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MICROENSAYO  

HABILIDADES DE INTELIGENCIA EMOCIONAL A PARTIR DEL MANEJO ADECUADO


DE LAS EMOCIONES.  
Esperanza Águila Moreno  
  
 Constantemente escuchamos decir que si no se posee un coeficiente intelectual promedio difícilmente
adquiriremos habilidades propias para sobresalir en un mundo tan competitivo. El aceleramiento de la
vida descarta la posibilidad de sentir nuestras emociones. El organismo las siente y pretende decirnos
que algo en nuestra existencia no está funcionando correctamente. Si bien es cierto que el razonamiento
es importante, se ha demostrado que las emociones no le piden permiso al pensamiento o
razonamiento para manifestarse en nuestro cuerpo. Son los sentimientos que surgen como reacción a
un hecho externo o interno y que sirven como mecanismos comunicativos. Provocan dolor en algún
lugar de nuestro cuerpo.  La inteligencia emocional (IE) ofrece herramientas para
auto conocernos y automotivarnos; de igual manera, desarrolla la capacidad intuitiva del
individuo. Con lo anterior expongo la siguiente reflexión: Valorar la importancia que implica el manejo
adecuado de las emociones para desarrollar habilidades de inteligencia emocional (IE) o coeficiente emocional
(CE) en maestros y alumnos de la Universidad de Sonora. Para ensayar esta propuesta, me
baso en el libro La inteligencia emocional en el liderazgo de Cooper (1998), el libro La inteligencia emocional en
el trabajo de Weisinger (2001) y la inteligencia emocional en la empresa de Goleman (2010).  Por lo pronto se
dirá que las emociones provocan dolor en algún lugar de nuestro cuerpo. Debemos sentirla sin temor
para trabajar con ellas y de esa forma vinculamos nuestras emociones con el intelecto.

Se han hecho estudios extensos en los ámbitos de las emociones y la inteligencia emocional y en
específico los niveles del Grid Gerencial. Éstos son los tipos de liderazgo que existen y con
características particulares que los diferencian. Los líderes visionarios practican la IE.  Si bien es cierto,
estos constructos denotan “temor”, no debe de ser así. Son sensaciones y habilidades que necesitamos
desarrollar. Goleman (2010) direcciona sus estudios a la práctica de habilidades de IE, mientras que
Cooper (1998) les da sentido esencial a las emociones. Por otro lado, el trabajo de Weisinger (2001),
muestra una serie de consejos auto motivacionales y ejercicios para generar la autocrítica constructiva
y en el apéndice de su libro, ejemplifica una serie de frases a responder para descubrir las capacidades
en las que debemos ubicar la atención. Si bien cada uno de ellos trazan su línea, al vincularlas coinciden
en lo mismo: manejo adecuado de las emociones y la construcción de nuevas habilidades emocionales
como el autoconocimiento, escrupulosidad, automotivación, liderazgo, autorregulación precisa, entre
otras. Cooper (1998). Existen también algunos instrumentos para medir habilidades de IE; Unos
enfocados a las capacidades, otros como modelos funcionales para medir el CE. Lo ideal sería que
como docentes nos familiaricemos con ellos para posteriormente usarlos como materiales didácticos
en el aula. De esa forma involucramos a los estudiantes y los preparamos para subsanar un poco el
estrés que los agobia constantemente. Y así mejorarían su desempeño académico.

Cuando no conocemos el funcionamiento de nuestro cuerpo y se dispara una emoción negativa,


en ese preciso instante nos paralizamos.  Tendemos a sentir dolor de cabeza, dolor en el pecho, dolor
de estómago, nuestras manos sudan, una infinidad de síntomas que evadimos con el uso inadecuado
de medicamentos para aliviar ese “dolor”. Nos da miedo sentir la emoción. Las «emociones» son estados
de ánimo ya sea positivos o negativos y como consecuencia de su mal manejo biológico, el organismo
se desequilibra y peor aún vive en un constante estrés que atrofia la salud física y mental. Debido a que
el estudio de las emociones es muy amplio, y lejos de ser un tema perturbador o intruso en realidad
"sirve de corazón a nuestra existencia" (Cooper, 1999, p. 6). Es el momento de sustraerlo del ámbito
exclusivo al liderazgo en las empresas o bien de los altos niveles de dirección. Las emociones, no la
razón, construyen soportes de honestidad emocional ya que requiere que uno se diga a sí mismo la
verdad de lo que siente. Es por esas razones que desde mi punto de vista son necesarias vivirlas,
sentirlas, experimentar con ellas, ya que también son la base de nuestra ética y sistema de valores. Es
un constructo que debemos familiarizarnos en el ámbito educativo. De suma importancia involucrar a
todo aquel maestro interesado en estos temas para aplicarlo en las aulas y de esa manera descubrir las
potencialidades de los alumnos. Con ello sabremos camino que debemos seguir para formar jóvenes
equilibrados tanto emocional como intelectualmente.

¿Dónde surgen las emociones?  En el cerebro se encuentra un sistema de alarma que se localiza


en el primitivo cerebro emocional. Allí se localiza una pequeña membrana conocida como amígdala
cerebral quien es la responsable de disparar las emociones. En cuanto a la «IE», ella implica habilidades
y que se adquieren en la práctica e indispensables en cualquier ámbito y pertenece a uno de los
tres elementos de una competencia.  La IE está compuesta por cuatro componentes básicos: “a) La
capacidad de percibir, valorar y expresar emociones con precisión; b) la capacidad de poder
experimentar, o de generarlos a voluntad, determinados sentimientos, en la medida que faciliten el
entendimiento de uno mismo o de otra persona; la capacidad de comprender las emociones y el
conocimiento que de ellas se deriva y d) la capacidad de regular las emociones para fomentar un
crecimiento emocional el intelectual” (Weisinger, 2001, p. 19). Considero elemental saber en qué
capacidades somos vulnerables y trabajar con ellas.  El «coeficiente emocional» es una medición
que consiste en determinar qué habilidades hemos desarrollado. Se puede medir con instrumentos
adecuados y que están a avalados científicamente (Goleman, 2010, p. 385). Llevar a la práctica todas
las habilidades que nos confiere la inteligencia emocional son justificables. Vivimos en un mundo
donde las prisas y la rapidez nos absorben y se nos dificulta detenernos a reflexionar, a auto
conocernos. Es conveniente iniciar a practicar estos descubrimientos en el contexto universitario.

El tema de las emociones y de la IE han sido estudiados por expertos en la materia, pero muy
poco trabajados en otros contextos como el educativo o en personal administrativo de niveles
inferiores. Incluso en el contexto académico ha sido un tópico tabú. Desafortunadamente los estudios
encontrados están enmarcados en una cultura distinta a la nuestra como la de Estados Unidos
enfocados exclusivamente al liderazgo. En conclusión: ¿Por qué no empezamos ya a hablar de estos
temas en el ámbito educativo? ¿qué tal si iniciamos a involucrar a nuestros alumnos a que empiecen
a auto conocerse? Sentir las emociones nos hacen más humanos y sensibles al dolor de nuestro
hermano.  Por lo que manejarlas es un reto personal y de comunidad; además fundamental en el camino
de la vida y no podemos evitar sentirlas. Ellas son parte inherente a nuestro organismo, nuestra primera
piel. No me cabe la menor duda que el trabajo es arduo pero muy propio de todo individuo que desea
auto conocerse y sanar heridas. Con estos conocimientos aprenderemos a adquirir un equilibrio entre
lo emocional, el intelecto e intuición. Apreciaremos mucho más nuestras percepciones, escucharemos
esos mensajes internos depositados en nuestra memoria emocional y que constituyen nuestra reserva
de sabiduría y buen juicio. Descubriremos qué intuiciones deben sobrevivir y qué desechar; cuáles son
las más confiables y qué resultados nos ofrece cada opción. Esta facultad reside en el fondo del
conocimiento de uno mismo, y este conocimiento es la base vital de las aptitudes emocionales. 

Referencias: 
Cooper, R. K. (1998). La inteligencia emocional aplicada al liderazgo. Editorial Norma, S.A. Perú. 
Durán, I. (2011). El ego. Editorial Lectorum, S.A. de C.V. México, D.F. 
Goleman, D. (2010). La inteligencia emocional en la empresa. Ediciones Argentina, S.A.  
Weisinger, H. (2001). La inteligencia emocional en el trabajo. Editorial Mateu Cromo, S.A. España.