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La generosidad

En un pueblo de Arauca vivía el señor David, dueño de una enorme fortuna, tenía casas,
tierras, animales y fincas. Viajaba constantemente por motivos de negocios, siempre
llevaba consigo una bolsita de monedas de oro, esta se le perdió en el camino pero
como iba de afán no se detuvo a buscarla.

A orillas de ese camino vivía don Segundo, pobre hombre, vivía en una humilde una
choza pero tenía lo necesario. Una mañana salió a buscar unas hierbas para comer, se
encontró la bolsita llena se relucientes monedas de oro, el preguntó a uno y a otro si
sabían de quien era el dueño de las monedas, quería devolvérselas pero no apareció el
dueño. Esperó varios meses a que apareciera el propietario, como nadie llegó a
pedírselas, después de un año pensó que podía usar las monedas sin sentirse culpable,
con ellas compró una granja, regaló su chocita a un pobre hombre que no tenía donde
dormir.

Pasaron muchos años, una tarde el señor David andaba por el mismo camino, como se
acercó a la finca preguntó si podía quedarse allí, don Segundo lo invitó a pasar y le
asignó una pieza y lo invito a que cenara con él.

Saboreando su comida se pusieron a charlar, admirado don David por el orden y la


belleza preguntó cuando y cómo lo había comprado, don segundo contestó: lo conseguí
hace varios años gracias a una pequeña bolsa de monedas de oro que encontré en el
camino, nunca encontré su dueño, don David le dijo: que como era la bolsa que si era de
color naranja, espera voy a buscarla dijo don Segundo, reconociendo su bolsa dijo a
don Segundo esta finca es suya, esta te pertenece porque eres un hombre honrado y
trabajador, don Segundo dijo: entonces disfrutémosla para todos los que la necesiten.