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INSTANTE

(2002)

WISLAWA SZYMBORSKA
(TRADUCCIÓN DE GERARDO BELTRÁN Y ABEL
A. MURCIA SORIANO)
Wislawa Szymborska

Biografía.

Wislawa Szymborska nace el 2 de julio de 1923 en Bnin (Kórnik), en las


proximidades de la ciudad polaca de Poznan. A los ocho años se traslada con su
familia a Cracovia, ciudad en la que reside hasta la actualidad.En la década de los
cuarenta empieza a publicar en el diario Dziennik Polski, y más tarde en Zycie
Literackie. Doctora Honorífica de la Universidad Adam Mickiewicz (Poznan) en
1995, al año siguiente se produjo lo que la propia poeta califica de “terremoto en su
vida”: la obtención de los premios Club PEN polaco y, sobre todo, del Nobel de
Literatura.Ha publicado, entre otros, los siguientes libros de poemas: Por eso
vivimos (1952), Preguntas a mí misma (1954), Llamando al Yeti (1957), Sal (1962),
Mil alegrías – un encanto – (1967), Si acaso (1975), El gran número (1976), Gente en
el puente (1986), Fin y principio (1993), Instante (2002), Dos puntos (2004) y Aquí
(2009).

Discurso aceptando el premio nobel

Se dice que en un discurso lo más difícil es siempre la primera frase... Pues


ya la dije... Pero presiento que las que siguen van a ser igualmente difíciles, la
tercera, la sexta, la décima, hasta la última, ya que debo hablar sobre poesía. Muy
raras veces me he expresado acerca de este tema, casi nunca, y siempre con la
convicción de que no lo hago muy bien. Por eso mi discurso no va a ser demasiado
largo. Toda imperfección resulta más fácil de aguantar si se sirve en pequeñas
dosis.El poeta contemporáneo es escéptico y desconfía incluso -o más bien
principalmente- de sí mismo. Con desgano confiesa públicamente que es poeta
-como si se tratara de algo vergonzoso. En estos tiempos bulliciosos es más fácil
que admitamos los vicios propios, con tal de causar efectos fuertes; mucho más
difícil es reconocer las virtudes, ya que están escondidas más profundamente, y
hasta uno mismo no cree tanto en ellas. En las encuestas o en los encuentros con
amigos ocasionales, cuando el poeta se ve forzado a definir su profesión, acude al
término genérico ``escritor'' o al de alguna otra profesión que adicionalmente
ejerza. El empleado público o los eventuales compañeros de viaje reciben con cierta
perplejidad e inquietud la noticia de que están tratando con un poeta. Sospecho
que los filósofos también producen semejante inquietud. No obstante, ellos se
encuentran en mejor situación, ya que generalmente pueden adornar su profesión
con algún grado académico. Profesor de Filosofía -ya suena mucho más serio.No
existen profesores de poesía, lo que haría suponer que esta actividad requiere de
estudios especializados, exámenes presentados en fechas precisas, disertaciones
teóricas rematadas con bibliografía y notas y, finalmente, los diplomas recibidos
con solemnidad. Todo esto, a su vez, significaría que para graduarse de poeta no
bastarían las hojas de papel, aun cuando estuvieran llenas de excelentes versos,
sino que se necesitaría, sobre todo, un papel con sello y firma. Recordemos que
justamente ésta fue la razón por la que condenaron al destierro a Josef Brodsky,
orgullo de la poesía rusa, quien más tarde fue galardonado con el Premio Nobel. A
Brodsky se le clasificó como ``parásito'', por no contar con un certificado oficial que
le permitiera ser poeta... Hace un par de años tuve el honor y la alegría de
conocerlo en persona. Me di cuenta de que solamente a él, entre todos los poetas
que he conocido, le gustaba llamarse a sí mismo ``poeta''; pronunciaba esta palabra
sin conflictos internos y hasta con cierta desafiante desenvoltura. Pienso que se
debía al recuerdo de las violentas humillaciones que sufrió en su juventud.

En países más dichosos, donde la dignidad humana no es transgredida tan


fácilmente, los poetas, obviamente, quieren ser publicados, leídos y entendidos,
pero ya no hacen nada o casi nada en su vida cotidiana para destacar entre la
gente. Sin embargo, hace poco, en las primeras décadas de nuestro siglo, a los
poetas les gustaba escandalizar con su ropa extravagante y con un comportamiento
excéntrico. Aquellos no eran más que espectáculos para el público, ya que siempre
tenía que llegar el momento en que el poeta cerraba la puerta, se quitaba toda esa
parafernalia: capas y oropeles, y se detenía en el silencio, en espera de sí mismo
frente a una hoja de papel en blanco, que en el fondo es lo único que importa.Hay
algo que resulta muy característico. Continuamente se filman películas biográficas
sobre grandes científicos y artistas. La tarea de los directores más ambiciosos es
mostrar en forma verosímil el proceso creativo que condujo a importantes
descubrimientos científicos o a la creación de grandes obras de arte. Se puede, con
aceptables resultados, mostrar el trabajo de algunos científicos: laboratorios,
instrumentos diversos y aparatos puestos en marcha logran por unos momentos
mantener la atención de los espectadores. Además, resultan muy dramáticas las
escenas de suspenso, cuando un experimento repetido miles de veces logró dar
finalmente, merced a una mínima modificación, con el resultado tan esperado.
Espectaculares pueden ser las películas sobre pintores, ya que es posible
reconstruir todas las fases de creación de un cuadro -desde la primera raya hasta la
última pincelada. Las películas sobre los compositores se llenan con su música:
desde los primeros compases, que el creador escucha en su interior, hasta la obra
madura ya terminada y repartida entre varios instrumentos. Todo sigue siendo
muy ingenuo y no dice nada sobre el extraño estado de ánimo que se conoce
comúnmente como inspiración, pero por lo menos hay algo para ver y oír.
El peor de los casos es el de los poetas. Su trabajo resulta irremediablemente
poco fotogénico. Uno permanece sentado a la mesa o acostado en un sofá, con la
vista inmóvil, fija en un punto de la pared o en el techo; de vez en cuando escribe
siete versos, de los cuales, después que transcurre un cuarto de hora, va a quitar
uno y de nuevo pasa una hora en la que no ocurrirá nada_ ¿Qué clase de
espectador podría soportar una cosa semejante?He mencionado la inspiración. A la
pregunta de qué cosa es, suponiendo que algo sea, los poetas contemporáneos
responden de modo evasivo. Y no porque nunca hayan sentido los beneficios de
este impulso interior, más bien se debe a otra causa: no es fácil explicar a los demás
algo que ni siquiera se comprende bien.

Yo misma he evadido el asunto cuando me lo han preguntado. Y contesto lo


siguiente: la inspiración no es privilegio exclusivo de los poetas ni de los artistas en
general. Hay, hubo, habrá siempre un número de personas en quienes de vez en
cuando se despierta la inspiración. A este grupo pertenecen los que escogen su
trabajo y lo cumplen con amor e imaginación. Hay médicos así, hay maestros, hay
también jardineros y centenares de oficios más. Su trabajo puede ser una aventura
sin fin, a condición de que sepan encontrar en él nuevos desafíos cada vez. Sin
importar los esfuerzos y fracasos, su inquietud no desfallece. De cada problema
resuelto surge un enjambre de nuevas preguntas. La inspiración, cualquier cosa
que sea, nace de un perpetuo ``no lo sé''.

La gente así es bastante escasa. La mayoría de los habitantes de esta tierra


trabaja porque necesita conseguir los medios de subsistencia, trabaja porque no le
queda de otra. No fueron ellos quienes por pasión escogieron su trabajo, son las
circunstancias de la vida las que escogen por ellos. El trabajo mal querido, el
trabajo que aburre, es respetado únicamente porque no resulta accesible para
todos, y está situación constituye una de las más penosas desgracias humanas. No
se vislumbra que los siglos venideros traigan un cambio feliz al respecto.Así pues,
tengo derecho a decir que aunque le estoy escamoteando a los poetas el monopolio
de la inspiración, de cualquier manera los coloco en un grupo reducido de elegidos
por la suerte.

En este punto pueden surgir ciertas dudas en los oyentes, si consideran que
a los diversos verdugos, dictadores, fanáticos, demagogos que luchan por el poder
con ayuda de un par de consignas gritadas en tono muy alto, también les gusta su
trabajo y también lo llevan a cabo celosamente. Cierto, pero ellos sí ``saben''. Saben,
y lo que saben una sola vez les basta para siempre. Ya no tienen curiosidad por
saber más, puesto que podría debilitarse su fuerza de argumentación. De modo
que cualquier tipo de saber del que no surgen preguntas muy pronto fenece,
pierde la temperatura propicia para la vida. En casos extremos, como es bien
conocido en la historia antigua y contemporánea, puede resultar mortalmente
amenazador para las sociedades.
Por lo anterior, estimo altamente estas dos pequeñas palabras: ``no sé''.
Pequeñas, pero dotadas de alas para el vuelo. Nos agrandan la vida hasta una
dimensión que no cabe en nosotros mismos y hasta el tamaño en el que está
suspendida nuestra Tierra diminuta. Si Isaac Newton no se hubiera dicho ``no sé'',
las manzanas en su jardín podrían seguir cayendo como granizo, y él, en el mejor
de los casos, solamente se inclinaría para recogerlas y comérselas. Si mi
compatriota María Sklodowska-Curie no se hubiera dicho ``no sé'', probablemente
se habría quedado como maestra de química en un colegio para señoritas de buena
familia y en este trabajo, por otra parte muy decente, se le hubiera ido la vida. Pero
siguió repitiéndose ``no sé'' y justo estas palabras la trajeron dos veces a Estocolmo,
donde se otorgan los premios Nobel a personas de espíritu inquieto y en búsqueda
constante.También el poeta, si es un verdadero poeta, tiene que repetirse
perpetuamente no sé. Con cada verso intenta responder, pero en el momento en
que pone el punto final, le asaltan las dudas y empieza a advertir que su respuesta
es temporal y en ningún caso satisfactoria. Entonces prueba otra vez y otra vez,
para que a las sucesivas muestras de su insatisfacción consigo mismo los
historiadores de la literatura las sujeten con un clip enorme para denominarlas La
Obra.

A veces fantaseo con situaciones inverosímiles. Me imagino, por ejemplo, en


mi osadía, que tengo la oportunidad platicar con Eclesiastés, autor de un lamento
estremecedor sobre la vanidad de todas las empresas humanas. Me habría
inclinado muy hondamente ante él, ya que es -por lo menos para mí- uno de los
poetas más importantes. Pero luego lo habría cogido de la mano: ``Nada hay nuevo
bajo el sol'', has escrito, Eclesiastés. Sin embargo, Tú mismo has nacido nuevo bajo
el sol. Y el poema que has creado también es nuevo bajo el sol, ya que antes de Ti
nadie lo había escrito. Y nuevos bajo el sol son tus lectores, puesto que los que
vivieron antes que Tú no te podían leer. Y el ciprés, en cuya sombra te sentaste, no
crece aquí desde el principio del mundo. Le dio origen otro ciprés, semejante al
tuyo, pero no en todo igual. Y además te quisiera preguntar, Eclesiastés, ¿qué
desearías escribir, ahora, de nuevo bajo el sol? ¿Algo con qué completar tus ideas, o
tal vez tienes la tentación de negar algunas de ellas? En tu poema anterior
concebiste también la alegría, y ¿qué hay del hecho de que resulte ser tan pasajera?
¿Tal vez sobre ella va a tratar tu nuevo poema bajo el sol? ¿Tienes ya algunos
apuntes o primeros esbozos? Pues no dirás ``ya he escrito todo, no tengo nada que
añadir''. Esto no lo puede decir ningún poeta, y mucho menos uno tan grande
como Tú.

El mundo, a pesar de cualquier cosa que podamos pensar sobre él,


espantados por su inmensidad y nuestra impotencia ante él, amargados por su
indiferencia frente a los sufrimientos particulares de la gente, de los animales y tal
vez de las plantas -ya que ¿de dónde proviene la certeza de que las plantas están
libres de sufrimientos?-; a pesar de cualquier cosa que pensemos sobre sus espacios
atravesados por la radiación de las estrellas, alrededor de las cuales se empieza a
descubrir algunos planetas -¿ya muertos?, ¿todavía muertos?, no se sabe-; a pesar
de cualquier cosa que pensáramos sobre este teatro inmenso, para el cual tenemos
un billete de entrada pero su vigencia es ridículamente corta, limitada por dos
fechas decisivas; a pesar de no sé qué cosa más que pudiéramos pensar sobre este
mundo: es asombroso.

Pero en la expresión asombroso se esconde una trampa lógica. Nos causa


asombro lo que sobresale de la norma conocida y comúnmente aceptada, de una
obviedad a la cual estamos acostumbrados. Pues bien, un mundo así, obvio, no
existe. Nuestro asombro es autónomo y no procede de ninguna comparación de
ningún tipo.

De acuerdo, en el habla cotidiana, la cual no recapacita sobre cada palabra,


usamos expresiones como la vida común, los acontecimientos comunes... Sin
embargo, en la lengua de la poesía, donde se pesa cada palabra, ya nada es común.
Ninguna piedra y ninguna nube sobre esa piedra. Ningún día y ninguna noche
que le suceda. Y sobre todo, ninguna existencia particular en este mundo.Todo
indica que los poetas tendrán siempre mucho trabajo.
INSTANTE

Camino por la ladera de una verdeante colina.

Hierba, florecillas en la hierba,como si fuera un cuadro para niños.

Un neblinoso cielo ya azulea.

Una vista sobre otras colinas se extiende en silencio

Como si aquí nada hubiera de cámbricos, silúricos,

ni rocas gruñéndose las unas a las otras,

ni abismos elevados,

ninguna noche en llamas

ni días en nubes de oscuridad.

Como si no pasaran por aquí llanuras

en febriles delirios,

en helados temblores.

Como si sólo en otros lugares se agitaran los mares

y desgarraran las orillas de los horizontes.

Son las nueve y media hora local.

Todo está en su sitio en ordenada armonía.

En el valle un pequeño arroyo cual pequeño arroyo.

Un sendero en forma de sendero desde siempre hasta siempre

Un bosque que aparenta un bosque por los siglos de los siglos, amén,

y en lo alto unos pájaros que vuelan en su papel de pájaros que vuelan.

Hasta donde alcanza la vista, aquí reina el instante.


Uno de esos terrenales instantes

a los que se pide que duren.


UNA DEL MONTÓN

Soy la que soy.

Casualidad inconcebible

como todas las casualidades.

Otros antepasados

podrían haber sido los míos

y yo habría abandonado

otro nido,

o me habría arrastrado cubierta de escamas

de debajo de algún árbol.

En el vestuario de la naturaleza

hay muchos trajes.

Traje de araña, de gaviota, de r

se lleva dócilmente

hasta que se hace tiras.

Yo tampoco he elegido,

pero no me quejo.

Pude haber sido alguien

mucho menos individuo.

Parte de un banco de peces, de un hormiguero, de un enjambre,

partícula del paisaje sacudida por el viento.

Alguien mucho menos feliz,


criado para un abrigo de pieles

o para una mesa navideña,

algo que se mueve bajo el cristal de un microscopio.

Árbol clavado en la tierra,

al que se aproxima un incendio.

Hierba arrollada

por el correr de incomprensibles sucesos.

Un tipo de mala estrella

que para otros brilla.

¿Y si despertara miedo en la gente,

o sólo asco,

o sólo compasión?

¿Y si hubiera nacido

no en la tribu debida

y se cerraran ante mí los caminos?

El destino, hasta ahora,

ha sido benévolo conmigo.

Pudo no haberme sido dado

recordar buenos momentos.

Se me pudo haber privado

de la tendencia a comparar.

Pude haber sido yo misma, pero sin que me sorprendiera

lo que habría significado


ser alguien completamente diferente.
LAS NUBES

Con la descripción de las nubes

debería darme mucha prisa,

en una milésima de segundo

dejan de ser ésas y empiezan a ser otras.

Es propio de ellas

no repetirse nunca

en formas, matices, posturas y orden.

Sin la carga de ningún recuerdo

se elevan sin problemas sobre los hechos.

¡De qué van a ser testigos!,

en un segundo se disipan en todas direcciones.

Comparada con las nubes

la vida parece tener los pies sobre la tierra,

se diría que es inmutable y prácticamente eterna.

Frente a las nubes

hasta una piedra parece un hermano

en el que se puede confiar

y las nubes, nada, primas lejanas y frívolas.

Que exista la gente si quiere,

y después que se muera uno tras otro,

poco les importa a las nubes


esas cosas

tan extrañas.

Sobre toda Tu vida

y también la mía, aún incompleta,

desfilan pomposas igual que desfilaban.

No tienen la obligación de morir con nosotros.

No necesitan ser vistas para poder pasar.


NEGATIVO

En un cielo pardo

una nube más parda todavía

y el negro círculo del sol.

A la izquierda, es decir a la derecha,

la blanca rama de un cerezo con sus negras flores.

En tu oscuro rostro blancas sombras.

Te sentaste a la mesa

y pusiste en ella tus agrisadas manos.

Pareces un espíritu

que intenta invocar a los vivos.

(Como aún me cuento entre ellos

debería cobrar presencia y dar unos golpes:

buenas noches, es decir, buenos días,

adiós, mejor dicho, bienvenido.

Y no escatimarle preguntas a ninguna respuesta

si el sujeto es la vida

o, lo que es lo mismo, la tormenta que precede a la calma.


EL TELÉFONO

Sueño que me despierto

porque oigo el teléfono.

Sueño la seguridad

de que me llama un muerto.

Sueño que estiro la mano

para alcanzar el teléfono.

Pero ese teléfono,

distinto al que era,

se ha vuelto pesado,

como si agarrara a algo,

como si se clavara en algo,

como si sus raíces se enredaran con algo.

Tendría que arrancarlo

junto con toda la Tierra.

Sueño mi forcejeo

inútil.

Sueño con el silencio

porque ya no suena.

Sueño que me duermo

y me despierto de nuevo.
LAS TRES PALABRAS MÁS EXTRAÑAS

Cuando pronuncio la palabra Futuro,

la primera sílaba pertenece ya al pasado.

Cuando pronuncio la palabra Silencio,

lo destruyo.

Cuando pronuncio la palabra Nada,

creo algo que no cabe en ninguna no-existencia.


EL SILENCIO DE LAS PLANTAS

La relación unilateral entre vosotras y yo

no va mal de todo.

Sé lo que es hoja, pétalo, espiga, piña, tallo

y lo que os pasa a vosotras en abril y en diciembre.

Aunque mi curiosidad no es correspondida,

me inclino especialmente sobre algunas

y hacia otras levanto la cabeza.

Tengo nombres para vosotras:

arce, cardo, narciso, brezo,enebro, muérdago, nomeolvides,

y vosotras no tenéis ninguno para mí.

Hacemos el viaje juntas.

Y durante los viajes se conversa ¿o no?

se intercambian opiniones al menos sobre el tiempo

o sobre las estaciones que pasan volando.

Temas no faltan, porque nos unen muchas cosas.

La misma estrella nos tiene a su alcance.

Proyectamos sombras según las mismas leyes.

Intentamos saber cosas cada una a su manera

y en lo que no sabemos también hay semejanza.

Lo aclararé como pueda, preguntadme y ya está:

qué es eso de ver con los ojos,


para qué me late el corazón

o por qué mi cuerpo no echa raíces.

Pero cómo contestar a preguntas nunca hechas,

si además se es alguien

para vosotras tan nadie.

Musgo, bosque, prados y juncales,

todo lo que os digo es un monólogo

y no sois vosotras quienes lo escucháis.

Hablar con vosotras es necesario e imposible.

Urgente en una vida apresurada

y está aplazado hasta nunca.


PLATÓN O EL PORQUÉ

Por oscuros motivos,

en desconocidas circunstancias

el Ser Ideal ha dejado de bastarse a sí mismo.

Podría haber durado y durado, sin fin,

hecho de la oscuridad, forjado de la claridad

en sus somnolientos jardines sobre el mundo.

¿Para qué diablos habrá empezado a buscar emociones

en la mala compañía de la materia?

¿Para qué necesita imitadores

torpes, gafes,

sin vistas a la eternidad?

¿Cojeante sabiduría

con una espina clavada en el talón?

¿Desgarrada armonía

por agitadas aguas?

¿Bellezacon desagradables intestinos en su interior

y Bondad-para qué con sombra,si antes no tenía-?

Ha tenido que haber algún motivo

por pequeño que aparentemente sea,

pero ni siquiera la Verdad Desnuda lo revelará

ocupada en controlar
el vestuario terrenal.

Y para colmo, esos horribles poetas, Platón,

virutas de las estatuas esparcidas por la brisa,

residuos del gran Silencio en las alturas...


UNA NIÑITA TIRA DEL MANTEL

Desde hace más de un año se está en este mundo,

y en este mundo no todo se ha examinado

y puesto bajo control.

Ahora a prueba están las cosas

que no pueden moverse solas.

Hay que ayudarlas en eso,

correrlas, empujarlas,

cogerlas de un lugar y trasladarlas.

No todas quieren, por ejemplo el armario,

la cómoda, la inflexible pared, la mesa.

Pero ya el mantel sobre la testaruda mesa

-si se lo agarra bien de las orillas

muestra disposición al viaje.

Y sobre el mantel los vasos, los platitos,

una jarrita con leche, cucharitas y un tazón

hasta tiemblan de ganas.

Muy interesante,

qué movimiento elegirán

cuando se agiten en el borde:

¿recorrido por el techo?

¿vuelo alrededor de la lámpara?,


¿salto a la ventana y de ahí al árbol?

El señor Newton no tiene aún nada que ver con eso.

Que mire desde el cielo y agite los brazos.

Esta prueba tiene que hacerse.

Y se hará.
RECUERDOS

Estábamos charlando

y callamos de repente.

Había aparecido en la terraza una muchacha

¡qué belleza!,

demasiado bella

como para nuestra tranquila estancia allí.

Barbara miró apresurada a su marido,

Cristina puso la mano instintivamente

sobre la mano de Zbysek.

Yo pensé: te llamo,

por ahora –te diré- no vengas,

acaban de anunciar varios días de lluvia.

Sólo Agnieszka, viuda,

saludo a la bella con una sonrisa.


CHARCO

Recuerdo muy bien ese miedo infantil.

Evitaba los charcos tras la lluvia,

sobre todo los recientes.

Alguno podría no tener fondo,

aunque se pareciera a los otros.

Me meto y de pronto me caigo toda,

comienzo a volar hacia abajo,

y más y más abajo,

en dirección a las nubes reflejadas

y a lo mejor más allá.

Luego se seca el charco,

se cierra sobre mí,

y yo atrapada para siempre –dónde

en un grito que no sale al aire.

Solamente después llegó el entendimiento:

no todos los accidentes

siguen las reglas del mundo,

y aun si lo quisieran,

no pueden suceder.
PRIMER AMOR

Dicen

que el primero es el más importante.

Eso es muy romántico,

pero no es mi caso.

Algo entre nosotros hubo y no hubo,

sucedió y tuvo su efecto.

No me tiemblan las manos

cuando encuentro pequeños recuerdos

y un fajo de cartas atadas con una cuerda

-si al menos fuera una cinta-.

Nuestro único encuentro tras los años

fue una conversación de dos sillas

junto a una fría mesita.

Otros amores

hasta ahora respiran profundamente en mí.

A éste le falta aliento para suspirar.

Y sin embargo justo así, como es,

puede algo que los otros no pueden todavía:

no recordado,

ni siquiera soñado, me acostumbra a la muerte.


ALGO SOBRE EL ALMA

Alma se tiene a veces.

Nadie la posee sin pausa

y para siempre.

Día tras día,

año tras año

pueden transcurrir sin ella.

A veces sólo en el arrobo

y los miedos de la infancia

anida por más tiempo.

A veces nada más en el asombro

de haber envejecido.

Rara vez nos asiste

en las tareas pesadas,

como mover los muebles,

cargar las maletas

o recorrer caminos con zapatos apretados.

Cuando hay que cortar carne

o llenar solicitudes,

generalmente está de asueto.

De mil conversaciones

toma parte sólo en una,


y no necesariamente,

pues prefiere el silencio.

Cuando el cuerpo nos empieza a doler y doler,

escapa sigilosamente de su hora de consulta.

Es algo quisquillosa:

con disgusto nos ve en la muchedumbre,

le repugna nuestra lucha por supuestas ventajas

y el rumor de los negocios.

La alegría y la tristeza

no son para ella sentimientos distintos.

Sólo cuando se unen

está presente en nosotros.

Podemos contar con ella

cuando no estamos seguros de nada

y tenemos curiosidad por todo.

De los objetos materiales

le gustan los relojes con péndulo

y los espejos que trabajan afanosos

aunque no mire nadie.

No dice de dónde viene

ni cuándo se irá de nuevo,

pero evidentemente espera esa pregunta.

Según parece,
así como ella a nosotros,

nosotros a ella

también le servimos de algo.


HORA TEMPRANA

Todavía duermo

y mientras tanto suceden cosas.

Blanquea la ventana,

la oscuridad se vuelve gris,

el cuarto se desprende del espacio turbio,

buscan en él apoyo, titubeantes, pálidas estelas.

Sucesivamente, sin prisa,

porque es una ceremonia,

amanecen las superficies del techo y las paredes,

se separan las formas,

una de otra,

el lado izquierdo del derecho.

Clarean las distancias entre los objetos,

pían los primeros destellos

en el vaso, el picaporte.

No sólo parece, sino que es plenamente

aquello que ayer fue movido,

lo que se ha caído al suelo,lo que se encierra en los marcos.

Solamente los detalles

no se han hecho aún visibles.

Pero atención, atención, atención,


muchas cosas indican que regresan los colores

y hasta la más pequeña recuperará el suyo,

junto con el matiz de la sombra.

Muy rara vez me sorprende, y debería.

Suelo despertarme como testigo tardío,

cuando el milagro está ya hecho,

el día establecido

y lo alboreante magistralmente transformado en matinal.


EN EL PARQUE

¡Oh! –se sorprende el niño

¿quién es esa señora?

-Es la estatua de la Misericordia,

o algo así

contesta la madre.

-Y por qué esa señora

está tan go...o...golpeada?

-No sé, que yo recuerde

siempre ha estado así.

El ayuntamiento tendría que hacer algo de una vez

o sacarla de aquí o restaurarla.

Venga, venga, vámonos.


CONTRIBUCIÓN A LA ESTADÍSTICA

De cada cien personas,

las que todo lo saben mejor:

cincuenta y dos,

las inseguras de cada paso:

casi todo el resto,

las prontas a ayudar,

siempre que no dure mucho:

hasta cuarenta y nueve,

las buenas siempre,

porque no pueden de otra forma:

cuatro, o quizá cinco,

las dispuestas a admirar sin envidia:

dieciocho,

las que viven continuamente angustiadas

por algo o por alguien:setenta y siete,

las capaces de ser felices:

como mucho, veintitantas,

las inofensivas de una en una,

pero salvajes en grupo:

más de la mitad seguro,

las crueles
cuando las circunstancias obligan:

eso mejor no saberlo

ni siquiera aproximadamente,

las sabias a posteriori:

no muchas más

que las sabias a priori,

las que de la vida no quieren nada más que cosas:

cuarenta,

aunque quisiera equivocarme,

las encorvadas, doloridas

y sin linterna en lo oscuro:

ochenta y tres,tarde o temprano,

las dignas de compasión:

noventa y nueve,

las mortales:

cien de cien.

Cifra que por ahora no sufre ningún cambio.


CIERTA GENTE

Cierta gente huyendo de cierta gente.

En cierto país bajo el sol

y bajo ciertas nubes.

Dejan tras de sí su cierto todo,

campos sembrados, ciertas gallinas, perros,

espejos en los que justamente se contempla el fuego.

Llevan en la espalda cántaros y hatillos,

cuanto más vacíos, cada día más pesados.

Tiene lugar calladamente el detenerse de alguien,

y en el tumulto, el arrancarle el pan alguien a alguien

o el sacudir al niño muerto de alguien.

Contínuamente ante ellos un cierto no hacia allá,

un no es éste el puente que hace falta

sobre un río extrañamente rosa.

Alrededor ciertos disparos, más lejos o más cerca,

y en lo alto un avión que, un poco, se balancea.

No estaría mal una cierta invisibilidad,

una cierta parda pedregosidad,

y aún mejor un cierto no-haber-sido

por un tiempo corto o hasta largo.

Algo ocurrirá todavía, pero dónde y qué.


Alguien les saldrá al paso, pero cuándo, quién,

de cuántas formas y con qué intenciones.

Si es que puede elegir,quizás no quiera ser un enemigo

y los deje con una cierta vida.


FOTOGRAFÍA DEL 11 DE SEPTIEMBRE

Saltaron hacia abajo desde los pisos en llamas:

uno, dos, todavía unos cuantos

más arriba, más abajo.

La fotografía los mantuvo con vida,

y ahora los conserva

sobre la tierra, hacia la tierra.

Todos siguen siendo un todo

con un rostro individual

y con la sangre escondida.

Hay suficiente tiempo

para que revolotee el cabello

y de los bolsillos caigan

llaves, algunas monedas.

Siguen ahí, al alcance del aire,

en el marco de espacios

que justo se acaban de abrir.

Sólo dos cosas puedo hacer por ellos:

describir ese vuelo

y no decir la última palabra.


EQUIPAJE DE VUELTA

Rincón de pequeñas tumbas en el cementerio.

Nosotros los de largas vidas, los evitamos a hurtadillas

como evitan los ricos los barrios de los pobres.

Aquí yacen Zosia, Jacek y Dominik

arrebatados prematuramente al sol, a la luna,

al movimiento de los astros, a las nubes.

Poca provisión hicieron en su equipaje de vuelta.

Jirones de imágenesen número no excesivamente plural.

Un puñado de aire con una fugaz mariposa.

Una cucharada de amargo conocimiento con sabor a medicina.

Pequeñas desobediencias,

y de ellas alguna mortal.

La alegre persecución de una pelota por la carretera.

La felicidad de patinar por el frágil hielo.

Ése de ahí, y aquella de al lado, y aquéllos de la orilla:

antes de llegar a crecer hasta el picaporte,

a estropear el reloj,a romper el primer cristal.

Margarita, cuatro años,

y de ésos, dos en cama y con la vista en el techo.

Rafa: para los cinco años le faltó un mes,

y a Susi las navidades


y la neblina del vaho que se eleva en el frío.

Qué decir de un día de vida,

de un minuto, un segundo,

¿oscuridad y el brillo de una bombilla y otra vez oscuridad?

KÓSMOS MAKRÓS

CHRÓNOS PARÁDOKSOS

Sólo la lengua griega tiene palabras para esto.


BAILE

Mientras no se sepa aún algo seguro,

pues no nos llegan todavía señales,

mientras la Tierra siga siendo diferente

a los planetas hasta ahora cercanos y lejanos,

mientras no se diga ni se escuche nada

sobre otras hierbas honradas por el viento,

sobre otros árboles ceñidos por coronas,

sobre otros animales comprobados como aquí,

mientras no haya un eco, además del nativo,

que sea capaz de entrecortar palabras,

mientras no haya noticia

de peores o mejores mozarts,

edisons, platones,

mientras nuestros crímenes

puedan rivalizar sólo entre sí,

mientras nuestra bondad

siga sin parecerse a nada

y siendo excepcional hasta en su imperfección,

mientras nuestras cabezas llenas de ilusiones

se consideren las únicas cabezas llenas de ilusiones,

mientras sólo desde la bóveda de nuestras bocas


pueda ponerse un grito en el cielo,

sintámonos huéspedes de este refugio,

distinguidos y extraordinarios,

bailemos al son de la banda local

y hagamos como si éste fuera

el baile de los bailes.

No sé si para otros,

para mí esto es del todo suficiente

para ser feliz e infeliz:

un rincón modesto,

en el que las estrellas den las buenas noches

y hacia el que parpadeen

sin mayor significado.


APUNTE

Vida: única manera

de cubrirse de hojas,

tomar aliento en la arena,

alzar el vuelo con alas;

ser perro

o acariciar su cálido pelaje;

distinguir el dolor

de todo lo que no lo es;

tener lugar en los hechos,

meterse en las vistas,

buscar el menor de los errores.

Excepcional ocasión

para recordar por un momento

sobre qué se habló

con la lámpara apagada;

y para una vez al menos

tropezar con una piedra,

mojarse con alguna lluvia,

perder la llave en la hierba;

y dirigir la mirada tras una chispa en el viento;

y sin cesar no saber


algo importante.
LISTA

He hecho una lista de preguntas,

cuyas respuestas ya no alcanzaré a saber,

porque es demasiado pronto para ello,

o porque seré incapaz de entenderlas.

La lista de preguntas es larga,

toca temas importantes y menos importantes,

pero como no quiero aburriros

sólo revelaré algunas de ellas:

Qué era real

y qué apenas si lo parecía

en este auditorio

estelar y bajo las estrellas

donde es necesario tanto billete de entrada

como billete de salida;

Qué pasa con todo ese mundo vivo

que no tendré tiempo

de comparar con otro mundo vivo;

Sobre qué escribirán

pasado mañana los diarios;

Cuándo acabarán las guerras

y por qué otra cosa serán sustituidas;


En qué dedo corazón estará ahora

el anillo del alma

que a mí me fue robado, que perdí;

Cuál es el lugar del libre albedrío

que es capaz de ser y de no ser

al mismo tiempo;

Qué ha sido de decenas de personas:

¿nos habremos conocido realmente?

Qué intentaba decirme M.,

cuando ya no podía hablar;

¿Por qué tomé por buenas

cosas malas

y qué necesito

para no volver a equivocarme?

Tomé nota antes de dormirme

de algunas preguntas.

Al despertarme

ya no pude leerlas.

A veces sospecho

que se trata de un código preciso.

Pero ésta también es una pregunta

que me abandonará algún día.


TODO

Todo:

palabra impertinente y henchida de orgullo.

Habría que escribirla entre comillas.

Aparenta que nada se le escapa,

que reúne, abraza, recoge y tiene.

Y en lugar de eso,

no es más que un jirón de caos.

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DOS PUNTOS (2004)

WISLAWA SZYMBORSKA

(TRADUCCIÓN DE GERARDO BELTRÁN Y ABEL


A. MURCIA SORIANO)
Dos Puntos
AUSENCIA

Faltó poco

y mi madre podría haberse casado

con el señor Zbigniew B. de Zdunska Wola.

Y si hubieran tenido una hija, no habría sido yo.

Quizá habría tenido mejor memoria para los nombres y las caras,

y para las melodías oídas una sola vez.

Habría reconocido sin problemas qué pájaro era cuál.

Habría tenido unas notas fantásticas de Física y de Química,

peores de lengua,

pero habría escrito a escondidas poemas

de entrada mucho más interesantes que los míos.

Faltó poco

y mi padre podría haberse casado en ese mismo momento

con la señorita Jadwiga R. de Zakopane.

Y si hubieran tenido una hija, no habría sido yo.

Quizá habría sido más terca en lo de salirse con la suya.

Y se habría lanzado sin temor a aguas profundas

Capaz de abandonarse a emociones gregarias.

Vista permanentemente en varios lugares al mismo tiempo,

pero rara vez entre libros, más a menudo en la calle

jugando a la pelota con los chicos.


Quizá incluso se hubieran encontrado ambas

en la misma escuela, en la misma clase.

Pero no habrían sido amigas,

no habrían tenido ningún parentesco,

y en lsa fotos de grupo estarían lejos una de otra.

Niñas, poneos ahí

-habría dicho el fotógrafo-.

Las más bajas delante, lsa más altas detrás.

Y sonreid cuando os dé la señal.

Pero contad antes

si estáis todas

-Sí señor, estamos todas.


ABC

Ya nunca sabré

qué pensaba de mí A.

Si B. llegó a perdonarme de verdad.

Por qué C. aparentaba que no pasaba nada.

Qué papel jugó D. en el silencio de E.

Qué esperaba F., si es que esperaba.

Qué aparentaba G., a pesar de estar segura.

Qué quería ocultar H.

Qué quería añadir I.

Si el hecho de que yo estuviera a su lado

tuvo alguna importancia

para J. para K. y para el resto del alfabeto.


ACCIDENTE DE TRÁFICO

Todavía nos aben

qué pasó hace media hora

allá en la carretera.

En sus relojes

una hora ni fu ni fa,

vespertina, de esas de jueves, de septiembre.

Alguien escurrela pasta.

Alguien recoge las hojas en el jardín.

Los niños corren chillando alrededor de la mesa.

A alguien un gato le permite que lo acaricie como con desgana.

Alguien llora:

como siempre frente al televisor

cuando el malvado Diego engaña a Juanita.

Se oyen unos golpes en la puerta:

no es nada, la vecina con la sartén que pidió prestada.

En el piso, al fondo, el timbre del teléfono,

de momento solo por lo del anuncio.

Si alguien se acercara a la ventana

y mirara al cielo,

podría ver ya unas nubes

arrastradas por el viento del lugar del accidente.


Es cierto que rasgadas y esparcidas,

pero en ellas ése es el pan de cada día.


MAÑANA – SIN NOSOTROS

Se esperaba una mañana fría y con niebla.

Por el oeste

Se avecinan nubes de lluvia.

La visibilidad será escasa.

Condiciones adversas para la circulación.

Según avance la jornada, la gradual

influencia de una cuña anticiclónica por el norte

hará posibles algunos claros.

A pesar de ello, ráfagas fuertes y racheadas de viento

Pueden ir acompañadas de tormentas.

Por la noche,

cielos despejados en casi todo el país,

sólo en la parte sureste

podrían darse algunas precipitaciones.

Las temperaturas bajarán considerablemente,

pero aumentará la presión atmosférica.

El día siguiente

se anuncia soleado,

si bien a los que siguen viviendo

todavía les será de utilidad el paraguas.


MORALIDAD SILVESTRE

Entra al bosque

y de hecho se pierde en él

Se lo conoce al vuelo y a vuelo de pájaro,

salida que viaja, y llegada que de nuevo baja.

Libre se siente en la cárcel de las ramas,

en sus hombros y sus sombras,

en sus verdes penumbras,

en el silencio que el oído roza

y sin cesar se destroza.

Aquí la rima está en todo,

como en una adivinanza.

Con el brezo o el cerezo

es la primera que danza.

Especies, son muchas las que conoce, reconoce

sus secretas relaciones y sus obligaciones,

principios con trabazones, historias con tropezones,

y, en los rincones, alguans excepciones.

Sabe lo que por consenso es denso,

esforzado, separado,

lo que sube hacia las nubes,

lo que en la grieta ha soldado.


Qué hormiguero en qué paraje, en qué pino, en qué follaje,

de quién los saltos, los brincos, y las canitas al aire,

uál es al arce, el alerce, el mimbre, la acacia rosa,

sólo la muerte usa aquí,

el mismo timbre y la prosa.

Sabe lo qeu ahí marchando, andando,

por la orilla del sendero acelerando,

pasó volando y se perdió de vista,

y aunque es como obra de artista,

está ultra e infranaturalizado.

Y sabe dónde se oculta el gótico

y dónde el barroco estrambótico,

que aquí un chamariz, allí un troglodita,

que junto al pinzón, el ala,

y desde cuándo en la tala

el encino se encabrita.

Después de eso, de regreso,

por la senda conocida,

pero que ya no es igual a la que cruzó de ida.

Se apodera de él la ira apenas entre la gente,

porque ninguno le alara quién es de otros diferente.


ACONTECIMIENTO

Cielo, tierra, amanecer,

ocho y cuarto de la mañana.

Calma y silencio

en las amarillentas hierbas de la sabana.

A lo lejos un ébano

de hojas siempre verdes

y extensas raíces.

De repente una alteración de esa agradable quietud.

Dos seres con ganas de vivir que rompen a correr.

Una gacela en una repentina huida

y trsa ella una leona jadeante y hambrienta.

Por un momento sus posibilidades son idénticas.

la que huye tiene incluso cierta ventaja.

Y si no fuera por esa raíz, que sale del suelo,

por ese tropezón

de una de las cuatro patas,

por ese cuarto de segundo

de alterado ritmo

que aprovecha la leona

con un largo salto...

A la pregunta de quién es el culpable,


nada, sólo silencio.

Un cielo inocente, circulus coelestis.

Una inocente terra nutrix, la tierra nutridora.

Un inocente tempus fugitivum, el tiempo.

Una inocente gacela, gazella dorcas.

Una inocente leona, leo massaicus

Un inocente ébano, diospyros mespiliformis.

Y un observador que mira con unos prismáticos,

en casos como éste

homo sapiens innocens.


CONSUELO

Darwin.

Dicen que para descansar leía novelas.

pero tenía sus exigencias:

no podìan terminar de forma triste.

Si daba con una así,

furioso la arrojaba al fuego.

Verdad o no

yo con gusto lo creo

Recorriendo con el pensamiento tantas regiones y tiempos

se encontrói con tantas especies muertas,

con tantos triunfos de los fuertes sobre los más débiles,

con tantos intentos de supervivencia,

tarde o temprano inútiles,

que al menos de la ficción

y de su microescala

tenía derecho a esperar un final feliz.

Así que, necesariamente: un rayo de luz de entre las nubes,

amantes de nuevo juntos, linajes qeu se reconcilian,

dudas resueltas, fidelidades premiadas,

fortunas recuperadas, tesoros hallados,

vecinos arrepentidos de sus rencores,


el honor recobrado, la codicia ridiculizada,

solteronas casadas con reverendos pastores,

intrigantes desterrados al otro hemisferio,

falsificadores de documentos lanzados por las escaleras,

seductores de doncellas de camino a al altar,

huérfanos acogidos, viudas reconfortadas,

soberbias humilladas, heridas cerradas,

hijos pródigos llamados a la mesa,

el caliz de la amargura derramado en el mar,

pañuelos húmedos de labios de perdón,

cantos y música por todos lados;

y el perro Fido,

perdido ya en el primer capítulo,

¡que corra de nuevo por la casa

y ladre alegremente!
EL VIEJO CATEDRÁTICO

Le pregunté sobre aquellos tiempos

en que éramos tan jóvenes,

ingenuos, entusiastas, tontos, inexpertos.

Algo de eso ha quedado, excepto la juventud

-respondió.

Le pregunté si todavía sabe a ciencia cierta

lo que es bueno y lo que es malo para el hombre.

La más mortífera ilusión posible

-respondió.

Le pregunté por el futuro,

si lo sigue viendo claro.

He leído demasiados libros de historia

-respondió.

Le pregunté por la fotografía,

esa en el marco, sobre el escritorio.

Fueron, pasaron. Mi hermano, mi primo, mi cuñada,

mi esposa, mi hijita sobre las rodillas de mi esposa,

el gato en los brazos de mi hijita,

y un cerezo en flor, y sobre el cerezo

un pájaro volador no identificado

-respondió.
Le pregunté si es a veces feliz.

Trabajo

-respondió.

Le pregunté por los amigos, si todavía tiene.

Algunos de mis antiguos ayudantes,

que también tienen antiguos ayudantes,

la señora Luzmila, que gobierna mi casa,

alguien muy cercano, pero en el extranjero,

dos señoras de la biblioteca, las dos sonrientes,

el pequeño Gregorio de enfrente y Marco Aurelio

-respondió.

Le pregunté por la salud y por su estado de ánimo.

Me prohíben el café, el vodka, los cigarros,

cargar recuerdos y objetos pesados.

Tengo que fingir que no lo oigo

-respondió.

Le pregunté por el jardín y el banco en el jardín.

Cuando la noche es serena observo el cielo.

No deja de asombrarme cuántos puntos de vista hay ahí

-respondió.
PERSPECTIVA

Se cruzaron como dos desconocidos,

sin gestos ni palabras,

ella de camino a la tienda

él de camino hacia el coche.

Quizá entre la consternación,

o el desconcierto,

o la inadvertencia,

de que por un breve instante

se amaron para siempre.

No hay sin embargo garantía

de que fueran ellos.

Quizá de lejos sí,

pero de cerca en absoluto.

Los vi desde la ventana,

y quien mira desde arriba

se equivoca con mayor facilidad.

Ella desapareció tras una puerta de cristal,

él subió al coche

y arrancó rápidamente.

Así que no pasó nada

ni siquiera si pasó.
Y yo sólo por un momento

segura de lo que vi,

intento ahora en un poema casual

convenceros a Vosotros, Lectores,

de que aquello fue triste.


LA CORTESÍA DE LOS CIEGOS

Un poeta lee poemas a unos ciegos.

No se imagina que fuera tan difícil.

Le tiembla la voz.

Le tiemblan las manos.

Siente que cada frase

debe superar la prueba de la oscuridad.

Tendrá que arreglárselas sola,

sin luces ni colores.

Peligrosa aventura

para lsa estrellas de sus poemas,

para la aurora, el arco iris,las nubes, los neones, la luna,

para los peces hasta ahora tan plateados bajo el agua

y los azores tan callados, altos en el cielo.

Lee -porque es ya demasiado tarde para no leer

sobre el niño de la cazadora amarilla en el verde prado,

sobre los rojos tejados que se pueden contar en los valles,

sobre los vivaces números en las camisetas de los jugadores

y sobre una mujer desnuda tras una puerta entreabierta.

Quisiera omitir - aunque eso no es posible

a todos aquellos santos en la bóveda de la catedral,

aquel gesto de despedida desde la ventana del vagòn,


la lente del microscopio y el destello del anillo,

y las pantallas y los espejos y el álbum con rostros.

Pero grande es la cortesía de los ciegos,

grandes su comprensión y su magnanimidad.

Escuchan, sonríen, aplauden.

Alguno de ellos incluso se acerca

con un libro abierto al revés

pidiendo un autógrafo invisible para él.


MONÓLOGO DE UN PERRO ENREDADO EN LA HISTORIA

Hay perros y perros. Yo era un perro elegido

Tenía los papeles y en las venas sangre de lobo.

Vivía en las alturas, aspirando el aroma del paisaje

en los prados bajo el sol, los abetos tras la lluvia,

y los terrones congelados por debajo de la nieve.

Tenía una casa decente y gente a mi servicio.

Era alimentado, bañado, cepillado,

llevado a hermosos paseos.

Pero con respeto, sin confianzas.

Todos tenían bien presente de quién era perro.

Hasta un perro callejero puede tener amo.

Pero cuidado -nada de comparaciones.

Mi amo era un señor único en su genero.

Tenía un imponente rebaño que iba tras él paso a paso

y que lo contemplaba con temerosa admiración.

Para mí había sonrisas

con una envidia mal disimulada.

Porque solo yo tenía derecho

a saludarlo con ágiles saltos,

sólo yo a despedirlo mordisqueándole los pantalones.

Sólo a mí me estaba permitido,


con la cabeza en sus rodillas,

recibir caricias y mimos detrás de las orejas.

Sólo yo podía fingir que dormía

y entonces él se inclinaba y me susurraba algo.

Con los demás se enojaba mucho y con frecuencia.

Les gruñía, se desataba en ladridos,

corría de pared a pared.

Creo que sólo a mí me quería

y a nadie más, nunca.

Tenía obligaciones: esperar, confiar.

Porque él aparecía por poco tiempo y desaparecía por mucho.

Qué lo detenía ahí, en los valles, no lo sé.

Adivino, sin embargo, que eran asuntos urgentes,

cuando menos tan urgentes

como para mí luchar con los gatos

y con todo lo que innecesariamente se mueve.

Hay destinos y destinos. El mío de pronto cambió.

Llegó alguna primavera,

y él no estaba conmigo.

Se desató en la casa un extraño ir y venir.

Cajones, maletas, baúles abarrotando los coches.

Con un chirrido se alejaron colina abajo las ruedas

y callaron tras la curva.


En la terraza ardieron algunos trastos, trapos,

blusas amarillas, bandas con signos negros

y muchas, muchísimas cajas de cartón desgarradas

de las que caían banderines.

Yo daba vueltas en esa confusión

más sorprendido que enojado.

Sentí sobre el pelo desagradables miradas.

Como si fuera un perro sin dueño,

un vagabundo molesto,

que se echa con la escoba de la entrada.

Alguien me arrancó el collar con adornos de plata.

Alguien le dio una patada a mi plato vacío.

Y luego un último alguien, antes de ponerse en marcha

abrió la ventanilla

y me disparó dos veces.

Ni siquiera supo dar donde debía,

porque morí lenta y dolorosamente

entre el zumbido de las envalentonadas moscas.

Yo, perro de mi amo.


ENTREVISTA CON ÁTROPO

¿La señora Átropos?

"Sí, soy yo"

De las tres hijas de la Necesidad

tiene Usted fama de serla peor

"Qué exageración, poeta mía.

Cloto hila el hilo de la vida,

pero es un hilo frágil,

no es difícil cortarlo

Laquesis determina su longitud con una vara.

No son precisamente angelitos."

Pero es Usted quien tiene las tijeras.

"Y ya que están, hago uso de ellas"

Veo que incluso ahora, mientras estamos hablando...

"Soy adicta al trabajo, es mi naturaleza"

¿Nos e encuentra Usted cansada, aburrida

somnolienta, al menos por al noche? ¿No, seguro que no?

Sin vacaciones, sin fines de semana, sin celebrar las fiestas,

o como mínimo con unas pequeñas pausas para fumar.

"Tendría trabajo pendiente y eso no me gusta"

Un celo incomprensible.

¿Y ningumna prueba de reconocimiento,


ningún premio, ninguna distinción, trofeo, medalla?

¿Ni siquiera unos diplomas enmarcados?

"¿Como en la peluquería? Gracias, pero no"

¿Le ayuda alguien? Si es así, de quién se trata?

"Graciosa paradoja. Precisamente vosotros, mortales.

Diversos dictadores, numerosos fanáticos.

Pero no soy yo quien los anima.

Son ellos los que se apresuran a poner manos a la obra."

Seguramente se alegra con las guerras,

son una gran ayuda.

"¿Alegrarme? No conozco ese sentimiento.

Y no soy yo quien conduce a ellas,

no soy yo quien dirige su curso.

Pero reconozco que sobre todo gracias a ellas

puedo estar al día"

¿No le dan pena a Usted esos hilos cortados demasiado pronto?

"Más cortos, menos cortos,

sólo hay diferencia para vosotros"

¿Y si alguien más fuerte quisiera quitársela a Usted de en medio

e intentara jubilarla?

"No entiendo. Habla más claro"

Preguntaré de otra manera: ¿Tiene Usted un Superior?

"... Otra pregunta, por favor."


No tengo más preguntas.

"En ese caso, adiós.

O para ser más exactos..."

Lo sé, lo sé. Hasta la vista.


EL HORRIBLE SUEÑO DE UN POETA

Imagínate lo que soñé.

Aparentemente todo como aquí.

El suelo bajo los pies, al agua, el fuego, el aire,

lo vertical, lo horizontal, el triángulo, el círculo,

el lado izquierdo y el derecho.

El clima, soportable, los paisajes, nada mal

y muchos seres dotados de habla.

Sin embargo su idioma es distinto al de la tierra.

En las frases predomina el modo incondicional.

Los nombres se ajustan estrictamente a las cosas.

Nada que añadir, quitar, mover, cambiar.

El tiempo siempre como en el reloj.

El pasdo y el futuro tienen un alcance limitado.

Para los recuerdos un único segundo transcurrido,

para las previsiones otro

que justo comienza.

Palabras, las necesarias. NUnca una de más,

y eso significa que no hay poesía

y no hay filosofía y no hay religión.

Este tipo de diabluras ahí no entran en juego.

Nada que pueda solo pensarse


o verse con los ojos cerrados.

Si hay que buscar: lo que está claramente al lado.

Si pregentar, aquello para lo que hay respuesta.

Mucho les sorprendería,

si pudieran sorprenderse,

que en algún sitio existan motivos para sorprenderse.

La palabra "inquietud", considerada por ellos obscena",

no tendría la osadía de estar en el diccionario.

El mundo se presenta claro

aun en la más profunda oscuridad.

Se ofrece entre todos a precio accesible.

Tras dejar la caja nadie reclama el cambio.

En cuanto a los esntimientos, satisfacción. Y ndada de paréntesis.

La vida en su punto -y punto. Y el zumbido de las galaxias.

Confiesa que nada peor

le puede suceder a un poeta.

Y luego nada mejor

que despertarse enseguida.


LABERINTO

- y ahora algunos pasos

de pared a pared,

por esta escalera hacia arriba,

o por aquella hacia abajo,

y luego un poco a la izquierda,

si no a la derecha,

del muro al fondo del muro

hasta el séptimo umbral,

de donde sea, a donde sea,

hasta ese cruce

donde se encuentan

para cruzarse

tus esperanzas, errores, fracasos,

pruebas, intentos y nuevas esperanzas.

Camino tras camino,

pero sin regreso.

Accesible solo aquello

que tienes frente a ti,

y allí, como consuelo,

vuelta tras vuelta,

sorpresa tras sorpresa,


tras la vista, una vista.

Y puedes elegir

dónde estar o no estar,

saltar, desviar

con tal de no dejar pasar.

Así que por ahí o por ahí,

o tal vez por allá,

sintiendo, pensando,

intuyendo, cruzando,

a tientas y atinando,

por atajos enredados.

Por la fila siguiente de la fila,

por corredores y puertas,

y rápido, porque en el tiempo

siempre andas a destiempo,

de un lugar a otro

a muchos que siguen abiertos,

donde es oscuro e incierto

pero con luz y embeleso,

donde es alegre y no alegre

por poco, tan cerca,

y en otra parte, otras partes

aquí y allí, en cualquier parte


dentro de lo malo no ha estado tan mal,

como un paréntesis entre paréntesis,

y todo bien a tu juicio

y de pronto un precipicio,

precipicio peor puente,

puente pero colgante,

colgante pero único

porque otro no hay.

En algún lado debe haber una salida,

eso es más que seguro.

Mas no eres tú quien la busca,

ella te busca a ti,

Es ella la que va

tras de ti desde el principio,

y este laberinto

no es otra cosa que tú,

sólo tú mientras se 0pueda

sólo tú mientras sea tuya,

huida, huida
FALTA DE ATENCIÓN

Ayer me porté mal en el cosmos.

Viví todo el día sin preguntar por nada,

sin sorprenderme de nada.

Realicé acciones cotidianas,

como si fuera lo único que tenía que hacer.

Aspirar, espirar, un paso tras otro, obligaciones,

pero sin pensamientos que fueran más allá

de salir de casa y volver a casa.

El mundo podría ser tenido por un mundo loco

y yo lo tuve para mi propio y trivial uso.

Ningún cómo, ningún por qué,

o de dónde ha salido éste,

o para qué quiere tantos impacientes detalles.

Fui como un clavo superficialmente clavado a la pared,

(aquí una comparación que no se me ha ocurrido).

Uno tras otro se fueron sucediendo cambios

incluso en el limitado campo de un abrir y cerrar de ojos.

En la mesa más joven, con una mano un día más joven

había pan de ayer cortado de forma distinta.

Las nubes como nunca y la lluvia como nunca,


porque era con otras gotas que llovía.

La Tierra giraba sobre su eje

pero en un espacio abandonado para siempre.

Duró sus buenas 24 horas.

1.440 minutos de ocasiones.

86.400 segundos que mirar.

El cósmico savoir-vivre

aunque calla sobre nuestro asunto,

exige, sin embargo, algo de nosotros:

una cierta atención, un par de frases de Pascal

y una sorprendente participación en este juego

de reglas desconocidas.
ESTATUA GRIEGA

Con la ayuda de la gente y otros elementos

el tiempo ha hecho con ella un buen trabajo.

Primero eliminó la nariz, después los genitales.

Luego los dedos de las manos y los pies,

con el paso de los años los brazos, uno tras otro,

el muslo derecho y el muslo izquierdo,

los hombros, las caderas, la cabeza y las nalgas,

y lo ya caído lo ha hecho pedazos,

escombros, residuos, arena.

Cuando así muere alguien vivo,

brota mucha sangre tras cada golpe.

Las estatuas de mármol, sin embargo, mueren blancamente

y no siempre del todo.

De ésta que hablamos ha quedado el torso

y está como contenido en el esfuerzo de la respiración,

porque ahora debe

atraer

hacia sí

toda la gravedad y la gracia

del resto perdido.

Y eso lo consigue,
eso aún lo consigue,

sigue y deslumbra,

deslumbra y perdura.

El tiempo también merece una mención elogiosa,

porque ha hecho una pausa

y algo dejó para después.


DE HECHO CUALQUIER POEMA

De hecho cualquier poema

podría titularse "Instante"

Basta una frase

en presente,

pasado o incluso futuro;

basta que cualquier cosa

envuelta en palabras

susurre, brille,

cuele, flote,

o guarde también

esa teórica inmutabilidad

pero con una sombra en movimiento;

basta que se hable

de alguien junto a alguien

o de alguien junto a algo;

de la mamá que me mima

o qu ya no me mima;

o de otras mamás

y de otros mimos o no mimos

de otras cartillas

cuyas páginas pasa el viento;


basta con que al alcance de la mirada

el autor coloque unas montañas provisionales

y unos pasajeros valles;

si con ocasión de ello

alude al cielo

sólo aparentemente eterno y estable;

si aparece bajo la mano que escribe

la única cosa que parece

que puede ser llamada cosa de alguien;

si negro sobre blanco,

o al menos en sentido figurado,

por un motivo más serio o menos serio,

son planteados algunos interrogantes,

y como respuesta:

en todo caso, dos puntos:

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