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EL PERFIL HUMANO DE LOS PERSONAJES LITERARIOS

EDIPO REY

Era un rey mítico de Tebas, hijo de Layo y Yocasta que, sin saberlo, mató a su propio padre
y desposó a su madre.

Nacimiento e infancia

Layo, rey de Tebas, había recibido el oráculo de que si engendrase alguna vez un hijo, el
niño, una vez adulto, le daría muerte. Sin embargo, estando ebrio, se unió a su esposa
Yocasta, y tuvo un hijo. Al nacer el niño, Layo le atravesó con fíbulas los pies y lo entregó a
un pastor para que lo abandonara. Layo esperaba escapar así del oráculo puesto que
matarlo directamente habría sido una impiedad y creía que nadie recogería a un recién
nacido con los pies atravesados. Así pues, fue abandonado en el monte Citerón pero fue
hallado por otros pastores que lo entregaron al rey Pólibo de Corinto. Peribea o Mérope,
la esposa de Pólibo y reina de Corinto, se encargó de la crianza del bebé, llamándolo
Edipo, que significa ‘de pies hinchados’

Retorno de Edipo a Tebas

Al llegar a la pubertad, Edipo, por habladurías de sus compañeros de juegos, sospechó que
no era hijo de sus pretendidos padres. Para salir de dudas visitó el Oráculo de Delfos, que
le auguró que mataría a su padre y luego desposaría a su madre. Edipo, creyendo que sus
padres eran quienes lo habían criado, decidió no regresar nunca a Corinto para huir de su
destino. Emprendió un viaje y, en el camino hacia Tebas, Edipo se encontró con Layo, que
viajaba a Delfos, en una encrucijada. El heraldo de Layo, Polifontes ordenó a Edipo que le
cediera el paso pero ante la demora de éste, mató a uno de sus caballos. Edipo se
encolerizó y mató a Polifontes y a Layo sin saber que era el rey de Tebas, y su propio
padre. El rey de Tebas pasó a ser Creonte, hermano de la esposa de Layo, Yocasta.

Más tarde Edipo encontró a la esfinge, un monstruo enviado por Hera que se había
aposentado en el monte Ficio y daba muerte a todo aquel que no pudiera adivinar sus
acertijos, incluido Hemón, el hijo de Creonte y atormentando al reino de Tebas. Al acertijo
de: «¿cuál es el ser vivo que cuando es pequeño anda a cuatro patas, cuando es adulto
anda a dos y cuando es mayor anda a tres?», Edipo respondió correctamente que es el
hombre puesto que cuando es un bebé gatea, camina con sus dos piernas cuando es
adulto y cuando es anciano se apoya sobre un bastón. Había también otro acertijo: «Son
dos hermanas, una de las cuales engendra a la otra y, a su vez, es engendrada por la
primera». Edipo contestó: el día y la noche. Furiosa, la Esfinge se suicidó lanzándose al
vacío y Edipo es nombrado el salvador de Tebas. Como premio, Edipo fue nombrado rey y
se casó con la viuda de Layo, Yocasta, su verdadera madre. Tuvo con ella cuatro hijos:
Polinices, Eteocles, Ismene y Antígona y los dos hermanos se enfrentarían más tarde entre
ellos a muerte por el trono tebano. Otra tradición afirma que los hijos de Edipo no fueron
de Yocasta sino de Euriganía.

Destierro y muerte

Al poco, una terrible plaga o escasez de alimentos cayó sobre la ciudad, ya que el asesino
de Layo no había pagado por su crimen y contaminaba con su presencia a toda la ciudad.

Edipo emprende las averiguaciones para descubrir el culpable, y gracias a Tiresias


descubre que en realidad es hijo de Yocasta y Layo y que es él mismo el asesino que anda
buscando. Sobre lo que sucedió a partir de ese momento circulan múltiples versiones:

Al saber Yocasta que Edipo era en realidad su hijo, se dio muerte, colgándose en el
palacio. En versiones alternativas, siguió viviendo hasta que en el ataque de los siete
contra Tebas sus hijos se dieron muerte el uno al otro, momento en el que ella se suicidó.

Edipo se quitó los ojos con los broches del vestido de Yocasta, huyó o fue exiliado de
Tebas, o fue encerrado por sus hijos en el palacio, o siguió reinando en Tebas por algún
tiempo. Maldijo a sus hijos Polinices y Eteocles y sólo su hija Antígona le acompañaba en
su destierro para servirle de guía.

En Colono, fue acogido por el héroe mítico Teseo y allí murió. Se decía que su tumba se
encontraba en un santuario de las Euménides que había entre la Acrópolis y el Areópago
de Atenas.
Sin embargo, existía otra tradición, recogida por Lisímaco de Alejandría que decía que,
cuando murió Edipo, los habitantes de Tebas y de otra aldea beocia llamada Ceo no
quisieron que sus restos quedaran enterrados en sus territorios y su cuerpo fue
transportado a Eteono, donde fue enterrado, de noche, en un recinto consagrado a
Deméter. Cuando los habitantes de Eteono se enteraron del hecho, consultaron el oráculo
sobre lo que debían hacer y la respuesta fue que no se debía turbar al adorador de la
diosa, por tanto los restos quedaron enterrados allí.

Edipo en la tragedia griega

La referencia más antigua del mito de Edipo se encuentra en la Odisea, en el capítulo


Evocación de los muertos. Allí, Epicasta, su madre, marcha a la morada de Hades a purgar
el incesto, mientras Edipo, aunque con contratiempos, sigue reinando sobre los cadmeos
de Tebas.

Sófocles trató el tema de Edipo y sus descendientes en tres obras, Edipo Rey, Edipo en
Colono y Antígona. Estas obras se estrenaron en años distintos: Antígona en el 442 a.C.,
Edipo Rey hacia 430-425 y Edipo en Colono, su última obra, en el 406. No forman, pues,
una trilogía.18

Al comienzo de Edipo Rey aparece el pueblo de la ciudad de Tebas postrado a los pies de
Edipo, que es el gobernante de la ciudad (tras haberla salvado de las garras de la Esfinge).
Un sacerdote, en nombre de los demás suplicantes, pide a Edipo que ponga fin a la
terrible epidemia que azota a la población. Edipo tratará de averiguar la causa de la crisis
enviando a su cuñado y a la vez tío, Creonte, a Delfos a consultar al oráculo. Al volver de
Delfos, Creonte transmite a Edipo y al pueblo de Tebas, la sentencia del oráculo: "los
dioses exigen que las tierras mancilladas con el asesinato de Layo sean purificadas con el
destierro del responsable del crimen". Edipo toma, entonces, la determinación de
perseguir sin descanso al asesino y castigarlo muy duramente, sin saber que así, se está
cavando su propia tumba. A partir de este momento, y mientras el protagonista realiza
todo lo posible por desenmascarar al asesino, varios personajes de la obra, como Tiresias,
su madre Yocasta, y hasta un criado -habiendo tomado conocimiento de quién es al que
se busca-, tratarán de hacerle desistir de tal propósito. Pero, a pesar de todo, Edipo
seguirá desentrañando el caso hasta saber la verdad.

En la obra, el pueblo tebano, (representado como el coro), cobrará un papel muy


importante, opinando sobre todas las decisiones que toman los gobernantes de la ciudad,
y teniendo mucha influencia sobre esas decisiones. Sófocles hace insistente uso de la
ironía trágica y aparece la idea de que el personaje acaba por reconocerse a sí mismo, por
saber quién es él en realidad (anagnórisis). Se alcanzan momentos de máxima tensión: el
conflicto entre Tiresias y Edipo, la discusión entre Creonte y Edipo, y finalmente la
conversación entre Edipo y Yocasta, que trata de distraerlo a toda costa para que
abandone la investigación sobre su destino trágico. Ya lo había dicho el Oráculo de Delfos
a Layo cuando él nació: "matará a su padre y se casará con su madre". Para evitarlo, Layo
había mandado matarlo: lo dejaron colgado de los pies en un bosque. Lo halló un criado
piadoso que lo entregó en crianza a otros padres. Ya adulto, en una encrucijada del
camino hacia Tebas, Edipo había tenido un mal encuentro con un hombre a quien dio
muerte, y ese hombre era Layo, su padre. Yocasta -con quien había tenido cuatro hijos-,
era su propia madre. Cuando Edipo conoce su destino trágico, se quita los ojos con sus
propias manos y se autoexilia de la ciudad, de la mano de una de sus hijas, Antígona, que
no lo abandonará hasta su muerte. Cabe mencionar que el destierro era una pena de
máxima en la Antigua Grecia, pena considerada en sí misma como una muerte.

Prácticamente el último año de su vida, Sófocles escribió Edipo en Colono, libro en el cual,
el protagonista, convertido en ese mendigo que vaga sin rumbo, ciego, y de la mano de
Antígona, acabará muriendo en un bosque cercano a Atenas, donde será enterrado y se le
rendirán grandes honores. Se presenta también en esta obra el trágico conflicto entre los
dos hijos de Edipo (Eteocles y Polinices)

HAMLET

La tragedia de Hamlet, Príncipe de Dinamarca (título original en inglés: The Tragedy of


Hamlet, Prince of Denmark), o simplemente Hamlet, es una tragedia del dramaturgo
inglés William Shakespeare. Su autor probablemente basó Hamlet en dos fuentes: la
leyenda de Amleth y una perdida obra isabelina conocida hoy como Ur-Hamlet o Hamlet
original (hecho que se deduce de otros textos).

El año concreto en que fue escrita sigue aún en disputa, cuestión que se complica porque
se han conservado a la época actual tres versiones tempranas de la obra, conocidas como
First Quarto (Q1), Second Quarto (Q2) y el First Folio (F1); cada cual única, puesto que
poseen líneas —e incluso escenas— diferentes o ausentes entre ellas. El consenso
general[¿quién?] dice que posiblemente se hayan compuesto entre 1599 y 1601.

Hamlet es la pieza más larga de Shakespeare y una de las tragedias más potentes e
influyentes de la literatura inglesa.

Trama

La obra transcurre en Dinamarca, y trata de los acontecimientos posteriores al asesinato


del rey Hamlet (padre del príncipe Hamlet), a manos de su hermano Claudio. El fantasma
del rey pide a su hijo que se vengue de su asesino.

La obra discurre vívidamente alrededor de la locura (tanto real como fingida), y de la


transformación del profundo dolor en desmesurada ira. Además de explorar temas como
la traición, la venganza, el incesto y la corrupción moral.

Acto I

La obra comienza una fría noche en Elsinor, el castillo real de Dinamarca. Un centinela
llamado Francisco es relevado por otro hombre llamado Bernardo. Cuando el primero
sale, entra otro centinela llamado Marcelo acompañado de Horacio. En sus
conversaciones descubrimos que el protagonista de la obra es el príncipe Hamlet de
Dinamarca, hijo del fallecido rey. Después de la muerte del rey, su tío Claudio se casa con
la esposa del soberano, la reina Gertrudis, madre de Hamlet. También relatan el hecho de
que Dinamarca tiene una larga enemistad con Noruega, y una invasión por parte de este
último país, liderada por el príncipe Fortimbrás, se espera.

Los centinelas tratan de convencer a Horacio, quien resulta ser el mejor amigo de Hamlet,
de que han visto al fantasma del rey Hamlet cuando este se les aparece. Después de oír a
Horacio, el príncipe Hamlet decide ir, por la noche, al lugar de las apariciones para ver al
fantasma él mismo.

Polonio es el chambelán del reino; su hijo, Laertes, parte de viaje a Francia y su hija,
Ofelia, es cortejada por Hamlet. Laertes le advierte a Ofelia que debe terminar su relación
con Hamlet ya que él es el príncipe y no es el dueño de sus deseos porque estos pueden
afectar al Estado. Polonio le prohíbe que lo vea de nuevo, «De ahora para siempre: no
quiero, hablando en términos claros, que derroches un solo momento de ocio hablando o
conversando con el príncipe Hamlet». Ofelia promete obedecer y dejar de ver a Hamlet.

Esa noche el fantasma se le aparece a Hamlet y le informa que es el espíritu de su padre y


que su tío Claudio lo asesinó al verter veneno en su oído mientras dormía. El fantasma le
pide que lo vengue matando a su homicida. Tras el encuentro, el príncipe duda si el
espíritu es el de su padre y si lo que ha dicho es real.
Acto II

El rey y la reina están muy ocupados tratando de abortar la invasión liderada por
Fortimbrás, a la vez que se preocupan por el comportamiento errático y cambiante de
Hamlet. Claudio decide enviar a dos amigos de Hamlet (Rosencrantz y Guildenstern) a
averiguar la causa de la conducta extraña de su sobrino. Hamlet los recibe cortésmente
pero se da cuenta de que lo están espiando.

Ofelia se alarma por el comportamiento extraño de Hamlet y le cuenta a su padre que el


príncipe entró en su habitación y se quedó mirándola sin decir nada. Polonio presume que
es un “éxtasis de amor” la causa de la locura de Hamlet e informa a los reyes.

Polonio y el rey Claudio deciden espiar a Hamlet cuando este le habla a Ofelia pensando
que están solos. Ofelia le devuelve unas cartas que Hamlet le envió, el príncipe se pone
furioso y le insiste para que se marche a vivir a un convento.1

Hamlet continúa dudando si el fantasma le ha dicho la verdad, por lo que cuando una
compañía de actores itinerantes llega a Elsinor se le presenta una solución. La obra resulta
ser una recreación de un asesinato, por lo que Hamlet le pide a un actor unas leves
modificaciones para que la obra sea una recreación del asesinato de su padre.

Acto III

La corte va a ver la obra y cuando llega la escena del asesinato del rey, Claudio se inquieta
y se retira del lugar abruptamente, lo que demuestra la culpabilidad del rey.

Claudio, temiendo por la posible locura de Hamlet, decide enviarlo a Inglaterra por su
propia seguridad. Mientras tanto la reina se reúne con Hamlet para tratar de comprender
su conducta tan rara, mientras Polonio se oculta detrás de una cortina para espiar y luego
contárselo a Claudio.

Hamlet le reprocha a su madre su apresurada boda con Claudio, cuando escucha un ruido
detrás de la cortina y pensando que es el rey lo apuñala, causando la muerte a Polonio.
Luego aparece el fantasma y Hamlet le habla, pero la reina no puede verlo ni oírlo por lo
que determina que el príncipe está totalmente loco. Finalmente Hamlet se lleva el cuerpo
de Polonio y lo oculta.

Acto IV

Ofelia enloquece y comienza a desvariar y cantar; su hermano Laertes regresa de Francia


con la idea de vengar la muerte de su padre. Claudio lo convence de que Hamlet tiene
toda la culpa de la muerte de Polonio; en ese momento llega una carta de Hamlet en la
que cuenta que su barco con rumbo a Inglaterra fue atacado por piratas, por lo que ha
retornado a Dinamarca después de ser liberado.
El rey y Laertes organizan un plan: Laertes peleará contra Hamlet con una espada
envenenada para así tener más posibilidades de matarlo. En caso de que falle, Claudio le
ofrecerá a Hamlet una copa de vino con veneno. En ese momento llega la reina para
informar que Ofelia se ha suicidado, ahogándose en un río.

Acto V

Después, dos sepultureros cavan una tumba para Ofelia; es mientras discuten cuando
llegan Hamlet y Horacio. Uno de los sepultureros encuentra el cráneo de Yorick, un bufón
con el que Hamlet solía divertirse cuando era niño. Luego llega el cortejo fúnebre de
Ofelia encabezado por Laertes.

En Elsinor, Hamlet se reúne con Horacio y le cuenta cómo encontró una carta de Claudio
en la que ordenaba que cuando Hamlet llegara a Inglaterra, lo mataran, por lo que Hamlet
la modificó pidiendo que se dé muerte a Rosencrantz y Guildenstern; en ese momento, un
cortesano llamado Osric llega y le informa sobre el duelo con Laertes. En el duelo, Laertes
hiere con su espada envenenada a Hamlet pero el príncipe sigue luchando, luego surge un
intercambio casual de espadas y termina hiriendo Hamlet a Laertes con su propia espada
envenenada. La reina Gertrudis muere al beber el vino envenenado por error.

Laertes arrepentido confiesa a Hamlet que la trampa del vino fue ideada por el rey.
Hamlet, encolerizado, por fin logra herir al rey y le hace beber de su propio veneno,
cumpliendo finalmente la venganza que el fantasma de su padre anhelaba. Hamlet, antes
de morir, le pide a su fiel amigo Horacio que cuente la verdad sobre lo sucedido y que se
declare al príncipe Fortimbrás heredero del trono, el cual se presenta (después del
fallecimiento de Hamlet) en la sala en medio del espectáculo de tantas muertes.

La obra termina con la entrada en la corte de Fortimbrás, quien ofrece un funeral militar
en honor a Hamlet.
LAURENCIA

El honor es un tema que se puede encontrar en muchas obras del Siglo de Oro.
Fuenteovejuna de Lope de Vega no es una excepción. En esta obra, podemos ver el honor
del pueblo, después de la muerte del Comendador. La diferencia entre Fuenteovejuna y
muchas de otras es que también aparece el sentido del honor de las mujeres,
especialmente el de Laurencia. En la obra hay partes que muestran claramente que las
mujeres mantienen una posición de honor más alta que la de los hombres. Por ejemplo,
el ejército de las mujeres y las voces y palabras de las mujeres son símbolos fuertes del
poder y del honor. Normalmente, encontramos los hombres con el poder en sus manos,
especialmente los hombres de las clases altas. Pero al honor no siempre acompaña el
poder. En algunas obras como La Numancia y Fuenteovejuna, es fácil ver que las personas
de las clases bajas tienen el honor (lo más importante), mientras que las personas de las
clases altas intentan mantener solo la posición del poder. Las mujeres mantienen su honor
durante la obra, y ganan más honor hacia el final de la obra. Con su poder, intentan
animar a los hombres del pueblo a luchar por su honor. El pueblo entero recupera el
honor al final como resultado de las acciones de las mujeres. Se puede ver una mujer
independiente y poderosa en el personaje de Laurencia. Ella apoya la idea del honor, en
relación con las mujeres y también con los campesinos.
Desde el principio de Fuenteovejuna el Comendador, un hombre con mucho poder, está
enamorado de Laurencia. Ella no quiere tener nada con él. Laurencia habla con su amiga,
Pascuala, y le dice que ella nunca querrá verlo, que los hombres están llenos de trucos.
Sigue Laurencia: "Porque todo su cuidado,/ después de darnos disgusto,/ es anochecer
con gusto/ y amanecer con enfado" (Lope de Vega 82, v.245-248). La primera
conversación entre las dos mujeres termina cuando Laurencia dice: "No fiarse de ninguno"
(Lope de Vega 82, v.273). Ya se puede ver que estas mujeres de Fuenteovejuna tienen un
papel y carácter independiente. No se fían de los hombres, y por eso sienten que no les
necesitan. No tienen aspiraciones de estar con hombres, especialmente con hombres de
poder, como las mujeres típicas de las obras del Siglo de Oro.
Esta actitud hacia los hombres sigue en el final del acto primero cuando el Comendador
habla con Laurencia y Pascuala. El Comendador pregunta: "¿Mías no sois?" Pascuala
contesta: "Sí, señor; mas no para casos tales" (Lope de Vega 91, v.603-604). Pascuala
reconoce que ella es inferior a él en cuanto a la clase social. Él es un noble y ella es una
campesina. Sin embargo, ella le dice que no es un objeto sexual sobre el que él puede
tener control. El Comendador no puede tomar decisiones sobre las relaciones con esas
mujeres, algo extraño porque está acostumbrado a tener control sobre todos los aspectos
de la vida de la gente. La conversación termina cuando Laurencia dice (en referencia al
Comendador): "Reviente de mal dolor" (Lope de Vega, 91). Estos sentimientos no son sólo
hacia el Comendador, sino hacia los hombres en general, incluyendo a Frondoso.

Sin embargo, Laurencia tiene un cambio de mentalidad cuando Frondoso le ayuda a


escapar del Comendador y dice: "Los hombres aborrecía,/ Mengo; mas desde aquel día/
los miro con otra cara" (Lope de Vega 105, v.1156-1157).

Laurencia aprende que el Comendador no le quiere de la misma manera que Frondoso. El


Comendador solo quiere demostrar que tiene suficiente poder, que puede tener cualquier
cosa o mujer. Cuando Frondoso asiste a Laurencia a escapar del Comendador, es obvio
que la quiere y la está ayudando, porque está preocupado por su vida. Lo opuesto es el
Comendador, que sólo quiere estar con ella para demostrar su posición de poder.
Aunque Laurencia y Pascuala pueden hablar con libertad de su enojo hacia algunos de
los hombres, al mismo tiempo les temen. Cuando otra mujer, Jacinta, necesita asistencia
para escapar del Comendador, Pascuala dice: "Yo no soy hombre/ que te pueda defender"
(Lope de Vega 107, v.1198-1199). Antes, Laurencia dice: "Pues Jacinta, Dios te libre;/ que
cuando contigo es libre,/ conmigo será cruel" (Lope de Vega 106, v.1195-1197). Las
mujeres pueden hablar de sus sentimientos hacia los hombres, pero son realistas también
porque saben que en la sociedad, los hombres, especialmente los que tienen poder,
pueden tener control físicamente de las mujeres, y ellas no quieren ponerse en
situaciones peligrosas.
Poco después, Laurencia y Frondoso deciden casarse. Durante la boda, Laurencia es
capturada por los criados del Comendador y nadie intenta salvarla. El discurso más
famoso en Fuenteovejuna ocurre después de que Laurencia escapa y explica qué pasó
cuando el Comendador la capturó y cómo su padre no hizo nada para ayudarle. Este es el
momento más importante para ver la fuerza y el poder de la mujer. Vemos el fracaso de
los hombres al intentar proteger a las mujeres, y por eso ellos pierden su posición de
"hombres."

En el discurso de Laurencia, ella dice que Esteban no es su padre, él ha perdido su papel


como padre porque no intentó salvarla. Ella dice: "No me nombres tu hija.../por muchas
razones,/ y sean las principales:/ porque dejas que me roben/ tiranos sin que me
vengues,/ traidores sin que me cobres" (Lope de Vega 121, v.1724; 1725-1729). Si los
hombres no pueden comportarse de una manera responsable, las mujeres, especialmente
Laurencia, sienten que deben separarse de ellos.
El discurso está lleno de insultos hacia los hombres y los pone en una posición baja. Las
mujeres ganan honor y Laurencia dice a los hombres que han perdido su honor y piensa
que comenzarán a intentar ganarlo otra vez. Cuando los hombres pierden su posición de
"hombre", al mismo tiempo, pierden su honor, mientras las mujeres ganan ese honor. Son
campesinos, entonces no tienen el honor a causa de la riqueza o el poder, tienen que
ganárselo con su papel de "hombres fuertes."
Laurencia muestra el poder que tiene cuando escapa del Comendador. A lo largo de
toda la obra, el Comendador quiere estar con ella, y Laurencia nunca quiere estar con él.
Aunque es típico que una mujer pobre quería estar con un hombre rico y poderoso,
Laurencia no tiene interés en el Comendador. Además, tiene fuerza para explicar
claramente a la gente sus sentimientos contra este fenómeno.
Después de escapar, Laurencia aparece "desmelenada" y dice a los hombres: "Dejadme
entrar, que bien puedo,/ en consejo de los hombres;/ que bien puede una mujer,/ si no a
dar voto, a dar voces./ ¿Conocéisme?" (Lope de Vega 120, v.1714-1718). Ella sabe que una
mujer no tiene voto, pero cree que los hombres deben escucharla al menos. Laurencia
cree que deben escucharla, porque sabe que tiene que proteger el honor de la mujer y el
honor de los campesinos. Quiere explicar a los hombres que es su culpa que ella haya
perdido su honor. Sigue defendiendo los derechos de las mujeres, explicando que tienen
que luchar sin los hombres y dice: "¡Vive Dios, que he de trazar/ que solas mujeres
cobren/ la honra de estos tiranos,/ la sangre de estos traidores..." (Lope de Vega 122,
v.1776-1778). Si los hombres no pueden ayudar, las mujeres tienen que ser
independientes y fuertes y luchar solas. En vez de ser como una mujer "tradicional" que
quiere estar con un hombre de mucho poder y autoridad, Laurencia reúne un ejército de
mujeres para luchar contra el poder de los nobles. Piensa que si los hombres no van a
luchar por el honor, las mujeres necesitan llevar la iniciativa. Ella toma el control de las
acciones de los campesinos.

Después del discurso de Laurencia, los hombres sienten que su posición está
amenazada. Han perdido su honor y necesitan recuperarlo otra vez. Sienten vergüenza de
que las mujeres tengan el poder y el control de los campesinos. Los hombres necesitan
sentir que están en una posición más alta que la de las mujeres para defender a los
campesinos. Laurencia y las mujeres quieren luchar contra los nobles que amenazan su
honor. Julio Matas escribe en un ensayo, "El honor en Fuenteovejuna y la tragedia del
Comendador": "Laurencia jugará al final, muy a tono con su particular posición y
<calidad>, el papel de agitadora, y de capitana del escuadrón de mujeres que asalta el
castillo del Comendador" (385). Cuando los hombres ven que las mujeres están
intentando recuperar su honor, otra vez deciden luchar también. Al mismo tiempo,
Laurencia está preparando su ejército de mujeres. Dice: "¡Ah mujeres de la villa! ¡Acudid,
porque se cobre/ vuestro honor, acudid todas! (Lope de Vega 123, v. 1818-1820). Los
hombres buscan al Comendador. Cuando los hombres salen, las mujeres entran y
encuentran al Comendador. Otra vez, muestran que son diferentes de las mujeres típicas y
se comportan en una manera salvaje, normalmente una acción típica de los hombres. Las
mujeres le matan a Comendador, un trabajo que los hombres normalmente
hacen. Laurencia sigue hablando de la fuerza de la mujer, y dice que no son mujeres sino
soldados. Dice: "Parad en este puesto de esperanzas,/ soldados atrevidos, no mujeres."
Pascuala responde: "¿Los que mujeres son en las venganzas,/ en él beban su sangre, es
bien que esperes?" Sigue hablando Jacinta: "Su cuerpo recojamos en las lanzas" (Lope de
Vega 125, v.1890-1894). Después de todos los insultos que las mujeres dijeron a los
hombres, tienen la oportunidad de castigar físicamente al hombre que es la causa de
muchos de sus problemas.
Al final, las mujeres muestran que tienen la capacidad de mantener el honor, sin la
asistencia de los hombres. Los hombres dependen de las mujeres para recuperar el honor
del pueblo. Al contrario de muchas obras de este tiempo, las mujeres muestran su poder,
tienen un papel que es pertinente a la obra, y durante una gran parte de la obra están en
un nivel más alto que el hombre. Prueban que los hombres no siempre pueden tener
control de la situación. Las mujeres no sólo muestran su fuerza, sino que recuperan lo más
importante: el honor perdido. Es la fuerza de la mujer la que es la causa de que se
recupere el honor, no sólo de las mujeres sino del pueblo y los campesinos.
DON QUIJOTE DE LA MANCHA

Cuando empezó a escribir “Don Quijote”, Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616)


podía considerar su vida como un auténtico fracaso: combatiente sin fortuna en Lepanto,
prisionero de los piratas, esclavo en Argel y sumamente pobre. El escritor había publicado
numerosas obras, cuyos valores literarios eran discutidos.

Y, sin embargo, con “Don Quijote” salió de .su pluma una de las más importantes novelas
de la literatura universal.
LA ÉPOCA “Don Quijote de la Mancha” es la obra maestra literaria del Siglo de Oro de la
literatura española (siglos XVI y XVII).

En aquel período, las novelas caballerescas, llenas de aventuras y fantasías, a pesar de


haber entrado ya en decadencia, continuaban siendo muy leídas; ello no fue obstáculo, sin
embargo, para que floreciera una sátira amarga de esta literatura, inspirada en
inalcanzables ideales de honor y lealtad. Éstos son los dos motivos fundamentales del
“Don Quijote”.

Don Quijote – ¿Un exaltado? ¿Un visionario? ¿Un loco? Puede ser. Pero, sobre todo, el
símbolo del soñador sediento de nobles ideales, de justicia y de aventuras, qué se halla
escondido dentro de cada uno de nosotros. Como un verdadero caballero errante, el
personaje de Cervantes olvida en seguida la mala suerte y los. . . palos recibidos, y
prosigue su camino guiado por su optimismo y espléndida fantasía. Y cuando finalmente le
“obligan” a recuperar el juicio, el caballero muere de melancolía: tampoco él, como sus
sueños, resiste el contacto con leí realidad.

NACE UN CABALLERO
En un desolado pueblecillo de la Mancha, vivía, hace más de 400 años, un hombre llamado
Quijano. Frisaba en la cincuentena y era alto, flaco, de faz amarillenta y rugosa, erizadas
cejas, largos bigotes y barba de chivo. No era atractivo ni tampoco rico. Gastaba sus
escasos haberes en libros de aventuras caballerescas que devoraba con avidez. Tenía una
nutrida biblioteca y se pasaba en ella, rodeado de polvorientos volúmenes, tardes enteras,
acompañando idealmente a los héroes en sus gestas.

Y tanto le entusiasmaban aquellas historias que, un buen día, tomó una decisión heroica:
la de convertirse en caballero errante y lanzarse por el mundo a la ventura, enderezando
entuertos, protegiendo a las viudas y oprimidos, y conquistando imperecedera gloria con
maravillosas empresas. En vano intentaron disuadirlo su sobrina, el ama de llaves y el
cura. El hidalgo Quijano estaba decidido: se haría caballero

Una mañana se levantó temprano y se puso a rebuscar entre los trastos del desván. Con
gran alegría encontró una oxidada armadura, que debía de tener varios siglos de vida, y
una espada con el filo mellado. Pero aquellos objetos parecieron al buen Quijano el
equipo ideal para un paladín.

El hidalgo se veía ya como el más terrible y elegante caballero que jamás hubiera recorrido
los caminos. En vista de ello, frotó la coraza, el escudo y el espadón con aceite de oliva,
piedra pómez y trapos, hasta dejarlos tan relucientes como si estuvieran recién
comprados. Luego colocó, lo mejor que pudo, una visera de cartón sobre el yelmo, que
carecía de ella, y se introdujo en la armadura: se había convertido en un perfecto
caballero.

Como necesitaba un corcel se precipitó hacia el establo, donde lo aguardaba, todo piel y
costillar, un pobre animal, al que los amigos de nuestro héroe sólo llamaban “caballo” en
sus momentos de mayor entusiasmo. Pero la excitada fantasía de Quijano lo vio como un
fogoso potro, nacido para conducir héroes a la batalla.

Ya sólo le faltaba un par de nombres altisonantes para él y para su cabalgadura.


Reflexionó un instante y los encontró. De ahora en adelante, don Alonso Quijano se haría
llamar “Don Quijote de la Mancha”. ¿Y el caballo? Considerándolo con frialdad, resultaba
preciso admitir que no pasaba as ser un penco matalón. ¡Pero penco o no, era el corcel de
Don Quijote! Y no tardó en encontrar un nombre pomposo para él: se llamaría
“Rocinante”, el rey de los rocines.

Saltó sobre la silla con sus ridículas armas, y salió del establo a lomos de su desvencijada
cabalgadura, decidido a enderezar entuertos y deshacer agravios.
Poco después el caballero, orgulloso y solemne, desembocó en el camino polvoriento que
salía de su aldea, pensando, mientras cabalgaba, en todas las fantásticas y maravillosas
aventuras que encontraría a su paso.

La venta estaba llena de arrieros, que Don Quijote tomó por encumbrados señores. La
cena fue laboriosa: el reluciente yelmo se negaba rotundamente a abandonar la cabeza de
tan esforzado caballero. Finalmente, alimentos y bebidas tuvieron que ser introducidos a
la fuerza, a través de las aberturas de la celada.

Una vez terminada la cena, si así se podía llamar aquello, Don Quijote llamó al ventero, a
quien creía castellano, y le pidió de rodillas que lo armara caballero. El buen hombre
bizqueó, sorprendido, y lo tomó por loco; luego, vista la insistencia del hidalgo, terminó
por’ dar su consentimiento (con los locos nunca se sabe..,), Don Quijote, con el corazón
estremecido, se dispuso a velar las armas, depositando todas las piezas de la armadura en
una pila que había en el corral de la venta, junto a un pozo. Luego, escudo al brazo y
espada en mano, empezó a recorrer el corral, a grandes zancadas.

Un arriero, que llevaba pacíficamente sus animales a abrevar, retiró de la pila las armas
del caballero, y éste, levantando la lanza, la dejó caer sobre la cabeza del insolente que
rodó por el suelo. Acudió otro, con las mismas intenciones, y se repitió la escena.
Entonces, los restantes arrieros comenzaron a apedrear a Don Quijote, y el corral se
convirtió en un verdadero pandemónium.

El ventero daba voces para que lo dejaran, explicando que estaba loco, y que por loco se
libraría aunque los matase a todos. Al fin lo consiguió y, decidido a terminar con los
incidentes, se dirigió a Don Quijote, disculpándose de la insolencia de los otros, y
ofreciéndose a armarle caballero en el acto.

Don Quijote atendió las razones del castellano-tabernero, y éste, acompañado por dos
mozas y un muchacho, hizo como si leyera una devota oración, pasando seguidamente a
realizar los actos simbólicos de la investidura.
Alzó1 la mano, y le propinó una pescozada. Después, con la espada, le dio un espaldarazo,
siempre murmurando entre dientes, como sí rezara, y terminó ciñéndole las armas.

Don Quijote ensilló a Rocinante, abrazó a su huésped, dándole gracias por la merced de
que le había hecho objeto y, montado en su caballo, salió de la venta. El ventero, que no
veía llegada la hora de que se fuera,. le dejó marchar sin pedirle la costa de la posada.

LA SOLEMNE INVESTIDURA
Aún le faltaban dos cosas a Don Quijote para poder considerarse caballero: una dama a la
que dedicar sus empresas, y la investidura, que tendría que recibir de manos de un noble
castellano. Como dama eligió a tina robusta campesina de los alrededores, llamada
Aldonza Lorenzo, que fue rebautizada —sin su conocimiento— con el altisonante nombre
de “Dulcinea del Toboso”. La investidura, por otra parte, estaba ya cercana. Don Quijote,
efectivamente, había llegado a una venta, que su exaltada imaginación convirtió en
nobilísimo castillo regido por su correspondiente castellano.

DULCINEA

Dulcinea del Toboso es un personaje ficticio de la novela El ingenioso hidalgo don Quijote
de la Mancha,1 escrita por Miguel de Cervantes. Mujer imaginaria y perfecta corporeizada
en otros personajes e inspirada en la campesina Aldonza Lorenzo, encarnación de «la
Belleza y la Virtud»,2 nunca aparece "en persona" en la novela, sin embargo, su nombre se
menciona tantas veces en la obra y se la evoca tanto, que puede ser considerada como un
personaje más.

Dulcinea del Toboso es la dama de quien está enamorado el protagonista Don Qujote en
la novela El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha por Miguel de Cervantes
Saavedra. Sin embargo, Dulcinea nunca aparece en la novela, dado que es una figura
imaginada por Don Quijote basada en la labradora Aldonza Lorenzo (quien sí existe, pero
tampoco aparece). Siguiendo la costumbre de los cabelleros andantes, Don Quijote dice
que necesita tener una dama a quien encomendarse, y ella se convierte en el motor
impulsor de todas sus venturas.
Dulcinea: Emperatriz de la Mancha

En su primera salida, nuestro caballero andante y su escudero Sancho Panza se


encuentran con unos mercaderes y Don Quijote les exige que proclamen que Dulcinea,
Emperatriz de la Mancha, es la dama más hermosa sobre la tierra. Los mercaderes se
rehúsan a hacerlo sin haberla visto, a lo que Don Quijote responde:

"La importancia está en que sin verla lo habéis de creer, confesar, afirmar, jurar y
defender; donde no, conmigo sois en batalla, gente descomunal y soberbia".

Poco después de este intercambio, el caballero arremete con la lanza contra los
mercaderes, pero en el intento su caballo Rocinante tropieza y los dos se caen.

¿Dulcinea existe?

En un episodio de la segunda parte, la duquesa se burla de Don Quijote y cuestiona la


existencia de Dulcinea, a lo que Don Quijote dice:

"Dios sabe si hay Dulcinea o no en el mundo, o si es fantástica o no es fantástica; y estas


no son de las cosas cuya averiguación se ha de llevar hasta el cabo. Ni yo engendré ni parí
a mi señora, puesto que la contemplo como conviene que sea una dama que contenga en
sí las partes que puedan hacerla famosa en todas las del mundo, como son hermosa sin
tacha, grave sin soberbia, amorosa con honestidad, agradecida por cortés, cortés por bien
criada, y, finalmente, alta por linaje, a causa que sobre la buena sangre resplandece y
campea la hermosura con más grados de perfeción que en las hermosas humildemente
nacidas". (Parte II, Capítulo XXXII)
ANTÍGONA

Eteocles y Polinices

En el mito, los dos hermanos varones de Antígona se encuentran constantemente


combatiendo por el trono de Tebas, debido a una maldición que su padre había lanzado
contra ellos. Se suponía que Eteocles y Polinices se iban a turnar el trono periódicamente,
pero, en algún momento, Eteocles decide quedarse en el poder después de cumplido su
período, por lo que se desencadena una guerra, pues, ofendido, Polinices busca ayuda en
Argos, una ciudad rival, arma un ejército y regresa para reclamar lo que es suyo. La guerra
concluye con la muerte de los dos hermanos en batalla, cada uno a manos del otro, como
decía la profecía.

Creonte, entonces, se convierte en rey de Tebas y dictamina que, por haber traicionado a
su patria, Polinices no será enterrado dignamente y se dejará a las afueras de la ciudad al
arbitrio de los cuervos y los perros (este mito es contado en la tragedia de Esquilo Los
siete contra Tebas).

Los honores fúnebres eran muy importantes para los griegos, pues el alma de un cuerpo
que no era enterrado estaba condenada a vagar por la tierra eternamente. Por tal razón,
Antígona decide enterrar a su hermano y realizar sobre su cuerpo los correspondientes
ritos, rebelándose así contra Creonte, su tío y suegro (pues estaba comprometida con
Hemón, hijo de aquel).

Muerte

La desobediencia lleva a Antígona a su propia muerte: condenada a ser sepultada viva,


evita el suplicio ahorcándose. Por otra parte, Hemón, al ver muerta a su prometida, tras
intentar matar a su padre, se suicida en el túmulo, abrazado a Antígona; mientras tanto,
Eurídice, esposa de Creonte y madre de Hemón, se suicida al saber que su hijo ha muerto.
Las muertes de Hemón y Eurídice provocan un profundo sufrimiento en Creonte, quien
finalmente se da cuenta de su error al haber decidido mantener su soberanía por encima
de todos los valores religiosos y familiares, acarreando su propia desdicha.

Tema

La persistencia del tema de Antígona en la cultura de Occidente en todas sus épocas, a


través de innumerables reelaboraciones en todos los géneros, ha sido señalada por
George Steiner como el caso más extremo y extraordinario de permanencia y reiteración
de un tema dramático. Steiner lo explica atribuyéndolo a que en él se condensan los cinco
conflictos fundamentales que a su juicio dan origen a todas las situaciones dramáticas. El
enfrentamiento entre Antígona y Creonte sobre el destino de los restos de Polinices
plantea a la vez los conflictos entre hombres y mujeres, entre la vejez y la juventud, entre
la sociedad y el individuo, entre los seres humanos y la divinidad (las leyes de los hombres
y las de los dioses), y entre el mundo de los vivos y el de los muertos.1

DON JUAN

Don Juan es un personaje arquetípico, configurado en la literatura española y con larga


descendencia literaria europea, creado por Tirso de Molina.

Antecedentes y primera plasmación literaria

Don Juan y la estatua del Comendador.

También llamado burlador o libertino, se trata de un seductor valiente y osado hasta la


temeridad que no respeta ninguna ley divina o humana. La tradición posterior lo relaciona
con la figura de Miguel de Mañara, un gran pecador arrepentido de la Sevilla del siglo XVII,
si bien ya había referencias a esta leyenda en sus puntos fundamentales en la figura
madrileña del siglo XVI de Jacobo de Grattis (1517-1619), más conocido como «Caballero
de Gracia», que sirvió para dar nombre a la calle Desengaño de esa misma villa, la cual, al
menos cronológicamente, está más justificada. Debía existir ya en el imaginario popular
antes de cobrar cuerpo literario.

Con los precedentes de El infamador de Juan de la Cueva (1581) y de El Hércules de Ocaña


de Luis Vélez de Guevara, el primer ejemplo del personaje lo creó, según algunos, Tirso de
Molina, en su obra El burlador de Sevilla y convidado de piedra, 1630; según otros, esta
obra sería una refundición de otra, conocida como Tan largo me lo fiais, que podría
atribuirse a Andrés de Claramonte. En cualquier caso, hay en el teatro ciertos
antecedentes del tipo del fanfarrón y seductor y, en los romances, del tema del convidado
de piedra (quien desprecia a los muertos y acepta temerariamente la invitación de uno de
ellos).

Existencia real

Desde el siglo XVII se dio crédito a la idea de que Don Juan Tenorio existió realmente. Tal
idea fue recogida por el hispanista Louis Viardot en el XIX, y posteriormente por Gregorio
Marañón, que recoge la existencia de los Tenorio y de la calidad de seductor de alguno de
ellos, pues un tal Cristóbal Tenorio tuvo amoríos con la hija de Lope de Vega e incluso se
batió en duelo con él, hiriéndolo.

Se ha especulado que la razón de la elección de tal apellido por Tirso de Molina pudo ser
por la similitud con el verbo «tener», que induce a relacionarlo con el hecho de la
posesión, y con el sustantivo «tenor», que lo relaciona con la voz masculina.

Las figuras del centenario Caballero de Gracia (1517-1619) y del sevillano Miguel Mañara,
nacido en 1627 y, por tanto, imposible como modelo, y que desde principios del siglo XIX
se encuentra en causa de beatificación, suscitó la maledicencia de los que atribuían la
«conversión» piadosa de sus últimos años a una similitud con los rasgos esenciales de la
psicología de Don Juan: una juventud disipada y un aparatoso arrepentimiento final, que
lo llevó a ser citado como contraejemplo por Antonio Machado («ni un seductor Mañara
ni un Bradomín he sido / ya conocéis mi torpe aliño indumentario»).
SEGISMUNDO

La vida es sueño es una obra de teatro de Pedro Calderón de la Barca estrenada en 1635 y
perteneciente al movimiento literario del barroco. El tema central es la libertad del ser
humano para configurar su vida, sin dejarse llevar por un supuesto destino.

Segismundo: Es el personaje principal, pretexto de esta obra. Viéndosele en un principio


como hombre-fiera, se lo describe como alma reprimida, muy reflexivo, alterado por su
larga reclusión. A lo largo de la obra, va evolucionando: al principio busca la venganza,
comportándose en forma cruel y despiadada, pero luego aparecen en él ciertos rasgos de
humanidad (al perdonarle la vida a Basilio demuestra que ha cambiado y logra vencer a su
destino).

Argumento

Jornada primera

Se inicia con Rosaura, vestida de hombre, y Clarín que llegan hasta la cueva. En el
momento en que entran, Segismundo pronuncia su primer monólogo. Y cuando el preso
se da cuenta de que no está solo, intenta matar a Rosaura pero luego le perdona la vida.
Irrumpe Clotaldo, seguidor de Basilio y ayo de Segismundo, y detiene a los dos viajeros por
encontrarse en lugar prohibido. Clotaldo entonces reconoce la espada que ciñe Rosaura:
es la espada que había dejado a la madre de Rosaura, abandonándola. Sin embargo,
Clotaldo no reconoce aún ante todos a quien cree ser su hijo y encubre lo descubierto,
decidiendo llevar ante el rey a su hijo (Rosaura) y al gracioso, Clarín.

El rey Basilio, revela la existencia de su hijo, Segismundo, que había provocado la muerte
de la reina Clorilene al nacer. Cuenta el terrible nacimiento de su hijo y explica lo que
vaticinó al leer en las estrellas: Segismundo sería un rey tirano y cruel. Basilio decidió
hacer una prueba y dar una oportunidad a su hijo. Lo llevarían a palacio pero de manera
que si efectivamente resulta ser un tirano su estancia en el palacio le parezca tan solo un
sueño. Si Segismundo resulta tener templanza y razón, será el heredero del trono, si no, lo
serán Estrella y Astolfo, unidos por matrimonio (los siguientes en línea de sucesión).

Tras confesar a todo el pueblo la existencia de su hijo, deja libres a Rosaura y a Clarín.
Pero Clotaldo quiere saber quién es el enemigo de Rosaura, la cual vino a estas tierras
para satisfacer un agravio, y preguntando averigua que es el sobrino del rey, Astolfo, cuyo
casamiento con Estrella quiere evitar Rosaura.

Jornada segunda

Basilio ha ideado un engaño para ver si Segismundo es realmente cruel: lo llevan dormido
a palacio y le permiten ver cuál sería su destino, pero guardándose la posibilidad de
hacerle creer que todo fue un sueño, en caso de que se demuestre malvado.

Rosaura entra de dama de Estrella con el falso nombre de Astrea.

Segismundo se comporta como un príncipe déspota lanzando un criado por la ventana al


poco de despertar, intenta forzar a Rosaura, hiere a Clotaldo que sale en ayuda de su hija,
y se enzarza en una pelea a espada con Astolfo. En vista del comportamiento, el rey Basilio
decide volver a dormirlo y llevarlo de vuelta a la torre.

Astolfo corteja a Estrella, pues con su unión compartirían la sucesión en lugar de competir
por ella, una vez que Segismundo ha quedado fuera de juego. Astolfo descubre que Astrea
es en realidad Rosaura y rompen definitivamente.

La jornada termina con el monólogo de Segismundo encerrado nuevamente en la torre.


Los últimos versos de este monólogo son los que dan nombre a la obra:

¿Qué es la vida? Un frenesí.


¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

Jornada tercera

El pueblo de Polonia, al saber que tiene un príncipe heredero, organiza una revuelta y
libera a Segismundo de su torre. Segismundo libera a Clotaldo permitiéndole ir con el rey,
demostrando que ha recapacitado sobre su comportamiento.

Las tropas del Rey y las del príncipe se enfrentan y vencen las de Segismundo, se
encuentran ambos cara a cara y el Rey se pone en manos de Segismundo, pero este se
postra ante los pies del Rey, aceptando incluso el hecho de que el rey, Basilio, quiera darle
muerte debido a que se haya levantado contra él. Sin embargo, en vista de la generosa
actitud de Segismundo el Rey le deja el trono.

Análisis del soliloquio de Segismundo

La vida es sueño es una de las obras de Calderón de la Barca más conocida y estudiada.
Dicho interés reside en su complejidad filosófica, pero también en el notable armado
dramático. Sin embargo, desde que Marcelino Menéndez y Pelayo (1910) clasificara a la
obra como drama filosófico, la crítica ha hecho hincapié en los problemas existenciales de
la obra, desatendiendo a veces sus características específicamente formales, dramáticas.
En relación con el primer punto, se pueden señalar algunos ejes que constituyen los temas
filosóficos centrales; la oposición entre destino y libertad, el tópico de la vida como sueño
y la tematización del autodominio. Estos temas centrales subordinan otros como la
educación de los príncipes, el modelo de gobernante, el poder o la justicia, que más tarde
vamos a ir relacionando con el soliloquio de Segismundo.

El soliloquio de Segismundo está separado en siete décimas a excepción del primer verso.
Cada décima es octosílaba y en cada una de ellas se encuentra un planteo filosófico de los
grandes debates entre la reforma protestante y la contrarreforma católica. En el final del
primer acto termina el soliloquio que se considera como el más famoso del drama
español. Segismundo piensa en la vida y en su suerte comenzando con el verso "Sueña el
rico en su riqueza que más cuidados le ofrece". 1

Décimas uno y dos

Marco

La obra está dividida en tres jornadas las cuales se desarrollan en dos sitios diferentes, la
torre de Segismundo y el palacio de Basilio. La primera jornada ocurre en la torre de
Segismundo a la cual llegan Rosaura y Clarín después de una travesía por un monte. La
segunda jornada se desarrolla en el palacio de Basilio y es donde Segismundo toma el
poder sobre Polonia, al final de esta jornada Segismundo es devuelto a la torre por su
padre. Este manejo de los sitios construye una oposición simétrica que es quebrantada en
la última jornada cuando surge el "campo de batalla" donde se enfrentan padre e hijo en
una fervorosa batalla por el poder, donde termina victorioso el hijo y perdona a su padre.
La torre de Segismundo se encuentra rodeada por un monte enmarañado, es un recinto
reducido en el cual se encuentra este hombre encadenado, cubierto de pieles, mitad
bestia mitad hombre, pero muy culto con conocimientos sobre todos los temas de índole
religioso. Todas estas oposiciones entre hombre y bestia, la torre y el monte, comprenden
un recurso muy utilizado en el barroco denominado el claroscuro.

Religión
Debido a la influencia religiosa que tuvo Calderón durante su educación, plantea estos
problemas que surgieron en su tiempo, uno de los más citados es el libre albedrío y la
predestinación. El libre albedrío que es sustentado por la iglesia y la predestinación que es
sustentado por los reformistas protestantes. Ambas tesis tienen apostura bíblica. La
resolución de la tragedia indicaría, previsiblemente, la posición de Calderón a favor del
credo contrarreformista. El personaje de Segismundo es introducido en la obra cubierto
de pieles, encadenado y con una tenue luz sobre su cabeza. Esta situación lo convierte a él
en una bestia, pero con el desarrollo del soliloquio podemos observar que Segismundo es
un hombre muy culto ya que Clotaldo era el encargado de educarlo. Segismundo es capaz
de absorber todo tipo de conocimiento desde mitología griega a geografía mundial que
hace alusión en sus menciones sobre el minotauro y el volcán Etna. En su alusión al
minotauro Segismundo no lo hace directamente sino que lo hace a través de un recurso
denominado alusión mitológica, en la cual nunca menciona el nombre del monstruo sino
que se refiere a donde estaba encerrado: el laberinto. Segismundo es análogo a este
personaje de la mitología griega ya que los dos se encuentran prisioneros y ambos son
bestias. En su alusión al volcán Etna, Segismundo lo menciona con el fin de demostrar la
magnitud de su desilusión y enojo, con respecto a lo que le había sucedido, el estar
encarcelado y privado de su libertad. Éste menciona que va a estallar como el Etna; esta
exageración es denominada hipérbole. De nuevo se encuentran analogías entre el
personaje y los elementos de comparación. Se dice que él va a estallar con verdades
dolorosas.

Dualidad

La representación de la civilización y la barbarie en Segismundo es la dualidad, un tema


muy importante en esta obra y típico del barroco. El recurso con el cual se aplica este
tema, es la antítesis que funciona contraponiendo dos ideas. En este caso la civilización o
la cultura, y la barbarie o la irracionalidad se interponen para crear este monstruoso
personaje, que en fin termina siendo una persona comprensiva. Dentro de la obra la
antítesis más grande es el personaje de Segismundo el cual representa los términos más
opuestos, la civilización y la barbarie mencionados anteriormente.

Décima tres

En el soliloquio el tema más importante es la libertad y el libre albedrío el autor la trata


haciendo que el personaje se compare con todos los animales de la naturaleza y haciendo
mención también de los cuatro elementos; el agua, la tierra, el fuego y el aire, donde para
cada una de ellas encuentra un animal. Con lo que primero se compara es con el ave en la
tercera décima donde los recursos que utiliza son variados. En primer lugar se puede
observar un retruécano donde se mezclan un ramillete de flores con un ala donde la flor
toma el lugar del ala y el ramillete toma el lugar de las plumas; "...es flor de pluma / o
ramillete con alas...". También en esta décima se hace alusión a la libertad con la que goza
un ave cuando el lo que más ansia es poder tener la mínima libertad. Ya todos sabemos
que Segismundo fue encerrado por lo que los hados habían dictado pero por que si el
ansiaba tanto su libertad, cuando fue libre le privó la libertad a otras personas no era
capaz de reconocer que este efecto podría llegar a ser contraproducente. Para concluir
esta décima Segismundo plantea una pregunta retórica "¿y teniendo yo más alma/ tengo
menos libertad?" estas preguntas se encuentran al final de cada décima, con el fin de
cuestionar la existencia de una persona si esta es inferior a todo lo que hay sobre la Tierra.

Décima cuatro

En la décima siguiente Segismundo se compara con un animal al cual lo denomina bruto.


Esta décima comienza desde el principio con una metáfora la cual es la mencionada
anteriormente (la de denominar bruto al animal). También se puede encontrar una
hipérbaton donde el orden sintáctico del verso es modificado "apenas signo es de
estrellas", luego hace una referencia a Dios por medio de una metonimia la cual lo
menciona como El "docto pincel". En esta décima también podemos encontrar la
referencia al minotauro mencionada anteriormente, esta mención hace referencia a su
posición académica ya que demuestra sus conocimientos sobre la mitología griega. Para
culminar esta décima la pregunta retórica es la siguiente "... ¿y yo, con mejor instinto, /
tengo menos libertad?..." está cuestionando a los cielos por que razón él que es un ser
humano el cual según Segismundo tiene más alma y más instinto que un animal y que un
ave, no puede tener su libertad. El instinto en la novela no es un tema muy mencionado o
fundamental pero este puede relacionarse con el autodominio. Este como problema se
expresa en la obra como el triunfo del libre albedrío sobre la predestinación, pero también
como una victoria de la conciencia, de la condición humana sobre los instintos y los
horóscopos, triunfo que además es característico y virtud propio del buen rey en que se
convertirá Segismundo.

Décima cinco

En la quinta décima Segismundo se compara con un pez. Los primeros versos se ven
plagados de metáforas despectivas hacia estos "insignificantes animalitos" que viven en
tan vasto espacio como es el océano, cuando Segismundo es la completa antítesis de un
pez, una persona tan grande, como una bestia encerrada en tan reducido recinto,
confinada a vivir en aislamiento completo, sólo manteniendo contacto con una persona,
Clotaldo. Segismundo se refiere al pez como un "...aborto de ovas (...) bajel de escamas..."
y una imagen visual la cual dice "...sobre las ondas se mira..." que se refiere a las olas u
ondas que existen en todo medio acuoso. Al final de esta décima Segismundo cuestiona
nuevamente el albedrío, el cual evidentemente es un tema que se repite varias veces en
este texto.

Décima seis

En la sexta décima Segismundo hace alusión al arroyo, el cual contiene el elemento vital
para la vida de todos los seres sobre la tierra, el agua. Segismundo en esta décima se
refiere al arroyo como una culebra la cual serpea las planicies en busca de su fin. Este
arroyo el cual está destinado a su cauce durante toda su historia y no tiene vida, tiene más
libertad que este pobre hombre. En esta décima Calderón utiliza dos sentidos para
describirnos el arroyo primero utiliza una imagen visual "sierpe de plata" luego una
imagen auditiva "músico celebra" y culmina la descripción del arroyo mostrando como
este no tiene restricción alguna para vivir ya que este tiene "el campo abierto a su huida"
ya que este pide a los "cielos la piedad" y estos se la "dan con majestad". En esta décima
la pregunta es "... ¿y teniendo yo más vida/ tengo menos libertad?...". Aquí hace mención
a un concepto básico, la vida.

Décima siete

Finalmente la última décima utiliza la diseminación y recolección para concluir y cerrar


este soliloquio el cual va a dar a conocer la relación entre Segismundo, Rosaura y Clarín.
En el comienzo de esta décima encontramos la ya antes mencionada hipérbole sobre el
volcán Etna. En esta décima también nos enteramos de que Segismundo cree que todos
los hombres de la tierra están en la misma situación que él, ya que la pregunta que se
hace es "... ¿Qué ley, justicia o razón/ negar a los hombres sabe/ privilegio tan suave/
excepción tan principal, / que Dios le ha dado a un cristal, / a un pez, a un bruto y a un
ave?...". En esta última pregunta retórica, el personaje plantea un privilegio, el cual se
convierte en derecho cuando una persona nace, del cual él fue privado desde el momento
en que nació, que es la libertad. También esto demuestra un error de conceptos debido al
poco roce social que Segismundo tuvo, ya que la única persona que conoce es Clotaldo.
Los últimos dos versos sintetizan el monólogo, estos dos son la mención de cada uno de
los elementos con los cuales él se fue comparando a medida que el soliloquio ocurría que
son; un cristal o el arroyo, un pez, un bruto y un ave.

Para el ave tenemos el alma, de la que carecen los animales, pero tienen más libertad.
Para el bruto tenemos el instinto el cual los animales tienen en sobremanera de forma tal
que no lo pueden controlar y en ocasiones deben pagar con sus vidas. Para el pez tenemos
el albedrío el cual es el tema fundamental de la época barroca ya que la contrarreforma se
basa en el pensamiento del libre albedrío con tal de refutar el ideal de la predestinación
de los luteranos. Para finalizar tenemos el cristal o el arroyo el cual hace mención a la vida
ya que por un lado es el único de los mencionados que no tiene vida pero es el encargado
de transportar el material más necesitado por todos los seres vivos sobre la tierra. La
libertad que es el punto de comparación para todas estas preguntas la cual es la relación
fundamental de la obra, en la cual todas las lecturas convergen. La representación
dramática de la posibilidad o imposibilidad del hombre de decidir libremente su destino,
su salvación, recoge las polémicas contrarreformistas sobre el libre albedrío y la
predestinación. Aquellos que opten por la predestinación sostendrán que existe un
designio divino que condena o salva, mediante la gracia y la Fe, que es un don de Dios,
más allá de la forma en que los hombres actúen. Quienes postulan el libre albedrío creen
en la salvación a través de las buenas obras que los hombres realicen en su vida.
Conclusión

En conclusión, el soliloquio de Segismundo sintetiza el carácter barroco en setenta y un


versos que están plagados de metáforas, metonimias, hipérboles, hipérbatos, preguntas
retóricas, retruécanos, analogías e imágenes tanto visuales como auditivas. Todos estos
recursos se utilizan para demostrar la complejidad del pensamiento de esa época y las
dualidades tanto culturales como religiosas en el caso de la reforma y la contrarreforma.
Pero al ser una persona tan religiosa, Pedro Calderón de la Barca utiliza su obra para
inculcar los dogmas contrarreformistas. Si bien la pieza analizada cuenta con gran
cantidad de recursos y temas de esta época, su verdadero valor se encuentra en el
planteamiento de la libertad como un bien tan preciado para la vida del hombre, que por
estar privado de ella muta a un ser implacable y tirano que pierde control sobre su
conciencia y deja que su instinto actúe en su lugar. Esto demuestra la transformación de
hombre a bestia, ya que la parte de hombre deja ser dominada por la parte de bestia o,
mejor dicho, el instinto. En pocas palabras, Segismundo pierde el autodominio al ser
privado de su libertad. Esto lo lleva también a perder su libre albedrío, ya que cuando una
persona está cegada por el instinto o por la ira pierde el control sobre su cuerpo y deja de
tener toda posibilidad de tomar decisiones sabias y correctas2 3

ROMEO

Romeo Montesco es uno de los personajes que dan nombre al título de la tragedia de
William Shakespeare Romeo y Julieta. Es el protagonista masculino de la obra. Romeo, hijo
del Sr. y la Sra. Montesco, se enamora y se casa en secreto con Julieta, que forma parte de
los Capuleto, la familia rival de la suya. Tras asesinar al primo de Julieta, Teobaldo, en un
duelo, Romeo se ve obligado a exiliarse. Sin embargo, al enterarse de la supuesta muerte
de Julieta, se suicida.
Los orígenes del personaje pueden remontarse hasta Píramo, que aparece en Las
metamorfosis de Ovidio, aunque se considera que su primera encarnación moderna se
encuentra en el personaje de Mariotto, en la trigésimo tercera historia de Il Novellino
(1476), de Masuccio Salernitano. Esta historia fue adaptada posteriormente por Luigi da
Porto como Giulietta e Romeo (1530), y la fuente principal de Shakespeare fue la
traducción en verso al inglés de este texto realizada por Arthur Brooke.1 A pesar de que
tanto Salernitano como da Porto afirman que sus historias están basadas en hechos
históricos, apenas hay evidencias que puedan confirmar esta aseveración.

Romeo, hijo único (al igual que Julieta), es uno de los personajes principales en la obra, y
su presencia en ella es constante. Su amor exaltado e idealista ha llevado a que la palabra
"Romeo" se convierta en sinónimo de "amante apasionado" en varios idiomas. A pesar de
que a menudo se lo ha considerado como tal, no está claro que "Montesco" sea un
apellido en el sentido moderno del término.

Romeo es el joven hijo de la adinerada familia Montesco. Se muere por la no disponible,


pero increíblemente hermosa Rosalina, hasta que posa sus ojos en Julieta Capuleto (la
única hija del archienemigo de su familia) y se enamora a primera vista.

Romeo como amante petrarquista

Si en algún momento Romeo te fastidia, no te preocupes, hay muchos como tú. No


puedes deletrear Romeo sin las letras “emo” (es demasiado emocional y siempre está
angustiado), y eso vuelve loco a muchos. Su fatuo amor por Rosalina, al principio de la
obra, seguido inmediatamente por su amnesia de ella, pueden hacer ver a Romeo como
un joven superficial y tonto.

La cosa es saber si Shakespeare escribe a propósito un Romeo atolondrado por el amor (el
Romeo que llora por Rosalina), superficial y tonto. De hecho, al comienzo de la obra, su
personaje está creado para parecerse al típico “amante Petrarquista”, que se ha
convertido en un cliché en la época en que Shakespeare escribió Romeo y Julieta (por
1595). Petrarca, por cierto, fue un poeta italiano del siglo XIV cuyos sonetos estuvieron
muy de moda en la Inglaterra Renacentista. En la poesía amorosa de Petrarca está
“Laura”, una figura que, al igual que Rosalina, estaba completamente fuera de alcance.
Entonces, un “amante Petrarquista” es ese tipo que anda llorando por ahí y moqueando
dramáticamente, porque la que le gusta no quiere nada con él, y recita poesías cursis
acerca de chicas angélicas que tienen ojos como estrellas, labios como deliciosas cerezas y
que llena a los hombres con fuego helado (pasión). No es de extrañar que el nombre de
“Romeo” se haya convertido en sinónimo de “amante” (varón, claro está).

Hola Rosalina, adiós Rosalina: Romeo conoce a Julieta

Entonces… Romeo quizá parezca un tipo fastidioso, hasta que te acuerdas de la última vez
que cambiaste de chica (o chico) como te cambias de zapatos. Entonces te acuerdas de
que no es tan superficial. Es más bien muy adolescente, para ser más específicos. Eso es lo
que hace que nos vuelva a gustar Romeo, especialmente cuando conoce a Julieta y
comienza a vislumbrar lo que es el amor verdadero. Aunque Romeo lanza una frase súper
convencional la primera vez que ve a Julieta (básicamente dice que estar con ella sería una
experiencia religiosa), parece que su amor por Julieta es bastante genuino (algunos
escépticos dicen que la única diferencia entre Rosalina y Julieta es que Julieta corresponde
a Romeo, Rosalina no. ¿Qué crees tú?)

¿Evoluciona o crece el personaje de Romeo?

El tierno amor de Romeo por Rosalina le da la experiencia para tener una relación más
madura con Julieta. Por otra parte, podríamos decir que Romeo no cambia demasiado; es
irreflexivo e impetuoso a través de toda la obra, bien sea traspasando la propiedad de los
Capuleto para ver a Rosalina, sea corriendo para fugarse con Julieta, o sea bebiendo un
frasco de veneno cuando equivocadamente, cree que Julieta está muerta. Para ser justos,
Romeo muestra alguna moderación cuando Teobaldo lo reta, lo que en realidad es un
problema, ya que Romeo mancha su reputación cuando se rehúsa a pelear. Pero Romeo
termina matando a Teobaldo después del asesinato de Mercutio, para después tener un
ataque de histeria en el suelo de la celda de Fray Lorenzo.

Algunos críticos dicen que Julieta merece a alguien mejor que Romeo. Según el experto en
Shakespeare, Harold Bloom, Romeo no tiene el mismo nivel que Julieta. Pero no importa
la crítica ¿tú qué crees acerca de Romeo?

¿Un amante, o un luchador?

Quizá hayamos hecho toda una alharaca del comportamiento casi infantil de Romeo
después de matar a Teobaldo en el Acto 3, Escena 1. Pero ahora queremos cambiar el chip
y decir que, la mayor parte del tiempo, Romeo es un amante y no un luchador. Vayamos
para atrás un poco. Cuando los sirvientes de los Capuleto y los Montesco comienzan un
gran barullo en la primera escena, Shakespeare se sale de su historia para decirnos que
Romeo NO está en las calles de Verona como todos los demás hombres. De hecho, su
mamá pregunta “¡Oh! ¿Dónde está Romeo? -¿Le habéis visto hoy? Muy satisfecha estoy
de que no se haya encontrado en esta refriega” (1.1.2). Pues, resulta que Romeo ha
estado haciendo lo que más le gusta hacer: pensando en una chica. Pareciera que el amor
tiene mucho que ver con el desinterés de Romeo por la lucha.

Después, cuando Teobaldo le busca pelea (porque Romeo irrumpió en la fiesta), Romeo se
echa atrás y se rehúsa a pelear porque no quiere herir a su nueva esposa, que bueno,
como ya sabes es familia de Teobaldo (3.1).

Entonces ¿por qué Romeo mata a Teobaldo? Excelente pregunta. Qué bien que nos
preguntaste. Primero, Teobaldo mata al mejor amigo de Romeo, Mercutio, y Romeo se
siente responsable. Además, Teobaldo regresa a regocijarse en ello (pero ¿eso significa
que la amistad de Romeo con Mercutio es más importante para él que su matrimonio con
Julieta? ¿Qué crees tú? Si respondiste que sí entonces deberías saber que Romeo no es el
único personaje que prioriza la amistad por sobre el matrimonio. Antonio y Bassanio, en El
Mercader de Venecia, son un buen ejemplo). Segundo, y quizá más importante, Romeo se
siente muy avergonzado de no haber peleado antes con Teobaldo, y culpa de eso a su
amor por Julieta: “¡Oh, querida Julieta! Tu belleza me ha convertido en un ser afeminado,
ha enervado en mi pecho el vigoroso valor”.

Traducción: Romeo cree que amar a Julieta lo ha hecho más “afeminado”. Resulta que
muchos isabelinos creían que el amor (entre un hombre y una mujer) ablandaba al
hombre. La misma idea aparece en obras como Henry IV, en la Parte 1, donde Hotspur se
rehúsa a tener sexo con su esposa antes de ir a la batalla porque no quiere “suavizarse” en
la refriega.

El punto es que la relación de Romeo con la violencia es así: la presión de ser un “hombre”
(que tiene mucho que ver con saber manejar diestramente la espada, al menos en la obra)
eventualmente toca a Romeo y cede ante la idea de que la masculinidad y la violencia van
tomadas de la mano. Y todos sabemos que cuando Romeo mata a Teobaldo sus acciones
tienen grandes consecuencias; Romeo es desterrado de Verona, lo que lo lleva a buscar el
consejo terrible de Fray Lorenzo, que básicamente los lleva, a Romeo y Julieta, a la
muerte. Así que creemos que la presión social juega un papel muy importante en la
tragedia de Romeo.

JULIETA

Julieta es la hermosa (y única) hija de los Capuleto. En la obra se enamora de Romeo


Montesco, el hijo del enemigo mortal de la familia.
Más que solo una cara bonita

Julieta es mucho más que solo una cara bonita. Es inteligente, ingeniosa y determinada.
Sabe lo que quiere y lucha por ello. Es ella, después de todo, quien le propone matrimonio
a Romeo, no al revés: “Si las tendencias de tu amor son honradas, si el matrimonio es tu
fin, hazme saber mañana…” (2.2.17). Cierta crítica literaria argumenta que solamente
Julieta es la protagonista real de la obra: es la que habla a la audiencia con más frecuencia
(generalmente eso es un buen indicador de quién es importante en la obra de
Shakespeare) y su personaje se somete a una enorme evolución a través de la obra.
También es la que dice algunas de las líneas más hermosas de Shakespeare.

La maduración de Julieta

Julieta madura a través de la obra. Comienza como una niña inocente, dependiente de su
familia y termina como una mujer determinada a desertar de esa familia para estar con el
hombre a quien ama. ¿Dónde toma lugar esta maduración? Vemos que algo pasa cuando
conoce a Romeo. Cada vez que Julieta entra al escenario después de su escena de
transformación, su amor continúa cambiando profundamente. Veamos la escena del
balcón. La Julieta que suspira al comienzo de la escena del balcón pensando que Romeo
sería perfecto si no fuera un Montesco (2.2.2) no es la misma Julieta que le dice a Romeo,
con admiración “Mi generosidad es tan ilimitada como el mar; mi amor, inagotable como
él; mientras más te doy, más me queda; la una y el otro son infinitos” (2.21.16).

Los momentos más intensos de la transformación de Julieta ocurren en una sola escena:
Acto 3, Escena 2, donde Julieta madura muchísimo en cuestión de minutos (en situaciones
normales, tardaría años en hacerlo); al final de la escena, Julieta se ha convertido en una
mujer. Fíjate en este extracto de su impactante monólogo que abre la escena:

“Galopad, galopad, corceles de flamígeros cascos hacia la mansión de Febo: un cochero tal
como Faetón os lanzaría a latigazos en dirección al poniente y traería inmediatamente la
lóbrega noche. Extiende tu denso velo, noche protectora del amor, para que se cierren los
errantes ojos y pueda Romeo, invisible, sin que su nombre se pronuncie, arrojarse en mis
brazos. La luz de su propia belleza basta a los amantes para celebrar sus amorosos
misterio.” (3.2.1).

La impaciencia de Julieta por que llegue la noche y venga Romeo se convierte en


excitación y aprehensión a medida que ella misma anticipa el encuentro íntimo con su
esposo. Está alegre y nerviosa al mismo tiempo, pero jamás se excusa por su deseo sexual
(nos recuerda a la decidida y nada tímida Desdémona, en Otelo). Cuando la nodriza
irrumpe en el ambiente esperanzador de la escena con la noticia de que Romeo ha
matado a Teobaldo, la primera reacción de Julieta es lamentarse por su primo y rechazar a
Romeo como a un Montesco más. Pero Julieta acaba de casarse con Romeo, y se toma
muy seriamente sus votos matrimoniales. En un monólogo (3.2.10) Julieta elige la lealtad a
su nuevo marido por encima de su amor familiar, y es ahí cuando tiene que luchar con la
idea de que su marido ha sido desterrado, y que la vida que esperaba tener con él, ya no
es posible.

El punto que intentamos desarrollar es el siguiente: Julieta se enfrenta a decisiones


adultas y difíciles, y no se derrumba. Cuando le pide a la nodriza que le traiga a Romeo, la
joven se enfrenta al hecho de que: Romeo viene a despedirse por última vez, y que quizá
no lo vuelva a ver jamás. Es una interesante forma de reflejar un rito de transición. A
menudo se asume (particularmente en literatura) que las chicas se vuelven mujeres la
primera vez que tienen relaciones íntimas. Pero Julieta parece haberse convertido en una
mujer antes de haber madurado sexualmente.

La vulnerabilidad de Julieta

También es importante notar que el camino de Julieta al suicidio es diferente que el de


Romeo. Éste ha sido desterrado de su ciudad natal, pero todavía tiene contacto con sus
familiares y amigos. Julieta, por su parte, ha sido sistemáticamente despojada de la ayuda
de todos los que la rodean. Ha tenido que pasar por una serie de escenas brutales:
despedirse definitivamente de Romeo después de su noche de bodas, la noticia de que
supuestamente está casada con Paris, la ira de su padre cuando se niega a conocer a Paris.
Algunos podrán decir que Julieta tiene pocas opciones aparte del suicidio. Su padre
amenaza con echarla de la casa (a las calles) si no se casa con Paris. Su madre básicamente
la desconoce. Hasta la nodriza se vuelve contra ella. Pero, Julieta está protegida por toda
la madurez emocional que ha ganado a través de la obra. Podemos ver que, en realidad,
no ha estado en ningún otro lugar aparte de su casa y la iglesia de Fray Lorenzo. No tiene
idea de cómo sobrevivir en el mundo exterior, especialmente en el isabelino, donde las
mujeres decentes no podían estar sin un marido o un padre que las cuidara, a menos que
fueran prostitutas Y, en caso de que lo olvides, ella tiene trece años.