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Ministerios laicales en

la formación presbiteral
Marcos Oswaldo Rivera Paredes
Para hablar de ministerios laicales en la formación presbiteral, es necesario precisar a partir
de qué momento se les ha llamado así, y cómo eran conocidos “los pasos” que tenía que dar
un seminarista dentro de su formación (junto a los estudios eclesiásticos) para ser ordenado
sacerdote.

El Papa Pablo VI y la reforma ministerial


Aunque a la fecha ya son numerosos documentos del Magisterio en los que podemos
encontrar algo sobre estos ministerios, precisamente un parteaguas en nuestra historia de la
Iglesia fue el Beato Pablo VI con su carta apostólica Ministeria quaedam (15.Agosto.1972)
por la que se reforma en la Iglesia latina la disciplina relativa a la primera tonsura, a las
órdenes menores y al subdiaconado, deja claro que aquellas que se consideraban órdenes
menores (Lectorado y Acolitado) y una de las órdenes mayores (Subdiaconado), “en la
conservación y adaptación de los oficios peculiares a las necesidades actuales, se encuentran
aquellos elementos que se relacionan más estrechamente con los ministerios, sobre todo de
la Palabra y del Altar, llamados en la Iglesia Latina Lectorado, Acolitado y Subdiaconado; y
es conveniente conservarlos y acomodarlos, de modo que en lo sucesivo haya dos ministerios,
a saber, el de Lector y el de Acólito, que abarquen también las funciones correspondientes al
Subdiaconado” (Introducción)
Los tres aspectos clave en el título de esta carta apostólica, son, como ya se ha visto
la disciplina relativa a la primera tonsura, por lo que el Papa dice que “en adelante no se
confiera ya la Primera Tonsura. La incorporación al estado clerical queda vinculada al
Diaconado” (n.1); en cuanto a las órdenes menores, que “las que hasta ahora se conocían con
el nombre de ‘Órdenes menores’ se llamarán ‘Ministerios’” (n. 2) y que “las funciones hasta
ahora desempeñadas por el Subdiácono quedan confiadas al Lector y al Acólito” (n. 4).
Además de esto, dice el Papa también lo que hace referencia al título mismo de este artículo,
es decir la peculiaridad de ser ministerios laicales: “Los ministerios pueden ser confiados a
seglares (laicos), de modo que no se consideren como algo reservado a los candidatos al
sacramento del Orden” (n.3).
Esto último es interesante ya que podemos descubrir que los ministerios que
desempeñamos en nuestras comunidades parroquiales como Lectores de la Palabra o
Ministros extraordinarios de la comunión, son en gran medida las funciones que los
seminaristas que han sido instituidos ministros lectores o acólitos, realizamos en nuestra
formación presbiteral. Por ello y descubriendo que los ministerios están orientados al servicio
de la comunidad quisiera compartir ahora un poco de la experiencia de estos ministerios,
tanto en mi comunidad parroquial (Nuestra Señora de Guadalupe Reina del Trabajo, en
Hermosillo) como la experiencia de haber recibido estos ministerios dentro de mi formación
presbiteral (a la fecha de hoy ocho años).
Lector
Como he mencionado, comienzo compartiendo un poco de la experiencia parroquial
de haber servido a mi comunidad como lector en Misa de Domingo (hablo del año 2008-
2009). Como todos los jóvenes de parroquia, al ser invitado a participar en Misa leyendo la
primera o segunda lectura, o bien entrándole al Salmo, la primera reacción fue una negativa
evasiva, misma que fue resuelta por la necesidad que teníamos de alguien que se ofreciera a
“entrarle” a leer la Palabra de Dios, recuerdo que tuvimos un curso en el que practicamos la
dicción, así como los posibles “errores” al pasar al ambón. Recuerdo también después ser yo
quien invitara a otros a leer y motivarlos diciendo “imagínate que tú estás en la lectura” para
que te ayude a darte cuenta de lo que lees. En resumen, fue una gran experiencia, sobre todo
al tener la dicha de leer en la Vigilia Pascual una de las lecturas del Libro del Génesis.
Hasta comienzos del mes de abril de este año, tuve la dicha a partir de Agosto de 2017
de ser custodiado por la Palabra de Dios, misma que es la manera en que me he descubierto
al ser Lector en camino de formación presbiteral, al igual que cuando leía en mi Parroquia,
me he vuelto a poner nervioso… y hasta casi me desmayo, ya que por una somatización de
la “carga” que uno siente al ser Lector, en una Misa en la Universidad Pontificia de México
se me estaba acabando el aire. Esta experiencia me ayudó a descubrirme más que custodio,
estar custodiado por la Palabra de Dios, soy consciente de que me falta mucho por crecer en
el amor a la Palabra que es el mismo Cristo, Buena Noticia para el hombre de hoy, este
ministerio me ha ayudado a buscar constantemente el encuentro con la Palabra y la
oportunidad de ofrecer un ministerio concreto de servicio a nuestra querida Diócesis de
Nogales.

Acólito
De esta experiencia tengo aún más gratos recuerdos, de manera particular por haber
tenido la oportunidad y la confianza que me dieron de servir durante un mes en el Ejido La
sangre (verano 2009) de servir como ministro extraordinario de la comunión, y junto a otros
tres compañeros, servir en esa misión a la comunidad. Dentro de las actividades que
realizamos fue visitar a los enfermos, llevándoles la comunión y compartiendo con ellos la
Palabra de Dios, así también durante los Domingos celebramos la Palabra, distribuyendo
también la comunión, junto a esto también la posibilidad de exponer el Santísimo durante los
jueves, entre otras actividades más con los niños del catecismo y círculos bíblicos con los
adultos. Fue una grata experiencia de un mes, luego de esta experiencia el Padre Leobardo
Méndez Valle en aquel entonces mi párroco, me invito a colaborar en la parroquia llevando
la comunión a los enfermos, así como en otras actividades como ministro extraordinario de
la comunión, tengo muy presente aquel día en que se me confió llevar la comunión a los
enfermos y apoyar al sacerdote en la distribución de la comunión durante la Misa, gratos
recuerdos de compromiso y experimentarme llamado a acompañar a cada una de las personas
que por edad o enfermedad no podían asistir a Misa para recibir al Señor en la comunión.
Tengo presente los rostros y la alegría de aquellos hombres y mujeres que recibían al Señor
en una mesita junto a su cama, con un vaso de agua y una veladora encendida, para después
de escuchar su Palabra, y ofreciendo un momento de oración recibirlo en la comunión.
Ahora con la experiencia de haber recibido el ministerio de Acolitado, la experiencia,
por el hecho de estar dentro de una institución formativa, es distinta al servicio en mi
comunidad parroquial, pues de aquella experiencia de organizarme dentro de mis actividades
para ir a distribuir la comunión durante la semana a los enfermos, este ministerio tiene en un
sentido no peyorativo (y desde la experiencia personal) otra manera de estar junto a Cristo
Eucaristía, tengo muy presente aquella exhortación que me hacía Monseñor José Leopoldo
al confiarme este ministerio de Acólito (7.Abril.2018): “Al desempeñar tu ministerio, ten en
cuenta que así como participas con tus hermanos de un mismo pan, así también formas con
ellos un solo cuerpo. Ama, pues, con amor sincero al Cuerpo místico de Cristo, es decir, al
pueblo de Dios; sobre todo de manera especial a sus miembros necesitados y enfermos”
(Ritual completo de los sacramentos, Institución de acólitos). Por el apostolado que me ha
tocado realizar durante esta etapa de formación en la Ciudad de México, no estoy en una
comunidad parroquial, sino que tengo la oportunidad de hacer mi apostolado en un tutelar de
menores, donde a través de encuentros con la Palabra, en dinámica kerigmática y
complementada con otras experiencias de oración he tenido la oportunidad, y con toda
humildad lo comparto, de descubrir a Cristo en estos jóvenes al compartir con ellos su Palabra
y la experiencia de fe.
Hermanos me sigo encomendando a su oración, sin duda alguna es el Señor quien nos
llama, y lo hace a través de su Iglesia, así, a través de nuestra experiencia de vida de Iglesia
pueblo de Dios, vamos descubriendo una voz que nos invita a servirle de manera particular,
yo he tenido esta inquietud vocacional por el sacerdocio ministerial, pero sin duda alguna,
cada uno de los que vivimos tanto estos dos ministerios concretos de lectorado y acolitado,
así como los muchos otros ministerios que nuestra Iglesia nos permite compartir, estamos y
seguiremos siendo llamados por el Señor Jesús a vivir nuestra fe, desde el servicio y el amor.