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La Dirección de Ambiente y Recursos Naturales del sector Agricultura informó que al

interior del ámbito del Valle del Río Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem) se pierde a cada
hora un promedio de 30 hectáreas de bosques.

Esta alarmante cifra compromete el futuro de los pobladores que habitan en el lugar,
debido a que se genera una pérdida de la biodiversidad, degradación de suelos,
incremento de plagas, disminución de la polinización y reduce la calidad y cantidad del
agua.

Dentro de la región Ayacucho, seis distritos que pertenecen a esta zona presentan
mayores problemas con la deforestación, los cuales son: Sivia, Llochegua, Chungui, Ayna
- San Francisco, Santa Rosa y San Miguel.

CIFRAS. Por ejemplo, solo en el distrito de Llochegua, provincia Huanta, se talan más de
832 hectáreas de árboles cada año, lo propio ocurre en Ayna, provincia La Mar, donde la
deforestación supera las 591 hectáreas.

Este problema ocurre en mayor magnitud en los dos distritos vecinos que pertenecen a la
jurisdicción de la región Cusco: Kimbiri y Pichari. En estos lugares la pérdida llega hasta
las 2 mil hectáreas.

De acuerdo al titular de la Dirección de Ambiente y Recursos Naturales, Willfredo del


Villar Gálvez, el tema preocupa demasiado, porque la inconsciencia de la población está
afectando a los bosques primarios; es decir, siempre permanecieron fuera del alcance de
las personas y brindan diversos servicios ecosistémicos.

“Estos lugares considerados como primarios deberían ser intangibles por su importante
función que cumplen a favor de la fauna silvestre; sin embargo, ocurre lo contrario y lo
vienen depredando sin control alguno”, mencionó.
Asimismo, señaló que la problemática se debe principalmente a la existencia de una
fuerte presión social, que obliga a las personas a aperturar más zonas de cultivos, con
fines económicos y de supervivencia.

La apertura de chacras para el cultivo de coca, fue una de las principales actividades que
ocasionaron el incremento de la tasa de deforestación en el Vraem en los últimos años, lo
cual trajo como consecuencia pérdidas ambientales, sociales y económicas.

Frente a esta situación, Del Villar, informó que desde enero hasta la fecha se logró
conformar 14 comités de control y vigilancia, con el objetivo de aportar en el cuidado de
los recursos naturales, que incluyen flora y fauna.

“La finalidad de estos comités de vigilancia es aportar en el cuidado del medio ambiente y
evitar hecho como la tala ilegal en la selva ayacuchana. También se busca la protección
de la fauna silvestre”, recalcó el especialista.

Lo que se busca en el transcurso del presente año es lograr mayor número de


pobladores comprometidos en esta tarea y contar con más comités en la gran parte de
comunidades campesinas de la región.

“Su conformación es sencillo, primero se debe realizar una asamblea, luego levantar un
acta con los integrantes elegidos y serán reconocidos bajo resolución”, indicó.

Saliendo de la ciudad de Huamanga se debe tomar la ruta que va hacia Andahuaylas. El


tramo, antes afirmado, está ahora en pleno proceso de asfaltado. Después de una hora
de recorrido (y parando a comer unos estupendos chicharrones en Condorcocca), el
camino se bifurca y uno debe seguir por el tramo –este sí, únicamente afirmado– que
conduce al pueblo de Vischongo, en el distrito de Vilcashuamán. Una hora y media
después de salir de Huamanga se llega a la localidad de Chanchayllo (3.600 m.s.n.m.),
primer punto obligado para quienes desean conocer la situación real de la puya Raimondi
en nuestro país. A primera vista, el paisaje del bosque de puyas de Chanchayllo resulta
espectacular: cientos de ejemplares de hasta doce metros de alto se elevan imponentes
sobre las laderas de la montaña. Sin embargo, al acercarse, uno se percata de que casi
la mitad de las titankas –nombre quechua con el que se le conoce a las puyas– están
quemadas. De muchas de ellas solo quedan restos carbonizados en el piso.
Llamen a los bomberos
La quema de puyas –ya sea parcial o total– es una actividad que se realiza de manera
sistemática en la puna peruana. No hay rincón del bosque que no haya sido atacado; ni
siquiera las plantas que crecen en la misma punta del cerro –a más de 4.600 metros de
altura– se salvan. Las razones son diversas. “El tallo de la puya Raimondi está rodeado
de hojas llenas de espinas que se curvan hacia la base”, explica el ingeniero Walter
Ascarza, de Cáritas Ayacucho. “Cuando los pobladores llevan a sus animales a pastar,
muchos de estos quedan atrapados entre las púas y mueren”. La imagen de ovejas y
carneros ensangrentados y enredados en la planta provocó el mito andino que decía que
las puyas Raimondi eran plantas carnívoras. De esa creencia queda actualmente solo el
recuerdo, pero sí persiste la quema de la parte baja de la planta (aproximadamente dos
metros) para que los animales no se lastimen con sus hojas.

El quemado y la tala se dan, también, por los requerimientos de ampliación de fronteras


agrícolas. Buscando aumentar sus terrenos de cultivo, los comuneros arrasan con lo que
se les ponga al frente, obviamente, incluyendo a las puyas. Aunque sea difícil de creer,
otra de las grandes amenazas para la puya Raimondi es el eucalipto. “Los pobladores
queman y matan a las puyas para, en su lugar, plantar eucaliptos, una especie exótica
que no pertenece a este ecosistema pero que les da madera, leña y protección contra los
vientos”, sostiene el ingeniero Ascarza.

La quema de titankas está tan aceptada entre los comuneros que incluso hay los que
creen que “cuando uno les prende fuego en la parte de abajo crecen más altas. Si no, se
quedan chiquititas las puyas”, como dice Raida Barzola Ayak vecina de Chanchayllo.
Esto, por cierto, ha sido desmentido por estudios botánicos.

Al caminar dentro del bosque de Chanchayllo –en el distrito de Chiara– se puede ver que
al lado de las titankas carbonizadas se levantan pequeños eucaliptos recién plantados.
Lo cierto es que, por momentos, da la impresión de estar en medio de un cementerio de
puyas. Un poco más allá, sin embargo, dos de estas fascinantes plantas animan el
panorama: están en plena etapa de florecimiento. Las puyas Raimondi viven entre 80 y
100 años y florecen solo una vez antes de morir. Sobre lo que parece un gran racimo de
ocho metros crecen más de 33 mil florecillas blancas con más de 40 millones de semillas.
Volando alrededor de estos gigantes y sacando hasta la última gota de néctar, se puede
ver a un par de picaflores gigantes (de unos 30 centímetros cada uno). Pero aún falta por
verse lo mejor.

Puyas en flor
A media hora de Chanchayllo está la comunidad de Vischongo (3.140 m.s.n.m.), un
pueblito que, además de ser la puerta de entrada para el otro bosque de puyas, el
Titankayoc, comercializa excelentes tunas y nísperos. Es preferible hacer la excursión al
bosque temprano por la mañana, por lo que pasar una noche en los albergues que
Cáritas Ayacucho ha acondicionado en Vischongo o en la comunidad vecina de
Pomacocha es lo más recomendable. Desde Vischongo hay un estrecho camino que
trepa el cerro colindante con el pueblo y que, quince minutos después, desemboca en la
puerta del bosque. Desde este punto, a casi 4.200 metros de altura, solo queda caminar.
La primera parte del camino es alentadora, pues nos lleva montaña abajo. Después de
cruzar un riachuelo, comienza lo difícil: subir el Ambrancaychayocc hasta pasar los 4.600
m.s.n.m. Perderse es imposible: el camino de tierra está bien señalizado y por partes hay
hasta unas escaleras de piedra. La subida toma, más o menos, una hora y media –
depende de cómo se ande físicamente–. Mientras se avanza en la subida, las puyas
comienzan a aparecer, primero esporádicamente y, luego, rodeándolo todo. Uno llega a
la cima casi sin aliento y, al ver el paisaje que lo espera, se demora aun más en
recuperarlo. Hay titankas gigantes hasta donde la vista llega a distinguir. A diferencia de
las puyas totalmente carbonizadas de Chanchayllo, las de Titankayoc están solo
quemadas en la parte baja para evitar que el ganado ovino se enrede, por lo que es más
fácil trabajar a favor de su conservación.

Área de conservación
Para detener la depredación sistemática de puyas Raimondi, el Gobierno Regional de
Ayacucho, Cáritas Ayacucho y el Fondo Ítalo Peruano han desarrollado el Proyecto
Conservación y manejo sostenible de la biodiversidad y fomento de ecoturismo en las
comunidades campesinas de Chiara y Vischongo. ¿El objetivo principal? Lograr que el
bosque de puyas sea reconocido como Área de Conservación Regional. “Si llega a recibir
esta categoría, el bosque estaría protegido legalmente por la Constitución para mantener
su biodiversidad”, explica Cristina Miranda, consultora en temas medioambientales. El
Estado otorgaría, además, un presupuesto anual destinado a proteger y mejorar el Área
de Conservación. “Con ese dinero planeamos tener guardabosques que eviten la quema
de puyas, aumentar la señalización y mejorar los caminos para facilitar la visita de
turistas”, dice Miranda.

Actualmente, el proyecto está siendo analizado por el Servicio Nacional de Áreas


Naturales Protegidas por el Estado (SERNAMP) para su aprobación. Sin embargo, no
solo en trámites técnicos hay que trabajar dentro del proyecto. “El problema con las
personas que viven cerca al bosque –y que son las que, efectivamente, queman las
puyas– es que no ven qué beneficios les puede traer el hecho de conservar las titankas”,
dice Iván Yauli, uno de los responsables del proyecto de parte de Cáritas. Y es que es
lógico: no ganan terreno para sus cultivos, no consiguen tanta madera y sus animales
pueden resultar heridos.

¿Qué obtienen entonces a cambio de cuidar las puyas? “Lo que venimos haciendo es
mostrarles a las comunidades que conservar la biodiversidad del bosque sí es algo bueno
para ellos. El ecoturismo es una gran oportunidad de desarrollo sostenible para la gente
que vive aquí”, señala Yauli. Desde el año pasado se vienen realizando talleres de
sensibilización y capacitación con las comunidades vecinas, charlas dentro de los
colegios y hasta concursos de dibujo y pintura sobre la puya Raimondi.

Además, se han implementado albergues ecoturísticos (uno en Chanchayllo, otro en


Vischongo y un tercero en Pomacocha) administrados por las Asociaciones de Mujeres
Emprendedoras de cada localidad. Si bien no se trata de hoteles cinco estrellas, en los
albergues se duerme muy bien –gracias a ese silencio campestre del cual los habitantes
de la ciudad nos hemos olvidado– y se come como los dioses, tanto en cantidad como en
calidad. Dentro del menú están la puca picante, el caldo de cabeza de cordero o gallina,
la quinua y la trucha frita. Raida Barzola demuestra que las Mujeres Emprendedoras la
tienen clara: “nosotras queremos que nuestro albergue esté llenecito de gente que venga
a ver las puyas. Por eso, después de las charlas, ya no estamos quemando y hasta
agarramos las semillas y las plantamos”. Un nuevo futuro puede florecer para las puyas.

Turismo de altura
Biodiversidad e historia alrededor de Titankayoc

El ecoturismo y la visita a los bosques de puyas puede complementarse con un poco de


turismo histórico. A solo media hora de Vischongo está Vilcashuamán, un pueblo que
tiene un centro arqueológico inca en medio de sus calles: a una cuadra de la plaza
central está uno de los últimos ushnu del país –una pirámide rectangular hecha de piedra
en la que celebraba ceremonias el mismo Inca–. Además, la catedral de Vilcashuamán ha
sido construida sobre un templo incaico (tal como sucedió con el Coricancha en el
Cusco). A media hora de caminata desde este lugar está otro de los atractivos de la zona:
los baños de Intihuatana, donde además se puede observar la piedra de los 17 ángulos.

Planta récord
Peculiaridades de la puya Raimondi

La puya Raimondi es una bromeliácea que únicamente crece en alturas mayores a los
3.000 m.s.n.m. Fue descubierta y estudiada por el naturista italiano Antonio Raimondi
durante la primera mitad del siglo XIX –por eso lleva su nombre– y fue él quien la bautizó
como la reina de los Andes del Perú. La titanka es la planta más longeva, la que da más
flores y la que da más semillas de todo el mundo. “Crece solo en el Perú y Bolivia,
aunque se podría decir que es mayoritariamente peruana, pues existen 27 parques a
nivel nacional y en Bolivia solo dos”, cuenta Iván Yauli.