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Ecclesia, XXX, n. 3-4, 2016 - pp.

327-342

El director espiritual en la segunda fase de


la vida espiritual
María de los Ángeles Conde Pons
Licencia en teología espiritual por el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum y en Derecho canóni-
co por la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino, Roma.

Introducción

S oy consciente de que afronto un tema complejo, difícil y poco estudia-


do, que ameritaría una tesis doctoral. Pocos autores se atreven a afron-
tar con profundidad el tema de la segunda fase de la vida espiritual,
es decir, aquella que sigue al comienzo de la contemplación, “uno de los
momentos más difíciles y cruciales en el proceso de nuestra transformación
espiritual. Difícil y crucial en primer lugar para la persona que está experi-
mentando la acción de Dios, y también para su director espiritual, que in-
tenta guiarla a través del intrincado proceso de discernimiento que este paso
tan fundamental lleva consigo”1. No sólo el paso a la contemplación sino,
sobre todo, el largo y definitivo período que sigue a este umbral espiritual, a
través de las sucesivas etapas de iluminación y creciente unión con Dios, de
purificaciones pasivas y activas, de noches y de ardores de fuego, requiere a
la vez que una progresiva educación al discernimiento, la mirada de un ojo
espiritual capaz de ver a través de la oscuridad y de descubrir a Dios revelán-
dose en la zarza ardiente.
Cuando por fin los santos, los místicos y los grandes maestros y teólogos
de la vida espiritual escriben sobre ello, suelen describir lo que en el alma
acaece a partir de la experiencia espiritual y mística de la misma alma, y de
la acción pasiva del Espíritu Santo en ella. Tienden a procurar iluminar a
quien se encuentra en este estado más que a quien ha de acompañarlo en el
discernimiento y en su camino hacia Dios.
Para quienes están llamados a la dirección espiritual de estas almas, sus
indicaciones son de gran utilidad para el conocimiento de la vida espiritual y
por tanto para el discernimiento espiritual y práctico o concreto, aplicado al
1 
F.K. Nemeck – M.T. Coombs, Corazón que escucha, Ed de espiritualidad, Madrid 1992, 14.
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dirigido; sin embargo con dificultad se encuentran principios y mucho menos


indicaciones sobre el modo de acompañar, las actitudes, disposiciones, peda-
gogía que por parte del director espiritual sean significativas en su misión para
una mejor colaboración con la gracia de Dios en el alma del dirigido.
Suele decirse que hoy es difícil encontrar directores espirituales: “En mi
trabajo como conferencista y director de retiros, tanto en casa como en el ex-
tranjero, me encuentro en todas partes con la persistente pregunta: ¿dónde
puedo conseguir un sacerdote que realmente entienda la oración contem-
plativa? No hay ninguno que conozca en nuestra zona”2. Tiendo a pensar
que más difícil es, sin embargo, para los directores espirituales que existen,
encontrar quien les ayude a prepararse, a formarse, a crecer en conocimien-
to y experiencia como padres y madres espirituales para mejor disponerse
y ofrecerse a la acción del Espíritu, en lo tal vez poco aunque esencial que a
ellos corresponde. “Si hoy es necesaria e importante la dirección espiritual,
lo es, consiguientemente, la doctrina sobre la dirección y al formación de
buenos directores espirituales”3.
En la bibliografía menciono los libros y autores en los que he encontrado
intuiciones e indicaciones si no exhaustivas al menos claras y profundas.
Ninguno de sus libros constituye un “manual” para los directores espiritua-
les4. Pero sus consejos son fruto de una amplia experiencia en la dirección
de almas y aportan suficiente luz para poder atreverme en este trabajo a
afrontar el tema, para mí tan necesario y urgente como guía espiritual de
almas consagradas, aunque sea en un primer esbozo.
Escribo este trabajo en castellano, si bien he optado por citar en la lengua
original los libros consultados tanto en inglés como en italiano.

Necesidad y naturaleza de la dirección espiritual en la segunda fase


de la vida espiritual
“El Concilio Vaticano II ha confirmado la enseñanza tradicional sobre la
importancia y valor de la dirección espiritual”5. Si para los comienzos de la

2 
T. Dubay, Fire within, St.Teresa of Avila, St. John of the Cross, and the Gospel-on Prayer,
Ignatius Press, San Francisco 1989, chapter sixteen, Spiritual direction, 289. Traducciones
al castellano de Ecclesia.
3 
L.M. Mendizábal, Dirección espiritual. Teoría y práctica, Biblioteca de Autores Cristianos,
Madrid 1994, 8.
4 
A excepción del libro de L.M. Mendizábal, que sin embargo, por la amplitud de los conte-
nidos afrontados, desarrolla con brevedad el tema en cuestión.
5 
L.M. Mendizábal, Dirección espiritual…,7.
El director espiritual en la segunda fase de la vida espiritual 329

vida espiritual la presencia de un guía, padre y maestro es evidentemente


necesaria, las dificultades que la segunda fase de la vida espiritual presenta la
hacen aún más recomendable. Aquellos que emprenden con la seriedad del
amor el camino espiritual y experimentan la urgencia interior de responder
al amor de Dios que les llama a la unión con Él, sienten la necesidad de un
guía iluminado y exigente.
Conocen en primera persona la necesidad y la importancia de la direc-
ción en el campo del progreso espiritual “donde hay tantas delicadezas y tan
sutiles obstáculos del egoísmo y del demonio”6.
Pero si nos detuviéramos en la consideración de la necesidad individual
de un guía, no habríamos tocado todavía la esencia de la conversión propia
de la segunda fase de la vida espiritual. El hombre aislado no es persona7.
Es tan sólo individuo. El desarrollo de la gracia bautismal, en la que consiste
toda santidad, conduce –por un camino pascual- a la vida en Cristo. Es la
misma naturaleza eclesial del progreso espiritual la que conduce al hombre
a una experiencia creciente de su inserción en Cristo. La vida espiritual es
vida en el Cuerpo de Cristo, una vida en comunión que se teje en relaciones
interpersonales: la relación con Dios trino y uno, y con sus hijos mis herma-
nos. “Es importante por tanto tener a nuestro lado la presencia de un guía
espiritual”.
La persona llega de hecho a tomar decisiones a través de un discerni-
miento, una lucha espiritual, pero no de modo solitario, individualista, más
bien como parte integrante de un organismo vivo, sapiencial, es decir, de la
Iglesia. Por tanto va a verificar sus decisiones con personas de grande auto-
ridad espiritual. Ir a pedir un consejo espiritual, ir a confrontarse con una
autoridad espiritual es una praxis permanente de la tradición eclesial8.
No se va con un padre espiritual para despersonalizarse, para descargar
la propia responsabilidad, sino por la certeza de que la verdad es el amor
y que por tanto es en la comunión que se conoce. La auténtica dimensión
de la eclesialidad es precisamente la vida del conocimiento espiritual, y es
praxis común de nuestra tradición cristiana que se compartan las luchas
espirituales, las inseguridades, las decisiones y también la responsabilidad9.
¿Quién es entonces el director espiritual para los que avanzan en los
caminos del espíritu? Aquella persona que posee una autoridad espiritual

6 
L.M. Mendizábal, Dirección espiritual.., 8.
7 
Cf. T. Špidlík, Lo starets Ignazio. Un esempio di paternità spirituale, Lipa, Roma 2000, 5.
8 
M.I. Rupnik, Il discernimento, Lipa, Roma 2014, 223.
9 
M.I. Rupnik, Il discernimento, 224.
330 María de los Ángeles Conde Pons

no ex officio, sino como un carisma en la relación de acompañamiento es-


piritual, en el ministerio de la paternidad o maternidad espiritual10, según
la tradición de la Iglesia, capaz (porque así lo ha querido Dios)11, de ofrecer
una ayuda desde el corazón de la Iglesia a la maduración espiritual del cris-
tiano, en cualquiera de las fases o etapas de dicho progreso, en el “hoy” de
su relación con Dios, y por tanto, de su relación con sus hermanos, con el
mundo y consigo mismo.
Thomas Dubay, S.M, afirma12 que la eclesialidad de la dirección espiritual
es simplemente un aspecto de la providencia de Dios por la cual los hombres
se salvan por medio de otros hombres, y aquellos que progresan hacia una
elevada santidad han de ser guiados por otros. La conversión de Saulo en el
camino de Damasco, le sirve de ejemplo: el futuro Apóstol de los gentiles, a
quien Jesús en persona se aparece, recibe de Él una única indicación: ve a
quien me representa para que te guíe. “Levántate, entra en la ciudad y allí te
dirán lo que tienes que hacer”13.
En la vida espiritual Dios ordinariamente no lleva a las personas hacia sí
con visiones interiores y mensajes, pero cuando lo hace aun entonces desea
que el mensaje sea confirmado por las autoridades visibles de la Iglesia que
Él ha establecido14.
Recuerda Dubay que San Juan de la Cruz no considera la dirección espiri-
tual como algo opcional, dado que la persona sin una guía es como un ciego
expuesto a errar el camino15:”si un ciego guía a otro ciego, entrambos caen
en la hoya. Y no dice que “caerán” sino que “caen”, porque no es menester
esperar que haya caída de error para que caigan, porque sólo el atreverse a
gobernarse el uno por el otro ya es yerro”16. Por este motivo, la elección del
director espiritual ha de ser cuidadosa.
¿Cuáles han de ser las cualidades específicas que han de buscarse en la
elección de un director espiritual?

10 
Cf. M.I. Rupnik, Il discernimento, 223.
11 
Cf. M. Ruiz Jurado, El discernimiento espiritual. Teología, historia, práctica, Biblioteca
de autores cristianos, Madrid 2015, 292.
12 
Cf. T. Dubay, Fire within…, 292.
13 
Act 9,6.
14 
T. Dubay, S.M, Fire within…, 292.
15 
T. Dubay, S.M, Fire within…, 293.
16 
San Juan de la Cruz, Subida del Monte Carmelo, libro II, ca 18, 2, en Obras completas,
Monte Carmelo, Burgos 1998, 316.
El director espiritual en la segunda fase de la vida espiritual 331

Cualidades del director espiritual de quien se encuentra en la


segunda fase de la vida espiritual
De uno y otro autor buscaré extraer las cualidades recomendadas en este
que llamaremos en adelante padre o madre espiritual. Algunas de las fuentes
consultadas exponen las cualidades del director espiritual en general, otras
son mencionadas en los libros o capítulos que se refieren específicamente
a los guías espirituales de las almas que han entrado en los caminos de la
contemplación.
Luis María Mendizábal enuncia una serie de cualidades muy generales17:
1-Afecto cordial sano.
2-Don de entender a las personas.
3-Familiaridad con Dios y vida de oración.
4-El arte de sugerir con sencillez y eficacia.
5-Magnanimidad y confianza.
San Juan de la Cruz es conciso pero mira en profundidad: además de po-
seer estudios y ser “discreto” o prudente, el director ha de tener experiencia.
Thomas Dubay, S.M., aclara a qué se refiere el místico español:
Por aprendizaje el santo se refiere a la competencia teológica unida a
una genuina comprensión de la vida espiritual y la oración mística. Por dis-
creción él prevé un juicio sólido, bueno, esto es, un sólido conocimiento
práctico de la psicología humana unido a la habilidad para aplicar principios
generales de modo preciso a casos concretos. Por experiencia se refiere sobre
todo al propio crecimiento en el avance de la oración. Con respecto a esta
última calificación, Juan afirma que “aunque la base para guiar el alma al
espíritu es el conocimiento y discreción, el director no tendrá éxito en guiar
el alma adelante, cuando Dios lo dona, o ni siquiera lo llegará a entender, si
él no tiene experiencia acerca de lo que es verdadero y puro espíritu.
Así pues:
Estudios de teología, competencia y comprensión de la vida espiritual y
la oración mística.
Prudencia, juicio recto y conocimiento de la psicología humana, junto a
la habilidad de aplicar los principios generales a los casos concretos.
Experiencia personal de la vida espiritual en sus estadios avanzados.
Dubay aclara que el santo no quiere decir que una guía competente ha
de estar cerca de la unión transformante o ya en ella, sino que por lo menos

17 
Cf. L.M. Mendizábal, Dirección espiritual…, 72-93.
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ha de tener experiencia de la oración infusa de algún tipo. “Si uno no conoce


de primera mano las cuartas mansiones, probablemente no entenderá las
últimas tres a no ser quizá en su expresión verbal”18. Subraya además que
esta guía puede ser o no ser un clérigo, como la historia de la Iglesia muestra
en figuras señeras como Catalina de Siena o la misma Teresa de Jesús:
Conozco religiosas que están muy bien instruidas en teología, muy agu-
das de mente y de juicio sólido, muy avanzadas en sólidas virtudes y disfru-
tando de oración infusa que yo no dudaría en recomendar como guías de
otros [...] Estoy pensando solamente en hombres y mujeres que se identi-
fican completamente con la Iglesia, aceptan todas sus enseñanzas y están
viviendo profundamente su vida en el Espíritu. Ellos tienen talentos y dones,
naturales y sobrenaturales, para el trabajo de guiar a otros19.
Marko I. Rupnik, S.I., al describir la “autoridad espiritual” del guía
de almas en su libro sobre el discernimiento20, menciona que se trata de
personas:
Poseedoras de un carisma consolidado en la paternidad o maternidad
espiritual.
Realmente iniciadas en la vida y la sabiduría espiritual de la tradición de
la Iglesia.
En las cuales respiran, piensan, sienten y reflexionan los santos de la
tradición.
Con un sentido práctico, un sentido innato de la psicología humana, que
conocen y penetran los refinados confines entre lo psíquico y lo espiritual,
entre lo cultural y lo teológico.
Maestros de la lucha espiritual.
Verdaderos expertos en la vida el Espíritu.
El mismo Rupnik desarrolla de manera más extensa las características
indispensables del padre espiritual en el libro En el fuego de la zarza ar-
diente. Iniciación a la vida espiritual21 y en su aportación al libro In co-
lloquio22 con el capítulo titulado: Paternità spirituale: un cammino regale
18 
T. Dubay, Fire within…, 294.
19 
Cf. T. Dubay, Fire within…, 291.
20 
M.I. Rupnik, Il discernimento…, 223.
21 
M.I. Rupnik, En el fuego de la zarza ardiente. Iniciación a la vida espiritual. Ed. PPC,
Madrid 1996, 102-110.
22 
Cf. Centro Aletti , curatore, In colloquio. Alla scoperta della paternità spirituale, Lipa,
Roma 1995. En concreto, cf. M.I. Rupnik, Paternità spirituale: un cammino regale per l´-
integrazione personale. Nella “nuova evangelizzazione dell´Est e dell´Ovest”, 192-200.
El director espiritual en la segunda fase de la vida espiritual 333

per l´integrazione personale, nella “nuova evangelizzazione dell´Est e


dell´Ovest”:
Escojo aquellas características indispensables proponibles para hoy y que
hoy podrían representar para nosotros la garantía de un justo ejercicio del
acompañamiento espiritual23.
El padre espiritual es una persona llena del Espíritu Santo.
Y porque no vivamos ya para nosotros mismos, sino para él, que por no-
sotros murió y resucitó, envió, Padre, al Espíritu Santo como primicia para
los creyentes, a fin de santificar todas las cosas, llevando a la plenitud su obra
en el mundo24.
Este es el sentido de la verdadera paternidad: dar la vida. Generar los
hombres para Dios en la potencia fecundante del Espíritu Santo. Para trans-
mitir la vida en el Espíritu, ha de ser un hombre de experiencia espiritual,
un hombre espiritual.
El padre espiritual es la persona de la cardiognosia.
Tomáš Špidlík, S.I. describe la cardiognosia como la capacidad de leer en
los corazones humanos y explica cómo los directores de almas en Oriente,
especialmente los startsi rusos eran famosos por poseer este don25.
Ellos lo consideraban como natural. Dios nos ha creado para compren-
dernos reciprocamente. El pecado y las pasiones han construido barreras
entre los corazones. La purificación los aleja26.
Es el Espíritu Santo, que escruta las profundidades de Dios y da vida al
espíritu humano, quien abre al padre espiritual los corazones humanos27.
Este conocimiento del otro no es algo milagroso o una cualidad propia
de los sensitivos, una extrañeza parapsicológica, sino un fruto del Espíritu
Santo desarrollado luego en un segundo momento por la reflexión que el
padre espiritual hace sobre su propia experiencia y sobre la experiencia que
le es contada por los otros. En efecto, la cardiognosia no es otra cosa que
una intuición de amor sobre la persona, sobre el otro, como también so-
bre sí mismo. Esta característica específica de la cardiognosia es uno de los
elementos fundamentales que garantizan una sana paternidad espiritual,
porque es una radical afirmación del amor como principio cognoscitivo. El

23 
M.I. Rupnik, Paternità spirituale…, 193.
24 
Plegaria eucarística IV.
25 
Cf. T. Špidlík, Lo starets Ignazio…, 54.
26 
T. Špidlík, Lo starets Ignazio..., 54-55.
27 
Cf. M.I. Rupnik, Paternità spirituale…, 194.
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amor como principio cognoscitivo pertenece al conocimiento interpersonal.


Mientras más amo, más conozco. Es solo sobre este principio que se custo-
dia la persona humana siempre al verdadero nivel de la persona y no se le
hace descender al nivel de los objetos, relacionándose con ella con el cono-
cimiento típico empírico, del análisis de las cosas28.
El padre espiritual es la persona del discernimiento.
Posee la capacidad de discernir los pensamientos y sentimientos por me-
dio de los cuales habla Dios, y aquellos que constituyen un engaño, que en
esta segunda fase de la vida espiritual aparecen frecuentemente camuflados
con apariencia de bien. El padre espiritual “maestro en crear una cita entre
el hombre y Dios”29, pues conoce bien cómo se comportan tanto el uno
como el Otro cuando se acercan entre sí.
Es la sobriedad espiritual, afectiva y racional, que acompaña el discerni-
miento y constituye una característica típica suya. Esto impide que el padre
espiritual invada los campos íntimos y del todo personales del otro; por otra
parte otorga al padre espiritual elementos objetivos para transmitir el arte de
discernir al otro, que así se vuelve un cristiano maduro30.
El padre espiritual es aquel que enseña y acude a la Tradición.
Es un hombre humilde31, que busca los nexos con la Tradición de los
grandes maestros espirituales y hace ver al otro que su experiencia no es algo
aislado sino entretejida con muchas relaciones espirituales del pasado. Por
ello es también la persona del estudio, de la reflexión y de un cierto don de
la palabra para enseñar. En su voz se escucha el eco de los santos del pasado
y de toda la Iglesia. Por ello un padre espiritual no puede no orientar a la
comunidad y a la eclesialidad.
Al mismo tiempo, ha de poseer un cierto conocimiento de las ciencias
modernas y de la psicología, dado que la vida espiritual se desarrolla en
un continuo paso de lo divino a lo humano en su dimensión psíquica y
sensorial.
El padre espiritual sirve a Dios y a los otros, reza con los otros y por los
otros.
Su actitud de sumisión a Dios le lleva a actuar según el querer de Dios y
a orientarse hacia aquellos a los que Dios quiere alcanzar. No se cree indis-
28 
M.I. Rupnik, Paternità spirituale…, 195-196.
29 
Cf. M.I. Rupnik, Paternità spirituale…, 196.
30 
M.I. Rupnik, Paternità spirituale…,196-197.
31 
Santa Teresa de Jesús, en la misma línea, espera que el director sea un hombre espiritual
obediente a sus superiores. Cf. T. Dubay, Fire within…, 300.
El director espiritual en la segunda fase de la vida espiritual 335

pensable, establece la relación en un ámbito de total libertad. Reza por y con


las personas que le son confiadas, uniéndose en el corazón a ellas y presen-
tándolas al Padre en el Espíritu Santo. Son los demás quienes reconocen al
verdadero padre espiritual en su experiencia y en el testimonio de vida de
sus hijos espirituales.
Tal elenco de cualidades puede parecer imposible de encontrar en al-
guien y mucho menos de poseer para el que haya sido llamado a ser padre
espiritual, o la vida le haya puesto en esta situación. Consciente de esta difi-
cultad, el Rupnik alienta a no abrumarse con el perfeccionismo: “Lo impor-
tante es que, aunque tenga muy poco de lo que hemos mencionado, tenga
estas características al menos en una mínima parte y que, en su orientación,
se mueva dentro de esas coordenadas”32.

Cómo acompañar, guiar, dirigir a las almas en la segunda fase de la


vida espiritual
Errores frecuentes
Thomas Dubay, S.M sintetiza los errores que, según los escritos de San
Juan de la Cruz y de Santa Teresa de Jesús, suelen cometer los directores
“ineptos” o “pastoralmente incompetentes”33:
1) Ignorancia de cuanto atañe a almas avanzadas: sólo saben guiar a
principiantes. Por ello no desean permitir a las almas pasar adelante, supe-
rando los métodos imaginativos y discursivos e impidiéndoles así progresar
por el camino por el que Dios les está llevando ahora. Santa Teresa de Jesús
opina que un director no debería abordar temas que desconoce. En cambio,
si le falta experiencia de oración avanzada pero es “letrado” podría ser acep-
tado, pero en este caso debería limitarse a aconsejar en materias accesibles
a la Sagrada Escritura y a la prudente razón34.
2) Interpretación errónea de los sufrimientos humanos ordinarios, con-
siderándolos casos de “noche oscura”. Una esposa con dificultades graves
con su marido, una religiosa que sufre una enfermedad o problemas comu-
nitarios, importantes, los problemas laborales o familiares en la vida de un
laico comprometido, pueden ser pruebas vividas con gran sufrimiento y por
ello con gran virtud y ser motivados a ello por confesores o guías espiritua-
les, pero no han de ser descritas como “noche oscura”, cuya naturaleza es
diversa.
32 
M.I. Rupnik, En el fuego…, 110.
33 
Cf. T. Dubay, Fire within…, 294.
34 
Cf. T. Dubay, Fire within…, 299.
336 María de los Ángeles Conde Pons

Cuando San Juan de la Cruz habla de noches oscuras, está tratando de


contemplación mística, no de pruebas que se derivan de la ignorancia hu-
mana, la enfermedad o el pecado. Un ejemplo particularmente pernicioso
de esta ineptitud es la interpretación de una depresión clínica como “noche
oscura”. Juan es consciente de este error, si bien usa un término diferente,
melancolía, para describir este problema mental [...]. El diagnóstico equivo-
cado puede tener efectos desafortunados para el dirigido que los toma con
seriedad35.
3) Reluctancia en permitir al propio dirigido buscar la ayuda de otros,
cuando sea necesario. Si bien sería un error también que el alma acudiera
habitualmente a dos o tres directores pues se prestaría a una pérdida de
tiempo y a no pequeña confusión, es tal la diversidad de caminos por los que
Dios NS se comunica a las almas y las lleva a la unión con Él, que no puede
decirse que un solo director sea tan perfecto en los caminos de la oración
que conozca cada estado en la que se puede encontrar la vida interior de
cada persona, todo lo que puede pasar en la vida espiritual, por lo que es
comprensible y en alguna concreta ocasión incluso aconsejable consultar su
parecer a otro experto. Esta era práctica frecuente en Santa Teresa de Jesús36,
y sabemos en tiempos más recientes que así lo hizo también la Beata Teresa
de Calcuta.
4) Laxitud en la guía espiritual: mientras Dios inspira al principiante san-
tos deseos de crecimiento espiritual y santidad de vida, el director opone
obstáculos en su progreso con reflexiones simplemente humanas o raciona-
listas. No entran ellos en la vía estrecha, y no dejan a otros entrar.
5) San Juan de la Cruz observa en qué debería desembocar una compe-
tente dirección espiritual: la acción. El tiempo del coloquio ha de ser seguido
por el tiempo del silencio y acción. Muchos son sin embargo, observa Dubay,
los individuos y comunidades que hablan demasiado y hacen muy poco.
En la dirección espiritual la tentación es la misma: se abunda en el diálogo
mientras la vida del dirigido permanece estancada en el mismo punto en-
cuentro tras encuentro. No parecen darse cuenta de la falta de real esfuerzo
hacia un verdadero progreso espiritual en el día a día.
Cuál ha de ser el papel y la labor del director espiritual
El único autor que he hallado hasta el momento que se pregunta directa-
mente cuál ha de ser el papel y la labor del director espiritual –al que llama
director de las conciencias- durante las crisis de crecimiento es Luis María
35 
T. Dubay, Fire within…, 295.
36 
Cf. T. Dubay, Fire within…, 297.
El director espiritual en la segunda fase de la vida espiritual 337

Mendizábal. Por crisis de crecimiento espiritual entiende “los dos grandes


pasos y los más difíciles en la vida espiritual”, a saber: la noche del sentido
y la noche del espíritu, “aplicadas naturalmente en forma proporcional a
las personas concretas. Corresponden a la separación del mundo y de las
cosas sensibles de esta vida y a la separación de la vida misma del espíritu, o
abnegación espiritual”37.
Más adelante, aclara que al hablar de crisis de crecimiento, tiene que
considerarse la vida entera. Como el director tiene que estar persuadido e
infundir al dirigido la persuasión práctica de la unidad de la vida espiritual,
de la misma manera tiene que aplicarla a cada uno de los pasos de la vida.
Debe tener muy presente que la crisis de crecimiento puede tener sus sín-
tomas en diversos aspectos y zonas de la persona cristiana, pero en crisis de
crecimiento de toda la vida38.
De forma que la crisis se suele presentar también con síntomas fuertes
en la vida apostólica. Puede hablarse de una noche oscura en el apostolado,
en la “contemplación en la acción”.
Mendizábal recorre los signos que permiten un “diagnóstico” al director
sobre el paso a la oración contemplativa o pasiva en el dirigido. Para lo que
él llama la “diagnosis de la llamada” propone las siguientes reflexiones39:
Momento oportuno: la mejor diagnosis brotará de la valoración justa del
momento. Sería un error tanto retrasar el tiempo de la instrucción al dirigido
como adelantarla. Pero dada la dificultad, mejor retrasar que adelantar; ya
que el peligro de retrasar la entrada es sólo relativo, no grave, a menos que
se ancle duramente al dirigido en la meditación activa. Si no es así, y sólo se
le retrasa la pedagogía, la instrucción, la persona puede quizá desanimarse o
volverse algo más negligente, pero nada más grave. En cambio, si se adelanta
y se le retira la meditación antes de tiempo, el daño podría ser grave, pues
se le suprimiría en sí la oración al quitarle la oración activa, ya no habría
oración interior y por otro lado se estaría induciendo al alma a una fatuidad,
un “creerse en las alturas” difícilmente curable.
Atención al conjunto: hay que prestar atención en este punto al cuadro
complexivo de la vida espiritual, dado que un mismo rasgo podría significar
cosas diversas. La incapacidad de discurrir propia de la contemplación, por
ejemplo, suele estar unida a una lúcida capacidad para discurrir fuera de la
oración.
37 
Cf. L.M. Mendizábal, Dirección espiritual…, 254.
38 
L.M. Mendizábal, Dirección espiritual…, 254.
39 
Para todo cuanto expondremos a continuación a partir de este autor, cf. L.M. Mendizábal,
Dirección espiritual…, 260-270.
338 María de los Ángeles Conde Pons

El caso favorable: en caso de que se esté dando la entrada en este estado,


“la persona presenta el siguiente cuadro o imagen complexiva”:
Integridad de fervor y generosidad de corazón, sin consentir deliberada-
mente en los afectos desordenados.
Libertad de amor no condicionado o indiferencia afectiva (¡no apatía!).
Incapacidad de discurso reflexivo interno pero sólo en el campo de la
oración.
Gusto íntimo de la oración en general no obstante el fracaso sentido
repetidamente.
Inquietud interior de que no ora y deseo y esfuerzo insistente por orar
cueste lo que cueste.
Temor de haber caído en la tibieza y estar desagradando a Dios.
Iluminación práctica de los caminos evangélicos, criterios evangélicos en
su juicio sobre las cosas de la vida.
Consolación íntima misteriosa, a pesar de su fuerte aridez espiritual, que
le comunica además vigor y facilidad para el bien, con característica claridad
de conciencia que hace familiares las verdades de la fe.
No exigir la madurez espiritual perfecta. La entrada en la contempla-
ción no es todavía la entrada en la perfección total. Las pasiones no están
apagadas totalmente. En la persona puede entrar un sentimiento de la pro-
pia excelencia espiritual con tentaciones de vanidad espiritual. No constitu-
ye una contraindicación.”Otra cosa sería el complacerse en ello de manera
deliberada e insistente” pero “es comprensible que la naturaleza busque
en esto una compensación por las humillaciones que le suelen llover de
diversos frentes”.
En cuanto al auxilio que debe prestar el director, Mendizábal sugiere:
Si la persona “se ejercita tranquila y gustosamente en ese estado que el
director o algún hombre espiritual entendido ha reconocido como auténtica
entrada en contemplación”, sea el dirigido consciente o inconsciente de lo
que significa, “no intervenga el director ni le haga muchas preguntas, sino,
más bien, respete y guarde el secreto de Dios. Déjele en paz, que va por buen
camino”.
El director ha de permanecer en vela, observando los frutos reales y los
signos tangibles de la acción de Dios, “a la puerta del aposento cerrado en
que no debe entrar”. La vigilancia es necesaria porque el hombre sigue sien-
do carnal, frágil, capaz de errores y pasos falsos, mientras el demonio asi-
mismo sigue rondando y el mundo sigue pudiéndole impresionar. El hom-
El director espiritual en la segunda fase de la vida espiritual 339

bre “ha de retener pasivamente la conciencia de este peligro” y el director


“sostener la debilidad humana” en la fidelidad a los principios evangélicos
que en estas personas “suelen tener aplicaciones delicadas y luminosas”.
En estas personas maduras en la fe encontramos virtudes sólidas y sus-
tanciales, no necesitan que el director les enseñe lo que han de hacer sino
necesitan “compañía en los caminos solitarios por los que Dios les condu-
ce”. Suelen sentir terror ante la soledad del camino desconocido cuando
experimentan a veces cosas admirables, sólo desean que otra persona espiri-
tual les acompañe y entienda y a la que poder manifestar lo que encuentran
en su conciencia de bueno y de malo.”Las cosas espirituales no comunica-
das angustian el ánimo”.
Recordar que en el estado contemplativo, cuando una persona es infiel
a la gracia –es decir, regresa deliberadamente a la posesión de sí mismo,
que es lo que el enemigo pretende- permanece en ese estado pero con un
doble vacío interior, uno íntimo añadido al vacío normal de las potencias. Al
volver a la posesión de sí, pone de nuevo su descanso en cosas creadas- ej: el
estudio por el estudio, apego al éxito- con gran debilitación espiritual y con
consecuencias morales muchas veces importantes.
Si ve necesaria su intervención, pueden ser útiles estas advertencias:
Es malo dar importancia a nada de esto. No estar pendiente ni mostrar
admiración por lo que está pasando. Actuar con sencillez y sin ponderacio-
nes: valorar los hechos, sacar las conclusiones prácticas convenientes. Nada
más.
En cuanto a los términos, no salga el director de los usados por el mismo
dirigido, no usar palabras más técnicas que él tales como noche oscura,
unión mística, desposorios espirituales… servirse más bien de las palabras
comunes de un vocabulario espiritual sano.
Exhortar al dirigido a que acepte con buen espíritu la privación que expe-
rimenta. Mostrarle de modo tangible que su sequedad no procede de tibieza
puesto que en lo íntimo de su espíritu desea orar.
Puede darle a leer algunos pasajes selectos de san Juan de la Cruz u otros
grandes autores, que puedan darle luz sobre el estado que atraviesa, pero sin
que piense que se trata de algo raro o excepcional.
Ayuda que el director con su propia serenidad calme las inquietudes del
dirigido.
Destruir “una cierta ilusión teatral” sobre la unión divina de contempla-
ción, tal vez porque el dirigido la ha imaginado “en la línea de unas relacio-
nes demasiado humanas”, “como estado de una alegría interior y felicidad
340 María de los Ángeles Conde Pons

indescriptibles en la que no se sienten las humillaciones”. “Y ahora resulta


que todo eso no se da”.
Recordarle que Dios influye también “por la palabra sin discurso”, es
decir, que actúa en el alma y nos transforma sin saber nosotros cómo, pero
nos ilumina interiormente y nos da luz para caminar hacia Él.
Insistir en que el uso de las facultades no es impuro sino la adhesión
desordenada a los objetos y a su uso.
Tener presente que aunque normalmente no necesite lecturas y conside-
raciones para encontrar a Dios y unirse a Él, no se deduce que ya unido a Dios
pueda dispensarse del alimento de la Escritura y de las lecturas particulares
en orden al servicio de Dios y a las relaciones humanas. “Dios no siempre
añade el alimento de los sentidos a la gracia motiva en la contemplación”.
Las aportaciones de Mendizábal son abundantes, detalladas y podrían
ser suficientes. Sin embargo, recorreremos las indicaciones de algunos otros
autores, que de alguna manera complementan y por otro lado simplifican
cuanto se ha dicho sobre el papel del director espiritual en las vías ilumina-
tiva y unitiva.
Thomas Dubay, S.M, propone una buena síntesis del concepto sanjua-
nista de dirección espiritual, recordando el rol meramente instrumental del
director en la santificación de las almas que a él se confían:
La instrumentalidad de la guía humana trabajando junto al Espíritu
Santo se evidencia de tres formas.
Lo primero es que él ayuda a disponer al alma para la acción divina
mostrándole concretamente cómo uno obtiene la desnudez de espíritu, es
decir, cómo remover los obstáculos, incluso el más pequeño y el más sutil.
Lo que esto significa específicamente está claramente detallado en la Subida
al Monte Carmelo. En la medida que el dirigido está libre de todo apego
egoísta, el divino director es libre de hacer el resto.
Segundo, el director humano verifica desde fuera lo que el maestro in-
terior trabaja desde dentro. En nombre de Dios el primero autentifica la
validez y cualidad de la vida y oración de la persona.
Tercero, el guía humano explica lo específico de cómo uno vive por la fe,
por la palabra divina y no meramente por apoyos secundarios (aprobación
humana de los demás en su ambiente, por ejemplo40.

40 
T. Dubay, Fire within…, 290.
El director espiritual en la segunda fase de la vida espiritual 341

Por su parte, Manuel Ruiz Jurado, indica que el director espiritual, cara
al discernimiento, debe41:
Velar por que existan en el dirigido las bases mínimas necesarias para
una vida espiritual: vida sacramental, tiempos de oración, vida moral sana.
Disponer el alma a la acción divina fomentando en ella las actitudes que
la abren y preparan al discernimiento42, evitando las que obstaculizan.
Sobre la marcha, sortear los escollos de las ilusiones y tentaciones posi-
bles, previniéndolos para que el dirigido cada vez esté más preparado para
afrontar y decidir personalmente en las situaciones que sobrevengan.
Velar por que, a medida que crezcan la vida de oración y abnegación, se
dé en el dirigido un crecimiento en la docilidad a las inspiraciones y mocio-
nes del Espíritu Santo, una creciente madurez para decidirse en tiempo de
desolación o no, a vivir la voluntad de Dios. Ha de ser más y más consciente
de que la vida espiritual se desarrolla en forma de relación interpersonal
amorosa, en la que cada vez más Dios Nuestro Señor ha de llevar la iniciativa.
Ayudar y enseñar a reconocer, distinguir los espíritus que se mueven en
su interior, “lo que son ocurrencias o situaciones afectivas naturales de lo
que son mociones, insinuaciones o inspiraciones de la gracia”.
Velar para que todo ello se dé mientras el dirigido continúa viviendo y
practicando ordinariamente la virtud propia de cada momento con ayuda de
la gracia. Sería una ilusión “creer que sólo a golpe de movimientos directa-
mente sentidos del Espíritu Santo se puede caminar en la vida espiritual”.
Tener muy en cuenta el sentido de Iglesia que se ha de desarrollar en
la caridad, esencia de la vida espiritual, testimoniándose en la vida y el
apostolado.
Marko Ivan Rupnik, S.I, desarrolla ampliamente, hilando fino y en pro-
fundidad, la obra del padre espiritual en el alma del dirigido y las actitudes
que al padre corresponden en cualquier etapa de la vida espiritual43; y si bien
dada la limitada extensión y específica finalidad de este trabajo podemos sólo
enunciar los puntos, no deseamos dejar de hacerlo:

41 
Cf. M. Ruiz Jurado, El discernimiento espiritual, 293-295.
42 “
Educare al discernimento vuol dire insegnare al discepolo ad entrare con Gesù nell´o-
bbedienza alla volontà di salvezza del Padre. È un cammino progressivo, se c´è, verso una
sempre maggiore e totale accoglienza dello Spirito Santo”. M. Van Parys, La “nuova Europa”
e la paternità/ maternità spirituale: a la ricerca di un discernimento, in Centro Aletti ,
curatore, In colloquio..., 102.
43 
Cf. M.I. Rupnik, Paternità spirituale…, 200-217.
342 María de los Ángeles Conde Pons

La relación interpersonal con el padre espiritual es lugar de conocimien-


to de Dios.
El padre espiritual como testigo de la misericordia.
La fidelidad como experiencia de la objetividad de la relación.
Confiar la vida del otro a Dios. En el encuentro concreto, sugiere orar
mientras se escucha.
La curación de la memoria.
Ayudar al encuentro del hombre y Dios.
Evitar el riesgo de:
Sustituirse a Cristo, al Espíritu Santo. Él no es la luz que ilumina al otro.
Conmoverse con el que sufre hasta ofrecerle un consuelo meramente
humano, psicológico, paterno. Sólo el Paráclito es el verdadero Consolador.
Adoptar comportamientos que ocupen al dirigido con el padre espiritual,
suscitando una dependencia.
Permanecer en el pasado en lugar de orientar a la persona a un futuro
realista.

Conclusión
El tema, como decía en la introducción, era complejo. La investigación
me ha llevado a encontrar algunas pautas para la guía de las almas avanza-
das en la vía espiritual que creo podrán servir de ayuda sólida en el ejercicio
de la guía espiritual. No era más que una primera labor de búsqueda en una
materia poco estudiada, poco desarrollada, y de significativa importancia
para el crecimiento espiritual de muchos buenos orantes, de muchas almas
luchadoras que aman sinceramente a Dios.
El Espíritu Santo es, sin embargo, el protagonista de la guía de las almas
al Padre, por medio de Cristo, en el seno de la Iglesia. Él es el artífice de
toda santidad. El Consolador. Aquel que el Señor resucitado nos envió para
recordarnos todo lo que Él nos dijo. El Espíritu de la Verdad, luz de nuestros
corazones y lámpara para nuestros pasos. Todo discernimiento halla en Él
origen, camino y fin.
En Sus manos el padre o la madre espiritual confía a sus hijos, y queda
tranquilo. Son hijos del Padre. Será el Espíritu Santo quien desde dentro de
sus corazones les enseñará a clamar: Abbà!, y quien emprenderá con ellos el
camino de regreso al seno de la Trinidad

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