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En torno a la Nueva gramática de la lengua española

(Real Academia Española y Asociación de Academias


de la Lengua Española)
Elvira Narvaja de Arnoux

En este capítulo abordo un campo de reflexión glotopolítica, el estudio de las gramá­


ticas (Arnoux, 2008a), indagando, como es lo propio de la disciplina, en los vínculos con el
contexto de aparición y de circulación. Atiendo, en los textos referidos, a su condición de
intervenciones sobre el lenguaje que ponen en juego ideologías lingüísticas (Arnoux y Del
Valle, 2010) que inciden sobre los hablantes y participan en la producción y reproducción
de los espacios sociales.
Consideraré las dos primeras gramáticas “oficiales”, publicadas en el presente siglo,
de la Real Academia Española (RAE) y la Asociación de Academias de la Lengua Española,
la Nueva gramática de la lengua española (2009) y el Manual de la Nueva gramática de la lengua
española (2010), y la Gramática descriptiva de la lengua española dirigida por Ignacio Bosque y
Violeta Demonte y publicada en el año 2000. El objetivo es atender a las gramáticas de
área idiomática –en este caso, hispánica– producidas a partir de la acentuación del proce­
so de globalización. En un primer momento contrastaré las gramáticas que considero de
primero y de segundo tipo, Gramática descriptiva y Nueva gramática. Luego, analizaré algu­
nos “olvidos” en las filiaciones que podemos relevar en el prólogo de la Nueva gramática,
que es el que reitera aunque con reducciones el segundo de la serie, el Manual. Pienso que
los olvidos son un índice del desplazamiento de la condición de “nueva” del ámbito gra­
matical al mercado en el que lo nuevo adquiere un valor comercial por la distancia que es­
tablece con los productos ya conocidos. Finalmente, a partir de la reformulación que el
prólogo del Manual hace del de la Nueva gramática analizaré las grandes orientaciones que
se exponen programáticamente considerando, fundamentalmente, las omisiones y, en al­
gunos casos, lo completaré con el cotejo de segmentos del cuerpo de los textos gramatica­
les.

Política lingüística panhispánica


Proponer un enfoque glotopolítico es algo a lo cual invita la misma gramática acadé­
mica. En sus prólogos y presentaciones señala, por un lado, con insistencia recorridos his­
tóricos con, incluso, algunos datos contextuales significativos. Por ejemplo, se refiere a la
incidencia de la Guerra Civil años después de la publicación de la gramática académica an­
terior a la que presenta, la de 1931, lo que nos permite inferir que la posibilidad de con ­
cretar la elaboración de la siguiente –a pesar de muchos esfuerzos estimables– dependió
del nuevo marco en el que la Academia pudo moverse a partir de los años noventa con los
resultados de la transición democrática y, sobre todo, de la integración de España a la
Unión Europea. La necesidad de que el texto gramatical se adecuara a los cambios mun­
diales, lo que implicaba no solo interrogar el saber gramatical de la época sino también
evaluar la dimensión normativa cuando se consideraba la “hispanidad” en su conjunto,

1
exigió un proceso largo de elaboración. De ahí que no solo los primeros instrumentos fue­
ran lexicográficos sino que también fuera necesario construir los grandes Corpus de base:
CORDE, Corpus Diacrónico del Español, y CREA, Corpus de Referencia del Español Actual, a
los que se ha agregado luego el CORPES, Corpus del Español del Siglo XXI.
Por otro lado, el proyecto se inscribe explícitamente en una política lingüística, de ­
signada como panhispánica, que si bien se expone tardíamente en un documento (AALE y
RAE, 2004) se diseña desde la década de 1990. Se condensa en el lema actual de la RAE
“unidad en la diversidad” (que reemplaza al “limpia, fija y da esplendor” 1), cuyo segundo
sustantivo remite a lo políticamente correcto, que abunda en los emprendimientos de
época, mientras que el primero lo vincula a las actuales políticas de área idiomática que
buscan fortalecer un espacio común. En ese sentido, recordemos que la política lingüística
panhispánica se propone integrar el español de América en pie de igualdad con el euro­
peo y hacer intervenir a las academias nacionales en la elaboración de los instrumentos
lingüísticos. La Asociación de Academias de la Lengua Española figura junto a la RAE como
responsable desde 2005 (ya desde 1999 se señalaba que revisaba las obras que publicaba
aquella) y sus productos más recientes en ese marco, además de las gramáticas, son el Dic­
cionario panhispánico de dudas 2 (2005) y la Ortografía (2010). Las grandes orientaciones para
la elaboración de estas obras (salvo la ortogáfica) son, fundamentalmente, establecer el
carácter policéntrico de la norma y atender a la lengua común y a las diferencias, geográ ­
ficas, sociales y de registro (Bosque, 2009).
El panhispanismo constituye una política de área idiomática cuya importancia se ha
acentuado con el avance del proceso de globalización y que se sostiene en la declarada
gestión democrática de la lengua compartida. Las políticas de área se caracterizan, ade­
más, por el fácil desplazamiento de lo cultural y lingüístico a lo político y lo económico,
de lo cual la Francofonía es un modelo temprano. Las encabezan los países que tienen ma­
yor poder económico, en ese sentido un caso interesante es la Lusofonía, de la que está al
frente Brasil y no la vieja metrópoli colonial. En el caso del mundo hispánico, la incidencia
de la economía3 se evidencia no solo en la participación de empresas españolas importan­
tes en los congresos de la lengua –Telefónica, Repsol, por ejemplo– y en el apoyo que otor­
gan a la elaboración de instrumentos lingüísticos sino también en el peso de las industrias
de la lengua y en la explotación comercial 4 de los productos de la RAE y la Asociación de
1
Este lema sostuvo lo que Klaus Zimmermann (2010: 47) considera “un concepto de lengua normativo y pu­
rista, identificando el término lengua con el de variedad estándar (lo que es históricamente falso) y privile­
giando entre las variedades estándares las de la España septentrional (visión monocentrista e ideología eu ­
rocentrista).” Esta concepción incide en la elaboración de los instrumentos lingüísticos a pesar de los cam­
bios glotopolíticos operados.
2
En Senz, Miguell y Alberte (2011) se encuentra un análisis detenido de diversas entradas de este instru­
mento lingüístico.
3
Luis Fernando Lara (2011: 324) al hablar del potencial financiero de la RAE señala que “es determinante el
apoyo que hoy recibe no solo del Estado español sino, vía Fundación pro Real Academia, de las grandes em­
presas transnacionales españolas, como el Banco de Bilbao Vizcaya Argentaria, el Banco Santander, Endesa,
Repsol, Unión Fenosa, el grupo PRISA-Santillana, el Grupo Planeta, Telefónica Española y otras más.
4
Silvia Senz, Jordi Minguell y Montserrat Alberte (2011: 438) advierten que el Diccionario panhispánico de du­
das vendió 200.000 ejemplares en los seis meses posteriores a su publicación y los dos primeros volúmenes
de la Nueva gramática de la lengua española “logró situarse, en su primera semana de recorrido comercial, en
el número uno de obras de no ficción vendidas en España, y solo en dos meses ha vendido ya 60.000 ejem ­
2
Academias, todo lo cual se sintetiza en la reiterada expresión de que “el español es un re­
curso económico” y, podemos agregar, una mercancía. En las apreciaciones sobre el valor
económico de la lengua no dejan de influir las transformaciones operadas en las nuevas
empresas globalizadas, particularmente en el sector de servicios, en el cual el lenguaje se
vuelve un producto (Heller y Boutet, 2006) y un componente central de la productividad
(Duchêne, 2011).
También debemos señalar que el reconocimiento de la lengua común, por un lado,
acompaña el papel de España como avanzada de la Unión Europea en América Latina, que
se ha manifestado en una marcada presencia económica y financiera, perturbada parcial­
mente por la crisis última. Los otros países hispanoamericanos, a pesar del poder
simbólico que pueden activar, son más débiles económicamente y, sobre todo, no han
puesto en marcha una maquinaria glotopolítica de envergadura. Por el otro, el reconoci­
miento de la unidad del área tiende a la expansión planetaria, importante en la nueva eta­
pa y que ha dado lugar, en ese sentido, además de la actuación de las consejerías para la
promoción de la lengua y la cultura españolas, dependientes del Ministerio de Educación
y Ciencia de España, a las diversas actividades del Instituto Cervantes –creado en 1991 y
presente en la actualidad en 77 ciudades correspondientes a 44 países–, y de la RAE. Las
más importantes son los Congresos de la Lengua Española 5 cuyas orientaciones glotopolí­
ticas (Arnoux, 2008; Rizzo, en este volumen) tienen una gran difusión mediática; la imple­
mentación en 2007 del SICELE (Sistema Internacional de Certificación del Español como
Lengua Extranjera), que ha cristalizado en el DELE (Diploma de español como lengua ex­
tranjera) y la elaboración como señalamos de los instrumentos lingüísticos. En relación
con este amplio dispositivo, José del Valle (2007: 39) destaca que su fin es “promover la
hispanofonía, una conceptualización de la comunidad hispanohablante que la consolidara
como mercado donde la presencia del capital español fuera percibida como natural y legí­
tima”.

Tipos de gramáticas de área: la Gramática descriptiva y la Nueva gramática


La Nueva gramática de la lengua española resulta de “un largo proceso que duró casi
ocho décadas”, es decir, que se desarrolló a partir de la aparición de la última gramática
académica del siglo XX –como indicamos, la de 1931–, de la que la nueva serie conserva el
sintagma “lengua española” (no castellana). Adopta, así, la designación estatal –que se im­
puso a partir de la edición de la gramática de 1924, durante el gobierno de Miguel Primo
de Rivera6– afirmando, por un lado, la centralidad del lugar institucional del que surge y,

plares (Agencia Efe, 22/02/2010, en línea).


5
(I, Zacatecas,1997, “La lengua y los medios de comunicación”; II, Valladolid, 2001, “El español en la socie ­
dad de la información”; III, Rosario, 2004, “Identidad lingüística y globalización”; IV, Cartagena de Indias,
2007, “Presente y futuro de la lengua española. Unidad en la diversidad”; V, Valparaíso, 2010, “América en
lengua española”.
6
Este gesto, notablemente, acompañó (o fue resultado de) otro que consigna Luis Carlos Díaz Salgado (2011:
105): “En 1923, el general ordenó crear ocho plazas de académicos para representar a las demás lenguas del
Estado: dos para el vasco, el catalán y el gallego, y una para el valenciano y el mallorquín (nótese con qué fa ­
cilidad el catalán es desgajado en tres idiomas mientras que el español permanece único e indivisible).” Se
centralizaba, así, el tratamiento de las otras lenguas a la vez que se reconocía el carácter “oficial” (lengua
del Estado) del castellano, que era designado como “lengua española”.
3
por el otro, la vocación de posicionarse en el espacio global, y encabezar la política lin­
güística de área idiomática. El atributo de “nueva” muestra, en su reiteración en las tres
obras, que estas conforman una serie (que, además, los textos señalan explícitamente en
sus prólogos) y, a la vez, establece una distancia frente a las anteriores: las “nuevas” son
las obras que hay que consultar para estar actualizado, dejando de lado aquellas que no
adquirieron el estatus de “oficiales” aunque tuvieran algún tipo de padrinazgo de la Real
Academia. Su carácter institucional aparece marcado claramente en la tapa, en la que se
agrega como en las otras el logo de la Asociación de Academias de la Lengua Española,
creada en 1951 en México en el marco del Primer Congreso de Academias de la Lengua Es­
pañola (Garrido, Valadés y Zerón-Medina, 2010), en el que la Real Academia estuvo ausen­
te por imposición del gobierno de Franco (del Valle, 2010), y que es en la actualidad, como
anticipamos, uno de los pilares de la política lingüística panhispánica.
La serie de gramáticas se inscribe en la producción de las que consideramos de área
idiomática, de las cuales, para el castellano, su primera expresión notable es, entonces, la
Gramática Descriptiva de la Lengua Española (Arnoux, 2001). Esta, a su vez, dialoga explícita­
mente con producciones del mismo tipo, que su introducción detalla, referidas a lenguas
distintas: A Comprehensive Grammar of the English Language, 1985; Grande grammatica italiana
di consultazione, 1988-1995; Algemene Nederlandse Spraakkunst, 1997. La Gramática descriptiva
participa, así, en una red de gramáticas próximas que comparten un metalenguaje y cuya
interconexión apunta a un vasto espacio global potencialmente integrado. Se plantea, por
otra parte, en el marco de la tendencia, a la que nos referimos antes, a una gestión demo­
crática de la lengua compartida propia de las políticas lingüísticas de área idiomática, si
bien no alude explícitamente a la dimensión glotopolítica del emprendimiento, como lo
van a hacer las académicas. Para alcanzar aquel objetivo, la Gramática descriptiva convoca
a gramáticos de diferentes países, aunque dominen los españoles, y atiende a variedades y
registros de las distintas zonas. Es, entonces, una obra colectiva que supera, según sus di­
rectores, otras obras similares ya que, como declaran, es “la gramática más detallada7 que
se haya escrito nunca sobre nuestra lengua, y –si descontamos algunas gramáticas france­
sas clásicas– una de las más exhaustivas que se hayan publicado nunca para cualquier idio­
ma” (p. XIX). Estos rasgos apuntan también al hecho de que incorpora nuevos temas de la
gramática del español. La Introducción la caracteriza como una gramática descriptiva8 de
referencia, que presenta “en términos relativamente sencillos y en un vocabulario común
los resultados de trabajos especializados”, es decir, que contempla una difusión más am­
plia que la de los especialistas. Facilita la consulta de los usuarios en la medida en que
permite un “múltiple acceso” porque atiende a diferentes facetas de las categorías y a la
diversidad de accesos que los objetos requieren.
7
Los resaltes en las citas me pertenecen, salvo que indique explícitamente que corresponden al texto referido.
8
Se señala: “es descriptiva en cuanto que presenta las propiedades de las construcciones y de las palabras
que las forman, es decir, en tanto que muestra clases y paradigmas, regularidades y excepciones. Es descrip­
tiva en el sentido de que pretende exponer y razonar el comportamiento de las categorías gramaticales, las
pautas que regulan su estructura interna y las relaciones morfológicas, sintácticas, semánticas y discursivas
que se dan en todos los ámbitos que abarca el análisis. Es descriptiva asimismo porque se centra en la carac ­
terización de problemas empíricos y no en la validación de constructos teóricos. Lo es, en suma, porque
muestra (creemos que con suficiente detalle) los datos y las generalizaciones que resultan necesarios para
entender cada construcción y para relacionarla con las demás” (p. XXI).
4
Pero lo que queremos destacar es que elude los aspectos normativos. La Gramática
descriptiva señala incluso, con energía, que “no es una obra normativa ni directa ni indi­
rectamente”. Si bien toda gramática lo es ya que la descripción que hace de la lengua se
impone en gran medida como modelo y patrón de las producciones, la declaración es con­
tundente. Esta va a ser una diferencia marcada con la serie de gramáticas oficiales de la
lengua española. Ya al presentar la Nueva gramática se señala que es una gramática des­
criptiva (que considera, particularmente, las estructuras compartidas, asigna un lugar im­
portante a la variación geográfica y señala estilos y registros) y prescriptiva. La norma se
caracteriza en el marco de la nueva política panhispánica: “La norma tiene hoy carácter
policéntrico. La muy notable cohesión del español es compatible con el hecho de que la va­
loración social de algunas construcciones pueda no coincidir en áreas lingüísticas dife­
rentes” (p. XLII). Su autoridad normativa deriva de su carácter de “oficial” –término que
juega entre lo institucional y lo estatal– y se presenta como legitimada también por los
mismos hispanohablantes:

La gramática académica ha sido y es considerada generalmente ‘gramática oficial’.


Esta Nueva Gramática ha sido, además, consensuada y aprobada por las veintidós
Academias que integran la Asociación, por lo que sus recomendaciones normativas
cuentan con el respaldo de esta institución internacional, sustentado en la autori­
dad que los hispanohablantes le reconocen en lo relativo a la fijación de la nor­
ma (p. XLVI).

El universo gramatical de referencia de la Nueva gramática son las gramáticas acadé­


micas. Es significativo que inicie el prólogo con una cita de la gramática de 1771, típica
gramática de Estado (Arnoux, 2008a), subrayando por el lugar de enunciación la continui ­
dad con esa tradición:

“La Gramática […] nos hace ver el maravilloso artificio de la lengua, enseñándo­
nos de qué partes consta, sus nombres, definiciones y oficios, y cómo se juntan y
enlazan para formar el tejido de la oración” 9. […] En los casi dos siglos y medio
transcurridos desde entonces, la Real Academia Española ha publicado numerosas
ediciones de su Gramática en la que se ha esforzado en analizar este “maravilloso ar­
tificio” (p. XXXIX).

Cita, además, en diferentes momentos, las gramáticas de Salvador Fernández Ramí­


rez, Samuel Gili Gaya, Emilio Alarcos, Antonio de Nebrija, Gonzalo Correas, Rodolfo Lenz.
En una comparación rápida de la Gramática descriptiva con la Nueva gramática pode­
mos señalar entonces que la primera se presenta como descriptiva, colectiva, no es reco­
nocida oficialmente por la RAE y convoca a gramáticos de diferentes países. En cambio, la
segunda reconoce su carácter de descriptiva y normativa, de colectiva pero fundamental­
mente colegiada, es reconocida como oficial y convoca a las comisiones de las academias.
Pero ambas responden al imperativo de considerar el área en su conjunto, no solo por las
variedades que ingresan sino también por los especialistas convocados, individualmente o
en las comisiones. Se evidencia así el paso de una gramática de área de primer tipo para la

9
En bastardillas en el original.
5
cual no hay un centro regulador sino regularidades y variedades que la descripción gra­
matical registra, a una gramática de segundo tipo que determina un centro normativo
institucional “oficial”.
En cuanto a los aspectos que tratan, la Gramática descriptiva abarca la sintaxis, la re­
lación entre léxico y sintaxis, la semántica de las relaciones oracionales, la morfología
(tanto flexiva como derivativa) y una parte de lo que se conoce como “gramática del dis­
curso”. La Nueva gramática, por su parte, señala cuidadosamente que “su índice de conte­
nidos presenta una estructura clásica. Tras un capítulo introductorio […] se separan de
modo tradicional la morfología y la sintaxis” (p. LVII). Con lo de “clásico” alude a su ins­
cripción en la serie de las gramáticas académicas, obras no de autor –como la anterior de
Alarcos Llorach– sino institucionales.
Respecto de los datos de los que parte o que ilustran las reglas, la Gramática descripti­
va plantea que “la fuente principal de datos ha sido la introspección”. Sin embargo “se
hace un uso habitual de fuentes literarias y periodísticas, corpus diversos privados y pú­
blicos y diccionarios sintácticos, particularmente el de Rufino J. Cuervo” (p. XXIX). En
cuanto a la Nueva gramática, esta reconoce dos fuentes de datos: por un lado, “ejemplos
construidos por sus redactores (siempre debidamente convalidados por un número sufici­
ente de hablantes nativos y refrendados por las academias), p. XLIV, y, por el otro, “ejemplos
procedentes de textos”; “proceden del banco de datos léxicos de la RAE […], así como el viejo
fichero de papel de la Academia. No obstante fue necesario acudir también a otros reperto­
rios…(p. XLV). En suma, la Nueva Gramática adopta un formato tradicional que la vincula
con las otras gramáticas académicas, desestima o no explicita programáticamente el tra­
tamiento de los aspectos semánticos y discursivos y sus ejemplos parten de corpus insti­
tucionales o son refrendados por la institución.

Los “olvidos”
Consideraré el prólogo de la Nueva gramática –texto que enuncia el programa grama­
tical– atendiendo, como señalé, a algunos olvidos en relación con la tradición gramatical
que recupera. Los prólogos son discursos que, como tales, realizan opciones acerca de lo
que van a valorar al darle una presencia en el texto. Muchas de ellas no son, por cierto,
resultado de actividades reflexivas pero son significativas en cuanto construyen también
con lo que no dicen –las omisiones– las representaciones que el texto vehiculiza. A nues­
tro criterio, en este caso, los “olvidos” se deben a la necesidad de insistir en la representa­
ción de “novedad”. Creemos, además, que lo “nuevo”, reiterado en los títulos de todos los
miembros de la serie gramatical y destacado en las presentaciones 10, actúa más como una
categoría del ámbito comercial –propia de la concepción de la lengua como “recurso eco­
nómico”– que del gramatical, en el cual los retomes son múltiples e insistentes tanto de
otras gramáticas como de estudios referentes a aspectos puntuales. Si bien se alude tam­

10
Al referirse a la inclusión de “nueva” en el título, Bosque (2010) lo justifica diciendo: “Pareció conveniente
a la comisión interacadémica que la gramática reflejara en su propio título, a ser posible con una sola pala ­
bra, la presencia de tantas novedades. La comisión entendió que el adjetivo nuevo situado delante del título
tradicional constituía un llamado de atención al lector que le anticiparía la existencia de tales cambios. Se
expresaría así que el proyecto surgió con la intención de mantener los aspectos más valiosos de nuestra tra­
dición, pero también con el propósito de convertir una obra antigua en una gramática de este tiempo.”
6
bién a la tradición, esto se debe a que está ligada al reconocimiento de “marca” de la RAE.
Las exclusiones que se operan en el prólogo llaman la atención, por otra parte, en la medi­
da en que las orientaciones del mismo texto las evocan en un lector interesado por el pen­
samiento gramatical hispánico y lo llevan a interrogarse por lo no dicho.
Si bien se reconocen las gramáticas posteriores a la de 1931 que no alcanzaron el es­
tatuto de académicas pero que fueron acogidas en los espacios editoriales de la RAE, no se
cita la Gramática descriptiva de la lengua española, que es como dijimos la expresión primera
en el ámbito hispánico de la política lingüística de área idiomática. Esto llama particular­
mente la atención porque Bosque es el ponente y aquella apareció en la Colección Nebrija
y Bello de la RAE. Incluso la desconoce al decir “Nuestro idioma no llegó, pues, a disponer
de una gramática que lo representara en esa serie de grandes tratados con los que hoy
cuentan no pocas lenguas europeas”. Tal vez no lo considera un texto unitario, al que le
pueda dar el nombre de “tratado” porque los capítulos están firmados, aunque los direc­
tores han logrado una destacable unidad de las colaboraciones y para los lectores sea una
obra de referencia que merecía un reconocimiento público.
Otro olvido significativo tiene que ver con el anuncio de la publicación de dos ver­
siones más, una “con propósito divulgativo” y otra “básica o esencial, pensada para el
gran público y fácilmente adaptable al ámbito escolar”. La Nueva gramática, extrañamente,
no se refiere a la gramática académica de 1854, que en este sentido es el antecedente pri­
mero ya que dio lugar al Compendio y al Epítome, sobre todo cuando sigue los criterios ado­
ptados por aquella, particularmente en pensar el Manual como una reformulación en la
que dominan las meras operaciones de omisión o borrado y la tercera de la serie como un
texto que exige un mayor trabajo de adaptación (Arnoux, 2013). Además las relaciona el
hecho de que ambas aparecieron muchas décadas después de la anterior gramática acadé­
mica (1796, en un caso; 1931, en el otro). Sin embargo, notablemente, “recuerda” un gesto
de la reformulación que el prólogo de la gramática de 1858 realiza respecto de la de 1854:
lo reproduce pero al hacerlo borra toda alusión a Vicente Salvá y Andrés Bello, que eran
los gramáticos con los que el texto fuente dialogaba mostrando la dimensión polémica del
trabajo gramatical. Como señalamos antes, el prólogo de la Nueva gramática cita a diversos
gramáticos, pero no recuerda tampoco a los grandes autores de las gramáticas del siglo
XIX ligadas a la construcción de los Estados nacionales 11, posiblemente porque la política
panhispánica sigue otro derrotero y necesita un corte tajante con ese pasado intenso,
conflictivo e innovador que se manifestó, incluso, como vimos, en la gramática académica
de 1854. Sin embargo, es un olvido difícil por las grandes orientaciones del texto. Realizar
una “descripción exhaustiva del idioma basada en citas textuales” fue un objetivo de Sal­
vá, a pesar de que los medios técnicos eran infinitamente inferiores a los actuales. Desta­
car el “carácter policéntrico” de la norma fue realizado programáticamente por Bello en
su propio prólogo, en el que afirma: “Chile y Venezuela tienen tanto derecho como Ara­
gón y Andalucía para que se toleren sus accidentales divergencias cuando las patrocina la
costumbre uniforme y auténtica de la gente educada”.

11
Al respecto es interesante y, a la vez, inquietante porque tiene cierta resonancia de mandato que debe ser
cumplido, una nota de Gómez Asencio (2002: 200): “La mención a esos gramáticos ya no aparece en 1858. Ni
nunca más”.
7
Creo que los olvidos de esos tramos del pensamiento gramatical con los que la Nueva
gramática tiene una indudable filiación (incluso Bello es, junto a Nebrija, el único gramáti ­
co citado en el cuerpo del texto gramatical) se deben, entonces, al deseo de reforzar su
condición de “nueva” afirmándose como primera gramática de área y como la primera
que atiende a la pluralidad de normas y que conjuga los ejemplos construidos por el gra­
mático con citas textuales. Asimismo, como quiere estar en el origen del reconocimiento
de la pluralidad de normas, cuando lo cita a Correas (Los libros se escriben para todos, chicos i
grandes, i no para solo los ombres de letras) no tiene en cuenta lo que es central en la reflexi­
ón de este gramático que es el reconocer la diversidad de hablas de toda lengua histórica
(diferencias dialectales, sociolectales, cronolectales, de profesión, de registro y de
género).

La Nueva gramática y su reformulación, el Manual


La importancia política y económica de los textos gramaticales deriva de su inserci­
ón amplia, particularmente en los sistemas educativos, a ello tiende la publicación de di­
ferentes versiones. El Manual compendia con propósito divulgativo la Nueva gramática, es
decir, se presenta como una reformulación resuntiva (en la tapa se destaca claramente su
dependencia del texto fuente ya que aparece como un subtítulo aunque resaltado por el
color). En estos casos, el contraste del texto fuente con el meta permite observar regulari­
dades en la reformulación que dependen, en general, de la representación que se tenga de
las nuevas circunstancias de circulación del texto. El contraste muestra, además, aquello
que no puede dejar de ser dicho sin alterar conceptualmente el texto fuente o pasar el
umbral de distorsión admitido. De allí el interés de considerar lo que explícitamente se
conserva. Al enunciar las características del Manual se indica (el resalte nos pertenece):
Se ha procurado mantener en esta versión los conceptos analíticos desarrollados en la
versión extensa, que se presentan aquí de manera más esquemática.

Se ha procurado no omitir en la presente versión ningún aspecto de la información


normativa que se proporciona en la versión de referencia, ya que se ha entendido que
los aspectos normativos del análisis gramatical interesan a todos los hablantes…

Se destaca la valoración de la “información normativa”, que no se omite (conside­


rando que es la que buscan “todos los hablantes” cuando recurren al texto gramatical),
frente a los “conceptos analíticos” cuya presentación esquemática supone omisiones 12. En
la Gramática básica, que es la tercera de la serie, el esquematismo penetra también los seg­
mentos normativos que se recuadran, anulando el contraste con las formas gradualmente
admitidas y exponiendo la norma sin un sustento explicativo.
Pero, también, el esquematismo, derivado de la reducción “a escala”, lleva en el Ma­
nual, en algunos casos, a una dogmatización que impide que el lector de la versión divul­
gativa pueda comprender razonadamente el tema que se plantea. Observemos la reformu­

12
Ignacio Bosque (2010) al historizar el proyecto de la Nueva gramática señala que “en la versión manual se
condensan proporcionalmente los contenidos, se simplifican los aspectos conceptuales y se mantienen casi
todas las referencias a cuestiones normativas introducidas en la versión de referencia.”
8
lación que se hace del tramo referido a las “estructuras híbridas” al tratar las relaciones
entre las pasivas reflejas y las impersonales con se:

Nueva Gramática
41.12e Se aconseja evitar los cruces entre pasivas reflejas e impersonales que se
producen en las oraciones construidas con complementos definidos de persona in­
troducidos por la preposición a. Tales cruces dan lugar a oraciones como Se premia­
ron a los mejores alumnos; Se buscan a los culpables; se agasajaron a los invita­
dos; Se respetan a los valientes, que se recomienda evitar. Estas oraciones contras­
tan con las variantes correctas Se premió a los mejores alumnos; Se busca a los cul­
pables; se agasajó a los invitados; Se respeta a los valientes. Se encuentran ocasio­
nalmente estas oraciones en los textos clásicos, y a veces en los modernos, unas ve­
ces en boca de los personajes y otras en el texto que refleja la prosa del autor:
Fue recibido con grandes juegos e danzas, como se suelen recibir a los reyes que
de alguna conquista vienen victoriosos (Crónica Juan II); […] Por los cristales se
veían a los dos hombres en buzos haciéndose pases, disparando a la canasta (Var­
gas Llosa, Conversación); […].

Se trata, como se ve, de estructuras híbridas: poseen complementos directos defini­


dos que se refieren a personas, como las impersonales reflejas, pero muestran un ver­
bo en plural al que no corresponde gramaticalmente un sujeto paciente. Este tipo de
cruce se da a menudo en las construcciones que se forman con verbos de denomina­
ción y de juicio: Se llaman askenazis a los judíos que proceden del centro y del
este de Europa; Se considerarán miembros de pleno derecho a todos los que…

Manual
Los cruces entre las dos construcciones reflejas en las oraciones que llevan comple­
mentos introducidos por la preposición a dan lugar a estructuras híbridas incor­
rectas, como Se premiaron a los mejores alumnos; Se buscan a los culpables, en
lugar de Se premió a los mejores alumnos; Se busca a los culpables. Esta incorrec­
ción es especialmente frecuente en las oraciones de relativo (una convocatoria de
la que se han excluido injustamente a varios solicitantes) y con verbos de denomi­
nación y de juicio: Se llaman askenazis a los judíos que proceden del centro y el
este de Europa.

El juicio normativo es más tajante en la reformulación que en el texto fuente. Se


pasa de “se aconseja evitar” y “se recomienda evitar” a “estructuras híbridas incorrectas”
y “esta incorrección”. Es decir, que para el lector del Manual la prescripción debe ser neta.
Esto se acompaña de la supresión de un discurso que razonadamente despliega la explica­
ción gramatical de la hibridez y que, desde nuestra perspectiva, es más necesario cuanto
menos especializado sea el lector. En su lugar aparece el agregado referido a las oraciones
de relativo ya que se considera suficiente enunciar la norma y exponer los casos que de­
ben ser evitados.

El cotejo de los prólogos


Si bien es interesante el reconocimiento de lo que del Prólogo de la Nueva gramática
se reitera en el Manual ya que muestra en parte las grandes orientaciones de la reformula­

9
ción, también lo son las omisiones, expansiones, sustituciones o conmutaciones 13. Nos
centraremos en algunas de estas operaciones –en particular, las primeras– que a nuestro
criterio manifiestan un proceso que se va a acentuar luego en relación con la Gramática
básica. Consideraremos, entonces, cómo el prólogo del Manual reformula el del primero de
la serie, la Nueva gramática. El interés de focalizar estos discursos programáticos reside en
el hecho de que, en el caso de la reformulación divulgativa, nos permite entrever la nueva
representación de destinatario y género.
En primer lugar, debemos destacar que en el prólogo del Manual, a diferencia del de
la Nueva gramática, el conocimiento gramatical se plantea como un saber no sujeto a con­
troversia, en el que desaparecen correcciones y evaluaciones:

Nueva Gramática
[la Academia] ha ido mejorando sus descripciones gramaticales, enmendando lo
que consideraba revisable en ellas, ampliando lo que merecía más atención y cali­
brando también los trabajos de los gramáticos que habían precedido sus que ­
haceres o realizando aportaciones paralelas a las suyas.

Manual
[…] mejorando sus descripciones gramaticales, ampliando lo que merecía más aten­
ción y atendiendo a las aportaciones de otros gramáticos.

Estos cambios exponen la representación del saber gramatical que se busca desarro­
llar en los nuevos lectores previstos: aquel progresa armónicamente (mejorando, amplian­
do, atendiendo). Se ignoran las evaluaciones y tomas de posición que pueden implicar dife­
renciaciones y polémicas. Sabemos que estas no se centran solo en los criterios teóricos
que enmarcan la descripción sino también en la consideración de las variedades y en la
concepción de la norma.
Asimismo, se efectúan desplazamientos que refuerzan el papel de la Academia. La
Nueva Gramática al referirse a los ejemplos gramaticales procedentes de textos señala la
amplitud de un corpus que tiene orígenes diversos y plantea las orientaciones seguidas.
Luego indica que “muchos de los textos citados proceden del banco de datos léxicos de la
RAE”. El Manual, por su parte, ubica en primer lugar el corpus académico y minimiza los
otros:

El corpus del que se han extraído esos datos, uno de los más extensos de cuantos se
hayan utilizado en un estudio lingüístico sobre el español, procede de los cuerpos lé­
xicos académicos […] junto con el viejo fichero de papel de la Academia y algu­
nos otros repertorios.

De esta manera se insiste en la representación de un texto institucional que apela,


fundamentalmente, a materiales propios.
Por otra parte, al mismo tiempo que se elude la crítica a la memorización y al dog­
matismo (que hubiera sido pertinente en un texto que puede circular por el sistema edu­

13
Marcamos con negritas, además de los juicios normativos, aquello que significativamente ha sido omitido
y con itálicas los resaltes nuestros que tienden a mostrar otras operaciones.
10
cativo) y el planteo de un abordaje profesional de la lengua se expanden los aspectos valo­
rativos y eufóricos, que se proyectan sobre la lengua, la gramática y los hablantes:

Nueva Gramática
Entre los objetivos de las gramáticas académicas está el de intentar contribuir a que
los hablantes ejerciten la reflexión sobre su propia lengua presentándoles los ins­
trumentos con los que esa reflexión se lleva a cabo en ámbitos más profesio ­
nales. Ahora que están ya lejanos aquellos tiempos en los que los contenidos
gramaticales se memorizaban y se recitaban como los preceptos de los cate ­
cismos es cuando más sentido tiene llamar la atención sobre la necesidad de que se
revitalice la reflexión sobre el idioma y el interés por el lenguaje mismo como pa­
trimonio individual y colectivo.

Manual
La Nueva Gramática académica y este manual que la resume quiere contribuir a que
los hispanohablantes reflexionen sobre su propia lengua, tomen conciencia de sus
posibilidades expresivas, de las estructuras lingüísticas que la caracterizan y de
la enorme riqueza patrimonial que suponen su unidad y su variedad. La Nueva
Gramática pretende ayudar, asimismo, a que los hablantes conserven este patrimo­
nio, amplíen su dominio del idioma, y ensanchen con ello su propia cultura y su
formación integral.

La expansión tiende a estimular en los lectores el aprecio a una lengua cuyos atribu­
tos se exaltan (posibilidades expresivas, enorme riqueza patrimonial que suponen su unidad y su
variedad), incluso las “estructuras sintácticas” gozan por efecto del entorno de esta apre­
ciación netamente positiva. Al mismo tiempo, la conservación de la lengua se asocia con
la posibilidad de progresos individuales que se pueden alcanzar con la ayuda de este ins­
trumento lingüístico: ampliar su dominio del idioma, y ensanchar con ello su propia cultura y su
formación integral.
Además, en el Manual, se presenta lo normativo como sostenido en el juicio de los
hablantes cultos más que en decisiones de los gramáticos que, en el texto fuente, deben
contemplar variables sociolingüísticas para reconocer las formas prestigiosas. Sin embar­
go, ambos prólogos insisten en un consenso –amplio, en la Nueva gramática; restringido,
en el Manual. En ese sentido Juan Carlos Moreno Cabrera (2011: 160) plantea que “[la fun­
ción prescriptiva] se ha enmascarado de forma más o menos eficaz, al mantener que se
trata simplemente de sancionar los usos aceptados generalmente por la comunidad lin­
güística; según ello, la fuente normativa provendría de la sociedad y no de las academias”.
En relación con ello, observemos la siguiente reformulación:

Nueva Gramática
La información normativa tiene, pues, dos vertientes. Por un lado, las recomendacio­
nes que aquí se hacen pretenden reflejar propiedades objetivas que ponen de ma­
nifiesto el prestigio de las construcciones sintácticas y de las opciones morfológicas,
así como, en la medida en que ello es posible, los tipos de discurso y los niveles de
lengua que las caracterizan. Por otro lado, las recomendaciones se hacen con el pro­
pósito, igualmente declarado, de llamar la atención de los hablantes sobre la len­
gua que usan, que les pertenece y que deben cuidar. En uno y otro caso, las re­
comendaciones normativas tratan de representar juicios de valor que traslucen el
11
consenso implícito existente sobre un sistema compartido por muchos millones de
hablantes.

Manual
Sus recomendaciones se basan por tanto, en la percepción que estas instituciones
tienen de los juicios lingüísticos que los hablantes cultos llevan a cabo sobre la
lengua, y de cuyos usos tienen conciencia.

La atenuación de lo arbitrario en la prescripción apela, en la Nueva gramática, a la fó­


rmula “propiedades objetivas” y la justificación, a la importancia de que los hablantes cui­
den su patrimonio. Lo que fundamenta las recomendaciones normativas desaparece en el
Manual que privilegia la “naturalización”: la institución académica solo percibe los juicios
lingüísticos de los hablantes cultos.
Finalmente, el Manual atenúa las diferencias existentes respecto de los juicios nor­
mativos entre instrumentos lingüísticos de la RAE. Así como omite los problemas en rela­
ción con la marca tipográfica de incorrección –empleada por el Diccionario Panhispánico de
Dudas– reconoce “algunas diferencias” pero las mitiga (aunque…lógicamente) al retomar la
explicación de la distancia entre los dos instrumentos que se basa en lo más pomenoriza­
do / detallado del estudio:

Nueva Gramática
De manera paralela a cómo el Diccionario Panhispánico de Dudas pone mayor én­
fasis en la norma, la Nueva Gramática acentúa los diversos factores pertinentes en
la descripción. Los objetivos de las dos obras solo pueden coincidir en parte, puesto
que en la Gramática han de abordarse un gran número de cuestiones que carecen
de una vertiente estrictamente normativa. En los primeros borradores de la pre­
sente obra se intentó mantener la marca tipográfica de incorrección que se
usa a lo largo del DPD. Mediada su redacción y a la vista de los problemas
que suscitaba en un buen número de construcciones no consideradas en el
DPD , se llegó al acuerdo de sustituirla por juicios normativos diversos, lo
que permite matizar mucho más las apreciaciones. Son muy escasas las cons­
trucciones en cuya valoración normativa se percibe alguna diferencia al comparar el
DPD y la Gramática, pero son numerosas las que se estudian aquí de manera más
pormenorizada.

Manual
Conviene advertir que, en tanto que el Diccionario Panhispánico de Dudas (DPD),
consensuado igualmente por todas las Academias, pone mayor énfasis en la
norma, la Nueva Gramática acentúa los diversos factores pertinentes de la descrip­
ción. Son muy pocas las construcciones en cuya valoración normativa se percibe al­
guna diferencia al comparar las dos obras, aunque, lógicamente, son numerosas las
que se estudian aquí más detalladamente.

Las diferencias léxicas, que se acentúan en las secuencias que plantean problemas,
exponen, a su vez, la representación del destinatario. Así, “escasas” pasa a “muy pocas” y
“de manera más pormenorizada” a “más detalladamente”; y “lógicamente”, por su parte,
refuerza en el Manual la argumentación y anula el entrevisto cuestionamiento al dispositi­
vo normativo.

12
Variación y norma
La referencia a las variedades, incluso cultas, se atenúa en la reformulación que
hace el Manual. Esto se debe a la voluntad de acentuar la representación de lengua común
que justifica el despliegue del dispositivo normativo.
En relación con la diversidad, el prólogo del Manual deja de lado la variación históri­
ca pero, con las operaciones resuntivas correspondientes, se enuncian las otras. Contras­
taremos, en primer lugar, los fragmentos referidos a las no diatópicas:

Nueva Gramática
Es imposible que en una descripción gramatical se analicen con similar profundidad
todos los tipos de variación lingüística que hoy se reconocen en la lengua española.
Es plausible, en cambio, resaltar de forma somera los aspectos más notables
de cada una de estas formas de variación allá donde se considere conveniente
hacerlo. Esta es la opción que aquí se ha elegido. Los especialistas suelen dis­
tinguir entre la variación histórica, la geográfica y la social, y acostumbran a dividir
esta última en dos tipos: la relativa a los llamados sociolectos (por ejemplo, lengua
popular frente a lengua culta, pero también las variedades caracterizadas por el con­
junto de rasgos lingüísticos establecidos en función del sexo , de la actividad profe­
sional y de otras variables) y la relativa a los niveles de lengua, es decir, los estilos o
registros, como los que permiten oponer la lengua coloquial a la empleada en situa­
ciones formales, o diferenciar el habla espontánea de la lengua más cuidada.

Manual
Es imposible que una descripción gramatical analice con profundidad similar todos
los tipos de variación que hoy se reconocen en la lengua española. […] En la varia­
ción social distinguen los especialistas entre la que caracteriza a los sociolectos
(como lengua popular frente a lengua culta, variedades en función del sexo, de la
profesión, etc.) y la relativa a los registros o estilos lingüísticos, como coloquial o for­
mal, espontánea o cuidada.

Aunque el Manual retoma lo que encabeza el fragmento y resume la referencia final


a la variación social, no se compromete con la posibilidad de analizar las formas de varia­
ción. Si bien en el cuerpo de la gramática en muchos casos se las considera se lo hace con
un énfasis menor.
Así como la Nueva Gramática se detiene en la variación geográfica y señala las diver­
sas áreas lingüísticas representadas (al fragmento con el que ilustramos sigue otro exten­
so en el que se señalan otras divisiones dentro de las áreas), su primera expresión divul­
gativa y didáctica suprime esas referencias.

Nueva Gramática
La variación geográfica tiene aquí muy abundante presencia, si bien no debe esperar­
se el grado de detalle que correspondería a un tratado de dialectología. Las refe­
rencias geográficas específicas se introducen muchas veces en función de pa ­
íses o de regiones, pero en la mayor parte de los casos se establecen a partir
de zonas o áreas lingüísticas más amplias. Son las que están representadas en
la Comisión Interacadémica de la Nueva gramática que coordinó los traba­
jos, las mismas que se establecieron para el Diccionario panhispánico de du­

13
das: Chile, Río de la Plata, área andina, Caribe continental, México y Centroa ­
mérica, Antillas, Estados Unidos y Filipinas, y España.

Manual
Se ofrece en esta obra abundante documentación de la variación geográfica, pero no
debe esperarse el grado de detalle que correspondería a un tratado de dialectología.

El peso de lo normativo, al compendiar, lleva a que se limiten las referencias a la va ­


riación geográfica y se borren las situaciones de contacto, que pueden funcionar como
una explicación de la existencia de formas en una zona aunque sean rechazadas por la
prescripción académica. Respecto de esto último, podemos reconocer, en el cuerpo del
Manual, el borrado de “probable calco del italiano” al contrastar las indicaciones sobre la
locución preposicional en base a. La Nueva gramática señala:

29.9d
[…]A partir del sustantivo base se forma la locución con base en, donde base no ad­
mite adjetivos, pero también se origina sobre la base de, que los acepta sin dificul­
tad: […] sobre la base previsible de ácidas críticas (Mujica Lainez, Bomarzo).La va­
riante en base a, posible calco del italiano, se considera incorrecta.

El Manual incluye la nota normativa en un listado de las locuciones según las prepo­
siciones que aparecen con más frecuencia en posición inicial sin justificar el atributo de
“incorrecta”:

29.3.2a
[…] en (en aras de, en atención a, en bien de; se considera incorrecta en base a) y
por…..

Observemos, en relación con la atenuación de las referencias a las variedades, lo que


ocurre con las perífrasis modales de infinitivo “deber + infinitivo” y “deber de + infinitivo”.
Para destacar los rasgos del proceso de reformulación apelaremos también a la Gramática
básica en el cierre:

Nueva Gramática
28.6.i […] Suele analizarse “deber + infinitivo” como modal radical y “deber de + in­
finitivo” como epistémico. Así, Debes beber mucha agua expresa, en principio, un
consejo o una obligación del destinatario, mientras que Debes de beber mucha agua
expresa una conjetura del hablante, es decir, la manifestación de una probabilidad in­
ferida. Los dos textos que siguen ilustran estos dos valores:
[…]
Existen, no obstante, numerosas excepciones a esta regla general, como se explicará
en los apartados siguientes.

28.6.j Los textos ponen de manifiesto que el contraste descrito en el apartado ante­
rior se desdibuja muy a menudo, sobre todo en presente de indicativo. “Deber + infi­
nitivo” se documenta con mucha frecuencia para expresar probabilidad y aparece,
además, en contextos que son propios de la modalidad epistémica, como son los ver­
bos impersonales, las construcciones de infinitivo compuesto o las construcciones

14
en las que aparece precediendo a otros verbos modales. Los textos que registran
estos hechos pertenecen tanto al español americano como al europeo, aun ­
que proporcionalmente son algo más numerosos en el primero que en el se ­
gundo. Se trata, además, de un uso muy extendido que se documenta en escritores
de prestigio:
Es verdad que nadie ha estado en este cuarto por lo menos en un siglo –dijo el ofi ­
cial a los soldados–. Ahí debe haber hasta culebras (García Márquez, Cien años);
Debe hacer mucho frío en la calle, entonces un coñac doble (Cortázar, Rayuela);
No debes haber llegado hace mucho, imagino (Guelbenzu, Río). […]

28.6.k Son igualmente numerosos, sobre todo en español americano, los usos de
“deber de + infinitivo” para expresar obligación. Este empleo de la perífrasis, que ya
conoció la lengua clásica, es frecuente sobre todo en México y Centroamérica, pero
también se documenta en la lengua culta de Venezuela y en otros países del área cari­
beña, así como en algunos de la andina:
En general, el caballo debe de ir en todo momento controlado por el jinete (Rome­
ro Blanch, Equitación); Yo entiendo que todo pastor debe de estar reconocido por
alguna universidad para poder ejercer su ministerio (O’Donnell, Vincent); […]

Por su gran extensión en el mundo hispanohablante en todos los niveles de lengua,


no puede considerarse incorrecto el uso de “deber + infinitivo” con el sentido de
conjetura o probabilidad inferida. Para expresar obligación se recomienda la variante
sin preposición.

El criterio de mayor extensión se presenta como lo que justifica la decisión normati­


va de aceptar con el sentido de conjetura “deber + infinitivo” y desechar el uso de “deber
de + infinitivo” para expresar la obligación, a pesar de la importancia del área de empleo y
su presencia en la lengua culta. Esta decisión es retomada en el Manual, en el que la refe­
rencia a las variedades en las que aparecen los usos contemplados han sido suprimidas. Lo
que se consigna en relación con el implante de las formas consideradas es que “está suma­
mente extendido, incluso entre escritores de prestigio” y “se documenta en textos, clási­
cos y contemporáneos, con ese valor”.

Manual
“DEBER + INFINITIVO” Y “DEBER DE + INFINITIVO”. Suele analizarse la primera
como radical y la segunda como epistémica. Así, Debes beber mucha agua expresa,
en principio, un consejo o una obligación, mientras que Debes de beber mucha
agua transmite una conjetura del hablante, es decir la manifestación de una probabi­
lidad inferida. No obstante, el uso de “deber + infinitivo” para expresar conjetura
está sumamente extendido, incluso entre escritores de prestigio:
Es verdad que nadie ha estado en este cuarto por lo menos en un siglo –dijo el ofi ­
cial a los soldados–. Ahí debe haber hasta culebras (García Márquez, Cien años);
Debe hacer mucho frío en la calle, entonces un coñac doble (Cortázar, Rayuela);
No debes haber llegado hace mucho, imagino (Guelbenzu, Río).

Este uso se registra también en textos antiguos. Como perífrasis de obligación se reco­
mienda la variante sin preposición, esto es deber + infinitivo. Aun así, deber de + infi­
nitivo también se documenta en textos, clásicos y contemporáneos, con ese valor.

15
La decisión normativa es vacilante ya que cuestiona el declarado pluricentrismo de
la norma y los criterios en los que parecía asentarse. La recomendación, que es leída como
producto de una evaluación negativa del uso que se descarta, se muestra en su arbitrarie­
dad al confrontarse con la documentación de los empleos reconocidos. El “aun así” (inter­
pretado como “a pesar de la prescripción”) no atenúa la norma, solo da la palabra al gra­
mático descriptivo y muestra cómo las dos perspectivas se articulan dificultosamente.
El último exponente de la serie extiende la proscripción al uso de “deber + infinitivo”
con valor de conjetura y la concesión se aplica ahora a esta forma.

Gramática básica
Perífrasis modales. […]
a) Manifiestan obligación […] “deber + infinitivo” (Juan debe callarse ya).
b) “Deber de + infinitivo” indica conjetura: Deben de ser hermanos.

Aunque una y otra se documentan en ambos usos, se recomienda el empleo de ‘de­


ber + infinitivo’ y ‘deber de + infinitivo’ con los valores señalados. No obstante, el
uso de ‘deber + infinitivo’ con valor de conjetura está sumamente extendido, incluso
entre escritores de prestigio.

Como vemos, las reformulaciones acentúan un proceso en el que van desaparecien­


do las referencias a las variedades y lo normativo orienta la selección de lo que se dice y lo
que se excluye tendiendo a construir en los lectores de las versiones divulgativas la “len­
gua común”. Si bien programáticamente el prólogo del Manual señala que las va a tener en
cuenta, la formulación que adopta el segmento que resume muestra su alcance limitado:

Nueva Gramática
La presente gramática atiende en alguna medida a todas estas formas de variación,
pero ha tenido que limitarse en muchos casos a consignar su existencia, puesto que
analizar en profundidad cada uno de estos factores habría conducido de modo inevi­
table a un conjunto de estudios monográficos.

Manual
Aunque sea con distinto grado de atención, todos estos aspectos son aquí conside­
rados en alguna medida.

Al resumir el texto fuente se destacan las limitaciones que operan sobre la conside­
ración de las variaciones, cuya insistencia se acentúa porque en un breve enunciado se in­
sertan “con distinto grado de atención” y “en alguna medida”.

Observaciones finales
La serie que inicia la Nueva gramática de la lengua española se inscribe en la política de
área lingüística cuya designación oficial es “panhispánica”. Si bien la Real Academia Espa­
ñola integra la Asociación de Academias de la Lengua Española, su posición dominante de­
riva de la importancia que reviste para el Estado español la lengua, en la medida en que
está asociada a emprendimientos económicos o ella misma es pensada como un recurso
económico. Esto explica la necesidad de atribuirle a la gramática el atributo de “nueva”

16
que la posiciona en el mercado tanto el global como el conformado por los países hispano­
hablantes. La voluntad de destacar la novedad lleva, en el prólogo, a olvidos de vínculos o
filiaciones.
El estudio de la reformulación que el Manual hace del texto fuente permite entrever
las orientaciones que guiaron la reducción “a escala” y que tienden, por un lado, a confor ­
mar la representación de un saber poco sujeto a controversias y, por el otro, a acentuar el
dogmatismo (que acompaña el mayor peso institucional que se le asigna a la Academia) li ­
mitando el discurso que razonadamente pueda justificar tanto diferencias como opciones
normativas. Finalmente, las reformulaciones buscan afirmar el imaginario de lengua co­
mún por lo que se atenúan las referencias a variedades, registros y situaciones de contac­
to. El tercer exponente de la serie se centrará en el “español estándar” y en las “opciones
cultas mayoritarias”, lo que permitirá que la descripción apoye sin perturbaciones los
segmentos normativos.

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