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Asignatura: Sexualidad Humana

y Afectiva
Docente: Lic. Digmar A. Aguilera
Semestre: Noveno
Estudiantes:

 Nicole Franco Echazú


 Fernanda V. Velez
Ocampo Chávez
 Steffany Espada Saavedra

SEXUALIDAD  Silvia M. Veizaga Medina


 Katerine Alvarez Gonzales

HUMANA Y
AFECTIVA
SEXUALIDAD HUMANA Y AFECTIVA

EL EDIPO DEL VARÓN


El Edipo es una fantasía sexual forjada de manera inocente por el niño o niña para calmar su
deseo; es también la matriz de nuestra identidad sexual como hombre o mujer, pues
precisamente el Edipo comienza con la sexualización de los padres y termina con la
desexualización de los mismos, la cual va a constituir la identidad sexual adulta.
Al llegar a los 3 o 4 años, los niños varones focalizan su placer en el pene, antes de esa edad
el niño obtenía placer mediante la boca o el ano, ahora el niño puede obtener placer al ver el
escote de la madre, mostrándose desnudo en público, excitándose durante el juego; todos
estos son placeres que ya pueden hacerle vivir una experiencia genital. Para este niño, el pene
no solo es el órgano más rico en sensaciones, también es el objeto más amado por él, se
convierte en lo que más valora y siente orgulloso de poseer. Este órgano altamente valorizado
se convierte, para niños y niñas, en el representante del deseo, es decir, “El Falo”; el Falo
no es el pene en su condición de órgano, es el pene fantaseado, cargado con toda la
afectividad del niño. Es por esto que Freud llama a esta fase, en donde la sexualidad está
concentrada en el Falo, la fase fálica.
Los niños creen que todos los seres del mundo están dotados con un Falo, es decir, elaboran
esta fantasía de que el Falo es un atributo universal. En el varón esta idolatría por el Falo está
acompañada por la angustia de perderlo, pues a esa edad el niño ya experimentó la perdida
de objetos vitales para él y tiene el temor de que vuelva a suceder; esta fantasía del Falo
universal y el temor a la pérdida, son premisas importantes para comprender cómo se da la
angustia de castración en el varón.
Tres deseos incestuosos
Este niño de cuatro años excitado sexualmente siente en él una nueva fuerza, el deseo de ir
hacia el Otro; más exactamente de ir hacia el cuerpo de sus padres para encontrar en ellos los
distintos placeres erógenos conocidos en los años previos. Este deseo es el impulso de
lanzarse en busca del cuerpo del otro, por eso todo deseo es un deseo sexual, más que genital;
en el Edipo este deseo incestuoso tiene por objeto a uno de los padres y su finalidad no es el
placer físico, sino el goce. El único valor de este deseo hacia la madre y matar al padre, es
que representa una alegoría del loco deseo de retornar al estado original de serenidad en el
vientre, al estado de completud. Es así como en el varón de cuatro años y todo individuo de
posición masculina, están presentes 3 deseos fundamentales:

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Las tres fantasías de placer


El niño se inventa fantasías que lo complacen o lo angustian pero que, de todas maneras,
satisfarán imaginariamente sus deseos locos. Una fantasía es una escena, destinada a
satisfacer de manera imaginaria el deseo incestuoso irrealizable. Es una escena imaginaria
que le proporciona al niño un alivio, un consuelo que puede adquirir la forma de un placer o,
de una angustia.
Las sensaciones experimentadas despiertan el deseo de ir hacia el cuerpo del adulto, luego,
ese deseo se satisface con fantasías de las que el niño obtiene placer.
Las sensaciones despiertan el deseo, el deseo llama a la fantasía, y la fantasía se hace realidad
a través de un sentimiento, una conducta o una palabra.

Las tres fantasías de angustia de castración


Las fantasías de placer que producen felicidad al niño a su vez desencadenan una angustia
profunda. El pequeño teme ser castigado con la mutilación de su órgano viril, símbolo de su
potencia, de su orgullo y de su placer. Esta fantasía en la que recibirá el castigo de la
mutilación de su falo se la conoce como fantasía de castración. La angustia inconsciente de
castración habita en su interior, mientras desee y obtenga placer, por más mínimo que sea al
niño le producirá una angustia. La angustia es el reverso placer, por lo que la angustia
masculina es el reverso del placer de fantasear. El Edipo en sí mismo es una neurosis; el niño
al ver el cuerpo desnudo de su madre o de una mujer cercana a él, es donde se da cuenta de
la ausencia del falo, por eso de manera inconsciente piensa que hay alguien en este mundo
que ha perdido su falo y que él el corre el riesgo de perder el suyo. Como se tiene tres fantasías
de placer hay tres variantes de angustia que son el verso de las fantasías de placer.
En la primera, el padre prohíbe, alguien a quien teme, en la segunda el padre es un abusador
que infunde temor y el tercero el padre es un rival también tenido. El agente de amenaza es
el padre y el objeto amenazado es el pene-falo o su derivación, la virilidad.

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La desexualización de los padres


Esa angustia de castración conduce a la crisis Edípica, donde el niño finalmente se siente
desbordado por el miedo, debido a que la angustia es más poderosa que el placer y lo lleva a
renunciar al objeto de sus deseos, el niño deja de considerar a los padres como objetos
sexuales para salvar su falo, para proteger su cuerpo ante la renuncia a los padres y la
prohibición de la ley se logra culminar el complejo de Edipo del niño, finalmente el niño
logra preservar su falo pero de apartarse de sus padres sexualizados, el niño conserva su pene
y renuncia a la madre y reprime los deseos, fantasías, angustia a partir de ahí el niño podrá
desear a otros fuera de la familia.
Se identifican tres momentos: Amor por el pene, angustia de perderlo y renuncia a la madre;
el narcisismo fue más fuerte que el deseo, el niño se aparta de la madre por temor a resultar
herido, reprime la angustia donde se observa que en la edad adulta, la neurosis es el retorno
a la angustia de castración mal reprimida en la infancia. Esta angustia de castración continúa
siendo omnipresente en la relación normal que mantiene el hombre con sus órganos genitales
en general con su virilidad, a pesar de ser reprimida la angustia, esta ocupa el centro de la
vida de un hombre es por ello que el hombre es un ser particularmente temeroso ante el dolor
físico y preocupado por darse muestra de su virilidad y potencia, el hombre en su esencia es
un ser angustiado por la posibilidad de perder el poder que cree poseer ante cierta
consecuencia, el hombre “es un cobarde” y esa cobardía procede del temor.
Al resolverse el complejo de Edipo, aunque insuficientemente resuelto, ocasiona dos
consecuencias decisivas en la estructuración de la personalidad futura del niño:
- El nacimiento de una nueva instancia psíquica, el superyó: el niño al ya no poder tener
a los padres como objetos de su deseo (objetos sexuales) se apropia de ellos como
objetos de su yo (objetos de identificación), es decir que al no haber podido poseerlos
sexualmente, el niño asimila la moral de los padres e integra en sí mismo las
prohibiciones parentales que se impondrá a partir de entonces.

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SEXUALIDAD HUMANA Y AFECTIVA

- La confirmación de una identidad sexual: al comienzo del Edipo, el niño aun no logra
identificar su propio sexo, ni el sexo del padre o de la madre, puesto que a los tres
años, la línea divisora no pasa todavía entre hombre y mujer, sino entre los que tienen
Falo y los que no lo tienen. Serán los factores del contexto social, familiar y
lingüístico, como también las sensaciones erógenas que emana de la región genital y
el sentimiento de atracción hacia el progenitor de sexo opuesto, los que instalarán
progresivamente las bases de una identidad sexual que solo se adquirirá por completo
en la edad de la pubertad. Se ira forjando una identidad sexual de hombre al tiempo
que descubra que la masculinidad y feminidad son conductas que no necesariamente
corresponden a la realidad fisiológica y anatómica de un hombre o una mujer.

Bibliografía
Nasio, J.D. (2007). El Edipo: Concepto Crucial del Psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós.