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El espacio
biográfico
Dilemas de la subjetividad
contemporánea

LEONOR ARFUCH
Leonor Arfuch es doctora en Letras por
la niversidad de Buenos Aires y pro-
fesora e investigadora de la misma uni-
' er::.idad. Trabaja en temas de subjeti-
' idad, identidad, memoria y narrativa y
en el análisis de géneros discursivos y de
<fü-erso objetos de la cultura visual. Ha
:,.ido profesora invitada de la Universidad
de Essex, de la Universidad Nacional
.\utónoma de México, de la Uni versi-
dad Autónoma Metropolitana y de va-
rias uni \ ersidades argentinas y latinoa-
mericanas. En 1998 obtuvo la Beca
Thalmann, de la Universidad de Bue-
nos ..\ire , en 2004 el British Academy
Profe sorship Award y en 2007 la Beca
Guggenheim.
Es autora de la interioridad pública
(1992). la entrevi.sta, una invención dia-
lógica (1995). Di.seño y comunicación.
Teorías y enfoques cñticos (en coautoría,
199-;-). Crímenes y pecados. De los jóvenes
en la crónica policial (1997), ha compi-
lado lo,, volúmenes colectivos Identi-
dades. sujetos y subjetividades (2002),
Pensar este tiempo. Espacios, afectos, per-
tenencias (2005) y publicado numerosos
artículos en libros y revistas especiali-
zadas, nacionales e internacionales.
SECCIÓN ÜBRAS DE Soc10LooíA

EL ESPACIO BIOGRÁFICO
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LEONOR ARFUCH

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FONDO DE CunuRA EcoNóMICA

MÉXICO - ARGENTINA - BRASIL - CoLOMBIA - CHILE - ESPAÑA


EsrADOS UNIDOS DE AMÉRICA - GUATEMALA - PERú - VENEZUELA
Primera edición, 2002
Segunda reimpresión, 2007

. .'\rfuch, Leonor
El espacio biográfico. - la ed. 2a reimp. - Buenos _,_\ires: Fondo de Cultura Económica, 2007.
272 p.; 23x16 cm.

ISBN 978-950-557-504-6

1. Ensayo i\rgentino. I. Título


CDDA864

Armado de tapa: Juan Balaguer


Imagen de tapa: Ivfariela _,_-\.ntuña y Paula Socolovsky

D.R. © 2002, FONDO DE CULTURA ECONÓMICA DE ARGENf!NA S.A.


El Salvador 5665; 1414 Buenos Aires
fondo@fce.com.ar / www.fce.com.ar
Av. Picacho Ajusco 227; 14200 México D. F.

ISBN: 978-950-557-504-6

Se terminó de imprimir en el mes de agosto de '2007,


en _,_-\.rtes Gráficas del Sur, ;\lte. Solier 2450, '
_,_\vellaneda, Buenos _,_-\.ires, ;\rgentina.

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Hecho el depósito que rn"ca la ley 11.723

1:
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r-

--.
: Fondo de Cultura Económica, 2007.

A Hemán y Darío

oo ARG!WllNA S.A.

loe!< 2007,
l.

poc cualquier medio de impresión o digital,


a. en c.astellano o en cualquier otro idioma,
Agradecimientos

Entre las marcas (posibles) de una biografía están los rituales de la investiga-
ción: las búsquedas, las vacilaciones, el diálogo con libros y también con < tros:
encuentros, discusiones, conversaciones, sugerencias, críticas. A esos interlo-
cutores, que influyeron decisivamente en la concreción de este proyecto, a su
generosidad de tiempo y de palabra, quiero responder aquí con mi agradeci-
miento.
A Elvira Arnoux, bajo cuya dirección este libro fue, en su primera versión,
tesis de doctorado, por el estímulo, la orientación lúcida y valorativa.
A Beatriz Sarlo, cuyo juicio preciso y sugerente, en una larga "historia
conversacional", resultó iluminador en más de un sentido.
A Ernesto Laclau, quien temprana -y generosamente- abrió perspectivas
insospechadas para mi trabajo, cultivadas junto con la amistad.
A mis colegas y amigos, a Teresa Carbó, a quien debo la decisión de
mar "sendas perdidas" para llegar a puerto, a Noemí Goldman, que me alentó
con sabiduría y afecto, a Paola di Cori, que enderezó rumbos con sus comenta-
rios, a Alicia de Alba, que aún a la distancia supo aco1npañarme con confianza
y calidez, a Emilio de lpola, por su mirada lúcida, su reconocimiento y el don
de su humor.
A mis colegas y amigas del equipo de investigación, Leticia Sabsay, Verónica
Devalle, Carolina Mera y Debra Ferrari, por el constante impulso, el aporte de
ideas, el afecto y la generosidad de su tiempo.
A Mabel Goldemberg, por una escucha sin la cual seguramente la tesis
(este libro) no hubiera sido.
A Federico Schuster, entonces director del Instituto Gino Germani, por su
apoyo incondicional al 11 tiempo de descuento" que supuso esta larga escritura.
A Simón Tagtachian, por su invalorable apoyo técnico informático y a
Tecla Candia, por la amabilidad de lo cotidiano.

9
Prefacio

Relato, identidad, razón dialógica. Estos tres temas, íntimamente entrelaza-


dos, constituyen a mi modo de ver las coordenadas que definen la trama de
este excelente libro. Tratemos de precisar las estrategias discursivas que arti-
culan estos tópicos en la argumentación de Arfuch.
¡Qué es, en primer término, lo que determina la centralidad del relato, de la
narrativa? Algo requiere ser narrado en la medida en que su especificidad esca-
pa a una determinación teórica directa, a un complejo institucional auto-
referencial. Arfuch describe con claridad el contexto de la proliferación de
narrativas en las que su libro se centra. Por un lado, una experiencia argenti-
na: la pluralización de voces y de relatos que acompañaron el retomo a la
democracia a comienzos de los años ochenta. El socavamiento de los puntos
de referencia cotidianos -públicos y privados-, resultantes de la experiencia
trágica de la dictadura, implicó que la coherencia del marco institucional dado
debiera ser sustituida por el ares temporal de un relato en el que la
vidad pertenecía a la narración en cuanto tal, una narración que había dejado
de estar fundada en certidumbres ontológicas previas. Ocurrió algo similar a lo
• que Erich Auerbach describe en relación con la disolución del orden imperial
romano: el latín deja de ser un lenguaje fuertemente que clasifica
la realidad en términos de categorías universalmente aceptadas e intenta, por
el contrario, trasmitir la impresión sensible de lo real, aquello que escapa a los
sistemas vigentes de organización y sólo se deja intuir a través de la
ción temporal de un relato.
Sin embargo, como Arfuch bien señala, esta centralidad de lo narrativo
depende de un contexto mucho_más amplio que el puramente argentino: está
inscrito en la hibridización general de categorías y distinciones que han domi-
nado lo que se ha dado en llamar "modernidad" y que han acompañado la
transición a una era "posmoderna". Esta transición debe entenderse, sin
bargo, no como disolución generalizada (que sólo sería concebible como
sala a la emergencia de la categoría típicamente moderna de "lo nuevo") sino,
precisamente, como hibridización -esto es, como conformación de nuevas áreas
de indecidibilidad en el conjunto del complejo social/institucional y como
base para el despliegue de juegos de lenguaje más radicales, que ponen en

11
12 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

cuestión los puntos de referencia de la certeza. Este proceso es estudiado por sujeto debe ser pensado a partir de
Arfuch en relación con un área institucional específica: los géneros literarios sentido a su discurso. Hay en•tanaosl
que habían plasmado -a partir de puntos de referencia clásicos como las toda situación de enunciación..
fesiones de San Agustín y de Rousseau- el campo de lo biográfico y lo nación" radical de toda identidad.
autobiográfico. Arfuch analiza con detenimiento las distintas formas
nales de relatar la propia vida -memorias, correspondencias, diarios íntimos,
etc.- y muestra la irrupción de nuevas formas autobiográficas en el mundo
contemporáneo, la más importante de las cuales -que tiene indudable
centralidad en el libro- es la entrevista. El resultado es un análisis fascinante
del que surgen ante nuestros ojos tanto tipos y estilos narrativos ligados a los
medios de comunicación de masas, como la renegociación y apertura de
mas incoadas de relato que ya se insinuaban en los géneros literarios clásicos. cuanto tal. Lo social está fwtdodol
Hay un segundo aspecto que es también central en el análisis de la autora. El podría formularse a través de la
tema de su estudio -el espacio múltiple de lo autobiográfico- se presta admira· estableciera entre el Sujeto de la
blemente a la exploración de la teorización contemporánea del sujeto. La puesta se funda en deixis (el sujetD
en cuestión del sujeto autónomo, autocentrado y transparente de la metafísica nianos) que no es ni entera014'811""
moderna y la correlativa noción de un sujeto descentrado (posestructuralismo) enunciados de un discurso. La
o coóstituido en tomo a un vacío (lacan) tenía necesariamente que poner en cierre sino una apertura.
cuestión las formas canónicas del relato autobiográfico. Éste es un aspecto que Esta serie de démarches < • •
Arfuch explora con su penetración y rigurosidad características. la subversión del mismo en un espacio dialógico
de los géneros tradicionales del relato y la emergencia de toda una nueva rente a este último- no puede
pÜa de categorías analíticas dan s'u sentido a la argumentación de esta obra. Así, público y lo privado. Arfuch
' la noción de espacio biográfico intenta dar cuenta de un terreno en el que las de los escritos de Arendt, Ha

i
formas clásicas comienzan a entrecruzarse e hibridizarse; la respecto es que este entrec.ruza1nillt
categoría de valor biográfico adquiere un nuevo protagonismo en el trazado na· do de una operación meramente
rrativo que da coherencia a la propia vida; y la apelación a una referencialidad mente en aquellos espacios en
estable como punto de anclaje es desplazada respecto de las diversas estrategias redefine. La entrevista mediática
de Esto conlleva necesariamente a poner en cuestión esta compleja urdimbre a través
cienes tales como el "pacto autobiográfico entre lector y autor" (Lejeune) y a sobredeterminan. Y aquí Arfuch
redefinir la significación de conceptos tales como "vivencia11 (Erlebnis), cuya este proceso de entrecruzamiento
genealogía trazada por Gadamer es reromada por Arfuch. Puede decirse, como proceso que es potencialmente
observación general, que el vacío del sujeto autónomo clásico es ocupado en intertextualidad que impide C01nfii4
este libro -en consonancia con varias corrientes del pensamiento actual- por lo to esterilizante-.
que podríamos denominar esto es, por desplazamientos Hay un último aspecto que
metonímicos que dan coherencia a los relatos -coherencia que no reposa en cho si una pluralidad de temas y
ningún centro sino que hace de esta no coincidencia del sujeto consigo mismo la problemática unificada. Para
fuente de toda representación y totalización-. la negativa a aceptar fronteras
Esto nos conduce a una tercera dimensión de la teorización de Arfuch, que lo tiene. La noción de "entre ·
es esencial subrayar. El descentramiento del sujeto asume en su obra una rica, ya que ella ha subsumido,
mulación especial que se vincula a la "razófl dialógica", de raíz bajtiniana: el tual que 1 con anterioridad, no
DAD CONTEMPORÁNEA PREFACIO 13

&e proceso es estudiado por sujeto debe ser pensado a parrir de su "otredad", del contexto de diálogo que da
los géneros literarios sentido a su discurso. Hay entonces una heterogeneidad constitutiva que define
i..fa!ftlcia clásicos corno las con- toda situación de enunciación. Lo social debe ser pensado a partir de la "alie-
el campo de lo biográfico y lo nación" radical de toda identidad.
las distintas formas tradicio- Esta alienación opera en varias direcciones. Insistamos en que no nos esta-
aa1espondencias, diarios íntimos, mos refiriendo simplemente a una pluralidad de roles dentro de un contexto
autobiográficas en el mundo social definido, sino a algo mucho más fundamental: para Bajtín no hay coin-
las cuales -que tiene indudable cidencia entre autor y personaje, ni siquiera en la autobiografía. Esto es lo que
RSultado es un análisis fascinante permite a Arfuch hacer bascular decisivamente su análisis de un sujeto que se
y estilos narrativos ligados a los expresaría a través del discurso a otro que se constituye a través de aquél. Y al
la renegociación y apertura de for- hablar de discurso nos estamos refiriendo, pura y simplemente, a lo social en
. . .. , en los géneros literarios clásicos. cuanto tal. Lo social está fundado, por tanto, en una falta inerradicable. Esto
central en el análisis de la autora. El podría formularse a través de la distinción que Benveniste -seguido por Lacan-
a lo autobiográfico- se presta admira· estableciera entre el sujeto de la enunciación y el sujeto del enunciad.o: el primero
· • contemporánea del sujeto. La puesta se funda en una deixis (el sujeto anterior a la subjetivación, en términos laca-
!Dicnmado y transparente de la metafísica nianos) que no es ni enteramente absorbible ni normalizable a través de los
sujeto descentrado (posestructuralismo) enunciados de un discurso. La razón dialógica, en tal sentido, no opera un
) tenía necesariamente que poner en cierre sino una apertura.
autobiográfico. Éste es un aspecto que Esta serie de démarches teóricas -descentramiento del sujeto, inscripción
fieurosidad características. La subversión del mismo en un espacio dialógico (y por ende social), falta constitutiva inhe-
la emergencia de toda una nueva pano- rente a este último- no puede sino subvertir las distinciones clásicas entre lo
a la argumentación de esta obra. Así, público y lo privado. Arfuch rastrea la genealogía de esta subversión a través
• dar cuenta de un terreno en el que las de los escritos de Arendt, Habermas y Elías. Lo que es importante advertir al
JIDUenzan a entrecruzarse e hibridizarse; la respecto es que este entrecruzamiento entre las varias esferas no es el resulta-
..... nuevo protagonis1no en el trazado na- do de una operación meramente analítica sino que está teniendo lugar diaria-
y la apelación a una referencialidad mente en aquellos espacios en los que lo autobiográfico se constituye y se
plazada respecto de las diversas estrategias redefine. La entrevista mediática -y la oral, en general- sería inconcebible sin
¡. necesariamente a poner en cuestión no- esta compleja urdimbre a través de la cual las dimensiones pública y privada se
plko entre lector y autor" (Lejeune) y a sobredeterminan. Y aquí Arfuch no es necesariamente pesimista: no ve en
1JS tales como "vivencia" (Erlebnis), cuya este proceso de entrecruzamiento la invasión de una esfera por la otra sino un
.monada por Arfuch. Puede decirse, como proceso que es potencialmente enriquecedor -es decir, la emergencia de una
1:1 sujeto autónomo clásico es ocupado en intertextualidad que impide confinar temas y reivindicaciones a un
saxrientes del pensamiento actual- por lo to esterilizante-.
sdiscursivas", esto es, por desplazatnientos Hay un último aspecto que quisiera destacar. Kant decía que se gana mu...
los relatos -coherencia que no reposa en cho si una pluralidad de temas y cuestiones consigue ser sintetizada por una
_,coincidencia del sujeto consigo mismo la proble1nática unificada. Para lograrlo, sin embargo, se necesita cierto arrojo,
lización-. la negativa a aceptar fronteras establecidas. Y nadie puede negar que Arfuch
lmensión de la teorización de Arfuch, que lo tiene. La noción de "entrevista" pasa a ser en su análisis una categoría teó...
tnto del sujeto asume en su obra una fer- rica, ya que ella ha subsumido, bajo este rótulo, dos tipos de práctica
ia •razón dialógica", de raíz bajtiniana: el tual que, con anterioridad, no habían sido consideradas conjuntamente: la
14 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

entrevista periodística a figuras destacadas y la entrevista que las ciencias so- tercera es la retórica. Si el d.es.::eollll...
ciales y la historia oral llevan a cabo con personas de la vida corriente, que sibilidad de toda nominación direaal
han pasado por experiencias sociales típicas de ciertos grupos. Desde este pun- ciones entre objetos- requerirán
to de vista, el segundo corpus de entrevistas analizado por Arfuch -realizadas estrictamente itreauctibles a niJ". . .
en el marco de una investigación bajo su dirección- son de un alto interés. Los te, lejos de ser un mero adorno
entrevistados son familiares, de ascendencia italiana, de personas que emigra- clásica, pasa a ser el campo pri-m111ioil
ron a Italia a fines de los años ochenta como resultado de la crisis argentina. sentido, el paradigma que podrá
Todos los temas que señaláramos antes, concernientes a la hibridización y al pensamiento social habrá de ser IBl
descentramiento del sujeto aparecen en status nascens, por así decirlo, en las Arfuch me sugiere que su impulso
respuestas de los entrevistados: la imposibilidad de establecer una identifica- ción. De tener éxito en esta tarea
ción inequívoca ya sea con Italia o con la Argentina; la tensión entre dos en que habremos de constituir. en
mundos cuyos contenidos son difícilmente traducibles entre sí, todas las cuestio- teórica y política. "Et tout le
nes afectivas inherentes a una subjetividad desgarrada, el nomadismo de la con-
dición contemporánea. Lo que las formas más elaboradas, "literarias" de la en-
trevista logran ocultar o al menos matizar, aparece con mayor desnudez en
estas conversaciones más humildes y marginales pero no exentas sin embargo
de trazas novelescas. De tal modo, ellas arrojan cierta luz sobre dimensiones
que son inherentes al género "entrevista" en cuanto tal. Esto apunta, de modo
casi paradigmático, a los problemas específicos que una teoría contemporánea
de los géneros literarios debe afrontar. Ya no es la unidad del libro, o del perió-
dico, la que sirve como soporte material de un género. La proliferación de los
medios de comunicación masivos, con su abigarrada producción de imágenes
y de espacios dialógicos nuevos, obliga a una teorización de los géneros que
depende menos de apoyos materiales evidentes, que de formas relacionales de
carácter virtual. Ella debe fundarse en principios enteramente formales que
vayan más allá de distinciones como lo hablado y lo escrito, o lo formulado
lingüísticamente en oposición a lo representado visualmente.
;Cómo avanzar a partir de este punto 1 El libro de Arfuch abre varias vías de
reflexión, ligadas a movimientos característicos de la exploración teórica con-
• temporánea. Quisiera señalar tan sólo tres, todas ellas convergentes en apun-
tar en la dirección de una nueva ontología. La primera es el psicoanálisis, cuyo
discurso está a la base de toda la re-teorización contemporánea del sujeto.
Resulta claro que categorías tales co1no "proyección", "introproyección", "nar-
Cisismo", etc., presuponen una entre objetos (una ontología) que es
impensable no sólo en términos de paradigmas biologistas o fisicalistas, sino
también de aquellos que han informado y constituido el discurso dominante
de las ciencias sociales. La segunda es la deconstrucción, cuya contribución
básica se funda eri el develamiento de nuevas áreas indecidibles en la estruétu-
ración de la objetividad y en las estrategias que son posibles a pardr de esta
indecidibilidad originaria {suplementariedad, iteración, différance, etc.). La
-IMIDADCONTEMPORÁNEA PREFACIO 15

que las ciencias so- tercera es la retórica. Si el descentramiento del sujeto nos conduce a la impo-
de la vida corriente, que sibilidad de toda nominación directa, toda referencia a un objeto -y las rela-
c:iato5 grupos. Desde este pun- ciones entre objetos- requerirán movimientos figurales o tropológicos que son
..,llli:mdo por Arfuch -realizadas estrictamente irre<luctibles a ninguna literalidad. La retórica, por consiguien-
•:ión-son de un alto interés. Los te, lejos de ser un mero adorno del lenguaje como lo suponía la ontología
tilali,..a, de personas que emigra- clásica, pasa a ser el campo primario de constitución de la objetividad. En tal
iaultado de la crisis argentina . sentido, el paradigma que podrá conducir a una reconstitución teórica del
. ..,.,,mi·,entes a la hibridización y al pensamiento social habrá de ser un paradigma retórico. Mi lectura del libro de
nasceru, por así decirlo, en las Arfuch me sugiere que su impulso teórico fundamental se mueve en esta direc-
lliiiliiilad de establecer una identifica- ción. De tener éxito en esta tarea dependen muchas cosas, entre otras, el modo
la Aigentina; la tensión entre dos en que habremos de constituir, en las próximas décadas, nuestra identidad
tmducibles entre sí, todas las cuestio- teórica y política. "Et wut le rest:e est littérature."
desganada, el nomadismo de la con-
81ás elaboradas, "literarias" de la en- Ernesto Laclau
aparece con mayor desnudez -en
.. pero no exentas sin embargo
arojan cierta luz sobre dimensiones
• en cuanto tal. Esto apunta, de modo
·cos que una teoría contemporánea
Ya no es la unidad del libro, o del perió-
de un género. La proliferación de los
su abigarrada producción de imágenes
a una teorización de los géneros que
jcvidentes, que de formas relacionales de
fil principios enteramente formales que
¡lo hablado y lo escrito, o lo formulado
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Introducción

La sola mención de lo "biográfico" remite, en primera instancia, a un universo


de géneros discursivos consagrados que tratan de aprehender la cualidad
nescente de la vida oponiendo, a la repetición abrumadora de los días, a los
desfallecimientos de la memoria 1 el registro minucioso del acontecer, el relato
de las viscisitudes o la nota fulgurante de la vivencia, capaz de iluminar el
instante y la totalidad. Biografías, autobiografías, confesiones 1 memorias,
rios íntimos, correspondencias dan cuenta, desde hace poco más de dos siglos,
de _esa obsesión de dejar huellas, rastros, inscripciones, de ese énfasis en la
singularidad que es a un tiempo búsqueda de trascendencia.
Pero también, en la trama de la cultura contemporánea, otras formas apare-
cen disputando el mismo espacio: entrevistas, conversaciones, perfiles, retratos,
anecdotarios, testimonios, historias de vida, relatos de autoayuda, variantes del
shnw -talk-show, reality show ...-. En el horironte mediático, la lógica informati-
va del "esto ocurrió", aplicable a todo registro, ha hecho de la vida -y conse-
cuentemente, de la "propia" experiencia- un núcleo esencial de tematización.
Por su parte, las ciencias sociales se inclinan cada vez con mayor asiduidad
hacia la voz y el testimonio de los sujetos, dotando así de cuerpo a la figura del
"actor socialn. Los métodos biográficos, los relatos de vida, las entrevistas en
profundidad delinean un territorio bien reconocible, una cartografía de la tra-
yectoria -individual- sie1npre en búsqueda de sus acentos colectivos.
Esta multiplicidad de ocurrencias, que involucra tanto a las industrias cul-
turales como a la investigación académica, habla, simultáneamente, de una
recepción multifacética, de una pluralidad de públicos, lectores, audiencias,
de un interés sostenido y renovado en los infinitos matices de la narrativa
vivencial.
Si bien no es difícil aventurar las razones de esta -la necesaria
identificación con otros, los modelos sociales de realizacióh1 personal, la curio-
sidad no exenta de voyeurismo, el aprendizaje del vivir- la notable expansión
de lo biográfico y su deslizamiento creciente hacia los ámbitos de la intimidad
hacen pensar en un fenómeno que excede la simple proliferación de formas
disímiles, los usos funcionales o la búsqueda de estrategias de mercado, para
expresar una tonalidad particular de la subjetividad contemporánea.

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18 ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

Es esa tonalidad la que quise indagar en el espacio de este libro. Ese algo La nueva perspectiva, que c:0<imal
más que se juega no tanto en la diferencia entre los géneros discursivos involu- público según el clásico orden bull'!loiill
crados sino en su coexistencia. Aquello común que une formas canonizadas y mente, en el campo de la subjeti
jerarquizadas ·con productos estereotípicos de la cultura de masas. Lo que tras- de identidades e historias locales.
ciende el "gusto" definido por parámetros sociológicos o estéticos y produce bién del mundo de la vida, de la
una respuesta compartida. Lo que lleva una y otra vez a recomenzar el relato co" -y no precisamente el de ra:iiio.-.1
de una vida -minucioso, fragmentario, caótico, poco importa su modo- ante mente, como correlato de la muedle
el propio desdoblamiento especular: el relato de todos. Lo que hace al orden vos-el pueblo, la clase, el partido, la
del relato la vida- y a su creación narrativa, ese "pasar en limpio" la propia mediático, un salto en la flexibi -
historia que nunca se termina de contar. los usos del cuerpo, el amor, la
Privilegié para ello la trama de la intertextualidad por sobre los ejemplos parecía insinuarse, empujando los
ilustres o emblemáticos de biógrafos o autobiográfos, la recurrencia antes que mostrable. En la aceleración de im ·
la singularidad, la heterogeneidad y la hibridación por sobre la "pureza" gené- gías de la comunicación, por la
rica, el desplazamiento y la migrancia por sobre las fronteras estrictas, en defi- l.tzado en el habla común, las maoil•
nitiva, la consideración de un espacio biográfico, como horizonte de inteligibi- como indiscernibles de su teori.rzai::iól
lidad y no como una mera sumatoria de géneros ya conformados en otro lugar.
Es desde este espacio -que se construirá en curso de ruta- que propondré en-
tonces una lectura transversal, simbólica, cultural y política, de las narrativas
del yo -y sus innúmeros desdoblamientos- en la escena contemporánea.

1. Breve historia de un comienzo

A mediados de los años ochenta, y en el marco prometedor de la apertura


democrática, comenzaron a aflorar en nuestro escenario cultural los debates
en tomo del "fin" de la modernidad que agitaban la reflexión en contextos
europeos y norteamericanos. Se planteaban allí las (después) célebres argu-
mentaciones sobre el fracaso (total o parcial) de los ideales de la Ilustración,
las utopías del universalismo, la razón, el saber y la igualdad, esa espiral ininte-
rrumpida y ascendente del progreso humano. Una nueva inscripción discursiva,
y aparentemente superadora, la "posmodernidad", venía a sintetizar el estado
de las cosas: la crisis de los grandes relatos legitimantes, la pérdida de certezas
y fundamentos (de la ciencia, la filosofía, el arte, la política), el decisivo
descentramiento del sujeto y, coextensivamente, la valorización de los
"microrrelatos", el desplazamiento del punto de mira omnisciente y ordenador
en beneficio de la pluralidad de voces, la hibridación, la mezcla irreverente de pionero de la arquitectura, a partir de los
Scott Brown, Aprendiendo de Las Vegas; Oi.
cánones, retóricas, paradigmas y estilos. 1
ámbito de América Latina, N. Garcla
1
Remitimos aquí a algunos textos clásicos del debate modernidad/posmodernidad de los Cu/curas híbridas. En medio, Beauii
ochenta: J. E Lyotard, La condición posmodema y La posmodernidad (explicada a los niños); M. mirada crítica sobre la vida y la cultura
Bermann, Todo lo sólido se desvanece en d aire; J. Habermas, "La modernidad, un proyecto incom- Medios, ciudad y costumhres en el fin de sifle-

"
1
INTRODUCCIÓN 19

d apacio de este libro. Ese algo La nueva perspectiva, que comprometía la concepción misina del espacio
los géneros discursivos público según el clásico orden burgués, incursionaba adetnás, y no tangencial-
que une formas canonizadas y mente, en el campo de la subjetividad. Los "pequeños relatos" lo eran no sólo
la rultura de masas. Lo que tras- de identidades e historias locales, regionalismos, lenguas vernáculas, sino .tam-
mciológicos o estéticos y produce bién del mundo de la vida, de la privacidad y la afección. El retorno del "su¡e-
y otra vez a recomenzar el relato to" -y no precisamente el de razón-, aparecía exaltado, positiva o negativa-
. .61ico,, poco importa su modo- ante mente1 como correlato de la muerte anurlciada de los grandes sujetos colecti-
de todos. Lo que hace al orden vos -el pueblo, la clase, el partido, la revolución-. Mientras tanto, en el espacio
•mva. ese "pasar en limpio" la propia mediático, un salto en la flexibilización de las costu1nbres, que comprometía
los usos del cuerpo, el amor, la sexualidad, las relaciones entre las personas,
lr•mte:xtualidad por sobre los ejemplos parecía insinuarse, empujando los límites de visibilidad de lo decible y lo
aotl>biográfos, la recurrencia antes que mostrable. En la aceleración de un tiempo ya marcado por las nuevas tecnolo-
hihridación por sobre la "pureza" gías de la comunicación, por la apropiación casi inmediata del léxico especia-
pm sobre las fronteras estrictas, en lizado en el habla común, las manifestaciones de estas tendencias aparecían
liagráfico, como horizonte de inteligibi- como indiscemibles de su teorización: ¿se describía en verdad un fenómeno
cle géneros ya conformados en otro lugar. -un ritmo, una "condición posmodema"-, a la manera de aquella "experiencia
en curso de ruta- que propondré vital" que había significado, según Marshall Bermann ([1982] 1988), lamo-
cultural y política, de las narrativas dernidad, o se lo inventaba, proponiendo nuevos decálogos de i/rreverencia?
laott,,._. en la escena contemporánea. Cualquiera fuera la respuesta -y el alineamiento al respecto- lo cierto es que
1 este clima de época, de fuertes cuestiona1nientos a la doxa, estaba marcado
1 prioritariamente por las profundas transformaciones políticas, económicas y
... de un comienzo culturales que se habían ido produciendo en el mapa mundial, esos "nuevos
1 tiempos" (Stuart Hall, 1990) del capitalismo postindustrial y el "modelo
ir en el marco prometedor de la apertura tatcherista", cuyo devenir sin pausa puede adivinarse hoy, pese a sus nuevos
nuestro escenario cultural los debates atavíos, bajo la metáfora de la "globalización".
que agitaban la reflexión en contextos Si en el plano de la expectativa política nuestro contexto difería del des-
-'>an allí las {después) célebres argu- encanto de otras latitudes -había apremiantes valores colectivos y fundamen-
io parcial) de los ideales de la Ilustración, tos a restituir, en términos de justicia y democracia- no parecía haber en cam-
In, el saber y la igualdad, esa espiral ininte- bio gran divergencia en cuanto a la gestión pública de la intimidad. Una pau-
fiumano. Una nueva inscripción discursiva, latina expansión de subjetividades iba haciéndose perceptible en diversas
venía a sintetizar el estado
irelatos legitimantes, la pérdida de certezas
pleto"; Perry Anderson, "Modernidad y revolución"; G. Vattitno, El fin de la modernidad; N.
lllosofía, el arte, la política), el decisivo
Casullo (comp.), El debate modernidad/posmodernidad, etc. Con énfasis en el plano estético, pue-
iextensivamente, la valorización de los den señalarse la compilación de Hal·Foster, La posmodernidad; O. Calabrese, L'etá neobarrocca; .E._.........-
Id punto de mira omnisciente y ordenador Jameson, Ensayos sobre el posmodemismo; G. Lipovetszky, L.a edad del vacío; sin olvidar el papel
a., la hibridación, la mezcla irreverente de pionero de la arquitectura, a partir de los que fueran verdaderos hitos: R. Vencuri, S. lzenur y D.
oles_• Scott Brown, Aprendiendo de L:rs Vegas; Ch. Jenks, El lenguaje de la arquitectura posmoderna. En el
ámbito de América Latina, N. García Canclini planteó el debate sobre la multiculn1ralidad en
del debate modernidad/posmodernidad de los Culturas lul:nidm. En Ouestro medio, Beatriz Sarlo discutió los paradigmas en juego desde una
h.. y la posmodernidad (explicada a los niños); M. mirada crítica sobre la vida y la cultura urbanas en Escenas de la vida posmoderna e Instantáneas.
t; ). Habermas, "La modernidad, un proyecto Medios, ciudad y costumbres e:n el fin de siglo

Ul ., 'QISO aporte a la exploración contemporánea de la 'nbil<'i•


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20 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

narrativas, de las revistas de autoconocimiento a las innúmeras formas de narrativas, los intereses, el "mundo
autoayuda, de la resurrección de viejos géneros auto-biográficos a una audaz venir mediático, una conttacara ("
experimentación visual. Ciertos tonos de la comunicación mediática eran par- les? Y aun, en ese caso, ¿qué clase
ticularmente elocuentes al respecto: r10-sólo se definían allí las renovadas tal atención? ¡Se trataba simpl
incumbencias del "estado terapéutico" -las normativas de la "vida buena" al banalización de las historias de ·
uso-, sino que amplias zonas de la vida privada de funcionarios y notables se manipulación, o habilitaba algún
transformaban cada vez más en objeto preferido de tematización, tomando humana? ¿Podían postularse, desde
por momentos impreciso el horizonte de lo público -en la vieja acepción del rencia -quizá, el legado más pe ·
interés común y la visibilidad democrática-. Fenómeno no reductible sólo a la tivas, otros prismas para la lectura
cualidad de la "política-espectáculo" -que alcanzara luego en nuestro medio finieron, en un primer momento. d.
límites difíciles de superar-, sino que iba acompañado de un "repliegueº en la
cotidianidad, el cuentapropismo 1 la exaltación de los valores e intereses priva-
dos y el credo de la "salvación" personal, ligado tanto a la traumática expe-
riencia hiperinflacionaria- del fin de la década como al incipiente "retiro" -y
posterior derrumbe (privatizador.)- del Estado de bienestar, en los primeros Apenas comenzada, la indagación
años de los noventa. ciente proceso de subjetivizaciOO
En el horizonte de la cultura -en su concepción antropológico-semiótica- caba aquella cualidad inabarcable
esas tendencias de subjetivación y autorreferencia -esas "tecnologías del yo" y tarla "inanalizable". ¿Dónde
del "sí mismo", como diría Foucault ([1988] 1990)- impregnaban tanto los esa fa1nosa instauración de la
hábitos, costumbres y consumos como la producción mediática 1 artística y li- ¿Cómo distinguir entre formas d.
teraria. Consecuentemente con el afianzamiento de la democracia brotaba el tivo? ¿Qué parámetros privilegiar
democratismo de las narrativas, esa pluralidad de voces, identidades, sujetos y registros y estilos? Antes de toda
subjetividades, que parecían venir a confirmar las Inquietudes de algunas teo- mitación de un universo.
rías: la disolución de lo colectivo, de la idea misma de comunidad, en la miríada A fuerza de observar, de co
narcisística de lo individual. ejes y tendencias prioritarios: la
Fue esa contraposición sesgada, a menudo con tonos apocalípticos, esa venía en general 11atestiguada" por
"pérdida" del espacio público clásico en su idealizada transparencia frente a la las "vidas reales", por la.autentic·
"invasión" de la privacidad, y al mismo tiempo, la innegable atracción que las nistas, ya sea en el directo de las
nuevas formas despertaban en públicos y audiencias, lo que me llevó a intere- gráfica, por la veracidad que el
sarme -interés que no dejaba de ser también una inquietud- en el tema, a ficción. Aquella compulsión de
colocarme del lado "negativo" -y menos abordado- de la antinomia, a tratar cepto de ''sitnulacro" de Baudri
de indagar en ese vértice que la asociación usual, quizá no del todo lícita, devoración mediática-, parecía
entre "privado" y "privatización". Y al proponerme tal empresa, que suponía pio, el rostro, el cuerpo, la vi
enfrentarme a lo multifacético, a raras aleaciones entre tradición e innova- retóricas de la intimidad. Persooalll
ción, lo hacía sin renuncia a transitar los senderos ya señalizados de los géne- observado desde la sociología, que
ros canónicos -la biografía, la at.Ítobiografía, el informe etnográfico, etc.-, pero de cotidianidad, viejas y nuevas
no de modo· prioritario ni excluyente, sino dando paso al diálogo con esas y fa1nosos, pero también vidas
tnaneras otras de narrar. lle de su infelicidad.
¿Era posible mantener la clásica línea divisoria entre público y privado? La Era la simultaneidad de estas
expresión de la subjetividad de lo privado -la mostración de intitnidad, las dad de sus procedünientos, en el
INTRODUCCIÓN 21

a las innúmeras formas de narrativas, los intereses, el 11 mundo privado"- ¿era necesariamente, en su ad-
auto-biográficos a una audaz venir mediático, una contracara (indeseada) del fracaso de las utopías socia-
M1•1micación mediática eran par- les? Y aun, en ese caso, ¿qué clase de valores se ponían en juego para concitar
se definían allí las renovadas tal atención? ¿Se trataba simplemente de una exaltación voyeurística, de una
normativas de la "vida buena" al banalización de las historias de vida, de un nuevo eslabón en la cadena de la
piir.Kla de funcionarios y notables se manipulación, o habilitaba algún otro registro convocante de l_a experien_cia
....,,¡;;,n·,do de tematización, tomando humana? ·Podían postularse, desde un pensamiento de la pluralidad Y la dife-
lo público -en la vieja acepción del rencia el legado más persistente de los enfoques "post"- otras alterna-
_Fenómeno no reductible sólo a la tivas, otros prismas para la lectura y la interpretación? Estos
alcanzara luego en nuestro medio finieron, en un primer momento, el territorio tentativo de mi 1nvest1gac1on.
ila acompañado de un "repliegue" en la
.......11:ión de los valores e intereses priva-
. ._ .... ligado tanto a la traumática expe- 2 . La definición del tema
la década como al incipiente "retiro" -y
del Estado de bienestar, en los primeros Apenas comenzada, la indagación en torno de las formas que el cre-
ciente proceso de subjetivización se enfrentó a una heterogeneidad que evo-
111concepción antropológico-semiótica- caba aquella cualidad inabarcable del "habla" que llevara a Saussure a decre-
""llllim'1•erencia -esas "tecnologías del yo" y tarla "inanalizable". ¿Dónde "leer", efectivamente, ese "retorno" del sujeto,
((1988) 1990)- impregnaban tanto los esa fainosa instauración de la privacidad como interés prioritario de la vida?
la producción mediática, artística y li- ·Cóino distinguir entre formas disímiles, a las que les concierne el mismo obje-
alianzamiento de la democracia brotaba el ·Qué parámetros privilegiar en un ordenamiento? ¿Cómo compatibilizar
pluralidad de voces, identidades, sujetos y y estilos? Antes de toda presunción de un corpus se imponía la deli-
fa confirmar las inquietudes de algunas teo- mitación de un universo.
la idea misma de comunidad, en la miríada A fuerza de observar, de confront_ar variables, se fueron perfilando algunos
1 ejes y tendencias prioritarios: la subjetividad que ponían en juego los relatos
- a menudo con tonos apocalípticos, esa venía en general "atestiguada" por la asunción del "yo", por la insistencia en
leo en su idealizada transparencia frente a la las ¡¡vidas reales", por la.autenticidad de las historias en la voz de sus protago-
tiempo, la innegable atracción que las nistas, ya sea en el directo de las cámaras o en la inscripción de la palabra
y audiencias, lo que me llevó a intere- gráfica, por la veracidad que el testilnonio imponía al terreno resbaladizo .de la
1ser también una inquietud- en el tema, a ficción. Aquella compulsión de realidad que había señalado el célebre con-
r menos abordado-- de la antinomia, a tratar cepto de "simulacro" de Baudrillard ([1978] 1984) -•esguardo effmero a la
ala asociación usual, quizá no del todo lícita, devoración mediática-, parecía plas1narse aquí sin descanso en el nombre pro-
Y al proponerme tal empresa, que suponía pio, el rostro, el cuerpo, la vivencia, la anécdota ofrecida a la pregunta, las
• raras aleaciones entre tradición e innova- retóricas de la intirnida<l. Personalización de la política, como ya había sido
Mtar los senderos ya señalizados de los géne- observado desde la sociología, que reemplazaba tesis programáticas por viñetas
lbiografía, el informe etnográfico, etc.-, pero de cotidianidad, viejas y nuevas estrategias de autorrepresentación de ilustres
rente, sino dando paso al diálogo con esas y fa1nosos, pero también vidas corrientes ofrecidas en espeCtáculo, en el deta-
lle de su infelicidad. /
'
divisoria entre público y privado' La Era la simultaneidad de estas formas, escritas o audiovisuales, la versatili-
lo privado -la mostración de intünidad, las dad de sus procedimientos, en el marco de géneros inás o menos canónicos, y

-

ZZ EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

aun, "fuera de género" (Robín, 1996), lo que las tornaba en particular signifi·
cantes. Narrativas del yo a la vez divergentes y complementarias, cuya enume-
ración tentativa he esbozado al comienzo de esta introducción. 2.1. Del espacio bi·iotliclll
Así se evidenció la pertinencia de considerar estas formas no sólo en sin-
cronía sino en intertextualidad: más que un mero repertorio de ocurrencias, se Si el interés por dar cuenta, en
imponía una articulación que otorgara sentidos, un modo de mirar. Dejando de subjetiv3.ción que contribuían a la
lado el terreno de la ficción -objeto, para el caso, inabordable-, y rehuyendo había conducido al espacio biOl!liáliial
el comenzar por una forma clásica, "testigo" -¿la autobiografía?- como princi- figuración general. Más bien, en.
pio ordenador, la idea de un espacio biográfico se reveló altamente productiva, diferentes soportes y estilos que ...,
en tanto horizonte analítico para dar cuenta de la multiplicidad, lugar de con· líneas recurrentes que valía la
fluencia y de circulación, de parecidos de familia, vecindades y diferencias. La importancia, entre los diversos
expresión, tomada en préstamo a Philippe Lejeune (1980), venía así a intro· ta, un género sin duda predomi....
ducír una delimitación del universo. condensa admirablemente los
¿A qué remitía la nominación "espacio biográfico" de Lejeune? Precisa- la autenticidad, lo "directo", la
mente, a "un paso más allá" de su intento infructuoso de apresar la "especifici- de los nuevos acentos del yo, de
dad" de la autobiografía como centro de un sistema de géneros literarios afi- oir su "propia" palabra, ¿qué mayes
nes. En esa reflexión a posteriori, el autor se pregunta si el estudio de un género na- que aquélla, instaurada por la
-al menos en términos taxonómicos, estructurales-, no se limitará en definiti- logar, razonar, sacar a luz, encontRlr
va a dar cuenta de algunos especímenes ilustres o ejemplares, mientras que su en el transcurso de poco más de un
productividad excede siempre las grandes obras. I;.s así que, en mor de la plura- transformando el viejo modus soc:di.
lidad, y tratando incluso de aprehender un excedente de la literatura, arriba a la información, su· correlativa poesiCl\I
la formulación de un "espacio biográfico 11 , para dar cabida a las diversas for- en la interioridad emocional y en la
mas que ha asumido, con el correr de los siglos, la narración inveterada de las "oscuras"- no era en modo alguno
vidas, notables u "oscuras", entre las cuales la autobiografía moderna no es la dimensión sincrónica de nuesno
sino un "caso". ubicuidad, capaz de presentar bajo
Pese a su carácter sugerente, no era ese espacio, concebido más bien como ciones de sujeto de la sociedad -
un reservorio donde cada espécimen aporta un "ejemplo", el que convenía a mis recorrer, en su vaivén dialógico,,
objetivos. El préstamo -en verdad casi metafórico-, se abría, en mi proyecto, a la autobiografía a las memorias,
otro desarrollo conceptual: una espacialización, como señalara más arriba, donde dad significante, escasamente
confluían en un momento dado formas disímiles, susceptibles de ser considera- interés en esa dirección.
das en una interdiscursividad sintomática, de por sí significante, pero sin renun- Pero si la entrevista mediática
cia a una temporalización, a la búsqueda de herencias y genealogías, a postular cas -sin perjuicio de interesarse
diversas relaciones en presencia y en ausencia. Al plantearme entonces tal estu- tes-, otra de sus formas se ocupaha
dio, en su despliegue contemporáneo, en atención a la innovación mediática vidas privadas -en su doble a,cei<riml
pero sin renuncia a las inscripciones clásicas, al proponer una articulación no biografía. Se delineaba así otra
obligada por dotes "intrínsecas" ni jerárquica entre narrativas que podrían a su terreno de la interrogación cien..,. .
vez revistar en otros agrupamientos, este espacio biográfico se transformó para a las ciencias sociales desde los
mí en un punto de partida y no de llegada, en una dimensión de lectura de un aprehender his'rorias y memorias,
fenómeno de época, cuyo trazado, en virtud de mis propias hipótesis y objetivos, siguen concitando de manera
debía ser definido en el curso de mi investigación. "métodos biográficos", cuyo rec:m. .
INTRODUCCIÓN ZJ

2.1. Del espacio biográfico a los géneros discursivos


estas formas no sólo en sin-
mero repertorio de ocurrencias, se Si el interés por dar cuenta, en términos discursivo/narrativos, de las formas de
un modo de mirar. Dejando de subjetivación que contribuían a la afirmación de una nueva privacidad me
d caso, inabordable-, y rehuyendo había_ conducido al espacio biográfico, mi indagación no se agotaría en su con-
•-¿la autobiografía?- como princi- figuración general. Más bien, en la interactividad de esas formas, en los
se reveló altamente productiva, diferentes soportes y estilos que me era dado confrontar, se dibujaban algunas
de la multiplicidad, lugar de con· líneas recurrentes que valía la pena analizar en particular. Así, fue cobrando
. . fumilia, vecindades y diferencias. La importancia, entre los diversos registros de la expresión vivencial, la
lejeune (1980), venía así a intro· ta, un género sin duda predominante en la comunicación mediatizada, que
condensa admirablemente los 11 tonos" de la época: la compulsión de realidad,
re..lci-o biográfico" de Lejeune? Precisa- la autenticidad, lo "directo", la -presencia. En la búsqueda emprendida en torno
infructuoso de apresar la "especifici- de los nuevos acentos del yo, de ese "retomo del sujeto" que pretendía hacer
de un sistema de géneros literarios afi- oir su "propia" palabra, ¿qué mayor proximidad de la voz -el cuerpo, la persa;
se pregunta si el estudio de un género na- que aquélla, instaurada por la más antigua y emblemática manera de dia-
esttucturales-, no se limitará en definiti- logar, razonar, sacar a luz, encontrar una verdad? Si la entrevista había revelado,
ilustres o ejemplares, mientras que su en el transcurso de poco más de un siglo, su irreemplazable cualidad veridictiva,
obras. Es así que, en mor de la plura- transformando el viejo modus socrático en un género altamente ritualizado de
un excedente de la literatura, arriba a la información, su· correlativa puesta en escena de la subjetividad, su intrusión
n, para dar cabida a las diversas far- en la interioridad emocional y en la minucia cotidiana de las vidas -notables y
ios siglos, la narración inveterada de las "oscuras"- no era en modo alguno una apuesta menor. Es más, aparecía, en
"5 ruales la autobiografía moderna no es la dimensión sincrónica de nuestro espacio biográfico, como la forma de mayor
ubicuidad, capaz de presentar bajo los ojos el abanico completo de las posi·
ese espacio, concebido más bien como ciones de sujeto de la sociedad -"encarnado" en sujetos reales-, capaz de
nn "ejemplo", el que convenía a mis recorrer, en su vaivén dialógico, todas las modulaciones de lo vivencial, de
.. metafórico--, se abría, en mi proyecto, a la autobiografía a las memorias, del diario íntimo a la confesión. Tal densi·
como señalara más arriba, donde dad significante, escasamente abordada por estudios específicos, definió mi
las disímiles, susceptibles de ser considera- interés en esa dirección.
lllica. de por sí significante, pero sin renun- Pero si la enrrevista mediática ofrecía un desfile inagotable de vidas públi-
irda. de herencias y genealogías, a postular cas -sin perjuicio de interesarse también, en ocasiones, en las vidas corrien#
""5enda. Al planteanne entonces tal estu- tes-, otra de sus formas se ocupaba también, con la misma insistencia, de las
D. en atención a la innovación mediática vidas privadas -en su doble acepción-, las que son objeto improbable de auto·
al proponer una articulación no biografía. Se delineaba así otra vertiente positiva para mi tema, esta vez en el
entre narrativas que podrían a su terreno de la interrogación científica: la de los relatos de vida, que inquietaran
;att: e.5pacio biográfico se transformó para a las ciencias sociales desde los primeros años del siglo XX, en el intento por
en una dimensión de lectura de un aprehender historias y memorias, por dar cuenta del espesor de lo social, y que
1virtud de mis propias hipótesis y objetivos, siguen concitando de manera creciente su En efecto, los llamados
Pvestigación. "métodos biográficos", cuyo recurso de la entrevista es casi obligado, ocupan

1111/¡J 1,1111i1illl111JJJ1/J
Z4 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

hoy una posición predominante en la investigación cualitativa, en sintonía


con el interés en la voz y la experiencia de los sujetos y con el énfasis testimo-
niali esa verdadera obsesión de la memoria que los hitos simbólicos del nuevo
siglo y milenio no han cesado de estimular.
La curiosidad literaria, la mediática y la científica, y aun, esos dos polos Si la noción de espacio biográfico
arquet.ípicos de la experiencia -las vidas "célebres" que son por ello emble- era ahora la focalización en narn111i11
máticas y devienen objeto de identificación y las "comunes", que ofrecen conducirme a la conformación de
una inmediata posibilidad de autorreconocimiento- confluían de esta ma- la entrevista en los medios, y pese
nera en nuestro espacio, habilitando una mirada excéntrica sobre las nuevas
formas en que lo biográfico se integra naturalmente al horizonte de la actua-
lidad. Así, la insistencia en la mostración pública de la privacidad, de todos
los tonos posibles de las historias de vida y de la intimidad -en esa hibrida-
ción que desafía la frontera entre los géneros consagrados y las reelaboraciohes
paródicas, irreverentes o banales-, lejos de aparecer simplemente como un
despliegue azaroso en la estrategia de captación de audiencias, se investía de
nuevos sentidos y valoraciones, trazando figuras contrastivas de la
dad contemporánea.
No se tratabá por supuesto, en esta trama múltiple que iba revelando nuestro
espacio, y menos aún, en el estudio de la entrevista como un género no específi-
co pero empecinadamente biográfico, de volver a la búsqueda de singularidad, amplia, con intermitencias, que
al caso "representativo", a la "esencia" del género entendido como una normati- Finalmente, para la indagación
va que "desaloja" el desajuste, el exceso o la contravención. La propia concep- de análisis; esta vez, de entreviSlaS
ción de género discursivo como heterogeneidad constitutiva, tomada de Bajtín investigación bajo mi dirección,2
(Estética de la creación verbal, (1979] 1982), desautorizaría semejante pretensión. gunda vida", más allá de los resul
Era más bien la productividad del uso de los géneros en un conjunto amplio de arrojado. Aquella investigación
ocurrencias, el diálogo intertextual que suscitaban, su especificidad sólo relati- biográfica", cuya impronta pa
va, sus desplazamientos metonímicos, lo que me interesaba analizar. emigratoria que en los últimos años
¡Qué modelos de vida se despliegan en ese abanico de figuras, célebres y bía marcado el "retorno" de
comunes? ¿Qué orientaciones valorativas conllevan las narrativas respectivas? ancestros. En el presente trabajo, y
¿Qué diferencia introduce la entrevista respecto de otras formas biográficas? ¿Qué les, los relatos seleccionados v·
posiciones (dialógicas) de enunciación construye? ¿Cómo se narra la vida "a interrogantes aquí planteados, a
varias voces"? ¿Cómo se entrama el trabajo de la identidad? ¿Qué distinciones atestiguar de la deriva identitaria.
pueden postularse entre "umbrales" de la interioridad sentido" de una vida a través de la
co? ¿Cómo se articula lo íntitno con lo público, lo colectivo con lo singular? nuestra relcctura apunta además a
Preguntas que trazan a grandes rasgos el camino de mi investigación, postulación de una perspectiva de
no en verdad poco explorado, en cierta semejanza -y en mayor divergencia- sugiere la posibilidad -y aun la
respecto de la narración tradicional de las vidas ilustres, que privilegia los biográfica, más allá de los límites
procedimientos retóricos, la exaltación poética del yo, la jerarquización de la
escritura, la verificación científica o historiográfica de los "dichos" y apela, 2 La investigación "Memoria
por ende, a horizontes de expectativa, ta1nbién canonizados, para su lectura. de la Facultad de Ciencias Sociales de la LllA.

....

INTRODUCCIÓN 25

·ón cualitativa 1 en sintonía


mjetos y con el énfasis testimo-
los hitos simbólicos del nuevo 2.2. El corpus del análisis

científica, y aun, esos dos polos Si la noción de espacio biográfico me había llevado a delimitar un universo,
•cBebres 11 que son por ello emble- era ahora la focalización en narrativas mediáticas y científicas la que iba a
y las "comunes)) que ofrecen
1 conducirme a la conformación de un corpus. Atenta al "devenir biográfico" de
• ..,cit.niento- confluían de esta ma- la entrevista en los medios, y pese a que las ocurrencias de este tipo suelen
mirada excéntrica sobre las nuevas acontecer en cualquier intercambio, consideré relevante organizar un corpus
IHi•ur.almente al horizonte de la actua- de cierta homogeneidad -temática, pragmática, del tipo de soporte en cues-
•.a6n pública de la privacidad, de todos tión-, tomando varias de las principales recopilaciones en libro -es decir, do-
wida y de la intimidad -en esa hibrida- tadas de una "segunda vida" editorial-de entrevistas publicadas en los últimos
liliEoenlS consagrados y las reelaboraciohes años (con excepciones) disponibles en nuestro escenario actual. De esta selec-
de aparecer simplemente como un ción, recorté luego un conjunto de entrevistas a escritores, que considero do-
captación de audiencias, se investía de blemente emblemáticas por el mito de la "vida y obran y por tratarse de
figuras contrastivas de la subjetivi- quienes crean a su vez relatos diversamente autobiográficos, a las que dediqué
un capítulo en particular. Un corpus accesorio, que avala algunas afirmaciones
que conciernen al campo cultural, está formado por los suplementos culturales
la enttevista como un género no específi- de tres grandes diarios (La Nación, Clarín, Página/12), en una periodización
de volver a la búsqueda de singularidad, amplia, con intermitencias, que abarca el último lustro.
•del género entendido como una norma ti- Finalmente, para la indagación sobre relatos de vida, construí otro corpus
la contravención. La propia concep- de análisis; esta vez, de entrevistas biográficas recogidas en el curso de una
corutitutiva, tomada de Bajtín investigación bajo mi dirección, 2 que adquirían tatnbién de este modo una "se-
desautorizaría se1nejante pretensión. gunda vida", más allá de los resultados específicos que en su mo1nento habían
de los géneros en un conjunto amplio de arrojado. Aquella investigación había abordado la cuestión de una "me1noria
¡que suscitaban, su especificidad sólo relati- biográfica", cuya impronta pareció operar como trasfondo de la oleada
.. lo que me interesaba analizar. emigratoria que en los últimos años de los ochenta, con la hiperinflación, ha-
en ese abanico de figuras, célebres y bía marcado el uretorno" de descendientes de italianos a la tierra de sus
llltivas conllevan las narrativas respectivas? ancestros. En el presente trabajo, y sin desmedro de aquellos objetivos inicia-
lla respecto de otras fonnas biográficas? ¿Qué les, los relatos seleccionados vienen a responder, en alguna inedida, a los
f;:iórl construye? ¿Cómo se narra la vida "a interrogantes aquí planteados, a dar cuenta de ciertos modelos colectivos, a
l ttabajo de la identidad? ;Qué distinciones atestiguar de la deriva identitaria, de los curiosos inecanismos de la "ruesta en
:c1e la interioridad -íntimo/privado/biográfi- sentido" de una vida a través de la narración bajo solicitación acadé1nica. Pero
lo público, lo colectivo con lo singular? nuestra relcctura apunta ade1nás a otro de los objetivos de nuestro trabajo: la
camino de mi investigación, cami- postulación de una perspectiva de análisis discursivo/narrativo original, que
semejanza -y en mayor divergencia- sugiere la posibilidad -y aun la necesidad- de ir, en ni.ateria sensible co1no la
,al de las vidas ilustres, que privilegia los biográfica, más allá de los límites de los diversos enfoques contenidistas.
µón poética del yo, la jerarquización de la
k o historiográfica de los "dichos" y apela, 1 La investigación "Memoria biográfica e identidad" se desarrolló en el Instituto Gino Germani

iva, también canonizados, para su lectura. de la Facultad de Ciencias Sociales de la URA, bajo subsidio lJRALYf, durante el período 1991-1993.

1 l
1
··' 1•,
;Hil11HJ1}j)
26 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

3. El camino de la investigación

¿Cuál es la relevancia de este tema? ¿En qué campo de cuestiones viene a


intervenir y a partir de qué huellas? ¿Qué objetivos, qué aportes se plantea? En un enfoque no disociativo entre
primer lugar, su formulación misma constituye un aporte, en tanto involucra creciente visibilidad de lo íntim
una combinatoria inhabitual de aspectos y saberes. parte, a la invisibilidad de los ·
En efecto, mi perspectiva, que se plantea como una indagación sobre la causal desestabilizadora de un
dimensión signifiCante en un horizonte cultural determinado, incorpora varia- una dinámica dialógica, e históri
bles históricas del campo de la sociología y de la filosofía política, de la teoría interpenetran -y inodifican- sin
y la crítica literarias, de la lingüística, la semiótica, la pragmática y la narrati- biográfico se define justamente
va. Y esta incorporación, en virtud de definidos intereses y objetivos, no supo- mediación entre público y privado;
ne simplemente una "sumatoria'\ sino una articulación, es decir, una búsqueda En el segundo caso, se trataba
reflexiva de compatibilidades conceptuales -en varios casos, innovadora-, que estudios clásicos sobre la especifi ·
no sutura por supuesto las diferencias. Perspectiva de análisis cultural que se 1974; Lejeune, 1975), como eje de
especializa, por así decir, en el último tramo de este trabajo, como mewdología frontación con otros paradigmas de
de aruílisis discursivo, apta para dar cuenta de los relatos de vida en ciencias tieran llegar a una definición más
sociales. dimos en el apartado anterior a la
concepción del espacio biográfico,
tar ahora ese trazado teórico, en lo
3.1. Puntos de partida ceptual de nuestro trabajo.

En tanto las formas que pueden incluirse en el espacio biográfico ofrecen, según
mi hipótesis, una posibilidad articulatoria no sólo sincrónica sino también 3.2. A.rtía......
diacrónica¡ se impone una búsqueda genealógica que -sin pretensión de "esen-
cia" o de verdad- haga inteligible su devenir actual. Tal búsqueda conduce, de En el horizonte histórico del es¡iacil:il
modo inequívOco, al horizonte de la modernidad. En efecto, es en el siglo XVIII, de Las confesiones de Rousseau, se
con el afianzamiento del capitalismo y el orden burgués, cuando comienza a vida aparece inextricable1nente -
afirmarse la subjetividad moderna, a través de una constelación de formas de Goethe, según Weintraub-, como
escritura autógrafa que son las que establecen precisamente el canon contemporáneos (lectores, pares)
siones, autobiografías, diarios íntimos, memorias, correspondenciasL y del aparecen como umodelo" del '
gimiente de la novela "realista" definida justamente como fiction. El retomo a miento, el desvío, la máscara. las
esas "fuentes" del yo, a esas retóricas y valores quizá reconocibles, no sólo sidad narrativa y no una supuesta
involucró una perspectiva histórica y sociológica (Aries/Duby, [1985] 1987; trasfondo de nuestro espacio que,
Elías, [1977-1979] 1987), que recogía también ecos de ancestros más remotos poco explorados, requerirá a su wz
(San Agustín, 397 [1970] 1991; Bajtín, [1975] 1978; Foucault, [1988] 1990), Así, nuestro enfoque incorpma
sino que abrió una doble vertiente de análisis crítico para mi trabajo: 1} las los géneros discursivos como agJ1111'4
conceptualizaciones filosófico políticas clásicas en torno de las esferas de lo la heterogeneidad y sometidos a
público y lo privado y 2) las de la crítica literaria, sobre las valencias particu- interdiscursividad social, y tamlbiiDI
VIDAD CONTEMPORÁNEA INTRODUCCIÓN 27

lares de aquellos géneros, su distinción posible con los considerados de "fic-


ción" y su supervivencia en las formas contemporáneas.
En el primer caso, se trataba de ir más allá de la clásica antinomia entre
público y privado, donde uno de los términos conlleva una cierta negatividad
.-E campo de cuestiones viene a (Arendt, [1958] 1974; Habermas, [1962] 1990) para postular, por el contrario,
- ·vos, qué aportes se plantea? En un enfoque no disociativo entre ambos espacios, que permitiera considerar la
. .iibiiye un aporte, en tanto involucra creciente visibilidad de lo íntimo/privado ---complejamente articulada, por otra
y saberes. parte, a la invisibilidad de los intereses privados-, no como un exceso, una
ll•tea como una indagación sobre la causal desestabilizadora de un equilibrio "dado" sino como consustancial a
adtural determinado, incorpora varia- una dinámica dialógica, e históricamente determinada, donde ambas esferas se
' de la filosofía política, de la teoría interpenetran -y modifican- sin cesar. En esa dináxnica, según mi hipótesis, lo
la semiótica, la pragmática y la narrati- biográfico se define justamente como un espacio intermedio, a veces como
Minidos intereses y objetivos, no supo- mediación entre público y privado; otras, como indecidibilidad.
mia artic:ulación, es decir, una búsqueda En el segundo caso, se trataba también de superar los límites de algunos
••lk:s--en varios casos, innovadora-, que estudios clásicos sobre la especificidad de la autobiografía (Starobinski, [1970]
Perspectiva de análisis cultural que se 1974; Lejeune, 1975), como eje de un "sistema" de géneros afines, por la con-
IJamO de este trabajo, como metodolngía frontación con otros paradigmas de la teoría y crítica literarias, que nos permi-
c:m:nta de los relatos de vida en ciencias tieran llegar a una definición más satisfactoria para nuestros objetivos. Ya alu-
dimos en el apartado anterior a la diferencia cualitativa que supone nuestra
concepción del espacio biográfico, respecto de la de Lejeune. Vamos a comple-
tar ahora ese trazado teórico, en lo que constituye la segunda operación con-
ceptual de nuestro trabajo.
r
el espacio biográfico ofrecen, según
no sólo sincrónica sino también 3.2. Articulaciones conceptuales
jaeenealógica que -sin pretensión de "esen-
"' devenir actual. Tal búsqueda conduce, de En el horizonte histórico del espacio biográfico, marcado por el gesto fundante
En efecto, es en el siglo XVIII, de Las confesiones de Rousseau, se dibuja tanto la silueta del gran hombre, cuya
¡.o y el orden burgués, cuando comienza a vida aparece inextricabletnente ligada al mundo y a su época --el ejemplo de
re ttavés de una constelación de formas de Goethe, según Weintraub--, como la voz autocentrada que dialoga con sus
t establecen precisamente el canon ( confe- contemporáneos (lectores, pares) y/o su posteridad en las autobiografías que
pos. memorias, correspondencias), y del sur- aparecen como "modelo" del género, pero también la errancia, el desdobla-
&ruda justamente como fiction. El retomo a miento, el desvío, la máscara, las de la identidad. Es esa diver-
y valores quizá reconocibles, no sólo sidad narrativa y no una supuesta homogeneidad genérica la que opera como
ca y sociológica (Aries/Duby, [1985] 1987; trasfondo de nuestro espacio que, en tanto se propone incursionar en terrenos
da también ecos de ancestros más remotos poco explorados, requerirá a su vez de nuevas "tecnologías".
llitín, (1975] 1978; Foucault, [1988] 1990), Así, nuestro enfoque incorpora de manera decisiva la teoría bajtiniana de
análisis crítico para mi trabajo: 1) las los géneros discursivos como agrupamientos marcados constitutivamente por
Peas clásicas en torno de las esferas de lo la heterogeneidad y sometidos a constante hibridación en el proceso de la
literaria, sobre las valencias particu- interdiscursividad social, y también la consideración del otro co1no figura de-

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1
28 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

terminante de toda interlocución. El dialogismo, como dinámica natural del que asume, en la reflexión cante
lenguaje, la cultura y la sociedad -que hasta autoriza a ver de esa manera el ranto posibilidad de afirmación de
trabajo mismo de la razón-, permite justamente aprehender la combinatoria para lo social, la búsqueda de
peculiar que cada una de las formas realiza. Por otra parte, la concepción comunidad y de democracia.
bajtiniana del sujeto habitado por la otredad del lenguaje, compatible con la Definido el espacio, me interesó
del psicoanálisis, habilita a leer, en la dinámica funcional de lo biográfico, en de alguno de sus registros. La ellecc:Kill
su insistencia y hasta en su saturación, la impronta de la falta, ese vacío cons- mediática en tanto devenir biográfico
titutivo del sujeto que convoca la necesidad de identificación, y que encuen- mente bajo tal "especialidad"-, fue
tra, según mi hipótesis, en el valor biográfico-otro de los conceptos bajtinianos- había analizado su configuración en
' en tanto orden narrativo y puesta en sentido de la (propia) vida, un anclaje se había perfilado la cualidad
siempre renovado. foca, es decir, su peculiar don de ·
Esta interpretación del paradigma bajtiniano en virtud de mi objeto de la mostración de la interioridad, la
estudio postula además la confluencia de dos del pensamiento del teóri- esas líneas profundicé ahora en los
co ruso, habitualmente no consideradas en simultáneo: la del dialogismo y la constituyendo un nuevo corpus,
de las formas literarias biográficas, 3 de córte más filosófico/existencial. Esta entrevistas a escritores.
sintonía, plenamente justificada a lo largo de mi trabajo, ha permitido alcan- Este anclaje en una forma m
zar conclusiones más matizadas. Institucional, públicos y audiencias,
También el aporte de Paul de Man (1984), en cuanto a la idea de un "mo- ros predominantes en algunos análisis
mento" autobiográfico -1nás que un "género"- como figura especular de la sión de lo privado en lo público,
lectura, susceptible de aparecer en cualquier texto, fue objeto de reelaboración, hacia una interpretación más ma ·
sobre todo para la aprehensión de esa deriva de motivos y momentos, esos -y contradictorio- proceso de re
desplazamientos retóricos, metonímicos, que tienden a lo biográfico sin Así, el espacio biográfico, tal como
tuirlo", dinámica nítidatnente perceptible en el horizonte mediático, y que la mito del yo" como exaltación naLtcioill
entrevista ha transformadu en procedimiento habitual. sin duda en muchas de sus formas-,
Mi dominio de interés integró asimismo otra vertiente de gran productivi- orden narrativo y orientación ética.
dad, la de la narrativa. En h1 senda mítica trazada por Barthes ([1966] 1974), bres, sentimientos y prácticas que es
sus ecos estructuralistas y "postn, efectué una lectura de Ricoeur (1983, 1984, Finalmente, el cuarto momento
1985, 1991) centrada en su analítica de la temporalidad, sobre todo en su vida en ciencias sociales, que
visión· del tiempo narrativo y de la función configurativa de la trama en el teóricos y trabajos de campo, en tm.
relato -de una vida-, para confrontar sus postulados en el funcionamiento del de la antropología a la sociología,
espacio biográfico, proponiendo a ini vez una confluencia con el paradigtna culturales. No se trataba entonces
bajtiniano al nivel de la ética. En la misma dirección, trabajé su concepto de bien de abordar críticamente al
identidad narrativa en relación con las diversas fonnas de asunción del yo y a las considerados -sobre todo en lo
posiciones identitarias construid<:ls en mi curpus de análisis, lo que supuso un en consonancia con nuestro propio
interesante campo de "prueba" y experimentación. Fue precisamente la apuesta la complementariedad de estos re
ética de la narrativa, llevada a un grado sumo ·en el registro biográfico, la que que se entraman en los medios y,
me permitió encontrar un nexo inteligible para dar cuenta de la 11 positividad" asimismo en c
mente son vistos como extraños
1
Nora Catelli ( I 991 ), por ejemplo, deja de lado explícita1nente el dialogismo, utilizando en pero que, mirados desde esta óptica.
su indagación sobre la autobiografía sólo el segundo aspecto mencionado.
tible incluso de ser aprovechada. en
INTRODUCCIÓN 29

que asume, en la reflexión contemporánea, la pluralidad de las narrativas -en


lillb"iza a ver de esa manera el tanto posibilidad de afir1nación de voces otras-, que abren nuevos espacios
aprehender la combinatoria para lo social, la búsqueda de valores compartidos y de nuevos sentidos de
re.. otra parte, la concepción comunidad y de democracia.
lenguaje, compatible con la Definido el espacio, me interesó abordar el funcionamiento en particular
funcional de lo biográfico, en de alguno de sus registros. La elección como objeto de estudio de la entrevista
ta de la falta, ese vacío cons- mediática en tanto devenir biográfico -pese a que no se la considere habitual-
cle identificación, y que encuen- mente bajo tal "especialidad"-, fue inspirada por un trabajo anterior, donde
•-ooro de los conceptos bajtinianos- había analizado su configuración en tanto género discursivo. En aquella etapa
•llilllo de la (propia) vida, un anclaje se había perfilado la cualidad (inter)subjetiva del género, su virtualidad biográ-
fica, es decir, su peculiar don de inducir, aun en camino hacia otros objetivos,
la mostración de la interioridad, la afectividad, la experiencia. Retomando
esas líneas profundicé ahora en los temas específicos que aquí se plantean,
constituyendo un nuevo corpus, que incluye un agrupamiento particular de
entrevistas a escritores.
Este anclaje en una forma mediática de tal relevancia en cuanto a prestigio
institucional, públicos y audiencias, me permitió a la vez desplazar ciertos acen-
(1984), en cuanto a la idea de un "mo- ros predominantes en algunos análisis sociológicos o mediáticos sobre la expan-·
ªgéllero"- como figura especular de la sión de lo privado en lo público, en términos de manipulación o seducción,
·er texto, fue objeto de reelaboración, hacia una interpretación más matizada, que hace pensar más bien en un complejo
1esa deriva de motivos y mon1entos 1 esos -y contradictorio- proceso de reconfiguración de la subjetividad contemporánea.
,.,.,.,. que tienden a lo biográfico sin "consti- Así, el espacio biográfico, tal como lo concebimos, no solamente alimentará "el
en el horizonte mediático, y que la mito del yo" como exaltación narcisística o voyeurismo -tonalidades presentes
habitual. sin duda en muchas de sus formas--, sino que operará, prioritariamente, como
liaismo otra vertiente de gran productivi- orden narrativo y orientación ética, en esa modelización de hábitos, costum-
,mítica trazada por Barthes ([1966) 1974), bres, sentimientos y prácticas que es constitutiva del orden social.
lectura de Ricoeur (1983, 1984, Finalmente, el cuarto momento de mi indagación re1nite a los relatos de
"'3 de la temporalidad, sobre todo en su vida en ciencias sociales, que cuentan con una larga tradición de estudios
Jfunción configurativa de la tranta en el teóricos y trabajos de campo, en un abanico disciplinar multifacético, que va
•sus postulados en el funcionamiento del de la antropología a la sociología, pasando por la historia oral y los estudios
-.i vez una confluencia con el paradig1na culturales. No se trataba entonces de construir un ºnuevo" objeto sino más
a misma dirección, trabajé su concepto de bien de abordar críticamente algunos problemas a menudo insuficientemente
15 diversas fonnas de asunción del yo y a las
considerados -sobre todo en lo que hace al tratamiento de la voz del otro-,
l:D mi corpus de análisis, lo que supuso un
en consonancia con nuestro propio recorrido conceptual. Así, hipotetizamos
aimentación. Fue precisamente la apuesta
la complementarieclad de estos relatos, en el plano del discurso social, con los
.,..lo SUmO én el registro biográfico, la que que se entraman en los medios y, por qué no, también en la literatura. Com-
para dar cuenta de la "positividad" plementariedaq. asimismo en cuanto a los usos de la entrevista, que habitual-
mente son vistos como extraños uno al otro (los mediáticos, los científicos)
lado explícitatnente el dialogismo, utilizando en pero que, mirados desde esta óptica, revelan una cierta índole común, suscep-
aspecto mencionado.
tible incluso de ser aprovechada, en sus múltiples recursos, en la investigación
30 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

académica. Consideramos relevante, por otra parte, en esta desacostumbrada En el segundo capítulo me
sintonía, incorporar en la perspectiva teórica de los llamados "enfoques bio- paradigmas clásicos en tomo de lo
gráficos" tanto la concepción bajtiniana del dialogismo y la otredad, como una Habermas, en virtud del peso que
teoría del sujeto que considere su carácter no esencial, su posicionamiento que me interesa en particular.
contingente y móvil en las diversas tramas donde su voz se hace significante. bos espacios, en articulación con la
El enfoque narrativo que hemos construido se revela igualmente apto para tomo del papel peculiar de las
este empeño. espacios.
En el último tramo de mi trabajo realizo el análisis de un corpus de entre- El capítulo tercero propone un
vistas biográficas, construido en el marco de una investigación bajo mi direc- va y la voz narrativa, para cul ·
ción. Más allá de lo que en su momento fueran los "resultados" de aquélla, en genéricas del espacio biográfico. B
términos de sus objetivos específicos (Arfuch, 1992c, 1996), ese corpus fue trucción biográfica que efectúa la
retomado aquí en sintonía con nuestro recorrido temático, teórico y metodo- del corpus construido. Trabajo
lógico. Tratándose de un corpus homogéneo, en cuanto a la problemática, los investimento temporal, espacial y
personajes y el cuestionario semidirectivo que sostenía la entrevista, me per- nizando así los diferentes motivos
mitió avanzar todavía un paso más hacia el análisis del discurso 1 en una experiencia personal en la entt<:vi. .
reelaboración personal a partir de la orientación marcada por la llamada "es- de modelización que operan de
cuela francesa". Se integraba aquí naturalmente -como en el análisis de las En el capítulo quinto me c:onsal!..
entrevistas mediáticas-, y además de los paradigmas ya explicitados, la tradi- vistas realizadas a escritores, como
ción antirrepresentacionalista, de Wittgenstein a Austin, sin olvidar a quienes crean, a su vez, vidas y
Benveniste, que e_nfatiza el carácter creador, transformador del lenguaje, las imaginación. Señalo así
implicancias de la acción lingüística. Así, en este cruce de perspectivas, la na, guración misma del campo de la
rración de una vida, lejos de venir a "representar" algo ya existente, impone su involucra a autores y lectores. La
[arma (y su sentido) a la vida misma. no por azar, un texto teórico sobn!
Mi lectura interpretativa de ambos corpus (entrevistas mediáticas y relatos En el capítulo sexto abordo tD
de vida en ciencias sociales) plantea entonces un salto cualitativo, "un paso biográficos en ciencias sociales.
más allá" de los enfoques contenidistas tradicionales. Pero lejos de servir sim, autorreflexivamente el trabajo con
plemente de ejemplos a la teoría, o de "casos" para una descripción, se trans, juego del lenguaje y de la trama
forman a su vez, en mi óptica, en espacios emblemáticos, tramas culturales de dad respecto de su "transparenciaª.
alta densidad significante, capaces de iluminar, aun en pequeña escala, un Finalmente, en el capítulo ' -
"paisaje de época". ficas en tomo de la
juego una metodología de análisis
tados, y que considero un aporte
4. Los capítulos lectura también va más allá de sí
desplazamiento identitario que se
Podemos sintetizar ahora las etapas de nuestro itinerario. El primer capítulo se aquí a relatos de la emigración.
inicia con un trazado genealógico, relevando los antecedentes históricos de las rácter migrante de toda identidad.
formas autógrafas devenidas "canónicas", para continuar luego con la presenta,
ción crítica de los paradigmas de la crítica literaria en torno de la autobiografía.
Desarrollo luego mi propia delimitación del espacio biográfico contemporáneo,
explicitando la concepción de sujeto que ·guiará mi indagación.

,__ ____________......
INTRODUCCIÓN 31

llt,.rte, en esta desacostumbrada En el segundo capítulo me detengo en la examinación crítica de dos


• los llamados "enfoques bio- paradigmas clásicos en tomo de lo público y lo privado, el de Arendt y el de
i!•ietsmo y la otredad, como una Habermas, en virtud del peso que ambos otorgan a esta última esfera, que es la
mD esencial, su posicionamiento que me interesa en particular. Planteo luego una visión no disociativa de am-
su voz se hace significante. bos espacios, en articulación con la "civilización tecnológica", para indagar en
se revela igualmente apto para torno del papel peculiar de las formas biográficas en la constitución de los
espacios.
el análisis de un corpus de entre- El capítulo tercero propone un recorrido conceptual en torno de la narrati-
de tma investigación bajo mi direc- va y la voz narrativa, para culminar con algunas distinciones entre formas
6.eran los "resultados" de aquélla, en genéricas del espacio biográfico. El cuarto está dedicado al estudio de la cons-
&i\ifuch, !992c, 1996), ese corpus fue trucción biográfica que efectúa la entrevista mediática, a través del análisis
n:conido temático, teórico y metodo- del corpus construido. Trabajo sobre la noción bajtiniana de cranotopo, como
•111ieneo, en cuanto a la problemática, los investimento temporal, espacial y afectivo que da sentido a la narración, orga-
que sostenía la entrevista, me per- nizando así los diferentes motivos en los que se plasma el relato del yo y de la
hacia el análisis del discurso, en una experiencia personal en la entrevista. Doy cuenta asimismo de ciertas lógicas
orientación marcada por la llamada "es- de modelización que operan de manera específica.
l..1111rralmente -como en el análisis de las En el capítulo quinto me consagro en particular a un (sub)corpus de entre-
loo paradigmas ya explicitados, la tradi- vistas realizadas a escritores, como caso paradigmático en cuanto a la voz de
Wittgenstein a Austin, sin olvidar a quienes crean, a su vez, vidas y obras en el trabajo, siempre misterioso, de la
creador, transformador del lenguaje, las imaginación. Señalo así algunos mecanismos específicos que hacen a la confi-
Así, en este cruce de perspectivas, la na- guración misma del campo de la lectura, en tanto horizonte de expectativa que
algo ya existente, impone su involucra a autores y lectores. La trama de la voces elegidas tejerá a su vez, y
no por azar, un texto teórico sobre la autobiografía.
lios corpus (entrevistas mediáticas y relatos En el capítulo sexto abordo un recorrido crítico en tomo de los enfoques
entonces un salto cualitativo, "un paso biográficos en ciencias sociales, enfatizando la necesidad de considerar
Pero lejos de servir sim- autortef!exivamente el trabajo con la voz del otro, sin descuido de la puesta en
"'casos" para una descripción, se trans- juego del lenguaje y de la trama narrativa, pero al mismo tiempo sin ingenui-
emblemáticos, tramas culturales de dad respecto de su "transparencia".
de iluminar, aun en pequeña escala, un Finalmente, en el capítulo séptimo, analizo el corpus de entrevistas biográ-
... ficas en tomo de la emigración, ya mencionado. El estudio de caso pone en
juego una metodología de análisis que conlleva los postulados teóricos explici-
tados, y que considero un aporte original. Sin embargo, este camino de la
llS capítulos lectura también va más allá de sí mismo, para dar cuenta, nítidamente, de ese
desplazamiento identitario que se produce en la narración vivencial, ligado
"1e nuestro itinerario. El primer capítulo se aquí a relatos de la emigración, pero que habla, paradigmáticamente, del ca-
mando los antecedentes históricos de las rácter de toda identidad.
jl::mª, para continuar luego con la presenta-
lritica literaria en torno de la autobiografía.
del espacio biográfico contemporáneo,
•que guiará mi indagación.

r
\
.
o
' 1 ', _) l
1. El espacio biográfico. Mapa del territorio

El primer explorador claro y en cieno grado


incluso teórico de la intimidad fue Jean-Jacques
Rousseau [... ]. Llegó a su descubrimiento a tra-
vés de una rebelión, no contra la opresión del
Estado, sino contra la insoportable perversión
del corazón humano por parte de la sociedad,
su intrusión en las zonas más íntimas del hom-
bre que hasta entonces no habían necesitado
especial protección. {... J El individuo moderno
y sus interminables conflictos, su habilidad para
encontrarse en la sociedad como en su propia
casa o para vivir por completo al margen de los
demás, su carácter siempre cambiante y el ra-
dical subjétivismo de su vida emotiva nacieron
de esta rebelión del corazón.
Hannah Arendt, La condición humana

La narración de la propia vida, como expresión de la interioridad y afirmación


del "sí mismo", parecería remitir tanto a ese carácter "universal" del relato que
postulara Roland Barthes ([1966] 1974) como a la "ilusión de eternidad" que,
según Philippe Lejeune (1975), acompaña toda objetivación de la experien-
cia. Sin embargo, la aparición de un "yo" como garante de una biografía es un
hecho que se remonta apenas a poco más de dos siglos, indisociable del afian-
zamiento del capitalismo y del mundo burgués. En efecto, es en el siglo XVIII-y
según cierto consenso, a partir de Las confesiones de Rousseau- cuando co-
mienza a delinearse nítidamente la especificidad de los géneros literarios
autobiográficos, en la tensión entre la indagación del mundo privado, a la luz
de la incipiente conciencia histórica moderna -vivida como inquietud de la
temporalidad-, y su relación con el nuevo espacio de lo social. 1 Así, confesio-

' Véase Philippe Ariés y Gemges Duby (comps.) Historia de la vida privada ([l 985] 1987), t. v,
siglos XVI al XV!ll, a cargo de Roger Chartier, especialmente su artículo "Prácticas de lo escrito" y los
de Orest Ranum, "Los refugios de la intimidad"; Madeleine Foisil, "La escritura del ámbito priva-
do"; Jean Marie Goulemot, "Las prácticas literarias o la publicidad de lo privado".

..
34 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

nes, autobiografías, memorias, diarios íntimos, correspondencias, trazarían, más co- que, sin pérdida de esi!"'"'ilill
allá de su valor literario intrínseco, un espacio de autorreflexión decisivo para ..

el afianzamiento del individualismo como uno de los rasgos típicos de Occi- son los que guían el presenre
dente.' Se esbozaba allí la sensibilidad propia.del mundo burgués, la vivencia de la escritura autobiográfict
de un "yo" sometido a la escisión dualista -público/privado, nos enfoques clásicos en
zón, cuerpo/espíritu, hombre/mujer- que necesitaba definir los nuevos tonos "sistema de géneros", para
de la afectividad, el decoro, los límites de lo permitido y lo prohibido y las que permita integrar cOD>P""'I
incumbencias de los sexos, que en el siglo XIX se afianzarían bajo el signo de la cultura, la diseminación
desigualdad, con la simbolización de lo femenino como consustancial al reino yor 0 menor intensidad, en la
doméstico.
Esta construcción narrativa de lo privado como esfera de la intimidad -con-
tracara de un espacio público que se afinnaba a su vez en la doble dimensión de
lo social y lo políticcr- fue mucho más allá de su configuración primigenia. Si
la naciente primera persona autobiográfica venía a atestiguar la coincidencia
feliz con una "vida real", su expansión hacia otros registros y su desdoblamien-
to en múltiples voces e imágenes de valor "testifical" (Geertz, [1987) 1989:
83 )3 no ha cesado jamás: aquellos géneros literarios, instituídos ya como prác-
ticas obligadas de distinción y autocreación -vidas filosóficas, literarias, polí-
ticas, intelectuales, científicas, artísticas ... - y, consecuentemente, como testi-
monios invalorables de época, cuyo espectro se ampliaría luego en virtud de la
curiosidad científica por las vidas comunes, se despliegan hoy en cantidad de
variantes literarias y mediáticas; coexisten con formas autoficcionales, con los
ya clásicos relatos de vida de las ciencias sociales, con una especie de obsesión
generalizada en la escritura, las artes plásticas, el cine, el teatro y el audiovisual 1
hacia la expresión más inmediata de lo vivido, lo auténtico, lo testimonial.
El avance incontenible de la mediatización ha ofrecido sin duda un escena-
rio privilegiado para la afirmación de esta tendencia, aportando a una comple-
ja trama de intersubjetividades, donde la sobreimpresión de lo privado en lo
público, desde el gossip -y más recientemente el reality show- a la política,
excede todo límite de visibilidad.
¿Podría considerarse este fenómeno como una reconfiguración de la subje-
tividad contemporánea, en sintonía con aquel momento de inflexión que mar-
cara el surgimiento de los géneros autobiográficos? ;Es plausible postular un
espacio común de intelección de estas narrativas diversas -el espacio
1
Véase al respecto I:aur.obiographie et l'indivuali.sme en Occident, Décade du Colloque de Cérissy,
10/ZO julio de 1979.
3
Toinamos la acepción en el juego fonético que hace Clifford Geercz sobre una expresión de
Malinowski (! Witnessing/ E:ye-Wlblessing), que refuerza la idea de "testigo ocular", que resultará
sumamente pertinente, como veremos, para la consideración del espacio biográfico en nuestra
cultura visual/televisiva.
EL ESPACIO BIOORÁFICO. MAPA DEL TERRITORIO 35

co- que 1 sin pérdida de espeCificidades, sea capaz de dar cuenta de desplaza-
mientos, semejanzas, mutaciones de formas y de significados? Estos interrogantes
son los que guían el presente capítulo, donde, a partir de una breve genealogía
de la escritura autobiográfica de la modernidad, presentaré críticamente algu-
nos enfoques clásicos en torno la autobiografía como eje hipotético de un
usistema de géneros", para plantear, por último, una nueva perspectiva teórica
que permita integrar comprensivamente, en el horizonte más amplio de la
cultura, la diseminación actual de géneros discursivos que focalizan, con ma-
yor o menor intensidad, en la narrativa vivencial.

Pero ¿cómo definir esta narrativa? Si bien el término "vivencia" y sus formas
derivadas están incorporados con toda naturalidad al uso corriente, nos pare-
ce pertinente remitir aquí al análisis que realizara Hans-Georg Gadamer, en
una línea hermenéutico-fenomenológica, por cuanto sus distinciones concep-
en- tuales aportan en buena medida a nuestro tema. El autor señala que el uso
1989: frecuente del término "vivencia" en el ámbito alemán (Erlebnis) recién se da
en los años setenta del siglo XIX, precisamente como un eco de su empleo en la
literarura biográfica. Su término de base (Erleben) ya era utilizado en tiempos
de Goethe, con un doble inatiz, el de "comprensión inmediata de algo real, en
oposición a aquello de lo que se cree saber algo, pero a lo que le falca la garantía
de una vivencia propia" y el de "designar el contenido permanente de lo que ha
sido vivido". Es justamente esa vertiente la que habría motivado la uti-
lización de Erlebnis, en primera instancia en la literatura biográfica. Dilthey
retoma esta palabra en un artículo sobre Goethe -quien había reconocido que
toda su obra poética tenía el carácter de una confesión-, y en el empleo filosó-
omescena- fico que hace de ella no sólo aparecen ambas vertientes -la vivencia y su resul-
•-cumple- tado-, sino que adquiere además un estatuto epistemológico, por cuanto pasa
pmradoen lo a designar también l.a unidad mínima de significado que se hace evidente a la
a la polírica, conciencia, en reemplazo de la noción kantiana de "sensación". La vivencia,
pensada entonces como unidad de una totalidad de sentido donde interviene
-ifieuraci-•Ón de la subje- una dimensión intencional, es algo que se destaca del flujo de lo que desqparece
•mllDde inflexión que mar- en la corriente de la vida. "Lo vivido es siempre vivido por uno mismo, y fortna
#S plausible posrular un parte de su significado el que pertenezca a la unidad de este 'uno mismo'. [... ]
oli - --d espacio biográfi- La reflexión autobiográfica o biográfica en la que se determina su contenido
significativo queda fundida en el conjunto del movimiento total al que acom-
paña sin interrupción." Analizando este doble movimiento, Gadamer distin-
gue "algo más que pide ser reconocido [... ]: su referencia interna a la vida".
Pero esa referencia no es una relación entre lo general y lo particular, la uni-
dad de sentido que es la vivencia "se encuent.Ta en una relación inmediata con el
todo, con la totalidad de la vida". Gadamer remite aquí a Simmel, cuyo uso
36 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

frecuente de Erlebnis lo hacen en buena medida "responsable de su conversión


dad, sino también el áJ'.....,I
en palabra de moda", para enfatizar ese "estar volcada la vida hacia algo que
ba, el estudio, la bibli<.11a:at
va más allá de sí misma". Concepción trascendente que Gadamer sintetiza
Son estas prácticas ele
con palabras de Schleiermacher: "cada vivencia es 'un momento de la vida
géneros contemporáneos.,
infinita"'. Si la vivencia está "entresacada" de la continuidad de la vida y al
descubrimiento de tm
mismo tiempo se refiere al todo de ésta, la vivencia estética, por su impacto
ro del secreto-, la lectum
peculiar en esa totalidad, 11 representa la forma esencial de la vivencia en general".
remedo de la oralidad, las
(Gadamer, (1975] 1977: 96-107; los destacados son míos). Este más allá de sí
historiadores o críticos
misma de cada vida en particular es quizá lo que percute, como inquietud
subjetividad. En un abGmiEll
existencial, en las narrativas autobiográficas.
existen las memorias
protagonismo en ac:oo1tn<:illl
pieza a despuntar la p11apii11
1. Genealogías raison). empecinados aadcll
devienen en una nanaci<Ílli
Si ubicamos en una dimensión histórica la conformación del espacio de la
confesionales, que no sólo
interioridad, quizá debamos retrotraernos, con Norbert Elías ((1939] 1977-
dad sino que empiezan a
1979), a ese momento fundacional del "proceso de civilización" en el cual el
sitos lentos, abigarrados.
Estado absolutista comienza a afirmarse en el intento de pacificación del
Chartier, que, de un
social, relegando las expresiones violentas y pulsionales a Otro ámbi-
profano, tendrían tma
to, por la imposición de códigos de comportamiento coercitivos que, a partir
nario de la modernidad..'
de la corte, serían asu1nidos por las demás capas sociales. Es esa imposición
Del lado de lo sagrado,
la que funda la esfera de lo privado como "una manera nueva de estar en
Agustín (c. 397) dejaba
sociedad, caracterizada por el control más severo de las pulsiones, el do1ni-
yo, aun cuando su preocuillllll
nio más firme de las e1nociones y la extensión de la frontera del pudor"
que la virtud piadosa de la
(Chartier (1985] 1987: 22). En esta nueva "economía psíquica", las mutacio-
la conversión, pese a la
nes del Estado transformarían a su vez radicalmente las estructt..--ras de la
propia idea de 11 subjeti ·
personalidad.
Desde esta óptica es relevante el análisis de prácticas y escrituras, tanto de
esa "literatura de civilidad'\ pieza fundamental en el magno estudio de Elías
-tratados, códigos, manuales de etiqueta, consejos y máximas, proverbios, sen- que habían podido encerranc en
tencias, fábulas, pero también representaciones del rostro, el cuerpo y la te tiempo" (Aries, {198511987:
6 Charles Taylor señala la ·
gestualidad- como de la literatura autógrafa, donde se articulaba, con propósi-
tos diversos, la relación incipiente entre lectura, escritura y conocimiento de
sí. 4 Prácticas que, alentadas por la alfabetización y las nuevas formas de reli-
giosidad, diseñaban no sólo el espacio interior del pensamiento y la afectivi-
4
Michel Foucault, en Tecnologías del yo ([1988] l 990), analiza las prácticas de escritura en la
antigüedad tendientes al "cuidado de sí", considerando la obra autobiográfica de Marco Aurelio,
las cartas de Séneca y las Confesiones de San Agustín como etapas en ese camino de reconoci-
miento interior que iba a adquirir otra tonalidad con la confesión cristiana y el arrepentimiento, estos géneros en su época: las
y 4ue llevaría paulatina1nence, en la 1nodernidad, al primado del "conocimiento de sí''. participaron en los asuntos o
acciones"; el Livre de rai5on 1:s d
EL ESPACIO BIOGRÁFICO. MAPA DEL TERRITORIO 37

dad, sino también el ámbito físico de la vivienda apto para cobijarlas: la


ba, el estudio, la biblioteca.
Son estas prácticas de escritura a1itógrafa, lejanos ancestros de nuestros
géneros contemporáneos, las que nos interesan en particular. Surgidas en el
descubrimiento de un estado hasta entonces inhabitual, la soledad5
ro del secreto-, la lectura silenciosa, la meditación, a veces tan sólo como un
remedo de la oralidad, las anotaciones que Subsisten para la mirada de etnólogos,
historiadores o críticos literarios testimonian una especie de infancia de la
subjetividad:-En un abanico heterogéneo, sin umbrales demasiado nítidos,
existen las memorias clásicas de personajes púbHcos centradas en su
protagonismo en acontecimientos de importancia, con memorias donde
pieza a despuntar la propia personalidad, con los "libros de razón" ( livres de
raison), empecinados cuadernos de cuentas o registros de tareas, que de pronto
devienen en una narración sobre la vida cotidiana, con los diarios íntimos
confesionales, que no sólo registran acontecimientos de la fe o de la
dad sino que empiezan a dar cuenta del mundo afectivo de sus autores. 6
sitos lentos, abigarrados, "mescolanza de prácticas'', según la expresión de
Chartier, que, de un extremo al otro del arco vivencial, de lo sagrado a lo
profano, tendrían una relevancia insospechada en la construcción del
nario de la modernidad. 7
Del lado de lo sagrado, la persistencia del modelo de las Confesiones de San
Agustín (c. 397) dejaba sentada su precedencia en cuanto al hallazgo de un
yo, aun cuando su preocupación fuera menos la singularidad de la vida terrena
que la virtud piadosa de la comunidad. Pese al énfasis otorgado al trayecto de
la conversión, pese a la ajenidad que reviste en su propio tiempo histórico la
propia idea de "subjetividad", aun hoy este modelo sigue constituyendo, para
0
Sobre la "invención" de la privacidad, escribe Aries: "hasta finales del siglo XVII nadie
estaba a solas. La densidad social impedía el aislamiento y se hablaba con encomio de aquellos
que habían podido encerrarse en una habitación caliente o en una sala de trabajo durante
te tiempo" (Acié>, [1985] 1987' 527, citado en Tayloc, [1989] 19% 309).
6
Charles Taylor señala la importancia de la autoexploración como parte de la disciplina
lmllllla. con propósi-
confesional tanto católica como protestante, que diera origen a la práctica del diario íntimo. El
J conocimiento de autot incluye al respecto una cita de L. Stone: "'Desde el siglo XVII en adelante, explotan sobre el
.,.,,,,.,. formas de reli- papel un torrente de palabras acerca de los pensamientos y sentimientos íntimos escritos por un
Ílli-ni<nto y la afectivi- ingente número de ingleses sumamente corrientes, hombres y mujeres, la mayoría de ellos de una
acrecentada orientación laica'[ ... ] la cultura protestante de introspección se seculariza en fonna
de autobiografía confesional" (Taylor, [1989] 1996: 200. La cica de Stone es de Family, sex and
marriaga in England, 1500,JBOO, Londres, Weidenfeld, 1977: 228).
7
aa ese camino de M. Foisil ([1985] 1987: 322) remite al Diccionario de Furetiere de 1690 para la definición de
ai5tlana y el arrepentimiento, estos géneros en su época: las memorias, aluden a los libros de historiadores escritos "por quienes
•conocimiento de sí''. participaron en los asuntos o fueron sus testigos oculares o ljUe contienen su vida y sus principales
acciones"; el Livre de raison es el libro del "buen ad1ninistrador o co1nerciante" donde éste anota

)1t
38 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

algunos autores, el paradigma de toda historia autobiográfica. 8 J. Sturrock (1993: época, este personaje aa
20) señala al respecto que las Confesiones "no sólo registran, con una de Londres, produce ...
dinaria coherencia la conversión, [... ] sino que, al hacerlo, también efectúan piados prácticamente
una" (el destacado es mío) ejemplificando así el giro obligado que toda narra- bres, viajes, inclinacjonrg
tiva, como proceso temporal esencialmente transformador, impone a su
ria: contar la historia de una vida es dar vi.da a esa historia. Es interesante la
observación de esta cualidad pragmática de la escritura, por cuanto es sobre
desw Más allá del .ia-.41
celos de las que nos
público sino atesoradas -
sq-·
esta huella que se afirmará el diario íntimo como acto privado de confesión o invención inglesa, 11 no
autoexamen -y también, podríamos agregar, algunas modulaciones de la do parece dar aquí teil:D-4
riencia mística tendientes a la "salvación". 9 A través de estas prácticas se iría "economía psíquica", 'flR
afirmando la espiritualidad de lo que hoy aludimos como "vida interior". show o alimenta eS<:áEdoiW
Del lado de lo profano, el diario de Samuel Pepys (1660-1690) constituye placientes.
asimismo en su género un ejemplo singular. En avance considerable para su El siglo XVII también

"para darse razón a sí mismo de todos sus negocios". La autora enfatiza la diferencia entre estas
memorias (que remiten a empresas políticas, diplotnáticas, militares, y por ende, a la vida pública)
y la autobiografía o las memorias aurobiográf1cas, que se desarrollarán posteriormente.
8 En las Confesiones (c. 397 [1970] 1991), típico relato de conversión, la narración de la vida

se orienta al argumento y la demostración de la verdad divina frente a la duda, la ambigüedad y


las cambiantes impresiones de la vida humana. En este sentido,/su "hibridez", si pudiera usarse
esta expresión, deriva del énfasis en descubrir aquello común a todos, de constituirse más bien en
una suerte de "autobiografía de todo cristiano" (E. de Mijolla, 1994). Sin embargo, tanto esta
autora como J. Sturrock, consideran que, pese a la distancia histórica e historiográfica que separa
a las Confesiones de las formas modernas, es un antecedente innegable del género y, consecuente-
mente, en sus obras respectivas -que presentan estudios sobre autobiografías-, dedican a San
Agustín un obligado capítulo primero. (Su persistencia retórica es innegable, por ejemplo, en el
modelo rousseauniano.)
9 Un siglo antes de las famosas Confessions de Rousseau, una experiencia mística, también

célebre, expresaría, a partir del modelo agustiniano, la paulatina transición hacia una percepción
diferente de lo íntimo, precisamente en el relato de esa doble violencia del cuerpo y el espíritu dentes en la trama
que es la posesión. La narración de Sor Juana de los Ángeles, superiora del Convento de las intimidades contempaGÍlld
Ursulinas de Loudun, datada en 1644, constituye un ejemplo singular, en tanto la escritura le
habría sido recomendada justamente como "cura", ejercicio de autocontrol, captura en el discur- 10
"Cuando llegué a casa
so de ese yo extraviado en "fuerzas oscuras". Véase He:rmana Jeanne des Anges, Autobiographie, pavorosa ira. Me llamó ceo b
1644, [1886] 1990, que incluye el artículo de Michel de Certeau ([1966] 1990), "Jeanne des ble. Por último, no pudo co--1
Anges". El texto, reescrito en parte en el siglo XVIII, fue establecido por primera vez por dos cama, descorrió mi cortina y.
discípulos de J. M. Charcot, quien, en el prólogo a la edición publicada en la colección "Biblioteque levanté con espanto y lasdejósilt
Diabolique" ( 1886), lo señala como un invalorable aporte al estudio de la histeria. En su artículo, Cambridge, citado por M. Fuilil.,
De Certeau, quien lo lee en claVe místico/psicoanalítica, destaca en él justamente una especie de 11
El diario privado, como
desdoblamiento que podríamos llamar típicamente "moderno": "el lugar exorbitado del 'yo' (o desde fmes del siglo XVI en
del 'yo me') que hace simultáneamente del 'yo' (moi) el sujeto y el objeto de la acción" (p. 333) cierto mcx:lo, su lugar fue
(la traducción es mía, así como las sucesivas que remiten a textos citados en otros idiomas). expresión de los afectos.. r,¡.,¡,¡¡...
También Ch.Taylor alude al fenómeno de la "locura europea por la brujería", que va del siglo YN conocimiento de las activilbh
al XVII, como un lugar donde se plantea el choque entre dos identidades, la del mundo mágico, en el medio francés es el Dimi9
regido por un "lagos óntico" y la de un sujeto autodefinido, con un nuevo sentido del yo y de la vida doméstica y comunal de-
libertad (Taylor, 19% 208). lidad, etc. (Cf. M. Foistl, 1191151
1

1
ELESPACIOBIOGRÁACO.MAPADEL TERRITORIO 39

(1993:
1 época, este personaje en la treintena, empleado midd1e class del Almirantazgo
de Londres, produce un diario íntimo y autobiográfico donde están contem-
plados prácticamente todos los registros de lo cotidiano: gustos, usos, costum-
bres, viajes, inclinaciones amorosas, intimidad conyugal y relato de infidelida-
des. IO Más allá del deslumbramiento etnológico, esas escenas de amor y de
celos de las que nos separan más de tres siglos, escritas no para ser leídas en
público sino atesoradas en ese espacio de la privacy que se considera casi una
invención inglesa, 11 no dejan de inspirar cierta afección. El tiempo transcurri-
do parece dar aquí testimonio de esa espiral ininterrumpida y ascendente de la
"economía psíquica", que lleva hoy la intimidad del lecho al ruedo del talk
show o alimenta escándalos mediáticos, ante ojos tan entrenados como com-
placientes.
para su El siglo XVII también fue pródigo en la narración de vidas ilustres desde la
óptica cercana, y a veces obsesiva, de un testigo privilegiado. El Diario de
Héroard (1602-1629), médico de Luis XIII, que acompañara durante 27 años,
día por día, la vida del príncipe, es otro raro ejemplo conservado de este tipo
de narración. La descripción de la vida de un otro que es a la vez la razón de la
propia vida cobra aquí una dimensión particular, inaugurando quizá esa
ción que alentara, desde entonces, a tantas generaciones de biógrafos. Pero
hay aun otra mirada sobre vidas ajenas que parece dejar aquí una marca
primigenia, las "historias secretas", que pretenden explicar los grandes acon;
tecimientos (guerras, revoluciones, alianzas) por una cara oculta, y por ende,
más verdadera: pasiones, celos, deseos irrefrenables, decisiones de alcoba,
motivaciones que escapan a las causalidades públicas o públicamente invoca-
das. La Historia secreta de María de Borgoña ( 1694) o de Enrique IV de Castilla
• -.percepción (1695) o El señor d'Aubigny (1698) podrían quizá considerarse como antece-
_ _ _ ,el espíritu
dentes en la trama genealógica de tantas biografías "no autorizadas" que develan
Coow:nto de las
_ _., b e;critura le intimidades contemporáneas ya ni tan secretas ni tan trascendentes.
10
"Cuando llegué a casa[... ] mi mujer estaba tendida en su cama con un nuevo ataque de
pavorosa ira. Me llamó con los nombres más ulcrajantes y se puso a injuriarme de manera horri-
ble. Por último, no pudo contenerse de golpearme y de tirarme del cabello [... ] Se acercó a la
cama, descorrió mi cortina y, armada de tenazas al rojo vivo, parecía que querla asirme, me
levanté con espanco y las dejó sin discutff." (Diary Manuscripr de Samuel Pepys, Madgalene College,
Cambridge, citado por M. Foisil, [1985119870 354-355).
11
El diario privado, como relato de los sucesos de la vida cotidiana, estaba muy generalizado
desde fines del siglo XVI en Inglaterra, y, a diferencia del francés, mucho menos frecueñte {en
cierto modo, su lugar fue ocupado por los LM-es de raison), es menos pudoroso en cuanto a la
expresión de los afectos. También los diarios femeninos son numerosos, lo cual permite un mayor
conocimiento de las actividades de las mujeres inglesas. Un caso singular de este tipo de escritura
en el medio francés es el Diario de Gilles de GoubenñUe, (1553-1563 ), detallada descripción de la
vida doméstica y comunal de un medio rural, los tránsitos y peregrinajes, los hábiros de hospita-
lidad, etc. (Cf. M. Foisil, [1985) I987o 344 -350).
40 EL ESPACIO BIOGRÁF!CC. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPOMNEA

Si la diversidad de fuentes y archivos y el carácter privado de muchos de mela de Richardson (1


estos documentos hacen sumamente difícil su estudio y aún, el establecimien- modelo de cartas, temlillllll
to de repertorios, las huellas que emergen aquí y allí permiten reconstruir una Esta obra, que 3'"tíciiplll
trama de intelección para el análisis de la producción literaria del siglo XVIII, gráfica, y cuyo éxito him
que iría afianzando su "efecto de verdad" tanto con la aparición de un sujeto de la subjetividad bmgm...
"real" como garante del "yo" que se enuncia, como con la apropiación de la mente los intercambim
primera persona en aquellas formas identificadas como fiction, que darían ori-
gen a la novela moderna. "La realidad como ilusión creada por el nuevo géne-
ro -escribe Habermas en su estudio sobre la opinión pública burguesa ([1962] entre autor, obra y ...
[1990] !994: 87)-, tiene en inglés el nombre de fíction: con ello se la despoja de íntimas" entre personas ·
su calidad de meramente fingida. Por vez primera consigue crear la novela bur- ende, en el autoconocillllÍlll
guesa aquel estilo de realismo que autoriza a todo el mundo a penetrar en la Comenzaba así a
acción literaria como sustitutivo de la propia acción." inquietante: el esbozo
Habermas otorga suma importancia al despliegue de la subjetividad que tuírse, de su publicidad,
se expresaba en las diversas formas literarias (libros, periódicos, semanarios como simple espectadcx
morales, cartas, disertaciones, etc.), donde los lectores encontraban un nue- ras de la subjetividad y dd
vo y apasionante tema de ilustración: no ya la fabulación en torno de perso- impresión de inmediau2.
najes míticos o imaginarios sino la representación de sí mismos en las cos- experimentados, con la
tumbres cotidianas y el diseño de una moralidad menos ligada a lo teologal.
La esfera de lo íntimo privado comienza así a delinearse en cierta autonomía
respecto de la familia y de la actividad económica ligada a ella, dando lugar
a otro tipo de relaciones entre l_as personas. A tal punto es significativo este
giro, que el siglo XVIII puede ser' definido, según el autor, como "un siglo de
intercambio epistolar": "escribiendo cartas -la carta como desahogo del co-
razón, estampa fiel o 'visita del alma'- se robustece el individuo en su subje-
tividad)}. Cartas entre amigos, para ser publicadas en los periódicos, cartas
de lectores, cartas literarias, el carácter dialogal adquiere un peso determi-
nante, por cuanto toda autoobservación parecía requerir de una conexión
"en parte curiosa, en parte empática, con las conmociones anímicas del otro
Yo. El diario se convierte en una carta destinada al remitente; la narración
en primera persona, en monólogo destinado al receptor ajeno ... " (Habermas,
[1962] 1990, 1994: 86).
En la novela se despliegan asimismo una serie de procedimientos retóricos
de autentificación que van de los "manuscritos hallados" -el Robinson Crusoe de lectura cambió en un púW.ico
Defoe- a las "cartas verdaderas" -La nueva Heloísa, de Rousseau, La campesina que muchos escritores pRpm-4
pervertida, de Rétif de la Bretonne, Las relaciones peligrosas, de Choderlos de surgimiento del espíritu roo-•I
Lacios-. En el caso de la forma epistolar, es quizá el carácter íntimo de la totalmente que la literatura
raban, se casaban y criabm a
correspondencia y su supuesta "veracidad" -el no haber sido escritas para una fueron los primeros en =mim4
novela-, pregonada por los respectivos autores, lo que logra despertar en su Rousseau mostró la mfhnK:i.
momento el mayor interés. El más temprano antecedente fue sin duda la Pa- (Damrnn, 11984] 1987015>
mMPOIRÁNEA EL ESPACIO BIOGRÁFICO. MAPA DEL TERRITORIO 41

mela de Richardson ( 1740), un verdadero best-seller que, en la búsqueda de un


modelo de cartas, terminaría dando impulso a un nuevo género. 12
Esta obra, que anticipaba la clásica novela psicológica en forma autobio-
gráfica, y cuyo éxito hizo de ella, según Habermas, un hito en la constitución
de la subjetividad burguesa, florecía en el "humus" que había marcado fuerte-
mente los intercambios de las esferas pública y privada. Lo que se estaba pro-
duciendo en este tipo de escritura -que capitalizaba tanto la práctica del dia-
rio íntimo como la forma epistolar- era un cambio sustancial en las relaciones
entre autor, obra y público, 11 que adquirían así un carácter de "interrelaciones
íntimas" entre personas interesadas en el conocimiento de "lo humano" y, por
ende, en el autoconocimiento.
Comenzaba así a definirse el círculo cuya paradoja no ha dejado de ser
inquietante: el esbozo mismo de la esfera de lo privado requería, para
tuírse, de su publicidad, es decir, de la inclusión del otro en el relato, no ya
como simple espectador sino como copartícipe, involucrado en parejas
ras de la subjetividad y del secreto. Los relatos epistolares en particular, con su
impresión de intnediatez, de transcripción casi simultánea de los sentimientos
experimentados, con la frescura de lo cotidiano y el detalle significante del
proponían un lector llevado a mirar por el ojo de la cerradura con la
c:iena autonomía impunidad de una lectura solitaria. Ficción de abolición de la intermediación,
a dla, dando lugar de la posibilidad de un lenguaje desprovisto de ornamentos, asentado en el
ea significativo este prestigio de lo impreso pero como supliendo la ausencia de la voz viva, todavía
aano "un siglo de determinante en la época, que en realidad suponía una mayor astucia formal
desahogo del co- 12 Paul Ricoeur alude a los procedimientos de verosimilitud, que tuvieron en la novela ingle-
••ridoo en su subje- sa del siglo xvm un interesante espacio de experünentación, señalando que mientras el Robinson
periódicos, cartas Crusoe recurría a la pseudo-autobiografía por imitación de las innumerables formas del relato
1m peso determi- autorreferencial de la época, con influencia de la disciplina calvinista del examen diario de con-
de una conexión ciencia, Richardson perfeccionaba, en el trayecto de Pamela a Clari5sa, la multiplicación de las
voces para dibujar más fielmente la experiencia privada: en esta última se entrecruzan dos inter-
anímicas del otro
cambios de cartas, las de la heroína y su confidente y las del héroe y el suyo. Se alternan así la
••ill'81te; la narración visión femenina y la masculina en el marco de la supuesta veracidad epistolar (Ricoeur, 1984: t.
'11jalo ... " (Habermas, 11, 24).
13 Robert Darnton analiza este fenómeno a través de un archivo de cartas de un lector de

Rousseau, encontrado en la Biblioteca de Neuchatel: "Algo sucedió en la manera como los lecto-
res reaccionaron ante los textos a frnes del siglo XVlll [ .•• ] puede afirmarse que la calidad de la
lectura cambió en un público amplio pero inconmensurable a fines del Antiguo Régimen. Aun-
que muchos escritores prepararon el camino para este cambio, yo se lo atribuiría básicamente al
surgimiento del espíritu rousseauniano. Rousseau enseñó a sus lectores a 'digerir' los libros tan
totalmente que la literatura llegó a absorberse en la vida. Los lectores rousseaunianos se enamo-
raban, se casaban y criaban a sus hijos impregnándose en las letras impresas. Desde luego, no
fueron los primeros en reaccionar dramáticamente ante los libros. La misma manera de leer de
Rousseau mostró la influencia de la intensa religiosidad personal de su herencia calvinista"
(Damton, [1984] 1987, 253-254).
+2 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

del relato. La literatura se presentaba así como una violación de lo privado, y enemigos.") trazaban c:xm
lo privado servía de garantía precisamente porque se hacía público. "El lector biográfico moderno. •s
-afirma Goulemot- no es víctima de un engaño, como mucho, cómplice. La Rousseau ponía así IB
violación del espacio privado hace que el lector sepa siempre más que cada to del "yo contra los
uno de los protagonistas que se confían en sus cartas. Ésta es la paradoja que proceso civilizatorio: •es
hace que el secreto del espacio privado sólo resulte eficaz cuando deja de ser a un grado muy alto de
secreto" (Goulemot, [1985] 1987: 396)." Esa visibilidad de lo privado, como bidones [... ]y que están
requisito obligado de educación sentimental, que inauguraba a un tiempo el instintivas y de deseos ea
ojo voyeurístico y la modelización --el aprender a vivir a través de los relatos del 'mundo exterior"•
wás que por'la "propia" experiencia-, aparece como uno de los registros funcional" de control-de
ritarios en la escena-contemporánea, si bien ya casí no es necesario atisbar por por la vía de la im1po5icii&I
el ojo de la cerradura: la pantalla global ha ampliado de tal manera nuestro entre individuo y socieilaill
punto de observación que es posible encontrarnos, en prímera fila y en yo -la conciencia de si--
po real" ante el desnudamiento de cualquier secreto. Pero además, la retórica busca ya, al hacerlo, la •
de la autentificación, de borramiento de las marcas ficcionales, también pare- quienes comparte el
ce haberse desplegado de manera incansable a través de los siglos, prometien- Más allá de sus
do una distancia siempre menor del acontecimiento: no se tratará ya sólo de modelo agustiniano, dd
vidas "en directo", sino también de muertes. narración de su ese
de infancia, en su placa
detalles de su ex:peiria>áoil
1.1. El origen hipotético: Las confesúm.es de Rousseau proliferación de interpn:lt
temporáneos, una inu..,lil
Fue precisamente una narración exacerbada de la intimidad -esa "rebelión nuestro tema. En efecto.
del corazón", al decir de Hannah Arendt-, la que franqueó definitivamente plicidad admirativa de
el umbral entre lo público y lo privado desde el lugar explfcito de una auto- sada en una nueva ret:óriil;t
exploración: Las confesiones de Rousseau, donde el relato de la propia vida y ante una obra !ir.eraria,
la revelación del secreto personal operan como reacción contra el avance lo ya conocido. 17 En esa
inquietante de lo público/social, en términos de una opresiva normatividad
de las conductas. El surgimiento de esa voz autorreferencial ( 11Yo, solo 11 ) , su
"primeridad" ("Acometo una empresa que jamás tuvo ejemplo"), la promesa_
de una fidelidad absoluta ("Quiero mostrar a mis semejantes un hombre en
toda la Verdad de la naturaleza, y ese hombre seré yo"), y la percepción
acendrada de un otro como destinatario, cuya adhesión es incierta ("Quien-
quiera que séais ... Os conjuro ... a no escamotear al honor de mi memoria, el
único monumento seguro de mi carácter que no ha sido desfigurado pór mis

-t El autor confronta la doble atestación de Las relaciones peligrosas de lacios, para dar cuenta
1

de esta paradoja: el "prefacio del redactor" que afirma la autenticidad de las cartas y la "adverten-
cia del edicorn que subraya su carácter riovelesco: "No garantizamos la autenticidad de esta reco-
pilación [...] tenemos poderosas razones para pensar que es sólo una novela" (Goulemot, [1985}
I987, 396).
-Ml'CJRÁNEA EL ESPACIO BIOGRÁFICO. MAPA DEL TERRITORIO 43

enemigos.") trazaban con vehemencia la topografía inicial del espacio auto-


biográfico moderno. 15
Rousseau ponía así en escena, de modo emblemático, aquel enfrentamien-
to del "yo contra los otros" que para Elías constituye una fase peculiar del
proceso civilizatorio: "es la conciencia de sí de seres que su sociedad ha forzado
a un grado muy alto de reserva, de control de las reacciones afectivas, de inhi-
biciones[ ... ] y que están habituados a relegar una multitud de manifestaciones
instintivas y de deseos en los enclaves de la intimidad, al abrigo de las miradas
del 'mundo exterior"' (Elías, 1997: 65 ). Proceso que se afirma con una "trilogía
funcional" de control -de la naturaleza, de la sociedad, del individuo-, donde,
por la vía de la imposición de las costumbres, se acentúa la escisión dualista
• - " ' JUJestro entre individuo y sociedad. Pero este proceso es en sí mismo contradictorio: el
yen ªtiem- yo -la conciencia de sí- que se enuncia desde una absoluta particularidad,
la retórica busca ya, al hacerlo, la réplica y la identificación con los otros, aquellos con
quienes comparte el habitus social1 6 -etnia, clan 1 parentela, nacionalidad-.
Más allá de sus declamaciones retóricas, de la invocación a Dios bajo el
modelo agustiniano, del énfasis en cuanto a la sinceridad y exactitud de la
narración de su vida, ese yo profundo del filósofo que se expresaba en el relato
de infancia, en su placer por la famosa fessée de Mme. de Warens y en otros
detalles de su experiencia amorosa -que dieron lugar en nuestro siglo a una
eau proliferación de interpretaciones psicoanalíticas-, produciría, entre sus con-
temporáneos, una impresión distinta de la esperada, que no es irrelevante para
nuestro tema. En efecto, mientras que Rousseau pretendía despertar la com-
plicidad admirativa de sus lectores u oyentes por el don de su sinceridad expre-
sada en una nueva retórica de lo íntimo, éstos reaccionaron, en general, como
ante una obra literaria, cuyos procedimientos no eran demasiado diferentes de
lo y3.. conocido. 17 En esa tensión entre secreto y revelación -revelación que

15 En el prefacio a Les confessions (1766, t. I, {1959] 1973: 32-33), J. B. Pontalis señala la

fuerza performativa del texto como acw (confesión) respecto de lo que sería simplemente una
recopilación de memorias, así como su diferencia respecto de la novela de aprendizaje: no se
expresa en él un trayecto cumplido, un relato ordenado de las peripecias que conducen a un
estado ideal, sino una búsqueda de identidad que no se agota en el texto mismo, una pugna
irresuelta con la sociedad de su época que la escritura manifiesta como rebeldía y no como aquie-
tamiento.
16 Son bien conocidos Los desarrollos posteriores que Pierre Bourdieu ha realizado en tomo de

la noción de habitus formulada por Elías, como un "sistema de disposiciones para la práctica".
de lacios, para dar cuenta Véase sob,e todo El sentido p.-áctico ([1980] 1991) y Cmas dichas (1988).
cartas y la "adverten- 17 Srurrock ( 1993) señala al respecto que, cuando Rousseau llevó el manuscrito a Condillac,
la auttnticidad de esta reco- así como en algunas lecturas públicas que realizara de su obra, aun antes de concluírla, los
- ...,..,... (Goulemot, (I 985] tarios rondaron más sobre la materia del lenguaje Literario que sobre su carácter vivencia!. El
filósofo quizá se adelantaba demasiado al "horizonte de expectativa" de su época.
44 EL ESPACIO BIOCRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

hace aun más oscuro el secreto-, entre el desapego virulento de la sociedad rencia cualitativa que
-los "enemigos", las conductas- y el deseo de su reconocimiento se afirmaba la devenir de una vida en •
"doble restricción" de la cual nunca ha podido escapar el sujeto moderno. propio -aunque esto reop.
Pero esta actitud pionera, con toda su importancia, era en verdad casi una la revelación de la propia -
lógica derivación de su contestación radical de los postulados clásicos de la filo- se presume inclemenb:: y
sofía. Afirma Goulemot: "En vez de plantear que la verdad se halla en la razón, inicial, a través de la CJllIJlii:I
o siquiera que está inspirada en Dios, Rousseau intenta definir moraltnente el autobiográfico. Esta caitae1R11
lugar de la enunciación [... ] La relación con la verdad pertenece a la categoría rico, px ..
de la visión y la revelación [... ]proviene de lo íntimo, lo cual garantiza que el una especificidad tteooáltia...
sujeto la reconozca" (Goulemot, [1985] 1987: 398; el destacado es mío). En la Pero, aun cuando la
misma dirección, Taylor considera que el gesto de Rousseau, de una radical nal". haya inspirado en
autonomía, ensanchaba inmensamente el alcance de la voz interior, propo- autobiografía, entre los
niendo un contacto más profundo con la naturaleza y afirmando la posibilidad grada? En tanto para d
dichosa de "vivir en conformidad con esa voz'\ aunque fuera en disonancia siglo XVIII constituye \Dl
con el poder de la opinión. tiene que ver justamente
La necesidad de la autobiografía adquiere así relevancia filosófica: no su posibilidad de ser dellni"
mente explora los límites de la afectividad abriendo paso a un nuevo género, traste, en la taxonomía ele
entre las tendencias literarias de su época; no sólo expresa el sentimiento de En un primer moo>a...
acoso y de defensa frente a la intrusión de lo íntitno por lo social -en la inter- referencial que p>rai!!Illáti<D:I
pretación de Arendt-, sino que introduce la convicción íntima y la intuición vo en prosa que una
del yo como criterios de validez de la razón. acento en su vida i1Ill!nillllll
Es quizá por ello que Las confesiones aparecen como una especie de carrefour, (1975: 14). Se parre enll. . . .
punto de encuentro -y de fascinación- tanto para la reflexión filosófico-polí- un ºyo de autor" que POllOlll
tica, como para la historia y la crítica literaria. Respecto de esta última, y el del enunciado y el de la
entrando ya en la especificidad de nuestro tema; me interesa retomar aquí dad del 11 sí 1nismo". Pero.
algunos desarrollos de P. Lejeune y de J. Starobinski en sus respectivos análisis no es sencillo y, si consiml
de la obra, 18 que constituyen una referencia obligada en cuanto al estudio de la podría afirmarse que la de
autobiografía y, en general, de las formas autobiográficas, para plantear los interrogante. El estatnto
límites teóricos de ambas posiciones, y proponer entonces una perspectiva de cia, lo lleva a proponer -
abordaje diferente. articulación de "persona y
se ha llegado a puerto
cruces pronominales --ll•oil
2. En tomo de la autobiografía Es ante la manifiesla -

¿Qué es lo que hace a la especificidad de la autobiografía -y, podríamos agre-


gar, a su felicidad, al hecho de suscitar, a través de los siglos, una pasión 19
Sobre el problema de la
rrumpida-? Después de un largo rodeo teórico, Lejeune concluye que la tenimiento de sí") y la ta-all
••il
relación con el espacio .,..
miento, contexto" ((19871 I
18
Véase Ph. Lejeune (1975), Le pacte autobiographique, caps. 1, 2 y 3, y J. Starobinski (1974), 20 "Un autor no es una
La relación crítica, especialmente el cap. L fuera de texto y el texto. es b

-
•r&IPORÁNEA EL ESPACIO BIOGRÁFICO. MAPA DEL TERRITORIO 45

rencia cualitativa que emana de la lectura de Las confesiones no es tanto el


devenir de una vida en su temporalidad, apoyada en la garantía del nombre
propio -aunque esto tenga, como veremos, su importancia-, o el desenfado en
la revelación de la propia intimidad, sino el lugar otorgado al otro, ese lector que
se presume inclemente y a quien se intenta exorcizar desde la interpelación
inicial, a través de la explicitación de un pacto peculiar que lo incluye, el pacto
autobiográfico. Esta caracterización de la obra por su funcionamiento pragmá-
a la categoría tico, intersubjetiva, por lo que le solicita y ofrece a su destinatario más que por
...mci;za que el una especificidad temática, es uno de los conceptos que me interesa retener.
es mío). En la Pero, aun cuando la obrá rousseauniana, con su carga simbólica de "origi-
a una radical nal", haya inspirado en buena medida su indagación, ¿por qué co1nenzar por la
autobiografía, entre los múltiples géneros de una constelación literaria consa-
grada? En tanto para el autor el despliegue de la escritura autobiográfica en el
siglo XVIII constituye un "fenómeno de civilización", la elección de esta forma
tiene que ver justamente con una hipótesis sobre su centralidad, su tipicidad,
su posibilidad de ser definida en términos propios, para operar luego, por con-
traste, en la taxonomía de un sistema de géneros con "parecidos de familia".
En un primer 1nomento, el intento de definición de Lejeune será más
referencial que pragmático: la autobiografía consistirá en el "relato retrospecti-
vo en prosa que una persona real hace de su propia e;<istencia, poniendo el
acento en su vida individual, en particular, en la historia de su personalidad))
llll!P"Cie. de carrefour, (1975: 14). Se parte entonces del reconocimiento inmediato (por el lector) de
filooófico-polí- un "yo de autor" que propone la coincidencia "en la vida)! entre los dos sujetos,
a esra última, y el del enunciado y el de la enunciación, acortando así la distancia hacia la ver-
dad del "sí mismo". Pero, ¿cómo saber qué "yo" es el que dice "yo"? El problema
no es sencillo y, si consideramos que toda obra es la expansión de una frase,
podría afirmarse que la de Lejeune transcurre, afanosamente, en tomo de este
interrogante. El estatuto precario de toda identidad, así como de toda referen-
cia, lo lleva a proponer diversas alternativas hasta anclar en el nombre, lugar de
articulación de "persona y discurso": ·nombre, firrna, 19 autor. 20 Pero ta1npoco aquí
se ha llegado a puerto seguro: están los seudónimos, los desdoblamientos, los
cruces pronominales -pasaje a la segunda, tercera persona ...
Es ante la manifiesta imposibilidad del anclaje factual, "verificable", del
enunciador, que Le:jeune, conciente de enfrentar un dilema filosófico que atra-
.Rl"'Íí-a -y, podríamos agre-
siglos. una pasión ininte- 19 Sobre el problema de la firma (inscripción perfonnativa del sujeto y promesa de un "1nan-
911...,., concluye que la dife- tenimiento de sí") y la temporalidad, el juego de la presencia y la ausencia (cuestión capital en
relación con el espacio biográfico), remitimos al artículo de Jacques Derrida, "Firma, aconteci-
miento, contexto" ([1987] 1989: 337-372).
l, Z y J, y J. Stambinski ( 1974 ), w "Un autor no es una persona. Es una persona que escribe y que publica. A caballo sobre el
fuera de texto y el texto, es la línea de contacto entre los dos" (Lejeune, ob. cit.: 23 ).
46 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

viesa la historia de lo autobiográfico, propone la idea del pacto autobiográfico


entre autor y lector, desligando así creencia y verdad. "Pacto (contrato) de
identidad sellado por el nombre propio."
Hecho así depositario el lector de la responsabilidad de la creencia, atesti;
guada la poco confiable inscripción del "yo" por ese "nombre propio",
mos planteamos aun otras preguntas: ¿cuán "real" será la persona del
grafo en su texto? ¿Hasta qué punto puede hablarse de "identidad" entre autor,
narrador y personaje? ¿Cuál es la "referencialidad" que comparten,
mente, tanto la autobiografía como la biografía? Para Lejeune, en esta última
no se trataría ya de identidad sino de semejanza. Pero hablat de identidad y
semejanza plantea a su vez, más allá de su connotación filosófica, otro
zamiento, de la temporalidad: ¿cómo acotar, en un relato "retrospectivo",
centrado en la "propia" historia, esa disyunción constitutiva que supone una
vida? ¿Cuál sería el momento de captura de la "identidad"?
Starobinski ([1970] 1974: 66) -quien afirma que no estamos en verdad
ante un género literario- percibe con claridad este estatuto problemático: "El
"fiel" de sucesos o vi,velKlill
valor autorreferencial del estilo remite 1 pues, al momento de la escritura, al 1yo'
por el personaje en eu1siállll
actual. Esta autorreferencia actual puede resultar un obstáculo para la capta-
tan el mismo contexto. Se
ción fiel y la reproducción exacta de los acontecimientos pasados" (el
ese extrañamiento del
do es mío). Este tributo a una hipotética "fidelidad" conlleva a su vez un inte-
del narrador ante cuaLIJllial
rrogante clásico: ¿cuál es el umbral que separa autobiografía y ficción ?i "bajo la
mente de esa otra figura,
forma de autobiografía o de confesión -<lirá Starobinski-, y pese al deseo de
yo", no hay diferencia
sinceridad, el 'contenido' de la narración puede escaparse, perderse en la
un proceso de identif'i<':aciil
ción, sin que nada sea capaz de detener esta transición de uno a otro plano" (p.
co -afirma Bajtín-- no
67). Así, aun cuando el carácter actual de la autobiografía, anclada en la ins-
otro, sino que también
tancia de la enunciación, permita la conjunción de historia y discurso, para
tomar las célebres categorías de Benvenistc ( 1966: 242), haciendo de ella una
p-ropiLl vida de uno, est.e
entidad "mixta11 , no podrá escapar de una paradoja: no solamente el relato
de la p-ropia vida"" (el
"retrospectivo" será indccidible en ténninos de su verdad referencial, sino que
valor biográfico -heroico o
además resultará de una doble divergencia 1 "una divergencia temporal y una en el amor de los proj'
narrador, la del lector-, a
divergenciLlde identidad" (Starobinski, [l 970] 1974: 72; los destacados son míos)-"
En efecto, más allá del nombre propio, de la coincidencia "empírica", el identidad, lo que co,nsi:iblll
narrador es otro, diferente de aquel que ha protagonizado lo que va a narrar: ende, del espacio ..
¿cómo reconocerse en esa historia, asumir las faltas, responsabilizarse de esa
otredad? y, al mismo tiempo 1 ¿cómo sosteiler la permanencia, el arco vivericiaJ
21
Utilizamos aquí la""l'"""iiil
comme un autre, 1991) y qm:
que va del comienzo, siempre idealizado, ar presente "atestiguado", asumiéndose mismidad), como apertura a l.
(Desarrollaremos esta
21 Mijaíl Bajtín ((19791
zt Al to1nar nota de esa divergencia constitutiva, Starobinski se adelanta de alguna manera al
con claridad la idea de la.,.,.;. .
propio Lejeune, cuyo libro posterior sobre el tema estará justamente inspirado en el adagio de

'
da en la reflexión con,..._.....
Rimbaud: Je est un aucre ( 1980).
PORÁNEA
EL ESPACIO BIOGRÁFICO. MAPA DEL TERRITORIO 47

bajo el mismo ·"yo"? Si nuestros interrogantes plantean una distancia crítica


respecto de la noción de 11 identidad" utilizada por ambos autores, que más
adelante profundizaremos, podemos postular, por el momento, una ventaja
suplementaria de la autobiografra: más allá de la captura del lector en su red
peculiar de veridicció_n, ella permite al enunciador la confrontación
rativa entre lo que era y lo que ha llegado a ser, es decir, la construcción
naria del "sí mismo como otTo". zz
Es la posición de Mijaíl Bajtín, ajena al parecer a ambos autores, la que
permite superar este límite de la teoría por un giro radical de la
ción: no hay identidad posible- entre autor y personaje, ni siquiera en la
biografía, porque no existe coincidencia entre la experiencia vivencial y la
"totalidad artística". Esta postura señala, en primer lugar, el extrañamienw del
enunciador respecto de su ºpropia" historia; en segundo lugar, coloca el pro;
blema de la temporalidad como un diferendo entre enunciación e historia, que
trabaja inclusive en los procedimientos de autorrepresentación. No se tratará
entonces de adecuación, de la "reproducción" de un pasado, de la captación
"fiel" de sucesos o vivencias, ni de las transformaciones "en la vida" sufridas
por el personaje en cuestión, aun cuando ambos -autor y personaje-
1 tan el mismo contexto. Se tratará, simplemente, de literatura: esa vuelta de sí,
1
ese extrañamiento del autobiógrafo, no difiere en gran 1nedida de la posición
del narrador ante cualquier materia artística, y sobre todo, no difiere

I mente de esa otra figura, complementaria, la del biógrafo -un otro o "un otro
yo", no hay diferencia sustancial- que para contar la vida de su héroe realiza
un proceso de identificación, y por ende, de valoración. "Un valor
co -afirma Bajtín- no sólo puede organizar una narración sobre la vida del
otro, sino que también ordena la vivencia de la vida misma y la narración de la
propia vida de uno, este valor puede ser la farma de comprensión, visión y expresión
de la propia vida."21 (el destacado es mío). En mi hipótesis, es precisamente este
valor biográfico -heroico o cotidiano, fundado en el deseo de trascendencia o
en el amor de los prójitnos--, que impone un orden a la propia vida -la del
narrador, la del lector-, a la vivencia de por sí fragmentaria y caótica de la
llilll::idmcia "empíricaº, el identidad, lo que constituye una de las mayores apuestas del género y, por
lliizado lo que va a narrar: ende, del espacio biográfico.
R.SpOruabilizarse de esa
......,.,ncia, el arco vivencial 2\2 Utilizamos aquí la expresión de P. Ricoeur, que <iparece como ti[ulo de su libro (Soi meme
comrrk un autT"e, 1991) y que alude en particular al concepto de ipseidad (contrapuesto al de
mismidad). como apertura a lo otto, lo divergente, a1nbos articulados al de identidad narrdtiva.
(Desarrollaremos esta problemática en el cap. 2.)
·e adelanta de alguna manera al u Mijaíl Bajtín ([1979} l 982: 134 ). Esta definición, que re[otnaremos más adelante, plantea
. ._ _...,inspirado en el adagio de con claridad la idea de la narrativa como "p11esta en sentido" de la experiencia, que es
1 da en la reflexión contemporánea al respecto, de Ricoeur a Hayden White.
48 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIOADCONTEMPORÁNEA

Aun sin el aporte de esta formulación bajtiniana, el intento de Lejeune de hemos aludido Ue esi -
definir la especificidad de la autobiografía se revela finalmente infructuoso. La expansión su campo
falla del "modelo" aparece una vez más como inherente a la perspectiva es- literatura, para incluir
tructural: o su indefinición es tan grande que se desdibuja la regularidad o, si ta radiofónica, el filmo:
de especificidad se trata, hay que agregarle siempre la excepción. En la impo- mún. El párrafo que ·
sibilidad de llegar a una fórmula "clara y total", es decir, de distinguir con umbral de mi propia ·
propiedad, más allá del upacto" explicitado, entre formas "auto" y "heterodie-
géticas",24 entre, por ejemplo, autobiografía, novela y novela autobiográfica, Escritas o a1udiovm•I
el centro de atención se desplazará entonces hacia un espacio autobiográfico, es
donde, un tanto más libremente, el lector podrá integrar las diversas Manerasdepeos1<
focalizaciones provenientes de uno u otro registro, el "verídico" y el ficcionali gloria, ejemploss
en un sistema compatible de creencias. Espacio en el cual, podemos agregar, elaboración sele
con el entrenatniento de 1nás de dos siglos, ese lector estará asimismo en con- pero ligado, de la
'vidas, tanto como t.
diciones de jugar los juegos del equívoco, las trampas, las máscaras, de desci-
frar los desdoblamientos, esas perturbaciones de la identidad que constituyen
topoi ya clásicos de la literatura. 25
En este nuevo espacio donde sólo Perdura, si bien en términos casi jurídicos,
la idea contractual que engendra un tipo de lectura variable según las épocas, el
crítico remarca un cierto efecto paradójico, que es a su vez relevante para nues-
tro tema: pese a que, a lo largo de su historia, el nú1nero de 11autobiografías"
La somera definición de
publicadas cada año no ha cesado de au1nentar, el reconocimiento de una cierta
formas diversas en que las
índole común no implica que pueda hablarse de la repetición de uno o varios
te, no alcanza a delinear
modelos. Ya Starobinski había percibido ese obstáculo para una posible sistema-
abandonada ya la interlCÍI. .
tización: "hay que eludir hablar de un estilo, o siquiera de una forma, vinculados
acumulativa donde cada
a la autobiografía[ ... ] más que en cualquier otra parte, el estilo será obra del iruiivi-
Así, sus estudios de caKS
duo" (Starobinski, [1970] 1974: 66; el destacado es mío}. En el límite, y en una
monio de Víctor Hugo, la
perspectiva disociativa,Z6 es posible pensar incluso que cada una de ellas propo-
de vida, etc.-, no confim..
ne su propio tipo, una combinatoria peculiar de ciertos problemas comunes,
del énfasis biográfico que
donde la diversidad interna es ganada sobre una unidad global del campo.
propósito de mi trabajo,
Sin adherir del todo a esta idea, se produce sin embargo en el recorrido de
ilustres o emblemáticos,
Lejeune un verdadero tuming point, que el título de su siguiente obra al cual

H El relato autodiegético (primera persona) debía contrastarse con otras formas autobiográ-
ficas heterodiegéticas que no cumplían con ese requisito (autobiografías en segunda o tercera
persona), y así con otras formas del "sistema", resistentes aun a un cuadro de múltiple entrada
(Lejeune, ¡975, 18-28)
25 Sobre las perturbaciones de la identidad como tema clásico de -ia literatura Oekyll y Hyde,

Frankenstein, Rocambole, etc.) y de otras formas artísticas, en el marco de una reflexión teórica
contemporánea sobre la identidad y la "imposible narración de sl mismo", véase Régine Robin, 1996.
26
Lejeune retoma, en una suerte de acuerdo crítico, una propuesta teórica de Francis Hart en
"Notes for an Anatomy of Modem Autobiography", en New Literary History, 1, 1970, pp. 485-
511, (citado en p. 325).
EL ESPACIO BIOGRÁFICO. MAPA DEL TERRITORIO 49

hemos aludido Ue est un autre,1980) permite apreciar, acompañado de una


expansión su campo de estudio, más allá de los límites establecidos de la
literatura, para incluir algunas formas mediáticas o testimoniales (la entrevis-
ta radiofónica, el filme biográfico) así como las historias de vida de gente co-
mún. El párrafo que sigue testimonia esta apertura, al tiempo que señala el
umbral de mi propia indagación.

Escritas o audiovisuales, esas formas de vidas se intercambian y nos in-forman. No


es necesario decir "yo pienso" sino "soy pensado", proponía Rimbaud. Soy vivido.
Maneras de pensar en sí mismo, modelos venidos de otros. Circulación de la
gloria, ejemplos propuestos, destinos refigurados al gusto del día. Acumulación (y
elaboración selectiva} de diferentes "memorias colectivas". Consumo inverso,
} pero ligado, de la notoriedad y de las vidas oscuras. Es la forma de circulación de las
vidas, tanto como la forma de las vidas mismas lo que he querido aprehender, para
1
contribuir un tanto a la historia del espacio biográfico, del cual el desarrollo de la
autobiografía moderna es sólo un aspecto" (1980: 9; el destacado es mío}.

3. El espacio biográfico contemporáneo

La somera definición de Lejeune de un espacio biográfico como reservorio de las


. .cilllien1to de una cierta formas diversas en que las vidas humanas se narran y circulan, si bien sugeren-
· · " de uno o varios te, no alcanza a delinear un campo conceptual. La apertura a la multiplicidad,
una posible sistema- abandonada ya la intención taxonómica, no escapa siR embargo a la voluntad
ama forma, vinculados acumulativa donde cada "tipo" de relato vendría a constituir un "ejemplo".
edr> será obra del indivi- Así, sus estudios de casos particulares, por cierto de interés -la biografía/testi-
monio de Víctor Hugo, la autobiografía "hablada" de Sartre, diversos relatos
de vida, etc.-, no configuran un horizonte interpretativo capaz de dar cuenta
del énfasis biográfico que caracteriza el momento actual. Ése es justamente el
propósito de mi trabajo, el de ir más allá de la búsqueda de ejemplos, aun
ilustres o emblemáticos, para proponer relaciones, en presencia -y también en
ausencia-, entre formas de diverso grado de vecindad, relaciones ni necesarias
ero otras formas autobiográ- ni jerárquicas pero que adquieren su sentido precisamente en una espacio/
.......:nflas en segunda o tercera en una simultaneidad de ocurrencias que por eso mismo pueden
a ... cuadro de múltiple entrada tr'ansformarse en sintomáticas y ser susceptibles de articulación, es decir, de
una lectura comprehensiva en el marco más amplio de un clima de época .
.¡,, la literatura Qekyll y Hyde,
el ..co de una reflexión teórica El espacio biográfico así entendido -confluencia de múltiples ferinas, gé-
neros y horizontes de expectativa-27 supone un interesante campo de indaga-
véase Régine Robin, 1996.
teórica de Francis Han en
1ioomrt Hísrory, l, 1970, pp. 485- 27 La noción hermenéutica de horizonre de expectativa, utilizada por Hans Jauss y otros miem-
bros de la llamada Escuela de Conscanza, alude, de manera prioritaria pero no exclusiva, a la
50 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

ción. Permite la consideración de las especificidades respectivas sin perder de


vista su dimensión relacional, su interactividad temática y pragmática, sus
usos en las distintas esferas de la comunicación y de la acción. Si la adopción
de la fórmula de Lejeune tiene para nosotros un sentido un tanto metafórico,
ya que no nos atenemos a su "letra", rescatamos sin embargo el criterio de un
funcionamiento pragmático de la lectura -quizá menos "contractual", en
tido fuerte, que dialógico-, ligado a ciertos procedimientos retóricos, como secretos-, correspondencias.
constituyente esencial del atributo 11 autobiográfico". En nuestra óptica es de infancia, autoficciones,,
sible entonces estudiar la circulación narrativa de las vidas -públicas y priva- llamado reality painting," b
das-, particularizando en los distintos géneros, en la doble dimensión de una mediática, conversaciones,
interte;¡:_tualidad y de una interdiscursividad, para retomar la distinción de Marc fesiones propias y ajenas, ·
Angenot (1989),28 es decir, en la deriva irrestricta de los "ideologemas" a nivel show-, la video política, los
de la doxa -modelos de vida, de éxito, de afectividad, etc.-, pero también en acentuaciones de la inv
la interactividad formal y deontológica ·de los discursos involucrados -proce-
dimie.ntos narrativos, puntos de vista, esquemas enunciativos, giros retóricos,
modalizaciones del ser y del deber-ser, etc.-. Búsqueda que no apuntará por
suPuesto a la validación de reglas universales, tampoco a la identificación de
un estado dado del discurso social, sino más b1en a la definición de tendencias
y regularidades, cuya primacía las hace susceptibles de caracterizar un cierto
escenario cultural.
¿Cómo se articulan los géneros autobiográficos "canónicos" que aparecen
en nuestra breve genealogía, en sus variadas metamorfosis, a la proliferación
contemporánea de fórmulas de autenticidad, a la voracidad por las vidas aje-

experiencia de los primeros lectores de una obra, tal como éstos pueden percibirla "objetivamen-
te" en el trasfondo de.la tradición estética, moral, social, en la que aparece, común al autor y al
receptor de la obra. Jauss sostiene a fartiori este principio para las obras que transgreden o decep-
cionan abiertamente la expectativa que corresponde a un cierto género literario, o a cierto mo-
mento de la historia sociocultural. Esta visión dinámica permite la consideración tanto de la
huella de reconocimiento e identificación que produce la aparición de una obra en una tradición,
como su infracción, su crítica, las mutaciones y nuevos efectos poéticos de los géneros. La apro-
piación de la obra es entonces activa, su sentido y valor se modifican en el curso de las generacio- 29
En las artes visuales hay -
nes hasta el momento en el cual nos enfrentamos a ellas desde nuestro propio horizonte, como ropas, carcas, diversas de b
lectores, críticos o historiadores. Horizonte brumoso, impreciso, que se desplaza según la posición 30
Para citar sólo algunos ..,. . .
del espectador y la dirección de la mirada, donde confluyen, sin necesidad de encuentros
En busca de un pasado; Luisa
simbióticos, el "mundo del texto" y el "mundo del lector". Véase Hans Jauss, "Historia de la con la participación de Piene
literatura como provocación a la ciencia literaria" y "Experiencia estética y hermenéutica litera- Essai.s d' ego-hi.stoire. La historia de
üa", en D. Rall (comp.), I9n 55-58 y 73-88.
28 Angenot (1989: 17), retomando la noción bajtiniana de una interacción generalizada de
ta y de estudios de género, ha._..
de plantearse ya est"a modalidad
los discursos, distingue en ella una doble dimensión: "l'intertextualité (comme circulation et A su vez, las reflexiones sobre la
transformation d'idéologemes, c'est -3- dire, de petites unités signifiantes dotées d'acceptabilité de siglo, recuperan como ancla;es
diffuse dans une doxa donée) et d'inrerdiscursivité (comme interaction et influence des axiomatiques que se manifiesta nítidamente am
de discours)" formas de escritura académica, es d
EL ESPACIO BIOGRÁFICO. MAPA DEL TERRITORIO SI

nas, a la obsesión de lo "vivido", certificado, exacto, al mito del "personaje


real" que debe atestiguar en todas partes de la existencia y profundidad del
"yon? ¿Cómo sé compone hoy el espacio biográfico?
Un primer relevamiento no exhaustivo de formas en auge -canónicas,
innovadoras, nuevas--, podría incluir: biografías, autorizadas o no, ai:itobiogra-
fías, memorias, testimonios, historias de vida, diarios íntimos -y, mejor aun,
secretos-, correspondencias, cuadernos de notas, de viajes, borradores, recuerdos
de infancia, autoficciones, novelas, filmes, video y teatro autobiográficos, el
llamado reality painting/9 los innúmeros registros biográficos de la entrevista
mediática, conversaciones, retratos, perfiles, anecdotarios, indiscreciones, con-
fesiones propias y ajenas, viejas y nuevas variantes del show -talk show, reality
show-, la video política, los relatos de vida de las ciencias sociales y las nuevas
acentuaciones de la investigación y la escritura académicas. En efecto, cada
......:rad•os -proce- vez interesa más la (típica) biografía de notables y famosos o su "vivencia"
giros retóricos,

'
atrapada en el instante; hay un indudable retomo del autor, que incluye no
4P' no apuntará por sólo un ansia de detalles de su vida sino de la "trastienda" de su creación; se
a la identificación de multiplican las entrevistas "cualitativas" que van tras la palabra del actor so-
drfinición de tendencias cial; se persigue la confesión antropológica o el testimonio del "informante

t
I
clave". Pero no sólo eso: también asistimos a ejercicios de "ego-historia", a un
auge de autobiografías intelectuales, a la narración autorreferente de la expe-
riencia teórica y a la autobiografía corno materia de la propia investigación, Jo
sin contar la pasión por los diarios íntimos de filósofos, poetas, científicos,
intelectuales. Y, hay que decirlo, a veces no hay muchas diferencias de tono
entre estos ejercicios de intimidad y la intrusión en las vidas célebres o comu-
&ms pueden percibirla "objetivamen- nes que nos depara diariamente la televisión.
en b. cpie aparece, común al autor y al ¿Qué pasión desmesurada y dialógica impulsa a tal extremo el develamiento,
.-a bs obras que transgreden o decep- la mostración y el consumo casi adictivo de la vida de los otros? ¿Qué registro
cirno género literario, o a cierto mo-
pcnnitc la consideración tanto de la
de lo pulsional y de lo cultural se juega en esa dinámica sin fin? ¿Cómo definir
una obra en una tra?ición, hoy, ante tal diversidad, el valor biográfico? ¿Cómo pensar, en esta incesante
deaos poéticos de los géneros. La apro-
modific.ait en el curso de las generacio· 1
" En las artes visuales hay una tendencia muy reconocible de incorporar objetos, fotografías,
clcsdc: nuestro propio horizonte, como ropas, cartas, diversas marcas de la vida personal del artista a las obras.
"::::que se desplaza según la posición 30
Para citar sólo algunos ejemplos, véase la autoindagación histórica de Ronald Frazer (1987),
, sin necesidad de encuentros En busca de un pasado; Luisa Passerini (1988), Auwritratto di grupo; Pierre Nora (comp.) (1987),
. Véase, Hans Jauss, "Historia de la con la participación de Pierre· Chaunu, Georges Duby, Jacques Le Goff, Michelle Perrot y otros,
. ...;..,ci-ia estética y hermenéutica litera- Essais d'ego-histoire. La historia de las mujeres, así como otras vertientes de teoría crítica feminis-
ta y de estudios de género, ha usado de modo privilegiado la inscripción autobiográfica, al punto
de plantearse ya esta modalidad enunciativa como un tema de discusión teórica y epistemológica:
A su vez, las reflexiones sobre la relación entre historia y memoria, de particular interé's en el fin
de siglo, recuperan como anclajes privilegiados los relatos de voz testimonial. Otro dominio en el
que se manifiesta nítidamente esta tendencia, ya sea en trabajos de campo como en diversas
formas de escritura académica, es el de los estudios culturales.
52 EL ESPACIO BIOCRÁFICU. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

multiplicación de formas, la cualidad paradójica de la publicidad de lo íntimo/ su producción. Sin e:mllm11111


privado? ¿Hay usos -y géneros- biográficos "mejores" que otros? ¿Hay en ver- que nada un valor heuríSliooa
dad -y son ellos necesarios- límites de lo decible y lo mostrable? auto o biográficas, en d ·
Algunos resguardos se imponen, antes de plantear nuestras hipótesis e ini- Volviendo a los in1trrqlll
ciar el ca1nino hacia algunas respuestas. En primer lugar, cabría precisar el cio biográfico, la enun1e1l1Di11
trayecto que va de la consideración de las formas autobiográficas -tal como las rende de ningún modo la
ubicáramos en la genealogía de la modernidad, en tanto géneros discursivos sin embargo un crescendo e
con ciertas similitudes pero también con diferencias- a su integración en este todos los registros, en ma
espacio mayor, que no supone sin embargo la neutralización de esas diferen- contaminaciones, de lógil:m
cias. Trayecto que es a la vez histórico-en cuanto a su propia evolución formal va, culturales-- que en
y de públicos-y dialógico -en términos de sus múltiples intertextualidades-, Y pacio cuya significancia ..,
que involucra a la distinción misma entre lo público y lo privado, los utnbrales mayor o menor medida
y su.notable transformación contemporánea por el avance de la mediatiza- sino también por la prteselll¡. .
ción. Este aspecto, que constituye el contexto más amplio de nuestra investi- ensayos, investigaciones.
gación, será abordado en el próxilno capítulo. Es esa simultaneidad. ea
En segundo lugar, al hablar de espacio biográfico, pese a que muchas de sus cando a la vez la traza ..,...,...
formas son consensuadamente autobiográficas o por lo menos, autorreferentes,
lo hacemos no simplemente por voluntad de inclusividad sino por una decisión
epistemológica que, como anticipamos, parte de la incoincidencia esencial en-
tre autor y narrador, resistente inclusive al efecto de "mismidad" que puede pro-
ducir el nombre propio". 31 Por otro lado, los juegos identitarios de en1nascara-
mientos múltiples que se han sucedido a lo largo del siglo XX asf como las muta-
ciones que ha sufrido el género hacen que, ante una autobiografía, sea ya necesario
acotar si ésta es "clásica", "canónica" o susceptible de algún predicado ficcional
-ya Gertrude Stein, entre otros, había introducido una nota irónica con su Au-
tobiografía de Alice Toklas-. Además, la autobiografía "canónica" -si pudiera usarse
con propiedad esta expresión- no solamente supondría la coincidencia "empíri- i: ¿Qucf diferencia de criterio
ca" entre autor y narrador -con el estatuto textual que se le otorgue a la misma-, mediática y la publicación de h
sino también una búsqueda de sentido o justificación de la propia vida, condi- mismo y luego sus albaceas? La
estos últimos (E. Anscombc y G.
ción que ta1npoco se cumple en todos los casos.
libro, es un ejemplo emblemátial
Pero es el espacio enunciativo mediático, siempre plurivocal, el que aporta albaceasJ impidieron la publlic.:zii6ot41
al respecto la mayor evidencia: de lo que se trata allí en verdad es de la cons- nos el personaje real, con sus
trucción dialógica, triádica o polifónica de las "autobiografías de.todo el mun- rescatado para todos nosob'm es11J5
do". Por último, y en lo que hace a las ciencias sociales, tampoco en su domi- clave en las páginas pares "" .........
normal sus pensa1nientos pMblicm.•
nio los relatos son verdaderamente autógrafos, en tanto la presencia directa o 33
Este fenóineno se him no
mediada del investigador es siempre una condición interlocutiva esencial para diados, construido con su¡:oleo......
en un período entre 1994-1998.
31
Bajtfn es explícito al respecto: "el autor es un momento de la totalidad artística y como tal vistas y reseñas bibliográficas ·
no puede coincidir, dentro de esta totalidad, con el héroe que es su otro momento, la coinciden-
cia personal 'en la vida' entre el individuo de que se habla y el individuo que habla no elimina la
sólo se evidencian en cuanto a a.
sino también en otros regimos.
diferencia entre estos momentos en la totalidad artística" (Bajcln, 1982: 134). necesitados de autentificar.r
EL ESPACIO BIOGRÁFICO. MAPA DEL TERRITORIO 53

'
su producción. Sin embargo, nuestra opción de nominación, que tiene más
que nada un valor heurístico, no supone que la distinción entre atribuciDnes
auto o biográficas, en el interior o por fuera de este espacio, sea irrelevante.
Volviendo a los interrogantes en torno de la composición de nuestro espa-
cio biográfico, la enumeración heteróclita que hemos realizado --que no pre-
tende de ningún modo la equivalencia de géneros y formas disímiles-, señala
sin embargo un crescendo de la narrativa vivencial que abarca prácticamente
todos los registros, en una trama de interacciones, hibridaciones, préstamos,
contaminaciones, de lógicas tnediáticas, literarias y académicas -en definiti-
va, culturales- que en ocasiones no parecen demasiado en contradicción. n Es-
pacio cuya significancia no está dada solamente por los múltiples relatos, en
mayor o menor medida autobiográficos, que intervienen en su configuración,
sino también por la presentación "biográfica'' de todo tipo de relatos -novelas,
ensayos, investigaciones, etc.-. 31
Es esa simultaneidad, esa insistencia sincrónica, podríamos hipotetizar, invo-
cando a la vez la traza semiológica saussureana y el síntoma, aquello que insiste
aquí y allí, en el lugar más obvio del discurso y en el menos esperado, lo que nos
interesa destacar en este momento de nuestra indagación. Después podrá venir
la distinción entre tipos de relatos, cánones, valores -biográficos, estéticos, éti-
cos, literarios-y usos: la distancia que va del testimonio, las búsquedas identitarias,
el conocimiento -y cuidado- de sí, las historias personales y las memorias colec-
tivas, a las formas y tonos del sensacionalisrno y el escándalo. Distinción no
siempre evidente ni posible a priori -no hay, lo sabemos, ningún "resultado"
inherente a una forma, un registro, un género-. Y es precisamente esta simulta-
neidad irreverente del espacio, perceptible a partir de un cierto posicionarnien-
•canónica" -si pudiera usarse
l.'°'.dirí'a la coincidencia "empíri- 12
¿Qué Jiferencta de criterio habría, por eje1nplo, entre las fonnas corrientes de inti1nidad
que se le otorgue a la misma-, n1ediática y la publicación de los Diarios secretos de Ludwig Wittgenstein, a la cual se opusiera él
mismo y luego sus albaceas? La batalla legal, llevada a cabo por el editor Wi\helm Baum contra
llii:ación de la propia vida, condi-
estos últimos (E. Anscombe y G. H. von Wrighr), y cuyo éxito se plasma e11 la publicación del
libro, es un ejemplo emblemático Je este "aire de los tie1npos". En la contratapa, se afinna: "[los
aibaceasJ impidieron la publicación de estos textos, en un intento falsamente piadoso dt.: ocultar-
nos el personaje real, con sus 1niedos, sus angustias, su elitisn10 o su homosexualidad. W. B. ha
rescatado para todos nosotros estos cuadernos vivos y patéticos en los que Wittgenstein escribía en
clave en las páginas pares sus vivencias íntimfü, 1nientras que en las impares anotaba en escritura
normal sus pensa1nienros públicos" (Wittgenstein, 1991; el destacado es mío).
31
Este fenómeno se hizo no sólo perceptible sino "cuantificable" en uno de los corpus estu-
diados, construido con suplementos culrurales de los grandes diarios (La Nación, Clarín, Página/12)
en un período entre 1994-1998, con intermitencias. Allí, el reenvío entre titulares, notas, entre-
de la totalidad artística y como tal vistas y reseñas bibliográficas tejen_ una trama donde las tendencias que venimos señalando no
su otro momento, la coinciden- sólo se evidencian en cuanto a las formas más o menos canónicas de nuestro espacio biográfico,
yd. individuo que habla no elimina la sino también en otros registros, como la ficción, el ensayo, la historia, que parecen cada vez más
-clbicin. 1982, 134). necesitados de autentificarse en la vida del autor.
54 EL ESPACIO BICXJRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CCNTEMPORÁNEA

to teórico, la que alimenta nuestra hipótesis en cuanto a la relevancia de lo todos los géneros literari,...'t
en los géneros discursivos contemporáneos. su vez en dos grandes
ción oral, inmediata (d
familiares) y los seaad -
3. l. Espacio biográfico y géneros discursivos tural de la comunicación

Pese al intento de superar los límites restrictivos de cada género en una visión
más integradora, la concepción de Lejeune no logra articularse a una defini,
ción de género discursivo en consonancia, apta para dar cuenta de los desplar
zamientos funcionales y retóricos del campo a estudiar, en la doble dimensión
sincrónica y diacrónica. El "olvido" de Bajtín es aquí significativo ya que difí-
cilmente podría pensarse una teoría más adecuada a tal efecto. Es esa ausencia
la que queremos saldar en primer lugar, para postular entonces un espacio -y
una manera de abordar el fenó1neno biográfico- en términos cualitati\'."amente
diferentes.
El concepto de génerO discursivo, que guía en buena medida nuestro itinera-
rio, nos remite en efecto a un paradigma que significó un verdadero salto
epistemológico: de las viejas concepciones normativas y clasificatorias de los
géneros, preferentemente literarios, a la posibilidad de pensarlos como configu-
raciones de enunciados en las que se entrama el discurso -todos los discursos-
34
en la sociedad, y por ende, la acción humana. Afirma Baj tín en un artículo nodaL

El uso de la lengua se lleva a cabo en forma de enunciados (orales y escritos)


concretos y singulares que pertenecen a los participantes de una u otra esfera de
la praxis humana. Estos enunciados ref/.e.jan las condiciones específicas y el objeto
de cada una de las esferas no sólo por su contenido (temático), y por su estilo
verbal, o sea por la selección de los recursos léxicos, fraseológicos y gramaticales
de la lengua, sino ante todo por la composición o estructuración. Los tres mo-
mentos mencionados -el contenido temático, el estilo y la composición- están
vinculados indisolublemente en la totalidad del enunciado [...] Cada enuncia-
do separado es, por supuesto, individual, pero cada esfera del uso de la lengua
elabora sus tipos relativamente estables de enunciados a los que denominamos
géneros discursivos" (1982: 248; los destacados son míos).

Apenas esbozada, la definición enfatiza en la multiplicidad de sus registros:


"hay que poner de relieve una extrema heterogeneidad[ ... ] debemos incluir tan-
to las breves réplicas de un diálogo cotidiano [... ] como una orden militar[... ]
todo un universo de declaraciones públicas (en sentido amplio: las sociales, las
políticas) pero además [... ] la·s múltiples manifestaciones científicas, así como

14 Bajtín, "El problema de los géneros discursivos", en 1982: 248-293. vista, visiones del mundo.
lillllKlJNllEMPORÁNEA EL ESPACIO BIOGRÁFICO. MAPA DEL TERRITORIO SS

todos los géneros literarios" (1982: 249). Esta extensión del campo se divide a
su vez en dos grandes grupos: los géneros simples, primarios, de la comunica-
ción oral, inmediata (el diálogo, la conversación cotidiana, los intercambios
familiares) y los secundarías o complejos, escritos, que remiten a la trama cul-
tural de la comunicación en la sociedad (periodísticos, literarios, científicos,
jurídicos, políticos, etcétera).
NllED:roen una visión Varios señalamientos podrían hacerse respecto de la pertinencia de esta con-
• •..,;e a una defini- ceptualización para pensar el espacio biográfico. En primer lugar, la heteroge-
ta de los despla- neidad constitutiva de los géneros, su estabilidad sólo relativa, al hecho de que
doble dimensión no existan formas "puras" sino constantes mezcUrs e hibridaciones, donde la tradi-
·vo ya que diff. ción se equipara con la apertura al cambio y a la novedad. Los primarios, familia-
res -susceptibles de recontextualizarse en los secundarios, como el diálogo o la
carta en la novela, por ejemplo-, son en particular para Bajtín un tnotor de
transformación, en tanto ofrecen una conexión directa con la cotidianidad, y
aportan a la flexibilización de convenciones discursivas, prohibiciones, tabúes.
Los usos de los géneros influyen de este modo en hábitos y costumbres, en la
variación de los estilos y hasta en el "tono" de una época. 35 A través de este
prisma, se toma relevante el papel flexibilizador de las formas que nos ocupan, a
través de la incorporación natural de los géneros primarios a su propia dinámica
-la conversación, el chiste, la anécdota, la escena íntima, tanto en la autobio-
grafía o la entrevista como en la crónica o el testimonio-, cuyo despliegue en el
horizonte mediático imprime sin duda un sello peculiar.
de enunciados {orales y escritos} En segundo lugar, el funcionamiento pragmático de los géneros, la aten-
. . .icqJ3I\tes de una u otra esfera de ción dispensada a los usos, a la dimensión interactiva entre participantes, que
. . amdidones específicas y el objeto se complementa con la caracterización del enunciado como esencialmente
. ..,nielo (temático), y por su estilo
destinad.o, marcado por una prefiguración del destinatario -"tal como me lo
l&icos, fraseológicos y gramaticales
o estructuración. Los tres mo- imagino"- y, por lo tanto, por una actitud respecto de él, que es a su vez una
d estilo y la composición- están tensión a la respuesta. Esta consideración del otro como formando parte consti-
del enunciado [... ) Cada enuncia- tutiva de mi enunciado, previa a toda consumación posible de la comunica-
pao cada esfera del uso de la lengua ción, encuentra su correlato en la idea de un lenguaje otro, habitado por voces
iados a los que denominamos que han dejado su huella con el uso de siglos, una palabra ajeoo que expresa
son míos). sentidos, tradiciones, verdades, creencias, visiones del mundo, y que el sujeto
asume en forma natural, 36 pero de la cual deberá apropiarse por medio del uso
la multiplicidad de sus registros:
35 Un ejemplo de esta influencia es, para Bajtín, el papel decisivo jugado durante el
IF.0.:lad [...]debemos incluir tan-
miento por los géneros y estilos familiares, caracterizados por la "sinceridad de la plaza pública",
(_) como una orden militar [... ] en la tarea de destrucción del modelo oficial del mundo medieval (Bajtfn, 1982: 287). El magno
sentido amplio: las sociales, las trabajo de análisis de Bajtín al respecto dio origen a su célebre monografía La cultura popular en la
Jlilles1taciones científicas, así como Edad Media y el Renacimiento. El contexro de FraTl{ois Rabelais ( 1987 ).
36
"El objeto del discurso, por decirlo así, ya se encuentra hablado, discutido, vislumbrado y
valorado de las maneras más diferentes: en él se cruzan, convergen y se bifurcan varios puntos de
- 1982: 248-293. vista, visiones del mundo, tendencias. El hablante no es un Adán bíblico que tenía que ver con

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S6 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

combinatorio peculiar que de ella haga, los géneros discursivos que elija y Ya nos referimos en d.
sobre todo, por las tonalidades de su afectividad. que constituye quizá una e
Se expresa así una idea dialógica de la comunicación, que no reconoce allá de describir- la pnolilimil
primacía al enunciador, en tanto está ya determinado por un otro, sino más la (re )configuración de la
bien una simultaneidad en la actividad de intelección y comprensión entre los de su análisis de géneros
participantes, ya se trate de una interacción en presencia, mediática o de es- fesión, hagiografía,
critura. En este marco, podemos ubicar ahora la peculiar intersubjetividad que biográfico es extensivo al
generan las formas biográficas, también como un acuerdo, como una sintonía, como cronotopo,40 tiene ·
y no solamente como un "pacto" firmado y "sellado" por el autor, que obliga a bién los periódicos, las
su lector, como en la primera versión de Lejeune. ne, en mi opinión, una
Pero este dialogismo es, a su vez, múltiple: el enunciador, al igual que su desti- que es, al mismo tiempo.,
natario, son a un tiempo soportes de esas voces otras que alientan en el lenguaje, tipos de valor biográfico: IBl
fenómeno que concierne asimismo a la posibilidad relacional de los discursos, a de gloria, de posteridad;
esa deriva de las significaciones que conocemos como intertextualidad. 37 la inmediatez, y aun es
En este funcionamiento discursivo, el reconocimiento del registro de la del fabulismo de la vida", es
afectividad como instituyente de una posición de sujeto es asimismo importante te, del proceso vivencial.
para nuestro tema, por la peculiar "autocreación" que suponen las narrativas argumento (Bajtín, 1982: 1
biográficas. "El hecho de prefigurar al destinatario -afirma Bajtín- y su reac- Entendido en esta doble
ción de respuesta a menudo presenta muchas facetas que aportan un dramatis- se transforma en un inten,,... .
mo interno muy especial al enunciado {algunos tipos de diálogo cotidiano, de lectura transversal sw;cepli'
cartas, géneros autobiográficos y confesionales)" (Bajtín, 1982: 286). diferentes sino también &os
Un énfasis especial adquiere, en la reflexión bajtiniana, el vínculo no mi- en los cuales se plasman las
mético entre el lenguaje y la vida, 38 sobre todo en relación con las formas de buena" a las diversas peirip""
expresión de la propia experiencia a través de artística. Pero hay toda- tiempo, incluidas por >UJl""'""I
vía un tercer aspecto a destacar, y es la consideración de los géneros discursivos hay modo de narrar una
como sistemas inmersos en una historicidad, que conllevan una valoración del niendo simplemente una ;
mundo. La dimensión estética, que se delinea en la totalidad temática, fuera de la adhesión a --0 la
compositiva y estilística de los enunciados, será entonces indisociable de una
ética.

objetos vírgenes, aun no nombrados" (Bajtín, 1982: 284). Esta concepción de la precedencia del
lenguaje y sus sentidos como configurativo del sujeto guarda relación con la sustentada por Jacques
Lacan, para quien el sujeto adviene al lenguaje y se constituye en él.
37
Si bien la expresión fue acuñada a posteriori a partir de la lectura estructuralista de Bajtfn,
introducido en el medio francés por Julia Kristeva i fines de los años sesenta, el concepto está
claramente delineado en su obra: "Una obra es eslabón en la cadena de la comunicación discursi\•a;
como la réplica de un diálogo, la obra se relaciona con otras obras-enunciados: con aquellos a los
que contesta y con aquellos que le contestan a ella; al mismo tiempo, igual que la réplica de un
diálogo, una obra está separada de otras por las fronteras absolutas del cambio de los sujetos
discursivos" (Bajtín, 1982: 265}.
18
"El lenguaje participa de la vida a través de los enunciados concretos que lo realizan, así
como la vida participa del lenguaje a través de los enunciados" (Bajtín, 1982: 251).
EL ESPACIO BIOGRÁFICO. MAPA DEL TERRITORIO 57

Ya nos referimos en el apartado anterior a su concepto de valor biográfico,


que constituye quizá una de las mejores explicaciones para entender -más
allá de describir- la proliferación de narrativas vivenciales y su impacto en
la (re)configuración de la subjetividad contemporánea. Postulado en el marco
de su análisis de géneros literarios canónicos (autobiografía, biografía, con-
fesión, hagiografía, etc.), 39 donde alcanzaría su mayor realización, el valor
biográfico es extensivo al conjunto de formas significantes donde la vida,
como cronotopo, 40 tiene importancia -la novela, en primer lugar, pero tam-
bién los periódicos, las revistas, los tratados morales, etc-. El concepto tie-
ne, en mi opinión, una doble valencia: la de involucrar un orden narrativo
, al igual que su desti • que es, al mismo tiempo, una orientación ética. En efecto, habrá distintos
alientan en el lenguaje, tipos de valor biográfico: un valor heroico, trascendente, que alienta deseos
l de los discursos, a de gloria, de posteridad; otro cotidiano, basado en el amor, la comprensión,
intertexrualidad. 37 la inmediatez, y aun es perceptible un tercero, como "aceptación positiva
·ento del registro de la del fabulismo de la vida", es decir, del carácter abierto, inacabado, cambian-
es asimismo importante te, del proceso vivencial, que se resiste a ser fijado, determinado, por un
que suponen las narrativas argumento (Bajtín, 1982: 140).
-afuma Bajtín- y su reac- Entendido en esta doble dimensión (narrativa y ética), el valor biográfico
que aportan un dramatis- se transforma en un interesante vector analítico para nuestro tema, un modo
lipoo de diálogo cotidiano, de lectura transversal susceptible de articular no solamente géneros discursivos
(Bajtín, 1982: 286). diferentes sino también los diversos "modelos", que emigran de unos a otros,
ha¡tiniana, el vínculo no tni- en los cuales se plasman las vidas ideales, desde el eco aristotélico de la "vida
cn relación con las formas de buena" a las diversas peripecias heroicas cuyas huellas perviven en nuestro
IJbra artística. Pero hay toda· tiempo, incluidas por supuesto las tnás recientes del "antihéroe". Porque no
••:iiín de los géneros discursivos hay modo de narrar una biografía en términos meramente descriptivos, expo-
conllevan una valoración del niendo simplemente una lógica del devenir o una trama de causalidades, por
en la totalidad temática, fuera de la adhesión a -o la subversión de- alguno de esos modelos, en sus
entonces indisociable de una variadas y quizá utópicas combinatorias.

w En el marco de un trabajo medular, "Autor y personaje en la actividad estética'', el autor


realiza un estudio de estas fonnas literarias afines, que ha resultado ilunlinador para nuestro
trabajo (Bajtín, 1982: 13-190).
40 El autor señala la extrapolación metafórica que hace del término, originalmente ligado a las

matemáticas y a la teoría de la relatividad de Einstein, para marcar "la correlación esencial de


las relaciones espacio-temporales, tal como ha sido asimilada por la literatura", correlación que
supone, además, una investidura afectiva. Así, el cronotopo del camino, la ruta, el viaje, están
simbólicamente asociados con el "camino/viaje de la vida'', como el de la plaza pública a la festivi-
dad popular, el carnaval, el del salón (típico de Balzac), a la "movilidad ascendente" de la burgue-
sía, etc. (Bajtín, [197511978: 235). El desarrollo de esta noción, que él introduce como vector
para pensar la historia literaria, y en particular, una teoría de la novela, va a estar ligado asimismo
lii:o-.a.00; concretos que lo realizan, así al análisis de géneros biográficos y autobiográficos, y al problema de la temporalidad como cate-
• (Bajcín, 1982' 251). goría existencial.
58 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

Este eje de lectura nos lleva a una consideración dinámica del campo que
estudiaremos. Formas que (re)aparecen aquí y allí, en diferentes estilos y
portes -gráficos, fílmicos, visuales-, actualizando la fluctuación clásica entre
lo heroico y lo cotidiano, pero sobre todo, esa "tercera vía" que Bajtín, con su
innegable don anticipatorio, definió como fabulismo de la vida, y que traduce
quizá con la mayor justeza, el imaginario hegemónico contemporáneo: la
bración, la vitalidad, la confianza en los (propios) logros, el valor de la aventu·
ra, 41 la otredad del sí mismo, la apertura al acontecimiento (del ser) como
disrupción. La figura del oxímoron es aquí elocuente: "alegría y sufrimiento,
verdad y mentira, bien y mal están fundidos indisolublemente en la unidad de
la corriente del ingenuo fabulismo de la vida" (Bajtín, 1982: 139). Expresión
que nos autoriza a un empleo aun más radical: es la fábula de la (propia) vida,
narrada una y otra vez, lo que constituye en verdad el objeto de toda biografía.
Si el valor biográfico adquiere su mayor intensidad en los géneros clasifica- una respuesta,-, en tanto and..
bles como tales, es posible inferir su efecto de sentido en cuanto al ordena- hoy-y quizá más que nunca-
miento de las vidas en' el plano de la recepción. Son lazos identifica torios, -su inflamada retórica, su
catarsis, complicidades, modelos de héroe, "vidas ejemplares", la dinámica siglo, de la imposibilidad
misma de la interioridad y su necesaria expresión pública, los que se juegan en En efecto, ni el descentralllliial41
ese espacio peculiar donde el texto autobiográfico establece con sus destinata- distinciones introducidas por
rios/lectores una relación de diferencia: la vida como un orden, como un deve- tor y narrador, los proced-
nir de la experiencia, apoyado en la garantía de una existencia "real". plo, con la novela, el triunfo
Según mi hipótesis, es esa garantía, más que un rígido "contrato" de lectura42 ni la pérdida de ingenuidad
(garantía que no supone necesariamente la "identidad" entre autor y personaje, complejidad mediática y el
41
sin embargo a una equiva
La aventura es vista, en la tradición de las "filosofías de la vida" que Bajtín conocía muy bien
derados de "ficción". 44 La
(Dilthey, Simmel, etc.), como uno de los modos de escapar a la racionalización, al decurso habitual
de las cosas, los condicionamientos y hábitos cotidianos, pero no simplemente como una interrup- ese suplemento de sentido
ción producida por algo aislado y accidental sino entroncada con nece.sidades profundas, que com- "vida real", remite a otro "
prometen a la vida sensible en su conjunto: "La aventura [...]-dirá Simmel en una obra clásica- [es} Podría afirmarse entonces
una vivencia de tonalidad incomparable que sólo cabe interpretar como un envolvimiento peculiar
gas de simulación posibles,
de lo accidental-exterior por lo necesario-interior". Con un principio y un final nítidamente marca-
dos, "entresacada", de la experiencia corriente, la aventura, unida a la "subjetividad de la juven- sonajes realmente existentes.
tud", engloba tanto el horizonte de lo incieno que conlleva la calificación común de "aventurero" en juego una cierta "refereiociialil
como la relación erótica y la obra de arte (Georg Si1nmel, 1988: 15). Referencias a Dilthey y
43 La voz, el "acto de habla• dr
Simmel en tomo del concepto de "psicología objetiva", pueden encontrarse en Voloshinov y Bajtfu,
(1929] 1992: 51-70), por lo cual es lícito postular, en el uso bajtiniano de la "aventura", esta filia- tendencia" en la epistemología
ción. to de la realidad y de equiparar b
41 como "metafísica de la presencia•_
En el marco de la semiótica greimasiana, la noción de "contrato de lectura" fue explicitada
44 En el incierto umbral que
para aludir, en general, a "una relación intersubjetiva que tiene como efecto modificar el estatuto
(el ser o el parecer) de cada uno de los sujetos en presencia". Próximo del concepto de échange ficción" -mucho más clara en las
elaborado por Marce! Mauss, el contraro establece un diferimiento, una distancia que separa su formas biográficas y autobiográficas
conclusión de su ejecución. Es también un contrato fiduciario, presentado a menudo como un relato de vida (en cualquiera de -
hacer-persuasivo. La noción fue desarrollada en articulación con diferentes registros, que ofrecen primarios, su efecto de credibilidad
una acentuación particular: "contrato enunciativo", "contrato de veridicción'', etc. (Cf. A. J. caracterizan a los géneros de ficcióD.
Greimas, J. 1979: 69- 71 ).
CX>NTEMPORÁNEA EL ESPACIO BIOGRÁFICO. MAPA DEL TERRITORIO 59

lii'"'nica del campo que como en la definición de Lejeune, o la equiparación lisa y llana entre vida y
dikrences estilos y so- relato), y ese rol, marcado por una peculiar inscripción lingüística (el yo, el
•i.:ruación clásica entre nombre propio, la atestación), los que introducen una diferencia sustancial res-
wfa" que Bajtín, con su pecto, por ejemplo, de la novela, modelo canónico de preparación para la vida y
• la Wla, y que traduce de educación sentimental. Así, la inmediatez de "lo vivido" se traduce en una
rontemporáneo: la voz que testimonia por algo que sólo ella conoce. 43 Es esa voz la que cuenta en la
el valor de la aventu- puesta en sentido de la historia personal -aun con acentos modulados por un
(del ser) como otro yo, como señala Bajtín, para el caso de la biografía-; no importa tanto si se
trata de una justificación, de una confesión-rendimiento de cuentas, de la bús-
queda de amor o de posteridad, o de la autobiografía como una 11 necrológica por
sí mismo", como diría Michel de Certeau ( 1975), que intenta colonizar-y cano-
nizar- el propio espacio adelantándose a voces futuras.
El prestigio de esa posición enunciativa -que, bajtinianamente, tiende hacia
una respuesta.-, en tanto anclaje en una realidad, aun insegura, es el que sigue
hoy -y quizá más que nunca- vigente, pese a la caducidad del "modelo Rousseau"
-su inflamada retórica, su exceso de subjetivismo-y a la evidencia, ya en nuestro
ejemplaresn, la dinámica siglo, de la imposibilidad constitutiva de toda réplica "fiel" de un cursus vitae.
pública, los que se juegan en En efecto, ni el descentramiento del sujeto operado por el psicoanálisis, ni las
establece con sus distinciones introducidas por la teoría literaria -la no identificación entre au-
•aimo un orden, como un deve- tor y narrador, los procedimientos de ficcionalización compartidos, por ejem-
plo, con la novela, el triunfo de la verosimilitud por sobre la veracidad, etc.-,
ni la pérdida de ingenuidad del lector/receptor "modelo", entrenado ya en la
complejidad mediática y el simulacro (Baudrillard, [1978] 1984), han llevado
sin embargo a una equivalencia entre los géneros autobiográficos y los consi-
la vida" que Bajdn conocía muy bien
a b racionalización, al decurso habitual
derados de "ficción". 44 La persistencia acendrada de la creencia, ese algo más,
DO simplemente como una interrup- ese suplemento de sentido que se espera de toda inscripción narrativa de una
oon necesidades profundas, que com- "vida real", remite a otro régimen de verdad, a otro horizonte de expectativa.
-dírá Simmel en una obra clásica- [es} Podría afirmarse entonces que, efectivamente, y más allá de todos los jue-
¡....,.,..como un envolvimiento peculiar
gos de simulación posibles, esos géneros, cuyas narrativas son atribuidas a
prEcipio y un final nítidamente marca-
mtida a la "subjerivldad de la juven- sonajes realmente existentes, no son iguales. Que, inclusive, aun cuando esté
lacalificación común de "aventurero" en juego una cierta "referencialidad", en tanto adecuación a los acontecimientos
1988: 15). Referencias a Dilthey y
43
encontrarse en Voloshinov y Bajtín, La voz, el "acto de habla" de la autobiografía, puede ser identificada con esa "inveterada
bajtiniano de la "aventura", esta filia- tendencia" en la epistemología occidental de privilegiar el decir como fundante del conocimien-
to de la realidad y de equiparar la palabra dicha a la experiencia del "ser", que Derrida critica
a •contrato de lectura" fue explicitada como "metafísica de la presencia".
na.e como efecto modificar el estatuto 44
En el incierto umbral que plantea para la crítica literaria la distinción entre "ficción" y "no
· •. Próximo del concepto de échange ficción" -mucho más clara en las políticas del mercado editorial-, la diferencia que trazan ciertas
•nni<:nto, una distancia que separa su formas biográficas y autobiográficas reviste a su vez un carácter un tanto paradójico: si bien el
· , presentado a menudo como un relato de vida (en cualquiera de sus usos) tiene por un lado una fuerte persistencia de los géneros
con diferentes registros, que ofrecen primarios, su efecto de credibilidad se juega a través de los mismos procedimientos retóricos que
o de veridicción", etc. (Cf. A. J. caracterizan a los géneros de ficción, sobre todo a la novela.
60 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

de una vida, rw es eso lo que más importa. Avanzando una hipótesis, no es tanto cas. Allí, en ese registro gr.íllcu
el "contenido" del relato por sí mismo -la colección de sucesos, momentos, -cada vez más "por bcx:a de
actitudes- sino, precisamente, las estrategias -ficcionales- de -donde se pone de manifiesm.
ción lo que importa. No tanto la "verdad" de lo ocurrido sino su construcción la presencia -cuerpo, rostro.
narrativa, los modos de nombrar( se) en el relato, el vaivén de la vivencia o el de la mítica singularidad del
recuerdo, el punto de la mirada, lo dejado en la sombra .... en definitiva, qué Es esa búsqueda, ese resgoo-41
historia (cuál de ellas) cuenta alguien de sí mismo o de un otro yo. Y es esa
cualidad autorreflexiva, ese camino de la narración, el que será, en definitiva,
significante. En el caso de las formas testimoniales, se tratará, además, de la
verdad, de la capacidad narrativa del "hacer creer", de las pruebas que el dis-
curso consiga ofrecer, nunca por fuera de sus estrategias de veridicción, de sus
marcas enunciativas y retóricas. 45

3.2. Sujetos y subjetividades

El concepto de valor biográfico es el que nos permite pensar, dialógicamente,


los procesos de subjetivación involucrados en las formas narrativas disímiles
que hemos enumerado, y establecer, ahora sí, una cadena de equivalencias
entre aquéllas. Porque, efectivamente, y más allá de sus diversas acentuaciones,
en todas ellas aparece, aun de inodo contingente y esporádico, ese cronotopo
de la vida -quizá el 1nás remoto y universal que, en su tonalidad
nea, se ha investido de "autenticidad". Esa ubicuidad, esa insistencia aquí y
allí, hace que no poda1nos considerar nuestro espacio biográfico como una
te de que '1lbergaría simple1nente una colección de formas más
o menos reguladas y establecidas, sino más bien, como un escenario móvil de
manifestación -y de irrupción- de inotivos, quizá inesperados. Dicho de otro
modo, no es sólo la autobiografía, la lüstoria de vida o la entrevista biográfica,
performadas temática y compositivan1ente en tanto tales, las que entrarían en
nuestra órbita de interés, sino también los diversos momentos biográficos que
surgen, aun inopinada1nente, en diversas narrativas, en particular, las

45
Un punto lí1nite de este funcionamiento narrativo, que evoca el carácter indecible de lo
trágico, es sin duda el relato de los sobrevivientes del Holocausto. Primo Levi, en Si esto es un rrir, hasta cierto punto, en
hu1nhrc, recuerda esa escena terrible en la cual, apenas liberado de Auschwitz, se encuentra ¡x>r sultará entonces de "un
pri1nera vez en la situación de contar, ante alguien bondadosamente predispuesto, y descubre que proceso de lectura, en el cual
su relato, salido de algún lugar desconocido de sí mismo, desprovisto de toda entonación "huma-
tución reflexiva" (De Man. 1
na'' -es decir, de las acentuaciones afectivas que acompañan toda puesta en discurso, en adecua-
ción a los topoi del relato.- tropieza con un límite en el otro, tanto de resistencia como de credi-
bilidad. La misma vivencia descuhre T zvetan Todorov en relatos de otros sobrevivientes, en la 46 Nos referimos a "Aurob·q""I
indagación que realizara para su libro Face a l'cxtróne (1991). upan Epitaphs, de Wordsworth.
illNTEMPORÁNEA EL ESPACIO BIOGRÁFICO. MAPA DEL TERRITORIO 61

cas. Allí, en ese registro gráfico o audiovisual que intenta dar-cuenta empecinada
-cada vez más "por boca de sus protagonistas 1' - del "esto ocurrió", es quizá
-donde se pone de manifiesto, con mayor nitidez, la búsqueda de la plenitud de
la presencia -cuerpo, rostro, voz-, como resguardo inequívoco de la existencia,
de la mítica singularidad del yo.
Es esa búsqueda, ese resguardo en tie1npos de incertezas, uno de los factores
que impulsan, según mi hipótesis, el despliegue sin pausa de lo biográfico. A su
dimensión clásica como modo de acceso al conocimiento de sí y de los otros
-la vida como totalidad que iluminaría una escritura, un descubrimiento, una
actuación, una personalidad-, a ese apasionante "más allá" de la mesa de tra-
bajo del escritor, del despacho del funcionario, del camarín de la estrella, que
explicaría -y haría compartir- un derrotero siempre único, se suman hoy otras
"tecnologías de la presencia", que la globalización extiende al infinito. En efecto,
la preeminencia de lo vivencial se articula a la obsesión de certificación, de
testimonio, al vértigo del "directo'\ el "tiempo real", la imagen transcurriendo
bajo (y para) la cámara, el efecto "vida real", lo "verdaderamente" ocurrido,
experimentado, padecido, susceptible de ser atestiguado por protagonistas,
testigos, informantes, cámaras o micrófonos, grabaciones, entrevistas, paparazzi,
desnudamientos, confesiones ...
En su ensayo sobre la autobiografía, 46 Paul de Man advertía sobre la cuali-
dad paradójica de ese "no-género" literario, que se presenta en verdad -o es
visto como- el más ajustado a una referencialidad, al transcurso de una vida
, esa insistencia aquí y según ha sucedido 1 cuando en realidad se trata de un resultado de escritura, de la
biográfico como una suer- puesta en funcionamiento de un mecanismo retórico que engendra el modelo
wna colección de formas más más que lo replica -la vida como producto de la narración-. Imposible de ajus-
GJm.o un escenario rnóvil de tar a valoraciones estéticas e históricas, atrapada entre la auto-indulgencia y
inesperados. Dicho de otro la trivialidad de lo cotidiano, la autobiografía está lejos, para el autor, de la
o la entrevista biográfica, dignidad de los grandes géneros. Pero este rechazo a la insistencia clasificato-
tales, las que entrarían en ria --cuyo ejemplo emblemático es el empeño de Lejeune- lo es también a la
momentos biográficos que inútil contraposición entre autobiografía y ficción. En desacuerdo igualmente
en particular, las tneJiáti- con la idea jurídica de "pacto" que sostiene este último, que obligaría al lector
a reconocer una autoridad trascendente del autor, De Man propone conside-
rarla más bien como una figura del entendimiento o de la lectura, que puede ocu-
rvoca el carácter indecible de lo
_ Primo Levi, en Si esto es un rrir, hasta cierto punto, en todos los textos. El "momento autobiográfico" re-
de Auschwitz, se encuentra por sultará entonces de "un alineamienw entre los dos sujetos involucrados en el
re predispuesto, y descubre que proceso de lectura, en el cual ambos se determinan mutuamente por una susti-
de toda entonación "huma-
tución reflexiva" (De Man, 1984: 68; el destacado es mío). Estructura especu-
mda puesta en discurso, en adecua-
de resistencia como de credi-
'16 Nos referimos a "Autobiography as de-facement" (1984: 67-81), un análisis sobre Essays
upon Epiuiphs, de Wordsworth.

-
62 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA
EL

lar que se torna explícita, se internaliza, cuando el autor declara ser su propio
Ahora bien, ;hacia dónde
objeto de conocimiento.
Esta posición -cuyo punto límite es, por supuesto, que toda escritura es auto--
biográfica-, encontraría un cierto equivalente en esa posibilidad, que percibi-
objetas de deseo que se rdltj. .
; Hay modelos (sociales)
desplegar, haciendo de ello,
m•
icl"

mos una y otra vez en nuestra indagación, de plasmación del "momento"


ría erróneo pensar que esos
autobiográfico, aunque el objeto del discurso sea otro -en la entrevista
delineados con trazo fuerte en
mediática, por ejemplo, aunque allí podrá tratarse tanto de una sintonía for-
galería de personajes ilustres
tuita entre interlocutores como de un giro retórico inducido por el entrevista-
adjetivo-, que son sólo aqudllo'
dor-, afirmando la pertinencia de priorizar, para nuestro tema, el desplazamien- deseo": ricos y famosos, jó'..em41
to metonímico (formal, retórico) por sobre la clasificación taxonómica o la
nas, princesas o príncipes de
supuesta homogeneidad genérica. Así, nuestra atención se dirigirá hacia los
con alguien -que está, en
procedimientos, hacia esa tropología, reconocible aquí y allí, que insiste en las di-
mente glamoroso, también
versas formas de ficcionalización autobiográfica. Reconocernos aquí,
El análisis que hace De Man sobre el poema de Wordsworth en el artículo
mecanismo llevaría a esa
citado trae aparejada, además, una conclusión perturbadora: si la
nal, grupal, colectiva-, o
fía pretende restituir la vida, el punto extremo de su paradoja es precisamente
global multiplica al mínimo
la privación, la la voz y el nombre que intenta restaurar -la
otro motor impulsaría esa
sopopeya, como figura típica de la autobiografía- sólo conllevará, en definiti-
cotidiana, en la reacción m:lis
va, la restauraci(ln de la rnortalidad. 47
las infinitas variables del t<A
Si la muerte "preside en la casa de la autobiografía", escamoteando una vez
-que quizá impropiamente a:
más la completitud de la presencia, podemos sugerir que también la falta ronda
por las vidas célebres y los
en la multiplicación exacerbada de lo vivencial. Nueva paradoja, que nos remite
podría ser la "propia" peri
a la concepción lacaniana del sujeto como "puro" antagonismo, autoobstáculo,
do con ella. Tendencia que
autobloqueo, límite interno que impide realizar su identidad plena, y donde el
la imposibilidad de los estiodo•
proceso de subjetivación --del cual las narrativas del yo son parte esencial-, no
el precepto de la igualdad, d
será sino el intento, siempre renovado y fracasado, de "olvidar" ese trauma, ese
la aceptación tácita, en
vacío que lo constituye. Si el sujeto sólo puede encontrar una instancia
figuras tan naturales como·
"superadora" de ese vacío en actos de identificación, la identificación imagina-
más adelante, lo que pa
ria con el otro y con la vida del otro es el acto más "natural", en tanto replica las
identificaciones primarias, parentales. Y aquí, aunque las vidas susceptibles de iden-
48 En el universo contem11io.-ónml
tificación se reparten en un universo indecidible entre ficción y no ficción, hay
los valores de juventud, belleza,.
sin duda un suplemento de sentido en las vidas "reales", ése que la literatura, el imágenes (de mujer, de homlxc. ele
cine, la televisión, Internet -el completo horizonte de la mediatización contem- ral, etc.), apenas analizadas,..,,,..,..,.
poránea-, se empeñan, incansablemente, en pregonar. (madre/mujer facal) con diferenta
nario de relación amorosa "feliz•.
i7 Nora Catelli (1991), en su estudio sobre el artículo de De Man, analiza el doble
conjunto, hay una proliferación ele
miento de la prosopopeya, que no solamente va a restituir un rostro, una voz (en la autobiogra· como producto de la creciente
fía), sino "dotar de un yo, mediante el relato, a aquello que previamente carece de un yo. El yo no ro, religiosas, etc.), en ..
es así un punto de partida sino lo que resulta del relato de la propia vida" y más adelante "en el las publicaciones específicas, bs
instante en el que la narración empieza (el 'momento autobiográfico autorreflexivo') aparecen res" y el anhelo imposible "de
dos sujetos: uno ocupa el lugar de lo informe, otro el lugar de la máscara que lo desfigura" (p. 17). Cori, 1993; sobte la "unicidac:r de
la revista Critical lnquiry, núm. ·
lllJICC'tV!EMPORÁNEA
EL ESPACIO BIOGRÁFICO. MAPA DEL TERRITORIO 63

Ahora bien, ¿hacia dónde se orienta esa búsqueda? ¿cuáles son las vidas
rada escritura es auto- objetos de deseo que se reflejan en la pantalla compensatoria de la fantasía?
- "lidad, que ·percíbí- ¡Hay modelos (sociales) identificatorios que el espacio biográfico tendería a
-ón del ºmomento" desplegar, haciendo de ello, quizá, una especialidad? Seguramente sí, pero se-
ría erróneo pensar que esos modelos, bien reconocibles, quizá poco plurales, 48
delineados con trazo fuerte en el horizonte mediático, integran una especie de
. .ucido por el entrevista- galería de personajes ilustres -con la carga apreciativa que quiera dársele al
tema, el desplazamíen- adjetivo-, que son sólo aquellos que encarnan el éxito o el "cumplimiento del
·ón taxonómica o la deseo": ricos y famosos, jóvenes, felices, brillantes pensadores, héroes o heroí-
se dirigirá hacia los nas, princesas o príncipes de tumo. El rasgo básico de nuestra identificación
y allí, que insiste en las dí- con alguien -que está, en general, oculto-, no es de ningún modo neces..1ria-
mente glamoroso, también puede ser cierta falla, debilidad, culpa, del otro.
Reconocemos aquí, seguramente, una verdad casi inmediata: ¿qué otro
. .d...J,ora: si la autobiogra- mecanismo llevaría a esa atención casi hipnótica sobre la desventura -perso-
paradoja es precisamente nal, grupal, colectiva-, o sobre la creciente dificultad del vivir, que la pantalla
intenta restaurar -la pro-
global multiplica al mínimo detalle? Y, más allá de tragedias y catástrofes, ¡qué
liilo conllevará, en definiti- otro motor impulsaría esa pasión de anecdotismo, ese hurgar en la minucia
cotidiana, en la reacción más primaria y la palabra más privada, que sustenta
.,.ill'ía'", escamoteando una vez las infinitas variables del talk show o reality show? Podría verse en este desliz
que también la falta ronda -que quizá impropiamente se dijera "biográfico"- un corrimiento del interés
liR"'1 paradoja, que nos re mi te por las vidas célebres y los grandes escenarios a las vidas comunes, a lo que
antagonismo, autoobstáculo, podría ser la "propia" peripecia, anclada en el lugar de la ficción o convivien-
identidad plena, y donde el do con ella. Tendencia que expresaría asimismo un nuevo límite de la política:
dd yo son parte esencial-, no la imposibilidad de los estados de hacerse cargo de las vidas prometidas según
de "olvidar" ese trauma, ese el precepto de la igualdad, el desvanecimiento del mito de la movilidad social,
encontrar una instancia la aceptación tácita, en definitiva, de la debilidad, la falta, la carencia, como
figuras tan naturales como irreversibles. Más allá de esta hipótesis, que retomaré
más adelante, lo que parecería evidente es la coexistencia en el imaginario

48
En el universo contemporáneo de "los/las modelos" bajo el asedio de la publicidad, donde
los valores de juventud, belleza, delgadez, glamour, sofisticación se imponen, la pluralidad de las
imágenes (de mujer, de hombre, de familia, de juventud, de infancia, de hogar, de posición labo-
ral, etc.). apenas analizadas, revierten en singularidad o escasez: hay casi una "dupla" de mujer
(madre/mujer fatal) con diferentes atavíos, "un" cipo de familia nuclear y de pareja, "un" imagi-
nario de relación amorosa "feliz", etc. etc. Por el contrario, en el campo cultural, tomado en su
de De Man, analiza el doble desplaza- conjunto, hay una proliferación de modelos, cuyas diferencias son considerables, en gran medida
una voz (en la autobiogra-
l05CI'0, como producto de la creciente afirmación identitaria de las minorías (sexuales, étnicas, de géne-
carece de un yo. El yo no ro, religiosas, etc.), afianzadas en la teoría, el cine, el teatro, la fotografía, el diseño, la literatura,
ia vida" y más adelante "en el las publicaciones específicas, las artes experimentales, etc. Sobre la multiplicidad de "las muje-
co autorreflexivo') aparecen res" y el anhelo imposible ·de representación de la mujer, como esencia de lo femenino, véase Di
mascara que lo desfigura" (p. 17). Cori, 1993; sobre la "unicidad" de los modelos de sexualidad y pareja, véase lntimacy, dossier de
la revista Crirical lnquiry, núm. 24, invierno 1998.
64 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

social de ambos "modelos", el estelar y el de las vidas comunes, en su invaria; abierto a identificaciones
ble mezcla y superposición ---como en la vida: desventuras de los poderosos,49
ascensos y caídas, golpes de suerte de los humildes, felicidad de las cosas sim-
ples, etc.-"".
Pero hay todavía otra cuestión a despejar1 respecto de la identificación
imaginaria. La identificación lo es siempre en virtud de cierta mirada en el Otro,
por lo cual, frente a cada imitación de una imagen modélica, cabría fonnularse
la pregunta del para quién se está actuando ese rol, qué mirada es considerada
cuando el sujeto se identifica él mismo con una imagen. Esa divergencia entre
el modo en que cada uno se ve a sí mismo y el punto desde el cual es mirmlo/
dLSemlo actuar -que evoca toda la complejidad del grafo lacaniano del sujeto y
la dialéctica del deseo--50 señala la doble refracción a tener en cuenta en todo
análisis cultural sobre estos fenómenos.
Desde esta óptica, podría afirmarse que la abrumadora repetición bio-
gráfica, en todos los registros que he enumerado, o más bien, la diferencia en la
repetición, ese desfile incesante que muestra y vuelve a mostrar lo mismo en lo mediáticos, como la enctrl""1islil
otro, no hará sino (re)poner en escena todo lo que falta para ser lo que no es un fuerte efecto de prox·
-produciendo paradójicamente un efecto de completitud-, al tiempo que per- más allá de los circuitos ·
mite recortar aquello reconocible como "propio" -aun cuando no lo sea en
términos del propio deseo- y, esto me parece esencial, mantener siempre abierta
la cadena de identificaciones. En efecto, si la historia (de una vida) no es sino la
reconfiguración nunca acabada de historias, divergentes, superpuestas, de las do éste en la sugerente
cuales ninguna podrá aspirar a la mayor "representatividad" -en los mismos como "una vida" -a la m ......
términos en los que, para el psicoanálisis lacaniano, ningún significante puede al trabajo de la narración.
representar totalmente al sujeto-, ninguna identificación, por intensa que sea, como puesta en sentido, ser.i
podrá operar como eslabón final de esa cadena. Es precisamente sobre ese En ese relato de sí, si
vacío constitutivo, y sobre ese (eterno) deslizamiento metonímico, que se en- rario, el mediático, el de las
traman los hilos de nuestro espacio biográfico. lugar privilegiado. Hay, en su
Retomando las líneas de la argumentación, es posible explicitar ahora la llas filosófico/literarias de la
concepción de sujeto, y correlativamente, de identidad, que guía mi indaga- el rastreo analítico de CT.ida...
ción: la de un sujeto no esencial, constitutivamente incompleto y por lo tanto, que es, precisamente, la de m
49
ros biográficos -lugar ranóoi41
El fenómeno de la identificación con las desdichas de los poderosos, en la doble valencia de
la piedad colectiva y la compensación catártica (también los grandes sufren tragedias, pérdidas,
azares), fuertemente ligada a símbolos de belleza, glamour, sensualidad, etc., tuvo en el último 51
Afirma Derrida: "el archiwt..
tiempo dos hitos, que también marcaron el nuevo estado de la globahzación {tragedias en "tiem- general, no solamente es el lllp' ele
po real"): las muertes por accidente de la princesa Diana Spencer y su novio y las de John Kennedy pasado que existiría de todos modm
{hijo) y su mujer. estructura técnica del archivo
5
{1 La célebre afirmación de que el deseo "es el deseo del Otro" como constituyente del sujeto, en su surgir mismo y en relación
impone la pregunta correlativa Che vuoi? Que veux tu? Qué quiere/s ?pregunta susceptible de ser acontecimiento" (este último de""'col
reformulada (aun sin saberlo) con la ayuda del analista: Que me veut-il? Qué me quiere? J. Lacan, parece particularmente interesanR
"Subversion du sujet et dialectique du désir daos l'inconscient freudien" (1971: 151-191). ria biográfica.
-.UDODN"rEMPORÁNEA EL ESPAClO BIOGRÁFICO. MAPA DEL TERRITORlO 65

jili•mies, en su invaria- abierto a identificaciones múltiples, en tensión hacia lo otro, lo diferente, a


de los poderosos, 49 través de posicionamientos contingentes que es llamado a ocupar --en este "ser
•-"° de las cosas sim - llamado" opera tanto el deseo como las determinaciones de lo social-, sujeto
susceptible sin embargo de autocreación. En esta óptica, la dimensión simbó-
lico/narrativa aparece a su vez.como constituyente: más que un simple devenir
de los relatos, una necesidad de ·subjetivación e identificación, una búsqueda
, cabría forinularse consecuente de aquello-otro que permita articular, aun temporariamente 1 una
1
m.iradaes considerada imagen de autorreconocimiento.
En esta construcción narrativa de la identidad, los géneros primarios tie-
nen gran importancia: a través de ellos se teje en buena medida la experiencia
cotidiana, las múltiples formas en que, dialógicamente, el sujeto se "crea" en la
conversación. Éste es quizá uno de los registros más determinantes en la obje-
tivación de "la vida" como vivencia y como totalidad. Registro que a su vez se
.h:umadora repetición bio- replica, se hace compartido en las infinitas conversaciones de la comunica-
más bien, la diferencia en la ción social. De allí la importancia, para el tema, de considerar los géneros
a mostrar lo mismo en lo mediáticos, como la entrevista, donde las formas cotidianas se reinscriben con
falta para ser lo que no es un fuerte efecto de proximidad. Y son los procedimientos retóricos utilizados,
titud-, al tiempo que per- más allá de los circuitos intersubjetivos, los que dejan su huella aquí y allí, a
-aun cuando no lo sea en veces en sorprendente semejanza. Procedimientos convencionalizados y casi
· l, mantener siempre abierta automáticos de instauración del sujeto, que vendrán a sobreimponerse a la
(de una vida) no es sino la fluctuación caótica de la memoria o al "dato" consagrado en el archivo -toma-
. ...,igentes, superpuestas, de las do éste en la sugerente acepción derrideana-. 51 No habrá entonces algo así
llliaentatividad" --en los mismos como "una vida" -a la manera de una calle de dirección única- que preexista
, ningún significante puede al trabajo de la narración, sino que ésta, como forma del relato, y por ende,
·cación, por intensa que sea, como puesta en sentido, será un resultado, podríamos aventurar, contingente.
Es precisamente sobre ese En ese relato de sí, siempre recomenzado e inconcluso --el cotidiano, el lite-
nto metonímico, que se en- rario, el mediático, el de las ciencias sociales-, la vivencia tiene sin duda un
lugar privilegiado. Hay, en su uso corriente, una notable persistencia de las hue-
llas filosófico/literarias de la historia de su significado, tal como puede verse en
el rastreo analítico de Gadamer que presenté al comienzo del capítulo. Historia
que es, precisamente, la de su aparición, mutación y desplazamiento en los géne-
ros biográficos -lugar canónico de la pregunta por el ser y la (propia) vida-,
los poderosos, en la doble valencia de
los grandes sufren tragedias, pérdidas,
51 Afirma Derrida: "el archivo, como impresión, escritura, prótesis o técnica hipomnémica en
• sensualidad, etc., tuvo en el último
clr: b globalización (tragedias en "tiem- general, no solamente es el lugar de almacenamiento y conservación de un contenido archivable
su novio y las de John Kennedy pasado que existiría de todos modos sin él, tal y como aún se cree que fue o que habrá sido. No, la
estructura.. técnica del archivo archivante determina asimismo la estructura del contenido archivable
Otro" como constituyente del sujeto, en su surgir mismo y en relación con el porvenir. La archivaci6n produce, ranw como registra, el
.,«re/s ?pregunta susceptible de ser acontecimienro" (este último destacado es mío) (Derrida, [1995] 1997: 24). Esta concepción me
mtvcut-il! Qué me quiere? J. Lacan, parece particularmente interesante para pensar el trabajo de acuñación de sentidos de la memo-
i-aonr freudien" (197L 151-191). ria biográfica.
66 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

donde despliega a un tiempo la capacidad de dar cuenta del momento y la tota·


lidad, de la irrupción súbita y la permanencia en el recuerdo. Vuelvo ahora sobre
algunas de esas acepciones, encontrando resonancias con los temas tratados en
este recorrido: "comflrensión inmediata de algo real, en oposición a aquello de lo
que se cree saber algo, pero a lo que le falta la garantút de una vivencia propia'',
" ... el contenido permanente de lo que ha sido vivido", "algo que se destaca del flujo
de lo que desaparece en la corriente de la vida" (todos los destacados son míos). 2.Entre
Comprensión inmediata, garantía de autenticidad, contenido permanente e ilu. .
minación puntual, vertientes que configuran un campo semántico donde el au . .
tor distingue todavía algo más, una "referencia interna a la vida", que no es,
recordemos, una simple relación entre lo general y lo particular, sino que "se El surgimiento del espacio
encuentra en una relación inmediata con el todo, con la totalidad de la vida". no, también lo fue, como
Esa cualidad fulgurante de la vivencia de convocar en un instante la totali- blico y lo privado, y por
dad, de ser unidad mínima y al mismo tiempo ir "más allá de sí misma" hacia la social. Esa relación, que U.,.
vida, en general; de iluminar, rescatar, atesorar, es quizá lo que hace de ella uno de cindible en una indagación
los significantes que más insisten en el espacio biográfico, y podría afirmar, uno es la que abordaré en el
de los más valorados en la cultura contemporánea. Impregnada de connotacio- perspectivas clásicas sobre d
nes de inmediatez, de libertad, de conexión con el "ser", con la verdad del "sí y la de N orbert Elías. En un
mismo", viene también a atestiguar de la profundidad del yo, a dar garantía de lo delimitación contemporánea
"propio". Y aun cuando esa "totalidad" no tenga un carácter de completud, de tivas biográficas en tal det· ·
acabamiento, sino que se la interprete más bien como una totalidad imaginaria, de las diferencias identitarias,
y pese a que la cone¡ción con la vida, en general, remita en mi óptica a una huella,
a un cronotopo, más que a una realización trascendente, hay sin embargo un
cierto anclaje, necesario y temporario, que la vivencia propone, como lugar l.
zá menos incierto de (auto)reconocimiento. Es ese anclaje, presente o
do en el recuerdo, el que parece impactar, sin mediación alguna, en esa totalidad
imaginaria de la vida, para cada uno 1 podríamos agregar, trascendente. sentarse como una dicot
Así, en la conceptualización del espacio biográfico, en el arco temporal lleva cierta negatividad.
que he trazado desde su mítico punto originario, se articulan el "momento" y ficaciones asociadas -in
la "totalidad", la búsqueda de identidad e identificación, la paradoja de la pér- requiere por lo tanto e
dida que conlleva la restauración, la lógica compensatoria de la falta, la el concepto de lo "público'"?
tidura del valor biográfico. Rasgos que disuaden de una interpretación simplis- agrega en la multiplicidad de
ta o causal de la proliferación de las narrativas del yo -y sus innúmeros despla- reses comunes, a los esi)a[:ill
zamientos-, sólo en términos de voyeurismo o narcisismo, para abrir camino a Coextensivamente, lo "pri.iv.ldl
lecturas más matizadas y dar paso también a nuevos Desde aquí, -quizá indebidamente- al ·
es posible preguntarse ahora sobre el tránsito que lleva del "yo" al "nosotros" lo íntimo, lo doméstico. la ;
-o que permite revelar el nosotros en el yo-, un "nosotros" no como simple cualquiera de estos sentidos,
sumatoria de individualidades o como una galería de meros accidentes riamente dicotómica?
ficos, sino en articulaciones capaces de hegemonizar algún valor compartido Evidentemente, la di1vis·Olilll
respecto del (eterno) imaginario de la vida como plenitud y realización. digmático de la modernidad:
2. Entre lo público y lo privado.
Contornos de la interioridad
a la vida", que no es,
panicular, sino que "se El surgimiento del espacio biográfico, esencial para la afirmación del sujeto moder-
la rotalidad de la vida". no, también lo fue, co1no señaláramos, para trazar el umbral incierto entre lo
blico y lo privado, y por ende, la naciente articulación entre lo individual y lo
social. Esa relación, que lleva de lo uno a lo múltiple, del yo al nosotros, impres-
cindible en una indagación sobre la construcción del campo de la subjetividad,
es la que abordaré en el presente capítulo, a partir de la confrontación de tres
perspectivas clásicas sobre el tema: la de Hannah Arendt, la de Jürgen Habermas
y la de Norberr Elías. En un segundo momento plantearé una hipótesis sobre la
delimitación contemporánea de ambos espacios y el papel que juegan las
tivas biográficas en tal delimitación, así como su aporte a la afirmación ontológica
de las diferencias identitarias, tal como se manifiestan en el horizonte actual.

1. Tres paradigmas: Arendt/}fobermas/Elías

Más allá de su connotación topológica, el binomio público/privado suele pre-


sentarse como una dicotomía donde por definición uno de los términos
lleva cierta negatividad. Binomio que convoca a su vez una variedad
ficaciones asociadas -interior/exterior, propio/común, individuo/sociedad-, y
requiere por lo tanto explicitación en virtud de sus usos: ¿qué sentidos recubre
el concepto de lo "público''? ¡Se asimila lisa y llanamente a lo político, se des-
agrega en la multiplicidad de lo social? ¿Remite a la "cosa" pública, a los in
reses comunes, a los espacios compartidos de visibilidad y habitabilidad'
Coextensivamente, lo "privado", ¿alude a lo "secreton, a aquello que se sustrae
-quizá indebidamente- al ideal de transparencia democrática? ¿Concierne a
lo íntimo, lo doméstico, la libertad o el interés individual? Y aun, al optar por
cualquiera de estos sentidos, ¿es la articulación entre los dos términos
riamente dicotómica?
Evidentemente, la divisoria de aguas entre ambos espacios es un tema
digmático de la modernidad: objeto de elucidación etimológica, filosófico/¡>0lí-

67
68 EL ESPACIO B!OCRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

tica, sociológica, histórica¡ el rastreo de las interpretaciones llevaría a una ver-


A su turno, lo "pm.. .
dadera constelación bibliográfica. De esta constelación, a todas luces inabarcable, producción, cada vez
nos vamos a remitir a dos aportes que guardan estrecha relación con nuestro esfera de intimidad que,
terna, por cuanto consideran de modo prioritario la esfera de la privacidad: la cluso su connotación de
crítica de Hannah Arendt en La condición humana ([1958) 1974), a partir del social y lo político, lo
modelo griego, sobre el surgimiento de lo social como fagocitador, entre otras hecho singular: lo pritva1WI
cosas, de la naciente esfera de la intimidad -cuyo ejemplo emblemático es la advertirá ya en conttr.l""llli!I
"rebelión" de Rousseau-, y la tesis de Jürgen Habermas sobre la constitución de se halla auténticamenre
la opinión pública burguesa en Hiswria y crítica de la opinión pública ([1962) l 990), esa reciente esfera de la •
que otorga un papel preponderante al "raciocinio literario", alimentado en despliegue público. Se
buena medida por los géneros canónicos del espacio biográfico. En tanto sen, demo, el hecho de su1o-4
dos enfoques involucran a su vez la distinción entre individuo y sociedad, he
juzgado oportuna la confrontación con el pensamiento de Norbert Elías, para
quien ambos términos no están en contraposición sino en interacción dialógica,
coextensiva a la topografía público/privado, y este último término, como "re,
fugio" de la intimidad.

1.1. Intimidad y visibilidad. La tiranía de lo social

La crítica de Arendt, desde la filosofía política, apunta a trazar la diferencia Esa necesidad de exteri
entre el sentido primigenio de lo "público" en la polis griega, como equivalente a la visibilidad democráti
lo político, reino de la libertad -la acción, el discurso, la participación directa en
el ágora sobre los asuntos comunes-, 1 en oposición a lo ºdoméstico", reino de la
necesidad -la producción material por el trabajo de los esclavos y la reproduc-
ción de la vida-, y su acepción en la modernidad, donde lo "público" comprende
dos registros en cierta disyunción, lo social y lo político. Para la autora, es justa,
mente la emergencia de la sociedad en el mundo burgués, a la manera de una
gran administración doméstica (housekeeping), con sus tareas, planificaciones y
problemas, que sale "desde el oscuro interior del hogar a la luz de la esfera públi- ción -en su acePción e I' •

ca", la que borra definitivamente la frontera clásica entre público y privado, ción humana. Un abismo
desnaturalizando hasta lo irreconocible el significado de ambos términos. de la polis -como la no
naria inclemente de la
1 En la polis, lo público suponía asi_mismo un modelo de vida: cada ciudadano en plenitud de

sus derechos -los de propiedad privada y luego los cívico,políticos-r- disfrutaba de una "segunda 2
Se consumaba asf, en . _
vida", el bios politikos, un orden superior de la existencia, signado por el interés en lo comunal había caracterizado a la ant::igla
(koinon), definido por una aptitud retórica y regido por el valar para afrontar grandes acciones, capitalismo (con la supervn·...,...,
virtud heroica, capaz de menosprecio de la propia vida en aras de una gloria futura. El verdadero del maestro y sus aprendices)-.
ser del hombre (el ideal de la "buena vida" aristotélica) se desplegaba así solamente en lo políti, social, con el afianzamiento cW
co, como un desapego de lo propio, lo material, en aras de ideales más elevados que los de asegu, producción industrial.
rar la mera subsistencia. A este modelo trascendente, Arendt opone la cualidad uniformizadora y 3
Aquí cabría remarcar ...
marcadamente reproductiva de las vidas contemporáneas. concierne justamente al
ENlRE LO PÚBLICO Y LO PRIVADO. CONTORNOS DE LA INTERIORIDAD 69

A su tumo, lo "privado" va a desligarse paulatinamente del proceso de


producción, cada vez más socializado, 2 para afirmarse sobre todo como una
esfera de intimidad que, con el auge del individualismo moderno perderá in·
cluso su connotación de privación. En este desdoblamiento -lo público, en lo
social y lo político, lo privado, en lo doméstico y lo íntimo-, Arendt destaca un
aoradlor, entre otras hecho singular: lo privado, en tanto espacio de contención de lo íntimo, no se
emblemático es la advertirá ya en contraposición a lo político, sino a lo social, esfera con la cual
la constitución de se halla auténticamente emparentado. Pero hay además otro rasgo paradójico:
([1962] l 990), esa reciente esfera de la intimidad sólo logrará materializarse a través de su
despliegue público. Se afirmaba así el carácter "devorador" de lo público mo-
derno, el hecho de subsumir en sí mismo existencia y apariencia:

Comparada con la realidad de lo visto y oído, incluso las mayores fuerzas de la


vida íntima-las pasiones del corazón, los pensamientos de la mente, las delicias
de los sentidos-, llevan una incierta y oscura existencia hasta que se transfor-
man, desindividualizadas, como si dijéramos, en una forma adecuada para la
aparición pública. La más corriente de dichas transformaciones sucede en la narra-
ción de historias, y por lo general, en la transposición artística de las experiencias
individuales (Arendt, [1958] 1974: 74; el destacado es mío).

"3- apunta a trazar la diferencia Esa necesidad de exteriorización de lo íntimo -apenas una de las facetas de
griega, como equivalente a la visibilidad democrática-, esa "puesta en forma" de la experiencia que los
la participación directa en géneros autobiográficos venían justamente a inaugurar, suponía ya, sin em-
J:ióri bargo, la salvaguarda de la conducta, mecanismo regulador por el cual la so·
""de a lo "doméstico", reino de la
los esclavos y la reproduc-
donde lo "público"
ciedad tiende a la "normalización" de sus miembros a través de la imposición
de códigos de comportamiento, consumando así esa 11 intrusión en las zonas
, frOlítico. Para la autora, es JUSta· más íntimas del hombre" contra la cual se había rebelado tempranamente
burgués, a la manera de una Rousseau. Lógica de igual:ación -si bien se trata, para Arendt, de una
sus tareas, planificaciones y dad basada en el conformismo-, la conducta reemplazará entonces a la ac-
,,ahogar a la luz de la esfera públi- ción -en su acepción clásica, trascendente- como la principal forma de rela-
1dásica entre público y pnvado, ción humana. Un abismo viene así a separar la idealizada libertad primigenia
de ambos términos. de la polis -como la no menos idealizada libertad del individuo-, de la maqui·
naria inclemente de la modelización. 3
tlida: cada ciudadano en plenitud de
disfrutaba de una "segunda 2
Se consumaba así, en una dilatada elipsis, el tránsito desde la producción doméstica que
signado por el interés en lo comunal había caracterizado a la antigua Grecia -aun sostenida en el ámbito familiar en los albores del
Jcl .... para afrontar grandes acciones, capitalismo (con la supervivencia de las formas de asociación de los gremios medievales, la figura
,. _.de una gloria furura. El verdad:r_o

r
del maestro y sus aprendices)-, a la separación neta de la producción del ámbito doméstico al
clc:sp&egaha así solamente en lo pohtt- social, con el afianzamiento del capitalismo y la aparición de los grandes espacios (sociales) de
idr:alcs más elevados que los de asegu- producción industrial.
oponc la cualidad uniformizadora y 1
Aquí cabría remarcar una diferencia significativa respecto del modelo griego clásico, que
concierne justamente al estatuto de la intimidad: nada semejante a una conciencia histórica y
70 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

Pero, en tanto es la apariencia el valor que se destaca, la nueva esfera pública Pero este equilibrio -
conlleva además otra pérdida, la de realidad. La inclusión de la intimidad en lo personas privadas- tenía
público irá entonces más allá de la modelización, para intentar el reemplazo de tanto coexistencia ilUS1Ja1W
la trascendencia: la intensificación de toda la escala de emociones subjetivas y para el autor definiti
sentimientos privados, la inmediatez de la vivencia, la felicidad de las "pequeñas masmediática que, con m
cosas" cotidianas, características entrañables del mundo burgués, no serán para de la densidad crítica y d
la autora sino intentos de compensar el "olvido de la inmortalidad" y entonces, la de la publicidad burg-a.I
antigua grandeza dará paso por todas partes al "encanto11 •

1.2. Raciocinio literario y educación sentimental íntimo, una de cuyas co.,.odl


el peso decisivo que adl:iuialll
Para Habermas, el surgimiento de esa esfera privada donde se perfilaba la na- en la construcción de la -
ciente subjetividad de lo íntimo tiene asimismo un papel decisivo en su Vemos así que la valoai41
dio sobre la configuración de la esfera pública burguesa. En efecto, los "públi- miento de la esfera íntima
cos raciocinantes" del siglo XVIII, cuya asociación en ámbitos comunes de Arendt, como contracara ·
versación -cafés, clubes, pubs, salones, "casas de refrigerio"- diera lugar al ofrece también un punlD de
concepto miSmo de opinión pública, no solamente ejercitaban allí un "racioci- de un modelo primigenio,
nio político" para poner coto al poder absolutista, sino, de modo indisociable, la acción humana traoanl....
un "raciocinio literario", alimentado-como vimos en el capítulo anterior-por programático de la acción
las nuevás formas autobiográficas, la novela en primera persona, el género por un desequilibrio entre
epistolar. La pasión por la relación entre personas, el descubrimiento intersub- social, para la primera, que
jetiva de una nueva afectividad, se unía así al hábito de la polémica y la discu- entronización de un modelo
sión política, preanunciando los espacios futuros de representación: "no se tividad, para el segundo, que
sabe bien si las personas privadas se ponen de acuerdo qua hombres en el ra- público, y por ende, en una
ciocinio literario acerca de las experiencias de su subjetividad, o bien si las El exceso aparece así
personas privadas se ponen de acuerdo qua Propietarios en el raciocinio políti- manía de un estado Previo e
co acerca de la regulación de la esfera privada" (Habermas, 1990: 91). 4 perará su sentido clásico de
nuevo, el de deprivación_
temporal del yo, tal como la entendemos en la modernidad, acompañaba al ciudadano a la escena lleva a una desvalorización
pública del ágora; su "ser privado" remitía solamente a su carácter de pater familias, jefe de la
esfera doméstica de producción (esclavista) y reproducción, donde reinaba, señala Arendt, con
mayor poder que un déspota. Es Bajtfn quien hace aparecer con mucha claridad esta diferencia en
su estudio sobre la biografía y autobiografía antiguas, al analizar uno de sus tipos, el retórico, después de su publicación en
basado en el enkomion. uno de los géneros propios de la intervención en el ágora, consistente en recogiendo críticas de distinto
el elogio fúnebre cívico político y conmemorativo del ciudadano: "no había allí, no podía haber, ciente atención prestada a las
nada de íntimo, de privado, de personal y secreto, de introvertido. Ninguna soledad. Ese hombre por ejemplo), así como una
5
está abierto por todas partes. Enteramente al exterior, no guarda nada sólo para sí, nada hay en él "La esfera del público se
que no sea del orden de un control o de una declaración pública y nacional. Todo aquí era aplicación y, al mismo tiempo,
absolutamente público" (M. Bajtín, [1975] 1978: 280). subjetividad del individuo priv;¡Q,
4
La cita es elocuente en tanto agrupa los atributos necesarios para constituírse en "personas nas privadas convertidas en públil:n
privadas": ser hombres y propietarios. En su prólogo a la edición inglesa de 1990 (casi diez años al proceso comúnmente impulsado

:::=.m---.· ;.¡ : : .

....
ENTRE LO PÚBLICO Y LO PRIVADO. CONTORNOS DE LA INTERIORIDAD 7I

Pero este equilibrio ideal, donde lo privado -las narrativas, el raciocinio, las
personas privadas- tenía tal importancia en la configuración de lo público, 5 en
tanto coexistencia ilustrada de individualidades en tomo del interés común, fue
para el autor definitivamente alterado con el advenimiento de la sociedad
de las "pequeñas masmediática que, con su lógica equivalencial del advertising, causaría la pérdida
no serán para de la densidad crítica y el contralor racional del poder que ejercía la vieja esfera
y eil.tonces, la de la publicidad burguesa. Esta disolución de lo político en sus términos
argumentativos, es decir, en la primacía de la c6nversación, la interacción
discursiva, está relacionada aquí con el ascenso del ámbito privado y la tendencia
al "ensamblamiento" de ambas esferas, con una marcada derivación hacia lo
íntimo, una de cuyas consecuencias mayores es la personalización de la política,
el peso decisivo que adquiere la vida privada, la dimensión subjetiva, el carisma,
en la construcción de la imagen y la representación pública de los candidatos.
....c;·.,;-vo en su estu, Vemos así que la valoración positiva que ambos autores confieren al surgi-
decto, los "públi- miento de la esfera íntima burguesa -como afirmación de la individualidad, en
comunes de con, Arendt, como contracara indisociable del raciocinio político, en Habermas-,
- diera lugar al ofrece también un punto de común pesimismo: la desaparición, o la alteración,
c¡m:¡taban allí un "racioci- de un modelo primigenio, cualitativamente superior. Se trate ya de la pérdida de
sino, de modo indisociable, la acción humana trascendente, ya del debilitamiento del contenido ideológico/
en el capítulo anterior- por programático de la acción política, en los dos casos la "involución" estará signada
primera persona, el género por un desequilibrio entre los términos de la dicotomía: un excesivo peso de lo
d descubrimiento intersub- social, para la primera, que conducirá finalmente, a través de las conductas, a la
·ro de la polémica y la discu- entronización de un modelo banal de la vida humana, U1lll exacerbaci6n de la subje-
de representación: "no se tividad, para el segundo, que se traducirá en un desbalance de lo privado en lo
acuerdo qua hombres en el ra- público, y por ende, en una difuminación de lo político.
'"' subjetividad, o bien si las El exceso aparece así como una figura que viene a alterar la hipotética ar-
·os en el raciocinio políti, monía de un estado previo e ideal. Desde una orilla -Arendt- lo privado recu-
(Habermas, 1990: 91).' perará su sentido clásico de privación, desde la otra -Habermas- adquirirá uno
nuevo, el de deprivación. Sin embargo, la postura crítica de este último no lo
al ciudadano a la escena
lleva a una desvalorización de la esfera íntima/privada in toto, en términos de
acicter de pater familias, jefe de la narcisismo -como en la posición admonitoria, también clásica, de Richard
donde reinaba, señala Arendt, con
am mue.ha claridad esta diferencia en
l uno de sus tipos, el retórico, después de su publicación en español), Habermas retoma algunos puntos clave de su argumento,
¡.._:ne;,··;., en el ágora, consistente en recogiendo críticas de distinto tenor, entre ellas, las feministas. Reconoce entonces una insufi-
.......,, •no había allí, no podía haber, ciente atención prestada a las prácticas de lectura, escritura y agrupación femeninas (los salones,
......ido. Ninguna soledad. Ese hombre por ejemplo), así como una aceptación dócil del carácter masculino de ese espacio .
5
nada sólo paras(, nada hay en él "La esfera del público se origina en las capas -más amplias- de la burguesía (... ] como
piLlica y nacional. Todo aquí era aplicación y, al mismo tiempo, consumación de la esfera de la intimidad pequeño familiar [... ] la
subjetividad del individuo privado está inserta desde el-comienzo en la publicidad [... ) las perso-
para constituírse en "personas nas privadas convertidas en público razonan también públicamente sobre lo leído y lo introducen
inglesa de 1990 (casi diez años al proceso comúnmente impulsado de la ilustración" (Habermas, 1990: 87-88).

............................ ,..
7Z EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA
ENTRE LO PÚBIJCO Y

Sennett-6 sino más bien a lamentar una especie de "caída en la conducta", un


retomo a la sociedad preburguesa de las viejas opinions aseguradas por la
ción, a un sentimentalismo "postliterario y preburgués" que lleva a la
ción mediática de las vidas públicas como "conservas de literatura psicológica
en decadencia" (Habermas, 1990: 270-271). 7 Desde otro ángulo, esa "
Lo que aparece entonces connotado negativamente en su paradigma es ese lleva el imaginario de una
giro por el cual las vidas privadas -las biografías, los "momentos" de nuestro respectivas, no hacr:: sino
espacio biográfico- aparecen en el espacio público como razón necesaria -y a lo individual y lo social, en
veces, s11-ficiente- para sustentar trayectorias políticas o responsabilidades de exceden la "pertenencia• de
estado. Más allá del componente clásico que podríamos encontrar en ello, festación de modeloi y
respecto del conocimiento sobre la clase de persona de que se trata, como sustrato de personalidad comunes. -
de toda otra verificación posible -y sobre todo, de la confianza y la creencia, para quien individuo y SOl:ia'
valores políticos por antonomasia-, más allá del mito de la proximidad como no enfrentados. Así, lo
garantía de ese conocimiento -"ver" a través del relato de sí, y aun de las autocontrol pulsional, de IB
pantallas, del despliegue del gesto/cuerpo, la interioridad como pwfundidad-, de una sociedad hostil, 8
no hay duda de que el papel de la privacidad en la política, de la mano de la conductas -a través de
mediatización y la "revolución" tecnológica, se ha ido tornando inquietante y, la literatura o la poesía-.
en ocasiones, hasta desestabilizador. límites, el "refugio" de la ·
Para Elías, no se puede
y voluntad, cuya sumatoria
maquinaria previa de cuyos
bien una interacción d¡,·llógill
6 Habermas alude explícitamente a esta diferencia en su nuevo prólogo de 1990, señalando la
una economía feliz: La
insuficiente distinción que efectúa este autor entre los rasgos de la "publicidad burguesa clásica"
-en términos de "públicos raciocinantes"- y los de la "publicidad representativa" las que constituyen a los
sentación mediática en la que toma parte el propio interesado-, que lo llevan a subestimar "la cadas por una necesaria
específica dialéctica burguesa de la intimidad y la publicidad, que en el siglo XVJll consigue una rrumpida las,preguntas de
validez incluso literaria con la privacidad orientada a lo público, de la esfera íntima burguesa" Así el lenguaje de los otros
1990: 7). Para Sennett, desde una mirada sociológica y en ese momento de inflexión
de finales de los años setenta, la preeminencia de la vida privada de los políticos por sobre sus le pertenece enteramente
bases programáticas o ideológicas, su integración en el star system y su promoción publicitaria a la tiempo el producto de sus
manera de los productos del mercado formaban parte de un declive generalizado del hombre y la Es notable la semejanza de
cultura públicos, una caída en el narcisismo, una subjetividad a ultranza que invadía todo tipo de
discursos: "el yo de cada persona se ha transformado en su carga principal; conocerse a sí mismo
s La idea de una sociedad hmd.
constituye un fin, en lugar de ser un medio para conocer el mundo" (Sennett, [1974] 1978: 12). El
de la unifonnización productiva y ·
narcisismo como obsesión de la autorreferencia, como compromiso exacerbado con las
en la crítica filosófica y
res historias vitales y emociones particulares", era para el autor más una trampa que una libera-
"filosofías de la vida", fue quizá d
ción: el fin de la cultura pública -valores universales, sentido de civilidad, comunidad,
desarrolla una sociología de la vid.
dad- tenía como contracara una "tiranía de la intimidad'', sustentada en una nueva creencia, la
el autor: "Los más profundos pnllll,.I
de la proximidad entre las personas como un "bien moral".
conservar la autonomía y P"wlmiillll
1 Es la influencia creciente de la masa "manipulada" y un concepto un tanto rígido de esa
históricamente heredado, de la
manipulación (que él mismo reconsidera en su nuevo prólogo), los que lo llevan a lamentar 9
Pese a que no hemos enca""OI
enfáticamente que "en el lugar tradicionalmente destinado a la opinión pública -raciocinante-
miento recíproco de las obras.
[aparezca] la vaporosa inclinación sentimental" (Habermas, 1990: 262).
y reconocen una común influencia
ENTRE LO PÚBLICO Y LO PRIVAOO. CONTORNOS DE LA INTERIORIDAD 73

la conducta", un
.,.i:,. por la tradi·
leva a la exposi· 1.3. La intimidad como refugio: modelización y autocontrol
ll!il3llura psicológica
Desde otro ángulo, esa "extrapolación" de lo privado en lo público, que
lleva el imaginario de una separación riítida, posible, entre las -incumbencias
respectivas, no sino poner en evidencia la inextricable articulación entre
lo individual y lo social, en tanto las vidas privadas, como lo advirtiera Arendt,
exceden la "pertenencia" de los sujetos para aparecer como terrenos de
festación de modelos- y valores colectivos, conductas que solicitan estructuras
de personalidad comunes. Ése es justamente el gran tema de la obra de aías,
Íll6m;ta y la creencia, para quien individuo y sociedad constituyen dos aspectos interdependientes y
la proximidad como no enfrentados. Así, lo relegado al mundo privado, lo es en el marco de un
de sí, y aun de las autocontrol pulsional, de un dispositivo interior de censura frente a la imagen
mmo p-rofundidnd-, de una sociedad hostil, 8 pero, en la medida en que la mostración pública de las
. .ilica, de la mano de la conductas -a través de diferentes registros, desde códigos y normativas hasta
la literatura o la poesía-, funciona como catártica de
límites, el "refugio" de la intimidad tampoco se sustrae a las reglas comunes.
Para Elías, no se puede pensar un individuo primigenio, libre de intención
y voluntad, cuya sumatoria conformaría lo social, ni, por el contrario, una
maquinaria previa de cuyos engranajes se desprendería lo individual, sino más
bien una interacción dialógica, que el título de uno de sus libros expresa con
una economía feliz: La sociedad de los individuos. Son las redes de interacción
las que constituyen a los sujetos, urdimbres que preeexisten al individuo, mar-
cadas por una necesaria historicidad: "así como en una conversación ininte-
rrumpida las.preguntas de uno entrañan las respuestas del otro y viceversa [... ]
Así el lenguaje de los otros hace nacer también en el sujeto que crece algo que
le pertenece enteramente como propio ... , que es su lengua, y que es al rnisxno
tiempo el producto de sus relaciones con los otros" (Elías, [1987] l 991: 71-72).
Es notable la semejanza de esta posición coll la de Bajtín9 -a quien podría

8
La idea de una sociedad hostil, y del avasallamiento de lo singular del individuo por el avance
de la uniformización productiva y simbólica del capitalismo, constituye sin duda un topoi recurrente
en la crítica filosófica y sociológica. Geürg Simmel (1858-1918), que se inscribe en las llamadas
"filosofías de la vida", fue quizá el primero de los teóricos que, teniendo una pretensión filosófica,
desarrolla una sociología de la vida cotidiana. En "Las grandes urbes y la vida del espíritu", afirmará
el autor: "Los más profundos problemas de la vida moderna manan de la pretensión del individuo de
conservar la autonomía y peculiaridad de su existencia frente a la prepotencia de la sociedad, de lo
y- concepto un tanto rígido de esa históricamente heredado, de la cultura externa y de la técnica de la vida" (Simmel, 1986: 247).
). los que lo llevan a lamentar 9
Pese a que no hemos encontrado referencias textuales que autoricen a pensar en el conoci-
a b opinión pública -raciocinante-- miento recíproco de las obras, ambos se inscriben en el tronco de la tradición filosófica alemana
19'». 262). y reconocen una común influencia en la filosofía de Martín Buber.

ISBN
,
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74 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

atribuirse sin desmedro la cita precedente-, en tanto ambos parten de un fun-


damento teórico común, que eS la invalidación de la razón clásica como pri-
mado de un sujeto pensante a partir de su propia unicidad -sostén de la dico-
tomía sujeto/objeto-- y su reemplazo por lo que podríamos llamar una razón
dialógica, es decir, un proceso histórico y compartido de conocimiento y reco-
nocimiento, que genera estructuras comunes de intelección. 10 En esta óptica,
el "yo" verdadero, el más íntimo y personal, aquel que expresa pensamientos,
convicciones, reacciones afectivas, rasgos de carácter, se conformará no ya en
el abismo de una singularidad que la sociedad vendría a avasallar, sino justa-
mente en esa trama de relaciones sociales de la cual emerge y en la que se
inscribe.
¿Qué aporta este enfoque al tema de nuestra indagación? En primer
no, la idea de que el antagonismo entre la esfera íntima y la pública/social no extensión "cuantificar", en
es otra cosa que un efecto de discursos: reglas, constricciones, dispositivos de la creciente presión ej¡eacidlll
poder y de control de reacciones, pulsiones y emociones, que, desde la Edad que lleva simultáneamente
Media en adelante no ha hecho sino incrementarse, y donde la figura moderna vierte, por un lado, en un
del autocontrol dispensa de intervenciones exteriores más directas. En esta no deja indemne ninguna -
ve pueden leerse incluso algunos topoi idiosincráticos del espacio biográfico:
"La afirmación de la irreductible originalidnd del yo, la primacía otorgada a los
valores de la interioridad, la idea según la cual la esencia de la persana se expresa
en los comportamientos privados -dirá Chartier en su prólogo al libro de Elías-
son otras tantas figuras, pensadas y vividas, de la disociación operada entre ¡Cómo analizar hoy lo ' -
individuo y sociedad" (Elías, [1987] 1991: 9; los destacados son míos). logías", la "artefactualida.r
Pero, ¿cómo se expresan contemporáneamente esos dispositivos de cons- todavía la partición e ' ·
tricción? ¿No hay actualmente una creciente flexibilización de las conductas, dicotómica?
una menor rigidez en las convenciones, una mayor osadía de lo decible y lo
mostrable en el espacio público -de la que no escapa, como vimos, la política-; distinción, surgida en un
en definitiva, una sociedad más permisiva, menos hostil? Ya Elías había enfoques de modo atem¡)QI...
derado la no-linealidad de los procesos, sus décalages, hiatos, regresiones, in- toda circunstancia. Algo de
cluso los aflojamientos decisivos de la norma, y sobre todo, su constante dina- para quien el espacio p ·
mismo, que propondríamos llamar, con mayor propiedad, dialogismo. Así, es la recuperación del raci
justamente a través de la exposición pública de las conductas que se afianzará

w En La société des inditJidus, Elías ejemplifica, con la "parábola de las estatuas pensantes", su
crítica a Hume y al modelo kantiano del juicio a priori: cada una de las estatuas de mármol está -ésta sí de un pesimismo ·
colocada a distancia en un prado a orillas de un río o al pie de una montaña, dotada de raciocinio historicidad: aquel mo•ID<-4
y ojos, pero no movimiento; sabe que hay un mundo alrededor y otras estatuas, pero percibe
solamente lo que el reducido campo de su visión le muestra e hipotetiza sobre cómo será ese
mundo y esas otras estatuas, sin poder interactuar ni con uno ni con las otras. Es esa interacción, caracteres típicamente sociales. b
sin embargo, la que daría a las estatuas (sujetos) la posibilidad de un conocimiento más verdade- gue de todos los otros rep.... =-'"1
rn (EH.,, [I987] 19% 20 y 160-16I). ci6n y de uniformización, eUa es
ENTRE LO PÚBLICO Y LO PRIVADO. CONTORNOS DE LA INTERIORIDAD 75

.,_.en de un fun· esa "economía psíquica" del autocontrol -de signo cambiante según la época-,
d:á:sica como pri fenómeno que a su vez tendrá como correlato la ampliación y la
..._.•..., de la dico· ción cualitativa del espacio significante .
Desde esta perspectiva, podríamos pensar entonces la acentuación
temporánea de lo íntimo/privado/biográfico, que trasciende cada vez más el
"refugian para instituirse en obsesiva tematización mediática, no como una
perversión del modelo -<lel equilibrio- o una desnaturalización de las funcio·
nes y los sentidos primigenios de una u otra esfera de la modernidad, sino más
. . . ..,,• sino bien como el producto mismo, históricamente determinado, de la interacción
y en la que se entre ambas. "Cuanto más densas son las recíprocas que ligan a
los individuos -afirma Elías- más fuerte es la conciencia que éstos tienen de su
propia autonomía" ([1987] 1991: 20). Ley paradójica, que quizá permita por
extensión "cuantificae\ en ese 1'desafuero" actual de lo íntimo en lo público,
la creciente presión ejercida en la trama de lo social, ese doble movimiento
que lleva simultáneamente a la uniformización e individualización J1 y que re-
vierte, por un lado, en un mayor privatismo de la vida, mientras que por el otro
no deja indemne ninguna interioridad.

2. Lo público y lo privado en el horizonte contemporáneo

¡Cómo analizar hoy lo público y lo privado, bajo el imperio de las "teletecno·


logías", la "artefactualidad" (Derrida}i la globalización? ¿Es posible sostener
todavía la partición clásica del binomio, y sobre todo, su acentuación
dicotómica?
Como suele ocurrir con ciertos conceptos estructurantes de la reflexión, la
distinción, surgida en un contexto histórico determinado, persiste en algunos
enfoques de modo atemporal, como cristalización de un modelo adaptable a
toda circunstancia. Algo de esto hay seguramente en la postura de Habermas,
para quien el espacio público clásico tiene aún posibilidad de 1'salvación" por
la recuperación del raciocinio primigenio bajo la nueva figura de la "compe-
tencia comunicativa", una intersubjetividad dialógica y democrática, capaz de
oponerse a la racionalidad instrumental y a la manipulación -aun la
de las estatuas pensantes", su
te sofisticada- de los medios actuales. Pero tanto su posición como la de Arendt
de las estatuas de mármol está -ésta sí de un pesimismo irreductible-, llevan también la huella de su propia
montaña, dotada de raciocinio historicidad: aquel momento desesperanzado de la segunda posguerra -fines
y otras estatuas, pero percibe
hipotetiza sobre cómo será ese n "Sólo la modelización social hace que se desarrollen también en el individuo, en el cuadro de
con las otras. Es esa interacción, caracteres típicamente sociales, los rasgos y los comportamientos por los cuales el individuo se
,... de un conocimiento más gue de todos los otros representante.5 de la sociedad. La sociedad no es solamente el factor de caracteriza-
ción y de uniformización, eUa es tambren el facior de mdiWiualizµcWn" (Elías, [1987) 19% !03).
1

,¡ j

{{[[[{[lluUlUÜ lfíll{{
76 EL ESPACIO BIOCRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

de los cincuenta, principios de los sesenta- donde restaban pocos valores "hu-
manos'.' en los cuales creer, y el despliegue mediático comenzaba su viraje radi-
cal: de haber sido prioritariamente sostén del Estado y la propaganda -cuyo
punto extremo, en el nazismo, no podía menos que alentar visiones apocalípticas
de la manipulación- devino sostén del mercado y dejó así la impronta del sión, manifestación y
advertising en todos los registros involucrados en su esfera de significación.
El tiempo transcurrido, y sobre todo, las transformaciones políticas de las
últimas décadas, el nuevo trazado del mapa mundial y el despliegue incesante
de las tecnologías -que fue más allá de toda previsión- han trastocado defini- privados-, el rango que
tivamente el sentido clásico de lo público y lo privado en la modernidad, al no sólo en cuanto a su ·
punto de tomarse tal distinción a menudo indecidible. Bajo esta luz historizada, das de un sentido de
la configuración actual de esos espacios se presenta sin límites nítidos, sin desinterés de una ciudadml
incumbencias específicas y sometida a constante experimentación. Espacio
deslocalizado, de visibilidad absoluta, que retoma la ecuación arendtiana en-
tre realidad y apariencia bajo el formato de un adagio televisivo -"Lo que no
aparece en la pantalla no existe"-, pero es un espacio simultáneamente
entrópico, lugar de opacidad y desaparición. Si la televisión se ha constituído,
según algunos, en el nuevo espacio público, ¿cómo evitar que su factura como
soporte, sus recursos técnicos, sus géneros discursivos, impongan su propio
ritmo, su timing, sus reglas temáticas, compositivas, estilísticas, diríamos con
Bajtín, a cualquier materia, de la política a la intimidad? Y en esta "devoración" ción con las tecnologías ·
de las otras esferas tradicionales, ¿cómo preservar los límites o acotar las zo-
cernos sea cada vez más d
nas? Si en el rectángulo mágico cohabitan la ficción declarada y la ficcionali- -de la imagen, la voz, d
zación a ultranza de la realidad, la tematización de lo íntimo y de lo "univer-
unívoca del simulacro, a
sal", si esa "máquina de visión" (Virilio) se entromete además en el espacio
y hay seguramente es:ID.
físico de la intimidad, ¿cómo reconocer entonces un espacio "privado" y-más
transcurriendo en demllll. .
aún- antinómico?
cia -en condiciones de
Más cerca de Elías que de las particiones dicotómicas, podríamos decir que
ambos espacios -si conservamos una distinción operativa- se intersectan sin
cesar, en una y otra dirección: no sólo lo íntimo/privado saldría de cauce inva-
diendo territorios ajenos sino también lo público -e;._ sus viejos y nuevos sen-
tidos, lo político, lo social, lo de uso, interés y bien común, etc.-, tampoco
alcanzará todo el tiempo el estatuto de la visibilidad, más bien, y como se ha
señalado reiteradamente, podrá replegarse, de modo insondable, bajo la mis-
ma luz de la sobreexposición. Esta dinámica -que a veces se transforma en una
dialéctica- conspira contra todo contenido "propio" y asignado. Los te1nas -y
sus formatos- serán entonces públicos o privados, según las circunstancias y los
modos de su construcción.
La aceptación de esta ambigüedad const_itutiva -o por lo menos, de esta que marcan relaciones de
hablarse de un "hacer" i
indecidibilidad a priori- no supone la cancelación de los espacios público o deónticas, etc. (véase G.emml'
ENTRE LO PÚBLICO Y LO PRIVADO. CONTORNOS DE LA INTERIORIDAD 77

privado como tales, como tampoco la renuncia a la crítica sobre sus funciona-
mientos efectivos. Más bien contribuye a desplazar el eje de la cuestión, de
una hipotética in/adecuación a límites e incumbencias "canónicos" a una re-
flexión más atenta sobre la actualidad, sobre los modos cambiantes de expre-
sión, manifestación y construcción de sentidos; modos que tOman "públicasjJ
ciertas personas y "privadas" ciertas escenas colectivas.
Pero además, público y privado no sólo se dirimen en el estatuto de la
visibilidad. Está también el otro componente, el de los intereses -públicos y
privados-, el rango que asumen, en un momento dado, los asuntos públicos,
no sólo en cuanto a su circulaci_ón mediática sino como incumbencias obliga-
das de un sentido de civilidad. ;Cuánto de lo público se ha difuminado en el
l;lllliltrs nítidos, sin desinterés de una ciudadanía anómica, en la indecisión crónica y el escepticis-
....llllición. Espacio mo respecto de la política -por más que se lo muestre hasta el cansancio-?
arendtiana en - ¿Cuánto de la famosa crisis de la reptesentación incide, tanto o más que la
intimidad mediática, en el imaginario y la cultura política de una época? ¿En
qué medida el "repliegue" en los intereses y motivaciones privados como op-
ción casi excluyente de la vida -de este lado de las pantallas- afecta la cues-
tión de la responsabilidad por el otro?
impongan su propio Por otra parte, y en cuanto al rol protagónico de los medios, tampoco la
estilísticas, diríamos con idea de una alta ficcionalización del espacio público televisivo, en combina-
ción con las tecnologías informáticas, el hecho de que la "realidad" que cono-
cemos sea cada vez más el producto de la manipulación en el espacio virtual
-de la imagen, la voz, el texto, el archivo- lleva necesariamente a la teoría
unívoca del simulacro, a la negación absoluta del acontecimiento. Pasan cosas
y hay seguramente escenarios colectivos ajenos a los ojos de las cámaras o
transcurriendo en desborde de toda posible mediatización. En cuanto a la creen-
cia -en condiciones de tal opacidad enunciativa-, se atendrá a otros resguar-
dos sin desaparecer, así corno el grado de aceptabilidad de los enunciados pro-
ducidos estará en mayor medida sujeto a variación. La crítica a la lógica de la
maquinaria mediática, en cuanto a su frecuente tendencia a la unilateralidad,
-en sus viejos y nuevos sen- su aspiración a convertirse en un nuevo universalismo, su abuso del poder
bien común, etc.-, tampoco performativo del hacer-ser/hacer/creer, etc. -en la acepción semiótica de estos
más bien, y como se ha términos-, 12 no supone obligadarnente la consideración de la tnisma en térmi-
insondable, bajo la mis- nos de homogeneidad técnica y simbólica -según las teorías de la manipula-
veces se transforma en una ción- que se dirimiría en una posición "pro o contra'', sino que convoca, más
• y asignado. Los temas -y
según las circunstancias y los
12 El "hacer" se inscribe dentro de la categoría de la contiersión, transformación de los estados,

L__ --<> por lo menos, de esta que marcan relaciones de· contrariedad y contradicción en el "cuadrado" semiótico. Así, podrá
hablarse de un "hacer" informativo o persuasivo, en relación con las modalidades aléticas,
de los espacios público o deónticas, etc. (véase Greimas/Courtés, 1986).
78 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

productivamente, a un pensamiento de la diferencia, a una afinada distinción de como terreno de mancil"lestml


registros y variables, a la reivindicación de nuevos derechos cívicos, en modelo único de las vidas
tiva, al ensayo de nuevas tácticas de resistencia. 13
Porque, volviendo a nuestro tema, no podría analizarse el "desbalance" entre
público y privado el cual la ampliación del espacio biográfico tendría su
parte-, simplemente como la pérdida de un espacio público de racionalidad o
contralor a manos de una subjetividad desatada. Esta alternativa pondría en
escena, entre otras cosas, la vieja dicotomía entre razón y afectividad, repartidas
desigualmente en el modelo clásico, que relegaba por supuesto a esta última al
ámbito doméstico, en dichosa conjunción con lo femenino -dicotomía que to, nuevos sentidos en la e
dos los feminismos se han encargado, a lo largo de su historia, de desarticular-. sabemos que no hay posihill
Lejos de ello, la política y la filosofía política están hoy más que nunca afectadas subjetividad, y por ende,
por el papel predominante de la pasión, tanto a nivel de la ejecución como de la un punto, colectiva/o, e
interpretación más ajustada que pueda proporcionar a la teoría. En este sentido, ción, de una clase, de una
nuestro recorrido se aparta de la idea del desequilibrio, de una relación cuasi, colectiva, como huella i
causal, en beneficio de una pluralidad de puntos de vista. historias de vida, tanto en
Esta pluralidad supone, en nuestra óptica, un enfoque no disociativo, tanto de diáticas y en las de las ci
lo público/privado como de lo individual/social, compatible con la concepción al mismo tiempo emect)!)endl
bajtiniana de la interdiscursividad, donde lo que sucede en un registro está despliegue de sofisticadas
dialógicamente articulado al otro, sin que pueda definirse, en rigor de verdad, un mente, de los afectos, el
uprincipio". Así; quizá la escalada de lo íntimo/privado, que pone en juego una
audiencia global, pueda leerse también como respuesta a los desencantos de la péutico 11 , que sugiere 1 -
política, al desamparo de la escena pública, a los fracasos del ideal de igualdad, a en esta trama, que no
la monotonía de las vidas "reales" ofrecidas a la oportunidad. contradicción, que se ru,.,...
Quizá sea ese divorcio entre aspiraciones sociales y posibilidades concretas biográficas- contempo
de éxito lo que acentúa la pugna por la singularidad del yo, en una sociedad
que en realidad reniega de la diferencia. Y al mismo tiernpo, si la exaltación de
la individualidad tiende a desarticular lazos sociales, a afianzar el imperio del 2.1. El
mercado -<lel deseo- y la utopía consumista, por otra parte puede abrir cami-
no a una nueva intimidad, 14 no sólo bajo el pritnado pedagógico, sino también Desde esta óptica, y asum·
contraria, podemos ahora
ll Más que la inútil oposición al devenir de las cecnologías, Derrida propone un combate por

nuevos concroles, normas reguladoras y derechos, como ¡x:ir ejemplo, "el derecho de mirada", es co, la articulación ind[¡,·;ocial4
decir, el tener acceso a las imágenes 4ue se conservan -memorias públicas, aquello que hace al diversas narrativas pueden
reconocin1iento de una identidad cultural-, pero no solamente al stockage, al archivo, sino ria", caminos de autoc:re:rilÍll
bién a las operaciones de su producción y selección. Estos nuevos derechos en la globalización
(derecho de ciudadanía, derecho sobre los espacios públicos, derecho de defensa de lo privado,
etc.) no operarían bajo.el pará1necro de "inadecuación" sino como cuestión de límites écicos.
Véase Derrida, 1996.
14
El número 24 (invierno 1998) de Critica! lnquiry está dedicado enceramence a analizar la tes y hasta disrruptivos sobre las ·
nueva lntimacy, que se presenca como un terreno concradictorio. Por un lado, se afirman tenden· señala la supervivencia de la · •
cias inscicucionales cerapéuticas que apuntan evidencemente al autocontrol --entre las cuales, y "tener una vida íntima" (281-288).
ENTRE LO PÚBLICO Y LO PRIVAOO. CONTORNOS DE LA INTERIORIDAD 79

como terreno de manifestación de políticas de la diferencia, que rechazan el


modelo único de las vidas felices -el matrimonio heterosexual, la descenden-
cia, los linajes ...-. Pero juega además en este espacio, como señaláramos, la
lógica -compensatoria- de la falta, ese vacío constitutivo del sujeto que llama
a la necesidad constante de identificación, su búsqueda, a través de las narra-
tivas, de una hipotética completud, la obsesión de la presencia multiplicada
pondría en por el reinado de lo virtual.
....;dad, repartidas Así, podríamos hablar no solamente de pérdidas sino también de chances,
a <Sla última al no solamente del exceso de individualismo sino también de la búsqueda de
nuevos sentidos en la constitución de un nosotros. Porque, y esto es esencial,
sabemos que no hay posibilidad de afirmación de la subjetividad sin inter-
subjetividad, y por ende, toda biografía, todo relato de la experiencia es, en
un punto, colectiva/o, expresión de una época, de un grupo, de una genera-
ción, de una clase, de una narrativa común de identidad. Es esta cualidad
colectiva, como huella impresa en la singularidad, lo que hace relevantes las
historias de vida, tanto en las formas literarias tradicionales como en las me-
diáticas y en las de las ciencias sociales. Mecanismo de individuación que es
al mismo tiempo emergencia desde el anonimato de las vidas -de todos-,
despliegue de sofisticadas tecnologías del yo -los cuidados del cuerpo, de la
mente, de los afectos, el paroxismo del "uso de los placeres", para retomar el
mndo. que pone en juego una eco foucaultiano- y "caída", una vez más, en el mandato del "estado tera-
a....ra a los desencantos de la péutico", que sugiere, informa, uniforma, controla, prescribe, prohíbe ... Es
'•"'"'del ideal de igualdad, a en esta trama, que no rehúsa la riqueza borgeana de la ambigüedad ni la
laicmmidad. contradicción, que se hacen quizá inteligibles las. tendencias mediáticas -y
y posibilidades concretas biográficas- contemporáneas.
del yo, en una sociedad
tiempo, si la exaltación de
a afianzar el imperio del 2.1. El papel de las narrativas (biográficas)
otra parte puede abrir cami-
pedagógico, sino también Desde esta óptica, y asumiendo la tensión entre lo que puede ser una cosa y su
contraria, podemos ahora postular, en lo que hace al espacio público/biográfi-
co, la articulación indisociable entre el yo y el nosotros, los modos en que las
diversas narrativas pueden abrir, más allá del caso singular y la "pequeña histo-
ria", caminos de autocreación, imágenes e identificaciones múltiples, desagre-

además de las infinitas variables psico/psicoanalíticas, de autoayuda, dietéticas, corporales, etc.,


revistan también las variantes del ti1lk show-. Por el otro, aparecen con fuerza criterios divergen-
enteramente a analizar la tes y hasta disrruptivos sobre las vidas posibles. Al respecto, Laurent Berlant, en la introducción,
P.. un lado, se afirman tenden- señala la supervivencia de la interioridad como verdad, en tanto "tener una vida" es equivalente a
1111 .aocontrol -entre las cuales, y "tener una vida íntima" (281-288).
80 EL ESPACIO Bl=RÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA ENTRE LO PÚBIJ(X)Y

gadas de los colectivos tradicioriales, y afianzar así el juego de las diferencias dialéctica, se difumina á
como una acentuación cualitativa de la democracia. Nuevas narrativas, iden- hablar del público en ·
tificaciones, identidades -políticas, étnicas, culturales, religiosas, de género, una cierta homogeneidad
sexuales, etc.-, nuevos modelos de vidas posibles, cuya manifestación a la luz si desde el comienzo se
de lo público supone la pugna y el conflicto, así como una revalorización de la (Habermas, 1990: 5).
idea misma de "minoría", no necesariamente en clave de lo "menor" en núme- Asumir tal diversidad
ro o importancia sino precisamente, en el sentido de Deleuze, como diferen- una evaluación conctGISlliwil
ciación de la norma -o la "normalidad", siempre mayoritaria-, o de la hege- fico. Tendencias de exah...
monía, 15 que es de ese modo desafiada. En esta pugna -ninguna "nueva" posi- valores del individual;smo
ción de enunciación adviene graciablemente al espacio discursivo social- el
desafío es justamente el hallazgo de una voz autobiográfica en sus acentos colec-
tivos, que pueda dar razón de un mito de origen, una genealogía, un devenir, y tivas. Trazado no sie
defender por lo tanto unas condiciones de existencia.
Este reconocimiento de una pluralidad de voces hace que) en rigor de ver-
dad, ya no sea posible pensar el binomio público/privado en singular: habrá
varios espacios públicos y privados, coexistentes, divergentes, quizás antagóni- zonas o momentos de
cos. Lo cual es también una manera de dar cuenta de las diferencias -y des- formas tipológicas, lo que
igualdades- que subsisten en la aparente homogeneidad de la globalización, usos, los caminos que
aun cuando se haya debilitado la distinción de "clases sociales" en sus sentidos Entre los usos está por
tradicionales, en pro de la complejidad de una combinatoria cultural --étnica, en desliz hacia lo 01ooceiD-i
de género, religiosa, etc.-, que se le agrega aun sin reemplazarla. Pero esta trate del político, la es1trelilot
percepción de la pluralidad puede ser también retrospectiva y poner en cues- en la multiplicación al ·
tión la partición inicial: el propio Habermas reconoce, en el nuevo prólogo a impondrá como temam"i2ai::il1
la edición inglesa que hemos mencionado, algunas críticas que le fueran for- nal, y de ese modo, con
muladas al respecto, y sobre todo, la influencia tardía de la obra de Bajtín, que la luz el mundo de la
descubriera con posterioridad a la escritura de su tesis, 16 y que le permitió una
iluminación "estereoscópica" para entender otras dinámicas, como las de la Estos avatares mcediári. .
cultura popular, bullendo en el interior del orden dominante del mundo bur- géneros
gués. La distinción acendrada entre la esfera pública y la privada, aun en su menudo umbrales poco
histórica, "caso" psicoanoilil
15
Tomamos el concepto en la definición, ampliamente conocida, que de él hicieran Laclau y fica, radiofónica o tel
Mouffe, como una articulación contingente pot la cual un contenido "particular" pasa a investirse
impulso a los libros de •
como "universal", apareciendo así co1no el nombre de una plenitud ausente, que es en verdad
irreductible a la autorrepresentación. Esta relación hegemónica así entendida, que lleva la marca de vivencial, y de recopi
una historicidad, es siempre antagónica, sujeta a pugna y enfrentamiento, susceptible de ser rios personajes-, que en
fiada, de surgir (como contrahegemonfa) a través de una lógica equivalencial de diferencias que vo tipo de "best-seller".
resignan en algún momento su carácter "particular" Para asumir una valencia {un contenido)
cen responder más a la
común. En este escenario móvil, donde es relevante el eje de la temporalidad, los dos términos en
conflicto comprometen (es decir, aceptan el riesgo de verse transformados) recíprocamente, su autorreferentes en boga,
propia "identidad". Véase Laclau, [1995] 1996. biografías o autobiografías
16
Habermas se refiere a La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento. El contexto de zas -cuya distinción es a
Frartfois Rabelais, 1988.
políticas o escandalosas. o
... ENTRE LO PÚBLICO Y LO PRIVADO. CONTORNOS DE LA INTERIORIDAD 81

dialéctica, se difumina así más allá de sus límites originarios: "no es correcto
hablar del público en singular --dirá Habermas-- ni siquiera cuando se parte de
11111ililJ:i<>oas, de género, una cierta homogeneidad de un público burgués [...] una imagen distinta surge
. .1111i1íes1tación a la luz si desde el comienzo se admite la coexistencia de publicidades en competencia"
rización de la (Habermas, 1990: 5).
Asumir tal diversidad de registros nos permite, coextensivamente, realizar
una evaluación contrastiva de las tendencias dominantes en el espacio biográ-
fico. Tendencias de exaltación narcisística, donde prima la afirmación de los
..nueva" pos1- .
valores del individualismo y la competitividad, otras, de búsqueda de una ma-
_ _..11Sivo social- el yor autonomía, de autoindagación genealógica o de "invención de la tradi-
ción" (Hobsbawm), de autocreación o de restauración de las memorias colec-
tivas. Trazado no siempre coincidente con la especificidad de los géneros
involucrados, sino que a menudo los excede y atraviesa: no habrá narcisismo
sólo en la autobiografía o en la entrevista mediática, y obligada verdad de la
memoria en el testimonio o la historia de vida -aunque haya por supuesto
zonas o momentos de condensación-, no serán tan relevantes para el caso las
formas tipológicas, lo que ellas conllevan en términos valorativos, como los
usos, los caminos que sugieren a la lectura y la interpretación.
Entre los usos está por supuesto ese despliegue de lo íntimo/privado -a veces
en desliz hacia lo obsceno--, que no perdona ningún espacio ni especialidad, se
trate del político, la estrella, el científico o el hombre y la mujer comunes. Así,
aaospectiva y poner en cues- en la multiplicación al infinito de superficies y audiencias de la globalización, se
en el nuevo prólogo a impondrá como tematización recurrente el "asomarse" a la interioridad emocio-
críticas que le fueran for- nal, y de ese modo, contrariando una vez más el clásico decoro burgués, saldrá a
anlía de la obra de Bajtín, que la luz el mundo de la afectividad y las pasiones, no ya en virtud de los grandes

E
tesis, 16 y que le permitió una asuntos sino en el detalle más nimio de su domesticidad.
dinámicas, como las de la Estos avatares mediáticos han influido además en la reconfiguración de los
dominante del mundo bur- géneros auto-biográficos canónicos. El auge de las biografías suele ofrecer a
ca y la privada, aun en su menudo umbrales poco reconocibles entre ficción, obra documental, novela
histórica, "caso" psicoanalítico o chismografía. El modelo de la entrevista -grá-
fica, radiofónica o televisiva- ha revitalizado el viejo diálogo socrático, dando
impulso a los libros de "conversaciones" de tenor literario, político, filosófico,
vivencial, y de recopilaciones --diferentes entrevistas realizadas a uno o a va-
rios personajes-, que en los últimos tiempos se han convertido casi en un nue-
vo tipo de "best-seller". Las autobiografías, aun de personajes relevantes, pare-
cen responder más a la creciente demanda del mercado, o a las tendencias
autorreferentes en boga, que al imperativo clásico. Se han popularizado las
biografías o autobiografías de personajes del jet set, de la política o de las reale-
J d Renacimiento. El contexto de zas -cuya distinción es a menudo improcedente-, funcionales a coyunturas
políticas o escandalosas, o ambas a la vez. Los diarios íntimos, como veíamos
82 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

en el caso de Wittgenstein, con frecuencia se editan más por sus detalles pi,
cantes que por una cotidianidad supuestamente iluminadora de teorías o posi;
ciones. Las memorias, por su parte, parecen haber perdido su especificidad al
difuminarse en algunos de estos géneros o haber sido absorbidas por el registro
puntilloso de la actualidad mediática. En retorno, la programación televisiva,
local y satelital, consagra un espacio nada desdeñable a rubros tales como
"biografías", "vidas", "perfiles", "historias de vida", "testimonios'', etcétera.
Por otra parte, la obsesión biográfica en los medios incluye cada vez más la
peripecia del hombre y la mujer comunes. No se tratará entonces solamente
de convocar su voz para satisfacción de la curiosidad ante hechos insólitos o recurrente y sintomático:
acontecimientos de importancia -como ejemplos singulares, "casos", testigos, por ende, del autocontrol,
víctimas, victimarios-, ni de la habitual delectación pseudo-antropológica so- ralización" de las costumbns
bre historias de vida del otro, el diferente, sino de una presencia doblemente
inquietante, ni testimonio ni ficción, o más bien, ambos a la vez. En efecto, el
nuevo género -o quizá, "fuera de género" (Robin, 1996)- el reality show, ofrece
la posibilidad de saltar la valla que va de la narración de un suceso de la propia
vida a su actuación directa en la pantalla. Al reconstruir la peripecia vivida
por y con sus "propios protagonistas" bajo la cámara, la "tevé real" nos coloca po, a la colectividad-que
en el centro de lo particular de un modo aun más radical que la cámara secre- va su propio antídoto "'.arltinijl
ta, en tanto no está en juego ya la captura imprevista de una imagen verídica, cionaria de atada
sino la hipótesis misma de la desaparición de toda mediación en aras del aconte- inevitabilidad de la exc:tw......
cimiento en estado "puro". 17 quiera sea, sino el principio -
En su más reciente versión globalizada -las diversas réplicas y variantes de podemos reconocer níti1d:aimeuijl
Big Brother- el reality show nos confronta al experimento de cámara "perpetua" cado -y más allá de toda idea
sobre la conducta de un grupo de seres humanos transformados en conejos de tarse justamente porqué
Indias, encerrados en casas o en islas "solitarias", llevados al límite del tedio miento, del "escape" de la
-propio y ajeno-, a la minucia de la irrelevancia, a la pelea por la "superviven- orwelliana, que es la de la
17
A considerable distancia
Esta estrategia de veridicción adopta en su inicio múltiples modalidades: reconstrucción de
los hechos "tal como sucedieron" con sus protagonistas o con actores, narración ficcional pero con
nombres y sucesos reales, presentación del propio caso en entrevistas ante cámaras o micrófono,
combinación entre testimonio y sketch, entre dramatización e imágenes documentales, etc. La di- munes -esas "vidas oscuras-
versidad de los temas y personajes tiene sin embargo denominadores comunes: situaciones límites, testimonios que, más allá de
desaveniencias familiares o vecinales, crisis, accidentes, crímenes, desapariciones, cuyos prorago-
nistas orillan la franja incierta entre "normalidad" y exclusión. (En la Argentina, el género aparece
ción de ciertas dimensiones
en 1993, con dos programas: Ocunió así y Amanecer/Anochecer.) Más tarde adquiere popularidad época fuertemente conme
otra variante, el r.alk-show, del cual participan, según los programas, tanto famosos como desconoci- necesidad de balances y
dos. Un porcentaje enorme de la programación televisiva en el país (y también en otros) tr¡msita ción de experiencias extrema...
hoy, en mayor o menor medida, por estos carriles. El tema fue abordado por Vincent Amiel, Pierre
Chambat, Alain Ehrenberg y Gérard Leblanc en un dossier de la revista Esprit, núm. 188, 1993, "Les
más y no menos
reality shows, un nouvel age télévisuel!''. Sobre este género mediático pueden consultarse mis dos
trabajos: L. Arfuch, "Políticas del cinismo", en Orígenes, núm. 15, 1994 y "Reality shows, cynisme et
politique", en Discou:rs Social/Social Discou.rse, vol. 8, núm. 1-2, 1996.
ENTRE LO PÚBLICO Y LO PRIVADO. CONTORNOS DE LA INTERIORIDAD 8J

p.- sus detalles pi- cia" y a la amenaza de la exclusión: cada semana alguien debe irse, por el voto
de teorías o posi- de sus compañeros y también por el del espectador, perdiendo así la posibili-
1
• especificidad al dad de obtener la importante suma destinada al último, el 11ganador' • De esta
....... por elregistro manera, y como suelen ser varias las pantallas invadidas simultáneamente de
·ón televisiva, "vida real", se crea un verdadero desorden de la vida en el fascinado especta-
.....ros tales como dor, que es llevado a acechar devaneos nocturnos a altas horas o simples ritos
de la -hasta hace poco- mayor intimidad. Pero además -o sobre todo- está en
juego "su" propio lugar en la conversación social --el trabajo, el hogar, los ám-
bitos de pertenencia- donde estos programas se han transformado en tema
recurrente y sintomático: nunca más apropiada la figura del control social y
ªcasos", testigos, por ende, del autocontrol, que Elías colocara en relación directa con la "libe-
. ._IUCl{JOlógica so- ralización" de las costumbres y la exhibición pública de las conductas .
•-=ia doblemente La escena de los diversos Big Brother es por cierto emblemática de una
nueva y pretendida "subjetividad de la era global" que algunos celebran, aun-

--=eso
-..li-ilir, show, ofrece

--¡,.·-revé de la propia
la peripecia vivida
que su advenimiento no tenga por fortuna -o todavía-fuerza de ley: la compe-
tencia entre pares, no ya en términos de excelencia sino de astucias, intrigas y
cálculos sobre la debilidad del otro, la supervivencia individual opuesta al gru-
la real" nos coloca po, a la colectividad -que tampoco puede constituirse como tal porque conlle-
va su propio antídoto "antisocial"-, la vida misma, como prueba concentra-
cionaria de resistencia, atada tanto a la banalidad de lo cotidiano como a la
inevitabilidad de la exclusión, que no será ya obra de una exterioridad, cual-
quiera sea, sino el principio intrínseco, obligado, de toda relación. 18 En tanto

S
réplicas y variantes de podemos reconocer nítidamente estos rasgos en la dinámica triunfal del mer-
to de cámara "perpetua" cado -y más allá de toda idea intencional de "manipulación"- cabría pregun-
tarse justamente porqué aparece hoy, en el espacio del ocio, del entreteni-
r,
mmsformados en conejos de
Uevados al límite del tedio
pelea por la "superviven-
miento, del "escape" de la rutina laboral, esta reviviscencia de la distopía
orwelliana, que es la de la más absoluta sujeción.
A considerable distancia de esta estética, y sin identificarse totalmente
modalidades: reconstrucción de
con los usos canónicos de la antropología, la sociología o la historia, otras
narración ficcional pero con.
ante cámaras o micrófono, formas mediáticas intentan igualmente aproximarse a las vidas, célebres o co-
illlliigalCS documentales, etc. La d1- munes -esas "vidas oscuras" a las que aludía Lejeune- a partir de relatos o
comunes: situaciones límites, testimonios que, más allá de la peripecia personal, apuntan a la reconstruc-

G
desapariciones, cuyos protago-
ción de ciertas dimensiones de la historia y la memoria colectivas. En una
la Argentina, el género aparece
Más tarde adquiere popularidad época fuertemente conmemorativa como la nuestra, que parece estimular la
moro famosos como desconoci- necesidad de balances y retornos, ha adquirido especial relevancia la narra-
plis (y también en otros) transita ción de experiencias extremas, como las del Holocausto y las guerras, u otras,
l"'mdodo por Vincent Amiel, Pierre más y no menos trágicas, como las de nuestra historia reciente. Más
-Esprit,núm.188, 1993, "Les
pueden consultarse mis dos
IS., 1994 y •&aJir, shows, cynisme et 18
Modelo que, lejos de estimular el valor de la aventura --en sus acentos de libertad y crea-
1996. ción de sí- no hace sino llevar al límite la clausura de la domesticidad.
84 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

allá de la publicación de cantidad de libros de testimonios e investigación, la partir de ese conocimiento


pantalla televisiva ha sido a menudo, en los últimos años, lugar de rememora- rrido habitual; es a partir dd
ción, donde lo vivido por alguien en particular· va naturalmente más allá de lo postura es interesante pam.
autobiográfico, para involucrar identidades colectivas y sentidos compartidos. rio de incumbencia del
Pero también tiene lugar, aquí y allí, una vuelta, a menudo nostálgica, sobre el en términos filosófico•/rxJ!íailtl
tiempo cotidiano, las costumbres, el trazado de historias singulares, grupales,
generacionales, la afirmación de nuevos mitos fundacionales y políticas de
identidad. En este giro hay una notable revitalización de la historia oral, que,
más allá de sus incumbencias académicas, interviene de manera creciente ·en
la producción de relatos de vida en diversos enclaves de la comunidad -insti-
tuciones, colectividades, municipios, barrios-.
Así, de un modo elíptico, trasversal y hasta caprichoso, el espacio biográfi-
co -la narración de historias y experiencias, la captación de vivencias y re-
cuerdos- opera, complementariamente, en ese "rescate" de lo propio, lo local,
que es uno de los aspectos paradójicos de la duplicidad constitutiva de la glo-
balización.

2.2. Narrativas plurales y comunidad

En la diversidad de géneros, soportes y registros, el espacio biográfico aporra


asimismo a una corriente de valorización de la narrativa como consustancial a
la reflexión filosófica. Para Richard Rorry, por ejemplo, la pluralidad de las
narrativas, en tanto amplían el conocimiento de los otros -y por ende, del sí
mismo-, tienen un papel preponderante en la afirmación de nuevos parámetros
del lazo social y de un ideal de comunidad, ante el debilitamien-
to de los valores del universalismo y la fragmentación política, cultural e iden-
titaria de la escena contemporánea. Tal conocimiento entraña la posibilidad a un llegar a ser, devenir de
de un progreso moral, que se traduciría en la extensión de nuestra compren- narrativa. Taylor, en la señda
sión de los seres humanos en tanto incluidos en un nosotros, y por lo tanto, concepto de locaüzación,
susceptibles de despertar nuestra solidaridad. El pasaje del "ellos" al "noso- del yo. 19
tros" no será entonces "tarea de una teoría, sino de géneros tales como la Desde ese lugar, ¿cómo
etnografía, el informe periodístico, los libros de historietas, el drama docu- dos? Según el autor, "'est:anml
mental y, especialmente, la novela" (Rorry, (1989] 1991: 18). Este reconoci-
miento, que supondría "un giro en contra de la teoría y hacia la narrativa", se 19
Esca "localización" le peim. .
suster\ta, sobre todo, en el valor otorgado al descentramiento de la voz verdad no ya en las "cosas" sino
enunciativa con pretensión de unicidad -teórica, filosófica- en beneficio de desvinculada'', incluye la cotlalpci. .
una pluralidad de puntos de vista. al reconocimiento de un
radical, y por ende, de interioricW
Pero si este planteo apunta a la redefinición de nuevos valores comunita- junto con un "individualismo mi
rios, también insiste en la posibilidad de autocreación en el mundo privado, a identidad moderna (Taylor, [l9fPJI
ENTRE LO PÚBLICO Y LO PRIVADO. CONTORNOS DE LA INTERIORIDAD 85

partir de ese conocimiento mayor de la vida de los otros. Se invierte así el reco-
rrido habitual; es a partir del nosotros que se amplía la potencialidad del yo. La
postura es interesante para nuestro tema, por cuanto señala un amplio territo-
rio de incumbencia del espacio biográfico, la posibilidad de pensarlo incluso
en términos filosófico/políticos. Sin embargo, para Rorty los espacios público
y privado están separados de modo tajante, al punto de admitir cada uno valo-
res contrapuestos: la creación de sí y la solidaridad con los otros -es decir, la
interdicción de la crueldad como límite instituyente de la comunidad- podrán
••= creciente en
. .a.mDrli.dad -insti-
transcurrir por carriles separados.
Esta concepción es sometida a crítica por Ernesto Laclau en un artículo
donde marca sus desacuerdos con esta "utopía liberal". Allí se pregunta el autor:
espacio biográfi- "¿Es realmente el reino de la autorrealización personal un reino privado? Lo
• vivencias y re- sería si esta autorrealización tuviera lugar en un medio neutral en el que los
.. propio, lo local, individuos pudiera'n proseguir sin impedimentos la realización de sus propios
. ._IÍbJiti·va de la glo- objetivos. Pero este medio es, desde luego, un mito". En tanto sometida a
reglas, obstáculos y fuerzas que son del orden de lo social, no hay lucha, por
más "personal'' que se presente -y el autor recuerda aquí el célebre adagio
feminista, "lo personal es político,,-, que no involucre, aun de modo "radical-
.._.mjdad mente discontinuo[ ... ] y sólo a través de articulaciones contingentes,, el espa-
1 cio de lo público (Laclau, [1995] 1996: 208).
el espacio biográfico aporta Desde una óptica diferente, pero igualmente interesada en la relación en-
nana.Ova como consustancial a tre el yo y el nosotros, Charles Taylor postula que es la orientación en el espa-
ejemplo, la pluralidad de las cio moral la que define la identidad, en relación con ciertos marcos referenciales

e
de los otros -y por ende, del sí comunes que delinean a su vez un nosotros. No es posible pensar en un yo
n de nuevos parámetros solitario, sino dentro de una 11 urdimbre de interlocución" -y aquí el autor re-
d, ante el debilitamien- conoce la influencia del dialogismo bajtiniano-, donde el quién (soy) es
política, cultural e iden- indisociable del dónde (estoy), como ubicación móvil y temporalmente sujeta
entraña la posibilidad a un llegar a ser, devenir de la vida sólo aprehensible (y comprensible) en una
e:Jttl!DSión de nuestra compren - narrativa. Taylor, en la señ.da de Ricoeur, articula a la mirada narrativa su propio
en Wl nosotros, y por lo tanto, concepto de localización, una "topografía moral" que remite a la interioridad
te pasaje del "ellos" al "noso-
' sino de géneros tales como la
del yo. 19
Desde ese lugar, ¿cómo acordar respecto de los "bienes", públicos y priva-
historietas, el drama docu - dos? Según el autor, "estamos implicados tanto en un sentido del yo definido
989) 1991: 18). Este reconoci-
IEOria y hacia la narrativa", se 19
Esta "localización" le permite trazar un arco interpretativo respecto de la búsqueda de la
al descentramiento de la voz verdad no ya en las "cosas" sino en el sí mismo, que va de San Agustín a Descartes y su "razón
filosófica- en beneficio de desvinculada", incluye la concepción del "yo puntual" de Locke y lleva, a comienzos del siglo xvm,
al reconocimiento de un "yo como yo", que "aúna a veces azarosamente, dos clases de reflexividad
1 radical, y por ende, de interioridad[... ], formas de autoexploración y formas de autocontrol", que,
nuevos valores comunita- junto ton un "individualismo del compromiso personal" conforman una tríada esencial para la
en el mundo privado, a identidad moderna (Taylor, [1989] 1996: 201).
86 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

por los ideales de libertad, autorrealización y autoexpresión creativa, como en


demandas por derechos, benevolencia y justicia universales" (Taylor, 1996:
525). Pero, se pregunta, ¿cómo hacer compatibles un propósito de vida "in-
trínsecamente valioso, que supere el utilitarismo" donde sobrevive el mito
romántico de la realización personal, con las tendencias crecientes a la racio-
nalidad instrumental, con el "expresivismo subjetivista" que signa nuestra época 3.La
-en mi lectura, próximo de la "caída" en el narcisismo de Sennett-, apoyado
en un "régimen terapéutico"? ¿De qué manera compatibilizar valores "univer-
sales", con la actual disgregación identitaria, las afiliaciones coyunturales, el
desdibujamiento de la idea de comunidad? En la dificultad de la opción, el filó-
sofo -sin reconocer tampoco primacía al discurso teórico por sobre el de poe-
tas o narradores-, aventura una propuesta, que él mismo realiza, performativa-
mente, en su libro: la exploración de las "fuentes morales" a través de la "reso-
nancia personal". Vuelta entonces sobre el "sí mismo", que solicita a su vez un La multiplicidad de las f.
mayor compromiso respecto de la justicia, la benevolencia y el altruísmo - rasgo en común: cuentan, de
para el autor, la forma más importante de la ética, hoy-. Así, nuevamente, la vida. Se inscriben así, más
ética de la vida personal es vista como indisociable del espacio mayor de una divisiones del discurso, la
filosofía política. cedimientos compositivos.,
Estas tendencias -que sólo ejemplifican un extenso campo de reflexión que eje de la temporalidad. En
involucra a la historia, la teoría política, la sociología, la antropología, entre gráfica sino el anclaje iIDlligi¡llllJll
otras- señalan la imposibilidad de analizar la creciente impronta de la subjeti- gurado?
vidad de lo privado -que se da en cierta simultaneidad con la privatización/ ";Cómo hablar de una
debilitamiento del Estado de bienestar-, como lisa y llanamente "negativo" ciente -se pregunta Ricoeur-
para la política, a excepción quizá de los "buenos usos" literarios o académi-
cos. Tampoco es lícito, como argumentamos, considerarlo como el desequili-
brio de un orden preexistente, la "caída" en el individualismo más extremo y,
por sistemas simbólicos, y
bilidad de acceso a los
historias contadas a ese r
ru.-•
con pocas excepciones, la banalización a ultranza, aun de grandes obras o au- 1983: 141). En tanto dim
tores, por la pérdida de los lí1nites del decoro burgués. No son, seguramente, va, "puesta en forma de lo
las posturas apocalípticas las que más ayuden a la comprensión de un fenóme- postular una relación posible
no que presenta facetas diferentes y hasta contradictorias, por más que algunas relato y el de la lectura.
formas de la "invasión biográfica" provoquen un rechazo inmediato y sin ate- Relación de incoincid,enaaol
nuantes. Así como toda visión conspirativa en torno del funcionamiento tecimiento vivencial, pero.
mediático quedaría hoy más que nunca a merced de la multiplicidad e cierto sentido paradójica: el
imprevisibilidad de las lógicas comunicacionales, la cuestión, marcada ya en es articulado sobre un modo
su origen por la paradoja, escapa a cualquier tentación de binarismo o atribu- perspectiva, no remite so
ción causal, para abrir por el contrario, múltiples caminos a la interrogación. tóricos o ficcionales-, en un
Entre éstos, el de la apuesta ética que conlleva la narrativa, en tanto
rativa del espacio privado y comunal, y por ende su papel preponderante en las
lógicas de la diferencia que proponen nuevas reglas, derechos y legitimidades
en las actuales democracias. entre sí.
3. La vida como narración

Contamos historias porque finalmente las vidas


humanas necesitan y merecen ser contadas.
Paul Ricoeur, Temps et récit

La multiplicidad de las formas que integran el espacio biográfico ofrecen un


rasgo en común: cuentan, de distintas maneras, una historia o experiencia de
vida. Se inscriben así, más allá del género en cuestión, en una de las grandes
divisiones del discurso, la narrativa, 1 y están sujetas por lo tanto a ciertos pro;
cedimientos compositivos, entre ellos, y prioritariamente, los que remiten al
tea,..,., campo de reflexión que eje de la temporalidad. En efecto, ;qué otra cosa supone la atribución autobio-
jal:iolq¡í'a, la antropología, entre gráfica sino el anclaje imaginario en un tiempo ido, fantaseado, actual, prefi;
p.ociente impronta de la subjeti- gurado?
con la privatización/ "¿Cómo hablar de una vida humana como de una historia en estado na-
lisa y llanamente 11 negativo" ciente -se pregunta Ricoeur- si no hay experiencia que no esté ya mediatizada
usos" literarios o académi; por sistemas simbólicos, y entre ellos, los relatos, si no tenemos ninguna posi-
ainsiderarlo como el desequili- bilidad de acceso a los dramas temporales de la existencia por fuera de las
historias contadas a ese respecto por otros o por nosotros mismos?" (Ricoeur,
1983: 141). En tanto dimensión configurativa de toda experiencia, la narrati-
va, "puesta en forma de lo que es informe", adquiere relevancia filosófica al
postular una relación posible entre el tiempo del mundo de la vida, el del
relato y el de la lectura.
Relación de incoincidencia, distancia irreductible que va del relato al acon-
tecimiento vivencial, pero, simultáneamente, una comprobación radical y en
cierto sentido paradójica: el tiempo mismo se torna humano en la medida en que
es articulado sobre un modo narrativo. Hablar del relato entonces, desde esta
perspectiva, no remite solamente a una disposición de acontecimientos -his-
caminos a la interrogación. tóricos o ficcionales-, en un orden secuencial, a una ejercitación mimética de
la narrativa, en tanto configu;
su papel preponderante en las 1 M. Angenot (1989} distingue dos grandes modalidades del discurso: la narrativa y la argu-
a:glas, derechos y legitimidades mentativa, distinción operativa que supone obviamente infinidad de cruces, mezclas y combinatorias
entre sí.

87
88 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

aquello que constituiría primariamente el registro de la acción humana, con tuituido como cómputo, con
sus lógicas, personajes, tensiones y alternativas, sino a la forma por excelencia de Cristo, de Buda, de algún
de estructuración de 1.a vida y por ende, de la identidad, a la hipótesis de que lingüístico, que no es redu.cti-ihlel
existe, entre la actividad de contar una historia y el carácter temporal de la el acto de la enunciación.
experiencia humana, una correlación que no es puramente accidental, sino intersubjetiva, en tanto pone
que presenta una forma de necesidad "transcultural". "hoy" es tu "hoy". Esta co
Esa cualidad transcultural de los relatos ya había sido percibida con agude- biográfico.
za por Roland Barthes, en un texto clásico que resta insoslayable para toda Pero la reflexión de
indagación al respecto: "no hay ni ha habido jamás en parte alguna un pueblo comunicativa: "Podría c:re.....
sin relatos[ ... ] el relato se burla de la buena y de la mala literatura: internacio- pensamiento. Es producida en
nal, transhistórico, transcultural, el relato está allí, como la vida" (Barthes, ciación procede la instau
[1966] 1974: 9). Pero si este carácter universal llevaba, en el marco estructura- piamente 1.a fuente del tiempo.
lista, a la búsqueda de un modelo semiótico común2 que hiciera posible el aná- enunciación hace posible.
lisis de cualquiera de sus formas, no perdía de vista sin embargo los sutiles lazos gún otro medio de vivir el •
entre el lenguaje y la vida, la mutua implicación entre narración y experien- los destacados son míos).
cia. Así, la inquietud de la temporalidad prefigura en el texto de Barthes los Siguiendo estas huellas, la
desarrollos ulteriores de Ricoeur: ";Hay detrás del tiempo del relato una lógi- para Ricoeur, una modalidad
ca intemporal?[ ... ] la tarea consiste en llegar a dar una descripción estructu- decir en el discurso directo dr
ral de la ilusión cronológica; corresponde a la lógica narrativa dar cuenta del
tiempo narrativo. Se podría decir, Oe otra manera, que la temporalidad no es en tanto "el tiempo" siempre
sino una clase estructural del relato (del discurso)" (Barthes, 1970: 24; el des- mente la trama del relato la
tacado es mío). mético. 3 Este tiempo -"tercer-
la cualidad mediadora de la

1. Narrativa y temporalidad

"Nunca recobramos nuestra infancia, ni el ayer tan próximo, ni el instante


huido al instante", afirmaba Benveniste ([1974] 1980: 73), resumiendo casi en
un aforismo la razón de ser de nuestro espacio biográfico. Su reflexión se orien-
taba a deslindar las nociones comunes del tiempo físico del mundo, como con-
tinuo uniforme, y el tiempo psíquico de los individuos, variable según sus emo-
ciones y su mundo interior. A partir de aquí, distinguía el tiempo crónico, que
engloba la vida humana en tanto usucesión de aconteceres", tiempo de nues- tal podría ser bien la función ...
4
En su analítica de la tempOGM'I
tra existencia, de la experiencia común, continuidad donde se disponen, como ta diversas concepciones (aporías).
ubloques", los acontecimientos. Este tiempo, socializado en el calendario, ins- Agustín en las Confesiones (tiempo
ción kantiana y hegeliana y discub::
2 Este modelo, presentado en el número emblemático de Communications. Análisis estructural
la distinción, planteada por este • ·
del relato -cuya expansión a la manera de una "receta" terminaría en agotamiento-- intentaba recorrido, que trata de franque31: d
deslindar, a la manera saussureana, un orden posible en el desorden azaroso del narrar, postular cosmológica y fenomenológica,
reglas de funcionamiento allfdonde sólo parecía desplegarse un caos primordial, una variación al el tiempo crónico y la peculiar ·
infinito. un tercer tiempo, el que es confir.taa'o
LA VIDA COMO NARRACIÓN 89

tuituido como cómputo, con un "punto cero", axial, simbólico -el nacimiento
de Cristo, de Buda, de algún soberano-, se articula a su vez a otro tiempo, el
lingüístico, que no es reductible a ninguno de los otros, sino que se despliega en
el acto de la enunciación, no ya como una manifestación individual sino
inte.rsubjetiva, en tanto pone en correlación presente, actual, un yo y un tú: mi
"hoy" es tu "hoy". Esta comunidad temporal es la posibilidad misma del relato
biográfico.
Pero la reflexión de Benveniste va incluso más allá de la instancia
comunicativa: "Podría creerse que la temporalidad es un marco innato del
pensamiento. Es producida en realidad en la enunciación y por ella. De la enun-
ciación procede la instauración de la categoría del presente [... ] [que] es pro-
piamente la fuente del tiempo. Es esta presencia en el mundo que sólo el acto de
enunciación hace posible, pues -piénsese bien- el hombre no dispone de nin-
gún otro medio de vivir el 'ahora' y de hacerlo actual" (Benveniste, 1977: 86;
los destacados son míos).
Siguiendo estas huellas, la relación entre discurso y temporalidad asume,
para Ricoeur, una modalidad aún más específica: "La temporalidad no se deja
decir en el discurso directo de una fenomenología sino que requiere la media-
ción del discurso indirecto de la narración" (Ricoeur, 1985: 435). En efecto,
en tanto "el tiempo}! siempre se alude en singular, es irrepresentable; es
mente la trama del relato la que opera un rol de mediación en el proceso mi-
mético. 3 Este tiempo-"tercer tiempo"-, configurado en el relato, en virtud de
la cualidad mediadora de la trama, 4 que opera a partir de una precomprensión
3 Mímesis, entendida aquí en el sentido en que este autor vuelve sobre el concepto aristotélico:

"La mímesis aristotélica ha podido ser confundida con la imitación en el sentido de copia por un
grave contrasentido. Si la mímesis comporta una referencia inicial a lo real, esta referencia no
tan próximo, ni el instante designa otra cosa que el reinado mismo de la naturaleza sobre toda producción. Pero este movi-
1980: 73), resumiendo casi en miento de referencia es inseparable de la di1nensión creadora. La mímesis es poii!sis, y recíproca-
mente. [... ) En nuestro análisis, el concepto de mímesis sirve como índice para la situación del
lliiioiJ,-áfi"co. Su reflexión se orien-
discurso. Recuerda que ningún discurso puede abolir nuestra pertenencia a un mundo. [... ] La
físico del mundo, como con- verdad de lo imaginario, la potencia de detección ontológica de la poesfa, esn es por mi parte, lo
variable según sus emo- que veo en la mímesis de Aristóteles.[ ... ] La función referencial [está ligada] a la revelación de
el tiempo crónico, que lo real como acto.[ ... ] Presentar a los hombres "cmno haciendo" y a todas las cosas "como en acto",
tal podría ser bien la función ontológica del discurso metafórico" (Ricoeur, [1975] 1977: 71).
aconteceres", tiempo de nues- 4 En su analítica de la ten1poralidad, que atraviesa autores y perspectiv;:is, el filósofo confron-
fllllidacldonde se disponen, como ta diversas concepcíones (aporías), desde hi aristotélica del tiempo cósmico, inmut;:ib\e, a la de
'9oailii'3do en el calendario, Agustín en las Confesiones (tiempo psicológico, interior, del alma); se detiene en la conceptualiza-
ción kantiana y hegeliana y discute con la fenomenología de Husserl y Heidegger, sobre todo con
'§....unaria
Conmumications. Análi.sis e.structural
en agotamiento- intentaba
la distinción, planteada por este último, entre el concepto auténtico y vulgar de tiempo. En este
recorrido, que trata de franquear el obstáculo de la "ocultación mutua" entre las perspectivas
el desorden azaroso del narrar, postular cosmológica y fenomenológica, Ricoeur incorpora, entre otras, la distinción de Benveniste sobre
..._caos primordial, una variación al el tiempo crónico y la peculiar inscripción del tiempo lingüístico, para llegar a la formulación de
1 un tercer tiempo, el que es configurado en el relato (Ricoeur, 1985, vol. 3: 435).

• • 1 •
90 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

del mundo de la vida y de la acción, confiere a su vez inteligibilidad a ese


comparten los mismos p1roaJ<lii4
mundo, entablando una relación dialéctica entre presuposición y transforma-
guen, ya sea por la naturaleza
ción, entre la prefiguración de los aspectos temporales en el campo práctico y
ramente ocurridos" o pr·cxlluc:m4
la refiguración de nuestra experiencia por el tiempo construido en el relato.
fuentes y el archivo. 8
Este "tercer tiempo", producto del entrecruzamiento de la historia y la fic-
Esta conclusión, que para la
ción, de esa mutua imbricación de los relatos, encuentra en el concepto ya
produjo sin embargo gran ·
aludido de identidad narrativa, asignable tanto a un individuo como a una co-
desplazó el centro de atencü"
munidad, un punto de articulación. "Identidad" tiene para Ricoeur el sentido
referencial de la verdad, a la
de una categoría de la práctica, supone la respuesta a la pregunta "¿Quién ha
hecho tal acción: quién fue el autor? 11 ; respuesta que no puede ser sino narra-
tiva, en el sentido fuerte que le otorgara Hannah Arendt: responder quién
supone "contar la historia de una vida". 5 El filósofo se propone así deslindarse
autobiografías, memorias, com:il
de la "ilusión sustancialista" de un sujeto "idéntico a sí mismo". Ilusión que
historia y ficción -entendida
aparece justamente, como vimos en el capítulo primero, como un problema de
obra literaria-, integrándose asi.
inscripción de la temporalidad en el espacio autobiográfico: ¿quién habla en la
autor -en el caso de escritores-
instancia actual del relato? ¿Qué voces de otros tiempos -¿de la misma voz?-
se inscriben en el decurso de la memoria? ¿quién es el sujeto de esa historia?
Para Ricoeur, el dilema se resuelve, como anticipamos, con la sustitución de
un "mismo" (idem), por un "sí mismo" (ipse); siendo la diferencia entre idem e
ipse la que existe entre una identidad sustancial o formal y la identidad narra-
tiva, sujeta al juego reflexivo, al devenir de la peripecia, abierta al cambio, la
mutabilidad, pero sin perder de vista la cohesión de una vida. La temporalidad
mediada por la trama se constituye así, tanto en condición de posibilidad del
relato como en eje modelizador de la (propia) experiencia.

2. Identidad narrativa, historia y experiencia

La noción de identidad narrativa debe bastante, como puede verse, a la re-


flexión sobre las formas autobiográficas. Así, Ricoeur remite en varias ocasio-
nes a conceptos de Lejeune, si bien su propio campo de aplicación es mucho
más amplio, ya que incluye también los relatos ficcionales y la narrativa histó-
rica. Pero si entre el espacio biográfico y el que es reconocido lisa y llanamente
como de ficción hay diferencias, según hemos tratado de establecer, ¿cuál será
la relación de lo biográfico con la narrativa histórica? Antes de postular hipó-
tesis al respecto, cabría efectuar un primer deslinde entre historia y ficción. En
el horizonte epistémico en el que nos situamos (Barthes, [1967] 1984; White,
1973, [1987] 1992; Ricoeur, 1985) hay relativo consenso en señalar que ambas
5
Ibíd. vol. 3: 442. El autor remite a Hannah Arendt en La condición humana.
LA VIDA COMO NARRACIÓN 91

comparten los mismos procedimientos de ficcionalización 6 pero que se distin-


guen, ya sea por la naturaleza de los hechos involucrados -en tanto "verdade-
ramente ocurridos" o productos de invención-7 ya por el tratamiento de las
fuentes y el archivo. 8
Esta conclusión, que para la crítica literaria no era ciertamente innnovadora,
produjo sin embargo gran impacto en la historiografía tradicionat por cuanto
desplazó el centro de atención de los "hechos" históricos, y la concepción
referencial de la verdad, a la escritura de la histaria, es decir, a otro régimen --discur-
sivo- de veridicción. En cuanto a lo biográfico, en tanto los uhechos" de la vida
de alguien reclaman igualmente una historicidad de lo "sucedido" ¡en qué direc-
ción se inclinará la balanza? Parecería que los géneros canónicos -biografías,
autobiografías, memorias, correspondencias- jugaran un juego doble, a la vez
historia y ficción -entendida esta última menos como "invención'' que como
obra literaria-, integrándose así, con este estatus, al conjunto de una obra de
autor -en el caso de escritores- y operando al mismo tiempo como testimonio,
archivo, documento, tanto para una historia individual como de época. 9
6
Es Barthes el que abrió camino a esta concepción con su artículo "El discurso de la historia",
donde afirma que la narración no "representa" ni imita nada, sino que su función es "construir un
espectáculo". La idea de la narración como discurso pretendidamente "realista", expresión privi-
legiada de adecuación al mundo de los hechos (reivindicada sobre todo por la historia narrativa
en la tradición decimonónica) responde, según Barthes, a una "ilusión referencial", que no es otra
cosa que el uso de Ciertos procedimientos de escritura. Uno de esos procedimientos es el "efecto
de realidad", que consiste justamente en la introducción de detalles no relevantes para la trama
ni significantes en sí mismos, pero que operan suplementariamente como marcadores de
dad" (Banhes, 19830 177).
7
Hayden White define a la narrativa como la modalidad por excelencia de escritura de la
historia y destaca, tomando a Ricoeur, el rol configurativo de la trama como "puesta en sentido"
que, de acuerdo a la forma genérica elegida (sátira, drama, tragedia), impondrá una interpreta-
ción diferente al relato histórico. El criterio común es que tanto la historia como la ficción toman
de sí mutuainente, y que, evidentemente, hay tanta "realidad" y verdad de la vida en la literatura
a la re- como invención en la historia. Por otra parte, los dos grandes tipos de relatos narrativos (el
ficcional y el histórico) comparten la proble1nática de la temporalidad. La distinción mayor ope-
raría en cuanto al estatuto de los "hechos" narrados pero también en cuanto al "pacto de lectura"
propuesto, que tiene que ver con los signos paratextuales de la obra, es decir, su presentación bajo
el rótulo de "novela", "historia", "autobiografía" etc. (White, 1992a).
¡;En su indagación sobre el relato histórico, Ricoeur, que no se identifica totaln1ente con la
posición "narrativista" (Danto, White), define a ese tercer tiempo, modelado por la narración,
como capaz de dar cuenta de una conciencia histórica de la identidad narrativa. Una inteligencia
narrativa creará entonces una cierta unicidad del tiempo histórico, a partir de ciertos "útiles"
epistemológicos: el tiempo calendario, según Benveniste, la sucesión de las generaciones, según
Schurz, la reinscripción ontológica de la traza que realiza el propio Ricoeur, valorizando el
ria! de archivo como indicio, vestigio histórico simbólicamente interprerado en un contexto, que per-
1nite al hombre situarse a nivel de su propia experiencia, en un "antes" y un "después".
9
Silvia Molloy destaca este último carácter, presente en cantidad de autobiografías hispano-
americanas de los siglos XIX y XX, como muestras de la articulación operada entre la historia
92 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

La percepción del carácter configurativo de las narrativas, en especial las


autobiográficas y vivenciales, se articula, casi de modo implícito, al carácter
narrativo de la experiencia. En la reflexión de Ricoeur, la relación entre tempo-
ralidad y experiencia, crucial para la historia, remite tanto a un pasado que
impone su huella como a una anticipación hacia lo impredecible. Doble movi-
miento que es también, recordemos, el que acompaña el trabajo -el intervalo-
de la identidad narrativa.
Si bien el filósofo no se detiene en particular en el análisis del término expe-
riencia, la recurrencia con que aparece en nuestro trabajo y la validez que ad- transcurra en un universo
quiere en el contexto autobiográfico, hace pertinente consignar aquí al menos humana. Es esa orientación •
algunas acepciones. Joan Scott aborda justamente esta cuestión en su artículo normativa, que va más allá
"The evidence of experience" (1996: 378-406), apuntando a una redefinición mayor énfasis, en las narramra!I
desde la óptica feminista. Parte así del análisis que Raymond Williams realizara la posición enunciativa
sobre su empleo en la tradición angloa1nericana. El autor distinguía allí entre, afectiva que da sentido al
por un lado, el conocimiento obtenido de acontecimientos pasados y, por el
otro, una clase particular de conciencia pudiendo implicar tanto "razón" como
"conocimiento" -que señala también la estrecha relación que persistía, aun a es la mirada hermenéutica
comienzos del siglo XVIll, entre "experiencia" y "experimento"-. En nuestro si- tica- 12 la que propondrá la
glo, esa clase de conciencia pasa a significar una "plena y activa 'información' lector", a partir de cierto
(awareness) que incluye tanto sentimiento como pensamiento". Así, la noción mayor tensión hacia el mundo
de "experiencia" aparece como testimonio subjetivo, como la más auténtica entonces en el relato sólo
se de verdad, como "fundamento de todo (subsecuente) razonamiento y análi-
sis" (Williams, 1985: 126-128), pero además, en una forma externa, como reac-
ción a influencias o percepciones del medio en discordancia.
Scott remarca que, tanto en su vertiente "interna" como "externa", esta
consideración establece y da por hecho la existencia de indi-
viduos, en lugar de preguntarse cómo son producidas socialmente las concep-
ciones de sí y las identidades. Este punto de partida "naturaliza tales
como hombre, mujer, negro, blanco, heterosexual, homosexual, tratándolas
como características de esos individuos" (Scott, ob. cit.: 387). En este punto,
remite a la concepción de Teresa de Lauretis, que redefine la experiencia como
de la orientación ética y la norma
"el trabajo de la ideología", trabajo en el cual la subjetividad es construída a tentativo" capítulo, una pregunta
través de relaciones materiales, económicas, interpersonales, de hecho socia- 12
La reflexión teórica sobre la
les y en la larga duración, históricas, y cuyo efecto es la constitución de sujetos desde el momento fundacional en b
como entidades autónomas y fuentes confiables del conocimiento que
ne del accesc;)i lo real (De Lauretis, [1984] 1992: 251-294)rn Este campo conceptual, de gran
problemática de la narrativa adquiae
individual y la constitución de la identidad nacional o regional. Así, la autobiografía es historia bajo otros paradigmas: la llamada
apoyada en la memoria, mientras que la biografía se a¡:nya en documentos ([I 991} 1996: 190). los críticos literarios como E Kennodc.
JO Yendo al texto de esta teórica feminista, Alicia ya no, en particular a su capítulo "Semiótica n Cabe aquí aclarar que la reil...,...
y experiencia'', pese a que la "experiencia" es amasada en esta rrama de determinaciones, que la trama que hace inteligible lo
LA VIDA COMO NARRACIÓN 93

........ en especial las Volviendo a la noción de identidad narrativa, ella avanza todavía un paso
to, al carácter más, por cuanto, al permitir analizar ajustadamente el vaivén entre el tiempo
l!llil<iión entre tempo- de la narración, el tiempo de la vida y la (propia) experiencia, postula también
ª wi pasado que la compatibilidad de una lógica de las acciones con el trazado de un espacio
. .:ili&e. Doble movi- moral. Reaparecen aquí los acentos éticos que desde antiguo acompañan el
trabajo de la narración, sobre todo en el anclaje singular de la "vida buena"
aristotélica -"con y por otro dentro de instituciones justas"-, Il ese carácter
valorativo intrínseco que hace que ninguna peripecia sea gratuita, es decir,
transcurra en un universo neutral y atemporal, sin relación con la experiencia
humana. Es esa orientación ética, que no necesita de ninguna explicitación
normativa, que va más allá de una intencionalidad, la que insiste, quizá con
mayor énfasis, en las narrativas de nuestro espacio biográfico, indisociable de
la posición enunciativa particular, de esa señalización y
afectiva que da sentido al acontecimiento de una historia.
Pero en tanto esa posición involucra siempre un "tú", la cuestión nos
duce finalmente a la instancia de la lectura, a la recepción. Volviendo a Ricoeur,
es la mirada hermenéutica -reelaborada en el crisol de la formalización
tica- 12 la que propondrá la articulación del "mundo del texto" y el "mundo del
lectoe', a partir de cierto horizonte de expectativa -con la salvedad de una
mayor tensión hacia el mundo que hacia el texto-. La modelización que opera
entonces en el relato sólo cobrará fonna 13 en el acto de la lectura, como con,
operan como una verdadera matriz semiótica, no por ello es imposible un "cambio de hábito", un
proceso de autoconciencia que logre desarticular la reacción "natural" por un cambio sustancial
de posición. Su apuesta, que visualiza la posibilidad de acción política de la mujer para revertir la
impronta "dada" de su desigualdad, es pensable en general para toda idea de identidad como
"herencia" y fijación. En el marco del paradigma bajtiniano, por otra parte, la experiencia es
eminentemente social, dialógica, y podríamos asociar la posibilidad de su transformación a la
capacidad de autocreación y de cambio que conllevan siempre los géneros discursivos, cuyos
diversos estilos pueden aportar elementos revulsivos a la cultura de una época.
11 En su obra ya citada, Soi méme comme un autre (1990), Ricoeur continúa este recorrido
realizando una revisión teórica sobre el te1na de la identidad, para desplegar luego su concepto de
identidad narrativa en relación con diversas esferas, culminando su trayecto en la consideración
de la orientación ética y la norma moral de la narrativa, para postular, en el último y "1nás
tentacivo" capítulo, una pregunta exploratoria sobre su posible ontología.
12 La reflexión teórica sobre la narrativa es indisociable, en Ricoeur, de un trayecto semiótico,

desde el momento fundacional en la obra de Vladimir Propp ([1928} 1977), Morfol.ogíadelcuento al


mítico núm. 8 de Communications ( 1966), Análisis estructural del relato (cuya introducción, a cargo
de Roland Barthes hemos citado más arriba) siguiendo con Gérard Genette, A. J. Greimas y otros.
Este campo conceptual, de gran expansión, incluye asimismo las diversas acentuaciones que la
problemática de la narrativa adquiere en otros escenarios, sobre todo el alemán y el anglófono, y
"'""'"'- Así, la autobiografía es historia bajo otros paradigmas: la llamada "Estética de la recepción", de H. Jauss y W. Iser, las posiciones de
-documentos ([1991] 19960 190). los críticos literarios como E Kermode, W. Booth, N. Frye, H. Bloom, J. Culler, etcétera.
- . pmticular a su capítulo "Semiótica n Cabe aquí aclarar que la reiterada mención a una puesta en fO'T1Tla, cqmo estructuración de
ma trama de determinaciones, que la trama que hace inteligible lo que de otro modo sería torbellino, imagen, sensación, no supone

- j'''''
.. .
94 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

junción posible de ambos "mundos" 14, pero lo trasciende, hacia otros


tos posibles, entre ellos, el horizonte de la "acción efectiva". Es que la lectura
conlleva un momento de envío, en el cual deviene "una provocación a ser y
actuar de otra manera". Así, la práctica del relato no solamente hará vivir
ante nosotros las transformaciones de sus personajes, sino que movilizará una Si el descubrimiento del
periencia del pensamiento por la cual "nos ejercitamos en habitar mundos unicidad de la voz narrativa,
extranjeros a nosotros". ¿Cómo aproximarse a ese
De esta manera, esta orientación ética se reencuentra finalmente, como en diatamente se desdoblan. no
una parábola, con la dimensión valorativa que conllevan los géneros discursivos al elegir la expresión de
en el paradigma bajtiniano, en particular con su concepto de "valor biográfico". como Ricoeur ( Soi-mhne
Y digo "reencuentran" haciéndome cargo de tal afirmación, ya que si bien Bajtín el descentramiento y la d.
está presente en el trayecto de Ricoeur de modo decisivo, no es justamente en decurso narrativo.
relación con esta problemática. En efecto, el punto de interés de este último es
la concepción polifónica de la novela, que el teórico ruso desarrollara a partir de
Dostoievski y que dio un giro capital en cuanto a la consideración de las voces instauración de la "perSona•
del relato. El impacto que Ricoeur le reconoce a esta "revolución en la concep- "Es en y por el lenguaje
ción del narrador" es tal, que sobre el final del tomo 11 de su Temps et se sólo el lenguaje funda en
pregunta si ese principio dialógico, así esbozado,·no estará a punto de destruir los de 'ego"' (el destacado es mío
cimientos mismos de su propio edificio, al desplazar el lugar configurativo de la alguien de ser "él mismo•. -
trama en la temporalidad -que conlleva una cierta homogeneidad-, por esa totalidad de las experiencias
multiplicidad de puntos de vista, en suspensión, además, por el contrapunto, de la conciencia" (Benv'et1dl.,..
siempre inacabado, de la respuesta. Pero ya al plantearse tal cuestión -que no Esta postura traía ap:ue¡..111
terminará efectivamente en un "derruinbe"-, el filósofo realizará un corrimiento dialógica para la institución
de su postura, en beneficio de la heterogeneidad, como rasgo constituyente, sobre no antinómica, entre indi ·
todo, de la novela -rasgo que, como vimos, Bajtín atribuye al conjunto de los "primero" u original-; 15 y la
géneros discursivos-. Sin embargo, en mi opinión, es la impronta valorativa de tendida, tenía que ver con d
los géneros, de la cual participa, recordemos, el valor biográfico, como ordena- -afirmaba Benveniste-- no
dor de la vida en el relato y de la "propia" vida del narrador (y del 17"tor), la que sujeto que el que así da él
señala la mayor coincidencia entre los dos paradigmas, justament,é a nivel de la Si bien esta concepción.
ética. La "puesta en forma" de la narrativa no se alejará entonces demasiado de en su momento algunas objcc:iil
esa otra farma, esa visión configurativa que los géneros imponen a nuestra rela- ción del enunciador IespeclD
ción con el mundo y con los otros. 15
"Así se desploman las vic¡;m
Dualidad que es ilegítimo y e:m:..u
de ninguna manera el triunfo de un "orden" necesario. La intriga se despliega Sobre la peripecia, ra estar instalado en su propia
el revés de fortuna, el oponente como fuerza impulsora de la acción narrativa, la inversión el contrario, la sociedad, que (JI
existencial, aspectos que, por otra parte, aparecen como connaturales a los relatos de vida, en desgajaría conforme adquiriese la
cualquiera de sus modalidades. dos términos y los define por n:bm-1
t-t Ricoeur alude, en esta posible confluencia del "mundo del texto" y el "mundo del lector" al
subjetividad" (Benveniste, 19n: 181
16
concepto de Gadamer de fusión de horizontes, donde hay una presuposición ontológica de la Algunas afirmaciones en
rencia, como un otro del lenguaje, acentuando su carácter dialógico: "toda referencia es "subjetivismo", cercano a una idea
uelerencia" (CI. [1975) 19n 147). locutor mot1iliza la lengua por sw:
LA VIDA COMO NARRACIÓN 95

3 . La voz narrativa

Si el descubrimiento del principio dialógico bajtiniano ponía en cuestión la


unicidad de la voz narrativa, ¿cómo plantearse el quién del espacio biográfico?
¿Cómo aproximarse a ese entrecruzamiento de las voces, a esos yo que inme-
diatamente se desdoblan, no sólo en un tú sino también en otros? Tanto Lejeune,
al elegir la expresión de Rimbaud para el título de su libro Ue est un autre),
como Ricoeur (Soi...mfme comme un autre) señalan, en esa especie de oxímoron,
el descentramiento y la diferencia como marca de inscripción del sujeto en el
decurso narrativo.
Pero esta marca es, ante todo, lingüística: "Es 'Ego' quien dice 'ego"', afir-
maba Benveniste en su clásica sentencia, colocando de inmediato, frente a esa
instauración de la "persona" un tú, como figura complementaria y reversible.
"Es en y por el lenguaje como el hombre se constituye como sujeto, porque
sólo el lenguaje funda en realidad, en su realidad que es la del ser, el concepto
de 'ego"' (el destacado es mío). Tal posición no se define por el sentimiento de
alguien de ser "él mismo", sino por una "unidad psíquica que trasciende la
totalidad de las experiencias vividas que reúne y que asegura la permanencia
de la conciencia" (Benveniste, 1977, vol. 1: 181y180).
Esta postura traía aparejadas varias co_nsecuencias: la de sentar una base
dialógica para la institución de la persona¡ la de una consideración dialéctica,
rasgo constituyente, sobre no antinómica, entre individuo y sociedad -imposible de reducir a un término
atribuye al conjunto de los "prigiero" u original-; 15 y la de que el fundamento de la subjetividad, así en-
es la impronta valorativa de térÍdida, tenía que ver con el ejercicio de la lengua. "Por poco que se piense
waL>r biográfico, como ordena- -afirmaba Benveniste- no hay otro testimonio objetivo de la identidad de un
narrador (y del lector), la que sujeto que el que así da él mismo sobre sí mismo." (Benveniste, 1977: 183).
liliieim..., justamente a nivel de la Si bien esta concepción, desarrrollada luego con mayor amplitud, mereció
alejara entonces demasiado de en su momento algunas objeciones, en el sentido de una excesiva autonomiza-
llll!neroo imponen a nuestra rela- ción del enunciador respecto de su enunciado, 16 su influencia fue muy rele-

l'.i "Así se desploman las viejas antinomias del 'yo' y del 'otro', del individuo y la sociedad.

Dualidad que es ilegítimo y erróneo reducir a un solo término original, sea éste el 'yo', que debie-
ilnip se despliega s-obre la peripecia, ra estar instalado en su propia conciencia para abrirse entonces a la del 'prójimo', o bien sea, por
de b acción narrativa, la inversión el contrario, la sociedad, que preexistiría como totalidad al individuo y de donde éste apenas se
...,ra•urales a los relatos de vida, en desgajaría conforme adquiriese la conciencia de sí. Es en una realidad dialéctica, que engloba los
dos términos y los define por relación tnutua donde se descubre el fundamento lingüístico de la
lr:xto.. y el "mundo del lector" al subjetividad" (Benveniste, 1977: 181). Es notoria la similitud con la posición de Elías.
16
pauposición ontológica de la refe- Algunas afirmaciones en particular pueden interpretarse como marcando un excesivo
dialógico: "toda referencia es co- "subjetivismo", cercano a una idea de intención o voluntad: "[en el acto de la enunciación) el
locutor moviliza la lengua por su cuenta", "la enunciación supone la conversión individual de la
f

-.
96 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

vante para la teoría del discurso, el psicoanálisis y otras disciplinas. Ella apor-
Desde la óptica de Ri1coeui;I
taba al desplazamiento de la idea de un sujeto esencial, investido de ciertos
pensable para pensar la cu:si.
atributos, a una posición relacional en una configuración lingüística, cuya "re-
momentos definitorios en la
ferencia" se actualizaba justamente en la instancia de la enunciación. Ubica-
cia capaz de conjurar la iJl51,;.jl;il
ción que no dejaba de lado sin embargo la dimensión ontológica -"la emer-
bios imponen a la propia ·
gencia en el ser de la propiedad del lenguaje"-, y por lo tanto, iba más allá de
mentales: el carácter y la oolafi..
una mera formalización estructural.
ya la "ciega marca" 18 con la
Es seguramente esa percepción afinada de ambos registros lo que hace que
conjunto de las disposiciones
Benvenist;e continúe siendo un referente insoslayable -más allá de los obliga-
na". Estabilidad relativa, poo
dcs territorios lingüísticos- para la reflexión contemporánea en tomo de la
"quién" (Ricoeur, 1990: 143).
identidad -filosófica, antropológica, histórica-, y, en este caso 1 para la indaga-
de mantenimiento de una •
ción sobre la inscripción narrativa del yo en las formas biográficas. A este
circunstancia, y simultán,eaDM...
respecto, cabe señalar la lucidez con que advierte esa unificación imaginaria
llegará a ser. La promesa abre
de la multiplicidad vivencial que opera el yo, como un momento de deten-
la noción de identidad Il3lmlllit
ción, un efecto de (auto)reconocimiento, de "per1nanencia de la conciencia",
como una oscilación irred
así como el carácter esencialmente narrativo y hasta testimonial de la identidad,
la contingencia, entre los
"visión de sí" que sólo el sujeto puede dar sobre sí mismo -independientemen-
¿Podríamos pensar las
te, podríamos agregar, de su "verdad" referencial-. Características que definen
como una especie de "palat.a
precisamente la especificidad, aun relativa, de lo autobiográfico, su insistencia
sino de cierta permanencia m
y hasta su necesidad: al asumir el yo como forma de anclaje en la realidad, se
de un posible reencuentro aJD
convoca y despliega el juego de la responsividad. 17
trabajo de la temporalidad?
lengua en discurso'', "El locutor se apropia del aparato formal de la lengua y enuncia su posición reenvía al cronotopo del "
de locutor mediante indicios específicos", etc. (Cf. "El aparato formal de la enunciación", en cuadamente tanto el "moo>e1•I
1977: 83 y 84; los destacados son míos). Fue Michel Pécheux, desde el horizonte epistémico del como el despliegue de la tem111Xil
análisis del discurso (Escuela Francesa), y en la de "una teoría no subjetiva de lo que Pero además, creemos, ¡·,,.....11
hoy se llama enunciación" quien planteó la postura más crítica respecto de esa "ilusión formalis-
ta" en la cual englobaba tanto a Benveniste como a Bally y Jakobson: "Todo ocurre como si la
dad narrativa, en tanto, más ali
lengua aporrara ella misma los elementos propios para crear la 'ilusión necesaria' constitutiva del erar una dualidad-, habilita a
sujeto". Ilusión del sujeto de estar "en el origen del sentido", a la cual se contraponía la idea de yecto siempre abierto a la dD. ...,...
"posición de sujeto" en una formación discursiva dada -compartida por Althusser y Foucault- autorreconocimiento. La idea de
marcada por fuertes determinaciones sociales que acotan en gran medida lo que puede y/o debe
ser dicho, y por lo tanto, relegan a la dimensión de lo no dicho todo un registro de lo significante.
feliz -e insospechada- para
Cf. Denise Maldidier, "(Re) lireMichel Pecheux aujourd-hui", en Michel Pecheux (textos) Denise "mi palabra" constituye, a la 'W'Z
Maldidier (presentación y selección), 1990: 34. El texto de Pécheux citado es "Formation sociale, paradigma bajtiniano, es decir, la
langue, discours" ( 1975), incluido en el volumen, pp. 157-173. Al respecto, Teresa Carbó (1995) cia de la "neutra" o la "ajena•-
señala que esta crítica no invalidaba su relación admirativa con quien fuera sin duda uno de los
grandes maestros del grupo estructuralista. afectividad. Esa asunción de la
17
Esta palabra es propia del léxico de Bajtín, para quien el enunciado se adelanta a las expec-
tativas y objeciones del otro, de modo tal que responde por anticipado a ese otro. Pero este res-
ponder no es sólo "dar respuesta" en el sentido de contestar, llenar un blanco o un vacío, sino
18
también en el de hacerse ca:rgo, responder por el otro: así, .responsividad y responsabilidad {no en La expresión, que toma de
vano tienen la misma raíz) estarán ambas cotnprendidas. El dialogismo es entonces también una carácter en cierta medida azaroso de la
ética (Bajtín, 1982). go un margen de autocreación o
19
Remitimos a la distinción 8lble
LA VIDA COMO NARRACIÓN 97

Desde la óptica de Ricoeur, la permanencia --en el tiempo-- resulta indis-


pensable para pensar la cuestión de la identidad personal, como uno de los
momentos definitoríos en la construcción de una teoría narrativa. Permanen-
cia capaz de conjurar la ipseidad, la desestabilización que los constantes cam-
bios imponen a la propia vivencia, y que se traduciría en dos registros funda-
mentales: el carácter y la palabra dada. Por carácter entiende aquí el filósofo no
ya la "ciega marca" 18 con la que advenimos en nuestro nacimiento, sino "el
conjunto de las disposiciones durables por las cuales se reconoce a una perso-
na". Estabilidad relativa, pero que permite cierta adherencia del "qué" {soy) al
"quién" (Ricoeur, 1990: 143 )_En la palabra dada también está presente la idea
de mantenimiento de una "mismidad" a través del cambio temporal y de la
circunstancia, y simultáneamente una pre-visión, una tensión hacia lo que se
llegará a ser. La promesa abre así un intervalo de sentido que será ocupado por
la noción de identidad narrativa, recordemos, no como "justo medio", sino
como una oscilación irreductible, con acentuación en un sentido u otro, según
la contingencia, entre los polos de la "mismidad" y el de la "ipseidad".
¿Podríamos pensar las formas autobiográficas, por lo menos las canónicas,
como una especie de 11 palabra dada", pero no ya como garantía de mismidad
sino de cierta permanencia en un trayecw, que estamos invitados a acompañar,
de un posible reencuentro con ese "yo", después de atravesar la peripecia y el
trabajo de la temporalidad? Esta hipótesis de un desplazamiento espacial -que
reenvía al cronotopo del "camino de la vida"- nos parece complementar ade-
cuadamente tanto el "momento" de la unificación enunciativa en Benveniste
como el despliegue de la temporalidad en Ricoeur.
Pero además, creemos, introduce un nuevo matiz en el "vaivén" de la identi-
dad narrativa, en tanto, más allá de los "polos" en juego -que no dejan de involu-
crar una dualidad-, habilita a considerar el devenir de la identidad como un tra-
yecto siempre abierto a la diferencia, que resignifica constantemente las instmu:ias del
autorreconocimienw. La idea de una "palabra dada" ofrece además otra articulación
feliz -e insospechada- para nuestro tema, entre teoría y lengua cotidiana: (dar)
"mi palabra" constituye, a la vez que una promesa, una afirmación autorial en el
paradigma bajtiníano, es decir, la asunción de la palabra como "propia" -a diferen-
cia de la "neutra" o la "ajena"- 19 por las tonalidades, siempre peculiares, de la
afectividad. Esa asunción de la palabra "propia", como instauración afectiva del yo
y simultáneamente, como don, como promesa de una (relativa} permanencia, me
parece otra hipótesis sugerente para nuestro espacio biográfico.
16
La expresión, que toma de Philip Larkin, es utilizada por Richard Rorty paca aludir al
carácter en cierta medida azaroso de la constitución del yo, a partir del cual es posible sin embar-
go un margen de aucocreación o redescripción (Rorcy, (1989] 1991: 62).
19
Remitimos a la distinción entre palabra neutra, ajena y propia planteada en el capítulo l.
98 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

Este abanico de posibiilid'


cio biográfico, que va ele . .
4. El mito del yo: pluralidad y disyunción
despliega así, en la óptica
polifonía baj tiniana. Lo que
Del otro lado -<lel lado de la transformación que supone todo trayecto--, si la
cha sobre la veracidad o la
literatura constituye un vasto laboratorio de la identidad, lo es por la varia-
ción del descentramientD
ción constante, la transmutación, el forzamiento de los límites, la pérdida, la
ca "testigo" del yo, su ancbljl
disolución. La novela es sin duda el territorio privilegiado para la experimen-
hablar, a su vez, en otras
tación, aún la más perturbadora, en tanto puede operar en el marco de múlti-
o menor intensidad- en el
ples "contratos de veridicción" -incluídos los puzzling cases-, 20 mientras que el
margen se estrecha en el espacio biográfico. Esta distinción es quizá una de las
pocas que puedan establecerse, respecto de lo biográfico, entre relato factuo.l y
ficcioruil, 21 más allá de la declaración de autor o de los signos paratextuales:
una vida atestiguada como "real'' está sometida a una mayor restricción narra-
permite ser asumida IXJl'
tiva. Pero si los géneros canónicos están obligados a respetar cierta verosimili-
tud de la historia contada _-que no supone necesariamente veracidad-, otras
dones y jerarquías entre m
·el que ha contribuído a la
variantes del espacio biográfico pueden prcx:lucir un efecto altamente desesta-
los más fascinantes de la
bilizador, quizá como "desquite" ante tanto exceso de referencialidad "testi-
medida creado y realimena...
monial": las que, sin renuncia a la identificación de autor, se plantean jugar
como vimos, de una as¡Jir.ICi.
otro juego, el de trastocar, disolver la propia idea de autobiografía, desdibujar
Recapitulando entonas
sus umbrales, apostar al equívoco, a la confusión identitaria e indicial -un
en sus diversas acentu:lci<mllt
autor que da su nombre a un personaje, o se narra en segunda o tercera perso-
constante despliegue hacia
na, hace un ficticio con datos verdaderos o a la inversa, se inventa una
del sujeto, tampoco una
historia-otra, escribe con otros nombres, etc. etc.-. Deslizamientos sin fin, que
multiplicidad de los relatos,
pueden asumir el nombre de "autoficción" en la medida en que postulan explí-
registros y coautorúis -la
citamente un relato de sí consciente de su carácter ficcional y desligado por lo
relación psicoanalítica- la
tanto del "pacto" de referencialidad biográfica. 22
"propia", pero definible SÓio
20
Analizando las paradojas de la identidad personal, respecto de interrogantes sobre su loca- ciertos otros diferentes y
lización, Ricoeur alude a la obra Reasons and persons de Derek Parfit, y analiza diversos puzzling del sí mismo, que comcproall:lll
cases (duplicación de cerebros, teletransportación, amnesia, etc.), que ponen en evidencia una
en términos de solidaridad, ·
inquietud teórica y científica, más allá de la larga tradición literaria sobre las "perturbaciones de
la identidad" (Ricoeur, 1991 o 15 ). do fuertemente por la r:eul(IC. .
21
El análisis de la distinción entre factual y ficcional, que emprende Gérard Genette a partir
de los respeCtivos procedimientos utilizados -considerando como "factuales" los relatos de la
historia, la biografía, el diario íntimo, el relato de prensa, el informe de policía, la narratio judi- narrado sea un sujeto ficticio a i
cial, la jerga cotidiana, etc.-, concluye finalmente en indecidibilidad: nada hay, según el autor, de sujeto que el lugar del sujero. d
que nos permita afirmarla con certeza, fuera de ciertos signos exteriores, paratextuales. Véase Robin, "L'aucofiction. Le sujec
u También Charles Taylm. ca
"Récit ficcionnel, récit factuel" (Genette, !991).
zz Régine Robin hace un trazado conCeptual de la "autoficción", a partir de definiciones de moderna (las "fuentes del yo.,.
distintos autores, como un relato que alguien decide hacer de sí mismo con plena conciencia de su autobiográficas en este proceso.
carácter ficcional, sin obligación de "fidelidad" referencial ni búsqueda del "sentido de la vida" o fundante de Montaigne, más de -
justificación existencial: "La autoficción es ficción, ser de 4enguaje, lo que hace que el sujeto conlleva "una diferencia ine¡pa:M='11
tificar, idea que se ha asimilado
LA VlDACOMONARRACIÓN 99

Este abanico de posibilidades de inscripción de la voz narrativa en el espa-


cio biográfico, que va de las formas más canónicas a las menos discernibles, se
despliega así, en la óptica que venimos construyendo, sin contradicción con la
polifonía bajtiniana. Lo que está en juego entonces no es una política de la sospe-
cha sobre la veracidad o la autenticidad de esa voz, sino más bien la acepta-
ción del descentramiento constitutivo del sujeto enunciador, aun bajo la
ca "testigo" del yo, su anclaje siempre provisorio, su cualidad de ser hablado y
hablar, a su vez, en otras voces, ese reparto coral que sobreviene -con mayor
o menor intensidad- en el trabajo dialógico, tanto de la oralidad como de la
escritura y cuya otra voz protagónica es por supuesto la del destinatario/
receptor.
Porque, indudablemente -volviendo al 'ego' de Benveniste-, es el carácter
reversible de esa marca del lenguaje, quizá la más "democrática" por cuanto
ssnicción narra- permite ser asumida por todos sin distinción -más allá de la diferencia de posi-
cierta verosimili- ciones y jerarquías entre las "primeras personas" verdaderamente existentes-
veracidad-, otras el que ha contribuído a la construcción del mito del yo, según Lejeune, "uno de
docto altamente desesta· los más fascinantes de la civilización occidental moderna''. Mito en buena
de referencialidad "testi- medida creado y realimentado sin cesar en el espacio biográfico, e indisociable,
de autor, se plantean jugar como vimos, de una aspiración ético/moral.23
de autobiografía, desdibujar Recapitulando entonces nuestro itinerario, aun el "retrato" del yo aparece,
identitaria e indicial -un en sus diversas acentuaciones, como una posición enunciativa dialógica, en
en segunda o tercera constante despliegue hacia la otredad del sí mismo. No habría "una" historia
o a la inversa, se inventa Üna del sujeto, tampoco una posición esencial, originaria o más "verdadera". Es la
-- Deslizamientos sin fin, que multiplicidad de los relatos, susceptibles de enunciación diferente, en diversos
..mda en que postulan explí- registros y coautorías -la conversación, la historia de vida, la entrevista, la
ficcional y desligado por lo relación psicoanalítica- la que va construyendo una urdimbre reconocible como
"propia", pero definible sólo en términos relacionales: soy tal aquí, respecto de
""'P'CID de incerrogantes sobre su loca- ciertos otros diferentes y exteriores a mí. Doble "otredad", entonces, más allá
Padit. y analiza diversos puzzling del sí mismo, que compromete la relación con lo social, los ideales a compartir,
m:...). que ponen en evidencia una en términos de solidaridad, justicia, responsabilidad. Pero ese tránsito,
liRaria sobre las ..perturbaciones de
do fuertemente por la temporalidad, ¿ofrecería alguna detención posible sobre
Eiiptiwk Gérard Genette a partir
l:llm() '"faccuales" los relatos de la
narrado sea un sujeto ficticio en tanto narrado. [... ]El problema es más el de encontrarse un lugar
d. mlorme de policía, la narratio judi-
de sujeto que el lugar del sujeto, el de constituirse en la escritura un Véase R.
l'o:illihl"idad: nada hay, según el autor,
Robin, "L'autofiction. Le sujet toujours en défaut" {1994: 74).
CUl:riores, paratextuales. Véase 23
También Charles Taylor, en su indagación histórica sobre la constitución de la identidad
moderna {las "fuentes del yo"). reconoce el rol protag6nico que asumieran las narrativas
pm6:ü"in'•. a partir de definiciones de
autobiográficas en este proceso, desde la novela inglesa en adelante, señalando, además, el gesto
11 lllislno c.on plena conciencia de su
fundante de Montaigne, más de un siglo antes, en lo que hace a la idea de que cada individuo
•"-P...da del "sentido de la vida" o conlleva "una diferencia irrepetible", un "propio y original modo de ser", que vale la pena iden-
1
e aje lo que hace que el sujeto tificar, idea que se_ ha asimilado totalmente a nuestra comprensión del yo {Taylor, (I 989) 1996).

r n:a¡¡ q78-'ISO-_.,._....,.._á

.lllJ
100 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

el polo de la mismidad? ¿Habría algo, en ese yo, absolutamente singular, priva- se que el relato de sí es ....
do, irreductible? Scheherazade, que intentan
Contratiamente a la idea moderna de la singularidad como lo irrepetible "salida" del aislamiento que
de cada ser en su diferencia, Emanuel Lévinas, en una perspectiva ontológica, Pese a la imposibilidad e
coloca el punto de lo irreductible en aquello que es común a cada uno de los bargo algo que comunicar de
seres humanos, la soledad del existir, lo más privado, lo que no se puede compar- enunciación único, donde
tir con nadie, pese a estar rodeados de seres y cosas: "Uno puede intercambiar que es también un lugar de
todo entre los seres, excepto el existir. En ese sentido, ser es aislarse por el puede ser "confirmado, 5"1Plll
existir. Soy mónada en tanto soy. Es por el existir que soy sin puertas ni ventanas, Derrida; no corresponde al
y no por un contenido cualquiera que sería en mí incomunicable" (Lévinas, -a una verdad- irreductible:
[1979] 1996: 21; el destacado es mío). la enunciación del yo po5IUla
En la perspectiva de Lévinas, si bien el tiempo mismo es una apertura sobre oralidad, "directo", ofreceue
el otro (autrui) y sobre lo Otro (l'Autre), el aislamiento del existir marca el acon- sentido, y pese a su e'vanesa. .
tecimiento mismo del ser-"lo social está más allá de la ontología"-. La cuestión rica"-. En el prólogo a la
no es entonces "salir" de la soledad -tema clásico del existencialismo, con sus palabra] formulada por el
tonos de angustia y de desesperanza- sino de ese aislamiento. Tal el propósito a un discurso la presencia
confesado por Lévinas para libro, 24 pero a sabiendas de que esta salida es del autor vivo autentifica ..
ilusoria, que el sujeto siempre intenta "engañar" su soledad, tanto en la relación desdecir lo dicho, y así =ob:o"1
con el mundo a través del conocimiento como en la experimentación de los La cuestión de la presencia
placeres. Salida del sí mismo hacia el/lo otro que encuentra en el erotismo -la dad, no importa la distancia
relación con lo femenino como diferencia total- y en la paternidad -la relación voz narrativa "que permite a
con una mismidad otra-, dos vías de acceso a un más allá. La existencia será que ésta sea confundida con ..
entonces algo que se puede narrar pero no comunicar, compartir. ese autor "real", que habla (
Nos interesa aquí esta distinción entre comunicar y narrar, en tanto deja quiere resignar su primacía: d
entrever una diferencia cualitativa: comunicar aparece utilizada en la acepción
través de la entrevista -voz y
latina de "estar en relación --comunión- con'', "compartir", como un paso más
de su existencia y su insis.terll:ill
allá del narrar -"contar un hecho", "dar a conocer"-, que denotaría una cierta
tud de la presencia y el cie.m.4
exterioridad. Ese paso, entre lo decible y lo comunicable, señala, por otra parte, la
quizá paradójicamente, el
imposibilidad de "adecuación" de todo acto comunicativo, esa infelicidad consti-
tutiva de todo "mensaje". 25 Pero si el sujeto sólo puede narrar su existencia,
"engañar" su soledad tendiendo lazos diversos con el mundo, ¿no podría pensar-
5.Distiincil
24
En una larga entrevista que le hiciera Philippe Nemo en 1981, para FTance-CultuTe, editada
luego en forma de libro, Lévinas retoma las conferencias de Le temps et l' atare, junto a otros temas Yendo a la delimitación del
fundamentales de su obra, para comentarlos con el entrevistador con algunos acentos biográficos de diversos géneros d;,·iCUmlUI
y aceptando "simplificar l'expresión de sus argumentos". Lévinas, Ethique et infmi, (Dialogue.s avec
por una existencia ureat•.
Philippe Nemo), 1982, 50.
25
Remitimos a la concepción de Derrida de la imposibilidad de un "contexto ideal" de la formales, semánticas y de
comunicación, en tanto toda palabra es iteTable, susceptible de ser citada, recontextualizada,
interpretada diferentemente, malinterpTerada. La "infelicidad," en este sentido (la ambigüedad, el 26
Aludimos aquí a la COJC>fc...,mt
desvío, el malentendido, etc.), coextensiva a la ir.erabilidad, es la condición misma de posibilidad
"Parler pour l'étranger", donde
de la comunicación, no su "problema". Véase Jacques Derrida (1982).
publicó en Diario de Poesía, ruD..1'.
la:llTIEMPORÁNEA LA VIDA COMO NARRACIÓN 101

se que el relato de sí es uno de esos ardides, siempre renovados, a la manera de


Scheherazade, que intentan día a día el anclaje con el otro -y la otredad-, una
"salida" del aislamiento que es también, una pelea contra la muerte?
Pese a la imposibilidad de comunicar la existencia, cada yo tiene sin
bargo algo que comunicar de sí mismo, como afirmaba Benveniste, un lugar de
enunciación único, donde "da testimonio" de su identidad. Testimonio de sí
que es también un lugar de absoluta soledad: un testimonio, para ser tal, no
puede ser "confirmado, seguro, y cierto en el orden del conocimiento", afirma
Derrida; no corresponde al estatuto de la prueba sino que remite a una mirada
-a una verdad- irreductible: no hay testigo para el testigo". 26 El acto mismo de
11

la enunciación del yo postula así una presencia, que puede devenir corporeidad,
oralidad, "directo", ofrecerse como una referencia viva e inequívoca -en este
sentido, y pese a su evanescencia, hasta se transformaría en referencia "empf·
rica"-- En el prólogo a la edición de EthU]ue et infini dirá Philippe Nemo: "[esta
palabra] formulada por el autor mismo [___ ] es fiel de esta fidelidad que asegura
a un discurso la presencia viva de su autor". En la situación dialógica, "el decir
del autor lo dicho de la obra depositada, porque sólo él puede
desdecir lo dicho, y así realzar su verdad" (Lévinas/Nemo, ob. cit.: 5).
La cuestión de la presencia se juega entonces con su particular efecto de ver-
dad, no importa la distancia que al respecto plantee la teoría. Distancia de una
voz narrativa "que permite a la narratología hacer un lugar a la subjetividad, sin
que ésta sea confundida con la delautor real" (Ricoeur, 1984, voL 2: 162). Pero
ese autor "real", que habla (testimonia) o deja su marca en la escritura tampoco
quiere resignar su primacía: el espacio mediático contemporáneo, sobre todo a
través de la entrevista -voz y cuerpo "en directo"- ofrece una prueba irrefutable
l"cmi11pntir-", como un paso más de su existencia y su insistencia. Y es en esa tensión entre la ilusión de la pleni-
-, que denotaría una cierta tud de la presencia y el deslizamiento narrativo de la identidad, que se dirime,
, señala, por otra parte, la quizá paradójicamente, el quién del espacio biográfico .
...Dic:ati-ivo, esa infelicidad consti-
puede narrar su existencia,
d mundo, ;no podría pensar- 5. Distinciones en el espado biográfico
1981, para France-Culture, editada
r
d: autTe, junto a otros temas Yendo a la delimitación del espacio biográfico, como coexistencia intertextual
con algunos acentos biográficos de diversos géneros discursivos en tomo de posiciones de sujeto autentificadas
EdKque et infini, (Dialogues avec por una existencia "real", podría afirmarse que, más allá de sus diferencias
. .liliilod de un "contexto ideal" de la formales, semánticas y de funcionamiento, esos géneros -que hemos enumera-
de ser citada, recontextualizada,
• aa SCttido (la ambigüedad, el 26
Aludimos aquí a la conferencia de Jacques Derrida en Buenos Aires en noviembre de 1995,
. . . cmMlición misma de posibilidad
"Parler pour l'étranger", donde analizara la figura del testigo a partir de Paul Célan y que se
(19112).
publicó en Diario de Poesía, núm. 39, Buenos Aires, 1996, pp. 18,19.
102 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

do en una lista siempre provisoria- comparten algunos rasgos -temáticos, sectan y trastocan, lo más "
compositivos y/o estilísticos, según la clásica distinción de Bajtín-, así como privado se transforma en
ciertas formas de recepción e interpretación en términos de sus respectivos versa ...
pactos/acuerdos de lectura. El espai:io, como configuración mayor que el géne- Tampoco es certera la
ro, permite entonces una lectura analítica transversal, atenta a las modulaciones mente el reducto de la ra,,..,...
de una trama interdiscursiva que tiene un papel cada vez más preponderante valente a "la intimidad'"-,• lo
en la construcción de la subjetividad contemporánea. Pero además, esa visión dad o al reino doméstico, lo
articuladora tiace posible apreciar no solamente la eficacia simbólica de la Pese a las diferencias -¡de
producción/reproducción de los cánones sino también sus desvíos e infraccio- estos espacios, más allá de
nes, la novedad, lo 11fuera de género". fronteras tajantes entre los "
Sin embargo, tal confluencia no supone desatender las respectivas especifi-
cidades, aun en su relatividad. Por el contrario, la abarcativa definición de los
géneros discursivos que adoptamos, que comprende el tipo de interlocución,
su situación, las diversas esferas y funciones de la comunicación en juego, el
peso de la tradición y también la innovación, permite justamente un trabajo
afinado de distinción. Así, planteamos la pertinencia de considerar dialógica- taxonómica, como veíamos aa
mente los reenvíos entre el espacio y el género, enfoque que intenta asimismo variabilidad que lleva sin
la superación de otra diferencia, a menudo marcada como contrapunto, la que de su estatuto como género
media entre el ''texto" y el "contexto": no hay texto posible fuera de un con- persona, elípticas, encubiPtas;
texto, es más·, es este último el que permite y autoriza la legibilidad, en el senti- de un modelo ejemplar pero
do que le confiere Derrida, pero tampoco hay un contexto posible que sature autojustificación, búsqueda
el texto y clausure su potencialidad de deslizamiento hacia otras instancias de dividualidad que crea cada
significación. 27 ficticio cuya "autenticidac:r
Pese a que el "mito del yo" se sustenta en buena medida en el espacio paratextuales -"autobiogra(ía•
biográfico, la errática adhesión a esta marca enunciativa, aun en los géneros Quizá sea justamente e5ta
llamados "autobiográficos", hace dudosa su utilización como parámetro clasi- pervivencia- lo que ha hecho
ficatorio, según lo advertíamos en los intentos de Lejeune. Sin embargo, pare- giado desde diversos enfoquos
cería que sólo la afirmación -o el reconocimiento---- de un yo narrativo habili- de las Canfesiones de San
taría en verdad la distinción, a menudo sutil, entre umbrales que nombran y "sujeto" dejara sin embargo
no nombran lo mismo: íntimo, privado, bioiráfico. En efecto, si adoptamos la en cuanto al relato de una ·
metáfora del "recinto" de la interioridad, lo íntimo sería quizá lo más -Rousseau, Wordsworth. De
to del yo, aquello que roza lo incomunicable, lo que se aviene con naturalidad
al secreto. Lo privado, a su vez, parecería contener a lo íntimo pero ofrecer un 28
Nora Catelli (1996' 87-98)
espacio menos restringido, más susceptible de ser compartido, una especie de "intimar" distinguiendo al meno5 DIS
un cuerpo por los poros o espacU
antesala o reservado poblado por algunos otros. Finalmente, lo biográfico com-
estrechar una amistad". Exigencia,,
prendería ambos espacios, modulados en el arco de las estaciones obligadas de campo de sentidos fértiles para d
la vida, incluyendo además la vida pública. Pero este viaje con escalas hacia el del diario íntimo"
corazón de la interioridad es sólo una ilusión: a cada paso, los términos se inter- lación, tanto con la tradición co*'linll
sas, impuesta muchas veces
otras condiciones de confmamicolo
u Véase. Jacques Derrida ([1987] 1989), "Firma, acontecimiento, contexto".
modo, una forma marginal de eocria-41
LA VIDA COMO NARRACIÓN 103

sectan y trastocan, lo más íntimo pide ser hablado o cede a la confidencia, lo


privado se transforma en acérrimo secreto, lo público se hace privado y vice-
versa...
Tampoco es certera la atribución de incumbencias: lo íntimo no es sola-
mente el reducto de la fantasía, la afectividad o el erotismo -ni en todo equi-
valente a ºla intimidad"-, 28 lo privado no se equipara al resguardo de la propie-
dad o al reino doméstico, lo biográfico excede en mucho una historia personal.
Pese a las diferencias -;de grado?- entre los términos, la dificultad de definir
estos espacios, más allá de una traza metafórica, es también la de postular
fronteras tajantes entre los géneros y las voces que vendrían a re-presentarlos.

·-ÍÓllde interlocución,
en juego, el
lil•otnte un trabajo
5.1. Biografía y autobiografía

Si pensamos por ejemplo en la autobiografía, pieza clave de la tentación


amsiderar dialógica- taxonómica, como veíamos en el capítulo primero, ella ofrece tantos índices de
que intenta asimismo variabilidad que lleva sin esfuerzo a dudar -como Starobinski o Paul de Man-
aJOlO contrapunto, la que de su estatuto como género literario: las habrá en primera, segunda, tercera

.Dril..
tl:ldD posible fuera de un con-
la legibilidad, en el senti-
Wl contexto posible que sature
persona, elípticas, encubit!rtas; se la considerará, por un lado, como repetición
de un modelo ejemplar pero sujeto a la trivialidad doméstica, por el otro, como
autojustificación, búsqueda trascendente del sentido de la vida, ejercicio de in-
,_.CDID hacia orras instancias de dividualidad que crea cada vez su propia forma; pero también como un relato
ficticio cuya "autenticidad" estará dada solamente por la promesa que sus signos
paratextuales hacen al hipotético lector.
.,..ci.iativa, aun en los géneros Quizá sea justamente esta multiplicidad formal -así como su empecinada
como parámetro clasi- pervivencia- lo que ha hecho de la autobiografía un objeto de análisis privile-
Lejeune. Sin embargo, pare- giado desde diversos enfoques epistémicos. El dilatado arco temporal que va
de un yo narrativo habili- de las Confesiones de San Agustín -que, lejos de toda concepción moderna de
Clllre umbrales que nombran y "sujeto" dejara sin embargo un sello retórico, teórico y narrativo indeleble
. En efecto, si adoptamos la en cuanto al relato de una vida- al momento instituyente del Romanticismo
sería quizá lo más recóndi - -Rousseau, Wordsworth, De Quincey-, señala asimismo el tránsito de la
que se aviene con naturalidad
28 Nora Catelli (1996: 87-98} analiza el sentido del cérmino en su relación con el verbo
a lo íntimo pero ofrecer un
"intimar" distinguiendo al menos aes aspectos: 1) "exigtr el cumplimiento de algo, 2) introducirse
sr c.ompartido, una especie de un cuerpo por los poros o espacios huecos de una cosa, 3) introducirse en el afecco o ánimo de uno,
Fmalmente, lo biográfico cam- estrechar una amistad". Exigencia, penetración e intimación aparecen así ligados, trazando un
ele las estaciones obligada_s de campo de sentidos fértiles para el análisis, que la autora se propone, de una "posición femenina
aje con escalas hacia el del diario íntimo" -independiente del género/atribución sexual del autor-, que permite la articu-
lación, tanto con la tradición confesional del diario, y su particular peso en la escritura de religio-
paso, los términos se inter-
sas, impuesta muchas veces desde una aucoridad masculina, como en su pclctica "profana", bajo
otras condiciones de confinamiento -familiar, conyugal, imaginario-, resultando además, en cierto
• contexco". modo, una forma marginal de escritura.
104 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

sión -el hacerse aceptable a la mirada divina- a la autoafimwción, como acep- La puesta en orden que la
tabilidad del propio yo en la trama comunal de los otros, y entonces, como componen el espacio biiogmli"
apertura a la libertad de creación individual, gesto que se desplegaría, carto, propia vida -del escritor. del
gráficamente, en todas las formas ulteriores, de las más canónicas a las más hay cierto "revisionismo.. de
innovadoras. más de una vez: varias ver.lioml
Si la autobiografía propone un espacio figurativo para la aprehensión de un periódicas que los géneros
yo siempre ambiguo --el héroe autobiográfico como un "alter ego"-, este espa, en una temporalidad
cio se construye tradicionalmente -y más allá de la diversidad estilística- en la nerosamente de la
oscilación entre mímesis y memoria (De Mijolla, 1994) entre una lógica repre- Contemporáneamente, en
sentativa de los hechos y el flujo de la recordación, aun reconocidamente arbi- renuncia a la representación. el
trario y distorsivo. Esta oscilación -a la cual no escapan incluso autobiógrafos vencia de las formas tradici.......
fuertemente imbuidos de los preceptos psicoanalíticos- aparece así como una cicio del Roland Barthe> por
especie de forma constitutiva del género. Pero este devenir metafórico de la gías, la mezcla de las voces
vida en la escritura es, más que un rasgo "imitativo", un proceso constructivo, persona, la deconstrucción del
en el sentido en que Ricoeur entiende la mímesis aristotélica, que crea, te en cuanto a la mostración de
senta algo que, como tal, no tiene existencia previa. Sin embargo, la imposibilidad de narración de
ción individual en cuanto a esta creación, la irreductibilidad de cada expe, Robin. Un texto fragmentario,,
riencia -aun en sus acentos comunales, compartidos- no impide un fuerte advertencia -manuscrita- de
efecto convencional, repetitivo, que aleja a la autobiografía de la novela en por un personaje de novela•,
cuanto a la multiplicidad de las form:-i.s de narrar. Pese al carácter histórica, infancia y juventud, teoriza,
mente situado de la mímesis vivencial, pese a sus transformaciones seculares, en definitiva más que un
pese a la tensión entre tradición y transgresión, hay, en la escritura autobio, de la escritura, la producción ·
gráfica, una notable persistencia de un modelo figurativo de la vida que emerge Es la conciencia del car.io:llll
aun cuando el propósito de tal escritura sea más inquisitivo y cuestionador que de los escritores-, la asuncililt
tendiente a la autojustificación. 29 escritura, entre el yo y el •
Dicho modelo narrativo opera también en cuanto a la materia autobiográfica acontecimientos, tempo1ralid. .I
y más allá de las diferencias entre los sujetos: tabúes, umbrales de la interiori, propia figura del autor, que
dad que difícilmente se franquean, rasgos de carácter y de comportamiento en sagradas, lo que permite
sintonía con los ideales de la época, adecuación, aun relativa, a pautas y actualidad- el umbral de
nes establecidos. Como si la traza ontológica de la emergencia del género -la autoficción. Autoficción
trascendencia de las vidas ilustres, la recuperación del tiempo pasado, el deseo huellas referenciales, dihlllDÍlml
de crearse a sí mismo, la búsqueda de sentidos, el trazado de una forma perdu- que, a diferencia de la iden -
rable que disipe la bruma de la memoria- fuera en cierto modo indeleble -a la el trabajo del análisis, cuya
manera en que la marca de agua en el papel no impide sin embargo la lectura dad, alterar la historia que d
contrastiva y plena de la letra-. midad de ese autorreconocil. .
citado por Robin: "La aut -
29 Para De Mijolla, es la nostalgia y la pesadilla del tiempo pasado, la belleza y el terror, lo que

retrotrae a la infancia, como lugar imaginario de un poder siempre irrealizado, y es la pérdida de ese
poder-y esa pasión- lo que está en el origen de la autobiografía. Pérdida que tratará de compensar 10
El texto de Barthes ((19751 1
la escritura dotando de una forma a lo que es en verdad efímero, incomunicable, y que alienta tanto canónica, trabaja también b -
en los autobiógrafos como en el culto contemporáneo que el género ha despertado en la crítica. escritura es autobiográfica.
ll:IDNTB.il'ORÁNEA LA VIDACOMONARRACIÓN 105

lll!l•Dllít, como acep- La puesta en orden que la autobiografía -como en general, los géneros que
y entonces, como componen el espacio biográfico- aporta, según Bajtín, a la conciencia de la
"'5plegaría, carto- propia vida -del escritor, del lector- no supone sin embargo univocidad. Si
. .moicas a las más hay cierto "revisionismo" de la vida en la escritura, ésta podrá ser retornada
inás de una vez: varias versiones de la autobiografía, o bien, las actualizaciones
periódicas que los géneros mediáticos, como la entrevista, permiten desplegar
en una temporalidad azarosa y en la comodidad del diálogo, que dispensa ge-
nerosamente de la inspiración.
...a lógica repre- Contemporáneamente, en la herencia irreverente de las vanguardias, en la
11111..,cidamiente arbi- renuncia a la representación, el gesto autobiográfico .-.sin perjuicio de la surervi,
•clmiO autobiógrafos vencia de las formas tradicionales- enfrenta una transformación radical. El ejer,
.......,., como una cicio del Roland Barthes por Roland Barthes -la desarticulación de las cronolo-
metafórico de la gías, la tnezcla de las voces narrativas, el desplazamiento del yo a la tercera
•i•"'"'"º' constructivo, persona, la deconstrucción del "efecto de realidad"- deja sin duda un preceden,
•im;llic1, que crea, pre- te en cuanto a la mostración de ficcionalidad, de la duplicidad enunciativa, de la
Sio embargo, la fluctua- imposibilidad de narración de sí mismo, para retomar la expresión de Régine
M•ctiJ-¡,¡·J¡-,dad de cada expe- Robin. Un texto fragmentario, que se rehúsa a la narración, que se abre con la
!illllliilklos- no impide un fuerte advertencia -manuscrita- de que "todo esto debe ser considerado como dicho
mrobiografía de la novela en por un personaje de novela", que, mientras juega con las propias fotografías de
. Pese al carácter histórica- infancia y juventud, teoriza, polemiza, dialoga con otros libros, pone en escena
en definitiva más que un recuerdo del tiempo vivido, el mecanismo fascinador
de la escritura, la producción incansable de intertextualidad. 30
Es la conciencia del-carácter paradójico de la autobiografía -sobre todo,

'§la
de los escritores-, la asunción de la divergencia constitutiva entre vida y
1
escritura, entre el yo y el "otro yo", la renuncia al canónico despliegue de
acontecimientos, temporalidades y vivencias, así como la desacralización de la
materia autobiográfica
ahúes, umbrales de la interiori- propia figura del autor, que no se considera ya en el "altar" de las vidas con,
y de comportamiento en sagradas, lo que permite traspasar -cada vez con mayor frecuencia en nues,
aun relativa, a pautas y cáno- ¡ra actualidad- el umbral de la "autenticidad" hacia las variadas formas de la
de la emergencia del género -la autoficción. Autoficción como relato de sí que tiende trampas, juega con las
del tiempo pasado, el deseo huellas referenciales, difumina los límites -con la novela, por ejemplo-, y
ttazado de una forma perdu- que, a diferencia de la identidad narrativa de Ricoeur, puede incluir también
cierto modo indeleble -a la el trabajo del análisis, cuya fun·ción es justamente la de perturbar esa identi,
onpide sin embargo la lectura dad, alterar la historia que el sujeto se cuenta a sí mismo y la serena canfor,
midad de ese autorreconocimiento. Al respecto, afirma Serge Doubrovsky,
1 citado por Robin: "La autoficción es la ficción que en tanto escritor decidí
.,....00. la belleza y el rerrm, lo que
- incalizado, y es la pé<-dida de ese
10
Pérdida que tratará de compensar El texto de Barthes ([1975] 1995), que elude toda marca reconocible de autobiografía
IDCOlllllllicable, y que ali.enta canto canónica, trabaja también sobre la idea -sustentada asimismo por Paul de Man- de que toda
tpmo ha despertado en la critica. escritura es autobiográfica.
106 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

darme de mí mismo, al incorporar a ella, en el sentido pleno del término, la


ria más a contar sobre un
experiencia del análisis, no sólo en la temática sino en la producción del to, en ejercicio de erudición,
texto" (Robin, 1994: 74)." de mínimos accidentes 111'sii",,;•
La biografía,32 a su vez, también un género en auge en nuestra época, se lete contra su objeto.
moverá en un terreno indeciso entre el testimonio, la novela y el relato histó- Al respecto, en un aniCll...
rico, el ajuste a una cronología y la invención del tiempo narrativo, la ínter; John Updike ironizaba, a
pretación minuciosa de documentos y la figuración de espacios reservados a relación reverencial del bicl";,,.•
los que, teóricamente, sólo el yo podría advenir. A menudo, inspirada en la
devoción del personaje, instituido así naturalmente en héroe o heroína, su
modelo -y no el de la novela- sería el que, según Lejeune, prima sobre la
autobiografía. Obligada a respetar la sucesión de las etapas de la vida, a buscar
causalidades y otorgar sentidos, a justificar nexos esclarecedores entre vida y
obra, su valoración como género no deja de ser controvertida. Más allá de la
obvia distinción entre modalidades -desde las famosas "biografías no autoriza,
das", más cerca del gossip que de un género literario o científico, hasta aquellas
que son producto de investigación-, y pese a innúmeros ejemplos de biógrafos
tan ilustres como sus biografiados, para algunos la biografía estará amenazada
desde el origen por la tensión entre admiración y objetividad, entre una su,
puesta 'Verdad" a restaurar y el hecho de que toda historia es apenas una histo,

31 En su obra Fih (1977), Doubrovsky escribe: "Hace más de cuarenta años que estamos

juntos. Inseparables, aglutinados. Él y yo. JULIEN-SERGE. Mala pareja. Cada uno por su lado. No
puede durar. Aguantar. Vida doble. Frente y contra&ente. Demasiadas facetas. Juegos de espejo.
Demasiados reflejos, me volatilizo. Vals, vértigo. Chassé-croisé. Quiero atraparme. Inasible". Sin
adecuación entre autor, narrador y personaje -pero remitiendo a acontecimientos ocurridos-,
Robín interpreta esta forma de autoficción como la invención de un lugar de sujeto, la construc-
ción en la escritura de un "efecto-sujeto" (Robin, 1994: 75). La "autoficción" ha conquistado tra tanto su resistencia al ·
asimismo un lugar en la definición editorial, ganando terreno a la "novela autobiográfica".
32 La biografía, como exaltación del recorrido de una vida humana notable, reconoce antece·
queda de nuevos posici.oo-lllil
dentes en la antigüedad clásica. Bajtín señala como lejanos hitos auto/biográficos La Apologfa de ficcional, pero también el
Sócrates y el Fedón, de Platón, así como la imploración de lsócrates, bajo el modelo del enkomion, algo más que ilumine el
acto público, cívico y político de glorificación y autojustificación. Más tarde, la autobiografía -<lifícilmente se lea la bi.oomlll
romana otorgará un valor central a la familia patricia, indisociable de la historicidad, lo público
azar entonces que reit=ida-1
y lo nacional. Diferentes motivos son acentuados en estas vertientes clásicas y dejan su sello en la
posteridad: la metamorfosis, que muestra las transformaciones acaecidas en el curso de una vida, preferido en los hábitos de
la crisis, que señala los momentos de inflexión y cambio cualitativo, la energía, que enfatiza en los Pero hay también ejen:idil
rasgos del carácter y su exteriorización (Plutarco), la analttica, fundada en un esquema de rúbricas narración de la vida de un
-vida familiar, social, de guerra, amigos, virtudes, vicios, etc.-, cuyo modelo es Suetonio, y tam·
bién aportan a este cauce común los autorretratos irónicos, como los de Horacio, Ovidio, Propercio.
Más tarde, serán las coruolaciones (Cicerón, San Agustín, Petrarca), construidas en forma de
diálogo con la filosofía, las que abrirán el camino a la expresión de un yo, -y coextensivamente,
a un otro yo, como a menudo se plantea la empresa biográfica moderna-. Hacia fines del siglo
XVIII, aparecerá la idea de felicidad, asociada al talento, la intuición, el genio, y la vida narrada
cobrará un carácter predominantemente personal (Bajtín, [1978] 1988: 261-292).
LA VIDA COMO NARRACIÓN !07

ria más a contar sobre un personaje. Sujeta al riesgo de tomarse en monumen-


to, en ejercicio de erudición, en obsesión de archivo o empalagoso inventario
de mínimos accidentes "significativos", también puede transformarse en esti-
lete contra su objeto.
Al respecto, en un artículo publicado en The New York Review of books, 33
John Updike ironizaba, a propósito de las biografías, sobre dos tipologías: la
relación reverencial del biógrafo, cuya manera de rendir tributo al biografiado
se expresa a veces "cuantitativamente" en pesadas obras de varios volúmenes,
y, contrariamente, las biografías que ridiculizan o denigran a sus sujetos, pre-
sentándolos en sus facetas más íntimas y desagradables -Jeffrey Meyers sobre
Scott Fitzgerald, Claire Bloom, ex esposa de Philip Roth, sobre éste, Paul
Theroux sobre V. S. Naipaul, Joyce Maynard sobre su ex amante J. D. Salinger,

••ras no
. . .,,hasta aquellas
etc. Entre un extremo y otro, el autor reconoce sin embargo la ventaja de "atar
la flotilla de globos del autor -biografiado- a la tierra" para atrapar una "vida
secundaria" capaz de iluminar, diversamente, los misterios de la creación.
••jlll111r>&olosos de biógrafos Retomando algunos de estos conceptos, Brenda Maddox, autora de una bio-
estará amenazada grafía de Yeats, publica en The New York Times un artículo'4 donde cuestiona
y eL¡etividad, entre una el paradigma amor/odio como móvil de la biografía, y también su carácter de
bisroria es apenas una histo- "género literario", para plantear la idea de la biografía como periodismo, más
cerca de una "noticia caliente" que de una· visión sacralizada, y por ende, suje-
mlÍ5 de ararenta años que estamos ta a otras motivaciones posibles: la curiosidad, el desconocimiento, el análisis
¡meja. Cada uno por su lado. No distanciado, la posición "médica" -interés no exento de compasión-, etc. Po-
D · das facetas. Juegos de espejo.
. Quiero atraparme. Inasible". Sin
siciones que actualizan la polémica, al tiempo que señalan la vigencia y las
a acontecimientos ocurridos-, transformaciones mediáticas del viejo género.
de un lugar de sujeto, la construc; En efecto, la abrumadora publicación de biografías en nuestros días mues-
15). La ªautoficción" ha conquistado tra tanto su resistencia al tiempo y a los estereotipos del género como la bús-
a la •novda autobiográfica".
queda de nuevos posicionamientos críticos respecto de su innegable trabajo
humana notable, reconoce
lú&m auto/biograficos La Apología de ficcional, pero también el sostenido favor del público, que busca en ellas ese
Merares- bajo el modelo del enkomion, algo más que ilumine el contexto vital de la figura de algún modo conocida
Más tarde, la autobiografía -<lifícilmente se lea la biografía de un personaje que se desconoce-. No es por
de la historicidad, lo público azar entonces que reiteradamente aparece, en declaraciones, como el género
p.m:ooesclásicas y dejan su sello en la
acacc.idas en el curso de una vida, preferido en los hábitos de lectura de intelectuales y escritores. 35
""liamo, la energía, que enfatiza en los Pero hay también ejercicios de escritura que, sin c,tbandonar el modelo de
fandada en un esquema de rúbricas narración de la vida de un personaje existente, se apartan de la fidelidad histó-
fac--· cuyo modelo es Suetonio, y rica para dar lugar a nuevos híbridos -en nuestro escenario actual es notorio el
Horacio, Ovidio, Propercio.
Pcttarca), construidas en forma de
n El artículo fue reproducido en el suplemento dominical "Cultura y Nación" del diario
de un 'JO, -y coextensivamenre, Clarín, el 28 de diciembre de 1999.
moderna-. Hacia fines del siglo
H Reproducido en Clarfn, suplemento "Cultura y Nación", el 23 de mayo de 1999.
amción. el genio, y la vida narrada n Esta preferencia fue enunciada por varios de los escritores cuyas entrevistas componen el
8119880 261-292). corpus que analizamos en los capítulos 4 y 5.
108 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

auge de narraciones noveladas en tomo de personajes históricoS bien conoci-


dos,36 sin pretensión de veracidad.
Quizá, de modo unánime, pueda acordarse que, más allá de sus especialida- --cuya autoría remite en
des, estas formas genéricas confluyen a delinear una topografía de la interiori- tuales protagónicas- p11eo.,,.ll
dad que no nos es "dada", que es justamente a través del proceso narrativo por vidual y lo colectivo, y la ·
que los seres humanos se imaginan a sí mismos -también en cuanto lectores/ el horizonte de construicciiílII
receptores- como sujetos de una biografía, cultivada amorosamente a través de valores y transfo,rmae•
de ciertas "artes de la memoria". Pero esta biografía nunca será "unipersonal", conflictividad (Prieto,
aunque pueda adoptar tonos narcisísticos, sino que involucrará necesariamen-
te la relación del sujeto con su contexto inmediato, aquel que le permite si,
ruarse en el (auto )reconocimiento: la familia, el linaje, la cultura, la naciona,
lidad. Ningún autorretrato, entonces, podrá desprenderse del marco de una
época, y en ese sentido, hablará también de una comunidad.
"Yo no me separo valorativamente del mundo de los otros sino que me
percibo dentro de una colectividad, en la familia, la nación, la humanidad
cultural", afirma Bajtín, analizando los valores que conllevan los géneros
biográficos, más allá del "sí mismo" del narrador en cuestión (Bajtín, 1982:
135). A tal punto es constitutiva esta relación, que todo relato biográfico
sólo logrará establecerse, según el autor, a partir de ese contexto: ¡cómo
acceder a la propia biografía en sus momentos tempranos -el nacimiento, el
origen, la primera infancia-, si no es "por palabras ajenas de mis prój irnos",
por una trama de recuerdos de otros que hacen a una unidad biográfica
valorable? A su vez, y en esa misma trama de genealogías y generaciones, la
contemplación de la vida de uno será tan sólo "una anticipación del recuer,
do de otros" acerca de esa vida, recuerdo de descendientes, parientes y alle,
gados. Ampliando la mira al espacio de la colectividad, los valores en juego
serán indisociables de la peculiar inscripción del sujeto en su contexto so,
ciohistórico y cultural -que incluso puede asumir el carácter de una épica
colectiva-, tanto el actual, del momento enunciativo, como el que es objeto
de rememoración.

16
Noé Jirrik ( 1995 ), señalando la diferencia entre la construcción del personaje en la novela
histórica europea-Walter Scott, Víctor Hugo, Michel de Zévaco-, donde los héroes no tienen un
referente histórico preciso y son constituidos siguiendo "modelos humanos corrientes" y la lati,
noamericana, destaca la "tendencia o tentación", en esta última, de preferir como protagonistas
a "sujetos principales del devenir histórico(...] de acuerdo con la teoría del 'hombre
tivo', inspirada en el pensamiento saintsimoniano, que tiene en Facundo, de Sarmiento, una
formulación brillante" (p. 46). En esta clave, se hace inteligible el auge de la producción actual
de ficción en la Argentina, no siempre identificable con la novela histórica, pero cuyos protago,
nistas son sin embargo próceres o personajes ligados a ellos. Tal por ejemplo, La revolución es un
sueño eterno, de A. Rivera, El general, el pinoor 'J la dama y La amante del restaurador, de María
Esther de Miguel, y muchos otros.
LA VIDA COMO NARRACIÓN 109

Esta cualidad es particularmente notoria en el á1nbito argentino e hispano-


americano de los siglos XIX y comienzos del XX, donde la escritura autobiográfica
--cuya autoría remite en muchos casos a figuras públicas políticas y/o intelec-
tuales protagónicas- presenta una trama a menudo indiscernible entre lo indi-
vidual y lo colectivo, y la identidad personal se dibuja casi obligadamente en
el horizonte de construcción de la identidad nacional, sus conflictos, cambios
de valores y transformaciones, y acusa fuertemente las marcas de esa
conflictividad {Prieto, Molloy, Ludmer). 37 18 39

H Según Adolfo Prieto, la literatura autobiográfica argentina del siglo XIX, que remite a figu,
ras públicas relevantes en el proceso de afirmación de una identidad nacional, políticos, estadis,
tas, escritores (Belgrano, Saavedra, Agrelo, Posadas, Alberdi, Sarmiento, Wilde, Cané, Mansilla,
etc.), es inseparable de la construcción de esa identidad: "Más que características individuales,
rasgos de temperamento, experiencias subjetivas, el conjunto de los textos autobiográficos
consultados trasunta los efectos del enorme peso con que lo social agobia los destinos individua,
les, y la preponderancia que los hechos de la vida colectiva adquieren sobre la vida interior de los
autores" (Prieto, 1982: 218).
18
Para Silvia Molloy, es justamente la definición del yo a través del linaje, la familia, la
relación con la naciente identidad nacional, lo que caracteriza a la autobiografía hispanoameri,
cana de los siglos XIX y comienzos del XX --especialmente de escritores-, que sintomáticamente
rehuye el recuerdo de la primera infancia y la nostalgia de los tiempos idos por temor a la identi,
ficación con el "antiguo régimen" colonial, y presenta la peripecia personal en el marco mayor
del engranaje histórico --defraudando a menudo la expectativa del lector en cuanto a la intimi,
dad del "verdadero yo"-, o bien, como miradas,testigo de un mundo a punto de desaparecer, o ya
desaparecido. También la autobiografía, como en el caso de Victoria Ocampo, será afirmación de
un linaje coincidente con el surgimiento de la nación misma-como territorialidad y propiedad-y
al mismo tiempo reacción contra las nuevas identidades emergentes, los "arribismos" producto
de la inmigración. Molloy reflexiona así sobre la historicidad de las formas de la memoria, las
i posiciones cambiantes del recordar, y consecuentemente, las móviles estrategias del yo, como

§.
asimimo sobre la operación por la cual se asigna retrospec[ivamen[e sentido al acontecimiento
del personaje en la novela (histórico, biogi'áfico) y se lo revaloriza desde el momento actual de la enunciación. "Se recrea el
donde los héroes no tienen un pasado para satisfacer las exigencias del presente: las exigencias de mi propia imagen, de la ima,
umanos corrientes" y la lati- gen que supongo otros esperan de mí, del grupo al cual pertenezco" (Molloy, [1991) 1996: 199).
preferir como protagonistas w Josefina Ludmer también se refiere a la escritura aurobiográfica argentina de 1880 como el
. . CDD la teoría del 'hombre representa- espacio de dos "fábulas" de identidad, la de la nación y la personal, ejemplificado en
ámc en Facundo, de Sarmiento, una lo que llama "cuentos autobiográficos de educación", como ]u'lltnilia, de Cané {1882, 1884) y La
d auge de la producción actual gran aldea, de Mansilla {1884), donde el espacio del colegio y sus nombres de autoridad son

f,
....:la histórica, pero cuyos protago- determinantes en la prefiguración de un destino -la primera, una "autobiografía real en forma de
Tal pm ejemplo, La Tevolución es un "recuerdos'', la segunda, una "autobiografía ficcional en forma novelada"-. El ejemplo lo es asi,
la amante del resraurador, de María mismo, para nosotros, de las formas desplazadas, no canónicas, que puede asumir la inscripción
biográfica (Ludmer, 1999: 27 y ss.).
110 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

repetición perniciosa que


escritor o escritora -cita a
5.2. Diarios íntimos, correspondencias
tengo el sentimiento de
{Blanchot, 1996: 50)-que..
Si la autobiografía puede desplegarse dilatadamente desde la estirpe familiar a
obsesión de la traza, viene a
la nación, el diario íntimo promete en cambio la mayor cercanía a la profundi-
la ficción: en ese "diario de
dad del yo. Una escritura desprovista de ataduras genéricas, abierta a la impro-
se retoma a la futilidad del
visación, a innúmeros registros del lenguaje y del coleccionismo -todo puede
que ha tenido que desa11J<11tea.
encontrar lugar en sus páginas: cuentas, boletas, fotografías, recortes, vesti-
con visos de sólida unidad..
gios, un universo entero de anclajes fetichísticos-, sujeta apenas al ritmo de la
tonos y temáticas-- será d de
cronología, sin límite de tiempo ni lugar. El diario cubre el imaginario de liber-
como hito, la frase sinr:0111lálii1
tad absoluta, cobija cualquier tema, desde la insignificancia cotidiana a la ilu-
recordación, se irán diso·lvi-a•
minación filosófica, de la reflexión sentimental a la pasión desatada. A dife- armadura fantasmal, semr.va<:il
rencia de otras formas biográficas, escapa incluso a la comprobación empírica,
volver a leer las propias
puede decir, velar o no decir, atenerse al acontecimiento o a la invención,
De nuevo, la comOOJraci&rl
cerrarse sobre sí mismo o prefigurar otros textos. Si se piensa la intimidad
fuga: los habrá teóricos, pol&il
como sustracción a lo privado y lo público, el diario podría ser su libro de
o la entrevista -no en vano
ceremonial, la escena reservada de la confesión -tal como la fijara su ancestro
tros de conversaciones, los
protestante {Pepys, Wesley, Swift, Boswell)-, el ritual del secreto celosamente
nos, como series de afo·n·iSlll..,J
guardado -el cajón escondido, el anaquel, la llave-. Pero si bien hay diarios
sesivos cuadernos de notas y
que acompañan silenciosamente la vida de su autor, que tal vez ni se sabe de
I etnógrafos y viajeros -Mmoil
ellos, acallada su voz, hay otros que se escriben con la intuición de su publica-
ción -Constant, Stendhal, Byron, Scott, Carlyle, Tolstoi- o incluso con la
intención explícita de hacerlo -Katherine Mansfield, Virginia Woolf, Ana!s
cotidiana se mezcla con la
to inquietante del otro.
zá el álbum de fotografías -d
c.i-•
Nin, Simone de Beauvoir, André Gide, Witold Gombrowicz ... - y entonces,
tución del recuerdo, quizá
contrario sensu, más que expresiones prístinas de la subjetividad, seráh objeto
trabajo a la narración. Pero
de ajuste 1 borradura, reescritura total o parcial, en definitiva, y una vez más, se
tratará de lo íntimo en lo público, del espectáculo de la interioridad.
Es así que, en esa senda donde la tentación biográfica se hace irresistible
para el escritor, el diario podrá reemplazar con ventaja a la autobiografía, con-
signar los hechos memorables y avanzar todavía un paso más, hacia lo íntimo
"habladurías" del yo, loo
quizá menos "biográfico" -la angustia, el miedo 1 el erotismo-. Asimismo, y
cías del pensamiento, imn!!ll
fuera de la intención del autor, podrá ser exhumado, arqueológicamente, como
ellos el lector corriente?
huella vívida, fragmento 1 revelación. De los géneros biográficos acuñados en
la modernidad, quizá sea éste el precursor de la intilnidad inediática, el que
profundizó la brecha para el asalto de la cámara, el que aportó en mayor medi-
da a una inversión argumental: antes, lo íntimo podía decirse, no mostrarse, 40 Los Diarios íntimos ( 1933-
ahora, se muestra más de lo que se dice. Universidad de Oresden, fueron
Afirma Blanchot que el interés del diario reside precisamente en su insig- sobre el nazismo y el holocausto.
vivir, gracias a esa condición. en -
nificancia y que su supuesta libertad termina en la trampa de los días, esa
y cotidiano, y su testimonio de la

...........

,,,,111111·. . . .
. .lNllEM:l'ORÁNEA LA VIDACOMONARRACIÓN lI I

repetición perniciosa que obliga a encontrar algo para registrar. Doble vida del
escritor o escritora -cita a Virginia Woolf: "Lo curioso en mi caso es cuán poco
tengo el sentimiento de vivir cuando mi diario no recoge el sedimento"
(Blanchot, 1996: 50)- que, más que expresar un exceso de individualidad, una
obsesión de la traza, viene a salvar por el contrario del peligro de alienarse en
la ficción: en ese "diario de habladurías donde el yo se expande y se consuela",
se retoma a la futilidad del día "perdido" en la escritura -perdido para el "yo"
que ha tenido que desaparecer- y se "rescata" una vida propia, atestiguable,
con visos de sólida unidad. Pero este empeño -múltiple, diverso, híbrido en
tonos y temáticas- será el de cubrir una pérdida con otra: aquello registrado
como hito, la frase sintomática, cifrada, la escena, el gesto anotados para la
recordación, se irán disolviendo también, como el tiempo mismo, dejando una
armadura fantasmal, semivacía. Difícil-inhabitual- es desandar el camino para
volver a leer las propias huellas.
De nuevo, la comparación entre los diarios existentes marca el punto de
fuga: los habrá teóricos, polémicos -Julien Green- otros, vecinos del reportaje
o la entrevista -no en vano está la homofonía diario/diario- que recogen ras-
tros de conversaciones, los habrá cifrados, introspectivos y prospectivos, algu-
nos, como series de aforismos, otros, como embriones de relatos -Kafka-, ob-
sesivos cuadernos de notas y notaciones del vivir, sin olvidar los diarios de
etnógrafos y viajeros -Malinowski, Leiris- donde la abrumadora repetición
cotidiana se mezcla con la aventura de tierras exóticas y con el descubrimien-
to inquietante del otro. Como lugar de memoria, su mayor proximidad es qui-
zá el álbum de fotografías -el otro arte biográfico por excelencia-, cuya resti·
tución del recuerdo, quizá más inmediata y fulgurante, solicita igualmente un
trabajo a la narración. Pero también hay diarios que son como tablas de super-
vivencia, donde el "encierro" es, más que una situación física de escritura, una
pesadilla existencial: el diario de Víctor Klemperer, escrito bajo el nazismo,
pot fuera del "campo" pero enraizado en él, es un reciente ejemplo de ello. 40
Si los lectores -críticos- de diarios pueden ver asomar allí, junto a esas
"habladurías" del yo, los grandes temas, la inquietud existencial o las tenden-
cías del pensamiento, prefigurados a veces en breves líneas, ¿qué busca en
ellos el lector corriente? Probablemente la respuesta no varíe mucho en rela-
ción con otras formas biográficas: la proximidad, la profundidad, el sonido de
la voz, el atisbo de lo íntimo, la marca de lo auténtico, la huella de lo cotidia-
40
Los Diarios íntimos ( 1933-1945) de Víctor Klemperer, profesor de Lenguas romances de la
Universidad de Dresden, fueron publicados en 1995, en el marco de la intensa discusión alemana
precisamente en su sobre el nazismo y el holocausto. Klemperer, judío, casado con una mujer "aria pura.., logró sobre·
vivir, gracias a esa condición, en un pequeño pueblo, alejado de su habitual escenario académico
la trampa de los días, esa y cotidiano, y su testimonio de la vida cotidiana bajo el nazismo es hoy un documento invalorablt'.
112 a ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

no, lo "verdadero", en definitiva, el "limo" donde nacen y crecen las obras que los corresponsales, que uno ·
se admiran en otras artes, prácticas o escrituras -lo cual tampoco escapa al en ejercicio apasionante. Bior
interés del crítico-. El diario cobija sin duda un excedente, aquello que no que alcanzan en las cartas su
termina de ser dicho en ningún otro lugar, o que, apenas dicho, solicita una Stendhal, Byron, Balzac,
forma de salvación. De alguna manera, contiene el sobrepeso de la cualidad En un simple ordenalDÍIOlllll
reflexiva del vivir. Pero también realiza, vicariamente, aquello que no ha radas, con notas y presen
do ni tendrá lugar, ocupa un espacio intersticial, señala la falta. Más que un novela epistolar o de la au1d4
género es una situación (un encierro) de escritura. 41 ¿Es eso lo que impulsa información precisa -hiOl!lr.ifiicl
mismo al escritor corriente de un· diario íntimo, aquel o aquella que ejercita su delinear, a través de las 1D1Jd...
práctica, más allá de llamarse escritor/a, más allá de tener cierta cercanía reconocible en otras escri
cacional o profesional? ;Es la posibilidad de estar a solas con la fantasía, de
llevar vidas sustitutas, de atrapar tanto el exceso como la pérdida, de no dejar
el tiempo simplemente pasar? La pregunta no deja de tener interés, por cuanto
el diario es quizá la única forma autobiográfica de uso común y compartido. 42
En cuanto a las correspondencias, desde el auge del género epistolar en el
siglo XVIH -y su asimilación formal a la estructura de la novela-, ese diálogo
entre voces próximas y distantes, alimentado por el saber, la afinidad, la pa-
sión o.los intereses políticos, nunca ha dejado de atraer la atención de lectores
y críticos. 43 Sería innumerable la lista de las correspondencias célebres publi-
cadas, en un abanico de temáticas y tonalidades, que, habilitando en buena
medida el gesto voyeurístico, permiten asomarse a una intimidad a menudo
póstuma, pero investida de una casi inmediata actualidad por las marcas del
género. Marcas que tornan la lectura a veces desesperante, según Borges, cita-
do por Bioy Casares, "por las innumerables referencias a cosas conocidas por

41
Al referirse a la "posición femenina" que supone el diario íntimo, Nora Catelli reinterpreta
la operación simbólica a que alude Lacan cotno femenina -"colocarse del lado del no-todo"- en
términos de síntoma, de fatalidad y no de elección. "Quizá quienes se encierran -hombres o
mujeres- a escribir diarios íntimos", dice la autora, "como los ángeles del hogar en su e1npíreo
doméstico y con sus demonios interiorizados, lci hagan desde una posición femenina: la del 'no-
todo"' (Catelli, 1996, 98).
4
z La curiosidad por saber si la práctica del diario personal era tan común en nuestros días
como en "su época" inspiró a lejeune una investigación "empírica" donde solicitó a estudiantes
secundarios responder a un cuestionario sobre el tema -en mi opinión, demasiado inductivo-,
cuestionario que luego publicó para los lectores del Magazine Littéraire. Las respuestas recibidas,
en particular sobre las "funciones" del diario, trazan una verdadera cartografía del imaginario
esperable: fijar el presente, dejar huella, guiar la vida, expresarse, clarificarse, leerlo a los hijos,
soportar la soledad, calmar la ansiedad ... En cuanto a los temas prioritarios, el mítico recinto de
la "vida interior" se lleva las palmas. Estas respuestas de lectores dieron lugar a una publicación
en forma de libro (Lejeune, 1989).
·'3 Foucault ( [1988} 1990) encuentra en las cartas de Séneca o Marco Aurelio a sus maestros,
casi una forma de diario íntimo que registra la vida del espíritu y el devenir de la minucia cotidia-
del género, su dinámica con...,..,.ciall
na, una antigua "tecnología del yo" tendiente al "cuidado de sí'', que, con el advenimiento de la
aportando una tonalidad peculial" ic.
confesión cristiana, se tornaría cada vez más hacia el "conocitniento de sí".

,
. . .OlNTEMPORÁNEA LA VIDA COMO NARRACIÓN 113

aa:en las obras que los corresponsales, que uno ignora", pero que de todas maneras puede devenir
-.poco escapa al en ejercicio apasionante. Bioy Casares (1999) aventura su lista de los escritores
aquello que no que alcanzan en las cartas su mejor nivel: Madame de Sevigné, Walpole, Voltaire,
f41icho, solicita una Stendhal, Byron, Balzac, George Sand, Musset, Flaubert, Proust, Nabokov...
de la cualidad En un simple ordenamiento cronológico o en compilaciones más estructu,
radas, con notas y presentaciones que traducen una cierta remembranza de la
novela epistolar o de la autobiografía, 44 las cartas van sin duda más allá de la
información precisa -biográfica, histórica, científica-que puedan proveer, para
que ejercita su delinear, a través de las modalidades de su enunciación, un perfil diferente del
reconocible en otras escrituras y quizá más "auténtico", en tanto no responde-
ría inicialmente a una voluntad de publicación45 -aunque en muchos casos,
ésta sea tan previsible como la de un diario íntimo-. Transformadas en pro-
ducto editorial su apuesta es fuerte: permitir la intromisión en un diálogo pri-
vado, en la alternancia de las voces con la textura de la afectividad y del
carácter -a veces, de las dos voces- en el tono menor de la domesticidad46 o en
el de la polémica, asistir al desarrollo de una relación amorosa o de un pensa-
miento, acompañar la vibración existencial de alguien a quien se "conoce" en
lejanía. Apuesta que quizá quede trunca, según la observación de Borges, ante
un juego enigmático, un excesivo ajuste a las reglas de la cortesía o el pudor, o
simplemente, a las fórmulas del género.

«Véase por ejemplo Jane Austen, 1997, Mi querida Ca.ssandra, (comp. Penélope Hughes-
Hallet); Virginia Woolf, 1994, Dardos de papel, (selección Frances Spalding), esta última, inte-
grante de la serie "Carcas ilustradas" de Collins and Brown (Londres) en traducción española de
Odín Editora.
il Una correspondencia valorada justamente por esa iluminación sobre la vida de su (princi-

pal) autor es la de Louis Althusser con Franca Madonia, publicada después de la muerte dé ambos
(Lettres a Franca Í96l-l973, 1998); quinientas cartas que trazan la historia de un amor loco.
Según Élisabeth Roudinesco, el libro, que "aporta un esclarecimiento original sobre la forma en
que trató de renovar el marxismo apoyándose en todas las disciplinas de las ciencias humanas ...
es también la historia de un hombre que ama locamente a una mujer y no vacila en presentar, en
cartas floridas, una suerte de locura del amor loco, más cerca de la pasión mística que del arrebato
ua tan común en nuestros días profano" (Roudinesco, Clarín, suplemento "Cultura y Nación", 3/1/99, p. 4).
ra11p·n-,,·· donde solicitó a estudiantes ió Es interesante al respecto la correspondencia que Charles S. Peirce mantuviera con Lady
W opinión, demasiado inductivo--,
Victoria Welby a lo largo de los años, donde fuera desarrollando buena parte de sus conceptos
- l.iahaire. Las respuestas recibidas,
más conocidos en tomo de la teoría semiótica. En la selección de diez cartas de Peirce, escritas
wala:lera cartografía del imaginario
entre 1904 y 1911, que integra su Obra lógico semiótica publicada en español (1987: 109,156),
P'""'""' clarificarse, leerlo a los hijos, pasamos de la lectura de los conceptos filosóficos más abstractos, en su típica argumentación, que
-.as prioritarios, el mítico recinto de
F dieron lugar a una publicación
se adelanta con variados ejemplos a las objeciones, a ciertos detalles sobre la vida doméstica, el
campo, las peculiares cualidades del ama de casa -"conservadora"-, tribulaciones en torno de la
salud, elogios de su esposa y de la decoración de su casa, decepciones, apremios económicos ... A
o Marco Aurelio a sus maestros,
pesar de la brevedad de los párrafos que. van trazando esta narración paralela, las marcas dialógicas
d devenir de la minucia cotidia,
del género, su dinámica conversacional, subsisten aun en el planteamiento teórico más estricto,
sr. que, con el advenimiento de la
aportando una tonalidad peculiar en cuanto a la "voz" de la persona.
iento de sí''.
114 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVJ[)AD CONTEMPORÁNEA

Pero ese diálogo devenido público entre corresponsales, que exhibe -aun de
modo indirecto- la marca de una doble autoría, plantea a menudo una cuestión autocreación, que pone en
ríspida sobre los territorios de la intimidad: ¿quién es el "dueño" de esas escritu- identidad -personajes fic - -
ras, el firmante, el destinatario? ¿Puede haber decisión unilateral de publica- duplicidades-, los relatos de
ción? Una cuestión que el auge contemporáneo de lo biográfico, que encuentra gías, una reviviscencia de lo
en las cartas uno de sus más preciados objeto de deseo, pone a veces al borde de quizá un tanto olvidadas
la querella judicial: correspondencia hecha pública en vida del autor, o contra- pese a una participación P"edlllll
riando su expreso deseo, o respondiendo a una especie de "traición". Esa "trai- tidos comunes e ideologerm15.
ción" de hacer públicas unilateralmente zonas íntimas de una relación -amoro- estilística.
sa, familiar, profesional-, se trate de cartas, memorias o diarios íntimos, parece Internet ha logrado así
haber adquirido, en la apoteosis del mercado, otro matiz, igualmente inquietan- ticas autobiográficas de la
te: el de la "venta" pública de esos retazos de intimidad. 47 riodística o científica puede
Al tiempo que se incrementa el interés por este tipo de huellas del pasado, tonos cambiantes de la sulb¡efit
el e-mail ha cambiado radicalmente las relaciones entre las personas y el senti-
do mismo de las "correspondencias", que han perdido así "la instancia de la
letra", y no podrán ya ser atesoradas con el fetichismo del "original" y de la firma.
Nueva temporalidad del directo absoluto, borradura de la distancia y la locali-
zación, secreto en mayor medida resguardado -aunque quizá, como en una
distopía, ojos controladores y desconocidos se posen, a la manera de hackers,
en alguna instancia del espacio virtual-, el e-mail alienta la ilusión de la pre-
sencia, de la conversación, de la voz en directo, cancela la espera angustiosa
de la carta -amorosa u oficiosa-, abre la posibilidad de nuevos léxicos, colo-
quiales, informales, poéticos, dejando la marca de la instantaneidad -y hasta
de lo convivial- aun en los intercambios académicos o laborales.
Pero no es solamente el universo de las correspondencias el que acusa el
impacto de Internet, sino la totalidad del espacio biográfico, que se abre a la
existencia virtual: sites, páginas web personales, diarios íntimos, autobiogra-
fías, relatos cotidianos, cámaras perpetuas que miran -y hacen mirar-, vivir,
experiencias on line en constante movimiento, invenciones de sí, juegos
identitarios, nada parece vedado a la imaginación del cuerpo y del espíritu.
Sin embargo, esa libertad sin necesidad de legitimación y sin censura, esa po-
sibilidad de desplegar al infinito redes inusitadas de interlocución y de sociabi-
lidad -a la vez anónimas y personalizadas, investidas de afectividad y descor-
poreizadas-, no altera en gran medida lo esperable -y sin duda estereotípico--
de los viejos géneros. Régine Robin (1997), analizando cantidad de sitios

47
Un reciente y sonado caso es el de las cartas de J. D. Salinger, escritas en los setenta a su
amante, mucho más joven, Joyce Maynard, que ésta decidió rematar en Sotheby's porque necesi-
taba dinero. Si bien la ley americana prohíbe la publicación de una carta sin permiso de su autor
o autora, no hay obstáculo para su venta.
LA VIDACOMONARRACIÓN 115

autobiográficos en la red, anotaba que, más allá de una abierta fantasía de


•-IUdlo
• de
una cuestión
esas escri tu -
autocreación, que pone en escena todas las "perturbaciones" posibles de la
identidad -personajes ficticios, cambios de sexo, máscaras, juegos identitarios,
eral de publica- duplicidades-, los relatos de sí estitnulan en verdad, más allá de las tecnolo-
gías, una reviviscencia de lo escrito, una revalorización de formas canónicas
quizá un tanto olvidadas -diarios, cartas y relatos personales- y también, y
autor, o contra- pese a una participación predominantemente juvenil, un reforzamiento de sen-
...,,.ci.<1'111". Esa "trai- tidos comunes e ideologemas, más que una radical apertura ética, temática o
estilística.
íntimos, parece Internet ha logrado así popularizar nuevas modalidades de las (viejas) prác-
---!mente inquietan- ticas autobiográficas de la gente común, que, sin necesidad de mediación pe-
riodística o científica puede ahora expresar libremente -y públicamente- los
huellas del pasado, tonos cambiantes de la subjetividad contemporánea.
tm"<Jll3S y el senti-
"'la instancia de la
y de la firma.
la distancia y la locali-
.__.., quizá, como en una
h_,.._ a la manera de hackers,
alienta la ilusión de la pre-
cancela la espera angustiosa
de nuevos léxicos, colo-
cle la instantaneidad -y hasta
ico5 o laborales.
'[;ndencias el que acusa el
· biográfico, que se abre a la
diarios íntimos, autobiogra-
llliran -y hacen mirar-, vivir,
, invenciones de sí, juegos
del cuerpo y del espíritu.
ón y sin censura, esa po-
nterlocución y de sociabi-
de afectividad y descor-
'81ile -y sin duda estereotípico-
analizando cantidad de si ti os
1
i
Salinger, escritas en los setenta a su
llallatat en Sorheby's porque necesi-
R tma carta sin penniso de su autor
4. Devenires biográficos: la entrevista mediática

El nuevo trazado del espacio público ha transformado decisivamente los géne-


ros autobiográficos canónicos, aquellos que esbozaran las formas modernas de
enunciación del yo. El avance de la mediatización y sus tecnologías del directo
han hecho que la palabra biográfica íntima, privada, lejos de circunscribirse a
los diarios secretos, cartas, borradores, escrituras elípticas, testigos privilegia-
dos, esté disponible, hasta la saturación, en formatos y soportes a escala global.
En este horizonte, una forma peculiar parece concentrar en sí mis1na las fun-
ciones, tonalidades y valores -biográficos- reconocibles aquí y allí, en los di-
versos géneros: la entrevista, que podrá devenir indistintamente biografía, au-
tobiografía, historia de vida, confesión, diario íntimo, memoria, testimonio.
En efecto, desde su incierto nacimiento, probablemente en la segunda mitad
del siglo XIX, a modo de resguardo y autentificación de palabras dichas en la
prensa, la entrevista se reveló como un medio inestimable para el conocimiento
de personas, personalidades e historias de vidas ilustres y comunes. 1 Menos
fantasiosa quizá que la biografía, anclada a la palabra dicha en una relación casi
sacralizada} su afinnación como género derivó justamente de la mostración de la
proximidad, de su poder de brindar un "retrato fiel" -en tanto atestiguado por

1
Si bien la pregunta por el origen de un género es siempre hipotética, la datación oficial de
su introducción sistemática en la Prensa diaria en Francia, es, según las fuentes consultadas por
Philippe Lejeune, de 1884. Utilizada primariamente en relación con la crónica policial o política
y luego para amenizar el rubro de noticias de actualidad, la entrevista (interview) respondió al
poco tiempo al interés en la vida de los grandes escritores que había primado durante la primera
mitad del siglo XIX a través de otras formas discursivas, y en este ejercicio se afirmó como género
altamente estructurado, con objetivos y regulaciones específicos (Lejeune, 1980: 104 y ss.).
En los Estados Unidos fue más bien la entrevista a políticos la que dio solidez al género, como
procedimiento estandarizado. Hay cierto consenso en considerar que el "origen" del mismo po-
dría fecharse en 1859, con la aparición en el Tribu.ne de una conversación extensa y organizada
con el dirigente mormón Brigham Young. Los periodistas norteamericanos también fueron pione-
ros en cuanto al asedio de la vida_privada. En 1886 acamparon en un prado frente a la casa donde
el-presidente Grover Cleveland pasaba la noche de bod<1s. Según el imaginario de la prensa de la
época, la entrevista servía, principalmente, para "permitir y también controlar la visibilidad pú-
blica de los miembros de la elite de la sociedad, del gobierno y de las organizaciones privadas"
(Graber, (1984] 19860 27-28).

117
118 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

la voz- y al mismo tiempo no concluido -como, de alguna manera, el pictórico mostrándose vivir, el en.m:visa•
o la descripción literaria-, sino ofrecido a la deriva de la interacción, a la intui- aportará siempre, aun sin
ción, a la astucia semiótica de la mirada, a lo sugerido en el aspecto, el gesto, la Si los inicios del género
fisonomía, el ámbito físico, escenográfico, del encuentro. sonalidades políticas, lite,ra1m.I
La posibilidad de franquear el umbral de lo público hacia el mundo priva- formando con el tiempo ta11nhii1
do, quizá en una travesía inversa a la del surgimiento de los géneros autobio- gado de consagración de todo
gráficos -mientras que en estos últimos la interioridad se "creaba" pública- que surge hacia fines del siglo
mente, en la entrevista se accedía a quienes ya habían conquistado por otros las "industrias culturales del
medios una posición de notoriedad- hace que esta forma dialógica pueda ser aparición hace particula.rmoeollll
considerada, con pleno derecho, como la más moderna dentro de la constela, entre ley de mercado y m«xlm•
ción autobiográfica consagrada. Moderna en una doble acepción, primero como tico-, donde las personas in
la más reciente en una genealogía y también como contemporánea de la mo, símbolos. Casi no es necesario
dernidad/modernización, uno de cuyos motores era justamente el despliegue brid'ad es hoy un valor precllon•
acelerado de la prensa, la ampliación de los públicos lectores y el surgimiento Pese a la diversidad de lcs
de nuevos registros y estilos en la comunicación de masas. 2 los tipos de intercambio Polilill
La entrevista está así indisolublemente ligada al afianzamiento del capita,
lismo, la lógica del mercado y la legitimación del espacio público -a través de
sus palabras autorizadas- en su doble vertiente de lo social y lo político. Pieza en su corpareidad -aun en la
clave de la visibilidad democrática, lo es también de la uniformidad, esa ten- una réplica marcada por la
dencia constante a la modelización de las conductas que es uno de los funda- acceso a la vivencia aun e
mentos del orden social. Pero este despliegue de lo público, que abarca toda entrevista' -dirá Derrida-
una gama de posiciones sociales, lo es también, como no podría ser de otro
modo, de lo privado, en las múltiples tonalidades que puede ofrecer la interlo-
cución. Así, tanto en el retrato de los "grandes nombres", como en otras
incumbencias coextensivas, que fueron ampliándose a través de las décadas -la
consulta política, la construcción de la noticia de actualidad, el hecho "por
boca de sus protagonistas", el testimonio, los entretelones, las reglas del arte,
las historias de vida de gente común, etc.- se expresará siempre, en mayor o
menor medida, la impronta de la subjetividad, esa notación diferencial de la 3 Según la autora, los "cuemm.

persona que habilita el discurso de la (propia) experiencia. gentina con el salto modemizado.-dr
entrevistas a celebridades en CtnwsJ
Como género biográfico -aun cuando no se la cónsidere habitualmente
hicieran a su vez famoso al eru...al
entre los "canónicos"- que presenta vidas diversamente ejemplarizadoras, por fueran reunidas en un libro con pir:
excelencia o por defecto, lo es también de educaci6n, aspecto modélico por anto, hombres célebres (Confesiones m.,.,,¡. .
nomasia. El "retrato" que brinda la entrevista irá entonces más allá de sí mis, dero Ludmer comentaCflC
mo, de los detalles admirativos e identificatorios, hacia una conclusión sus, de esa "intimidad de la
el "alma" que se pueda inventar al
ceptible de ser apropiada en términos de aprendizaje. Hablando de la vida o intimidad con el retrato físico, d
quiere decir 'el célebre'" (Ludmcr.
4 El filme de Woody Allen
2
En la Argenrinf!. fue Crítica, el diario moderno por excelencia, el que intrcxlujo en los años
nea, alentada por el peso dee9;»0...iliol.11
creinta la entrevista como rubro valorado en la Composición general de la plana de las noticias
(Véase Silvia Saína, 1999). vez menos ligada a los viejos
combinación de audacia, opo<tu<.....
DEVENIRES BIOGRÁFICOS, LA ENTREVISTA MEDIÁTICA II9

mostrándose vivir, el _entrevistado, en el juego dialéctico con su entrevistador,


aportará siempre, aun sin proponérselo, al común.
Si los inicios del género estuvieron signados por el interés en grandes per-
sonalidades políticas, literarias, científicas, el'"efecto de proximidad se fue trans-
formando Con el tiempo también en efecto de es decir, en ritual obli-
gado de consagración de todo tipo de figuras. La celebridad, fenómeno de masas
que surge hacia fines del siglo XIX, es, al decir de Ludmer (1999: 187), una de
las "industrias culturales del periodismo, la industria del deseo". 3 En efecto, su
aparición hace particularmente manifiesta la relación mutuamente implicada
entre ley de mercado y modelización, como deseo identificatorio -y consumís-
acepción, primero como tico-, donde las personas investidas de ese valor pasan a adquirir categoría de
contemporánea de la mo- símbolos. Casi no es necesario agregar que, eh una espiral ascendente, la cele-

••:osaa justamente el despliegue


lectores y el surgimiento
de masas. 2
bridad es hoy un valor predominante en la escena mediática."
Pese a la diversidad de los personajes ofrecidos a la curiosidad pública, y de
los tipos de intercambio posibles -hasta los que transcurren en "teleconferen-
al afianzamiento del capita· cía''-, la entrevista mantiene sin embargo vigentes los rasgos que quizá fueron
cid espacio público -a través de la clave de su éxito inicial: la ilusión de la presencia, la inmediatez del sujeto
de lo social y lo político. Pieza en su corporeidad -aun en la distancia de la palabra gráfica-, la vibración de
.. de la uniformidad, esa ten- una réplica marcada por la afectividad -la sorpresa, la ira, el entusiasmo-, el
joilootas que es uno de los funda- acceso a la vivencia aun cuando no se hable de la vida. "El género teatral de 'la
lo público, que abarca toda entrevista' --dirá Derrida- sucumbe, al menos ficticiamente, a esa idolatría de
como no podría ser de otro la presencia 'inmediata', en directo. un diario prefiere siempre publicar una
que puede ofrecer la interlo- entrevista con un autor fotografiado, antes qµe un artículo que asuma la res-
nombres", como en otras
ponsabilidad de la lectura, la evaluación, la pedagogía" (Derrida, Stiegler et
a través de las décadas -la
al., 1996: 13 ). Proximidad que supone no solamente el 1'cara a cara" del entre-
pa. de actualidad, el hecho "por vistador y el entrevistado, sino, sobre todo, la inclusión imaginaria de un
eo1ret.elones, las reglas del arte,
ro en el diálogo, el destinatario/receptor, para quien en verdad se construirá la
expresará siempre, en mayor o
esa notación diferencial de la 3 Según la autora, los "cuentos de celebridades" internacionales, aparecen en la cultura ar-
aperiencia. gentina con el salto modernizador de fin del siglo XIX. Un temprano antecedente son las crónicas-
entrevistas a celebridades en Caras y Caretas, que aparecieran seriadas en los años 1907 y 1908 e
se la cónsidere habitualmente
hicieran a su vez famoso al entrevistado{, el periodista escritor Juan José Soiza Reilly. En 1909
te ejemplarizadoras, por fueran reunidas en un libro con pie editorial de la Casa Maucci, de Barcelona, bajo el título Cien
aspecto modélico por anto- hombres célebres (Confesiones literarias), cuya primera edición, de 5.000 ejemplares, fue un verda-
onces más allá de sí mis- dero best-seller. Ludmer comenta que en algunos párrafos el autor se refiere a su estética respecto
cia una conclusión sus- de esa "intimidad de la fama", donde no importan tanto las palabras sino lo no dicho, la escena,
el "alma" que se pueda inventar al personaje. La autora cita uno de ellos: "yo creé ese sistema de la
Hablando de la vida o intimidad con el retrato físico, el ambiente, los gestos, las sonrisas, para saber lo que realmente
quiere decir 'el célebre"' (Ludmer, 1994: 187-191).
4 El filme de Woody Allen Celebrity destaca esa notación peculiar de la cultura contemporá-
el que introdujo en los años
, general de la plana de las noticias nea, alentada por el peso desmedido de la maquinaria mediática, donde la celebridad está cada
ve:r menos ligada a los viejos valores de excelencia o merecimiento, para convertirse en una
combinación de audacia, oportunismo y relaciones públicas.
IZO EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA
DEVENIQ

figura del héroe o heroína en cuestión, entre las muy diversas opciones del
mica por el _otro- también se
escenario contemporáneo.
llevara al estudio de la en
En su teoría de los géneros discursivos, Bajtín acentuaba la potencialidad
plinaria (Arfuch, 1992, J99'))
transformadora de los mismos en la vida de la sociedad, la influencia de ciertos
desarrollar, que encontró su
estilos -sobre todo los cotidianos, conversacionales- en el cambio y la flexibi-
lización de costumbres, léxicos, mentalidades, y postulaba la existencia de gé-
neros predominantes según la época, que aportan un "tono" particular a la co-
municación discursiva. Sin pretensión totalizadora, podríamos decir que la
entrevista, por su constante expansión temática, estilística y de audiencias,
por la diversidad de usos y registros y el imaginario de inmediatez y autentici-
ción-, son casi contempo '
dad que conlleva, es hoy uno de esos géneros.
habilitando la palabra del•
Y es precisamente esta ubicuidad, el hecho de presentar un abanico inago-
so de protagonistas, temáticas.
table de identidades y posiciones de sujeto -y, coextensivamente, de vidas
los tipos de entrevistadores,
posibles-, y más aún, el hecho de que estas vidas ofrecidas a la lectura en el
en que se inscriben. En un
espacio público lo sean en función de su éxito, autoridad, celebridad, virtud, lo
rentes taxonomías en sirrnllk:illl
que toma a la entrevista, según mi opinión, en un terreno de constante afir-
Pero esas variaciones no l
mación del valor biográfico. Quizá difícilmente se exprese mejor que en esta
mas esbozado, y que podrían, a
noción bajtiniana la tendencia -y la pasión- que lleva a consumir hasta el
socrática: el imaginario que
exceso vidas ajenas en el fast-food de la instantaneidad mediática. Éxitos efí-
finalidad específica, es siien1'111''9
meros, encuentros fáticos, biografías de un trazo en el vaivén del diálogo, pero
ende, a una verdad no a)Jl1ebOlll
también retratos que se despliegan en la larga duración, que acompañan -y
ción veridictiva no tiene que
construyen- una trayectoria de vida cuya actualización en reiteradas entrevis-
no creer lo que alguien dice.
tas a través de los años abre sucesivos capítulos en la memoria pública. Noé
ción: alguien dice -y, podríamol
]itrik decía -precisamente en una entrevista- que este género había ocupado
esta valoración de la presencil
el lugar de las memorias en la sociedad co.ntemporánea, sociedad siempre dis-
marcada quizá por la ausencia,,
puesta al olvido y atenaceada por el flujo de la "desaparición" (Virilio), donde
de la entrevista en tanto f.
sólo algunos elegidos logran sobrevivir, a cambio del don infinito de sí mismos.
Pese a su posición hegemónica en el concierto mediático, que la ha trans-
formado en una matriz de acuñación de sentidos en cuanto a las "vidas ejem-
plares" de la época, la entrevista no ha merecido, al menos dentro del mapa
bibliográfico consultado, un estudio pormenorizado que atendiera a tal condi-
ción. 5 Es esa carencia la que quiero colmar en alguna medida, eligiéndola como
objeto particular de análisis dentro del espacio biográfico. En esta doble figura 6 Agradezco a Beatriz Sarlo la
-el exceso de sentido por un lado y la escasez de trabajos de indagación acadé- Benjamin, tiende a restituir lo ....mal
un mundo ya mediatizado.
1
5
Le:je:une (1980) incluye la entrevista entre los modos posibles de producción de relatos de El corpus con el que: hemos
vida, pe:ro acentuando sobre todo en e:l uso de la historia oral, y en la recuperación de las historias originado en una investigación
de. gente común. En un capítulo de su libro Je est un autre analiza una entrevista autobiogtáfica de siguientes libros, entre otros: Jcan
Sartre, y a partir de allí extrae algunas conclusiones sobre la entrevista radiofónica. También Gilio, Emeruenres, 1986; G. Bany
pueden registrarse menciones a la presentación de sí en la entrevista e:n el marco de indagaciones Saavedra, La
de: tipo lingüístico/pragmático/comunicacional. escritcrres. (Narradores 2) Los rei-•ol
Los reportajes de The París Ret.n.
DEVENIRES BIOGRÁFICOS, LA ENTREVISTA MEDIÁTICA 121

mica por el _otro- también se cifra un interés inveStigativo anterior, que me


llevara al estudio de la entrevista como género en una perspectiva multidisci-
plinaria (Arfuch, 1992, 1995) y a partir de allí, a la intuición de algo más a
desarrollar, que encontró su lugar en el presente capítulo.

1. La vida a varias voces

Los usos de la entrevista -que exceden ampliamente los marcos de la informa-


ción-, son casi contemporáneos de los que conquistaran el fervor académico,
habilitando la palabra del "actor social". Sus intereses comprenden un univer·
so de protagonistas, temáticas, modalidades, aspectos. También son múltiples
los tipos de entrevistadores, sus objetivos, los soportes y las lógicas de mercado
en que se inscriben. En un vano intento clasificador podrían proponerse dife-

••-n•o• de constante afir·


c:a:¡acsc mejor que en esta
rentes taxonomías en simultáneo, siempre en cuadros de múltiple entrada.
Pero esas variaciones no llegarían a desdecir las cualidades generales que he-
mos esbozado, y que podrían, a su vez, resu1nirse en un aforismo de inspiración
ha a consumir hasta el
socrática: el imaginario que sustenta el diálogo con un otro, más allá de su
fll•lri!Jad mediática. Éxitos efí· finalidad específica, es siempre el de un atisbo posible a la interioridad y por
en el vaivén del diálogo, pero
ende, a una verdad no aprehensible por otros medios. Y esa peculiar inscrip-
duración, que acompañan -y
ción veridictiva no tiene que ver con lo que efectivamente se diga. Podemos
en reiteradas entre vis-
no creer lo que alguien dice, pero asistimos al acontecimiento de su enuncia-
en la memoria pública. Noé
ción: alguien dice -y, podríamos agregar, más allá de un querer decir-. Es sobre
este género había ocupado
esta valoración de la presencia 6 y los ecos que ella despierta en una época
sociedad siempre dis·
marcada quizá por la ausencia, que nos proponemos desplegar nuestro análisis
(Virilio), donde
de la entrevista en tanto forma paradigmática en la configuración contempo-
¡Lindel don infinito de sí mismos.
ránea del espacio biográfico.

§
mediático, que la ha trans-
Nuestra indagación abordó un corpus múltiple de entrevistas, centrando la
en cuanto a las 'Vidas ejem-
atención en las compilaciones en libro de uno o varios entrevistadores, con
al menos dentro del mapa
entrevistados argentinos o de otras latitudes, producidas en el país o traduci-
que atendiera a tal condi-
das.7 La decisión de trabajar principalmente con textos consagrados por una
medida, eligiéndola como
En esta doble figura 6
Agradezco a Beatriz Sarlo la observación de que la entrevista, pensada desde la óptica de
nabajos de indagación acadé- Benjamin, tiende a restituir lo aurático-la cercanía, la presencia, el "original", lo irrepetible-, en
1
un mundo ya mediatizado.
i 1
El corpus con el que hemos trabajado --que se recorta sobre el trasfundo de otro, muy amplio,
1-1- posibles de producción de relatos de
=..
,-cml. y en la recuperación de las historias
.i;.. tma encrevista autobiográfica de
la ennevista radiofónica. También
emrcvisca en el marco de indagaciones
originado en una investigación anterior- incluye, además de diarios, revistas y audiovisuales, los
siguientes libros, entre otros: Jean de Milleret, Entrevíst.as con Jorge Luis Borges, 1971; María Esther
Giho, Emeruenres, 1986; G. Barry Golson (comp.), En!Tevistas de Playlxry, [1981] 1982; Guillermo
Saavedra, La curiosidad impertinente, 199 3; Graciela Speranza, Primera Persona, 1995; Confesiones de
escritores. (Narradores 2) Los reportajes de The Paris Review, [1995} 1996; Confesiones de escriwras.
Los repartajes de The Paris Review, [1995] 1997; Sylvia Saína y luis Alberto Romero (comps.),
122 EL ESPACIO BIOCRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA
DEVEI-·
"segunda vidau editoriali después de su pritnera publicación -generalmente en infancia, la juventud, la mo...4
medios de prensa-1 obedece a varias razones. La primera es justamente la ven- generacional, histórica, que
taja de operar con una selección donde pesan ya parámetros valorativos, y por como despliegue del persona¡e
lo tanto, ofrece cierta típicidad: la del medio donde fueron publicadas (la re- mirada es determinante-,
vista Playboy, The Paris Review, grandes diarios ... ), la de los entrevistados (gran-
des personalidades, escritores, pensadores, intelectuales, artistas ... ), la de los
entrevistadores (periodistas, críticos, académicos ... ), la del modelo utilizado,
la del estilo de la época a que pertenecen. La segunda es la "representativídad"
de dicho corpus para nuestras hipótesis, en virtud de las diferencias tempora-
les y al mismo tiempo, de la simultaneidad en la publicación de varios de estos
libros -algunos de ellos, rápidamente agotados- que demuestra tanto un énfa-
sis editorial como un interés creciente del público hacia el género y sus perso-
najes, más allá del consumo rápido en la prensa diaria o periódica. Finalmente,
es en este tipo de entrevistas, relativamente extensas y atentas a la relación
entre vida y obra, donde aparecen con mayor nitidez y regularidad los rasgos
que interesan a nuestro espacio biográfico.
Pero, ;cómo aprehender la cualidad biográfica de la entrevista en la multipli-
cidad de sus ocurrencias? ¿Cómo "leer, además, lo que aparece sintomáticamente
aquí y allí, a menudo sin ser convocado? Si bien son precisamente los desplaza-
mientos metonímicos los que aquí cuentan, una primera respuesta, en cierta focalizará sobre todo en d
medida tranquilizadora, nos aproximaría a la idea bajtiniana del cronotopo, como cimiento de la persona. en m
correlación espacio-temporal y afectiva que hace posible -y reconocible- la in- la modelización del mundo
vestidura de sentidos en un género dado: la vida como camino, trayectoria, peri- función reguladora de los
pecia, encrucijada, destino -y sus correlatos, la "lección", el modelo, la expecta- tivas -aun ficcionales-, sin
tiva, la "prueba"-. La vida como viaje temporal y sus estaciones obligadas: la tenticidad. 8
Si nos atenemos a la · ·
grandes entTevistas de la historia argentina, 1998. Una somera descripción de las compilaciones de darios efectuada por Bajtín. la
entrevistadores múltiples remitiría, por un lado, al estilo mordaz, incisivo, de Playboy para realizar
una inmersión lo más profunda posible en la personalidad del entrevistado -músicos, actores, escri-
tores, como Miles Davis, John Lennon, Marlon Brando, Nabokov, o figuras públicas como Martín
Luther King), sin límites preconcebidos-; por el otro, a la modalidad interrogativa ya clásica de The
Paris Review, sobre la articulación entre vida, obra y estilo de trabajo del escritor/a; agrupadas por
género. El libro de Jean de Milleret cori Borges reúne a entrevistador y entrevistado en varias
sesiones, en un recorrido biográfico/intelectual casi obsesivo, más próximo de las "Conversacio-
nes". El de María Esther Gilio como única periodista/entrevistadora presenta a diversos personajes,
con primacía de escritores (Bioy Casares, Onetti, Neruda, García Márquez, Puig, Lispector, etc.). horizonte de la comunicación
En la misma dirección, las compilaciones de entrevistas de Guillermo Saavedra y Graciela Speranza, referentes delinean una concqxi6n
ambos críticos especializados, ofrecen una buena perspectiva del campo de los escritores argentinos ter creador y transfomiador de élR:
contemporáneos, tendencias, preocupaciones y estilos (Bioy Casares, Saer, Cohen, Ttzón, Chejfec, Respecto de la dinámica del. ·
Aira, Pigha, Martini, Mercado, Fogwill, etc.). Finalmente, Grandes entrevistas se organiza como un interacciona! (Orecchioni. 1990).
panorama histórico que arranca en 1879. He consultado también asiduamente los suplementos al aabajo de Goffinan ((1959) 1971),
culturales de los grandes diarios, especialmente Clarín, Página/12, y La Nación, constituyendo diversos roles, a los llamados • -
muestreos en distintos períodos entre 1995 y 1998. constitución de la sociedad (Sacb.
• ITEMPORÁNEA DEVENIRES BIOGRÁFICOS, LA ENTREVISTA MEDIÁTICA 123

infancia, la juventud, la madurez, la muerte. La vida como "herencia" familiar,


generacional, histórica, que difícilmente escapa a la tentación causal. La vida
como despliegue del personaje que se narra ante ese otro, el entrevistador-cuya
mirada es determinante-, poniendo en juego diversos "biografemas" -o motivos
estereotípicos--, en el viejo hábito de la conversación. Avatares de la experien-
cia, demostraciones, reflexiones, conclusiones: la vida como un saber sobre la
vida. Desaciertos, infortunios, tropiezos, desengaños, la vida como un padecer.
.. •representatividad" Pero también -y casi prioritariamente- los logros, éxitos, virtudes: la vida como
... diferencias tempora- cumplimiento, como realización. Como sucede con otros registros, lo que parece
9i:iilá-ó'nde varios de estos inabarcable podrá sintetizarse en ciertas líneas y modulaciones, en ciertos uto-
•-oestra tanto un énfa-
el. género y sus
nos" predominantes. Al seguir con asiduidad los derroteros que trazan las pre-
guntas en las diversas superficies textuales, se van descubriendo los hilos de una
oP'fiódica. Finalmente, trama mucho más regular de lo esperable. Casi no importará la relevancia del
y atentas a la relación personaje en cuestión ni el estilo de la entrevista y del entrevistador: hay
y regularidad los rasgos rridos prefijados y modos de andar bien conocidos. Y no es que la remisión a "la
vida" imponga obligadamente estos recorridos, es más bien el género, la peculiar
de la entrevista en la multipli- combinatoria de las voces, su vaivén, la marca conversacional, lo que definirá
lo que aparece sintomáticamente las f = del relato, su puesta en sentido.
son precisamente los desplaza- Al acotar el terreno a lo biográfico, el objeto que me propongo construir
1...a primera respuesta, en cierta focalizará sobre todo en el valor otorgado a la entrevista en cuanto al cono-
h bajtiniana del cronotopo, como cimiento de la persona, en su papel configurativo respecto de las identidades,
posible -y reconocible- la in- la modelización del mundo privado y de la intimidad, en el énfasis puesto en la
co:no camino, trayectoria, peri, función reguladora de los sentimientos, en su permeabilidad a diversas narra-
• "lección", el modelo¡ la expecta, tivas -aun ficcionales-, sin desmedro del imaginario clásico de verdad y au-
y sus estaciones obligadas: la tenticidad. 8
Si nos atenemos a la distinción entre géneros discursivos primarios y secun-
descripción de las compilaciones de darios efectuada por Bajtín, la entrevista es sin duda un género secundario, com-

§
incisivo, de Playboy para realizar
enoeviscado -músicos, actores, escri-
8
• o figuras públicas como Martin Aun cuando nuestro objetivo no es aquí propiamente lingüístico, es conveniente explicitar
...Widad interrogativa ya clásica de The la concepción del lenguaje que sostiene nuestra reflexión. En primer lugar, cabe retomar la filia-
bajo del escritor/a; agrupadas por ción respecto del dialogismo de Bajtín (Voloshinov, [1929] 1992; Bajtín, 1982 y 1988), uno de los
ia cn:revistador y entrevistado en varias primeros en marcar la salida del "monologismo" como forma de abordar el funcionamiento emi-
más próximo de las "Conversacio- nentemente social del lenguaje y de la comunicación. También los conceptos de performatividad
. presenta a diversos personajes, y acto ilocutario de Austin ([1962] 1982) son capitales para pensar la acción lingüística en el
G.cia Márquez, Puig, Lispector, etc.). horizonte de la comunicación mediática y en el marco de una teoría general de la acción. Estos
y Graciela Speranza, referentes delinean una concepción no "representacionalista" del lenguaje, que acentúa el carác-
cid campo de los escritores argentinos ter creador y transfomiador de éste en la vida social (Récanati, [1979] 1981).
Cas.es, Saer, Cohen, Ttzón, Chejfec, Respecto de la dinámica del intercambio que caracteriza a la entrevista, remito al enfoque
G-*s entre'!Jistas se organiza como un interacciona! (Orecchioni, 1990), que considera que todo discurso es una construcción colectiva;
-.Li&t asiduamente los suplementos al trabajo de Goffman ((l 959} 1971), y su definición del actor social como personaje que representa
y La Nación, constituyendo diversos roles, a los llamados "conversacionalistas" que estudian la importancia del género en la
consti.rución de la sociedad (Sacks, Schegloff, Jefferson: 1974: 696-735; 1977: 361-382).
124 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

plejo, pero cuya dinámica intersubjetiva, en diversos contextos, opera en cierta ocasional, que podrá tener l.ug¡s
semejanza con las formas cotidianas del diálogo, los intercambios familiares, la políticas, de divulgación o'iendliial
conversación, es decir, con los géneros primarios. Esta peculiar condición no es Pero este preguntar sobre la
ajena a su funcionalidad, tanto en el plano de la comunicación mediática como selección jerárquica de sus
en otros contextos institucionales (entrevistas de selección, laborales, psicológi- gistros, todas las posiciones de
cas, sociológicas, etc.). Pero si bien se trata de una instancia de competencias sentido muy amplio, desde la
compartidas por los interlocutores, a diferencia de lo que sucede en la conversa- vocacionales o profesionales, d
ción cotidiana, aquí la facultad performativa de la interrogación9 -con sus dife- etc.-, con lo cual, no sólo
rentes acentuaciones-, será ejercida prioritariamente por quien está habilitado operación semiótica necesaria
para ello, el entrevistador. Esta no reversibilidad de las posiciones enunciativas en en tanto las confirma como
términos del derecho a preguntar, que supone una diferenciación normativa de tanto esas posiciones están •
esas posiciones, es quizá, junto a una estandarización temática y de procedi- conquistado por merecimiento
mientos, lo que hace de la entrevista un género altamente ritualizado, pese a ser tornan inmediatamente m<xlioli.
construida sobre los valores de fluidez y espontaneidad. El espectro de las vidas
En el caso de la entrevista mediática, la interrogación es, por otra parte, mente aparecen como dim
constitutiva de la función social de la prensa: no sólo se estará autorizado sino por ejemplo, de las típicas
hasta obligado a preguntar, tanto en lo que hace al imaginario político de visi- también -y a veces, sobre
bilidad y transparencia de la democracia, como en relación con las más diver- gossip, repetición estereotípica.
sas temáticas y cuestiones. Precisamente, lo que nos interesa aquí en particu- límites entre público y pri
lar, es que la vida del personaje, que fuera uno de los rasgos destacados en el -movimiento al cual tampoco
surgimiento del género, se ha tornado en una de las principales cuestiones. to, no es nue.Stro objetivo trar.31'
Consecuente con esa heterogeneidad que Bajtín definiera como constitu- dones, ni postular una hip<>lilii<ll
tiva de los géneros discursivos, la entrevista no sólo revelará las huellas de la de estas formas constituye j1ll!O_,.
conversación sino también las de otros géneros secundarios: el teatral, la nc- Es que la posibilidad de
vela, el diálogo socrático, el informe científico, la arenga política y, por su- los intercambios más formales,
puesto, todos los que se incluyen, canónicamente, entre los autobiográficos, la dinámica misma de la re:la::íiÍI.
pero no solamente como apuesta específica -lo que constituiría un tipo parti- algo que se produce aquí J
cular, la entrevista biográfica o íntima- sino también como una derivación como anclaje en la temporalilll41
9
La noción de "performativo" acuñada por Austin, eminente representante de la "filosofía
espacio biográfico en la enm:viil
del lenguaje ordinario" de Oxford, alude, en un primer momento, al tipo particular de acción que ble y acotado que como un
cumplen determinadas expresiones verbales, utilizadas en primera persona del singular del indi- advirtiera Paul de Man ""'P"'*JI
cativo, tales como "juro","prometo", "bautizo'', etc. En un segundo momento, la indagación de intensidad, en los que asoman,,
Austin se amplía a otras expre.siones, llegando a la conclusión de que todo enunciado, más allá de "lo
que dice" tiene un grado de performatividad, esto es, cumple un acto ilocutorio por el hecho interés del entrevistador, deelll
mismo de su enunciación, un hacer inherente al lenguaje: afirmar, proponer, objetar, opinar, inte- riencias. Momentos que, para
rrogar, negar, aconsejar, etc. En e.ste sentido, lejos de ser un mero reflejo de lo existente, produce puesto de la complicidad Í1Db"'11.
modificaciones en la situación, generando nuevas relaciones (y obligaciones) entre los interlocuto- Sin embargo, la figura de la
res. Desde esta óptica, la entrevista se puede analizar como un ejemplo canónico de acto ilocutorio:
se construye a partir del derecho a preguntar y por lo tanto espera respuesta inmediata, puede
vimos, con la autobiografía--.
operar como un simple intercambio fático -la actualización del "quién está allí''- pero también evoca, un ausente, un muem>,11
como una instancia de verificación, de control o de denuncia, llegando ID:ciusive a ejercer una Robert), no "trae" al discuno
violencia de la interrogación. supuesta integridad del yo, sino
DEVENIRES BIOGRÁFICOS, LA ENTREVISTA MEDIÁTICA IZ5

. .l:llllDS, opera en cierta ocasional, que podrá tener lugar en cualquiera de sus incumbencias (informativas,
. . . .,.¡,¡.,. fumiliares, la políticas, de divulgación científica o artística, de entretenimiento, etcétera).
no es Pero este preguntar sobre la vida no es aleatorio: la entrevista opera una
"9il<ióo mediática como selección jerárquica de sus entrevistados, desplegando, en sus incontables
laborales, psicológi- gistros, todas las posiciones de autoridad de la sociedad -entendidas é.stas en
de competencias sentido muy amplio, desde la función político/institucional a las trayectorias,
la conversa- vocacionales o profesionales, el star system, las figuras heroicas o arquetípicas,
. . . .ci·tó-n'9 -<:on sus dife- etc.-, con lo cual, no sólo produce la visibilidad de estas posiciones como una
91ien está habilitado operación semiótica necesaria al orden social sino también su reforzamiento,
en tanto las confirma como tales, otorgándoles un sello de legitimidad. Y en
tanto esas posiciones están "encarnadas" por sujetos empíricos, que las han
conquistado por merecimiento o virtud, las historias ofrecidas a la lectura se
toman inmediatamente modelizadoras.
El espectro de las vidas narradas en la entrevista es muy amplio. No sola-
..!ll'ión es, por otra parte, mente aparecen como dimensión consustancial al conocimiento -tal el caso,
se estará autorizado sino por ejemplo, de las típicas entrevistas a científicos, artistas, escritores--, sino
imaginario político de visi- también -y a veces, sobre todo- como mera insistencia en el anecdotario,
l!ll relación con las más diver- gossip, repetición estereotípica de los sentidos más comunes, infracción de los
nos interesa aquí en particu- límites entre público y privado, entre lo decible y el umbral de la intrusión
de los rasgos destacados en el -movimiento al cual tampoco escapan los personajes más conspicuos--. En tan,
de las principales cuestiones. to, no es nueStro objetivo trazar una línea divisoria entre unas y otras
Bajtín definiera como constitu- cienes, ni postular una hipotética "pureza" del reino biográfico; la desemejanza
¡·oo sólo revelará las huellas de la de estas formas constituye justamente en nuestro enfoque un dato esencial.
prm secundarios: el teatral, la ne- Es que la posibilidad de derivar en algún tipo de narrativa personal, aun en
la arenga política y, por su- los intercambios más formales, parecería estar siempre presente, alentada por
'8mte, entre los autobiográficos, la dinámica misma de la relación intersubjetiva, por esa idea de acontecimiento,
constituiría un tipo parti- algo que se produce aquí y ahora1 en el momento de la enunciación y que,
también como una derivación como anclaje en la temporalidad, guarda relación con la existencia. Así, el
de la "filosofía espacio biográfico en la entrevista se definirá menos como un territorio esta;
al tipo particular de acción que ble y acotado que como un conjunto de "momentos" autobiográficos -como lo
pnmera persona del singular del i.ndi- advirtiera Paul de Man respecto de la autobiografía-, de variado carácter e
qundo momento, la indagación de intensidad, en los que asoman, llevados por la lógica de la personalización o el
ue todo enunciado, más allá de "lo
un acto ilocutorio por el hecho interés del entrevistador, destellos de la vida, recuerdos, aseveraciones,
, proponer, objetar, opinar, inte- riencias. Momentos que, para ser entendidos como tales, requerirán por
- mero reflejo de lo existente, produce puesto de la complicidad interpretativa del lector.
(robligaciones) entre los inrerlocuto- Sin embargo, la figura de la prosopopeya -que De Man identifica, como
cfcmplocanónico de acto ilocutorio:
apera respuesta inmediata, puede
vimos, con la autobiografía-, ese "hacer hablar y actuar a una persona que uno
cid. •qt.iién está allí''- pero también evoca, un ausente, un muerto, un animal, una cosa personificada" (Petit
' llegando inclusiVe a ejercer una Robert), no "trae" al discurso algo ya definido y existente, no restituye una
supuesta integridad del yo, sino que viene justamente a poner rostro a un
126 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

cío, a nombrar lo que no preexiste como tal. Sobre ese umbral sobre el vacío, alta solía provocarme caraÍlll
aquello que tiene que adquirir forma aun como resp1,1esta estereotípica, sobre día eterno tiene fuertes
ese abismo de los yoes -¿el "actual", el "pasado" ... ?- trabaja el "momento"
autobiográfico en la entrevista, como proceso especular de sustitución/identi-
ficación, que habla tanto de la incompletud del sujeto como, correlativamen- Simone de Beauvoir, entrev ·
te, de la imposibilidad de cierre de toda narrativa personal. Más solidaria con
E: -Algunos críticos y
esa lógica que otros géneros que aspiran a una "coronación" del relato --de la
manera poco agradable.
vida-, el "cierre" que propone la entrevista es siempre transitorio, su suspen-
-A mucha gente no Ir
sión se aproxima al suspenso, deja siempre una zona en penumbra, que el ago- períodos de las vida son
tamiento de la palabra, la tiranía· del tiempo -en la interacción, en la panta- recién casados son felices.
lla- o del espacio -en la escritura- transformarán en promesa de futuros en- esas ideas durante toda mi
cuentros y tematizaciones. Ahora bien, ¿cómo se plasma esa figura especular
de la lectura, en un intercambio mediado a su vez por el saber -y el poder-del
entrevistador?
Esto nos lleva a una cuestión de importancia: en ese triángulo que for-
man el entrevistador, el entrevistado y el destinatario final de esa interac-
ción -lector, público, audiencia-, ¿quién es el otro de la interlocución? Porque
el entrevistador asume una posición institucional compleja, donde de alguna
manera ya está prefigurado lo que puede y/o debe decirse, aunque esta
prefiguración no agote el juego intersubjetiva ni alcance a determinar su rum-
bo. Posición que supone a su vez un desdoblamiento, entre los intereses del
medio o soporte al cual se representa, el interés "propio" y la representación
que el entrevistador asume, casi en términos políticos, de su destinatario: ese ser sólo el "destinatario inm
clásico mecanismo de "preguntar lo que aquél preguntaría, si pudiera". Una
lectura atenta permite descubrir las marcas de esta trama discursiva.

J. G. Ballard, entrevistado por Thomas Frick (CE: 29): 10


nativamente protagonistas, en tanto
12 El enfoque bajtiniano permite
E: -Algo raro que he advertido con respecto a las variadas respuestas que oca-
otro imaginario -carácter destinado dd
siona su obra, es que algunas personas piensan que es extremadamente diverti- audiencia mediática como "muda• o..,
da, mientras que otros la leen de una manera absolutamente seria. Sé que yo es obvio que en la entrevista el desm-4
mismo he tenido ambas respuestas ante la misma obra, aunque habitualmente sabilidad del entrevistador respecto de
en momentos diferentes. ¿Usted qué piensa? expresión sacada de su contexto cob¡...I
-Es una pregunta tramposa. Siempre me han acusado de ser un escritor sin intercambio "palabra bi-dirigida" (:f,ó,·......
sentido del humor. Crash me resulta muy divertida, sólo leer un párrafo en voz duplicidad muy característica". La
democrático que las nuevas cecnologi. ·
abierto, televoto, etc-. Sin embareo,. d
10
Las siglas que utilizaremos para indicar la procedencia de las citas, en este ejemplo y los contribuir, en definitiva, a un estn:<:holllliil
siguientes, corresponden a las compilaciones en libro de nuestro corpus: CI: La curiosidad imper- proponen en general alternativas ....miilll
tinente, PP: Prime;a Persona, CE: Confesiones de escritores, CEA: Confesiones de escritoras, EP: lJ Si en la conversación coti<b.

Entrevistas de Playboy, E: EmerGentes, GE: Grandes entrevistas de la historia argentina. Ejemplos de


otra proveniencia serán indicados con su pie de imprenta.
CONTEMPORÁNEA DEVENIRES BICXJRÁFICQS, LA ENTREVISTA MEDIÁTICA I27

9•oail sobre el vacío, alta solía provocarme carcajadas, porque, en cierto modo, es muy ridículo. Y El
estereotípica, sobre día eterno tiene fuertes elementos de un humor oculto de la misma clase. Pero
claro, la existencia misma es una clase de broma muy especial.
llabaja el "momento"
de sustitución/identi-
Simone de Beauvoir, entrevistada por Madeleine Gobeil (CEA: 34):

E: -Algunos crfcicos y lectores han sentido que usted hablaba de la vejez de


manera poco agradable.
-A mucha gente no le gustó lo que dije porque quieren creer que todos los
períodos de las vida son deliciosos, que los niños son inocentes, que todos los
recién casados son felices, que los viejos son calmos. Yo me he rebelado contra
esas ideas durante toda mi vida[ ...] Por supuesto, en la Francia actual h<..y que
decir que todo está bien, que todo es maravilloso, incluyendo la muerte.

Toda entrevista es entonces ejemplo paradigmático de esa apertura a la otredad


que es el fundamento de la teoría bajtiniana. Otredad del lenguaje, habitado por
voces ajenas, de la comunicación, como tensión hacia ese otro para y por el cual
cada enunciado tiene lugar, 11 y finalmente, del triángulo peculiar que confor-
man entrevistador, entrevistado y público. Como en un juego de cajas chinas,
las narrativas del yo en la entrevista, esos momentos en que el cronotopo de la
vida relumbra en alguna de sus innúmeras facetas, se despliegan, en coautoría,
prefigurando al receptor tanto en la interrogación como en la réplica, quien, por
' "propio" y la representación lo tanto, será un tercero "incluido". 12 En este reparto, el entrevistador, lejos de
de su destinatario: ese ser sólo el "destinatario inmediato'', tendrá una actuación fuertemente perfor-
'11-El preguntaría, si pudiera". U na mativa: a partir de un conocimiento previo,JJ su misión será la de impulsar, in-
1de esta trama discursiva.
1 11
Una de las diferencias entre Benveniste y Bajtín es precisamente la idea de simultaneidad
.. (CE: 29): 10 {dialógica) versus la idea de sucesión: para Benveniste, los partícipes de la comunicación son alter-
nativamente protagonistas, en tanto asumen, a su tumo, el "yo" de la enunciación (1977: 82-91).
11
El enfoque bajtiniano permite saldar la cuestión de la "presencia" real en términos de un
a las variadas respuestas que
otro imaginario --carácter destinado del enunciado-, y por consiguiente, dejar de considerar a la
que es extremadamente audiencia mediática como "muda" o "interdicta de hablar" (Charaudeau, 1984 ). Por otra parte,
ab5olutamente seria. Sé que yo es obvio que en la entrevista el destinatario efectivo, o alocutario, es el público; de allí la respon-
misma obra, aunque habitualmente sabilidad del entrevistador respecto de esa palabra, su "literalidad", el uso que se le dará a alguna
1 sacada de su contexto coloquial, etc. F. Jacques (1979: 162-163) llama a este cipo de
intercambio "palabra bi-dirigida" (bi-adressée) y la define como "un arte temible que supone una
duplicidad muy característica". La participación "efectiva" del receptor sigue siendo un ideal
democrático que las nuevas tecnologías intentan hacer realidad -televisión interactiva, teléfono
abierto, televoto, etc-. Sin embargo, el efecto de retorno de algunas de estas técnicas puede
contribuir, en definitiva, a un estrechamiento del campo argumentativo y discursivo, por cuanto
proponen en general alternativas binarias que "encauzan" esa htpotética participación.
13
Si en la conversación cotidiana es una muestra de interés que cada participante de un
reencuentro recuerde no sólo el nombre de su interlocutor sino ciertos datos de su biografía para
poder preguntar sobre ellos (Goffman, 1987), ese requerimiento se torna imprescindible para el
IZS EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

quirir, orientar, sugerir, hurgar, merodear, agredir... en definitiva, emplear todas el aspecto del entrevistado-,
las destrezas pragmáticas contenidas en la noción de formulaci6n (Garfinkel, que intenta escenificar los
Sacks, 1970). 14 Destrezas que incluyen además una cierra sintonía con el entre- dudas sobre su carácter eom,....
vistado, más allá del conocimiento o la admiración, como posibilidad de jugar,
sin desmedro del objetivo del encuentro, su propio juego discursivo. 15 Pero aun, Manuel Puig, entrevistado ...-
una vez terminado el intercambio, queda el trabajo de edición o de escritura,
donde el "momento" autobiográfico, que puede haberse producido en el registro
oral, debe ser retranscripto, recuperado en la frescura de su "presente", en esa
inmediata actualidad que adquiere toda evocación o rememoración frente a un
Si el trabajo de la memoria reconoce también una inspiración dialógica,
ésle es sin duda un espacio privilegiado para su manifestación.
¿Qué aporta entonces la entrevista a la construcción, aun fragmentaria y
anecdótica, de un relato de vida? En primer lugar, escenifica la oralidad de la
narración, esa marca ancestral de las antiguas historias que encuentra así una
réplica en la era mediática. En segundo lugar, hace visible la atribución de la
palabra, generando un efecto, sin duda paradójico, de espontaneidad y auten,
ticidad. Paradójico, por cuanto no solamente se trata, en la mayoría de los
casos, de una interlocución cuidadosamente preparada por el entrevistador,
sino también por el propio entrevistado. Como observara con humor Italo
Calvino: "Podría intentar improvisar, pero creo que es necesario preparar una
entrevista por anticipado para que suene espontánea" (CE: 165). Pero además,
retomando su vieja valencia socrática, trabaja en el alumbramienw de esa his,
toria, que nunca sería la misma bajo otra modalidad de producción
El valor de la proximidad, sin duda uno de los pilares del género, no sólo
estará dado, en la escritura, por la reposición de las réplicas en su encadena,
miento -aun en el que resulte de la edición-, por la conservación de los "tro,
piezas" del diálogo, por la meticulosa "reconstrucción del hecho" que precede
muchas veces a la "transcripción" -el lugar del encuentro, el momento del día,

entrevistador, sobre todo si va a orientarse en esa dirección. Esta "memoria común" no garantiza
sin embargo la facilidad del intercambio: muchas veces, ciertos indicadores temáticos son recha-
zados o eludidos por el entrevistado.
14 Plantear con claridad las preguntas, repreguntar, volver sobre un tema o cuestión que

quedó pendiente, resumir, glosar o desarrollar lo sustancial de las afirmaciones del otro, hacer
avanzar el diálogo, anular el silencio, aprovechar elementos inesperados pero relevantes, dar_ un
giro radical si es necesario, abrir una polémica, son algunas de las habilidades pragmáticas que
resume el concepto de fcmnulating (formulación) propuesto por Garfinkel y Sacks para este tipo
de intercambios, que suponen una práctica inusual en la charla cotidiana. vector de la "presencia" una
n En el extenso corpus de entrevistas con el cual hemos trabajado, esta cualidad -el poder últimas habilitan -entrevisras
reaccionar con humor, ironía, agudeza, ingenio, sensibilidad o erudición, según la propuesta y el pero también lo que podn-.
carácter del entrevistado-, más allá del conocimiento o la cuidadosa preparación del temario, real" -talk-shows,
hace a una verdadera diferencia en cuanto al resultado del intecambio.
idea misma de ficción.
DEVENIRES BIOGRÁFICOS: LA ENTREVISTA MEDIÁTICA 129

el aspecto del entrevistado-, sino también por ese segundo texto diegético,
que intenta escenificar los movimientos, los gestos, los silencios, y que no deja
dudas sobre su carácter eminentemente teatral.

Manuel Puig, entrevistado por María Esther Gilio (E: 133 }:


de edición o de escritura,
producido en el registro E: -¿Usted piensa que debía hacer ese pase, que debía abandonar su lengua?
de su "presente", en esa -No, no sé, creo que en el fondo eran pretextos. Creo que la verdadera
razón era una resistencia a juzgar a los personajes colocándome en el lugar de la
o rememoración frente a un
autoridad.- Se detuvo prestando atención a unas voces que gritaban su
una inspiración dialógica,
bre desde afuera: "Manoel, Manoel''. Manuel se asomó a la ventana y gritó en
i-miifestación. portugués que estaba ocupado y no podía salir. [... ] Manuel volvió a sentarse.
_,1tt111CCión, aun fragmentaria y Sonreía con una media sonrisa que bañaba todo su rostro de melancolía.
lugar, escenifica la oralidad de la
historias que encuentra así una La atribución de la palabra remite a su vez a otra inscripción mítica, la voz,
hace visible la atribución de la como lugar más prístino de la expresión del sujeto, fuente hipotética de todo
·¡co, de espontaneidad y auten- protagonismo. La voz, el directo, la presencia, ¿qué registros podrían aportar
'8te: se trata, en la mayoría de los pruebas más convincentes de la conformación de la "persona", de la inmedia-
lle preparada por el entrevistador, tez de la experiencia? Pero además, en tanto esa palabra cuenta con el apoyo
observara con humor !talo de otra, la del entrevistador --<le! cual no importa tanto la modalidad del desem-
que es necesario preparar una peño como su lugar determinante en la estructura-, es esa presencia como
¡....ránea" (CE: 165). Pero además, testigo, como el "primer oyente" de los enunciados, lo que otorga a ciertos
.,._ en el alumbramimto de esa his- intercambios el valor de una confesión. Quizá lo singular sea justamente esa
de producción dimensión dramática, el hecho de presentar, en un mismo escenario, la mate,
los pilares del género, no sólo rialidad de la experiencia dialógica en tanto sensibilidad hacia la pluralidad,
'6-> de las réplicas en su encadena- involucramiento de dos sujetos hablando el uno al otro -no se trata aquí de
por la conservación de los "tro- "buenas" intenciones- y no de dos "egos" confrontando su soberanía {Bajtín,
del hecho" que precede 1982b). Es por ello que, en ese umbral indeciso donde aparece en general lo
el momento del día, esperable, siempre puede producirse la irrupción súbita de una revelación, y es
1 esa posibilidad, esa apertura a lo imprevisible, lo que alimenta quizá con ma-
Esta "memoria común" no garantiza yor énfasis lo biografiable de toda interacción.
indicadores temáticos son recha- La "idolatría de la presencia inmediata", al decir de Derrida, es asimismo la que
1
.... volver sobre un tema o cuestión que hace prevalecer en general a la entrevista por sobre otras opciones en la polí-
de las afirmaciones del otro, hacer tica comunicacional de los medios. Tendencia que se fue incrementando a
inesperados pero relevantes, dar_ un través de las décadas, a la cual contribuyó en gran medida la televisión y con-
de las habilidades pragmáticas que tinúan haciéndolo las nuevas tecnologías. En efecto, podríamos incluir bajo el
pot Garfinkel y Sacks para este tipo
charla cotidiana. vector de la "presencia" una cantidad de usos y prácticas interactivos que estas
hamllS trabajado, esta cualidad -el poder últimas habilitan -entrevistas y conferencias satelitales, e-mail, chats, sites-
erudición, según la propuesta y el pero también lo que podríamos llamar sin eufemismo "tecnologías de la vida
la ruidadosa preparación del temario, real" -talk-shows, reality-shows-, ficciones de la vida que intentan disolver la
ÍD cid intecambio. idea misma de ficción.
130 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

Si bien estas últimas variantes constituyen para nosotros un límite donde


la entrevista, pese a su inclusión posible como técnica, se diluye en otra lógica
discursiva, operan sin embargo como un contexto de inteligibilidad, en tanto
confluyen a lo que podríamos llamar el espacio biográfico/tecrwlógico contempo-
ráneo, y por lo tanto dicen mucho sobre el imaginario de la época. Es que
difícilmente podría comprenderse -y cuestionarse- la pretensión totalizadora
de la presencia, el "efecto de (vida) real", podríamos decir, parafraseando a
Barthes --del que también hace gala la entrevista-, sin ampliar la visión a esas
otras formas con "parecidos de familia", que se despliegan en nuevos e
tantes territorios. 16
interlocutores devienen a su wz
damente, el papel de la con
2. Avatares de la conversación mediático--, y la inevitable
También puede entendei:se, en
Pese a que los géneros primarios, af integrarse en los de mayor complejidad, ciones" sobre la intimidad qtE
pasan a funcionar dentro de la lógica del universo "de adopción" -el diálogo a la escena pública visiones
familiar en la novela, por ejemplo-, en el caso de la entrevista, y quizá por privaci6n: privación de la esc:ucbll
tratarse de una forma de oralidad, la supervivencia del diálogo cotidiano y de intentará proveer, com1pens1111ñ1
la conversación, en sus acentos "propios", parece ser mayor. Así, la formalización grama; del "buen consejo" o de
institucional, el trabajo de preparación, las destrezas del entrevistador -y, co- (Tabachnik, 1997), 17 en dleliillililll
rrelativamente, del entrevistado- no podrán evitar que el fluir discursivo esca- imprescindible para conjurar la
pe de cauce, eventualmente se vuelva sobre otro tema, se desvíe, incluya otros ta escenifica de manera em
léxicos, se torne doméstico y coloquial. En ese sentido, casi podría decirse que Pero esa pervivencia de la
la aparición del momento autobiográfico es poco menos que inevitable, ape- flexibiliza el lenguaje con el
nas se comienza un intercambio pautado con los tiempos y modos de la con- "inanalizable" que amenazaba al
versación. cualitativo que entraña noción
Tiempos y modos: cierta morosidad -que no se compadece con la pregunta ta en juego de la lengua, algo
rápida, puntual, o con el tipo de interrogatorio inquisitivo que a veces ronda enunciación, es justamente d
lo judicial-, cierto resabio de la charla entre amigos, un juego de confianza o subjetivo, sometido a reglas.
de complicidad, un guiño, una coartada, una evocación... , inflexiones de la la repetición, de lo invollurmorilltt,I
palabra capaces de llevar a esa orilla incierta de la interioridad, a un asomo de Es en el contexto angllos¡ijói14i
¡¡descubrimiento" que a su vez puede ser pura ficción. En el espacio/tiempo de la análisis de las prácticas coti
prensa gráfica, lugar de entropía donde mucho de lo dicho en el encuentro de conformación del lazo sociaQ
queda fuera de la escritura -los periodistas suelen acordar sobre esto-- difícil-
mente no se "rescate" justamente lo que aproxima la entrevista a la conversa;
ción, ese desliz que hace olvidar la racionalidad -y hasta la existencia- del 17
La autora analiza en su libro
sobre las vidas comunes en proer-
16
Más allá del territorio conquistado por Internet en los recintos más privados del "refugio" escucho" (ATC, el mismo período). qm:
de la intimidad, cada uno podrá levantar su propio altar biográfico/académico en la página web, vos desafíos de la televisión en pos de
diseñar su propia deriva identitaria, su biografía hipertextual, su Cybersoi, al decir de Régine crática") de salvación, a través de ...
Robin (1997). falta, la carencia, la soled:a,d, en dda1i141
DEVENIRES BIOGRÁFICOS, LA ENTREVISTA MEDIÁTICA 13I

••RJ5 un límite donde


diluye en otra lógica
cuestionario. Es más, a menudo los signos coloquiales son repuestos a posteriori
-aunque no hayan "existido"- para lograr un máximo de naturalidad. Parado,
jllli:li;·g;·bilidad, en tanto ja de un género cuyo arduo trabajo de edición consiste justamente en borrar
las marcas de ese trabajo, en hacer, nuevamente, lo más "real" posible lo real.
Si pensamos que la conversación cotidiana es quizá el lugar por excelencia
donde se gesta la "invención biográfica" -esa narración fragmentaria, azarosa,
que recrea el diario transcurrir imponiendo una forma, una tropología, a lo
inasible del acontecer-, y que en ese intercambio entre sujetos se produce
asimismo la mutua refracción, como sustitución e identificación, es decir, que
en ese hablar sobre la vida no sólo ésta adquiere la unidad del relato, sino que los
interlocutores devienen a su vez personajes, podemos comprender, más ajusta,
damente, el papel de la conversación en la entrevista -que la eleva así al rango
mediático-, y la inevitable atracción que ejerce en el plano de la recepción.
También puede entenderse, en esta óptica, la proliferación de las "conversa,
... de mayor complejidad, cienes" sobre la intimidad que pueblan el espacio radial y televisivo, llevando
•c1e adopción" -el diálogo a la escena pública visiones descamadas, no ya de la privacidad sino de la
de la entrevista, y quizá por privación: privación de la escucha -que se revela así esencial para la vida- que
..,..,.:i.adel diálogo cotidiano y de intentará proveer, compensatoriamente, el conductor o conductora del pro,
ser mayor. Así, la formalización grama¡ del 11 buen consejo" o de la "compañía" -sin lo cual la tristeza es segura-
d.strezas del entrevistador -y, co- (Tabachnik, 1997), 17 en definitiva, de un otro u otra como interlocutor/a, figura
CYitar que el fluir discursivo esca- imprescindible para conjurar la soledad y asumir el 11 sí mismo", que la entrevis,
fOUO tema, se desvíe, incluya otros ta escenifica de manera emblemática.
pr: sentido, casi podría decirse que Pero esa pervivencia de la conversación en el marco de otro género, que
menos que inevitable, ape- flexibiliza el lenguaje con el aporte de lo coloquial, no supone el riesgo de lo
""1 loo tiempos y modos de la con- "inanalizable" que amenazaba al uhabla" en la lingüística de Saussure. El salto
cualitativo que entraña noción de "discurso" (Benveniste, 1966), en tanto pues,
no se compadece con la pregunta ta en juego de la lengua, algo que se dirime entre el "yo" y el "tú" del acto de la
· inquisitivo que a veces ronda enunciación, es justamente el de permitir apreciar su carácter social, inter,
amigos, un juego de confianza o subjetivo, sometido a reglas, lugar no sólo de intencionalidad sino también de
evocación... , inflexiones de la la repetición, de lo involuntario, del inconsciente.
de la interioridad, a un asomo de Es en el contexto anglosajón donde se n1anifiesta el mayor interés por el
ficción. En el espacio/tiempo de la análisis de las prácticas cotidianas de la conversación, como modos decisivos
de lo dicho en el encuentro de conformación del lazo social. Con sus 1natices, estas perspectivas fueron
suelen acordar sobre esto- difícil- revelando que la conversación, 1nás allá de sus infinitas variaciones, está suje-
la entrevista ª.la coi:iversa-
-y hasta la existencia- del 17
La autora analiza en su libro Voces sin nombre, la construcción del testimonio anónilno
sobre las vidas comunes en programas tales como "Sin vueltas" (América 2, 1993,1994) y "Te
los recintos ''.refugio"

rm·
escucho" (ATC, el mismo período), que podrían incluirse dentro del género talk-show, como nue-
biográfico/academ1co en la pagma web, vos desafíos de la televisión en pos de una "teleología filantrópica" (y supuestainente más "demo-
su Cybersoi, al decir de Régine crática") de salvación, a través de una retórica asistencialisra, de consuelo, compensatoria de la
falta, la carencia, la soled"'d, en definitiva, de las formas actuales de "malestar social".
132 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

ta no solamente a las normas del lenguaje sino también a las de otros sistemas
que creas falso ni aquello de
significantes, 18 a una trama lógica de relaciones y a ciertas reglas propias -e
relevante"), y la de mcodaliiit.I
implícitas- de funcionamiento, que las frecuentes infracciOnes no hacen más
Si bien estas reglas, ·
que confirmar.
infracción, es ése justameoR
Entre ellas, los tumos constituyen verdaderos sistemas conversacionales,
su incumbencia, en tanto
en tanto regulan los cambios de locutor, la duración de la emisión, la distribu,
conductas y asegura su rq.u...
ción de los participantes, la continuidad/discontinuidad en el uso de la pala-
de cumplimiento de cada mm
bra y por supuesto, las transgresiones. La dinámica es variable según el género
ción involucradas, en el
--conversaciones sociales, interrogatorio, conferencia de prensa, panel, deba,
adecuación, a veces exmm....
te, etc.-, y opera en un equilibrio siempre amenazado por la pasión: el calor de
respuesras laterales, etc.- smt
la discusión, las tensiones, las disputas por el control o por "la última palabra".
zá uno de los "ingredientes9
Si bien el funcionamiento de los tumos en la entrevista parecería estar consti-
tutivamente regulado, ya que se trata en general de posiciones no reversibles,
donde el cambio de voz está dado por la natural conclusión de la respuesta, no
escapa sin embargo a ninguna de las tretas de las que tenemos sobrada experien.-
cia: disputar el espacio del otro, desviar una pregunta, interrumpir, desautori-
zar, agredir, cortar la palabra.
Otro aporte insoslayable al respecto es el de H. Paul Grice, quien postula la
existencia de un principio básico de cooperación, sin el cual nuestros inter-
cambios cotidianos se reducirían a una serie de frases deshilvanadas: "[nues-
tros intercambios] son el resultado, hasta un cierto punto al menos, de esfuer-
zos de cooperación, y cada participante reconoce en ellos (siempre hasta un
cierto punto) un objetivo común, o un conjunto de objetivos, o, al menos, una
dirección aceptada por todos" (Grice, 1979: 60). Tal principio se sustenta a su
vez en una serie de reglas agrupadas en cuatro categorías a la manera kantiana:
la de cantidad ("que tu contribución contenga tanta información como sea
requerida"), la de calidad ("que tu contribución sea verídica", "no afirmes lo

18 Ya hemos mencionado a los "conversacionalistas" (H. Sacks, E. Schegloff, G. Jefferson,

entre otros), que se inscriben en la tradición americana de las microsoc.iologías, de gran expan-
sión en los sesenta y setenta, orientadas fundamentalmente hacia los comportamientos cotidia-
nos y la producción del sentido común, donde se destaca el aporte de la fenomenología de Schut:z.,
el interaccionismo de Goffman, la emometodología de Garfinkel (1967), la sociolingüística de
Lavov (1972), etc. Para ellos, los intercambios cotidianos son lugares privilegiados de ejecución ;Qué aplicabilidad -analítíca--
de competencias socialmente adquiridas y relevantes, donde es posible estudiar la compleja red de estructurado, como la enctre>risal
las relaciones sociales, la distribución del poder, las identidades. Para ello, se concentran sobre espacio imaginario de la ¡¡·,..;n.I
todo en los procedimientos y reglas de la interacción "cara a cara", y por ende, en los lenguajes
claridad, autenticidad-, en su
gestuales y corporales (kinésica) y la utilización del (proxémica). Esta lectura gestual
-llevada a su máxima expresión por la llamada "Escuela de Palo Alto" (Bateson, Birdwhistell, límite. Por la otra, y en tanm
Goffman et al., 1981; Watzlawick, Helmick, et al., 1985)- se integra de modo significativo a lo de la comunicación "cara a
conversado en las entrevistas. Una evaluación de conjunto de estas posiciones puede encontrarse pragmático de competencias
en Wolf, 1982. -que no supone por cierto el
DEVENIRES BIOGRÁFICOS: LA ENTREVISTA MEDIÁTICA 133

. . de otros sistemas
que creas falso ni aquello de lo cual no tengas pruebas"), la de relación ("sé
reglas propias -e
relevante"), y la de modalidad ("habla con claridad", "evita ser ambiguo") .
. ..,.....,. no hacen más
Si bien estas reglas, implícitas, parecen confrontarse a cada paso con su
infracción, es ése justamente el registro donde es reconocible su existencia y
su incumbencia, en tanto están asimiladas a la dinámica social que rige las
conductas y asegura su reproducción. Pero, aun cuando el nivel de exigencia y
de cumplimiento de cada una de ellas varíe según las esferas de la comunica·
ción involucradas, en el plano de la recepción mediática, ambas formas -la
adecuación, a veces extremada, o la inadecuación, en tanto rechazos, elusiones,
respuestas laterales, etc.- son inmediatamente perceptibles y constituyen
zá uno de los "ingredientes" más atractivos de una interacción.

Francis Bacon, entrevistado por Michel Archimbaud (1999):


..,_.. de la respuesta, no
·--sobrada experien- E: -¡Qué recuerdos conserva de su padre y de su madre?
Íllleltumpir, desautori .. -No muchos. Nunca me entendí ni con uno ni con la otra. Tengo la im·
presión de que siempre me vieron como un niño un poco extraño, y cuando
R Paul Grice, quien postula la comencé a decir que quería ser pintor les pareció ridículo. Quizá tenían razón.
sin el cual nuestros inter.- Me tomó mucho tiempo llegar a pintar regularmente, y a mis padres podía pare·
de frases deshilvanadas: "[nues· cerles extraño que quisiera ser artista. No había artistas en la familia, no era una
ciato punto al menos, de esfuer.. tradición.
en ellos (siempre hasta un
,..., de objetivos, o, al menos, una Carlos Monzón, entrevistado por M. E. Gilio (E: 86):

c::ar.egorías a la manera kantiana:


00 E.: -¿Sabe una cosa? Nunca vi en la cara de un entrevistado una expresión tal
tanta información como sea
de impaciencia.
-¿Y qué quiere que le haga?
· sea verídica", "no afirmes lo
E.: -Nada, disimule un poquito.
-¡Y para qué le sirve?
(H. Sacks, E. Schegloff, G. Jefferson, E.: -Para no sentirme tan mal. ¿Cómo es la relación con su entrenador?
las m.icrosociologías, de gran expan· ¿Usted acepta sus ideas sobre entrenamiento, tácticas ... o discute a menudo?

§...,...,de
hacia los comportamientos cotidia·
la fenomenología de Schuu,
G.finkel (1967), la sociolingüística de
-¡Usted es casada, discute con su marido? Yo también con mi entrenador.

SIDll lugares privilegiados de ejecución


¡Qué aplicabilidad -analítica- tienen estas máximas en un género altamente
es posible estudiar la compleja red de estructurado, corno la entrevista? Por una parte, ellas delinean ajustadamente el
. . . LL s Para ello, se concentran sobre espacio imaginario de la institución social de la prensa -pertinencia, veracidad,
rema a atta... y por ende, en los lenguajes claridad, autenticidad-, en su radical imposibilidad, a la vez como utopía y como
(proxémica). Esta lectura gestual
,... de Palo Alto" (Bateson, Birdwhistell, límite. Por la otra, y en tanto la entrevista constituye una escena emblemática
integra de modo significativo a lo de la comunicación "cara a cara", su funcionamiento hace visible ese modelo
estas posiciones puede encontrarse pragmático de competencias recíprocas, donde el principio de cooperación
-que no supone por cierto el "acuerdo" de las respectivas posiciones sino la
134 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

19
aceptación de un juego de lenguaje (Wittgenstein, 1988) en común, se aviene
casi naturalmente a las reglas y por lo tanto, también hace evidente su _infrac-
ción. Pero ese principio que habilita el encuentro nunca es definitivo, lo más a
menudo deberá ser ajustado o corregido en el devenir de la interacción, y es
precisamente esa actividad de ajuste, que pone de manifiesto destrezas, juegos
de poder, acatamientos y rebeldías, la que, según mi opinión, constituye una de
las principales funciones de la entrevista en el plano de la comunicación social,
más allá de su finalidad específica, "informativa". La mostración pública de las cierta protección, si la co
aventuras y desventuras de la comunicación, del ejemplo y el contraejemplo, se entrevista hace suyas estas
integra así, con derecho propio, a la lógica modelizante, moralizadora y pedagógi- tros ojos, permitiéndonos ·
ca de los medios. ración inclusiva la que nos ·
mente el entrevistado en cueSltil
Marlon Brando, entrevistado por Lawrence Grobel (EP: 250-251 ): sobre todo en la televisión.
juego la creencia ni la e"<lleel....
E.: --Creo que por fin comenzamos a alcanzar algún acuerdo. Usted ciene plena entre voyeurs y testigos, todo
razón. En vista de eso, ¿cómo responde a ese pequeño punto sobre Matilyn? espectáculo sin argumento
-No sé cómo responder a la pregunta (burlón): "Ah, qué lindo, qué lindo, solamente del qué sino taiinliiáil
vaya, no sabía que le interesaba a Marilyn en· ese aspecto ... Vaya, sí, una actriz bién una ética, deberá r
notable, y les juro que habría estado feliz de ... " Mire, no puedo responder a eso. biografemas-, no solamente en
Me aburre de muerte. a su pragmática (narrativa): ·
E.: -¿Puede responder a lo que le sucedió a ella?
vida-? ¿Cómo se "debe" hablar
-No, decididamente no quiero hablar sobre eso. Es chismorreo, habladu-
ría, mezquindad ... es como destripar un fanrasma.1:-a opinión de Marlon Brando
obligado de la narración?
sobre la muerte de Marilyn Monroe. Me horripila.

3. La pragmática de la narración E.: -Se dice que rw hay


años de la infancia. C.Já...,.
¿Cómo se traza un recorrido que pretende incursionar en el mundo privado, limitaciones de hoy, sus
-Muchas cosas. El
aunque no se revele desde el comienzo como biográfico? ¿Cómo se franquea el
médico y muy perezoso. al
umbral de lo íntimo? ¿Cómo se acepta transitar, "a pedido", por la propia expe- música, la literatura y los
riencia? Las zonas peculiares que suele abordar la entrevista, y que, como
ceptores 1 consumimos con toda naturalidad, requieren de una mínima interro-
gación. ¿Tan fácil es esbozar una y otra vez un retrato de sí, bajo la solicitación
estereotipada o inusual? ¿Tan automatizada está la propensión a la respuesta, E.: -Perdóneme por este
que súbitamente puede producirse una "inmersión" en la interioridad? ¿Tan para una visión de conj--.
completo es ya el don de sí del personaje, que acepta compartir su historia con anécdotas de su infancia y
-Con mucho gusm.
19La polémica -y hasta la pelea- suponen una adecuación a los principios de cooperación. El E.: -Usted nació el 24
rechazo de ese principio es justamente no (querer) darse por enterado y seguir jugando otro -Sí, a la altura del -
juego.
DEVENIRES BICXJRÁFICOS: LA ENTREVISTA MEDIÁTICA 135

una audiencia virtualmente "global';? El gesto de ofrecerse a la pregUnta sobre


la privacidad -y el énfasis del detalle que lo suele acompañar-, apenas uno
más de aquella "devoración" de lo público/social que inquietara a Arendt, no
por reiterado resulta menos turbador. Desprovisto del cobijo de la escritura -la
borradura, el espaciamiento, el arrepentimiento-, expuesto no al riesgo de la "ver-
dad" sino al de la intemperie, es, si se lo piensa en un ejercicio de extraña-
miento, algo poco natural. Si en la vida cotidiana el hablar de sí requiere de
cierta protección, si la confidencia es selectiva y la revelación singular, la
entrevista hace suyas estas escenas pragmáticas para exponerlas ante nues-
tros ojos, permitiéndonos ingresar así al círculo de los elegidos. Y es esa ope-
ración inclusiva la que nos interpela, más allá de lo que "diga" verdadera-
mente el entrevistado en cuestión. Por ello quizá, ante una de esas escenas, y
sobre todo en la televisión, resulta tan difícil sustraerse, aunque no esté en
juego la creencia ni la expectativa de una confesión. Aceptado este lugar,
a:uerdo. Usted tiene plena entre voyeurs y testigos, todo estará entonces por comenzar. Pero en este
.......-ic punto sobre Marilyn? espectáculo sin argumento previo, con un script apenas inicial, no se tratará
(lmfón): "Ah, qué lindo, qué lindo, solamente del qué sino también del cómo. La lógica biográfica, que es tam-
aa· ese aspecto ... Vaya, sí, una actriz bién una ética, deberá reciclar temas y motivos estereotípicos -los
le-• Mire, no puedo resix>nder a eso. biografemas--, no solamente en cuanto a su semántica sino también en cuanto

e
1
,.-.S a ella?
· sobre eso. Es chismorreo, habladu·
opinión de Marlon Brando
a su pragmática (narrativa): ¿cuál es el "principio" de una historia -de una
vida-? ¿Cómo se "debe" hablar al hablar de sí mismo? ¿Cuál es el "orden"
obligado de la narración?

José Donoso, entrevistado por M. E. Gilio (E: 7):

r narTación
en el mundo privado,
E.: -Se dice que no hay tragedia o infelicidad que no tenga sus raíces en los
años de la infancia. Cuénteme episodios de su infancia que hagan prever sus
limitaciones de hoy, sus capacidades.
lliográfico? ;Cómo se franquea el -Mucha.S cosas. El hecho, por ejemplo, de tener un padre encantador,
médico y muy perezoso, al que no le gustaba la medicina sino la pintura, la
pedido" por la propia expe-
1
música, la literatura y los caballos.

§
la entrevista, y que, como re-
nquieren de una mínima interro-
Jorge Luis Borges, entrevistado por Jean de Milleret (1971: 178):
rettato de sí, bajo la solicitación
t'.Slá la propensión a la respuesta,
E.: -Perdóneme por este largo panorama biográfico, pero me parece necesario
j.asi.6n" en la interioridad? ¿Tan para una visión de conjunto, le pido si quiere que pasemos a los detalles, a las
compartir su historia con anécdotas de su infancia y adolescencia.
1 -Con mucho gusto.
los principios de cooperación. El E.:-Usted nació el 24 de agosto de 1899 en la calle Tucumán ...
px encerado y seguir jugando otro -Sí, a la altura del número 840, que era la casa de mi abuela materna, era
una casa del mismo estilo del de la SADE, con dos patios con aljibe, pero muy
136 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

modesta. En el fondo del aljibe había una tortuga para purificar el agua, según Marlon Brandp, ennev• '
se creía, aunque mi madre y yo bebimos durante años agua de tortuga, sin
sar en ello, puesto que esta agua estaba más bien "impurificada" por la tortuga.
Pero se trataba de una costumbre y a nadie le llamaba la atención. Sin embargo,
cuando se alquilaba una casa siempre se preguntaba si había una tortuga en el
aljibe.
E.: -Qué cosa extraña...

Si bien la ·entrevista constituye uno de los registros de "la vida en directo" y


por lo tanto, su dinámica misma presupone la interrupción súbita, el recuerdo,
el chispazo inesperado, las idas y vueltas temporales y espaciales, a menudo -y
sobre todo cuando se trata de articular "vida y obra"- hay una insistencia, tal Por otra parte, este fei!MÍ,..,.I
vez por cierto didactismo, en respetar la estructura narrativa tradicional ( em- mediática, son incalcuJaH-. •
pezar por la infancia, ordenar una cronología, dejar en claro el "antes" y el inherente a todas las histerias
"después"), que en el caso de las "conversaciones", habinialmente producidas es siempre plural, companiilD.
para su difusión en forma de libro, es una tendencia muy marcada. Pero ade- nosotros, las huellas que
más -y éste es otro rasgo diferencial en cuanto a la construcción del espacio Y esta cuestión, que aparece
biográfico-, permite la corroboración o corrección de ciertas circunstancias trata de construir la biogafta
significativas, aclarar, ilustrar, desdecir, en definitiva, "pasar en limpio" la pro- muchas biografías no aulllllial
pia historia. Posibilidad que no sólo adquiere importancia para los políticos no deja de provocar cierta -
-sujetos obligados de esa práctica metalingüística que vuelve siempre sobre tanto señala la radical ÍI.npllllillil
dichos y hechos- sino en general, para cualquier personaje, en tanto ofrece Así, en nuestra pets¡n:lñod
una vía eficaz de dejar-<> alterar- una huella en la memoria pública. Es que el hecho de ser figura pública,
registro biográfico de los notorios --en la diversidad de sus posiciones- forma
parte 9.e una especie de "historia conversacional" que alimentan los medios,
compuesta no solamente por "heChos noticeables" sino también -y a veces
proritariamente- por las múltiples entrevistas realizadas al mismo personaje a
lo largo del tiempo, especie de diálogo inconcluso que sostienen con sus entre-
vistadores y sus públicos, siempre abierto a lo nuevo pero a partir de un fuerte
anclaje en un patrimonio reconocible. Historia que registra, en la diversidad
de sus momentos, el devenir de las vidas, la peripecia personal, un perfil identi-
ficable, e impone cierto límite a la fabulación: alguien se acordará -y ese alguien
es a menudo el entrevistador-, que en "otra entrevista" quizá se dijo algo en
contrario y hasta podrá pedir explicaciones al respecto.'º

20 Para Philippe Lejeune (1980: 109) la posición del entrevistado de responder acerca de su
vida se inscribe en una de las formas del "pacto autobiográfico" respecto del público. Al respecto,
el autor señala la profunda inquietud que suscitara entre los notables entrevistados (filósofos,
escritores, etc.) la aparición de la entrevista radiofónica en Francia (1948), por cuanto multipli-
caba al infinito la escucha en directo de un público no especializado.
DEVENIRES BIOGRÁFICOS, LA ENTREVISTA MEDIÁTICA 137

Marlon Brando, entrevistado por Lawrence Grobel (EP: 254):

E.: --Si volvemos al tema de usted y de sus energías, en una ocasión dijo que
durante la mayor parte de su carrera estuvo tratando de decidir qué querría
hacer en realidad.
-"Usted dijo en una ocasión": debería existir un manual para periodistas y
uno de los rw en ellos tendría que ser: no decir "Usted dijo en una ocasión'',
porque el noventa y ocho coma cuatro por ciento del tiempo, lo que citan
cho por uno en una ocasión no es verdad. El hecho es que dije eso, en realidad.
Durante largo tiempo, no tuve realmente idea de lo que quería hacer.

Por otra parte, este fenómeno -cuyos alcances, en virtud de la repercusión


mediática, son incalculables-, 21 no hace sino poner de manifiesto un aspecto
inherente a todas las historias de vida: el hecho de que el espacio autobiográfico
es siempre plural, compartido, que comprende la visión que los otros tienen de
nosotros, las huellas que hemos dejado en múltiples memorias y experiencias.
Y esta cuestión, que aparece como paso obligado de la investigación cuando se
liea:i6n de ciertas circunstancias trata de construir la biografía de alguien, 22 que alimenta sin duda el gossip de
l&mm"<l, "pasar en limpio" la muchas biografías no autorizadas, que es material precioso para la literatura, 23
importancia para los políticos no deja de provocar cierta inquietud en la vivencia de la cotidianidad, en
que vuelve siempre sobre tanto señala la radical imposibilidad de definir la "propia" historia.
personaje, en tanto ofrece Así, en nuestra perspectiva, ese don masivo de sí mismo/a, al que obliga el
memoria pública. Es que el hecho de ser figura pública, constituye uno de los pilares institucionales de la
de sus posiciones- forma entrevista en tanto espacio biográfico: hablar de la (propia) vida no será en-
lirinal• que alimentan los medios,
sino también -y a veces 21 La mulciplicación de audiencias (e hipotéticas memorias) se compensa con lo que Virilio

al mismo personaje a llamó "la estética de la desaparición", es decir, ese efecto de borramiento que impone finalmente
que sostienen con sus sobre imágenes, temas, contenidos, declaraciones, acontecimientos, el flujo ininterrumpido y la
saturación mediática (Virilio, 1989).
ouevo pero a partir de un fuerte 22
El biógrafo, o el historiador que reconstruye un contexto de época, suele recurrir a esas
- que registra, en la diversidad otras miradas sobre la vida de alguien, bajo las formas diversas de archivo y de escritura, pero
ia personal, un perfil identi- también a través del testimonio directo en entrevistas con algún personaje próximo o involucrado.
alguien se acordará -y ese alguien En ese rol, donde confluyen el entrevistador mediático y el investigador, él mismo adquirirá una
eo1revista" quizá se dijo algo en compleja identidad protagónica como testigo, si no de los acontecimientos, del relato modelado
por su participación. Según Philippe Lejeune (1980: 77), el biógrafo nunca emprende esa tarea por
1.. respecto. 20 simple afán de conocimiento, sino por un interés admirativo o denigratorio. De todas maneras,
cada empresa biográfica se reclama como la versión más "fiel" de una historia-en especial, cuan,
do hay varias- pretensión marcada a veces lingüfsticamente con el uso del artículo en singular,
"la" biografía.
1..1 aia:revistado de responder acerca de su 23
El libro de Sergio Chejfec, Los planecas (1999), es justamente una novela con marca auto,
'§•respecto del público. Al respecto, biográfica -en La manera elaborada, sutil y desviada en que este autor entiende este último
los notables entrevistados buco-, donde se entrama la biografía de un amigo ausente (desaparecido) sólo a través de los
en Francia (1948), por cuanto mulnph, propios recuerdos, impresiones, sensaciones: el otro, tal como vive en la memoria (y el presente)
apocialu.ado. del narrador.
138 EL ESPACIO BICXJRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

tonces simplemente una deriva azarosa de la conversación, un empeño narci-


sista o el resultado de la predilección del entrevistador, sino un registro nece-
sario a cubrir dentro de la economía libidinal de los medios de comunicación.
Registro que ofrece, como es bien conocido, múltiples variantes, desde la posi-
ción reverencial ante la vida -y la experiencia- del otro, a cierta modalidad
tribunalicia donde el entrevistado parece sometido a juicio público, obligado
a dar detalles, fechas, datos, aclaraciones. Curiosamente, este registro, en cier-
to modo inherente a la función de contralor de la prensa sobre los asuntos
públicos, se ha ido desplazando cada vez más hacia el mundo privado, como
u'1a de las tantas formas del "estado terapéutico" regulador. Límite peligroso
que a veces deviene en sadismo, en agresividad del entrevistador.

3.1. El tiempo recobrado

Si bien, como decía Benveniste, "nunca recobramos nuestra infancia", pode-


mos, desde un ahora, remontamos hacia atrás, hacia el tiempo fraguado en la
historia, por más que nuestra vida fluya, como la metafórica calle de Benjamin,
en udirección única". Quizá sea ése precisamente el trabajo de la narración: la
recuperación de algo imposible bajo una farma que le da sentido y permanen- E.: -¿De niña sabéu,.:
cia, forma de estructuración de la vida y por ende, de la identidad. -No, quería ser
De esa necesidad narrativa, transcultural, de la experiencia humana, y so- sería. Sólo escribí el
bre todo, de esa ilusión del "tiempo recobrado", se ocupará la entrevista en sus cuando lo terminara- Sor
diversos momentos biográficos, ya sea en la conversación demorada que per- que hago. Entonces, si es
mite un despliegue del arco vivencial o en la impresión, la instantánea, el ocurre. La gente dice:
retrato hecho de un trazo. La inmediatez de la presencia, rasgo constitutivo pero en cierto sentido li
del género, se articula así a la actualidad: en tanto se escenifica la enunciación necesaria distancia crltico-tl
en términos de sus dos protagonistas .--el "yo" y el "tú"-, la correlación entre mi
"hoy" y tu "hoy"que señalara Benveniste, aparece marcada, y constituye uno A partir de estos mecanismo5 -
de los ejes articuladores del desempeño del entrevistador. La gestión del la narrativa, quisiera expliciblr
po narrativo -invención de un "principio", cronologías, focalizaciones, saltos, del relato biográfico, que la
f/ash-backs-, como diferencia respecto del tiempo crónico, de los aconteci-
mientos, será entonces uno de los registros a disputar en el marco del principio a) que la vida, como unidad -
de cooperación que rige el intercambio, y constituirá a menudo una verdadera del relato, sino que se
demostración pública de las innúmeras posibilidades de contar una vida: por en cuestión, y en el man:o
dónde empezar, cómo disponer los sucesos en tanto unidades narrativas, qué comunicación;
privilegiar, qué zonas relegar al silencio. b) que hay varias historias {de
rar a la mayor "repreoenm41
Haroldo Conti, entrevistado por Heber Cardoso y Guillermo Boido (GE: 347): personaje a lo largo del
conversacional", son una


.
DEVENIRES BIOGRÁFICOS: LA ENTREVISTA MEDIÁTICA 139

E.: -¿Cómo Haroldo Conti vino a resultar un escritor?


-Habría que contar la historia de uno mismo. La cosa empezó de esta ma-
nera. Yo era alumno de una escuela de pupilos. En aquel tiempo no había cine,
y reemplazábamos esa diversión dominical con unas funciones de títeres. Yo me
ocupaba de escribir los libretos que, como en todas las seriales, se acababan en
el momento de mayor suspenso y se continuaban en el próximo domingo. Así
nació en mí una parte de esa vocación por la literatura. La otra parte se la debo
este registro, en a mi padre. Él siempre fue un gran cuentero.
paisa sobre los asuntos
el mundo privado, como Antonio Bemi, entrevistado por Hugo Monzón y Alberto Szpunberg (GE: 354 ):
'911,.bdo1r. Límite peligroso
conevistador. E.: -Ese chico que se deslumbraba con el cometa y el aeroplano, ¿cuándo se
dio cuenta de que iba a ser pintor?
-Siempre me gustó dibujar y ya en Rosario todos le decían a mi padre que
me hiciera estudiar pintura porque veían en mí ciertas aptitudes. Pero en ese
Rosario no había nada de nada, salvo un taller de vitraux donde finalmente mi
padre me llevó. Tuve la suerte de estar cerca de unos catalanes maravillosos,
t'Dm<>S nuestra infancia", pode-
que eran los dueños, y que me iniciaron en la plástica.
bacia el tiempo fraguado en la
calle de Benjamin, Toni Morrison, entrevistada por Elisa Schappell (CEA: 150):
el trabajo de la narración: la
r'""' le da sentido y permanen- E.: -¿De niña sabía que quería ser escritora?
de la identidad. -No, quería ser lectora. Pensaba que todo ya había sido escrito, o que lo
· de la experiencia humana, y so- sería. Sólo escribí el primer libro porque pensé que no existía, y quería leerlo
se ocupará la entrevista en sus cuando lo terminara. Soy una buena lectora. Adoro leer. En realidad, eso es lo
¡conversación demorada que per- que hago. Entonces, si es algo que puedo leer, ése es el mayor elogio que se me
l la impresión, la instantánea, el ocurre. La gente dice: "Escribo para mí', y suena tan horriblemente narcisista,
presencia, rasgo constitutivo pero en cierto sentido si una sabe cómo leer la propia obra -es decir, con la
se escenifica la enunciación necesaria distancia crítica--, eso la convierte en mejor escritora.
•ro"-, la correlación entre mi
marcada, y constituye uno A partir de estos mecanismos interactivos, y retomando el enfoque teórico sobre
· tador. La gestión del tiem- la narrativa, quisiera explicitar algunas premisas en relación con la construcción
focalizaciones, saltos, del relato biográfico, que la entrevista pone en escena con peculiar nitidez:
crónico, de los aconteci-
en el marco del principio a) que la vida, como unidad inteligible, no es algo "dado", existente por fuera
mtituirá a menudo una verdadera del relato, sino que se configura de acuerdo al género discursivo/narrativo
' de contar una vida: por en cuestión, y en el marco de una situación y una esfera determinadas de la
¡n tanto unidades narrativas, qué comunicación¡
1 b) que hay varias historias (de vida) posibles, ninguna de las cuales puede aspi-
rar a la mayor "representatividad" (las múltiples "vidas" contadas por un
1
la-> y Guillermo Boido (GE: 347): personaje a lo largo del tiempo, que integran el acervo de la "historia
son una prueba de ello);
140 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

e) que hay, según la forma de esos relatos, diversos "sentidos" de la vida en


Silvina Ocampo, entrevislada
juego;
d) coextensivamente, que la(s) identidad( es) de los personajes en cuestión se
construye(n) en la trama de estos relatos.

El primer aspecto nos lleva, como sabemos, al carácter configurativo de la


narración respecto del tiempo, la experiencia y la articulación de los
mientas -que podrían ser vistos como dispersos, en su singularidad-, en una
trama, es decir, en una lógica de causalidades y azares que propone ciertos
sentidos y orientaciones a la interpretación. La variación narrativa
de no solamente las grandes divisiones canónicas de los géneros, sino también
las mezclas e hibridaciones a que éstos son constantemente sometidos en el yor que yo, y a partir de
interior mismo de sus lábiles fronteras. Pese a que la trama biográfica parecería las personas que qUelÍa.
la más resistente a la transformación, no es la "misma" vida la que se delinea E.: -¡Qué piensa de
en la áutobiografía escrita o en el juego de equívocos de la autoficción que en -He vivido --dicr.
la entrevista televisiva o gráfica, por más que se trate de los mismos personajes E.:-¡Sí?
y "sucesos". Las convenciones del género, las reglas del medio y de la interac- -No, no he vivido
ción darán forma a productos -y recorridos virtuales de lectura- diferentes. muchas ventajas.
La mayor diferencia a este respecto en el género que nos ocupa es la plura-
lidad de las voces que se muestran en esa construcción. Como señalamos más Así, la "vida a _varias voces•
arriba, el entrevistador opera no solamente como el otro que sostiene la inte- pliega en la entrevista
rrogación, sino que puede hacer explícitos sus propios criterios valorativos, donde se confrontan los
asumiendo además la representación de esos otros que, a su vez, configuran dialógica y estereotípica, Y'""
una audiencia actual y una suerte de memoria colectiva. No hay modo de tomar diendo a vivir por el relato de
la más simple anécdota sin ese marco apreciativo, y sin que se ponga de mani- la vida es siempre abrir IDl
fiesto el criterio de selección que ha operado, dejando en la sombra otros as- sucesos, y en este sentido la
pectos. La expresión de las opiniones y sentimientos del entrevistador es ya un entrevista, es ejemplar: el
clásico: cada vez menos se pretende alcanzar un efecto de neutralidad. Pero al va participación del int:erlooil
estar sometida a este juego, por lo menos triádico, ¿qué resta de esa singulari- monición. Aceptar la expmiil:t
dad de la vida de alguien contada por "él/ella mismo/a"? La respuesta no po- don de la privacidad-{lun
dría ser sino bajtiniana: no existe, en realidad, tal singularidad: tomamos "la aun cuando sólo se haga
vida" del contexto valorativo social y como un cronotopo de la narración, que tador. Lógica del don que,
impone su forma a nueStro devenir. Pero además, están las otras voces que habi- casos, no deja de constituir
tan nuestra voz, la de la tradición, la cultura, el. sentido común: valoraciones, búsqueda de aceptación, en
creencias, verdades aceptadas que asumimos como "propias", imprimiéndoles o de la heroína de toda é'po"""
el sello de nuestra afectividad. En este sentido, lá presencia del entrevistador, El segundo aspecto que
más que provocar una disrrupción en la autoría, no hará sino "encamar", posibles de una vida, está en
poner bajo los ojos, esa otredad constitutiva del lenguaje, esa deriva de la dad que acompafia el flujo
identidad. la persona se encadenan
lugar a versiones
truye justamente en la w-.·.aiill
DEVENIRES BIOGRÁFICOSo LA ENTREVISTA MEDIÁTICA 141

• de la vida en
Silvina Ocampo, entrevistada por María Esther Gilio (E: 80 y 82):

E.: -Usted ha dicho en algún cuento: "En la dicha hay algo aterrador", ¿habrá
algo cultural allí, la idea de que toda felicidad tiene su precio?
-No, no es algo cultural, es la vida. Vivimos bajo la influencia de sus ense-
ñanzas. Aunque tal vez también ocurre lo que usted dice. ¿De dónde nos viene
la idea del pecado, y de tantas supersticiones como tenemos? Estamos llenos de
supersticiones.
E.: -Hay algo que siempre me resultó extraño en sus cuentos, algo que
narrativa compren- también hace Yukio Mishima: los chicos hablan como adultos.
-Yo era muy adulta cuando chica. Es como si mi infancia no se hubiera
géneros, sino también
realizado. Me obsesionaba mucho la muerte. fyiurió una hermana dos años
l!ll'...,n1te sometidos en el yor que yo, y a partir de ese momento pasaba angustiada esperando la muerte de
Mllml"' biográfica parecería las personas que quería.
• vida la que se delinea E.: -¿Qué piensa de la vida? ¡Piensa que ha vivido?
de la autoficción que en -He vivido -dice, y se queda pensativa.
los mismos personajes E.:-¿Sí?
del medio y de la interac- -No, no he vivido --dice riendo--. Escribir roba el tiempo de vivir y da
de lectura- diferentes. muchas ventajas.
nos ocupa es la plura-
Así, la "vida a _varias voces" que supone toda narracióri autobiográfica, se des-

E
ión. Como señalamos más
l otro que sostiene la inte- pliega en la entrevista explícitamente, como un juego especular de posiciones,
propios criterios valorativos, donde se confrontan los modelos narrativos comunes, se muestra su naturaleza
' ue, a su vez, configuran dialógica y estereotípica, y se refuerza el mecanismo por el cual seguimos apren-
No hay modo de tomar diendo a vivir por el relato de la experiencia ajena. Por-otra parte, hablar sobre
m que se ponga de mani- la vida es siempre abrir un tema de discusión, nunca una simple enumeración de
o en la sombra otros as- sucesos, y en este sentido la conversación cotidiana, que aporta su tono a la
del entrevistador es ya un entrevista, es ejemplar: el relato de alguien no sólo habilita sino espera la acti-
efu:to de neutralidad. Pero al va participación del interlocutor, su comentario, consuelo, sugerencia o ad-
¡qué resta de esa singulari- monición. Aceptar la exposición pública del momento biográfico, ofrecer ese
mis.no/a"? La respuesta _no po- don de la privacidad -aun estereotípico-, reduplica esa expectativa al infinito,
lal singularidad: tomamos "la aun cuando sólo se haga efectiva, y relativamente, en la palabra del
cmnotopo de la narración, que tador. Lógica del don que, aunque asumida de modo inconsciente en muchos
están las otras voces que habi- casos, no deja de constituir una apuesta tan estratégica corÍlo riesgosa, en esa
sentido común: valoraciones, búsqueda de aceptación, en esa aspiración a "ser querido,,, debilidad del héroe
"propias", imprimiéndoles o de la heroína de toda época.
13 presencia del entrevistador, El segundo aspecto que mencionamos, el de la pluralidad de las historias
no hará sino 11 encamar", posibles de una vida, está en estrecha correlación. Pese al imaginario de
1cid lenguaje, esa deriva de la dad que acompafia el flujo vivencial -la idea de que los sucesos que afectan a
la persona se encadenan naturalmente y no podrían, en rigor de verdad, dar
1
lugar a versiones disímiles-, la experiencia cotidiana de la subjetividad se
truye justamente en la diversidad narrativa, en tanto no relatamos lo mismo
142 EL ESPACIO B!OORÁF!CO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

en los diferentes registros en que nuestra biografía deviene significante a los


ojos de los otros: la charla entre amigos, la historia clínica, la entrevista labo-
ral, el curriculum vitae, la sesión psicoanalítica, etc., sin olvidar que es la for-
ma del relato la que va a producir sentido. Esa fluctuación es perceptible aun
en la práctica canonizada del género autobiográfico y ha sido observada, como
señalamos anteriormente, en los estudios literarios sobre el tema.
Carácter narrativo de la vida, que introduce una radical inestabilidad: nunca
podrá ser del todo conclusiva una historia, o un relato autobiográfico, por más
atestiguado que sea su carácter de verdad. Pero este deslizamiento metonímico,
de una historia a otra, de una posición de enunciación a otra, no es sino la
manifestación de la fluctuación misma de la identidad, de esa tensión entre lo
mismo y lo otro que atraviesa la experiencia vivencial. La aporía de ser recono-
cible como "el mismo" pese al trabajo de la temporalidad, plantea la mayor
disyunción teórica en el tema de la identidad, que, en sus acentos contempo- notorio.
ráneos, intentará encontrar una posición articuladora entre esos dos momen-
tos de fluidez. Ésta es justamente, como vimos, la propuesta de Ricoeur, a tra- Raymond Carver, entrevistado
vés de la formulación del concepto de identidad narraciva.
Por esta vía, y yendo al tercer aspecto mencionado más arriba, podemos afir-
mar que la función de la entrevista en la configuración de las vidas notables está
inmediatamente ligada a la cuestión de la identidad, no sólo por la necesidad de
demostrar "quién es quién" -y, para el entrevistado, de afirmar tanto su "yo"
como su "otro"- sino también, y a veces obsesivamente, de actualizar quién
-y cómo- continúa siendo alguien. 24 El arco temporal, que es un motivo clásico
de la autobiografía -del "ya en ese entonces" al "todavía hoy", como lo sintetiza-
ra Starobinski- tiene aquí también su recurrcncia, y es justamente en la alter-
nancia entre lo reconocible y lo otro del "sí mismo", en esa mostración de la
fluctuación identitariu y existencial, donde la forma dialógica que nos ocupa En buena medida, y pese a la
hace su obra, destacando a menudo más la inovilidad que la fijación. 2-'i contribuye además, en ceraollliiil
H Esta cuesción tiene que ver con la problemática del "mantenimiento de sí", que aparece inclu- pública, de búsqueda -conq:a1il
sive, más allá de la investidura del "yo" yue asume verbaltnenre la enunciación, en esa forma perfonnariva la catarsis generalizada que
peculiar que es la firma, donde se asienta una promesa de "el recuerdo de un haber lo que se dice -y mejor ami,
presente en un ahora pasado, que será todavía un ahora futuro" (Derrida, 1989: 370). Anclaje cuya
contadru, lo reprimido, lo
inversión exiscencial se daría justamente en otro acto ilocutorio, el de la confesión: aquí, el que rinde
cuentas, reconoce su culpa o su arrepentimiento, si bien se hace cargo de un yo pasado, anuncia, La dinámica del género
simultáneamence, que ya TW es el mismo. "La confesión-rendimiento de cuentas es precisamente el acto toda premeditación de sus
de no-coincidencia fundamental y actual con uno mismo" (Bajcín, 1982: 127).
z; Es quizá por la propia lógica mediática de la búsqueda constante de lo nuevo, que es menor
la intensidad puesta en la repetición de lo ya conocido -aunque ese registro esté siempre presen, como su contracara estratégica y
re, como necesario anclaje para el reconocimiento-que en las transformaciones (físicas, psíqui- juego de lenguaje en movimiento. .,e
cas, económicas, de estilo, etc.) experimentai:las por el personaje en cuesción. El valor del "cam, de pertenencia y exclusión-, en c:is9
bio" -de imagen, de look, de pareja, de casa, de hábitos-, fuertemente reificado, es asimismo el "El tema del secreto", en Fabbri. I
principal sostén de los intercambios fáticos, sobre todo en el ámbito del espectáculo. biográfico traza espacios de recoooci. .
DEVENIRES BIOGRÁFICOS: LA ENTREVISTA MEDIÁTICA 143

Sergio Chejfec, entrevistado por Guillermo Saavedra (c1: 145):

E.: -[ ... ] Ahora, en relación con el factor dramático de Lenta biografía, quería
subrayar el pudor y la austeridad con que aparecen los sentimientos del narra-
dor. ¿Hay una moral en juego en ese ocultamiento?
-Tengo que aclarar dos cosas: en primer lugar, corno ya dije, el grado de
deliberación que pueden tener las cosas que escribo me resulta desconocido, en
segundo lugar, siento que estoy muy alejado de un texto corno Lenta biografia,
por el tiempo que hace que lo escribí, y, en relación con eso, la dificultad que
bilmlDliento metonímico, tengo para reconocerme en ese texto.
a otra, no es sino la E.: -¿A qué se debe esa dificultad?
de esa tensión entre lo -[ ...] Al no poder reconocerme, me siento expulsado del texto y me con-
La aporía de ser recono- vierto en su peor lector, como si sólo pudiera ver lo que el texto tiene de malo.
idad, plantea la mayor Lo que vos ves como pudor a mí me resulta, por el contrario, de un dramatismo
en sus acentos contempo- notorio.
entre esos dos momen-
la propuesta de Ricoeur, a tra- Raymond Carver, entrevistado por Mona Simpson (CE: 189):

E.: -¿De qué manera lo ha cambiado la fama?


-Esa palabra me pone incómodo. Verá, empecé con tan pocas expectati-
no sólo por la necesidad de vas... quiero decir, ¿hasta qué punto se puede llegar lejos en esta vida escribien-
do relatos? Y no tenía demasiado autoestima a consecuencia de esta cuestión de
de afirmar tanto su "yo"
la bebida. De modo que esta atención que se me presta es para mí una perma-
"'5m1m<ente, de actualizar quién nente fuente de sorpresas. Pero le diré que después de la recepción que tuvo De
, que es un motivo clásico qué hablamos sentí una confianza que jamás antes había experimentado. Cada
'\oda.vía hoy", corno lo sintetiza- cosa buena que me ha ocurrido desde entonces ha contribuido a hacerme de-
y es justamente en la alter- sear que mi obra fuese mejor.
,,, en esa mostración de la
funna dialógica que nos ocupa En buena medida, y pese a la frecuente caída en el narcisismo, la entrevista
toñ'Odaoclque la fijación. 25 contribuye además, en cercanía de la confesión, a esa especie de examinación
ri.-...,nienlto de sí'', que aparece inclu- pública, de búsqueda -compartida- de sentidos de la vida que forma parte de
laamnciación, en esa forma perfonnativa la catarsis generalizada que propugnan los tnedios, donde no sólo es significante
"el recuerdo de un haber lo que se dice -y mejor aun, lo que se revela-, sino también las historias no
"(n.mda, 1989: 370). Anclaje cuya contadas, lo reprimido, lo censurado, el secreto. 26
· d de la confesión: aquí, el que rinde
a '-z cmgo de un yo pasado, anuncia, La dinámica del género expresa asimismo elocuentemente -más allá de
de cuentas es precisamente el acto toda premeditación de sus practicantes-, la concepción contemporánea de la
)91Jl, 127).
26 Nos referimos aquí al secreto no como ocultamiento premeditado de la comunicación sino
ese registro esté siempre presen- como su concracara estratégica y necesaria, en el sentido que le otorga Paolo Fabbri, como un
a.IDllSfunnaciones (físicas, psí4ui- juego de lenguaje en movimiento, que traza alternativamente zonas de sombra --que son también
..,_"!.jcen cuestión. El valor del de pertenencia y exclusión-, en cierto modo inherentes a la posibilidad mism;i de lo social. Véase
La nte reificado, es asimismo el "El tema del secreto'', en Fabbri, [1990) 1995: Así concebido, el secreto en el espacio
d imhito del espectáculo. biográfico traza espacios de reconocimiento (y desconocimiento) altamente significativos.
144 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA DEVENllU!S

identidad, o mejor, de las identidades, en su articulación colectiva, como posi-


ciones de sujew, relacionales, contingentes y transitorias, no susceptibles de
representar una totalidad esencial ni de fijarse en una suma de atributos pre-
definidos y diferenciales. 27 Así, por un lado, si las posiciones variables que
puede asumir el mismo entrevistado en diferentes momentos o escenarios pon-
drán en evidencia los deslizamientos de su identidad personal, por el otro, la
cada vez mayor diversidad de "entrevistables", indisociables de su un carácter dominante. P'odlea. .
tividad social, hablará de la fragmentación identitaria en nuestro tiempo en atribución de la acción o la
términos más políticos de lo que quizá los propios involucrados estarían dis- la história. En este sentido, y
puestos a reconocer. pos y modos de la noticia de
En efecto, la proliferación de diferencias -étnicas, culturales, religiosas, acontecimientos. Es más,
sexuales, de género, etc.- que caracteriza el momento actual, su afirmación entrevista, donde el acontecimi4
ontológica como diferencias y la autocreación (colectiva) que suponen, tiene gibilídad, en relación con una
una expresión notoria en nuestro género discursivo, y en particular, en sus El dinamismo que caracta:ilitl
momentos autobiográficos, en tanto articulan siempre lo personal a lo social. naturalmente, a la dimensión
Sin intención de proponer una adecuación "representativa" entre las Posicio- yectoria. En tanto ésta se
nes que despliega la entrevista y las que surgen en los conflictos por el recono- siempre sujeto a redescripción.
cimiento de esas diferencias, hay sin embargo una relación, en tanto, por de- cia, que muy a menudo apela
finición, nuestro género opera justamente en la visibilidad de esas posiciones. 28 momento autobiográfrco de la
Esta diferenciación identitaria que el género alienta también se vincula con procedimiento retórico clásico.
ese empeño por el conocimiento del otro-al cual nos hemos referido en el capí- temporáneas.
tulo 2- que para algunos autores es indisociable de la posibilidad de un progreso El plano del relato plan
moral y de la aspiración a una mayor equidad de las actuales democracias. El personaje, es decir, a la co
terna es de interés, por cuanto permite ver, en el crescendo de la circulación pública, y por ende, a una ""
mediática de las vidas "ajenas" y no necesariamente glamorosas, no solamente pragmático remite, en la t
un fenómeno de modelización social, de puesta en sentido identificatoria, de como una posición, operativa
(re)creación de la propia historia, sino también un punto de articulación entre ciones -los actores que puedan
lo público y lo privado que involucra la propia idea de comunidad. Reaparece así doble: varios actores pueden
la idea de los espacios -públicos y privados- plurales, a cuya construcción la al tiempo que esos roles se ·
entrevista contribuye sin duda en una medida nada desdeñable. y negativo. 29
Si bien no es nuestro pnlp'I"'
n Un número especial de la revista October, bajo el tículo "The idencicy in quescion", ofrecía
una puesta a punto teórica de la problemática identicaria en los novenca, donde, a partir de esce
presupuesto común, se analizaba su articulación con el mulciculturalismo, las políticas de género,
las nuevas formas de ciudadanía, la polícica, las identidades poscoloniales, ecc. {Scocc, Mouffe, 29 La escructura actancial <'=
Bhabha, Ranciére, Laclau, ¡992, 12-20, 28-45, 46-57, 58-65, 83-91). destinador/descinatario positivos ft.
28
En nuescro medio, la cemacización idencitari;,t. está adquiriendo nuevos acencos en los disyunción, que conlleva nea""''""-"'
mos tiempos, sobre todo en lo que hace a la representación de la diferencia sexual, regiscro en el sobre todo, por el val.or, tanco en los
cual se ha producido una notable ampliación del espacio discursivo. Por múltiples razones, que inmanentes o trascendences.. Su
sería complejo resumir aquí, esas posiciones de sujeto que exPresan diversas formas de autocreación contrariedad y contradicción en d
de las "minorías" --gays, lesbianas, cravestis, nueva masculinidad y femineidad, etc.-, se han ido sistema de valores modalizantes (
transformando per se en objeco de entreviscas. les figures", "Les objets de valeur9 y
DEVENIRES BIOGRÁFICOS, LA ENTREVISTA MEDIÁTICA I45

colectiva, como posi-


no susceptibles de
..na de atributos pre- 3.2. Acciones y personajes
ÍlillliiDimes variables que
Si preguntar por el quién de una acción suponía para Arendt una respuesta en
términos de "la historia de una vida", en la entrevista esa correlación adquiere
un carácter dominante. Podemos entender así no solamente el énfasis en la
atribución de la acción o la obra al autor, sino también la obsesiva minucia de
la história. En este sentido, y aun cuando su lógica discursiva difiera en tiem-
pos y modos de la noticia de actualidad, no es en menor medida teatro de los
culturales, religiosas, acontecimientos. Es más, podríamos afirmar que es allí, en la escena de la
actual, su afirmación entrevista, donde el acontecimiento encuentra a menudo un marco de
•mira) que suponen, tiene gibilidad, en relación con una autoría y con una narrativa vivencial.
y en particular, en sus El dinamismo que caracteriza a la identidad narrativa se articula así, casi
•-il"" lo personal a lo social. naturalmente, a la dimensión actancial, cuyo motivo emblemático es la tra-
. . .,..,n,tativa" entre las posicio- yectoria. En tanto ésta se despliega sobre un plan de la vida, posible o deseable,
en los conflictos por el recono- siempre sujeto a redescripción, el relato mismo va configurando una coheren-
una relación, en tanto, por de- cia, que muy a menudo apela claramente a una justificación. En este sentido, el
la visibilidad de esas posiciones-" momento autobiográftco de la entrevista es un lugar de supervivencia de ese
alienta también se vincula con procedimiento retórico clásico, un tanto relegado en las autobiografías con-
nos hemos referido en el capí· temporáneas.
de la posibilidad de un progreso El plano del relato plantea a su vez el deslizamiento de la persona al
de las actuales democracias. El personaje, es decir, a la construcción ficcional que supone toda aparición
d crescendo de la circulación pública, y por ende, a una lógica narrativa de las acciones. Este registro
•mue glamorosas, no solamente pragmático remite, en la terminología de A.J. Greimas (1983) al actante,
en sentido identificatoria, de como una posición- operativa independiente de sus múltiples representa-
lD1 punto de articulación entre
ciones -los actores que puedan "encarnarla"-, que opera en un sincretismo
de comunidad. Reaparece así doble: varios actores pueden representar a un actante, y un actor a varios actantes,

'...la
plurales, a cuya construcción la
desdeñable.
al tiempo que esos roles se inscriben a su vez en un doble eje de deixis, positivo
y negativo. 29
Si bien no es nuestro propósito emprender aquí un análisis en términos de
--rhe identity in question", ofrecía
ca los noventa, donde, a partir de este esta semiótica narrativa, ella constituye sin embargo un aporte teófico relevan-
¡.llio:ulotur.ilismo, las políticas de género,
poscoloniales, etc. (Scott, Mouffe, 29
La estructura actancial de Greimas se repartirá entre las posiciones de sujeco/objeto/
83-91).
destinador/destinatario positivos vs. los negativos (o ancisujetos). Escructura de oposiciones, de
. . . .lliri..,.lonuevos acentos en los últi-
disyunción, que conlleva necesariamente la lucha, impulsada por el deseo y la comunicación, y
de b diferencia sexual, registro en el
sobre todo, por el valor, tanto en los objetos corno en los sujetos, que pueden adoptar modal id ad es
Por múltiples razones, que
ínmanentes o trascendentes. Su ceoría de las modalidades despliega a su vez las relaciones de
· diversas formas de autocreación
contrariedad y contradicción en el famoso "cuadrado semiótico", que permice la integración del
....dad y femineidad, ecc.-, se han ido
sistema de valores modalizances (aléticos, deónticos, volitivos). Véase "Les.actants, les acteurs et
les figures", "Les objets de valeur" y "Pour une théorie des modalicés" (Greimas: 1983).

,
146 EL ESPACIO BlOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJET!VlDAD CONTEMPORÁNEA

te, tanto por el juego de posiciones que plantea --en relación con un género voz, en resistencia a toda a..,apill
eminentemente posicional, donde cada entrevistador y entrevistado actualiza, vimos, respecto de la au1tolbicip•I
"encama", un lugar ya instituido-, como por el concepto de trayecto narrativo, tecimiento: la publicación p6. . . .
que comprende varios niveles de efectuación, no solamente el encadenamiento vista. Y aquí cabe señalar una
de los "acontecimientos" del relato -que en la entrevista adquieren una la voz que el texto restituye, a la
referencialidad inmediata, "constatable"- sino también la dimensión performativa del cuetpo que permite hipo1mal
de su enunciación, 30 indisociable de una orientación valorativa y ética. Por otra modo netamente contrastivo. la
parte, en tanto está inspirada en los modelos del cuento popular, con sus La ubicuidad de los motiwls
vos clásicos, que aparecen como universales -búsquedas de identidad, desafíos, peculiares de su construcción
pruebas cualificantes, viajes de experimentación, luchas, afinidades y ochos, etc.-, la zando. A diferencia de la autohillll
óptica greimasiana, aun cuando no se adopten estrictamente sus criterios de proyecto de autocreación a
formalización, es apta para analizar la articulación de las estaciones obligadas volvemos a afirmar la im¡:IOSiibillill
de la vida en las narrativas autobiográficas, en tanto permite visualizar, más presentación de una realidad
allá del detalle o de la anécdota, una cierta lógica común. la entrevista escapa, por su
¿Cuáles son los hitos que jalonan esa lógica narrativa en la entrevista? La impide que su resultado coirdll.,.I
infancia, sin duda, la "novela familiar" ,31 la vocación, las elecciones, la deci- comparable la fmma narrativa.
sión, el acontecimiento que marca un "origen" o una inflexión del rumbo, las temporal y significante, si bien
filiaciones, los amores, los hijos,32 los logros, las rutinas, las adversidades, las in; un pasado en el presente de la
fluencias, el azar y la -..,ecesidad, el deseo de perduración, la muerte. Nada pare- pérdida -pérdida de poder o de
ce diferenciar estos motivos de los que pueblan en general el espacio biográfi- intenta colmar la ausencia, aa
co -y también el novelesco-, cuya repetición, siempre actual, se pierde en ante otra presencia, conjurando a
huellas ancestrales. Contar la (propia) historia se transformará también aquí, dad como la nostalgia.
irremediablemente, en experiencia del tiempo y pugna contra la muerte, una Esa rememoración, que
especie de anticipación a los relatos posibles de los otros, una disputa de la en la edición visual o escrita,
tez es uno de los rasgos del '
30 Como observara Ricoeur (1987, vol. 2: 23), la "acción" no remite solamente a los cambios no se tratará de ºsaldar"
de situación, a los avatares de fortuna, sino también a las transformaciones morales del personaje, vívido, a la más inmediata
su iniciación a la complejidad afectiva y aun los niveles más sutiles de la introspección. Se amplía a la manera del teatro. En en>Cll,_.
así la noción de personaje, de nuestros "semejantes" a esos "seres sin nombre'', de Kafka a Beckett.
31 Tomamos aquí la expresión con que Freud designara esa imagen prístina, "mentirosa" e sobre todo con personajes céldilil
idealizada de los padres y del propio lugar respecto de ellos, que actúa como una ficción día de la historia, un plus, uoa
tal en el niño y se hace luego inconsciente para el adulto. En una primera ecapa, los padres son lo ya conocido. O bien, el tialD
investidos de grandes vinudes y poderes, para luego, al ser confrontados con la realidad, aparecer
recién llegado/a al ruedo de la
"desposeídos" y generar entonces en el niño una idea de extrañeza, de ajenidad, que lo llevará a
considerarse hijo de otros padres (esos sí, magníficos) y por ende, adoptado por los verdaderos. esta vez una analogía fotográó""
Sobre la relación de esta noción con el género de la novela, véase Marthe Robert, [1972) 1973. ral más que ver con la insttm•lll
Para una reflexión en tomo del valor de ciertos relatos fundantes y ficcionales, que operan a la · Asimismo, el drama de la
manera de la novela familiar en el plano sociohiscórico, dejando su huella en la memoria vo, asoma en el juego de la ·
va, véase Régine Robin, 1989.
32 Hay un biografema recurrente en las preguntas a las mujeres entrevistadas, que remite a la de estereotipos que llevarían a
experiencia de la maternidad y a la típica concraposición entre los hijos y una carrera o vocación, también en tanto deseo -nMllal
al detalle del "cómo" -a qué costo- han logrado desarrollar sin embargo éscas, motivo que se singularidad: si toda inscri.paLón<I
repite, casi sin excepción, desde la "escrella" a la mujer política o la escritora. ca -ese upersonal registro de
DEVENIRES BIOGRÁFICOS, LA ENTREVISTA MEDIÁTICA 147

voz, en resistencia a toda expropiación futura. Esta tonalidad, advertida, como


vimos, respecto de la autobiografía, adquiere en ocasiones la fuerza de un acon-
tecimiento: la publicación póstuma de las entrevistas o aun, de la última entre-
vista. Y aquí cabe señalar una diferencia respecto de otras formas, en cuanto a
•oñsta adquieren una la voz que el texto restituye, a la modulación del tono que sugiere, a los gestos

..,_iva
...,.,isi.ón performativa
y ética. Por otra
PJPUlar, con sus moti-
del cuerpo que ¡)ennite hipotetizar. Como género de la presencia, marcará, de
modo netamente contrastivo, la ausencia.
La ubicuidad de los motivos biográficos no pone entre paréntesis los rasgos
de identidad, desafíos, peculiares de su construcción narrativo/dialógica, tal como la venimos anali-
...m[!a(Jesy odios, etc.-, la zando. A diferencia de la autobiografía canónica, que supone un propósito, un
bamente sus criterios de proyecto de autocreación a través del lenguaje -y al proponer esta definición,
las estaciones obligadas volvemos a afirmar la imposibilidad de la mímesis entendida como mera re-
presentación de una realidad exterior al lenguaje-, el momento biográfico de
la entrevista escapa, por su propia dinámica, a toda prefiguración, lo cual no
lllalh'3 en la entrevista? La impide que su resultado confluya finalmente al mismo objetivo. Tampoco es
•mm, las elecciones, la deci- comparable la forma narrativa, la dispositio de los acontecimientos en un orden
0 una inflexión del rumbo, las temporal y significante, si bien ambas comparten el intento de restauración de
...mas, las adversidades, las in- un pasado en el presente de la enunciación. Si la autobiografía trabaja sobre la
_...,.ci. ón, la muerte. Nada pare- pérdida -pérdida de poder o de pasión- {De Mijolla, 1994), la rememoración
en general el espacio biográfi- intenta colmar la ausencia, aun de modo efímero, y en el caso de la entrevista,
siempre actual, se pierde en ante otra presencia, conjurando a su vez, en el hoy que se muestra, tanto la pasivi-
se transformará también aquí,
"'y pugna contra la muerte, una
los otros, una disputa de la
dad como la nostalgia.
Esa rememoración, que comparten ambos interlocutores y cuyo resultado,
en la edición visual o escrita, llega sin mucha demora al receptor -la inmedia-
tez es uno de los rasgos del género-, es a su vez cualitativamente diferente: ya

,
1
remite solamente a los cambios no se tratará de "saldar" -o salvar- el pasado, sino de articularlo, de modo
morales del personaje, vívido, a. la más inmediata actualidad, a la experiencia haciéndose bajo los ojos,

E
RM:iles de la introspección. Se amplía
a la manera del teatro. En efecto, lo que está siempre en juego en el encuentro,
-.:OS sin nombre'', de Kafka a Beckett.
esa imagen prístina, "mentirosa" e sobre todo con personajes célebres, no es tanto "la historia" sino una puesta al
que actúa como una ficción elemen- día de la historia, un plus, una nueva, última palabra que venga a resignificar
1-.m una primera etapa, los padres son lo ya conocido. O bien, el trazo ajustado, capaz de dibujar la trayectoria del/la
lsmofmntadoo con la realidad, aparecer recién llegado/a al ruedo de la notoriedad. Dicho de otro modo, y tomando
banañeza, de ajenidad, que lo llevará a
, pm ende, adoptado por los verdaderos. esta vez una analogía fotográfica, lo biográfico en la entrevista tiene en
wéase Marthe Robe<t, [197211973. ral más que ver con la instantánea que con el retrato.
ttold-es y ficcionales, que operan a la Asimismo, el drama de la existencia, como acendrado cronotopo narrati-
!*=jmdosu huella en la memoria colecti- vo, asoma en el juego de la interacción. Pero no solamente en la acumulación
de estereotipos que llevarían a una conclusión universal -"es la vida"-, sino
también en tanto deseo -mutuo- de individuación y pérdida inevitable de
singularidad: si toda inscripción autobiográfica pretende dejar una huella úni-
ca -ese "personal registro de cargas" que hace de cada yo algo diferente de los
148 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA

otros-,33 la entrevista desdibuja esa pretensión en el mismo momento en que la


afirma. Es que, casi obligadamente, la voz del otro tomará la del
personaje en propiedad común, en experiencia comparable y compatible, en
ilustración de lo ya conocido. Expuesto al comentario, la glosa, la repregunta,
la identificación lisa y llana -"lo mismo me pasa a mí", "yo pienso igual"-, el
momento autobiográfico de la entrevista se transf"ormará de inmediato en un
eslabón más -entre tantos- de la cadena de la interdiscursividad social,
pliendo así la apuesta, un tanto paradójica, del género. 31
;Pero no es justamente la pérdida -del tiempo, del (ideal del) sujeto, de lo
que "podría haber sido"- lo que está en el origen de toda narrativa vivencia!?
Ya Paul de Man había descifrado esa notación paradójica, por la cual la puesta
en acto de la vida que pretende la autobiografía implicará inexorablemente
..,._
una restauración de la mortalidad. Sin embargo, aunque el impulso autobio-
gráfico -se trate de la autojustificación, de la declinación de los días o de una
"poética de la experiencia" (Vamer Gunn, 1982 )-, no pueda escapar de esa 4.1.
impronta de trascendencia, tampoco logrará evitar la captura de lo
dente, la lenta minucia de lo cotidiano. Aun cuando el héroe o la h,enJÚlll
Si, en general, las formas biográficas presentan esa oscilación, que las distin- papel per se en la entrevista, su
gue tanto de una épica como de la novela, la distinción que efectuara Baj tín de buscarse en cada quien: la
(1982: 137-138) a la que ya aludimos, entre biografías heroicas y cotidianas, aporta felicidad perdida o encontrada
un matiz interesante para el tema. En la primera, es la voluntad de ser héroe, de sonal. Así, se hará posible la
"tener importancia en el mundo de los otros", lo que sing'l!lariza un tipo de com- heroicos: aun el/la más distante
portamiento volcado hacia la heterogeneidad de la.vida, la intensidad, las gran- (gris) de su domesticidad, de SU5
des acciones, el deseo de gloria y el desapego de las rutinas. Por el contrario, "la haciendo de esa 11 monotonía
biografía social cotidiana" alimenta el imaginario del héroe "honrado y bueno11 , Baj tín --o de ese "momento pk:bc=tl
centrado en la vida familiar o personal y en el deseo de felicidad. el "ser común" de la entrevista-.
No es difícil reconocer la supervivencia de estos tipos literarios clásicos en el además, el devenir dialógico
horironte de la entrevista mediática. Salvando las distancias de las "grandes accio- ruedo otro mito ligado a la n<JUJlciil
nes" épicas, cuya posibilidad está casi descartada en nuestra época, queda sin em- ción no es tanto la de cumplir
bargo, en el imaginario colectivo, un amplio espectro de vidas posibles donde se perdonar", la de renovar una
transformación radical: quizá, esa
33
En su capítulo "La contingencia del yo'', Rorty analiza un poema de Philip Larkin donde dad esté también a nuestro al
aparece el miedo a la muerte como pérdida de esa singularidad a la que alude como "registro de
donde la figura heroica -la posíciiíl
cargos", comentando (muy a propósito de nuestro género), que "[el propio poeta] lo ha recono-
cido en entrevistas" (Rorty, 1991: 43). ble justamente por su diferencia
34
En efecto, si los personajes de la entrevista lo son por algún rasgo que los singulariza -la por aquello que la torna, en
excelencia, el interés general, el éxito, el genio o el poder-, o por un azar que los toma "entrevis-
tables" -testigos, víctimas, victimarios, protagonistas de hechos curiosos, etc.-, aspecto en romo
Sobre Tato Bores, en Primera
del cual suele articularse la narrativa personal, tal singularidad será finalmenre "apropiada'', a
menudo a instancias del entrevistador, por el énfasis modelizador y el carácter de "ejemplo" que
inevitablemente adquiere su mostración pública. Los libros de "conversaciones" suelen tener Tato Bares, ser humano, i u
lógicas y objetivos diferentes. dez, le da otro calificativo a
DEVENIRES BIOGRÁFICOS, LA ENTREVISTA MEDIÁTICA 149

momento en que la neutraliza la rutina de la repetición, esa inmensa energía reproductiva que parece
• - " ' la "unicidad" del ocupar prácticamente tocio el espacio de las vidas "comunes". La dimensión heroi-
_.,m111e y compatible, en ca de lo contemporáneo, bajo la investidura del poder, el éxito, la fama, el dinero,
la glosa, la repregunta, la nobleza, la excepcionalidad, se encama en multitud de seres cuya trayectoria se
• -yo pienso igual"-, el dibuja en las cúspides, en los escenarios, a menudo indisociables, de la decisión
' de inmediato en un política, la mundanidad, el pensamiento o la creación artística, y que, por la pre-
. .iocursividad social, cum- eminencia de sus roles, requieren de una constante visibilidad. En esas posiciones
--de lo global a lo local- se juega el mecanismo de la identificación, en su doble
lógica, el alejamienro que mensura -y justifica- la diferencia, y la proximidad, que
recuerda la pertenencia a una humanidad común.

4. Biogmfemas

)-, no pueda escapar de esa 4.1. El "ser común"


la captura de lo intrascen-
Aun cuando el héroe o la heroína cotidianos no encuentren tan a menudo un
Dlall esa oscilación, que las distin- papel per se en la entrevista, su figura sin embargo insiste y sus atributos no cesan
distinción que efectuara Bajtín de buscarse en cada quien: la "bondad familiar,,, las rutinas, las debilidades, la
IPfías heroicas y cotidianas, aporta felicidad perdida o encontrada formarán parte inseparable de toda narrativa per-
- es la wlunwd de ser héroe, de sonal. Así, se hará posible la coincidencia esencial en el relato de los dos tipos
¡lo que singt¡lariza un tipo de com- heroicos: aun el/la más distante deberá develar, en algún momento, alguna zona
la.vida, la intensidad, las gran- (gris) de su domesticidad, de sus hábitos, de su relación con objetos y seres,
lllt: las rutinas. Por el contrario, "la haciendo de esa "monotonía valorable del contenido de la vida", al decir de
héroe "honrado y bueno", Bajtín --0 de ese "momento plebeyo" de Gramsci, que según Beatriz Sarlo evoca
dese<> de felicidad. el "ser común" de la entrevista-, un espacio susceptible de ser compartido. Pero
tipos literarios clásicos en el
est1J5 además, el devenir dialógico ofrecerá una irreemplazable para traer al
distancias de las "grandes accio· ruedo otro mito ligado a la notoriedad, el de los "comienzos difíciles", cuya fun-
nuestra época, queda sin em- ción no es tanto la de cumplir con la veracidad biográfica como la de "hacerse
de vidas posibles donde se perdonar", la de renovar una vez más las esperanzas en la posibilidad de una
1 transformación radical: quizá, esa carta de triunfo sobre un destino de uniformi-
lID poema de Philip Larkin donde dad esté también a nuestro alcance. Se vuelve de esta manera a cerrar el círculo,
a la que alude como "registro de
donde la figura heroica -la posición destacada o de autoridad- si bien es admira-
bol. "[el propio poeta 1 lo ha recono-
ble justamente por su diferencia -sus "hazañas"-, quizá lo sea en mayor medida
• px algún rasgo que los singulariza -la por aquello que la torna, en algún sentido, nuestra/o semejante.
por un azar que los toma "entrevis-
curiosos, etc.-, aspecto en tomo Sobre Tato Bores, en Primera Plana (1963) (GE: 245):
será finalmente "apropiada", a
......izador y el carácter de "ejemplo" que
lños de "conversaciones" suelen tener Tato Bores, ser humano, no consigue ocultar sus aristas, niega su evidente timi-
dez, le da otro calificativo a su exigencia de con1unicación con el mundo y sus
150 EL ESPACIO BIOGRÁFICO. DILEMAS DE LA SUBJETIVIDAD CONTEMPORÁNEA DEVENIRES

habitantes. Son características que agrupa bajo una denominación: "Soy un