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BIBLIOTECA DB ENSAYOS CONTEMPORANFOS P. Togliatti, G. Della Volpe, C. Luporini, U. Cerroni, J. T. Desanti, N. Bobbio 1. Gaivano Bella Yolpe Glave de la dialéeriea bissérica 2. Py Togliaet, C. Luporini, G. Della Volpe, U. Ceesoni, J. T. Desanti, N. Bobbio Gramsci y of marxismo 3. Guy Besse Préviica sorieh reoréa 4, N, Badaloni, 1. Collett, G. Della Volpe, C. Luporiai, Ae A ce mputn Gramsci y el marxismo varsita del conociosiento Bin preparacién Jean-Francois Le Ny Materiatismo dialéctio 9 psicologia sosiat Galvano Della Volpe Humanismo postivo 9 emencipacién warxine Jean T. Desenti Fenomenologia y materialirmo dialéetico Lacio Colletti EL merxismo como sociologis L. Althusser, G. Besse, R, Garandy, G. Mury Sobice le dialéctica materialista ConsccION PROBLEMAS (serie menor) 1, Roger Garaudy Introduccitn a la motodologia warxisia (2° ediciéa) PUBRA DE COLECCION (en preparacién) K, Marx y P. Engels Obras filosdficar completat (12 tomes) By PROTEQ Buetios Aires itlo det orsinal italian Studs geomet Publicado por Editori Riuniti, Roma ‘Tradueci6n directa de VICTORIO MINARDS Taps: Oscar Diaz © EDITORIAL PROTEO, 1965, Bouness 1616, Buenos Aires, Arseatias Hecho et depésito que marca la ley 11.723, Inpteso eu Ja Argentina. Printed ia Argentina 1a sepioduccién tora © parcial de esta obra, em cual cr fom que ses, wilh derechos tsevidos ‘Caalquier util re a a a . izocién debe ser previamente solieiteda ADVERTENCIA EDITORIAL Este volumen recoge los ensayos mis importantes presentados al Con- greso de Estudios Gramascianos organizado por ol Instituto Gramsci de Ronue en fecha reciente, Se intents estudiar en forma sistemética, por vex primera, los aspectos principales del penswaniento y la accién de Antonio Gramsci; interpre Jat la vaste tomética em torno de la cual descreoll6 sus apasionades in- vestigaciones, tanto en la época de su lucha politica que procedi a st arresto como en tos afios posteriores de tornventocas reflexiones as- curridas on la cércel, Se imponts una publicacién do esta noturalera que fuera ine verda- dora Lnttoduecién al pensamiento de Gramsci, wn desarrollo sistemati- zado de sus ideas y, a la vex, wna valoracién critica de tas mismas. Inte- reid sefalar que estas valoraciones cviticas no agotan, par cierto, ta rice tomdtica gramsciana, pora ofrecen, a su vez, la expliitecién rignrosa do muchos temas que sélo hoy se Tos enfrenta con am espirite Wherado do todo dogmatismo. Precisamente las caracteristieas de los excritos do Gramsci (notes, apunter, que imagina poder elsborar més tarda) y of echo de haber sido, quiz, después de Lenin, eb pensador que mds con- tribuyd al desarrollo del marsismo, Nevaron a intonsas polérticas sobre la interpretacién de su pensamienio, polémica que permanece abierta 9 que podré advertirse en las pégivas que siguen (Toglatti y Caraccidlo, Lsporiai y Tronti3}, Estos ensayos se ordenaron en cuatro partes: It Ls concepcign de) matxismo en el pensamiento de Gramsci; 2 Gramsci, la politica y el Estado; 3 Gramsci 9 Ia filosofia; HF La estética, Ia caltara y la cioncha on et pensamiente de Gramsci. Bipiiocraria Las 2848 paginas que combonen sits ireinsa y dos Quaderni dal carcere fueron publicalas por Giulio Kinaudi Edivore, Turin, con el siguiente orde Lettere dal carcere, 1947; I! materialismo storico € la filosofia di Benedetto Croce, 1948; Gli intelletenali e Vorganizeazione della cultura, 1949; U Risorgimento, 1949; Note sul Machiavelli, sulla politica e sullo Stato moderno, 1949; Leteratura e vita nazionale, 1950; Passato e presente, 1951; LOrdine Nuovo, 1954; Scritti giovanili, 1958, Hay versiones en castellano de las siguientes obras, publicadas por la Editorial Lautaro, Buenos Aires: Cattas desde la céscel, 1950; El mate- tialismo hist6rico y Ia filosofia de Benedetto Croce, 1958, Los intelec- tuales y la organizacién de Ja cultura, 1959; Literatura y vida nacional, 1961 5 Notas sobre Maquisvelo, sobre politica y sobte el Estado mo- derao, 1962, JPEG pustular, eabe recordar que en las tesis opuestas de Lupotini y Tronti estabs en zermen el debate que con posterioridad (en Ia revistn menceal I Con Jermporanca y, fandamentalmente, et el semanario Rivascite) winsta cate fistica de discusién teérico-ideoldgica general entre In “escuela” de Galoano Della Volpe y sus “discipulos” (Trouti, Collet, Mesker, Cerroni, Rossi, ete), por un lado, y Luporini, Badaloai, Mascolo, etc, pot otto. Esta polesnica, vary, fleta, apatecert en breve con el titulo: Debate sobre marxitmo contomportvce (Badaloni, Colleti, Della Volpe, Gersutana, Geuppi, Lupocini, Massolor Netey Paci, Rossi) en ests misma coleecién de Ia Editorial, Proveo, ine | Primera parte LA CONCEPCION DEL MARXISMO EN EL PENSAMIENTO DE GRAMSCI Pausino Tocuartr GRAMSCI Y EL LENINISMO Se han subrayado, justamente, las sugerencins que Gramsci hiciera acerca del métoda que s2 debe adoptar en et estudio del pensamniento de quien no Imbiese desarrollado de manera sistematiea sus propiaa ideas, a fin de asignarle um significado preciso a toda afirme- cién, y a la vez, criticarla en la medida en que debe sor criticada: Gramsci cise habria agregado, también —si vecordamos fas obser yaciones, que algunas de las afirmactones por él formuladas babia dad do rechazarla, en algunos casos, Dice, en efecto, en estas chser- vaciones que algunas de las afirmaciones por él formuuladas habia que cutenderias, quiza, hasta de manera opuesta a como él Jas habia expuesto, Es dificil pensar en una invitacién més explicita al examen critica. Sin embargo, ef profesor Garin, justamente, ha destacado gue el ritmo del pensatniento ex desarrollo es mas impostante que las for ‘taulaciones aisladas. Pero al examinar el tema que se me ha asignado, “Gramsci y el Ieniuismo”, no sé si esta norma es plenamiente aplica: ble, porcpie In cuestién se presenta, en este caso, de manere muy particular. También existe agui, y hay que investigarlo en cade ‘wie de las formulaciones, un ritino del pensamiento, pero. éste est directamente acomtpefiado, medido, por el rite de la aceién; y hay una prucba préctica, gue surge del hecho do que le accidu he sido realizada, ha dado resultados, ha dejado huellas y sobre estas huellas, que son muy profundas, una parte de la sociedad italiana sigue tra: bajando. Estas huellas no tienen valor. x6lo para quien piensa sino también para guien actia y continiie en Je Dacha, No cabe duda que tambifa en el desarrylle de 1a accién de Gramsci 12 TOGIAATH, Cc. KUPORINT / GRAMSCIY BL MARXISMO existen fragmentos. Pero no dirfa que esta accién pueda, como tal, ser considerada fragmentaria, Hubo snomentos de incertidumbres, vacilaciones, errores y reetifi- caciones de exrores, y esto puede inducimnos a que consideremios deter. minadas posiciones como un fragmento y rechazarlas mediante un mero juicio negativo. Pero una investigaciéa més atenta revela que un mero juicio negative no puede ser pronunciado. Quisiera usar, como ejemplo, la aceptacién pasiva —o relativa- mente pasiva-- que, en un momento dado, fue hecha por Gramsci, de la direccién cerrada, sectaréa (coma nosotros llamamos) del par. tido comunista en cf primer periodo de su existencia, No cabe duda que aqui nos eucontramos frente a un error, que el iuismo Gramsci, Posteriormente, tuvo que reconocer y criticar, Pero, {de dénde provenfa ese error? Aqui se plantea el problema del ritmo dol pensamiento y de a accién. Podermos atirmar, creo, que el error provenia, en sustancia, de la adhesiin de Gramsci a una exigencia de negacién total de las anteriores direcviones poli- ticas, Esta exigencia no partia de una pura eritica del intelecto sino de una critica que habia surgido de los hechos y sc habia convertido, por esto, para ja vanguardia de Ia clase obrera, en ese momento, lo gue Gramsci Hameba “sentido comin”, verdad difandida, general. mente aceptada, sentida de manera directa, que se trata de realizar on la practica porque de ella no se puede prescindix, EL error contenia, pues, un impulso de orden pasional, de orden moral y de orden politico, sin el cual probablemente el partide comu- nista no se habria creado, o no se habria creado de la manera como se cred, recibiende también de ese impulso algo que con el andar del tiempo resulté ser muy positive. Es verdad, existis un error, Pero Gramsei sentia que a ese impulso se debia adherir @ fin de transfonnarlo en un elemento que no fuera ya de pura negacién, sino positive y constructive. El error s2 dio en el cardcter de la adhe. sién y en Ja premura de la cozreccién; pero también en esto encon. tramos 1m clemento de profunda coherencia teérica y préclica, Hubo, también, otros errores en el desarrollo de la accion polis tiea de Gramsci, Verdadero es ef punto de partida, verdadero el punto de legada; pero entre ambos puntos la separacién es enorme. Me parece que el punto de partida habia tratado de descrihirlo Gramsci en una pagina que se encuentra al comienzo del volumen Passato ¢ presente, donde se refiere a los provesos vitales ©... .que estin caracterizados por el continuo intento de superar um iodo de vivir y pensar atratado (tal como lo era propio de un sardo de GRAMSCE ¥ BE LENINISMO 13 principio de siglo), para sprehender un modo de vivir y de pensar que no sea ya regional ni de caldear, sino nacional, y tanto amis nacional (y uacional precisamente por esto) en cuanto trata de ia- sertarse en los modos de vivir y pensar de los europoos, o al menos, comparar el modo nacional con Jos modos curopeos, las necesidedes calturales italianas con las necesidades culturales y las corrientes europeas (en la medida en que esto sea factihle en las condiciones personales dadas y sogim exigencias y necesidades fuertemente sen- tidas en este aspecto) 7 : Es evidente, aqui, la note autobiografiea y le nota erfties, animada dirfa yo, por un rasgo de ironia, de simpatia irénica hacia ese sardo que surgia en la escena de la vida nacional y en la escena de la historia europea, de ese sardo a quien él llamard en otro parrafo “el triple y cuddruple provineiano” legado de Cerdefia a la Univ sidad de ‘Turin y que de ésta recogia esas ensefianzas que conocemos, y quo en la vida econdmica, politica y social de la gran capital dustrial —que entonces se organizaha y se asomaba a la direceién de la vida nacional—, formahan su personalidad. EI punto de llegada dista mucho de éste. Es un politico de enver- gadura nacional ¢ internacional que se ha formado durante toda existencia en el co 0, en el estudio y en Ia solucién de los problemas més agudos del momento histérieo nacional e internscio- nal; es fundador de un partido y jefe comuista, es decir, es un hombre que expresa y realiza con su accién una tendencia, un pro- eso que él mismo declararé que estaba en las cosas y que de esa manera estaba, efectivamente, en las cosas, pero que su accién apunta a una manifestaciin. més elevada, es decir, educa, organiza y dirige. 2Cuiles fueron os factores de este desarrollo que va det “triple y cuddruple provinciano” al jefe de un gran partide politico, « un jefe de tal envergadura, que ios adverearios debieron tratarlo como Jo trataron, eliminarlo de la eseena para quedar tranquilos? a investigaci6n es muy amplia, y es seguro que de éta resultaré gue una gran parte debe ser realizada en la tradici6n politica y cul tural italiana. Gramsci es un politico italiano. Se remite a las mas vitales corrientes del pensamiento politico y de la aceién politica de nuestro pais. Pero esto no basta, La sola tradicién italiana no habria hecho de Gramsci lo que él fue como politico, y como politico en quien desaparecié toda huclla de nuestro provincialismo, Ala tradi- cién del pensamiento italiono hay que agregar el estudio de} marsicmo, 1 Antonio Gramsci, Passato © presente, Binavci, Torin, 1951, p. 3. MP TOGLIATN, c. LupoRINI / GRAMsct ¥ BL MARAIOMO fleontacto con la clase obrers y con la realidad de Ja vide iuternacional ¥ nacional tal como s¢ Jas presentaron desde los primeros aos de su (Zsteneia y Tuego, cou el tiempo, los episodios de una Iucha que se fornaba cada vez més aspera. Eu este cuadro le corcesponde un papel &Parte como factor decisive, creo, del desarrollo tedrico Y préetico a a y al leninismo. loy, aun aquellos que so comparten nuestro juicio reconocen que Ia obra de Lenin bu eaubiado o ‘caro do a historia, be singe Con timeva era en el desarrollo de los aconteeiniientos mundiales, st la realidad. La obra de Lenin debe ser nbicada, analégi cae ce el mismo plane en que se puede ubicar la obra de la Revolucion francesa. Tego de Ia Revolacién francesa el mmdo eembia; earsbia el moto de pensar de los hombres, También después de Lenin el ingde de pensar de los hombres eunbia, Después de Lenin pensamos pee inmers dsints de como peasibamos con anteriortad, He. de los politicos, antes que nada, pero no sdlo de los politicos, able de todos los hoinbtes que huscan formance ona ceneioectt eri pit de Ie vealidad que los rodea, y también de las grandes magne wumianas a las que los nuevos descubrimientos del pemamieuto y de ln actividad creadora de los hombres liegan en forma de feo de informacisu lejena, No excluyo, pues, a aquellos que no son polj- Hos tilitantes y no excluyo a quienes no estén capecitados para alcanzar una coucieneia critica del curso de los acontecimentos. Una os cién —y esta es una de las tesie undamentales de Grameci— @ astiime un valor metafisico, cor fue, tan Revolucién soc ise ato act, rt gh Behe wa comin”, ux nuevo elemento de conticncia casi religioso, nuevas for, tne de Iuefo general yuna nueva fe espués de Lenin todos actuamos diversamente porque hemos com Prendido de ua manera nueva la realidad que esta fee dae) Sip tenes pantrado en su sustancia de un modo que antes jamnds Altova bien, qué hay en Lenin de fundamentalmente nuevo? Lea pido perdén si en este punto la exposicién, por ser rapide, deberd sac @ In fuerza un poco esquemética, Hey en Lenin, por lo menos, tres capitulos principales que determinan todo el desarrollo de la accion y del Pensainiento: una doctrina del imperialismo, como fase superior lel capitelismos una doctrina de la revolucion 'y por lo tanto del Eatado, del poder; y una dovtrina del partido. Son. tres eapitulos sstrechamente unidos, fundidos casi, uno en el atro, y cada tno de ellos contiene una teoria y uma prictica, Es el inomento de uns cmaMsct Y BL LENDISMO 15 realidad efectiva en desarrollo, una doctrina, pues, que no sélo viene formulada, sino puesta a prueba en los hechos de ta experiencia his. térica, y que mediante le prueba de Ja experiencia historiea se des- arrolla, abandona posiciones que debian ser abandonadas, conquista nuevas posiciones y crea, por lo tanto, cosas, Lenin devuelve al marzismo este cardcter creador propio de , lo Tibera de Ia pedanteria de las interpretaciones materialistas, econo- micistas, positivistas de las doctrinas de Marx: Lenin hace dol mar- xismo, de esta manera, lo que debe ser: la guia de una accién revolucionaria. Cousidero que fa aparicién y cl desarrollo del leninisimo en la os cena mundial fue el factor decisive para toda Ia evolucién de Gramsei como pensador y como hombre politico y de accién. Es el factor que determina el ritmo del movimiento, da un caracter lineal a los desarrolios teéricos y précticos, accede a evaluar también los errores en su medida exacta, su importencia, « eriticarlos y, final. mente, a insertarlos en su conjunto unitazio. En Los escritos juveniles de Gramsci? es evidente una b queda que tiene nn caréeter ansioso y no exeluye una eierta con fusién. La influencia idealista es evidente, basta ojear el némiero finico de La citté futura, de 1917, escrito cuteramente por Gramsci en Ja parte original, con amplias citas de quienes eran entonces Tos maestros de Iq filosofia idealista. Aqui, la influencia idealista no se puede negar. En este perfodo del desarrollo del pensamiento de Gramsci y dirfa, ya anteriormente, en los aiios universitarios, el po- der del pensamiento. idealista se manifiesta esenciahnente en una direceién: en el eimpuje para investigar y hacer suyo un concepto de la dialéctica vomo*desarrollo histérico de la realidad, Es verdad que las soluciones que se dan también a este problema, on este periodo, contionen expresiones que hoy no aceptarfamos. El nexo entre Ia realidad y la accién, que es la custaneia del desarrollo histérico, no es buscado ain en Je anaterialidad del proceso total de Je historia. ‘Todavia aparece Ia tendencia a buscarlo sélo en la es fera de las puras relaciones ideales del pensamiento, Pero, al mismo tiempo, a esta influencia del idealismo en el pensamiente del joven Gramsei, se une un esfuerzo continuo y perseverante hacia ma in- vestigacién concreta de las relaciones econdmicas y de clase, cousi- deradas como trama constitutiva de toda la sociedad. 2 Gramsci, Seritti giovanilf, Einaudi, Torin, 1959. En este volomen est ineluidos todos Jos escritos del periodo 1914-1918, citados en el presente trabajo 16 TOCLIATT, ¢. LUvORMVT / GRAMSCI-Y BL, MARXIENO __ No quiero repetir cosas que ya he dicho otras veces, al evocar laa Investigaciones que él realizaba en los ajios universitarios —y om Pujaba para que yo taubién las hiciera—, por ejemplo, sobre Ia estructura de las relaciones comerciales entre la Cer y el con tinente italiano, Francia y otros paises, y sobre In relacién que se podia establecer entre la modificacién de estas relaciones y hechos de orden aparentemente muy lejanos, como el desarrollo de ls delin- cuencia, por ejemplo, la frecuencia de los episodios de pillaje, le difusién de In miseria, y asi por el estilo. Ya en este momento no hay duda que estos dos elementos: el poder del idealismo que intenta apropiarse del concepto de la historia como desarrollo, y el esfuerzo eu la investigacién de las relaciones eeonémicas y sociales tienden a fusionarse, Ellos deben fusionarse, y se fusionarén en todo el desarrollo sucesivo del pensa- miento de Gramsci. Pero cual es el elemento que determina la fu- sién? Aqui intorviene la experiencia histérica de la Revolucién, in- terviene el leninismo, intervienen el pensamiento y la accién de Lenin, Si tratamos hoy de recordar qué fueron la doctrina y Ia propaganda del movimiento socialista italiano antes de Gramsci, nos daros cuenta inmediatamente que feltaba en ellas un concepto fundamental, el con- cepto mismo de revolucién, aQué era la revolucién para un socia- lista italiano de fin de 1800 y de la primera década de 1900? No lo sabia, Se desarrollaban interminables debates sobre la diferencia que podia existir entre Is simple revuelta, Ia insurreceién y una “verda- era” y “efectiva” revolucién, entre una sublevacién armada y un. movimiento no armado, y las eventuales relaciones entre si. Se discutfa si una huelga general podia dar comienzo a una revolucion y esto era ya, por otra parte, una forma més conoreta de la bis- queda, O bien se confundia, identificdndolos, el concepto de revolu- cién “permanente” con el concepto de desarrollo historico, que es una cosa distinta, No existia una vision precisa de Jo que es el vuelco revolucionario de las releciones sociales. Quisiera recordar una observacién burlona de Gramsci, que quia nos permita determinar mejor esta defici ia, Es una observacién formulada en polémica con los reformistas. Trae el ejemplo de cier- tas leceiones de filosofia que habia escuchado en la Universidad de Turin, y recuerda al viejo profesor de la Universidad que desde ha- cia 40 afios se proponia desarrollar un curso de filosofia toorétiea sobre el “ser evolutivo final”. “Todos los afios empeeaba con nn «repaso> sobre los precursores del sistema, y hablaba de. Lao Tsé, el hombre nacido a los ochenta afios, el viejo-nifio de la filosofia GRAMSCL Y BL LENDNSMO 17 china, Y todos los afios empezaba a hablar de Lao Tsé, porque ha- bian Hegado nuevos estudiantes, y también ellos tenian que cultivarse con Lao 'Tsé mediante le enseiianza del profesor. Y de este modo el éser evolutivo final> se transformé en una leyenda, en una evanes- cente quimera, y Ia d yiviente, para los estudiantes de tantas generaciones, fue Lao Tsé, el viejo-nifio, el muchachito nacido «alos ochenta afios. Tal como sucedia con respecto a la lucha de clases en la vieja Giustizia de Camillo Prampolini: también ella es una quimera evanescente, y todas las semanas es el viejo-niza que alli se describe, que no madura nunca, que no evoluciona nunca, que no se transforma nunca en el ; no, consistia en repetir mecdnicamente ciestas f6rmulas cfentifieas o teéricas; no confundia la politica y la aceién real eon la investigacion teoréticas se aplicaba a hombres reales, formades en determinadas t i } t relaciones histéricas, con determinados sentimientos, modos de ver, © fragmentos de concepciones del mundo, ete., que eran el resultado de & Jas combinaciones no fue desenidado ni mucho menos despreciado: fue educado, fue cana GRAMSCE ¥ BL LENINISMO 29 lizaddo, {ue liberade de todo elemento extraio que podia contaminarlo, a fin de homogeneizarlo, pero de manera viviente, e histéricamente eficiente, con 4a teotia moderna, Los mismos dirigentes hablaban de sespontaneidad> de movimiento y era justo que se hablara de éto: lal afirmacién era un estimulante, un energético, un elemento de wni- ficacién en profundidad, era mas que nada la negacién de que se tratara de algo arbitrario, aventurado, adulterado, y no de algo his- ‘t6ricamente necesario. Otorgaba a la masa una conciencia «teoréticas. creadora de los valores histéricos e institucionales, y fumdadora de Fatados. Esta unidad entre la , 0 sca la la yoluntad divina..., 2 a que, en verdad, no podria rebatir, sino que colabora con todas sus fucrzas morales. La disciplina, por lo tanto, no anula la perso- nalidad y la libertad: la cucstién de la «personalidad y Thertads se plantea no por el problema de Ja diseiplina, sino por el o una imposiciéa extrinseca y exterior, Ja disciplina es un elemento necesario de orden democritico y de libertad. La lamaremos funcién técnica especializada cuando la autoridad se aplica en un grupo socialmente (o nacionalmente) homogéneo; cuan- do es aplicada por un grupo sobre otro grupo, la disciplina resul- tard auténoma y libre para el primero, pero no para el segundo,” ® Pero la cuestién tiene también otro aspecto, mas general, y que ha tomado una gran importancia en el desarrollo del movimiento obrero internacional de los iltimes afios: el aspecto de la validez de los conceptos formales de democracia y libertad, en relacién con la necesidad de la edificacién histérica de un nuevo régimen, de su defensa y de su trinsito de uno a otro estadio del desarrollo. Entramos aqui en cl campo més actual, en el cual el pensanuiento de Gramsci guia nuestros movimientos y reclama un desarrollo. Lo que nos interesa sobre todo es In manera en que Gramse} considera el problema del poder, es decir, del ejercicio de la autoridad dlirigente por parte de determinados grupos scciales. Aqui, Gramsci, introduce © Gramsci, Passato ¢ presente, ed. city p. 65. ER EA PE PE ORE HSE PERE sgremmaereromer GRAMSCI Y BL TENINISMO 33 el concepto de hegemonia, pero este concepto no puede ser formal- mente opuesto “al concepto de dictadura, de Ia misma manera que no se pueden formalmente oponer los conceptos de sociedad civil y sociedad politica, como si étos indicaran cosas organicamente distintas. La diferencia no es orgénica, sino metodolégica. ‘Una clase dirigente realiza su propia direccién de mancras diferen- tes, no sélo de acuerdo a Is diversidad de las situaciones cas, sino también a las diferentes esforas de la vida social. De manera similar, una clase subalterna qne persigue el objetivo de Ia conquista de la direceién politica, realiza una lucha por la hegemonia en diversos niveles y en todos los campos, y puede darse inclusive que, en momentos determinados y gracias a circunstaneias particulares, logre obtener resultados importantes aun antes de haber logrado 1a conquista de poder politico. ; : En este dmbito debe considerarse Ie accién que tiende a lograr para esta clase ciertas alisnzes y por lo tanto el consenso de le mayoria de la poblacién, a neutralizar otras fucrzas politicas y sociales; @ preparar esa revolucién cultural que generslmente acorn- pafia a las revoluciones econémicas y politicas; y la misma accion educadora que pertenece esencialmente al Estado, pero que pertenece también al partido politico, puesto que el partido politico ya anticipa algunas de los funciones dirigentes que mafiana pertenecerén a la clase que hoy es atin subslterna. : Como podemos observar, muchos son los medios a través de los cuales la clase que apunta @ la conquista del poder se esfuerza para crear Ins condiciones de su hegemonia Para profundizar sobre este tema seria necesario introducirnos en el campo de la concreta actividad politica actual, pero no me parece que éste sen ek momento oportuno. Quisiera referirme solamente a la distineién sleresante cuando sea explo- rada a fondo, muy rica en indicaciones y desazrollos— que Gramsci introduce, refiriéndose a la lucha por el poder, entre la “guerra maniobrada” y la “guerra de posicién”. Con el primer término él designaba, en esencia, el ataque revolucionario para la conquista del poder. Con el segnndo designaha el contraste que madura entre las clases, hajo la direceién del partido revolucionario, euando el ataque revolucionario no es posible, o todavia antes, cuando se prepara, También en este segundo caso se desarrolla una acoiin que apunta a la caida de las estructuras y del bloque histérieo domi- nante, No existe la paz, puesto que la guerra que s¢ realiza ticne tun caricter completamente distinto al del ataque directo, 34 ® TOGLIATT, €. LUPORINL / GRAMSCI ¥ RL MARKISMO Qué entendia Gramsci cuando insistia sobre esta diferencia? Esto se aclara al remitimnos a Ia accién de Lenin (en una de las Notas sobre Maquiavelo...) para adiestrar a las vanguardias de la clase obrera del mundo occidental y de todo el sundo, en Ta lucha politica que ellas debian y deben evar a cabo de acuerdo con Tas condiciones de la sociedad capitalista, cuando mo estén dadas las condiciones objetivas y subjetivas para un ataque revolucionario. “Me parece que Iici (Lenin) habia comprendido que cra necesario un cambio de Ia guerra maniobrada, aplicade victoriosamente en Oriente en 1917, a la guerra de posicién, que era la Gnica posible en Occidente... Y me parece que éste es el significado de la f6rmula del «frente iinicos...”" En esta posicién entroncan tanto la eritica a la doctrina de Ia xeyolucién permanente de Trotsky, que Gramsci considera como Ia doctrina del ataque, cuando el ataque debe terminar inevitablemente con una derrota, como cl retorno a los trabajos de Lenin, anteriores al LIT Congreso de la Internacional Comunista, y a la obra misma de Lenin en este Congreso comunista. El hecho de conferi un valor no orgénico sino metodoléaico a Ja distincién entre sociedad politica y sociedad civil, lleva por otra parle a esclarecer la cucstién de las formas de la dictadura de la clase obrera, Es inevitable que éstas sean diferentes en situaciones diferentes, que sean mas o menos amplias, y que estéa més 0 menos préximas’al puro comando politico ¢ inclusive al puro comando militar, de acuerdo con las necesidades historicas. El cambio de clase dirigente realizado mediante e) destronamiento de las clases explo- tadoras ascgura, por olra parte, que en todas las situaciones Ia sus- tancia del nueva régimen es mas democritica que la de todos los regimenes anteriores. En cuanto a las formas, tade depende de las condiciones hist6ricas y de 1s lucha misma que en torno a ellas so desarrolla. La acciém que desarrollan las fuerzas progresivas y el partido de Ia clase obrera antes de la conquista del poder, eva a distinguir, en la organizacién politica de la sociedad resultante del desarrollo histérico anterior, lo que es valido y lo que no lo es, lo que puede ser conservado, lo que debe ser modifieado y Io que debe ser destruido. Sin entrar demasiado en detalles, es evidente que desde esta pers- pectiva debe ser considerado el problema del parlamentarismo. Es 1 Gramsci, Notas sobre Maguiavelo, sobre politica y sobre et Estado moderno, Ed. Lautaro, Buenos Aizes, 1902, p. 95. ed GRANSCI ¥ BL LENINISMO 35 absurdo pedir a la xevolucién proletaria que dé vide a un régit parlamentarista, justamente en un pais donde uo existié jamés el parlamentarismo, Pero en otros paises, donde el parlamentarismo ha logrado tener un contenido democrético, como forma de consulta y cspresién de la voluntad popular, puede ser un medio més para resolver el problema de dar participacién a Ios masas trabajadoras, no sélo en lo que ataiie a la expresién de su voluntad, sino tambi on lo que respecta a la direccién de la vida econémica y. politica. Aunque consideramos que el acceso al poder de la clase obrera signi- fica siempre la aplicacién de las formas de la democracia dirigida. El punto de partida y el fundamento de todas estas investigaciones eatriba en la afirmacin de que son posibles y necesarios diversos caminos de desarrollo del movimiento revolucionario de Ia clase obre- ra, en diferentes situaciones histéricas, También en esto, la guia es Lenin. Quien mas se adclanté y se desempefié con més coraje en la identificacin de las diversidades histéricas objetivas y en el afirmar Ja nevesidad de adaptarse 2 éstas, ha sido justamente ol jefe de le Revolucién bolchevique. Basta recordar de qué manera —al escribir en 1921 a Jos comunistas georgianos, es decir, a los comunistas de tun pais que formaba parte de Rusia, pero distinto en su estructura econdmica y politica Leuin aconsejaba no atenerse al esquema ruso, sino seguir un camino distinto para resolver los problemas de la otganizacién y produccién, y los de las relaciones con la pequefia y mediana burguesia productora y con sus formaciones politicas. Basta recordar cémo Lenin propicisba las varisntes respecto de las formas del poder, cuando entraran en accién les grandes masas humanas del Oriente, tal comto hoy esté suecdiendo. El pensamiento de Gramsci ha evolucionado en este cainino, que es el camino del desarrollo creador del marxismo. Por este camino ha sido guiado por Lenin. Nosotros en su pensamiento no hallamos meras formulas, sino una guia para comprender los problemas del mundo de hoy, para trabajar y resolver las contradicciones que hoy se presentan en la escena econdmica y politica, y que surgen también alli donde el poder esta ya en mano’ do la clase trabajadoza. Las contradicciones, en este caso, deberdn ser tratadas y xesueltas me- diante métodos distintos de los que resuclven las contradicciones antagénicas del mundo capitalista. Pero legados a este punto es necesario deteneruos. La investiga de las nuevas cuestiones que se nos presentan hoy en la Tucha politica y cotidiana, exige elementos concretos, que de hecho no podemos encontrar en Ia obra de Gramsci. HI, sin embargo, queda como la 36 P, TOGLIATTY, C. LUPORINI / GRAMSCI Y EL MARKISMO. uz que lumina nuestro camino, Bl fue adelante, hasta el limite de sus posibilidades. Ha conocido la realidad que estaba frente a él. Ha hecho todo To que pudo para modificarla con una accién consciente. | La ereacién del partido de la clase obrera no es, por lo tanto, una accién secundaria o paralela, sino Ia culmiuacién de toda su actividad intelectual y de toda su acci En una de sus cartas habla con amargura, pero con altivez, de su propia existencia, “Yo no hablo jams —dice— del aspecto negati do ini vida, Antes que nada porque no quiero ser compadecido; fui tun combatiente que no ha tenido suerte en la lucha inmediata, y los combatientes no puc deben ser compadecidos cuando ellos han Tuchado n¢ Jo han decidido conscientemente.” Pues bien, nosotros a Gramsci no lo compadecemos, nos esforzamos en continuar su obra. porque han sido oblizados, sino porque ellos mismos ; ee ) Cesine Luponint LA METODOLOGIA DEL MARXISMO EN EL PENSAMIENTO DE GRAMSCI Este titulo la metedologia del marsismo en el pensamiento de | Gramsei””— podria dar lugar a un equivoco que es necesario eliminar < de inmediato, Podr‘a evar a atribuirnos el propésito de recons- truir lo que es esencial, filosSficamente, en el pensamiento de Gramsci, | como un esfuerzo por comprender e inlerpretar el marxismo como si fuera una pura o mexa metodologia (quedando por determinar cual seria el objeto de esta metodologia). Intentos parecidos, respecto al marxismo, se hicieron, como es noto- rio, hace tiempo, y tienen toda una historia que no es la ocasion propicia para juzgar y mucho menos para liquidar en bloque y en abstracto, es decir, independientemente del contexto de los problemas y de las roglas tedricas y de las concretas situaciones culturales en las que se originaron. Se trata, aparentemente, de una vieja cuestion, y habra quién no dejaré de recordar cémo Croce, en sus escritos de fin de siglo acerca del mavxismo, negara, sin més, que el marsismo, 0 mas exactamente, el “materialismo histérico” (con cuya indi se apuntaba entonces a comprender toda la doctrina) pueda consi- derarse un “nxétodo”, mientras que le negaba también el cardctor de “teoria”, reduciéndolo finalmente a un empirico “cénon de inter- pretacién histérica”.* Aqui, al historiador de las ideas le interesa sobre todo la convergencia de las negaciones, que aparecen como Sintoma de uma peculiar actitud de un pensamiento en formacién. 1 Benedetto Croce, Materialisma storico ed economia marxisticn, Bari, 1927 (cf, particalarmente, pp. XI, 9, 13, 15, 79, 86, 111) 38 ¥, TOGLIATTL, G LUPORIV! / GRAMSCI Y EL MARXISMO Mis tarde, en efecto, Croce identifieard le “tworfa”, mejor dicho, la filosofia (toda Ia filosofia, es decir, su filosofia) con la “mctodolo- gia de le historia”. Esa degradacién del marxismo, de “método” a “cinon”, implicaba, a fortiori, también la negacién (contra Labsiola, con quien Croce sostenfa una diseusién) de que el marxismo fuera una “filosofia”, o sea, una auténoma concepcién de la reslidad.* En ol clima filosstico actual Ia palabra “metodologia” se presenta cargada de nuevas sugestiones y determinadas referencias a doctrinas y tendencias filoséficas que no estaban rauy desarrolladas en los aitos de Gramsci, y por lo tanto, entonces, inoperantes en Talia. Se trata de iutexeses surgidos en un terreno diverso al de la investigacién histérice y las ciencias humanas (politica, economia, socfologis, ps cologia, ete.), annque estos intereses, hoy, tratan de alguna manera de asumirlas: precisamente en el dmbito’ de las investigactones de caricter légico y “lingiifstico” en torno a Tas estructuras fntimas y a los procedimientos de las ciencias matemitivas y fisicas. Tales inves tigaciones parecieran comportar una actilud mental diametralmento opuesta a lo recién sefialado, en el Croce de la madurez, en quien toda Ia filosofia se resuelve en una tinica metodstogia (Ia metodolo- sia, al menos que nos interesa, del eonocimiento de Io concreto, o €02, de la “historia”. Si estas tendencias filos6ficas quedaron, en To que entonces eran sus comicnzos (y con mas exactitud deberiames decir: en To que fue su primera fase de desarrollo), desconocidas para Gramsci, seria equivocado, creo, considerarlas como extrafias, de manera radical, a su mentalidad. En efecto, los Quaderni dei car. cere so nos presentan may ricos en observaciones, principios, ereew- cias, sugerimientos criticos particulares de earécter “metodolégico”, referentes a sectores o carypos determinedos de la investigacién cien- tifica (aunque no directamente concernientes @ las ciencias matermé- ticas y fisicas, de las que Gramsci no tenia experiencia), y pertenece a él Ie afirmacién de que “cada investigaciin tiene su método deter- minado y constraye une determinada ciencia”.? Someter estos postu- Indos gramscianos a un estudio y 2 un desarrollo serfa, sin duda, algo realmente alentsdor —y quiero agregar, ademis, que dcbersen estar de acucrdo con eso clima filossfico actual en ol cual respiran también on nuestro pais, buena parte de las jévenes i 2 Croee, ob. eft, p. 901 3 Gramset, Hf materialismo histérico y ta filosofia de Benedetto Croce, Bi Lautaro, Bucnos Aires, 1958, p. 140. El pérafo oa eitado de manera partievlar vor Indovico Geymonat on el onsayo “Caretteri e problemi della muova rasta. dologin”, ex Segei di filnsofia neoraionalivms, Turis, 1953, pp. 73:74. gr ee EER ST NITES e LA MBTODOLOGIA DEL MARKISMO 39 Gialistas on filosofia—, Indudablemente, esos principios sefialan algu- nos de los intereses mas originales de Gramsci, * Ellos, sin embargo, no son separables —si gueremos entenderlos en su total dimensién, Si no queromos cometer un atropello intelectual— de la metodologia del marxiemo tal como vive y actiia en Gramsci: es decir, del proce: dimiento efectivo mediants el cual é labora Tos problemas concretos ‘que To preocupan, Destacar esta efectiva metodelozia, implicita © plicita, es Ia tarea primera; y esto es lo que queremos esclarecer. ‘Ahora bien, justamente en cste punto podria sursir el equivoro al que me referfa anteriormente. Es conveniente, por lo tanto, declarar de inmediato que el marziamo no es para Gramsci solamente vn “método”, sino que es nina filesofia, en cuanto es integral y “general” concepoién de Ia realidad o, como a! acostumbra decir, siguiendo las fuellas de Labriola, es una “concepoién del mundo”.* En el pensa: mniento de Gramsci el momento metédico Caue se refiers al conoeer © al achiar practic) v el memento de Ja“ 2st am be condicionan y prucban reciprocamente. y no son separables sin que se produzca una arave deformactin. No se trata solamente dz la prucha —ya que ésta podifamos obtenerla con sélo citar mumerosot Parrafos—, sino del nexo profundo, ereénico, de su venstmiento, * Quisiera aqui Hamar Ia atencién, por un momento, sobre un punto que, al menos para los filésofos “especialistas”, peso quid no esto para ellos, considero no indiferente. Esta posicién de Gramsci permite concebir que la filosofia es siempre de aleuna manera “concencién del mundo”, Esto para Gramsci no era objeto de discusién. Plentoar tase t¢ yede proponer In idea de una Filosofia como “strente Wis. senschajt”, ciencia rigurosa, justamente como contraposicién a ta Weltanscheniung. y en cierta manera separada de éta, era una tesis ue atin no habla tenide, practieamente, divulzacién en Italia. en afios en ane Gramsci escribia (y. por otra parte, si no me eaniveco. oie en Fey thle habia e¥do prevented por Fh Jen 1917. fen un escrito que considero de gran interés para Ta hietoria de ts ultra filoséfien europen de este siglo ® (de exe ideal ane Husserl ce A meando” de Gramsci 4Me refero partculamente a ls rflexiones y,abseracionee ; aes bret vicos, especi- en wmno les problemas del Tenguaje ¥-de Tos fenguajes (6 Bos en), Sch A Labial, ° Fitter, Philosopie ols stronge Wistensckoit, en Toros, (1910-11). Es canine Pawn ie Tenia cate iy inert some De a Wrellerschaving él anbraya el elemento “sabidurie Ween, Weltwcsaet Discorrendo di socintismo e di ftlosofia, Baxi, 1944, p. 10 40 P, TOGLIATT, C. LUPORINI / GRAMSCI ¥ BI, MARKISMO venja elaborando desde hace tiempo y aplicando su método). Menciono esto porque esta tesis se nos presenta histéricamente, como la anun- cindora de muchas direcciones posteriores y de muchos procedimientos conceptuales (no me refiero slo a la fenomenologia husserliana, sino a has corrientes —de origen muy distinto— que precisamente gustan Tamarse “‘metodolégicas”) * que se difundieron ampliamente y que hoy sefiorean en el mundo filoséfico y con Tos cuales el marxisnio no puede dejar de estar en discusién. Ahora es interesante sefialar que en Gramsci se encuentra, y no acei- dentalmente, una concepcién del filésofo que hace a esa actitud, Se trata justamente del “filésofo”, y no en un sentido genérico, sh en el sentido profesional. Gramsei —que ha sido un critico tan severo y agudo de la historia de Ia filosofia elaborada, tradicionalmente, Sobre la Tinea de los “‘ilésofos individuales” y de la sucesisn de sus sistemas— no evidencia hacia el filésofo profesional el desprecio projuicioso cou el que se complscia Croce. Al filésofo profesional, 0 “téenico”, él le asigaa un papel preciso; éste “tiene en los diversos campos del pensa » Gramsci— Ia misma funcién que en los diversos campos cientificos tienen los especialistas”.* Conoci- miento del estado de los problemas, de su desarrollo hasta él mismo, del punto en que tienen que ser retomados, como le sucede o deberia sucederle a todo especialista. Pero su tarea mas especifica apere como la reduccién de los procedimientos del pensamiento a “homo- geneidad”, “coherencia”, “logicidad”, En tal sentido, observa Gramsci, “no sera exacto lamar «filosofiay a toda tendencia del pensamiento, toda orientacién general, ete., y tampoco a toda cconcepcién del mundo y de la vida»”, Estamos en el terreno, podriamos decir, al ‘menos como actitud de fondo, de las actuales filosofias metodolézicas. “Sin embargo —agrega Gramsci— hay una diferencia entre el filGsofo especialista y los demas especialistas: aquél se aceres mas a los otros hombres que los demas especialistas. El haber couvertido al fil6sofo especialista, en la ciencia, en una figura similar a los demas especialistas es lo que determind Ja carieatura del filésofo. Porque, 1 Ch LM. Bochensky, Buropiische Philosophie der Gegenwart, Herma, 1951, pe 82 “Sowobl die muthematisehe Logik als auch Phinomenologio sind vor fallem, Methoden nicht inhaliliche Lehren, Beide sind aus cincr Besinmung auf fe Grundigen der Wissenschaft hervorgcgangen und versuchen, diese durch fine rationale Methode neu m begriinden.” © Gramsci, EL materialismo histirica..., ed. cit. pe 82 Para las préximas cites de Zl materialismo, .., 1 paginaciéu iri on él texto entre carchetes (1. Cuando co trate de otra obra, la roferencia ira al pie de pagina -ocupen en trigonometria, ete. (se pueden encontrar ciencias LA MATODOLOGEA DEL MARXISMO 41 realmente, es posible imaginar a un entomélogo especialista sin que los demas bombres scan empiricos; a un especialista de Ia trigonometria, sin que la mayor parte de los demas hombres se disimas, especializadisimas, necesarias, pero no por ello «comunes>), pero no es posible imaginar a ningim hombre que no sea tembién filésofo, que no piense, puesto que pensar es propio del hombre como tal.” Esta advertencia de Gramsci no tiene nada que ver con Ta cida tesis idealista, O, si queremos, es la traduccién de esta tesis, que hija del cielo especulativo a sus términos reales, que serén siem- pre, para Gramsci, términos “historicistas”. En otra parte dec “No es el gpensamiento», sino lo que realmente ee picnsa, lo que une o diferencia a los hombres” [p. 39]. Ahora bien, “lo que realmente se piensa” no es para Gramsci simplemente Io que se cree peusar, sino lo que se manifiesta en Ia prictica, en el actuar préctico: sin embargo, el uno y el otro aspecto, Jo que se cree pensar y lo que efectivamente se piensa actuando, constituyen, ambos, esa “concepeién del mundo”, por la que todos los hombres son “filésofos”. La cual, por muy disgregada y contra- dictoxia que sea (en cuanto no esta atin encarada criticamente), cons tituye el contenido de lo que se llama el “sentido comin”. Pero por esta inmanente y siempre presente “concepeion del mundo” —que apa- rece de tal manera Tigada, por un lado a las ideas recibidas y por el otro al obrar préctico— no estamos jamais aislados, sino que perte- siempre a un agrupamiento (e inclusive bajo el aspecto ideo- ogico, pextenecenios a una multiplicidad de agrupamientos), somos siempre “hombresmasa”, “hombres colectivos” [p. 12]. Permitascme aqu{ interrumpir el hilo de esta inicial reconstruccién del pensamiento gramseciano para introdueir una consideracion, Estos conceptos de Gramsci, recién expuestos, los encontramos en los Quaderni del earcere con el titulo de “Introduccién al estndio de la filosofia y del mate ialismo historic” como “pnntos de referencia preliminares”. Lo cierto es que Gramsci en ese momento no pensaba escribir una “Intro- duccién a la filosofia” para las escuelas del Reino (como las que justamente en esos afios entraron en cireulacién...), sin embargo, hay en el cardcter de esas reflexiones no solamente un nexo logieo ino un evidente y muy explicito propésito peda- g6gieo. “Es preciso destruir el muy difundido prejuieio—asi comienza esa serie de apuntes— de que la filosofia es algo sumamente dificil por ser la actividad intelectual propia de una determinada categoria valido por si solo. 42 ¥. TOGLIATT, ©. LUPORINE / GRAMSCI Y EL MARKISNO de cientificos especialistas » de filésofvs profesionales y sisleméti- cos...”, Parécese oir, en estos parrafos, el eco de las conversaciones personales que Gramsci sostuvo con los obreros de Turin, los com- paiteros de pertecucién, de destierro y de cércel (anientras le fue posible), a quienes él instrufa teérica y politieamente, y en quienes iba formando la personalidad de los euadros revolucionarios del par- tido de la clase obrera. No es ésta una notaciéu marginal, sino, me parece, nos ayuda a comprender Ia manera en que Gramsci, concre- famente, concebfa el poder del marxismo, que tiene significado ‘universal. “Adquirir una personalidad” significe —nos dice Gramsci — tomar “conciencia... de las relaciones (relaciones hist6rico-sociales) de que cada individuo forma parte”, en su aspecto “necesario”, es decir, condicionante, y también en su aspecto “voluntario": puesto que se trata de transformarlas. “E] hombre zetivo, de masa (y va subrayado el término es un punto de partida 0 un punto de Hegada, como coucepto y hecho unitario?”, se pregunta Gramsci. “Consideréndolo como punto de partida, la SnvestigaciOn misma de esto no es més que un cresiduo teoldgico» y «metafisico»”, eontes- ta [pp. 39-40]. Justamente por esto, la concepeién marxista es Ia respuesta mis satisfactoria acerca de “que la enaturaleza humana> sea el ..., si so da a la historia el significado de que no parte de la unidad, sino que tiene en sf las xazones de tina unidad posible.” Pierde sentido, entonees, desde el punto de vista marxista —inediante esta negecién del hombre en general— la pregunta: “gqué es el hombre?” Al contrario, podemos decir: mediante el marxismo ella adquiere un significado conereto, que es un significado de movimiento, © desarrollo consciente, y como tal podsfamos agregar que es direc tora, préctiea y reguladora. “Si ponsamos en ello —escribe Gramsei— Veremos que con la pregunta acerca de y no de cualquier vida y de cualquier hombre” ™ [p. 35]. Se podria pensar que en esta resolucién gtamsciana del hombre en la historia (“el hombre es ux proceso y precisamente el proceso de sus actos”), aunque la historia es entendida, como se ha visto, en un sentido “no formal”, se pierde la componente naturalista del marxismo, Pero seria una interpretacién unilateral incompleta (y se tornaria tendenciosa) del pensamiento de Gramsci, Al emplear Gramsci una vez la expzesin “género humano” (“historia del género huma- no”), se detione a comentarla, al observar: “cl hecho que se adopte la palabra «génera», de cardcter naturalista, tiene su significado” [p. 40]. ;Qué queria decir con esto Gramsei? Fl ha rechazado deci- didamento, en el mismo contoxto, Ia idea que “Ia unidad del género humano” puede ser “dada por la naturaleza cbiol6gica> del hombre”. Gramsci observa que “las diferencias importantes de los kombres en Ia historia, no son las biolégieas” y que “tampoco la «unidad biold- ‘gicas ha significado gran cosa en lx historia”. Y, sin embargo, repe- timos, el “cardcter naturalista” de la expresion género humano tiene para Gramsci “su significado”. El hecho es que Gramsci no piensa aegar la existencia de esa wnidad (0 comunidad) bioldgice del hombre, que se ha engendrado como sea, sino negar su notable iucidencia en Ja historia humana, La naturaleza del hombre, en un sentido pura mente biolégico, es para Gramsci, como para todo el marxismo, sola- mente un presupuesto de la historia humana. Alli no puede ser bus- cada esa unidad de lo kumano que se halla ante nosotros como un objetivo engendrado por el desarrollo histirico. Pero, por olra parte, ese “presupuesto” de la historia (humana) no es, bajo otro aspecto, inoperante en ella. Podriamos decir: no ya en euanto objeto de la Biologfa (que al considerar al hombre lo abstrae del desarrollo de sur socialidad historica), sino en cuanto objeto de la economia politica, es decir, de una ciencia histérico-humana, que el marxismo, al hacerle su “critica”, ha integralmente historizado. Bajo este aspecto el hom- Dre sigue siendo, de mancra insuperable, naturaleza, pero de una naturaleza ya englobada en Ia socialidad-histirica humana y en fun AL Estas dltimas palabras de, Gramsci podcian reitimnos al wir fragen jebet, hier, fir uns” de Heidegger. E inclusive alsunas exigencias expuestan en form especulativa y unilateral en el exislencialisme pueden encontrar st puesto con. fereto en el Tiwmanismd marsists, 'W "Tampoco ea facultad de la rezéu» o el sespiritus —agrege Gromsci— haa creado unidad y puede ser reconocida como un hecho eunitation, porque es aélo el eoncepta formal, categérico.” 1A MeTODOLOGIA DEL MARXIEMO 49 cién de éta_y aun mis (contza todo idealism), un momento irre- ductible de la misma. Esta es la posicién integralmente marxista; y aqui nos parece se encuentra ol mais riguroso fundamento marerialist del marxismo. Eseribe Marx en El capital: “La tecnologia revela el comportamiento sctivo del hombre hacia la naturaleza, el proceso inmediato de produccién de su vida y, por lo tanto, también de su vide social y de las representaciones espirituales que de ella derivan.”*¥ Esta posieién nos remite, por su contenido, a le revelucién filoséfico- metodolégica realizada por Marx y Engels en los afios que van de 1843 @ 1846, y que los llevd a la conquista del “materialismo hi rico”. Dicha posicién, en ese mismo pirrafo de EZ capital, Marx la coutrapone al “materialismo abstracto” de tipo “cientifico-nataralis- ta” (Marx se refiere a los cientilicos de su época, “voceros” de tal materialismo, y ademés, a las correlativas “representaciones. xhs- tractas e ideologicas” que ellos esgrimen “ni bien se arriesgan en algo que no es de su especialidad”), Esta es también la posicién de Gramsci “La humanidad que se refleja en enda individualidad esti eompuesta de diversos elementos: 1) el individuo; 2) los otros hombres; 3) Ia naturaleza. Pero el segundo y el tercer elemento no son tan simples como puede parecer. El hombre no entra en xelacién con los demiis hombres por yuxtaposicién, sino orgénicamente, es decir, en cuanto fonna parte de organismos, desde los més simples hasta los mis complejes. Asi, el hombre no entra en relacién con la naturaleza simplemente por el hecho de ser él mismo naturaleza, sino activa. mente, por medio de la técnica y del trabajo” [p. 36]. Para quien observe con detencién, esta posicidn (que hemos com probado en Marx y Gramsci) comporta la centralidad del materia- lismo histérico cn la filosofia marxista. Es decir, la centralidad que considera al hombre én su meso permanente y activo con la natura- lean (de cuyo complejo desenvalvimiento histérico se desarrolla toda la historia social humana), como el tinico panto de partida concreto que poseemos para cualquier otra consideracién de la realidad. Es el punto de partida teorizado, de manera resumida y mordaz, por Marx en las once Tesis sobre Peuerback (texto fundamental para Gramsci) y cuyo principio gnoseolégico fue expresado por Lenin como “eriterio do Ia praxis”. Pero aqui conviene ser muy claro, porque lo que esta- mos diciendo co elemento polémico. No parecen con- ciliables con Ia posicién a la que Gramsci es fiel ( y Ia consideramos la tinica rigurosamente critica, ademas de correspondiente a la misma 13 Maix, El copital, Roma, 1952, libro I, sec. TV, 29 89, pe 72 (trad, ital). 50°F, TOGLIATT, €. LUPORINE / CRAMSCL ¥ BL MARSISMO sénesis histérica de le doctrina) aquellas formas de exposicién del marxisto, aua caando realizadas con fines didascilicos, en las cuales el “‘materialismo histérico” se presenta, segin nna implicita logica clasificadora y no dialéctica, como caso particular de aplicacién (a la Sociedad) de un mas vasto “materialismo dialéctico”, y euya deserip- cibn de contenido parece no necesitar de Is presencia del hombre en el mundo. (Esta observacién de por si no implicaria la exigencia de gue es la presencia del ser humano, ¥ tanto menos de su peusemiento, Ja que introduce Ia dialéctica en Ia realidad.) No obstante, esas for- mas de exposicién son hoy las més difundidas y generalmente les mis reconocidas, Creo que se trata de una cuestién no escoldstica y formal sino de con- tenido, Sélo esa actitud mental, nos parece, que guards como cons tante punto de referencia la praxis humana sensible, puede salvar al marxismo de las extrafies intrusiones de materialismo metatisico (que no es suficiente réchazar con palabras). Esta actitud mental, que fue propia de los fundadores de la doctrina, nos parece ta Gnica que permite le posibilidad de reconstruceién y desarrollo permanente del contenido de lo que se ha dado en llamar “maierialismo dialée- tico” de manera tsl que éste quede siempre abierto a lox nuevos resultados y a Jos métodos en transformacién de las ciencias de la naturalera, verificdndolos y diseutiéndolos mediate una adecuada concepeiGn filoséfica, Exigeneia ésta, sino nos equivocamos, que fue justamente planteada por los clisicos y en partionlar por Engels, quien Se ocupé mis de corea de tales enestiones, ¥ esto en contra de toda rontraccin esootistica-dogmética del marxismo mismo, La metodologia marxista de Gramsci, quo se ajusté, en este sex tido, a través de Ia discusién erftica del manual de Bujarin [pp. 121- 173], ¥ que tiene como hilo conductor el profundo convenciraiento Ae la integral autonomia filossfica del marxismo (sin que por esto se corten lox hilos que histéticamente lo conectau con la anterior tradieién del pensamiento) nos mantiene lejos del riesgo aludido. Aqui os necesario agrogar que, si es verdad que el marxismo como tevolucién filaséfica es fa coincidencia del naturalisimo con el huana- nismo (los cuales en sa realizacin se transforman reejprocamente) Puede ser que haya en Gramsci, de hecho, sobre todo por razones de polémica interna (contra tas penetraciones de materialismo meta Jisico on ol marxisina}, wferto debilitamiento de fa instancia 0 com- pouente naturalista respecto a la humanisia, un desequilibrio en este sentido, Es Ia opinién de quien escribe. A Gramsci le interes6, sobre todo, el aspecto hummano (y por lo tanto también el ideoldgico, super- 1A MeToDoLOGIA DRL MARXIEMO 31 estraturel ¢ hietécica) de ta eavstién de la objetividad, en torno a Ia cual sus reflexiones son de gran importancia y originalidad. Pero en lo que concierne al grave problema del nexo entre esta objetividad y la naturalera estamos ya como al margen extremo de su interés y de ou moditacién, ¥ aqui precisamente es donde se verifican ciertas vaci- laciones y titubeos. Gramsci uo se contenta con repetir formmulaciones preestablecidas, por mucho que ellas puedan parcoer sugest Nenas de contenidos. El se esfuerza para pensarlas y considerarlas Siompre en todas us conexiones y preciamente por elo es wn macs tro del método. La enestiin que tenemos ante nosotros ex la de Ie diffcil cobesién objetiva (es decir, no ya solamente en el sujeto humano, como praxis sensible-racional) entre natuntlera ¢ historécidad, que indudablemente es, creo, el punto tedrico mas delicado de toda fa filosofia marxista. Desde ese margen extremo, antes mentado, Gramsci sefalaba, sin ihargo, el desarrollo sucesive de la bisqueda que consiste en ef ahondamiento de la tesie de Engels: “le onidad real del mundo esta demostrada por el largo y laborioso desarrollo de la filosofia y de las ciencias naturales.” Donde Gramsci al comentarla, expresaba que esta formulacién “contiene realmente el germen de la concepoién justa, porque se recurre a la historia y al hombre para denivstrar ta reali- dad abjetiva” [p. 146]. Anotacién historicista esencialmente grams. ciana. Con todo eso, s6lo quien tuviera los ojos vendadoe por el dog- matismo y el escolasticisma podria encontrar en ella cierto alejamiento de Ia pasicién de los clésicos (que uo fue jamés ni empirista, ni posi Aivista, ni materialista-vulgar) . Engels, justamente, al concluir en 1885, su prefacio de la segunda edicién del Anti-Dithring subrayaba dicha complejidad histérica de ta filosofia y de las ciencias (unas en rela- cid cow otras) como tinico punto de referencia posible para librarse de toda vision “metafisica” de la naturaleza y de la “tilosofia de In naturaleza”. 4 16“... Bags contrastes pubares que se creian dereanestinbes © indisolubles, cas Ifveas divisorisn y- diferencias de lase establecias violenamente, ext, Drectamente, Ine que doban a Ist modoras vincias natorales taviens su mere {ino caracter motaisjon, La eoneiencia de que esas anitsisy diferoneins, —escribe Gramsci coino elaboradores de las mis extendidas ideclogias de las clases dominantes, como leaders de los Py shistoriay de dicha época; no es otra cosa quo Ta masa de Tas variaciones que fl grupo dirigente ha logredo determinar en la realidad precedente: historia y Filosofia son iseparables en ese sentido, forman ua eblogues, Se pueden adic Lingnir> los elementos ‘iloséficos propiamente dichos, en todos sa radot, come filosofin de los filésofos, como eoncepciones de lor grupos fgentes (cultura filesdfiea) y eomo religiones de las grandes masts; wéase como fen cada tino de estos grodos es proviso vérselas con formas diversas de se breve porgue la cantradiccién affora después de cada acontecimiento dal que ha sido instrumento. La filosofia de la praxis, en cambio, no frata de resolver pacificamente lis contradicciones existentes en la bistoria, v la sociedad: antes him. es Ia teoria de tales contrediccio- nes...” [p. 235]. La filosofia de la praxis no apunta, pres, « “ponerles Jas bragas al mundo”, como Tas filosofios idealietas (onnque fueron \ | | LA MBrODOLOGIA DEL MARXISMO 59) distintos los propésitos),”% a presentarse como sintesis ideal ituso- riamente resolutiva de los contrastes reales, Al contrario, ella es “la conciencia plena de las conteadicciones, a través de las cuales el filé- sofa, entendido individualmente o como grupo social entero, no sélo comprende las contradicciones, sino que se coloca a si mismo como elemento de la contradicei6n, eleva este clemento a principio de cono- cimiento y, por lo tanto, de accidn” [p. 99]. oe Aqui est& el meollo de Ja manera en que Grasci entiende la dialéctic tal como 4 ly habfa aprendido, simnultineamente, de su valiente expe: riencia de lucha y de la leccién de los clasicos (obsérvese, en particu lar, el método con el cual Marx desazrolla la polémica contra Proudhon on Miseria de Ia filosofia, considerada por Gramsci como un momento esencial de la formacién de la “filosofia de la praxis”.** De esta manera, la misma interpretacién del marxismo como superestructura acentia la irreductible autonomia filoséfica y a la vez la historicidad (o “smundanidad” 0 “terrenidad”) de toda exigencia absoluta puesta nds alld del proceso de In experiencia huraana. Al tomar nota de una afirmacién de Graziadei, que presentaba a Marx “como Ia union de nna serie de cientificos” Gramsci comenta: “Exror fundamental: nin- guno de Tos demas ha producide una concepeién original ¢ integral del mundo. Marx inicia intelectualmente una edad histériea que du ard probablements siglos; este es, hasta la desepariciin de le Socie dad politica y el advenimiento de la Sociedad rezulada. Sélo entonces su concepeién del mundo sera superada.” [p. 80] 22 Ta expresiéu “poner Jaa bragas al mundo” retomada por Gramsci contra Croce pra sefalar el moderatisme de eu filosoffa, habia sido empleada por ¢ mismo Croce en Ia introdaceién al primer mimero de La critica, D Gramsci, Notts sobre Meqniavelo..., ed. cit, p. Lv Manto Trowrr ALGUNAS CUESTIONES EN TORNO AL MARXISMO DE GRAMSCL La interpretacién que Gramsci da del maraismo en general esti totalmente comenida, creo, en una sola definicién: Ja filosoffa de la praxis es filosofia integral ¢ historicismo absoluto, El origen tedrico ¢ histérico de esta interprotacién deberix hacernos remontar a la formscién juvenil del pensamiento de Gramsci, « sus primeras experiencias culturales, 2 las primeras lecturas personales, que dejan siempre una huella docisiva en el pensamiento despejado de un joven estudioso; deherfa abrirnos las puertas para un examen més profundo del ambiente turinés, tan rico en ese perfodo de efer- vescencias cultorales ¥ sociales, de personalidades en formacién 0 ya formadas. Pero todo esto no se encuadra en los limites de este tra- bajo. Con el actual conocimiento de los escritos juveniles no es posible una diseusién acerca de las influencias culturales que han obrado sobre el pensamicnto del joven Gramsci; y plantearse la tarca de medir cuinto de Sorel y Bergson, cuanto de sindicalismo rovolu- cionaria 0 de intuicion‘smo voluntarista pueda encontrarse en estos pocos eseritos que conovemos nos parece un ejercicio indtil. Por lo que have al problema que tratamos, entre estos escritos de NT y 1018 y la siguiente bisqueda en los Quaderni, existe, aparte distinto nivel de cultura, una eoherencia légica y una orientacién univoca imposible de negar. En estos breves excritos se vistombran dos premisas implicitas: en primer Iugar, la necesidad tedrica de la lucha contra el viejo positi- vismo que habia ensedado y aridecido el marxismo en el tedio de ( } (CUBSIIONES EN TORNO AL MARKISMO DE ORAMSCE 61 wn valgar evolucionismo; en segundo lugar, el impuleo violento de la Revolucion de Octubre que viene a confimmar prictica y justa: mente la necesidad de esa lucha teérica. Dos premisas complementarias entre si que representan, quicd, Ja base histériea de un cierto decarrollo que el marxismo eraprende a partir de este momento. Queda totalmente aiin por estudiar 1a influencia prictica quo la Revolucién de Octubre ha ejercido sobre el marxismo tedrico, y sin embargo, precisamente sobre este terreno se ha creado un mudo de problemas que atin hoy es dificil desatar. No es casual que el relor- mismo tendia hacia una interpretacién positiva del marxismo; lo empujaban a exo sus mismos presupuestos, que veian en el capita- lismo una posibilidad ilimitada de desarrollo hacia el socialismo, de tornar superflua o sin mas inoportane toda tentativa de “salto” revo- luctonario, Empero, e} fracaso de ta politica reformista en todos los paises, el éxito de la préctica revolucionaria en un determinado pais representa en ese momento la desinentida a todo tipo de evolucionismo, de gradualismo, de solucién espontinea de las contradicciones objeti- vas; representa la comprobaci6n positiva, la posibilidad concreta y a fecundidad inmediata de la ruptura revelucionaria en general. Me cuido, sin embargo, de extraer de todo este consecuencias te6. ricas inmediatas. Pero, cabe estudiar, si éte no es un el damental que permite, en el plano tedrico, la revalorizae mento subjetive, més atin creative, con respecto de la muerte objeti- vidad de las condiciones sociales estratificadas e inertes; y Ia v lorizacién del lado activo en el seno de Ja relactén histéeico-sox ¥, por fo tanto, de la actividad sensible humans como actividad prac tica que acaba por envolver también el objeto, lo real, lo sensible, segiin la expresién usada por Marx en la primera Tesis sobre Feuer- back. Es el momento en que Gramsci exclama: “No, las fuerzas meci. nicas no prevalecen jamas en la historia: son los hombres, las con- Ciencias, es e] espirity que plasma la apariencia exterior, y termina ‘icmpre triunfando.”* Se ha dado entonces un proceso de “interio ”. El factor de Ia historia se ha desplazado de lo exterior @ lo interior. “La ley natural y el fatal manejo de los acontecimientos por manos de los pseudo-hombres de ciencia {ue substituido por la yoluntad tenaz del hombre.” 2 Rinnscita, 1951, 2? 4, p, 149. 2 Ibid. p. 158. “Hoy el maximalisme teafiria, contra Ia previsién objetiva, el fin voluntario de Ia accién, Pero obligedo em los limites de la entitesis abs. 2B TOGLIATTL, €, LUPORIN / GRAMSCI_Y BL, MARXISMO De ninguna taauere ex uma formula aocetorie, esi como no es un sécil slogan la eficaz y puntusl expresién gramasciana de Ta “Revolu- cién contra EI capital”. Cuando él dice: “Los boleheviques reniegan de Carlos Marx”, plantea un problema fundamental. Las soluciones tedricas de la IT Internacional habian generado el oportunismo po- litico y la traicién total, en ol momento del encuentro decisivo, frente ala guerra. La lucha contra esas soluciones, la negacién de las mis- mas, habia generado el gran fuego liberador de la Revolucién de Octubre, La cleccién era clara y, quizé, también fécil. De todas maneras, era una eleccién tan comprometedora que no podia res tringirse en el ambito de la préctica politica, no podia quedar vaeia de pensamiento y de reflexiones mas profundas, puesto que, apuntaba a rovalorizar todo el horizonte teérico del marxismo. Hoy podemos decir que toda gran crisis histérica del movimiento obrero plantea cl problema del “verdadero” mavxismo, Lukées, en un ensayo, de 1019, plantea el problema de “;Qué es el marxismao ortodoxo?” “Su- pongamos —sunque no sea verdad—~ que los estudios mas recientes hubiesen irrefutablemente demostrado la palpable inexactitud de cada tuna de las afirmaciones de Marx, todo marxista ortodoxo serio podria reconocer incondicionalmente todos estos nuevos resultados, rechazar cada una de las tesis de Marx, sin por esto renunciar por un sdlo instante a su ortodoxia marxists."? ie ze Es al pensamiento al que se referia, en un plano distinto, el mismo Gramac evan Nxpressba! “Si los boleheviques reniegan algunas sfirmaciones de El capital, no reniegan, evidentemente, ol pensa miento inmanente, vivificador... -Ellos viven el pensamiento mar- isla, ef pensamiento que no muere jamés, que es la continuacién del ponsamiento idealista italiano y alemén, y que en Marx se habia Contaminado de incrustacioues positivistas y naturalistas. eferido a In coherencia ligiea de estos escritos juve- is ea val pensamiente madaro de Gramsei. Y, en efeeto, Ia ubica- ‘cién histérica que Gramsci le otorgs al pensamiento de Marx, Ia pors- Toa Jue sepra lov punto (conden bjetiva y volta sje) some, Sra gue cepa eo genitalia tov ect Boel bhi: anota static lb ce he Ta conan ee Jor a vole spice argv Teo ae ee vii ule opme ei Hz, on ae ats de 18, SG. Lukdcs, ¢WPas ist ortodoxer Marxismus?, en Geschichte und Klassen- scout ena, 198. ee, ee bE. CUESTIONES EN TORNO AL. MARKISMIO DE GRAMSCE 63 Pectiva tedrica desde la cual lo chserve, quedaran idénticat en iodas las notas de los Quaderni, “Hasta la filosofia elisica alemana, la filosofia fue concebida como una actividad receptiva 0, a lo sumo, ordenadora; es decir, fue con- cebida como el conocimiento de un mecanismo que funciona ohje- tivamente fuera del hombre, La filosofia clasica alemana introduje el concopto de