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Hablemos de la Sagrada Escritura: Palabra que se escucha y se traduce.

Marcos Oswaldo Rivera


Que la Palabra que Dios nos ha revelada en la plenitud de su Hijo Jesucristo, sea para
nosotros guía, alimento y centro de nuestra celebración.
Reciban un cordial saludo desde la Ciudad de México, donde cursaré los últimos años
de mi formación Sacerdotal, escribo estas letras desde el cuarto piso del Seminario Conciliar
de México donde vivo junto a otros 23 seminaristas de distintas diócesis del País que
cursamos el Bachillerato Teológico en la Universidad Pontificia de México. El sábado al
llegar a la Capital junto al Padre Jorge Luis Núñez, visitamos la casita de nuestra Madre la
Virgen María en México, la Basílica de Guadalupe, donde celebramos Misa recordando con
alegría y esperanza, que servirles es el principal motivo de nuestra estancia por acá. Me
encomiendo a sus oraciones ante esta nueva etapa que iniciamos, así también cuenten con mi
oración por ustedes y este proyecto de Evangelización.
Al adentrarnos ya en el mes de la Biblia, es necesario señalar que es precisamente con
la fiesta de San Jerónimo con la que se corona septiembre y nos recuerda la importancia de
la Sagrada Escritura.
Quisiera compartir de manera puntual con ustedes la importancia de la traducción de
la Palabra de Dios, traducir es hacer comprensible para otros lo que en primer momento sería
ajeno incluso al propio idioma. Es grato señalar que la Palabra de Dios, a diferencia de otros
textos que originalmente pueden haberse escrito incluso en el mismo idioma (griego, hebreo,
arameo, etc.), tiene un alcance de plenitud antropológica que la caracteriza sin duda alguna.
La gran traducción que la misma Iglesia ha hecho a lo largo de los siglos en torno a la Palabra
de Dios, no es precisamente lo que señaló de manera particular el Concilio Vaticano II, es
decir, disponer de traducciones para cada una de las lenguas existentes, sino que la gran
traducción del Evangelio (Buena Noticia) es la vida misma de quienes han escuchado esa
Palabra que ha sido su guía, alimento y centro de su celebración. Aquellos que
El Señor Jesús al ser invitado a responder ante su familia que le buscaba, hace una
pregunta interesante y necesaria para iluminar nuestra espiritualidad durante este mes: “Le
avisaron: ‘Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren verte.’ Pero él les respondió:
‘Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la palabra de Dios y la cumplen’”. (Lc. 8,
20-21) Traducción tomada de la Biblia de Jerusalén
Hagamos de nuestra vida una traducción palpitante de la Palabra de Dios, porque tal
vez nuestro testimonio sean las únicas páginas del Evangelio que muchos encontrarán
durante su existencia... reflexionemos entonces:
¿Mi vida en torno a su Palabra me familiariza con Jesús? ¿Es su Palabra mi guía? ¿Es su
Palabra mi alimento? ¿Es su Palabra el centro de mi alegría? Agradezcamos a Dios por su
Palabra revelada en Plenitud con la Encarnación de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo
visitándolo en el Sagrario de nuestra comunidad Parroquial. Sigamos orando nuestra Iglesia
que es testigo de la Palabra.