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TU BONDAD, QUE ATESORAS PARA LOS QUE TE

TEMEN

Cuán grande es tu bondad, que atesoras para los que te temen, y que a la vista de la gente
derramas sobre los que en ti se refugian. 1

Fuera de ti, desde tiempos antiguos nadie ha escuchado ni percibido, ni ojo alguno ha visto, a
un Dios que, como tú, actúe en favor de quienes en él confían. 2

Sin embargo, como está escrito: «Ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, ninguna
mente humana ha concebido lo que Dios ha preparado para quienes lo aman.» Ahora bien,
Dios nos ha revelado esto por medio de su Espíritu, pues el Espíritu lo examina todo, hasta las
profundidades de Dios. 3

Me has dado a conocer la senda de la vida; me llenarás de alegría en tu presencia, y de dicha


eterna a tu derecha. 4

¡cuán precioso, oh Dios, es tu gran amor! Todo ser humano halla refugio a la sombra de tus
alas. Se sacian de la abundancia de tu casa; les das a beber de tu río de deleites. Porque en ti
está la fuente de la vida, y en tu luz podemos ver la luz. 5

pues aunque el ejercicio físico trae algún provecho, la piedad es útil para todo, ya que incluye
una promesa no sólo para la vida presente sino también para la venidera. 6
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1Psa 31:19; 2Isa 64:4; 31Co 2:9,10; 4Psa 16:11; 5Psa 36:7-9; 61Ti 4:8;