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La Tarea Pastoral
Si alguna vez te has preguntado en qué consiste la tarea pastoral, te invito a eches un vistazo a las
actividades que hace nuestro pastor y consideres su trabajo como muestra de lo que significa esta
responsabilidad.
Todo pastor ejerce un ministerio de servicio en el seno de la iglesia con el propósito de ayudar al prójimo, en
las áreas: espiritual, existencial, social, cultural y de salud. La tarea pastoral, como fin supremo, tiene el
propósito de generar la conversión de la persona o personas a Jesucristo, buscando lograr en ella o ellas una
vida nueva, una nueva dimensión de su humanidad con respecto al reino de Dios, para que puedan alcanzar y
gozar la plenitud de la vida.
Para ejercer la tarea pastoral se requiere las siguientes condiciones:
 Capacidad para el cuidado personal, interés, preocupación, seguimiento.
 Capacidad de asesorar, dirigir, estimular, impulsar, discernir dónde está el otro.
 Tener en cuenta que al establecer relación con las personas bajo su cuidado, ésta relación debe ser
interpersonal y humanizante.
 Considerar que el centro de la tarea pastoral es la personalidad humana, y que ésta es íntegra, global,
e inagotable.
Bíblicamente se establecen los requisitos que deben cumplir quienes aspiren a ejercer la tarea del ministerio
pastoral de una manera efectiva en la iglesia. El Apóstol Pablo en su 1ª.carta escrita a Timoteo en el capítulo
3: 1-7 y Tito 1:5-9, menciona la palabra "ancianos" o pastores, haciendo énfasis en los requisitos que
necesitan cumplir para ejercer dicho ministerio. En vista de esto se detalla minuciosamente la definición y
origen de la palabra anciano y así mismo cada uno de los requisitos a cumplir.
Definición de la palabra anciano
La palabra anciano se traduce del hebreo zaquén y del griego presbítero, se refiere a uno que vela, vigila y
supervisa. También en el Nuevo Testamento la palabra anciano es igual a pastor. El nombre pastor proviene
de una figura de uno que apacienta las ovejas. Pastorear involucra alimentar, proteger, guiar y cuidar. Este no
es un asunto insignificante, como para que cualquiera se arriesgara a tomarlo. Sin embargo, Pablo dice a
Timoteo: “Si alguno anhela obispado, buena obra desea” (1ª. Tim. 3:1)
Los requisitos que deben llenar los ancianos o pastores son los siguientes:
1. Irreprensible, es decir, que tenga buena reputación.
2. Marido de una sola mujer, es decir, que viva en pureza moral.
3. Sobrio, moderado, sereno, no pierde la calma, guarda el equilibrio entre su palabra y su acción. Es estable
y firme en sus emociones, su carácter y vida espiritual. Sus pensamientos son muy claros.
4 Prudente, con la información confidencial que otros le confían. Es cuidadoso en lo que dice, a quién se lo
dice y cuándo lo dice. No habla mal de nadie. Escucha y pone en práctica los consejos.
5. Decoroso, de buen ejemplo, “de buen comportamiento”, “bien portado” o “respetable”. De hecho significa
ordenado o esmerado.
6. Hospitalario, es generoso. Esto se refiere a la persona que está dispuesta a compartir sus bendiciones, las
comodidades de su casa y su mesa con los demás.
7. Apto para enseñar, comunica la verdad de Dios en forma sensible, sin amenaza. Tiene convicciones firmes
y claras respecto a la Palabra de Dios como norma de fe y conducta.
8. No dado al vino, no es adicto a ningún fármaco o sustancia extraña.
9. No soberbio, no es dominante ni centrado en sí mismo. Tiene una apreciación correcta de sí mismo, y está
consciente de algo básico: todo lo que tiene (sus talentos, habilidades y posesiones) provienen de Dios.
10. No iracundo, no da lugar al enojo pecaminoso.
11. No pendenciero. No recurre a la violencia física ni verbal, no abusa de otros.
12. Amable, no discute ni provoca divisiones.
13. Apacible, es sensible, cariñoso y gentil. Se esfuerza por mantener y fomentar la paz y la unidad
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14. No codicioso de ganancias deshonestas, no es materialista. No vive motivado por la ganancia ni por las
cosas que el dinero puede traer, como buena posición, poder o influencia.
15. Que gobierne bien su casa, es buen esposo y padre.
16. Que tenga buen testimonio ante los incrédulos.
17. Amante de lo bueno, persigue actividades santas. Hacer lo bueno, se trata de aquello que es útil,
saludable, agradable, placentero, excelente, recto y honorable.
18. Justo, es sabio, con discernimiento, sin prejuicios, leal.
19. Santo, devoto, consagrado.
20. No un neófito, no es un recién convertido. Debe ser una persona madura en la fe.
Como se puede observar, son muchas las exigencias que se tiene para cumplir con esta responsabilidad.
Además de lo señalado, el apóstol Pedro añade las siguientes exhortaciones:
1ª. Ped. :2 Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino
voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; 5:3 no como teniendo señorío
sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey.

La primera exhortación del apóstol es “Apacentad la grey de Dios”, lo que implica que es deber del
pastor alimentar a las ovejas con la sana enseñanza de la Palabra de Dios, protegerlas y cuidarlas de los
lobos rapaces que con sus falsas enseñanzas tratan de arrastrar tras sí los discípulos. (Hech.20:28-30)
Luego, en la segunda exhortación: “cuidando de ella,”, señala la disposición con que debe hacer este
trabajo: no por fuerza, sino voluntariamente. Acá se muestra un contraste, que indica que esta tarea debe
nacer en el corazón del hombre que desempeña esta función y no debe ser algo obligado.
Cuidar, vigilar, supervisar, velar por las almas de la iglesia es tarea de los pastores o ancianos. Heb 13:17
“Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han
de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso.”
Luego aparece un segundo contraste que recalca el motivo: “no por ganancia deshonesta, sino con ánimo
pronto”. Su motivación no debe ser el dinero, poder, vanagloria, posición, reputación, o poder controlar a
otros, sino la satisfacción de servir a Cristo.
Finalmente menciona, un tercer contraste que habla de la manera de cumplir su trabajo: “no como teniendo
señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey”
Quienes dirigen la iglesia están llamados a hacerlo con su ejemplo y no solamente por su boca.(Ver Hechos
20:18-21,24 27-36). Por eso, el escritor a los Hebreos recomienda a los cristianos:
Heb. 13:7 “Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el
resultado de su conducta, e imitad su fe”.
El ministerio pastoral está lleno de retos. En su peregrinaje hacia el cielo, cada pastor debe velar por su
corazón y por el de todos aquellos que el Señor ha puesto bajo su cuidado: su esposa, sus hijos, su iglesia.
La labor del pastor puede llegar a ser compleja y demandante… predicaciones, enseñanza, conferencias,
reuniones, consejerías, eventos, retiros, conflictos matrimoniales, finanzas, bodas, cumpleaños, graduaciones,
entierros, visitación a los enfermos, visita a la cárcel, entre otras… Él realiza la tarea de psicólogo,
psicoterapeuta, mediador de conflictos, comunicador, consejero, educador, padre, motivador, administrador,
pastoreo de niños, adolescentes, juventud, adultos y ancianos.
Son múltiples las tareas que realiza. Ha de proteger al rebaño cuando rondan lobos disfrazados de oveja.
Debe lidiar con cabras que desvían a los corderos hacia al acantilado. Muchos pastores ven cómo sus fuerzas
se desgastan. Su tiempo de oración se ve mermado. Su esfuerzo en el estudio se debilita. Se apaga la ilusión,
y aún las más pequeñas cosas terminan convirtiéndose en una pesada carga. Hay quienes se arrastran
durante años soportando un ministerio seco… mientras otros abandonan por el camino… y entonces es
cuando la iglesia se pregunta “¿Qué ha pasado? ¿Qué podríamos haber hecho por nuestro pastor?”.

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¿Cuál es nuestra responsabilidad como iglesia para con nuestro pastor?

El apóstol Pablo escribiendo a los Tesalonicenses les recomienda:


“12 Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os
amonestan; 13 y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra. Tened paz entre vosotros.” 1
Tes. 5:12-13
Es decir, Pablo les ruega que haya una buena relación entre ellos y su líder espiritual. Además, les menciona
dos cosas de sus responsabilidades en relación a su pastor: que los reconozcan y que los tengan en
mucha estima.
Asimismo, escribe a Timoteo:
1ª.Tim. 5:17 Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los
que trabajan en predicar y enseñar. 5:18 Pues la Escritura dice: No pondrás bozal al buey que trilla; y: Digno
es el obrero de su salario.
El escritor a los Hebreos señala: “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por
vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque
esto no os es provechoso”. Heb. 13:17
Estos versículos hacen referencia a responsabilidades muy específicas de la iglesia para con el pastor; ellos
nos hablan de:
1) Reconocimiento
2) Estima
3) Obediencia y sujeción
4) Sostenimiento digno.

1) Reconocimiento
a) Reconoce que tu pastor es el regalo de Dios a tu Iglesia.
El propósito para el cual Él se lo dio a la iglesia está en Efesios:
Ef.4:11 Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y
maestros, 4:12 a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de
Cristo,4:13 hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón
perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;
b) Reconoce que Dios lo llamo.
c) Reconoce que Dios lo puso en autoridad sobre tu vida espiritual, y la vida espiritual de tu familia.
2) Obediencia.
Obedécele servicialmente. A veces es fácil obedecer, cuando entendemos por qué se nos pide algo.
Otras veces no es tan fácil, porque no lo entendemos, o no estamos de acuerdo. Confía en que tu pastor
busca el bien del rebaño, sírvele con confianza. Dice la Palabra “Obedeced a vuestros pastores… porque
ellos velan por vuestras almas… para que lo hagan con alegría, y no quejándose…” (Hebreos 13:17).
Los pastores tienen una autoridad delegada por Cristo. Pero ahora debemos reconocer esa autoridad y actuar
en consecuencia. Eso no es algo opcional; el autor de esta carta, inspirado por el Espíritu Santo, escribió un
doble mandato aquí: “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos”.
El problema es que en todos nosotros hay una resistencia para someternos a la autoridad, por causa del
pecado que todavía mora en nosotros. La esencia del pecado no es otra cosa que rebeldía, una resistencia a
someternos a la voluntad de otro, incluyendo la voluntad de Dios mismo (esa fue la tentación del diablo a
nuestros primeros padres: “seréis como Dios”).
Por otro lado, también está el problema de que los líderes a los cuales debemos someternos no son perfectos.
Dios hubiera podido enviar ángeles para que pastorearan la iglesia, pero quiso enviar hombres, hombres con
debilidades que tienen que luchar con sus propios pecados; hombres que cometen errores, que se cansan.

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Si hay en nosotros rebeldía, o insumisión, esto “no os es provechoso”. Será en detrimento del bien de toda la
congregación y una fuerte traba en su ministerio.
3) Estima.
Si realmente estimas a tu pastor, hay cosas que puedes hacer por él que te sabrá agradecer y le llenarán
de gozo.
(1) Ora por él y por su familia.
La oración eficaz del justo puede mucho.” ( Santiago 5:16, NVI ). Es increíble que Dios realmente use las
oraciones de su pueblo para influir en su voluntad! Eso es un tremendo privilegio. La oración puede ser un
estímulo que causa el cambio real de las cosas. La oración abre las puertas de la prisión ( Hechos 12:05 ),
trae la lluvia del cielo ( Santiago 5:17 ), añade años a la vida ( Isaías 38:5 ). El poder de Dios es accesible a
través de la oración ( Juan 16:23 ). ¿No suena esto como algo que a su pastor le vendría bien? El diablo está
muy interesado en derribar a los que están en lugares de liderazgo. Sabe que si ellos caen, puede hacer caer
a muchos otros que tenían sus ojos puestos sobre ellos. Ora por tu pastor. Ora con tenacidad. Ora por su
matrimonio. Ora por sus hijos. Ora por su vida de oración. Ora por que el Señor le fortalezca y avive. Ora
porque tu pastor no caiga en desánimo ni pierda la ilusión. Ora por que el Señor le guarde de todo mal.
(2) Ama a tu pastor y a su esposa. Ámale, con un amor práctico. Ama a tu pastor de palabra, expresando tu
afecto y cuidado. Pero también ámale con gestos y acciones concretas (1 Tesalonicenses 5:12-13). Que se
sienta querido levantará su ánimo y le hará sentir parte del cuerpo de Cristo. Es el pastor, pero también es un
hermano, y necesita del cariño y afecto de su familia espiritual. El rol del pastor es difícil, porque ha de ayudar
a mucha gente, pero más difícil aún es el rol de aquella que ayuda al que ayuda. Si tienes oportunidad de
cuidar de la esposa del pastor, hazlo; con tus palabras de ánimo, con tus oraciones, con tu servicio. A veces
su marido llega tan agotado a casa, que ella tiene el difícil reto de levantar su espíritu. La esposa de un siervo
del Señor necesita mucho de tus palabras de aliento.
(3) Protégele. No es un superhombre. Es humano. De carne y hueso. Está sujeto a las mismas tentaciones y
amenazas que cualquiera de nosotros. ¿Qué peligros has visto rondando cerca de él? Tal vez su cansancio
es demasiado grande… o su doctrina hace aguas… o un nuevo lobo ronda las ovejas… o un falso maestro
siembra cizaña… o todo eso a la vez… ¡Protégele! Habla con él, con su esposa, o con los demás pastores
según sea el caso, pero no le dejes a su suerte (Hechos 20:28-31).
(4) Infórmale. Hay hombres a los que Dios realmente ha capacitado de una forma prodigiosa para el
ministerio pastoral, pero aun así, ¡no tienen el don de la omnisciencia! El pastor no puede saber si un hermano
está en casa enfermo, o de viaje, o abatido, o pasando una crisis familiar… pero se le puede tener informado.
La tecnología de hoy día nos permite comunicarnos con suma facilidad. Tan solo un mensaje le permitirá
saber al pastor cómo estás, cómo puede orar por ti, y cómo puede ayudarte mejor. Recuerda, que él debe dar
cuentas a Dios por tu alma (Hebreos 13:17).
(5) Confía en aquellos en los que él confía. Los pastores de la iglesia tienen el reto de delegar ciertas
tareas y funciones en otros hermanos: los diáconos, los líderes de jóvenes, los maestros, los líderes de
ministerios… Es necesario aplicar el principio que Jetro dio a Moisés para que el pastor no se agote (Éxodo
18). Si el pastor ha puesto su confianza en alguien para cierta función, confía tú también en esa persona.
Todos los asuntos no pueden llegar al pastor, y menos en una iglesia numerosa. Así qué, antes de pedirle o
preguntarle algo al pastor, pregúntate a ti mismo: ¿Han delegado los pastores o los diáconos este asunto en
alguien? Y si es así, confía en aquellos en los que el pastor confía.
(6) Recuérdale lo hermoso que es el pastorado. En el ministerio uno trata diariamente con dificultades de
todo tipo, y el pastor fácilmente puede pensar que todo son solo problemas. Es demasiado fácil olvidar que el
ministerio pastoral es un gozo y un honor. Recuérdale que Dios le ha llamado a la labor más preciosa de
todas: anunciar todo el consejo de Dios, alcanzar a los perdidos con las Buenas Nuevas, y edificar a los
creyentes con la Palabra. Recuérdale que sus esfuerzos tienen implicaciones eternas. Recuérdale que su vida
y su labor están siendo usadas por Dios para seguir edificando su Iglesia.
(7) Explícale los frutos de su ministerio. Cuando el sembrador ve crecer el trigo, y ve cómo se dora al sol,
tiene mucha satisfacción. Pero el fruto espiritual es invisible. Si en tu corazón hay gozo, o paz, o templanza,
no se puede ver. Comparte con tu pastor lo que Dios está haciendo en tu vida a través de su ministerio. Tal
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como lo expresa el apóstol Pablo, “el que es enseñado en la Palabra, haga partícipe de toda cosa buena al
que lo instruye” (Gálatas 6:6). El fruto espiritual en tu vida es una muestra de que el Señor está usando a tus
pastores como instrumentos para tu edificación.
Anime a su pastor, mostrándole aprecio. Sea específico. Mencione las cosas particulares que edifican a la
iglesia, cómo usted aprecia sus sermones y el buen ejemplo que él es. Dígale que usted está orando por él y
continuará haciéndolo. Anime a su pastor, mostrando interés por su vida y por servir en la iglesia en algún
lugar. Sea un participante no un espectador. Si usted presenta una idea o quiere hacer una observación, vaya
con humildad y aporte una solución reflexiva no sólo una crítica.
(8) Sé su amigo. La soledad del pastor puede llegar a ser muy profunda si solo habla con otros para tratar
problemas. Acércate a él para explicarle otras cosas. Como harías con un amigo. Pregúntale cómo está. No
es nada fácil. Lo sé. Es difícil ser amigo de alguien sin tiempo para la vida social. Exprésale tu cariño y
amistad aunque no seas correspondido. Permítele que te diga que no cuando le quieras invitar a algo. No
supongas que “no va a poder porque está siempre ocupado”. No supongas que su esposa no podrá, o que
sus hijos no podrán. Toma la iniciativa, y permítele que te diga que no puede, aunque te lo diga muchas
veces… En algún momento dirá que sí, y tendrá mucho gozo.
Piense en las cosas que más le preocupa, como la familia y las finanzas. Su pastor se preocupa por esas
cosas y él también siente el peso de los que él pastorea. Existe una presión diaria para ser tentado por la
ansiedad. Para aquellos de ustedes que trabajan de cerca con su pastor, deben ser amigos, un oído atento.
Un pastor que hablé con todos, no sólo en la entrada, si no en el ministerio, también con los consejeros,
mentores, asesores fuera de su propia iglesia. Se gana la visión y la perspectiva de un entorno en el que
realmente se puede bajar la guardia y escuchar su consejo.
(10) Ayúdale a descansar. Después de lo intenso que es el domingo, el lunes es el momento de intentar
reponer fuerzas lo antes posible. Ayuda a tu pastor a reservar el lunes para descansar. Si no es un tema de
vida o muerte, no le llames un lunes. Ni le escribas tampoco. Ayúdale a proteger su tiempo de descanso, sus
vacaciones, su tiempo familiar… En el ministerio el pastor gestiona su propia agenda y sus propias fuerzas, y
es fácil caer en los dos extremos: la dejadez, o el activismo. Dile que es humano y que sus fuerzas son pocas.
Ayúdale a huir del síndrome de “pequeño mesías” recordándole que Dios no depende de él para llevar a cabo
sus planes.
(11)Sostenimiento digno. Salario honroso.
La iglesia debe velar por sus necesidades materiales. Hay pastores que prefieren ganar su sustento por
otros medios y hay quienes no pueden ser sostenidos por la iglesia local. Sin embargo, vemos claramente en
la Palabra que el obrero es digno de su salario (1 Timoteo 5:17-18). Es cierto –tristemente– que hay líderes
religiosos que oprimen al rebaño para vivir con opulencia, y también es cierto que hay iglesias que pretenden
que el pastor viva de las migajas que caen de la mesa. Ni una cosa ni la otra. La iglesia tiene la
responsabilidad de sostener de una forma digna a su pastor y su familia, según sus necesidades y según la
capacidad de la iglesia.
Ofrecerle oportunidad para el crecimiento personal
Su pastor puede ser muy educado y bien entrenado, pero estar en el ministerio requiere un compromiso de
ser un estudiante de por vida. Pastores que tratan las circunstancias en el mundo real requieren no sólo el
estudio continuo de la Palabra de Dios, sino también el estudio de la cultura y las nuevas tecnologías. Se
debe fomentar el apoyo al pastor para continuar su educación, asistir a útiles conferencias y retiros, y otros
viajes. Asegúrese de que el presupuesto de la iglesia incluye dinero para libros, software relacionado y otras
herramientas de estudio.

Cosas que traen gozo al corazón de un pastor? Un autor cristiano enumera las siguientes:

1. El hecho de que todos los miembros den evidencia de que realmente han venido a Cristo en
arrepentimiento y fe (comp. Mt. 7:21-23; 1Ts. 2:19-20).
2. Verlos andar en obediencia (comp. 3Jn. 3-4; 1Ts. 3:6-9).
3. Ver a los hermanos cultivando y preservando la paz en la iglesia (comp. Fil. 2:1-2).
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4. Saber que están luchando con él en oración (comp. Rom. 15:30).


5. Manifestándoles amor y aprecio por su labor (2Cor. 7:5-7; He. 13:24).
6. Dándoles el beneficio de la duda en las decisiones que toman (1Cor. 13:7 – eso no quiere decir que no
podemos estar en desacuerdo con las decisiones de los pastores o que no debemos expresarles nuestros
desacuerdos, pero debemos estar siempre dispuestos a poner la mejor construcción).
7. Poner sus dones en operación para beneficio de todo el cuerpo (Ef. 4:11-12).

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