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Pecados capitales

Los siete pecados capitales son una clasificación de los vicios mencionados en las primeras
enseñanzas del cristianismo y el catolicismo para educar a sus seguidores acerca de la moral
cristiana. La Iglesia católica romana divide los pecados en dos categorías principales:

Pecado venial aquellos que son relativamente menores y pueden ser perdonados a través del
sacramento.

Pecado mortal los cuales, al ser cometidos, destruyen la vida de gracia y crean la amenaza de
condenación eterna a menos que sean absueltos mediante el sacramento de la penitencia, o
siendo perdonados después de una perfecta contrición por parte del penitente.

Comenzando a principios del siglo XIV, la popularidad de los siete pecados capitales como tema
entre los artistas europeos de la época finalmente ayudó a integrarlos en muchas áreas de la
cultura y conciencia cristiana a través del mundo.

Los siete pecados capitales

Listado de los siete pecados capitales en el mismo orden que utilizó el papa romano san Gregorio
Magno (circa 540-604) en el siglo VI. Más tarde, el poeta Dante Alighieri utilizó el mismo orden en
su obra La Divina Comedia (c. 1308-1321).

Siete pecados capitales

 Lujuria
 Gula
 Avaricia
 Pereza
 Ira
 Envidia
 Soberbia

La identificación y definición de los siete pecados capitales a través de su historia ha sido un


proceso fluido y, como es común con muchos aspectos de la religión, la idea de lo que cada uno de
estos pecados envuelve ha evolucionado con el tiempo. Este proceso ha sido auxiliado por el
hecho de que se hace referencia a ellos de una manera incoherente o codificada en la Biblia y
como resultado, se han consultado otros trabajos literarios o eclesiásticos para conseguir
definiciones de los pecados capitales.

La teología de «El Purgatorio», la segunda parte del poema La Divina Comedia, casi ha sido la
mejor fuente conocida desde el movimiento del Renacimiento (siglos XV y XVI), aunque muchas
interpretaciones y versiones posteriores, especialmente denominaciones conservadoras del
protestantismo y del movimiento cristiano pentecostal, han mostrado la consecuencia para
aquellos que cometan estos pecados como un tormento eterno en el Infierno, en vez de la posible
absolución a través de la penitencia en el Purgatorio.

Lujuria
La lujuria (en latín, luxuria) es usualmente considerada como el pecado producido por los
pensamientos excesivos de naturaleza sexual. También puede entenderse como los pensamientos
posesivos sobre otra persona. Debido a su intrínseca relación con la naturaleza sexual, la lujuria en
su máximo grado puede llevar a compulsiones sexuales o sociológicas y/o transgresiones,
incluyendo la adicción al sexo, el adulterio y la violación.

Gula
Actualmente la gula (en latín, gula) se identifica con la glotonería, el consumo excesivo de comida
y bebida, en cambio en el pasado cualquier forma de exceso podía caer bajo la definición de este
pecado. Marcado por el consumo excesivo de manera irracional o innecesaria, la gula también
incluye ciertas formas de comportamiento destructivo. De esta manera el abuso de substancias o
las borracheras pueden ser vistos como ejemplos de gula. En la Divina Comedia de Alighieri, los
penitentes en el Purgatorio eran obligados a pararse entre dos árboles, incapaces de alcanzar y
comer las frutas que colgaban de las ramas de estos y por consecuencia se les describía como
personas hambrientas.

Avaricia
La avaricia (en latín, avaritia) es como la lujuria y la gula, un pecado de exceso. Sin embargo, la
avaricia (vista por la Iglesia) aplica sólo a la adquisición de riquezas en particular. Tomás de Aquino
escribió que la avaricia es «un pecado contra Dios, al igual que todos los pecados mortales, en lo
que el hombre condena las cosas eternas por las cosas temporales». En el Purgatorio de Dante, los
penitentes eran obligados a arrodillarse en una piedra y recitar los ejemplos de avaricia y sus
virtudes opuestas. «Avaricia» es un término que describe muchos otros ejemplos de pecados.
Estos incluyen deslealtad, traición deliberada, especialmente para el beneficio personal, como en
el caso de dejarse sobornar. Búsqueda y acumulación de objetos, robo y asalto, especialmente con
violencia, los engaños o la manipulación de la autoridad son todas acciones que pueden ser
inspirados por la avaricia. Tales actos pueden incluir la simonía.

Pereza
Pereza, (latin: acedia, accidia, pigritia), es la negligencia, tedio o descuido en realizar acciones,
movimientos o trabajos. Se le conoce también como gandulería, flojera, haraganería,
holgazanería; entre otros términos que pueden incluso llegar a ser peyorativos. La religión
cristiana, clasifica la pereza como un vicio capital ya que generan otros pecados, si bien
antiguamente se la denominaba acedía o acidia, concepto más amplio que tenía que ver con la
tristeza o la depresión.

La pereza es el más «metafísico» de los pecados capitales, en cuanto está referido a la incapacidad
de aceptar y hacerse cargo de la existencia en cuanto tal. Es también el que más problemas causa
en su denominación. La simple «pereza», más aún el «ocio», no parecen constituir una falta.
Hemos preferido, por esto, el concepto de «acidia» o «acedía». Tomado en sentido propio es una
«tristeza de ánimo» que aparta al creyente de las obligaciones espirituales o divinas, a causa de los
obstáculos y dificultades que en ellas se encuentran.

Ira
La ira (en latín, ira) puede ser descrita como un sentimiento no ordenado, ni controlado, de odio y
enojo. Estos sentimientos se pueden manifestar como una negación vehemente de la verdad,
tanto hacia los demás y hacía uno mismo, impaciencia con los procedimientos de la ley y el deseo
de venganza fuera del trabajo del sistema judicial (llevando a hacer justicia por sus propias
manos), fanatismo en creencias políticas y generalmente deseando hacer mal a otros. Una
definición moderna también incluiría odio e intolerancia hacia otros por razones como raza o
religión, llevando a la discriminación. Las transgresiones derivadas de la ira están entre las más
serias, incluyendo homicidio, asalto, discriminación y en casos extremos, genocidio.

Envidia
Como la avaricia, la envidia (en latín, invidia) se caracteriza por un deseo insaciable, sin embargo,
difieren por dos grandes razones: Primero, la avaricia está más asociada con bienes materiales,
mientras que la envidia puede ser más general; segundo, aquellos que cometen el pecado de la
envidia desean algo que alguien más tiene, y que perciben que a ellos les hace falta, y a
consiguiente desear el mal al prójimo, y sentirse bien con el mal ajeno.

Dante Alighieri define esto como «amor por los propios bienes pervertido al deseo de privar a
otros de los suyos». En el purgatorio de Dante, el castigo para los envidiosos era el de cerrar sus
ojos y coserlos, porque habían recibido placer al ver a otros caer.

Soberbia
En casi todas las listas de pecados, la soberbia (en latín, superbia) es considerado el original y más
serio de los pecados capitales, y de hecho, es también la principal fuente de la que derivan los
otros. Es identificado como un deseo por ser más importante o atractivo que los demás, fallando
en halagar a los otros.

Según la Biblia, este pecado es cometido por Lucifer al querer ser igual que Dios.

Genéricamente se define como la sobrevaloración del Yo respecto de otros por superar, alcanzar o
superponerse a un obstáculo, situación o bien en alcanzar un estatus elevado y subvalorizar al
contexto. También se puede definir la soberbia como la creencia de que todo lo que uno hace o
dice es superior, y que se es capaz de superar todo lo que digan o hagan los demás. También se
puede tomar la soberbia en cosas vanas y vacías (vanidad) y en la opinión de uno mismo exaltada
a un nivel crítico y desmesurado (prepotencia).

Revisión histórica de los pecados capitales


Evagrio Póntico, el primero en hablar de los pecados capitales, aunque él los llamo “vicios”,
apareció apenas en el 400 d.C. Su historia cuenta que vivió en contacto con la vida de excesos de
Constantinopla y es probable que eso lo haya llevado a alejarse en la manera que lo hizo.
Luego vino Gregorio Magno, alrededor del 600 d.C. Papa de la Iglesia Católica, se encargo de hacer
revisiones y recopilaciones de documentos pertenecientes a la religión, entre ellos, los escritos de
Evagrio, donde cambio la palabra tentación por pecado y se ocho se paso a siente.

Hacia 1300 d.C. Dante Alighieri escribió La Divina Comedia, en ella describe el infierno, el
purgatorio y el cielo. Cada una de sus partes, o cánticas (Infierno, Purgatorio y Paraíso), está
dividida en cantos, a su vez compuestos de tercetos.

El poema se ordena en función del simbolismo del número tres, que evoca la trinidad sagrada, el
Padre, el Hijo y Espíritu Santo, el equilibrio y la estabilidad, y el triángulo. El poema cuenta con tres
personajes principales, Dante, que personifica a la humanidad, Beatriz, que personifica la fe, y
Virgilio, que hace otro tanto con la razón.

El purgatorio se divide en siete cornisas, en cada una de ellas un pecado capital es castigado. Los
golosos en el Purgatorio eran obligados a pararse entre dos árboles, incapaces de alcanzar y comer
las frutas que colgaban de las ramas de estos y por consecuencia se les describía como personas
hambrientas. En el purgatorio de Dante, el castigo para los envidiosos era el de cerrar sus ojos y
coserlos, porque habían recibido placer al ver a otros caer.

Durante la historia se han hecho diferentes revisiones al tema, desde perspectivas religiosas
definiendo los pecados según las necesidades del momento histórico y promoviendo el miedo a
cometer estos pecados.

Desde el arte, se han planteado las tentaciones como fuente de placer. La publicidad también se
ha aprovechado de eso, han despenalizado socialmente lo que antes era un pecado y hacen
invitaciones abiertas hacia los excesos.

Las emociones detrás de los pecados capitales


La Lujuria, la gula, la avaricia, la pereza y la ira tienen características especiales desde su condición
de pecado. Cada uno podría verse como la respuesta a un instinto natural de supervivencia,
apareamiento, descanso y protección. La bandera de la iglesia siempre ha sido que los excesos son
los que conducen al infierno.

El trazo de esta línea, la que define si es un exceso o no, esa es la que pone en duda la calidad de
pecado. Sería absurdo pretender eliminar estos instintos, gracias a ellos es que nos hemos
preservado, antes de los desarrollos tecnológicos y científicos, son estos instintos, tan primarios
como se quieran ver los que nos han conservado como especie.

La ira por ejemplo sirve al cuerpo para segregar cantidades de adrenalina y noradrenalina,
aumentar el ritmo cardiaco, permite que el cuerpo actúe de manera diferente en situaciones de
peligro, defenderse y atacar.

La manera en que hoy entendemos nuestro cuerpo y la forma en que funciona el cerebro nos
permiten saber de donde nacen algunos comportamientos y encontrar una explicación biológica a
los mismos. En la antigüedad, la necesidad insaciable de comer podría verse como un pecado,
pero en realidad podría haber sido un desequilibrio hormonal.
Definir como pecados conductas propias de nuestro ser biológico puede convertirse en un
instrumento social, condenar la gula en época de hambruna, condenar la ira ante los abusos,
condenar la avaricia ante la miseria, son estos ejemplos de fomentar el conformismo y mantener
las reacciones de la población bajo control.

El consumismo y los pecados capitales


El consumismo, desde su concepto se puede identificar con varios de los pecados capitales, la
avaricia y la gula. El consumismo no ha existido siempre, es la tecnificación de los procesos
industriales lo que ha permitido que la oferta de productos se incremente notoriamente. En sus
inicios, la industria se encarga de solucionar las necesidades de la población, en este momento,
crear la necesidad del producto es parte del desarrollo del mismo. El consumismo orgiástico es el
protagonista de nuestros días, tenemos productos que nos pueden ayudar a llevar nuestros
excesos sin consecuencias.

Mantener la atención de las personas es simple, la producción de modelos es parte del ritmo, la
belleza, lo bueno y lo malo obedecen a cánones, son imágenes que seducen y convencen.