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La información es un poder seguro.

Una de las frases que me llamó la atención enormemente en la primera sesión de outdoor, en relación con el liderazgo y poder, fue la
siguiente: “Debemos guardar la información como poder”.
Me quedé reflexionando largo rato sobre ello. Me venían a la mente imágenes relacionadas con alguna ocasión en la que había callado,
omitido y/o guardado información, como por ejemplo, en mi infancia para que mis padres no me regañasen cuando había hecho alguna
travesura; incluso situaciones en las que tanto yo había dicho otros, como los otros me habían dicho a mí: “esto mejor no lo digas porque
si no…”, “es conveniente que no lo cuentes… al contrario…”.
Es innegable la estrecha unión entre liderazgo y poder. Una breve definición del liderazgo sería: “la capacidad de influir sobre la
conducta de otras personas, de modo persuasivo”; y si el poder es la capacidad de influencia, el liderazgo entonces, es el ejercicio del
poder. No todos los líderes ejercen el mismo tipo de poder en todo momento; existen varias formas de obtener y usar el poder sobre la
gente, entre las cuales se encuentra el poder de la información.
El poder de la información se basa en el conocimiento o acceso del líder a la información que se considera valiosa por otras personas.
Esta base de poder influye sobre el comportamiento de otros que necesitan esta información. Mientras mayor es la necesidad de la
información de una persona, mayor es el poder que el líder detenta sobre él. El liderazgo efectivo supone, pues, ante todo, poder.
Sin ir más lejos, hace 1 mes aproximadamente, un conocido me explicaba una anécdota que le sucedió en la empresa en la que trabaja.
Pensó en pedir autorización para ausentarse un día en el trabajo debido a que operaban a su hermana; la cuestión era que al tratarse de una
operación sin ingreso hospitalario, desconocía si le pertenecía o no ese permiso, por lo que le explicó su situación a una compañera de su
misma área y le comentó que iba a ir al departamento de RRHH a —-; Su compañera se alteró y le respondió: “no vayas a decir ni a
preguntar nada a RRHH respecto a esta cuestión, porque nos perjudicarías a los demás”…. “tú comunica simplemente que vas a
ausentarte debido a un motivo médico familiar, y al día siguiente presentas el justificante médico y nada más”… “llevamos tiempo
callando, y ya nos va bien así”.

En este sentido, podríamos hablar también sobre la sinceridad, y preguntarnos qué sería lo más favorable o beneficioso para las
personas: ¿ser totalmente claros y sinceros?, o por el contrario, ¿debemos establecer algunos límites para la sinceridad? En ocasiones, la
sinceridad actúa como un arma de doble filo, de manera que algunas veces es mejor saber callar y guardar esa información que, en el
supuesto de que la compartamos, podría actuar en nuestra contra y perjudicarnos.
Definitivamente, la información es poder. Quien la tiene, mantiene las bases para los cambios. El tener las fuentes, a veces con
conocimiento de causas o no, confiere el poder de la información. “Un pequeño dato en el momento preciso, pueden generar un futuro
diferente, solo si sabemos qué hacer con la información”. Guardarnos según qué tipo de información nos da ventaja, nos hace sentirnos
más fuertes… en definitiva, nos proporciona poder.

¿Quién de nosotros no ha guardado secretos, como si de un tesoro se tratase?


¿Quién de nosotros no ha manipulado, callado y/u omitido información para el beneficio propio, o por miedo a que al revelarla nos
perjudicase en algún sentido?
Quién no se sienta identificado con algunas de las situaciones anteriores, que tire la primera piedra….