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Palabras del Presidente Calderón en el 71 Aniversario del Partido Acción Nacional

2010-09-22 | Discurso
CEN de Acción Nacional.

Muy buenas noches.

Queridas amigas, queridos amigos.

Señor licenciado César Nava Vázquez, Presidente del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Acción
Nacional.
Ingeniero Alfredo Rivadeneyra, Secretario General.
Diputada Josefina Vázquez Mota, Coordinadora del Grupo Parlamentario en la Cámara de Diputados.
Senador José González Morfín, Coordinador del Grupo Parlamentario en la Cámara de Senadores.
Queridos ex Presidentes.
Don Luis Héctor Álvarez.
Luis Felipe Bravo Mena.
Querida Margarita.
Muy apreciables Gobernadores, aquí presentes: Juan Manuel Oliva, Marco Antonio Adame.
Muy estimados Senadores.
Muy estimados Diputados.
Muy estimados militantes y dirigentes de Acción Nacional.
Señoras y señores.
Embajadores.
Distinguidos invitados especiales.
Amigas y amigos todos:
Quisiera comenzar haciendo dos reflexiones. La primera, comentaba hace un momento en la mesa del
presídium con Josefina Vázquez Mota, que cómo cuántos aniversarios del partido me habrá tocado
presenciar o participar.
Y, caray, quién sabe. Por lo menos de estos 71, probablemente llevo la mitad ya de aniversarios del
partido. Desde aquellas modestísimas instalaciones del PAN en la casa del ingeniero Quiroz, allá en
Morelia o en Villalongín, las celebraciones del partido; allá en Serapio Rendón, aquí en la Ciudad de
México, y en Ángel Urraza, desde luego, y aquí en esta casa de Acción Nacional.

Son muchos, muchos años, y me ha tocado el maravilloso privilegio de ser testigo y también, por
fortuna, actor de este paso, este tránsito, esta transformación de Acción Nacional, a la que ha hecho
referencia, de manera muy brillante, nuestro Presidente Nacional, César Nava. De oposición
responsable a Gobierno transformador.

Este paso de Acción Nacional por la historia de México ha sido un paso definitivo. Hoy que celebramos
100 años de Revolución y 200 años de Independencia, se dice fácil, pero un partido político que
cumple 71 años en un país que tiene apenas 200 años de vida, hablamos de una organización política
medular. Y no se explica la historia del México moderno, particularmente, su vida democrática sin
Acción Nacional.

Hoy por hoy, como decía Carlos Castillo, en paz descanse, Acción Nacional es inexpulsable de la
historia nacional. Somos un partido que ha construido la modernidad de este país, un partido que ha
acompañado a la Nación en una buena parte de su vida independiente y en la mayor parte de su vida
posrevolucionaria. Un partido que ha impulsado la democracia, la libertad y la justicia.

Mi segunda reflexión es la venturosa coincidencia de la fecha específica en la que celebramos este 71


Aniversario, que coincide además, con el Centenario de la Fundación de la Universidad Nacional
Autónoma de México.

Y es relevante, muy relevante, porque precisamente en la esencia de Acción Nacional está impregnada
la huella de nuestro fundador Manuel Gómez Morín. Y si se recorre la historia de la Universidad
Nacional, el máximo proyecto social y educativo del país en el Siglo XX, se ve claramente impregnada
también la huella del maestro.

Desde los primeros momentos, en la primera década de la UNAM, aquel puñado de jóvenes estudiantes
de la Preparatoria que fueron a la Cámara de Diputados y en el Salón Verde de Donceles exigieron la
autonomía universitaria, ahí estaba Gómez Morín, aún antes de la Constitución del 17.

Y entre aquellos jóvenes valientes que lucharon al lado del Rector Vasconcelos por la autonomía
universitaria, por la lucha democratizadora para el país y autonomista para la Universidad en 1929, ahí
estaba su Secretario, su Tesorero de campaña, su redactor de la metafísica de Vasconcelos, Manuel
Gómez Morín.

Y en aquellos momentos aciagos, en que desde el poder se pretendía establecer, imponer el dogma en la
Universidad y consecuentemente negar la libertad de cátedra, en tanto que la libertad era contraria a la
verdad científica, entre comillas, pregonada en aquel tiempo desde el poder, ahí en la lucha por la
libertad de cátedra, ahí estuvo nuestro fundador.
Y cuando los universitarios arrancaron la autonomía en el 34, y nunca más el Presidente decidiría quién
sería el Rector de la UNAM, ahí era Rector Gómez Morín. Y la autonomía la conquistaron aunque se le
hubiera quitado el presupuesto a la Universidad.

Y en la lucha por obtener fondos del pueblo y renunciar al salario propio por sostener la Universidad,
ahí estuvo el fundador del PAN. Y tiempo después, completada su obra universitaria, con un puñado de
universitarios también, maestros y alumnos, en lo que fue la primera oficialidad, como también decía
Carlos, ahí estaba Gómez Morín.

Y muchos, muchos años después, cuando aquella pléyade de universitarios fueron arrasados a metralla
en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, por un Gobierno intolerante, el 2 de octubre del 68, la
única voz política que se alzó en México fue la de los diputados de Acción Nacional, defendiendo a los
estudiantes y defendiendo a la Universidad. Éste es el partido y esa es la estirpe del fundador de este
partido, que hoy cumple 71 años.

Estamos aquí, amigas y amigos, para así conmemorar, traer a la memoria, vivir en la memoria nuestro
origen y nuestro destino.

Quiénes somos. Para qué estamos aquí. Cuál ha sido nuestro origen. De dónde venimos. Cuáles son las
raíces que han nutrido este tronco fuerte y esta enramada frondosa que es Acción Nacional.

Hoy como siempre, amigas y amigos, la mejor manera de honrar, de conmemorar al PAN y a sus más
de siete décadas es, precisamente, honrando el ejemplo y los valores de los fundadores de nuestro
partido.

Es destacando la visión, es destacando la inteligencia de hombres íntegros, como Manuel Gómez


Morin, como Efraín González Luna, como Miguel Estrada Iturbide, como Preciado Hernández, como
Juan Landerreche Obregón, como Molina Font, como Aquiles Elorduy, como Herrera y Lazo, como
Calderón Vega, como tantos, tantos otros que aquí estuvieron, en el mismo propósito de construir Patria
desde una política distinta, en Acción Nacional.

A contracorriente de un contexto político nacional claramente marcado por el autoritarismo de


entonces, nuestros fundadores crearon una organización valiente, una organización visionaria, sin otra
estrategia, sin otra meta que el de despertar la conciencia nacional; cimbrar la conciencia nacional
sobre la idea de construir el bien del país, sin otra táctica que servir a los demás y de ser útil al prójimo.

Se dice fácilmente, pero en estas décadas este partido, en un medio profundamente antidemocrático,
construyó la vida democrática. Y en un medio profundamente violento cambió la naturaleza del país
por la vía pacífica y sin disparar un solo tiro.

El objetivo de aquellos era hacer política a partir del pensamiento y las ideas, crear conciencia
ciudadana, ser un dique a los políticos que atropellaban una y otra vez los derechos y la libertad de los
mexicanos. Y más que eso, amigas y amigos, la tarea fundacional del PAN fue hacer ciudadanía,
construir una ciudadanía que no estaba presente en las decisiones de la vida nacional.
Y quizá, desde entonces, fue precisamente esta tarea el punto de partida más relevante y más distintivo
del PAN: transformar al país. Pero una transformación que implicaba una labor permanente, una labor
permanente que nos convoca y que nos compromete a todos, no a dar lo que somos, sino a dar lo mejor
de nosotros mismos, darlo desde la trinchera en la que estemos, darlo con generosidad y con pasión y,
me atrevo a decir, con alegría, con la alegría que pesa y gravita en la conciencia de quien hace el bien y
lo hace profundamente y con determinación.

Hacer el bien, hacer el bien común, hacer el bien nacional en la trinchera en la que estemos, sea en el
Gobierno, sea en el Congreso, sea en el partido o en la escuela, o en la empresa, o en la fábrica, o en la
calle, o en el taller.

A nosotros, amigas y amigos, que nos ha tocado el enorme privilegio de ser mexicanos en el
Bicentenario de la Independencia y en el Centenario de la Revolución, de ser panistas en esta hora
festiva y conmemorativa de la vida nacional, a nosotros nos toca, desde luego, tomar la estafeta que nos
entregaron quienes nos precedieron y conducir a México hacia el futuro distinto y mejor que se
propusieron nuestros fundadores.

Conducir a México a donde querían llevarlo aquellos, aquel puñado de valientes que se reunieron en el
Frontón México los días 15 y 16 de septiembre, 17, de 1939.

A nosotros nos toca enarbolar los ideales, enarbolar los valores y asumir a cabalidad los principios que
compartimos para seguir forjando, para seguir continuando, le dijera aquél campesino a Gómez Morín,
seguir continuando la Patria justa, la Patria ordenada, la Patria generosa y la vida mejor y más digna
para todos los mexicanos, como reza el lema de Acción Nacional.

Qué es lo que falta hoy a Acción Nacional.

Tenemos. Vamos a ver. Tenemos las armas más poderosas. Como decía don Manuel, las de las ideas,
las de los valores del alma, y ni tenemos otras ni las hay mejores. Tenemos principios y valores.
Tenemos una clara identidad con una ciudadanía que hemos contribuido a construir. Tenemos las ideas,
tenemos los postulados, y algo importante, amigas y amigos, en el México de hoy. No basta
simplemente tener ideas y postulados, sino lo valioso, lo perseverante es que esas ideas y postulados, la
historia ha demostrado que son veraces y que tenemos la razón.

O por qué durante décadas, siendo México antidemocrático y siendo Acción Nacional perseverante,
insistente, tercamente democrático, por qué cuando aquellos nos decían que éramos ingenuos y
místicos del voto, al final del tiempo nos daría éste la razón.

Porque la nuestra es la verdad.

Y por qué cuando en México y en el mundo se cancelaban las libertades, se anunciaba como victoria la
omnipresencia y la omnipotencia del Estado, cancelando propiedad, libertad individual, derechos,
derecho a disentir; por qué la obstinación de Acción Nacional por la libertad, por la persona, por su
libertad, por su individualidad, por su patrimonio. Por qué estas ideas, a final de cuentas, perseveraron
y derribaron muros, ideologías y los mitos más grandes del Siglo XX.

Porque teníamos la razón. Teníamos y tenemos la razón en política; teníamos y tenemos la razón en
economía; teníamos y tenemos la razón en la raíz social de nuestro querido México.

Tenemos las ideas; nuestras ideas son las ideas veraces. Y tenemos, además, no sólo eso, sino la
confianza de un pueblo, que ahora nos ha llevado al poder en la última década.

Tenemos las ideas, tenemos la razón, tenemos el apoyo ciudadano, tenemos el poder. Tenemos, además,
amigas y amigos, una organización nacional que surgió, precisamente, desde la sociedad y no desde el
poder.

Tenemos ideario, anhelos, ideales. Tenemos también, en cada rincón del país, militancias fuertes y
beligerantes.

Qué es, entonces, lo que le falta a Acción Nacional.

Hace algunos años, seis años, poco más o menos teníamos estas mismas circunstancias. Decía
entonces, y ahora lo refrendo evocando nuevamente a Carlos Castillo Peraza. Carlos afirmaba, y cada
día que pasa pesa enormemente su razón, que lo que cambia verdaderamente los movimientos sociales
y a partidos como éste es su alma.

Y el alma de Acción Nacional son, precisamente, sus ideales y la mística de que quienes militan son
capaces de llevar adelante. Y el alma es sinónimo en la etimología antigua de ánimo; el alma es lo que
hace gravitar los cuerpos; que sin ella, cuando morimos, somos simplemente masa inerte. En cambio
cuando el alma está presente hay vida y pasión y humanidad plena.

Yo afirmo, amigas y amigos, que lo que Acción Nacional ahora requiere colectar, apilar y echar
adelante es su propia alma y es su propio ánimo.

Para alcanzar nuestras metas, para alcanzar nuestros objetivos es necesario renovar el ánimo, el coraje,
renovar la pasión por el quehacer político, renovar la alegría del combate y la certeza de la victoria; es
necesario refrendar nuestra fe en el PAN, en lo que tenemos, en lo que hemos conseguido y sobre todo,
en lo que juntos vamos a seguir consiguiendo para el bien de México: La victoria de los ideales y de las
posiciones de Acción Nacional.

Como escribiera él mismo, somos, y esa es la diferencia que nos hizo subsistir en el desierto, perseverar
en el autoritarismo, salir adelante y vencer contra todas las maquinarias mucho más poderosas y
aplastantes que las que ahora pretenden construir; lo que nos hizo salir y vencer es que somos un
partido con alma, una organización con razón, con visión, con reflexión.

Una Institución que sabe lo que vale, que sabe lo que pesa, que sabe lo que cuenta para el país, que
sabe que es la respuesta para el ciudadano oprimido, para el indígena, que sólo hasta que llegó el PAN
pudo ver respuestas positivas en su calidad de vida; para las mujeres que no tenían atención médica,
para la gente, precisamente que ve en este partido una opción acorde a sus ideales y a sus aspiraciones.
Un partido que es noble y tiene la generosidad en sus ideas, en su historia, en su gente, en sus propios
proyectos.

Tenemos que asegurarnos de que el PAN no sólo sea un partido con alma, es decir, con principios y con
ideales, sino también sea un partido con ánima, con ánimo; una organización capaz de mover
consciencias, capaz de mover esfuerzos, capaz de despertar voluntades; una organización capaz de
movilizar a la sociedad entera con la fuerza de nuestros valores y de nuestros principios.

En tiempos retadores, como los que ahora vivimos, los panistas tenemos que encender la llama de
esperanza en nuestra sociedad, y encender la llama de esperanza en nosotros mismos.

No deja de ser una paradoja que nuestros adversarios que nos sigan viendo con temor, con recelo y con
enorme preocupación. Y que por eso, se lancen una y otra, y otra vez contra nosotros; que por eso todos
los días, hora tras hora, se esmeren con denuedo en hacernos sentir mal respecto de nosotros mismos.

Y todavía nos asombra y todavía nos asusta, y todavía nos preocupa si hay un empeño deliberado de
vulnerar lo que es Acción Nacional, es claramente, entre otras cosas, porque ellos sí saben lo que
somos, sí saben lo que valemos y sí tienen un enorme temor de que Acción Nacional recupere su alma,
recupere su ánimo, y nuevamente, vaya y gane, como lo haremos y como lo hemos hecho, la voluntad y
el apoyo de los ciudadanos de México

Es nuestro deber, amigas y amigos, estamos muy a tiempo a hacer un recuento de lo que tenemos;
hacer un recuento de lo que somos como partido y, como bien lo ha dicho César Nava, de lo que hemos
hecho como Gobierno, porque sí hemos transformado al país en muchas vertientes.

Porque hoy, no 82, 89 millones de mexicanos tienen un sistema de salud, contra los 30 y tantos que
recibimos; porque hoy se ha hecho la mayor obra de carreteras y de infraestructura hospitalaria que no
había visto el país en todo el ciclo de la Revolución; porque hoy Acción Nacional sí está transformando
una realidad nacional, y que nadie, nadie va a reconocer si no somos nosotros mismos capaces de
difundir.

Porque somos, amigas y amigos, un partido que no puede verse simplemente en el espejo de quienes
pretenden hacernos sentir cada vez menos de lo que somos, y hacernos olvidar cada día más lo que
verdaderamente valemos.

En 1993, cuando Carlos Castillo, asumía la Presidencia del Partido Acción Nacional, dijo un discurso
sorprendente, que, por supuesto, provocó que se rasgaran las vestiduras de todos los que profetizaban,
de todos los que pontificaban todos los males de Acción Nacional.

Un discurso que rasgó las vestiduras de los impolutos. Y como decía don Efraín González Luna: De las
orugas doctas, que escondidas y aisladas en su torre de marfil, no se daban cuenta que esa torre se
convertiría simplemente, así decía don Efraín, en pedestal de imbéciles.
Fue Acción Nacional durante mucho tiempo actor, pero también espectador de una crónica que no era
la propia y de un relato que no era el nuestro. Fue Acción Nacional una escucha atemorizada de lo que
del PAN se decía en los periódicos y por nuestros adversarios y en los medios. De lo que del PAN se
decía en los llamados círculos verdes, rojos, gratinados, amarillos. En fin. Fue Acción Nacional un
actor preocupado de lo que se decía de él, cuando estaba transformado a México en aquellos años
difíciles, en la ruta imparable hacia la transición democrática.

Qué es lo que decía Carlos, que tanto escandalizó entonces. Decía él: Nos están tratando de llevar a un
panismo de perros acosados. Nos hacen hablar de nuestros líderes y dirigentes, como de la cúpula. Nos
hacen hablar de nuestros debates y acuerdos como si se tratara de negociaciones ocultas y sucias, nos
quieren hacer sentir que abandonamos nuestra doctrina. La prensa, nuestros adversarios de los distintos
colores, todo es para que el panista se sienta apenado de ser panista, y terminaba, basta de ser un
partido de perros acosados.

Y Carlos, con su controversial liderazgo, transformó la identidad de Acción Nacional, nos hizo recordar
lo que somos y nos lanzó al ataque. No faltó la denostación interna, no faltó este esmero en demoler el
ánimo de Acción Nacional, pero tales esfuerzos fueron infructuosos.

Apostemos por nosotros mismos, concluía Carlos, apostemos por lo que somos, por nuestros
principios, por nuestros valores. Y Acción Nacional fue, entonces, el partido que se enrutó,
definitivamente, a acceder al poder.

Ese debate, amigas y amigos, viene desde la fundación de Acción Nacional, o escuela de ciudadanos o
partido que busca el poder. Pero es un falso debate, porque nuestros estatutos claramente han
establecido como objetivo de Acción Nacional ambas cosas: promover la participación cívica de los
mexicanos, y tener acceso al ejercicio democrático del poder.

Hoy, amigas y amigos de Acción Nacional, en estos 71 años que cumplimos, yo llamo a fortalecer
nuestro ánimo y nuestra alma, a fortalecer la confianza en nosotros mismos, a apostar por nosotros
mismos, como decía en su tiempo Carlos Castillo.

Porque el alma es fuerte y nuestro ánimo tiene que ser un ánimo de victoria; porque éste es el partido
de los ciudadanos, porque éste es el partido que impulsó la democracia en el país, porque éste es el
partido que siempre defendió la libertad, la propiedad, el patrimonio de las familias; éste es el partido
que luchó por la justicia en un país marcado por la desigualdad, y no sólo eso, éste es el partido que ha
empezado a reducir, y en serio, la pobreza extrema de nuestro país. Ese también será un legado de
Acción Nacional.

Éste es el partido de la vida, de la dignidad humana; éste es el partido de la sensatez y de los valores;
éste es el partido del diálogo y del acuerdo como constructor de bien común; éste es el partido del
sentido común y del humanismo. Y por eso el PAN es y está llamado a ser, en tanto que no pierda
esencia, en tanto que no pierda su alma, está llamado a ser, lo es y seguirá siendo el partido de la
mayoría de los mexicanos.

Por eso debe ser un elemento clave de ánimo en su militancia, que le permita recobrar el alma guerrera
que lo ha llevado, en peores circunstancias, a victorias contundentes en circunstancias extremadamente
adversas.

Esta jornada de alegría y conmemoración, amigas y amigos, es espacio para convocar al PAN activo, al
PAN diligente, al PAN movilizado. Es momento de llamar al PAN de las ideas, sí, pero también al PAN
de los militantes, al PAN que toca las puertas, al que va a las colonias, al que está presente, al que
escucha, al que se organiza, que es el PAN que tiene un músculo fuerte, a partir de que impide su
propia atrofia. Es el PAN que es capaz de tocar el ánimo nacional.

En esta hora de conmemoración se requieren, precisamente, que Acción Nacional vuelva a dar los
pasos que le han permitido llegar hasta lo que es hoy, un partido, un Gobierno de transformación.

Es tiempo de trabajar fuertemente, es tiempo, como decíamos hoy, con Juan Manuel Oliva, de ser cada
panista mucho más testigo del PAN y menos maestros; es tiempo de ser, cada uno de nosotros, mucho
más ejemplo y mucho menos teoría política; es tiempo de cada una y de cada uno de nosotros ser
militantes de a de veras, ciudadanos enfundados en la convicción patriótica que es la que impregna los
principios de Acción Nacional.

Es momento, también, de cerrar filas; es momento de fortalecer la identidad de Acción Nacional,


seguros de lo que somos; es momento de que cada una y cada uno de nosotros tenga claridad meridiana
de lo que somos y de por qué somos diferentes y mejores a otras opciones políticas.

Porque lo somos, porque este partido, por sus ideas, por su historia, por sus obras, por sus militantes, es
y debe ser distinto y mejor a otras opciones políticas. Esa, y no otra, es la clave de cualquier victoria
electoral.

Es momento, también, de abrir, insisto, una y otra vez, de abrir las puertas a la ciudadanía, de recordar
que somos instrumentos de la ciudadanía, y no es el PAN patrimonio de nosotros mismos. Que este
partido si alguna escritura tiene es en favor del ciudadano mexicano que quiere construir país y no es
propiedad de uno o una, o aquel.

Que Acción Nacional tiene que abrir las puertas de su casa a las mujeres y a los jóvenes que no se
resignan a renunciar a sus expectativas de bienestar y de progreso, de invitar a pasar a nuestra casa a los
padres de familia que no se conforman con nada que esté debajo de sus aspiraciones de desarrollo;
abrirle las puertas a los ciudadanos que no quieren dejar a México en manos de criminales, a quienes
les abren la puerta a los corruptos y quienes tienen temor o vergüenza de aplicar la ley y de condenar al
mal que tanto daña a nuestro México.

Es tiempo de militar en Acción Nacional para todo aquel que quiere construir la Patria como nosotros
la queremos, una Patria justa, una Patria ordenada, una Patria que respete a las personas, una Patria
libre, una Patria conducida por la ley, una Patria próspera, a partir del esfuerzo de cada mexicana y
cada mexicano.

Tenemos, qué duda cabe, como partido o Gobierno, errores y limitaciones. Pero hoy, amigas y amigos,
debe quedar claro para todos, y comenzando por nosotros, que el PAN sigue siendo la mejor opción
para México.

Porque la gente lo que aprecia son sus principios, y son los valores en política; porque la gente aquilata
los valores de la familia, del trabajo, de la responsabilidad; los valores de la honestidad en la política,
los valores de la transparencia en el Gobierno, los valores de la democracia, los valores del Estado
como garante fuerte y decidido de la seguridad de los ciudadanos, el cumplimiento de la ley. Eso, eso
es lo que representa Acción Nacional. Por eso somos la mejor opción política de México.

Nuestro reto, nuestro reto es convocar nuevamente a la ciudadanía, traerla a la política verdadera, a la
esencia de lo que somos y siempre hemos sido en Acción Nacional. Esa es a mi juicio la disyuntiva que
el PAN debe resolver.

Necesitamos una política partidista y unos políticos mucho más cercanos y mucho más vinculados a los
ciudadanos. Es hora de abrir cauce a la participación responsable, activa y libre de la ciudadanía en la
vida del panismo nacional.

De cara a este Siglo XXI, el PAN tiene la responsabilidad histórica de adaptarse a las nuevas
circunstancias. A 71 años de haber iniciado esta lucha por un México de ciudadanos libres, el PAN
puede y debe asumir, una vez más, su responsabilidad como punta de lanza de los cambios y
transformaciones del país, para que esa transformación sea fecunda, el PAN debe mover las almas
empezando por la propia, y debe cimentar su esfuerzo en un verdadero cambio de actitud y de
mentalidad.

Estoy convencido de que guiado por nuestros ideales y por nuestra doctrina todos, quienes damos la
vida a Acción Nacional, sabremos heredar a las generaciones que vienen un México distinto y mejor,
un México con una vida democrática que se encarne no sólo en el Sufragio Efectivo, sino en la
democracia efectiva que le dé respuesta al ciudadano.

Un México con una economía dinámica, competitiva, generadora de empleos, impulsada por el trabajo
de la gente, por la iniciativa de empresarios, de trabajadores, de profesionistas, de gente que labora
independientemente.

Un Nación que respete sus recursos naturales, que entienda el poder transformador de convivir con la
naturaleza en beneficio de generaciones futuras. Que asuma que el daño que se hace hoy a miles y
miles de familias por desastres naturales no es sino consecuencia del daño que la humanidad misma ha
hecho a nuestro entorno.

Un partido que haga un México mejor, un México más libre, más próspero, más justo; un México más
seguro, un México más limpio, un México verdaderamente a la altura de lo que soñaron nuestros
fundadores y de lo que merecen los mexicanos por venir.

Amigos y compañeros de Acción Nacional:

Es un orgullo para los panistas ser Gobierno de la República en el Año de la Patria. En este 2010, que
celebramos el Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución, hoy tenemos el
privilegio de luchar desde el partido y desde el Gobierno por una Patria mejor; por una Patria, como
dice nuestro lema, ordenada y generosa.

Hoy debemos trabajar sin descanso. Debemos seguir avanzando, precisamente, con la certeza de lo que
somos, de lo que valemos y de lo que implica nuestro avance para México. No sólo atentos al estruendo
que nuestro paso provoca en nuestros adversarios, sino atentos también a la elevada misión que tiene en
nuestro México, Acción Nacional.

Seguros de nosotros mismos, seguros de nuestros ideales, de nuestra fuerza y de nuestra historia,
seguros de que esta es la opción política de México, porque como decía el propio Carlos y con eso
termino, en aquel célebre discurso del Palacio de los Deportes de 1994: Somos una fuerza, somos una
fuerza, porque sabemos luchar, sabemos gobernar y sabemos dialogar, somos una fuerza, porque los
ciudadanos confían en nosotros, somos una fuerza, porque no empezamos hoy ni súbitamente a
defender la identidad y la cultura nacional.

Somos una fuerza, porque hemos creído en la democracia y la hemos practicado, somos una fuerza,
porque somos partido político, no academia, ni horda, ni grupo de presión, ni fábrica de insolencia.
Somos una fuerza con autoridad, la misma fuerza cuando nos oponemos, cuando gobernamos, cuando
luchamos, cuando dialogamos y cuando proponemos.

Somos una fuerza, porque asumimos con entereza, honestidad, sensatez y voluntad de bien la
complejidad de la realidad nacional y de la realidad del partido que hemos llegado a ser. Somos y lo
decimos con legítimo orgullo en el México de hoy la fuerza de la democracia.

Con la fuerza de la democracia, amigas y amigos, con la fuerza de la razón, con la fuerza de los ideales,
vamos en este 71 Aniversario por los objetivos de Acción Nacional a construir ciudadanía, a divulgar y
aplicar en la realidad nuestros principios y también, porque es válido, porque es legítimo, porque es
honesto, porque es necesario, vamos nuevamente a la conquista del poder y de la voluntad de los
ciudadanos.

Enhorabuena para todos ustedes.