional ante la UNESCO (que deliberadamente situamos hacia mediados del siglo XIX). En gran me­
dida, una relación de bloques tuvo que conciliarse en las reuniones que siguieron al término de la
Segunda Guerra Mundial para consolidar una paz duradera y conformar una comunidad de naciones
funcional (capaz de remontar el fracaso de la frágil paz de Versalles en 1919).1 El grupo de investi­
gación descrito en el prefacio de esta obra consideró pertinente emprender el estudio del juicio de

1
GLENDON, Mary Ann, A World Made New: Eleanor Roosevelt and the Universal Declaration of Human Rights, Nueva
York, Random House, 2001.

3
4 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

amparo y la Declaración Universal de 1948 partiendo de una hipótesis que decidimos concebir en una
revisión de tres pistas hasta ahora inconexas, que encontraron un momento de confluencia en los
trabajos preparatorios que siguieron a la creación de la Organización de las Naciones Unidas, y que
permiten hoy explicar la relevancia que súbitamente adquirió la tradición latinoamericana del amparo
en el plano internacional. Los tres capítulos siguientes dan cuenta de estas tres pistas. El cuarto
servirá para entender la manera como estas tres pistas coincidieron en la Decla­ración Universal de
los Derechos Humanos en 1948.
CAPÍTULO I
PRIMERA PISTA: EL DOGMA EUROPEO DEL
LEGISLADOR INFALIBLE Y LOS DERECHOS

L a primera línea de influencia de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (aunque no


parece haber sido la más dinámica a la hora de negociar el texto final de 1948) la encontramos nece­
sariamente en el continente donde surgió la noción de derechos individuales, pues, paradójicamente,
los europeos eran los menos desarrollados en aquellos años en el diseño de recursos judiciales indi­
viduales, no obstante que se trataba del continente donde se había gestado el constitucionalismo tal
como lo conocemos en nuestros días.

Con un ritmo marcado por la gradualidad, el acto de cuestionar la actuación de la autoridad


empieza a normalizarse, primero en Inglaterra, hacia fines del siglo XVII, y un siglo después al otro
lado de la Mancha. De esta manera, las grandes revoluciones del viejo mundo lograron que, en
forma generalizada en aquel continente, el súbdito se convierta en ciudadano, para que la misma
presión colectiva pudiera ser escuchada frente a los poderes antes incontrolados del Estado. Esta
lucha por los derechos se proyectaría en la adopción de cartas de derechos para todos.2 Luego, con
la caída del Antiguo Régimen, había que confiar en la transferencia de la voluntad soberana, conver­
tida en voluntad popular, a favor del legislador.

2
El esquema de carta de derechos es, sin embargo, la nota distintiva del constitucionalismo incipiente, desde las
épocas del rey Juan en 1215. La contribución de la Revolución inglesa de 1688 consistió en ampliar su protección a
todos los ciudadanos. Véanse las investigaciones de Bosch, Francisco, La transformación del Common Law y sus desa-
fíos actuales, tesis doctoral en Derecho, Unidad de Estudios de Posgrado de la Facultad de Derecho (dirección de
Eduardo Ferrer Mac-Gregor), 2015.

5
6 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

1. ¿En verdad se pensó que


el legislador podía ser infalible?

Durante las épocas consolidadas del absolutismo (los franceses lo sitúan en 1285, con la llegada al
trono de Felipe el Hermoso), sólo la sabiduría o la prudencia del soberano limitaba sus propios po­
deres frente a los súbditos. El rey ejercía a discreción la potestad legislativa (al igual que la ejecutiva
y la jurisdiccional) sin estar siquiera vinculado por las leyes emitidas por sus antecesores. Tampoco
quedaba vinculado por los consejos de los cuerpos constituidos (como los llamados Parlamentos, que
funcionaban más como asambleas consultivas o como tribunales que como legisladores). Cualquier
resistencia interna podía ser superada por su sola voluntad. Con el paso del tiempo, aquella voluntad
de uno solo no podía (en teoría) ser aceptada si era despótica (léase arbitraria). Sin embargo, ese
poder no podía compartirse ni disminuirse para extinguir la voluntad unipersonal del monarca.3

Esta lectura del absolutismo continental contrasta con lo que ocurría ya por aquellas épocas en
Inglaterra. Desde el siglo XII, los británicos habían dispuesto formas concretas de protección para
todos los hombres libres (free subjects, categoría que excluía a muchos), traducido en mandamientos
judiciales especiales (writs) para acudir a las Cortes del Rey. Fue a partir de la acción cotidiana del
aparato de justicia como se fueron definiendo derechos y recursos dentro del Common Law.

A partir de aquí podemos señalar una primera nota distintiva entre las tradiciones del derecho
conti­nental europeo frente al anglosajón, que radica en la forma de entender el derecho legislado. En este
último contexto, la palabra Law significaría al mismo tiempo "ley" y "derecho". La dualidad inherente al
concepto implica que el sistema político y jurídico británico podía ser interpretado de dos formas,
según éste fuera leído por el Common Law o por el Parlamento.

El Common Law se imponía a todos, incluidos los agentes del poder político. Se iría constru­
yendo por el trabajo de tribunales que se ciñen a la regla del precedente (stare decisis). En el otro
extremo, el Parlamento británico debía entenderse como soberano, lo que le daba la potestad de
transformar toda legislación vigente, incluidas las reglas del Common Law (a condición de hacerlo
con las formas establecidas, y de explicar sus intenciones en tribuna). Esta aparente dualidad estuvo, con
toda claridad, vigente en la tradición antigua, donde el Parlamento estaba llamado a ser la jurisdic­
ción suprema, pero donde la frontera entre las funciones legislativas y las judiciales no encontraban
una delimitación muy clara.

3
HAMON, François y WERNER, Céline, La loi sur surveillance, París, Éditions Odile Jacob, 1999, p. 15.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 7

El desarrollo del derecho fue notable en Inglaterra, en gran medida por la aparente sofistica­
ción de su aparato judicial. Como en ninguno de los países de la Europa continental, el sistema inglés
de tribunales sumaba múltiples competencias; cada tribunal se administraba por separado.4

Sin embargo, estas jurisdicciones se encontraban con frecuencia traslapadas, si no es que


enredadas en medio de competencias concurrentes. Por su complejidad técnica, el esquema se vio
rebasado por el empuje de la industrialización. Los conflictos entre jurisdicciones no se hicieron
esperar. Con frecuencia, la misma controversia se podía plantear en dos tribunales a la vez (el de­
mandante en una, el demandado en otra). Eso hizo que hacia finales del siglo XIX, los recursos ante
las jurisdicciones superiores se multiplicaran. Los litigios duraban años.

No obstante que esta situación derivó en una gran reforma al sistema de justicia, plasmada
en diversas leyes procesales entre 1852 y 1860, y en especial por las Leyes de la Judicatura de 1873 y
1875, que en su conjunto lograron ordenar el desgobierno procesal y la corrupción que imperaba,5
parecía que la existencia de un recurso judicial efectivo estaba todavía por aparecer.

El sistema del derecho judicial (judge-made law) se seguía fundando en la tarea de los Jueces,
de "decir el derecho" (jus-dicere). No obstante la cercanía entre las funciones, se entendía que el
Juez no legislaba, desde el momento en que el Common Law era preexistente a sus sentencias.
Ya Edward Coke (1552-1634) había logrado atemperar la aplicación del Common Law ante los Jueces
de la Chancery, al anteponerle las reglas y los principios de la Equity con el propósito de lograr una

4
La cúspide de la función jurisdiccional la concentraba el Parlamento (el más antiguo tribunal del Common Law,
con la House of Lords en el vértice, y desde una ley de 1876 los Law Lords fueron una suerte de comité del Parlamento en
funciones de tribunal constitucional). Junto a esta jurisdicción, convivían tres tribunales superiores (Common Pleas,
King’s Bench y Exchequer), compuesto cada uno por tan sólo cuatro Jueces encargados de resolver los litigios entre
particulares o entre éstos y la Corona. Una cuarta jurisdicción se depositaba en la Court of Chancery, compuesta por
tres integrantes; y otra más en la High Court of Admiralty, para los asuntos marítimos. Pero en realidad se trataba de
jurisdicciones revisoras de tribunales de primera instancia locales (Jueces de paz y jurados que se pronunciaban sobre
todos los asuntos). El sistema era más complejo que eficiente. STEBBINGS, Chantal, "The restructuring of the Superior
Courts in England during the 19th Century", en Wijjfels, A.A. y Van Rhee, C.H. (eds.), European Supreme Courts, a
Portrait of History, Londres, Third Millenium, 2013, pp. 182-186.
5
Las reformas, que crearon el sistema que ha permanecido prácticamente sin cambios hasta nuestros días, opera­
ron en tres niveles: primero, fusionando las jurisdicciones superiores en una Corte Suprema de la judicatura; segundo,
fusionando las nociones de Equity con la de Common Law; tercero, creando un código uniforme de procedimientos para
hacerlos coincidir con el nuevo esquema de tribunales. Esta jurisdicción unificada (aunque dividida en cinco secciones)
revisaba actos de las County Courts (creadas desde 1846). Desde entonces, todos los Jueces de todas las divisiones que­
daban facultados para decir el derecho, empleando para ello todas las normas del sistema. Igualmente, se modificó el
sistema de apelación en la House of Lords (donde cualquiera de sus miembros podía revisar un caso). Se trató desde
entonces de un grupo especializado de tres miembros, con sueldos permanentes para el efecto. Este esquema se trans­
formó apenas en 2009 para dar paso a la creación de una Supreme Court of the United Kingdom, Ibidem.
8 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

armonización normativa, pero esto no significaba que la actuación de los tribunales estuviera
llamada a invadir la esfera del legislador. El Juez únicamente descubre el derecho,6 pero, para ello, el
ciudadano común necesitaba cubrir los gastos de un abogado que le ayudara a sobrepasar la com­
plejidad del sistema de tribunales y del de normas.

Una segunda nota distintiva entre el mundo jurídico anglosajón y el de la tradición romano-
germánica se halla en la fuente de donde emanaron sus respectivas constituciones (el carácter
no-escrito de la británica me lleva en este punto a enfocar mi comparación con Estados Unidos).
El mismo año en que estallaba la Revolución en Francia, los norteamericanos formalizaban su inde­
pendencia en una Constitución. En ambos casos, vemos que el movimiento constitucionalista se
centra en la creación de un texto normativo que da sustento a esta nueva relación del ciudadano con
el Estado.7 Derechos inalienables frente a límites para que estos primeros sean ejercidos. El edi­
ficio constitucional formal sustituye al antiguo edificio de normas consuetudinarias, que generaban
ciertos límites a la actuación del rey, pero cuyas líneas directivas eran imprevisibles, o, según se vio,
dejadas a la voluntad del soberano.

Conviene sin embargo hacer una precisión sobre el carácter intocable de la ley, que ayude a
explicar la forma en que se concibió el papel de los instrumentos judiciales para la protección de la
persona, tanto en América como en la Europa continental, pues la diferencia notable entre los dos
nuevos mundos constitucionalizados en 1789 radica en los caminos inversos que tuvieron que
trazarse.

Mientras que la Revolución en América implicó la pugna de los habitantes de las trece colonias
contra la usurpación de un Parlamento en el que no tenían representación (que se puede sintetizar
en su grito de insurrección no taxation without representation), la francesa tuvo que enfrentar la
construcción, desde los cimientos, de un sistema representativo para sus ciudadanos. En el caso
europeo, la transferencia de soberanía (que le había sido arrancada al rey) tenía que significar la mag­
nificación de la autoridad hacia los representantes populares.8 El individuo estaba llamado a confiar
en el nuevo depositario del poder.

La Revolución Francesa despertó así en el ciudadano, antes súbdito, la libertad de pronunciarse


políticamente, pero desde entonces surgió la idea de terminar su cuestionamiento en el instante

6
RAYNAUD, Phillipe, Le juge et le philosophe: Essais sur le nouvel âge du droit, París, Armand Colin, 2009, pp. 129-131.
7
RIALS, Stéphane, La Déclaration des Droits de l’Homme et du Citoyen, París, Hachette, 1988.
8
RAYNAUD, Phillipe, op. cit., pp. 80-81.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 9

mismo en que la voluntad colectiva lograba quedar plasmada en una ley. Con esto, la colectividad
reconocía que la mayoría se expresa en nombre de todos; que el cuerpo legislativo representa al
conjunto social. En estos términos, la legislación que emanaba de ahí no podría estar mal elaborada.

Esto se halla mejor dicho en la Declaración de 1789: "la ley es la expresión de la voluntad gene­
ral". Desde luego, el cambio a la República no podía operarse de la noche a la mañana; la estructura
social y política seguía siendo vertical. Ante el cambio radical de sistema, el riesgo de anarquía o
de inefica­cia era inminente. La reacción estatal no se hizo esperar y quedó plasmado en los años
posteriores, llamados del Terror. De modo que fue gradual el hecho de que la autoridad del ciudadano
y las correas de transmisión que dan a las instituciones los mecanismos de representación, trasla­
dara esa voluntad colec­tiva hacia el legislador.

Pero no tuvo que transcurrir mucho tiempo antes de que, instituída esta barrera contra el
Poder Ejecutivo, también empezara a debilitarse la nueva sede de la soberanía popular: cualquie­
ra podía advertir que la actuación del legislador era falible. La influencia de los gobiernos se vuelve
cada vez más presente conforme pasan las décadas. La fuerza de la ley empieza a depender de las
alternancias. La infalibilidad se traduce, al final de este largo trayecto, en la reformabilidad de la ley,
aunque no todavía en la posibilidad de ser declarada inconstitucional por un Juez. Para ello tenía­
mos que llegar, en Europa, hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, si bien aquella imper­
fección del sistema tampoco significó desprotección para el individuo. Veremos en seguida que
surgieron numerosas resistencias ante la posibilidad de generar recursos que cuestionaran la
actua­ción de los gobiernos.

2. Resistencias a instaurar recursos


judiciales y enfrentar al soberano

De los desarrollos en el derecho inglés, decíamos que el siglo XVII marca el inicio de la etapa en que
el individuo puede defender su propiedad, sus intereses, e incluso sus creencias religiosas frente al
aparato estatal.

La característica principal de esta defensa, que se presentó por primera vez durante la Revo­
lución Gloriosa, en 1688, es la diferenciación entre intereses públicos y privados. En un argumento
que fue presentado pero no admitido por el jurado, el Juez Allibone pretendía absolver a un incul­
pado de insurrección afirmando que "… es atribución del Gobierno resolver los asuntos que se refieren
10 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

al Gobierno, y es derecho de los súbditos preocuparse sólo de sus propiedades e intereses".9 Aun­
que el argumento no sirvió para proteger al individuo en este caso particular, se dice que inició una
tendencia entre los parlamentarios británicos de la época para justificar el disenso político. El abso­
lutismo monárquico fue de esta manera cediendo y trasladando a los tribunales la función soberana
de administrar justicia. El hito fundador lo marca el Bill of Rights inglés de 1689, con su correspon­
diente mandato de habeas corpus como writ concreto de protección, empero restringido a unos
cuantos.

En un esquema institucional que cambió muy poco hasta antes del siglo XIX, los litigantes
encontraban que el Common Law podía servir para resolver sólo determinados asuntos. El resto de
ellos quedaba sin vía de solución aparente, sea por ausencia de writ o por tratarse de asuntos que
no podían encuadrarse con exactitud en alguno otro de los procedimientos existentes.10 Esta forma
de construir el derecho significaría a la postre que el razonamiento jurídico se debía construir caso
por caso, empezando por las cortes de circuito (integradas por los mismos Jueces, itinerantes en
los Condados). Esto permitió hacer a un lado la obligatoriedad del antiguo derecho consuetudinario
y frenar la influencia de la Iglesia, pero poco abonó en la creación de recursos judiciales iniciados en
el ámbito interno por cualquier individuo. Resistencias de otro tipo se fueron generando en ese país y
parecen no cesar.11

En la misma tendencia de evitar cuestionamientos a la majestad de la ley, los franceses se erigie­


ron, desde la Revolución, en campeones de la legalidad y de la restricción de funciones controladoras
a sus Jueces. Hasta antes de la década de 1970, el control judicial se restringía a la revisión de deci­
siones de tribunales inferiores a partir de un sistema estratificado cuya cúspide la integraba la Corte
de Casación.

La construcción del sistema se inició en 1790, año en que se creó esta jurisdicción, de la que
diputados constituyentes, como Robespierre, desconfiaban por representar una posible vuelta al

9
KIRCHMEIER, Otto, Justicia Política: Empleo del procedimiento legal para fines políticos, trad. R. Quijano, México,
Editorial Hispano Americana, [1961] 1968, pp. 31-33.
10
MUSSON, Anthony, "The English Common Law and Chancery jurisdiction, Late Middle Ages and Early-Modern
Times", en Wijjfels, A.A., y Van Rhee, C.H. (eds.), European Supreme Courts, a Portrait of History, Londres, Third Mille­
nium, 2013, pp. 172-180.
11
En Inglaterra no cesan las críticas a la jurisdicción del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Según altos repre­
sentantes (que van del Primer Ministro hasta el ministro de la justicia), esa Corte ha quedado concentrada en pequeños
problemas y no en la violación de derechos fundamentales. En realidad, sale a relucir la sustitución de una jurisdicción
supranacional hacia el ámbito interno. Como lo declaró recientemente un anterior Chief Judge, refiriéndose al tribunal de
Estrasburgo, "Its judges, rather than parliament, are now making British law, they allege, and parliamentary sovereignty
should not be ceded to ‘a foreign court’", en HENLEY, Jon, "Why is the ECHR hated by the UK right?", The Gardian, 22 de
diciem­bre de 2013.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 11

pasado de los Parlamentos de la Edad Media. En términos actuales, la operación jurídica que les
fue confiada pareciera inversa al tipo de control que ejercen los tribunales de constitucionalidad o de
convencionalidad en el mundo. Contrariamente a estos últimos, su jurisdicción estaba dispuesta a
"anular todo juicio que implique una contravención expresa al texto de la ley". Ese precepto permane­
ció vigente prácticamente hasta 1979, año en que el control fue limitado a "juicios contrarios a
derecho".12 El imperio de la ley estuvo formalmente vigente dos siglos ininterrumpidos.

Cabe señalar que este sistema se erigió en alternativa al del Common Law, que disponía por
separado al Juez de los jurados, para significar la distinción entre cuestiones de facto y cuestiones de
jure. El tribunal de casación, en cambio, crea un recurso especial (pourvoi, retomado años después
del francés en esos términos por la Corte de Justicia de la Unión Europea, o como "recurso de revi­
sión" por los tribunales de apelación en Alemania) para limitarse a analizar cuestiones de derecho, si
bien, para todos los casos, la interpretación judicial se limitaría a controlar vicios de forma en la apli­
cación de la ley.

Así que los europeos continentales parecen haber sido los más reacios a instaurar mecanismos
efectivos de control de las leyes; menos aún, de protección de los individuos frente a la autoridad.
No se tienen antecedentes de esta clase de mecanismos dentro de tribunales imperiales durante el
Sacro Imperio Romano Germánico. La división entre la autoridad intocable de los príncipes frente a
los nacientes parlamentos (encargados de proteger al ciudadano mediante la emisión de leyes) con­
vive con la implantación de un federalismo incipiente, con autoridades también incipientes en los
Länder. Primero, la llamada Constitución del Imperio de 1849 (descrita por el sitio donde sesionó en
Frankfurt, como iglesia de San Pablo) había concebido un Tribunal del Imperio destinado a resolver
conflictos de competencia entre órganos estatales y a proteger al individuo, pero esta Constitución
nunca entró en vigor formalmente.

Fuera de ese primer destello, "en la vida política alemana del siglo XIX ya no desempeñó papel
esencial alguno la idea de una jurisdicción constitucional".13 Ni la Constitución de la Liga Alemana
del Norte de 1867, ni luego en épocas de Bismarck, la Constitución de 1871, habían establecido

12
RIGAUX, François, La loi des juges, París, Éditions Odile Jacob, 1997, cap. 10.
13
FALLER, Hans Joachim, "Defensa de la Constitución por la Jurisdicción Constitucional en Alemania", en STERN,
Klaus (ed.), Derecho del Estado en la República Federal de Alemania, Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1987,
p. 49.
12 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

mecanismos de control constitucional para la protección del individuo; y el Tribunal establecido en


1879 en Leipzig no tiene registro de jurisprudencia efectivamente emitida.14

La Constitución de Weimar de 1919 tiene algunos recursos de este tipo, si bien nunca desa­
rrollados consistentemente (y, como sabemos, suprimida por la llegada del régimen nacionalso­
cialista en 1933). Hubo que esperar hasta 1949 para ver instaurado un auténtico mecanismo
contencioso que suele equipararse con el amparo, por sus características procesales, designado en
alemán, Verfassungsbeschwerden, o queja constitucional.15 Todo esto implica que, como ocurría con
otros países de la región, los alemanes de 1948 tenían muy poco que ofrecer como experiencias
judiciales para los bloques que debatieron sobre los recursos para proteger derechos en las sesio­
nes previas a la aprobación de la Declaración Universal. El impulso de crear un recurso individual
tenía que venir de otra parte.

14
Aunque puede encontrarse un antecedente en el Imperio Austro-Húngaro, cuya ley sobre el Tribunal Supremo del
Imperio (Reichtsgericht) de 21 de diciembre de 1867 instituyó el recurso de queja (Beschwerde), a efecto de que los indivi­
duos acudieran ante esta instancia reclamando violación de sus derechos fundamentales, en FIX-ZAMUDIO, Héctor, "El
juicio de amparo mexicano y el recurso constitucional federal alemán (breves reflexiones comparativas)", Boletín Mexica-
no de Derecho Comparado, núm. 77, agosto de 1993, p. 476.
15
HÄBERLE, Peter, «El recurso de amparo en el sistema de jurisdicción constitucional de la República Federal de
Alemania», en FIX-ZAMUDIO, Héctor y FERRER Mac-GREGOR, Eduardo (coords.), El amparo en el mundo, México, Porrua,
2007.
CAPÍTULO II
SEGUNDA PISTA: LA LUCHA POR LOS
DERECHOS EN LOS ESTADOS UNIDOS

U n conocido impulsor de la noción de derechos humanos en la Unión Americana afirmaba que


"los americanos tenemos conciencia de nuestros derechos como si éstos formaran parte de nuestra
sangre; como parte de nuestra vida cotidiana".16 Pero esa normalidad no fue un atributo que se generó
de manera inmediata tras la Declaración de independencia en 1776; la historia de los derechos
comenzaba con numerosas lesiones y usurpaciones, en ocasiones debidas al funcionamiento del
gobierno, y otras por las afectaciones a personas o a grupos sociales concretos derivados de la expan­
sión económica de esa potencia del norte.

Como se adelantó en el capítulo anterior, más que centrarse en el individuo, la Declaración de


Independencia norteamericana resume la principal preocupación de los colonos, que se resistían al
hecho de obedecer mandatos emanados de un Parlamento (el de Westminster) en el que no tenían
representación política directa.

Lo que los separó del imperio británico fue la imposibilidad de estar de acuerdo en la sede y la
naturaleza de la soberanía. Pero la independencia no resolvió esta indefinición, sino que provocó
que los pobladores se dividieran en dos bandos: quienes estaban a favor de expandir el poder central
por medios legales o extralegales, frente a quienes celosamente postulaban los privilegios y prerroga­
tivas de los Estados de la federación. En cualquier caso, la soberanía podía ser objeto de división.17

16
HENKIN, Louis, "Rights, American and Human", Columbia Law Review, núm. 79, 1979, p. 405.
17
Antes de 1787, Alexander Hamilton, James Wilson y Oliver Ellsworth, todos de familias políticas distintas, habían
alcanzado un acuerdo: que como supremo poder de creación legislativa, el Congreso era soberano en las materias que
le habían sido confiadas; los Estados eran soberanos en las materias que le habían sido confiadas y el pueblo se reservaba

13
14 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

La Constitución, votada en Filadelfia el 17 de septiembre de 1787 y ratificada dos años después,


hacía una tímida mención a los derechos (concretamente, en el art. I, párrs. 9 y 10, y en el art. II, párr. 2).
Tuvieron que venir las diez primeras Enmiendas en 1791 para corregir esa omisión constitucional, con
la carta conocida como Bill of Rights.18 Pero se trató de un camino largo y tortuoso para lograr que la
protección de la persona encontrara mecanismos judiciales efectivos.

Como efecto de la mencionada concepción de la soberanía dividida, la historia constitucional nor­


teamericana refleja más una pugna constante entre los Estados y la federación que entre el individuo
y la autoridad. Este esquema contrasta con el europeo, tanto en su lectura continental como en la
británica. Su construcción se fue gestando no en función de necesidades individuales sino a partir
de incentivos que durante la primera mitad del siglo XIX estuvieron enfocados predominantemente
hacia intereses económicos,19 y que como casi todo conflicto significativo para la definición de la
esencia del constitucionalismo, llegaron hasta la Corte Suprema antes de ser asimilados social­
mente. Tendría que transcurrir parte del siglo antes de que ese catálogo (ampliado luego en la Guerra
Civil) pudiera anclarse en la noción de derechos individuales. En este recorrido veremos que la pro­
gresión es lenta y que sólo se llega a consolidar al momento en que la Segunda Guerra Mundial era
inminente. Entre 1945 y 1948, el gobierno norteamericano, principal impulsor de la Declaración, no
podía dejar de considerar estos desarrollos.

1. El inicio de la jurisprudencia
en materia de derechos

Durante los primeros años de la Unión Americana, la conformación del sistema de protección de
derechos individuales fue marcada por las tensiones entre Estados y gobierno central, derivadas de la
mencionada división fáctica de la soberanía. Tras la independencia, el esfuerzo del ala federalista en
la Convención de Filadelfia de 1776 (entre otros, de James Madison) se encaminó a acotar los poderes
de los Estados de la Unión. Debía ser el Senado y no las legislaturas locales quien concentrara la
facultad de legislar en materias que podrían comprometer el devenir de la Unión. Aquella limitación

un poder soberano en aquellas materias donde había rechazado atribuirlas al gobierno en cualquiera de sus niveles, en
McDONALD, Forrest, States’ Rights and the Union: Imperium in Imperio, 1776-1876, Kansas, University Press of Kansas,
2000, pp. 1-5.
18
Todos los derechos aquí consagrados, formulados más bien en sentido negativo, prohibían al Congreso legislar
sobre materias concretas, que pudieran violentar la libertad de religión (I), el domicilio y la propiedad (IV), el juicio por
jurados (V), un juicio justo (VI); la prohibición de imponer penas inhumanas y degradantes (VIII).
19
Véase un repaso de estos años fundadores en BLACKMUN, Harry, "La Cour suprême des États-Unis et les droits de
l'homme", Revue Internationale de Droit Comparé, vol. 32, núm. 2, 1980, pp. 305-315.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 15

se tradujo en la prohibición para los Estados de suscribir tratados internacionales o de acuñar moneda,
de mantener cuerpos de defensa o la prohibición general de expedir títulos nobiliarios… En términos
materiales, el acto de establecer una Constitución debía entenderse como un acto federal y no nacio­
nal.20 Fue en parte por la reticencia a verse limitados, consintiendo así una delegación de potestades
legislativas a favor de la federación, que los diez Estados que ratificaron la Constitución de 1787 se
negaron a suscribir un Bill of Rights como parte de ese texto fundacional.21

Inmediatamente después de haber visto ratificado el texto constitucional en 1789, el presidente


George Washington promulgaba ese mismo año la Judiciary Act definiendo una marcada distinción
entre el régimen presidencial y el parlamentario. Los Estados, el Congreso y el Presidente someterían
desde entonces sus actuaciones a una autoridad judicial.

Encargado de integrar los nombramientos de todos los Jueces del tribunal (entonces cinco), el
primer Presidente de la Unión concebía "la debida administración de justicia como el cemento más
sólido del buen gobierno".22 Ha de notarse que, hasta aquel momento, la construcción del régimen
constitucional se enfocaba sobre todo en la arquitectura de las instituciones. Faltaba tiempo para
lograr que el aparato estatal volcara su atención hacia la protección del individuo.

Los primeros en presidir la Corte Suprema (designados Chief Justice) tuvieron poca notorie­
dad entre 1789 y 1801, si bien se trataba de juristas de alto calibre. Las presidencias de Jay, Rutledge
y Ellsworth contrastan con la gestión radiante de Marshall entre 1801 y 1835.

Nadie puede negar que el primer periodo importante de la protección constitucional de los
derechos se explica por la genialidad de John Marshall. En primer lugar, impulsó la normalización del
trabajo colegiado del tribunal, donde los Jueces dejaron de emitir opiniones individuales (cuyo método,
entendido por el funcionamiento de los parlamentos, se conoció como Seriatim) para suscribir una
decisión mayoritaria, redactada por una sola pluma (con frecuencia la del propio Marshall). Luego
vino la decisión fundacional de la Corte Suprema, también impulsada por este último, en sus prime­
ros años como Chief Justice. A partir del emblemático caso Marbury v. Madison, Marshall, escribiendo
para la mayoría, estableció en definitiva que el propio tribunal podía definir sus competencias (aun­

20
MADISON, James, "No. 39", en HAMILTON, Alexander, MADISON, James y JAY, John, The Federalist, Londres, Everyman,
1996, pp. 191-196.
21
LEVY, Leonard, The Origins of the Bill of Rights, New Haven, Yale University Press, 1999, pp. 1-43.
22
Carta a John Rutledge fechada el 29 de septiembre de 1789, en GERBER, Scott Douglas (ed.), Seriatim: the Supreme
Court before John Marshall, Nueva York, NWY Press, 1997, p. 5.
16 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

que no explícitas en la Constitución), y que entre éstas se debía incluir el análisis de la constitucio­
nalidad de la actuación de los poderes. "Donde existe un derecho, existe un recurso."23 Quince
años más tarde, quien sigue siendo considerado el más grande presidente en la historia del máximo
tribunal norteamericano encontró la oportunidad de fijar la doctrina de la jurisprudencia nacional
(sobre los intereses particulares de los Estados).

En McCullock v. Maryland, que algunos consideran la resolución más importante de su pre­


sidencia,24 Marshall fijó las bases de la doctrina de la autoridad nacional. Lo que pretendía el Estado
de Maryland era detentar la potestad de cobrar impuestos locales a cualquier usuario de banco, no
obstante que éste hubiera sido instalado en su territorio a instancias del gobierno federal. La Corte
Suprema reafirmó que la Constitución emana del pueblo soberano; que el gobierno nacional fue
concebido como supremo frente a cualquier otra autoridad, y que la creación de ese banco no era
sino la manifestación de una facultad debidamente otorgada a la federación.25 Sin autorización legal
a favor de un Estado, tales cobros de impuestos no podían ser exigidos por ser inconstitucionales.
Reconocer esa atribución a Maryland sería permitir que desconociera la autoridad de la federa­
ción. La doctrina de la supremacía federal serviría desde entonces para sentar las bases del carácter
universal de los derechos, del trato igual de la autoridad hacia el individuo, sin importar de qué
Estado de la Unión se tratara.

Esta decisión es significativa además porque sintetiza la pugna entre federalistas y antifede­
ralistas, que durante los primeros años de la independencia marcó las bases y la durabilidad de la
Constitución. La estatura de quienes simpatizaron con las ideas del primer grupo, junto a quienes
suscribieron los Federalist Papers (por sólo citar a Benjamin Franklin, George Washington o John
Adams) expresa la paradoja contramayoritaria, según la cual, la defensa de la democracia no puede
ser dejada a quienes integran el mayor número en una sociedad, a riesgo de desbordarse hacia resul­
tados perjudiciales para el conjunto.26 Sin embargo, la garantía de los derechos individuales tenía aún
mucho por alcanzar.

23
La Corte establecía además que el Congreso no tiene facultades para aprobar leyes que sobrepasen a la Constitu­
ción, expandiendo así el ámbito normativo de la jurisdicción original que se atribuyó a este tribunal, en Marbury v. Madison,
5 U.S. 1 Cranch 137 (1803).
24
McCLOSKEY, Robert G., The American Supreme Court (revised by Sanford Levinson), 5a. ed., Chicago, The University
of Chicago Press, 2010, pp. 42-43.
25
Los Estados no pueden interferir con la autoridad federal cuando esta última ejerza sus competencias implícitas
(en este caso, en la Necessary and Proper Clause) para definir sus facultades constitucionales expresas. McCulloch v.
Maryland, 17 U.S. 4 Wheat 316 (1819).
26
GARGARELLA, Roberto, Crisis de la representación política, México, Fontamara, 1997, p. 117.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 17

2. La segunda etapa: un repentino


viraje después de Marshall

Decíamos que la etapa de consolidación institucional que aseguró el periodo del Juez Marshall en­
contró respuesta poco orientada a favor de los derechos; el siguiente periodo encabezado por el Chief
Justice Roger B. Taney, que duró más de 28 años, se caracterizó por un enfoque que priorizaba la de­
fensa de intereses económicos sobre los derechos básicos de las personas.

La integración del tribunal parecía orientada hacia la necesidad de afianzar las competencias de
las entidades subnacionales como entes de generación de riqueza; si se quiere concebir esto con una
connotación positiva, se trataba de Jueces con una abierta proclividad hacia los avances tecnológicos
y el crecimiento económico.27 La defensa de las competencias estatales se convertía en una suerte de
reforzamiento de los poderes de los Estados de la Unión sobre los poderes centrales.

Esta dirección fue trazada a partir de tres decisiones resueltas el mismo año, que los contempo­
ráneos han encuadrado en la llamada "revolución de 1837". En la primera de ellas, el Charles River
Bridge v. Warren Bridge Co., la legislatura de Massachusetts había ofrecido a quien construyera un
puente el derecho de cobrar tarifas de paso a los usuarios; esto, durante un lapso de 40 años. Un año
después de construido, en 1786, la legislatura decidió extender la concesión para los cobros por
otros 30 años. Hacia 1828, que correspondía aproximadamente a la mitad de la duración total de la
concesión, la propia legislatura otorgó una segunda autorización a otra compañía, para construir otro
puente en las inmediaciones del primero, si bien, determinando que los aprovechamientos para los
cobros en este segundo se limitarían a seis años, al término de los cuales el puente quedaba como
propiedad pública. La primera empresa beneficiada demandó la anulación del segundo contrato,
alegando una afectación a sus intereses económicos. El caso llegó a la Corte Suprema en 1831, aun­
que encontró una división marcada entre sus miembros, que en varias oportunidades se tradujo en el
aplazamiento de la resolución. Fue hasta el cambio de presidencia cuando el asunto se retomó, y
se resolvió en 1837. En la resolución, redactada por el propio Taney,28 se afirmaba que el objeto del
gobierno era promover la felicidad y prosperidad de la comunidad; la primera compañía pretendía
asumir un monopolio sobre los viajes efectuados, y ello implicaría un obstáculo al empleo de innova­
ciones tecnológicas, lo cual iba en contra de la prosperidad. El segundo contrato quedaba firme.

27
GATELL, Frank Otto, "Roger Taney", en Friedman e Israel (eds.), Justices of the United States Supreme Court, vol. 1,
pp. 635-655.
28
Charles River Bridge v. Warren Bridge, 36 U.S. 420 (1837).
18 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

Los hombres de negocios aplaudieron la decisión. Esto sirvió para que meses después, en el
caso City of New York v. Miln, todos los integrantes de la Corte Suprema, a excepción del Juez Story,
votaran por la constitucionalidad de una ley restrictiva al desembarco de inmigrantes pobres, que
paralelamente ampliaba la interpretación de los poderes de la policía de Nueva York.29 La sentencia
desechaba una pretendida invasión a la regulación del comercio. Para el tribunal, debía prevalecer el
impulso "de la seguridad, la felicidad y la prosperidad" de la comunidad.

Hacia finales del mismo año, en Briscoe v. Bank of Kentucky, se echaba abajo un criterio adop­
tado siete años atrás por la corte de Marshall, donde se habían interpretado de manera restrictiva las
atribuciones estatales de emisión de papel moneda.30 El cambio de criterio consistía en que la Corte
determinaba que no se podía restringir el margen que tenían los bancos estatales para emitir esta
clase de títulos, a riesgo de trasladar la inconstitucionalidad a todos los bancos que lo hicieran en
otros Estados.

Este nuevo criterio fue apuntalado dos años después en el caso Bank of Augusta v. Earle, donde
la Corte Suprema configuró una doctrina económica casi absoluta a favor de los Estados. Un banco de
Georgia había obtenido bonos de intercambio (consistentes en cheques expedidos por comerciantes
de Alabama, frente a otros comerciantes; los títulos no estaban respaldados en fondos bancarios).
Los deudores se negaban a pagar, aduciendo que la corporación extraestatal no estaba autorizada
para hacer negocios en Alabama. La corte federal de circuito había dado la razón a los deudores. Pero
cuando el caso llegó en apelación a la Corte Suprema, ésta consideró que el Banco, al igual que un
ciudadano de cualquier Estado, gozaba de "todos los privilegios y garantías de los ciudadanos".
Así, en palabras de Taney, que escribía a nombre de la mayoría, la Corte determinó que un Estado
podía ejercer sus atribuciones para prevenir o evitar que corporaciones de otras entidades pudieran
mantener negocios dentro de su territorio.31 La banca estatal debía protegerse por todos los medios.

De estos criterios, emitidos muy al principio del periodo de Taney, puede deducirse un ambiente
ultraliberal, que anunciaba una apertura económica absoluta favorable a la generación individual de
riqueza, sentando así las bases del reino sin ambages del laissez-faire, donde las necesidades indi­
viduales cobraban poca importancia. Éste fue el espacio propicio donde se produjeron sentencias

29
New York v. Miln, 36 U.S. 102 (1837).
30
Briscoe v. Bank of Commonwealth of Kentucky, 36 U.S. 11 Pet. 257 (1837).
31
Bank of Augusta v. Earle, 38 U.S. 13 Pet. 519 519 (1839).
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 19

que denotan extremos irreconocibles en nuestros días, donde todas las jurisdicciones del país
coincidieron en una acción vigorosa a favor del ámbito estatal. Siendo criterios construidos por
Jueces y abogados, no por legisladores o políticos, el rediseño del derecho de propiedad implicó
cambiar el centro de atención durante las siguientes décadas.

Para la Corte Suprema, el cambio de era implicaba una transformación del criterio dominante,
en el que el centro de atención era el mayor provecho a favor del dueño. Con estos nuevos criterios, la
lectura de la Constitución pasó a ocupar el centro del desarrollo comercial. Una concepción del mer­
cado como pieza fundamental de una economía dinámica parecía entonces capaz de sustituir al
añejo sistema económico estático y enraizado en una suerte de sistema feudal de producción, cuyos
detractores centraban en los años en que la Constitución de Filadelfia fue aprobada.32 Aunque algu­
nos Estados reaccionaron, tratando de evitar el atropello del individuo frente a los modos de pro­
ducción,33 la inercia economicista no pudo ser frenada y el triunfo del mercado fue evidente, al menos
hasta la caída estrepitosa del sistema que representó la Gran Depresión casi un siglo después.

En plena expansión de la Revolución Industrial, hoy resulta paradójico que se mirara con des­
precio al sector que se denominaba de "productores" (por lo general agrícolas o artesanos, de manu­
facturas), siendo que el sistema capitalista debía centrarse en grandes comerciantes, banqueros y
otra categoría de negociantes, cuyo provecho se medía en papel, en corporaciones que ganaban
por economías de escala y ventajas legales que permitían mantener el crecimiento en niveles nunca
vistos, y que el sistema no podía sino estimular y alentar.34 Esta transformación, potenciada en la
Unión Americana con el impresionante desarrollo de los ferrocarriles y la explotación idílica del oro
en la Costa Oeste, condujo al diseño de criterios interpretativos de la Corte Suprema, donde se refor­
zaron, entre otros, los derechos de los propietarios sobre los de los esclavos. El asunto no es trivial, si
se considera que la esclavitud se erigió en pieza clave del sistema de producción.

32
HORWITZ, Morton, The Transformation of American Law, 1780-1860, Cambridge, Harvard University Press, 1977,
pp. 141, 161-180.
33
Se cita por ejemplo la legislación emitida por la legislatura de Pensilvania, que abolía el trabajo infantil y reducía
considerablemente las horas efectivas de trabajo en fábricas y minas, imponiendo además la inspección en las condicio­
nes de trabajo en áreas consideradas de riesgo. HARTZ, Louis, Economic Policy and Democratic Thought: Pennsylvania
1776-1860, Cambridge, Cambridge University Press, 1954, pp. 122, 204-205.
34
FREYER, Tony, Producers versus Capitalists: Constitutional Conflict in Antebellum America, Charlotesville Virginia,
1994, pp. 3-8.
20 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

3. Entre la expansión territorial


y el oprobio esclavista

El dominio progresivo del territorio y la intención de establecerse entre dos océanos se logró a costa
de compromisos en los que los costos por pagar no eran menores para los individuos en Estados
Unidos. Los Estados sureños fueron aceptando formar parte de la Unión a partir del momento en
que el Compromiso de Missouri de 1820 admitía a este Estado esclavista en la Unión, si bien prohibien­
do la esclavitud en la Louisiana.

El ala abolicionista no tardó en inundar el Congreso de peticiones, hasta que en 1836, año de la
guerra con México y la proclamación de la República de Texas, se estableció una regla interna de
procedimiento parlamentario, según la cual esta clase de peticiones serían sólo recibidas pero no
discutidas públicamente.35 Ante la supresión de este incómodo tema de la agenda parlamentaria,
la presión empezó a aumentar y generó dos bandos que a la postre se volverían irreconciliables.

Las presiones proesclavistas llegaron al Senado, donde las reglas se reforzaron, dejando en claro
que el asunto era de estricto tratamiento interno de los Estados. Las tensiones siguieron escalando
hasta que en 1842 se produjo una decisión en la Corte Suprema.

La Ley de Esclavos Fugitivos (Fugitive Slave Act) de 1793 preveía la recuperación de esclavos que
huyeran hacia Estados no esclavistas, y a las autoridades estatales y municipales de los Estados
libres se les exigía obedecer la ley, que entonces tenía sustento en el artículo IV de la Constitución. Al­
gunos Estados, como Indiana en 1824, emitieron leyes que abiertamente establecían la autorización
para que los ciudadanos se negaran a cooperar en estos casos. Vermont fue más lejos, estableciendo
una sanción (en términos delictivos) al ciudadano que ayudara a capturar a un esclavo en fuga.

Bajo la vigencia de la citada norma federal, un hombre de apellido Prigg fue detenido en
Maryland cuando llevaba a una mujer esclava y a su hijo desde Pensilvania; se le acusaba de secues­
trar y transportar fugitivos sin el certificado estatal respectivo. El asunto llegó en apelación a la Corte
Suprema en 1842.

35
Esta regla se conoce como Gag rule. DUMOND, Dwight, Antislavery: The Crusade for Freedom in America, Michigan,
Ann Arbor, 1961.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 21

En Prigg v. Pennsylvania, el Juez Story afirmaba que si bien la ley del Estado era inconstitucio­
nal, todo propietario de esclavos conservaba el derecho de que sus esclavos le fueran devueltos, sin
que ningún Estado pudiera interferir en ello.36

La década siguiente sirvió para afianzar las competencias de los tribunales federales (y en espe­
cial de la Corte Suprema) para erigirse en árbitro entre los intereses estatales y los nacionales.

La esclavitud fue así el motivo que generó la mayor tensión entre bandos; la anexión de los nue­
vos territorios dio pie a discursos flamígeros de los políticos de Estados esclavistas (Texas, que luego
de ser una República independiente logró la anexión a Estados Unidos en 1845, al igual que Califor­
nia y Nuevo México en 1848). Los Estados del sur amenazaban abiertamente a los abolicio­nistas, de
que cualquier intento por prohibir la esclavitud en los nuevos territorios repercutiría en la secesión.
La espiral descendente apenas comenzaba.

En Estados como Illinois, la aversión contra las personas de color fue tal que en 1848 se prohi­
bió en la Constitución local que ingresaran y se establecieran en el territorio; los propietarios de
esclavos quedaban obligados a no introducirlos. En otros Estados, como Carolina del Sur, el activis­
mo fue aún mayor: instaron al gobierno federal a actuar en favor de la estabilidad y la seguridad del
régimen esclavista. Los demócratas del norte no tardarían en resistir a esta intención de ma­nera
decidida, pero no muy efectiva, al sostener que la intención original de la Constitución debía dejar en
claro la no intervención federal como postulado fundamental.

Anteponiendo la protección constitucional de los propietarios a la de las personas, la interpre­


tación constitucional siguió atribuyendo un peso importante a la tecnología; durante la misma
presidencia de Taney, se extendió la jurisdicción del Almirantazgo al tráfico fluvial y al de los lagos; se
empezó a construir una lectura en torno al comercio interestatal. Pero esto contrasta con los pocos
casos relevantes relacionados con derechos fundamentales que se resolvieron durante el mismo
periodo. Acaso los asuntos más interesantes de la década anterior a la Guerra Civil se hayan cen­
trado en la intervención de la Corte Suprema al resolver conflictos de límites fronterizos entre Estados.
Algunas amenazas de ataques armados entre Estados fueron así disueltas a través de resoluciones
judiciales.37

36
FINKELMAN, Paul, "Story telling on the Supreme Court: Prigg v. Pennsylvania and justice Joseph Story’s Judicial
Nationalism", The Supreme Court Review, 1994, pp. 247-294.
37
Por ejemplo, en la resolución para definir las fronteras entre Missouri y Iowa en 1849. State of Missouri v. State of
Iowa, 48 U.S. 660 (1849).
22 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

La influencia económica de los Estados sureños fue tal que las dos Cámaras votaron una
nueva Ley de Esclavos Fugitivos en septiembre de 1850, en la que la anterior veía recrudecidas las
sanciones a particulares que colaboraran en el escape de un esclavo. La Corte Suprema fue con­
gruente con esta lectura de la ley.38 De una población estimada entre 3 y 4 millones de esclavos, fue­
ron muy pocos quienes intentaron huir durante ese primer año (se calcula que menos de mil). Hubo
algunos episodios sangrientos en los que propietarios que intentaban recuperar alguno de sus escla­
vos en fuga hacia otros Estados, encontraban resistencia de las comunidades de libertos; tampoco
fueron efectivos algunos tibios llamados de comunidades cristianas a la desobediencia civil. Y si bien
su magnitud no fue lo suficientemente representativa para pensar que la ley pudiera encontrar resis­
tencias,39 aquello repercutió en buena parte de los habitantes del norte. Las tensiones ideológicas se
recrudecieron, volcando en general a la población blanca norteña a favor de la causa abolicionista.

El sentimiento se acentuó todavía más cuando en 1857 se presentó el caso más polémico de la
historia de la Corte Suprema norteamericana. En Dred Scott v. Sandford,40 no sólo se concluyó que
la ley de un Estado que establece la esclavitud debe prevalecer, sino que ningún afroamericano, ni
siquiera manumitido, podría gozar del catálogo completo de derechos ciudadanos.

El señor Scott vivía en Missouri como esclavo, pero había sido llevado a Illinois (donde la escla­
vitud estaba prohibida) y Louisiana (que había sido declarada territorio libre en el mencionado com­
promiso de Missouri de 1820). Estando de vuelta en Missouri, demandó a su dueño ante un tribunal
federal, afirmando que haber estado en esos territorios lo hacía hombre libre. El asunto llegó en ape­
lación a la Corte Suprema, la cual determinó que la respuesta tenía que extraerse del carácter de ley
que fundaba la calidad de esclavo de Scott.

Pocos días antes de la sentencia, James Buchannan había entrado en funciones de Presidente
de la República. Por otro lado, uno de los Jueces parecía disentir abiertamente de esta delicada
cuestión (que de todas maneras generó ocho opiniones separadas). Por eso se dice que Taney preten­
dió hacer inequívoco el criterio que diera certeza a los propietarios, y escribió en nombre del tribu­
nal esta decisión que se convirtió en un verdadero desastre. Scott no tenía razón, primero, porque

38
En Strader v. Graham (1850), la Corte Suprema negó la pretensión de un conductor de ferry en el que habían esca­
pado unos esclavos de Kentucky, que contra una acusación alegaba que por el hecho de haberlos trasladado a Ohio
(Estado con una ley prohibitiva) los convertía en libertos. En la sentencia, la Corte determinó que su cambio de lugar
no era suficiente para cambiar su estatuto de esclavos en Kentucky.
39
FREEHLING, William, Road to Disunion, vol. I, "Secessionist at bay: 1776-1854", Nueva York, Oxford University Press,
2007, pp. 536-537.
40
Dred Scott v. Sandford, 60 U.S. 393 (1857).
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 23

al ser negro carecía de derechos ciudadanos, de modo que no podía tener acceso a ningún tribunal;
segundo, porque el Compromiso de Missouri era inconstitucional y la declaratoria de territorios libres
que en él se hacía no era válida, y tercero, porque la ley de Missouri que lo consideraba esclavo debía
entenderse vinculante para el tribunal.41 En suma, los negros carecían de derechos ciudadanos, y
ni siquiera el Congreso podría frenar, a partir de la ley, el desarrollo de la esclavitud en los Estados en
los que se votara lo contrario.

Desde luego, más que cerrar el debate con esta decisión, los Jueces de Washington lo avi­
varon, poniendo en riesgo la integridad de la rama judicial frente a los otros poderes del Estado.
La prensa de los Estados del norte no dejó de acusar al tribunal de connivencia (que acaso Taney
habría querido asumir como cooperación) con las ramas políticas del gobierno. Las heridas abiertas,
que se hacían más visibles conforme transcurría el cuatrienio, sólo pudieron generar un conflicto
mayúsculo.

4. La eficacia de los derechos antes


y después de la Guerra de Secesión

Al dictar la sentencia del caso Dred Scott, cinco de los nueve Jueces provenían de Estados sureños.
En decisiones posteriores, la línea interpretativa no encontró cambios. En 1859 se presentó un nuevo
caso, en el que la Corte Suprema de Wisconsin había concedido un mandamiento de habeas corpus
a un editor de Milwakee que ayudó a un esclavo a librarse de la custodia de sus dueños. Bajo la
National Fugitive Slave Law, el gobierno federal había apelado a esta decisión ante la Corte Suprema,
que a su vez determinó, en Ableman v. Booth,42 que los Estados no tenían por qué interferir en la efi­
cacia de leyes federales, y que ésta en particular debía entenderse conforme a la Constitución.

La tensión entre bandos se hacía cada vez mayor, hasta que la Guerra Civil estalló en 1861.
El gobierno del presidente Abraham Lincoln (quien, elegido un año antes, se erigía en cabeza del
bando norteño) lanzó un mensaje claro respecto del inicio del conflicto: la Guerra Civil tenía por objeto
la preservación de la Unión, no la abolición de la esclavitud.

Como una de las primeras medidas, y sin solicitar autorización al Congreso, el presidente
Lincoln suspendió la eficacia del writ o mandamiento de habeas corpus (no obstante que el art. I,

41
McCLOSKEY, Robert G., The American Supreme Court (revised by Sanford Levinson), 5a. ed., Chicago, The University
of Chicago Press, 2010, pp. 62-63.
42
Ableman v. Booth, 62 U.S. 506 (1859).
24 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

sección 9, de la Constitución prohibía esa posibilidad, salvo en los "casos de rebelión o invasión donde
la seguridad pública lo requiera"). Numerosas aprehensiones de sospechosos de rebelión fueron con­
trovertidas jurídicamente ante tribunales federales. Pero la efectividad de los recursos judiciales que
se intentaron en ese momento carecía de toda garantía.

Parece sorprendente que muy pocos años más tarde, y en momentos en los que se gestaban
insurrecciones en todo el territorio, el juicio de amparo ya era de uso común en México. Esto, como
se verá más adelante en este libro, para evitar por vía judicial que fueran ejecutadas órdenes de leva
o reclutamiento forzoso contra jóvenes que podían pasarse al bando contrario al del dictador. Hacia
el sur del río Bravo, las determinaciones judiciales (aunque, no siempre protectoras de derechos,
hay que decirlo) eran obedecidas por todas las autoridades porfiristas.

En el extremo contrario, podemos citar el caso de John Merryman, lugarteniente de una com­
pañía secesionista en Baltimore, quien luego de ser detenido acudió a la Corte de Circuito (que
entonces integraban Jueces de la Corte Suprema), y fue el propio Taney quien ordenó su liberación,
basándose en que sólo el Congreso, y no un simple decreto presidencial, habría podido anular el
mandato de habeas corpus. Por su parte, el general Cadwallader, comandante de la zona, declinó
obedecer la orden judicial. Contra la negativa, Taney emitió un nuevo mandamiento de ejecución, pero
cuando el oficial (o marshall) del tribunal intentó comunicar esta decisión, no se le permitió el acceso
al fuerte donde se encontraba el militar renuente.43 El Chief Justice había agotado todos los recursos
posibles.

La ineficacia de la protección judicial generó una consecuencia inmediata, que dio al gobierno
rienda suelta para cometer todas las arbitrariedades. Desde ese momento, a los rebeldes sureños
se les reprimió; eran llevados ante el secretario de Estado, donde se les trataba a sangre y fuego.
Los sospechosos eran arrestados sin que mediaran pruebas, y se erigió un cuerpo de agentes se­
cretos encargado de prevenir insurrecciones.

La medida duró unos cuantos meses; hacia el inicio del año siguiente, todos los detenidos polí­
ticos fueron liberados, para luego trasladar la instrucción al secretario de Guerra. Lo cierto es que,
para muchos, la garantía del habeas corpus había quedado suspendida, por ejemplo, a quien se
descubriera disuadiendo a jóvenes de enlistarse en el ejército regular, se le juzgaría ante tribunales
militares, sin que el indiciado pudiera pedir la protección constitucional de tribunales federales de

43
RANDALL, J.G., Constitutional Problems under Lincoln, Urbana, Illinois, Nabu Press, 2011, pp. 149, 161-162.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 25

carácter civil. Se estima que sólo ese año hubo más de 13 mil prisioneros detenidos por órdenes
de los departamentos de Estado y Naval.

Bajo la amenaza de los ejércitos del sur, Lincoln actuó y se asumió como comandante en jefe,
sustituyéndose el mando de los militares y sus decisiones. Aunque no con mucha frecuencia, llegó a
ordenar el cierre de periódicos cuando consideraba que obstaculizaban el esfuerzo de guerra. Con­
forme el ejército nacional iba dominando territorios, el Presidente imponía gobernadores militares
en vez de apegarse a los procedimientos constitucionales establecidos para actuar con poderes espe­
ciales o bajo el régimen de excepción. Incluso instauró tribunales provisio­nales con poderes ilimi­
tados, encargados de resolver cualquier asunto que tuviera que ser materia de litigio. La supresión de
atribuciones a los Estados era decidida de esta manera, sin que mediara autorización del Congreso.

El cambio de discurso del gobierno, de conducir los esfuerzos de guerra hacia una estrate­
gia abiertamente abolicionista, vino por presiones internacionales. Tanto Francia como Inglaterra
tenían la firme intención de lograr la desaparición del régimen de producción en el sur, aunque no
dejaban de tener una suerte de simpatía velada por debilitar la posición del gobierno, así fuera para
poder asumir un papel de mayor relevancia en las negociaciones entre bandos (no olvidemos, por
ejemplo, que Francia tenía intereses económicos entre la población de los territorios recién cedidos,
como México y la Louisiana). Lincoln fue así persuadido (se dice que él no mostraba mucha con­
vicción) de anunciar una postura antiesclavista hacia 1862. Esta intención se tradujo en una primera
proclama de abolición de la esclavitud (tras la cual no fue liberado un solo esclavo).44 Pero esto sirvió
al menos para que franceses e ingleses desistieran de una posible intervención militar.

Taney falleció en 1864, pero no fue sino hasta el término de la Guerra Civil, con la adopción de las
enmiendas XIII y XIV, respectivamente en 1865 y 1868, con las que se abolió formalmente la esclavi­
tud en toda la Unión y por la clara definición de las reglas del debido proceso, quedaron suprimidos
impuestos especiales a indios y esclavos.

La siguiente decisión relevante para entender la protección de los derechos durante este largo
periodo de consolidación data de 1896. En Plessy v. Fergusson,45 la Corte Suprema admitía que en
las instalaciones públicas se pudiera segregar a los afrodescendientes; con una supuesta garantía
de igualdad por el acceso a servicios equivalentes bajo la divisa "separados pero iguales", que para la

44
JONES, Howard, Abraham Lincoln and a New Birth of Freedom: the Union and Slavery in the Diplomacy of the Civil
War, University of Nebraska Press, 2002, pp. 112-127.
45
Plessy v. Ferguson, 163 U.S. 537 (1896).
26 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

época bien pudo haber significado un avance luego de más de dos siglos de negación absoluta de
derechos. Pero la separación en prácticamente todos los aspectos del espacio público (escuelas,
sanitarios, teatros, trenes, fuentes de agua potable) representaba una inferioridad patente e inne­
gable, que hasta bien entrado el siglo pasado significó un atentado a la dignidad de la persona y la
imposición de condiciones que impedían el ascenso a todo un sector social.

Los conflictos entre federación y Estados, y la intención de preservar la Unión, dieron una vuelta
a la página con el término de la Guerra Civil. Durante las siete décadas que siguieron, periodo que
abarca este libro, la Corte de Estados Unidos estuvo dedicada a la delimitación del sistema econó­
mico, a definir si el gobierno debía intervenir en el sistema de producción, y hasta qué grado, o lo que
es lo mismo, la relación entre los negocios y el gobierno. Las tensiones ahora se gestaban entre
quienes afirmaban que el gobierno no debía interferir en la actuación del gigante económico,
frente al bando opuesto que pugnaba por imponer límites a ese aparato implacable, para impactar
positivamente en la esfera individual de sus habitantes.

5. Del Estado regulador


a la Gran Depresión

El antiguo temor de que los Estados destruyeran la Unión se desplazó entonces al temor de que
instancias públicas, de Estados o de la federación, impidieran que el país creciera en lo económico.
El desarrollo jurisprudencial de los derechos de los afrodescendientes (léase de los derechos civiles)
quedó para después.

La intención de no interferir pareció generar las condiciones para construir, entre los Jueces del
tribunal, la llamada doctrina de las cuestiones políticas (political questions doctrine). La autoconten­
ción (self restraint) que le sirve de corolario actuó en diferentes etapas de la Corte Suprema, empezando
por la del Chief Justice Salmon P. Chase, para evitar entrar en el análisis de problemas abstractos que
afectaban poderes soberanos, evadiendo con ello abordar los problemas sobre el ángulo de la posi­
ble afectación de derechos individuales.

El siguiente presidente del tribunal, Morrison R. Waite (nombrado en 1874), logró que en varias
decisiones los Estados vieran restringidas sus atribuciones con base en la Cláusula del Comercio
Interestatal. Aludiendo al principio constitucional del predominio federal, no resultó difícil para el tri­
bunal limitar leyes estatales con contenido económico.46 La tendencia regulatoria propia de la época

46
Entre otros muchos temas, la Corte Suprema impidió que los Estados establecieran monopolios para el desarrollo
de los telégrafos, en Pensacola Telegraph Co. v. Western Union Telegraph Co. (1877, 96 U. S. 1). Este es uno de los nueve
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 27

influyó directamente en que un número creciente de casos llegara hasta la Corte Suprema. Y si bien
la jurisprudencia no se pronunció de manera muy firme,47 acaso para que no pareciera que intervenía
en la economía, a partir de las decisiones de esa etapa se puede advertir que la aplicación de las
nuevas reglas del debido proceso (como quedaron en la enmienda XIV) parecían ir construyendo
una lectura protectora del individuo frente a los intereses imparables del mercado.

El legislador entendió este reto. En 1890 se aprobó la ley antimonopolios (Sherman Antitrust Act),
que tenía por objeto dejar a las autoridades federales el control y la sanción de prácticas de este
tipo en todos los niveles de gobierno. A los cinco años de entrada en vigor, la Corte Suprema acotó
nota­blemente el ámbito de actuación de la ley. En 1895 resolvió que, incluyendo la materia de mono­
polios, el Congreso sólo podía legislar cuando fuera evidente que el tema del que se tratara, implicara
el comercio entre Estados de manera directa.48 Desde luego que este criterio resultó impracticable.
Pasados los años, los mismos Jueces se dieron cuenta de que debían flexibilizar la interpretación;
de lo contrario, ¿qué mercancía no estaría llamada a pasar las fronteras de un Estado?

Como años más tarde diría el Juez Holmes, el comercio entre Estados no implica una cuestión
técnica, sino práctica.49 El presidente Theodore Roosevelt (1901-1909) intentó dar una nueva apli­
cación a la ley antimonopolios. Su gobierno demandó a una empresa creada por dos ferrocarrileros
competidores que operaban en una región entera junto con un tercer operador del servicio.
Ampliando así su criterio, la Corte Suprema confirmó que este acto debía entenderse como una prác­
tica monopólica.50

Fue así como, entrado el siglo XX, los Jueces de la Corte se dieron cuenta de que, en este nuevo
escenario, sus atribuciones dotaban al tribunal de una especie de facultad de veto; las reacciones de
la doctrina fueron casi inmediatas. Se solía denunciar el riesgo de dejar a los Jueces la determina­

casos en los que, hasta 1886 se restringió el ámbito estatal por transgredir una regulación propia de la federación. Luego
de ese año, la tendencia se acentuó aún más.
47
Algunos textos de la época fueron particularmente influyentes para cimentar este nuevo papel del tribunal; véase
COOLEY, Thomas L., A Treatsy on Constitutional Limitations which Rest of the Legislative Power of the State of the American
Union, 9a. ed., Chicago, Little, Brown and Co., [1868], 1927.
48
Las restricciones al comercio que consideraba la ley implicaban que ningún negocio, por pequeño que fuera, podía
entrar en tratos con sus competidores si sus productos cruzaban una frontera estatal. United States v. E. C. Knight Co.,
156 U.S. 1 (1895).
49
WHITE, Edward, Oliver Wendel Holmes Jr.: Lives and Legacies, Nueva York, Oxford University Press, 2006, pp. 82-85.
50
Paradójicamente, en este caso Holmes votó en contra del argumento del gobierno, sin alcanzar la mayoría. Northern
Securities Co. v. United States, 193 U.S. 197 (1904).
28 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

ción de los contenidos de la ley. Aquello significaba una sustitución fáctica frente a los poderes pro­
piamente políticos,51 o la disyuntiva entre la intención de influir y el deseo de mandar.

Durante los años siguientes, la tendencia siguió. El Congreso había establecido un impuesto
directo de 10% a los beneficios de empresas que contrataran niños como trabajadores. El objeto regu­
latorio del impuesto no tenía ninguna intención de mejorar las condiciones laborales o de formación
de los menores; era un simple desincentivo para que las empresas evitaran esta clase de contrata­
ciones.52 Era incluso una forma de respaldar, desde el máximo tribunal, una medida administrativa
impulsada por el gobierno.

Los años que siguieron, previos a la debacle económica del 29, pueden resumirse con las pala­
bras premonitorias que empleó el Juez Cardozo para describir la forma como los recursos judiciales
resueltos por la Corte Suprema se acercaban a la discreción judicial, dejando en segundo plano
consideraciones constitucionales: "la prerrogativa soberana de elegir".53 El referido veto de los Jueces
empezó a utilizarse más como medida conveniente u oportuna que como instrumento regular de
control normativo. La Corte se erigió en el guardián del Welfare State, a veces validando leyes que
imponían precios mínimos y máximos para la producción de leche;54 en otras ocasiones, invali­
dando salarios mínimos para mujeres y niños en los hospitales.55 Pero esta tendencia regulatoria, que
comenzó con la Guerra Civil, terminó en la etapa de la Gran Depresión. Vendría en seguida la llamada
Revolución de 1937, con el impulso fundamental a los derechos que dio desde la presidencia de los
Estados Unidos Franklin D. Roosevelt desde el inicio de su periodo.

6. La propuesta de un segundo
Bill of Rights: de regreso al individuo

En el llamado "Estado de la Unión" de 1944, el presidente Roosevelt lanzaba ante el Congreso de su


país una primera proclama ante el previsible final de la Segunda Guerra Mundial. En su discurso
afirmaba que, tras la victoria, los Aliados debían prevenir "otro intermedio que lleve a un nuevo de­

51
BERGER, Raoul, Government by Judiciary: the Transformation of the Fourteenth Amendment, Boston, Harvard
University Press, [1901] 1977, p. 475.
52
Bailey v. Drexel Furniture Co., 259 U.S. 20 (1922).
53
KAUFMAN, Andrew, Cardozo, Londres, Oxford University Press, 1997, pp. 491-502.
54
El voto mayoritario que hacia especial consideración de los efectos causados por los años de la Gran Depresión al
mercado de la leche, en Nebbia v. New York, 291 U.S. 502 (1934).
55
Esto, como transgresión a la libertad contractual en el Distrito de Columbia. Adkins v. Childrens Hospital, 261 U.S.
525 (1923).
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 29

sastre, [evitando] repetir los trágicos errores de la política aislacionista del avestruz; no debemos
repetir los excesos de los salvajes años veinte, cuando nuestra nación aceptó la dicha de un paseo en
carrito de feria que terminó en una trágica colisión. [Así], el único objetivo supremo para el futuro
queda condensado en una palabra: seguridad".

Pero el presidente no sólo se refería "a la seguridad física, que proporcione el resguardo frente
a los ataques de cualquier agresor". Incluiría también "la seguridad económica, la seguridad social, la
seguridad moral".56 Este discurso fue de inmediato descrito como el anuncio de un "segundo Bill of
Rights", cuyo objeto ya no era sólo vencer cualquier amenaza totalitaria, sino aumentar el nivel de vida
en el campo de la educación, y más y mejores oportunidades. El derecho a no tener temor tenía que
abarcar no sólo a los norteamericanos. "Quien tiene hambre y no tiene trabajo es la materia con la
que están hechas las dictaduras".

Roosevelt lanza así un plan más, esta vez incluyendo a todos aquellos actores que estuvieron
fuera de los fallidos planes de reconstrucción tras la Primera Guerra Mundial. La nueva estrategia
pretendía unir las dos medidas de rescate de los problemas más duros que había enfrentado su país
en el siglo: salir de la crisis del 29 mediante el New Deal, y ganar la guerra. En suma, este conocido
discurso era una proclama contra la idea perniciosa de que la libertad sólo se puede entender en
ausencia de gobierno.

El primer "Bill of Rights", de 1791, parecía circunscrito a la protección del individuo frente al
Estado. La creación de una esfera individual de libertades se anunciaba, como independiente de con­
troles colectivos. La generación de condiciones para el desarrollo de la ciudadanía implicaba, de esta
manera, la simbiosis con formas de control al gobierno. Pero tuvieron que pasar dos guerras mundia­
les para darse cuenta de que esas formas de control sólo se podían asegurar con el funcionamiento
regular de mecanismos de participación política, de seguridad de las personas; y de independencia.
No solamente de idear barreras contra los agentes del Estado.

Y no es que los Padres Fundadores fueran ajenos o indolentes frente a la pobreza o la ignorancia;
muchos de ellos mostraron su compromiso a favor de garantías sociales y económicas, si bien el
aire de los tiempos no las incluía en los textos constitucionales.57 Pero la ausencia de disposiciones
jurídicas no significó un obstáculo. La llegada a la Casa Blanca del presidente Roosevelt y sus dos

56
El discurso integro y en su idioma original, en http://www.fdrlibrary.marist.edu/ archives /address_text.html.
57
SUNSTEIN, Cass, The Second Bill of Rights: FDR's Unfinished Revolution and Why We Need it More than Ever, Nueva
York, Basic Books, 2004, cap. 6.
30 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

reelecciones permiten entender que la voluntad política puede hacer mucho más que el anuncio
providencial de reformas constitucionales.

Roosevelt era un hombre de acción más que un reformador de leyes. Entre 1933 y 1935 creó
cinco grandes dependencias para dar trabajo a millones de desempleados; con ellas se construye­
ron cientos de miles de kilómetros de carreteras, puentes, hospitales, escuelas, aeropuertos. Más que
estar interesado en cambiar el edificio jurídico, su proyecto buscaba echarlo a andar.58 El New Deal en
diversas fases fue concebido para echar abajo el funcionamiento tradicional del gobierno.59 Al igual
que en muchos otros países del mundo, se requería un incremento considerable de los poderes
del Estado central.

El primero de los ejes de acción de ese gran pacto nacional se orientaba hacia los derechos.
Al aceptar la candidatura del Partido Demócrata en 1933, año en que el nacionalsocialismo en Ale­
mania incendiaba el Parlamento (también consecuencia, entre otros factores, de la crisis económica),
Roosevelt afirmaba en su discurso que, en el pasado, "los Padres fundadores se preocuparon por los
derechos políticos; los cambios de circunstancias nos llevan a pensar en el reconocimiento de dere­
chos económicos". Su segundo eje lo constituía una restructura al sistema de separación de poderes,
con un fortalecimiento de la regulación que llevara a establecer "una administración ilustrada". Y su
tercer eje era la nueva relación entre Estados y federación, expandiendo considerablemente los
poderes de esta última: su ampliación se ligaba con el mismo efecto en la regulación, consustancial
a la situación del momento.

En el esquema imperante, los Estados no podían resolver los grandes problemas ni proteger los
derechos por sí mismos. La competencia entre Estados no podía conducir más que al provincia­
lismo. En épocas de relanzamiento de la economía, la noción de un gobierno controlado por los gobier­
nos locales parecía más que insostenible. El incremento en los poderes regulatorios de la federación
parecía entonces consecuencia natural. A cambio de un programa federal dirigido, entre muchos
otros objetivos, a asistir agricultores en desgracia, dotar de seguridad social universal o mantener en
la escuela y fuera del mercado laboral a 2 millones de jóvenes, los sueldos de los millones de trabaja­
dores serían pagados por Estados y municipios.

58
"Take a method and try it. If it fails, admit it frankly and try another. But above all, try something", idem.
59
"El gobierno central había sido una autoridad remota con un rango limitado de actividades. Operaba el sistema
postal, mejoraba ríos y puertos; mantenía a las fuerzas armadas en escala amenazante sólo para las Repúblicas bananeras
y desempeñaba otras tareas, de las cuales el ciudadano común difícilmente se daba cuenta". KEY, V.O., The Responsible
Electorate, Cambridge, Oxford University Press, 1966, p. 31.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 31

Pero no todo fue sencillo. La administración Roosevelt encontró la franca animadversión de la


Corte Suprema, quien en un episodio muy conocido en Estados Unidos declaró la inconstituciona­
lidad de buena parte de estas leyes de reconstrucción, especialmente entre 1933 y 1936.

Aunque el presidente se jactaba de no caer en el reformismo, la cantidad de leyes que se


modificaron durante los tres años de gobierno que habían transcurrido y la imposibilidad de darles
normalidad en plena crisis económica, condujeron irremediablemente a una crisis constitucional.
Era entendible que los Jueces de Washington sancionaran ese incremento poco ortodoxo de poderes
a favor del Ejecutivo federal. Por ejemplo, por primera vez en la historia, se declaraba inconstitucio­
nal la delegación de poderes del Legislativo al Ejecutivo. Y esto, en tres casos resueltos en un mismo
año (1935). Pero la primera reelección de Roosevelt vino en noviembre de 1936. Con esa legitimidad
electoral a cuestas, el tablero parecía cambiar.

Lo que siguió, que sale de los contornos de este libro, fue el llamado Court Packing Plan, por
medio del cual, Roosevelt pretendía revertir la mayoría de Jueces a su favor, aumentando el número
de sillas en el tribunal.60 La iniciativa fue presentada al Congreso días después de asumir su segundo
mandato, el 5 de febrero de 1937.

Repentinamente, pareció sobrevenir un giro en dirección contraria por parte de la Corte Suprema.
Algunos de los Jueces, se pensaba, habían cambiado sus votos respecto de decisiones anterio­
res, lograban por fin declarar la conformidad de leyes sobre salarios mínimos, quiebras, posesión de
armas, producción agrícola o ejecución de leyes..., aducían que habían tomado en consideración
otros elementos (como el debido proceso) y no las cuestiones que circulaban en la prensa (defen­
dían sus posturas al afirmar que en la Constitución no había mención alguna al libre mercado y otros
factores mencionados). Todas las decisiones que vinieron desde inicios de ese año obtuvieron como
resultado la conformidad de las leyes del New Deal.

A partir de este momento, podemos entender el inicio del movimiento por los derechos civiles
(civil rights) en Estados Unidos. Por vía jurisprudencial se dió la extensión de determinados dere­
chos (como la Enmienda XIV sobre el debido proceso) ampliándose de la mera libertad económica

60
Entre las muchas referencias, véanse MACGREGOR BURNS, James, Packing the Court: The Rise of Judicial Power
and the Comming Crisis of the Supreme Court, Nueva York, The Penguin Press, 2009, caps. 8 y 9; LEUCHTENBURG, William
E., The Constitutional Revolution in the Age of Roosevelt, Nueva York, Oxford University Press, 1995, caps. 4 y 5.
32 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

(que fue la que vieron protegida los propietarios durante el siglo XIX) hacia las libertades individuales.
En esto se centró la llamada Revolución de 1937.61

Después de los difíciles años de la Segunda Guerra Mundial, el impulso a los derechos, favore­
cido por los años de Roosevelt, encontraba un elemento adicional para su propio fortalecimiento. Y es
que el mensaje protector que se lanzó durante los años anteriores a la rendición de los países del
Eje, tal como se había construido en el plano interno, podía proyectarse ahora hacia el de la comu­
nidad de naciones. Veremos que para los norteamericanos no era poco significativo establecer, como
parte de los contenidos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la instauración de un
recurso judicial efectivo como parte del cúmulo de obligaciones internacionales, así fuera para vincu­
lar a su propio gobierno.

61
McCLOSKEY, Robert G., The American Supreme Court (Revised by Sanford Levinson), Chicago, The University of
Chicago Press, 2010, pp. 112-119.
CAPÍTULO III
TERCERA PISTA: LA CONCEPCIÓN
DE LOS DERECHOS EN EL BLOQUE SOVIÉTICO

L a segunda mitad del siglo XIX representó, en los países de Europa central y oriental, un momento
fundacional de la lucha por los derechos. Este momento inicial parece por demás propicio por la
generación de sociedades con marcadas diferencias de clase. Es incluso por las élites que se advierte
la necesidad de ir abriendo el régimen y, con ello, evitar riesgos de sublevación social. Esto, espe­
cialmente en las sociedades preindustriales de la segunda mitad del siglo.

El reconocimiento de los derechos es consustancial a la ausencia o presencia de elementos


democráticos en las sociedades.62 Es así como podemos ver, en buena parte de los países que medio
siglo más tarde abrazaban la causa comunista, unos antecedentes acaso muy remotos a favor del
apuntalamiento de derechos para la colectividad, aunque siempre sujetos a sesgos marcados por
los grupos dominantes del momento (primero de la nobleza, luego de los respectivos regímenes comu­
nistas de la región). No bastó entonces con integrarse al conjunto que ratificó la Declaración Univer­
sal en 1948.63 Incluso, como parte de la propaganda emanada de la Revolución Bolchevique, hubo
quien trazó un paralelismo entre la franca hostilidad hacia los derechos humanos y la persistencia
del régimen comunista.64 Pero esa construcción no fue inmediata. Hay que retroceder aún más en el

62
Para una revisión exhaustiva sobre los orígenes conservadores de la expresión derechos humanos, ligados a una
suerte de personalismo derivado de la doctrina social de la Iglesia católica, que luego retoman autores como Carl
Schmitt, véase MOYN, Samuel, "Personalism, Community and the Origins of Human Rights", en HOFFMAN, Stefan-Ludwig,
Human Rights in the Twentieth Century, Oxford, Oxford University Press, 2011, p. 85.
63
STEINER, Henry y ALSON, Philip, International Human Rights in Context: Law, Politics, Morals, 2a. ed., Nueva York,
Oxford University Press, 2001.
64
BERDIAEV, Nicolas, The Origin of Russian Communism, Ann Arbor, University of Michigan Press, 1960.

33
34 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

tiempo para entender la conformación social, que desde la monarquía fue esencialmente desigual,
pese a los intentos por evitar las disparidades que al final desembocaron en la caída de los Romanov,
y las consecuencias en las unidades nacionales vecinas. Acaso la primera cuestión digna de ser
señalada sea que la Revolución rusa no implantó el esquema colectivo de los derechos (ni tampoco
los derechos sociales). Aquella nota característica se encontraba inoculada al parecer desde el An­
tiguo Régimen.

1. El despertar de los
derechos en la Rusia zarista

La repentina industrialización y las reformas a la gestión local y a la justicia pudieron influir en ciertas
mejoras a la protección efectiva de los derechos en el interior del vasto territorio ruso, al menos du­
rante la segunda mitad del siglo XIX. El régimen zarista acordó, entre 1861 y 1866, un periodo de
emanci­pación de los siervos, en una sociedad fundamentalmente rural. Se decretaba la abolición
de la servidumbre forzosa, ligada directamente al derecho de propiedad, y se otorgaba el estatuto de
burgos libres.

Por primera vez, los estatutos locales instauraban un acuerdo, según el cual los propietarios se
entendían obligados a permitir parte del uso de sus propiedades en beneficio de la mínima subsis­
tencia de los campesinos a su cargo, a cambio de una retribución o de trabajo de parte de ellos.
Se creaba además un sistema representativo de asamblea de los burgos, integrado por el decano de
la comunidad, por Jueces designados y por representantes campesinos de cada unidad de población.
Estas asambleas (volost) quedarían a cargo de resolver sobre las condiciones para el establecimiento
de nuevas familias, así como respecto del uso de la propiedad comunal, las cargas laborales, los im­
puestos. Partiendo de este nuevo acuerdo, la obligación en las unidades locales se transformó en
auténticos gobiernos locales o zemstvo, sometidos a una oficialía representante de la nobleza.

En función de este nuevo marco institucional, las unidades recién creadas empezaron a resol­ver
cuestiones administrativas, como el establecimiento de escuelas, el mantenimiento de caminos, la
construcción de iglesias. Sin embargo, más que reconocer una dignidad individual o de cons­tituir
un catálogo de derechos para la persona, el régimen se fundaba en una noción piadosa exteriorizada
por los nobles. Se trataba en realidad de un esquema caritativo cuya finalidad era paliar la des­
igualdad.65 Según las nuevas reglas, los campesinos detentaban a partir de ese momento derechos

65
KAISER, Daniel, Reinterpreting Rusian History, Nueva York, Oxford University Press, 1968, pp. 432-435.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 35

individuales sobre la propiedad de los patrones, a cambio de una retribución que no podía exceder
15% de sus ingresos.

De las instituciones jurisdiccionales creadas, que por primera vez quedaban facultadas para
emitir resoluciones sobre la esfera personal de cualquier individuo proveniente de cualquiera de las
clases sociales, fue establecido un sistema de Jueces de paz, tribunales de circuito y un Senado que
podía erigirse en Corte Suprema. Incluyendo por igual casos en materia civil o penal, la instrucción
del proceso quedaba a cargo de Magistrados profesionales, con procuradores auxiliares que tam­
bién dependían del tribunal.

Quedó instaurado así un sistema de concursos con requisitos para cada cargo; en materia
penal se sumaba al incipiente sistema el juicio por jurados. A los presidentes de tribunal, además, se
les exigía formación universitaria especializada en jurisprudencia.66 Si bien la nobleza disfrutaba los
pro­gresos en la ciencia o la medicina, el resto de la población quedaba excluido de su disfrute.

Y aunque hubo intentos por descender al plano regional la creación de hospitales para todos, la
proporción de más de 80% de campesinos hizo imposible la generalización de los servicios. Sólo en
el nivel gubernamental local de los zemstvo, hacia 1864 se instauró un incipiente sistema de atención
social de salud.67 Cincuenta años después de iniciada la profesionalización de los cargos en algunos
sectores, las élites rusas gozaban de educación universitaria (no generalizada pero sí profesional);
hacia 1914 se contaba con una sociedad ilustrada y en ascenso, interesada en generalizar las condi­
ciones de crecimiento a las capas inferiores de la sociedad.

La mayoría de los partidos en formación, no bolcheviques, pugnaban por la atribución de dere­


chos individuales y el establecimiento de un régimen de derecho; a saber, de hacer realidad el
sueño de Pedro el Grande externado un siglo antes, para impulsar la occidentalización del imperio.68
Sin embargo, es bien sabido que estos derechos y libertades se vieron clausurados por este empera­
dor y sus sucesores.

Tras la abdicación de Nicolás II en 1917, y la llegada del efímero régimen de Vladimir I. Lenin
entre marzo y noviembre de ese año, se echaban las campanas al vuelo anunciando la llegada del
país más libre de Europa.

66
VERNADSKY, George et al. (eds.), A Source Book for Russian History from Early Times to 1917, New Haven, Yale
University Press, 1972, pp. 614-616.
67
RAMER, Samuel, "The Zemstvo and public health", en EMMONS, Terence y VUCINICH, Wayne (eds.), The Zemstvo
in Russia: an Experiment in Local Self-government, Cambridge, Cambridge University Press, 1982.
68
Hasta nuestros días, Rusia se debate entre Oriente y Occidente.
36 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

2. La continuidad colectivista
de la Unión Soviética

Lenin no logró estructurar el proyecto socialista como lo había previsto. Desvirtuando sus planes,
sobrevino el efecto contrario a causa de la represión de Estado infligida a toda la población por sus
aliados bolcheviques en el poder, quienes frenaron el desarrollo de los derechos individuales en los
años subsecuentes.69 Las reformas de apertura del régimen zarista fueron todas tiradas por la borda.
La profesionalización de las instituciones, el crecimiento de la sociedad civil o el sistema de tribunales
fueron brutalmente interrumpidos, en aras de dar prioridad a la tesis que afirma que los derechos
deben servir al socialismo, siendo los designios de este último determinados por el Partido Comu­
nista. Los derechos individuales debían ceder a los colectivos, lo cual parecía inscrito en una tradi­
ción anterior ya descrita.

A partir de ese momento, la situación de negación al individuo fue una constante (en algunas
épocas, más dura que en otras) mientras estuvo en pie el proyecto soviético. Los derechos se enten­
dieron en todo este trayecto como un atributo de la colectividad, no del individuo. Esto, desde la fun­
dación de la URSS en 1923, en un esquema más bien confederal, de unión entre iguales, que se
mantuvo casi intocada hasta su disolución en 1991.

En la concepción colectiva de los derechos, la estrategia comunista consistió en diseñar una


política de "indigenización" (korenizatsiia), que consistía en llamar a los comités territoriales del par­
tido a oriundos de cada lugar. La promoción de la identidad comunista empezó a ser sinónimo de
generación de identidad nacional. El individuo y sus derechos tenían que entenderse cedidos al
conjunto federal.

No obstante, la moral socialista pugnaba por evitar imposiciones; por ejemplo, el sistema edu­
cativo se erigió a partir de las lenguas maternas regionales; los comunistas querían que todo niño
tuviera derecho a formarse a partir de su lengua original.70

Partiendo de una estrategia similar en el seno de cada nuevo integrante de la confederación,


haciendo uso de guiños que anunciaban mensajes de autodeterminación, se fueron asimilando a la
Unión las unidades territoriales más próximas, como Bielorrusia o Ucrania; luego la entonces Trans­

JOWITT, Ken, New World Disorder: The Leninist Extinction, Berkeley, University of California Press, 1992.
69

70
CARRIÈRE D'ENCAUSSE, Hélène, The Great Challenge: Nationalities and the Bolshevik State: 1917-1930, Londres,
Holmes and Meier, 1992, pp. 157-162.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 37

caucasia. Un bloque de países más alejados de la tradición europea, o con raíces de identidad más
sólidas, entre los que estaban Georgia y Azerbaiyán, mostraron cierta reticencia a unirse a la federa­
ción, sorteando incluso invasiones efímeras de Turquía.

El proceso de asimilación a la URSS no fue fácil casi para ninguno de los nuevos integrantes;
las purgas tuvieron que sobrevenir en prácticamente toda la Unión, ante la resistencia lógica de las
élites intelectuales de cada una de sus unidades. Además de las anteriormente citadas, en Crimea
y Kazajistán el dominio ruso terminó por erigirse en una suerte de posición colonial, con las supe­
rioridades típicas de aquella estrategia.

Esta campaña de anexiones, que se prolongó por casi dos décadas, llevó en 1938 a un cambio
radical, al imponer el ruso como lingua franca en materia de educación (y endoctrinamiento) utilizado
en todas las repúblicas.71 La poca influencia de las poblaciones de origen no ruso marcó una avenida
para la instauración del régimen comunista.

Tras la Segunda Guerra Mundial, la incorporación de territorios como los países bálticos (Estonia,
Letonia y Lituania) y Moldavia tras la Segunda Guerra Mundial poco cambió el esquema territorial de
dominación. A falta de recursos judiciales o de otras vías legales, las minorías que quisieron elevar
reclamos contra el régimen comunista poco lograron para el reconocimiento de sus derechos.

Igualmente, al final de la Segunda Guerra Mundial, como se verá más adelante en este libro,
pareció generarse una oportunidad de inscribir el paradigma soviético dentro de las coordenadas de
la nueva comunidad de naciones, que tuvo a la Organización de las Naciones Unidas como principal
herramienta de pacificación geoestratégica.

3. Las posturas pro soviéticas


y la Declaración Universal de 1948

Frente al paradigma soviético, los pronósticos de reconocimiento de catálogos de derechos indivi­


duales no tenían por qué modificarse en el bloque de países del Este. Puede afirmarse incluso que la
falta de reconocimiento de derechos de la persona estaba presente desde la muerte de Lenin en
1924. Ocurrida apenas dos años después de conformada la URSS y su relevo por Josef Stalin, se
sucedía un periodo de terror, marcado por la colectivización forzada (si bien diversificando la activi­

71
GRIGOR SUNY, Ronald, The Cambridge History of Russia, Cambridge, Cambridge University Press, vol. III, p. 499.
38 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

dad rural con la industrial)72 y por las purgas contra todo aquel que se definiera como enemigo del
régimen.

Ni siquiera la muerte de Stalin en 1953 sirvió para corregir el rumbo, si bien algunos de los
países que integraban el bloque socialista se sublevaron parcialmente. Digamos, pues, que la sus­
cripción de la declaración por los países del bloque generó múltiples tensiones, que se reflejaron
en una abierta lucha ideológica entre posturas que al final pudieron ser consensuadas por vía diplo­
mática. Vale la pena señalar que, como consecuencia de estas pugnas, durante el voto de la Decla­
ración Universal en 1948 hubo ocho abstenciones: de Sudáfrica, de Arabia y de los países del bloque
comunista.

No obstante el supuesto desinterés, los actores políticos en Rusia incluyeron el tema de los de­
rechos individuales como uno de los factores de supuesta unidad, que anunciaban compatible con
el esquema marxista-leninnista.73 Su abstención del voto aprobatorio a la Declaración no excluyó al
bloque soviético de la oportunidad de hacer presión para que delegados de otros de los miembros
individuales (como Bielorrusia o Ucrania) formaran parte no solo del Consejo de Seguridad, sino
también de diversas de las Comisiones (entre ellas, la de Derechos Humanos, donde no sólo la URSS
tuvo representación, sino también Bielorrusia).

Por este motivo, incluso para los países occidentales resultaría estratégico, después de 1948,
pensar en contar con la simpatía del bloque comunista al momento de impulsar una interpreta­
ción de la Declaración susceptible de lograr un consenso más generalizado.74 De esta manera, los
soviéticos empezaron a impulsar la idea de la indivisibilidad de los derechos consagrados en la
Declaración.

Como consecuencia de esa estrategia, el postulado comunista podría impulsar que los dere­
chos económicos, sociales y culturales pudieran encontrar una ruta de aplicación, por el hecho de ser
obligatorios, al formar parte de la Declaración. El delegado soviético, Alexei Pavlov, citaba como refe­
rente de aplicabilidad la Constitución soviética; los ucranianos señalaban la necesidad de asumir

72
Un relato literario que satiriza aquella realidad puede verse en KUNDERA, Milan, La broma, México, Tusquets.
73
Si al principio Stalin quiso limitar la influencia de los derechos humanos al ámbito internacional, fue más bien en
el interior del sistema que, con Uruschov, la Declaración empezó a tener una mayor participación en la penetración del
derecho internacional, no sólo en el ámbito exterior sino también en el de la política interna. AMOS, Jennifer, "The Soviet
Union and the Universal Declaration", en HOFFMAN, Stefan-Ludwig, Human Rights in the Twentieth Century, Oxford,
Oxford University Press, 2011, pp. 148 y ss.
74
Otra razón para potenciar el peso del bloque comunista se explica por la disciplina de voto; contrariamente a los
países occidentales, que en ningún momento pretendieron sugerir votos uniformes de todos sus cercanos; ello explica
que, con frecuencia, Inglaterra y Estados Unidos emitieran votos en sentido contrario. La URSS partía siempre de un
plano ventajoso al momento de negociar nuevas iniciativas, AMOS, ibid., pp. 149-151.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 39

estas responsabilidades en el ámbito interno, partiendo del modelo ofrecido por la Constitución de
Ucrania. El mensaje parecía ser retomado con entusiasmo por otros países, como Australia, cuyo
representante diría que a falta de derechos económicos, sociales y culturales en el convenio, los de­
rechos humanos serían una "broma".75

Sin aferrarse a la lectura más escuchada, consistente en las limitaciones económicas como
obstáculo para garantizar estos derechos, algunos latinoamericanos fueron proclives a dejarse llevar
por la lectura soviética; el delegado uruguayo criticaba acremente la iniciativa de una parte de los
europeos, que insistían en restringir el convenio a derechos civiles y políticos; el chileno, Carlos Valen­
zuela, completaba la idea afirmando que unos no podían subsistir sin los otros. El pakistaní afirmaba
incluso que estos derechos formaban parte de una promesa a favor del desarrollo y la emancipación
de los pueblos.

La aparente confrontación entre libertades positivas y negativas se tradujo, en el terreno diplo­


mático, en una dualidad, en cuanto a los logros en el bloque comunista (donde predominaban los
derechos de los trabajadores frente a la libertad de prensa o a otros derechos considerados prima­
rios por los países impulsores de la Declaración, a quienes los soviéticos denunciaba abiertamente
"el desempleo británico, el imperialismo francés, el iletrismo libanés o la desigualdad mexicana".76
Lo cierto es que ese discurso (enmarcado en la propaganda comunista) se mantenía en el exterior
para evidenciar a los países occidentales. Sin embargo, para nadie es un secreto que en el seno del
bloque soviético solían registrarse frecuentes y graves violaciones a los derechos en el ámbito
doméstico.77

El recorrido por esta tercera pista nos conduce a tratar de unirla con las dos anteriores. Veremos
en el siguiente capítulo que la Declaración Universal de los Derechos Humanos parece tener una
influencia marcada por el impulso de personajes con nombre y apellido; que en ese impulso se tenía un
cuidado extremo por sortear las tesis del bloque soviético, y que los europeos occidentales tenían
menos herramientas que ofrecer. Esto, en preparación para entender la razón por la que los desarro­
llos jurídicos de América Latina (como el amparo mexicano) adquirieron súbitamente el carácter de
punto de negociación para atemperar las tensiones entre bloques.

75
Véase HUMPHREY, John O. et al., On the Edge of Greatness: the Diaries of John Humprhrey, First Director of the
United Nations Division of Human Rights. vol. II, 1950-1951, sesión de 16 de abril de 1951 en la Comisión de Derechos
Humanos de Naciones Unidas, Summary Records E/CN 4/SR, 203 p. 23.
76
Idem.
77
KULAVIG, Erik, Dissent in the years of Krushchev: nine stories about Disobedient Russians. Nueva York: Palgrave,
2002, p. 108.
CAPÍTULO IV
EL PUNTO DE ENCUENTRO:
LA DECLARACIÓN UNIVERSAL DE 1948

A lo largo del siglo XIX, la guerra se consideraba una actividad normal de todo Estado. La paz era
tan sólo el periodo de entreguerras. La espiral de violencia se fue recrudeciendo; la industrialización
enfocó toda la inteligencia humana hacia el negocio de la destrucción militar. Un siglo después, las
dos guerras mundiales y su grito terminal "nunca jamás" persuadieron a los diplomáticos de la se­
gunda posguerra de pensar no sólo en función de intereses estatales, sino introduciendo en su enfo­
que principal el ingrediente de los derechos de la persona.

Así, los años inmediatos al final de la guerra serían cruciales para evitar la propagación del
conflicto. Había que evitar a toda costa lo que ocurrió en 1919 tras la Paz de Versalles. En esta segunda
oportunidad (sabiendo que no habría una tercera), la Declaración de 1948 pretendía ser una especie
de primer aterrizaje que diera eficacia a la Carta de las Naciones Unidas suscrita tres años antes en
San Francisco, describiendo obligaciones concretas a los Estados y a los individuos. Si bien en 1948
la Declaración Universal debía aún ser reforzada por una Convención que determinara los términos
y las condiciones de su entrada en vigor, aquel documento tendría que aguardar a 1966 para ser
aprobado.

No se pretende analizar aquí a detalle las negociaciones diplomáticas que sirvieron como
antecedente, baste mencionar que para entender los alcances de este inmenso reto de la segunda
posguerra era necesario situarnos en aquella época78 y entender qué constituía lo "imparcial" y lo

78
Fue de gran utilidad para esta investigación grupal la referencia a las crónicas efectuadas por un joven secretario
del Consulado en San Francisco, quien narra las semanas en que se sucedió esta conferencia fundadora de las Naciones
Unidas. PAZ, Octavio, Crónica de días excepcionales, México, Fondo de Cultura Económica/UNAM, 2007.

41
42 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

"efectivo" de la protección de los derechos, sobre todo pensando que dichos mecanismos estaban
llamados, desde el principio, a operar en el ámbito interno de los países.79 Lograr en la realidad (y no
sólo en la formalidad) la construcción de poderes judiciales independientes, de representantes
populares diligentes y de una ciudadanía (entonces entendida como opinión pública) vigilante, capa­
ces todos de aceptar las resoluciones de instancias transnacionales llamadas a arbitrar desde ahora los
conflictos.80 Lo único de lo que podíamos estar seguros es de que, en lenguaje corriente, fue sólo a
partir de este momento del siglo XX (y no antes) cuando se empezó a hablar de "derechos humanos".81
Su generalización fue posible primero por los representantes de países que suscribieron los diferen­
tes instrumentos internacionales, que no se podrían entender sin actores fundamentales (entre los
cuales se encuentra de nuevo el presidente Roosevelt, pero también su mujer). Y ante algunas cir­
cunstancias que dejaron al margen a los europeos occidentales durante las negociaciones de este
documento fundamental, parecía que la diplomacia latinoamericana desempéñaba un papel central:
el del compromiso.

1. Los antecedentes de la Declaración

Un primer dato relevante de las negociaciones para la paz en 1945 fue que en la Conferencia de San
Francisco los esfuerzos se dirigieron a consultar a los llamados tres Grandes: Estados Unidos, la
Unión Soviética y la Gran Bretaña. Esto, a pesar de que el texto definitivo fuera firmado por 51 países.

Meses después de la firma en San Francisco, se acordó en la Conferencia de Postdam que en lo


que faltaba de la elaboración de documentos, las pequeñas delegaciones no complicaran las nego­
ciaciones. Esto evocaba el antiejemplo de Versalles en 1919. Un Consejo de Ministros de relaciones
exteriores estaba llamado a preparar los tratados de paz, aunque (a diferencia de lo ocurrido en 1919)
no en la urgencia.

Como adelantamos en el primer capítulo de esta sección, el bloque europeo continental fue
casi excluido, al aducir los tres Grandes que los acuerdos inmediatos a la firma de la paz no podían

79
De las primeras manifestaciones a favor de reconocer el carácter universal de los derechos, René Cassin, a la
postre redactor de la Declaración de 1948, tomando como base la obra de derecho internacional de los derechos huma­
nos del profesor Politis, afirmaba que éstos debían emanar del derecho al domicilio. El individuo debía protegerse, [e]
independientemente de dónde se encuentre. Prácticamente se asimila la noción de ciudadanía a la de domicilio. CASSIN,
René, "La nouvelle conception du domicile dans le reglement des conflicts de lois", Académie de droit international, Recueil des
cours, París, Sirey, 1931.
80
VAN ASBECH, Friedrich, The Universal Declaration of Human Rights and its Predecessors (1679-1948), Leiden, E.J.
Brill, 1979.
81
El Instituto de Derecho Internacional había reabierto sus puertas en Ginebra el verano de 1947, luego de diez años
de suspensión. Los internacionalistas habían usado rara vez el término; tan sólo André Mandelstam plantearía en París,
en 1931, "La Déclaration des droits internationaux de l’homme".
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 43

incluir determinaciones sobre Alemania y Austria. Esto disminuyó la lectura europea del orden de la
posguerra82 y, por ende, su peso específico. Los tres Grandes se erigían en Jueces.

La Carta de las Naciones Unidas suscrita en San Francisco resultó al final un producto del im­
pulso inicial del presidente Franklin Roosevelt (fallecido quince días antes de la publicación de la
misma), quien desde 1941, antes de que Estados Unidos entrara en guerra, había planteado ante
el Departamento de Estado de su país analizar la necesidad de crear una nueva organización para la
paz y la seguridad en el mundo.83 Su objetivo, que, como se vio, pudo también desplegar en el plano
político interno (al anunciar el segundo Bill of Rights), implicaba la promoción de los derechos huma­
nos, la democracia y las libertades fundamentales. Por consiguiente, había que diseñar alguna
instancia que sustituyera a la Liga de las Naciones y su fracaso estrepitoso.

Había además que llegar a un consenso en torno al esquema de comunidad internacional que
se pretendía establecer como punto común entre los países al cabo de las dos guerras mundiales,
pues, hasta ese momento, la violación sistemática a los derechos individuales no era ni siquiera
materia de la acción bilateral o multilateral. Las prácticas en el interior de los Estados no solían si­
quiera ser criticadas.

Agresión y genocidio serían suplantados por protección, en igualdad de condiciones, de los


derechos y las libertades de la persona. El ejercicio de San Francisco servía además para transmi­
tir de primera mano un mensaje a los soviéticos, poco proclives a la idea de dar prioridad a los dere­
chos individuales y más bien buscando afianzar sus tesis colectivistas. Ahora bien, la pregunta más
urgente en ese momento era saber si se lograría plantear un esquema protector aceptado por
todos, de índole interna o internacional. Para esto, se reunieron dos conferencias previas a la publi­
cación de esta Carta de las Naciones Unidas de San Francisco: la primera, en el verano de 1944 en
Dumbarton Oaks, en el barrio de Georgetown; la segunda, en Yalta.

Decíamos que desde la primera de ellas, en Washington, sólo estaban representados los tres
Grandes (Inglaterra, Estados Unidos y la Unión Soviética), además de China; de éstos, sólo Estados
Unidos se había pronunciado sobre la centralidad de los derechos como parte fundamental de la

82
Véase GROSSER, Pierre, «Négotier la paix au XXè siécle», en PETITEVILLE, Franck y PLACIDI-FROT, Delphine (dir.),
Négociations internacionales, París, Presses de Science Po, 2013, p. 207.
83
La iniciativa sería secundada por una serie de instrumentos que me permito enunciar: la Carta del Atlántico (1941),
firmada entre el propio Roosevelt y Churchill; la Declaración de las Naciones Unidas (1942), suscrita por estos útlimos y
representantes de 26 de los países que lucharon contra los ejércitos del Eje; y las Declaraciones de Moscú y Teherán
(1943), por los tres Grandes y China. Véase en http://www.un.org/es/aboutun/history/.
44 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

Carta. China, completamente dependiente de los norteamericanos para terminar con la guerra en
Japón, no tenía más que asentir. Los ingleses temían que elevar la cuestión de los derechos huma­
nos pudiera comprometer su dominio del subcontinente en la India.

Lo cierto es que de estas reuniones surgieron unas "Propuestas para el Establecimiento de una
Organización General Internacional" bajo el título de "Naciones Unidas", cuyo objetivo sería "pro­
mover el respeto a los derechos humanos y las libertados fundamentales, facilitando soluciones ante
problemas internacionales de índole económica, social y humanitaria".84 Por su parte, el compromiso
de establecer una "organización general internacional para mantener la paz y la seguridad" fue sus­
crito por Stalin, Churchill y Roosevelt en la Conferencia de Yalta, en febrero del mismo año.

La de San Francisco, llevada a cabo entre abril y junio del año siguiente, fue concebida muy en
la tradición anglosajona de crear una carta internacional de derechos, a la manera de un Bill of Rights
internacional. La Carta de las Naciones Unidas que resultó de la reunión iba justo en esa dirección.
Los suscriptores fueron países con menos influencia diplomática pero que habían sido agredidos
por Japón, por Alemania o por Italia, los cuales se habían pronunciado a favor de dar un impulso deci­
dido a la iniciativa. Pero no se trataba de firmar un cheque en blanco. Puesto que la formulación de
un ambicioso plan para el rescate económico del mundo no podía esperar, algunos apuntaban que
la iniciativa podía quedarse en mera retórica, pero al final resultó ser una tarea relativamente fácil.
Todos estos predicamentos ayudaron a que el logro del consenso de los 51 países participantes ter­
minara por ser menos complejo de lo que parecía.

Además, cuanto más empezaban a avanzar y a trazarse las líneas de la Guerra Fría, más difícil
parecía que los participantes se pronunciaran por un modelo externo, con instituciones comunes;
era más conveniente decir que cada quien, a su manera, los respetaba. En una etapa de replan­
teamientos para muchos países, la idea de una carta de derechos también servía para plantear en
la agenda interna una serie de proclamas contra los gobiernos con argumentos externos.

De los trabajos realizados en años posteriores, surgieron al menos dos borradores; el primero
serviría como antecedente para preparar la Declaración Universal, y el segundo (que constaba de
dos partes), para seguir enriqueciéndolo, que consistía en un esbozo de Convenio de Derechos

84
SCHWELG, Egon, Human Rights and the International Community: Roots and Growth of the Universal Declaration of
Human Rights, 1948-1963, Chicago, Quadrangle Books, 1964, p. 25.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 45

Humanos (que resultaría aprobado más tarde, en 1966). Una primera parte consistiría en derechos
sustantivos, y otra en medidas para implantarlos.

Es bien sabido que estos esfuerzos se vieron consagrados el 10 de diciembre de 1948 con la
suscripción de la Carta de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, en la que la comunidad
internacional llegó a establecer un consenso sobre una lista de derechos que se deben proteger y
promover. Aunque no hubo votos en contra, sí hubo varias abstenciones (por ejemplo, los sudafrica­
nos, al ver consagrada la cuestión de la igualdad racial; Arabia Saudita, por la cuestión de la igual­
dad entre sexos; o los países aliados a los soviéticos, por no ver consagrado el capítulo de derechos
sociales con mayor intensidad). Y, sin embargo, la declaración no contiene mecanismos concretos para
la implementación de sus propios contenidos.

La relevancia de la Carta radica en que, en la actualidad, es el instrumento más importante en


materia de derechos humanos; ha sido ratificado prácticamente por todos los países, incluso por
aquellos en los que se registran violaciones sistemáticas a estos derechos. Aunque se trate de un
texto que no podría considerarse finito,85 este documento se ha vuelto sin duda el estándar de la legi­
timidad política en el mundo contemporáneo; una constancia de los patrones mínimos de trato que
cualquier Estado debe procurar a sus ciudadanos.

2. El impulso crucial de la otra Roosevelt

Muy en el aire de los tiempos, luego de su matrimonio con Franklin D. Roosevelt, en 1905, sus biógra­
fos hablan de un trato para no romper su relación, debido a que Eleanor descubrió una infidelidad
conyugal. Al menos podríamos decir que fue útil para ambos llegar a un arreglo, al fortalecer sus
planes personales.

Ella fue clave para llevarlo a sus tres reelecciones como presidente de Estados Unidos (él
aceptaba, incluso públicamente, que su mujer era más liberal que él, y eso distaba de ser desventa­
joso en un estado general de cosas de franca tensión social por racismo, sexismo y otras formas de
discriminación en los años treinta y cuarenta). Al lado del Presidente pudo desempeñar una labor
muy activa como First Lady (durante esos periodos, se tienen registrados alrededor de cincuenta
discursos anuales por todo el país). En 1939 renunció al influyente club de Hijas de la Revolución

85
El trabajo de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas no terminaba ahí; de hecho, tuvo que
seguir adelante hasta que se logró terminar la Convención Internacional sobre Derechos Humanos, en 1966, además
de iniciar un sistema de monitoreo del goce de los mismos.
46 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

Norteamericana cuando éste no permitió que Marian Anderson, cantante de ópera afroamericana,
se presentara en un teatro de Washington. Durante la Segunda Guerra Mundial escribió miles de
cartas a combatientes hospitalizados y a toda clase de personas en dificultades, como judíos que
pedían inmigrar a Estados Unidos, o mineros huelguistas. Defendió incansablemente causas afroa­
mericanas y del movimiento por los derechos civiles. No por casualidad fue designada por el llamado
NCAACP para integrar su comité directivo. Tampoco debe resultar sorprendente verla como pieza
clave en la Comisión de Derechos Humanos, encargada de la redacción de la Declaración Universal
por los siguientes tres años.86

Harry Truman (1945-1953), que sucedió al presidente Roosevelt (ya fallecido), la designó a su vez
delegada de Estados Unidos para integrar la primera sesión de la Asamblea General de las Naciones
Unidas, que tuvo lugar en 1946, en Londres. A partir de entonces encarnó la representación nor­
teamericana ante el Consejo Económico y Social (Ecosoc) y presidió las tareas para integrar la Comi­
sión de Derechos Humanos como Chairperson y miembro del comité redactor de la Carta de 1948.

Dada la tensión de la posguerra, una paz duradera se anunciaba como un reto muy difícil de
lograr. La difusión masiva de los horrores del Holocausto llevaron a muchos actores a pronunciarse
a favor de evitar la reactivación del conflicto armado. Eleanor Roosevelt era una de las pocas inter­
locutoras occidentales que se entendía con los soviéticos. Para actores como René Cassin, era fun­
damental contar entre los firmantes a la Unión Soviética, para lo cual habría que llegar a algunos
compromisos. La capacidad demostrada por Eleanor para lograr consensos se vio reflejada en el
voto de grupos de países que tenían razones para volverse antagónicos.87 Se ha dicho que su fir­
meza al dirigir los debates alejó la retórica de la Guerra Fría de las salas de deliberación, incluso
durante el puente aéreo a Berlín en el verano de 1948.

No obstante que personal del Departamento de Estado estaba encargado de preparar docu­
mentos técnicos y verificar que las posturas de la señora Roosevelt coincidieran con una adminis­
tración cada vez más conservadora, nunca hubo rupturas ni rispideces.88 Durante meses, las
negociaciones de la Comisión no avanzaban porque las dos superpotencias se negaban a materia­
lizar sus intenciones de paz en un documento que lo expresara en términos jurídicos (este logro

86
MAGILL, Frank (ed.), Great Events from History, Human Rights series, vol. II, Pasadena, Selem Press, 1963.
87
GLENDON, Mary Ann, A World Made New: Eleanor Roosevelt and the Universal Declaration of Human Rights, Nueva
York, Random House, 2001.
88
Morsink, Johannes, The Universal Declaration on Human Rights: Origins, Drafting and Intent, Filadelfia, University
of Pennsylvania Press, 1999, 325 p.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 47

era acaso lo único que pretendían muchos países y ONG). Parece que le fue útil haber sido cuida­
dosa en distinguir ante sus colegas en qué momento manifestaba una postura a nombre propio o
de su gobierno.

Numerosos fueron los capítulos en que las posturas no podían estar más enfrentadas. En tanto
los occidentales veían en los derechos humanos un caparazón protector contra el poder estatal, los
soviéticos los planteaban como elemento del imperialismo y la opresión al trabajador y que debían
desacreditar a toda costa. Por razones como ésta, prefirió llegar a ciertos compromisos y a retirar de
la mesa determinadas cuestiones, no por falta de importancia sino porque éstas habrían podido difi­
cultar aún más la aprobación de la Carta.89 Así, por ejemplo, una de las cuestiones más delicadas
fue la inclusión de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales en la declaración; como parte
de su estrategia negociadora, Eleanor propuso este capítulo en una sección no vinculante para los
países.

Su estrategia, sin embargo, no pudo prevalecer por siempre.90 El presidente Eisenhower (1953-1961)
advirtió la necesidad de modificar la manera como se había conducido la política exterior norteame­
ricana. Su estrategia consistió en reforzar internamente los apoyos partidistas requeridos antes de
suscribir tratados. Esto, ante la abierta reticencia en el electorado por el involucramiento de Estados
Unidos en la construcción de la Organización de las Naciones Unidas (sin contar la tradicional reserva
frente a la suscripción de instrumentos internacionales). Eleanor Roosevelt concentró sus esfuerzos
en lograr que el gobierno de su país no abandonara su participación.

La situación social borró el argumento que ella trató de anteponer, al afirmar que por tratarse de
derecho internacional, no vinculaba realmente a las autoridades nacionales. Pero no logró conven­
cer internamente. En 1952 dejó la representación ante las Naciones Unidas y regresó a ejercer una
influencia personal para involucrar intereses norteamericanos en diversos capítulos de las Naciones
Unidas. Murió diez años después (1962), sin medir hasta qué punto la Declaración Universal conti­
nuó creciendo en influencia, inspirando cientos de textos jurídicos (convenciones, constituciones,
protocolos y toda clase de declaraciones). A reserva de dedicar un capítulo de este libro al papel que
desempeñaron los diplomáticos mexicanos y otros latinoamericanos en el cierre de las negociacio­
nes, vale la pena preguntarse la razón por la cual los actores europeos (fuera de notables excep­

89
ESHTER, Dan, Fundamental Freedoms: Eleanor Roosevelt and the Universal Declaration of Human Rights, Nueva York,
Making History and Ourselfs National Foundation, 2010.
90
MOWER, Alfred Glenn, The United States, the United Nations, and Human Rights: The Eleanor Roosevelt and Jimmy
Carter Eras (Studies in Human Rights), Greenwood Press, 1979.
48 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

ciones, como René Cassin) estuvieron lejos de servir como piezas centrales de negociación y unión
entre bloques (soviético y norteamericano) durante la suscripción de este y otros documentos en
materia de protección internacional de los derechos fundamentales,91 sobre todo en momentos en que
el continente entero seguía asimilando los estragos del conflicto mundial que apenas terminaba.

3. ¿Y por qué los europeos no?

A primera vista, podría pensarse que la magnitud de la reconstrucción de Europa llevaba a sus
líderes a encontrar vías de solución de mayor proximidad. Esto, además del recelo que ciertamente
les representaba ceñirse al sistema norteamericano de Bretton Woods y al previsible dominio finan­
ciero que de éste se desprendía para las décadas por venir. Más que excluidos del proceso, la falta de
predominio en la redacción de la Declaración Universal de representantes de este continente parece
ser más bien un efecto explicado por la complejidad del momento.

Por otro lado, conviene señalar que, más que la consagración definitiva de los derechos fun­
damentales, la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948 representaba un punto de
partida. Esto no habría podido ser de otra manera, en la medida en que la asimilación del derecho
internacional dentro del ámbito interno era (y sigue siendo en la actualidad) una de las operaciones
más complejas en el campo jurídico.

Baste mencionar la manera como las dos Europas (la de los mercados y la de los derechos)
tardaron décadas antes de poder unirse como un todo integrado alrededor de los derechos de la
persona.92 Como producto de los esfuerzos de armonizar prácticas, tanto diplomáticas93 como políti­
cas y jurídicas, apenas hace unos años se empezó a hablar de diálogo entre Jueces, que por primera
vez une en un lazo relativamente coherente a las dos instituciones europeas: la de los derechos (en
Estrasburgo) con la de las instituciones (en Luxemburgo). Desde hace al menos dos décadas, estos
dos tribunales se han dado a la tarea de abordar indistintamente ambos temas, complementándolos.94

91
SLUGA, Glenda, "René Cassin: les droits de l’homme and the universality of human rights", en HOFFMAN, Stefan-
Ludwig (ed.), Human Rights in the Twentieth Century, Nueva York, Cambridge University Press, 2011.
92
DELMAS-MARTY, Mireille, Le relatif et l'universel: les forces imaginantes du droit, París, Seuil, 2004.
93
RASK MADSEN, Mikael, "Legal Diplomacy; law, politics and the genesis of postwar European human rights", en
HOFFMAN, Stefan-Ludwig, Human Rights in the Twentieth Century, Oxford, Oxford University Press, 2011, p. 62.
94
WEILER, J.H., "A quiet revolution: the European Court of justice and its interlocutors", Comparative Political Studies,
vol. 4, núm. 26, 1994, pp. 510-534.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 49

El europeo fue acaso el continente donde el edificio erigido para proteger los derechos indivi­
duales tardó más en consolidarse; donde el discurso no iba necesariamente acompañado de deci­
siones políticas consistentes.

Desde los primeros años de la segunda posguerra, derecho y política fueron materias con fron­
teras muy porosas, que sirvieron como herramienta de trabajo a los partidos para lograr la recons­
trucción de las instituciones.95 De esa suerte, el diseño de las instituciones se planteaba primero, sin
antes medir la repercusión directa que su funcionamiento causara en el goce de los derechos.96
La estrategia de no querer llevar al extremo de la obligatoriedad las acciones comunitarias, se nota
también en la manera como, durante los años iniciales (1950), los europeos optaron por negociar su
Convención de derechos humanos, estableciendo por un lado un derecho opcional de petición indi­
vidual, así como una vinculatoriedad opcional a favor de los Estados parte (estos últimos, pudiendo
escoger someterse solamente a la Comisión y no a la Corte Europea, por ejemplo).97 La política de
nuevo sobre el derecho.

Podría entonces afirmarse que esa voluntad política dispar de los europeos dificultó que se
llegara a una Declaración Universal sin sobresaltos. En la conformación comunitaria, iniciada for­
malmente dos años después de la Declaración Universal de 1948, se seguía aludiendo la hipocresía
de países que se habían sumado al sistema universal de protección de derechos sin ningún afán de
modificar prácticas atentatorias del individuo en el interior de sus propias fronteras.98

En enero de 1947, René Cassin fue nombrado para integrar la Comisión de Derechos Humanos
de las Naciones Unidas, que, como vimos, estaba presidida por Eleanor Roseevelt. En la Comisión
se nombró además a filósofos de Asia y Medio Oriente (Peng-chun Chang y Charles Habib Malik,
vicepresidente y relator, respectivamente, de nacionalidades china y libanesa). Para la perspectiva
del universalismo francés, la integración del Comité y la conducción de los debates en inglés, repre­
sentó una nota relevante al momento de sortear los anunciados riesgos de caer en particularismos
derivados de las numerosas percepciones que afloraban en un mundo en cenizas.99 Parecía pues

95
DEZALAY, Yves, "Les courtiers de l'internationalisation: Héritiers cosmopolites, mercenaires de l’impérialisme et
missionnaires de l'universel", Actes de la recherche en Sciences sociales, núm. 151/152, 2004, p. 534.
96
HENKIN, Louis, The Age of Rights, Oxford, OUP, 1990; BOBBIO, Norberto, The Age of Rights, Oxford, OUP, 1995.
97
La Comisión Europea desapareció en 1998 debido a su ineficacia; para poder adquirir importancia, sus determina­
ciones tenían que ser retomadas y refrendadas en el Consejo de Ministros.
98
MORAVCSIK, Andrew, "The origins of Human Rights Regimes: democratic delegation in Postwar Europe", International
Organization, núm. 54, 2000, pp. 217-252.
99
AGI, Marc, René Cassin: père de la Déclaration Universelle des Droits de l’Homme, París, Perrin, 1998.
50 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

que los europeos eran proclives a retomar una perspectiva uniformizadora y que los países anticolo­
niales se adherían al respeto a las realidades de cada país.

No se debe descartar tampoco que otros intereses flotaban en el ambiente, como el sentido
soberanista de una guerra todavía presente, o el espíritu colonial que significó el motor de las dos
guerras mundiales. Fue así como las discusiones que se iniciaron desde 1947 (y se continuaron inclu­
so antes de la suscripción de la Convención en 1966) tenían la impronta de lograr identificar al indivi­
duo como elemento nuclear de la composición estatal. "El individuo no como miembro de una clase
social o de una nación, sino como el común denominador de la humanidad; como antítesis de dere­
chos basados colectivamente, cuyo potencial se dirigía a poner en duda la universalidad de los
derechos."100 Pero también era momento de reflexionar sobre los errores del pasado.

Con la distancia, era factible entender que el fracaso de la Liga de las Naciones se debió sobre
todo a la nula capacidad que tuvieron sus instancias para la protección de minorías (cuyos derechos
se entendían violentados en tanto se afectara a toda la comunidad; eran dignas de protección por
asimilarse a un colectivo).101 Cassin en persona había atestiguado esa incapacidad de la comunidad
internacional, y esto, no sólo por haber tenido que abandonar la capital de su país por pertenecer a la
comunidad judía durante la guerra.

Durante los años anteriores a la Sociedad de las Naciones, los países colonialistas habían jus­
tificado en parte la expansión territorial con la bandera de erradicar la esclavitud en aquellos territo­
rios. Pero en ese trayecto, poco habían logrado para evitar ataques frontales contra minorías étnicas
(las terribles noticias del genocidio perpetrado en contra de armenios, pero también de judíos y
musulmanes antes de la Primera Guerra Mundial así lo confirman). Por la experiencia, se pretendía
que las intervenciones del nuevo sistema universal de protección de derechos no dependieran de la
detección de riesgos contra sectores completos de una colectividad, sino que bastaría que co­
rriera riesgo un solo individuo en el goce de sus derechos para exigir una respuesta de la comunidad
internacional.

Antes de llegar a la conclusión de los trabajos de la declaración de 1948, Jaime Torres Bodet,
diplomático mexicano y segundo de los directores de la UNESCO referiría la noción de "ciudadanía

100
WINTER, Jay, Dreams of Peace and Freedom: Utopian Moments in the Twentieth Century, New Haven, Yale University
Press, 2006, p. 6.
101
HELFER, Lawrence y SLAUGHTER, Anne Marie, "Thoward a theory of Effective International Adjudication", Yale Law
Journal, vol. 107, núm. 2, 1997, pp. 271-391.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 51

mundial", según la cual toda persona "extrae el sentido de justicia, derivado del principio de la Decla­
ración Universal que atribuye a todo individuo derechos de quien nadie puede legal o moralmente
ser desposeído".102 Incluso hubo quien retomó esta postura entre los delegados a la reunión de 1948
(por ejemplo, el delegado filipino Carlos Rómulo, quien llamaba a una carta de derechos racional
que tomara en consideración los diferentes patrones culturales que hay en el mundo, respecto a
costumbres populares y derechos humanos).103

Éste no es el lugar para detallar los motivos por los que esta lectura no tuvo mayor expansión
frente a las tensiones abiertas por la guerra fría y por las presiones anti coloniales de la posguerra.
Pero al menos demuestra la importancia que adquirían representantes de países que antes estu­
vieron marginados. La realidad que desde entonces enfrenta la comunidad internacional, de evitar
el regreso de una especie de nuevo particularismo (encarnado por el rearmamento de estados nacio­
nales fuertes y por el cada vez más difícil reconocimiento de la autodeterminación de los pueblos
frente al fenómeno de la mundialización). Pasado más de medio siglo del 10 de diciembre de 1948,
el debate sigue entre ambos bandos, con sus transformaciones. Es cierto que ahora se habla de
cosmopoli­tismo, sin que encontremos una mejor solución que regresar a la noción de los derechos
inherentes a la persona.

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102
Del discurso "Human Rights: the Task before us", cit. por Sluga, 2011, p. 113.
103
De los registros de Malik en la reunión de 1o. de febrero de 1947, cit. por Sluga, p. 11.
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Unidas (1942), suscrita por estos útlimos y representantes de 26 de los países que lucharon
contra los ejércitos del Eje; y las Declaraciones de Moscú y Teherán (1943), por los tres Gran­
des y China, véase en http://www.un.org/es/aboutun/history/.

Registros de Malik en la reunión del 1o. de febrero de 1947, cit. por Sluga, p. 11.

Jurisprudencia

Ableman v. Booth, 62 U.S. 506 (1859).

Adkins v. Childrens Hospital, 261 U.S. 525 (1923).

Bailey v. Drexel Furniture Co., 259 U.S. 20 (1922).

Bank of Augusta v. Earle, 38 U.S. 13 Pet. 519 519 (1839).

Briscoe v. Bank of Commonwealth of Kentucky, 36 U.S. 11 Pet. 257 (1837).

Charles River Bridge v. Warren Bridge, 36 U.S. 420 (1837).

Dred Scott v. Sandford, 60 U.S. 393 (1857).

Marbury v. Madison, 5 U.S. 1 Cranch 137 (1803).


58 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

McCulloch v. Maryland, 17 U.S. 4 Wheat 316 (1819).

Nebbia v. New York, 291 U.S. 502 (1934).

New York v. Miln, 36 U.S. 102 (1837).

Northern Securities Co. v. United States, 193 U.S. 197 (1904).

Plessy v. Ferguson, 163 U.S. 537 (1896).

Pensacola Telegraph Co. v. Western Union Telegraph Co. (1877, 96 U. S. 1).

State of Missouri v. State of Iowa, 48 U.S. 660 (1849).

United States v. E. C. Knight Co., 156 U.S. 1 (1895)


SECCIÓN §2
EL AMPARO DE LA UNIÓN:
HISTORIA DE UNA INSTITUCIÓN
COMPLEJA Y COMPLEJIZANTE

Rafael Estrada Michel*


* Director General del Instituto Nacional de Ciencias Penales, Consejero de la Comisión Nacional de los Dere­
chos Humanos, Investigador Nacional Nivel 2.
El autor agradece a Clara Lucía Reyes Núñez y Rigoberto Gerardo Ortiz Treviño, los dos investigadores del Insti­
tuto Nacional de Ciencias Penales, por su invaluable colaboración durante la preparación de materiales indispensa­
bles para la escritura de este trabajo.
P artamos de la base de que todo grupo humano que se ha asociado en las formas propias del
Estado moderno ha organizado la defensa de su Constitución de conformidad con las circunstan­
cias de corte histórico que ha tenido que arrostrar. Pretender en nuestro tema otra cosa nos llevaría
a la reduccionista posición propia de quienes pretenden que el juicio de amparo mexicano se
estableció de una vez y para siempre con un corte sencillo, casi intuido, en absoluto conectado con
la realidad, abstracto, universalizable, cuando no extrapolado. Y tal postura dejaría, entre otras cosas,
sin explicación posible a figuras tan peculiarmente anahuacenses como la "Fórmula Otero" y la "im­
procedencia del Amparo en materia electoral".

La defensa de los derechos y libertades individuales a cargo de los Jueces es algo que ha carac­
terizado a la tradición jurídica mexicana incluso antes de hallarse inmersa en el constitucionalismo
moderno. Un fenómeno considerablemente distinto, por ejemplo, al desarrollo de la defensa constitu­
cional en los Estados Unidos de América, pues como Elder Witt precisa:

[...] el papel de la Suprema Corte de Justicia como guardiana de los derechos y libertades del
individuo es nuevo, es una responsabi­lidad que adoptó en el siglo XX. Durante la mayor parte
de su historia, la Suprema Corte tuvo muy poco que decir acerca de las garantías a la libertad
individual que otorga la Constitución. En su preocupación por definir las relaciones entre
la nación y los estados y entre el gobierno y el comercio, la Corte tuvo pocas oportunidades
y menos razones para ocuparse de los derechos individuales.1

1
Witt, Elder, La Suprema Corte de Justicia y los derechos individuales, México, Gernika, 1995, p. 7.

61
62 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

Ahora bien, ello no obsta para que muchos de los arquitectos del señero juicio de amparo
abrevaran de la experiencia judicial norteamericana. En este sentido Mariano Otero, quien aportaría
la redacción federal del amparo mexicano, afirmaba que

en Norteamérica, […] este poder [el Judicial] salvador provino de la Constitución y ha produ­
cido los mejores efectos. Allí el juez tiene que sujetar sus fallos antes que todo a la Consti­
tución; y de aquí resulta que cuando las encuentra en pugna con una ley secundaria, aplica
aquélla y no ésta, de modo que sin hacerse superior a la ley, ni ponerse en oposición al Poder
Legislativo, ni derogar sus disposiciones, en cada caso particular en que ella debía herir, la
hace impotente. Una institución semejante es del todo necesaria entre nosotros.2

Sin embargo, una cosa era la defensa de la Constitución per se, es decir, una defensa de la lega­
lidad suprema, y otra la garantía de los derechos y libertades individuales. Consciente de ello, el
pro­pio Mariano Otero consignó, en el artículo 25 del Acta Constitutiva y de Reformas del 18 de mayo
de 1847, lo siguiente:

Artículo 25. Los tribunales de la federación ampararán a cualquier habitante de la república


en el ejercicio y conservación de los derechos que le concedan esta Constitución y las leyes
constitucionales, contra todo ataque de los poderes legislativo y ejecutivo, ya de la federación,
ya de los estados; limitándose dichos tribunales a impartir su protección en el caso particular
sobre el que verse el proceso, sin hacer ninguna declaración general respecto de la ley o del
acto que lo motive.

Se trataba de un juicio inspirado en la veladamente separatista y malograda Constitución de


Yucatán de 1841, que establecía (dentro de las facultades de la Corte Suprema de tal entidad):

Artículo 62, 1. Amparar en el goce de sus derechos a los que le pidan su protección contra
las leyes y Decretos de la Legislatura que sean contrarios al texto literal de la Constitución, o
contra las providencias del Gobernador, cuando en ellas se hubiese infringido el código fun­
damental en los términos expresados y limitándose en ambos casos a reparar el agravio en la
parte en que la Constitución hubiese sido violada.

Los Jueces de primera instancia, por su parte, "ampararán en el goce de los derechos garanti­
zados […] a los que les pidan su protección contra cualesquiera funcionarios que no correspondan al
orden judicial, decidiendo breve y sumariamente las cuestiones que se susciten sobre los asuntos

2
Voto particular de Mariano Otero, 5 de abril de 1847. Cit. por TENA RAMÍREZ, Felipe, Leyes fundamentales de México
(1808-2005), México, Porrúa, 2008, p. 465.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 63

indicados" (artículo 8o.). Con ambas facultades, la ley fundamental yucateca devenía en la primera
en contemplar en forma expresa mecanismos de justicia constitucional.

El Comité que justificó el proyecto constitucional yucateco se expresaba en estos sintomá­


ticos términos: "en resumen, señores, la Comisión, al engrandecer el Poder Judicial, debilitando la
omnipotencia del Legislativo, y poniendo diques a la arbitrariedad del Gobierno y sus Agentes Sub­
alternos, ha querido colocar las Garantías individuales, objeto esencial y único de toda Institución
Política, bajo la salvaguardia de aquél".3 Con ello, además de inaugurar una tradición en la nomencla­
tura que confundirá garantías individuales con derechos humanos y que durará entre nosotros, con
interrupciones, hasta el año 2011, el proyecto era suficientemente claro en lo relativo a sus afanes
robustecedores de un garantista Poder Judiciario.

3
Proyecto de Constitución para el Estado de Yucatán, elaborado por Manuel Crescencio Rejón, en González Oropeza,
Manuel, Constitución y derechos humanos. Orígenes del control jurisdiccional, México, CNDH / Porrúa, 2009, p. 188.
CAPÍTULO V
La consolidación de la
soberanía estatocéntrica

S i tal diseño institucional se debió al genio de Manuel Crescencio Rejón y Alcalá, implicaba cierta­
mente una fusión de diversas tradiciones tanto del nuevo como del antiguo régimen.4 De la tradición
castellano-indiana, Rejón empleó el lenguaje procesal que seguía vigente en el México independiente,
precisamente el contenido en la tercera Partida del histórico compendio medieval de Ius commune
las Siete Partidas de Alfonso X el Sabio. Recuérdese que el virreinato de la Nueva España se fundó
en el derecho castellano-leonés, como que estaba incorporado a la Corona de Castilla.5 En este sen­
tido, es menester tener presente la real cédula de Carlos V, en la que las leyes de Castilla constitu­
yen el derecho supletorio del especial indiano:

Ordenamos y mandamos que en todos los casos, negocios y pleitos en que no estuviere deci­
dido, ni declarado lo que se debe proveer por las leyes de esta Recopilación, o por cédulas,
provisiones u ordenanzas dadas y no revocadas para las Indias, y las que por nuestra orden se
despacharen, se guarden las leyes de nuestro Reino de Castilla conforme a la de Toro.6

4
"El Derecho indiano abruptamente interrumpido en 1810 —o en otra fecha cercana— aparece como si fuese un
‘muñón histórico’. Es ésta una falsa imagen que impide observar la finalización del proceso —preñado de supervivencias
y renovaciones— que culmina en un entronque cultural y no en una operación de amputación intelectual." Tau Anzoá­
tegui, Víctor, "El Derecho indiano en el siglo XIX: continuidades y rupturas", en Nuevos horizontes históricos en el estudio
histórico del Derecho Indiano, Buenos Aires, Instituto de Investigaciones de Historia del Derecho, 1997, p. 126. El mismo
autor prueba en su importante obra El poder de la costumbre. Estudios sobre el derecho consuetudinario en América his-
pana hasta la emancipación, Buenos Aires, Instituto de Investigaciones de Historia del Derecho, 2001, la espectacular
supervivencia de lo indiano hasta, por lo menos, la primera mitad del siglo XIX.
5
DOUGNAC RODRÍGUEZ, Antonio, Manual de historia del Derecho Indiano, México, UNAM, 1994, p. 31.
6
Recopilación de Leyes de los Reinos de las Indias, mandadas imprimir y publicar por Carlos II. En Madrid, año de 1681,
libro II, título 1, ley 2.

65
66 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

Por otro lado, debe considerarse que en la fisonomía del derecho castellano la función judicial
se concebía como una tarea esencial a todo acto de gobierno apuntalado, a su vez, por cimientos
éticos. Así se consignó en las Partidas:

Rey quiere decir como regidor, y sin falla a él pertenece el gobierno del reino, y según dijeron
los sabios antiguos, señaladamente Aristóteles en el libro que se llama Política, en el tiempo
de los gentiles el rey no solamente era guiador y caudillo de las huestes y juez sobre todos
los del reino, más aún era señor sobre las cosas espirituales […]7

Iurisdictio semejante implica que, en el Antiguo Régimen, gobernar sea ante todo juzgar de con­
formidad con un derecho prestablecido, con un orden intocable y, por tanto, indisponible: amparar
como custodio de la justicia e imagen de la equidad.8 En opinión de Faustino Martínez "conforme al
elenco de tradiciones que cristalizaban en la figura del rey, éste aparecía investido de un poder supe­
rior al de cualquier otra institución política o social […] De un Amparo, entendido como especial
protección del rey a unos pocos privilegiados y operativo al margen de un proceso, se pasará a un
Amparo de tipo general, extendido a todos los súbditos y regulado mediante los correspondientes
mecanismos procesales".9

Esto se concretó en los amparamientos descritos y regulados en la tercera partida, a saber: la


alzada, la merced regia, la restitución de menores y la revisión extraordinaria por falsedad en la prue­
ba o por infracción de la ley. Es cierto que tales instituciones no fueron asimiladas sin más en Nueva
España. El virrey, sin embargo, alter ego del rey de Castilla, amparaba procesalmente a los naturales y
protegía sus repúblicas y mercedes.

En todo caso, Rejón se benefició, en primer lugar, de la antigua terminología. Como innovación
en su proyecto debe destacarse el carácter tutelar general del amparo, algo que será característico del
nuevo régimen en virtud de la moderna igualdad en la administración de justicia.

1. Incentivos para
centralizar la justicia

En otro terreno, parece que tanto Rejón como Otero fueron influidos por el constitucionalismo nor­
teamericano, especialmente mediante la obra La democracia en América, de Alexis de Tocqueville.

7
ALFONSO X, IIa Partida, Las Siete Partidas, Madrid, Publicaciones Españolas, 1961, título 1, ley 6.
8
Cfr. Agüero, Alejandro, "Las categorías básicas de la cultura jurisdiccional", en Lorente Sariñena, Martha (coord.),
De justicia de jueces a justicia de leyes: hacia la España de 1870, Madrid, Consejo General del Poder Judicial, 2007, pp. 19-58;
Fioravanti, Maurizio, Constitución: de la antigüedad a nuestros días, trad. Manuel Martínez Neira, Madrid, Trotta, 2001.
9
Martínez Martínez, Faustino et al., Apuntes para la historia del juicio de amparo, México, Porrúa, 2010, p. 25.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 67

Empero, hoy día se tienen suficientes pruebas para destacar el influjo liberal hispano-francés, e incluso
británico, derivado de la Constitución de Cádiz de 1812.10 Tras los trabajos seminales de José Barragán,11
parece claro que el amparo deriva buena parte de su sustantividad del procedimiento para com­
batir las infracciones a la Constitución que la ley fundamental doceañista preveía en su artículo
373.12 Poco, en cambio, se asimiló del Derecho indiano propiamente dicho.13 Después de todo, el ordus
propio del gobierno de la América española canalizaba el derecho castellano-leonés sin requerir la
mediación de las Leyes de Indias.

El amparo, ya inserto en las coordenadas del constitucionalismo moderno, surgió de una serie
de reacciones al primer órgano de control constitucional claramente facultado como tal en México, el
Supremo Poder Conservador que fue consagrado en la segunda de las Siete Leyes Constitucionales
de 1836. Tal órgano se inspiró en el Sénat conservateur diseñado por Emmanuel Sieyés en la Consti­
tución francesa del 13 de diciembre de 1799. El Supremo Poder Conservador se integró por cinco
notables y fue una especie de cuarto poder. Conocía de las excitativas presentadas por cualquiera
de los otros poderes (respecto de actos presuntamente inconstitucionales cometidos por algún poder),
emitiendo declaraciones de nulidad con efectos erga omnes. Por tanto, no era un organismo ase­
quible a todo justiciable. En 1840 hubo importantes intentos de reformarlo, como consta en el voto
particular de un diputado apellidado Ramírez:

Yo, como he dicho antes, no estoy por la existencia del Supremo Poder Conservador: ninguna
otra medida podía, en mi concepto, reemplazar su falta, que conceder á la Suprema Corte de
Justicia una nueva atribución por la que cuando cierto número de Diputados, de Senadores,
de Juntas Departamentales reclaman alguna ley ó acto del Ejecutivo, como opuesto á la Cons­
titución, se diese a ese reclamo el carácter de contencioso y se sometiese al fallo de la
Corte de Justicia.14

10
Vid. Ferrer Muñoz, Manuel, La Constitución de Cádiz y su aplicación en la Nueva España, México, Universidad
Nacional Autónoma de México, 1993, pp. 223-260.
11
Por sólo citar los más directamente relacionados con la temática que nos ocupa cfr. El juicio de amparo mexicano y
el recurso de contrafuero (Valencia, 1976); El juicio de residencia en el origen constitucional del amparo mexicano (Valencia,
1973); El juicio de responsabilidad en la Constitución de 1824 (antecedente inmediato del amparo) (México, 1978).
12
"Todos los españoles tienen derecho a representar a las Cortes o al Rey para reclamar la observancia de la Consti­
tución". Cfr. Lorente, Marta y Portillo, José María (dirs.), El momento gaditano. La Constitución en el orbe hispánico
(1808-1826), Madrid, Cortes Generales, 2012, pp. 359-382.
13
Vid. Martínez, Apuntes..., p. 186.
14
Voto particular (atribuido por Tena al) Diputado José Fernando Ramírez, al proyecto de Reformas de las Leyes Consti-
tucionales, México 30 de junio de 1840. En Tena Ramírez, Leyes…, pp. 298.
68 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

Poco después vendrán la aportación de Rejón en Yucatán y la formulación federal de Mariano


Otero. Sin embargo, será con la Constitución de 1857 como el juicio de amparo logrará carta de
ciudadanía, ya formulada con precisión su competencia y estructura.15 Desde luego, eso no fue pro­
ducto de un proceso terso, sino que se halló inmerso en los avatares que aquejaron a la propia
Carta del 57.

Apenas en 1861 se contó con la primera ley orgánica de los artículos 101 y 102 de la Ley Funda­
mental. Una ley orgánica que en esencia era más bien reglamentaria. Obra de Manuel Dublán, la nueva
ley poseía un articulado breve —treinta y cuatro artículos— y consolidaba el derecho adjetivo del
amparo al precisar que un juicio podía iniciarse a petición de parte; que se favorecería a los más
pobres y que la sentencia tendría efectos relativos (lo que se ha conocido como "fórmula Otero").
Clave en este texto es el hecho de que el Juez de Distrito adquiere un protagonismo indiscutible;
aunque existía una apelación en los Tribunales de Circuito, muchos juicios fueron conocidos en la
Suprema Corte "en caso de discrepancia".16

El 19 de enero de 1869 se expide la nueva Ley Orgánica de los Artículos 101 y 102 de la Constitu­
ción que, con un total de treinta y un artículos agrupados en cinco capítulos, abrogaba la de 1861.17
Esta ley será el marco de la casuística que hemos de analizar en breve. De ahí que deba destacarse
la novedosa regulación de la suspensión del acto o de la ley impugnada. En este sentido, procedía la
suspensión a instancia de parte, así como por decisión de oficio del propio Juez. Se subrayaba que
el procedimiento debía ser rápido en virtud de la especial trascendencia de los hechos en debate.
A su vez, las cuestiones probatorias fueron reguladas con mayor hondura si se las compara con la
parquedad de la Ley de 1861. La aparición de la fase instructiva quedaba al arbitrio del juzgador,
ya que "evacuado el traslado, si el juez creyere necesario esclarecer algún punto de hecho, mandará
recibir el negocio a prueba por un término común que no exceda de ocho días".

15
"Artículo 101. Los tribunales de la federación resolverán toda controversia que se suscite:
I. Por leyes o actos de cualquier autoridad que violen las garantías individuales.
II. Por leyes o actos de la autoridad federal que vulneren o restrinjan la soberanía de los estados.
III. Por leyes o actos de las autoridades de éstos, que invadan la esfera de la autoridad federal.
Artículo 102. Todos los juicios de que habla el artículo anterior se seguirán, a petición de parte agraviada, por medio
de procedimientos y formas del orden jurídico, que determinará una ley. La sentencia será siempre tal, que sólo se ocupe de
individuos particulares, limitándose a protegerlos y ampararlos en el caso especial sobre que verse el proceso, sin hacer
ninguna declaración general respecto de la ley o acto que motivare.
16
Vid. Martínez, Apuntes…, p. 295.
17
Vid. Barragán Barragán, José, Proceso de discusión de la ley de Amparo de 1869, México, IIJ-Universidad Nacional
Autónoma de México, 1987, pp. 314-318.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 69

Si bien es cierto que la Ley no habla de apelación ni de recurso, existe un remedio procesal de
tal naturaleza, pues en semejanza a toda apelación la decisión en Pleno de la Suprema Corte tenía por
objeto revocar, confirmar o modificar la de la primera instancia. La ejecución de la sentencia adopta
otras pautas. Una vez emitida la resolución por la Suprema Corte, se remite al Juez de Distrito para que
proceda conforme a derecho. Así, se da cuenta a la parte y a la autoridad y, en caso de que ésta se
muestre remisa a su cumplimiento, se notifica al superior jerárquico.

Finalmente, la ley de 1869 no sólo preveía la inaplicación de una ley o de un acto reclamado.
También ahora en la sentencia se ordenaba volver las cosas al estado en que se hallaban antes de
los actos contrarios —violatorios— a la Constitución.

2. La disyuntiva: amparo
o Nación sin controles

Como muestra de la vida en el foro del juicio de amparo decimonónico, hemos seleccionado varios
casos. Buscamos poder palpar cómo el amparo se convirtió en un recurso efectivo para todo jus­
ticiable al finalizar el siglo. En el examen de la casuística, por tanto, se constata una atmósfera de
cotidianidad. Los ejemplos elegidos demuestran la eficacia del juicio de amparo incluso en tiempos
en los que México carecía de un régimen democrático.

El primer caso corresponde al "Amparo por motivo de querer fusilar a Antonio Contreras y
Socios en Colima".18 Para contextualizar los hechos, hay que tener presente que en el artículo 23 de la
Constitución de 1857 se tenía prevista la pena de muerte sólo en una serie de hipótesis concretas:

Artículo 23. Para la abolición de la pena de muerte queda á cargo del poder administrativo el
establecer, á la mayor brevedad, el régimen penitenciario. Entre tanto, queda abolida para los
deli­tos políticos, y no podrá extenderse á otros casos más que al traidor á la patria en guerra
extranjera, al salteador de caminos, al incendiario, al parricida, al homicida con alevosía, preme­
ditación ó ventaja, á los delitos graves del órden militar y á los de piratería que definiere la ley.

A pesar de la disposición fundamental, muchos casos de robo con violencia fueron tratados
como delitos cometidos por el salteador de caminos, llevando al paredón —injustamente— a proce­
sados acusados de crímenes de poca monta. El 7 de abril de 1871, en Comala (Estado de Colima),

18
Núm. 708. Amparo de garantías promovido ante el Juez de Distrito de Guadalajara, por los reos de muerte de An­
tonio Conteras, Victoriano Ponce y Juan León. Legajo 1 # 6 12, Abril 18 de 1871, Archivo Judicial SCJN.
70 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

durante la noche "y mientras dormía" en una casa aislada a una legua del poblado mencionado, Pedro
Carrizales fue víctima de un robo con violencia (y del consecuente allanamiento) por Antonio Con­
treras en complicidad con Victoriano Ponce y Juan León, todos vecinos de la villa de Álvarez. En el
expediente de juicio de amparo se narra que, luego de amagar a Carrizales en la troje de maíz, los que­
josos habían robado ocho fanegas de grano así como unas botas de becerrillo de medio uso, frenos
de caballo y espuelas, entre otras cosas. Carrizales había sido atado, pero logró liberarse y alertó a su
"amo" Florentino Carrillo, quien hizo del conocimiento de la autoridad lo sucedido. Los ladrones fueron
aprehendidos frente a los potreros de don Fernando Ponce, mientras cargaban una carreta con las
cosas robadas, y consignados ante el Juez primero de primera instancia, quien los condenó por
el delito de robo violento "a la pena de muerte pasados por las armas" el 20 de abril.

Francisco Trejo se presentó como defensor de Antonio Contreras "y socios", solicitando clemen­
cia e indulto. Negados éstos, se solicitó el amparo ante el Juez de Distrito de los Estados de Jalisco
y Colima, licenciado José María Gutiérrez Hermosillo. Dicho Juez emitió sentencia otorgando el am­
paro y protección federal el 24 de junio del mismo año: se ordenó la inmediata suspensión del fusi­
lamiento, lo que fue confirmado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación el 3 de agosto de 1871
en virtud del siguiente criterio:

[…] el delito de que se trata no es el de asalto en camino ni otro alguno de los que el artículo
23 de la Constitución Federal permite que pueda castigarse con pena de muerte […] por lo mismo
se ha violado en la persona de los defendidos por el C. Lic. Francisco Trejo, imponiéndoles la
pena capital, la garantía a que se refiere el artículo constitucional citado […] [por todo ello] se
decreta que se confirma la sentencia pronunciada el 24 de junio último por el Juez de Dis­
trito de Guadalajara.

Como puede verse en este caso, se concluyó que el juzgador primitivo no actuó de conformi­
dad con lo previsto en el artículo 23 constitucional, ya que no se trató de casos de traición a la patria
en guerra extranjera, asalto de caminos, incendio premeditado, parricidio, homicidio alevoso, preme­
ditado o con ventaja, ni delitos graves del orden militar ni de piratería. El veredicto fue considerado
"arbitrario". A su vez, el Juez de Distrito sito en Guadalajara concedió la protección y amparo de la jus­
ticia federal interpretando el artículo 23 constitucional con base en el principio de exacta aplicación
de la ley, tal como se encontraba establecido en el artículo 14 constitucional. Finalmente, la dilación de
comunicaciones llevó al legislador federal a precisar el procedimiento de suspensión de los actos
reclamados, particularmente en la ejecución de una pena de muerte, en la posterior legislación adje­
tiva de 1882.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 71

Cosa muy distinta ocurrió en el Amparo del 16 de septiembre de 1871 promovido por los reos
José Casto Gutiérrez, José María Lozano y Amado Nava, contra la sentencia de muerte pronunciada por
el jefe político de Lerma, por violación a las garantías del artículo 20, fracción 5a. de la Constitución,19
a pesar de tratarse de un caso que se presentó en el mismo 1871. La Suprema Corte confirmó en
este asunto la sentencia de un Juez de Distrito que consideró digno de pena de muerte el asalto a
una venta ubicada en Huixquilucan, Estado de México, así como el secuestro de una persona que
los salteadores hallaron en la misma casa. Los juzgadores federales consideraron, además, que cier­
tas garantías del debido proceso (el plazo máximo para el dictado de un auto de formal prisión, por
ejemplo) se hallaban suspensas para salteadores y plagiarios por virtud de la ley del 18 de mayo
del propio año 1871.

Diez años después, en 1881, al resolver el amparo pedido por Refugio Crespo y Jesús Morales
contra el jefe político de Valle de Santiago, Guanajuato, quien los condenó a pena de muerte con fun­
damento en una ley dada en Coixtlahuaca el 10 de octubre de 1876,20 el Poder Judicial de la Federación
varió parte de su criterio para considerar que la imposición de penas es exclusiva competencia de
la autoridad jurisdiccional. Un duro golpe contra los todopoderosos jefes políticos en las provincias.

Importa ahora analizar el "Caso de las Señoras Religiosas de Querétaro contra la Ley de In­
gresos".21 Nuevamente, debe contextualizarse el caso. La reforma liberal, que implicaría el principio
histórico de separación Iglesias-Estado, se inició en el contexto de la Guerra de los Tres Años. En 1861
el triunfante gobierno liberal publicó una considerable normatividad en materia religiosa. En el caso
que aquí se aborda, fue materia del juicio de garantías la circular del Gobierno de la Unión publicada
el 26 de febrero de 1861.

En la Ley de Presupuestos e Ingresos del Estado de Querétaro del 20 de junio de 1874 se estable­
cieron gravámenes al capital que como dotes se hallara asignado a Religiosas enclaustradas. Lo an­
terior era contrario a la ya mencionada circular del gobierno que eximía dichos capitales de toda clase
de contribuciones. Las quejosas demandaron ante el Juez de Distrito de Querétaro, quien consideró,
interpretando la circular en comento, que toda vez que la Nación había ocupado los capitales admi­
nistrados por el Clero, las dotes de las quejosas estaban eximidas de todo gravamen, como que se

19
Vid. González Oropeza, Manuel y López Saucedo, Pedro A., Las resoluciones judiciales que han forjado a México,
México, Suprema Corte de Justicia de la Nación / Poder Judicial Federal / Tribunal Electoral, 2010, tomo III, pp. 54-62.
20
Ibid., pp. 86-90.
21
Amparo presentado por las Señoras Religiosas de Querétaro contra la Ley de Ingresos. Se respeta la terminolo­
gía del documento. Expediente: 1087 (1874), Archivo Judicial SCJN. Cfr. González Oropeza et al., Las resoluciones…,
tomo III, pp. 77-83.
72 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

hallaban ocupadas por el Gobierno federal. El pleno de la Corte Suprema confirmó tal sentencia por
unanimidad, como puede verse en el siguiente pasaje de la resolución:

Considerando por lo mismo que las autoridades del Estado de Querétaro no han podido gravar
los capitales asignados a las ex religiosas sin invadir la esfera de la autoridad federal y vulne­
rar en perjuicio de las quejosas la garantía que consigna el artículo 16 constitucional… Con
fundamento de los artículos 101 y 102 de la Constitución Federal se decreta que es de confir­
marse la sentencia pronunciada por el Juez de Distrito de Querétaro en 22 de agosto del pre­
sente año que declara que la justicia de la Unión ampara y protege a las ex religiosas […]
Contra los efectos de la ley vigente de ingresos del Estado que les impone una contribución
sobre los capitales que el Gobierno General les asignó para sus alimentos.

El convulso siglo XIX mexicano se caracterizó por diversos conflictos entre la Iglesia católica
y el Estado. Luego de las llamadas Leyes de Reforma, se conformó el marco jurídico de un incipiente
derecho eclesiástico para el Estado mexicano. El caso en comento es una demostración de su real
vigencia, al tiempo que demuestra cierto grado de tolerancia a la realidad de la vida religiosa. En la
sentencia de la Corte Suprema —que es firmada, entre otros, por Ignacio Manuel Altamirano, pro­
hombre del Partido Liberal—, no obstante que a las quejosas se les da el trato de "ex religiosas" y se
reconocen sus dotes como propiedad de la Nación, se les asigna dicho capital en calidad de ali­
mentos no gravados tributariamente. Es de admirar, además, que resolución semejante se haya dic­
tado a pesar de que la Ley Juárez, de 26 de febrero de 1863, había prohibido la existencia de claustros
o conventos como aquel en que vivían todavía, años después, las "ex religiosas".

Todo lo que hemos señalado permite apreciar antecedentes y efectos, en mayor o menor medida
remotos, del juicio de amparo. Es preciso señalar, sin embargo, que la extensión del proceso garan­
tista a todo el territorio nacional acaeció en concomitancia, y acaso en relación de causa-producto,
con la invasión que Estados Unidos realizó a México durante el terrible trienio 1846-1848. Por su
carácter federal, cabe preguntarse si, en medio de la tragedia que significó una derrota humillante
y la pérdida de más de la mitad del territorio mexicano, la Federación pudo por fin consolidar a la
Nación.

También es cierto que los vicios del juicio, su carácter adjetivo, poco sustancial, legalista, acom­
pañarán al joven país desde entonces. Puede hacerse una historia de la República, una historia de
mentalidades, a partir de los usos de nuestro amparo y de nuestra perversa relación, legolátrica,
soberanista y estatocéntrica al fin, con las formas de la legalidad. Una historia que permita explicar
nuestra acendrada subcultura de las formas legales, tan alejada del orden jurídico, que es orden de
justicia o no lo es.
CAPÍTULO VI
1847, el año en que la
doliente nación nos amparó

L os acontecimientos que dieron origen a la primera sentencia de amparo (la rebelión de la Sierra
Gorda y la oposición de Manuel Verástegui a los tratados de Guadalupe-Hidalgo que pusieron punto
final a la guerra con el vecino septentrional) tuvieron una naturaleza eminentemente política. Lo que
aquella sentencia legó en realidad es la convicción en torno a que la Constitución es verdadera
norma jurídica aplicable al caso concreto sin necesidad de mediación de ley secundaria alguna.
De ahí que el Juez Pedro Sámano se adelantara al resto de Occidente en más de un siglo y de dos
guerras mundiales en lo que respecta a la crítica del Estado legal y en su sustitución por un Estado
constitucional de Derecho. Es preciso reconocer, sin embargo, que nuestro juicio fue perdiendo ese
carácter directamente constitucional al paso de los años.

Manuel González Oropeza ha analizado el contexto en el que el Juez Sámano dictó la célebre
primera sentencia, por más de un concepto cuestionable.22 Sámano era parte interesada, puesto
que la rebelión de la Sierra Gorda encabezada por Eleuterio Quiroz, de la mano letrada de Manuel
Verástegui, lo propuso para gobernador de San Luis Potosí.

En el Plan Político y eminentemente social proclamado en Río Verde por el ejército regenerador de la
Sierra Gorda se hablaba del general Antonio López de Santa Anna como "causa principal de todos
los males que sufren los mexicanos", como si él solo hubiera sido el causante del desastre nacional.

22
González Oropeza, Manuel, "Amparo a un rebelde. La primera sentencia de un juicio de Amparo (1849)" en
Gon­zález Oropeza, Manuel y Ferrer Mac-Gregor, Eduardo (coords.), El juicio de Amparo. A 160 años de la primera
sentencia, (Instituto de Investigaciones Jurídicas, Universidad Nacional, México, 2011), pp. 529-558.

73
74 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

Verástegui protestaba contra el Tratado de Guadalupe-Hidalgo, que la Suprema Corte se negó a de­
clarar inconstitucional a pesar de haber sido activado el procedimiento de declaración general
del artículo 23 del Acta de reformas de 1847 (en el colmo del paradigma estatocéntrico un tratado,
dijo la Corte, no es una ley y, por lo tanto, su constitucionalidad no puede ser controlada). Verástegui
sufrió destierro a manos del gobernador santanista Julián de los Reyes. Sólo le quedaba la vía del
amparo, muy estrecha puesto que no había ni ley ni criterios judiciales que reglamentaran la ya
constitucionalizada figura. A pesar de que la orden de destierro había sido revocada, Pedro Sámano
quería, por fuerza, dictar su sentencia. Y lo hizo para, luego de varios lances afortunados, pasar a la
historia como el primer Juez del amparo moderno.

1. El estatalismo del amparo

En un importante estudio, Eduardo Ferrer Mac-Gregor se coloca también en la atalaya privilegiada


que propor­ciona 1847, con epígrafe de Rejón: "La guerra que nos hacen los Estados Unidos es una
guerra de principios [...] Necesitamos instituciones parecidas a las de aquel pueblo para poderlo de­
tener en nuestras fronteras [...] De lo contrario, veremos nuestros nopales convertidos en estrellas
que aumenten el grupo de la constelación americana".23 Impresiona el hecho de que, con la bota
yanqui en el cuello, tuviéramos la calma para establecer en el ámbito federal el juicio de garantías.
Tiene, sin embargo, una lógica, e incluso una lógica trigarante: sólo la Unión, en este caso federal,
permitiría mantener los restos de país mutilado que nos quedaban.

Nos hallamos, pues, ante una "Justicia de la Unión" basada en la más que improbable protec­
ción de los derechos de la persona humana. Manuel Crescencio Rejón había sido Ministro de Santa
Anna y había sido censurado en el Congreso por la cuestión texana. Estuvo exiliado en Cuba con el
dictador. Ambos políticos volverían al país en 1846, tras deponer al general Mariano Paredes. Con­
vocarían a Congreso Constituyente en el que Rejón encabezaría a los puros y Mariano Otero a los
moderados. Otero sería Ministro de Relaciones del moderado Manuel de la Peña y Peña, jurista
insigne y, con la oposición de Rejón, la administración firmaría los tratados de Guadalupe.

Antes, el 18 de mayo de 1847, se había expedido el Acta de reformas a la Constitución de 1824,


que mexicanizaba el amparo. En su trabajo, Ferrer da cuenta del primer juicio de amparo promovido
en México por el editor Vicente García Torres, crítico de la postura de Santa Anna en la guerra de

23
Ferrer Mac-Gregor, Eduardo, "Otero y Rejón en el año de la invasión: preámbulo de la primera sentencia de
amparo", en ibid., pp. 407-423.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 75

Texas, en cuya contra existía orden de aprehensión. El proceso no fue resuelto en el fondo por la
Suprema Corte, alegándose la falta de reglamentación secundaria. Estamos todavía en 1847.

A pesar de la sentencia dictada poco después por Sámano, es posible percibir una enorme reti­
cencia de la "clase política" (y los Jueces formaban parte de ella) a tratar temas relacionados con
las grandes cuestiones del Estado por medio del juicio constitucional. Quizá en razón de ello fuera
que los juzgadores terminaron por abstenerse de decidir cuestiones electorales o relacionadas
con la legi­timidad de las autoridades. Quizá también merced a esa autocontención fuera que, como
se ha dicho muchas veces, se salvó nuestro juicio de amparo, sacrificándose sin embargo los dere­
chos políticos de los mexicanos.

2. La imposible tarea del amparo

El tema de las cuestiones políticas no justiciables habla de un auténtico desamparo electoral


padecido durante el siglo XIX. Si bien es posible probar, con González Avelar, que la Suprema Corte de
Justicia se inmiscuyó en algunas cuestiones políticas, en la lucha por el poder, durante la siguiente
centuria,24 la conclusión es que la Corte protegió ciertos derechos fundamentales de carácter polí­
tico entrando por la puerta de atrás y sin que el amparo desarrollase todo su importante potencial
antes de que apareciera la justicia electoral propiamente dicha, a finales del siglo XX.

Yendo más allá de lo electoral, aunque en estrecha vinculación con ello, el porfiriato significó
una suerte de enorme retroceso en el pálido pero constante avance en la generación de cierta cultura
constitucional que habíamos experimentado durante el siglo XIX. En parte lo fue porque el general
Díaz domeñó a la clase jurídica y a la judicial. Sierra, Vallarta, Altamirano, Ramírez, Rabasa y muchos
más dieron buena prueba de ello. En tales clave y contexto pueden leerse los llamados del primer
jefe de la Revolución constitucionalista, Venustiano Carranza, a establecer un debido enjuiciamiento,
sobre todo en las áreas penales, y a evitar que los Jueces federales invadiesen las esferas locales
mediante los expedientes de amparo.

A ese respecto Emilio Rabasa había dado cuenta de la inutilidad de los buenos deseos expre­
sados en la Constitución de 1857. Se lamentaba, en 1906, de que el proceso no fuese acusatorio,
tal como estaba prescrito en la Constitución liberal, y de que el Ministerio Público no fuera en verdad
público, sino privado. En 1917 el diputado constituyente José Natividad Macías denunciaba que la

24
González Avelar, Miguel, La Suprema Corte y la política, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1994.
76 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

institución del Ministerio Público se hubiese establecido entre nosotros como todas las instituciones,
a medias y eclécticamente, por la vía de imitar a las naciones civilizadas pero sin llevar la imitación a
sus últimas consecuencias. El Ministerio de 1857 había sido una "entidad decorativa que... No hacía
más que cruzarse de brazos para que el Juez practicara todas las diligencias". Un problema, pues, de
diseño procesal y de cultura constitucional: la Fiscalía no era, en verdad y autónomamente, el órgano
acusador del Estado mexicano.

Ya desde su discurso ante el cabildo de Hermosillo, Sonora (24 de septiembre de 1913), Carranza
acepta que el Plan de Guadalupe del 26 de marzo del mismo año con el que había iniciado la opo­
sición constitucionalista al usurpador Victoriano Huerta, sólo llamaba a los mexicanos a cumplir
con su deber político "sin ofertas y sin demandas al mejor postor" desconociendo a los poderes
espurios, y que después habría de venir la auténtica revolución social, tras tres siglos de opresión y
uno de desmanes intestinos. "Crear una nueva Constitución cuya acción benéfica sobre las masas
nada, ni nadie, pueda evitar".25

Desde Veracruz, el 12 de diciembre de 1914, Carranza incorpora célebremente las demandas


sociales al Plan de Guadalupe para contrarrestar la estrella ascendente del comandante de la División
del Norte, Francisco Villa, insubordinado a quien se acusaba de reaccionario y triunfante en el em­
peño de mudar la Convención de jefes militares revolucionarios a la ciudad de Aguascalientes.

Para contrastar con Villa, a quien Carranza acusa de pretender dilatar la revolución social sub­
ordinándola a la recomposición de la normalidad constitucional, el artículo 2o. de las adiciones al
Plan de Guadalupe dispone que el Primer Jefe, encargado del Poder Ejecutivo, expedirá "todas las leyes,
disposiciones y medidas encaminadas a dar satisfacción a las necesidades económicas, sociales y
políticas del país, efectuando las reformas que la opinión exige como indispensables para restable­
cer el régimen que garantice la igualdad de los mexicanos entre sí". Entre tales reformas ocupaban
un lugar relevante las atinentes a la "revisión de los códigos Civil, Penal y de Comercio", así como las
reformas "del procedimiento judicial, con el propósito de hacer expedita y efectiva la administración
de justicia".26

Instalado el Congreso de la Unión, el Primer Jefe daría cuenta de la utilización de las facultades
extraordinarias, quedando el Congreso en facultad de ratificar, enmendar o complementar las refor­

25
Cfr. Carrillo Castro, Alejandro, Conversaciones con Carranza, México, Fundación Miguel Alemán, 2011, p. 178.
26
Ibid., pp. 186-187.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 77

mas y, posteriormente, de elevar al texto constitucional aquellas que debieran "tener dicho carácter,
antes de que se restablezca el orden constitucional" (art. 5o.).

El proyecto constitucional del Primer Jefe, del 1o. de diciembre de 1916, comenzó por criticar
duramente al juicio de amparo que, en manos de Jueces incondicionales del Ejecutivo federal, se
había convertido en legitimador de abusos, en embrollador de asuntos judiciales y en invasor de las
competencias estatales. Un alegato muy rabasiano, como tendremos oportunidad de apreciar: por
la los tribunales federales se convirtieron en revisores de todos los actos de las autoridades judiciales
de los Estados. Carranza planteaba, además, la necesidad de contar con un enjuiciamiento criminal
auténticamente acusatorio y adversarial, pendiente de la sustancia de los juicios antes que de las
formalidades procesales, y con un Ministerio Público autónomo respecto de Jueces y administradores.
La Constitución adoptó sus propuestas, no así la codificación secundaria ni, mucho menos, las prác­
ticas cotidianas.

3. Las realidades
que se imponen

La simulación y el excesivo formalismo impidió, en efecto, que las garantías que propuso Carranza
tuvieran una aplicación siquiera satisfactoria durante buena parte del siglo XX. Contra lo que se des­
prende del fallo de la Corte en el caso de las ex religiosas queretanas, poseemos la pésima costumbre
de creer que los derechos fundamentales sólo deben respetarse en aquellos que participan del
"mito político unificador" (la caracterización es de Charles Hale), esto es, del mito liberal. Siguiendo
el perspicaz apotegma de José Luis Soberanes, a falta de legitimidad en las urnas se buscó la legi­
timidad en la historia y todo aquello que fuese en contra del, finalmente totalitario y simplificador,
discurso "progresista" podía y debía ser eliminado. Nada más lejos de los derechos humanos. Se habrá
adivinado que nos referiremos a continuación, como contexto, a la Guerra Cristera.

Como recuerda Raúl González Schmal, el abogado Luis Mac-Gregor se había recibido en la
Escuela Libre de Derecho con una tesis muy a cuento a nuestros efectos: "Punto de vista histórico
del Derecho". El constitucionalista Manuel Herrera y Lasso, otro egresado de la Libre, sufría desde
1926 destierro por haber criticado el cierre de la iglesia de la Sagrada Familia en las páginas de Excel-
sior y por haber redactado el célebre memorial de los obispos en contra de las reformas al Código
Penal conocidas equivocadamente como "Ley Calles". Mac-Gregor asumió motu proprio, al pasar por la
Estación de Policía, la defensa de los hermanos Pro y del ingeniero Luis Segura Vilchis, presuntos cul­
pables de un atentado a la vida del general Álvaro Obregón. Buscaría defenderlos del fusilamiento
78 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

que, junto con torturas y otros tratos degradantes, habrían de sufrir a pesar de los esfuerzos de su
casual abogado y de un jovencísimo auxiliar de juzgado de nombre Mariano Azuela Rivera.

La historia es conocida y no deja bien parados ni al presidente Plutarco Elías Calles ni al ver­
dugo, el general Roberto Cruz, ni al poderío de nuestro amparo que, redactado por Azuela, fue con­
cedido sin conseguir evitar la ejecución extrajudicial de los acusados. En el caso del sacerdote
zacatecano Miguel Agustín Pro Juárez, además, no se alegó una sola prueba de su involucramiento
en la tenta­tiva de magnicidio contra Obregón. Ni falta que hacía: fue pasado, sin más, por las armas.27

Los ejemplos manifiestan que, de Verástegui al arquetípico caso finsecular Rosendo Radilla,
pasando por el del padre Pro, la ruta del amparo ha sido el largo y sinuoso camino hacia el Estado
constitucional y democrático de derecho. Ha sido el camino de los matices antiestatalistas (ergo,
garantistas) que van llegando poco a poco a puerto: efectos generales de ciertas sentencias, relativi­
zación del principio de agravio personal y directo, generación de una casi dos veces secular "cultura
de la constitucionalidad". Caben, sin embargo, y siempre, los cuestionamientos: ¿es el amparo un
medio suficiente de garantía de los derechos humanos? Esos cuestionamientos son los que se
exigen a todo acercamiento histórico que no busque ser un mero ejercicio de evasión. Quizá la heren­
cia que arrojaron los últimos lustros del siglo XIX nos brinde algunas luces.

27
González Schmal, Raúl, "Un Amparo insólito y el conflicto religioso de 1926-27", en González Oropeza y
Ferrer, El juicio…, pp. 559-585.
CAPÍTULO VII
El siglo XIX: la unión que ampara

L as Leyes de Reforma, la Constitución de 1857 y la legislación de la dictadura porfiriana desarrolla­


ron, como nota de la modernidad jurídica,28 el imaginario legicentrista —incluso legolátrico— que, a
partir de Cádiz y su Constitución de 1812, buscó desmontar el Estado jurisdiccional novohispano,
tan apegado a los estamentos pero también, merced a un estatismo precoz, a leyes no estrictamente
codificadas y a costumbres basadas en una Iurisdictio no siempre clara ni presente. No parecía el
escenario más propicio para que los Jueces desarrollaran su tarea controladora del Poder Legislativo
y garante de los derechos básicos de las personas.

En el otro extremo de la ecuación tenemos, como ha quedado dicho, un federalismo que surge
como la única opción de pluralismo, así sea meramente territorial, tras la derrota de la alternativa
imperial. En nombre de la Unión federal se amparará al ciudadano contra los excesos del caciquismo
local. La Nación protege al individuo, y lo protege respecto de su propia provincia.

Así pues, contemplamos al alimón la tentativa por hacer imperar la legislación por encima de
cualquier otra fuente del derecho29 y la pretensión de hacer del Juez federal el tutor de las libertades

28
Por "modernidad jurídica" entiende P. Grossi "aquella orientación que el Derecho adquiere en la Europa Occiden­
tal continental desde del siglo XV, cuyas señas de identidad vienen conformadas por una visión estatal lega­lista y forma­
lista. A partir de su ininterrumpido desarrollo iniciado en el siglo XIV, alcanzó su punto culminante con el estatalismo
jacobino y napoleónico, posteriormente respaldado por los diversos Estados europeos continentales a lo largo del siglo
XIX". Entre muchos trabajos, recientemente Grossi, Paolo y López y López, Ángel M., Propiedad: otras perspectivas,
trad. Clara Álvarez Alonso, Madrid, Fundación Coloquio Jurídico Europeo, 2013, pp. 18-19, nota 6.
29
Del Arenal Fenochio, Jaime, "El aparente triunfo de la ley sobre el Derecho. México: 1840-1940", en VV.AA.,
La crisis de la ley, México, Escuela Libre de Derecho / Universidad de Pisa, 2007.

79
80 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

frente a localismos desbordados y desbordadores. Legicentrismo y Federación son los extremos de


nuestra ecuación, aunque en ambos casos el innegable talento simulador del general Porfirio Díaz
deba mantenernos alerta.

1. Bríos legolátricos

Entre 1867 y 1910,30 periodo de la "Dictadura de medio siglo" a la que Rabasa atribuyó la creación
de la Nación mexicana, los Jueces federales procurarán matizar la legolatría del régimen político
mediante un juicio, el de amparo, que continuará sin embargo atado al principio de "exacta aplica­
ción de la ley": lo que Justo Sierra, a la sazón Ministro de la Corte, denunció como la indebida "casación
de casaciones".

La "soberanía" de los Estados mexicanos, de data tan larga como que provenía del Acta Consti­
tutiva de la Federación (1824), se había interpretado por décadas como imposibilidad de revisar las
sentencias de los poderes judiciales locales. La ley se quería nacional, pero las provincias gozaban
de una inatacabilidad desmembradora que no contribuía a la consolidación de la República como un
todo integral. De nuevo, la tradición gaditana: en 1812 se habían creado Audiencias provinciales cuyas
resoluciones no eran casadas ni revisadas en el fondo por Tribunal alguno. De ahí que, durante los
periodos más enconados de la lucha entre federalismo y centralismo, se pensara en encargar la pro­
tección de los derechos humanos a los órganos jurisdiccionales de los Estados, como hemos visto
que ocurrió en el Yucatán de 1841. La solución definitiva, sin embargo, resultaría muy otra.

La razón de Estado terminaría por imponerse a las razones de los Estados. Como también supo
apreciar Rabasa con espíritu encendidamente crítico, el juicio de amparo estuvo llamado, desde
1847, a imponer como "ley suprema" aquella proveniente del Congreso "de la Unión": las leyes de los
Estados, confiadas en su aplicación ulterior a organismos federales, terminarían por convertirse en
leyes secundarias, subordinadas al Orden de la República compuesta. Había que darse a la tarea de
uniformar y centralizar: así entendió don Porfirio su labor creativa de Nación.

El estatalismo de la Constitución de Cádiz, que operó una revolución que Portillo ha llamado "de
Nación" y no de individuo,31 estructuró una suerte de inesperado federalismo judicial al hacer de las
Audiencias provinciales tribunales de alzada, inatacables en las decisiones que dictaban en enor­
mes distritos de gobierno. El reinado de una sola ley con el que soñaban los liberales, mayoría en

30
Cfr. Rabasa, Emilio, La Constitución y la dictadura. Estudio sobre la organización política de México, 6a. ed., México,
Porrúa, 1982, p. 244.
31
Portillo Valdés, José María, Revolución de Nación, Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2000.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 81

aquellas Cortes, se tornaba imposible,32 amén de la inexistencia de mecanismos efectivos para


el control de la constitucionalidad.33

A propósito del control constitucional, afirmaba el diputado tlaxcalteca a aquellas Cortes pan­
hispánicas José Miguel Guridi y Alcocer que la Constitución es "más ley que las otras leyes" en la que
es, quizás, la primera definición mexicana de lo que modernamente puede entenderse por "Consti­
tución". El acento lo ponía en un garantismo ante litteram: "lo que yo veo como teoría y metafísica
es la distinción de derechos civiles y derechos políticos... es segregar lo ciudadano de lo civil, lo que es
ajeno aun de los nombres mismos. Decir que los derechos civiles son los legales, y los políticos los
de la Constitución, es decir que ésta no es ley, cuando es más ley que las demás leyes, pues es funda-
mental y radical. Distinguir los primeros de los segundos porque deban conformarse a la justicia aqué­
llos y no éstos, es la cosa más extraña... todo derecho debe tener por norte la justicia".34

El tema del control constitucional acompañará a Guridi y Alcocer durante toda su vida. En un
Proyecto de Constitución para el primer Imperio (1822), que se le atribuye con poderosas razones,
se prevé la existencia de una "Sala de revisión" de las resoluciones del Congreso, integrada por "tantos
individuos cuantas son las provincias… y además de otros cuatro nombrados por el Emperador de
entre doce que le propondrá el Consejo de Estado" (art. 30). Esta "Sala" (un auténtico Senado conser­
vador) podía desaprobar las determinaciones congresionales, caso en el cual operaba un poderoso
veto que evitaba que las propuestas se discutieran de nuevo hasta el advenimiento de la siguiente
Legislatura (art. 33). El veto de la Sala resultaría tan poderoso que sólo hasta la tercera ocasión en
que se votara la decisión por el Congreso se consideraría superado y se enviaría la ley al Emperador
para su sanción (art. 34).35 Está claro que Guridi pretende evitar al naciente Imperio lo que la falta
de control sobre las decisiones de una sola Cámara, nacionalmente soberana, había provocado en la
multisecular Monarquía española: la invertebración y el caos.

32
Garriga, Carlos y Lorente, Marta, "El modelo constitucional gaditano", en Il modelo costituzionale inglese e la sua
recenzione nell’area mediterránea tra la fine del 700 e la prima metà dell’800, a cura di Andrea Romano, Milán, Dott. A.
Giuffrè editore, 1998.
33
Lorente Sariñena, Marta, Las infracciones a la Constitución de 1812, prólogo de F. Tomás y Valiente, Madrid,
Centro de Estudios Constitucionales, 1988.
34
Diario de sesiones de las Cortes Generales y Extraordinarias que dieron principio el 24 de setiembre de 1810, y termi­
naron el 20 de setiembre de 1813, Madrid, Imprenta de J. A. García, 1870. También en Congreso de los Diputados, Diario
de sesiones. Serie histórica, 1, dos CD-ROM, sesión del 10 de septiembre de 1811, tomo III, pp. 1812-1814. Las cursivas
son nuestras. Cfr. Garza, D.T., "Mexican Constitutional expression in the Cortes of Cadiz", en Benson, Nettie Lee
(ed. e int.), Mexico and the Spanish Cortes (1810-1822), Austin, The University of Texas, 1966, p. 50.
35
Proyecto de Constitución presentado a la Comisión de ella por uno de los individuos que la componen (atribuido a
Miguel Guridi y Alcocer, México, 1822), en Calvillo, Manuel, La República Federal Mexicana. Gestación y nacimiento,
2a. ed., México, El Colegio de México / El Colegio de San Luis, 2003, pp. 637-638.
82 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

Ahora bien, una cosa es controlar leyes y resoluciones de los poderes legislativos y otra muy
distinta es controlar lo que los Jueces determinan en sus sedes locales. Por eso sorprende la decisión
descentralizadora de lo judicial que tomaron unas Cortes tan unitaristas y tan enemigas del federa­
lismo administrativo como fueron las de Cádiz. Los sucesivos Constituyentes mexicanos se partirán
la cabeza tratando de hallarle la cuadratura al círculo sin caer en la ingenua afirmación del diputado
doceañista Gallego cuando repudiaba el tradicional y pluralista Obedézcase pero no se cumpla, re­
curso procesal —frecuentemente mal entendido— tendente a lograr la revisión de las decisiones
generales y abstractas tomadas a miles de millas de las peculiares circunstancias americanas:
"la inflexibilidad de las leyes es el garante de la felicidad del Estado",36 advirtió nuestro legalista
legislador.

Durante la discusión, en Cádiz, del artículo 258 (finalmente 259) de la Constitución de 1812
("Habrá en la Corte un tribunal, que se llamará Supremo Tribunal de Justicia"), Ramón Lázaro de Dou,
jurista catalán muy destacado, señaló que tal como estaba propuesto el Supremo, sin capacidad
para conocer de las materias que resolverían los tribunales y Audiencias de provincia, "se fomenta el
federalismo que queremos destruir". Propuso entonces la creación de tantos Supremos como mate­
rias existiesen en que se dividiera la competencia de los tribunales provinciales, y denunció expresa­
mente el caciquismo judicial. El diputado Luján replicó argumentando que federalismo sólo habría
si los tribunales provinciales o audiencias tuvieran "atribuciones de gobierno", de las que carecían
según el proyecto constitucional: las Audiencias provinciales resultaban inofensivas para el gobierno
centralizado en las Cortes que la Constitución planteaba. No habría necesidad siquiera de controlar
la constitucionalidad de sus decisiones, siempre tutelares de derechos fundamentales como por
decreto: Iurisdictio que ya no es gobierno. El artículo 259 fue aprobado conforme a la propuesta y las
Cortes Generales de la Monarquía inauguraron el más grave problema que habría de arrostrar el
Poder Judicial mexicano durante el siglo XIX.37

2. La cuestión de
los Jueces locales

El artículo 262 de la Constitución de Cádiz ordenará que todas las causas civiles y criminales fenez­
can en el territorio de la Audiencia provincial correspondiente. Al Tribunal Supremo de Justicia le
correspondería declarar la nulidad de sentencias por violaciones procedimentales cometidas en

36
Diario de sesiones de las Cortes Generales y Extraordinarias que dieron principio el 24 de setiembre de 1810, y termina-
ron el 20 de setiembre de 1813, Madrid, Imprenta de J.A. García, 1870, sesión del 26 de diciembre de 1810, I, pp. 232-233.
37
Diario de sesiones…, sesión del 21 de noviembre de 1811, III, pp. 2307-2309.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 83

la tercera instancia, sin poseer propiamente conocimiento sustantivo de las causas. El reino de una
sola ley se torna imposible para las Españas, como lo será poco después en los diversos Méxicos
que surgen tras la obtención de la Independencia: como medida precautoria, el diputado doceañista
Miguel Ramos Arizpe, posterior padre del federalismo mexicano, consigue en 1813 que las Cortes
españolas doten de Audiencia a sus Provincias Internas de Oriente, esto es, a Coahuila, Texas, Nuevo
León y Tamaulipas.38 En el momento en que las Diputaciones provinciales —invento gaditano tam­
bién— se conviertan en Legislaturas capaces de dotar a los nuevos "Estados Unidos Mexicanos" de
leyes propias y específicas, el coctel federal habrá de hacer explosión. Estamos, ya, en 1824.

Según la Constitución Federal promulgada en ese año la Suprema Corte de Justicia conocería
"de las infracciones de la Constitución y leyes generales, según se prevenga por la ley" (art. 137, V, 6o.):
esa ley, que hoy ubicaríamos en una suerte de bloque de constitucionalidad, subordinaría el control
fundamental a un ordenamiento menor en jerarquía. Los Estados federados podían perma­necer tran­
quilos: de hecho, la facultad devendría en nula dada la ausencia de normatividad que la desarrollara,
como han probado González Compeán y Bauer.39

La sección séptima del título V de la Constitución de 1824, bajo el rubro Reglas generales a que se
sujetará en todos los Estados y territorios de la Federación la administración de justicia, contiene una
auténtica declaración de derechos fundamentales propios del debido proceso, obligatoria tanto para
las autoridades federales como para las de los recién nacidos Estados de la Federación, herederos
de las Diputaciones provinciales gaditanas. Un catálogo ideal, concreto, bien diseñado que, sin em­
bargo, carecería de auténtico control constitucional: existía la Federación, pero no la Justicia de la
Unión. En otros términos, o nacía el amparo o el país se tornaba imposible como Nación para con­
trolar, por ejemplo, la prohibición de "todo juicio por comisión y toda ley retroactiva" (art. 148) o la
aplicación del precepto "Nadie podrá ser detenido sin que haya semi-plena prueba, o indicio de que
es delincuente" (art. 150). Puesto que la ley fundamental ordenaba que todo negocio judicial debía
fenecer en el territorio del Estado en el que se había iniciado (art. 160, "corolario del sistema federal",
como decía Rabasa), cualquier control que proviniera de la Unión se tornaba imposible.

Aunque se pretendiera, las cosas no mejoraron con la República centralista. Tribunal consti­
tucional ante litteram, como hemos señalado en el primer apartado, el Supremo Poder Conservador
creado por las Siete Leyes de 1836 en clave guridiana pero con notable influjo del ya mencionado

38
Cfr. Diario de sesiones…, sesión del 23 de octubre de 1811, III, p. 2136.
39
González Compeán, Miguel y Bauer, Peter, Jurisdicción y democracia. Los nuevos rumbos del Poder Judicial en
México, México, Cal y Arena, 2002, pp. 44-45.
84 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

abate Sieyès,40 se hallaba facultado para, con efectos erga omnes, "declarar la nulidad de una ley o
decreto, dentro de dos meses después de su sanción, cuando sean contrarios a artículo expreso de
la Constitución, y le exijan dicha declaración o el supremo Poder Ejecutivo, o la alta Corte de Justicia,
o parte de los miembros del Poder Legislativo", así como para decretar la nulidad de los actos del
Ejecutivo que fuesen contrarios a la Constitución o a las leyes, y los de la Corte sólo en el caso de usur-
pación de facultades.

El Supremo Poder Conservador controla constitucionalmente al Legislativo y al Ejecutivo. Al Judi­


cial sólo en lo político, pues puede "suspender a la alta Corte de Justicia, excitado por alguno de los
otros dos poderes supremos, cuando desconozca alguno de ellos, o trate de trastornar el orden público"
(ley 2a., art. 12, fracc. V). El Juez puede fallar como quiera, pero debe abstenerse de participar en la
vida pública. En la contracara, la Suprema Corte podía juzgar a los miembros del Poder Conser­vador
en algunas hipótesis francamente lejanas.41

Desaparecido el Supremo Poder Conservador —ya hemos hablado de la opinión de José Fer­
nando Ramírez—, las Bases Orgánicas de 1843, conservadoras y centralistas, concederán a los mexi­
canos la garantía de "exacta aplicación de la ley", origen de todas las miserias que Rabasa atribuyó al
juicio de amparo42 que se extendería por todo México cuatro años después en el peor contexto imagi­
nable: con una Nación por salvar a partir de la centralización de instancias jurisdiccionales y de la
generación de un legicentrismo panrepublicano.

El desarrollo de idea semejante conducirá a la redacción del artículo 14 de la Constitución de


1857, que convirtió en garantía individual al más insignificante artículo del último Reglamento de
buen gobierno en el más alejado y marginal municipio del país. Todo a partir del arte de la magia del
exactismo en la aplicación de la ley. El amparo casación, legicéntrico, garantista e invasor, ha nacido.

3. Los Jueces se
tornan revisables

Recordemos que Manuel Rejón había sistematizado un medio controlador en manos del Poder Judi­
cial. El Supremo Tribunal podía conocer de los actos del gobernador yucateco o de las leyes del

40
Pantoja Morán, David, El Supremo Poder Conservador. El diseño institucional en las primeras constituciones
mexicanas, México, El Colegio de México / El Colegio de Michoacán, 2005.
41
González Compeán et al., Jurisdicción…, p. 52.
42
En el libro fundamental para entender esta crítica, que acaso sea el mejor libro de derecho constitucional que se
haya escrito en México y que reúne dos ensayos seminales. Cfr. Rabasa, Emilio, El artículo 14 y El juicio constitucional,
6a. ed., México, Porrúa, 1993.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 85

Congreso estatal, mientras que los Jueces de primera instancia controlarían los actos de autoridades
distintas de las mencionadas sin que nadie se metiera con sus sentencias. Estatalismo, principio
de relatividad de las sentencias en el amparo contra leyes, respeto casi irrestricto a las determina­
ciones jurisdiccionales, individualismo en la tutela de garantías que se llaman así, sin rubor, "indivi­
dua­les": todo está presente en el juicio ideado por Rejón. Todo, se entiende, menos la intromisión de
una República de la que Yucatán no parecía querer saber nada más.

Con el artículo 25 del Acta de reformas de 1847 vino la mexicanización definitiva del amparo. Todo
habitante de la República —todo individuo— podría ser amparado contra cualquier ataque a sus
derechos "constitucionales y legales" siempre que éste proviniera de los Departamentos Legislativo y
Ejecutivo de los órdenes locales o federal, salvando para el Estado mexicano la posibilidad de seguir
utilizando en su beneficio los actos contrarios a la ley fundamental, puesto que no se haría "ninguna
declaración general acerca de la ley o acto inconstitucionales". ¡Menudo estatalismo el de la fórmula
Otero!

La declaración general de nulidad de las leyes se atribuye a las Legislaturas de los Estados y al
Congreso general por virtud de los artículos 22 al 24 del Acta. Son las asambleas, pues, las que se
hacen cargo del auténtico control de la constitucionalidad, el que expulsa de una vez y para siem­
pre las normas asistemáticas.43 Un sistema mixto de control que será abandonado en 1857 para
confiarlo íntegramente a la justicia constitucional de efectos particulares.44 Así, los Jueces, a cambio
de la debilidad y relatividad de su control, obtienen, muy en sentido gaditano, la garantía de que sus
sentencias no serán revisadas.

En efecto, la Constitución de 1857 traerá variaciones de fondo. No porque se supere la confusión


entre mera legalidad y constitucionalidad —al contrario: se consolida mediante el nuevo artículo
14—, sino porque el amparo se extiende a conocer el actuar de las autoridades judiciales, incluyendo
las estaduales. Al menos eso parece desprenderse del texto constitucional (art. 101, fracc. I).

Así, los Jueces locales podrían ahora ser revisados a partir de la jurisdicción de amparo y esta­
rían obligados, cuando menos en el papel, a la aplicación exacta de cualquier ley, por inconstitucional
que en algún caso concreto pudiera ser declarada por la Suprema Corte de Justicia que, encima, se
hallaría integrada por Magistrados electos mediante el voto público.

43
Cfr. este tipo de procedimientos congresuales en González Oropeza et al., Las resoluciones…, tomo II.
44
González Compeán et al., Jurisdicción…, p. 63.
86 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

El artículo 14 dispuso en 1857 que "nadie puede ser juzgado ni sentenciado sino por leyes dadas
con anterioridad al hecho y exactamente aplicadas a él por el tribunal que previamente haya esta­
blecido la ley". El juzgador, todo juzgador, queda reducido al carácter de resignada y exactista boca del
legislador en cada caso concreto, por poliédrica y variopinta que pudiese resultar la realidad, por
complejas que nos puedan parecer las realidades mexicanas. El Poder Judicial Federal debía asegu­
rarse, en legolátrico y repetitivo trance, de que todas las sentencias dictadas en la República hicieran
de la ley su exacto horizonte de aplicación. Ha nacido la "imposible tarea de la Corte" que denunció,
otra vez, Emilio Rabasa.

Resistencias las hubo, incluso desde la vertiente legislativa. Restaurada la República tras el
trance del II Imperio, la Ley de Amparo expedida en 1869 declaraba que el juicio constitucional resul­
taba improcedente para atacar determinaciones tomadas en los "negocios judiciales". Manuel Dublán
consideraba que con ello se evitaban las odiosas invasiones federales sobre los ámbitos es­taduales.
La inconstitucionalidad, empero, resultaba manifiesta.

a. El caso Miguel Vega: el camino


del control sobre los Jueces

José María Lozano, Miguel Mejía, Ignacio Vallarta, León Guzmán y Emilio Rabasa interpretaron en forma
diversa la expresión "negocios judiciales". El crudo realismo de Rabasa se reveló, ex ante, en el propio
año 1869, cuando la Suprema Corte declaró la inconstitucionalidad de la Ley de Amparo al conocer
del caso Miguel Vega. Los "negocios judiciales" no podían quedar exentos de la protección procesal
constitucional.

Vega, Juez en el Estado de Sinaloa, había sido inhabilitado para ejercer no sólo la Judicatura,
sino su licencia en Derecho, pues el Tribunal Superior de aquel Estado consideró inadmisible que
el juzgador hubiese fallado contrariando el texto expreso de una norma. Activada la vía del amparo, el
Juez federal resolvió no aceptar la demanda por considerar que lo que se discutía era un "nego­
cio judicial" en términos del controvertido artículo 8o. de la Ley de 1869. León Guzmán, a la sazón
procurador general (por ende, y por mandato constitucional, "individuo" o integrante de la Suprema
Corte), pidió que el asunto fuese discutido en la sede del máximo Tribunal del país. El Tribunal sina­
loense se negó a remitir informe justificado y la Justicia de la Unión amparó a Vega: el Amparo sería
procedente contra resoluciones jurisdiccionales y el control constitucional, a partir de ahí, queda­
ría confiado en forma concentrada a los tribunales federales, específicamente a la Suprema Corte de
una Nación federal.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 87

A los "individuos" de la Corte se les amenazó, en sede congresional, con un juicio político: habían
fallado contra legem y habían vulnerado el "sacrosanto" principio del monopolio de la interpretación
constitucional en sede legislativa. La tensión entre legalidad y constitucionalidad, con todas las abrup­
tas salidas que pudiera implicar, realizaba su aparición entre nosotros.45

La polémica, con todo, distó mucho de quedar resuelta. José María del Castillo Velasco, consti­
tuyente en 1856-1857 y posterior Ministro de la Suprema Corte, se vio precisado a afirmar en 1871 que
no debía confundirse la expresión "negocios judiciales" con los términos "procesos penales" o "senten­
cias", contra los que definitivamente debían caber los juicios de garantías por tratarse de actos de
autoridad potencialmente violatorios de derechos del hombre,46 expresión utilizada por la venerada
Carta liberal.

Ya en pleno porfiriato, una nueva Ley de Amparo declaró procedente el juicio en contra de
cualesquiera fallos de Jueces federales o locales. Si a esto se sumaba que la "exacta aplicación de la
ley" se consideraba un derecho humano, los términos del gran pleito finisecular quedaban consolidados.

b. El efectismo de la legalidad:
Vallarta y Guzmán

Ignacio Vallarta, el arquetípico Ministro Presidente de la Corte porfiriana, constituyente en 1857, apro­
vecha un caso singular (Larrache y Compañía, 1878), para instrumentar un criterio peculiar: en razón
de que las cosas no pueden ser "nadie" y, por lo tanto, no pueden ser "sentenciadas", el artículo 14
sólo podía aplicarse a las causas criminales, esto es, a aquellas en las que el sujeto es una persona,
un "no don Nadie".47 Además, sólo en materia penal es posible, dijo Vallarta, aplicar exactamente la ley
(esto es, el tipo delictivo y la pena correspondiente) al caso concreto. En tal virtud, el amparo en su
modalidad de casación no tenía razón de ser, ni aplicabilidad, en las causas civiles.

45
González Oropeza, Manuel, "El amparo contra negocios judiciales. El caso de Miguel Vega", Anuario Mexicano
de Historia del Derecho, núm. 10, México, UNAM, 1998, pp. 385-397.
46
Castillo Velasco, José María del, Apuntamientos para el estudio del Derecho Constitucional Mexicano, edición
facsimilar de la edición príncipe, México, Miguel Ángel Porrúa, 2007-2008, p. 222.
47
Se ha discutido también si las personas colectivas pueden considerarse titulares de derechos humanos, esto es, si
pueden llegar a ser "nadie". A últimas fechas ha renacido tal discusión, que se creía superada. Cfr. el trabajo seminal
de Lira, Andrés, "Los derechos del hombre, las personas morales y el juicio de amparo en los albores del siglo XX", en
Speckman Guerra, Elisa y Del Arenal Fenochio, Jaime (coords.), El mundo del derecho. Aproximaciones a la cultura
jurídica novohispana y mexicana (siglos XIX y XX), México, Porrúa/ELD/Universidad Nacional Autónoma de México, 2009,
pp. 111-172.
88 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

El procurador León Guzmán matizaría la interpretación: en materia civil caben tanto la interpre­
tación exacta como el amparo-legalidad, siempre que la causa se refiera a derechos personales, y no
a derechos reales que, por definición, involucran a cosas y no a "nadies".48 Célebre en sus enconos,
Guzmán había polemizado en 1868 con el Ministro de Justicia, Ignacio Mariscal, en torno al control
concentrado de la tutela de derechos fundamentales, esto es, en torno a la exclusividad de las facul­
tades de la Suprema Corte para conocer de los juicios de garantías.49

Rabasa se ocupó con pena, ya que era partidario de un aligeramiento de la carga del alto Tri­
bunal, de desmontar los argumentos de Vallarta y de Guzmán. Reclamó al primero interpretar la Ley
Fundamental partiendo del equivocado concepto de que el Constituyente conocía el idioma cas­
tellano. El barbarismo "sentenciado" (empleado aún hoy como si fuese equivalente a "condenado") se
refiere a personas absueltas o condenadas en el orden criminal, pero también a todas aquellas que
experimenten las consecuencias de una sentencia civil, incluyendo aquellas que resuelvan cuestio­
nes relacionadas con los derechos reales. En su concepto, además, al adverbio exactamente no debía
dársele el significado de literalmente sino que implica con precisión: permite, pues, e incluso impone,
la interpretación, labor que no puede considerarse limitada al derecho civil. También el derecho penal
se interpreta, y también requiere interpretación. La labor exactista no es tarea de robots.50

Así, ninguna interpretación bienintencionada o efectista podía evitar que el artículo 14 implicara
casación, legalismo e invasión de las esferas propias de los poderes judiciales locales. El Poder Judi­
cial federal tendría que preocuparse no sólo por la extensión del enjuiciamiento adecuado a todo
lo largo de la República, como habría querido la Constitución de 1824, sino por cerciorarse de la lega­
lidad —o, por mejor decir, de la exactitud— de todas las sentencias dictadas en el país. De ahí que la
preocupación tuviera que virar: si a Pedro Sámano le concernía sobre todo tratar de evitar las penas
inhumanas, los destierros, la tortura, un Juez del porfiriato tendría que obsesionarse con la utopía lego­
látrica de la exacta aplicación de las normas a todos los casos concretos y en todas las materias.

48
Guzmán, León, "Comentarios al artículo 14 constitucional (1878)", en González Oropeza, Manuel (comp. e
introd.), León Guzmán, prólogo de Antonio Martínez Báez, México, Senado de la República, LIII Legislatura, 1987, pp.
111-124.
49
Suprema Corte de Justicia de la Nación, El Juicio de Amparo y el Poder Judicial de la Federación, México,
1999, SCJN, pp. 232-240.
50
Rabasa, El artículo…, op. cit., p. 65.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 89

c. El alejamiento de las cuestiones


políticas: José María Iglesias

Potestad semejante de intervención en los ánimos locales tenía que ser ralentizada. El dictador lo
sabía, y por ello es que el Poder Judicial de la Federación prácticamente sería obligado a abstenerse
de participar en cuestiones políticas mientras procuraba garantizar los derechos humanos a partir de
la casación exactista de las resoluciones estaduales.

Los Ministros de la Corte, según la Constitución de 1857, eran elegidos por el cuerpo electoral,51
aunque las condiciones materiales de aplicación implicaran que en realidad la designación corres­
pondiera al Presidente de la República. Se recelaba de una potencial "tiranía judicial",52 pero al
alimón se prohijaba la autonomía del Poder judiciario con miras a evitar "las usurpaciones, intencio­
nales o sin intención, de los Departamentos Ejecutivo y Legislativo".53 El equilibrio resultaba precario,
y en no pocas ocasiones el Ministro Presidente de la Corte tuvo ocasión de oponerse, con éxito, al
Ejecu­tivo en turno.

Con el amparo Morelos (1874), la Suprema Corte halló ocasión de mostrar su músculo político.
Francisco Leyva, gobernador del Estado de Morelos, se había reelegido violentando la Constitución local.
Al discutirse la ley del presupuesto promovida por el propio gobernador, un litisconsorcio patrocinado
por Isidro Montiel y Duarte reclamaría, mediante el amparo, la incompetencia de la autoridad: los
actos de molestia infligidos a la ciudadanía procedían de una autoridad ilegítima, incompetente en
su origen. Violaban, por tanto, el texto del artículo 16 de la Constitución General de la República. Así, por
la vía de la garantía de legalidad la Corte podría entrar a la cuestión, quizá más trascendente, de su
facultad para intervenir en la vida política de los Estados. Acaso después podría discutir las cartas
credenciales de los Poderes federales.54

José María Iglesias, Ministro Presidente de la Suprema, votó a favor de declarar la incompe­
tencia original del gobernador Leyva. Con él lo hizo la mayoría de los Ministros. La "tesis Iglesias"

51
"La verdad, pues, de nuestra Constitución positiva, a diferencia del texto de la literal, es que los Ministros de la Corte
son nombrados por el Ejecutivo para un periodo corto". Rabasa, La Constitución…, p. 200.
52
Vega, Fernando, "Reforma proyectada al artículo 14 de la Constitución", Academia Mexicana de Jurisprudencia y
Legislación, 25 de junio de 1897. En Suprema Corte, El Juicio de Amparo…, op. cit., p. 320.
53
J.R. Pacheco, México, 31 de julio de 1861. En ibid., p. 162.
54
Gudiño Pelayo, José de Jesús, "El Amparo Morelos y los paradigmas de la incompetencia de origen", en Gonzá­
lez Oropeza, Manuel y Acevedo Velázquez, Eleael (coords.), El Amparo Morelos, México, H. Congreso del Estado de
Morelos, XLVIII Legislatura, 2002.
90 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

molestó al presidente Sebastián Lerdo de Tejada, que pretendió el dictado de una ley federal que im­
pidiera al Alto Tribunal conocer de asuntos políticos. Iglesias escribió entonces un Estudio constitu-
cional sobre las facultades de la Suprema Corte de Justicia y presentó una renuncia que Lerdo se negó a
aceptar.55 La independencia del Poder Judicial quedó asegurada, al menos por lo que restaría del
corto periodo liberal que Daniel Cosío Villegas llamó "República restaurada". Tanto es así que, todavía
en junio de 1876, pudo dictarse la sentencia del caso Alberto Bianchi, autor del drama escé­nico Los
martirios del pueblo, quien resultó amparado contra la sentencia de prisión dictada por un Presidente
de la República poco afecto a respetar la libertad de expresión.56

La paz porfiriana significará, en este como en otros temas, un golpe de timón. El caso León
Guzmán (1878) permitirá a Vallarta alejarse de la tesis Iglesias. El incontenible Guzmán promovió
amparo en contra del gobernador y la Legislatura de Puebla, en su concepto ilegítimamente elegidos.
Había sido destituido de su sitial como Magistrado presidente del Tribunal Superior de Puebla por
autori­dades incompetentes y Vallarta pretendería poner punto final a lustros de controversia con Guz­
mán, su némesis en más de un sentido, distinguiendo entre competencia y legitimidad. La Corte, sin
embargo, no votó con él, y León Guzmán fue restablecido en el ejercicio de sus derechos.

Pero en 1882 Vallarta obtiene un sonado triunfo para su tesis de autocontención, con el beneplá­
cito del general Díaz, tan propenso a las reelecciones ejecutivas que había combatido. En el amparo
Dondé la Suprema Corte distingue entre "autoridad competente" y "autoridad legítima" y decide no
volver a intervenir en cuestiones de ilegitimidad: por competencia habrá de entenderse, sin más, el
haz de facultades legales concedidas a las autoridades. Deja pasar con tal criterio la Corte la oportu­
nidad de consolidar "el sistema gubernamental que funda en la intervención de los Jueces la estabilidad
de las instituciones políticas"57 y, de paso, deja sin tutela posible los derechos de corte político-electo­
ral.58 ¿Protegió con ello en forma más eficiente los derechos fundamentales? La historia contra-factual
es más bien literatura fantástica, pero nadie sabe lo que habría pasado con una Corte y un amparo
que no hubieran sabido limitarse.

Cohesión de una Nación en grave peligro de invertebración, tutela efectiva de los derechos fun­
damentales de los individuos que la componían, generación de cierta (sub)cultura de la legalidad

55
Suprema Corte de Justicia de la Nación, José María Iglesias Inzáurraga. Político republicano y hombre de
la judicatura (1823-1891), México, SCJN, 2006, pp. 126-132.
56
Velázquez Nieto, Roberto Antonio (comp.), Los caminos de la justicia en los documentos de Ezequiel Montes
Ledesma, México, Suprema Corte de Justicia de la Nación / Poder Judicial de la Federación, 2009, pp. 300-301.
57
Rabasa, Emilio, "El juicio constitucional", en Rabasa, El artículo…., op. cit., p. 133.
58
González Compeán et al., Jurisdicción…, op. cit., p. 81.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 91

frente a los ataques atrabiliarios del caciquismo y la corrupción… Fue mucho lo que se pidió del
juicio de amparo como para exigirle además que resolviera los problemas de legitimidad y acceso al
poder suscitados entre las pendencieras autoridades mexicanas. Para la protección de la democracia
electoral habríamos de esperar a la generación de la misma. Entre tanto el amparo hizo, durante los
primeros dos siglos de una República que fue en un par de ocasiones Imperio, lo que podía (y tenía
que) hacer.

4. Bibliografía y fuentes

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92 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

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SECCIÓN §3
EL JUICIO DE AMPARO EN SUS
PRIMEROS AÑOS:
LOS CASOS EN SU CONTEXTO
CONSTITUCIONAL E HISTORIOGRÁFICO

Octavio Herrera Pérez*


y Rodrigo Santiago Juárez**
* Doctor en Historia por El Colegio de México. Profesor de tiempo completo de la Universidad Autónoma de
Tamaulipas. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel I
** Doctor en Derecho por la Universidad Carlos III de Madrid. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores,
Nivel 1.
E n nuestro país, el amparo ha funcionado como una herramienta jurisdiccional al servicio de los
individuos para defenderse de las arbitrariedades y los abusos del poder público. El uso de este recur­
so judicial puede demostrar su eficacia incluso en situaciones de incertidumbre política y social,
como aquellas que obedecen a invasiones extranjeras, a etapas de dictadura política, a movimientos
revolucionarios o incluso frente a decisiones ilegítimas del poder público sustentadas, aparentemente,
en normas expedidas en el marco de la legalidad.

Quizá una de las cuestiones dignas de ser subrayadas dentro del análisis del amparo mexi­
cano derive de su atemporalidad. Pareciera que los postulados que lo inspiraron más de un siglo y
medio atrás, son los que están vigentes hoy en día en las democracias más avanzadas. Por tanto, este
capítulo tiene por objeto situar al lector en una perspectiva que le permita comprender la magnitud
que significó, para el sistema jurídico mexicano, contar con un recurso judicial que desde un inicio
fue utilizado para defender el catálogo de derechos que pretendía erigirse en medio de la inestabilidad
política y constitucional, tan difícil de extirpar después de consumada la independencia de México.

Para hablar de tutela judicial efectiva, las democracias tardaron al menos un par de siglos
hasta ver consolidada la eficiencia de sus cartas constitucionales. El proceso se inició en Estados Uni­
dos, con la célebre decisión Marbury v. Madison, en 1803, que fija el punto de partida de una tarea
(no contemplada expresamente en el texto redactado por los padres fundadores de la Constitución

99
100 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

norteamericana), consistente en la revisión judicial de los actos del poder público.1 En relación
con esto, en el primer apartado analizaremos algunas ideas sobre el control jurisdiccional de los actos
del poder público y sobre la autonomía judicial. Para explicar lo anterior, serán útiles algunos prin­
cipios y resoluciones emitidas por organizaciones y tribunales internacionales.

En el segundo apartado veremos cómo, una vez concluida la independencia de México, debie­
ron transcurrir muchos años de vida institucional para que se fueran perfilando las garantías que
deberían disfrutar sus ciudadanos ante los actos provenientes de autoridades públicas.

En el tercer apartado se analizan algunas de las resoluciones emitidas por el Poder Judicial de
la Federación en distintos momentos históricos, que demuestran la importancia del juicio de am­
paro como herramienta para permitir a cualquier persona defenderse de las arbitrariedades y el abuso
del poder político, así como la importancia que la autonomía judicial tiene precisamente en momen­
tos de incertidumbre como mecanismo de legitimación del trabajo de Jueces y tribunales. Final­
mente, en la última parte se mencionarán algunas de las conclusiones que se derivan de este
análisis.

1
No obstante, ese proceso no se expandió ni se normalizó de inmediato. En Europa no fue sino hasta que concluyó
la Segunda Guerra Mundial cuando se establecieron tribunales de constitucionalidad para controlar los actos de los po­
deres elegidos democráticamente.
CAPÍTULO VIII
PRIMEROS DATOS PARA IDENTIFICAR
EXPEDIENTES RELEVANTES

E n la actualidad, el control jurisdiccional de los actos del poder político se constituye como uno de
los elementos fundamentales de todo Estado de derecho, mediante el cual se manifiesta la separa­
ción de poderes y la existencia de controles y contrapesos que sujetan la actuación de los poderes
públicos al principio de legalidad.

Como menciona Eduardo García de Enterría, el control jurisdiccional no está diseñado para
sustituir al titular de la decisión política, sino que tiene dos objetivos exclusivos: uno, controlar si en
dicha decisión se ha respetado el principio —también constitucional y base del sistema mismo de
Estado de derecho—, de la sumisión de la administración a la ley y al derecho, que es precisamente
el marco en cuyo seno la decisión debe producirse; y dos, garantizar una tutela judicial efectiva a los
derechos e intereses legítimos de los ciudadanos.2

1. Elementos jurídicos para


entender el origen del amparo

Naturalmente, el control jurisdiccional de los actos públicos requiere ciertas condiciones para que
pueda llevarse a cabo de manera correcta y efectiva. La primera condición radica en la existencia
de un procedimiento jurídico que otorgue la posibilidad a los gobernados de recurrir ante un Juez

2
GARCÍA DE ENTERRÍA, Eduardo, Democracia, Jueces y control de la administración, Navarra, Aranzadi, 2009,
pp. 49-50.

101
102 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

para reclamar determinados actos (condición interna). La segunda condición supone que el juzgador
cuenta con determinadas garantías de independencia que le permitan resolver el asunto puesto a
su consideración sin estar sometido a presiones o amenazas de ningún tipo, o bien, que el contexto o
la situación social existente en ese momento no impidan o limiten la libertad del juzgador para re­
solver con plena autonomía (condición externa).

Ambas condiciones, al suponer la existencia de un procedimiento adecuado para hacer valer los
derechos frente a los actos públicos, así como las garantías mínimas de autonomía del Juez, pueden
enmarcarse dentro del así llamado derecho a una tutela judicial efectiva,3 protegido no solamente por
la mayoría de las constituciones nacionales, sino también por las distintas declaraciones y conven­
ciones internacionales y regionales de derechos humanos.4

a. El control del poder

Por lo que respecta a la existencia de un procedimiento específico que permita el control jurisdic­
cional, es un hecho que en México aquél está garantizado, sobre todo, mediante el juicio de amparo
vigente desde mediados del siglo XIX, por lo que la condición interna a la que aludimos previamente
está plenamente satisfecha.5

3
La pretensión del sistema de separación de poderes de evitar la acumulación del poder, que conduciría a la confi­
guración de un poder absoluto, y de distribuir entre distintos órganos del Estado las facultades de éste, se materializa por
medio de los controles interorgánicos, un sistema de contrapesos que conduce a atribuir a un órgano distinto del Legis­
lativo y del Ejecutivo la facultad de aplicar las leyes, dirimiendo los conflictos. De esta atribución surge el derecho de
todas las personas de acceso a los juzgados y tribunales para que éstos resuelvan los conflictos en los que sean parte.
El autor menciona que el derecho a la tutela judicial (refiriéndose al caso de España) se ha concretado básicamente a
partir de la jurisprudencia constitucional, a partir de la cual puede definirse como el derecho de todas las personas a tener
acceso al sistema judicial y a obtener del mismo una resolución fundada en derecho y, por tanto, motivada, además de
no sufrir indefensión durante el proceso. En LÓPEZ GUERRA, Luis et al., Derecho constitucional, vol. 1. El ordenamiento
constitucional. Derechos y deberes de los ciudadanos, Valencia, Tirant lo Blanch, 2002, pp. 353-354.
4
En cuanto a la inclusión de este derecho en la Declaración Universal de Derechos Humanos, véase DEL TORO
HUERTA, Mauricio Iván, La Declaración Universal de Derechos Humanos: un texto multidimensional, México, Comisión
Nacional de los Derechos Humanos, 2012, pp. 61-62. Y del mismo autor, "Las raíces mexicanas del artículo 8 de la Decla­
ración Universal de los Derechos Humanos: texto, contexto y proyección internacional", consultable en esta misma obra,
donde aborda la influencia del amparo mexicano en la inclusión de ese derecho en la Declaración Universal de los Dere­
chos Humanos (DUDH). Por lo que respecta a la protección de la tutela judicial en el ámbito latinoamericano, véase
GARCÍA RAMÍREZ, Sergio, La Corte Interamericana de Derechos Humanos, México, Porrúa, 2007, pp. 251-259. Un análisis
más general de la jurisprudencia de la CorteIDH puede verse en GARCÍA RAMÍREZ, Sergio (coord.), La jurisprudencia de
la Corte Interamericana de Derechos Humanos, México, UNAM, 2006. Y en HERNÁNDEZ VALLE, Rubén, Las sentencias
básicas de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2011.
Por lo que respecta a la protección de ese derecho en España, puede consultarse LÓPEZ GUERRA, Luis, Las sentencias
bási­cas del Tribunal Constitucional, Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2008, pp. 477-538.
5
Cabe recordar que en el caso de presuntas violaciones a los derechos políticos, el artículo 99, fracción V, de la Cons­
titución establece un procedimiento especial denominado Juicio para la protección de los derechos político-electorales del
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 103

Para los efectos de este estudio, nos pareció más importante analizar la condición externa,
pues es ésta la que muchas veces se encuentra comprometida por presiones de tipo político, condi­
ciones de convulsión social o de intranquilidad pública, o bien, de francas revueltas o revoluciones
que pueden suponer un freno a la actividad del juzgador pero que, al mismo tiempo, constituyen los
momentos cruciales que exigen manifestaciones claras de autonomía judicial frente a las decisio­
nes arbitrarias del poder político.6 Esta segunda condición está íntimamente relacionada con la inde­
pendencia del Poder Judicial, y debe garantizarse hacia el órgano jurisdiccional y hacia el Juez.7

Respecto del órgano jurisdiccional, la misma se garantiza mediante la autonomía financiera, la


colaboración de los demás poderes y la respetabilidad de las decisiones judiciales. Respecto del Juez,
éste debe ser nombrado sin interferencias ajenas al Poder Judicial y removido de acuerdo con las
prescripciones constitucionales y legales. El juicio político no debe ser utilizado para comprometer
la imparcialidad de las decisiones y ningún Juez debe ser reconvenido por el contenido de sus deci­
siones.8 Sobre el particular, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CoIDH) se ha pronun­
ciado en distintos asuntos sobre la necesaria autonomía e independencia de los Jueces. En el Caso
Reverón Trujillo vs. Venezuela, la Corte precisó que los Jueces, a diferencia de los demás funcionarios
públicos, cuentan con garantías específicas a causa de la independencia necesaria del Poder Judicial.9

De igual manera, la CoIDH manifestó que uno de los objetivos principales que tiene la sepa­
ración de poderes públicos es la garantía de independencia de los Jueces,10 y que el objetivo de la

ciudadano, que se tramita ante las distintas salas del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, de origen
reciente y del que no nos ocuparemos en este trabajo. Tampoco haremos alusión a los otros dos tipos de control juris­
diccional de la administración, esto es, las acciones de inconstitucionalidad y las controversias constitucionales, por no
ser instrumentos que puedan hacerse valer directamente por los ciudadanos.
6
CABALLERO, José Antonio, LÓPEZ AYLLÓN, Sergio, y OÑATE, Alfonso, "¿A dónde va la reforma judicial?", en VÁZ­
QUEZ, Rodolfo (comp.), Corte, Jueces y política, Fontamara/Nexos, 2007, p. 122, quienes señalan que la actuación del
Poder Judicial protege las libertades fundamentales y consolida las instituciones del Estado, particularmente en tiempos
de cambio e incertidumbre, por lo que el Poder Judicial es el guardián de las promesas democráticas.
7
En general, puede afirmarse que un Juez es independiente si toma sus decisiones basado solamente en el caso, sin
estar influido por consideraciones particulares relativas a las partes que no resulten relevantes para el asunto concreto,
y si decide libre de consideraciones relacionadas con su propio interés o con intereses de la persona o cuerpo que lo
nombró. Véase el voto concurrente del Juez Eduardo Ferrer Mac-Gregor Poisot a la Sentencia de la CoIDH en el Caso Corte
Suprema de Justicia (Quintana Coello y otros) vs. Ecuador, Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas, Sentencia
de 23 de agosto de 2013, Serie C, núm.266, párr. 1.
8
Véase la interesantísima circular escrita por Ignacio L. Vallarta, fechada el 19 de junio de 1868, donde se advierte la
importancia que tanto Benito Juárez como el propio Vallarta otorgaban a la independencia del Poder Judicial. En GON­
ZÁLEZ OROPEZA, Manuel, "Prólogo", en COLLÍ EK, Víctor Manuel, La magistratura estatal. Evolución, consolidación y
defensa en la interpretación constitucional de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, México, Porrúa, 2010, pp. XVII-XXI.
9
Corte IDH, Caso Reverón Trujillo vs. Venezuela, Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas, Sentencia de 30
de junio de 2009, Serie C, núm.197, párr. 67.
10
Corte IDH, Caso del Tribunal Constitucional vs. Perú, Fondo, Reparaciones y Costas, Sentencia de 31 de enero de
2001, Serie C, núm 71, párr. 73. Corte IDH, Caso Atala Riffo y Niñas vs. Chile, Fondo, Reparaciones y Costas, Sentencia
de 24 de febrero de 2012, Serie C, núm.239, párr. 186.
104 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

protección radica en evitar que el sistema judicial en general y sus integrantes en particular se vean
sometidos a posibles restricciones indebidas en el ejercicio de su función por parte de órganos ajenos
al Poder Judicial o incluso por parte de aquellos Magistrados que ejercen funciones de revisión o
apelación.11 Lo mismo se deriva tanto de los Principios Básicos de las Naciones Unidas relativos a la
Independencia de la Judicatura, adoptados por el Séptimo Congreso de las Naciones Unidas sobre
Prevención del Delito y Tratamiento del Delincuente,12 celebrado en Italia en septiembre de 1985,
como del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, en donde las garantías de independencia judicial
consisten en un adecuado proceso de nombramiento,13 la inmovilidad en el cargo y la garantía contra
las presiones externas.14

En una resolución reciente, la CoIDH ha señalado que de conformidad con los estándares de
autonomía judicial: 1) la observancia de las garantías judiciales implica respetar la independencia
judicial; 2) las dimensiones de la independencia judicial se traducen en el derecho subjetivo del Juez
a que su separación del cargo obedezca exclusivamente a las causales permitidas, ya sea por medio
de un proceso que cumpla con las garantías judiciales o porque se ha cumplido el término o pe­
riodo de su mandato, y 3) cuando se afecta en forma arbitraria la permanencia de los Jueces en su
cargo, se vulnera el derecho a la independencia judicial consagrado en el artículo 8.1 de la Con­
vención Americana, en conjunto con el derecho de acceso y permanencia en condiciones generales
de igualdad en un cargo público, establecido en el artículo 23.1.c de la Convención Americana.15

En definitiva, esta condición tiene que ver con una libertad en la actividad jurisdiccional para
que la misma se lleve a cabo sin presiones de ningún tipo, y para que las resoluciones de los Jueces
no obedezcan a decisiones sugeridas o impuestas por los otros dos poderes. Por eso se ha dicho
que la función jurisdiccional no es una delegación de las facultades del Poder Ejecutivo, ni tampoco

11
Corte IDH, Caso Apitz Barbera y otros (Corte Primera de lo Contencioso Administrativo) vs. Venezuela, Excepción Pre­
liminar, Fondo, Reparaciones y Costas, Sentencia de 5 de agosto de 2008, Serie C, núm. 182, párr. 75.
12
Los Principios Básicos de Naciones Unidas fueron confirmados por la Asamblea General en sus resoluciones
40/32, del 29 de noviembre de 1985, y 40/146, del 13 de diciembre de 1985.
13
Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Caso Campbell y Fell vs. Reino Unido. Sentencia de 28 de junio de 1984.
Caso Langborger vs. Suecia, Sentencia de 22 de enero de 1989.
14
En el mismo sentido pueden consultarse algunas resoluciones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Cfr. Caso del Tribunal Constitucional vs. Perú, Fondo, Reparaciones y Costas, Sentencia de 31 de enero de 2001, Serie C,
núm. 71, párr. 75; Corte IDH, Caso Chocrón Chocrón vs. Venezuela, Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas,
Sentencia de 1 de julio de 2011, Serie C, núm. 277, párr. 98.
15
Corte IDH, Corte IDH, Caso de la Corte Suprema de Justicia (Quintana Coello y otros) vs. Ecuador, Excepción Prelimi­
nar, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 23 de agosto de 2013, Serie C, núm. 266, párr. 155.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 105

debiera ser una función subordinada a la voluntad del legislador. Por el contrario, el Poder Judicial se
halla establecido en la Constitución y sus facultades fundamentales están igualmente reconocidas
en la misma, por lo que les corresponde a los Jueces interpretar el alcance de sus propias funciones
y ejercerlas en consonancia, sin la permisión del Ejecutivo o del Legislativo.16

b. La autonomía judicial

En México, la forma más directa de analizar el control jurisdiccional de los actos del poder político
consiste en estudiar las resoluciones emitidas por los Jueces federales y por la Suprema Corte de
Justicia de la Nación en distintos periodos históricos.17 Si bien este tipo de análisis nos puede dar
muchas pistas sobre la manera en que se interpretaban y protegían los derechos fundamentales en
distintos momentos, también es un método eficaz para calibrar las relaciones entre el poder político
y el poder judicial federal en esos escenarios.18

Esta manera de estudiar los asuntos se ha llevado a cabo en otros países con objeto de advertir
la evolución de las resoluciones y el avance que en materia de derechos fundamentales se ha llevado
a partir del trabajo de los tribunales,19 lo que pone de manifiesto la importancia de analizar las senten­
cias como parte de la memoria histórica. En nuestro país ha existido un renovado interés en esta

16
GONZÁLEZ OROPEZA, Manuel, "Prólogo", en COLLÍ EK, Víctor Manuel, La magistratura estatal, op. cit., p. XVII.
17
COSSÍO, José Ramón, La teoría constitucional de la Suprema Corte de Justicia, México, Fontamara, 2008, p. 84.
El autor menciona que uno de los métodos para identificar lo que denomina la teoría constitucional de la Suprema Corte,
consiste en leer los considerandos de sus resoluciones, lo cual "si bien tiene la ventaja de permitirnos una visión com­
pleta de prácticamente la totalidad de las resoluciones dictadas por ese máximo tribunal, también presenta el problema
de que el volumen a analizar es francamente exorbitante". Por lo anterior, el autor opta por analizar las tesis aisladas o de
jurisprudencia en las que la Suprema Corte haya establecido su teoría constitucional. Otro método consiste en analizar
el perfil de los integrantes de los tribunales para advertir su influencia en las resoluciones. En ese sentido, CHOPER,
Jesse H. (ed.), The Supreme Court and its Justices, Estados Unidos, American Bar Association, 2001.
18
GONZÁLEZ OROPEZA, Manuel, Los amparos primigenios (1848-1865), México, Porrúa, 2012, p. XII.
19
Por lo que respecta a la Corte Suprema de Estados Unidos, pueden consultarse: TRACHTMAN, Michael G., The
Supreme's Greatest Hits. The 37 Supreme Court Cases that Most Directly Affect your Life, Nueva York, Sterling Publishing,
2009; BELTRÁN DE FELIPE, Miguel y GONZÁLEZ GARCÍA, Julio V., Las sentencias básicas del Tribunal Supremo de los
Estados Unidos de América, Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2006. En cuanto a Italia, PRESNO
LINERA, Miguel Ángel y CAMPIONE, Roger, Las sentencias básicas del Tribunal Constitucional italiano, Madrid, Centro
de Estudios Políticos y Constitucionales, 2010. Y en Alemania, ALÁEZ CORRAL, Benito y ÁLVAREZ ÁLVAREZ, Leonardo,
Las decisiones básicas del Tribunal Constitucional Federal alemán en las encrucijadas del cambio de milenio, Madrid, Cen­
tro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2008.
106 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

perspectiva del juicio de amparo, a partir de algunos análisis históricos20 y de notables esfuerzos de la
Suprema Corte de Justicia de la Nación por promover estudios de estas características.21

A partir de la lectura de las sentencias de los Jueces de Distrito y de la propia Suprema Corte se
pone en evidencia la autonomía del Poder Judicial, cuestión que cobra relevancia en aquellos episo­
dios en los que la soberanía nacional estuvo comprometida, como en los momentos que siguieron a
la ejecución del emperador Maximiliano de Habsburgo, o cuando el poder político estaba comple­
tamente centralizado en manos de la dictadura de Porfirio Díaz, o incluso en el contexto de incerti­
dumbre política y social provocado por la Revolución Mexicana, situaciones todas estas que
dificultaban la labor de los Jueces y su independencia, lo que podría resultar en último término en una
autorrestricción judicial, al provocar que los Jueces validaran las decisiones provenientes del poder
político sin llevar a cabo un análisis pormenorizado del caso.

En tal sentido, Christian Courtis menciona que el foco de atención de la disputa entre activismo
y autorrestricción judicial es la medida en que los tribunales confirman las decisiones y la actuación
de los poderes públicos, o bien, se apartan de ellas —revocándolas u ordenándoles actuar en otro
sentido—.22 Sin duda, estas distintas posturas adquieren una mayor relevancia en los episodios en
los que el contexto político y social somete a los tribunales —y, en general, a todos los poderes públi­
cos— a presiones de muy distinto tipo. Esto nos lleva a un análisis desde los orígenes del Estado
mexicano, que nos permitirá una mejor comprensión de la importancia que tuvo, para el ciudadano
común, contar con un recurso judicial como el amparo.

2. Elementos historiográficos para


entender los orígenes del amparo

Durante los años en que se gestó el movimiento insurgente que derivaría en la Independencia nacio­
nal, no hubo forma de apelar a formas de control del poder; mucho menos podía hablarse de formas

20
Véase sobre todo GONZÁLEZ OROPEZA, Manuel, Constitución y derechos humanos. Orígenes del control jurisdic­
cional, México, Porrúa/CNDH, 2009; GONZÁLEZ OROPEZA, Manuel y LÓPEZ SAUCEDO, Pedro A., Las resoluciones judicia­
les que han forjado a México, 4 vols., México, Suprema Corte de Justicia de la Nación, 2009-2010.
21
Véase La justicia durante el porfiriato y la Revolución. 1898-1914, 5 vols., México, Poder Judicial de la Federación,
2010.
22
COURTIS, Christian, "La legitimidad del Poder Judicial ante la ciudadanía", en VÁZQUEZ, Rodolfo (comp.), Corte,
Jueces y política, México, Fontamara/Nexos, 2007, pp. 60-61. Agrega el autor que el activismo judicial se caracteriza por
un mayor celo en el control de los actos de los poderes públicos, un menor apego por restricciones formales que le impidan
decidir, y una mayor proclividad a revisar el contenido o la sustancia de la actuación de los demás poderes. Inversamente,
los rasgos típicos de la autorrestricción judicial son la mayor deferencia con las decisiones de los poderes políticos, el
apego estricto a requisitos procedimentales para decidir y la limitación de la actuación judicial al control formal de los actos
de los demás poderes.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 107

de evitar transgresiones a derechos,23 siendo que, de hecho, estos últimos no existían, 24 pues si bien
la Constitución de Cádiz abrió un compás para una transición de súbdito hacia ciudadano, este pro­
ceso fue truncado por el retorno del absolutismo. De igual manera, tras la declaración de indepen­
dencia no se plantearon mayores innovaciones en esta esfera durante el breve imperio mexicano.25
Tampoco se inscribió en la Constitución Federal de 1824 una declaración expresa de los derechos
humanos, ni las garantías para la restauración del orden constitucional vulnerado, en especial en
lo referente a la afectación que sufrieran los individuos. Sí se facultó a la Suprema Corte de Justicia
de la Nación para conocer de las infracciones a la Constitución, lo que representaba un control de
constitucionalidad y legalidad; sin embargo, la ley reglamentaria no se llegó a expedir.

Tuvo que transcurrir más de una década de vigencia de nuestra primera Constitución formal
antes de que se establecieran controles judiciales.

a. Primeros intentos por establecer


un control judicial del poder

No fue sino hasta el inicio de la República Centralista cuando aparecieron en 1836, en las llamadas
Leyes Constitucionales, algunos preceptos legales que ya citan por su nombre "los derechos de los
mexicanos", lo mismo que la creación del Supremo Poder Conservador, cuya función sería anular
cualquier acto generado por alguno de los tres poderes de gobierno que estuvieran viciados de
inconstitucionalidad. Fue la primera vez que se pretendió establecer un sistema de garantías consti­
tucionales, precedente significativo en esta materia.26

23
No obstante esta aseveración, se han encontrado elementos del derecho indiano que tenían cierta función de prote­ger
a las personas contra la arbitrariedad de la ley, aunque se asegura que aquello no constituye un precedente directo del
concepto jurídico del juicio de amparo que surgiría más tarde en el México independiente. Véase LIRA, Andrés, El am­
paro colonial mexicano. Antecedentes novohispanos del juicio de amparo, México, Fondo de Cultura Económica, 1972. Pero
aun con estas afirmaciones que niegan una continuidad jurídica, hay quien asegura que existen ya conceptos de protec­
ción de garantías en las propias Siete Leyes de Alfonso X el Sabio, sin negar la influencia del habeas corpus de la tradición
inglesa y el Judicial Review de la práctica estadounidense, así como la Declaración de los Derechos del Hombre y del
Ciudadano de la Francia revolucionaria. Véase SOBERANES, José Luis, "Antecedentes de nuestro juicio de amparo", en
Boletín Mexicano de Derecho Comparado, México, Instituto de Investigaciones Jurídicas-UNAM (en adelante IIJ-UNAM),
nueva serie, año XXI, núm. 63, septiembre-diciembre de 1988, pp. 1072-1075.
24
Ejemplo paradigmático de la condición avasallada de la población novohispana, quedó inscrito en el célebre decreto
del virrey marqués de Croix, al responder ante la inconformidad social presente en la Nueva España tras la expulsión de
los jesuitas: "[…] pues de una vez para lo venidero deben saber los súbditos del gran monarca que ocupa el trono de
España, que nacieron para callar y obedecer y no para discurrir en los altos asuntos del gobierno". México, 25 de junio
de 1767, Memoria Política de México, en línea.
25
Ya en sus Elementos constitucionales, Ignacio López Rayón había establecido en 1811 que la Suprema Corte de
Justicia que se formara en el México independiente velaría por las infracciones de la Constitución y las leyes generales.
26
TENA RAMIREZ, Felipe, Derecho constitucional mexicano, México, Porrúa, 1990, p. 495.
108 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

Además, dicha instancia podía conocer de las quejas por expropiaciones por causa de utilidad
pública, acto que debía justificarse plenamente. Para 1839 el Congreso consideró excesiva la presen­
cia del Supremo Poder Conservador y en su lugar se configuró la idea de crear un instrumento que
garantizara el orden constitucional, a lo que el diputado Pedro Ramírez añadió el concepto de dar forma
al "reclamo" que debía resolver la Suprema Corte de Justicia.

Un año más tarde, dentro del mismo sistema centralista, se presentó en el Congreso nacional
un voto particular de José Fernando Ramírez para hacer una reforma a las Leyes Constitucionales, en
la que expresó puntualmente las razones para instituir un control constitucional en forma, lo que
constituyó otro significativo precedente del juicio de amparo.27 Y casi al mismo tiempo, como con­
secuencia de la resistencia federalista que se manifestó con las armas en esta época y que sumió al
país en una vorágine de violencia política, el departamento de Yucatán se escindió temporalmente
del país, promulgando una Constitución Política propia en 1841, en cuya redacción intervino deci­
didamente Manuel Crescencio Rejón; en este texto se fijó la instrumentación de un mecanismo de
control de la constitucionalidad ejercido por el Poder Judicial, denominándose específicamente "am­
paro", con el que se facultó a la Suprema Corte a conocer de todo acto de autoridad, inclusive de
los de competencia judicial, en los casos contrarios a la Constitución. También se precisó en cuanto
a los principios de relatividad e instancia de la parte agraviada, fundamento del amparo.28

Simultáneamente, tras el derrocamiento del presidente Anastasio Bustamante durante una


grave crisis del gobierno centralista, las bases de Tacubaya abrieron paso para que se discutiera en
el nuevo Congreso Constituyente un nuevo derrotero del país; gobernaba ahora el general Antonio
López de Santa Anna. Compelidos a adoptar una instrumentación política que impidiera la reinstau­
ración del federalismo, las discusiones pudieron explayarse en cuanto a crear un "reclamo constitu­
cional" —ahora que desaparecía el Supremo Poder Conservador—, válido ante la Suprema Corte de
Justicia, para que cualquier persona pudiera apelar a la defensa de sus derechos contra los actos
de los otros dos poderes, incluso con la suspensión del acto reclamado. Esta propuesta fue esencial­
mente alentada por el voto particular del diputado Mariano Otero, líder de una comisión minoritaria
de diputados, pero tenía menores alcances que la iniciativa yucateca.29

27
RAMIREZ, José Fernando, Obras históricas, tomo I, México, Instituto de Investigaciones Históricas-UNAM (en ade­
lante IIH-UNAM), 2001, pp. 35-38.
28
Vid. MORENO, Daniel, Manuel Crescencio Rejón: pensamiento político, México, Universidad Nacional Autónoma de
México, 1968.
29
RABASA, Emilio O., Historia de las Constituciones mexicanas, México, IIJ-UNAM, 2002, pp. 56-58.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 109

b. Del acta de reformas


a las leyes de amparo

Con la reimplantación del federalismo en 1846, en medio de la turbulencia de la intervención nortea­


mericana a México, se promulgó un año más tarde el Acta Constitucional y de Reformas. En ella quedó
ya formulada la vigencia del juicio de amparo, tal y como lo había propuesto Otero con anterioridad.
Se concedía entonces la facultad del control constitucional a los tribunales de la federación, respecto
a las demandas interpuestas por cualquier ciudadano del país, en cuanto a la constitucionalidad de
los actos realizados por los Poderes Ejecutivo y Legislativo, pero no del Judicial. Dichos tribunales
estarían limitados a proporcionar el amparo de la justicia al quejoso, pero sin hacer declaración alguna
sobre la ley o el acto que motivara el reclamo.

Tras el triunfo de la revolución de Ayutla contra la dictadura de Santa Anna en 1855, al impulsar
la nueva corriente liberal en boga un nuevo orden constitucional, consideró esta vez, de manera in­
discutible, consagrar de manera contundente el juicio de amparo. Inicialmente, en la redacción del
proyecto de la Constitución, se propuso extender a las entidades federativas la competencia de los
tribunales federales, con la previa calificación de un jurado popular para determinar el acto inconsti­
tucional. Sin embargo, Ignacio Ramírez impugnó esta consideración, y solamente se concedió tal
facultad a los tribunales federales —con lo que se aseguró su supervivencia, en virtud de las futuras
vicisitudes políticas en el país—, definiéndose entonces los artículos 101 y 102 de la Constitución
Política de 1857.30 Acto seguido se procedió a normar este postulado constitucional, elaborándose la
Ley Orgánica de Procedimientos de los Tribunales de la Federación, preparada por Manuel Dublán.31

Ésta fue la primera Ley de Amparo, vigente entre su promulgación, el 30 de octubre de 1861, y la
entrada en vigor de la segunda Ley de Amparo, en 1869; se reglamentaron así, por primera vez, las dis­
posiciones del artículo 102 de la Constitución de 1857. Como afirma José Barragán, a pesar de su
brevedad (contenida en 33 artículos), esta ley fue la que fijó en definitiva los términos técnicos del
juicio de amparo, a saber, quejoso, agraviado, autoridad responsable, los principios de impulso ofi­
cial, de sumariedad, de publicidad y responsabilidad.32

30
CASTRO, Juventino V., Garantías y amparo, México, Porrúa, 2006, pp. 344-345; no fue sino hasta 1908 cuando se
modificó el artículo 102, admitiéndose interponer el juicio de amparo contra los actos y resoluciones del Poder Judicial.
31
BARRAGÁN, José, Primera Ley de Amparo de 1861, México, IIJ-UNAM, 1980.
32
Ibid., pp. 290-292.
110 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

Ya en la República Restaurada, cuando el país se enfilaba a la consolidación definitiva de un


proyecto de país, se expidió una nueva reglamentaria, la Ley de Amparo del 20 de enero de 1869, que
contenía mayores precisiones en la materia. La redacción de la ley estuvo a cargo de Ignacio Mariscal,33
y se mantuvo vigente hasta la expedición de una nueva Ley Reglamentaria el 14 de diciembre de 1882.
Cabe mencionar que esta última había sido redactada por Ignacio Vallarta, si bien unos años después
sus disposiciones quedaban insertas en el Código de Procedimientos Federal de 1897. El contenido
normativo de la ley quedó firme entonces durante los últimos años del porfiriato, hasta que en 1909
fueron derogadas las anteriores disposiciones contenidas en el Código Federal de Procedimientos
Civiles.34

Tras el movimiento revolucionario, que sumó nuevas demandas sociales al escenario de las
garantías constitucionales, la Constitución de 1917 dio cauce de plena vigencia a toda la tradición
del juicio de amparo. De ella derivaron dos leyes reglamentarias, una expedida el 18 de octubre de
1919, vigente hasta 1936, cuando apareció una nueva ley en la materia,35 la que fue objeto de nume­
rosas reformas hasta hace algunos años.36 Esto sin contar, desde luego, la culminación del largo
proceso legislativo con la publicación de la Nueva Ley de Amparo, el 2 de abril de 2013.

De todo este desarrollo, es importante resaltar que el propósito de esta obra se centra en los
años fundadores del amparo. Veremos en seguida que las fases iniciales de su creación son repre­
sentativas de una especificidad frente a los países que en el momento descrito solían incluirse entre los
más avanzados jurídicamente. En el grupo de trabajo que elaboró la candidatura de los documentos del
amparo mexicano frente a la UNESCO, consideramos que la especificidad de los expedientes selec­
cionados fue clave para justificar la calidad del amparo como una de las primeras manifestaciones
de creación de un recurso judicial efectivo en el constitucionalismo contemporáneo.

33
SOBERANES FERNÁNDEZ, José Luis, Historia del derecho mexicano, México, Porrúa, 1990, p. 211.
34
VALLARTA, Ignacio, El juicio de amparo y el Writ of Habeas Corpus. Ensayo crítico sobre esos recursos constituciona-
les, México, Imprenta de Francisco Díaz de León, 1927.
35
BURGOA, Ignacio, El juicio de amparo, México, Editora Jurídica, 1946, p. 121; DON BAKER, Richard, "The judicial
control of constitutionality in Mexico: a study of the Juicio de Amparo", Tesis doctoral, University of North Carolina, 1962.
36
FERNÁNDEZ FERNÁNDEZ, Vicente y SAMANIEGO BEHAR, Nitza, "El juicio de amparo: historia y futuro de la
protección constitucional en México", IUS. Revista del Instituto de Ciencias Jurídicas de Puebla, vol. V, núm. 27, junio de
2011, pp. 173-200.
CAPÍTULO IX
ANÁLISIS DE CASOS

E l abanico de derechos protegidos por el juicio de amparo no podría ser más representativo de la
normalidad con la que este proceso judicial fue percibido, en todo el país, como la última solución
posible ante un problema litigioso. La selección aleatoria que aquí se expone, de cuyas características
metodológicas se refiere puntualmente en un epílogo de este libro, es una muestra de la diversidad
temática de esta institución procesal. Tras la lectura de estos asuntos, no es difícil concluir que ya
desde ese momento, el amparo se concebía como último recurso contra los actos arbitrarios de la auto­
ridad. Con diferentes matices, podía advertirse una continuidad en la independencia de los Jueces que
intervenían en su aplicación. De igual manera, puede advertirse que en ocasiones se concedía, pero
también se negaba, y con mucha frecuencia (como hasta el día de hoy) las resoluciones de ampa­
ro se sobreseían, esto es, evitaban el fondo de la cuestión para ser desechadas por motivos mera­mente
formales, con lo cual, desde aquel tiempo, el procedimiento da cuenta de un grado de complejidad
técnica muy característico del amparo.

El actual recuento va de los aspectos que, según se advirtió en páginas anteriores, la protección del
amparo se desplegaba empezando en un extremo por peticiones contra la pena de muerte, el destierro
o el reclutamiento forzado al ejército; esto es, en su parte más ingente tenía que ver con la protección
corporal, típica del habeas corpus.

Al recorrer otros aspectos fundamentales, se refería a las libertades públicas, como la de prensa
o la censura; a los límites de la preservación del orden público o a la discriminación por motivos de
nacionalidad. En un plano que hoy correspondería a la normalización del Estado de derecho, desde

111
112 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

entonces el amparo se empleaba para delimitar los términos de la libertad contractual en general
y los derechos de propiedad; los impuestos al comercio exterior; las sucesiones, las expropiaciones
por causa de utilidad pública, los derechos de los trabajadores, los derechos derivados de la tenen­
cia y el reparto de la propiedad agrícola; incluso podría hablarse de un incipiente derecho al agua.
En fin, la gama de derechos que se protegían mediante el amparo, aunado a la representatividad social
para toda clase de grupos sociales, sin importar las regiones del país, dan cuenta de una normalización
de este recurso judicial a lo largo y ancho del territorio nacional.

1. Pena de muerte

Vigente desde tiempos inmemoriales, la pena capital, pena de la vida o pena ordinaria, trascendió al
México independiente, aunque dada su dramática aplicación —más allá de que ocurriera en circuns­
tancias bélicas—, estaba constreñida a los delincuentes extremos, entre lo que se contaba a los
salteadores de caminos, los parricidas, incendiarios, homicidas con alevosía y ventaja, los traidores a
la patria, a las leyes militares, así como a quienes cometían actos de piratería, pero en ningún caso por
razones de orden político. Algunos de estos preceptos se mantuvieron incluso hasta la Constitución
de 1917, pero sin ser una facultad impositiva su aplicación, lo que abrió más tarde la puerta a su abo­
lición total. Pero, en tanto, el recurso de amparo fue una medida extrema de quienes quedaban tipi­
ficados en esa categoría delictiva.

Unos asaltantes en el filo del cadalso37

Lugar: Cedral, San Luis Potosí.

Tema: Aplicación de la ley de salteadores de caminos.

Palabras clave: Robo en despoblado, violación, perdón de la parte afectada.

Autoridades involucradas: Presidencia Municipal de Cedral, Juzgado de Distrito de San Luis


Potosí, Legislatura del Estado de San Luis Potosí, Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Resolución: Sobreseimiento del juicio.

37
Juzgado de Distrito del Estado de San Luis Potosí, año 1874. Amparo solicitado por Nemesio o Demesio Morales,
Gregorio Martínez y Guillermo Ortiz, contra la sentencia promovida por el C. Jefe Municipal de Cedral, que los condenó a
sufrir la pena capital. Exp. 117-184, Archivo Histórico, Casa de la Cultura Jurídica de San Luis Potosí.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 113

El amparo fue solicitado por Nemesio Morales, Gregorio Martínez y Guillermo Ortiz contra la sen­
tencia de sufrir la pena de muerte que les dictó el jefe municipal de Cedral, por los delitos de robo
con asalto perpetrado en la casa de Eusebio Gómez la noche del 29 de diciembre de 1873, la que
estaba situada en descampado, es decir, a una legua de distancia al oriente de la población. En esos
hechos también había participado un individuo de nombre Ignacio Silva, pero quien de momento
no pudo ser aprehendido, aunque las indagaciones judiciales realizadas también lo implicaban. Como
defensores de los condenados fungían los C.C. Abraham Delgado, Pablo Cabrera y Refugio Jasso,
quienes habían elaborado alegatos muy puntuales para justificar en ellos "el cumplimiento de los sagra­
dos deberes que se impusieron al aceptar tan delicada cuanto difícil comisión". Sin embargo, existían
evidencias que comprobaban el cuerpo del delito, ya que a los acusados se les habían encontrado
muchos de los objetos robados, los que habían sido reconocidos por ellos mismos y por las personas
afectadas, cuya confesión los inculpaba de entrada. Los agravantes eran que los hechos habían tenido
lugar a la medianoche, sorprendiendo a una familia que vivía sola y que no tenía manera de pedir
auxilio, y que el asalto había sido hecho "en cuadrilla, a mano armada y en despoblado"; esto eliminaba
cualquier excusa legal que pudieran exponer sus defensores de la ignorancia que podían tener sus
defendidos en cuanto a los hechos; tampoco era válida otra de las excusas de uno de los defensores, de
que uno de ellos inculpaba a los otros dos de haber "seducido a su patrocinado", desvaneciéndose
tal argumento al haber cometido violación en la persona de María de la Luz Rodríguez en el acto del
asalto, lo que debió aceptar el acusado. Tampoco se consideró la excepción legal que pretendían los
defensores de que a sus defendidos se les quebrantaba el artículo 23 de la Constitución Política de
la Nación, al aplicarse la ley del 3 de mayo de 1873. También se señaló, por parte de la autoridad muni­
cipal, que no era legal la solicitud de los defensores de que se consignara a sus defendidos a la auto­
ridad judicial, pues él mismo tenía poder suficiente para dar cumplimiento a una ley vigente en la
República, y por tanto someter a la pena máxima a los procesados.

Un recurso extraordinario que utilizaron los acusados en su defensa fue subrayar que antes de
que fuese pronunciada la grave sentencia en su contra, la acción penal estaba extinguida en cuanto al
delito de robo con asalto, por haber obtenido el perdón por parte del ofendido, situación que hacía
aplicable los artículos 253 y 254 del Código Penal del Distrito Federal vigente en el Estado. Y que si
bien era cierto que a Gregorio Martínez no le perdonaron la injuria de haber violado a la mujer del
ofendido, los otros implicados sí fueron perdonados por el robo y el asalto cometidos, lo que resaltaba
el hecho de que no debían haber sido juzgados bajo la ley del 3 de mayo de 1873.

El caso fue sometido a la consideración del Juez de distrito en el Estado de San Luis Potosí, en el
que los acusados alegaron que la condena a sufrir "la última pena" por el delito en el que se les im­
114 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

plicaba, violaba las garantías que otorgaba la Constitución de 1857 en los artículos 14, 15 y 23. Y lo
sustentaban en el hecho de que el artículo 14 había sido violado porque el tribunal que los juzgó, es
decir el jefe político de Cedral, no había sido establecido por la Constitución Federal con ese objeto; que
el artículo 23 se vulneró porque el delito cometido no era un asalto en el camino, ni otro que pudiera
castigarse con la pena capital; y porque el artículo 29 estipulaba que las garantías que aseguraban la
vida de los hombres no podían suspenderse. Analizada la causa que le fue presentada, el procurador
indagó si en efecto se había incurrido en violación de las garantías de que se decían objeto los acu­
sados. Un hecho que salió a relucir fue que el delito había sido cometido en una casa habitación y
no en el camino, "circunstancia bastante remarcable que aleja a los criminales de estar comprendidos
en la ley de salteadores y plagiarios" que estipulaba la ley del 3 de mayo de 1873, en la que se había
fundado el procedimiento de la autoridad municipal de Cedral; por tanto, era un hecho la violación
del artículo 23 de la Constitución, así como los artículos 14, 20 y 21, con lo que quedó en claro que los
acusados habían sido privados del procedimiento judicial que debió habérseles seguido. Sin em­
bargo, el ministerio no estuvo de acuerdo con la forma en que los acusados pretendían alinear a su
favor los artículos 253 y 254 del Código Penal con el que querían robustecer el amparo solicitado,
porque si bien era cierto que habían obtenido el perdón de la parte agraviada, esto solamente tenía una
aplicación de orden civil y no de la competencia criminal, porque en lo primero, no tenía más objeto
que el interés pecuniario, en tanto que en lo segundo, tenía que ver con el castigo y escarmiento que
debía tener todo delincuente. Sobre la base anterior, el ministerio expuso que, con fundamento en la
ley del mes de enero de 1869, se dispensara el amparo a los acusados solicitantes contra el proce­
dimiento y la pena de muerte que les había impuesto la autoridad municipal de la villa de Cedral.

Abierto el procedimiento de pruebas, los acusados volvieron a puntualizar todos los argumentos
para justificar la violación de sus garantías esenciales estipuladas en la Constitución, apelando con­
fiar completamente en la autoridad judicial federal, y no, por el contrario, haber solicitado el recurso
del indulto ante la legislatura del Estado. Sin embargo, dada la desesperación de los acusados, tam­
bién utilizaron dicho recurso, otorgándoles la legislatura el indulto correspondiente y conmutar la pena
capital por una prisión de doce años para dos de los acusados y diez años para el tercero. Por tanto,
y por convenir a los intereses de los acusados, su defensa se desistió de continuar el procedimien­
to, solicitando al Juez de Distrito el sobreseimiento del juicio de amparo promovido. Visto el indulto
por el Juez de Distrito, sostuvo que, con base en el artículo 102 de la Constitución Federal o su relativo, se
daba por desistido de seguir el juicio, dando parte de esas actuaciones a la Suprema Corte de Justi­
cia de la Nación para su revisión. Finalmente, el máximo tribunal de justicia en el país, ante la vista de
desistimiento de los promoventes, confirmó el auto de sobreseimiento pronunciado por el Juez de Dis­
trito de San Luis Potosí.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 115

2. Destierro

De uso común por razones esencialmente políticas, la pena de expulsión de una persona por dispo­
sición judicial, de un determinado lugar o territorio, en forma temporal o permanente, fue un castigo
muy propio del convulso siglo XIX mexicano. Sin embargo, tal acto de la autoridad significaba una
flagrante violación del artículo 11 de la Constitución de 1857, que permitía la libre circulación de las
personas por el territorio nacional, amén de contravenir otros ordenamientos constitucionales, prin­
cipalmente en lo relativo a la incompetencia de las autoridades administrativas para dictar penas de
tal naturaleza, máxime sin la existencia de un juicio previo.

Un mentor ilustrado en medio de una comarca de caciques38

Lugar: Guadalcazar y Villa Arista, San Luis Potosí.

Tema: Destierro por razones políticas.

Palabras clave: Sedición, perturbación pública.

Autoridades involucradas: Jefatura Municipal de Arista, Jefatura Política del partido de Guadalcazar.

Resolución: Otorgamiento de la protección de la justicia federal al quejoso.

Este juicio fue generado en junio de 1874, al haber declarado la jefatura del partido de Guadal­
cazar al señor Luciano P. Hernández como "sedicioso, pernicioso y perturbador", condenándolo a salir
de los límites de su jurisdicción. El jefe del partido de Guadalcazar fundó su orden de destierro en que
el profesor Hernández había puesto en alarma a los principales vecinos y a las autoridades de la
villa de Arista desde su llegada a esa población, donde había interferido en los asuntos de la apli­
cación de la justicia local y se había involucrado en proyectos de subversión política e intervenido en
asuntos electorales.

Ante este hecho, Hernández, quien era vecino de la villa de Arista, de 27 años, casado y profesor
de primeras letras, se dirigió al Juzgado de Distrito ubicado en la ciudad de San Luis Potosí, adonde

38
El C. Luciano P. Hernández pide amparo contra una orden del C. jefe político del partido de Guadalcazar que lo
desterró de la Villa de Arista, lugar del domicilio del promovente. Exp. 68-1874, Casa de la Cultura Jurídica de San Luis
Potosí; fue precisamente en San Luis Potosí, y por la misma causa, donde se aplicó por primera vez el juicio de amparo
en el país, el 13 de agosto de 1848, cuando Pedro Zámano, como suplente del Juzgado de Distrito, en ausencia del propie­
tario, amparó al ciudadano Manuel Verástegui, contra una orden de destierro del gobernador de la entidad. PÉREZ DE
LOS REYES, Marco Antonio, Historia del derecho mexicano, México, Oxford, 2007, p. 533.
116 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

había acudido en busca de la protección federal, ya que consideraba que la autoridad que había emi­
tido la orden de destierro carecía de las facultades necesarias para imponer una pena de esa natu­
raleza; de ahí que tal agravio representara un ataque a sus garantías individuales consignadas en
los artículos 16, primer párrafo, 20 y 21 de la Constitución General de la República. Esto porque no se
había fundado ni motivado la causa legal del procedimiento ni el Juez político de Guadalcazar repre­
sentaba la autoridad competente; porque no se le había formado un juicio criminal en el cual hubiera
tenido las garantías que se conceden a todos los acusados, y porque la autoridad política no podía
imponer una pena de destierro. En todo lo anterior basaba el profesor Hernández su recurso de am­
paro comprendido en la fracción primera del artículo primero de la ley correspondiente del 20 de
enero de 1869.

De entrada, el Juzgado de Distrito suspendió el acto reclamado y solicitó información del mismo
al ayuntamiento de la villa de Arista; el presidente municipal respondió que desconocía la existen­
cia de la Ley de Amparo y las características de este caso por tener poco tiempo en el puesto, por lo
que pedía que se le preguntara a la jefatura política sobre los términos de dicha orden. El profesor
Hernández, por su parte, pidió que se levantara un interrogatorio entre varios testigos en torno al
comportamiento de su persona, como hombre de bien, honrado, y sobre el tiempo que había estado
avecindado en la villa de Arista y si había cometido en ese tiempo algún crimen o delito por el que
hubiera sido sujeto a un tribunal; de las declaraciones hechas por los testigos, se ratificó la buena
conducta del profesor Hernández. Con base en las pruebas y en la ausencia de argumentos legales
sólidos por parte del jefe político de Guadalcazar, el Juez de Distrito extendió la protección federal
al profesor Hernández, cuya resolución fue confirmada por la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

3. Leva militar

La leva militar era utilizada comúnmente en la Revolución Mexicana para reclutar personas al servi­
cio de las armas. No obstante, lo cierto es que este reclutamiento también debía hacerse bajo deter­
mi­nadas reglas y únicamente respecto a personas mayores de edad, por lo que la vulneración a
estos dos principios provocó que en algunos casos los Jueces otorgaran el amparo a los promoven­
tes. En el siguiente caso se pone de manifiesto que el juicio de amparo demostró ser un recurso
efectivo para salvaguardar la libertad y la seguridad de las personas y la aplicación estricta de la ley en
circuns­tancias extraordinarias, como las generadas con motivo del reclutamiento obligatorio de la
población civil para servir en el ejército (leva) en épocas de inestabilidad social, esto es, en plena Revo­
lución Mexicana.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 117

Del niño levantado39

Lugar: Montemorelos, Nuevo León.

Tema: Leva militar.

Palabras clave: Leva militar, menores de edad, debido proceso.

Autoridades involucradas: Jefe de Regimiento del Ejército en la ciudad de Monterrey, Juez de


Distrito en Monterrey, Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Resolución: La Corte confirmó una resolución del Juez de Distrito que amparó al quejoso.

El 7 de mayo de 1913 el señor Máximo Martínez, a nombre de su hijo del mismo nombre, pre­
sentó demanda de amparo ante el Juez de Distrito en Monterrey, en contra del jefe del 17 regimiento
de guarnición del Ejército en la ciudad de Monterrey.

En su demanda mencionó que aún ejercía la patria potestad de su hijo (por ser menor de
edad), el cual fue aprehendido por algunos soldados, quienes lo pusieron a disposición del Cuartel
General de la Zona y posteriormente fue dado de alta en el 17 regimiento, donde se hallaba prestando
el servicio de las armas.

Añadió que si bien se puede deducir que su hijo fue consignado ante la autoridad política de
Montemorelos, Nuevo León, bajo un supuesto acto de sorteo al servicio militar, lo anterior contraviene
el artículo 5o. de la Constitución, que si bien establece la obligación de servir en el Ejército, igual­
mente previene que el servicio se haga de acuerdo con la ley que expida cada entidad.

En tal sentido, agregó que en Nuevo León aún estaba vigente la ley de 7 de agosto de 1900
que mencionaba que sólo podrán ser sorteados los varones mayores de 20 años y menores de 40,
debiéndose previamente empadronar y sortear entre al menos quince personas, cuestiones todas
estas que, a decir del quejoso, no ocurrieron, por lo que pidió la urgente suspensión del acto.

En las constancias se advierte que el autorizado del actor para oír notificaciones aclaró que el
menor de edad se encontraba en el primer batallón y no en el 17, como se mencionó en un principio.
De tal manera, las solicitudes de informes que giró el Juez se hicieron al jefe del primer batallón,

39
Esta sentencia derivó del juicio de amparo 6528/1913 y la emitió el 2 de junio de 1913 el Juez de Distrito en
Monterrey.
118 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

contestando este último que dicha información debían solicitarla al general jefe de la División Bravo
en la ciudad de Monterrey.

Finalmente, el 2 de junio de 1913, el Juez de Distrito resolvió que la falta de respuesta a la soli­
citud del informe respectivo hacía presumir que el acto reclamado era cierto (de conformidad con lo
dispuesto en el Código Federal de Procedimientos Civiles), por lo que concedió el amparo y ordenó
la inmediata comunicación de su resolución a la Secretaría de Guerra.

De lo anterior se puede advertir la relevancia de una sentencia emitida en plena Revolución


Mexicana, contexto en el que el servicio militar y la leva se llevaban a cabo en forma generalizada.
De tal modo, esta resolución ilustra la capacidad del Poder Judicial para reivindicar derechos incluso
en situaciones de convulsión social, y como límite al ejercicio indebido del poder público, en especial
cuando los afectados son menores de edad.

4. Los efectos de un contrato


entre particulares

Como en su esencia lo estipuló el fundamento doctrinario del recurso del amparo, todos los ciudada­
nos en pleno ejercicio de sus derechos estaban en condición de defenderse jurídicamente ante los
actos arbitrarios de la autoridad. En este litigio, un particular acudió en sus varias fases al amparo
para exigir de otro particular el pago de lo debido en un contrato de compraventa. La Suprema Corte
dio la razón al quejoso, interviniendo así en un trato que aparentemente tendría que quedar limitado
a los particulares, por haber tenido de por medio la actuación arbitraria de una autoridad (en la espe­
cie, la resolución de un Juez de Distrito).

Un contratante afectado por el embargo derivado de una transacción legal40

Lugar: Mérida y Campeche.

Tema: Suspensión de la ejecutoria judicial.

Palabras clave: Retroactividad en las leyes, contrato civil.

40
Autos de juicio de amparo promovido por el señor Policarpo A. Echánove contra el C. Juez 2o. de lo Civil de la capital
del Estado de Yucatán, como ejecutor de una sentencia de la Primera Sala del Tribunal Superior de Justicia del mismo
Estado, de cuyo juicio conoce el Juzgado de Distrito de este Estado de Campeche por impedimento de los Jueces de
aquel distrito judicial, 1875. Exp. 5-875, Archivo Histórico de la Casa de la Cultura Jurídica de Campeche.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 119

Autoridades involucradas: Juez Segundo de lo Civil de Mérida; Juez de Distrito de Yucatán; Juez
de Distrito de Campeche y Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Resolución: Revocación de la sentencia del Juzgado de Distrito Federal de Campeche y otor­


gamiento del amparo solicitado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Policarpo A. Echánove, vecino de Mérida, manifestó al Juez de Distrito de Yucatán, en septiem­


bre de 1875, que el Juez Segundo de lo Civil de Mérida había ejecutado una sentencia pronunciada
por la primera sala del Tribunal Superior de Justicia de la entidad, violándole a él las garantías que le
otorgaba el artículo 14 de la Constitución Federal. Señaló que en el año de 1871 estaba involucrado
en un juicio promovido por Agustín Alcina, por el cobro de $500 pesos, por concepto del precio de
igual número de cargas de maíz, cuyo litigio había quedado pendiente, hasta que en fecha reciente
se le condenó al pago de dicha cantidad más intereses, con base en una disposición retroactiva del
Código Civil vigente en el Estado de Yucatán a partir del 1o. de enero de 1872, cuando aún estaba
pendiente de resolución el litigio en cuestión, y que ahora, con el nuevo marco legal, había quedado
despojado del derecho de litigar y hacer una defensa adecuada de sus intereses, por lo que solicitó
la prescripción de la vía judicial, y solicitó el amparo de la justicia federal contra la ejecutoria de em­
bargo que seguía en su contra el Juez de lo Civil.

Continuado el procedimiento en este caso por las instancias de la autoridad judicial respon­
sable, del fiscal en turno y del Juez de Distrito del Estado de Campeche, a quien pasó el conocimiento
de este asunto por impedimento de los Jueces propietario y suplente de Distrito del Estado de Yucatán,
dicho Juez, situado en Campeche, negó la protección federal al quejoso.

Sin embargo, elevado el expediente ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación, se consideró
que el contrato celebrado entre el promovente y el señor Alcina había tenido lugar en marzo de 1871
y que la demanda contra Echánove había tenido lugar el 26 de diciembre de ese mismo año, pero que
el 1o. de enero del siguiente año comenzó a regir un nuevo Código Civil para el Estado de Yucatán.
Tomó en cuenta también que constaba que el litigio entre el quejoso y su demandante había con­
cluido en el Tribunal Superior de aquel Estado, con la aplicación del artículo 1769 del Código Civil, que
establecía la prescripción en dos años de las obligaciones deducidas en juicio, mientras que por el
derecho anterior al Código, prescribían en 20 años; por tanto, era evidente que la aplicación de una
nueva ley muda de derechos adquiridos antes de su promulgación y en el presente caso había
mudado, pero en perjuicio del promovente; que este cambio en los derechos que formaban parte
integrante de la propiedad individual y el perjuicio que de él se había derivado, caracterizaban la
aplicación retroactiva de la ley y constituían la infracción del artículo 14 de la Constitución Política
120 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

Federal; que no se podían aplicar en este caso las disposiciones del Código ya vigente y que era por
demás demostrable la inexacta aplicación de la ley que el Juez de Distrito situado en Campeche
impugnaba, con un razonamiento inadmisible.

Con base en lo anterior, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, con fundamento en los ar­
tículos 101 y 102 de la mencionada Carta Magna, consideró que era revocable y revocaba la sentencia
del Juez de Distrito y que la justicia de la Unión ampararía y protegería al ciudadano Policarpo
Echánove.

5. La fijación de límites
a la libertad de prensa

Desde una etapa temprana de la protección jurisdiccional, el juicio de amparo se erigió como un
recurso efectivo para garantizar el ejercicio de los derechos individuales, tales como la libertad de
expresión de los periodistas, como una medida para permitir la crítica social al trabajo de los servi­
dores públicos. Esto tuvo vigencia incluso en tiempos de rigidez política, aunque formalmente, por­
que no siempre los periodistas se veían favorecidos, precisamente en virtud del control que ejercía
el poder político imperante. Sin embargo, dentro de la muestra analizada, también se encontraron
expedientes en los que la justicia federal encontró motivos para restringir la libre expresión. Cabe
mencionar que esta resolución fue tramitada durante la época correspondiente a la Revolución de
1910, años en los que la Suprema Corte demostró ser sometida a las veleidades de un régimen dicta­
torial todavía no extirpado.

Los laberintos ante la ley de un periódico independiente41

Lugar: Guadalajara, Jalisco.

Tema: Incidente de suspensión.

Palabras clave: Injurias, difamación, ataques en la prensa escrita, persecución de editores de


prensa.

41
Juzgado de Distrito de Jalisco, 1911. Solicitante: Héctor G. Villaseñor, contra las autoridades responsables del Juez
segundo de lo criminal local y jefe político por el acto reclamado de una orden de aprehensión que viola los artículos 6, 7
y 16 constitucionales. Exp. 3420-11. Archivo Histórico Casa de la Cultura Jurídica de Guadalajara.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 121

Autoridades involucradas: Juzgado 2o. Penal, Jefatura Política del 1er Cantón de Jalisco, Suprema
Corte de Justicia de la Nación.

Resolución: Negación del amparo.

El editor del periódico El Gato, Enrique C. Villaseñor, en su calidad de periodista independiente,


señaló el 20 de diciembre de 1911 que desde la columna de su periódico editado en Guadalajara, había
procurado señalar "el mal dondequiera que se encuentra y a los funcionarios que lo ejecutan" con
el propósito de que el remedio fuera la destitución de los que lo cometieran. Señaló que en todos
sus escritos "de ataques comprobados", jamás había usado el dolo, ya que la norma de su conducta
había sido el interés de prestar un servicio a la sociedad, "que a gritos reclama moralidad y rectitud
en los empleados públicos" y cuya conducta debería ser transparente "para que nunca sea empañada
por la menor sospecha". Sobre esa base había denunciado en su bisemanario los abusos cometidos por
los señores Félix Merino y Bernabé Navarro, el primero agente de sanidad y el segundo, secretario del
Juzgado Primero Menor de lo Criminal, y que estos individuos, creyéndose calumniados, se habían
querellado, ante el Juzgado Segundo de lo Criminal, acusándolo "de no sé qué supuesto delito", y que
al saber que en su contra había una orden de aprehensión se había ocultado para poder llegar a defen­
derse ante la autoridad federal. Aseveró que el Juez ante el que se había presentado el escrito acu­
satorio, dictó contra él un mandato de arresto sin tener evidencias, como lo prevenía la ley penal, por
lo que infería que el periodista había obrado con dolo y violaba con ese acto las garantías que la
Constitución General de la República estipulaba en sus artículos 6o., 7o. y 16, por lo que apelaba la sus­
pensión del acto reclamado y pedía la protección y el amparo de la autoridad federal.

En el procedimiento que se siguió, uno de los acusadores, el señor Merino, dijo que en la edi­
ción del 26 de diciembre del periódico aludido se había insertado en su tercera plana un párrafo con
el epígrafe "no lo esperes Chato", en el que se vertían frases a su juicio injuriosas y difamatorias en
contra de su persona, lo que se tipificaba perfectamente en los artículos 641 y 644 y hasta en el 911
del Código Penal vigente en el Estado de Jalisco. Con base en estas consideraciones, presentó una
querella formal contra el señor Villaseñor por los delitos mencionados para que fuera castigado con­
forme a la ley. En concreto, las palabras que a juicio de Merino le representaban una injuria decían así:

Varias son las personas que se han acercado al Gato a nombre de Corre Chepito del gobierno,
Félix Merino, a fin de que desista de atacarlo como lo ha hecho. A todas esas personas el
Gato les ha manifestado que no ataca a Merino, sino al empleado que abusando del poder
como lo hace, comete abusos y sinvergüenzadas a la faz de toda la sociedad. Si el Chato quiere
que el Gato no se ocupe más de él, que sea honrado y no sinvergüenza como hasta ahora lo ha
122 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

sido en el puesto que desempeña. Cuando te corrijas Chato, seré contigo indulgente, mien­
tras no, es inútilmente que le pidas chiche al Gato.

Visto el expediente por el Ministerio Público federal, fue del criterio que el párrafo antes escrito
incurría en el delito de injurias previsto en el artículo 641 del Código Penal del Estado de Jalisco y puni­
ble conforme el artículo 644 del mismo, por haberse cometido mediante la escritura impresa. A esto
se sumaba que el editor responsable reconocía haberlo publicado, de ahí que la orden de aprehensión
emitida por el Juez Penal no había violado ninguna de las garantías constitucionales. Aun así, el
quejoso demandaba amparo, ya que sus ataques, según decía, eran comprobados, pero en ningún
caso había presentado las pruebas que lo justificaran, además de que en el escrito elaborado no se
notaba que beneficiaría el interés público. Al analizar el amparo con base en las consideraciones
anteriores, el Juez de Distrito de Jalisco negó la protección de la justicia, confirmando la orden de
aprehensión combatida. Finalmente, al conocer en revisión, la Suprema Corte dictó una ejecutoria
confirmando la sentencia pronunciada por el Juzgado de Distrito de Jalisco.

6. Censura

En esta categoría jurídica se inscriben aquellos actos de la autoridad en los que se emitía un dic­
tamen o juicio sobre una obra escrita o una actitud de palabra expresada públicamente, que por lo
regular debían revestir un carácter político, de lo que una vez examinado o reconocido, podía derivar
un proceso generalmente de orden penal. En este caso el recurso efectivo tuvo efecto contra las
medidas arbitrarias de la autoridad, impuesta dado el enrarecimiento político del momento —el re­
ciente estallido revolucionario de 1910—, pero en donde el juicio de amparo pudo hacer vigente la
legalidad. De ahí que se pueda también afirmar que, contrariamente al expediente reportado antes,
donde la Suprema Corte confirmaba la constitucionalidad de determinadas restricciones a la liber­
tad de expresión, la justicia federal no se encontraba copada o acotada por el régimen dictatorial
de la época.

Dificultades judiciales de un vehemente partidario zapatista42

Lugar: Cuernavaca, Morelos.

42
Juzgado de Distrito, Cuernavaca, Morelos. Incidente de suspensión del acto reclamado en el juicio de amparo
promovido por Juana B. Gutiérrez de Mendoza en favor de su hijo Santiago Orozco, contra el Juez de 1a. Instancia de
Cuautla, por violación de los artículos 1o., 13, 14, 16, 18, 19 y 21 constitucionales. Exp. 341911, Archivo Histórico de la Casa
de la Cultura Jurídica de Cuernavaca.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 123

Tema: Incidente de suspensión del acto reclamado.

Palabras clave: Apología del delito.

Autoridades involucradas: Juzgado de Primera Instancia de Cuautla, Juzgado de Distrito de


Morelos en Cuernavaca.

Resolución: Inexistencia del delito imputado y otorgamiento de la justicia federal.

El expediente comienza con la solicitud hecha por Juana B. Gutiérrez de Mendoza, madre y
defensora de Santiago Orozco, quien en 1911 se encontraba preso en la cárcel de Cuautla acusado de
apología del delito, lo que no estaba comprobado en los autos de la causa que se le seguía. Que, no
obstante, cabía la presunción de que se considerara a Orozco partidario del general Emiliano Zapata,
por lo que el Juez de Primera Instancia de Cuautla lo declaró en formal prisión. Este acto de autoridad
significaba, para la defensa, la transgresión de los artículos 1o., 13, 14, 16, 18 y 21 de la Constitución
General de la República, y de los artículos 661, 662, 663, 703, fracción II del 709 y 718 del Código Fede­
ral de Procedimientos Civiles, por lo que se solicitaba el amparo y la suspensión del acto reclamado
en favor de Santiago Orozco contra los actos del Juez de Primera Instancia de Cuautla.

El Juez de Distrito, con base en lo indicado, negó la suspensión solicitada. Por su parte, el Juez
de Primera Instancia, actuando como autoridad responsable, remitió como informe justificado una
copia certificada del mismo proceso; las partes no rindieron prueba alguna y en ese estado del juicio, el
Juez de Distrito, de acuerdo con un nuevo pedimento del Ministerio Público, concedió el amparo,
basado en la consideración de que no había en las actuaciones del proceso seguido contra San­
tiago Orozco los elementos justificativos necesarios sobre la comprobación de las formalidades
esenciales del procedimiento y de la responsabilidad criminal que se le imputaba por apología del
delito —y sin que se expresara en el auto de qué delito se trataba—, y una vez que éste lo constituía
el acto de hacer públicamente la defensa de un vicio o de un delito grave como lícitos, o hacer la apolo­
gía de ellos o de sus autores. Aunado a lo anterior, en lo dicho por Orozco de palabra y por la prensa,
sólo se veía el vehemente deseo de éste para que fuera elegido gobernador del Estado de Morelos
Emiliano Zapata. En tal virtud, y teniendo en cuenta que conforme al artículo 18 de la Constitución
sólo podía haber lugar a prisión cuando se justificaran los elementos de algún delito que mereciera
pena corporal, y que en este caso el mencionado delito no se justificaba, era evidente que con el auto
de formal prisión se habían violado en perjuicio del quejoso sus garantías constitucionales y, en
consecuencia, al sometérsele a prisión sin motivo ni fundamento legal, se había infringido en su con­
tra el artículo 16 de la Constitución.
124 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

Por tanto, se consideró que eran justificados y acordes con la ley los razonamientos en que se
apoyaba el Juez de Distrito, y por ellos mismos y por sus propios y legales fundamentos, se confir­
maba su sentencia. Se resolvió así que la justicia de la Unión amparaba y protegía a Santiago Orozco
contra el acto restrictivo de libertad personal, dictado por el Juez de Primera Instancia de Cuautla,
Morelos.

7. Libertad de expresión

Desde una etapa temprana de la protección jurisdiccional, el juicio de amparo funcionó como un re­
curso efectivo para garantizar el ejercicio de la libertad de expresión de los periodistas y como medida
para permitir la crítica social al trabajo de los servidores públicos. La sentencia que se menciona a
continuación se emitió a escasos años de que fue fusilado el emperador Maximiliano de Habsburgo
en Querétaro (en 1867), y que el presidente Benito Juárez retomara el control político de México, lo que
da cuenta de la endeble situación por la que atravesaban las instituciones en ese entonces.

Sin duda la sentencia es relevante al ampliar la libertad de expresión, favoreciendo así la acti­
vidad de los periodistas, sobre la base de argumentos que siguen siendo relevantes para el análisis
de los alcances de la libertad de expresión cuando las opiniones versan sobre funcionarios públicos
y están relacionadas precisamente con su trabajo y no sobre su vida privada.

La Espada de Damocles43

Lugar: Querétaro, Querétaro.

Tema: Libertad de expresión.

Palabras clave: Libertad de expresión, jurado de imprenta.

Autoridades involucradas: Jefe político de San Juan del Río, Juez de Distrito del Estado, Juez de
Distrito en Querétaro y Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Resolución: La Corte confirmó la resolución del Juez de Distrito que concedió el amparo al
quejoso.

43
Esta resolución derivó del amparo en revisión 268/1871, y se emitió el 9 de agosto de 1871 por los Ministros de la
Corte.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 125

En 1871, el señor Gerardo de la Torre promovió un juicio de amparo ante el Juez de Distrito en
Querétaro, en contra del procedimiento seguido contra él por el jefe político de San Juan del Río,
en virtud del cual fue reducido a prisión y sometido a un Jurado de Imprenta por la denuncia que pre­
sentó en su contra el primer regidor de aquella localidad, C. Manuel Fernández, por un artículo publi­
cado en La Espada de Damocles.

También señaló como autoridad responsable al Jurado de Imprenta, que sin jurisdicción alguna
conoció del caso y lo condenó 15 días de prisión. En su demanda alegó que en los procedimientos
seguidos contra él se vulneraron las garantías establecidas en los artículos 6o., 7o., 14 y 16 de la Cons­
titución, así como los contenidos en los artículos 3o. y 16 de la Ley de Imprenta.

El Juez de Distrito concedió el amparo a Gerardo de la Torre, y dicha sentencia se conoció en


revisión ante la Corte. En su resolución, la Corte confirmó la sentencia del Juez de Distrito, en esencia,
con los siguientes argumentos:

Primero. El artículo publicado en La Espada de Damocles se refiere a funcionarios públicos en


asuntos de su oficio, y tanto la Constitución como la Ley de Imprenta vigente, al consignar la
libre emisión del pensamiento por medio de la prensa, no han puesto más restricciones que
las que se encuentran en los artículos 3o. y 16 (de esta última Ley), y entre las que se hallan los
ataques a la vida privada del individuo, sin que pueda hacerse extensiva dicha restricción a la
vida pública de los funcionarios por actos referentes a "su oficio".

Segundo. Tanto los actos del jefe político que redujo a prisión a Gerardo de la Torre como los de
la autoridad que convocó al Jurado de Imprenta, y los de este Jurado que conoció de un delito
que no estaba sometido a su jurisdicción, han violado las garantías constitucionales del actor.
Bajo esas razones, la Corte confirmó la sentencia pronunciada por el Juez de Distrito de Queré­
taro que amparó a Gerardo de la Torre.

Como puede advertirse, es importante que en una etapa temprana del máximo tribunal del país
se resolvieran asuntos que protegieran la libertad de expresión por encima de la actividad pública de
los funcionarios.

8. Rebelión

En épocas convulsas, la desobediencia a la ley, a la autoridad legítima o una orden obligatoria,


tiende a tipificarse como un acto de rebelión en el que incurren los individuos que rebasan el estricto
marco normativo de la ley, lo que es por antonomasia un delito de naturaleza política de quien se alza
126 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

en armas contra el régimen constituido con la intención de deponerlo, juzgar a sus gobernantes o
darles muerte, o bien, sustituir la situación anterior por un sistema surgido de la violencia triunfante.
Pero aun en estos casos de extrema gravedad, cuando la confrontación militar solía prevalecer sobre
las garantías individuales, la posibilidad de ampararse contra actos arbitrarios de la autoridad estaba
presente en el sistema jurídico mexicano. Acaso el amparo representaba la única contención con­
fiable en un periodo en el que predominaba la falta de institucionalidad de las decisiones públicas.

Guardias civiles al servicio del ejército acusadas de infidencia44

Lugar: Macuilzóchitl y Tlacolula, Oaxaca.

Tema: Suspensión de procedimiento.

Palabras clave: Deserción, colaboración con enemigos del gobierno, justicia militar.

Autoridades involucradas: Comandancia militar de operaciones de Tlacolula, Juzgado Mixto de


Primera Instancia en Tlacolula, Juzgado de Distrito de Oaxaca, Agencia del Ministerio Público Federal
en Oaxaca y Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Resolución: Otorgamiento del amparo y sobreseimiento del juicio.

La solicitud del juicio de amparo fue hecha por Juana Antonio el 13 de enero de 1919 en favor
de sus cuñados Félix Torres, Maximiano Torres y de sus sobrinos Francisco Gutiérrez, Antonio Aquino y
Marcelino Hernández contra los actos del coronel Rafael R. Navarro, jefe de operaciones en Tlacolula,
Oaxaca, con fundamento en los artículos 686 y 730 del Código Federal de Procedimientos Civiles y de
los artículos 14, 16 y 107, fracción IX, de la Constitución General de la República, por estar en peligro la
vida de tales personas, quienes eran miembros de la guerrilla del pueblo de Macuilzóchitl al servicio
del gobierno constitucionalista. La presunción de que fueran a perder la vida se infería de que, en ese
mismo acto, otros individuos habían sido aprehendidos, algunos de los cuales habían terminado fusi­
lados sumariamente, acusados todos de haber desertado de la autoridad del ejército y debido tam­
bién a que en el mes de septiembre anterior se habían visto involucrados en el asalto a la plaza de
Macuilzóchitl, integrando una fuerza de 1 500 serranos al mando del jefe Isaac Ibarra. Igualmente el

Juicio de amparo que promueve Juana Antonio en favor de sus parientes Félix Torres y socios, contra actos del
44

coronel Rafael C. Navarro, jefe de Operaciones de Tlacolula. Exp. 1919-12-19, Archivo de la Casa de la Cultura Jurídica
de Oaxaca.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 127

jefe militar les imputó que tras haber recibido pertrechos de guerra para el sostenimiento y defensa del
gobierno, defeccionaron y entregaron esas armas al enemigo, además habían contribuido a la vola­
dura de un tren, acto en el que murieron cinco soldados y un teniente de la guarnición de Tlacolula.

En el curso del proceso, sólo los hermanos Torres permanecieron presos y sujetos a juicio.
No obstante, se acreditó que su detención estaba justificada con los informes rendidos por las autori­
dades competentes con base en los artículos 233 y 329 del Código Federal de Proce­dimientos Civiles.
Sin embargo, las diligencias remitidas por el coronel Navarro no contenían prueba alguna del cuerpo
del delito de traición que les atribuía a los presos. De igual manera, se había prescindido de rea­
lizar las diligencias correspondientes, sin que fueran practicadas por ningún tribunal de justicia mili­
tar; la investigación criminal sólo contenía las declaraciones de las personas que había mandado
fusilar con base en ese mismo ordenamiento castrense, lo que no podía por sí mismo establecer ni
implicar la comprobación de los delitos imputados. En términos del artículo 279, fracción I, del Código
de Procedimientos Penales del Fuero de Guerra, para que la confesión tuviera plena probanza era
necesaria la comprobación del cuerpo del delito: tampoco aparecía la necesaria orden de proceder,
sin la cual nada podía hacerse en el procedimiento militar sin que resultara nulo, como expresamente
lo prevenía el artículo 36 del mismo Código, y ni siquiera obraba un acta de policía a la que se con­
traían los artículos 30 y 31 del mismo ordenamiento.

Por lo anterior, el Juez de Distrito en Oaxaca consideró que no existía la comprobación de los
delitos que el coronel Navarro atribuía a los hermanos Torres ni en el acta de policía ni en la orden de
proceder, requisitos esenciales establecidos por la ley de la materia, por lo que era innegable que la
detención y prisión de los coagraviados violaba de manera flagrante en perjuicio de ellos, las garantías
individuales consagradas en los artículos 14 y 16 de la Constitución General de la República, que
establecía que "nadie podrá ser privado de la vida, de la libertad o de sus propiedades, posesiones o
derechos, sino mediante juicio seguido ante los tribunales previamente establecidos y conforme a las
leyes expedidas con anterioridad al hecho", y que igualmente agregaba:

[…] nadie puede ser molestado en su persona, familia, domicilio, papeles y posesiones, sino
en virtud de mandamiento escrito por la autoridad competente, que funde y motive la causa
legal del procedimiento. No podrá librarse ninguna orden de aprehensión o detención sino por la
autoridad judicial, sin que preceda denuncia, acusación o querella de un hecho determinado
que la ley castigue con pena corporal y sin que estén apoyadas aquéllas por declaración, bajo
protesta, de persona digna de fe, o por otros datos que hagan probable la responsabilidad del
inculpado, hecha excepción de los casos de flagrante delito en que cualquier persona puede
aprehender al delincuente y a sus cómplices poniéndolos sin demora a disposición de la auto­
ridad inmediata.
128 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

Se concluyó así que la demanda había sido justificada y, por tanto, se imponía de manera impe­
riosa la concesión del amparo solicitado a favor de los hermanos Torres contra su detención y prisión.
Igualmente, se determinó sobreseer el procedimiento en lo que tenía que ver con las personas de
Francisco Gutiérrez, Antonio Aquino y Marcelino Hernández.

9. Conflictos étnico-sociales

Larga es la lista de agravios de las comunidades indígenas originarias de México frente al marco le­
gal, especialmente en asuntos ligados a la posesión de la tierra. Un ejemplo muy manifiesto de estos
argumentos fue propiciado por les leyes de desamortización de los bienes comunales que determi­
naron las Leyes de Reforma. A estos conflictos se sumaron inevitablemente las violaciones de ciuda­
danos pertenecientes a grupos en recurrente situación de vulnerabilidad, en su lucha por obtener un
pleno reconocimiento de igualdad ante la ley. Esta situación discriminatoria se potenció en los casos
de la presencia de algunas comunidades de extranjeros, sobre las que existían añejos prejuicios xenó­
fobos. Así ocurrió con la elevada migración china atraída al país con motivo de la modernización
económica ocurrida durante el porfiriato, especialmente en el noroeste mexicano, donde se gestaron
y desarrollaron actitudes que vulneraban a todas luces la universalidad de los derechos humanos,
máxime cuando esas personas poseían ya la nacionalidad mexicana. Lo relevante en el expediente
seleccionado fue la negativa de la justicia federal ante la demanda contra una ley arbitraria y exclu­
yente, en virtud de los condicionamientos políticos del momento, en manos precisamente de perso­
najes oriundos de aquella región del país. Puede comprobarse que, con frecuencia, la justicia federal
prefería dejar la definición del ámbito protector de los derechos fundamentales a las autoridades
elegidas popularmente, evitando a toda costa confrontaciones tanto con las legislaturas estatales como
con el reconocimiento expreso de competencias de las autoridades locales.

Un amor consumado, dividido formalmente por condición racial45

Lugar: Naco y Cananea, Sonora.

Tema: Nulidad de matrimonio civil por condición de raza.

Palabras clave: Matrimonios, chinos, mexicanos, ley estatal de exclusión racial.

Juzgado de Distrito del Estado de Sonora, Nogales. Expedición, sanción y aplicación de la ley núm. 31 del Estado
45

que prohíbe la vida marital y el matrimonio de chinos con mexicanas. Exp. 12/1926, Casa de la Cultura Jurídica de
Hermosillo.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 129

Autoridades involucradas: Juzgado Civil de Cananea, Legislatura y Poder Ejecutivo de Sonora, Juz­
gado de Distrito de Sonora, Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Resolución: Negativa del amparo por legislación estatal vigente en materia de relaciones civiles.

En febrero de 1926, Francisco Gin, un comerciante de origen chino naturalizado mexicano, y


Julia Delgado, mexicana, "ambos solteros" y avecindados en Naco, Sonora, pidieron el amparo y la pro­
tección de la justicia federal ante el Juzgado de Distrito de esa entidad, situado en Nogales, contra
los actos de la legislatura de la entidad, contra el gobernador y contra el Juez civil de Cananea, por
impedirles contraer legalmente matrimonio civil, al aducir la vigencia de la ley del 31 de diciembre de
1923, expedida por el Estado de Sonora, donde expresamente se prohibía la celebración de matrimo­
nios de ciudadanos chinos con mujeres mexicanas. Dicha negativa había sido incluso confirmada por
el gobernador Alejo Bay en un telegrama enviado a los señores Gin y Delgado, cuya ley expedida
por el mismo mandatario tres años atrás, dio constancia de su existencia en el Boletín Oficial del
Estado, el secretario del ayuntamiento de Cananea. En dicha ley se estipulaba la mencionada prohibi­
ción absoluta del matrimonio de mujeres mexicanas con individuos de raza china, "aunque ostenten
carta de naturalización mexicana", y que si se daba tal vida marital o unión ilícita, sería castigada con
multa de cien a mil pesos, previa justificación del hecho, y que sería aplicada por las autoridades
del lugar donde se cometiera la infracción.

Sin embargo, ambos solicitantes señalaron que desde hacía seis años mantenían vida marital y
que durante ese tiempo nunca habían tenido dificultad alguna y habían vivido de manera pacífica y sin
molestar a nadie, habiendo procreado durante ese tiempo tres hijos. Alegando a favor de su derecho,
el comerciante Gin puntualizó que, no obstante su origen oriental, su naturalización como ciudadano
mexicano lo hacía merecedor de todos los derechos y garantías estipulados en la Constitución Polí­
tica general del país, las que en este caso le habían sido violadas a él y a su pareja, en cuanto al
artículo 14 de la Carta Magna, por el que nadie podía ser privado de la libertad o los derechos que
de ella emanaban sino mediante juicio ante los tribunales legalmente establecidos; algo en lo que
incurría el Juez del fuero civil local al no autorizar su matrimonio. Y que si bien era cierto que el Con­
greso del Estado de Sonora estaba capacitado para expedir leyes, éstas no podían estar en pugna
con la Constitución General, como ocurría en el presente caso, y por lo tanto eran violatorias de las
garantías individuales a las que ellos se hacían merecedores, invocando por tanto el amparo de la jus­
ticia federal.

A fin de recabar los elementos necesarios para fijar su criterio, el Juez de Distrito solicitó a la
legislatura local, al gobernador del Estado y al Juez Civil de Cananea, el informe justificado al que
130 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

aludía el artículo 73 de la Ley de Amparo en relación con la demanda de garantías por violaciones de
los artículos 1o. y 16 constitucionales formulada contra ambas autoridades por los señores Gin y Del­
gado, lo que puso también en conocimiento de la Secretaría de Acuerdos de la Suprema Corte de
Justicia de la Nación. Sin inmutarse, el gobernador apeló a que en su entidad estaba en pleno vigor
la ley en cuestión, por lo que no era posible autorizar su matrimonio y, por tanto, "entiende este eje­
cutivo que no es de ampararse a los quejosos". Por su parte, el Juez civil de Cananea no sólo apeló a
la ley referida, sino a otras disposiciones previas expedidas en aquella entidad, en las que se advertía
de la responsabilidad en que incurrían los Jueces que llegasen a verificar matrimonios interraciales.

Celebrada la audiencia constitucional convocada por el Juzgado de Distrito para desahogar


los argumentos de las partes, tanto de los solicitantes del amparo como de las autoridades deman­
dadas, éstas refrendaron la posición de la negativa de la celebración del matrimonio de los señores
Gin y Delgado. Según las consideraciones de las autoridades locales, el Juez de Distrito debía con­
siderar que las disposiciones de la ley promulgada en el Estado de Sonora por la prohibición del
matrimonio civil de los individuos de raza china, aun cuando tuvieran cartas de naturalización, con
mujeres mexicanas, se inscribía en la facultad que otorgaban los artículos 124 y 130 de la Consti­
tución General de la República, "que no está reservada a funcionarios federales", por lo que la legis­
latura de esa entidad había tenido competencia para reglamentar el matrimonio civil dentro de su
territorio, así como establecer las limitaciones que a su juicio y conforme el interés público fueran
necesarias, como la prohibición señalada, la cual había sido expedida en ejercicio de las facultades
de que disponía el Estado como entidad libre y soberana, dentro del régimen "representativo, demo­
crático, federal, que la nación se ha dado como sistema de gobierno".

Apegándose a las consideraciones expuestas por las señaladas como autoridades responsa­
bles, el Juez de Distrito resolvió que la ley en cuestión tenía una observancia general para los particu­
lares y para los funcionarios a quienes incumbiera su exacta aplicación, además de que el Estado
podía reglamentar, como lo había hecho, respecto al matrimonio como medio legal para la formación
de una familia y como base para la organización social. Por tanto, los quejosos no habían hecho valer
otros derechos vulnerados, más que los que consagraban los artículos 1o. y 14 de la Constitución
General, "los que no garantizan como un derecho natural, el de poder contraer matrimonio civil", y es,
por consiguiente, que las garantías invocadas para interponer el amparo no debían entenderse viola­
das, por lo que no debía conceder el amparo solicitado. En este caso, la Suprema Corte de Justicia de
la Nación sólo se limitó a registrar la resolución ejecutoria dictada por el Juzgado de Distrito.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 131

10. Deudas y embargos

Los problemas ligados a los reclamos pecuniarios es una constante en la recurrencia que los par­
ticulares hacían del juicio de amparo en aquel tiempo en estudio, sobre todo cuando se veían agravia­
dos por la ausencia de las condiciones mínimas del debido proceso. En la etapa en que la Constitución
emanada de la Revolución de 1910 parecía en fase de consolidación, este recurso judicial ya era coti­
dianamente solicitado como medio para garantizar el derecho a la propiedad frente a las personas
públicas y privadas, lo que generaba certeza entre las partes cuando la justicia federal hacía preservar
estos derechos.

Un particular prestamista reclamando sus derechos46

Lugar: Motul, Izamal, Valladolid y Mérida.

Tema: Un caso de aplicación retroactiva y viciada de la ley.

Palabras clave: Embargo, juicio ejecutivo mercantil, fincas rústicas, retroactividad judicial.

Autoridades involucradas: Juzgados de Primera Instancia de los departamentos judiciales de


Motul, Izamal y Valladolid, Registro Público de la Propiedad de los departamentos mencionados,
Juzgado Primero de lo Civil de Mérida, Poderes Ejecutivo y Legislativo de Yucatán y Suprema Corte
de Justicia de la Nación.

Resolución: Se concede la suspensión del acto reclamado a lo referido en el incidente promovido.

El señor Herman J. Teuffer solicitó amparo y protección de la justicia de la Unión el 26 de febrero


de 1921, contra los actos de los Jueces locales de primera instancia de los departamentos judicia­
les de Motul, Izamal y Valladolid, encargados en funciones del Registro Público de la Propiedad en sus
respectivas jurisdicciones, ya que trataban de cancelarle los registros de embargo de varias fincas
sujetas a responsabilidades de dos juicios ejecutivos mercantiles que mantenía contra la Sociedad
Agrícola Civil Particular "Roberto Osorio A. y Carlos H. Osorio R.". Por tanto, consideraba violadas en
su perjuicio las garantías que le otorgaba el artículo 14 de la Constitución Política de los Estados

46
Juicio de amparo promovido por Herman J. Teuffer contra actos de los Jueces de Primera Instancia de Motul,
Izamal y Valladolid por considerarlos violatorios del artículo 14 de la Constitución General. Exp. Ja 526-1921, Casa de la
Cultura Jurídica de Mérida.
132 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

Unidos Mexicanos. Fundaba su demanda de amparo en los artículos 103, fracción I, y 107, fracción IX,
de la misma Constitución, y en el artículo 1o., fracción I, y artículo 3o. de la Ley de Amparo. Como acto
reclamado, señaló que sufriría serios perjuicios irreparables con los actos de dichas autoridades, por
lo que solicitaba su suspensión inmediata y luego en forma definitiva, como lo disponían los artículos
55, fracción I, y 56 de la misma Ley de Amparo.

Como hechos previamente ventilados ante el Juzgado Primero de lo Civil de Mérida, Teuffer
había entablado en un primer momento un juicio mercantil contra dicha sociedad agrícola por el cobro
de la suma de 1 415.06 dólares. Empero, al ejecutarse el auto de embargo dictado en este asunto, se
habían embargado a la parte deudora varias fincas rústicas ubicadas en los partidos de Motul e Iza­
mal, y en cumplimiento de los artículos 689 del Código de Procedimientos Civiles, se había tomado
razón del secuestro en los libros correspondientes a las oficinas del Registro Público de la Propiedad
en dichos departamentos. En un segundo momento, el quejoso había iniciado ante Juzgado de Dis­
trito Numerario de Yucatán, otro juicio ejecutivo mercantil contra la citada sociedad agrícola por el
cobro de 709.99 dólares. Puesto que en ese procedimiento se habían embargado a la parte deudora
las mismas fincas rústicas que en el procedimiento anterior, y una finca más denominada Cehmas y
anexas, pertenecientes a la jurisdicción de Valladolid, y que en cumplimiento de la ley se habían regis­
trado los embargos en los departamentos de Motul, Izamal y Valladolid. Igualmente, agregó Herman
que el Diario Oficial de Yucatán, de la misma fecha de su solicitud de amparo, la Legislatura local había
expedido una ley, ya sancionada por el ejecutivo estatal, concediendo —a su juicio, anticonstitucio­
nalmente— una moratoria de un año a los deudores. Esto daba pie a que las oficinas del Registro
Público de la Propiedad procedieran a cancelar las anotaciones de embargo que se hubiesen efec­
tuado, y que en tal virtud, en cumplimiento de esa disposición, los Jueces de primera instancia men­
cionados trataban de cancelar las anotaciones de embargos de las fincas rústicas referidas en los
juicios aludidos, lo que estimaba violatorio de garantías, y por tanto solicitaba el amparo de la justicia
de la Unión.

Continuando con los argumentos del quejoso, los actos que trataban de ejecutar las autoridades
locales debían estimarse violatorios del artículo 14 constitucional, en el sentido de que ninguna ley
tendría efecto retroactivo y que nadie podía ser privado de sus derechos sino mediante juicio en for­
ma, porque se incurría en una retroactividad manifiesta, al reconocer la validez de una ley expedida
con posterioridad contra derechos adquiridos de embargos legítimamente practicados y registrados.
Además, el quejoso estimaba que esos mismos actos conculcaban el mismo precepto constitucio­
nal porque se le privaba de derechos establecidos, sin que hubiera mediado una decisión judicial que
decretara su pérdida; por tanto, la disposición legislativa referida estaba viciada de inconstituciona­
lidad, al invadir el terreno de juicios mercantiles, sobre cuya materia no podía legislar dicha entidad
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 133

federativa, por ser competencia reservada a los poderes federales en el artículo 73, fracción X, de la
Constitución Federal.

Analizadas las consideraciones de este asunto, el Juez de Distrito supernumerario del Estado
de Yucatán resolvió que la justicia de la Unión amparaba y protegía a Herman J. Teuffer contra las
anotaciones de insubsistencias de los embargos materia de la controversia. También resolvió que no
había acto sobre el cual pudiera recaer el amparo en cuanto al Juez de primera instancia de Valla­
dolid, ya que éste no había hecho las anotaciones de insubsistencia y, por tanto, no cabía la aplicación
de la ley al caso presente.

11. Sucesiones y cuestiones


testamentarias

Como estaba consagrado desde los preceptos básicos del derecho romano, la declaratoria de última
voluntad relativa a la sucesión de bienes y otras cuestiones ha sido considerada un derecho fundamen­
tal de los individuos. El respeto a este acto por los órganos constituidos de la autoridad pública era una
garantía inscrita en todos los ordenamientos legales de las entidades federativas, si bien con anclaje
en la Constitución. De ahí que cualquier vulneración de este principio haya merecido las demandas
de protección de la justicia federal. Cabe señalar, sin embargo, que este expediente data de los pri­
meros años en que el amparo se encontraba reglamentado por el Acta de Reformas y, sobre todo,
por la primera Ley reglamentaria, de 1861; esto significa que la presente resolución debe leerse a la
luz de una real cautela entre los Jueces federales a utilizar el amparo como proceso invasivo frente
a las entidades federativas y, sobre todo, como forma de cuestionar al legislador.

Demanda por el reconocimiento de una legítima sucesión testamentaria47

Lugar: Campeche.

Tema: Contravención de las leyes vigentes.

Palabras clave: Testamento, incompetencia judicial.

47
Juicio de amparo promovido por el C. Antonio Rivelli contra un auto del H. Tribunal Superior de 3a. Instancia en los
autos sobre rescisión de la testamentaría de Dn. Francisco Bathe. Exp.1868-1-868, Archivo Casa de la Cultura Jurídica
de Campeche.
134 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

Autoridades involucradas: Juez de distrito de Yucatán, Tribunal General de Tercera Instancia, Tri­
bunal Ordinario y Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Resolución: Negativa del amparo por inexistencia de violación constitucional.

Antonio Rivelli, en nombre y representación de su esposa, Guadalupe Hernández, solicitó en la


ciudad de Campeche, el 30 de diciembre de 1868, amparo y protección de la justicia federal ante el Juez
de Distrito de Yucatán, Campeche, Tabasco y Chiapas, con sede en Mérida, contra José Castelló
Palacios, demandando la rescisión de los inventarios, liquidación y partición de los bienes del finado
Francisco Bahla. Con base en lo anterior, el quejoso interpuso el recurso de nulidad contra el fallo
pronunciado por el Juez local competente, que entonces integraba un así llamado Tribunal General
de Tercera Instancia, por haber expedido una resolución contra lo que expresaba la ley general sobre
sucesiones, y por ser un tribunal sin jurisdicción en esta materia, por lo que iba en contra de lo dis­
puesto por la Constitución General de la República. Además, se estimaba que estas actuaciones tam­
bién transgredían el texto constitucional para el Estado de Campeche. El quejoso invocaba finalmente
una infracción a las leyes federales de 13 de diciembre de 1862 y de 15 de octubre de 1863, debido
a que uno de los miembros del tribunal, el Magistrado Julián Gual, debía entenderse privado de los
derechos de ciudadano, porque siendo regidor bajo el régimen republicano, había reconocido la in­
tervención francesa, pronunciándose por el imperio, al que continuó sirviendo, y por lo mismo, con
notoria infracción de las garantías inscritas en la Constitución General de la República. Y aunque el
H. Tribunal había admitido el recurso de nulidad, había enviado los autos —contra lo que disponían
los artículos 13, 14 y 126 de la Constitución General, y los artículos 83 y 84 de la particular del Estado
de Campeche—, a conocimiento de un tribunal especial y no establecido previamente por la ley, un
acto que igualmente importaba una violación de las garantías constitucionales. Pues tratándose de la
infracción, el cumplimiento y la aplicación de leyes federales, la autoridad señalada como responsable
habría debido remitir los autos a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, según lo disponía el ar­
tículo 97 de la Constitución General y el artículo 1o. de la Ley Orgánica de procedimientos de los tri­
bunales federales.

Abundó Rivelli en que, según lo marcaban la Constitución y las leyes derivadas de ella, el poder
de juzgar residía en los tribunales legítimamente constituidos, y que para estarlo, debían los Jueces o
Magistrados nombrados para su desempeño, estar en pleno goce de sus derechos de ciudadano
mexicano; era claro que el tribunal colegiado que tenía en su seno un miembro privado de esos de­
rechos, estaba integrado contra el precepto constitucional y, por lo mismo, su nombramiento infringía
y sus actos violaban las garantías con los que la Constitución ampara a todos los ciudadanos. Que
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 135

la sentencia misma que había dictado ese tribunal, que él consideraba "especial" por haber sido
creado con posterioridad al hecho que juzgaba, era contraria a la ley del 10 de agosto de 1857, sobre
sucesiones testamentarias e intestados, ya que quedó visto el traslado que se mandó correr al jefe de
hacienda, que con arreglo a lo dispuesto en los artículos 41 y 43 de la ley del 22 de mayo de 1834,
debía hacer las veces de promotor fiscal, a falta de éste, pero que dicho funcionario se negó a tener
intervención en el asunto. Igualmente cuestionó todo el curso del procedimiento que se había seguido
en cuanto a la reglamentación que debía respetarse en lo relativo a los recursos de nulidad que él
había planteado, más aún cuando en este caso el asunto había tenido que ver con un tribunal esta­
blecido en Campeche, entidad que por un tiempo se rigió por las leyes del Estado de Yucatán.

La controversia sin duda abarcaba cuestiones incluso de conflicto de leyes, debido a la super­
posición de jurisdicciones en el espacio y en el tiempo. Contrariamente a los argumentos del quejoso,
el Juez de Distrito reconoció que las leyes de Yucatán eran aplicables a los recursos de nulidad que
habían de resolverse en Campeche; esto, hasta ese momento y al menos desde que dicha entidad había
sido reconocida como independiente; aclaraba que dicho tribunal no contravenía las leyes vigentes
en la materia ni en la Constitución General de la República. Que era al tribunal que había visto la
causa a quien tocaba, exclusivamente, decidir sobre la competencia en los casos como el presente,
y por consiguiente determinó el Juzgado de Distrito que sólo a él le competía decidir si había lugar a
abrir o no un juicio de amparo por violaciones a la Constitución General. Por último, este tribunal
federal resolvió que el tribunal al cual se había turnado la rescisión de la sucesión del señor Francisco
Bahl era el tribunal ordinario creado por la ley anterior de Yucatán, así instaurado por autoridad com­
petente, que entre otras atribuciones tenía la de conocer de los recursos de nulidad de la sentencias
de tercera instancia que entonces existían. En tal virtud, el expediente que se comenta determinó
que no había lugar a otorgar el amparo promovido por el señor Antonio Rivelli por no estar, en este
caso, violando ningún precepto constitucional de la República.

12. Expropiaciones

Se entiende como expropiación el acto de desposeimiento o privación de la propiedad, por causa de


utilidad pública o interés preferente, pero a cambio de una indemnización previa, sancionada por los
debidos cauces legales. A continuación se analizarán dos asuntos vinculados con expropiaciones.
El primero se emitió en 1905, en pleno proceso revolucionario, y el segundo en 1917, año en que se
emitió la Constitución Federal.

a. Primer caso

A principios de siglo las grandes empresas con fuerte poder económico argumentaban ante los
Jueces que requerían mejores condiciones para llevar a cabo su trabajo, lo que suponía expropiar
136 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

terrenos de particulares. El caso de las compañías mineras es muy representativo de este tema, pues
regularmente exigían la expropiación de los terrenos vecinos e incluso del agua que utilizaban los
agricultores para regar sus tierras, con el objetivo de emplearla en sus tareas industriales. No obstante,
el Poder Judicial sirvió como contrapeso a la influencia de las empresas mineras, pues en aquellos
casos en los que la expropiación no se realizaba con apego a la Constitución, resolvió favorablemente
los juicios de amparo promovidos por los particulares.

Llanos de Oro de México48

Lugar: Altar, Sonora.

Tema: Expropiación.

Palabras clave: Expropiación, debido proceso, agua.

Autoridades involucradas: Juez del fuero común en Altar, Sonora, Juez de Distrito en Sonora,
Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Resolución: La Corte confirmó una resolución del Juez de Distrito que amparó a los quejosos.

El 18 de noviembre de 1905, el señor Dionisio González y otro presentaron demanda de amparo


ante el Juez de Distrito en Sonora en contra de los actos del Juez del fuero común en el distrito de
Altar, de aquella entidad, quien en su momento conoció y resolvió favorablemente la solicitud de expro­
piación por causa de utilidad pública presentada por la compañía minera Llanos de Oro de México.

La solicitud de expropiación se hizo respecto a determinados terrenos que servirían para abrir
un pozo y extraer agua del subsuelo, así como de una franja de tierra de 30 kilómetros, necesaria
para conducir el agua para los trabajos de la empresa. Tanto el terreno para construir el pozo como
la franja de 30 kilómetros pertenecían al rancho San Rafael del Alamito, del cual los quejosos eran
copropietarios.

Los argumentos de los quejosos fueron, en esencia: 1. La Ley Minera permite la expropiación
de las tierras, pero no del agua; 2. La Ley Minera señala que las propiedades colindantes con las com­

48
Esta resolución derivó del amparo en revisión 3537/1905, y se emitió el 25 de agosto de 1906 por unanimidad de los
Ministros de la Corte. Véase La justicia durante el porfiriato y la Revolución, op. cit., pp. 77-84.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 137

pañías mineras sufrirán las servidumbres de paso, acueducto, desagüe y ventilación, por lo que la
expropiación era innecesaria; 3. La expropiación sólo puede hacerse sobre terrenos adyacentes a
las compañías, pero no respecto a terrenos que están a una distancia considerable; 4. Que en ningún
momento fueron llamados a juicio, a pesar de que son legítimos copropietarios del rancho San Rafael
del Alamito, como consta en el Registro Público de la Propiedad.

El 4 de abril de 1906 el Juez de Distrito resolvió el juicio y otorgó el amparo a los quejosos, en el
sentido de devolverles las tierras expropiadas indebidamente. Dicha resolución se conoció en revisión
ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la cual en su momento confirmó la resolución, al estar
demostrado que, contrariamente a lo sostenido por el Juez del fuero común que conoció en primera
instancia, los dueños no eran inciertos, pues en el Registro Público de la Propiedad podía acreditarse
que los quejosos ante el Juez de Distrito eran copropietarios legítimos del citado predio, por lo que
al no ser llamados a juicio vieron afectada su garantía de audiencia.

Además, porque nunca se justificó que la expropiación pudiera hacerse sobre terrenos que no
están en la superficie de las mismas, ni mucho menos respecto del agua de esos terrenos, por lo que
no se acreditaron las condiciones que la Constitución exige para que se pueda expropiar la propiedad
privada. Por lo anterior, la Corte confirmó la resolución recurrida y concedió el amparo a los dueños
de las tierras.

Según se advierte, este caso ilustra cómo el juicio de amparo protege los derechos de garantía
de audiencia y debido proceso y funciona como un límite al poder de la administración en materia de
expropiación. En particular, resulta relevante si se considera que se emitió durante el porfiriato, en un
contexto en el que el Poder Judicial debía consolidarse y legitimarse frente al poder político de la dic­
tadura, y frente a los intereses económicos de las grandes corporaciones, entre ellas las mineras.

b. Segundo caso

Respecto al segundo asunto, esta controversia se inició el año mismo en que se promulgó la nueva
Constitución. La flamante garantía del respeto a la pequeña propiedad agraria hacía manifiesto
que, todavía en esos momentos, el derecho de propiedad de origen rural era proclive a permanecer
en manos de terratenientes privilegiados por un orden político favorable a sus intereses, acaso como
inercia del porfiriato. Sin embargo, la situación no permanecería intocada (y, al menos en este punto,
las promesas de la Revolución parecían llevadas a la práctica). No es casualidad que durante estos pri­
meros años se haya generado una caudal de demandas de amparo para reivindicar derechos patrimo­
niales, en la medida en que emergía políticamente el movimiento agrarista. La defenestración del
138 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

latifundio como unidad productiva en el campo mexicano resultó al final un hecho manifiesto, tal
como quedó consignado en la Ley del 6 de enero de 1915, promulgada por Venustiano Carranza. La jus­
ticia federal fue en este punto muy cuidadosa en otorgar la razón sin importar el origen social de los
quejosos.

Dos terratenientes mal asesorados y a contracorriente del agrarismo49

Lugar: Ciudad Guzmán, Jalisco

Tema: Interpretaciones encontradas sobre la tipificación de terrenos federales.

Palabras clave: Laguna, zona federal, invasión de tierras.

Autoridades involucradas: Gobernador del Estado de Jalisco, visitador de municipios, Juzgado


de Distrito.

Resolución: Se niega el amparo.

Conforme a su derecho de propietarios, los señores Carlos B. y Juan E. Palomar solicitaron


amparo a la justicia federal, con base en la fracción primera del artículos 101 de la Constitución de
1857, y en el artículo 103 de la Constitución de 1917, así como en el artículo 735 del Código de Pro­
cedimientos Federales, en contra de los actos del gobernador de Jalisco y del visitador de municipios,
alegando ser los legítimos dueños de la hacienda de la Cofradía del Rosario, ubicada en la municipa­
lidad de San Sebastián del noveno cantón de Jalisco con sede en Ciudad Guzmán y en la parte norte
de la laguna de Zapotlán. La controversia legal se originó porque en fecha reciente las autoridades
señaladas habían recibido la orden de que uno de los empleados de la dependencia presenciara la
toma de posesión que se daría a los indígenas de San Sebastián de los terrenos descubiertos por
el descenso de las aguas de la laguna mencionada. Como estaba previsto, se presentó el citado visi­
tador acompañado de muchos indígenas y algunos vecinos de aquella población, quienes no estaban
necesitados de tierra, y dijo que tenía amplias facultades del gobierno para deslindar los límites de
las tierras en función de los títulos de cada propietario a orillas de la laguna. En primer lugar, sin
mediar un reconocimiento ni título de autoridad alguna, el funcionario en cuestión asimiló a este vaso

49
Juzgado de Distrito de Jalisco. Juicio de amparo que promueven Carlos B. y Juan E. Palomar contra actos del
gobernador del Estado y visitador de municipios para acreditar su legítima propiedad de su hacienda la Cofradía del Ro­
sario. Exp. 27-1917, Archivo de la Casa de la Cultura Jurídica de Guadalajara.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 139

como parte de una zona de jurisdicción federal. En esta declaración, no fueron tomadas ni las escritu­
ras de los propietarios; no se practicó nivelación de ninguna especie. El funcionario simplemente
tomó posesión de todas las labores de los terrenos húmedos en donde había siembras de maíz y
de trigo, quitando cercas y colocando otras a su arbitrio. El deslinde parecía perjudicar también al
ganado y boyada que estaba acostumbrado a pacer en esos terrenos, de donde de antemano y sin
derecho, los vecinos del pueblo de San Sebastián extraían pastos y tule. Además, de la resolución
mencionada se desprendía también una posible afectación a los propietarios de las tierras, a quienes
se les atribuían diversas multas. Estos últimos estimaban, por su parte, que el deslinde configuraba
un despojo de 180 hectáreas, pero sin hacerlo con precisión por carecer de una mensura exacta y
que además estaría sujeta a modificarse si con las lluvias las aguas de la laguna volvían a cubrir parte
de ese terreno.

El derecho al que apelaron los señores Palomar fue al respeto de las garantías consagradas
en el artículo 1o. de la Constitución de 1857 y que se había refrendado en la Constitución de 1917, de
que la propiedad de las personas no podía ser ocupada sin su consentimiento sino por causa de uti­
lidad pública y previa indemnización, según lo estipulaba el artículo 27 reformado de la Constitución
de 1857. Que la propiedad de las tierras y aguas situadas dentro de los límites del territorio nacional,
correspondían en efecto a la nación, la que tenía el derecho de transmitir el dominio de ellas para cons­
tituir la propiedad privada. Que los tribunales de la federación resolverían toda controversia también
con base en el ordenamiento constitucional.

Hechas las indagatorias de procedimientos por parte del Juzgado de Distrito, el gobierno
del Estado de Jalisco contradijo el dicho de los señores Palomar de que no existía una zona federal
en el entorno de la laguna de Zapotlán, pues si bien, conforme a la Secretaría de Fomento del Es­
tado, el vaso correspondía como regla general a la jurisdicción local, las tierras comprendidas dentro
de la curva máxima-media de sus aguas eran de jurisdicción federal. Ello debía entenderse en este
sentido, como también lo señalaba la misma secretaría estatal y estaban comprendidos en el ar­
tículo 2o. de la ley del 26 de marzo de 1894 y, por tanto, sujetas a la legislación de terrenos baldíos.
En consecuencia, no eran terrenos particulares, sino de la nación. Por esto último, podía hacerse
con ellos lo que más conviniera. Sobre esa base el gobierno ordenó, por medio de su visitador de
municipios, el reparto de parcelas de poca extensión entre los indígenas y agricultores pobres de Ciu­
dad Guzmán y San Sebastián.

Cabe señalar que en aquella época, resultaba frecuente que los propietarios que lindaban con
lagunas creyeran erróneamente que, al descender el nivel de las aguas, podían legítimamente exten­
der sus linderos hasta la orilla de las mismas, lo que estaba en pugna con el Código Civil, ya que no
140 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

tenían en cuenta que aunque las aguas ascendieran o descendieran, había un límite fijo, que en la
especie era el de la laguna de Zapotlán. De ahí que la autoridad señalada como responsable haya
manifestado que al asignar las tierras descubiertas por el descenso en el nivel de la laguna el go­
bierno no había lesionado de manera alguna a los quejosos y, por tanto, no se había violado el artículo
27 de la Constitución.

Celebradas las audiencias correspondientes, los señores Palomar trataron de demostrar por
todos los medios la legitimidad de la propiedad y de los planos que sobre ella se habían levantado,
para dejar constancia completa de su reclamo de despojo en beneficio de otros propietarios. Contra­
riamente a esta pretensión, el Juez de Distrito estimó que no se cumplieron los requisitos del Código
Federal de Procedimientos Civiles, a saber, que en materia de actos de orden político y administrativo
debían ser reclamados dentro de un plazo perentorio de 15 días siguientes a la fecha de su ejecución
y que, en este caso, había dejado pasar un tiempo excesivo que los ubica fuera de esta prerrogativa
que les otorgaba la ley. Aun así, el Ministerio Público pidió que se otorgara el amparo a los quejosos.
Al final, analizados los elementos aportados durante la audiencia constitucional, los autos y demás
pruebas desahogadas, el Juez de Distrito dictó el sobreseimiento de la causa. Contra este auto los
quejosos interpusieron el recurso de revisión, que les fue admitido por la Suprema Corte de Justicia
de la Nación, donde, visto el expediente, se pronunció por confirmar la decisión del Juez.

13. Gravámenes
al comercio exterior

El juicio de amparo se constituyó como un recurso efectivo frente a violaciones procesales y como
procedimiento restitutorio de derechos frente a autoridades administrativas, como en este caso en
el que, desde la esfera local, se pretendía gravar las importaciones de efectos extranjeros. De esta
suerte, la justicia federal dejó en claro que los actos de las autoridades locales debían estar perfec­
tamente alineadas a las disposiciones fiscales que determinara la autoridad federal, cuando la hipó­
tesis en cuestión recayera en actos reservados a este ámbito de atribuciones exclusivas en determinada
materia, como el comercio exterior.

Importadores en busca de eludir contribuciones50

Lugar: Campeche (capital).

50
Autos de juicio de amparo promovido por los señores Rafael Preciat e hijos y José H. Lavalle de este comercio
contra la Tesorería Municipal de esta capital por derechos que ha querido cobrarles a los efectos extranjeros nacionali­
zados importados por ellos. Exp. 1872-2-872. Archivo de la Casa de la Cultura Jurídica de Campeche.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 141

Tema: Defensa de comerciantes contra cobros fiscales locales a mercancías de importación.

Palabras clave: Comercio exterior, impuestos municipales, doble tributación.

Autoridades involucradas: Tesorería Municipal de Campeche, Congreso de la Unión, Congresos


estatales de Yucatán y Campeche, Juzgado de Distrito de Campeche, Suprema Corte de Justicia de la
Nación.

Resolución: Sentencia diferenciada por el máximo tribunal de alzada.

Rafael Preciat e hijos y José H. Lavalle comparecieron ante el Juez de Distrito de Campeche,
para manifestar que en julio de 1872 habían recibido del puerto de Progreso, por medio de la canoa
Adela, tres cajas platillas, dos driles blancos y crudos, uno de punto blanco y encaje, una de mama­
deras de vidrio y cinco de manta dril blanca de algodón. Sumado a lo anterior, el 25 de mayo de 1872
habían recibido de aquel puerto, por medio de la canoa Libertad, una caja de bizcochos, cinco de
papel, una batería de cocina, una de mercería y lencería, una de jabones y extractos de olor,
una de cueros, una de holanes y tarlatanas, una de mercería y ferretería, una de muestras y una de
zapatos y paraguas. Por último, que por medio del paquebot Atlas, recibieron, a principios, del mismo
mes de julio y del mismo puerto, dos tercios de zarazas, una caja de driles, una de encajes de algo­
dón, una de hileras carreterillas y de dos lienzos. Los quejosos reconocían que todos esos efectos
eran de procedencia extranjera, pero que habían sido nacionalizados por el hecho de haber sido intro­
ducidos en el puerto de Progreso, donde los habían recibido. Contrariamente a aquella afirmación, la
Tesorería de la ciudad de Campeche insistía en el cobro del impuesto, basada en un decreto municipal
de 4 de diciembre de 1871, cuyo único artículo decía que los efectos nacionalizados que se introdu­
jeran por mar o tierra a los municipios de Campeche deberían cubrir un derecho municipal igual
al que en los Estados de su procedencia se cobraba a los importados a este Estado. Los quejosos
afirmaban en la demanda de amparo que se pretendía cobrar este derecho municipal, siendo que
una contribución idéntica había sido ya estimada inconstitucional por la Suprema Corte. En efecto,
mercancías propiedad de otros quejosos que pretendían ser gravadas previamente por el Gobier­
no de Yucatán, con base en diverso decreto local de esa entidad, de fecha 30 de enero de 1872, habían
quedado sin efecto por un amparo. En su parte sustancial, la norma yucateca determinaba que los
efectos extranjeros nacionalizados traídos al Estado para su consumo, por ese motivo, pagarían por
derecho municipal las cuotas siguientes: abarrotes, licores y comestibles de todas clases, peso bruto
1 peso quintal; ferretería y mercería de todas clases, peso bruto 1 peso quintal; lienzos y tejidos de
todas clases, peso bruto 4 pesos quintal.
142 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

Los quejosos consideraron que el impuesto que se les pretendía cobrar era a todas luces incons­
titucional, por tratarse de un recargo a la importación extranjera que no podía decretarse por los
gobiernos de los Estados sin consentimiento del Congreso General, como se preveía en la fracción I
del artículo 112 de la Constitución General de la República. Por tanto, y en consideración de que en
Yucatán habían sido amparados por la Suprema Corte de Justicia de la Nación por un hecho seme­
jante los señores Ibarra Dondé y Compañía, el 3 de abril del mismo año, solicitaron al Juez de Distrito
se sirviera ampararlos contra el acto del tesorero municipal de Campeche capital, aludiendo a la
necesaria igualdad de trato, y porque ese acto atacaba los derechos señalados en la Constitución
Política Federal ya citada.

En la audiencia constitucional correspondiente se dio vista al informe del tesorero municipal


señalado como autoridad responsable del acto reclamado, y del pedimento del promotor fiscal. Con­
firmando la petición de los quejosos, el Juez de Distrito resolvió procedente la demanda, estimando
que los argumentos expuestos eran conformes a la ley del 31 de mayo que reformó el nuevo arancel,
el cual había comenzado a regir con anterioridad a la introducción de dichos efectos, ley que otor­
gaba el consentimiento del Congreso de la Unión para que los Estados realizaran esa clase de cobros
municipales. La sentencia determinó además que los efectos introducidos por el propio Lavalle el
25 de mayo estaban bajo la sanción constitucional, puesto que hasta aquella fecha no había prestado
su consentimiento el Congreso de la Unión y, por tanto, los Estados no podían imponer derechos a las
importaciones extranjeras. Por lo anterior, la justicia de la Unión amparaba y protegía al señor Lavalle
contra el cobro de derechos que le exigía la Tesorería Municipal por los efectos importados el 31 de
mayo, en tanto que se negó a amparar a los señores Preciat e hijos y al señor Lavalle contra el mismo
cobro por los efectos introducidos en el mes de julio.

Visto el expediente en revisión por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, resolvió revocar la
sentencia del Juez de Distrito con sede en el Estado de Campeche, y amparar y proteger a los señores
Preciat e hijos y Lavalle contra el cobro del derecho municipal que pretendía hacerles el tesorero muni­
cipal del mes de julio en cuestión, al considerar que el derecho al que apelaba el Estado de Campeche
había sido decretado sin el requisito constitucional que establecía el artículo 112 constitucional, lo
que fundaba en justicia la queja de los promoventes. Su imposición en los términos dispuestos por
la Tesorería Municipal y el tiempo de su aplicación, constituía una invasión de una autoridad que no
era competente en el ámbito de la autoridad federal.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 143

14. Contrabando

La introducción de mercancías al país de manera ilegal, por contrabando, ha ocupado la atención


de las autoridades desde hace siglos. También es verdad que la determinación de las sanciones corres­
pondientes y los sujetos involucrados no siempre es fácil de determinar, pues quien posea o venda
las mercancías no suele ser el mismo que las introdujo al país de manera irregular. Como veremos
a continuación, a principios del siglo XX ya había situaciones que exigían determinaciones judiciales
respecto a esta problemática. En el asunto en estudio se advierte cómo la Corte valoró las violacio­
nes al debido proceso del quejoso respecto de la indebida atribución de competencias por parte de
la autoridad de aduanas, con lo que aclaró distintas cuestiones relacionadas con los sujetos sobre
quienes deberían recaer las acusaciones de contrabando y sobre los procedimientos seguidos por
los funcionarios al servicio del Estado.51

Del Buggy52

Lugar: Ciudad Mier, Tamaulipas.

Tema: Contrabando.

Palabras clave: Contrabando, Juez natural, atribuciones de la autoridad.

Autoridades involucradas: Administrador de la Aduana de Ciudad Mier, Juez de Distrito en Tamau­


lipas, Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Resolución: La Corte confirmó una resolución del Juez de Distrito que amparó al quejoso.

El 16 de mayo de 1911, el señor Rosalío Garza presentó demanda de amparo ante el Juez Segundo
de Distrito en Tamaulipas, en contra del administrador de la Aduana de Ciudad Mier, quien lo detuvo
por haber encontrado en su solar un carruaje Buggy que le pidió guardar el señor Jacobo García.
El quejoso aseguró que, en su momento, el señor García le manifestó que dicho bien no había sido
introducido al país de contrabando; no obstante, el administrador de la aduana lo condenó a pagar

51
Véase MÁRQUEZ COLÍN, Graciela, "De contribuyentes y recaudadores: una mirada a los impuestos a través de los
expedientes del Archivo Histórico de la Suprema Corte de Justicia de la Nación", en La justicia durante el porfiriato y la
Revolución, 1898-1914, tomo 4, México, Poder Judicial de la Federación, 2010, pp. 21-22.
52
Esta resolución deriva del amparo en revisión 1266/1911, y se emitió el 14 de agosto de 1911 por unanimidad de
votos de los Ministros de la Corte. Véase La justicia durante el porfiriato y la Revolución, op. cit., pp. 111-119.
144 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

los derechos correspondientes y le impuso una multa por contrabando al ser él quien tenía recursos
para pagarla, con independencia de que Jacobo García había admitido su responsabilidad, además
fue detenido por 48 horas y el vehículo fue confiscado.

En tal sentido, el quejoso mencionó que impugnó dicha resolución ante la Secretaría de Hacienda,
la cual, por medio de la Dirección General de Aduanas, la confirmó, razón por la que consideró que
se vulneraron en su perjuicio sus garantías, al ordenar su detención por una deuda civil y al obligarlo
a pagar una multa por hechos de los que no era responsable.

El 8 de junio de 1911, el Juez de Distrito concedió el amparo. En revisión, la Corte confirmó dicha
resolución al responder negativamente dos planteamientos: "¿Hay responsabilidad alguna en la per­
sona que no es dueña de la cosa introducida al país defraudando los derechos fiscales?" y "la persona
en cuya casa se encuentran los objetos introducidos al país quebrantando las prescripciones de la
ordenanza de aduanas ¿puede ser detenida sin orden escrita y motivada del respectivo administrador?"

Respecto a la primera interrogante, la Corte determinó que era indudable que el quejoso no
tenía ninguna responsabilidad en el caso, pues justificó que él no introdujo las mercancías ni era
dueño de ellas, por lo que tal responsabilidad sólo puede ser del dueño o del que quebrantó la ley,
cuestiones que no tuvo en cuenta el administrador de la aduana, y con ello infringió la ley de proce­
dimiento y la garantía del artículo 14 de la Constitución.

Respecto a la segunda pregunta, la Corte determinó que el procedimiento seguido fue de natu­
raleza puramente civil, por lo que no existía fundamento ni justificación alguna para ordenar su deten­
ción. Con base en esos razonamientos, confirmó la sentencia.

15. Impuestos a empresas petroleras

La trascendencia universal del empleo del recurso de amparo se demuestra en este caso en el que
una empresa extrajera, con amplios recursos económicos y capacidad política, debió someterse,
previo juicio, a los dictados de la nueva reglamentación fiscal posrevolucionaria, emanada de la
Constitución de 1917. Los criterios que se empezaron a construir a partir de sentencias como ésta se
proyectaron poco después en los principios esgrimido por México mediante sus conceptos doc­
trinarios de derecho internacional que ponían a salvo su soberanía frente a la injerencia exterior,
presentes en las doctrinas Drago, Calvo y Estrada.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 145

Una compañía petrolera se resiste a cumplir con el fisco53

Lugar: México (D.F.), Veracruz, San Luis Potosí y Tamaulipas.

Tema: Exención de impuestos del timbre por explotación petrolera.

Palabras clave: Impuestos, petróleo, compañías extranjeras.

Autoridades involucradas: Juzgado Segundo de Distrito del Distrito Federal, Secretaría de Fomento,
Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Agencia del Timbre de Ébano (SLP), Suprema Corte de
Justicia de la Nación.

Resolución: Se niega la suspensión, por imprecisión en la autoridad demandada y por la obso­


lescencia de concesión otorgada ante un nuevo marco legal.

El 26 de agosto de 1912, ante el Juzgado Segundo de Distrito del Distrito Federal, se presentó
Roberto E. Philippi, apoderado de la Huasteca Petroleum Company, manifestando que por decreto de
4 de junio de 1908 el Congreso de la Unión había aprobado el contrato celebrado entre el secre­tario
de Fomento en representación del Ejecutivo Federal y Harold Walker por parte de la compañía que él
representaba, para la exploración y explotación de los criaderos de petróleo o carburos gaseosos
de hidrógeno y sus derivados existentes en los terrenos de propiedad particular de la misma compa­
ñía, ubicados en los cinco cantones más septentrionales del Estado de Veracruz y en los dis­tritos o
partidos inmediatamente adyacentes a los Estados de Tamaulipas y San Luis Potosí. En se­gundo
lugar, la demanda estimaba que en dicho contrato se había estipulado que la compañía gozaría por
el término de 10 años de varias exenciones, la primera de ellas referida al capital invertido, así como
los productos que se obtuvieran mientras no pasaran a ser propiedad de terceras personas, estando
exentos de todo impuesto federal, con excepción de los que se pagaban en forma de timbre. En tercer
lugar, el quejoso aducía que la compañía concesionaria podría explotar, libre de todo derecho e im­
puesto, los productos naturales, refinados o elaborados que procedieran de las explotaciones referi­
das en el contrato, por lo que dicha concesión amparaba a la compañía contra todo impuesto que no
fuera el que con el nombre de Impuesto del Timbre existía entonces, y en el concepto de que no esta­
ría sujeta en los trabajos de exploración y explotación ni en la realización de sus productos dentro

53
Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos Mexicanos. Toca al amparo número 3530, promovido por Huasteca
Petroleum Company contra los actos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Exp. Mex-2298-4-598639, Archivo
Central de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
146 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

del país, ni respecto de la exportación de ellos al extranjero, a ninguna clase de impuesto especial
sobre las propiedades o sobre la industria petrolífera ni sobre sus productos, en la que los propieta­
rios de la Huasteca Petroleum Company habían invertido la suma de dinero necesaria para la ad­
quisición de grandes extensiones de terreno o de subsuelo para la construcción de depósitos
destinados a almacenar el combustible líquido, para los trabajos de explotación y los demás nece­
sarios a esta industria.

Además, el quejoso estimaba que en la Ley de Ingresos Federales, expedida el 1o. de julio de
1912, se señalaba un impuesto especial del timbre sobre el petróleo crudo de producción nacional
a razón de 20 centavos por tonelada, pero que antes de que se promulgara el reglamento de dicha
ley, la compañía había presentado un ocurso a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público en el
que le subrayaba la exención de que gozaba con base en su contrato de concesión respecto al pago
del impuesto sobre la producción del petróleo al que se refería dicha ley. Y aunque dicha Secretaría
había contestado que no podía acceder a tal solicitud, señalando que el nuevo impuesto no estaba
comprendido en la excepción que pretendía la compañía, la Huasteca Petroleum Company preten­
día la inaplicabilidad del impuesto con base en el derecho consagrado por el artículo 16 constitu­
cional, respecto de que nadie podía ser molestado particularmente en sus posesiones sino en virtud
de un mandamiento judicial. También apelaba al artículo 33 de la misma Constitución, pues por
haberse constituido la empresa en Estados Unidos, la disposición de la Secretaría de Hacienda era
contraria a lo que se disponía en esos preceptos constitucionales. Con base en todo lo anterior, la
demanda afirmaba que la ley no podía imponer a la compañía derecho alguno sobre la producción,
explotación, realización o exportación del petróleo que no fuera el impuesto general del timbre vigente
en la fecha de la celebración del contrato. Agregaba que las razones en que apoyaba la Secretaría
de Hacienda su resolución no eran convincentes, ya que el contrato de concesión señalaba expre­
samente que no tenía más excepción a sus derechos de explotación que los que se pagaban en for­
ma de timbre, siendo la frase "que se pagan" distinta "que se paguen", ya que la primera comprendía
los impuestos existentes pagaderos en forma de timbre, en tanto que la segunda comprendería los
impuestos que se establecieran en lo futuro, como lo señalaba la Ley de Ingresos aprobada para
el año fiscal 1912-1913, que no solamente era un impuesto nuevo, sino que en realidad era un im­
puesto especial sobre la industria petrolífera. De esta suerte, continuaba el quejoso, la Secretaría de
Hacienda quería someter a la Huasteca Petroleum Company al pago de un impuesto que, como
se había dicho, estaba exenta conforme a su contrato de origen, y que en tal medida, era una molestia
a las posesiones y a la persona moral de la compañía, dictada sin fundamento legal y violatoria del
artículo 16 de la Constitución, por lo que desde luego solicitaba el amparo de la justicia federal.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 147

Admitida la demanda de amparo en el Juzgado de Distrito del Distrito Federal, se recopilaron los
elementos documentales para redactar una resolución. En primer término se recibió un informe de
la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, en el que, en efecto, se reconocía la promulgación de la
Ley de Ingresos del Erario Federal de 3 de junio de 1912, aprobada por el Congreso de la Unión y publi­
cada por el Ejecutivo de la Federación; la misma Secretaría refería además que había recibido el
ocurso o memorial de la Huasteca Petroleum Company en donde se tenía conocimiento de la solici­
tud debidamente efectuada para obtener la exención fiscal (a la que el quejoso decía tener derecho
por el solo hecho del contrato celebrado con la Secretaría de Fomento en 1908). En respuesta, la
Secretaría había señalado que su solicitud no era procedente, porque al redactarse la frase "con
excepción de los que se pagan en forma de timbre", significaba que la compañía, en todo caso y en
todo tiempo, quedaba obligada a satisfacer el pago de los impuestos que le fueran atribuidos, fuera
cual fuese la fecha en que se decretaran, una vez que esas franquicias se otorgaran en la generalidad
de los casos, salvando siempre el impuesto en cuestión, y que al redactarse esa frase, se habían
tenido en cuenta los decretos de 14 de diciembre de 1890 y 24 de diciembre de 1901, según los cuales,
los productos de la explotación de petróleo y carburos gaseosos de hidrógeno y sus derivados, goza­
ban de exención de todo impuesto federal, excepto el del timbre. De esta manera, el contrato aludido
concedido sólo la exención de los impuestos federales.

La Secretaría de Hacienda indicó también que el nuevo impuesto del timbre era compatible
con la concesión de la mencionada compañía, pues la franquicia, en materia de contribuciones, debía
entenderse con los mismos contenidos que para todos los concesionarios, así a los vigentes en
la época de la concesión como a los que se establecieran en el futuro. También afirmaba que al ar­
gumentar la compañía su exención, no podía sino referirse a los impuestos del timbre, ya establecidos
al celebrarse su contrato, pero tenía que admitir que el timbre decretado en ese momento sobre el
petróleo no estaba comprendido en la exención, por haberse establecido con posterioridad a la celebra­
ción del contrato. En suma, dijo la Secretaría de Hacienda, los argumentos de la compañía eran in­
fundados en su demanda de amparo y, por otra parte, dicha Secretaría no había ejecutado ni trataba
de ejecutar el acto que se reclamaba, pues ello incumbía a la oficina extractora correspondiente, y la
simple respuesta dada por la misma Secretaría a la Huasteca Petroleum Company que le consultó si
estaba comprendida en la disposición de la Ley de Ingresos, no era un acto positivo y determinante
de violación efectiva de garantías, ya que, en rigor, la autoridad que había ordenado que el petróleo
crudo de producción nacional pagara 20 centavos por tonelada, conforme al reglamento expedido
por el Ejecutivo de la Federación, era el Congreso de la Unión, en ejercicio de sus facultades
constitucionales.
148 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

Por su parte, la Huasteca Petroleum Company, como parte quejosa, expuso pruebas documen­
tales e insistió en que el Juez de Distrito debía conceder la suspensión de todo acto que ejecutaran
los empleados de Hacienda para obligarla a cumplir la ley de 6 de junio. Manifestaba que se había
pretendido que la compañía hiciera una manifestación de su producción para hacer efectivo el
impuesto establecido por la citada ley, así como la presentación de sus libros para los mismos efec­
tos fiscales, llegándose a imponer multas por no haber cumplido con tal requerimiento, al que no
estaba obligada, según ella, conforme a la concesión otorgada por el gobierno federal. Solicitaba
también que la suspensión solicitada fuera aplicable al agente del Timbre del Ébano, San Luis Potosí,
que la había conminado a hacer dicha manifestación de su producción.

Por último, el agente del Ministerio Público federal manifestó que debía negarse la suspensión
solicitada por la compañía; fue en ese mismo sentido que el Juez Segundo de Distrito dictó su auto
de 6 de noviembre de 1912, negando la suspensión a la quejosa. La sentencia fue confirmada en revi­
sión por la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

16. Litigios por agua

A pesar de que las Leyes de Reforma desamortizaron los bienes comunales de un número conside­
rable de comunidades del país, muchas de ellas de origen indígena y otras ligadas a los ejidos de los
que se podían encontrar sus orígenes remotos en la conformación de los pueblos de corte medieval
español, fue durante la transición social hacia esquemas productivos de corte capitalista cuando se
pudieron afianzar estos nuevos conglomerados económicos, y así responder a los embates empre­
sariales ligados al amparo del poder político local. En ese sentido, el juicio de amparo fue un valioso
instrumento para refrendar la legalidad de los títulos de propiedad y del derecho a los recursos natu­
rales, como el agua.

Comuneros en contra de una expropiación capitalista54

Lugar: Metztitlán, Hidalgo.

Tema: Revisión de juicio de amparo.

54
Juzgado de Distrito de Hidalgo. Toca al amparo núm. 1095, promovido por Ortiz Manuel y Socios contra actos del
Gobernador y Legislatura del Estado de Hidalgo. Exp. Mex-2350-3601382, Archivo Central de la Suprema Corte de la Jus­
ticia de la Nación.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 149

Palabras clave: Agua, tierras, ríos, laguna, desecación, obras de fuerza motriz, compañía capita­
lista, expropiaciones.

Autoridades involucradas: Legislatura y Poder Ejecutivo del Estado de Hidalgo, Juzgado de Dis­
trito de Hidalgo, Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Resolución: Se revoca el auto de sobreseimiento decretado por el Juez de Distrito y se concede


el amparo a los quejosos.

El 22 de abril de 1911, Manuel Ortiz y diversos miembros de la Sociedad Particular de Propie­


tarios y Agricultores de la Vega de Metztitlán, Estado de Hidalgo, pidieron amparo, además de la
suspensión provisional contra actos de la Legislatura y del gobernador del Estado, actos que esti­
maron violatorios en su perjuicio. Invocaron los artículos 16 y 27 constitucionales, expusieron que
las autoridades señaladas habían expedido decretos (núms. 845 y 846, publicados en el Periódico Ofi-
cial) por medio de los cuales habían suscrito un contrato con el licenciado Alonso Mariscal y Piña
sobre la ejecución de obras para el avenimiento y desecación de la Vega de Metztitlán. Alegando
derechos de propiedad y posesión pacífica y reiterada sobre diversos terrenos y aguas ubicados en
dicha Vega de Metztitlán, los quejosos centraban su argumento sobre el riego de sus terrenos. Éste
partía de las aguas de los ríos Metztitlán y Jihuico, cuyo uso se remontaba a tiempos muy anteriores
a la adquisición de sus propiedades. Así lo habían hecho sus antecesores en el dominio de aquellas
aguas; argumentaban además gozar de una servidumbre aparente y discontinua sobre los mismos
ríos, poseyendo justos títulos para el aprovechamiento de sus acuíferos, como se reconocía a favor
de los vecinos que componían la comunidad de Metztitlán y los pueblos adyacentes, en calidad de
bienes de común repartimiento. Aclaraban que hacían uso de esas aguas por medio de presas y
canales, construidos desde tiempos inmemoriales para beneficiar sus predios, los que tenían un ca­
rácter de dominantes respecto de la servidumbre de las aguas que disfrutaban, siendo por este hecho
fun­damental que se reconociera la utilidad pública o comunal inherente a la servidumbre a la que
se referían.

Contrariamente a los intereses expuestos, las autoridades mencionadas habían autorizado al


señor Mariscal y Piña a que este último aprovechara la cantidad de las aguas que vertían los ríos
citados en aquella laguna para emplearlas primero para producir fuerza hidráulica o energía eléc­
trica y después para uso de riego. La misma concesión había dispuesto también que las aguas que
resultaran de la desecación de la laguna en Metztitlán podían ser aprovechadas por el concesionario
para desarrollar fuerza motriz. Que con arreglo al decreto 670 de la misma Legislatura, las obras del
desagüe se habían declarado de utilidad pública, facultándose al concesionario a celebrar transac­
150 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

ciones con los interesados antes beneficiados por el riego. Pero que, en caso de que no hubiera
arreglo con los propietarios, se procedería a la expropiación sobre la base de su declaratoria de utilidad
pública. De igual manera, la autoridad responsable autorizaba al concesionario construir obras de toda
especie, así como colocar postes y tubos para las líneas de transmisión y aplicación del alum­brado y
fuerza motriz, pudiendo el concesionario ocupar la propiedad privada previa indemnización, advertía
incluso que en ese momento estaba en curso la ejecución de los trabajos, protegidos con una escolta
de rurales y con el apoyo del jefe político de aquel distrito.

Ante lo expresado por la autoridad, los quejosos señalaron que se violaban en su contra los
artículos 16 y 17 constitucionales, porque los actos reclamados en el amparo no llenaban las condi­
ciones para establecer la ocupación forzosa de las propiedades, puesto que los decretos y conce­
siones expedidos por la Legislatura y sancionados por el gobernador eran sólo una especulación
privada, y si bien podía ser de utilidad para los beneficiados con los privilegios concedidos, no signifi­
caba de manera alguna la realización de una verdadera obra de utilidad pública, teniendo en cuenta
que existían alrededor de tres mil propietarios agricultores que hacían emanar del aprovechamiento
y producción de esas tierras y aguas la verdadera riqueza pública, por lo que en ningún caso se
podría superar por el resultado económico del acaparamiento monopolizador de las tierras y aguas
en poder de una compañía. Por más que se realizaran los más altos fines industriales, lo que traería en
consecuencia la acción esclavizadora de la autoridad era apuntalar al fuerte con perjuicio de los
débiles. Que, además, las prerrogativas concedidas a Mariscal y Piña no tenían ni siquiera una com­
pensación represora para asegurar la realización de dicho proyecto, pues de la simple lectura de
los documentos oficiales, se desprendía que, no existiendo acción penal ni garantías civiles, la com­
pañía del señor Mariscal y Piña podría, sin responsabilidades, ejecutar a su gusto las concesiones
otorgadas, molestar e inquietar a los propietarios y perjudicarlos gravemente. Subrayaron entonces la
inexistencia de la utilidad pública y de la inconstitucionalidad de los decretos y contratos reclama­
dos, ya que no existía ninguna ley vigente en el Estado de Hidalgo que reglamentara el artículo 27
constitucional, como no lo había tampoco en la legislatura federal, por lo que el Gobierno del Estado
no podía autorizar la ocupación de la propiedad privada, cuando no había una ley constitucional que
determinara la autoridad que pudiera hacer efectiva la expropiación y los requisitos que en ella de­
bieran cumplirse. Por tanto, también se violaba el artículo 16 de la Constitución, porque la posesión
no podía ser perturbada ni arrebatada sino por sentencia de los tribunales, previo el expediente procesal
respec­tivo, y estando demostrada la inexistencia de una causa de utilidad pública, era claro que se les
molestaba en sus personas, domicilio, papeles y posesiones en virtud de un mandamiento escrito por
una autoridad incompetente, que no había fundado ni motivado la causa legal del procedimiento.
Por todo lo anterior, ocurrían al amparo de la justicia federal, tramitando un incidente de suspen­
sión por los actos de las más altas autoridades del Estado de Hidalgo.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 151

En un primer momento, el Juez de Distrito con audiencia del Ministerio Público, negó la sus­
pensión, por lo que fue interpuesta por los quejosos una revisión ante la Suprema Corte de Justicia
de la Nación. Ya en esta máxima instancia, se analizaron los informes de justificación que habían
motivado a la Legislatura del Estado a emitir los decretos impugnados, la que señaló que era su deber
alentar las ventajas a la realización de la empresa proyectada por Mariscal y Piña, lo que fue sancio­
nado por el Ejecutivo, con la firme convicción de que las obras por realizar serían de notoria utilidad
pública y que las concesiones estaban dadas en compensación a las erogaciones que realizaría,
que no lastimaba de manera alguna los derechos legítimos de los particulares y que no existían en
este caso las violaciones constitucionales alegadas por los quejosos.

El Gobierno del Estado, a su vez, señaló que desde hacía muchísimos años los vecinos de la
laguna y los gobiernos anteriores se habían preocupado por practicar la desecación de la laguna o
Vega de Metztitlán para aprovechar los terrenos que inundaba y para regular el uso equitativo de
sus aguas; con este fin, en diversas épocas, se habían emprendido trabajos y extendido concesiones
a particulares y compañías para conseguir la realización de esa obra, siempre considerándose el
beneficio común de los pueblos comarcanos. Que en ese sentido se inscribían las concesiones a
Mariscal y Piña. Que desde 1894, el decreto 670 había declarado que era obra de utilidad pública
la desecación de la Vega de Metztitlán, por lo que tal declaración no dimanaba, como lo pretendían los
quejosos, de los contratos y decretos contra los que introdujeron el recurso de amparo, y que dada la
subsistencia y vigencia de ese decreto, no existían en este caso las violaciones de los artículos 16 y 27.

Puesto que el Juez de Distrito había sobreseído el juicio, fundándose en que había transcurrido
en exceso el plazo dentro del cual debió haberse interpuesto la demanda con arreglo a la ley, la Su­
prema Corte de Justicia de la Nación revocó el auto de sobreseimiento y ordenó que volvieran los
autos al juzgado de procedencia para tramitar el juicio de amparo y resolver conforme a derecho.
Una vez allí, se presentó el concesionario de las obras del desagüe, solicitando ser considerado tercero
perjudicado; y el Juez de Distrito, con fundamento en el artículo 672 del Código Federal de Proce­
dimientos Civiles, lo proveyó en auto. Que interpuesta la revisión de este auto por el representante de
los quejosos, por conceptuar que ni el señor Mariscal y Piña ni la compañía que representaba tenían
la calidad de terceros perjudicados, la Suprema Corte de Justicia de la Nación declaró revisable dicho
auto y lo revocó, declarando que no era admisible que al señor Mariscal y Piña o a la compañía que
presidía se le declarara tercero perjudicado.

En tanto, durante la dilación probatoria los quejosos rindieron una amplia y detallada probanza
documental signada por múltiples fuentes y autoridades, así como diversas pruebas testimoniales
y certificados de sus alegatos. Con base en lo anterior se pusieron en claro los actos reclamados y que
152 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

servían de materia en el juicio en curso, destacándose que los decretos expedidos por las autoridades
superiores del Estado de Hidalgo sí provocarían un efecto perturbador de la propiedad y posesión de
los quejosos y que necesariamente conducirían a la expropiación de terrenos y a la ocupación de aguas
bajo la protección de la fuerza pública local. Igualmente, se consideraron de plena validez los docu­
mentos presentados relativos a los títulos antiguos de las tierras y aguas de Metztitlán. Por tales razones,
quedaba demostrado que la ejecución de las obras de desecación de la laguna de Metztitlán y el
aprovechamiento de las aguas que a ella confluían, violaban en perjuicio de los promoventes del am­
paro la garantía que consigna el artículo 16 constitucional. En tal virtud, y con fundamento en los
artículos 101 y 102 de la Constitución, y 754, 755 y 777 del Código Federal de Procedimientos Civiles,
se revocaba la sentencia a revisión dictada en ese juicio por el Juez de Distrito de Hidalgo y se resolvía
que la justicia de la Unión amparaba y protegía a Manuel Ortiz y demás signatarios de su demanda de
amparo formulada, bajo el concepto de que ese amparo se concedía individualmente a cada uno
de ellos, sin tener en cuenta la representación que invocaba Daniel Piña de la testamentaría de
Ramón Piña, ni la de Alfonso Varela por la Sociedad de Propietarios de la Vega de Metztitlán por no
haberse comprobado debidamente su pretensión.

17. Contra la confiscación de tierras

La disputa por la tierra ha sido una cuestión social y económica fundamental a lo largo de toda la
historia de México. Impuesto el orden jurídico español tras la conquista, bajo esa estructura se fueron
definiendo los límites y colindancias de la propiedad, tanto para manos particulares como para colec­
tivos comunitarios. En algunas regiones del país —como en Chiapas, donde se ejemplifica claramente
esta problemática—, el acaparamiento de tierras ocurrido durante el porfiriato tuvo graves con­
secuencias.55 Los conflictos por el acceso a la tierra representaron un serio problema legal, que se
acentuaba por los frecuentes casos que quedaban ligados a decisiones políticas mal sustentadas
jurídicamente, y ante las cuales procedía el recurso del amparo.

Un propietario rural en defensa de sus intereses56

Lugar: Trinidad de la Ley del departamento de Chiapa, Tuxtla Gutiérrez.

55
DE VOS, Jan, "Una legislación de graves consecuencias. El acaparamiento de tierras baldías en México, con el
pretexto de colonización, 1821-1910", en HERNÁNDEZ, A.V. y CHÁVEZ, M., Problemas agrarios y propiedad en México, siglos
XVIII y XIX, México, El Colegio de México, 1995, pp. 227-264.
56
Juicio de amparo promovido por Víctor Macías como apoderado de José Antonio Moreno, contra actos del C. gober­
nador del Estado. Exp. 1876_157, Archivo Casas de la Cultura Jurídica de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 153

Tema: Estado de sitio y extralimitación de facultades.

Palabras clave: Propiedad rural tipo hacienda, establecimiento de un pueblo, estado de excepción
política o de sitio.

Autoridades involucradas: Juez de Distrito de Chiapas

Resolución: Se le otorga al propietario la protección de la justicia federal contra los actos del
gobernador y comandante militar del Estado.

Víctor Macías, apoderado del señor José Antonio Moreno, expuso ante el Juez de Distrito de
Chiapas que su ponderante era dueño de la finca denominada Catarina la Grande, que antiguamente
se llamaba Iglesia Vieja, ubicada en el segundo Valle de la Frailesca, municipio de Trinidad de la
Ley del departamento de Chiapa, que la adquirió en herencia de su padre don Carlos, del mismo
apellido. Dijo que algunos habitantes de ella, movidos por personas que habían querido hacerle mal
a su ponderante y a su finado padre, pidieron que dicha finca se erigiera en pueblo, pero el Congreso
del Estado, convencido de la inconveniencia e inconstitucionalidad de lo solicitado, lo denegó en
diciembre de 1873. Cabe señalar que el Estado de Chiapas se había declarado en estado de sitio por
las circunstancias políticas prevalecientes en el país.

Tras insistir en su petición, los habitantes mencionados fueron más afortunados: el Gobierno y
Comandancia Militar del Estado concedieron el estatuto de pueblo, por decreto de 9 de noviembre
de 1876. No obstante el escaso número de familias que había en dicha finca, se estableció un muni­
cipio donde se incluía a los habitantes de ésta, sumados a los de la finca de Santa Elena y a los de
otras situadas en el mismo valle.

Como consecuencia de aquel acto de autoridad, el señor Moreno consideró que se vulneraban
sus garantías individuales consagradas en los artículos 16 y 27 de la Constitución Federal. De acuerdo
con su argumento, el decreto citado implicaba un acto de expropiación. La propiedad aludida ya se
encontraba ocupada por individuos que, por este hecho, se decían fundadores de un pueblo. Por su
parte, la jefatura política de Chiapa se preparaba para hacer efectiva la medida que prevenía el mismo
decreto, no obstante que, conforme al artículo 16 citado, nadie podía ser molestado en su posesión
sin orden escrita de la autoridad competente, que funda y motiva la causa legal del procedimiento que
se solicitaba. Según el quejoso, el Gobierno y Comandancia Militar del Estado no detentaban facultad
154 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

alguna para erigir pueblos en el Estado; de la misma manera, la jefatura política de Chiapa no podía
erigirse en autoridad competente para expropiar el predio por este motivo.

Agregó el quejoso que, de acuerdo con la Constitución, la creación de un pueblo sólo podía
determinarse por medio de una ley expedida por el Congreso del Estado; por tanto, ni el Gobierno ni
la Comandancia Militar podían ejercer una facultad legislativa; no eran competentes para crear
un pueblo, y que si acaso se quisiera argumentar que el estado de sitio vigente le daba al gobierno
político y militar todas las facultades del Poder Legislativo, dicho estado de sitio estaba reglamentado por
una ley que en ningún lugar concedía tales facultades al gobierno militar.

Sobre el estado de sitio, el quejoso expuso que la República Mexicana estaba regida por un sis­
tema democrático representativo popular y con un sistema reglamentado por la Constitución Federal
de 1857 y las particulares de los Estados, dentro de lo cual no cabía el absolutismo, ni aun bajo la de­
claración de estado de sitio. Que si el poder no tuviera límites establecidos en la ley, cada Estado
declarado en estado de sitio sería una pequeña monarquía absoluta dentro de una República. En con­
secuencia, el estado de sitio no anulaba la soberanía de los Estados ni derogaba sus leyes. Únicamente
reconocía, de manera temporal, la atribución de algunas facultades a la autoridad militar.

En esta caso en particular, el decreto del supremo gobierno (así entendido el federal) de 2 de
abril de 1876, que declaraba a Chiapas en estado de sitio, dispuso que la autoridad militar a la que
se encomendaba el mando político quedaba sujeta a las limitaciones establecidas en los artículos
del 5o. al 8o. de la ley de 21 de enero de 1860, expedida en Veracruz por el presidente Benito Juárez en
los momentos más graves de la Guerra de los Tres Años.

El primero de los artículos citados señalaba que, tras declararse el estado de sitio, los poderes
originalmente concedidos a la autoridad civil en materia de conservación del orden y de policía
debían transferirse temporalmente a la autoridad militar. Sin embargo, la autoridad civil continuaba
siendo la originaria, de tal manera que la ley no podía privarla de tales facultades.

Por esta razón, la creación de un pueblo en estas circunstancias nada tenía que ver con la
conservación del orden y la policía. Debía en cambio entenderse como una atribución propia y exclu­
siva del Poder Legislativo, no así de la autoridad militar. Por ende, debía delimitarse con claridad el
verdadero alcance de una autoridad militar en una situación de estado de sitio. En la especie, esa
autoridad no detentaba ninguna facultad para crear el pueblo de Catarina la Grande dentro de la
propiedad del mismo nombre. Al violar las garantías de su propietario, protegidas por el artículo 16
constitucional, el decreto motivo de la queja no podía tener validez legal sustentada.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 155

Abundaba el quejoso en que dicho acto había tenido lugar sin el consentimiento de su propie­
tario. Aquello violaba las garantías que otorgaba el artículo 27 de la misma Constitución, de acuerdo
con el cual solamente por causa de utilidad pública podía ser ocupada una propiedad. Esto, sin con­
tar con que la ley reglamentaria del artículo 27 constitucional, que aún no había sido publicada,
habría de determinar la forma en que la autoridad debía constatar los requisitos y llevar a cabo una
expropiación. Si bien dicha ley estaba en proyecto en las Cámaras del Congreso nacional, en aquel
momento no se había expedido. En tal situación, no podían determinarse los casos en que debía
invocarse la utilidad pública y la forma como debían verificarse aspectos del procedimiento como la
audiencia del expropiado, como bien lo señalaba el señor Castillo Velasco en su Tratado de derecho
constitucional. Por consiguiente, ninguna autoridad podía llamarse competente para realizar una
expropiación.

Sobre los requisitos para la expropiación, el quejoso fundaba además la inexistencia de la utili­
dad pública por tratarse de un pueblo antes inexistente, que no había mostrado grandes progresos
dentro de la municipalidad que se le pretendía otorgar, arrojando en cambio graves perjuicios contra
el propietario legal del terreno donde estaba establecido. Habría que considerar que si la propiedad
se pudiera ocupar sin consentimiento del propietario y con la indemnización previa, la ocupación sólo
podía justificarse en caso de utilidad pública nacional, conforme a la última ley de suspensión de
garantías expedida expresamente para los casos de sublevación; pero que, en la especie, ninguna
utilidad nacional (menos aún para el caso de prevenir o atacar una sublevación) podía alegarse en
apoyo a la creación de un pueblo entre propiedades particulares.

Por último, una de las tantas leyes de suspensión de garantías publicadas en aquel periodo de
nuestra historia había dejado de tener vigencia el 16 de octubre anterior a la demanda, sin que se
hubiera publicado otra, de manera que en ningún caso, ninguna garantía que protegía la propiedad
privada podía considerarse suspendida.

A partir de todos estos argumentos, el quejoso insistió en la violación, en su perjuicio, de los


artículos 16 y 27 de la Constitución Federal y en los preceptos comprendidos en los artículos 101 y 102
de la misma, así como la fracción I, artículo 1o., de la Ley de 20 de enero de 1869; por tanto, suplicó
(sic) al Juzgado de Distrito suspender provisionalmente la providencia contenido en el decreto del
gobierno y la comandancia militar del Estado de 9 de noviembre de 1876, que había creado el pueblo
con el nombre de Catarina la Grande.

Presentadas extensísimas pruebas y documentos justificatorios por parte del propietario, el Juz­
gado de Distrito de Chiapa le concedió la razón y le otorgó la protección de la justicia federal contra
156 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

el decreto expedido por el gobernador y comandante militar del Estado, conforme al cual había
man­dado erigir un pueblo en la ranchería nombrada Santa Catarina la Grande, por haberse violado
con ese acto los artículos 16 y 27 de la Constitución Federal. Visto en revisión este expediente, la sen­
tencia del Juez de Distrito fue confirmada por la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

18. Litigios agrarios

Si bien la Ley de 6 de enero de 1915 abrió la puerta para el desmantelamiento de la gran propiedad
rural, acaparada por una casta social de terratenientes, en muchos casos la propia violencia revo­
lucionaria determinó el abandono de la propiedad. En consecuencia, el reparto agrario representó
muchas menos complicaciones de lo que pareciera a un siglo de distancia. Esta situación no signi­
ficaba que el propietario perdiera sus derechos, sólo que ahora la autoridad del Estado se dirigió a
lograr que las expropiaciones pudieran legitimarse de manera expedita con base en el reparto
agrario. Aun así, en algunos casos la resistencia de los propietarios derivó en la protección que les
brindaba el juicio de amparo. A contrapelo de la ola agrarista, el sistema de protección de los de­
rechos también permitió defender el derecho individual a la propiedad de la tierra. Tal es el caso pre­
sente, muy emblemático por cierto, ya que la propiedad condicionada para su dotación agraria era
el predio donde se ubican las ruinas arqueológicas de Chichen Itzá. El litigio también resulta inte­
resante por el hecho de que su propietario era un ciudadano extranjero, aunque beneficiario de un
estatuto diplomático, lo cual podría engendrar una protección particular del derecho. En el desarrollo
del litigio, puede sin embargo observarse que en aquella época era frecuente que los criterios de
los tribunales federales (incluida la Suprema Corte) se rigieran según criterios formalistas, evitando
entrar al fondo sobre aspectos que podrían derivar en presiones políticas o de otra índole.

Un cónsul extranjero defendiendo su derecho de propiedad de tierra mexicana57

Lugar: Mérida, Ticimul, municipio de Cuncunul, del departamento administrativo de Valladolid.

Tema: Demanda de amparo contra una expropiación con fines de dotaciones ejidales.

Palabras clave: Dotaciones ejidales, propiedad privada rural.

57
Juzgado Numerario de Distrito de Yucatán. Juicio de amparo que promueve el licenciado José Cázares Martínez de
Arredondo, a nombre de Eduardo Thompson, contra el gobernador del Estado, Comisión Local Agraria y Comité Particular
Ejecutivo Agrario del pueblo de Ticimul. Exp. 115/28, Casa de la Cultura Jurídica de Mérida.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 157

Autoridades involucradas: Juzgado Numerario de Distrito de Yucatán, Poder Ejecutivo y Legisla­


tivo del Estado de Yucatán, Comisión Local Agraria y Comité Particular Ejecutivo Agrario de Ticimul.

Resolución: Sobreseimiento del juicio de amparo por improcedencia.

El abogado José Cázares Martínez de Arredondo, como apoderado del señor Eduardo H.
Thompson, presentó una demanda de amparo ante el Juez Numerario de Distrito del Estado de Yuca­
tán, el 4 de septiembre de 1928, contra los actos del gobernador del Estado, de la Comisión Local
Agraria y del Comité Particular Ejecutivo Agrario del pueblo de Ticimul, municipio de Cuncunul, del
departamento administrativo de Valladolid. De los agravios hechos valer, se violaban en perjuicio de
su mandante las garantías que le otorgaban los artículos 14, 16 y 27 de la Constitución General de la
República. Fundó sus argumentos al decir que habiendo sido enterado el señor Thompson de que
la Comisión Local Agraria daba curso a un expediente para dotar de ejidos al pueblo de Ticimul, se
trataba de afectar terrenos pertenecientes a la finca rústica Chichén y Anexas, de su propiedad, en una
extensión de 1 521 hectáreas y 8 áreas, por lo que había acudido ante la Comisión Local Agraria para
oponerse a dicha medida. No había obtenido respuesta hasta ese momento, pero dice haberse ente­
rado de que dicha comisión había dictaminado favorablemente la dotación de ejidos solicitada y
de que el gobernador del Estado había dictado una resolución favorable en el expediente adminis­
trativo de referencia por el que se dotaba al pueblo de Ticimul con 2 212 hectáreas. De esa extensión
por otorgarse, la dotación se conformaría tomando 848 hectáreas de la finca de Chichén y Anexas,
disponiendo que se les diese en posesión provisional.

En tal virtud, se planteó la demanda de amparo, señalando como actos reclamados, primero, el
dictamen emitido por la Comisión Local Agraria declarando procedente la dotación de ejidos en cues­
tión, afectando parte de las tierras del señor Thompson; segundo, la resolución dictada por el gober­
nador del Estado sobre la dotación de ejidos al pueblo de Ticimul declarando procedente dicha
dotación; tercero, que al completar el total de las hectáreas concedidas se habría afectado parte de
la finca rústica Chichén y Anexas, por lo que el amparo se dirigía contra la entrega provisional de las
848 hectáreas de tierras.

De estos agravios, por cuanto a la violación del artículo 14 constitucional, el quejoso señalaba
además que se pretendía aplicar retroactivamente la Ley de 6 de enero de 1915, reglamentaria del
artículo 27 constitucional, pues se despojaba al reclamante de una propiedad legítima para entre­
garla como propiedad ejidal al pueblo de Ticimul, sin haber sido oído ni vencido en juicio.
158 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

En este sentido, el quejoso afirmaba que por la aplicación retroactiva referida, los preceptos le­
gales no podían justificar las afectaciones respecto de propiedades rurales en dotaciones de ejidos.
Alegaba que alrededor del pueblo de Ticimul existían terrenos nacionales, que bien se habrían podido
emplear para dotar la extensión necesaria para la constitución a favor de dicho pueblo. En cuanto a
la violación del artículo 16 constitucional, puntualizaba que los actos reclamados no eran mandamien­
tos fundados ni motivados por una autoridad competente, causando molestias al quejoso en sus
posesiones y derechos. Respecto de la violación al artículo 27, sumado a las disposiciones de la Ley
de 6 de enero de 1915, resultaba evidente que únicamente procedería la dotación de ejidos cuando
resultara imposible la restitución. Pero que ésta, en el caso en cuestión, resultaba improcedente,
ya que el pueblo de Ticimul se encontraba erigido en una extensión de tierras más que suficientes
para las necesidades de la comunidad. Ambas disposiciones legales señalaban que para proceder a
la dotación de ejidos se expropiarían a los propietarios de tierras únicamente cuando fuera indispen­
sable hacerlo para completar un ejido, que no era el caso, ya que, como se señaló más arriba, el
pueblo de Ticimul colindaba con extensos terrenos nacionales. Además, que por tratarse de un acto
derivado del artículo 27 constitucional, debía ser exclusivo de autoridades administrativas en mate­
ria de tierras, que demostraran la causa de utilidad pública y que se hiciera mediante indemnización
y probándose la necesidad.

Que la entrega provisional de tierras que estaba en curso, tal como había sido ordenada por el
gobernador, constituía una expropiación que no llenaba dichos requisitos constitucionales. El que­
joso refería también que se infringieron los artículos 61 a 64 de la Ley reglamentaria de 11 de agosto
de 1927, publicada por el Diario Oficial del Estado, en virtud de que el censo agrario había sido ela­
borado con antelación a ella, lo que no correspondía con la excesiva dotación que se quería entregar
al pueblo de Ticimul, al considerarse parcelas individuales 48 hectáreas, cuando debió servir de
base la extensión de 4 a 6 hectáreas por dotación individual a cada ejidatario, conforme a las leyes
reglamentarias en la materia.

Presentadas las pruebas, alegatos e informes por las partes aludidas, el agente del Ministerio
Público federal recomendó al Juez el sobreseimiento del juicio, lo que en efecto determinó éste en sen­
tencia emitida el 23 de noviembre de 1928, por el que señalaba que se sobreseía el juicio de amparo
promovido por el apoderado del señor Eduardo H. Thompson contra actos del ciudadano goberna­
dor del Estado, de la Comisión Local Agraria y del Comité Particular Ejecutivo Agrario de Ticimul. Visto
en revisión por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, fue confirmado que, según lo dispuesto por
la fracción II del artículo 107 de la Constitución Federal, el amparo era improcedente por tratarse de
actos de la autoridad judicial que podía observar una posible reparación. Puesto que existía la misma
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 159

razón legal para declarar la improcedencia cuando se trataba de amparos del orden administrativo,
se debía concluir que el presente juicio de garantías era improcedente, porque el acto reclamado recaía
en una resolución provisional del gobernador del Estado de Yucatán, que estaba sujeta a la revisión
del Presidente de la República, como lo disponía el artículo 9o. de la Ley de 6 de enero de 1915 y,
en consecuencia, era de sobreseerse en este juicio de garantías por causa de improcedencia, de
conformidad con lo estatuido en la fracción III del artículo 44 de la ley reglamentaria de los artículos
103 y 104 de la Constitución Federal. En tal virtud, se sobreseyó por causa de improcedencia en el
juicio de amparo a que se refería el toca en cuestión.

19. Litigios laborales

La aparición de la clase trabajadora en el escenario político fue uno de los efectos característicos
de la Revolución Mexicana, tangible en la relevancia constitucional que el Constituyente de Queré­
taro atribuyó al trabajo en el artículo 123 de la Carta Magna de 1917. De ahí su importancia, al obser­
var la lucha por establecer equilibrios con el capital, estando este último siempre empeñado en
condicionar las demandas de la clase trabajadora. El caso presente, originado en la ciudad de Mon­
terrey, polo industrial del México contemporáneo, donde la influencia y el poder empresarial habría
podido inclinar las diferencias a su favor, ilustra hasta qué punto el juicio de amparo concedido a favor
de los trabajadores, en buena medida muestra una tendencia frecuente en el Estado mexicano
posrevolucionario.

Obreros en huelga contra la oligarquía empresarial regiomontana58

Lugar: Monterrey, N.L.

Tema: Laudo.

Palabras clave: Huelga, demanda salarial, interpretaciones diversas del artículo 123 constitu­
cional y de la Ley Federal del Trabajo.

Autoridades involucradas: Juez de Distrito del Estado, Junta Central de Conciliación y Arbitraje y
Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Resolución: La justicia de la Unión protege y ampara a los obreros quejosos.

58
Juicio de amparo del Sindicato de Empleados y Obreros de la Fábrica de Muebles Monterrey, que promueve en
su nombre Jesús Rodríguez, Secretario general, contra las autoridades responsables del H. Grupo especial núm. 1 de la
Junta Central de Conciliación y Arbitraje del Estado, Exp. 69/935, Casa de la Cultura Jurídica de Monterrey.
160 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

El secretario general del Sindicato de Empleados y Obreros de la Fábrica de Muebles Monterrey,


acudió el 25 de marzo de 1935 ante el Juez de Distrito del Estado en demanda de amparo de la justicia
de la Unión contra actos de la Junta Central de Conciliación y Arbitraje, que declaró inexistente una
huelga que habían instalado en esa empresa, y que se había fijado un plazo de 24 horas a los traba­
jadores para que volvieran a su trabajo. De no hacerlo, terminarían sus contratos laborales. El laudo
en cuestión señalaba que el patrón no había incurrido en responsabilidad, quedando en libertad de
contratar nuevos trabajadores.

Como agravios, los quejosos manifestaron que esa resolución violaba los artículos 14 y 16 de
la Constitución, y que era contraria a la fracción XVII del artículo 123 constitucional, que concedía
a los trabajadores el derecho de huelga, sin que el conflicto que la motivara pudiera ser resuelto en
cuanto al fondo, por no ser el arbitraje obligatorio. Estimaban además que se vulneraban en su contra
los artículos 260, 264, 265, 269, 271, 272 y 274 de Ley Federal del Trabajo que señalaban los requisitos
de forma y fondo para declarar una huelga. Esto es, que el sindicato contaba para esta declaración
con la mayoría de los trabajadores, según el recuento practicado por la Junta (sólo un trabajador
había votado en contra); que se había formulado un pliego de peticiones dirigido al patrón, del que
se obtuvo contestación negativa, y que se había remitido copia del pliego a la Junta de Conciliación
y Arbitraje, y que, finalmente, la huelga tuvo como objetivo conseguir el equilibrio entre el capital y el
trabajo; que no buscaba sino obtener del patrón el cumplimiento del contrato colectivo. Por tanto,
estimaban que la resolución de la Junta era ilegal, ya que entrañaba la violación de los artículos 14
y 16 de la Constitución, privándoles el derecho de ir a la huelga y de percibir los salarios mientras ésta
durara.

Radicado el juicio ante el Juzgado de Distrito, en la audiencia constitucional el señor Rosendo


E. Lozano, gerente de la compañía manufacturera de muebles Monterrey, como tercero perjudicado,
se mostró inconforme con la resolución que se planteó en ella, aduciendo que la huelga no había
cumplido con todos los requisitos legales para llevarse a efecto, por lo que interpuso un recurso de
revisión, que fue admitido por la SCJN. En este recurso, el tercero perjudicado alegaba que el Juez
de Distrito había hecho una interpretación indebida de la fracción XVII del artículo 123 de la Consti­
tución; que el pliego petitorio de los trabajadores no se apegaba a la Ley Federal del Trabajo y que el
Juez había sustituido con un criterio personal al de la Junta, que de acuerdo con la jurisprudencia
era soberana para apreciar las pruebas; que si bien en el pliego petitorio podía advertirse la solici­
tud de aumento salarial, aquello no autorizaba a los trabajadores a declarar la huelga, toda vez que
la Ley Federal del Trabajo establecía que dicho aumento debía pasar por una revisión del contrato
colectivo de trabajo, y sobre esto último, que en la especie no había transcurrido el término completo
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 161

de duración del mismo, con lo cual quedaba demostrado que la empresa había cumplido hasta ese
momento lo contratado originalmente; y que todo esto actualizaba la ausencia de motivos de la huelga.

En su alegato, Lozano también detalló las características de los vínculos reglamentados entre
la empresa y el sindicato en cuanto a las distintas categorías de obreros que laboraban en ella, así
como los sueldos y horarios a que estaba sujeto cada uno de ellos y que en todo momento habían
sido cumplidas a cabalidad, pues si bien el posible aumento de salarios era acorde con una solicitud
de revisión del contrato laboral, esto no podía efectuarse mientras no trascurrieran los plazos que
marcaba la propia Ley del Trabajo. Puntualizó sin embargo que la empresa en ese momento no podía
otorgar el aumento por las circunstancias económicas: estaba operando con base en pérdidas. Pero
que si así se demostraba, por peritos nombrados por ambas partes y por la Junta, de que había
ganancias, estaría dispuesta a hacer efectivo tal aumento. Insistió en que el Juez había suplido su
criterio personal por el de la Junta, violando la jurisprudencia establecida, que se había ocupado
oficiosamente de consideraciones que no fueron invocadas por los quejosos en su demanda de am­
paro, y que, por tanto, había incurrido en una violación a la ley y a la jurisprudencia de la Suprema
Corte de Justicia.

Analizados en revisión todos los alegatos por la Suprema Corte, se resolvió en primer término
que el acto reclamado era cierto, según se desprendía de los informes de la autoridad responsable.
También se señaló que el artículo 123, en su fracción XVII, reconocía el derecho de huelga. Esto, en
referencia a las que fueran lícitas, y a las que tuvieran por objeto conseguir el equilibrio de los diver­sos
factores de la producción, armonizando los dxerechos del trabajo con los del capital; en cualquier
caso, su ejercicio debía quedar encuadrado plenamente en los preceptos de la Ley Federal del
Trabajo.

Por otro lado, la SCJN consideró que la Junta de Conciliación y Arbitraje debió haber analizado
no sólo si la petición de los trabajadores procedía en cuanto al aumento de salarios; que a dicha
autoridad no le estaba legalmente permitido dictaminar si dichas peticiones debían calificarse de
extemporáneas frente al contrato colectivo de trabajo, pues aquello equivaldría a resolver la cuestión
de fondo. Tampoco se le reconocía competencia para declarar la existencia o inexistencia de un es­
tado de huelga. Las Juntas de Conciliación y Arbitraje no eran soberanas para interpretar el derecho; no
tenían por qué cambiar la naturaleza de las resoluciones sobre los asuntos laborales que resolvieran.
Lo cierto es que, en este caso en particular, quedaba comprobado que el patrón no había cumplido
con el contrato.

Por todo lo anterior, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, con base en los artículos 86, 87
y 115-120 de la Ley de Amparo, determinó que quedaba sin efectos la sentencia de la primera instancia.
La justicia de la Unión amparaba y protegía al Sindicato de Empleados y Obreros de la Fábrica de
162 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

Muebles Monterrey, S.A., contra la resolución dictada por la Junta Especial núm. 1 de la Central de
Conciliación y Arbitraje del Estado de Nuevo León, que había decidido la inexistencia de la huelga
y que fijó a los trabajadores que abandonaran el trabajo, un plazo de 24 horas para que volvieran,
pues, de no hacerlo, se daría por terminada su relación laboral, y que declaró que el patrón estaba en
libertad de contratar nuevos trabajadores.

20. Reforma agraria

El 28 de noviembre de 1911, el general Emiliano Zapata promulgó el Plan de Ayala, en el que hizo un
llamado a tomar las armas para restituir la propiedad de las tierras a los campesinos que estaban
concentradas en grandes haciendas.

En 1912, algunos jefes revolucionarios hicieron los primeros repartos de tierras y posterior­
mente, en 1915, las fuerzas revolucionarias más importantes promulgaron las leyes agrarias. Asimismo,
la Constitución de 1917 incluyó el reparto de tierras en el artículo 27. Durante el periodo que se extiende
de 1911 a 1992 se entregaron a los campesinos algo más de 100 millones de hectáreas de tierras,
extensión equivalente a la mitad del territorio de México.59

Por ello, es relevante que incluso en un contexto político en el que se elevó a rango constitu­
cional la facultad de expropiar tierras de particulares para otorgarlas a los campesinos, el recurso de
amparo funcionó como herramienta para hacer valer los derechos de aquellos afectados que no
estuvieran en los supuestos que la ley señalaba para justificar la expropiación.

En efecto, en el siguiente caso se advierte que el amparo funcionó como recurso efectivo con­
tra abusos del poder político y como estricta aplicación del principio de legalidad, particularmente
porque la Ley Agraria de 1915 legitimó la expropiación de una gran cantidad de tierras en todo el
país, cuyos dueños no tenían, por lo regular, mecanismos de defensa para demandar la restitución
de las mismas.

De los terrenos de Monte Bajo y otros60

Lugar: Cuauyutlán, Jalisco.

59
WARMAN, Arturo, "La reforma agraria mexicana: una visión a largo plazo", en VV. AA., Reforma agraria, coloniza-
ción y cooperativas, Roma, Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), 2003. Existe
versión electrónica: http://www.fao.org/docrep/006/j0415t/j0415t09.htm#bm9.
60
La sentencia derivó del juicio de amparo 43/1917, emitida en agosto de 1917 por el Juez de Distrito en Jalisco.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 163

Tema: Reforma agraria.

Palabras clave: Reparto de tierras ejidales, legítima propiedad, límites de la Ley Agraria de 1915.

Autoridades involucradas: Gobernador de Jalisco, secretario general de Gobierno, comisario muni­


cipal de Cuauyutlán, Jalisco, Juez de Distrito en Jalisco y Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Resolución: La Corte confirmó la resolución del Juez de Distrito que amparó a los quejosos.

El 21 de julio de 1917, el señor Manuel Real presentó demanda de amparo ante el Juzgado de
Distrito de Jalisco, en contra del gobernador del Estado y del comisario municipal del ayuntamiento
de Cuauyutlán, en la que señaló que era dueño legítimo de cuatro fracciones de terreno que for­
maban en conjunto nueve hectáreas, algunas de ellas conocidas como los terrenos de Monte Bajo.
Para acreditar lo anterior, durante el juicio ofreció los documentos que demostraban la propiedad, así
como el testimonio de diversas personas.

Agregó que a fines de 1916 los integrantes de una comunidad indígena solicitaron al gobierno
del Estado que les repartieran tierras ejidales, y que el día 9 de julio de 1917 el comisario municipal,
cumpliendo una resolución de la Secretaría de Gobierno del Estado, puso a los integrantes de la co­
munidad indígena en posesión de diversas tierras, entre las que se encontraban las fracciones del
terreno del quejoso, por lo que solicitó el amparo de la justicia federal y la restitución de sus tierras
y los títulos de propiedad correspondientes.

En su momento, el comisario municipal y el secretario de Gobierno de Jalisco reconocieron el


acto reclamado y admitieron que la asignación de tierras ejidales derivó de una resolución del gober­
nador que señaló la extensión del predio otorgado a la comunidad indígena.

Finalmente, en su resolución el Juez de Distrito concedió el amparo al actor y señaló que la


posesión otorgada a los indígenas se había hecho de manera ilegítima, pues se advertía que los pre­
dios tenían en conjunto una extensión menor de cien hectáreas y, por lo mismo, debían ser respe­
tadas de acuerdo con la circular de 6 de mayo de 1916, aclaratoria de la Ley Agraria de 6 de enero
de 1915, por lo que los actos de las autoridades responsables constituyeron una violación a las garan­
tías reconocidas en los artículos 16 y 27 de la Constitución.
164 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

21. Conclusiones

Las resoluciones antes señaladas demuestran que el juicio de amparo funcionó como instrumento
efectivo frente a las decisiones arbitrarias del poder del Estado —tanto de las entidades federativas
como de la misma Federación—, así como frente a decisiones basadas en políticas públicas asu­
midas por el Estado mexicano en su conjunto, que sin embargo eran llevadas a cabo sin apego a la
legalidad.

Finalmente, también funcionó para poner fin a controversias entre la Federación y compañías
extranjeras con un apoyo económico y político muy importante y que sin duda ejercían presiones de
muy distinto tipo al Poder Judicial, y a todas las autoridades mexicanas.

De conformidad con Hernando Devis Echandía, el principio de la independencia judicial recha­


za toda coacción ajena en el desempeño de sus funciones, por lo que el Juez debe sentirse soberano
en la recta aplicación de la justicia. Agrega que la independencia debe existir frente a la intervención
de poderes y funcionarios de otros órganos (ejecutivo y legislativo), así como respecto a las fuerzas que
representan el capital. Un Estado en el que los Jueces sufran la coacción de gobernantes o legisla­
dores deja de ser un Estado de derecho: "Por eso, nada más oprobioso que la existencia de Jueces
políticos, de funcionarios al servicio de los gobernantes o de los partidos".61

Los ejemplos de independencia judicial en la segunda mitad del siglo XIX y los primeros años
del siglo XX, sin duda muestran la enorme integridad de los Jueces al resolver cuestiones compli­
cadas en un contexto igualmente difícil, al privilegiar los derechos frente a decisiones arbitrarias,
políticas públicas asumidas desde el poder central o intereses extranjeros.

Como menciona Héctor Fix-Zamudio, durante esa etapa el Poder Judicial Federal mantuvo cierta
independencia que lo llevó a establecer una jurisprudencia favorable al respeto de los derechos indi­
viduales, logró arrancar presos políticos a los pelotones de fusilamiento, evitó confiscaciones e im­
pidió con frecuencia que los campesinos fueran sometidos por la fuerza al servicio de las armas
mediante la leva. Toda esa labor fue realizada por la Corte mediante la facultad que le daba competen­
cia para conocer de esos casos, específicamente el amparo.62 Aunque como vimos, también dio pre­
ferencia a los intereses de un propietario frente a los de una colectividad, o consintió que se ejecutaran
sanciones como la pena de muerte.

61
DEVIS ECHANDÍA, Hernando, Teoría general del proceso, Buenos Aires, Editorial Universidad, 2004, pp. 56, 129.
62
Cfr. FIX-ZAMUDIO, Héctor, "La independencia judicial en el ordenamiento mexicano", en SMITH, James Frank
(coord.), Derecho constitucional comparado México-Estados Unidos, tomo I, México, UNAM, 1990, pp. 379-398.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 165

En cualquier caso, la independencia del Poder Judicial funcionó no solamente para dotar de
legitimidad a sus decisiones, sino que de la misma dependió la efectiva protección de los derechos
humanos de los justiciables.

Por eso se dice que la independencia judicial se convierte en un punto de convergencia im­
portante del sano desenvolvimiento del Estado de derecho, a tal grado que se podría afirmar que un
Estado sin independencia judicial no es un Estado pleno, pues no se garantiza la existencia adecuada
de su marco normativo ni la defensa de los derechos fundamentales.63 Las situaciones de incertidumbre
política y social por las que en gran medida atraviesan todos los países en algún tiempo determinado,
son quizá los momentos en que el Poder Judicial tiene la oportunidad de llevar a cabo un trabajo a
favor de los derechos humanos y en defensa de la Constitución, frente a situaciones adversas y a pre­
siones de distinto tipo.

22. Bibliografía

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el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 169

Corte IDH, Caso Chocrón Chocrón vs. Venezuela, Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas,
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Corte IDH, Caso Atala Riffo y Niñas vs. Chile, Fondo, Reparaciones y Costas, Sentencia de 24 de febrero
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Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 5 de agosto de 2008, Serie
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Juzgado de Distrito del Estado de San Luis Potosí, año 1874, Amparo solicitado por Nemesio o Deme­
sio Morales, Gregorio Martínez y Guillermo Ortiz contra la sentencia promovida por el C. jefe
municipal de Cedral, que los condenó a sufrir la pena capital. Exp. 117-184, Archivo Histórico,
Casa de la Cultura Jurídica de San Luis Potosí.

Autos de juicio de amparo promovido por el señor Policarpo A. Echánove contra el C. Juez 2o. de lo
Civil de la capital del Estado de Yucatán, como ejecutor de una sentencia de la Primera Sala del
Tribunal Superior de Justicia del mismo Estado, de cuyo juicio conoce el Juzgado de Distrito
de este Estado de Campeche por impedimento de los Jueces de aquel distrito judicial, 1875. Exp.
5-875, Archivo Histórico de la Casa de la Cultura Jurídica de Campeche.
170 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

Juzgado de Distrito de Jalisco, 1911. Solicitante Héctor G. Villaseñor, contra las autoridades respon­
sables del Juez segundo de lo criminal local y jefe político por el acto reclamado de una orden
de aprehensión que viola los artículos 6o., 7o. y 16 constitucionales. Exp. 3420-11, Archivo Histó­
rico Casa de la Cultura Jurídica de Guadalajara.

Juzgado de Distrito de Cuernavaca, Morelos, Incidente de suspensión del acto reclamado en el juicio
de amparo promovido por Juana B. Gutiérrez de Mendoza en favor de su hijo Santiago Orozco,
contra el Juez de 1a. Instancia de Cuautla, por violación de los artículos 1o., 13, 14, 16, 18, 19
y 21 constitucionales. Exp. 341911, Archivo Histórico de la Casa de la Cultura Jurídica de
Cuernavaca.

Juicio de amparo que promueve Juana Antonio en favor de sus parientes Félix Torres y socios contra
actos del coronel Rafael C. Navarro, jefe de Operaciones de Tlacolula. Exp. 1919-12-19, Archivo
de la Casa de la Cultura Jurídica de Oaxaca.

Juzgado de Distrito del Estado de Sonora, Nogales. Expedición, sanción y aplicación de la ley núm. 31
del Estado que prohíbe la vida marital y el matrimonio de chinos con mexicanas. Exp. 12/1926,
Casa de la Cultura Jurídica de Hermosillo.

Juicio de amparo promovido por Herman J. Teuffer contra actos de los Jueces de 1a. Instancia de
Motul, Izamal y Valladolid por considerarlos violatorios del artículo 14 de la Constitución General.
Exp. Ja 526-1921, Casa de la Cultura Jurídica de Mérida.

Juicio de amparo promovido por el Ciudadano Antonio Rivelli contra un auto del H. Tribunal Superior
de 3a. Instancia en los autos sobre rescisión de la testamentaría de Dn. Francisco Bathe.
Exp.1868-1-868, Archivo Casas de la Cultura Jurídica de Campeche.

Juzgado de Distrito de Jalisco, Juicio de amparo que promueven Carlos B. y Juan E. Palomar contra
actos del gobernador del Estado y visitador de municipios para acreditar su legítima propiedad
de su hacienda, la Cofradía del Rosario. Exp. 27-1917, Archivo de la Casa de la Cultura Jurí­
dica de Guadalajara.

Autos de juicio de amparo promovido por los señores Rafael Preciat e hijos y José H. Lavalle de este
comercio contra la Tesorería Municipal de esta capital por derechos que ha querido cobrarles a
los efectos extranjeros nacionalizados importados por ellos. Exp. 1872-2-872, Archivo de la Casa
de la Cultura Jurídica de Campeche.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 171

Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos Mexicanos, Toca al amparo núm. 3530 promovido
por Huasteca Petroleum Company contra los actos de la Secretaría de Hacienda y Crédito
Público. Exp. Mex-2298-4-598639, Archivo Central de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Juzgado de Distrito de Hidalgo, Toca al amparo núm. 1095 promovido por Ortiz Manuel y Socios con­
tra actos del gobernador y la Legislatura del Estado de Hidalgo. Exp. Mex-2350-3601382, Archivo
Central de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Juicio de amparo promovido por Víctor Macías como apoderado de José Antonio Moreno, contra
actos del C. gobernador del Estado. Exp. 1876_157, Archivo Casas de la Cultura Jurídica de
Tuxtla Gutiérrez.

Juzgado Numerario de Distrito de Yucatán, Juicio de amparo que promueve el licenciado José Cáza­
res Martínez de Arredondo, a nombre de Eduardo Thompson, contra el gobernador del Estado,
Comisión Local Agraria y Comité Particular Ejecutivo Agrario del pueblo de Ticimul. Exp. 115/28,
Casa de la Cultura Jurídica de Mérida.

Juicio de amparo del Sindicato de Empleados y Obreros de la Fábrica de Muebles Monterrey, que
promueve en su nombre Jesús Rodríguez, Secretario general, contra las autoridades respon­
sables del H. Grupo Especial núm. 1 de la Junta Central de Conciliación y Arbitraje del Estado.
Exp. 69/935, Casa de la Cultura Jurídica de Monterrey.
SECCIÓN §4
EL AMPARO EN PERSPECTIVA
LATINOAMERICANA

Francisco Tortolero Cervantes*


y Rodrigo Santiago Juárez**
* Doctor en Ciencia Política por la Universidad de París I, licenciado en Derecho por la UNAM, asesor de Mando
Superior adscrito a la Coordinación de Derechos Humanos y Asesoría de la presidencia de la SCJN, investigador
titular en el IIJ-UNAM con licencia, miembro del Sistema Nacional de Investigadores.
** Doctor en Derecho por la Universidad Carlos III de Madrid, Miembro del Sistema Nacional de Investigadores.
Los autores agradecen la participación de José Luis Caballero Ochoa, quien redactó algunos fragmentos del
presente trabajo y elaboró los cuadros comparativos. Su participación como experto externo en el proyecto Memoria
del Mundo UNESCO, durante las sesiones de trabajo dedicadas, entre otras cuestiones, a estos aspectos compa­
rados del amparo, fue determinante para dirigir no sólo el contenido del presente artículo, sino, en general, las hipó­
tesis del grupo de trabajo.
Introducción

E n un ejercicio comparativo dentro del contexto latinoamericano, una de las principales institu­
ciones jurídicas que ha aportado el derecho mexicano al escenario jurídico constitucional es el juicio
de amparo.1 Juristas mexicanos y extranjeros han realizado aproximaciones completas en torno a su
naturaleza y a su importancia para la vigencia de sistemas constitucionales comprometidos con la
protección de derechos e intereses inherentes a la persona. Debemos sin embargo advertir que entre
los propios mexicanos, el mensaje recibido durante generaciones, al menos si se habla de quienes asis­
timos a escuelas de derecho, consistió en afirmar contundentemente que a partir del amparo mexica­
no se originó todo vestigio de control judicial de las leyes y los actos de autoridad en el continente.

Esta aseveración, en parte cierta, se procurará relativizar y poner en contexto, para abarcar un
espectro más amplio y menos definitivo sobre las influencias del amparo mexicano hacia fuera de
su ámbito territorial. La postulación a la categoría internacional del registro Memoria del Mundo de la
UNESCO nos imponía un deber reforzado de objetividad académica, al reunir elementos que parecían
muy evidentes pero que teníamos que ordenar al momento de revisar el surgimiento del amparo
como nacimiento de un nuevo derecho en nuestro continente. Una de las primeras intenciones de

1
FERRER Mac-GREGOR, Eduardo, Ensayos sobre derecho procesal constitucional, México, Porrúa, 2004, pp. 162;
FERRER Mac-GREGOR, "Del amparo nacional al amparo internacional", Cuadernos Procesales, núms. 21 y 22, México,
2004, disponible en http://www.derecho.unam.mx/procesal/pdfs/Delamparonacionalalamparointernacional.pdf.

175
176 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

rescatar una línea discursiva fue, pues, dirigida a evitar caer en lugares comunes o en un voluntarismo
desprovisto de sentido crítico.

Es un hecho que los estudiosos del juicio de amparo, en gran número, se nos muestran exce­
sivamente dogmáticos y fuertemente nacionalistas, con demérito de la propia institución, que
parece agrandarse sin evolucionar satisfactoriamente del todo, máxime cuando se utiliza con
fines políticos, no bien fundamentados desde el punto de vista de la justicia.2

En términos más pragmáticos, y sin afán de teorizar, la intención que perseguía nuestro análisis
desde un inicio no iba mucho más allá de buscar un hilo conductor capaz de fomentar el interés
por explorar la historia judicial de México a partir de los expedientes históricos resguardados por la
Suprema Corte. Aquello, porque, como se acaba de señalar, una de las realidades del estudio del
amparo es que se ha efectuado más desde el punto de vista doctrinal y menos desde el análisis de casos
específicos.

De los primeros expedientes judiciales que se seleccionaron para conformar una muestra repre­
sentativa de casos y de su espectro protector, es posible detectar una normalización en el empleo de
estos procesos de naturaleza judicial y no política (siendo esta segunda vía la manera como solía
frenarse el ímpetu de la arbitrariedad de los poderes en aquella época). Con la distancia, bien pode­
mos advertir un avance considerable en el grado de protección que podía revestir un proceso judicial
de este tipo frente al amplio margen de actuación que se fueron asignando las primeras adminis­tra­
ciones poscoloniales, por sólo hablar de los procesos de independencia de nuestros vecinos latinoa­
mericanos. El equipo de trabajo que analizó la cuestión tuvo entonces como principal eje orientador
una lectura crítica del amparo mexicano desde sus primeros años. Es pues este eje analí­tico el que
nos permitió plantear los alcances del amparo fuera de México, especialmente en los años de su
surgimiento.

Teniendo esta reserva claramente expresada, podemos iniciar esta sección comparada reto­
mando las afirmaciones de los profesores mexicanos de nuestra generación, quienes nos acostum­
braron a escuchar que son muchos los países en el mundo —principalmente en América Latina— los
que consagran en sus leyes y Constituciones instituciones similares al amparo mexicano.3 Cier­
tamente, el argumento cronológico parecía crucial al considerar que la aparición temprana de este
mecanismo de protección individual, conducía indefectiblemente a ser reproducido por todos los

2
BARRAGÁN BARRAGÁN, José, La primera Ley de Amparo de 1861, México, UNAM, 1990, p. 289.
3
Véase entre otros, BURGOA, Ignacio, El juicio de amparo. México, Porrúa, 1997; FIX-ZAMUDIO, Héctor, El juicio de
amparo, México, Porrúa, 1964; GONZÁLEZ COSSÍO, Arturo, El juicio de amparo, México, Porrúa, 1990.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 177

países, como si no existiera la posibilidad de encontrar rutas propias de surgimiento en cada país.
Hemos tratado de apartarnos de este primer a priori.

El lector podrá ir encontrando en esta obra la forma como surgieron algunos instrumentos inter­
nacionales, como la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Convención Americana sobre
Derechos Humanos, incluyendo en su articulado la obligación dirigida a los Estados de brindar recur­
sos procesales específicos para tutelar el derecho a contar con un recurso judicial efectivo. Sin que
aquello fuera el único motivo para que los países que adoptaron modalidades semejantes de pro­
tección judicial (sobre todo si nos remontamos al siglo XIX, es decir, a casi un siglo de constatar el
nacimiento de las citadas declaraciones internacionales), lo más urgente que se advertía entre los
políticos de nuestro continente era la necesidad de construir instituciones, de construir una identidad
nacional y de empezar a funcionar como países independientes, una vez desprovistos del aparente
caparazón protector que representó la metrópoli española durante tres siglos.4

En materia de protección del individuo frente a la arbitrariedad de los poderes, se puede enton­
ces afirmar que la conformación de las instituciones latinoamericanas de garantía de los derechos
fundamentales tenían en la época pocos referentes. Uno de ellos, la realidad mexicana, que poco a
poco logró incidir en el desarrollo constitucional de diversos países de la región. En palabras de don
Héctor Fix-Zamudio, el amparo mexicano constituye una aportación iberoamericana al derecho pro­
cesal de los derechos humanos en los ámbitos nacional y supranacional, que presenta un impacto
semejante al del habeas corpus anglosajón o a la institución del ombudsman escandinavo.5 Hasta
aquí, podríamos concluir que la configuración del amparo mexicano en tanto institución contencioso-
constitucional para la protección de los derechos fundamentales de los mexicanos constituye un
elemento de particular interés para comprender la manera en que los recursos judiciales han per­
meado en el desarrollo jurídico internacional.

Con el propósito de poner en contexto la expansión de este mecanismo procesal dentro del
espacio geográfico donde se generó, en este texto pretendemos ofrecer una aproximación compa­
rada respecto a la influencia del amparo en diversos países de la región; esto, continuando con la
sección §1, donde se hizo un contraste del surgimiento de mecanismos similares en otras regiones
del mundo.

4
HALPERIN DONGHI, Tulio, Letrados y pensadores en el perfilamiento del intelectual hispanoamericano en el siglo XIX,
Buenos Aires, Emecé, 2013, p. 583.
5
FIX-ZAMUDIO, Héctor, "Amparo y tutela" en Memoria de El Colegio Nacional. México: 1997, p. 62, y FIX-ZAMUDIO,
Héctor, "El amparo mexicano como instrumento protector de los derechos humanos", en Garantías jurisdiccionales para
la protección de los derechos humanos en Iberoamérica, México, Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ)-UNAM, 1992,
p. 254.
CAPÍTULO X
LA PROYECCIÓN DEL AMPARO MEXICANO
EN EL CONTEXTO LATINOAMERICANO

E l esquema mexicano de protección jurisdiccional del individuo marcó ciertamente un punto de


partida en el continente, si bien se debe reconocer que no fue el primero de los ordenamientos cons­
titucionales en concebir el nacimiento de la justicia constitucional en América Latina. La Constitución
de Cundinamarca (Colombia), de 1811, ya había planteado (incluso a favor del individuo) la nece­
sidad de controlar la supremacía constitucional, estableciendo una acción popular de inconstitucio­
nalidad, y generando al final unas primeras bases normativas para la protección individual de los
derechos fundamentales. Sin embargo, el esquema no resultó efectivo dadas las condiciones preca­
rias de la incipiente Colombia.6 La soberanía parlamentaria o la supremacía de la Constitución parecían
situarse en el centro de las cartas constitucionales, pero las primeras constituciones del continente
carecían de mecanismos procesales de control constitucional de la legislación, así como de protec­
ción de los derechos fundamentales.7

Adelantábamos que el amparo se erigió como una herramienta procesal y material para la pro­
tección de los derechos humanos; su origen y perfeccionamiento tuvo lugar en el escenario jurídico
mexicano. Para algunos autores, la existencia de una cantidad considerable de antecedentes históricos
en los que se consagra el juicio de amparo, como la Constitución de Yucatán de 1841, el Acta de Re­

6
Trabajos del VII Seminario Internacional "El bicentenario colombiano", del 11 al 13 de mayo de 2011, Universidad de
Medellín.
7
OSUNA, Néstor, "Panorama de la justicia constitucional colombiana", en BOGDANDY, Armin von, FERRER Mac-GREGOR,
Eduardo y MORALES, Mariela, La justicia constitucional y su internacionalización: hacia un iuscommune latinoamericano,
México, IIJ-UNAM/Max Planck, tomo I, 2010, pp. 623-625.

179
180 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

formas de 1847, así como las constituciones de 1857 y 1917, permiten opinar sin temor a equivocarse
sobre la nacionalidad mexicana de dicho mecanismo de defensa constitucional.8 Sin embargo, y pese a
la importancia que revisten el diseño y la creación de una institución jurídica a un siglo y medio de
haber sido creado, podemos empezar por afirmar que el amparo ha adquirido una amplitud considera­
ble. De ahí que sea importante conocer no sólo sus antecedentes históricos, sino también las carac­
terísticas que propiciaron su incorporación en diversos ordenamientos jurídicos latinoamericanos.

1. Las primeras experiencias: del


país de origen a los de destino

Si tenemos en cuenta una aproximación continental, resulta difícil hacer una afirmación categórica
sobre la influencia del amparo mexicano en todos los países de la región, pues son múltiples las par­
ticularidades con las que el recurso se fue adaptando y adecuando a cada realidad. La capacidad de
adaptación a diversos "sectores" de la realidad jurídica nacional aparece como un primer elemento a
partir del cual se podría trazar una implantación progresiva en el continente de recursos procesales
que parecen llevar su impronta. Un repaso de cada uno de estos aspectos procesales del amparo
en el ámbito jurídico mexicano puede ser un buen punto para observar la diversidad de ámbitos en
los que este recurso se fue implantando progresivamente (Cuadro 1).

Cuadro 1. Desenvolvimiento del juicio de amparo mexicano

Amparo Procedencia
El juicio de amparo mexicano logró fusionar en un solo meca­
nismo la tramitación del clásico recurso anglosajón de habeas
corpus para la protección y aseguramiento de la libertad de
las personas y la protección de cualquier otro derecho consa­
Amparo libertad grado en la Constitución y, recientemente, en cualquier tra­
tado internacional del que el Estado mexicano sea parte. Sin
embargo, esta característica no es compartida en otras legis­
laciones latinoamericanas que regulan ambas figuras de
manera separada.

8
FERRER Mac-GREGOR, Eduardo, Ensayos sobre derecho procesal constitucional, op. cit., p. 162. Asimismo, véase
FERRER Mac-GREGOR, "Del amparo nacional al amparo internacional", Cuadernos Procesales, núms. 21 y 22, México,
2004, disponible en http://www.derecho .unam.mx/procesal/pdfs/Delamparonacionalalamparointernacional.pdf.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 181

Funciona en México como un medio para solicitar y denun­


ciar la posible contradicción con la Constitución de una norma
secundaria como puede ser una ley, un reglamento o un de­
Amparo contra leyes creto de carácter general, ya sean éstos emitidos por el Con­
greso de la Unión, las legislaturas locales, o por los titulares
del Poder Ejecutivo local o federal tratándose de reglamentos
y normas de carácter general.
Opera como un elemento de protección en contra de actos y
resoluciones adoptadas por tribunales o autoridades de natu­
raleza administrativa. En el caso mexicano, el desarrollo del
Amparo administrativo juicio de amparo administrativo ha sido utilizado para la con­
formación de un tipo de amparo especializado en materia fis­
cal, aunque se entiende que se tratan del mismo mecanismo de
defensa.
También conocido como amparo casación. Este tipo de am­
paro tiene como objetivo fundamental analizar la legalidad o
ilegalidad de las decisiones judiciales adoptadas por autori­
Amparo directo dades judiciales de todo el país en materia civil, penal, laboral
y administrativa. Tratándose de las tres primeras materias,
el juicio de amparo se sigue de manera uninstancial ante los
Tribunales Colegiados de Circuito
Esta modalidad se especializa en la protección y el asegu­
ramiento de los derechos de personas campesinas e integran­
Amparo social agrario tes de núcleos ejidales como un mecanismo de protección
diferenciada a favor de un grupo poblacional comúnmente
en desaventaja.
Fuente: Elaborado por José Luis Caballero con base en FIX FIERRO, Héctor, El amparo administrativo y
la mejora regu­latoria en México, México, IIJ- UNAM, 2005, p. 10; FIX-ZAMUDIO, Héctor, "Síntesis del
derecho de amparo", en Panorama del derecho mexicano, México, Instituto de Derecho Comparado,
1965, p. 119; GONZÁLEZ ALCÁNTARA, Juan Luis, "El amparo agrario", en Derechos contemporáneos
de los pueblos indios: justicia y derechos étnicos en México, México, IIJ- UNAM, 1992, pp. 119 y ss.

En sus diferentes etapas evolutivas, y en función de las problemáticas de cada país, esta nota de
dinamismo y flexibilidad para atender diferentes aspectos formó parte de la carga argumentativa
seguida por una cantidad considerable de países latinoamericanos, que en diversas oleadas fueron
182 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

introduciendo semejantes recursos con esta u otras denominaciones en el interior de cada uno de
sus marcos normativos.9 Fue así como se empezó a identificar en el amparo un mecanismo de defen­
sa integral que merecía ser incorporado en distintas legislaciones, muchas de ellas constitucionales,
como mecanismo para proteger a las personas de actos u omisiones que se demostraran arbitrarios
y que fueran susceptibles de afectar la esfera jurídica de sus connacionales.

Al proponer una progresión de tres etapas en la adopción del amparo en el plano mundial, el
Juez Ferrer narra la forma gradual de dicha incorporación.10 Esto es, que de la etapa inicial, que refería
a la pro­tección inherente al habeas corpus (como en El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua),
algunos de estos países la fueron extendiendo a la invocación de control de constitucionalidad de le­
yes del modelo mexicano (como en el caso de los dos últimos países citados). Para Ferrer, esta prime­
ra fase incluye en 1931 la creación del Tribunal de Garantías Constitucionales en España, en tiempos
de la llamada Segunda República. Desaparecido en 1937, reaparece en la Constitución española de
1978. No es éste el espacio adecuado para admitir o controvertir esta afirmación sobre el amparo
es­pañol.11 Lo cierto es que a partir del repaso histórico de los primeros epígonos podemos también
entender que otros países hayan mirado mucho tiempo a soluciones que se adaptaban a sus propias
tradiciones, e incluso aquellos en los que la inestabilidad hizo difícil la normalización de estos recur­
sos judiciales a favor del individuo.

a. Las primeras adaptaciones


del modelo: Centroamérica

Las oleadas en que el recurso se fue adaptando a las realidades de otros países de la región empie­
zan por Centroamérica, donde se crean recursos muy semejantes al mexicano, y esto, a pocos años
de que la práctica mexicana los haya plasmado en su primera ley reglamentaria de 1861. Aquello
ocurrió en El Salvador en 1886, en Honduras y Nicaragua en 1894, en Guatemala en 1921, en Panamá
en 1941 y en Costa Rica en 1949.

Sin afán de exhaustividad al analizar las adaptaciones que sufrió el amparo en el ámbito centro­
americano, en la Constitución de El Salvador de 1886 (que retoma un proyecto constitucional frustrado

9
FIX-ZAMUDIO, Héctor, "El juicio de amparo en Latinoamérica", en Memoria de El Colegio Nacional, México, 1978,
pp. 101-138.
10
FERRER Mac-GREGOR, Eduardo, "Breves notas del amparo iberoamericano (desde el derecho procesal constitucio­
nal comparado)", en FERRER Mac-GREGOR, Eduardo y FIX-ZAMUDIO, Héctor, op. cit., 2006, pp. 16-19.
11
FERRER Mac-GREGOR, Eduardo, La acción constitucional de amparo en México y en España: estudio de derecho
comparado, México, Porrúa, 2000.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 183

un año antes) se reconoce "que la garantía del habeas corpus queda sustituida con otra más amplia,
el derecho de amparo [de fuente mexicana]".12 En Guatemala se comenzó por instaurar un modelo
que en un primer momento estuvo limitado también a la libertad personal (en la primera Constitu­
ción de 1837, si bien fue constitucionalizado apenas en la Constitución liberal de 1879); y no fue sino
hasta que este último texto se reformó, en 1921, cuando se amplió el espectro, igual que en El Sal­
vador, al resto de los derechos, e incluso se adoptó en parte la terminología mexicana del amparo
para las Constituciones posteriores.13 El propio modelo guatemalteco de 1965 consagraría en defini­
tiva, tanto en su faceta de amparo como en la de habeas corpus, como recursos independientes, que
de igual manera se materializan diferenciados hasta nuestros días en la Constitución vigente de 1985,
diferenciados como amparo y como exhibición personal. Esta dualidad entre habeas corpus y amparo
sería reproducida en las Constituciones hondureñas más recientes, también de 1965 y 1982.

En cuanto al control jurisdiccional del amparo frente al legislador, algunos países de la región
adoptaron con bastante premura el amparo contra leyes (incluso antes de que existiera ley reglamen­
taria en México); como Nicaragua, desde las constituciones de 1848 y 1854.14 Pero no es sólo por esa
coincidencia que este país se suma entre los que retoman con mayor cercanía el modelo derivado
del amparo mexicano, tal como se puede verificar en cada nuevo texto constitucional y legal, hasta la
actual de 1987, en aspectos relacionados tanto con la libertad corporal como con los derechos indi­
viduales. En ese plano de franca cercanía con el esquema mexicano se encuentra también la Cons­
titución panameña de 1941.15

12
Los contenidos de este primer texto (que se enfocaba a proteger la libertad personal y algunos derechos indivi­
duales) se fueron ampliando en las cartas constitucionales que se sucedieron; esta ampliación se dio a partir de la
segunda Constitución en 1939 (donde se instaura el amparo contra leyes), y en las subsecuentes de 1950, 1962 y 1983,
donde la protección se amplía al resto del catálogo de derechos. SORIANO RODRÍGUEZ, Salvador, "Constitucionalización
de las fuentes del derecho salvadoreño", en ANAYA BARRAZA, Salvador et al., Teoría constitucional salvadoreña, San Sal­
vador, Unión Europea/Corte Suprema de El Salvador, 2000, pp. 181-182.
13
La institución se perfeccionó en la nueva Constitución de 1945, aunque, de poco sirvió, dado el periodo dictatorial
que culminó con la invasión norteamericana de 1954; en estos años de dictadura incluso se impuso restricciones a la
función de habeas corpus para permitir la persecución de los enemigos del régimen. Fue apenas en la Constitución de
1956, de corte conservador, cuando a partir de ese momento vuelve a la tradición original. En GARCÍA LAGUARDIA, Jorge
Mario, "Las garantías jurisdiccionales para la tutela de los derechos humanos en Guatemala: habeas corpus y amparo",
en FERRER Mac-GREGOR, Eduardo y FIX-ZAMUDIO, Héctor, El amparo en el mundo, México, Porrúa, 2006.
14
ESCOBAR FORNOS, Iván, "El amparo en Nicaragua", en FERRER Mac-GREGOR, Eduardo y FIX-ZAMUDIO, Héctor,
El amparo en el mundo, op. cit., 2006, pp. 523-530.
15
MOSCOTE, José Dolores, El derecho constitucional panameño, Panamá, Universidad de Panamá, 1960, p. 592, cit.
por HOYOS, Arturo, "El proceso de amparo de derechos fundamentales en Panamá", en FERRER Mac-GREGOR, Eduardo
y FIX-ZAMUDIO, Héctor, El amparo en el mundo, op. cit., 2006, p. 565.
184 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

b. Otras adecuaciones menos


evidentes: Colombia

Siguiendo el mismo criterio evolutivo, entre los países que se pueden situar como parte de esta pri­
mera oleada que adaptó en sede interna el recurso de amparo, veremos algunas dificultades que
explican la imposible implantación temprana de recursos individuales de protección en otros países
de la región, como Colombia.

Sería aventurado afirmar que el amparo mexicano de los primeros años pudo ejercer alguna
influencia directa en países con tradiciones jurídicas propias, como Perú, Colombia o Brasil, pero
al menos podemos afirmar que el esquema adoptado incluso en estos países corresponde a una
tendencia continental. La Constitución colombiana de 1886 estableció un recurso judicial a favor del
gobierno para cuestionar la constitucionalidad de los proyectos de ley sometidos al Congreso. Esto
es, no concebía al individuo como sujeto principal de la acción de protección, sino indirectamente
por medio de su gobierno. En 1910, una ley instauró una acción pública de inconstitucionalidad (que
tampoco revistió el título de amparo) contra leyes ya promulgadas.

Por su parte, se puede encontrar un antecedente remoto del mandado de segurança brasileño en
las ordenanzas filipinas (que se remontan a 1603), bajo la denominación de la seguridad real, que
en la época colonial establecía esta petición ante la justicia; cualquier persona que tuviera alguna
razón justa para temer a otra persona, podría pedir a la autoridad (administrativa) más cercana que le
ofreciera protección. En caso de no encontrar esa seguridad, el Juez lo ampararía, sancionando a
la autoridad omisa de protección, y expidiendo una carta con las condiciones de dicho aseguramiento.
Este longevo antecedente quedó al final plasmado en el recurso que desde la Constitución brasileña
de 1934 y las subsecuentes (1967 y 1988) adquirió una estructura conforme al modelo latinoameri­
cano del amparo, que amplía la protección del habeas corpus a un catálogo de derechos que se fue
incrementando paulatinamente.16

La normalidad, como este recurso procesal, que se instauró en Brasil para la protección indivi­
dual, contrasta con la práctica colombiana, en la que buena parte del siglo XX, el ámbito protector quedó
circunscrito predominantemente a favor de los órganos del Estado. Las competencias principales de

16
Dicha ampliación se da hacia el habeas data, las acciones colectivas, emprendidas contra actos administrativos
y judiciales, si bien se excluye en control de constitucionalidad de leyes (para ello se estableció un procedimiento de
inconstitucionalidad abstracta). En DA SILVA, José Alfonso, "El mandamiento de seguridad en Brasil", en FERRER Mac-
GREGOR, Eduardo y FIX-ZAMUDIO, Héctor, El amparo en el mundo, op. cit., 2006, pp. 129-139.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 185

la Corte Suprema de ese país implicaban un control previo que podía iniciar el Presidente de la Repú­
blica contra proyectos de ley objetados por inconstitucionales; un recurso automático contra todo
decreto expedido por el gobierno en etapas de emergencia económica y estado de sitio, y sólo en un
tercer lugar, una acción pública de inconstitucionalidad contra leyes, que era hasta antes de la Cons­
titución de 1991 la única vía de protección constitucional reservada al individuo.17

Otra particularidad del diseño colombiano de estas épocas (que subsiste hasta el día de hoy)
tiene que ver con la asignación de algunas competencias de control constitucional al Consejo de
Estado por vía de las acciones de nulidad contra actos administrativos de carácter general, que tam­
bién fueron establecidas a favor del individuo como medio de reparación de actos arbitrarios de la
autoridad. Sin embargo, la realidad del país en aquellos años impidió que los ciudadanos pudieran acu­
dir a este recurso de manera habitual, de modo que éste quedó a disposición de grupos de interés.
Además, tanto la Corte Suprema como el Consejo de Estado se limitaban a analizar la legalidad de
los actos (esto es, evitando análisis de proporcionalidad y razonabilidad). En una lectura formalista,
se declaró exequible un decreto que declaraba el estado de sitio o la prohibición a Jueces y notarios
de mantener uniones homosexuales o vivir en unión libre.18 La carencia de mecanismos efectivos de
protección individual por vía directa tuvo que esperar a la acción de tutela y las acciones de cum­
plimiento, así como las populares y las colectivas, instauradas todas con la Constitución de 1991
(siendo la primera de ellas la que más proximidad tiene frente al amparo mexicano).

c. La situación actual: una


adecuación a cada particularidad

Las dos últimas oleadas de establecimiento del recurso en el ámbito latinoamericano parecen pre­
sentar un grado menos franco de asimilación del modelo mexicano. Parece más bien que el esque­ma
de mayor amplitud (respecto de la protección corporal que ofrecía el habeas corpus) colocó a este
recurso excepcional como una alternativa ante excesos propios de cada país. Si se observan los pri­

17
Esto, sin descartar que el ámbito protector de los tribunales se fue ampliando. Fue la propia Corte Suprema la que, desde
1978, estableció por vía de jurisprudencia que se admitirían a trámite demandas contra actos legislativos reformatorios
de la Constitución. Otra decisión amplió en 1981 el ámbito revisor a las leyes aprobatorias de tratados internacionales,
por vicios de trámite. En CEPEDA, Manuel J., Los derechos fundamentales en la Constitución de 1991, Bogotá, Temis,
1997, pp. 334-339.
18
Sentencias de la Corte Suprema de 9 de marzo de 1978 y de 1o. de junio de 1982, cit. por CEPEDA, idem, p. 338;
todo esto, sin contar con que la declaración de inexequibilidad implicaba eliminar tanto la norma revisada como todo el
proceso de su formación; fue así como se vino abajo el tratado de extradición entre Colombia y Estados Unidos, que en
su momento era una de las pocas herramientas con que contaba el gobierno de Virgilio Barco en su lucha contra el trá­
fico de drogas. Vicios que se podrían considerar menores no podían ser subsanados por esta única vía.
186 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

meros intentos en orden cronológico, se verá que el uso del amparo también refirió a la solución de
pugnas entre el centro y la periferia.

Este último caso se desprende sobre todo de la realidad del amparo en Argentina. Instaurado
primero en las provincias a partir de 1921, su adopción en la Constitución Federal no se dio sino hasta
1957. Sin embargo, su diseño siempre fue el de un recurso judicial en manos de los Jueces estaduales
y no de los federales. Y aunque por sus particularidades federalistas tendremos que analizar el caso
argentino en un apartado distinto, bastará por lo pronto situarlo dentro de esta segunda oleada en la
que se incluyen países como Venezuela en 1961, así como Bolivia, Ecuador y Paraguay en 1967.19

Finalmente, la tercera ola reportada la encontramos en cinco países de la región, entre los años
setenta y los noventa. En esta categoría podemos incluir a Perú en 1979, Chile en 1980, Uruguay en
1988, Colombia finalmente en 1991, y la República Dominicana en 1999.

De estos países de la tercera oleada, resulta interesante advertir que en sus antecedentes nacio­
nales en Perú, ni siquiera se volteó a ver el modelo mexicano del primer amparo.20 Lo anterior, debido
a que antes de adoptar de la Constitución peruana de 1860, existía un ala de diputados americanos que
desde las Cortes de Cádiz habían reconocido abiertamente la tradición de los recursos de inspiración
medieval de Inglaterra como modelo a seguir. Parece haber sido tan directa esa relación, que apenas
en 1897 se votó una Ley del habeas corpus, enfocada casi exclusivamente a la protección de la libertad
corporal. Como en el resto de países de la región que a inicios del siglo XX encontraron dificultades
para observar una eficacia de estos recursos judiciales, encontramos entre los peruanos una resisten­
cia a ampliar el espectro de protección de este recurso más allá de la libertad corporal.

19
Respecto de Paraguay, puede mencionarse que si bien se intentó instaurar un mecanismo de habeas corpus a
partir del Código de Procedimientos Penales de 1890, su eficacia nunca estuvo presente causa de la fragilidad del régi­
men de derecho, asolado por dictaduras itinerantes; ni siquiera cuando quedó reconocido expresamente en la Constitución
de 1940. Las condiciones del país impedían establecer mecanismos para darle vida. Fue sólo en los textos constituciona­
les de 1967 (regulado en un nivel secundario en un apartado del Código Civil) y en la actual Constitución de 1992 cuando el
amparo quedó consagrado en su extensión actual, sin que se tenga una relación directa con el modelo mexicano. En SEALL
SASIAIN, Jorge, "El amparo en Paraguay", en FERRER Mac-GREGOR, Eduardo y FIX-ZAMUDIO, Héctor, El amparo en el mundo,
op. cit., 2006, p. 581.
20
Es acaso más citada la eventualidad de encontrar antecedentes propios, como los interdictos que también existie­
ron en el México preindependiente, al igual que en otras de las unidades coloniales. En GUEVARA GIL, Jorge, Propiedad
agraria y derecho colonial. Los documentos de la hacienda Santotis, Cuzco (1543-1822), Lima, Pontificia Universidad Católica
del Perú, 1993, pp. 206-245, cit. por GARCÍA BELAUNDE, Domingo y ETO CRUZ, Gerardo, "El proceso de amparo en el Perú",
en FERRER Mac-GREGOR, Eduardo y FIX-ZAMUDIO, Héctor, El amparo en el mundo, op. cit., 2006 pp. 593-595.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 187

Lo cierto es que la terminología subsistió en ese país ligada a la tradición del habeas corpus
(quedando incluso inscrito para defender tanto derechos individuales como sociales, esto, en la Cons­
titución de 1933). No fue sino hasta después cuando se fue estableciendo un procedimiento semejan­
te al amparo en materias específicas, como para la llamada Ley de prisiones preventivas en 1916, o
bien el amparo agrario en la ley de 13 de marzo de 1974. Su constitucionalización sólo se logró en el
texto constitucional de 1979 (y posteriormente reglamentado en una ley de diciembre de 1982, vigente
hasta 2004, si bien teniendo en cuenta el lapso en que Fujimori disolvió el Congreso y el Tribunal de
Garantías Constitucionales en abril de 1992). En la actualidad, se le puede considerar instaurado
como recurso inserto en la terminología del amparo (así incluido en la Constitución vigente de 1993, con
características tan cercanas al esquema mexicano como la declaración de efectos inter-partes de las
sentencias, o los efectos de las inejecuciones de sentencias).21 Así, en su ámbito material de aplica­
ción, se fue ampliando su espectro hacia todos los derechos consagrados constitucionalmente, hasta
que en 2000 se amplió su espectro hacia el habeas data, acciones populares y conflictos de compe­
tencias entre órganos.

Por último, a lo largo de todas estas épocas pueden identificarse algunas diferencias terminoló­
gicas —como el caso de Brasil, donde, como se adelantó, el recurso se denomina ‘mandado de segu-
rança’ desde su primera incorporación a la Constitución de 1934; o en Colombia, cuya Constitución de
1991 lo denomina ‘acción tutela’, o en Chile, donde se adopta la denominación de ‘recurso de protec­
ción’ en 1980—. Es posible señalar que la gran mayoría de estos juicios adaptan las generalidades del
amparo para conformar en cada país un mecanismo específico de defensa constitucional que debe
ser analizado y resuelto de manera expedita para garantizar su plena efectividad (Cuadro 2).

Cuadro 2. Descripción normativa del amparo por país

País Concepto de amparo


Toda persona puede interponer acción expedita y rápida de amparo,
siempre que no exista otro medio judicial más idóneo, contra todo acto
u omisión de autoridades públicas o de particulares, que en forma
Argentina
actual o inminente lesione, restrinja, altere o amenace, con arbitra­
riedad o ilegalidad manifiesta, derechos y garantías reconocidos por
esta Constitución, un tratado o una ley. (Artículo 46 de la Constitución)

21
GARCÍA BELAUNDE, Domingo y ETO CRUZ, Gerardo, "El proceso de amparo en el Perú", en FERRER Mac-GREGOR,
Eduardo y FIX-ZAMUDIO, Héctor, El amparo en el mundo. op. cit., pp. 633-643.
188 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

Se establece el recurso de amparo contra los actos ilegales o las


omisiones indebidas de los funcionarios o particulares que restrinjan,
Bolivia supriman o amenacen restringir o suprimir los derechos y garantías
de la persona reconocidos por esta Constitución y las leyes. (Artículo
19 de la Constitución)
Se concederá mandamiento de seguridad para proteger un derecho
determinado y cierto, no amparado por habeas corpus o habeas data,
Brasil cuando el responsable por la ilegalidad o abuso de poder fuese una
autoridad o un agente de persona jurídica en el ejercicio de atribucio­
nes del Poder Público. (Artículo 5o. de la Constitución)
Toda persona tendrá acción de tutela para reclamar ante cualquier
Juez del país, sin ninguna formalidad, en todo momento y lugar, me­
diante un procedimiento preferente y sumario, por sí misma o por quien
Colombia actúe a su nombre, la protección inmediata de sus derechos constitu­
cionales fundamentales, cuando quiera que éstos resulten vulnerados
o amenazados por la acción o la omisión de cualquier autoridad pública.
(Artículo 86 de la Constitución)
Los Tribunales ampararán a todo habitante de la República en el goce
y ejercicio de los derechos y garantías que la Constitución establece,
Venezuela en conformidad con la ley. El procedimiento será breve y sumario, y el
Juez competente tendrá potestad para restablecer inmediatamente
la situación jurídica infringida. (Artículo 49 de la Constitución)
Toda persona tiene derecho al recurso de amparo para mantener o
restablecer el goce de los otros derechos consagrados en esta Cons­
Costa Rica titución, así como de los de carácter fundamental establecidos en los
instrumentos internacionales sobre derechos humanos, aplicables en
la República. (Artículo 48 de la Constitución)
La acción de amparo cautela los demás derechos reconocidos por la
Perú Constitución que sean vulnerados o amenazados por cualquier auto­
ridad, funcionario o persona. (Artículo 295 de la Constitución)
Cualquier persona física o jurídica, pública o privada, podrá deducir
la acción de amparo contra todo acto, omisión o hecho de las auto­
Uruguay ridades estatales o paraestatales, así como de particulares que en
forma actual o inminente, a su juicio, lesione, restrinja, altere o amena­
ce, con ilegitimidad manifiesta, cualquiera de sus derechos y libertades
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 189

reconocidos expresa o implícitamente por la Constitución (artículo 72),


con excepción de los casos en que proceda la interposición del recurso
de habeas corpus. (Artículo 1o. de la Ley núm. 16.011, de 19 de diciem­
bre de 1988)
El que por causa de actos u omisiones arbitrarios o ilegales sufra pri­
vación, perturbación o amenaza en el legítimo ejercicio de los derechos
y garantías establecidos en el artículo 19, números 1o., 2o., 3o. inciso
quinto, 4o., 5o., 6o., 9o. inciso final, 11,12, 13, 15, 16 en lo relativo a la
libertad de trabajo y al derecho a su libre elección y libre contrata­
ción, y a lo establecido en el inciso cuarto, 19, 21, 22, 23, 24 y 25, podrá
Chile
ocurrir por sí o por cualquiera a su nombre, a la Corte de Apelaciones
respectiva, la que adoptará de inmediato las providencias que juzgue
necesarias para restablecer el imperio del derecho y asegurar la debi­
da protección del afectado, sin perjuicio de los demás derechos que
pueda hacer valer ante la autoridad o los tribunales correspondientes.
(Artículo 20 de la Constitución)
Se instituye el amparo con el fin de proteger a las personas contra
las amenazas de violaciones a sus derechos o para restaurar el impe­
rio de los mismos cuando la violación hubiere ocurrido. No hay ámbito
Guatemala que no sea susceptible de amparo y procederá siempre que los actos,
resoluciones, disposiciones o leyes de autoridad lleven implícitos una
amenaza, restricción o violación a los derechos que la Constitución
y las leyes garantizan. (Artículo 265 de la Constitución)
Toda persona contra la cual se expida o se ejecute, por cualquier ser­
vidor público, una orden de hacer o de no hacer, que viole los dere­
chos y garantías que esta Constitución consagra, tendrá derecho a que
Panamá la orden sea revocada a petición suya o de cualquier persona. El re­
curso de amparo de garantías constitucionales a que este artículo se
refiere, se tramitará mediante procedimiento sumario y será de com­
petencia de los tribunales judiciales. (Artículo 54 de la Constitución)
El Estado reconoce la garantía de amparo. En consecuencia, toda per­
sona agraviada o cualquiera otra en nombre de ésta, tiene derecho a
Honduras
interponer recurso de amparo: 1. Para que se le mantenga o restituya
en el goce o disfrute de los derechos o garantías que la Constitución
190 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

establece; y 2. Para que se declare en casos concretos que un regla­


mento, hecho, acto o resolución de autoridad, no obliga al recurrente
Honduras ni es aplicable por contravenir, disminuir o tergiversar cualesquiera
de los derechos reconocidos por esta Constitución. (Artículo 183 de la
Constitución)
Cualquier persona, por sus propios derechos o como representante
legitimado de una colectividad, podrá proponer una acción de amparo
ante el órgano de la Función Judicial designado por la ley. Mediante
esta acción, que se tramitará en forma preferente y sumaria, se re­
querirá la adopción de medidas urgentes destinadas a cesar, evitar la
comisión o remediar inmediatamente las consecuencias de un acto
Ecuador u omisión ilegítimos de una autoridad pública, que viole o pueda vio­
lar cualquier derecho consagrado en la Constitución o en un tratado o
convenio internacional vigente, y que, de modo inminente, amenace con
causar un daño grave. También podrá interponerse la acción si el acto
o la omisión hubieren sido realizados por personas que presten servi­
cios públicos o actúen por delegación o concesión de una autoridad
pública. (Artículo 95 de la Constitución)

Como puede apreciarse en la descripción general del Cuadro 2, la mayor parte de las legisla­
ciones latinoamericanas relacionadas con el amparo coinciden en concebirlo como una posibilidad
jurídica de defensa y protección expedita de derechos fundamentales consagrados en la Constitución,
en leyes secundarias (como Uruguay y República Dominicana) y, en algunos casos más recientes, en
tratados internacionales, situación que sin duda resulta una de las aportaciones más relevantes del
esquema normativo del juicio de amparo en la construcción de sistemas democráticos en nuestro
continente.

Pese a ello, también es importante señalar que la incorporación paulatina del juicio de amparo
en los diversos sistemas jurídicos latinoamericanos no se derivó de una copia fiel y limitativa del me­
canismo de defensa de arquitectura mexicana. Por el contrario, su adopción normativa estuvo deli­
mitada por la elaboración de ajustes y limitaciones que se consideraron necesarios en los momentos
y en las circunstancias en las que se determinó su incorporación a cada uno de estos ámbitos jurí­
dicos internos.

Lo afirmado hasta aquí permite señalar que más allá de la influencia finalista del amparo mexi­
cano, lo que valdría la pena considerar relevante radica en la motivación que dicha institución procesal
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 191

aportó al desarrollo de un paradigma constitucional novedoso, enfocado en mayor medida al ase­gu­


ramiento de los derechos e intereses de las personas. Así, tal vez la mayor aportación con la que
el amparo mexicano pudo haber contribuido al escenario jurídico latinoamericano es la de haberse
colocado, para el individuo y no para el Estado, como un punto de partida para la confección de sis­
temas jurídicos y sociedades más democráticas y justas.

2. El amparo como refuerzo


del esquema subnacional

Quienes definen el amparo como un punto de partida en la conformación de sistemas normativos


garantistas, no evitan tomar en consideración algunos de los debates más importantes que surgie­
ron respecto a la implementación del amparo en escenarios distintos del mexicano, pues ello a su vez
redunda en la posibilidad de comprender que el esquema institucional en donde se implantaba tenía
que encontrar bases teórico-normativas para la evolución de mecanismos de tutela, así como para
la generación de debates, discusiones y análisis sobre los posibles impactos, tanto positivos como
negativos, que su aplicación podría acarrear.

A diferencia de los países que identificamos en la primera oleada de adopción del amparo,
como los centroamericanos, aquellos que tenían una mayor complejidad en su marco institucional
parecían encontrar en el amparo los mismos obstáculos que imponía la lectura soberanista enton­
ces generalizada por las instituciones del viejo mundo, que invocaban la inviolabilidad de los actos
parlamentarios.22 Esto, como sabemos, se ubica hasta bien avanzado el siglo XX.

En Argentina se fue erigiendo el amparo como una manifestación de la potestad jurisdiccional


de las provincias sobre la Federación, al otorgar la competencia del amparo a tribunales provinciales
antes que a los federales. Sin detenernos en las dificultades que este sistema ha infligido al mante­
nimiento del orden federal sobre los provinciales, entre los aspectos característicos del esquema
argentino se menciona la posibilidad de ver funcionando a los tribunales provinciales, protectores
del individuo, como laboratorios donde determinados derechos (como el reconocimiento de derechos
sociales a los trabajadores o el voto de la mujer) empezaron a ser reivindicados un par de décadas

22
En la más pura tradición de las instituciones parlamentarias de tradición decimonónica, recordemos que el gobier­
no representativo se entendía como el sistema en el que la nación delega sus poderes a un determinado número de
autoridades superiores que "ejercen los diversos atributos de la soberanía en nombre de la nación, y como representan­
tes, aunque en toda libertad, siguiendo su propia apreciación". El papel de las asambleas sería, así, el de decidir y el de
querer arbitrariamente, a excepción de aquellos aspectos en los que la Constitución se lo prohíbe. En ESMEIN, Adhémar,
Elements de droit constitutionnel, París, 1896 (reproducción de Presses de l’Université Panthéon-Assas, 2001), p. 228.
192 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

antes que en el ámbito federal, ante Jueces provinciales. En el tránsito hacia el constitucionalismo
social, consagrado en definitiva con la reforma constitucional de 1994, hubo constituciones provin­cia­
les que se adelantaron, reconociendo la validez constitucional de tratados internacionales en materia
de derechos humanos en el interior de sus ámbitos competenciales (por ejemplo, Neuquén desde
1957, Córdoba en 1987).23

Para hacer eficaces esas nuevas promesas normativas,24 el legislador provincial argentino se
dio a la tarea de establecer mecanismos procesales próximos al recurso de amparo, a efecto de per­
mitir que pudiera solicitarse ante Jueces de primer contacto, evitando formas de centralización que
sin embargo sí se produjeron en el esquema original de México. Ni siquiera se concibió en el texto
constitucional de dichas provincias (siendo Santa Fe la primera en consagrar una legislación ordi­
naria local en 1921, y las últimas en instaurarlo, Neuquén o Rio Negro en 1957). En el ámbito federal,
la presión no tuvo que durar demasiado.

El amparo argentino no buscaba combatir actos del legislador ni de particulares; así, fue si­
guiendo los marcos de las provincias, y por vía de la jurisprudencia de la Corte Suprema fue ampliado
el espectro del amparo federal.25 El efecto de las primeras decisiones fue tan grande, que en 1966 el
legislador adoptó una ley que restringía su ámbito (Ley 16,986). Más tarde, tuvo que ser la reforma
de 1994 la que resolvió la cuestión en definitiva, consagrando el derecho de amparo por primera
vez en el corpus de la Constitución nacional (art. 43 CN). Surgieron así un sinnúmero de vertientes del
amparo en diversas leyes secundarias federales,26 si bien, al día de hoy, parece que el amparo ha lo­
grado mantenerse como un recurso judicial efectivo, en términos del artículo 8 de la DUDH, pero
adaptado a una realidad normativa que pretende reconocerles un lugar primordial a las autoridades

23
Pero incluso después de 1994, derivado del nuevo artículo 33 CN, las constituciones provinciales argentinas se
dedicaron a consagrar infinidad de derechos no enumerados a en el plano federal, como la dignidad humana; o los dere­
chos inherentes al modelo democrático (véase en los textos de Córdoba, Jujuy y La Rioja); sin embargo, su consagración
constitucional no significó su eficacia inmediata; véase en ZOVATTO, Daniel, HERNÁNDEZ, Antonio y MORA, Manuel,
Encuesta de cultura constitucional; Argentina: una sociedad anómica, México, UNAM, 2005.
24
Esto, en el sentido que la doctrina francesa les atribuye a los Jueces de constitucionalidad como "guardianes de
promesas". En GARAPON, Antoine, Le gardien des promesses, París, Éditions Odile Jacob, 1996.
25
En dos fallos fundacionales de 1957 y 1958, la Corte Suprema de ese país determinó que tanto los actos del Estado
como los de particulares podían ser declarados contrarios a la Constitución por vía de amparo; véanse los casos
"Siri, Ángel", y "Kot SRL", cit. por SAGÜÉS, Néstor, "El derecho de amparo en Argentina", en FIX-ZAMUDIO, Héctor y
FERRER Mac-GREGOR, Eduardo (eds.), El amparo en el mundo, op. cit., 2006, pp. 44-46.
26
Entre los que se enuncian el amparo por mora de la administración (aplicable sobre todo a impuestos y aduanas);
amparos electorales; amparo sindical; amparo ambiental; el amparo fue la única salida para miles de argentinos afec­
tados en su patrimonio por la operación financiera llamada "corralito" de 2001, de donde se desprendieron más de 400 000
amparos para evitar la confiscación de 70 billones de dólares. En HERNÁNDEZ, Antonio, "El federalismo judicial y la pro­
tección de los derechos", ponencia presentada en el Seminario Internacional sobre Federalismo Judicial, México, SCJN, 2007.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 193

subnacionales sobre las federales.27 Ese efecto se ha logrado asignando a) definitividad a las senten­
cias de amparo provincial y b) negando la procedencia del recurso contra actos del Poder Judicial.28

En este contexto, en el que se sentía muy cercano el final de las dictaduras militares del Cono
Sur, uno de las principales temas que mereció la discusión de legisladores del subcontinente fue la
posibilidad que brinda el amparo de realizar un análisis de constitucionalidad de las leyes, aleján­
dose de la existencia y tramitación de simples recursos judiciales de corte casacionista, cuyo impacto
resultaba limitado como herramientas para evitar la arbitrariedad de los poderes.

Sobre este punto, merece la pena retomar lo señalado por Rodolfo Díaz, constituyente argentino
en el proceso de 1994, quien en la 29 reunión de la Convención Nacional Constituyente argentina pre­
cisó respecto del proceso de análisis sobre la posible inconstitucionalidad de leyes por la vía del amparo:

Quiero referirme a algunas innovaciones que el texto que proponemos agrega a nuestra ju­
risprudencia, sobre todo la de la Corte Suprema. Se hace expreso que los derechos y garantías
protegidos por la acción de amparo son los reconocidos por esta Constitución, un tratado o
una ley. De esta forma se hace explícita la decisión tomada por esta asamblea cuando san­
cionó el dictamen de la Comisión de Tratados Internacionales. También se agrega un tema
que hasta hace algún tiempo era vastamente debatido, cual es la respuesta a la pregunta,
¿puede la Justicia por la vía de la acción de amparo declarar la inconstitucionalidad de
una norma? Se argumentó de diversos modos. La excepcionalidad, la rapidez, las características
sumarísimas y breves, muchas veces habían hecho afirmar que no era adecuada esta clase
de acción sobre declaración de inconstitucionalidad, pero nuestra Corte fue cambiando esa
jurisprudencia desde hace mucho tiempo. La incorporación expresa de que el Juez podrá de­
clarar la inconstitucionalidad del caso de la norma en que se funde el acto u omisión lesiva
son un avance importante en el perfil de esta institución y es absolutamente consistente con
nuestra tradición jurídica y con la jurisprudencia del principal autor de esta norma, es decir la
Corte Suprema de Justicia de la Nación.29

27
El amparo argentino sigue siendo un recurso fundamentalmente estadual, en el que todo el proceso debe ini­
ciarse y culminar ante Jueces provinciales, y si bien se puede invocar protección federal, esto ocurre únicamente cuando
el bien jurídicamente tutelado revista un caso o cuestión federal.
28
La intervención de la justicia federal sólo procede, por vía análoga al Certiorari, mediante un recurso extraordinario
federal ante la Corte Suprema; en HERNÁNDEZ, Antonio, Federalismo y constitucionalismo provincial, Buenos Aires,
Abeledo Perrot, 2009, p. 314.
29
Véase Diario de Debates de la Convención Nacional Constituyente correspondiente a la 3a. Sesión Ordinaria de
la 29 Reunión del 11 de agosto de 1994. "Consideración del dictamen de la Comisión de Redacción en el despacho en
mayoría y en minoría originado en la Comisión de Nuevos Derechos y Garantías, sobre el inciso N del artículo 3o. de la ley
24.309, constitucionalización del recurso de amparo, habeas corpus y habeas data. (Orden del Día núm. 9), p. 4039.
194 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

Lo antes señalado es una muestra clara de la utilidad que el amparo representa para la protec­
ción de los derechos fundamentales, así como de la necesidad de su reconocimiento en una legis­
lación específica y, aún más, constitucional pues, como se advirtió para el caso argentino, los orígenes del
amparo se sitúan en el escenario jurisprudencial de las provincias a partir de casos relevantes resuel­
tos por la Corte Suprema nacional.

Sin embargo, y aun cuando el recurso de amparo asegura la posibilidad de realizar un ejercicio
de control de constitucionalidad en casos concretos, es importante precisar que hoy en día, en muchos
países, su alcance no se limita a la protección de derechos constitucionales, sino que también con­
sidera la posibilidad de garantizar derechos de fuente internacional. Lo anterior da paso a una clasifi­
cación respecto de los alcances de protección del recurso de amparo que se materializan en distintos
países a partir de los criterios registrados en el Cuadro 3.

Cuadro 3. Alcance del control de constitucionalidad por la vía del amparo

Alcance Países
Alcance amplio de control Argentina

Implica la posibilidad de que el am­ Toda persona puede interponer [ante el Juez de primer contacto
paro proceda en contra de actos inclusive] acción expedita de amparo, siempre que no exista
u omisiones que afecten o puedan otro medio judicial más idóneo, contra todo acto u omisión de
afectar derechos humanos con­ autoridades públicas o de particulares, que en forma actual o
sagrados tanto en el texto Consti­ inminente lesione, restrinja, altere o amenace, con arbitrariedad
tucional como en tratados y o ilegalidad manifiesta, derechos y garantías reconocidos por
convenios internacionales de los esta Constitución, un tratado o una ley.
cuales el Estado sea parte. (Bloque Venezuela (Art. 1o. de la Ley Orgánica de Amparo sobre Dere­
de constitucionalidad) chos y Garantías Constitucionales)

Toda persona natural habitante de la República, o persona jurí­


dica domiciliada en ésta, podrá solicitar ante los Tribunales
competentes el amparo previsto en el artículo 49 de la Consti­
tución, para el goce y el ejercicio de los derechos y garantías
constitucionales, aun de aquellos derechos fundamentales de
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 195

la persona humana que no figuren expresamente en la Consti­


tución, con el propósito de que se restablezca inmediatamente
la situación jurídica infringida o la situación que más se ase­
meje a ella.
Costa Rica (Art. 48 de la Constitución)

Toda persona tiene derecho al recurso de habeas corpus para


garantizar su libertad e integridad personales, y al recurso de
amparo para mantener o restablecer el goce de los otros derechos
consagrados en esta Constitución, así como de los de carácter
fundamental establecidos en los instrumentos internacionales
sobre derechos humanos, aplicables en la República.
Uruguay (Art. 1o. Ley núm. 16.011 de 19 de diciembre de 1988)

Cualquier persona, física o jurídica, pública o privada, podrá dedu­


cir la acción de amparo contra todo acto, omisión o hecho de las
autoridades estatales o paraestatales, así como de particulares
que en forma actual o inminente, a su juicio, lesione, restrinja,
altere o amenace, con ilegitimidad manifiesta, cualquiera de sus
derechos y libertades reconocidos expresa o implícitamente
por la Constitución (art. 72), con excepción de los casos en que
proceda la interposición del recurso de habeas corpus.
Ecuador (Art. 46 de la Ley núm. 000. RO/99 Ley de Control
Constitucional)

El recurso de amparo tiene por objeto la tutela judicial efectiva


de los derechos consagrados en la Constitución y los consig­
nados en las declaraciones, pactos, convenios y demás ins­
trumentos internacionales vigentes en el Ecuador, frente a
cualquier atentado proveniente de acto ilegítimo de autoridad
de la administración pública que haya causado, cause o pueda
causar un daño inminente, a más de grave e irreparable y se
interpondrá para requerir la adopción de medidas urgentes, des­
tinadas a cesar la lesión o evitar el peligro de los bienes prote­
gidos. También podrá ser objeto del amparo la no expedición de un
acto o la no ejecución de un hecho, si tales omisiones causaren
o puedan causar los efectos señalados en el inciso anterior.
196 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

Guatemala (Arts. 1o. y 3o. de la Ley de Amparo, Exhibición Perso­


nal y de Constitucionalidad)

La presente ley tiene por objeto desarrollar las garantías y de­


fensas del orden constitucional y de los derechos inherentes
a la persona protegidos por la Constitución Política de la Repú­
blica de Guatemala, las leyes y los convenios internacionales
ratificados por Guatemala. La Constitución prevalece sobre cual­
quier ley o tratado. No obstante, en materia de derechos huma­
nos, los tratados y convenciones aceptados y ratificados por
Guatemala prevalece sobre el derecho interno.
Honduras (Art. 41, Ley sobre Justicia Constitucional)

El Estado reconoce la garantía de amparo. En consecuencia


toda persona agraviada o cualquiera en nombre de ésta, tiene
derecho a interponer recurso de amparo para que se le man­
tenga o restituya en el goce de los derechos o garantías que la
Constitución, los tratados, convenciones y otros instrumentos
internacionales establecen.
Bolivia (Art. 2o. del Código Procesal Constitucional)

El Tribunal Constitucional podrá aplicar los derechos recono­


cidos en la Constitución Política del Estado, de acuerdo con
los Tratados y Convenios Internacionales de Derechos Humanos
ratificados por el país, cuando éstos prevean normas más
favorables. En caso de que esos tratados declaren derechos no
contemplados en la Constitución Política del Estado se consi­
derarán como parte del ordenamiento constitucional.
Alcance restringido de control Colombia (Arts. 86 de la Constitución y 2 del Decreto 2591 de
1991)
El amparo únicamente procede en
contra de actos u omisiones que La acción de tutela garantiza los derechos constitucionales
afecten o puedan afectar derechos fundamentales. Cuando una decisión de tutela se refiera a un
humanos reconocidos expresa­ derecho no señalado expresamente por la Constitución como
mente en la Constitución. fundamental, pero cuya naturaleza permita su tutela para casos
concretos, la Corte Constitucional le dará prelación en la revi­
sión a esta decisión.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 197

Perú (Art. 38 del Código Procesal Constitucional)

No procede el amparo en defensa de un derecho que carece


de sustento constitucional directo o que no está referido a los
aspectos constitucionalmente protegidos del mismo.
Chile (Art. 20 de la Constitución)

El que por causa de actos u omisiones arbitrarios o ilegales


sufra privación, perturbación o amenaza en el legítimo ejercicio
de los derechos y garantías establecidos en el artículo 19,
números 1o., 2o., 3o. inciso quinto, 4o., 5o., 6o., 9o. inciso final,
11, 12, 13, 15, 16 en lo relativo a la libertad de trabajo y al de­
recho a su libre elección y libre contratación, y a lo establecido
en el inciso cuarto, 19, 21, 22, 23, 24 y 25, podrá ocurrir por sí o
por cualquiera a su nombre, a la Corte de Apelaciones respec­
tiva, la que adoptará de inmediato las providencias que juzgue
necesarias para restablecer el imperio del derecho y asegurar
la debida protección del afectado, sin perjuicio de los demás
derechos que pueda hacer valer ante la autoridad o los tribu­
nales correspondientes.
Panamá (Arts. 54 de la Constitución y 2606 del Código Judicial)

Toda persona contra la cual se expida o se ejecute, por cual­


quier servidor público, una orden de hacer o de no hacer, que
viole los derechos y garantías que esta Constitución consagra,
tendrá derecho a que la orden sea revocada a petición suya o
de cualquier persona.

Ahora bien, otro de los elementos que implicaron el análisis y la discusión de la naturaleza del
juicio de amparo y de sus efectos fue el de la posibilidad de su tramitación en contra de senten­
cias judiciales.

3. La necesidad de imponer
límites al modelo original

Si bien una de las principales características del amparo mexicano fue su procedencia en contra de
decisiones judiciales, también lo es que dicha cualidad no fue bien recibida en todos los sistemas
198 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

jurídicos latinoamericanos. A diferencia de Argentina, donde pudimos advertir que las modalidades
impuestas lo fueron a partir del prurito al respeto de las jurisdicciones estaduales, en esquemas uni­
tarios prototípicos como los de Colombia y Bolivia, las autoridades judiciales y legislativas considera­
ron necesario no ampliar el espectro de protección del amparo a las decisiones judiciales ordinarias
dentro de su normativa, por razones que tienen que ver más con la independencia de los Jueces y
la coherencia necesaria de las decisiones de quienes intervienen en los juicios respectivos.

En el caso colombiano, la Corte Constitucional, mediante sentencia C-543 del primero de octu­
bre de 1992, consideró que la procedencia de la acción de tutela en contra de decisiones judiciales
podría vulnerar principios fundamentales como el de cosa juzgada y el de independen­cia judicial.
Aun cuando con posterioridad a dicha decisión se crearon otros mecanismos para la revisión de
sentencias de los tribunales nacionales, la procedencia de la acción de tutela permaneció limitada
única y exclusivamente contra actos y omisiones de autoridades y particulares que resul­tasen violato­
rios de derechos fundamentales.30 Algunos de los argumentos apuntados por la Corte Constitucional
para limitar el alcance de la tutela fueron los siguientes:

Si la Constitución dispone que ninguna persona podrá ser juzgada dos veces por el mismo
hecho —non bis in idem—, con esa garantía procesal resulta incompatible la posibilidad de
intentar acciones de tutela contra sentencias ejecutoriadas, toda vez que ello representaría la
reapertura del proceso culminado. Aunque se admitiera, en gracia de la discusión, que a pesar
de las razones enunciadas, fuera procedente la acción de tutela para que un Juez impartiera
órdenes a otro en relación con las providencias proferidas por su despacho, tal posibilidad de
todas maneras resultaría contraria al espíritu y al mandato del artículo 86 de la Constitución,
pues reñiría con su carácter inmediato, en cuanto la orden habría de retrotraerse necesa­
riamente al proceso culminado, con la inequívoca consecuencia de la invalidación, total o
parcial, de etapas anteriores a la adopción del fallo, prolongando indefinidamente la solución
del litigio. No procede la acción de tutela contra ninguna providencia judicial, con la única
salvedad del perjuicio irremediable, desde luego aplicada en este evento como mecanismo

30
Puesto que el presente capítulo se concentra en los años iniciales del amparo mexicano (y en esta parte en la in­
fluencia que éste representó en el continente), tuvimos que apartarnos de discusiones más actuales respecto de temas
relacionados con la protección individual mediante estos mecanismos; en ese registro se puede referir al amparo contra
actos de particulares o la titularidad de derechos fundamentales a favor de personas jurídicas colectivas; véase FIX-
ZAMUDIO, Héctor, "La creciente internacionalización de las constituciones iberoamericanas, especialmente en la regu­
lación y protección de los derechos humanos", ponencia presentada en el XI Congreso de Derecho Constitucional,
Curitiba, Brasil, noviembre de 2006.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 199

transitorio supeditado a la decisión definitiva que adopte el Juez competente. Se hace posible
la acción de tutela respecto de actuaciones judiciales distintas de las providencias.31

En el caso boliviano, el razonamiento esgrimido por el Tribunal Constitucional de aquel país tiene
que ver con limitar la procedencia del amparo contra sentencias judiciales únicamente cuando existan
actos que puedan afectar el goce y ejercicio de derechos humanos. Respecto de este punto, el Tribu­
nal Constitucional boliviano expresó que

[…] el amparo constitucional es una garantía jurisdiccional para otorgar tutela a una persona
cuando se verifique que sus derechos fundamentales han sido restringidos o suprimidos de
manera ilegal o indebida, por lo mismo no es un recurso ordinario que forma parte de los proce­
sos judiciales o administrativos previstos por la legislación ordinaria; por lo mismo, el amparo
constitucional no puede ser utilizado por las partes que intervienen en un proceso judicial como
una vía para exigir que la jurisdicción constitucional revise si la decisión adoptada por la auto­
ridad judicial tiene signos de incoherencia en su estructura de los fundamentos jurídicos, si
la interpretación de las normas aplicables al caso concreto es correcta o si la prueba fue debi­
damente valorada o no; pues cabe aclarar que la jurisdicción constitucional, sólo revisará
una decisión judicial cuando existan evidencias materiales de que se vulneraron los derechos
fundamentales o garantías constitucionales. […] De ello se concluye que, efectivamente, la
jurisprudencia constitucional ha establecido claramente que no puede analizar aquellos defec­
tos o errores procesales que no tienen relevancia constitucional, y que la jurisdicción ordinaria
tiene como atribuciones exclusivas la valoración de la prueba y la interpretación de la legalidad
ordinaria; sin embargo, tales atribuciones deben ser ejercidas dentro del marco del respeto
a los derechos fundamentales y que debe prevalecer aquella interpretación que mejor con­
cuerde con los principios establecidos por la Constitución vigente, cuyo texto y espíritu es más
amplio y garantista que el anterior marco constitucional, por tanto siendo compatibles con el
nuevo marco constitucional; la jurisprudencia y las auto-restricciones anotadas, con el marco
constitucional vigente.32

Sin embargo, es importante señalar que el desarrollo que han presentado los sistemas jurídicos
latinoamericanos, así como la influencia que han tenido los derechos humanos en la mayor parte
de ellos, han traído como consecuencia que el recurso de amparo pueda proceder en contra de sen­
tencias judiciales cuando de ellas se desprende alguna violación manifiesta a derechos humanos que
amerite la necesidad de realizar una interpretación directa de algún precepto constitucional o de un

31
Corte Constitucional de Colombia, Sentencia C-543 de 1o. de octubre de 1992, Magistrado Ponente José Gregorio
Hernández Galindo.
32
Tribunal Constitucional de Bolivia, Sentencia Constitucional 0343/2010-R, Sucre, 15 de junio de 2010, Magistrado
Relator Dr. Marco Antonio Baldivieso Jinés.
200 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

derecho consagrado en algún instrumentos internacional. Si bien el amparo puede generar un efecto
centralizador de la interpretación jurisdiccional, que en el caso del modelo original mexicano es una
de las explicaciones del imposible desarrollo de la justicia constitucional estadual, tal caracterís­
tica del amparo también podría representar una posibilidad de los actores que participan del control
constitucional incluso en materia jurisdiccional, pues parte del reconocimiento de que los Jueces
pueden incurrir en violaciones a derechos humanos en el marco de su actuación diaria.

Por último, respecto de este punto el desarrollo del amparo mexicano y su posibilidad de proce­
dencia casi universal respecto de sentencias judiciales representó en pocos casos un argumento de
reserva para los países que adoptaron su esquema;33 en la mayoría de los casos, las legislaciones na­
cionales terminaron permitiendo la procedencia del amparo en contra de decisiones judiciales.
De manera particular, son Venezuela, Costa Rica, Perú, Guatemala, Panamá, Honduras y México los
Estados que aseguran la procedencia del juicio de amparo en contra de sentencias judiciales, mien­
tras que Argentina, Bolivia, Colombia, Uruguay, Chile y Ecuador restringen tal prerrogativa.

Tal parece que la pregunta pertinente para formular a lo largo del continente tendría que ver con
llegar a la instauración de un recurso judicial efectivo, si es preciso, aligerando la carga del proce­
dimiento de amparo y sus correspondientes en cada país. Este piso mínimo en que se constituyó
poco a poco la tradición latinoamericana del amparo está por someterse a una prueba fundamental
de su propia existencia, que tiene que ver con la forma en que esta clase de recursos (ideados origi­
nalmente para funcionar como instrumentos del derecho doméstico) se enfrentan a las realidades
actuales de la internacionalización del derecho constitucional. Lo anterior refiere una vez más a la
capacidad de adaptación del modelo, y a su necesaria flexibilización como principal signo de per­
manencia en nuestro continente.

33
Sobre el origen y la importancia del amparo judicial o amparo casación, véase SOBERANES FERNÁNDEZ, José
Luis, "Notas sobre el origen del amparo-casación en México", Boletín Mexicano de Derecho Comparado, núm. 74, 1992,
pp. 529-547.
CAPÍTULO XI
EL AMPARO Y LA CREACIÓN DE UN
JUS CONSTITUTIONALE COMMUNE

U na exigencia que se desprende de la evolución más reciente de los recursos de protección indi­
vidual, a más de un siglo y medio del nacimiento del amparo mexicano, tiene que ver con la forma en
que estos procesos se deben o no inscribir en un contexto que sobrepasa el derecho interno. Las
relaciones internacionales dejaron de ser un objeto estático, que durante décadas se concebían en el
interior del binomio monismo/dualismo.34 En el nuevo contexto de validez de las normas, donde se
asume el triunfo de un pluralismo jurídico (en el que conviven normas internas e internacionales), nos
estamos empezando a acostumbrar a que el ámbito de la protección individual deja de tener un pre­
dominio jerárquico de las normas aplicables para dar prioridad a la interpretación de cada derecho,
como planteaba Ronald Dworkin, en su mejor luz.35

En este nuevo escenario, el efecto útil de los tratados se mide partiendo de la capacidad que
tendrán los tribunales nacionales de utilizar las herramientas a su alcance (sobre todo la interpre­
tación conforme) para lograr el anhelo central de las declaraciones de derechos desde la primera, en
1789, a saber, lograr que los derechos sean universalmente respetados. El acoplamiento entre los
órdenes internos e internacionales creados para proteger los derechos fundamentales sólo se puede
asegurar por la participación conjunta de instituciones políticas y jurisdiccionales, de manera que el

34
SILVA MEZA, Juan N., "El diálogo jurisprudencial en la internalización de los derehos humanos: el turno de la justi­
cia mexicana", en Un dialogo entre Jueces. Trabajos de la Cumbre de Presidentes de Cortes Supremas, Constitucionales y
Regionales (México, 2012), México, SCJN, 2014.
35
DWORKIN, Ronald, Law’s Empire, Boston, Harvard University Press, 1986.

201
202 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

derecho doméstico no colisione con el internacional.36 No olvidemos que ambos órdenes son y deben
leerse como complementarios, capaces de potenciar y mejorar la protección individual a partir de lec­
turas expansivas de los mismos derechos.

Este afán de lograr la universalización de los derechos, en búsqueda de la igualdad sustantiva entre
los individuos de diversos orígenes nacionales, presenta en la actualidad un compromiso a favor
de las cartas de derechos, permitiendo que el derecho internacional normalice su actuación, en forma
sostenida, hacia el ámbito interno.37 La vuelta al anhelo creador de una lingua franca, conformada por
los derechos fundamentales, parece animar parte del proyecto continental a favor de la ampliación
del catálogo de derechos. Aquello pudiera incluso entenderse como una opción deliberada en la que
cada vez se comprometen más países, al menos en nuestro continente.

1. El amparo en América Latina


como derecho humano

De la lectura de los trabajos preparatorios de la Convención Americana sobre Derechos Humanos,


realizados en la Conferencia Especializada sobre Derechos Humanos en San José, Costa Rica, es
posible identificar algunas ideas sobre la adopción del juicio de amparo como un derecho humano.

Así, del acta de la decimocuarta sesión de la Comisión I de 17 de noviembre de 1969 es posible


apreciar lo expresado por el presidente de dicha Sesión, Gonzalo García Bustillos, quien al abrir la dis­
cusión del artículo 23 del Proyecto —hoy artículo 25 de la Convención— precisó que dicho artículo se
refería a la consagración del clásico derecho de amparo, del cual México había sido uno de los prin­
cipales propugnadores. Asimismo, una de las principales aportaciones que contribuyeron a la inter­
nacionalización del amparo y al control constitucional en sede nacional de los derechos humanos
de fuente internacional fue la realizada por el gobierno de Chile, al apuntar que con base en el primer
proyecto de Convención Americana, el alcance del artículo 23 resultaba limitado si sólo se pretendía
que el recurso efectivo protegiera contra violaciones a leyes y constituciones nacionales, razón por
la cual su aplicación debía ampliarse también a los derechos consagrados en la Convención Ameri­
cana. A fin de cuentas, de las sesiones mencionadas se desprende que los comentarios fueron bien

36
BOGDANDY, Armin von, "Configurar la relación entre el derecho constitucional y el derecho internacional público",
en BOGDANDY, Armin von, FERRER Mac-GREGOR, Eduardo y MORALES, Mariela, La justicia constitucional y su interna-
cionalización, México, UNAM, 2010, pp. 560-561.
37
GINSBURG, Tom, "Locking in democracy: Constitutions, Commitment and International Law", New York University
Journal of International Law and Politics, núm. 38, 2006, p. 707.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 203

recibidos y el gobierno mexicano manifestó su agradecimiento con la comunidad latinoamericana


en cuanto al reconocimiento del amparo como elemento para la construcción de este instrumento
internacional.38

Sin duda, la incorporación del amparo mexicano en diversos instrumentos internacionales en


materia de derechos humanos constituyó una clara y notable influencia para que diversos Estados
decidieran incluir al amparo en la lista de los derechos fundamentales concebidos a favor de las per­
sonas. Para Venezuela, en palabras de uno de sus más reconocidos constitucionalistas, que hablaba
del amparo antes de que el populismo de Estado hiciera a un lado el modelo democrático,

la institución venezolana del amparo es única en las regulaciones latinoamericanas, pues se le


concibe como un derecho constitucional más que una sola acción o medio procesal específico
de protección, como en América Latina y en algunos países europeos. En virtud de que el am­
paro en Venezuela está concebido como un derecho y no reducido a ser sólo un recurso o
acción en términos algo parecidos, conceptualmente al menos, con el amparo mexicano, si
hay algo que hacer en la Nueva Constitución es no abandonar ese carácter universal del am­
paro que permite que la protección constitucional inmediata y efectiva, además de obtenerse
a través de la acción autónoma de amparo (recurso efectivo) se pueda lograr mediante múlti­
ples otros medios procesales o adjetivos. Por ello, en Venezuela, al contrario de la tradición de
la mayoría de países de América Latina, la acción de habeas corpus no se diferencia de la acción
de amparo, pues como lo dispone la Disposición Transitoria Quinta de la Constitución de 1961,
se trata del "amparo a la libertad personal".39

Con la internacionalización del amparo en diversos instrumentos jurídicos de derechos humanos,


así como con la conceptualización del derecho de amparo, comenzó a gestarse desde hace algu­
nos años en la zona una concepción en torno al acceso a la justicia constitucional e internacional
en el ámbito de los sistemas jurídicos internos. Esta nueva concepción ha sido ampliamente robuste­
cida con la jurisprudencia derivada de los tribunales nacionales y regionales (como puede advertirse,
cada vez está más presente el influjo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el interior

38
OEA, Actas y Documentos de la Conferencia Especializada Interamericana sobre Derechos Humanos, San José,
Costa Rica, 7 a 22 de noviembre de 1969, OEA/Ser.K/XVI/1.2.
39
BREWER-CARIAS, Allan R., Debate Constituyente (Aportes a la Asamblea Nacional Constituyente), Tomo II (9 de
septiembre a 17 de octubre de 1999), Caracas, Fundación de Derecho Público, Editorial Jurídica Venezolana, 1999, p. 86.
A quince años de distancia, Carlos Ayala Corao manifestaba en una reunión reciente del Instituto Iberoamericano de
Derecho Constitucional la necesidad de seguir fincando responsabilidades al Estado venezolano por la responsabilidad
que se derive de su actuación contraria a la convención americana, después incluso de su denuncia del tratado, El Cons-
titucionalismo Contemporáneo, seminario del Instituto Iberoamericano de Derecho Constitucional, en el Instituto de
Investigaciones Jurídicas de la UNAM, 5 de septiembre de 2014.
204 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

de los países que reconocen su jurisdicción). No se debe perder de vista que la ratificación de trata­
dos en materia de derechos humanos ha sido actualizada por una cantidad considerable de Estados
latinoamericanos.40

En suma, el reconocimiento del amparo como un derecho fundamental de naturaleza sustan­


tiva y procesal implica para la Corte Interamericana de Derechos Humanos que

[...] los Estados tienen la responsabilidad de consagrar normativamente y de asegurar la debida


aplicación de los recursos efectivos y las garantías del debido proceso legal ante las autori­
dades competentes, que amparen a todas las personas bajo su jurisdicción contra actos que
violen sus derechos fundamentales o que conlleven a la determinación de los derechos y obli­
gaciones de éstas.41

En este nuevo marco, en el que la actuación de tribunales supranacionales empieza a norma­


lizarse, no en el sentido de una cuarta instancia que corrija las actuaciones de las autoridades nacio­
nales, sino haciendo las veces de una instancia articuladora, armonizadora y homologadora de las
normas comunes, que no compite sino que complementa los ordenamientos domésticos. Con este
elemento normativo renovado para garantizar la universalidad de los derechos a lo largo y ancho de la
región en donde está vigente el sistema interamericano, debemos preguntarnos hacia dónde va la evo­
lución de esta clase de recursos judiciales utilizados desde hace siglo y medio para proteger derechos
fundamentales.

La respuesta debe tener en cuenta el contexto reciente, en el que los países han empezado a
tomarse en serio los requisitos planteados por las cartas regionales de derechos. Si hacemos un para­
lelismo entre los países que más avance nos llevan andado en la normalización de jurisdicciones
supranacionales (como es el caso del sistema europeo de protección de derechos fundamentales), no
nos debe sorprender que hace apenas 20 años, la construcción del modelo comunitario daba por
hecho que las instituciones de la Unión Europea no tenían por qué contar con mecanismos eficaces

40
Acceso a la Justicia en Iberoamérica. Lineamientos para una guía de buenas prácticas, Conferencia de Ministros de
Justicia de los Países Iberoamericanos y Ministerio de Justicia de Chile, Reunión de Expertos en Acceso a la Justicia,
Santiago de Chile, 28, 29 y 30 de noviembre de 2007, p. 10. Disponible en <http://www.cumbrejudicial.org/c/document_
library/get_file?p_l_id=76850&folderId=71898&name=DLFE-3127.pdf>.
41
Corte IDH, Caso Acevedo Jaramillo y otros vs. Perú, Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas, Sen­
tencia de 7 de febrero de 2006, Serie C, núm. 144, párr. 216; Corte IDH, Caso Herrera Ulloa vs. Costa Rica, Excepciones
Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas, Sentencia de 2 de julio de 2004, Serie C, núm. 107, párr. 145; Corte IDH, Caso
Mohamed vs. Argentina, Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas, Sentencia de 23 de noviembre de 2012,
Serie C, núm. 255, párr. 83.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 205

de legitimación de sus autoridades; la cláusula democrática tenía otras representaciones. Así, el


elemento que ligaba las normas del sistema con la teoría democrática era el Estado de derecho.42

Sin embargo, aquella situación dista de la manera como los latinoamericanos nos hemos empe­
zado a tomar en serio la cláusula democrática. Dentro de la construcción comunitaria, contrasta frente
al ámbito interamericano una actuación directa y decidida de los Estados europeos que participaron
del proceso de integración de sus normas e instituciones, con la intención de ceder parte de la sobe­
ranía nacional. Fue decisión política de los gobiernos homologar las cartas y convenciones con las
prácticas del derecho interno. Los tribunales emprendieron el llamado diálogo entre jurisdicciones por
decisión propia.

En nuestro continente, al parecer la transformación se fue dando predominantemente a partir


del impulso que la jurisprudencia interamericana fue imponiendo a las agendas políticas de los países.
En el escenario actual, nos encontramos con un momento coyuntural, en el que los recursos judi­
ciales del derecho doméstico (muchos articulados por el eje del amparo y sus epígonos) se presentan
como la herramienta que podría acercar con mayor efectividad los contenidos de las convenciones
y cartas protectoras de derechos fundamentales con la necesaria legitimación democrática de sus
contenidos.

2. El amparo como promoción de una


visión democrática de la justicia

Una de las principales influencias que el amparo mexicano produjo en los sistemas jurídicos de la
región fue generar una visión más abierta y democrática de la justicia respecto de las relaciones entre
gobernantes y gobernados.43 No debe olvidarse que uno de los principales objetivos que persigue el

42
La primera reforma dirigida a lograr este propósito legitimador, inscrita en las normas de la construcción comuni­
taria, instituyó la elección del Parlamento Europeo por el principio de sufragio universal y directo, el 20 de septiembre de
1976; igual que el entonces Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas utilizaba por primera vez en una senten­
cia el principio democrático en el caso Roquette Frères/Conseil, siendo concebido éste como elemento para comprobar
la forma en que los Estados de la Unión cumplen con las normas, Récueil 1980, p. 3333, núm. 138/79. El salto cuántico lo
dio el Tratado de Ámsterdam de 1997, así como el Protocolo núm. 1 del Convenio Europeo para la Protección de los Dere­
chos Humanos, que consagraron al principio democrático como elemento jurídico concreto, cit. por BOGDANDY, Armin von,
"Una idea controvertida se convierte en derecho: consideraciones acerca de la democracia europea como principio jurí­
dico", en BOGDANDY, MORALES y LANDA, Integración suramericana a través del derecho: un análisis multidisciplinario y
multifocal, Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales/Instituto Max-Planck, 2009, pp. 633-635.
43
Esto, concebido en dos planos reconocidos a la tarea del Juez constitucional, responsable de controlar los abusos de
los demás órganos del Estado, como poder (a manera de guardián del orden existente) y como contrapoder (como garante
de los derechos individuales). UPRIMNY, Rodrigo, "Las transformaciones de la administración de justicia en Colombia",
206 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

juicio de amparo es constituir una limitante al poder y actuar de las autoridades, así como las vías
procesales para la restitución de los daños y afectaciones generadas —objetivos que sin duda guar­
dan una estrecha relación con la teleología de los derechos fundamentales—. La anterior aseveración
adquiere una fuerza adicional si recordamos que al menos desde los años ochenta, en la región lati­
noamericana, la implantación de mecanismos de garantía de los derechos tiende a fomentar el empo­
deramiento de los ciudadanos44 para exigir de las autoridades el cumplimiento de las obligaciones
que tanto la Constitución como los tratados internacionales les confieren. Al menos podríamos pen­
sar que nuestra evolución se dirige hacia un camino más promisorio que el de las generaciones
pasadas en nuestro continente.

Una manera sencilla de comprender la apertura democrática originada por la incorporación de


mecanismos de acceso a la justicia y control constitucional, como el amparo, es a partir de la incor­
poración, dentro de las normas fundamentales de la Unión Europea, del artículo 9 del Tratado de
Lisboa, que tiene por objeto inscribir dentro de las reglas básicas de la comunidad europea la noción
de igualdad republicana. La democracia europea se concibe así en términos de igualdad de los ciuda­
danos de todos los países que conforman hoy la Unión Europea. Del mismo modo, la Unión reconoce
a los ciudadanos determinadas formas de organización como parte de los Estados miembros. Junto a
los ciudadanos en su dimensión individual, se entiende la existencia de los pueblos que integran los
Estados miembros constitucionalmente democráticos,45 tal como lo expresa el artículo 10, apar­tado
2, del mismo Tratado de la Unión Europea.

Años antes de que estos principios básicos del constitucionalismo continental europeo quedaran
plasmados en su normativa esencial, ese llamado a la igualdad ciudadana, manifiesta también en el
acceso a medios de defensa legal, se vería como una de las construcciones mejor logradas en el con­
texto latinoamericano.

En términos semejantes lo señalaba el entonces rey de España, Juan Carlos I, en el marco de las
sesiones de la Asamblea Constituyente de Perú, el 23 de noviembre de 1978:

en SANTOS, Boaventura de Sousa y GARCÍA VILLEGAS, Mauricio, El caleidoscopio de las justicias en Colombia, tomo I,
Bogotá, Uniandes, 2001, p. 295.
44
El poder de sancionar coloca a los tribunales de constitucionalidad en el elemento que garantiza la construcción
de un proceso político más transparente. Este elemento concede al Juez la calidad de actor legítimo para controlar la
actividad democrática; esto es, como actor encargado de mantener limpios los canales de la participación política. ELY,
Hart John, Democracy and Distrust: a Theory of Judicial Review, Boston, Harvard University Press, 1980.
45
Si bien se reconoce, en forma conclusiva, que sólo el individuo es objeto determinable y útil en términos de legiti­
mación del sistema democrático, siendo al mismo tiempo ciudadano del Estado y de la Unión. DELVALLE, S., "Between
citizens and peoples", Annual of German and European Law, vols. II-III, 2004/2005, p. 171.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 207

[…] consideradas las cosas desde otro ángulo, significa también el reiterado intento de moder­
nización de la organización del Estado. Modernización que exige tanto el sometimiento del
ejercicio del poder a la disciplina de la ley, como la racionalización de la estructura y función
de los poderes públicos por referencia a normas ciertas, así como la reducción de las desigual­
dades y discriminaciones de distinto origen a la común y efectiva condición de ciudadano.
Supuestos, todos ellos, sin los cuales es imposible la existencia de una verdadera sociedad civil
y de un Estado capaz de cumplir eficazmente sus funciones. […] Pero, además, a lo largo de su
historia, los pueblos iberoamericanos se han mostrado capaces de aportar nuevas instituciones
al campo constitucional. Pienso por ejemplo en el recurso de amparo, surgido originariamente
en México y que se ha extendido a otros órdenes constitucionales, siendo recogidos por las
Constituciones españolas de 1931 y 1978. Es cierto que el principio de la fiscalización judicial
de la constitucionalidad de las leyes surgió en los Estados Unidos; pero no lo es menos que fueron
las Constituciones iberoamericanas las primeras en incorporarlo, adelantándose así muchos
años a las europeas. Asimismo, inspirados también por los Estados Unidos, algunos países del
Hemisferio han adoptado el principio del Estado Federal; pero, al adoptarlo a sus peculiaridades
nacionales, han dado origen a unas estructuras sui generis de descentralización territorial.
[…] En resumen, sea creando en algún caso instituciones rigurosamente originales, sea trans­
formando en algo nuevo inspiraciones recibidas del exterior, los pueblos iberoamericanos no
sólo han mostrado una constante voluntad constitucional, sino que han hecho relevantes apor­
taciones a su concepción.46

Parece entonces consustancial a la normalización de las prácticas constitucionales de nuestros


países la institución de amparo, que, como vimos en el capítulo anterior, logró colocarse progresiva­
mente como referente iberoamericano capaz de generar mecanismos de protección que, al menos
formalmente, militó a favor de la generación de condiciones de igualdad. En la región, sirvió además
como forma de acercar a las autoridades con el ciudadano, asegurando así la exigencia y cum­plimiento
de los derechos fundamentales.

Desde que existe en el ámbito interno de los Estados un derecho que garantiza a cada indivi­
duo la posibilidad de exigir de las autoridades el cumplimiento de ciertas obligaciones, se gestó un
avance importante en la construcción de sociedades más democráticas. Este acceso directo también
permite dejar de lado aquellas visiones de justicia que la representaban como un sueño inalcanzable.

Asimismo, las posibilidades de control e interpretación constitucional que el amparo ofrece,


abren la puerta a que las personas, y especialmente los operadores jurídicos, contribuyan a la gene­

46
República Peruana, Diario de los Debates de la Asamblea Constituyente 1978, tomo III, República Peruana, Publicación
Oficial, Lima, Perú, p. 281.
208 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

ración de debates constitucionales en beneficio del desenvolvimiento de criterios judiciales más


protectores de los derechos fundamentales, lo que a la larga redunda en el fortalecimiento de canales
de participación y exigencia de derechos y acciones específicas por parte de las autoridades del
Estado.

Las posibilidades de apertura y consolidación democráticas que ofrece el juicio de amparo


han sido reconocidas, entre otras, por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que mediante
su jurisprudencia ha precisado que el amparo, en cuanto garantía para la protección de los derechos
fundamentales de fuente nacional e internacional, constituye uno de los pilares básicos, no sólo de la
Convención Americana, sino del propio Estado de derecho en una sociedad democrática en el sentido
de la Convención Americana sobre Derechos Humanos.47

En definitiva, al ser una posibilidad institucional para la exigencia de derechos fundamentales,


el amparo y su implantación en el ámbito interno de los Estados latinoamericanos ha implicado, desde
su aparición hace un siglo y medio, un elemento de transición y apertura que tiende a favorecer la
instauración de sociedades democráticas, basadas no sólo en la participación político-electoral, sino
también en la participación sustantiva para la defensa y protección de los derechos fundamentales, tal
como lo sostienen recientes teorías constitucionales.48

3. Algunas conclusiones

Advirtiendo entonces que esta institución sirvió de inspiración (y no de modelo rígido), la influencia
del juicio de amparo mexicano puede medirse por haber aportado, además de un primer esquema ins­
titucional para la protección de los derechos fundamentales en la región, tres elementos esenciales
para el desarrollo del derecho constitucional del continente: 1) permitió generar un esquema integral
de protección y control constitucional por medio de un mecanismo sencillo y eficaz; 2) logró colocarse
no sólo como un recurso judicial más dentro del Estado, sino como un auténtico derecho funda­

47
Corte IDH, Caso López Álvarez vs. Honduras, Fondo, Reparaciones y Costas, Sentencia de 1o. de febrero de
2006, Serie C, núm. 141, párr. 138; Corte IDH, Caso de la Comunidad Mayagna (Sumo) Awas Tingni vs. Nicaragua, Fondo,
Reparaciones y Costas, Sentencia de 31 de agosto de 2001, Serie C, núm. 79, párr. 112; Corte IDH, Caso Blake vs. Gua­
temala, Reparaciones y Costas, Sentencia de 22 de enero de 1999, Serie C, núm. 48, párr. 63; Corte IDH, Caso Maritza
Urrutia vs. Guatemala, Fondo, Reparaciones y Costas, Sentencia de 27 de noviembre de 2003, Serie C, núm. 103, párr. 117;
Corte IDH, Caso 19 Comerciantes vs. Colombia, Fondo, Reparaciones y Costas, Sentencia de 5 de julio de 2004, Serie C,
núm. 109, párr. 193.
48
FERRAJOLI, Luigi, Derechos y garantías. La ley del más débil, España, Trotta, 2010.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 209

mental, y 3) promovió una visión más democrática de la justicia a partir de la generación de canales
de comunicación y participación directa del individuo como pieza clave del control del poder. De esta
manera, el juicio de amparo se fue erigiendo y expandiendo como un mecanismo de defensa cons­
titucional y de derechos fundamentales de naturaleza compleja e integral a lo largo del continente.
Aquello fue así por dos motivos fundamentales.

El primero de los elementos que hacen del amparo un mecanismo complejo es el hecho de que
su tramitación y resolución comprende la participación de diversas autoridades, ya sea como deman­
dadas, coadyuvantes (en el caso del Ministerio Público) o decisorias. La intervención de las autoridades
decisorias a lo largo del trámite de las demandas de amparo se enmarca en una suerte de sistema
híbrido de control constitucional, situación que exige un proceso de coordinación bien estructurado
entre los diversos niveles y órdenes de gobierno para lograr satisfacer los ideales y propósitos que sus­
tentan al juicio de amparo.

El segundo de los elementos que hacen del amparo un mecanismo integral y complejo es su
capacidad para sintetizar en una sola dosis diversos procedimientos de defensa respecto de actos y
autoridades distintas.49 Y es que, en su configuración prototípica, el modelo de amparo mexicano
permitió que su aplicación y tramitación pudiera irse extendiendo y diversificando hacia la trami­
tación clásica de un recurso de habeas corpus; para la impugnación o el cuestionamiento de leyes
que se estimen inconstitucionales; para verificar o cuestionar la legalidad de las decisiones judicia­
les emitidas en tribunales de primer contacto; como posibilidad para defenderse de actos y normas
de carácter administrativo de prácticamente cualquier autoridad del país, o bien, como un mecanismo
para la protección de derechos agrarios y campesinos.

También pudo analizarse cómo este esquema protector fue generando la necesidad de efectuar
adaptaciones puntuales que tuvieron como propósito evitar el empleo del mecanismo como elemento
de centralización. Por sólo referir las más notorias, se analizó el caso argentino, donde el amparo se
concibió como un recurso judicial a cargo de los Jueces estatales y no de los federales. Asimismo,
se pudo hacer un recuento de la reserva que se dio en varios países de la región para evitar que el
amparo se pudiera presentar contra sentencias definitivas. De esta manera, la función de casación
pareció generar reservas al momento de adoptar el esquema mexicano a los países de la región.

49
FIX-ZAMUDIO, Héctor, Ensayos sobre el derecho de amparo, México, IIJ-UNAM, 1993, p. 20.
210 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

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OEA, Actas y Documentos de la Conferencia Especializada Interamericana sobre Derechos Huma­


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República Peruana, Diario de los Debates de la Asamblea Constituyente 1978, tomo III, República
Peruana, Publicación Oficial, Lima, Perú.

Acceso a la Justicia en Iberoamérica. Lineamientos para una guía de buenas prácticas, Conferencia de
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ponible en <http://www.cumbrejudicial.org/c/document_library/get_file?p_l_id=76850&folderId
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Trabajos del VII Seminario Internacional "El bicentenario colombiano", del 11 al 13 de mayo de 2011,
Medellín, Universidad de Medellín.
214 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

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especialmente en la regulación y protección de los derechos humanos", ponencia presentada
en el XI Congreso de Derecho Constitucional, Curitiba, Brasil, noviembre de 2006.

Jurisprudencia latinoamericana

Corte Constitucional de Colombia, Sentencia C-543 del 1o. de octubre de 1992, Magistrado Ponente
José Gregorio Hernández Galindo.

Tribunal Constitucional de Bolivia, Sentencia Constitucional 0343/2010-R, Sucre, 15 de junio de 2010,


Magistrado Relator Dr. Marco Antonio Baldivieso Jinés.

Jurisprudencia interamericana

Corte IDH, Caso Blake vs. Guatemala, Reparaciones y Costas, Sentencia de 22 de enero de 1999,
Serie C, núm. 48.

Corte IDH, Caso de la Comunidad Mayagna (Sumo) Awas Tingni vs. Nicaragua, Fondo, Reparaciones y
Costas, Sentencia de 31 de agosto de 2001, Serie C, núm. 79.

Corte IDH, Caso Maritza Urrutia vs. Guatemala, Fondo, Reparaciones y Costas, Sentencia de 27 de
noviembre de 2003, Serie C, núm. 103.

Corte IDH, Caso Herrera Ulloa vs. Costa Rica, Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y
Costas, Sentencia de 2 de julio de 2004, Serie C, núm. 107.

Corte IDH, Caso 19 Comerciantes vs. Colombia, Fondo, Reparaciones y Costas, Sentencia de 5 de julio
de 2004, Serie C, núm. 109.

Corte IDH, Caso López Álvarez vs. Honduras, Fondo, Reparaciones y Costas, Sentencia de 1o. de fe­
brero de 2006, Serie C, núm. 141.

Corte IDH, Caso Acevedo Jaramillo y otros vs. Perú, Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y
Costas, Sentencia de 7 de febrero de 2006, Serie C, núm. 144.

Corte IDH, Caso Mohamed vs. Argentina, Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas, Sen­
tencia de 23 noviembre de 2012, Serie C, núm. 255. 
SECCIÓN §5
LA PARTICIPACIÓN DE LA
DELEGACIÓN MEXICANA
EN LA PROYECCIÓN DEL
AMPARO MEXICANO
EN EL ÁMBITO INTERNACIONAL

Alberto Abad Suárez Ávila*


* Investigador del IIJ-UNAM. El autor agradece los comentarios —para esta versión— de Francisco Tortolero
Cer­vantes y el resto del equipo que presentamos el proyecto de reconocimiento del juicio de amparo en las Naciones
Unidas. También agradece la labor de apoyo en la investigación del maestro Jesús Huitrón Ramos.
L a existencia de un recurso para la protección de los derechos humanos en el ámbito internacional
data del año 1948, periodo en el cual el Estado mexicano logró consagrarse como uno de los princi­
pales promotores que en su época abogaron por depositar dicho mecanismo en sede judicial. Fue
así como la diplomacia mexicana resultó determinante en el reconocimiento de la institución jurídica
del amparo durante la IX Conferencia Internacional Americana, celebrada en Bogotá, Colombia, y en
la Tercera Reunión de la Asamblea General de las Naciones Unidas en París, Francia.

Como antecedentes a las reuniones celebradas en las ciudades de Bogotá y París, fue en la Con­
ferencia Interamericana sobre Problema de la Guerra y de la Paz de 1945, celebrada en la ciudad de
México (conocida como Conferencia de Chapultepec), donde el Estado mexicano pugnó por primera
vez, en un foro internacional, por un sistema de protección de los derechos esenciales del hombre.
No obstante, éste no fue el momento definitorio, ya que el Comité Jurídico Interamericano, órgano
encargado de resolver la cuestión, adujo que no le correspondía tal tarea, en virtud de que las cues­
tiones de derecho interno (en este caso, la protección de derechos humanos) no podían ser aborda­
das por órganos ejecutivos internacionales, por ser competencia de los Estados parte.

En 1945, durante la celebración de la Conferencia de San Francisco para la elaboración de la


Carta de las Naciones Unidas, se optó por dejar a un lado la formulación de un catálogo de derechos
fundamentales del hombre, por ser una actividad propia de la Organización de las Naciones Unidas.1

1
TENA RAMÍREZ, Felipe, "La expansión internacional del amparo mexicano", La Justicia, tomo XXIII, núm. 401, sep­
tiembre de 1963, p. 14.

217
218 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

Sería hasta 1948, año en el que se abordaría nuevamente el tema de la protección de dere­
chos humanos por un recurso judicial efectivo. Los resultados que arrojaron las reuniones de Bogotá
y París, se vieron concretados en especial a través de la emisión de distintos instrumentos inter­
nacionales, entre ellos la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre y la De­clara­
ción Universal de Derechos Humanos, de donde podían proyectarse los ideales del Estado Mexicano
en voz de los miembros de la Delegación representante.

Tanto en Bogotá como en París, la participación de los integrantes de la Delegación Mexicana


fue notable, en especial por el equipo de trabajo reunido por el entonces Secretario de Relaciones
Exteriores, Jaime Torres Bodet.2 Los diferentes delegados asumieron el estudio de diversas cuestio­
nes de acuerdo con su formación, con el propósito de participar en los grupos de trabajos estable­
cidos en las reuniones de Bogotá y París.

En ambas reuniones destacó Pablo Campos Ortiz.3 Se destacó desde Bogotá, donde sostuvo
que la Carta de la OEA contiene bases constitucionales y, por lo tanto, es susceptible de incorporar un
instrumento de protección efectivo para garantizar de los derechos humanos. Siguiendo el consejo

2
Jaime Torres Bodet (1902-1974) se destacó por su asidua participación en la literatura mexicana y en el sector
público. Considerado por el Instituto Nacional de Bellas Artes. por su incursión en la literatura. como poeta, narrador y
ensayista, cualidades adquiridas durante sus estudios en la carrera de Filosofía y Letras en la Universidad Nacional de
México. Entre sus logros académicos, obtuvo el grado de doctor honoris causa por la Universidad Nacional Autónoma
de México en 1951. Su carrera académica influyó en su trayectoria en el sector público, al ser secretario del rector de la
Universidad Nacional, José Vasconcelos, y posteriormente titular de la Secretaría de Educación Pública.
Inicia su trayectoria como diplomático de la Secretaría de Relaciones Exteriores al ser nombrado secretario de la
Legación en España (1931), París (1934), Buenos Aires (1934) y Bruselas (1938); posteriormente, a su regreso a México
en 1940, es nombrado subsecretario de la Secretaría de Relaciones Exteriores. En 1946, el presidente Miguel Alemán
Valdés lo nombró secretario de Estado, pero dejó dicho encargo en 1948 para desempeñarse como director general de la
UNESCO hasta 1952.
Como últimos encargos, fungió como embajador de México en Francia de 1954 a 1958; a su regreso, ocupó el puesto
de secretario de Educación (1958 a 1964) en el gobierno del presidente Adolfo López Mateos, periodo en el que se creó
la Comisión Nacional de los Libros de Textos Gratuitos, y de 1970 a 1971, de nueva cuenta fue titular de la embajada
mexicana en Francia.
Los proyectos más importantes que desarrolló en la SRE fueron la creación del nuevo sistema internacional de la
posguerra y la elaboración de un proyecto nacional que buscó adecuar el proyecto emanado de la Revolución a las nue­
vas condiciones mundiales y nacionales; asimismo, coordinó el acceso casi irrestricto al capital extranjero para avanzar
en el proceso de industrialización e intervino en la resolución de un convenio de trabajadores migratorios. La SRE sitúa
a Torres Bodet como uno de los defensores de la idea de la consagración de un sistema interamericano que permitiera el
desarrollo económico y social de sus miembros y alejara lo más posible las posiciones bélicas del hemisferio.
3
Pablo Campos Ortiz (1898-1963) nació el 17 de mayo de 1898 en San Juan del Río, Querétaro. En 1916 inició sus estu­
dios de derecho en la Escuela Nacional de Jurisprudencia de la Universidad Nacional. En septiembre de 1918 fue elegido
por la Federación de Estudiantes de México para continuar sus estudios jurídicos en Brasil, en una misión de intercambio
universitario. Se graduó en la Universidad de Río de Janeiro en 1921. Sustentó el examen de ingreso a la Carrera Diplomá­
tica, declarándosele aprobado el 17 de abril de 1923. Ascendió por todos los grados de la carrera hasta su último rango,
es decir, la obtención del nombramiento de director general de Asuntos Políticos y de Servicio Diplomático, y después
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 219

del destacado constitucionalista mexicano German Fernández del Castillo,4 Campos Ortiz impulsó
la adopción del amparo, quedando al final enunciado en el artículo 18 de la Declaración Americana
de los Derechos y Deberes del Hombre en 1948 (I). Ese mismo año, en París, participó activamente
en la redacción del artículo 9 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, actual artículo
8 (II). Sus esfuerzos por lograr la inclusión del amparo fueron determinantes en el texto de la
Declaración.

como oficial mayor, encargado del despacho, en la Secretaría de Relaciones Exteriores, en el gobierno del presidente
Manuel Ávila Camacho, de abril a julio de 1945.
Fue en Brasil donde se consolidó como funcionario del servicio exterior mexicano, ya que después de figurar como
agregado universitario en la embajada de México en Río de Janeiro en 1919, fungió como segundo secretario en la Em­
bajada Especial de México al Centenario del Brasil en 1922, y el 1o. de enero de 1944 asistió en calidad de jefe de Misión
y Ministro en misión especial para asistir a la transmisión del mando en Río de Janeiro.
Entre los diversos cargos que le fueron encomendados por la Secretaria de Relaciones Exteriores obran en su expe­
diente personal (Archivo Histórico "Genaro Estrada" de la SRE, Expedientes: I/131/10774; Legajo 8-4-1; Partes I, II, III, IV,
V y VI), los de delegado especial del gobierno de México para asistir a la toma de posesión del presidente de Honduras,
Excelentísimo Señor Doctor Paz Barona, el 1o. de febrero de 1925; la misión especial para la toma de posesión del pre­
sidente de Ecuador; Ministro plenipotenciario en 1940; en la IX Conferencia Internacional Americana, como delegado de
México, reunida en Bogotá en abril en 1948; en la Tercera Reunión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, como
delegado de México, en París, Francia, en 1948; su participación en la rendición incondicional de Alemania en la guerra
contra las Potencias Aliadas y Asociadas, en la firma de la Carta de las Naciones Unidas, en la ciudad de San Francisco,
California, y como embajador mexicano ante el Reino Unido de 1955 a 1960; entre otros cargos, por lo que fue condeco­
rado 23 veces por gobiernos exteriores en importantes servicios internacionales.
4
Germán Fernández del Castillo (1902-1958), abogado que se destacó por su trayectoria en la academia, en el servicio
público y en el campo del litigio. Egresó en 1924 de la Escuela Libre de Derecho (ELD), institución a la cual se incor­
poró en la plantilla docente al instante de su titulación; impartió las cátedras de Comercio, Economía Política y Derecho
Mercantil hasta el momento de su muerte; llegó a ser el sexto rector de la ELD y el primer ex alumno en llegar a ocupar
el cargo en dos periodos, de 1940 a 1942 y de 1944 a 1949; también fue profesor invitado en distintas universidades mexi­
canas y extrajeras y asumió la presidencia del ilustre y Colegio de Abogados y la vicepresidencia de la Academia Mexicana
de Jurisprudencia y Legislación.
En el campo del litigio, en 1925 fundó un despacho que actualmente sigue en funcionamiento, bajo el registro
"Fernández del Castillo y Asociados, S.C.".
En el sector público, llegó a ser director jurídico en la Secretaría de Educación Pública, donde se destacó en la ela­
boración de la Ley General de Profesiones; posteriormente se desempeñó como director de la Nacional Reguladora y
Distri­buidora, y como director jurídico en el Instituto Mexicano del Seguro Social; también fue consultor en la Secretaria
de Economía.
En su expediente personal (Archivo Histórico "Genaro Estrada" de la SRE, Expediente I/131/9022, referencia 27-9-158)
de la Secretaria de Relaciones Exteriores, se especifica que su primera incursión en actividades diplomáticas data de los
años cuarenta, cuando fue nombrado cónsul general de Primera del Servicio Exterior Mexicano, mediante decreto presi­
dencial de 1o. de marzo de 1948; el 17 de marzo de ese mismo año, el titular de la SRE, Jaime Torres Bodet, le informa de
su adscripción como miembro de la delegación de México a la IX Conferencia Internacional Americana, celebrada en
Bogotá, Colombia, donde tuvo estancia a partir del 30 de marzo y hasta el 28 de abril. De igual manera, fue designado
secretario del Consejo Superior de Comercio Exterior hasta 1949, enviado extraordinario y Ministro plenipotenciario
del Servicio Exterior Mexicano; fue adscrito a la embajada mexicana en Washington, D.C., en 1951; además, participó en
su calidad de "Copyright expert" en 1952 en la firma de la Convención Universal de Derechos de Autor y en la Convención
Interame­ricana de Derechos de Autor, temas tratados ante la UNESCO.
CAPÍTULO XII
LA IX CONFERENCIA INTERNACIONAL
AMERICANA, BOGOTÁ, 1948

L a delegación mexicana tenía como presidente al secretario de Relaciones Exteriores, y se dividió


para sus funciones en delegados, asesores, consejeros, secretario general, secretario de prensa y per­
sonal auxiliar. No obstante, la responsabilidad conjunta recayó en Jaime Torres Bodet, Pablo Campos
Ortiz y el asesor Germán Fernández del Castillo. Los esfuerzos por instaurar un recurso judicial efec­
tivo en instrumentos internacionales comenzó en los medios de comunicación, en especial en los
diarios, donde se reportaron periódicamente los esfuerzos que realizaba la delegación mexicana en
los foros de discusión internacionales.

En un marco más amplio de esta reunión internacional, el canciller Torres Bodet designó como
delegados mexicanos a Roberto Córdova, Luis Quintanilla, José María Ortiz Tirado, Pablo Campos
Ortiz, Antonio Carrillo Flores, Eduardo Villaseñor, José Gorostiza, Gabriel Ramos Millán, José López
Bermúdez, Ernesto Enríquez, Mario de la Cueva, Manuel Sánchez Cuen y Francisco A. Ursúa;5 y en
la Sección de Asesores a Manuel Cabrera Carrasquedo, Gilberto Loyo, Germán Fernández del Castillo
y Antonio Gómez Robledo.6

Al finalizar las actividades de los diplomáticos antes citados, la Secretaria de Relaciones Exte­
riores, compiló los estudios y análisis realizados por algunos de ellos. En seguida se hará un recuento
de los documentos que resultaron relevantes para los efectos de este trabajo.7

5
Secretaría de Relaciones Exteriores, "Conferencias Internacionales Americanas (Segundo Suplemento, 1945-1954):
Recopilación de tratados y otros documentos", 2a. reimp., México, SRE, 1990, p. 123.
6
Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia, "Novena Conferencia Internacional Americana (Bogotá, marzo 30
de 1948): Actas y Documentos. Volumen I", Bogotá, Colombia, MRE, 1953, p. 61.
7
Las publicaciones encargadas por la Secretaría de Relaciones Exteriores comprenden:
1) La Tesis de México entre Chapultepec y Bogotá, por José Gorostiza. 2) Bases constitucionales de la Organización
de los Estados Americanos, por Pablo Campos Ortiz. 3) Estructura del panamericanismo después de Bogotá, por Luis

221
222 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

1. Bases constitucionales de
la OEA, por Pablo Campos

Este primer estudio contiene un análisis de la Carta de la OEA y subraya los trabajos de la Novena
Conferencia. La delegación mexicana llegó a la conclusión de que la Carta de Bogotá se confor­
maba como una "verdadera Constitución", al contener preceptos estructurados como principios bási­
cos de la organización de la OEA.8 El documento sostenía que los principios básicos formaban parte
del derecho positivo continental, que dotaba a la carta de un carácter constitucional, al tiempo que
echaba "los cimientos del Organismo Regional Latinoamericano". La carta se basaba en los siguien­
tes principios:

a) la igualdad de los Estados;


b) El respeto a la personalidad de los Estados;
c) El derecho internacional, la buena fe y los tratados, como normas de conducta entre los
Estados;
d) La proscripción del uso de la fuerza;
e) La coordinación con la organización mundial general;
f) El arreglo pacífico de las controversias internacionales;
g) El reconocimiento de los derechos fundamentales de la persona humana;
h) La cooperación en lo económico, en lo cultural y en lo social;
i) La solidaridad ante la agresión.

En su estudio, Campos Ortiz concebía los trabajos preparatorios para la construcción de la


OEA como un cuerpo normativo, ya que cada uno de los principios mencionados recaía en algún
instrumento elaborado por las comisiones respectivas y, en suma, todo podría ser visto como una
constitución al tener una parte orgánica y otra dogmática.9

Quintanilla. 4) Un verdadero sistema de paz: el Pacto de Bogotá, por Ernesto Enríquez. 5) Los problemas políticos y jurí­
dicos en la Conferencia de Bogotá, por Roberto Córdova. 6) La Declaración Americana de Derechos y Deberes del
Hombre, por Germán Fernández del Castillo. 7) Los problemas sociales en la Conferencia de Bogotá, por Mario de la
Cueva. 8) El Convenio Económico suscrito en Bogotá, por Gilberto Loyo. 9) El problema de las inversiones extranjeras
en la Conferencia de Bogotá, por Antonio Carrillo Flores. 10) El financiamiento extranjero para el fomento de la economía
nacional, por Manuel Sánchez Cuén. 11) El Banco Interamericano en la Conferencia de Bogotá, por Eduardo Villaseñor.
Secretaria de Relaciones Exteriores. México en la IX Conferencia Internacional Americana, México, SRE, 1948.
8
Secretaría de Relaciones Exteriores, México en la IX Conferencia Internacional Americana, México, SRE, 1948, p. 40.
9
Refiriéndonos en particular a cada uno de estos contenidos sustantivos del sistema de la OEA, el principio del arre­
glo pacífico de las controversias había quedado incluido en el Pacto de Bogotá; el de cooperación económica, en el
Convenio Económico de Bogotá; el reconocimiento de los derechos humanos, en la Declaración Americana de los Dere­
chos y Deberes del Hombre; el capítulo de cooperación social, en la Carta Interamericana de Garantías Sociales, y, por últi­
mo, la solidaridad contra la agresión, en el Tratado Internacional de Asistencia Recíproca (TIAR).
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 223

Seguía su reporte indicando que las bases de la Carta de Bogotá se encontraban en la Reso­
lución IX de la Conferencia de Chapultepec, de 1947, celebrada en México, donde se solicitó al Con­
sejo de la Unión Panamericana10 elaborar un proyecto de declaración sobre Derechos y Deberes de
los Estados a efecto de fortalecer la unión entre los Estados americanos.

Por la documentación consultada, es posible afirmar que la delegación mexicana influyó en la


reforma en que se estructuró el proyecto. Esto, sin obviar que el reporte de Campos Ortiz denotaba
un tono crítico, al considerar que, al incluir los derechos y deberes de los Estados en una declaración
y no consolidarlos en un pacto, se dejaba de lado la idea de una carta orgánica.

Por parte de los embajadores mexicanos se formuló un nuevo proyecto, suscrito entonces por
Pablo Campos Ortiz, Francisco Urzúa y José Gorostiza, que fue aprobado por las demás delega­
ciones nacionales y tomado como pilar por el Consejo de la Unión Panamericana para formar un
articulado que reflejaba puntualmente los principios esenciales dentro de un capitulado especial
(capítulos I y II) en la Carta de Bogotá, bajo el rubro de Derechos y Deberes Fundamentales de los
Estados.

Es necesario decir que de la opinión del delegado Campos resalta la consolidación de una
Carta Orgánica. En lo que se refiere al reconocimiento de los derechos fundamentales, indicaban que
aquéllos debían integrarse en una declaración especial, ya que era importante que los Estados mani­
festaran con toda claridad que sin la resolución de los problemas económicos, sin la implementación
de mecanismos para garantizar la justicia social, sin elevar el nivel de vida del hombre americano, la
Carta y todos sus instrumentos correlativos carecerían de validez y eficacia, por estar alejados de la rea­
lidad y del escaso interés de los Estados parte.11

Fue en este momento de la elaboración del estudio cuando Pablo Campos y Germán Fernández
del Castillo abordaron el análisis de los derechos fundamentales. En un estudio publicado reciente­
mente por Natalia Saltalamacchia Ziccardi y Ana Covarrubias Velasco, se infiere la estrecha colabo­

10
La Unión Panamericana Internacional fue uno de los nombres anteriores que recibió la Organización de los Estados
Americanos. La OEA señala en su portal electrónico http://www.oas.org/, que la denominación de "Unión Panamericana"
proviene de la Primera Conferencia Internacional Americana que tuvo lugar en Washington, D.C., el 2 de octubre de
1889, en la cual los 18 Estados americanos participantes acordaron establecer una "Unión Internacional de Repúblicas
Americanas" con sede en esa capital norteamericana. Posteriormente esta organización pasó a ser la "Unión Panameri­
cana", y fue en 1948, en Bogotá, cuando al ampliarse las funciones de esta organización se le denominó "la Organización
de los Estados Americanos".
11
Secretaría de Relaciones Exteriores, "México en la IX Conferencia Internacional Americana", México, SRE, 1948,
pp. 57-58.
224 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

ración entre estos dos abogados.12 Estos documentos planteaban con toda claridad la inclusión de los
derechos humanos en una declaración, tal como lo señala Pablo Campos en su estudio de bases
constitucionales.

2. La Declaración Americana, por


German Fernández del Castillo

En una segunda etapa, como parte de la elaboración de la Declaración Americana de los Derechos
y Deberes del Hombre, la delegación mexicana propuso la inclusión de un "procedimiento sencillo y
breve que ampare". Concretamente, el numeral XVIII titulado "Derecho de Justicia", de la citada Decla­
ración Americana, dispuso en su versión definitiva:

Toda persona puede ocurrir a los tribunales para hacer valer sus derechos. Asimismo debe
disponer de un procedimiento sencillo y breve por el cual la justicia lo ampare contra actos de la
autoridad que violen, en perjuicio suyo, alguno de los derechos fundamentales consagrados
constitucionalmente.

En esta parte se materializó la idea de Campos Ortiz, ofreciéndose por parte de la delegación
mexicana un mecanismo de defensa como principio del reconocimiento de los derechos fundamentales.

El delegado Luis Quintanilla sostuvo que la participación de México fue importante, ya que al
aprobarse en Bogotá, en el año de 1948, la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del
Hombre, así como la Carta de Garantías Sociales, la diplomacia mexicana dejo oír claramente su
voz. Señaló también que México actuó con más firmeza y brillantez en la redacción del primero de
esos documentos, a diferencia de las demás delegaciones asistentes a la IX Conferencia. Al actuar
en esta forma, este delegado logró "llevar al plano de lo internacional los postulados de su política
revolucionaria".13

La inclusión del ideal de justicia encarnado en el juicio de amparo ya se dejaba vislumbrar


por el Estado mexicano, al momento en que la Cancillería hacía del conocimiento a sus embajadores

12
Véase el documento de trabajo "Lineamientos contenidos en el memorando del 19 de marzo de 1948", formulado
por Pablo Campos Ortiz; véase también la "Carta de Germán Fernández dirigida hacía el Secretario de la SRE Jaime Torres
Bodet". SALTALAMACCHIA ZICCARDI, Natalia y COVARRUBIAS VELASCO, Ana, "La dimensión internacional de la refor­
ma de derechos humanos: antecedentes históricos", en CARBONELL, Miguel y SALAZAR, Pedro, (coords.), "La Reforma
Constitucional de Derechos Humanos: un nuevo paradigma", México, IIJ-UNAM, 2011, pp. 8 y 9.
13
QUINTANILLA, Luis, "La política de la Revolución Mexicana", México, SRE, sobretiro de Foro Internacional, vol. V,
núm. 1, julio-septiembre de 1964, p. 22.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 225

radicados en los distintos países latinoamericanos sus propósitos de sostener esa tesis ante la IX
Conferencia Internacional Americana. Una muestra de esta intención se desprende del comunicado
que el subsecretario de Relaciones Exteriores, Manuel Tello, dirigió el 20 de marzo de 1948 al emba­
jador de México en Argentina. En el documento se refiere el envío de dos ejemplares de las respuestas
que dio el titular de la SRE, Jaime Torres Bodet, a diversas preguntas formuladas por la prensa, que
en resumen dejaban entrever "los principales puntos de vista que habrían de ser sostenidos por la
Delegación Mexicana en la Conferencia de Bogotá", siendo el punto 3 el que contenía lo relativo al jui­
cio de amparo y que a la letra establecía: "los derechos del hombre han de ser motivo de una declara­
ción especial. Su protección compete a cada Estado. La generalización de un recurso como el juicio
de amparo es de recomendarse".14

Este tema fue incluido por Torres Bodet en las tesis que la delegación de México sustentó en
Bogotá15 y como uno de los resultados concretados en el artículo XVIII de la Resolución XXX de la IX
Conferencia.16

El canciller Torres Bodet anticipó en sus discursos ante las diversas delegaciones que confor­
maban la IX Conferencia, y en conferencias de prensa, la idea de que el Estado mexicano propugnaría
la inclusión de estos contenidos en el artículo XVIII. A la formulación de la pregunta "¿Qué actitud
tendrá la delegación mexicana respecto a la protección internacional de los derechos del hombre?",
el entonces secretario respondió:

En diversas ocasiones, México ha pugnado por que se establezca una Carta de los Derechos
del Hombre, reconocida por todos los Estados, los que se obligarían a protegerlos dentro de
su legislación. Establecer una protección internacional de los derechos del hombre entraña
serios inconvenientes, ya que se correría el peligro de crear una organización superestatal con
posibilidad de intervenir en los asuntos internos de las naciones. En cambio, la declaración de
esos derechos y el compromiso de protegerlos nacionalmente sería una garantía compatible
con la condición soberana que sustentamos. En México tenemos el juicio de amparo, que cons­
tituye un baluarte de los derechos individuales. Si un sistema similar se estableciera en los

14
Información recabada en el Archivo Histórico "Genaro Estrada", dependiente de la Secretaría de Relaciones Exte­
riores. Expediente III 1038.1; Cuarta Parte; Asunto: IX Conferencia Internacional Americana celebrada en Bogotá,
Colombia.
15
TORRES BODET, Jaime, "Tesis que la Delegación de México sustentó en Bogotá", en "Discurso del C. Secretario de
Relaciones en la Segunda Sesión Plenaria de la IX Conferencia Internacional Americana. México, SRE, 1948, p. 20.
16
Op. cit., "Resultados de la Conferencia", México, SRE, 1948, p. 21.
226 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

demás países, se habría dado un paso de trascendental importancia en defensa de la per­


sona humana. 17

A su regreso a México, después de hablar con el titular del Ejecutivo, Torres Bodet expuso ante los
periódicos nacionales y extranjeros cuál era su criterio acerca de los diversos temas tratados, citando
en primer término que "La Carta de los Estados Americanos reconoce como una de sus bases los
derechos de la persona humana. En armonía con este conocimiento, la Conferencia formuló una de­
claración de los derechos y deberes del hombre y atendió así, aun antes que la ONU, a una de las más
significativas preocupaciones de la posguerra".18

Posteriormente a la terminación del proyecto de la Declaración Americana de los Derechos


y Deberes del Hombre, formulado por el Comité Jurídico Interamericano, el 2 de abril de 1948 la dele­
gación mexicana hizo del conocimiento a los integrantes de la IX Conferencia que "la Comisión de
los Derechos y Deberes del Hombre de las Naciones Unidas había concluido el proyecto de Declaración
de Naciones Unidas sobre los Derechos y Deberes Internacionales del Hombre", por lo que pidió que se
tuviera a la vista en los textos oficiales durante el estudio y la discusión del Proyecto del Comité Jurí­
dico Interamericano, ya que el mismo no estaba enterado de la existencia del proyecto de la ONU.19

En el Acta de la Duodécima sesión, fechada el 21 de abril de 1948, en lo relativo a la "Comisión


de Iniciativas, Subcomité de Derechos del Hombre" [órgano encargado de preparar en un breve plazo
un texto de declaración], Guy Pérez Cisneros [delegado de Cuba], en su calidad de integrante del
Subcomité y relator, rindió Informe en el cual refería a los aspectos más trascendentales ocurridos
en las sesiones del Subcomité. Entre los concernientes a México destacamos los siguientes:

En la Documentación que utilizó el Subcomité como apoyo para la elaboración de la Decla­


ración de los Derechos y Deberes del Hombre, se incluyó "el proyecto de Declaración Interna­
cional sobre Derechos Humanos", formulado por la Comisión de Derechos del Hombre, de las
Naciones Unidas, en el curso de su segunda sesión celebrada en Ginebra del 2 al 17 de diciem­
bre de 1947.

17
Declaraciones ante la prensa nacional, formuladas por el señor secretario Torres Bodet el 19 de marzo de 1948, en
Secretaría de Relaciones Exteriores, "México en la IX Conferencia Internacional Americana", México, SRE, 1948, p. 312.
18
El Universal, "Ayer rindió su Informe al Presidente de la República", 8 de mayo de 1948, en Torres Bodet, Jaime,
"Discurso del C. Secretario de Relaciones en la Segunda Sesión Plenaria de la IX Conferencia Internacional Americana",
México, SRE, 1948, p. 22.
19
Secretaría de Relaciones Exteriores, "México en la IX Conferencia Internacional Americana", México, SRE, 1948, p. 375.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 227

El Delegado de Cuba resaltó dentro de las labores del Subcomité la participación como miem­
bro de este órgano del Doctor Germán Fernández del Castillo, por aportar "una contribución
del más alto valor, caracterizada por su espíritu progresista y su vastísima erudición.20

La participación de Germán Fernández del Castillo (rector en aquel entonces de la Escuela Libre
de Derecho) en la IX Conferencia fue relevante: era un jurista experimentado en la defensa de los dere­
chos del hombre. En su obra Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre reitera la
elaboración del proyecto de la Comisión de Derechos Humanos del Consejo Económico y Social de
la ONU, formulado casi a la par que el proyecto del Comité Jurídico Interamericano de Bogotá.

En ese documento, Fernandez del Castillo ponía de manifiesto que ambos proyectos compar­
tían un mismo origen: la Opinión de la Secretaría de Relaciones de México sobre el Proyecto de Dum­
barton Oaks, de fecha 5 de septiembre de 1944, en la que se recomendaba:

Conseguir por una parte que los derechos humanos sean precisados en una Declaración con­
vencionalmente aceptada por todos los Estados; y por la otra que se organice un sistema inter­
nacional destinado a lograr que dicho documento obtenga aplicación práctica.21

De esto se desprende que la delegación mexicana propuso que esa declaración figurara como
anexo al Pacto de las Naciones Unidas y que todas ellas se comprometieran a observarla.

En estos términos, la delegación mexicana sostenía que la adhesión de México a la Declaración


de las Naciones Unidas no se oponía a una Declaración Americana de los Derechos y Deberes del
Hombre, ya que la declaración de la ONU era muy general debido a la heterogeneidad de países
que la conformaban, por sus costumbres y la organización social y jurídica de sus pueblo. Por su
parte, los países de América observaban una mayor similitud e instituciones jurídicas políticas homo­
géneas que se erigían en una base común, susceptible de establecer principios firmes y específicos.22

Fernández del Castillo señalaba que lo que buscaba México era proponer una protección, y el
principal motivo para su promoción era eliminar "el uso indebido de la protección diplomática de
los ciudadanos en el exterior, cuyo ejercicio ha determinado más de una vez la violación del principio

20
Conferencia Internacional Americana, Diario de la Conferencia de la IX Conferencia Internacional Americana, Colom­
bia, Bogotá, 1948. pp. 513 y 514.
21
Secretaría de Relaciones Exteriores, "México en la IX Conferencia Internacional Americana", México, SRE, 1948,
p. 137.
22
Ibid., p. 139.
228 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

de no intervención, y también de igualdad entre nacionales y extranjeros, en cuanto a los derechos


esenciales del hombre".23

En un memorándum redactado por Pablo Campos Ortiz, en el que resumía los puntos relevantes
que se habían generado en las discusiones del "Grupo de trabajo de los Derechos del Hombre", y en
el que participaban, junto a Germán Fernández del Castillo, Francisco A. Ursúa y Manuel Pedroso,24
se pueden encontrar los puntos más relevantes de esta posición conjunta:

a) Si la conferencia se pronunciara a favor de una declaración de derechos humanos, se pro­


curará que ésta se acerque lo más posible a fórmulas aceptables para todos los Estados
y no únicamente para los Estados Americanos. A este criterio parece responder, con bas­
tante aproximación, el proyecto de declaración de las Naciones Unidas.

b) Los derechos humanos no deben ser objeto de una convención sino de una simple
declaración.

c) Es inadmisible la llamada protección internacional de los derechos humanos, por lo que


no puede aceptarse nada que tienda a constituir una maquinaria internacional para pro­
teger tales derechos.

d) Si la conferencia resolviera tomar como base de trabajo el proyecto del Comité Jurídico
Interamericano, éste deberá ser modificado, tomando en consideración: i) las disposiciones
pertinentes de la legislación mexicana, con la que no deberá estar en pugna; ii) las obje­
ciones de fondo que pueden hacerse a dicho proyecto; iii) El sentido general de las esti­
pulaciones que figuran en el proyecto de las Naciones Unidas.

e) Debe apoyarse cualquier tendencia en sentido de fortalecer la protección nacional de


los derechos humanos, mediante soluciones de derecho interno, tales como la institución
mexicana del juicio de amparo.

f) No debe tomarse ninguna posición en contra del proyecto del Comité Jurídico a favor
del proyecto de las Naciones Unidas, sino obtener de esos documentos el mejor provecho
posible.25

23
Ibid., p. 140.
24
Ibid., p. 143.
25
Ibid., p. 137.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 229

Respecto al punto del juicio de amparo, el Grupo de Trabajo de los Derechos del Hombre tuvo
a la vista el "Memorándum relativo a la Protección Jurídica de la Declaración de los Derechos y De­
beres Internacionales del Hombre" con un proyecto de recomendación, formulados ambos por don
Felipe Tena Ramírez. El documento expone los caracteres esenciales del amparo, que el Grupo de
Trabajo fijó en los siguientes términos, para darlos a conocer a la Conferencia, llegado el caso:26

a) El demandante será siempre una persona física o moral, en cuyo perjuicio el poder público
hubiere infringido alguno o algunos de los derechos o libertados esenciales del hombre;

b) El demandado será siempre la autoridad, cualquiera que sea su categoría, a la cual se


impute alguna violación de tales derechos o libertades esenciales;

c) El juicio será denunciado a los terceros a quienes pueda afectar la sentencia que se dicte,
para ser oídos, y para que puedan hacer valer su derecho;

d) El procedimiento será sencillo y breve; se recibirán las pruebas que ofrezcan las partes
y se pronunciará sentencia, la cual se limitará a amparar y proteger al quejoso en el caso
especial sobre el que verse la queja, sin hacer una declaración general respecto de la
ley o del acto que la motivare.

e) La sentencia impedirá la ejecución del acto reclamado, o en un caso de que éste haya sido
ejecutado, restituirá las cosas al estado que guardaban antes de la ejecución;

f) Para el caso de que la consumación del acto pudiera dejar sin materia al juicio, se acor­
dará la suspensión de dicho acto y se mantendrán las cosas en el estado que guardaren
al presentarse la demanda, entre tanto se dicta la sentencia. La suspensión no se conce­
derá si con ella se perjudicare el orden público. Si la suspensión del acto reclamado
afectare derechos de tercero, el quejoso otorgará garantías suficientes para asegurar esos
derechos;

g) El caso quedará bajo la competencia de la autoridad judicial a partir del momento en que
se admita la demanda. Cuando se trate especialmente de privación de la libertad perso­
nal, la autoridad responsable pondrá al detenido a disposición de la autoridad judicial.

26
Ibid., p. 165.
230 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

Derivado de la negación de la protección internacional a la Declaración de Derechos esenciales


del hombre, era necesario dotar a la Declaración Americana de los medios adecuados para su pro­
tección nacional. Aunado a esto, las preguntas formuladas al respecto por diversas delegaciones
dieron oportunidad a la delegación mexicana de proponer la idea del juicio de amparo. La inclusión de
la palabra "ampare" quedó materializada en el artículo XVIII, "Derecho de Justicia" de la Declaración
Americana de los Derechos y Deberes del Hombre; sin embargo, Germán Fernández del Castillo
señala que "no hubo necesidad de someter a la Conferencia la recomendación de adoptar la estruc­
tura general de ese juicio, ni tampoco hubo tiempo para ello, por los acontecimientos ocurridos
durante la Conferencia".27

Fernández del Castillo señalaba además que la formulación y la importancia del esquema norma­
tivo del amparo condujeron a modificar algunas propuestas de otras delegaciones, como fue el caso
del delegado cubano, Guy Pérez Cisneros, quien en su oportunidad propuso "la declaración del dere­
cho de la persona humana a la resistencia contra la violación de sus derechos esenciales". Su propuesta
no fue aceptada por contrariar el orden jurídico, dentro del cual se encontraban ya admitidos, como
parte de la misma Declaración, el derecho de justicia y el procedimiento de amparo. Lo anterior explica
que la propuesta definitiva haya puesto en el centro de sus prioridades los casos en que subsistiera una
ausencia de mecanismos de justicia o la práctica nociva de impartición retardada maliciosamente.28

El 28 de agosto de 1948, el secretario de Relaciones Exteriores, Jaime Torres Bodet, comunicó


a Pablo Campos Ortiz, en aquel tiempo embajador extraordinario y plenipotenciario de México, su
nombramiento como delegado ante la "Tercera Reunión de la Asamblea General de la Organización
de las Naciones Unidas, en virtud de que estaban por inaugurarse en el mes de septiembre de ese
año los trabajos concernientes a la Declaración Universal de Derechos Humanos en París, Francia".29
El 12 de septiembre de 1948, Campos Ortiz partió hacia Francia en su calidad de representante de México.

Junto a Pablo Campos concurrieron, también como representantes del Estado mexicano, Luis
Padilla Nervo (jefe de la delegación), Francisco del Río y Cañedo, Pedro de Alba y Raúl Noriega; como
representantes alternos, fueron designados Gilberto Loyo y Anselmo Mena; como consejero, Fran­
cisco Vázquez Treserra, y como secretario general adjunto, Francisco Cuevas Cancino.30

27
En el año en que se celebraba la IX Conferencia Internacional Americana en Bogotá, se suscitaron diversas mani­
festaciones encabezadas por ciudadanos de esa capital por motivos de índole política, lo cual causaba que las sesiones
y debates de la IX Conferencia fueran reducidos en tiempo y trasladados a sedes alternas.
28
Secretaría de Relaciones Exteriores, "México en la IX Conferencia Internacional Americana". México, SRE, 1948, p. 159.
29
Expediente I/131/10774; legajo 8-4-1; parte V; Asunto: Pablo Campos Ortiz. Su expediente personal…, p. 1390.
30
"Actividades de México en la Organización de las Naciones Unidas", localizado en Secretaría de Relaciones Exterio­
res, "Memoria de la SRE: Septiembre de 1948- Agosto de 1949, presentada al H. Congreso de la Unión por el C. Manuel
Tello, subsecretario encargado del despacho", México, SRE, 1949, p. 23.
CAPÍTULO XIII
TERCERA REUNIÓN DE LA ASAMBLEA GENERAL
DE LAS NACIONES UNIDAS, PARÍS, 1948

E l embajador Pablo Campos Ortiz participó en el Proceso de Adopción del Texto de la Declara­
ción Universal de los Derechos humanos, al haber sido designado miembro de la Comisión de
Derechos Humanos, creada por el Consejo Económico y Social, a petición del Primer Comité Prepa­
ratorio, presidido por Elleanor Roosvelt e integrado por René Cassin, entre otros.

Con la intención de impulsar la terminología del amparo como parte de la Declaración, la par­
ticipación de Campos Ortiz fue determinante, ya que fue él quien precisó la importancia histórica
que tenía la adopción en el cuerpo de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, dentro
de los actos celebrados por las Naciones Unidas, agregando que tal adopción marcaba una "etapa
hacia el establecimiento de una paz duradera". En los términos expresados por el diplomático mexi­
cano, tal documento tendría una significación y una importancia iguales a la Declaración de los
Derechos del Hombre y del Ciudadano, proclamada en Francia en 1789. Sus consideraciones no
han dejado de concebirse, dentro del servicio exterior mexicano, como razones por las que había de
considerar a México uno de los países promotores de los Derechos del Hombre.31

Respecto del amparo, Campos Ortiz obtuvo el visto bueno de la Asamblea, al haber considerado
la propuesta mexicana para reconocer como derecho esencial del hombre la promoción de un recurso
judicial, eficaz, sencillo y rápido, en contra de cualquier violación o perjuicio que resintieran los indi­

31
"Actividades de México en la Organización de las Naciones Unidas", localizado en Secretaría de Relaciones Exterio­
res, "Memoria de la SRE: Septiembre de 1948-Agosto de 1949, presentada al H. Congreso de la Unión por el C. Manuel
Tello, subsecretario encargado del despacho", México, SRE, 1949, p. 25.

231
232 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

viduos en sus derechos y sus libertades fundamentales, tal como le serían reconocidas por las leyes
y Constituciones de cada país. En esa época, Campos Ortiz ya catalogaba como una garantía a este
recurso de índole internacional, recordándoles a los Estados integrantes de la Asamblea que el sus­
tento de la misma constituía una norma de derecho en la legislación mexicana y que yacía, desde
hacía más de un siglo, bajo la institución jurídica del "juicio de amparo".32

Dentro de la Comisión de Derechos Humanos, tanto a Pablo Campos como a Guy Pérez Cisne­
ros, delegado cubano, se les llegó a calificar como representantes latinoamericanos que "impulsaron los
principios y valores del constitucionalismo latinoamericano y su claro contenido igualitario y social".33

1. Inclusión del Artículo Octavo en


la Declaración Universal de la ONU

En el discurso pronunciado al cierre de la Tercera Reunión, Pablo Campos Ortiz expuso ante la
Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas el 10 diciembre de 1948, en el Palacio
de Chaillot, París, a qué grado las actividades de la delegación mexicana fueron primordiales para
la redacción de la Declaración Universal.34

En su discurso, el delegado mexicano refería que la Declaración de los Derechos del Hombre
era fundamental, pues aunque no pretendía generar una obligación jurídica para los países, debía
observarse "siempre la base, amplísima y firme, para la realización de uno de los propósitos más altos
de las Naciones Unidas; promover el respeto universal de los Derechos Humanos".

El ideal del Estado mexicano ante los derechos humanos radicaba así en el convencimiento de
que dentro de un orden internacional de paz era necesario un régimen de respeto a los derechos de la
persona humana, siendo lo más importante que contemplaba dentro de esto la necesidad de un
recurso judicial efectivo.

Su argumento sirvió como base para plantear al recurso judicial como un derecho esencial del
hombre, siendo éste simple y rápido, para ampararlo contra actos que violen, en su perjuicio, los
derechos y libertados fundamentales que le reconocen la Constitución o la Ley. Dicha iniciativa
llegó a consagrarse en el artículo 9 de la Declaración (actual artículo 8), con lo que parecía que

32
Op. cit., p. 25.
33
TORO HUERTA, Mauricio I. del, "Anexo II", localizado en "La Declaración Universal de Derechos Humanos: un
texto multidimensional (fascículo 2)", México, CNDH, agosto de 2012, p. 56. Disponible en el portal de la CNDH:
http://200.33.14.34:1033/archivos/pdfs/DH_99.pdf
34
Op. cit., p. 131; TORO HUERTA, Mauricio I. del, "Anexo II", localizado en "La Declaración Universal de Derechos
Humanos: un texto multidimensional (fascículo 2)".
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 233

México, por medio de Campos Ortiz, había logrado instaurar en el ámbito internacional una institu­
ción jurídica de índole mexicana: el derecho de amparo.35

Artículo 8. Toda persona tiene derecho a un recurso efectivo ante los tribunales nacionales
competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales recono­
cidos por la Constitución o por la ley.

La redacción del artículo octavo entró a debate en varias ocasiones, propiciándose su modifica­
ción ante objeciones de algunos países; no obstante, la delegación mexicana siempre buscó preser­
var la esencia del texto, para que se refiriera en específico a la interposición de un recurso. No fue sino
hasta la aprobación de un tercer texto, en la sesión de 26 de octubre, cuando todos los Estados parte
coincidieron en cerrar la publicación de la Declaración Universal. El artículo octavo fue aprobado por
46 votos, sólo con la abstención de Egipto, India y Australia.36

La aportación del Estado mexicano en 1948 fue reconocida por los demás convocados a la Ter­
cera Asamblea de la ONU. Una vez más, el delegado de Cuba, Guy Pérez-Cisneros, consideró que el
trabajo de Campos Ortiz fue un "tesonero esfuerzo y gran poder de convicción", para que la Tercera
Comisión agregara al texto original "el importante artículo 8, inspirado en el derecho de amparo mexi­
cano y que es el único texto de la Declaración que garantiza, en el campo nacional, el efectivo respeto
de los derechos fundamentales reconocidos por la Constitución y por la ley".37

De la misma manera, René Cassin, antiguo presidente de la Corte de Casación de Francia, inte­
grante del Comité de Redacción y encargado de la propuesta inicial sobre la base del proyecto de la
Declaración Universal de los Derechos Humanos,38 señaló en el texto "El problema de la realización
efectiva de los derechos humanos y sociedad universal",39 que, en su opinión, la delegación mexicana

35
TORO HUERTA, Mauricio I. del, "Anexo II", localizado en "La Declaración Universal de Derechos Humanos: un texto
multidimensional (fascículo 2)".
36
TENA RAMÍREZ, Felipe, "La función del amparo mexicano en la protección internacional", en AA.VV., La protección
internacional de los derechos del hombre, México, IIJ-UNAM, 1983, p. 402.
37
PÉREZ-CISNEROS, Guy, "Discurso de Guy Pérez-Cisneros (delegado de Cuba), proponiendo a votación la Declara­
ción Universal de los Derechos Humanos en la III Asamblea de la O.N.U., en el Palacio de Chaillot, en París, Francia, en
Diciembre 10 de 1948". Disponible en el portal: http://www.penultimosdias.com/wp-content/uploads/2011/12/Discurso­
Guy.pdf .
38
TORO HUERTA, Mauricio I. del, "Anexo II", localizado en "La Declaración Universal de Derechos Humanos: un texto
multidimensional (fascículo 2)", México, CNDH, agosto de 2012, p. 51. Disponible en el portal de la CNDH:
http://200.33.14.34:1033/archivos/pdfs/DH_99.pdf
39
CASSIN, René, "El problema de la realización efectiva de los derechos humanos en la sociedad universal"
localizado en AA.VV., "Veinte años de evolución de los derechos humanos", México, IIJ-UNAM, 1974, p. 397. Disponible
en el portal del Instituto de Investigaciones Jurídicas: http://biblio.juridicas.unam.mx/libros/libro.htm?l=848
234 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

fue la autora de un texto muy importante, el artículo 8, siendo su principal promotor el señor Campos
Ortiz. Calificada como "sumamente acertada", la propuesta encontró rápidamente un voto favorable
de las otras delegaciones.

En el mismo contexto Cassin señalaría que México propuso ese texto porque existía detrás de él
la declaración aprobada en Bogotá en febrero de 1948. Previo al último periodo de sesiones de la Co­
misión de Redacción de Naciones Unidas, la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del
Hombre exponía una cantidad de elementos comunes a la Declaración Universal, si bien este artículo
no figuraba en el proyecto primitivo de la DUDH. Cassin "rinde por ello homenaje no solamente al
hombre que hizo la proposición, sino al país que posee una institución llamada amparo, en la cual pen­
saba el autor".40

Es de suma relevancia aludir a la percepción que se guardaba en el país ante la inclusión del
ideal del amparo. El presidente Miguel Alemán, en su informe presidencial de 1949, puso de mani­
fiesto el trabajo de los delegados mexicanos, quienes expusieron como uno de los derechos esen­
ciales del hombre "el recurso ante los tribunales nacionales", tendiente a la protección y el respeto de
las garantías individuales;41 situación que dio lugar al reconocimiento de los países integrantes de la
Asamblea por la atinada redacción del artículo. Además, el licenciado Manuel Tello, subsecretario
de Relaciones Exteriores, comentó que este recurso internacional guardaba el mismo objeto que
nuestro juicio constitucional de amparo: hacer respetar las garantías individuales.42 Pero el trabajo
de los diplomáticos mexicanos no podía detenerse en ese momento: continuaría en la redacción de
otros instrumentos internacionales.

2. Pacto Internacional
de Derechos Civiles y Políticos

Posteriormente a las reuniones internacionales de París, Felipe Tena Ramírez apuntaba que la idea de
la existencia del amparo en el plano internacional no se dio como tal, ya que el texto del articulado
que ofrecieron en su debido momento los delegados mexicanos fue modificado en varias ocasiones,
de tal suerte que la denominación "recurso judicial" fue cambiada a "recurso efectivo".

40
Ibid., p. 397.
41
"Informe del C. Presidente de la República, en el ramo de Relaciones Exteriores, presentado al H. Congreso de la
Unión el 1o. de Septiembre de 1949", en Secretaría de Relaciones Exteriores, "Memoria de la SRE: septiembre de
1948-agosto de 1949, presentada al H. Congreso de la Unión por el C. Manuel Tello, subsecretario encargado del despa­
cho, México, SRE, 1949. pp. 11.
42
"Dirección General del Servicio Diplomático", en Secretaría de Relaciones Exteriores, "Memoria de la SRE: septiem­
bre de 1948-agosto de 1949, presentada al H. Congreso de la Unión por el C. Manuel Tello, subsecretario encargado del
despacho", México, SRE, 1949, p. 17.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 235

Como se puede leer del texto del artículo 8o. de la Declaración Universal, no se dejaron subsis­
tentes los elementos característicos del amparo mexicano: la defensa debe dirigirse a paralizar la
acción violatoria del poder público y esa defensa debe adoptar la forma de recurso judicial.43 Desde
la perspectiva de Felipe Tena Ramírez, el amparo fue desnaturalizado en el ámbito internacional,
debido a la postura que guardan los países renuentes a la institución jurídica, por no ser ad hoc con
sus Constituciones.

A modo de subsanar las omisiones precisadas, fue a partir de la Quinta Sesión, llevada a cabo
en Lake Success en 1949, cuando la Comisión de los Derechos del Hombre dio origen en 1954 al
proyecto sobre los derechos civiles y políticos, vislumbrándose así el ideal del recurso efectivo hacia
cuestiones más específicas, que podían aludir algunas generalidades del amparo.

En el artículo 2o., párrafo tercero, del proyecto de 1954 puede identificarse, si bien no de manera
expresa, el señalamiento de una autoridad pública responsable; un acto reclamado, proveniente del ejer­
cicio de las funciones de la autoridad; la esfera jurídica de un individuo violentada (derecho o liber­
tad); un recurso susceptible de ser revisado por otra autoridad (administrativas o judiciales); y la
garantía de hacer efectivo el cumplimiento de una decisión (sentencia que ampara y protege). Este
contenido no difiere de la actual redacción del artículo 2o., párrafo tercero, del Pacto Internacional de
Derechos Civiles y Políticos, al cual se adhirió el Estado mexicano el 24 de marzo de 1981, promulgado
el 20 de mayo del mismo año. A continuación se presente el siguiente cuadro comparativo:4445

Artículo 2o. del Proyecto sobre los derechos civiles Artículo 2o. del Pacto Internacional de Derechos
y políticos de 195446 Civiles y Políticos47
"…3.- Cada uno de los Estados Partes en el pre­ "…3. Cada uno de los Estados Partes en el pre­
sente Pacto se compromete: sente Pacto se compromete a garantizar que:

43
TENA RAMÍREZ, Felipe, "La expansión Internacional del amparo mexicano", La Justicia, tomo XXIII, núm. 401, sep­
tiembre de 1963, p. 14.
44
Idem.
45
En sus párrafos primero y segundo dispone:
1. Cada uno de los Estados partes en el presente Pacto se compromete a respetar y a garantizar a todos los individuos
que se encuentren en su territorio y estén sujetos a su jurisdicción los derechos reconocidos en el presente Pacto, sin
distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de otra índole, origen nacional o social, posición
económica, nacimiento o cualquier otra condición social.
2. Cada Estado Parte se compromete a adoptar, con arreglo a sus procedimientos constitucionales y a las disposi­
ciones del presente Pacto, las medidas oportunas para dictar las disposiciones legislativas o de otro carácter que
fueren necesarias para hacer efectivos los derechos reconocidos en el presente Pacto y que no estuviesen ya garanti­
zados por disposiciones legislativas o de otro carácter.
236 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

a) A garantizar que toda persona cuyos dere­ a) Toda persona cuyos derechos o libertades
chos o libertades reconocidos en el presente reconocidos en el presente Pacto hayan sido vio­
Pacto hayan sido violados podrá interponer un lados podrán interponer un recurso efectivo, aun
recurso efectivo, aun cuando tal violación hubiera cuando tal violación hubiera sido cometida por
sido cometida por personas que actuaban en ejer- personas que actuaban en ejercicio de sus fun­
cicio de sus funciones oficiales; ciones oficiales;

b) A desarrollar las posibilidades de un recurso b) La autoridad competente, judicial, administra­


judicial y a garantizar que las autoridades com­ tiva o legislativa, o cualquiera otra autoridad
petentes, políticas, administrativas o judiciales, competente prevista por el sistema legal del Es­
decidirán sobre los derechos de toda persona tado, decidirá sobre los derechos de toda per­
que interponga tal recurso; sona que interponga tal recurso y a desarrollar
las posibilidades de recurso judicial;
c) A garantizar el cumplimiento, por las autori­
dades competentes, de toda decisión en que se c) Las autoridades competentes cumplirán toda
haya estimado procedente el recurso…" decisión en que se haya estimado procedente el
recurso…"

3. Convenio Europeo
de Derechos Humanos

De la misma manera, podemos observar la influencia de la redacción del artículo 8o. de la Decla­ra­
ción Universal en la redacción de otros instrumentos protectores de derechos humanos. La denomi­
nación de recurso efectivo aparece dentro del Convenio para la Protección de los Derechos Humanos
y de las Libertades Fundamentales, suscrito en Roma el 4 de noviembre de 1950. Tal y como lo esta­
blece el Convenio en su preámbulo, "Considerando la Declaración Universal de Derechos Humanos, pro­
clamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948".

Fue en el artículo décimo tercero, en el que se dejó explícito el "Derecho a un recurso efectivo",
texto que difiere muy poco del artículo 8o. de la Declaración Universal. El texto cita a la letra:

Toda persona cuyos derechos y libertades reconocidos en el presente Convenio hayan sido
violados tiene derecho a la concesión de un recurso efectivo ante una instancia nacional, in­
cluso cuando la violación haya sido cometida por personas que actúen en el ejercicio de sus
funciones oficiales.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 237

Se destaca la trascendencia del ideal del amparo mexicano en el campo internacional, desde
su propuesta de redacción dentro del articulado de la Declaración Americana en 1948, hasta el Pacto
Internacional de Derecho Civiles y Políticos de 1981. Como vimos en este capítulo, la promoción y el
recordatorio de la relevancia que guarda nuestro medio de control constitucional, en el ámbito inter­
nacional, quedó en manos de distintos diplomáticos y juristas mexicanos.

Las labores que llevaron a cabo Pablo Campos Ortiz y German Fernández del Castillo durante la
IX Conferencia Interamericana en Bogotá en 1948, dio rumbo al enaltecimiento del amparo como
figura internacional. Campos Ortiz, al entrar junto con Fernández del Castillo al estudio sobre la in­
clusión del ideal del amparo en la Declaración Americana, visualizaron en sus notas de trabajo, reco­
lectadas de las discusiones entre representantes de los Estados parte, la imperante necesidad de
hacer valer el respeto de los derechos fundamentales. Además, el respaldo que tuvieron para el debido
cumplimiento de su labor fue notable, pues con apoyo de Felipe Tena Ramírez robustecieron su punto
de vista ante los países miembros de la IX Conferencia.

De los trabajos llevados a cabo por la delegación mexicana en Bogotá, y luego de asistir a la
Tercera Asamblea General de la ONU en París en 1948, Campos Ortiz guardaba ya una idea previa
de cómo buscar la aceptación de los países miembros, a fin de incluir un artículo que refiriera a un
recurso efectivo para la protección de los derechos humanos.

Si bien es cierto que Felipe Tena Ramírez advirtió que la redacción de los artículos de la Declara­
ción Americana y de la Declaración Universal, en los que se incluyó el ideal del amparo, no guardaban
del todo la esencia de nuestro medio de control constitucional, aquellas generalidades procesales
fueron posteriormente reconocidas dentro del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.

El doctor Tena señala que, a final de cuentas, todo este proceso desembocó en el recono­
cimiento de la Organización de las Naciones Unidas, ente que llegó a solicitarle el estudio intitulado
"El amparo mexicano, medio de protección de los derechos humanos", a efecto de estructurar un
documento básico para el "Seminario sobre amparo, habeas corpus y otros remedios similares para
la defensa judicial de los derechos humanos". Dicha actividad, organizada por las Naciones Unidas
con la cooperación del gobierno mexicano, se llevó a cabo en la ciudad de México del 15 al 28 de
238 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

agosto de 1961.46 Vale la pena referir que en ese documento se describe la participación de don Felipe
Tena en los hechos ya descritos.

Pero como se ha manifestado, la labor mexicana fue laureada por juristas extranjeros, como es
el caso de Francia: René Cassin, integrante y presidente de la Comisión de los Derechos del Hom­
bre de la Asamblea General de la ONU en 1948, al tener conocimiento sobre un artículo elaborado
por Felipe Tena Ramírez para la revista Nouvelles du Mexique, le externó a este distinguido jurista,
mediante una carta de fecha 27 de diciembre de 1956:

Francia jamás hubiera consentido el texto transaccional, si se le hubiera pedido además que
las palabras actos cometidos en violación de los derechos fundamentales designaran única­
mente los actos de particulares y no, igualmente, de las personas que obran en ejercicio de
sus funciones oficiales.47

4. Bibliografía

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recolectada en el Archivo Histórico "Genaro Estrada", dependiente de la Secretaría de Rela­
ciones Exteriores. Expediente III 1038.1; Cuarta Parte; Asunto: IX Conferencia Internacional
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CASSIN, René, "El problema de la realización efectiva de los derechos humanos en la sociedad
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CONFERENCIA INTERNACIONAL AMERICANA, "Diario de la Conferencia de la IX Conferencia Inter­


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lectada en el Archivo Histórico "Genaro Estrada", dependiente de la Secretaría de Relaciones

46
TENA RAMÍREZ, Felipe, "El amparo mexicano, medio de protección de los derechos humanos", en Suprema Corte
de Justicia de la Nación, "El amparo mexicano y los derechos humanos (dos ensayos)", México, SCJN, 1975, p. 9.
47
TENA RAMÍREZ, Felipe, "La función del amparo mexicano en la protección internacional", en AA.VV:, "La protección
internacional de los derechos del hombre", México, IIJ-UNAM, 1983, p. 403.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 239

Exteriores. Expediente III 1038.1; Cuarta Parte; Asunto: IX Conferencia Internacional Americana
celebrada en Bogotá, Colombia.

PÉREZ-CISNEROS, Guy, "Discurso de Guy Pérez-Cisneros (delegado de Cuba), proponiendo a vota­


ción la Declaración Universal de los Derechos Humanos en la III Asamblea de la ONU, en el
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QUINTANILLA, Luis, "La política de la Revolución Mexicana", México, SRE, sobretiro de Foro Interna-
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SALTALAMACCHIA ZICCARDI, Natalia y COVARRUBIAS VELASCO, Ana, "La dimensión internacio­


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TORO DE LA HUERTA, Mauricio Iván, "Anexo II", en La Declaración Universal de Derechos Humanos:
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TORRES BODET, Jaime, "Tesis que la delegación de México sustentó en Bogotá", en Discurso del
C. Secretario de Relaciones en la Segunda Sesión Plenaria de la IX Conferencia Internacional Ame­
ricana, México, SRE, 1948.
240 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

Documentos

"Actividades de México en la Organización de las Naciones Unidas", en Secretaría de Relaciones Ex­


teriores, Memoria de la SRE: septiembre de 1948-agosto de 1949, presentada al H. Congreso de la
Unión por el C. Manuel Tello, subsecretario encargado del despacho, México, SRE, 1949.

Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia, Novena Conferencia Internacional Americana (Bogotá,


marzo 30 de 1948): actas y documentos. Volumen I, Bogotá, Colombia, MRE, 1953.

Secretaría de Relaciones Exteriores, Conferencias Internacionales Americanas (Segundo Suplemento


1945-1954): Recopilación de tratados y otros documentos, 2a. reimp., México, SRE, 1990.

Secretaría de Relaciones Exteriores, México en la IX Conferencia Internacional Americana, México,


SRE, 1948.

Legislación

Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos

Convenio Europeo de Derechos Humanos

Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre

Declaración Universal de Derechos Humanos

Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.


SECCIÓN §6
RAÍCES MEXICANAS DEL
ARTÍCULO 8 DE LA DUDH:
texto, CONTEXTO
Y PROYECCIÓN INTERNACIONAL

Mauricio Iván Del Toro Huerta*


* Licenciado en Derecho, candidato a doctor, especialista en derecho internacional de los derechos humanos y
secretario instructor en la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación..
El amparo nació para proteger al ser humano en sus derechos fun­
damentales, entre ellos su dignidad como persona y su autodeter­
minación como ser libre, frente al comportamiento arbitrario de la
autoridad, investida de la facultad de mando y de la fuerza pública
[…] México ofrece al mundo su experiencia total en la materia del
amparo, con sus aciertos y sus errores, con sus éxitos y sus fraca­
sos, sin ocultar ni exagerar nada. Pero de todo lo que ha sido en su
trayectoria secular nuestra institución, nosotros separamos lo más
remoto y primigenio que es también lo más puro y auténtico. El amparo
que en el Acta de Reformas halló su fórmula sencilla y perenne, es la
institución jurídica que nació de las rotas entrañas de la nacionali­
dad […] Es ella la que México se ha esmerado en dar a conocer,
primero en Bogotá y después en Paris.

Felipe Tena Ramírez1

La mejor garantía, en la esfera de las jurisdicciones nacionales, para


asegurar el respeto de los derechos humanos será, sin duda, este
recurso judicial que se denomina con la sencilla expresión de las
cosas precisas: "derecho de amparo".

Pablo Campos Ortiz2

1
"La función del amparo mexicano en la protección internacional de los derechos humanos", en La protección inter-
nacional de los derechos del hombre. Balance y perspectivas, México, UNAM, 1983, p. 400. El artículo 25 del Acta de Re­
formas de 1847, instrumento complementario de la Constitución de 1824, dispuso: "Los tribunales de la federación
ampararán a cualquier habitante de la República en el ejercicio y conservación de los derechos que le conceda esta
Constitución y las leyes constitucionales, contra todo ataque de los poderes legislativo y ejecutivo, ya de la federación, ya
de los Estados, limitándose dichos tribunales a impartir su protección en el caso particular sobre el que verse el proceso,
sin hacer ninguna declaración general respecto de la ley o del acto que lo motivare."
2
Fragmento del discurso pronunciado ante la Asamblea General de las Naciones Unidas la noche del 10 de diciem­
bre de 1948, en el Palais de Chaillot, París, Francia.

243
244 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

Introducción

La Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH) adoptada por la Asamblea General de las
Naciones Unidas reunida en París el 10 de diciembre de 1948 es la respuesta de la comunidad in­
ternacional a los horrores del nazismo y de la Segunda Guerra Mundial; representa el esfuerzo más
significativo de los Estados integrantes de las Naciones Unidas para incorporar en un solo catálogo
los derechos mínimos de las personas para una vida digna y expresa el vínculo necesario entre la
paz internacional y el respeto a los derechos humanos. La declaración es la base del desarrollo pro­
gresivo del sistema internacional de protección de los derechos humanos. Su impacto en el conjunto
del corpus iuris del derecho internacional de los derechos humanos, y en los diferentes sistemas
regionales, es innegable y significativo.3

Durante el proceso de gestación, deliberación y aprobación de la DUDH se recogieron pare­


ceres, opiniones y propuestas de diferentes personas, organizaciones y Estados, desde diversas
perspectivas ideológicas y tradiciones jurídicas, que derivaron en múltiples propuestas e iniciati­
vas para incluir "viejos" y "nuevos" derechos en los diferentes borradores y proyectos.4

En el trayecto, las naciones latinoamericanas participaron activamente.5 Incluso antes, durante


el proceso de gestación de las Naciones Unidas, en la Conferencia Interamericana sobre los Pro­
blemas de la Guerra y la Paz —celebrada en Chapultepec, ciudad de México, del 21 de febrero al 6 de
marzo de 1945—, las naciones latinoamericanas se pronunciaron sobre la necesidad de un catálogo
de derechos humanos como pilar de la futura organización mundial, y así lo reiteraron, México entre

3
A.G. Res 217 A (III), ONU, Doc A/810 p. 71 (1948). La Declaración fue aprobada por 48 votos a favor, ninguno en
contra y sólo ocho abstenciones (República Socialista Soviética de Bielorrusia, Checoslovaquia, Polonia, Yugoslavia, Repú­
blica Socialista Soviética de Ucrania, la Unión Soviética, la Unión Sudafricana y Arabia Saudí). Los documentos relativos
a los travaux préparatoires de la Declaración están disponibles en http://www.un.org/depts/dhl/udhr/meetings_1948_3rd_
3c_ga.shtml, así como en SCHABAS, William, The Universal Declaration of Human Rights. The Travaux Préparatoires, Reino
Unido, Cambridge University Press, 2013.
4
Cfr., en general, CARRILLO SALCEDO, Juan Antonio, Dignidad frente a barbarie. La Declaración Universal de Derechos
Humanos, cincuenta años después, Madrid, Trotta, 1999; CASSIN, René, "La Déclaration Universelle et la mise en oeuvre
des droits de l’homme", en Recueil des Cours, 1951-II, vol. 79, pp. 239-367; GLENDON, Mary Ann, Un mundo nuevo: Eleanor
Roosevelt y la Declaración Universal de Derechos Humanos, trad. Pedro de Jesús Pallares, México, Fondo de Cultura Eco­
nómica/Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal/Universidad Panamericana, 2011 (Título original: A World
Made New: Eleanor Roosevelt and the Universal Declaration of Human Rights, 2002); MORSINK, Johannes, The Universal
Declaration of Human Rights: Origins, Drafting, and Intent, Filadelfia, University of Pennsylvania Press, 1999; ORAÁ, Jaime
y GÓMEZ ISA, Felipe, La Declaración Universal de Derechos Humanos, Bilbao, Universidad de Deusto, 2002, y TORO
HUERTA, Mauricio I. del, La Declaración Universal de Derechos Humanos: un texto multidimensional, México, Comisión
Nacional de Derechos Humanos, 2012.
5
Cfr. GLENDON, Mary Ann, "The Forgotten Crucible: The Latin American Influence on the Universal Human Rights
Idea", Harvard Human Rights Journal, vol. 16 (2003), pp. 27-39.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 245

ellas, en la Conferencia de San Francisco, celebrada del 25 de abril al 26 de junio de ese mismo año,
donde se aprobó la Carta de la Organización, que si bien no incluyó el catálogo propuesto, sí alude
a los derechos humanos dentro de sus propósitos (art. 1.3) y reconoce la facultad del Consejo Econó­
mico y Social de establecer comisiones, entre ellas, "para la promoción de los derechos humanos"
(art. 68), a fin de desarrollar las disposiciones de la Carta en este ámbito en un proyecto de instru­
mento internacional.6

Como lo recuerda Octavio Paz en sus crónicas truncas sobre la Conferencia de San Francisco,

[…] mientras en las proposiciones de los Tres Grandes [Gran Bretaña, la Unión Soviética y los
Estados Unidos de América] sólo se habla de la creación de un organismo para conservar
la paz, México, Cuba y Uruguay proponen una especie de Declaración de los Derechos Inter­
nacionales del Hombre. México ha sido particularmente explícito en este punto: se pretende
otorgar una ‘garantía internacional’ a los derechos de la persona humana, que hasta ahora
sólo han sido garantizados por cada nación... cuando lo han sido. En un mundo que se pre­
para a vivir una vida de hormigas, cada vez más pequeña la esfera de la libertad individual,
proposiciones como la de México son, al menos, ejemplares, aunque el espectador se sienta
un poco escéptico.

En este sentido, en su conjunto, "las proposiciones de México son quizá las más claras, si no las
más concisas, las más justas, si no las más realistas".7

Posteriormente, en la etapa preparatoria al inicio de los trabajos de la Comisión de Derechos


Humanos, el 12 de febrero de 1946, un mes después de haberse celebrado la sesión inaugural de la
Asamblea General en Londres, Inglaterra —recién conformado el Consejo Económico y Social, y
cuatro días antes de establecerse la denominada "Comisión Nuclear de Derechos Humanos" (efímera
pero fundamental, predecesora de la comisión que redactaría el proyecto de la DUDH)—, la dele­
gación cubana presentó un proyecto de "Declaración de derechos humanos" ante el mencionado
consejo,8 y el 26 de abril siguiente, Panamá presentó un pronunciamiento sobre los derechos huma­
nos esenciales.9 Asimismo, el 6 de noviembre de ese mismo año, Chile presentó al secretario general

6
Cfr. MORSINK, The Universal Declaration of Human Rights…, op. cit., pp. 130-133, y TORO HUERTA, Mauricio del, La
Declaración Universal de Derechos Humanos…, op. cit., pp. 37-42. La Carta de las Naciones Unidas alude en siete ocasio­
nes a los derechos humanos, en el Preámbulo y en los artículos 1.3, 13.1.b, 55, 62.2, 68 y 76.
7
Cfr. PAZ, Octavio, Crónica trunca de días excepcionales, México, UNAM, 2008, pp. 52-53.
8
Doc. E/HR/1, proyecto previamente presentado a la Asamblea General (Doc. A/3).
9
Doc. E/HR/3, propuesta presentada anteriormente en San Francisco y elaborada por el American Law Institute, en
consulta con expertos de diferentes regiones y países (Doc. A/148).
246 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

una nota con el anteproyecto de declaración elaborado por el Comité Jurídico Interamericano para una
futura declaración americana. Éstas fueron las primeras propuestas que tuvo sobre la mesa la Comisión
de Derechos Humanos al iniciar sus trabajos, en enero de 1947, y que serían consideradas más tarde,
junto con otros proyectos, para la redacción del borrador inicial.10 Posteriormente se incorporarían
otras propuestas de adiciones y modificaciones presentadas por las delegaciones latinoamericanas.

Del conjunto, destaca el texto del artículo 8 de la DUDH que —como lo ha expresado el jurista
brasileño Antônio Augusto Cançado Trindade— "representa la contribución latinoamericana por exce­
lencia a la Declaración Universal"11 y que René Cassin —uno de sus principales "padres redactores"—
definió como "uno de los más importantes de la declaración".12

El artículo 8 de la DUDH dispone: "Toda persona tiene derecho a un recurso efectivo ante los
tribunales nacionales competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos funda­
mentales reconocidos por la Constitución y la ley".13

10
Doc. A/C.1/38.
11
CANÇADO TRINDADE, Antônio Augusto, "Los aportes latinoamericanos al derecho y a la justicia internaciona­
les", en CANÇADO TRINDADE, A. y MARTÍNEZ MORENO, Alfredo, Doctrina latinoamericana del derecho internacional,
tomo I, San José, Costa Rica, Corte IDH, 2003, p. 59.
12
CASSIN, René, "L’homme sujet de droit international et la protection de l´homme dans la société universelle", en
La technique et les principes du droit public. Études en l’honneur de Georges Scelle, tomo I, París, LGDJ, 1949, pp. 83-84,
cit. en LE BOT, Olivier, "Le droit au recours comme garantie des droits fondamentaux: l’article 8 de la Déclaration uni­
verselle des Droits de l’homme", Cahiers de la recherche sur les droits fondamentaux (CRDF), núm. 7, 2009, p. 116.
13
Los idiomas oficiales en el momento de la adopción del texto eran el inglés, francés, ruso, chino y español, aunque,
en general, los dos primeros sirvieron como idiomas de trabajo. El español se incorporó como idioma de trabajo el 7 de
diciembre de 1948 [Res. 247 (III)], el mismo día en que la Tercera Comisión adoptó el proyecto de declaración (Doc. A/777).
El texto del artículo 8 en inglés establece: "Everyone has the right to an effective remedy by the competent national tribunals
for acts violating the fundamental rights granted him by the constitution or by law" ,y en francés: "Toute personne a droit
à un recours effectif devant les juridictions nationales compétentes contre les actes violant les droits fondamentaux qui
lui sont reconnus par la Constitution ou par la loi".
CAPÍTULO XIV
LA PROPUESTA MEXICANA:
INTENCIÓN Y RECONOCIMIENTO

C omo se introdujo previamente en este libro, la propuesta de incluir en el texto de la DUDH el


derecho a un recurso efectivo fue presentada por la delegación mexicana por medio del embajador
Pablo Cam­pos Ortiz en una fase avanzada del proceso de redacción del borrador final, durante los
trabajos de la Tercera Comisión de la Asamblea General (Asuntos Sociales, Humanitarios y Cultura­
les) en las reuniones 111, 112 y 113 de dicha Comisión, celebradas en el Palais de Chaillot, en la ciudad
de París, Francia, del 23 al 26 de octubre de 1948.14

La intención original de la propuesta mexicana fue adicionar un nuevo artículo al texto del borra­
dor; no obstante, en un primer momento, la misma fue votada e incorporada como un segundo pá­
rrafo del artículo 6 del borrador de la Tercera Comisión, relacionado con el principio de igualdad y
la prohibición a toda discriminación. Posteriormente, la propuesta pasaría a ser el artículo 9 del
proyecto sometido a la Asamblea General15 y, finalmente, el actual artículo 8 de la DUDH.

14
Doc. A/C.3/SR.111-113. Previamente, en la 90 reunión, celebrada el 1o. de octubre de 1948, el embajador Campos
recordó el profundo interés de México de consagrar un catálogo de derechos humanos en un instrumento internacional
y recomendó la inclusión de una disposición similar al artículo XVIII de la Declaración de Bogotá, que asegura una defensa
de los individuos frente a violaciones de sus derechos humanos. Doc. A/C.3/SR.90. Sobre los trabajos preparatorios,
véase: WEISSBRODT, David y HALLENDORFF, Mattias, "Travaux Préparatoires of the Fair Trial Provisions — Articles 8 to
11— of the Universal Declaration of Human Rights", Human Rights Quarterly, 21.4 (1999), pp. 1061-1096; LE BOT, Olivier,
"Le droit au recours comme garantie des droits fondamentaux: l’article 8 de la Déclaration universelle des Droits de
l’homme", op. cit., y FARRELL, Brian, "Does the Universal Declaration of Human Rights Implicitly Guarantee a Right to
Habeas Corpus?", Human Rights Brief 16, núm. 1 (2008), pp. 2-5. Sobre las sesiones de la Tercera Comisión de la Asamblea
General en París, véase: GLENDON, Un mundo nuevo…, op. cit., pp. 189-240. La autora precisa: "A sugerencia de México,
la Comisión añadió un nuevo artículo que contuviera la institución jurídica latinoamericana del amparo (el derecho a
ser oído en juicio bajo las leyes nacionales, por actos que violen derechos fundamentales)", p. 240.
15
Doc. A/777.

247
248 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

La iniciativa fue reconocida como novedosa y trascendente por los propios delegados durante
los debates en la Tercera Comisión y en la misma noche en que se adoptó la DUDH.

El hecho de que la versión en español del artículo 8 de la DUDH conserve la alusión "que la
ampare" en referencia a la función específica del derecho a un recurso efectivo de toda persona, es
también (o puede interpretarse como) un reconocimiento a su origen histórico y a la función pro­
tectora y reparadora que implica.16

La inclusión del derecho a un recurso efectivo fue resultado de un amplio consenso que, a la
postre, proyectaría sus efectos sobre el conjunto del derecho internacional de los derechos humanos
y del sistema de supervisión de los tratados internacionales, tanto en su dimensión procesal —en
relación con su función en la aplicación de la regla del agotamiento previo de los recursos internos—
como en su dimensión sustantiva, a partir de su función protectora y reparadora de las violaciones a
los derechos humanos. En ambos aspectos el derecho a un recurso efectivo supone también el deber
de los Estados de adoptar la legislación que garantice ese derecho, así como las medidas necesarias
para hacerlo plenamente accesible a todas las personas y para desarrollar las posibilidades reales
del mismo.

1. La ruta del consenso internacional.


Los trabajos de la Tercera Comisión

En su presentación inicial ante la Tercera Comisión de la Asamblea General, el embajador Campos


Ortiz expresó la relevancia de la inclusión del derecho a un recurso efectivo en contra de los abu­

16
En los travaux préparatoires de la DUDH no hay claridad sobre las razones por las cuales se conservó o incluyó esta
expresión en la redacción final del texto en español, a diferencia de los otros idiomas de trabajo que no incluyen una ex­
presión equivalente. No obstante, la presencia de dos delegaciones latinoamericanas (Ecuador y Cuba) en el Subcomité
4 de la Tercera Comisión o Subcomité de estilo —encargado de asegurar la consistencia, uniformidad y estilo, así como
de verificar y ajustar la correspondencia exacta del texto en los cinco idiomas oficiales de redacción (A/C.3/400/Rev.1)— y
en particular del diplomático cubano Guy Pérez Cisneros (quien estuvo en la IX Conferencia en la que se adoptó la Decla­
ración Americana, cuya delegación propuso un texto similar —posteriormente retirado ante la propuesta mexicana— y
que conocía el origen y la función de la institución del amparo) son elementos que contribuyen a considerar que la pre­
sencia de dicha expresión representa un reconocimiento y una "victoria diplomática" de las naciones latinoamericanas, y
de México en particular. En última instancia, podría tratarse de una acertada y justa "concesión" de las naciones a lo que
John Humphrey, director de la División de Derechos Humanos de Naciones Unidas, llamó la "Amenaza de Bogotá", en
referencia al requerimiento de cotejar el texto del proyecto de la DUDH con la Declaración Americana, en cuyo artículo
XVIII se incluye una locución similar. Cfr. GLENDON, "The forgotten crucible…", op. cit., p. 37. Lo anterior, considerando
además las reticencias de algunas delegaciones a reconocer un deber de protección de los Estados en cada artículo de
la DUDH, que implicara adoptar medidas de implementación en el ámbito interno, lo cual pudiera derivarse de la traduc­
ción en los idiomas de trabajo del verbo "amparar" (to protect o will protect, en inglés, o protéger o sauvegarder, en
francés).
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 249

sos de la autoridad a fin de asegurar el respeto de los derechos fundamentales17 y destacó que si bien
la propuesta implicaba un derecho de carácter autónomo y novedoso frente al resto de disposiciones
del borrador y, por tanto, debería considerarse en un nuevo artículo —como también lo estimaron
los delegados de Cuba, Uruguay, Chile, Venezuela, Colombia, Egipto y Brasil—, la propuesta no
implicaba una idea nueva en sí, sino que reflejaba un derecho ya incorporado en muchas leyes nacio­
nales y en la mayoría de las constituciones latinoamericanas, así como que, en términos muy simi­
lares, el texto había sido adoptado por unanimidad como "Derecho a la justicia" en el artículo XVIII
de la Declaración Americana de los Derechos y Deberes de Hombre, por la IX Conferencia Interame­
ricana reunida en Bogotá, Colombia, en abril de 1948, en la cual el propio embajador Campos había
participado como integrante de la delegación mexicana.18

Originalmente, la propuesta de adhesión mexicana reconocía, en términos similares a lo dis­


puesto en la Declaración Americana, el derecho de toda persona a un recurso judicial efectivo simple
y rápido ante los tribunales que lo ampare contra actos de autoridad que violen sus derechos cons­
titucionales fundamentales.19

Durante los debates de la Tercera Comisión, el representante uruguayo, Eduardo Jiménez de


Aréchaga, destacó que la propuesta mexicana incluía, más que una cuestión de procedimiento de im­
plementación, un nuevo derecho y debería incluirse en un artículo separado. Por su parte, el repre­
sentante de Cuba, Pérez Cisneros —participante también en los debates en Bogotá— aludió a una
propuesta similar de su delegación y solicitó que fuera incluida para ser analizadas de manera
conjunta, considerando que sería impensable que en la Declaración estuviera ausente un artículo
sobre el derecho de las personas a un recurso sencillo para la protección de sus derechos.20

En el mismo sentido se pronunció el delegado de Chile, Hernán Santa Cruz, destacando la per­
tinencia de la propuesta puesto que en el borrador de la Declaración no se incluía un artículo rela­

17
Doc. A/C.3/SR.112, p. 234.
18
"Artículo XVIII. Toda persona puede ocurrir a los tribunales para hacer valer sus derechos. Asimismo debe disponer
de un procedimiento sencillo y breve por el cual la justicia lo ampare contra actos de la autoridad que violen, en perjuicio
suyo, alguno de los derechos fundamentales consagrados constitucionalmente."
19
La versión en inglés señalaba: "There should likewise be available to every person a simple, brief procedure whereby
the Courts will protect him from acts of authority that, to this prejudice, violate any fundamental Constitutional rights".
Docs. A/C.3/266, 12 October 1948 y A/C.3/275, 14 October 1948.
20
A/C.3/SR.112, pp. 232 y 233. La propuesta en idioma ingles de la delegación cubana, que fue retirada posteriormente
al aprobarse la mexicana, señalaba: "Every person should have available to him a simple, brief procedure for obtaining
the protection of the courts against acts of authority that, to his prejudice, affect any of the rights established by the
present Declaration". A/C.3/310, 25 de octubre de 1948.
250 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

cionado con la protección de los derechos de las personas contra abusos de autoridad, de ahí que
la propuesta mexicana llenara una laguna evidente en el borrador, recordando que el texto del proyecto
sometido a la tercera sesión de la Comisión de Derechos Humanos (Borrador de Ginebra) contenía
una referencia al habeas corpus, pero fue suprimida del texto adoptado por dicha Comisión (Borrador
de Lake Success), para ser presentado al Consejo Económico y Social, y posteriormente a la Tercera
Comisión de la Asamblea General.21

Con base en las observaciones realizadas y las propuestas relacionadas, y ante el respaldo de
las delegaciones latinoamericanas, el delegado mexicano presentó un nuevo texto simplificado22 y,
posteriormente, una propuesta consolidada de México, Chile y Venezuela, como un segundo párrafo
del artículo 6 del borrador de la DUDH, que incluyó algunas de las propuestas generadas con la
discusión.23

Durante la deliberación del texto hubo expresiones de apoyo, duda y rechazo. Si bien las dele­
gaciones latinoamericanas manifestaron un claro respaldo, aludiendo, como lo hizo el delegado de
Venezuela, Galo Plaza, a que la propuesta incrementaba el valor práctico de la Declaración, otras
delegaciones expresaron dudas, como la yugoslava, cuyo representante, Ljuba Radevanovic, mani­
festó su coincidencia con la idea de la propuesta pero estimó difícil su aprobación, pues si bien en­
cajaba muy bien con los gobiernos del continente americano, no resultaba una idea de aplicación
universal ahí donde no existía una clara diferencia entre el Poder Ejecutivo y el Judicial.

Por su parte, las delegaciones de Francia, Reino Unido y Australia expresaron también dudas
sobre el lugar apropiado de la propuesta, el cual, en su concepto, no era en la Declaración sino en
un convenio internacional, además de cuestionar la expresión "derechos constitucionales funda­
mentales", que no sería aplicable a los países sin Constitución escrita, por lo que la idea, si bien nove­
dosa, debería ser cuidadosamente analizada. Asimismo, Eleonor Roosevelt, quien precidía la Comisión

21
A/C.3/SR.112, p. 233. El Borrador de la Declaración Internacional de Derechos Humanos, también conocido como
"Borrador de Ginebra", derivado de la segunda sesión de la Comisión de Derechos Humanos, celebrada del 2 al 17 de
diciembre de 1947, establecía: "Artículo 5. Nadie será privado de su libertad personal o será mantenido en custodia con
excepción de los casos prescritos por la ley tras un debido proceso. Toda persona bajo arresto o detención tendrá el dere­
cho a la determinación inmediata de la legalidad de cualquier detención de la que sea sujeto, así como a ser juzgado
o liberado dentro de un plazo razonable." Cfr. GLENDON, Un mundo nuevo…, op. cit., p. 382.
22
Doc. A/C.3/308, 25 de octubre de 1948. El texto en inglés establecía: "Everyone has the right to an effective judicial
remedy by acts violating his fundamental constitutional rights", y en francés: "Toute personne a droit doit pouvoir intenter
une action en justice efficace si elle est victime d’actes constituant une violation des droits fondamentaux qui lui confère
la Constitution». A/C.3/308/ Corr. 1, 25 de octubre de 1948.
23
Doc. A/C.3/309, 25 de octubre de 1948. El texto conjunto dispuso: "Everyone has the right to an effective judicial
remedy by the competent national tribunals for acts violating his fundamental rights granted him by the Constitution or
by law".
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 251

manifestó su respaldo a una decisión mayoritaria, pero consideró innecesario el texto, al estimar sufi­
cientes las previsiones de otros artículos.

En sentido más propicio a la inclusión del texto, los delegados de Grecia y Egipto propusieron
incluirlo en el artículo 8 del Borrador, enfatizando, el primero de ellos, su sencillez y celeridad. El dele­
gado de China, por su parte, expresó dudas a partir de la necesidad de precisar la idea de un recurso
ante tribunales nacionales, puesto que en algunos países existían también tribunales regionales
o provinciales distintos de aquéllos; el de Venezuela prefirió la expresión "tribunales nacionales" a
"recurso judicial", ya que este último término podría aludir también a tribunales internacionales, lo
que anteriormente había sido excluido también del contenido de la declaración. Al respecto, el dele­
gado francés, René Cassin, precisó que la expresión "tribunales nacionales competentes" aludía a
los órganos judiciales del Estado en los que se comete la violación y no a los de la nacionalidad del
demandante.

Por otra parte, el delegado chileno, Santa Cruz, manifestó un claro apoyo a la propuesta mexi­
cana y expresó su desacuerdo con la propuesta de no incorporarla en la Declaración sino en un con­
venio, sugiriendo también que debería incorporarse al entonces artículo 8 del Borrador, relacionado
con la protección de los individuos en contra de los abusos de las autoridades o de otros individuos
en casos de acusaciones criminales, que, con la inclusión propuesta, se verían complementados con
una garantía de los derechos constitucionales en contra de actos de las autoridades. Además, aten­
diendo a las observaciones del Reino Unido, propuso la inclusión tanto de los derechos constitu­
cionalmente reconocidos como de los reconocidos por ley.24

Finalmente, después de eliminar de la propuesta conjunta de México, Chile y Venezuela la


expresión "judicial", y de ajustarla en su redacción, la propuesta fue aprobada por los integrantes de
la Tercera Comisión —por 46 votos a favor, sin votos en contra y con tres abstenciones— en los térmi­
nos del texto actual: "Toda persona tiene derecho a un recurso efectivo ante los tribunales nacio­nales
competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos por
la Constitución o por la ley".

En síntesis, como lo recuerda también el destacado constitucionalista mexicano Felipe Tena


Ramírez:

La aprobación del artículo 8o., que no figuraba en el proyecto de Declaración [Universal], es­
tuvo precedida por trascendentes debates, en los que México participó con dignidad como

24
A/C.3/SR.112, pp. 234-241.
252 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

autor y abanderado de la idea. En efecto, cuando en octubre de aquel año la delegación mexi­
cana pidió que se adoptara el texto de amparo elaborado por la Conferencia de Bogotá, contó
de inmediato con el estímulo y el apoyo de las delegaciones latinoamericanas. Pero varios
países presentaron objeciones tan serias que orillaron a nuestra delegación a modificar el
texto primitivo aun en puntos sustanciales, a fin de rescatar para lo futuro la simiente de la
institución. Un tercer texto recogió la fórmula de transacción y en la sesión del 26 de octubre
fue aprobada la enmienda mexicana por 46 votos, ninguno en contra y 3 abstenciones (Egipto,
India y Australia), para integrar […] lo que después fue el artículo 8o. de la Declaración […].25

El embajador mexicano, Pablo Campos Ortiz, agradeció a los miembros de la Tercera Comi­sión
por votar a favor de la propuesta, la cual —manifestó— hunde sus raíces en más de cien años de
his­toria del recurso de amparo en la legislación mexicana y en la experiencia latinoamericana posterior.26

2. La aprobación por
la Asamblea General

La iniciativa mexicana fue reconocida también por las delegaciones de las Naciones Unidas la misma
noche en que la Asamblea General aprobó la DUDH.

Así lo destacaron, por ejemplo, algunos delegados en la Asamblea General, entre otros, Charles
Malik, de Líbano —figura principal a lo largo de todos los trabajos preparatorios— que reconoció la
propuesta como una iniciativa mexicana, y Guy Pérez Cisneros, de Cuba, quien destacó el esfuerzo
tenaz y el poder de convicción del Delegado mexicano, Campos Ortiz, para la inclusión de un texto
original e importante "inspirado en el amparo mexicano" como el "único texto de la Declaración que
garantiza —en el ámbito nacional— el efectivo respeto de los derechos fundamentales reconocidos
en la constitución y en la ley".27

La propuesta final, incorporada en el artículo 8 del texto definitivo, fue aprobada en lo particular
por unanimidad de votos y sin abstenciones por las 56 delegaciones presentes en la Asamblea Ge­
neral de las Naciones Unidas en Paris al momento de adoptarse la DUDH.28

25
En opinión de Tena Ramírez, en el texto aprobado "no aparecerían dos elementos del amparo, que la delegación
mexicana había propuesto: la defensa debe dirigirse a paralizar la acción violatoria del poder público y esa defensa debe
adoptar la forma de recurso judicial". Con posterioridad, algunos tratados (como la Convención Americana y, en parte, el
Pacto Internacional) recuperarían, a su manera, estos elementos fundamentales, aunque la alusión a los tribunales
sugiere también la naturaleza jurisdiccional del recurso. Cfr. TENA RAMÍREZ, Felipe, "La función del amparo mexicano en
la protección internacional de los derechos humanos", op. cit., p. 402.
26
A/C.3/SR.113, p. 243.
27
Cfr. Doc. A/PV. 180-183.
28
El artículo 8, junto con los artículos 3 a 11, forma parte de la denominada "Primera columna" de la DUDH, integrada
por los derechos y libertades de orden personal y, como lo destaca Mary Ann Glendon, "generaron poca controversia en
el proceso de creación del borrador, ocuparon menos tiempo de discusión en la Tercera Comisión, y en la Asamblea
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 253

En su discurso ante la Asamblea General, la noche en que se adoptó la DUDH en París, el em­
bajador Pablo Campos Ortiz manifestó el reconocimiento y gratitud de la delegación mexicana por la
adopción de la propuesta:

La delegación de México está agradecida a las demás delegaciones por la benévola acogida
que prestaron a nuestras enmiendas, todas ellas inspiradas en el más sincero espíritu de
coordinación.

Quiero referirme, especialmente, a nuestra iniciativa para que sea un derecho esencial del
hombre el tener a su alcance un recurso judicial efectivo, simple y rápido, que lo ampare contra
actos que violen, en su perjuicio, los derechos y libertades fundamentales que le reconocen la
Constitución o la ley.

Esta enmienda ha sido recogida en el artículo 9 [8 del texto actual], quedando así consagrada,
en el campo internacional, una institución jurídica que es común a numerosos países de Amé­
rica Latina y que figura en la legislación mexicana desde hace más de una centuria. La mejor
garantía, en la esfera de las jurisdicciones nacionales, para asegurar el respeto de los derechos
humanos será, sin duda, este recurso judicial que se denomina con la sencilla expresión de
las cosas precisas: "Derecho de amparo".29

3. Del habeas corpus


al juicio de amparo:
tensiones conceptuales

La aprobación del texto propuesto por el embajador Pablo Campos, tanto por la Tercera Comisión
como por la Asamblea General, y la incorporación del juicio de amparo como derecho a un recurso
efectivo, dentro del catálogo de la DUDH implicó la universalización de una institución protectora
contra las abusos y arbitrariedades del poder que —como se apuntó— encuentra sus raíces en
diversas tradiciones e instituciones jurídicas implicadas en la figura del juicio de amparo previsto en
la legislación mexicana desde mediados del siglo XIX, entre ellas, el habeas corpus de origen inglés
y con antecedentes en el derecho romano; el fuero de Aragón español, la revisión judicial norteame­
ricana (judicial review) y la casación francesa.30

General, fueron aprobados por unanimidad y sin abstenciones". Cfr. GLENDON, Un mundo nuevo…, op. cit., p. 261. Sobre
la idea de las "columnas de derechos y libertades" y de la DUDH como un frontispicio clásico, véase CASSIN, René, "La
Déclaration Universelle…", op. cit., pp. 277 y ss.
29
Cit. TORO HUERTA, Mauricio I. del, La Declaración Universal…, op. cit., pp. 131 y ss.
30
Cfr. FIX-ZAMUDIO, Héctor, "El juicio de amparo", en Estudio de la defensa de la Constitución en el ordenamiento
mexicano, México, Porrúa/UNAM, 2011, pp. 295-345, y FERRER Mac-GREGOR, Eduardo, "Breves notas sobre el amparo
254 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

Como lo reconocieron diferentes delegados ante la Asamblea General, la propuesta mexicana


de incluir el juicio de amparo incorporaba tanto el recurso de habeas corpus como la experiencia
española y latinoamericana del derecho de amparo, con lo cual se llenó el vacío dejado por la Co­
misión de Derechos Humanos durante la redacción del proyecto.31

Al respecto, con anterioridad, la Comisión de Derechos Humanos consideró la pertinencia de


incluir el tema del habeas corpus como un recurso contra detenciones ilegales, así como el derecho
de petición de las personas frente al gobierno de su Estado o a las Naciones Unidas, como recurso
contra violaciones a sus derechos;32 pero, respecto de ambos temas y ante la necesidad de reducir
el contenido de la declaración, la Comisión estimó que tales aspectos correspondían a medidas de
implementación —cuestiones previstas para ser analizadas en un momento distinto como parte
de un instrumento internacional diverso y complementario a la declaración—, por lo que se descartó
analizarlos en el contexto de ésta, y dejarlos, en su caso, para una convención o pacto posterior.33
Con ello quedó fuera del proyecto de declaración toda referencia a un recurso en contra de los abusos

iberoamericano (desde el derecho procesal constitucional comparado), en FIX-ZAMUDIO, Héctor y FERRER Mac-GREGOR,
Eduardo, El derecho de amparo en el mundo, México, Porrúa/UNAM/Konrad Adenauer Stiftung, 2006, pp. 3-39.
31
Desde los trabajos previos a la Declaración de Bogotá, en un estudio elaborado a petición de la Secretaría de Rela­
ciones Exteriores para la conferencia donde se aprobaría dicho instrumento, Felipe Tena Ramírez expresó que no había
duda de que "la declaración de derechos, así sea un adelanto notorio en la solidaridad internacional, no será suficiente­
mente eficaz por sí sola, sino que deberá ir acompañada de una técnica protectora, que la haga jurídicamente exigible",
y para ello, el habeas corpus era insuficiente puesto que "sirve para proteger exclusivamente la libertad personal", y por
ello "quedan fuera de su ámbito todos los demás derechos del hombre que habrá de enunciar la Declaración respectiva".
Así, "limitado su alcance, el habeas corpus no responde a la finalidad que se persigue". En contraste, el amparo mexicano
resultaba "un instrumento de probada experiencia al servicio de los derechos de la persona", ya que "proteger todos
los derechos fundamentales contra todas las autoridades, mediante un procedimiento sumario dentro del cual cabe la
suspensión del acto reclamado, es lo que hace el Amparo, con una organización y una eficacia que no alcanzan a ser
igualadas por ningún otro sistema protector de derechos individuales", con lo cual "México pone al servicio de la Decla­
ración de los Derechos Internacionales del Hombre, la más entrañable y fecunda de sus instituciones jurídicas". Cfr. TENA
RAMÍREZ, Felipe, "La declaración internacional de los derechos del hombre y su protección mediante el amparo", Revista
Mexicana de Derecho Público, vol. I, núm. 4, México, abril-junio de 1947, pp. 442, 445 y 446.
32
Tanto el derecho de habeas corpus como el derecho de petición contra violaciones de derechos humanos fueron
incluidos entre los primeros cuarenta y ocho derechos del borrador preliminar preparado por John Humphrey, entonces
director de la División de Derechos Humanos de Naciones Unidas ("Borrador de Humphrey") en sus artículos 7 y 28,
sobre la base de diversas propuestas remitidas a Naciones Unidas de diferentes regiones del mundo. Cfr. GLENDON, Un
mundo nuevo…, op. cit., pp. 359-364.
33
El texto descartado por la Comisión de Derechos Humanos respecto del derecho de petición establecía: "Toda per­
sona tiene el derecho, individual o en asociación con otros, de presentar peticiones o comunicaciones ante las autori­
dades del Estado del que es nacional o en el que reside, o ante las Naciones Unidas" y se suprimió del artículo 7 del
"Borrador de Lake Success", la referencia al derecho a la determinación inmediata de la legalidad de cualquier detención,
así como el de ser juzgado o liberado dentro de un plazo razonable", limitándose a señalar que "nadie podrá ser arrestado
o detenido en forma arbitraria". Cfr. WEISSBRODT y HALLENDORFF, "Travaux Préparatoires of the Fair Trial Provisions…",
op. cit., p. 1999, y GLENDON, Un mundo nuevo…, op. cit., pp. 382, 389 y 392.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 255

del poder y en defensa de los derechos fundamentales de las personas, lo cual, como lo advirtieron
algunos de sus delegados, resultaba inaceptable.34

De ahí que —como lo destacó el jurista y representante uruguayo Eduardo Jiménez de Arécha­
ga— la propuesta mexicana, junto con el derecho de amparo, incluyó implícitamente la figura del
habeas corpus,35 e incorporó parte del derecho de petición proyectado originalmente.

Frente al alcance específico del habeas corpus, respecto de la protección de la libertad perso­
nal, la internacionalización del amparo mexicano permitió la ampliación del umbral de protección del
recurso que puede abarcar, además del denominado "amparo de la libertad" —habeas corpus o exhi­
bición personal—, otros procesos, como el amparo contra resoluciones jurisdiccionales, equivalente
al recurso de casación de origen francés ("amparo casación"); amparo contra leyes; amparo contra
un proceso contencioso-administrativo y amparo social, para la protección de derechos agrarios o,
más recientemente, para la protección de intereses difusos y derechos colectivos.36

En definitiva, ante la ausencia de una disposición específica sobre el habeas corpus en la


DUDH se puede entender plenamente que el juicio de amparo incluye el derecho de las personas
privadas de libertad a recurrir ante un Juez para que determine la legalidad de su detención.37 Pos­te­
riormente, se incorporarían tanto del derecho a un recurso efectivo como del habeas corpus en otros
instrumentos internacionales, entre ellos, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (arts.
2.3.a y 9.4) y la Convención Americana sobre Derechos Humanos (arts. 7.6 y 25), definiendo los
rasgos particulares de cada institución, sin que ello suponga desconocer su interrelación en tanto
recursos efectivos.38

La práctica internacional confirmaría también la interrelación de los recursos. Al respecto, por


ejemplo, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), en su Opinión Consultiva OC-8/87,
destacó que

34
Cfr. WEISSBRODT y HALLENDORFF, op. cit., p. 1091, y FARRELL, "Does the Universal Declaration of Human Rights
implicitly guarantee a right to Habeas Corpus?", op. cit., pp. 2-5.
35
A/C.3/SR.113, p. 245.
36
Cfr. FIX-ZAMUDIO, Héctor y FERRER Mac-GREGOR, Eduardo, "El derecho de amparo en México", en El derecho de
amparo en el mundo, op. cit., pp. 461-521.
37
FARRELL, B., "Does the Universal Declaration of Human Rights implicitly guarantee a right to Habeas Corpus?",
op. cit., p. 5.
38
El artículo 7.6 establece: Toda persona privada de libertad tiene derecho a recurrir ante un Juez o tribunal compe­
tente, a fin de que éste decida, sin demora, sobre la legalidad de su arresto o detención y ordene su libertad si el arresto
o la detención fueran ilegales. En los Estados Partes cuyas leyes prevén que toda persona que se viera amenazada de
ser privada de su libertad tiene derecho a recurrir a un Juez o tribunal competente a fin de que éste decida sobre la lega­
lidad de tal amenaza, dicho recurso no puede ser restringido ni abolido. Los recursos podrán interponerse por sí o por
otra persona".
256 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

[…] si se examinan conjuntamente los dos procedimientos, puede afirmarse que el amparo
es el género y el habeas corpus uno de sus aspectos específicos [puesto que] de acuerdo con
los principios básicos de ambas garantías recogidos por la Convención así como con los di­
versos matices establecidos en los ordenamientos de los Estados Partes, se observa que
en algunos supuestos el habeas corpus se regula de manera autónoma con la finalidad de
proteger esencialmente la libertad personal de los detenidos o de aquellos que se encuentran
amenazados de ser privados de su libertad, pero en otras ocasiones el habeas corpus es deno­
minado ‘amparo de la libertad’ o forma parte integrante del amparo.39

39
Corte IDH, El habeas corpus bajo suspensión de garantías (arts. 27.2, 25.1 y 7.6 Convención Americana sobre Dere-
chos Humanos). Opinión Consultiva OC-8/87 del 30 de enero de 1987, Serie A, núm. 8, párr. 34.
CAPÍTULO XV
EL AMPARO EN EL CONJUNTO DEL DERECHO
INTERNACIONAL DE LOS DERECHOS HUMANOS

C omo se advirtió en un capitulo anterior, la tesis de la "internacionalización del amparo" desde


puertos mexicanos contó entre sus principales promotores con el jurista mexicano Felipe Tena Ramí­
rez, quien expone así las primeras fases del proceso:

Con motivo de la IX Conferencia Internacional Americana, llamada a celebrarse en Bogotá


de marzo a mayo de 1948, planteamos al entonces secretario de Relaciones Exteriores [de
México], Jaime Torres Bodet, la posibilidad de recomendar a la conferencia la adopción de
nuestro juicio de amparo como técnica defensora, común y homogénea, de los derechos de la
persona, aceptada la idea, se nos encomendó el estudio básico respectivo, el cual fue publi­
cado en la Revista Mexicana de Derecho Público.40

En palabras del propio Tena Ramírez "fue su experiencia ya secular la que impulsó a México,
cuando en la Conferencia de Bogotá celebrada en 1948 propuso que se adoptara su técnica protec­
tora de los derechos Humanos".41 La propuesta de la Delegación mexicana en Bogotá —presidida por
el escritor, educador y humanista, Jaime Torres Bodet, e integrada por un selecto grupo de juristas y
diplomáticos, entre ellos Germán Fernández del Castillo y Pablo Campos Ortiz— se resume en sus
propios términos: "Los derechos humanos han de ser motivo de una declaración especial. Su pro­

40
Cfr. TENA RAMÍREZ, Felipe, "La función del amparo mexicano en la protección internacional de los derechos huma­
nos", op. cit., p. 404.
41
Íbid., p. 401.

257
258 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

tección compete a cada Estado. La generalización de un recurso como el juicio de amparo es de


recomendarse".42

Como lo ha expresado uno de los más connotados constitucionalistas y amparistas mexica­


nos, quien fue Juez y presidente de la Corte IDH y actual miembro del Colegio Nacional, Héctor
Fix-Zamudio,

[…] el derecho de amparo, inclusive con ese nombre fue promovido por los diplomáticos mexi­
canos en las reuniones internacionales que aprobaron varias declaraciones y tratados de dere­
chos humanos" y "en esta dirección pueden enorgullecerse los juristas mexicanos, al haber
aportado sus esfuerzos para la consagración en los artículos XVIII y 8o., respectivamente, de las
Declaraciones Americana y Universal de los Derechos Humanos, respecto del reconocimien­
to de un recurso sencillo y breve que ampare (como lo consigna el texto oficial en castellano) a
los particulares contra la violación de los derechos de la persona humana reconocidos en los
ordenamientos nacionales.43

Así lo recuerda también René Cassin:

[…] la delegación mexicana, además de sus votos en ciertas materias, fue la autora de un
texto muy importante, a saber: el artículo 8 […] Fue el señor Campos Ortiz quien lo propuso;
y, por mi parte, como Magistrado de una alta jurisdicción francesa, encontré en seguida dicha
proposición sumamente acertada. La misma obtuvo rápidamente un voto favorable. Es un
ejemplo que doy de la utilidad de la colaboración de todo el mundo. Pero México propuso ese
texto porque existía detrás de él la Declaración aprobada en Bogotá […] donde existía este exce­
lente artículo que no figuraba en nuestro proyecto primitivo. Rindo por todo ello homenaje no
solamente al hombre que hizo la proposición, sino al país que posee una institución llamada
amparo, en la cual pensaba el autor".44

42
Cfr. FERNÁNDEZ DEL CASTILLO, Germán, "El amparo como derecho del hombre en la Declaración Universal", Bole-
tín del Instituto de Derecho Comparado de México, núm. 27, septiembre-diciembre de 1956, p. 10. Entre los miembros
de la delegación mexicana en Bogotá destacan: Amalia González Caballero de Castillo Ledón, César Sepúlveda, José
Gorostiza, Mario de la Cueva, Antonio Gómez Robledo, Antonio Carrillo Flores, José María Ortiz Tirado, Luis Quintanilla,
Eduardo Villaseñor, Francisco Ursúa, Roberto Córdova, Jesús Rodríguez y Rodríguez y Manuel Sánchez Cuén. Germán
Fernández del Castillo asumió la responsabilidad de llevar la voz de nuestro país en las deliberaciones de la Declaración
Americana de los Derechos y Deberes del Hombre. Un valioso recuerdo sobre el ambiente diplomático y político de la
IX Conferencia Americana lo proporciona el propio Jaime Torres Bodet en La victoria sin alas. Memorias, México, Porrúa,
1970, pp. 237-310.
43
FIX-ZAMUDIO, Héctor, "El derecho de amparo. Una contribución de Latinoamérica a la protección procesal de los
derechos humanos" en ZERBINI, Renato (coord.), Rumbos del derecho internacional de los derechos humanos. estudios en
homenaje al profesor Antônio Augusto Cançado Trindade, Brasil, Sergio A. Fabris, Editor, 2005, pp. 79-147.
44
CASSIN, René, "El problema de la realización efectiva de los derechos humanos en la Sociedad Univer­
sal", en AA.VV., Veinte años de evolución de los derechos humanos, México, IIJ-UNAM, 1974, p. 397.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 259

Esta propuesta inicial (revolucionaria desde muchas perspectivas) sería a la postre un es­
labón de transición en la construcción del derecho internacional de los derechos humanos respecto
de la posición de las personas frente a los Estados y de éstos entre sí y frente a la comunidad inter­
nacional, pues con la garantía internacional de los derechos humanos mediante declaraciones y
tratados, por un lado se "arrebató" de la jurisdicción doméstica la exclusividad de la protección de
estos derechos y, por otra, se configuró una expresión particular de la regla del derecho internacional
general del previo agotamiento de los recursos internos, como una limitación de la injerencia interna­
cional respecto de violaciones de derechos humanos en el ámbito estatal, al consignarse en los trata­
dos subsecuentes a la DUDH, como condición para la actuación de las instancias internacionales.45

1. El derecho a un recurso efectivo


como piedra angular
del principio de subsidiariedad

La internacionalización del amparo generó que el derecho a un recurso efectivo adquiriera una natu­
raleza particular como derecho autónomo, como garantía de otros derechos, como garantía insti­
tucional del sistema internacional de protección de los derechos humanos y como deber específico de
los Estados en un sistema democrático. De esta manera, la internacionalización del amparo, y su
desarrollo progresivo, permitió la configuración de características propias, libre respecto de expre­
siones nacionales, pero coherente con su finalidad original. En este sentido, una institución pensada
originalmente para fortalecer la protección de los derechos en el ámbito interno y con ello también
evitar intervenciones injustificadas en dicho ámbito, vino a reforzar también la garantía internacional
de los derechos humanos.

a. Efectos internos:
fortalecimiento y democratización

Sobre este aspecto, cabe recordar que si bien México fue impulsor, desde la Conferencia de Chapul­
tepec, de una "garantía internacional" de los derechos humanos, la propuesta mexicana se planteó

45
Cfr. FAUNDEZ LEDESMA, Héctor, El agotamiento de los recursos internos en el sistema interamericano de protección
de los derechos humanos, Venezuela, Universidad Central de Venezuela/IIDHH, 2007; MERTENS, Pierre, "Le droit à un
recours effectif devant l’autorité nationale compétente dans les conventions internationales relatives à la protection
des droits de l’homme", y GUINAND, Jean, "La règle de l’épuisement des voies de recours internes dans le cadre des
systèmes internationaux de protection des droits de l’homme", ambos en Revue Belge de Droit International, 1968-2,
pp. 446-470 y 471-484, y AMERASINGHE CHITTHARANJAN, Felix, Local Remedies in International Law, 2a. ed., Reino Unido,
Cambridge University Press, 2004, pp. 303 y ss.
260 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

siempre en clave de subsidiariedad. De hecho, en un primer momento y por varias décadas, México
se opuso a una garantía o protección internacional específica de los derechos de la persona —en­ten­
dida como el derecho a una instancia internacional—, debiendo quedar garantizada dicha pro­
tección en el orden interno de los Estados. De ahí la propuesta de la delegación mexicana en Bogotá
en el sentido de que, "sin instituir un sistema de carácter internacional, el derecho interno de los
países signatarios acogiera una técnica defensora de los derechos de las persona, común y homo­
génea para todos los países, y aconsejó con ese fin la adopción del juicio de amparo"; la moción fue
aprobada por unanimidad e incorporada en el artículo XVIII de la Declaración Americana.46

Al respecto, resulta ilustrativa la posición manifestada por el delegado mexicano Germán Fer­
nández del Castillo, durante los trabajos preparatorios a la IX Conferencia Internacional Americana,
en el sentido de que si bien existían "reservas" de muchas delegaciones de crear un tribunal inter­
nacional que conociera de violaciones a los derechos humanos en el continente, resultaba necesario
y "suficiente" hacer una declaración general de los derechos humanos "y recomendar a los Estados
la adopción de un procedimiento sencillo y breve, por el cual, en el régimen interno de cada Estado, la
justicia ampare a toda persona contra los actos de la autoridad que violen alguno de los derechos
fundamentales".47

Así también lo confirmaría posteriormente respecto de la DUDH, al señalar: "La correcta aplica­
ción del artículo 8o. de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre que hagan los Estados
al encuadrar la salvaguarda de esos derechos dentro del orden jurídico nacional, haría innecesaria la
creación de tribunales internacionales que conocieran de las violaciones a esos derechos".48 La nave­
gación internacional e interamericana de la protección de los derechos humanos tomaría otras
rutas, a las que México se sumaría más tarde.49

En todo caso, como lo advierte el jurista brasileño Augusto Cançado Trindade —actual Juez de
la Corte Internacional de Justicia—, el argumento básico que llevó a la inserción del derecho a un

46
TENA RAMÍREZ, "La función del amparo mexicano en la protección internacional de los derechos humanos",
op. cit., p. 401.
47
Cfr. "Acta de la Tercera Sesión de la Comisión Sexta, 17 de abril de 1948", en Novena Conferencia Internacional
Americana, Bogotá, Colombia, marzo 30-mayo 2 de 1948. Actas y Documentos, volumen V, Comisión Quinta-Sexta, Bogotá,
Ministerio de Relaciones Exteriores, 1953, p. 550.
48
FERNÁNDEZ DEL CASTILLO, "El amparo como derecho del hombre en la Declaración Universal", op. cit., p. 13.
49
En 1981 ("año clave" en la apertura al régimen convencional de protección de los derechos humanos) México rati­
ficó diferentes tratados internacionales de derechos humanos, entre ellos la Convención Americana sobre Derechos
Humanos y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos; posteriormente, en 1998, aceptó la competencia con­
tenciosa de la Corte IDH y en 2002 ratificó otro conjunto de tratados en la materia y aceptó la competencia de diferentes
comités de Naciones Unidas. Cfr. GARCÍA RAMÍREZ, Sergio y TORO HUERTA, Mauricio I. del, México ante la Corte Intera-
mericana de Derechos Humanos. Decisiones y transformaciones, México, Porrúa, 2011.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 261

recurso efectivo tanto en la Declaración Americana como en la Universal "residió en el reconocimien­


to de la necesidad de llenar una laguna en ambas: proteger los derechos del individuo contra los
abusos del poder público, someter todo y cualquier abuso de todos los derechos individuales al cono­
cimiento del Poder Judicial en el plano del derecho interno"; asimismo, la proyección del artículo 8
de la Declaración Universal en los tratados de derechos humanos hoy vigentes "contribuye al reco­
nocimiento en nuestro días de que esta garantía judicial fundamental constituye uno de los pilares
básicos del propio Estado de Derecho en una sociedad democrática".50

En este sentido coincide Germán Bidart Campos al señalar que lo que caracteriza a un régimen
democrático no es el reconocimiento formal de derechos y libertades, sino la existencia de condicio­
nes para su efectividad o vigencia sociológica y, en este "terreno de las vigencias", la acción procesal
"es el elemento que en muchos casos puede afirmar el derecho, el medio de hacerlo valer, la vía para
demandar su amparo".51

La influencia y proyección —regional y mundial— del juicio de amparo mexicano puede ras­
trearse también en la creación de instrumentos procesales de protección de derechos humanos en
los textos constitucionales iberoamericanos de la segunda mitad del siglo XIX y la primera del siglo
XX, y encuentra claros paralelos a partir de la segunda mitad del siglo XX —con posterioridad a la
adopción de la DUDH— a partir de la conformación de tribunales constitucionales como mecanis­
mos de garantía de los derechos fundamentales, particularmente en Europa, lo que confirma, en
conjunto, la importancia fundamental del derecho a un recurso efectivo como instrumento protector
de los derechos humanos frente a los abusos del poder en los Estados democráticos.

b. Los efectos externos:


la expansión progresiva

La relevancia de la internacionalización del amparo se confirma también a partir de la incorpora­


ción del derecho a un recurso efectivo —con sus propias características pero con la misma finali­
dad— en los principales tratados de derechos humanos en el ámbito universal y regional, tales como
el Convenio Europeo sobre derechos y libertades fundamentales de 1950 (CEDH);52 el Pacto Interna­

50
CANÇADO TRINDADE, A., "Los aportes latinoamericanos al derecho y a la justicia internacionales", op. cit.,
pp. 60 y 61.
51
BIDART CAMPOS, Germán, Doctrina del Estado democrático, Buenos Aires, Ediciones Jurídicas Europa-América,
1961, p. 298.
52
"Artículo 13. Derecho a un recurso efectivo. Toda persona cuyos derechos y libertades reconocidos en el presente
Convenio hayan sido violados tiene derecho a la concesión de un recurso efectivo ante una instancia nacional, incluso
262 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

cional de Derechos Civiles y Políticos de 1966 (PIDCyP);53 la Convención Americana sobre Derechos
Humanos de 1969 (CADH)54 o la Carta Africana sobre los Derechos Humanos y de los Pueblos de 1981
(CADHyP).55

Este reconocimiento del amparo en el ámbito universal y regional tuvo un impacto positivo no
sólo respecto a la protección de las personas en el ámbito interno de los Estados, sino también
en las relaciones interestatales y en la conformación progresiva del propio derecho internacional de
los derechos humanos como un sistema de protección complementario o subsidiario a los siste­
mas nacionales. De ahí que también suela hablarse de la evolución del "amparo nacional" al "amparo
internacional" o "regional", "intereuropeo" o "interamericano", en clara alusión a la proyección interna­
cional del derecho de amparo.56

En el ámbito interestatal, el desarrollo paulatino del derecho a un recurso efectivo desde la expe­
riencia mexicana y regional, hasta su universalización, permitió reafirmar el principio de no interven­
ción y limitar las pretensiones de intervención (militar o diplomática) injustificadas, al integrarse como
pieza clave de la regla del previo agotamiento de los recursos internos,57 y ser ésta, a su vez, la piedra

cuando la violación haya sido cometida por personas que actúen en el ejercicio de sus funciones oficiales". Como lo
afirma Encarna Carmona Cuenca, el artículo 8 de la DUDH "ha inspirado, en buena medida, la redacción del artículo 13
del Convenio Europeo de Derechos Humanos". Cfr. "El derecho a un recurso efectivo ante una instancia nacional. Proble­
mas interpretativos (art. 13 CEDH)", en GARCÍA ROCA, Javier y SANTOLAYA, Pablo (coords.), La Europa de los Derechos.
El Convenio Europeo de Derechos Humanos, 2a. ed., Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2009, p. 709.
53
"Artículo 2.3. Cada uno de los Estados Partes en el presente Pacto se compromete a garantizar que: a) Toda persona
cuyos derechos o libertades reconocidos en el presente Pacto hayan sido violados podrá interponer un recurso efectivo,
aun cuando tal violación hubiera sido cometida por personas que actuaban en ejercicio de sus funciones oficiales; […]".
54
"Artículo 25. Protección Judicial. 1. Toda persona tiene derecho a un recurso sencillo y rápido o a cualquier otro
recurso efectivo ante los Jueces o tribunales competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos fun­
damentales reconocidos por la Constitución, la ley o la presente Convención, aun cuando tal violación sea cometida
por personas que actúen en ejercicio de sus funciones oficiales./ 2. Los Estados Partes se comprometen: a) a garantizar
que la autoridad competente prevista por el sistema legal del Estado decidirá sobre los derechos de toda persona que
interponga tal recurso; b) a desa­rrollar las posibilidades de recurso judicial, y c) a garantizar el cumplimiento, por las
autoridades competentes, de toda decisión en que se haya estimado procedente el recurso."
55
"Artículo 7.1. Todo individuo tiene derecho a que sea visto su caso, lo cual implica: a) derecho de apelación a órga­
nos nacionales competentes contra actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos y garantizados por los
conve­nios, leyes, ordenanzas y costumbres vigentes […]. "Destaca también el artículo 25 del Protocolo a la Carta Africana
sobre Derechos Humanos y de los Pueblos sobre los derechos de las mujeres en África de 2003, que establece el deber
de los Estados de proveer recursos apropiados a cualquier mujer cuyos derechos o libertades, reconocidos en el Protocolo,
hayan sido violados, así como el de asegurar que tales recursos sean tramitados por las autoridades judiciales, adminis­
trativas o legislativas competentes, o por cualquier otra autoridad competente prevista legalmente.
56
Cfr., entre otros, FIX-ZAMUDIO y FERRER Mac-GREGOR (coords.), El derecho de amparo en el mundo, op. cit.,
y AYALA CORAO, Carlos, Del amparo constitucional al amparo interamericano como institutos para la protección de los
derechos humanos, Caracas/San José, IIDH/EJV, 1998.
57
Por siglos el ejercicio de represalias, primero, y después el de la protección diplomática (o la franca intervención
militar) tuvo como origen la denegación de justicia, de modo que la conformación paulatina de la regla del previo ago­
tamiento de los recursos internos (que en América Latina tuvo relación directa con la denominada "Cláusula Calvo") sirvió
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 263

angular del principio de subsidiariedad que sirve de base de operación a los sistemas interna­ciona­
les de protección de los derechos humanos, como sistemas complementarios a los sistemas
nacionales.58

Al respecto, aunque no deben confundirse todos los "recursos de la jurisdicción interna" con el
recurso de amparo, existen vínculos evidentes, puesto que, en este contexto, el requisito de previo
agotamiento de los recursos internos "parte de la premisa de que el orden nacional […] ofrece al
justiciable un recurso efectivo que le permite prevenir y reparar las violaciones alegadas antes de
poner en funcionamiento el mecanismo del recurso internacional",59 lo que implica no sólo su exis­
tencia formal sino también que "sean adecuados y efectivos".60

como límite al intervencionismo estatal. De ahí que el derecho a un recurso efectivo brinde soporte y equilibrio tanto
al principio de no intervención como al derecho de acceso a la justicia de las personas. Cfr., en general, CANÇADO
TRINDADE, A., "Origin and historical development of the rule of exhaustion of local remedies in international law", Revue
Belge de Droit International, 1976-2. pp. 499-527. Ya en la Conferencia de Chapultepec, en la resolución sobre Protección
Internacional de los Derechos Esenciales del Hombre, las naciones latinoamericanas señalaron que "la protección interna­
cional de los derechos esenciales del hombre eliminaría el uso indebido de la protección diplomática de los ciudadanos
en el exterior, cuyo ejercicio ha determinado más de una vez la violación del principio de no intervención, y también el de
igualdad entre nacionales y extranjeros, en cuanto a los derechos esenciales del hombre". Conferencias Internacionales
Americanas. Segundo Suplemento, 1945-1954, México, SRE, 1990, p. 52.
58
Al respecto, por ejemplo, la Corte IDH ha destacado — como lo han hecho también otras instancias internacio­
nales— que la responsabilidad estatal "sólo puede ser exigida a nivel internacional después de que el Estado haya tenido
la oportunidad de declarar la violación y reparar el daño ocasionado por sus propios medios [lo que] se asienta en el
principio de complementariedad (subsidiariedad), que informa transversalmente el Sistema Interamericano de Derechos
Humanos, el cual es, tal como lo expresa el Preámbulo de la misma Convención Americana, coadyuvante o complemen-
tario de la [protección] que ofrece el derecho interno de los Estados americanos". Siendo el Estado "el principal garante
de los derechos humanos de la personas", es el propio Estado "quien tiene el deber de resolver el asunto a nivel interno
y, en su caso, reparar, antes de tener que responder ante instancias internacionales […] ideas también han adquirido
forma en la jurisprudencia reciente bajo la concepción de que todas las autoridades y órganos de un Estado Parte en la
Convención tienen la obligación de ejercer un control de convencionalidad". Entre otros, Caso Masacre de Santo Domingo
vs. Colombia. Excepciones Preliminares, Fondo y Reparaciones. Sentencia de 30 de noviembre de 2012, Serie C, núm. 259,
párr. 142. Cfr. CAROZZA, Paolo G., "Subsidiarity as a Structural Principle of International Human Rights Law", AM J In’L,
vol. 97, núm. 1, 2003 y TORO HUERTA, Mauricio I. del, "El principio de subsidiariedad en el derecho internacional de los
derechos humanos, con especial referencia al sistema interamericano", en BECERRA, Manuel (coord.), La Corte Intera-
mericana de Derechos Humanos a veinticinco años de su funcionamiento, México: IIJ-UNAM, 2007, pp. 23-61.
59
CASADEVALL, Josep, El Convenio Europeo de Derechos Humanos, el Tribunal de Estrasburgo y su Jurisprudencia,
Valencia, Tirant lo Blanch, 2012, p. 393. En el mismo sentido se ha pronunciado la Comisión Africana de Derechos Humanos
y de los Pueblos al señalar que el propósito de la regla del previo agotamiento de los recursos internos es dar a los Es­
tados la oportunidad de resolver por sus propios medios y en el marco de su propio sistema interno las violaciones a los
derechos de las personas sujetas a su jurisdicción, ello implica reconocer a los tribunales nacionales una oportunidad
para decidir sobre un caso antes de ser llevado a una instancia internacional, lo que también evita decisiones contra­
dictorias a nivel nacional e internacional". Social and Economic Rights Action Centre (SERAC) and Another v Nigeria (2001)
AHRLR 60 (ACHPR 2001), párr. 37 y Lawyers for Human Rights v Swaziland (2005) AHRLR 66 (ACHPR 2005), párr. 22.
60
Como lo destacó la Corte IDH desde el Caso Velásquez Rodríguez vs. Honduras, que sean adecuados "significa que
la función de esos recursos, dentro del sistema de derecho interno, sea idónea para proteger la situación jurídica infli­
gida", si en un caso específico el recurso no es adecuado, "es obvio que no hay que agotarlo"; por otra parte, que sea
eficaz significa que sea "capaz de producir el resultado para el que ha sido concebido", por ejemplo, cuando se somete
264 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

Como lo refiere Antonio Cançado Trindade —ex presidente de la Corte IDH—, "la regla del ago­
tamiento, en la protección de los derechos humanos, sólo puede ser considerada adecuadamente
en conexión con la obligación correspondiente de los Estados de proveer recursos internos efica­
ces; el énfasis [recae] en la tendencia de perfeccionamiento de los instrumentos y mecanismos
nacionales de protección de justicia".61

De esta manera, el derecho a la existencia y efectividad de los recursos internos pasó a ser,
además de un derecho de las personas, un deber de los Estados. Al respecto, la Corte IDH —con base
en una sólida doctrina internacional— ha reiterado que la regla del previo agotamiento de los recur­
sos internos constriñe a los Estados parte a suministrar recursos judiciales efectivos a las víctimas de
violación de los derechos humanos, recursos que deben ser sustanciados de conformidad con las
reglas del debido proceso legal, "todo ello dentro de la obligación general a cargo de los mismos
Estados, de garantizar el libre y pleno ejercicio de los derechos reconocidos por la Convención Ame­
ricana a toda persona que se encuentre bajo su jurisdicción". De ahí que cuando se invocan excep­
ciones a la regla de agotamiento previo de los recursos internos, indirectamente se alude a la violación
al derecho a un recurso judicial efectivo.62

Lo anterior supone que el reconocimiento del derecho a la protección judicial o el derecho a un


recurso efectivo implicó a su vez una garantía institucional respecto a la estructuración de los sis­
temas de protección de los derechos humanos, en sus dos ámbitos: nacional e internacional.

2. El amplio alcance del derecho


a un recurso efectivo en la actualidad

Desde el reconocimiento internacional del derecho a un recurso efectivo, el desarrollo progresivo del
derecho internacional de los derechos humanos y la interpretación evolutiva de sus normas y prin­
cipios —tanto en el ámbito universal como en el regional— han contribuido a extender sus alcances

a exigencias procesales que lo hacen inaplicable, carece de obligatoriedad, resulta peligroso para los interesados o no
se aplica imparcialmente. Sentencia de Fondo. Sentencia de 29 de julio de 1988. Serie C, núm. 4, párrs. 64 y 66. Asimis­
mo, la Corte IDH ha estimado que si, por razones de indigencia o por el temor generalizado de los abogados para repre­
sentarlo legalmente, un reclamante se ha visto impedido de utilizar los recursos internos necesarios para proteger un
derecho garantizado por la Convención, no puede exigírsele su agotamiento. Excepciones al Agotamiento de los Recursos
Internos (arts. 46.1, 46.2.a y 46.2.b, Convención Americana sobre Derechos Humanos). Opinión Consultiva OC-11/90 del 10
de agosto de 1990. Serie A, núm. 11.
61
CANÇADO TRINDADE, A., El derecho internacional de los derechos humanos en el siglo XXI, 2a. ed., Chile, Editorial
Jurídica de Chile, 2006, p. 302.
62
Corte IDH, entre otros, Caso Castañeda Gutman vs. Estados Unidos Mexicanos. Excepciones Preliminares, Fondo,
Reparaciones y Costas. Sentencia de 6 de agosto de 2008. Serie C, núm. 184, párr. 34.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 265

y efectos jurídicos, así como a la ampliación de sus fronteras conceptuales. En la actualidad —con
los matices propios de cada sistema de protección internacional—, el derecho a un recurso efectivo
forma parte del más amplio derecho de acceso a la justicia integral o derecho a la tutela judicial
efectiva que supone no sólo el reconocimiento formal del derecho a una protección judicial mediante
un recurso nacional sino también el deber de los Estados de garantizar su accesibilidad y efecti­vidad
a todas las personas sujetas a su jurisdicción, considerando sus circunstancias específicas.63

a. El aporte conceptual a la noción


de "fundamentalidad" de los derechos humanos

Como se ha destacado, el aporte central del artículo 8 de la DUDH fue establecer el derecho a un
recurso efectivo ante los tribunales nacionales para salvaguardar los derechos fundamentales. Con
ello se contribuyó no sólo a definir el alcance material y procesal del derecho como garantía efectiva,
sino también a la definición misma de los derechos fundamentales como derechos justiciables.

Al respecto, como lo sostiene Olivier Le Bot, el texto establece un nivel de exigencia elevado, en
su ámbito material, que se proyecta en su dimensión procesal, pues requiere el establecimiento de
recursos, esto es, medios procesales, que sean además efectivos, que se establezcan ante órganos
jurisdiccionales nacionales competentes, respecto de actos de cualquier entidad (actos administra­
tivas, legislativos, judiciales y de particulares) que vulneren derechos fundamentales establecidos
en la Constitución y en la ley. Esta última precisión también es un aporte novedoso y relevante —que
trasciende al momento de la adopción de la declaración—, pues ante la dificultad (entonces y ahora)
de definir el concepto de "derecho fundamental", el artículo 8 aporta un elemento sustantivo e "in­
sospechado" a la definición misma de éstos como categoría especial de derechos, al identificar, al
menos, dos fuentes de dicho carácter: la Constitución y la ley. Esto es, su "fundamentalidad" no
depende exclusivamente de su constitucionalidad o supralegalidad, va más allá y, como lo demostró
el desarrollo convencional posterior, tampoco se limitó a su "légiconstitutionnalité".64

Es decir, el carácter fundamental de los derechos que deben garantizarse con un recurso efec­
tivo (como una forma de garantía reforzada) no se limitó a su fuente constitucional —no obstante que
en su origen la inclusión de la fuente legal se hizo en atención de aquellos Estados que no tenían

63
En general, BREWER-CARÍAS, Allan, Mecanismos nacionales de protección de los derechos humanos (Garantías
judiciales de los derechos humanos en el derecho constitucional comparado latinoamericano), San José, IIDH, 2005.
64
Cfr. Le Bot, "Le droit au recours comme garantie des droits fondamentaux: l’article 8 de la Déclaration universelle
des Droits de l’homme", op. cit., pp. 109-118.
266 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

Constitución escrita—, pues el desarrollo progresivo de este derecho confirma una práctica expansiva
en este ámbito, incluyendo la fuente internacional (PIDCyP, CADH y CEDH), e incluso, como en la
Carta Africana, fuentes convencionales, consuetudinarias y reglamentarias.65

Aunado a lo anterior, la identificación específica de las fuentes normativas de los derechos fun­
damentales se relaciona también con la exigencia de que tales derechos, dada su importancia axio­
lógica, sean reconocidos en el ordenamiento jurídico estatal como derechos constitucionalmente
garantizados, legalmente considerados o judicialmente reconocidos.66 Ello contribuye al proceso
de recepción del derecho internacional en el ámbito interno de los Estados y al proceso interno de su
reconocimiento y positivización.67

b. El reconocimiento subsecuente
por la comunidad internacional

La proyección del derecho a un recurso efectivo ha sido reconocida por la comunidad internacional
con posterioridad a la adopción de la DUDH.

65
Así lo advierte Le Bot al destacar que una cuestión importante es saber si una vez consagrada en la Declaración,
esta solución dictada por el particularismo de un país (Reino Unido), no dotado de una Constitución rígida, reviste un
alcance más amplio, como lo ilustran las convenciones que han desarrollado este derecho en el ámbito universal y regio­
nal. Op. cit., p. 115. Al respecto, por ejemplo, la CADH establece, en su artículo 29.c., que ninguna de sus disposiciones
puede interpretarse en el sentido de "excluir otros derechos y garantías que son inherentes al ser humano o que se deri­
van de la forma democrática representativa de gobierno", con lo cual el derecho a un recurso abarca también tales
derechos.
66
Cfr., en general, CARPIZO, Jorge, "Los derechos humanos: naturaleza, denominación y características", en Cuestio-
nes Constitucionales. Revista Mexicana de Derecho Constitucional, núm. 25, julio-diciembre de 2011, pp. 3-29. En algunos
sistemas nacionales se reconocen, incluso, derechos fundamentales no positivizados rigurosamente, que cuentan con
una garantía reforzada, a partir de su vinculación axiológica como derechos inherentes a la persona humana definidos
por la vía judicial. Por ejemplo, "para el nuevo constitucionalismo colombiano, tales derechos no necesariamente deben
estar contemplados o insinuados en una norma jurídica. Hay otras fuentes no normativas para inferirlos", lo que implica
reconocer múltiples significados de fundamentalidad o una "fundamentalidad ampliada". Cfr. Chinchilla, Tulio, ¿Qué
son y cuáles son los derechos fundamentales?, 2a. ed., Colombia, Temis, 2009, pp. 109-112. El aspecto de las fuentes de
los derechos humanos fue analizado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación al resolver la Contradicción de Tesis
293/2011, concluyendo que los mismos no se relacionan en términos jerárquicos y, en conjunto, constituyen el parámetro
de control de regularidad constitucional, conforme al cual debe analizarse la validez de las normas y actos que forman
parte del orden jurídico mexicano" [P./J.20/2014 (10a.)].
67
La "positivización" de los derechos admite diversas concepciones. Aquí resulta significativa aquella que la vincula
con su debido cumplimiento y garantía eficaz, lo que implica una noción de positividad como "vigencia sociológica" y no
sólo como mera inscripción formal en el ordenamiento; de hecho, "puede ser que, sin normas expresas sobre dere­
chos personales […] tales derechos tengan recepción en el derecho positivo (por fuente de derecho no escrito, o por
fuente de derecho judicial o jurisprudencia) mediante su vigencia sociológica". Cfr. BIDART CAMPOS, Germán, Teoría
general de los derechos humanos, México, IIJ- UNAM, 1993, p. 58.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 267

Al respecto, por ejemplo, en la Declaración y Programa de Acción de Viena, aprobados por la


Conferencia Mundial de Derechos Humanos el 25 de junio de 1993, se destacó el deber de cada Es­
tado de "prever un marco de recursos eficaces para reparar las infracciones o violaciones de los
derechos humanos", para lo cual "la administración de justicia, en particular los organismos encar­
gados de hacer cumplir la ley y del enjuiciamiento así como un poder judicial y una abogacía inde­
pendientes, en plena conformidad con las normas contenidas en los instrumentos internacionales
de derechos humanos, son de importancia decisiva para la cabal realización de los derechos huma­
nos sin discriminación alguna y resultan indispensables en los procesos de democratización y desa­
rrollo sostenible".68

Así lo reconoció también la Asamblea General de las Naciones Unidas el 16 de diciembre de


2005, al aprobar los Principios y directrices básicos sobre el derecho de las víctimas de violaciones mani­
fiestas de las normas internacionales de derechos humanos y de violaciones graves del derecho interna-
cional humanitario a interponer recursos y obtener reparación,69 en cuyo preámbulo se advierte:

Recordando las disposiciones que reconocen el derecho a un recurso a las víctimas de viola­
ciones de las normas internacionales de derechos humanos, disposiciones que figuran en
numerosos instrumentos internacionales, en particular el artículo 8 de la Declaración Univer­
sal de Derechos Humanos, el artículo 2 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, el
artículo 6 de la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discrimi­
nación Racial, el artículo 14 de la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles,
Inhumanos o Degradantes, y el artículo 39 de la Convención sobre los Derechos del Niño, así
como a las víctimas de violaciones del derecho internacional humanitario, disposiciones que
figuran en el artículo 3 de la Convención de La Haya relativa a las leyes y costumbres de la
guerra terrestre de 18 de octubre de 1907 (Convención IV), en el artículo 91 del Protocolo adicio­
nal de los Convenios de Ginebra de 12 de agosto de 1949, relativo a la protección de las víctimas
de los conflictos armados internacionales (Protocolo I), de 8 de junio de 1977, y en los artículos
68 y 75 del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional,

Recordando las disposiciones que reconocen el derecho a un recurso a las víctimas de viola­
ciones de las normas internacionales de derechos humanos en diversos convenios regionales,
en particular el artículo 7 de la Carta Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos, el ar­

68
Declaración y el Programa de Acción de Viena. Doc. A/CONF.157/23. 12 de julio de 1993. Conferencia Mundial de
Derechos Humanos, Viena, 14 a 25 de junio de 1993.
69
Resolución 60/147. La ruta de adopción de los Principios y directrices implicó, en primer lugar, su aprobación por la
otrora Comisión de Derechos Humanos (sustituida en la actualidad por el Consejo de Derechos Humanos) mediante
resolución 2005/35, de 19 de abril de 2005, y posteriormente, por el Consejo Económico y Social en su resolución E/2005/30
de 25 de julio de 2005, en la cual recomendó su aprobación por la Asamblea General.
268 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

tículo 25 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos y el artículo 13 del Convenio


para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales.

En particular, en los Principios y directrices básicos sobre el derecho de las víctimas a interponer
recursos y obtener reparación, se destaca que el derecho a un recurso efectivo se configura como la vía
idónea para garantizar no sólo la protección de los derechos humanos, sino también una adecuada
reparación a las víctimas de violaciones a los derechos humanos, como elemento central del derecho
de acceso a la justicia. Al respecto, los Principios destacan que la obligación de respetar los dere­
chos supone el derecho de las víctimas a recursos suficientes, eficaces, rápidos y apropiados que
garanticen —además de un acceso igual y efectivo a la justicia— una adecuada y rápida reparación
(Principios I y VII).

3. El desarrollo convencional
y jurisprudencial

A partir de la base inicial prevista en el artículo 8 de la declaración, la incorporación del derecho a


un recurso efectivo a los diferentes sistemas convencionales de protección internacional de los dere­
chos humanos ha modulado su alcance e interpretación —puesto que la DUDH no impone obli­
gaciones directas a los Estados—,70 sin que ello suponga un rompimiento con su "fuente original", en
el sentido de constituirse como un derecho-garantía de los derechos humanos reconocidos, ya
sea en el ámbito nacional, en el internacional o en ambos.71 Asimismo, los órganos encargados de la
supervisión de las obligaciones de los Estados han contribuido a definir los alcances y límites de
este derecho.

a. El sistema universal

El Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, órgano encargado de supervisar el cum­
plimiento del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, ha precisado que el párrafo 3 del
artículo 2 exige que, "además de dar una protección efectiva a los derechos del Pacto, los Estados

70
No obstante su naturaleza jurídica, como una resolución y recomendación de la Asamblea General, en la actuali­
dad se reconoce a la DUDH como un instrumento con efectos jurídicos innegables; tanto en el plano ontológico como
hermenéutico, como catálogo de los derechos a los que alude la Carta de las Naciones Unidas y como interpretación
auténtica respecto de los deberes impuestos por la misma Carta en esta materia. Sobre el valor jurídico de la DUDH,
véase, entre otros, TORO HUERTA, Mauricio del, La Declaración Universal de Derechos Humanos…, op. cit., pp. 65-77.
71
Como se mencionó, la DUDH reconoce el derecho a un recurso efectivo respecto de violaciones de los derechos
humanos reconocidos en las constituciones y leyes de los Estados, mientras que otros instrumentos aluden exclusi­
vamente a violaciones a derechos reconocidos en el tratado respectivo (como Pacto Internacional y Convenio Europeo);
la Convención Americana se refiere a violaciones a derechos reconocidos en las constituciones y leyes estatales y en la
propia Convención y la Carta Africana se refiere a los "convenios, leyes, ordenanzas y costumbres vigentes".
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 269

Partes garanticen que toda persona disponga también de recursos accesibles y eficaces para rei­
vindicar esos derechos. Esos recursos deben adaptarse de manera adecuada para que tengan en
cuenta la particular vulnerabilidad de determinadas categorías de personas, en particular los niños".
Al respecto, "el Comité atribuye importancia al establecimiento por los Estados Partes de mecanis­
mos judiciales y administrativos adecuados para atender las reclamaciones de violaciones de los
derechos con arreglo al derecho interno" y advierte que "el disfrute de los derechos reconocidos por
el Pacto puede ser garantizado con eficacia por el poder judicial de muchas formas distintas, entre
ellas la aplicabilidad directa del Pacto, la aplicación de disposiciones constitucionales o legales de
otra índole comparables, o el efecto interpretativo del Pacto en la aplicación del derecho nacional".

Asimismo, el Comité destaca que "el cese de una violación continua es un elemento esencial del
derecho a un recurso eficaz" y que además "requiere que los Estados Partes otorguen una reparación
a las personas cuyos derechos del Pacto han sido violados"; si no se otorga una reparación, "la obli­
gación de proporcionar un recurso efectivo, que es fundamental para la eficacia del párrafo 3 del
artículo 2, no se cumple", lo que supone también evitar que vuelva a producirse una violación del
Pacto; ello puede requerir cambios en las leyes o prácticas del Estado Parte. Además, el Comité sos­
tiene "que el derecho a un recurso efectivo puede en algunas circunstancias hacer necesario que
los Estados Partes adopten y apliquen medidas provisionales para evitar violaciones constantes y para
reparar lo más pronto posible cualquier daño que esas violaciones puedan haber causado"; por
añadidura, ahí donde, no obstante la existencia formal de recursos, se siguen produciendo violacio­
nes a los derechos, deben considerarse "los obstáculos" a su eficacia, toda vez que ello puede ser
"atribuible al hecho de que los recursos no funcionan con efectividad en la práctica".72

b. El sistema europeo

Por su parte, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha definido los alcances del derecho a un
recurso efectivo previsto en el artículo 13 del Convenio Europeo, en el sentido de reconocer su doble
naturaleza, como derecho y como garantía, esto es, como derecho autónomo pero dependiente de
violaciones justificadas a otros derechos, exigiendo para su efectividad no sólo su mera existen­
cia formal, sino también su accesibilidad y disponibilidad, así como el deber de garantizar su eficacia,
tanto de los recursos como de las sentencias del propio Tribunal Europeo, y la reparación integral de
las violaciones; sin hacer depender su efectividad de un resultado favorable, de su carácter judicial

72
Comité de los Derechos Humanos, Observación General No. 31. La índole de la obligación jurídica general impuesta,
80 periodo de sesiones, U.N. Doc. HRI/GEN/1/Rev.7 at 225 (2004), párrs. 15-20.
270 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

—siempre que sea una instancia nacional competente y su decisión vinculante— o de la posibilidad
de establecer recursos contra leyes nacionales, siempre que el recurso (o el conjunto de ellos) no sea
dificultado o limitado de manera injustificada por actos u omisiones de las autoridades estatales y
sea resuelto dentro de los plazos legalmente previstos, siendo razonables.73

c. El sistema interamericano

La Corte IDH ha construido una vasta doctrina jurisprudencial sobre el derecho a un recurso efec­
tivo previsto en el artículo 25 de la Convención Americana, así como respecto de su vinculación con
otros derechos y deberes, tales como las garantías del debido proceso (art. 8) y los deberes gene­
rales de respeto y garantía y de adecuación del orden interno al internacional (arts. 1 y 2), considerando
los deberes específicos establecidos en la Convención en el sentido de que los Estados deben desa­
rrollar las posibilidades reales del recurso judicial y garantizar el cumplimiento de las decisiones en
que se haya estimado procedente el recurso.74

Como lo ha reiterado la propia Corte, el artículo 25.1 de la Convención "es una disposición de
carácter general que recoge la institución procesal del amparo, como procedimiento sencillo y breve
que tiene por objeto la tutela de los derechos fundamentales".75 La disposición convencional esta­
blece, en términos amplios, "la obligación de los Estados de garantizar un recurso judicial efectivo contra
actos que violen derechos fundamentales", debiéndose aplicar "no sólo respecto de los derechos con­
tenidos en la Convención, sino también de aquellos que estén reconocidos por la Constitución o por
la ley", siendo aplicable, a fortiori, a los derechos no susceptibles de suspensión en estado de emer­
gencia. Ello "no se reduce a la mera existencia de los tribunales o procedimientos formales o aun a la
posibilidad de recurrir a los tribunales", el Estado "tiene el deber de adoptar medidas positivas para
garantizar que los recursos que proporciona a través del sistema judicial sean verdaderamente efec­
tivos para establecer si ha habido o no una violación a los derechos humanos y para proporcionar una
reparación", de ahí que "no basta con que esté previsto por la Constitución o la ley, o que sea formal­
mente admisible, sino que se requiere que sea realmente idóneo para establecer si se ha incurrido

73
Cfr. CARMONA CUENCA, "El derecho a un recurso efectivo ante una instancia nacional. Problemas interpretativos
(art. 13 CEDH)", op. cit., pp. 708-732, y ARRESE IRIONDO, Ma. Nieves, "Derecho a un recurso efectivo", en LASAGABASTER,
Iñaki, Convenio Europeo de Derechos Humanos. Comentario sistemático, Madrid, Civitas, 2004, pp. 501-525.
74
Cfr. GARCÍA RAMÍREZ, Sergio, Debido proceso. Criterios de la jurisprudencia interamericana, México, Porrúa, 2012,
pp. 45-51; MEDINA QUIROGA, Cecilia, La Convención Americana: teoría y jurisprudencia. Vida, integridad personal, libertad
personal, debido proceso y recurso judicial, Chile, Universidad de Chile/CDH, 2003, pp. 357-383, y Silva García, Fernando,
La jurisprudencia interamericana sobre derechos humanos. Criterios esenciales, México, Tirant lo Blanch, 2012, pp. 501-539.
75
Garantías judiciales en estados de emergencia (arts. 27.2, 25 y 8), Convención Americana sobre Derechos Humanos).
Opinión Consultiva OC-9/87 de 6 de octubre de 1987. Serie A, núm. 9, párr. 23.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 271

en una violación a los derechos humanos y proveer lo necesario para remediarla", la efectividad del
recurso implica que reúna las características de sencillez y brevedad —propias del recurso de am­
paro—, no siendo efectivos "aquellos recursos que, por las condiciones generales del país o incluso
por las circunstancias particulares de un caso dado, resulten ilusorios".76 De este modo, el Tribunal
ha declarado que "la inexistencia de un recurso efectivo contra las violaciones a los derechos recono­
cidos por la Convención constituye una transgresión de la misma por el Estado Parte en el cual seme­
jante situación tenga lugar".

En ese sentido, en los términos del artículo 25 de la Convención, es posible identificar dos res­
ponsabilidades concretas del Estado. La primera, diseñar y consagrar normativamente un recurso
eficaz y asegurar la debida aplicación de recursos efectivos ante las autoridades competentes, "que
amparen a todas las personas bajo su jurisdicción contra actos que violen sus derechos fundamenta­
les o que conlleven a la determinación de los derechos y obligaciones de éstas". La segunda, "garan­
tizar los medios para ejecutar las respectivas decisiones y sentencias definitivas emitidas por tales
autoridades competentes, de manera que se protejan efectivamente los derechos declarados o reco­
nocidos. Esto último, debido a que "una sentencia con carácter de cosa juzgada otorga certeza
sobre el derecho o controversia discutida en el caso concreto y, por ende, tiene como uno de sus
efectos la obligatoriedad o necesidad de cumplimiento. El proceso debe tender a la materialización de
la protección del derecho reconocido en el pronunciamiento judicial mediante la aplicación idónea
del mismo. Por tanto, la efectividad de las sentencias y de las providencias judiciales depende de su
ejecución. Lo contrario supone la negación misma del derecho involucrado".77

76
De acuerdo con la Corte IDH resultan ilusorios los recursos cuando, entre otros supuestos, "su inutilidad haya
quedado demostrada por la práctica, porque el Poder Judicial carezca de la independencia necesaria para decidir con
imparcialidad o porque falten los medios para ejecutar sus decisiones; por cualquier otra situación que configure
un cuadro de denegación de justicia, como sucede cuando se incurre en retardo injustificado en la decisión; o, por cual­
quier causa, no se permita al presunto lesionado el acceso al recurso judicial". Cfr., entre otros, Caso "Cinco Pensionistas"
vs. Perú. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 28 de febrero de 2003. Serie C, núm. 98, párr. 136.
77
Corte IDH, entre otros, Caso de las Comunidades Afrodescendientes Desplazadas de la Cuenca del Río Cacarica
(Operación Génesis) vs Colombia. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 20 de noviem­
bre de 2013. Serie C, núm. 270, párrs. 404 y 405; Caso del Tribunal Constitucional (Camba Campos y otros) vs. Ecuador.
Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 28 de agosto de 2013. Serie C, núm. 268, párr. 228;
Caso Cabrera García y Montiel Flores vs. México. Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 26 de
noviembre de 2010. Serie C, núm. 220, párr. 142; Caso Baena Ricardo y otros vs. Panamá. Competencia. Sentencia de 28
de noviembre de 2003. Serie C, núm. 104, párr. 73; Caso Bámaca Velásquez vs. Guatemala. Fondo. Sentencia de 25 de no­
viembre de 2000. Serie C, núm. 70, párr. 191, Caso de los "Niños de la Calle" (Villagrán Morales y otros) vs. Guatemala. Fondo.
Sentencia de 19 de noviembre de 1999. Serie C, núm. 63, párr. 237, y Caso Velásquez Rodríguez vs. Honduras, Sentencia
de Fondo. Sentencia de 29 de julio de 1988. Serie C, núm. 4, párrs. 63, 68 y 81. Asimismo, Garantías judiciales en estados de
emergencia (arts. 27.2, 25 y 8), Convención Americana sobre Derechos Humanos). Opinión Consultiva OC-9/87 del 6 de octu­
bre de 1987. Serie A, núm. 9, párrs. 23 y 24.
272 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

Desarrollos recientes sobre debates añejos, ponen nuevamente en la mesa de discusión el ca­
rácter autónomo del derecho a un recurso efectivo frente a otros recursos legales, a fin de identificar
su contenido propio —su contenido esencial— como un recurso judicial, efectivo, sencillo y rápido
contra actos violatorios de derechos humanos. Ello, toda vez que el recurso de amparo no es el único
recurso que debe establecerse de acuerdo con la Convención Americana78 e incluso tratándose de
los "recursos de jurisdicción interna" que deben agotarse de manera previa antes de acudir a los ór­
ganos del sistema interamericano, aunque compartan la exigencia de eficacia e idoneidad, algunos
pueden requerir más tiempo y mayor complejidad, o ser de una naturaleza, aunque complementaria,
distinta, como el recurso de apelación en materia penal.79 Por estas y otras razones (teóricas y prácticas),
el debate sobre el contenido material propio y el carácter autónomo, en el plano ontológico, del derecho
a un recurso efectivo, y su interrelación con otros derechos en el plano hermenéutico, han sido materia
de amplios debates por la doctrina internacional y jurisprudencial.80

Recientemente, el Juez mexicano Eduardo Ferrer Mac-Gregor puso nuevamente sobre la mesa del
foro interamericano el carácter autónomo del derecho a un recurso efectivo, a partir de destacar lo
que denomina "una nueva dimensión sobre el derecho a la protección judicial" como "elemento inte­
grador de los derechos fundamentales de fuente nacional y convencional", teniendo un "efecto impor­
tante en el modelo de control de constitucionalidad y convencional que adopten los Estados nacionales
y en su eficacia". Lo anterior está vinculado con las implicaciones de la regla del previo agotamiento

78
Ello, en el entendido de que, como lo ha estimado la Corte IDH, no es en sí mismo incompatible con la Convención
Americana que un Estado limite el recurso de amparo a algunas materias, siempre y cuando provea otro recurso de simi­
lar naturaleza e igual alcance para aquellos derechos humanos que no sean de conocimiento de la autoridad judicial por
medio del amparo. Cfr. Caso Castañeda Gutman vs. México. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sen­
tencia de 6 de agosto de 2008. Serie C, núm. 184, párr. 92.
79
Por ejemplo, no parecen equiparables, dada la rapidez que se exige en el recurso de amparo o sus similares, los
mismos criterios respecto a la determinación del plazo razonable que aquellos que se emplean para otros procesos o recur­
sos que puedan preverse en la jurisdicción interna, han de adaptarse a las finalidades de cada uno de ellos. Cfr. MEDINA,
Cecilia, La Convención Americana…, op. cit., p. 359. Como en su momento lo destacó el Juez García Ramírez: "En la Con­
vención Americana hay por lo menos tres menciones imperiosas y explícitas a este respecto, con supuestos y expresiones
propios: primero, toda persona detenida o retenida "tendrá derecho a ser juzgada dentro de un plazo razonable o a ser puesta
en libertad, sin perjuicio de que continúe el proceso" (artículo 7.5, que se refiere al supuesto de detención y/o prisión
preventiva, bajo el rubro genérico "Derecho a la libertad personal"); segundo, toda persona "tiene derecho a ser oída, con
las debidas garantías y dentro de un plazo razonable", por el tribunal correspondiente "en la sustanciación de cualquier
acusación penal formulada contra ella" o para la determinación de sus derechos y obligaciones en otros órdenes (artículo
8.1, que alude al proceso total, hasta que se emite sentencia de fondo, bajo el epígrafe "Garantías judiciales"); y tercero,
"toda persona tiene derecho a un recurso sencillo y rápido" que la ampare contra actos que violen sus derechos funda­
mentales (artículo 25.1, relativo a "Protección judicial") […] Las tres disposiciones de la Convención obedecen a un mismo
proyecto defensor de los derechos del individuo: oportunidad de la tutela, que corre el riesgo de ser inútil, ineficaz, ilu­
soria, si no llega a tiempo, […]Esas estipulaciones acogen la preocupación que preside el aforismo "justicia retardada es
justicia denegada". Voto Razonado del Juez Sergio García Ramírez a la Sentencia de la Corte IDH sobre el Caso López
Álvarez vs. Honduras, del 1o. de febrero de 2006, párrs. 27 y 28.
80
Véanse al respecto los votos, razonado del Juez Antonio Cançado Trindade y disidente de la Jueza Cecilia Medina
Quiroga, en el Caso López Álvarez vs. Honduras. Sentencia del 1o. de febrero de 2006.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 273

de los recursos internos como un derecho de las presuntas víctimas a los recursos judiciales efectivos
en sede interna, antes de acudir a la tutela internacional.81

Para ello es preciso ir aclarando la "zona gris" que se advierte en la interrelación de los derechos
a fin de desarrollar todas sus implicaciones, en especial en lo concerniente a que ese recurso debe
amparar a las personas contra actos que violen sus derechos y operar como un "derecho sustantivo a
la garantía de los derechos fundamentales", del cual depende que la eficacia de éstos sea su fuente
constitucional o convencional, lo que conduce al deber de ejercer un control de constitucionalidad y con­
vencionalidad y a la aplicación de la norma que pudiere resultar más favorecedora de la persona.82

En síntesis: la dimensión integradora en el nivel normativo e interpretativo de los derechos fun­


damentales del derecho a la protección judicial "implica la existencia de un modelo de ejercicio del
‘control de convencionalidad’ que permita darle una protección más amplia en sede interna a todos
los demás derechos protegidos por el Pacto de San José" y

[…] coadyuva a la consolidación de un Sistema Interamericano Integrado, que permite un diálogo


intenso entre todos los operadores jurídicos, especialmente con los Jueces de todas las jerar­
quías y materias, lo que va produciendo indisolublemente la base para la consolidación de los

81
Voto concurrente del Juez Eduardo Ferrer Mac-Gregor Poisot a la Sentencia de la Corte IDH en el Caso
Liakat Ali Alibux vs. Suriname, de 30 de enero de 2014.
82
La Corte IDH ha establecido que el control de convencionalidad es "una institución que se utiliza para aplicar el
Derecho Internacional, en este caso el Derecho Internacional de los Derechos Humanos, y específicamente la Convención
Americana y sus fuentes, incluyendo la jurisprudencia de este Tribunal" (Caso Gelman vs. Uruguay. Supervisión de Cum-
plimiento de Sentencia. Resolución de 20 de marzo de 2013, párr. 65). Al respecto, la Corte IDH ha reiterado que "la Conven­
ción Americana no impone un modelo específico para realizar un control de constitucionalidad y convencionalidad", la
obligación de ejercer un control de convencionalidad entre las normas internas y la Convención Americana "les compete a
todos los órganos del Estado, incluidos sus Jueces y demás órganos vinculados a la administración de justicia en todos
los niveles". Entre otros, Caso Liakat Ali Alibux vs. Suriname. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas.
Sentencia de 30 de enero de 2014. Serie C, núm. 276, párr. 124. Sobre el tema, véase, entre otros, ALBANESE, Susana (coord.),
El control de convencionalidad, Argentina, Ediar, 2008; AYALA CORAO, Carlos, Del diálogo jurisprudencial al control de con­
vencionalidad, México, Porrúa/IMDPC, 2013; GARCÍA RAMÍREZ, Sergio, "El control judicial interno de convencionalidad",
en FERRER Mac-GREGOR, Eduardo (coord.), El control difuso de convencionalidad. Diálogo entre la Corte Interamericana de
Derechos Humanos y los Jueces nacionales, México, Fundap, 2012, pp. 211-243; SAGÜES, Néstor, "El ‘control de convencio­
nalidad’ como instrumento para la elaboración de un ius commune interamericano", y SALGADO PESANTES, Hernán, "Justicia
constitucional transnacional: el modelo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Control de constitucionalidad
vs. Control de convencionalidad", ambos en BOGDANDY, Armin von y otros (coords.), La justicia constitucional y su inter-
nacionalización ¿Hacia un ius constitutionale Commune en América Latina?, tomo II, México, UNAM/Max Planck Institute/
Instituto Iberoamericano de Derecho Constitucional, 2010, pp. 449-468 y 469-495 (respectivamente); SAIZ ARNÁIZ, Alejandro
y FERRER Mac-GREGOR, Eduardo (coords.), Control de convencionalidad, interpretación conforme y diálogo jurispruden-
cial. Una visión desde América Latina y Europa, México, Porrúa/UNAM, 2012, y NOGUEIRA ALCALÁ, Humberto, Derechos
fundamentales, bloque constitucional de derechos, diálogo interjurisdiccional y control de convencionalidad, México, Ubijus/
IIDH, 2014.
274 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

medios legales que permitan garantizar la eficacia de los derechos fundamentales y la creación
de un ius constitutionale commune en materia de derechos humanos en nuestra región.83

d. El sistema africano

Finalmente, pero no menos importante, la Comisión Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos
—y en menor medida la más reciente Corte Africana— también se han pronunciado sobre el dere­
cho a un recurso efectivo, tanto desde una perspectiva procesal como sustantiva.84 Al respecto, la
Comisión ha destacado que los recursos internos deben estar previstos en el ordenamiento interno y
ser efectivos, para ello no deben estar subordinados al poder discrecional de las autoridades públicas,
y debe resultar posible a las víctimas acudir a los tribunales y no representar un riesgo fundado; si los
derechos no están siquiera reconocidos no puede haber recurso efectivo, ni siquiera recurso alguno,
así como tampoco pueden ser efectivos si existen situaciones de extrema vulnerabilidad o privación
de derechos, por ejemplo, ante el temor generalizado de perder la vida o la de familiares; el miedo a
una deportación masiva o ante la negativa a reconocer representación legal a las víctimas de viola­
ciones de derechos humanos. En este sentido, un recurso se considera disponible si el peticionario
puede tener acceso a él sin impedimento; será efectivo si ofrece una perspectiva real de éxito, y sufi­
ciente, si es capaz de reparar la violación alegada. La Comisión ha puntualizado que el derecho de
acceso a la justicia a que se refiere el artículo 7 de la Carta Africana incorpora el derecho a un recurso
efectivo e implica el derecho a la ejecución de las decisiones judiciales; ello supone analizar el con­
texto general de actuación de los tribunales nacionales a fin de conocer el alcance material y tempo­
ral de sus decisiones frente al control que puedan ejercer otras autoridades estatales, si la probabilidad
de que el demandante tenga éxito en la obtención de un remedio que repare la violación denunciada
es mínima, el recurso resulta inaccesible y, por lo tanto, ineficaz.85

83
Voto concurrente del Juez Ferrer Mac-Gregor en el Caso Liakat Ali Alibux vs. Suriname, op. cit., párrs. 127-132. Véase,
en general, BOGDANDY, Armin von, MORALES, Mariela y FERRER Mac-GREGOR, Eduardo (coords.), Ius Constitutionale
commune en derechos humanos en América Latina, México, Porrúa/IMDPC/Max Planck Institute for Comparative Public
Law and International Law, 2013, y Bogdandy y otros (coords.), La justicia constitucional y su internacionalización. ¿Hacia
un ius constitutionale commune en América Latina?, op. cit.
84
Cfr. MUSILA, Godfrey, "The rights to an effective remedy under the African Charter on Human Rights and Peoples'
Rights", African Human Rights Law Journal, 6 (2006), pp. 442-464.
85
Cfr. ACHPR, Res.4(XI)92: Resolution on the Right to Recourse and Fair Trial (1992); Lawyers for Human Rights vs.
Swaziland (2005), AHRLR 66 (ACHPR 2005); Doebbler vs. Sudan (2009) AHRLR 208, Communication No. 235/2000; Antoine
Bissangou vs. Republic of Congo, Communication No. 253/2002 (2006) y Amnesty International & al./Sudan, Communica-
tions 48/90, 50/91 and 89/93 (2000) y Sir Dawda K. Jawara vs. The Gambia, Communications 147/95 y 149/96. Disponibles
en: http://www.chr.up.ac.za.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 275

En el mismo sentido, la Corte Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos —siguiendo a


sus homólogas americana y europea— ha subrayado que los recursos internos deben ser adecuados,
suficientes y efectivos, considerando además que, en principio, los recursos que deben agotarse en
el ámbito interno son recursos judiciales, puesto que son los que cumplen con los criterios de dispo­
nibilidad, eficacia y suficiencia desarrollados por la jurisprudencia internacional, considerando que
los recursos judiciales son los remedios más efectivos para reparar las violaciones de los derechos
humanos. En este sentido, por ejemplo, los procedimientos parlamentarios no son recursos efectivos y
accesibles a todas las personas, ya que son discrecionales y dependen de la voluntad de la mayoría,
por lo que no importa cuán democrático sea el proceso parlamentario, no podrá ser equiparado a
un proceso judicial independiente para la garantía de los derechos humanos.86

Todo lo anterior confirma la internacionalización del derecho a un recurso efectivo, reconocido


por primera vez en el ámbito mundial en la DUDH, cuyo desarrollo nacional y regional ha tenido dife­
rentes expresiones jurídicas pero un mismo fin humanitario: ser un recurso efectivo contra el abuso
del poder y para la obtención de una adecuada reparación por violaciones a los derechos humanos.

86
Application No 011/2011 — Rev. Christopher R. Mtikila vs. The United Republic of Tanzania, Judgment, 14 de junio de
2013, párrs. 82.1 y 82.3. Disponibles en http://www.african-court.org
CAPÍTULO XVI
EL AMPARO Y LA MEMORIA: LA
PROMOCIÓN DE LOS DERECHOS

L a mejor garantía de los derechos es la educación en y para los derechos humanos que contribuya al
diálogo intercultural y a la construcción de una cultura para la paz.87 Hacer memoria sobre el origen
y el desarrollo de los derechos humanos es también reconocernos como parte del proceso histórico
que va del surgimiento de los derechos al establecimiento de las condiciones para su ejercicio real por
todas las personas sin discriminación. La relevancia del derecho a un recurso efectivo incorporado en
el artículo 8 de la DUDH, en el conjunto del derecho internacional de los derechos humanos, es sig­
nificativa, al ser el único derecho previsto en la declaración que establece derechos y deberes especí­
ficos frente a violaciones a los derechos humanos.

1. El origen como destino

En su origen, en 1847, "en momentos trágicos para la patria", ante las calamidades en que se encon­
traba México, "haciendo frente a una guerra extranjera desigual", la creación del amparo respondió a
la necesidad de "dar al pueblo un procedimiento accesible y eficaz, por el cual los Tribunales pudieran
ampararlo, deteniendo la acción abusiva de las autoridades", en circunstancias difíciles, ante gobier­
nos inestables y la ausencia de mecanismos para hacer valer las declaraciones de derechos contenidas

87
Cfr. TORO HUERTA, Mauricio I. del, "La constitucionalización de la educación en derechos humanos desde la pers­
pectiva del derecho internacional", en FERRER Mac-GREGOR, Eduardo, CABALLERO OCHOA, José Luis y STEINER, Christian
(coords.), Derechos humanos en la Constitución: comentarios de jurisprudencia constitucional e interamericana, 2 tomos,
México, SCJN/UNAM/Fundación Konrad Adenauer Stiftung, 2013, pp. 523-578.

277
278 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

en las leyes constitucionales.88 Un siglo después, en 1948, fresco el recuerdo de la tragedia engendrada
por la Segunda Guerra Mundial y ante un escenario incierto respecto a la posición de las personas
frente a los Estados, ante la polarización creciente de la comunidad internacional, el artículo 8 de la
DUDH representó también una esperanza como garantía nacional de los derechos humanos de las per­
sonas frente al poder público.

Al respecto, como lo recuerda Johannes Morsink, la principal razón que motivó el actual artículo
8 de la DUDH fue la necesidad de proteger a las personas en contra de los abusos de las autoridades,
recientes todavía los excesos del nazismo y, en este sentido, las reflexiones del diplomático Alberto
Cañas, delegado de Costa Rica ante la Tercera Comisión, capturan muy bien la racionalidad que se en­
cuentra detrás del artículo, al destacar que

[…] determinadas cláusulas y artículos deben incorporarse a la declaración para dejar claro
que los individuos no están subordinados a los Estados […] dado que el gobierno de un Es­
tado podría caer en manos de un pequeño grupo que podría explotar y oprimir al resto de la
población. La declaración debe garantizar la primacía de los derechos de la persona […] el
caso de la Alemania Nazi demostró que un Estado que coloca sus intereses por encima de los de
sus ciudadanos se adentra en el camino que conduce a la guerra. La Declaración debe ser un
arma para oponerse y combatir tales concepciones.89

Existe pues, mutatis mutandis, un paralelismo contextual del nacimiento nacional e internacio­
nal del amparo respecto de la necesidad de establecer un medio de protección contra la arbitrariedad
del poder en el ámbito estatal. Esta circunstancia histórica y el hecho de que el desarrollo progre­
sivo del derecho internacional confirme la trascendencia de la iniciativa mexicana de incorporar al
texto de la DUDH el derecho de amparo —enraizado en la historia jurídica nacional y regional— justi­
fica una exploración y resguardo archivístico de aquellos expedientes nacionales que hicieron del
juicio de amparo —desde su inicio y no sin dificultades, con luces y sombras— un recurso efectivo

88
FERNÁNDEZ DEL CASTILLO, "El amparo como derecho del hombre en la Declaración Universal", op. cit., pp. 9 y 10.
Como lo advierte también TENA RAMÍREZ, "la historia de México explica, con sus urgencias sociales y políticas, la impe­
riosa necesidad que se presentó a mediados del siglo XIX para descubrir una técnica jurídica que permitiera salvaguardar
a las personas […] frente a los atentados del poder público […] Corría el año de 1847 […] el país presentía desvanecerse,
en una guerra internacional adversa, los últimos vestigios de la nacionalidad […] Fue en estos momentos finales de espe­
ranza, los de mayor angustia que ha conocido la historia de México, cuando los hombres de la época ya sólo pensaron en
salvar de la catástrofe la dignidad humana, como principio de futura recuperación. Y así fue como el 22 de mayo de 1847,
a escasos cuatro meses del día en que el pabellón extranjero habría de izarse en el Palacio Nacional de México, se publicó
el Acta de Reformas, donde nació el amparo como medio de proteger los derechos fundamentales del hombre contra la
acción injustificada de la autoridad". Tena Ramírez, "La función del amparo mexicano en la protección internacional de
los derechos humanos", op. cit., pp. 363 y 370.
89
Doc. A/C.3/SR.90, p. 43. Cfr. MORSINK, The Universal Declaration of Human Rights…, op. cit., pp. 48 y 49.
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 279

contra el abuso del poder y las violaciones a los derechos humanos. Una verdadera arqueología jurí­
dica con interés universal, regional y nacional.90

2. Los archivos para la memoria


y la historia judicial

El debido resguardo de los expedientes que dieron sustento a la iniciativa mexicana contribuye a
reconstruir la historia de un derecho humano esencial. La conservación, análisis crítico y adecuada
difusión de estos archivos contribuye a rescatar una experiencia nacional que ha estado presente, en
menor o mayor medida, en la construcción de la cultura jurídica nacional.

Ya en un lejano 1881, un insigne jurista mexicano, Ignacio L. Vallarta, expresó —con convicción
optimista— que el juicio de amparo había entrado de tal modo en las costumbres mexicanas que
"ningún habitante del país" ignoraba que el mismo "es el recurso supremo contra la opresión, contra
la arbitrariedad de poder", y afirmaba que "el amparo es una de las instituciones nacionales de más
frecuente práctica, de uso más universal".91 En la actualidad, no es posible aventurar una expresión
tan optimista respecto del derecho a un recurso efectivo; no obstante, existe una creciente delibe­
ración y profunda reflexión sobre los alcances del juicio de amparo en México, o su equiparable, aquí
y en otras partes del mundo, a la luz de las exigencias contemporáneas del derecho constitucional,
el derecho comparado y el derecho internacional.

Reconocer el origen de lo que en 1948 se consideró un "nuevo derecho" en el ámbito internacio­


nal, como una aportación de la experiencia jurídica mexicana, a partir de la identificación de casos
específicos en que el juicio de amparo operó como un recurso efectivo contra el abuso del poder —
incluso en escenarios de conflictividad política, tensión social o autoritarismo gubernamental— permite
no sólo conocer y valorar su origen y circunstancia histórica, sino entender el proceso de desarrollo
de una institución jurídica desde su nacimiento nacional hasta su proyección internacional, como
un derecho de todas las personas en todos los países que integran la comunidad internacional y de
su retorno, confrontado y enriquecido en su travesía por otras tradiciones y perspectivas jurídicas,

90
Cfr. GONZÁLEZ OROPEZA, Manuel, Los amparos primigenios (1848-1865), México, Porrúa/IMDPC, núm. 68, 2012, y
Constitución y derechos humanos. Orígenes del control jurisdiccional, México, Porrúa/CNDH, 2009; del mismo autor, con­
juntamente con Pedro A. LÓPEZ SAUCEDO, Las resoluciones judiciales que forjaron a México. La Suprema Corte de Justicia
de la Nación en el siglo XIX. Vigencia de la Constitución de 1857, 1857-1917, tomo 3, México, SCJN, 2010, y Suprema Corte de
Justicia de la Nación, La justicia durante el porfiriato y la Revolución, 1898-1914, 6 tomos, México, SCJN, 2010.
91
VALLARTA, Ignacio L., El juicio de amparo y el writ of habeas corpus. Ensayo crítico-comparado, México, Imprenta de
Francisco Diaz de León, 1881, p. 36.
280 el juicio de amparo en la declaración universal de los derechos humanos

para la construcción — desde una perspectiva reflexiva y crítica— del denominado "nuevo paradigma
constitucional en materia de derechos humanos".92

3. El porvenir de una institución

El proceso de reconstrucción de una institución jurídica tan arraigada en nuestro país, permite tam­
bién valorar su importancia en la actualidad, a raíz de las trascendentales reformas en materia de
amparo y derechos humanos de 2011 y de la expedición de la Nueva Ley de Amparo en 2013.93

La vocación humanitaria primigenia de la institución —concebida para amparar a las personas de


actos violatorios de sus derechos fundamentales— se ve fortalecida ahora en nuestro país a partir
de la inclusión expresa de la protección judicial de los derechos humanos reconocidos en los tratados
internacionales (la vía de regreso del amparo y la adecuación a su fuente convencional); potenciali­
zada su protección y garantía a través del nuevo modelo de control de constitucionalidad y convencio­
nalidad — definido por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) en el expediente Varios
912/2010 (el denominado Caso Radilla, que también ha merecido el registro en la Memoria del Mundo
por la UNESCO),94 precisado con los criterios de jurisprudencia derivados de la contradicción de tesis

92
CARBONELL, Miguel y SALAZAR, Pedro (coords.), La reforma constitucional de derechos humanos: un nuevo para-
digma, México, IIJ-UNAM, 2011; GARCIA RAMÍREZ, Sergio y MORALES, Julieta, La reforma constitucional sobre derechos
humanos (2009-2011), 2a. ed., México, Porrúa, 2012; SALAZAR, Pedro (coord.), La reforma constitucional sobre derechos huma­
nos. Una guía conceptual, México, Instituto Belisario Domínguez/Senado de la República, 2014 y la serie de cuadernos y
la plataforma ReformaDH. Metodología para la enseñanza de la reforma constitucional en materia de derechos humanos,
auspiciados por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal y la
Oficina en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Disponibles en http://www.
reformadh.org.mx/.
93
Cfr. FERRER MacGREGOR, Eduardo y SÁNCHEZ GIL, Rubén, El nuevo juicio de amparo. Guía de la reforma constitu-
cional y de la Nueva Ley de Amparo, 3a. ed., México, Porrúa, 2013.
94
De la determinación adoptada en el expediente Varios 912/2010 — relacionado con el cumplimiento por parte del
Poder Judicial Federal de la sentencia de la Corte IDH emitida en el Caso Radilla Pacheco (Sentencia de 23 de noviembre
de 2009, Serie C, núm. 209)— derivaron, entre otros, las siguientes tesis aisladas: CONTROL DE CONVENCIONALIDAD
EX OFFICIO EN UN MODELO DE CONTROL DIFUSO DE CONSTITUCIONALIDAD [LXVII/2010(9a.)]; PARÁMETRO DE
CONTROL DE CONVENCIONALIDAD EX OFFICIO EN MATERIA DE DERECHOS HUMANOS [LXVIII/2011(9a.)]; PASOS A
SEGUIR EN EL CONTROL DE CONSTITUCIONALIDAD Y CONVENCIONALIDAD EX OFFICIO EN MATERIA DE DERECHOS
HUMANOS Tesis [LXIX/2010(9a.)]. Sobre el tema véase, entre otros, COSSÍO DÍAZ, José Ramón; MEJÍA GARZA, Raúl y ROJAS,
Laura Patricia, El Caso Radilla. Estudio y documentos, México, Porrúa, 2012; FERRER Mac-GREGOR, Eduardo y SILVA GARCÍA,
Fernando, Jurisdicción militar y derechos humanos. El Caso Radilla ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos,
México, Porrúa/UNAM, 2011; GUTIÉRREZ CONTRERAS, Juan Carlos y CANTÚ MARTÍNEZ, Silvano, (coords.), El Caso
Rosendo Radilla Pacheco. Impacto e implicaciones en el nuevo modelo constitucional en derechos humanos, 2a. ed., México,
Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos/Ubijus, 2013, y TORO HUERTA, Mauricio del,
"Perfiles históricos y judiciales del Caso Rosendo Radilla Pacheco", XIV Jornadas de Derecho Penal. Criterios y Jurisprudencia
Interamericana de Derechos Humanos. Influencia y Repercusión en la Justicia Penal, México, IIJ-UNAM (en prensa).
el patrimonio documental de la scjn: una postulación a la unesco 281

293/201195— y estimulada por el creciente diálogo jurisdiccional entre tribunales nacionales e inter­
nacionales bajo la perspectiva hermenéutica de la norma más favorable a la protección de los derechos
y libertades de las personas (principio pro persona).96