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ANECDOTAS MASCULINAS

SOBRE EL LESBIANISMO

“Que me perdonen las mujeres, pero no sé nada ni


de masas ni de arepas”
GAO

Cuando se trata de frotar, acariciar, chupar y


como decimos en el ambiente popular, “arecostar
los pelos”, las matemáticas de mis conocimientos
se reducen ineludiblemente a cero. Y es que una
práctica sexual tan antigua, como la que se da
entre mujeres, goza de las más exquisitas
complejidades, que desde mi rol social
(masculino) me queda enormemente difícil de
entender. Una mujer con otra,
independientemente del placer sexual que
experimenten mutuamente, para nosotros los del
común, no podrán alcanzar nunca, lo que se
experimenta con un hombre:

“Porque la vagina es un órgano diseñado exclusivamente para el pene”

Esa parece ser la máxima dentro de las relaciones sexuales, la mujer (como construcción social) está
diseñada anatómicamente para que dentro de ella, por medio de su vagina se geste la gloriosa
reproducción y nuestra sociedad, coitocentrica por excelencia, está ahí para menospreciar este tipo
de prácticas. Sin embargo, a pesar de que cargamos sobre los hombros este tipo de patrones
culturalmente establecidos, las mujeres siguen gozando del (mejor) sexo con otras mujeres y la
especie sigue poblando al mundo, aunque ellas se deleiten con el roce de sus entrepiernas.

Culturalmente se cree, que aquellas mujeres que tienen prácticas sexuales con otras, simplemente
están en una etapa de experimentación y que cuando por fin superen este estado de transición,
volverán como el perro regañado, a meterse el rabo entre las piernas. La mujer en muchas partes del
mundo y todavía más en la ciudad de Cartagena, fue concebida (perdónenme la expresión) para
hundirle los pelos y no para arecostarselos. Por otra parte, si una mujer quiere experimentar el
“verdadero” placer sexual, debe ser penetrada para que su hombre le haga ver las estrellas.

La mujer en Cartagena, no sólo es la pieza clave para la reproducción de la especie, sino que
también su sexualidad está supeditada a los patrones coitocentricos que rigen a nuestra ciudad
machista y en muchos casos misógina. En otras palabras, la sexualidad de la mujer y el goce de esta
misma, dependen única y exclusivamente del órgano de los hombres.

“un pene para una vulva”

Una cosa tan sencilla como imaginarnos a un par de mujeres teniendo relaciones sexuales, la
asociamos inmediatamente al uso de un aparato fálico que asimila al pene masculino. Gracias a la
religión, a la ciencia, al cine y al cine porno, los sujetos del común creemos que las relaciones lésbicas
para que alcancen el climax, necesariamente tienen que estar acompañadas de cualquier cosa que
remplace al aparato masculino. La mujer tiene que ser penetrada independientemente de que este o
no en compañía de un hombre y su disfrute este condicionado (mentalmente para nosotros los del
común) a este tipo de prácticas coitales.

“algo tiene que entrar, porque esa soba que soba, lo que deja a la mujer es arrecha”

En efecto, las relaciones lésbicas, unas que otras, utilizan ciertos juguetes para la estimulación; sin
embargo, no es regla general que todas las relaciones de este tipo tengan necesariamente que estar
mediadas por uno de estos juguetes. La sexualidad como lo hemos mencionado en muchos de
nuestros textos, no está sujeta exclusivamente a la penetración y que otro tipo de prácticas son igual
de satisfactorias y a mi parecer más especiales que las que se experimenta con la penetración. La
sexualidad se experimenta, explota y se vivencia hasta en las caricias mas mínimas y se escapa al
reduccionismo sexual, culturalmente hablando, al que se nos ha sometido.

La racionalización de la sexualidad ha traído consigo también, la idea de que hombre con hombre
da rasquiña y que mujer con mujer, aunque se den “toda la lengua que quieran”, jamás
experimentaran lo que experimenta una mujer con un hombre. Paradójicamente, lo más perverso de
todo, es que las relaciones entre hombres gozan de cierta aceptación, porque de una u otra manera se
ciñen a la lógica del coito: un hueco y un pene para meterlo por ahí… pero la mujer por su parte, en
este caso las mujeres lesbianas, deben conformarse solo con hacer arepas.

Ahora bien, la arepera, la machorra, la tostiarepa, la lesbiana, la camión, llámenle como lo quieran
llamar, han hecho una cosa que en el plano de las relaciones sexuales, es fundamental: han elegido.
Han elegido con quien compartirán sus experiencias intimas y eso es una cosa que los demás
deberíamos aprender. El goce sexual, en este caso depende de la libertad de elección y no de que
alguien penetre y otro sea penetrado. La sexualidad al igual que el erotismo, consiste en un juego en
donde cualquier movimiento suma puntos en la escala de la satisfacción mutua.

Lastimosamente en nuestro Colectivo, no contamos con una mujer que escriba sobre la distinción, la
importancia y el reconocimiento que merecen este tipo de relaciones, en una ciudad tan
conservadora y plástica como la nuestra. Como anecdótico, haciéndole honor al título del texto, solo
puedo decir que en esta ciudad, como para algunas otras, las relaciones sexuales entre mujeres son
vistas como una fantasía sexual para los hombres y que a fin de cuentas, mujer sin un pene, jamás
estará completamente satisfecha….

POR UNA HEROICA ABIERTA A LAS DISIDENCIAS


COLECTIVO CALLESHORTBUS
CARTAGENA – COLOMBIA
2009
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