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La increíble historia de la pintora de los ojos

gigantes - Margaret Keane


Jaime González BBC Mundo, Los Ángeles, @bbc_gonzalez
 25 diciembre 2014

A principios de los años 60 Walter Keane era uno de los artistas más famosos de Estados Unidos,
gracias a los retratos que pintaba: niños, mujeres y animales con unos enormes ojos llenos de tristeza.

Su estilo -que no era del gusto de la mayoría de los críticos de arte, que lo consideraban demasiado
kitsch- se hizo inmensamente popular en esa época, lo que le generó decenas de imitadores y le
permitió amasar una enorme fortuna.

Junto a su esposa Margaret, con la que residía en California, el pintor se codeó con grandes estrellas de
Hollywood como Natalie Wood, Joan Crawford, Jerry Lewis o Kim Novak, algunas de las cuales
llegaron a pedirle que las retratara.

Incluso el propio Andy Warhol alabó el trabajo de Keane, con el argumento de que si era tan exitoso no
podía ser tan malo como aseguraban los críticos.

Pero en el ascenso de Keane a la cima del arte para las masas tan sólo había un problema, que no se
conocería sino hasta años después: quien creaba las pinturas no era él, sino su esposa, a la que durante
cerca de una década mantuvo en casa encerrada en un estudio, trabajando sin descanso en los cuadros.

Ahora, el cineasta Tim Burton rodó en 2014 una película titulada Big Eyes ("Ojos grandes") basada en
la historia del matrimonio Keane, a quien dan vida Amy Adams y Christoph Waltz.

El estreno de la cinta ha hecho que crezca el interés por la vida y obra de Margaret Keane, quien con
89 años sigue pintando y no se cansa de contar el calvario por el que pasó por cuenta de su exmarido,
quien falleció arruinado en el año 2000.
Una gran mentira

Los retratos que Keane pintaba de niños con enormes ojos tristes se hicieron muy populares en los 60.

Walter Keane siempre contaba que su arte estaba inspirado en los pobres niños que vio a fines de los
años 40 en el Berlín devastado por la Segunda Guerra Mundial, mientras estudiaba en Europa con la
intención de convertirse en pintor.

A su regreso a EE.UU. se instaló en la ciudad de San Francisco y se dedicó a las transacciones


inmobiliarias, ya que con la venta de sus cuadros no le daba para vivir.

A mediados de los años 50 conoció a su esposa Margaret en un festival de arte.

Ella, que acababa de divorciarse y tenía una hija, encontró en él una figura protectora que le permitió
empezar una nueva vida. La pareja contrajo matrimonio en 1955.

Poco a poco los cuadros de los niños de los ojos gigantes empezaron a ganar popularidad.

Las reproducciones de las pinturas se vendían en todo el mundo y no era difícil encontrar copias de las
obras atribuidas a Walter Keane en las casas de muchas familias de clase media estadounidense

Margaret Keane ha descrito en numerosas ocasiones el momento en que se enteró que su marido estaba
haciéndose pasar por el autor de los retratos que ella pintaba.

Fue una noche en el club nocturno de San Francisco The Hungry i, donde él exhibía y vendía las
pinturas.

Estaba sentada en una esquina del local cuando alguien se le acercó y le preguntó si ella también
pintaba. Ahí fue cuando se dio cuenta de la gran mentira.

Se puso furiosa y al llegar a casa se enfrentó a su marido, quien se justificó diciendo que necesitaban el
dinero y que era demasiado tarde para dar marcha atrás: ya que todo el mundo pensaba que él era el
autor de los cuadros, firmados tan sólo con el apellido Keane.

Preocupada por lo que podría pasarle a ella y a su hija si abandonaban a su esposo, Margaret decidió
participar en el embuste.

Opresión
Con el dinero que ganaban con los cuadros de los niños de ojos gigantes, se compraron una gran casa
con piscina. Y mientras Walter se daba al alcohol y a las mujeres, Margaret pasaba hasta 16 horas al
día encerrada en su estudio pintando.

A principios de los años 60, la pareja ya era muy conocida y por sus cuadros se pagaban decenas de
miles de dólares.

Las reproducciones de las pinturas se vendían en todo el mundo y no era difícil encontrar copias de las
obras atribuidas a Walter Keane en las casas de muchas familias de la clase media estadounidense de la
época.
Cuando, en una reciente entrevista, le preguntaron a Margaret Keane sobre la tristeza que emanaba de
sus cuadros, explicó que no fue sino hasta años después de pintarlos que se dio cuenta que estos
reflejaban la opresión que ella sentía en su propia vida.

Las obra de Keane se podían llegar a vender por US$50.000.

Tras diez años de matrimonio, en 1965 la pareja se divorció.

Margaret se mudó a Hawái, contrajo matrimonio con un comentarista deportivo y se hizo testigo de
Jehová.

En 1970, cuando sus cuadros ya habían pasado de moda, decidió que no iba a mentir más cuando le
preguntaran sobre su autoría y le contó toda la verdad a un periodista de la agencia UPI.

Su exmarido contratacó asegurando que su esposa era una mujer infiel y una mentirosa compulsiva.

Ella lo retó a que ambos pintaran en público uno de los cuadros para demostrar quién era realmente el
autor, aunque él se negó.

Walter Keane se mudó una temporada a vivir a Europa mientras amainaba la tormenta.

Pero a mediados de los 80, en una entrevista con el diario USA Today, Keane aseguró que su esposa se
había atribuido la autoría de las pinturas porque pensaba que él había fallecido.

La gota que colmó el vaso


Eso fue la gota que colmó el vaso. Margaret demandó a Walter por difamación y, tras un juicio que
duró varias semanas, el juez les pidió a ambos que hicieran en la sala uno de los retratos.

Ella pintó a un niño de enormes ojos tristes en apenas 53 minutos. Él se negó a hacerlo alegando que
tenía un problema en un hombro.

El juez acabó concediendo a Margaret una indemnización de US$4 millones que Walter -quien tenía
graves problemas con la bebida- nunca llegó a pagar, ya que había dilapidado toda la fortuna que había
amasado con los cuadros de su exesposa.

El periodista Adam Parfrey, fundador de la editorial Feral House, llegó a entrevistar a Walter Keane
cuando éste malvivía a principios de los años 90, y le dio la sensación de que era "un farsante y un
mentiroso".

Parfrey, quien junto a Cletus Nelson escribió una biografía de Keane titulada Citizen Keane
("Ciudadano Keane"), asegura que él seguía insistiendo en que su mujer era la que mentía.

El periodista señala que Keane era un hombre muy inteligente con unas grandes dotes para el
marketing y la autopromoción. Pese a ello, parecía vivir alejado de la realidad.

La figura de Margaret Keane -a quien describe como una mujer muy agradable- será reivindicada
gracias a la película de Tim Burton.

Margaret Keane, de 89 años, vive en Napa, en el norte de California, donde tiene una galería en la que
vende su arte. Tampoco sería de extrañar que las pinturas de los niños de ojos gigantes, denostadas
hace unas pocas décadas por los críticos y codiciadas por el gran público, vuelvan a ponerse de moda.