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Í N D I C E

Página

INTRODUCCIÓN........................................................... 1 - 2
Pregunta 1
Doctrinas que compartimos con otros Cristianos.................... 3-5
Pregunta 2
La Biblia, única Regla de Fe y Práctica........................... 5-6
Pregunta 3
Relación de los Adventistas con Posiciones del pasado............. 7-8
Pregunta 4
La Deidad y la Eterna Preexistencia de Cristo..................... 8 -11
Pregunta 5
La Deidad de Cristo y la Admisión de miembros..................... 11-15
Pregunta 6
La Encarnación y el "Hijo del Hombre"............................. 15-23
Pregunta 7
La Resurrección corporal de Cristo................................ 23-25
Pregunta 8
Cri sto y el Arcángel M i g u e l . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 25-34
Pregunta 9
Preguntas acerca de la r e l a c i ó n de los Escritos de E l e n a G.
de W h i t e con la B i b l i a . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 34-39
Pregunta 10
Crist o es el centro del me n sa je A dv e nt is ta . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 39-41
Pregunta 11
La Base y el Fruto de la Experiencia Cristiana.................... 41-48
Pregunta 12
Los Diez Mandamientos como norma de Dios para la conducta......... 48-53
Pregunta 13
La Distinción entre el Decálogo y la Ley. ^Ceremonial............... 53-55
Pregunta 14
La Relación de la Gracia con la Ley y las Obras................... 56-51
Pregunta 15
El Fundamento de la Observancia del Sábado........................ 62-54
Pregunta 16
El Sábado y 1 a Ley Moral.......................................... 64-75
Pregunta 17
El Sábado es un Criterio Val ido.................................... 77
Pregunta 18
El Concepto H i s t ó r i c o de la Marca de la Bestia.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . 73-80
;
Pregunta 13
Cuando se recibe la Marca......................................... " 81-82
P regunta 20
¿Quiénes constituyen la I g l e s i a Remanente.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 83-33
Pregunta 21
¿Qué constituye "Babilonia"?...................................... 89-91
Pregunta 22
Los Principios Básicos de Interpretación Profética................ 92-110
Pregunta 23
Cristo sobresale en Daniel 3 y 9.................................. 111-113
Pregunta 24
Problemas relativos a Daniel 8.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 114-122
Pregunta 25
Relación de las Siete semanas de Daniel 9 con los 2300 días
de Daniel 8....................................................... 123-134
Pregunta 26
La Septuagésima Semana de Daniel 9 y la Teoría de la
Interrupción...................................................... 135-141
Pregunta 27
Declaraciones de los Eruditos que afirman que los 2300 días-años
terminan en 1844.................................................. 142-145
Pregunta 28
Antíoco Epifan es y l a s Especificaciones Proféticas de D a n i e l . . . . . . 146-157
Pregunta 29
Un Concepto más amplio de la Expiación............................ 158-161
Pregunta 30
S a c r i f i c i o E xpia to rio: Pr ovis ió n y A p l i c a c i ó n . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 16¿-i65
Pregunta 31
La Salvación Prefigurada en el Servicio del Santuario............. 166-170
Pregunta 32
El Santuario Celestial-Concepto Literal o Simbólico............... 171-172
Pregunta 33
El Ministerio de Cristo como Sumo Sacerdote....................... 173-184
Pregunta 34
El S i g n i f i c a d o de Azazel. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 185-
188
Pregunta 35 "* '
La Operación con el Macho Cabrio Emisario......................... 189-191
Pregunya 36
El J u i c i o Investigador en el Marco del Concepto A rminia no. . . . . . . . . 192-213
Pregunta 37
La Segunda Venida de Cristo....................................... 213-220
Pregunta 38
Diversos Conceptos sobre El M il e n i o. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 220-232
Pregunta 39 •
Lo que comprenden los Adventistas por el M i l e n i o . . . . . . . . . . . . . . . . . . 232-
241
Pregunta 40
¿Inmortalidad Innata o Condicional?.... .\ ......................... 242-246
Pregunta 41
El Estado de los Muertos.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 247-
253

= 'egjr,ta 42
El Castigo de los Impíos.......................................... 254-259
--ecunta 43
El Rico Y Lázaro.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 259-269
?
regunta 44
Los Campeones de la inmortalidad condicional a través
de los siglos..................................................... 270-297
Pregunta 45
Significado del Termino "Evangelio Eterno"........................ 298-300
Pregunta 46
Satanás, los Demonioa, y los Angeles.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 300-302
Pregunta 47
El Asunto de los Alimentos Inmundos.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 302-303
Pregunta 48
Relación de los Adventistas hacia el Programa Mundial
de Misiones....................................................... 303-305

ÍNDICE GENERAL ALFABÉTICO.............................................. 305-314


PREGUNTAS SOBRE DOCTRINAS

INTRODUCCIÓN

Este libro ha sido publicado para satisfacer una necesidad definida. El interés
acerca de las creencias y la obra de los adventistas ha aumentado a medida que el
movimiento ha crecido. Pero especialmente en los últimos años parece existir un
deseo en los no adventistas de obtener una comprensión más clara de nuestras enseñanzas
y objetivos. Gran parte de la literatura publicada respecto a nuestras creencias
básicas da abundantes evidencias de incertidumbre al respecto. Y hay muchos libros
que quieren presentar la historia de nuestro pueblo.

Sin embargo, hace poco una de las mayores editoriales protestantes de los Estados
Unidos planeó la producción de un libro más sobre este tema. Un autor de varias obras
que tratan de la historia y las creencias de ciertos grupos religiosos recibió el
encargo de escribir este nuevo libro, cuyo propósito era ofrecer al público una reseña
de nuestra historia y creencia. Debía ser un análisis objetivo, que destacara
particularmente los puntos en que las enseñanzas adventistas difieren de las de otros
grupos cristianos.

Con el fin de tratar este tema con objetividad, este autor hizo lo que otros
autores habían dejado de hacer: visitó nuestras oficinas en Washington y obtuvo
informaciones de primera mano. Más todavía, no vino una sola vez, sino que,
acompañado por otros eruditos, realizó una cantidad de viajes a la Asociación General
durante un período de dos años. En su investigación, que duró cientos de horas,
examinó cientos de libros y folletos adventistas y no adventistas. En adic!ór¡ a esto
celebró numerosas entrevistas. Los aspectos principales de la enseñanza adventista
fueron analizados detenidamente en estos muchos meses de estudio. Los interrogantes que
surgieron de esta investigación finalmente se formularon en una serie de
escudriñadoras preguntas, para las que se pidieron amplias respuestas.

Las respuestas fueron preparadas por un grupo de caracterizados dirigentes, en


estrecha consulta con profesores de B i b l i a , redactores y administradores. El objetivo
consistía en expresar nuestras creencias básicas en la terminología corrientemente
utilizada en los círculos teológicos. Esto no sería una nueva declaración de fe,
sino más bien una respuesta a preguntas específicas concernientes a nuestra fe. Era
natural que est^^respuestas encuadraran en el marco de la declaración oficial de las
Creencias Fundamentales de los Adventistas del Séptimo Día, que aparecen en nuestro
Manual de ig1 es i a y que se pueden consultar en las ediciones castellanas. En vista
de este hecho, estas respuestas representan la posición de nuestra denominación en el
campo de la doctrina eclesiástica y la interpretación profética.

A medida que adelantaban el trabajo de dar respuesta a las preguntas, se


comprendió que nuestros miembros de iglesia igualmente recibirían beneficio del
material que se preparaba, y por lo tanto se decidió publicar todo el trabajo en forma
de un libro. Así fue como apareció este volumen. Aunque la forma del trabajo es un
tanto inusitada, confiamos en que satisfará una necesidad definida.

Los escritores, consejeros y redactores que emitieron las contestaciones a estas


preguntas han trabajado a conciencia para expresar con exactitud las creencias de los
adventistas. Pero a causa de la naturaleza de la organización de la Iglesia
Adventista, ninguna declaración de las creencias adventistas puede
-2-

cc-5 " cerarse oficial a menos que sea adoptada por la Asociación General en sesión
c_£":enal, en la que están presentes los delegados acreditados de todo el campo Tr_-
c : el. Las respuestas que aparecen en este volumen pueden considerarse como
.e'csaeramente representativas de la fe y las creencias de la I g l e s i a Adventista.

Quienes prepararon estas respuestas no pretenden haber dicho la ú l t i m a pala-


-~c en cuanto a la doctrina cristiana. Los adventistas creemos que la ccrnprcn-~'&r
cue el hombre tiene de la verdad de Dios es progresiva. "Mas la senda de "es 'üstos
es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el di"a es per-
-ectc ' (Prov. ¿4:18). Ciertamente debiéramos conocer más acerca de la voluntad y "es
c-opósitos de Dios que lo que conocieron los hombres justos de la antigüedad.
- =' :os días venideros podríamos esperar con razón una mayor revelación de la
.e'csc b íblica.

En tanto que aceptamos la B i b l i a y únicamente la B i b l i a como nuestra regla ce "e


y práctica, reconocemos claramente que no comprendemos con p l e n i t u d toda la .e'cad que
Dios quiere que sus hijos conozcan en la actualidad. Tampoco hemos c'etendido nunca
tal conocimiento. Tributamos honor al grupo de nobles testigos cono Wicieff, Lutero,
Tyndale, Calvino, Knox, Wesley y otros grandes dirigentes
cei oasado, cuyo avance en la nueva luz impulsó a la i g l e s i a en su comprensión más
c'ena de la voluntad de Dios. Y creemos que en estos últimos días Dios ha dado
_-a luz especial que supera la luz evangélica percibida por los primeros d i r i g e n tes
cristi anos .

En armonía con la orden del apóstol: "Estad siempre aparejados para respon-
-f.r con mansedumbre y reverencia a cada uno que os mande razón de la esperanza cue hay
en vosotros" (1 Ped. 3'-15), hemos procurado en este l i b r o dar 'ra'^ñn ¿e "uestra fe.
Invitamos a nuestros amigos cristianos a examinar estas respuestas e la luz de la
Palabra de Dios.

Los dirigentes de la Asociación General de los adventistas creen que el mate-


-'ai que aparece en este volumen no sólo será ú t i l para los miembros de su propia
' e m es i a , sino que también proporcionará una información digna de confianza sobre "as
doctrinas adventistas. Por lo tanto han solicitado que este l i b r o sea p u b l i - caco
para uso general, con la ferviente oración y esperanza de que sea de u t i l i d a d oera
aclarar el camino de salvación mediante nuestro Señor Jesucristo.

LA COMl'SlON DE REDACTORES.-
-3-
OOCTRINAS Q.UE COMPARTIMOS

CON OTROS CRISTIANOS

Pregunta 1

¿0,ué doctrinas tienen los adventistas en común con los cristianos en general, y
en qué aspectos del pensamiento cristiano difieren?

Los cristianos en general están divididos en varias escuelas de pensamiento


respecto de casi cada doctrina de la Biblia. En algunas doctrinas los adventistas nos
encontramos en un grupo, y en otras doctrinas podemos ser clasificados en forma muy
diferente. Con algunos grupos religiosos tenemos muchas doctrinas en común. Con otros
podemos encontrar poca base doctrinal común. No aceptamos ciertas doctrinas sostenidas
por algunos cristianos porque creemos que no están fundamentadas en la Palabra de Dios,

Prácticamente todas las creencias adventistas son compartidas por uno o más grupos
cristianos. Unas pocas son distintivas de nuestra iglesia. Nuestras creencias
podrían clasificarse en relación con las creencias de otros cristianos bajo los
siguientes títulos:

1. Creencias en común con los cristianos conservadores y los credos del pro-
testantismo histórico.
Creemos:

1. Q.ue Dios es el Soberano Creador, sostenedor y rey del universo, y que es


eterno, omnipotente, omnisciente y omnisapiente.

2. Que la Divinidad, la Trinidad, comprende a Dios el Padre, a Cristo el


Hijo, y al Espíritu Santo.

3. Que las Escrituras son la inpirada revelación de Dios hecha a los hombres, y
que la Biblia es la única regla de fe y práctica.

^. Que Jesucristo es Dios y que ha existido con el Padre desde toda la


eternidad.
i j

5. Que el Espíritu Santo es un ser personal, que comparte los atributos de la


divinidad con el Padre y el Hijo.

6. Q,ue Cristo, el Verbo de Dios, se encarnó mediante la milagrosa concepción y


el nacimiento virginal; y que vivió una vida absolutamente sin pecado en la ti erra.

7. Q.ue la muerte vicaria y expiatoria de Cristo, definitivamente, es suficiente


para la redención déla humanidad perdida.
8. Q,ue Jesucristo se levantó en forma literal y corporal de la tumba.

9. Q.ue ascendió a los cielos en forma ;1 i teral y corporal.

10. Que él ahora sirve como nuestro abogado en el ministerio sacerdotal y la


mediación ante el Padre.
-4-

11. Que volverá en un segundo advenimiento premileñarlo, personal e i n m i - -


e'te.

12. Que el hombre fue creado s i n pecado, pero que por su caída subsiguiente
entró en un estado de alejamiento y depravación.

13- Que la slavación mediante Cristo se logra únicamente por gracia, a través
se la fe en su sangre.

lA. Que la entrada en la nueva vida en Cristo se logra por regeneración, o e!


nuevo nacimiento.

1 5 - Que el hombre es justificado por la fe.

16. Que el hombre es santificado por la morada anterior de Cristo mediante el


Esp íritu Santo.
17- Que el hombre será glorificado en la resurrección, o traslación de los
santos, cuando regrese el Señor.

18. Que habrá un juicio de todos los hombres.

19- Que el Evangelio debe ser predicado como testimonio a todo el mundo.

I I. En ciertas doctrinas controvertidas entre los cristianos conservadores,


sostenemos'~üna de dos o más posiciones.

Creemos:

1. Que el hombre tiene libertad para e l e g i r o rechazar el ofrecimiento de


salvación mediante Cristo; no creemos que Dios ha predetermiando que algunos
hombres
se salven y otros se pierdan.

2. Que la ley moral de los Diez Mandamientos, o Decálogo, es la norma que debe
regir la v i d a y la conducta de todos los hombres de todas las épocas; no creemos que el
Decálogo haya sido cambiado o abolido.
3. El bautismo debe administrarse por-, s i m p l e inmersión; no creemos que deba
administ rarse por aspersión, derramamiento o t r i p l e inmersión.

k. Que el hombre fue dotado de inmortalidad condicional en la creación; no


creemos que el hombre posea inmortalidad innata o un alma inmortal.
5. Que los impíos serán castigados por el sufrimiento y la absoluta destruc-
ción en el lago de fuego; no creemos en un infierno que arde eternamente, donde las
almas reciben tormento sin fin.
5. Que los impíos serán castigados por el sufrimiento y la absoluta destruc-
ción en el lago de fuego; no creemos en un infierno que arde eternamente, donde las
almas reciben tormento s i n fin.
6. Que el séptimo día de la semana es el sábado; no creemos que el sábado haya
sido abolido, cambiado por el primer día, o que sea meramente una séptima parte de
tiempo.
7. Que el p r i n c i p i o del diezmo constituye el plan de Dios para sostener a su
i g l e s i a ; no creemos que el diezmo haya sido sólo para los judíos.
-5-
8. Que Dios creó el mundo en seis días literales; no creemos que la creación se
realizó en largos períodos de proceso evolucionista,

9. Que la correcta perspectiva de la interpretación profética está mejor expuesta


por lo que se conoce como la escuela histórica; no aceptamos los sistemas seguidos por
los preteristas o los futuristas.

10. Que la iglesia y el estado deben operar en esferas totalmente separadas; no


creemos que, en un intento por controlar la religión de la gente o las actividades
religiosas, la iglesia debiera dominar el estado, o que el estado debiera gobernar a la
igles ia.

11. Que el rito instituido por Cristo -el lavamiento mutuo de los pies en
ocasión de la Cena del Señor- debe ser practicado; no creemos que haya sido meramente
una adaptación a las costumbres y necesidades de esos tiempos.

12. Que debiéramos abstenernos de prácticas tales como el uso de alcohol y


tabaco; no creemos que la compacencia en estas cosas sea plenamente representativa del
carácter de nuestro Señor.

I I I . Nuestras doctrinas son distintivas de nuestra iglesia en unas pocas esferas


del pensamiento cristiano
Creemos:

1. Que en el cielo hay un santuario donde Cristo, nuestro Sumo Sacerdote,


ministra en dos fases distintas de su obra mediatoria.

2. Que debe realizarse un juicio investigador en el cual se decide el destino de


todos los hombres antes de que venga Cristo en las nubes de gloria.

3. Que el sello de Dios y la marca de la bestia, mencionados en el Apocalipsis,


son los símbolos de las fuerzas opositoras del bien y el mal en el gran conflicto que
ocurre antes de que Cristo vuelva por segunda vez.

k. Que los tres ángeles de Apocalipsis 14 representan la proclamación del


mensaje final de Dios al mundo en preparación para la venida de nuestro Señor.

LA BIBLIA, ÚNICA ^EGLA DE

FE Y PRACTICA

Pregunta 2

En lo referente a la inspiración de la B i b l i a , ¿enseñan los adventistas que la


B i b l i a es la verdadera palabra de Dios, la única infalible regla de fe y de prácti ca?
Los adventistas creemos que "toda LA Escritura,el Antiguo y el Nuevo Testamento del
Desde el Génesis hasta el Apocalipsis (2 tim 3:16-17), "es inspirada divinamente"
,que constituye la verdadera palabra de Dios -la verdad que "vive y permanece para
siempre" (1 Ped. 1:23,). Reconocemos la Biblia como la autoridad máxima y definitiva
respecto de la verdad. Las Sagradas Escrituras llegaron hasta nosotros a través del
minis terio de los profetas que hablaron

-6-
y escribieron "siendo inspirados del Espíritu Santo" (2 Ped. 1:21). Los apóstoles
declararon que el Dios que hizo los cielos y la tierra hablo mediante la boca de
David y de los profetas de antaño (Hech. 4:2*4-26; Mat. 1:22; 2:15; Hech. 3:18-20;
28:25,26; Heb. 1 :1;A:7).

Y esos mensajeros elegidos de Dios declararon que lo que se daba a través de


ellos era la verdadera palabra de Dios (Isa. ^3:1^5:1; Jer. 17:19,20; 18:1,2;
22:1,2; 25:1,2). Pablo les recordó a sus conversos que cuando escuchaban la lectura
de las Escrituras, estaban oyendo no las palabras de los hombres, sino en verdad la
palabra de Dios (1 Tes. 2:13).

Jehová declaró su verdad al mundo mediante el m in is teri o de estos mensajeros del


pasado. Moisés recibió el siguiente mensaje: "Profeta les suscitaré de en medio de
sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que
yo le mandare" (Deut. 18:18). Y Jeremías registró la siguiente declaración del
Señor: "He aquí he puesto m i s palabras en tu boca" (Jer. 1:9). Las palabras que
estos hombres hablaron y escribieron no fueron las propias; fueron las palabras del
Dios viviente. Y Dios le dijo a Ezequiel: "Hijo del hombre, ve y entra a la casa de
Israel, y habla a ellos con m i s palabras" (Eze. 3:4).

Expresiones como "Oíd la palabra de Jehová", "Oí la voz de Jehová, diciendo",


"La palabra de Jehová vino a mi", etc., aparecen más de 1,300 veces en los escritos
profetices del Antiguo Testamento. Y los escritores del Nuevo Testamento declaran
más o menos lo mismo. El apóstol Pablo dice: "Yo recibí del Señor lo que también
os he enseñado" (1 Cor. 11:23). "Si alguno a su parecer, es profeta, o espiritual,
reconozca lo que os escribo, porque son mandamientos del Señor" (1 Cor. 14:37).

Tomamos la B i b l i a en su totalidad, creyendo que no sólo cont i ene la palabra de


Dios, sino que es la palabra de Dios.

Creemos en la autoridad, veracidad, precisión y verdad de las Sagradas Escritu-


ras. En la B i b l i a ex i ste la mi sma un ion de lo divino y lo humano que se man!fi esta
en Cristo. Sus verdades reveladas han sido dadas por inspiración divi na (2 Tim.
3:16), pero están expresadas en las palabras de los hombres.

Los adventistas no adherimos a la posición protestante que sostiene que la


B i b l i a y solamente la B i b l i a es la única regla de fe y de práctica para los cristia-
nos. Creemos que todas las creencias teológicas deben examinarse por la Palabra viva
y juzgarse por su verdad; cualquiera qué no resista esta prueba, o que no esté en
armonía con su mensaje, ha de rechazarse.

"El cristianismo recibe la Palabra de Dios como el gran tesoro de la verdad


inspirada y la piedra de toque de toda inspiración" (El Conflicto de los Siglos,
pág. 205)•

"Debemos recibir la Palabra de Dios como la autoridad suprema" (TestimonÍes,


tomo 6, pág. 402) .

^En la actualidad los hombres se han alejado mucho de sus doctrinas y preceptos /de
las Escrituras?^, y se hace muy necesario volver al gran p r i n c i p i o protestante: La
B i b l i a , únicamente la B i b l i a , como regla de la fe y del deber" (El Con-f1icto de los
Siglos , pág. 217). •
-7-

RELACION DE LOS ADVENTISTAS CON

POSICIONES DEL PASADO

Pregunta 3

¿Se han alejado los adventistas de algunas de las posiciones sostenidas por
ciertos adherentes de los primeros años, de quienes todavía circulan algunos
escritos? Esos escritos, ¿desfiguran las actuales enseñanzas de los dirigentes
adventi stas?

Los adventistas creemos que la revelación de la verdad bíblica es progresiva, y ha


de b r i l l a r "en aumento hasta que el día es perfecto" (Prov. ^:l8). Y hemos procurado
caminar a la creciente luz de la verdad. Nunca nos hemos encerrado en los límites de un
credo formal, diciendo: "Esta es la verdad; hasta aquí llega y no más lejos." Elena G. de
White, una de nuestras principales autoras, escribió en 1982:

"Siempre se revelará nueva luz de la Palabra de Dios a aquél que mantiene una
relación viva con el Sol de Justicia. Nadie llegue a la conclusión de que no hay más
verdad para ser revelada. El que busca la verdad con diligencia y oración encontrará
preciosos rayos de luz que aún han de resplandecer de la Palabra de Dios" (Consejos sobre
la Obra de la Escuela Sabática, pág. 36).

Los padres fundadores de la Iglesia Adventista que actuaron hace más de un siglo,
salieron de varias corrientes denomi nacionales. Mientras todos eran premi-lenaristas,
algunos eran trinitarios; ULIUO erar, arríanos. La mayoría eran armi-ni anos; unos pocos
eran clavinistas. Algunos insistían en la inmersión; unos pocos se contentaban con la
aspersión. Había diversidad en estos puntos. Y, como sucedió con diferentes grupos
religiosos, nuestros primeros días se caracterizaron por la transición y los ajustes. Se
estaba gestando una iglesia. Cuando estos hombres fueron creyentes renacidos, el estudio
y el énfasis iniciales se pusieron sobre las verdades distintivas del movimiento. Y se
ocuparon en forma similar en desarrollar una organización efectiva.

En aquellos días se le concedió relativamente poca atención a los méritos del


arminian rsmo en contraste con la posición calvinista. Las diferencias históricas de
pensamiento implicadas retroceden a San Agustín y Crisóstomo. No se preocuparon de los
"decretos absolutos", de la "soberani a'di vi na", de la "elección particular", o de la
"expiación limitada." Tampoco, al principio, trataron de definir la naturaleza de la
Divinidad, o los problemas de la Cristología, que incluían la deidad de Cristo y su
naturaleza durante la encarnación; la personalidad y deida del Espíritu Santo; la
naturaleza, alcance y perfección de la expiación; la relación entre la ley y la gracia, o
la plenitud de la doctrina de la justificación por la fe, etc.

Pero con el transcurso de los años la primitiva diversidad de opiniones acerca de


ciertas doctrinas gradualmente fue cediendo el lugar a la unidad de criterio. Entonces la
gran mayoría asumió posiciones claras y firmes respecto de doctrinas como la Deidad, la
divinidad y eterna preexistencia de Cristo, y la personalidad del Espíritu Santo. Se
establecieron conceptos definidos sobre la justificación por la fe, la verdadera relación
entre la ley y la gracia, y sobre la muerte de Cristo como el sacrifico expiatorio
complete, hecho por el pecado.
Sin embargo, unos pocos se adhirieron a algunas de sus creencias anteriores, y e
veces esas ideas aparecieron impresas. No obstante, durante décadas la iglesia he estado de
común acuerdo en lo que respecta a las verdades básicas de la fe cris-t i ana.
i nac i ona les más importan-

El hecho de que ahora nuestra posición había sido aclarada nos parecía suficiente.
Pensábamos que nuestras enseñanzas eran claras. Y no parecía necesaria ninguna declaración
particular acerca de un cambio de aquellas antiguas ideas. Hoy
el énfasis p r i n c i p a l de todas nutálias ^jL 1 i c"2cion
tes como también la continua presentación por radio y televisión, destaca los
fundamentos históricos de la fe cristiana.

Pero las acusaciones y los ataques han persistido. Algunos prosiguen


reuniendo declaraciones aparecidas en algunas de nuestras antiguas publicaciones
que hace mucho que están fuera de circulación. Se citan ciertas declaraciones, a
menudo fuera de su contexto, que dan una imagen completamente deformada de las
creencias y las enseñanzas de la Iglesia Adventista de la actualidad.

Debiera tomarse en cuenta otra consideración. Y es que los adventistas no


tienen un credo formal, no limitan rígidamente el pensamiento de su ministerio.
En verdad sería extraño si ocasionalmente no apareciera alguna declaración de
algún escritor adventistas, que no coincidiese con el consenso general de la
creencia adventista. La mayor parte de los cuerpos religiosos se encuentran con
este problema y perplejidad de vez en cuando.

Todo esto ha hecho conveniente y necesario que volvamos a establecer nuestra


posición que se basa en las grandes enseñanzas fundamentales de la fe cristiana,
y a negar toda declaración o implicación de que Cristo, la segunda persona de la
Deidad, no ha sido uno con el Padre desde toda la eternidad, y que su muer i. e en
la cruz no ha sido un sacrificio expiatorio pleno y completo. La creencia de los
adventistas acerca de estas grandes verdades es clara y categórica. Y creemos que
no deberíamos ser identificados con ciertos conceptos limitados y erróneos
sostenidos por a l gunos, particularmente en los años de nuestra formación, ni
tampoco ser infamados a causa de el los .

Esta declaración, por lo tanto, debiera i nv al id ar el repertorio de "citas"


que han estado circulando contra nosotros. Estamos en unidad con nuestros
compañeros cristianos de los grupos denomi nacional es en los grandes fundamentos
de "la fe que una vez fue dada a los santos". Nuestra esperanza está puesta en un
Salvador crucificado, resucitado, que intercede por noso^Vos y que está por venir.
LA DEIDAD Y LA ETERNA

PREEXISTENCIA DE

CRISTO Pregunta k

Con frecuencia se sostiene que los adventistas niegan la deidad y la eterna


preexistencia de Cristo, el Verbo eterno. ¿Es verdadera esta afirmación?
¿Creen los adventistas en la Trinidad? Sírvanse dar la fundamentación bíblicas
de sus creencias.

1 . Creyentes en la Deidad de Cristo y 3a Trinidad.

Nuestra creencia en la deidad y la terna preexistencia de Cristo, la


segunda persona de la D i v i n i d a d , está registrada en nuestras "Creencias
Fundamentales de
-9-
los Adventistas", que aparece anualmente en nuestro Yearbook ofi cial , y en nuestro
Manual de Iglesia autorizado. Además, los que son bautizados por la Iglesia Adven-
tista aprueban el "Resumen de las Doctrinas Fundamentales" que aparecen en nuestro
Certificado de Bautismo standard, artículo 2:

"Jesucristo, la segunda persona de la divinidad y el eterno Hijo de Dios es el


único Salvador del pecado. La salvación del hombre es por la gracia, por la fe en él".

El candidato firma esta declaración, en afirmación de su fe, antes del bautismo.


Y en el Apéndice A, págs. 641-645, aparece una compilación de declaraciones acerca de
la deidad y eterna preexistencia de Cristo y de su posición en la d i v i n i dad,
procedentes de la pluma de una de nuestras escritoras más representativas, Elena G. de
Whi te.

Respecto al lugar de Cristo en la Deidad, creemos que es la segunda persona de la


Trinidad celestial -compuesta del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo-, cuyos miembros
están unidos no sólo en la Divinidad sino en las provisiones tomadas por la
redención. En el Apéndice A, "El Lugar de Cristo en la Deidad", también aparecen
varias declaraciones suscintas acerca de la Trinidad, que presentan (1) que Cristo es
uno con el Padre Eterno- uno en naturaleza, igual en poder y autoridad, Dios en el
sentido más elevado, eterno y existente por sí mismo, con vida original, propia, no
derivada; y (2) que Cristo ha existido desde toda la eternidad, siendo distinto del
Padre, pero unido con él, poseyendo la misma gloria, y todos los atributos divinos.

Los adventistas fundamentan su creencia en la Trinidad en las declaraciones de


las Sagidúas escrituras más bien que en un credo histórico. El Artículo 2 de las
Doctrinas Fundamentales es explícito:

"Que la Divinidad, o Trinidad, consiste del Padre Eterno, un Ser personal,


espiritual, omnipotente, omnipresente, infinito en sabiduría y amor; del Señor
Jesucristo, el Hijo del Padre Eterno, mediante quien todas las cosas fueron creadas y
a través de quien se realizará la salvación de las huestes redimidas; del Espíritu
Santo, la tercera persona de la Divinidad, el gran poder regenerador que interviene
en la obra de redención. (Mat. 28:19).
Otra declaración representativa aparece en el 'Resumen de las Doctrinas Fun-
deméntales", del citado Certificado de Bautismo:
1. El verdadero Dios viviente, la primera persona de la Divinidad, es nuestro
Padre Celestial y él, por su Hijo Jesucristo, creó todas las cosas. Mat. 28: 18,19; 1
Cor. 8:5, 6; Efe. 3:9; Jer. 10:10-12; Heb. 1:1-3; Hecho. 17:22-29; Col. 1:16-18.

2. Jesucristo, la segunda persona de la D i v i n i d a d y el eterno Hijo de Dios es el


único Salvador del pecado. La salvación del hombre es por la gracia, por la fe en él,
Mat. 28:18, 19; Juan 3:16; Miq. 5:2; (Mat. 1:21; 2:5,6); Hech. 4:12; 1 Juan 5:11, 12;
Efe. 1:9-15; 2:4-8; Rom. 3:23-26.

3. El Espíritu Santo, la tercera persona de la Divinidad, es el representante de


Cristo en la tierra y guía a los pecadores al arrepentimiento y obediencia de todos los
requerimientos de Dios. Mat. ^8:18,19; Juan 14:26; 15:26; 16:7-15; Rom. 8:1-10; Efe.
4:30.
I I . Base B í blica de la Creencia en la Deidad de Cristo.

La deidad de nuestro Señor Jesucristo queda establecida por lo menos por once
diferentes líneas de evidencia, las cuales, tomadas colectivamente, establecen

-10-

completamente su deidad. Son é s t a s :

1. Reconocimiento del título de "Hijo de Dios" por Cristo mismo. Cuando


estuvo entre los hombres, Cristo se reconoció CGÚIO el Hijo de Di os TMat. 27:**1-A3;
Juan 5:23; 9:35-37; 10:36; 17:1). Confirmó el testimonio de otros de que él era el
Hijo de Dios (Mat. 16:15-17); Juan 1 :32-3*t,*48,*)9 ; 11:27). Y otras numerosas
declaraciones atestiguan el hecho de que él era lo que declaró ser: el Hijo de
Dios (Mat. 3:16, 17; Juan 19:7; 20:30,31; Hech. 9:20; Rpm. 1:1-*t; 2 Cor. 1:19; Heb.
*4:1*4; 2 Ped. 1:16,17).

Cristo utilizó el título de "Hijo de Dios" sin la menor reserva, y con la


libertad y franqueza más completas. Es el título que comprende, de la manera más
explícita, su singular relación con el Padre.

2. La aplicaci ó n a Jesucristo de una cantidad de nombres y títulos reser-a la


Deidad. -En el Antiguo Testamento se le asignan a Jesús unos 70 nombres >y títulos, y
en el Nuevo Testamento, unos 170 más. Los que se reservan exclusivamente para la
Deidad, incluyen a "Dios" (Juan 1:1); "con nosotros Dios" (Mat.i.^jy, "el gran Dios"
(Tito 2:13) "Dios. . . bendito por los siglos" (Rom. 9:5); "Hijo de Dios" (unas *tO
veces); "Hijo unigénito" (cinco veces); "el primero y el último" (Apoc. 1:17); "Alfa y
Omega" (Apoc. 22:13); "principio y fin" (Apoc. 22:13); "Santo" (Hech. 3:1**); "Señor"
(empleado constantemente); "Señor de todos" (Hech. 10:36); "Señor de gloria" (1 Cor.
2:8); "Rey de gloria" (Sal. 2*4:8-10); "Admirable" (Isa. 9:6)"; "Padre Eterno"" (isa.
9:6); "Verbo de Dios" (Apoc. 19:13); "Verbo" (Juan 1:1); "Emmanuel" (Mat. 1:23);
"mediador" (1 Tim. 2:5); y "Rey de reyes, y Señor de señores" (Apoc. 19:16).

3. Atribuci ó n a Cristo de atributos que pertenecen únicamente a la Deidr.d. Estos


i nc 1 uyen Tos s igu i entesé omn i potenci a (Mat. 28:18) , omn i sci enci a (Mat. 9~:*0 >
omnipresencia (Mat. 18:20), inmutabilidad (Heb. 13:8) que además aparecen en veintenas
de pasajes.
A. Atribuci ó n a Cristo de oficios y prerrogativas poseídos y ejercidos única-
camente por la De i dad.-Estos comprenden la creación del uní verso (Juan 1:13); fá"
preservación del universo (Heb. 1:3); el derecho y poder de perdonar los pecados (Mar.
2:5-12); el derecho y poder de juzgar a todos los hombres (Hech. 17:30; la autoridad
y el poder de resucitar a los muertos (Juan 5:28,29); de transformar nuestros cuerpos
(Fil. 3:21); de conceder la inmortalidad (1 Cor. 15:52,53)-

5. La aplicaci ó n del "YO SOY" del Antiguo Testamento a Jesucristo en el Nuevo.-


Cuando Cristo les dijo a los judíos: "Antes que Abraham fuese, yo soy" (Juan 8:58);
aquí procuraba afirmar su d i v i n i d a d, y sus oyentes reconocieron los alcances de sus
palabras, porque tomaron "piedras para tirarle" -que era el castigo
de los judíos para la inicuas blasfemias,
ciadas por Dios en el Antiguo Testamento:
tanto tiempo reconocidas como el símbolo de
atributo de la existencia por sí mismo.
Obviamente utiliz ó las palabras
pronun-"YO SOY EL QUE SOY" (Exo. 3:1*»),
durante la Deidad, aplicándose a sí
mismo el

6. La identificaci ó n del Jehová del Antiguo Testamento con el Jesús del Nuevo.
-Hay una cantidad de pasajes en el Antiguo Testamento que contienen el nombre de
Jehová, y que los escritores del Nuevo Testamento han aplicado a Jesús.

La palabra "Señor" (Yahweh) de Salmo 1^2:22, y los versículos relacionados, 25-


28, se ap l i c a a Jesús en Hebreos 1:10-12. El mismo nombre d i v i n o (Yahweh) aparecen
también en Habacuc 2:2,3, y se a p l i c a a Cristo en Hebreos 10:37.

A continuación encontramos otros tres ejemplos donde las palabras Yahweh o 'Elohim
se a p l i c a n a nuestro Señor: en Jeremías 31:31 se emplea Yahweh, y se

-11-
refiere a la obra de Cristo según aparece en Hebreos, capítulos 8 y 10. La referencia
a Yahweh de Hageo 2:6 también es de carácter mesiánico, y se aplica a la obra que hace
Jesús según Hebreos 12:26. El hombre divino 'Elohim que se usa en Salmo 45:6, 7, se
aplica al Hijo de Dios en Hebreos 1:8,9.

7. El nombre del Hijo en el Nuevo Testamento se equipara plenamente al del


Padre.- Esto aparece en la bendición apostólica (2 Cor. 1 3:14) ; en la fórmula bau-ti
smal (Mat. 28:19); y en otros textos donde sus nombres aparecen unidos.
8. La manifiesta impecabilidad de Jesucristo en toda su vida terrena. -Esto fue
predicho claramente en el Antiguo Testamento (Sal. 45:7;Isa. 53:9;~Jer. 23:5; Zac.
9:9). Y fue expresamente declarado en el Nuevo Testamento con expresiones
como estas: "el Santo de Dios" (Mar. 1:2*0; "lo Santo" (Lúe. 1 :35) ; "santo Hijo"
(Hech. 4:27) u,
(Lúe. 7:18); 5:21);
"sin mancha" peca-
dores" (Heb.
; "éste ningún mal hizo" (Lúe. 23:41); "no hay en él injusticia',
"Al-Santo y al Justo" (Hech. 3:14); "no conoció pecado" (2 Cor.
(1 Ped. 1:19); "no hizo pecado" (1 Ped. 2:22); "apartado de los
7:26).

9. Culto divino y oración a Jesús, reservados únicamente para Dios. -Hubo


muchos casos cuando Jesucristo, como Hijo y Creador, sin vacilación aceptó la ado-
ración que aun ángeles y hombres piadosos, como criaturas, rechazaron con horror y
temor (Apoc. 19'-10; Hech, 10:25,26). La. prerrogat i va de la divinidad fue asumida y
afirmada en toda la vida de Jesús, a través de muchos casos, según aparece en el Nuevo
Testamento (Mat. 14:33; 28:9,17).
10. El conocimiento de Cristo respecto de su persona y misi ón divinas. -A 1 a
edad de doce años reconoció a Dios como su Padre (Lúe. 2:41-52); a la edad de 30 años,
este conocimiento de su misión divina fue rev«iauu or. 3u bautismo (Mat. 3:13-17);
aparece en el registro de su tentación (Mat. 4:1-11); en el llamamiento de los doce y
de los setenta; en las declaraciones del Sermón del Monte (Mat. 5 a 7).

11 . La convergencia de m ú ltiples especificaciones proféticas del Antiguo Testa1


mentó cumplidas en Jesucristo, constituyen la evidencia culminante. -Una buena can-
tidad de predicciones diferentes y específicas lo señalan como el Ser que vendría de
Dios (tales como Isa. 7:14;9:6).
LA DEIDAD DE CRISTO Y LA ADMISIÓN DE

MIEMBROS ....

Pregunta 5

Si un unitario o un arriano (que rechaza la trinidad de la D ivin ida d y niegan la


deidad de Cristo) solicitara ser admitido como miembro de vuestra iglesia, ¿lo
bautizaría un pastor adventista y lo recibiría como feligrés?
¿Es posible que una persona permanezca en una posición satisfactoria dentro de la
iglesia si rehusa persistentemente someterse a la autoridad eclesiástica respecto de la
doctrina histórica de la deidad de Jesucristo?

Mientras que la primera pregunta aparentemente se refiera a un problema muy


importante es sin embargo hipotética -por la sencilla razón de que un unitario o
arriano no busca la feligresía en una iglesia reconocí damer.t. a trinitaria, mientras
sigue aferrándose a su punto de vista sobre-la Divinidad, Una encuesta realizada entre
numerosos pastores de nuestra denominación demostró que ninguno de ellos hab recibido
tal pedido.

-12-
Los pastores adventistas deben in st r u i r cabalmente a todos los candidatos a la
feligresía, antes del bautismo. Este período de instrucción por lo general dura
varios meses. Si un candidato persiste en sus puntos de vista erróneos respecto de
nuestro Señcry Salvador, quie n únicamente puede salvar al pecador, queda un solo
camino a seguir: el solicitante será informado francamente que no esta preparado para
el bautismo, y que no podrá ser recibido en la grey. Será aconsejado a estudiar más
hasta que comprenda y acepte plenamente la deidad de Jesucristo y su poder redentor.
No podemos p e r m i t i r como miembro a uno que niegue lo que creemos y crea lo que
negamos, porque nunca estaremos en armonía. Esto acarrearía d i f i cultades y
desintegración.

Además, la Ig lesi a Adventista emplea un Certificado de Bautismo uniforme de


cuatro paginas, que se entrega al candidato después del bautismo. En la página dos y
tres aparece un resumen de las creencias doctrinales de la Ig lesi a Adventista,
Siguiendo el artículo 1, que trata de la Tri nida d, el artículo segundo dice:
"2. Jesucristo, la segunda persona de la D i v i n i d a d y el eterno Hijo de Dios es
el único Salvador del pecado. La salvación del hombre es por la gracia, por la fe en
él. Mat. 28:18,19; Juan 3:16; Miq. 5:2; (Mateo 1:21; 2:5,6; Hech. 4:12; 1 Juan
5:11,12; Efe. 1:9-15; 2:4-8; Rom. 3:23-26).
Más adelante, en la página cuatro, se encuentra el "Voto Bautismal", con once
definidas declaraciones que han de contestarse afirmativamente antes de la adminis -
tración del bautismo, después de lo cual el certificado es fechado y firmado. La
primera de estas afirmaciones atañe a nuestra creencia en Dios el Padre, Dios el Hijo
y el Espíritu Santo. La segunda declaración que debe contestarse es la si gu i e n te:

"2. ¿Acepta Ud. la muerte de Jesucristo en el Calvario como el sacrificio ex-


piato ri o por los pecados del hombre y cree Ud. que por la fe en su sangre el hombre
es salvado de sus pecados y sus consecuencias?"

Este es el procedimiento que ha de seguirse previamente al bautismo en la fe


adventista. El que este Certificado Bautismal tenga autoridad y se u t i l i c e
constantemente, se ve por el hecho de que se lo incluye en nuestro Manual de Ig le si a
ofic i a l . De manera que, según parece, es menos probable que una persona que sostenga
la posición arriana o unitaria entre en la Iglesia Adventista que en alguna otra
comunión protestante.

La segunda pregunta, lo mismo que la primera, es gran parte hipotética. Nuestra


posición puede verse en la instrucción oficial para la Iglesia Adventista, el
Manual de Iglesia, que comprende los deberes, responsabilidades y procedimientos a
seguirse en los asuntos de la Iglesia. Este l ib r o fue aprobado y respaldado por
Asociación General en una sesión regular. Respecto de autoridad y responsabilidad
de la i g l e s ia en tales asuntos, leemos en las pags. 242 y 244:
"El Redentor del mundo ha investido a su iglesia de mucho poder. El declara las
reglas que han de apiicarse en caso del juicio de sus miembros.... Dios tiene a su
pueblo, como un cuerpo, responsable de los pecados que existan en sus miembros... Si
los directores de la iglesia descuidan la obra de buscar diligentemente hasta
descubrir los pecados que atraen el desagrado de Dios sobre el cuerpo, vienen a ser
responsables de estos pecados... Si hay males ostensibles entre su cuerpo, y si les
siervos de Dios manifiestan indiferencia frecuente a ellos, virtualmente sostienen y
justifican al pecador, y son igualmente culpables y recibirán tan seguramente el
desagrado de Dios; porque serán hechos responables de los pecados de los culpables."

-13-
En la página 2^9, bajo el subtítulo de: "Razones por las cuales los miembros
serán disciplinados", se registran siete razones, cualquiera de las cuales puede
dar motivo para separar a un miembro del cuerpo de la iglesia. La primera dice:

"1. Negación de la fe en los fundamentos del Evangelio en las doctrinas cardinales


de la iglesia, o la enseñanza de doctrinas contrarias a la misma".

Estos "fundamentos del Evangelio", o "creencias fundamentales", 22 en total, se


encuentran en las págs. 30 a 37 del Manual de Iglesia. El segundo y tercero de estos
principios fundamentales tratan de la doctrina de Dios, y hacen énfasis en nuestra
creencia en la Trinidad, la omnipotencia, la omnisciencia y la existencia eterna del
Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

"2. Que la Divinidad o Trinidad consiste en el Padre Eterno, un ser persona],


espiritual, omnipotente, omnipresente, omnisciente, infinito en sabiduría y en amot el
Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, por medio del cual fueron creadas todas las cosas y
por cuyo intermedio se realizará la salvación de las huestes de los redimidos; el
Espíritu Santo, la tercera persona de la Divinidad, el gran poder regenerador en la
obra de la redención. (Mat. 28:19)".

"3. Que Jesucristo es Dios mismo, siendo de la misma naturaleza y esencia que el
Padre Eterno. Aunque retuvo la naturaleza d i v i n a tomó sobre si la naturaleza humana.
V i v i ó sobre la tierra como hombre, ejemplificó en su vida como modelo núes tro los
principios de la justicia, testificó de su relación con Dios por medio de muchos
milagros poderosos, murió por nuestros pecados en la cruz, resucitó de entre los
muertos y ascendió al Padre, donde vive para siempre para interceder por nosotros.
(Juan 1:1,H»; Heb. 2:9-18: 8:1,2; ¿+-.1*4-16; 7:25)".
La cuarta de estas creencias fundamentales destaca la naturaleza de nuestra
salvación:

t. Que toda persona, a fin de obtener la salvación, debe experimentar el nuevo
nacimiento. Este abarca una transformación completa de la v i d a y el carácter por el
poder recreador de Dios, en vir tud de la fe en el Señor Jesucristo (Juan 3: 16; Mat.
18:3; Hech. 2:37-39)"-
La salvación, entonces, se da solamente a través de "la fe en el Señor Jesu-
cristo". El que rehusa reconocer la deidad de nuestro Señor y Salvador Jesucristo no
puede, por lo tanto, ni comprender ni experimentar ese poder divino recreador en su
plenitud. No sólo queda descalificado para la feligresía a causa de su incredulidad,
sino que ya está fuera del místico cuerpo de Cristo, la iglesia. Y la igl esia no
podrá hacer nada más que reconocer esta separación a través de la increduli dad, y actuar
en armonía con la instrucción del manual de i gl esi a a que se hizo referencia. £1 punto
quinto de las razones dadas para separar a un miembro de la iglesia dice:
"Una persistente negativa en cuanto a reconocer las autoridades de la iglesia
debidamente constituida, o por no querer someterse al orden y a la disciplina de \ i
gles¡a".

Aunque se reconoce la autoridad de la igle si a para actuar en tal caso, nunca se


adopta apresuradamente la separación de .un miembro, sino únicamente después de mucho
consejo, oración y esfuerzo para recobrar al que yerra. Generalmente, en la práctica,
o la persona que pierde la fe en los principios fundamentales se

encuentra tan fuera de armonía con sus hermanos que voluntariamente se retira, o
su conducta es de tal naturaleza que la i g le si a debe intervenir en su caso.

La doctrina histórica de la deidad de nuestro Señor y Salvador Jesucristo es


una creencia fundamental de la I glesia Adventista.
LA BASE HISTORIA PARA UN FALSO CONCEPTO

A menudo se ha comprendido mal a los Adventistas respecto de su creencia con-


cerniente a la deidad de Cristo y a la naturaleza de la Divinidad. La base de este
concepto falso esta en cierto modo en cuestiones de definición y antecedentes h i stóri
eos.

En el movimiento interdenominaciona1 M i l l e r i s t a , a los que pertenecieron los


adventistas de la primera época, unos pocos dirigentes eran miembros de una
denomi-'eción conocida como "Cristianos" Este grupo había lanzado su consigna, que
blaso-
-aba de no tener ningún credo fuera de la B i b l i a y únicamente la B i b l i a , en la
rebe-";ón arminiana de principios del si gl o diecinueve contra el dominante cal vinismo
po-'':ico-eleesiástico de Nueva Inglaterra, en el cual el asentimiento a la Confesión
ce Fe de Westminster constituía una condición s i ne qua non. En su celo por rechazar
teco lo que no estuviera en la B i b l i a , los "Cristianos" fueron traicionados por el
excesivo literal ismo al interpretar la Divinidad en términos de las relaciones huma-
-as sugeridas por las palabras "Hijo". "Padre", y "Unigénito", esto es a caer en la
ts-aencia de menospreciar el término extra b í b li co "Trinidad", y de afirmar que el
-'jo debe haber tenido un comienzo en un pasado remoto. (Sin embargo esta gente, a
cesar de ser llamados arríanos, estaban en el extremo opuesto de los arríanos libe-
-e'es y humanistas que llegaron a ser unitarios', y q^e consideraban a Cristo como _r
"nero hombre) .

Algunos de estos "Cristianos" confiaron en la B i b l i a como su guía, y haciendo c-


e' carácter cristiano, antes que la creencia, la única prueba para optar a la ~í
'cresía, se inclinaron a escuchar con simpatía la predicación reavivadora de s-
'"ermo Mil le r realizada en el decenio de 1840, y a dar la bienvenida a los mi 1le-
* s:as cuando otras iglesias les cerraban las puertas. S i n embargo, en el
movlmien-:: -'ilerista la especulación acerca de la naturaleza de la D i v i n i d a d no
desempeñaba
• -c-;na parte importante.

Los primeros adventistas habían sido milleristas, procedían de diferentes de-


-c-'naciones, y entre ellos había dos predicadores "Cristianos", y posiblemente
«£-"cs miembros laicos. Su proporción de nuestra primera feligresía es desconocida,
* ;_s decaídos descendientes no han moldeado el pensamiento de nuestra feligresía,
tarcoco su comprensión de la D i v i n i d a d llegó a.ser una parte de nuestro mensaje esen-c
a" credicado al mundo. Actualmente es probable que sólo una mínima parte de nues-:-c=
miembros haya alguna vez oído hablar de una disputa acerca de si Cristo tuvo z, c-
igen en un incomensurab1 e punto de la eternidad. Y aun los pocos así llamados
*--"enos que hay entre nosotros -aunque están errados en su teología teórica acerca re
~ = naturaleza de la relación entre los miembros de la Trinidad- han estado tan c~es
como sus más ortodoxos hermanos de todo pensamiento desmerecedor de la gloria
• c".i no señorío de Jesucristo como Creador, Redentor, Salvador y abogado.

Nuestro pueblo siempre ha creído en la d i v i n i d a d y preexistencia de Cristo, la


irie'.c' parte del cual ha ignorado completame-nte toda disputa referente a la relación
eiacta de los miembros de la Divinidad. Tampoco nuestra predicación pública ha dis-
r_:"cc la Cristología, sino que ha puesto el énfasis en el mensaje distintivo de la

-15-
venida del Señor. Sin embargo, tenemos las declaraciones de E. G. deWhite, por lo
menos de las decenas de 1970 y 1880, acerca de la deidad de Cristo, y su unidad e
igualdad con Dios; y a partir de 1890 ella se expresó con creciente frecuencia y
positividad en un esfuerzo por corregir ciertas opiniones erróneas sostenidas por
algunos por algunos -tales como la noción literal ista de que Cristo como el
"unigénito" Hijo tuvo, en una época remota, un comienzo.
¿Por qué motivo no puso mayor énfasis sobre esto desde el comienzo? Sin duda por
la misma razón que aconsejó contra la práctica de seguir una controversia teológica
contra respetados pero errados humanos -en bien de la unidad en las carácter Tsti cas
principales del mensaje del inminente regreso de Cristo, el cual todos ellos se sentían
llamados por Dios a proclamar al mundo. Su consejo fue, en resumeo: No importa cuan en
lo correcto estemos, no agitemos el tema en este momento porque provocará desunión.
LA ENCARNACIÓN Y EL "HIJO DEL HOMBRE"
Pregunta 6

¿Qué entienden los adventistas por el empleo que hizo Cristo del título de
"Hijo del Hombre"? ¿Y cuál consideran ustedes que es el propósito básico de la
encarnación?
El Verbo inspirado y el Verbo Encarnado, o Verbo hecho carne, son dos columnas
gemelas en la fe de los adventistas, compartidas en común con todos los verdaderos
cristianos. Toda nuestra esperanza de salvación descansa en estas dos inmutables
provisiones de Dios. En realidad, consideramos la enea--."' ^ de Cristo como el hecho
más estupendo, en sí mismo y por sus consecuencias, de la historia humana, y la clave
de todas las providencias redentoras de Dios. Antes de la encarnación, todo conduce a
ello; y después de la encarnación, todo lo que si guio surge de ello. Es la base de
todo el Evangelio, y es absolutamente indispensable para la fe cristiana. Esta unión
de la Divinid ad con la humanidad -de lo infinito con lo finito, del Creador con la
criatura, hecha para que la D i v i n i dad fuera revelada a la humanidad- sobrepasa
nuestra comprensión humana. Cristo unió el cielo y la tierra, a Dios y al hombre, en
su propia Persona y mediante esta provi s ion.
Además, en su encarnación Cristo se convirtió en lo que no era antes. Tomó sobre
sí la forma corporal humana, y acepcó1'las limitaciones de la vida orgánica humana,
como modo de existencia mientras estuvo aquí en la tierra entre los hombres De este
modo la Deidad estuvo unida a la humanidad en una persona, cuando se conv ir ti ó en el
único Dios-hombre. Esto es básico en nuestra fe. La muerte vicaria y expiatoria de
Cristo en la cruz fue el resultado inevitable de esta provisión fundamental.
Insistirnos, cuando Cristo se identificó a sí mismo con la humanidad, mediante * la
encarnación, el Verbo eterno de Dios entró en los ámbitos del tiempo terrenal. Pero
desde entonces, el Hijo de Dios ha sido hombre, y no ha dejado de serlo. Adoptó la
naturaleza humana, y cuando volvió a su Padre, no sólo llevó con él la humanidad que
había tomado en la encarnación sino que retuvo para siempre su per-fscta naturaleza
humana -identificándose así eternamente con la humanidad r;ue había redimido.
Esto ha sido adecuadamente expresado por una de nuestras escritoras más des-
tacadas, Elena G. de White: "Al tomar nuestra naturaleza, el Salvador se vinculó

-16-
con la humanidad por un vínculo que nunca se ha de romper. A través de las edades
eternas, queda ligado con nosotros" (El Deseado de Todas las Gentes, pág . 20).
I. EL H I JO DE DIOS SE CONVIERTE EN EL HI JO DEL HOMBRE.

Mediante la encarnación quedó velada la majestad y la g l or i a del Verbo Eterno,


el Creador y Señor del universo (Juan 1:1-3). Y fue entonces cuando el Hijo de Dios
llegó a ser el Hijo del hombre -expresión empleada más de 80 veces en el Nuevo
Testamento. Tomando la humanidad sobre sí, llegó a ser uno con la raza humana para
poder revelar la paternidad de Dios al hombre pecaminoso, y para poder red i m i r a la
humanidad. En su encarnación se hizo carne. Tuvo hambre y sed, y se cansó. Necesito
alimento y reposo, y el sueño lo reconfortó. Compartió la suerte del hombre,
anhelando la simpatía humana y necesitando la asistencia divina. Sin embargo,
siempre fue el intachable Hijo de Dios.

Moró en la tierra, fue tentado y probado, y fue af li g ido por los sentimientos de
nuestras flaquezas humanas, y s i n embargo v i v i ó una v i d a enteramente l i b r e de
pecado. La suya fue una humanidad real y genuina, que debió pasar por diferentes
etapas de crecimiento, como la de c ua l qu i e r otro miembro de la humanidad. Depend i ó
de José y María, y adoró en la sinagoga y en el templo. Lloró por la culpable
ciudad de Jersualén, y junto a la tumba de su amigo amado. Mediante la oración
manifestó su dependencia de Dios. Y en todo e l l o mantuvo su d i v i n i d a d - era el
único Dios-hombre. Fue el segundo "Adán, que vino en la "semejanza" de la carne humana
pecaminosa (Rom. 8:3), pero s i n una mancha de sus tendencias y pasiones pe-cam!nosas.

La primera vez aue en el Nuevo Testamento aparece el título de "Hijo del hombre",
se ap l ic a a Jesús como una persona errante que carecía cíe un s i t i o donde reclinar
su cabeza (Mat. 8:20); y la última vez, como un Rey glorificado que regresa (Apoc.
14:14). Fue como Hijo del hombre como vino a salvar a los perdidos (Lúe. 19:10).
Como Hijo del hombre reclamó autoridad para perdonar los pecados (Mat. 9:1-8). Como
Hijo del hombre sembró la s em il la de la verdad (Mat. 13:37), fue traicionado (Mat.
17:22; Lúe. 22:48), fue crucificado (Mat. 26:2), resucitó de entre los muertos (Mar.
9:9), y ascendió al cielo (Juan 6:62).

Es asimismo como Hijo del hombre como ahora está en el cielo (Hechos 7:36) y
vela por su iglesia en la tierra (Apoc. 1:12,13,20). Además es como Hijo del hombre
como volverá en las nubes del cielo (Mat. 24:30; 25:31). Y como Hijo del hombre
ejecutará el juicio (Juan 5:27) y .V^ibirá su reino (Dan. 7:13,14). Este es el
registro inspirado de su papel como Hijo del hombre.
II. MILAGROSA UNION ENTRE LO DIVINO Y LO HUMANO.

Cristo Jesús nuestro Señor fue una milagrosa unión de la naturaleza d iv in a con
nuestra naturaleza humana. Fue el Hijo del hombre mientras estuvo aquí y en la
carne, pero también fue el Hijo de Dios. El misterio de la encarnación esta clara y
definidamente expresado en las Sagradas Escrituras.
Grande es el misterio de la piedad: Dios ha sido manifestado en carne" 1 Tim 3:16
"Dios estaba en Cristo" (2 Cor. 5:19). "Aquel Verbo fue hecho habitó entre nosotros"
(Juan 1:14).
i
¡Qué verdad admirable! Elena G. de White se ha referido a e l l a como sigue:

-17-
"Cubrió su d i v i n i d a d con humanidad. Todo el tiempo fue Dios, pero no apareció
como Dios. Veló las manifestaciones de la Deidad que habían suscitado el homenaje y
arrancado la admiración del universo de Dios. Fue Dios mientras estuvo en la
tierra, pero se despojó de la forma de Dios, y en su lugar tomó la forma y figura de
un hombre. Recorrió la tierra como un hombre. Por nosotros se hizo pobre, para que
mediante su pobreza pudiéramos ser enriquecidos. Depuso su g l o r i a y su majestad.
Era Dios, pero abandonó momentáneamente las glorias de la forma di Dios" (The Review
and Herald, 5-7-1887).

"Cuanto más pensemos en Cristo que se hizo niño aquí en la tierra, tanto más
maravilloso nos parece. ¿Cómo podía ser que el desvalido niño del pesebre de
Belén fuera todavfa el d i v i n o Hijo de Dios? Aunque no podamos comprenderlo, pode
mos creer que el que hizo los mundos se hizo niño desvalido por nosotros. Aunque
superior a cualquiera de los ángeles, aunque tan grande como el Padre que se senta
ba en el trono del cielo, se hizo uno con nosotros. En él Dios y el hombre se h i
cieron uno, y en este hecho es donde encontramos la esperanza de la humanidad caít
Contemplando a Cristo en la carne, contemplamos a Dios en humanidad, y vemos en él
el resplandor de la gloria divina, la expresa imagen de Dios al Padre". (The Youtn
Instructor, 21-11-1895). I

"El Creador de los mundos. Aquel en quien habitaba la plenitud de la D i v i n i dad


corporalmente, se manifestó en el niño desvalido del pesebre. Muy superior a
cualquiera de los ángeles, igual con el Padre en dignidad y gloria, ¡Y sin embargc
vestido con el ropaje de la humanidad! La D i v i n i d a d y la humanidad se mezclaron
misteriosamente, y el hombre y Dios llegaron a ser uno. Es en esta unión donde
encontramos la esperanza de nuestra humanidad caída. Contemplando a Cristo en huí
nidad, contemplamos a Dios, y vemos en él el resplandor de su gloria divina, la e;
presa imagen de su persona" (Signs of the Times, 30-7-1896).
(Juan 8 5:21); que Pedro pudo
asegura que

En ambas naturalezas, la d i v i n a y la humana, fue perfecto; fue sin pecado. No


puede dudarse de que esto haya sido cierto en lo que se refiere a su naturalez
divina. También lo mismo es válido para su humanidad. En su desafío a los fari seos
de sus días, dijo: "¿Quien de vosotros me redarguye de pecado?" El apóstol de los
ge nt il es declaró que Cristó^conoció pecado" (2 Cor, era "santo, ¡nocente, limpio,
apartado de los pecadores" (Heb. 7:26). testificar de que "no hizo pecado" (1 Ped.
2:22); y Juan el amado nos "no hay pecado en él" (l Juan 3:5)- Pero no sólo sus
amigos destacaron su natura leza s i n pecado; también lo declararon así sus enemigos.
Pilato estuvo obligado a confesar: "No he h a l l a d o culpa alguna Jh^este hombre"
(Lúe. 23:1*0- La mujer de Pilato le advirtió: "No tengas que ver con aquel justo"
(Mat. 27:19). Hasta los denomios se veían obligados a reconocer su calidad de Hijo,
y por lo tanto si divinidad. Cuando se les ordenó s a l i r del hombre de quien se
habían posesionado replicaron: "¿Qué tenemos contigo, Jesús, Hijo de Dios?" (Mat.
8:29). El evangí l i o de Marcos lo llama "el santo de Dios" (Mar. 1:2*»).

Elena G. de White ha escrito: "Tomo la naturaleza, pero no la pecaminos ida< del


hombre" (Signs of the Times, 29-5-1901).

"No debiéramos abrigar duda respecto de la perfecta impecabilidad de la nat


raleza de Cristo" (The SDA B i b l e Commentary, Tomo 5, pág. 1131).
¿Por qué tomó Cristo la naturaleza humana? Esto ha sido explicado como
sigue:

-18-
"Poniendo a un lado su ropaje real y corona regia, Cristo vistió su d iv i ni da d con
humanidad, para que los seres humanos pudieran ser levantados de su degradación, y
colocados en un lugar ventajoso. Cristo no pudo haber venido a esta tierra con la
gloria que tenía en las cortes celestiales. Los seres humanos pecaminosos no habrían
podido soportar su visión. Veló su divinidad con el traje de la humanidad, pero no se
despojó de su divinidad. Como Salvador d ! v i no-humano, v ¡no a ponerse a la cabeza de
la humanidad caída, para participar en su experiencia desde la infancia a ¡a
v i r i l i d a d . Vino a esta tierra, y vivió una vida de perfecta obediencia para que los
seres humanos pudieran ser participantes de la naturaleza divina" (Review and Herald,
15-6-1905).

"Cristo mismo se revistió de la humanidad, para poder alcanzar a la humanidad...


se requería tanto lo d i vi n o como lo humano para traer la salvación del mundo" (El
Deseado, Pag. 25^) .
a ser uno con la humanidad y al a los
"Tomando la humanidad sobre él, Cristo v in o seres humanos pecaminosos. En todas
las cosas fue hecho semejante a sus
hermanos. Se hizo carne, así como nosotros somos. Tuvo hambre y sed, y se cansó. Fue
sustentado por el alimento, y refrescado por el sueño. Compartió la suerte del
hombre, y sin embargo fue intachable Hijo de Dios. Fue extranjero y transeúnte en la
tierra -en el mundo, pero no del mundo; tentado y probado como los hombres y las
mujeres de hoy son tentados y probados, sin embargo vivió una vida libre de pecado"
(Testimonies, tomo 8, páq . 286).
Insistimos en que Cristo fue perfecto y sin pecado en su naturaleza humana.

Debemos considerar algo de importancia vital relacionado con esto. Aquel sin
pecado, nuestro bendito Señor, tomó voluntariamente sobre sí la carga y la penalidad
de nuestros pecados. Este fue un acto plenamente de acuerdo y en cooperación con Dios
el Padre.

Dios "cargó en él el pecado de todos nosotros" (isa. 53:6).

"Cuando hubiere puesto su vida en expiación por el pecado..." (Vers. 10).

Y sin embargo el suyo fue un acto voluntario, porque leemos:

"Y él llevará las iniquidades de ellc2^ (Vers. 11).

"Derramó su vida hasta la muerte" (Vers. 12).

"El cual mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero" (1 Ped.
Como miembro de la familia humana era mortal, pero como Dios era la
fuente
de vida el mundo. Pudo, en su persona divina, haber resistido los
para la avances de rehusado someterse a su dominio; pero
voluntariamente depuso su vida, para que al hacerlo pudiera
dar vida y traer la inmortalidad a la luz.... ¡Qué humillación
significó esto.1 Asombró a los ángeles. La lengua jamás podrá descri-
birlo; la imaginación no puede abarcarlo. ¡El Verbo eterno consintió en
ser hecho carne.1 ¡Dios se hizo hombre.1 Fue una humildad maravillosa"
(The Review and Herald, 5-7-188?).
Sólo el inmaculado Hijo de Dios podía ser nuestro sustituto. Esto fue
nuestro

-19-
inmaculado Redentor; tomó sobre sí los pecados de todo el mundo, pero, al
hacerlo, no hubo la mínima mancha de corrupción sobre él. La Biblia, sin
embargo, dice que Dios lo "hizo pecado por nosotros" (2 Cor. 5:21). Esta
expresión paulina ha confundido a los teólogos durante siglos, pero no
importa cual sea su significado, ciertamente no significa que nuestro
inmaculado Señor se ni zo pecador. El texto dice que Dios lo "hizo pecado".
Y esto puede significar que el tomo nuestro lugar, que murió por
nosotros, que "fue contado con los perversos" (isa. 53:12), y que tomó la
carga y la penalidad por nosotros.

Todos los cristianos verdaderos reconocen este acto redentor de Jesús


consumado en la cruz del calvario. Este hecho cuenta con abundante
testimonio bíblico en su favor.

Los escritos de Elena G. de White están completamente en armonía con


las Escrituras en este punto.

"El Hijo de Dios soportó la ira divina contra el pecado. Todos los
pecados acumulados del mundo fueron puestos sobre el Portador del pecado.
Aquel que era inocente, Aquel quien únicamente podía ser la propiciación
por el pecado, porque él mismo fue obediente. Era uno con Dios. Ni una
mancha de corrupción había en él" (Signs of the Times, 9-12-1897).
"Como uno de nosotros, debía llevar la carga de nuestra culpabilidad
y desgracia. El Ser sin pecado, debía sentir la vergüenza del pecado. El
amante de la paz debía habitar con la disensión, la verdad debía morar con
la mentira, la pureza con la vileza. Todo el pecado, la discordia, la
contaminadora concupiscencia de la transgresión torturaba su
espíritu....Sobre aquel que había depuesto su gloria, y aceptado la
debilidad de la humanidad, debía descansar la redención del mundo" (El
Deseado, págs. 89,90).
"El peso del pecado del mundo oprimía su alma. Y su rostro
manifestaba una tristeza indecible, una angustia tan profunda, como los
hombres caídos jamás han comprendido. Sintió la abrumadora ola de maldad
que inundó el mundo. Comprendió el poder del apetito gratificado y délas
pasiones impías que controlaban el mundo" (The Review and Herald, U-8-1871*).
"En esta expiación se hizo justicia completa. En lugar del pecador,
el inmaculado Hijo de Dios recibi ó la penalidad, y el pecador queda libre
mientras reciba y conserve a Cristo como su Sal vado.- •.f.ersonal . Aunque es
culpable, se lo considera inocente. Cristo cumplid todo requerimiento
hecho por la justicia (The Youth's Instructor, 25-^-1901).
"Sin culpa, llevó el castigo de la culpa. Inocente, y sin
embargo se ofre
ció como sustituto por el transgresor. La culpa de cada pecado
oprimió con todo
su peso el alma divina del Redentor del mundo" (Signs of the Times, 5-
12-1892).
Todo esto lo cumplió vicariamente. ¡evo sobre la cruenta cruz.
Lo tomó sobre su alma sin pecado y lo Hay otro aspecto de esta cuestión que
necesita ser subrayado y este es que Jesús no solamente llevó la
iniquidades de todos nosotros, sino que tomó y llevó algo más, aunque era
algo que estaba relacionado íntimamente con nuestros pecados
Ciertamente llevó é nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores sa.
53:^)" "Varón de dolores; ( experimentado en quebrantos" (Vers. 3).

-20-
¿-\j
El evangelista Mateo se refiere a este pasaje: “El mismo tomó nuestras
enfermedades y l l e v ó nuestra dolencias" (Mat. 8:17).
Del mismo modo que él ll evó (Gr.: phero-LXX) nuestras i n i q u i d a d e s (isa.
53:11) Del mismo modo l l e v ó (anapherS) nuestras d e b i l i d ad es , (Mat. 8:17).

Pero observemos, además, lo que está i m p l i c a d o en esto: nótense las


palabras ut il izada s para expresar el pensamiento tanto en Isa. 53 como en
Mat. 8. Llevó nuestras penas, nuestras enfermedades , nuestras debi 1idades .
Sobre este punto nótese lo que d i ce Elena de White:

Estuvo sujeto a las d e b i l i d a d e s y a las flaquezas que rodean al hombre,


para que se cumpliera lo que fue dicho por Isaías el profeta diciendo: "El
mismo tomó
nuestras enfermedades y l le vó nuestras dolencias". Fue afectado por el
de nuestras dolencias y sentimiento en todos los puntos fue tentado como lo
somos nosotros. Y
s i n embargo "no conoció pecado". Era el Cordero "sin defecto y s i n
mancha"..... no debiéramos tener ninguna inquie tud respecto de la perfecta
i m p e ca b i l i d a d de la naturaleza humana de Cristo.- Signs of the Times, 9 de
j u l i o de 1898,(el subrayado es nuestro).

No fue tocado por la corrupción, era extraño al pecado; y s i n embargo


oró y lo hizo a menudo con fuerte clamor y lágrimas. Oró por sus
discípulos y por sí mismo, identificándose a sí mismo con nuestras
necesidades, nuestras dolencias y nuestras fallas que son tan comunes en la
humanidad. Era un poderoso peticionante, que no poseía las pasiones de
nuestra naturaleza humana, pero rodeado por debilida des semejantes y
tentado en todas las cosas como nosotros lo somos, Jesús soportó una
agonía que requería auxilio y coctén de parte de su Padre.- Testimonies,
vol. 2, pág. 508.

Cristo es el hermano en nuestras debilidades, pero no en poseer


pasiones semejantes a las nuestras. Como aquel que fue sin pecado su
naturaleza se apartaba del ma 1
Soportó luchas y torturas de alma en el mundo de pecado. Su humanidad
hacia
de la oración una necesidad y un privilegio. El p i d i ó todo el sostén y el
consuelo d i v i n o más fuerte, el cual su Padre estaba l i s t o para im pa rt irle
a Aquel que en benef icio del hombre había dejado los deleites del cielo y
había elegido hacer de un mundo frío e ingrato su casa. I b i d , pág . 202.
(El subrayado es nuestro).
Sin embargo difícilmente se podría inferir, ni del registro de
Isaías, ni del de Mateo, que Jesús tuvo una enfermedad fíií-ca, o que
experimentó la f r a g i l i d a d que naturalmente hereda nuestra naturaleza
humana caída. En cambio él 1 1 evo todo esto. ¿Acaso no es posible que él
haya llevado esto también en forma vica ri a, así como llevó los pecados
del mundo entero?.

Estas debilidades, fragilidades y fallas son cosas que nosotros con


nuestra naturaleza pecadora caída, tenemos que soportar. Para nosotros son
naturales, inherentes, pero cuando él las llevó no las tomó como algo que
fuera innatamente suyo, sino las llevó como nuestro sustituto. Las llevó
en su naturaleza perfecta y s i n pecado. Repetimos la observación: Cristo
llevó todo esto vicariamente, en forma tan vicaria como aquella en que
llevó las iniquidades de todos nosotros.

En este sentido que debiéramos entender los escritos de Elena i G. de


White, cuando se refiere, ocasionalmente, a una naturaleza humana
pecaminosa, caída y deteriorada. Leemos que Jesús tomó nuestra naturaleza
(Deseado de Todas las Gentes,
"Tomó sobre sí mismo nuestra naturaleza humana" (The SDA B i b l e
Commentary,
pág. l
vol. 5, de la naturaleza humana. "Llevó la naturaleza del
Deseado
____________________Gentes , pág. 92); Tomó "Nuestra naturaleza pecaminosa'
M'inistry, pág. 181); Tomó "nuestra naturaleza caída" (Special Instruction

g.
11
28
).
Se
vi
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de
To
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la
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e
"

(
M
e
d
i
c
a
l
Relat í ng to the Review and Herald Office, pág. 13, Mayo 26, 1896); Llevó "la
natu-"raleza del hombre en su condición caída" (Siqns of the Times, 9 de
j u l i o de 1898).

-21-
Todas estas son declaraciones vigorosas, pero con seguridad nadie le
daría una
connotación que fuera contraria a lo que la misma escritora ha dicho en
otros luga
res de sus obras. Nótese el marco en el cual se usan estas expresiones:

Dice que tomó "la naturaleza, pero no la pecaminosidad del hombre"


y.llevó "la naturaleza del hombre en su condición caída" pero "Cristo no

El Hijo de Dios "llegó a ser como uno de nosotros , salvo en el pecado.


Youth' Instructor, 20 de octubre de 1 886. (E
s sobre é 1 9 de
br "N i una mota de corrupción estuvo 1subrayado es nuestro) .
e
de 1897- (Subrayado no original). ". Signs of the Times ,
participó en lo más mínimo de sus pecados". The SDA B i b l e Commentary, vol.
5, pág. 1131.
The
diciem-
Se notará en estas declaraciones, recién citadas, que si bien la
escritora menciona que Jesús tomó nuestra naturaleza, por sí mismo no era
pecador, sino sin pecado.
Todo lo que Jesús tomó no era suyo en forma intrínseca ni innata. El
hecho de tener la carga de nuestras debilidades heredadas, y de nuestras
fallas, incluso después de cuatro m i l años de debilidades y degeneración
acumuladas (Deseado de Todas las Gentes, pág. 32,92), ni en lo más mínimo
manchan su naturaleza humana. "Llevó sobre su naturaleza sin pecado,
nuestra naturaleza pecaminosa".- Medical Ministry, pág. 181. "No
debiéramos tener ! ncerti dumbre con respecto a la perfecta impecabilidad
de la naturaleza humana de Cristo".- The SDA Bible Commentary, vol. 5, pág.
1131.
"Voluntariamente asumió nuestra naturaleza humana. Fue un acto de
él mismo, y por su propio consentimiento".- The Review and Herald. 5 de
julio de 1887.

Voluntariamente "se sometió a todas las condiciones humillantes de


la naturaleza humana" (Test imon Íes , vol. k , pág. ^58), "tomó sobre sí
mismo la forma de s iervo" (Fi 1 . 2:7) ; "Tomó 1 a simiente de Abrahán" (Heb .
2:16) , para que pudiera ser "hecho pecado por nosotros" (2 Cor. 5:21), a
fin de que fuera en todas las cosas "como sus hermanos" (Heb. 2:17).
Todo lo que Jesús tomó, todo lo que llevó, ya sea la carga y
penalidad de nuestras iniquidades, o las enfermedades o fragilidad de
nuestra naturaleza humana todo fue tomado y llevado en forma vi car ic^'-j Del
mismo modo que cuando llevó vicariamente los pecados del mundo entero, no
contaminó su alma perfecta e impecable, tampoco el llevar las
enfermedades y fragilidades de nuestra naturaleza humana lo contaminó en lo
más mínimo con la influencia corruptora del pecado.

Recordemos siempre que nuestro bendito Salvador fue sin pecado. "No
deberíamos tener i ncerti dumbre con respecto a la perfecta impecabilidad
de la naturaleza humana de Cristo".- The SDA B i b l e Commentary, vol. 5 pág.
1131.

Al tratar de la humanidad de Cristo, es necesario hacer el máximo


esfuerzo de vigilancia respecto de toda delcaración, no sea que las
palabras de uno sean tomadas para darles un sentido distinto del que
implican, y de este modo que uno pierda o disminuya la claridad de la
percepción de la humanidad de Cristo, como fue combinada con la divinidad.
Su nacimiento fue un milagro ce Dios.... "lo santo que nacerá de ti (María)
será llamado* el Hijo de Dios".... Nunca, de ningún modo, se deje la menor
impresión sobre las mentes humanas de que una mancha o

-22-
z in cl in ac i ó n a la corrupción estaban sobre Cristo, ni que en algún modo
él haya cedido a la corrupción. Fue tentado en todas las cosas como el
hombre es tentado, s i n embargo es llamado "lo santo". Es un misterio que
no se explica a los morta" tales el hecho de que Cristo pudiera ser
tentado en todas las cosas como somos nosotros y sin embargo quedar s.i n
pecado. La encarnación de Cristo siempre ha sido y seguirá siendo un
misterio. Lo que se revela es para nosostros y para nuestros ni jos. Pero
que todo ser humano quede amonestado de no penetrar en el terreno de hacer
a Cristo completamente humano, tal como nosotros mismos, porque eso no
puede ser.- The SDA B i b l e Commentary, vol. 5, págs. 1128, 1129.
¡Qué maravilloso Salvador es Jesucristo

nuestro Señor! I I I . ¿PUDO PECAR CRISTO?

Sobre este aspecto de esta pregunta vital hay diversidad de opinión


en la iglesia cristiana en general. Algunos tienen la impresión de que
le era imposible a Jesús pecar; otros de que le era posible. Nos unimos
con los últimos en nuestra ma nera de entender el asunto y, como en muchas
otras fases de la doctrina cristiana, estudiosos eminentes de la
i g l e s i a a través de los siglos se han expresado de la misma manera que
nosotros. Nuestra posición sobre esto está expresada por Elena G. de
White:
Muchos sostienen que era imposible para Cristo ser vencido por la
tentación. En tal caso, no podría haberse hallado en la posición de Adán;
no podría haber obtenido la victoria que Adán dejo de ganar. Si en algún
sentido tuviésemos que soportar nosotros un conflicto más duro que el que
Cristo tuvo que soportar, él no podría socorrernos. Pero nuestro Salvador
tomó la humanidad con todo su pasivo. Se v i s t i ó de la naturaleza humana,
con la p o s i b i l i d a d de ceder a la tentación. No tenemos que soportar nada
que él no haya soportado.... En beneficio del hombre, Cristo venció
soportando las pruebas más duras.- Deseado de Todas la Gentes, pág. 92) (El
subrayado es nuestro).

Es evidente que teólogos afamados y de nota en el pasado han


sostenido el mismo punto de vista. Nótese lo siguiente:

"Si a él se le hubiera dotado desde el p r in ci p i o con una


impecabilidad absoluta, o con la imposibilidad de pecar, no podría ser
verdadero hombre, ni modelo nuestro para la imitación: su santidad, en
lugar de ser un acto adq ui rid o por sí mismo y mérito inherente suyo,
sería un dcV^áccidental o exterior, y su tentación sería una mera
exhibición ficticia. Como hombre verdadero, Cristo tiene que haber sido
un agente moral libre y responsable: la libertad implica el poder de
elegir entre el bien y el mal, y el poder de la desobediencia tanto como
de la obediencia a la ley de Dios".- P h i l i p Schaff, The Person of Christ,
págs. 35,36.

"No debemos entender por el término (impecabilidad de Jesús) una


im po sibil i dad absoluta de pecar, sino sólo el hecho real de no pecar y
(lo que en una naturaleza l ibre e irracional es inseparable de este
hecho), el tener una perfección moral y.una santidad máxima".- Karl
Ullmann, An Apologetic View of the Sinless Character of Jesús (18^1), pág.
11 .
IV. EL PROPOSITO DE LA ENCARNACIÓN

En cuanto al propósito de la encarnación, la respuesta aparece en


los pasajes que apoyan los siguientes seis puntos, que resumen las
razones para su venida a la tierra en forma humana.

-23-1.
Vino a revelar a Dios ante el mundo. -Juan 1:1^,18, 3:1-36; 17:6,26; 1
Juan
2. Vino a reunir a Dios con el hombre.- Juan 1:51 (Compárese con Gen. 28:12);
Mat. 1 :23; 1 Ped. 3:18.

3. Vino a identificarse con el hombre hasta en el nombre. Es llamado Hijo del


hombre unas setenta y siete veces en los Evangel ios, como por ejemplo: Lúe. 19:10.

k. Vino a llevar los pecados de la humanidad.- Isa. 53:6-11; Juan 1:29; 1 Ped.
2:2*4, 1 Juan 3:5.

5. Vino a morir en lugar nuestro. -I sa. 53:5-10, Mat. 26:28; Hech. 20:28; Tom.
4:25; 5:6-10; 1 Cor. 15:3; Gal. 1:**; 1 Tim. 2:6; Heb. 2:9; 1 Ped. 1:18, 19; 2:2¡+;
3:18.

6. Vino a destruir al Diablo y sus obras. -Juan 12:31; 16:33; Heb. 2:14; 1 Juan
3:8.

V. UN MINISTERIO INSONDABLE

Al considerar un tema de tanta trascendencia e importancia vi tal como la encar


nación de Cristo, siempre debemos recordar que hay muchos aspectos de este tema que
jamás podremos sondear. Aun cuando captemos una vislumbre de la verdad, el lenguaje
humano parece totalmente inadecuado para expresar las ma rav il l a s y hallazgos del
misterio incomparable e i l i m i t a d o de la encarnación de Jesucristo. Elena de White ha
escri to.
Al contemplar la encarnación de Cristo en la humanidad, nos sentimos estupefac
tos ante un misterio insondable, que la mente humana no puede abarcar. Cuanto más
reflexionemos sobre el mismo, tanto más asombroso parece.-Signs of the Times, 30 d
julio de 1896.
'
Aunque esto es bien cierto, gracias a Dios hay algunas fases de esta verdad qi han
sido reveladas. Lo que nos ha sido dado a conocer en la Palabra de Dios está para que
lo estudiemos. La misma autora ha escrito lo siguiente sobre este punto:

Cuando queramos un problema profundo pora estudiar, fijemos nuestra mente en la cosa
más maravillosa que haya tomado lugar en la tierra o en el cielo: la encaí nación del
Hijo del hombre.-Manuscrito 76, 1903.

LA RESURRECCIÓN CORPORAL DE CRISTO

Pregunta 7

¿Cual es la posición adventista acerca de la resurrección física, o corporal,1 de


Cristo?

Los adventistas creen en la resurrección física, o corporal, de Jesucristo de los


muertos tan seguramente como creen en su muerte expiatoria en el Calvario. Es es una
doctrina cardinal de la fe cristiana., porque el cristianismo descansa sobre el hecho
i n d i s c u t i b l e de que Cristo se levantó de los muertos. (1 Cor. 15:17).
La resurrección de Cristo no debe entenderse simplemente en un sentido espiri
tual . Verdaderamente se levantó de entre los muertos. El que salió de la tumba

-24-
fue el mismo Jesús que vivi ó aquí en la carne. Salió con un cuerpo glorificado, pero
era real -tal real que las mujeres y los discípulos que fueron al sepulcro lo vieron
(Mat. 28:17; Marc. 16:9,12,14). Los dos discípulos que viajaban a Emmaús hablaron
con él (Lúe. 2*0 . El mismo les dijo a los discípulos: "Mirad m i s manos y m i s pies"
(Lúe. 24:39). Tenía "carne" y "huesos" (Vers. 39). Comió con ellos (Vers. 43).

Tomás tenía una buena razón para saber que se trataba del mismo Jesús, .porque
fue invitado: "Mete tu dedo aquí, y ve mis manos: y alarga acá tu mano, y métela en
mi costado" (Juan 20:27). Sí, era el Salvador mismo. No era un espíritu, ni un
aparecido. Era el mismo d iv in o Hijo de Dios el que surgió de la tumba.

La resurrección de Jesús nuestro Señor fue una parte v i t a l del mensaje de la


iglesia primitiva. Cuando los apóstoles predicaron, predicaron acerca de Cristo el
Mesías, que había resucitado de entre los muertos. Anunciaban "en Jesús la resu-
rrección de -los muertos" (Hech. 4:2); "daban testimonio de la resurrección del Señor
Jesús" (Vers. 33); Pablo "predicaba a Jesús y la resurrección" (Hech. 17:18)"

La resurrección de Jesucristo es de importancia vital en el gran plan de sal-


vación. Aun la muerte de Jesús, sublime como fue, no habría sido de ningún benefi-
cio sino hubiera resucitado. El gran apóstol de los gentiles aclara esto en su
resonante testimonio en favor del Cristo viviente. En ese maravilloso capítulo
acerca de la resurrección, en su mensaje a la iglesia de Corinto vemos el lugar v i tal
que esta gran transacción tiene en el propósito de Dios. Notemos cual habría sido la
situación si Cristo no hubiera resucitado de los muertos.
1. La predicación del Evangelio no produciría ningún beneficio: "y
no resucitó, vana es entonces nuestra predicación" (1 Cor. 15:14). si Cri sto,
2. No habría perdón por los pecados: "Y si Cristo no resucitó....aún estáis
en vuestros pecados" (Vers. 17).
3. No habría motivo para creer en Jesús: "Y si Cristo no resucitó vuestra
fe es vana" (Vers. 17).
4. No habría una resurrección general de los muertos: "Y si C r i s t o no es predicado que
resucitó de los muertos, ¿Cómo dicen algunos entre vosotros que no
hay resurrección de muertos?" (Vers. 12).
•—^^ -*>
• »a
5. No habría esperanza más a l l á de la tumba: "Y si C r i s t o no resucitó.... entonces los
que durmieron en Cristo también son perdidos" (Vers. 17,18).

Este es un mensaje de poder, porque es mediante el poder de su resurrección como


vivimos la vida cristiana, y su vida es vida del creyente.
A los que son sepultados con Cristo en el Bautismo se los representa como levantándose
con él en su resurrección. (Rom. 6:5,8,11; Efe. 2:4,5; Col. 2:12,13)-Como resultado de esta
unión con Cristo se imparte una nueva vida al creyente (Rom. 6:4; 2 Cor. 4:10,11; Col.
3:10). Así tiene acceso al poder de la resurrección de Cristo (Efe. 1:19,20; Fi 1 . 3:10;
Heb 7:16).
Una vez estuvimos muertos en nuestros oecados; ahora vivimos en Cristo. Fuimos
crucificados con Cristo; ahora Cristo vive en nosotros (Gal. 2:20). Nuestra experiencia
personal de este reavivamiento del alma, esta acción liberadora del Espíritu de vida, es
el testimonio interno y la evidencia suprema de la realidad de la resurrección..
Por encima de todo, la resurrección de nuestro Señor es la seguridad de que también
nosotros resucitaremos en su segunda venida (1 Cor. 15:20,23).

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